Documento completo Descargar archivo

Anuncio
La lectura como modo de vida
Charla con el Prof. José María Ferrero
José María Ferrero estuvo a cargo de los Seminarios Texto
Ficcional y Condición Humana y Literatura Fantástica
correspondientes al Ciclo Superior de la carrera Licenciatura
en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo y
Comunicación Social de la UNLP. Desde el 2000 al 2012, 800
alumnos pasaron por sus clases. Clases de lectura contextual,
de análisis profundo de la vida, las relaciones humanas, los
comportamientos éticos y la realidad objetiva.
“Piglia dice: “a medida que convertimos la literatura en
un campo de debate amplio no sólo se trata de la belleza
literaria de un texto, sino de los efectos que produce en una
situación más general. La literatura es un modo de conocer,
se lee literatura porque la literatura es una experiencia. Yo
digo siempre que la literatura es como un laboratorio de la
vida, como el lugar donde uno puede experimentar ciertos
elementos que después en la vida misma aparecen casi como
datos de hecho. Entonces me animo a decir que la gente lee
literatura porque aprende a vivir”.
Yo me formé en una facultad que estaba muy atenta a lo
histórico y a lo estilístico. En ese momento, era lo que nos
tocaba; no era que no leyéramos, pero el tema de la historia, y
a veces del chisme histórico, ocupaba un espacio en el análisis.
Después empezamos a tener materias donde la cosa se volvió
más textual, donde se comenzó a privilegiar el tema de la
lectura. Entonces fue síntesis, leer y entender.
Ahí aprendí… después cuando ejercí la docencia, dije “no, hay
que empezar por otro camino”. La literatura es lo que se va a
leer, y eso que se va a leer tiene algunos puntos de explicación
EN VOZ ALTA | 15
16 | Letras
La lectura como modo de vida
de acuerdo al mundo en el que vive, pero el texto es el texto.
Entonces, hablando de la contextualización, si yo tengo que
hacerles leer un cuento medieval el problema es, lo que ellos
van a entender si yo explico lo que es la Edad Media. Es algo
que viene por acarreo erudito “porque el profesor nos dijo
que la Edad Media es A, B, C…”. Sin embargo, no es lo que he
percibido en el texto; es que he percibido que acá hay guerreros
que se enfrentan, hay lealtades, deslealtades. La cuestión es no
ver el texto desde la explicación exclusiva de lo histórico, sino
también desde la emergencia humana que el texto tiene y eso
es lo que da resultado. Si los seminarios que di en Periodismo
tuvieron éxito, fue por eso.
Cuando daba clases, sumaba a la solvencia -que no quería
decir impresionarlos como pozo de sabiduría- darles y poner
claridad en ciertas cuestiones… Siempre dije, si el día de
mañana, nos toca dar razón de lo que hemos vivido en esta
vida, yo lo único que voy a saber decir para dar razón de la
mía, es que supe interceder entre los textos y la gente. Si a mí
me dicen cómo va a justificar su existencia, diciendo esto; no
por los versos que escribí, no por los libros que escribí, sino
por cómo intercedí entre los textos y la gente, por cómo medié
entre los textos y la gente…
Y no es fácil… Sé que no es fácil… Por ejemplo, les decía a las
chicas del Profesorado y de Magisterio donde di clases también:
recuerden que hay dos cosas a las que los seres humanos no
saben oponer resistencia: a que los quieran y a que les cuenten
historias. Entonces, si ustedes con el grupo que tienen saben
establecer el vínculo mediante el cual les dan a entender que
la vida sin ellos no sería lo mismo, está después lo otro… que
en medio de ese lío digo: “había una vez…” y se produce algo…
Eso lo he comprobado en las peores clases. Vos decís, “había
una vez…” y algo pasa. ¿Qué encanto hay ahí? ¿Qué magia?
¿Qué seducción? Bueno… la literatura supo siempre que a la
gente le gusta leer historias, que les cuenten historias que sean
verdaderas, que no sean verdaderas, que sean ficción, a unos
les gusta más una cosa; a otros, otra, pero esa es la clave.
La mediación entre esa lectura y esa historia, desde la docencia
puede ser una complejidad. Seguro. En los seminarios, había
una ventaja: el que iba, iba porque le interesaba lo que se
proponía, que no es lo mismo que tener un curso donde les
puede interesar a cinco la literatura y a los otros veinte, no.
Había un plus, que era importante…
En relación a la secundaria, siempre tuve cursos grandes,
terceros y quintos, y aún hoy me hablan por teléfono, me
escriben, me llaman, y me vienen a visitar… Y tal vez es que
siempre hubo pasión por la docencia. Una vez leí un reportaje
a Angélica Gorodischer donde decía “yo no concibo la escritura
sin la pasión” y entonces dije, lo que ella dice de la escritura yo
lo podría decir por la docencia; yo no tengo la misma pasión
por escribir poesía que por enseñar pero transfiero el tema de
la pasión. Uno tiene que sentir que se juega la vida en la clase.
Y que está ahí para ver ese que se ha sentado, que ha venido a
las ocho de la mañana con todo el sueño encima… y la resaca
de la fiesta del fin de semana, y todo lo que ya se sabe a ver
qué haces para entre en el juego, que crea y le encuentre un
sentido a lo que estás diciendo.
Y cada clase es un desafío… las premisas: no faltar, cumplir
el horario de entrada y salida de clase, cumplir lo que se
anuncia. Si se dice “voy a tomar una prueba escrita con tales
características”, que eso sea así; anunciar cómo vas a evaluar,
y cumplir con todo eso. Eso forma parte de la ética profesional
como docente.
Y ojo, terminada cada lectura, venía la pregunta, que era
mucha veces en las evaluaciones parciales, “justificar por qué
este texto es adecuado para la temática con la que aparece” y
no “en el capítulo 15 qué pasa”. Y es que a los alumnos, hay que
dejarles herramientas y que las aprovechen para la profesión
y para la vida.
La operación de pensar y concluir cosas es universal y válida
para todos. Que vamos a aprovechar acá un plus que es el tema
de la propuesta estética, está bien, pero es como decía Piglia…
Yo no iba a la belleza del texto, yo iba a la problemática del
texto. Después si el texto deja como consecuencia un residuo
de decir “qué hermoso que es”, eso va por añadidura con lo
otro, pero lo primero es un desafío entender; leer y entender.
Quizá critiquen que eso es muy pragmático y va en contra de lo
que la expresión artística puede o tiene que buscar. Lo que yo
digo es, que los mecanismos para aprehender eso que se está
leyendo, son las operaciones intelectuales básicas. No buscar el
estremecimiento estético. No es decir: “¿no les pareció genial
esto cómo está dicho?”, cuando me doy cuenta que corro con
ventaja porque me he sentido en eso; el punto de partida no
es la calidad artística. Es qué leo, qué entiendo, qué saco en
conclusión, para qué me sirve, qué me dijo, qué me dio a mí.
EN VOZ ALTA | 17
18 | Letras
La lectura como modo de vida
A lo mejor uno, en un momento de la vida, lee algo que
funcionalmente no deja nada, pero luego, pasa en la vida algo,
donde aquello que leyó funcionalmente, ahora le deja algo.
También sirve para abrir los ojos y para prevenir. Puede pasar
esto; si no me pasa nunca, no me pasará nunca. Si me pasa, me
voy a acordar “ahh… yo una vez…”
Por eso en la docencia, hay que encontrar textos que
primero lo movilicen a uno, porque para poder transmitir
movilización, tiene que empezar movilizándolo a uno. Si
a uno lo moviliza, se puede transmitir eso, en función de la
movilidad; pero pensando también, qué va a dejar en ellos, los
alumnos, como primer impacto de lectura; segundo -ensayada
la interpretación, el comentario, el análisis, lo que fuere- qué
dejó también, cuál es el aprendizaje para ellos.
Lo que siempre aclaro es lo siguiente: cuando yo hago una
explicación, lamentablemente lo hago desde mí. Eso no
tiene vuelta. ¿Pero qué agrego a eso? Que no tengo la verdad
revelada, lo que digo es producto de mi sensibilidad, de mi
capacidad intelectual para percibir lo que he leído. Algunas
cosas las tomé, otras las desestimé, pero esto no lo digo sólo
porque caprichosamente se me ocurrió a mí, sino porque hago
un acopio de fuentes. Es decir, he consultado a los autores que
escribieron antes que yo hablara sobre ese texto. Entonces
esto no es el capricho de un profesor, “miren que acá hay
horas culo como diría Eco, que están sosteniendo esto”. No
es el capricho de un fulanito que dice “yo tengo la razón”. Por
supuesto que uno, si no tiene una opinión formada es muy
difícil ser convincente en lo que decís.
Puede pasar que alguien pregunte: “¿y usted cómo sabe qué
quiso decir eso?”. La respuesta es: “¿sabés qué pasa? Que no
lo sé, eso es lo que he aprendido descubriendo yo. Igual ojo,
que uno dice mucho más de lo que dice, y muchas veces dice
cosas que no está diciendo”. Porque esto te lo dicen todos
los autores… cuando Cortázar relata en el cuento “Una flor
amarilla”, el momento en el cual uno de los personajes mata al
otro: “si al comenzar el cuento alguien me hubiera dicho, que
al llegar a tal situación fulano iba a matar a mengano, yo le
hubiera dicho a ese alguien ´estás loco´, después resulta que
cuando llego a ese momento, fulano mata a mengano, pero
eso se fue desovillando como un hilo que la situaciones fueron
creando por sí mismas, entonces había sido tal el proceso
que llegado el momento efectivamente, fulano tuvo que
matar a mengano”. Siempre digo que el viejo Borges tenía un
esquemita en la cabeza y que sabía, cuando empezaba, cómo
seguía y hasta dónde llegaba, pero hay quienes no tenían o
tienen eso…
Y en síntesis, leer primero es un desafío, porque el texto es
una provocación. Está ahí para ver qué logra hacer con uno.
Borges, en uno de los tantos prólogos dice “espero lector
que este libro sea el que te ha estado esperando”. Me parecía
fantástico, “espero lector que este texto sea el que te ha estado
esperando”. Yo digo eso… no todos los textos te esperan,
hay algunos que uno los deja, que te desesperan más que te
esperan.
Después, leer es una práctica de comprensión, lo más en
profundidad que uno pueda, hay que volver, volver, insistir. A
la comprensión, le sumo la capacidad de poder decodificarlo
del modo más genuino que seas capaz de intentarlo; es decir,
tengo esa codificación, ese conjunto de palabras, me ha estado
esperando, entonces me acerco a él lo decodifico ¿y qué
sucede? Ahí viene el trabajito más del análisis.
Pero para mí lo que es más importante en la lectura es
la interpretación; cómo junto todo lo que fue el proceso
medianamente analítico para armar una síntesis que logre
profundizar en lo que el texto dice. En definitiva, no sé si es lo
que el texto quiso decir pero para eso está la propuesta.
Denevi le escribió una vez una carta a los chicos del Liceo
Víctor Mercante, que María Elena [Sanucci; su esposa] me
fotocopió y tengo, porque los chicos les pedían un comentario
sobre lo que él había escrito: “Lo que yo no quisiera es que
ustedes entendieran que lo que mi texto quiere significar es
lo que yo voy a decir ahora. Porque el texto que yo he escrito
dice mucho más de lo que yo voy a decir que dice, y eso ¿saben
quién lo descubre? Los lectores. Porque yo lo voy a ver siempre
con la deformación del que escribe. El que va a saber qué es lo
qué quiso decir es el que lo lee. Y el que lo lee va a saber todo
lo que es él aunque no lo haya escrito pero ahí va a poner su
edad, su sexo, su capital cultural, su experiencia de familia,
como le ha ido en la vida, todo”. Y eso, decía él, “cómo cambia
de una persona en otra, porque frente a una misma lectura se
puede tener un panorama muy amplio de interpretaciones”.
Entonces, descubrir el texto que lo está esperando a uno,
para que la comunión entre los dos sea la mejor posible,
es esencial; luego, profundizar todo lo que sea necesario.
EN VOZ ALTA | 19
La lectura como modo de vida
Intentar un análisis, que no sea destrozar el texto, ni mucho
menos, sino mirar un poco sus partes integradoras para ver
dónde pueden estar las cosas de mayor relevancia. Y después
la interpretación, que es juntar todo eso para que se pueda
decir: “para mí el texto quiere decir esto…” y que se pueda,
naturalmente, si uno es docente, transmitírselo a los alumnos.
Y si los alumnos dicen “¿y usted cómo sabe que el poeta o
el autor quiso decir eso?”, contestarle “no lo sé”, y ellos “¿y
entonces?”, “Ahh porque yo hablo desde mí, y uno habla
siempre desde uno”.
Creo que la lectura es un encuentro, entre la experiencia
-no digo sólo intelectual aunque lo intelectual tiene mucha
importancia- pero la experiencia del sentimiento, desde la
vocación de comprender al otro, etc., para ver que se propone
de ese texto que finalmente, lo buscó a uno…”.
20 | Letras
Descargar