Universidad de Chile Facultad de Ciencias Sociales Razas

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Universidad de Chile
Facultad de Ciencias Sociales
Razas, Racismo, Clases sociales
y
Clasismo:
Revisión Teórica y Desarrollo en Chile
Tesis para optar al
Grado de Magíster en Ciencias Sociales,
Mención en Sociología de la Modernización
Alumna:
Profesor:
Urzula Tamara Cerda Ojeda
Manuel Antonio Garretón
Noviembre, 2004
1
Indice
I. Introducción y Presentación del Problema............................................
2
II. Marco Teórico: razas, racismo, clases sociales y clasismo
1.
2.
3.
4.
5.
6.
Etapa 1: Origen y formación del concepto de raza y del racismo jerárquico....
Etapa 2: La lucha del concepto de raza por su vigencia....................................
Etapa 3: Lo nuevo en lo viejo: el cambio del concepto de raza por el de etnia..
La Escuela de la Construcción Social..................................................................
El racismo en América Latina..............................................................................
Clases sociales y clasismo en América Latina....................................................
4
8
16
27.
30
37
III. Desarrollo
1. Capítulo 1:
El surgimiento del racismo heterofóbico y los cambios en la clase
explotadora española..............................................................................
43
2. Capítulo 2:
Conquista y Colonia en América Latina. El racismo heterofóbico: El inicio de
la imposición de la religión. (racismo de asimilación)
La rigurosa separación de mestizos “indianizados”, negros e indígenas.
(racismo mestizo-fóbico y de exclusión)................................................. 45
3. Capítulo 3:
La formación del Estado –Nación Chileno: 1820-1920.
La modernización y el racismo jerárquico.
La nación y el deseo de la abolición de la diferencia: desde el impulso de la
inmigración al genocidio........................................................................
59
4. Capítulo 4:
Las transformaciones del siglo xx: desde la clase social común a
la lucha de etnias...................................................................................
67
IV. Conclusiones...................................................................................
79
V. Bibliografía........................................................................................
85
2
I.
Introducción y Presentación del Problema
A partir de la década de los noventa el tema del racismo ha cobrado una relevancia creciente
en el ámbito nacional. Durante aquella época se inicia y desarrolla una amplia discusión
sobre la temática, estando específicamente enfocada hacia los inmigrantes de otros países
como también hacia las etnias de Chile.
A pesar de dichos avances y, al igual que en el resto de América Latina, el racismo ha tenido
una relativa escasa atención, lo cual indica que provoca un escaso disgusto en nuestra
sociedad a pesar de la supuesta estrecha relación entre razas y clases sociales. Es quizás esta
estrecha relación la que explica que el declive que se ha producido a partir de los años
noventa en el estudio sobre éstas últimas ha provocado una mayor preocupación en examinar
a las relaciones con el inmigrante y con las etnias, entendido que a ellos se dirige el racismo.
Es decir, el problema concreto aparece desde la década de los noventa, estando
especialmente vinculado con esta nueva corriente inmigratoria a Chile, como también a la
relación con las etnias de nuestro país.
Pero el examen crítico de la sociedad que se realiza en las siguientes páginas entiende al
racismo más bien como la contradicción entre lo que se es o lo que somos y de lo que se
pretende ser o lo que los chilenos pretendemos ser. Así, el problema surge por la capacidad
de observar de que esta sociedad no es lo que pretende ser, referido especialmente a un
“tipo” de chileno, entendiendo a éste como un individuo de tez blanca, pelo negro y ojos
cafés. De esta manera el problema se traduce en entenderlo como un desarrollo y una
experiencia del pasado. Así, para empezar, cada clase social tiene distinciones entre sí,
distinción que asocian una clase específica a una raza específica; pero por otro lado también
se puede observar que en Chile existe al interior de cada clase social una gran diversidad,
aún cuando éstas hoy no saben cómo se han llegado a formar durante la historia y los
individuos reniegan de lo que son.
Por tanto, es preciso indicar de cómo y a través de qué procesos se llegó a esta situación de
diversidad, pero también de desconocimiento y de negación en la sociedad en general. Una
forma o una propuesta de este proceso será señalado en esta investigación. Para adelantar,
podemos decir que en esta compleja interacción entre la diversidad y el modelo único, entre
nuestra esencia y apariencia, se deben principalmente reforzados por el proceso de
integración a la sociedad chilena con origen español: los diferentes idiomas, los diversos
cultos religiosos, las distintas lógicas sobre la concepción del mundo, del ser humano y de la
naturaleza, han sido pasados a llevar o incluso suprimidos, debiendo sido reemplazados y
adoptados por el modelo occidental-español.
A su vez, estos elementos únicos ahora nos permiten pensar en que realmente tenemos una
apariencia común, única e idéntica. Pero no hay que olvidar que esta gran diversidad cultural
real aún existente en nuestro país es y ha sido la base de la subsistencia del modelo ideal y
único que aparentemente nos representa. De esta manera cabe preguntarse, a quien se dirige
la acción del Estado y hasta donde abarca su interacción para la formación de su Nación.
3
El propósito de este trabajo ha sido elaborar una propuesta para entender cómo se ha llegado
a esta situación de “homogeneidad racial” y de modelo único, como también para entender
las distintas manifestaciones racistas que se han expresado durante el desarrollo histórico de
la sociedad chilena. Asimismo permite explicar las actuales respuestas de las etnias al
Estado-Nación, diferidas y rezagadas por siglos y décadas.
Por ello, se ha realizado esta investigación más bien con carácter retrospectivo, descubriendo
la existencia de manifestaciones del racismo a partir del siglo xv. El método de indagación y
de fuentes disponibles se basa en una recolección del material informativo de tipo primaria y
secundaria. No obstante, sabemos que, a pesar de que el conocimiento histórico es científico,
nunca es total. Pero lograremos observar que desde aquella época han habido varios
fenómenos en que éste se ha expresado, lo cual fue rescatado especialmente a través de la
bibliografía de aquella época y sobre la época. Por lo tanto, este racismo multifacético en la
historia de la sociedad chilena no hace más que deducir que este actual “nuevo racismo” no
es más que algo viejo y conocido.
Obviamente, están pendientes discusiones más profundas y más actualizadas, especialmente
concernientes a explicar el fenómeno de que cada clase social tiene al interior de sí una
mayor diversidad de lo que habitualmente se supone. Esperamos que en el futuro se realicen
más estudios sobre este aspecto, siendo esta investigación una primera aproximación a lo
que se refiere al racismo, a las razas, las clases sociales y el clasismo en nuestra realidad
social.
4
II.
Marco teórico: razas, racismo, clases sociales y clasismo
1. Etapa 1: Origen y formación del concepto de raza y del racismo jerárquico
En relación a los orígenes etimológico del concepto de raza, la Real Academia Española
establece en su forma hipotética éste deriva desde el latín radia que a su vez deriva de radius.
La raza, tal como se entiende hoy, se refiere a una “casta o calidad del origen o linaje”. Pero
también la raza se refiere a “cada uno de los grupos en que se dividen algunas especies
biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia” (RAE:1292). En
cambio “radius” se distingue en “radio de acción” y “radio de población”: el primero se
refiere al máximo alcance o eficacia de un agente o instrumento”, en tanto el segundo al
“espacio que media desde los muros o última casa del casco de la población hasta una
distancia de 1600metros, medidos por la vía más corta, agregados en puertos de mar los
muelles y salinas en toda su extensión”. (RAE:1283) Destacan entonces los significados
biológicos (raza) o espaciales (radio) atribuibles al concepto raza. En las páginas siguientes,
veremos cual será el significado preponderante.
En cuanto al origen social existe en varios estudios unanimidad en señalar que la palabra
“raza” se refería hasta el siglo xv a la familia. (de Fontette:7, Lewontin:5) No obstante, en
ninguno de los textos se precisa el grado de parentesco ni el tamaño familiar que debían
tener las personas para que se llegara a utilizar y se aplicara el término de “raza”, lo cual
incidirá hasta hoy en las dificultades de entender el concepto. Más, el problema se acentúa
cuando se quiere entender el término familia, el cual deriva del concepto latín familia, donde
“en (un) principio familia se refería al grupo de los siervos (famuli) dependientes de un solo
amo. Pero como entre los romanos el número de esclavos era uno de los principales
indicadores de riqueza, la palabra acabó teniendo el significado de “patrimonio”, (...) aunque
familia también se refería a todos los descendientes del fundador de un linaje. Y así el
elemento común de los significados que tenía en latín esta palabra de familia era, pues, la
dependencia y no la convivencia. (Sarti, 2003:47) La familia fue una unidad poco
identificada y por ende el vocablo se usó con muchos significados. Las transformaciones del
significado de familia, tal como la entendemos hoy, recién se formaron a partir del siglo
xviii. (Sarti, 2003) Y a pesar de que raza originalmente puede referirse al intento de precisar
entre los miembros de una raza una consanguinidad o ascendencia común, este es un
requisito que en última instancia comparten todos los seres humanos. Sin embargo, su
dimensión más imprecisa radica en que la raza es incapaz de circunscribir o demarcar un
límite preciso a los individuos que pertenecen a ella. Pero en ambos casos el término “raza”
se caracteriza por tratar de definir un tipo de relaciones sociales entre los individuos.
Las divergencias emergen cuando se pregunta por la relación entre los conceptos de raza y
racismo. Así, según el sociólogo francés Michel Wievorka, la raza entró en el vocabulario
europeo a finales del siglo xv, en tanto el fenómeno del racismo es anterior al surgimiento
del concepto de racismo, concepto cuyo surgimiento el autor ubica recién en el siglo xix y
que sirvió para precisar un fenómeno anteriormente existente. Según el autor dicha tesis se
confirma a través de la pictografía de los egipcios, la cual indica que éstos eran racistas. Por
tal motivo, ésta constituye la referencia principal para deducir un racismo premoderno,
5
debido que en los dibujos se representan de manera explícita a personas con tez oscura.
(Wievorka:12-27).
Sin embargo, esta referencia a los egipcios es un punto de discusión recurrente. Así, el
sociólogo alemán W. Hundt sostiene que a dichas personas se les nombraba como “personas
del sur”, designándolos de esta manera sólo como provenientes de una región contra la cual
se emprendían regularmente invasiones en búsqueda de mano de obra para incorporarla al
imperio. Según el autor, una vez que los habitantes originarios de tal territorio se integraban
a Egipto no se les aplicaba distinción alguna, lo cual se manifiesta en que no se efectuaba
ninguna referencia a su tez (Hundt:15), su zona de origen u otra característica supuestamente
grupal.
En cuanto al racismo como expresión concreta y moderna, se manifiesta por primera vez en
1449 en Toledo después de una revuelta provocada por presiones tributarias demasiado
gravosas de la realeza. En esta ocasión, el racismo se expresa a través la elaboración del
primer estatuto de pureza de sangre al cual se tiene referencia. Este estatuto estaba dirigido
hacia los conversos que fueron señalados como indignos de ocupar “cargos privados o
públicos”, por lo cual se les impedía asumirlos en esta ciudad y en todo el territorio de su
jurisdicción. Si bien todo esto debía concluir con una proscripción de los judíos en España
en 1492, quedaron todavía bastante judíos y moros para que en 1547 un estatuto de pureza
de sangre, siempre en Toledo, consagrara nuevamente de un modo oficial el requisito de la
limpieza. (de Fontette,1978)
Se observa que a través de estos decretos sobre la “raza” se busca restringir o delimitar estas
relaciones sociales en un contexto en que las noticias de expansión geográfica y
conocimiento de la existencia de otros seres humanos debieron ser turbadoras e inquietantes,
coincidente con una época de profundas transformaciones sociales en la cual aparecen
individuos desconocidos. La “raza” sufre una extensión arbitraria, pudiéndose referir a una
familia o a una extensión geográfica territorial arbitraria (la raza de los vascos, la raza de los
españoles, etc).
De este modo, el fenómeno racista moderno no aparece hasta el siglo xv, insertándose así en
los inicios de la modernidad. Es decir, el racismo surge coincidente con la época durante la
cual los hombres desarrollan su propia acción y realizando su propia historia, sin importar lo
que dice la intervención divina, centrando la atención en la realidad social y en las relaciones
sociales de los seres humanos. Dicha época moderna además está directamente relacionada
con el despliegue del desarrollo capitalista, existiendo una relación entre el florecimiento de
la producción capitalista y el desarrollo de la sociedad moderna de la sociedad burguesa,
marcando de éste modo la diferencia con las sociedades anteriores y tradicionales.
Pero según Hanna Arendt el racismo como pensamiento tiene diferentes orígenes
dependiendo de sí éstos se situaban en Francia, Inglaterra y Alemania. En el caso de Francia,
el punto de partida se sitúa en el seno de una categoría social muy precisa: la nobleza. Según
Arendt, ésta se sentía amenazada ya antes del estallido de la Revolución de 1789, por lo cual
a comienzos del siglo xviii el conde de Boulainvilliers reclama para ésta una distinción
original. Esta obedece a establecer un principio que define su especificidad que responde a
sus orígenes genealógicos, con lo que esboza una idea racial de la nobleza que le permite
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oponerse, por una parte, al pueblo y a la burguesía y, por otra parte, a la monarquía absoluta.
En tanto, en los restantes dos países el racismo surgiría en un período posterior, teniendo
connotaciones nacionalistas. (Wievorka,76-78)
Para el sociólogo M. Wievorka, el surgimiento del concepto de racismo se relaciona
fundamentalmente con la época en el que surge, correspondiendo éste a un período en que se
combina el colonialismo, el desarrollo de la industria y el de la ciencia. Para él, en dicho
pensamiento se fragua la formidable convergencia de todos los campos del saber, al cual
aportan innumerables filósofos, teólogos, anatomistas, fisiólogos, historiadores, filólogos,
aunque también se incorporan las contribuciones de escritores, poetas y viajeros. (Wievorka,
27-30)
El sociólogo alemán Hundt concuerda con Wievorca, aunque el primero le otorga tal
relevancia a estos escritos, que llegan a constituir la base del racismo. Según el autor, estas
imágenes -a través de un proceso de construcción social- influyeron tanto que hasta hoy son
prevalecientes en la imagen y en la tipología de las distintas razas humanas, debido a que las
descripciones sobre los “humanos exóticos” se superponían con las descripciones de ciertos
elementos culturales significativos. En tal sentido, los grupos humanando descritos
adquirieron el mismo color que el de algún elemento resaltado por los viajeros: los chinos
son amarillos porque el amarillo o el dorado habría sido un color significativo para la realeza
china, lo cual determinó denominar a los orientales "amarillos"; en tanto, el color rojo se
asocia con los indígenas de Norteamérica no por su piel sino por ser su color más
frecuentemente utilizado. (Hundt:15-20) Es decir, para ambos autores el racismo se genera
bajo la el principio de la modernidad, propiciado por la ciencia moderna y sus científicos.
Se trata de un contexto donde en la sociedad occidental europea se inicia en la contradicción
de realizar sus objetivos ideales de la Ilustración con el modo en que ocurre realmente el
progreso y el desarrollo capitalista.
Durante esta época de abundante creación científica los intelectuales modernos establecieron
límites arbitrarios para definir a determinados grupos humanos. En el afán de la racionalidad
del cálculo procedente de y aplicable a las ciencias naturales, se buscaron sistemas con el fin
de ordenar la diversidad físicas humana. Es decir, el positivismo se traslada al ámbito social.
En dicho contexto de ilustración y modernidad se busca una explicación científica para los
distintos modelos y los distintos “niveles” de desarrollo de las sociedades. Entre todos los
sistemas de clasificación de razas creados durante esta época destaca el del científico natural
sueco Carlos de Linné (o Lineo) y el cual fue adaptado del sistema de períodos proveniente
de la química. Al igual que en éste, importa establecer una jerarquía de los seres humanos
siendo sus ejes el color de piel y el tipo de pelo. Los grupos resultantes se clasifican en un
Europaeus albus, Americanus rufus, Asiaticus luridus y Africanus niger, correspondiendo
además a cada uno de estos grupos una característica psicosocial intrínseca, o sea, natural: el
africano sería un flojo, el asiático un codicioso, el americano sería un reprimido y el europeo
un tipo de mente aguda e ingeniosa. (Hund,1999:16).
Sin embargo, dicha esquematización presenta desde el punto de vista actual problemas, pero
sirve también para reflejar el aspecto central del asunto: la esquematización y consiguiente
jerarquía de las razas se establecen para explicar las divergencias o lejanías con respecto al
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desarrollo capitalista y el proceso de modernización. Así, las propiedades físicas fueron
consideradas como prueba científica de la existencia de los distintos grupos humanos pero
fundamentalmente sirvieron para establecer una jerarquía entre los diferentes grupos
humanos (de mejor a peor, de superior a inferior). Así, hay una combinación de
características físicas, psicosociales y de desarrollo, explicación que exagera al extremo el
enfoque reduccionista al resumir a los hombres no sólo a un continente particular, sino
también a ciertas propiedades físicas y una sola característica psicosocial respectiva.
Durante aquella época se intenta definir las características de una raza, es decir, de responder
a la pregunta: ¿Qué es una raza? Las respuestas a dicha pregunta son vagas y se confunden
cuando se detiene en la indagación de (supuestas) categorías básicas. No es posible encontrar
acá una propiedad física objetiva única que dice ser esencial e imprescindible para la
identificación individual o social de todos los grupos humanos. Como se verá a
continuación, la confusión sobre el concepto de raza se acentúa al momento de querer
concretar el contenido y buscar una referencia en otros términos.
Es decir, habría que encontrar primero una característica principal para clasificar según ésta
a los distintos grupos de seres humanos. Si el criterio se basa en el color, tal como se realizó
durante esta primera fase y se sigue haciendo a menudo también en la actualidad, resalta que,
como indica Hundt, los “amarillos” no son amarillos, ni los “blancos” necesariamente
blancos. Tampoco los negros africanos cumplen con ello, porque a pesar de tener un color de
piel muy oscuro, existen zonas en el sur de Asia en que hay colores de piel
similares.(Hundt:17-21)
Si se pretende realizar una combinación de propiedades, agregando, por ejemplo, a los
negros su tez oscura el pelo crespo, se observará que a medida que se incorporen más
individuos a la categorización de “negros” aumentará no sólo la diversidad en el color de la
piel sino también la diversidad del rizado. Estas categorías físicas debieran ser igualmente
válidos para otros grupos humanos: los blancos tienen piel blanca y pelo levemente
ondulado, los amarillos tienen piel blanca y pelo liso, etc., etc.. Pero como se podrá observar,
no todos los grupos humanos cumplen con estos requisitos objetivos. Tampoco se cumple a
través del incremento de otras características (como tipo de estatura, ojos, nariz), porque
éstas se hacen menos homogéneas a medida que más individuos se incorporan a la definición
realizada a priori. Éstas ya no constituirán propiedades exclusivas del grupo de personas
definidos como negros, lo cual impide clasificar a los seres humanos en esquemas.
Igualmente se dificulta establecer conclusiones a partir de términos geo-políticos porque
también adquieren un carácter relativo y arbitrario. No todos los africanos son negros, ni
todos los negros africanos. Tampoco se puede insinuar que todos los africanos se encuentran
en África. Es más, no todos con ascendencia africana son negros, ni todos los negros tienen
ascendencia africana (como por ejemplo los aborígenes de Australia), aún en la época de los
inicios de la modernidad. Esto demuestra que es imposible buscar un africano “típico”, un
asiático “típico”, un europeo “típico” o un “americano” típico. La pertenencia a un Estado
tampoco parece ayudar: decir que alguien es alemán, no indica nada sobre sus características
físicas, ni es válido para Estados Unidos, Argentina o Chile.
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Así como no se pueden definir características físicas, agregar una característica psicosocial a
un grupo social, también constituye un problema.
La dificultad de una clasificación de las razas radica en que no existen categorías
relacionadas únicamente con un tipo de raza para partir desde ahí con la definición de una
raza. Éstas características rígidas siempre estarán obligadas a flexibilizarse.
Por ende, a través de estas esquematizaciones se buscan o imponen límites entre los grupos
de seres humanos que no llegan a corresponder con la realidad porque éstas requerirían a una
línea divisoria imposible de detectar o de precisar. El ideal de conocimiento de las ciencias
naturales (racionalizar unívocamente hechos observables) impide establecer límites sociales
a la “raza”.
Es decir, no hay cómo ajustar las características físicas y psicosociales e (incluso culturales,
como la religión) para su clasificación. Más aún, es insostenible concluir que las “razas”
tienen algún nexo con la proximidad hacia la modernidad o con el desarrollo capitalista, tal
como se pretende durante la época de la ilustración e se realiza incluso hasta hoy. Estas
prácticas de clasificación demuestran la creencia que científicamente, sirviéndose de esta
técnica metodológica, se puede producir el control sobre el curso o la dinámica de la
sociedad. Creer que "ciertas razas, aptitudes, climas o condiciones naturales sean más
favorables que otras… conduce a (la) tautología (de que) la riqueza se crea tanto más
fácilmente cuanto se dispone un mayor número de elementos subjetivos y objetivos."
(Marx,71:19)
Si anteriormente se ha descubierto un motivo para afirmar la existencia de las razas, se ha
descubierto ahora un motivo central por el cual el racismo se torna relevante. La insistencia
en la “homogeneidad” de una raza oculta sus diferencias sociales, ya sea en cuanto a su
organización o su desigualdad sociales.
No obstante, la dificultad para una crítica al análisis de razas reside en que el ser humano
puede reconocer en algunas personas ciertas características físicas objetivas y suponer que
éstas se dan de carácter grupal. Pero éstas carecerán de validez científica: en Chile es
imposible clasificar a todas las personas según estas propiedades porque se trabajaría con
una mayoría que constituyen excepciones, es decir, una homogeneidad en que no cabe toda
la diversidad de la realidad social.
Concluiremos por ahora que estas observaciones de las diferencias no podrán ser
estructuradas sistemáticamente para deducir principios y leyes generales para las razas. A las
ciencias sociales y ciencias naturales se les aplicó en este caso un método común y único,
pero derivado a partir del segundo. Así, resalta que en el concepto de raza radica una
estrecha relación con la modernidad, con el nivel de desarrollo con respecto al desarrollo
europeo y con la posibilidad de control sobre el curso de las sociedades, por lo cual esta
clasificación de las diferencias físicas pasa realmente a un segundo plano.
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Etapa 2: La lucha del concepto de raza por su vigencia
Como se ha señalado anteriormente, el sociólogo francés Wievorka sostiene que al palabra
racismo emerge en una época que se caracteriza por sus rápidos avances científicos como
fruto de la ilustración y de la Modernidad. Las ciencias a las cuales desde sus inicios se
asocia el estudio de las razas son la biología y la antropología, ambas especialmente en sus
corrientes de carácter determinista y reduccionista. Durante esta segunda fase, que abarca el
período 1900 a 1980, se acentúan claramente estas dos corrientes significativas continuando
así los postulados del racismo de la fase inicial.
La periodización de esta etapa obedece a que comprende al surgimiento de la corriente
racional de la sociología --con lo cual se desarrollan posteriormente los fundamentos
racionales del racismo--, como también porque inició un conjunto de investigaciones en el
ámbito biológico que influirán de manera significativa en que se modifica a partir de 1980
las concepciones racistas. Al contrario de lo que se puede creer, los hechos ocurridos durante
la Segunda Guerra Mundial no aportaron un avance científico en cuanto a la definición de
razas, sino que más bien permitieron ampliar los argumentos al interior de los enfoques
anteriormente mencionados con el objetivo de buscar a los orígenes o las causas de éstas.
Debido a los cometidos por parte de la Alemania nazi durante esta guerra como también por
las expresiones más significativas en Estados Unidos desde los años treinta en adelante,
combinado con los avances tecnológicos que permitieron examinar ciertas hipótesis de las
ciencias naturales, existe un resurgimiento en las discusiones en torno a las razas y el
racismo que adquieren importancia después de la segunda guerra mundial. No obstante,
adquiere relevancia el término de razas en el período entreguerras, especialmente debido a su
nexo con la afirmación de la “Nación” 1 . Es decir, se inician después de la segunda guerra
mundial una serie de investigaciones que permiten el contraste “empírico” de las discusiones
teóricas en torno a las razas y el racismo.
No obstante, durante esta segunda etapa, se configuran más nítidamente las tendencias de la
etapa anterior. Se denotan más precisamente la diferencia de los enfoques, por lo que acá
también se abordarán de manera separada.
•
El enfoque desde las ciencias biológicas
Algunas investigaciones, aunque pueden ser consideradas pseudo-investigaciones, se
realizaron en el terreno de la antropometría en los campos de concentración de la Alemania
nazi. Durante esta época es famosa la Estación de Experimento Eugenésica y de Biología
Criminal de Berlín. Sin embargo, los experimentos demuestran y resaltan la confusión de lo
que significa y ha significado el concepto de raza, confusión que, a pesar de buscar la
precisión científica de las ciencias naturales, persiste hasta la actualidad. El caso más
emblemático y citado es el caso de los judíos. La diferencia religiosa fue obligada a
distinguirse mediante un “Judenstern”, estrella que indicaba que la diferencia no se podía
1
Para ello ver Hobsbawm, Taguieff y de Gobinaeu. Lamentablemente ninguna obra de éste último se encuentra
en Chile.
10
demostrar de otro modo de manera instantánea. Los judíos alemanes presentan similares
atributos físicos que el resto de los alemanes. Además, no existen realmente apellidos judíos
sino que existen apellidos que estadísticamente son más frecuentes entre personas judías, así
como apellidos que se originaron en palabras o costumbres judías2 .
Además, el conjunto de “razas” que se tenía proyectado para su aniquilación durante la
época nazi incluye a personas de religión distinta (judíos), de una determinada ideología
(comunistas), de ciertos comportamientos sexuales (homosexuales), con determinadas
características culturales (gitanos) o físico (pequeñas personas, discapacitados) de algún
modo expresable.
Así, a pesar de que esta corriente pudo haber sido ubicada en el primer período, las
investigaciones científicas que se llevaron a cabo a partir de la segunda década, permiten
ubicar a este enfoque dentro del siglo xx.
Según Lewontin, la relevancia de la biología radica en formar parte de las ciencias naturales,
a las cuales se recurre como evidencia de verdades por ser medible. Ello se enmarca dentro
de la concepción del mundo moderno sobre la relevancia de la ciencia en cuanto a la
explicación de los fenómenos naturales. El autor señala que a ella se recurre como evidencia
de la “herencia genética” la cual siempre es invocada como una expresión de la
inevitabilidad e inmutabilidad (Lewontin:7). Esto manifiesta un motivo primordial para
explicar las razones por la cuales el fenómeno racista y de las razas son analizadas bajo esta
perspectiva en vez de ser tratadas como un fenómeno social.
Por tal motivo, también nos detendremos un momento en analizar a las razas desde la
biología. Como se ha señalado anteriormente, se formó durante la primera etapa el supuesto
de que las razas definirían a grupos humanos específicos pero con características físicas
distintas entre sí, teniendo esto directa relación con un conjunto específico de atributos. Y al
revés, a partir de un cierto conjunto de características se podría inferir a una raza específica.
Es así como para los racistas, en dicho ámbito de discusión, era (o es) tomar estas evidencias
innegables en el físico entre un masai, finlandés y japonés, para afirmar que ellos
demuestran una importante separación genética entre las “razas”. (Lewontin:25)
Hasta 1980 prevalece entre los racistas y los antirracistas un consenso en sostener en “...el
hecho de que la existencia de razas humanas en cuanto a tal, no ha sido puesto en duda: no
es de la constatación de la existencia de estas razas que se nutre el racista” (de Fontette,10)
Y prosigue citando a un informador de la UNESCO de junio de 1951: “El antropólogo, tanto
como el hombre de la calle, saben que las razas existen; el primero porque puede clasificar
las variedades de las especies humanas, el segundo porque no puede dudar del testimonio de
sus sentidos”.(cita a LC Dume, de Fontette: 11)
En relación a ello, cabe mencionar que la ONU aprobó en 1948 la Declaración Universal de
los Derechos del Hombre y la Convención sobre la Prevención y el Castigo del Genocidio.
En 1965, la Asamblea General de este organismo aprobó la Convención Internacional para la
eliminación de todas formas de discriminación racial. Desde esta perspectiva (DD.HH) se
2
Asimismo, dentro de la halajá –normativa judía- los apellidos son irrelevantes. Fuente:www.serjudío.com
11
inician las investigaciones del organismo internacional que más tarde serán recopiladas en su
“colección sobre raza y la etnicidad en Asia”, y que más tarde se ampliaría también a
estudios en países de África y América Latina. Éstas se refieren específicamente a “estudios
(que) intentan analizar la relación entre grupos étnicos en una región”. (UNESCO:5)
Nótese que se inicia la introducción del concepto de etnia, el cual será explicitado más
adelante cuando adquiere una relevancia mayor. Pero, desde estas investigaciones se puede
inferir que raza aún a mediados de los años setenta se conserva como una categoría válida y
necesaria como argumento de formar parte de los Derechos Humanos, uno de los objetivos
principales de la ONU.
En cuanto a una revisión desde los países del Este, el tema llegó ser para la URSS más bien
delicado. No obstante, se intenta converger la categoría biológica “raza” con la categoría
social. Según un documento publicado en 1969 por parte de la Academia de Ciencias se
sostiene que las diferencias en grandes grupos de personas dependen de sus particularidades
biológicas, teniendo, sin embargo, estas diferencias solamente una importancia secundaria.
Según Efimov, lo importante para la formación de un tipo racial son fenómenos tales como
el mestizaje y la migración a otras condiciones geográficas bajo el influjo de las condiciones
sociales. De este modo, la regularidad biológica del desarrollo de las razas humanas es
modificada por efecto de las condiciones históricas y sociales. Por consiguiente, las razas,
definidas por índices biológicos de los grupos humanos con categoría histórica, dependen de
procesos de la historia humana y no sólo de la biología. (Efimov,1969)
Así se observa que el tema de las razas no se resuelve, lo cual resulta problemático ante el
creciente proceso de mestizaje mundial. El mestizaje, a su vez, toma por sentado la
existencia de las razas y, con ello, una cierta aceptación del sistema linneano de
clasificación. Se recurre a la biología para la explicación de las razas, afirmando la
relevancia de la biología para la discusión sobre el tema para despejar las dudas y ofrecer
respuestas “científicas”. Hasta los años ochenta ésta aparece como la principal ciencia capaz
de responder e indagar en dichas supuestas diferencias.
Como explica Lewontin, en su versión del reduccionismo y del determinismo la biología
apoyaba al concepto de raza. A través del primero se quiere explicar las propiedades de
conjuntos complejos en términos de las unidades que componen a las moléculas o las
sociedades, siendo las propiedades de una sociedad humana igual a la suma de los
comportamientos y de las tendencias individuales. En cambio, el determinismo biológico
presume que las vidas y las acciones humanas son consecuencias inevitables de las
propiedades bioquímicas de las células que constituyen al individuo, y que éstas a su vez, se
deben a la conformación genética, afirmando de este modo que la naturaleza humana está
determinada por los genes. (Lewontin,16-17)
Por tal motivo, se busca traducir un problema de las ciencias sociales al ámbito de las
ciencias naturales, buscando a través de estas investigaciones consolidar argumentos racistas
y no racistas. La diferencia física entre los seres humanos se buscaba en la presencia de
distintos factores genéticos o sanguíneos. Por un lado, se afirmaba por parte de los racistas
que la existencia de las razas se explica biológicamente, siendo éstas las razones para
explicar algunas prácticas grupales distintas al interior de una misma sociedad como la de
12
judíos y de estadounidenses negros, por ejemplo. Por el otro lado, los no–racistas o
antirracistas se negaban a realizar inferencias desde la biología, rechazando la existencia de
razas biológicas, opinión que se acentuó después de los estudios efectuados en los distintos
continentes que demostraron que no había diferencias sanguíneas de los habitantes en y entre
distintos lugares. (Lewontin:34-39)
Pero hacia 1940 los biólogos modificaron grandemente su comprensión de la raza en los
organismos vivos. Las investigaciones en la biología expusieron que las diferentes
poblaciones geográficas locales no diferían en absoluta de otra, sino sólo en cuanto a la
frecuencia relativa de los diferentes caracteres. Estos hallazgos condujeron al concepto de
“raza geográfica”. Dicha visión tuvo como resultado que ningún individuo podía ser
considerado como un miembro “típico” de una raza. Pero también implicaba que la raza
perdía su significancia biológica como concepto: era absolutamente arbitrario situar, por
ejemplo, dos tribus de África oriental en una misma “raza” y a los japoneses en otra. No
obstante, dicha arbitrariedad no lo era necesariamente desde el punto de vista de las
definiciones sociales e históricas de raza. (Lewontin:146-149, subrayado TC)
Más adelante, en los años posteriores a 1968, se despliega una tendencia de considerar a la
naturaleza humana como casi infinitamente plástica. De este modo se rechazó a la biología y
se llegó a reconocer primordialmente a la construcción social en cuanto a explicación del
fenómeno del racismo y de la explicación de las razas. Más adelante nos detendremos en un
análisis sobre dicha corriente. Por ahora diremos, que el discurso antirracista buscó la
respuesta en el modo de explicación cultural o dualista, ambos con propiedad de dividir al
mundo en diferentes clases de fenómenos –cultura y biología, mente y cuerpo(Lewontin:23). Como se ve, se deja afuera la dimensión espacial de cercanía, dimensión
propia del concepto que se contemplaba en el latín.
En otros términos, el discurso racista se basaba hasta entonces sobre una teoría de razas que
empíricamente no se confirmó, por lo cual ya no se justifica mantenerla. Pero también tiene
como resultado que el discurso antirracista llega a sostener ahora que sólo se puede hablar de
culturas o sociedades distintas y no de razas disímiles. (Taguieff:29)
Los resultados de las investigaciones en la biología de la igualdad genética y sanguínea entre
todos los seres humanos obligan encontrar causas históricas y sociales para el fenómeno de
las razas. Los fundamentos para establecer distinciones que ameritan fundamentar las
diferencias físicas entre los seres humanos no se encontraron en la biología, por lo que se
delega a las ciencias sociales la responsabilidad de encontrar razones sociales de investigar
la existencia de las razas y del racismo. Biológicamente ya no se justifica ni las distinciones
ni la formación de una jerarquía entre la composición física de los distintos grupos humanos;
los hallazgos implican revelar que las “razas” y el “racismo” son productos sociales e
históricos.
Sin embargo, tal como se señala por parte de Lewontin, la necesidad de establecer la
explicación a nivel racional sólo nace porque la respuesta anterior se concentró solamente en
el cuerpo. Pero, como se verá a modo siguiente, persiste esta distinción dual entre lo racional
y emocional, con lo que este proceso de distinción no llega a superar las falencias iniciales.
13
A continuación nos centraremos en la exploración de la respuesta que se concentró en la
mente.
•
El enfoque racional
La respuesta biológica –la no-existencia de las razas-- tuvo como efecto la acentuación de la
perspectiva racional, ya que ahora se llega a priorizar la reflexión sobre el racismo,
desplazándose las discusiones desde el cuerpo hacia la mente. La aproximación al problema
del racismo contrasta entre la corriente biológica y la perspectiva racional: en la primera, se
trata de definir algunas características físicas y sociales específicas (que se formulan a partir
de las primeras) de un grupo humano para que se pueda emplear el término de raza. En tanto,
la segunda perspectiva se orienta al tipo de pensamiento, al modo en que los sujetos
reflexionan u opinan sobre un grupo anteriormente ya diferenciado. Es decir, los
planteamientos racionales tratan de centrarse mayormente en la idea de racismo en vez de las
características de los grupos que se definen como raza. La problemática se entiende así como
propia de la ilustración y de la modernidad.
Los orígenes del concepto de raza ilustrado se encuentran en Kant, según el cual el concepto
de raza se caracteriza por ser un concepto de la razón. (Hundt:15) Al igual que en el enfoque
anterior, la discusión sobre el racismo desde la racionalidad aumentó durante y después de la
segunda guerra mundial, aunque para tratar este asunto se retoma la tipología de la
racionalidad elaborada por el sociólogo alemán M. Weber.
Bajo el influjo de las distintas racionalidades, se buscan las razones para identificar a los
agentes sociales que desarrollan, admiran o aguantan los procedimientos destructivos en
contra de otros grupos humanos. Se examina la presencia del fenómeno racista adoptando el
enfoque de la racionalidad para comprender lo que llevó a las personas a actuar de este
modo. Recordemos que la racionalidad científica es –según la mayoría de los científicos de
las Geisteswissenschaften- la propiedad más relevante del ser humano para la llevar a cabo la
autodeterminación con la que se definen los individuos de la modernidad.
Según esta tendencia, la figura símbolo o extrema que actúa en representación de los racistas
es Adolfo Hitler, al cual se representa desde la irracionalidad: éste sería un loco, un
apasionado sin límites, cuyos objetivos y acciones serían expresión de esta locura. La
ampliación del espacio (del “Land”), la reclusión y el intento de total aniquilación de
distintos grupos constituirían objetivos que él transmite a través de un comportamiento
irracional en su discurso. La irracionalidad es la pasión. En su discurso la pasión se
manifiesta por gritos, exaltaciones, gestos acentuados, etc. Es decir, la respuesta a los
motivos de la presencia del racismo se sitúa fuera de la racionalidad: las ideas racistas no se
pueden explicar racionalmente, sino sólo pasionalmente. La separación de la mente con los
afectos es necesaria porque éstos últimos reflejan lo animal, del cual el hombre (moderno)
debe distanciarse. Aún cuando los fenómenos actúan sobre toda la sociedad, el racismo
ejerce influencia sólo sobre algunos agentes sociales y no sobre la totalidad de la sociedad,
lo que se debe a causas emocionales que están fuera del alcance del razonamiento científico
racional. Hay entonces una contradicción debido a que el racismo está fuera del dominio de
la investigación científica social o humana. (Taguieff:12 ) Así, en términos más puntuales,
para Teoría funcionalista estos serían elementos o individuos desviados.
14
Por lo tanto, aún cuando la búsqueda del racismo se quiere plantear en términos racionales,
las respuestas se sitúan en la irracionalidad, reproduciendo también a través de ello el
axioma cartesiano de separar el cuerpo de la mente.
Hasta hoy la perspectiva racional tiene dos implicancias importantes: la primera es que no
resuelve el problema de las razas, es decir, aún no permite entender o explicar a qué grupos
se les aplica el término raza y, en consecuencia, en contra quienes se dirige el racismo.
Varios autores, entre ellos Wievorka, Balibar, Taguieff, mencionan que la biología no es y
no puede ser determinante en la definición quedando, sin embargo, los grupos racializados y
estudiados por ellos indefinidos desde el punto de vista sociológico. O más bien dicho,
demuestran una incoherencia e inconsistencia: negros estadounidenses, judíos e inmigrantes
en Europa son razas, a pesar de que se basan en variables distintas para clasificarlas e incluso
suceden en un mismo contexto. Justamente ahí es donde se expresa incluso la incapacidad de
definir el término raza, aunque aún estudian al racismo como fenómeno total--.
Así los autores se percatan que el racismo en realidad podría ser aplicable a un amplio
espectro: se podría referir hacia los viejos, hacia los jóvenes o niños y hacia las mujeres. No
obstante, los estudios de los autores sobre el racismo no se orientan a tales categorías o
grupos quedando finalmente la duda, en qué se parecen el conjunto de los inmigrantes de los
países europeos orientales y de otros lugares del mundo llegados a Europa Occidental,
negros de Estados Unidos y judíos en Europa. En otros términos ¿qué característica
muestran tener estos en común?
Como se advierte y explicitará ahora, las investigaciones sobre racismo se refieren
generalmente a los “negros” en Estados Unidos, a la segregación practicada por parte de los
colonos surafricanos, a los judíos en Europa. En cuanto a los primeros, generalmente se
utiliza como en la definición de “negros” a la estipulada según al ley en EEUU (the “descent
rule”) y con respecto a los judíos se define al grupo que practica dicha religión. Así, los
autores se centran en las race relations, es decir, en la relación del racista y del racializado.
Pero los estudios sociológicos aparecen como demasiado simplistas ya que no se consideran
las diversidades complejas, ya sea en relación al contexto mundial o de un país específico.
Por ejemplo, evita estudiar a, por denominar sólo a algunos (y lo más simples), negros de tez
blanca, judíos observantes o a judíos negros en EEUU. Incluso el "grupo minoritario" como
categoría total y global para ser objeto de racismo sería impertinente considerando a los
blancos sudafricanos dominantes en su sociedad.
En términos generales se puede concluir que a partir de la Segunda Guerra Mundial hasta los
años ochenta, el concepto de raza se hace más perceptible en cuanto a su ambigüedad
demostrando la misma confusión propia desde su origen coincidente con las investigaciones
biológicas que evidencian que desde el punto de vista genético no existen distinciones entre
los humanos. Es decir, el concepto de raza presenta la constante de ser incapaz de precisar
qué grupo humano define como raza: si anteriormente se le aplicaba a las distintas
poblaciones en zonas geográficas, teniendo como centralidad al hombre centro-europeo,
persiste la duda sobre qué otros grupos clasifican como razas sociales.
15
El segundo resultado problemático de este enfoque racional está en el modo en que se
califican y clasifican a los líderes y los grupos que actúan en contra de un grupo racializado.
Así, finalmente el racismo estaría fuera del alcance de ser investigado sociológicamente,
limitándose su análisis a la psicología y la psiquiatría. Como indica Taguieff, “todos los
antirracismos consisten precisamente en denunciar al racismo como un sistema pseudocientífico, al deslegitimar su pasión negativa que inspira y el cual tiene un fondo o una base
afectiva suave que se presenta como patológica.” (Taguieff:23)
Como resultado de calificar al racismo como pasional se tiene que el antirracismo se aborda
a sí mismo como racional. Y de este modo, la racionalidad antirracista sería propia de una
posición democrática. En otros términos, ser anti-semita es ser anti-democrático. Según
Taguieff, la igualdad y el diferencialismo son la forma más típica del slogan antirracista
dominante los cuales se basan en la igualdad de los derechos individuales y en la defensa de
la democracia como un régimen que garantiza a los derechos del individuo. (Taguieff:41)
Así, si en la primera etapa el concepto de raza se relacionaba estrechamente con el grado de
desarrollo de acuerdo a los estándares europeos, esta etapa se caracteriza en que el tema del
racismo se encuentra -especialmente desde poco antes de la Segunda Guerra Mundialestrechamente relacionado con la ideología y con la política: los objetivos de los racistas
llegan a identificarse con los objetivos de la Derecha, mientras que los objetivos de los
antirracistas llegan a converger con la Izquierda política3 .
A fines de la Guerra, ésta última acentúa el elogio a la diferencia de las distintas culturas y el
valor que ésta proporciona para la convivencia democrática, no percatándose de sus
paradojas y efectos en la política, que más tarde salen a la luz. El siguiente esquema muestra
cómo se autodefine el antirracista en comparación con el racista frente algunos principios.
Sujets
Attributs:
Autorepresentation: valeurs et normes
positives (“Nous”)
Nos démocraties.
Les démocrates.
L’ Europe unie, la Communauté.
Ceux por qui les hommes sont toys
égaux en droit et constituent une meme
communauté universelle dans laquelle la
diversité des races et des cultures doit
etre reconnue comme una richesse et
non
comme
une
source
de
discrimination
(égalitarisme,
universalisme, différenciatialisme).
Prévenir le racisme.
Combattre le racisme (répression).
Appel á la vigilance.
Tabla en «La force du préjugé »,P.A.Taguieff, p.42
Heterorepresentation: valeurs et norms
negatives (“Eux”)
Le fascisme et le racisme.
L’ extrémisme politique.
Les dictatures.
Violence.
Terrorisme (international).
Nationalisme (sentimente exacerbé).
Régimes autoritaires.
Préjuges raciaux.
Xenophobie latente.
Discrimination raciale.
Souvenirs proches et terribles qu’il (le
racisme) évoque, fascisme et racisme
rampants.
Objectifs
3
Déstabiliser nos démocraties.
ver Hobsbawm, E: “Naciones y Nacionalismo desde 1780”, Editorial Crítica, Barcelona, España, 1997
16
La tabla es un intento de ordenamiento de las discusiones, contraponiendo los discursos
racistas y antirracistas. Como se advierte, los antirracistas hablan sobre los racistas de
manera radical: expresan violencia, brutalidad y agresividad, propiedades en que muchos
individuos (la así denominada "masa", por ejemplo) no necesariamente coinciden en
términos reales. Por lo mismo, a los propios individuos les resulta fácil distanciarse del
racismo y de la Derecha, autoclasificándose en la izquierda, sosteniendo simultáneamente
que forman parte de la corriente antirracista.
Como resultado más importante se inicia en la Derecha política un cambio: para atraer a
seguidores no puede ni quiere parecer como menos ilustrada o racional que la Izquierda
política. Además debe distanciarse de la derecha europea extrema y de los propio racistas.
No concibe la desestabilización de la democracia, sino que, por contrario, busca fiarse de
ella como un instrumento principal para lograr, por un lado, el aumento de sus seguidores y,
por otro, la prevención en contra de la inmigración creciente lo que requiere de modos
menos radicales que las aplicadas durante la Segunda Guerra Mundial para detenerla a través
de, por ejemplo, el perfeccionamiento de las leyes desde la democracia. Este cambio refleja
la necesidad de continuar transformadamente con lo viejo.
En tanto, como consecuencia de la fase anterior, la izquierda no sólo se juzga democrática,
sino que basa el meollo de su argumento en el respeto de las culturas diferentes. Con ello, -y
teniendo en cuenta a la época en que se desarrolla esta discusión- empieza a percibirse la
adhesión a un argumento central en su discurso que más tarde también adoptará el «neoracismo» (Balibar:24) o la derecha europea: la diferencia.
En cuanto a la política y a la ideología, se revisó que ésta se orienta generalmente al racista.
No obstante, el filósofo y politólogo Taguieff orienta su investigación hacía una revisión
crítica del antirracismo, destapando sus contradicciones e implicancias para la reformulación
del racismo por parte de la derecha. (Taguieff,1987)
A partir de este desarrollo, se inicia lo que hemos definido como tercera etapa y la cual será
descrita a modo siguiente.
2. Etapa 3: Lo nuevo en lo viejo: el cambio del concepto de raza por el de etnia
•
Desde la psicología hereditaria y del determinismo hereditario a la
antropología cultural y la etnología
A partir de los años ochenta sucede un cambio radical en cuanto a las conceptualizaciones
sobre el racismo en la Nueva Derecha de Europa y de Estados Unidos, consideradas
especialmente radical a causa del trayecto que ésta ha seguido hasta ahora. No obstante, a
pesar de incorporar nuevas concepciones que responden y se adecuan al contexto social
actual, se verá que éstas sólo continúan con su rasgo tradicional. Es decir, las
transformaciones se adaptan a lo antiguo.
17
El nuevo contexto social exige una reformulación sobre los términos racistas y el racismo.
En este nuevo escenario, después del boom económico y social durante los años sesenta
hasta inicios de los ochenta, surgen las primeras oposiciones a la inmigración. Recordemos
que durante esa época se produjeron transformaciones sociales significativas en el ámbito
socio-económico cuando –gracias a las políticas sociales del Estado Benefactor-- “amplios
círculos de la población experimentaron unos cambios y mejoras en sus condiciones de vida
y sufrieron el efecto ascensor”(Beck:102). No obstante, este nuevo escenario se agota y sufre
un revés cuando la cesantía empieza a aumentar, ante lo cual la mayoría de la sociedad
responde durante las elecciones. En términos socio-políticos sobreviene en Estados Unidos y
Europa occidental una lenta pero imperturbable transferencia de gobiernos socialdemócratas
hacia gobiernos conservadores que procederán con un amplio programa de destrucción de
las políticas sociales del Welfare State4 .
Durante dicha época, se hace más vaga la diferencia entre los distintos sectores políticos
sobre la conceptualización del proceso de integración de los inmigrantes. La inmigración se
formula ahora como un “problema social” gracias al continuo incremento de la inmigración
y a los primeros altos índices de cesantía que impide la absorción de la mano de obra
extranjera lo que exige entregarle algunos beneficios sociales. Es decir, a partir de los años
ochenta es importante la interrogante sobre el modo de integración de los inmigrantes. Aún
cuando persiste la duda sobre los grupos que se deben y pueden racializar, el tema del
racismo se orienta ahora fundamentalmente hacia la inmigración.
Sin embargo, existen experiencias históricas distintas: Estados Unidos debe la conformación
de su sociedad a la inmigración; al contrario, Europa tiene desde el inicio de la modernidad
una historia de éxodo y colonización hacia otros lugares y continentes del mundo. Años
atrás, una de las principales razones para emigrar fuera de Europa era el mismo que
conforma el principal motivo para su inmigración actual --la búsqueda de trabajo. A partir
del término de la Segunda Guerra Mundial el Viejo Continente experimenta un ingreso
gradual de personas del propio o de otros continentes. A pesar de acontecer durante períodos
distintos, las razones de la promoción de la inmigración son en los estados europeos y de
Estados Unidos similares: se impulsa por la necesidad de la mano de obra para el desarrollo
industrial y capitalista.
En cambio en el presente coincide que en ambos ha disminuido la demanda explícita y
oficial de la fuerza laboral, lo cual se demuestra por perfeccionar las restricciones al ingresar
al país5 . Destaca que en Europa se inicia durante esta época una analogía entre racismo e
inmigración, relación que llega a incorporarse rápidamente como tema fundamental en la
agenda política de los países europeos occidentales, países ahora gobernados por la Nueva
Derecha.
4
Para ver los cambios en Europa, ver por ejemplo, Ulrich Beck: “La sociedad del riesgo. Hacia una nueva
modernidad.” 1998, Ed. Piados Ibérica, S.A., Barcelona, España, Bourdieu “Contrafuegos. Reflexiones para
servir a la resistencia contra la invasión neoliberal”. Anagrama, Barcelona 1999 y “Contrafuegos 2 por un
movimiento social europoeo”. Barcelona, Anagrama 2000
5
Al contrario de lo que se podría pensar, la fuga de cerebros aún obedece a una demanda. Al igual que en
Europa, en EEUU se requieren todavía profesionales de punta (en informática y salud especialmente).
18
Al otorgarle al racismo un impulso nuevo, que se debe y se dirige especialmente a la
inmigración, y, teniendo en cuenta todas las teorías e investigaciones anteriores y
relacionadas con el tema –es decir, la racionalidad, la biología y la antropología determinista
y reduccionista-, se acoge por parte de la Derecha europea la “teoría” del pluriculturalismo
proporcionada por la experiencia estadounidense. Es decir, para abordar el tema de la
inmigración el Conservadurismo adopta el modelo o la experiencia preponderante de
Estados Unidos -- aún cuando en términos teóricos ésta no se encuentra planteada
explícitamente como objetivo o política de integración por parte del Estado.
“El pluralismo etnocultural se formula en el marco del diferencialismo igualitario y supone
que todas las culturas poseen igual valor.” (Taguieff:43)
Como se verá, el pluriculturalismo tiene la particularidad de continuar con el enfoque
determinista aunque en esta oportunidad se expresa a través de la psicología hereditaria y del
determinismo hereditario. Es decir, conserva la corriente del determinismo que también
imperó anteriormente en la biología. Así supone que todas las culturas mantienen en un
contexto social (y territorial-espacial) nuevo las mismas tradiciones y costumbres que
tuvieron en un contexto social (y territorial-espacial) anterior. Pero también supone que
todas las culturas tienen el mismo valor, especialmente ante un Estado que suprime las
diferencias, estableciendo un principio de igualdad. Esto exige una inmutabilidad no sólo
para cada cultura misma, sino también para la convivencia entre ellos.
Así se presume que todos los descendientes de los individuos emigrados desde Inglaterra en
el siglo xvi mantienen iguales características. En forma actual, también que los de Italia
mantienen en todos los lugares a que llegan atributos similares, ya sea en Argentina o
Estados Unidos, Brasil o Alemania. Asimismo, supone que en EEUU, los italianos tendrían
un igual valor que los irlandeses, latinos (mexicanos, puertorriqueños, etc.), la comunidad
afro, chinos, etc. Es decir, se les asigna tajantemente una estática a pesar de la dinámica de la
vida y del cambio del contexto social. Pero también se intenta explicar y amoldar
tradiciones, costumbres y otras propiedades culturales en perspectiva futura.
La aceptación de tal modelo de integración facilitó además adoptar a los raciocinios de la
izquierda que elogiaban la diferencia de los grupos humanos. Combinados con los enfoques
de la etnología y de la antropología cultural el racismo antiguo se transforma. Pero Balibar
advierte que la novedad de este racismo no es tan nueva, ya que la dimensión teórica del
racismo, hoy como antes, es constante históricamente y de ningún modo autónomo, ni
incipiente.(Balibar:1990)
Como se describió en la etapa anterior, se asociaron en un principio características
pasionales y radicales a la Derecha en cuanto a su racismo, lo cual no necesariamente
coincidía con la realidad. Además existía como referente histórico Adolfo Hitler, del cual el
propio Conservadorismo buscó auto-distanciarse, debido a la condena casi universal de los
métodos utilizados por éste pero también por la progresiva relevancia internacional de la
temática de los Derechos Humanos. Pero también significó que, a medida que se debían
aminorar estos elementos desviados (en términos funcionalistas) y radicales del racismo
“anterior”, de la misma manera se debían ir incorporando las recientes investigaciones
19
biológicas (“todos los hombres son biológicamente iguales”) y mantener este afán por la
participación democrática.
Tomando todo lo anterior como antecedente, se desarrollan dos ideologías preponderantes en
la Nueva Derecha europea, con una diferencia muy sutil entre ellas: la primera corriente se
basa en una ideología diferencialista basada en las ciencias biológicas: surge el racismo
diferencialista sobre bases culturalistas. Los individuos heredan las diferencias y éstas se
refuerzan a través de la cultura. Éste revive la controversia sobre la herencia y el medio,
adquiriendo relevancia las doctrinas de la psicología hereditaria. (Taguieff:14)
En tanto, la segunda corriente ideológica tiene como preocupación central la identidad; es
decir, proclama la defensa del derecho a la identidad de los pueblos, con lo cual se reactiva
el racismo colonial. El racismo colonial se caracteriza por ser autoritario y paternalista, como
también porque maneja la temática con un discurso populista. (Taguieff: 14)
Aunque ambas corrientes anteriormente mencionadas son separables en términos
expositivos, se han confundido posteriormente en la práctica no sólo entre ellos, sino
también como referencia política. En el fondo su objetivo es el mismo: el mestizaje se
convierte en una obsesión para evitar el contacto intercultural. (Taguieff:14, subrayado TC)
La transformación conceptual que ocurre paralelamente deriva de sus orígenes teóricos e
histórico como también de su adecuación al contexto social. Así se hará posible continuar
coherentemente con los orígenes y el desarrollo histórico del racismo, produciendo un
cambio en tres términos claves que a su vez tienen consecuencias sociológicas y políticas
profundas:
•
Razaà
à etnia/cultura: el término raza ya no se justifica, especialmente por
las comprobaciones empíricas de la biología que demostraron su
ambigüedad o refutación en el plano biológico. Se adoptan los términos
etnia o cultura, conceptos proporcionados por la antropología cultural. Se
produce una racializacion de la cultura, de la religión, de la mentalidad e
incluso de los imaginarios específicos, por lo cual el racismo ya no es
expresamente biológico. El discurso racista se “culturaliza” o “mentaliza”
abandonando el vocabulario explícito de la “raza” y de la “sangre”. Implica
un desplazamiento de la problemática, porque a través de la antropología
cultural y de la etnología se legitiman estas nuevas propuestas racistas para
evitar el contacto intercultural y de rechazar el “cruce de culturas”.
(Taguieff:14-15)
•
Desigualdadà
à diferencia: Desigualdad (social): Para la Nueva Derecha
superar la desigualdad social no es relevante. Y su irrelevancia fue
propiciada por las transformaciones socio-económicas acaecidas durante las
dos últimas décadas que produjeron el “efecto ascensor”. Por tal motivo, le
viene como el anillo al dedo el concepto de diferencia (cultural), lo cual
permite desviar la atención de la desigualdad social. Especialmente gracias
a la inmigración se requieren conceptos adecuados que describan los
20
problemas de la convivencia, las cuales están basadas en la diferencia. Para
Taguieff esta afirmación en la diferencia manifiesta “la obsesión por el
mestizaje, proclamándose de esta manera la preservación incondicional de
las entidades comunitarias tal cual son y con todas sus características
particulares”. (Taguieff:15)
•
Heterofobiaà
à heterofilia: la heterofobia es el rechazo a la diferencia y
contiene generalmente una connotación violenta. De acuerdo a los cambios
contextuales y a la insistencia en la racionalidad (heredada de la etapa
anterior), se acoge a la heterofilia, definida como el elogio a la diferencia.
Pero “hay una oscilación entre ambos polos, desde la exaltación al rechazo,
de la celebración a la exclusión de la diferencia. Esta oscilación entre
rechazo y elogio Aristóteles la denominó “edíptica””. (Taguieff:17)
Se expuso acá una síntesis de la transformación conceptual acaecida, muy significativa por
lo demás porque a pesar de que éstos términos se relacionan estrechamente con la ideología
de la Derecha, esto no significa que sólo ella trabaje con éstos (lo cual se analizará más
adelante). Estas transformaciones permiten que la Derecha actúe con la génesis originaria
del racismo y de las razas legitimados por la antropología cultural y/o etnología, por lo cual
ni se explicita lo racial presentándose ahora de manera mucho más oculta. Como se aprecia
continúan en la "diferencia" y en la "etnia" la fijación de características, aunque ésta vez se
encuentran respaldadas por la corriente de la antropología diferencialista. Nos encontramos
ante un racismo diferencialista. (Taguieff,1987, Balibar,1990)
Por lo tanto, este nuevo tipo de racismo continúa con su principio antiguo de intentar aplicar
límites a la “familia” con las cuales se quiere delimitar y excluir a los miembros no
deseados, ya sea durante el presente o de manera proyectiva. Pero no sólo significa tratar de
diferentes a los otros, sino también, y es esto lo que frecuentemente se olvida, se trata de una
acusación a la propia diferencia, de una autoafirmación de la propia diferencia.
Este racismo, de tipo diferencialista, conforma la base del pluralismo cultural combinando el
motivo individualista con la reacción del etno-pluralismo. Apoyar al multiculturalismo o
pluriculturalismo se ajusta a los preceptos individualistas porque tiene la propiedad de
centrarse en el cuerpo propio, en la vida privada, teniendo como centralidad el yo. Así, “el
principio diferencialista es un aspecto del individualismo interpretado en tanto que fenómeno
social total”, (Taguieff:16) lo cual anula cualquier pretensión universalista.
Según el autor, el filósofo francés Pierre André Taguieff, el concepto de etnia implica una
“racializacion” de todo lo que significa cultura: no sólo se refiere a la cultura, sino también a
la religión, a la tradición y a las características físicas. Planteada de esta manera, las
influencias externas se consideran como nocivas, especialmente para la cultura misma, dado
que alteran elementos culturales que se admiran y rechazan, lo que a su vez demuestra su
estrecha relación con el esencialismo. (Taguieff:49) Es decir, cada “cultura” se convierte en
una estática a través del tiempo y sus individuos en objetos de estudios.
Existen varios otros autores que también advierten las implicancias de la reformulación
conceptual de las terminologías del racismo. Immanuel Wallerstein le otorga un sentido más
21
relacionado a la política, señalando que “la raza es considerada como una categoría genética
la cual corresponde a una aparente forma o similitud física. Etnia en tanto, se utiliza para
definir algún comportamiento persistente, transmitidos de generación en generación, el cual
no estaría circunscrito a un Estado.” (Wallerstein:105) El sociólogo francés M. Wievorka
señala que aunque a través de la etnia se quiere “exorcizar el mal del racismo... no es a
menudo más que una impostura, ya que el concepto utilitario de “etnia”, si bien nos permite
prescindir del término “raza”, en realidad deja un espacio más o menos amplio para factores
físicos que se combinarían con rasgos culturales para caracterizar a los llamados grupos
étnicos”, (Wievorka:91), facilitado porque el racismo es acción (Wievorka:20), es decir, se
hace siendo.
Asimismo, para Balibar, la desaparición de la jerarquía racial y la consiguiente adopción de
las diferencias culturales es más aparente que real e incluso se puede tildar como absurda, ya
que se reconstruye permanentemente en la vida práctica de la doctrina. (Balibar:38)
Desde una perspectiva histórica, se señala por parte el historiador inglés Eric Hobsbawm que
la "etnia" recién adquiere relevancia política y social durante los años sesenta, en conjunto
con la búsqueda de las razones que permiten explicar una nación (Hobsbawm,1991:169), lo
cual demuestra la búsqueda de una identidad única de la población de una nación.
De ahí se advierte la relación con y la relevancia de la heterofobia y la heterofilia. A pesar de
hacer globalmente referencia a lo mismo, los términos de heterofobia y heterofilia marcan
una diferencia entre sí. La heterofobia se caracteriza por la evaluación negativa de toda
diferencia y de toda variedad. Es decir, la heterofobia significa un ideal de homogeneidad de
las personas -explícito o no-. Por lo tanto, radica su deseo en abolir la diferencia entre
“nosotros” y “ellos”, efectuar un trato diferenciado al colectivo racializado o separar
rigurosamente al grupo racializado, tal como sucede en el Apartheid surafricano. Es decir, su
característica principal es esconder al otro. De esta manera, existe diversos modos de
tratamiento racial del grupo definido como “otros”: un racismo suave (antropología del
diálogo), un racismo represivo de asimilación de los otros a si (antro-digestivo), la
destrucción del otro (genocidio) o un racismo de tolerancia, que permite el propio desarrollo
del “otro” pero de manera separada.
Cuando el racismo pretende homogeneizar a través de una asimilación al otro a si, se trata de
un racismo imperialista, colonialista o de asimilación. En tanto, cuando se trata de preservar
el hecho de la diferencia a través del rechazo de ésta, se trata de un racismo diferencialista o
mestizofóbico o de exclusión.
En cuanto a la heterofilia, el racismo se define como una afirmación absoluta de la
diferencia, la cual se naturaliza o la esencializa, sea ésta percibida o imaginada. Como
sucede en la esencialización, los caracteres atribuidos se condensan y endurecen a través del
tiempo, llegando a eternizarse los estereotipos asociados6 . La heterofilia presupone e insiste
en que las diferencias son, en tanto que tal, positivas. Este tipo de racismo se funda desde
6
ver también Larraín Modernidad, razón e identidad en América Latina. Ed. Andrés Bello, Santiago, Chile
1996; Identidad chilena, Ed. Lom, Santiago, Chile, 2000.
22
luego sobre la sacralización de la diferencia: la vida requiere de estas diferencias culturales
que le son naturales y que además le significan su sustentabilidad.
Dependiendo de los modos de formulación de racismo y, por ende, de la posición que adopte
el racismo, dependerá también la propuesta antirracista. Para Taguieff, cuando se formula la
heterofobia, el antirracismo lo discute desde la heterofilia, promulgando como slogan
antirracista principal la riqueza de la diferencia: la diversidad étnica y cultural de la
humanidad se presenta como un capital natural de todas las especies y es un tesoro
inalienable que a todo precio se debe defender. Además la tradición de las comunidades
tiene derecho a expresarse a través de la diferencia por lo que su deber es combatir el
universalismo imperial que visualiza la asimilación de todos los otros a sí.
Al contrario, si el racismo se define por la heterofilia, el antirracismo discute desde la
heterofobia proclamando principios universalistas que demandan la reivindicación de los
derechos de los hombres, por lo cual denuncian a los valores propios de la identidad
comunitaria “cerradas” como racistas, siendo su principal ideal la abolición de las
tradiciones “particularistas” en tanto obstáculos al progreso. (:16) Para Taguieff, este
antirracismo llega a desconfiar así de los principios objetivos de la diferencia que derivan en
suponer que las diferencias engendran desigualdades, que instauran las injusticias o en que
las diferencias engendran hostilidad. (:16)
Por lo tanto, se advierte que a pesar de todas estas discusiones se converge siempre hacia la
“heterofilia” o la “heterofobia”, lo cual toma por sentado al racismo diferencialista,
aceptándolo o reconociéndolo como base de la discusión. Es decir, el diferencialismo como
base de discusión aparece como legitimado.
Sin embargo, habrá que recordar que el elogio a la diferencia fue –especialmente durante la
etapa anterior- el razonamiento de fondo del antirracismo. Debido a sus inexactitudes
relacionadas con la desigualdad social, se advierte que en el tratamiento del racismo
adquiere preponderancia la Derecha. Los no- racistas se habían proclamado en la etapa
anterior por la mantención de la diversidad de culturas, descuidando las implicancias
individualistas y sociales reales del pluriculturalismo.
Dicho elogio a la diferencia, a las identidades colectivas y a la defensa de los derechos de los
pueblos se contradice con la simultánea exigencia de una mezcla interétnica, de un cruce de
las culturas (también denominado inter o transculturalidad), exigido mayormente por parte
de la izquierda. Para Taguieff existe finalmente un consenso, donde la Derecha y la
Izquierda política concuerdan en el tratamiento del racismo y antirracismo, dado que
coinciden finalmente en los valores y normas cuyo principio se basa sobre la igualdad en la
diferencia. Su critica se dirige hacia el antirracismo, incapaz de formularse de manera
autónoma porque se adapta y somete a las dos formas de racializacion de la Derecha las
cuales están centradas en la doble temática de la identidad y de la diferencia (:16).
Por ende, a pesar de mantener el racismo y la derecha una cierta continuidad, la izquierda y
su antirracismo se muestran contradictorios como también subordinados de la metodología
adoptada por la derecha. La dependencia del antirracismo se expresa en la incapacidad de
formularse de manera autónoma, coherente y consistente del enfoque derechista, otorgándole
23
así a la derecha expresamente el dominio sobre el tema. En otras palabras, la izquierda y el
antirracismo han olvidado sus contenidos y temas originales que la formaron y tampoco han
sabido adecuarlas a este nuevo contexto social.
Tal como se plantea la temática del racismo, ha adquirido relevancia el tema del mestizaje:
se discute implícita o explícitamente la mantención o la destrucción de la diversidad de
culturas y de sus identidades respectivas.
Según Taguieff, el rechazo de la mezcla se encuentra en los seguidores de Gobineau y
parece referirse principalmente al cruce de tipo biológico: “el mestizaje obtiene como
resultado una mediocrización fatal de la especie”. De este modo, existe detrás de esta
concepción un pesimismo radical, puesto que se concibe que las especies se degeneran y se
exterminan. Así, la extensión del mestizaje provocaría una extinción de la especie o una
regresión irreversible. (Taguieff:338) En otro intento de esquematización Taguieff distingue
a mixofóbicos absolutos, mixofóbicos moderados, los mestizo-adeptos incondicionales y los
mestizo-adeptos moderados: los primeros consideran al mestizaje como causa de
degeneración de la especie y de un retorno a la barbarie con efectos desastrosos ya sea en
términos cuantitativos o cualitativos. Los seguidores de este rechazo total de mestizaje no
reparan en hacer distinciones por lo que lo vinculan ya sea al mestizaje de clases sociales y/o
al de razas. Por un lado, aluden al dicho anglo-sajón de “empeorar a las grandes razas” y, por
otro, al “caos étnico” teórico.
Según el punto de vista de los mixo-fóbicos moderados se reconoce el aporte que contribuye
la sangre nueva como un gran avance para la nación. Esta además es una tesis realizada por
Gobineau en su “Essai sur l’inégalité des races humaines”., No obstante, visto desde
Europa, se prefiere un cruce entre los propios europeos. Y aunque “dios creó al hombre
blanco y dios creó al hombre negro, el diablo crea al mulato”. (Taguieff: 340,Wievorka:31)
En el lado opuesto nos encontramos con los partidarios al mestizaje: Los del caso extremo,
los adeptos incondicionales del mestizaje, aseguran que la amalgama de las mezclas de razas
no puede ser más que bienvenido. Y para los moderados, a pesar de existir un lado positivo,
habrá que considerar también el lado negativo del mestizaje. El mestizaje sólo debe
reproducir en su justa medida, debido a que cuando se producen en circunstancias
desfavorables en las cuales las diferencias que separan las razas son grandes acarrean
resultados peores. (Taguieff:339)
Precisamente existen varios supuestos doctrinales detrás que a modo siguiente se
mencionarán brevemente: primero, a cada raza corresponde a un tipo de ser humano que se
presume estable en el tiempo; segundo, se sostiene la existencia de tipos de seres humanos
superiores y tipos de seres humanos inferiores; tercero, se presume que a cada tipo de raza le
corresponde una cualidad específica de sangre; cuarto, alaba que el valor de una raza reside
en su pureza de la sangre y quinto, se evalúa al mestizaje o el cruce entre las razas como una
mezcla de sangre. De este modo, entiende que la procreación opera como una transfusión
sanguínea. Y como indicación final denota que a través de la mezcla se comete la
irreversible destrucción de la cualidad diferenciante de la sangre de la cual se lucra la raza
inferior. (Taguieff:340)
24
Para Balibar, esta obsesión con el mestizaje es necesaria para mantener la profilaxis.
(Balibar:38) A pesar de que Wievorka no lo llega a distinguir estos dos conceptos, denomina
a este tipo de racismo como un “racismo identitario”, siendo una de sus expresiones la
justificación de la acción (Wievorka:245) heterofóbica o heterofílica.
Tal como se mencionó anteriormente, el racismo diferencialista o identitario surgió en un
contexto social en el cual las desigualdades sociales ya no aparecen como significativas.
Debido a la supuesta igualdad entre las personas, se llega a elaborar –gracias también al
Estado- un proyecto de nación entendido como una unidad (Hobsbawm,1997) cultural y
física, lo que permite que se reafirme el valor de las “culturas” para posicionarse en defensa
de ellas. En el contexto europeo de inmigración, éste se hace además necesario para expresar
una “xenofobia nacional...para estar en contra de los extranjeros para afirmar “nuestro”
propio Estado y estar contra ellos excluyéndolos de “nuestro” Estado ya existente”.
(Hobsbawm,2000:176). En cambio, este efecto de centralidad de las culturas afectará más
tarde también a América Latina, observación que se analizará más adelante.
Así, ya se puede hablar de una política de identidad. Pero Hobsbawm sugiere tener cuidado
en el momento de seguir la corriente de la política de identidad por las implicancias que
tiene: actualmente, tanto la derecha como la izquierda tienen que cargar con la política de
identidad. Al mismo tiempo recuerda el distintivo histórico de la izquierda, para indagar
sobre sus principios actuales: rememora a los ideales que la guiaron durante el siglo anterior
para poder buscar la manera de distanciarse de la derecha. (Hobsbawm,2000: 114-125).
El aferramiento a una identidad única e incambiable, la cual forma la base de la política de
identidad, impide a la gente mantener y desarrollar sus identidades múltiples o combinadas a
la vez, aún cuando estas compatibilidades resultan naturales para la mayoría de los
individuos. De este modo, el pluriculturalismo se sujeta a diferencias e identidades de grupos
sociales que se detienen en el tiempo. Sin embargo, por diversos factores las identidades
colectivas se transforman en el tiempo, presentándose a modo siguiente brevemente a cuatro
de ellos.
Para conservarse en el tiempo las identidades colectivas necesariamente deben definirse
negativamente contra otros. (:115) Cada Ser se llega a definir a medida que se desarrolla su
No-ser. (Adorno:37) Esto es, cada identidad se desarrolla mientras se va precisando en su
no-identidad. Esto nos posibilita reconocernos como nosotros, en cuanto a un nosotros
diferente a ellos o diferente a los otros.
Así, en primer lugar la identidad colectiva se debe definir a un diferente a “ellos”, siendo
muy probable que no exista otra gran cosa en común excepto de no pertenecer a los “Otros”.
A pesar de haber algunas características en común, muchas identidades colectivas son
optativas, pero no necesariamente ineludibles. Debido a las rápidas y profundas
transformaciones de este siglo, la gente opta por pertenecer a un grupo de identidad, opción
que es una elección basada en la convicción. Aunque a todos les gustaría afirmar que son
grupos “naturales” y no socialmente construidos, la mayoría de los grupos de identidad no se
basan en similitudes o diferencias físicas objetivas. Pero por supuesto, todos los grupos
étnicos lo hacen. (:115)
25
En segundo lugar, se resalta por parte del autor, que las identidades no son únicas ni estables
ni están pegadas al cuerpo, pudiendo ser intercambiables o combinables de modo diverso.
Pero la política de identidad asume entre toda la diversidad de identidades a una que
determina o domina nuestra acción política o, como se ha visto anteriormente, la acción en
general. En la práctica es perfectamente posible y real combinar a varias identidades. En
cambio, bajo esta premisa de identidad única se toma como supuesto que si una persona
pertenece al movimiento gay deberá tratarse obviamente de una persona homosexual que
lucha por sus derechos.
En un tercer lugar, se sostiene por el autor que las identidades no son fijas, pudiéndose
cambiar más de una vez a lo largo de una vida si es necesario. Por ejemplo, grupos no
étnicos pueden volverse grupos con conciencia étnica o al revés, como sucedió con la Iglesia
Baptista Cristiana del sur durante el liderazgo de Martín Luther King y el IRA en la
República de Irlanda, respectivamente.
En el cuarto lugar, hay que señalar que la identidad depende del contexto, existiendo la
posibilidad de que éste también cambie significativamente. Aquello resulta de suma
importancia, si se tiene en cuenta las transformaciones internas de los países y del mundo en
general durante el siglo xx. (Hobsbawm,117-119)
Por lo tanto se desprende que es absurdo insistir en una identidad fija, tal como sostiene la
política de identidad. El mismo avance de la vida significa adoptar cambios, especialmente si
se consideran en términos personales (la edad) y sociales (por el trabajo, la familia etc).
Con respecto al origen de la política de identidad y su relación con la izquierda, Hobsbawm
recuerda que para esta última los grupos de identidad no eran fundamentales. Su objetivo
residió en perseguir a las grandes causas universales de justicia e igualdad social.
Recordemos que el proyecto político de la izquierda era universalista, se definía por dirigirse
a todos los seres humanos. En cambio la política de identidad demanda objetivos específicos
para un grupo y sólo se dirige a los miembros de ese grupo específico. Esto se hace más
evidente en el caso de los movimientos étnicos o nacionalistas. No obstante, la izquierda no
puede basarse en la política de identidad.
Las diversas alianzas y coaliciones de grupos sociales creadas a fines del siglo xix se
mantenían unidos porque creían que a través de las causas universales se verían realizados
sus objetivos particulares, ya fuera a través de la democracia, la república, el socialismo, el
comunismo o lo que sea. Estas transformaciones debían realizarse en conjunto con los
trabajadores porque eran vistos como el vehículo histórico necesario para transformar la
sociedad. Es decir, la clase obrera era un actor imprescindible en la lucha por la justicia e
igualdad social. (Hobsbawm,119-120)
A pesar de ser esta poca coalición de intereses o grupos minoritarios de la izquierda es una
tendencia comprensible pero peligrosa, trata a los grupos de identidad referente a sí mismos
olvidándose de los objetivos y valores genéricos. Esta lucha por objetivos particulares se
entiende por el ocaso de los grandes eslóganes universalistas, principalmente pertenecientes
a la izquierda; su ocaso la ha dejado actualmente sin recursos para formular de manera clara
un interés común. La peligrosidad de la política de identidad consiste en poseer sólo una
26
unidad ad hoc dado que abraza la meta de alcanzar sus objetivos en determinados contextos,
habitualmente expresado en la lucha por algún derecho. (Hobsbawm, 121-122).
Concluiremos por ahora que durante esta etapa hubo una modificación conceptual
significativa en el tema de racismo, porque que en vez del término de raza se adopta el
término de etnia. Y a pesar de que se etnitizan etnias, las etnias también se etnitizan. Además
de existir una designación desde fuera, los propios individuos buscan reafirmarse en grupos
de identidad que no cambian en el tiempo.
Sería por lo tanto válido hablar de etnia? Estimamos que en ciertos contextos sociales se
puede hablar de etnias, dado que existen grupos que se reafirman en características sociales e
intentan mantenerlas constantes en el tiempo. Pero habrá que advertir, que cuando se habla
de etnia se esconde la posible organización o divisiones sociales al interior del grupo
etnizado. Un requisito de las etnias es que el propio individuo se sienta partícipe de ésta
aunque no existen características únicas válidas para todos los miembros de la etnia. La
abstracción de las características de la etnia no es igual para todos sus integrantes. Éstas
varían en la propia etnia según edad, sexo, el lugar en la estructura social global y su
ubicación geográfica/local etc.
El olvido de estas diferenciantes es obrado externa o internamente, pero coinciden
básicamente en que se refieren a un grupo con identidad colectiva. También se puede hablar
de etnia cuando los mismos individuos sienten la voluntad de denominarse como parte de
una etnia que busca una fijación, homogeneneidad, una constante o un continuo cultural que
se diferencia de un otros. La movilización de las etnias en términos políticos la mueve hacia
objetivos socioculturales particulares para ella misma. Su conservación cultural se transmite
a través de tradiciones cuyo reforzamiento o invención dependen del contexto social en que
nacen y se desarrollan (Hobsbawm, 2002), contexto de una significación enorme (valga la
redundancia) si recordamos que es la base para fijar la diferenciación del grupo del resto y
otorgarle una homogeneidad e identidad.
La adscripción a la etnia le otorga a este grupo conservador su flexibilidad, puesto que la
valoración que tienen los individuos de la etnia puede variar a lo largo de sus vidas, influido
por las dinámicas del contexto social. Así se explica, que en determinados contextos el
número de miembros de un grupo étnico aumenta o disminuye, debiéndose conocer los
factores sociales que influyen en su variación. Las diferencias elegidas para definir la
diferencia con los “otros”, varían de etnia a etnia. No todas las etnias se componen por las
mismas diferencias culturales, aún en un mismo contexto social. Y por tanto, a pesar de
perseguir la etnia una estática o constante cultural, es en sí misma una variable que se
representa a través de su inestabilidad numérica o una tradición rescatada, lo cual le otorga
movimiento y dinamismo. La inestabilidad numérica impide denominarla como mayoría o
minoría; asimismo, tampoco es la tradición que permite determinarla como etnia. Por eso
hay pocas posibilidades de aprehender metodológicamente la variable etnia o etnicidad,
coincidiendo con Hobsbawm en afirmar que finalmente etnia es “lo que quiera que esto sea”.
(Hobsbawm, 2000:178)
Así creemos poder responder a la interrogante de qué se habla cuando se habla de raza o
etnia en términos de categorías básicas y medibles: ¿Se conforma una etnia por la religión,
27
los colores de piel, los nombres, por su lengua etc., etc.? Recordemos que raza y etnia son
difusas al querer aplicarles a todos los grupos categorías distintivas similares, con lo cual se
exhibe su rasgo impreciso originario y que impide limitar de manera adecuada a una etnia
como una categoría cultural o social válida universalmente. Esta diferencia y diversidad se
muestra al intentar aprehender el problema, debido a que la inexactitud impide responder a la
pregunta de cómo operacionalizar la variable etnia. ¿Cuáles son las propiedades culturales
generales que se deben escoger para definir una etnia? Es decir, ¿cuál es la unidad de análisis
básica a que se le aplica esta diferencia? ¿Son palestinos e israelíes dos etnias distintas? Si se
busca la base étnica en la religión, lo cierto es que hay que recordar que no todos los
palestinos son musulmanes, incluso Beitjala y Ramallah, ciudades claves en el conflicto
palestino-israelí, se caracterizan por su alta proporción de habitantes de creencia cristiana. Y
siguiendo con aquella variable, ¿serían, por ejemplo, el cantante inglés Cat Stevens, el
boxeador estadounidense Mohamed Ali y el empresario saudí Osama Bin Laden de la misma
etnia? Si se considera a la etnia en base a una categoría única, en este caso la religión,
debieran existir a nivel mundial tres grandes etnias, dado que existen tres religiones basadas
en el monoteísmo, lo cual crearía un grave problema en América Latina. Ya vimos que
depende del contexto social. Pero existirá una categoría general?
Indagando y concluyendo esta etapa, podemos también resaltar otra relevancia que reside en
que haber logrado desvelar o descifrar los objetivos del racismo: a través del racismo y la
etnización se intenta desplazar el objetivo de la desigualdad social hacia las diferencias
culturales de los grupos humanos, diferencias que no desisten del cambio social. En otros
términos se desvían los problemas sociales desde lo social a lo cultural. Por eso se entiende
que estos principios no estén liderados por Izquierda sino que por la Derecha.
Obviamente, hay que señalar una vez más, que esto se adecua a las transformaciones
sociales de la época pos-guerra de algunos países ya que en un momento se pensó haber
logrado (casi) la igualdad social (confundida parece con la igualdad material). Pero también
muestra la insostenibilidad de este enfoque en momentos en que no sólo la brecha social está
aumentando significativamente también en los países europeos sino cuando además la
globalización exhibe su dinamismo y cambia los contextos sociales lo que hace absurdo,
pero explicable, querer fijar y adherir a los grupos sociales a una estática.
Veremos qué es lo que nos aporta la escuela de la Construcción social al respecto.
3. La Escuela de la Construcción Social
La escuela de la construcción social ha tenido una relevancia creciente en la sociología sobre
la cuestión del racismo, especialmente a partir de mediados de los años noventa. Por eso nos
detendremos en una revisión de esta teoría que ha estado relacionada también a otras
temáticas de la “dominación” y de “discriminación”, como el de las mujeres, de los
homosexuales, de los discapacitados y de otros grupos que según ella pueden considerarse
histórica y permanentemente discriminados por la dominación.
Por otra parte, su enfoque tiene la intención de demostrar que la naturalización de las
diferencias no es natural, sino que ésta se construye durante la historia siendo de este modo
28
un proceso social7 . Se basa en que en la naturaleza todos los seres humanos son iguales y
que sus propiedades le son progresivamente asignadas durante la historia. Es decir, se parte
de un análisis histórico, intentando mostrar que las diferencias llegan a naturalizar o
adscribirse al grupo dominado. Su problema consiste en saber qué es lo determinante en el
comportamiento humano, si es lo biológico o lo sociocultural.(Moore, 1991,Hundt,1999)
Así, sostiene que en el caso de la diferencia de sexo la identidad es asignada y socialmente
construida, queriendo identificar lo común en todas culturas ya que todas ellas subordinan a
las mujeres sin excepción. Las características naturales y atribuidas a las féminas se deben a
una construcción social porque a estas supuestas propiedades femeninas no son legitimadas
por parte de las investigaciones científicas y biológicas. Por lo tanto, se preocupa más bien
de las mujeres y sus propiedades, señalando que éstas son en realidad de igual capacidad que
la de los hombres por lo que en vez de sexo se debe hablar de género. (Moore, 1991).
No obstante, su problema principal radica en que parte desde la base que todas las mujeres
sienten lo mismo porque históricamente se fueron construyendo sus características. En
relación al problema de la etnia ocurre algo similar que con el sexo y el género. Es decir, a
las razas se le atribuyen características naturales, pero debido a que las propiedades de éstas
son adscritas y, por ende, son socialmente construidas. Por tanto, se insiste por parte de esta
escuela de que en términos sociológicos exactos solamente se podría hablar de etnias, cuyas
características les fueron asignadas a través tiempo.
Pero una revisión exacta merece hacer también otro alcance: sostener que a través de la
historia todas las mujeres fueron y son dominadas no concuerda con la realidad social. En el
caso de los homosexuales se vuelve aún más evidente, ya que la dominación sobre éstos
tampoco ha sido continua en la historia. Incluso niños y discapacitados han estado entre
deidades, dominadores y han sido admirados en algún momento por su propiedad como tal,
lo cual afirma que la dominación no ha sido continua en las clasificaciones culturalmente
cada vez más disociadas o “afinadas” de dicha escuela. No sabemos a qué tipo de
dominación se refiere, ya que a una dominación como la descrita carece de consistencia
histórica, cultural o social8 .
Además la Escuela de la Construcción Social se centra en la búsqueda de propiedades de los
grupos sociales o culturales, buscando su flexibilización, discusión que se llevó a cabo ya
anteriormente. Esto significa que continúa con el método de clasificación de propiedades,
centrándose también en la búsqueda de las razones por las cuales éstas se clasifican.
(Adorno,1975) Por tanto, dicha Escuela continúa con las clasificaciones arbitrarias de la
sociología positivista.
Sin embargo, la particularidad de la construcción social reside en que cree luchar contra la
naturalización de las diferencias, pero a través del uso de su terminología finalmente vuelve
o confirma lo que pretende criticar: las propiedades o características de los grupos sociales.
Esto se constata justamente en su contradicción en cuanto a la negación de las razas y en la
afirmación de la existencia de las etnias. Ya se ha mencionado anteriormente las
7
8
Ver Bourdieu, P: “La dominación masculina”. Editorial Anagrama, España, año 2000.
Se advierte, que dicha Escuela confunde división de trabajo con dominación.
29
implicancias de la “etnia”, concepto que racializa aún más que la raza misma. Y a pesar de
insistir en este concepto, - en el que, como ya vimos anteriormente, insisten los propios
individuos que componen una etnia- no es capaz de comprender que no se trata de
capacidades culturales, psicológicas etc. sino de algo que también hemos mencionado
anteriormente: que a través de la etnización se desplaza el objetivo de superar la desigualdad
social hacia diferencias que relegan el cambio social.9
Por lo mismo, también se basa en el plano dual e ideológico cartesiano del “pienso, luego
existo”. En otros términos en “creo que hay razas y por tanto las razas existen”, aunque hay
que advertir que esta formulación adquiere en ella un refuerzo social al formularse desde la
sociología como “nuestra sociedad piensa que las razas (mujeres) existen, pero no son las
razas que existen, sino las etnias (los géneros)”.
Lo significativo de esta escuela es que en sus análisis de las razas logra otorgarle
importancia significativa a las variaciones de la denominación externa o institucional,
referida en la actualidad generalmente a la aplicada por el Estado respectivo. Así, le interesa
describir a las variaciones en las propiedades adscritas que sufre una misma persona de un
Estado a otro. A pesar de resaltar el carácter social de las razas, pasa por alto advertir lo
relevante de estas descripciones: por un lado, es el Estado que obliga a definir la
clasificación racial de un individuo con lo cual éste esquiva certificar la clasificación y
posición social, pero es el sujeto que en última instancia decide cómo clasificarse. Pero por
lado, se obvia la pregunta del “porqué” el estado clasifica de este modo a la sociedad. El
estado, debido al desarrollo histórico, tiene dada por supuesto dicho lugar, especialmente por
la etapa anterior a la formación estatal, incluso en el caso chileno-En otros términos, a esta escuela solamente le interesa describir los cambios del contexto
cultural-estatal en torno al cual se tiene que definir una persona, cambios para ella
significativos para visualizar la transformación de las características adscritas desde afuera.
Así, según su paradero, una misma persona puede ser negra o blanca en EEUU, Sudáfrica o
Brasil, dependiendo de cómo se define la “gota” de sangre negra. En Estados Unidos el
“descent rule” es contrario a las reglas de Sudáfrica o Brasil, dado que en el primero, se
acepta una distinción en relación a los blancos, por lo cual las personas “con gota negra” se
definen como negras, en cambio en Sudáfrica se sería un cape coloureds y en Brasil la gota
blanca sobra para ser considerado blanco. (Harris,1964)
Por ende, la construcción social “sólo puede especular sobre cómo flexibilizar los límites del
sistema linneano, especulación que lleva a legitimar dicho sistema y a tomarlo por sentado”
(Adorno,75:32), lo que tiene consecuencias en su formulación supuestamente crítica a la
naturalización de las características. Pero por otro lado, establece a las razas y etnias como
categoría social de diferencias sociales, lo cual es bastante peligroso, porque el concepto de
etnia se refuerza ahora legítimamente por parte de la sociología, impidiendo los posibles
9
A pesar de que ser posible realizar estudios que analizan las propiedades de los sexos y su flexibilidad en los
géneros, no creemos que las categorías, tal como son elegidas por la teoría de la construcción social son las
relevantes en términos sociales ni concluyentes en términos generales. Es decir, no se trata de indagar en las
mujeres y hombres como categorías universales y buscar en base a estas categorías propiedades generales.
30
cambios futuros10 . En resumen, esta escuela destruye todas las elaboraciones o avances
anteriores porque al final quiere convencer y refuerza de un modo supuestamente
sociológico que las razas o las etnias no cambian porque sus propiedades han sido
construidas socialmente.
Asimismo, habrá que recordar que esta corriente surge influida o incluso es producto de la
sociología del conocimiento y que su denominación misma cree que las ideas se construyen
a través del consenso en el seno de una sociedad global, expresado a través de su famoso
concepto de “construcción social”. Esta aseveración principal de una “construcción social de
la dominación” se contradice por sí mismo, ya que la construcción no se realiza por el
conjunto de toda la sociedad (Adorno,75:31).
Rescataremos de esta escuela la relevancia que tiene el Estado en definir a los individuos y
con ello las etnias, relevancia que se aprecia también en Chile, formulada explícitamente en
1993.
Hasta ahora en lo que respecta al racismo nos hemos atenido a una revisión relacionada con
la Begriffsgeschichte, la historia de los cambios del significado de los conceptos. Esto
debido a la que un concepto es simplemente irreducible a una definición porque contiene un
proceso histórico y social. (Adorno, 79:9, Hobsbawm,91:27) Así se deben entender también
las transformaciones del concepto de “racismo” y su reciente lento declive ante su creciente
reemplazo del concepto “etnias” tienen como fin fijar elementos y comportamientos para el
futuro, es decir, tienen una fijación insostenible en el tiempo y espacio, ya que hoy más que
nunca es complicado describir a las diferencias como estáticas en el transcurso temporal,
especialmente durante este periodo de globalización cultural y de “mestizaje” físico.
4. El racismo en América Latina
En América Latina el problema de razas ha tenido la particularidad de relacionarse con el
problema de las clases sociales. El problema de razas aparece cuando se detiene en el
análisis de las características de su estructura social o de su identidad. La relevancia del
problema de razas radica en que está estrechamente encadenado con el modo de formación
de las sociedades latinoamericanas, ocupando cada una de las razas un lugar específico en la
estratificación social y, específicamente, con las clases sociales: así, la raza de los españoles
se ubicó durante la Conquista y la Colonia en los estratos superiores, la raza de los indígenas
y la raza de los negros se posicionaron en los estratos inferiores, quedando la raza “mestiza”
y los “inmigrantes” en los estratos medios. De este modo, se perciben tres razas originales
(indígenas, negros y españoles e inmigrantes), siendo los mestizos el producto resultante del
mestizaje, es decir, del cruce entre ellos. Así se adopta como terminología apropiada para
nuestra realidad el “sistema de estratificación tipo colonial” (Rex,78:21). A partir de esta
base se trabaja sobre la realidad latinoamericana, ya sea en sus concepciones teóricas o
empíricas.
10
Ver op.cit. Bourdieu, Hundt, Harris
31
Alejandro Lipschutz denomina esta estratificación la “ley de espectro de los colores
raciales” donde la escala de colores raciales (desde el blanco al indio) corresponderá muy
pronto a toda una escala de funciones sociales rigiendo toda organización económica y social
de la colonia: el blanco es el señor, el indio el dependiente o peón, y el mestizo de los más
diversos matices llena las funciones sociales intermedias entre el señor y el peón.
(Lipschutz:257)
Pero una relación estrecha de las razas tal cual se realiza a través de aquella descripción
significaría que cada clase social obraría como una casta india: un rígido orden jerárquico, de
diferencias tajantes y relaciones institucionalizadas entre sí y la mínima o inexistente
movilidad individual. (Chinoy:173) A pesar de mantenerse esta estructura de manera general
en el tiempo, deniega de las variaciones al interior de cada “estamento”. Los mestizos son la
demostración que las clases sociales latinoamericanos no operan como una casta.
En nuestro país –como también en muchos otros países de América Latina- estos cambios y
productos son esenciales y no sólo un producto marginal o superfluos. Dicho de otro modo,
a pesar de que esta estructura social coincide hoy con la impuesta en los tiempos de la
colonia, existe una gran diversidad social que no se ajusta a este molde que relaciona a clase
y raza.
Para el sociólogo francés Roger Bastide esta relación de clase y raza es un prejuicio de
color. Haremos un breve paréntesis antes de describir a este tipo de prejuicio, para
mencionar en su investigación sobre el racismo en Brasil, el autor reúne la teoría económica
y la teoría psicoanalítica. Bastide recurre a la primera para identificar las razones por las que
un grupo se convierte en destinatario del racismo y emplea al psicoanálisis para poder
identificar el carácter del racismo que en Brasil no se expresa abiertamente. Este último,
como un conocimiento lúcido, permitirá extirpar al racismo, “debido a que todos tenemos
prejuicios (y así) debemos... renovar incesantemente nuestra autocrítica”. (70:19)
Para el autor, el prejuicio es un conjunto de sentimientos, de juicios y, naturalmente, de
actitudes individuales que provocan o favorecen medidas de discriminación. (70:10-16) Aún
cuando los prejuicios se manifiestan a través del individuo, se entiende que para Bastide
cada individuo es un individuo social y no un sujeto abstracto (Adorno,75:96): los
individuos son objetos de los procesos sociales que a su vez se componen de individuos.
(Adorno, 00:180)
Para Bastide existen varios tipos de prejuicio: el prejuicio de color, el prejuicio de raza, el
prejuicio de clase y el prejuicio cultural. Como lo hemos mencionado tangencialmente más
arriba, el prejuicio de color, consiste en la idea de creer que cuanto más negro es alguien,
mayores posibilidades habrá de que sea un proletario y pertenezca a las capas bajas de la
población, que le falte educación y, sobre todo, que sea pobre. Este tipo de discriminación
recae en Brasil sobre los negros más oscuros y, tal como en ese país, en varios países
latinoamericanos no se manifiesta abiertamente ni ante ellos ni ante el resto (“vuelva
mañana”) siendo bastante hipócrita. (Bastide:33)
Por otro lado, destaca que ya en los años sesenta Bastide haga referencia al prejuicio de raza,
que se expresa de manera especial pero no única en el sur de EEUU y en las repúblicas en el
32
sur de África. Así, las “razas sociológicas” serían aquellos grupos de los cuales se presume
que poseen atributos biológicos comunes o un origen genético diferente. No obstante, su
extensión y definición varían de un país a otro, lo cual pone cabalmente de relieve su
carácter sociológico y no biológico. Este tipo de prejuicio es muy fuerte y se manifiesta en
medidas institucionales, donde las leyes siguen la misma dirección que las costumbres.
(70:34)
El tercer tipo de prejuicio es el de clase. Éste se encuentra en todos los países donde existen
clases sociales y se expresa, por ejemplo, en la poca alegría que tendrá un burgués al saber
que su hija se casa con un proletario o en evitar sentarse al lado de un obrero en el metro.
Pero en las sociedades de los países de América Latina el prejuicio racial adopta muy a
menudo la forma del prejuicio de clase puesto que la división por clases corresponde en
general a la división por etnias o por razas. Debido a esto, los prejuicios asumirán acá, por
ejemplo, la forma de prejuicios de la clase blanca contra la clase de los intermedios, de los
mestizos o ladinos contra los indígenas “salvajes”, como también de los mulatos contra los
negros. Su relación estrecha con el prejuicio de color se debe a que de antemano se piensa
que un negro o un indio pertenecen a la clase baja. En caso de no pertenecer a ella siempre
se deberá comprobar de no formar parte de la clase inferior. Esta prueba se realiza en virtud
de su instrucción o de su riqueza, por lo cual en varios países (como Brasil, Ecuador y
EEUU) se dice que “el dinero blanquea” o un negro rico es blanco. (Bastide,70:18-20) El
autor sostiene que el prejuicio de color es, en América del Sur, más un prejuicio de clase que
un prejuicio de raza. (:41) El prejuicio de clase corresponde a lo que podríamos denominar
como una expresión de clasismo, al cual haremos referencia más abajo.
Por último, Bastide define al prejuicio de carácter cultural y de carácter similar al de los
misioneros. Roger Bastide critica su país origen, porque siendo Francia el país de Descartes
y de Voltaire, piensa también que es un país donde la civilización y la cultura occidental
europea son superiores a las otras civilizaciones y otras culturas. Por eso quiere “llevar a
nuestra civilización a todos los pueblos de la tierra (para) “asimilarlos”. (Bastide,70:19-21)
En este sentido, adelanta lo que Taguieff ha denominado posteriormente como el racismo de
asimilación y colonizador.
Para Bastide, el racismo siempre procura justificar la separación, la segregación y la
explotación. Por eso, el prejuicio se presenta siempre como el acto de defensa de un grupo
dominante frente al grupo dominado o como justificativo de la explotación. Pero la
inferioridad del indio no se plantea en términos dramáticos, sino que el blanco asume una
actitud paternalista, protectora y amistosa en relación con la mayoría sometida.
(Bastide,70:48) Y en ciertas sociedades la inclusión ocurre en conjunto con un proceso de
asimilación donde un pueblo opresor aporta y el pueblo oprimido reniega de su identidad.
(:24) En otras palabras, para Bastide en América Latina la asimilación es propia del proceso
de integración, lo cual significa que se impone por parte de los grupos dominantes una
identidad obligando al dominado adoptar ciertas características de ésta, lo cual obviamente
no puede ocurrir sin que esta última pueda mostrar en algunas circunstancias cierta
resistencia, ya sea de tipo manifiesta o no.
Buscando una comprensión desde y para América Latina, habrá que mencionar además a dos
estudiosos de la psicología social: Jorge Gissi y Maritza Montero. Ellos también emplean
33
teorías socio-económicas y psicosociales para entender nuestra realidad. Mencionaremos
ambos porque tienen relación con nuestra temática central referida a nuestro contexto.
Maritza Montero presenta una investigación sobre la identidad nacional venezolana como un
fenómeno psicosocial desde un enfoque de la teoría de la dependencia. Ella recurre a la
psicología social porque estima que así puede estudiar al individuo en relación con el grupo
en cuyo seno habita y con la sociedad que lo rodea.(18) Según la autora existen
circunstancias económicas, políticas, sociales y culturales que colocan a grupos en
situaciones alienantes. Por la carencia de poder y de control se les asigna una identidad
negativa producto de una ideología de los grupos dominantes que no sólo definen las reglas
y las condiciones, sino que además determinan qué y quiénes serán incluidos, así como
aquello y aquellos que serán excluidos. Como consecuencia, los sujetos identificados
negativamente asumen alienadamente su imagen, que pueden aceptar y asumir o rechazar
constantemente. (80-81)
Con relación a Venezuela, se entiende su identidad nacional como la representación social
del ser venezolano y es expresada en la imagen que posee de sí mismo como grupo humano
(84:16). La autora concluye que los venezolanos tienen en determinados periodos históricos
una autoimagen seudopositiva, explícitamente negativa o implícitamente negativa,
respectivamente. Varias características, negativas o positivas, y descritas actualmente como
propias de los venezolanos han sido mencionadas continuamente como propias de la
identidad nacional a través de la historia. Lo relevante para nosotros es el hecho de que
algunas de estas propiedades llegan a ser mencionadas como producto de la herencia de
ciertas razas. Sin embargo, las razas no constituyen los únicos factores de la identidad
nacional ya que como causas se mencionan también por parte de los venezolanos el medio
geográfico, el sistema educativo y sus defectos, y las condiciones económicas y
sociopolíticas. (:70) Para Montero, esta ideología construye una imagen nacional que se
superpone a toda otra imagen ocultando las causas, denigrando los rasgos culturales locales.
Es un modo de aprehender la realidad y de relacionarse con ella, pero no corresponde a la
visualización de la realidad local. (Montero,70:54-55-91)
Similar a los dos autores anteriores, Jorge Gissi sostiene que habrá que asumir la historia, lo
cual no significa sólo en términos del pasado sino también en la elaboración de un
diagnóstico del presente. Asumir significa verse como es, esto es “ser mezclado racial y
culturalmente” aún cuando hay variaciones según región y estados. (1987:43). “América
Latina no quiere verse a sí misma como lo que es: un continente predominantemente mestizo
y mulato. Se desarrolla una transformación psico-social, en que para los indígenas y los
mestizos se inicia “un proceso en que se valora lo europeo y blanco, porque es ‘fuerte’ y
‘desarrollado’, ‘educado’ y dominante” (:39-41), aún cuando el blanco manifiesta
históricamente su violencia en los robos, en la destrucción de sus elementos (artísticos)
culturales y la prohibición de sus ritos”. Por otro lado, “por parte de las clases media y altas
urbanas aún se considera a nivel oficial que los indígenas y negros son “unos pocos”. No se
quiere ver a los no blancos porque son pobres y a los pobres no se los asume porque son en
general no blancos. ...las clases dominantes blancas se autoconsideran europeas y
norteamericanizadas, apareciendo así un etnocentrismo euronorteamericanizante alienado,
esto es ajeno a sus países, pueblos y culturas, ajeno a la América Latina”. (1987:46)
34
Aún cuando el autor no descarta la pureza de los blancos de la clase dominante ni el
mestizaje solamente llevado a cabo entre los “otros” o los pobres (indígenas, negros) es
rescatable que Gissi denuncia un mestizaje no asumido, ya sea como propio (“de la clase
dominante”), ni mayoritario.
Con respecto a Chile menciona la pretensión de una cualidad nacional fantaseada de “pureza
de la raza”, para lo cual cita a un “aristócrata” que insiste en que “la separación entre
españoles y araucanos produjo la integridad originaria con la que las razas se mantuvieron en
Chile, la falta de mestizaje y, por lo mismo, la característica de nuestra superioridad étnica.
Indígenas y españoles daban un producto degenerado, toda esa arrastrada población de
mulatos y cuarterones”. (1987:47)
Así no sólo el carácter de indio sino también de mestizo pasó a ser despreciable en
Latinoamérica. Gissi afirma que los “racistas de todos los países pasaron a identificar
inferioridad racial con inferioridad social, correlación que valía para los indígenas y negros”
haciéndose clasismo y racismo crónicos desde 1500 en adelante, reforzándose en diferentes
instituciones y aspectos de la estructura social. Dada esta situación de discriminación social
y racial juntas, se entiende que habrá una mejor autoimagen mientras más blanco se sea.
(1987:47)
Desde la colonización de América Latina, es posible evidenciar la constante subordinación
hacia lo europeo o civilizado, como referente para construir la totalidad de las esferas en el
ámbito local. El racismo de los conquistadores y luego de las elites oligárquicas se
constituyó en clasismo “la tesis de correlación razas-clases es central para América Latina en
general, lo que ha provocado en nuestros países que la mayoría de los blancos van a ser no –
pobres, y la mayoría de los pobres no serán blancos puros. Los rasgos antropofísicos se han
mezclado con símbolos de status socioeconómicos y con rasgos sociolingüísticos”, en los
cuales “el racismo y clasismo se refuerzan en diferentes instituciones y aspectos de la
estructura social latinoamericana”. (87:50)
Según nuestro juicio destaca la siguiente afirmación de Gissi: En América Latina la excesiva
insistencia en las razas, identificadas con ciertas características, impide imaginar la justicia
social y fomenta al individualismo. Según el autor “la influencia social es también influencia
racial en cuanto a la relación de dominación y superioridad e inferioridad míticas. La
inferioridad social se la lee como inferioridad racial, psicológica y moral, con toda una carga
de connotaciones y prejuicios que permiten a las clases dominantes, generalmente blancas,
legitimar su dominación. Por otra parte, al atribuir a la raza deficiencias psíquicas y/o éticas
en la situación socio-económicas de los pobres, la ideología hegemónica invierte la realidad
de las relaciones causales y fomenta una concepción de las clases y el poder autoritario
centrada en psicologismo, en la inmóvil naturaleza o en el justo orden de los méritos.
Simultáneamente no se percibe la sociedad de clases como injusta, discriminante y
prejuiciada, sino como efecto del uso que se haga de la libertad individual.” (87:50)
En otros términos, lo que acá se señala es que la dominación implica también una hegemonía
de las clases dominantes sobre las clases dominadas a través de su poder de absorción a
lógica de la primera, ya sea de tipo material o ideal (en términos ideológicos). No obstante,
esto se presenta como coerción: "Lo no- idéntico es coacción." (Adorno:73:12) Las
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contradicciones se expresan al momento en que el explotado adopte una conciencia de su
explotación, que puede expresar en su rechazo. Por contrario, su sumisión o aceptación de
asimilación expresaría un desfase con su la realidad vivida, en que existen ciertos y
esenciales impedimentos -ya sea materiales, físicos o culturales- para llevar lo impuesto a
cabo de manera coherente. De este modo "hay una continua interacción entre esencia y
apariencia" (Adorno,2000:39).
Así, coinciden Roger Bastide, Maritza Montero y Jorge Gissi no sólo en el enfoque que se
sirven para estudiar al racismo y la dominación (psicología social y teoría económica de la
explotación) en América Latina sino también en algunas conclusiones generales: primero, el
racismo legitima la explotación y la dominación, segundo, el grupo explotado y dominado
intenta asimilar su propia identidad a la de los grupos explotadores o dominantes, lo cual
puede producir la asimilación o el rechazo de los primeros. Tercero, el grupo explotador y
dominante insistirá en la existencia de ciertas características atribuidas a las razas, que
impedirían modificar su constitución actual. En todos los autores se confiere además una
centralidad fundamental a la época de la Colonia en el tipo de conformación de las actuales
sociedades.
Para poder realizar un análisis sobre la realidad chilena, es necesario detenernos brevemente
en la revisión conceptual del mestizaje. Que se entiende por mestizaje?
Sin lugar a dudas, existen tres grandes grupos humanos que participan en el desarrollo de
Latinoamérica: indígenas o indios, habitantes del continente antes de la llegada de Colón en
que vivimos actualmente, europeos, habitantes que llegaron del continente europeo después
de Colón, siendo éstos principalmente aunque no exclusivamente luso-españoles, y
africanos, habitantes del continente africano generalmente del área del sub Sahara y
masivamente trasladados a partir de la primera década del siglo xvi. Y a pesar de ser iguales,
son distintos. Y es en esta diferencia, es decir, en el anterior diferente proceso histórico en el
que se cimienta el ahí iniciado desarrollo conjunto de una sociedad.
Enfatizando lo uno o lo otro, existen interpretaciones de corrientes hispánica, indígena o
afrolatina respectivamente. No obstante, también existen corrientes que se fundan en el
mestizaje y la cual se incluye en la discusión porque se descubre la particularidad de
América Latina.
En el diccionario de la Real Academia dice que mezclar proviene del latín misculare, que le
dio origen al mesclar. Mesclar se refiere a “calumniar, atribuir falsamente a alguien algo
deshonroso”. (RAE,2001:1012-1013) En tanto, mezclar, se refiere a “juntar algo con una
cosa confundiéndolos; alterar el orden de las cosas, desordenarlas” y “meter a alguien en
algo que no le incumbe”. Antiguamente, el mezclar era mesclar significando “enredar, poner
división y enemistad entre las personas con chismes y cuentos”., (RAE,2001:1017)
Otra palabra, pero del latín tardío, mixticius se refiere a mestizo y se refiere a una “persona,
nacida de padre y madre de raza diferente, en especial de hombre blanco e indio, o de indio y
mujer blanca”. Pero también nos encontramos que en relación a mestizaje no se menciona
ningún origen etimológico, aunque se explicita que se refiere al “cruzamiento de razas
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diferentes, el conjunto de individuos que resultan de este cruzamiento” y “la mezcla de
culturas distintas, que da origen a una nueva”. (RAE,2001:1013)
Hay entonces en estas palabras algunas nociones que aclaran el tiempo y el contexto social.
No obstante, los teóricos enfatizan principalmente tres tipos de mestizaje: el mestizaje
cultural, el mestizaje religioso (visto como dimensión aparte) y el mestizaje biológico.
Así, destaca la tesis del mestizaje cultural elaborada por parte del venezolano Arturo Uslar
Pietri, el cual menciona al mestizaje biológico y al mestizaje cultural. El primero, referido a
la mezcla de sangre, es desacreditado en América Latina debido al racismo europeo. El
segundo le ha dado en el siglo xx al mestizaje un sesgo más positivo como también una
capacidad creativa. Como se resalta a este autor por Larraín, “lo mestizo, lo impuro, la
capacidad de absorber y abarcar los contrarios, es una de las características que más marcan
en lo hispanoamericano”. Desde la conquista se produjo no sólo un proceso de mestizaje de
tipo biológico, sino también de tipo cultural dado que los conquistadores y colonizadores se
convirtieron en “indígenas”.
Pietri enfatiza que la identidad latinoamericana es mestiza aunque los latinoamericanos no
tengan conciencia de ello o se crean de otra identidad lo cual ha llevado a que los
latinoamericanos se aparten de su rica y propia realidad cultural (Larraín,2000:65). Pero
debido a la evolución histórica resulta evidente que poseemos la identidad mestiza y que
somos mestizos. Por a la dificultad de asumir este mestizaje, se expone su carácter
conflictivo o dramático en nuestra identidad, ya que los elementos que componen el
mestizaje cultural no sólo son disímiles sino también contradictorios. (ver en Larraín,
2000:65-66)
Destaca entonces que este autor coincide con Montero y Gissi cuando alude a la falsa
conciencia, que se resume entonces como la apreciación de una apariencia, de admirar algo
que no se es, rechazando o siendo indiferente ante lo que se es. Además de describirse como
una negación de la composición de la realidad social, significa también su aprehensión según
la terminología de la clase explotadora o dominante.
Según Bastide, esta falsa conciencia incluso se expresó en el hasta hace algunos años muy
criticado mestizaje biológico. Este autor se dedica detenidamente en investigar el mestizaje
de tipo sexual, superando de esta manera lo netamente biológico11 . Según el autor, el
principal motivo para que ocurra el mestizaje es la presencia de un desequilibrio (numérico)
de los sexos entre los diversos grupos raciales confrontados. Para él se producen dos tipos de
mestizajes: el primero se desarrolla a través del concubinato, valorado como una cosa natural
y frecuente. Como resultado se va instalando poco a poco el nuevo grupo de mestizos entre
el grupo explotador y el grupo explotado. El segundo tipo de mestizaje se realiza vía el
matrimonio consuetudinario que no tiene ni sanción civil o religiosa. El mestizaje, tal como
se ha llevado a cabo en América Latina, constituye a juicio del autor una forma de
discriminación porque se revela que por un lado, los hijos legítimos no deben tener una sola
11
Estamos conscientes que en Chile la antropóloga Sonia Montecino también se refiere al mestizaje del
concubinato a través de su teoría del Huacho. No obstante, sólo haremos referencia a Bastide, dado que su
elaboración fue anterior a la ella, nos parece mucho más completa y puede ser inferida a la realidad chilena.
37
gota de sangre india o negra, y, por otro, que el tipo de matrimonio mayormente efectuado
(concubinato) carece de la legalidad necesaria para considerarse como un verdadero
testimonio de ausencia de prejuicios raciales.
Planteado el mestizaje de este modo se demuestra que éste tiene como fin la defensa de un
grupo considerado superior (el grupo de las mujeres blancas) en detrimento de otro grupo
social o racial (el grupo de las mujeres mestizas, negras e indias), configurando el de las
mujeres blancas como intocables. Esta discriminación se efectúa por parte del hombre
blanco que considera a la mujer de color, ya sea negra o india, no como mujer sino como
simple objeto para el goce sexual. Aquel hombre blanco la califica como más libre en la
sexualidad así como también ausente de todo compromiso (“no se casan ni entre ellos”). En
tanto, la mujer india o negra acepta ser objeto sexual, dado que es evidente que el ascenso
social en la sociedad está controlada y dirigida por el hombre blanco lo que le puede
significar a ella o a sus hijos un asenso social, por lo cual actúa muy en resguardo de sus
hijos. Es decir, su consentimiento al hombre blanco se debe a que a través de sus hijos ella
puede “mejorar la raza” y ascender socialmente. Los hijos, a su vez, a pesar de tener un
padre ausente y una madre presente, aprenden que la condición de tener un padre blanco
permite un ascenso social, por lo cual renegarán de la madre de color a pesar de que ésta está
presente, dado que a través de ella se muestra el bajo origen social el cual se hereda y
demuestra generalmente por algunos rasgos que se asocian desde la Colonia a una clase
social. Por el contrario, el hombre indio y negro correrán hasta hoy tras una mujer blanca,
porque en sus ideologías ésta alguna vez le fue “tabú” y “prohibida” lo cual en ésta, a su vez,
también genera atracción por lo prohibido, aunque es menor su posibilidad de exhibición.
Hay entonces algunas coincidencias si comparamos la teoría de Bastide con la de Taguieff
sobre el mestizaje, aunque son descritas desde el lado contrario.
No obstante, antes de desarrollar la temática del racismo en Chile, es necesario explicitar los
conceptos de clase y clasismo a causa su reiterada mención en las teorías anteriores.
5. Clases sociales y clasismo en América Latina
Para explicar la relación de raza y clase social, es primordial revisar brevemente a las clases
sociales conceptualmente desde la Teoría crítica. Pero, ¿se podrá examinar al racismo en la
sociedad chilena y latinoamericana actual desde una perspectiva de relación de clases
sociales? ¿Ha habido o hay una relación de clases en Chile? Es decir, ¿se puede visualizar a
través de la historia de la sociedad chilena una estructura de clases sociales? Generalmente,
el concepto de clases sociales se tiene como sentado. No obstante, esta investigación
requiere de una breve revisión.
Aunque Marx no es el primero en hablar de clases sociales, le otorga a dicho concepto una
relevancia primordial en su teoría, debido a que en su revisión de las sociedades concluye
que existe una división constante a través de la historia. Para Marx la construcción social
material de una sociedad se encuentra en el trabajo: en el trabajo no sólo reside el origen de
la explotación del hombre sobre la naturaleza, sino que también el principio de la
38
explotación del hombre sobre el hombre, el cual es producido por la apropiación del trabajo
ajeno. El trabajo es, por tanto, la fuente de toda la riqueza, siendo la explotación del hombre
sobre el hombre una propiedad (casi) constante en la historia. (Marx,73:17)
Una manera de calcular de cómo se reparte la riqueza creada en las sociedades de hoy se
refleja en la distribución del ingreso. O sea, se trata de la repartición de parte del capital
entre los poseedores de los medios de producción usables en el proceso de producción por
los cuales se paga renta y los trabajadores (en un amplio sentido de la palabra).
(Fazio,2001:55)
Desde la lógica dialéctica se entiende que a esta estática histórica de explotación y división
social y hasta ahora (casi) inmutable en el tiempo, le es simultáneamente inherente una
dinámica la cual se manifiesta en la permanente transformación de las fuerzas sociales que
elaboran la riqueza como también de las fuerzas que se la apoderan, respectivamente. Estas
fuerzas adquieren el nombre de clases sociales. Theodor Adorno de calificar al progreso de
las sociedades como un progreso “kafkiano”, (Adorno,75:38) puesto que estas fuerzas
sociales son permanentes en la historia y no se diferencian en su génesis porque siguen
siendo fuerzas sociales explotadas y explotadoras al fin. Es decir, son heterogéneas en su
homogeneidad.
Formulado de esta manera, se entiende mucho mejor la crítica de inconsistencia histórica a la
dominación de la las mujeres realizada por la escuela de la construcción social, la cual la
confunde con la explotación, ya que siempre una parte de ellas ha actuado como partícipes y
beneficiarias de la apropiación del trabajo ajeno.
Es decir, lo decisivo para la teoría crítica es la situación de los individuos con respecto al
proceso de producción, si disponen de los medios de producción o si no los poseen. La
primera será la clase explotadora, que en Chile tendrá capacidad de transformarse a través
del Estado en la clase política y culturalmente dominante (Jocelyn Holt,1999), persiguiendo
de este modo, la continuidad de la explotación. La segunda clase, explotada, será la política
y culturalmente dominada debido a que no cuenta con los recursos necesarios para hacer
frente al despliegue mediático de la primera. (ya nos dedicaremos a la clase media).
Para T. Adorno la posición y tenencia de medios productivos siguen siendo primordiales,
importando la conciencia de los individuos sólo secundariamente, aunque no por ello debe
subestimarse su alcance, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo xx. Para él
entonces es casi indiferente de sí la clase explotada tiene conciencia sobre su explotación, es
decir, si se sienten como tal o no (75:40), porque no incide en el tipo de formación de la
sociedad. Pero esta conciencia de clases, o la conciencia de los individuos sobre el lugar que
ocupan en la sociedad tiene profundas consecuencias en el modo en que actúan y, por lo
tanto, también en el modo en que se expresan los individuos y las clases en una sociedad.
(75:40)
Sin embargo, y según el autor, el concepto de clases sociales contiene modificaciones y
constantes que hacen imprescindible revisarlo. Así, a pesar de contener características
antiguas, el concepto ha integrado características nuevas necesarias que se deben incorporar,
relacionadas con los procesos de integración y transformación durante el siglo xx,
39
especialmente referidas al mejoramiento del estándar de vida promedio de los individuos.
Pero también cambia debido a que la clase explotada no logra percibirse como tal. A la luz
de estos cambios mencionados se torna relevante la capacidad de tomar conciencia de clase,
porque ahora los individuos no llegan a visualizarse ni como clase ni como explotados a
pesar de que la partición de la sociedad en explotados y explotadores aún persiste.
En un amplio sentido de palabra, la conciencia de clase significaría no sólo tener conciencia
del lugar en que se está en la sociedad, sino también en un interés y acción común de los
explotados de poder superar dicha explotación para lograr la justicia social a través de una
unidad de acción. La relevancia de una clase social radica en que ésta no puede definirse por
sí sola sino que siempre debe definirse en relación a su contra-clase o a su contraposición, ya
que a través de este desarrollo se perfilan sus características respectivas.
Según Hobsbawm y Adorno, la conciencia de clase no es condición sine qua non para que se
pueda hablar de clase. Ambos califican que la conciencia de clase de la clase trabajadora ha
sido casi inexistente a través de la historia, ya sea en Europa o en EEUU, o incluso en el
período de la segunda mitad del siglo xix. Y más, la pertenencia a una clase similar hace
tiempo que ya no significa similitud de intereses. (Hobsbawm,00:114-125; Adorno,75:15)
El autor alemán asegura que el propio concepto de clase se ha desarrollado más bien según
el modelo de la burguesía europea que se expresa como una unidad anónima de los
propietarios de producción y de su comitiva, marcada no solamente por la explotación de
otra clase sino también por el fuerte control de la propia clase efectuado por el más fuerte.
La clase explotadora lo es en cuanto a su similar posición frente a los medios de producción
y apropiación del excedente, pero es heterogénea en cuanto a la repartición de éstos. En
realidad este concepto de clase no permite amoldar todos los detalles de la clase explotada.
En contraste con la clase de los desposeídos de los materiales de producción, existe en la
clase explotadora actualmente conciencia sobre su explotación y dominación como también
de su lugar en la estructura social. Al contrario, los primeros se rehúsan de tener conciencia
sobre su equivalente posición en la estructura social así que menos se podrá esperar por parte
de ellos una unidad en la acción.12 (78:11-15) La discordia en la acción es especialmente
patente desde las últimas décadas del siglo xx.
En relación a conciencia y acción y a la clase misma, Eric Hobsbawm, a pesar de no definir
el concepto de clase como los autores anteriores, insiste en que “los movimientos políticos
obreros y socialistas nunca, en ninguna parte, han estado en lo esencial circunscritos al
proletariado en el sentido marxista estricto del término.(...) durante las décadas de 1880 y
1890, período en el cual los partidos obreros y socialistas aparecieron repentinamente en
escena, cual campos de campanilla en primavera, en la mayoría de los países la clase
trabajadora industrial constituía una minoría bastante reducida y, en cualquier caso, buena
parte de ella se mantenía al margen de la organización obrera y socialista.” (00:119)
A partir de la pregunta por ser y actuar según este ser, se desarrolla la cuestión de la clase y
la acción de clase, formulado en las diversas corrientes de la sociología como la pregunta por
12
Para Adorno, en los países altamente industrializados se produjo una debilitación de la conciencia subjetiva
de clase de la clase obrera, sin mencionar que ésta siempre ha escaseado en EEUU. (soziol. Schriften, p:15)
40
la estructura y su acción. Ésta última es atendida por el sociólogo inglés E.P. Thompson.
Dicho autor señala que la clase es el resultado de “una formación social y cultural” y con
ello producto de un proceso histórico. Por ende, su formación es un proceso activo.
Asimismo, y coincidiendo con el autor anterior, afirma que la clase no se define
aisladamente, sino “en sus relaciones con otras clases”. (Corcuff,1998:72-73)
El mismo autor señala que una clase tiene experiencias colectivas que son opuestas a otros
grupos y que, a través de en un proceso de unificación, se llegan a percibir y articular
intereses comunes opuestos a otros hombres cuyos intereses son diferentes a los suyos. En
tanto, con respecto a la conciencia de clase, expresada en términos culturales de tradiciones,
sistemas de valores y formas institucionales, se puede decir que ésta constituye una
dimensión importante, pero no exclusiva de la formación de la clase. Al contrario de los dos
autores anteriores, E.P. Thompson afirma que la clase obrera, especialmente la inglesa,
demuestra unidad en su acción. (Corcuff,1998:72-73)
El concepto de clase en América Latina es similar al europeo en tanto que existe una clase
que se apropia del excedente, pero disímil en el modo en que éste se produce. Además, como
indica A. Touraine, se observa en América Latina una ausencia de correspondencia entre
situaciones objetivas y capacidad de acción.(Touraine,1987:45)
En relación a las clases medias chilenas, nos detendremos ante sus distintas fases
identificadas por César Cerda: una primera fase desde mediados del siglo xix hasta 1920,
una segunda fase de desde 1920 hasta la segunda mitad del presente siglo, una tercera fase
de crecimiento acelerado desde los inicios de los años 50 hasta septiembre de 1973 y un a
cuarta fase, desde 1973 a 1990, de un desarrollo bajo las condiciones de un modelo
monetarista. No obstante, para efectos de este trabajo nos interesan la fase uno, dos y cuatro,
debido que estimamos que la fase tres puede insertarse fácilmente en la fase dos, de
explosiva participación corporativa y política de la clase media.
Según el autor, hasta 1920. su desarrollo capitalista y estructura social se conforman bajo las
condiciones de una modalidad oligárquica; en cambio en la fase segunda, hay una
participación política y corporativa de las clases media dirigida a la conquista de
determinadas demandas que favorecerán su desarrollo y movilidad social. A partir de los
años 50, aumenta considerablemente su volumen y se destaca por un proceso de
diferenciación ideológica. Éste permite su quiebre desde 1973, generándose su definición
más bien por el mercado. (Cerda,1998)
Según Alain Touraine, a pesar de que la clase media latinoamericana es definida en términos
de participación económica, social y cultural, la clase media se define por su relación con el
estado y como agente de información, integración y control de un modelo nacional de
desarrollo, especialmente en la fase central de la evolución. Así la educación es la fuente
más poderosa de diferencia de ingresos entre la familia y sirve para la constitución y la toma
de conciencia de la clase media. (Touraine:79-81)
Asimismo, la movilidad ascendente está asociada a la creación de una distancia material y
simbólica fuerte entre el pueblo y la clase media. No obstante, a partir de la destrucción del
estado, la clase media sufre una ruptura en dos sectores: por un lado, la primera tiene
41
importancia creciente en la economía, adoptando patrones de consumo modernos, en tanto,
la segunda, se empobrece.(Touraine:81)
En cambio, en relación al clasismo, se notará rápidamente que escasean teorías y trabajos
empíricos sobre ésta. Aún así, se pueden inferir algunos planteamientos sobre el clasismo a
Roger Bastide, Eric Hobsbawm y Theodor Adorno. Esto debido a que la lucha de clases a
través de la conciencia de clases de la teoría critica tampoco permite inferir del todo al
clasismo, dado que ésta generalmente parte desde la base que se requiere de la conciencia de
clase para poder rechazar o posicionarse concientemente con respecto la otra clase, precepto
con el cual no todas las clases cumplen.
Ya hemos señalado, que Roger Bastide entiende al clasismo como prejuicio de clase a través
de actitudes de la cual las clases dominantes evitan y rechazan a las clases dominadas
sistemáticamente (ya sea en la vida cotidiana o en la vida sin intermediación directa) lo cual
tiene como finalidad de rehuirla de la clase explotadora. (Bastide:33)
Como se ha señalado anteriormente, la burguesía como clase explotadora tiene conciencia
sobre su lugar en la posición de la estructura social, que no tiene necesariamente la clase
explotada. En el caso de las clases sociales no existe por parte de la clase explotadora y
dominante el deseo de abolir o destruir la diferencia. Se trata de mantenerla debido a que la
clase explotadora se sustenta en base a la segunda. Su conciencia sobre esto le permite
distinguirse frente a su contra-clase a través de un trato diferenciado de la contra-clase y
buscar una separación rigurosa, a pesar de decir e instaurar medios para lograr un consenso
(la democracia burguesa), utiliza un despliegue ideológicos y materiales para mantener las
diferencias sociales.
Es decir, entendido el clasismo como la conciencia propia de la clase explotadora su
diferencia social dominante con relación a su contra-clase refuerza su conciencia sobre su
posición, posesión y poder de apropiación. Se puede señalar que la conciencia de clase se
refleja en el clasismo, en la capacidad de mostrar explícita o veladamente la propia y la
condición de la otra clase, lo que concuerda con lo afirmado por Adorno, dado que ésta
generalmente es entendida desde la clase dominante hacia los dominados y no al revés.
Así, sería la clase dominante que actúa según una clase en los términos de Thompson,
conciente de tener experiencias colectivas comunes opuestas a otros grupos y que a través de
un proceso de unificación, perciben y articulan intereses comunes contrarios a otros hombres
cuya posición social difiere a los suyos. Actualmente, la clase dominada no muestra estas
propiedades. Por ende, el clasismo es una acción de la clase y en este caso particular, de la
clase dominante.
Por último haremos referencia a las “marcas de la esclavitud pasada”. Al igual que los
esclavos de la Antigüedad, los explotados pasados en la historia son los explotados y
dominados actuales, aunque su explotación se demarca no con un tatuaje, sino con algunos
rasgos específicos. Reproducidos los explotados entre si, las marcas también se reproducen,
teniendo en América Latina la particularidad, de denotar con ello la explotación histórica
pasada. Es decir, recurriremos más bien al valor simbólico del concepto: la esclavitud se
demarcaba con un tatuaje en la piel, debido a que de otra manera era imposible demostrar
42
efectiva y continuamente la distinción de ser objeto (sujeto) de la dominación, lo cual le
impedía ser libre o formar parte de la clase dominante. Ahora, en Chile y América Latina,
esta marca apegada al cuerpo señala un distintivo significativo ya no exclusivamente propia
de la esclavitud.
43
III.
Desarrollo
1. Capítulo 1: El surgimiento del racismo heterofóbico y los cambios en la clase
explotadora española
Como se ha mencionado anteriormente, la primera concepción de raza en términos de
discriminación o segregación se realiza en España a mediados del siglo xv. A través de las
proscripciones de la realeza española se intenta distinguir nítidamente entre los creyentes
católicos, judíos y musulmanes.
Hasta entonces, musulmanes, judíos y españoles (católicos) vivían en armonía a través de
siglos e incluso eran frecuentes los matrimonios entre sus familias, situación que cambió a
partir de la introducción de la doctrina católica de pureza de sangre, donde la descendencia
de judíos y musulmanes fue considerada con una mancha permanente e indeleble. (Stockle,
1992:82-83)
Dichas proscripciones tienen explicación en el contexto español y europeo. En España los
católicos inician su Contrarreforma como respuesta a los siete siglos de dominación árabe
pero también por los procesos de transformación que acontecen en varias regiones europeas
en donde el protestantismo estaba desarrollando su protagonismo en el ámbito religioso.
Debido a la “interculturalidad” y la heterogeneidad española del siglo xv, producto
especialmente de cerca de 800 años de convivencia de las tres principales religiones
monoteístas en la península, sería imposible relacionar un fenotipo específico con alguna
religión. Es decir, la heterogeneidad física no necesariamente era atribuible a una religión,
¿cómo se va a saber, si la nariz de un español, corresponde a un judío, católico o árabe? Los
españoles son físicamente demasiado heterogéneos e iguales como para poder determinar
una correlación directa entre religión y fenotipo. Más bien, se explica la primordialidad de la
religión por la necesidad de la formación de una cohesión social que la nueva clase
explotadora española estaba por emprender13 .
Durante la segunda mitad del siglo xv, las razas se basan en la religión. Éstas a su vez
conforman ahora el nuevo tipo de familias. En la nueva descripción y formación del cuerpo
social, importa la pertenencia a una religión, siendo la unidad de la religión-familia
explicada por al sangre común. En consecuencia, si la unidad se basaba según una religión,
era sólo en base a ésta que se podía realizar la diferencia. No obstante, contaban
simultáneamente con la peculiaridad de ser representantes de grupos que, respectivamente,
poseían, podían pretender y podrían reconquistar la supremacía y excedentes de explotación
en España (católicos, judíos y moros).
13
Se formó un bloque político del reino de Castilla y del reino de Aragón en 1469. En 1480 la autoridad del
estado fue reestablecida y se impuso a todos los sectores del cuerpo social. En 1491se ocupa Granada,
mayoritariamente musulmana, que se incorpora al reino de Castilla en 1492. A pesar de su rendición, con la
condición de respetar el libre ejercicio del culto islámico, la seguridad y los bienes de los musulmanes, en 1502
éstos fueron obligados a escoger entre la conversión o el destierro. En tanto, se expulsa a los judíos en 1492.
44
La realeza, como representante de la clase explotadora conformada por la aristocracia
española y la iglesia católica, impuso sus decretos racistas como demostración de su
preocupación por la continuidad de la apropiación del excedente, estando inmersa en un
entorno de amenazas inmediatas y lejanas al despojo de éste, ya sea en relación al espacio o
al tiempo o ambos a la vez. Es decir, se transforma en una fuerza dominante para velar de la
apropiación del excedente del trabajo elaborado, fuente de su riqueza y garantía de su
explotación.
La contradicción racista sale a la luz, cuando se observa que el grupo dominante católico
somete al vasallo español católico, considerado como sangre propia y parte de la sangre y
familia propia. Además, para éste último no cambian sus condiciones de vida, ya que debe
continuar con el pago de sus tributaciones a pesar de los cambios ocurridos en la cúpula,
siendo reemplazados solamente los individuos a los cuales se deben pagar las imposiciones.
La homogeneidad de la clase explotadora es heterogénea: se despoja una explotación para
reemplazarla por una nueva, consistiendo la novedad en la introducción del racismo, basado
en la diferencia de la sangre. Se inaugura un nuevo modo de garantizar la dominación al
segregar o imposibilitar a grupos sociales, potenciales o no, en la competencia por la
apropiación del excedente.
En el caso español la reiteración a la segregación de las otras dos religiones se debe a la
incipiente conquista de nuevas tierras que prometían la posibilidad de continuar y aumentar
la apropiación de la riqueza, aunque en términos reales en vez de beneficiar a España
propició el desarrollo capitalista de otros países europeos por la necesidad de transformar los
recursos naturales del Nuevo Mundo. En cambio, el racismo francés se ubica en los inicios
tempranos del capitalismo en Europa, en el seno de una aristocracia que se siente amenazada
ante una creciente burguesía que comienza a absorber y apropiarse de la riqueza,
constituyendo un peligro para dejarla sin su razón de ser por el continuo avance de la
destrucción de las relaciones feudales.
De esta manera, a pesar de las diferencias que sobresalen en la superficie existen en las
profundidades características similares en los orígenes del racismo situados por parte de H.
Arendt en Francia en el siglo xvi en la nobleza con los orígenes situados de Wievorka y de
Fontette en España en el siglo xv.
En ambos casos se ve afectada desde el principio la continuidad de las relaciones
productivas precedentes, lo que otorga al racismo en esta primera etapa la propiedad de ser
cambio en la continuidad de las condiciones de explotación.
45
2. Capitulo 2:
Conquista y Colonia en América Latina. El racismo heterofóbico:
El inicio de la imposición de la religión. (racismo de asimilación)
La rigurosa separación de mestizos “indianizados”, negros e indígenas.
(racismo mestizo-fóbico y de exclusión)
En el marco teórico, se ha enfatizado en que no existen diferencias sanguíneas ni biológicas
entre indígenas, africanos y europeos. Aquello resulta explicable por su origen y
descendencia común, aunque ambas se desconocen hasta bien entrada a la modernidad. Este
punto de partida común es diferenciado a través de un largo y desigual desarrollo del
contenido productivo y físico entre estas tres áreas geográficas. El desarrollo de la historia
mundial, es decir, el pasado, ha favorecido hasta 1492 un desarrollo de razas, a pesar de
tener una ascendencia común. Es decir, se desarrollaron ciertos rasgos físicos que de manera
global son reconocibles para los tres grupos que inician en conjunto el desarrollo de América
Latina. Esta formación de razas, no obstante, no necesariamente significa la persistencia de
lo indígena, lo español y lo afro en el futuro tal como lo entiende el esencialismo. De esta
manera no puede hablarse a partir de 1492 de una inmovilización o de razas con
características estáticas con sus elementos culturales y físicos. Éstas desenvolverán algunos
elementos en el futuro adecuadas a las condiciones del nuevo contexto pero en que
obviamente incidirá su transcurso anterior a esa fecha. Al contrario, a partir del inicio del
siglo xvi en nuestro continente los tres grupos se latino-americanizan a medida que se realiza
el proceso de desarrollo de América Latina.
Tanto la igualdad no percibida del común origen como también las diferencias objetivas de
estos tres grupos permiten plantear el encuentro como una reunión de tres razas en el Nuevo
Mundo, aunque se debe insistir de inmediato y en conjunto que éstas podían tener en la
producción ciertos rasgos y elementos comunes.
Así, en varias de las sociedades pre-colonizadas era conocida la explotación14 , habiendo
sucedido además cambios recientes referidos específicamente a la transformación en la clase
explotadora, tal como sucedió, por ejemplo, en el caso de los incas y de los aztecas15 . Esta
experiencia de la explotación precolombina ha desplegado además una experiencia en el
“mestizaje cultural”, donde los nuevos explotadores imponen sus modificaciones en la
organización social para facilitar la apropiación del excedente, las que a su vez son
absorbidas por el grupo de los explotados. Junto con ello, además de imponer algunos
elementos culturales propios y nuevos, los dominadores incorporan (dioses) o modifican
algunos elementos culturales (manifiesto en las vasijas, p.ej.) de la organización social
anterior ahora sometida, lo cual facilitará la dominación de los grupos dominados.
Esta experiencia de dominación y explotación propició en mantenerla en algunas sociedades,
aunque ahora con la diferencia que éstas se realizaban bajo la dominación española. Así, los
españoles no sólo trasplantaron el vasallaje europeo sino que aprovechan también el
conocimiento de la servidumbre gracias la existencia de la estratificación social de la pre14
Conocida, pero no aplicada en todo el continente. También existían grupos donde se desconocía.
Más, las luchas en el sur de lo que constituye hoy Chile y Argentina por parte de mapuche, indica que sabían
del significado de ser sometido, por lo cual se defienden contra las invasiones desde el norte.
15
46
conquista. (Bengoa,1992). En otro ámbito cabe destacar que desde un principio América
Latina provee básicamente de recursos naturales necesarios para el incipiente desarrollo
capitalista en Europa. Generalmente se menciona solamente la obsesión / exageración por el
oro, pero también se advierte que Colón hace desde los inicios también referencia a la gran
acumulación de aloé vera y otros recursos en sus barcos (Colón,1986) lo que demuestra que
hay una amplia gama de recursos naturales explotables. También existen otros recursos que,
debido a las favorables condiciones geográficas y climáticas, permiten su importación. (p.ej.
azúcar)
Durante la expansión española en las tierras nuevas se continúa con el criterio de la religión
para explicar las diferencias entre europeos e indígenas transformándose en una política de
conquista para la sumisión de los nativos, para lo cual utilizan obviamente la violencia total,
gracias a su poderío militar y la tecnología utilizada. Según los españoles, los aborígenes,
sumados a los habitantes de otras regiones europeas, practicaban herejía. Los indígenas no
contarían con religión alguna o tendrían una religión de sacrilegio, lo que convertía a los
indígenas en bestias.
Los tratados de Toledo anteriores a la Conquista mantienen así su vigencia, aunque el
principio racista basado en la religión y en el cual se apoyaba la conquista debía deshacerse a
medida que se concretaba la conversión. Éstos se disolvieron oficialmente en 1537 con la
bula papal que los "humanizaba". La "irreligiosidad" y barbaridad debió desvanecerse tan
pronto los indígenas se catolizaban, acto que debió significar que los indígenas pasaban a
formar parte de la familia de los españoles, no obstante, en la realidad social esto muy poco
sucedió.
Pero la imposición y la aceptación de la religión católica significan en realidad una
dominación anterior. Una vez convertidos, el argumento racista de sangre de aquella época
ya no presenta ni un argumento de validez ni de consistencia para justificar la dominación
ejercida por parte de los españoles. Esta presión religiosa pasa a ser la primera medida como
también el intermediario de otros elementos que han deberse asimilarse a partir de la
Conquista por parte de los indígenas y pronto también por parte de los negros no ladinos. Se
debe tener en cuenta que la destrucción ocurrió también de manera significativa en África,
interrumpió el desarrollo produciendo graves consecuencias que justifican incluso juicios de
racismo jerárquico hasta hoy. En este nuevo continente la imposición del catolicismo fue
total también para los habitantes forzosamente inmigrados que debían adoptar idiomas,
pautas y culturas europeas.
En cuanto a lo físico, se supone generalmente que los españoles que llegaron a América
Latina eran de tez blanca y de pelo rubio y los indígenas de una tez cobriza y pelo negro. Sin
embargo, en relación a los españoles aquello no se puede asegurar, especialmente debido a la
ya mencionada histórica diversidad española; y menos se puede confiar en las caricaturas
pictográficas realizadas con posterioridad16 . Por otro lado, Colón hace notar en su diario al
día siguiente de su primer arribo un parecido entre los isleños con los habitantes de unas
islas españolas: “llegaron jóvenes, todos de una estatura extraordinaria, personas muy
16
Podría realizarse una investigación sobre la pictografía desde la conquista hasta hoy. Sospechamos, sin
embargo, que la rubiedad de los conquistadores se empieza a destacar en el tiempo de la colonia.
47
bonitas: el pelo de ellos no era crespo, sino liso y grueso como pelo de caballo, y todos
tenían la frente y la cabeza más ancha de lo que jamás había visto en otros pueblos, y tenían
ojos muy lindos y no pequeños, y ninguno de ellos era negro, sino todos tenían el color de
los canarios..”(Colón, 1986:24) A pesar de esta descripción para los primeros habitantes
encontrados, no se puede inferir que todos estos rasgos son válidos para todos los
"indígenas" del continente.
Es decir, a los conquistadores se los describe frecuentemente como rubios, tal como sucede
en Chile en el caso de Valdivia. (Bengoa,1992:54) Ya hemos señalado que España contaba
con una heterogeneidad gracias a su interculturalidad, siendo además el rubio hasta el día
hoy poco común en dicha región. Pero esta reiteración en lo rubio puede corresponder con lo
señalado por Todorov con respecto al Oro. Dicho autor señala que la reiterada e insistente
referencia al oro en las cartas de los conquistadores a la realeza española, se debía
especialmente a la necesidad de justificación a las inversiones requeridas para la travesía
(Larraín,96); en tanto, con la rubiedad y la blancura se quiere resaltar al rasgo de dominador
y conquistador, esto es, se denomina rubio por el sólo hecho de ser conquistador, lo que –de
nuestra consideración—llegaría a destacarse recién posteriormente.
El español-europeo, a través del conquistador, obtiene y genera a través de su conquista
características que se seguirán desarrollando a través de los tiempos posteriores: es el
vencedor y el fuerte. En el territorio conquistado, el indio es el vencido y el débil. Como
señala Gissi, la transformación psicosocial por la cual atraviesa la población latinoamericana
se debe a que la sumisión a lo europeo establece una fragilidad e inferioridad social, física y
moral de los indígenas, donde además el carácter del indio y del mestizo pasa a ser
despreciable no sólo para los españoles, sino también para ellos mismos. El desprecio será
necesario para garantizar una explotación legitimada desde el punto de vista psicosocial lo
cual servirá para disminuir las posibilidades de su sublevación. Obviamente aquello es un
proceso en América Latina en general.
Es decir, el racismo heterofóbico de asimilación llega a expresarse primeramente a través de
la imposición de la religión donde los españoles pretenden asimilar a los indígenas a los
españoles. Existió por parte de España y los conquistadores una evaluación negativa de esta
diferencia que se desea abolir, donde no necesariamente prima el diálogo y el consenso, sino
más bien la violencia. A partir de ésta imposición se inicia un proceso en que se intentará
implantar toda la cultura española-europea, por lo cual será ésta cultura y sociedad que
presentará la alternativa ante la progresiva anulación y destrucción de las sociedades y
culturas indígenas y negras. Es decir, ante la destrucción de éstas, se ofrece e impone como
alternativa la cultura del conquistador español, facilitado por su poderío y efectividad
evidente que además será reconocido por su físico, a lo cual se suma la experiencia histórica
de algunas sociedades de reconocer al nuevo dominador. Así, en varias sociedades y, al igual
que en el caso del individuo explotado en la península ibérica, la vida del sometido no
cambia en su esencia, ya que en varias organizaciones sociales pre-colombinas la
explotación no es una novedad. Es decir, continúan las condiciones de explotación en este
tipo de sociedad, cambiando sólo los individuos en la cúpula.
Pero la obsesión saqueadora y el incesante desplazamiento durante la Conquista hacían para
los españoles imprescindibles estar sujetos a la agricultura indígena, iniciándose de esta
48
manera como un factor homogeneizante de la incipiente formación de la estructura social. Es
decir, se inicia un proceso en que la diversidad de las distintas sociedades y culturas
indígenas anterior a los tiempos de Conquista se desplaza hacia la agricultura, por lo cual
llega a intensificarse la relación entre la agricultura y el indígena en toda América Latina.
(U. Schlenther,1980)
En varios lugares de América Latina se realizaron matrimonios legítimos entre españoles e
indígenas, con la condición de ser hijas de caciques y explotadores indígenas. Los
matrimonios entre la “aristocracia” indígena y los conquistadores españoles se permitían
para poder proseguir o acceder a la fuente de la riqueza, legitimar la apropiación de las
tierras como también para lograr una disimulación más rápida de la clase explotadora
indígena. No obstante, pronto se reconoce que esta política de mestizaje tiene consecuencias
nefastas para la sangre española siendo reemplazada por una política de discriminación.
(Schlenther,1980:85) Es decir, una política en que reaparece como primordial el origen
racial -sanguíneo de los individuos.
La relevancia del origen racial tenía fundamentos socio-económicos y políticos.
Precisamente a través de la clasificación implementada la clase explotadora -la Corona
Española e Iglesia católica-, protegieron no sólo la apropiación de su excedente. Un
mestizaje creciente y reconocido perjudicaba al sistema de encomienda, constituía un peligro
para la propiedad feudal española y podía configurar además ideas de autonomía en el
campo cultural, intelectual o político. (Kossok citado en U. Schlenther,1980:85)
Hasta ahora se ha hablado sobre características generales válidas para América Latina y, por
lo tanto, también valederas para Chile. En conjunto a lo anterior, se debe tener en cuenta el
desequilibrio numérico entre los hombres y mujeres españoles llegados lo cual incentivaba
una creciente población producto del mestizaje, principalmente entre hombre español y
mujer india. Los primeros viajes de Conquista a las tierras localizadas al sur de Cuzco
cuentan sólo con una mujer negra ladina y una mujer española entre los conquistadores con
lo cual existe un alto número de concubinato y una creciente población mestiza que será
significativa comparada con el número de españoles avecindados en el país y sus
descendientes.
Así, durante la Conquista de Chile, que se sitúa más o menos hasta 1560, la incipiente
conformación de la clase explotadora, aunque aún no necesariamente asentada, es
heterogénea. Obviamente, la cantidad de los no españoles en la escala social superior al
inicio del encuentro era menor debido a, tal como se ha señalado más arriba, el racismo de
sangre y las características de la conquista. No obstante, el mestizaje biológico iba
formándose como una de las principales características de la realidad social, produciéndose
consecuencias significativas en el ámbito psicosocial, dado que el hombre español permite a
los hijos de indígenas ascender socialmente. En Chile, debido a la desproporción de sexos
era para los españoles imposible mantener estrictamente el fundamento racial de alejamiento
frente a los indígenas, por el simple hecho de que los conquistadores no eran misioneros (en
términos de abstinencia sexual).
“Los españoles no concibieron su etnocentrismo en términos de raza, sino de religión ante el
infiel y el pagano, o como dice Dominguez Ortiz: "el español no era racista en el aspecto
49
biológico, pero sí lo fue, y cada vez más, en el cultural."(Domínguez Ortiz, Antonio (1996):
La sociedad americana y la corona española en el siglo XVII. Madrid: Ed. Marcial Pons) Se
fomentó la emigración de españoles casados que viajaran con sus esposas (especialmente a
partir de 1553), incluso se llegó a la importación de mujeres esclavas blancas "moriscas", a
pesar de todas estas medidas, que tienen motivaciones muy diversas, las mujeres españolas
casaderas fueron escasas en los primeros años de la Colonia, especialmente aquellas con
pureza de sangre y buenas costumbres, es decir que no fueran conversas, moriscas o
prostitutas. Esta ausencia de españolas hizo inevitable las uniones por lo general fuera del
matrimonio entre españoles e indias.” (Universidad de Bergen, Noruega. Libro digital: Curso
de Historia Contemporánea de América Latina. http://nettspansk.uib.no/)
En relación a la Conquista de “Chile” destaca que desde el inicio se encuentran además
indígenas y negros (ladinos) en compañía de los conquistadores españoles cuya lealtad se
premiaba, generalmente después de la muerte del conquistador, con la asignación de tierras
y/o la libertad a través de su testamento Así, algunos indígenas y negros logran no sólo ser
libres sino también incorporarse a la clase explotadora o a la de los pequeños artesanos,
habiendo demostrado que su lealtad no sólo se refería hacia sus dueños como individuos sino
también como representantes de la nueva clase explotadora y dominante, esencial para
aquella ubicación17 .
Existen varios registros sobre este proceso de procreación de españoles con indias en el
incipiente territorio chileno, siendo éste impune al castigo. En relación a la participación de
los negros en el mestizaje, mencionaremos la orden del Cabildo en 1551 en que dice que
éstos “se atreven algunos a huir de sus amos o andan alzados, haciendo mucho daño a los
naturales de esta tierra e forzando mujeres contra su voluntad; ...”. (Mellafe: 89)
De esta manera se expresa que en un inicio, el origen racial no ofrece la única garantía para
la ubicación en determinada clase, siendo también la correlación entre raza y clase no
necesariamente directa. Aparte de algunos indígenas que logran posicionarse en la cúpula de
la estructura social, se menciona por parte de Bengoa con especial énfasis que entre los
conquistadores hay quienes que ganan y otros que pierden, ubicándose éstos últimos
obviamente en la clase explotada y en los estratos inferiores de la sociedad naciente.
(Bengoa, 1992:71-74).
A fines del período colonial “las tierras, las minas y el comercio estaba en manos de una
aristocracia criolla surgida de la mezcla de los descendientes de los primeros descendientes
conquistadores con los españoles que fueron llegando después a América como funcionarios
de la corona o como comerciantes” (Bongcam:1988)
17
“De los negros que vinieron en el Adelantado, dos han dejado particular recuerdo, Juan Valiente, que luego
acompañó a Valdivia (...) y una negra llamada Margarita o Margárida. Ella había servido a Almagro fielmente
desde Panamá, en el descubrimiento y conquista del Perú y en el descubrimiento de Chile, y lo acompañó
después en la cárcel hasta su muerte. Don Diego, agradecido, la dejó libre, según una cláusula de su
testamento.” (Mellafe: 45)
50
Es decir, no hay ninguna sangre puramente española que valga para que los individuos
españoles que forman parte de la Conquista se posicionen automáticamente en la clase
explotadora, aunque si les asegura una superior posición en los distintos tipos de trabajo. En
otras palabras, ser español no garantizaba la posición en la superior estructura socioeconómica; más bien, aseguraba que dichos individuos no trabajen en encomienda.
Debido a la reintroducción del racismo de sangre y su alguna, pero escasa posibilidad de
realización, se realiza el matrimonio entre españoles y españolas. Este tipo de matrimonio es
el ahora reconocido e incentivado por parte de España. Sus hijos legítimos no tienen una sola
gota de sangre india o negra, pero nacidos en Chile, formarán los criollos. Es decir, los
criollos expresan no sólo la reproducción entre la propia clase explotadora, sino también el
clasismo y el racismo heterofóbico. A través del clasismo y este tipo de racismo, las
españolas se consideran como mujeres intocables y, por ende, como un grupo superior que
hay que defender.
Pero en cuanto al mestizaje biológico, éste se efectúa, al igual que durante la época Colonial,
entre español e india. Según el racismo de sangre, para el español esto no es más que un
deterioro de la raza, y especialmente porque creará un creciente número de mestizos no
abarcables a la encomienda. En tanto, para los propios mestizos, permite mejorar la raza,
aunque en realidad se trata sobre la posibilidad de lograr el ascenso social, ascenso realizado
a través de la omisión del trabajo en la encomienda.
El proceso de integración a la sociedad colonial se desenvuelve a partir de la progresiva
incorporación de los indios en la encomienda y en la mita, es decir, a través de la explotación
en el escalón más bajo de la sociedad colonial. De esta manera, y en conjunto con el
blanqueamiento y el mestizaje en que desaparece progresivamente la marca de condición de
explotado expresado a través de su ser como indio o negro, lo cual simbolizan para la mujer
y sus hijos la posibilidad de renegar de la raza que muestra el bajo origen social. La
inferioridad social del indio se presenta en las condiciones sociales donde los mestizos les es
más propicio renegar de lo indígena, especialmente por el tipo de trabajo que ahora no deben
realizar.
Este tipo de mestizaje fomenta al individualismo. Es decir, mestizos, indios y españoles
llegarán a sostener que el ascenso social es posible a pesar de las condiciones estructurales
contrarias iniciales y a pesar de la injusticia social válida a nivel global. Así existirían
condiciones reales que permiten ascender en la escala social, aunque este objetivo sólo
puede llevarse a cabo a través del esfuerzo individual. El ascenso se manifiesta en aquella
época especialmente a partir de estar eximidos del trabajo en mitas e encomiendas. Es decir,
al final visto esto como ascenso social, es también la comprobación empírica en la práctica
de que los mestizos a pesar de ser mestizos e incorporar un componente indio son capaces de
escalar. Como consecuencia la alternativa social parece para el conjunto de la sociedad
lejana e irrealizable, justificando de esta manera también la ideología española que es la
blancura que debe posicionarse en un lugar superior en la estructura social. Estos mestizos,
en tanto, gracias a estar eximido del trabajo de encomienda, tendrán una mejor autoimagen
de si, dado a la situación correlacional de discriminación social y racial. No obstante, esto no
es más que una manifestación de la expresión del racismo.
51
Otro tipo de mestizaje biológico se refiere al producido al interior de la clase explotada y
ocurre en lugares donde conviven la encomienda de los indígenas, la esclavitud de los negros
o ambos. Desde Santiago al Norte, son primeramente los indígenas que efectúan el trabajo
en minas, aprovechando de esta manera la explotación minera efectuada por los incas. No
obstante, pronto en las minas será frecuente la mano de obra negra. A medida que avanza el
tiempo se observa que, a pesar de que el trabajo agrícola pudo ser perfectamente mantenido
solamente con la población indígena, los negros esclavos se dispersaron por todos los valles
cultivados, apenas su precio fue asequible al propietario común (Mellafe: 152).
No obstante, “al principio, el odio y desavenencias entre negros e indígenas es también
auténtico pero con algunos alcances. Desde luego se puede afirmar que en Chile no hubo
pocos negros cimarrones; sin embargo, las zonas donde se perpetuó casi sin interrupción la
guerra de Arauco, pasaron a ser el país común de todos los desadaptados y huidos en la
colonia;... los indígenas sublevados aceptaron difícilmente a los negros entre ellos, pero con
facilidad a los mestizos de todas clases, especialmente a los mulatos.” (Mellafe:87) A pesar
de que “los indígenas no podían aceptar en un comienzo individuos de características
raciales tan diferentes como los negros, pero una vez efectuado el cruzamiento, los negros
pasaron a ser parientes étnicos próximos a través de los zambos y mulatos, que por
circunstancias sociales de nacimiento y convivencia llegaron a tener los mismos patrones
culturales.” (Mellafe: 100) Esto habla de que una similar posición en la estructura
económica, a pesar de las características físicas desiguales, se impuso para favorecer el
mestizaje entre indígenas y negros, específicamente de los mulatos, lo cual demuestra el
proceso de mestizaje y las similares condiciones económico-sociales en que se encuentran. A
medida que avanza este tipo de mestizaje, va desarrollando una conciencia sobre los la
similar posición en la estructura social como también sobre los similares objetivos que
favorecen una acción común, por lo cual, a diferencia del mestizaje biológico anterior, tiene
connotaciones sociales más acentuadas, dado que se intenta superar la injusticia de manera
conjunta.
Como se ha mencionado anteriormente, existe en los tipos de trabajo una división racial. No
obstante, los españoles y mestizos españolizados no son claramente distinguibles,
especialmente por ser un criterio subjetivo del clasificador y del clasificado, como también
por otros elementos que empiezan a ser propios y diferenciables, como los nombres, la
lengua y la ropa.
Observaremos a los asientos de trabajo entre 1586 y 1600, es decir, durante las primeras
décadas después de la Conquista, basado en una revisión de los Archivos de Escríbanos de
Santiago: En conjunto con la encomienda, que forma la principal empresa económica
perteneciente a los encomenderos y la cual es abastecida por mano de obra proveniente de la
encomienda, existen en la realidad otras actividades económicas a fines del siglo xvi por lo
cual este sector de la sociedad española no tenía la exclusividad de la actividad económica.
En la encomienda debían trabajar los indígenas, por lo cual no nos servirá mucho analizar la
mano de obra de este tipo de empresa económica. Así, ésta coexiste con el trabajo asalariado
español de actividades superiores, la esclavitud negra, la esclavitud indígena y los repartos
de indígenas efectuados de hecho por las justicias locales, los alquileres de indígenas, el
trabajo artesanal y los asientos de trabajo. Estos últimos se basaban en “contratos
extremadamente simples”(Jara,1957:24) y "estaban cubiertas por manos de obra de aquellos
52
indígenas que no estaban sometidos a tutela directa de españoles, por mestizos libres, por
mulatos, por negros horros, por menores españoles o de otras categorías étnicas. En general,
se trataba de trabajo no calificado, o si era calificado, sufría una subestimación por razones
raciales." (22-23) La distribución por procedencia étnica en los asientos afirma el concepto
de que el sector trabajador estaba compuesto principalmente por los indígenas, mestizos y
mulatos. En tanto, “la posición del sector de origen europeo era aristocratizante, aún cuando
ejerciera funciones muy simples”. Sin embargo, como indica el autor “la denominación de
españoles no corresponde más que a una apreciación basada en la falta de indicación de
pertenecer a otras categorías étnicas, unida a un nombre y apellido españoles. (Sin
embargo), estos españoles seguramente eran mestizos de blanco e indio, pero asimilados a
formas de vida de los conquistadores (familia, lengua, vestuario, etc), y en todo caso de
inferior condición social18 . (:67)
Así, el autor distingue entre españoles, que en realidad podían ser españoles nacidos en
España o seudo-españoles o mestizos españolizados, y entre mestizos, que eran a su vez
mestizos ‘indianizados’” (:67) Por tal motivo, se establecía en los contratos un rubro de
“doctrina”, la cual constituía una suerte de preocupación espiritual, que significaban “un
paso en la transformación psíquica y cultural del indio o del mestizo.” (:29)
En aquellos tiempos esto se describía en los contratos como persona “mestiza a lo que
pareció y ella dijo, aunque en hábito india” o “mestizo en hábito indio”, “mestiza en hábito
de india”. Incluso en una declaración de libertad se habla de una mestiza que debía mudar el
hábito de india “en que se ha puesto y traiga el de mestiza”. (:68)
“La apreciación de la calidad de mestizo dependía de elementos no rígidos, como era el
aspecto físico, pero que la vestimenta, el hábito textualmente determinaba en gran medida la
inclusión en la categoría de indio. Y dentro del nivel de vida mestizo indianizado resultaba
excesivamente caro y fuera de sus posibilidades económicas costear un vestuario más fino y
más complicado que la sencilla manta y camiseta que usaban los indígenas, a los que solían
agregarse unos calzones amplios, conocidos como greguescos o zaragüelles.” (:68)
El autor destaca la interesante proporción de mulatos y la ínfima proporción de negros, dado
que éstos últimos llegaban como esclavos que impedía asentarse en forma contractual.
(Jara,1957:68)
Por tanto, el mestizaje significaba un ascenso social y el mejoramiento de la raza. No
obstante, durante la Conquista y la Colonia, la imposición de asimilación española se basa
casi exclusivamente en la religión. Es decir, era ésta la que debía aceptarse por parte de
indígenas, mestizos y negros. La religión debía además encausar y adaptar a las expresiones
religiosas indígenas y africanas y asimilarlas a la religión católica19 .
Es decir, en cuanto a la asimilación destaca la incidencia de la iglesia que llevaba a cabo la
doctrinan católica, especialmente a través de las misiones. Sus tareas consistían en doctrinar
18
Destacado por la autora de la tesis.
Así se entiende, por ejemplo, que cuando un siglo y medio más tarde empezaron a desarrollarse expresiones
yorubas en Brasil y Cuba, ésta debió esconderse tras la religión católica.
19
53
a los niños, a los indígenas y a los negros y cuidar de sus congregaciones y cofradías,
(Alonso de Ovalle,1969:360) lo cual, si se lee con atención, no significaba más que encausar
las deidades profanas hacia los santos católicos.
Este trabajo de catequizar y confesar se consigue a fines del siglo xvi según el siguiente el
testimonio contemporáneo de Alonso de Ovalle, el cual se refiere a los negros bozales:
“Vienen éstos (los negros-TC) de Angola, Guinea, Congo y otras partes de aquella
África...cortados inmediatamente de las selvas de su gentilismo, y dan con ello en aquellas
provincias de Chile, de donde se reparten después a otras más adentro. Éstos son tan
incapaces (no hablo de los negros criollos ni de los ya ladinos, porque éstos son de tanta
capacidad como los mesmos españoles, sino de los bozales) que no parecen hombres sino
bestias, y ponerse a catequizar a uno de éstos y a confesarle es lo mesmo que ponerse en un
potro o en un ecúlco. ...el predicador y el maestro y todos los demás se sientan a lidiar con
uno de éstos, una, dos y tres horas, con la humildad y paciencia que pide un acto de tanta
caridad... de la brutalidad de esta gente...que por su pobreza pasan, en fin, como esclavos...”
(A.De Ovalle:366)
Un poco antes, en el año 1577, la presencia de algunos negros cimarrones obligó al teniente
general de Chile Calderón a dictar unas ordenanzas para los negros de Chile, que son las
primeras y quizás las únicas completas redactadas para este reino. Lo interesante es la
mención de que en Santiago, "a la esquina de la casa del general Juan Jufré, (...) estaban
congregados cantidad de negros y negras e mulatos e mulatas bailando". (Mellafe;91-94)
Recordemos que estas expresiones ocurrían mientras se reorientaba el tráfico y comercio
negrero del Perú, aún cuando estaba totalmente establecido, sufría “su primera crisis, pues
una de sus más importantes ramificaciones, la que se extendía hasta Chile, se desplazaba
rápidamente hasta el nuevo centro de distribución, más barato y más rápido, Buenos Aires.
Los mercaderes limeños que habían trabajado asociados a los de Chile durante 30 años,
comenzaron a perder esa plaza de venta, desde 1590 aproximadamente.” (Mellafe: 32) El
autor nos continúa escribiendo que “no cabe duda que lo más importante de la corriente
comercial de la Ruta Continental que entraba al reino de Chile (desde Buenos Aires-TC),
era... el importante tráfico de negros que desembocaba en el valle de Aconcagua para
dividirse en dos corrientes: una restringida, que seguía hasta La Serena, y otra, de más
caudal, que llegaba a Santiago.” (R.Mellafe,59:250).
Denominar aquellas razones es importante porque se advierte incluso un racismo de
negación en el ámbito académico, que definen al aporte negro escaso por su ineptitud para la
aclimatización en Chile20 . Pero como lo experimentan muy bien los mismos egresados
universitarios, la resistencia física se va creando o dejando con el tiempo de acuerdo a las
necesidades, por lo cual comentarios racistas de este tipo expresados y referidos a grupos
20
En 1998 realice una primera revisión sobre los negros en Chile. Para ello consulté a algunos profesores de
antropología de nuestra casa de estudios. Hubiese sido muy interesante dejar constancia escrita sobre las
opiniones vertidas, que giraban en torno a la negación o a la presencia actual, pero lejana (Arica). Asimismo, se
dudó el aporte negro por parte de profesores de nuestro departamento.
54
humanos por su fenotipo no tienen base. Incluso, aunque estas cifras no pueden considerarse
como definitivas, demuestran el mayor aporte negro que español en el mestizaje físico.21
Durante la Conquista la formación de las distintas clases sociales es bastante confusa en
cuanto a lo que se refiere al origen racial. En los primeros treinta años se realizó un pródigo
mestizaje entre el hombre español y las mujeres indígenas, que tuvieron como producto hijos
mestizos con posibilidades de formar parte de la clase explotadora y de integrarse a la
sociedad colonial. Pero en el origen racial que este mestizo declarará intervendrán no sólo la
subjetividad del individuo expresada en elementos objetivos sino también su contexto social.
Es decir, la ubicación del sujeto será influenciada además por su propio desarrollo, por su
nivel de integración y por el contexto social, que en última instancia será definida por su
posición en la estructura social.
En tanto, durante la Colonia rige la legislación española a la sociedad chilena. Ya hemos
visto, que a principios de aquella época se reintrodujo una división administrativa racial más
estricta, que expresa como fin la defensa de un grupo considerado superior. Y a pesar de la
incesante evangelización y creciente protección lascaniana, que intentan "humanizar" al
indio, el racismo de sangre o la pureza de sangre exigida por parte de España durante toda la
época colonial, no hacen más que confirmar la barbaridad del indio. Su incapacidad de
cumplir con sangre española servirá hasta casi el fin de la colonia para hacerlo trabajar en
encomiendas y mitas, como también para señalarlo y marginarlo. Se trata de mantener la
diferencia, lo cual demuestra ser un racismo diferencialista fóbico al mestizaje y con
pretensiones de exclusión, en que se trata preservar el hecho de la diferencia a través de su
rechazo. Sin embargo, esta diferencia administrativa y fóbico al mestizaje se contradice con
el avance del mestizaje en la realidad social.
No obstante, este racismo de sangre empieza a entrar en contradicción con la realidad de la
incipiente sociedad chilena, que asimila la normatividad española y otros elementos
culturales, pero que a su vez mostraba un creciente mestizaje. España debía proveer sangre
pura a todas sus colonias durante trescientos años (!), lo cual obviamente le significaba un
problema. La obligación a la asimilación se efectúa a través de la extensión de la legislación
válida en España a América Latina aunque generalmente no se efectúa drásticamente en el
continente. Cuando ésta no se destruye, se permite y se intenta canalizarla a la estructura
española. Durante la Colonia existe un racismo heterofóbico tolerante para poder mantener
la división racial, pero con signos de asimilación.
21
Población de Chile desde 1540 a 1620 (Cuadro General)
Años Vecinos españoles,
Mestizos Negros y mestizos Indígenas de paz
europeos y criollos
blancos
de color
en encomiendas
1540
154
10
1.000.000
1570
7.000
10.000
7.000
450.000
1590
9.000
17.000
16.000
420.000
1600
10.000
20.000
19.000
230.000
1620
15.000
40.000
22.000
230.000
(Mellafe:236)
Indígenas
rebelados
150.000
120.000
270.000
250.000
Total
1.000.164
624.000
582.000
549.000
557.000
55
A pesar de producirse un mestizaje biológico, se produce un racismo de asimilación, en
cuanto a los mestizos les favorecía mostrar haber asimilado elementos culturales españoles
porque esto, como se ha mencionado anteriormente, permitía eximirse del trabajo de
explotación aplicado a los indios o los negros. Y el racismo de sangre le impide al indio, al
mestizo indianizado, al negro y al mulato incorporarse a la sociedad colonial chilena como
tal, porque, por un lado, debían estar lo suficientemente asimilados o, por otro, permitía su
explotación. La primera integración social pasa por la asimilación de la religión mientras que
la diferencia religiosa significan la exclusión social, entendida como una posición social de
explotado o ajena a la sociedad colonial, tal como ocurre con los mapuche hasta las misiones
de Luis de Valdivia. En la asimilación el elemento principal era la religión, aunque en su
integración a la sociedad y en la división de trabajo le favorecían obviamente otros
elementos de españolización, como el idioma, la ropa y su nombre, que podían aminorar la
clasificación basadas puramente en su físico.
Las dificultades en la asimilación de la religión y de otros ámbitos culturales se perfila
especialmente en la catequización de los indígenas. Alonso de Ovalle distingue junto a la
religión también otro problema: “en particular de los indígenas de Chile…de los que han
hecho mayor resistencia a recebir el Evangelio, que esto más ha nacido de la rebeldía y
repugnancia de la voluntad, que del entendimiento…lo que les hace la guerra, haber
reducirse a vivir con una sola mujer, dejando la poligamia, que tan asentada y recebida está
entre los gentiles y otras costumbres como ésta, propias de su cegera y opuestas a la verdad y
pureza que profesa la religión cristiana. … estas cost(u)mbres y vicios de los gentiles,
opuestas a las de los cristianos, han estado mas incontrastables en los indígenas de guerra y
en los que están más adelante hacia el Estrecho de Magallanes; que con los que están
repartidos por las encomiendas de los vecinos encomenderos (…) no ha habido tanto que
hacer, y hoy están todos reducidos a las costumbres cristianas y están entablados en ellos
(…) ninguno de ellos se (ha) vuelto jamás a las costumbres de los gentiles, ni que tengan
más de una mujer, ni entierren sus difuntos sino en la iglesia…. y esto aún en los pueblos
más retirados de los españoles, de manera que no se diferencian en esto de los cristianos
viejos." (de Ovalle,1969:1355)
Lo mismo es válido para los mestizos de todo tipo. Cuando se integra a la sociedad colonial
como mestizo se le niegan demostraciones cultural-religiosas indígena o negra, las cuales en
su condición de mestizo podría tener. No obstante, éstas sí se le permiten a negros e
indígenas para poder distinguirlos como una propiedad de la clase explotada, aunque dichos
elementos debían estar debidamente encausados en expresiones religiosas católicas. Aquel
racismo heterofóbico limita entre el de tolerancia y el de asimilación.
El indio fue derrotado y junto con el negro son esclavos y se pueden dominar. Ellos realizan
el trabajo que produce el excedente (encomienda, mita, esclavitud). El español o el mestizo
español domina, manda o dirige el trabajo. Por último, existe una legislación que le favorece,
siendo entonces él quien aplica y decide sobre el castigo. El español puede tocar o reírse de
los mestizos indígenas, negros y zambos, pero ellos no pueden hacer lo mismo con el
español. Los hombres españoles pueden violar las mujeres indígenas o negras, pero sobre los
indígenas o negros existen penas máximas si hacen lo mismo a una mujer española o mestiza
españolizada. Los españoles y seudo-españoles serán los blancos que visten y viven
españolizadamente, los otros no. Por último, sólo se puede adorar al dios de los blancos.
56
No obstante, lo particular de Chile es el desarrollo de una adscripción de características
raciales indígenas profundamente contradictorias provocado especialmente por la resistencia
a la conquista desde el río Maule o el río Bío Bío al sur. Según José Bengoa, recién desde el
desastre de Curalava en 1598 se llega a iniciar un racismo jerárquico o tradicional, donde se
asocian cualidades negativas a los indígenas y donde surge la imagen del bárbaro mapuche
como flojo, degenerado, bárbaro y borracho. (Bengoa,1992) Como consecuencia se exige la
esclavitud indígena declarada en 1608, pero que debido a una intensificación de la guerra, se
prohíbe en 1623 con una Real Cédula. Pero por otro lado, simultáneamente con el desarrollo
de la guerra de la Araucanía, comienzan a sobresalir algunas propiedades guerreras de los
mapuche, que resaltan y serán insertadas siglos más tarde cuando se habla de las
características de la identidad nacional. Se exalta al indio mientras es indio y esté ajeno a la
sociedad, lo que también se traduce en un racismo heterofóbico, que limita al de tolerancia:
este grupo racial diferenciado puede mostrar un desarrollo propio pero por separado.
Según Bengoa, el proceso de mestizaje surge como consecuencia de las ideas liberales de la
Colonia, las cuales consideraron erróneas el régimen de protección hacia los indígenas,
consistente en vender las tierras comunales en que habitaban. Por eso, en toda América
Latina y en particular Chile, se derogó. La consecuencia fue simple: todos los pueblos
indígenas de la zona central desaparecieron. La población indígena se transformó en
meramente campesina, se mezcló con la no indígena y surgió el mestizaje que constituye el
campesinado de los pequeños poblados de Chile Central. (Bengoa,1999:28)
No obstante, consideramos que la liberalidad frente al mestizaje biológico no se da tan
pronunciadamente en otros aspectos del mestizaje. En Chile no se acentúan en los mestizos
elementos culturales indígenas o negras, lo cual se explica en un contexto que exige o
prefiere una asimilación de elementos españoles. Y también tiene relación con el nivel de
aceptación por parte de los individuos: la integración puede ser vista como un ascenso social,
porque se han se han borrado sus marcas de explotación de la encomienda o mita, por los
cuales no es necesario ni beneficioso reforzar estos elementos culturales indígenas o negras
que se podrían aún tener.
Por otro lado, realizar esta negación indígena o negra una vez integrado e incorporado al
territorio de la sociedad colonial aparece con la posibilidad de comprar certificados de
pureza de sangre de aquellos individuos que cuentan con la posición en la estructura social,
pero que no necesariamente avalan la ascendencia española requerida. Dicha certificación se
torna común por lo cual constituye una práctica institucionalizada en Chile, al igual que en el
resto de las Colonias. (Mellafe,1959) Considerando que la posibilidad de comprar este
certificado de pureza de sangre tiene un costo y una necesidad para un determinado estrato y
una determinada clase, se deduce que la clase explotadora es heterogénea en su origen racial.
Podemos decir entonces que durante la Colonia existe un racismo jerárquico y de
asimilación, debido a que se desarrolla una estructura social en la cual se continuará y
perfeccionará la división de clase de acuerdo con raza. Es decir, se implementará una alta
correspondencia entre las razas y las clases sociales.
57
Por tanto, a pesar de que el mestizaje entre indígenas, negros y españoles ha sido desde el
principio una característica de la sociedad chilena, se ha negado, no sólo por tratarse una
asimilación de la normativa de la sociedad española, la cual será válida hasta 1818 en
nuestro país, sino especialmente porque los españoles crearon los medios para su negación y
se han asimilado por una parte importante de la sociedad.
La sociedad colonial es clasista y racista: cada uno sabe en que posición nace o a que puede
llegar a aspirar, ya que “los rangos sociales y razas están plenamente jerarquizadas en forma
piramidal; los valores y las formas simbólicas de la clase superior son imitados y finalmente
incorporados por las capas medias e inferiores.” (Góngora,1994:30)
Ya nos hemos referido a las razones de la asimilación: existe un grupo de mestizos que avala
el sistema colonial a través de la búsqueda del mejoramiento de raza y los cuales asimilan
rápidamente los elementos culturales españoles.
El mismo autor investiga los nombres durante el siglo xviii ya que reflejan la rígida
estructura social. El autor descubre que es en el caso de las niñas aristocráticas donde hay
una relación más estrecha entre nombre y clase y por tanto raza. En el siglo xviii, ellas no se
pueden llamar Magdalena, Constanza, Dominga o Pascuala, porque son nombres de indias y
negras. En cuanto a Luis, Rafael o Rosario se trata francamente de nombres aristocratizantes,
casi privativos, lo que para el autor coincide con la aparición de espacios selectos en la
ciudad.22
La relevancia de la religión como elemento primordial en la asimilación cultural se refleja
que a comienzos del siglo xix aún existe una similitud del uso de otras costumbres, no
estrictamente diferenciables entre las costumbres indígenas y europeas en aquella época, ya
sea en la construcción del tipo de casas o en el interior de los hogares. Como relatan algunos
viajeros extranjeros durante la Colonia la sociedad chilena se distinguía por “dos clases
sociales muy diferenciadas, con desigualdades profundas... había sólo ricos y pobres y la
existencia de una clase media no era posible todavía” (p.77). En “las casas en que vivían las
gentes del pueblo...eran casuchas de madera y paja las más pobres y las mejores eran
construidas de adobe (p.81); aunque en general las casas tenían “techos de paja” (p.31)23 .
Las puertas eran a menudo de cuero” (p.81). Durante el invierno la gente permanecía “largo
tiempo alrededor del “brasero”, gran redondel de piedra, bronce o plata...(porque) los
hogares con chimenea generalmente no existían” (p.22-23); eran frecuentes las “mesas bajas
donde era necesario comer inclinado” (p.71) y “a cuyo alrededor se reunían las familias
cruzando las piernas como los turcos y los sastres sentados sobre un tapiz” (p.78) existiendo
sólo un servicio de comedor “compuesto a menudo de un vaso y un cuchillo para todos los
comensales” (p.71). En la clase acomodada se servía en la mañana y en la tarde mate (p.73)
(Feliú Cruz;1970). Por lo visto, a pesar del mate, otros elementos de asimilación en la casa
no permitían clasificar estrictamente.24
22
El Mercurio, 28.10.01, C13
Destaca que el techo de paja actualmente casi no existe, siendo actualmente las construcciones con teja
denominadas “estilo colonial”. No obstante, como se señala en el mismo libro, éstas recién se comienzan a
masificar durante la época de independencia.
24
Sobre costumbres europeas modernas, ver especialmente Sarti, R. “Vida en familia”, op.cit.
23
58
Pero durante esta época también se desarrolla para los desposeídos una desventaja con
profundas consecuencias en el futuro: la implementación de las marcas de dominación a
través de la explotación colonial que llega asimilar clases a razas. Se desarrollan las marcas
de explotación correspondiente a marcas específicas, aunque su particularidad con respecto a
la esclavitud es que –casados entre sí- los esclavos y explotados transmiten estas marcas a la
siguiente generación. Así, estas marcas tienen en América Latina en general la particularidad
de ser las marcas de la explotación social colonial expresadas hasta hoy. Expresados de otro
modo, anteriormente a la conquista era imposible realizar una inferencia a partir de un color
de piel para establecer su condición de clase. Aquella posibilidad se produce en Chile recién
a partir del término de la Conquista. La explotación, como característica continua en la
historia, se exterioriza ahora a través del elemento racial lo cual constituye una
particularidad para toda América Latina.
Durante esta etapa, hemos visto la formación de cuatro grupos principales: el grupo de los
españoles, formado por españoles, criollos (hijos de españoles) y, muy en un inicio, mestizos
españolizados que formarán la clase explotadora. En otro grupo están españoles, mestizos
españoles. En un tercer grupo se ubican mayormente los mestizos indianizados y los
mestizos de indio y negro, los indígenas y los negros, aunque los últimos, debido al
desequilibrio numérico, sufren un proceso de mestizaje, especialmente con los indios y
mestizos.
En su integración a la sociedad colonial pasan por un proceso de asimilación. No obstante,
persiste un grupo de los indígenas que no se integrarán a la sociedad colonial. Especialmente
los primeros dos siguen el racismo de sangre, que los lleva renegar a la sangre mestiza y
desarrollan un fuerte clasismo de los grupos explotados. En tanto, el tercer grupo es el grupo
explotado y su fuerte mestizaje al interior de ello, es producto del racismo de sangre aplicado
por la clase explotadora.
Cada integración social a la sociedad colonial, significa una diferenciación según los
principios de la sociedad colonial, mayormente basada en el elemento racial.
59
3. Capítulo 3:
La formación del Estado-Nación Chileno: 1820-1920.
La modernización y el racismo jerárquico.
La nación y el deseo de la abolición de la diferencia: desde el impulso de la
inmigración al genocidio
Como se ha indicado por varios historiadores y sociólogos, no existe por parte de los criollos
latinoamericanos ni el intento de lograr con la independencia una profunda transformación
económica social ni tampoco la creación de la justicia e igualdad social para todos. Esto
demuestra una vez más la heterogeneidad al interior de la propia clase explotadora
relacionadas principalmente con la apropiación de la riqueza producida, expuesta por lo
demás ante la general reticencia de los esclavistas o hacendados en América Latina ante
estos cambios.
Siguiendo con la idea de Kossok y más tarde adoptada por Mario Góngora, la nacionalidad
chilena ha sido formada por un Estado que ha antecedido a ella a partir de las guerras de la
Independencia y durante todo el siglo xix. Es decir, se plasman los intereses de la
aristocracia en el Estado para configurar una nación. Como se ha señalado más arriba, la
aristocracia tiene una conceptualización racista de la estructura económico social que la
legitima. Los criollos anhelaban su libertad e igualdad, pero no la de la clase explotada. Es
más, se inicia la guerra en el sur tan pronto como acaba la primera generación de “próceres”.
Se trata de la formación de un Estado delimitado a un territorio específico, que requiere el
desarrollo de una Nación. Es decir, se debe enlazar la idea de unidad (identidad) en base a la
creación de lazos afectivos con el desarrollo económico referido a un espacio específico. La
oligarquía forma al Estado (resuelto en la Batalla de Lircay en 193025 ) la cual que tomará
como referencia su pasado, su historia y sus proyectos particulares de la oligarquía.
Ello tiene relación al tema porque esta creación de Estado ocurre desde arriba, es decir, se
impone un estado de acuerdo a las referencias homogéneas que tiene la clase dominante
sobre sí misma, queriendo otorgarle de este modo una uniformidad ante la diversidad de
clases existentes: el estado toma como representación para el conjunto de la nación sólo una
parte de la sociedad, sea en lo económico, social y cultural, dejando la otra parte afuera. Por
ello no se puede hablar de la construcción social, como si hubiese un proyecto consensuado
entre todos (imposible por lo demás) de cómo construir el país. La dominación del estado
necesariamente debe dominar a alguien, en este caso, la clase explotada pasa a ser dominada.
A pesar de la independencia de España, que significa una intención de autonomía, se
desarrolla una fuerte imitación de lo europeo desde el comienzo de la república. Desde la
independencia la sociedad chilena pasa por un proceso de europeización muy vertiginosa y
25
(En las confrontaciones de 1829,1851,1859,1891) “la elite fue capaz de cerrar filas, de unir fuerzas y
oponerse a cualquier peligro, en la mayoría de los casos provenientes de un Ejecutivo que amenazaba con usar
el poder del estado en su favor. ... El poder administrativo del estado se pensó –en el mejor de los casos- como
un instrumento de gobierno oligárquico por parte de la elite y, en el peor, se percibió como un peligro potencial
que había que controlar antes que intentara dividir a la misma elite. ... fue la elite, y con ella el orden
tradicional, y no el estado administrativo, la principal fuerza política a la vez que la principal fuente de
estabilidad social”. A. Jocelyn- Holt, El peso de la noche. 1997, p. 28-29
60
profunda, percibida por los extranjeros europeos “el vestido de las damas, antes grotesco y
casi salvaje, se había modelado a emulación del de las europeas... Se conformaba a las
modas inglesas y francesas...”(p.168). “Hacía 1821 ... las damas... comenzaron a organizar
reuniones de familias donde se seguían las modas inglesas, como la de tomar el té en el lugar
del mate con bombilla que comenzó a desaparecer entonces en las familias de la sociedad
más distinguida y permeable a las innovaciones de las costumbres europeas, principalmente
inglesas”. (p.118). “A las mesas bajas donde antes era necesario comer inclinado, se las
reemplazó por otras más cómodas; al servicio del comedor ... sucedió el confort inglés que
cambiaba a cada plato de útiles.” (p.71) En fin, “hacia ese tiempo podía decirse que los
chilenos se habían hecho semieuropeos, tanto en los trajes como en sus recreos y
costumbres”. (p.78) (Feliú Cruz,1970) Por ende, a excepción de la religión, se acentuaron a
partir de aquella época las características entre lo indígena y europeo, características que
comprenden la ropa, la casa, los hábitos y las costumbres.
La ilustración en el advenimiento del capitalismo pretende realizar la justicia social en la
realidad. Su instrumento es la ciencia. Según la idea liberal de los europeos, ellos estaban en
lo correcto al querer lograrlo, por lo cual no hubo cuestionamiento en la forma en que se
procedía. Pero en Europa, “la mayor parte de los historiadores de la idea del racismo sitúan
el prodigioso avance de la misma en el siglo xix, con su combinación de colonialismo, de
desarrollo de la ciencia y de la industria, de crecimiento de las ciudades, de inmigración y
mezcla de poblaciones y paralelamente, de individualización y auge de los nacionalismos”.
(Wievorka, 1992:31-32)
Pero por contrario, “por mucho tiempo, América Latina vivió la paradoja de tener una clase
dominante oligárquica y aristocrática de origen totalmente agrario que, asumiendo como
propias tanto una ideología liberal como los valores de la razón, se propuso construir un
estado y un aparato jurídico de corte republicano y democrático. Pero, obviamente,
construyó un estado y un sistema jurídico que restringió la participación política y
económica a los miembros de la alianza dominante...” (Larraín, 1996:146) Por tanto, el
grupo que se ha apropiado de la riqueza socialmente creada ha sido bastante heterogéneo
(españoles y criollos). No obstante, esta clase explotadora con formación histórica no
necesariamente ha sido burguesa, ni necesariamente lo será después de la independencia.
Pero la aristocracia local, como clase explotadora, ya no presenta físicamente la diversidad
racial que tenía durante el inicio de la colonia y que ésta llega a atribuirle ahora solamente a
las clases inferiores. Durante los dos siglos anteriores a la independencia y marcados por el
racismo de sangre (heterofóbico) altamente correlacionado con el clasismo se acentuaron en
Chile las diferencias físicas entre la clase explotada y la explotadora. Como se indica al
comienzo de la independencia, en la clase alta los extranjeros “observaban la hermosura de
la tez de los chilenos de raza europea sin mezcla: los ojos azules y el pelo rubio se veían de
ordinario (p.70), aunque en general “hombres y mujeres tenían agradables facciones; los ojos
eran de hermosa forma y los cabellos de un negro azabache. (A pesar de haber), se veían
pocos rubios y rubias. (p.73) (Feliú,1970)
La diferencia social se manifiesta por una acentuada diferencia racial, dado que la clase
explotadora tiene rasgos europeos, en tanto, la clase explotada tiene acentuados rasgos
indígenas y negros.
61
La “blancura” llega a ser una característica principal en el contenido del proceso de
asimilación de la incipiente nación y en la formación de su identidad. Este rasgo,
correspondiente a la oligarquía, y transmitida por el estado, se desarrollará como un principal
carácter físico de la identidad nacional de la “chilenidad”. Anteriormente, durante la colonia,
esta característica era uno de los rasgos diferenciadores principales entre clase explotada y
explotadora, por lo cual ahora en la república se transmite desde las clases dominantes a la
sociedad en general, como proyecto de unidad y de modernización. Para subrayar este rasgo
de blancura se inicia una política inmigratoria propulsada por parte del estado; este rasgo del
nuevo estado que está estrechamente relacionado con el proyecto de modernidad y su
proceso de modernización apuntará a incentivar la inmigración europea.
A partir de más o menos 1850 se pronuncia y se realiza por parte del estado el primer
impulso dirigido a seguir el modelo de desarrollo económico europeo obedeciendo de esta
manera a la tendencia del racismo jerárquico. Así se impulsa desde el nuevo estado una
inmigración con el objetivo de eliminar las características psicosociales que obstaculizan la
modernización y el desarrollo de la sociedad.
La promoción diferencial de la inmigración europea fue oficialmente propuesta por
Benjamín Vicuña Mackenna. Su clasificación de los inmigrantes europeos aconsejaba
clasificar preferentemente de modo siguiente: en un primer lugar, se debía propulsar la
inmigración de alemanes, italianos y suizos, seguido por el grupo conformado por
irlandeses, escoceses e ingleses. En un tercer lugar se ubican los franceses, y en el último
lugar, los españoles. (B. Vicuña Mackenna,1865) Dicho incentivo dirigido a ciertos países
declina incentivar una inmigración de otros países, especialmente fuera de la región
occidental-europea. En 1911 el conservador diario “El Mercurio” enunciará que las personas
procedentes de otros lugares del mundo no-occidente (chinos, japoneses, árabes u judíos)
son “criaturas biológicamente inferiores que debían ser excluidas del país”.
(Rebolledo,1991:219)
Como señala el sociólogo Jorge Larraín, la influencia de las ideas ilustradas a fines del siglo
xix estaban en su cenit, las posiciones ponían sus esperanzas en que pudieran implementarse
soluciones europeas o norteamericanas para compensar las inherentes deficiencias
latinoamericanas. En muchos casos la descripción de esas deficiencias tenía connotaciones
claramente racistas. América Latina tenía que ser civilizada y debían erradicarse sus rasgos
culturales atrasados y bárbaros. La civilización estaba representada por Europa y los estados
Unidos y la barbarie resultaba de la inferioridad racial. Por ello, no debe sorprender entonces
que algunas de las políticas que propugnaban para modernizar a América Latina consistían
en mejorar su raza mediante la inmigración europea. Citando a varios intelectuales de la
época, se propone en el contexto latinoamericano promover una inmigración blanca,
asociado a la creación de una clase capitalista anti-feudal –que faltaba en estos países y es
vista como necesaria para lograr el anhelado progreso- y se declara la oposición a la
inmigración de razas “inferiores” para llevar a cabo la modernización de América Latina.
(Larraín,1996:146-147)
Entre estos intelectuales cuentan Sarmiento, Alberdi, Prado e Ingenieros, Bunge en Perú y
Gil Fourdul. (Larraín,1996) En Chile, a comienzos del siglo xx se pronuncian intelectuales
62
como Nicolás Palacios (“Es difícil calcular cuanto mal puede hacer un sólo negro
introducido al país”). Además se publican también comentarios racistas en revistas
científicas: L. Thayer Ojeda en la Revista Chilena de Historia y Geografía, Nro.30, 1918
menciona que el “factor que perturbó la homogeneidad de la raza chilena, aunque
afortunadamente no en forma tan considerable como en otros países americanos, fue el
elemento negro”. Domingo Amunátegui Solar señala en la misma revista, en 1922 y nro. 48
“A pesar de la suavidad del clima, (éste) no era favorable a la raza africana” y “ El Cabildo
manifestaba al gobernador Laso de la Vega que era muy difícil guardar el orden dentro de su
jurisdicción, pues había en ella más de dos mil quinientos esclavos de Angola, todos tan
dados a la ebriedad como los mismos indígenas.”)
Es decir, el problema del estado es su modernización y una de las vías para lograr solucionar
dicho objetivo es el incentivo de la inmigración europea, bien específica por lo demás. Ésta
aportaría en adquirir por parte de la sociedad chilena la experiencia de la modernización y a
formar la base del desarrollo capitalista. Así, la inmigración permitiría asimilar los
conocimientos, hacer “nuestra” esta experiencia capitalista traduciendo esto a saber
aprovechar y aplicarlos en la teoría y la práctica.
Pero se advierte que la promoción de la inmigración no puede responder al problema del
desarrollo capitalista, confirmando de esta manera a Marx que la mera inmigración de una
raza distinta sigue siendo tautológica. La mera inmigración no propulsará de por sí para toda
la sociedad un desarrollo capitalista, ni logrará asimilarse automáticamente por toda la
población, a pesar de que el estado así lo desee. Por otro lado, las tareas y condiciones
sociales difieren de manera significativa al contexto originario del desarrollo capitalista, por
lo cual su acción práctica también debería saber distinguir del cambio de la situación de la
cual se parte ahora.
Por otro lado, si este impulso tiene como objetivo mejorar la raza de los chilenos, ello no
necesariamente concuerda con la visión de los europeos, que debido a su reciente historia de
ser países coloniales, no necesariamente llegaran asentir a la necesidad del mestizaje, debido
a que ésta puede significar más bien la “degeneración de la especie”, tal como indicó
Gobineau.
La ubicación estratégica y la denominación de ser “colonos” sitúan principalmente a
alemanes en territorios silvestres sureños y supuestamente baldíos. Como señala Bengoa,
“los chilenos cultos, no sólo los bandoleros, vieron un territorio del sur desocupado, vacío,
sin producir nada de su potencial agrícola y ganadero, vieron un pequeño grupo de indígenas
a los que había que reducir, educar e integrar lo más rápida y pacíficamente posible al pueblo
chileno. ..Nadie vio otra cosa, otra alternativa, otro camino.” No se quiso colonizar a través
del indígena. No obstante, prosigue “los mapuches, ganaderos ricos, arreadores de animales
desde la Argentina, contribuyeron a la apertura de las rutas del Pacífico que, no existiendo
aún el Canal de Panamá, se realizó por Cabo de Hornos. Los araucanos de esos años se
encontraban integrados al mercado mundial de producción de alimentos. Tenían sus sistemas
productivos, sus mercados, comerciaban, y entendían perfectamente de precios, pesos y
medidas. La riqueza ganadera se expresó en la platería Araucanía ... es inconmensurable....”
(Bengoa,1999:39-41)
63
Simultáneamente, la colonización del extremo sur realizada por habitantes chilenos e
inmigrantes europeos (principalmente croatas) desata una violencia acentuada en la
Patagonia magallánica, en donde a partir de la posesión del estado en 1843 se produjo la casi
total aniquilación de sus indígenas tehuelches, yagan y alacalufe a fines del siglo xix. Este
genocidio corresponde entonces a una política de modernización llevada a cabo por parte del
Estado, lo cual refleja que existe una coherencia en la política del estado en cuanto a los
métodos de llevar a cabo la modernización, que impide reflexionar sobre alternativas en el
planteamiento del modelo de modernidad.
El indígena, el mestizo y en general la clase baja constituyen un obstáculo al progreso ya que
a pesar de su cantidad no son considerados como actores sociales relevantes para colonizar
las tierras “baldías” de los estados incipientes, obedeciendo así al racismo jerárquico.
El impulso a la inmigración obedece al objetivo de mejorar la raza, ya sea en términos de
color o en términos de la asimilación y apropiación de la modernidad y racionalidad europea.
Los inmigrantes parten de la misma base que los nativos de “abajo”, pero se observa que
durante un breve período éstos logran el ascenso y la movilidad social. De este modo forman
parte de la incipiente clase media lo que mostraría a los teóricos liberales y a la psicología
hereditaria que los pobres nativos no tienen el mismo “empuje” para salir adelante. No
obstante, los inmigrantes no cuentan con el “tatuaje” o la marca de la pobreza –aplicada
durante dos siglos y medio— a través de ciertos rasgos físicos y, por ende, con el prejuicio.
Debido a que la naciente clase trabajadora presenta a un mestizaje continuo continúan en ella
los rasgos raciales propia dela clase explotada, lo cual ayuda a entender las razones por la
cual según Bastide el prejuicio de raza es una variable económica.
Pero los inmigrantes provienen de un contexto de desarrollo capitalista, en el cual el
conocimiento, la tecnología y el desarrollo de las fuerzas productivas en general están
adecuadas y son propias de ese desarrollo. Es decir, dominan los métodos, la tecnología, y
los instrumentos para producir, como también el conocimiento sobre el modo en que se
quiere lograr el progreso capitalista. Además, de modo general, no se llegan a incorporar de
manera significativa a través del proceso de mestizaje biológico en la clase baja, debido a
que provienen de países en que según la jerarquía racial ellos se hallan en el tramo superior ,
pero también porque absorben rápidamente el prejuicio de clase imperante en los estados
latinoamericanos. En los lugares de convivencia territorial, a pesar de que al comienzo se
posicionen en una misma clase, el matrimonio legal entre nativos e inmigrantes europeos es
poco frecuente.
La consolidación del estado de Chile requiere reimpulsar, en conjunto con Argentina, una
guerra con el objetivo de someter finalmente a los mapuche. En el caso de Chile, hay un
modo particular de distanciarse del indio y del negro. Ambos están distantes, aunque el
indígena “común”, se encuentra lejos en términos de espacio (norte grande andino desde
1881, islas lejanas y sur extremo al Bío Bío), en tanto, el negro se encuentra remoto en el
tiempo, lo cual facilita la negación en la real participación del mestizaje. En el caso Chile, la
guerra del Pacífico contra Bolivia y Perú (1870-1884) se hizo contra el “cholo” y acentuó el
sentimiento de la homogeneidad de la raza. (Feliú,1966:157-168), siendo lo particular que un
Prat y un Bolognesi no tienen diferencias físicas o raciales entre sí.
64
Por lo demás, se pretende alejar al negro en la participación del mestizaje, lo cual se
posibilita especialmente debido al término de su introducción y de su mestizaje. A diferencia
de otros países latinoamericanos, en el siglo xviii no hubo una importación significativa de
esclavos, con lo cual se posibilitó la desaparición de sus rasgos más significativos.
A modo siguiente se describirán brevemente algunos comentarios de los intelectuales de la
época. A principios del siglo xx Nicolás Palacios sabe de la existencia de sólo tres familias
en Santiago, conformando esta idea de blancura de la clase dominante un elemento decisivo
en la conformación de la imagen de Nación entera. “El negro en aquellos tiempos venía
directamente de las regiones calientes del África a nuestro clima templado y frío, por lo que
se moría aquí, seguramente de tisis....El Zambo mismo es poco resistente al frío. Además los
negros parecen perder gran parte de su facultad reproductiva de las regiones cálidas. Hoy se
sabe que la aclimatación de una raza es un proceso selectivo natural... La Naturaleza ha
escogido para que sobrevivan en ese clima tan opuesto al que se ha desarrollado la raza
negra, a los individuos que presentaban como propiedad individual esa resistencia al cambio
clima. Es pues una selección natural. Los negros en Chile quedaron como he dicho en las
ciudades de alguna importancia. En los campos fue casi desconocido su existencia. ...(y) no
pasara de Talca. Las tres familias negras que conocí en Santiago en 1901, (...) vivían en el
barrio de la Recoleta y procedía de negrillas traías del norte por oficiales del ejército que
hizo guerra del Pacífico. Es difícil calcular cuanto mal puede hacer un sólo negro
introducido al país.” (Palacios, 1918: 220-221)
Es decir, acá hay un racismo relacionado con un proyecto país y de modernidad. Este
racismo es total: es de tipo heterofóbico porque desea anular expresamente las diferencias
físicas entre los individuos, un ideal de homogeneidad muy explícito. Para ello sirve la
guerra en el sur concluida en 1881, en la cual hay un intento de aniquilación y destrucción al
otro, también denominado como genocidio. (José Bengoa:1999) Este ideal de homogeneidad
necesariamente debe pasar por una asimilación a sí, ya sea en las costumbres, vestimentas,
lenguaje y nombres. Además es mestizofóbico, donde la dominación de la oligarquía niega a
su mestizaje de español e india, trasladando ésta negación a la sociedad total. En tanto, los
“últimos indígenas” serán excluidos en reducciones.
Creer en la superioridad de alguien debido a su color de piel, es ser racista, especialmente si
hay un proyecto justificador detrás. Carecer de los atributos del blanco significa estar
destinado a ser pobre, no ser moderno, ni lindo. Sabemos como opera el individuo en cuanto
a las simplificaciones en torno a su vida. La inmigración podría atenuar o “limpiar” los
rezagos mestizos y “mejorar la raza”, término aún hoy muy utilizado cuando se puede
blanquear.
Sin embargo, Larraín opina en ese momento lo contrario ya que para él “es importante
aclarar, ..., que no toda recepción del racionalismo y empirismo europeos tenía
connotaciones racistas. En muchos de los sectores intelectuales, el racionalismo significó
solamente el deseo de modernizar, el énfasis en la importancia de la ciencia y la fe en la
educación.” (Larraín,96:150) Pero, como señala Wievorka, insistir demasiado en el racismo
institucional y propiciado por parte del estado, puede exculpar al actor social.
(Wievorka,1992:151) Pero también hay que considerar que el proyecto de modernidad no
ofrece alternativa para la clase desposeída. Tampoco se considera a los indígenas, ni se es
65
tolerante con ellos (cada uno con su desarrollo propio) sino que simplemente se los pasa a
llevar.
Durante sus primeros cien años, el estado se aleja del “otro” interior como también exterior,
es decir, propone una distinción limitante en su relación con los indígenas y a los países
vecinos. En ello ayudó especialmente la Guerra del Pacífico y la Guerra de la Araucanía. En
el primer caso, bolivianos y peruanos son los “cholos” y en el segundo, los mapuche, los
yagan y los aymara son los “indígenas”. Como el término racista es relacional y está siempre
referido al otro, en ambos casos, el chileno se ve a sí mismo como blanco y, por tanto,
superior.
Alrededor de la mitad del siglo xix se inicia también durante el incipiente desarrollo de la
clase trabajadora. En el caso del sur de Chile ocurre que en la zona del carbón se incorpora a
mapuche a la fuerza de trabajo minera, lo cual continuó el proceso de mestizaje porque se
fueron casando con gente que venía llegando de diversas partes del país a trabajar en la zona.
Como señala Bengoa, aquello se remonta al siglo pasado (siglo xviii), cuando los mapuche
de los campos cercanos a las minas de carbón de Lota, Curanilahue y Coronel fueron
violentamente desplazados para explotar en sus tierras el bosque y las minas. Así, los
mapuche se incorporaron a la fuerza de trabajo minera y el proceso de mestizaje continuó.
(Bengoa, 99:141-142).
En Lota y en las salitreras del norte se evidencian de manera drástica las diferencias en la
estructura de clases sociales. Al igual que en el caso del sur, entre los obreros (!) ocurre en
las salitreras un mestizaje entre individuos del sur y de las zonas del interior de Chile, de
Perú, Bolivia y Argentina. Cada uno de estos países tiene con un proceso de mestizaje
particular. Al igual que en el caso anterior, los mestizos llegan a formar la naciente y
creciente clase trabajadora. En tanto, la clase dominante y oligárquica se reproduce entre ella
misma.
Esto a su vez, favorece el desarrollo de la conciencia de clase, ya no sólo para la oligarquía
sino también para la clase explotada, dado que los mestizos reproducidos al interior de la
clase explotada también desarrollan su conciencia sobre la explotación, realizándose a partir
de 1870 los primeros intentos de lograr la justicia social a través de una incipiente acción
social conjunta. Es decir, su conciencia de clase permite ver a la sociedad de clases como
injusta. La clase explotada tiene las “marcas de la esclavitud”, en lo cual ha sido reforzado
por el clasismo y racismo heterofóbico de la clase explotadora y dominante hasta ese
entonces, en tanto el proceso de asimilación los ubicó en Chile durante el comienzo del
desarrollo capitalista como clase trabajadora. Éste proceso de asimilación despojó a los
mestizos (del interior de la clase explotada) desde hace tiempo de las expresiones culturales
de la raza india o negra. Así, la alternativa de expresión sobre su común lugar en la
estructura social llega a expresarse a través de una incipiente acción de clase, a pesar de
tener acentuados rasgos indígenas y negros yser mestizos de la clase explotada. Es decir, su
descendencia indígena, debido al proceso de asimilación, se expresa a través de su ser en la
clase trabajadora.
La convivencia en estos lugares de explotación de recursos naturales manifiesta las
diferencias sociales a través de la división espacial: en un determinado radio, es decir, en
66
cierta cercanía espacial, la división será efectuada según la división social en cuanto a la
tenencia los medios de producción. La clase explotadora construyó para sí y para los otros
para sobrevivir la cotidianidad un clasismo inflexible. Los propietarios de los medios de
producción definen también el comportamiento de cada clase. Al igual que durante la época
colonial, el dueño blanco trabaja con la “mente” y manda; el trabajador mestizo trabaja con
su cuerpo y obedece. Las diferencias manifiestas entre explotado y explotador aún son
reconocibles en la división habitacional de estas zonas mineras. A ello se le agrega que
según el lugar en la estructura económico- social se diferencia la ubicación en el teatro y en
el casino (para almuerzo), en los cementerios. Los obreros debían aprender e internalizar el
lugar que les corresponde a ellos como también a la clase explotadora y dominante; la clase
dominante se aseguraba en recordar a los trabajadores que sólo son trabajadores sin
propiedad.
A cada clase se le atribuyen ciertos rasgos psicosociales insuperables. Por parte de la clase
explotadora existe un clasismo patente que poco promueven la movilidad social. Como se
señala en la primera década del siglo xx “lo más grave entre ambas clases no está sólo en la
fortuna sino también en la instrucción, ... entre los directores se ve cultura, lujo excesivo,
molicio y vicios aristocráticos; al paso que entre los otros predominan la más torpe
ignorancia, la miserias y los vicios soeces.” (Venegas,1971:292) La formulación de
características psicosociales propias de las clases ya tiene como supuesta las diferencias
raciales.
No obstante, creemos que alrededor del inicio del siglo del siglo xx, el concepto de clases se
hace más fuerte que las alusiones a los colores y las razas. Por un lado se tiene como
supuestas, pero por otro lado se niegan ante el ideal de homogeneidad, especialmente en el
entorno urbano. La raza o los colores pasan a ser obvios ya sea por si mismos o en su
relación y no se desarrollan ni se mencionan como problema social.
La principal critica radica en que se quiso propulsar a partir de mitad del siglo xix una
producción capitalista siendo empero su base solamente la explotación de los recursos
naturales - lo cual es bastante contradictorio con el objetivo de ser moderno, como también
con el desarrollo capitalista. Para superar lo atrasado y lo indio y lograr la modernización se
impulsó la inmigración con lo cual la aniquilación de una parte del “ser” de la sociedad
chilena se pasó a llevar ni se considera como aporte en el proceso de modernización. Esta
liquidación de una sociedad histórica se advierte de la misma manera hoy cuando el estado
trata de lograr la modernización. Pero durante aquella época se origina una clase trabajadora
creciente formada principalmente de mestizos y sus descendientes que durante la colonia
estaban relegados a los estratos inferiores. Así, los desposeídos continúan siendo
desposeídos, aunque ahora el límite preponderante es la clase social y no la raza.
Sin embargo, hay acciones que son jerárquicas y despreciadas por cada clase porque
adoptarlas significa ser de una clase que no se es. Es la clase oligárquica y el estado
dominante que no sólo busca propiedades distintivas sino además el alejamiento de
incipiente y creciente clase media y la clase baja. Aquello se observa especialmente en
América Latina y es lo que se puede definir como clasismo. Sin embargo, lo que varía a
través de la historia o periodos más breve, son las prácticas que se consideran exclusivas de
cada clase. Abarcar a toda la historia de Chile en el contexto latinoamericano en un tiempo y
67
espacio que requiere este trabajo no es posible, sin embargo servirán algunos lineamientos
para su realización.
Como resumen de este capítulo cabe decir entonces que el estado y la sociedad chilena han
convergido al racismo heterofóbico, ya sea a) al racismo de asimilación, teniendo como
producto principal la formación de una clase explotada con acentuados rasgos indígenas y
negros. Pero, por otro lado, también han expresado un b) racismo diferencialista,
mestizofóbico y de exclusión, dirigido principalmente en contra de los indígenas. Aunque su
fobia al mestizaje y la separación a través de la exclusión también va dirigida en contra la
clase explotada, es más pertinente hablar acá de clasismo, acentuándose éste en la fase
posterior.
4. Capítulo 4:
Las transformaciones del siglo xx: desde la clase social común a
la lucha de etnias
Haremos brevemente referencia al estado pos-oligárquico. Parece legítimo periodizarlo
desde los años hasta 1973 cuando hay una creciente y significativa participación corporativa
y política de los actores sociales pertenecientes a la clase media en la sociedad chilena.
Durante los inicios de dicha fase se fundaron partidos políticos “propios” de la clase media y
trabajadora; por parte del estado se implementó la educación básica como obligatoria y
aumentó la población urbana. Al igual que en el contexto mundial occidental, las diferencias
sociales se definen a partir de las clases sociales a partir de las cuales se formula la lucha por
el acceso a derechos iguales. Asimismo existía durante esta época un amplio programa social
atrayente para todos los grupos sociales. El clasismo, por tanto, sufre un repliegue.
Es decir, a partir de 1920 los procesos despliegan una mayor democratización de los
espacios y lugares anteriormente limitadas a la clase explotadora y dominante.
Momentáneamente incluso puede haber una convivencia temporal entre las distintas clases
sociales: los colegios podrían ser un ejemplo, pero es de suponer, que la oligarquía se refinó
rápidamente hacia instituciones privadas26 . No obstante, creemos que existe por parte de la
oligarquía un repliegue, acción que reacciona para mantener lo suyo y tratando de redefinirse
como clase ante este nuevo escenario social, debido a que por primera vez en la historia debe
compartir la dominación aunque no sus bienes privados.
Durante el siglo xx, la sociedad chilena refuerza su estatización y el estado se vuelve más
sociedad. Es decir, el estado consigue a definir cada vez más el escenario en que se
interpretan las actividades y amplían las facultades de los ciudadanos. Los ciudadanos a su
vez intentan influir en éste lo cual se llega a lograr con más derecho de participación. Se
requieren nuevos métodos para gobernar y establecer lazos de lealtad.
Estos procesos mencionados permiten la movilidad social que flexibilizan los límites
mestizos: la educación no sólo es considerada primordial para la transformación de la gente
26
Lamentablemente, parece no haber datos específicos en cuanto a la evolución de sus números durante este
período. R. Aedo-Richmond, “La educación privada en Chile”, p.95-111
68
en ciudadanos. La clase media se educa en un primer momento bajo el alero de un estado
oligárquico, por lo cual asimila y transmite su ideología, teniendo como resultado la división
sobre su acción y sobre su lugar en la posición social.
Es así como puede persistir la idea de una sociedad homogénea fenotípicamente a pesar de
que –especialmente a través de los diversos procesos de integración-- la realidad social
muestre todo lo contrario. Al interior de la clase media se inserta una diversidad de colores,
producto de la incorporación de sujetos de la clase trabajadora, mestizos que han pasado
continua y de manera acentuada últimamente por un proceso de mestizaje como también por
parte de los inmigrantes, especialmente europeos. Se incorporan a individuos con colores de
ambos extremos, que se debe a la incipiente movilidad e integración social.
Desde los años veinte del siglo xx la clase media cuenta en su interior con una enorme
diversidad racial que se debe principalmente al incipiente proceso de movilidad social y la
inmigración europea. No obstante, a través de la imposición y asimilación de la ideología
dominante de la oligarquía perpetuada en el estado, la clase media continúa con el racismo
mestizofóbico dirigido a cualquier rasgo que muestra ser indígenas. Es decir, gracias a la
ideología dominante el racismo se hace siendo a través de su asimilación en el individuo. El
mestizaje a través de la continuidad en algunos rasgos físicos muestran ser la propiedad más
relevante que revelan haber sido parte de la clase explotada y dominada durante la colonia.
¡A nadie le gusta demostrar la debilidad histórica, especialmente cuando ésta es despreciada
por los que dominan!
Pero la heterogeneidad de la clase media no significa necesariamente su aceptación de
vestigios indígenas y negros al interior de ella, ya sea como atributos físicos o en el
comportamiento. Dado que hasta cerca de 1920 hubo una estrecha relación entre raza y
clase, la movilidad social ha incorporado a individuos a la clase media, que en sus rasgos
físicas muestran la inferioridad social histórica de sus antepasados. Es decir, debido a un
proceso creciente de movilidad social, se diluyen de manera acentuada la correspondencia
entre raza y clase colonial.
No obstante, se ubican ahora al interior de una misma clase rasgos físicos diversos y sólo
una parte de ella cumple con el ideal de homogeneidad racial de la ideología dominante,
ideal creado por la oligarquía y traspasada al estado y absorbido por parte de la clase media.
Así, los individuos con rasgos físicos, que exponen la “esclavitud” pasada, rasgos que en
gran parte no se pueden cambiar, serán objetos de co-acción constante, dado que el racismo
se hace siendo. Es decir, su asenso en el lugar de la estructura social es evidente y facilitado
gracias al proceso social; no obstante, no corresponde a la relación de la ideología imperante.
La evidencia de la incoherencia entre raza y clase, gracias a la ideología dominante, se
demuestra fuertemente al interior de la clase media; es decir, se expresa a través de un
racismo en el cual, según Bastide, el individuo moreno siempre está obligado a comprobar
de no formar parte de la clase inferior, ya sea a través de su instrucción a la cual accedió a
partir de 1920, o a través de su riqueza. Esta obligación a la demostración muestra la
ferocidad del racismo al interior de la clase media, presión que se ejerce sobre los individuos
que presentan los rasgos que no corresponden al ideal homogéneo.
Es decir, la clase media se masifica en un período relativamente corto, especialmente debido
69
a la ampliación del aparato del estado. Pero dado a que la clase media chilena surge
fundamentalmente debido a éste –y el cual a su vez, es formado por la oligarquía-, incorpora
a través de su principal institución formadora (educación) su ideología racista no sólo contra
los negros e indígenas, sino también la de una “uniformidad racial” con la que ni ella
cumple.
Durante 1920-73 y habiendo un creciente proceso de urbanización gracias a las migraciones
desde zonas rurales sureñas o mineras nortinas permite suponer que en los barrios siempre
habían unos “cholitos”, “indígenas”, “negros” o “huachos”, que, por tanto, no eran iguales al
resto. En los colegios, hasta hoy hay cada curso un “chino”, un “negro”, un “indio”.
Un estudio de Cantoni durante fines de los años sesenta nos da un indicio al respecto: en la
investigación se consulta a mapuche y mestizos mapuche de distintas localidades espaciales
sobre frecuencia e intensidad de discriminación. El detalle interesante es que según la
percepción de los entrevistados, la discriminación contra el mapuche sería mayor en la
ciudad que en el campo y alcanzaría más a los situados en posición económica regular que
en posición económica mala. (Cantoni,1978:312)
Los negros lejanos en el tiempo, es decir, por completo mestizados, y los indígenas
relegados al extremo sur están excluidos del proceso de integración, lo cual facilita para la
sociedad no considerarlas. Su distribución en el campo resulta óptima para su negación e
invisibilidad, pero cuando se integran a la sociedad se les aplica un racismo jerárquico ante
lo cual la asimilación de la cultura dominante parece ser la alternativa para la asimilación.
Así tampoco serán partícipes activos en el mestizaje cultural y físico, relegándolos por su
remota ubicación al “exotismo”.
No obstante, la tendencia a no asumirse y por tanto negarse a los colores y el físico mestizo y
reales se expresa a través de un blanqueamiento no se manifiesta e incluso se niega, lo cual
dificulta el estudio sobre el racismo y el clasismo. En Venezuela un estudio mostró que los
prejuicios raciales operan en las distancias sociales, es decir, en el deseo de contraer
matrimonio con alguien que cumpla el objetivo de mejorar la raza. No obstante, el estudio
arrojó que el racismo no tiene relación directa con el clasismo, pero que la “gente está
conciente de que los cargos que se otorgan en una empresa dependen del nivel socioeconómico de una persona y que es más difícil para un negro llegar a ocupar posiciones altas
que para un blanco. (www.afrolatino.org)
A través del proceso de movilidad social es posible que durante su vida una persona cambie
su posición social sin importar qué tan moreno o indio se es, ni requiere de un cambio de
residencia. La movilidad social se logra a medida que se alcanza el éxito económico o una
alta educación. En otros términos, entré más rico una persona de color oscura, más alta será
la categoría social en que se será asignado por sus amigos, sus familiares y socios de negocio
o compañeros de trabajo, donde el color pasa a un segundo nivel.
En Chile se han estudiado algunas experiencias referidas a los inmigrantes árabes que
lograron pertenecer durante su vida a las tres clases sociales chilenas. Es decir, partieron del
escalón más bajo y llegaron al más arriba. Esto significó que iban adoptando formas de vida
propias de la clase media y alta, cuando pertenecían a la clase media y a la alta,
70
respectivamente. Sin embargo, la nueva vieja oligarquía se mostró reticente: aunque varios
inmigrantes demostraron tener el respaldo o patrimonio económico para su incorporación
que precisaba un club al que recurrían los hombres de la oligarquía el acceso les fue negado
en un principio. (Rebolledo,1991)
El caso de mestizos con acentuados rasgos indígenas, pero normales, especialmente en la
clase baja, se refleja en Iván Zamorano o Miriam Hernández. La última ha pasado además
por todo un proceso de blanqueamiento impresionante gracias a la cirugía plástica para
quitarse sus rasgos indígenas, los cuales podrían interferir en la adecuación a su nuevo
posicionamiento de clase social. Además ha tomado como parámetros de belleza la que se
pretende demostrar como propia por parte de la clase dominante, donde ella se ubica ahora.
Se observa que mientras más se autoaleja el propio individuo como indígena, más puede
subir en la escala social. Lo indígena significa pobre y dominado; las distancias pueden
realizarse en la práctica a través del cambio de apellido o de las novedosas cirugías plásticas,
donde Michael Jackson es ejemplo ideal de demostración.
Cabe preguntarse, porqué después de todas las transformaciones económico y sociales, cómo
después de 50 años de desarrollo democrático, aún las clases dominadas son las más oscuras.
Como indica Larraín, “la estratificación social, aún aquella de carácter capitalista, siempre
ha ido acompañada de un elemento racial: en Chile, de manera general, mientras más oscura
la piel, más baja la clase social. Los barrios pobres de las ciudades contienen una mayor de
gente de piel más oscura.” (Larraín, 2000:232) Esto no debiera sorprender si se tiene en
cuenta que la explotación, a pesar de haber algunos pocos años de intención, no ha sido
superada, ni cuando se toma en cuenta que la explotación colonial ha creado desventajas
históricas que no han sido revertidas significativamente en las épocas posteriores. La clase
explotada sigue siendo explotada, manteniendo incluso sus principales características de
explotación que la definieron durante la Colonia, es decir, de ser descendientes de mestizos
indígenas, españoles y negros. El tatuaje de la explotación a través de la encomienda,
esclavitud y mita se perpetúa en ciertos rasgos y físicos raciales. La esclavitud se traslapa de
esta manera a los tiempos modernos, por lo cual, en nuestro país los aspectos raciales son las
características de la explotación histórica. El explotado sigue siendo explotado. Pero en
Chile el indio, el negro y el mestizo indianizado explotado durante la Colonia se expresan
hoy a través de sus descendientes mezclado entre sí, por lo que continúan manteniendo no
sólo su condición social de la colonia, sino también sus similares rasgos raciales de la
colonia. De este modo, se puede observar que esta problemática social está asociada a la
perpetuación de la estricta diferencia entre las clases sociales.
Pero ¿se heredan las características, son las clases más bajas, además de negros, ineptos,
tontos, inocurrentes? Y los indígenas? Tenían razón los reduccionistas y deterministas
biológicos, a los cuales se hizo mención al comienzo de este documento? Y porqué las clases
bajas son aún negras? Primero habrá que recordar que aquello no tiene nada de malo.
Segundo, el color negro es dominante en el fenotipo, es decir, puede heredarse pero no se
hereda necesariamente27 . Cuando no se integra una nueva raza se perpetuaran colores y
27
En Chile existen varios casos en que al interior de una familia uno de los hermanos nace moreno y el otro
claro siendo, sin embargo, hermanos de los mismos padres. Con ello se quiere demostrar, que los colores son
por azar.
71
rasgos que por sí solos difícilmente podrán cambiar. Y tercero, hablar de la clase explotada
significa hablar de una pobreza histórica que no es posible revertir en períodos breves, más
aún si las distancias entre rico y pobre se acrecientan cada día.
Entre las clases sociales aún existe un intenso proceso de división el cual tampoco ha sido
revertido por los gobiernos de la Concertación. Un indicador es la casi nula variación en la
distribución del excedente durante ya casi 30 treinta años entre los quintiles. (Mideplan,
2003) Recordemos que además durante el régimen militar que la exclusión de la clase social
explotada fue brutal de la cual la imposición a la segregación espacial al interior de la ciudad
sólo constituye un ejemplo manifiesto, lo que demuestra el feroz clasismo de la clase
dominante: expresa de manera tajante el deseo y el poder de ella de efectuar una separación
rigurosa entre clases sociales. Al igual que con los indígenas en el país, a los pobres se los
replegó a los extremos de las ciudades para invisibilizarlos.
La supuesta actual mejora de algunos índices a nivel comunal de la política urbana de la
Concertación, la cual que se refiere a la introducción estratos superiores a las comunas
pobres, no constituyen mediciones válidas ni indican una mejora en la distribución del
excedente. Esta convivencia incluso ha sido acompañada por el clasismo de los nuevos
habitantes al construir muros y rejas para la estricta separación.
La experiencia del destierro sucedió igualmente en Montevideo con la población
afrodescendiente, esto es, la población que tiene en su piel tiene la marca de la esclavitud.
Ésta vive en los cinturones de la capital formando parte de los barrios de emergencia, hecho
que se agrava desde la época de la dictadura (1973-1984) cuando un número importante de
negros fue desalojado violentamente de sus barrios tradicionales en el centro de Montevideo.
Ellos alegan, sin embargo, que hasta el presente no han habido políticas de estado para
reinsertar a este sector en sus barrios de origen, lo que demostraría al clasismo y racismo del
estado uruguayo. (Mundoafro:18-19)
Esta exclusión urbana, principalmente en la ciudad de Santiago, contribuye a negar o
aminorar las diferencias sociales. Pero también ayudó a reforzar y proyectar la imagen de la
blancura homogénea propia de la clase explotadora y dominante a todo el país. La creencia
de una homogeneidad racial de los chilenos ha sido confirmada mientras se terminaba este
estudio a través de una encuesta realizada de la Fundación Ideas en noviembre del 2003. Así,
en relación a las “categorías humanas” ofrecidas, un 39,5% de los encuestados dice
pertenecer al grupo de los “blancos latinoamericanos” y el 22,4% señala que forma parte de
los “mestizos blancos”. El 14,6% dice que ser “mestizos”, un 10,1% “blanco europeo” y sólo
el 3,8% dice ser “mestizo indígena”.
La mayoría de los consultados se ve como “blanca” y “tez blanca y morena” (44% y 31%
respectivamente). A pesar de que dicen que no le habría gustado ser más blanco o rubio, un
gran porcentaje (89%) no le hubiese gustado ser “más moreno” de lo que es. Enfrente de esta
situación, cabe mencionar que respecto a la diferencia social, los grupos dominantes (los de
“Vitacura frente a los de la Pintana”) aparecen como más “atractivos”, “altos” y “blancos” y
los segundos menos atractivos, altos y blancos (en otros términos poco atractivo, bajos y
negros o morenos). En cuanto a categorías psicosociales destacan que los primeros son
también más “prepotentes”, “intolerantes” e “inteligentes” que los segundos. (Fundación
72
Ideas, 2003)
A pesar de que nos parece que la encuesta tiene algunas falencias relacionadas con
categorías humanas ofrecidas, es capaz de demostrar algunas contradicciones de los
chilenos: ya hemos señalado anteriormente, que la palabra mestizo se refiere, especialmente
en América Latina, a ser mezcla español e india, lo cual parece aún no captarse. En términos
estrictos, no debiera haber diferencia entre “mestizo blanco”, “mestizo” y “mestizo
indígena” dado que expresan lo mismo en términos raciales. Por otro lado, no parece muy
clara la diferencia fenotípica entre “latinoamericanos blancos” y “mestizo blanco”, aunque
nos basta para demostrar que la “blancura” resalta como el elemento principal para los
chilenos para definirse como tal.
Pero ¿hay un representante fenotípico típico del chileno? Del argentino? O del colombiano?
En la entrevista resalta que en relación a la primera pregunta se responde por parte de los
encuestados: blanco, pelo negro, estatura media, rasgos medios. Pero ¿qué pasa con este tipo
al lado de un argentino o colombiano. ¿Se distingue? ¿Tendría el tipo que describimos, o
sea, al que se representa en el espejo, alguna similitud con el mismo espécimen desnudo
expuesto por Spencer Tunick un día domingo del año pasado? ¿ O existen más bien
diferencias en las características de los individuos de distintas las clases sociales?
Lamentablemente, la consulta por las características físicas no fueron diferenciadas por
clases sociales, pero basta señalar que se ha proyectado y aceptado (o asimilado) un ideal de
homogeneidad que es difícil de cumplir por todos. A pesar de que, principalmente debido al
desarrollo histórico y revisado, los rasgos físicos se diferencian en términos reales según la
clase social, se ha asimilado por parte de la sociedad chilena un ideal de homogeneidad que
no asume la participación indígena y negra en su conformación.
De tal manera se llega a excluir a los que no se quiere ver y sólo se proyecta lo que es válido
para sí para todo el país. Finalmente, este ideal de homogeneidad no sólo expresa racismo,
sino también clasismo dado que se excluyen la diversidad de los rasgos físicos de mestizos
con rasgos indígenas o negros, que debido al proceso de integración y asimilación están
mayormente ubicados en la clase baja. Es decir, el clasismo revertido durante la época de
1920 a 1973 vuelve con mayor intensidad, dado que el grupo dominante despliega su
ideología de manera feroz dado que se excluye al grupo explotado no sólo en términos
políticos, sino que se manifiesta también en términos de conciencia de clase, dado que en
ésta no se expresa. Esta no- expresión o no acción conjunta para superar la justicia social -que si se presenta, lo hace de manera bastante débil--, finalmente expresa por parte de la
clase explotada su fuerte asimilación y legitimidad de la estructura social, de avalar al
individualismo y a la meritocracia. En tanto, en términos espaciales, se oculta la existencia
de la diferencia social de las clases sociales a través de su alejamiento. Un extranjero que
visita al país observará lo europeo de la gente y del desarrollo porque éstos no se están
incorporados a la ciudad.
Como hemos dicho anteriormente, el problema radica en encontrar antecedentes “empíricos”
para la revisión de la negación del racismo en la sociedad chilena como también para la
demostración de la negación del mestizaje en cuanto a un proceso que aún acontece y que no
se refiere sólo a la “chilenización” de los indígenas. Ello se refiere también en cuanto a
73
demostrar que el racismo no sólo se refiere a los indígenas como tal, sino que se efectúa
también contra los mestizos más oscuros. ¿Cómo demostrar estos hechos si no se han
tematizado o formulado como problema social? Esta carencia indica un cierto nivel de
acostumbramiento y la legitimidad del racismo en Chile.
Así, durante los inicios de los noventa estuvimos expuestos a una campaña de publicidad de
la compañía de Jesús. La campaña tenía como objetivo abuenar la vida y aumentar la
confianza interpersonal, con lo que se trabajó como conceptos de confianza y bondad, por un
lado, y el que debe abuenarse (o sea el malo). Dos monitos de peluche representan lo uno y
lo otro. Sin embargo, la bondad y el ser confiable se expresan en el mono con pelo claro y
con ojos azules, y lo malo a través de un peluche feo y ojos café. En esta diferencia de
colores y rasgos insistió el entonces cura encargado. Pero lo más inquietante es que ningún
representante de la sociedad civil o institucional ¡nadie alzó o alza una voz de protesta, de
disconformidad, de desacuerdo con ello!. Esta no manifestación manifiesta finamente que
existe un elevado nivel de aceptación del racismo en la sociedad chilena, que legitiman no
sólo la supuesta homogeneidad racial, sino que –en caso de expresarse- son suprimidos.
Esto nos refleja que esta problemática social está asociada a la perpetuación de la estricta
diferencia entre las propias clases sociales que refuerzan estrechamente la relación entre raza
y clase como también a la continuidad de un racismo de más de trescientos años y el cual es
aceptado por parte de las clases dominadas. Sin embargo, sirven como datos para sostener la
Teoría de la psicología hereditaria y del determinismo hereditario. Lamentablemente, o para
suerte para este análisis sociológico, la gran mayoría de los negros e indígenas y mestizos de
éstos, aún se ubican en las clases más bajas, lo que confirma que la conformación de la
desigualdad social se debe a un proceso histórico. Y se reproduce a medida que se reproduce
la escala superior. Pero también nos permite realizar un análisis en que se descubrió que el
racismo esconde un clasismo con mucha historia detrás. No obstante, insistir demasiado que
la presente configuración racial de las clases sociales se debe a causas históricas, evade los
posibles tratamientos futuros que podrían haber para enmendarlas. Así, cabe preguntarse si
el estado tiene en su proyecto el objetivo de distribuir realmente el excedente más
igualitariamente.
Por mientras, pobreza y riqueza se reproducen sin tener lugares de encuentro comunes y
frecuentes que sobrepasen a las situaciones de trabajo. Y tampoco, especialmente la clase
dominante y “blanca”, no tiene intención de mezclarse o de evidenciar su mestizaje ante la
ley en caso que lo haya hecho. ¿Cómo entonces se podría hacer dominante el color más claro
en las clases bajas?
Un estudio realizado en Buenos Aires puede perfectamente ser trasladado a Chile. En la
investigación se analizan dos géneros de encuentro nocturno: el que es conocido como la
disco y aquél que es denominado bailanta o tropical. Lo importante es que a cada uno de
ellos, acude un tipo de individuo específico, donde se mezclan estrechamente raza y clase.
La discoteca es frecuentada por el “cheto” (el “cuico” chileno) y el “grasa” (“chulo”) visita
la bailanta. Entre ellos existen fronteras de palabras, lugares, barrios y de ropas que se deben
respetar. En el lugar mismo, operan restricciones por criterios de edad, clase social, etnia y
orientación sexual. Pero también existen en ambos sinónimos de belleza respectivamente
distintos: en el caso del cuerpo, en la disco se privilegia al modelo estilizado o el cuerpo
74
civilizado y trabajado, que a su vez, para el bailantero es débil o endeble; en tanto en la
bailanta se admira la fortaleza de lomo, la corporización de lo pesado y a la vez lo
supuestamente natural y no trabajado, que para los aficionados de la discoteca significa
desaliño, brutalidad o gordura.
Las percepciones que se advierten en la investigación, es que “la bailanta es para el pueblo”
o que es “para los negros” y distingue a esta práctica como “ordinaria” o “pintoresca”, según
se clasifique a lo popular como bajeza (y por lo tanto, como rechazo viceral) o como sujeto
digno de empatía caritativa (distinción por condescendencia). Ambas catalogaciones son
enunciadas desde una superioridad que juzga como “bajo” aquello que es dominado cultural
y/o socialmente. Asimismo, mediante la clasificación “negro de alma” siempre se asocia a
un estilo y de crudo racismo, dado que este apodo también es válido para los rubios que
acuden a las discos. Pero al vincular el descrédito o un gusto distintivo (...) lejos de obviar la
discriminación, se termina extendiéndose aún distinta, al incluir entre sus receptores y
víctimas a quienes no son denunciados por su color de piel, pero sí por sus conductas,
modales y estilos. Así, no sólo quedan excluidos los “cabecitas” –que por supuesto no
comulgan con los expresiones dominantes requeridos- sino que además quedan apartados los
que siendo de tez blanca no poseen esos modales esperados. Los autores concluyen que de
alguna manera, es sobre estas taxonomías que se constituyen los sentidos que brindan
confianza, identificación y legitimidad a la dominación social. Si alcanzara con ser
“blanquito” estaría muy vulgarizado –y visitado- el territorio de los elegidos, el espacio de
los que se consideran lejanos a los “comunes”. Según estos esquemas jerarquizadores, todo
habitué a la bailanta es “un negro de alma”, más allá del color de piel que tenga: la
legitimación culturalista (basado en los estilos, las modas, los modales) permite excluir con
más decisión y fundamentos a los vulgares. (Elbaum,1997)
En cuanto a la realidad nacional se ha analizado también al “racismo” con respecto a los
diarios: Durante un semestre la cuestión mapuche fue analizada por parte de algunas
estudiantes de periodismo en la prensa, tomando como muestra varios diarios matutinos del
año 1999 durante el primer semestre: El Mercurio, Las Últimas Noticias, y la Segunda, como
también La Tercera, La Cuarta y La Hora. Las tesistas señalan que “en Chile, los medios
prácticamente no contratan periodistas que se identifiquen como mapuche, por lo que la
única perspectiva desde la que son capaces de informar es la ‘blanca’” y la de la clase
dominante. Y prosiguen, “la relación entre la prensa escrita y fuentes no mapuche, como el
gobierno y las empresas...es bastante estable. En el caso de los mapuche y los medios, la
relación carece de regularidad y organización, por lo que muchas veces sus actuaciones en
determinados hechos es más bien pasiva. Hay otro factor distanciador, quizás más
significativo (es) la desconfianza recíproca entre fuentes mapuche y periodistas.” La
negatividad se manifiesta a partir del proceso de producción y en todos los niveles: en la
selección temática, estilo, léxico, ordenamiento sintáctico y retórica..., además, que los
medios se hacen parte de “la visión de “conflicto” como un riesgo para la seguridad nacional
que muchas fuentes oficiales tienen.. Se presenta la ideología racista en la prensa escrita a
través de una evaluación positiva de “nosotros” (los chilenos) acompañada de una
evaluación negativa de los “otros”. Y se muestra que, coherentemente con la ideología, de
que las minorías étnicas se apartan de la norma, en este caso, por ejemplo, de la legislación
chilena”. (Berríos, et al., 1999)
75
Por lo tanto, la clase dominante sigue actuando a través de los medios su dominación para
imponer su clasismo y racismo de modo cotidiano, Asimismo, la televisión como medio de
imposición de las ideologías dominantes, muestra que --especialmente las mujeres--, deben
cumplir con parámetros de belleza de la clase dominante y blanca y los cuales no son los la
mayoría mestiza. Para cumplir con estos criterios raciales, varias deben recurrir a un proceso
de “emblanquecimiento”, en que deben adoptar una apariencia falsa que posibilitará
mantenerse en los medios y que a su vez servirán para como instrumentos para desplegar la
ideología dominante. Con esto se quiere mostrar que supuestamente somos de un tipo físico
homogéneo, pero ni ellas antes de sus operaciones, ni el resto en su mayoría cumplen con
tales parámetros establecidos. Es decir, no se tiene asumida la variedad ni lo mestizo de la
sociedad chilena en términos físicos.
Se trata de una minoría que se ha impuesto durante siglos y que reniega de la diversidad
fenotípica de la realidad, lo cual se observa también en el mundo de la publicidad y del
modelaje. En éste último, se incorporó por primera vez una chica mapuche actuando la clase
dominante con respecto a ella como exótica justamente por sus “rasgos exóticos” (el
mercurio, 13.8/02) Tampoco Brasil, Colombia o Argentina incorporan a muchachas “negras”
como modelo, porque no cumplen con los parámetros de la ideología de la clase dominante,
y porque tendrían rasgos que podrían inferir pobreza, a la cual la exclusividad no va dirigida,
siendo un clasismo que se dirige a la clase propia. De tal manera, no resulta tan sorprendente
cuando el actual Presidente de EE.UU. George Bush hizo pública su ignorancia sobre la
presencia de afrodescencientes en Brasil.
No obstante, en la realidad la ubicación social no corresponde al todo al prejuicio de color: el
color no es la única variable para inferir la situación en la estructura social. Y que tampoco
significa que todos los blancos se ubican arriba, y todos los negros abajo. En lo que se quiere
insistir, que debe mostrarse que la homogeneidad racial no es real.
Por otro lado, se ha observado que la democracia burguesa chilena ha orientado su esmero
en lograr que grupos rezagados o desaventajados participen en ella, aplicando ventajas
especiales a través de la discriminación positiva o por cuota, especialmente a través de becas
indígenas. Así, se implementó hacia ellos una política de minorías, que es ambigua debido a
que el liberalismo permite que se les concede la propiedad, pero no el poder de mandar. Aún
así, se precisa que a través de este tipo de democracia se permite nada más que el ascenso
individual a pesar de pertenecer a un grupo social del cual se quiere superar su desventaja
histórica.
Su particular consideración a través de la CONADI, ubicada las oficinas centrales en la ix
Región de la Araucanía y lejos del poder central, manifiesta la separación y exclusión de los
indígenas dado que es ésta la oficina en que se ejecutan los programas públicos que les están
dirigidos, siendo además la institución estatal que absorbe a los indígenas profesionales para
mantenerlos excluidos a los de otros ámbitos profesionales estatales. La ayuda a los
indígenas se realiza mientras se cumplan los requisitos de ser indígena, que por un lado,
apoya una etnización (mantenerse como tal) como respuesta a las vejaciones históricas, pero
también son requisitos para recibir apoyo estatal que no se efectúa a los mestizos que se
encuentran en similar posición social por similares causas históricas.
76
Esta etnización comprende la fijación de límites arbitrarios dado que se refiere a la
generación de propiedades exclusivas. Fija comportamientos y características psicosociales a
las cuales incluso las propias etnias les cuesta responder. Esta fijación de características
coincide con la fijación realizada por parte del estado, aunque coincidan o no en sus
términos cualitativos. Ello ha tenido como resultado que la etnia y la etnización llevado a
cabo por el estado son incapaces de responder ante el surgimiento de las heterogeneidades
(posición política, ingresos, propiedades, etc.) y de transformaciones en los mapuche, rapa
nui y aymara, especialmente las transformaciones que tienen relación con su ubicación
urbana, porque una de sus características principales es su ubicación en el campo. Sin
embargo, esta etnización deber cumplir con lo más asimiladamente posible tal como se
indica en la “Ley indígena” 19.253.28
Por otro lado, la búsqueda de una participación democrática y social se contradice con el
modo en que el estado se ha comportado no sólo frente a la construcción de la central
hidroeléctrica en el Río Bío Bío –que reitera con ello que los indígenas siguen siendo el
impedimento para la modernización, tal como sucedió durante la segunda mitad del siglo
xix, -- sino también en cuanto a su apoyo, especialmente orientado hacia las grandes
empresas forestales en el sur. Así, por ejemplo, según el estudio de 413 Títulos de Merced
por parte de la “Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato” se concluye que 32% de la
propiedad no indígena al interior de las propiedades indígenas entregadas por el estado está
en manos de empresas forestales, fundos y otros propietarios no indígenas, lo cual evidencia
los lugares de origen del conflicto “mapuche” que se vive en el sur. (Informe Comisión
Verdad Histórica y Nuevo Trato,2003:97-100)
La modernización del estado no ha sabido cómo integrar a los indígenas ni ha buscado
alternativas a sus proyectos de modernización, es decir, de encontrar un camino hacia la
Modernidad que no signifique una humillación de lo indígena que burla las propias leyes
del estado. El modelo europeo o estadounidense no puede ser la alternativa para el desarrollo
por el simple hecho de viven otra realidad social que acá se define por el alto mestizaje,
debiéndose evitar de pasarla a llevar o no considerarla e incorporar sus propuestas.
Pero la igualdad legal o democrática, sin embargo, no son sinónimas de igualdad social: los
términos de cuotas y discriminación positiva no han podido superar el problema de la
desigualdad social, porque esta dirige al plano individual y cultural. Es decir, dichas
referencias buscan distinguir y profundizar elementos culturales de los grupos y sirven para
aumentar las discrepancias entre éstos, no advirtiendo su similitud en los aspectos sociales,
referida a las posiciones similares en la estructura social que los indígenas podrían tener con
el resto de los campesinos.
Además del “campo” cuáles podrían ser las otras características? El apellido no corresponde
a todos los individuos. El lenguaje nativo mostró que tampoco se puede considerar como una
característica que maneja el individuo que se declara indígena o no indígena. Una encuesta
de Adimark señala que “sólo el 16% de los que se autodefinen como mapuche habla su
28
Ley 19.253, Art. 7: “El Estado reconoce el derecho de los indígenas a. mantener y desarrollar sus actividades
propias manifestaciones culturales, en todo lo que no se oponga a la moral, a las buenas costumbres y al orden
público.”
77
propia lengua”. (El Mercurio,24.10.02 ) Por otro lado, la significativa variación en el número
total de los indígenas en los censos de 1992 y 2002, respectivamente, indican que es el
Estado que exige una definición, pero que finalmente es una cuestión subjetiva y que varía
según el contexto.
Creemos que algunas de las razones por las cuales el apellido y el idioma no son categorías
válidas se han expuesto en este trabajo. Pero en relación al censo --además de la siempre
reiterada discusión de sobre cómo se formuló la pregunta-- qué mas nos indica la fuerte
disminución de indígenas? Se ha pronunciado en los últimos años en la sociedad un racismo
más intenso el cual es asimilado por parte de los propios individuos que los obliga a
negarse?
Por otro lado, también se quisiera advertir, que es muy difícil buscar africanismos puros y
sobrevivientes hoy en Chile. Tal como ocurre con el mestizaje ni dígena, “la búsqueda de las
influencias culturales no ha de confundirse con la búsqueda de las supervivencias culturales
africanas”. (UNESCO,1979:55) El negro latinoamericano no es ya el negro africano (:56), lo
mismo se puede decir para los indígenas y mestizos, entre todos se está inventando una
nueva cultura.
En Chile quizás algo queda de ello en el nombre de algunos lugares como también en el
diablo Mandinga en el campo. Pero quizás también en la facilidad que se absorben,
especialmente en las clases bajas, bailes que requieren del movimiento de la cadera29 . Pero
también, tal como los negros en el resto de América Latina, quizás haya una influencia
además de ciertos vocablos de, especialmente, la lengua mapuche (“pichintún”, “cahuín”) o
aymara (“guagua”), tanto en la fonética y en los fonemas (aún no se ha estudiado) y que
forman parte del mestizaje que no queremos admitir.
Como a fines del siglo xx adquiere relevancia significativa la cuestión de la identidad, los
individuos se definen frente a otros, pero éstos otros se define frente a sus otros, tratando
cada uno de mantener constante los “rasgos” diferenciador. Pero las realidades sociales son
cambiantes y es imposible no cambiar durante la vida individual, no redefinirse o tener
identidades múltiples. Es decir, se busca lo estático socio-cultural en lo dinámico. Aunque en
los casos de algunos rasgos físicos es más difícil de mantener una continuidad, hoy ya no es
imposible cambiarlos (Michael Jackson, Miriam Hernández). Más, las reivindicaciones de
grupo en base a rasgos no afectan ni a la ideología dominante ni tampoco la eficiencia
económica, porque trabaja sobre sí mismo como un grupo individualizado con una cierta
“culturalidad”, aceptando a través de ello el individualismo como ideal social. A pesar de
que para un sociólogo esto entendible, --porque el sujeto en el capitalismo olvida que es
hombre social refleja un fuerte individualismo (feministas, negros, indígenas, etc.) y hay que
insistir en recordar que la desigualdad social no se refiere a un grupo con un cierto tipo de
29
Así, al observar los bailes tradicionales chilenos de la clase alta de la época colonial, se notará que en ellos
no hay un movimiento de cadera, especialmente en las mujeres (como la cueca). La distinción de las mujeres
de aquella época, consiste en trazar la diferencia con lo popular y mantenerse tiesa. En el caso del “merengue”,
cuyos orígenes son remontados a Santo Domingo, en el baile por parte de la elite colonial no se puede mover la
cadera. En tanto, en el baile popular, este movimiento es esencial. (mención en un programa de “Sábado
Gigante”, en marzo o abril del año pasado)
78
piel o rasgo particular, sino que se es un rasgo común de una clase específica y debe
recordarse para lograr la justicia social
Además, el ascenso en la escala social del individuo/actor (y por ende durante su vida) se
debe hoy fundamentalmente a la promulgación y aceptación de valores individuales. Para
una ubicación en la estructura social superior, se acepta la ideología dominante (similar a la
compra de certificado de pureza de sangre).
En tanto, ante un proceso social en que las expresiones étnicas reemplazan los movimientos
de clases para el logro los objetivos sociales, se entiendo por un proceso de trabajo
modificado y diversificado, donde el hombre ya no tiene sentido de totalidad, generándose
un individualismo que se refleja también en su análisis del mundo.
A medida que la clases dominantes desterritorializan su poder y mundializan su apropian del
excedente a nivel mundial, surgen estos movimientos individualizados que luchan por sus
derechos, se esencializan sus propiedades, su cultura y su identidad en un territorio se hace
fundamental. Pero simultáneamente es a partir de este individualismo con características
étnicas en que se puede participar en la democracia burguesa aunque la sociedad hace cada
vez más necesaria una acción global.
En tanto, la expresión de clasismo el consumo de bienes y servicios se ha “democratizado”,
porque las clases medias y bajas pueden acceder a bienes y servicios propios de la clase alta,
no obstante, aún es primordial mantener distancia. En la sociedad chilena existe un racismo
y clasismo acentuado. Por ejemplo, los lugares de veraneo: ¿Quién de la clase media o alta,
quisiera ir a Cartagena? ¿Cómo se expresan sobre Cartagena? Y al revés, que pasa si la clase
baja llegaría a Pucón a veranear? Primero, cómo sería el trato hacia ellos en plena temporada
alta? Clase alta y media se irían rápidamente a otro lugar. (Entre los jóvenes, se utiliza a
menudo “que un lugar se chacreó” cuando ya no es exclusivo.)
En relación al ejemplo de los nombres de Góngora antes mencionado, existe a través de la
historia o tiempos más breves, un cambio en las propiedades que pertenecen a una u otra
clase. Una rápida revisión de las partidas de nacimientos de los hospitales muestra que
Magdalena y Constanza tienen hoy un uso más frecuente en las clases altas, en cambio en las
clases bajas parecen ser más frecuentes los nombres de habla inglesa (Bryan, Jonathan,
Jacqueline), que la clase dominante no considerará.
El clasismo, en tanto, se advierte cuando la clase más pobre se acerca a la clase dominante, y
cuando ésta no quiere ceder para hacerla participar. Ya nos hemos referido a su expresión en
el ámbito espacial, pero cabe mencionar también en ello que al realizar los trabajadores
labores en una casa particular de la clase dominante, los trabajadores deben almorzar o
comer en un lugar distinto, generalmente en la cocina. Por otro lado, entre las mujeres, la
distancia social se expresa en el saludo: no se saluda a una mujer de estratos sociales bajos
con beso, sino sólo con apretón de mano.
Como conclusión se podría decir, que hacia las clases bajas y medias, ambos fenómenos
muestran una alta correlación que se pierde a medida que se sube en la escala social. No
obstante, estudiar las relaciones entre las clases sociales requiere de una revisión más
79
profunda de lo que se ha expuesto acá.
Racismo y clasismo tienen tras sí un fondo de jerarquización. En Chile no son estrictamente
separables, dado que el prejuicio de clase está estrechamente relacionado con el prejuicio de
raza. En ambos se establecen jerarquías, asociados cada uno con ciertas con categorías
estéticas y éticas específicas.
Obviamente, hay detalles en la actualidad que se pueden estudiar con mayor atención. Por
ejemplo, el reposicionamiento de la oligarquía y clase dominante a partir del 73 que
requieren una revisión mucho más profunda pero indica que aún hay mucho por estudiar
sobre racismo y clasismo en la sociedad chilena.
Esperemos que esta breve revisión, lamentablemente limitada por razones de tiempo y
espacio, servirá para haber demostrado el racismo y clasismo de la sociedad chilena.
80
IV.
Conclusiones
Se ha demostrado, que el racismo es un rasgo continuo en la sociedad chilena, expresado
desde su formación hasta la actualidad. Este racismo tiene la particularidad de continuar de
manera novedosa la continua división de las clases sociales. El racismo moderno se originó a
mediados del siglo xv en España.
El racismo ha sido principalmente de tipo jerárquico y heterofóbico, es decir, se evalúan con
inferioridad y de manera negativa las diferencias con los indígenas y los mestizos más
oscuros. A través de la historia, el racismo chileno ha demostrado desde sus inicios el deseo
de abolir la diferencia, lo cual se ha traducido en el trato negativo hacia los colectivos
racializados, siendo como tal definidos principalmente los grupos indígenas. Pero este trato
negativo ha operado también en contra de los mestizos con rasgos indígenas o negros, estén
ubicados o no en la clase explotada.
La rigurosa separación racista hacia indígenas y la clasista hacia la clase explotada, tiene
como objetivo poder preservar la diferencia para poder rechazarla. Así, la fobia al mestizaje
y la separación a través de la exclusión también va dirigida en contra la clase explotada.
Es decir, la sociedad chilena tiene la característica de ser heterofóbica en sus dos corrientes,
efectuando, por un lado, al a) racismo de asimilación, lo que ha tenido como resultado
principal la formación de una clase explotada con acentuados rasgos indígenas y negros.
Pero, por otro lado, también ha expresado el b) racismo diferencialista o mestizofóbico o de
exclusión, dirigido principalmente en contra de los indígenas.
Esta diferencia racial que durante la historia ha sido permanentemente mal evaluada ha sido
suprimida ya sea través de una tenaz imposición a la asimilación o a través de la destrucción
del otro y el grupo racializado, incurriendo de esta manera al genocidio, o de la imposición
de un ideal homogéneo del tipo chileno.
La desproporcional llegada de hombres españoles con respecto a mujeres españolas produjo
durante la época de conquista un fuerte mestizaje legal entre español e india, tendencia que
se revirtió abruptamente en la Colonia y se tornó ilícita. Como consecuencia se instauró
durante la época colonial una fuerte correlación de raza y clase social. Para la división social
se reinstaura el racismo de sangre que favorece la reproducción entre la propia clase
explotadora y asegura el excedente para la clase explotadara española. En Chile, como
también en el resto de América Latina, su implementación tuvo consecuencias profundas
para la perpetuación racial de las divisiones sociales de la sociedad y, especialmente, para el
aseguramiento del excedente por parte de la clase explotadora, dado que tiene un fuerte
respaldo psicosocial que se encuentra racialmente legitimado.
Así, el racismo de sangre permite que la propia clase explotadora reniegue a través de la
compra de certificados de sangre de su mestizaje ocurrido durante la Conquista. Esta
negación se debe a que durante ambas fases, de conquista y de colonia, hubo por parte de los
españoles y sus descendientes una evaluación negativa de la diferencia de los indígenas, pero
que por la masiva llegada de hombres no se pudo mantener. Paralelamente a este proceso de
81
mestizaje se produjo el racismo de asimilación, es decir, a través de proceso en que los
indígenas debían asimilarse a los españoles; el proceso se llevó a cabo principalmente a
través de la catolización de los primeros, por lo cual la iglesia era un integrante fundamental
en canalizar en Chile las expresiones africanas e indígenas culturales a su propia estructura.
La conquista produce profundas transformaciones en el ámbito psicosocial y que se refieren
al desarrollo de ciertas características psicosociales propias que llegan a asociarse a cada una
de las razas, reforzadas durante la época colonial a través de su división social racial. El
blanco ha mostrado ser más fuerte que el indio y a medida que impone su cultura para que
los indígenas la asimilen, el indio admirará al español por su fuerza. Este racismo, además de
dirigirse a los indígenas, va también dirigido en contra de mestizos que, debido a la ideología
dominante, llegan a negar su origen indígena.
Ello sirve como base para desplegar un proceso en que los prejuicios de clase se yuxtaponen
al prejuicio de raza, lo que significa que desde entonces a partir de la raza o los rasgos físicos
se puede inferir en general a la ubicación en la estructura social.
En cuanto a la época de formación del Estado Nación chileno, se ha analizado que la
formación de la oligarquía del Estado chileno instaura un modelo o un ideal de
homogeneidad físico del chileno, que será asimilado por parte de los propios individuos de
la clase dominada, pero que en términos reales representa sólo una parte de la sociedad.
Desde mediados del siglo xix, el proyecto de modernidad del estado significó que en su
modernización se llevara a cabo el genocidio de varios grupos indígenas como también su
repliegue a espacios en de invisibilidad; en tanto el proyecto de nación e identidad se plantó
como la existencia de un chileno homogéneo, ideal fue reforzado por la inmigración europea
como también por las guerras a fines del xix que provocando la separación y exclusión de
los indígenas sobrevivientes en reducciones o a lugares extremos pero que en términos de
identidad permitió resaltar el rasgo de “blancura” de los chilenos. El estado alejó alrededor
de 1880 a los indígenas en términos espaciales, mientras que gracias al proceso de mestizaje
de los negros era posible negar su participación en la conformación de la sociedad chilena en
términos temporales.
En tanto, se debe entender que las manifestaciones de los mestizos reproducidos entre sí no
pueden ser étnicos lo que se debe a su proceso de asimilación de siglos, por lo cual no
quedan en la clase explotada rezagos para su manifestación a través de expresiones indígenas
o negras.
También se mostró que desde los años 20 del siglo xx, se advierte al interior de la naciente
clase media una enorme diversidad racial que se debe especialmente al incipiente proceso de
movilidad social y la inmigración europea. No obstante, a través de la imposición y
asimilación de la ideología dominante del estado y de la oligarquía, la clase media continúa
con el racismo mestizofóbico dirigido a cualquier rasgo que muestra ser indígena. El
mestizaje a través de la continuidad en algunos rasgos físicos muestran ser la propiedad más
relevante que expresa que los antepasados fueron esclavos durante la colonia.
Hoy los pocos cambios, es decir, la continuidad de las condiciones sociales a pesar de sus
cambios se expresa, entre otros, que la división social y estratificación social es, en general,
82
racial. La explotación social no ha sido superada. Además la explotación colonial ha creado
desventajas históricas que no han sido revertidas significativamente en las épocas
posteriores.
La clase explotada sigue siendo explotada, manteniendo incluso su característica principal de
explotación que la definieron durante la Colonia, es decir, de ser descendientes de mestizos
indígenas, españoles y negros. El tatuaje de la explotación a través de la encomienda,
esclavitud y mita se perpetúa en ciertos rasgos y físicos cuando se reproducen entre sí. La
esclavitud se traslapa físicamente a los tiempos modernos, constituyendo los aspectos
raciales la característica de la “marca o tatuaje de la esclavitud” chilena. El indígena, el
negro y el mestizo indianizado explotado durante la Colonia se expresan hoy a través de sus
descendientes mezclados entre sí, por lo que continúan manteniendo no sólo su condición
social de explotación de la colonia, sino también sus similares rasgos raciales de la colonia.
De este modo, se puede observar que esta problemática social está asociada a la perpetuación
de la estricta diferencia entre las clases sociales.
Dentro de los pocos cambios significativos en este aspecto se inserta la dominación de la
ideología dominante por ya casi dos siglos. El chileno se ve con ciertas características físicas
con las cuales, no obstante, sólo cumplen algunos individuos. El rasgo principal de identidad
continua siendo la “blancura” o la tez blanca. A pesar de que, principalmente debido al
desarrollo histórico y revisado, los rasgos físicos se diferencian en términos reales según la
clase social, se ha asimilado por parte de la sociedad chilena un ideal de homogeneidad que
no asume la participación indígena y negra en su conformación.
De esta manera, se ha presentado una explicación histórica que explican las diferencias
sociales y raciales en el presente. Cuando no se integra una nueva raza se perpetuaran
colores y rasgos que por sí solos difícilmente podrán cambiar. La clase explotada exhibe una
pobreza histórica la cual no es posible revertir en períodos breves, más aún si las distancias
entre rico y pobre se acrecientan cada día.
El fuerte, pero escondido racismo en la sociedad chilena va acompañado por un clasismo
acentuado, facilitando éste último el ideal de homogeneidad racial. La exclusión y el
alejamiento espacial de la diferencia contribuyen mantener la “blancura” como la propiedad
exclusiva de los chilenos, siendo ésta la característica principal de la cual ellos mismos se
afirman. Así, el racismo no sólo se refiere a los indígenas como tal, sino que se efectúa
también contra los mestizos más oscuros. La carencia de investigaciones en la realidad social
indica un alto nivel de acostumbramiento y de legitimidad del racismo y clasismo en la
sociedad chilena.
Por otro lado, por parte del estado no ha reflexionado de cómo plantear un proyecto de
modernidad que integre las culturas étnicas, especialmente ahora donde se refuerza la
manifestación de su rechazo a la imposición de la asimilación. A pesar de reconocer
recientemente en parte sus falencias históricas, el estado no ha sabido cómo integrar en ni
como plantear a los indígenas su proceso de modernización ni ha buscado alternativas a sus
proyectos de modernidad, es decir, de encontrar un camino hacia la modernidad que no
signifique una humillación de lo indígena que burla las propias leyes del estado. La
realización de un estado moderno requiere de la reflexión sobre los diversos métodos de
83
participación, especialmente los métodos realizables y adecuados a nuestro contexto. El
modelo europeo o estadounidense no pueden ser para Chile la alternativa para el desarrollo
dado la significativa participación del mestizaje. Considerar sólo parte de la historia de
nuestro ser y sólo de una parte de nuestra sociedad ha provocado que ya una parte de ella
esté llamando su atención sobre su existencia, provocando incoherencias y confusiones al
que esto provocó.
En Chile, el racismo y el clasismo tienen fuerte sentido jerárquico, ya sea de las razas o de
las clases. No obstante, insistir demasiado que la presente configuración racial de las clases
sociales, del racismo y del clasismo se debe a causas históricas, evade los posibles
tratamientos futuros que podrían haber para enmendarlas.
En cuanto a las propuestas señalaremos la necesidad de una revisión histórica donde un
intento ha sido el reciente “Informe De La Comisión Verdad Histórica Y Nuevo Trato De
Los Pueblos Indígenas” de octubre del 2003, como también la urgente conversión de los
conceptos hasta ahora aceptados en la historia oficial como “pacificación de la Araucanía”,
“conquista de Chile”, “españolas valientes”.
Esto implica reconocer la sobrevaloración y el racismo jerárquico de la inmigración europea,
lo que exige revisar también el lado “oscuro” de la inmigración alemana, italiana, croata,
inglesa, etc en cuanto a su relación con los indígenas.
Asumir la historia se traduce también en crear algunos medios para poder efectuarlo. Así
recomendamos las siguientes propuestas, que obviamente deben ser estudiadas con mayor
atención:
-
-
-
Poner el nombre indígena del cual deriva el nombre del lugar y su significado en la
señalización de las ciudades que permiten reconocer el transcurso histórico.
Incentivar una publicidad que muestre la diversidad física de los mestizos. Se ha
observado que la publicidad privada y estatal representa para el incentivo del consumo a
un tipo europeo (especialmente en la mujer); en cambio, en cuanto al incentivo de
caridad representa a los de clase baja. En cuanto a los indígenas, muestran sólo su
extremo en cuanto a su vestimenta tradicional. Los medios de comunicación estatales
(televisión, diarios) como también otras instituciones públicas deberán suprimir esta
obvia presión sobre “la buena presencia”, resaltando que en los medios existe presión en
las mujeres de teñirse el pelo rubio.
Estudiar desde afuera y considerar a los indígenas como objetos de estudios, es decir,
realizar un persistente estudio como tal muestra incapacidad de la sociedad chilena de
entenderlos después de realizar todos estos estudios. Más bien, se trata integrar y
considerar sus propuestas y visiones, especialmente sobre nosotros y la modernización.
Además de todas las ideas de educación bilingüe, que no brotan en las clases dominadas
y explotadas, sino más bien en la clase dominante30 , se recomienda una fuerte
intervención psicosocial consistente e continua, especialmente en los niños indígenas,
30
Existe un número creciente de escuelas particular-privadas que enseñan mapuche. Dato proporcionado
gracias la Seremi de Educación de Región Metropolitana.
84
-
-
dirigida al incentivo del aprendizaje de sus elementos culturales para no sentir
vergüenza.
Establecer recompensas materiales pero sociales (no individuales) los cuales tendrán
efectos más bien a largo plazo. Para ello se podría realizar una sistematización de todos
los estudios sobre ellos y proporcionarles su fácil acceso. Además la traducción de estos
estudios a los idiomas indígenas. Es decir, crear una bibliografía en aymara, rapa nui y
mapuche. Dicho costo, obviamente, recaerá sobre el estado, pero no olvidemos el costo
que sufrieron los indígenas desde 1540.
Revisión del “aporte” de las inmigraciones europeas impulsadas desde 1850.
En cuanto a los mestizos chilenizados y frecuentemente ubicados en las clases bajas,
revertir su situación a corto plazo parece menos probable, dado su situación de clase.
Sólo queda recordar que el Estado tenga como objetivo la justicia e igualdad social, lo
cual hace necesario mejorar la distribución del ingreso.
85
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