1918 - Agustinos Recoletos

Anuncio
Año IX
Enero de 1918
Núm. 91
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
SECCIÓN CANÓNICA
DE LA CENSURA Y PROHIBICIÓN DE LIBROS
SEGÚN EL CÓDIGO CANÓNICO
¿Qué libros prohíbe el derecho por causa de herejía o por el peligro de ella o de cisma?
Resp. 1.º Los libros de cualesquiera escritores que defiendan la herejía o el cisma, o que
de cualquier modo procuran socavar los fundamentos de la religión. (Can. 1.399).
2.º Los libros (como también los diarios, hojas volantes, folletos) que de propósito combaten la religión o las buenas costumbres. Ibíd., 3.º)
3.º Los libios de cualesquiera acatólicos, que expresamente tratan de religión, a no ser
que conste que en ellos nada hay contrario a la fe católica. (Ibid. 4.º)
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Los fundamentos de la religión, se entienden ser los de la religión verdadera natural y
sobrenatural, como se deduce de que el legislador tanto en la Constitución Officiorum ac munerum como aquí en el Código, omitió de intento la palabra natural, que se hallaba en el antiguo Índice, para que se viese claramente que la prohibición no se ceñía a sólo los fundamentos de la religión natural. Wernz, Ius Decretal. vol. 3, p. 119; Gennari, p. 30.
De cualquier modo socavar, sea aduciendo razones, sea denigrando, sea con burlas o con
imágenes (caricaturas), etc., (Gennari, l. c.
El Card. Gennari enseña que en esta prohibición no se hallan comprendidas las enciclopedias, en las cuales, entre otras muchas cosas buenas, se hallan artículos que defienden la
herejía o el materialismo. La razón de lo cual es que, tratándose en semejantes publicaciones
materias tan diversas, cada artículo puede considerarse como materia aparte. Por tanto, si no
son muy largos, de manera que equivalgan a un libro, deben tenerse por folletos u opúsculos,
que no caen bajo la prohibición eclesiástica, aunque tal vez estén prohibidos por el derecho
natural. (Cfr. Il Monitore, vol. 23, p. 413).
La religión: Como la ley habla indistintamente de la religión, sin sólido fundamento esta
palabra no se restringe a la sola religión natural, sino que se ha de extender también a la sobrenatural o revelada, como sostienen Pennacchi, Gennari, Hollvweck, Bucceroni, Palmieni,
Noldin, contra algunos pocos cuyos argumentos son notados por Wernz de anticuados y de
más sutiles que verdaderos. Gennari demuestra que la opinión de estos es falsa y no poco peligrosa. Ni tampoco se requiere para caer en la prohibición que el escrito impugne toda la
religión..., sino que basta la impugnación habitual de alguno que otro dogma; como basta en
la otra parte la impugnación de alguno que otro precepto del Decálogo;
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de lo contrario, resultaría poco menos que ridícula la tal prohibición. (Wernz, l. c.)
Son dignos de reprensión los sacerdotes que, v. gr., en los viajes, en el ferrocarril, compran y leen periódicos liberales, no sin escándalo de los fieles. (Noldin).
N. B. En España comúnmente se tienen por prohibidos, entre otros, los siguientes periódicos madrileños: El País, El Liberal, El Imparcial, Heraldo y otros de este jaez. (Cfr. Junta
pastor. del Arzobispo y Obispos de la prov. ecles. de Zaragoza, 10 de Abril 1904: id. id. de la
prov. de Santiago de Compostela, 3 de Octubre 1906, etcétera.
4.º Los libros que impugnan o ridiculizan cualquiera de los dogmas católicos, los que defienden errores condenados por la Sede Apostólica, los que infaman el culto divino, los que se
esfuerzan por destruir la disciplina eclesiástica y los que de intento injurian la jerarquía eclesiástica o el estado clerical o religioso (Ibid., 6).
Hay detracción o se infama cuando se disminuye la buena fama, para lo cual en este caso
no se requiere que se haga ex professo; pero se requiere y basta la detracción grave que vaya
cristalizando y cundiendo poco a poco. (Vermeersch, núm. 74, 3; Wernz, I. c).
5.º a) Los que tienen por lícito el desafío o el suicidio o el divorcio; b) los que en tratando
de las sectas masónicas o de otras semejantes sociedades pretenden defenderlas como útiles y
no perniciosas a la Iglesia y a la sociedad civil. (ibid., 8.º)
¿Qué libros, folletos, etc., están prohibidos por el mismo derecho por causa de superstición o de peligro de superstición?
Resp. 1.º Los libios que enseñan o recomiendan cualquier género de superstición, sortilegio, adivinación, magia, evocación de espíritus y otras materias semejantes. (can. 1.399, 7.º)
2.º Los libros en los cuales se divulgan indulgencias apócrifas o que han sido prohibidas
o revocadas por la Santa Sede (ibid., 11). Por tanto, si tales libros contienen indulgencias verdaderas y vigentes el día de hoy, aunque hayan sido impresos sin la debida aprobación, y, por
consiguiente, ilícitamente, su uso no está prohibido a los fieles. Lo mismo hay que entender
de las colecciones de decretos de las Sagradas Congregaciones.
3.º Los libros y folletos que cuentan nuevas apariciones, revelaciones,
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visiones, profecías y milagros, o los que introducen nuevas devociones, aun so pretexto de
que son privadas, si fuesen publicados sin guardar lo prescrito por los cánones. (ibid., 5.)
4.º Las imágenes, cualquiera que sea su impresión, de Nuestro Señor Jesucristo, de la
Santísima Virgen, de los Ángeles, Santos y Siervos de Dios, si son contrarias al sentir de la
Iglesia y a sus decretos (ibid. 1).
Bajo esta prohibición no están comprendidas las medallas, estatuas y pinturas, sino solamente la imágenes impresas. Si las imágenes son conformes a los decretos de la Iglesia, pero
se publicaron sin la competente licencia, el editor peca ciertamente, pero para los fieles tales
imágenes no están prohibidas (Peunacchl, Vermeersch, Gennari, Wernz).
¿De qué modo hay que entender lo referente a las nuevas apariciones y nuevas devociones?
Resp. 1.º Parece que se requiere que el libro o escrito trate exclusivamente de estas cuestiones, o, al menos, con bastante extensión, y que proponga el asunto como cosa manifiestamente sobrenatural; no, por el contrario, si sólo ligeramente y como de paso se tocasen estas
cuestiones, sin proferir juicio alguno si son sobrenaturales o no. Por consiguiente, no parece
que se hayan de prohibir los diarios que narran a veces hechos milagrosos acontecidos en alguna peregrinación, etc. (Gennari, Lega, Vermeersch, Genicot).
Son nuevas las devociones que se apartan notablemente, ya sea en su objeto, ya en el modo, de las que nuestra Madre la Iglesia tiene aprobadas. Véase el decreto del Santo Oficio, 13
de Enero de 1875, que reprueba la devoción a la sangre de la Santísima Virgen María; el del
13 de Marzo de 1901, la de la Mano poderosa, y otro decreto dado el mismo día contra la
Nueva Cruz de la Inmaculada Concepción; el del 1.º de Mayo de 1901, que mandó se publicasen los decretos condenatorios de la devoción al alma Santísima de Nuestro Señor Jesucristo.
N. B. Puesta la aprobación competente, ya no se requiere la protestación que solía hacerse conforme al decreto de Urbano VIII.
¿Qué libros están prohibidos, ipso jure, para preservación principalmente de la castidad?
Resp. Aquellos que de propósito tratan, narran o enseñan cosas
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lascivas u obscenas (can. 1.399, 9.º). La razón es, porque la lectura de tales libros acarrea peligro, no sólo a la fe, sino también a las buenas costumbres.
En esta prohibición no están comprendidos: a) los libros científicos, v. gr., de medicina,
cirugía, moral, los cuales de propósito tratan de materias deshonestas, pero solamente para los
peritos y por fines útiles y honestos; ni b) los libros que solo ligeramente tocan materias torpes; pero estos están prohibidos por el derecho natural, si de hecho excitan la concupiscencia
del que los lee.
La prohibición alcanza también a los libros clásicos inficionados de lascivia u obscenidad.
¿Qué ediciones de libros litúrgicos aprobados por la Sede Apostólica están prohibidos ipso jure?
Resp. Aquellas en las que algo se ha cambiado, de suerte que no concuerden con las ediciones auténticas aprobadas por la Santa Sede. (ibid. 10.º)
Así que solamente están prohibidas las ediciones con mutaciones aunque pequeñas, pero
que atañen a la substancia. Mas no se prohíben las que son conformes con las ediciones auténticas, aun cuando se hagan sin previa aprobación del Obispo.
J. B. FERRERES
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DE LA COSTUMBRE CONTRA LA LEYES LITÚRGICAS
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Examinado en el número citado lo que el nuevo Código establece con respecto a las leyes
litúrgicas que afectan al sacerdote celebrando la santa Misa, falta examinar lo que el mismo
Código dispone con respecto a otras funciones sagradas.
En el canon 733 dice el Código: «§ 1. In Sacramentis conficiendis, administrandis ac suscipiendis accurate serventur ritus et caeremoniae quae in libris ritualibus ab Ecclesia probatis
praecipiuntur» –«§ 2. Unusquisque autem ritum suum sequatur, salvo praescripto canonum
851, § 2, et 866».
En el citado canon 851, § 2, se lee: «Ubi vero necessitas urget, nec sacerdos diversi ritus
adsit, licet sacerdoti orientali, qui fermentato utitur, ministrare Eucharistiam in azymo, vicissim latino aut orientali, qui utitur azymo, ministrare in fermentato; at suum quisque ritum ministrandi servare debet».
Y el canon 866 dice: § 1. «Omnibus fidelibus cuiusvis ritus datar facultas, ut, pietatis
causa, Sacramentum Eucharisticum quolibet ritu confectum suscipiant. –§ 2. Suadendum tamen ut suo quisque ritu praecepto Communionis paschalis satisfaciant. –§ 3. Sanctum Viaticum moribundis ritu proprio accipiendum est; sed, urgente necesítate, fas esto quolibet ritu
illud accipere».
El canon 1.148 del Código dice así: «§ 1. In Sacramentalibus conficiendis seu administrandis accurate serventur ritus ab Ecclesia probati. –§ 2. Consecrationes ac benedictiones sive
constitutivae sive invocativae invalidae sunt, si adhibita non fuerit formula ab Ecclesia praescripta».
Como se ve, en los cánones precedentes se manda principalmente la exacta observancia
de los ritos y ceremonias que están aprobados
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Véase el número de Noviembre, pág. 449.
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por la Iglesia en los libros rituales, en cuanto a la confección, administración y recepción de
los Sacramentos, y además en cuanto a la confección y administración de los Sacramentales.
Débese advertir, sin embargo, que, según el nuevo Código, han sufrido variación muchos
puntos, principalmente en el Ritual Romano.
Pero en los cánones arriba citados no aparece ninguna reprobación o restricción en cuanto
a alguna costumbre contraria a aquellas rúbricas; ni en ellos se encuentra corrección alguna
expresa y general de las leyes litúrgicas en cuanto a las predichas funciones sagradas.
De donde se sigue, según el canon 2 del mismo Código, que los ritos y ceremonias, que
constan en los libros rituales aprobados por la Iglesia, permanecen en todo su vigor, como
antes, en cuanto a aquellas funciones sagradas, a no ser que hayan sido expresamente corregidos por el Código.
Resta, pues, examinar si hay alguna costumbre, y cuál sea ésta conforme al derecho antiguo, que pueda prevalecer contra dichas rubricas.
Y para concretar más la respuesta a la pregunta, basta examinar en particular la fuerza
obligatoria que tienen cada uno de los libros litúrgicos por prescripción de la Santa Sede.
De las rúbricas del Misal Romano se trató ya lo suficiente en el número anterior.
En cuanto al Breviario Romano, la Sagrada Congregación del Concilio declaró el 16 de
Septiembre de 1662 que los que están obligados a rezar el Oficio divino no cumplirán si no lo
rezan según la fórmula del Breviario Romano, conforme al Decreto del Santo Concilio de
Trento, establecida por el sumo Pontífice S. Pío V. Y la S. Congregación de Ritos califica de
abusos todas aquellas modificaciones que en varios lugares se habían introducido contra las
rúbricas del Breviario Romano; como, por ejemplo, rezar algunos Oficios de Santos sin autorización de la Santa Sede; o rezar, por autoridad propia, con rito superior los oficios que están
en el Calendario Romano con rito inferior; o dejar el Oficio del Breviario por otro de devoción, etc. –Del mismo modo, la S. C. de Ritos, preguntada el día 10 de Enero de 1852, si,
permitiéndolo y aun
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mandándolo el Obispo, podía seguir e! clero, illaesa conscientia y aun siguiendo una costumbre centenaria, las innovaciones introducidas en las rúbricas de los libros litúrgicos, entre ellas
en las del Breviario Romano, hechas y aprobadas por el Obispo con el Capítulo, pero sin consultar a la Sede Apostólica, respondió: Negative et amplius.
De lo dicho se desprende que cualesquiera costumbres contrarias a las rúbricas del Breviario Romano se deben considerar como abusos y corruptelas, y, por tanto, se deben tener
como reprobadas.
En cuanto al Ritual Romano, el Concilio de Trento, en la sess. Vil, De sacram., can. 13,
dice: «Si quis dixerit receptos et approbatos Ecclesiae Catholicae ritus in solemni Sacramentorum administratione adhiberi consuetos, aut contemni, aut sine peccato a ministris pro libito
omitti, aut in novos alios per quemcumque ecclesiarum pastorem mutari posse, anathema sit».
Sin embargo, el mismo Concilio, en la sess. 24, Decret. de reformat. matrimonii, cap. 1,
en cuanto a la celebración del matrimonio añade: «Si quae Provinciae aliis, ultra praedictas,
laudabilibus consuetudinibus et caeremoniis hac in re utuntur, eas omnino retineri sancta Synodus vehementer optat».
Y en el canon 1.100 del nuevo Código se lee: «Extra casum necessitatis, in matrimonii
celebratione serventur ritus in libris ritualibus ab Ecclesia probatis praescripti, aut laudabilibus consuetudinibus recepti».
Acerca del mismo Ritual Romano la S. C. de Ritos declaró el 30 de Agosto de 1892: «Rituale Romanum licet ubique adhiberi et in quibuscumque functionibus, etiamsi proprium Rituale Dioecesanum, in nonnullis tantum a Romano discrepans, habeatur».
Y en 31 de Agosto de 1872, la misma S. Congregación había dicho: «Ad Ritualis Romani
praescripta omnia servanda (ubi nempe illud Rituale receptum est), tenetur Episcopus Ordinarius obligare omnes et singulos parochos et sacerdotes, non obstante quacumque contraria
etiam immemorabili consuetudine».
De aquí que, fuera del caso de necesidad, y exceptuado también el caso en que en alguna
diócesis existan otras laudables costumbres y ceremonias en cuanto a la celebración del matrimonio, hay precepto estricto de observar íntegro el Ritual Romano, donde éste
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ha sido recibido, sin que valga costumbre alguna, aun inmemorial, en contrario.
En cuanto al Ceremonial de Obispos, éste también obliga en conciencia, como consta en
varias constituciones pontificias y varios decretos de la S. C. de Ritos.
Conservan todavía algunos la costumbre de decir, sobre lodo en la Oración del Rosario
que empieza: Deus cuius Unigenitus, y en otras ocasiones, sanctissimo B. M. V. rosario, sanctissimi, etc.
Esta costumbre debe desaparecer; y se debe decir, tanto en las lecciones y oraciones del
breviario y del misal, como en todas las demás ocasiones, sacratissimo, sacratissimi, etc. Así
consta en el Apéndice del Ritual Romano, en la nueva letanía lauretana de la B. V. M. y en el
Índice general de los decretos de la S. C. de Ritos, pág. 435, en el cual se lee muchas veces la
palabra sacratissimum y nunca sanctissimum.
También se debe decir Cor sacratissimum, según el Apéndice del Ritual Romano, el Decreto de indulgencias Urbis el Orbis y el Índice general de los decretos de la S. C. de Ritos,
pág. 129, en el cual se lee más de 35 veces la palabra sacratissimum.
DE LA DISTRIBUCIÓN DE LA S. COMUNIÓN
ANTES DE LA MISA CONVENTUAL
En muchas iglesias, especialmente de Regulares de ambos sexos, el Santísimo Sacramento se guarda en el altar mayor; siendo éste, por tanto, el altar donde se distribuye ordinariamente la sagrada comunión a los fieles.
En este caso, ¿se puede dar la comunión antes de la misa conventual?
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No se puede: por las razones siguientes:
El canon 816 del nuevo Código de Derecho Canónico dice así: –«§ 1. Quilibet sacerdos
intra Missam et, si privatim celebrat, etiam proxime ante et statim post, sacram Communionem ministrare potest, salvo prescripto can. 869. –§ 2. Etiam extra Missam quilibet sacerdos
eadem facultate pollet ex licentia saltem praessumpta rectoris ecclesiae, si sit extraneus».
El canon 869, a que se refiere el párrafo primero del canon anterior, dice así: «Sacra
Communio distribui potest ubicumque celebrare licet, etiam in Oratorio privato, nisi loci Ordinarius, iustis de causis, in casibus particularibus id prohibuerit».
Según los cánones citados, puede distribuirse la S. Comunión dondequiera que es lícito
celebrar, aun en Oratorio privado, a menos que el Ordinario del lugar lo haya prohibido por
justa causa.
Cualquier sacerdote puede dar la sagrada comunión:
a) Intra Missam, ya sea esta Misa privada, ya sea conventual o solemne.
b) Proxime ante et statim post Missam, cuando el sacerdote celebra privatim, o sea, cuando dice Misa rezada no conventual.
c) Extra Missam, aunque sea el sacerdote extranjero, con licencia presunta del Rector.
Además, la Sagrada Congregación de Ritos, con fecha 19 de Enero de 1906, a la propuesta duda: «An sacerdos, sacris vestibus Sacrificii indutus, possit administrare sacram Communionem, data rationabili causa, ante vel post Missam solemnem aut cantatam aut etiam conventualem, sicuti permititur ante vel post Missam privatam?» Respondió: Negative.
Luego, ni aun habiendo causa razonable, no es lícito dar la sagrada comunión a los fieles
antes ni después de la Misa conventual o cantada o solemne.
Otra razón, por la cual el sacerdote que va a celebrar la Misa conventual no puede administrar la S. Comunión antes de la Misa, se encuentra en el decreto de la S. Congregación de
Ritos, de fecha 9 de Abril de 1900, en donde se pregunta: «Utrum Misa conventualis debeat
celebrari inmediate post canonicam horam a Rubrica et Decretis designatam; vel eas separare
liceat, ita ut inter
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illas breve vel longum aliquod temporis spatium intercedere possit?» –Y la S. Congregación
respondió: «Affirmative ad primam partem, negative ad secundam».
Y el Índice General, (vol. VI, pág. 155), que el día 24 de Abril de 1912 fue declarado
como auténtico por la S. Congregación de Ritos, presenta así dicho decreto: Missa conventualis celebrari debet inmediate post canonicam Horam a Rubricis et Decretis designatam, ita ut
inter illas breve vel longum aliquod temporis spatium intercedere nequeat».
Ahora bien; si el sacerdote que va a celebrar la Misa conventual distribuye antes de ésta
la S. Comunión, necesariamente tiene que mediar algún espacio de tiempo, corto o largo, entre la Hora canónica últimamente rezada y la Misa; y por esta razón no se puede dar la comunión antes de la misa conventual.
Ante los citados cánones y decretos, se ofrecen, sin duda, algunas objeciones, más aparentes que reales, que no estará demás presentar y resolver.
La razón de comodidad o incomodidad, que resulta del desprecio o del cumplimiento de
lo prescrito por la Iglesia, no merece ni tenerse en cuenta.
Tampoco hay concurso, en el caso de que se trata, de dos preceptos, de los cuales deba
prevalecer el mayor de no negar la S. Comunión a los que la pidan justamente. Porque no
piden justamente la comunión los que con ello obligan al sacerdote a infringir dos preceptos, a
saber: de no dar la comunión antes o después de la Misa conventual, y de celebrar la Misa
inmediatamente después del Oficio. Si así fuera, cualquiera que desea recibir la S. Comunión
tendría derecho a pedirla, v. gr., antes del evangelio o después del prefacio; ya que la prohibición de la Iglesia de no interrumpir la Misa no es mayor que las dos prohibiciones anteriores.
Pero se dirá: el sacerdote es ministro, pero no señor de los Sacramentos; y por tanto, está
obligado a usar de su ministerio en beneficio de todos; lo cual constituye una ley más poderosa que la de no interponer espacio alguno de tiempo entre el Oficio y la Misa.
Ciertamente el sacerdote es ministro de los Sacramentos, no dueño
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y señor; pelo al mismo tiempo él debe ser, según el apóstol San Pablo, fidelis minister, y fidelis dispensator mysteriorum Dei, cumpliendo las leyes establecidas por la Iglesia para la administración de Sacramentos; y no debe ser un dispensador arbitrario que quebranta a su capricho dichas leyes.
En el caso de que se trata, el omitir la distribución de la S. Comunión no equivale a una
denegación, como alguno podría creer, sino a una dilación, por la cual no se quebranta ningún
derecho.
El canon 853, según el cual: «Quilibet baptizatus, qui iure non prohibetur, admitti potest
et debet ad S. Communionem»; y el canon 863, que exhorta a los fieles «ut frequenter etiam
quotidie pane eucharistico reficiantur», no hacen al caso: porque los fieles gozan de este derecho según las reglas establecidas por la S. Sede para la distribución de la S. Comunión; o
sea, en el tiempo y lugar debidos, no en todo tiempo y lugar, ni obligando al sacerdote a que
quebrante la doble prohibición de la S. Sede.
Finalmente, si se examinasen las razones de los que piden la S. Comunión antes de la Misa conventual, se vería la mayor parte de las veces que los tales no tienen una causa razonable: y si en esta ley establecida por la S. Sede se empezase a hacer excepciones, en breve
tiempo las excepciones constituirían la regla.
Por eso, con mucha razón, la S. Congregación de Ritos decretó que, aun habiendo causa
razonable, no era lícito al sacerdote, revestido con los sagrados ornamentos del santo sacrificio, distribuir la S. Comunión antes ni después de la misa conventual, o cantada o solemne.
Por lo demás, avisados los fieles de esta ley de la Iglesia, seguramente se conformarán de
buen grado con ella.
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HISTORIA DEL CONVENTO DE MACILLA
(Continuación)
CAPÍTULO SÉPTIMO
De la Orden Recoleta de San Agustín en Marcilla
Produjo la invasión de los franceses en España a principios del siglo XIX muchos y grandes trastornos en la marcha de los asuntos religiosos, de modo que la decadencia inicial de las
comunidades de esa época data; decadencia que tuvo el año 1835 un completo desenlace: el
degüello de los religiosos, la expulsión violenta, la expropiación de sus haberes con nombre
de desamortización y la incautación de todo lo que decía relación con las víctimas de la incredulidad y de la avaricia. No quiero especificar las tremendas injusticias, infamias y prevaricaciones del Estado civil durante aquel medio siglo, ni tampoco acudir a la Historia general de
España para ilustrar los sucesos desarrollados en esta localidad de Marcilla tan honrada y
guardadora de sus tradiciones, y agradecida al mismo tiempo a los beneficies otorgados por
los hijos de San Bernardo. Los
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vecinos de esta villa, lejos de maltratar por obra ni de palabra siquiera a los religiosos, lamentaron la persecución de los impíos e intentaron impedirla.
Así relata lo sucedido el citado Vicario de Marcilla: «Por real decreto de 19 de Agosto de
1809 se suprimieron en España todas las Órdenes Religiosas y se mandó a sus individuos que
en los quince días de su intimación saliesen de sus conventos. El 20 de Septiembre se comunicó a la Comunidad el Decreto y salieron in inmediatamente los que la componían». Después
manifiesta que entonces era prior el P. Maestro Benito Huarte, bajo cuya dirección obedecían
diez Padres, un subdiácono y un lego, todos los cuales se fueron pacíficamente a sus pueblos
respectivos. Un Padre llamado Joaquín Segura se quedó no en el convento sino fuera con el
cargo de administrador de las fincas que poseía la comunidad y permaneció al frente. Del edificio quedó encargado el Vicario de la parroquia a quien le entregaron las llaves de todo el
convento y de la iglesia. Cinco años estuvo ausente la comunidad de monjes, hasta que restituido al trono el rey Fernando VII, y dado el decreto sobre restablecimiento de las comunidades religiosas, los Bernardos se citaron y reunieron de nuevo en su monasterio. Entonces el
señor Vicario, fiel guardador del depósito confiado, hizo entrega de todo a 13 de Mayo de
1814, fecha en que volvió a tomar posesión de la casa e iglesia el mismo Padre Benito Huarte.
Los vecinos de Marcilla celebraron con alegría el regreso de la comunidad y manifestáronle
sus simpatías frecuentando con mayor asiduidad el santuario de Nuestra Señora de la Blanca.
Así continuaron hasta que, promulgada la ley de 25 de Octubre de 1820 sobre supresión
de los religiosos en España, hubieron de abandonar de nuevo el monasterio de Marcilla en el
que ya funcionaban con regularidad y provecho del vecindario el P. Prior con nueve Padres y
un lego. Entonces vivía de hecho
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en el monasterio de Marcilla, además del Prior, el P. Abad. Pasados cuatro años, y calmadas
algo las ansias del Gobierno de mortificar y aun exterminar a los religiosos, éstos del Cister
regresaron a Marcilla y siguieron viviendo hasta el año 1835 con más o menos inquietudes y
temores. Fue en esta sazón cuando los representantes de los partidos político-religiosos, perseguidores de la Religión, se cebaron en los indefensos religiosos y el Gobierno sancionó todo
llenando con los bienes de éstos las arcas del tesoro y las arcas de algunos particulares que
promovieron los tumultos contra los conventos. Debido a esto, desapareció la comunidad de
monjes cistercienses de Marcilla, cuyas riquezas fueron a dar al Estado y luego a manos de
particulares, se cerró el templo, fue ocupado el convento por los nuevos poseedores seglares
que lo convirtieron en graneros y dependencias propias de la agricultura y ganadería, y los
marcilleses quedaron privados de la sopa diaria que repartían los Religiosos, de las limosnas
que prodigaban, de los arriendos y gabelas insignificantes que a los renteros imponían, y también privados del culto religioso que con majestad y gran esmero sostenían los hijos de San
Bernardo. Con tantas vejaciones como sufrieron en toda España, los Bernardos fueron desapareciendo poco a poco y con tan mala suerte, que aun hoy día no han podido reconstruir su
grandiosa historia, ni ocupar uno de los conventos que antiguamente poseyeron.
No tocó igual desgracia a los Padres Agustinos Recoletos que tenían misiones en las Islas
Filipinas, pues fue ésta una de las tres Órdenes religiosas exceptuadas y libradas del exterminio, en atención a que sus miembros ejercían el ministerio apostólico en aquellas colonias de
Ultramar, a cuyo destino estaban ordenados, primeramente el Colegio de Alfaro y después el
de Monteagudo. Aumentado considerablemente el personal en éste, la Provincia de Filipinas
trató de aumentar el número de casas,
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y, al efecto, en el Capítulo de 1864 se ordenó lo conducente. Actuaba a la sazón como Procurador y Comisario de la Provincia en Madrid el P. Fr. Guillermo Agudo de San Antonio de
Padua, quien, comisionado para el efecto, solicitó el real permiso para aceptar la compra del
convento de Marcilla e implantar en él la comunidad de misioneros, permiso que fue otorgado
a 20 de Noviembre de 1864, según comunicación del Ministerio de Ultramar. Obtuvo además
la erección pontificia, y el beneplácito del Señor Nuncio Apostólico a 1 de Abril de 1865, en
cuyo documento fechado en Madrid se lee: Cumque evidenter omnibus pateat earum Insularum missionibus non solum opportunum imo omnino necessarium esse, ut Ordinum ReguIarium Collegia augeantur, in quibus operarii evangelici erudiantur et informentur ad sacrum
ministerium exercendum, et rem christianam ibidem promovendam.
Por eso, pudo muy bien y con satisfacción religiosa dirigirse el P. Agudo al P. Provincial
y su Definitorio en una comunicación fechada en Madrid a 31 de Diciembre de 1864 diciendo:
«En cumplimiento de lo acordado por VV. RR. en junta de Definitorio pleno de
fecha de diez y siete de Abril último, por la que se me autorizó, previo acuerdo y
consejo de N. Rvmo. P. Comisario Apostólico, para buscar un edificio con objeto de
instalar una nueva casa, que sirviese de Colegio de profesorado, lectorado, o de estudios, y practicadas las más exquisitas diligencias, recorriendo diferentes Provincias y
examinando con toda atención y detenimiento los edificios que podrían llenar el objeto; viendo y teniendo muy en consideración varias circunstancias atendibles de baratura, localidad, y sobre todo las ideas, buen sentido religioso y estado moral de la
población, nos fijamos definitivamente en el monasterio de PP. Bernardos de la Orden del Cister sito en la Villa de Marcilla, Provincia
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de Navarra, uno de los puntos más amenos y hermosos del país».
Dejó escrito el origen de la fundación de este Colegio el Padre Aquilino Bon de S. Sebastián1 de este modo conciso pero puntual:
«En el Capítulo Provincial de mil ochocientos sesenta y cuatro se determinó la
creación de un nuevo colegio destinado a casa de estudios a donde se trasladaran los
jóvenes que ya hubieran profesado en el de Monteagudo que se destinaba a casa de
noviciado. Entre los varios edificios a propósito para el objeto, se fijó muy particularmente el comisionado de la Provincia en el que fue Monasterio de Bernardos, situado en el pueblo de Marcilla provincia de Navarra y que a la sazón era propiedad
particular de los herederos de D. Francisco Elorz vecino de Peralta.
Con el permiso competente de S. M., con las licencias necesarias de la autoridad
Eclesiástica, se convino entre ambas partes contratantes y adquirió la Provincia este
edificio con su huerta adyacente, dando por su valor una cantidad respetable de dinero más las rentas del convento de San Antón, que fueron el primitivo colegio de Alfaro.
Hechas las reparaciones convenientes, en las que no se invirtió poco dinero, por
lo diferente que eran las piezas destinadas a los monjes Cistercienses, de las que son
propias de una familia descalza que pasaba a habitarlas, llegó por fin el día de trasladarse mucha parte de la comunidad de Monteagudo a la residencia que tenían preparada en Marcilla; y el diez y siete de Septiembre de mil ochocientos sesenta y cinco
se instaló canónicamente la comunidad, se celebró una solemne función de iglesia
conduciendo a Su Divina Majestad desde la iglesia parroquial
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Provincia de S. Nicolás, etc., págs. 334 y 335.
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al nuevo tabernáculo, que le habían preparado los Agustinos Descalzos, asistió de
capa magna el Excelentísimo Sr. D. Pedro Cirilo Úriz, hermano general de la Orden
y Obispo de Pamplona, en cuya jurisdicción está enclavado el monasterio; ofició
nuestro P. Vicario Apostólico Fr. Gabino Sánchez de la Concepción, y predicó el P.
Lector jubilado Fr. Pío Mareca un sermón alusivo a la festividad que se celebraba, en
el que, con elevados conceptos y arranques de entusiasmo religioso inspirado en las
circunstancias, dirigía su autorizada palabra a la multitud que había acudido de los
pueblos inmediatos a celebrar la maravillosa restauración de un templo del Dios verdadero».
Una de las condiciones de la venta, según la escritura otorgada en Peralta a 21 de Diciembre de 1861, reza de esta manera:
«Será obligación de que por la Comunidad de Padres Recoletos se ha de celebrar
anualmente y a perpetuo en cada año el día tres de Agosto y hora de las ocho de la
mañana, no siendo domingo, en cuyo caso tendrá lugar la celebración el día 8 del
mismo mes, a la expresada hora, un aniversario en sufragio del alma del finado D.
José Francisco Elorz e interesados de sus respectivas familias, compuesto de nocturno, misa y responso cantados, a cuyo acto tendrán derecho de asistir los comparecientes, como interesados o cualquiera de la familia, ocupando en dicha iglesia un
lugar preferente después de la comunidad».
Las obras de instalación y adaptación no fueron grandes ni en el convento ni en la iglesia,
pero, como el edificio es capaz y amplio, tuvo que desembolsar la nueva comunidad 20.042
pesos para las obras, empezadas en Septiembre de 1865 y terminadas a fines de año, y que
consistieron principalmente en edificar los altares laterales de la iglesia, en dividir convenientemente
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las celdas, en hacer puertas y ventanas nuevas, traídas de Tudela, y reparar gran parte del tramo que sale hacia el Este y que había de formar el segundo patio o ala del edificio, tramo que
amenazaba ruina a causa de la infiltración de las aguas de riego que cerca de los cimientos se
embalsaban. Todo lo cual hízose bajo la alta dirección del Comisario Padre Agudo, quien
permaneció en el convento larga temporada para el efecto.
Establecida la comunidad, comenzaron a funcionar las clases y actos religiosos, de acuerdo con los fines de la fundación, sin que esto implicase cierto género de apostolado ejercido
en la comarca, compatible con la vida colegiada en que predominaba el estudio, y con la suntuosidad de las fiestas en la iglesia propia, la copia de confesores y los beneficios que la oración reporta a los pueblos que en su seno tienen alguna comunidad consagrada a la práctica de
las virtudes.
El P. Pío Mareca, en las dos o tres páginas que dedicó a historiar este convento en el lugar antes citado tuvo el acierto de marcar y puntualizar la acción religiosa así:
«El grande y ferviente culto que por tantos siglos las comunidades religiosas y
los fieles tributaron a Ntra. Señora la Blanca, interrumpido desde el año 1835 hasta el
de 1865, fué reanudado por los PP. misioneros, los que además del culto ordinario,
cantan una Salve todos los sábados y fiestas de la Beatísima Virgen María, habiendo
también restablecido la fiesta principal que se celebra cada año el día 5 de Agosto
con grande solemnidad.
No cabe duda que la existencia de las comunidades religiosas contribuye de una
manera eficacísima a arraigar la fe en todos los pechos, encendiendo en los corazones la llama santa del amor a María; por cuya gloria se interesaban vivamente todas
las Órdenes monásticas, distinguiéndose de una manera especial la tan insigne como
benéfica de PP. Agustinos. La revolución
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lo comprendió así perfectamente al dirigir contra ellas sus certeros tiros; eran las comunidades religiosas los inexpugnables baluartes, en los cuales se acrisolaba la fe,
comunicándose desde allí su fuego abrasador hasta los más remotos confines del
universo. Hoy España está huérfana de religiosos, muy pocos quedan, siendo de estos los padres Agustinos, los cuales, así como los del Orden de Predicadores, han sido conservados por los gobiernos, no es porque les profesen afecto y cariño, sino por
miras especulativas y de conveniencia política. Los misioneros son los que imperan
en el archipiélago filipino, reinando en el corazón de sus hijos, que recuerdan el
agradecimiento a que les son deudores, y no por otra cosa se conserva en España ese
plantel religioso, que para conservar la integridad de aquel territorio, en el que, como
hemos dicho tiene más imperio la palabra del Evangelio que el estampido del cañón.
Los Agustinos de Marcilla miran, pues, con cariño verdaderamente filial la sagrada Imagen de su Madre y Protectora: a ella se dirigen en todas sus necesidades, y
antes de partir los jóvenes apóstoles para las misiones, celebran ante su altar una
tierna función religiosa en la que invocan el eficaz auxilio de su poderosa Reina, no
sólo para la larga travesía que deben emprender, si que también para que les comunique aquella firmeza de convicciones que conducen al heroísmo, para saber si es preciso morir con la palma de los mártires y engrandecer con su sangre las glorias de la
Religión del Crucificado».
Tal es a grandes pinceladas la historia de la fundación de los Agustinos Recoletos en
Marcilla; y como su actuación principalísima versa sobre los estudios colegiales para la carrera del misionero, claro está que no tiene vida exterior y de relumbrantes apariencias, sino que
se desarrolla mansa y calladamente al influjo del estudio, de la oración y del ejercicio de las
virtudes evangélicas. Sin embargo, en los pocos años de existencia
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se han verificado en este convento actos trascendentales de que voy a dar noticia, así como
bueno será y muy oportuno recontar los principales personajes que lo visitaron ya de paso ya
deteniéndose algunas temporadas, pues debido a lo elegante e higiénico de su fábrica así como a la benignidad del clima y a la belleza de sus edénicos paisajes, Marcilla ha corrido y
corre en alas de la fama más lisonjera.
Era a principios del año 1871 en que la guerra carlista libraba rudos combates para lograr
sus ideales político-religiosos, con entusiasmo y fortuna tales, que el mismo rey Alfonso XII,
contando solamente 17 años de edad, púsose al frente de las tropas y vino a la ribera de Navarra. En el vario rodar de los acontecimientos, llegó a colocar su cuartel general en Peralta,
foco de varones esforzados que peleaban bajo la bandera de su famosísimo rival, Don Carlos
VII, y estando aquí fue cuando quiso honrar con su visita Alfonso la villa de Marcilla, notable
por su castillo-fortaleza y por el colegio-seminario de Agustinos Recoletos, misioneros de
Filipinas. También pretendía con su viaje conocer uno de los pueblos más aguerridos, adversario suyo pero siempre noble y digno, y conquistar sus voluntades. Al efecto, el día 7 de Enero de 1871 mandó que se acantonaran varias compañías de soldados por la estación del ferrocarril, por el fortín que culmina en el monte y por la villa. Horas antes de partir el Rey de Peralta a Marcilla con su acompañamiento, alguien preguntóle cómo debían hacer la caminata si
a pie o a caballo, pues distaba la villa unos cinco quilómetros, y el joven monarca respondió:
–Mi séquito irá como yo vaya.– Y llegado el momento, a eso de mediodía, salió a pie, vestido
con los arreos de campaña, sencillo, gallardo, animoso, y detrás de él unos veinte acompañantes, entre los cuales iba su médico de cámara, el marqués de S. Gregorio, el ministro
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de Guerra, Joaquín Jovellar, los Generales Fernando Primo de Rivera, Eulogio Despujols,
Dabán, Terreros y otros muy esclarecidos personajes de la época. Llegaron a la muga del municipio, y tuvo el rey la deferencia de visitar en primer término el convento de los misioneros
dejando el camino principal y tomando la senda entre el río y la tapia de las huertas. Esperábalo la comunidad, que constaba de cuarenta religiosos, a la puerta de la iglesia, con palio y
cruz alzada; y, recibiéndolo con el ritual debido, se llegó el monarca con su acompañamiento
al presbiterio donde oró mientras la comunidad cantaba muy solemne Te Deum. Luego entró
en los claustros y, al ver delante de sí a aquel grupo de jóvenes religiosos dispuestos a marchar a la colonia filipina para sostener el lábaro de la cruz que hizo grande a nuestra patria,
exclamó entusiasmado el rey: –Éstos son los que tanto honran a España en las misiones–. Recorrió muy complacido y detenidamente las dependencias del convento, entró en las huertas,
paseó por ellas alabando el espíritu laborioso de los religiosos, y recordando los días en que
nuestros misioneros de Filipinas, antes de embarcarse, pasaban por Madrid y visitaban a su
Madre Isabel II, de quien recibían palabras alentadoras y dones muy útiles para el viaje.
Sin pérdida de tiempo, se dirigió al palacio-castillo a cuya puerta estaba una compañía de
carabineros para rendirle los honores del caso. Aquí tuvo lugar una anécdota edificante que oí
de labios de un testigo presencial. Como el teniente que mandaba la fuerza, al pasar ante ella
el rey, ordenase que rindiesen armas en vez de decir que presentasen armas, notó el joven
monarca el error, por lo cual, volviéndose al teniente díjole con tono indignado: –Las armas
sólo se rinden a Dios.
Visitó el castillo, y sin más detenciones, porque urgía el tiempo de regresar a Peralta antes que declinase el día, atravesó
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la villa por la calle del Mesón y salió por la de San Juan, en memoria de lo cual, desde entonces la del Mesón se llama calle de Alfonso XII.
Al poco tiempo sucedió también que se presentó en el convento acompañado de varios
ayudantes D. Domingo Moriones, Comandante General, preguntando por el P. Superior que
lo era a la sazón el ilustrado y piadoso P. Íñigo Narro quien, después, llegó a ser Superior General de todos los religiosos. El objeto de aquel viaje era solicitar el apoyo del convento en
orden a influir para que las pujantes fuerzas carlistas no cortasen ni el puente de hierro de
Marcilla ni el de Castejón, como muy bien podían hacerlo. Precisamente, entonces moraba en
sus claustros el sapientísimo P. Pío Mareca, muy amigo personal del General Elío, Ministro
de Guerra residente en Estella al lado de Carlos VII, el cual Padre no tuvo inconveniente en
prestarse a ir a Estella y conferenciar con Elío e intervenir en aquella misión de humanidad y
cultura. Al efecto expidió Moriones al Padre la documentación del caso, le dio amplios salvoconductos, y el P. Pío obtuvo en la provisional Corte de Estella lo que nadie creyó se lograría
tan incondicionalmente. Durante los días que permaneció en Estella dicho emisario tuvo
además la muy humorística y cariñosa idea de reunir a los no pocos marcilleses que militaban
bajo las banderas carlistas en aquellos contornos, les habló largamente de sus familias y les
costeó una entretenida y sustanciosa merienda.
Entre las personas eclesiásticas que honraron esta casa con su presencia, ocupa el primer
puesto por orden cronológico el Excmo. Sr. Arzobispo de Valencia, Barrio y Fernández, gran
amigo de N. P. Gabino Sánchez de la Concepción, el año 1867, quien permaneció en el convento algunos días, y en cuyo obsequio se dio una disertación teológica en la cual actuaron los
entonces
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coristas Fr. Andrés Ferrero, Fr. Ezequiel Moreno y Juan Santisteban.
El Excmo. Arzobispo de Zaragoza, Sr. Alda, el año 1892, el cual amaba entrañablemente
a la Comunidad y la favoreció en varias ocasiones.
El Excmo. Sr. Obispo de Mallorca, Salvá y Muñoz, año 1869; y el Excmo. Sr. Marrodán,
Obispo de Tarazona, el mismo año, a su paso para Roma. El Excmo. Sr. Soldevila, Obispo de
Tarazona, hoy Arzobispo de Zaragoza el año, 1894: y el Excmo. Sr. Plaza, Obispo de Calahorra, en 1915.
Todos los Sres. Obispos de Pamplona han visitado el convento y convivido varios días,
atraídos por la observancia de la Comunidad y la finura de su trato. Merece notarse particularmente el Ilmo. D. José Oliver, consagrado en la iglesia de San Isidro, de Madrid, el 12 de
Diciembre de 1875, quien en su viaje de Madrid a Pamplona, se hospedó en el convento, donde permaneció desde el 28 de Marzo de 1876 hasta el 5 de Abril en que marchó a Biurrun
para pernoctar, y el día 6 hizo su entrada pública en Pamplona. Pormenoricemos que con fecha 2 de Abril dirigió a sus diocesanos la primera carta pastoral desde nuestro convento.
No cito otras dignidades eclesiásticas ni tampoco detallo los títulos del Reino que han
desfilado por esta casa religiosa, por evitar la pesadez de los encasillados y listas; sólo puntualizaré la venida del Excmo. Nuncio de Su Santidad, Monseñor Bianchi, año 1882, que permaneció una temporada atendiendo a las quiebras de su salud, gran amigo del P. Íñigo Narro, a
quien le dio posesión del rectorado de Marcilla solemnemente en el coro de la iglesia. Y lo
menciono también de un modo singular, por cuanto de él, siendo yo niño de 11 años, guardo
un recuerdo que dio ocasión al siguiente articulito que tengo publicado:
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«EN MI PUEBLO. –Lo recuerdo como si ayer hubiera sucedido. Era una de esas tardes de
Mayo en la ribera de Navarra, en que el sol desciende al ocaso con lentitud majestuosa de
monarca. Brillaba la atmósfera: parecía que cellisqueaban gotillas de luz; una especie de aurora boreal, valga la palabra, inundaba los panoramas poniendo tonos amariIlos en los edificios,
en las huertas en flor, en los viñedos, en la carretera donde se agitaban polvaredas de oro cernido. Un grupo de chicuelos correteaban en la avenida que sale del convento de Marcilla, de
Agustinos Recoletos, mientras llegaba la hora de que apareciese en la puerta el Nuncio de Su
Santidad, Eminentesimo Sr. Bianchi, que en días anteriores habíase allí hospedado por reponerse de no sé qué achaques de salud. Sabían los niños que a tales horas saldría a pasear por la
carretera, y allí estaban en espera los muy curiosones para mirarlo y remirarlo de pies a cabeza.
–¡Ya sale!, —alguien exclamó; y todos se comidieron, dejaron los bulliciosos esparcimientos y bonicamente fueron aproximándose al grupo que asomaba por la enjardinada plazuela del convento avanzando lentamente, lentamente. Acompañaban dos Padres de los más
graves de la Comunidad al eximio personaje, que con sus capisayos morados, pectoral fulgurante y bastón de empuñadura de oro, ostentaba apostura tan excelsa, que suspendía el ánimo
de aquellos niños de pueblo.
–¡Oh! El Nuncio de Su Santidad!
Los chicos se arrodillaron pidiendo la bendición. Una cruz trazada en el aire, una sonrisa
benévola y a continuación frases y caricias que se colaban en sus corazoncitos como chorrillos de miel. Muy reverentes y sonriendo de gusto contestaban a las sencillas preguntas que el
conspicuo personaje les hacía.
–Muy bien, —concluyó; cuando vuelva del paseo me tendréis
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cada uno cinco juncos, cinco juncos, jugosos y tiernos.
¿Para qué los querría? ¿Qué iba a hacer con ellos?
A buscarlos, pues. Y el que los hallase más flexibles y verdecillos, mejor.
A un tiro de piedra corría el río grande. ¡Grande! Después que uno ha visto los ríos de
América, parecen los de España ríos muertos de sed. Afuera, pues, zapatos y calcetines; los
pantalones bien arremangados; al aire pies y pantorrillas, color de rosa; y chicuelos al agua a
buscar por los ribazos los dichosos juncos. Era de verlos metidos hasta las corvas en el río,
cuyas ondas acariciaban con roces blandos el cutis, sonrosándolo más y más. Y discurriendo
río arriba y río abajo, nadie encontraba juncos buenos… todos tenían la punta seca. Ignoraban
que los juncos son como los placeres del mundo, que todos acaban en punta... seca siempre.
Mientras tanto, las polvaredas de oro, los charcos de oro en fusión, iban desapareciendo,
los pájaros gorjeaban sus tonadas vespertinas, el Sol, con sus enormes abanicos de rayos, esfumaba las irisaciones del Poniente; reinaba en el paisaje la paz más deleitosa; el tren vino a
poner una nota de solemne grandeza con su trepidación al correr por la vía terraplenada.
Al revolver de un olivar, los niños columbraron el grupo de paseantes que regresaba y corrieron a su encuentro, cada uno con el manojito de juncos enarbolados.
–¿Qué haría con ellos?
Rodearon en alegre bandada al bondadosa representante del Vaticano los cinco o seis
muchachos, levantando, anhelantes, los brazos para que eligiese los flexibles monocotiledóneos; él sonreía vacilando a cuál preferir. La escena resultaba verdaderamente encantadora.
lo
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–Éste, éste, dijo por último, –y cogió s de un niño trigueño. ¡Oh! ¿Por qué? ¿Bracearía él más
que sus compañeros? ¿Demostraría más empeño? O es que se fijó en su rostro, que tenía, al
decir de su madre, ojos de gloria; ojos de gloria que hoy están ¡ay! enfermos de ver humanas
faIsías, ilusiones asesinadas y corazones muertos.
Comenzó al momento el venerando y amable diplomático a maniobrar con los junquitos;
amarrados por la extremiad más gruesa, fue entretejiéndoIos con un género de urdimbre en
que ora aparecía la forma de un caracol, ora de un cestillo, ora la de un gusano retorcido, en
tanto que les dirigía andando, andando, palabras llenas de sencillez.
Los chicos ¡con qué agrado veían cruzarse y volverse a cruzar los juncos, en aquellas
manos de largos y aristocráticos dedos, donde brillaba con fugaces relámpagos el anillo, que
semejaba una abeja de luz revoloteando!
Les iba contando, al paso, episodios de su niñez; evocaba rasgos nobles de sus condiscípulos y concluyó por decirles cómo a él, siendo pequeñín, le hizo también un Obispo, en su
pueblo, una obrecilla como aquella durante un paseo por el campo, y le enseñó a reproducirla;
conque también ellos debían aprender para enseñar cuando fuesen Padres Agustinos Recoletos.
Cierto día recibió la madre del niño trigueño una carta en que le proponía un coleccionista, o no sé qué amigo íntimo del Señor Nuncio, la venta de aquel juguete de juncos, a cualquier precio. Ella, mostrando al hijo la carta díjole con arranque muy navarro:
–¡Ni por todo el oro del mundo!
Pasaron los años; la Santa Obediencia destinó al niño a las misiones de América; fue a
despedirse de su madre la cual lo
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llevó á curiosear un armario, en que solía guardar las cosuelas de su predilección; ella abrió
una cajita y le proporcionó la inefable sorpresa de que reconociera el hijo una polvorienta y
desecha urdimbre de juncos.
Murió ella...
La soledad del corazón es la soledad de las soledades.
¿Dónde está la cajita que contenía la urdimbre de juncos, para que deposite alguna lágrima murmurando una oración el misionero?»
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
(Continuará)
Año IX
Febrero de 1918
Núm. 92
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
SECCIÓN OFICIAL
SECRETARÍA GENERAL DE AGUSTINOS RECOLETOS. –MADRID. –Frater Bernardinus García
a Conceptione, Secretarius Generalis Ordinis Eremitarum Recollectorum Sancti Augustini.
Testificor: quod in archivo generali mihi commisso, aservatur Rescriptum Sacrae Congregationis de Religiosis, tenoris sequentis: –N. 3929-17. –Beatissime Pater. –Prior Provincialis Provinciae S. Nicolai Totentinatis, Ordinis Eremitarum Recollectorum S. Augustini, ad
pedes Sanctitatis Vestrae humillime provolutus, implorat prorogationem Rescripti diei 31 Julii
1912, quo ad quinquenium facta fuit facultas ipsi et Sacerdotibus suae Provinciae celebrandi
Missam in mari, servatis servandis.
El Deus...
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Vigore specialium facultatum a Ssmo. Domino nostro concessarum, Sacra Congregatio
Negotiis Religiosorum Sodalium praeposita, audito voto R. P. Procur. Genlis. Ordinis praefati, benigne commissit Rmo. P. Priori Genli. ut petitam enuntiati indulti prorogationem ad
aliud quinquenium pro suo arbitrio et conscientia concedat, servata in reliquis ejusdem indulti
forma et tenore. Contrariis quibuscumque non obstantibus.
Datum Romae, die 24 Octobris 1917. –J. Card. Tonti Praefectus. – Vinc. Da Puma. – Matriti die 3 Decembris anni 1917. –Fr. Bernardino García de la Concepción. –Hay un sello, V.º
B.º –Fr. Fidelis de Blas ab Asumptione.
Vicaría Provincial de Agustinos Recoletos. –Venezuela. –Ssmo. Dno. Nostro Benedicto
XV. –Romae.
Beatissime Pater: Religiosi Excalceati S. Augustini, missionarii in hac Venezolana Republica, ad pedes Vestrae Sanctitatis humiliter provoluti:
Profecturus in Urbem quam desideratus in Christo Pater Excmus. Dnus. Carolus Pietropaoli Archiep.us Chalcidensis, Sedis Apostolicae in his partibus Internuntius dignissimus; pervolenter occasionem adorimur sistendi nos ad pedes Vestrae Sanctitatis, ut eam quam semper
et ubique nostra Recolectana Familia Vobis, et quam feliciler assidetis, Apostolicae Cathedrae, fidem et sincerissimam adhesionem professa est, nos etiam omnes profiteamur et obtestemur, votis omnibus exoptantes, ut gratum et acceptum istud nostrum fidei et amoris obsequium habere, et Vestram Paternam benedictionem super nos in auspicium omnium bonorum
impertire dignemini.
Beatissime Pater. –Fr. Joannes Vicente a Sto. Josepho, Vicarius Provincialis. –Caracas
die XVII Augusti anni 1917.
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Dal Vaticano die 30 Septt. a. 1917. –SECRETARIA
45.162. –Da citarsi nella Risposta.
DE
STATO
DI
SUA SANTITA. –N.º
Revme. Pater: Per Illmum ac Revmum. Dominum Carolum Pietropao!i, in ista Republica
Internuntium Appostolicum, nuper Romam reversum, officiosis litteris obsequium Recolectanae istius Familiae Beatissimo Patri exhibere. studuisti.
Quod quidem filialis venerationis testimonium Sanctitas Sua grato libentique animo amplexa, filiorum pietatem paterna caritate rependit, tibique et Confratribus tuis Apostolicam
Benedictionem, supernorum munerum conciliatricem, exinde elargitur.
Hac usus opportunitate, sensus existimationis in te meae confirmo, quibus permaneo tibi.
Addictissimus. –F. Card. Gasparri. –Revmo. Patri Joanni Vicente a Sto. Josepho, Vicario
Provinciali Recollectorum Agustinianorum. –Caracas.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
UN SABIO DEL SIGLO XIX
Este título lleva un libro que imprimí en Madrid el año 1915, y que fue publicado primeramente por capítulos en la doctísima revista La Ciudad de Dios, honor de colaboración para
mí inmerecido.
Cualquiera que se fije un poco en la factura y disposición de los primeros capítulos
echará de ver cierta desproporción y falta de método en las materias. ¿Por qué? Porque empecé con la intención de publicar dos o tres artículos aprovechando los pocos materiales que
había encontrado en nuestros archivos, y luego hallé tantos y tan buenos, que sirvieron para
formar un libro. En el artículo séptimo, después de sumariar 48 volúmenes inéditos del P. Fr.
Joaquín de la Jara de Santa Teresa, uno de los mayores sabios de nuestra Orden, por no decir
el mayor, apunté la sospecha de que no eran 48 volúmenes los escritos por él, sino que llegaban por lo menos a 53, toda vez que había encontrado uno marcado en el forro con este número y que ostentaba todas las señales de forma, papel, tinta, letra y espíritu que ostentaban los
48 descritos, y formulé esta pregunta: «¿Son acaso 53 los tomos que nos legó el P. Jara?» Hoy
puedo afirmar que sí en vista de un tomo hallado con el número 49 igual a los otros. ¿Dónde
estaba? En nuestro colegio de San Millán de la Cogolla. Quiera Dios que parezcan los otros
para formar la colección completa y a fin de que acabemos de conocer al laborioso y buen
Padre Jara que supo unir al sufrimiento moral y material la eficacia del talento y las prerrogativas de la virtud en medio del siglo. Pero, antes de describir el tomo 49 y de hablar de
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su contenido, bueno será recordar a los lectores de este BOLETÍN algunos conceptos sobre autor tan digno de memoria.
Del P. Jara, muerto a fines del siglo pasado, nadie conocía sus obras porque era modestísimo y de vivir obscuro, y no escribía para recoger lisonjas de la fama, sino que, por una interpretación quizá no muy genuina del concepto de la misión del sabio, legaba, como el otro
filósofo, los tesoros de su talento y laboriosidad al Tiempo. Hasta tal punto curó de ocultarse,
que ni aun sus mayores amigos lograron penetrar en lo recóndito de la confianza y ver todos
sus manuscritos; si bien, a juzgar por el trato personal y conversación del P. Jara y por la correspondencia sostenida con algunos doctos, llegaron algunos a sospechar que se llevaba al
sepulcro un bagaje científico muy cuantioso, rico y aprovechable.
Por eso D. Inocente Hervás y Buendía, en su Diccionario histórico-geográfico de la provincia de Ciudad Real, sólo le dedica unos cuantos renglones, por los cuales se ve que no conoció sino alguna mínima parte de los escritos, copias fragmentarias de opúsculos, con que el
P. Jara obsequiaba a sus más allegados. Hizo también mención de ese sabio el P. Bonifacio
Moral en su Catálogo de escritores agustinos etc., pero fue somerísima, por cuanto se basaba
en el conocimiento de algunos cuadernillos nada más, que reposaban en el archivo generalicio
de la Orden de los agustinos recoletos. Así, pues, habiendo permanecido ignoradas casi todas
las obras del P. Jara por una serie de circunstancias singulares, nosotros, a los treinta y cinco
años de su muerte, somos los primeros en proclamar que fue todo un sabio del siglo XIX.
De ellas mana transparente la personalidad de su pluma, prodigioso conjunto de saber,
ilustración histórica, vigor intelectual, investigación y sagacidad crítica. Como las grandes
corrientes subterráneas, o subió tumultuosamente a las cimas de lo sublime en la concepción
del pensamiento o se derramó en golfos de poderosa meditación, reflejando el examen más
hondo de la doctrina, sin alardes de gimnasia fraseológica, espontáneo, sencillo. Apologista
benemérito entre los de su época, expositor bíblico que estaba al tanto del movimiento escriturario, gran pensador en cuestiones filosóficas, teólogo e historiador, cultivador de la novela
y del teatro que pinta costumbres populares, humanista estimable y genuino,
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como investigador y como artífice, poeta que embellecía los conceptos más transcendentales
de las ciencias y de las artes, acopió títulos nobilísimos para que las generaciones lo proclamen espíritu militante del progreso por temperamento y por profesión, y lo coloquen al frente
de la aristocracia de la ciencia del siglo pasado, como un verdadero polígrafo.
Dentro le los muchos géneros y disciplinas en que trabajó, y abarcando especulaciones
heterogéneas y muy desparecidas y disímiles, fiado siempre en principios inconcusos y documentos selectos como historiador se nos presenta el P. Jara un enciclopédico de arrestos
inverosímiles con quien no antipatizan ningunos ramos del saber y a quien rinden pleitesía el
talento por lo dúctil e ingenioso, la educación intelectual por lo caudalosa; y el principal y
más preciado aspecto de su pluma, la erudición, por lo múltiple y bien sostenida. Además,
suele ser en la exposición sereno y como impersonal, cuanto cabe en todo el que desempeña,
convencido de poseer la verdad, el magisterio de la pluma; resultando al mismo tiempo vigoroso sin vehemencia, y amante del ideal sin exaltaciones de lírico entusiasmo. Brilla, en fin,
en medio del cielo de su vida el pensamiento científico de la familia religiosa a que perteneció, y con su temperamento equilibrado y ecuánime y con su laboriosidad fuerte y abnegada
acredita que, en la vida de relación, el despliegue de su actividad supo conexionar la ciencia
con la virtud y la modestia con la grandeza.
Huyó del combate populachero porque pertenecía al estado mayor de los intelectuales;
con la especulación solitaria se crecía como Anteo al contacto con la tierra: su temple de pensador no se avenía con la milicia del periodismo, por más que en su táctica de apologista religioso entraba la guerrilla del humorismo sentimentalista y del donaire de la frase vengadora,
así como también el cañoneo de grueso calibre, el silogismo y la investigación teutona. Y
triunfaba con el pensamiento más que con la expresión clásicamente española porque su lema
fue el espíritu sobre la letra.
De su misma cultura intelectual extensísima y de la intensidad de sus conceptos dimanó
cierta ineficacia de la forma en algunos géneros de la literatura cultivados por su talento.
Fallóle la magia del ritmo y del número en la prosa, quizá por nutrir su cerebro
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demasiadamente con lecturas de prosadores no escogidos, quizá por ejercitar tanto su pluma
en rimar y ritmar en latín y castellano, y quizá, y esto será lo más cierto, por pensar en latín y
escribir en castellano, fenómeno muy corriente en los eclesiásticos del siglo XVIII y XIX que
recibían toda su cultura de libros de la lengua seudoclásica le Lacio. Y de esta falta de sentido
artístico para la prosa, y de oído sin las armonías y sonoridades de nuestros ascéticos castellanos del siglo de oro, proviene que aparezca más estimable el P. Jara pensador que el P. Jara
artista en la exposición del pensamiento. Como filósofo y teólogo se preocupaba de las ideas
y no de la armonía verbal, aunque cuando actuaba como poeta sentía la música del pensamiento aun en el silencio de la metafísica más honda. ¡Fenómenos y antinomias del genio!
Por lo demás, ni aun como poeta, que lo fue grande en ocasiones, le reconocemos la pasión lírica ni en la concepción de los argumentos ni en la forma exterior de los mismos. El
alma poética del Padre Jara rechaza el ardimiento brioso de las musas. Sobrio, conceptuoso,
didáctico, epigramático, bucólico, pintor, y paisajista, esparce y difunde su espíritu con una
corriente de afectos que invaden el del lector, comunicándole a impresión de la belleza con un
género de sentimiento reposado y deleitoso. Narra y describe con naturalidad y gracia, siente
con la cabeza pero no piensa con el corazón, y el lírico debe pensar con el corazón y sentir
con la cabeza. El P. Jara no se inflama aunque arde; y, si quisiéramos concederle la pasión del
entusiasmo, resulta momentánea y poco sostenida, siquiera salten de vez en cuando llamaradas de una serena que tiene parecido con la de ciertas estrofas de Herrera entre los antiguos y
de Lista como místico entre los modernos. Buen poeta y mal prosista; y como poeta, mal lírico pero buen dramático y narrador, y más feliz en latín que en castellano. De todos modos, la
labor sin desmayo, enciclopédica, que llevó a cabo, retirado de los centros populosos y de las
bibliotecas, hará que figure este ilustre manchego como un milagro de laboriosidad que jamás
sintió pereza intelectual por efecto del pesimismo prosaico de la vida, y de quien podrá decirse, como del otro emperador romano, que fue monstrum activitatis; así como no deberá culparse a la conspiración del silencio ni a la inquisición de la envidia
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el que su paternidad intelectual haya estado anónima hasta hoy, sino al carácter humildísimo
del autor que ocultó los frutos de su ingenio.
Abarcar con perfección todos y cada uno de los ramos del saber es imposible; carecer de
defectos no es humano. Entre los lacedemonios pasó Licurgo como mandatario celoso, pero
parcial; los atenienses reputaron a Platón como docto, pero también avaro. César fue sabio,
pero orgulloso. Adisson era tan nimio, que hacía detener la prensa para intercalar una coma;
en cambio dícese de Shakespeare que muchos de sus escritos pasaban de la pluma a las manos
del cajista, sin una tacha; Lefebre y Buffon no podían trabajar sin estar vestidos con la mayor
elegancia; Bacon y Alfieri necesitaban estar oyendo música para trabajar bien: el P. Jara escribía y almacenaba obstinadamente lo escrito en la obscuridad: tenía además la manía de
versificar lo no versificable y de corregir las cuartillas con más tesón que el Tasso y que Boileau; y siempre y de todos modos, monstrum activitatis.
No fue completo, dado el medio ambiente en que vivió, ni pudo serlo. Al recorrer sus trabajos, porque son variadísimos y heterogéneos, porque son muy profundos algunos, con ideas
originales y genialísimas, y porque entrañan y absorben la vida de un hombre sincero, recto y
sin ambiciones ruines, observamos la magnitud de su producción general y también las deficiencias y la categoría científica o artística de cada tratado, siquiera sea someramente.
Claro es y muy consiguiente que, por estar fuera de su centro y vivir vida retirada, no
podía abarcar todo el movimiento científico de la época, aunque confesemos que fueron variadísimos y amplios los horizontes de su cultura; como se comprueba entre otros casos con la
transcripción que hacemos de la primera parte de un estudio sobre el llamado Salmo de San
Agustín. No llegaron a su conocimiento las trascendentales conclusiones, favorables a lo
afirmado por el P. Jara, que se desprenden del hallazgo del famoso Proemium causae contra
los Donatistas, descubrimiento posterior a su muerte, opúsculo citado por el Santo en sus Retractaciones, y por San Posidio en el índice de las obras de San Agustín, de 30 folios, en 8.º,
manuscrito que estaba en la Biblioteca Vaticana y que fue encontrado por el diligentísimo
Cardenal Pitra con el título de
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Liber testimoniorum fidei contra Donatistas, después de haber sido tan solicitado y buscado
por los Padres de San Mauro y por el erudito Berti.
Razón tiene el P. Joaquín al atribuir al Salmo de San Agustín importancia literaria excepcional en las literaturas latina y española, porque introdúcense en él elementos nuevos de
forma con que aparece el verso, llamado octonario por los latinos, engalanado con la rima. El
genio poderosísimo de San Agustín inventó la rima como adorno de la poética, puesto que,
antes de aparecer el aludido salmo, no se conocía composición alguna rimada, sino algunos
casos aisladísimos, que podían considerarse más bien como defectos, supuesto el gusto general de aquella época. Por ventura, S. Agustín, gran poeta latino que arrancó aplausos estrepitosos en los teatros de África, triunfador en concursos públicos de poesía y coronado por el
procónsul Vindicano en Cartago, amigo de mezclar en sus homilías al pueblo giros sencillos,
refranes, transposiciones y retruécanos, el Divino Africano de la tragicomedia de Lope de
Vega, el famoso personaje de El sacro Parnaso, de Calderón de la Barca, al fijar su atención
en ciertas asonancias de pasajes latinos, pensó en metodizar aquello que disonaba a los oídos
cultos, y acomodar un género especial para el pueblo africano que iba alterando ya la lengua
heredada de Roma. No anda tampoco el P. Jara descaminado al atribuir la paternidad del octonario, nuestro octosílabo, al Patriarca de Hipona, pues, si acaso el doctísimo obispo conocía
las poesías del español Prudencio, que fue el primero con prioridad de tiempo que empleó
aquel metro, por lo menos San Agustín lo tomó por su cuenta, le añadió la rima y le dio asunto y desarrollo muy en consonancia con la índole del pueblo cantor, haciendo con la fusión de
entrambos elementos y con meterlo por el carril popular que el Salmo suyo fuese el prototipo
de nuestro romance, anterior, sin duda alguna, a los versos del califa Abderramán, a quien
atribuyen algunos la invención del romance castellano, o el molde en que se vaciaron Poema
del Cid, Crónica rimada, etc. Así, pues, el inventor verdadero del octonario rimado, que manejó después muy elegantemente San Isidoro de Sevilla, y que, lleno de atavíos, campeó en
las Secuencias de la liturgia eclesiástica, y más tarde en las composiciones monorrímicas del
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romance de Gestas, que van partidas en dos hemistiquios, es el que indica el P. Joaquín al
estudiar el salmo agustiniano que empieza:
Omnes qui gaudetis pace – modo verum judicate;
y no es Abderramán con sus versos analizados y traducidos por Conde:
Tú también, insigne palma, – eres aquí forastera.
Respecto de la presentación y crítica que hicimos de sus obras, fuimos sobrios y nada
pródigos de alabanzas ni de reparos dando tan sólo la nota culminante de los volúmenes o,
más bien, una especie de sumario del contenido de cada uno, porque analizarlos por menudo
sería trabajo muy prolongado: y porque eso de clasificarlos, ordenarlos y puntualizar sus bellezas y defectos harémoslo más bien si llegare el día en que se publiquen los originales, a los
cuales hemos de poner estudios preliminares, detallados y completos, a medida de la buena y
mucha voluntad que gobierna nuestro muy limitado criterio.
Y entonces preferiremos la parcidad en los argumentos psicológicos y personales por
nuestra parte para ceder el campo a la documentación y probanza objetiva, trayendo fragmentos de sus obras como muestra y sentando conclusiones en vista de las mismas obras, porque
la crítica subjetiva se presta a yerros de observación y de omisión, ya que es muy cierto que
cada lector ve en una obra los méritos o deméritos según el talento de que está adornado y no
según la realidad verdadera. Además, la tarea del crítico debe parecerse a la de un fiscal y a la
de un padre conjuntamente: conceptuar con severidad y con amor, tejer alabanzas y censuras
y definir, según que los enfoques del temperamento del autor se relacionen con la tradición
artística y con los cánones de la ciencia; y por más que las predilecciones del crítico no deben
pasar por el prisma de su propia modalidad literaria, casi siempre pasan y son la base de sus
fallos. Por evitar este escollo recurrimos a la suma de testimonios ajenos: así, el silogismo del
hecho y del dicho prevaleció sobre el hecho y el dicho del silogismo. Fuera de que ¡es tan
distinto el P. Jara estudiado por un docto o por un indocto! ¿Qué vería en la labor de este ilustre agustino recoleto un colegial recién salido
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de las aulas? ¿Y qué un P. Flórez o un Menéndez Pelayo?
Cierto día le presentaron al P. Jara un retrato suyo hecho por un pintor no hábil. El Padre
sonrió maliciosamente, cogió la pluma y estampó al pie del retrato este dístico con la traducción:
Facturus Xara non plus faciendaque parat.
Este es el traje y la cara
de Fray Joaquín de la Jara.
Efectivamente, aquello era lo exterior del sabio; su inteligencia y su labor no estaban allí
expresadas. El P. Jara era la concentración del pensamiento. Dejando, pues, a un lado el estudiar todos y cada uno de los aspectos internos y externos de este verdadero polígrafo, en el
siguiente artículo hablaremos del tomo últimamente encontrado.
FR. P. FABO DEL C. DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
HISTORIA DEL CONVENTO DE MARCILLA
(Continuación)
Durante su visita y permanencia en el Convento confirieron Órdenes sagradas, entre
otros, el Obispo de Calahorra, Sr. Plaza: el de Sigüenza. P. Minguella; el de Pasto, P. Moreno:
y repetidas veces el Obispo de Pamplona, P. López. Rcuérdense las que confirió éste el 10 de
diciembre de 1916 ordenando a 2 sacerdotes, 4 diáconos, 9 subdiáconos y 8 minoristas, quienes agradecidos, a su Señoría Ilustrísima, organizaron una velada literario musical que se ejecutó por la tarde. He aquí cómo narra este episodio, de carácter casi doméstico, el BOLETÍN de
la Provincia de Filipinas en su número 79: «El acto resultó digno a la par que modesto. Se
trataba de dar las gracias, de honrar más bien que a un Obispo a un padre; que padre es y muy
cariñoso el Señor Obispo de Pamplona. Por consiguiente, el papel principal había de desempeñarlo el corazón, que, como tuvimos el honor de decir a su Ilustrísima en el discursosaludo, tiene la mágica virtud de dar valor intrínseco a los actos.
He aquí el programa en los mismos términos en que estaba redactado, programa que su
Ilustrísima iba leyendo en voz alta,
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después de pequeños intervalos, según el orden de los números:
1.º Himno a la Recolección Agustiniana, a coro y tres voces, original del Corista Fr.
Alejandro Osés de la Concepción.
2.º Discurso-saludo por el mismo.
3.º Poesía latina. Recuerdo del XXV aniversario de la Consagración episcopal de
Ilustrísimo P. José López, recitada por Fr. Jesús García del Carmen.
4.º Vizcaya, a cuatro voces, del Maestro Bretón: Orfeón por los Coristas.
5.º Influencia de nuestro dignísimo Obispo en la Acción social, discurso original del
Corista Fr. Serafín Andía del Pilar.
6.º Poesía castellana, original del P. Fr. Juan Martínez de la V. del Camino.
7.º Siempre pa alante, a cuatro voces, del Maestro Larregla: Orfeón por los Coristas.
A continuación pronunció el Prelado e! Prelado un notabilísimo discurso dando las gracias a sus queridos Coristas por la velada. Y luego, aludiendo a los tiempos de la insurrección
filipina, recordó un día en que visitando este convento, lo comparó a la muerte, porque sólo
veía en él Padres ancianos y achacosos. Hoy —dijo— os veo a vosotros, mis queridos jóvenes, que sois los que el día de mañana habéis de formar esa legión de animosos misioneros
que hagan florecer más y más vuestra esclarecida Orden por la ciencia y la santidad. Recogió
los conceptos de todos los números del programa y los alabó con frases correctas; ponderó
especialmente la parte musical, y por último hizo la apología de la Orden agustiniana y dijo
que la virtud y la ciencia habían de ser los distintivos de todo hijo de Agustín, exhortando a
registrar los viejos cronicones y a aprender de aquellos varones venerables, nuestros antepasados, cómo deben portarse, a fin de que se cumpla aquello que se canta en la secuendia
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de la misa de N. P. S. Agustín. Qui te patrem venerantur – Te ductore consequantur – Vitam
in qua gloriantur – Beatorum animae.
Una estruendosa salva que duró largo rato siguió a las últimas palabras del Prelado,
dándose con esto por terminada la velada…»
Además de Monseñor Bianchi, visitó este famoso Convento Monseñor Cretoni, también
Nuncio de Su Santidad, quien, muy bondadoso y deferente con el P. Toribio Minguella, accedió a ser el consagrante en la consagración episcopal del dicho P. Minguella el año 1894, como se dirá bien pronto.
Pero antes vaya la relación de una de las muy famosas fiestas que se verificaron en la
iglesia de la Virgen de la Blanca, y que sirven de argumento probatorio de la influencia religiosa, social y material que ha ejercido y ejerce la comunidad recoleta de San Agustín en los
destinos de la villa en que reside. Un periódico de Pamplona, El Tradicionalista, relata con
detalles muy circunstanciados lo ocurrido, razón por la cual acudo a su testimonio y también
porque no se atribuya a sentimientos de parcialidad lo que resulta en bien de Marcilla.
«Aceptando gustosos la invitación con que nos honró el R. P. Florentino Sáinz,
Rector de dicho convento, hemos asistido a algunos de los actos del solemne triduo
celebrado allí en los días 19, 20 y 21 en honor de la nueva Beata Sor María Josefa de
Santa Inés, religiosa agustina descalza de la diócesis de Valencia, llamada vulgarmente Inés de Beniganim, cuya beatificación fué decretada por Su Santidad León
XIII en el año último. Al trasladarnos al convento de Marcilla, no nos propusimos
únicamente mostrar con la asistencia nuestra gratitud por la estimable invitación que
la respetable comunidad de agustinos se había servido hacernos, sino que también
entraba en nuestro propósito recoger impresiones y noticias que comunicar
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a nuestros lectores, puesto que nada encaja mejor en las columnas de un periódico
católico que el relato de actos y sucesos que dan gloria a Dios y honran a esa falange
de héroes consagrados a sacrificar su existencia en remotos países por la Religión y
por su patria. Digna es ciertamente la venerable Orden de agustinos recoletos, no ya
de ser mencionada en las columnas del periódico católico sino de llenar, como ha
lienado y llenará en lo porvenir, extensas páginas en los anales de la civilización cristiana, en cuyos fastos brillan esplendorosos los hechos de los hijos del Insigne Obispo de Hipona. No cantará, porque es muy torpe, la pluma que esto escribe las glorias
de esa Orden religiosa; pero trazará sucinta reseña de los cultos con que la comunidad de Marcilla ha solemnizado la declaración de bienaventurada hecha por el Vicario de Jesucristo en favor de una humilde virgen, hermana de hábito y religión de los
agustinos existentes en nuestra provincia, y que es, por lo tanto, una de las glorias de
la Orden religiosa a que pertenecen, y viene a aumentar el largo catálogo, la numerosa pléyade de agustinos españoles que merecen y reciben los honores del altar.
* * *
Quizá no fuese importuno, al hablar de sucesos ocurridos en el convento de
Marcilla, dar noticia detallada de esta santa morada de la cual tantos y tan celosos
apóstoles han salido; pero esta tarea, a que con gusto nos dedicaríamos, daría excesiva extensión a este escrito, y no es, por otra parte, necesaria para el objeto que nos
proponemos, fuera de que escribimos para una región en la cual, si no es minuciosamente conocida, se tiene alguna noticia de esa escuela de humildes pero gloriosos
héroes cristianos y españoles. Diremos, pues, únicamente que ese antiguo monasterio
de frailes Bernardos, está actualmente
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en satisfactorio estado y reúne excelentes condiciones para el fin a que tal edificio se
destina. Es lástima grande que no esté levantada y que la condición de los tiempos
que corremos no permita esperar que se levante por ahora el ala izquierda, de la cual
sólo existe lo que se puede llamar parte trasera: pero eso no impide que el interior del
edificio, con las reformas que en él se hicieron cuando la comunidad de agustinos fue
a ocupar el recinto del cual habían sido bárbara e injustamente exclaustrados los
hijos de San Bernardo, se componga de magníficos tránsitos, hermosos claustros, espaciosas salas para la enseñanza y celdas de no pequeñas dimensiones para unos 80
religiosos, con todas las dependencias convenientemente situadas. El aspecto del recinto es severo y revela que aquella es casa de oración, penitencia y estudio.
La iglesia es magnífica y se encuentra decorada con el esmero propio de los que
gozan cuidando del aseo de la casa del Señor.
Está consagrada a Nuestra Señora de la Blanca, cuya imagen se venera en el
primero de los dos cuerpos de que se compone el retablo principal, y es, según tradición, del tiempo de los reyes godos, y regalo hecho a un convento por el rey Wamba.
Actualmente hay allí una comunidad compuesta de 43 religiosos, siendo 10 los
Padres y completando el resto ordenados, coristas y legos.
De los Padres hay uno, Fr. Patricio Marcellán, de Buñuel, que se encuentra gravemente enfermo, a consecuencia de afecciones al corazón y al hígado contraídas en
los incesantes trabajos de misionero, que ha realizado durante 23 años que ha permanecido en Filipinas.
Hay algunos otros también que han venido de aquel remoto archipiélago afectados de padecimientos que, si no ponen en peligro
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su vida, son al parecer incurables. Este es el fruto que en este mundo recogen de sus
admirables trabajos esos hombres que consagran su vida a difundir la luz del Evangelio en apartadas regiones bajo la influencia de un clima destructor de la naturaleza
física más robusta. ¡Dios, ya que los hombres no, recompensará esos sacrificios!
También se encuentra enfermo el hermano corista Fr. Cándido Medrano, de Olite. ¡Quiera el Señor devolver la salud a estos religiosos, si les conviene!
Las materias que allí se estudian y explican son Teología Moral, Sagrada Escritura y Derecho Canónico. No se estudian otras en el convento de Marcilla, porque los
alumnos pasan a este colegio después de haber estudiado Latín y Filosofía en el de
Monteagudo y la Teología dogmática en el de San Millán de la Cogolla, ambos de la
misma Orden de agustinos recoletos. Así es que en el de Marcilla sólo cursan las materias de enseñanza superior, y de él, concluida la carrera y ordenados de Sacerdotes,
marchan a Filipinas a dedicarse por completo a ganar y conservar almas para Jesucristo y súbditos para España.
Hay, sin embargo, en el convento de Marcilla un colegio, que llaman exterior y
en el cual se enseña la lengua y gramática latinas. Uno de los religiosos está encargado de la enseñanza, pero los alumnos no son religiosos, aunque pasan el día entero en
el convento, donde reciben la alimentación, yendo a pernoctar en la villa de Marcilla.
Al presente hay 42 alumnos en esta forma.
* * *
Los cultos del Triduo comenzaron el día 19. La iglesia estaba profusamente iluminada, y en el altar mayor, al lado del Evangelio, veíase bajo un dosel de damasco
rojo, la imagen
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de la Beata Inés de Beniganim, escultura que recientemente ha hecho, por encargo de
la comunidad de Marcilla, el artista de Madrid Don José Alcoverro.
A las nueve de la mañana, expuesto Su Divina Majestad y con numerosa concurrencia de fieles, la mayor parte de Marcilla, se celebró misa solemne. Una capilla
compuesta de religiosos y reforzada con el organista de la catedral de Tudela, nuestro
correligionario, D. Babil Torres, el contralto de Olite Sr. Piramuelles y algunos otros
artistas, ejecutó acertadamente la partitura de Mercadante.
En ese día ocupó la Sagrada Cátedra el R. P. Fr. Baltasar Vicente, natural de
Cintruénigo. No consienten los límites en que debe encerrarse esta reseña estampar
un extracto de este primer sermón del triduo; por lo cual nos limitaremos a decir que
con palabra fácil y verdadera unción evangélica el P. Baltasar hizo el panegírico de
la nueva Beata, exponiendo a la admiración de sus oyentes las eximias virtudes de la
religiosa agustina valenciana y estimulando a imitarlas en la medida posible, ya que
no en el perfecto grado en que las tuvo y practicó Inés de Beniganim. Este fue el
fondo del discurso en el cual el P. Baltasar Vicente, después de señalar la providencial coincidencia de haber sido declarada bienaventurada esta religiosa agustina en el
año en que se cumplió el tercer centenario de la reforma de la Orden agustiniana,
demostró con hechos de la vida de su hermana en Religión que la Beata Inés llegó al
más alto grado de perfección por haberse consagrado total, absoluta e íntimamente al
Divino Esposo, y que Éste le correspondió comunicándose sin reserva a aquella virgen a quien colmó de favores aun en vida. El ejercicio de la tarde fue también solemnísimo y se celebró con sujeción al programa que oportunamente publicamos.
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En aquel día, al oscurecer, llegó al convento el Ilmo. señor Obispo de esta diócesis, acompañado de su Secretario de Cámara el Dr. D. Manuel Limón y de su capellán D. Mariano Arigita. El P. Rector, el P. Pío Mareca y algunos otros salieron a
esperar a S. S. Ilma. en la estación del ferrocarril, desde la cual se trasladó inmediatamente al convento la comitiva, de la cual formaban parte el director y un redactor
de El Tradicionalista.
Eran las seis de la tarde del sábado cuando el Rvdo. Prelado llegó a la iglesia del
convento, en cuya puerta le recibió la Comunidad y en cuyas inmediaciones le esperaba con numerosa concurrencia que prorrumpió en vivas al Sr. Obispo el señor
Párroco de Marcilla.
La puerta del templo estaba adornada con dos sencillos arcos de ramaje rodeados
de gallardetes con los colores de la bandera nacional, y sobre los cuales veíase un
cuadro con la imagen de San Agustín. En lo alto de la fachada ondeaban también
banderolas de distintos colores.
Tan pronto como S. S. Ilma. penetró en el sagrado recinto, se cantó solemnemente el Te Deum y, terminado, pasó el señor Obispo a ocupar la celda que le estaba
destinada, y que era la que ocupa el R. P. Comisario de la Orden, cuando visita el
convento. La puerta de esta celda estaba engalanada con un arco de ramaje decorado
con naranjas y gallardetes y sobre el cual había un cuadro de lienzo con la inscripción siguiente: Los agustinos recoletos de Marcilla al dignísimo Obispo de esta diócesis Ilmo. Sr. D. Antonio Ruiz-Cabal.
Allí recibió el Prelado a la Comunidad, con la cual conversó un rato dándole noticias de su reciente viaje a Roma.
* * *
El día siguiente, domingo, a las ocho de la mañana, comenzó
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el acto de la ordenación de 24 religiosos.
A las doce y media terminó el acto, y los ordenados salieron en procesión,
acompañados de gran número de personas, y se dirigieron, cantando la letanía de los
Santos, a la iglesia parroquial de Marcilla. Allí se cantaron algunas preces, y la comitiva regresó después procesionalmente al convento.
* * *
Por la tarde del propio día 20 se celebró, comenzando a las cuatro, el ejercicio
del segundo día del triduo. Entre las bellas composiciones musicales que ejecutó la
capilla, figuraba una nueva original del jóven organista de la catedral de Tudela Sr.
Torres, adecuada a letrillas en honor de la nueva Beata. El sermón, como ya anunciamos, estuvo a cargo del R. P. Lector de Teología, Fr. Martín González de la Virgen de la Barda, de Fitero. Este celoso agustino considerando que entre todas las virtudes la caridad es la reina a la vez que el origen primordial de la perfección cristiana, y que la posesión y práctica de esta virtud egregia va acompañada del ejercicio de
todas las demás, se esmeró en poner de manifiesto el grado eminente y heroico en
que la Beata Inés de Beniganim practicó la caridad en sus dos manifestaciones de
amor a Dios y al prójimo. Cuanto a lo primero probó con hechos, jamás interrumpidos en la vida toda de la Beata Inés, que ésta se consagró de tal manera al amor de
Dios, que Dios fue siempre para ella el principio de todos sus actos, el centro de todos sus pensamientos y el fin de todas sus aspiraciones: y a pesar de eso aún se afligía temiendo no amar a Dios bastante y le rogaba con el mayor ahínco que le enseñase
a amarle más. Y respecto del amor al prójimo expuso el P. Martín que la religiosa
agustina de Beniganim sintió siempre con tal intensidad el fuego de la caridad, que
causaba la admiración de las gentes el afecto con que asistía
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a todos en sus enfermedades y aflicciones; el celo con que atendía a remediar las necesidades, especialmente las espirituales; las penitencias que se imponía para aplacar
la ira de Dios en las épocas de calamidades públicas y privadas; la solicitud con que
se multiplicaba para prodigar cuidados y consuelos a los enfermos moribundos, y el
amor con que sufría penalidades sin cuento ofreciéndolas en sufragio de los difuntos,
ofreciéndose a Dios para si le placía hacer que ella sufriese las penas que atormentaban en el purgatorio a las almas por cuya bienaventuranza tanto se interesaba. Éstas
son en síntesis las ideas que el R. P. Martín desenvolvió con notable claridad y unción, ponderando el mérito de las virtudes heroicas de la Beata Inés, y deduciendo
oportunas consecuencias prácticas que inculcó en los ánimos de su numeroso auditorio.
El acto más solemne del triduo fue el celebrado el lunes por la mañana. En ese
día celebró de pontifical el Iltmo. Sr. Obispo. La concurrencia de fieles era más numerosa que los días anteriores. Había numerosas personas de los pueblos de la comarca y gran número de sacerdotes, entre los cuales recordamos a los señores párrocos de Marcilla, Villafranca, Falces, Cascante, Peralta, un señor coadjutor de Valtierra y otro de Peralta, fuera de los que luego mencionaremos y de otros varios que por
falta de memoria sentimos no poder citar. Estaban también en el convento, estos desde que comenzó el triduo, el R. P. agustino recoleto Fr. Ángel Belaza, natural de
Los-arcos y Rector del convento de Monteagudo; el R. P., también agustino del propio convento de Monteagudo, Fr. Julián Funes, de Corella, que recientemente ha venido de Filipinas con objeto de atender al cuidado de su salud, bastante quebrantada
a consecuencia de los trabajos evangélicos que ha realizado durante años en el archipiélago filipino: el R. P. Fr. Francisco Aztiria, franciscano, natural de Legazpi y vicario del convento
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de Olite; y el R. P. Fr. Hermenegildo Viadín, también franciscano y del propio convento, y natural de Manresa.
Con un concurso de fieles que llenaba el magnífico templo, comenzó la misa de
pontifical a las diez, acompañando a Su Señoría Iltma. como presbíteros asistentes
los señores párrocos de San Pedro de Olite y Funes; como diáconos de honor los de
Peralta y San Martín de Unx y oficiando de diácono el señor párroco de la Catedral
de Tudela y de subdiácono el de Pitillas.
La capilla-música, dirigida por D. Enrique Camó, profesor de música del colegio
de Escolapios de Tafalla, y compuesta del personal a cuyo cargo estuvo la parte musical los días anteriores, más casi toda la capilla-orquesta de Tafalla juntamente con
el contralto de la Catedral de Pamplona, Sr. Sánchez, y el violinista de esta capital
Sr. Utray; esta numerosa capilla interpretó satisfactoriamente una partitura de misa
compuesta por el citado profesor Sr. Camó.
La oración sagrada de este día estaba a cargo del R. P. Fray Pío Mareca, que es,
sin duda alguna, por varios conceptos y especialísimamente por su vasta erudición,
uno de los individuos más distinguidos de la Orden agustiniana.
Dotado de talento excepcional, dedicado desde muy joven al estudio y a la enseñanza, y habiendo seguido casi toda su vida, sin perdonar gastos ni sacrificios de
ninguna clase, el movimiento científico no sólo en las ciencias sagradas y en las que
con ellas más íntimamente se relacionan, sino también en las profanas así como de la
literatura, puede calcularse cuál será el caudal de conocimientos que este religioso
posee ahora que va a cumplir 64 años. Su celda es una biblioteca donde se ven al lado de libros antiguos revistas modernas, junto a las obras de Teología, Cánones, Historia, etc., las de los mejores preceptistas así en oratoria sagrada como en los distintos ramos de la literatura. Allí hay libros de todas clases, ordenados muchos en
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desorden otros, porque el P. Pío dedica atención diaria al movimiento en casi todas
las manifestaciones del saber humano.
A su grande entendimiento y a su memoria extraordinaria reúne el P. Pío Mareca
un temple de alma envidiable. Incansable en el estudio, entusiasta por la apología de
la Religión, enérgico para combatir el error, todos sus esfuerzos intelectuales y todo
el tiempo que las ocupaciones de la vida monástica y su cualidad de profesor le dejan
libre, los dedica a estar dispuesto a defender contra toda clase de enemigos, en todos
los terrenos de la ciencia y del arte, la verdad católica, de la cual es partidario integérrimo, así como es enemigo irreconciliable de los errores antiguos y modernos. Por
otra parte el P. Pío es sencillo, afable y sumamente comunicativo.
Con estas dotes intelectuales y morales y siendo, en su Orden, tan estimables
como ellas sus cualidades físicas; sabiendo que se trataba de elogiar las eximias virtudes de una religiosa que perteneció a la misma Orden de que el P. Pío forma parte,
y a la cual ama con todo el afecto de su grande alma; teniendo en cuenta, además, la
solemnidad del acto en que este religioso expuso la divina palabra, y el celo por la
gloria de Dios que palpita siempre en el fondo del corazón de este ilustre agustino,
bien se puede comprender que su discurso no dejaría de ser digno del acto y de las
grandezas de la humilde religiosa cuyas glorias cantó y cuyas virtudes presentó como
modelo digno de imitación.
Así fue, con efecto, y sentimos no poder dar una idea de la doctrina, hechos y
consideraciones que expuso en los 70 minutos durante los cuales tuvo pendiente de
sus labios al auditorio. Supla esta falta el lector a quien ya hemos dado a entender
cuáles son la ciencia, las dotes oratorias y el celo religioso del R. P. Pío Mareca. Diremos, sin embargo, que tras un exordio oportunísimo en el cual expuso el admirable
espectáculo que ha
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ofrecido el mundo entero con ocasión del jubileo sacerdotal del Papa León XIII, e
hizo notar que el esplendor de las fiestas jubilares fue realzado y en cierto modo sublimado por las canonizaciones y beatificaciones decretadas por Su Santidad y entre
las cuales figura la de la religiosa en cuyo honor se celebraban aquellos cultos, desenvolvió con unción y elocuencia el tema de que la Beata Inés de Beniganim practicó
todas las virtudes en grado heroico y fue colmada por el divino Esposo con toda clase de gracias y carismas. Al efecto recorrió la vida de esa virgen desde que a los cinco años experimentaba éxtasis hasta que el Señor le hizo sentir las penas del Purgatorio y los tormentos de su Pasión, ponderando cuánto exceden las virtudes que Inés de
Beniganim practicaba y los consuelos que recibía de Dios que se le aparecía con frecuencia, a las grandezas y goces mundanos, que son caducos y pasajeros como el
humo. El discurso del P. Pío fue tan notable como extenso y tan profundo como bello. A este solemne acto asistió el ayuntamiento de Marcilla, con su secretario y alguacil.
* * *
El lunes por la tarde, antes de celebrarse el último ejercicio del triduo el Sr.
Obispo se trasladó acompañado de su secretario y capellán, de varios Padres agustinos y algunos de los sacerdotes arriba mencionados a la iglesia de Marcilla, con objeto de hacer la visita pastoral a la parroquia y confirmar a los niños de la localidad y
algunos que habían llegado de otros pueblos. Hecha la visita, el Prelado pronunció
una breve plática acerca del sacramento que iba a administrar, y enseguida confirmó
a más de 120 niños. Al salir el Prelado de la iglesia y del pueblo, lo mismo que a su
llegada, una numerosa multitud le aclamó, mientras el repique de campanas anunciaba la satisfacción
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con que el vecindario celebraba la presencia del señor Obispo.
Fueron padrinos en el acto de la Confirmación el Sr. D. Victoriano Bisié y su
señora doña Adela Pérez, administradores del señor marqués de Falces y habitantes
en el antiguo castillo del famoso mosén Pierres de Peralta, que tanta parte tomó en
las funestas luchas de los bandos agramontés y beaumontés.
Ese castillo es propiedad hoy del citado marqués, descendiente del condestable,
y se encuentra bien conservado, aunque en su plaza de armas y en otros parajes se
han hecho obras que le hacen perder su carácter primitivo, el cual conserva en todo el
resto. En gracia a la brevedad omitimos dar idea de este histórico edificio.
* * *
El último acto del triduo fue tan solemne como los anteriores. La capilla-música
ejecutó varias composiciones de su director señor Camó, y el Sr. Obispo ocupó la sagrada cátedra por espacio de media hora. Su sermón, en el cual reveló nuestro infatigable Prelado el celo y erudición con que siempre expone la divina palabra, versó
acerca de lo que se necesita para que nuestros homenajes de adoración y culto sean
gratos al Señor. Partiendo del hecho de que los sacrificios que Abel ofrecía eran
agradables a Dios, porque aquel le ofrecía lo mejor, al paso que los sacrificios de
Caín los rechazaba porque le ofrecía lo peor, demostró que los actos de piedad y devoción cristiana no agradarán a Dios si no se le ofrece el homenaje de lo mejor y más
excelente que el hombre tiene, a saber: su entendimiento, su memoria y su voluntad.
El sermón terminó con una fervorosa invocación a la Beata Inés, que tan completamente había ofrecido y sacrificado a Dios, durante toda su vida,
58
todas sus potencias y sentidos, todos sus actos, palabras y pensamientos, todo su ser.
Con este acto se concluyeron los cultos del solemne triduo en honor de la Beata
Inés de Beniganim.
* * *
Aquella tarde, mientras el Prelado descansaba breve rato, el R. P. Rector del
convento le presentó en nombre de la Comunidad un ejemplar de un libro que lleva
este título: «Vida, virtudes y milagros de la Venerable Madre Sor Josefa María de
Santa Inés de Beniganim, escrita por su confesor el Doctor D. Felipe. Benavent, con
importantes y recientes datos acerca de la causa de la beatificación por el Dr. D. Juan
Bautista Martínez y Tormo, postulador diocesano en dicha causa y Vicario del convento de religiosas de la mencionada villa». Este ejemplar lleva una elegante cubierta
en tela con planchas, donde se lee esta dedicatoria, en letras doradas: Los agustinos
recoletos de MarcilIa al Iltmo. Sr. Obispo de la Diócesis D. Antonio Ruiz-Cabal.
Después de esto, a las siete de la noche, salió el Sr. Obispo del convento para regresar a Pamplona.
* * *
Terminamos esta reseña enviando a la respetable comunidad de religiosos agustinos de Marcilla la expresión de nuestra sincera gratitud por los exquisitos obsequios
y las innumerables muestras de afecto y atención que nos prodigaron durante nuestra
permanencia en el convento, y rogando a Dios haga que florezca cada día más, para
bien de la Religión y de España, la Orden de agustinos recoletos misioneros en Filipinas».
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
DOCUMENTOS INÉDITOS
RESEÑA HISTÓRICA
de nuestra Provincia de San Nicolás de Tolentino de Filipinas,
desde su origen hasta el año 1750, escrita por el Vble. P.
Rector Provincial Fr. José de la Concepción.
(Continuación)1
AÑO DE 1712
143. Este año a pedimento de algunos principales de la Provincia de la Pampanga que
atendían más a su natural conservación y conveniencia que al bien de las almas, por los informes de algunos Religiosos hermanos nuestros los MM. RR. PP. Agustinos Calzados de la
Pampanga y por las instancias de algunos particulares individuos de esta mi Provincia que, a
impulsos de su notorio celo deseaban con mucha eficacia la conversión de las almas, se formaron autos en este Superior Gobierno sin citación de los Prelados de mi Provincia, y por lo
que produjeron al M. Iltre. Sr. D. Martín de Ursua y Arismendi, Conde de Lizárraga, Gobernador y Capitán General de estas Islas, despachó ruego y encargo al V. P. Provincial, que entonces era de esta mi Provincia Fr. José de S. Nicolás
1
Véase páginas 29-31.
60
de Tolentino, para que señalara Ministros misioneros en los montes de Zambales por la banda
que mira a la Pampanga y en los sitios llamados Panipoan o Bamban y Mabalacat, para que
con su acostumbrado celo redujeran a nuestra santa fe y debida obediencia a la real corona a
los Negros de Pasa, que como fieras viven en dichos montes y sitios.
144. Por la mucha experiencia que dicho V. P. Provincial tenía de estas Islas y sus moradores, pareciéndole que no podrían con el tiempo subsistir dichas misiones y que sería poco el
fruto de ellas, en su respuesta a dicho ruego y encargo, suplicó al Sr. Conde Gobernador que
su señoría se sirviera relevar a esta Provincia de semejante carga, por no hallar conveniencia
alguna en servicio de ambas Majestades en la pretendida fundación de Misiones y asignación
de misioneros, pues los progresos espirituales y temporales que se le proponían eran sólo aparentes y que la experiencia demostraría con el tiempo cómo no se podía conseguir el deseado
efecto, por ser los Negros muy caribes o feroces, inconstantes por naturaleza y enemigos de la
humana. Y que de gentiles de semejante calidad que no guardan el derecho natural, nada o
poco bueno se podía esperar.
145. No tuvo efecto esta tan bien fundada súplica de dicho V. P. Provincial en la aceptación del Sr. Conde e insistiendo su señoría en su pedimento, despachó segundo ruego y encargo a nombre de su Majestad para la asignación de Ministros misioneros en dichos parajes,
al que respondió dicho Prelado que había cumplido con su conciencia expresando a su señoría
que no le parecía conveniente al servicio de ambas Majestades la fundación de dichas Misiones, pero como fiel vasallo de la real corona, en servicio y obsequio suyo, obedecía gustoso a
dicho segundo ruego y encargo que se le hacía a nombre de S. M., y en su conformidad señalaba por Misioneros al P. Predicador Fr. Manuel de S. Nicolás, sujeto de conocida virtud y
distinguidos méritos; al P. Lector jubilado Fray Andrés de S. Fulgencio y al P. Lector Fr. Juan
de Santo Tomás de Aquino.
146. Estos tres primeros Misioneros de relevantes prendas pasaron a dichos montes y parajes, y vivieron en ellos con imponderables trabajos, cuidados, desvelos, descomodidades y
desconsuelos.
61
Tenían por habitación unas casillas o chozas de paja como las de los Negros. Procuraron
cuanto fue posible la salud de aquellas perdidas almas y se aplicaron con fervoroso celo a la
conversión de ellas; caminaban a pie por los montes instruyendo, catequizando y predicando
el santo Evangelio. Y a los principios bautizaron a muchos negros y balogas, que son mestizos de indias y negros, porque, aunque bárbaros e inhumanos, no tienen especial aversión a la
religión católica ni repugnancia para bautizarse. No se puede negar que el celo de dichos tres
religiosos era a todas luces bueno; pero demostrándoles la experiencia que muchos de los negros bautizados no cumplían con !as obligaciones de cristianos y que con la misma facilidad
que salían de los montes a bautizarse se volvían a ellos y vivían peor que antes; se fueron en
adelante con más tiento en la administración del Santo Bautismo.
147. Con los pocos nuevos cristianos que había, fundaron a costa de imponderables trabajos tres pueblos llamados Patlin, Panipoan y Mabalacat con las circunstancias que tengo expresadas en la consulta que presenté a este Superior Gobierno por Octubre de este año de mil
setecientos y cincuenta, con los padrones de dichos pueblos, con expresión de otros que no
tuvieron subsistencia ni el deseado efecto. A dichos tres misioneros sucedieron en el empleo
el P. Lector jubilado Fr. Juan de la Encarnación y los Padres predicadores Fr. José de Jesús
María, Fr. Diego de S. Nicolás, Fr. Agustín de Santa Rosa, Fr. Francisco de Jesús María, Fr.
José de S. Juan Bautista, Fr. Diego de S. Fulgencio, Fr. Juan de la Virgen de Moncayo, Fr.
Felipe de Santa Ana, extremeño, Fr. Francisco de Jesús, alias Cabanillas, Fr. Juan de la V. del
Niño Perdido, Fr. Francisco de la Natividad, Fr. Francisco de la Asunción, Fray Juan de la
Concepción, Fr. José de S. Agustín, Fr. José de la Virgen del Camino, Fr. Pablo de S.
Agustín, Fr. Buenaventura de San Matías, Fr. José de S. Pablo, Fr. Alonso de S. Gabriel, Fr.
Magín de Sto. Tomás de Villanueva, Fr. José de Sta. Mónica, Fr. Miguel de los Dolores y Fr.
Felipe de Santa Ana, valenciano. Todos los cuates administraron en dichos pueblos y misiones y en otros que se habían fundado, llamados Dinalupian y Talimarín, que después a pedimento de mi Provincia y de orden de este Superior Gobierno se suprimieron, agregando los
nuevos cristianos de ellas a las misiones
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de Pampoan y Mahalacat, y pasando a la otra banda de los montes que mira a Zambales, con
los que se formó el pueblo de Santa Mónica de Babayan con asignación de ministro misionero, como se dirá después; y en tan santo empleo murieron los Padres Misioneros Fr. Manuel
de S. Nicolás, Fr. Francisco de Jesús María, Fr. Diego de S. Nicolás, Fr. Juan de la V. del Niño Perdido, Fray Juan de la Concepción, Fr. Buenaventura de S. Matías, Fr. José de S. Pablo,
Fr. José de la V. del Camino, Fr. Miguel de los Dolores y los dos Fr. Felipes de Santa Ana.
148. Hoy día se hallan reducidas dichas misiones a dos pueblos con sus distritos, que son:
Panipoan o Bamban y Mabalacat, y los misioneros de ellas son los PP. Predicadores Fr. Pablo
de San Agustín y Fr. Francisco de la Natividad, que por prácticos en dichos pueblos, los ha
puesto segunda vez la Provincia de ministros de ellos. El pueblo de Bamban tiene treinta una
casas; cuarenta y cuatro hombres solteros, diez y nueve mujeres viudas, y doncellas solteras
que acá llaman Tributantes, de veinte años para arriba; diez muchachos de escuela; veintitrés
doncellas también de escuela, de ocho años hasta veinte; de indios reducidos negros y balogas
cristianos nuevos; y ochenta y cuatro personas casadas, de negros y balogas catecúmenos. En
el barrio llamado Capas de dicho pueblo de Bamban, hay treinta y una casas de los dichos, o
sesenta y dos personas casadas, sesenta solteros y muchachos de escuela; treinta y seis solteras y doncellas de escuela; de dichos indios reducidos, negros y balogas cristianos nuevos;
trece casas de catecúmenos y cuatro solteros también catecúmenos. En el barrio de Aliuat,
perteneciente a dicho pueblo de Bamban, hay nueve casas; sesenta y seis solteros y muchachos de escuela y cuarenta y una mujeres viudas o solteras, y muchachas también de escuela
de dichos indios reducidos, negros y balogas, que son mestizos de negros e indias cristianos
nuevos; diez casas de catecúmenos, negros y balogas y trece solteros de los dichos también
catecúmenos. Por otra cuenta, se compone el pueblo y misión de Bamban o Panipoan, de cuatrocientas treinta y tres personas de padrón, esto es, de ocho años para arriba sin contar los
niños y niñas hasta los ocho años, que serán más de ciento de dichos indios reducidos, que
apóstatas y fugitivos andaban dispersos por dichos montes y sitios; y de ciento cuarenta
63
y siete catecúmenos de los dichos negros y balogas cristianos nuevos sin contar sus hijos niños.
149. El pueblo y misión de Mabalacat consta de treinta y dos casas o sesenta y cuatro
personas casadas, cuarenta y nueve hombres solteros, treinta y seis mujeres entre viudas y
doncellas de edad de pagar tributo, veinte y nueve muchachos y muchachas de escuela, todos
de indios reducidos negros y balogas nuevos cristianos, veinte y seis personas casadas catecúmenos y veinte y dos solteros y solteras también catecúmenos negros y balogas. Por buena cuenta consta esta misión de ciento setenta y ocho almas cristianas de las calidades expresadas y de edad de ocho años para arriba, sin contar los niños hasta ocho que no entran en
padrón y de cuarenta y ocho catecúmenos. No se bautizan más en otras misiones, porque no lo
hallan por conveniente lo Religiosos misioneros a causa de la veleidad e inconstancia de dichos negros y balogas que, con la misma facilidad con que se bautizan sin ninguna repugnancia se vuelven a los montes a sus antiguas perversas costumbres. Si consistiera sólo en bautizar negros, a centenares pudieran bautizarse y pudiéramos tener grandes padrones de nuevos
cristianos, porque los negros no repugnan el bautismo, pero los Prelados tienen dadas sus
órdenes para que no se bautice ningún negro ni balogas sino después de algún tiempo de instrucción y catequismo y de bastante experiencia de su vocación y certeza moral de su perseverancia.
150. Débense tener aquí presentes por progresos espirituales de estas Misiones, trescientas sesenta almas que el celo y aplicación del P. Predicador Fr. José de Jesús María, alias el
Montañés sacó de ellas y las pasó a la otra banda de lo montes al sitio que llama Babayan
donde se fundó el pueblo y misión de nuestra madre Santa Mónica, perteneciente a la provincia de Zambales, como se dirá a su tempo. Los progresos temporales que se han seguido desde la fundación de estas misiones son el vivir resguardados los naturales de la Pampanga y
defendidos de las hostilidades que antes les hacían los negros, en tal conformidad que ni podían salir de sus pueblos ni tenían libertad para labrar sus tierras en las cercanías de ellos sin
peligro de la vida, y desde que hay Misiones pueden extenderse tres y cuatro leguas para buscar su vida y sembrar sus tierras. Hablando en cierta ocasión con el alcalde mayor de la Pampanga,
64
que era el Dr. D. Domingo Sanz y Aranaz, sobre el poco adelantamiento que tenían dichas
Misiones, me dijo: Que aunque no se siguiera de ellas más provecho que el de servir de freno
a los negros para que no hicieran daño a los Pampangos, podía y debía su Majestad darse por
bien servido y dar por bien empleados los estipendios de los Misioneros de su Real Erario y
que, si en algún tiempo le pedían parecer sobre el asunto, diría lo mismo con juramento.
151. El segundo progreso temporal es el de haber por dichas Misiones comercio y paso
franco desde Manila a la provincia de Zambales por tierra y a la de Pangasinan, de manera
que puedan traficar y traer a Manila de Zambales y Pangasinan por las Misiones cualquiera
géneros y mercancías para buscar su vida y preciso mantenimiento, y de Manila pueden llevar
lo que necesitan, sin necesidad de exponer a los peligros de la mar, y antes que hubiera Misiones estaban los caminos cerrados y no permitían transporte por ellos los negros. Por lo que
debe su Majestad estimar libertad de los indios de las tres provincias en su comunicación,
transporte y comercio por dichas Misiones y si se quitaran como antes los pasos cerrados en
perjuicio del bien común de los naturales Zambales, Pampangos y Pangasinanes.
(Continuará)
Año IX
Marzo de 1918
Núm. 93
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
SECCIÓN OFICIAL
Generalato de Agustinos Recoletos. –Madrid. –A los RR. PP. Provinciales,
Vicarios, Priores, Rectores, Misioneros y Religiosos todos de nuestra
obediencia: Salud y gracia en el Señor.
Fratres, magis satagite ut per bona
opera certam vestram vocationem et electionem faciatis. II.ª Pet. 1, 10.
Carísimos Padres y Hermanos míos: Por cuarta vez, desde que Dios me colocó en este
puesto de Superior, me dirijo a VV. RR. y CC. saludándoles cordialmente con motivo de las
presentes Pascuas, deseándoselas muy felices y rogando al Señor que por todo el año entrante,
o en la parte de! mismo que tenga a bien conservarnos a
66
todos la vida, se digne favorecernos con sus auxilios y gracias a fin de que, fieles a nuestra
vocación y agradecidos a los muchos y grandes beneficios que nos ha dispensado en el actual,
nos esforcemos más y más por servirle cada día con mayor esmero y devoción cumpliendo
con rigurosa exactitud los votos con que por nuestro estado de religiosos estamos dichosamente consagrados a su divina Majestad y observando con no menos puntualidad nuestra santa Regla y las graves obligaciones anejas a los respectivos cargos o empleos que la obediencia
nos ha confiado. Con esas gracias y nuestra fiel correspondencia a las mismas es como lograremos hacer cierta nuestra vocación y elección por medio de las obras buenas conforme al
encargo del Príncipe de los Apóstoles que me ha servido de tema.
«¡Haced cierta vuestra vocación y elección!» Preciso es, mis amados Padres y Hermanos,
que reflexionemos atentamente sobre estas palabras para que, vivamente penetrados del profundo sentido que en sí encierran, nos persuadamos de su inmensa trascendencia en orden a la
norma de conducta que debemos observar para la consecución de nuestro último fin y supremo destino.
Por una gracia especialísima y una singularísima predilección de parte del Padre de las
luces, de quien desciende1 todo don perfecto, hemos sido llamados a la le y al estado religioso, y aun la mayor parte de nosotros a la encumbrada dignidad del Sacerdocio al que va unida
la del más santo, augusto y divino Ministerio. Ningún mérito había precedido por nuestra parte para que el Señor nos llamase de las tinieblas2 a su admirable luz, y tal vez no había en
nosotros sino grandes deméritos y nos hallábamos muy alejados e Dios, o por lo menos en
todo pensábamos menos en acercarnos y consagrarnos a Él, cuando su infinita caridad, con la
cual perpetuamente nos amó3, atrájonos misericordiosamente a Sí, inspirándonos la idea, infundiéndonos el deseo con la resolución, y dándonos el valor necesario para abandonar el
mundo y abrazar las austeridades de la vida religiosa. Sí; obra suya fue nuestra vocación a
este santo estado, según lo asegura el mismo Jesucristo en el Evangelio cuando dice: no sois
vosotros quien me ha elegido a mí, sino yo quien os ha elegido a4 vosotros;
1
Jacob. I, 17.
1.ª Pet. II, 9.
3
Jerem. XXXI, 3.
4
Joan. XV, 16.
2
67
y nunca podremos agradecer bastantemente al Señor tan soberana merced, como ni tampoco
corresponder dignamente al Señor tan soberana merced, como ni tampoco corresponder dignamente al señalado beneficio que nos hiciera al elegirnos antes de la constitución del mundo1
para que fuésemos santos e inmaculados en su presencia. En este sentido, claro está que
nuestra vocación y elección a la fe, al estado religioso y al Sacerdocio, no pueden ser más
ciertas; son un hecho para nosotros indubitable. ¿Cómo es, pues, que el Apóstol nos manda
esforzarnos en procurar hacerlas ciertas...? ¿Por ventura no lo son?
Si consideramos, sin embargo, que la vocación y elección de que se nos habla en el lugar
citado no se limitan únicamente a la fe, a la gracia y al estado de vida que habíamos de abrazar y en el que de hecho nos hallamos, sino que se extiende a la consumación en la virtud, a la
perseverancia final, a la gloria, en una palabra, y a la eterna bienaventuranza, veremos con
cuánta razón se nos manda hacerlas ciertas, asegurarlas y afianzarlas mediante las buenas
obras. Porque ¿quién de nosotros podrá gloriarse de estar cierto de su perseverancia final, de
su predestinación a la gloria, a la cual se ordenan como medio y en la que tienen su completa
realización la vocación y elección a la fe, a la gracia y al estado de vida a que Dios ha llamado
a cada uno? Esta certeza está reservada a solo Dios quien conoce, en frase de los Libros Santos2, los que son suyos, esto es, los que han de perseverar hasta el fin de la vida y gozar de Él
eternamente. Para nosotros es un misterio que nos debe llenar de pavor y hacernos trabajar
con temor y temblor3 en el negocio de nuestra salvación. Hemos sido llamados: ¿seremos del
número de los escogidos? Muchos son los primeros, dice el Señor4, pero pocos los segundos.
Y por la Historia sagrada sabemos que de todos los hombres que poblaban la tierra cuando
sobrevino el Diluvio, sólo ocho personas5 se salvaron en el Arca; que solamente la familia de
Lot se libró6 del incendio de la nefanda Pentápolis, y que de los seiscientos mil israelitas que
salieron de Egipto7, únicamente
1
Ephes. 1, 4.
II.ª ad Timot. II, 19.
3
Philip. II, 12.
4
Math. XX, 16 y XXII, 14.
5
I.ª Petr. III, 20.
6
Genes. XIX, 15 y siguientes.
7
Num. XIV, 30 y XXXII, 12.
2
68
dos, Caleb y Josuet, llegaron a entrar en la tierra prometida. Por donde se ve cuán solícitos
debemos andar para hacer cierta nuestra vocación y elección si ellas han de consumarse, como es debido, en la realización de los divinos designios sobre cada uno de nosotros y en la
consecución de nuestro último fin,1 que es la vida eterna, mediante nuestra cooperación a la
gracia.
Hacer, pues, cierta nuestra vocación y elección es corresponder a ella de tal manera que
llegue a tener su complemento y su consumación perfecta en la glorificación eterna: es llenar
cumplidamente los designios divinos en el orden de nuestra predestinación: es, en fin, hacer
que tenga en nosotros su más exacta y puntual realización el propósito de Dios, aquel misterioso propósito de que tan a menudo nos habla en sus Epístolas2 el Doctor de las Gentes al
tratar de la vocación a la fe y de la predestinación a la gloria. Esa, pues, debe ser nuestra labor
continua, labor, de toda la vida; puesto que cada momento puede ser el último de ella, conforme al precepto de Jesucristo en el Evangelio: velad, porque ignoráis3 el día y la hora, y en
el Apocalipsis, si no velares, vendré4 como ladrón a sorprenderte. Labor, he dicho, de toda la
vida, porque sólo quien perseverare hasta el fin será5 coronado.
Ahora bien: el modo de hacer cierta nuestra vocación y elección, dice el mismo Santo
Apóstol, es el de las buenas obras; pues así como la fe sin obras es6 muerta, así también la
vocación al estado religioso vendrá a resultar inútil para nosotros si no correspondemos a ella
con una santa vida: Negociad, dice el Señor, con los talentos que os he dado7, mientras vengo
a pediros cuenta de ellos. No olvidemos que el siervo del Evangelio no fue reprendido por
haber malgastado el talento recibido, sino8 por haberlo tenido ocioso y no haberle hecho producir la ganancia que esperaba y a que tenía derecho su Señor.
1
Rom. VI, 22.
Rom. IV, 15 y VIII, 28. –Ephes. I, 5 y I, 11. – II.ª Tim. I, 2.
3
Math. XV, 28.
4
Apocal. III, 3.
5
Math. X, 22.
6
Jacob. II, 20.
7
Luc. XIX, 13.
8
Luc. XIX, 22.
2
69
Mientras tenemos tiempo1 obremos el bien, que este y no otro es el modo de asegurar nuestra
vocación y elección. Y tan cierto es que debemos acreditar con las obras esa nuestra vocación,
como que el mismo Jesucristo no apelaba a otro testimonio en confirmación de su misión divina. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre2 dan testimonio de mí y si a mí no me
queréis creer3 creed a mis obras. Es verdad que el Salvador se refería principalmente a las
obras portentosas que ningún puro hombre podía hacer, y eran evidente prueba de ser Él el
verdadero Mesías; pero también aludía, dicen los Sagrados Expositores, a su conducta moral
y a la santidad de vida que caracterizaba todas sus acciones poniéndolas a salvo de todos los
tiros de sus enemigos, hasta el punto de lanzarles este divino reto que jamás pudieron contestar: ¿quién de vosotros4 me argüirá de pecado?
Es, pues, evidente la necesidad de las obras para afianzarnos en nuestra vocación y elección. Si me amáis, dce el Salvador5, guardad mis mandamientos. En esto se conocerá que me
amáis6 si hiciereis lo que os mando. Sobre estas sentencias de Jesucristo, dice el Apóstol S.
Pablo7 que no son justos los que oyen y saben la Ley, sino los que la practican, y lo mismo
enseña Santiago8 en su Canónica, con palabras semejantes. De ahí es que los Santos Padres
Isidoro9, Gregorio10, San Agustín Nuestro Padre11 y su predilecto discípulo S. Fulgencio12,
ornamento del Episcopado y lustre de nuestra Sagrada Orden, unánimes afirman que es imposible que agrade a Dios por la fe quien le desprecia en las obras en la práctica. Sari Bernardo,
en fin, explicando las palabras del Cantar de los Cantares: «fulcite me floribus13 stipate me
malis» compara la fe a la flor, las obras al fruto y dice: así como de nada sirve la flor que no
da fruto, así también14 es inútil la fe que no produce frutos de buenas obras.
1
Galat. VI, 10.
Joan. X, 26.
3
Joan. X, 38.
4
Joan, VIII, 46.
5
Joan. XIV, 15.
6
I Joan. II, 3.
7
Rom. II, 13.
8
Jacob. I, 22.
9
Isid. Differi Spir.
10
Hom. XXIX in Evangelia.
11
Sermón CXII de Temp.
12
Libro 2.º de remis. peccat.
13
Cant. II, 5.
14
Ser. 51 in Cant. Canticor.
2
70
Réstanos ahora, en conclusión, declarar cuáles son las obras que se nos exigen y cómo se
han de practicar o qué condiciones han de tener para que sean buenas como nos lo encarga
San Pedro. Con respecto a lo primero, bien marcadas tenemos ya los religiosos las obras en
que hemos de emplearnos para cumplir con ese deber; pues la Santa Regla que hemos profesado, los tres votos de Religión con que nos hemos consagrado al servicio del Señor y las observancias de la Orden que solemnemente hemos prometido cumplir por toda la vida, nos
señalan claramente todo lo bueno que debemos hacer en las varias situaciones en que la obediencia tenga a bien colocarnos; de tal manera, que Misioneros o Conventuales, Sacerdotes o
Legos, Estudiantes o Maestros, Superiores o súbditos, todos tenemos taxativamente indicadas
en nuestras Leyes las obras que debemos practicar, tan excelentes todas ellas como hechas por
obediencia y con arreglo a los preceptos y consejos del Evangelio y de la Santa Iglesia. Ellas,
además, nos bastan para satisfacer el precepto del Apóstol, sin que sea preciso añadir más
largas oraciones ni mayores penitencias que las que hemos profesado. Por lo que hace a lo
segundo, o sea, los requisitos que han de acompañar a nuestras obras para que sean buenas no
solamente en sí, quo ya lo son, sino también agradables a Dios y provechosas para nosotros es
necesario que se hagan en estado de gracia si han de ser meritorias: han de hacerse por motivo
sobrenatural de agradar a Dios y cumplir con nuestro deber, no por vanidad o por vanagloria,
de mala gana y por no poder menos, y se han de hacer en el lugar, en el tiempo y del modo
que Dios, nuestras Reglas y nuestro Ministerio lo tienen prescripto; pues cualquiera de esas
condiciones que falte a nuestras obras diarias les robará toda o una gran parte de la bondad
necesaria, y las hará defectuosas según el consabido aforismo: bonum ex integra causa. Meditemos, pues, con frecuencia esas sentencias del Apóstol San Pedro, y mientras tenemos tiempo, hagamos por asegurar nuestra vocación del modo dicho, «no sea que sorprendidos este
año de improviso por la muerte, busquemos algún espacio más de penitencia y no podamos
encontrarlo».
Bien quisiera yo, carísimos Padres y Hermanos míos; inmensamente mayor sería mi satisfacción si me fuera posible visitar personalmente
71
a VV. RR. y CC. sobre todo a los Misioneros de Ultramar, con el fin de conocer las necesidades de todos y remediarlas en la medida de mis fuerzas, consolarlos en su aislamiento y animarlos, con la vista en el Cielo, a continuar trabajando por la gloria de Dios y salvación de las
almas, y sacrificándose por amor a la Orden de Recoletos Agustinos de que son hijos; mas, ya
que las circunstancias de lo anormal de estos tiempos y de mi quebrantada salud no me lo
permiten, me creo obligado a dirigirles por escrito este mi cordial saludo como prenda de mi
buen deseo y en testimonio del paternal afecto que les profeso, a la vez que a rogarles me encomienden a Dios en sus oraciones.
Circúlese, léase en Comunidad, cópiese en los libios oficiales de nuestras Casas, Residencias y Ministerios y devuélvase obedecida.
En nuestra Residencia generalicia de Madrid a 31 de Diciembre de 1917. –FR. FIDEL DE
BLAS DE LA ASUNCIÓN. –Por mandado de N. P. Prior general, FR. BERNARDINO GARCÍA DE LA
CONCEPCIÓN, Secretario General.
CAPÍTULO INTERMEDIO PROVINCIAL
En el Capítulo Provincial Intermedio, celebrado en nuestro Convento de San Nicolás de
la ciudad de Manila, se hicieron las elecciones siguientes:
Vicario Prior de nuestro Convento de S. Nicolás de Tolentino de la ciudad de Manila, P.
Fr. Francisco Solchaga de la Purísima Concepción.
Subprior de nuestro Convento de S. Nicolás de Tolentino de la
72
ciudad de Manila, P. Fr. Alejandro Echazarra de la Purísima Concepción.
Primer Voto de Misiones, P. Fr. Francisco Vega de la Virgen de Vico.
Segundo Voto de Misiones, P. Fr. Francisco Echanojáuregui de Santa Teresa de Jesús.
Tercer Voto de Misiones, P. Fr. Juan Lorenzo de S. José.
Aceptada la renuncia del cargo de Definidor Provincial presentada por el R. P. Fr. Valentín Utande de S. José y reconocido de conformidad con nuestras Leyes, como Definidor
Provincial el P. Fr. Ruperto de Blas de S. Joaquín, fue elegido Maestro de Novicios el P. Fr.
Hipólito Navascués de la V. de la Paz y Vicerrector de nuestro Colegio de S. Millán de la
Cogolla, el P. Fr. Felipe Robres de la V. de Vico.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
CASUS CONSCIENTIAE
PRO ANNO
1917-18
I. Marcus, dispensatione indigens et apud Sacram Poenitentiariam repuisam passus, iterum post mensem, mutato nomine, priori repulsa reticita sed causa fideliter exposita, ad eamdem Congretionem adit et facultatem obtinet. Alias autem, cum irregularitate et crimine laboraret, ficto nomine pro Acacio petit a S. Poenitentiaria dispensationem et facultatem probo et
prudenti Cofessario eligendo committendam. Ipse autem, obtenta facultate, pro se utitur.
Alias etiam repulsam passus apud S. Poenitentiariam, preces mittit ad Ordinarium debitis facultatibus in re ornatum ex privilegio appco., qui, de superiori repulsa ignarus, benigne suscipit preces et eis annuit.
Quaeritur: 1.º Quae sit dispensatio obreptitia et subreptitia. 2.º An pro ea requiratur causa
a lege excusans. 3.º Valeatne Marci agendi modus.
II. Rocafus apud Rectum sic confitetur: per quatuor annos sacramenta non recepi; hoc
tempore missae non interfui nisi vacationum tempore propter famam coram concivibus et ne
parentes offenderem unde in ecclesia, prae taedio, adstantes et imagines oculis percurrebam
nihil curans de oratione. Orationes enim nihil mihi profuerunt: sodales enim omnes super me
excellunt, bis etiam in examine decidi, unde, studiorum tempore, oblectationibus indulsi et
orationi pietatisque operibus jamdiu valedixi.
Quaeritur: 1.º Quae sit obligatio et necessitas orandi. 2.º Quae sit
74
orationis efficacia. 3.º Quomodo Rocafus peccaverit per neglectum orationis.
III. Ericus, valde locuax, narrationes suas persaepe confirmare conatur, addendo «per
animam meam», «per salutem animeae meae», «per Jesuchristi plagas», «haec me contingant», «Deus me puniat», etc., etc. si hoc verum non est: aliquando sic alloquitur in dubiis,
imo etiam in falsis, licet narrata incredibilia appareant: amicis suis quoddam grave crimen
alterius narravit quod quidem verum putabat etsi ratio gravis non deerat aestimandi falsum.
Quaeritur: 1.º Quid sit juramentum et quid ad illud requiratur. 2-º Quae sint conditiones
ut juramentum licitum evadat. 3.º Quid de singulis casibus Erici dicendum.
IV. Protus, ex America in Hispaniam redux, intempesta nocte clare videt omnium vitam
periclitari ex naufragio jamjam imminenti quin aliqua spes affulgeat alieni auxilii: tunc ipse,
corporis et animae saluti consulens, totum se Deo devovet pro,ittens, si salvus evadat, ordinem capuccinorum ingressurum atque pecuniam lucratam si quae superfuerit, in pauperes
elargiturum. Post multas angustias, tandem navis, salvis omnibus, ad portum pervenit; quod
videns Petrus, licet sui promissi poenitens, pecunias suas, post aliquas expensas in civitate, in
pauperes distribuit, atque etiam, sui victor, inter Capuchinos adnumeratur vota religiosa emittens post novitiatum. Postea autem vita religiosa ipsi gravior et difficilior evadit quam ea ab
ipso in novitiatu theoretice efformata, unde dimissionem petit ex eo quod erraverit in difficultatibus et non possit onera Religionis sustinere.
Quaeritur: 1.º Quid sit votum. 2.º Quinam error aut defectus voluntatis obstet voti valori.
3.º Quid de variis votis Proti dicendum.
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CASUUM MORALIUM
PRO ANNO
1914-15
RESOLUTIO
VII. Befa catholica etc.
Quaeritur: 1.º Num Clemens recte egerit baptismum privatim et absque caeremoniis conferendo ut baptisma acatholicum praeveniret. 2.º Num ipsa Befa sic agere potuerit. 3.º Utrum
Befa baptismum manifestare debeat aut silere possit.
Ad 1.um a) Absque dubio jus erat infantem catholicae baptizandi etiam baptismo privato
si infans ad Ecclesiam transferri non poterat et alias facile sacerdos advocari non posset.
b) Jus hoc parentibus inest et penes Ecclesiarn pro fidelium filiis: jus ergo infantem catholice baptizandi in nostro casu penes matrem catholicam erat, quse si annuit et catholicam
educationem suo filio pro posse procurare voluit, quilibet ejus desiderium poterat implere.
Nec objiciendum quod adsit periculum rebaptizandi infantem; quia, etsi, juxta aliquos AA.,
minus malum sit quemdam ab haeretico baptizari quam eum rebaptizari, tamen Befae jus
strictum certe adest, quo uti in peccatum verti nequit, et, alias, Lino aglipayano nullum jus
stricte competit; imo, si quod haberet, jam evanuerat suo juramento. Unde Befa, baptismi catholici pro filio cupida, jus habebat ad ministerium parochi Clementis: hic tamen, zelo abreptus, fortassis praecipiti quoad modum, paulo celerius rem perfecit; sed, cum esset certus de
matris voluntate et consensu, dicendum est quod recte egerit ne forte inter vanos timores et
inoportunas
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tricas et contentiones tempus et opportunitas periret. Causa plus quam sufficiens aderat pro
caeremoniis baptismi praetermittendis.
Ad 2.um Befa etiam suum filium secreto baptizare poterat. Certum quod lege ecclesiastica
cautum est ne parentes, excepto casu summae necessitatis, propriam prolem baptizent; imo
contrafacientes, ejusdem legis vi, spiritualem inter se contrahunt cognationem quae matrimonium ejusve usum prohibet. In nostro casu Befa jure timere poterat graves Lini minas si baptismus catholicus notus fieret, unde ipsa, ut res omnino secreta remaneret, poterat valide et
licite baptismum proprio filio conferre.
Ad 3.um Per se et absolute loquendo manifestari debet baptismus rite collatus: eo maxime,
si ab ejusmodi baptismi catholici manifestatione pendeat catholica infantis educatio futura; et
insuper, ut vitetur, si fieri potest, sacrilega baptismi repetitio. Befa tenetur sese opponere,
quantum religio et prudentia suggerat, baptismo aglipayano quod Linus intendit, tum quia ex
se est illegitimus (ne dicam invalidus), tum quia in hoc casu esset sacrilega iteratio: verum si
grave omnino damnum merito timet ex efficacibus minis sui mariti, ad positivam facti declarationem non tenetur, maxime si haec declaratio minime maritum cohiberet, imo provocaret
potius ut ministrum aglipayanum adiret ut baptismus suae sectae ritu conferretur.
VIII. Ad festa quae in Dumaguete, etc.
Quaeritur: 1.º Rectene Viriatus Libertam baptizaverit, an potuisset, altero baptizante, esse
patrinus. 2.º Potueritne postea hanc Libertam uxorem ducere, vel prohibeatur propter cognationem spiritualem ex alterutrius baptismate. 3.º Rectene Florus prohibitus sit a matrimonio
cum Libertae sorore, admissus autem sit ad matrimonium cum earum matre.
Ad 1.um a) Quilibet homo ratiotie utens, sive vir sive mulier, sive catholicus sive haereticus, sive fidelis sive infidelis est minister extraordinarius baptismi, ita ut semper valide, et in
necessitate etiam licite, baptizare possit.
b) Ex Rituali Romano ordo servandus est inter diversos ministros: unde «si adsit sacerdos, diacono praeferatur, diaconus subdiacono,
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clericus laico, fidelis infideli et vir feminae, etc.» Vid. Gury-Ferr. De ministro baptismi.
c) Si Viriatus rite aquam naturalem et consuetam baptismi formam adhibuit cum intentione faciendi quod facit Ecclesia, nequit dubitari de valore baptismi Libertae ab eo collato.
d) Licitum etiam erat Viriato Libertam baptizare propter instantem necessitatem, nisi forte
aliquis adesset fidelis qui rite posset baptizare: tunc enim ad hunc pertinet baptismum administrare nec suo jure cedere potest nisi, propter propriam perturbationem aut aliam causam,
securius videretur quod infidelis Viriatus baptizaret.
e) Viriatus nec licite nec valide assumi poterat ad munus patrini ex doctrina Ecclesiae
quae signum fidei seu baptismum exigit in eis qui, parentum defectu, tamquam patres spirituales in fide instruere debent suos levatos seu filios spirituales.
Ad 2.um Recte potuit Viriatus Libertam in matrimonium assumere quia nullum eos ligabat
impedimentum ex alterutrius baptismate proveniens. Ecclesia quidem statuit cognationem
spiritualem, ex baptismo provenientem, impedimentum constituere dirimens inter baptizantem
et baptizatum hujusque parentes. Verum haec lex Viriatum non attingit quia nondum est baplizatus et ideo nec Ecclesiae filius: praeterea nec cognationem spiritualem contrahit cum
Liberta quia pse nondum natus seu renatus est, et ideo nec habet spiritum ut enasci possit spiritualis cgnatio: ex baptismo ergo Libertae nihil impedit matrimonium. Sed nec ex proprio
Viriati baptismate quidquam adduci pooest. Canisia, enim, ut pote matrina, cognationem contraxit spiritualem cum Viriato et ejus parentibus, sed Viriatus cum Canisia tatummodo cognationem contraxit, minime vero cum ejus filiabus.
Ad 3.um Recte prohibetur Floums a matrimonio cow Libertae sorore cujus ipse fuerat patrinus. Ipse enim christianus cum sit, ex munere patrini cum LIbertae sorore cognationis spiritualis contraxit impedimentum.
Recte admitti potest ad matrimonium cum Canisia quia haec nondum erat baptizata cum
ipse filiam ejus e fonte levavit, nec quidquam obveniat ex posteriori baptismo licet matrina
adeat Flori mater. Cognatio enim quae contracta non fuit cum ipse patrinum
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egit, dici nequit quod superveniat cum Canisia baptismum suscipit: efficientia enim actus
Flori, patrinum agentis, ipsa actione in baptismo finitur.
IX. Ad permagnam Gertrudis, etc.
Quaeritur: 1.º Ubi baptismus ex lege vel permissione Ecclesiae conferendus sit. 2.º Quid
de more a Rogerio reprobato; an eliminandus sit; ubi tunc adhihendae caeremoniae. 3.º Quid
de more differendi baptisma; an parentes graviter peccent si tempus protrahaunt. 4.º Quas
conditiones Ecclesia exigat in patrinis. 5.º Quid circa patrinos haereticos, vel pravis moribus
notatos. 6.º Quid de Rogerii agendi ratione.
Ad 1.um a) Juxta Rituale Romanum et jus canonicum, baptismus solemnis in sola ecclesia
parochiali conferri potest. Soli regum aut magnorum principum filii ab illa lege excipiuntur.
In Rituali (de bap. tit. II, n. 28) sic legitur: «Proprius baptismi administrandi locus est ecclesia
in qua sit fons baptismatis, vel certe baptisterium prope ecclesiam». Quibus ex n. 29 adde:
«Necessitate excepta, in privatis locis nemo baptizari debet, nisi forte sint regum aut magnorum principum filii, id ipsis ita deposcentibus, dummodo id fiat in eorum capellis seu oratoriis
et in aqua baptismate de more benedicta».
b) Baptismus nunquam conferri potest extra ecelesiam (et quidem parochialem) excepto
casu necessitatis, privilegii aut facultatis specialis ab Ordinario obtentae.
c) In baptismo, solemni quidem sed conditionato (seu in conditionata baptismi repetitione
pro securitate), convenit quidem per se idem servare; verum si causa aliqua rationabilis aliter
suadeat, quilibet locus eligi potest qui sit honestus.
d) In locis, ubi catholici haud raro incolunt procul ab ecclesiis vel oratoriis publicis, et
traslatio infantium in tenera aetate periculoso sit et incommodo, parochis missionariis, de consensu Ordinarii, licet baptismum conferre hisce infantibus etiam extra mortis periculum in
privatis domibus, servato ritu Ecclesiae consueto. (S. R. C. 4 Febr. 1871. C. P. Amer. Lat 498,
C. Manil. 583).
e) Ordinarius permittere potest ut, ex justa et rationabli causa, etiam non instante mortis
periculo vel urgente necessitate,
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parvulis baptismus domi administrelur, servato ritu ecclesiae consueto. (S. C. de S. 23 Dec.
1912).
Ad 2.um a) Communiter docent probati AA. cum S. Alph. quod regulariter mortale sit
absque necessitate baptizare extra ecclesiam nisi proximum immineat mortis periculum vel
aliud adsit magnum incommodum: attamen jam dictum est quod ocurrere potest exceptio privilegii aut facultatis specialis. Si summum spectetur jus, Rogerius recte carpit divitum morem
qui tantum abest ab Ecclesiae communi jure, usu et spiritu. Ecclesia tamen suum moderatur
jus, quae, in disciplinalibus, circunstantias pro praxi sapienter ponderat et nunc Ordinaril prudentiae relinquit perpendere nunc permittere expediat tali divitum mori indulgere in unoquoque emergente casu Rogerius igitur suam agendi normam discat ab Ordinario cui etiam competit cayere ne, si Iicentiae multiplicentur, ditiores pauperibus praeferri videantur, atque etiam
ne legitimus usus in abusum paulatim convertatur.
b) Rogerius adlaborare potest pro mortis eliminatione, prudenter tamen ne aut Ordinarii
prudentiales permissiones aut ipsam Ecclesiae facultatem impelere videatur.
c) Quando baptismus, sive ob distantiam locorum sive de Ordinarii licentia et justa et rationabili causa (n. IV el V in resp. ad 1.um), domi conferatur, omnes sunt caeremoniae adhibendae quae pro baptismo solemni in Rituali continentur. (S R. C. 4 Febr. 1871 et 17 Jan.
1914).
Ad 3.um Mos differendi baptisma reprobandus est ut pote execrabilis juxta Epistolam S. P.
Leonis XIII (13 Aug. 1889) ad Episcopos anglonen. et Tursien, ubi consuetudinem S. Baptisma in hebdomadas, in menses imo in annos pueris differendi condemnat tanquam iniquissimam et toto caelo contrariam ecclesiasticis sanctionibus: unde parentes dicendi sunt gaviter
peccare si, ex incuria aut ex causa non vere gravi, baptismum protrahant in hebdomadas.
Hac de re, C. P. Amer. lat. et C. Manil. sic se habent: «Curandum est ut infantes quam citius baptizentur; unde improbamus incuriam parentum qui absque gravi causa, triduum et
praesertim ultra octiduum, filiorum quamvis minime infirmorum, baptismum differunt». (V.
Gury-Ferr. De subjecto baptismi).
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Ad 4.um In baptismo solemni sub gravi debet adhiberi saltem unus patrinus, sive vir, sive
mulier sit: ex lege enim Ecclesiae in baptismo, ut notatur in Rituali Romano, «Patrinus unus
tantum, sive vir sive mulier, vel ad summum unus et una adhibeantur ex Decreto Conc. Trident., sed simul non admittantur duo viri aut duae mulieres neque baptizandi pater aut mater».
Ut quis sit vere patrinus haec pro certo habeto: 1.º ut usum rationis habeat et ipse sit baptizatus et optandum ut sit etiam confirmatus; 2.º ut a parentibus vel parocho fuerit designatus
ut patrinus; 3.º ut tangat baptizatum per se, vel saltem per alium; 4.º ut habeat verum animum
patrini munus gerendi, unde rudimenta fidei scire debet ut suum officium adimplere possit aut
saltem animo paratus sit ad ea addiscenda si parentes suppleri opus fuerit.
Ad 5.um Valide quidem sed illicite munus patrini exercebunt omnes qui sunt pravis moribus aut perdita fama notati: unde prohibentur a patrini munere gerendo: 1.º haeretici (S. Off. 3
Maji 1893) ita ut si patrinus haereticus a parentibus designatus fuerit, praestat baptismum conferre sine patrino, si aliter fieri non possit: 2.º Publici excommunicati et interdicti: circa hos, si
non sint vitandi, non ita urgetur lex eos repellendi unde Episcopus judicare potest num ad
majora mala impedienda melius sit eos admittere quam rejicere, (S. Poenit. 10 Decem. 1860):
3.º Publici criminosi aut infames inter quos enumerandi sunt massones notorii et matrimonio
tantum civili inter eos conjuncti.
Dedecet monachum vel regularem cujusvis Ordinis, a saeculo jam segregatum, munus
patrini in se suscipere.
Ad 6.um Recte Rogerius moram baptismi reprehendit quia parentum est filiis suis quam
citius baptisma procurandi ut ejus multiplicibus et vere mirabilibus effectibus gaudeant et ne
in periculo versentur cum originalis peccati labe ex hac vita egrediendi.
Laudandus etiam est Rogerius in suo conatu excludendi Getulium aglipayanum a parentibus patrinum designatum quia sic fieri oportet ex Concilio Manilano n.is 190 et 591: quod si
obtinuisset, impedivisset quominus fieret et esset patrinus qui ab Ecclesia rejicitur. Adlaborandum ergo est ut tales patrini impediantur; ita facere expedit et te ipsa fieri sine magna difficultate tunc maxime potest cum, loco aglipayani aut etiam praeter eum, alius possit advocari
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et adesse patrinus catholicus. Tunc enim patrinus designetur a parocho ut assistente acatholico
quasi ad honorem, et tum in libro baptismali inscribatur verus patrinus catholicus et notetur
aglipayanus tantum ut testis. In casibus difficilioribus, ait Lehmkuhl, ubi acatholicus solus est
qui sit patrinus designatus vel qui designari possit, impediri debet quominus omnia ad munus
patrini essentialia agat, ita ut solummodo tanquam baptismi testis admittatur.
Rogerius, cedendo Gertrudis minis, videtur non recte, imo male egisse. Malum quidem et
magnum erat puerum deferri ad ministrum aglipayanum, eumque periculo educationis extra
ecclesiam exponi: verum haec mala non possunt Rogerio imputari qui mandata Ecclesiae servabat. In casu, cum mulier etiam catholica designata sit patrina, Rogerius ita facere poterat ut
omnia patrini essentialia uxor (palabra ilegible) perficeret, ipse vero quae honoris tantum sunt
praestaret.
Num autem acatholici patrini admissio in omni casu atque in se necessario mala dici debeat ita ut nunquam liceat tanquam dubiam reliquendam existimo: recte autem simpliciter
prohibita est quia, communiter loquendo, in se continet aliquid ex se mali aut saltem periculum in re magni momenti.
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SECRETARIA STATUS
In officiali Codicis Juris Canonici editione nonnullae irrepsere mendae, quas Ssmus. in
audientia infrascripto Cardinali hodie concessa corrigendas prout sequitur praecepit:
Can.
54,
§1
legatur: vitio subreptionis aut obreptionis nullum
Can.
120,
§2
legatur: supremi religionum iuris pontificii Superiores, Officiales maiores Romanae Curiae
Can.
306,
legatur: Paschatis, Ascensionis, Pentecostes
Can.
325,
legatur: cum trono ac baldachino et iure
Can.
344,
§2
legatur: Relgiosos autem exemptos Episcopus
Can.
421,
§ 1 n. 1
legatur: inserviunt ad normam can. 412, § 2
Can.
544,
§3
legatur: religionis postulatu aut novitiatu
Can.
600,
n. 1
legatur: visitantibus vel aliis Visitatoribus
Can.
628,
n. 1
legatur: Ordini vel Sanctae Sedi, ad normam
Can.
681,
Can.
822,
Can.
956,
legatur: serventur, congrua congruis referendo, praescripta
§1
legatur: ad normam iuris, salvo praescripto can. 1.196
legatur: religioso professo de quo in can. 964, n. 4.
83
Can. 1.227,
legatur: electio sit nulla.
Can. 1.249,
legatur: celebretur, sub dio aut in quacumque
Can. 1.252,
§4
legatur: excepto festo tempore Quaragesimae, nec privilegia
Can. 1.301,
§1
legatur: in forma iuris civilis valido
Can. 1.557,
§ 2 n. 1
legatur: contentiosis salvo praescripto can. 1.572, § 23.
Can. 1.599,
§2
legatur: causas de quibus in can. 1.557, § 2 aliasve quas
Can. 1.840,
§3
legatur: Iudex in decreto quo, non servata indicii forma, vel reiicit
Can. 1.913,
§1
legatur: non datur distincta appellatio
Can. 2.182,
legatur: can. 467, § 1, 468, § 1, 1.178, 1.330. 1.332, 1.344
Can. 2.237,
§ 1 n. 2
legatur: Censuris Sedi Apostolicae reservatis;
Can. 2.237,
§ 1 n. 3
legatur: Poenis inhabilitatis ad beneficia
Can. 2.265,
§2
legatur: nisi positus fuerit ab excommunicato vitando vel ab
alio excommunicato post
Ex aedibus Vaticanis die 17 mensis octobris anni 1917. –Petrus Card. Gasparri, a Secretis Status.
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LA SIMONÍA SEGÚN EL CÓDIGO CANÓNICO
ARTÍCULO 1.º
Noción y división de la simonía
1. La palabra simonía toma su nombre de Simón Mago, por ser el primero de quien nos
consta que, después de la fundación de la Iglesia cometió este delito.
La simonía puede ser de derecho divino o de derecho humano.
2. Simonía de derecho divino es la voluntad deliberada de vender o de comprar por precio
temporal una cosa espiritual. (can. 727, § 1.).
Esto, con respecto a la cosa espiritual, puede tener lugar tanto si la cosa que se intenta
comprar o vender a) es intrínsecamente espiritual, como b) si es temporal, pero aneja de tal
modo a la intrínsecamente espiritual, que sin ésta no pueda existir aquella, c) o si se aumenta
el precio por razón de la cosa espiritual, aunque el objeto principal del contrato sea una cosa
temporal, pero unida a una espiritual separable de ella, como si, al comprar un cáliz consagrado, se aumenta el precio por razón de la consagración.
3. Para mejor inteligencia de la definición téngase presente que las cosas eclesiásticas
pueden ser espirituales, temporales o mixtas. (can. 726.)
Las espirituales son las que están destinadas a fomentar la vida
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sobrenatural del alma; temporales son las que se enderezan a procurar y conservar la vida
física y temporal de la Iglesia y son estimables por precio temporal, y mixtas las que participan de ambas.
4. Entre las espirituales unas son intrínsecamente espirituales, como los Sacramentos, la
jurisdicción eclesiástica, la consagración, las indulgencias (can. 727); otras sólo por la ordenación extrínseca o por la asistencia, como los ayunos, muchos actos exteriores del culto.
Las espirituales unas santifican al alma formalmente, como la gracia santificante; otras
causativamente, como los Sacramentos; otras removiendo impedimentos, como la absolución
de censuras.
5. En las mixtas la cosa temporal puede estar aneja a la espiritual, de tal modo que la cosa
temporal nunca pueda existir sin la espiritual, como ocurre con los beneficios: pues, si de la
cosa temporal se separa el oficio espiritual, deja esencialmente de existir el beneficio, ya que
la dote del beneficio es por razón del oficio. Otras veces son separables, como sucede, v. gr.
en el cáliz consagrado, del cual si se quita la consagración (execrándoIo), queda el cáliz con
su valor material intrínseco, lo mismo que antes de ser consagrado.
6. Temporales son los predios, réditos, etc., que son propiedad de la Iglesia y no constituyen beneficio ni han recibido bendición constitutiva de cosa sagrada.
7. La simonía de derecho eclesiástico tiene lugar cuando uno da: 1.º, cosas temporales
anejas a espirituales por otras temporales anejas también a espirituales; 2.º, cosas espirituales
por otras espirituales, o también, 3.º, temporales por temporales; lo cual se entiende en caso
de que la Iglesia prohíba esto por el peligro de irreverencia hacia las cosas espirituales. (Ibid.
§2)
8. Las permutas de que acabamos de hablar contienen simonía porque la Iglesia las ha
prohibido absolutamente por motivo de religión, y por la apariencia o peligro que traen de
incurrir en simonía por derecho divino; aunque intrínseca y antecedentemente a la prohibición
de la Iglesia no son absolutamente malas. (Cfr. Reiffenstuel, lib. 5, p. 1, tit. 3, n.º 23; Wernz,
In Decretal. vol. 6, n.º 341.)
Una y otra clase de simonía puede ser: interna que se consuma
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solamente en el acto interno, y externa que se manifieste por alguna acción exterior.
9. El delito o pecado de simonía nace de la injuria que se hace a la cosa espiritual, equiparándola a las cosas temporales y como tasando su valor, poniéndola al nivel de las cosas
temporales; es, por tanto, una especie de sacrilegio real, ya que por ella se trata irreverentemente una cosa sagrada. Si la simonía es de derecho divino, no admite parvidad de materia,
sino que por razón de la materia será siempre pecado mortal. Pero, si es simonía por derecho
eclesiástico, puede darse parvedad de materia, según S. Alfonso, 1, 3, n. 50. La razón de lo
primero es que cualquiera cosa espiritual, parangonada con una temporal, queda vilipendiada,
no sin gran injuria contra el mismo Dios. Consta también de las palabras de S. Pedro a Simón
Mago, Act. VIII, 20: Perezca tu dinero contigo, pues has juzgado que se alcanzaba con dinero el don de Dios. La razón de lo segundo es que por la simonía de derecho eclesiástico propiamente no se hace injuria a cosa sagrada, sino que se viola tan sólo un precepto de la iglesia.
10. Al tratar de simonía, la compra y venta, la permuta, etc., han de entenderse en sentido
amplio por cualquiera convenio, aunque no se lleve a efecto y aunque sea tácito, es decir,
aunque no se manifieste expresamente el ánimo simoniaco, sino que se deduzca de las circunstancias (can. 728.)
11. En la definición se dice voluntad deliberada, porque hasta la sola voluntad interior de
pactar u obligar a otro, sin que sea menester pacto expreso y contraído por mutuo consentimiento. Basta, por tanto, que dicho pacto sea incoado interiormente por una de las partes.
ARTÍCULO 2.º
Condición para que exista simonía
12. 1. Para que exista simonía se requiere que lo temporal se dé o se reciba formal o virtualmente por la misma cosa espiritual y para cambiarlo por ella, de modo que se equipare lo
espiritual con lo temporal, o bien que haya conmutación, pero con el fin primario de adquirir
una cosa por otra como precio o justa compensación.
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La razón es clara, según la misma definición de simonía. Por donde si interviene algún motivo
honesto por el cual se dé lo temporal y a su vez lo espiritual, en este caso lo uno ya no es motivo de lo otro, sino solamente su causa impulsiva, y, por tanto, no sería simonía.
13. Hemos dicho en primer lugar formalmente, es decir, pretendiendo directamente recibir lo espiritual en lugar de lo temporal y como precio de lo temporal. Hemos dicho en segundo lugar o virtualmente, es decir, queriendo por lo temporal obtener próxima e inmediatamente lo espiritual, sin que intervenga algún otro motivo verdadero y honesto. Pues en esta voluntad se incluye virtualmente la intención de conmutar lo uno por lo otro. Así Suárez, etc.
II. No existe simonía si lo temporal se da, no por una cosa espiritual, sino con ocasión de
la misma y con justo título reconocido por los sagrados cánones o por legítima costumbre
(can. 730), v. gr., el estipendio por la Misa, los derechos de estola. Pues pide la equidad natural que se conceda sustento honesto a los que sirven a la utilidad de los otros. Y así Cristo
dice, Luc. X, 7: Digno es el operario de su jornal. Y el Apóstol, I Cor., IX, 13-14: ¿No sabéis
que los que sirven en el templo se mantienen de lo que es del templo, y que los que sirven al
altar participan de las ofrendas? Así también dejó el Señor ordenado que los que predican el
Evangelio vivan del Evangelio.
No obstante, por la administración de los sacramentos el ministro nada puede exigir o pedir por cualquier causa u ocasión, directa o indirectamente, fuera de las oblaciones legítimamente establecidas y aprobadas por la Sede Apostólica (can. 736, 1.507).
14. III. Tampoco existe simonía cuando una cosa temporal se da por otra temporal, que
como sujeto tiene anejo algo espiritual, v. gr.: un cáliz consagrado, con tal que no se aumente
el precio por la cosa espiritual aneja (can. 730).
La razón de este tercer punto es porque, aunque aquella cosa se tiene consiguientemente
por espiritual o por aneja a la espiritual, en el precio que se da por ella no se atiende a lo espiritual.
IV. El Código reprueba como simoniacas las deducciones de los frutos, compensaciones,
soluciones que haya de hacer el clérigo en
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el acto de la provisión, las cuales cedan en beneficio del que da la colación, del patrono o de
otro (can. 1.441).
ARTÍCULO 3.º
Aplicación de los principios anteriores
15. I. Casos en que no se comete simonía.– a) No comete simonía de derecho divino
quien vende un cáliz consagrado, cera bendita, rosarios o medallas que tienen aplicadas indulgencias, o reliquias sagradas encerradas en preciosos relicarios y cosas semejantes, porque
tales cosas no se venden por razón de lo sagrado que contienen, sino por el precio de la parte
temporal aneja. Otra cosa sería si se vendiesen aumentando el precio por razón de la parte
espiritual misma. Hoy parece que todos estos objetos pueden venderse, con tal que no se aumente el precio por la consagración, bendición, indulgencias, pues el can. 1.539, §. 1, establece que: En la venta o permuta de las cosas sagradas ninguna cuenta se tenga en la determinación del precio, ni de la consagración, ni de la bendición. Luego tal venta no es simonía ni
siquiera de derecho eclesiástico.
b) Tampoco cometen los que por gratitud, en retorno de lo espiritual que recibieren, dan
lo temporal y viceversa. Así no pecaría el capellán que prestase servicios con más gusto al
Obispo de que obtuvo un beneficio, ni el Obispo que confiriese un beneficio a un clérigo en
reconocimiento de sus servicios, porque estas cosas no se dan como precio, además de que es
honesto y laudable mostrarse agradecido por el favor recibido. Con todo, hay que mirar con
cuidado no se esconda, bajo capa de gratitud, la simonía paliada, lo cual sucedería cuando
interviniese pacto implícito de dar el beneficio por el servicio temporal, o viceversa.
c) Ni los que confieren a otro un beneficio por razón de amistad, parentesco o por socorrer a la necesidad del agraciado. Ni tampoco los que prometen un premio a los niños para que
frecuenten los Sacramentos, o la dote a una joven si entra en un monasterio. Pues no interviene permuta de lo espiritual con lo temporal.
d) Ni el candidato que se obliga a pagar al patrono todos los
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gastos necesarios para la escritura de la presentación, porque todos estos gastos se hacen en
favor del mismo candidato.
e) Si habiendo el patrono presentado de buena fe a un clérigo para un beneficio, se pusiera en litigio su derecho de patronato, y el patrono no quisiera sostener el pleito por temor de
los gastos, podría obligarse a pagarlos el clérigo presentado, sin que por ello cometiera simonía, pues haría los gastos en favor de su propio derecho, adquirido por la presentación, aunque
indirectamente resultara favorecido el patrono.
16. II. Casos en que hay que distinguir.– No cometería simonía el clérigo si, negándose el
patrono a presentarlo por temor de que se le negara el derecho y se viera envuelto en un pleito, le dijera que le presentara, y que, si se promoviera pleito, él vería si le convenía o no sostenerlo a sus expensas. Porque por esta primera no se obliga a nada en favor del patrono, sino
en favor propio.
Por la tazón contraria, habría simonía si el patrono hiciera la presentación con el pacto de
que el presentado sostendría el pleito a sus expensas hasta la sentencia final. Véase Ferreres,
Casus, vol. 1, nn. 292 a 292 b. edic. 3.ª
17. III. Casos en que existe simonía.– a) Cometen simonía, tanto el Prelado que se mueve
a conferir un beneficio, principalmente atendiendo a la petición de quien le amenaza con un
peligro, como el clérigo que recurre a tales intercesiones para obtenerlo. Bened. XIV, inst. 12,
n. 12; Conc. Plen. Amer. Lat., n. 814.
b) Es simoniaco el pacto celebrado privadamente en la permuta de beneficios, obligándose a que uno pague todos los gastos. La razón es porque en las permutas de los beneficios no
es lícito celebrar pacto alguno privadamente, a no ser remitiéndolo al consentimiento del Papa
o del Prelado que pueda autorizarlo.
ARTÍCULO 4.º
Nulidad de los contratos y otros actos simoniacos
Efectos de esta nulidad
18. I. a) Los contratos simoniacos (además de estar sus autores sujetos a las otras penas
canónicas) son nulos e irritos ipso
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jure. b) Además, si la simonía se comete en beneficios, oficios, dignidades, también carece de
fuerza la subsiguiente provisión. c) aunque cometa la simonía tercera persona, sin saberlo el
proveído (con tal de que no se proceda así fraudulentamente en perjuicio del mismo proveído), o contradiciéndolo él (can. 729).
II. Cuando la colación de un beneficio es inválida por vicio de simonía, que da la colación reservada al Papa (can. 1435, § 1, 3.º), por aquella vez.
III. Aunque el beneficio se posea pacíficamente y de buena fe durante tres años o más,
nunca se prescribe legítimamente, si la colación fue nula por vicio de simonía (can. 1446).
19. IV. a) La presentación simoniaca para un beneficio o iglesia es irrita, b) y hace también irrita la institución subsiguiente (can. 1465, § 2).
V. Si el patrono atentó transferir a otro simoniacamente el derecho de patronato, pierde
dicho patrono para siempre su derecho (no sus herederos) desde el momento en que recaiga
(no antes) contra él sentencia declaratoria del crimen (can. 1470, §§ 1, 3).
20. Restitución de la cosa dada o recibida simoniacamente.– a) Además, la cosa simoniacamente dada o recibida sea corporal, sea espiritual, debe ser restituida antes de cualquiera
sentencia de juez, si la cosa es capaz de restitución y no se oponga a la reverencia debida a la
cosa espiritual; b) asimismo debe abandonarse de la misma manera el beneficio, oficio, dignidad (can. 729, 1.º).
Dijimos si es capaz de restitución, porque ciertas cosas, como, v. gr., la sagrada ordenación recibida simoniacamente, no se puede restituir.
21. Los frutos de los beneficios en caso de simonía.– a) El proveído simoniacamente de
un beneficio no hace suyos los frutos, aunque los perciba de buena fe (v. gr., porque, ignorándolo él, otro cometió la simonía); b) pero, en este caso de buena fe, puede el juez o el Ordinario, según su procedencia, condonarle total o parcialmente la restitución de los frutos percibidos (can. 729, 2.º).
22. A quién han de restituirse.– Cuando se han de restituir los frutos, pueden ser restituidos a la iglesia en que está constituido el beneficio (S. Tom., 22, q. 100, art. 6, ad. 4) con tal
de que de esto
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no reporten provecho alguno los reos de la simonía. Es también probable que se pueden restituir a los pobres o al sucesor en el beneficio, o emplearse en causas pías, o también entablar
composición con el Pontífice.
ARTÍCULO 5.º
Penas contra los simoniacos. Simonía confidencial.
23. Además de las penas mencionadas anteriormente, establece el Código las siguientes:
a) Incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada al Papa, los que hacen negocio
con las indulgencias. b) En la misma excomunión incurren los que cometen delito de simonía
en cualesquiera oficios, beneficios o dignidades eclesiásticas. Los cuales además quedan ipso
facto privados perpetuamente del derecho de elegir, presentar y nombrar, si alguno tenían. Y,
dado caso que sean clérigos, se les debe suspender.
24. Simonía confidencial.– En la antigua disciplina la simonía confidencial era cualificada, por estar sujeta a penas especiales. El Código no la distingue de las demás clases de simonía, y así, como sujeta a idénticas penas, deja de ser cualificada.
Se cometía y se comete esta clase de simonía en el caso de que alguno: 1.º procurase a
otro un beneficio por alguno de los medios canónicamente aprobados, v. gr., por elección,
presentación, etc., con el pacto tácito o expreso celebrado por propia autoridad de que quien
ahora recibe el beneficio, a) o bien a su tiempo lo ceda o resigne en favor del que se lo ha
procurado o de otro, b) o bien pague una pensión de los frutos del beneficio a otro. Se disputaba de si, en el caso de estipularse que la pensión se pagara al que proporcionó el beneficio,
constituiría eso un caso de simonía confidencial o simple.
J. B. FERRERES
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
HISTORIA DEL CONVENTO DE MARCILLA
(Continuación)
Otro suceso memorable tuvo lugar en Marcilla en Agosto de 1891, y tráelo un periódico
de Pamplona. El Aralaz. Es la consagración episcopal del Iltmo. P. Toribio Minguella de la
Merced, en su promoción al obispado de Puerto Rico. El acto fue grandioso, digno del consagrando y digno también de aquel templo «templo de príncipes y reyes» que diría el Padre
Amunárriz.
«…AL CONVENTO.- Sin tardanza se emprendió la marcha al convento de agustinos recoletos de Marcilla ocupando el Sr. Nuncio, los Sres. Obispos de Huesca y Pamplona y el señor
gobernador civil una carretela descubierta del citado vizconde de la Alborada, quien en otro
carruaje, también de su propiedad, dio asiento y compañía al R. P. Provincial Fr. Juan Cruz
Gómez, al secretario de la Nunciatura, al secretario del gobernador en este viaje, oficial primero D. Darío Calle y otras personas. Las demás que se dirigían a Marcilla ocuparon los coches correos y otros, siguiendo a esta comitiva el pueblo que había
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salido a la estación, no cesando en todo el trayecto de vitorear a los Prelados y lo que ellos
representan y enseñan.
En el punto en que la carretera de la estación de MarcilIa a Peralta cruza el camino que va
de aquella localidad al convento, y en toda la explanada que allí existe, había inmenso concurso, el cual, al llegar el Sr. Nuncio, prorrumpió en vivas y demostraciones de respetuoso
afecto, a la vez que la banda de música comenzaba a llenar los aires con los acordes de la
marcha real, y un sinnúmero de cohetes acrecentaban con sus incesantes estampidos el estrépito de aquella indescriptible explosión de entusiasmo. Ni un instante cesó ni se atenuó ésta
hasta que al poner Su Eminencia Reverendísima el pie en el umbral de la iglesia del convento
la comunidad entonó en imponente coro el Te Deum.
Desde la citada encrucijada hasta la puerta del convento el trayecto estaba perfectamente
decorado. En aquella había un gran arco de follaje, coronado de banderolas con esta incripción en el fondo: El Ayuntamiento y villa de Marcilla al Sr. Nuncio de Su Santidad y señores
Obispos.
La puerta que da acceso a la plazoleta delantera del convento, la cual está cerrada por alta
tapia, también adornada con ramos y plantas formando arco, que venía a ser preludio de otros
tres, primorosos, de tabla pintada, levantados en el pequeño trayecto que de allí hay hasta la
puerta de la iglesia.
El primero de esos tres arcos tenía en el centro de la parte superior el escudo de Su Santidad León XIII, orlado con una cinta en que se leía: Pasce agnos meos, pasce oves meas. Debajo aparecía esta dedicatoria: «Al Sr. Nuncio de Su Santidad la Orden de Agustinos Recoletos».
El segundo, de igual forma, ostentaba un escudo con los atributos episcopales rodeado
por este rótulo: Pascite qui in
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vobis est, gregem Dei. Debajo se leía: «La Comunidad de este Colegio a los señores Obispos».
Y el tercero, dedicado al nuevo Prelado, tenía el escudo adoptado por el mismo. Está dividido en cuatro partes, en las cuales se ve, respectivamente un corazón atravesado por una
flecha, un ave en un plato (en memoria, según oímos de un milagro), un ramo de azucenas y
siete estrellas. Rodeando a este escudo aparecía esta inscripción: Laetare mater nostra Jerusalem, y debajo esta dedicatoria: «Al Iltmo. D. Fr. Toribio Minguella sus Hermanos de hábito».
Desde este arco hasta la puerta de la iglesia se hallaba colocada la Comunidad formando
hilera a ambos lados y presidida por el R. P. Rector Fr. Mauricio Ferrero, revestido de capa
pluvial.
El templo estaba profusamente iluminado, y en él entró el Sr. Nuncio precedido de la
comunidad, acompañado de los señores Obispos de Huesca y Pamplona y seguido del gobernador y presidente de la Audiencia, a quien acompañaban el teniente coronel de la guardia
civil Sr. García Menacho, el secretario Sr. Calle, el inspector de vigilancia Sr. Esquifiño, y
seis agentes, que con individuos de la guardia civil apenas podían contener la avalancha de
gente que se estrujaba por no quedarse sin sitio en la espaciosa iglesia.
Terminado el Te Deum, el Sr. Nuncio dio la bendición al concurso y con esto terminó el
acto religioso.
Poco después eran instalados el Sr. Nuncio, los Prelados y las autoridades en habitaciones
del convento y recibían las visitas y homenajes de los religiosos y de personas distinguidas.
Víspera de fiesta. Durante el resto de la tarde y hasta altas horas de la noche reinó en las
inmediaciones del convento y en el pueblo de Marcilla grande animación y regocijo. El vecindario
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estaba de fiesta y el gran número de forasteros daba el consiguiente incremento a esta.
Desde el oscurecer la charanga de Alfaro se situó a las puertas del convento y allí permaneció largo rato ejecutando variadas composiciones mientras se quemaban cohetes y otros
productos del arte pirotécnico.
No hay que decir que allí acudieron marcilleses y forasteros de todas clases y edades,
siendo muchas las señoras y caballeros que se veían.
La fachada del convento ostentaba iluminación de vasos de colores y toda la plaza se veía
iluminada a la veneciana por multitud de farolillos pendientes de los arcos arriba descritos y
de cuerdas de uno a otro tendidas.
Después de esta agradable fiesta, en la plaza de la villa hubo otra semejante. Hubo también allí fuegos artificiales y una gran hoguera, y allí estuvo la charanga funcionando hasta
cerca de media noche.
El gobernador, Sr. Fresneda, después de cenar con los Rvmos. Prelados y otras muchas
personas, entre ellas el vizconde de la Alborada, en el refectorio del convento, pasó a la casa
consistorial donde se hallaban el Ayuntamiento y otras personas con las cuales presenció las
correctas expansiones del regocijo popular, siendo muy obsequiado.
Ni aquella noche, ni en todo el día siguiente ocurrió nada en que tuvieran que intervenir
los agentes de vigilancia, ni la numerosa fuerza de guardia civil allí concentrada.
La venerable comunidad de Agustinos Recoletos del Colegio de Marcilla se compone actualmente de los Rdos. PP. Fr. Pío Mareca y Fr. Florentino Sáinz, Definidores de la Orden;
Fray Mauricio Ferrero, Rector del Colegio; Fr. Cipriano Benedicto, Vicerrector; seis Padres
más, 51 coristas y 11 legos.
Demás de esta familia religiosa, estaban en Marcilla, con
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motivo de la consagración del R. P. Minguella, el Rvmo. P. Vicario general de la Orden Fr.
Íñigo Narro, el Rvdo. P. Comisario provincial, Fr. Juan Cruz Gómez, sucesor del P. Minguella en dicho cargo, y en representación de otras Órdenes dos Padres franciscanos del convento
de Olite, dos carmelitas del de Villafranca, dos mercedarios, dos agustinos calzados de la comunidad existente en El Rasillo, que se va a trasladar al convento recién construido en Calahorra, algún Padre del de Monteagudo y cuatro del Escorial, entre ellos el P. Font y el P. Zacarías Martínez.
También llegó el sábado a la noche el Ilmo. Sr. Obispo de Tarazona.
Solemnidad indescriptible.- Lo es, en opinión general, la que anteayer se celebró en el
convento de Marcilla, edificio de cuya magnificencia no podemos detenernos a dar la más
ligera idea.
Es la consagración de un Obispo uno de los actos más hermosos, significativos y conmovedores que ofrece el majestuoso culto de la divina religión católica. Todo es en él importante, todo trascendental; cada una de las numerosas ceremonias es un acto edificante y conmovedor; cada uno de los detalles tiene significación interesante. Su contemplación hace olvidar
todo lo de este mundo, eleva el alma y la impulsa a espaciarse por las regiones de lo sobrenatural.
Relatar los actos que sucesivamente realizan el Prelado consagrante y el consagrando sería insuficiente para dar idea de lo que en sí es la consagración; para esto es indispensable ir
dando a cada ceremonia su explicación; y como esto en modo alguno lo podemos intentar,
debemos también abstenernos de una enumeración minuciosa de los distintos actos y ceremonias.
El aspecto que el templo ofrecía era deslumbrador. Centenares de luces le iluminaban,
haciendo brillar el oro de los ornamentos
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sagrados y de los metales, materia de los objetos del culto.
A las ocho de la mañana las personas que por sus méritos y circunstancias habían tenido
la suerte de ser invitadas, apresurábanse a ocupar el sitio a que la respectiva tarjeta le daba
derecho, con lo que en pocos minutos viose el centro de la iglesia ocupado por distinguidos
sacerdotes, religiosos y caballeros no sólo de Navarra, sino también de Castilla, Aragón y
Cataluña. Al propio tiempo viéronse ocupadas por distinguidas señoras y señoritas dos amplias y vistosas tribunas construidas en las capillas laterales bajo la dirección de un lego de la
Comunidad, Fr. Félix Barca, que también dirigió la construcción de los arcos antes reseñados.
En el presbiterio ocuparon sitios de preferencia a un lado el Sr. Obispo de Tarazona, el
Rvmo. P. Narro, comisario apostólico, el secretario de la Nunciatura Fr. Bernardino Aquilante, y los señores gobernador civil y presidente de la Audiencia; y al otro el padrino del consagrando, Excmo. Sr. D. Martín Villar y García, exsenador y exrector de la Universidad de Zaragoza, que ostentaba la banda y cruz de Isabel la Católica. Junto a él se hallaban dos hermanas y otros parientes del nuevo obispo.
Sobre las ocho y cuarto, por una puerta lateral del templo aparecieron 16 coristas con roquete, precediendo al Obispo consagrando, tras el cual marchaban el Sr. Nuncio y los señores
Obispos de Huesca y Pamplona. Estos dos de capa y el señor Nuncio de pontifical con casulla.
El acto de la consagración comenzó leyendo el R. P. Miguel Hugarte la Bula pontifical
por la cual fue nombrado Obispo de Puerto Rico el R. P. Toribio Minguella, continuó prestando éste el juramento, arrodillado ante el Nuncio y en medio de los Prelados asistentes.
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El cargo de maestro de ceremonias lo desempeñó perfectamente el que lo desempeña en
la capilla real, D. Francisco María Bustindui, canónigo de la catedral de Pamplona.
Terminado el solemne acto de la consagración, el nuevo Obispo, vestido ya de pontifical,
después de cambiar un abrazo con el Nuncio y Prelados, recorrió la iglesia bendiciendo a todos los concurrentes, ínterin se cantaba el Te Deum a toda orquesta. La primera bendición
episcopal del P. Minguella fue para sus hermanos y otros parientes, que no podían resistir la
emoción. La del P. Minguella era también profundísima y se manifestaba en su conmovido
rostro en lágrimas que sin cesar brotaban de sus ojos.
Después sentóse en el presbiterio, y desde el Obispo de Tarazona y el gobernador civil
hasta el último fiel, todos los concurrentes besaron el anillo pastoral del nuevo Prelado.
La capilla de música la componían varios religiosos agustinos y algunos cantores y músicos de Peralta y otros pueblos, figurando entre aquellos nuestro convecino D. Nemesio Aramburu, bajo cantante del Orfeón Pamplonés.
Las insignias episcopales han sido regaladas al P. Minguella: el anillo por la señora de
Ligués, de Cintruénigo, el pectoral por el padrino Sr. Villar y las demás por la Orden agustiniana, habiéndole regalado también otro anillo las Siervas de María, de Madrid.
Después de la consagración, pudimos observar dentro y fuera del convento la gran concurrencia que este fausto suceso había llevado a aquel pueblo. El número de sacerdotes era muy
grande. Observamos también la gran estimación que cuantos le conocían profesaban al R. P.
Minguella. La de sus hermanos de hábito llega al mayor grado.
Comida.- Luego de terminada la función religiosa, la Comunidad pasó al refectorio para,
después, dedicarse a servir
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comida suculenta a los invitados a la consagración y a muchísimas otras personas. En el refectorio, por tandas, en la hospedería y en la mesa principal se dió de comer a cerca de 800 personas, viéndose a todos los religiosos multiplicarse para que todos quedasen satisfechos del
hospedaje que cariñosamente les prestaban. Como detalle curioso, diremos que a los guardias
de orden público que asistieron de Pamplona les sirvió un religioso de esta capital la comida
en una mesa colocada a la sombra de un árbol en la huerta del convento.
La comida oficial, digámoslo así, se verificó en un claustro al que no alcanza la clausura
(para que pudiesen concurrir las señoras invitadas) y en el cual se hallaba elegantemente dispuesta larguísima mesa. Como que el número de comensales no bajaba de 160.
Hubo dos presidencias: la primera la del Sr. Nuncio. que tenía a la derecha a los Sres.
Obispo de Pamplona, gobernador civil, Rvmo. P. Narro y D. Juan Pérez Angulo, caballero de
la Orden de Santiago y fiscal del tribunal de la Rota; y a la izquierda a los señores Obispo de
Huesca, presidente de la Audiencia de Pamplona, el P. Comisario provincial y el oficial del
gobierno civil, Sr. Calle.
Frente al Sr. Nuncio estaba el nuevo Obispo Rvmo. Padre Toribio Minguella, estando a
su derecha los Sres. Obispo de Tarazona, Albericio, Provisor de Zaragoza y el secretario del
Sr. Nuncio, y a la izquierda el padrino señor Villar, D.ª Ignacia y D.ª Eugenia Minguella,
hermanas del P. Toribio.
La comida fue admirablemente servida por los coristas de la Comunidad.
Entre los comensales había numerosas personas muy distinguidas, de uno y otro sexo, de
las cuales, sintiendo no haber conocido a todas, citaremos algunas.
Señoras: la ya citada de Ligués, de Cintruénigo, doña Ángela
100
Cenarcos, esposa del diputado foral señor Yanguas (el cual no pudo asistir por hallarse acatarrado); doña Esmeralda de Uzqueta, viuda del comisario señor Sabater, de Villafranca; Viuda
de Sala con su nieta María Navascués, de Cintruénigo; Santisteban, de Id.; Iracheta, de Peralta; doña Teotista Fernández, de Navarrete y señora Villar, hermana del padrino.
Entre los caballeros estaban los Sres. de Ligués, marqués de Cassa-Torre, el secretario de
la Diputación D. Julián Felipe, su hermano D. Salustiano, D. Enrique Ochoa, exdiputado a
Cortes; D. Elías Alfaro, catedrático de Madrid; D. Pedro Martínez de Anguiano, director de la
Escuela de Veterinaria de Zaragoza; D. Nicolás Villar, hermano del padrino; D. Rufino
Martínez y Bergé, exalcalde de Manila: D. Genaro Palacios, ingeniero de Caminos de Zaragoza y Soria y otros muchos».
El año 1904 organizáronse en toda España fiestas muy suntuosas en honor de la Santísima Virgen. Fue Navarra una de las provincias más entusiastas y fervorosas en honrar a María
Inmaculada, cuya definición dogmática se celebraba a los cincuenta años de promulgada tan
santa definición, y con este motivo afluyeron a los santuarios más famosos los cristianos de
distintas regiones. Tocóle al de Nuestra Señora de la Blanca ser el lazo de unión de los pueblos de la llanura marciIlesa. Con ello se reconocía y proclamaba la fama de otros tiempos.
Aquella «iglesia de reyes y príncipes» recibía la oración colectiva de villas tan populosas como heroicas en su fe.
Veamos lo sucedido trascribiendo textualmente unas notas facilitadas por el insigne orador P. Fr. Francisco Lozares de S. José.
«El 16 de Octubre del año 1904 con motivo del quincuagésimo aniversario de la declaración dogmática del misterio de la inmaculada se celebró una peregrinación a esta iglesia de la
Virgen de la Blanca en la que tomaron parte Peralta, Funes,
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Falces y Marcilla oficialmente, pues extraoficialmente vino mucha gente de Villafranca y
Caparroso, hasta el punto de que se calcularon en 5.000 los peregrinos. Los cuatro pueblos
dichos acudieron en masa con las asociaciones de Hijas de María, Corazón de Jesús, etc., con
sus estandartes y presididos por el Clero y Ayuntamientos. En varios puntos se levantaron
arcos costeados por el pueblo de Marcilla y por la Comunidad saludando a los peregrinos, y
desde la carretera hasta el patio del Colegio se formó un túnel de ramaje y flores, verdaderamente artístico.
La Fiesta se celebró en el patio por la mañana y por la tarde, por ser imposible hacerlo en
la iglesia, sacando al altar improvisado la Virgen de la Blanca. A las diez se celebró misa de
Pontifical por el Ilmo. P. Andrés Ferrero, cantando la misa de Perosi los músicos de la Comunidad, los de Peralta, Falces, Funes y Marcilla: unos cincuenta cantores. Predicó el señor
Obispo de Pamplona.
Por la farde, a las cuatro, se rezó el rosario, se cantó una salve y unos gozos alusivos al
acto. Predicó el suscrito sobre este lema: EI culto que España ha tributado en siglos anteriores
a la Inmaculada y el entusiasmo con que celebra el quincuagésimo aniversario de su definición dogmática, son una esperanza contra los enemigos de nuestra fe y de nuestras creencias
cristianas.
Al terminar el sermón se cantó la despedida y comenzaron a desfilar las peregrinaciones a
sus pueblos».
FR. P. FABO DEL C. DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
UN SABIO DEL SIGLO XIX
(Continuación)
La descripción bibliográfica del tomo encontrado, obra del Padre Jara1, es la siguiente:
tamaño de 14  10, en 8.º, de 176 páginas, sin numerar; forrado con cubierta de papel. Es
autógrafo. Las seis primeras hojas en blanco, y a continuación se lee:
EL MARQUÉS DE VILLENA
(Escena en Almagro)
PERSONAJES
Carrocia, juglar al servicio del Marqués.
Menga, fámula de la Marquesa.
El prior del convento de Calatrava (D. Frey Juan).
El Comendador mayor de Calatrava (D. Frey Luis González de Guzmán, antagonista de
Villena (D. Enrique, Marqués de), casado con
Dona María de Albornoz, Señora de Valdeolivas y Marquesa de Villena.
Doña Juana, hija bastarda de D. Enrique II, de Castilla, y madre del Marqués.
Doña Leonor, hermana de la precedente, y tías ambas de
El rey D. Enrique III, de Castilla, (llamado el Doliente).
1
Debemos este hallazgo al Rvmo. P. Enrique Pérez de la Sagrada Familia, a quien también agradezco el envío
de otros apuntes.
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Un mozo de posada y dos centinelas que no salen al teatro.
Sigue el desarrollo de un drama histórico, en cinco actos. Al terminar hay una serie de
notas, variantes y adiciones, que retratan de cuerpo entero al P. Jara, como erudito y como
enamorado tantálico de un ideal supremo de belleza a que no llegó nunca. Continúan tres
hojas en blanco, y añádese también de su puño y letra, como lo restante, Himno de vísperas de
Santo Tomás de Villanueva, en castellano; Himno de maitines del mismo, puesto en castellano; éste incompleto. Y de seguida leemos: Corrección notable sobre el drama, corrección que
comprende nueve planas. Y sigue: Himno de vísperas en la fiesta de las cadenas de San Pedro; Himno de laudes en las fiestas de las cadenas y cátedras de San Pedro; Himno de vísperas y maitines en la fiesta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo; Himno de laudes en la
fiesta de los dichos apóstoles; Himno de vísperas en la fiesta de Santa María Magdalena;
Himno de maitines en la fiesta; Himno de laudes en la dicha fiesta. Son traducciones al castellano de los himnos. Las trece hojas restantes quedan en blanco.
Esta es la descripción material del libro; su contenido intrínseco versa sobre un asunto
histórico relacionado con la Orden de Calatrava, asunto que tuvo resonancia dentro y fuera de
tal Orden de caballería, y dentro y fuera de España. He aquí la reseña del argumento dramático con cierta amplitud, y según el mismo P. Jara. Resulta una lección de historia.
Don Enrique de Villena fue hijo de D. Pedro, marqués de Villena, y de Doña Juana, hija
bastarda de D. Enrique II de Castilla, llamado el de las Mercedes. El otro D. Pedro fue hijo de
D. Alonso de Aragón; que lo fue del infante D. Pedro de Aragón, hijo de Jaime II, rey de
Aragón. De suerte que este rey fue por línea paterna tercer abuelo de nuestro D. Enrique, así
como por la materna fue nieto del de Castilla. La reina Doña Juana Manuel, esposa del último, como poseedora de las tierras que formaron el marquesado de Villena, poseídas sucesivamente por su padre el célebre D. Juan Manuel, y por su abuelo D. Manuel, a quien las había
dado su hermano D. Alonso, el Sabio, las cedió con el título de Marqués al dicho
104
D. Alonso de Aragón por los buenos servicios que había prestado a la causa de su esposo. Ese
D. Alonso, que también era duque de Gandía y conde de Denia y Ribagorza, dio el marquesado por vía de renunciación a su hijo D. Pedro, que murió en la batalla de Alpujarrota, dejando
dos hijos: nuestro D. Enrique y D. Alonso. Don Enrique, pues, como primogénito, debió suceder en el marquesado a su padre; pero su abuelo D. Alonso retuvo 60.000 doblas de oro que
depositó en él D. Enrique II para dote de sus dos hijos: Doña Leonor y la madre de su nieto
Enrique; y, sin saber por qué, éstas embargaron el marquesado de Villena, que después de
muchos pleitos se vendió en almoneda y se adjudicó a la Corona en tiempo del rey D. Enrique
III por las 60.000 doblas de sus dotes, quedando excluido D. Enrique de Villena. El rey le
hizo callar dándole el condado de Cangas y Tineo en Asturias, y le casó con Doña María de
Albornoz, señora de Valdeolivas, Alcocer, Salmerón y otras villas en Alcarria: y con esto
renunció del derecho que decía tener al marquesado de Villena; y por esta vía quedó en la
Corona de Castilla. Con todo, de vez en cuando reclamaba su derecho, y por fin el rey prometió darle el maestrazgo de Calatrava, que vacó entretanto por muerte de D. Gonzalo Núñez de
Guzmán (año 1404). El rey, que se hallaba en Toledo, mandó suspender la elección de nuevo
maestre hasta que él fuese al convento, y comunicó su pensamiento a los más principales de la
Orden. Estos propusieron la dificultad de casado su candidato; pero el rey contestó que el matrimonio de su primo era nulo y que luego se practicarían las diligencias de anulación, y profesaría. Dijeron los caballeros que, haciéndose esto con tanta facilidad, ellos darían sus votos
a D. Enrique para ser maestre: y con esta palabra el rey dio orden que todo ello se cumpliera.
Facilitado el asunto, hizo juntar el rey muchas personas del hábito de Calatrava en la iglesia y
casa de Santa fe de la ciudad de Toledo, que era priorato de la Orden, para elegir por maestre
a D. Enrique. Estando juntos y el rey presente, fue leída en público la sentencia de divorcio, y
consentimiento de las partes y la renunciación del condado de Cangas y Tineo; y luego le dieron el hábito y juntamente la profesión por Breve apostólico; y sin salir de aquella junta o
capítulo lo eligieron por maestre no estando allí la mitad de las personas de la Orden, porque
las más
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se excusaron de concurrir, diciendo no se podía hacer canónica elección fuera del Convento
de Calatrava. Los que no fueron a Toledo, y algunos que se ausentaron, reuniéronse en el
convento de Calatrava, y, siendo informados de que en la sentencia de divorcio había doblez,
eligieron por maestre a D. Luis González de Guzmán, comendador mayor, y luego le dieron la
posesión en la villa magistral. El rey cuando lo supo resolvió ir sin dilación al convento, llevando consigo al electo D. Enrique, con determinación de hacerlo elegir de nuevo y darle la
posesión: y D. Luis que la tenía, no atreviéndose a esperar al rey, se fue al reino de Aragón,
porque no le hiciese renunciar su elección. Estando el rey en el convento hizo elegir de nuevo
por maestre a D. Enrique su primo con los votos que tuvo en la junta de Toledo, y otros que
de nuevo granjeó, y le hizo sentar en la silla magistral en el coro y hacer otros actos acostumbrados en señal de posesión, el Papa Benedicto lo aprobó todo. Esto fue año de 1405. Por este
tiempo tenía el rey veinticinco años de edad. Vivió siempre débil, por lo que le llamaron el
Doliente. Su primo tenía, cuando le hicieron maestre, veinte o veintiún años; había nacido en
1384, y, según la crónica de Calatrava, murió en Madrid el año de 1434, siendo de cincuenta
años de edad. Fue depositado su cuerpo en San Francisco el Grande.
La substancia de este relato, distribuida en cinco actos, entre diez personajes, forma el argumento, que no carece, por cierto, de interés y que sabe el autor mantener en el drama, aun
por medio de ciertas situaciones injustificadas, y a pesar de algunos detalles infantiles, por no
calificarlos de otra cosa. Tiene los inconvenientes del género histórico, en que por casualidad
sale una obra digna de aplauso sin sordina y merecedora de que se perpetúe en las antologías.
Realiza su tesis con procedimientos de aquella época de neoclasicismo y tanteo en los nuevos
cánones de la comediografía española, sin que el P. Jara logre librarse de las influencias de su
educación literaria, cuyos nexos, o mucho me equivoco o hay que buscarlos en el teatro de
Moratín y de Jovellanos. No es la única pieza en que ensayó sus talentos y aquel afán inmenso
de cultivar todos lo géneros de la ciencia y del arte, pues otras comedias escribió, juguetes
escénicos y diálogos, el P. Jara con actividad inaudita; pero convengamos que en la escenografía, y más en particular
106
en el drama El marqués de Villena, con adolecer de endeblez en la construcción de las situaciones, sabe presentarlas con un gusto muy aceptable, sobre todo en la parte que toca a la interpretación de los caracteres, donde revela psicología a veces profunda, hija del corazón que
observa a las personas en sus múltiples manifestaciones, y merced a la cual no traza solamente un cuadro de tipos de representación externa, o maniquíes parlantes, sino verdaderos episodios dramáticos con vigor realista, con urdimbre y contraste pasional y con emoción cálida,
que son los valores positivos del teatro, alcanzando así el principio de unidad psicológica, en
cuya virtud se diversifican los caracteres con aparente antagonismo.
En algunas escenas decae notablemente. ¡Es tan difícil combinar el azul del ensueño con
el gris de la realidad! Hay además en el diálogo bastante convencionalismo, ya por ser verso,
ya por ciertos brotes de erudición tan propios del P Jara; pero abundan también pasajes muy
movidos y llenos de ductilidad y gracia.
Excusado es decir, tratándose de un religioso, que avaloran el conjunto de su labor artística la nobleza de intención y la finalidad didáctica, pues en este asunto de orientación ética y
moral, no sólo no tiene pero ni siquiera bordea el P. Jara escabrosidades, y eso que sabía ser
picaresco con donaire.
En resumen, este drama es algo mejor que mediocre; pero, como dramaturgo, no ocupará
al autor.
De la inmortalidad el alto asiento.
Porque el presente artículo complementa los que publiqué y en los cuales traje ejemplos
de todos los ramos de la literatura en que se ejercitó el P. Jara, excepto el escénico, voy a copiar los dos primeros pasos del drama para que los lectores juzguen al autor en toda su modalidad personal; como si diéramos en su propio jugo.
107
ACTO PRIMERO
Plaza de Almagro
ESCENA PRIMERA
Carrocia y Menga
CAR. He llegado adonde iba;
esta es la laza de Almagro.
Gracias a Dios; ese rótulo
Posada dice, y por abajo
del Pichón… ¡Hola paloma!
MEN. ¡Ay, Jesús! ¡Hola, buen viejo!
CAR. Lo viejo viene por años.
MEN. Peto estás muy bueno.
CAR. ¿Y tú?
MEN.
Ya lo ves.
CAR.
Es excusado
andarnos con cumplimientos.
MEN. Dices bien.
CAR.
Pero, ¿es encanto?
Nos seguimos como sombras.
MEN. Sin duda que nuestros amos
los marqueses de Villena
tienen algo de los diablos.
CAR. O mucho, porque te veo,
y… casi… casi, no acabo
de cerciorarme. ¿Eres tú,
Menga?
MEN.
Sí, y ¿eres acaso
tú?
CAR.
Sí, también. No me nombres,
que estamos en pueblo extraño.
MEN. Cuando le daba en Toledo…
CAR. ¡Chit!… Que estamos en Almagro.
MEN. No comprendo tu temor.
108
CAR. Luego hablaremos del caso,
que parece llega gente.
Posemos aquí sentados.
(Siéntanse).
ESCENA SEGUNDA
El PRIOR y el COMENDADOR, que vienen paseándose por los soportales
PR .
Piensas bien, Comendador.
COM. Está, Prior, bueno el chasco.
PR .
¿Quién había de pensar,
que nuestro buen soberano,
cuando mandó suspender
el capítulo, do estábamos,
intentase hacer maestre
a ese marqués casquivano,
sin haber tomado en cuenta
nuestros estatutos santos?
COM. Yo sospeché, desde luego,
que había gato encerrado.
PR .
Yo no soy tan suspicaz
y acaté su real mandato
sin recelo.
COM.
Pues, señor,
abridlos.
PR
Ya, ya los abro.
Yo no debo consentir,
ni puede ser consintamos
hollar las definiciones.
COM. Es un manifiesto engaño.
PR .
¿Quién lo duda? ¿Quién ha visto
aspirar al maestrazgo
de Calatrava un sujeto
que no sea calatravo?
COM. Y profeso…
PR .
Justamente.
109
COM.
PR .
COM.
PR .
COM.
PR .
COM.
PR .
COM.
Y ¿cómo siendo casado
Don Enrique de Víllena
pudo recibir el hábito
de nuestra caballería
y profesar?
Está claro.
Sobre todo, la elección,
¿se hizo jamás, ni soñado,
fuera del sacro convento
y sin hallarse ayuntados
la mejor y mayor parte
de los que tienen sufragio?
Nada de eso ignora el rey;
pues los que se han escapado,
evitando el compromiso
con la fuga, de antemano
informáronle de todo.
¿Y con todo ha congregado
el capítulo en Toledo
con los que allí se quedaron?
Así lo dicen estotros,
como lo habéis escuchado.
Es cierto; pero yo dudo
todavía de que a cabo
se lleve tal elección;
porque los que allí han quedado
son caballeros, y el rey
no oinsistirá en obligarlos.
Abre, Prior, esos ojos,
que llevas cerrado el cálculo.
Cuando reinan las pasiones
la razón trabaja en vano.
¿Os olvidáis de Don Pedro?…
Eso sucedía antaño.
¡Bobería! Permitidme
el estilo, soy muy franco.
Pues, ¿para qué con empeño
110
los ha tenido encerrados
en Santa Fe?...
PR .
¿Qué sabemos?
COM. Sabemos aquel adagio:
«van leyes do quieren reyes»...
PR .
Es verdad… ¿Suenan caballos?
COM. Sí que suenan, y en las puertas
principales del palacio
del maestre también llaman
con fuertes aldabonazos.
PR .
Ved, Don Luis, que deben ser
más señores toledanos.
Infórmate y da la vuelta,
que paseando te aguardo.
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
DOCUMENTOS INÉDITOS
Reseña histórica
de nuestra Provincia de San Nicolás de Tolentino de Filipinas, desde su origen
hasta el año 1750, escrita por el Vble. P. Rector Provincial
Fr. José de la Concepción
(Continuación)1
162. No han tenido más adelantamiento estas Misiones por las razones que expreso en la
citada consulta, que presenté a este superior Gobierno, de la que irá testimonio al real y supremo Consejo de las Indias con los padrones, según tiene mandado S. M., al que desde ahora
me remito. Nosotros bastante hacemos en vivir entre negros y conservar las Misiones por el
mérito de la obediencia, compelidos y apremiados por los citados ruegos y encargos de dicho
Sr. Conde Gobernador y a fuerza de fieles vasallos de la real corona. Pues de nuestra voluntad
no estuviéramos en semejantes parajes, como se deduce de la primera respuesta que dio N. V.
P. Fr. José de San Nicolás al primer ruego y encargo que le despachó dicho Sr. Conde Gobernador. Después, por parte de la Provincia, se han hecho varias representaciones a este superior
Gobierno para el aumento de dichas Misiones, las que se refieren
1
Véase páginas 59-64.
112
en la citada consulta, las que por la exhaustez de las reales cajas, no tuvieron efecto.
163. También ha hecho mi Provincia las diligencias para dejar dichas Misiones y trasladarlas a otras parles de mayor utilidad y provecho, y aunque el Superior Gobierno condescendió a nuestras súplicas e informes y a los que dio el Sr. Licenciado D. José Arzadum, Oidor
de la Real Audiencia de estas Islas, y Visitador que fue de Zambales, y otras Provincias mandando agregar a los nuevos cristianos de ellas a los pueblos de nuestra jurisdicción de Zambales que están a la otra banda de dichos montes, o a los de los PP. Agustinos calzados de la
Pampanga: vinieron a Manila y alegaron que primero se volverían todos a los montes que
permitir salir a los PP. Recoletos de la Misiones, y que en caso de dejarlos se alborotarían los
cristianos y lo infieles, y se seguirían muchas muertes y otros daños a lo pueblos de los cristianos. Por cuyo motivo la Provincia desistió de su pedimento y ha proseguido hasta ahora
con la intolerable carga de dichas Misiones, que sólo sirven de sepultura de los religiosos, y el
único consuelo que tenemos es: que obligados de la obediencia las recibimos y conservamos,
y que de estar en ellas los Misioneros se logran muchos niños moribundos que reciben el santo bautismo sin repugnancia de sus padres y de muchos adultos que a la hora de la muerte se
bautizan. De los demás, poco o nada hay que esperar, pues, de tantos como habitan dichos
montes, no tenemos más catecúmenos que los referidos arriba. Si estas Misiones se trasladaran a la Paragua en Calamianes, o a la laguna de Linao o al partido de Bislig, en la Provincia
de Caraga, en poco tiempo se experimentaría muchísimo adelantamiento espiritual y temporal
de la real Hacienda. Porque en dichos parajes no habitan negros, sino indios como los demás,
y muchos de ellos llamados Tagavaloyes son blancos amestizados, dóciles y muy humanos, y
se convierten muchos a nuestra santa fe.
TIP. DE SANTA RITA. – MONACHIL
Año IX
Abril de 1918
Núm. 94
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
CASUUM MORALIUM
PRO ANNO 1914-15
Resolutio
X. 1.º An aqua rosacea sit necne materia valida baptismi. 2.º An ex baptismo privato vel
conditionate collato contrahat Laurentius cognationem spiritualem quae impedimentum dirimens constituat pro matrimonio cum uxore Mauri. 3.º An similiter vel aliter judicandum sit si
parochus baptizaverit absolute.
Ad 1.um –Ante omnia notari oportet quod aqua rosacea dici potest
114
quia odorata efficitur ex paucis guttulis olei seu essentiae rosaceae et tunc natura aquae immutata remanet ac ideo materia est certo valida pro baptismo. Si aqua dicatur rosacea quia,
compressione, obtinetur ex rosis pluvia vel rore madefactis, tunc aestimanda est materia dubia
licet probabiliter valida pro baptismo.
Aqua rosacea quae, in chimia unguentaria, pro odoramento habetur erit semper illicita,
persaepe dubia (ex notabile mixtione) atque etiam nulla pro sacramento etsi longe maxima
pars sit aqua naturalis. Nam in tali compositione seu mixtura non solum attendi debet sitne
aqua vera pars praeponderans sed etiam num mixtura illa communi hominum aestimatione
censeatur aqua. Unde pro solutione haec habe: aqua rosacea, etsi materia sit baptismi valde
probabiliter valida, tamen, si succus ex rosis expressus ei admixtus est, pro majori quantitate
succi admixti evadere potest dubia: unde praestat denuo sub conditione conferri baptismum
tali aqua collatum nisi constet pene nihil ex succo admixtum fuisse. Parochus ergo gravem
potuit habere causam dubitandoi de valore prioris baptismatis ita ut necessarium duceret iterum sub conditione baptizare.
Ad 2.um a) Ex Conc. Trid. (ses. 24, c. 2 de Ref.) adhibendus est patrinus in baptismo solemni: ex eodem Conc. patrinus cognationem contrahit spiritualem cum infante levato hujusque parentibus ita ut inter ipsos impedimentum exurgat dirimens matrimonii.
b) In nostrocasu existentia impedimenti in quaestionem verti potest ex duplici capite; et
quod baptismus fuit privatus et quod fuit dubie validus. Respondendum ergo est:
1. Ex communi DD. senentia ex dubio baptismati argui non potest existentia impedimenti
certi; unde si, adhibita dligentia, baptismus remanet dubius, matrimonium constare potest cui
solum objici potest impedimentum dubium quod, ex Doctoribus, practice est nullum.
2. Probabilius spiritualis cognatio non contrahitur in baptismo privato. Communior et
probabilior erat haec sententia tempore A. Alph. quod in baptismo privato cognatio non contrahitur etsi patrini laudabliter adhibeantur, ex eo quod leges Ecclesiae cum de cognatione
spirituali loquuntur, non obscure solemnem baptismum indicent. Lex enim patrinum exigit pro
baptismo solemni
115
et cognationem inducit pro patrino qui infantem de sacro fonte levat: in privato autem baptismate nec exigitur patrinus neque hic infantem de sacro fonte levat. Lehmk existimat hanc
senentiam saltem tutam in praxi praesertim cum adsit quaedam consuetudo, quae legem de
contrahenda a patrinis cognatione in baptismo privato vel non admissit vel, si quae fuit, eam
abrogavit. (V. Cons. Gury, et Gury-Ferr. 806)
3. Baptismus secundus, a parocho sub conditione etsi solemniter collatus, si seorsim sumatur, non inducit cognationem spiritualem quae matrimonium dirimat inter Laurentium et
uxorem Mauri jam viduam: ex conditionato enim baptismate erui non potest existentia certa
cognationis spiritualis, siquidem constare debet de munere patrini in baptismo valido.
4. In nostro casu Laurentius infantem in utroque baptismo patrocinatus est: cum ergo alteruter baptismus sine dubio verus et validus sit, Lauentius evadit patrinus verus et certus ex
baptismo valido, quamvis dubium remaneat utrum validitas competat baptismo privato an
solemni: eo magis dicendum est Laurentium verum evasisse patrinum quod secundum baptismum tanquam prioris complementum sumere debemus ita ut propter prioris dubium, alter
subsequatur et ex duobus ritibus unus oriatur baptismus certus. Verumtamen ex certitudine,
valoris alterutrius, baptismi argui non potest quod hic vel hic sit ille unus validus, unde manet
dubium super unoquoque singulatim sumpto: Laurentius patrinus fuit in baptismo privato ex
quo probabiliter non provenit impedimetum; iterum infantem levavit in baptismo sub conditione collato propter prioris dubium, unde dubitari potest de ejus valore et proin de cognatione
et impedimento subsequenti.
5. Cum juxta probabiliorem sententiam, liceat matrimonium contrahere cum impedimeno
dubio seu probabili, si dubium vel probabilitas sit juris ecclesiastici de carentia impedimenti,
sequitur quod, stricte loquendo, Laurentius sumere poterat viduam Mauri in uxorem ex eo
quod dubium sit an in baptismo privato patrinus contrahat cognationem spiritualem quae matrimonio sit impedimentum. Tamen in praxi, si agatur de matrimonio contrahendo, parochus
ad ulteriora non procedat quin de omnibus Episcopum certiorem faciat, vel ad cautelam dispensationem obtineat: si
116
tamen agatur de matrimonio jam contracto, expedit ut saltem pro cautela petatur dispensatio
fiatque consensus matrimonialis renovatio; obligationem tamen imponere quis non audebit, eo
quod nullitas matrimonii non sit adeo clara et certa.
Ad 3.um –Nihil interest quod parochus baptizasset absolute si de prioris baptismatis nullitate certo non constat.
Secundus baptismus, etsi parochus conditionem non apponat, imo eam ex animo excludat, tamen sua natura necessario est conditionatus ex eo quod primus non sit certo nullus sed
dubius tantum, imo sit probabiliter validus. Post baptismum autem probabiliter jam collatum
nemo potest denuo baptizare nisi conditionate. Ergo ex secundo baptismo absolute, ut supponitur, a parocho collato nihil innovatur quaestionis status.
XI. Didacus puerum suum etc.
Quaeritur: 1.º Quando possint vel debeant infidelium aut haereticorum infantes baptizari.
2.º Quid de Praxi Perfecti dicendum.
Ad 1.um –1. Filii infidelium usum rationis nondum habentes possunt et debent baptizari, si
parentes vel alteruter eorum consentiunt atque etiam alteruter saltem consentiat in catholicam
educationem pro eaque caveat.
2. Possunt et per se debent baptizari si imminet mortis periculum vel mors moraliter certo
secutura, et, alias, id fieri possit sine scandalo, seu quin rationabiliter possit timeri detrimentum ipsius religionis catholicae ex persecutione aut oppositione infidelium. Necesse non est,
ut liceat, imminentia mortis, sed sufficit periculum seu «quod valde probabiliter dubitetur
quod ex infirmitate qua actu afficiuntur, moriantur ante aetatem discretionis». (S. Offic. 18
Jul. 1894): adeoque morte longe distante.
3. Etiam invitis parentibus, baptizandi sunt, si jus parentum in filios (propter hoeresim vel
alia de causa etiam civili) exstinctum vel usu impossibile evaserit atque simul catholicae consulatur educationi.
4. Si unus parentum consentiat, altero reluctante, etiamsi aliquod generale periculum (non
tamen grave vel speciale) exsistat futurae perversionis. Tunc standum est prudento arbitrio et
conscientiae parochi vel missionarii qui baptizare poterunt dummodo in singulis casibus non
praevideatur aliquod grave perversionis
117
periculum, seu timeatur ut moraliter certa apostasia.
5. Nec possunt nec debent baptizari in caeteris casibus si uterque parens reluctetur et filii
mansuri sint in potestate parentum quia grave et certum adest perversionis periculum. Imo,
etiam parentibus consentientibus, eorum filii baptizandi non sunt, si offerantur baptizandi ob
superstitionem, et, secundo, si manere debeant in potestate parentum et revera adsit grave
perversionis periculum quia deerit educatio catholica vel quia deficient ex constanti societate
cum paganis: fieri enim poterat ut parentes ipsi scandalo essent filiis.
6. Quoad haereticorum filios idem dicendum est quia communiter idem adest perversionis morale peniculum. Unde, insciis vel parentibus invitis, baptizandi non sunt praeterquam in
articulo mortis, vel nisi probabilis spes affulgeat puerum sic baptizatum suo tempore in catholica religione fore instruendum. Non sufficit quod Ecclesia jus habent baptizandi infantes
filios haereticorum vel schismaticorum, ac praepedire ne parentum erroribus imbuantur: difficultatis cardo in eo est quomodo jus suum ab Ecclesia efficaciter exerceri possit ita ut acatholici ipsi observare teneantur; unde concludendum quod ministri in unoquoque casu circunstantias inspicere debent ut appareat quid vera prudentia religiosa suadeat et sic consulere, si
fieri potest, aeternae saluti infantis.
Ad 2.um –1 Perfectus, in eo quod indiscriminatim omnes infidelium filios, quos reperit
aegrotos, baptizaverit insciis parentibus, dicendus est quod nimio et imprudenti zelo abreptus
sit. Ut sic licite ageret, adesse oprtebat grave periculum mortis seu dubium valde probabile de
morte re ipsa secutura.
2. Culpandus tamen non est de hac praxi tempore morbi contagiosi, si baptismo abluat
contagione jam affectos; recte enim praesumi potest quod ex iis longe maxima pars mortem
subitura sit ante usum rationis. Excessus tamen culpandus est in eo quod etiam sanos baptizet
ob solam probabiliatem possibilis contagii si aliquod signum non exsisat.
3. Bene facit baptizando eos quos mater, etsi ethnica, offert quia superstitionis damnanda
non est ea spes infanti procuranda valetudinis ex baptismo: eo magis si, pro posse, probabilem
cautionem
118
receperit futurae educationis catholicae, si filii superstites fuerint baptismo. Atque similiter
dicendum de iis quos aliqua caeremonia religiosa insigniri mater consentit, si probabilis adsit
spes eos in posterum posse catholicam fidem doceri.
4. Optime baptizat, regulariter loquendo, infantes matrem fidelem habentes, etsi futurae
perversionis non leve adsit periculum. Nam perversionis seu apostasiae admodum difficile
aderit moralis certitudo, quia semper, nisi aliud constet, standum est, Deo auxiliante, pro spe
perseverantiae et, alias, hic etiam valet ratio quod infantium major pars ante annos discretionis soleat obire. Monenda etiam mater e de sua gravi obligagtione procurandaed puero catholicae instructioni et educationi; sic enim sese exhibebit filii vere amatricem suum maternum
adimplens officium.
XII. Cornelius infidelis, etc.
Quaeritur: 1.º An matrimonium Cornelii cum Caja fuerit validum. 2.º An conjugium
ejusdem cum Linda validum et licitum extiterit. 3.º An validum si Caja mortua fuerit antea.
4.º An existat absque novo consensu. 5.º Quid de «interpellatione» compartis infidelis pro usu
privilegii paulini. 6.º Quid de validitate matrimonii Cleti et Aurorae in infidelitate contracti.
7.º Quid a Cornelio agendum cum eis. 8.º An, Caja vivente, Cornelius adhuc potuerit habere
Lindam cum dispensatione pontificia: quae dispensatio obtinenda foret.
Ad 1.um –Validum est testimonium Cornelii cum Caja, affinitate non obstante: affinitas
naturalis, ut ipedimentum pro matrimonio, solum afficit christianos ex lege Ecclasiae: Cornelium ergo et Cajam ligat affinitas natalis, non vero ecclesiastica.
Ad 2.um –Negative ad utrumque multiplici ex capite. 1. Gury-Ferr. n. 812 ait: «Affinitas
contracta in infidelitate constituit impedimentum pro matrimoniis quae ineantur post susceptionem baptismi. Quae verba excerpta sunt ex Responso S. Off. (26 Aug. 1891 ad Vic. ap.
Nanchien.) declarante: «Affinitatem quae in infidelitate naturaliter contrahitur ex copula tum
licita tum illicita non esse impedimentum pro matrimoniis quae in infidelitate ineuntur: evadere tamen impedimentum pro matrimoniis quae ineuntur post baptismum, quo suscepto, infideles fiunt subditi Ecclesiae ejusque proinde legibus subjecti».
119
Nunc vero, Cornelius affinis erat Lindae in primo gradu ex copula lícita cum Caja uxore,
ergo ex hac parte matrimonium consistere non poterat. Affinis etiam erat in primo gradu ex eo
quod rem habuerit cum Melisa; unde, proper hoc, matrimonium validum iniri nequibat.
Haec secunda affinitas naturalis, non vero civilis (quia extra matrimonium) ab aliquibus
no habetur nisi ut ecclesiastica, licet practice standum sit Responso S. Off. supra memorato;
sed cum hoc lex generalis non sit, heic memini Lugonis senentiam quae in casibus difficilioribus post factum, usui esse potest.
2. Cornelius matrimonio junctus erat cum Caja, quo constante, alía matrimonia non concipiuntur. Certe quod infidelis, jam conversus et baptizatus, aliud potest inire matrimonium
sub certis conditionibus, quo in casu prius dissolvitur cum secundum perficitur. In nostro tamen casu cum Cornelius fidem amplectitur, prius matrimonium consolidatur quia contractus
sponsalitius roboratur nova significatione unionis Christi cum sua Ecclesia, seu rationem acquirit sacramenti. Novum ergo exurgit impedimentum dirimens, id est, ligamen, quia matrimonium inter christianos est indissolubile: nova ergo ratio nullitatis conjugii Cornelii cum
Linda.
3. Revera matrimonium, etiam commsumatum, infidelium dissolvi potest quando alteruter
conjugum ad fidem christianam convertitur per susceptionem baptismi, et alter, in infidelitate
remanens, aut discedit aut recusat cum eo pacifice habitare, seu non cohabitat nini cum contumelia Creatoris et religionis contemptu. Ut autem hac concesione apostoli pars fidelis uti
possit, praerequiritur ad liceitatem et, probabilius, etiam ad validitatem interpellatio partis
infidelis de qua infra. Cornelius autem nihil egit, sed alto silentio omnia texit; unde, ex hoc
capite, suum connubium, si nullitate non laborat, saltem illiceitate abundat.
Ad 3.um Etiam mortua prius Caja, Cornelius contrahere valide non poterat cum Linda,
jam christiana, ex duplici affinitate ut dictum est. Si tamen in infidelitate permanens obviam
habuerit Lindam, adhuc paganam, tunc inter se matrimonium pacisci poterant: ambo enim
infideles, ambo etiam omni vinculo aut lege soluti erant, mortua, ut supponitur, Caja.
Ad 4.um Supra dictum est quod Cornelius prohibebatur a matrimonio
120
ineundo cum Linda, etiam mortua Caja, ex duplici affinitate: unde eorum consensus erat vitiosus in radice, omnino nullus.
Hinc, cum, ea positiva Ecclesiae voluntate, consensus, ab initio inefficax, sit etiam maneat, nisi putati conjuges, post obtentam dispensationem, aut cessationem impedimenti, novum
ponant consensum a priori independentem (V. Gury-Ferr. 896), dicendum quod Cornelius et
Linda, post obtentam legitimam dispensationem, novum debent praestare consensum coram
parocho et testibus quia impedimentum (affinitas saltem licita) ex se publicum est, licet, fortasse, accidentaliter occultum maneat. Si vero unicum adfuisset impedimentum —af-finitas
scilicet illicita— quod ex se occultum est, licet accidentaliter divulgari possit, necesse stricte
non est renovare consensum coram parocho et testibus quia horum praesentia in priori matrimonio sufficiens videtur pro requisitis in Decretis «Tametsi» et «Ne temere»; in praxi,
praecipue si timetur impedimentum divulgandum fore, expedit ut etiam novus consensus
emittatur coram parocho et testibus (V. Gury-Ferr. de renovatione consensus).
Ad 5.um 1. Privilegium paulinum illa dicitur facultas qua conjux baptizatus, proper discessum conjugis infidelis vel propter renuentiam pacificae cohabitationis, habeat potestatem novum ineundi matrimonium. Effectus hujus secundi matrimonii erit dissolutio prioris. Solo
discessu infidelis non solvitur matrimonium, sed tunc solum cum a parte legtime baptizata
novum initur matrimonium Pars infidelis realiter discedit si revera nolit amplius cum parte
fideli convivere; aequivalenter discedit si cohabitatio non possit subsistere absque contumelia
creatoris.
2. Fieri autem potest ut certo non constet de mente et voluntate infidelis indifferenter cohabitantis sed converti nolentis, vel de causa discessus infidelis aut actuali voluntate, seu an
velit persistere in separatione a parte fideli.
3. Tunc ergo si pars fidelis ad alias vult transire nuptias, praemittenda est «Interpellatio»:
seu sive directe a parte fideli sive ab Auctoritate ecclesiastica interpellanda est pars infidelis
velitne pacifice cohabitare. Imo pro circunstantiis Ecclesia concedere potest et aliquando concedit ut infidelis interrogetur velitne, intra
121
certum temporis spatium, converti, cujus negatio habetur pro denegata cohabitatione pacifica.
4. Si autem ignoretur ubi infidelis habitet unde interrogatio evadit admodum difficilis, ne
dicam impossibilis, interpellatio locum habere vix potest: nihilominus Ecclesia etiam tunc
novum matrimonium concedere potest et tunc dicitur dare dispensationem ab interpellatione.
5. Privilegium hoc in favorem fidei seu veri baptismi locum tantum habet si agatur de matrimonio in infidelitate contracto: perseverat etiamsi, post unius conversionem, habitatio per
longum tempus fuerit pacifica, si animus infidelis postea contra fidem mutetur. Vere baptizatus seu fidelis uti potest hoc privilegio contra non baptizatum seu infidelem, pacifice cohabitare nolentem, etiamsi ipse labe haeretica infectus sit.
6. «Interpellatio» ex divino praecepto unica vice fieri debet: ex charitate, autern, pluries
fieri potest, et, regulariter, etiam expedit ut sic fiat. Facienda est post susceptum baptisma nisi
Papa dispenset ut fiat antea. De renuentia infidelis constare debet saltem per processum summarium. (V. Gury-Ferr. 759).
Ad 6.um 1. Certum est consaguinitatem in linea recta jure naturae dinimere matrimonium
in primo gradu; et probabilius indefinite in caeteris gradibus. Sic exigere videtur ipsa reverentia a filiis in genitores essentialiter debita atque inaequalitas inter eosdem necessario servanda
quae in mutuo matrimonii jurium usu destruitur.
2. Controvertitur utrum in linea collaterali consanguinitas in primo gradu dirimat matrimonium de jure naturae aut saltem divino positivo quum Ecclesia nunquam dispenset ut fratres et sorores conjungi valeant atque infideles ipsi hujusmodi nuptias detestentur. Caeteroquin certum est quod conjugium inter fratres et sorores permissum fuerit in initiis generis
humani; secus enim homines naturaliter multiplicari minime potuissent et in ipso Adamo
mundus finitus fuisset.
Datur tamen sententia, non improbabilis, quod talis consanguinitas ut impedimentum sit
de solo jure ecclesiastico, quod prae oculis habendum est cum quaestiones superveniant de
fratrum matrimoniis post factum.
122
Si Cletus et Aurora matrimonium contraxerunt in infiddelitate, absque dubio standum est
pro valore matrimonii cum probari nequeat contrarium: ideoque ad fidem conversi inquietandi
non sunt.
Si vero nuptias celebrarunt jam baptizati, dicendum est quod, cum non constet de matrimonii nullitate inter fratres, solo jure naturae inspecto, concludendum est quod ipsi matrimonium celebrarunt per se nullum jure Ecclesiae; validum, autem, apud ipsam Ecclesiam et coram societate quia nullus adest testis consanguinitatis. Post factum ergo dicendum est quod
matrimonium inter Cletum et Auroram validum est jure naturae (quia, post factum, in dubio
standum est pro valore actus), invalidum autem jure ecclesiastico.
Ad 7.um Si matrimonium, post conversionem ad fidem, consummatun non fuisset, videndum erat Cornelio an inducere posset suos filios ad separationem quin, pro suo nomine, adigeretur ad quidquam revelandum; difficile enim ei esset, mortuis Melisa et Caja, eos convincere
de propria faternitate ob unicitatem patris quem nunquam cognovere, et quem in Cornelio
tunc cognoscere absque fraudis periculo non erat.
Si tamen matrimonium jam consummatum fuerit, Cornelius taceat, et rem omnem alio silentio premat quin conjuges de quoquam maneat quos in bona fide relinqui oportet. Omissio
enim monitionis neque conjugibus nocet neque proli; ex monitione autem maxima incommoda sequerentur. Insuper Cletus et Aurora, ut supra dictum est, Cornelio, paternitatem suam
duplicem revelanti, credere non tenentur, nisi indubia adducantur argumenta: neque ipse Cornelius, etiamsi paternitatem probare possit, adigendus foret proprium revelare crimen ut materialia filiorum peccata impedire conaretur (V. Gury-C. 12).
Ad 8.um Revera Cornelius, etiam Caja vivente, poterat Lindam assumere in uxorem cum
dispensatione pontificia. Requiritur autem dispensatio duplicis affinitatis «ex matrimonio cum
Caja» et «ex re cum Melisa» exsurgentis, quae, etsi in radice naturalis tantum fuerit, post baptismum, ex lege Ecclesiae, impedimentum constituit dirimens. Praeterea cum Cornelius aqua
tingitur, ejus cum Caja matrimonium evadit ratum: requiritur ergo et alia dispensatio qua
Romanus Pontifex, ex plenitudine suae potestatis, ex causa gravi et justa dissolvat tale matrimonium nondum consummatum.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS
DECRETUM URBIS ET ORBIS
(Ex Acta Ap. Sedis, vol. X, pag. 26)
Quum ex canone n. 1.247 § 1, jam vigente, Codicis juris canonici, inter dies festos de
praecepto adnumeretur etiam Festum S. Joseph, Sponsi B. Mariae Virginis, Conf., quod maxime decet nobiliore ritu decorare, quumque etiam Festum in Dedicatione S. Michaelis Archangeli, cum quo militiae principe omnes angelorum chori honorantur, eadem ritus nobilitate
dignum visum fuerit, Sanctissimus Dominus noster Benedictus Papa XV supplicibus quoque
votis cleri plebisque fidelis ab infrascripto Cardinali Sacrae Rituum Congregationi Pro Praefecto relatis libentissime obsecundans, utrumque Festum primarium, respectiva die 19 martii
et 29 septembris in universa Ecclesia recolendum, a ritu duplici secundae classis ad altiorem
ritum duplicem primae classis absque octava evehere dignatus est; atque sub tali ritu duplici
primae classis cum subsequentibus variationibus infrascriptis in futuras Breviarii Romani typici reproductiones inducendas esse jussit ac decrevit; servatis rubricis:
In Kalendario.
19 martii. –S. Joseph, Sponsi B. M. V., Conf., Duplex I classis.
29 septembris. –Dedicatio S. Michael is Archangeli, Duplex I classis.
In Catalogo Festorum.
Duplicia I Classis Primaria.
124
Post Assumptionem B. M. V. ponatur: Dedicatio S. Michaelis Archangeli.
Post Nativitatem S. Joannis Baptistae ponatur: Festum S. Joseph, Sponsi B. Mariae Virg.,
Conf.
In Catalogo Festorum.
Duplicia II classis.
Expungantur festa Dedicationis S. Michaelis Archangeli et S. Joseph.
In Corpore Breviarii.
Die 18 martii, in fine, rubrica Vesperarum sic ponatur: Vesperae de sequenti. Commemoratio tantum Feriae. Post titulum Festi ponatur: Duplex I classis.
Die 19 martii. –In I Vesperis expungatur rubrica: Et fit Commemoratio praededentis.
Die 29 septembris. –Post titulum Festi ponatur: Duplex I classis.
Contrariis non obstantibus quibuscumque. Die 12 Decembris 1907 –† A. Card. Vico, Ep.
Portuen. et S. Ruf., S. R. C. Pro Praefectus. –L. ✠ S. –Alexander Verde, Secretarius.
SAGRADA PENITENCIARÍA
Sobre el Via-Crucis
En 24 de Julio de 1912, por decreto del Santo Oficio, aprobado y confirmado por Pío X,
fueron revocadas otras concesiones referentes al Via-Crucis, dejando sólo subsistentes la general para los que lo practican en lugares en que están legítimamente erigidas las estaciones
del Via-Crucis y la particular para los enfermos e imposibilitados de visitar dichas estaciones,
los cuales pueden lucrar las indulgencias teniendo en la mano un crucifijo de cualquiera materia no quebradiza, bendecido a este objeto por quien esté legítimamenle facultado para ello,
como lo están los Menores de San Francisco, recordando la Pasión, rezando veinte veces el
Padrenuestro, Avemaría y Gloria, esto es, una vez por cada estación, cinco en memoria de las
cinco llagas y una vez a intención del Romano
125
Pontífice. Cfr. Acta, 1V, p. 529, y Mach-Ferreres, Tesoro del Sacerdote, n. 756.
Si son varios los enfermos que hacen a la vez este ejercicio, basta que uno solo de ellos
tenga el crucifijo en la mano. March-Ferreres, l. c.
Por decreto del 14 de Diciembre último, la Sagrada Penitenciaría ha declarado:
I. Que por dicho decreto no quedan abrogadas las pías Uniones y píos Ejercicios, llamados Via-Crucis Perpetuo y Via-Crucis Viviente.
II. Que por él quedan abolidas las llamadas Coronas del Via-Crucis, aun las que ya antes
del decreto habían sido legítimamente bendecidas y distribuidas.
III. Que por él queda abolido el uso de cruces y crucifijos a los que se habían concedido
las indulgencias del Via-Crucis para que pudieran ganarlas los no impedidos, y que los ya
legítimamente bendecidos y distribuidos sólo servirán para los impedidos.
IV. Que en los crucifijos legítimamente bendecidos, para lucrar las indulgencias es menester meditar, o, por lo menos, recordar la Pasión del Señor, sin que basten los veinte Padrenuestros, Avemaría y Gloria.
V. Que no quedan abolidas las facultades de los confesores para conmutar a los impedidos las preces prescritas, con tal que no se omita el uso del crucifijo bendecido, ni la piadosa
memoria de la Pasión.
VI. Que tampoco queda abolida la concesión de que en las iglesias en donde se reúne para el ejercicio gran multitud, no sea necesario que en cada estación se levanten todos y se
vuelvan a arrodillar en la otra.
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DE LOS SACRAMENTALES, SEGÚN
EL CÓDIGO CANÓNICO
ARTÍCULO I
Su naturaleza
1. Noción.-Los Sacramentales son cosas (v. gr., las medallas, el agua bendita) o acciones
(v. gr.. la recitación del Confiteor o Confesión general), de las cuales puede usar la Iglesia a
semejanza (en cierto modo) de los Sacramentos para obtener, con la eficacia de su impetración, saludables efectos, principalmente espirituales (can. 1.144). Tales son muchas de las
consagraciones, las bendiciones, los exorcismos. Que también valgan los Sacramentales para
impetrar efectos temporales, se ve claramente en la bendición de los campos, de las casas
nuevas, etc.
2. Su diferencia de los Sacramentos.- l. Los Sacramentales no fueron instituidos por Cristo, sino por la Iglesia, y solamente a la Sede Apostólica le compete instituirlos, abolirlos,
cambiarlos o también dar interpretación auténtica de ellos (can. 1.145).
II. Los Sacramentales1 no confieren la gracia por virtud de la misma obra, ex opere operato (y esto ni como causas físicas, ni como causas morales), ni tampoco infaliblemente. Confieren, sí, quasi ex opere operato, o, lo que es lo mismo, impetran en
1
Sacramentales son: la oración, el agua bendita, el pan bendito, el Confiteor o Confesión general, la limosna y la
bendición; los cuales se incluyen en el tradicional verso latino: Orans, linctus, edens, confessus, dans, benedicens, Cfr. Ojetti v. Sacramentalia; Sanguineti, Institutiones, n. 308; Conc. Plen. de la América latina, n.
601 sigs.: Conc. Manilano, n. 717 sigs.
127
virtud del mérito de la Iglesia, pero nunca infaliblemente, las cosas que en nombre de la Iglesia se piden a Dios, v. gr., las gracias actuales, etc. La razón de esto es porque han sido instituidos por la Iglesia con autoridad recibida de Cristo, y así contienen una especial dignidad y
eficacia, procedente de la dignidad de quien los instituyó. Genicot, n. 107.
III. Los Sacramentales no borran los pecados veniales ex opere operato; pues no hay fundamento ninguno para probar: 1.º, que la Iglesia les haya atribuido tal eficacia; 2.º, ni que la
Iglesia tenga potestad para ello; y la razón de esto segundo es porque a) no consta que la Iglesia pueda perdonar los pecados fuera del sacramento, b) nunca ha usado semejante potestad, y
c) es innecesaria.
IV. Aprovechan, no obstante, para la remisión de los pecados veniales, porque encierran
una especial fuerza pata impetrar auxilios que nos exciten a algún pío movimiento contra los
pecados veniales; la cual fuerza les comunica la Iglesia por el mero hecho de adoptarlos como
Sacramentales1.
ARTÍCULO II
Legítimo ministro de los Sacramentales.
Bendiciones y consagraciones
3. I. El legítimo ministro es todo clérigo a quien la competente autoridad eclesiástica haya
conferido potestad para ello, ni se le haya prohibido ejercitarla (can. 1.146). En consecuencia:
1.º Las consagraciones no puede hacerlas sino quien esté adornado con el carácter episcopal, o bien aquel a quien se permite esto, ya sea por el derecho, ya por indulto apostólico
(can. 1.147, § 1.
2.º Cualquier sacerdote puede da las bendiciones, a excepción de las que están reservadas
al Romano Pontífice, a los Obispos o a otros (ibid., § 2).
1
Cfr. S. Alfonso, lib. VI, n. 90 sigs.; Giné, De Poenit., p. 155: Suárez, De Poenit., disp. 12, sect. I, n. 9 sigs.; sect.
2, n. 1 sigs.: Lugo, De Poenit., Disp. 9, sect. 2 y 3; Arendt, De Sacramentalibus, n. 39 sigs.: Pesch (Christianus), De Sacram. in gen., n. 32 sigs.
128
3.º Los diáconos y lectores sólo pueden dar válida y licitamente las bendiciones que expresamente les están permitidas por el derecho (ibid., § 4).
4.º Los ministros de los exorcismos, que tienen lugar en el bautismo y en las consagraciones y bendiciones, son los mismos que están deputados como legítimos ministros de dichos ritos (can. 1.153).
II. El ministro, tanto en la confección como en la administración de los Sacramentales,
debe observar los ritos aprobados por la iglesia (can. 1.148, § 1).
En caso de que un sacerdote diese sin la facultad debida una bendición reservada, ésta
sería ciertamente ilícita, pero no dejaría de ser válida, a no ser que en la reservación hubiese
expresado otra cosa la Sede Apostólica (can. 1.147, § 3).
Por el contrario, sería inválida toda consagración y bendición, sea constitutiva, sea invocativa, si no se hubiera empleado la fórmula prescrita por a Iglesia (can. 1.148, § 2).
4. III. Llámanse bendiciones los ritos, fórmulas o ceremonias que los sagrados ministros
practican en nombre de la Iglesia e invocando el nombre de Dios, ya para pedir para los hombres algún bien, ya para comunicar a la cosa que se bendice el carácter sagrado con que se
convierta en instrumento de salud, bien para las almas, bien para los cuerpos.
5. Las bendiciones pueden ser constitutivas o meramente invocativas.
Las primeras constituyen a la persona o cosa en estado permanente de persona o cosa
sagrada, v. gr., la bendición de los Abades, de las iglesias, de los ornamentos, etc.; las otras
no, sino que por medio de ellas solamente se invoca el auxilio divino en favor de alguna cosa
o persona, v. gr., la bendición de una nueva casa, de un navío, etc., la bendición que se da al
fin de la Misa, etc. Cfr. Mach-Ferreres, n. 463.
Las constitutivas se dividen en verbales y reales. Las primeras se hacen sin las unciones
de los sagrados óleos, y las reales con tales unciones.
Las bendiciones constitutivas reales, o sea, aquellas que deben hacerse con los sagrados
óleos, se llaman CONSAGRACIONES.
129
6. Con respecto a los exorcismos que se hacen sobre las personas debe decirse, en general, que sólo pueden hacerlos legítimamente los sacerdotes que obtengan autorización especial
de su Ordinario, y no pueden hacerlos sin haberse cerciorado antes, con diligente y prudente
investigación, de la realidad de la obsesión diabólica (can. 1.151, § 1, 2).
7. CUESTIONES.- 1.ª ¿A quiénes se pueden dar las bendiciones, y sobre quiénes se pueden
hacer los exorcismos?
Las bendiciones se pueden dar, no solamente a los católicos, sino también a los catecúmenos; más aún, fuera del caso en que haya prohibición de la Iglesia, se pueden dar también a
los acatólicos para que consigan la luz de la fe, o bien, juntamente con ésta, la salud del cuerpo (can. 1.149).
Los exorcismos se pueden hacer por los legítimos ministros, no sólo sobre los fieles y los
catecúmenos, sino también sobre los acatólicos o los excomulgados (can. 1.152).
2.ª ¿Los objetos consagrados o bendecidos se pueden aplicar a usos profanos o impropios?
Negativamente, respecto de las cosas, ya sean consagradas, ya sean bendecidas con bendición constitutiva; pues las lates se han de tratar con reverencia (can. 1.150). Afirmativamente, respecto de las cosas que han sido bendecidas con bendición solamente invocativa.
No es uso profano aquel al cual se destinan los Sacramentales, pongo por ejemplo, dar
pan bendito a los animales domésticos, si se bendice para ellos, v. gr.. en el día de San Antonio.
Ni parece que sea pecado el que uno, faltando otra agua, use del agua bendita para apagar la sed, o que, a falta de otra luz, use la candela bendita para alumbrar el aposento. Cfr. San
AIfonso, 1. c., n. 34; Pesch, 1. c., n. 346.
ARTÍCULO III
De los sagrados óleos que sirven para la administración
de los Sacramentos
8. Su consagración y custodia.- a) Los sagrados óleos que sirven para administrar algunos
Sacramentos deben ser bendecidos
130
por el Obispo en la feria V in Coena Domini, o sea, el jueves santo inmediato anterior; ni
pueden usarse los de otros años sin urgente necesidad (can. 734, § 1).
Por tanto, el que los óleos no sean de otros años pertenece tan sólo a la licitud, no a la validez de los Sacramentos; de lo contrario, ni aun con urgente necesidad se podría usar de ellos,
v. gr., en la Confirmación o en la Extremaunción. De todas maneras, el precepto es grave.
b) El párroco debe pedir a su Ordinario los sagrados óleos y guardarlos con diligencia en
la iglesia en lugar seguro, decente y cerrado con llave; ni puede retenerlos en su casa, si no es
por necesidad u otra causa racional, con permiso del Ordinario (can. 735).
9. CUESTIONES.- 1.ª ¿Cuáles son los óleos que se emplean para la administración de
los Sacramentos?
Tres son los santos óleos (que bendice el Obispo la feria V in Coena Domini en una misma ceremonia), a saber: el óleo de los enfermos, el óleo de los catecúmenos y el santo crisma
u óleo mezclado con bálsamo.
2.ª ¿Cuándo se emplean estos sagrados óleos, en los Sacramentos y en los Sacramentales?
1.º El crisma solo: se emplea a) en la Confirmación; b) en la consagración del Obispo, y
c) en la consagración del cáliz y patena.
2.º El óleo de los catecumerios solo: a) se emplea en la ordenación, y b) en la consagración del rey.
3.º El óleo de los enfermos solo: se emplea en la Extremaunción.
4.º El crisma y el óleo de los catecúmenos: se emplea a) en el Bautismo; b) en la consagración de la iglesia y del altar, y c) en la bendición de la fuente bautismal.
En el Bautismo se emplea el óleo de los catecúmenos para ungir a estos en el pecho y en
las espaldas antes de conferirles el Bautismo: el crisma se usa en las ceremonias que siguen al
Bautismo.
5.º El crisma y el óleo de los enfermos: en la solemne bendición de la campana (el crisma
para la unción interna, el óleo de los enfermos para la externa).
131
Vide Pontificale Romanum, principalmente en donde trata de las ceremonias de la feria V
in Coena Domini. Cfr. Deshayes, Memento mr. eccles., n. 1.694.
En la Const. Trans Oceanum se concedió a toda la América latina e Islas Filipinas «el
que puedan emplearse los sagrados óleos, aunque sean antiguos, pero cuya antigüedad no
exceda a cuatro años, con tal que no estén corrompidos, y que, hechas todas las diligencias, no
puedan adquirirse óleos sagrados nuevos o más recientes».
3.ª ¿Qué hay que hacer si se prevé que los óleos se acabarán antes de terminar el año?
Poco antes de que se acabe el óleo bendecido puede mezclársele óleo de olivo no bendecido, aun repetidas veces; pero cada una de ellas en menor cantidad (can. 734, § 2), aunque al
fin sea tal vez mayor la parte añadida. Cfr. Conc. Plen. de la Amer. lat., n. 570; Conc. Manil.,
n. 674.
Con todo, no es tolerable la costumbre de bendecir parte de los sagrados óleos la feria V
in Coena Domini y mezclarla inmediatamene con óleos no bendecidos. (S. R. C., 7 de Diciembre de 1844; Decr., auth., n. 2.883, 28 de Enero de 1910; Acta, II, p. 118).
J. B. FERRERES
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
HISTORIA DEL CONVENTO DE MARCILLA
(Continuación)
Profunda fue la conmoción que sufrió la Provincia de Agustinos Recoletos de Filipinas
cuando España perdió sus colonias en Oriente, en 1898, de suerte que aun la curia provincialicia hubo de cambiar de residencia mientras se esclarecía el horizonte politico y religioso tan
turbado entonces. Fue el Colegio de Marcilla la casa elegida por los Superiores para que residieran el Provincial y sus Definidores, con lo cual adquirió nuevo lustre albergando a tan venerables religiosos que dirigían los destinos de toda la Provincia. Marcilla recogió y continuó
las glorias de Manila donde brillaron tantos hombres de gobierno, tan santos, tan sabios, tan
heroicos, tan patriotas.
Con motivo de la susodicha insurrección colonial, se interrumpió también la serie de
Capítulos Provinciales que se celebraban en la capital del archipiélago, y hasta el año 1913 no
pudo ser reanudada. Cúpole también a Marcilla ser el Convento en que se recomenzase la
celebración de los mismos. Así, pues, acordaron los Superiores que se celebrase el Capítulo
en dicha casa. Veamos ahora cómo relata lo sucedido el
133
P. Bernardino García de la Concepción en unos apuntes que me facilitó y son así:
«Circuladas las convocatorias, según se prescribe en nuestras Constituciones,
por el entonces P. Rector Provincial Fray Segundo Cañas de S. Cristóbal, fueron en
los días 8 y 9 de Abril, reuniéndose en dicho Colegio los Padres que debían intervenir en la elección del nuevo Provincial y que al mismo tiempo habían de determinar
todo cuanto creyeran pertinente al mayor régimen de la Provincia, tanto en lo que se
refiere a la perfecta observancia de nuestras Leyes, como a la parte administrativa de
sus Misiones en Filipinas y en Venezuela.
Fue el primero en llegar a la Casa Capitular el Rvmo. Padre Prior General, Fr.
Enrique Pérez de la Sagrada Familia con su Secretario General, Fr. Bernardino García de la Concepción, con el objeto de tener varias conferencias con el P. Rector Provincial y varios Padres Ex-Provinciales de la Provincia, entre los que estaba el
Rvmo. P. Ex-Comisario Apostólico Fray Mariano Bernad de la Virgen del Pilar, y
preparar con anticipación cuanto pudiera ser objeto de las actas y determinaciones
que se establecerían y aprobarían en el Capítulo.
El día 12 de Abril se cantó la misa de Espíritu Santo, con asistencia de todos los
PP. Capitulares y Comunidad, y a las 8 de la mañana el P. Secretario General, de orden de su Revereridísima, tocó a Capítulo con tres toques con la campana del claustro y reunida la Comunidad y PP. Capitulares en el claustro Este del Colegio, destinado para Sala Capitular, se dio principio a tan solemne acto, rezando el Rvmo. P.
General las oraciones mandadas y señaladas en el Manual de los Capítulos.
Después de ocuparse los Capitulares en la deliberación y estudio de las actas y
determinaciones, procedióse, de conformidad con lo mandado en nuestras Constituciones, a la elección
134
de Provincial resultando elegido el R. P. Fr. Agustín Garrido de S. Antonio.
Seguidamente, reunida la Comunidad en la Sala Capitular, se hizo la proclamación por el Padre primer Escrutador, y terminada, el Rvmo. P. General entonó el Te
Deum que fue cantado por la Comunidad por los claustros del Colegio hasta la Iglesia y dichas por el Rvmo. P. Presidente las oraciones del Ritual, el nuevo Provincial
puesto de rodillas ante el Padre Presidente hizo la profesión de fe según lo mandado
por el Papa Pío X, y terminada esta, tomó asiento en medio del altar y pasó la Comunidad y PP. Capitulares a prestarle la obediencia besando su mano.
Por la tarde del mismo día, reunidos nuevamente en la Sala Capitular los PP.
Capitulares, procedióse a la elección de los PP. Definidores, resultando elegidos los
PP. Fr. Nemesio Llorente de S. José, Fr. Antonio Armendáriz de S. Francisco Javier,
Fr. Tomás Cuevas de la Virgen de Araceli y Fr. Eusebio Valderrama de S. Luis Gonzaga.
El domingo tuvo lugar la fiesta del Patrocinio de San José; ofició en la misa el
nuevo Provincial asistido por dos Padres Definidores, y ocupó la Cátedra del Espíritu
Santo el P. Fray Benito Gabasa de S. José, quien pronunció un elocuente sermón
cantando de una manera admirable las glorias de la Recolección, muy particularmente de la Provincia de S. Nicolás de Tolentino de las Islas Filipinas, ensalzando la labor apostólica de sus hijos en dichas Islas y en el Japón en donde varios rubricaron
con su sangre las enseñanzas y doctrinas de Jesucristo.
Después, según lo preceptuado, se verificaron las elecciones de priores, etc., y se
clausuró el Capítulo con felicidad».
Otro acontecimiento todavía más trascendental efectuóse en este famoso convento, y fue
la celebración del Capítulo General
135
de la Orden, en el año 1914. Fue el primer Capítulo General que como Orden celebraron los
Agustinos Recoletos, pues, si bien era continuación de las gloriosas Asambleas de la Descalcez agustiniana, debe contarse, no obstante, como el primero que se verificaba después de la
promulgación del Breve Religiosas Familias por el cual Pío X de felicísima memoria elevaba
nuestra Congregación a Orden independiente y perfecta. Quiso, pues, la divina Providencia
que a este convento de Marcilla estuviese vinculado tan fausto y memorable suceso. Y se celebró bajo la dirección del Excmo. Sr. Obispo de Sigüenza, P. Toribio Minguella de la Merced, religioso muy conocido por los cargos públicos que entre nosotros había desempeñado, y
muy querido de todos por sus dotes de benignidad, modestia, rectitud de juicio, amor a la Orden, y por sus talentos y cultura intelectual. Vínole el nombramiento de Roma, porque en
Roma tenían conocimiento acabado de las virtudes del casi octogenario Obispo, en las cuales
se cifraba el éxito de aquella Asamblea compuesta por tantos religiosos, doctos y fervorosos
en el divino servicio. Veintitrés Padres Capitulares asistieron, y era de ver el movimiento que
se desplegó en el convento para acomodar, cual convenía, a tan graves varones, muchos de los
cuales venían de lejanas tierras con ansias de morar a la sombra de tan venerandos muros dentro de los cuales se deslizó su juventud sosegada y deliciosamente. Nunca como entonces
albergó el edificio comunidad tan venerable y augusta.
El local para verificar las sesiones se acomodó en el espacioso claustro que mira al Este
con la ornamentación sobria y decente que cuadra a la humildad de nuestro Instituto. El 6 de
Mayo habiendo tocado las campanas del claustro y de la torre, y reunidos los Capitulares y
toda la Comunidad en la iglesia, diose principio a la misa cantada del Espíritu Santo, que
136
celebró el Rvmo. P. Prior General Fr. Enrique Pérez de la Sagrada Familia, asistido por los
PP. Definidores Generales: Fr. Gregorio Segura del Carmen y Fr. Pedro Corro del Rosario.
Acabada la santa misa, se dirigieron al lugar del Capítulo, se abrió la sesión con las ceremonias de costumbre, y se tuvo la gratísima sorpresa de oír una carta veneranda y muy cariñosa
que el Eminentísimo Cardenal Vico, Protector de nuestra Orden, se dignó dirigir a los Padres
reunidos en Capítulo, documento que merecía ser insertado aquí, pero que por sus dimensiones muy extensas omitimos: así como también se dio lectura al pliego en que el Cardenal Protector suplicó a la Santa Sede nombrara Presidente del Capítulo al Excmo. P. Toribio y al
nombramiento correspondiente hecho por el Papa, que por cierto es autógrafo. Luego, como
ocupó el asiento presidencial el designado, dirigió la palabra al Capítulo recomendando y encareciendo los ideales de paz y justicia que han informado siempre los Capítulos de nuestra
Recolección, y, para terminar, tuvo el feliz pensamiento de proclamar Presidente honorario
del Capítulo al Patriarca San José, Protector como era de la Orden, y al virtuosísimo e inolvidable P. Ezequiel Moreno, muerto en olor de santidad, lo proclamó como Secretario.
En seguida comenzaron los trabajos, en todos los que dominó el celo por nuestras glorias
y sobre todo la de Dios Nuestro Señor. Permítaseme desglosar un texto de un artículo que
publiqué a raíz de los acontecimientos. «En aquellas sesiones, quiénes decían la Última palabra de la Teología y del Derecho Canónico: quiénes enunciaban conceptos muy luminosos de
Disciplina regular; ya alardeaban unos de amantes de la Orden; ya propendían otros por los
ideales de la sabiduría; éstos aportaban su contingente de experiencia en el campo de las misiones; aquellos abogaban por la mayor dignidad de las Aulas, y todos contribuyeron a crear
una como atmósfera de
137
concordia que ha sido siempre el ideal y patrimonio de los que buscan el reinado de Jesucristo
dentro de la perfección evangélica. Así, con este espíritu, fueron verificándose las sesiones,
mañana y tarde, para redactar treinta y dos actas y nueve determinaciones, dignas de tan venerables capitulares.
El día 30 se efectuó la elección de los cargos generalicios: Prior General de la Orden fue
nombrado el Rvmo. P. Fidel de Blas de la Asunción, religioso de gran observancia, cuyos
méritos no singularizo porque vive y son muy conocidos de todos, a quien le asignaron, mediante canónica elección, por Definidores Generales a los Padres Fr. Francisco Bergasa de la
Virgen de Vico, Fr. Eulogio Sáenz de Santa Ana, Fr. Pedro Fabo del Corazón de María y Fr.
Jesús Fernández de S. José. Procurador General en Roma fue elegido el P. Fr. Gregorio Segura del Carmen. Secretario General el P. Fr. Bernardino García de la Concepción y Cronista
General al supradicho Padre Fabo. Al siguiente día, festividad de Pentecostés, celebró misa
solemne el recién elegido Padre Fidel de Blas de la Asunción y los Padres Francisco Bergasa
de la Virgen de Vico y Pedro Fabo del Corazón de María, misa en la que panegiricó las glorias de la Orden el notable orador sagrado P. Benito Gabasa de S. José. Asistió a la función en
su solio pontifical el Excmo. P. Minguella, Presidente del Capítulo».
En dicho convento se redacta lo principal para el Boletín de la Provincia de San Nicolás
de Tolentino de Filipinas, según reza la cubierta, revista mensual que, además de traer lo oficial de la entidad religiosa de que es órgano, publica estudios notabilísimos de todo género de
materias. En él demuestran sus colaboradores que saben perpetuar la fama de sabios y virtuosos que los agustinos descalzos tienen ganada en el mundo de las letras. Y eso que la publicación está en los principios. O mucho nos equivocamos, o esta Revista pronto ha de ser ocasión
138
de que aparezca otra de vuelos más encumbrados, de carácter más general y de selección e
intensificación muy genuinas, porque, como ánfora rebosante de olorosos jugos de sabiduría,
con sus derramamientos se llenarán otros recipientes más amplios, supuesto que los moradores de este convento parecen sabios, lo son y seguirán produciendo copiosas generaciones, en
cuyo escudo se adunen los símbolos del amor, de la ciencia, del sacrificio y de la devoción
mariana.
En el convento de Marcilla han residido y ante la Santísima Virgen de la Blanca han orado multitud gloriosa de Padres y Hermanos Legos que llevaron después a las más apartadas
regiones del mundo un recuerdo simpático de Marcilla1, cuya belleza topográfica han cantado,
cuya fecundidad e industrias han enaltecido, cuya probidad de costumbres han recomendado
cariñosamente. A muchos de éstos se refiere el P. Sádaba: «Invitamos al lector a pasar la vista
por este Catálogo2, en el que hallará insignes contemplativos, que en el retiro del claustro
llegaron a la cumbre de la perfección evangélica y a la unión íntima con Dios mediante la
práctica de las más sobresalientes virtudes monásticas; celosísimos misioneros, que durante
largos años se dedicaron a catequizar infieles, sacándolos de los montes para hacerlos participantes de los inestimables beneficios de la civilización cristiana; eminentes oradores sagrados
que, llenos del espíritu de Dios, desempeñaron el ministerio de su palabra con la eficacia que
acreditan los copiosos frutos recogidos en la conversión y santificación de las almas; párrocos
modelos por su caridad, abnegación y desprendimiento, que sin perdonar sacrificio de ningún
género consagraron su existencia a proporcionar todo el bienestar posible,
1
En una isla de Calamianes, Busuanga (Filipinas), existe un pueblo con el nombre de Marcilla dado por uno de
los misioneros.
2
Pról., pág. 24.
139
en el orden moral y material, a los pueblos confiados a su cargo; meritísimos prelados, que
gobernaron !a Corporación con el mayor acierto, velando solícitos por el honor del santo
hábito y el engrandecimiento de la Orden; egregios mitrados, dignos sucesores de los Apóstoles en el episcopado católico, que, atendiendo con pastoral celo y vigilancia al cuidado de la
grey cristiana que les fuera encomendada, han merecido bien de la Iglesia, dejando gratísima
e imperecedera memoria de su pontificado, y, en fin, distinguidos escritores, en cuyas obras
acerca de muchos e importantes ramos del saber humano, han dejado pruebas inequívocas de
su clarísimo ingenio, vasta erudición, sólida piedad y deseo de ser útiles a sus semejantes, aun
a costa de grandes sacrificios; pues no fueron pequeños los que hubieron de imponer para
dedicarse a escribir aquellos beneméritos Religiosos, ocupados habitual e incesantemente en
las arduas tareas a que los tenían ligados su sagrado ministerio.
Pero como no es propio del historiador escribir discursos sino aducir documentos y datos,
ahora entresacaré algunos nombres propios de individuos que habitaron en este convento, los
cuales han pasado ya a la categoría de los muertos. Excluyo a los que todavía viven por no
someter a prueba su modestia.
Religiosos que se han distinguido por su virtud:
Juan Gascón del Ángel Custodio; Ezequiel Moreno del Rosario; Patricio Ruiz de San Nicolás; H.º Felipe Pardo del Cristo de la Columna: Ramón Miramón de la Concepción; José
María Jaso del Carmen, muerto en olor de Santidad; Félix Royo del Rosario, asesinado por
mano aleve y sacrílega; Anacleto Jiménez de la Virgen del Burgo; Cayetano Fernández de
San Luis Gonzaga; H.º Miguel Aizcorbe de S. José; Martín González de la V. de la Barda;
Robustiano Erice de los SS. Corazones;
140
Víctor Baltanás del Rosario, sacrificado por defender los derechos de la Iglesia; y la gloriosa
pléyade de víctimas de la insurrección filipina, dirigida y fomentada por la masonería en odio
del altar y del trono, gloriosa pléyade cuyos nombres deben figurar aquí como mártires de la
Religión y de la Patria, conviene a saber: José María Learte del Carmen, Simeón Marín de la
V. del Amor Hermoso, Toribio Mateo del Carmen, Toribio Moreno de la Soledad, Faustino
Lizasoain de S. Roque, Agapito Echegoyen de S. José, los Padres Domingo Cabrejas del Cristo de la Columna, José Sanjuán de la V. del Niño Perdido, Baldomero Abadía de la V. de la
Piedad, Manuel Azagra del Carmen, Mariano Torrente de S. Nicolás, Andrés Romero de la
Concepción, Juan Navas del Carmen, Epifanio Vergara de la Concepción, Julián Jiménez del
Rosario, Juan Ortiz de la Concepción, Isidoro Liberal de los SS. Corazones, Gregorio Bueno
de la V. del Romero, y los Hermanos Legos Román Caballero, Jorge Zueco del Rosario, Bernardo Angós del C. de María, Luis Carbayo del Carmen, Julián Umbón del C. de Jesús, Victoriano López de la Virgen del PIú, Dámaso Goñi de la Virgen del Plú, Juan Herrero de la V.
del Amor Hermoso, y los tres Padres Maximino Martínez de San José, Manuel Jiménez del
Corazón de Jesús y Buenaventura Iturri del Carmen, que por librarse del cautiverio, naufragaron en el mar.
Religiosos que descollaron como sabios y como escritores:
P. Pío Mareca de la Concepción: Antonio Úbeda de la Santísima Trinidad; Patricio Mercellán de S. José; Eustaquio Moreno del Rosario; Mauricio Ferrero de la V. de Vico, Santiago
Matute del Cristo de la 3.ª Orden; Nicolás Casas del Carmen; Casto Nájera de la Concepción;
Demetrio Navascués de S. José; Juan Ortiz de la Concepción; Félix Guillén de S. José; Víctor
Ruiz de S. José; Miguel Ugarte del Pilar: Juan Fernando Ruiz
141
de la V. del Socorro; Miguel García de S. José; Gerardo Díez de la Concepción; Florencio
Elizalde de la Concepción; Manuel Tarazona del Pilar; Vicente Pascual de S. José; Francisco
García de los Desamparados; Juan Briones del C. de Jesús.
Religiosos que desempeñaron altos cargos en la Orden:
Íñigo Narro de la Concepción; Mariano Bernad del Pilar; Juan Santesteban de S. José;
Eduardo Melero del Carmen; Florentino Sáinz de Vico; Manuel Mateo del Carmen; Francisco
Ayarra de la Madre de Dios; Mamerto Lizasoain de S. Luis; Patricio Adell de S. Macario;
Juan Cruz Gómez del Corazón de Jesús; Agustín Garrido de S. Antonio.
Religiosos que llegaron a ser Obispos:
Ezequiel Moreno del Rosario; Andrés Ferrero de S. José; Nicolás Casas del Carmen: sin
contar, porque vive, el octogenario P. Toribio Minguella de la Merced.
Para edificación de todos, véase la lista de Religiosos misioneros que salieron de Marcilla, solamente de Marcilla, a las Islas Filipinas.
6 de Marzo de 1866, diez. –23 de Enero de 1868, veinte. –4 de Octubre de 1869, dieciocho. –26 de Marzo de 1870, doce. –24 de Noviembre de 1870, tres. –1 de Abril de 1872, diecisiete. –25 de Mayo de 1872, quince. Principios de Mayo de 1873, veintiocho. –Noviembre
de 1874, siete. –Octubre de 1875, nueve. –Diciembre de 1876, once. –Junio de 1877, dos. –
Diciembre de 1877, once. –Julio de 1878, doce. –Octubre de 1879, catorce. –Octubre de
1880, ocho. –Septiembre de 1881, siete. –Octubre de 1882, once. –Agosto de 1883, diez. –
Abril de 1884, cuatro. –Mayo de 1884, catorce. –Enero de 1885, cuatro. –Noviembre de 1885,
doce. –28 de Septiembre de 1886, catorce. –17 de Octubre de 1887, diecisiete. –18 Septiembre de 1888, trece. –18 de Septiembre de 1889, catorce. –Diciembre de 1889, diecilocho.
142
Septiembre de 1891, diecisiete. –Octubre de 1891, cuatro. –Agosto de 1892, dieciseis. –Septiembre de 1893, diecisiete. –Septiembre de 1894, veintiuno. –Junio de 1895, treinta. –Septiembre de 1896, catorce. –Agosto de 1897, tres. –Septiembre de 1897, veintiuno. –Enero de
1906, ocho. –Noviembre de 1906, ocho. –Noviembre de 1907, siete. –Julio de 1909, nueve. –
Julio de 1911, seis. –Enero de 1912, cuatro. –Agosto de 1912, seis. –Octubre de 1912, dos. –
Id. id. id., nueve. –Septiembre de 1914, cuatro. –ld. id. id., tres. –Septiempre de 1915, tres. –
Marzo de 1916, cinco. –Julio de 1916, tres. –Septiembre de 1917, cinco.
Por último, permítaseme hacer un estracto de las misiones que han salido de este convento a diferentes partes del mundo; y también nombrar a algunos de los religiosos conventuales
que se han distinguido por sus virtudes y talentos.
Misioneros al Brasil. –Enero de 1899, catorce. –Abril de 1899, cuatro. –Junio de 1899,
seis. –Julio de 1899, cinco. –Septiembre de 1899, doce. –Octubre de 1899, cuatro. –Septiembre de 1900, dos. –Mayo de 1901, seis. –Febrero de 1902, cinco. –Noviembre de 1902, cinco.
–Julio de 1903, dos. –Septiembre de 1903, cinco. –Marzo de 1901, dos. –Septiembre de 1905,
tres.
Misioneros a los Estados Unidos de Norte América. –Septiembre de 1910, dos. –
Noviembre de 1911, cinco.
Misioneros a China. –Mayo de 1913, cuatro.
Misioneros a la isla de Trinidad. –Mayo de 1913, dos.
Misioneros a Colombia. –Enero de 1891, cuatro. –Diciembre de 1894, dos. –Septiembre
de 1895, tres. –Septiembre de 1898, trece. –Noviembre de 1898, diecisiete. –Junio de 1899,
cinco.
Misioneros a Venezuela. –Abril de 1899, ocho. –Abril de 1903, tres. –Octubre de 1903,
cinco. –Id. Id. Id., ,tres.
143
–Febrero de 1905, dos. –Diciembre de 1909, dos. –Enero de 1914, dos. –Septiembre de 1914.
tres. –Id. Id. id., cuatro. –Septiembre de 1915, cuatro. –Septiembre de 1916, cuatro. –
Septiembre de 1917, tres.
Véase la serie de Rectores del Colegio de Marcilla desde su fundación:
P. Fr. Gregorio Logroño del Nombre de María y P. Fr. Juan Gascón del Ángel Custodio,
año 1865.
P. Fr. Sabas Tejero de la Madre de Dios, trienio de 1867-70.
P. Fr. Marcial Bellido de la Concepción, 1870.
P. Fr. Íñigo Narro de la Concepción, 1873.
P. Fr. Mariano Bernad del Pilar, 1876.
P. Fr. Juan Pablo Ruiz del S. Cristo del Sudor, 1879.
P. Fr. Íñigo Narro de la Concepción, 1882.
P. Fr. Hilario Eraso de la V. de Araceli, 1885.
P. Fr. Florentino Sáinz de la Concepción, 1888.
P. Fr. Simeón Mendoza de S. José, 1891.
P. Fr. Mauricio Ferrero de la V. de Vico, 1894.
P. Fr. Fidel de Blas de la Asunción, desde Agosto de 1897 a Diciembre de 1898.
P. Fr. Víctor Ruiz de S. José, hasta el 3 de Junio de 1900.
P. Fr. Esteban Martínez de S. Antonio, hasta el 3 de Julio de 1900.
P. Fr. Demetrio Navascués de S. José, hasta Marzo de 1902.
P. Fr. Pedro Corro del Rosario, hasta Septiembre de 1905.
P. Fr. Florencio Aranda de la V. de los Dolores, 1905-1908.
P. Fr. Agustín Garrido de S. Antonio, 1908-13.
P. Fr. Pedro Pérez del Pilar, 1913-16.
P. Fr. Florencio Aranda de la V. de los Dolores, 1916.
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
EL BUEN SUPERIOR
Si tal fuera la mi lira que tristezas, modulara,
Lloraría amargamente y afligida deplorara
Las desdichas que atormentan a la pobre sociedad;
Deplorara sus miserias, sus torturas padecidas
Por estar las relaciones perturbadas, infringidas
Entre el súbdito y el otro que posee autoridad.
Lloraría porque apenas en el mundo se conocen
Las doctrinas de la Iglesia, que me llenan de placer;
Los encantos deleitables, las bellezas luminosas
Con que exhiben sus creencias el mandar y obedecer.
De lo hombres la natura es igual en todos ellos,
Y obediencia no se debe a persona que es igual;
De Dios, fuente de tesoros, se originan potestades:
Obediencia muy sumisa corresponde a poder tal.
De aquí nace lo sublime de la cristiana obediencia
Que no humilla al que somete su querer al superior;
De aquí nace el fundamento eternal, inconmovible,
Del mandar sin tiranías, sin soberbia, con amor.
Y ese mundo que se olvida de fulgores tan grandiosos
Cada día los efectos de su error debe sentir:
En los unos reinan fieros la crueldad y el despotismo;
En los otros odio intenso cual los ecos del rugir.
Estas cosas lloraría con mil ayes lastimeros
La mi lira que se mueve con las notas de la luz;
Estas cosas deplorara con acentos delicados,
Cuando veo que sed olvidan los destellos de la Cruz.
145
Mas no llantos, sólo hoy quiero bosquejar muy tenuemente
La bellezas que circuyen con vivísimo color
Las pisadas y los pasos, las acciones y las obras
De un Prepósito in tacha o de recto Superior.
Él, fijando su mirada en Jesús, el gran modelo,
Que, gozando de poderes imposibles de perder,
Rutilante se presenta sin pecado, que repugna
En persona que es divina y no puede el mal querer.
Modelando va sus pasos y rigiendo sus acciones
Por la luz esplendorosa que despide este ejemplar,
Y cuanto hace, cuanto dice, cuanto piensa lo encamina
A la gloria del modelo, de quien viene el bien obrar.
El al súbdito gobierna dulcemente, con prudencia,
Inspirando sus preceptos en las fuentes del amor
Porque anhela como padre ser amado y no temido,
A lo menos con el bajo y rüin servil temor.
Y los súbditos le aman porque son bien gobernados
Can cariño tan intenso que penetra el corazón;
Y, si a veces algo temen, sus temores son filiales
Que son bellos, ya que ayudan a la santa dilección.
Él feliz se considera y se alegra santamente
Porque tiene potestades de gobierno, del regir.
Y con ellas puede siempre, no humillar a sus hermanos,
Sino amante, como Padre, ayudarles y servir.
Si corrige a los inquietos, sólo anhela que el buen orden
Perturbado se establezca, y que el pobre que pecó
Sus errores reconozca, y los llore con provecho
Alcanzando los perdones de su Dios a quien hirió.
Él abraza al que está enfermo con entrañas maternales,
Y consuela al pusilánime, que no tiene voluntad,
Con alientos que confortan porque fundan la esperanza
En un Dios de amor inmenso e infinita potestad.
Él eleva sus plegarias con fervores ardentísimos,
Y depreca por el súbdito alcanzando todo bien;¡
Él lo guía bondadoso por veredas siempre rectas
Que conducen sin tropiezos a la célica Salén.
146
Él emprende planes dignos de la gloria del Eterno
Que pregonan elocuentes de su pecho la virtud;
Él se agita muy afanoso y se mueve sin descanso
Con desprecio de la tierra, de la baja finitud.
Tal vez cruza vastos mares que en su mágica grandeza.
Ya tranquilos o deshechos en horrible tempestad,
Altamente y muy sublimes publicando están contino
De un Dios fuerte y poderoso la inefable majestad.
Y los surca solamente, padeciendo mil quebrantos,
Para ver al hijo amado que lo espera con ardor;
Y se abrazan padre e hijo, y éste narra confiado
Sus consuelos o pesares, sus dulzuras o dolor.
Y el buen Padre se consuela con el hijo consolado;
Y derrama también lágrimas cuando ve al hijo llorar;
Y lo anima y lo enardece con la eterna recompensa,
Con la gloria imponderable de quien sabe bien triunfar.
Él, por último, dispone a sus hijos moribundos
Que postrados libran fieros su combate ya postrer;
Los bendice, los consuela, fortifica y robustece,
Les prodiga mil cariños ahuyentando su temer.
Y los hijos que despiertan de la gloria en las mansiones,
Ostentando las sus sienes circundadas de arrebol,
Contemplando vivamente de su Dios la misma esencia
Y nadando en luz inmensa más fulgente que este sol,
Sus plegarias por el Padre, que en la tierra ya dejaron,
Al Eterno le presentan con acento muy febril;
Y consiguen cuanto imploran y Dios colma de bondades
A aquel Padre y le corona de favores más que mil.
Y sucede lo admirable que entusiasma y enardece:
Que el gobierno que en tiranos es la fuente del rencor,
En un Padre es imán firme que encadena para siempre
Las humanas voluntades y las une al Criador.
………………………………………………
¡On lectores!, con las notas que mi lira ha modulado
Me propuse a un buen Prepósito en abstracto describir,
Superiores semejantes bien sabéis que nunca fueron,
Pues lo abstracto sólo puede en las mentes existir.
147
Mas es cierto que nosotros, que tenemos los sentidos,
Elevamos nuestra mente a lo que es inmaterial
Instruyendo lo existente, lo concreto, lo sensible,
Que es la guía que nos hace conocer lo espiritual.
Y por eso en el bosquejo precedente me propuse
Un modelo bien sensible, de sus pasos yendo en pos:
El retrato, aunque pobre y no exacto, lo habéis visto:
El modelo yo lo callo. ¡No lo sabe sino Dios!
Porque aspiro solamente a que todos los que mandan,
Imitando a Jesucristo, divinísimo ejemplar,
Que a los suyos llamó amigos y tratólos como a hijos,
Desangrándose por ellos de la Cruz en el altar,
Sean Padres que gobiernen con entrañas de ternura,
No con látigos de déspotas que producen sólo hiel;
Y que, viendo a cada uno y pensando en mi modelo,
A porfía digan todos: el modelo ¿será él?
FR. JUAN MARTÍNEZ MONGE
A. R.
Marcilla (Navarra) 2 Febrero de 1918
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DÉCADA XI
1
CAPÍTULO PRIMERO
ARTÍCULO I
Biografía del P. Fr. Juan de la Presentación
Sumario: Filiación y primeros años en el claustro. –Ocupa algunos empleos. –Rector, Definidor, Prior Provincial. –Funciones de Provincial. –Actas del Capítulo General del año 1678. –Es elegido Vicario General.
–Su Generalato. –En Campillo de Altobuey. –Breve de Inocencio XI. –La capilla de la Virgen de
Copacavana. –Capítulo General intermedio. –Cofradía del Santo Cristo del Desamparo.
–Asuntos de Filipinas. –Asuntos de la Candelaria. –Reimprime un libro.
–Estampa el tomo II de las Crónicas Generales.
Abre las páginas de este volumen la veneranda figura del Padre Fr. Juan de la Presentación, Vicario General de la Congregación Recoleta, fallecido a 9 de Julio de 1689. Bien merece este honor, sea por sus grandes cualidades de religioso, sea por las de hombre de gobierno,
o bien porque, habiendo él autorizado la impresión del tomo II de nuestra Historia y propendido por la publicación de otros libros mandando censurarlos, como Superior, para que se
estamparan
1
Estamos de enhorabuena. Ya ha comenzado a publicarse el tomo V de nuestras Crónicas generales. El P. Cronista ha querido honrar este BOLETÍN enviando los dos primeros artículos que figuran en el libro para que
sea esta Revista la primera en brindar al público una prueba anticipada del trabajo en el que dominan tres
notas: sobriedad de estilo, documentación inédita y criterio cuidadoso. ¡Sea a mayor gloria le Dios!
149
convenientemente, derecho tiene a encabezar la serie de los prohombres contenidos en este
volumen en que se reanuda la Historia después de más de dos siglos interrumpida. Nació en
Madrid, fue bautizado en la Parroquia de San Nicolás, hijo de Juan Fernández e Isabel Herrera1. Aficionado a nuestros religiosos del convento de Copacavana, solicitó su ingreso en el
noviciado, de cuyas pruebas salió bien reputado, según informes de su Maestro Padre Fr.
Alonso de los Santos, razón por la cual se le admitió a la profesión que verificó el 30 de Noviembre de 1650, en manos del Padre Prior Fr. Andrés de la Asunción2.
Reconocemos que tenía letra clara y primorosa, en vista de su firma y del acta de la profesión redactada de su propio puño; habilidad que no desmejoró en la vejez, por cuanto hemos
visto varios documentos suyos durante su Vicariato General escritos con letra tal, que lo acreditan como uno de los mejores pendolistas recoletos del siglo XVII.
Sacerdote era en el año 1658, y conventual de Madrid, ya que a 10, 11 y 12 de Julio vemos que el P. Prior lo comisionó para que hiciese de Secretario de otro Padre en orden a practicar tres Informaciones de novicios que iban a profesar en el susodicho año3. L!ámase!e en
esos expedientes Predicador, lo cual significa que hacía algún tiempo que era Sacerdote, o que
tan buena era su disposición para el púlpito que los Superiores le dieron la Patente de tal, recién ordenado. Además figura en Madrid como Notario Apostólico en el acta de una profesión de novicio verificada a 13 de Agosto del mismo año4.
El año 1659 lo pasó en La Nava de Rey explicando artes, y juzgamos que de Madrid se
trasladó a ese convento a fines del anterior para comenzar el curso. Nos da derecho a estas
afirmaciones el expediente de las Informaciones de un novicio, cuya realización se la encargó
a 27 de Septiembre de 1659 el P. Provincial, Fr. Pedro de San Pablo al P. Juan, que residía a
la sazón en Nava de Rey, en calidad de «lector de artes»5. Él aceptó la comisión a 2 de
1
Bib. Nac., mss. Libr. de prof. de Madr., fol. 160 v.º, sig. 6.583.
Ibid.
3
Arch. hist. nac., Lib. de Inf. Madr., leg. 41.
4
Bib. Nac., ms. 6.583.
5
Arch. hist. nac., Lib. de Inf. Madr., leg. 41.
2
150
Octubre y la desempeñó prontamente. Continuó el ejercicio del magisterio y seguidamente
obtuvo el título de Lector en teología. Tuvo que interrumpir el profesorado y encargarse del
Subpriorato de Valdefuentes1 y muy luego del de Toledo2, durante el trienio 1665-1668; así
como tuvo que encargarse de verificar las Informaciones para uno que profesaría en Toledo,
por encargo se su Provincial, Fr. Bernardino de San Agustín3, a 8 de Septiembre de 1668.
A persuadirnos más y más de su excelente proceder viene el argumento de que pasó de
Subprior a Secretario de Provincia, muy a gusto del P. Provincial Fr. Juan de San Nicolás,
dentro del mismo trienio, pues lo vemos refrendar un documento provincial en Alcalá a 8 de
Abril de 16684, documento en que se concede licencia a la comunidad de Valladolid para fundar la Cofradia de Santiago. Ni cabe decir que fue elegido en el Capítulo de 1668 por primera
vez, puesto que la Pascua de Pentecostés, fecha en que se celebró, cayó ese año a 11 de Mayo.
En el Capítulo de 1668 fue, pues, reelegido Secretario, y consta por la firma de al que estampó a 20 de Junio de 16685 al pie de un expediente propvincial para dar la profesión a
Andrés de la Concepción, novicio de Talavera, siendo Provincial el P. Fr. Juan de San Eugenio, y por un Capítulo conventual celebrado en Madrid6 en Julio del propio año. En 1671
ocupó el Rectorado de Alcalá, y era un tiempo este en que el claustro le Lectores, los cinco
que allí convivían, representaban su papel con excepcional lucimiento. También quedó agraciado en el mismo Capítulo con el honrosísimo nombramiento de Discreto para el Capítulo
General que se celebraría al año siguiente7.
Al terminar el Rectorado de Alcalá sucedió que en el convento de Toledo túvose un muy
solemne y famoso triduo de fiestas para celebrar la dedicación de una de las capillas del templo en construcción, en la cual se colocó la imagen de Nuestra Señora de Copacavana, muy
venerada y querida en Toledo. Pues bien; los Padres de Toledo pensaron en elegir un orador
de los nuestros que descollase
1
Crón., tomo IV, n. 935.
Arch. hist. nac. Tol. leg. 94.
3
Ibid.
4
Arch. hist. nac. Vallad. leg. 217.
5
Arch. hist. nac. Tol. leg. 94.
6
Arch. hist. nac. Madr. leg. 40.
7
Crón., tomo IV, n. 465.
2
151
en la Provincia, a fin de que no hiciese mal tercio con los otros dos predicadores, que serían
seglares, y escogieron al P. Fr. Juan de la Presentación, quien predicó el segundo día que cayó
a 1.º de Mayo. Véase qué elogio hace del sermón el autor de una memoria o relación de estas
fiestas1: «Segundo día hiço la fiesta este muy Religioso Convento, canto la Missa el P. Prior le
Casa. Predico el P. Fr. Juan de la Presentación, lector de Teologia jubilado y Rector que a la
saçon era del Collegio de San Nicolas de Tolentino de la insigne Universidad de Alcala, fue el
Sermon tan curioso y delicado de conceptos, que dio mucho gusto a todos».
Nos llaman la atención las circunstancias de que suspendiese el Lectorado y de que de
Subprior pasase a ocupar los cargos indicados y otros más altos; porque tenemos observado, y
una muy repetida serie de casos nos confirma en ello, que, por lo general, elegían en aquellos
tiempos para Subpriores a religiosos que sobresalían más por sus prendas de devoción y piedad que por sus aptitudes para el gobierno y que por sus luces intelectuales, y así, no solían
ascender a Priores ni menos Rectores de las Casas, sino que o desempeñaban por muchos
años los mismos oficios, cambiando de conventos, u ocupaban cargos secundarios, como de
Maestros de novicios, Sacristanes, Maestros de profesos, etc.; siendo lo ordinario que los cargos de Prior, de Provincial, Definidor, etc., eran encomendados a los que después de cursar el
Lectorado, obtenían la jubilación, y no antes. La carrera de las prelacías por el Lectorado comenzaba; por eso se explica que casi todos los Prelados se firmen Lectores jubilados.
Terminado su Rectorado felizmente, ascendió a la Definitura de Provincia el año 1674, y
tuvo por residencia el convento de Madrid, donde a la sazón actuaba como Prior el P. Fr.
Andrés de la Asunción, homónimo del Prior que le diera la profesión, por no decir el mismo,
cosa que no hemos evidenciado. En el Priorato del P. Fr. Andrés, al título de Definidor unió el
P. Fr. Juan el de Depositario del convento2. Todo el trienio residió en Madrid, por cuanto vemos en el libro primero de profesiones de Madrid3 que
1
Arch. gen. carp. B.
Arch. hist. nac. Mad. leg. 40.
3
Bib. nac. sec. mss. 6583.
2
152
asistió al acto de varias. En este tiempo celebró la Provincia de San Nicolás, 1675, su Capítulo, y en él diéronle los votos1 para que en calidad de primer Definidor la representara en el
Capítulo General que se celebraría el año 1678, designación que no desempeñó porque obtuvo
otro cargo incompatible con éste, pero que revela la fama de sus méritos, que por el archipiélago filipino se divulgara. Llegó el año 1677, y el P. Juan se vio elegido Prior Provincial de
Castilla2.
Hacemos notar que desde que comenzó la carrera de los superioratos este religioso no
dejó de desempeñar alguno, y siempre en grado ascendente. Durante su Provincialato acaeció
la terminación de la fábrica del templo de Toledo, y la fiesta solemne con que celebraron el
suceso, según relación inédita3 que copiaremos en otro lugar; diremos ahora únicamente que a
principios de Febrero de 1678 se trasladó de Madrid a Toledo para asistir a las fiestas, que
comenzaron el día 13 con la bendición de la capilla mayor o presbiterio, bendición dada por el
Ilmo. Sr. D. Luis de Morales, Obispo de Troya, auxiliar de Toledo, con asistencia también de
N. P. Vicario General, Fr. Francisco de San José, y muchos religiosos nuestros que habían
acudido para dar más esplendor al acto. Por la noche trasladaron los restos de los difuntos al
nuevo panteón, y dice la relación que hallaron incorruptos a «N. P. Geronymo de la Resurrección, primer Vicario General: P. Fr. Acacio; Herm.º Fr. Pedro Valgame la Virgen y otros dos
o tres, que todos hacen cinco o seis Cuerpos enteros». La traslación del Santísimo Sacramento
y de las imágenes sagradas de la iglesia antigua a la nueva se verificó el 20 de Febrero con
extraordinaria solemnidad y concurrencia de pueblo, de nobleza, de eclesiásticos y religiosos
de dentro y fuera de Toledo. Hablando de la procesión se expresa el autor de la relación en
esta forma: «Luego se siguió N. P. S Augustin en sus andas ricamente alhajadas, y vestido a
lo Recoleto, llebado en ombros de quatro Religiosos, dos Calzados y dos Descalzos con roquetes. Luego Ntra. Sra. de Copacavana riquísimamente alhajada y vestida en la misma conformidad: ante quien inmediatamente iba con el estandarte de la Religión el Excmo. Sr. Marqués de Manzera acompañado
1
Arch. prov. Lib. 1.º de Bec.
Crón., tom. IV, núm. 760.
3
Arch. Gen. carp. B.
2
153
y asistido de toda la nobleza de esta Ciudad y Casa Real con sus velas encendidas. Luego se
seguía la Religión hecha un Cuerpo, aunque interpollado, de Religiosos Descalzos y Calzados
en número de más de ciento y veinte, a quienes todos presidían N. P. Fr. Francisco de S. Joseph, V.º General, y N. P. Fr. Juan de la Presentación, Provincial, junto a quienes iba Christo
Nuestro Bien Sacramentado en riquísimas andas y Custodia grande de plata sobredorada».
Continuaron los regocijos varios días, y en verdad que muy complacido estaría el P. Fr.
Juan al ver coronadas tantas aspiraciones de su Provincia, precisamenle en los últimos meses
de su trienio.
Giró visita pastoral a sus conventos, de la que sacaron no pequeño provecho: en Valladolid la practicó recién elegido, o sea, a 11 de Noviembre de 16771; y en Toledo a 26 de Febrero
de 16782.
Y llegó el tiempo de celebrar el Capítulo General de la Congregación, año 1678. Nuestro
Padre Vicario General, Fr. Francisco de San José, despachó la convocatoria para celebrarlo
por la Pascua de Pentecostés en el convento del Toboso, y se reunieron veintitrés Padres vocales, faltando el Provincial de Filipinas, el de Colombia y el de Aragón, éste por hallarse enfermo y aquéllos por la mucha distancia, y faltando también los Definidores y Discretos por
Filipinas. Los de la Candelaria concurrieron porque no fueron elegidos de entre los miembros
de la Provincia, sino de lo conventuales de España. Faltó además el P. Procurador General de
Roma. Entre estos veintitrés capitulares sí figuraba el Provincial de Castilla, Padre Fr. Juan de
la Presentación3.
Una vez que trataron todo lo concerniente a las actas, entre las que figura por primera vez
que los Padres Lectores puedan obtener la jubilación a los doce años de trabajo loable, procedieron a la elección de Superior General, que recayó en nuestro biografiado por unanimidad
de votos, «atendiendo solamente a los méritos sin que fueran abultados, en modo alguno, por
las pasiones particulares»4.
1
Arch hist. nac. Libr. de rec. leg. 213.
Arch hist. nac. Libr. de rec. leg. 91.
3
Crón., tomo IV, núm. 760.
4
Ibid., núm. 762.
2
154
El P. Fr. Pedro de San Francisco llama al Vicario General absoluto1 emulador de Elías y dice
que «dexo por sucesor a un Eliseo».
Conviene traer aquí algunas de las Actas que existen en el Archivo General, establecidas
en este Capítulo, ya porque a formar algunas contribuyó N. P. Fr. Juan, ya porque tocóle publicarlas, y en todo caso porque están unidas siempre al Capítulo en que salió nombrado como
guardián y defensor de ellas nuestro biografiado. Veinte nuevas y treinta y siete confirmadas
fueron las actas de este Capítulo de 1678, de las cuales unas versan sobre la más rigurosa observancia de las leyes, otras sobre la educación religiosa e intelectual de los jóvenes, otras
sobre las misiones, otras acerca de economía y procuración de bienes temporales, y todas,
más o menos convenientes y más o menos oportunas, manifiestan el espíritu reinante de aquellos venerandos hijos de San Aguslín. Entresaquemos algunas de las nuevas: la 1.ª trata de
fundar una casa de Profesado para la buena educación de los Coristas; la 2.ª determina dar
voto en los Capítulos Provinciales a los Maestros de novicios; la 3.ª ayudar a los Lectores de
Artes; la 5.ª dice: «Item se determinó que el Hospicio de Méjico quede a la Provincia de Filipinas, con condición de remitir los doscientos pesos cada un año, los cuales, con ochocientos
que están habidos, de atrasados, según consta por el convenio que se hizo en el Capítulo General que se celebró en la ciudad de Valladolid, se apliquen para la canonización de los santos
Mártires de nuestra Sagrada Religión; la cual cantidad es voluntad de este Capitulo General
no se gaste en otra cosa, de lo cual quede encargado N. P. Vicario General». En el Acta 10 se
ordena que se cante la Salve en las nueve fiestas de Nuestra Señora y en el día de su Patrocinio.
De entre las Actas de Capítulos anteriores en éste confirmadas, la que «manda que con
todo cuidado se solicite la canonización de los Santos Mártires de la Religión, y que este cuidado y solicilud le pone el Capítulo General en N. P. Vicario Genera! y su Definitorio». La 27
es de esta conformidad: «ltem se confirmó el acta que manda que el segundo tomo de la
Crónica se procure dar con toda brevedad a la estampa, y que para el coste de ello ayuden
todas las Provincias».
1
Ibid., núm. 759.
155
Copiamos también la 50: «Item se confirmó el acta que manda que en todos nuestros conventos el día del glorioso San Joseph, como Patriarca y Protector de nuestra sagrada Religión, se
celebre y festeje con Misa y Sermón, descubierto el Santísimo Sacramento por la mañana, y
que en ese día tengan obligación los PP. Priores a dar un extraordinario a la Comunidad: y en
caso que en su día propio no se pueda celebrar, mandamos se celebre dicha fiesta con la solemnidad dicha el día que a los PP. Priores les pareciere más conveniente».
Como Vicario General, al año siguiente presidió el Capílulo Provincial de Aragón, celebrado en Zaragoza, en el cual quedó electo Provincial un sujeto de singular memoria, P. Fr.
José del Ángel Custodio; se dieron seis actas muy buenas acerca de la observancia, además de
otras de distinto carácter1. A 8 de Octubre del mismo año de 1679 celebró un Definitorio o
Junta General, como en aquel tiempo se llamaba, en que se dictó una medida de orden
económico administrativo2, tan útil y práctica, que no sólo rigió durante su sexenio, sino que
sirvió de norma en lo sucesivo; así es que en el Definitotio de 19 de Noviembre de 1702 vemos que se cita esta medida con encomio y se la vigoriza adoptándola más firmemente. Celebró además otro Definitorio el 17 de Enero de 1680 y acordaron seis definiciones importantes; lo propio hizo el 17 de Noviembre de 1681, Definitorio en que se estudiaron tres puntos
de carácter disciplinario3.
Hallámosle en Toledo a 27 de Febrero de 1680, y es de notar que con él estaban dos Definidores Generales, además del P. Secretario y el P. Provincial con el suyo, pues aparecen las
seis firmas con esa fecha4; en el mismo día, pero del año 1683, vuelve a aparecer haciendo la
Visita general5; y todavía e encontraba allí (o regresó acaso a Toledo), a 5 de Julio del mismo
año6. El convento de Valladolid fue visitado por él, en persona7, dos veces, a 12 de Abril de
1680 y 23 de Noviembre de 1682.
1
Arch. Gen. carp. B.
Ib., leg. 21.
3
Ibid. y carp. C.
4
Arch. hist. nac., Tol., leg. 90.
5
Arch. hist. nac., Lib. de rec. y gast., leg. 1.
6
Arch. hist. nac., Tol., leg. 90.
7
Arch. hist. nac., Lib. de recib. y gast., leg. 213.
2
156
Tocó, además de esto, a N. P. Fr. Juan dar los primeros pasos para la fundación del memorable convento de Campillo de Altobuey, de la Provincia de Andalucía; autorizó al P. Lector Fr. Juan de San Nicolás para que en su nombre se trasladara a Campillo y comenzase a
tratar del negocio, como se trasladó en Enero de 1680, y a 8 del propio mes firmó la escritura
de fundación que sería en la ermita de Nuestra Señora de la Loma. Surgieron a consecuencia
de esto graves disturbios movidos por los PP. Franciscanos de la villa de Iniesta, alegando
lesión de derechos, pero N. P. Vicario General orientó con informes verdaderos al Procurador
General de Roma, y se logró recabar de la Sagrada Congregación de Regulares dos Decretos a
nuestro favor, el uno de fecha 6 de Marzo de 1681 y el otro de 14 de Noviembre1. Además
una Bula de Inocencio XI, que comienza Nuper pro parte, fechada el 26 de Abril de 1681, la
cual publicarámos aquí íntegramente y por primera vez, ya que el autor de nuestro Bulario, o
Funiculus Triplex, no la insertó en él, pero la dejamos para que se publique en el nuevo Bulario cuya formación está adelantada. Este Breve puso fin a la contienda con grandísima satisfacción de N. P. Fr. Juan2.
Cúpole de más a más la fortuna de ver durante su gobierno terminada la magnífica capilla
dedicada a la Virgen de Copacavana, tan célebre y venerada en Madrid, y la cual dio nombre
a la iglesia de nuestro convento madrileño. Efectivamente, el 4 de Septiembre de 1683, a las
ocho de la mañana, con asistencia suya, se bendijo la capilla; el día 20 se colocó su Divina
Majestad, y el 21 comenzóse un solemne novenario de fiestas, cantando la primera Misa N. P.
General, en la cual predicó el P. Provincial Fr. José de la Encarnación, que había sido Secretario suyo3.
«Governaba el Agustiniano Hiermo de nuestras Provincias de España, e Indias, nuestro
Padre Fr. Juan de la Presentación, dice un autor4, con aquellos aciertos, que se esperaron
siempre de su gran religiosidad. Era sin duda muy hombre este Prelado, capaz de regir por sí
solo medio mundo». Esta hipérbole fue escrita como preámbulo de la relación del Capítulo
Intermedio en que debían ser
1
Crón., tom. IV, núms, 873 y 874.
Arch. gen., carp. A.
3
Arch. hist. nac., Madr., leg. 43.
4
Crón., tom. IV, núm. 878.
2
157
cambiados los Delinidores Generales, que entonces duraban tres años. Celebróse, en efecto, el
Capítulo, convocado por el P. Fray Juan, en el colegio de Alcalá de Henares el día 24 de Mayo de 1681, con asistencia del Vicario General, sus dos Definidores, los tres Provinciales de
España, el Procurador de la Curia Regia y el Secretario General. No asistieron los Provinciales de Indias. Reinó la paz y el ideal por la gloria de Dios y de nuestra Recolección sagrada,
así en las elecciones como en las determinaciones. Fueron reelegidos el Procurador y el Secretario, señal de que andaban de acuerdo con el Prelado y muy satisfechos de las miras de su
gobierno.
Hubo por el año de 1682 en el convento de Madrid un asunto de alguna importancia, y
fue la reorganización de la devotísima y numerosa Cofradía del Santo Cristo del Desamparo
que en nuestra iglesia funcionaba. Venida a menos, y anhelando reformar sus Estatutos, por
conducto de su Presidente o hermano mayor, Excelentísimo Sr. Conde de Benavente, rehiciéronlos con modificaciones aconsejadas por la experiencia, y sometiéronlos a la consideración
de la Consulta conventual, a la cual asistió para darle al asunto más firmeza, además del P.
Provincial, el misnio P. Vicanio General en persona, Fr. Juan de la Presentación. Los Estatutos o Constituciones de la Cofradía fueron aceptados por la Consulta presidida por él a 12 de
Julio de 16821.
Con respecto a la Provincia de Filipinas, medió en favor de la dilatación y seguridad de
nuestro apostolado por Calamianes, como lo reconoce el P. Provincial Fr. Isidoro de Jesús
María en carta escrita en Manila, a los 28 de Mayo de 1683, a N. P. Juan, en la cual, después
de exponer las penalidades de aquellos misioneros, le pide2: «He informado sobre esto al Sr.
Governador; y porque no espero remedio alguno de su mano, suplico a V. Reverencia, que,
con el memorial e instrumentos adjuntos, los procure de la piedad Real; y si no, habremos de
apelar a Dios, porque semejantes trabajos
1
Noticias históricas acerca de la verdadera imagen del Santísimo Cristo del Desamparo y de su real e ilustre
Archicofradía, establecida en la iglesia parroquial de San José de Madrid, con un examen razonado de los
principales dogmas y festividades a que se refieren sus Constituciones, por D. Jorge Borondo y Romero,
Presbítero. –Madrid. Imprenta de la viuda e hija de Gómez Fuentenebro. Bordadores, 10, Abril de 1889. –
Págs. 251.
2
Crón., tom. IV, núm. 831.
158
son muy frecuentes en varias partes de estas islas». Los despachos diligenciados en Madrid
por este solícito Prelado General debieron de tener buen fin, porque notamos que los ministerios en aquella región, a partir de esa fecha, se fueron entablando hien hasta tal punto, que en
el año 1686 el Capítulo Provincial ordenó la creación de una doctrina nueva en el pueblo de
Tancón, que después pasó a Culión.
En pro de la Provincia de Filipinas también intervino muy activamente, obrando de consuno con el P. Comisario Fr. Juan de la Madre de Dios para organizar en un solo año la numerosa y lucidísima misión que partió de Cádiz en Marzo de 1683. No cabe dudar que la acogida
benévola que hizo al P. Comisario en Toledo y después lo que coadyuvó con cartas y con una
muy entusiasta convocatoria que hizo para que se inscribieran voluntariamente los cuarenta y
cinco misioneros influyó no poco en el feliz éxito de la empresa, que en ningún Vicariato se
organizó y realizó tan prestamente1.
Acerca de Méjico únicamente sabemos que el P. Presidente del Hospicio le escribió a N.
P. Vicario General, y, en contestación, éste le dice en carta de 17 de Octubre de 1682 entre
otras cosas una que revela que dejaba obrar a los Prelados subalternos y no quería inmiscuirse
en sus asuntos. «En orden al Religioso que V. Reverencia me dice, V. Reverencia lo toca de
más cerca, y según esto puede disponer lo que sea de más conveniencia para el servicio de
Dios, para el bien de la Religión, y utilidad de ese Hospicio, que yo daré por bien hecho lo
que V. Reverencia dispusiese en esta materia»2.
Respecto de la Provincia de la Candelaria, no relatamos como propia de esta biografía la
serie de incidentes sucedidos en Bogotá cuando, en virtud de una Real Orden que mandaba
demoler todos los conventos de América fundados sin la real licencia, fue demolido nuestro
convento, demolición que fue civil y no material, como recurso para evadir la ley mientras se
informaba a Madrid. Por eso, dicha Real Orden del año 1653 no había tenido aplicación hasta
el año 1679 en que Carlos II, por Real cédula de 15 de Marzo, ordena
1
2
Crón., tom. IV, núm. 914.
Arch. gen., carp. E.
159
que «sin embargo de los autos se demoliese». Fué entonces cuando se trasladaron los restos
de los difuntos a otra iglesia, se descolgaron las campanas, se retiró el Santísimo Sacramento,
selláronse las puertas y, apoyados los nuestros por solicitudes e informes de todas las clases
sociales, resolvió la Provincia enviar a la Corte al Padre Fr. Lucas de San José a fin de que,
amparado por el P. Vicario General, se revocase dicha Orden; así fue, pues el P. Fr. Lucas
partió de Colombia en Septiembre a Madrid, donde encontró al Superior muy dispuesto a favorecer a los hijos de la Candelaria. No poco tuvo que trabajar interponiendo las influencias
de que gozaba en la Corte, pero al fin se consiguieron despachos favorables, o sea, una Real
Orden de 2 de Abril de 1681, en la cual se mandaba al Gobernador de Santa Fe de Bogotá que
se conservase el hospicio1.
Con especial solicitud diligenció la reimpresión de la famosa obra del P. Fr. Agustín de
San Ildefonso, Theologia mística, obra tan leída entonces como lo es ahora Guía de pecadores
del P. Granada o Ejercicio de perfccción, del P. Rodríguez. En los preliminares impresos de
este libro figura la firma del Superior General; pero no omitiremos traer aquí la real licencia,
que se conserva original en nuestro archivo de Madrid.
«El Rey. Por quanto por parte de vos Fr. Juan de la Presentacion Lector de theologia jubilado y Vicario general de la Congregacion de España e Indias de los descalzos de San Agustin, nos fue fecha relacion que el año 1644 hauiamos sido servido de conceder lizencia para
que fray Agustin de S. Ildefonso religioso de dicha orden sacasse a luz un libro espiritual yntitulado Theologia Mistica Impreso en Alcala por Maria Fernandez ympresora de la Vniversidad del qual y de su doctrina hauia sido tan crecido el aprovechamiento de las Almas que
despues de aber consumido la primera Impresion solicitaban al presente con maior instancia
se volviese a dar a la estampa para lograr la buena direccion de maestro tan grande de espiritu
etc., etc.»2. La licencia está otorgada en Madrid a 11 de Septiembre de 1682.
No sotamenle para la impresión de este libro trabajó, sino para la
1
2
Arch. prov. y Crón., tom. III, núm. 691.
Arch. gen., carp. A.
160
de otro muy más interesante para nosotros, conviene a saber: el tomo II de nuestra Historia
general. Los gastos que demandaba el editarlo embarazaban a los Superiores en empresa de
tal naturaleza, pero al P. Fr. Juan no, porque supo acudir a la contribución alícuota de las Provincias y a otros recursos, y el tomo estuvo en disposición de entrar en las cajas de imprenta a
fines de 1679. La censura del libro fue encomendada por él al P. Fr. Andrés de la Asunción y
al P. Fr. Alonso de Santo Tomás, quienes informaron favorablemente a mediados de Diciembre del citado año. Firma la licencia de la Religión N. P. Vicario en el convento de Talavera a
16 de Diciembre de 1679, donde se encontraba, probablemente de visita oficial. No contento
con esto, él mismo se tomó el trabajo de dedicar la obra al Excmo. Sr. D. Jaime Fernández,
Duque de Híjar, Conde de Salinas, cte., etc., Protector de nuestra Congregación, con unas
páginas que al principio del volumen se encuentran. Comienza la dedicatoria recordando que
los antiguos representaron a las tres Gracias en forma de tres hermanas asidas por las manos,
risueñas y jóvenes, lo aplica, siguiendo a Séneca, al benefactor, al beneficiado y al acto de
agradecimiento, y lo comenta de este modo ingenioso: «Tuvieron razón en pintarlas hermanas. ¿Quare sorores sunt? Porque dar, recibir y agradecer son hijas de una misma madre, la
caridad. Asidas de las manos. ¿Quare manibus implexis? Porque el beneficio que salió de la
mano del bienhechor vuelva de mano en mano a la del mismo que le obró. Risueñas. ¿Quare
ridentes? Porque el dar no ha de ser con ceño, como ni el recibir y agradecer no admiten disgusto. De poca edad las fingieron. ¿Quare juvenes? Porque la memoria del recibido favor no
se ha de envejecer en el pecho de quien se reconoce favorecido». De seguida recuerda los
singulares favores que los ascendientes de la casa de este Duque y Conde hicieron a la Recolección agustiniana, y cómo ésta correspondió en todo tiempo. Luego, aprovechando la ocasión, deshace la calumnia que contra la casa solariega de los Salinas corría muy valida por la
Corte, reproduciendo algunos documentos de mucha importancia que justifican por completo
a los calumniados. En acabando esta defensa, que introduce como paréntesis, manifiesta muy
complacido: «El primer tomo de esta General Historia puso a los pies de su Majestad el Señor
161
Filipo Quarto la atencion de mi Religion, por reconocer que es deuda natural a nuestro Supremo Dueño y Monarca. Llego a los umbrales de V. Exc. con el segundo, en nombre de mi
Familia Recoleta, significando nuestro agradecimiento en estas líneas, que puestas en la publicidad por medio de la prensa, eternicen lo mucho que a V. Exc. debemos todos».
N. P. Vicario General envió un ejemplar al Excmo. Sr. Protector residente en Zaragaza,
quien contestó con una carta muy expresiva y cristiana con fecha 11 de Agosto de 1682, y
quien además le remitió por conducto seguro trece doblones1.
El día 6 de Octubre de 1683 celebráronse en Madrid, en la capilla del palacio real, muy
solemnes exequias por el alma de la Reina Doña Isabel de Borbón, y los cortesanos eligieron
al P. Fr. José de Jesús María, después Obispo de Alguer, para que pronunciase la oración
fúnebre, como lo hizo muy famosamente. Pues bien, N. Padre Vicario General, gozoso por el
triunfo de su súbdito, vio con muy buenos ojos que se imprimiera dicho sermón a los pocos
días. Hemos advertido al leer la portada que el autor le dedicó su producción a N. P. Vicario,
pero, en vez de hacerlo dirigiéndole loas y epítetos retumbantes, se contenta con estas palabras: «a Fr. Juan de la Presentación Vicario General». Es que no quiso el autor, que conocía
bien quién era el del homenaje, supuesto que con él convivía en Madrid como Definidor Provincial, disgustarlo con estampar frases de alabanza ni títulos honoríficos.
1
Arch. gen., carp. A.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
DOCUMENTOS INÉDITOS
RESEÑA HISTÓRICA
de nuestra Provincia de San Nicolás de Tolentino de Filipinas,
desde su origen hasta el año 1750, escrita por el Vble.
P. Rector Provincial Fr. José de la Concepción
(Continuación)1
AÑO DE 1719
164. En el número 46, dejamos a nuestros Religiosos en la Isla de la Paragua, principal de
Calamianes y una de las más fértiles y abundantes de estas Islas Filipinas, entendiendo en la
reducción de aquellas almas y haciendo presente, en todo tiempo, sin intermisión a este Superior Gobierno, la necesidad urgente que había de establecer un presidio en la punta que mira
al Sur de dicha Isla, o en otro sitio cercano a ella, que sirviera de defensa contra los moros y
de resguardo a los cristianos y a la multitud de infieles que hay en aquella Isla, de genio muy
dócil y deseosos todos de ser vasallos de nuestro católico monarca. No pudo tener efecto este
deseo, hasta este año en que el muy ilustre Sr. D. Fernando Bustillo, Mariscal de Campo, Gobernador y Capitán General de estas Islas, a informe
1
Véase páginas 111-112.
163
del P. Fr. Atilano de S. Andrés y pedimento de nuestro V. P. Provincial que para el efecto
tuvo su consulta con los más ancianos ministros de Calamianes, se decretó el establecimiento
de un presidio en el sitio llamado Labo, de dicha Isla de la Paragua, para el logro de los fines
que expresaron los informes y están constantes en los autos, cediendo esta mi Provincia quinientos pesos que debía percibir de la real caja y le aplicaron para ayuda de los gastos de la
empresa.
165. Para la seguridad de tan noble expedición y teniendo presente que el año de 1705,
gobernando el Sr. D. Domingo Zarbarburu estas Islas, el Rey de Joló cedió a nuestro católico
monarca la Isla de Balaba y tierras que poseía en la Paragua; se despachó a D. Antonio Pérez
Gil de embajador a dicho rey para que, renovando la amistad, ratificase la cesión; y al sargento mayor, D. José de Aroza, alcalde mayor de la provincia de Otón, se nombró cabo superior
del armamento destinado a la formación, y el predicador Fr. Manuel de S. José, fue destinado
de Capellán. Con estas providencias, vencidas las dificultades que ocurrieron, arribó al río de
Labo la armadilla y en el sitio que entonces juzgaron oportuno a la colonia, se formó de estacas y fagina un pequeño baluarte que se coronó de poca y pequeña artillería. Concurrió a la
empresa por orden de este Superior Gobierno, D. Fernando Vélez de Arce, castellano de la
real fuerza de Taytay y D. Antonio Pérez Gil, vuelto con favorable despacho de Joló; y habido
su consejo para conferir lo conveniente y necesario a la más segura defensa de la tierra y al
aumento de la cristiandad y tributantes, consultaron al Gobierno por el establecimiento del
presidio, por el número de plazas de que debía ser dotado, por las armas de que se debía proveer y, por el modo que debía tener en sus socorros, hasta tanto que dicha Provincia produjere
lo necesario a la conservación del presidio y su colonia, que todo es constante de los autos.
166. En la misma conformidad y al mismo efecto, consultó a dicho P. Lector Fr. Juan de
la Encarnación, al Superior Gobierno y al V. P. Provincial, pero como al arribo del despacho a
la ciudad de Manila por muerte de dicho Sr. Bustillo, gobernase estas Islas el Ilmo. Sr. Arzobispo metropolitano de ellas, dudándose de la verdad de lo ejecutado y consultado sobre las
ventajas que se afirmaban
164
de la empresa, a pedimento del señor fiscal se llevó el expediente a junta de guerra y aunque
consta de los autos que concurrió a votar en el consejo lo más distinguido del vecindario de
Manila, es también innegable que, por la poca o ninguna pía afición que tenían a dicho Sr.
Mariscal y a sus providencias y por la falta de experiencia del paraje, carecieron de las precisas circunstancias para votar con la debida discreción que de justicia pedía la gravedad de
tanto asunto. Consta con evidencia de los autos que se fundaron sus votos en un náutico diario
que formó el citado Antonio Pérez Gil, cuando de vuelta de Joló vino costeando la Isla de la
Paragua, desde la punta de Lauis hasta la capital de Taytay en que gastó veinte días contados
desde el día veinte y dos de Julio hasta el diez de Agosto.
(Continuará)
TIP. DE SANTA RITA. – MONACHIL
Año IX
Mayo de 1918
Núm. 95
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
SECCIÓN OFICIAL
GENERALATO DE AGUSTINOS RECOLETOS. –Fr. Fidel de Blas de la Asunción, Prior General de la Orden de Ermitaños Recoletos de San Agustín.
Al leer el «Boletín Oficial de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de las Islas Filipinas» en el número 92, correspondiente al mes de Febrero último, hemos visto que por una
inadvertencia no se puso en la copia, facilitada por nuestro Secretario General, del Rescripto
de la Sagrada Congregación de Religiosos, marcado con
166
el número 3.929-17, de fecha 24 de Octubre de 1917, la ejecución de dicho Rescripto, según
se nos encomendaba.
Por tanto, en virtud de las facultades que en el citado documento nos daba la Sagrada
Congregación de Religiosos, venimos en prorrogar y prorrogamos por un quinquenio la facultad de que los Religiosos de la citada Provincia puedan celebrar, servatis de jure servandis, el
santo sacrificio de la Misa en el mar a tenor del Rescripto dado por la misma Sagrada Congregación con fecha 31 de Julio de 1912.
Y para que llegue a conocimiento de todos los Religiosos, se publicará este nuestro Decreto en el primer número del «Boletín» que se edite.
Dadas en nuestro Colegio de Monachil a 6 de Abril de 1918. –Fr. Fidel de Blas de la
Asunción. –Por mandado de N. P. Prior General, Fr. Bernardino García de la Concepción,
Secretario General.
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CASUUM MORALIUM
PRO ANNO
1914-15
Resolutio
XIII. Claudius apud confessarium, etc.
Quaeritur: 1.º Rectene egerit prior confessarius. 2.º Quid nunc ab Henrico cum Claudio
agendum.
Ad 1.um I. Notum est omnibus quod multiplex distinguatur peccati occasio; pro solutione
quaesiti meminisse sufficit quod proxima ea dicitur occasio in qua homines communiter, ut
plurimum, peccant: voluntaria, si facile dimitti possit: necessaria, quae phisice vel moraliter
removeri nequit: praessens, continua, seu in esse, quae habitualiter quemdam hominem circunstat quin eam actu quaerat (v. g. persona in eadem domo habitans, imago provocativa domi retenta).
II. Occasio graviter peccandi proxima et libera vitari debet sub gravi, idque abscissione et
separatione si est continua, proposito et promissione si est non continua. Occasio graviter
peccandi proxima et necessaria debet, opportunis remediis et implorato Dei auxilio, reddi
remota.
III. Nunquam absolvendus est poenitens qui recusat deserere occassionem proximam voluntariam peccati: ei autem qui in occassione proxima necessaria versatur non potest absolutio denegari ob solam occasionem si aliunde dispositus deprehendatur et opportuna velit adhibere remedia.
168
IV. In quacumque poenitens versetur occasione absolvi quidem potest si sincere doleat et
proponat. Unde recidivus, extraordinaria seu specialia doloris signa praebens, toties quoties
absolvi potest: imo, recidivo, signa tantum ordinaria contritionis praebenti, absolutio dari potest et generatim debet quoties facile differri nequit- Attamen a recidivo, qui nullum adhibuit
conatum nec ullo ex remediis praescriptis usus est, extraordinaria doloris signa exigenda sunt
ut abolvi possit.
V. Dicendurn quod Claudius, ex praesentia ancillae, quacum pluries peccavit, in occasione proxima versatur graviter peccandi: ea occasio libera est saltem ex parte quia cuique domino Iiberurn est suos servos dimittere; attamen dicenda est moraliter necessaria pro aliquo
tempore ut heri et famulae bono nomini consulatur et insuper alia ancillae vitentur pericula.
Sed, post breve tempus, Claudius sub gravi famulam dimittere debet atque ideo sic talia rerum
adjuncta curare ut ex dimissione nulla oriatur rationalis suspicio. Si revera suspicio timeatur
mere malefica quia nullo nitatur externo fundamento, occassio vere necessaria est pro aliquo
tempore neque Claudius adigendus esi ut statim ancillam dimittat, sed post aliquod tempus;
interea sese mediis praemuniat aptis contra relapsum.
Tempus autem 2 aut 3 mensium per se satis diturnum est, ideoque non facile concedenda
est tanta mora pro ancillae dimissione. Quod si, inspectis circunstantiis, Claudio sit accedendum, eo magis instat remediorum pro davendo lapsu necessitas. Confesarius igitur suo poenitenti praecipiat remedia quae occasionem reddant remotam: ideoque quod nunquam solus
cum ancilla versetur atque coram ea semper tanquam verus dominus conversetur et sese prorsus abstineat a verbis quae ejus aestimationem indicent pro recto famulatu, ac interea, orando, divinum expostulet auxilium, atque, confessionem iterando bis aut saltem semel in mense,
gratia sacramenti sese muniat contra relapsum. Talia Claudius promittens absolutionem recipere poterat ante ancillae dimissionem.
VI. Gravior apparet difficuñtas pro concedenda secunda et tertia absolutione quia Claudius suis promissis non stetit. Videndum itaque est num, remediis adhibitis tum a Claudio tum
ab ipsa ancilla
169
pro elonganda occasione, recte dici potuerit quod occasio proxima revera aberat unde Claudius sese liberum crederet ab adimplenda promissione. Haec omnia confessarius diligenter
videat et pendat secunda vice et adhuc diligentius inspicere debuit antequam tertiam erogaverit absolutionem ut sibi persuaderet quod Claudius, in actu sacramentalis confessionis, de
praeteritis revera doleret et insuper quod sua actualis promissio de dimittenda ancilla verae et
sincera exsistat; imo quod, omnibus inspectis, tunc Claudius non solum credendus, licet bis
fidem fregerit, sed etiam absolvendus sit ante adimpletionem promissi: pro hac autem conscientia efformanda, doloris signa revera extraordinaria in Claudio apparuisse opportuit.
Cum in casu, de cautelis sive a Claudio sive ab ancilla adhibitis nihil dicatur, sed tantummodo timor suspicionis ex consorte et ancillae preces tanquam causae adducantur pro
retinenda ancilla, concludendum est quod verisimiliter confessarius temerarie egerit Claudium
secunda vice absolvendo et a suo munere graviter deflexerit in tertia absolutione.
Ad 2.um Ut supra dictum est, paenitens in quacumque versetur occasione, absolvi quidem
potest si sincere doleat et proponat: unde revera tota difficultas haec est: prudenter judicare
de sinceritate contritionis et propositi.
Per se Claudius, confessionem instituens cum in Ionginquo peregrinatur potest et debet
absolvi quia nunc in morali versatur impossibilitate illico ancillam dimitendi quia peregre est;
et, ex alia parte, onus ei vere grave foret donfessionem denuo integre faciendi atque in peccato diu manendi; sed cum promissam fidem denuo et tertio fregerit, sibi ipsi imputare debet si
Henricus nunc severius egerit.
Henricus serio inspicere debet statum conscientiae Claudii num rever ex circunstantiis
sibi persuadere potest de sincera ejus contritione et vero proposito circa dimissionem ancillae
quantocius perficiendam; extraordinarius enim dolor, cujus adfuerint indubia signa, indicium
est voluntatis firmae et constantis; qua exstante, Henricus potest et debet absolutionem impertiri. Si vero dubium aliquot remaneat, obligatio absolutionis non aderit et Henricus, pro sua
prudentia, judicabit num absolutio danda sit sed sub conditione
170
ab Eucharistia abstinendi donec ancilla dimittatur, aut expediat ut Claudius gravitatem conscientiae oneratae in suo corde sentiat ac experiatur vere grave incommodum expectandae absolutionis in confessione iterum ex integro instituenda, nisi malit ad ipsum redire, ancilla jam
dimissa. In mente tamen Henricus habeat quod semper ac confessario positive non innotescat
defuisse dolorem, ille hunc absolvere potest.
XIV. Aurora pauper etc. Quaeritur: 1.º Quae et qualis censenda sit occasio quae Aurorae
inest. 2.º Quid confessarius debeat praecipere in casu.
Ad 1.um Occasio peecandi quae Aurorae inest vere proxima, est licet non omnino libera.
Vere proxima, ut patet ex casu; atque etiam graviter periculosa ex adjunctis. Praeter periculum omnibus commune, neminem latet quod magister magnam semper in discipulos exerceat
auctoritatem; insuper hic agitur de musices arte inter quorum cultores cito exsurgit atque sensim, profunde tamen, increscit affectus communitas a quibus omnibus Aurora, ut pote naturae
consimilis, aliena censenda non est; maxime cum ipsa saepe instrumentum simul cum ipso
pulset atque soli in habitaculo versentur.
Non est omnino libera; quia, licet ars musicae absolute necessaria non fuerit pro magistrae munere rite fungendo, ejus tamen possessio paupertatem propriam in posterum juvare
potest atque etiam populi et discipulorum aestimationem conciliabit: si autem musicae cognitio pro magisterio sit necessaria, addendum est quod Aurorae difficile omnino sit professorem
mutare quia, pauper cum sit, media non habeat pro instructione retribuenda, unde occassio
evadit moraliter necessaria: attamen, licet occasio sit moraliter necessaria, non est necesario
proxima, quia media non desunt ut reddatur remota ut ex dicendis patebit.
Ad 2.um Si omnibus inspectis, confessarius videat quod alius professor musicae, hic et
nunc, assumi nequeat sive propter Aurorae paupertatem, sive propter familiarum amicitiam,
quia mutatio professoris secum ferret periculum famae Aurorae aut professoris atque etiam
familiarum inimicitias, tunc ea praecipiat quae Auroram communiant et occasionem reddant
remotam. Ante omnia Aurorae praecipiat ut, in opere, sermone, conspectibus, motibus
171
totaque sua conversatione, talem se apud professorem exhibeat ut omnia puellarum honestati
sint consona, nihilque sit quod professori ansam praebeat quidquam audendi: significet etiam
Aurora suo professori quod ipsi gravia sint ea omnia aestimationis signa quae educationi vere
christianae repugnant. Etiamsi professor, excessum affectus recognoscens, suum propositum
ostendat cavendi in posterum, tamen sufficiens non est talis voluntas ut ocassio dici possit jam
remota, sed aliqua sunt externa praesidia pro futuro adhibenda. Aurora, in quantum in se est,
curare debet ut parentes (mater facilius) aut alii secum eant, aut, postea adeuntes, musicae
exercitiis, quantum possint, assistant: sic etiam exercitia instituanlur ut locus sit apertus, ac sic
pervius ut, quolibet tempore, alii possint etiam ex inopinato intrare atque expedit ut aliquoties
intrent.
Quod si alia media non suppetant, Aurora potest et debet matri suae dicere confessarium
ipsi jussisse matrem monere quod vere dedeceat et periculum sit plenum ac malignis suspicionibus objectum puellam juvenem tam frequenter solam intime conversari cum viro, licet
sit professor; ideoque eam ipsam ad praecavendum periculum imo etiam malignam suspicionem petere debere, ut tempore exercitii aliquem habeat comitem. Haec omnia Aurora absque
sui aut professoris diffamatione dicere potest: si tale comitis remedium adhibeatur, periculum,
saltem ex magna parte, removetur et occasio dici potest remota circa Auronam quae, ut ait,
adeo timet peccare.
Si autem professor cupiditate vere vinciatur, neque, admonitus, vincula quaerat solvere
sed potius Auroram illecebris seducere atque irretire intendat, tunc huic nihil relinquitur nisi
ut, sibi ipsi consulens etiam cum damno famae professoris, parentibus causam patefaciat cur
talem virum professorem privatim habere sibi amplius non liceat. Si parentes, propter paupertatem, alium professorem quaerere non possunt, Aurora talem assignaturam suspendere debet
modo ei pro magistrae munere obeundo non sit necessaria: si autem musicae assignatura fuerit necessaria, dictum est supra quod occasio Aurorae sit moraliter necessaria, unde ipsi peccatum non est in ea manere dummodo sua voluntas firma sit et efficaciter proponat occasionem ex proxima facere remotam remedia adhibendo
172
quae fuerint a confessario praescripta. Si remediis adhibitis, idem semper permanet periculum, confessarius instet ut Aurora oratione et sacramentorum frequentia sese communiat ut
quae pro tanto tempore firma extitit firma etiam permaneat ad usque studiorum finem.
XV. Jariuarius mane ministerio etc.
Quaeritur: 1.º Qualis distinguatur attentio in divino officio recitando. 2.º Quae attentio
sub gravi requiratur 3.º Quae debeat esse intentio. 4.º Quid de Januario et Junio dicendum.
Ad 1.um Duplex distinguitur attentio, interna scilicet et externa. Prior est mentis applicatio
ad ipsam rem quae exterius agitur: seu, ut ait Gury, consistit in interiori mentis advertentia ad
id quod agitur: secunda est exclusio ab illis externis actionibus quae sint cum recitatione phisice imcomposibilibus; exigit, enim, attentio abstinentiam ab alienis actionibus externis ut
possibilis maneat mentis cum ipsa re quae agitur occupatio: unde attentio externa, cum de
oratione sermo est, excludit quamlibet externam actionem, quae ex natura sua mentem impediat quominus simul oret. Attentioni autem internae adversatur quaelibet distractio mentis,
sive voluntariae sive involuntariae accidat.
Ipsa interna attentio triplex est: 1.º spiritualis, quae est ad Deum ipsum, ut orationis terminum; 2.º Iitteralis seu ad sensum verborum, et rerum significationem; 3.º materialis quae
fit ad verba tamtum rite proferenda. Aliis verbis dicamus attentioni observari posse in gradu
infimo si in verbis recte proferendis sistat; in gradu altiori, si sensus verborum quaeratur quatenus ad Deum dirigitur: in gradu sublimi, si, retento sensu verborum, mens ad superna consurgat ad meditandas divinas perfectiones aliaque alta mysteria quae in officio decantantur.
Dicitur «retento sensu verborum», quia, si mens ad divina quidem assurgat, sed ab officio
divino aliqua, talis oratio, bona in genere, (dummodo pronuntiationi officii satisfaciat) necessario ei cedit orationi in qua, cum attentione spirituali, mens ea, sublimi gradu, meditatur que
in divino officio recoluntur.
Ad 2.um 1. Certum est requiri sub gavi, ad implendam officii divini obligationem, eam attentionem externam quae excludatur quaelibet actio cum recitatione incompossibilis ut esset
fabulari,
173
scribere etc. Certum similiter est involuntariam distractionem non impedire quominus legi
satisfiat ab eo qui cum tali distractione etiam totum officium recitaverit.
2. Certum est etiam sufficere attentionem infimi gradus seu materialem: magis ergo sufficiet si altior habeatur attentio, verborum sensum attendendo; et, a fortiori, si inter recitandum
mens ad superna consurgat dummodo meditationem vera recitatio comitetur.
3. Certum insuper est voluntariam distractionem in divini officii recitatione esse peccatum saltem veniale; magis aut minus accrescet prout distractio magis aut minus protendatur,
aut magis vel minus fuerit voluntaria.
4. Acriter inter theologos controvertitur utrum sabstantialiter oneri recitationis officii satisfaciat an sub gravi teneatur denuo recitare qui externam quidem servat attentionem in recitatione sed cum plena advertentia voluntarie non cogitat super his quae recitat; imo cogitat
quae sunt ab officio aliena aut profana vel scientifica.
Utrinque adsunt doctores non spernendi ut videre fas est apud AA. Theologiae Moralis:
cum S. Alphonso concludi oportet quod, post factum, gravis peccati reus damnari nequeat qui,
servata omni attentione externa, officium recitavit multa alia simul cogitans ab officio divino
prorsus aliena.
Ad 3.um 1. Ante omnia, ut satisfiat obligationi divini officii requiritur intentio faciendi
quod praeceptum est, seu vera intentio recitandi divinum officium: hoc sequitur ex natura
legis. Non requiritur expressa intentio implendi legem recitandi modo expresse intendatur non
satisfacere. Gury-Ferr. 1-104.
2. Licet divini officii finis sit Deum colere, satisfacit tamen qui revera officium recitat etsi nihil cogitet de Deo laudando: imo ipsa actio recitandi semper ad Deum dirigitur quia talis
est intentio Ecc!esiae cujus ministri sunt recitantes. Insuper si recitatio fiat, attentione externa
cum decore servata quoad situm, locum et pronuntiationem, recitantes dicendi sunt vere
Deum colere etsi reflexe nihil cogitent nisi de opere implendo.
3. Communiter dicitur quod requiratur intentio qua vocalis verborum pronuntiatio fiat
oratio ad Deum aut pia evadat pro recitante lectio. Unde requiritur quod recitatio aliquo modo
dirigatur
174
ad Deum. Dictum tamen est supra –2– quod ipsa decorosa recitatio ex sese ad Deum dirigatur
ex generali Ecclesiae intentione. Dicendum ergo est quod ad Deum directio in recitante non
requiratur reflexa vel explicita neque continuo renovata. Sufficit quod implicitam habeat cum
recitationem incipit ut opus praescriptum ponat, dummodo eam non revocet aut mutet in
aliam intentionem in ipso opere adimplendo. Ea ipsa intentio recitandi, in principio habita,
per totam recitationem virtualiter saltem perseverat, etiamsi occurrat plena distractio; imo de
facto seu exercite renovatur quoties aliquis versus cum vera attentione recitatur.
4. Practice igitur; Qui habitualiter vult recitare officium divinum ut opus ab Ecclesia praescriptum, eo ipso quod incipiat vel sumat breviarium, intentionem habet sufficientem: excipe
tamen si aliquando ex fine extraneo sumat aut legat breviarium, v. g. ad studendum vel sese
oblectandum de aiiqua curiosa lectione.
Ad 4.um 1. Neminem latere potest quod Januarius irreverenter sese gesserit atque cum dedecore officii divini: imo si ita egit coram laicis, qui sciebant ibi agi de precibus ab ipso Ecclesiae nomine fundendis, valde timendum est ne ratione scandali fortassis graviter peccaverit.
2. Non est dubium quod Januarius voluntatem habeat opus suum implendi licet apud lusores maneat, unde intentio ipsi non deerat. Num autem substantialiter satisfecisse dicendus sit,
pendet a gradu attentionis externae (simul ac internae) officio aut ludo praestito. Sane chartas
ita oculis lustrari ut consilium Iudentibus Januarius possit praebere fieri nequit quia animus et
attentio interna ab oratione substrahatur aut saltem partim suspendatur; unde, si saepius, inter
ipsam recitationem, oculos ad chartas attollat atque vesperarum notabilem partem ita irreverenter pronuntiet, quoad hanc partem mens dicenda est ab oratione aliena, ne dicam aversa: ac
proin non invenio quomodo dici possit quod in hac parte sit satisfactum quia et ipsa attentio
externa vix sustineri potest. Attamen, si sola ratio partis omisae aut indecorose recitatae attendatur, probabiliter argui non potest grave peccatum quia licet pars, sic recitata, notabilis sit
respectu vesperarum, parva tamen dicenda est repectu totius officii.
Si vero Januarius, hic recitationem breviter interrumpens pro
175
oculis et mente in ludo figendis, nunc recitationem denuo resumens, totam horam recitavit
censendus est substantialiter satisfecisse suo oneri.
Simililer judicandum est (pro diverso etiam attentionis gradu) si Januarius, prope ludentes
manens, eorum collocutionem attente audit; haec enim attenta auditio (revera communicatio
cum ludentibus), si intensa sit, necessario impedit natura sua orationem veri nominis atque
multoties ipsam attentionem externam.
3. Cuique notum est Junium habuisse sufficientem et veram intentionem divini officii
adimplendi: pro eo enim recitando atque ante mediam noctem finiendo breviarium assumit,
imo solitudinem domesticam petit etsi tunc nihil de oratione cogitet.
Attentio etiam adest saltem externa; imo ea curat externa adjuncta quae internam juvare
possint; hinc discedit ab aliorum conventu et nunc modeste sedet, nunc lente deambulat; locus
enim et situs sunt modesti et decorosi et attentioni internae conformiores in domo, ut supponitur, privata.
Distractiones, quas Junius passus est, involuntariae fuerunt: imo, etiamsi plene voluntarie
distractus fuisset, dicendus foret quod revera satisfecisset substantialiter in omnibus quae recitaverit quia attentionem externam semper servavit. Junius judicare debuit se integre recitasse
unamquamque horam quam incepit saltem si legerit ex Breviario: immo etiam si memoriter
recitaverit, nisi alias consueverit complura omittere et tiransilire.
4. Ex eo quod Junius suae obligationi satisfecerit, patet quod sequenti die poterat tuta
conscientia missam celebrare.
Attamen si Junius ludo indulsit coram laicis quibus fortasse scandalo fuit nimia in ludo
morositas et protrahatio atque ex alia parte recitationis officii dilatio atque celeritas, recte egit
sese abstinendo a celebratione pro bono exemplo et pro propria punitione sed necesse est ut in
posterum caveat a ludo protrahendo cum periculo vitiosae aut nullae recitationis
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EL IMPEDIMENTO DE PARENTESCO LEGAL
SEGÚN EL CÓDIGO
1. Es este uno de los impedimentos que han sufrido mayores transformaciones en la novísima legislación.
ARTÍCULO I
Disciplina antigua
2. Antes del Código las naciones se dividían en dos grupos con respecto a este impedimento. Al uno pertenecían las naciones en que el impedimento no existía; en el otro figuraban
las otras para las cuales este impedimento era dirimente, y, por tanto, hacía nulo el matrimonio entre las personas que tenían este parentesco legal nacido de la adopción.
3. El pertenecer o no al uno o al otro grupo dependía de las solemnidades con que según
la ley civil de la respectiva nación se practicaba la adopción. La razón de esto era porque este
impedimento lo instituyó el Derecho romano y la Iglesia lo había aceptado e incorporado a la
legislación canónica.
4. De aquí que el pertenecer al uno a al otro grupo dependía: 1.º, de que la adopción en la
nación respectiva fuera sustancialmente conforme con la adopción romana, de manera que el
adoptado, si era menor de edad, quedase sujeto a la potestad del adoptante; 2.º, que la adopción no pudiera ser hecha sino mediante ciertas solemnidades legales, v. gr., por el rescripto
del Jefe superior del Estado, o por la intervención judicial.
177
5. Si se cumplían estas condiciones, en la nación regía el impedimento con carácter de dirimente, aunque las leyes no contasen el tal parentesco entre los impedimentos dirimentes ni
impedienes, y regía con la misma amplitud que tenía en Derecho romano, es a saber:
1.º Como en línea recta de consanguinidad. Entre el adoptante y el adoptado y los descendientes de éste que en el tiempo de la adopción estuviesen bajo su potestad.
Este impedimento era perpetuo entre las mencionadas personas.
2.º Como en línea colateral de consanguinidad. Entre el adoptado y los hijos del adoptante, mientras dichos hijos estuviesen bajo la paterna potestad del adoptante.
3.º Como en línea recta de afinidad. Entre el adoptante y la mujer del adoptado, y viceversa, entre el adoptado y la mujer del adoptante. También éste era perpetuo
entre estas personas.
6. Según lo dicho, el mencionado impedimento estaba vigente en España, artículos 154,
173-218 del Código civil; en Bolivia, aa. 173-187; en Colombia, aa. 263-288; en Guatemala,
aa. 276-283; en el Perú, aa. 142, 269-283 del Código civil; en Filipinas, aa. 765-768 del
Código de procedimientos civiles; en Venezuela, aa. 220-235 del Código civil.
ARTÍCULO II
Lu nueva disciplina
7. Según el Código Canónico, las naciones pueden estar divididas en tres grupos con respecto a este impedimento, a saber: 1.º aquellas en que el impedimento no existe; 2.º aquellas
en que tiene carácter de impediente; 3.º aquellas en que tenga carácter de dirimente.
El pertenecer al uno o al otro grupo depende de que la legislación respectiva no dé a la
adopción carácter de impedimento para el matrimonio, o de que sólo lo reconozca corno impediente, o que le dé el carácter de dirimente.
8. Así lo establecen claramente los cánones 1.059 y 1.080, de los cuales el primero dice:
«En aquellas regiones en que, según la ley civil, el parentesco nacido de la adopción hace
ilícito el matrimonio,
178
también por Derecho Canónico es ilícito».
El canon 1.080 es como sigue: «Los que, según la ley civil, son tenidos por inhábiles para
contraer matrimonio entre sí a causa del parentesco legal nacido de la adopción, no pueden
contraerlo tampoco válidamente en virtud del Derecho canónico».
9. En cuanto a la amplitud del impedimento, sea impediente, sea dirimente, será la misma
que le reconozcan las leyes respectivas, como se deduce de los dos cánones que acabamos de
citar.
§I
En qué naciones es dirimente
10. I. Según esto, en España el parentesco legal nacido de la adopción tiene carácter de
dirimente. Véase el artículo 84 del Código civil, donde leemos: «Tampoco pueden contraer
matrimonio entre sí: 1.º Los ascendientes y descendientes por consanguinidad o afinidad legítima o natural... 5.º El padre o madre adoptante y el adoptado, éste y el cónyuge viudo de
aquellos, y aquellos y el cónyuge viudo de éste. 6.º Los descendientes legítimos del adoptante
con el adoptado, mientras subsista la adopción.
11. Que aquí se trata de carácter dirimente se deduce de los otros impedimentos que allí
cita nuestro Código civil, que todos lo son. Claro está que para que el impedimento exista es
menester que la adopción sea válida.
12. Conforme al artículo 173: «Pueden adoptar los que se hallan en el pleno uso de sus
derechos civiles y hayan cumplido la edad de cuarenta y cinco años. El adoptante ha de tener,
por lo menos, quince años más que el adoptado».
13. El artículo 174 añade: «Se prohíbe la adopción: 1.º A los eclesiásticos. 2.º A los que
tengan descendientes legítimos o legitimados. 3.º Al tutor, respecto a su pupilo, hasta que le
hayan sido aprobadas definitivamente sus cuentas. 4.º Al cónyuge, sin consentimiento de su
consorte. Los cónyuges pueden adoptar conjuntamente, y, fuera de este caso, nadie puede ser
adoptado por más de una persona».
Análogas condiciones exigen los otros Códigos, aunque no idénticas.
179
14. Es de notar que el Código español, como la mayor parte de las naciones católicas, tiene doble legislación para el matrimonio. Una para el canónico, en la que se limita a admitir
los impedimentos tales como los tiene la legislación canónica, y otra para el civil. Creemos
que los cánones 1.059 y 1.080 se refieren a esta, pues, de lo contrario, las disposiciones del
Código canónico no tendrían sentido apto.
15. II. También el artículo 108 del Código de Bolivia hace resaltar el carácter de dirimente de este impedimento y expone al mismo tiempo las personas a quienes afecta. Dice así:
«Nulo es el matrimonio contraído entre el adoptante, el adoptado y sus descendientes: entre
los hijos adoptivos de un mismo individuo; entre el adoptado y los hijos que puede tener el
adoptante; entre el adoptado y consorte del adoptante, y recíprocamente, entre el adoptante y
consorte del adoptado». En esta misma amplitud es dirimente en Italia, aa. 60 y 104 del Código civil.
En el Brasil, a. 183 del Código civil, es dirimente entre el adoptado y el adoptante y su
mujer o hijo que les sobrevenga.
16. Dirimente es también en Colombia, entre las personas de que habla el a. 104 del
Código civil: «El matrimonio es nulo y sin efecto en los casos siguientes:… 11.º Cuando se
ha contraído entre el padre adoptante y la hija adoptiva, o entre el hijo adoptivo y la madre
adoptante, o la mujer que fue esposa del adoptante».
17. Del mismo modo es dirimente en Guatemala, según el a. 120 del Código civil: «No
puede contraer matrimonio:... 5.º El adoptante con la hija adoptiva; ni el hijo adoptivo con la
madre adoptante o la que fue mujer del padre adoptante».
18. Ítem en el Perú, a. 142: «No pueden absolutamente contraer matrimonio: 4.º El adoptante con la persona adoptada, y ninguno de ellos con el cónyuge viudo del otro».
§ II
Dónde es impediente
19. En Venezuela, por el contrario, este impedimento tendría carácter solamente de impediente, y así hará ilícito, pero no inválido el matrimonio entre las personas de que habla el
artículo
180
73 del Código civil, que dice así: «No es permitido el matrimonio del adoptante con el
adoptado y sus descendientes, entre los hijos adoptivos de la misma persona, entre el adoptado y los hijos supervivientes del adoptante, entre el adoptante y el cónyuge del adoptado, ni
entre el adoptado y el cónyuge del adoptante, mientras dure la adopción». Con la misma amplitud es impediente en Francia, según el art. 348.
20. Como en los artículos precedentes 69-71 y en los siguientes 74-75 emplea las palabras no es permitido ni válido, parece claro que este art. 73 sólo trata de la prohibición que no
lleva consigo la nulidad del acto prohibido.
§ III
Naciones en que no existe
21. No parece existir el impedimento en Portugal, la Argentina, Costa Rica, Chile, Ecuador, Méjico, Nicaragua, San Salvador y Uruguay.
Los impedimentos de consanguinidad y afinidad
y los Códigos civiles
1. Como ya dijimos, el Código canónico, no sólo ha cambiado el concepto de afinidad,
disponiendo que ésta sólo se origine del matrimonio válido, sino que ha restringido el impedimento en línea colateral hasta sólo el segundo grado.
2. Como casi todos los Códigos civiles extendían el impedimento de afinidad hasta el
cuarto grado y esto lo hacían para confirmar la legislación civil con la canónica, es de creer
que no tardarán en reformar los artículos respectivos, conformándolos con el Código Canónico.
3. Casi lo mismo debe decirse con respecto al impedimento de consanguinidad en cuanto
el Código canónico ha restringido el impedimento en línea recta colateral, hasta el tercer grado solamente, y los Códigos suelen extenderlo hasta el cuarto, como lo hacía antes la legislación canónica.
J. B. FERRERES
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DÉCADA XI
1
ARTÍCULO II
Continuación de la biografía de Fr. Juan de la Presentación
Sumario: Celebración del Capítulo General de 1684. –Acta historial de este Capítulo. –Determinaciones. –Concepto del gobierno del P. Fr. Juan. –Capítulo General Intermedio de
1687. –Es nombrado otra vez Vicario General en el Capítulo de 1688. –Muerte del P. Fr.
Juan de la Presentación.
Así, tan suavemente y con tal actividad, iba desarrollándose el sexenio de 1678-1684, que
ya tocaba a su fin. «Regía el Reformado Rebaño Agustiniano de España e Indias N. Padre Fr.
Juan de la Presentación: hombre, que qual otro Saúl, excedía del hombro para arriba a quantos
componían el dilatado Pueblo de nuestra Descalcez, no en la grandeza corporal, sino en la
sabiduría, y en la religiosa perfección». Este tal vez abultado elogio le dirige de paso un Cronista2 cuando habla de la celebración del Capítulo General decimotercero en que cesó en el
Vicariato General nuestro biografiado. El Capítulo General de 1684 merece el calificativo de
memorable por el número de sus vocales y por el sentido práctico de las actas y determinaciones que dio. Fueron veintinueve los Padres Capitulares reunidos en el Colegio de Alcalá de
Henares; no concurrieron los Provinciales de la Candelaria y de San Nicolás: comenzó el
Capítulo el 17 de Mayo, y las elecciones se verificaron el día 20;
1
2
Véase BOLETÍN, núm. 94.
Crón., tom. IV, núm. 935.
182
ofreció de particular el ser elegido Vicario general de la Congregación el P. Fr. Agustín de
San Bernardo, que no era capitular, sino que vivía recatado y humilde en el convento de Calatayud, muy ajeno a tales sucesos. Tocábale el derecho de elección alternativa a la Santa Provincia del Pilar, la cual tenía lucida representación en siete vocales, hijos suyos, que asistieron
a tal Capíltilo. El P. Fray Agustín era el candidato de Dios. Muy tranquilo y contento pudo
quedarse el P. Fr. Juan con sucesor tan providencialmente escogido
Pero antes de pasar adelante, traslademos el acta historial de los preliminares de este famoso Capítulo del que fue alma y vida el P. Juan, preliminares que nos proporcionan algunos
datos, no traídos por el P. Cronista del tomo IV, y que, sin duda, conviene saber. Copia de
este documento existe en el archivo provincial de Filipinas1, de donde está tomado literalmente, así como las actas preceptivas de que después hablaremos.
«En la villa de Alcalá de Henares a diez ocho días del mes de Mayo de este presente año de mil sescintos y ochenta y cuatro años en el Colegio de Sn. Nicolás de
Tolentino: jueves por la mañana después de haber cantado Misa del Espíritu Santo
con la solemnidad que ordenan nuestras Constituciones, Fray Juan de la Presentación
Lector Jubilado y Vico. Gral. de la Congregación de España e Indias de los Eremitas
Recoletos Descalzos de N. P. S. Agustín, mandó tocar tres veces la campana del
Convento a Capítulo, y después de congregados en Capo. Gral. los PP. Capitulares
amonestó a la mayor honra y gloria de Dios crédito y aumento de Ntra. Sagrada Religión, mando qe. en presencia de todos los Religiosos se leyesen de verbo ad verbum los Edictos del Snto. Tribunal de la Inquisición, y habiendo amonestado su observancia y cumplimiento pasó a mandar como de facto mandó debajo de pecepto
formal de santa obediencia, primera y segunda vez, y a la tercera con censuras y excomunión mayor a todos los Religiosos que manifestasen si alguno tenía letras de Su
Santidad, para algunas cosas de otro Capítulo = Y no habiendo exhibido Religioso
alguno letras ningunas: se advierte que habiendo concurrido al Capo, Gral., qe. se celebra en este
1
Libr. de act., de Manil.
183
nuestro Colegio de Alcalá de Henares N. P. Fr. Francisco de San José (qe. fue convocado subconditione de si no concurriría su hermano el P. Fr. Pedro de Santiago
Provincial Absoluto de la Provincia de Andalucía), Vico. Gral. Absoluto de Ntra.
Congregación, y habiéndose dudado si podía votar en dcho Capo. Gral. juntamente
con su hermano, por hallarse con voto de Definidor Gral. por la Prova. de Andalucía,
por haber Constitución Nuestra, y Decreto de la Santidad de Alejandro VII, y de
nuevo revalidada por la Santidad de N. M. S. Padre Inocencio XI, vedando votar en
un mismo Capo. dos consanguíneos, y viendo dcho N. P. Fr. Francisco de Sn. José
qe. el votar S. R. juntamente con su hermano es materia litigiosa por obviar pleitos S.
R . dcho. Ntro. P. Fray Francisco, se levantó y pidio benedicite coram toto Capítulo,
y dijo que renunciaba como de facto renunció cualquier derecho litigioso o dudoso
qe. pudiera tener a votar en dcho Capo. Gral., y de hecho pidió licencia para salirse
de dcho Capo. para que se celebrase sin que pudiese perjudicar a la elección en
ningún modo a la legitimidad de dcho. Capo. Gral. celebrado sin su asistencia o voto,
y de facto se salió de dcha. sala Capitular, y dcho. Capo. Gral. prosiguió a sus funciones reconociendo Presidente, y se dio la obediencia de tal al P. Fr. Tomás del
Espíritu Santo, Predicador y Definidor Gral. mas antiguo de toda nuestra Congregación por la Provincia de Andalucía, en conformidad del Breve y Decreto de la Santidad de Gregorio: luego en la misma sesión propuso dcho Presidente por Jueces de
causas a los PP. Fr. Jesús María Lector jubilado, Predicador de su Mg. y Definidor
de la Prova. de Castilla y Discreto por ella al P. Fr. Juan de la Cruz, Lector Jubilado
y Discreto Gral. de la Corona de Aragon, y al P. Fr. Mateo de la Ascensión, Lector
Jubilado y Discreto Gral. por la Prova. de Andalucía: los cuales fueron aprobados, y
electos por votos secretos. Y el viernes por la mañana se cantó Misa del Epíritu Santo, conforme disponen nuestras Constituciones: dicho día por la tarde mandó N. P.
Presidente tocar a Capítulo, y juntos todos en la Sala Capituiar así vocales como
Conventuales, el Juez de Causas, menos antiguo por determinación y juicio de los
tres nombró a los Religiosos que tenían voz y voto en dcho. Capo. Gral, en esta forma: etc.»
Fué el P. Juan de la Presentación quien, por favorecer la libertad
184
de los vocales para ejercer el derecho de voz activa y pasiva, y por obviar gravísimos inconvenientes, acudió a Roma, apenas fue nombrado Vicario General en el Capítulo anterior a
éste, y solicitó del Papa Inocencio Xl que se extendiese a nuestra Congregación la doctrina
contenida en los documentos pontificios acerca de que no pudiesen votar en el mismo Capítulo dos o más consanguíneos en 1.º y 2.º grado; y lo obtuvo por el Breve que comienza Dudum
felicis recordationis de 13 de Septiembre de 1680. Y vemos por lo relatado ahora que hubo
dudas en la interpretación del mismo. Por lo que toca a los interesados más de cerca, su concucta no pudo ser más prudente y pacífica. Insertamos a continuación parte del Breve, ora
porque es materia de este lugar, ora porque conviene reproducirlo para facilitar la formación
del nuevo Bulario de la Recolección Agustina1. Obsérvese que la petición no fue hecha por el
P. Procurador General en Roma, sino por el mismo P. Vicario General, Fr. Juan.
Cum autem sicut Dilectus Filius Ioannes a Præsentatione, Vicarius Generalis
Fratrum Discalceatorum cunctorum Congregationis Hispaniæ nobis nuper exponi fecit, eadem Congregatio ad observantiam Constitutionum Fratrum Calceatorum Ordinis prædicti non teneatur, ac proinde dubitari prossit illam, nec Decretum prædictum
servare teneri; ipse vero Ioannes, Vicarius Generalis, pro felici, & prospero suæ
Congregationis prædictae regimine, & gubernio Decretum huiusmodi, sublato quocumque vsu, vel consuetudine qui, vel quæ in contrarium allegari posset, in eadem
Congregatione obervari plurimum desideret: Nobis propterea humiliter supplicari fecit, vt in præmisfis, opportune providere, & vt infra, indulgere de benignitate Apostolica dignaremur. Nos igitur eiusdem Ioannis Vicarii Generais votis, hac in re, quantum cum Domino possimus favorabiliter annuere volentes, eumque a quibusvis excommunicationis, suspensionis, & interdicti, aliisque Ecclesiasticis sententiis, censuris, & pænis a iure, vel ab homine, quavis occasione, vel causa latis, si quibus, quomodolibet innodatus existit ad effectum præsentium dumtaxat consequendum, harum
serie absolventes, & absolutum fore cesentes, huiusmodi supplicationibus inclinati,
Decretum
1
Arch Gen., carp. A. núm. 20 bis.
185
præinsertum a memorato Andrea Fibizano, Priore Generali editum, & a prædicto Innocentio prædecessore contirmatum, vt petitur, in vniversa Congregatione prædicta
Fratrum Discalceatorum Hispaniæ, & Indiarum, ac omnibus, & singulis ipsius Congregationis Superioribus, & Fratribus ad quos spectat, & in futurum, quandocumqne
spectabit, sublato quocumque vsu, vel consuetudine, qui, vel quæ in contrarium,
quovis modo allegari valeret, de cætero inviolabiliter observari debere, authoritate
Apostolica tenore præsentium statuimus, & ordinamus. Decernentes, easdem præsentes litteras, semper firmas, validas, & efficaces existere, & fore, etc. Datum Romæ
apud Sanctam Mariam Maiorem, die XIII, Septembris M. DC. LXXX. Pontificatus
nostri anno quarto.
Loco ✠ Sigillo.
Ioannes Gualterius Slufius
Después del acta historial del Capítulo que atrás queda copiada, continúa la relación del
Capítulo con la lista de los vocales, entre los cuales no hace figurar al P. Fr. Francisco de San
José, por cuanto salió de la sala capitular.
Después trae la enumeración de las actas, que llegaron a setenta y cinco, o sea, diecinueve hechas entonces, y cincuenta y nueve que eran confirmación de las del Capítulo anterior y
de las de los otros Capítulos, casadas y ahora rehabilitadas con la fuerza primitiva que tenían
en orden a las tres aprobaciones que para tener derecho de ley se requiere.
Hacemos notar que en este Capítulo, así como en el anterior y en otros, hacían un grupo
aparte con las actas de cierta índole, y se mandaba fueran leídas en todos los Capítulos de
culpas, a diferencia de las otras, que sólo se leían cuando se promulgaban.
Varios y muy importantes acuerdos hállanse en lo actuado con respecto a la Provincia de
la Candelaria, y es de notar que coincide esto con la presencia de dos capitulares que vivieron
en Colombia muchos años y conocían a fondo las necesidades y marcha de la Provincia; así
como la también es de notarse que en los Capítulos a los cuales no asistían religiosos de aquella Provincia, sino represenantes suyos peninsulares, nada o casi nada se legisla sobre ella. No
detallamos el contenido de estas actas, porque lo reservamos para
186
más adelante; pero pormenorizaremos el de otras, que son el encargar a los Padres Vicarios
Generales y a los Padres Provinciales que en sus Visitas procuren averiguar si algún religioso
lleva camisa sin licencia, o si los que la llevan usan mangas largas y ajustadas de forma que se
vean los puños de ella; «y si algunos se hallaren contraventores en dicha nuestra determinación se le castigue severamente».
«Item se determino que atento que la Constitución manda que a Ntros. Padres Vicarios
Generales Absolutos se les de gusto en el Prior, o Rector de la Casa adonde eligieren para su
habitación; ahora se determina que dchos Ntros. Padres Vicarios Generales Absolutos tengan
obligación a proponer tres Religiosos benemeritos al Capo. Provincial, para que dicho Capitulo elija uno de los tres propuestos para Prior, o Rector donde hayan de vivir: y esto se entienda que sea cada uno en su Provincia de donde es hijo; y si por algun accidente quisieren vivir
en otra Provincia, en tal caso no se les debe dar Prior o Rector en aquella Provincia adonde no
es hijo: y esto se entienda fuera de las Casas de Madrid, Zaragoza y Sevilla, por ser las Casas
principales de cada Provincia».
«Item se determino que el Capitulo Gral. proximo venidero se celebre en ntro Convento
de la Ciudad de Valencia». Extrañamos que esta última acta no se llevase a la práctica, pues
no se celebró el Capítulo en Valencia, sino en Calatayud. El convento de Valencia iba a ser
por primera vez casa capitular y no lo fue ni ahora ni nunca. ¿Por qué?
Por último, anotamos en honra de N. P. Juan que fue escrutador primero del Capítulo, a
pesar de ser Vicario absuelto en él.
Ahora bien; ¿qué debemos opinar del P. Fr. Juan, como prelado, en los distintos destinos
que desempeñó durante su vida entera? «En todas estas dignidades, contesta el autor citado, se
portó con gran suavidad, prudencia, afabilidad, y zelo de la observancia: demostrándose amorosísimo Padre de cada uno de los Religiosos, y atendiendo, como tal, a su asistencia, y alivio.
Trabajó mucho por el aumento material del colegio de Alcalá, donde ordinariamente residía,
quando no le ligaba a otra Comunidad la obligación. Y también en lo formal cuydó mucho de
su lustre; siendo el primero en el Coro, aun quando Vicario General absoluto; y atendiendo
con
187
vigilancia suma, a que los Hermanos Estudiantes cursasen, no menos en el estudio de las virtudes Monásticas, que en la adquisición de las Ciencias: siguiéndose de aquí, que salieron
entonces muchos de esta Casa refulgentes en sabiduría, y esplendorosos en perfección religiosa». Conjeturamos que, en terminando su cargo generalicio, tendría su conventualidad en Alcalá, desde donde acudió a Madrid convocado para el Capítulo intermedio que en 1687 se
verificó en la Pascua del Espíritu Sanlo1. A los Capítulos de Provincia no cuncurrió, aunque
algunos fueron celebrados cerca y de modo que podía hacerlo sin dificultades. El Capítulo
General se verificó en Mayo, y sucedió que el día 24 de Diciembre falleció el Vicario General; por lo cual, «aunque se havia determinado en el Capítulo General de 1672 que muriendo
el Vicario General, se recayesen los Sellos en la Provincial de aquella Provincia de donde era
hijo el difunto, segun ya arriba lo expresamos, entro a gobernar la Congregacion, como ViceVicario General Nuestro Padre Ex-Vicario General Fr. Juan de la Presentación, sin que sepamos el motivo que huvo para ello: y la rigio acertadamente hasta Pascua del Espiritu Santo de
1688». Notamos que se adelantó la celebración del Capítulo dos años, a causa de la defunción
del P. Vicario General, en cumplimiento de mandatos pontificios, que están en el Funiculus
triplex.
En dos ocasiones fuera de ésta se ha alterado la fecha de los Capítulos Generales, a saber:
el año 1630, por defunción del Vicario General, y también por defunción del primer Fr. Pedro
de Santiago; decimos primer Fr. Pedro, porque más tarde hubo otro, también Vicario General.
En cambio, los Capítulos de las cinco Provincias se verificaron con la periodicidad más completa desde el Breve de Urbano VIII, Exponi nobis, de 4 de Enero de 1634, en que los acompasa y ordena, hasta la supresión de las Provincias en el siglo XIX.
Lo cierto del caso es que desde la Pascua de Resurrección de 1687 hasta Pentecostés de
1688 rigió los destinos generales Nuestro P. Juan de la Presentación. Durante este tiempo sabemos que intervino2 autorizando al P. Fr. Juan del Espíritu Santo para
1
2
Crón., tomo IV, núm. 1058.
Arch. hist. nac. Madr., leg. 36.
188
cierto asunto, a 4 de Febrero de 1688, y por último presidiendo el Capítulo Provincial de
Aragón celebrado en el convento del Portillo de Zaragoza a 29 de Abril de 16881.
Pues bien; como hemos dicho, el Capítulo General fue convocado por N. P. Juan para la
Pascua de Pentecostés del año 1688 y se celebró satisfactoriamente presidido por el primer
Definidor Fray Lope de San José, al tenor de nuestras Constituciones. Ya se comprende con
facilidad por qué no asistieron a él ni los Provinciales de Indias ni sus Definidores y Discretos. En este Capítulo, pues, fue absuelto de su cargo el Vicario General, y pasó a la vida privada. «En la última enfermedad que le asaltó en el Convento de Madrid, fue su porte de universal edificación. Y recibidos devotamente los Sacramentos pasó a mejor vida, entre disposiciones laudables, a los 29 de Julio de 1689»2. En el Libro de difuntos de la Congregación, que
se conserva en el archivo general, se registra esta defunción al folio 30 vo y lleva al margen el
número 26, porque veintiséis individuos habían fallecido desde la fecha del Capítulo último
en que fue absuelto del Vicariato. Como dato curioso consta que en el sexenio murieron 203
religiosos, como se ve en dicho Libro de difuntos.
El Padre Cronista del tomo IV, entre otros elogios como desperdigados que dedica a este
Padre a medida que va saliendo su nombre en diferentes casos, llámalo «sujeto de muy cabales prendas entrre cuantos se hallaban por entonces en la Reforma3;» y «heroe grande4». Nosotros, a tanta distancia de aquellos tiempos, hemos logrado hallar aún y presentar documentos que lo confirman como tal para gloria de Dios y honra de nuestra sagrada Orden.
1
Arch. hist. Zarag., leg. 246.
Crón., tomo IV, núm. 935.
3
Núm. 762.
4
Núm. 936.
2
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
CONSULTAS
P.– ¿Qué es más útil, para el alma de uno que ha muerto recientemente,
celebrar misas privadas o hacer funerales?
R.– Muchas veces hemos oído hablar de este asunto, tanto a sacerdotes como a seglares,
tomando ocasión para ello del hecho, que se va haciendo frecuente, de no hacer funerales, por
creer que es más útil para el alma del difunto invertir en misas privadas o que había de gastarse en los funerales.
Como por un lado la cosa es muy práctica, y por otro fácilmente sucede que los que tratan
de ella carecen del conocimiento de las verdaderas razones que deben tenerse en cuenta para
decidirse por lo uno o por lo otro, nos ha parecido oportuno y conveniente exponer aquí esas
razones y deducir de ellas la conclusión que, a nuestro juicio, más se aproxima a la verdad y
hasta nos parece cierta.
Ante todo, es necesario entender bien que no se trata de si los funerales o las misas, ya
privadas, ya solemnes, son o no útiles a las almas que están en el purgatorio. Sobre esto no
puede haber duda. Es una verdad de fe, clara y repetidamente definida por la autoridad infalible de la Iglesia, que los sufragios de los vivos, las misas, las oraciones, las limosnas y otras
obras de piedad aprovechan a las almas que están en el purgatorio.
Tampoco tratamos de si, entre todos los sufragios que podemos hacer por las almas del
purgatorio, será la santa misa el más excelente y provechoso; pues bien sabemos que está definido en el Concilio de Trento que «las almas detenidas en el purgatorio son ayudadas
190
por los sufragios de los fieles, principalmente por el aceptable sacrificio del altar» (sesión 24).
Únicamene se trata de averiguar si en vez de funerales será mejor suprimir éstos y emplear en misas la cantidad que se había de gastar en ellos.
Por funerales entendemos aquí no solamente la conducción del cadáver con cruz alzada y
acompañamiento del clero, según la posición social o fortuna económica del finado, sino también la misa solemne con asistencia del clero, según la clase que corresponde a la dicha posición social.
Antes de exponer las razones que han de servirnos de norma para resolver la cuestión,
parécenos indispensable recordar los fundamentos en que estriba la doctrina católica acerca de
los sufragios por los difuntos y el sentido en que se entiende la eficacia de estos sufragios.
Sabemos por la sagrada Teología que cuando el hombre peca, además de ofender y agraviar a la Majestad divina por la desobediencia y el desprecio, más o menos grande, que se
encierra en todo pecado, se hace acreedor ante la divina justicia a una pena o castigo en proporción con la culpa.
También es cierto y verdad de fe que la ofensa hecha a Dios se nos perdona por el arrepentimiento sincero y sobrenatural (juntamente con el Sacramento de la Penitencia, si la culpa
fue mortal; pero no siempre se nos perdona toda la pena correspondiente a la culpa cuando
obtenemos el perdón de ésta, sino que, de ordinario, después de habernos reconciliado con
Dios y de haber obtenido el perdón de la culpa con que le ofendimos, nos queda aún algo o
mucho (según la gravedad del pecado y la intensidad del arrepentimiento) que satisfacer a su
divina e inexorable justicia.
Mientras vivirnos en este mundo podemos satisfacer esta deuda con toda clase de buenas
obras, hechas en gracia de Dios. Porque cada una de las obras buenas que los justos hacen es
meritoria y satisfactoria. Meritoria quiere decir que por ella adquirimos derecho a que Dios
nos la premie en el cielo, y satisfactoria, que con ella pagamos algo de lo que debemos a Dios.
La parte meritoria de las obras buenas es inalienable, propia del que las hace, y no puede cederse a otro; mas la parte satisfactoria, bien se puede dar de manera
191
que pague uno lo que debía pagar otro; y así éste queda libre, en todo o en parte de la deuda.
Acá, entre nosotros, sucede esto mismo. Pues si yo debo cien pesetas y otro tiene la bondad de
pagarlas por mí, el acreedor debe aceptarlas en justicia y darse por satisfecho.
Pero esto se ha de entender cuando se trata de deudas reales, o sea, de las que se pagan
con moneda o con cosas equivalentes, pues tratándose de deudas personales, esto es, que se
deben pagar con acciones propias de tal persona, el acreedor no está obligado en justicia a
aceptar otras satisfacciones que las dadas por el deudor. Así, por ejemplo, si Pedro ofendió a
Pablo, injuriándole y negándole el honor y la reverencia que le eran debidos, además del arrepentimiento que le haga digno del perdón de la ofensa, debe Pedro reparar con actos exteriores de sumisión y reverencia la injusticia que cometió contra Pablo, y éste no está obligado a
recibir como reparación lo que otra persona distinta de Pedro quiere hacer en lugar de éste.
Dios Nuestro Señor pudo, pues, en justicia no aceptar satisfacción alguna que no fuera
obra personal del mismo hombre que le había ofendido; pero en este caso, todo el género
humano se hubiera perdido para siempre, porque el pecador (y todos los hombres nacen en
pecado) no podrá en manera alguna reparar su culpa, ni ofrecer a Dios satisfacción condigna
por el pecado, ya que el valor de la satisfacción se mide por la excelencia y dignidad del que
la ofrece y la gravedad de la injuria se mide por la excelencia y dignidad del que la recibe. Y
así no podía suceder que la satisfacción ofrecida por el hombre, siendo tan pequeña como el
mismo hombre, igualase a la grandeza de la injuria, que en cierto modo es infinita, por ir contra la infinita excelencia y Majestad de Dios.
Mas el amor inmenso que nuestro Padre celestial nos tiene, le movió a recibir y a aceptar
las satisfacciones y la reparación, que su Unigénito Hijo y Señor y Salvador nuestro Jesucristo
se dignó ofrecerle por nosotros. Y como esta reparación y estas satisfacciones de Jesucristo
son en todo rigor infinitas y sobrepujan a todo cuanto los hombres por sus pecados deben y
pueden deber a la divina justicia, nunca se pueden acabar, por muchos y muy graves que sean
nuestros pecados y los de todo el mundo.
192
Aquí en la obra de la redención, en lo que Jesucristo hizo y padeció por nosotros está la
explicación de que el hombre obtenga el perdón de sus pecados y pueda salisfacer por ellos.
Porque a Jesucristo debemos que Dios nos dé la gracia necesaria para arrepentirnos y volver a
la amistad y al amor y a la unión con Él, y a Jesucristo debemos que, después de perdonados,
podamos fácilmente satisfacer a la divina justicia.
Ahora bien; el fruto de la redención debe aplicarse a cada uno de los hombres para que
les sea prácticamente útil, y esta aplicación no se verifica, si el hombre no quiere o si no cumple las condiciones y usa de los medios que el mismo Jesucrislo tuvo a bien determinar.
Cuáles sean estas condiciones y estos medios, nos lo enseña la Iglesia católica, inslituida
precisamente para continuar hasta el fin de los siglos la obra de la redención y para ser intérprete infalible de la doctrina y de la voluntad de su divino Fundador.
Por ella sabemos que a nosotros, a los que aún vivimos en este mundo, se nos aplica el
fruto de la redención de una manera muy diferente que a las almas del purgalorio. Nosotros
con cada obra buena que hacemos en gracia de Dios, con cada acto de amor o de resignación
o de caridad con el prójimo, con cada mortificación voluntaria o sacrificio pacientemente sobrellevado, con cada obra de misericordia, con cada sacramento, que dignamente recibimos,
y, sobre todo, con cada misa que celebremos si somos sacerdotes, merecemos aumento de
gracia y de gloria y satisfacemos a Dios por nuestros pecados. Y, aunque ignoramos cuánto es
lo que merecemos y cuánta es la satisfacción que a cada obra buena corresponde, sabemos
que es, por decirlo así, una cantidad fija y siempre proporcionada a las disposiciones del que
hace la obra.
Así, decimos que, si dos oyeren una misa con la misma atención y devoción y fervor y
teniendo el mismo grado de gracia, obtienen el mismo fruto; si dos comulgan con las mismas
disposiciones, el sacramentocausa en ambos igual efecto.
Lo mismo sucede con las indulgencias. Es una verdad incontrovertible que la Iglesia tiene
potestad de conceder indulgencias, o sea, de perdonar las penas debidas por los pecados (ya
perdonados), mediante la aplicación de las satisfacciones de Jesucristo, de la Santísima
193
Virgen y de muchos santos que no las necesitaron para sí. Tal potestad, por grande que sea, no
iguala a la de perdonar los pecados; pues mayor cosa es perdonar la culpa que perdonar la
pena; así, a nadie debe extrañar que Dios concediera a su Iglesia lo que es menos, sabiendo
que le ha concedido lo que es más. Y si hemos de hablar con rigor, por las indulgencias en
realidad no se perdona la pena, sino que la Iglesia nos da, mediante ciertas condiciones y requisitos de nuestra parte, una porción mayor o menor, según fuere la indulgencia, de las satisfacciones de Jesucristo y de los santos, tomadas del tesoro inagotable que el Salvador puso en
sus manos, para que nosotros quedemos libres ante Dios de una parte proporcional de la deuda. De manera que, en sentido propio, por las indulgencias damos a Dios la satisfacción que le
debemos, aunque ella provenga de obras ajenas; y sabemos ciertamente que Él la acepta de un
modo fijo y constante. Cuarenta o cien días de indulgencia siempre valen lo mismo para nosotros, y una indulgencia plenaria nos libra de toda la deuda.
Pues bien; nada de esto se puede afirmar respecto de las almas del Purgatorio. Aunque
allí todas están en gracia y todas aman intensamente a Dios y sienten dolor grandísimo de
haberle ofendido, con ninguno de estos actos ni con otros pueden merecer ni satisfacer. En el
Purgatorio no hay medio de pagar las deudas de los pecados más que padeciendo. La muerte
cierra por completo las puertas del mérito y de la satisfacción personal.
Aquellas almas, aunque pertenecen a la Iglesia, están fuera de su jurisdicción y nada se
les puede mandar ni conceder autoritativamente. Por eso Dios no está obligado en justicia, ni
por otro título, a recibir ni aceptar las satisfacciones que los fieles o la Iglesia le ofrecen en
favor de dichas almas. Si de hecho acepta, como la fe nos enseña, las buenas obras y las indulgencias y las Misas que les aplicamos, es por pura bondad suya y en la medida y forma
que le place.
Esto quiere decir la palabra sufragio, que empleamos cuando se trata de los difuntos. A
las oraciones, limosnas, ayunos, sacramentos, Misas, funerales, etc., que hacemos por los difuntos, llamamos sufragios, para indicar el deseo con que suplicamos a Dios que se digne
aceptarlos en favor de ellos.
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Pero ignoramos cuánto sea el beneficio que por cada una de estas cosas recibe el alma o
las almas a quienes deseamos favorecer. Ignoramos si una indulgencia plenaria o parcial tiene
el mismo valor para los difuntos que para los vivos.
Ignoramos si una Misa es para ellos tan útil como para nosotros. Y hasta ignoramos si los
sufragios, hechos en favor de un alma determinada del purgatorio, se le aplican siempre a
dicha alma o a otra u otras. Solamente sabemos de cierto que los sufragios son útiles a los que
se encuentran en el lugar de expiación.
La causa de que no sepamos más consiste en lo que ya hemos dicho, es a saber: que las
satisfacciones de las buenas obras ofrecidas por las benditas almas del purgatorio son aceptadas por Dios, no precisamente según el valor total objetivo de dichas satisfacciones, ni según
la intención ni vountad del que las ofrece, sino según la voluntad del que las acepta y en la
medida y forma que a la bondad divina le place aceptarlas.
Supuestas estas verdades fundamentales en la cuestión que nos ocupa, no dudamos en
afirmar que la única norma y criterio seguro para formar juicio prudente en el asunto es la
intención y la voluntad de la Iglesia.
Aquí no vale el argumento de que la misa tiene un valor infinito y, por consiguiente, supera a todos los demás sufragios. La afirmación es cierta, pero no lo es la consecuencia, porque bien puede suceder que en algunas circunstancias agraden al Señor otros sufragios, como
sufragios, más que el encargar una o varias misas.
(Concluirá)
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CAPÍTULO PROVINCIAL
La Provincia de Sto. Tomás de Villanueva de Andalucía ha celebrado su Capítulo Provincial en el Colegio de Monachil los días 18 al 22 del mes de Abril, siendo elegidos los siguientes:
Prior Provincial, R. P. Fr. Francisco Orduña de S. José, Lector.
Definidores: PP. Fr. Antonio Muro del Pilar, Fr. José Lasala del Carmen, Fr. Manuel
Simón de S. José y Fr. Gerardo Larrondo de S. José.
Aditos: 1.º P. Fr. Cipriano Chocarro de S. José; 2.º P. Fr. Cipriano Benedicto de los Dolores; 3.º P. Fr. Pedro Corro del Rosario.
Definidores para Capítulo General: PP. Fr. Buenaventura Marrodán del Carmen y Fr. Federico Serrano de S. José.
Discretos para id. id.: PP. Fr. Celedonio Mateo de S. José, Lector, y Fr. Eugenio Cantera
de la Sagrada Familia, Lector.
Vicario Provincial del Brasil, P. Fr. Marcelo Calvo del Rosario.
Prior del Convento de Berlanga: P. Fr. León Ochoa del Carmen.
Rector del Colegio de Monachil: P. Fr. Federico Serrano de San José.
Superior de la Residencia de Granada: P. Fr. Teófilo Garnica del Carmen.
Id. de la id. de Motril: P. Fr. Alejandro Llorente de Sta. Eulalia.
Id. de la id. de Belem do Pará: P. Fr. Pedro Jiménez de la Soledad.
196
Id. de la id. de Ribeirao Preto: P. Fr. Marcos Beltrán de la V. de Nieva.
Director del Colegio Preparatorio de Ágreda: P. Fr. Pedro Corro del Rosario.
Secretario de Provincia: P. Fr. Ángel Sagastume de los Dolores.
Maestro de novicios: P. Fr. Escolástico Rodríguez de la Concepción.
Regente de sstudios: P. Fr. Eugenio Cantera de la Sagrada Familia.
Subprior del Convento de Berlanga: P. Fr. Ricardo Imás del Pilar, Lector.
Vicerrector del Colegio de Monachil: P. Fr. Tomás Martínez del Carmen.
Cronista de la Provincia: P. Fr. Pedro Corro del Rosario.
A todos ellos mandamos nuestra felicitación, y pedimos al Señor les dé gracia para que
cumplan fielmente sus deberes respectivos.
Año IX
Junio de 1918
Núm. 96
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
CASUUM MORALIUM
PRO ANNO
1914-15
Resolutio
XVI. Lucius missionarius etc.
Quaeritur: 1.º Quid in dubio de divino officio persoluto faciendum est. 2.º Quae sint causae ab officio divino recitando excusantes. 3.º Quid de resolutionibus Lucii dicendum.
Ad 1.um –Ante omnia clericus curet dubium deponere diei actus in memoriam revocaudo,
ut, in quantum fieri possit, conscientiam
198
sibimet formare queat secundum quam agere debet. Si vero, omnibus inspectis, dubium perseveret, dicendum est quod in dubio negativo, quod inscientia vocari potest, seu quando non
habetur ratio positiva probabilis de recitatione jam facta, urget sane obligatio recitandi quia, in
qualibet re praecepta, impletio legis non supponitur sed probari debet
In humanis tamen, saltem si de justitia commutativa non agatur, sufficit probabilis ratio
seu probatio de adimpletione legis. Gravissimum enim conscientiae imponeretur onus si omni
re evidentia vel perfecta certitudo exigeretur quod a mente legislatoris alienium judicari oportet. Hinc S. Alphonsus, de recitatione disserens, (Th. m. IV-150) scribit: «Si vero dubium est
positivum ita ut probabiliter judices dixisse, non teneris repetere, prout docent communissime». Quod maxime valet de parte Horae quam quis recordatur incepisse, vel de repetendo
cum quis justam habet conjecturam credendi quod jam recitavit. Vide circa hoc plura exempla
apud S. Alph. loc. cit. que partim transcripta habet Gury-Ferr. (II-53).
Ad 2.um –Proprie loquendo, impossibilitas tantum sive phisica sive moralis sub qua comprehendi potest charitas erga proximum: dispensatio legitima, licet inter causas enumerari
soleat, dicenda est solvere potius quam excusare ab adimpletione legis.
Ab officio divino recitando excusat sicut ab aliis legibus humanis non solum phisica impossibilitas sed etiam moralis late sumpta seu gravis difficultas, quae varia esse potest seu
respectiva ut pote multoties subjectiva. Attamen eam haec divini officii persolutio semper
recensita sit inter clericorum praecipuas obligationes atque ad divinum cultum intime spectantes, causa omnino gravior requiritur ut ex sese adsit excusatio. Generatim, nisi phisicum impedimentum accedat requiritur pro excusatione recitationis ut gravis defatigatio aut difficultas
originem ducat ex aliqua causa quae magis ad Dei cultum conferat quam ipsa recitatio. Unde
ex charitate erga proximum multoties occurret excusatio ex eo orta quod clericus per diem
praepediatur graviter occupatus in his quae sine scandalo aut notabili proximi detrimento
omitti nequeunt: praeceptum enim naturale charitatis praevalet legi ecclesiasticae. Vide GuryFerr. loc. cit. in quo plurima adducuntur excusationis exempla. Etsi pro paranda concione,
jamjam imminenti, a recitatione
199
quis excusetur propter defectum temporis, nota tamen quod si quis eam opportune commendatam habebat, debuit etiam opportune se parare neque potuit tempus dispendere: si ergo,
futuras angustias praevidens, noluit providere, ipsi imputabitur tanquam voluntaria in causa
subsequens recitationis impossibilitas. Excusandus etiam est qui per complures continuos dies
in audiendis confessionibus aliisve operibus necessariis adeo est occupatus ut, si divino officio persolvendo distineatur, spatio pro reficiendis viribus et convenienti somno carpendo necessario careret; aliter tamen judicandum est si, semel aut iterum, paululum tantum a consueto
somno deberet substrahere.
Meminisse oportet quod onus divini officii est divisibile, unde poterit quis ad patem obligari quin teneatur ad totum. Pro excusatione in convalescente sufficit probabilitas nocumenti
ex recitatione; imo «si quis, ait S Alph., ob suam infirmitatem certus est non posse totum oflicinm recitare, et dubitat an possit partem, probabiliter ad nihil tenetur»: ex eo etiam quod
quis semel aut iterum missam celebret inferri nequit eum teneri ad recitationem.
Dispensatio legitima, ut dictum est, solvit ab obligatione: Superioris autem est judicare de
justis causis ut valide ac etiam licite concedi possit.
Ad 3.um I. In mero dubio negativo, ut ad 1.um dictum est urget obligatio recitandi. Lucius
autem noster nullam potest allegare positivam rationem ex qua conscientiam sibi formare
queat de facta recitatione, nisi, forte, ex consuetudine recitandi eam desumere possit. Sed,
cum nullum jactum ei faveat ut probabiliter inferre queat consuetudinem servasse seu recitationem perfecisse, licet omnia diei accidentia in mentem revocet, concludi oportet obligationem haberi non posse ut extinctam. Molestiae, quae forsitan caeteros afficeret, si ipse e cubitu
surgeret, non est ratio quae per se excuset a recitatione, sed quae eum movere debet ut quam
tacite lectum relinquat ac in silentio recitet et, si fieri possit, ad aliud se transferat cubiculum
pro recitatione.
II. Similiter judicandum est de eo etiam in quo ipse certus non est matutinum recitasse:
consuetudo enim anticipandi per se praesumptionem quidem recitationis praebet, sed si Lucius omnibus in mentem nevocatis, nullum aliud habeat argumentum ex quo probabiliter
200
deducere possit obligationem impletam fuisse, in sola consuetudine quiescere nequit: unde
matutinum recitare debuit quia ei nec probabiliter constabat de facta recitatione.
III. In tertio casu non exprimitur an mane vel vespere octo horae in confessionibus sint
consumptae, an potius partim tempore antemeridiano et partim ad vesperam confessiones sint
exceptae. Unde a) Si confessiones per octo horas tempore posmeridiano fuerint habitae, concedendum est eas defatigationem secum afferre, imo fere phisicam imposibilitatem, unde Lucius damnandus non est gravis peccati si vesperas et completorium tantum omittat, licet magis
pium fuerit totum officium mane persolvere ad completorium inclusive: b) Ab horis autem
minoribus non excusatur quia tempus, pro ipsis aptum, est antemeridianum: c) Urgebat etiam
officium matutinum quia, licet vespere diei praedentis non tenebatur, tamen a media nocte
obligatione constringitur: d) damnari debet de peccato gravi missionarius Lucius si, mane
praevidens magnam paenitentium turbam pro vespertino tempore, noluit mane recitare matutinum usque ad Nonam inclusive: e) Octo horae confessionum in decursu diei per se non excusant a recitatione officii divini, licet aliquoties quis, ob defatigationem et alias subjectivas
circunstantias, sese excusatum recte judicare possit: f) Dispensatio Pauli Lucium non juvat
nec ei potest esse norma agendi; dispensatio enim secum fert aliquid quod ab auctoritate pendet, aliter non erit ratio cur ad Superiorem recurratur; Paulus ergo, dispensationem obtinens,
aliquid habet ab Auctoritate manans quod Lucio non est commune nec communicabile nisi
Superior inerveniat, licet pluries horas in confessionibus insumat.
XVII. Respicius parochus, etc.
Quaeritur: 1.º Quae regulae servandae sunt circa absolutionem moribundorum. 2.º Quid
judicandum de Respicio in singulis casibus.
Ad 1.um haec teneto: 1. Extra mortis articulum confessario constare quidem debet moraliter de actibus paenitentis pro sacramento paenitentiae necessariis, confessione scilicet seu
accusatione et contritione quae proposituin includat: in periculo autem seu articulo mortis
sufficit ut cum aliqua, etiam valde tenui, probabilitate judicari possit actus adesse vel adfuisse
necessarios quo liceat dari
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absolutio saltem conditionata. Tunc solummodo moribundis denegari potest conditionata absolutio cum revera constet de indispositioie.
Sacramenta enim sunt propter homines unde in extremis, ex quibus aeterna hominis pendet salus, etiam extrema tentanda sunt quin ex hoc injuria fiat sacramento: adhibita enim conditionata absolutione, sacramenti honori consulitur semper ac de positiva indispositione non
constet.
2. Cum absolutio concedi debeat ex justitia et sub gravi omni paenitenti rite disposito,
clare patet quod absolvi possit et debeat et quidem absolute quilibet moribundus qui aliquo
modo, voce vel signo confitetur vel absolutionem petit: adsunt enini omnia requisita ad sacramentum et ad confessionem formaliter integram. Similiter absolvendus qui, etsi coram
sacerdote doloris signa non praebet, coram aliis tamen haec signa dedit atque advocandi sacerdotem voluntatem manifestavit. Rituale Romanum expresse ait: «si confitendi desiderium
sive per se sive per alios ostenderit, absolvendus est». Absolvi etiam potest et debet, saltem
conditionate, quilibet moribundus in quo attritio et confessio praesumi possunt aliquo modo:
consuli enim oportet moribundo, et, in articulo mortis, uti licet expedit opinione etiam tenuissime probabili quia, ex actu sacerdotis, pendet fortasse aeterna moribundi salus.
3. Cum absolutio omnino neganda sit in omni casu, etiam extremae necessitatis, poenitentibus certo indispositis, absolvi nullo modo potest moribundus qui omnino recusat hic et
nunc sacramentum paenitentiae vel qui nullo modo paesumi potest attritus. Quod postremum
vix unquam contingere posse videtur in iis qui sunt sensibus jam destitutis: unde rarissime aut
nunquam constabit certo de horum indispositione.
4. Aliqua certe oritur difficultas pro absolutione circa eos qui morbo ita praeocupati sunt
atque taliter sensibus sunt destituti ut nullum sui doloris vel desderii signum dare potuerint
neque possitn.
Doctrina enim communis inter Doctores viget quod, pro valore et fructu sacramenti paenitetiae, non solum internus de peccatis dolor sed etiam aliqualis ejus requiratur manfestatio
quae pro quadam generica confessione haberi possit. Pratice tamen facillime
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solvitur difficultas cum absolutione conditionata, pro qua adhibenda aliqua adest explicatio,
etsi non multum probabilis, actum sufficientium. Internus enim dolor merito praesumitur nisi
contrarium probetur, isque etiam elici potest etsi moribundus videatur ratione destitutus, signa
enim externa so!ummodo denuntiant defectionem sensuum: desiderium absolutionis manifestatur fortassis sufficienter (etsi nobis non pateat) ex suspiriis, oculorum nutibus, aliisque pluribus, quae moribundus fortasse ediderit vel etiam nunc edit in hunc finem, etsi adstantes ea
non va!eant discernere.
5. His itaque praemisis, cum Gury-Ferr. II 505-506, 621-622, 693 et aliis, pro praxi resolves: a) absolvendi sunt moribundi nondum sensibus destituti et in confessionem consentientes: et quidem absolute si confessionem ultro requirant aut libenti animo confiteri proponant;
conditionate vero, si aegre vix ad aliqualem confessionem inducantur aut si de eorum sufficienti dispositione prudenter dubitatur: b) moribundi omnes, sensibus destituti, absolvendi
sunt saltem sub conditione si, ante sensuum privationem, expresse confessionis desiderium
ostenderunt, imo absolvendi sunt, sub conditione, moribundi omnes qui christiane vixerunt,
etsi, tunc, nec doloris nec desiderii confessionis signum ullum dederint; sub conditone item
absolvendi sunt etiam qui parum christiane vixerunt, quia adhuc in ipsis praesumi aliquo modo potest poenitentiae et confessionis desiderium: c) potest probabiliter sub conditione absolvi
moribundus sensibus destitutus in actu ipso peccati, v. gr., in puello, adulterio, etc. quia etiam
ille potuit sufficienter disponi per actum interiorem qui caeteris ignotus est ac sic praesumere
possumus: d) absolvi etiam probabiliter possunt sub conditione qui, ante sensuum privationem, sacerdotem repulerant: etiam hi, divina operante gratia, possunt esse sufficiener dispositi: e) probabliter quoque sub coditione absolvi potest haereticus, etiam publicus et formalis,
schismatichus, apostata, etc., sensibus destitutus; meliori etiam ratione haereticus materialis,
aut qui talis est quia in haeresi est ortus sed educatur in religione catholica, atque etiam hi qui
voluntatem bonam et proclivem in Religionem catholicam ostenderutn: f) haereticus materialis, etiam sensibus non destitutus, videtur absolvi posse conditionate
203
in mortis articulo, etsi de veritate Romanae et catholicae Ecclesiae dubius remaneat ac ideo
confessionem praetermittat dummodo alias contritionem eliciat quantum fieri possit, perfectam de peccatis suis et paratus sit ad ea omnia quae divinitus ordinata sunt ad salutem aeternam: g) mente alto retineat sacerdos quod nostris ternporibus scriptum est de morte apparenti
et reali ut, saltem sub conditione, absolvat quemcumque invenerit recenter mortuum etsi plures jam horae transierint ab ejus, ut creditur, obitu, nisi vera et realis mors certo comprobata
appareat per generalem cadaveris corruptionem.
Ad 2.um –I: Repicius male egit Rufum non absolvendo, nam absolutio, tribus ante diebus
impertita, causa non est cur denuo non concedatur, cum causa supervenerit et gravis quae exigit novam absolutionem pro qua, rite a sacerdote impertienda, nihil ex parte infirmi desideratur: Rufi enim saluti aeternae consulendum est in extremis per absolutionem sacramentalem
de cujus valida et licita concessione Respicius dubitare non poterat, cum, ex praecedenti Rufi
vitae norma et praesenti sacerdotis advocatione, signa adessent indubia et accusationis dolorosae et desiderii absolutionis recipiendae.
Attamen Rufi saluti aeternae, etsi fortasse post confessionem in aliquod mortale peccatum lapsus sit, consultum est per Extremam Unctionem cujus vis, licet secundario, extenditur
tamen ad delenda per se peccata mortalia, supposita in subjecto aliqua attritione cum bona
fide, seu modo jam adfuerit aut postea accedat internus de peccatis dolor etiam pro valore
absolutionis necessarius.
II. Respicius recte egit Philippum sub conditione tantum absolvendo: certum enim non
erat, imo ex anteacta vita parum probabile, Philippum apud Deum et suam conscientiam ea
omnia praestitisse quae pro valore absolutionis sunt necessaria; absolutio ergo sub coditione
tantum erat impertienda: attamen, cum non constet certo de defectu rei necessariae, absolutio
potuit et debuit concedi ut revera factum est.
Merito carpitur Respicius ab amico ob sacrae Unctionis omissionem: si enim, benigne judicando, potuit Respicius Philippum praesumere absolutionis capacem, non potuit eum habere
sacra unctione indignum: si enim abslolutio conceditur ut Philippi aeternae vitae
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consulatur, eum ad meliorem frugem in extremo momento conversum supponendo, meminisse oportet quod, in talibus extremis casibus, Extremae Unctionis efficacia securior est quam
absolutionis; pro ea enim, ut supra dictum est, sufficit internus de peccatis dolor qui praecedat
aut sequatur, quin ullum requiratur externum signum ex parte moribunci, Vid. Gury-Ferr. de
morte reali et apparente.
III. Respicius reprehendendus non est sed fortassis laudandus quia Julium moribundum
absolvit conditionate et inungit precibus filiae annuens, etsi, sui compos, vetuerat accesum
sacerdotis: pro moribundo enim qui e vita migrat, et pro ejus superstite filia agit quidquid,
salva conscientia, agere potest et pro unius procuranda aeterna salute et pro alterius magna
diffundenda suavi consolatione.
Lehmkuhl tamen opinatur quod, si quis ad ultimum rationis usum positive rejecerit omne
sacerdotis auxilium, sacramenta ei ministranda non sint ne conditionate quidem oranda tamen
sit enixe pro ejus anima Dei misericordia, quae, si eum reducit ad sui conscientiam et ad dolorem internum, permovere etiam potest usque ad contritionem perfectam: quae soli divino judicio relinquenda sunt, humano interim judicio eum rejiciendo a participatione bonorum quae,
sui compos, constanter repulit. Quae mihi probanda non sunt ex his quae sursum dicta apparent: nec ei assentiendum est cum ait sacram unctionem administrandam esse clam tantum
moribundo, de quo in casu, etsi ad se redierit et videatur aliquod, etsi dubium, doloris signum
edere, ne aliis fidelibus sit scandalo. Omnes enim vere fideles tantum moribundorum exoptant
resipiscentiam unde ipsis scandalo vere erit sacerdotem doloris signa parvipendere et infirmum sacra unctione non muniri.
IV. Probabiliter etiam Respieius potuit Rochum sub conditione absolvere et sacra Unctione munire: ipsa enim filiorum benigna indiferentia indicat Rochi bonam voluntatem, veritati catholicae non infensam, in quo supponi bona fides rationabiliter potest et ideo, in extremis, etiam praesumi de peccatis internus dolor ac voluntas omnia peragendi ad salutem necessaria.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
SECCIÓN CANÓNICA
Sobre la calecta imperada «pro re gravi»
Con fecha 16 de Febrero de este año 1918 la S. Congregación de Ritos ha declarado:
1.º Que en los dobles de I y II clase la colecta pro re gravi se ha de decir sub diversa
conclusione, y no sub unica conclusione con la oración de la misa.
2-º Que en la misa del Sagrado Corazón, concedida para los primeros viernes de mes,
en la cual se dice una sola oración: a) debe rezarse la oración pro re gravi, si
está mandada, b) pero sub diversa conclusione.
3.º Que siempre que en la misa se ha de hacer alguna conmemoración, la colecta pro re
gravi no debe juntarse a la oración de la misa sub unica conclusione, sino que
debe decirse después de la última conmemoración.
Sobre las octavas simples
I. Según el decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de 7 de Agosto de 1914, ad II. si
en la infraoctava simple de la Natividad de la Sanísima Virgen María se ha de decir misa votiva de la misma Virgen María, se dirá la misa romo en la fiesla de la Natividad de la B. V
María, con Gloria, pero sin Credo.
II. Preguntada ahora la misma S. Congregación, contestó con fecha 18 de Enero de este
año: 1.º Que este decreto es aplicable a las otras infraoctavas simples: 2.º Que en la infraoctava simple, de la cual no se ha de hacer conmemoración, no se deben omitir el sufragio y las
preces; pero se omitirán en el oficio del día octavo, según las rúbricas del nuevo breviario
típico: 3.º Que si la fiesta
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tiene Credo, éste no se ha de decir en la misa del día de la octava simple de la misma fiesta,
en la cual, no obstante, se dirá el prefacio propio de la misa, si lo tiene.
El Código y la obligación de recibir los sacramentos
de la Confirmación y de la Extremaunción
I
Si hay obligación de recibir el sacramento de la Confirmación y cuál sea esta obligación,
ha sido cuestión disputada.
Generalmente, convenían los autores en dos puntos. Primero, en que la recepción de este
Sacramento no es necesaria necessitate medii, como lo es, por ejemplo, la del Bautismo, pues
con sólo este último sacramento se puede obtener la remisión de los pecados y la vida eterna.
Segundo, en que existe obligación, por lo menos leve, de recibirlo, dado caso que se
ofrezca ocasión para ello.
En cuanto a si la obligación es o no grave, aunque la afirmativa parecía ser la más probable, no constaba con certeza.
Muchos y graves autores, así antiguos como modernos, pueden aducirse por entrambas
partes. Entre los antiguos, niegan que sea grave esta obligación: Santo Tomás, Suárez, Escoto,
Soto, Frasens y los Salmanticenses; y entre los modernos, Lehmkul, Noldin, Bucceroni,
Pesch, Génicot y Prümer.
La razón es porque no puede aducirse nungu a ley que imponga con certeza esta grave
obligación: a) no la divino-natural, porque aunque la ayuda que da la Confirmación sea notabilísima para superar las tentaciones contra la fe, etc., con todo, esta ayuda puede obtenerse de
otra manera, v. gr., por la recepción de la Eucaristía, por la oración, por las obras de piedad,
etc.; b) ni la divino-positiva, porque las que pueden citarse no hablan de este sacramento; c) ni
la eclesiástica, como se verá por la solución de los argumentos de la segunda sentencia. Y los
dichos de los Romanos Pontífices que suelen traerse solamente prueban que este sacramento
es necesario para la perfección, pero no que lo sea simplement
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no recibiendo este sacramento: 1.º, si creyese que sin este sacramento corría especial riesgo
de perder la fe o la caridad; 2.º, si lo omitiese con escándalo por ser sospechoso en la fe, y por
creerse que nace de desprecio, o no creyese que sea sacramento; 3.º, si lo omitiese por menosprecio, pero no si por otra causa, v. gr., si se avergüenza por ser viejo y se halla donde suele
administrarse este sacramento a los niños.
Pero defienden que la obligación es grave: S. Antonino, S. Alfonso; y entre los modernos,
Aertnys, Marc., Müller y Casus Romae a S. Apollin.
San Alfonso prueba su sentencia de la gravedad por la declaración de Benedicto XIV en
la Bula Etsi pastoralis sobre los ritos y dogmas de los griegos, en donde dice, § 3, n. 4: Han
de ser avisados (los que no están confirmados) por los Ordinarios locales que están obligados, bajo pena de pecado grave, si pudiendo acercarse a la Confirmación, lo rehúyen o descuidan.
Pero nota Scavini que las palabras de Benedicto XIV no concluyen para todos, pues el
Papa sólo habla de los confirmados inválidamente por los sacerdotes griegos, porque los tales
no querían de nuevo confirmarse, pues tenían por válida la primera confirmación. Por donde
había aquí razón especial para obligarlos a recibir nuevamente el sacramento de la Confirmación; a saber, para que retractasen su error.
Uno de los argumentos más fuertes en favor de la gravedad de esta obligación se toma de
la Instrucción de la S. Congregación de Propaganda Fide de 4 de Mayo de 1774, la cual se
halla en el Apéndice al Ritual Romano, en la que se lee: «Por lo demás, los Misioneros no
dejen de exhortar a los pueblos que les están confiados, para que a su debido tiempo procuren
recibir la Confirmación, porque aunque este sacramento no es necesario necessitate medii
para la salvación, sin embargo, sin reato de pecado grave, no puede rechazarse y descuidarse,
cuando se ofrece ocasión oportuna de recibirlo». Esta Instrucción fue aprobada por el Papa
Clemente XIV.
Contra este argumento, que para algunos podría parecer decisivo, puede alegarse: 1.º Que
la gravedad del reato tal vez aquí se origina, no de dejar de recibir el sacramento, sino de rechazarlo, respui
208
que dice el texto, lo cual parece incluir menosprecio del sacramento: 2.º Que el no recibir el
sacramento no sea cosa grave, si no hay menosprecio, parece deducirse claramente de la Instrucción del Santo Oficio de 20 de Junio de 1866, la cual en el n. XIII dice: «Porque aunque
este sacramento no sea absolutamente necesario, necessitate medii, sin embargo, como enseña
Santo Tomás, es enteramente peligroso, si acaece que uno muera sin recibirlo, no porque esto
sea causa de condenación, a no ser tal vez porque intervenga desprecio, sino porque sería con
detrimento de la perfección». Tal era el estado de la cuestión antes del Código.
Éste, en su canon 787, establece: «Aunque este sacramento no es necesario de necesidad
de medio para la salvación, con todo, a ninguno le es lícito, ofreciéndosele ocasión para recibirlo, menospreciar!o; antes pr el contrario, procuren los párrocos que los fieles lo reciban en
tiempo oportuno».
¿Ha dirimido el Código la cuestión? Parece que no: antes bien, parece que se propuso no
dirimirla; y así aunque las palabras que emplea este canon están tomadas casi a la letra de la
citada Instrucción del Santo Oficio, el Código de propósito ha omitido aquellas palabras que
parecían suponer que la obligación era grave.
Por consiguiente, ahora, lo mismo que antes del Código, no consta con certeza de la gravedad de esta obligación, aunque la opinión que está por la gravedad parezca la más probable.
II
Análoga era, antes del Código canónico, la cuestión sobre si existe o no obligación grave
de recibir la Extremaunción; y parecido es también el estado en que ésta cuestión ha quedado
después del Código.
Dos eran, antes del Código, las sentencias sobre este punto.
La primera defendía la obligación grave, y se apoyaba en los argumentos siguientes: 1.º
Porque esta obligación grave consta, decían, de las palabra del Apóstol Santiago: «Infirmatur
quis in vobis? inducat prebyteros Ecclesiae». La palabra inducat, decían, supone precepto, y
la materia es de suyo grave. 2.º Añádase a esto la práctica de la Iglesia, que con gran solicitud
ha procurado siempre que fuese recibido por toda clase de enfermos: y también parece
209
constar de la costumbre y del común sentir de los fieles. 3.º Además es grave, y contra la caridad que cada uno se debe, el omitir un medio tan eficaz (defensa firmísima le llama el Concilio Tridentino) en la última lucha contra los asaltos del demonio. Así se expresan Roncaglia y
otros.
Los de la segunda sentencia niegan la obligación grave. La razón es porque ni por la tradición ni por los decretos de los Concilios consta del precepto de recibir este Sacramento.
Que el Apóstol Santiago diga «inducat presbyteros…», se ha de tomar y explicar como
un consejo. Luego no puede imponerse la grave obligación de recibir la Extremaunción. Así
S. Tomás, Billuart, Sposer y S. Alfonso, quien a esta sentencia llama común, aunque juzga
que la primera se ha de aconsejar en absoluto, principalmente atendiendo a la caridad que
cada uno debe tener para consigo mismo.
Tampoco aquí el Código parece haber querido dirimir la controversia, aunque sus palabras parezcan favorecer más la primera ópinión.
Dice así el canon 944: «Aunque este sacramento por sí mismo no sea de necesidad de
medio para conseguir la salvación, con todo, a nadie es lícito menospreciarlo, sino que hay
que procurar con todo cuidado y diligencia que los enfermos lo reciban cuando todavía tienen
completo uso de razón».
Estas palabras son análogas a las empleadas por el Código y por las SS. Congregaciones
con respecto a la Confirmación, y así tampoco parecen dejar la cuestión plenamente resuelta.
Los cómplices y cooperadores en orden a las censuras,
según el Código canónico
Con relación a las censuras y aun a las penas vindicativas es de sumo interés el canon
2.231, según el cual: «Si son varios los que concurren a la perpetración del delito, aunque la
ley no nombre más que a uno de ellos, todos los otros de que habla el canon 2.209, §§ 1-3,
incurren en la misma pena, a no ser que la ley expresamente diga otra cosa».
Los demás cooperadores o cómplices no la incurren; pero deben
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ser castigados con otra pena justa, según el prudente arbitrio del Superior, a no ser que la ley
les señale pena especial.
El canon 2.209 establece: «Los que de común acuerdo, con mutua conspiración, concurren físicamente al mismo tiempo a la realización de un delito, todos son igualmente reos, a
no ser que las circunstancias aumenten o disminuyan la culpabilidad de alguno». § 1.
«En el delito que por su propia naturaleza requiere cómplice, cada una de las partes es
igualmente culpable, a no ser que de las circunstancias aparezca otra cosa». Ibid. § 2.
«No sólo el mandante, que es el principal autor del delito, sino también los que inducen a
la perpetración del delito o en este influyen de cualquier manera, no tienen menor responsabilidad, si hay paridad en lo demás, que el ejecutor, si el delito sin su cooperación no se hubiese
realizado». Ibid. § 3.
En la anterior disciplina había que fijarse en las palabras con que se decretaba cada censura, para determinar si se hallaban o no comprendidos en ellas los cómplices, cooperadores,
etc. Ahora en cada una de ellas deben tenerse presentes los cánones 2.231 y 2.209, para resolver si van comprendidos los cómplices, y cuáles: con lo cual se resuelven muchas dudas.
Así, por ejemplo, en la censura contra procurantes abortum effectu secuto, nuestro Código ha resuelto directamente una cuestión, e indirectamente otras varias.
La resuelta directamente es la referente a la madre, que algunos creían que no incurría en
esta censura, en tanto que otros sostenían ser más probable lo contrario.
El Código ha puesto expresamente que la madre que procura el aborto incurre en la censura, matre non excepta, (can. 2.350, § 1).
Las cuestiones resueltas indirectamente aplicando los cánones mencionados son: a) Que
el mandante la incurre: b) Que la incurre el que procura el aborto por mandato de otro, v. gr.,
el médico: c) Que la incurre el que lo aconseja, si su consejo es eficaz y tal que sin él no se
habría realizado el aborto; y lo mismo se diga de los que para ello prestan su auxilio en las
mismas circunstancias. J. B. F.
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CONSULTAS
(Conclusión)
P.- ¿Qué es más útil para el alma de uno que ha muerto recientemente,
celebrar misas privadas o hacer funerales?
El argumento verdaderamente decisivo nos parece este: los sufragios más útiles a las almas del purgatorio son aquellos que más agradan a Dios, no en general, atendida solamente la
naturaleza del sufragio, sino en particular y en concreto, habida cuenta con todas las circunstancias que la acompañan. Creemos que nadie pondrá reparos a esta proposición.
Nadie puede conocer ni inteprelar tan bien como la Iglesia cuál sea la voluntad de Dios ni
cuáles los sufragios que más le placen.
Luego debemos atenernos únicamente a lo que la Iglesia siente y practica y aconseja
acerca del asunto.
El argumento nos parece del todo claro y convincente. Sólo resta saber qué es lo que la
Iglesia siente y aconseja a los fieles. Ahora bien: ¿Será necesario traer pruebas y testimonios
positivos y concretos, que nos demuestren cuánto deseo y empeño tiene la Iglesia católica de
que sus hijos sean enterrados con el carácter religioso que a los entierros dan la presencia de
la cruz, signo de nuestra redención y señal del cristiano, y con la asistencia del clero, que recite las oraciones y cante los sagrados salmos, que ella misma ha elegido y mandado?
¿Será necesario demostrar a los cristianos que la Iglesia desea y procura que, a ser posible, no falte nunca la misa de funeral, más
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o menos solemne, y con más o menos asistencia de clero, según las circunstancias, cuando
sabemos que aconseja y a veces manda a los párrocos que hagan todo esto, por caridad, si el
difunto no dejó con qué retribuirlo?
Ninguno que esté algo enterado de las prácticas cristianas puede ignorar el espíritu y deseo de la iglesia sobre este punto; por eso nos abstenemos de traer aquí testimonios y razones
que lo demuestren.
No es conforme al espíritu de la iglesia, ni más útil a las almas de los difuntos recientes
invertir en misas privadas, suprimiendo los funerales, lo que se había de emplear en estos.
Aunque debe bastar al cristiano saber cuál es el deseo de la iglesia católica, para tomarle
por única norma de conducta, todavía no estará demás considerar que no faltan razones de
mucho peso a favor de la práctica de los funerales.
Cierto es que la misa, como dejamos notado con palabras del Santo Concilio de Trento,
es el sufragio por excelencia en general, y así vemos que la Iglesia quiere que se apliquen en
el mayor número posible por las almas del purgatorio; pero conviene hacer esto y no omitir
aquello.
En la misa privada no hay muchas cosas que se advierten en los funerales. Aquí tenemos
un testimonio exterior de fe cristiana, que no sabemos cuánto mérito tendrá ante Dios, pero
sabemos que es grandísimo y que puede ser de muchísima utilidad para los difuntos a causa
de los actos de piedad y religión que excita en los que asisten y los que tienen noticia de él.
Tenemos también en los funerales un ejemplo magnífico de indudable influencia práctica
en el ánimo de otros fieles y aun en el de los que no creen. Y estas dos cosas faltan en las misas privadas.
Otra razón no despreciable es el peligro (por experiencia sabemos que frecuentemente es
una realidad) de que el cambio de los funerales por misas privadas sea causa u ocaión de que
no se haga ni lo uno ni lo otro. Y este peligro puede hacer que no sean o sean menos agradabIes a Dios los sufragios que dan ocasión a él.
(Del «Boletín oficial de la Diócesis de Madrid-Alcalá»).
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NUESTRA SEÑORA DE GUÍA
La Ermita, uno de los arrabales colindantes con la parte murada de esta ciudad de Manila,
se halla de enhorabuena. Uno de esos grandes acontecimientos que forman época en la historia de los pueblos católicos se ha verificado en estos días, llenando de júbilo los corazones de
todos y cada uno de los vecinos de tan aristocrático arrabal. Tal ha sido la visita que ha hecho
a su antigua morada, después de 146 años de ausencia, la imagen veneranda de Nuestra Señora de Guía.
Como en la historia de esta Parroquia han escrito páginas de imperecedera memoria los
PP. Recoletos que por algún tiempo la administraron, creo podrán tener cabida en nuestro
BOLETÍN estas líneas dedicadas a divulgar un hecho que, en parte, es la dulce realidad de la
idea acariciada por N. P. Santos Paredes, de feliz memoria, durante los 19 años que administró esta Parroquia. Como verdadero entusiasta de las glorias de La Ermita se esforzó por
ver volver a la Virgen de Guía a su primitiva morada y poder colocarla en el altar mayor de la
Iglesia por él edificada y gozarse en tenerla vecina al Convento parroquial también por él
construido. Este Convento y esta Iglesia, cuando haya pasado la generación presente y con
ella la memoria de los trabajos del P. Santos Paredes, publicarán con su elocuente lenguaje la
actividad de los Padres Reeoletos que tanto los ha distinguido en cuantas partes han posado su
planta.
Ante todo me parece conveniente apuntar cuatro frases sobre la historia de esta maravillosa imagen, por si alguno no está al tanto
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de ella. El día 19 de Mayo del año 1571 llegó con toda felicidad a Manila la expedición española mandada por el gran D. Miguel López de Legazpi, tomando posesión de esta tierra en
nombre de S. M. el Rey católico D. Felipe II. Pocos días después (el 24 de Junio) habiendo
arreglado todos los asuntos con los naturales en perfecta armonía, celebraron los españoles
juntamente con los indígenas una gran función para conmemorar dos trascendentales acontecimientos, cuales eran la filial sumisión al Trono de Castilla y la entrada de los naturales en el
seno de la Iglesia Católica. Con motivo de esta solemnidad se les concedió libertad a los soldados de Legazpi para que pudiesen recorrer los alrededores del terreno conocido: uno de
ellos más afortunado que todos sus compañeros, internándose por el terreno que hoy ocupa el
distrito de La Ermita, vió que algunos de los naturales estaban en el lugar donde ahora está la
parroquia de este distrito, reunidos y ocupados al parecer en actos de idolatría; acercóse instigado por la curiosidad, o tal vez guiado por divina inspiración, llenándose de regocijo al ver,
que la imagen objeto de aquellos cultos era un encantador simulacro de la Reina de los Cielos,
María Santísima.
Corrió presuroso a comunicar a sus compañeros tan grata sorpresa y todos acudieron a
dar culto a tan venerable imagen y que por tanto tiempo llevaba reducida a la humilde condición de anito, presenciando desde su trono de pandanes el culto gentilicio que los naturales
ignorantes de tal tesoro de continuo le daban.
Determinaron al momento los españoles construirle una Ermita, donde pudiese recibir el
conveniente culto, y con este fin la trasladaron a la capilla que para cumplir con su religión
habían edificado ya, en las inmediaciones del río Pasig y que luego se transformó en la suntuosa Catedral que hoy admiramos.
También procuraron saber la denominación con que en lo sucesivo habían de invocar a
tan gran Señora y entre los variados nombres que se sometieron al sorteo salió el de Ntra. Sra.
de Guía, como demostrando que Ella había de ser la Guía que había de conducir a los españoles en todos los pasos que diesen para someter todos los habitantes a su patria y a su religión.
La ermita de Ntra. Sra. de Guía tardó muy poco en estar terminada en el mismo lugar
donde el dichoso soldado la había encontrado
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y a ella fue rasladada la imagen: esta capilla no era sino provisional, por cuanto sólo se componía de madera, por no haber podido construirla según deseaba su devoción, dados los reducidos recursos con que por entonces podían contar: no tardaron mucho en construir otra muy
conforme a la piedad de los españoles, en la que la solidez corría parejas con las bellezas del
arte.
En este hermoso templo recibió esmerado culto hasta el día 1 de Febrero de 1771 en que
un horroroso terremoto lo derribó por completo. De nuevo fue trasladada la imagen a la Iglesia Catedral mientras se reconstruía dignamente su morada; pero no obstante haberse reedificado pronto la iglesia (aunque no de piedra como antes era, por no permitir el Gobierno se
hiciesen edificios de materiales fuertes en las inmediaciones de la ciudad murada, por cuanto
podrían ser peligrosos para ella, como sucedió con esta misma iglesia en 1762 cuando los
ingleses colocaron en ella su plaza de armas) sin embargo la imagen de Ntra. Sra. no volvió a
su primitiva morada por más reclamaciones que mediaron de los vecinos de La Ermita y esfuerzos de todos sus párrocos.
Ahora los PP. Capuchinos que están al frente de esta Parroquia no han conseguido que
vuelva definitivamente a su morada, pero al menos han dado un paso aventajado en el asunto,
logrando que el Ilmo. Sr. Arzobispo en armonía con el Cabildo Catedral concediesen que pudieran llevarla y tenerla por todo el novenario que siempre se le venía celebrando en los primeros días de Enero.
Lleno de santo entusiasmo se dirigió a la Iglesia Catedral todo el católico vecindario de
La Ermita para acompañar a su augusta Reina, la que al final de una brillante procesión salió a
las cuatro de la tarde del pasado Diciembre salvando los umbrales que hacía ciento cuarenta y
seis años no había pasado, llegando dos horas después al atrio de su antigua morada. Antes de
entrar en la iglesia paró su carro triunfal en la puerta para escuchar las melodiosas voces de
las alumnas del Instituto de mujeres que le cantaron un emocionante himno; terminado éste,
desde el balcón del Convento parroquial, D. Manuel Rábago, como entusiasta feligrés de La
Ermita, declamó con gran acierto y ardiente frase un sentido y hermoso discurso congratulatorio, para solemnizar como era debido tal aconecimiento. Momentos después, en el interior de
la iglesia, se
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cantaba un Tedéum en acción de gracias y a continuación el conocido orador sagrado D. Eulogio Sánchez, Canónigo de la Iglesia Catedral, saludaba de nuevo a la venerable imagen desde el púlpito con la fogosidad que lo distingue.
Todo el que ha fijado su atención en la maravillosa historia de esta imagen se ha preguntado ¿Cómo llegó a estas Islas esta Virgen y de dónde vino? No soy yo, ciertamente, el que
puede dar acertada solución al problema, que a tantísimos dotados de envidiable sagacidad
para arrancar a los pasados siglos los más escondidos secretos, ha preocupado por largo tiempo sin lograrlo descifrar; pero he de confesar que es un hecho que despierta general interés a
todo el que en él repara. Admítese como cosa cierta que no fue traída por los españoles que
antes arribaron a estas islas en la expedición del insigne Magallanes, pues estos tan pronto
sucedió la muerte de su jefe, levaron anclas al mando de Sebastián Elcano continuando su
viaje de circunvalación sin llegar a la isla de Luzón. Tampoco es probable que fuese traída
por los portugueses, porque aunque es cierto que en algunas excursiones que hicieron llegaron
hasta las islas del sur, no se sabe llegasen nunca a Luzón.
Esta sagrada imagen según los rasgos de su fisonomía demuesfra haber venido de China
como se ve en la oblicuidad de los ojos, pues siendo desconocidas por los escultores europeos
las facciones de los orientales es cosa extraña que coincidiesen sus obras con ellas tan perfectamente: añádase a esto, para probar que no debió venir de Europa, la tradición de los naturales según les refirierona a los españoles cuando la encontraron, diciéndoles que ellos la veneraban desde tiempo inmemorial, y que ninguno de sus antepasados había podido decir de
dónde había venido; y lo que tan sólo sabían de ella era que había demostrado con repetidos
milagros que no quería la llevasen a otra parte sino estar donde la habían encontrado; pues,
queriendo algunas veces trasladarla, volvía luego de efectuada la traslación al mismo lugar,
sin que ningún mortal interviniese en ello: también afirmaron que les había favorecido con
muchas gracias que de ella obtenían implorándola en sus necesidades.
Es muy probable sea cierta la opinión que dice llegaría esta imagen a estas Islas tal vez en
alguna embarcación de pescadores cristianos salida de la parte oriental del Celeste Imperio, en
la que
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muy bien podían traer esta imagen como piloto y capitana, según la costumbre tan generalmente seguida por los navegantes de aquellos tiempos, y, tal vez desecha la embarcación por
algún fuerte temporal de los muchos que por estas latitudes con gran frecuencia se experimentan, se verían imposibilitados para volver a sus tierras: casos como el que supone esta opinión
de ser arrastrada una embarcación por la fuerza de los vientos son muy frecuentes a los navegantes de embarcaciones veleras, y apoyada en la posibilidad de casos de este género, es en lo
que se funda una de las hipótesis más admitidas para demostrar la población del continente
americano antes de ser descubierto por el inmortal Colón.
No deja por esto de ser también muy bien fundada la opinión del notable bibliófilo P. Fr.
Lorenzo Pérez, O. M., al afirmar que esta sagrada imagen es una prueba de que este Archipiélago recibió en parte la luz del Evangelio antes de llegar los españoles; y que probablemente
sería traída a estas Islas por el B. Odorico de Podermone. Es muy probable sea cierta la afirmación de este Padre, pues consta con toda certeza que los PP. Franciscanos, que a partir del
siglo XIII trabajaban por sembrar la semilla evangélica en China, hacían por todas partes largas excursiones llevados del apostólico celo que encendía sus corazones deseosos de difundir
por todo el mundo la verdadera fe. Uno de los que más se distinguió en estas excursiones
evangélicas fue el B. Odorico de quien se sabe que recorrió gran parte de la India, Ceilán,
Java, Sumatra y casi toda la China. Al volver a su país en 1330 el Beato Odorico de Podermone, por orden de sus Prelados, escribió un itinerario de los países que había recorrido; y
aun cuando en esta obra se notan algunas confusiones geográficas, por haberla escrito fiado
de su memoria, sin embargo, ha sido siempre muy respetada y tenida en gran aprecio por todos los historiadores.
En esta obra afiema el Beato haberse dirigido desde Ceilán a un extensísimo archipiélago,
compuesto, según le dijeron los naturales, de unas 24.000 islas, y que en ellas había unos 64
reyes coronados. ¿Qué inmenso archipiélago es este compuesto de 24.000 islas? No lo aseguraré, pero me parece muy probable reuniese en este número todas las de Sumatra, Java, Borneo y Filipinas. Tampoco se sabe cuál es la isla que él llama Dondiin, desde a cual dice que,
218
navegando hacia Oriente per multas dietas, llegó a la provincia de Manza de la China. Algunos opinan que recibió este nombre la de Cebú. Véase lo que sobre esto escribe M. Du Caillaud: «Como Odorico dice que, yendo del Dondiin a China, se dirigía hacia el Oriente, es
probable que visitara por de pronto a Luzón, luego a Cebú y que la embarcación en la cual iba
para China pasara por el estrecho de S. Bernardino, es decir, que tomó primeramente dirección E.N.E., para virar en seguida al O., a fin de arribar a Cantón. Escribiendo mucho después
el Beato Odorico, no recordaría más que de la primera dirección del buque, y por lo tanto
afirmó que yendo de Dondiin al E., se encontraba la China».
Por todo esto, opina con bastante fundamento el P. Lorenzo Pérez, que el Archipiélago
Filipino fue en parte evangelizado por los misioneros de China, antes de que llegasen los españoles; y que tanto el Santo Niño de Cebú, como la imagen de Ntra. Sra. de Guía son recuerdos de los primeros albores del cristianismo en este Archipiélago magallánico.
Sea lo que quiera del origen de la veneranda imagen de la Virgen de Guía, es lo cierto
que en los tres siglos de la denominación española en estas Islas, la Virgen Inmaculada fue
siempre la guía que orientó a los hijos de la más grande de las naciones en las más gloriosas
hazañas que en estas playas ejecutaron; y a la vez esta misma imagen de la Virgen de Guía ha
sido también en todos los tiempos el imán de los corazones de todos los vecinos de La Ermita
y por lo mismo, hoy día que han vuelto a ver dentro de su Parroquia a su querida Patrona,
después de tan prolongada ausencia, están llenos de santo júbilo y ponindo muy de manifiesto
que todavía vive pujante en sus corazones el amor mariano que, como cosa natural, no dejó de
inculcarles España, ya que siempre ha sido este amor la nota característica que siempre ha
distinguido a los católicos de la nación española.
FR. RICARDO JARAUTA DE LA CONSOLACIÓN
A, R.
Manila 2 de Enero de 1918.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
INTRODUCCIÓN
AL TOMO V DE LAS
CRÓNICAS
Pocas veces tan oportuna y convenientemente como ahora brindó libro alguno motivos
que justificasen un prólogo en que se pusiera el autor en comunicación y al habla con los lectores: como que hacía ciento setenta y dos años que este volumen debió haber aparecido, continuando la materia de los cuatro antecedentes. La historia de los Agustinos Recoletos, contenida en cuatro tomos que comprenden un siglo de existencia, 1588-1688 años, quedó detenida
en el cuarto, estampado el año 1756, y desde entonces hasta la fecha !a Recolección Agustiniana estaba como muerta para el mundo histórico, aunqne inmortal y gIorioísima en el libro
de la vida1. Es la historia la perpetuidad de lo pasado; luego lo pasado que no se perpetúa en la
memoria de los hombres resulta cosa muerta. A esto se refiere, entre otros sentidos, aquel
texto de la Sagrada Escritura en que se advierte que las obras buenas deben ser conocidas de
los hombres, y aquel otro de que la luz no se esconda debajo del celemín
1
La Recolección o Descalcez de San Agustín, iniciada por el Venerable Padre Fr. Tomás o Tomé de Jesús en
Portugal, fue establecida, por fin, en España en el convento de Talavera de la Reina, el año 1588: el Papa
Clemente VIII, por su Breve Apostolici muneris, de 11 de Febrero de 1602 la erigió en Provincia religiosa:
a 5 de Junio de 1621, por el Breve Apostólico Militantis Ecclesiae de Gregorio XV, se constituyó en Congregación, y, finalmente, el Papa Pío X, de santa memoria, a 16 de Septiembre de 1912 dio el Breve Religiosas familias, en cuya virtud esta Congregación fue equiparada a las demás Órdenes regulares; debiendo
en adelante su Superior ser llamado Prior General de la Orden de Emitaños Recoletos de Sac Agustín.
220
del silencio, so pretexto de una modestia que se inspira en sugestiones del amor propio, o en
un concepto falso de ascética, con perjuicio de los intereses colectivos de la Orden Religiosa,
la cual, si debe vivir para el cielo, vive para el mundo también, dando a Dios lo que es de
Dios y a la historia lo que es de la historia. No escribir la vida de los Religiosos, porque ya
está escrita en el cielo, entraña un sofisma.
Pero bien; ¿cuál es la historia de los Recoletos de San Agustín desarrollada en los cuatro
tomos, cuya continuación ahora comienza? Para dar una idea epilogada, acudimos a un capítulo que figura en nuestro modesto libro Los aborrecidos1, advirtiendo que está escrito con
estilo y carácter de apología, por cuyas páginas no corre la historia, sino el perfume de la historia, es decir, la substancia y quinta esencia de nuestro glorioso pasado. He aquí algunos
fragmentos:
«El siglo de oro en España produjo manifestaciones grandiosas. Al par que los guerreros
extendían su avance de conquistas de mundo en mundo, embrazando el escudo de un valor
nunca visto y soñando siempre en el plus ultra de las ascensiones de la fama, y mientras el
pensamiento de la sabiduría nacional iba creando constelaciones de sabios que derramaban
vivísimas influencias por todos los centros docentes y universidades, palpitaba también y ansiaba por ideales de gran perfección religiosa aquella nación española bajo la inspiración de
sus místicos incomparables que traducían los pensamientos de Dios con una lengua limpia y
sonora. La santidad de España tenía que ser fecunda entre las fecundas. Todo ideal de virtud
recibía en su suelo soberanos incrementos, de modo que si el Concilio Tridentino, oráculo de
la Iglesia universal, obra en su mayor parte de los teólogos españoles, tenía la cátedra en Roma, el corazón, empero, lo tenía en España. El mundo creía, España amaba; el mundo reformaba sus costumbres, España vivía en un ambiente de fe y santidad heróica.
1
Los aborrecidos, o en defensa de la vida religiosa, por Fr. P. Fabo, Agustino Recoleto, Correspondiente de la
Academia Española; de la Real Academia de la Historia, etc., etc. Madrid, imp. del Asilo de Huérfanos del
S. C. de Jesús, Juan Bravo, 3. –Teléfono S. 198, 1915. Páginas 70 y siguientes.
221
Por eso precisamente surgieron en el siglo XVI varias comunidades religiosas que se
propusieron coronar las cumbres del Evangelio llevando por ideal un concepto de virtud excelentísimo proveniente de una institución divinamente inspirada. Entre las cuales débese contar
la Recolección Agustiniana que brotó y creció en la Iglesia, como los robles en las cumbres
cántabras, teniendo las raíces sobre montañas de hierro y granito, y extendida la opulencia de
su ramaje por unos cielos serenos y purísimos.
Era el siglo de oro también para la Orden de San Agustín. Sus claustros rebosaban de
santos; grandezas, triunfos, fórmulas heroicas, tejían!e una corona de luz dándole renombre
por su ingenio y su virtud en Salamanca, Alcalá de Henares y dondequiera que apareciese el
hábito agustiniano. Su escudo heráldico era un libro y un corazón, síntesis del entendimiento
y síntesis del amor. Su tradición era triunfar. Y se superaba a sí misma.
Entonces produjo la más grande de sus obras: la Recolección. Para perpetuar mejor sus
trofeos, para que sus energías históricas no decayesen en las grandes transformaciones de los
tiempos y para abrir un proceso de más estricta interpretación a la regla del Legislador de Occidente, San Agustín, dio al mundo esta nueva hija como fruto de solicitud maternal y como
prenda de doméstica sabiduría, realizando así un pensamiento de San Pablo, o más bien,
cumpliendo la voluntad divina: Reformamini in novitate sensus vestri, ut probetis quid sit
volutas Dei bona et beneplacens et perfecta1. Así, pues, afirmar que los Agustinos Recoletos
nacieron de un organismo enfermo es un absurdo y una calumnia. La Recolección arguye más
bien perfección de origen y está justificada por su desarrollo histórico.
Con efecto, el movimiento de la Orden hacia la perfección religiosa era general en unas y
otras naciones, de modo que no pocos Padres de las Provincias de Portugal y de España,
habiendo conocido que en Italia florecían varias Recolecciones con espíritu muy ajustado,
iban afiliándose a ellas; y con el fin de que, en la propia patria hallasen los espíritus escogidos
lo que buscaban fuera, ideó el Venerable P. Tomé de Jesús establecer en Portugal conventos
reformados, según relata el ilustrísimo Sr. Meneses, religioso agustino
1
Ep. ad Rom., XII.
222
y arzobispo de Braga. Dicho P. Tomé, en compañía de aquel varón santísimo Fr. Luis de
Montoya, a quienes los Padres jesuitas enviaban novicios para que los formara con el verdadero espíritu de Dios, y en compañía de otros muy doctos y gravísimos Padres, amparados por
el Rey de Portugal, fundaron un convento de Recolección, que no subsistió largo tiempo por
causas muy complejas. Tomé de Jesús, capellán de los ejércitos del infortunado Rey don Sebastián, después de caer cautivo y tolerar tremendo martirio en una mazmorra de Marruecos,
donde escribió ese tesoro de la literatura portuguesa, Los trabajos de Jesús, que ha sido vertida a todas las lenguas sabias como monumento de piedad ascética y de galanas formas; murió
dejando una idea fundamental sin desarrollo. Once años más tarde, el Padre Aguilar, que,
según palabras gráficas de San José de Calasanz, era gran predicador y pequeño de cuerpo,
acogió en España el pensamiento, a cuya ejecución inclinó el ánimo del gran Felipe II,
haciendo que este Rey, nombrase una Comisión para estudiar el asunto en la que actuó como
secretario el santo Fundador de los Escolapios. La Junta pasó a Roma lo actuado, y, examinado con madurez, se aprobó llevar a cabo en Castilla la Reforma. Llegó el Rvdmo. P. Prior
General de Roma a España en 1588 con amplias facultades, y, como viese que en estas Provincias de la Orden reinaba un espíritu de muy heroicas virludes, habló con Felipe II en conferencia habida en el Escorial y convino en que se presentase el proyecto al Capílulo que celebraba aquel año la Provincia de Castilla, de donde salió aprobado y confirmado al año siguiente por el Rvdmo. Prior General. En Talavera se fundó el primer convento. Cuarenta y
cuatro Padres, de los más conspicuos, entre los cuales había varios Maestros de Teología,
siguieron inmediatamente el nuevo método de vida. Fray Luis de León formó, por orden del
Prior General, las primeras Constituciones Recoletas, en las cuales no sabe uno qué admirar
más, si el espíritu profusamente ascético del legislador, o la claridad de concepto unida a una
concisión admirable, o el grado o benevolencia con que las escribió aquel soberano ingenio y
cumplidísimo religioso.
Tal fue el principio de la Recolección. Perteneció desde su nacimiento al pusillus grex del
Evangelio, de ella se puede decir
223
que fue concebida por santos, regulada por sabios y coronada por poetas; por eso su patrimonio lo constituyen la virtud, la ciencia y el arte.
La grande expasión y propagación numérica y geográfica verificada en poco tiempo, testificó la santidad del concepto que encerraba el nuevo Instituto, así como la sazón muy propicia de su aparecimiento. En verdad, por todas las provincias del reino se dilataron sus conventos, y, no bastando a su espíritu difusivo la Península toda, se extendió la nueva Familia, antes
de medio siglo, por lo que hoy se llama Francia, Portugal, Italia, Alemania, Austria, Filipinas,
Japón, Méjico, Costa Rita, Venezuela, Colombia, Perú, Brasil, Bolivia y otras regiones, dejando dondequiera estela luminosa de progreso moral y material y adquiriendo títulos no
menguados en los torneos de la santidad, de la ciencia y del patriotismo.
En Turín patrocinó a los Recoletos el Serenísimo Príncipe Carlos Manuel; en Viena, Fernando II entrególes la capilla imperial; Enrique IV de Borbón, Luis XIII y Luis XIV de Francia, y Estanislao, Rey de Polonia, los acariciaron como elementos de grandeza para su reino, y
los hicieron Capellanes de San Fiacro y de Nuestra Señora de las Victorias de París; en Portugal, el Rey D. Juan IV y el Príncipe D. Pedro suplicaron al Papa Clemente X que expidiese
Letras Apostólicas en favor de estas comunidades, y en todo el mundo abundaron los conventos de fundación real como garantía y prenda de las bendiciones con que Dios galardonaba
desde el cielo los merecimientos de su vivir heroico.
La literatura hagiográfica, pues constituye una verdadera literatura de los Agustinos Recoletos, al resultar asombrosa en razón del número y valor intrínseco de las obras, no puede
resumirse aquí porque en ella se cantan los triunfos del progreso por millares, la piedad aparece como reina, la caridad, eso que se llama ahora filantropía, grande como el océano, la pureza como un cielo estrellado, el sacrificio personal como una escalinata cuajada de pedrerías
que conduce a la región de la inmortalidad. Sus crónicas son un tesoro inmenso, una como
biblia simplificada, que contienen doctrina para todas las situaciones de la vida: en ellas se
aprende a adorar a Dios como por deleite, sus letras son como perlas y diamantes, la pluma
con que se escribieron debía ser de paloma
224
mojada en las corrientes divinas del paraíso, donde se bañan las águilas del amor. Guardan
secretos fáciles para ser magnánimos, para ser oradores ungidos con espíritu grandilocuente,
para ser consejeros, que hablen el lenguaje del triunfo, para ser mártires de la Religión y
mártires de la Patria; en sus páginas se dibujan los perfiles más soberanos de toda epopeya, y
algunas de ellas producen en el corazón algo así como corrientes sublimes que lo dejan temblando.
Sin esta hagiografía ignorarían muchos que Fr. Luis de León fue más santo que sabio,
más piadoso que literato, más humilde que poeta, más penitente que doctor; ni se sabrían las
penitencias de los Padres Briones y Ayalas, ni la alta contemplación de los Padres de Talavera, ni el angélico vivir de los del Desierto de Villaviciosa. En ella aparecen como agentes de
la cultura religiosa y científica muchos individuos a quienes consagró la posteridad altares en
el templo de la fama, entre otros, el P. Justo del Espíritu Santo, al que las bendiciones de los
pobres trasladaron al cielo, y Juan Nicoluci, cuyo corazón necesitaba vivir en las alturas para
que las nieves perpetuas de su alma fuesen barridas por los rayos del Sol divino y se convirtiesen en límpidos arroyos que fecundasen las campiñas de la Iglesia.
Allí aprende el historiador a agrupar los que tuvieron muerte de héroes, los que jugaron
con el Niño Dios los juegos de la infancia, los que platicaron con María Santísima como con
su Madre, los que murieron víctimas de la caridad en los hospitales de apestados, los que
acompañaron a Príncipes y Monarcas como consejeros, los que hicieron tan múltiples y notorios milagros, después de muertos, que bien merecen el honor de los altares.
Es imposible también esbozar esa serie interminable de prohombres que supieron arrancar de las tribus salvajes todo sentimiento de barbarie, fundando pueblos patriarcales donde
no se profesaba ni la ley natural; poniendo, donde se veneraba un ídolo grotesco, la cruz redentora, donde se practicaban el infanticidio y el repudio de la mujer, el culto de Jesús recién
nacido y la veneración de la Madre divina, donde imperaba la venganza, el precepto del
perdón generoso, donde la virginidad era un crimen, el canto apocalíptico de !os que siguen
de cerca al divino Cordero. De sus anales se
225
desprende, a poco reflexionar, que, si en todo los Recoletos de San Agustín han sido admirables, lo fueron mucho más como misioneros. Parece que están llamados por Dios a cristianizar el mundo, no se aviene con el carácter de su educación la barbarie, la degradación, la ignorancia; tratándose de misiones están en su centro, tienen un no sé qué sus palabras, que
convierten las fieras humanas en hijos de Dios. No temen los naufragios, no les asusta la bestia montaraz, se visten de pieles como los antropófagos, lloran con el triste, talan y roturan
bosques, fomentan la agricultura, abren nuevos caminos para la industria y el comercio, y en
fin, si se desea conocer el desarrollo social de los pueblos catequizados por estos Padres,
búsquensen los documentos en las Crónicas Recoletas, donde se marca paso a paso el rumbo
de las civilizaciones.
Como casos demostrativos de lo dicho presentamos al magnánimo, al intrépido P. Fr.
Rodrigo de San Miguel, héroe de Zambales, quien, después de fundar varios pueblos en las
Islas Filipinas, se internó en el Asia, la recorrió a paso de apóstol, llegó a la India, cruzó la
antigua Arabia Feliz, penetró en Persia y Caldea, y en el reino de Odesa logró convertir veinticinco Príncipes al catolicismo y les hizo firmar un documento de adhesión al Romano Pontífice, documento que presentó él mismo al Papa Urbano VIII, quien lo nomhró Delegado
Apostólico de aquellos países convertidos.
FR. P. FABO DEL C. DE MARÍA
(Continuará)
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DOCUMENTOS INÉDITOS
RESEÑA HISTÓRICA
de nuestra Provincia de San Nicolás de Tolentino de Filipinas,
desde su origen hasta el año 1750, escrita por el Vble.
P. Rector Provincial Fr. José de la Concepción
(Continuación)1
167. Y de verdad que si en la expresada Junta de guerra se hubiera conferido sobre la
longitud o latitud de la Paragua, o disputado sobre sus Puertos, bahías, ensenadas, ríos, escollos y promontorio, o tratado de los placeres y bajos o de la limpieza y fondo de sus playas se
debiera proferir dicho náutico diario de dicho Antonio Pérez Gil, a los informes dichos de D.
José de Arroza, D. Fernando Vélez de Arze, y Padre Lector Fr. Juan de la Encarnación, porque en materia de la náutica debía ser estimado su dictamen por ser piloto de profesión, pero
si la Junta era de guerra por el establecimiento o abandono de dicho presidio sobre la razón de
estado, y de interés de la Religión católica y del Real Erario, se debía estimar aquella relación
como una cosa impertinenti, y muy distante de los
1
Véase páginas 162-164.
227
altos motivos propios de la Junta de guerra. El capitán D. Juan de Rivas, como práctico de las
islas de la Paragua y Calamianes, era el único en dicha Junta que pudo formar dictamen cierto
por la comprehensión y experiencia que tenía de la tierra. Era constante su voto por la conservación y aumento de dicho presidio como medio necesario a la estabilidad de la Paragua y a
la defensa de los naturales de ella, y demás pueblos Calamianes y otras islas. Desatendióse
este voto singular, aunque fundado en la experiencia, razón y justicia y se apreciaron los muchos votos todos singulares por refundirse y fundarse en el singular voto del piloto D. Antonio Pérez Gil en su Náutico Diario.
168. Se pretendió zaherir por los votantes de dicha Junta a dicho P. Fr. Atitano por su informe, que sin más ciencia, experiencia y ciertas pruebas que su notoria pasión contra el difunto señor Mariscal condenaron a una voz por fabuloso. Las cartas del P. Lector jubilado Fr.
Juan de la Encarnación, sujeto de la notoria literatura, religiosidad y celo que es constante,
padecieron una interpretación violenta y mal ajustada a la letra de su texto y afirmando (voluntariamente y sobre la fe de su palabra) que el P. Procurado General de mi Provincia Fr.
José de San Jerónimo, Ministro que había sido en Calamianes y fue presente en dicha junta
informó en ella contra la mantención de aquel presidio; se decretó su abandono, el retiro de la
tropa la suspensión de Misioneros, dejando por este medio al Rey nuestro señor despojado de
aquella noble porción de la Paragua a sus infieles moradores, entregados de nuevo al dominio
de los Joloes, a los míseros infieles condenados a la cárcel de sus montes, y a los cristianos
antiguos y modernos destinados al sacrificio de los Mahometanos, Joloes, Burneyes, Camucones y Tirones que continuamente se los llevan y llevarán a la muerte y cautiverio si la religiosísima y noble piedad del M. I. Sr. Marqués de Ovando, Gobernador y Capitán General
actual de estas islas, no pone dichoso fin a tanto mal, restableciendo el dicho presidio imprudentemente abandonado.
169. Por las cartas originales de dicho Padre Lector Jubilado Fr. Juan de la Encarnación
constantes en los autos se hace manifiesta a todos la ninguna vendad con que los votantes por
el abandono del presidio de Labo las alegaron en favor de su dictamen,
228
pues de ellas consta la necesidad de aquel presidio para la custodia del país y en ellas se hace
presente con religiosa ingenuidad cuanto debió y pudo desearse para fundamentar aquel presidio hasta ponerle en estado de hacerse respetable al enemigo, el Pabellón Español, y de lo
contrario se predicen con toda claridad los inminentes extragos que aún lloramos y sucedieron
al mal premeditado abandono del presidio de Labo, pues no bien se retiró nuestra armada,
cuando los moros que estaban a la mira ocuparon el terreno abandonado, que aún mantienen
con deshonor de la Corona de España, y con notorias ventajas de tos Joloes en el aumento que
han hecho y hacen en la Paragua de vasallos y tributos.
(Concluirá)
TIP. DE SANTA RITA. – MONACHIL
Año IX
Julio de 1918
Núm. 97
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
CASUUM MORALIUM
PRO ANNO
1914-15
Resolutio
XVIII. Protus et Rufa sponsalia, etc.- Quaeritur: 1.º Debeantne sponsi ejusmodi defectus
sibi revelare. 2.º Sitne anterior defectus post sponsalia detectus, vet defectus posterior, de quo
in casu, sufficiens alterutri ratio sponsalia rescindendi. 3.º Habeantne maiitiam gravem vel
alterius speciei superadditam peccata illa post sponsalia commissa.
230
Ad 1.um I. Defectus, qui futurus sit graviter perniciosus vel injuriosus, alteri parti aperiendus est: aliter desistere oportet a matrimonio. Sponsa igitur, certe gravida ab alio viro, vix
unquam excusari poterit a revelatione sui status nisi malit a matrimonio desistere, cum alias e
injustitia commitiatur prolem alienam in familiam inferendo et causa creetur gravissimi jurgii
vel divortii si postea anterior praegnatio delegatur.
Sponsus similiter si morbo venereo aut alio vere contagioso laborat cum gravi periculo
sponsam postea inficiendi, aut si magnis debitis gravetur aut si pater jam exsistit ex fornicatione et proli debeat consulere, ex justitia item suum statum revelare tenetur aut a matrimonio
desistere.
II. Si defectus non sit perniciosus vet injuriosus, deerit obligatio reve!ationis: injuria enim, saltem gravis, comparti non infertur et alias unusquisque suae famae jus habet, nude proprium defectum manifestare cum sui infamia non tenetur, quando defectus no laedit jus grave
alterius.
III. Si agatur de fornicatione absque sequelis, distingui solet fornicatio sponsi a sponsae
fornicatione. Quae a sponso patrata fuerit, non est necessario manifestanda, quia defectus ilie
in sponso non ita estimatur ut habeatur pro gravi deceptione. Sponsa vero, si labatur, re vera
censetur longe deterior facta: sed cucunstantiae perpendendae sunt et, cum ea jus ad faman
habeat; ut superius dictum est, non est sub gravi ita urgenda ut, hac revelatione, sibi proecidat
spem matrimonii aliter valide sibi convenientis. Multo minus ungenda est puella si per vim
passa est deflorationem, licet magni habeatur a sponso corporalis in sponsa integritas., licet
magni habeatur a sponso corporalis in sponsa integritas.
IV. Valde difficile existimo in praxi quod Lehmkuhl admittit circa puellam gravidam
quae occulte pariat ante matrimonium prolique sic bene pro in posterum consulat ut ipsius
maternitas maneat omnino occulta; cujus gravitatem judicat similem fornicationi sine sequelis.
Admitti certe poterit si maternitas aliquot annos, saltem duos, praecedat contractui spnsalitio,
et, apud incolas, nullam suspcionem ingesserit puellae absentia pro occutandis graviditate et
partu.
Similiter judicandum de casu, faciliori in praxi, in quo vir jam existit pater et suae proli
recte consulere potest sine bonorum
231
jactura et absque periculo notitiae ex parte consortis. Alias enim vere injuriosae forent nuptiae
et cun fraude: sponsus enim nullatenus matromonium contraheret cum notitia maternitatis
sponsae atque simpliciter si periculum adesset divulgandam fore maternitatem ipsi tunc dubiam tantum; multae etiam puellae vere honestae a matrimonio desisterent si talia scirent circa sui sponsi paternitatem; unde, post matrimonium, causa esse possunt divortii quoad torum
tales defectus postea detecti, quia cun fraude actum est, haec enim si abesset talia matrimonia
non exsisterent.
Ad 2.um –I. Dicendum est cum Gury et aliis multis quod fornicatio (atque sponsae violenta opressio) alterutrius partis sive praecedat (et postea detegatur) sive subsequatur jus alteri
praebeat sponsaia rescindendi. Distinguendum tamen est inter jus et juris usum quia aiquoties
obligatio dari potest jure cedere: causa enim adesse debet et justa ut quis suo jure sctricto
utatur ne alter nostra causa jacturam patiatur, quia, etsi omnia licent, juxta Apostoli verba, non
omnia expediunt. Dictum enim est quod non semper adsit gravis obligatio defectus revelandi,
licet matrimonium exigat in consensu integram libertatem ita ut excludatur quaelibet deceptio
defectusque occulatio qua libertas illa laedatur. Tunc enim sponsus culpabilis si justa causa
suum defectum non manifestat, alteri non autem jus non infert injuriam; eum tamen sua occultatione privat notitia quae ipsum aptum constitueret ut jure suo uteretur.
II. Nunc ergo dicendum est fornicationem sponsalia subsequentem parti innocenti, sive
sponso sive sponsae, causam praebere justam a sponsalibus recedendi. Practice idem dici
dedbet de fornicatione antecedente quae nunc demum detegitur. Licet communiter auctores
statuant longe majus sponso oriri jus quam sponsae ex fornicatione detecta; tamen quando
sponsa illum sponsi defectum tam graviter fert ut propterea velit recedere, dici debet rem esse
subjective ita gravem ut sposalia rescindere liceat. Certe St. Alph. hoc jus tunc solum sponsae
tribuit cum vir ex fornicatione prolem habuerit aut agnoscatur huic vitio deditus ad plures
feminas ingrediendo; alii tamen permulti censent universim posse ob hanc causam resilire
etiam sponsam quae virgo honesta sit: idcirco mulierem renuentem in hoc casu confessarius
232
obligare ad nuptias non debet. Ex hoc enim, ait S. Thomas, sibi invicem suspecti efficiuntur
de non servanda fide in futurum et ideo unus contra alium sibi praecavere potest sponsalia
dirimendo.
Ill. Si ex utraque parte fornicatio adfuerit, communis sententia sponsae jus denegat, invito sponso, recedere, quia majorern injunam intulit quam pasa est: sponso autem jus conceditur
quia gravius laesus est, nisi pluries aut cum pluribus femins rem habuerit. Si de fornicatione
subsequenti agatur, recte multi auctores docent neutrum posse ad matrimonium cogi, eo quod
obligatio sit incerta quia utrimque dubitari potest de futura fidelitate: eo potius si sponsus
prior crimen commisserit, siquidem eo ipso extinguitur sponsae obligatio standi sponsalibus
Quod de fornicatione dicitur, proportione servata, applicare potest etiam ad solos actus
impudicos qui post sponsalia habeantur, ita ut, propter illos a sponsa libere commisos, sponsus certo possit sponsam relinquere, atque etiam sponsa, omnino honesta, sponsum qui, talibus actibus, gravem suspicionem ingerat fidelitatis in posterum non servandae.
Ad 3.um Triplex datur sententia probabilis: prima docet ab utroque committi malitiam
gravem injustitiae, luxuriae superadditam; secunda hoc docet de sola sponsa: tertia in neutro
admittit talem malitiam gravem injustitiae. Billerini acriter impugnat probabilitatem tertiae
sententiae; ait enim ipse: licet sponsalia non dent jus in re, dant tamen revera jus ad rem: nunc
vero sponsa corrupta absque dubio longe deterior et vitior apud sponsum facta est respectu
temporis in quo cum ipsa intacta sponsalia contraxit; gravis autem injustitia erit graviter deteriorare rem ad quam alter habet jus, et ideo saltem ex parte sponsae (et ab eo qui cum ea peccet) grave commititur peccatum luxuriae et etiam injustitiae. Haec quidem ratio gravissima est
atque certo evincit gravem committi injuriam ab eo qui alienam sponsam vi corrumpat, et
contra puellam et contra ejus sponsum, cum et sponsus jus habeat ad sponsam intactam et
etiam sponsa jus habeat (et ex amore et fidelitate erga sponsum teneatur) omnem violationem
a se repellere. Ad haec adde periculum concipiendae prolis.
Verum si de sponsa libere peccante agatur, aliter judicandum
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est. Sponsus enim, usquedum matrimonium celebretur, potestatem corporis sponsae non
habet; unde si sponsa fidelitati erga sponsum defuit, deteriorem quidem reddidit rem ad quam
alter jus habebat, re tamen aliena usa non est: dubia igitur erit injustitiae gravitas mortalis,
licet aliqua semper appareat injustitia. Si enim, ait S. Alph., sponsa committeret injustitiam
mortalem fornicando, non posset deinde matrimonium contrahere nisi manifestaret vitium
occultum sui corporis; sed ad hoc non tenetur quia, ex se, talis defectus non reddit nuptias
noxias, sed tantum minus appetibiles. Dicendum ergo quod auctores tertiae sententiae non
habent illam injuriam ceu injustitiam gravem: probabile ergo est sponsam, etiam fornicatione
post sponsalia commissa, non contrahere malitiam gravis injustitiae contra sponsum. Vid.
Cas. Gury nn. 861-867 et sqq.
FR. S. C. A S. C.
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SECCIÓN CANÓNICA
Sagrada Congregación del Santo Oficio
El Consejo de vigilancia y el Juramento antimodernista subsisten
con carácter temporal y trasitorio
Con fecha 22 de Marzo del corriente año ha declarado el Santo Oficio que el Consejo de
vigilancia y el Juramento antimodernista, de que respectivamente tratan la Const. Pascendi y
el Motu proprio Sacrorum Antistitum, tienen por su naturaleza carácter temporal y transitorio,
y por esto no figuran en el Código. Pero como el virus modernista no ha cesado todavía en su
difusión, deben continuar en su vigor hasta que la Santa Sede disponga lo contrario.
Resolución que aprobó plenamente Su Santidad y la confirmó con su autoridad suprema.
Comisión pontificia para la interpretación de los Cánones del Código
Primeras dudas resueltas sobre fiestas suprimidas
En la reunión plenaria celebrada el día 17 de Febrero de 1918 resolvió dicha Comisión
las primeras dudas que se le han presentado.
Son éstas tres, y todas ellas están relacionadas con las fiestas suprimidas. La primera se
refiere principalmente al can. 1.252, § 4,
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según el cual la ley de la abstinencia cesa en las fiestas de precepto que caen fuera del tiempo
de Cuaresma. Pregúntase si cesará dicha Ley en Francia en las fiestas de la Iglesia universal,
que en aquella nación están suprimidas por concesión de la Sede Apostólica, a saber: la Circuncisión, Epifanía, Inmaculada Concepción, Apóstóes San Pedro y San Pablo. La respuesta
es: Negative, esto es, no cesa. De donde se sigue que el año que tales fiestas caigan en viernes
obligará la abstinencia, con arreglo al mismo canon 1. 252, § 1.
La segunda duda se refiere a las fiestas suprimidas, de que tratan los can. 339, § 1, y 466,
§ 1, en las cuales deben los Obispos y lo párrocos aplicar la Misa pro populo. Preguntada la
Comisión cuáles son dichas fiestas, responde: «Por el Código canónico nada se ha cambiado
en la disciplina hasta ahora vigente en esta materia».
Síguese que la Misa pro populo se ha de aplicar, por los Ordinarios y los párrocos, después del Código, en los mismos días que se aplicaba antes de él.
La tercera resolución se refiere al can. 1.247, § 1, y se declara que las fiestas en él no
enumeradas, por ese mismo hecho y en fuerza de la misma ley, ya no son de precepto en ninguna parte, aunque en alguna nación, diócesis o población hubieran sido antes de precepto por
ley particular, o por costumbre del lugar, aunque sea centenaria, o por especial concesión de
la Santa Sede; de manera que en tales días los fieles ya no quedan obligados a oír Misa ni a
abstenerse de trabajar.
Esta revocación general de fiestas tan recientemente concedidas tal vez obedezca a que
habiendo el Código introducido dos fiestas nuevas (las del Corpus y la de San José) para toda
la Iglesia, ha querido revocar las otras que se pidieron cuando esas dos fiestas estaban abrogadas, por si tal vez los Prelados o pueblos que pidieron las especiales no las hubieran pedido si
hubieran sabido que se había de aumentar el número con esas otras dos.
Mas como en España esas dos ya se habían pedido y obtenido también, creemos que será
cosa fácil en España volverlas a pedir y alcanzar de nuevo la concesión, como antes hermos
indicado.
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Sagrada Congregación Consistorial
Sobre ciertas faculades de los Ordinarios,
relacionadas con el Código canónico
En virtud del Código canónico que entró en vigor en la próxima pasaa Pascua de Penecostés (19 de Mayo), los Ordinarios han obtenido por el mismo derecho muchas facultades
que antes solían pedir a la Santa Sede, que se las concedía por medio de indultos, cuyos formularios eran conocidos.
De tales facultades otorgadas por el Código y de otras que aquí no se mencionan, se ve
claramente que los Obispos, en virtud del Código, están enriquecidos con tantas facultades
que siempre que la utilidad de la Iglesia o la salud de las almas lo requieren pueden templar el
rigor de la ley, y otorgar oportunamente las dispensas qe se juzguen justas.
Por consiguiente las facultades que para estos fines hasta ahora solían otorgarse a petición de los Ordinarios, y que solían contenerse o en el llamado Breve de veinticinco años, o
en las fórmulas impresas, llamadas decenales, quinquenales o trienales, parecen ya superfluas;
aún más, servirían para engendrar confusión, pues ciertamente en muchos puntos discrepan de
lo dispuesto por el Código.
Por estas causas y para quitar las discrepancias en la disciplina canónica e introducir en la
Iglesia la mayor unidad, N. S. P. el Papa Benedicto XV, con el consejo de una comisión especial de Eminentísmos Cardenales, ha eslablecido y sancionado, mediante este decreto de la
Sagrada Congregación Consistorial, lo que sigue:
1. Exceptuados los países sujetos a la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, sobre
los cuales a su tiempo se determinará lo que sea oportuno, en las otras partes, a saber: en todas
las diócesis sujetas al derecho común, todas las facultades a los Ordinarios concedidas para el
fuero externo, que se contienen en el Breve y en las fórmulas antes mencionadas, cesan a partir del día 18 de Mayo del corriente año;
2. Sin embargo, en los lugares más apartados y en los otros a los cuales, bien sea por
causa de la presente guerra, ya por otra razón, no llegue en tiempo útil la noticia de este decreto, las dispensas
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y ordenaciones concedidas tal vez por los Ordinarios en virtud de las antiguas facultades las
ratifica el Papa, quedando, no obstante, en todo su vigor la obligación de conformarse a lo
establecido en este decreto desde el momento en que lo conozcan en todas las cosas que estén
aún íntegras.
3. La facultades para el fuero interno concedidas por la S. Penitenciaría y las demás concedidas por razón de la presente guerra, o alcanzadas por los Ordinarios por razones peculiares, no quedan comprendidas en el presente decreto, y así no quedan abolidas.
4. En cuanto a las disposiciones matrimoniales, aunque en virtud de los cánones 1.0431.045 los Ordinarios pueden conceder las oportunas dispensas en los casos en que urja el peligro de muerte y «cuantas veces se descubra el impedimento cuando ya todo se halla preparado para la celebración del matrimonio y éste no puede diferirse sin peligro probable de algún
mal grave»; sin embago el Padre Santo, teniendo cuenta con las circunstancias de los tiempos
y lugares, ha determinado conceder lo siguiente:
a) Los Ordinarios de los lugares en América, Filipinas, Indias Orientales, en África, fuera
de las cosas del Mediterráeo, y en Rusia, durante cinco años, a contar del 18 de Mayo del
crriente, podrán dispensar de los impedimentos de grado menor que se enumeran en el canon
1.042 y observando las reglas esablecidas en el mismo capítulo del Códice; además podrán
sanar in radice los matrimonios contraídos a causa de alguno de esos impedimentos de grado
menor, según según las reglas expuestas en el capítulo 11 del tit. 7. lib. III del Códice sobre la
convalidación del matrimonio, advirtiendo a la parte conocedora del impedimento del efecto
de la sanción.
(Continuará)
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HISTORIA DEL CONVENTO DE MARCILLA
(Continuación)
CAPÍTULO OCTAVO
Recoletos ilustres de Marcilla
Hermano Fr. Casildo de San José
En este último capítulo, vamos a insertar algunas biografías de Religiosos, hijos de Marcilla, que vivieron en el convento y son como flores de su inmortal corona. Están tomadas de
la serie de biografías que vamos publicando en la Historia de Marcilla, así como los capítulos
precedentes sobre el convento, que son partes integrantes del libro citado, en el cual se habla
además de todo lo pertenciente a esta villa en su aspecto civil, militar, topográfico, político y
religioso. Conste que única y exclusivamente hablaremos de los religiosos difuntos; y no de
todos, en obsequio de la brevedad con que intentamos tratar esta delicada materia.
El Hermano Fr. Casildo Caballero de S. José nació en Marcilla, hijo de Casildo Caballero
y Silvestra Pérez, el 9 de Abril de 1845, y a los 22 años de edad tomó el hábito de agustino
recoleto en el convento de Monteagudo en que pronunció sus votos religiosos el 1.º de Septiembre de 1868. Fue contemporáneo
239
de su paisano el Hermano Román y como él imitador de los buenos ejemplos que la nueva
Comunidad lucía. Cuatro años permaneció en España después de su profesión, repartidos entre Monteagudo y Marcilla. De aquí partió a Filipinas, enviado por los Superiores, el 1.º de
Abril de 1872 en compañía de catorce religiosos, entre los cuales iba su querido paisano el P.
Fr. Agustín Pérez, de quien luego hablaremos. A bordo del vapor Emiliano salió de Barcelona
el 9 del mismo mes y arribó felizmente a Manila el 25 de Mayo. En la capital del archipiélago permaneció hasta el 9 de Febrero del año siguiente en que cambió de residencia, yendo al
convento de Cebú. Viéndolo los Superiores religioso de confianza, inteligente y despejado,
hiciéronle volver a Manila con el cargo de ayudante del P. Procurador General, cargo que
requiere dotes muy especiales de virtud y talento.
Cerca de once años desempeñó con provecho del convento y edificación de todos este
empleo, y durante el mismo tiempo se consagró con gran celo a propagar la devoción al Patriarca S. José. Lo que él hizo en bien de la archicofradía y lo mucho que aumentó el número
de los cofrades, y la magnificencia de las fiestas y lo que se habló y escribió sobre la creciente
devoción al Protector de nuestra Orden y especialísimo del H.º Casildo que lo llevaba por
apellido religioso, puede verse en los periódicos que durante una década salieron en Manila.
Varios años estuvo meditando el proyecto antes de manifestarlo, porque, a fuer de humilde, temía ser arrojado e intruso en cosas a que el cielo no lo llamaba; además, el demonio le
ponía por delante, muchas sugestiones para contrariar aquellos planes que tanta gloria darían
al virginal esposo de la Madre de Dios. ¿Por dónde debía comenzar el H.º Casildo? ¿Cual
sería su primer objetivo? La fundación de un Novenario a San José.
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Un novenario solemne en Manila significa el gasto de muchos miles de pesetas invertidos en
regocijos públicos y músicas, en decoraciones del templo lujosísimas, en cultos muy rumbosos durante nueve días con sermones de los oradores más afamados, asistencia de fieles, regalitos de objetos piadosos, representaciones de clases y entidades colectivas, autoridades, milicia banquetes y tantas cosas como tenían lugar en aquellos entonces muy fervorosos países.
Pero ¿cómo podría lograr este intento un hermano lego, desprovisto de todo? Por una parte,
había dificultades en que los superiores aceptaran la idea, por cuanto escaseaban los Padres
aptos en Manila, pues solamente residían allí los Prelados y algunos misioneros que regresaban enfermos de provincias; por otra parte, la iglesia de los Recoletos de San Agustín intra
muros tenía poco culto, relalivamente, por estar muy próxima a otras de varias comunidades
religiosas; además estos Padres Recoletos tenían fundado un Novenario solemnísimo a la Virgen del Carmen en su iglesia de San Sebastián, extra muros de Manila, y, por remate, ¿cómo
llegar a hacer cosa, no tanto que superase pero que ni se le acercase al boato y solemnidad de
los Novenarios establecidos respectivamente por los Padres Franciscanos, Agustinos Calzados
y Dominicos? ¿Era miedo al fracaso? No; era un sentimiento de verdadera humildad. Así discurren los humildes; así obran los prudentes.
En estas reflexiones y ansiedades anduvo el buen Hermano hasta el año 1877 en que se
resolvió a poner manos a la obra. Cierto día se presentó muy resuelto no ante el P. Prior Provincial residente en Manila, ni ante el Prior local, ni ante Padre alguno de influencia en la
Orden, sino ante los coristas o colegiales reunidos, y con humildad, pero con entereza, les
manifestó que deseaba desarrollar la devoción al Patriarca San José en la Islas Filipinas y como primer medio establecer en la iglesia de aquel convento un Novenario tan solemne como
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cualesquiera otros, para lo cual necesitaba dinero, mucho dinero. Pero ¿Fray Casildo iba a
colectar el primer dinero entre aquellos jóvenes estudiantes que no habían cantado misa todavía y que no tenían ni un céntimo? Claramente; ellos no tenían dinero, pero... les pedía un
acto de mortificación, que se privasen, por ejemplo, durante algunos días, de algún plato de
comida, y he aquí el primer óvolo. ¡Hermoso rasgo de la juventud! Todos, a una, aplaudieron
la idea y como tocados por un resorte misterioso no sólo lo ejecutaron con licencia del Padre
Superior, sino que se brindaron con entusiasmo a ser propagandistas josefinos. Y este episodio tan sencillo y encantador fue el principio de todas las grandezas del culto de San José en
Manila en todo el archipiélago filipino. Comprendieron los Superiores entonces que el H.º
CasiIdo tenía una misión divina que cumplir y lo apoyaron en todo.
De aquí en adelante, el fervoroso propagandista comenzó a divulgar por la capital su pensamiento y también en todas las islas por medio de prospectos, anuncios y, sobre todo, cartas
circulares y cartas privadas a sus conocidos y relacionados. La circunstancia de ser ayudante
del P. Procurador dábale ocasión y facilidades para cartearse con todos, pues al mismo tiempo
que despachaba a los religiosos las cosas propias de la Procuración, les iba recordando el proyecto. Era obra de Dios: de todas partes recibía contestaciones entusiastas y le brindaban limosna. Luego procedió a publicar y a traducir a los idiomas filipinos libritos y hojas de propaganda josefina, labor en que le ayudaron no poco nuestros Padres Fernando Rubio de San
Agustín, Timoteo Gonzalo del Carmen, Pedro Sanz de la Paz, Antonio Muro del Pilar y otros.
Con esto, claro está, se aumentó el entusiasmo, se combinaron los esfuerzos y se trató de ensayar el Novenario en la iglesia de los Recoletos Agustinos. El hermano mientras tanto se
multiplicaba por todas partes y
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escribía a todos sin olvidar ponerse en relación con los grandes centros josefinos de Europa,
sobre todo de Barcelona. Es de advertir que durante este tiempo, no todo le salió a pedir de
boca, sino que las contrariedades le asaltaron más de una vez en el camino del triunfo queriendo arrebatarle la constancia y el mérito de la fe en el Señor que humilla a los grandes y
engrandece a los humildes.
Así fué como comenzaron a celebrarse los Novenarios josefinos, al principio con poco
esplendor, pero luego con pompa tal, que no se vio en las festividades similares de Manila. A
esto siguió la celebración de los 19 de mes y después abarcó toda rnanifeIación devota en
honor del virginal Patriarca, en escapularios, libros de propaganda, anillos josefinos, asociaciones filiales de varios géneros, con un movimiento tan santo como generalmente admitido
por todos los cristianos. Lo cual dio motivo al Excmo. Sr. Obispo P. Toribio Minguella para
predicar en su catedral el año 1906 un sermón el día de los Desposorios en que se lee la siguiente síntesis:
«Tienen allí (en Filipinas) a su cargo los Agustinos Descalzos o Recoletos la dirección de todas las Asociaciones josefinas. Precisamente el día y novena de los
Desposorios se solemnizan en nuestra Iglesia de Manila con una magnificencia de
que en España no es fácil formar idea»1.
Existe en el archivo de la Provincia un manuscrito que describe al por menor los festejos
del Novenario celebrado el año 1882. La iglesia «se hallaba decorada con gusto y profusamente iluminada, presentando un conjunto ordenado, resaltando en todas partes cierta sencillez combinada con el arte, lo que hace que ofrezca un golpe de vista bello, magnifico, encantador».
1
Sermón predicado por el Excmo. P. Minguella en Sigüenza, pág. 11. Imp. de P. Box. Sigüenza.
243
«La imagen del Santo es de talla, obra nueva traída este año de España y puesta por primera
vez al culto». Después de describir el Altar mayor, habla de los cultos solemnísimos y de los
sermones predicados durante los nueve días. Los oradores fueron, Fr. Andrés Ferrero de San
José, Miguel Ugarte del Pilar, Simeón Marín de la Virgen del Amor Hermoso, Mamerto Lizasoain de San Luis Gonzaga, Eduardo Melero del Carmen, Valentín Apellaniz del Carmen,
Indalecio Martínez de Santa Lucía, Mariano Pena de la V. de Ujué y Ezequiel Moreno del
Rosario. De este último dice la relación manuscrita: «Con voz clara y bello decir hizo un
exordio hermoso y eligió para objeto encomiástico La muerte preciosa del justo e incomparable San José, y por vía de corolario dedujo consecuencias consoladoras en alto grado para los
devotos del Santo... Con unción verdaderamente insinuante y con un estilo correcto y puro y
con un decir persuasivo coronó la serie de discursos predicados durante el Novenario dejando
profundos recuerdos». Por la tarde la procesión fue triunfal: rompían un piquete de lanceros la
marcha, «seguían estandartes de seda bordados en oro que representaban los Dolores y Gozos
de San José flotando al aire anchurosas y ricas cintas de seda». Seguían varias y muy ricas
imágenes precedida cada una de una banda de música; después «el carro triunfal donde iba la
imagen del santo Patriarca», y por último la imagen de Nuestra Señora de la Consolación.
¡Tanto progreso había hecho la devoción josefina en cinco años! Ahora véase cómo describía el Diario de Manila en su edición de 10 de Septiembre de 1885 las fiestas inaugurales
de la Archicofradía como tal:
«BOSQUEJO de la festividad consagrada a San José por la Corporación de Agustinos
Recoletos, con motivo de la instalación canónica de la Archicofradía Josefina
244
Es un axioma universalmente admitido que el lápiz o pincel de artista nunca
puede copiar con toda exactitud las obras admirables de la naturaleza, ni sorprender
los encantos maravillosos que ostenta en los días que viste sus primorosas galas.
Una cosa análoga sucede cuando la pluma quiere dibujar las escenas qne hieren
vivamente los sentimientos, pues no puede negarse que hay cosas que se sienten mejor que se explican, singularmente tratándose de esas emociones que experimenta el
alma cristiana en aquellas solemnidades religiosas grandes y extraordinarias en las
que la religión católica despliega el lujo de sus imponentes ceremonias.
A título de neros cronistas vamos a reseñar la serie de funciones sagradas celebradas en la iglesia de Recoletos al inaugrarse la Archicofradía de San José.
A las cinco de la tarde del día 7, un repique general de campanas anunciaba a los
fieles que iban a iniciarse los cultos religiosos. Hecha la señal correspondiente, se dio
principio a unas vísperas solemnísimas cantadas a intervalos por la respetable Comunidad de Recoletos y por una orquesta numerosa dirigida por don Blas Echegoyen, siendo el oficiante el R. P. Provincial. Por la noche lucía una profusa iluminación compuesta de más de cinco mil vasos y farolitos que presentaban una bellísima
perspectiva. En la fachada de la iglesia se destacaba un grandioso transparente representando a Su Santidad León XIII, y a uno y otro lado se veían otros dos más pequeños en los que se leían con perfecta claridad dos magníficas inscripciones formadas
con palabras tomadas del Breve pontificio.
De seis a diez fue grandísima la animación que reinaba en el atrio del convento
por la numorosa concurrencia que acudió a presenciar el espectaculo.
FR. P. FABO DEL C. DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
¿A QUÉ ORDEN PERTENECEN LAS MONJAS
AGUSTINAS RECOLETAS?
La Santidad de Paulo V, por su Breve: La inefable providencia del Padre soberano…1,
dado el 13 de Julio de 1619, aprobó las Constituciones por las cuales se habían de regir las
Monjas Recoletas de San Agustín, de los Conventos de la Encarnación y Santa Isabel de Madrid.
Dichas Constituciones fueron impuestas a los demás Conventos de Agustinas Recoletas
por el Papa Urbano VIII en virtud de un Breve, que empieza: Puestos en el gobierno de la
militante Iglesia…, dado en Roma a 28 de Noviembre de 1625.
Tanto en dichos Breves como en otros muchos dados anterior y posteriormente, se mantiene la denominación de Moniales Recollectae
1
Este Breve y el siguiente del Papa Urbano VIII (28 Noviembre 1625) se hallan íntegros, en español, en la «Regla dada por Nuestro Padre San Agustin a sus Monjas, con las Constituciones para la nueva Recoleccion de
ellas, aprobadas por N. Ssmo. P. Paulo V para el Real convento de la Encarnacion de Madrid, y confirmadas por N. Smo. P. Urbano VIII, y mandadas guardar en los demás conventos de España de la misma Recoleccion. Con licencia. Madrid: Imprenta y fundicion de D. E. Aguado. 1850». Un vol. en 16 de 104 páginas. No hemos hallado el original en latín del Breve de Paulo V, pero sí el de Urbano VIII con inserción de
todas las Constituciones. Empieza: Militantis Ecclesiae regimini…, y se custodia en el Archivo del Real
Monasterio de la Encarnación. –De las citadas Regla y Constituciones existe en el Real Monasterio de Santa Isabel un ejemplar impreso en 1640.
246
Sancti Augustini. En comprobación de lo cual se citan los Breves siguientes:
1. Paulo Papa V... Salud y bendición Apostólica. Por parte del carísimo en Cristo hijo
nuestro Felpe Católico Rey de las Españas, poco ha nos fue hecha relación que el monasterio
de monjas llamadas Recoletas de San Agustín de la villa de Madrid etc., etc. (Su Santidad las
exime de la jurisdicción del Diocesano y de los Superiores de la Orden de San Agustín, y las
sujeta a la del Capellán Mayor de Su Majestad.) Roma 1.º de Septiembre de 1610.
2. Paulus Papa V = Ad perpetuam rei memoriam = Alias charissimi in Christo filii nostri
Philippi Hispaniarum Regis Catholici nomine nobis exposito quod Monasterium Monialium
Recollectarum nuncupatarum Ordinis Sancti Augustini Oppidi Matriti Toletanae dioecesis…
Romae 9 Nov. 1615.
3. Paulus Papa V. = Ad perpetuam rei memoriam. = Ex debito Pastoralis nostri officii...
Cum itaque sicut charissimus in Christo filius noster Philippus Hispaniarum Rex Catholicus
nobis nuper exponi fecit, ipse plurimum aspiciat Monasterium Monialium Sanctae Elisabethae Ordinis Sancti Augustini Recolletarum nuncupatarum Oppidi Matriti Toletanae dioecesis... Romae 16 Martii 1619.
4. Paulus Papa V. = Ad futuram rei memoriam. = Cum sicut charissimus in Christo filius
noster Philippus Hispaniarum Rex Cathohicus Nobis nuper exponi fecit, nonnullae Moniales
Monasterii Monialium Sanctae Elisabethae Ordinis Sancti Augustini Recollectarum nuncupatarum Oppidi Matriti, Toletanae Dioecesis… Romae 26 Aprilis 1619.
5. Gregorius Papa XV. = Ad futuram rei memoriam = Alias felicis recordationis Paulus
Papa V… unum Monasterium Monialium Recollectarum nuncupatarum sub Regula Sancti
Augustini, et invocatione Incarnationis Domini Nostri Jesu Christi in oppido Matriti Toletanae Dioecesis… Romae 27 Junii 1622.
6. Clemens Papa XV. = Ad futuram rei memoriam = Exponi nobis nuper fecit charissimus in Christo filius noster Philippus Hispaniarum Rex Catholicus… Conventum sive Monasterium Monialium Sanctae Elisabethae Recollectarum nuncupatarum, sub Regula Sancti
Augustini… praedicti Monasterii Monialium Santae Elisabethae Recollectarum… Romae 26
Martii 1738.
247
7. Clemens Papa XII. = Ad perpetuam rei memoriam = Cum dudum felicis recordationis
Gregorius Papa XV… Monasterii Monialium Recollectarum nuncupatarum sub Regula Sancti
Augustini et invocatione Incarnationis D. N. J. Ch., Oppidi Matriti… Romae 26 Martii 17381.
En la escritura de fundación del Real Monasterio de la Encarnación, S. M. C. el Rey Felipe III (que terminó dicha fundación, empezada por su esposa D.ª Margarita) insiste en que se
guarde en el referido Monasterio «la regla y orden de la Recolección de San Agustín». «Es
nuestra voluntad, dice, y mandamos y ordenamos que en el dicho Convento, ahora y de aquí
en adelante y para siempre jamás, se observe y guarde la regla de la Recolección de San
Agustín en la forma y manera, según y como lo disponen lñas Constituciones de la dicha Orden de Recolección, y encargamos al Prelado, Priora y Monjas que son y por tiempo fueren
del dicho Monasterio, que observen guarden y cumplan inviolablemente la dicha orden y regla; porque con esta condición y no de otra manera hacemos esta dicha fundación»2.
Examinadas a fondo las Constituciones de las Monjas Agustinas Recoletas, se ve que en
lo tocante a oración, recogimiento, ayunos, disciplinas y demás asperezas de vida, coinciden
exactamente con las Constituciones que para los Agustinos Recoletos escribió el insigne maestro P. Fr. Luis de León y fueron aprobadas por el Definitorio de la Provincia de Castilla, de
la Observancia, en sesión celebrada en el convento de Nuestra Señora del Pino el día 20 de
Septiembre de 1589. Y aun del texto mismo de estas Constituciones se infiere clara y terminantemenle que el P. Fr. Luis las escribió para Religiosos y Religiosas (mutatis mutandis,
como es nalural), y que como tales, como escritas para entrambas familias, recibieron la aprobación del Ven. Definitorio. «Todos estos Monasterios (leemos
1
De los siete Breves que acabamos de citar, los seis últimos se hallan transcritos, íntegros, en la obra titulada
«Bulas y Breves Pontificios relativos a la jurisdicción pivilegiada de la Real Capilla, publicadas por la Real
Casa: Madrid... año 1878». Un vol. en 4.º de 686 págs. = Del Breve señalado con el núm. 1, en español,
sólo hemos podido ver una copia sencilla guardada en el Archivo del Real Monasterio de Santa Isabel.
2
Bulas y Breves Pontificios, etc.: Obra citada, pág. 539.
248
en el capítulo XIV) assi los de los Frayles, como los de las Monjas, esten debaxo de obediencia del Provincial, el qual ponga en ellos, no a todos los Frayles q se ofrecieren a seguir esta
vida, sino aquellos solamente que entendiere que tendran virtud y prudencia para perseverar
en ella». Pudo muy bien el Beato Alonso de Orozco templar un tanto el rigor de las Constituciones al aplicarlas a las Monjas; v. gr., en lo concerniente a ca!zado, mandándoles usar «zapatos (en vez de alpargatas) y algunas calzas por la honestidad», y en lo tocante a la hora de
maitines, señalando las nueve en lugar de las doce de la noche: pero, como ya hemos dicho,
no hay más que comparar unas Constituciones con otras, para echar de ver que en el espíritu
que las informa (y algunas veces hasta en las palabras) y en todo lo que atañe a puntos principalísimos de observancia regular, son las mismas. Dos horas diarias de oración mental, una
por la mañana y otra por la tarde; ayuno, además de los de la Iglesia, los miércoles, viernes y
sábados de todo el año, y todos los días, menos los festivos, desde la Cruz de Septiembre hasta Navidad y desde Septuagésima hasta la Pascua de Resurrección; disciplina todos los lunes,
miércoles y viernes. Y dígase lo mismo de otros puntos relativos al culto, guarda del silencio
etc., etc.
Además de esta prueba de hecho, que por cierto no puede ser más palmaria, tenemos la
de la autoridad de la Iglesia declarando terminantemente que las Monjas Agustinas Recoletas
son del mismo instituto que los Religiosos Recoletos de S. Agustín o Agustinos Recoletos.
Mas para poder apreciar esta prueba en todo su valor, hay que tener en cuenta que en los documentos Pontificios antiguos, los Agustinos Recoletos españoles somos llamados indistintamente Descalzos, Reformados, Recoletos de S. Agustín o Agustinos Recoletos. Basta, para
convencerse de ello, repasar los Breves Apostólicos Apostolici muneris… de Clemente VIII
(11 Feb. 1602) erigiendo la Provincia de S. Agustín Fratrum Recollectorum Discalceatorum
Hispaniarum…, Fratres Recollectos seu Discalceatos, etc.; Sacri Apostolatus ministerio… de
Paulo V (11 Mayo 1616); Pastoralis officii ratio…, del mismo Paulo V prohibiendo a los
Recoletos el tránsito a otra cualquier Provincia o Congregación de San Agustín o de cualquiera otra Religión, fuera de la Cartuja (20 Marzo 1615); y Ad sacram Beati Petri Sedem..., de
Gregorio XV (31 Agosto 1622) aprobando la división de
249
aquella Provincia en cuatro y formando una Congregación con su Vicario General, conforme
a la licencia dada por el mismo Gregorio XV con su Breve Militantis Ecclesiae regimini... de
5 de Junio de 1621.
De las tres denominaciones dichas, Recoletos, Descalzos y Reformados, habiéndose vulgarizado la primera, no sólo en Filipinas, donde no se conocía con otro nombre a nuestros
Religiosos, sino también en España, como lo acreditan la calle y paseo más concurridos, ahora, de la Corte, ha sido ella la que ha prevalecido, recibiendo la sanción de la Iglesia con el
Breve Apostólico Religiosas familias..., dado por el Sumo Pontífice Pío X, de s. m., el 16 de
Septiembre de 1912, en virtud del cual el Superior General de la Gongregación de Agustinos
Recoletos o Descalzos de España e Indias, que hasta entonces se denominaba Vicario General
«puede y debe ser llamado en adelante Prior General de la Orden de Ermitaños RECOLETOS de
San Agustín».
Es de notar, pues, que así como los Recoletos eran llamados indistintamente en los documentos oficiales, Recoletos, Descalzos o Reformados, así también las Monjas Recoletas de
San Aguslín han tenido indistintamente las mismas denominaciones, si bien ha predominado
siempre la de Recoletas. Ya hemos citado varios Breves Pontificios en que a las de Santa Isabel y la Encarnación de Madrid se les da constantemente aquel nombre, el cual se mantiene en
la escritura o carta de fundación del Rey Felipe III (29 Nov. 1618) y en las de confirmación y
ampliación de Felipe IV (5 Mayo 1625; 25 Enero 1630 y 28 Sept. 1635). Pues bien: esto no
obslatute, a la vista tenemos dos documentos de la Nunciatura Apostólica en España, el uno
del 20 de Diciembre de 1618, y el otro del 28 de Mayo de 1625, en que las Religiosas de la
Encarnación son llamadas Monjas de los Descalzos de la Orden de San Agustín. En ambos
son autorizadas las Religiosas para aceptar las cláusulas de fundación con las cargas anejas; y
baste citar el primero (pues el segundo es del mismo tenor) en comprobación de nuestro aserto. Empieza así: «Franciscus Cenninus, Dei et Apostolicae Sedis gratia Episcopus Amerinus,
Sanctissimi domini nostri Domini Pauli divina providentia Papae Quinti ejusdemque Sedis in
Hispaniarum Regnis cum potestate Legati de Latere Nuntius, Juriumque Camerae Apostolicae
Collector
250
generalis, dilectis nobis in Christo Priorisae et Monialibus Monasterii Regalis Incarnationis
Dominicae hujus oppidi Matriti, Ordinis Sancti Augustini discalceatorum, salutem in Domino»1.
Fuera de este testimonio tan autorizado, tenemos el de escritores Agustinianos de gran
nota, que llaman Descalzas a las Recoletas Agustinas de quienes hab!amos. Sea el primero el
P. Maestro Herrera, quien en su Alphabetum Augustinianum (litt. M. fol. 155) llama a las
Monjas de Santa Isabel, tres veces seguidas, Descalzas: «Matritense Sanctae Elisabethae, Regale Domicilium Excalceatarum… Fruit haec Domus, quae felix dedit initium Monialibus
Excalceatis Augustinianis… Hinc patet, primam Faeminarum Excalceatarum Domum fuisse
Matritensem Sanctae Elisabethae». = El P. Maestro Fr. Juam Márquez, en su Vida del V.
Orozco, dice que éste «también fundó el Monastrio de Santa Isabel de Madrid… de Monjas
Agustinas Descalzas… y a su imitación se han fundado muchos de Descalzas Agustinas». Por
último el P. Fr. Mauricio de la Madre de Dios, en su Sacra Eremus Augustiniana (l. c. 4, § 9,
fol. 250) dice (traducimos del latín): «Fue la devotísima Sor María de Jesús como principio y
origen de nuestras Monjas Descalzas o Recoletas (nótese bien esta equivalencia en les términos), cuyo
1
Bulas y Breves Pontificios etc.: pág. 598. Hemos tenido la dicha de ver el original en pergamino (que se guarda
en el Archivo del Real Monasterio de la Encarnación) del Breve del Excmo. y Rvmo. Sr. Nuncio D. Julio
Sacchetti (28 Mayo 1625) en el que se inserta íntegro el del Excmo. y Rvmo. Sr. Cencino, y es una confirmación de todo lo actuado, ya en la fundación de Felipe Ill, ya en la ampliación de su augusto hijo Felipe
IV. Por cierto que comparando la transcripción impresa en la obra citada, con el original, encontramos en
aquélla no pocos defectos. Señalemos los que hacen al caso:
DICE LA TRANSCRIPCIÓN
Julius Sauhetus
utriusque Camerae
sancti Augustini Discalceatarum
Cenuino = Cenuinus
utriusque Camerae
Sancti Augustini Descalceatarum
Matriti
(anno) millesimo sexcentesimo vigesiquinto
DICE EL ORIGINAL
Julius Sachettus
Juriumque Camerae
Sancti Augustini discalceatorum
Cennino = Cenninus
Juriumque Cameraes
Sti Augustini Discalceatorum
Madriti
millesimo sexcentesimo vigesimo quinto, quinto, quinto Kl. Junii
251
primer Convento fue el de Madrid, y puso el cimiento a este edificio el venerable Orozco, a
quien dio su casa D.ª Prudencia Grillo, para que edificara un Convento, el cual dio feliz exordio al santo y laudable Instituto de Agustinas Descalzas: habiendo sido D.ª Juana Velázquez
su principal fundadora».
Por estos teslimonios se ve que los sobrenombres de Recoleto y Descalzo se tomaron indistintamente respecto de las Monjas, lo mismo que de los Frailes. Y otro tanto se puede afirmar del sobrenombre de Reformado. «Hacía muy poco, dice un ilustre biógrafo Agustiniano
refiriendo sucesos del año 1690, que los agustinos, para dar pábulo a muchos de su instituto,
habían establecido la que intituló reforma o recolección, y más tarde descalcez: el Maestro Fr.
Luis de León había tenido no escasa parte en ello, como que les escribió las constituciones»1.
En ellas se encuentran las tres denominaciones de descalcez, reformación o reforma y recolección. El título o encabezamiento de las Constituciones es: «Forma de vivir los frailes agustinos descalzos, ordenada por el Provincial y Definidores de la Provincia de Castilla». En el
prólogo y en los capítulos I, IV y XIV se llama al instituto, Reformación; en el VIII, Reforma,
y en el XII (que trata de los Colegios), Recolección. Y para no cansar a nuestros lectores aduciendo más testimonios que acreditan la equivalencia de los términos Descalzo, Recoleto y
Reformado, traigamos uno que vale por mil. El citado P. Maestro Herrera, hablando en su
Alfabeto (letra P. fol. 269) del Capítulo Provincial de los PP. Agustinos Observantes de Castilla celebrado el año 1588 presidido por el Revm. P. Prior General Fr. Gregorio Petrochini
(más tarde Cardenal Montelparo), dice que en él fue elegido Provincial el P. Maestro Fr. Pedro Rojas, quien fomentó la nueva Reforma de los Recoletos o Descalzos de España que nacía
entonces: «novamque Recollectorum sive Excalceatorum Hispaniae Reformationem tunc nascentem fovit».
No es, pues, de extrañar que así como a los Recoletos se les denominó de los tres modos
dichos para distinguirlos de los Agustinos Conventuales, Observantes y Calzados (denominaciones frecuentísimas,
1
Vida y escritos del Beato Alonso de Orozco del Orden de San Agustín… por el P. Fr. Tomás Cámara de la
misma Orden. Valladolid: 1882. Pág. 343.
252
respectivamente, en la historia de la Orden Agustiniana a contar desde el año 1387 en que se
fundó la primera Congregación de Observancia), así también hayan sido comunes dichas denominaciones a las Monjas Recoletas Agustinas, por ser del mismo instituto que los Agustinos Recoletos. La prueba de la identidad del instituto la tenemos, de hecho, como hemos insinuado, en las Constituciones. La de derecho, a que antes hemos aludido, nos la ofrece el Decreto que en 5 de Octubre de 1600 dieron por comisión y mandato del Papa Clemente VIII los
Cardenales Baronio y Belarmino acerca del gobierno de las Monjas Agustinas Descalzas. Los
Recoletos Agustinos, por librarse de gravísimas molestias, cuyo origen no es del caso exponer
aquí, pero que ciertamente no venían de las Religiosas, y a trueque de conseguir algunas ventajas para su instituto, renunciaron al cuidado y gobierno de las Rcoletas; y para que esta renuncia tuviese la estabilidad y firmeza debidas, recabóse providencia de la Santa Sede, que
dio en el decreto citado; en el cual, entre otras muchas disposiciones, se contenía ésta: «Statuimus etiam quod dicti Fratres Discalceati non habeant, nec habere possint curam nec regimen Monialium, etiam si sint Discalceatae dictae Reformationis et Instituti». Las únicas Monjas del mismo instituto que los Recoletos o Descalzos en aquel tiempo eran las Recoletas de
Santa Isabel, fundadas por el Beato Orozco el año 1589 en la calle del Príncipe y trasladadas
en 1610 al lugar que hoy ocupan en la calle de Santa Isa bel; y de aquellas Monjas es de quienes afirma la Santa Sede en el citado Decreto que son de la misma reformación e instituto que
los Agustinos Descalzos o Recoletos: «dictae Reformationis et Instituti».
Del mencionado convento de Santa Isabel salió, el año 1612 (4 de Febrero) el personal
para la fundación del Real Monasterio de la Encarnación, habiéndose hecho antes las fundaciones de Éibar (8 Mayo 1603) y Palencia (7 Septiembre 1610). Por donde se ve que al fundarse el Convento de la Encarnación existían ya tres Monasterios de Recoletas Agustinas, y
posteriormente se fundaron otros muchos (cuya relación pondremos luego), todos de la misma
denominación de Agustinas Recoletas, y del mismo instituto o tenor de vida, conforme a lo
mandado por el Papa Urbano VIII en su citado Breve de 8 de Noviembre de 1625, al disponer
que en todos los
253
Conventos de Recoletas de San Agustín se guardasen las Constituciones aprobadas por Paulo
V (13 Julio 1619) para las Agustinas Recoletas del Real Monasterio de la Encarnación.
He aquí la lista de lates Conventos, con expresión de sus Titulares, lugar y diócesis en
que están enclavados, y fecha de su fundación.
TITULAR
Sta. Isabel (la Visitación)
La Concepción
La Expectación
La Encarnación
Santo Toribio
San José
Stma. Trinidad
San José
La Concepción
S. Martín, Obispo
La Concepción
La Presentación
San Cristóbal
Corpus Christi
Sto. Cristo de Victoria
La Asunción
La Concepción
La Encarnación
Jesús Nazareno
Stmo. Sacramento y Concepción
La Concepción
La Magdalena
Santo Cristo de la Misericordia
LUGAR
Madrid
Éibar
Palencia
Madrid
Vitigudino
Villafranca del Vierzo
Carmona
Requena
Pamplona
Lucena
Salamanca
Valencia
Vista-Alegre
Granada
La Serradilla
Ágreda
Lugo
León
Chiclana
Gijón
Cazorla
Miranda de Ebro
Oropesa
DIÓCESIS
Palatina
Vitoria
Palencia
Compostela
Salamanca
Astorga
Sevilla
Cuenca
Pamplona
Córdoba
Salamanca
Valencia
Compostela
Granada
Plasencia
Tarazona
Lugo
León
Cádiz
Oviedo
Toledo
Calahorra
Ávila
FUNDACIÓN
24
8
7
4
6
4
11
30
3
18
15
14
24
21
16
1
24
13
25
22
13
25
17
Dicb. 1589
Mayo 1603
Sept. 1610
Febr. 1612
Ago. 1615
Octb. 1623
Julio 1629
Novb. 1630
Junio 1634
Octb. 1639
Octb. 1641
Ener. 1643
Junio 1652
Ener. 1655
Ener. 1660
Julio 1660
Octb. 1663
Dbre. 1666
Dbre. 1666
Sept. 1668
Ago. 1675
Marz. 1676
Mayo 1676
254
Santo Tomás de Villanueva
La Anunciación
Jesús, María y José
La Encarnación
Nuestra Señora de las Angustias
Jesús Nazareno
Granada
Betanzos
Medina Sidonia
Colmenar de Oreja
Cabra
Motril
Granada
Compostela
Cádiz
Madrid-Alcalá
Córdoba
Granada
30
5
15
27
Novb. 1676
Mayo 1679
Octb. 1687
Ener. 1688
1697
16 Abril 1728
Además de estos veintinueve Conventos de Agustinas Recoletas, existen nueve, fundación del Beato Juan de Ribera, que se denominan de Agustinas Descalzas. Dicho Beato fundador les dio la Regla de N. G. P. S. Agustín y, a lo menos en parte, las Constituciones de
Santa Teresa de Jesús, esto es, de las Carmelitas Descalzas. Tienen, pues, de común con las
Agustinas Recoletas la Regla, la denominación genérica de Agustinas, y aun la específica de
Descalzas, de un modo equivalente, en cuanto que, como hemos visto, ha sido frecuente tomar indistintamente las denominaciones de Recoleto y Descalzo. Pero ¿pueden llamarse,
hablando con tota propiedad, del mismo instituto, siendo así que no tienen las Constituciones
de las Agustinas Recoletas sino las de las Carmelitas Descalzas? No, seamos nosotros quien
resuelva esta cuestión, sono la autoridad competente de la Iglesia, cuyo sentir se nos manifiesta claramente en e! hecho de haber concedido a los Agustinos Descalzos o Recoletos, antes
que a todos los demás Agustinos, la gracia del Oficio y Misa de la Beata Inés de Beniganim,
Agustina Descalza de las que venimos tratando. Luego citaremos las palabras mismas de la
concesión.
Dichos nueve Conventos de Agustinas Descalzas son los siguientes:
TITULAR
Santo Sepulcro
Virgen de Loreto
Sana Úrsula
Corpus Christi
LUGAR
DIÓCESIS
Alcoy
Denia
Valencia
Almansa
Valencia
Valencia
Valencia
Cartagena
FUNDACIÓN
25
25
21
7
Ener.
Ener.
Octb.
Ener.
1596
1604
1605
1609
255
La Concepción
San Joaquín y Santa Ana
San Martín
Corpus Christi
San Felipe Neri
Beniganim
Ollería
Segorbe
Murcia
Jabea
Valencia
Valencia
Segorbe
Cartagena
Valencia
11
26
19
14
1
Junio
Julio
Feb.
Mar.
Sept.
1611
1611
1613
1616
1663
Ya hemos dicho que no era del caso detallar los motivos que obligaron a los Recoletos a
renunciar al cuidado y gobierno de las Monjas de su mismo instituto. Baste hacer notar que
aquella renuncia se verificó cuando la Recolección se hallaba muy en sus principios, como
que sólo habían transcurrido once años (de 1589 a 1600) desde su establecimiento en el Convento de Talavera. Todavía estaban sujetos los Recolelos al Provincial de la Observancia de
Castilla, y lo estuvieron hasta el año 1601, en que los Agustinos Obserantes, dos meses antes
de celebrarse el Capítulo Prnvincial, al que habían de concurrir como vocales nada menos que
quince Recoletos, obtuvieron, por medio de su Procurador el P. Maestro Fr. Luis de los Ríos,
el Breve de separación, dado por el Papa Clemente VIII el 24 de Marzo de dicho año 1601. Al
año siguiente (2 Junio 1602) celebraban los Recoletos su primer Capílulo provincial, y diecinueve años después (19 Nov. 1621) su primer Capílulo general. De presumir es que a no
haber mediado la circunstancia de estar sujetos los Recoletos a lo Observantes cuando renunciaron al cuidado y gobierno de las Recoletas, no habrían hecho tal renuncia: y hoy no sólo
puede afirmarse que no existen los motivos que pudieron obligarles a hacerla, sino más bien
todo lo contrario.
Lo que sí hay que dejar bien sentado es que las Monjas Agustinas Recoletas son de la
misma denominación y del mismo instituto que los Agustinos Recoletos. Consta lo primero
por los Breves Apostólicos citados; y lo segundo, cuanto al hecho, por la identidad de Constituciones: y aun admitidas algunas discrepancias entre ellas, por la declaración terminante de
la Iglesia (y es la razón de derecho), al afirmar que las referidas Monjas son de la dicha Reformación e Instituto, «dictae Reformationis et Instituti», como hemos visto en el Decreto de
los Cardenales Baronio y Belarmino. Si, pues, son ejusdem denominationis et instituti, queda
contestada la pregunta con que se encabeza este artículo.
256
Y por lo que hace a las Agustinas Descalzas fundadas por el Beato Juan de Ribera, preciso es admitir uno de estos dos extremos: 1.º Que o no son Agustinas, por no bastar para serlo
el profesar la Regla de San Agustín, como no basta esta circunstancia para que los Dominicos
y otras muchas Órdenes y Congregaciones que profesan la Regla del santo Obispo de Hipona
se llamen Agustinos; y en tal caso no hay razón alguna (a no mediar una incorporación hecha
por la Santa Sede) en virtud de la cual puedan relacionarse con ninguna Orden Agustiniana:
2.º o que si son Agustinas Descalzas por haber sido aprobadas por la Iglesia como tales, como
quiera que tal denominacion y las de Agustinas Reformadas y Recoletas se hayan usado indistintamente, según hemos visto en los documentos Pontificios y testimonios históricos citados
tanto repecto de los Religiosos como de las Religiosas, habrán de sumarse a las Reco!etas
aunque continúen con la denominación de Agustinas Descalzas. Este fue el criterio de la Santa Sede, como ya hemos insinuado, cuando, antes de conceder a todos los Agustinos la fiesta
de la Beata Josefa María de Santa Inés, hija del Convento de Beniganim, la había otorgado al
pueblo de Beniganim y a toda la Oden de los Descalzos de San Agustín: «ejusque festum oppido Beniganim, universoque Excalceatorum sancti Augustini Ordini celeandum indulsit».
Los Agustinos Recoletos hemos mirado siempre a la ínclita Virgen como gloria muy legítima
de la Recolección Agustiniana, siquiera su instituto se llame de Agustinas Descalzas.
Lo cierto es que el P. Alonso de Villerino, Agustino Observante, autor nada sospechoso
en cuanto pueda favorecer a nuestro intento, no obstante su decidido empeño en distinguir y
aun distanciar a las Recoletas de las Descalzas, hubo de incluir, como en su lugar propio, los
nueve Conventos de Agustinas Descalzas de fundación del Beato Ribera, en su «Esclarecido
Solar de las Religiosas Recoletas de Nuestro Padre San Agustín, y Vidas de las insignes Hijas
de sus Conventos» (1). Sin duda juzgó dicho historiador, y juzgó muy bien en este punto (sobre todo después de las quejas que recibió de parte de algunas de aquellas
257
Agustinas Descalzas, a quienes hubo de pedir mil perdones), que entre las Agustinas Recoletas debía incluir a las Agustinas Descalzas, toda vez que tomando indistintamente los términos Descalzo, Recoleto y Reformado, no hacía más que ajustarse al uso comúnmente recibido
en esta materia. Y, siendo así, claro está que todas las Monjas Agustinas Reformadas, llámense Recoletas o Descalzas, pertenecen a la sagrada Orden de Ermitaños Recoletos de San
Agustín1.
FR. FRANCISCO SÁDABA DEL CARMEN
O. E. R. S. A.
1
Siempre nos ha parecido de muy mal gusto el calificativo de mestiza de agustiniana y riberiana, que cierto
escritor de la Orden de Ermitaños de San Agustin se atrevió a aplicar a la Beata Inés de Beniganim; calificativo que acogió en sus columnas la revista Analecta Augustiniana, órgano nada menos que de la Curia
generalicia de la citada Orden (número correspondiente al 28 de Marzo de 1915): no obstante lo cual, sin
embargo, vemos a dicha Beata incluida en el Breviario de aquella Orden como perteneciente a la misma en
cuerpo y alma, es decir, no a medias sino enteramente. Hubiera tenido en cuenta aquel escritor que aunque
hay quien afirma que el Beato Juan de Ribera dio a sus Agustinas Descalzas las Constituciones de Ias Carmelitas Descalzas, hay también quien asegura que no se las dio en su totalidad sino sólo en la parte que
juzgó conveniente: más aún, hubiera tenido en cuenta el testimonio que trae el mismo P. Villerino (tom. 2.º,
págs. 488-490), según el cual testimonio el Beato Juan de Ribera sacó de las mismas entrañas de la Regla
de Nuestro G. P. S. Agustín las Constituciones que dio a sus Agustinas Descalzas: hubiera tenido en cuenta,
decimos, todo esto, y no habría negado o al menos puesto en tela de juicio la filiación de agustina, toda entera, de la ínclita Virgen valenciana.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
INTRODUCCIÓN
AL TOMO
V DE LAS CRÓNICAS
(Continuación)
Además de las treinta y seis causas de martirio sufrido en Filipinas, aparecen en el Japón
dos de Beatos Recoletos sufriendo la muerte por la religión, como premio de los catorce mil
japoneses que convirtieron, y como prenda de los setenta y ocho mártires, hijos suyos espirituales, que acreditaron con la sangre la alteza de su causa. Cincuenta pueblos de moros redujo
a la fe de Cristo y puso bajo la corona de España el P. Agustín de San Pedro. Con motivo de
la ocupación de Manila por la armada inglesa, el año 1763, se distinguió tanto otro Reroleto,
que no dudó el Gobernador general escribir al Rey lo siguiente: Se señaló sobre todos en valor
marcial, en celo por la honra de Dios y en gloria y honor de vuestras Reales Armas, el Padre
predicador Fr. Agustín de San Antonio..., que aterrorizó a los más esforzados capitanes ingleses, a quienes pesó muchas veces quitarte la vida, por ver en él un valor tan marcial y peregrino, que confesaron los enemigos no haberse visto igual hombre en el valor».
Tanihién el Istmo de Panamá y varios territorios de América quedaron coloreados con
sangre de mártires recoletanos. El P. Fray Alonso de la Cruz fundó quince pueblos, abrió al
comercio un puerto nuevo, redujo a ocho caciques, estableció la agricultura, sometió a doce
mil indios, y el premio que recibió en este mundo fue la
259
muerte, alanceado por los mismos a quienes sacó de la selva.
Las yeguadas y vacadas del Sur de Casanare, que constituye una de las fuentes de riqueza
de Colombia, fueron importadas por estos misioneros; fomentaron la industria del algodón y
desarrollaron los hilados y tejidos, y después de marcar nuevos rumbos a la navegación fluvial y de civilizar centenares de tribus errantes, ¿no merecen ni una mención honorífica en la
historia que perpetúe la memoria de su heroísmo? Pero es imposible que la huella de aquellos
misioneros de ignorado sepulcro desaparezca, y si el tiempo destructor o la propaganda del
anticlericalismo llegase a matar la semilla del Evangelio en aquellas pampas, la flor, el ave y
la brisa, con lenguaje eterno, cantarán un himno de triunfo a estos hijos de San Agustín.
Omitimos, como se puede comprender, épocas y asuntos trascendentales de historia recoletana, porque el movimiento cinematográfico de las cosas humanas a ello nos constriñe; y
así, dejando a un lado su actuación estética y ascética, el preligro de sus fórmulas de progreso
bajo el ritmo soberano de la caridad, los sacrificios y triunfos en el proceso de sus conquistas
en Asia, en el Japón, en América y en Europa, dejando también a un lado el estudio de la
heterogénea cohesión de fuerzas vivas que están en su organismo confluyendo todas a la resultante de la dignidad personal en estos tiempos de barajamiento de ideales y de caracteres,
nos fijaremos muy de corrida en lo méritos científicos y literarios. Recoletos son el gran
humanista Fr. Agustín de Santa María, el moralista Juan de Santa Margarita y el místico Félix
del Espíritu Santo, portugueses; Abraham de Santa Clara, famoso predicador sueco; Enrique
Drisio, celebérrimo orador de Bélgica; Ángel María de San Felipe, Nicolás de San Juan Bautista, Simón de la Cruz, Octavio de San José, Ambrosio de Santa Gertrudis y Ambrosio de
Novilibus, moralistas y filósofos italianos; los célebres controversistas alemanes Bernardo de
Santa Teresa y Miguel de Santa Catalina; los franceses Jacinto Monlargón, Francisco Raffard,
Anselmo de París; los poetas inspiradísimos de Italia Angel Quadrio, Gabriel Bartoli, Pascual
Contursi y Buenaventura Viani; el arquitecto Lorenzo de San Nicolás, y el médico Jerónimo
de la Ascensión, el acreditado pintor Pedro de San José y el llamado biblioteca animada del
siglo XVII,
260
Fr. Andrés de Sacn Nicolás, colombiano. De los Descalzos españoles no deben citarse ni el
polígrafo Fr. Jerónimo de Santa María, que hablaba ocho lenguas, de cuya etimología escribió
cuatro tomos en folio, ni el académico de la historia Fr. Miguel de Santa María, y otros escritores de fama universal que avaloran y prolongan la gloriosa tradición agustina en el mundo
de las letras1.
Para que no se nos tache de hiperbólicos o que escribimos a bulto, vamos a citar un testimonio que vale por muchos. El erudito e infatigable bibliógrafo P. Gregorio de Santiago Vela
acaba de publicar un volumen en medio folio, de cerca de 800 páginas, titulado Ensayo de
una biblioteca Ibero-Americana de la Orden de San Agustín, verdaderamente templo de la
sabiduría agustiniana, mina enciclopédica de nuestra producción, en donde aduna el autor los
datos concernientes a los Escritores de España y América; y sin embargo de concretarse el
Ensayo a estas dos porciones geográficas, comprende el primer tomo desde A hasta Ce solamente. ¿Cuántos volúmenes tendrá la obra? ¿Cuándo se acabará de publicar? Pues bien; hace
pocos días, como solicitáramos nosotros datos para completar un trabajo que va adelantado y
se refiere a una biblioteca similar a la del P. Gegorio, pero exclusivamente recoleta, nos dirigimos a dicho Padre, quien realza sus luces de entendimiento con muchos encantos morales, y
nos respondió de esta suerte: «…Con respecto a enviarle nombres y planes de obras de los PP.
Recoletos, me pide usted un imposible. Estaría bien y en su punto la súplica si, para cumplirla, sólo se necesitaran unas cuantas cuartillas, pero para satisfacerla se necesitan centenares de
centenares, y ya ve usted que esto no es factible, sino obra de varios meses y de mucho
1
A modo de caso curioso traemos los versos de Lope de Vega en su Prólogo al auto sacramental titulado: El
viaje del alma, (Biblioteca Rivadeneira, tomo 58, página 152), en donde se alude a Fr. Cristóbal Matías,
cantor muy estimado en la corte de los Felipes II y III, que tomó después nuestro hábito en Madrid y fue religioso muy edificante:
De Cristóbal Matías Madrid dice
Que en cantar y llorar fue un Ángel hombre,
Porque lloró después de haber cantado;
Que si, cantando, mereció a los reyes
A Dios, llorando, mereció descalzo.
261
trabajo. Permítame usted que le diga, por lo tanto, que no me es posible satisfacer su deseo.
Usted no se ha formado idea cabal de los muchos escritores que tienen ustedes, se lo digo con
franqueza, y me quedo corto si le digo que la cuarta parte del Ensayo será de Agustinos Recoletos».
Ahora bien; no se puede en modo alguno reducir todo esto a un artículo fragmentario.
Por donde se observará, además, que no debemos hacer trabajo de sintesis, ni trabajo de selección muy especial, sino más bien trabajo de omisión, que resultará tango más meritorio
cuanto más se omita; porque así como hay locuacidad que nada dice, hay silencio muy elocuente».
Tal es la entidad religiosa cuya historia reanudamos después de siglo y medio de interrumpida; historia hermosísima en su conjunto y digna de loa, siquiera tenga lunares en cuanto al modo y procedimientos con que la presentaron los Cronislas. Examinemos ahora los
elementos y el método con que se escribió, y veamos, con ánimo sereno y con crítica sometida al frío raciocinio y pasada por el tamiz de la imparcialidad, los libros en que tal crónica se
contiene: Historia General de los Religisos Descalzos del Orden de los Ermitaños del Gran
Padre y Doctor de la Iglesia San Agustín, de la Congregación de España y de las Indias. A la
Catholica Magestad del Rey Nvestro Señor Felipe Quarto. Por el P. Fr. Andrés de San Nicolás, Hijo de la mesma Congregación, su Coronista, y Rector del Colegio de Alcalá de Henares. Tomo primero. Desde el año M.D.LXXXVIII hasta el de M.DC.XX. Dividido en tres
decadas. Con Priuilegio. En Madrid, por Andrés Garcia de la Iglesia. Año M.DC.LXIV.
Este primer tomo, fe medio folio de 536 páginas, sin contar los preliminares, la introducción y los índices, abarca los años 1588-1620, más la época inmediata que precedió al establecimiento de nuestra sagrada Reforma. Se estampó el año 1664.
El segundo tomo, de igual tamaño, de 388 páginas descontados también los preliminares
e índices, es obra del P. Fr. Luis de Jesús, Lector jubilado, Cronista general y Provincial de la
Provincia de Castilla, dedicada al Excmo. Señor D. Jaime Francisco de Híjar, Silva, etc., Protector de la Recolección; estampóse en Madrid el año 1681 y contiene la materia historial
desde 1621 hasta 1650.
El volumen tercero, también de medio folio, con 500 páginas,
262
fuera de los índices y preliminares, lleva al frente un trabajo muy erudito y grave: que se titula
Adiciones Apologéticas al tomo primero de esta Historia, y lo dejó escrito el V. P. Fr. Diego
de Santa Teresa, Lector jubilado, Cronista general etc., etc. y coordinado y añadido por el P.
Fr. Pedro de San Francisco de Asís, también Cronista, quien lo dedicó a Ntra. Sra. del Pilar.
Relata lo sucedido desde el año 1651 hasta el de 1660. Publicóse el año 1741 en Barcelona.
Desde la aparición del tomo segundo hasta la del tercero pasaron 40 años.
Tiene el tomo cuarto el mismo título, forma, etc., que los anteriores, con 604 páginas, incluidos los índices, pero no lo preliminares; fue trabajado por el mismo P. Fr. Pedro de San
Francisco de Asís, Cronista General, etc., y dedicado a San Nicolás de Tolentino, y corre desde el año 1661 hasta el de 1690, impreso en Zeragoza a los 15 años de publicarse el anterior,
o sea, el de 1676.
La materia historial, pues, solamente llega hasta el año 1690, exclusive; y la publicación
de los tomos quedó paralizada hace 162 años.
Empero veamos cuáles son el cuerpo y el alma de esta historia. La Reforma de la Orden
de San Agustín en España, de donde se propagó a Italia, Francia, Alemania, Austria, América,
etc., creció rápidamente y aumentó sus conventos de una manera muy satisfactoria; como que
respondía la institución nueva a una finalidad que la Iglesia y el Estado buscaban y favorecían
de consuno. Por lo que respecta a España, durante el primer siglo desu existencia se erigieron
las siguientes fundaciones:
Provincia de S. Agustín
Castilla la Nueva ....................
Castilla le Vieja ......................
Extremadura ...........................
Madrid
Alcalá de Henares
Toledo
Maqueda
Talavera de la Reina
Valladolid
Salamanca
Nava del Rey
Portillo
La Viciosa
Santa Cruz
Valdefuentes
Xarandilla
263
Provincia del Pilar
Aragón ....................................
Zaragoza (Convento)
Zaragoza (Colegio)
Borja
Calatayud
Alagón
Zuera
Huesca
Benabarre
Valencia .................................
Valencia
Caudiel
Cataluña .................................
Barcelona
Guisona
Provincia de Santo Tomás
Mancha ...................................
Andalucía ...............................
Campillo
Toboso
Almagro
Granada
Santa Fe
Luque
Sevilla
Es de notar que, a medida que andaban los años, disminuía o se retardaba la fundación de
nuevos conventos: recién establecida la Recolección, hubo verdadero derroche de entusiasmo
por parte de pueblos y ciudades para abrirle las puertas de par en par, de suerte que aun las
mismas contradicciones de carácter interno, entre la nueva y antigua Familia, sirvieron para
aupar a la nuestra a mayores y más sólidas conquistas. Casi todos estos conventos se fundaron
en los primeros cincuenta años; a partir del promedio del siglo XVII, las fundaciones fueron
dificultándose más y más; la última sucedió el año 1688 en el Campillo de Altobuey, con la
que pudo celebrarse el primer Centenario de la Descalcez Agustiniana: desde entonces hasta
la fundación de Alfaro en 1820, es decir, en el espacio de 132 años no se efectuó ninguna, aun
cuando hubo conatos y proyectos en diversos puntos. Y ¿por qué? No cabe dudar que la aparición de nuestra Reforma, así como la de los Carmelitas, la de los Trinitarios, la de los Franciscanos y Capuchinos, la de los Mercedarios, etc., era fruto legítimo de los Cánones del Concilio de
264
Trento y respondía a un estado de fe y catolicismo muy práctico en que vivían los pueblos,
gobernados y regidos por Monarcas que patrocinaban a la Iglesia, cuyas medras y esplendor
solicitaban, tanto como el bienestar civil y militar de sus vasallos. Felipe II y sus inmediatos
sucesores tuvieron a la Religión como parte de la razón del Estado, y favorecieron, por lo
mismo, el desarrollo de las Órdenes religiosas, y más el de las Reformadas, con tanta piedad
como elevación de miras políticas. Dícese que, debido a esto, se multiplicaron excesivamente
los conventos, de modo que en casi todos pueblos, por pequeños que fuesen, había alguno, y
en las villas y ciudades tuvieron representación todas y cada una de las Familias religiosas; de
aquí que los representantes de la cosa pública comenzaron a poner trabas con un regalismo
despótico e influían con la autoridad episcopal para que embarazase la multiplicación de los
conventos. Téngase en cuenta que España, en tiempo de Felipe II y III, apenas contaba 11
millones de habitantes.
Y bien, ¿cuántos Recoletos de San Agustín había en España a fines del siglo XVII? Carecemos de datos para formar una estadística completa, mas, a juzgar por el número de difuntos,
según reglas de la demografía, y a juzgar por algunos apuntes documentales sobre el número
de religiosos en ciertas casas, y a juzgar por la capacidad material de los edificios, conjeturamos que cada convento, aproximadamente, y uno con otro, tendría unos cuarenta individuos,
y por consiguiente la Provincia de San Agustín, que era la principal, constaría de unos 500; la
de Nuestra Señora del Pilar de otros tantos, y la de Santo Tomás de Villanueva, de algo más
de 300 reIigiosos: total en España, unos 1.300 conventuales.
De su modo de vivir darán idea las siguientes reflexiones. Como es muy sabido, la Orden
de San Agustín originariamente fue eremítica, de donde nos viene el nombre de Ermitaños, y
su misión fue la santificación propia y la ajena por medio de las prácticas del monacato; después, el Papa Alejandro IV, en tiempos de la gran Unión General, 1256, sacó de los desiertos
y eremitorios a los Hijos de San Agustín y les asignó en las Constituciones nuevas que pudieran también vivir en las ciudades para mayor provecho de los fieles; en lo cual se advierte la
gran providencia de Dios que, por medio de sus Vicarios, encauza y gobierna los destinos de
su Iglesia
265
para el desarrollo de la doctrina evangélica, puesto que las Comunidades religiosas reciben
del Sumo Pontífice no sólo lo que tienen, sino lo que son. Surgió, andando los siglos, nuestra
Recolección y participó, desde sus primeros días, de una vida mixta, en que predominaba la
aspiración contemplativa; conservó los caracteres de mendicante, sin desposeerse de la potestad de tener y administrar bienes temporales, como renunciaron otras Reformas; se entregó
principalmente al culto divino, a la salmodia, a la penitencia, a la abstracción de criaturas,
pero sin prescindir de la vida apostólica dentro y fuera de España, como lo demuestran !as
misiones que dio por las montañas de Jaca y por otras partes, así como el ejercicio del púlpito
y confesonario en las ciudades y pueblos, sin renunciar en absoluto a las cátedras y títulos
honoríficos, a la publicación de libros, si bien su ideal era siempre de humildad, como característico y propio.
Así se explica que nuestros edificios se situaran en las afueras y casi en despoblado, para
lograr mejor los supradichos ideales. Por institución y por vocación, los Recoletos deben ser
humildes. Aspirar al boato y a la ostentación, aunque sea con buenos fines, es aspirar ambiente ajeno. Dentro de nuestro Instituto cabe todo, pero santificando con la unión misteriosa del
pusillus grex del Evangelio. Lo cual se vio cumplido perfectamente aun en el detalle de la
ubicación de los edificios de que venimos hablando, pues, habiendo sido erigidos en los suburbios, por espíritu de humildad, fueron llamando hacia sí y atrayendo el ensanche de las
ciudades de forma que hoy son centro de los barrios más concurridos y aristocráticos, y su
mayor hermosura; sirvan de ejemplo el Paseo de Recoletos de Madrid, el Paseo de la Rambla,
Santa Mónica, en Barcelona, la Sevilla elegante y urbanizada que se asoma al Guadalquivir
por la parte del Pópulo, la Valencia industrial y rica que se baña en el Turia por la plaza del
antiguo Murviedro, los enjardinados boulevares de Valladolid hacia Campo Grande, el barrio
de La Candelaria, que, por lo higiénico y tranquilo, contituye el encanto de las viviendas linajudas de Bogotá, el convento de San Sebastián en Manila, que se rodea de edificaciones a la
moderna con primor y gentileza, y otros que omitimos por no alargar la lista de los ejemplos.
Importa también que discurramos con la memoria por el género
266
de vida que nuestros antepasados llevaron en la Península, tan distinto del nuestro. Consagrados casi por entero al esplendor del Oficio divino y del culto en nuestro templos, desarrollábase su vivir muy tranquilo, uniforme, conventual, contemplativo. Lo pedía así el medio ambiente de aquella época cristiana y de acendrado ascetismo y aquella fe robusta de los españoles, tan patriotas como piadosos, tan valientes como sumisos a la voz de Dios, que estimaban
en lo que vale la intervención de lo sobrenatural en el desarrollo de vida humana, sirviéndose
de las Comunidades religiosas para sus relaciones más íntimas con la vida de la gracia, por
medio de la plegaria, de la penitencia y de los méritos de la perfección evangélica atesorados
en los conventos.
Y del altar comían los que servían al altar. Hoy día, que España ha cambiado tanto, no se
comprende la existencia de aquellas numerosas Comunidades sostenidas por la fe y por la
hidalguía de los cristianos; y aun acaso haya espíritus que, además de no saber situarse, por
ignorancia, en el verdadero punto histórico de vista para estudiar aquella época, estén contagiados, por malicia, de lo que se ha llamado americanismo, es decir, de aquella tendencia
condenada por el Papa León XIII, de feliz memoria, que ha medio siglo dominó en Norte
América principalmente, según la cual, la vida activa de las Comunidades es mejor que la
contemplativa; y que la salmodia, la abstracción de criaturas y los varios medios exteriores de
santificación que los grandes místicos enseñaron, deben posponerse, por anticuados y por
inoportunos, a esos otros más conformes al movimiento de las sociedades modernas. No improbemos aquella suerte de vida. Los antiguos conventuales respondían a una necesidad gloriosísima de los tiempos. Hoy, por desgracia, ya que la sociedad ha degenerado de sus principios, tenemos que cambiar de método, pero no osemos manchar, ni con el pensamiento, la
historia pasada; aspiremos a otros rumbos, pero lamentando dejar el primitivo. «¿Es acaso,
escribíamos en una ocasión1, menos útil, menos meritoria o menos santa la meditación de los
frailes y monjas en el convento que el magisterio escolar en los Colegios? ¿Es más
1
Los Aborrecidos, Introd.
267
poderosa el arma del ejecicio de la caridad y beneficencia hacia la humanidad doliente que el
arma de la virtud contemplativa escondida entre los muros cerrados de un convento? El que lo
afirme milita en las filas de la escuela moderna, descreída y mañosa. Todas las Comunidades
son buenas y santas; pero prostituir el nombre de los Regulares para enaltecer el de los Religioso Seculares es un amaño del espíritu de la mentira. Fenecen de hambre esas pobrecitas
almas encerradas en los claustros y se las mira como seres desgraciados, poco útiles y tal vez
innecesarios en la sociedad. ¿Por qué? Porque el liberalismo intenta quitar de sobre la faz de
la tierra la primitiva y más perfecta representación del Evangelio para que, socavada su base,
logre destruir con facilidad lo restante del edificio católico».
Pero, bien; ni aun por este lado tienen ni sombra de inculpación nuestros conventos peninsulares, por cuanto de ellos salió, como el aroma de la flor, como el rayo luminoso del foco, una Provincia eminentemente apostólica, la de San Nicolás de Tolentino, que por las Islas
Filipinas, por Méjico y por el Japón obró milagros de actividad con elogios de propios y extraños; y de los conventos peninsulares partieron también a Colombia individuos que vigorizaron la más humilde de las Provincias, la de la Candelaria, para demostración de que no consiste la victoria en el poder del brazo robusto, sino en la fortaleza que de lo Alto viene.
La flor y nata de la Congregación pasaba a Ultramar, y aquel espíritu conventual de oración, penitencia y sosiego ingeríase en la vida misionera como savia divina, para dar frutos de
una vida nueva tanto más gloriosa cuanto más heroica. Y la Provincia de San Nicolás, al
mismo tiempo que cumplía una misión altísima conocida de todos, ocultaba un designio altísimo también, conocido únicamente de Dios, que lo revelaría en la plenilud de los tiempos.
Dio la Recolección a Dios, a modo de sacrificio, lo mejor de sus Hijos; Dios, empero, al aceptar la ofrenda, guardóla en los arcanos de lo porvenir, para devolvérsela, depurada y riquísima, cuando los hombres intentasen barrer del mundo hasta sus huellas. La Congregación
formó la Provincia, y, en premio, Dios hizo que la Provincia no sólo impidiese la muerte de la
Congregación, sino que esta
268
Congregación surgiera Orden perfecta en el sentido más genuino de la palabra. ¡Así galardona
el cielo los sacrificios!
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
(Continuará)
NECROLOGÍA
En nuestro Colegio de Monteagudo ha fallecido el R. P. Fr. José Lamban del Pilar, victimado por una pulmonía, a los 69 años de edad y 47 de profesión. Párroco celoso, misionero
incansable y conventual ejemplar, había dado pruebas de estas virtudes en varios pueblos de
Filipinas donde sirvió 23 años, en las Misiones del Brasil, principalmente en Belem de Pará
donde trabajó 8 años y últimamente en nuestros Colegios de España1, donde ha puesto digno
remate a su preciosa vida, recibiendo todos los Sacramentos con piadosa devoción y entregando su alma a Dios no sólo con resignación cristiana, sino generosidad de religioso.
R. I. P. A.
TIP. DE SANTA RITA – MONACHIL
1
Catálogo de los Religiosos Agustinos Recoletos, pág. 592.
Año IX
Agosto de 1918
Núm. 98
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
SECCIÓN CANÓNICA
(Continuación)
b) Los mencionados Ordinarios de los lugares podrán, durante cinco años, dispensar de
los impedimentos de grado mayor, públicos u ocultos, aunque sean múltiples, con tal que
sean de derecho eclesiástico (exceptuando los que provienen de orden sagrado y de afinidad
en línea-recta, habiendo sido consumado el matrimonio), así como también de los impedimentos impedientes de mixta religión, si se envió a la Santa Sede la petición de dispensa y sobreviene
270
una necesidad urgente de dispensar mientras se esperaba la respuesta.
Pero al conceder tales dispensas en dichos casos, el Ordinario ha de tener siempre a la vita las reglas establecidas en el Código, lib. III, tit. 7, cap. 2-4, sobre los impedimentos en general y en particular, así como también las clásulas que suelen ponerse en los matrimonios
con los judíos y mahometanos, y no concedan la dispensa sin obtener caución que asegure la
completa observancia de todas ellas, según las prescripciones de los sagrados cánones, y debiendo dejar a salvo los derechos de la Sagrada Congregación de los Sacramentos sobre las
tasas de las dispensas.
c) Los Ordinarios de Francia, de los tres reinos de la Gran Bretaña, de Alemania, de Austria y Polonia, mientras dure la guerra, cuantas veces el recurso de la Santa Sede se prevea
que será difícil e imposible durante un mes, por lo menos, pueden usar las mismas facultades
antes enumeradas en las letras a y b.
Sin que obste nada en contrario.
Por el can. 468, § 2, se faculta, tanto a los párrocos como a cualquiera otro sacerdote que
asista a los enfermos, para darles la bendición apostólica con indulgencia plenaria en el artículo de la muerte, según la fórmula aprobada en los libros litúrgicos.
Antes del Código el Obispo tenía que pedir esta facultad al Papa y le valía para sí y para
poder subdelegar. Una vez obtenida, le valía al Obispo para todo su pontificado en la diócesis
para que la obtuvo, y al sacerdote subdelegado para toda su vida, sin que éste la perdiera, si
no se la revocaba expresamene el que se la dio o su sucesor. Así lo disponía la Const. Pia
Mater de Benedicto XIV (5 de Abril de 1747) Bull. Bened. XIV, vol. 2, p. 129, Romae, 1760.
Además, según el can. 1.304 la bendición de los utensilios sagrados, que, según las leyes
litúrgicas, deben ser bendecidos antes de usarse, pueden darla todos los Obispos (aunque sólo
sean titulares, para cualesquiera iglesias); los Ordinarios de los lugares que carecen de carácter episcopal (Prelados nullius, Vicario capitular, Vicario general), para las iglesias y oratorios
del propio territorio.
Además se otorga dicha facultad directamente a los párrocos para las iglesias y oratorios
del territorio de su parroquia, y a los
271
rectores de las iglesias, para las iglesias que les están confiadas. Todos ellos necesitaban antes
delegación.
Sagrada Penitenciaría Apcstólfca
Sobre la consagración de las familias al Sagrado Corazón de Jesús
El día 19 de Mayo de 1908, Pío X, de santa memoria, a todos los fieles que, empleando
cierta fórmula, consagrasen sus familias al Santísimo Corazón de Jesús, les concedió: 1.º, una
Indulgencia plenaria para el día en que hicieran esta consagración, cumpliendo las condiciones acostumbradas; 2.º, igualmente otra Indulgencia plenaria cada uno de los años subsiguientes, renovando la fórmula de la consagración.
El año 1913 fueron concedias nuevas indulgencias a petición de los Obispos de Chile, los
cuales presentaron al Papa estas preces: «Beatísimo Padre: El Arzobispo de Santiago de Chile
y los demás Prelados Ordinarios de la misma República, postrados a los pies de Vuestra Santidad, humildemente exponen: Hace poco tiempo que con gran fruto de las almas existe en la
República de Chile la piadosa práctica de consagrar las casas al Sagrado Corazón de Jesús, en
esta forma: Avisados con antelación los habitantes de la casa, el día convenido, el párroco u
otro sacerdote bendice la imagen del Santísimo Corazón de Jesús, la cual coloca en el lugar
principal de la casa, hace una breve plática y recita con toda la familia cierta fórmula de reparación y consagración. Si no puede asistir ningún sacerdote, una persona seglar es la que coloca la imagen, bendecida con anticipación, y recita la fórmula. Y, como son muchos los bienes que manan de esta piadosa práctica, todos los mencionados Ordinarios piden a Vuestra
Santidad que se digne enriquecerla con idulgencias para que el fruto se acreciente más. Y
Dios, etc.»
A estas preces se contestó: «Día 24 de Julio de 1913. –Nuestro Santísimo Padre Pío, por
la divina Providencia Papa X, mediante facultades otorgadas al Sr. Cardenal Secretario del
Santo Oficio, se ha dignado conceder benignamene las siguientes indulgencias para las diócesis de la República Chilena: 1.º, de siete años y otras tantas cuarentenas, que podrán lucrar
todos los miembros de la familia,
272
el día en que se introduzca en su propia casa dicha piadosa práctica, si asisten devotamente y
con corazón contrito a dicha mencionada ceremonia; 2.º, Plenaria, si además aquel día, confesados y comulgados, los mismos fieles visitan devotamente alguna iglesia u oratorio público y
allí oran por las inteciones del Romano Pontífice; 3.º, de trescientos días, para todos los
miembros de la familia, que podrán lucrar todos los años el día anivesario de esta iauguración
en su propia casa, si renuevan delante de la imagen el acto de consagración. El presente (rescripto) vale para un decenio, sin que obste nada en contrario. Por mandato del Sr. Cardenal
Secretario, Luis Giambene, Subst. para las Indulgencias».
Estas indulgencias, Su Santidad Benedicto XV, por su epístola de 27 de Abril de 1915,
las extendió benignamente a las familias de todo el mundo (Acta, VII, p. 503-505).
Últimamente la Sagrada Penitenciaría, a quien ahora corresponde toda la materia de indulgencias, ha resuelto contestando a diversas dudas:
1.º Que para lucrar las mencionadas indulgencias es necesario que la colocación de la
imagen y la consagración de la familia se haga, no en común reuniéndose las diversas familias
en la iglesia, aunque sea para mayor solemnidad; sino que debe hacerse siempre todo en cada
casa en particular y esto por un sacerdote (a no ser que no sea posibe la intervención del sacerdote).
2.º Que el juzgar en cada caso si es imposible la asistencia del sacerdote, de modo que
pueda una persona seglar colocar la imagen del Sagrado Corazón, ya antes bendecida, y recitar la fórmula de consagración, corresponde al ordinario del lugar.
3.º Que para ganar las indulgencias es necesario que se emplee la fórmula de consagración prescrita el 19 de Mayo de 19081.
1
Esta fórmula dice así: «Fórmula de la consagración de las familias al Santísimo Corazón de Jesús.
«¡Oh Sacratísimo Corazón de Jesús! Vos manifestasteis a la Beata Margarita María el deseo de reinar sobre las
familias, y he aquí que venimos hoy a proclamar vuestro absoluto dominio sobe la nuestra. Nosotros queremos vivir en adelante la vida vuestra; queremos que en el seno de nuestra familia florezcan las virtudes, a
las cuales Vos prometisteis la paz, queremos apartar lejos de nosotros el espiritu del mundo, al que Vos codenasteis. Vos reinaréis en nuestra mente por la sencillez de nuestra fe en nuestro corazón por el amor de
Vos solo, en que aderá para Vos y cuya llama, conservaremos viva por la frecuente recepción de la divina
Eucaristía. Dignaos, Corazón divino, presidir nuestras reuniones, bendecir nuestros negocios espirituales y
temporales, apartar nuestras molestias, santificar nuestras alegrías, consolarnos en nuestras penas. Y si alguna vez, por desgracia, alguno de nosotros llegara a afligiros, haced que recuerde que Vos, ¡oh Corazón de
Jesus!, estáis lleno de bondad y de misericordia para con el pecador que se arrepiente. Y cuando llegare la
hora de nuetra separación y la muerte siembre el luto en el seno do nuestra familia, todos nosotros nos someteremos a vuestros decretos, tanto los que nos marchemos, como los que nos quedemos. Nuestro consuelo será el pensar que vendrá algún día en que toda nuestra familia reunida en el Cielo podrá cantar vuestra
gloria y vuestros beneficios eternamente. Dígnese el Corazón Inmaculado de María, dígnese el glorioso Patriarca San José ofeceros esta consagración y conservarnos viva la memoria de ella todos los días de nuestra
vida.
¡Viva el Corazón de Jesús, de nuestro Rey y de nuestro Padre!»
273
4.º Que la indulgencia de trescientos días, de que trata el rescripto de 24 de Julio de 1913
puede lucrarse una vez al año, en el día que se elija para renovar el acto de consagración ante
!a imagen del Sagrado Corazón de Jesús, aunque no sea exactamente el mismo día aniversario. Puede, por consiguiente, adelantarse o retrasarse, poco o mucho, según convenga a la
familia, v. gr., para que estén todos reunidos, para mayor solemnidad, etc.
Comisión pontificia para la interpretación del Código
Nuevas repuestas
En la revista de Norte América The Ecclesiastical Review, March, 1918, p. 313, 314, encontramos una doble respuesta dada por la Comisión del Código el 3 de Enero de 1918.
Según dicha doble respuesta: 1.º Los niños que han llegado al uso de la razón, aunque no
tengan siete años cumplidos, están obligados a confesar por lo menos una vez al año y a comulgar una vez al año, a lo menos en tiempo pascual, no obstante que el can. 12 establece que
a las leyes eclesiásticas están sujetos solamente los bautizados, cuando ya han cumplido siete
años, y tienen suficiente uso de razón. Porque el mismo canon añade: a
274
no ser que expresamente se disponga ora cosa en la ley. Ahora bien, los cánones 859, § 1 y
906 expresamente dicen que al precepto de la confesión y comunión están sujetos lodos desde
que llegan al uso de la razón.
2.º El Can. 1.252 tiene ya fuerza obligatoria en todas partes, sin que obsten las leyes peculiares, etc.
La forma de la celebración de matrimonio según el Código Canónico
§I
Ante quién debe contraerse el matrimonio
1. Sólo son válidos los matrimonios que se contraigan: a) ante el párroco o el Ordinario
del lugar, o ante un sacerdote delegado por alguno de los dos, b) y ante dos testigos por lo
menos, c) pero según las reglas que se exponen en los cánones siguientes, d) y salvas las excepciones de que tratan los cánones 1.098 y 1.099 (can. 1.094).
2. Queda, por consguiente, afianzado el principio general del Tridentino y del decreto Ne
temere, es a saber, que para la validez del matrimonio es necesario que se contraiga: a) delante del párroco o del Ordinario, o de un sacerdote delegado por alguno de estos, y b) en presencia de dos testigos, por lo menos.
3. Con lo cual se evitan los inconvenientes que el Tridentino quiso precaver al abolir los
matrimonios clandestinos, pues se conserva la forma trazada por aquel Concilio y confirmada
por el decreto Ne temere, ya que de haberse celebrado el matrimonio pueden dar fe como testigos autorizables el párroco o el Ordinario, o un sacerdote por ellos delegado, y además otros
dos testigos secundarios.
Pero el Código añade que este principio debe entenderse según las reglas que se expondrán en los cánones siguientes, y salvas las excepciones de que tratan los cánones 1.098
y 1.099.
5. En estas reglas y en cada una de estas excepciones, de que
275
trataremos después, se hallan precisamente, como vamos a ver, las trascendentales reformas
que acertadamente establece el Código, confirmando casi en todas sus partes lo que prescribió
el decreto Ne temere, para precaver los grandes inconvenientes que se originaban del cap.
Tametsi.
Por el nombre de Ordinario del lugar se designan en el Código, además del Romano
Pontífice, el Obispo residencial, Abad nullius o Prelado nullius y sus Vicarios Generales, el
Administrador, Vicario, Prefecto Apostólico, así como también los que, faltando éstos, ocupan su lugar en el régimen por disposición del derecho (v. gr., el Vicario Capitular) o por
constituciones aprobadas; cada uno en su territorio respectivo (can. 198, § 1 y 2).
7. Párroco es el sacerdote o la persona moral que, por razón de su cargo, tiene el deber y
el derecho de ejercer en nombre propio, plena e indepedientemente, la cura de almas con respecto a un número determinado de fieles, bajo la autoridad del Ordinario del lugar (can. 451,
§ 1). Están equiparados a los párrocos en todos sus derechos y oblgaciones parroquiales (y en
derecho se les designa con el nombre de párrocos): a) los cuasi-párrocos, o sea, los que rigen
las cuasi-parroquias, b) los vicarios parroquiales, si tienen plena potestad parroqual, como
son ecónomos, regentes, vicarios indepedientes.
8. Parroquia es la pate de la diócesis, con iglesia y pueblo determinado, y a la que se ha
de poner rector peculiar que la gobierne. Cuasi-parroquia es una parte del vicariato apostólico,
prefectura apostólica o misión, con iglesia y pueblo determinado, a la que se ha dado rector
que la gobierne.
9. No tienen el carácter de párrocos los capellanes de las cárceles, hospitales, colegios,
conventos de monjas, etc.
10. Como sobre la calidad de los testigos para el matrimonio nada dispone el Código,
continúa vigente la antigua disciplina, y así basta que tengan uso de razón, sean mayores o
menores de edad, de uno u otro sexo, católicos o no católicos, etc.
No es necesario para la validez del matrmonio que los testigos sean rogados, ni que asistan libremente, ni que sepan escribir.
276
§ II
Condiciones que debe reunir el párroco o el Ordinario
11. Para que el párroco o el Ordinario del lugar asistan válidamente al matrimonio se requiere; a) que hayan tomado canónica posesión de su beneficio, según la norma de los cánones 334, § 3, y 1.444 § 1, o comenzado a ejercer su oficio, b) que por sentencia no hayan sido
excomulgados o entredichos o suspensos de oficio, o declarados como tales (can. 1.095, § 1,
1.º).
12. Según el canon 334, § 3, toman canónica posesión de su diócesis los Obispos residenciales desde e! momento en que, dentro de la misma diócesis, por sí o por medio de procurador, exhiben al Cabildo reunido de la iglesia Catedral las Letras Apostólicas de su nombramiento, estando presente el Secretario del Cabildo o el Cancelario de la Curia, que levantará
la correspondiente acta.
13. El canon 1.444, § 1, establece: 1.º, que la toma de posesión debe hacerse según la
forma prescrita por el derecho peculiar, o por la costumbre; 2.º, que el Ordinario puede dispensar en este rito o forma por causa justa. La dispensa debe ser expresa y darse por escrito,
en el cual caso la dispensa hace las veces de la toma de posesión.
14. No todos los Ordinarios de lugar tienen, como tales, beneficio (v. gr., no lo tiene el
Vicario General, ni el Vicario Capitular, ni los Administradores apostólicos, etc.). Ni tampoco
lo tienen todos los que en derecho vienen significados con la denominación de párrocos, pues
no lo tienen los ecónomos, ni los regentes, ni los llamados coadjutores in capite; por eso el
canon dice: desde que tomaron canónica posesión de su beneficio o comenzaron a ejercer su
oficio. Refiérese, por consiguiente, este último inciso al Vicario General, Vicario Capitular,
ecónomos regentes, etc.
15. La primera parte a) (del n. 12) está conforme enteramente con el decreto Ne temere.
La segunda b) difiere algún tanto.
Según el decreto Ne temere, era necesario que el párroco u Ordinario no estuvieran pública y nominalmente excomulgados, ni pública y nominalmente suspensos ab officio. Que bastara el que estuvieran publica y nominalmente declarados como tales, no lo decía expresamente
el decreto Ne temere, pero se dejaba sobrentender,
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y así lo habíamos interpretado nosotros.
16. Pero además nótese que el Código excluye también a los que están sujetos a entredicho personal por sentencia condenatoria o declaratoria, los cuales no estaban excluidos por el
decreto Ne temere.
17. No quedan excluidos por el Código ni los excomulgados, ni los suspensos, ni los entredichos, aunque sean públicos y notorios, sobre los que no haya recaído sentencia condenatoria ni declatoria. Tampoco los suspensos que no lo sean ab officio, v. gr., si sólo lo son a
divinis, ab ordinibus, a pontificalibus, a beneficio, etc.
18. El no privar at excomulgado, entredicho o suspenso del derecho de asistir válidamente al matrimonio, a no ser que haya recaído contra él sentencia condenatoria o declaratoria,
armoniza muy bien con las otras disposiciones del Código en los can. 2.264, 2.265, 2.275,
2.284, según los cuales los actos prohibidos por la excomunión, entredicho o suspensión no
suelen tenerse por inválidos sino cuando ha recaído sentencia condenatoria o declaratoria.
§ III
Dónde pueden asistir válidaniente
19 Sólo asisten válidamente: a) dentro de los límites de su territorio, b) dentro del cual
asisten válidamente a los matrimonios, tanto de sus súbditos como de los que no lo son (can.
1.095, § 1, 2.º).
20. Coincide exactamente esta prescripción con lo establecido en el decreto Ne temere,
siendo ésta una de las reformas más transcendentales que el decreto introdujo y ahora confirma el Código.
21. Para la validez del matrimonio la ley no puede ser más clara. No es necesario para la
validez del matrimonio, como lo era según el capítulo Tametsi, que el matrimonio se contraiga delante del párroco propio, esto es, de aquel en cuya demarcación parroquial tenga domicilio o cuasidomicilio alguno de los contrayentes, puesto que ha de contraerse delante del
párroco del territorio en que se celebra, aunque ninguno de los contrayentes sea súbdito
278
de dicho párroco, aunque aquel mismo día en que contraen sea el primero de su llegada a la
parroquia, y aunque tengan propósito de marcharse de allí para siempre aquel mismo día, y
allí hayan ido con sola la intención de contraer delante de aquel párroco, cualquiera que sea la
causa que a esto les haya movido.
22. No sólo no es necesario para la validez contraer delante del párroco propio de alguno
de los contrayentes, sino que el matrimonio será nulo aunque se contraiga delante del párroco
de ambos, si no se celebra en el propio territorio del párroco que asiste
23. Para este efecto se consideran territorio del párroco los monasterios, conventos, colegios, etc., enclavados dentro de la demarcación parroquial, aunque sean exentos de la jurisdicción del párroco y aun de la del Obispo.
24. Los vagos, lo mismo que los que no lo son, han de contraer, para la validez, delante
del párroco u Ordinario de la parroquia en que celebran su matrimonio.
25. Queda subsistente después del Código la doctrina de que para la validez del matrimonio no es necesario que el párroco ante quien se contrae lo sea real y legítimamente, sino que
basta que por error común, con o sin título colorado sea tenido por tal.
26. El Código en su can. 209, dice terminantemente que la Iglesia suple la jurisdicción,
tanto en el fuero interno como en el externo, siempre que exista error común o duda positiva
probable, sea ésta de derecho, sea de hecho, sin que exija como fundamento del error o de la
duda el título colorado. Y aunque es verdad que aquí, como diremos luego, no se trata de un
acto estrictamente de jurisdicción, es claro que lo es en sentido lato, y que la mente de la Iglesia es suplir en este caso no menos que en los de jurisdicción estrictamente dicha.
27. Los matrimonios serían válidos aun en el caso de que el reputado por error común
párroco no estuviera bautizado. Ni se opone a esta doctrina el principio de que el no bautizado
es incapaz de jurisdicción eclesiástica, pues, aun concediendo lo que el principio afirma, debe
negarse la consecuencia, puesto que los párrocos al asistir al matrimonio no ejercen acto de
jurisdicción sino que, como dice el Santo Oficio, asisten como testigos calificados y autorizables en cuanto su presencia es necesaria para la validez del matrimonio
279
«tamquam meri testes qualificati, et auctonizabiles».
§ IV
Abrogación de los matrimonios por sorpresa
28. Requiérese también para la validez que el párroco o el Ordinario requiera y reciba el
consentimiento de los contrayentes, sin que a ello sea compelido con violencia o miedo grave
(can. 1.095, § 1, 3.º).
29. No se opone a la validez el que el párroco sea compelido por ruegos importunos, por
dádivas y aun por amenaza de males leves.
Corresponde esta prescripción del Código, con leves diferencias, al § 3.º del art. IV del
decreto Ne temere. En su virtud, el deereto Ne temere abrogó los matrimonios por sorpresa,
abrogación que confirma el Código, todo lo cual constituye una reforma importantísima en
favor de la dignidad del sacramento y del sacerdote.
30. En la disciplina anterior al Ne temere, o sea, antes del 19 de Abril de 1908, llamábanse matrimonios por sorpresa aquellos en que los contrayentes, sin previo aviso, se presentaban delante del párroco, y en su presencia y en la de dos testigos, por lo menos, manifestaban
su consentimiento, sin ser para esto requeridos por el párroco o sacerdote delegado.
Dichos matrimonios eran válidos aunque el párroco sorprendido no oyese las palabras
con que los esposos manifestaban su consentimiento, si esto ocurría porque el párroco no quiso oírlo, v. gr., porque, para no oír, se tapó los oídos.
31. El decreto Ne temere exigía para la validez que el párroco o el Ordinario fueran «invitados o rogados». El Código no exige esto, pero la diferencia es imperceptible, porque la Sagrada Congregación del Concilio en 28 de Marzo de 1908, ad IV, declaró que el ruego o invitación bastaba que fueran implícitos, con tal que el párroco realmente pidiera y recibiera el
consentimiento, sin ser inducido por fuerza o miedo grave.
32. De manera que la invitación, por lo menos implícita, existe siempre que el párroco (u
Ordinario) pide y recibe el consentimiento de los contrayentes. Parece, por lo tanto, que aun
en el caso en que los contrayentes, sin previo aviso, y aun sin preceder amonestaciones,
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se presenten ante el párroco diciéndole que desean casarse inmediatamente, si éste se resuelve
libremente (es decir, sin ser compelido por fuerza o miedo grave), y les pide y recibe el consentimiento, el matrimonio será válido, sin que falte la invitación implícita, que existe en el
mero hecho de decirle que vienen a él porque desean casarse.
§V
Derecho de delegar
A) Quién puede delegar
33. El párroco y el Ordinario del lugar que pueden asistir válidamente al matrimonio
pueden también conceder licencia a otro sacerdote para que dentro de su territorio (del delegante) asista válidamenle al matrimonio (can. 1.095, § 2).
34. Coincide substancialmente esta prescripción con el apartado I del art. VI del decreto
Ne temere.
35. Tanto este decreto como el Código confirman la facultad de delegar otorgada por el
Tridentino, delegación que ahora, como antes, sólo puede concederse a quien sea sacerdote.
36. Tanto en la disciplina del Tridentino como en la de Ne temere y del Código, la facultad de delegar compete al párroco o al Ordinario que puede asistir válídamente, pero, según el
Tridentino, el que asistía válidamente era el párroco o el Ordinario propio de alguno de los
contrayentes; según el decreto Ne temere y el Código, no es el párroco u Ordinario propio de
los contrayentes, sino el del territorio en que el matrimonio se celebra, como antes se ha dicho, nn. 21, 22.
B) A quién y cómo se ha-de conceder dicha licencia
31 Esta licencia para que sea válida se debe conceder a) expresamente, b) a un sacerdote
determinado y cierto, c) para un matrimonio determinado, quedando excluidas cualesquiera
delegaciones generales, a no ser que se trate de los vicarios cooperadores para la parroquia a
que están adictos (can. 1.096, § 1).
38. Por consiguiente, la delegación tácita, que era válida en la
281
disciplina Tridentina y en la del decreto Ne temere, después del Código es nula.
39 También sería nula, tanto en virtud del Código como del decreto Ne temere, si se autorizase a los contrayentes para celebrar su matrimonio ante el sacerdote que quisieran escoger,
pues el delegado no sería un sacerdote cierto y determinado, sino uno indeterminado. Según el
Tridentino, hubiera sido válida.
40. La delegación puede hacerse, v. gr., al párroco de tal parte, al coadjutor de N., al capellán de B., etc. No parece necesario que se deba delegar con el nombre propio y determinado.
No es necesario para la validez que se dé por escrito, aunque sería mucho mejor, y generalmente será ilícito el no darla por escrito.
41. Igualmente es inválida si no se da para un matrimonio determinado, v. gr., si se concediera por el Ordinario al capellán de un santuario de su diócesis por si acaso se le presenta
alguno que quiera contraer.
42. Las delegaciones generales, v. gr., para todos los matrimonios que en la parroquia se
celebren dentro de la semana, o del mes, solamente será válida si se concede al que sea coadjutor de la misma parroquia, no si se concede a otro, v. gr.. a alguno de los beneficiados que
no sea coadjutor, tanto si el coadjutor desempeña sus funciones en alguna iglesia filial, como
si lo hace en la iglesia misma parroquial.
Toda esta última parte c) es disciplina nueva, introducida por el Código.
43. Al sacerdote determinado y cierto a quien se le conceda la licencia de asistir a un matrimonio determinado, se le puede facultar también, pues antes se podía, y en esto no ha cambiado la disciplina, para que él delegue esta facultad de asistir en otro sacerdote, con tal que lo
haga de un modo determinado y cierto, es decir, que él a su vez faculte a un sacerdote determinado y cierto, para un matrimonio determinado.
La delegación parece que será válida lo mismo que antes, aunque se obtenga por violencia, fraude o miedo grave, con tal que el delegado pida y reciba libremente el consentimiento
de los contrayentes.
44. El párroco o el Ordinario del lugar no deben conceder esta
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licencia o delegación sino después de haber cumplido todos los requisitos que exige el derecho como necesarios para comprobar la libertad de estado de los contrayentes (can. 1.096, §
2).
45. Este extremo no estaba expreso en el decreto Ne temere, pero lo exige la naturaleza
de la licencia; pues así como el párroco no puede asistir sino después de comprobada la libertad de estado, así no podrá autorizar a otro para que éste asista antes de estar terminado el
expediente. Claro está que esta prescripción de suyo se refiere a la licitud, no a la validez.
§ VI
Condiciones para que el Ordinario o el párroco puedan
asistir lícitamente al matrimonio
46. El párroco o el Ordinario del lugar asistirán lícitamente a los matrimonios: a) si les
consta legítimamente de la libertad de estado de los contrayentes, según los trámites del derecho; b) si les consta de que tienen domicilio o cuasi-domicilio, o conmoración menstrua, o,
tratándose de vagos, conmoración actual de alguno de los contrayentes en el lugar en que se
celebra el matrimonio; c) o,
Esta prescripción a está tomada a la letra del decreto Ne temere.
Substancialmente se funda en el mismo decreto la prescripción b; sólo advertiremos que
allí no se mencionaba el cuasi-domicilio, y en el Código sí.
48. El decreto Ne temere quitó todo valor jurídico al cuasi-domicilio en orden al matrimonio, de modo que ni se requería para contraer lícitamente, ni de suyo bastaba. Véanse las
declaraciones de la Sagrada Congregación del Concilio de 8 de Marzo de 1908 y de la de Sacramentos de 12 de Marzo de 1910.
49. La razón fue porque en la antigua disciplina del cap. Tametsi, el cuasi-domicilio había
dado lugar a muchas cuestiones sobre la validez o nulidad de los matrimonios, y a que muchos de éstos resultaran nulos, lo que originó grande aversión al valor jurídico del cuasidomicilio.
50. El Código se lo ha restituido por dos razones, principalmente. La primera es porque,
no siendo necesario ya sino para la licitud,
283
no pareció bien quedara enteramente abrogado el cuasi-domicilio en orden al matrimonio, ya
que su institución es tan antigua en derecho, y necesariamente se ha de conservar para otros
efectos jurídicos; la segunda, porque el Código ha cambiado en parte el carácter del cuasidomicilio, pues para él ya no se requiere necesariamente, como se requería antes del Código,
la intención de habitar en una parroquia determinada durante la mayor parte del año, sin que
bastara habitar de hecho todo ese tiempo o más; hoy, según el Código, para adquirir el cuasidomicilio desde el primer día, tal intención es suficiente, pero se adquiere también sin ella el
cuasi-domicilio por el mero hecho de habitar realmente durante un mes en una parroquia determinada; de modo que viene a confundirse con la habitación menstrua, y le lleva la ventaja
de que, si existe la intención mencionada, se adquiere desde el primer día en que uno habite
en la parroquia respectiva, sin que sea menester esperar un mes.
51. Además, antes el domicilio y el cuasi-domicilio sólo se podían adquirir en una parroquia determinada, y, mediante esto, se adquiría en la diócesis. Ahora pueden adquirirse en la
parroquia (y se llama parroquial) o en la diócesis (y se denomina diocesano). En el primer
caso, tiene párroco y Ordinario propio. En el segundo, tiene Ordinario propio, al que lo es del
lugar en que actualmente habita.
52. Sobre la habitación de un mes, escribíamos en la edc. 6.ª de Esponsales, n. 246, nota:
«Según unos autores, el mes ha de ser de treinta días; otros suponen que basta que sea según
el calendario; y así, empezando la conmoración en Febrero, bastarán veintiocho días en los
años no bisiestos. Tampoco consta claramente si basta que el último día sea empezado para
tenerlo por completo. Hoy todas estas opiniones son probables; pero creemos que prevalecerá
la opinión que enseña que el mes ha de ser según el calendario, y el último día ha fe ser completo».
(Continuará)
NUESTRO SALUDO
El día 16 de Junio próximo pasado llegó sin novedad a
España Nuestro M. R. P. Provincial Fray Eugenio Sola del
Carmen.
Salió de Manila con rumbo a la madre patria el 23 de Noviembre del año anterior; pero las circunstancias anormales
de la guerra actual le obligaron a atravesar el mar Pacífico,
los Estados Unidos de América del Norte y detenerse en Venezuela, donde ha visitado a todos nuestros Religiosos así
como a los de la isla de Trinidad.
Esperado con ansiedad por todos los Religiosos de España, al verlo llegar con buena salud, nos es a todos gratísimo
cumplir con el deber de amor filial de darle nuestra más cariñosa bienvenida y enviarle nuestro más cordial saludo, deseándole que Dios Nuestro Señor le siga protegiendo y le haga
gratísima su estancia entre nosotros.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
SECCIÓN OFICIAL
1
Circular de N. P. Provincial a los Religiosos de la Vicaría de Venezuela
A mis amados PP. de esta Vicaría.
¡Tan bueno es Dios, que hasta de los mismos males, como dice N. G. P. San Agustín, se
sirve para producir bienes!
Esto es lo que actualmente me sucede a mí, amados Padres de esta Vicaría de Venezuela.
Instado repetidas veces a que fuera a España, y no habiendo una ruta más segura en las actuales y tristísimas circunstancias que la vía del Pacífico, a ella me he atenido, para poder ir a
España, y al mismo tiempo tener la satisfacción de saludarlos y abrazarlos a todos al cumplir
con el deber que me imponen nuestras Sagradas Leyes de hacer personalmente la Visita a
todos los Religiosos y Residencias.
A Dios gracias, ambos deberes y obligaciones tengo hoy satisfechos, si bien me queda la
pena de no haber podido ver y
1
Por no haber llegado a tiempo la presente Circular se coloca en este lugar en vez del que le corresponde.
286
abrazar, como deseaba, por circunstancias especiales a tres de mis hermanos que no ha sido
posible el verlos. A los demás, a todos he tenido la gran satisfacción de verlos, saludarlos y
escuchar de sus labios las luchas y peleas que tienen que soportar por una parte; y por otra, la
satisfacción y contento que experimentan sus almas con las victorias, que a cada momento
consiguen con la ayuda divina, fuente inagotable de dichas y satisfacciones. A todos he visto
revestidos de un santo celo y llenos de un espíritu de fervor por la salvación de las almas: celo
y fervor que se exteriorizan en los trabajos y ocupaciones que a todas horas tienen que soportar ya en la asistencia a los enfermos, en el catecismo continuo a los niños, en la administración diaria de los Santos Sacramentos y en las variadas funciones de la Iglesia.
Bien me ha parecido todo esto, mis amados PP., y mejor todavía si cabe, el cuidado de
nuestro buen nombre, mirando todos por el honor de nuestro santo hábito y por el mejor cumplimiento de las prescripciones ordenadas para esta Vicaría.
La oración mental, oficio divino y santo Rosario en común he visto con alegría de mi corazón que se practica en la forma que está mandado: de manera que sólo tengo motivos para
alabar a Dios, y darle gracias, por haber tenido el consuelo de haberlos visitado y acompañado
en Ian santas obras.
Permítanme que a todos, y a cada uno en particular, agradezca las atenciones y cuidados
que se han esmerado en prodigarme, y que agradezco de lo íntimo del corazón y que no olvidaré jamás. No cito nombres, porque a todos los que he visitado tendría que anotar, desde el
digno P. Vicario, hasta el último religioso de esta Vicaría, que me han dado pruebas de ser
dignos Hermanos, de los demás Religiosos, de esta nuestra
287
apostólica Provincia de S. Nicolús de Tolenlino, que en el extremo Oriente también trabajan
por la gloria de Dios y honor de nuestro santo habito. ¡Gloria sea dada a Dios por todo!
No satisfaría a mi obligación de Padre y Prelado, si no tornase pie de las breves líneas
que anteceden, para animarlos y moverlos a trabajar cada día con más ahínco y mayor fervor,
no sólo en la santificación de las almas que Dios les ha confiado y encomendado, sino en la
propia santificación: acuérdense, PP. muy amados, del gran temor del apóstol de las gentes ne
forte cum aliis praedicaverim ipse reprobus efficiar (1 Cor. cap. 9, v. 27). Sí, debemos trabajar sin descanso por las almas redimidas por la sangre preciosa del Hombre-Dios, pero no
debemos olvidar, ni menos abandonar, la que más nos interesa, nuestra propia alma: un santo
egoísmo debe dirigir todas nuestras acciones para nuestra propia santificación: encender en
nuestros corazones un santo fervor, para que no desaparezca de ellos el fuego de la verdadera
caridad, y así nos será más fácil trabajar en la santificación de los demás. Seamos lo que debemos ser, buenos y perfectos religiosos y tenemos muchísimo adelantado para ayudar y dirigir las almas que Dios nos ha confiado. Y a la verdad: ¿a quién no atrae un religioso pobre y
desprendido, que adorna todas sus acciones con el aroma de la castidad y que, afable y complaciente con todos, está pronto a sacrificarse por todos para ganarlos a todos? Seamos, repito,
lo que debemos ser, lo que un día prometimos al pie de los altares, sin distingos, sin excepciones; con la misma sencillez que entonces lo hicimos, y ¡qué paz y sosiego más grande, aun
en medio de las mayores contrariedades, gozará nuestro corazón! Esta paz y sosiego son las
que deseo de todas veras y pido a Nuestro Señor de lo íntimo de mi corazón para todos mis
Hermanos y en especial para todos los que dejo en esta Vicaría.
288
No seamos mezquinos ni tacaños para con nuestro buen Dios, que no le podremos alcanzar en generosidad y grandeza; y al menor sacrificio que por Él hagamos, ya está pronto dispuesto para satisfacer con creces a la nada que por Él hicimos. Sea, mis amados PP., la prudencia, la compañera inseparable de todas nuestras acciones y la que modere todas ellas; no
nos dejemos arrastrar de un falso celo, profiriendo quejas y lamentos, olvidándonos que no
vivimos entre ángeles, sino entre hombres volubles sujetos por tanto a continuas mudanzas: y
si a nosotros, para no caer, nos es necesaria la asistencia divina y una continua mortificación y
vigilancia, al ver lo que sucede en nostros mismos, sepamos compadecer al desgraciado que
cae, y ni directa ni indirectamente tomemos en nuestros labios, en pláticas ni sermones, ni en
ningún sitio público, no sólo el nombre de esas personas que han caído y que tanto han afectado a nuestro corazón, pero ni siquiera ninguna circunstancia personal por la cual se pueda
venir en conocimiento de tales personas. Prudencia, prudencia y mucha caridad para con todos.
Como saben, mis armados PP., me ha tocado pasar en esta Vicaría el tiempo santo de
cuaresma y no he de ocultarles que con sorpresa he visto algún descuido en el cumplimiento
de muchas de las prescripciones litúrgicas. No quiero descender a detalles porque me hago
cargo de todo y casi sé lo que me han de responder: pero vamos a un caso práctico. Saben que
durante ese santo tiempo, excepto la dominica cuarta y en las fiestas de santos que en ella se
celebran, se prohíbe en los altares el uso de adornos y flores; de manera que en todas las demás dominicas y días feriales, está vedado tal uso por las rúbricas. Pues bien, en todas las
iglesias, no recuerdo de las de la Isla de Trinidad, en que he entrado, excepto en
289
una, en todas se quebranta tal prescripción. ¿No podrían, Padres míos, con un poco de prudencia y precediendo la instrucción debida poner en práctica tal precepto?
Más grave que todo esto es la celebración de la Semana Santa… Me hago cargo de que
todo sucede a ciencia y paciencia de las Autoridades Eclesiásticas y viendo y considerando las
circunstancias que en nosotros concurren de Frailes y Españoles, no me atrevo a mandarles
rompan sin miramiento alguno con tales costumbres. ¡Pero qué bien tan grande harían, si contando con elementos más necesarios, celebrasen las funciones sagradas de esos días tan santos
con la gravedad y mesura que ordena Nuestra Santa Madre Iglesia! ¡Que llegue cuanto antes
la hora en la que las órdenes litúrgicas de Roma, no sean letra muerta, sino que se observen
con la misma fidelidad y cuidado que se guardan las demás leyes! Entre tanto, haga cada uno
lo que su prudencia y celo le aconsejaren, porque desaparezcan tales costumbres y porque de
una manera suave y casi insensible se introduzcan las legítimas ordenadas por la Autoridad de
la Santa Iglesia. No nos olvidemos que somos Ministros de esta Santa Iglesia e Hijos de aquel
Gran Padre que tanto respeto tuvo a los preceptos de Roma.
Sabido es de todos, mis amados PP., la obligación estricta que nos urge al cumplimiento
de nuestras Santas Regla y Constituciones donde quiera que la obediencia nos coloque, siempre que su observancia sea compatible con las circunstancias en que nos hallemos.
Todos sus preceptos y mandatos nos obligan a su observancia, pero uno de los preceptos
que con más insistencia se manda tanto en nuestra Santa Regla como en nuestras Sagradas
Constituciones es el de la mortificación y ayuno. Bien claras son las palabras de N. G. P. en
su Regla n.º III. Carnem vestram
290
domate jejuniis, et abstinentia escæ et potus, quantum valetudo permittit. Y lo que ordenan
las nuevas Constituciones en el n.º 336, así que me creo en el deber de recordarles tales obligaciones para el mejor cumplimiento de ellas.
No es que quiera echar por tierra lo que tan sabiamente ordena y dispone el Reglamento
compuesto para estas regiones, no; sino que apoyándome en el espíritu de nuestras Leyes y
vistas las circunstancias todas de las Casas principales de esta Vicaría, como son; Caracas,
Maracaibo, Puerto Cabello y La Guaira, en las cuales fácilmente se puede observar el ayuno
del viernes, venimos en mandar y de hecho mandamos que se observe el ayuno todos los
viernes del año en las citadas Casas, con las limitaciones que disponen nuestras Leyes quedando lo preceptuado en el Reglamento para los otros ayunos y para los otros Ministerios y
Casas.
Quedan, sin embargo, facultados los superiores de las Casas arriba citadas, para dispensar
el ayuno, aunque sea viernes, en algún caso extraordinario, como excesivo trabajo, por ejemplo, u otra causa justiciada, conforme lo dispone el mencionado Reglamento.
Estas son, mis amados PP., las advertencias y mandatos, que, antes de darles mi adiós y
despedirme de todos para proseguir mi viaje, les dejo como fruto de la Santa Visita.
Obsérvenlas con toda escrupulosidad y guárdenlas en la forma y modo que se manda, para que cada día progresemos más y más en la virtud y nos acerquemos más a Dios. A Él servimos y Él recompensará nuestras buenas obras. No lo perdamos de vista, ni lo olvidemos,
para que sea nuestro Consuelo en todas nuestras penas y tristezas en los días de peregrinación
que nos restan por este destierro y después sea Él nuestra Corona y Gloria por toda la eternidad.
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Circúlese, léanla todos los Religiosos, cópiese en el libro correspondiente y vuelva obedecida, como de costumbre, al P. Vicario que reside en Caracas.
La Guaira 19 de Mayo de 1918.
FR. EUGENIO SOLA DEL CARMEN
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
INTRODUCCIÓN
AL TOMO V DE LAS
CRÓNICAS
(Continuación)
Otro punto digno de estudio: la fundación y desarrollo de la Provincia de Nuestra Señora
de la Candelaria. Hay un contraste muy notable entre ésta y la de San Nicolás. Siendo entrambas hermanas y ultramarinas, ¿en qué consiste la diferencia en cuanto al grado de prosperidad material y número de individuos que alcanzaron? ¿Qué causas mediaron? Prescindiendo
de la acción sobrenatural que influye con providencial influjo en todas las cosas, examinemos
y penetremos las concausas del distinto desenvolvimiento que lograron ambas Provincias. Los
Recoletos americanos, en primer lugar, provinieron de sí mismos, es decir, el movimiento de
Reforma verificado en Colombia, en el seno de la Provincia de Nuestra Señora de Gracia, dio
por resultado la Fundación de algunos conventos descalzos, cuyo origen y primer foco residió
en El Desierto de la Candelaria, no como derivación del movimiento iniciado en la Provincia
de Castilla, sino del primitivo llevado a cabo en Portugal por el V. Padre Tomé de Jesús; de
manera que, aunque la Recolección no hubiera retoñado en Castilla, hubiera aparecido en
aquella región de la América Española. Fue el V. P. Fr. Mateo Delgado de los Ángeles quien,
meditando los ensayos hechos en Portugal, logró, el año 1602, en unión del V. P. Provincial
Fr. Vicente Mallol y otros muy doctos y devotos religiosos, establecer en El Desierto una vida
muy
293
austera al tenor de la primitiva obediencia agustiniana, si bien muy pronto, como tuviesen
conocimiento aquellos venerables Padres de que en la Península se dilataba fecunda y muy
santa la Recolección, pidieron las Constituciones dadas por Fr. Luis de León y las aceptaron y
cumplieron como propias. Pero sucedió que aquella naciente y tierna Familia Recoleta sufrió
de parte de la Provincia de Gracia tanto o más que lo que padeció la Recolección en Castilla
por idénticas causas y muy parecidos procedimientos, y, por consiguiente, hubo de luchar
mucho, no sólo por aumentar el número de conventos, sino que aun los jóvenes, que iban casi
todos de España recién ordenados de sacerdotes y luego al punto poníanse al servicio de los
ministerios, al contrario de la Candelaria, que tuvo que comenzar por hacer edificios y gastar
tiempo y dinero en disponer a los sacerdotes, cuyo número a duras penas bastaba para atender
a la marcha de las mismas casas de educación, sin poder disponer de personal para enviarlo a
ensanchar el radio de las pobres misiones adquiridas, y mucho menos para encargarse de nuevas. Y para atender a los colegios ¿de qué bienes temporales disponían las casas de Colombia? De las limosnas que podían venir de la piedad de medio millón de almas distribuidas en
muchísima mayor extensión territorial que la que tiene España:
Cierto es que, haciendo un esfuerzo grande sacó de Cartagena tres Religiosos que se encargaron de las misiones del Darién y Uraba, pero ya sabemos que los tres primeros fueron
sacrificados gloriosamente con el martirio. Después ensayó la provincia otras misiones en
Casanare, pero el Estado colonial no ayudó con subvención, limosna o sueldo, y además Casanare tiene seis millones de hectáreas de territorio y, si hoy está habitado por 14.000 habitantes, entre salvajes y civilizados, apenas 7.000 almas tendría entonces. ¿Qué desarrollo moral
ni material cabe en una empresa que descansa en bases tan menguadas y bravías?
Y ¿por qué no pasaban de España misioneros a los conventos de Tierra Firme? Conjeturamos que entre otras razones, porque el Gobierno español, comprendiendo que en Filipinas
el elemento misionero equivalía a un ejército y a una fuerza de expansión colonial muy grande, con los cuales estaban garantidas la seguridad y prosperidad del archipiélago, costeaba
muy de grado los gastos de viaje
294
de las misiones, y en los ministerios se les retribuía siquiera fuese muy módicamente a los
religiosos; mientras que la inmigración seglar la encauzaba hacia Sur América, y después a
Cuba y Puerto Rico, siendo esta la explicación del por qué existe tanta sangre española en el
Nuevo Mundo y en Filipinas casi nada. La apertura del canal de Suez facilitó la emigración a
Filipinas, pero los Gobiernos siguieron encauzándola hacia las Antillas, que estaban cerca.
Ahora bien, careciendo la Provincia de la Candelaria de individuos, de ambiente y de dinero para conducirlos de España, explícase con facilidad que no se afiliasen a ella ni por
cuenta propia ni del Estado, y así, aquellos conventos llevaban vida tan lánguida, que es obra
milagrosa de la Providencia el que pudiesen subsistir en América por tres siglos unas comunidades entregadas a su propia suerte.
Para remediar, en parte, tan lastimera situación, hubieron de imitar a la Provincia hermana en establecer haciendas, pero no olvidemos que las haciendas de Filipinas datan de mediados del siglo XVIII (1719); por lo cual, afirma el P. Fr. Fidel de Blas de la Asunción1, «como
en los dos primeros siglos de nuestra permanencia en Filipinas los gastos se reducían a la conservación de nuestros conventos y manutención de los pocos religiosos que en ellos vivían, ya
que los empleados en la cura de almas comían de su trabajo en el Ministerio; en España, por
otra parta, no teníamos casas a que atender y el católico Gobierno se encargaba de pagar los
viajes de los misioneros que se alistaban para Filipinas, nuestra Provincia de San Nicolás de
Tolentino llegó a formar en el territorio de Cavite-viejo, Imus y Bacoor una Estancia de considerables proporciones, y nuestro convento de Manila, a la vez, otra contigua en terrenos de
Munting-lupa y San Pedro de Tunazán, aunque menos importante que la primera. En todo el
tiempo referido producían
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Labor evangélica de los Padres Agustinos Recoletos en las Islas Filipinas expuesta en cuadros estadísticos de
la Provincia de San Nicolás de Tolentino, por el M. R. P. ex Provincial Fr. Fidel de Blas de la Asunción.
Segunda edición, corregida y aumentada, del «Estado general de dicha Provincia», escrito por el mismo e
impreso en Manila el año 1882 por mandato y con la aprobación de sus Superiores. Zaragoza. Establecimiento tipográfico de Pedro Carra, Plaza del Pilar, Pasaje; números 14, 15 y 16. 1910. Página 54.
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muy poco las tales fincas, porque eran terrenos a roturar y apenas había en ellos brazos hábiles que se dedicasen a su cultivo; pero no siéndonos s producto de gran neesidad, comoemos
dcho, todo cuanto de ellas se sacaba lo empleábamos en mejorarlas, haciendo grandes presas
en los barrancos para el depósibo de aguas y largos túneles y canales para el riego».
Ahora bien; los Recoletos de América imitaron a los de Filipinas pero, como se ve, las
circunstancias eran muy distintas, y además las pequeñas haciendas fundadas por aquellos se
soliviantaron grandemente con la guerra de la independencia americana y se arruinaron del
todo, como confiscadas por el Gobierno a mediados del siglo XIX con el triunfo violento del
liberalismo; y por consiguiente, en vista de ello, bien pudo exclamar aquella Provincia como
el Profeta1: Misericordiae Domini quia non sumus consumpti.
Examinados los miembros integrantes de la Congregación en su parte vital y analizados
los valores constitutivos de las Provincias de Indias y sus relaciones recíprocas, salta a la vista
que su historia está formada por una mezcla de ascetismo y de apostolado activo en que predomina lo primero. Y así debe ser ora por fuero de la misma institución, que es recoleta, ora
también porque en el número de los miembros integrantes sobrepujan los conventuales a los
otros, y por lo mismo se comprende que esta historia se reduzca a recontar y biografiar individuos aventajados, más por su virtud que por sus letras, celo apostólico, literatura y ciencias,
o actuación docente en los colegios seculares; ocupaciones estas no excluidas ni menos prohibidas por nuestras leyes, pero tampoco recomendadas con entusiasmo porque no eran partes
del programa de nuestra vida reformada. Por eso son tanto más dignas de alabanza y llenas de
merecimiento las empresas recoletanas en el campo de las misiones y en el estudio de las letras, cuanto más espontáneas de supererogación y más reveladoras de su espíritu, que se manifiesta múltiple, fecundo y como rebosante de celo por la gloria de Dios, a cuyo servicio consagran todo su ser individual y colectivo.
Así, pues, afear a nuestros antiguos Cronistas el que nos den en sus libros, de preferencia,
biografías de varones contemplativos,
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Thren. III, 22.
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austeros, penitentes, en una palabra, santos, y que hablen poco de otras manifestaciones de la
personalidad humana en relación con las ciencias y con la vida social, es pedir inconsecuencias, trastrocar los tiempos, confundir el espíritu de las leyes constitucionales y no meditar en
el desarrollo de los ideales que las colectividades religiosas van sufriendo en contacto con la
sociedad y bajo la próvida bendición de la Iglesia, depositaria de los designios de nuestro Señor Jesucristo. Queden para otras historias y para otras Religiones los triunfos en las Universidades y Colegios, el brillante apostolado por las ciudades, las grandes conquistas civilizadoras por las cinco partes del mundo, los infolios teológicos y científicos en que se condensa el
saber humano, pero los Cronistas de la Recolección no debían ni podían elaborar sus obras
sino con retratos y ejemplos de religiosos conventuales y eminentemente consagrados a la
santificación por las vías de la piedad, la oración y el sacrificio personal en bien propio y de
las almas. Los que escriban nuestra historia de los siglos XIX y XX tendrán otros materiales y
otros tiempos, pero los de los siglos XVII y XVIII aprovechan la materia que tenían a las manos.
Pero como la independencia de criterio sea buena, y así como no parece justo que exijamos a los antiguos tales cosas, tenemos en cambio, derecho, eso sí, a analizar los procedimientos de ejecución que emplearon, y a rectificar lo que nos pareciere inaceptable. Nuestra
Historia está escrita por años y con rigor cronológico, de manera que mejor que Crónicas merece el nombre de Anales; tal método nos parece útil y acaso el único practicable entre nosotros; el geográfico, el étnico o los otros adoptados según la índole, la extensión y la intensidad
de los sucesos, no cabe sin grandes dificultades y sin menoscabo de la misma historia. Lo que
nosotros, según nuestro muy falible entender particular, reputamos deficiente y digno de reparos, es el criterio que guió sa plumas al relatar las fundaciones de los conventos, el establecimiento y progreso de las empresas misionistas y la vida de los religiosos; aunque más bien era
defecto de los tiempos. Con sólo ver las portadas de los cuatro volúmenes, en que se declara
la fecha de su publicación, y las décadas que cada uno contiene, se vendrá en conocimiento
de que la historia de las fundaciones de las casas no se detalló porque entraba
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en los marcos prefijados por los Cronistas. Concrétanse a decir en qué año se erigió y quién
fue el iniciador del nuevo convento, omitiendo las diligencias hechas para el establecimiento
del mismo, el curso del desarrollo del edificio material y moral, las causas de su mayor o menor alcance, etc., etc., excepto si interviene alguna causa, al parecer milagrosa, que entonces
cabe la particularización con lujo de detalles. Dígase lo propio relativamente al curso de nuestras misiones en América y Filipinas. Es de notar que unos a otros se corrigen y amplían en la
parte biográfica; mas, tratándose de otros asuntos, nada añaden los continuadores de la Historia. ¿Sería que carecían de datos? Entendemos que no. Así como no carecían de los primeros
elementos, disponía nde los segundos. Vamos a reproducir unas notas pertenecientes a varias
casas, en comprobación de nuestro aserto, y también para que sirvan de acicate y estímulo de
búsquedas e investigaciones ulteriores. En primer lugar ponemos algunos de los materiales
que todavía se conservan en el archivo de la Delegación de Hacienda de Barcelona:
«57. Libro del convento de Agustinos Descalzos de Santa Mónica.
58. Libro de íntimos y luiciones de censales del convento de Santa Mónica.
59. Libro de recibos del convento de Santa Mónica.
60. Libro de recibo de la administración de las misas de Dña. Maximiliano de Broclot y
otras, Agust. Recoletos.
61. Libro de colectoría de misas y descargo, encomendadas a los Agustinos Recoletos
de Santa Mónica. 1808
62. Libro de recibo de misas, tomo I. (Agust. Recolet. de Santa Mónica.
67. Libro de fundaciones de misas y obras pías del convento de Agust. Recolet. de Santa Mónica.
105. Libro de entradas y salidas desde 1620 (Recoletos).
130. Llevador de la Renta del convento de N. Me. Santa Mónica. 1650.
135. Llevador de las rentas del convento de Santa Mónica hecho en 18 de Agosto
de1689.
137. Libro de los religiosos que han muerto en este convento de Sta. Mónica de Barcelona.
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145. Noticia de los novicios que tomaron el hábito en el convento de Sta. Mónica. Comenzóse en 1735.
150. Llevador o Lumen domus del convento de Sta. Mónica, 1754, siendo Prior el V. P.
Fr. Miguel de la Vir. del Carmen.
154. Libro de recibo del convento de Sta. Mónica, 1788.
155. Libro de consultas del convento de Sta. Mónica, 1784.
156. Libro de informaciones. Tomo II, 1670-1719 (Agust. Recolt.)
157. Id. de Id. Tomo. III 1720-1729.
158. Id. de Id. Tomo. IV 1730-1739.
159. Id. de Id. Tomo. V 1740-1759.
160. Id. de Id. Tomo. VI 1760-1767.
161. Adquisiciones o fundaciones. Tomo 4.º Colección importante de escrituras auténticas.
162. Adquisiciones… Tom. 6.º Id. de Id.
163. Adquisiciones… Tom. 7.º Id. de Id.
164. Libro de recibo del convento de Sta. Mónica, comenzado en 27 de Febrero de 1761,
siendo Prior el P. Lec. Jub. Fr. Manuel de Sto. Tomás de Villanueva.
165. Libro de misas fundadas en este convento de Sta. Mónica, año 1719, con notas de
algunas fundaciones.
166. Cosas del convento de Sta. Mónica. Llevador de gastos y recibos.
167. Libro del estado de este convento de Agustinos Descalzos de Sta. Mónica. Comenzóse en 20 de Marzo de 1634. Por otro nombre Lucero.
168. Libro de misas del convento de Sta. Mónica desde 1.º de Mayo de 1768.
169. Copia del libro del estado del convento de Sta. Mónica de Barcelona, 1758.
170. Libro de misas cantadas y rezadas del convento de Santa Mónica, 1763.
172. Libro de recibos de los males y cargas que paga este convento de Sta. Mónica en
cada año, 1696».
Esta es la lista de los documentos relacionados con el convento del Campillo que se
guardaban en nuestro archivo general, y hoy se consideran perdidos para siempre, conviene a
saber:
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«1. Dos poderes que dió la vllla para solicitar la fundación de nuesro convento.
2. Escritura de cesión que hizo este convento de mil reales vellón, de que había hecho
donativo la Cofradía de la Sangre de Cristo.
3. Escritura de obligación que hizo el Definitorio General a favor de este convento, si
saliese fallida parte de la congrua.
4. Breve de Inocencio XI que declara no oponerse la fundación de este convento a las
Letras dadas en favor de los religiosos franciscanos.
5. Escritura de capitulaciones, aprobación del rey y licencia o provisión para fundar
este convento.
6. Licencia del Ordinario; carta del Provisor; posesión de la Ermita, alhajas y hacienda
que tenía y circunstancias que concurrieron.
7. Provision real para que la villa del Campillo pague treinta ducados del presupuesto
de la Cuaresma.
8. Mandato del Nuncio contra D. Antonio de Peralta, Cura de esta villa, para que no
pueda encomendar sermón alguno a predicador de otra religión.
9. Licencia del Sr. Obispo de Cuenca para tener oratorio en la haciend de Matallana».
FR. P. FABO DEL C. de María
(Continuará)
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CELEBRACIÓN DEL CAPÍTULO
EN LA
PROVINCIA DE LA CANDELARIA
He aquí a título de información los nombramientos nuevos:
P. Fr. Edmundo Goñi de la V. de Jerusalén, Provincial.
Fr. Marcelino Ganuza de la V. de Jerualén, Definidor.
Fr. Euebio Larraínzar de la V. del Puy, Definidor.
Fr. Rufino Pérez de San José, Definidor.
Fr. Luciano Ganuza de la V. de Jerusalén, Definidor.
Fr. Pablo Alegría de San José, Vicario Provincial de Casanare.
Fr. Tomás Martínez de la V. del Romero, Vicario Provincial de la Costa del Pacífico.
Fr. Manuel Fernández de San José, Prior del Desierto.
Fr. Samuel Ballesteros de la V. de Aranzaza Prior de Manizales.
Fr. Ignacio Sanmiguel de la Virgen del Rosario, Prior de Sos.
Fr. Antonio Caballero de la V. del Plu, Maestro de novicios.
Fr. Cándido Armentia del Carmen, Secretario Provincial.
Fr. Domingo Muro de la V. de. Vico, Director del Colegio Preparatorio.
Fr. Ramón Arenal del Carmen, Regente de estudios.
Los cargos que faltan, serán proveídos por el Definitorio Provincial.
Damos la enhorabuena a los elegidos, esperando de ellos mucho lustre a la observancia
regular en aquella Provincia hermana nuestra.
TIP. DE SANTA RITA. – MONACHIL
Año IX
Septiembre de 1918
Núm. 99
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
BODAS DE ORO
DEL
REVERENDÍSIMO PADRE
FR. FIDEL DE BLAS DE LA ASUNCIÓN
PRIOR GENERAL DE LA ORDEN DE AGUSTINOS RECOLETOS
Manila, 10 de Agosto de 1868 – Marcilla 10 de Agosto de 1918
He aquí dos fechas que compendian una vida de sacrificios y fatigas, de triunfo y virtudes. Un corto paréntesis, que apenas ocupa el espacio de una línea, encierra en sus guías los
santos entusiasmos y risueñas esperanzas de aquel joven sacerdote, que subía hace cincuenta
años por vez primera las gradas del altar del Dios tres veces Santo en la iglesia de Agustinos
Recoletos de Manila, y las hermosas realidades y sazonados frutos del fervoroso e incansable
misionero, del ejemplar religioso y discreto prelado, del venerable, en fin, Prior General que,
aunque encorvado por el peso de los años y la ruindad de los achaques, ha subido otra vez las
gradas del altar en el templo de Recoletos de Marcilla para entonar con acentos varoniles,
nada comunes en un septuagenario, himnos de gloria al Dios de las alturas, cantigas amorosas
de paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
Era muy justo que fecha tan memorable y gloriosa quedase consignada en los anales recoletos con los radiantes esplendores de un júbilo y entusiasmo santos, y las preciadas orlas
de una adhesión ferviente y de un filial amor. La Orden Recoleta no podía menos de rodear al
que rige sus destinos, a su amado Prior General, en el gran día de su sacerdotal jubileo, y vestida con las místicas galas de sus amores, virtudes y talentos, se ha
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presentado en el Colegio de Marcilla cumpliendo como buena, como solícita y cariñosa hija
tan sagrados y gratos deberes.
En las primeras horas del feliz y memorable día 10 de Agesto del presente año, todo era
júbilo y alborozo santos en la casa elegida por su Reverendísima para celebrar sus bodas de
oro. Convocados por amorosa cita se encontraban allí reunidas representaciones de las tres
provincias religiosas que la Orden Recoleta tiene. Los que evangelizan en los agitados mares
de la China y de las Indias, los que recorren los dilatados llanos de Casanare y las cuencas del
Orinoco y Magdalena, los que siguen las huellas de las tribus nómadas a través de los Andes,
los que descansan de sus apostólicas empresas a la sombra de los cafetos brasileños y remontan los cursos caudalosos del San Francisco y Amazonas se preparaban a celebrar la gran fiesta jubilar unidos en fraternal cariño y regocijo con la ejemplar comunidad de Marcilla y las
comisiones de las residencias y colegios de España.
La Misa Jubilar
A la hora anunciada comienza el Rvmo. P. Fr. Fidel de Blas el santo Sacrificio asistido de
los RR. PP. Defindores generales Fr. Pedro Fabo del C. de María y Fr. Jesús Fernández de
San José, de diácono y subdiácono respectivamente. La capilla musical del Colegio, reforzada
con la valiosa ayuda del barítono de la Real Capilla, Sr. Osés y drigida con arte y gusto por el
R. Padre lector Fr. Aurelio de la Cruz preludia los Kyries de la gran Misa del maestro Foschini; nubes de humo del incienso y torrentes de armonías sacras llenan por completo las bóvedas del hermoso templo: estamos ya en plena fiesta jubilar. Momentos después, el Rvmo. P.
Prior General, con voz clara y potente entona el Gloria in excelsis Deo y la capilla musical
recoge aquellos ecos y los traduce en armonías y notas, llenas de expresión y sentimiento, que
van desarrollando magistralmente las preciosas estrofas del religioso himno.
Y llega el momento por todos anhelado. Cantado que fue el santo Evangelio, ocupa la
cátedra del Espritu Santo el Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Fr. Toribio Minguella de las Mercedes,
Obispo dimisionario
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de Sigüenza y titular de Basilinopolis, Agustino Recoleto. La expectación que había por oír la
autorizada y fervorosa palabra del octogenario Prelado era inmensa. De tema y de preámbulo
le sirven aquellas hermosísimas palabras del cántico de lo tres Niños: Benedicamus Patrem et
Filium cum Sancto Spiritu. La palabra del Sr. Minguella, a pesar de los años, es la misma de
otros tiempos; fácil, correcta, clásica; las calificaciones exactas, los tópicos nuevos y bellos; la
voz, en cambio, se niega a seguir los vuelos del espíritu y parece forzada, cansina.
Un hermoso símil entre la creación y la institución del sacerdocio católico forma el primer pensamiento del exordio; después el orador se concreta, se ciñe a la solemnidad que se
celebra y recuerda en patéticas frases las primicias sacerdotales, la primera Misa del hoy
Rvmp. P. General en la iglesia de Recoletos de Manila; aquellos recuerdos conmueven hondamente al anciano Obispo; se siente inspirado, fecundo y bendice y excita a todos a que bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en la persona del venerable sacerdote que lleva
cincuenta años inmolando sobre los altares la víctima inmaculada por los pecados del mundo.
Como el agua de su fuente fluye de los labios del Sr. Minguella la proposición del discurso; «Excelencias y grandezas del sacerdocio católico».
No ha olvidado el anciano Obispo el aforismo filosófico y retórico de omnia ordinata et
secundum ordinem fiant. Comienza el cuerpo del discurso diciendo en qué consiste la excelencia del sacerdocio: en la elevación y dignidad del orden sacerdotal sobre otro alguno en la
tierra. Y para que tengamos una idea aproximada de su grandeza, nos pone de relieve la personalidad divina de Jesucristo, fundador del sacerdocio católico, doctrina que confirma con
oportunísimas citas de San Juan Crisóstomo y del Concilio de Trento.
Después anuncia que va a deducir de los oficios las excelencias y grandezas del sacerdote
y enumera tres de aquellos que constituyen las pruebas o argumentos: El sacerdote —dice—
es maestro, pacificador y dispensador de los sacramentos. Las pruebas son claras, concisas,
tomadas de las genuinas fuentes de la oratoria
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sagrada; nada hay en ellas de adornos y citas profanas; nada de tópicos gastados y retóricas
hueras y sin sustancia: la Escritura santa, la voz de los Padres y Concilios, los testimonios
fehacientes de la historia eclesiástica forman el nervio de los argumentos, que el venerable
Obispo va formando con método, con sencillez, con verdadera fuerza probativa y al par con
fervorosa unción que llega al alma.
De nuevo el orador se ciñe y se concreta a la solemnidad que se celebra: nos dice el significado de la palabra jubileo y la alegría y efusión de espíritu que en el pueblo de Dios producía el año jubilar; y con una delicadeza exquisita, con una sobriedad justa pasa a cantar las glorias sacerdotales del venerable anciano, que celebra las bodas de oro de su ordenación presbiteral, sin mezclar inciensos ni glorias profanas con las sublimes grandezas y divinas excelencias del ungido por Dios.
«Subid —termina diciendo— subid, venerable sacerdote de Jesucristo, las gradas del altar una vez más, y ofreced sobre el ara santa el sacrificio incruento, la víctima santa por los
pecados y necesidades del mundo».
La deprecación es tierna, conmovedora. Quiere el orador que en el día de su sacrdotal jubileo pida el Rvmo. P. Prior General por la Iglesia, por el Romano Pontífice, que tan generosamente le ha concedido la gracia de la Bendición Apostólica; por el Cardenal protector de la
Orden Recoleta, quien, a su vez, concede doscientos días de indulgencia a todos los Agustinos
Recoletos por cualquier acto de piedad que practiquen en tan memorable día; por la paz del
mundo, por las necesidades y prosperidad de la Orden, por todos los presentes al acto y singularmente por el que le ha dirigido lo palabra «para que todos juntos en un mismo amor y deseo bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y los alabemos y sobreesaltemos en los
siglos de los siglos. Amén».
Muy bien, señor Obispo, muy bien; así se predica. ¡Qué hermosa lección!
La bendición Papal. El Te Deum
Terminada la santa Misa, en la que no estará de más repetir que la capilla musical del Colegio cantó con una afinación y
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gusto exquisitos los diversos temas, el R. P. Secretario General, Fr. Bernardino García de la
Concepción dio lectura al Breve Pontificio en el que se concedía la Apostólica Bendición a
los fieles que asistiesen a la solemnidad jubilar; y, después de una ligera exhortación al dolor
y arrepentimiento de los pecados, procedió su Reverendísima a otorgar a los asistentes tan
preciado don, que recibieron con humildad cristiana y agradecimiento sincero.
Acto seguido se entonó el Te Deum y otra vez la capilla del Colegio lució sus imponderables aptitudes artísticas interpretando la grandiosa composición a tres voces, sobre este tema,
del ya citado maestro Foschini. Entre tanto, fueron desfilando por delante del Rvmo. P. Prior
General y besando respetuosamente su mano, primero, los religiosos; después los dignísimos
señores cura y coadjutor de la parroquia, el ilustre ayuntamiento de Marcilla, que en pleno
había asistido a la solemnidad; los excelentísimos señores Varón de San Vicente Ferrer con su
señor hijo y don Jesús Elorz, exdiputado provincial de Navarra, con su distinguida familia;
finalmente, los fieles todos.
Y terminó tan hermosa y religiosa fiesta con los votos unánimes, que propios y extraños
hacían en aquellos momentos, pidiendo, entre transportes de alegria, largos años de vida para
el Rvmo. P. Fr. Fidel de Bias, dignísimo Prior General de los Agustinos Recoletos.
En la mesa
La proverbial hospitalidad franca y noble de los Recoletos quedó una vez más demostrada en la apremiante invitación que, para compartir nuestra refacción en tan memorable día, se
hizo a las personalidades que nos honraron con su asistencia a la fiesta.
Una cristiana y expansiva cordialidad reinó en todo momento entre los numerosos comensales así religiosos como seglares, cuyos nombres no citamos para no repetir lo que ya en
otra parte dejamos consignado.
A los postres se desbordó el entusiasmo, y el R. P. Fr. Saturio Albéniz, haciéndose eco de
lo que todos sentían y nadie osaba expresar, inició los brindis con uno tan patético y sentido
que la
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emoción ahogaba las frases, que pugnaban por salir a borbotones de sus labios para ofrendar
al R. P. Prior General sus amores y hacer fervientes votos por la prolongada conservación de
su preciosa vida. Siguió después el del dignísimo Cura Párroco de Marcilla, que hizo un brindis sentido y lleno de palpitante actualidad, en el que, después de hacer resaltar la parte importantísima que los fieles de Marcilla tomaban en aquella fiesta, que consideraban como
propia, el ilustrado Párroco, en frases y conceptos llenos de corrección y galanura, enviaba un
efusivo saludo al Rvmo. P. Fidel de Blas, al Ilmo. Sr. Minguella y a la esclarecida Orden de
Agustinos Recoletos de cuyas glorias y triunfos se declaraba ferviente admirador y devoto
sincero. Sentimos no recordar otros brindis, que allí se pronunciaron y pedimos mil perdones
a sus autores por tan lamentable olvido.
Y se hizo un poco de música para terminar lo más armónicamente posible aquel agradable rato. El orfeón del Colegio nos entusiasmó con la preciosa «Canción del soldado», del
maestro Serrano; el incomparable barítono de la Real Capilla, don José Osés, se hizo aplaudir
con entusiasmo en «La Tempestad», que cantó con precisión y gusto extraordinarios; el joven
corista Fray Alejandro Osés nos regaló, finalmente, con un valiente e inspirado Zortzico, que
dijo con arte incomparable.
La velada
A las seis de la tarde las campanas del Colegio anunciaban la proximidad del último acto
de tan hermosa fiesta. Reunida la venerable Comunidad, se cantó con indecible afinación la
preciosa «Salve» del maestro Goicoechea y un «Joseph», muy lindo por cierto, del joven corista e inspirado compositor, Fr. Domingo Carceller. Era sábado; y los Recoletos, fieles a sus
santas tradiciones y religiosas observancias, antes de solazar sus espíritus con la brillante velada literario-musical que preparada tenían, fueron a postrarse ante la Virgen-Madre de sus
amores y su castísimo Esposo San José, llevando en sus labios y corazones una plegaria amorosa, una flor de sus almas; las místicas y deliciosas endechas de la Salve, para la Virgen; los
acentos angélicos
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del «Joseph», para el glorioso Patriarca San José.
Y pasamos al refectorio del Colegio, convertido por obra y gracia de las circunstancias en
salón literario-musical.
La concurrencia era casi la misma de los actos anteriores. Ajustándose en un todo al programa anunciado fue desarrollándose la hermosa velada, que dejó un recuerdo imborrable en
nuestra alma.
El R. P. Secretario General, encargado de la dirección de la fiesta, leyó en alta voz:
1.º Saludo, por el R. P. Fr. Francisco Lozares, Vicario Provincial.
Sereno, tranquilo, como el que cumple un deber que le es muy grato y que está habituado
a llenarle con creces, se colocó delante de la mesita preparada al efecto el R. P. Lozares. Y
nos saludó con galantería religiosa, sin afectación, poniendo al servicio de aquel acto las excepcionales condiciones oratorias que posee y el delicado don de gentes que tanto le distingue.
En frases correctas y hermosas ofreció al Rvmo. P. General la velada, como fehaciente
tributo de gratitud y amor de sus hijos, y tuvo para todos, lo mismo para las representaciones
de las diversas provincias recoletas, que para las personalidades seglares, una flor, un recuerdo, un afectuoso saludo, que agradecimos con prolongados y entusiastas aplausos.
2.º Volverán las oscuras golondrinas. Melodía a solo de tenor, por el corista Fr. Abundio
Frías.
La conocidísima rima de Bécquer, puesta en música por no sé quién, nos resultó sencillamente deliciosa cantada por el joven Fr. Alejandro. La melodía es tierna, sentida, como el
bien perdido, lánguida y melancólica, en consonancia con la letra; tiene dejos amargos y tristes de días felices, que fueron y no volverán. El intérprete nos causó verdadera admiración por
lo poderoso y bien timbrado de su voz, igual en todos los registros, y se hizo aplaudir por la
expresión artística que supo dar a las musicales frases.
3.º ¡Recuerdos! Discurso por el corista Fr. Ángel Latorre.
Muy oportunos y en su lugar estuvieron estos gratísimos recuerdos
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de la vida y trabajos del Revmo. P. Fr. Fidel de Blas, con los que tejió el joven religioso un
bonito discurso, que dijo muy discreta y correctamente, mereciendo aplausos.
4.º El regreso a la Patria, por el Orfeón del Colegio.
Con afinación y arte cantaron los jóvenes coristas el hermoso episodio musical, que simboliza la alegría santa del desterrado, que, después de fatigas sin cuento, vuelve a sus patrios
lares. Fueron aplaudidos muy justamente.
5.º El Sacerdote y la Acción Social, discurso por el corista Fr. Sofronio Izu.
No sabíamos que este joven estudiara, además de la eclesiástica, la carrera del magisterio;
pero, desde el primer momento, nos hizo el efecto de un dómine con puntero. Su discurso,
muy bien, bien hecho en verdad, fue una demostración, un canto al sacerdocio católico, a
quien la humanidad es deudora de sus adelantos científicos y sociales progresos, como probó
el conferenciante, dando a su voz inflexiones de verdadera convicción y tonos solemnes, magistrales. En buena lid se ganó Fr. Sofronio los prolongados aplausos que se le tributaron.
6.º La canción del soldado, por el Orfeón.
Con el mismo ajuste y gusto que horas antes volvió a cantar el Orfeón la preciosa y patriótica canción; y los plácemes y apluasos fuern también idénticos.
7.º Evocaciones, poesía castellana por Fr. Carlos Liñán, declamada par Fr. Alejandro
Osés.
Fue éste, sin duda alguna, uno de los más hermosos números del programa, en el que tanto el intérprete como el vate lucieron sus grandes cualidades artísticas, y se hicieron acreedores a los reiterados y prolongados aplausos con que la distinguida concurrencia premió su
labor.
Para que nuestros lectores puedan saborear las magníficas estrofas de Evocaciones, las
incluimos en esta reseña desgreñada, aun a trueque de que sus galanuras y bellezas hagan resaltar más los defectos de nuestro deslabazado trabajo.
EVOCACIONES
Esos que ves de rostros atezados
Curtidos por el aire y por el sol,
Que cruzaron los mares dilatados
Y arribaron a puertos apartados,
Tus hijos, Padre, son.
Esos que, en honda soledad tranquila
Al sentir desgarrado el corazón
Y nublada de llanto la pupila,
Ante la triste lámpara que oscila
Delante de su Dios,
Esos que ves trepar por la montaña,
Bajo el fuego del astro abrasador,
Lejos ¡ay! de los términos de España
Batallando por Dios en la campaña,
Tus hijos, Padre, son.
Buscan ansiosos la perdoda calma
De la sorda pelea entre el fragor;
Que hoy, empuñando victoriosa palma,
Sienten de gozo palpitar el alma,
Tus hijos, Padre, son.
Agrupados al pie de la bandera
En la cumbre del áspero peñón,
Fijos sus ojos en la azul ribera
Te envían una lágrima sincera
Los hijos de tu amor.
Los que contigo un día
Compartieron sus lágrimas y penas,
Y en las ásperas sendas de la vida
Iban dejando ensangrentadas huellas;
Y del corcel al perezoso paso
La fatigosa cuesta
Escalaban, trepando lentamente,
Salvando agudas calcinadas breñas,
Midiendo hondos abismos,
Venciendo altivas crestas,
Cruzando caldeados arenales
Bajo el dosel de nubes cenicientas;
Para tender las manos al caído,
Para volver a Dios a quien le pierda.
¡Qué dulce era la vida
En medio de sudores y faenas,
Y ardientes los amores,
Y firmes las creencias,
Callado el sufrimiento,
Y dulce el cáliz de las hieles era;
Y se empapaba el alma de dulzuras,
Y el corazón se henchía de grandezas
Del clásico heroísmo
Que en una raza legendaria alienta!...
Más... ¡as!... Llegó la triste
Noche de luto, pavorosa y Ióbrega;
Ronca revolución bramando estalla,
Y en turbas de bandidos se despeña:
Se trocaron las puras alegrías
Lejos ¡ay! de las costas españolas,
A través de la diáfana extensión
En la honda calma de las selvas solas,
Del mar profundo en las hirvientes olas
Resuena su oración.
Lejos de aquestos seculares muros
Los compañeros de mi dulce amor,
Te entregan hoy sus corazones puros;
Los que nunca a tu amor fueron perjuros,
Tus hijos, Padre, son.
Esos que afrontan de la mar bravía
Las borrascas, la saña y el furor,
Que atraviesan la inculta ranchería
En el silencio de la noche umbría,
Tus hijos, Padre, son.
Los que cruzan en rápida carrera
La inmensidad de la árida extensión,
Para enjugar la lágrima postrera
Del que sumido en la amargura espera
Alivio en su dolor;
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En lágrimas de luto y de tristeza,
Al contemplar llorosa y enlutada
junto a la tumba fúnebre a la Iglesia.
………………………………
Viste, viste los templos derribados,
Profanado el altar, exangüe y yerta
La cruz bendita, solitaria y mustia
Entre crespones fúnebres envuelta.
Y doblando tus débiles rodillas
Entre las pardas ruinas te prosternas;
Solloza el corazón, vibran tus labios,
Y por las nubes, tu plegaria vuela;
Y tus ojos de lágrimas se henchían,
Y el alma se empapaba de tristeza,
El corazón de sangre,
De miedo y luto, soledad y pena,
Al ver la religión escarnecida,
Trémula y triste, solitaria y yerta;
Triunfante el vicio, la virtud gimiendo
Al borde mismo de la tumba abierta.
Todo, todo lloraba silencioso
Mudo y sombrío de dolor y pena:
La inmensidad azul de los espacios
Con sus noches radiantes y serenas,
Con sus astros que giran encendidos
Y en los azules mares reverberan;
Y los campos de inmensos horizontes
Con sus bravías crestas,
Con sus collados mustios,
Con sus tendidas vegas,
Con sus profundas hondonadas mudas,
Con sus tupidas selvas,
Con sus ocultos valles,
Con sus páramos, lomas y riberas;
Y lloraban tus dulces compañeros
Hundida entre sus manos la-cabeza,
Y entre sus dedos las tranquilas lágrimas
Como las gotas del rocío tiemblan.
¡Y como el corazón, por más que llore,
Ni tiembla, ni vacila, ni flaquea,
Que el valor de una raza legendaria
Con la sed del martirio se acrecienta
Pues siempre la oración vibró en tus labios,
La verdad en tu lengua,
La honradez en tu vida,
Y la imagen de Dios en tu conciencia;
Tú que sabes llorar con los que lloran,
Y devolver bondades por afrentas,
Y amar la gloria que engrandece el alma,
Y amar la fe hasta morir por ella!
¡Cuántas veces tu lánguida mirada
Hundías melancólica y serena
En la honda inmensidad de los espacios
Cargada de misterios y tristezas!
Las lágrimas tornaban a tus ojos,
La oración a tu lengua,
Al vibrar melancólica y doliente
La voz de la campana lastimera,
Cuyos ecos, cual lúgubre lamento,
Por los rotos calados se despeñan,
Y, rasgando pausados los espacios,
De mis hermanos en las tumbas suenan,
Y parecen sollozos de mi patria;
Que absorta en su dolor y como muerta,
Trémula, estupefacta, acongojada,
Cubriéndolas está con su bandera…
Y veías las mudas soledades
De ruinas y de tumbas encubiertas
En montones de escombros denegridos
Convertidas veías las Iglesias,
Y eran las aras del ruinoso templo
Montones mustios de cenizas negras;
Muda también la moribunda lámpara
Que de los arcos ojivales cuelga,
Sordo y lento el dolor, frías las lágrimas,
Obscura la prisión, hedionda y yerta.
¡Y tu España... en el polvo derribada,
Ensangrentada y rota la bandera!
311
Adalid de la fe, templo de acero,
De legendaria y clásica grandeza
A quien nunca arredraron los trabajos,
Ni el estruendo marcial de la pelea.
Pasaron, Padre mío,
Las lágrimas aquellas
Que surcaron tus pálidas mejillas,
Que llenaron de hieles tu existencia,
Y el alma de tus dulces compañeros
Empapaban de luto y de tristeza;
De aquellos que contigo
Apuraron el cáliz de las penas.
Hoy henchidos de dulce regocijo
Sus corazones tiemblan,
Y entonan ese cántico valiente
Que del mundo en los ámbitos resuena.
Míralos, Padre mío,
Tremolando en la cumbre su bandera,
Y, uniendo sus acentos a los nuestros,
Te dicen con las almas en la lengua:
«Sobre las auras puras y serenas
Airoso ondeará nuestro pendón
Mientras arda la sangre en nuestras venas
Y en nuestros pechos lata el corazón».
FR. CARLOS LIÑÁN DEL C.
8.º Jota Navarra, del maestro Larregla, por el Orfeón.
Terminó tan agradable y deliciosa velada, como terminan todas las alegrías y dichas a
orillas del Ebro, con la jota; con una jota llena de melodías y encantos, de ritmos y colores
que el Orfeón interpretó admirablemente, poniendo un broche de oro a su artística labor y a
tan culta y bien preparada velada.
Los jóvenes religiosos de Marcilla no necesitan estímulos ni alientos para proseguir en el
camino emprendido; tienen bríos y talentos más que suficientes para dar días de gloria a la
Orden Recoleta y orlar sus sienes con triunfos y laureles; pero si de algo puede servirles nuestra admiración ferviente y caluroso aplauso recíbanlo en estas líneas que gustosos les dedicamos a guisa de homenaje fraternal.
Y no somos nosotros quienes van a terminar esta reseña; otra voz más autorizada que la
nuestra va a poner fin a estas líneas para expresar su inmensa satisfacción a todos, y testimoniar cuánto y cómo sabe agradecer los agasajos recibidos en sus bodas de oro.
«A mis Superiores, a mis Hermanos y hermanas de hábito y a cuantos, en una u
otra forma, han tomado parte en esa mi fiesta: salud y gracia.
Después de dar a Dios rendidas gracias por el gran beneficio, no a todos ni aun a
la mayor parte de los sacerdotes concedido, de llegar con felicidad a cumplir cincuenta años desde el día de
312
mi ordenación sacerdotal, me creo en el deber, ante todo, de besar, con reverencia y
gratitud el santo pie, la sagrada púrpura y el misterioso anillo, respectivamente al
Soberano Pontífice, nuestro común Padre y Pastor, al Excmo. Sr. Cardenal, bondadoso Protector de nuestra Orden, y al Excmo. Sr. Obispo dimisionario de Sigüenza,
honra y gloria de nuestra Recolección: al primero, por haberme autorizado para bendecir en su nombre con toda solemnidad al fin de Ia Misa cantada y anunciar la indulgencia plenaria que concedía a todos los asistentes; al segundo, por haberme felicitado en hermosa carta y honrado con doscientos días de indulgencia para todos mis
religiosos por cada una de las obras piadosas que practicasen en todo ese día; y al
tercero, por haberse prestado apesar de su ancianidad y consiguientes molestias a
ponderar en el púlpito, con su acostumbrada unción y elocuencia, las excelencias del
Sacerdocio católico y su benéfica influencia en la Sociedad. Reconozco que a estos
tres, tan santos como ilustres superiores míos, les debo la mayor parte del esplendor
y lustre que ha revestido esa mi fiesta y a los tres les renuevo mis sentimientos de
sumisión y filial afecto.
También quiero manifestar mi agradecimiento a los muchos que, ausentes, me
han ecompañado en la celebración de tan fausto como raro acontecimiento, asociándose unos y otros a mi natural y justa alegría, pidiéndome una oración por ellos en la
Misa y solemne función de ese día, y más que todo implorando del Señor los auxilios
y gracias, que tan necesarias me son para desempeñar con acierto los deberes de mi
estado religioso por el tiempo, corto o largo, que tenga a bien conservarme la vida.
A todos me creo obligado; a todos les prometo continuar orando por ellos como
lo hice en ese día, y acepto gustoso los parabienes y obsequios que todos me han
prestado; haciendo constar que, así como en concepto de Superior de nuestra Recolección Agustiniana entiendo que esos honores me son debidos en cuanto significan
respeto y amor para la primera Autoridad de la Orden y padre de todos sus miembros; de la misma manera, confieso de buen grado que nada de ello merezco como
particular
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hermano de mis religiosos, y todo lo cedo gustoso para Dios Nuestro Señor, a quien
únicamente pertenece todo el honor y toda la gloria.
En uno y otro concepto me ofrezco a todos, y a todos les bendigo en el nombre
del Señor, suplicándoIes, en cambio, le pidan que bendiga también a este su afectísimo menor hermano.
Marcilla, 15 de Agosto, Festividad de la Asunción de la Virgen María, nuestra
queridísima Madre y excelsa Patrona mía».
FR. FIDEL DE BLAS DE LA ASUNCIÓN
Ad multos annos, Reverendísimo Padre. Que los que hemos tenido la dicha de asistir a
sus bodas de oro tengamos la no menos indecible de pesenciar las de diamante: con los votos
sinceros de sus hijos y singularmene de el menor de ellos.
FR. E. A.
Granada 5-9-1918
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
BODAS DE PLATAS SACERDOTALES
DEL
RVDO. PADRE
FR. JUAN VICENTE DE SAN JOSÉ
EN
ARAGUA DE BARCELONA (Venezuela)
Aragua, espléndidamente engalanada, ha celebrado con sentimientos de gratitud y entusiasmo las Bodas de Plata del P. Vicario de Recoletos de Venezuela, Fr. Juan Vicente.
Pocas veces se ha visto tal cohesión de pensamientos en el alma de un pueblo: ricos y
pobres, nobles y plebeyos, todos aportaron el oro de su esfuerzo a este festival, que puso de
manfoesto elocuentemene que la idea católica y la raza sacerdotal siguen enseñoreándose de
todas las naciones, sin que entendimiento alguno pretenda obscurecerlas, sin que el tiempo
que apagó la llama de todos los genios que iluminaron la Humanidad haya logrado disminuir,
no digo eclipsar, a través de las edades, el foro espléndido de la Religión.
El 26 de Septiembre de 1917 se cumplían 25 años de haber elevado el P. Juan en sus manos, entre nubes de incienso y efluvios de amor, por primera vez la Hostia inmaculala y
cándida. En ese día, la iglesia parroquial, que había surgido seis años antes, como por milagro, bajo el esfuerzo de la laboriosidad de este benemérito hijo de Agustín, ostentaba las galas
y adornos de las grandes solemnidades. A las 9 a. m. celebró el santo Sacrificio de la Misa,
diaconando los PP. Félix Abaurrea de San José y Pablo Grávalos de Santo Tomás de Villanueva.
En el coro, una nutrida capilla, reforzada por la Banda del Estado, interpretó magistralmente la partitura «Ite ad Joseph», del
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maestro Candi. Subió a la cátedra del Espíritu Santo el P. Abaurrea, Párroco, orador sagrado
de altas y relevantes dotes. Habló, con verbo fácil y elocuente, de las virtudes de su hermano
de hábito, hoy también su Superior, debido al acervo de sus talentos y al interés que siempre
ha desplegado en pro de la Recolección Agustiniana; de la madre que se quedó lejos, muy
lejos... en su pueblo querido, y que en ese día de hondas tristezas y alegrías para ella, urdía en
memoria del hijo distante, el alma sublime de sus lágrimas; de su llegada a las tierras de Guayana, las primeras que recibieron como aroma de místicas flores, la humilde grandeza de sus
enseñanzas evangélicas; del hermano que dormía bajo las esbeltas arcadas del templo, Fr.
Silverio León de la Concepción, y de otras cosas más, bellas, sentidas, como nacidas del pecho, que conmovieron profundamente e hicieron florecer la emoción en el predio de cada una
de las almas allí atentas.
Acabada la Misa, dirigióse la multitud que llenaba los ámbitos de la Iglesia a la casa parroquial, con el fin de presentar sus respetos al digno P. Vicario Provincial.
Llevó la palabra por la Asociación del Santísimo Sacramento, el notable tribuno, Dr.
Matías Padrón S., quien ofreció al P. Juan una artística medalla de oro, en la que se leía la
siguiente inscripción: «Al R. P. J. Vicente, la Asociación del Santísimo, en sus Bodas de Plata. 1892-17».
También la poesía dejó oír sus encantos, por medio de varias señoritas de la alta sociedad
aragüeña, a nombre de distintas sociedades religiosas. A todos contestó el obsequiado con
palabras en que temblaba la emoción, agradeciendo las múltiples demostraciones de que era
objeto, las que, dijo, perdurarían en su alma con recuerdo indeleble.
Una de las notas más simpáticas de la fiesta fue, sin duda, la velada artístico-literaria que
tuvo lugar por la noche, homenaje de la Asociación de la Inmaculada Concepción a su protector Fr. Juan Vicente. Diose cita en el Teatro Municipal lo más selecto y connotado de la sociedad de Aragua. El verso, la música y el canto, nos iniciaron en su liturgia bella; y el alma,
destello refulgente de la divinidad, estampado sobre la frente del hombre, creyóse en presencia de una triunfal epifanía de glorias, de bellezas y de lirios.
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Un «Himno a la Recolección Agustiniana», a cuatro voces, compuesto por Fr. M. Avellaneda, y dedicado al P. Juan Vicente, resonó majestuoso en el amplio salón y dio comienzo
al hermoso festival. De los labios de varias Hijas de María brotaron bellas y hermosas palabras de encomio y de gratitud a la obra del humilde recoleto, y dos profesores, luciendo las
dotes de consumados pianistas, arrancaron al instrumento los secretos de su magia y los resolvieron en torrente indescriptible de notas y de acordes, que, grandiosos, como en la obertura de Cramer II, o enternecedores como en la «Plegaria» de Bonet y en el «Ave María» de
Gounod, llegaban a lo más hondo del espíritu y lo envolvían en un sereno cielo de místicas
dulzuras.
Cuatro señoritas recitaron con fluidez y exquisito gusto el dulce poema «La Cruz» del
gran poeta y sacerdote venezolano, Carlos Borges, así como la «Lámpara Eucarística» más
otras dos composiciones en verso de sabor clásico. Después que en sus labios «las estrofas
deshojábanse rimando», el público batió palmas y ovacionó con delirio al obsequiado.
Hubo dos cuadros vivos: «Fe, Esperanza y Caridad» y «La Reina de los Ángeles». El
primero produjo buen efecto, aunque, debido a las luces, no llamó tanto la atención como el
segundo. Éste, formado por un grupo de doncellitas con ropaje ultraterreno, produjo un efecto
sorprendente; creíamos ver entre jirones de azul y blanco a la divina Virgen nazarena entre un
coro de blondos querubes.
El discurso de orden, broche de oro que selló con regia magnificencia el festival, estuvo a
cargo del Dr. R. Pencini, uno de los criterios más vastos y bien fundados del Estado.
Al día siguiente aparecían en los diarios de la capital artículos congratulatorios y felicitaciones al P. Vicario de Agustinos Recoletos «cuya orden, decía uno de ellos, ha dado días de
gloria a la Iglesia venezolana, y está produciendo opimos frutos de bendición».
Vayan también nuestras humildes congratulaciones al inolvidable P. Juan y a su benemérita Orden.
Que los progresos y engrandecimiento de «La Sultana de los Llanos», a la que sinceramente felicitamos, estén siempre consolidados en la Religión de sus mayores, fuente perenne
de glorias y de venturas.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
SECCIÓN CANÓNICA
LA FORMA DE LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO,
SEGÚN EL CÓDIGO CANÓNICO
§ VI
Condiciones para que el Ordinario o el párroco puedan
asistir lícitamente al matrimonio
(Continuación)
53. Esto, efectivamente, es lo que ha prevalecido, según lo que dispone el Código en su
can. 34, § 3. De manera que el mes será según el calendario, y se tendrá por completo concluido el día del mismo número en el mes siguiente; y así, comenzando a habitar el 15 de Febrero, podrá contraerse lícitamente al comenzar el 16 de Marzo; si el mes no tiene día de ese
número, verbigracia, si comenzó el 29, 30 o 31 de Enero, se podrá contraer, en cualquiera de
estos casos, concluido el día 28 de Febrero, o sea, el 1.º de Marzo, y no antes.
54. De la declaración de la Sagrada Congregación de Sacramentos de 28 de Enero de
1916 (Acta, VIII, p. 6, 66), se deduce:
1.º Que la conmoración o habitación de un mes se tiene en orden a la licitud del matrimonio con el hecho de habiar un mes dentro de una parroquia, sean o no
católicos los contrayentes.
2.º Que la habitación menstrua (o los derechos que ella confiere
318
en orden al matrimonio), como se funda toda en un mero hecho, piérdese por
cualquiera ausencia notable de la parroquia en que se habitó, y así debe comenzarse de nuevo.
3.º Qué ausencia deba decirse notable para perder el derecho ya adquirido no está definido. Creemos que no lo es la ausencia de uno o dos días, y que lo es la que exceda de quince días. Dudamos en el caso de que se extienda de tres a ocho días.
4.º Para completar los treinta días o el mes, antes de adquiridos tales derechos, creemos
que tampoco se oponen las ausencias de uno o de dos días continuos, con tal
que éstos se descuenten. Creemos daría lugar a la interrupción la ausencia de
cuatro a ocho días seguidos.
Esta diversidad entre este caso y el precedente nace de que los derechos ya adquiridos se
pierden más difícilmente que se adquieren.
§ VII
Derecho preferente del párroco de la esposa
55. Para el caso en que los contrayentes pertenezcan al mismo rito y a dos parroquias distintas, el derecho de aistir corresponde al párroco de la esposa, a no ser que una causa justa
aconseje lo contrario; pero, si pertenecen a ritos distintos, deben celebrarse según el rito del
varón y ante el párroco de éste, a no ser que por derecho particular se halle establecido lo contrario (can. 1.097, § 2).
56. La primera parte de esta prescripción consagra lo ya establecido por el decreto Ne temere y que ya antes de él se hallaba establecido también por derecho particular o por costumbre en la mayor parte de las diócesis.
57. EI párroco del esposo podrá, no obstante, asistir lícitamente al matrimonio cuando
una causa razonable impida a los esposos contraer en la parroquia de la esposa. Procure el
párroco en estos casos conservar prueba justificante de la existencia de tal causa y hágala
constar al extender la partida.
58. La causa basta que sea justa, v. gr., la mayor comodidad o utilidad de los contrayentes
o de los padrinos, y no es necesario que sea causa grave ni urgente. Si el párroco del esposo, y
no el de la
319
esposa, asistiera al matrimonio sin causa justa, su pecado, al parecer, sólo sería leve.
59. Sin embargo, antes del decreto Ne temere existían diócesis en las que la costumbre
daba ese derecho al párroco del esposo, y suponemos continuará, y creemos que donde exista
tal costumbre puede continuar observándose después del Código, pues tanto el decreto Ne
temere como el Código trazan una regla que habrá de observarse nisi aliqua justa causa excuset, y parece claro que tal costumbre es causa justa que excusa de la regla general.
60. La segunda parte, o sea, la referente al caso en que los esposos pertenezcan a distintos
ritos, es confirmación y generalización de lo que la Sagrada Congregación de Propaganda
Fide estableció en 18 de Agosto de 1913 para los matrimonios que contraigan en el Canadá
los católicos rutenos con los católicos de rito latino. Cfr. Acta V, p. 398.
61. Por el contrario, en la América del Norte y en la América latina aun los matrimonios
de los católicos rutenos con los de los católicos de rito latino se han de contraer ante el párroco de la esposa, según lo dispuesto por la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, respectivamente, en 17 de Agosto de 1914, artículo 30, y 27 de Marzo de 1916, artículo 17 (Acta VI,
p. 463; VIII. p. 107).
62. El párroco que, sin la licencia que exige el derecho, asiste al matrimonio, no hace suyos los derechos de estola, sino que debe remitirlos al párroco propio de los contrayentes
(can. 1.097, § 3). Esta disposición corresponde a la segunda parte del artículo X del decreto
Ne temere.
63. lnfiérese que en los casos en que asista de conformidad con los nn. 2.º y 3.º del can.
1.097, § 1, hará suyos los derechos de estola, y, por consiguiente, aunque los esposos o uno de
ellos lleve tan sólo un mes de habitación en la parroquia o se trate de vagos, o de los que sólo
tienen domicilio o cuasi-domicilio diocesano, pues, tanto de éstos como de los vagos, el
párroco propio es el de la actual habitación, aunque sólo lleven un día de habitar en dicha
parroquia (can. 94, §§ 2 y 3). También parece que hará suyos los derechos si dejó de pedir la
licencia por impedírselo una causa urgente.
64. Parece probable que, si los contrayentes pertenecen a distintas parroquias, los emolumentos, en el caso a que se refiere el
320
§ 3 del can. 1.097, deberán dividirse entre ambos párrocos, ya que en cada uno de ellos se
cumple el ser párroco propio de los contrayentes, y además cada uno de ellos podía con independencia del otro dar la necesaria licencia, y, por lo tanto, a cada uno de ellos se le ha hecho
injuria; pero sería tal vez más equitativo que el Ordinario determinara que los tales derechos
se enviaran al párroco de la esposa en los casos en que, según el § 2, tiene derecho preferente
para asistir al matrimonio.
§ VIII
El matrimonio ante los testigos solamente
65. En los casos en que sin grave incomodidad no se puede tener al párroco o el Ordinario, o un sacerdote delegado por alguno de ellos para que asistan al matrimonio, según lo
prescrito en los cánones 1.095, 1.096 (véanse los nn. 11-43):
1.º a) Si alguno do los contrayentes se halla en peligro de muerte, el matrimonio será
válido y lícito contraído ante dos testigos por lo menos; b) también lo será fuera del peligro de muerte con tal que prudentemente pueda preverse que aquel
estado de cosas habrá de durar por un mes.
2.º Dado caso que estuviera presto otro sacerdote (distinto del párroco, Ordinario o
delegado) que pudiera asistir, se le debería llamar, y él debería asistir juntamente con dos testigos; pero el matrimonio será válido aunque ni asista ni se le
invite (can. 1.098).
A) En peligro de muerte
66. Lo que aquí se dispone para el caso de hallarse en peligo de muerte alguno de los
contrayentes, coincide fundamentalmente con lo que prescribió el decreto Ne temere en su art.
VII, aunque éste exigía para la validez la presencia de un sacerdote, cualquiera que éste fuera,
además de los dos testigos. La innovación del decreto Ne temere fue un gran paso para facilitar la celebración de los matrimonios en peligro de muerte, pero el Código ha facilitado esta
celebración todavía más, exeluyendo para la validez la necesidad
321
de la presencia de ningún sacerdote.
67. Según el decreto Ne temere, parecía exigirse, para que tales matrimonios pudieran
válidamene celebrarse, que fueran los contrayentes personas que vivieran en concubinato, o
estuvieran casados civilmene, o por lo menos tuvieran hijos que legitimar canónica o civilmente.
68. En virtud del Código: 1.º, el matrimonio celebrado ante dos testigos será válido y lícito en peligro de muerte, aunque se hubiera podido acudir, por telégrafo o teléfono, al párroco
o al Ordinario, si no era posible acudir de otro modo; 2.º, que el peligro de muerte basta que
sea presunto; 3.º, que no es necesario que ambos contrayentes se hallen in mortis periculo:
basta que lo esté uno de ellos.
69. Decimos que el primer caso del matrimonio será válido, porque según la circular de la
Secretaría de Estado, dirigida a los Ordinarios en 10 de Diciembre de 1891, está prohibido
pedir por telégrafo al Papa o a Io Ordinarios dispensas matrimoniales, por los graves abusos y
fraudes a que esto puede dar lugar, y en nuestro caso parece que debe decire lo mismo por
idéntica razón.
70. Será válido, por consiguiente, el matrimonio si prudentemente se puede presumir, o
dudar, que no habría tiempo suficiente para ir personalmente al párroco u Ordinario a pedir la
delegación, y volver, después de pedirla, antes de que el enfermo muriese o perdiese el conocimiento.
71. Este tiempo necesario no se ha de trazar matemáticamente, sino moralmente, con
cierta amplitud de criterio y sin necesidad de recurrir, para avistarse con el párroco u Ordinario, a medios verdaderamente extraordinarios, v. gr., buscar un automóvil de otro, aunque lo
haya en la población, hacer un viaje costoso, que no pueden sufragar los contrayentes, etc.
72. Basta que el peligro sea razonablemente presunto, esto es, que prudentemente se juzgue que exista, aunque no sea real; así como también que basta que uno solo de los contrayentes se halle en peligro de muerte, aurque el otro goce de perfecta salud, pues de lo contrario la
concesión sería casi del todo inútil.
Sobre las dispensas matrimoniales en el artículo de la muerte,
322
de que aquí hablaba el decreto Ne temere, trata el Código en otra parte, y otro día lo haremos
nosotros.
B) Fuera del peligro de muerte
73. El otro caso en que se puede válida y lícitamente contraer ante solos testigos sin
hallarse en peligro de muerte, lo exponía así el decreto Ne temere en su att. art. VIII: «En las
regiones en que no se puede recurrir al párroco u Ordinario o a un sacerdote por ellos delegado, después de un mes de hallarse en este estado de cosas, basta que se contraiga el matrimonio delante de dos testigos, declarando en presencia de ellos el formal consentimiento».
74. La diferencia entre el Código y el decreto es algo notable: primero, porque el Código
exige que la dificultad o imposibiliad moral se presuma que haya de durar todavía un mes,
aunque tal vez haya comenzado el día anterior; en tanto que el decreto exigía que hubiese
durado ya un mes, aunque debiera terminar el día siguiente.
75. El Código, por consiguiente, ha restablecido la disciplina anterior al decreto Ne temere.
76. Otra diferencia es de notar, y es que el Código omite cuidadosamente la palabra región que empleaba el decreto Ne temere, y que ofrecía alguna obscuridad.
77. Ya la Sagrada Congregación de Sacramentos dio una fórmula general, en la que prescindía de la palabra región, diciendo que los matrimonios pueden celebrarse sin la presencia
del sacerdote cuando los contrayentes se hallen en un punto tal desde donde no se puede recurrir sin grave incomodidad al párroco propio o no propio o a otro sacerdote competente.
78. De la fórmula empleada por el Código se infiere que también el matrimonio en las
naves podrá algunas veces contraerse con solos dos testigos, puesto que podrán cumplirse las
condiciones exigidas por el Código.
79. El matrimonio en tales circunstancias puede ser contraído válidamente ante dos testigos, aun por las personas que hayan ido a tales lugares con la sola intención de contraer en
dicha forma, y podrán hacer uso de este derecho desde el día mismo de su llegada
323
(Sagrada Congregación de Sacramentos, 13 de Marzo de 1910).
80. No existe la imposibilidad que justifica tales matrimonios ante solos testigos: a) si se
puede, sin gran incomodidad, llamar al párroco ausente, b) o pueden los contrayentes ir fácilmente donde él se halle, c) o a otra parroquia donde hay párroco.
81. Creemos que ahora, como antes del Código, cuando se puede recurrir al párroco, si
éste se niega a asistir al matrimonio, verbigracia, por temor a las leyes civiles o militares, los
matrimonios celebrados sin su presencia y con sólo la de dos testigos son nulos. Para la validez es necesario obtener dispensa de la Santa Sede, fuera del peligro de muerte, en el cual
podrá concederla cualquiera sacerdote1. Véase la respuesta de la Sagrada Congregación de
Sacramentos de 31 de Enero de 1916.
82. Nótese que los testigos no han de pedir ni recibir el consentimiento de los contrayentes, sino que basta qe éstos lo manifiesten delante de aquéllos.
83. Tampoco obstaría a la validez del matrimonio el que los testigos fueran compelidos a
asistir por miedo grave.
(Continuará)
1
La cuestión tal vez más debatida sobre el decreto Ne temere era ésta: Dado caso que el párroco está presente en
la población, pero no quiere asistir al matrimonio porque se lo prohíben, so graves penas, las leyes civiles o
militares, ¿pueden los contrayentes, sin necesidad de ninguna dispensa y en virtud del artículo VIII del decreto Ne temere, celebrar el matrimonio válida y lícitamente delante de dos testigos, ya que el párroco,
aunque está presente en la población, es como si no lo estuviera, y esta condición dura ya más de un mes y
durará por mucho tiempo, quizás años enteros?
La Sagrada Congregación resolvió la cuestión para un caso concreto, pero la razón es la misma para todos.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
HISTORIA DEL CONVENTO DE MARCILLA
(Continuación)
El día siguiente a las cuatro de la mañana un golpe de disparos de cohetes acompañado de
volteo de las campanas avisaba a los devotos josefinos que las puertas del templo se habían
franqueado, y en breve comenzó a llenarse la iglesia de fieles, deseosos de honrar muy de
mañana a su Protector San José. A las seis y media dos religiosos daban la comunión a los
josefinos y demás personas devotas, habiendo sido muchísimas las que se acercaron a recibir
a Dios Sacramentado. A las siete se hacía el primer llamamiento para la Misa mayor y a las
ocho daba principio con la solemnidad que merecía tan fausto día.
El Ilmo. y Rvmo. Sr. Obispo de Jaro, P. Leandro Arrue, oficiaba de pontifical por primera vez, asistido por sus hermanos de hábito, dirigidos por el maestro de ceremonias don José
Climent, que desempeñó a satisfacción su cometido. La Misa ejecutada primorosamente por
una nutrida orquesta agradó mucho a los concurrentes.
325
Después del Evangelio ocupó la sagrada cátedra el R. P. Fray Miguel Ugarte, y después
de anunciar a los fieles los 40 días de indulgencia concedidos por el Prelado oficiante comenzó su discurso dejando entrever ya en un bien compuesto exordio la causa motivo de los
cultos que no era otra sino la gratitud, virtud embelesante, según elocuentemente dijo el orador, hermosísima, rodeada de hechizantes atractivos y orlada con las simpatías de los corazones grandes y magnánimos que saben apreciar lo sublime, lo tierno y lo heroico. El pensamiento culminante fue el siguiente: La Archicofradía de San José sirve perfectísimamente
para acrecentar los cultos josefinos, y además es un medio congruentísimo para fomentar las
obras buenas y alcanzar de Dios por intercesión de San José innumerables beneficios. El orador sagrado tuvo rasgos muy felices, y, sobre todo entusiasmado y poseído de sí mismo, estuvo tiernísimo y grandilocuente al hablar de la situación de la Iglesia del Pontificado en la peroración con el objeto de mover a los oyentes a que rogasen con fervor creciente por el Vicario de Jesucristo.
Durante la función sagrada ocupaban los bancos de preferencia los Hermanos de honor
con el R. P. Prior del convento a la cabeza, ostentando todos el distintivo josefino consistente
en un precioso medallón de San José pendiente sobre el pecho, con una hermosa y ancha cinta
que formaba un bello rosetón de varios colores.
Además se habían preparado de antemano numerosos asientos para las señoras y caballeros que honraron con su presencia la festividad.
Completáronse los cultos con la función de la tarde que duró próximamente dos horas,
habiéndose ejecutado con maestría diversos cantos sagrados, y predicando sobre la devoción
de San José el R. P. Fr. Gabriel Gallastegui, quien con voz clara y pausada encareció la gran
confianza que debemos tener en el
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valiosísimo Patrocinio de San José.
Para coronarr la serie de regocijos, a las siete, se quemaron ocho piezas píricas, sobresaliendo entre ellas un magnífico castillo o, mejor dicho, una gan pieza que representaba un
hermoso altar gótico en cuyo centro apareció iluminado un cuadro de la Sagrada Familia; todas las piezas agradaron muchísimo y acreditan al pirotécnico que las fabricó, el cual es un
indio aficionado a esos juegos de diversión. La confección de las piezas y el éxito de las mismas prueban una vez más que los indios se hallan dotados de una aptitud nada común para esa
clase de trabajos.
Orgullosos pueden estar los Padres Recoletos por la brillantez y pompa que han desplegado en honor del Excelso Patriarca San José, constándonos que todos los invitados y otros
que se honran con la amistad de esos humildes religiosos, salieron muy complacidos y satisfechos del convento después de haber sido obsequiados con fina galantería tanto por el R. P.
Provincial y Prior del convento, como por todos los demás.
Los cultos que acabamos de reseñar, sobre manera concurridos, prueban evidentemente
que la devoción a San José se halla arraigadísima en Filipinas y Filipinas debe a nuestra
amadísima España, como muy oportunamente dijo uno de los oradores, ese bien inapreciable.
No podemos resistirnos a trasladar íntegro un breve periodo siquiera sea únicamente por la
gloria que redunda a nuestra Madre Patria. Después de afirmar el orador que España es eminentemente josefina y probar que nuestros heroicos Misioneros inculcaron a los habitantes de
Filipinas la devoción de San José, añadió: «Lógicamente se deduce que siendo España entusiasta josefina, no podía mwenoas de acontecer que Filipinas, florón hermoso de la corona de
España, Filipinas perla riquísima engastada en la Iglesia de la Nación católica por excelencia,
no podía menos de suceder que
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fuera ardientemente josefina al igual que su madre, la hidalga Iberia».
A tanta solemnidad de inauguración siguió proporcionalmente el aumento de la devoción
y del culto josefino de forma que cada año adquirían proporciones consoladoras. Los periódicos de Manila iban notando y consignando estos hechos. Solamente voy a copiar recortes de
un periódico.
El Diario de Manila, de fecha 27 de Noviembre de 1895, bosqueja las funciones del Novenario de este año, analiza los sermones predicados por los religiosos con este motivo y termina:
«El último día 26, fiesta de los Desposorios, desde muy temprano, se vio invadido de fieles el templo de Recoletos, que ansiosos iban a buscar el pan de las almas.
A las ocho se daba principio a la solemne misa de Fomblella en la quo debía tomar parte, además de la orquesta y coros de la Catedral, el notable tenor religioso Fr.
Pedro Calalán.
De factura moderna la misa de referencia, es notable por su originalidad en los
motivos y rica en su instrumentación.
La segura batuta del maestro Echegoyen se hizo obedecer dócilmente, dejándonos oír un conjunto lleno de bellas armonías realzadas con un perfecto claro oscuro.
El Pade Catalán, que posee una potente, fresca y metálica voz, tomó una parted
muy activa en toda la misa y estuvo verdaderamente inspirado en los Kyries, en el
Credo y en el Sanctus.
El R. P. Prior, acompañado de dos religiosos de la Orden, fue el oficiante y tocóle al R. P. Lizasoain dirigir en este día la palabra al numerosísimo auditorio que invadía el templo…
El templo estaba literalmente lleno de escogida concurrencia, viéndose ocupado
el lugar de respeto por los señores que componen la Archicofradía de San José.
El atrio del templo estaba rodeado todo de arcos de caña,
328
cubiertos de tela abullonada de vistoso efecto.
Pueden estar satisfechos los PP. Recoletos de la solemnidad que ha revestido este año el novenario que tan brillantemente acaba de terminar.
De sentir es que el triste suceso que embarga el sentimiento público haya impedido que luciera la hermosa procesión que había preparada para dar fin a la novena».
Para que se pueda apreciar perfectamente la obra del hermano Fr. Casildo, vamos a citar
nada más los documentos pontificios relativos a esta institución josefina, por los cuales se
podrá venir en conocimiento de los progresos de la misma y de su importancia. Los documentos se conservan en el archivo de la provincia de San Nicolás, en Manila.
1.º En 29 de Enero de 1878, concedió la Sagrada Congregación de Ritos que el 26 de Noviembre, anualmente, se puede cantar la misa del día de San José, en la iglesia de Recoletos
de Manila.
2.º En Breve de 5 de Febrero de 1878, Su Santidad Pío IX, de feliz memoria, concedió
indulgencia plenaria, aplicable a las almas del purgatorio, a los que asistan a lo menos cinco
días al novenario de San José, y contritos y confesados reciban la Comunión, orando por los
fines acostumbrados según la mente de la Iglesia.
3.º En 25 de Junio de 1878, León XIII, concedió indulgencia plenaria de toties quoties, a
los fieles que visiten la iglesia de los Agustinos Recoletos de Manila, desde las primeras
vísperas de la festividad de los Desposorios hasta la puesta del sol del día 26 de Noviembre,
orando por los fines acostumbrados y comulgando en dicho día.
4.º En 26 de Junio del año 1883, nuestro Santísimo Padre León XIII expidió un Breve
concediendo que esta Cofradía de San José, establecida en Manila, goce del título y privilegios
329
de Archicofradía, con facultad de agregar a la misma otras Cofradías del mismo género, así en
la Diócesis de Manila, como en las demás de Filipinas y de hacerlas participantes de las indulgencias a ella concedidas.
5.º En 15 de Septiembre del mismo año, la Sagrada Congregación de Indulgencias,
aprobó un Sumario de indulgencias y privilegios otorgados a esta Archicofradía de San José.
6.º En 14 de Marzo de 1887, la Sagrada Congregación de Ritos concedió al Director de la
Archicofradía la facultad de bendecir y distribuir a los fieles de ambos sexos cíngulos en
honor de San José, con tal que en dicha bendición guarde la fórmula que se expresa en la concesión y haya expreso consentimiento del Diocesano.
7.º En 18 de Mayo de 1888, concedió la Sagrada Congregación de Ritos, que el Director
General de la Archicofradía pueda por cierto tiempo subdelegar a los Directores locales ejusdem Ordinis para bendecir y distribuir el cíngulo de San José bajo ciertas condiciones.
8.º En 20 de Junio del citado año, concedió la Sagrada Congregación de Ritos al Director
General de la Archicofradía la facultad de bendecir y distribuir a todos los fieles el pequeño
hábito o escapulario de San José, en la forma con que se otorgó a la Cofradía de Verona.
Tal es la obra cuya fuerza inicial partió de un modesto leguito.
Pocas veces tan bien como ahora se cumplirá aquello de que Dios ensalza a los humildes,
de los cuales se sirve para grandes y portentosas empresas.
Así estaba la institución cuando el P. Provincial Fr Juan Cruz Gómez del Corazón de
Jesús halló muy apto al Hermano Caballero para que le acompañara en el viaje que hizo a
España el año 1884, bien que sintió no poco retirar de Manila a tan
330
entusiasta y afortunado propagandista de las glorias de S. José. Casi un año permanecieron en
España y habiendo regresado a Filipinas el 8 de Marzo de 1885, como conociera el Provincial
durante este tiempo muy de cerca las excelentes cualidades de su compañero de viaje, y viera
que la hacienda que tenía la Provincia en Montinglupa necesitaba un individuo de las prendas
del Hermano Casildo, destinólo allí con la esperanza de provechosísimos resultados que por
desgracia salieron fallidos debido a la insurrección tagala, cuyos agentes trataron de perseguirlo y de los cuales se libró oportunamente huyendo a Manila el año 1896, donde permaneció dos años. De aquí fue destinado a China, a la residencia de Macao, y de aquí, transcurridos otros dos, lo envió la obediencia a los Colegios de España, donde sigió siendo tan útil
como siempre. Cincuenta y cinco años contaba de edad a la sazón, y tanto en Marcilla como
en Motril y como en Monteagudo, conventos en los que moró sucesivamente, fue digno de su
vocación religiosa y continuó propagando, en la medida de sus fuerzas, la devoción al virginal
Esposo de María.
Por último, residía en el convento de Marcilla el año 1910. Consigo siempre llevaba una
reliquia muy valiosa del Patriarca San José con su auténtica correspondiente, y como si presintiese su próxima muerte, queriendo desarrollar en su pueblo natal la devoción de sus místicos amores, previa la licencia del superior, regaló a la iglesia parroquial la santa reliquia, que
es la que se da a venerar en las grandes solemnidades josefinas
¡Caso extraño! El Hermano Caballero murió repentinamente en dicho convento en la madrugada del día 10 de Noviembre de 1910. Diósele sub conditione la absolución sacramental
y la extremaunción a las siete de la mañana, porque su cuerpo estaba aún caliente. San José,
abogado de la buena muerte, ¿cómo no otorgó a su siervo la dicha de morir rodeado de sus
331
hermanos? Acaso fue esta muerte un premio: acaso San José quiso librarlo de los horrores de
la enfermedad y de una agonía temerosa. De todos modos, mors mala putanda non est, quando bona vita praecessit1. No se debe reputar mala muerte aquella a que precedió buena vida.
Como no conocí ni traté personalmente a mi biografiado, rogué con instancia al P. Fr.
Pedro Corro del Rosario, ex-Rector de Marcilla, que me proporcionara algunos datos para
perfilar la fisonomía moral del H.º Casildo que vivió en Marcilla, súbdito suyo; y dicho P.
Corro tuvo por bien escribir la siguiente carta en la que se echa de ver la habilidad del Cronista general para estas materias, la amenidad ascética, propia del autor de Agustinos amantes de
la Eucaristía, y cierto deleite espiritual que se transparenta muy a las claras al través de estos
párrafos que tratan de un asunto tan del gusto del quien tiene escrita una obra sobre las prerrogativas del gloriosísimo Patriarca, Esposo de la Madre de Dios.
He aquí la carta que no tiene desperdicio:
«M. R. P. Cronista General Fr. Pedro Fabo del Corazón de María.
Muy estimado Padre Fabo: Me pide V. R. alguna noticia del H.º Casildo Caballero de San José, y voy a intentar complacerle recordando algo de aquellos tres años
1902-1905, durante los cuales permanecí en nuestro Colegio de Marcilla. Entre los
ejemplares de religiosos que allí conocí, pasados a mejor vida, siempre recordaré con
satisfacción a los cuatro hermanos legos Fr. Dámaso Bartos de San José, alma inocentísima que ya septuagenario parecía no haber perdido jamás la gracia bautismal;
Fr. Eusebio Rórtegui de la V. del Camino, fervorosísimo adorador de Jesás Sacramentado, ante quien se pasaba cada
1
San Agustín. De civ. Dei, lib. I, cap. 11.
332
día largos ratos en oración, trabajados infatigable e incapaz de ver una necesidad o
aflicción en cualquiera religioso, sin aplicarse inmediatamente a remediarla, aunque
le fuera necesario recurrir para ello a alguna travesura ilegal, que había que reprenderle como a un niño, envidiándole al mismo tiempo aquella caridad y aquel corazonazo, siempre abierto para cuantos quisiesen llamar a su puerta: Fr. Valeriano Garrido del Carmen, hombre celosísimo del bien de la Comunidad, sufrido, laborioso en
sumo grado y amante de la observancia religiosa: el cuarto de ellos es el bendito Fr.
Casildo.
Distinguíase éste por una candidez verdaderamente de niño y por un corazón
siempre dispuesto a entusiasmarse con todo lo que signifirara en algún modo amor a
Dios y salvación de las almas. No se le podia dar mayor alegrón que el de referirle
algún hecho notable de cualquiera religioso nuestro en servicio de Dios, especialmente en las misiones de Ultramar. Saltaba el hombre de gozo y se deshacía en elogios hablando de lo mucho y bien que trabajan nuestros misioneros, y se le sentía tan
feliz y fan lleno de santa complacencia, que no podía uno menos de entusiasmarse
con él y asentir a todas sus afirmaciones y entusiasmos.
Era proverbial en el H.º Casildo el buen humor, el cual pudiera decirse le rebosaba por todos los poros de su cuerpo, dibujándose especialmente en su rostro noble
y bonachón, con el que parecía ir diciendo a cuantos se encontraba al paso —Hermano, ¿hay algo en que pueda servírsele?— Y, aun cuando ordinariamente se hallaba
aquejado de reumas, siempre fue notabilísimo por su constancia en acudir a todo acto
de comunidad y por su incesante movimiento de una parte a otra del Convento, sin
dispensarse de ninguno de los muchos quehaceres que sobre él pesaban.
Pero la nota dominante en la fisonomía espiritual del hermano
333
Casildo era el amor a San José. El H.º Casildo era en esto un Recoleto de cuerpo entero. Y digo esto porque, como muchas veces he oído comentar entre nuestros hermanos de hábito, hay en nuestra manera de ser un no sé qué especial de amor al benditísimo Patriarca, algo así como un cariño de familia, como si de un modo particularísimo perteneciera él a nuestra Recolección o nuestra Recolección le perteneciera.
Y ciertamente todo parece explicarse en tal sentido, si se tiene en cuenta la admirable
providencia con que San José se dignó intervenir ya para salvar de una muerte segura
al primer Recoleto, venerable Tomé de Jesús, ya para influir maravillosamente en las
numerosas fundaciones de la primera Recoleta, venerable Mariana de San José, como a esta misma se dignó manifestárselo nuestro buen Jesús.
No hay para qué ponderarle yo aquí a V. R. lo mucho que el H.º Casildo trabajó
para levantar en Manila el culto a San José, y la altura inconmensurable a que lo levantó, mendigando su cooperación a nuestros hermanos de Filipinas, los cuales, sea
Dios bendito, rivalizaron en generosidad, poniéndose en todo y por todo a disposición del fervoroso Hermano. Lo que no todos saben es que con esto el H.º Casildo no
hizo más que resucitar y promover otra vez la glorificación del virgen Padre de
Jesús, de modo parecido a como antiguamente se la habían tributado los PP. Recoletos, y que últimamente había ido muy a menos por la escasez de sacerdotes en nuestro Convento de Manila.
Por mediación de nuestros hermanos, especialmente del extático siervo de Dios
P. Fr. Diego de la Anunciación1, fue votado San José por patrón de aquella ciudad,
punto este gloriosísimo para nuestros predecesores en aquel archipiélago de
1
Hist. Gen. de los Agustinos Recoletos, tom. II, pág. 70.
334
tan gratos recuerdos a cuantos hemos pasado allí los mejores años de nuestra vida.
Diríase que en el humilde H.º Casildo se concentraron todos estos entusiasmos
de aquellos antiguos Recoletos hacia el purísimo Esposo de la Virgen, entusiasmos
de los que no solamente brotó esa exuberancia de culto josefino con que tanto se
honra nuestro Convento de Manila, sino también esa otra exuberancia de raras virtudes con que brilió en todas partes el inolvidable H.º Casildo, sólidas y macizas como
fundadas que iban sobre el firmísimo cimiento de una humildad a toda prueba.
No recuerdo haberlo visto triste o mal humorado, sino cuando llegaba a su noticia alguna acción culpable de cualquiera religioso nuestro, pero, aun entonces, jamás
se ensañaba contra el delincuente, sino que movido de su natural siempre caritativo y
bondadoso cortaba cuanto antes la conversación y manifestaba bien claramente que
toda su pena provenía más que de ira contra el culpable, de compasión y lástima a
favor del mismo.
En fin, Rvdo. Padre, el H.º Casildo donde quiera que fijara su residencia era la
alegría de la casa, el brazo derecho de los Superiores, el servidor afabilísimo de todos, la confusión de los tibios, el aliento de los fervorosos, y todo esto con una sencillez, con una naturalidad tal, que parecía el hombre más feliz de la tierra y hacía recordar aquella hermosa redondilla de nuestro notable poeta, el P. Casto Nájera:
Tristeza y melancolía
En mi casa no ha de haber:
Si no se opone el deber,
Mi atmósfera es la alegría.
Muy digno es, pues, el H.º Casildo de que se le dedique un recuerdo laudatorio
entre los muchos que de justicia deben tributarse a tantos hermanos nuestros eminentes por sus virtudes,
335
y no será poca mi satisfacción, si con estas mal trazadas líneas puedo contribuir en
algo a ensalzar la memoria de tan benemérito religioso.
Encomiéndeme a Dios y mande incondicionalmente. De V. R. afmo. en Jesús.
FR. PEDRO CORRO DEL ROSARIO
Ágreda 12 de Mayo de 1918».
Como epílogo de su biografía sirvan estos párrafos de una muy seria e importante revista:
«Puede asegurarse que fue (el H.º Casildo) todo el santo espso de Maria, cuyo
nombre agregó al suyo, y por cuya devoción y culto trabajó con entusiasmo y sin
límites en lo restante de su vida. Humilde por condición, afable y sencillo con todos,
su mayor placer consistía en servir y hacer bien a cuantos acudían a él, exigiendo
como única recompensa a sus servicios, cuando las circunstancias se lo permitían, la
devoción a San José…
Es de creer que el glorioso San José, por cuyo culto se afanó tanto, y cuyo nombre llevaba siempre en la boca y en el corazón, le habrá llevado a recibir el galardón
prometido a los verdaderos religiosos»1.
Vaya por último la necrología que está en el Libro de difuntos del Colegio de Marcilla:
«El H.º Fr. Casildo Caballero de San José fue, desde que vistió nuestro santo
hábito, modelo de religiosos y de Hermanos de obediencia, resplandeciendo en él todas las virtudes que deben adornar a todo perfecto religioso, pero destacándose de
una manera particular una profunda humildad, una perfecta obediencia a la menor insinuación de los superiores, y, sobre todo, una candidez e inocencia, que le hacían en
extremo simpático y amable, conquistándose en todos los lugares a donde
1
Boletín oficial de la Provincia de S. N. de T., 1.º de Diciembre 1910.
336
la obediencia le destinó, el cariño y la confianza de propios y extraños.
Una muy singular y tierna devoción al glorioso Patriarca San José alimentó dicho Hermano en su corazón durante toda su vida, siendo un propagador celoso, constante y decidido de las glorias y grandezas del virginal Esposo de María, muy particularmente en las Islas Filipinas, en donde su radio de acción era mayor, y en donde
podía agenciarse más recursos para extender por todas partes libros, folletos y hojas
sueltas referentes al Custodio y Guardián de Jesús y María. Sus delicias eran hablar
constantemente de San José, y su rostro se encendía y su corazón palpitaba al oír
hablar de cualquier cosa que se refiriese al Santo Patriarca, cuya extraordinaria devoción era el mayor encanto y alegría de su amoroso corazón.
Particular abogado el glorioso Patriarca San José de sus devotos en el terrible
trance de la muerte, lo fue evidentemente de su entusiasta devoto el Hermano Casildo en esa hora; pues a juzgar por la posición en que se le encontró muerto en la cama
(mirando a un cuadro que tenía de los Dolores y Gozos de San José), su muerte fue
dulce y tranquila, como de un perfecto religioso y de un singularísimo devoto del
poderoso y compasivo San José, como lo revelaba claramente lo expresivo y natural
de su rostro, que más bien parecía que estaba dormido que no muerto».
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
INTRODUCCIÓN
AL TOMO
V DE LAS CRÓNICAS
Ahora pongamos los libros perdidos del Archivo conventual de Valencia:
«Libro de consultas antiguo, en cuarto, retirado en 1633.
Libro de consultas que comienza en 1633 y acaba en 1724.
Libro de consultas que comienza en 1725.
Libro de los que vistieron el hábito desde 20 de Junio de 1685 hasta 21 de Noviembre de
1759.
Otro de ídem que comienza en el folio 89 y año 1650, pero desde el primer folio hasta el
89 es de profesiones, desde el año 1604 hasta 1610.
Libro de profesiones desde 20 de Junio de 1613 hasta 9 de Septiembre de 1719.
Libro de profesiones, desde 30 de Septiembre de 1719 hasta 8 de Marzo de 1765.
Libro de Difuntos que comienza en 1633.
Libro de Difuntos que comienza en 1721».
De estos y de otros documentos omitidos puede sacarse la consecuencia de que nuestros antecesores tuvieron materia histórica y queno la aprovecharon en su totalidad, porque, digámoslo de una
338
vez, no se propusieron escribir historia, sino Crónicas, o, con más propiedad todavía, una
serie de libros de lecturas edificantes; libros que, vistos desde tal punto de vista, merecen gran
respeto y estima en cuanto al fondo de los asuntos, aun cuando no tanto relativamente a la
forma. Bien está que se publiquen obras de esta naturaleza; muy bien que se proporcione a los
hijos del claustro modelos gloriosísimos y nobilísimos, que fomenten la piedad y el bien obrar
dentro y fuera de los conventos, que lleven como de la mano a las deliciosas mansiones de la
virtud, que hablen el lenguaje poderoso del ejemplo; pero ensalzar estos libros como modelos
de historia de una Religión no lo reputamos ni exacto ni conveniente. Y ¿qué mucho si aun las
mismas biografías o vidas que nos ofrecen quedan destituidas de algunos aspectos necesarios
dentro de la realidad de las cosas? Esa tendencia muy marcada a suprimir fechas, lugares y
circunstancias, de tal modo que en el espacio de varias páginas no se encuentran sino periodos
panegiristas y reflexiones, delatan a ojos vistas los propósitos suyos, o sea, que escribían algo
así como meditaciones piadosas sobre personajes históricos, más que historia de los personajes mismos.
Por lo demás, era lo que privaba entonces entre los autores de los tan famosos y hoy vilipendiados cronicones que de estas materias trataban; y, por consiguiente, no pudieron librarse
nuestros autores de la tendencia a suprimir fechas y lugares, supresión que tenía por objeto
que lo absorbiese todo el hecho ascético, y el hecho ascético en cuanto entrañaba una enseñanza de índole espiritual, tanto más completa, según ellos, cuanto más careciese de circunstancias y accidentes relacionados con la materia. ¡Lástima que se escribiesen con sobrados
comentarios los hechos edificantes de los religiosos y languidezca la narración y se epilogue
en cuatro palabras la fundación de nuestras casas y su material desarrollo! No lo culpamos,
pues, ya que de semejante manera de historiar adolece la mayoría de los predecesores y de sus
contemporáneos, como puede verse en sus respectivas historias; por ejemplo, las obras de los
religiosos Hauberto, Argáiz, Aguilar del Portillo, Zamora, Román de la Higuera y el candoroso escritor de hechos milagrosos P. Portocarrero y otros que sería prolijo enumerar y pueden
verse citados en Historia crítica de los falsos cronicones de Godoy
339
Alcántara, obra premiada en 1868 por la Real Academia de la Historia, y escrita en sentido
ortodoxo, así como en la Censura de historiadores fabulosos, por el diligente Mayans. ¡Es
que los Manriques, los Marianas, los Sandovales, los Flórez, los Riscos, los Feijoos, los Islas,
fueron tan pocos que no pudieron contener la corriente! Y no podían substraerse del todo
nuestros cronistas a la influencia de la época, pues era tan fuerte, que, al decir del mismo Godoy Alcántara, pág. 2, desde fines del siglo XVI «apenas hay ciudad ni aldea que no cuente
favorecidos del cielo, que obren milagros, conversen con los bienaventurados, lleven sagrados
estigmas y den ejemplo de todo género de austeridades y mortificaciones…» Y más adelante,
pág. 7, especifica: «E hallazgo de reliquias era demasiado frecuente en aquellos tiempos, y los
que conocieron la falsedad, no osando ponerse de frente con la opinión, que lo aceptaba como
verdadero, o guardaron silencio o manifestaron la suya de una manera embozada e indirecta».
He aquí la explicación verdadera; porque, cuando la costumbre errónea ha llegado a encarnarse en el organismo de las sociedades, es imposible destruirla de repente. ¡Cuánto tuvo que
sufrir el P. Flórez, por ejemplo, por ser veraz e independiente de criterio! «No es posible descuajarla, añade el citado autor, sin desconsolar y perturbar almas creyentes; el P. Flórez acepta la verdad, la patrocina y no retrocede para sacarla a salvo ante las más heroicas resoluciones».
Y ahora, es claro, quéjanse de tales defectos cuantos intentan reconstituir las Historias,
documentarlas, como hoy se dice, y criticarlas para exhibirlas tal cual son en sí, sin atenuaciones y sin otorgarles más o menos valor que el que se desprende de los hechos reales.
Lo triste es que, si quisiéremos hacer una edición crítica de los cuatro tomos primeros,
gran trabajo costará anotar, explicar, rectificar, expurgar no pocos sucesos en ellos contenidos
y añadir otros para su mejor inteligencia y hermosura; y demandará trabajo porque las fuentes
de información no han de deparar todos los hallazgos que hemos menester para tan gigante
empresa, a cuya ejecución contribuiremos poniendo como apéndices en los tomos siguienes
algunas piezas documentales que en los archivos hemos topado.
¡Es el concepto que hoy los escritores han de la realidad objetiva
340
de la historia tan diferente del que se tenía en los siglos pasados! Los conocimientos auxiliares de la Historia y de la Crítica, la Metodología, la Heurística, los cánones que la Diplomática estatuye, la Geografía histórica y la Cronología aunadas fuerzan al que escribe sobre lo
pasado a convertir la atención, toda la atención, hacia la autenticidad de las pruebas monumentales y documentales, a fin de que la interpretación de los hechos sea genuina, y no la
imagen subjetiva que cada historiador o cada generación se forma a su capricho y según los
gustos, conocimientos y costumbres de la época, sino la expresión fiel, en cuanto es posible,
de toda la realidad de la vida. Los argumentos subjetivos, las afirmaciones indocumentadas o
que descansan en tal o cual parecer, originado de los archivos que llamaremos sicológicos,
valdrán para formar cuentos de color de rosa o del color del cristal con que se mira, pero nunca llevarán el sello de la evidencia que exigen hoy los comentaristas de los libros clásicos o
los historiadores que trabajan por sentar sus relatos y la crítica de los mismos sobre fundamentos seguros.
FR. P. FABO DEL C. DE MARÍA
(Continuará)
Año IX
Octubre de 1918
Núm. 100
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
SECCIÓN CANÓNICA
La forma de la celebración del matrimonio,
según el Código Canónico
(Continuación)
§ IX
Quiénes están sujetos a esta forma de contraer el matrimonio
84. Esta forma de contraer el matrimonio es obligatoria para todos los bautizados en la
Iglesia católica y para cuantos a ella se hayan convertido de la herejía o del cisma, aunque en
la iglesia católica no hayan sido bautizados (por más que éstos o aquellos
342
hayan después abandonado la iglesia), cuantas veces traten de contraer entre sí matrimonio
(can. 1.099 1, 1.º).
85. Rige también esta forma: a) para los mencionados en el número anterior, dado caso
que alguno de ellos quiera contraer matrimonio con los acatólicos, estén o no bautizados,
aunque hayan obtenido la necesaria dispensa del impedimento de mixta religión o del de disparidad de cultos (ibid., 2.º); b) para los católicos de rito oriental cuando hayan de contraer
con los de rito latino sujetos a dicha forma (ibid., 3.º).
86. Substancialmente corresponde este § 1 del can. 1.099 al art. XI del decreto Ne temere,
§§ 1 y 2.
87. La universalidad con que obliga la forma establecida por el Código, confirmando en
esto lo que ya había establecido el decreto Ne temere, contiene una ventaja imponderable con
relación a la disciplina establecida por el cap. Tametsi, el cual ciertamente encerraba grandes
bienes sobre la disciplina anterior, pero quedaban éstos restringidos a determinadas regiones y
envueltos con no pocos inconvenientes.
88. Tanto el Ne temere como el Código han sabido: 1.º, evitar aquellos inconvenientes;
2.º, extender sin excepción los beneficios a los católicos de las regiones todas (véase en Ferreres, El impedimento de clandestinidad, n. 31 sig., o en Gury-Ferreres, Casus, vol. 2, n.
1.009 sig., el catálogo de las regiones donde se hallaba vigente el capítulo Tametsi). Tampoco
era siempre cosa fácil averiguar si en una población determinada se hallaba o no vigente el
capítulo Tametsi. Cfr. Ferreres, I. c., n. 440.
89. Lo que se prescribe en el can. 1.099, § 1, 2.º (n. 85, a), es una mera consecuencia del
anterior, puesto que la ley de clandestinidad per se obligaba tanto a los católicos como a los
herejes (S. C. C., 26 Septiembre, 1602; Ferreres, El impedimento de clandestinidad, n. 96).
Precisamente como hicimos notar en otra parte (Ferreres, l. c., n. 97), el ser obligatoria
dicha ley para los herejes movió a los Padres de Trento a establecer que la mencionada ley no
obligara sino en las parroquias en que se promulgase, porque de este modo, no promulgándose en las parroquias de los herejes, éstos no quedarían sujetos a ella y se evitaría la nulidad de
muchos matrimonios.
343
90. Por consiguiente, los matrimonios de los católicos de rito latino con los herejes siempre se rigen por la forma prescrita en el Código. Hay que exceptuar el caso en que ambos contrayentes hayan nacido en Alemania, si en Alemania celebran el matrimonio, o ambos en
Hungría, si en Hungría se casan. S. C. de Sacramentos, 19 Febrero y 18 Junio 1909; Ferreres,
l. c., n. 629 sig.
91. Este indulto en favor de Alemania y de Hungría subsiste después del Código, según el
can. 4, porque el Código no los revoca expresamente.
92. Pero la excepción no tendrá lugar: 1.º, si habiendo ambos nacido en Alemania, contraen en Hungría, o si contraen en AIemnia los nacidos en Hungría; 2.º, si uno de los contrayentes nació en Alemania y otro en Hungría, cualquiera que sea la nación en que contraigan.
S. C. de Sacramentos, l. c.; Ferreres, l. c.
93. La prescripción del can. 1.099, § 1, 3.º (n. 85 b), coincide con la declaración de la S.
C. del Concilio de 28 de Marzo de 1908.
95. Falta saber en qué forma deben contraer entre sí los católicos de rito Oriental. Decimos que deben contraer lo mismo que antes del Código, porque el Código no se refiere a
ellos, como consta del canon 1.
Ahora bien, antes del Código estaban sujetos a la forma prescrita en el decreto Ne temere
los católicos greco-rutenos, tanto en el Canadá como en la América Septenlrional y Meridional, S. C. de Prop. Fide pro neg. rit. or., 18 Ag. 1913, art. 36; 17 Ag. 1914, art. 30; 27 Marzo
1916, art. 17, Acta V, p. 398; VI, p. 463; VIII, p. 107). Luego también lo estarán ahora a la
forma del Código que ha sustituido a aquella.
§X
Quiénes no están sujetos a la forma prescrita en el código
93. Quedando firme lo que se prescribe en el § 1, 1.º (de este can. 1.099, véase el n. 84):
a) Los no católicos, estén o no bautizados, si contraen entre sí, no están obligados en parte
alguna a observar esta forma del matrimonio. b) Tampoco lo están los nacidos de no católicos, por más que hayan sido bautizados en la Iglesia
344
católica, si desde su infancia fueron educados en la herejía, en el cisma o en la infidelidad, o
sin religión alguna, y contraen con otros no católicos (can. 1.099, 2).
96. La primera parte a) de este § 2 coincide con el § 3 del artículo XI del decreto Ne temere en lo que se refiere al matrimonio. Según ella, los que nunca han sido católicos, estén o
no bautizados, si contraen entre sí, no están sujetos a la forma trazada a los católicos para el
matrimonio.
97. Por consiguiente, para todos estos serán válidos los matrimonios clandestinos, cualquiera que sea la región en donde contraigan entre sí matrimonio.
98. Es una excepción general y bien definida. Es la más amplia de cuantas se habían concedido hasta el presente. De suyo la ley comprendería también a los herejes, aun cuando entre
sí contraigan, pues son súbditos de la Iglesia aunque rebeldes.
99. Como precedentes históricos se pueden citar las excepciones señaladas en la llamada
declaración de Benedicto XIV, lo decretado para Malta en 12 de Enero de 1890, y más especialmente la concedida a toda Alemania por Pío X. (Cfr. Ferreres, l. c., números 446, 448,
465 y 466.
100. El Código amplía más la excepción, haciéndola extensiva a los que cuando eran niños fueron bautizados en la Iglesia católica, pero que, siendo hijos de padres no católicos,
fueron desde su infancia educados en la herejía, cisma o infidelidad, o sin religión alguna, y
así perseveran, con tal que contraigan con otros no católicos.
101. Pero estos mismos estarán sujetos a la forma prescrita en el Código, si contraen no
con acatólicos, sino a) con otros (a lo menos probabiliter) que, como ellos, siendo hijos de
acatólicos, fueron bautizados en la Iglesia católica, etc.; b) o con los que no son hijos de
acatólicos, sino hijos de un padre católico y de otro que no lo era y fueron bautizados en la
Iglesia católica, aunque por haber muerto tal vez el padre católico él haya sido educado desde
su niñez en la herejía, etc.
345
§ XI
Ritos en la celebración del matrimonio. – Bendición nupcial
102. Fuera del caso de necesidad, en la celebración del matrimonio deben observarse los
ritos prescritos en los rituales aprobados por la Iglesia, o las costumbres laudables de cada
región, diócesis, etc. (can. 1.100).
103. El párroco debe cuidar de que los esposos reciban la bendición solemne, la cual se
les podrá dar aun después de vivir mucho tiempo en el matrimonio. Pero sólo puede darse
dentro de la Misa, observando la rúbrica especial y exceptuado el tiempo feriado (can. 1.101,
§ 1).
104. Dicha bendición solemne sólo puede darla por sí, o por otro, el sacerdote que válida
y lícitamente puede asistir al matrimonio (ibid., 2).
105. En cualquier tiempo en que se celebre el matrimonio, estén o no cerradas las velaciones, deben observarse, como antes se ha dicho (n. 101), las ceremonias que prescribe el
Ritual o las costumbres laudables admitidas en cada diócesis, etc., y, por consiguiente, se da a
los ontrayentes la bendición en el Ritual prescrita para es caso, y entonces es cuando se celebra propiamente el matrimonio, bendición que se da en cualquier hora y día en que el matrimonio se celebra. El matrimonio, por consiguiente, se contrae fuera de la Misa.
106. Lo común entre católicos es que, terminado el acto de contraer el matrimonio, se siga la Misa dentro de la cual se da la bendición nupcial solemne, la cual sólo dentro de la Misa,
y no fuera de ella, puede darse1.
107. Dado caso que los contrayentes no recibieran la bendición nupcial inmediatamente
después de contraer el matrimonio, cualquiera
1
Consiste esta bendición en las hermosísimas y devotísimas oraciones Propitiare Domine, etc., y Deus, qui
potestate, etc., que dice el sacerdote inmediatamente después del Pater noster, y en la otra que empieza
Deus Abraham, la cual se dice inmediatamente antes de dar el celebrante la bendición al pueblo al final de
la Misa (S. Rit. C., 9 de Mayo de 1893, ad III: D. auth , n. 3.798).
346
que sea la causa (v. gr. porque se celebró hallándose cerradas las velaciones, o estando en
peligro de muerte uno de los contrayentes, o en los casos en que no se podía acudir al párroco,
o porque no quisieron los contrayentes, etc.), pueden, aun después de mucho tiempo de casados (aunque hayan pasado varios años), recibirla, y es de consejo que a lo menos entonces la
reciban (canon 1.101, § 1). Exceptúase el caso en que la mujer ya la haya recibido en anteriores nupcias (S. Rit. C., l. c.; can. 1.143), pues entonces no puede dársela. Claro está que, como
ya se ha dicho, sólo puede dárse!es dentro de la Misa.
108. La iglesia tiene instituida una Misa especial para los que se casan, llamada Misa
nunpcial o Misa por el esposo y por la esposa, en la que se da la bendición nupcial. Dicha
Misa se puede decir fuera del tiempo en que están cerradas las velaciones (y aun en éste, con
causa justa y dispensa del Ordinario), como no sea Domingo o fiesta de precepto u otro de los
días más solemnes o privilegiados. Aun en estos días, por lo general, permite la Iglesia que en
la Misa se añada una oración especial por el esposo y la esposa y se les dé la bendición nupcial solemne.
109. En los matrimonios entre una parte católica y otra no católica, se ha de pedir y recibir el consentimiento en la forma que se dijo en el can. 1.095 § 1, 3.º (can. 1.102. § 1).
La iglesia católica detesta tales matrimonios mixtos, y si algunas veces, por especiales
circunstancias, concede permiso para que se contraigan, exige como condiciones indispensables, fundadas en el derecho natural y divino, las promesas juradas de educar todos los hijos
en la Religión católica, la de procurar la conversión del cónyuge no católico y la de no presentarse ante el ministro no católico.
110. Sucede, no obstante, a las veces que los contrayentes en su obcecación se niegan
pertinazmente a someterse a tales condiciones, y la iglesia, en su celo por la salud de las almas y para evitar mayores males, atendidas las especiales circunstancias de algunas regiones,
tolera, no obstante, algunas veces que el párroco católico asista a dichos matrimonios. La experiencia ha demostrado que en estos casos es menos inconveniente que el párroco pida y
reciba el consentimiento de los contrayentes. El Santo Oficio en 21 de Junio de 1912 declaró
que en los matrimonios mixtos en que
347
los contrayentes se nieguen pertinazmente a dar las seguridades debidas, no será necesario,
para la validez, que el párroco pida y reciba el consentimiento, sino que bastará la presencia
meramente pasiva del párroco, debiendo estarse taxativamente a las concesiones e instrucciones antiguas de la Santa Sede, en especial a las Letras apostóiicas de Gregorio XVI a los
Obispos de Humgría.
En 2 de Agosto de 1916 declaró el Santo Oficio que esta asistencia meramente pasiva del
párroco se tolera únicamente: a) en aquellas regiones para las que antes del decreto Ne temere
se habían hecho por la Santa Sede condiciones especiales y dado instrucciones, y b) solamente para los casos y bajo las condiciones allí expresadas, y que, por consiguiente, c) los matrimonios contraidos en cualesquiera otras regiones con la asistencia meramente pasiva del
párroco son, no sólo ilícitos sino también inválidos.
Entre las regiones en que vale la asistencia meramente pasiva se hallan Hungría y Chile1.
111. II. Pero quedan prohibidos todos los ritos sagrados (ibid., § 2), aun la bendición del
Ritual, y deben celebrarse tales matrimonios fuera del lugar sagrado y aun fuera de la sacristía
sin que el sacerdote lleve sobrepelliz, ni estola.
III. Sin embargo, si de la omisión de estas ceremonias se temen males más graves: a)
podrá el Ordinario permitir alguna de las ceremonias acostumbradas, b) pero quedando siempre excluida la celebración de la Misa (ibid.) y, por tanto, la bendición nupcial.
§ XII
Inscripción de la partida en el libro de matrimonios
112. Celebrado el matrimonio, debe el párroco del territorio en que ha tenido lugar (o
quien haga sus veces) escribir la partida inmediatamente en el libro de matrimonios, haciendo
constar en ella los nombres de los cónyuges y los de los testigos, el lugar y día de la celebración y lo demás necesario según las prescripciones
1
Cfr. Rescript. Greg. XVI, 22 maji 1841; S. C. C., 27 jul. 1908, ad III; Instr. S. Off. ad Archiep. S. Jacobi de
Chile, 17 mart. 1869 (Appendix ad C. P. Amer. lat. n. XXXII y también XXXI).
348
rituales, o lo que haya mandado el Ordinario. Debe hacer esto el párroco mismo, aunque él no
haya asistido al matrimonio, sino otro sacerdote delegado por él o por el Ordinario (can.
1.103, § 1).
113. Esta prescripción está tomada a la letra del art. IX, § 1, del decreto Ne temere, que a
su vez conservó substancialmente la antigua disciplina prescrita por el Trid., sess. 24, c. 1, De
ref., y por el Ritual Romano. De sacr. matr., al fin (tit. 7, cap. 2, n. 6).
114. El Concilio Plenario de la América latina, n. 599, manda que la inscripción del matrimonio se haga, si es posible, antes de las veinticuatro horas de haberse celebrado, y que el
día, mes y año se escriban, no por cifras o números, sino con todas las letras. Ibid., n. 392.
115. La inscripción debe hacerla el mismo párroco (ecónomo, regente) o el que (en ausencias, enfermedades) haga sus veces. El que accidenlalmenle supla al párroco enfermo o
ausente debe, al hacer la inscripción, declarar que la hace por especial comisión del párroco, y
la causa que impide al párroco hacer por sí mismo la inscripción (cfr. Gasparri, De matr., n.
1.048).
Si asistió al matrimonio otro sacerdote delegado, deberá éste firmar la partida, juntamente
con el párroco, que será el que la escriba (véase la formula del Ritual para este caso). Ibid., n.
395.
§ XIII
La nota marginal en el libro de bautizados
116. Debe además el párroco, según la norma del can. 470, § 2, poner en el libro de bautizados (al margen de la parlida de bautismo) una nota en la que haga constar que la persona a
que la partida se refiere contrajo matrimonio tal día en su parroquia. Si los contrayenles o
alguno de ellos no fue bautizado en aquella parroquia, deberá el párroco que asistió al matrimonio avisar por sí o por medio de la Curia al de la parroquia del bautismo, a fin de que éste
ponga en el libro de bautizados la nota marginal referente al matrimonio (can. 1.103, § 2).
117. También esta prescripción está enteramente tomada del decreto Ne temere (art. IX, §
2), el cual la introdujo por vez primera. Cfr. Ferreres, Los Esponsales, n. 415 sig. No hay
duda que
349
es innovación utilísima, pues ha de facilitar grandemente el conocer si existe o no el impedimento del vínculo matrimonial.
118. Cuando hace diez años comentábamos esta disposición del decreto Ne temere, dijimos: «Por la misma razón sería bueno poner al margen de la partida de bautismo y de la de
matrimonio una nota sobre la defunción del otro cónyuge, cuando ésta ocurra; el hecho de
haber recibido órdenes sagradas, entrado en religión, etc.»
(Continuará)
Naturaleza y extensión de la potestad de los superiores
religiosos, según el código canónico
I. Los Superiores y los Capítulos: a) tienen potestad dominativa sobre los súbditos, según
las normas de las constituciones y del derecho canónico; b) si la religión es clerical exenta,
tienen también jurisdicción eclesiástica sobre ellos, tanto en el fuero interno como en el externo (can. 501, § 1).
Síguese de aquí que los Superiores locales de las religiones clericales exentas son Prelados, pues tienen jurisdicción ordinaria en el fuero externo (véase el can. 110); pero no son
Ordinarios (véase el can. 198).
a) La potestad dominativa, llamada también doméstica y económica, es la facultad que
compete al jefe de toda sociedad de mandar, dirigir y castigar moderadamente los miembros
de la sociedad, sea ésta natural, como lo es la familia, sea convencional, como lo son, v. gr.,
las Órdenes y Congregaciones religiosas. Se funda en el derecho natural, esto es, en la necesidad en que se halla toda sociedad de tener un jefe que la rija y gobierne. Compete también a
las Superioras religiosas, aun las de Congregaciones de votos simples y aunque sólo sean diocesanas.
La potestad dominativa compete, por lo tanto, a los padres sobre sus hijos, al señor sobre
sus esclavos y a los superiores religiosos en virtud de la libre voluntad de los religiosos que se
entregan a la religión con la promesa y obligación de obedecer según su regla. De ella nace en
el Superior o Superiora el derecho de mandar al religioso, de aplicarle a esta o a otra cosa,
según el fin y reglas del instituto.
350
b) La de jurisdicción sólo compete a los Superiores de las religiones de varones, con tal
que sean clericales y además exentas.
c) La potestad eclesiástica de jurisdicción es potestad espiritual perteneciente a la potestad de las llaves conferidas por Cristo a su Vicario, y de él derivada a los que él quiere comunicarla1.
d) Aunque en las Órdenes y Congregaciones tanto de religiosas como en las laicales de
varones, etc., los Superiores y Superioras carecen de potestad de jurisdicción, esto no obstante, todas las religiones están sujetas a la potestad de jurisdicción, ya que están sujetas a la
Iglesia, jurisdicción que ejerce o el Papa inmediatamente o el Prelado regular (a quien la comunica el Papa) si se trata de Órdenes clericales exentas, o el Ordinario del lugar, como sucede por lo general con las monjas y demás religiosas.
e) Las Superioras todas, aunque sean generales, y aquellos Superiores que sólo tienen
potestad dominativa, de suyo no pueden dispensar en las reglas y constituciones, sino más
bien declarar que éstas en algún caso determinado y urgente no obligan. Si algo más pueden,
debe sacarse de concesión especial, de manera que dispensen sólo ministerialmente, por comisión del propio Prelado, el cual es quien propiamente dspensa, y exige como condición para
la dispensa que el Superior o Superiora juzgue que hay causa para la concesión2.
f) Supuesta la exención de una Orden o Congregación religiosa, es necesaria la potestad
de jurisdicción, pues quedando toda la Orden o Congregación sujeta inmediatamente al Papa,
y no siendo conveniente que éste la gobierne por sí mismo, ni por medio de delegados, sino
por medio de Prelados ordinarios, deben serlo de la misma religión, si es clerical.
II. A los Superiores les está severamente prohibido el entrometerse en las causas que se
refieren al Santo Oficio (can. 501, § 2).
1
Cfr. Suárez, De statu religioso, lib. 2, c. 18 (edic. Vives, vol. 15, p. 218 sig.); Schmalzgrueber, lib. 1, tít. 31, n.
32 sig.; Piat, I, q. 735 sig.; Vidal, apud La civiltá cattol., 1917, vol 4, p. 500 seq.
2
Cfr. S. C. Epis. et Reg., 2 Marzo 1891, ad 6; 6 Sept. 1897, ad 15: Battandier, Guide canonique, n. 428, p. 349,
ed. 5.ª; Wernz, Jus Decretal., vol. 3,n. 690; Craisson, Manuale jur. can., vol. 2, nn. 2.984-2.991; Ojetti, Synopsis, vol. 1, n. 38 sig.; Normas, art. 266; Bouix, De jure regul., part. 6, sec. 1.ª, cap. 4.
351
III. El Abad Primado y el Superior de una Cengregación monástica no tienen toda la potestad y jurisdicción que el derecho canónico concede a los Superiores mayores, sino que la
potestad y jurisdicción de éstos se ha de deducir de las propias consutituciones y de los peculiares decretos de la Santa Sede, quedando firmes los principios de los cánones 655 y 1.594, §
4 (can. 501, § 3).
IV. El General tiene potestad sobre todas las provincias, casas y sujetos de la religión, la
cual debe ejercer conforme a las constituciones. Los demás Superiores la tienen dentro de los
límites de su cargo (can. 502) (el Provincial en la provincia, el Superior local en la casa, etc.).
En las religiones clericales exentas, los Superiores mayores pueden constituir notarios,
pero sólo para tos negocios eclesiásticos de su Religión (can. 503).
Para mejor inteligencia de lo dicho en el III, débense tener presentes las siguientes observaciones:
1.ª Al contrario de lo que sucede, tanto en las Congregaciones modernas de votos simples
como en las antiguas Órdenes mendicantes y también en las de clérigos regulares, en las cuales todas sus casas, conventos etc., están dependientes de un Superior General y divididas en
provincias, etc., las antiguas Órdenes monacales fundaban monasterios independientes entre
sí, los cuales se gobernaban por su propio Abad, sin dependencia de otro Superior de la misma Orden.
2.ª Más tarde (siglo X y siguientes) se fueron uniendo varios de estos monasterios independientes y formaron Congregaciones monásticas, dependientes de otro Superior común.
Comenzaron a formarse dichas Congregaciones de diversos monasterios, ya constituyéndose estas por los monasterios que debieron su origen mediato o inmediato a otro más antiguo
al que quedaban subordinadas, ya porque profesaban alguna reforma especial.
3.ª Fijándonos en la Orden de San Benito, las reformas de Cluny y del Cister, que vinieron a ser como Órdenes distintas, dieron origen a Congregaciones de diversos monasterios,
puesto que establecieron que todos los monasterios que profesaran dichas reformas estuvieran
sujetos a la judisdición de un Abad General.
352
4.ª Recientemente, en 1893, por iniciativa de León XIII1, catorce diversas Congregaciones formaron la confederación de los Benedictinos de hábito negro o confederados, bajo la
dependencia del Abad Primado. Al frente de cada monasterio independiente hay un Abad; al
frente de cada Congregación monástica, un Abad que se llama Presidente, Abad General, Presidente General, Archi-Abad, etc. Alguna Congregación, v. gr. la Casinense de la primitiva
observancia está subdividida en provincias.
5.ª El Abad Primado es además Abad del colegio o monasterio de San Anselmo de Roma.
Dicho colegio no pertenece a ninguna Congregación, y el personal se toma de todas. El Cargo
de Abad Primado dura doce años. A él deben enviar, cada cinco años, los Abades Generales
de cada Congregación una relación sobre el estado moral y material de la Congregación respectiva. Puede visitar por sí o por delegado todas las Congregaciones; a él le corresponde
cuanto afecta a cada Orden en general, etc. Ninguna Congregación queda sometida a otra, y
quedan a salvo los derechos y privilegios de cada monasterio.
6.ª Los monjes cistercienses están actualmente divididos en cinco Congregaciones. Al
frente de toda la Orden tienen un Abad General; al frente de cada Congregación un Abad, que
en alguna, como la de Italia, se llama también Abad General, en otras Vicario General. Los
llamados cistercienses de Casamari, que tienen dos monasterios, dependen inmediatamente de
la Santa Sede, y así cada un de ellos es independiente.
(De la obra del P. Ferreres, Inst. canónicas, edic. 2.ª, corregida y aumentada.)
1
Const. Summum semper, 12 de Jul. de 1893. (Acta S. Sedis, vol. 26, p. 371; Analecta Eccles., vol. 1, p. 347). En
dicha Const. y en el decreto de la S. C. de Ob. y Reg. de 16 de Sep. de 1893 (Analecta, l. c., p. 395 sig.) se
halla el derecho especial por el que se rige la confederación y los derechos y deberes del Abad Primado.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
MEMORIA DEL PADRE PEDRO
SANVICENTE DE S. JOSÉ
Vamos a escribir, con la ayuda de Nuestro Señor, algunas páginas sobre la vida y virtudes
de este insigne Religioso, hermano nuestro, muerto en opinión de santo en nuestra Residencia
de Coro el 5 de Julio de 1915.
No hemos dudado en aplicar el calificativo de insigne, a un Religioso que se ha marchado
al seno de Dios cargado de un tesoro de méritos y virtudes eminentes.
Diremos lo que hemos visto durante los dos años que tuvimos la dicha de convivir con él,
los últimos de su preciosa existencia y, por lo tanto, los mejores y más a propósito para conocerlo, y calcularlo bien por estar ya la cosecha madura, tanto en la edad, como en el espíritu.
Principalmente hablaremos de eso, aunque hayamos de hacer alusión al testimonio ajeno,
o bien a noticias de tiempos anteriores que obran en nuestra conciencia y en la de otros muchos religiosos que le han conocido y pueden dar testimonio de lo que digamos de él, pues la
delicada y sabia Providencia parece que se complació en conducirlo de una en otra parte y deuna en otra de nuestras Residencias para que muchos le conociéramos y en donde quiera resplandeciese, para nuestra emulación y provecho, ese precioso ejemplar de abnegados misioneros y religiosos santos.
No intento hacer una biografía completa del P. Pedro y ni siquiera
354
lo que se pudiera llamar un Epítome o Compendio de ella. Tal vez otros habrán de ocuparse
de ese trabajo, andando el tiempo, cuando el Señor tenga designado glñorificar a su siervo,
sacándolo de la oscuridad y el silencio en que su encantadora sencillez y modestia, refractaria
a todo intento de vanidad y ostentación, encerraron su laboriosa vida y velaron su santa muerte.
Yo sólo escribiré algunas Notas para justificar mi intento, tal como arriba queda dicho, y
las escribiré tan exactas y extensas como pudiere y del modo mejor que el Señor me dé a entender, a mayor gloria suya y edificación de todos. Y al mismo tiempo haré mi gusto que es
hacer algo por el que fue mi compañero y mi hermano y le amé como a la mitad de mi alma y
no sin profundo y doloroso quebranto me hube de separar de él por su muerte, quedándome su
memoria grabada en el corazón, grata y amable como una sonrisa del cielo, con la esperanza
dulcísima de que intercede por mí ante el Señor y me ha de hacer mucho bien porque me amó
santa y sinceramente en la vida.
Semblanza física y moral
Era el P. Pedro de cuerpo rehecho, regular estatura, color sano, facciones ordinarias iluminadas constantemente por una fuerte impresión de bondad proveniente de la de su santa
alma; tenía el cabello negro y fuerte y era un tanto miope.
La nota dominante de su carácter era la sencillez. Sencillo en todo: en el vestir, en el andar, en el hablar, en el sentir y pensar, en el tratar con los prójimos, en toda su vida y su ser se
reflejaban una sencillez y modestia encantadoras que nos le hacían amable y le conciliaban las
simpatías de cuantos le trataban.
Tengo motivos para creer que era un tanto recio y tesonero de genio, lo cual, ciertamente,
no achacaremos a culpa o defecto alguno en él, como ni en nadie; pues en primer lugar no
está en nuestra mano escoger nuestro carácter cuando nacemos. Y después, que nadie podrá
decir con fundamento que el carácter natural del individuo, sea de la índole que se fuera,
constituya ni un defecto moral y ni siquiera un obstáculo formal para la santidad. Antes por el
contrario: un genio tesonero y templado, yo digo que es una
355
cualidad natural muy estimable en el hombre y una garantía de formalidad y perseverancia en
la vida de la virtud. Todo consiste en la dirección y destino que se le dé.
En el P. Pedro, la gracia había moderado y reformado a la naturaleza abonándola y beneficiándola, y el resultado era que, sin perder nada de su firmeza y constancia para el bien, el
carácter de este bendito religioso había perdido, por la oración y el ejercicio de la paciencia,
aquellas puntas o naturales asperezas que suelen notarse con frecuencia, aun en religiosos
muy virtuosos y amigos de Dios que tienen esa índole, sirviéndole esos defectillos de continuo ejercicio de humildad y mortificación continua.
No afirmaremos paladinamente que fuese perfecto en este difícil dominio de sí mismo; ni
que que el interior estuviese siempre de perfecto acuerdo con el rendimiento que, por lo general, mostraba exteriormente ante las contrariedades de la vida y la obediencia. Algunas veces
le vimos turbado y aun más de lo conveniente solícito de su propio juicio y voluntad. Pero
con la misma verdad debemos confesar también que eso fue poco tiempo y pocas veces, que
no persistía en su obstinación y que en los últimos tiempos de su vida, aun esas pequeñas durezas habían desaparecido. Las nubecillas de los contratiempos en el ejercicio de su ministerio
pasaban presto y no tardaba en aparecer la calma en su bendita alma, reflejándose también en
su piadoso semblante. Era, pues, un varón de paz, tranquilo y dócil como un niño bien criado.
La muletilla con que expresaba su admiración o su desagrado, por alguna cosa, era un
¡caray! desmayado, que más decía de compasión por el prójimo que de disgusto por la propia
mortificación.
Nuestro bendito hermano era de su natural muy tierno y cariñoso. Amaba con pasión las
cosas tiernas e inocentes, como los niños, a los cuales acariciaba y regalaba con amable solicilud, los estimulaba a la virtud en sus catecismos y recordaba sus nombres y sus buenas cualidades con deliciosa comicidad.
Amaba también las flores y los pajaritos y los acariciaba también, aunque no se entretenía
en criarlos. Pero, sobre todo, amaba a los enfermos y desvalidos y con un afecto que podemos
llamar apasionado, les procuraba cuanto regalo podía de alma y cuerpo, como
356
diremos más extensamente cuando tratemos de su caridad.
Su trato y conversación benigna, suave y sencilla le conciliaron por donde quiera que anduvo muchas y buenas relaciones de amistad, castas como él, tranquilas y sencillas como su
espíritu, pero firmes y constantes, entretenidas con honestas visitas de presente y de ausente,
con cartas cuya colección desearíamos poseer, seguros de que hoy nos sirvieran de mucha
edificación a todos y de un relevante testimonio de la profunda piedad y nobilísimos sentimientos de su hermoso corazón.
Las desgracias ajenas le llegaban al alma y no pocas veces le arrasaban también los ojos
en lágrimas, especialmente si eran de amigos o personas bien conocidas y no faltaba el deber
de caridad y cortesía de visitarlos o escribirles para darles el consuelo que podía. Cumplía la
doctrina de fraterna caridad que nos da el Apóstol: gaudere cum gaudentibus, flere cam flentibus. Se volvía todo corazón con la desgracia y compartía de buena gana y sincero corazón
con sus amigos, así las alegrías como los infortunios. Por eso era tan amado de todos y en
todas partes.
Todo esto lo vi yo claramente en Coro que, como él ya había estado antes allí algunos
años con el P. Indalecio Ocio, de tan santa memoria, ya le conocían y le amaban. Así es que al
desembarcar nuevamente conmigo en el puerto de La Vela, había allí una porción de gente
coriana esperándole. Y había que ver el contento y la alegría con que le acogían aquellas gentes y la que demostraba él al verse entre ellos que no parecía sino la vuelta del padre muy
amado al seno de su amada familia, después de una larga y muy forzada ausencia en que los
unos hubieran estado suspirando por el regreso y el otro lo hubiera estado siempre deseando,
como en efecto resultaba ser así verdad, según que el mismo bendito Padre lo manifestó más
de una vez en el decurso de nuestra residencia.
Parecía que había desaparecido ayer (y hacía ya seis años) según le conservaban el cariño
y él el cariño y los recuerdos. Saludaba a todos por sus nombres, preguntaba por los ausentes,
desbordaba su corazón para todos. Allí se veía bien el amigo sincero y sobre todo el apóstol
que había antes sembrado mucho y bien y venía dispuesto a recomenzar su labor y a consumarla con su
357
muerte. Me parece que decía algo de eso en aquella mañana a la gente, sin duda por satisfacer
sus anhelos de que se quedase para siempre con ellos...
Al paso del tren por la ciudad, la gente le saludaba llamándolo desde las rejas y el tránsito
a pie por las calles se convirtió en un jubileo de llamadas y saludos y felicitaciones a las que
él correspondía con la premura del caso, prometiéndoles a todos visita más espaciosa.
Y así lo cumplió. Su cariño no estuvo satisfecho hasta que visitó despacio a toda su gente,
que era casi toda la población, en una ronda continua de unos tres meses cumplidos. Eso sí:
constante, pausada, modesta y santamente. ¡Quién había de decir que aquellos anhelos de que
permaneciese en Coro para siempre se habían de cumplir tan exactamente como se han cumplido!
Allí está, entre ellos y para siempre, el amigo cariñoso, el apóstol abnegado de aquellas
almas y de aquella ciudad. Allá quedó, y para siempre, el compañero fiel, el hermano bien
amado y el colaborador asiduo y valeroso de mi pobre misión en Coro. Allí bajó a la tumba
con él y se fue al seno de Dios el más grande de mis afectos y el más puro y santo de mis
compañeros de camino y de fatigas sobre esta tierra de nuestra peregrinación y de nuestros
evangélicos trabajos. Y yo, que tanto lo amé, no fui digno de descansar a su lado...
Pero no apresuremos los pasos. No nos acerquemos a su tranquilo sepulcro sin llevar en
las manos, para depositarla sobre él, la perfumada corona de sus religiosas virtudes y relevantes méritos, tejida modestamente con nuestras inhábiles manos de las preciosas flores que nos
fuere posible espigar en el ameno verjel de su vida consagrada toda a Dios y llena, desde su
juventud, del buen aroma de Cristo, acotando de ella solamente, como hemos dicho ya, aquel
espacio de la misma que podemos constatar a prueba de sentidos.
Después de estas breves notas que dejamos apuntadas sobre lo que pudiéramos llamar
condiciones naturales del P. Pedro Sanvicente, el orden natural nos lleva, como por la mano, a
tratar lo que pudiéramos y el Señor nos dé a entender de sus condiciones morales, que son la
porción más abundante y preciosa de su santa vida.
Religioso Agustino Recoleto como fue, por las virtudes propias
358
de su profesión y estado hemos de comenzar y no faltará tiempo ni agrado, como tampoco
material para coronarlas con una buena y preciosa guirnalda de otras muchas y odoríferas
flores de virtudes, de aquellas que en las vidas de los Religiosos santos van unidas, como
compañeras inseparables, a la fiel observancia de los votos: con más algunos carismas y gracias particulares con que el Señor, fidelísimo y generoso remunerador de sus servicios suele
embellecer esas vidas y recompensar esas virtudes.
Obediencia
Apelando al testimonio general de cuantos Religiosos nuestros le conocieron y trataron, o
saben de él, podemos afirmar, desde luego, que el P. Pedro fue un religioso obediente y aun
ejemplar en esta virtud, que es la fundamental y cardinal de nuestro estado.
Pudiéramos resumir todo el asunto en estas breves frases consignadas en el BOLETÍN DE
PROVINCIA por nuestro querido hermano el P. Eugenio Galilea, el 24 de Julio de 1915:
«Casi todas nuestras Casas recorrió el P. Pedro en Venezuela, cumpliendo las prescripciones
de la obediencia: pues, al fin, como materia bien dispuesta, de él se echaba mano en todas las
necesidades y sobre todo en las misiones de más sacrificio; y en todas nuestras Casas ha dejado entre las gentes luminosa atmósfera de virtud y acopio abundante de respetuosa simpatía».
LA
Nada habría que añadir a estas palabras, siendo como son tan verdaderas, a no ser el testimonio de los hechos que las confirmaran plenamente en las diversas épocas de su vida y los
diversos ministerios que desempeñó, entre los cuales hay el del Lazareto de leprosos de Maracaibo que administró por varios años con abnegación heroica.
Ese recuento de crónica nos llevaría siempre a una sola e idéntica conclusión, la más gloriosa que puede deducirse y coronar la vida de un Religioso, y es como hemos dicho más arriba: que el P. Pedro fue, no sólo un buen obediente, sino ejemplar y dechado de esta soberana
virtud.
Obedecía con sencillez, dejando entrever el respeto con que acogía el mandato del Superior. Desempeñaba luego a conciencia sus encargos y no comentaba las dificultades ni se quejaba de las fatigas.
359
Encargábase sin réplicas ni apremios, de lo que alguno tal vez rehusaba, y no faltó ocasión en
que, urgiendo la necesidad, obediente y caritativo en igual grado, se cargó sin dificultades ni
representaciones con las atenciones de una Residencia donde trabajaban dos Religiosos más y
llevó tranquilamente su cruz por espacio de algún tiempo, mientras duró la necesidad. Esto
sucedió en Coro.
Él no comentaba las disposiciones de los Superiores: las cumplía. Y si alguna vez se le
ocurrían algunas objeciones que representar, no las prolongaba, ni se descomponía, ni discutía
con enfado, aunque se viese, tal vez, que le mortificaban. Que él prefería, como buen obediente, la obediencia a la discusión y la abnegación del espíritu, a las satisfacciones de la propia
voluntad y aunque, como hemos dicho más arriba, era de su natural un tanto recio de juicio,
ello no fue nunca obstáculo serio que pueda menoscabar su justa y buena fama en esta virtud,
ni empalidecer el brillo de su conducta religiosa; antes, por el contrario, bien podemos afirmar
que avaloró sus méritos y acrecentó sus virtudes con el prestigio sólido y positivo del sacrificio.
No quiere decir esto que su bendita alma se librara siempre y felizmente de las tentaciones y asechanzas del común enemigo, tan frecuentes y no flojas muchas veces en la vida religiosa, contra esta santa y capitalísima virtud. Ni que sus combates fueran todos igualmente
coronados con esplendidas victorias. Ni siquiera que su vida, tan santa y recomendable a
nuestra admiración y emulación, se viera exenta de los efectos de nuestra flaca naturaleza; de
aquellos defectos y resabios que provienen del amor propio, del propio juicio y propia voluntad, contrarios a la perfecta obediencia. Es cierto que los tuvo y que más de una vez anduvo
discutidor y contrariado. Pero también es cierto, como hemos dicho al hablar de su carácter,
que esos incidentes no eran frecuentes, que le pasaban pronto; y ahora añadiremos que, por lo
general, no tuvieron por fin y objeto su propia persona y servicio, sino el del prójimo, siendo,
más bien que otra cosa, efectos o excesos de su celo y caridad por otros.
Cuando se le llamaba, era su modo de contestar conforme a su ánimo obediente y sumiso:
¿mande? o ¿mande usted? Así contestaba
360
invariablemente, cualquiera que fuese quien lo llamase, o preguntase por él. Y era lo mismo
para su obediencia que la orden le viniera directamente del Superior, o por medio de otro.
Era observantísimo de nuestro «Reglamento de Misiones» y observaba nuestras Constituciones en cuanto eran compatibles con la vida de Residencias y ejercicios del misionero,
amoldándose bien a las condiciones de la vida común que encontraba establecidas en las Casas donde tenía que vivir.
Prolijo fuera enumerar ahora los actos y sucesos de esa vida concernientes a esta preciosísima virtud, cuando podemos hacer conciencia de que toda ella fue una perpetua consagración y un continuo holocausto en sus aras. No recordamos, en verdad, ni sabemos si hay en
ella lances famosos, ni heroísmos culminantes de aquellos que, para gloria de Dios y asombro
de las gentes, nos ocurre leer en las vidas de los Santos. Pero ¿qué importa eso? ¿No es ya de
suyo admirable y heroica la Obediencia Religiosa? Y ¿no resulta, al cabo, heroica y admirable
la vida de un Religioso tal y tan buen obediente como el P. Pedro? Obedeciendo siempre vivió y la obediencia lo trajo a morir de Maracaibo a Coro, donde, a la sazón desempeñaba la
Presidencia de la Casa. Enfermo de gravedad estuvo en la Beneficencia de aquella ciudad, y
débil y sin convalecer, como pudiera muy bien allí, se embarcó para la Residencia de su cargo
contrayendo, a resultas de ese viaje, la mortal enfermedad que lo llevó al sepulcro.
Bien podemos coronar lo que antecede con estas palabras que constituyen el mejor elogio
que puede hacerse de un gran religioso: «fue obediente hasta la muerte».
Pobreza
No sólo del voto religioso, sino de la virtud, era amantísimo observador nuestro inolvidable hermano, el P. Pedro. Vivía en un santo desprendimiento de todas las cosas de la tierra y
usaba de ellas con aquel moderado espíritu de razonable libertad que proporciona ese mismo
sentimiento de desapego y renunciamiento de ellas, cumpliéndose en él tanto en esto, como en
otras cosas, aquella preciosa frase del Apostol: ubi Spiritus, ibi et libertas. Porque, en
361
verdad, nadie es más libre, ni de manera mejor en este mundo, que los siervos de Dios.
Entregaba las cuentas de su administración por minucias de decimales y quebrados con
tanta pericia y pulcritud, como hubiera podido hacerlo el mejor comerciante notándose en
ellas aquella austeridad y sobriedad de gastos del hombre que tiene muy pocas necesidades
materiales y ningún capricho personal. Los pobres y la iglesia eran los que aparecían siempre
devengando su parte alicuota en los proventos de sus trabajos. En eso sí que había que irle
alguna vez a la mano, porque su corazón enamorado de esas dos grandes necesidades del sacerdocio y del apostolado, lo hacía débil con esa adorable debilidad de las grandes almas de
Dios y le abría las manos para dar siempre y cuanto podía sin faltar a su limpia conciencia.
Cuando algo se le advirtió en este sentido, no dejó de tomarlo en cuenta y acomodarse a ello,
aunque nunca mereció serios reparos sabiendo y conociéndose bien su excelente espíritu de
religioso pobre evangélico. Dispersit, dedit pauperibus; justitia ejus manet in saeculum saeculi.
En su persona aparecía lo que pudiéramos llamar un pobre-limpio y nada más. No le faltaba un hábito decente; pero tampoco le faltaba otro remendado. En su modesto ajuar de calzado, aunque tenía botas, nunca faltaron las sandalias del Recoleto. En el cajoncilIo de su
mesa había siempre hilo y aguja de coser y es bien seguro que no los tenía ociosos. Un ambiente de modesta y santa pobreza era el perfume que embalsamaba su persona y cuanto le
rodeaba, dimanado como un fruto precioso del profundo amor de su alma a esta precosa virtud. Y era esto tan natural en él, tan sin esfuerzo alguno y tan de todos los días, como lo es en
nosotros el respirar el ambiente y el absorber la luz por los ojos y el rodar de las olas de los
ríos por sus cauces naturales hacia el mar, demostrando en eso mismo la posesión tranquila
del hábito de la santa Pobreza, que es lo más que se puede ambicionar y a donde se puede
llegar en cualquiera virtud.
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
INTRODUCCIÓN
AL TOMO
V DE LAS CRÓNICAS
(Continuación)
El buen historiador debe profesar una especie de escepticismo racional: la desconfianza
en historia es preciosa regla de hermenéutica y garantía de acierto. Consiste la perfección en
traer los hechos plena, copiosa, verdadera y escrupulosamente. Y siendo esto así, ¿cómo no
dudar de muchas cosas que se han llamado verdaderas? Con efecto, se necesita emplear todas
las energías de la revisión para analizar y comprobar el valor demostrativo de los procedimientos con que se nos han transmitido los hechos. Intuitivamente conocemos lo presente; las
verdades abstractas conocémoslas por el raciocinio, mas lo pasado, ¿cómo podemos conocerlo? Por los monumentos, diplomas, afirmaciones y deducciones generales, que son el resultado de la intuición y reflexión de las generaciones pasadas. No incluimos la inducción como
prueba demostrativa porque, tratándose de materias que caen bajo el libre albedrío, de la sicología y de las ciencias morales, no evidencia nada, sino constituye mayor o menor grado de
probabilidad. Pues si el argumento inductivo de suyo es flaco, y las pruebas documentales, o
sea, el testimonio escrito son la imagen de la imagen de una cosa, ¿cómo no ser cuidadosos en
examinar las pruebas de archivo, en seleccionarlas y en acogerlas con reservas y restricciones? Arduo es interpretar los actos internos, peligroso juzgar de las intenciones, temerario
sentar principios sacados por inducción de los actos que descansan en la
363
libertad humana, tan tornadiza e insegura, en cuya virtud puede el individuo obra hoy muy
distintamente de ayer, aunque se encuentre en las mismas circunstancias. Para fijar fechas y
acontecimientos de cierta clase basta tener memoria, pero para juzgar de los actos, que en las
biografías hacen tanto juego, y para reconstituir la fisonomía moral se necesita ir con pies de
plomo en la selección de los documentos, los cuales, en resumidas cuentas, son huellas de
impresiones personales, imágenes de una visión cerebral, y, como imágenes, pueden dar una
idea distinta de las mismas cosas, ya por defecto de percepción, ya de raciocinio, ya también
por falta de expresión en la escritura. No tienen los historiadores visión directa de los hechos,
sino aquella, tal vez deficiente, que el testimonio escrito proporciona. ¿No es verdad que un
hecho visto directamente y relatado por varios individuos es, por lo general, objeto de muy
diferente narración? En lo cual influye el carácter personal, el estado de ánimo, la educación,
el medio ambiente, la cantidad de talento y aun la cantidad de destreza para el arte de narrar y
describir las cosas.
Pero ¿qué mucho si un mismo individuo las aprecia de muy distinta manera, según la
edad y la situación en que se halla? ¡Cuán diversas nos parecen hoy ciertas cosas de como nos
parecieron en la niñez! ¡Cómo cambia nuestro criterio en un mismo asunto a cada instante!
Tenemos estados de miopía mental y estados de presbicia. El cerebro es una especie de cámara fotográfica, que emplea a veces placas buenas y a veces placas borrosas e imperfectas. Hay
narraciones transmitidas de oídas, hay hechos que los entendemos a medias, así como las pasiones hacen que los hombres en ocasiones cubran sus actos con brillantes vestiduras que solapan la falsía y amor propio. Por esto nos previene el sagacísimo autor de aquella famosa
obra crítico-histórica La Ciudad de Dios: Quum ergo videris quemquam patienter pati; noli
continuo laudare patientiam1. Lo que se dice de la paciencia entiéndase de otros actos humanos. Y la razón es, afirma el Santo Doctor en otro lugar2 porque in animis hominum tantae
latebrae sunt, et tanti recessus...
1
2
Libr. De patient., c. V y VI.
Epist. 151.
364
Además, por razón de la malicia y por la inclinación que naturalmente experimenta cualquiera a dar interés a sus relatos, hay quienes, al apuntar las noticias, las abultan y las deforman según el espíritu y gusto que guía su pluma. Y ¿qué decir de los peligros de la interpolación y falsificación de las pruebas de archivo y de su dudosa autenticidad? San Jerónimo, con
descollar como crítico muy agudo, admitió por auténticas ciertas cartas de Séneca a San Pablo, cartas que hoy están desechadas como archiapócrifas; por verdadera se consideró hasta
hace poco la relación hecha por el virtuoso D. Rodrigo, Arzobispo de Toledo, acerca de la
batalla de las Navas de Tolosa, y hoy en parte resulta quimérica; el Padre Sigüenza, que nos
da muy eruditas páginas de historia, y fue muy honrado como religioso, no tuvo empacho en
referirnos no sé cuántos prodigios sucedidos a la muerte del Emperador Carlos V, que la crítica moderna conceptúa cuentos; la parte hagiográfica de los Breviarios varía y se rectifica a
cada paso; la historia agustiniana de los siglos obscuros, VII-XIII, en otros tiempos dio materia para numerosos y abultados infolios, y hoy se puede reducir todo lo cierto a breve librito.
De aquí, ese movimiento de laboriosísima revisión que se está efectuando en todo el mundo,
al cual no son extrañas las Familias Religiosas, y así lo acreditan sus obras tituladas Monumenta histórica, Colección de diplomas, etc.
Empero, ¿a qué estas consideraciones ahora? Para que se vea el juicio que tenemos de los
tomos anteriores y el criterio que ha presidido nuestros trabajos de investigación y de redacción en el volumen presente. Sobrios hemos andado en el empleo de los calificativos, desconfiados de la veracidad de las citas, indiferentes ante los entusiasmos de algunos autores, y
creyendo de firme que, aun así, hemos delinquido no pocas veces y que llevamos reato de
inexactitudes, apasionamientos y prejuicios, por poca destreza, por carencia de elementos y
por la índole del asunto. Que no en vano lleva uno el corazón en el pecho ni se es miembro de
una familia. Dicen y repiten que el historiador debe ser «juez sabio, sin padre, sin madre, sin
patria, sin nación y sin fanatismo». ¿Es esto posible? ¿Quién se ufanará de haber llegado al
ápice supremo de esta perfección en el desempeño de su oficio? Pero examinádonos a nosotros mismos, ¿habremos caído en el vicio opuesto, en ese afán de revisar y revaluar
365
las obras y los procedimientos antiguos para aparecer cientificista, de esos que creen ser cultura el desestimar y descalificar con negaciones rotundas lo que no saben explicar porque no
pueden entender los misterios de una edad remota? Hemos buscado, para la redacción de este
tomo y los siguientes, un término medio: el objetivismo, pero ¡ay! para ser objetivista en historia se necesita talento, independencia y honradez. Por otro lado, resulta más difícil de lo que
parece apartar lo personal de lo objetivo. Procuraremos reivindicar las usurpaciones del barroquismo en historia, pero acaso, acaso no estamos en la escuela del verismo. Apréciese,
pues, en lo que valga este trabajo: lo entregamos al fuero de la crítica.
Y para que mejor se vea el valor real que tenga, y para que cada uno lo juzgue con libertad de criterio y le dé crédito en el grado que quisiere, la honradez pide de todo punto que
manifestemos las fuentes que hemos utilizado y el acopio de materiales habidos a nuestro
alcance. Y lo hacemos, no sin declarar antes que, a fuer de hijos sumisos de la Iglesia, en todo
lo que se relaciona con hechos de orden sobrenatural y con la apreciación de méritos y virtudes morales no es nuestro ánimo otorgarles otro sentido sino el puramente humano o el que
tuviere por bien darles la Santa Madre Iglesia, única infalible, sino también que a fuer de Cronistas, aun en los asuntos meramente históricos, sometemos nuestro dictamen al de la crítica
sabia, porque desconfiamos de nosotros mismos con una suerte de escepticismo histórico que
nos lleva a no exigir a nadie rinda su parecer al nuestro, si no es como un obsequio razonable
y razonado: han pasado de moda los tiempos del Magister dixit, y también los de creer cualquier afirmación porque está en letras de molde. La evidencia histórica está en razón directa
de las pruebas y las pruebas están sometidas al flujo y reflujo de las indagaciones.
Pues bien, en primer lugar habemos manejado y explotado el archivo general de la Orden
Recoleta situado en Madrid en el que reposan algunas carpetas y ciertos libros y cuadernos
manuscritos que contienen asuntos hitoriales; y son residuos del archivo del famoso convento
de Copacavana, donde residieron, además de los Superiores locales, la Curia provincialicia y
la Curia generalicia
366
con sus respectivos archivos. Sin duda era esta mina la más copiosa, pero está destrozada,
aniquilada por la injuria de los tiempos; debieron de perderse lo libros y documentos primeramente cuando el desbarajuste habido con motivo de la invasión francesa, y definitivamente
cuando la exclaustración general, el año 1835. Sucedió con los fondos documentales de esta
casa lo que con los de otras, es a saber: que los principales y más estimables se los llevaron
consigo ciertos Prelados o aficionados, con el objeto de librarlos de la ruina y custodiarlos
con esmero, esperando tiempos mejores; y al no llegar éstos, y al quedarse tales depósitos en
poder de las familias en cuyo seno murieron dichos religiosos, consideráronse estas riquezas
manuscritas sin interés y sin valor alguno, y, corrieron desastrada suerte, si no es que duermen
todavía en los obscuros rincones del olvido. A fe que, si los religiosos no se los hubieran llevado, hoy estarían en los archivos públicos. Parte del archivo provincialicio y generalicio de
nuestro convento de Copacavana consérvase en la sección de manuscritos de la Biblioteca
Nacional y en el Archivo Histórico Nacional también.
Entre las piezas de importancia que en el archivo de la Orden a la sazón guardamos,
hállase el Libro de registro, en el cual se indican las principales determinaciones de los Superiores Generales, a partir del año 1695, y es obra de los Padres Secretarios. Otro libro que no
ha cambiado de dueño es el Libro de difuntos, en que se apunta la fecha de la muerte de los
religiosos todos, con especificación del año, del convento en que fallecían y del cargo que
tenían entonces. También es obra de los Secretarios, quienes, cuando recibían los Oficios o
las noticias particulares acerca de la muerte de alguno, las encomendaban al libro en la forma
indicada. Es fuente de información incompleta: dejábase de registrar la muerte de varios sujetos, acaso por olvido de los encargados de este negocio; y algunas de las notas se ven claramente equivocadas: lo cual en parte se sana con otro Necrologio llevado en el convento de
Toledo. Varios libros y documentos hay en este archivo procedentes del colegio de Almagro,
salvados de la ruina gracias a la diligencia del famoso P. Fr. Joaquín de la Jara de Santa Teresa, a cuya muerte vinieron a nuestro poder. Un libro interesante poseemos relativo al convento
de Valladolid, Libro de oro, obra de un
367
Padre Procurador conventual, que no es ni más ni menos que el libro de Estado, y como tal
contiene muchas noticias particulares, libro que nuestros Padres Calzados de Valladolid lograron rescatar y lo donaron a sus primitivos dueños. Otro libro, aprovechable también, del antiguo convento de Zaragoza, llegó a nuestro archivo, procedente de un pueblecillo de la provincia de Zaragoza; en la primera página se lee: «Este libro se guardó en el archivo de la Parroquial de Cadrete desde la exclaustración hasta el 1896». Esto, más seis o siete carpetas de
documentos sueltos, constituye el principal fondo que para la reducción de este volumen V
hemos utilizado.
Demás de esto, entre otras cosas, el activo P. Fr. Pedro Corro del Rosario, durante el
sexenio pasado, formó una carpeta que contiene la serie de los Capítulos Generales y de los
Definitorios copiados del Archivo Histórico Nacional y del Archivo de la Provincia de San
Nicolás, serie incompleta, pero de mucho provecho, que hemos comprobado como copia fiel
y exacta en cuanto a lo substancial, aunque con variaciones ortográficas y de puntuación, de
lo cual damos testimonio.
Es el Archivo Histórico Nacional la más rica cantera de engolosinadores apuntes que se
pueden explotar en lo referente a las Provincias religiosas de España, por cuanto en él se han
acumulado la mayoría de los restos de los archivos conventuales que, a raíz de la exclaustración y desamortización, fueron a dar a las Delegaciones de la Real Hacienda, donde se guardaban más o menos cuidadosamente hasta el año 1904, en que el Estado ordenó que los respectivos archivos de Hacienda remitieran todos los fondos de carácter histórico al Archivo
Histórico Nacional situado en Madrid. Algunas provincias obedecieron la Real Orden, otras
se eximieron. Lo digno de lamentarse es que antes de pasar lo desamortizado a los archivos
provinciales se extraviaron y destruyeron muchos papeles y libros, mientras estuvieron depositados allí continuaron las pérdidas y deterioros, y hoy, que descansan ya centralizados, aquellos tesoros de documentación siguen en legajos informes, sin clasificación, sin catalogación,
hacinados y revueltos los papeles bajo las correspondientes tapas de cartón amarradas con
cuerda. Pasarán muchos años hasta que depósitos tan ricos, pero tan desordenados, reciban
368
la signatura definitiva bajo melódicos índices, y entonces las citas que en este tomo aparecen
resultarán deficientes y acaso sin provecho. Rige un Decreto del Minislerio de Instrucción
pública, de 30 de Octubre de 1912, en el que se prohíbe al Jefe del Archivo facilitar documento alguno «sin acuerdo previo y particular en cada caso del Delegado de Hacienda».
En la Biblioleca Nacional campea una sección llamada de manuscritos, donde se encuentran libros, cuadernos y papeles de nuestro antiguo archivo de Copacavana, y aún se guarda
una colección allí en que se especifica el origen y procedencia de los mismos.
Merece especial mención, por lo abundante y bien guardado, el Archivo de la Delegación
de la Real Hacienda, de Barcelona, en que se conservan los documentos de que se ha hecho
mención hace poco; bien entendido que todavía hay en él fondos sin catalogar, por falta de
empleados suficientes que organicen tales depósitos.
Por lo que atañe a los archivos de las Provincias de San Nicolás y la Candalaria diremos
que el primero, trasladado de Manila a Marcilla, es el más completo que tenemos, y suficiente
para darse uno cuenta de la marcha de su apostolado al través de los años; el segundo carece
de mucha documentación, y tiene poquísimo de los restos de los archivos conventuales; archivos que desaparecieron por completo, excepción hecha de El Desierto, que conserva algunas piezas.
Todavía debemos manifestar algunas otras minas de información de que nos hemos valido, y para ello permítasenos reproducir parte de un artículo nuestro que vio la luz pública en
una revista1. Dice así: «Estudiado suficientemente el Archivo general de la Orden que reposa
en Madrid, una vez que ordené mis notas y apuntamientos tomados en los archivos de la Provincia de San Nicolás y la de la Candelaria, y vistos los numerosos legajos que hay en el Archivo histórico Nacional y en otros, que de nuestra Orden tratan, me persuadí de que no estaba investigado todo, sino que había por los archivos de varias capitales de España no pocos
materiales que servirían para reconstrúir nuestros gloriosos anales, en el año 1690 detenidos,
y no reanudados todavía. A esto
1
Boletín de la Prov. de Fil. Mayo de 1917.
369
obedecieron los trabajos de investigación llevados a cabo durante el invierno de 1917 por las
provincias del Sur y Levante de España. En Sevilla no pude conseguir datos del Archivo de la
Delegación Real de Hacienda porque se incendió el año 1904 toda la documentación procedente de los conventos. Y ¡qué riquezas tendría la nuestra, siendo como era residencia provincial el convento de Nuestra Señora del Pópulo! Pero ni siquiera me quedó la satisfacción de
ver destinada a mejores usos la parte material del convento, pues su iglesia y claustros sirvieron de cárcel pública con todas las profanaciones del caso. ¡Cárcel, aquella mansion de varones extáticos, de predicadores insignes, de mártires y apóstoles, de prelados doctísimos y escritores de fama universal! ¡Cárcel, el convento del Pópulo, donde vivieron tantos religiosos
que derramaron la eficacia de su personalidad por las otras provincias de la Recolección para
vivificarlas tan generosa como brillantemente! ¡Cárcel, aquel convento en el que solían ofrendar y sacrificar los misioneros que pasaban a Méjico y Filipinas las más caras afecciones que
la familia y la patria inspiran, y en el que moraban durante los días que duraba la inscripción
en la casa de Contratación y los preparativos para un viaje tremendo y pavorosísimo al través
de los océanos! ¡Dios sabe lo que sufrí evocando recuerdos mientras recorría el amplio edificio y los lugares que fueron antaño hermosa huerta!
Una observación digna de tenerse en cuenta. En los siglos XVI y XVII hubo en nuestra
Provincia andaluza varones santísimos, muchos y notables; y no sólo en esta Provincia, sino
que los fundadores de la Provincia de la Candelaria y gran número de sus primeros hijos eran
andaluces, así como también se afiliaron a la de San Nicolás no pocos misioneros que acreditaron esta tierra de fecunda en santos y sabios, llenos de tesón y perseverancia. ¿Por qué hoy
día, según confesión de propios y extraños, las vocaciones han disminuido en esta región tan
sensiblemente? ¿Qué fenómeno religioso es éste y qué causas intervienen en su desarrollo,
para que tenga fundamento histórico, exento de sofismas de observación, el dicho de que los
andaluces no son tan serios en sus resoluciones ni tan perseverantes en ellas como los hijos
del Norte?
Siguiendo mi propósito, diré que, perdida hasta la esperanza de estudiar los legajos que
pertenecieron al archivo conventual de Sevilla,
370
púseme a investigar en el archivo de Indias los asuntos relacionados con Méjico, Filipinas y la
antigua Santa Fe. El archivo de Indias es un piélago inmenso de documentos donde la investigación proporciona los placeres del hallazgo casual y de la sorpresa. Los catálogos son deficientísimos. Los primitivos organizadores de este muy rico caudal de documentación, inexplorada en su mayor parte, apenas pudieron clasificar las piezas de un modo topográfico, si
cabe la frase, y por materias aunque no segregadas con escrupulosidad; de donde resulta que
bajo el rótulo que lleva la cartela de cada legajo, y con signaturas generales, se encuentran
diversas materias sin orden cronológico y sin índice de autores; bien es cierto que la catalogación de semejantes depósitos requiere mucho tiempo, mucho método, muchísimo dinero y no
menos honradez. ¡Caros deleites los del hallazgo y caras fruiciones las de la sorpresa para el
investigador que gasta el tiempo, que vale más que el oro!
No estuve, sin embargo, desafortunado en mi tarea: hallé documentos nuevos y buenos,
aunque pocos; pude compulsar y confrontar mis apuntes con los que brindaban los papeles del
Archivo de Indias; rectifiqué algunos; amplié con matices ciertas biografías, y sobre todo
bendije a Dios por ver que el Catálogo, etc., de los hijos de la Provincia de San Nicolás, publicado por el P. Sádaba, es un trabajo concienzudo, como resumen histórico.
El P. Sádaba y sus colaboradores recibirán el galardón en el cielo. Yo, por mi parte, y a
fuer de cronista, declaro que lo que dijere de Filipinas en los volúmenes de Crónicas que estoy preparando, lo tomo de esta obra. La historia de la Provincia de Filipinas está, pues, escrita compendiadamente en ese libro. No lo eximo de defectos, sobre todo en la parte contemporánea, pero la honradez me obliga a manifestar que en la parte antigua pocos, muy pocos,
errores tendré que corregir. Yo que, desconfiando, al principio, de su gestión, me tomé el trabajo de emplear todo un verano en estudiar el Archivo provincial en Marcilla, pude hacerme
cargo del mérito intrínseco del Catálogo.
Y ¡qué archivo el de Marcilla tan bien arreglado y bien custodiado! En verdad, muy pocos me han satisfecho tanto como aquél. Los religiosos que llevaron a cabo esta labor hiciéronse acreedores a las bendiciones de la Historia. Claro está que, sin haber organizádose de
371
antemano el archivo, no hubiera salido tan perfecto el compendio historial de que hablo con
entusiasmo.
Digo, pues, que habiendo visitado en Sevilla otros archivos y fuentes de información,
partí a Granada en busca de papeles viejos. Algunos exploté en el archivo de la Real Chancillería, otros de manos de amigos que coleccionan libros y documentos raros; pero la principal
fuente, todavía inexplorada, reposa en el archivo de la Delegación de la Real Hacienda. Sabido es que el Estado quiso el año 1904 centralizar los archivos procedentes de los conventos
suprimidos, y al efecto dio una Real Orden a fin de que todas las Delegaciones de Hacienda
enviasen a Madrid los legajos de carácter histórico, quedándose ellas con los demás en las
respectivas capitales de provincia. Obedecieron la orden todas las provincias excepto las de
Levante, vascongadas, catalanas y navarra, y los envíos ingresaron en el Archivo Nacional
Histórico de Madrid. No creían en la Corte que hubiera tan abundante caudal de los conventos
en provincias; por eso los encargados de organizar en Madrid las nuevas existencias, abrumados por el número e importancia de los legajos, aún no han acabado de catalogarlos, y muchos
años correrán hasta que lo consigan. Pero ¿las provincias enviaron a Madrid todo lo que se les
pidió? Cuando yo me dediqué a repasar en Madrid los legajos nuestros enviados de provincias, llegué a la convicción de que no habían sido remitidos todos los libros munuscritos y
documentos; y ahora, conforme me iba metiendo por los archivos provinciales, se confirmaba
esta mi sospecha, por cuanto aún quedan varios de carácter histórico revueltos con los de
carácter económico o fiscal.
Bien es cierto que por lo que toca al de Granada, tan mal situado está y tan abandonado,
que clama al cielo justicia. Imagínese el lector dos o tres habitaciones subterráneas sin luz ni
ventilación, con estantes desvencijados y rotos, con montones de papeles, pergaminos, códices, libros, todos en hacinamiento espantoso por el suelo, húmedos, estrujados, polvorientos,
revueltos, como si fueran acervos de hojarasca. Eso es el archivo de la Delegación de la Real
Hacienda de Granada. Y ahí están gran parte de los documentos de los archivos de nuestras
casas antiguas enclavadas en aquella provincia. El disgusto que experimenté al ver tamaña
balumba quedó
372
compensado con la amabilidad y cultura del Jefe del archivo, quien lamentaba como nadie la
impotencia o el abandono de nuestros Gobiernos en orden a aquellos tesoros de historia patria.
De nuestro Colegio de Santa Fe de Granada quedan la iglesia y los claustros, bien que
muy modificados y adaptados a las necesidades de colegio de señoritas dirigidos por una
Congregación religiosa. Algunos legajos guárdanse en el Archivo Histórico Nacional relativos a esta casa, que tengo estudiados.
Debo consignar la impresión gratísima que me produjo el estado del archivo de la Provincia de Santo Tomás, que reposa en la ciudad de Motril. Esta Provincia, restaurada ha pocos
años, ha sabido corresponder al llamamiento divino. Consuela, en verdad, recorrer sus casas:
Granada, Monachil, Motril y Lucena son cuatro focos de religiosidad creadora, que, unidas a
las casas que tiene en Soria y a las misiones pujantes del Brasil, constituirán un florón de la
Orden tan glorioso como el antiguo. Ellos han dado pruebas de ser no solamente hábiles para
catequizar a los indios, sino también para sostener el culto y la majestad de una casa residencia tan apostólica como la de Granada, y para dirigir la conciencia de damas aristocráticas, de
militares, políticos y potentados de alto coturno. Y ¿quién les puede arrebatar la palma de
escritores que con sus obras y su revista mensual han conquistado?
—Padre Cronista— me decía un religioso muy calificado de aquella Provincia. —Ya ve
cómo los Recoletos de San Agustín valemos para todo lo bueno. ¿Por qué no ensayar los colegios de segunda enseñanza para los seglares? Los horizontes de la Orden se han ampliado;
las necesidades de la Iglesia y de la sociedad así lo reclaman, ¿por qué no ensayar los colegios? Noto un vacío en las Constituciones, algo así como un temor o desconfianza de nosotros
mismos. ¿Por qué?
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
(Continuará)
TIP. DE SANTA RITA. – MONACHIL
Año IX
Noviembre de 1918
Núm. 101
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
SECCIÓN OFICIAL
Circular de N. P. Provncial
Amadísimos PP. y HH. míos: Circunstancias especiales que no hacen al caso declarar
ahora hicieron como imposible dirigirme a VV. RR. y CC. anunciándoles oficialmente mi
feliz llegada a esta nuestra Vicaría de España, y sin embargo lo hago ahora para decirles
adiós.
De todos es sabido el viaje larguísimo que en cumplimiento de un deber sagrado tuve que
hacer para llegar hasta España, pero en medio de nuestros trabajos, muy pequeños en verdad
para los que todos debemos estar dispuestos a sufrir, si hemos
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de cumplir siempre nuestro deber religioso, no nos ha fallado el consuelo de los cielos, y
hemos visto cómo con misericordia grande nos atiende el Señor aun en las cosas más insignificantes. El viaje que hemos realizado, viniendo a España, que para otros hubiera sido molestísimo ya por lo que de suyo es el navegar por los mares sin esas miras mundanas que algunos buscan, ya por las molestias sin cuento que en los presentes tiempos lleva consigo la
navegación, Nos no hemos tenido que sufrir apenas, y nos hemos visto atendidos sin que directamente nos llegasen las inconsideraciones de los hombres. Podemos decir que el Señor se
ha cuidado muy particularmente de mi humilde persona y hemos realizado un viaje largo,
muy largo, pero también muy feliz. Sin duda se complacía Dios nuestro Señor en las oraciones de VV. RR. y CC., que por intercesión de nuestro glorioso Patrón San Nicolás le hacíais,
y muchas veces pensaba yo que almas buenas debían interesarse por mí con el Señor, al ver
sufrir a mis combarcanos y estar yo libre de los vejámenes y molestias que ellos padecían. Por
todo ello, PP. y HH. míos, les significo mi más cumplido agradecimiento y ruego al Señor
que los haga siempre tan buenos y fieles como para mí deseo.
Demás de este muy especial consuelo tuvimos la imponderable satisfacción de visitar a
nuestros Misioneros de Venezuela y de Trinidad, viendo con nuestros propios ojos la inmensa
labor evangélica que en aquellos paises gloriosamente realizan. Todo lo que os quisiera referir
de sus trabajos evangélicos y de su buen comportamiento sería pálido bosquejo de la realidad.
Su buen nombre es altamente apreciado, y su celo apostólico bien manifiesto en todo aquel
país. Los fieles se complacen en tenerlos por sus Misioneros; los señores Obispos los estiman
como sus mejores minitros y coadjutores, y... lo que es más consolador y dice más y mejor
que todo es que allí el
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Superior Provincial dispone ampliamente de todos los Religiosos y de todas las cosas que
tienen los Religiosos a su disposición; por eso mismo son Religiosos y obtienen la estimación
de las gentes que de otro modo acaso no la obtendrían.
Con esta noble y satisfactoria alegría llegamos a España el día 15 de Junio último, deseando ver también a nuestros Religiosos de esta nuestra Vicaría, y saludarlos a todos en el Señor.
La anormalidad de los tiempos no nos permitieron venir antes, como era nuestro deseo, y
esa misma anormalidad y nuestra venida que nos urgía cuanto antes, hizo que se pasara el
tiempo reglamentario que señalan nuestras sagradas Leyes para hacer la Santa Visita Provincial; pero si oficialmente no hemos podido visitar nuestras Casas bien a pesar nuestro porque
así tendríamos la satisfacción grande de un deber grave cumplido, lo hemos podido hacer particularmente, enterándonos de todas las cosas nuestras, y viendo cómo se guarda nuestra observancia religiosa, y saludando a todos nuestros Religiosos, y comunicándonos con todos
ellos.
El viaje este de regreso a Filipinas que nos impone nuestro cargo y que con toda precipitación tenemos que hacer, ha hecho imposible que nos detuviéramos más tiempo en cada una
de nuestras Casas, y que nos ocupáramos de las cosas que nos incumbe por nuestro oficio...
De todos modos es manifiesto que nuestra acción personal como Provincial había de ser la
misma que la que viene realizando con mucho acierto nuestro Vicario en España y... en tal
sentido, no debo yo hacer otra cosa ahora que encargar y rogar a todos, a Superiores y a
Súbditos, a Padres y Hermanos, que, como es su deber, secunden y cumplan sus disposiciones
y las que nos ha dado el Venerable Definitorio General. Sólo así, siguiendo todos al Superior,
acatando y cumpliendo sus ordenaciones, es como se
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desarrolla prósperamente la vida religiosa. No se conoce ni es posible señalar otro más principal fundamento para la vida religiosa que ese de la obediencia, y si el que guarda la Ley ese
ama a Dios, ese es de Dios y es discípulo de Jesucristo... el que obedece, y más y mejor obedece, viviendo a satisfacción del Superior... ese es Religioso, ese es más y mejor Religioso,
ese cumple y llena su vocación.
Todo esto que se dice de la vida religiosa está diciéndonos a nosotros los Superiores la
grandísima responsabilidad que tenemos ante Dios y ante nuestra amada Corporación; por eso
les encargo muy mucho a los Superiores que lo tengan bien presente y que lo mediten cada
día y siempre; pero nuestra tremenda responsabilidad como Superiores no puede en modo
alguno aminorar la que tienen los súbditos de obedecer y obedecer siempre a su Superior: de
esa obediencia podemos decir lo que dice S. Pablo a los Colosenses (cap. 3, v. 20): Filii obedite parentibus per omnia: hoc enim placitum est in Domino...» Sí, PP. y HH. míos muy amados: obedezcamos todos y vivamos obedeciendo siempre, porque esa es nuestra vida, vida de
obediencia —¿quién lo puede dudar?— es la única vida nuestra digna, gloriosa, agradable
ante Dios nuestro Señor, porque esa es la vida que hemos profesado y a la que nos hemos
obligado con votos santos.
Si vivimos distinguiéndonos así por nuestra obediencia, secundando los propósitos del
Superior y no buscándonos a nosotros mismos, como nos encarga nuestro G. P. S. Agustín en
su santa Regla, sabremos todos mostrarnos dentro y fuera de nuestras Casas como corresponde a lo que son Religiosos y como se nos debe pedir a los que nos llamamos, y somos Ermitaños Recoletos de S. Agustín. Como Religiosos, pues, y como Agustinos Recoletos debemos
aparecer y ser siempre Santos y Sabios. No quería N. G. P. S. Agustín otra cosa de sus frailes
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y de ese modo quería ser él y que fueran los que con él habían de estar Santos y Sabios. En
la medida de su fuerzas procure cada uno serlo así y... ciertamente aquí en España como en
las Américas y en Filipinas seremos lo uno y seremos lo otro.
Al decirles mi adiós por última vez desde esta nuestra amada patria les mando a todos
mis Religiosos en esa palabra de despedida todo el afecto de mi buena voluntad, todo el deseo
de mi alma, todo el anhelo de mi corazón. Recuerdos gratísimos, hermosos como la risa de la
esperanza, llevo archivados en mi corazón como en sagrado relicario; yo los enseñaré allá en
aquellas lejanas tierras de nuestra Evangelización para que se gocen conmigo aquellos nuestros abnegados Misioneros de Filipinas. No se olviden en sus oraciones del Padre que ahora se
separa de sus hijos, pidiendo a nuestro Patrón y Protector S. Nicolás la protección que de él
esperamos todos los que ahora embarcamos para que con su ayuda lleguemos sin novedad al
término de nuestro viaje. No harán otra cosa que corresponder a las que por toda la Provincia
y cada uno de los Religiosos dirige al Señor el más flojo y tibio de todos ellos.
Adiós a todos y los que ya no nos veamos aquí abajo que nos juntemos en el cielo.
Circúlese, cópiese, léase a la Comunidad y archívese obedecida en nuestra Vicaría de España, y publíquese en nuestro BOLETÍN.
FR. EUGENIO SOLA DEL CARMEN
Barcelona y Septiembre 22 de 1918
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MEMORIA DEL PADRE
PEDRO SANVICENTE DE S. JOSÉ
(Continuación)
Cuanto tenía estaba siempre a disposición de cualquiera de sus hermanos que lo necesitase; y aunque amaba sus libritos, sus estampas y medallas y otros objetos de esa índole y los
conservaba cuidadoso, nunca le vimos, ni conocimos que tuviera por ellos mismos una afición
desordenada, ni defendiese gran cosa su posesión. Antes bien, sólo parecía quererlas para darlas con el único fin de fomentar la piedad en los demás.
Una vez le robaron del baulito donde guardaba los fondos del mes, unos catorce pesos. Al
dar cuenta del suceso, apareció un poco alarmado y afligido. Cuando algún tiempo después se
presentó a él el ratero, que fue un muchacho que nos servía en la casa, sólo tuvo para él unos
buenos consejos y una bendición.
Esto no quiere decir que fuese descuidado en sus cosas. Él tenía una prudente guarda de
cuanto le tocaba y amador, como era, de la santa pobreza religiosa, si bien no descubrió nunca
hilarza de derrochador, tampoco tuvo nota de tacaño. Daba sin dificultad lo que tenía a quien
lo necesitaba y estiraba hasta donde buenamente se podía lo que debía usar para sí.
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Pureza de alma y cuerpo
Era nuestro bendito hermano muy desprendido de las cosas de la tierra, como hemos dicho, y en la tal estado quedábale el alma libre para luchar con el último y más peligroso de sus
enemigos, que es la carne y sus rebeldes pasiones y apetitos que de haber tenido en él asiento
y señorío, de poco, o nada, le sirviera la buena recomendación de su pobreza y obediencia, no
habiendo obra buena, como nos dice San Gregorio, donde falta la castidad.
Corno era de índole más bien reposada y de modestas facultades naturales, estaba exento
de los peligros que producen los entusiasmos y arrebatos de una imaginación ardiente y un
genio vivo y apasionado, o muy delicado al espectáculo de la belleza sensible. Sus amistades
fueron siempre tranquilas y no he visto ni oído a otros cosa alguna sobre el particular que
pueda menoscabar en él el brillo de esta delicadísima virtud, no haber dado motivos justificados a la murmuración de sus prójimos. Y eso que son tan ligeras las lenguas y tan propensos
los hombres, y sobre todo las mujeres, a esa fea ocupación. Parece que el Señor le protegía en
eso particularmente, aunque de tal manera y tan limpia era su conversación y trato de cuanto a
esa materia se refiere, que bien pudo librarse de las mordeduras de la maledicencia vida tan
inculpable y tan pura.
Y ya hemos dicho que era muy comunicativo y que no huía la sociedad, sino, al contrario, y era de su condición muy amoroso y tierno de entrañas, y amaba de veras a sus amigos y
tuvo y mantuvo hasta la muerte numerosas y santas relaciones con muchas personas. Pero él
era como la luz y la sal evangélica que sazona e iluminan de sí cuanto tocan, quedándose ellos
incólumes en su propia virtud.
Era notable la modestia de todo su continente exterior. Sus ojos andaban siempre bajos y
velados y no los levantaba, ni aun para mirar a su interlocutor, aunque este fuera un hombre y
aun alguno de sus hermanos en religión. Esta encantadora modestia de la vista comunicaba a
toda su persona un tinte particular e inconfundible, de recogimiento y castidad bien notado y
calificado por cuantos le trataron como una de las ricas prendas de su ordinaria virtud. En
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sus conversaciones, nunca se deslizaban palabras chocantes o de doble sentido, ni cuentos, ni
chistes picantes, ni cosa alguna le oímos jamás que oliera a especie de esa materia. Su conversación, en resumen, era santa; cuando no, sencilla y sana, de modo, que daba indicio seguro
de la sencillez y castidad de sus pensamientos y facultades interiores. La más completa confianza se tuvo siempre de él en sus diversos ministerios y lugares donde vivió, como de hombre bien formado y fuerte en la virtud angelica, tan necesaria para el desempeño de nuestra
misión entre las gentes. De ahí también la confianza y el prestigio santo que rodeó su vida por
doquiera que fue, como de alguien que más parecía ángel que hombre mortal, vestido de carne flaca y accesible por su naturaleza a los embates de la concupiscencia y a los estímulos de
la sensualidad. Espectáculo verdaderamente maravilloso y digno igualmente de la admiración
de los ángeles y de los hombres, que los religiosos paseamos triunfalmente por el mundo,
como demostración palmaria y gloriosa de la virtud de Dios y de la fuerza victoriosa de su
gracia que nos abre las puertas de todas las conciencias y nos atrae el aprecio y veneración de
los pueblos, como algo que huele intensamente a cielo.
De toda su parte exterior nada pudiéramos decir mejor sino que le cuadran perfectamente
aquellas palabras de N. G. P. San Agustín, en la Regla: In incessu, statu, habitu et in omnibus
motibus vestris, nihil fiat quod cujusquam ofendat aspectum, sed quod vestram deceat sanctitatem.
(Continuará)
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SECCIÓN CANÓNICA
LA FORMA DE LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO
SEGÚN EL CÓDIGO CANÓNICO
(Continuación)
§ XIII
La nota marginal en el libro de bautizados
118. Hoy este deseo está ya casi cumplido, pues en el can. 470, § 2, a que el canon se refiere, se establece que el párroco: "En el libro de bautismos debe anotar al margen si el bautizado es también confirmado, si contrajo matrimonio, salvo lo prescrito en el canon 1.107 (sobre los matrimonios secretos o de conciencia, los cuales no deben anotarse en dicho libro de
bautizados), o si recibió el subdiaconado, o emitió profesión religiosa solemne, y estas anotaciones debe hacerlas constar en todas las partidas de bautismo que se saquen". Cfr. Ferreres,
Inst. can., vol. 1, n. 765, VII, donde este canon se expone.
119. La Curia, por medio de la cual puede transmitirse la noticia, es la episcopal del
párroco que asistió al matrimonio, o también la del párroco o párrocos en cuya iglesia o iglesias el contrayente o los contrayentes fueron bautizados (cfr. Gennari, Com. al decr. Ne temere), aunque el sentido más obvio parece referirse a la Curia del párroco que asistió al matrimonio. Cfr. Ferreres, l. c., n. 406 sig.
382
120. En cuanto a la noticia o aviso que ha de enviarse al párroco del bautismo de los contrayentes, debe contener, según manda la Sagrada Congregación, los nombres y apellidos de
los contrayentes y de sus padres, la edad de los contrayentes, el lugar y día en que se celebró
el matrimonio, nombres y apellidos de los testigos que asistieron, y ha de ir firmada por el
párroco y sellada con el sello de la parroquia. Instr. de la S. C. Sacr., 6 de Marzo de 1911. Cfr.
Ferreres, l. c., n. 409 a sig. en Razón y Fe, vol. 30, página 92 sig.
§ XIV
Obligación solidaria de procurar la inscripción de los matrimonios
celebrados conforme al canon 1098
121. Si el matrimonio hubiera sido contraído según la norma trazada en el canon 1.098,
esto es, sin la presencia del párroco, Ordinario ni sacerdote delegado, con o sin la asistencia
de otro sacerdote no delegado, ante dos testigos, quedan obligados in solidum el sacerdote, si
asistió, o si no los testigos, juntamente con los contrayentes, a procurar que el matrimonio se
inscriba en el libro de matrimonios y se ponga la nota en el de bautizos en la forma antes indicada (can. 1.103, § 3).
122. También esta prescripción es confirmatoria de la que hizo el decreto Ne temere en su
art. IX, § 3. Tiene como precedentes históricos la Instr de la S. C. de P. Fide de 23 de Junio de
1830. Véase Razón y Fe, vol. 20. p. 111 sig.
Esta obligación es evidentemente grave para todos y cada uno de los obligados, puesto
que se trata de cosa gravísima. Cúmplese con esta obligación avisando al párroco del lugar en
que se contrajo el matrimonio, o al de los contrayentes, y al del bautismo de los mismos, el
día, lugar y hora en que se celebró el matrimonio, quiénes fueron los testigos, etc. Desmet, n.
338.
383
Si uno cumple con dicha obligación, los demás quedan libres.
123 Creemos que la inscripción debe hacerse en el libro de matrimonios de la parroquia
en cuya demarcación se ha celebrado, aunque los contrayentes sean ambos de otra parroquia y
sólo estuvieran accidentalmente en la que contrajeron. Cfr. Ferreres, Los Esponsales, n. 410
sig.
Con esto termina el capítulo del Código referente a la forma de la celebración del matrimonio; pero como al exponer el decreto Ne temere hubimos de tratar también lo relativo a las
dispensas en el artículo de la muerte, vamos a poner lo que sobre esto dispone el Código.
SOBRE LA DISPENSA DE IMPEDIMENTOS, SEGÚN EL CÓDIGO
CANÓNICO CUANDO URGE EL PELIGRO DE MUERTE
1. De esta materia tratamos repetidamente en Razón y Fe con ocasión de exponer el decreto Ne temere y las declaraciones a él referentes (véase vol. 20, p. 104 sig); pero, como el
Código ha introducido algunas modificaciones en la materia, conviene que las expongamos
para utilidad de los lectores.
2. Trata esta materia el Código en los cánones 1.043 sig., como vamos a exponer.
A) Facultades de los Ordinarios
3. I. Hallándose en peligro de muerte alguno de los contrayentes, los Ordinarios de los
lugares, para atender a la conciencia de los contrayentes y, si el caso lo pide, a la legitimación
de la prole de ellos, pueden dispensar: a) tanto sobre la forma que debe observarse en la celebración del matrimonio, b) como sobre todos y cualesquiera impedimentos de derecho eclesiástico, sean públicos, sean ocultos, y aunque sean múltiples, c) exceptuando solamente los
que proceden del sagrado orden del presbiterado y de la afinidad en línea recta, consumado el
matrimonio.
384
II. Esta dispensa la pueden otorgar no sólo a sus propios súbditos, en cualquiera parte en
que se hallen, sino también a cualesquiera (aunque no sean súbditos) que se hallen actualmente en el propio territorio del Ordinario.
III. Deben otorgarla evitando el escándalo, y, si la dispensa es sobre disparidad de cultos
o de mixta religión, exigiéndoles las cauciones acostumbradas (can. 1.043).
4. Esta concesión corresponde y confirma las dadas por el decreto Ante editum el 14 de
Mayo de 1909, 29 de julio de 1910, tenía su precedente histórico en el decreto del Santo Oficio de 9 de Enero de 1888. Cfr. Ferreres, l. c., nn. 595-628 m; y en Razón y Fe, vol, 24, p. 37
sig.; vol. 28, p. 238 sig.
Las facultades valen para los matrimonios que se celebren para descargo de la conciencia
o para procurar la legitimación de la prole; o para los casos en que los contrayentes vivan en
concubinato, o, aunque no vivan en él, cuando por medio del matrimonio se puede reparar
alguna injusticia; cuando ya están casados civilmente, cuando tengan hijos que legitimar
canónica o civilmente.
5. Nótese: 1.º Que los hijos naturales, o sea, aquellos cuyos padres, en el tiempo que tuvo
lugar la concepción, gestación o nacimiento de dichos hijos, hubieran podido contraer válidamente matrimonio, sin necesidad de dispensa, quedan canónicamente legitimados por el
hecho mismo de que sus padres contraigan verdadero matrimonio.
2.º Que el derecho español, Código civil, artículo 119, admite como hijos naturales, y civilmente legitimables ipso facto por el matrimonio (canónico para los católicos) de los padres,
aquellos hijos cuyos padres hubieran podido contraer matrimonio al tiempo de ser aquéllos
concebidos, aunque para contraerlo hubieran necesitado dispensa canónica o civil. Además,
según el artículo 124, la celebración del matrimonio puede aprovechar aun para legitimar los
hijos ya muertos, de modo que la legitimación aproveche
385
a sus descendientes, si los hubiere. Cfr. Ferreres, l. c., nn. 323, 324.
6. Probablemente podrá darse la dispensa aunque los hijos sean espurios, pues la celebración del matrimonio podrá facilitar la legitimación por rescripto del Papa o del jefe del Estado. Cfr. Wernz, Jus Decretal., vol. 4, n. 680, IV; Ferreres, l. c., nota.
7. Puede, por consiguiente, el Ordinario, en los matrimonios que en tales casos (n. 4) se
hayan de contraer en peligro de muerte, dispensar de la presencia del párroco o de sacerdote
delegado, aunque puedan éstos asistir fácilmente, v. gr., si de la asistencia se les pudieran seguir penas que impongan las leyes civiles o militares, por hallarse los contrayentes sujetos al
servicio militar o por no haber precedido el matrimonio civil. También podrá dispensar en
otros casos de la presencia de los testigos, (v. gr. si no es posible hallarlos) y permitir que el
matrimonio se contraiga sólo en la presencia del párroco o sacerdote delegado y en la de uno
solo o ningún testigo.
8. Ya con fecha 31 de Enero de 1916 la Sagrada Congregación de los Sacramentos, contestando a preguntas de diversos Prelados sobre el modo de proceder cuando a los párrocos
les prohíbe la ley civil la asistencia al matrimonio canónico, si antes los contrayentes no han
celebrado el llamado matrimonio civil, y éste no puede contraerlo por alguna dificultad, y, sin
embargo, el bien de las almas pide que se celebre el matrimonio canónico, declaró que debe
recurrirse cada vez a la Santa Sede, menos en el peligro de muerte, en el que cualquiera sacerdote podrá dispensar también del impedimento de clandestinidad, permitiendo que en tales
circunstancias se contraiga el matrimonio válida y lícitamente con sola la presencia de los dos
testigos.
9. De esta respuesta constaba ya que el sacerdote que asiste al matrimonio in articulo
mortis puede dispensar del impedimento de clandestinidad para que el matrimonio pueda contraerse sin la presencia del sacerdote y sólo con
386
la de dos testigos; el Código parece confirmar también que podrá dispensar para que se contraiga sólo en su presencia y sin la de los dos testigos, en caso que éstos no puedan hallarse.
Cfr. Ferreres, en Razón y Fe, vol. 44, p. 510 y 517. Antes era probable que se hallaba concedida esta facultad, pero no era cierto. Cfr. Ferreres, l. c., nn. 599, 617 sig.
10. En cuanto a los impedimentos, la concesión del número 3 es amplísima, pues se extiende a todos los de derecho eclesiástico, sean dirimentes, sean impedientes.
Hasta ahora sólo se había concedido para los dirimentes, no para los impedientes. Véase
Ferreres, l. c., n: 621, donde decíamos: «Nada se concede respecto a los impedimentos impedientes; pero éstos, en casi todos los casos, cesarán y podrá procederse lícitamente a la celebración del matrimonio, exigiendo las cautelas debidas, si interviene el impedimento mixtæ
religionis».
11. Excepciones: Son las dos únicas (véase el n. 3, c) que ya estableció León XIII en 20
de Febrero de 1888 y se repiten en los decretos sucesivos; v. gr., en el de 14 de Mayo de
1909. Cfr. Ferreres, l. c., n. 596. Véase el número 4 de este comentario.
12. Dice el canon (véase el n. 3, III) que las dispensas se han de otorgar evitando todo
escándalo, v. gr., si se dispensa a un diácono, o también a un lego profeso de votos solemnes,
tal vez convendrá, si el enfermo sana, hacer que los nuevos cónyuges se vayan a vivir donde
no sean conocidos. Si los nuevos cónyuges eran tenidos por legítimamente casados, pero en
realidad vivían en concubinato, porque se trasladaron a lugar donde no eran conocidos, y él o
ella eran, v. gr., religiosos profesos, haciendo que la dispensa y la celebración se mantengan
secretas, etc.
13. Dice además el Código (véase el n. 3, III) que si la dispensa se concede sobre el impedimento de disparidad de cultos (esto es, cuando el uno fue bautizado en la Iglesia católica,
o después se convirtió a ella, y el otro no está
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bautizado) o sobre el de mixta religión (es decir, cuando ambos están bautizados y el uno es
católico y el otro hereje), se han de exigir generalmente por escrito (can. 1.061) las cautelas
acostumbradas, esto es: a) el cónyuge no católico ha de dar su palabra de apartar del católico
el peligro de perversión, b) ambos, de que todos los hijos e hijas serán bautizados y educados
sólo en la religión católica (can. 1.061, 1.071). Cfr. Ferreres, l. c., n. 584. Estas cautelas no
pueden dispensarse por ser de derecho natural y divino, y si la dispensa se concediera por el
Prelado sin exigirlas, la dispensa sería nula y el impedimento de disparidad de cultos haría
que fuera nulo el matrimonio. S. Off., 21 Jun. 1912. Cfr. Ferreres, l. c., n. 709 e sig. y en
Razón y Fe, vol. 34, p. 99 sig.
B) Facultades del párroco y otros sacerdotes
14. En las mismas circunstancias del canon 1.045 (véanse los nn. 3 y 4), pero solamente
para los casos en que no se pueda recurrir siquiera al Ordinario del lugar, gozan de la misma facultad de dispensar: a) el párroco; b) el sacerdote que puede asistir, de conformidad con
el canon 1.098, n. 2; c) el confesor, pero éste sólo para el fuero interno y solamente en el acto
de la misma confesión sacramental.
15. En estos casos: a) el párroco o el sacerdote que hayan concedido alguna dispensa para
el fuero externo, deben dar inmediatamente aviso de ello al Ordinario; b) deben anotarla en el
libro de matrimonios (can. 1.046). Si es el confesor el que la otorgó, nada debe avisar, porque
la tal dispensa sólo vale para el fuero interno.
C) Otros casos en que se pueden aplicar las facultades precedentes
16. Los Ordinarios de los lugares, sujetándose a las cláusulas puestas al fin del canon
1.043, pueden conceder
388
todas las dispensas de que se habla en el mismo canon, siempre que el impedimento se descubra cuando ya todas las cosas estaban preparadas para el matrimonio y éste no pueda diferirse,
sin peligro probable de grave daño, hasta que se alcance la dispensa del Papa (can. 1.045, §
1).
17. Las mismas facultades valen para los casos en que haya de convalidarse un matrimonio ya contraído, si existe el mismo peligro en la tardanza y no queda tiempo para recurrir a la
Santa Sede (ibid., § 2).
El párroco, el sacerdote que asiste, según lo dicho en el canon 1.098, 2.° (véase el n. 14),
y el confesor pueden también conceder tales dispensas, pero sólo tratándose de casos ocultos
(y el confesor sólo para el fuero interno y en el acto de la confesión sacramental), en los cuales casos, o no se puede recurrir ni siquiera al Ordinario del lugar, o el recurrir lleve consigo
el peligro de violación del secreto natural o sacramental.
LOS ESPONSALES Y EL CÓDIGO
1. El decreto Ne temere no sólo introdujo grandísimas modificaciones en la forma del
matrimonio, que en su mayor parte ha confirmado el Código, como hemos visto, sino que las
introdujo quizá más radicales aún en los esponsales. El Código en este punto más bien ha
abrogado la institución esponsalicia, aunque dejando una como sombra de lo que fue según el
decreto Ne temere, como vamos a ver, exponiendo el can. 1.017 que es el único en que se
trata de los esponsales.
2. La promesa de matrimonio, sea unilateral, sea bilateral o esponsalicia, es írrita en ambos fueros a no ser que hubiere sido hecha mediante escritura suscrita por ambos contrayentes
y además por el párroco, o por el Ordinario del lugar, o a lo menos por dos testigos (can.
1.017 § 1).
3. Si alguno de los contrayents no sabe o no puede firmar, es necesario para la validez: a)
que esto se haga constar
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en la escritura, y además, b) que se añada un nuevo testigo (uno solo, aunque ninguno de los
contrayentes sepa firmar), el cual firmará juntamente con el contrayente que sepa firmar (si
hay alguno), con el párroco o con el Ordinario o con los otros dos testigos (ibid., § 2).
4. Hasta aquí en esta parte negativa, por la que se abrogan los esponsales que no sean
contraídos mediante escritura, que reúna las condiciones enumeradas, confirma el Código la
gran reforma del decreto Ne temere, que largamente expusimos en Razón y Fe, vol. 19, p. 361
sig.; volumen 20, p. 496: vol. 21, p. 107 sig., vol. 22, p. 85 y en nuestro opúsculo Los Esponsales, nn. 1-208.
5. Y como en este punto el Código se limita a confirmar la disciplina introducida por el
Ne temere, síguese que serán también nulos en ambos fueros aquellos en cuya escritura no se
haya consignado el día, mes y año de la fecha, o no hayan sido firmados, hallándose al mismo
tiempo presentes entre sí los contrayentes y los que debían suscribir, conforme a la declaración de la Sagrada Congregación del Concilio de 27 de Julio de 1908. Véase Ferreres, l. c., n.
582.
6. También, en cuanto a los testigos, hemos de decir que ni el decreto Ne temere antes, ni
ahora el Código, exige otra condición en el testigo que ha de intervenir, cuando no sabe firmar
alguno de los contrayentes, ni en los otros que son necesarios cuando no interviene el párroco
ni el Ordinario, sino que sepan escribir, ya que deben firmar. Por consiguiente, para la validez
pueden ser testigos cuantos tengan uso de razón, sean hombres o mujeres, púberes o impúberes, católicos o no catóIicos, parientes o extraños, con tal que tengan uso de razón y sepan
escribir. S. C. Sacr. 13 Marzo 1910, ad V. Cfr. Ferreres, l. c., nn. 199, 650.
7. El Código aún va más lejos que el decreto Ne temere en su abrogación, pues no sólo
abroga los esponsales que no constan por escritura en la forma dicha, sino que extiende la
abrogación a las mismas promesas unilaterales, las cuales el decreto había dejado en su valor
natural. Cfr. Ferreres, l. c., nn. 166, 729, 2.ª
390
8. La promesa esponsalicia, o sea, los esponsales, constituyen un contrato bilateral y, por
tanto, requieren promesa mutua y aceptación mutua de la promesa. La promesa unilateral tiene lugar cuando uno solo promete y el otro acepta la promesa, sin prometer él a su vez.
9. El Código expresamente dice que tanto la promesa unilateral como la bilateral son nulas en ambos fueros, si no reúnen las condiciones expresadas.
10. Serán, por consiguiente, nulas dichas promesas en ambos fueros y no engendrarán
obligación alguna de conciencia, aunque hayan sido hechas de buena fe por ambas partes y
con sincero ánimo de obligarse, y aunque hayan sido confirmadas con juramento.
11. Con esto el Código ha confirmado expresamente lo que largamente habíamos escrito,
es a saber, que la nulidad de que hablaba el decreto Ne temere se refería a ambos fueros. Cfr.
Ferreres, l. c., nn. 163, 164, 100-112, 117, 119-138, 142-169.
Esta nulidad no quita que, en algunos casos y por otras causas, pueda existir la obligación de reparar daños y perjuicios para con la otra parte contrayente.
12. Así, pues, tales promesas, hechas de buena fe, son nulas en ambos fueros, cualesquiera que sean los perjuicios que a uno de los contrayentes sobrevengan precisamente por sola la
nulidad del contrato, de los cuales perjuicios el otro contrayente no tendrá responsabilidad
alguna, pues procedió de buena fe al contraer, y después no hizo otra cosa que usar de su derecho. Pero si uno de los contrayentes procedió de mala fe, el contrato esponsalicio será nulo
en ambos fueros; mas el que obró con mala fe podrá estar obligado en conciencia a reparar los
daños y perjuicios que con su mala fe haya originado, como todo damnificador injusto. Cfr.
Ferreres, l. c., nn. 144 sig.
13. Sólo falta averiguar el valor que concede el Código
(Se continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
INTRODUCCIÓN
AL TOMO V DE LAS
CRÓNICAS
(Conclusión)
Pues, como iba diciendo, me agradó obre manera el archivo provincial. Orden, puntualidad, gran celo por nuestras glorias. Una cosa, entre todas, me llamó la atención, a saber: una
serie de tomos que contienen la biografía de todos y cada uno de los religiosos vivos. Digo
vivos porque de los difuntos se llevan aparte otros libros con sus correspondientes necrologías. Estos a que me refiero contienen los datos más salientes que se van conociendo de los
individuos; para lo cual cada día el P. Secretario agrega a las biografías las noticias que por
cartas o relaciones fidedignas llegan a sus oídos. ¡Preciosísima obra digna de ser imitada por
las otras Provincias! Así, esta Provincia andaluza tendrá en lo porvenir una representación en
nuestras Crónicas muy condigna a su mérito. Si en lo antiguo se hubiera escrito tanto y tan
bien, y si se conservaran esos informes, algo mejor puesto ocuparía en los tomos que preparo,
donde, por desgracia, saldrá no tan lucida como las otras por las razones apuntadas.
Hagamos votos a N. P. San Agustín para que veamos pronto esta restaurada Provincia
con los bríos de la etapa primera. Véase un resumen estadí0stico de su personal en el año
1769. En Sevilla había 37 sacerdotes, 2 coristas y 8 hermanos legos; en Santa Fe, 23 sacerdotes, 6 coristas y 6
392
legos; en Granada, 36 sacerdotes, 1 corista y 8 legos; en Campillo de Altobuey, 20 sacerdotes,
1 corista y 10 legos; en Luque, 20 sacerdotes, 1 corista y 6 legos. Falta el personal del Toboso
y de Almagro, que, entre los dos conventos, importantes como eran, darían un total de 50 sacerdotes, 15 coristas y 15 legos.
Y me trasladé a Valencia. Aquí estuve de buenas, pues en varios archivos de esta ciudad
tomé notas y copias muy importantes de documentos que no pensaba hallar. Valencia envió a
Madrid parte de los fondos de sus archivos y parte se reservó. Léese una nota en el archivo
general de la Orden que dice: "En el Colegio de Corpus Christi, o sea, del Patriarca Beato
Juan de Ribera, en Valencia, hay archivados algunos documentos de la Orden de San Agustín
de Descalzos, referentes a las misiones de Filipinas y Capítulos, etc., para que no se pierdan
depositados por el infrascripto albacea Luis Civera, Pbro., Valencia 8 de Mayo de 1895". Y
prosigue: "Un Padre de la Orden llamado López (si mal no recuerdo) quería continuar la
Crónica y se enteró de lo que tenía a mi cargo".
Ansiaba yo conocer estas piezas, pregunté por dicho sacerdote y supe que había muerto el
año 1898. Los papeles no parecieron. Conviene hacer una reflexión: los causantes de que se
hayan extraviado nuestros documentos son precisamente los que con más celo se propusieron
guardarlos. Me explicaré: cuando las Comunidades desaparecieron, muchos de los libros becerros, los necrologios y los que contenían noticias importantes para la historia no quedaron
en los conventos, sino que siguieron a sus dueños; éstos los guardaban con amor, pero a su
muerte fueron a dar a manos no cuidadosas y luego desaparecieron o destrozados o vendidos
a menosprecio. Si hubieran quedado con los demás papeles, hoy se conservarían en los archivos del Estado.
Con todo lo cual, queda indicado que ya puedo, gracias a Dios, brindar a los que tanto lo
solicitan y anhelan, los
393
materiales suficientes para el tomo V de nuestras Crónicas interrumpidas hace más de dos
siglos. Por supuesto que no me ufano de ello, pues los materiales que poseo son apenas la
décima parte, así, la décima parte de los que debía poseer, si se hubieran conservado todos.
Cada convento redactaba un libro de necrologías, ¿dónde están? Cada convento tenía su becerro o libro de estado, ¿adónde han ido a parar?
El último P. Cronista tenía materiales para uno o dos tomos nuevos de Historia, y esos
materiales, reunidos en volumen, se han extraviado. Persona sensata y que lo sabía de buena
tinta, el P. Fr. Florentino Sáinz de la V. de Vico, me aseguró que el P. Fr. Marcial Bellido de
la Concepción, durante el tiempo que fue Comisario General de Filipinas, anduvo en tratos
con una persona de Madrid para adquirir un volumen manuscrito muy interesante que contenía biografías de Agustinos Descalzos y otros asuntos de la Orden, pero no lo adquirió por escasez de dinero. ¿Sería el tan codiciado tomo V?...
Indicado que hemos los depósitos informativos, que son como el nervio principal de este
nuestro trabajo, quedan patentes y al servicio de todos; por lo escasos en número y defectuosos en el fondo, la Historia que damos hoy resiéntese de fragmentaria y monótona. Por lo demás, los antiguos Cronistas exhibieron en sus biografías algo así como almas sin cuerpo, mucho tememos que nosotros retratemos cuerpos sin alma. Pero no podemos más. Ni ¿qué se
puede pretender después de tantas devastaciones y destrozos de los siglos? Muy a propósito
diremos con el profeta Joel1: Super hoc filiis vestris narrate, et filii vestri filiis suis, et filii
eorum generationi alterae: residuum erucae comedit locusta, et residuum locustae comedit
bruchus; et residuum bruchi comedit rubigo.
Pues, y si aun adoptando el método biográfico, en forma
1
1, 3 y 4.
394
de anales, resulta la obra como resulta, no queramos soñar en dar grandes síntesis filosóficas
de la misma, ni en analizarla descubriendo leyes y formulando principios con vistas a lo pasado y a lo porvenir, porque esas grandes concepciones críticas surgen por sí mismas cuando las
entidades son de vida intensa y extensa dentro del rodar de los siglos, de las razas y de instituciones. En el orden de los factores, primero se hace la historia, después se escribe y, por último, se filosofa sobre ella. Escribimos en tiempos modernos historia antigua, historia que es
substancia documental y jugo de archivos.
Nosotros, como Cronistas, nos damos por satisfechos sin vanagloria, pero sí con la satisfacción que da el gaje de la paternidad, con desenmarañar canteras, marcar rutas, desescombrar ruinas, alistar herramientas para que los continuadores avancen en las indagaciones y las
perfeccionen. Que el amor a la Orden Recoleta de San Agustín impulsó nuestra labor y la
avivó siempre; y si hemos renunciado a las solicitaciones disipadoras del mundo exterior, y
aun a la vocación literaria, que querían compartir nuestras vigilias, durante más de cuatro años
de incesante trabajar en la preparación de este tomo, sin convertir la atención a ninguna otra
cosa, hoy, al verlo concluido, ponémoslo en las manos de la misma Recolección Agustiniana,
que es nuestra madre querida y veneranda.
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
Madrid, día del Patriarca San José, año 1917.
395
A su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal Antonio Vico, Obispo
de Porto y Santa Rufina, etc., etc., etc., Protector de la Orden
de Ermitaños Recoletos de San Agustín
EMINENTÍSIMO SEÑOR:
Cuando por el Breve Apostólico Religiosas familias, de fecha 16 de Septiembre de 1912,
nuestra humilde Recolección Agustiniana fue equiparada a las demás Órdenes Regulares,
recibió la singularísima merced de teneros por Cardenal Protector ante la Santa Sede, sin
ningún merecimiento por parte de los Agustinos Recoletos, que vieron en ello una medida
providencial encaminada a ofrecer a Vuestra Eminencia ocasión de continuar con mayor
solicitud la actuación muy paternal que os habíais dignado ejercer primeramente en Colombia, en calidad de Delegado Apostólico, y después, como Nuncio de Su Santidad, en España;
protección que cada día aumenta para provecho de vuestros protegidos, quienes se han distinguido y se distinguen por su adhesión a las enseñanzas de la Iglesia, por su veneración y
amor al Vicario de Jesucristo y por su espíritu de- sacrificio evangélico en bien de las almas.
Obligados, por tanto, con los beneficios que la protección de Vuestra Eminencia les proporciona, y alabando por ello a Dios, dador de todo don perfecto, hacen votos para que la
vida de Vuestra Eminencia se dilate, y después quede vinculada la memoria de vuestra sagrada persona a los destinos de su Historia, donde se venera a los santos y se admira a los
sabios, y donde hay una página especial en blanco para Vuestra Eminencia, por ser el primero de los Cardenales Protectores de que la Recolección, como Orden Regular ha gozado.
La continuación de la Historia de esta Familia os pertenece, pues, por fuero de gratitud
y por ley de justicia: dignaos aceptarla.
FR. PEDRO FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
Madrid, 28 Abril de 1918.
396
Roma 10 de Mayo 1918
M. Rdo. P. Fr. P. Fabo del Corazón de María
Madrid
Mi reverendo Padre. Al aceptar gustoso el obsequio que V. R. me hace dedicándome el
tomo V de la “Historia de la Orden de los Agustinos Recoletos”, no intento hacer otra cosa
que asociar mi nombre a una meritoria publicación histórica que redundará, así lo espero, a
gloria de Dios y honor de la Orden Recoleta.
Felicito a V. R. Su bien cimentada competencia y autoridad en la materia aseguran a esta
nueva obra el éxito más lisonjero.
Quedo de V. R. affmo. S. S.
† A. Card. Vico
Carta manuscrita
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
HISTORIA DEL CONVENTO DE MARCILLA
(Continuación)
Hermano Fr. Román Caballero de la Virgen del Plu
Nació el 28 de Febrero de 1836, hijo de Lucas Caballero y de Marta Pérez, honrados y
cristianos vecinos de Marcilla que trataron de educar a su hijo según los principios religiosos
que ellos profesaban. Tuviéronlo a su lado hasta la edad de 31 años, siempre trabajador y
dócil; pero en el año 1867, recién restablecida la Comunidad de Agustinos Recoletos en Marcilla, sintió en su corazón el llamamiento al claustro, atraído por los buenos ejemplos de los
religiosos. Fue el primer joven que ingresó en la Comunidad agustina, digno sucesor de los
que anteriormente entraron en la cisterciense y digno imitador de las virtudes de otros eclesiásticos marcilleses, como, por ejemplo, de don Juan Antonio Jiménez de Lacarra quien,
después de regentar loablemente la parroquia de Funes durante 35 años, se retiró a Marcilla,
en calidad de beneficiado, donde murió el 27 de Agosto de 1814. El Hermano Román estaba
influido también por los ejemplos que le dieron las marcillesas doña Fausta Campo y Ariza
que entró monja capuchina en Barbastro
398
en Mayo de 1814, y doña Vicenta Campo y Ariza que hizo lo mismo en las benitas de Corella
al año siguiente, y doña Gumersinda Francés el año 1816 en el convento de franciscanas de
Tarazona. Pasó el noviciado en Monteagudo y profesó el 1.º de Septiembre de 1.868.
He aquí el elogio que hace de él el libro cronológico1 de la Provincia de Filipinas:
«Después de haberlo tenido la obediencia ocupado en algunos oficios propios de
su profesión, lo destinó a Filipinas a donde pasó embarcado en el vapor «Irurac-bai»
que salió de Barcelona el 26 de Mayo de 1872 y llegó a Manila en 10 de Julio del
mismo año. Fue este religioso de relevantes prendas como lo acreditó en los diversos
empleos en que lo ocupó la obediencia. Poseyó conocimientos poco comunes de
agrimensura, haciendo por sí mismo una medición exacta de las tierras de la hacienda de Imus, lo cual representa un trabajo enorme si se tiene en cuenta que dicha medición se hizo al detalle, consiguiéndose con esto que los inquilinos tuviesen convenientemente deslindadas sus parcelas y que en el cobro del canon anual que deben
satisfacer los mismos se procediese con la mayor escrupulosidad y acierto, sin gravar
a unos y sin que los otros tuviesen pretexto para ocultar los terrenos que tenían
arrendados. Trabajó muchísimo también en la construcción de la presa de San Nicolás, obra gigantesca, según la expresión de varios señores ingenieros, que fueron a
verla, y a juicio de los cuales arguye profundos conocimientos e imponderable trabajo. Este religioso fue muchos años el alma, por decirlo así, de la hacienda, en lo que
mira al mayor desarrollo de la misma y a las mejoras en ella introducidas, como asimismo en lo tocante a la cobranza, pues conociendo palmo a palmo la
1
Número 3.º pág. 64 v.º y 65.
399
hacienda, bien enterado del padrón de los inquilinos y de las parcelas que cada uno
cultivaba, reunía las mejores condiciones para el caso. Y si a esto se agrega que poseía el dialecto tagalo, y que a pesar de sus años y achaques (contraídos en Mindoro
en donde también lo tuvo algún tiempo la obediencia ocupado) era sumamente activo
y laborioso, de una voluntad de hierro cuando se trataba de acometer cualquier empresa que significase algún acrecentamiento de los intereses de nuestra Corporación
en la hacienda, se comprenderán fácilmente los progresos que ésta alcanzó en su
tiempo. Últimamente había construido un magnífico cementerio para la parroquia de
Imus, con nichos distinguidos para los religiosos que falleciesen en la hacienda».
Esta necrología manuscrita está firmada por el Padre Provincial Fr. Andrés Ferrero, que
fue luego Obispo de Jaro.
A lo cual agregaremos el interesante dato proporcionado por un Padre Agustino Recoleto,
Fr. Manuel Clemente de S. José, quien nos aseguró haber visto en poder del Hermano Román
un libro manuscrito, voluminoso, en que apuntaba dicho hermano sus observaciones sobre la
agricultura filipina y muchos otros puntos curiosos, fruto de sus conocimientos profesionales,
mientras estuvo al frente de la hacienda de Imus.
Al elogio necrológico escrito por pluma tan autorizada debe agregarse lo que confirma y
amplía el P. Sádaba en su admirable Catálogo de los Agustinos Recoletos, etc.,1 cuando dice:
«Dotado de una inteligencia privilegiada, de grandes energías y de vastos conocimientos en todo lo concerniente a los ramos de ingeniería y agricultura, mejoró notablemente la hacienda de Imus, a donde lo destinaron los Superiores luego que llegó
a Manila. A él especialmente se le deben las principales presas y canales de riego,
que han hecho tan productivos los terrenos
1
Págs. 516 y 517.
400
comprendidos en la referida hacienda, la cual ha venido a ser una de las más importantes de Filipinas, gracias a los trabajos de este benemérito Religioso, secundado
por otros Hermanos de obediencia que la Corporación tuvo allí empleados. En el Ensayo del ilustrado Dominico P. Marín, tom. 2.º, se detallan las mejoras introducidas
en la hacienda de Imus para ponerla en condiciones más ventajosas de explotación; y
limitándose a las presas allí emplazadas, diremos que muchas de ellas, especialmente
las del Molino, Pasong-Castila y otras, han llamado justamente la atención de distinguidos ingenieros, a juicio de los cuales arguyen aquellas obras profundos conocimientos e imponderable trabajo. También se debe a nuestro biografiado la construcción del cementerio de Imus, de magnífico y sólido cerco de mampostería, con su
hermosa Capilla y varios órdenes de nichos. Ocupado se hallaba en esta serie de trabajos, no obstante lo avanzado de su edad, cuando sobrevino la malhadada insurrección tagala, de la cual fue víctima a principios de Septiembre de 1896».
Ahora, aunque no sea este lugar el propio si nos atenemos al orden cronológico, traeremos datos biográficos de otros dos hijos de Marcilla, agustinos recoletos, que juntamente con
el hermano Román, sucumbieron gloriosamente en el alzamiento de los indios filipinos.
Hermano Fr. Dámaso Goñi de la Virgen del Plu
Nació en Marcilla el 11 de Diciembre de 1873. Hijo de Francisco Goñi y María Ruiz, se
desarrolló su vida de niño en el ambiente de un hogar netamente católico. Al lado de su padre
y hermanos se dedicó a las faenas de la agricultura. De índole suave y de inclinaciones piadosas, sintió que Dios lo llamaba al estado religioso en la comunidad que en su pueblo
401
florecía. En el tiempo que se abrió colegio preparatorio en Marcilla, cuando abundaron las
vocaciones al claustro, uno de los favorecidos por la divina gracia fue el joven Dámaso, quien
tomó el hábito de hermano lego en el noviciado de Monteagudo a 22 de Octubre de 1888 y
consagró su corazón a Dios Nuestro Señor en Monteagudo por medio de la profesión que llamamos simple, al año siguiente, y por medio de la solemne el 24 de Octubre de 1892, en su
pueblo natal, Marcilla.
En el libro Necrologio 3.º, págs. 66 y 67, que se conserva en Marcilla en el Archivo de la
Provincia, hay una muy breve reseña de este honrado y ejemplar marcillés, donde se lee:
«Tuvo el oficio de hortelano en el Colegio de Monteagudo hasta últimos del 90 en que fue
trasladado al Colegio de Marcilla donde desempeñó el mismo oficio. Pasó a Filipinas con la
misión que salió de Barcelona en 25 de Junio de 95 y llegó a Manila el 18 de Julio siguiente a
bordo vapor Isla de Mindanao. Luego fue destinado a la hacienda de Imus donde se dedicó al
cultivo de la huerta para lo cual se daba singular maña, sin descuidar el cultivo de su alma con
todo género de virtudes en que fue muy sobresaliente, y de las cuales había dado ya en los
Colegios de España los más raros ejemplos dejando por ello singular memoria entre sus Hermanos».
Al estallar la revolución filipina en 1896 una partida de insurrectos asaltaron la casahacienda donde estaban los religiosos, pero éstos se defendieron heroicamente por espacio de
un día y una noche. Cuando vieron que era inútil toda resistencia porque se les habían acabado las municiones determinaron abandonar la casa-hacienda... mas luego cargó sobre ellos un
numeroso grupo que les quitó la vida a poca distancia de la casa. El ataque sucedió el 1.º de
Septiembre.
402
El P. Sádaba en su Catálogo, pág. 718, llama al Hermano Goñi religioso muy ejemplar.
Hermano Fr. Victoriano López de la Virgen del Plu
El tercer religioso que formó el triunvirato de los mártires del hábito y de la patria, se
llamó Victoriano López, hijo de Gervasio López y de Marcelina Catalán, nacido el 8 de Marzo de 1873. También fue uno de los elegidos por Dios Nuestro Señor para el claustro cuando
se abrió en el convento un colegio preparatorio de latinidad en orden al noviciado. Era un
joven sencillo y de buen corazón, y por aspirando a mejores cosas que las que brinda el mundo, se retiró al convento de Monteagudo el año 1888 donde hizo su profesión religiosa al año
siguiente el 19 de Diciembre. Cuatro años permaneció en España: en Septiembre de 1893 fue
destinado a Filipinas a cuya capital arribó el 16 de Octubre en el vapor «Isla de Minanao». En
esta misión iba también el P. Fr. Ángel Fabo de la Virgen del Plu, cuyas virtudes como misionero no especifico porque todavía vive y le disgusaría cualquier mención honorífica como
le desagradó que dedicaran a ensalzar su labor evangélica, edificante y heroica, un artículo en
el BOLETÍN DE LA PROVINCIA DE SAN NICOLÁS. Pero sí hemos de llamar la atención de un detalle peculiar de varios religiosos naturales de Marcilla, a saber: que al tener que tomar en la
Orden un apellido de algún Santo o Misterio, como distintivo en la Comunidad y como abogado o patrono de la vocación religiosa, muchos de los hijos de Marcilla eligieron a su queridísima Virgen del Plu, cuyo amor han fomentado desde la infancia. Lo cual se confirma
también con el ejemplo del P. Fr. Aniceto Ariz, benemérito religioso, quien, según afirma el
P. Sádaba en su Catálogo, desempeñó importantes cargos en Filipinas y «fue
403
nombrado Vocal-Inspector por el excelentísimo señor Delegado Apostólico de Filipinas y
Gobernador de la Diócesis de Manila, D. Plácido Luis Chapelle; cargo que con el mayor celo
y merecido aplauso desempeñó». Otro enamorado de la Virgen del Plu fue Fr. Pío Galán, devoto, inocente y puro, «joven de grandes esperanzas, léese en el Catálogo, por su excelente
índole y notable aptitud para el estudio, pero Dios fue servido llamarlo a sí en la flor de la
edad, pues apenas había cumplido 22 años cuando, hallándose en el Colegio de Marcilla, cursando Teología Moral, dejó las miserias de esta vida, a 17 de junio de 1892».
Al poco tiempo de llegar a Manila el hermano Victoriano López, pasó en cumplimiento
de la obediencia a la hacienda de Imus. Allí se reunió con los otros dos compueblanos, Román
y Dámaso, y allí residía cuando la insurrección de la provincia de Cavite los sacrificó con
inhumaniad sacrílega y traidora.
Era el desdén gratuito a España profesado por los indios, y la ambición de extrañas gentes
que querían apoderarse de las Islas Filipinas, y el rencor y envidia de los masones contra el
prestigio de las Comunidades religiosas porque éstas habían conquistado y sostenido como
colonia española aquella porción oriental convertida al catolicismo no con armas sino con la
vehemencia del sacrificio y del talento del misionero, era todo ello junto lo que hizo estallar el
año 1896 el movimiento de insurrección que terminó mediante el asesinato de muchísimos
religiosos con la pérdida de la repesentación española en la política internacional de Oriente.
No está ni puede estar justificada ante Dios ni ante la Historia la insurrección filipina. Propalaron los impíos que las Comunidades residentes en aquel archipiélago monopolizaban el dinero. Esto era añadir a la ingratitud la calumnia. Tenían, es cierto, las Comunidades algunas
404
haciendas, pero aparte de que los colonos eran tratados con excesiva benignidad y condescendencias tributarias, el producto de las rentas se invertía en sostener los colegios de España
donde se educaba el personal misionero. Hoy día que las haciendas desaparecieron, reducidos
los renteros a mucho peor condición que antes, ha pasado a manos de extranjeros el capital, y
los colegios de España se ven mal para atender a sus necesidades. Pues bien, veamos cómo y
cuándo perecieron estos tres hijos de Marcilla:
Luego que estalló la insurrección en las cercanías de Manila el P. Provincial se apresuró a
escribir al P. Presidente que lo era el P. Juan Herrero del Amor Hermoso a fin de que tomara
las medidas que creyera convenientes. Al efecto convocó a los tres marcilleses, después de oír
la santa misa, precisamente el día de Nuestra Sra. de la Consolación, 30 de Agosto, y les leyó
la carta del P. Provincial sobre los sucesos inquietantes, pero no se alarmaron demasiado y así
convinieron solamente en redoblar la vigilancia y estar con mucho cuidado. El 1.º de Septiembre por la mañana sintieron tiroteo cerca de la casa y conatos de incendio, que fue sofocado por la Guardia civil. El P. Presidente entonces avisó con un propio a Manila lo sucedido,
y el Provincial ordenó que se pusiesen en salvo aprisa refugiándose en la capital: mas, para
cuando llegó la contestación, la partida de revolucionarios estaba rehecha y comenzaba a organizar el ataque en toda forma.
FR. P. FABO DEL CORAZÓN DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
NUESTROS MISIONEROS
El día 22 de Septiembre del corriente año y presididos por nuestro M. R. P. Provincial Fr.
Eugenio Sola del Carmen, embarcaron en Barcelona, con rumbo a Filipinas, en el vapor «Antonio López», los Religiosos siguientes: R. P. Fr. Ruperto de Blas de San Joaquín, Definidor
Provincial; R. P. Fr. Jesús García del Carmen; Fr. Jesús Ganuza del Carmen; Fr. Alejandro
Osés de la Concepción; Fr. Manuel Gómara del Carmen: Fray Ladislao Moreno del Carmen y
Fr. Juan Cruz Gómez del Carmen.
Todos ellos iban animados de una alegría santa, y ansiosos de comenzar a ejercer el ministerio apostólico en aquellas remotas Misiones.
Que Dios los llene de su divina gracia, para que allí produzca abundantes frutos de bendición.
Nuestro M. R. P. Provincial, Fr. Eugenio Sola, al poco tiempo de embarcar, se sintió agitado por fuertes ataques de disnea; y de tal manera se vio amenazada su vida, que e! médico
no le permitió continuar el viaje, obligándole a desembarcar en Las Palmas (Canarias), desde
donde regresó a España en el vapor «Valvanera».
Por fortuna, el remedio ha sido eficaz y de buenos resultados, pues al llegar a España
cesó la gravedad y ahora continúa en franca mejoría.
Quiera Dios devolverle pronto y por completo la salud perdida; y conceda a los religiosos
expedicionarios, un felicísimo viaje.
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
NECROLOGÍA
El día 9 de Junio del corriente año falleció de debilidad senil, en nuestro convento de
Manila, (Islas Filipinas), el Hermano de obediencia Fr. Jenaro Delgado de la Concepción.
Contaba 79 años de edad, y 50 de profesión religiosa; larga vida que había adornado con
el ejercicio de todas las virtudes, singularmente de la obediencia, de la humildad y de una
acendrada devoción, manifestada en su oficio de sacristán, que ejerció por muchos años.
Confortado con todos los Santos Sacramentos, murió con la muerte envidiable del justo.
* * *
También falleció en nuestro colegio de Monteagudo, víctima de la reinante epidemia gripal, el día 9 de Octubre de este año, el Hermano de obediencia Fr. Severiano Lasola de la
Concepción.
Cuando una juventud de 25 años y una salud complela auguraban un prolongado ejercicio
de virtudes religiosas, a las cuales se entregaba con verdadero fervor, vino la muerte a probarnos una vez más la inconsistencia de las robusteces humanas.
* * *
Víctimas de la epidemia gripal, han fallecido dos Religiosos más en nuestros colegios.
El día 17 de Octubre, a las ocho y media de la noche, dejó de existir el Hermano Corista
de votos simples, Fr. Mario Arrastia de
407
la Sagrada Familia, en nuestro Colegio de San Millán, después de recibir los Santos Sacramentos y demás auxilios espirituales.
Y a la una y media de la madrugada del día 18, falleció en nuestro Colegio Preparatorio
de San José el Hermano de Obediencia de votos solemnes Fr. Cándido Muro de la Sagrada
Familia, después de recibir la absolución sub conditione y la Extremaunción, pero sin poder
recibir el Santo Viático, porque perdió el conocimiento antes de manifestar la gravedad de la
enfermedad.
Cuando más esperaban de ellos nueslros Superiores, Dios los ha llevado a su santo seno.
Sea Él bendito y tenga misericordia de todos nosotros.
Suplicamos sufragios especiales por las almas de dichos Religiosos.
Descansen en paz.
Tip. de Santa Rita – Monachil
Año IX
Diciembre de 1918
Núm. 102
BOLETÍN
DE LA
PROVINCIA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
DE FILIPINAS
de la Orden de Agustinos Recoletos
SECCIÓN CANÓNICA
LOS ESPONSALES Y EL CÓDIGO
(Conclusión)
13. Sólo falta averiguar el valor que concede el Código a las promesas de matrimonio que
reúnen las condiciones exigidas para que sean válidas. De ello nos habla el § 3 deleitado canon 1.017, y en ello consiste la gran reforma del Código en esta parte. Dice así:
«Pero la promesa del matrimonio, aunque sea válida y no haya causa alguna que excuse
de cumplirla, no da acción (o derecho) para pedir (en los tribunales) la celebración del matrimonio, sino solamente para pedir la reparación de daños, si alguna se debe» (can. 1.017, § 3).
410
14. En la disciplina secular anterior al Código (sea o no anterior al decreto Ne temere), de
los esponsales válidos (no de la promesa unilateral) se originaba: a) el impedimento impediente de esponsales, del que nacía, no sólo el deber de contraer matrimonio entre sí, sino el
derecho o acción, concedido a cada una de las partes, de pedir en los tribunales que obligara a
la otra a la celebración del matrimonio, y, por consiguiente, que impidiera que cualquiera de
las partes contrajera con otra persona; b) el impedimento dirimente de honestidad pública, en
virtud del cual el matrimonio celebrado con los consanguíneos en primer grado del otro esposo era nulo, si no intervenía dispensa pontificia. Este impedimento, una vez contraído, duraba
perpetuamente, aunque hubiera muerto uno de los esposos. El impediente sólo duraba el tiempo que duraba la obligación de contraer entre sí, la cual podía cesar por varias causas, como
sucede con otros contratos bilaterales, v. gr., por consentimiento mutuo.
15. Actualmente ambos impedimentos, como tales, han cesado. Sólo resta la obligación
en el fuero de la conciencia de contraer, y esto sólo si la promesa se hizo por escritura con los
requisitos antes dichos; pero no se puede acudir a los tribunales pidiendo que se obligue a la
otra parte a contraer, cualquiera que sea la razón o sinrazón por la que ésta no quiera cumplir
lo que prometió.
16. Esta obligación en el fuero interno será grave y de justicia conmutativa generalmente
si la promesa fue bilateral; leve y de sola fidelidad, por lo común, si sólo es unilateral.
17. Dicha obligación podrá cesar por diversas causas; v. gr., por mutuo consentimiento,
por haber cambiado notablemente el estado de las cosas, v. gr., por haber sobrevenido la ruina
económica a una de las partes o una enfermedad que se cree durará largos años, o que además
es infecciosa, v. gr., la sífilis, o por oponerse los padres al matrimonio, etc. Es decir, todas las
causas que antes eran suficientes, según los autores, para que los esponsales perdieran su
fuerza obligatoria, lo son ahora también.
Además, si una de las partes con su modo de proceder ha causado daños a la otra, ésta
podrá pedir en los tribunales la reparación de daños a que haya lugar.
18. ¿En qué se diferencian, por consiguiente, según el Código,
411
las promesas de matrimonio según que consten, o no, con escritura acompañada de todos los
requisitos que el Código prescribe?
En que las segundas no producen absolutamente obligación alguna ni en el fuero externo
ni en el interno, en tanto que las otras: a) en el fuero interno de suyo obligan a contraer matrimonio, si no hay causa que excuse, y además puede existir la obligación de reparar daños;
b) en el fuero externo sólo puede existir la obligación de reparar daños. Por lo demás, ni unas
ni otras producen impedimento alguno.
19. De manera que la frase del Código, al decir que toda promesa matrimonial que no
consta por escritura, etc., es írrita en ambos fueros (irrita est pro utroque foro), es decir, que
no producen ob!igación alguna en el fuero de la conciencia.
20. Conforme con la doctrina expuesta, la Comisión del Código ha declarado en 2-3 de
Junio de este año:
a) Si alguno reclama su derecho, nacido de esponsales válidos, contra la parte que
quiere contraer matrimonio con otro, el matrimonio no debe suspenderse, pues
no se admite acción para ello como efecto de los esponsales, y la acción que el
Código admite sobre reparación de daños no suspende la celebración del matrimonio.
b) Dicha reparación de daños es de fuero mixto, y así puede entablarse ante el tribunal
eclesiástico o ante el civil.
EL CÓDIGO Y LA SOLEMNE BENDICIÓN NUPCIAL
1. El Obispo de Herbipoli o Würzburg (Babiera) ha presentado a la Sagrada Congregación de Ritos algunas dudas relacionadas con el canon 1.108 del Código Canónico, según el
cual los Ordinarios de los lugares pueden, con justa causa, permitir la solemne bendición nupcial, aun en el tiempo en que están cerradas las velaciones, o sea, desde Adviento hasta el día
de Navidad inclusive; y desde el día de Ceniza hasta la dominica de Pascua inclusive, salvas
las leyes litúrgicas.
2. Contestando a dichas preguntas, ha declarado la Sagrada Congregaci0ón de Ritos:
I. Si el Ordinario, en virtud de esta licencia, que no está limitada, permite la solemne
bendición nupcial en el día de Navidad y
412
en el domingo de Pascua, será lícito añadir a la oración de la Misa del día respectivo la conmemoración por los esposos, bajo una misma conclusión, no obstante que dichas fiestas, lo mismo que las de la Epifanía, Pentecostés, Santisíma Trinidad y Corpus, excluyen toda otra oración.
II. Que con la misma licencia será lícito durante el tiempo en que estén cerradas las
velaciones celebrar la Misa votiva pro sponsis, exceptuando, no obstante, los
domingos, fiestas de precepto, dobles de I y II clase, las octavas privilegiadas
de I y II orden, las Ferias privilegiadas y la vigilia de Navidad.
III. Que no es lícito celebrar dicha Misa pro sponsis, fuera del tiempo en que están cerradas las velaciones, en las vigilias privilegiadas de Pentecostés y de la Epifanía.
COMISIÓN PONTIFICIA DEL CÓDIGO
Diversas declaraciones
1. I. Por el decreto Docente Apostolo, de 18 de Noviembre de 1910, prohibió Pío X que
en los Bancos, Intitulos de crédito, Cajas rurales y de ahorros los clérigos ordnados in sacris,
seculares o regulares, acepten el ejercicio, o, aceptado, lo retengan, de aquellos cargos que
llevan consigo los cuidados, obligaciones y peligros que en sí entrañan, de la administración,
cuales son los de presidente, director, secretario, cajero y otros semejantes, no pudiendo en
adelante ningún miembro del clero aceptar o ejercer cargo de este género sin que antes hubiera alcanzado de la Santa Sede peculiar licencia para ello.
2. La Comisión del Código en 2-3 de Junio de 1918 ha declarado que, conforme al canon
139, § 3, ahora dicha licencia la podrá dar el Ordinario. (Acta X, p 344).
3. II. La misma Comisión, y en la mima fecha, ha declarado que los Superiores menores
locales deben cambiarse cada tres años, según el canon 505, aunque sean directores de escuelas, hospitales y otras pías casas, si al mismo tiempo son Superiores religiosos, de los que
dependen otros religiosos, aun en cuanto a la disciplina religiosa. (Acta 1, c.).
413
De la misma Comisión y en la misma fecha son las declaraciones que siguen:
4. III. Que tienen impedimento para recibir órdenes los que tal vez serán llamados al servicio militar, aunque de hecho aún no lo han sido, ya dependa esto de que aún no tienen la
edad, ya porque al ser examinados se les ha declarado inútiles temporalmente1.
5 IV. a) y b). Véase este mismo número página 411, n. 20.
c) Si se halla que el esposo o la esposa que desean contraer matrimonio no conocen suficientemente la doctrina cristiana, no por eso se les ha de diferir el matrimonio hasta que la
sepan, sino que el párroco debe cumplir lo que prescribe el canon 1.020, § 2, y mientras va
cumpliendo lo que el Código prescribe, debe ir enseñándoles con diligencia por lo menos los
primeros elementos de la doctrina cristiana; y si lo rechazan, tampoco es caso de excluirlos
del matrimonio aplicándoles el canon 1.066, pues no trata de este caso.
d) Si alguno de los esposos después de llegar a la pubertad hubiere habitado en regiones
remotísimas y apartadas, y para obtener de él el atestado de libertad de estado se necesitare
tiempo muy prolongado, siendo así que urge la celebración del matrimonio, queda a la prudencia del Ordinario prescindir de aquel atestado y servirse de otras pruebas, v. gr., de testigos, etc., sin excluir el juramento supletorio, según la norma del canon 1.023, § 2.
6. e) Dado caso que la madre de la esposa, antes de nacer ésta, hubiera tenido comercio
ilícito con el padre de éste, de manera que pueda dudarse si la esposa es hija o hermana del
esposo, no se puede permitir el matrimonio, conforme al canon 1.076, § 3, hasta que desaparezca toda duda y resulte cierto que los esposos no son consanguíneos en ninguno de dichos
grados. La razón es que dichos grados de consanguinidad constituyen impedimento dirimente
no dispensable por ser (a lo menos probablemente) de derecho divino.
1
Según la nueva disciplina, los impedimentos para recibir órdenes se llaman irregularidades, cuando de suyo
son perpetuos; de lo contrario, simplemente impedimentos. Estos y aquéllas hacen ilícita la recepción, pero
no inválida.
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f) El nuevo Código no tiene fuerza retroactiva, ni siquiera en cuanto a los esponsales e
impedimento, sino que los esponsales y los matrimonios se rigen por el derecho vigente cuando se contraen o cuando se contraigan, quedando a salvo en cuanto a la acción de esponsales,
lo que dispone el canon 1.717, § 3.
De manera que los esponsales contraídos válidamente antes de entrar en vigor el Código
Canónico continúan siendo válidos, pero los impedimentos que de ellos nacieron quedan
abrogados desde que el Código entró en vigor.
g) Los matrimonios contraídos antes del Código, que fueron nulos por causa de algún
impedimento abrogado por el Código, v. gr., el tercero o cuarto grado de afinidad, el de
honestidad pública, nacida de esponsales, son nulos aun después de promulgado éste. Para
que se hagan válidos es menester renovar el consentimiento o proceder a la sanación in radice, sin que sea necesario pedir dispensa del impedimento, pues ha cesado.
7. h) La cognación o parentesco espiritual contraída antes del día de Pentecostés de
1918, más allá de los términos en que ha quedado reducida por el canon 768, ha cesado desde
dicho día, solamente en cuanto a ser impedimento matrimonial, no en cuanto a los otros efectos.
El canon 768 la ha dejado reducida a la que con el bautizado contraen el bautizante y el
padrino.
Antes la contraían también estos últimos con el padre y la madre del bautizado. Después
del día de Pentecostés de 1918 esta última cognación no constituye ya impedimento, pero
constituiría incesto la cópula extramatrimonial entre tales personas.
8. V. El sentido del canon 1.267 es el siguiente: Si una casa religiosa o pía tiene aneja una
iglesia pública: a) si se sirve de ella para sus ordinarios y cotidianos ejercicios de piedad, sólo
en ella puede tenerse reservado el Santísimo; b) de lo contrario, podrá guardarse en el oratorio
principal de la misma casa religiosa o pía (sin perjuicio del derecho de guardarlo en la iglesia,
si tiene tal derecho); c) y no en otro oratorio, a no ser que en el mismo edificio material haya
comunidades distintas y separadas, de manera que formalmente sean distintas casas religiosas
o pías, pues en este caso podrá guardarse en tantos oratorios distintos cuantas
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sean las familias o comunidades religiosas formalmente distintas.
9. VI. A las sociedades clericales sin votos les son aplicables los cánones 2.386, 2.387 y
2.389. También se les debe aplicar el canon 2.410, si tal sociedad goza del privilegio de conceder a sus súbditos dimisorias para órdenes.
El canon 2.411 les es aplicable en cuanto a su primera parte, dejando a salvo en lo demás
lo que dispongan las constituciones. Igualmente se les debe aplicar el canon 2.413.
SAGRADA CONGREGACIÓN CONSISTORIAL
El tribunal de segunda instancia cuando en
primera conoce el Metropolitano
Según el canon 1.594 § 2 (n. 552, II.): «Del tribunal del Metropo!itano, que conoce en
primera instancia, se apela al tribunal de otro Obispo que a este efecto, una vez para siempre,
hubiere cogido el Metropolitano con aprobación del Papa»- Ya en Acta X, p. 283, 284, se han
publicado las designaciones hechas por tres Metropolitanos (dos de Italia y uno de Hungría),
que han sido aprobadas por el Papa. En España entendemos que no deben hacerse tales designaciones, sino que la segunda instancia, en este caso, es en la Rota, como lo es siempre la
tercera.
SAGRADA CONGREGACIO DE RELIGIOSOS
Corrección de Reglas y Constituciones
de Institutos religiosos
Todas las religiones, aunque sean de derecho diocesano, deben corregir sus reglas y peculiares constituciones en todo lo que sean contrarias al Código (canon 489).
Las correcciones que, según esto, se hagan en el texto, deben someterse a examen de la
Sagrada Congregación de Religiosos, para lo cual le enviarán varios ejemplares de las correcciones y otros de las propias Reglas o Constituciones.
Este envío, las religiones de derecho pontificio y las sociedades,
416
sean de varones sean de mujeres, que sin tener votos públicos llevan vida de comunidad, lo
verificarán cuando, conforme con el canon 510, envíen a la Santa Sede la relación del estado
de la propia religión o sociedad.
La Santa Sede exhorta y ruega encarecidamente a los Ordinarios de los lugares en que resida el General o la General de algunos religiosos que, cuanto antes, les enteren del contenido
de todas estas prescripciones.
RESTABECIMIENTO DE LA FIESTA
DE SANTIAGO PARA ESPAÑA
Los Emmos. Rdmos. Cardenales, Arzobispos y Obispos de España, visto lo resuelto por
la Comisión Pontificia para la interpretación del Código en la reunión plenaria de 17 de Febrero del corriente año, reprodujeron en 25 de Junio próximo pasado la petición del restablecimiento de la Fiesta del Apóstol Santiago, Patrono de España, en el día 25 de Julio, y elevada
a S. S. en 25 de Julio de 1911, la cual petición había sido despachada favorablemente el 14 de
Noviembre del mismo año, con obligación de oír Misa y abstenerse de obras serviles, y con
todas las gracias, indulgencias y privilegios que ha tenido durante muchos siglos.
Esta nueva súplica del Episcopado Español ha sido atendida por Su Santidad en la misma
forma, como se ve por el Decreto siguiente:
«Ex audientia SSmi. diei 14 Julii 1918, SSmus. D. Noster Benedictus PP. XV,
audita relatione infrascripti Secretarii S. Congregationis Concilii, pro gratia juxta
preces benigne annuere dignatus est. –I. CARD. CASETTA, Praefectus. –l. MORI, Secretarius».
(Del Boletín del Arobispado de Santiago, 10 Agosto 1918).
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
IDEÍCAS
I
Ensñaba yo a cierto Padre, grave y metido en años, misionero-párroco casi toda su vida,
unos cuadernilos manuscritos, en cuya portada, hecha con muy primorosas mayúsculas de
adorno, se leía: CULTURA RECOLETA. Revista-ensayo de Religión, Ciencia, Literatura y Arte,
redactada por los Agustinos Recoletos del Desierto de la Candelaria. Era el número 1.º, que
acababa de llegarme de Colombia. Sin duda, los Coristas teólogos que la redactaron, sabiendo, como saben, cuánto es mi gozo y mi entusiasmo cuando veo cualquier brote de recoletanismo puro, cualquier impulso generoso en pro de nuestra amada Orden, me la enviaban cariñosamente.
–¿Ve Vuestra Reverencia? —manifestaba yo al Padre misionero—; nuestras juventudes
nos empujan. Sienten el hervor de la vida nueva y las palpitaciones de esta sociedad que pide
al religioso otras cosas distintas, aunque no contrarias, de las que pedía el siglo XVI y el
XVII.
Leímos el sumario de la Revista:
Nuestro propósito.
La razón del concurso.
El sacerdote agustino recoleto debe ser virtuoso y sabio.
Otro sobre el mismo tema.
El Museo botánico y zoológico de la Candelaria.
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Historia de la Teología comparada con la Filosofía.
El instinto de la abeja.
Información.
En el rostro del anciano Padre sorprendí una mueca que tanto podia significar admiración
como compasión desdeñosa.
–Veamos un párrafo del artículo primero:
«Conviene fijarse que Cultura Recoleta es revista-ensayo para que se comprenda
que los trabajos que aquí aparezcan, como hijos, en general, de principiantes, no han
de resultar perfectos en todas sus partes, aun cuando, seguramente, alguno y aun algunos pudieran publicarse sin desdoro, antes tal vez con honra no pequeña, en las ya
acreditadas revistas de fondo sólido, sano y de factura impecable. Venimos a ensayarnos y a probar las armas en este coto reducido de nuestra casa y heredad para después salir animosos, adiestrados y reueltos, tremolando con mano robusta y pecho
levantado la bandera gloriosa de los Recoletos de San Agustín, a trabar combate y a
partir el sol y pelear las batallas del Dios de la verdad en palenques más anchos, ruidosos y concurridos, en pro de la cultura y progreso contenidos en la Iglesia de Cristo».
–¿Qué tal?
–Bien, pero...
–¿Modernismo?
–Sí; algo peligroso me parece sacar a la Orden de sus cauces viejos.
Padre, —hícele observar—, ni ellos son toda la Orden, ni quieren que todos se vuelvan
escritores. ¿Qué es y quién es la Orden Recoleta? No conocemos nosotros sino la vida heredada de una de las Provincias, Filipinas. Pero Filipinas era, dentro de la Congregación, un
caso de Provincia, algo así como anormal; es decir, lo normal y corriente en la Recolección
fue la vida de convento, y Filipinas, sólo Filipinas, fue misionera. La Provincia de la Candelaria no fue antaño misionera sino convenlual. Hoy en día, lo anormal puja por ser normal o
característico de toda Orden. ¿Conviene que la Orden sea casi exclusivamente misionera?
¿Conviene que en ella predominen las casas residencias, los colegios para seglares, los talleres y escuetas dirigidas por agrupaciones de religiosos que hagan vida en común? Puntos son
éstos que se prestan a estudio
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muy profundo. Pero continuemos ahora, querido Padre, examinando la nueva Revista.
–Me place la conversación metódica; siga, siga.
–Pues, sabrá V. R. que como todo tiene antecedentes en este mundo, a Cultura Recoleta
no le faltan. Era muy al principio de este siglo. Refugiados en el convento de la Candelaria los
catorce misioneros que fuimos expulsados de Casanare el año 1901, todavía a fines del año
1903 morábamos en aquel delicioso oasis de la Provincia algunos. Recuerdo que una tarde de
Mayo, salimos de paseo y nos sentamos a descansar a orillas río del Gachaneca a la sombra de
un grupo de árboles, fronda subter viridi, que, al impulso de la brisa, rumoreaban haciendo
dúo con la corriente del sagrado río. Aquel punto lo llamábamos Aviliana, en memoria de
nuestro Beato Querubín. Porque ha de saber Vuestra Reverencia, dicho sea de paso, que los
puntos o paseos de mayor hermosura y solaz a que iba la Comunidad por aquellos contornos
los bautizamos entonces con nombres de nuestra Historia. Y decíamos, por ejemplo: vamos a
Benigánim, a Fr. Luis de León, a Tolentino, a Tagaste, etc. Digo, pues, que aquella tarde se le
ocurrió al hijo de su madre lanzar en el corro una ideica: escribir una revista y enviarla a...
Manizales. A Manizales porque en aquella sazón había allí un grupo de religiosos, como si
dijéramos, de lujo: fervorosos y capaces de presentarse con la frente muy limpia dondequiera,
y entre ellos algún compañero nuestro de apostolado en las misiones trasladado ya por la santa obediencia. Una travesura, vamos, una humorada literaria. Preparé, en efecto, tres artículos,
uno de los cuales era, si mal no lo retengo, un capítulo de mi novelita El Doctor Navascués;
los otros Padres redactaron tres o cuatro artículos muy majos, muy remajos, y formamos una
Revista campanuda. No le faltó portada iluminada, y, aun quiero recordar, que, al final y como de tapadillo, metimos una sección amena y de donaire, alusiva a ciertos casos y cosas de
los Padres de Manizales. ¡Y cuánto gozamos y reímos comentando y dando retoques a la travesura revisteril! ¿Y el nombre de la Revista? Muy graciosos fueron los lances para dárselo.
¿Habrá cosa más difícil que titular tales obras a contentamiento de todos? Echamos suertes, y,
por fin, salió un rótulo, que no manifiesto a Vuestra Reverencia porque me parece muy soso.
La Revista
420
fue enviada a su destino. Y ¿sabe qué cotestación nos dieron los de Manizales? A principios
de Noviembre llegó al convento el primer número, impreso, de Apostolado doméstico, revista
quincenal redactada por los Agustinos Recoletos, cuyo tema era: «Restaurar los hogares en el
Corazón de Jesús». Así, así, respondieron a la ideíca aquellos Religiosos. Y tal Revista, nacida a la buena de Dios y como por sorpresa, lleva de existencia quince años, y es la decana de
las Revistas de Colombia; porque no ignora V. R. que allí las revistas y periódicos son flor de
un día, pues las revoluciones intestinas lo destruyen todo, todo.
Y ¡qué campañas tan brillantes ha hecho Apostolado doméstico, y qué gloria tan grande
ha dado al Divino Corazón con la propaganda de lecturas sencillas y populares, y qué honra le
cabe por ser la primera que lanzó al mundo, fíjese bien, Padre, la primera que lanzó al mundo
el proyecto de entronizar en los hogares el Corazón de Jesús!
–Proyecto que después aprovecharon otros para ejecutarlo.
–Sí; pero nuestros Padres de Manizales no sólo plantearon el proyecto, sino que lo ejecutaron fundando casi a la vez que la Revista una asociación piadosa reglamentada, de que era y
es órgano Apostolado doméstico. Y consagraron ellos los hogares en varias poblaciones de
Colombia, y la asociación fue establecida en varias diócesis de la República, y sigue funcionando todavía, gracias a Dios.
¡Y todo ello debido a la humorada revisteril!
–Acaso coincidencias. Y es digno de notarse también que varios meses después surgió en
Granada la simpática Revista Santa Rita y el Pueblo Cristiano, órgano de su devoción y culto.
Apollo rigavit, Deus autem incrementum dedit. Pero también de esta Revista hablaremos en
otra ocasión, ¿verdad?
–Hay en Cultura Recoleta un artículo, «La razón del Concurso», cuyo contenido no alcanzo a vislumbrar, —me indicó el Padre Misionero—.
–¿De qué trata?
–De un Concurso o Certamen literario-científico abierto en aquel Colegio para los jóvenes coristas, continuación de una serie iniciada con los mismos jóvenes en el convento de Sos
en 1913-1914. ¡Qué noble y generosa es la juventud! Recuerdo que, al verme rodeado
421
de tan despiertos y estudiosos Coristas, me resolví a ensayar un certamen de artículos de Revista en la forma siguiente: Con dos o tres meses de anticipación les mandé que cada uno de
ellos me presentase escrito un plieguillo, nada más que un plieguillo, de papel de cartas, acerca de la Natividad de N. S. Jesucristo. El tema era libre, dentro de este Misterio. El trabajo
debía estar redactado como para ser publicado en una Revista de vulgarización piadosa y popular. Ningano de los jóvenes estaba excusado de presentar dicho estudio, enteramente original, resultase como resultase. El objeto, como se ve, era obligarles a que se fueran soltando en
el difícil manejo de la pluma. ¡Pinitos de párvulo! ¡Vuelos de pajarines! Como estímulo, se
otorgaría al autor del mejor escrito un premio; v. gr.: un libro o cosa semejante.
–¿En tiempo de curso? ¿No estorbaría la marcha de los estudios?
–Se les exigía un articulito tan corto y sencillo, y en un plazo tan dilatado, que bien quedaban a salvo las imperiosas exigencias de la cátedra diaria. ¡Cómo aprovechaban los ratos
libres fijándose en los modelos, con lápiz en mano, espigando frases, giros, palabras y conceptos!
Pues bien; presentaron todos su trabajito; algunos más largos de la cuenta; y, examinados,
escribí un juicio crítico de todos y cada uno, determinando sus bellezas y sus defectos, respectivamente, e indicando los medios de mejorarlo y corregirlos en lo futuro. ¡Lecciones prácticas de escribir! A la hora de comer, en día de parleta, otras veces se practicó en el salón de
estudios, hice leer el resultado del certamen, o sea, el juicio de las piezas, y proclamé a uno
merecedor del premio. El triunfador leyó su composición en público. No se puede imaginar
V. R. qué variedad de emociones hubo ese día. Por eso, en vista de tan loable resultado, anuncié otro concurso para la festividad de San José, Nuestro Protector queridísimo. Y después
otro y otro Certamen.
–¿Y las disertaciones mandadas en nuestras Constituciones?
–Tengamos presente que también quieren las mismas Constituciones, y lo dicen claramente, que se fomenten actos literarios, veladas, etc., entre nuestros jóvenes.
–Sin detrimento de las disertaciones antiguas.
–Sin detrimento de nada ni de nadie. En el fondo convenimos
422
todos; es cuestión de procedimiento. Y así deben entenderse estos sustanciosos párrafos del
artículo titulado «La razón del Concurso», que hablan de esta conformidad: «Mucho valen las
tesis o disertaciones que sobre determinadas materias de filosofía y teología exponen, defienden y sustentan, more scholastico, de cuando en cuando y públicamente ante la comunidad en
el idioma inmortal del Lacio y oficial de la Iglesia, los jóvenes estudiantes. Esto ¿quién lo
duda? da solidez y fijeza a aquellos principios que constituyendo, como constituyen, la esencia y entraña de las mencionadas ciencias, serán siempre la base de toda la ilustración sacerdotal; afínasele así y se le da perspicacia y tino al criterio humano.
Toda esta actuación clásica y semejantes procedimientos tradicionales ni pueden ni deben
desaparecer de las aulas de nuestros colegios so pena de dislocar y aun destruir malamente el
recio armazón de las ciencias eclesiásticas y aun de toda suerte de disciplina racional. Pero
estos conocimientos y esa ciencia por tan sabio método atesorada deben ir, y van efectivamente, enderezados a sacar el mayor jugo posible en la práctica y vida real, en los cuerpos y
mayormente en las almas de todos los que componen la sociedad.
Es necesario quedejando el tecnicismo, sabio pero empalagoso, y el insufrible ergotizar
de la cátedra, desdoblemos las enseñanzas eclesiásticas, y, usando una concatenación espontánea y sencilla en las ideas y la lógica de los hechos, las presentemos en su meollo, amplitud y belleza, no menos que en sus derivaciones y entronques últimos ante la sociedad con
que nos toque vivir de continuo».
–Ya comprenderá V. R. que quien escribió esto conocía al dedillo los excelsos ideales del
Papa León XIII sobre los estudios escolásticos y sobre todo de Santo Tomás, así como no
ignoraba las ventajas del empleo del latín en todas las aulas, aun de Institutos y Universidades, ventajas proclamadas por el Cardenal Mercier y por el español Eloy Bullón y Fernández,
por no citar otros.
–Lo comprendo, lo comprendo: cosas de los tiempos presentes.
–Y así lo van entendiendo todos. Compare, si no, las actuates Constituciones con las antiguas en cuanto a los estudios de nuestros Colegios; vea además la amplitud de criterio que
guía a las nuevas respecto de que nuestros Religiosos adquieran grados académicos
423
y títulos, y note cómo las Provincias van entrañándose ya esta doctrina. La de Filipinas aspira
a regentar en toda forma un Colegio de segunda enseñanza en Puente la Reina, y pretende
abrir otro en Manila, al estilo del de Bacolod, para lo cual estimula a sus hijos a que adquieran
el título de Bachilleres y Doctores y los adquieren lucidísimamente. La de Santo Tomás no
vaciló en dictar en su último Capítulo Provincial la siguiente acta:
«…la enseñanza y formación de nuestros jóvenes no sólo sea conforme a lo que
pide el Estado Religioso, sino que a la vez sea tan amplia y completa cual lo exigen
las necesidades de la época y el progreso constante de los estudios científicos. Y para
conseguir esto, habida por otra parte la consideración de los grandes bienes que acarrea a nuestro estado la poesion, por parte de nuestros Religiosos, de títulos académicos civiles, el presente Capítulo recomienda a Nuestro P. Provincial practique cuantas gestiones pueda en este sentido, matriculando a algunos de nuestros jóvenes escolares en algún Instituto o Universidad civil, teniendo en cuenta lo que a este respecto
disponen nuestras Constituciones en el número 590, para que, sin perjuicio de los
cursos de estudios eclesiásticos, propios de nuestra carrera, adquieran el título del
Bachillerato que les capacite para la enseñanza oficial en los Colegios o Escuelas
públicas».
Y pásmese V. R., esta misma Provincia en el Plan de estudios dado en el Capítulo en referencia preceptúa que durante el Cursillo del primer año de teología se instruyan los escolares en el «Arte de escribir articulos de periódicos, de revistas, juicio crítico de trabajos literarios, modo de componerlos y forma de expresarlos». ¡Magnífico! Aplaudo con toda mi alma
esa disposición aun con su poco o mucho de redundancia, pues esta redundancia me parece un
vicio de redacción no vicioso y sí muy estudiado.
–En verdad, el oponerse a esa corriente —observó mi interlocutor— sería una temeridad
y desatino; pero hay que proceder con tiento, con mucho tiento, en las nuevas orientaciones.
El éxito… la perfección literaria… la oportunidad… son factores que conviene tener en cuenta.
–Muy bien dicho; si quiere V. R., de ello hablaremos en otra sazón. Torno, pues, al examen de Cultura Recoleta para concluir este diálogo, no sin manifestarle que respecto de los
otros artículos
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del sumario, los dos siguientes son los temas premiados en el Concurso: el Recoleto, virtuoso
y sabio… que parece quieren desbaratar ciertas objeciones que asoman y vienen de perlas a
esta conversación. Los restantes artículos demuestran la tesis general que se deduce del título:
Cultura...
Tengo guardados como oro en paño, o como oro entre algodones, que diría Cervantes,
bien liados, en un paquete, con cinta de seda verde, verde como la esperanza, todos los trabajitos que los Coristas de Sos escribieron para los Concursos de entonces. A veces me entretengo con fruición, morosamente, en releerlos. ¡Los hay tan buenos! ¡Prometen tanto! Atisbo
allí cerebros fuertes, sensibilidad literaria, ideología genial y multiforme, ¡Qué dulce debe ser
entregar a Dios el alma pensando en que dejamos hijos virtuosos y sabios! Copio, por contera,
la exhortación que a los redactores de esta Revista dirige el hoy Secretario Provincial y que en
ella está publicada: «La Provincia aguarda con fundamento de Sus Caridades abundantes y
sazonados frutos; en vuestras manos está, en parte, el porvenir de nuestra Recolección en estas latitudes. Mirad si es razón que robustezcáis el espíritu con los sanos alimentos de la virtud y de la ciencia; mengua de vuestra extirpe y de vuestro tiempo seríais si en vuestras manos hubieran de marchitarse las vistosas y opulentas glorias de la Provincia, si no tuvierais
pecho para recoger y acrecentar la herencia sagrada de vuestros mayores, esa aureola de saber
y santidad que en la frente veneranda de nuestra insigne Provincia de la Candelaria colocaron
a pulso, entre otros, aquellos varones benditos y por siempre preclaros, los Obispos que se
llamaron Nicolás Casas y Ezequiel Moreno».
–Hasta mañana, Padre.
–Si Dios quiere.
FR. P. FABO DEL C. DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
MEMORIA DEL PADRE
PEDRO SANVICENTE DE S. JOSÉ
(Continuación)
Esta modestia y recogmiento de sus sentidos; esa limpieza y castidad de sus costumbres,
estaba justificada y como alimentada, como veremos después, por su vida de oración, de mortificación, de recogimiento interior, de consagración perfecta al cumplimiento de sus deberes
y, en una palabra, de excelente religioso y celoso misionero. Que no en vano se posee uno
exteriormente en grado tal, sin que se haya establecido sólidamente en lo nterior el reinado de
Jesucristo; ni es cosa fácil aparentar exteriormente tan sólidas virtudes en una vida inculpable,
sin que el Señor reine sólidamente en lo interior.
Y es bien seguro que nuestro bendito hermano nunca hubo de ser hipócrita, porque era la
misma sencillez. El recato de su cuerpo se puso bien de manifiesto en su última enfermedad,
cuando, por la fuerza de los hábitos contraídos, se le encontraba en su lecho siempre cubierto
y compuesto y conservando en sus ojos aquella modestia que le habrá hecho tan notable durante la vida. Bien admitía los buenos oficios de la caridad ajena, así como la intervención de
los médicos. Pero, en cuanto podía, se valía de sus propias fuerzas; y
426
no se dejaba trastear por cualquiera, sino por mano de hombres o de personas de insospechable honestidad y gravedad. Ninguna ligereza se permitió ocupar puesto, ni circunstancial, en
derredor de su persona enferma y el aroma de la santa castidad fue el ambiente que se respiró
a su lado mientras le duró la vida. Su cuerpo venerable bajó al sepulcro embalsamado en ese
aroma del cielo y su alma bendita voló a las manos de Dios, blanca y hermosa como una azucena y coronada con el mérito del voto y la virtud angelical.
Profesaba una ardiente devoción a la Reina de los Ángeles en el misterio de su Inmaculada Concepción. Amaba con entrañable afecto las cosas puras. Promovía con entusiasmo las
sociedades de Hijas de María, y hablaba con notable encomio del santo Job, porque ni aun
con el pensamiento había rozado jamás el recato de una virgen, habiendo hecho pacto con sus
ojos de no ponerlos en ella.
También él parece que había hecho ese pacto con los suyos y lo guardó hasta la muerte.
¿Cuántos y cuáles fueron los combates que haya debido librar contra los enemigos de su
castidad; qué tempestades hubo de sufrir; qué tentaciones hubo de vencer; qué luchas interiores y exteriores, suscitadas por la carne y por el mundo hubo de sostener; cuáles fueron los
lances y peligros a que se vio expuesta su bendita alma en el trato y relación con el mundo
que nos impone nuestra vocación de misioneros? Nada me es dado contestar a todo eso.
Cuando yo alcancé a convivir con él y tratarlo de cerca, esa vida era como un río sosegado y
tranquilo que corría hacia el cielo, sin turbulencias ni agitaciones que pudieron observarse en
su límpida corriente. Bien podemos suponer que las hubiera habido y aun, tal vez, rudas y no
escasas, como que caían en varón fuerte y acepto al Señor, como lo fue siempre nuestro bendito hermano. Fácilmente pudiera suceder que hubiera sufrido y experimentado lo que lleva
de suyo la flaca naturaleza humana, disponiendo el Señor que aprendiera en la lucha consigo
mismo, por una parte, la preciosidad de esa bella margarita; y, por otra, el divino magisterio y
celestial discreción que han sacado los Santos de esos combates para sanar las almas y conducirlas por los blancos derroteros de la castidad,
427
de las huellas del Cordero sin mancilla. Todo eso y más pudiéramos suponer y aun calculamos que no faltarán de entre nuestros hermanos en religión, quienes, por haberlo conocido
oportunamente, pudieran citar de esos lances y casos prácticos, que nunca faltan en las vidas
de los siervos de Dios, permitidos por Él mismo para gloria de ellos y de su santo Nombre.
En cuanto a nosotros, ya hemos indicado nuestro criterio. Si hubo luchas y tempestades,
estas parecían haber pasado para siempre; y sobre el cie!o sereno de su religiosa vida reinaba
el sol bendito de una perpetua paz.
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
HISTORIA DEL CONVENTO DE MARCILLA
(Continuación)
En efectó, atacó un pelotón de insurrectos la Casa-hacenda de Imus, los sitiados, empero,
después de resistirse cual cumple a religiosos patriotas, trataron de salvar la vida saliéndose
por un lado excusado, excepto el Hermano Román. ¿Y qué sucedió? He aquí lo que consigna
el Necrologio 3.º de la Provincia de Filipinas al hablar, pág. 67, de este asunto: «Todos los
Religiosos murieron tan pronto como cayeron en poder de los alzados, excepción hecha del
Hermano Román, a quien llevaron cautivo al Tribunal, juntamente con un tal Mariano, mediquillo que estaba al servicio de N. P. Learte. Dicho Mariano fue puesto en libertad; pero el
Hermano Román fue llevado otra vez a la casa hacienda para que declarase dónde estaba el
dinero. Como no contestase o no satisficiese la contestación a aquella vil chusma, fue muerto
a la puerta de la hacienda». ¡Esto se llama heroísmo! ¡Esto se llama cumplimiento del deber!
¡Esto se llama martirio patriótico y religioso!
P. Fr. Agustín Pérez de la Concepción
El P. Fr. Agustín Pérez de la Concepción, natural también de esta villa, vio la luz pública
el 13 de Octubre de 1849,
429
hijo de José Pérez y de Tomasa Irigoyen. Recibió la educación e instrucción cual convenía al
estado de su familia, máxime si se tiene en cuenta que contaba con el apoyo y dirección de un
tío suyo, don Agustín Irigoyen, Párroco que fue de Marcilla por espacio de treinta y tres años.
Al lado de su tío aprendió el niño las primeras nociones de la virtud y también los primeros
ejemplos.
Asimismo se comprende cómo germinara en él la vocación al sacerdocio, cuya carrera
emprendió en el Seminario de Pamplona apenas estuvo capacitado para el estudio, carrera que
no consumó en Pamplona porque Dios le llamaba a los claustros agustinos. Diez y ocho años
contaba Agustín cuando, aprobados los cursos de humanidades y Filosolía en dicho Seminario, resolvió ingresar en el noviciado de Monteagudo. Acaso en este cambio de rumbo influyó
la muerte de su anciano tío, acaecida el año 1866. Bien sea por la escasez de recursos pecuniarios en que la familia quedaba a la muerte del Párroco, bien sea porque cesaba cierta presión en el ánimo del sobrino, a quien inclinaba el tío hacia el estado secular, contrariando las
simpatías del joven manifestadas hacia la Comunidad Recoleta de su pueblo, es lo cierto que
Agustín tomó el hábito en Monteagudo, donde hizo su profesión religiosa el 29 de Julio de
1868, no sin haber sufrido una muy grave contrariedad durante el año del noviciado, ocasionada por los movimientos tumultuosos de la política llamada septembrina. El caso fue que
estando algunos Religiosos en la huerta del convento, junto a las tapias de la cerca que da a la
carretera de Monteagudo a Tarazona, pasaron grupos de gente sublevada profiriendo amenazas que alarmaron con razón a la Comunidad: –No entremos ahora en este convento —decían
los sediciosos—; sigamos a Tarazona, y a la vuelta…– Estas intenciones fueron también conocidas por algunos buenos vecinos
430
de Monteagudo, que avisaron al convento. Creyeron medida prudente los superiores suspender el noviciado entonces mismo, y enviaron a los novicios a sus respectivas casas. Con esta
ocasión, Fr. Agnstín se trasladó, vestido de seglar, a Marcilla; pero, en vez de hospedarse en
su casa, se asiló en el convento, donde púsose de nuevo el santo hábito.
Quince días nada más duró la anómala situación, pues los superiores, viendo que la cosa
política se calmaba, avisaron a los pueblos con el objeto de que se presentaran los jóvenes
para reanudar el noviciado. Algunos no respondieron al llamamiento; Fr. Agustín, inmediatamente.
De los años que vivió en los Colegios de la Orden y del resultado de sus estudios no
hemos podido averiguar nada: tenemos, sin embargo, no leves motivos para conjeturar que la
conducta y el aprovechamiento suyo fueron muy satisfactorios. Recibió a su tiempo debido
las órdenes sagradas, y llegado que fue el año 1872, hubo de abandonar su patria para trasladarse a las Islas Filipinas como misionero; así que a primero de Abril, en compañía de 14 religiosos más, partió de Marcilla dejando los atractivos de su pueblo, las afecciones más queridas del alma, los padres, y cuanto de venturoso y caro ofrece la patria para el misionero que la
ama en Dios y por Dios.
El 9 del mismo mes se embarcó en Barcelona a bordo del vapor Emiliano, que ancló en el
puerto de Manila a 25 de Mayo del mismo año, después de una navegación lenta pero sin
grandes contratiempos. «En 26 de Ortubre de 1872, escribe el Padre Sádaba1, se le dieron dimisorias para recibir en Jaro el presbiterado, e impuesto en el dialecto zambal en San Felipe,
adonde lo destinaron en 17 de Junio de 1873, entró a regir, en 1877, el curato de Masinloc,
que estuvo a su cargo por entonces
1
Catálogo, etc., pág. 562.
431
hasta el Capítulo Provincial del 1891, que lo nombró Rector de San Millán». Su conducta
como Rector de este Colegio fue clasificada como de religioso observante, benévolo y humilde. Tuvo que tolerar días amarguísimos a causa del negro proceder de cierto miembro de la
Comunidad, proceder lleno de infamia y escándalo. Además, en este liempo, así me lo asegura un testigo de mayor excepción, en carta de 21 de Enero de 1917, «le dijeron que allí había
quien mandaba pliegos conlra él al P. Provincial, y él contestó: –Si dice verdad me servirá de
satisfacción, y si dice mentira me servirá de mérito». No debieron hacer caso de las acusaciones los superiores, por cuanto, finalizado el trienio, salió nombrado Rector del Colegio noviciado de Monteagudo, cargo que renunció muy pronto porque no quería mandar, sino que,
llevado su corazón de sentimientos humildes, solamente se creía apto para ser gobernado y
dirigido.
Libre de tan honorífico rectorado, regresó a Filipinas, a cuya capital llegó el 25 de Julio
de 1895 y en seguida se trasladó a su antigua parroquia de Masinloc, la que desempeñó laudablemente hasta el año 1898 en que estalló la insurrección indígena. En atención a sus méritos, el Capítulo Provincial de 1897 lo nombró Prior vocal de Taitay.
¿Qué me dice V.ª R.ª —le pregunté yo por carta al Padre Fr. Cipriano Benedicto de los
Dolores— respecto del P. Fr. Agustín Pérez? Y me contestó de Lucena, a 31 de Julio de 1916,
de esta forma: «Siempre me mereció el P Agustín un concepto digno de él como religioso y
como Párrroo; y también lo califico, y conmigo otros muchos, como de talento poco común,
de claro y práctico criterio y como buen teólogo».
Era el 7 de Marzo de 1898 cuando brilló el primer chispazo de los insurrectos filipinos; el
P. Fr. Agustín, a la sazón Cura párroco de Masinloc, Zambales, quien, temiendo que de un
momento a otro se sublevasen los indios de su pueblo, se refugió
432
en Iba, capital de la provincia, donde se encontraban ya otros Padres Agustinos Recoletos con
igual motivo. El 27 de Abril se presentó un vapor mercante en Iba en el que pudo escaparse a
Manila el P. Pérez, mas, por no separarse de sus hermanos, prefirió compartir con ellos las
amarguras de la situación. Las fuerzas militares de España, que en la capital de la provincia se
hallaban, viendo que iban empeorando las cosas, resolvieron dejar la plaza y concentrarse en
otra; y así, el día 4 de Junio, más de mil personas, entre militares, civiles y religiosos, temerosas de lo porvenir, abandonaron a Iba y llegaron a pie a un pueblo llamado Castillejo, después
de pasar San Antonio y otros varios, a mediado de mes. Aquí fueron atacados los españoles el
día 17 por los insurrectos: a los dos días se vieron de nuevo atacados, pero triunfaron. No obstante, era necesario continuar la marcha, y así se hizo. Al siguiente día de salir, los insurrectos
que iban pisando la retaguardia, tirotearon el campamento en ocasión que estaban los españoles preparando la comida en una hermosa llanura, razón por la que hubieron estos de trepar
aprisa y corriendo por un cerro escarpado para luchar con ventaja. Excusado es decir los sobresaltos y penalidades del Padre Fr. Agustín y los demás Misioneros, así como de los paisanos, hombres y señoras, ancianos y enfermizos que al amparo de la tropa se retiraban de aquella región de Zambales. El jefe, como viese que la situación empeoraba por instantes, mandó
una comisión al pueblo de Olongapó a fin de que alistase una lancha de vapor que pudiera
remolcar varias embarcaciones menores en que se salvaran todos. Cinco días estuvo el Padre
con los expedicionarios en un monte elevado y fragoso, teniendo enfrente al enemigo, esperando el resultado de la comisión militar, la cual no regresó al campamento porque cayó en
una emboscada de los insurrectos. En estos cinco días se mantuvieron con carne de los carabaos destinados a la conducción del convoy,
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y la comían medio cruda por impedir su cocimiento las constantes lluvias; y las noches pasábanlas sobre el terreno mojado, pues ni chozas tenían. Además, por una parte los insurrectos
que, coronando poco a poco las crestas de las montañas, los hostilizaban con sus disparos, por
otra, el mar, siempre alborotado, desvaneciendo la esperanza y aumentando la pena viendo
que no llegaba el auxilio de Olongapó hacíales sufrir congojas inauditas. Así las cosas, véase
cómo en carta de 13 de Octubre de 1916, el P. Fr. Cipriano Benedicto, de quien son los datos
anteriores, compañero de infortunios de nuestro biografiado, relata el desenlace:
«Mando el Jefe de los insurrectos cuatro parlamentarios, invitando aceptaran la
rendición: y, como no hubiera esperanza de socorro, se efectuó la entrega por los parlamentarios Padre Fr. Fernando Hernández y don Potenciano Lesaca, mestizo de español.
El día siguiente, 25 de Junio, quedaron bajo la férula de los filipinos con unas
condiciones altamente satisfactorias. Lo primero que hizo con los Padres el General
insurrecto, fue pedirles el dinero. Se entregaron unos 2.000 pesos, con la condición
de devolverlos en Subic: pero ni nos embarcó para Manila, según lo convenidó, ni
devolvió el dinero, ni cumplió las otras bases estipuladas. A las seis de la tarde de
aquel aciago dia, hízonos desandar el camino, y después de trepar montes y vadear
ríos, sin más alimento en todo el día que un poco de morisqueta, se encontraron de
nuevo en San Antonio. Desapareció el equipaje entre la baraúnda de indios de los
pueblos circunvecinos, llamados para celebrar la rendición de España en Zambales a
un puñado de armas, y se quedaron sin ropa, sin dinero y hasta sin breviarios.
De San Antonio pasaron a San Marcelino, donde por primera vez separaron del
núcleo de prisioneros a los Padres, alojando
434
a éstos en la escuela con centinelas de vista; les hablaron y obsequiaron las muchas
personas que iban a visitarlos, y por la tarde los llevaron a Castillejos, donde estuvieron hasta Septiembre.
Aquí siempre les llegaba la comida muy escasa, muy mala y sin hora fija. Por
fin, cada uno se las arreglaba como podía, y los no menos relacionados llevaban la
peor parte. De los soldados del Katipunan sufrieron toda clase de vejaciones; y muchos del pueblo, antes amigos, se manifestaban hostiles o indiferentes. Una noche,
estando todos dormidos, incluso sin duda los centinelas, subió uno, machete en mano, adonde dormían los padres. Despertóse el Padre Agustín y otro padre. Preguntó
al indio qué buscaba, y contestó que al Padre Francisco Moreno (este Padre estuvo
tres veces sentenciado a muerte y sufrió mucho), y como le contestara que en el cuarto de los oficiales, se retiró sin más. Tuvieron que sufrir mucho por el hedor del retrete adjunto. Más de un mes padecieron de fuerte descomposición del vientre, debido, sin duda, a las prolongadas mojaduras, a la carne casi cruda de carabao y a otros
comistrajos que tomaban para amortiguar el hambre.
A primeros de Agosto trasladaron a varios Padres para Batolan, y días después al
P. Agustín con varios oficiales.
El 2 de Diciembre llegó de nuevo a Olongapó el P. Agustín con otros Padres,
remitidos de tribunal en tribunal. No quiso recibirlos el Gobernador katipunero, y
hubieron de desandar las 13 o 16 leguas, llenos de miseria y de hambre. Cuando se
dirigían el día 2 a Olongapó, iban todos maniatados con una cuerda, cuyo extremo
llevaba el P. Agustín.
Mientras estuvieron en Iba, no pasó día sin ser atormentados de mil maneras; pero siempre eran favorecidos ocultamente por el pueblo.
El 28 de Marzo de 1899 salieron de aquella cárcel para la
435
provincia de Tarlac. El 9 por la tarde, llegaron a Poombantó donde los detuvieron todo el 30, Jueves Santo, por esperar los prisioneros de toda la provincia de Zambales.
Reunidos hasta 533 españoles, salieron a las doce de la noche. El Viernes Santo lo
emplearon en atravesar la cordillera de Zambales: 25 veces vadearon un río con agua
hasta la cintura en algunos puntos. Rendidos de tanto andar por montes, ríos y llanos,
llegaron a Tijaon después de diecinueve horas de fatigoso camino, barrio de su matriz O'Donell. Los oficiales ocuparon los casuchos y los cazadores y los Padres, después de un simulacro de cena preparada por ellos mismos, tornaron al aire libre la
tierra por cama teniendo por compañeras interminable ejército de hormigas rojas que,
con ser rabiosamente insaciables y contener veneno en su aguijón, no se enteraron
ellos de su existencia en toda la noche, merced a la fuerza con que los cautivó el sueño. Hermoso sacrificio que ofrecieron a Nuestro Señor Jesucristo por las culpas propias y ajenas, en cambio del que Él ofreció a su Eterno Padre desde la cruz, cuyo
aniversario celebraba aquel día la Iglesia.
El Sábado Santo reanudaron el itinerario a paso de soldado después de desayunarse con un poco de mala morisqueta, llegando a O'Donell a las diez de la mañana.
A las tres de la tarde salieron satisfechos del buen comportamiento de aquellos vecinos, emprendiendo la marcha en carretones los Padres y los oficiales por serles imposible dar un paso a pie. En Capas, adonde llegaron a las siete de la noche, se hospedaron en la casa del Párroco indígena P. Romero.
Habiendo transcurrido más de nueve meses sin permitirles oír misa, júzguese del
gozo que inundaría el alma del P. Agustín viéndose en el templo el Domingo de Resurrección participando de los inmensos bienes de que se hacen dueños los que debidamente asisten al incruento sacrificio del altar y hasta
436
dónde no llegarían los hacimientos de gracias y el fervor con que pedirían las mercedes necesarias para terminar con felicidad y gloria aquel duro cautiverio. Medio pueblo fue después de la misa a visitarlos; y cada uno que les besaba la mano reverente y
amoroso y cada limosna depositada en sus manos era para ellos como suave bálsamo
de embriagador aroma que sanaba las heridas de sus almas y daba ánimo y fortaleza
para padecer más. Besemos las manos de los Padres, decían, porque son mártires.
FR. P. FABO DEL C. DE MARÍA
(Continuará)
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
DOCUMENTOS INÉDITOS
RESEÑA HISTÓRICA
de nuestra Provincia de San Nicolás de Tolentino de Filpinas,
desde su origen hasta el año 1750, escrita por el Vble.
P. Rector Provincial Fr. José de la Concepción.
(Continuación)1
AÑO 1720
170. A primeros de Enero de este año, se retiró del todo el armamento de Labo y se abandonó la dicha noble porción de la Paragua, según lo decretado en la citada Junta de Guerra,
ofreciendo los votantes la más cierta y total seguridad de Calamianes, con sólo aumentar algunas plazas en la guarnición de Taytay, como si el limitado refuerzo de un medio construido
baluarte (cual era entonces el de Santa Isabel de Taytay) fuera armada suficiente para cubrir
más de ochenta leguas de terreno, que la inconsideración abandonó. Manifestó la experiencia
luego al punto, la mala conducta de los que votaron en la Junta de Guerra por el abandono y el
acertado dictamen del P. Lector Encarnación, Aroza, Vélez, Arce y Ribas, por la conservación
y aumento de dicho presidio; porque
1
Véase páginas 226-228.
438
apenas volvieron los españoles las espaldas a la Paragua, hicieron los moros su fuerza en Ipolote y desde ella introdujeron el incendio, la muerte, el sacrilegio, robo y cautiverio en las
Islas de Calamianes, Mindoro y demás, hasta las costas y playas de Manila. Dieron principio a
la guerra por Junio de este año, que aún nos desuela las Provincias: Quemaron la iglesia, pueblo y convento de Linacapan y dieron muerte cruel al P. Predicador Fr. Manuel de Jesús y
María, natural de Lupiana en la Alcarria y después de muerto a lanzadas, le cortaron la manos
y ponían en ellas el breviario, con mucha algazara, mofa y escarnio. El P. Prior, que entonces
era Fr. José de Jesús María, natural de Santander en las montañas, como más joven y robusto,
pudo transportarse con trabajo y esconderse con el peligro en una cueva, para tolerar en tanto
desamparo un prolongado martirio, en la total falta de lo preciso y necesario a la vida. Los
vasos sagrados, las sacerdotales vestiduras, los ornamentos de la iglesia y las imágenes de
Jesucristo, María Santísima y otros santos, sacrílegamente profanados se vieron y lloraron
aplicadas a los nefandos usos de la superstición mahometana.
AÑO 1722
171. Con las ventajas y ricos despojos que el enemigo logró en la invasión referida de Linacapan, volvió este año al saqueo y tala de los pueblos del católico dominio, dando principio
a la campaña arrojándose sobre la isla de la Alutaya tan de improviso y con fuerzas tan crecidas que los PP. Lector jubilado Fr. Fernando de San Pablo y Predicador Fr. Franciscode la
Asunción, con un religioso lego, que allí estaban entendiendo en la obra de la fuerza, que aún
no estaba acabada, ayudados de lo tenebroso de- la noche, entre los horrores del incendio y
por medio de las armas, desnudos, como les halló la acometida, penetrando por el bosque a la
otra parle de la isla, lograron la oportunidad de una embarcacioncilla, que como por milagro
había en la playa. Sin reparar en los peligros (por ser la necesidad poco melindrosa) echándola
al agua por sí mismos y aplicándose uno al gobierno del timón y dos a los remos, pudieron
con mucho trabajo llegar a recogerse en el convento de Cuyo, que por fuerte, les defendió del
enemigo que les seguía. El convento,
439
iglesia y pueblo de la Alutaya, después de la formación y del saqueo de los mahometanos,
sirvieron de luminarias a su trofeo.
172. Pasaron después a Cuyo los enemigos y aunque no pudieron rendir su castillo, porque lo defendieron valerosamente los indios capitaneados de los religiosos; padecieron no
pocos trabajos en su asedio prolongado, y de allí, insolentes con la victoria, hicieron la travesía a la isla de Mindoro, y el día veinte de Abril de este año saltaron a tierra y asaltaron tan de
improviso al pueblo de Manaol, que a duras penas pudieron sus habitantes hacer aquella pequeña resistencia que bastó a esconder las mujeres y niños en el monte para libertarlos de una
miserable esclavitud; el P. Fr. Manuel de Santa Teresa, contento con la Iibertad de sus ovejas,
que no sin sangre consiguió abandonando iglesia y pueblo, se refugió al abrigo de los montes
a sustentarse con el pan de la tribuación y beber las lágrimas, debidas a la sacrílega profanación de lo sagrado de que el incendio de iglesia, pueblo y convento dió aviso. Esta victoria fue
de mucha utilidad a los moros, por la abundancia de ornamentos y vasos sagrados y demás
alhajas de igiesia y convento, y porque lograron todo el ajuar de aquellos naturales, más que
medianamente abastecidos y cargados de bastimentos y despojos se retiraron a sus tierras muy
ufanos y gloriosos.
173. Este mismo año los moros, confinantes a la provincia de Caraga, sitiaron el presidio
de Catel, y el V. P. Fr. Benito de San José, natural del Casal de Cáceres, en Extremadura, como ministro de aquellas almas, puso todo su conato y esfuerzo en defenderlas. Resistió valeroso todo el tiempo que duró el combate, manejó diestramente las armas, infundió valor a los
soldados que había de guarnición en el presidio, animó a los indios a su defensa y a que mirasen a su honor y estimación como fieles vasallos que eran del Rey de España y de hecho se
portaron con total desempeño. Con flechas y otros artificios de fuego, quemó el enemigo el
almacén que estaba dentro del presidio y dicho V. P. acudió con imponderable valor y esfuerzo a apagar el fuego, y en el ínterin hasta las mujeres tomaron las armas y cual valerosas pelearon hasta que rechazaron al enemigo hasta obligarle a levantar el sitio. Con los afanes de la
guerra quedó dicho V. P. tan enfermo, sin fuerzas y sin aliento, que después de retirados los
moros, entregó su alma a Dios entre los
440
aplausos de la victoria y consiguió la aureola de mártir por haber muerto a violencia de los
trabajos que toleró en servicio de la real corona y en defensa de la honra y gloria de Dios
Nuestro Señor y de nuestra católica religión. En este mismo tiempo, volviendo a visitar y administrar los Santos Sacramentos en la isla de la Paragua, en Calamianes, el V. P. Predicador
Fr. Juan de la Purificación, natural de la villa de Atea, en el reino de Aragón, un enemigo de
Dios y de la religión le quitó la vida con veneno disimulado, por lo que le contamos entre los
mártires del Señor.
174. Este mismo año se fundó en la isla de Mindoro la misión de Ilog a pedimento de algunos nuevos cristianos que había convertido y bautizado en la Canadá o Abra de Ilog el V.
P. Lector Fray Juan de Santo Tomás de Aquino, Prior y ministro del pueblo y cabeza de Calapan y de los infieles que habitaban en dicho paraje, gobernando estas islas el muy ilustre señor don Toribio José Miguel de Cosio y Campa, Marqués de Torre Campo, y siendo Rector
Provincial de mi Provincia el Rdo. P. Fr. José de San Nicolás, representaron a este superior
Gobierno dos referidos habitantes en la Cañada de Ilog en Mindoro, que se reducían al número de veinte y siente cristianos nuevos y doscientos cincuenta infieles catecúmenos que catequizaba dicho P. Lector Fr. Juan de Santo Tomás, cuando la obediencia le trajo a Manila con
el honorífico empleo de Definidor de Provincia. En vista de lo que produjeron los alegatos de
dichos naturales y los autos de esta materia, se fundó dicha Misión y por junta de real hacienda de veinte y dos de Abril de este año, se asignó el estipendio regular de Misionero, enfermó
gravemente del cansancio y trabajo de su apostólico empleo y retirándose a Manila para medicinarse, en breve murió.
(Continuará)
TIP. DE SANTA RITA – MONACHIL
♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣♣
ÍNDICE GENERAL DEL AÑO 1918
Materia
Páginas
Sección Oficial
Facultad de celebrar misa durante la navegación ..........................................................
Saludo del R. P. Vicario Provincial de Venezuela a Su Santidad el Papa .....................
Circular de Nuestro Reverendísimo Padre Prior General con ocasión del Año Nuevo
Nombramiento del Capítulo Intermedio Provincial ......................................................
Casus Conscientiæ pro anno, 1917-18 ..........................................................................
Casuum Moralium pro anno, 1914-15. Resolutio ........................... 75-113, 167-197 y
Secretaría de Estado: Erratas que deben corregirse en la edición oficial del Código
Canónico .................................................................................................................
Circular de Nuestro Reverendísimo Padre Prior General sobre la facultad de celebrar
misa en el mar .........................................................................................................
Circular de N. P. Provincial a la Vicaría de Venezuela .................................................
De Nuestro Reverendísimo Padre Prior General con motivo de sus Bodas de Oro ......
33
34
65
71
73
229
82
165
285
311
442
Materias
Páginas
Circular de Nuestro Padre Provincial con ocasión de su regreso a Filipinas ................
373
Sección Canónica
De la censura y prohibición de libros, según el Código Canónico ................................
De la costumbre contra las leyes litúrgicas ...................................................................
De la distribución de la Santa Comunión antes de la Misa Conventual ........................
La simonía, según el Cóligo Canónico ..........................................................................
De la S. Congregación de Ritos, sobre las fiestas de precepto ......................................
De la S. Penitenciaría, sobre el Via Crucis ....................................................................
De los Sacramentales, según el Código Canónico ........................................................
El impedimento de parentesco legal, según el Código Canónico ..................................
Sobre la colecta imperada pro re gravi .........................................................................
Sobre el Consejo de vigilancia y juramento antimodernista .........................................
Dudas resueltas sobre fiestas suprimidas ............................................................. 234 y
Facultades de los Ordinarios relacionadas con el Código Canónico ................... 236 y
Sobre la consagración de las familias al S. Corazón de Jesús .......................................
Forma de la celebración del matrimonio, según el Código Canónico ... 274-317-341 y
Naturaleza y extensión de la potestad de los Superiores Religiosos, según el Código .
Comisión Pontificia del Cóligo. –Diversas declaraciones .............................................
S. Congregación Consistorial. –El Tribunal de segunda instancia cuando en primera
conoce el Metropolitano .........................................................................................
Corrección de Reglas y constituciones de Institutos Religiosos ...................................
1
6
9
84
123
125
126
176
205
234
273
269
271
410
349
412
415
415
443
Materias
Páginas
Sección Histórica
Historia del conv. de Marcilla, por el P. P. Fabo ... 13-44-92-132-236-324-397-428 y
Reseña histórica de nuestra Provincia de San Nicolás de Tolentino de Filipinas, desde su origen hasta el año 1750, por el Venerable Padre Provincial Fr. José de la
Concepción .......................................................................... 29-59-111-162-225 y
Crónicas de nuestra Orden, por el Padre Cronista General Fr. Pedro Fabo del Corazón de María ...............................................................................................148 y
Introducción al tomo V de las Crónicas, por el Padre Pedro Fabo ................ 219-258292-337-362 y ........................................................................................................
¿A qué orden pertenecen las monjas Agustinas Recolelas?, por el Padre Francisco
Sádaba del Carmen .................................................................................................
Memoria del P. Pedro Sanvicente de San José, por el P. Julián Moreno ..... 353-378 y
Un sabio del siglo XIX, por el P. Pedro Fabo ....................................................... 36 y
Historia del convento de la Purísima Concepción, de Cebú, por el P. Marcelino Simonena, en cuadernillos aparte, desde el mes de Octubre, para que pueda conservarse separada.
437
437
181
389
245
425
102
Miscelánea
El buen Superior, poesía, por el P. Juan Martínez .........................................................
¿Qué es más útil para el alma de uno que ha muerto recientemente, celebrar misas
privadas o hacer funerales? ....................................................................................
Capítulo Provincial de la Provincia de Santo Tomás de Villanueva .............................
Nuestra Señora de Guía, por el P. Ricardo Jarauta ........................................................
Nuestro saludo ...............................................................................................................
Nombramientos del Capítulo Provincial de la Candelaria ............................................
Bodas de Oro de Nuestro Reverendísimo Padre Prior General, por el Padre Esteban
Azcona ....................................................................................................................
144
211
195
213
284
300
301
444
Materias
Páginas
Bodas de Plata del Padre Juan Vicente de San José, en Venezuela ..............................
Nuestros misioneros ......................................................................................................
Ideícas, por Fr. Pedro Fabo ............................................................................................
314
406
417
Necrología
Hermano Fr. Manuel Sanz del Niño Jesús y Padre Fr. Eusebio Ortuoste del Ángel
Custodio ..................................................................................................................
Padre Fr. José Lambán del Pilar ....................................................................................
Hermano Fr. Jenaro Delgado de la Concepción y Hermano Fr. Severiano Lasota de la
Concepción .............................................................................................................
Hermano Corista Fr. Mario Arrastia de la S. Familia, y Hermano Lego Fr. Cándido
Muro de la S. Familia .............................................................................................
En todos los números se ha publicado: Cánones respecto a los Religiosos, en cuadernillos aparte, para que pudieran conservarse separados y consultarse fácilmente.
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268
406
407
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