La fascinación por los tipos “modernos” de Giambattista Bodoni en el ocaso de la época dorada de la tipografía en España

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La fascinación por los tipos “modernos” de
Giambattista Bodoni en el ocaso de la época
dorada de la tipografía en España
Resumen / Abstract. The Fascination for Giambattista Bodoni’s ‘Modern’ Types at the Decline
of the Golden Age in Spain’s Typography.
Palabras clave / Keywords: tipografía, Imprenta Real, Giambattista Bodoni, José Nicolás
de Azara, imprenta en España / typography, Royal Press, printing in Spain.
La segunda mitad del siglo xviii fue la época dorada de la imprenta en España, pero también
un periodo incomparable para la creación local de material tipográfico, por la falta de
antecedentes y la calidad de los diseños producidos por los grabadores de punzones españoles.
Sin embargo, la falta de continuidad de esta brillante generación de punzonistas supuso que
ya a finales del mismo siglo, al plantearse la necesidad de crear nuevos caracteres a la manera
moderna, no se encontrara en el país a ningún artífice capacitado para reproducir los tipos que
había popularizado el famoso Giambattista Bodoni. La amistad del diplomático José Nicolás
de Azara con el tipógrafo italiano hizo que el gobierno español estuviese muy cerca de traer
a Madrid los materiales de su magnífico obrador de fundición, y que finalmente se pudieran
adquirir varios juegos de las matrices bodonianas para completar la colección tipográfica de la
Imprenta Real. / The second half of the 18th Century was not only the Golden Age of printing in
Spain but it was also an unprecedented period for the creation of autochthonous typographical
material, because of the lack of precursors and the quality of the designs produced by Spanish
punch-cutters. However, the lack of continuity of this brilliant generation of punch-cutters
meant that at the end of that century, when it was needed to create new characters in the
modern fashion, it was impossible to find qualified punch-cutters able to reproduce the types
made popular by the famous Giambattista Bodoni. The friendship between the diplomat
José Nicolás de Azara and the Italian typographer almost made possible to the Spanish
government to bring the materials of his magnificent type foundry to Madrid, and allowed for
the acquisition of several sets of Bodoni’s matrices to complete the typographic collection
of the Imprenta Real (Royal Press).
n el mes de agosto del año 1796 el subdelegado de la Imprenta Real, Juan Facundo Caballero, se dirigió por escrito a
Manuel Godoy —el joven e influyente secretario de Estado,
quien desde hacía unos meses ostentaba ya el suntuoso título
*
Universitat Autònoma de Barcelona, [email protected]
Boletín del IIB, vol. XIV, núms. 1 y 2, México, primer y segundo semestres de 2009
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de Príncipe de la Paz— para solicitarle la adquisición de algunos juegos de
las matrices que se usaban en la Stamperia Reale de Parma, a cargo del famoso Giambattista Bodoni. Caballero pretendía modernizar la magnífica
colección del obrador de fundición de la Imprenta Real, formada por los
punzones y matrices realizados en la época dorada de la tipografía en España, con la adquisición de caracteres diseñados según las nuevas tendencias
estilísticas que se habían impuesto en el continente y cuya exitosa implantación se debió en gran parte a la enorme reputación del impresor italiano.
La decisión de los responsables de la Imprenta Real de solicitar la
adquisición de matrices del taller de Bodoni cabe entenderla no sólo por
el prestigio de los tipos y las impresiones bodonianas, sino también en
el contexto de la tradicional dependencia de la imprenta española de los
caracteres producidos fuera del país. De hecho, hasta la segunda mitad
del siglo xviii el material tipográfico que se usó en España era en su mayoría extranjero. Cuando los primeros impresores centroeuropeos llegaron al país en los últimos decenios del siglo xv venían cargados con sus
prensas y sus matrices, y posteriormente, con la substitución progresiva
de las viejas letrerías góticas y el uso cada vez más normalizado de los
caracteres romanos, los establecimientos tipográficos españoles se vieron
obligados a trabajar casi exclusivamente con las fundiciones realizadas
en unos pocos juegos de matrices importados, o en menor medida con
tipos adquiridos directamente en fundiciones foráneas.
La edad de oro de la tipografía española
No cabe duda de que la debilidad general de la industria del libro en
España de buena parte del siglo xvi, del xvii y de la primera mitad del
xviii debe ser considerada la causa principal que explique la falta de producción autóctona de caracteres de imprenta en el país y, por tanto, el
motivo que justifique la obligada dependencia del material tipográfico
extranjero. En realidad las condiciones favorables para la aparición del
grabador de punzones no se dieron en España sino hasta la llegada al
trono de Carlos III, quien implantó una firme política proteccionista que
permitió la reactivación del mercado editorial y propició de este modo
una mejora general en las condiciones de los talleres de imprenta.
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Después de más de dos siglos de decadencia, la imprenta española
experimentó un evidente resurgimiento y disfrutó, durante la segunda
mitad del siglo xviii, de su periodo de máximo esplendor. La nueva situación de prosperidad que afectaba al sector pronto tendría también
sus primeros frutos en lo que se refiere al grabado tipográfico. De hecho, los diversos privilegios concedidos por Carlos III para favorecer
la introducción y desarrollo de esta disciplina se relacionan con la necesidad de acabar con las costosas importaciones de matrices y tipos
de imprenta que tanto habían condicionado la actividad diaria de los
talleres de imprenta.
No resulta arriesgado suponer que los propios impresores, acuciados por la creciente demanda de trabajo y ante la habitual escasez de
tipos de imprenta, se preocuparan por promover la especialización de
los artesanos más capacitados en tan necesaria disciplina. Así ocurrió con
Eudald Pradell, un joven armero que había llegado a Barcelona proveniente de su Ripoll natal, con la intención de ejercer el oficio que había
practicado su familia durante varias generaciones. Persuadido por la clase impresora barcelonesa, aprovechó su habilidad y conocimiento en el
trabajo del metal, e inició un largo aprendizaje para asimilar las peculiaridades de una industria casi inexistente en el país. La importancia de los
resultados que Pradell obtuvo en esta disciplina pronto llamó la atención
de las principales autoridades barcelonesas, que le sugirieron enviase un
memorial al rey, quien en el año 1764 le concedió su favor, en forma de
pensión anual, con la condición de que se instalase en Madrid.
En los mismos años, aproximadamente, que Pradell descubría los secretos del oficio, y de manera totalmente independiente a los logros del
artesano catalán, Jerónimo Antonio Gil y Antonio Espinosa de los Monteros llegaron al mismo nivel de especialización, grabando diversos juegos
de caracteres y poniendo su habilidad y conocimientos al servicio de la
emergente imprenta española, necesitada de liberarse de la tradicional dependencia de los materiales extranjeros. Pero lejos de pertenecer al sector
artesanal, Gil y Espinosa tenían una amplia formación académica y habían
completado con merecido reconocimiento sus estudios de dibujo y grabado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En el libro de distribución de premios de la propia Academia de San
Fernando, en 1766, se muestra ya la plena satisfacción por la tarea que
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estaban realizando sus dos jóvenes discípulos: “Para el surtimiento de las
imprentas, vivía hasta ahora la Nación precisada a comprar matrices y
traer letras de Francia, Olanda y otras partes. Hoy debe a la Academia y a
la aplicación de sus individuos hallarse redimida de esta necesidad”, indicando que Jerónimo A. Gil y Antonio Espinosa grababan punzones para
letras “en nada inferiores a los más perfectos de las demás Naciones”.1
Es importante destacar que ambos fueron discípulos de Tomás Francisco Prieto, grabador principal de las Reales Casas de Moneda, y que su
adiestramiento en las técnicas propias de esta disciplina —es decir, el grabado de punzones aplicado al trabajo de las monedas— habría de ser
decisivo en la futura ocupación de los dos artistas. De todos modos la
implicación de Antonio Espinosa con el grabado y fundición de caracteres
de imprenta fue muy distinta a la de su compañero de Academia. A pesar
de ser menos diestro que Gil y no contar casi nunca con el apoyo de las
instituciones oficiales, se dedicó a este oficio durante toda su vida y llegó
a poseer obrador de fundición en Madrid y Segovia. Por su parte, Gil siempre trabajó en esta disciplina, cumpliendo el encargo de formar los materiales para el taller de fundición anexionado a la Real Biblioteca (fig. 1).
La formación del obrador de fundición en la Real Biblioteca debe
atribuirse a la iniciativa de Juan de Santander, el bibliotecario real. Si
bien no fue sino hasta el año 1761 cuando se le encargó el establecimiento de una imprenta agregada a la Real Biblioteca, Santander hacía ya años
que trabajaba en este propósito, especialmente en adquirir los materiales para formar un obrador de fundición. En 1754 hizo traer de Holanda cuatro fundiciones de letra y, en 1759, compró varios de los escasos
juegos de matrices que existían en el país. Finalmente, persuadido de la
imposibilidad de formar una colección coherente juntando las viejas matrices que poseían los fundidores locales, optó por intentar realizar todo
el proceso en España. Para llevar a cabo esta difícil comisión recurrió a
Jerónimo Gil, a quien encargó inicialmente la tarea de completar los antiguos juegos de matrices que había comprado y, después, visto el éxito y
1
Claude Bedat, La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744-1808). Contribución al estudio de las influencias estilísticas y de la mentalidad artística en la España del siglo
xviii. Madrid: Fundación Universitaria Española / Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando, 1989, p. 286.
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Fig. 1. “Fábrica Nueva de Letra, cuyas matrices ha inventado en Barcelona Audal Paradell…”
Barcelona, 1758. Hoja de muestras con el primer grado abierto por Eudald Pradell.
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calidad de su trabajo, le encomendó la fabricación de nuevos punzones
y matrices para crear diversos grados de caracteres.
Jerónimo Gil inició los trabajos para cumplimentar el encargo de la
Real Biblioteca en 1766, y trabajó durante más de doce años en la formación de los materiales del obrador de fundición hasta que, en 1778,
fue designado para ocupar la plaza de grabador primero de la Casa de
la Moneda de México. Los intentos del bibliotecario mayor por evitar la
marcha de su grabador fueron varios e infructuosos, y Gil tuvo que partir
inmediatamente con el encargo de establecer una escuela de grabado en
el país americano. La intensa actividad de Gil en México, donde residió
hasta su muerte en 1798, le apartó de las tareas tipográficas en las cuales
se había ejercitado durante sus últimos años en España. En México trabajó en la Casa de la Moneda, y fundó además una escuela que en 1784
se convertiría, bajo su dirección, en la Academia de las Tres Nobles Artes
de San Carlos.
La vinculación de Antonio Espinosa con la fabricación de tipos de
imprenta fue, como ya se ha apuntado, mucho más longeva que la de su
compañero de Academia. De todas formas, los diseños de sus caracteres
no fueron siempre apreciados y —quizá por este motivo, o por no seguir
sus peticiones los conductos oportunos— no pudo beneficiarse de las
ayudas que sí consiguió Eudald Pradell. También cabe apuntar que Espinosa regentó su propio taller de fundición y, según parece, no siempre
utilizó los mejores metales en la fundición de nuevas pólizas, por lo que
sus tipos no eran de muy buena calidad ni resistían un uso prolongado.
Sin embargo consiguió disponer de una amplia clientela que permitió
cierta prosperidad a su negocio de fundición, a lo que seguramente ayudó su capacidad para anunciar sus caracteres mediante la publicación
de varias hojas y libros de muestras.2 Pero lo cierto es que sus caracteres seguramente hubieran sido más valorados de no haber coincidido
su actividad con la de Pradell, así como con la formación de la excelente
colección de punzones y matrices de la Real Biblioteca (fig. 2).
Vid. Albert Corbeto, Especímenes tipográficos españoles. Catalogación y estudio de las
muestras de letras impresas hasta el año 1833. Madrid: Calambur, 2010, p. 35-38.
2
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Fig. 2. “Prueba de los caracteres que se funden por dirección de don Antonio Espinosa
de los Monteros i Abadía, Académico de la Real de San Fernando…” [Madrid, ca. 1766].
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La obra iniciada por Juan de Santander y materializada por Jerónimo A. Gil fue continuada por Manuel Monfort, también impresor como
su padre Benito, quien tras la muerte de Santander en 1783 obtuvo el
cargo de tesorero administrador de la Real Biblioteca. Este cargo comportaba además, por decisión del nuevo bibliotecario mayor, Francisco Pérez
Bayer, el cuidado y dirección de la imprenta y obrador de fundición. Fue
precisamente bajo la experimentada dirección de Monfort cuando se editó el destacado volumen Muestras de los nuevos punzones y matrices para la
letra executados por orden de S. M. y de su caudal destinados a la dotación de
la Real Biblioteca, impreso en 1787, y en el que se presentan básicamente
los caracteres realizados por Gil para la Real Biblioteca.
Sin embargo, los muchos problemas que acuciaban a la Real Biblioteca motivaron que, unos años más tarde, sus responsables manifestaran
los inconvenientes que suponía para la institución mantener en funcionamiento la imprenta y el obrador de fundición. El alto costo económico
que comportaban era una carga que limitaba las auténticas funciones que
su nuevo director consideraba debía desempeñar la institución, la cual,
como el resto de las bibliotecas más célebres de Europa, se había fundado únicamente para la instrucción pública. Finalmente, la Real Orden de
1794 sancionó el traslado de todos los materiales del obrador de fundición de la Real Biblioteca a la Imprenta Real, con el argumento de que
sería de más utilidad para las necesidades de la imprenta española que estuvieran unidos, en un sólo lugar, los diversos ramos que participaban
en el proceso de impresión, es decir, imprenta, fundición y calcografía
(figs. 3 y 4).
La Imprenta Real se había formado con el acuerdo entre un impresor privado, Francisco Manuel de Mena, y la Secretaría de Estado, para
imprimir básicamente los dos grandes periódicos oficiales, la Gaceta y el
Mercurio.3 Después de la muerte de Mena, ocurrida en 1780, el Estado
aprovechó la deuda que éste había adquirido con la Secretaría para controlar el negocio y adquirir de sus sucesores todos los materiales y utensilios de la hasta entonces llamada Imprenta de la Gaceta. En esta nueva
situación, la capacidad adquisitiva de la nueva Imprenta Real le permitió
Luis Miguel Enciso Recio, “La Imprenta Real a fines del siglo xviii (1782-1795)”, en
Revista de la Universidad de Madrid, vol. xix, núm. 731970, p. 173-174.
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Fig. 3. Muestras de los nuevos punzones y matrices para la letra executados por orden
de S. M. y de su caudal destinados a la dotación de la Real Biblioteca. Madrid, 1787.
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Fig. 4. Muestras de los nuevos punzones y matrices para la letra executados por orden
de S. M. y de su caudal destinados a la dotación de la Real Biblioteca. Madrid, 1787.
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disponer de los mejores caracteres que podían encontrarse en el país,
como se demuestra en los dos libros de muestras publicados con anterioridad a la adquisición de los punzones y matrices de la Real Biblioteca.
Estos magníficos catálogos, titulados ambos Caracteres de la Imprenta
Real, el primero de 1788 y el segundo de 1793, son un ejemplo perfecto
del material tipográfico disponible en la España de la segunda mitad del
siglo xviii y presentan muestras de las más recientes creaciones nacionales, con fundiciones adquiridas a Pradell, Gil y Espinosa, conjuntamente
con caracteres de diseño humanístico, comprados algunos de ellos a los
principales fundidores activos en el Madrid de la época, como Merlo,
Rongel o Rojo.
Poco tiempo después de la adquisición de los materiales del obrador formado en la Biblioteca Real, y pese a la satisfacción por haber reunido una colección de tanto nivel, la rápida implantación de nuevas
tendencias en el diseño de caracteres muy pronto hizo evidente la obligación de mejorar los fondos de la fundición de la Imprenta Real, para
adaptarse a las nuevas corrientes estilísticas. La necesidad de disponer de
caracteres de acuerdo con los diseños modernos que habían popularizado los Didot y, en especial, Giambattista Bodoni, y que dominaban ya la
producción europea, supuso el fin de un brillante periodo para el diseño
tipográfico español. Desgraciadamente, los artífices de la magnífica obra
realizada en la segunda mitad del siglo xviii no tuvieron continuidad y
—ya a finales del mismo siglo, al plantearse la necesidad de crear nuevos
caracteres a la manera moderna— los responsables de la fundición de
la Imprenta Real, pese a los varios intentos que habían realizado para
difundir las técnicas del oficio, no consiguieron encontrar a ningún grabador con el nivel suficiente para emplearlo en el obrador.
Tras la defunción de Eudald Pradell, en 1788, los materiales de su
fábrica se repartieron entre su hijo, también llamado Eudald, y su yerno
Pere Isern. Cada uno de ellos dirigió su propia fundición, pero ninguno
de los dos fue capaz de abrir nuevos caracteres. Tampoco dejó Jerónimo
A. Gil ningún continuador en las tareas del grabado tipográfico, pero en
su caso parece más comprensible si consideramos que su dedicación a
esta disciplina fue ocasional, y desde su partida a México no se le conoce
actividad alguna en este campo. Y, finalmente, Antonio Espinosa, quien
pese a que en sus múltiples peticiones de ayuda se refiere en varias
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ocasiones a su trabajo con los jóvenes y a su intención de enseñar a los
más capacitados las técnicas de este arte, no parece que dejase ningún
discípulo que le reemplazara después de su muerte.
Cabe apuntar que a finales de siglo Antonio Espinosa seguía plenamente activo. De hecho no sólo ocupaba el cargo de grabador de la Casa
de la Moneda en Segovia, sino que además continuaba dedicado al negocio de los tipos de imprenta. Sin embargo seguía siendo menospreciado
por los organismos oficiales, y en este sentido debe entenderse la respuesta negativa que recibió en 1795 su ofrecimiento para ocupar la plaza
de grabador de punzones en la fundición de la Imprenta Real. Apuntaba
en defensa de su petición el conocimiento de los fondos del obrador,
por haber sido el encargado, junto al fundidor Juan Manuel Merlo, de
realizar el inventario general y la tasación de todos los materiales antes
de que se efectuara su traslado desde la Real Biblioteca, y se obligaba a
completar los varios grados que se hallaban defectuosos.
En respuesta a su propuesta, se argumentó que las varias muestras
de los punzones que Espinosa había grabado y que presentaba “para manifestar su habilidad” fueron:
cotejadas y examinadas y se hallaron muy inferiores a las que tenía el obrador en hermosura, forma, estilo y duración, y sin la menor imitación a las
de Bodoni según aseguraba. En cuya vista el Señor Príncipe de la Paz por
orden que se sirvió comunicarme en octubre del mismo año mandó no
se admitiese la propuesta de Espinosa puesto que no presentaba utilidad
alguna, y sí prejuicio.4
Si como parece sus caracteres fueron rechazados por falta de calidad
y por no resistir la comparación con los del famoso Bodoni, resulta hasta
cierto punto contradictoria la información que ofrece Navarro Villoslada
referida a los dos grados de letra Parangona al estilo Parmesano, o sea
según los modelos bodonianos, que presuntamente Espinosa concluyó
en 1797 por encargo del propio subdelegado de la Imprenta Real.5
Archivo Histórico Nacional (ahn), Legajo 11287, núm. 26.
Francisco Navarro Villoslada, “Apuntes sobre el grabado tipográfico en España”, en
La Ilustración Española y Americana, 1877, núm. vi, p. 102-103; núm. vii, p. 131.
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La necesidad imperante de encontrar un grabador de punzones que pudiera recrear los diseños de moda, principalmente los del famoso Giambattista Bodoni, movió a los responsables de la Imprenta Real —ante la
falta de especialistas en el país que pudieran completar con éxito esta
tarea— a buscar otras soluciones. En octubre de 1795 el subdelegado
de la Imprenta Real, Juan Facundo Caballero, escribió a Manuel Godoy
comunicándole las gestiones que había realizado para modernizar los
fondos del obrador:
En la perfección de la imprenta, sobre punzones y matrices, he practicado
varias diligencias para saber el paradero de un grabador milanés, discípulo de Bodoni, que después de haber trabajado en este Real Obrador cuando estuvo a cargo de la Biblioteca, se restituyó a su país, y ha manifestado
mayor pericia y gusto que el citado Espinosa y se contentaba con 350 reales
de mesada. Por lo que sería de mayor utilidad y economía ver si se puede
lograr se restituya aquí, como lo estoy practicando, con que daré parte a V.
E. a su tiempo. Entre tanto he mandado ejecutar a Macazaga, Grabador de
la Casa de Moneda de esta Corte, algunos punzones dándole una muestra
de la letra de las mejores que se hallan en los libros impresos por Bodoni;
y con este fin también he hecho traer los dos volúmenes de muestras que
publicó, y hacer juicio por este ensayo del coste que podrá tener, para ver
si corresponde exactamente a la muestra; y por lo que hasta ahora lleva
hecho, creo ha de acertar, en cuyo caso no se necesitaría de otro alguno, y
sería menos graboso, pues sin necesidad de sueldo se le pagaba por piezas
conforme fuese trabajando, y se necesitase.6
No parece que llegaran a buen puerto las negociaciones para recuperar al supuesto discípulo de Bodoni, cuyas pretensiones económicas
eran, según parece, mucho menos exigentes que las de Espinosa. Se trataba en realidad de un punzonista italiano llamado Pablo Anexi, que estuvo empleado en el obrador con posterioridad al traslado de Jerónimo
6
ahn,
Consejos, Legajo 11281, núm. 20.
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Bodoni y España
Gil a México,7 y de quien sabemos que como mínimo grabó la “nueva
letra hebrea” y la “nueva cursiva de texto” que aparecen en las últimas
páginas del libro de muestras de la Real Biblioteca de 1787. Tampoco parece que el grabador José de Macazaga, pese a conocer el uso del punzón
aplicado al trabajo de monedas y medallas, estuviese capacitado en esos
momentos para completar de forma satisfactoria una tarea tan compleja
y especializada.
El deseo y la exigencia de disponer de los diseños popularizados por
el tipógrafo italiano propició que se estudiara la posibilidad de copiar
los caracteres que Bodoni había utilizado en algunas de sus magníficas
ediciones y, principalmente, los que aparecían en los dos volúmenes de
muestras de letras que se mandaron traer de Parma. Uno de estos especímenes sería con toda seguridad el Manuale Tipografico, impreso en
1788, y el otro muy probablemente la Serie de’ caratteri greci, aparecida
ese mismo año.8 Finalmente, ante la falta de medios y de especialistas
con capacidad suficiente para reproducir los caracteres de Bodoni, se
tomó la decisión de intentar comprar los varios juegos de matrices que
se requerían para cumplimentar las necesidades de la Imprenta Real en el
establecimiento que el tipógrafo piamontés regentaba en Parma.
De la pretensión de adquirir material tipográfico del obrador de
Bodoni encontramos ya una primera tentativa en los años de máxima
actividad en la formación del obrador de fundición de la Biblioteca Real.
La amplia correspondencia con el diplomático y erudito español José
Nicolás de Azara —recogida en los dos espléndidos volúmenes titulados
7
Se conservan los recibos de las mensualidades que cobró por su trabajo en la Real
Biblioteca desde enero de 1788 hasta finales de 1791 (Biblioteca Nacional, Archivo,
0075/02).
8
Bodoni había publicado anteriormente un librito de muestras titulado Fregi e Majuscole incise e fuse da Giambattista Bodoni direttore della Stamperia reale, de 1771, cuyos caracteres estaban todavía inspirados en los modelos de transición que había popularizado el
francés Pierre Simon Fournier. De hecho, la influencia de Fournier también se manifiesta
de forma evidente en sus posteriores especímenes tipográficos, ya que la fórmula elegida
para titular los dos magníficos libros de muestras, “manuale tipográfico”, uno en 1788
y el más conocido de 1818, deriva claramente del Manuel typographique que Fournier imprimió en 1764-1768 y en el que, junto a un amplio manual dedicado a las técnicas del
grabado y fundición de tipos, incluyó también muestras de sus caracteres.
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Il Direttore della Biblioteca del Re a Madrid à cominciato a formare una
magnifica stamperia, a l’à fornita finora di bei caratteri latini. Gli mancanno i greci, e gli ebraici, e vedendo le mostre, ch’io li feci vedere, delle di lei
fatiche, ne restò inamorato, come doveva sucedere, e mi diede la commissione di domandare a lei, se vorrebe vendere i ponzoni del uno e del altro
fornimento. Lei dunque mi facia sapere la sua intencione suopra di ciò,
mandandomi il detaglio di quel che lei vorrebe dare del prezzo, e di tutto
il resto di che comvenga informare il detto Direttore, lasciando poi la cura
dil resto a me.10
Esta noticia confirma la absoluta implicación de Santander con el
proyecto y su deseo de enriquecer la colección del obrador de fundición
de la Real Biblioteca completándolo, en este caso, con caracteres de otros
alfabetos. En esta misma dirección cabe situar también los trámites que
el bibliotecario mayor realizó para conseguir, justo después de la marcha de Gil a México, la compra de material tipográfico en el obrador de
fundición parisino de Jean Pierre Fournier, l’ainé, un hermano mayor del
más famoso Pierre-Simon Fournier, le jeune. La negativa de Fournier a
comercializar con sus punzones, e incluso las reticencias a vender matrices, fue la misma respuesta que Santander había recibido años atrás, en
concreto en 1766, cuando se carteó con John Baskerville y trató también
sin éxito de adquirir algunos de los punzones y matrices realizados por
el ilustre tipógrafo inglés.11
Angelo Ciavarella, De Azara-Bodoni, 2 vol. Museo Bodoniano, Parma, 1979. Se trata
de un epistolario de 370 cartas cruzadas, entre 1776 y 1803.
10
Ciavarella, op. cit., vol. i, p. 3.
11
Albert Corbeto, “Eighteenth Century Spanish Type Design”, en The Library. The Transactions of the Bibliographical Society, 7th series, vol. 10, núm. 3 (September 2009), p. 277.
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De Azara-Bodoni,9 editados por Angelo Ciavarella, el entonces director del
Museo Bodoniano— nos permite descubrir entre otras cosas el interés
de Juan de Santander por conseguir, usando como intermediario al gran
amigo y mecenas de Bodoni, caracteres griegos y hebreos para completar
la colección formada con los diseños grabados por Gil. Azara escribió a
Bodoni, el 29 de agosto de 1776, transmitiendo la petición de Santander:
Esta primera tentativa realizada con la voluntad de conseguir materiales del obrador de Bodoni, utilizando a Azara como mediador, no
parece que acabase fructificando, pese a que en carta a su amigo el teólogo benedictino Bernardo de Rossi, con fecha de septiembre de 1776,
Bodoni demostraba una magnífica disposición para satisfacer los deseos
de Juan de Santander: “Dal Sigr. Cavaliere Azara ho ricevuto una compitissima lettera da Roma. Egli mi ha ricercato per la biblioteca del Re di
Spagna i Polzoni e le matrici dei Caratteri Ebraici, Rabinici e Greci. Io le
ho risposto, e lo he offerto tutta la serie intiera de’ miei Caratteri esotici,
ma sino al Corriere prossimo non avrò alcun riscontro”.12 En realidad
este primer contacto supone una evidencia de que la estrecha relación
del diplomático con el tipógrafo italiano podría facilitar enormemente
cualquier aproximación del gobierno español y, de hecho, acabará siendo decisiva en la posterior adquisición de varios grados de sus caracteres
para la Imprenta Real.
Giambattista Bodoni, nacido en Saluzzo en 1740, empezó a trabajar
en la imprenta de Propaganda Fide, en Roma, antes de establecerse en
1768 en Parma para dirigir la Stamperia Reale.13 Por su parte, el aragonés
José Nicolás de Azara fue enviado a Roma en 1765, como funcionario
del Ministerio de Asuntos Exteriores, para ejercer de representante oficial
de España ante los distintos tribunales y oficinas de la curia romana. Es
muy probable que Azara conociese al impresor durante su viaje a Parma
en 1773, seguramente por mediación del padre Paolo Maria Paciaudi,
anticuario y director de la Biblioteca Reale y valedor de Bodoni para la
obtención de la dirección de la Stamperia de dicha ciudad.14 La amplia
correspondencia conservada revela los fuertes lazos de amistad que unie12
Antonio Boselli, “Il cartegio bodoniano della Palatina di Parma”, en Archivio Storico
per le Province Parmensi, vol. xiii, 1913, p. 223.
13
Sobre el “principe dei tipografi” resultan un referente indispensable las aportaciones de Umberto Benassi, “Il tipografo Giambattista Bodoni e i suoi allievi punzonisti”, en
Archivio Storico per le Province Parmensi, vol. xiii, 1913, p. 44-155; Raffaello Bertieri, L’Arte di
Giambattista Bodoni. Milán: Bertieri e Vanzetti, 1913; Hugh C. Brooks, Compendiosa bibliografia di edizioni bodoniane. Florencia: Tipografia Barbéra, 1927; Piero Trevisani, Bodoni,
epoca, vita, arte. Milán: Hoepli, 1940; o Giampiero Giani, Catalogo delle autentiche edizioni
bodoniane. Milán: Conchiglia, 1948.
14
Gabriel Sánchez Espinosa, La biblioteca de José Nicolás de Azara. Madrid: Calcografía
Nacional / Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1997, p. 49.
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ron al impresor y al diplomático, así como la coincidencia de intereses,
que se manifiesta en los múltiples proyectos que planearon realizar conjuntamente.
Azara valoró enormemente el talento y la capacidad artística de Bodoni, a quien consideraba un hombre superior por la trascendencia que
su obra tendría para la humanidad, mientras que para Bodoni la relación
epistolar con Azara significó seguramente el estímulo intelectual que le
impulsó a concretar sus ambiciones tipográficas. En contraposición a las
limitaciones que afectaban su actividad al frente del establecimiento al
servicio del duque de Parma, la fundación de su propia imprenta, en
1791, le permitió realizar de forma paralela otro tipo de obras en las
que pudo expresar libremente su talento, y en las cuales consolidaría la
estética bodoniana.15 Entre los libros realizados en su establecimiento
—que aparecieron siempre con el pie de imprenta “Parmae. Typis bodonianis”— cabe destacar la famosa serie de clásicos grecolatinos costeados
por Azara, libros de bibliófilo, de lujo y de tirada muy limitada.
En realidad Azara nunca comprendió la decisión de Bodoni de permanecer en Parma, que consideraba una ciudad provinciana, e intentó
en varias ocasiones sacarlo de allí con el deseo de liberarlo de las obligaciones con la corte, que condicionaban su producción y limitaban su trabajo, así como para alejarlo de las envidias que su éxito había provocado
entre los tipógrafos parmesanos.16 Inicialmente consideró la posibilidad
de que Bodoni se trasladase a España con toda su oficina, aunque en realidad temía que pudieran originarse conflictos con los impresores locales, celosos de una competencia de tan renombrado prestigio y fama: “Io
volei che Lei si stablisse in Spagna, ma l’amo troppo per consigliarlelo.
Malgrado il favore della corte, e delle persone di giudizio, Lei patirebbe
la persecuzione di tutti i Stampatori di Madrid, che ognuno si crede uno
Stefano”.17
En 1786, ascendido ya al cargo de embajador español en Roma, le
propuso también la posibilidad de instalarse en la Ciudad Eterna y dirigir
15
Vid. José Luis Gotor, “José Nicolás de Azara, editor de clásicos con Bodoni”, en Italia
e Spagna nella cultura del ‘700. Roma: Accademia Nazionale dei Lincei, 1992, p. 87-118.
16
Sánchez Espinosa, op. cit., p. 50.
17
Ciavarella, op. cit., vol. i, p. 73 (Roma, 6 feb. 1783).
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su propia imprenta en el Palazzo di Spagna. Sin embargo, pese a la ilusión con la que el impresor consideró la propuesta, acabó aceptando la
contraoferta del gobierno parmesano, que le garantizaba mayor libertad
de la que había tenido hasta entonces, así como la posibilidad de imprimir para cualquiera que quisiera contratarle.
Descartada la opción de que Bodoni se instalase en Madrid, pronto
se consideró que la alternativa más ventajosa para ambas partes era la
venta al gobierno español de su magnífico obrador de fundición. Las
menciones a este asunto son muy frecuentes, ya desde el año 1783, en la
correspondencia entre Azara y Bodoni. No cabe duda de que esta opción
era del agrado del tipógrafo:
Pensier mio dunque sarebbe di ceder tutta la mia numerosissima suppelletile al Monarca Cattolico per una somma di denaro che io rimetto
all’arbitrio, ed intendimento di V. E. e che mi si assegnasse inoltre una
pensione vitalizia a perpetuità, anche stando fuori di Spagna, a condizione
che tutto ciò che io anderò ancora intagliando ed aggiungendo a’ caratteri
Latini, e specialmente agli esotici, tutto passasse in potere del Re.18
En realidad, las peticiones para que Bodoni vendiese total o parcialmente los materiales de su colección tipográfica le habían llegado desde
varias cortes europeas, pero la influencia de Azara, así como las obligaciones del tipógrafo con la monarquía hispánica, hizo que el traslado a
España de su colección de punzones y matrices fuera la única opción que
verdaderamente podía tenerse en consideración:
Più volte ho io avuto delle forti ricerche per parte dei delegati all’educazione
nazionale di Polonia, dal Vescovo di Cracovia fratello di quel Re, dal Conte
di Firmian reiteratamente, da Vienna, e dalla reale Stamperia di Torino, per
distrarre o tutta o in parte questa mia sorprendente collezione tipograficofusoria. Ma io non ha mai voluto cedere ad alcuna invitazione, e chiusi le
orecchie alle molte esibizioni fattemi dai Monaci Cisterciensi di Milano, i
quali hanno speso oltre venti sei mila zecchini per stabilire una fabrica di
carta ed una stamperia, e quel governo volea obbligarli a comperare le mie
18
54
Ibid., p. 74 (Parma, 15 feb. 1783).
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Azara se mostró entusiasmado con este proyecto e intentó aprovechar su privilegiada situación política, al igual que sus influencias con
los altos cargos en la corte, para proponer la adquisición del obrador de
fundición. Para poder realizar los trámites necesarios solicitó a Bodoni
que le mandase noticias referidas a los materiales que iban a ser motivo
de la transacción, así como el costo total de la operación: “comverrà che
lei mi dica riservatamente quanto crede, o quanto stima la sua collezione,
e in che consiste, facendo un catalogo essatto”.20 De hecho, Azara le insistió en varias ocasiones sobre la necesidad de disponer de información
suficiente para realizar la propuesta: “resta vedere in che consiste questa,
per potere dire ciò che si offerisce, e la differenza che vè fra quello che lei
à, e quello che c’è a Madrid. Voglio dire, numero di matrici ecc.”21
La fama de Bodoni y de su producción tipográfica se había extendido por todo el continente, y su establecimiento era visita obligada
para los selectos viajeros del Grand tour que llegaban a Parma. Entre los
ilustres visitantes que sintieron especial interés por la obra del impresor
y quisieron conocerle cabe destacar al papa Pío VII, a varios soberanos
europeos y prestigiosos literatos como Moratín o Stendhal. Del mismo
modo, la imprenta de Bodoni era lugar de peregrinación para muchos
de los jesuitas españoles instalados en Italia tras la expulsión de 1766,
quienes intentaron por todos los medios que sus obras fueran editadas
con los famosos tipos bodonianos.
Uno de ellos, el sacerdote alicantino Juan Andrés, hizo largos viajes
por Italia entre 1785 y 1791 y redactó sus impresiones en una serie de
cartas a su hermano Carlos, que éste editó en cinco volúmenes, entre
1786 y 1793, bajo el título de Cartas familiares. En 1791 visitó Parma y,
lógicamente, se detuvo en el establecimiento del más famoso de los tipógrafos europeos, consciente de que “un arte merece en Parma la atención
Ibid., p. 75 (Parma, 15 feb. 1783).
Ibid., p. 77 (Roma, 28 feb. 1783).
21
Ibid., p. 78 (Roma, 20 mar. 1783).
19
20
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matrici. Io mi sovvengo di averle scritto altre volte che null’altro desideravo
se non che questa mia unica, promogenita, e prediletta figlia passasse ad
esornarne la Real Biblioteca del Re Cattolico.19
Albert Corbeto
La inmensa copia y variedad de caracteres es lo que sorprende a los forasteros, y forma el principal mérito del inventor… Sólo diré lo que me
acuerde de lo que vi por mí mismo, oí de su boca, o leí en un escrito suyo,
y es que para los caracteres redondos y cursivos tiene ciento veinticinco
matrices, y dieciséis para los cancillerescos; que de los griegos tiene veinticinco diferentes de magnitud y de forma, y algunos tan diferentes entre
sí, que podrían servir para distinguir las citaciones, y hacer uno como de
cursivo en medio de otro redondo. Además de los griegos comunes tiene
también varios de los que llaman unciales, y con éstos imprimió años atrás
el Anacreonte, y con los mismos, de forma más pequeña, imprimía cuando
yo estuve en tomitos en dozavo o dieciseisavo algunos poetas griegos de
poco volumen, como Calímaco y otros. En el hebreo hay tres suertes de
letras, la textual, que sirve para el texto; la rabínica, que llaman de Rasci,
célebre glosador de la Biblia y del Talmud, y sirve para las glosas; y otra
rabínica propia de los alemanes, que llaman hebreo-alemán. De todas éstas
tiene varias, seis de las cuadradas, tres de Rasci y una de hebreo-alemán. De
letra caldáica hay también diferentes especies, y de la más común tiene de
tres suertes. Igualmente en el siriano hay mucha variedad, siro-estranjelo,
nestoriano o caldáico, y maronítico o sencillo, y tiene tres maroníticos, dos
nestorianos y tres estranjelos. En el árabe hay el nischi, y con alguna variedad el persiano y el turco, y tiene tres nischis, dos persianos y dos turcos.
Tiene también letra etiópica, dos cópticas, dos arménicas, dos etruscas, dos
fenicias, dos púnicas, dos palmirenas, una ilírica, una gótica de Ulfila, una
Cartas familiares del abate D. Juan Andres a su hermano D. Carlos Andres: dandole noticia del viage que hizo a varias ciudades de Italia en el año 1791, publicadas por el mismo D.
Carlos, t. iv, en la Imprenta de Sancha, 1793, p. 15 [también puede encontrarse el texto de
la visita a la imprenta de Bodoni en una edición moderna de las cartas: Vid. Juan Andrés,
Cartas familiares (Viaje de Italia), vol. ii. Madrid: Editorial Verbum, 2004, p. 180-182.]
22
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de todos los forasteros, y ésta sola supone la perfección de otras muchas.
La imprenta de Parma es conocida en toda Europa, y se puede decir que
aun fuera de ella en los países cultos de otras partes del mundo. El mérito de esta celebridad se debe al famoso Bodoni”.22 También merece la
pena reproducir la detallada descripción que el padre Andrés ofrece de la
extraordinaria colección tipográfica, así como de la inigualable habilidad
del impresor para producir las obras más bellas del continente:
tibetana, una bracmánica, una malabárica, dos alemanas, una esclavona y
dieciséis rusas. Sólo el malabárico tiene mil ciento treinta y una matrices.
Además de todas estas diferentísimas letras tiene también varias cifras de
Álgebra, y caracteres de música gregoriana, y de música figurada.
Ya ves que sólo esta gran riqueza de caracteres basta para dar nombre
a una imprenta; pero Bodoni no se contenta con esta sola. Tiene varias
miras particulares para dar mayor belleza a sus caracteres, para disponerlos
convenientemente en la composición, y que hagan mejor vista en la impresión. En la preparación del papel, en las prensas y en la manera de tirar los
pliegos, de dar la tinta, y en todo lo que pertenece a la elegancia, belleza y
perfección de la imprenta, ha pensado en mil menudencias y delicadeces,
que sirven para notable adelantamiento del arte tipográfica. En efecto, tú
sabes cuán estimadas son sus impresiones, especialmente las de los autores
clásicos que ha publicado hasta ahora.23
Resulta en cierta manera comprensible la alta consideración que Bodoni tenía de su actividad y el especial apego que sentía por su tan valorada colección de punzones y matrices:
La multiplicità de’ miei caratteri latini bassi, dei quali mi trovo avere i corrispondenti corsivi, so che è capace a far rimanere estatico ed attonito qualunque più intelligente conoscitore, e so altresi che con piu forte ragione
troverassi da stupor compresso qualsiasi più esperto tipografo od incisor
di caratteri in mirare e riflettere attentamente alla serie delle mie majuscule
tonde e corsive ascendenti a 70 e più alfabeti, portate da me a sì alto grado
di perfezione, che lascierà disperato il caso che altri possa uguagliarmi o
nel numero o nella eleganza, o nella precisione.24
Este hecho seguramente justificaría de algún modo su incapacidad
para valorar la compensación económica que deseaba recibir a cambio
de su venta al gobierno español, y que acabó por eternizar los trámites
que impidieron a Azara realizar las gestiones en el momento adecuado.
De todas formas parece que la decisión de Bodoni era firme y, de hecho,
23
Cartas familiares del abate D. Juan Andres a su hermano…, p. 15-18.
24
Ciavarella, op. cit., vol. i, p. 47 (29 sep. 1781).
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Ommetterò dunque a ragion veduta di parlare ora di tutto ciò che io possiedo, dell’uso, che se ne può fare, delle mie pretensioni, di quello che in materia
di stampa manca alla Spagna, perchè son persuaso dell’inutilità d’ogni mia
descrizione per dar a conoscere la copia grandissima, e la perfezione de’ mei
Caratteri, mentre mi si potrebbe sempre rispondere: quid dignum tanto feret
hic promissor hiatu? Pensier mio dunque sarebbe, giacchè V. E. mi dicfe di far
le cose posatamente, di stampar prima se non in tutto, almeno in parte il
mio manuale tipografico, e allora colle prove impresse alla mano, esporle
agli occhi segli stampatori Ispani, o degli incisori di Caratteri di qualunque
paese, sentirne il loro giudizio, interpellare quanto costerebbe il farne eseguire qualche alfabeto, e dare l’ordine d’intagliarne uno o due soli, e poi farne il
confronto, e l’analisi, e allora si potrebbe con certezza e cognizione di causa
giudicare delle proporzioni, esattezza, e maestrìa de’ miei e degli altrui
caratteri, e si verrebbe a conoscerne il divario, e la moderazione nel prezzo.25
Recogiendo la propuesta de Bodoni, Azara estuvo de acuerdo en que
las muestras de sus caracteres que preparaba para la edición del Manuale
Tipografico fueran el documento por presentar para realizar la propuesta
formal. Sin embargo, a pesar de que el italiano se comprometió en varias
ocasiones a acelerar la impresión de las muestras, el tiempo transcurría
y Azara se vio obligado a insistir con frecuencia sobre el estado de dicha
obra. Desde ese mismo momento la elaboración del Manuale pasó a ser
uno de los temas recurrentes en la correspondencia entre Azara y Bodoni:
“Mi pare mill’anni di vedere compito il proggetto di Spagna perchè sia libero dalle cattene Parmigiane; ma prevedo che non sarà possibile mentre
Lei non abbia condotto a termine il suo Manuale. Questo, mi pare, dovrà
essere il documento da presentarsi per la formale proposizione”.26
Gracias a sus buenas relaciones con José Moñino, el conde de Floridablanca, por entonces al frente del Ministerio de Gracia y Justicia, Azara
obtuvo la autorización para llevar a cabo las gestiones que debían permi25
26
58
Ibid., p. 78 (Parma, feb. 1783).
Ibid., p. 90 (Roma, 5 feb. 1784).
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reflexionó sobre la mejor manera de gestionar la venta de su colección al
gobierno español.
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Gratissima, come già ebbi l’onore di scriverle, mi giunse la notizia che V. E.
sia stata autorizzata a trattare l’acquisto della mia suppellettile tipografica
fusoria; colla sola dipendenza di S. E. il Sig.r Conte Moñino: io intanto con
ogni possibile sollecitudine procurerò di metterla in stato di agire, facendo
un epilogo di tutti i Caratteri che possiedo, indicando il numero delle matrice di ciascheduno, e dando nel tempo stesso tutte quelle prove in stampa
che mi verrà fatto di preparare fra le incredibili occupazioni meschine che
mi sovverchiano, e così potrassi in quest’affare procedere non a chiusi occhi, ma a ragion vedutta.27
De hecho, la insistencia de Azara chocó con el deseo de perfección
de Bodoni, quien además justificó la tardanza con las muchas obligaciones que debía cumplir en la Stamperia Reale, por lo que incluso solicitó
al diplomático que hiciera uso de su influencia para liberarle de algunas
de las tareas que venía realizando y poder dedicar de este modo más
tiempo a la perfecta ejecución de su libro de muestras:
quando avrò compito il mio Manuale tipografico, farò toccar con mano
che la mia collezione è superiore e più perfetta d’assai di quella che possa
vantare la Reale Stamperia de Parigi, di quella di Propaganda in Roma,
di quella di Oxford, di Glascua, e di qualunque altro Paese. Ma la celere
ultimazione di tale mio libro non potrà accadere se Ella non interpone
l’efficace sua mediazione presso S. E. il Sig.r Conte di Floridablanca, accio
con una sola lettera al Ministro di Spagna qui, dia ordine di ottenermi il
riposo dall’impiego laboriosissimo che sostengo da sedici e più anni, e
che non posso mai più reggere. Il poco di vista che mi rimane acuta, vorrei
impiegarlo a vantaggio e ornamento della Spagna, nè vorrei più logorarmi
il cervello, e abbreviarmi i giorni servendo...28
27
28
Ibid., p. 88-89 (Parma, nov. 1783).
Ibid., p. 89 (Parma, nov. 1783).
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tir al gobierno español adquirir la fundición tipográfica de Bodoni. Sin
embargo, pese a la satisfacción con la que el impresor recibió la noticia,
su respuesta transmitía una parsimonia que no presagiaba una fácil o,
como mínimo, inmediata resolución:
En 1788 llegó finalmente el primer volumen del Manuale Tipografico
di Giambattista Bodoni, que fue celebrado por Azara: “L’ultimo corriere di
Spagna non mi lasciò il tempo di contestare alla lettera di V. I.ma de 15
Xbre ultimo, che mi capitò coll volume dei primi 50 caratteri latini componenti la metà del primo Tomo del Enchiridio tanto desiderato”.29 Cabe
apuntar que se trata de una obra de gran rareza que se imprimió en hojas
sueltas y como mínimo en dos formatos distintos, en 4º y en 8º, en uno
con los grandes blancos tan característicos de las ediciones bodonianas e
impreso en una sola cara, y el otro bajo los mismos parámetros pero en
un formato medio.
A diferencia del famosísimo libro de muestras que publicó su viuda
en 1818, del Manuale de 1788 se imprimieron un número muy reducido
de copias, de las que se conservan tan sólo unos pocos ejemplares.30 Muy
probablemente Bodoni no tiró más de 50 ejemplares del formato grande
y un máximo de 100 del formato medio, aunque cabe considerar que se
trataba de una obra de una riqueza y extensión nunca vistas hasta el momento para un espécimen tipográfico.
Apunta Mardesteig que las 374 páginas de este monumental volumen suponían el cumplimiento del deseo secreto de Bodoni de superar
el Manuel de Fournier, el modelo que había copiado en su inicial Fregi e
Majuscole incise e fuse da Giovanni Battista Bodoni (1771) y cuyos caracteres
había imitado para elaborar sus diseños iniciales.31 De hecho, en el muestrario de 1788 aparecen también los caracteres que realizó siguiendo el
modelo de Fournier, conjuntamente con los nuevos diseños con los que
Ibid., p. 129 (Roma, 2 ene. 1788).
Existe una edición facsímil realizada por el impresor Giovanni Mardesteig (Verona:
Officina Bodoni, 1968). Sobre el poco conocido Manuale de 1788 puede consultarse el
trabajo de Giampiero Giani, Catalogo delle autentiche edizioni bodoniane, p. 18-20; también
el del propio Mardersteig, “Nota al Manuale Tipografico di Giambattista Bodoni, 1788”,
en Scritti di Giovanni Mardesteig sulla Storia dei caratteri e della tipografia. Milán: Edizioni
il Polifilo, 1988, p. 179-191; o en la inevitable obra de Daniel B. Updike, Printing Types:
Their History, Forms and Use. Cambrige, Mass.: Harvard University Press, 1922, p. 166167, en la que se ofrece una interesante descripción del ejemplar conservado en la Boston
Public Library.
31
Mardersteig, “Nota al Manuale Tipografico di Giambattista Bodoni, 1788”, en op.
cit., p. 186.
29
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Fig. 5. Página del Manuale Tipografico di Giambattista Bodoni, de 1788.
Vid. James Mosley, “Sources for Italian Typefounding”, en La bibliofilia, anno
(2000), p. 77-78.
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Bodoni había formado un estilo propio y original, distinto al de su primer maestro.
El volumen se divide en dos partes, la primera contiene los folios 1 a
49, y la segunda los folios 50 a 100, numerados con cifras arábigas, pese
a que en algunos casos la numeración induce a error por la aparición de
dos series de caracteres, con el mismo número, unos del estilo bodoniano y otros del que se basa en los modelos de Founier32 (fig. 5).
Albert Corbeto
al mio manuale tipografico non manca che la prefazione le quale è nelle
mani dell’Abate Masino di Caluso, Segretario della R. Academia delle Scienze in Torino, e sto in aspettazione di ottenerla de una settimana all’altra.
Quando serà inmio potere, può ben persuadersi che non mancherò di sollecitudine per aggiungerla al mio libro atteso da tanti anni impazientemente da tutti gli amatori della Tipografia.33
Poco después, en enero de 1790, Azara preguntó de nuevo por la
situación del libro de muestras: “Avrebbe Lei abbandonato il proggetto
di publicare il suo Manuale? E’ tanto tempo che Lei non me ne parla,
ch’io non so che crederne”.34 Probablemente Bodoni seguía atareado en
la redacción del prefacio a su obra, que de hecho nunca llegó a publicarse, pero lo cierto es que incluso varios años después todavía seguía
trabajando para completar las muestras de la segunda parte del Manuale:
Dopo di aver io serbato gelosamente nel mio angusto apartamento per
ben dieci anni da cento e più pagine diverse de’ molti e varj miei caratteri
esotici, che io aveva fatto gettare con grave spesa a pazienza, e che io stesso
avea preparate e composte ne’ miei anni più fervidi e robusti, volea nella
corrente estate farle ristampare per compire la seconda parte del mio vastissimo Manuale Tipografico.35
El jesuita Juan Andrés, en su paso por Parma en 1791, no sólo confirmaba que el famoso tipógrafo seguía dedicado en esas fechas a la elaboración del libro de muestras, sino que también mantenía la idea de
Ciavarella, op. cit., vol. ii, p. 28 (Parma, dic. 1789).
Ibid., p. 30 (Roma, 27 ene. 1790).
35
Ibid., p. 111 (Roma, 25 jul. 1795).
33
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Pero en realidad parece que la impresión del libro de muestras no
acabó por significar el impulso que el diplomático esperaba para desencallar la situación. En la correspondencia posterior se sigue insistiendo
en la necesidad de disponer de dicha obra para realizar los trámites oportunos con la corte. En diciembre de 1789 Bodoni apaciguaba la impaciencia de Azara al indicar que:
incluir un prefacio junto a las muestras de sus tipos: “Hace años que
está trabajando una muestra de todos sus caracteres, que imprimiéndose
una llana con cada uno de ellos forma dos tomos, de los cuales he visto
impreso el primero, y sólo le falta la prefación; allí se verá la infinidad,
variedad y belleza de los caracteres de su imprenta”.36
Más tarde llegaron los conflictos bélicos que siguieron a la revolución francesa y la política imperialista de Napoleón, una amenaza continua para el pequeño ducado de Parma. En la correspondencia entre
Azara y Bodoni se manifiesta el temor de que la colección tipográfica
fuera confiscada y llevada a Francia, lo que seguramente avivó los antiguos planteamientos del diplomático y su deseo de conseguir para su
país la imprenta del gran tipógrafo italiano: “Se Dio ci darà la tranquillità
tanto necessaria allora potremo pensare al progetto che Lei mi propone
di transferire in Spagna la sua Tipografia”.37
Fue precisamente la inestable situación política que caracterizó el cambio de siglo y afectó especialmente a España lo que impidió que el obrador
de fundición de Bodoni llegase finalmente a Madrid. En el verano de 1795
Azara escribió de nuevo a su amigo para comunicarle la imposibilidad
de gestionar la adquisición de su colección tipográfica, debido a las
graves dificultades que afectaban al gobierno español:
Con molta mia confussione devo confessare a Lei, che non vedo nel mio
paese nelle attuali circonstanze apertura alcuna per trattare di acquistare il
di Lei Tesoro Tipografico. Non siammo più in decadenza, siammo caduti
intieramente nel precipicio, ed i miei ochi non vedono che nero. La Monarchia tutta è in più pericolo di quello che si crede, e per guarirla si addprano
i soli ciarlatani. Mi si stringe il cuore quando penso a queste cose. Lei dunque cerchi a fare il suo negozio dovunque lo trovi, ma ci pensi prima bene,
giachè i passi irretrattabili nella vita sono sempre pericolosi...38
Cartas familiares del abate D. Juan Andres a su hermano…, op. cit., p. 15.
Ciavarella, op. cit., vol. ii, p. 103 (Roma, 21 ene. 1795).
38
Ibid., p. 114 (Roma, 4 ago. 1795).
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Pese a que los intentos de Azara por conseguir para su país la colección
de punzones y matrices del más famoso de los tipógrafos europeos resultaron infructuosos, los responsables de la Imprenta Real continuaron
por su parte activos en la tarea de completar la colección del obrador de
fundición. En agosto de 1796 Juan Facundo Caballero, consciente de la
dificultad de encontrar en el país alguien con la capacidad para crear caracteres según los diseños de moda, se dirigió al Príncipe de la Paz para
exponerle las necesidades del establecimiento:
Uno de los ramos que conviene adelantar en la Imprenta Real es el obrador
de fundición de letras establecido en tiempos de V. E. porque de la bondad de estas en sus diferentes grados y caracteres, y de su variedad y número depende en gran parte la perfección de las regias ediciones y la bondad
de las de menor esmero; pero como no puede lograrse todo a un tiempo ni
con la brevedad que yo quisiera, así porque los profesores de punzones del
Reino no se hallan hasta ahora muy adelantados en la facultad... Tal es para
la fundición el hacer venir algunos juegos de matrices de los mejores que
se conocen en Europa con que ir aumentando la colección del obrador: y
con este objeto quise ver lo que hay en el de la Imprenta Real en Parma,
que está a cargo de Bodoni, e hice venir el libro de sus muestras, y habiendo
hecho examinar con cuidado a los Regentes de Imprenta y Fundición para
que eligiesen algunos grados de que más se carece aquí, han elegido series
que son los adjuntos de los números 10, 24, 26 y 46 de letra latina; y las
de los números 1 y 3 de letra griega, con las cuales dirijo igualmente a V.
E. las muestras de letras y signos de que debe constar cada juego tanto de
caja baja y alta como de versalillas, para que si aquellas fueren de la aprobación de V. E. se sirva mandar pedir un juego completo de cada uno de
los grados por medio de nuestro Ministro en la Corte de Parma, o por el
que estime V. E. más conveniente, advirtiéndole los números citados para
enterar a Bodoni, y remitiéndole únicamente la muestra o alfabeto adjunto
que manifiesta las piezas de que debe constar cada juego, pues las muestras
originales del libro, desearía se me devolviesen para no tenerle descabala-
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La adquisición de matrices de Bodoni
para la Imprenta Real
do. También es preciso advertirle que la letra griega del número 1 tiene el
defecto de faltarle los acentos, y si no se completan en los mismos términos
que lo está el grado nº 3, será mejor que no venga. Debo no obstante manifestar a V. E. que por lo general no se permite en los Reinos extranjeros
extraer juegos de matrices ni de punzones, sino únicamente las fundiciones de letras que hacen con ellas, porque así fomentan su comercio, pero
como esta dificultad puede vencerla la autoridad o recomendación de V. E.,
cuento con ella para conseguirlo, mediante el beneficio que resulta al real
obrador e Imprenta.39
Pese a la confianza de Caballero en el poder y la influencia de Manuel Godoy para que fructificase su solicitud, no dudó en advertirle sobre
la dificultad de importar matrices y punzones, ya que lógicamente a los
gobiernos extranjeros les interesaba mantener un frecuente comercio de
letra fundida. Sin embargo, eran demasiados los condicionantes políticos y muchos los motivos de agradecimiento por parte de Giambattista
Bodoni hacia la monarquía hispánica como para permitirse poner trabas
a dicha transacción.
Desde el momento en que fue llamado en 1768 para conferirle la
dirección de la Stamperia Reale de Parma, la deuda moral de Bodoni con
España fue creciendo ya que —gracias a su amistad con el influyente José
Nicolás de Azara y a su ascendencia con el conde de Floridablanca— fue
nombrado tipógrafo de Cámara del monarca español Carlos III, en 1782,
atendiendo “a lo mucho que se distingue entre los grabadores de letras e
impresores de Europa”,40 y posteriormente, en 1793, ya en el reinado de
Carlos IV, se le concedió una pensión vitalicia de seis mil reales.41
Debe tenerse en cuenta que después de la firma del tratado de paz
de Aquisgrán, en 1748, la soberanía del ducado de Parma pasó a manos
Legajo 11282, núm. 53.
Antonio de Hoyos, “Dos cartas de Floridablanca a Giambattista Bodoni”, en Murgetana, 69, 1986, p. 137.
41
Las dos cartas en las que se distinguía a Bodoni con el título de impresor de S. M. y
con la concesión de la pensión vitalicia, firmadas respectivamente por el conde de Floridablanca y el duque de Alcudia (Manuel Godoy), se conservan en el Museo Bodoniano y
las reproduce Enric Tormo en La Comedia nueva, comedia en dos actos, en prosa…, Pórtico
de Pedro Bohigas, ficha bibliotipográfica y noticia sobre Bodoni de E. Tormo Freixes, Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Barcelona, 1972, p. 76.
39
ahn,
40
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La fascinación por los tipos “modernos” de Giambattista Bodoni...
de la familia real hispánica, en la persona del infante de España, Felipe
I de Parma, instaurándose así una nueva dinastía borbónica en Italia.
En los años referentes al presente estudio fue el sucesor de Felipe I su
hijo Fernando I, quien gobernó el pequeño ducado hasta que Parma fue
invadida y conquistada por Napoleón en 1801. El duque Fernando I era
primo del monarca español, pero además era hermano de María Luisa,
reina de España desde 1788 por su matrimonio con Carlos IV. Parece
razonable suponer que la cercanía de Godoy —a quien atribuyeron un
amplísimo poder— con la familia real, así como su deseo de controlar
directamente cualquier aspecto que pudiera afectar al Estado, hubieran
sido decisivos en caso de plantearse algún problema con las autoridades
del ducado borbónico.
La eficiencia de Godoy, trabajador incansable y activo en cualquier
aspecto que requería su participación, pronto le llevó a cumplir la petición de Caballero e inmediatamente se puso en contacto con el conde
Ventura, secretario de Estado del infante Fernando I de Parma. En carta
de 6 de septiembre de 1796 pidió a éste que gestionase su solicitud, requiriendo con anterioridad, eso sí, el visto bueno del infante Fernando I:
En la copiosa colección de grados de letra de la Real Imprenta de esa ciudad
a cargo del célebre tipógrafo don Juan Bautista Bodoni, que el año de 1788
publicó un tomo de hojas sueltas titulado Manuale Tipografico de Giambatista Bodoni; he visto algunas que desearía tener para esta Real Imprenta, con
particularidad las quatro de letra latina de los grados que en esta colección
se distinguen con los números 10, 24, 26 y 46, y dos de la letra Griega
de los números 1 y 3, pero como de modo alguno quisiera nada que no
sea muy del agrado del señor Infante Duque, he de merecer a V. E. que
haciéndolo presente a S. A. R. y no teniendo reparo, se sirva en este caso
facilitarme un juego completo de matrices de cada uno de estos números,
con advertencia que debe constar de todas las letras correspondientes a
caja alta y baja, versalillas y signos respectivos al grado según se indica en
la muestra adjunta, sirviéndose advertir a Bodoni que al grado griego del
nº 1 se le ha notado faltar los acentos y si no se completa como la del nº
3 no deberá remitírseme.42
42
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Albert Corbeto
La fascinación por los tipos “modernos” de Giambattista Bodoni...
me ha respondido que no puede tener dificultad alguna el Señor Infante en
que en ello sea complacido V. E., y que cuando esté coordinado y dispuesto, se me entregará lo que se solicita, en cuyo caso pagaré lo que fuere, y
haré la remisión en los términos que V. E. me prescribe. // Se ha prevalido
Bodoni de tan favorable ocasión para pedirme envíe a V. E. dos rollos que
contienen muestras de no pocos grados de letras, que no se encuentran en
aquel su referido Manuale Tipografico, los que con mucho gusto he recibido
por persuadirme no será esto desagradable a V. E. a cuyo título los dirijo
con el Correo portador de la presente. // Tampoco me parece fuera de propósito inteligenciar [sic] a V. E. de que los punzones, matrices y hormas
correspondientes a los grados de letras, no sólo del indicado Manual, sino
también de los que incluyen los dos rollos que envío, son de pura pertenencia y absoluta propiedad, no del Señor Infante, sino de Bodoni, y por
consiguiente, sin ser necesario el permiso de S. A. R., puede el segundo disponer libremente de tales punzones, matrices y hormas como cosa hecha
con fondos y capitales enteramente suyos…43
Pero como ya se ha podido comprobar, la diligencia no era precisamente una de las principales virtudes de Bodoni, quien seguramente
recibía muchos más encargos de los que en realidad podía cumplimentar. Juan Facundo Caballero, inquieto ante la falta de noticias, escribió de
nuevo a Manuel Godoy, el 6 de septiembre de 1797, para pedirle que le
recordase a Bodoni la petición de los juegos de matrices.
En este caso la tardanza de Bodoni estaba en cierta manera justificada,
ya que una enfermedad, una molesta gota, hacía un tiempo que le mantenía
inactivo. En diciembre de 1797 Bodoni se excusaba ante Azara argumentando el motivo del retraso, manifestaba la excepción que por su deuda con
43
Ibid.
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Godoy designó a un representante en el ducado, el embajador español en Parma, el conde de Valparaíso, para hacerse cargo de todas las
gestiones, es decir, recibir los materiales para tramitarlos hacia Madrid y
hacer los pagos oportunos a Bodoni. El conde de Valparaíso escribió al
Príncipe de la Paz el 19 de octubre de 1796, con referencia a las gestiones
realizadas ante el conde Ventura:
Albert Corbeto
Ebbe la mia corpore macchina un urto fierissimo podagrio, e per quasi tre
mesi dovetti restare nel grabato, inerte a qualunque operazione, trane di
rivedere i fogli, che soggiacer doveano al torchio. Mi riebbi, e subito mi
sono applicato a preparare le matrici de’ caratteri latini e greci richiestimi
dal P. della P. per la R. S. di M. (dal Principe della Pace per la R. Satmpa di
Madrid); e già col mezzo de’ Corrieri di Spagna ho incominciato a mandarne alcuni, e spero entro il corr.te mese di poter ultimare li due greci, e compiere affato la picciola ordinazione addossatami. Non so quale incontro
potrà ottenere alle rive del Tago il mio lavore; ma se mai non piacesse, mi
sarebbe assai caro che mi fosse rimandato; giacchè per sola affezione alla
Reale Nazione Ispana, e per verace gratitudine alla beneficenza del Monarca Cattolico mi sono indotto a fare tale sagrifizio. Io posso con tutta veracità accertarle che se avessi voluto lucrare non indifferenti somme, cedendo
altrui delle mie matrici, avrei trovato compratori in varie parti d’Europa,
ed ho lettere di richiesta dagli Stampatori Decker ed Unger di Berlino, da
Breitkop di Lipsia, che impegnò la R. Principessa nostra a Dresda, onde
ottenerne dal figlio del famoso Gesner di Zurigo, da Nicols di Londra, dalla
S. R. di Torino, e da varie altre parti.44
El 30 de octubre de ese mismo año el conde de Valparaíso anunciaba finalmente que en unos pocos días podría mandar por correo la
primera caja, con sus correspondientes matrices, de las seis de que debía
de constar toda la remesa, y aseguraba que Bodoni prometía realizar las
siguientes entregas a razón de una caja cada quince días. Efectivamente,
el 15 de noviembre salieron rumbo a Madrid dos cajas con el juego completo de matrices de uno de los seis grados de letras, en concreto el número 46 del Manuale Tipografico, el carácter de “texto”, acompañado de un
oficio de Bodoni, así como un curioso esquema explicativo en el que el
tipógrafo había dibujado las grafías de todos los caracteres que mandaba
y las cantidades de matrices que formaban cada estilo de letra.45 Quince
44
45
68
Ciavarella, op. cit., vol. ii, p. 130-131 (Parma, 8 oct. 1797).
Legajo 11282, núm. 53.
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el gobierno español realizaba para cumplir con este encargo e insistía en las
muchas ofertas que había rechazado para vender sus matrices:
días más tarde, cumpliendo los plazos indicados, el conde de Valparaíso
mandó al Príncipe de la Paz dos nuevas cajas con las matrices del grado
de letra señalada con el número 26 en el Manuale Tipografico, y el 15 de
diciembre otras dos cajas con las matrices del grado número 24 según
dicho Manuale (figs. 6 y 7).
En su afán por mejorar la colección y completarla con los diversos
grados que no se poseían, Juan Facundo Caballero gestionó la adquisición en Francia de otros juegos de matrices. El 20 de junio de 1798
escribió al nuevo secretario de Estado, Francisco Saavedra, que sustituía a
Godoy en el cargo de forma interina, para comunicarle la adquisición y
los trámites necesarios para la obtención de las dichas matrices:
con el fin de adelantar y enriquecer la colección del obrador de fundición
de letras, establecido en ella en tiempo del antecesor de V. E., se han ajustado de Mr. Borniche, Profesor del grabado de punzones de letra en París, los
dos grados de matrices, el uno de glosilla, y el otro de breviario de la misma forma que manifiestan las dos muestras adjuntas; los que me informa
el Regente de la casa serán muy útiles así al obrador de la misma como al
público. Por lo cual, y haberse hecho el ajuste con calidad de que Borniche
ha de entregar estos dos grados de matrices en Bayona en poder del Cónsul
de S. M., lo manifiesto a V. E. se sirva mandar se dé orden al citado cónsul a
fin de que los reciba y dirija con el primer correo de gabinete a esa primera
secretaría […] y evitar el extravío de semejantes alhajas, con las cuales se
completa un obrador de fundiciones de los más abundantes y de mejor
carácter de letra, que, cuando no exceda, nada tiene que envidiar a los más
famosos de fuera del Reino, como V. E. reconocerá del libro de muestras
que se está formando y publicará.46
Pese a que según Caballero se adquirían al punzonista parisino Borniche47 tan sólo dos grados de caracteres, uno de glosilla y el otro de
Ibid.
No aparece noticia alguna referida a un grabador de punzones llamado de este
modo en el muy completo trabajo de Marius Audin, Les livrets typographiques des fonderies
françaises créés avant 1800 (Paris, 1833), pero en la posterior actualización de ese texto,
realizada por Ellic Howe, “French Type Specimen Books” (The Library, 1951-1952, p. 39),
sí se hace referencia, a partir de las notas encontradas en un antiguo texto (Paul Delalain,
46
47
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Fig. 6. Esquema manuscrito de Giambattista Bodoni en el que se indican
las cantidades de matrices enviadas para cada estilo y cuerpo de letra.
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Fig. 7. Informe manuscrito de Giambattista Bodoni donde se detallan
los diversos envíos de sus juegos de matrices.
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Fig. 8. Muestras de los punzones y matrices de la letra que se funde en el obrador
de la Imprenta Real. Madrid, 1799.
Mientras, Bodoni cumplió con la totalidad del pedido y el 22 de
mayo de 1800 mandó la última remesa de matrices, en dos cajas que
contenían los juegos de redonda y cursiva del carácter “Garamone”. En el
informe presentado en relación con el envío ponía de manifiesto su deuda con la monarquía española y nuevamente argumentaba la excepción
L’Imprimerie et la Librairie à Paris de 1789 à 1813), sobre la existencia de un punzonista
llamado Jean-Louis Borniche, indicando que en 1800 tenía como dirección el nº 335 de
la rue Saint-Jacques de la capital francesa.
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breviario (en la designación francesa y según la muestra que adjuntó el
francés corresponderían a “petit texte” y “petit romain”), lo cierto es que
además de los dos indicados se compraron también las matrices para el
grado de miñona, así como la cursiva para cada uno de los tres cuerpos
citados (fig. 8).
La fascinación por los tipos “modernos” de Giambattista Bodoni...
las de Viena, Berlín, Breda, Leipzig, Weimar, Gotingen, Torino y de otras
partes de Europa para ceder a cualquier precio las matrices de su rica y
numerosísima colección. Sólo a la corte de Portugal, cuando sobre el año
1800 recibió la petición del príncipe D. Pedro para erigir una imprenta en
Goa, cedió las matrices de los caracteres orientales, es decir, Malabárico,
Bracmano, Arábico, Siriaco, Caldaico y Armenio.49
Con referencia a la transacción de matrices para la imprenta que se
quería establecer en Goa, colonia portuguesa en la India, encontramos
varias noticias en la amplia correspondencia con José Nicolás de Azara.
Según se desprende de estas informaciones, y pese a que no quedan del
todo claros los motivos por los que sí aceptó esta petición de compra,
parece que Bodoni se limitó a cumplir el encargo más por compromiso
que por pretensiones comerciales. Para tramitar la petición portuguesa
había actuado como intermediario Paolo Maria Paciaudi, el sabio teatino
director de la Biblioteca Palatina y gran amigo de Bodoni, y contó también con el beneplácito del propio Azara, que ayudó a formalizar la venta
tratando directamente con el ministro portugués. Lo cierto es que Bodoni
no andaba muy al corriente del futuro destino de sus matrices:
Io non saprei ben dirle se le matrici che mi si chieggono debbano servire
per la stamperia della nuova Accademia eretta non ha guari in Lisbona,
nè saprei ben indovinare se si voglia satblire un Tipografia corredata di
caratteri esociti in Goa… Il fatto si è dunque che io sono stato richiesto per
somministrare le matrici de’ sei caratteri espressi nella memoria mandata
da Roma.50
Legajo 11283, núm. 67.
Ibid.
50
Ciavarella, op. cit., vol. i, p. 47 (29 sep. 1781).
48
ahn,
49
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que realizaba al vender al gobierno español lo que había negado a otros
“per solo genio, e sincero attecamento all’inclita e generosa Nazione Ispana e senza mirar di alcune guadagno si e indotto Bodoni ad eseguire e
cedere les ordinetgli matrici latine e greche”,48 exponiendo las solicitudes
de otras cortes europeas que había rechazado:
Sorprende la respuesta de Azara, bastante escéptico con dicha transacción pero en el fondo deseoso de ver establecida la oficina de Bodoni
en España: “Io sono persuaso di che quella buona gente acquista i sudetti
caratteri unicamente per acquistarli e per poter dire di averli acquistati,
senza saper che uso farsene; in somma per pura vanità, poichè in tutto
quel Regno dubbito che vi sia chi sappia leggere più in la del latino… Finalmente colla pazienza spero che in Jispagna o in Portogallo si stablirà
la stamperia bodoniana”.51
El 29 de mayo de 1800 Juan Facundo Caballero se dirigió a Mariano
Luis de Urquijo, quien había reemplazado a Saavedra, a causa de la enfermadad de éste, en la dirección de la Secretaría de Estado, para ponerle
al corriente de los antecedentes de dicha transacción y solicitarle el pago
de las matrices compradas a Bodoni:
hago presente a V. E. que con efecto de fomentar y enriquecer el Obrador
de Fundición de la casa consulté al señor Príncipe de la Paz en el año de
1797 se sirviese encargar los 6 grados o caracteres de letra que expresa dicha
nota: los 4 están ya en el Libro de Muestras que se acaba de imprimir y son
los de griego páginas 64 y 65 / Lectura chica páginas 87 y 88 / y texto 95
y 96. También se remitió el de lectura redondo y cursivo, pero éste no se
pudo incluir en el Libro por faltarle los acentos que han venido ahora con
el 6º y último grado de la Nota nombrado Garamone o Breviario redondo
y cursivo. No tengo noticia se haya pagado ninguno de ellos y sí únicamente que al tiempo de su encargo se dio orden por el mismo señor Príncipe al
Conde de Valdeparaíso, nuestro Ministro en Parma para que los satisfaciese
por gastos de la Embajada…, de los cinco grados remitidos anteriormente son muy buenos y del mejor carácter de letra conocido: sin embargo,
cotejados con los tres titulados Miñona, Glosilla y Breviario que están en
las páginas 75 y 76, 79 y 80 y 83 y 84 del mismo Libro de Muestras, y que
se compraron en el año de 98 a Mr. Borniche, grabador de punzones de
Letra en París, no desmerecen a aquellos; únicamente tienen los de Bodoni
de ser mucho más abundantes y completos: y habiéndose pagado 10 mil
reales por los tres de Borniche me parece será suficiente remuneración del
trabajo, gastos y servicio que hace Bodoni en facilitar las matrices la can51
74
Ibid., p. 48 (4 oct. 1781).
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tidad de cuarenta mil reales por los seis que tiene remitidos pues aunque
hay mucho exceso a los comprados de Francia, exceden también en más de
una mitad en el número de matrices, y por otra parte hay notable diferencia
en comprar de quien viene ofreciendo su venta a tener que pedir y rogar lo
ejecuten y más en una clase como la que se trata en que por lo regular todos
apetecen ser singulares y sólo en poseer lo mejor: ello es cierto que con las
adquisiciones de las matrices de Bodoni y Borniche se ha enriquecido sin
mucha costa el Obrador de fundición que tiene poco que envidiar a los
mejores extranjeros. Con este conocimiento me parecía podría V. E. servirse
dar orden al Ministro del Rey en Parma para que gratificase a Bodoni en
los términos expuestos, o según estimase más correspondiente, dándole
gracias por su desempeño y buena voluntad.52
Pese a la sumisión con la que había cumplido Bodoni el encargo
para tan distinguido cliente, el paso del tiempo y la falta de noticias empezaron a preocupar al tipógrafo italiano, quien se preguntaba si recibiría finalmente la compensación económica que por lógica esperaba.
La obligada formalidad de su correspondencia con las autoridades españolas no le permite reclamar de forma directa el pago de las matrices,
pero sí muestra su malestar a Azara. En febrero de 1799 le escribió con
relación a este asunto:
quest’incomodo m’impedisce di terminare le matrici dell’ultimo carattere
che ancor mi rimane a compimento delli sei ordinatimi già da qualche
anno con Lettera del P. Della Pace al nostro S.r Conte Valparaíso, e pei
quali nulla ho ancora ricevuto sino al presente girono, quantunque abbia
spedito colà da 1.900 matrici. Io sono sempre vissuto nella dolce e ferma
lunsigna che il timone degli affari della Monarchia Ispana sarebbe finalm.
te passato nelle mani di veterano esperto Nocchiere; ma oh quanto mi
sono ingannato, giacchè sento che imberbe inexperto Pilotto dirigga quel
vasto sdruscito naviglio. Intanto tiriamo avanti, e confortiamoci colla speranza di un migliore avvenire.53
52
53
ahn,
Legajo 11283, núm. 67.
Ciavarella, op. cit., vol. ii, p. 145 (Parma, 27 feb. 1799).
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Voglio lusignarmi che il prelodato Sig. Conte si sarà a quet’ora ristabilito in
salute, en el caso contrario, spero che il Sig.r Franco s’incaricherà di eseguire
questa mia commissione, che moltissimo m’interessa, perchè non ho avuto
ancora la menoma retribuzione, ed io ebbi la generosità di ricusare qualunque anticipata sovenzione per eseguire le dette m., esibitami dal predetto
Sig.r Conte Ministro, che ne ricevette l’ordine positivo de Madrid.54
La muerte del conde dejó a Franco como encargado de cumplimentar la comisión, pero en realidad ni el propio Azara parecía confiar en
que el asunto tuviera fácil e inmediata conclusión: “Ma devo ripetere che
per il momento non speri Lei nè manco un ringraziamento, trovandosi il
nostro Ministero tropo lontano di pensare a queste cose, ed intieramente
assorbito in intrighe pazze, che finirano colla rovina della Monarquia”.55
En la gestión administrativa del envío del tipógrafo italiano, posteriormente se remitió al secretario de Estado, con fecha de 8 de junio de
1800, el informe correspondiente, indicando que junto a la última remesa de matrices que faltaban y que ya se han incorporado a la Imprenta
Real, acompañaba Bodoni una nota:
que él llama Promemoria, en la que expone haber dado cumplimiento a
su comisión, en lo que ha tenido mucho gusto por servir a España, pero en
lo que ha usado una deferencia particular que no han podido alcanzar de
él las muchas Cortes que le han solicitado con empeño. Habla de lo mucho que debe al Conde de Valdeparaíso (ya difunto), que fue Ministro en
Parma, por haberle diferentes veces ofrecido dinero a medida que hacía sus
remesas conforme a las órdenes que tenía de nuestra Corte, y da a entender que nada quiso recibir por entonces, esperando sin duda a concluir su
54
55
76
Ibid., p. 151 (31 ene. 1800).
Ibid., p. 154 (4 mar. 1800).
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Casi un año después, en enero de 1800, con el envío de la última remesa de matrices, mostró de nuevo su preocupación por como se resolvía
el asunto. El conde de Valparaíso, enfermo de consideración y acompañado de su secretario, Andrés Franco, se encargó de llevar personalmente
el último paquete al nuevo secretario de Estado:
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La respuesta del secretario de Estado, en carta dirigida a Juan Facundo Caballero, el 8 de junio de ese mismo año, resolvía finalmente la
cuestión:
Sumamente complacido el Rey de lo bien que ha desempeñado su comisión, y en seis distintas ocasiones, el célebre impresor de Parma Bodoni…,
ha creído S. M. que no quedaría bastante recompensado este atento profesor con menos de sesenta mil reales de vellón; y así ha resuelto se le
entregue esa cantidad por su Ministro en Parma… Los sesenta mil serán
cargados por el Ministro del Rey en Parma en cuenta de gastos extraordinarios, y luego que ésta llegue a mis manos para su aprobación, comunicaré
al Ministerio de Hacienda que esa cantidad ha de reintegrarse a la Tesorería
mayor de los fondos de esa Real Imprenta para cuyo uso son las matrices
de Bodoni.57
Andrés Franco, amigo de Bodoni de sus años en Italia, junto al conde
de Valparaíso, le comunicó inmediatamente la noticia, en carta del día
30 de junio de 1800:
Creo que en este momento Vd. habrá ya recibido noticia de que le serán
pagados sesenta mil reales por los seis grados de dichas matrices. El tiempo presente, escaso de dinero, es seguramente la causa de que S. E. no ha
sido más generoso. No se lo diga al amigo Estéfano ya que él estimaba su
material, crea que Mendizábal ha hecho todo lo que ha podido en este
asunto. // No he olvidado que Vd. está dispuesto a vender su importante
colección de punzones, matrices, etc., a mi nación, me acuerdo también de
56
ahn,
57
Ibid.
Legajo 11283, núm. 67.
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encargo. Añade por último, que deja en manos del discreto Ministro de Estado la recompensa que estime justa por sus afanes y servicios en esta comisión... Se preguntó al subdelegado si se habían pagado estos punzones [sic]
anteriormente enviados de Parma y qué recompensa y premio creía acreedor a Bodoni por este servicio. Contesta el subdelegado que no le consta de
modo alguno que se haya satisfecho ninguna de las seis remesas.56
los términos con los cuales desea que se realice esta venta. Yo se lo he confiado a Mendizábal y él me ha encargado que le pida una lista detallada del
conjunto, advirtiéndome al mismo tiempo que espera su última decisión
en cuanto a la forma de realizarlo. Si se mantiene en la misma idea tenga
bondad de remitirme, lo más pronto posible, la citada lista y sus condiciones. Esté seguro que de ello no se hará uso alguno hasta el momento
oportuno. Aunque el momento presente no sea el mejor, verá con ello un
deseo del protector de las bellas artes, de llevar con tal adquisición, a un
supremo grado de perfección a la tipografía española.58
La referencia de Franco a la posibilidad de que el gobierno español
pudiera adquirir la colección completa de punzones y matrices que formaban el riquísimo taller de fundición de Bodoni hay que relacionarla
con el temor del italiano a que ésta cayera en malas manos, preocupado
sobretodo por salvaguardar la unidad de unos materiales que le costaron
tantos años de duro trabajo. No parece, de todas maneras, que se hiciera
la petición de forma oficial, quizá a causa de los muchos problemas políticos que acecharon al gobierno español en ese tiempo.
En los últimos años de su vida, el deseo de encontrar un destinatario
en cuyas manos la colección se mantuviera unida y segura llevó al famoso impresor a ofrecerla en venta. Todavía en vida de Bodoni el obispo de
Amberes se interesó en adquirir la imprenta y parte de los materiales de la
fundición para fundar una colonia tipográfica bodoniana en dicha ciudad.
Pero la alta consideración que el tipógrafo piamontés tenía de su propia
colección, patente en varias de las cartas de su correspondencia con Azara,
en las que no esconde su orgullo por el alto nivel de su colección tipográfica, dificultaron seguramente la venta, de la misma manera que había
propiciado que se ralentizaran las gestiones para su traslado a España.
A la muerte del tipógrafo, su viuda, Margherita, tomó el relevo y se
encargó de negociar con todos los pretendientes, que fueron varios, la
venta de los tan valorados materiales de la fundición. Las diversas tentativas de la corte imperial rusa, a través del bibliófilo conde de Bouturlin, y de varios estados italianos como los de Turín, Florencia, Nápoles
[Enric Tormo Freixas], “El Museo Bodoniano”, en Boletín del Gremio de Artes Gráficas,
92, 1969, p. 43.
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e incluso el Vaticano, interesados en comprar la magnífica colección, no
llegaron a buen puerto básicamente por las altas pretensiones económicas de la viuda, heredadas sin duda del propio Bodoni. Finalmente, en
1843, dos años después de la muerte de Margherita Bodoni, sus herederos aceptaron una oferta mucho más baja del gobierno de Parma, cediendo así la colección de punzones y matrices de Giambattista Bodoni a la
ciudad en la que éste vivió y trabajó durante más de 40 años.59
Con los varios juegos de matrices adquiridos a Bodoni, así como
los comprados en París, la Imprenta Real completó una colección de
un nivel comparable al de los mejores obradores de fundición en Europa. La publicación, en 1799, del monumental catálogo Muestras de
los punzones y matrices de la letra que se funde en el obrador de la Imprenta
Real, supuso la culminación del periodo de máximo esplendor del arte
tipográfico en España.
A diferencia de los dos muestrarios que se habían publicado anteriormente en la Imprenta Real, ésta no es una obra destinada a exponer los
tipos de que disponía el establecimiento para cumplimentar sus impresiones, sino que su pretensión era esencialmente, además de exhibir con orgullo la riqueza de su colección, la de anunciar los diversos caracteres que
se fundían en el establecimiento para comercializar con ellos directamente.
Las 147 páginas que forman este bello muestrario se dividen en dos
partes: en la primera, iniciada con el título de “Primera Colección”, se
cuentan 58 caracteres de texto latino (las matrices adquiridas a la Real Biblioteca, es decir, básicamente los caracteres grabados por Gil y algunos
pocos provenientes de antiguas matrices), 8 de griego (entre los que cabe
contar los dos juegos comprados a Bodoni), 4 árabes y otros 4 hebreos; y
en la segunda parte, con el encabezamiento “Segunda Colección”, se presentan 24 caracteres de texto latino, de diseño “moderno”, entre los que
se incluyen 4 de los seis grados adquiridos a Bodoni (los dos últimos juegos de matrices llegaron demasiado tarde y no pudieron ser incluidos),
junto a los 6 juegos comprados en Francia a Borniche, así como varios
caracteres de titulares y numerosas viñetas (figs. 9, 10 y 11).
59
Sobre los diversos trámites de venta de la colección de punzones y matrices de Bodoni, vid. Angelo Ciavarella, “L’eredità bodoniana e i tentativi di vendita della vedova”,
en Bodoni celebrato a Parma, 2ª edición. Parma: Biblioteca Palatina, 1963, p. 259-287.
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Figs. 9, 10 y 11. Muestras de los punzones y matrices de la letra que se funde
en el obrador de la Imprenta Real. Madrid, 1799.
Fig. 9. Grados de Texto de Giambattista Bodoni.
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Fig. 10. Grados de Texto cursivo de Giambattista Bodoni.
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Fig. 11. Portada.
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Pero en el inicio del nuevo siglo la situación volvía a ser descorazonadora. Una buena muestra de ello es esta cita de un manual de imprenta
de la época titulado Observaciones sobre el arte de la imprenta dirigidas por
el regente de la de Ibarra a D. Juan José Sigüenza y Vera (Madrid 1811),
cuyo autor, Miguel de Burgos, el regente de la Imprenta de Ibarra desde
1809 a 1812, se lamentaba de que: “No tenemos caracteres propios,
porque todas las artes reciben novedades y alteraciones; y ésta las ha
recibido en toda Europa menos en España. Los nuestros de Pradell, Espinosa y Gil fueron buenos en su tiempo; mas ya pasó; y no podemos
igualarnos con el resto de las naciones que nos aventajan si no abrimos
otros nuevos.”60
Parece que tan sólo en el convento de San José de Barcelona se
llevó a cabo una eficaz transmisión de las técnicas que permitían la
realización de los complejos procesos necesarios para la fabricación de
punzones y matrices y, por tanto, la continuidad del oficio.61 En la fundición de los carmelitas trabajaron a gran nivel hasta tres generaciones
de grabadores y, de esta manera, las particularidades de esta disciplina
sobrevivieron en el convento de San José hasta bien entrado el siglo xix,
mientras que en el resto del país se habían prácticamente extinguido
con la desaparición de la prolífica generación de punzonistas activos
durante la segunda mitad del siglo anterior.
En la solicitud que el nuevo director de la fábrica de letra, fray Joaquín de la Soledad, presentó al monarca en 1800 con la intención de
obtener algún privilegio para su fundición, afirmaban encontrarse “en
disposición de proveer de alfabetos de todas graduaciones y de igual gusto y método que los del caballero Bodoni”.62
A pesar de la iniciativa del fraile carmelita, quien grabó un buen número de nuevos caracteres y prometía “nuevas producciones para que nuestra
Miguel de Burgos, Observaciones sobre el arte de la imprenta, edición y notas por A.
Rodríguez-Moñino. Madrid, 1947, p. 26.
61
Vid. Albert Corbeto, “La fábrica de fundición de letra de imprenta del convento
de San José de Barcelona”, en Memoria ecclesiae, 32 (2009) (Actas del xxii Congreso de la
Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, Córdoba 2006), p. 497-524.
62
ahn, Consejos, Legajo 3188, núm. 384.
60
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El declive del arte tipográfico en España
fábrica pueda llegar a aquel grado de primor y aprecio que, con admiración,
han conseguido las memorables fábricas extranjeras de Juan Miguel Flexman de Olanda, Juan Bautista Bodoni de Parma y M. Gille de París”, por
lo que aseguraba tener “ya entre manos un nuevo alfabeto de los de mejor
gusto de la oficina de Bodoni”,63 la realidad era que el periodo más brillante
de la tipografía española había llegado a su fin y, pese a la excepcional actividad del convento barcelonés, la decisión de adquirir juegos de matrices
en el establecimiento de Bodoni supuso el reconocimiento de la incapacidad para crear nuevos caracteres según los diseños de moda en Europa.
Sin embargo, tampoco pueden olvidarse los varios intentos que se
realizaron unos pocos años después para recuperar la práctica de este oficio y evitar la costosa dependencia del material extranjero. Una vez finalizada la guerra de la independencia, y normalizada la situación política,
se aprobó el establecimiento en la misma Imprenta Real de una escuela
para la enseñanza de jóvenes en la construcción de punzones y matrices
y la fundición de letra. En 1815 se pensionó a cuatro estudiantes para que
aprendiesen dicho arte bajo la dirección del grabador de la Casa de Moneda José de Macazaga, a quien ya se ha citado anteriormente en relación
con los intentos realizados a finales del siglo anterior para grabar en el
país caracteres al estilo bodoniano.
No obstante, los resultados no fueron los esperados, y tan sólo cuatro años después de su creación la escuela de punzonería se clausuró,
principalmente por culpa de las desavenencias entre Macazaga y algunos
de sus discípulos, por lo que “salieron fallidas las esperanzas que se concibieron al formar aquel establecimiento, como eran propagar un arte
que casi iba desapareciendo en España y proporcionar al mismo tiempo
completar los diferentes grados de letra que no lo estaban en esta Imprenta Real y hacer otros nuevos de gusto moderno”.64
En 1820, coincidiendo con el inicio del nuevo gobierno constitucional, se retomó la actividad de la escuela de punzonería y el taller de
fundición, que se restableció en la Imprenta Real bajo la dirección de
Mariano de Sepúlveda, quien fue nombrado director artístico. Sepúlveda, artista de renombrado prestigio e introductor de la estereotipia en
84
63
Ibid.
64
ahn,
Consejos, Legajo 10570, núm. 13.
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España, hizo traer de París “muestras de todos los caracteres de letra de
imprenta, florones, viñetas y adornos del célebre Fermín Didot, las de
Gillé, las obras impresas más modernas que traten del arte de la imprenta
y fundición de letras”.65
En los años 1821 y 1822 Antonino Macazaga, hijo seguramente del
anterior director de la escuela, y José María Mendizábal, los pupilos más
aventajados de Sepúlveda, presentaron sendas hojas de gran tamaño con
las muestras de los primeros grados de letra fabricados en el Departamento de Grabado de la Imprenta Real, realizados a imitación del original francés grabado por Fermín Didot. Sin embargo, el excelente trabajo
que se llevaba a cabo en la escuela de grabado de punzones y fundición
se vio muy pronto truncado por culpa de la inestabilidad política que
afectaba al país, y la escuela cesó sus actividades en 1823 con el argumento de los costos excesivos que acarreaba en un momento muy crítico
económicamente para la Imprenta Real.
La guerra de independencia contra el dominio francés y la posterior
pérdida de las colonias americanas, así como la estricta censura establecida tras la restauración absolutista, actuaron como un lastre insalvable
que impidió el desarrollo de la imprenta española. Las innovaciones tecnológicas de procedencia extranjera se fueron integrando muy lentamente debido a que, con mucha frecuencia, obligaban a un desembolso de
capital desmesurado para las condiciones de la imprenta española.
Sin embargo, a finales de los años 40, algunas de las imprentas más
importantes habían extendido el uso de las prensas mecánicas, en un
esfuerzo de modernización que se fue afianzando en los años siguientes.
De forma paralela al incremento de la producción de libros, la aparición
de la prensa periódica moderna, y la consiguiente necesidad de incrementar las tiradas, estimuló la innovación tecnológica y la urgente asimilación de las novedades europeas.
En correspondencia, la demanda de letra creció a pasos agigantados y se hicieron necesarios nuevos establecimientos, más ampliamente capitalizados, que gracias a la importación de matrices inglesas o
francesas tomaron el relevo las antiguas fundiciones, herederas de los
métodos artesanales del siglo anterior, convirtiéndose en los principales
65
ahn,
Consejos, Legajo 11296, núm. 72.
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suministradores de tipos de imprenta. En estas circunstancias, la fundición de la Imprenta Real, que a principios de siglo disponía de la mejor
colección de matrices y punzones que había existido nunca en España,
de una calidad comparable a las mejores que existían en Europa, dejó de
ostentar la posición preferente de que había gozado hasta entonces.
Más tarde, con la desaparición de la Imprenta Real, permaneció activa solamente la Calcografía Nacional, y en sus dependencias se conservaron durante años los diversos materiales del obrador de fundición. En
1930 la Calcografía pasó a depender de la Real Academia de Bellas Artes
de San Fernando, pero los punzones y matrices, junto a otros materiales de
imprenta, fueron entregados a la Escuela Nacional de Artes Gráficas.
En los años 60, en una visita a Madrid, fascinado por la riqueza de los
materiales almacenados en las dependencias de dicha Escuela, el entonces
director y conservador del Museu del Llibre i les Arts Gràfiques de Barcelona, señor Enric Tormo, mostró su sorpresa al señor José Pérez Calín,
director del centro, por la poca atención que se prestaba a tan importante
colección. Ante el ofrecimiento de estudiar los punzones y matrices que
allí se hallaban, pero ante la imposibilidad de Tormo de desplazarse a
Madrid para realizar dicha investigación, se resolvió entregar a la ciudad
de Barcelona todos aquellos objetos que allí se hallaban, y que se consideraban más bien una molestia que un beneficio.
Por fortuna los materiales del obrador de fundición de la Imprenta
Real, entre los cuales se incluyen los muchísimos punzones grabados por
Jerónimo Gil, los que fabricaron los jóvenes aprendices de la escuela de
punzonería, así como las matrices adquiridas a Giambattista Bodoni y
Borniche o las que posteriormente se compraron a los franceses Didot y
Molé, se conservan actualmente, pese a la muy escasa atención que se les
ha prestado.
Lo cierto es que las autoridades nunca tuvieron en cuenta la existencia
de tan valiosa colección, que siguió pasando desapercibida, almacenada
y olvidada, considerada como un vestigio inútil de unos procedimientos
del pasado, despreciando en todo momento el valor histórico de unos
materiales de vital importancia para el estudio y comprensión de la tipografía europea.
A pesar de que sin lugar a dudas se trata de una de las mejores colecciones de este tipo que puedan encontrarse actualmente en el continente,
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en España no se supo valorar su importancia y aprovechar su riqueza para
gestionar un centro museístico, a diferencia de lo que ocurrió en otras partes, como el propio Museo Bodoniano, en Parma, el Museo-Plantin Moretus, en Amberes, o los museos de la imprenta de Leipzig o Lyon.66
Con la reciente desaparición del antiguo Museo de las Artes Gráficas de Barcelona, después de permanecer muchos años cerrado al público,
buena parte de sus piezas se distribuyeron entre otros espacios museísticos
de la geografía española, nacidos recientemente con el interés de fomentar
el arte de la imprenta. Sin embargo, los materiales del antiguo obrador de
fundición de la Imprenta Real se han mantenido unidos y se conservan en
el Museo de las Artes Decorativas de Barcelona. Gracias a las facilidades
ofrecidas por la dirección de dicho museo se han podido iniciar las tareas
de catalogación y estudio de estos materiales, que deberán permitir un mayor conocimiento del hasta ahora ignorado patrimonio tipográfico español, y sin duda se revalorizará la magnífica tarea realizada en este ámbito
durante la época dorada de la imprenta en España.
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1913.
66
En este sentido resulta de interés el texto de James Mosley, “The Materials of Typefounding: A List of Surviving Collections”, en The Journal of the American Printing History
Association, new series, 4 (July 2008), p. 3-37.
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