¿No Tiene Costo la Impunidad?

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Nº418
¿No Tiene Costo
la Impunidad?
El país ha sido informado por la prensa que un grupo de cinco chilenos y otros latinoamericanos que se encuentran
presos en Brasil, mantuvieron una huelga de hambre por 46 días con el fin de exigir su pronta liberación. Esta acción
dio un resultado positivo, pues el Gobierno brasileño cedió a las presiones y se comprometió a liberarlos a la
brevedad, enviándolos a sus países de origen.
Ciertos sectores de nuestro país y el Gobierno tuvieron una participación destacada en la obtención de ese resultado.
Un Caso Criminal Claro
El caso no es muy conocido en Chile y, por lo mismo, no han existido mayores reacciones cuestionando la solución.
Se trata de personas, la mayoría de los cuales son chilenos, que se encontraban condenadas a penas que fluctúan
entre 25 y 28 años de presidio, por haber secuestrado al empresario brasileño Abilio Diniz. Sin embargo y como
consecuencia de la huelga de hambre, el Tribunal Supremo de Brasil ya había rebajado las penas en 10 años.
El secuestro sucedió en diciembre de 1989 y acaparó en su momento la atención de la opinión pública brasileña,
debido a que la policía logró dar con el lugar donde se mantenía al secuestrado y, luego de mantener "sitiado" a los
secuestradores, lo que aconteció frente a las cámaras de televisión, por día y medio, logró liberar a la víctima y
capturar a los culpables. Existen fotos y filmaciones de los secuestradores -en particular de un chileno- apuntando un
arma de fuego a la cabeza del empresario brasileño, como amenaza para exigir el retiro de la policía.
Es decir, la existencia de un hecho delictivo grave y de la participación que cupo en él a los chilenos, es indiscutible.
Son culpables y así fue declarado por los tribunales brasileños, sin que hubiera margen de dudas, puesto que fueron
sorprendidos infraganti cometiendo el delito.
Sin embargo, desde un primer momento los detenidos y grupos de izquierda clamaron inocencia. Fundaban este
curioso planteamiento en el hecho que el móvil del secuestro era "político". En efecto, los secuestradores, que
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pertenecen al "MIR" chileno, señalaron que el rescate solicitado de US$ 30 millones, sería usado para financiar las
actividades del frente salvadoreño de liberación "Farabundo Martí".
Además, después alegaron que no se había respetado con ellos el "debido proceso", sin que se haya explicado
claramente en qué consistiría la violación a este principio. Aparentemente, se debería a que el tribunal de primera
instancia los condenó a 12 años de presidio, pero el Tribunal Supremo de Brasil, en la revisión del caso y dentro de
sus facultades, incrementó las penas a los niveles ya expresados.
La dureza de las penas no tiene que extrañar. Cada país las fija según la importancia y consecuencia social que
tienen los delitos. Si bien Chile se ha librado de esta lacra, en otros países latinoamericanos el secuestro es un delito
muy frecuente, tanto que se ha convertido en una "industria", lo que justifica medidas muy severas para reprimirlo.
En síntesis, para cualquiera que disponga de los antecedentes reseñados, los chilenos presos en Brasil son personas
que han cometido un delito grave, que se encuentran cumpliendo la condena prevista por la legislación pertinente y
que fue impuesta por los tribunales competentes en virtud de antecedentes categóricos. El Fiscal del Estado de Sao
Paulo, ha agregado que no muestran ningún arrepentimiento. Por todo ello, no debieran merecer un tratamiento
especial .
La Impunidad y sus Efectos
Sin embargo, en Chile sectores de izquierda y el Gobierno se han movido intensamente y desde hace tiempo para
colaborar con los presos. Este apoyo se intensificó con motivo de la huelga de hambre.
El diputado socialista Jaime Naranjo viajó a Brasil para realizar gestiones y se transformó en una suerte de vocero;
todas las declaraciones públicas del mundo de izquierda -tanto de Chile como de Brasil- se han hecho en un tono de
exigencia y señalando que el "problema" debería ser resuelto por las autoridades prontamente o tendrían que asumir
las responsabilidad del desenlace.
El Gobierno también se jugó por obtener la liberación. Llegó a celebrar apuradamente un tratado con Brasil sobre
cumplimiento de las penas en el territorio del otro país para sus respectivos nacionales y que hoy se intenta aprobar
en el Congreso, para concretar la solución acordada con los huelguistas. Es más, como el tratado preveía su entrada
en vigencia un mes después de la ratificación, el Gobierno celebró una modificación del tratado con Brasil el 31 de
diembre de 1998, contemplando su entrada transitoria desde esta fecha; modificación que fue presentada
súbitamente para su aprobación en la sala del Senado, durante la discusión del texto original.
El Presidente de la República entregó publicamente su apoyo a los huelguistas y solicitó su liberación al Gobierno
de Brasil; lo hizo ante el Cuerpo Diplomático y con ocasión del tradicional saludo de fin de año. Mientras tanto, el
Canciller subrogante daba explicaciones públicas por la lentitud en lograr una solución.
Se ha dicho que los condenados volverán en cualquier momento a Chile a cumplir la condena y que recuperarán
rápidamente su libertad. ¿Cómo es ello posible, si no existe una legislación que permita realizar en Chile tal cosa? .
El tratado no ha sido aprobado, pero la entrega es inminente. Si no hay una norma legal que autorice a privar de
libertad a una persona en virtud de una sentencia dictada en el extranjero, ello no se puede hacer, tanto es así, que si
llegaren a Chile en la actual situación tendrían que ser liberados sin más trámite en la frontera, porque no hay norma
legal que autorice a mantenerlos privados de libertad. Incluso es dudosa la constitucionalidad de una ley o un tratado
que lo autorizare, porque la Carta Fundamental razona sobre el imperio y jurisdicción que tienen tribunales chilenos
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para imponer y hacer cumplir las condenas.
Cabe preguntarse ¿por qué el Gobierno ha estado tan interesado en esta liberación? Desde luego, porque es un tema
que interesa a la izquierda y no desea como siempre tensionar las relaciones con ese sector. Pero además, porque los
efectos de la impunidad de algunos parece no preocupar a los gobiernos de la Concertación.
En efecto, desde 1990 hasta la fecha hemos observado un aumento de la inseguridad ciudadana explicada en gran
parte porque los gobiernos han mostrado sistemáticamente debilidad con la delincuencia. Primero, fueron los
extremistas de izquierda que estaban condenados por graves crimenes violentos, liberación que se justificó con
argumentos de conveniencia política y paz social, pero cuestionando de paso los procesos, las penas impuestas y los
apremios ilegítimos de que habrían sido objeto los condenados, los cuales nunca fueron acreditados y que se les tuvo
por ciertos sin más trámite.
Luego, los indultos que se han aplicado a criminales condenados a la pena de muerte, con ocasión de crímenes que
han impactado a la opinión pública: el caso de ciudadanos peruanos -que su propio gobierno no defendió- que
raptaron y asesinaron a una pareja de jóvenes en Arica, y el caso del horrible abuso y homicidio del menor
Zamorano Jones. Cabe recordar el suceso de Talcahuano en el cual se ha denunciado que autoridades presionaron
indebidamente a una profesional para que no pidiera en el proceso la pena de muerte para un asesino y violador de
una menor. Finalmente, a pesar de las innumerables propuestas realizadas por diversas organizaciones que han
estudiado el problema del crimen en el país, la autoridad no las aplica en su integridad.
O sea, el gobierno no sólo debilita el castigo a los delincuentes en Chile, sino que sale al extranjero a liberar
personas de su responsabilidad criminal.
Esta es una nueva señal perversa. Existen temores de que ella sea más grave aún si los delincuentes mencionados
resultan posteriormente beneficiados con algún privilegio que les alivie aún más la pena. Es de suma importancia
que los partidos políticos y las instituciones de la sociedad civil preocupados por la delincuencia sigan de cerca este
caso y se opongan a todos los actos que premien las conductas delictuales.
El Doble Estándar
Una de las características más notables de la izquierda en el mundo, es su capacidad para administrar un doble
estándar político.
Mientras reclama con los más asombrosos argumentos, en forma imperativa y desafiante, la liberación de
delincuentes que cometieron un delito grave y que fueron condenados conforme a un proceso llevado a cabo en un
estado de derecho, no hay "perdón ni olvido" para otros.
Así en el caso del Senador Pinochet, a quien imputan difusas responsabilidades por hechos acaecidos hace 25 años,
sin que hayan pruebas tangibles y silenciando la grave responsabilidad que la izquierda tuvo en la generación de la
violencia de esa época, se movilizan contra los intereses permanentes del país, como es la defensa de la soberanía,
persiguiendo la revancha a ultranza y sin que sirvan de argumento alguno la justicia, el debido proceso o la
humanidad.
El Problema de Fondo
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La preocupación que provoca el caso de los presos chilenos en Brasil no es por el simple afán de hacer justicia. El
asunto va más allá.
Uno de los grandes problemas que afectan a nuestra sociedad, y que las encuestas señalan que así es sentido por la
gente, es el aumento de la delincuencia. Cualquier análisis lleva a concluir que la principal causa del incremento es
la creciente sensación de impunidad de que gozan los delicuentes. En efecto, en la medida que sienten que las
posibilidades de ser capturados y luego de ser efectivamente sancionados disminuyen o se debilitan, se vuelven más
audaces y peligrosos. Así , están dados los incentivos para que continúen y radicalicen su actividad delictiva.
Dentro de ese marco, la exculpación y liberación sistemática de personas que han cometido delitos, por aparentes
razones humanitarias o de beneficio político inmediato, realiza un aporte significativo para fortalecer la sensación de
impunidad. El mensaje que permanente y consistentemente se transmite es que quien comete un crimen no paga y
que ha dejado de tener sentido cumplir la ley e imponerse límites morales.
El Gobierno comete un error de fondo, que costará mucho reparar, al mantener y alimentar una imagen de
obsecuencia y justificación política ante quienes cometen crímenes, para gozar de tranquilidad ante el ala izquierda
de su coalición.
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