Undécimo domingo durante el año (16/6)

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INDICACIONES PARA UNA MEJOR LECTURA DE LOS TEXTOS
DEL DOMINGO
Undécimo domingo durante el año (16/6)
LECTURA
2Sam 12, 7-10. 13
Lectura del segundo libro de Samuel.
El profeta Natán dijo a David: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te
ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu
señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá,
y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. ¿Por qué entonces
has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos?
¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por
esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los
amonitas. Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me
has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita".
David dijo a Natán: "¡He pecado contra el Señor!". Natán le respondió: "El
Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás".
Palabra de Dios.
Natán: Profeta de la corte del rey David, que lo
consultaba con frecuencia. Aparece por
primera vez en 2 Sam 7, cuando David le
consulta acerca de la construcción del templo.
Saúl: De la tribu de Benjamín, fue el primer rey
de Israel. Ungido rey por Samuel, luego
desobedeció a Dios y terminó muerto en una
batalla. David lo sucedió como rey de Israel
(tribus del Norte) y Judá (Sur).
Urías, el hitita: Un oficial del ejército de David,
casado con Betsabé. Vivía en Jerusalén, cerca
del palacio de David. David usurpó a su
esposa, que quedó embarazada del rey. David
armó una intriga, primero intentando que Urías se haga cargo del hijo de
Betsabé. Cuando fracasó ese primer intento, lo hizo matar en batalla.
Amonitas: Un pueblo vecino de Israel, del otro lado del río Jordán. David estaba
en guerra con ellos, y en esa época estaba sitiando su capital, Rabá (ver 2
Sam 11). David no había ido a la batalla, y había dejado a cargo a su general,
Joab.
SALMO
Sal 31, 1-2. 5. 7. 11
R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el
hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu
no hay doblez! R.
Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré
mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.
Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría
de la salvación. ¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten
jubilosos los rectos de corazón! R.
El salmo expresa la alegría de David. Pese a la gravedad de su pecado, que hizo morir
a un inocente, Dios lo perdonó.
SEGUNDA LECTURA
Gál 2, 16. 19-21
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia.
Hermanos: Como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de
la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados
por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley: en efecto, nadie será
justificado en virtud de las obras de la Ley. Pero en virtud de la Ley, he
muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, y
ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la
carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.
Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto
inútilmente.
Palabra de Dios.
Galacia: Región del Asia Menor. Pablo había visitado la región en su segundo
viaje misionero, hacia el año 50. Se quedó en la región por una enfermedad
que sufrió.
Justificación: La “justicia” en el Antiguo
Testamento es la conformidad con la voluntad de
Dios, expresada sobre todo en la Ley. Para
Pablo, el hombre es incapaz de cumplir toda la
Ley por sus propias fuerzas. Por eso Jesús es la
“justicia” de Dios, es decir, aquel que permite al
ser humano vivir en presencia de Dios. Estamos
justificados por gracia, en virtud del bautismo, no
por las obras de la Ley.
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