“La Manises bajomedieval”

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dedicació i que cal citar el seu nom cada vegada que utilitzes la informació que li consultes.
(Trabajo de la asignatura “Historia del Arte de la Baja Edad Media” 1º de Historia
del Arte)
Sandra Pina Capilla
“La Manises bajomedieval”
Manises es un municipio de la comarca de l’Horta,
provincia de Valencia, a 6’3 Km. de la capital. La localidad,
situada sobre un pequeño altozano en la margen derecha
del río Túria, se encuentra atravesada por la antigua
carretera de Madrid- Valencia.
Su orografía esta formada por una llanura que
desciende suavemente hasta el lecho del río Túria.
Tiene una altitud media de 60 metros sobre el nivel
del mar y forma un triángulo entre el río Túria al norte,
1
Quart de Poblet al sureste y Riba- roja al oeste, aunque
también se encuentra limitada por Paterna.
En cuanto a la accesibilidad de esta población se
puede efectuar mediante coche, tren o avión.
En el caso de venir en coche cabría mencionar tres
posibilidades:
-
Desde Valencia- Madrid: por la N- III, salida
“Manises- Aeropuerto”.
-
Desde Alicante- Castellón: por el By- Pass,
salida “Aeropuerto- Manises”.
-
Desde la Feria de Muestras: por el By-
Pass, salida “Aeropuerto- Manises” o atravesando la
población de Paterna.
En el caso de venir en tren las posibilidades se
reducen a la Línea de Cercanías Valencia- Riba- roja
con salida desde la Estación del Norte de Valencia.
2
Esta línea tiene parada en la estación de Manises, y en
el apeadero del Aeródromo.
Y por último en el caso de venir en avión se
recomienda visitar la web de Aena donde se encuentra la
información sobre los diversos vuelos.
3
La antigüedad de Manises está demostrada por el
hallazgo en su término de muchos restos romanos, tales
como lamparillas, pondos, trozos de ánfora, muros de
vivienda, marcas de alfarero, etc., en la Partida del Racó
o Masía de la Cova, y la existencia de un acueducto que
aún cuenta con más de veinte arcos, obra indudablemente
romana, aunque por lo general es atribuida a los árabes.
Restos arqueológicos
La acequia “dels Arcs”
Poco se sabe, debido a la poca documentación
existente, de los siglos que le siguen a estos primeros
4
hallazgos romanos encontrados en este municipio,
quedando así un gran vacío de información. Solo
después, a partir del s. XIII es cuando de nuevo nos
empieza a llegar información sobre esta población
aunque no demasiada.
Así la poca información que nos queda nos cuenta
que los moros fueron habitando y creciendo en
Manises, que ya era conocida por este nombre, cuando
al pasar los siglos se produce el gran hecho de la
Conquista de Valencia por el Rey D. Jaime I. Y en el
“Llibre del Repartiment” que es un compendio de las
actas originales y donaciones que el Rey hizo a sus
guerreros, nobles y servidores, antes de la conquista
de la capital y su Reino, aparece la donación de
Manises y Paterna a uno de sus hombres; el apunte
concreto dice: “1237, Artallus de Luna,
5
Alqueriam de Paterna et de Manizes, VIII idus Julii”
todo lo cual cumplió rigurosamente después de su
entrada triunfal en Valencia el día 9 de octubre de 1238.
Este D. Artal de Luna, fue uno de los nueve
caballeros principales que servían en el Ejército Real,
quedando esta población y Paterna de su propiedad,
hasta que, a mediados de aquel siglo, aparecen los Boil
como señores de Manises, cuyo Señorío ha llegado
hasta nuestros días.
Pero antes de adentrarnos en la historia de estos
siglos medievales haremos un pequeño repaso al
señorío de Manises que va desde principios del s. XIII
hasta principios del XIX (1237- 1837), adentrándonos
sobre todo en los siglos medievales.
Empezaremos por la primera casa que poseyó el
señorío de Manises, la de los LUNA.
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La familia de los Luna tiene su origen en la de los
Artal, que a su vez proceden de D. Bocalla, caballero
aragonés, quien a las órdenes del Rey D. Sancho Ramiro
conquista la villa de Luna que le es dada en señorío el año
1090, y de donde toma nombre el linaje.
Pese a tratarse de un apellido de noble alcurnia
(Papa Luna; María de Luna, esposa de Martín el Humano),
su genealogía aparece con tantos saltos y tantas lagunas
que nadie ha decidido reproducirla.
Esta familia es introducida en el Reino de Valencia por el
caballero Artal de Luna, quien acompaña, como ya hemos
dicho antes, al Rey Jaime I en la conquista de Valencia.
Pero el señorío de los Luna no duraría mucho ya que
al llegar a D. Lope Ferrenc de Luna, III señor de
Manises, se introduce la casa de los BOIL, ya que D. Lope
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Ferrenc de Luna vendió el señorío de Manises en 1304 a
D. Pedro Boíl y de Aragón al morir sin descendencia.
Es así como llega a Manises la casa de los BOIL.
Estos tienen su origen en el caballero García de
Aznares, que se retiró a los Pirineos el año 712 huyendo
de la morería que había invadido España, e hizo su
asiento en el valle de Gallán (montañas de Jaca), tomando
por propio solar el castillo de la Iglesia de San Ciprián, y
teniendo lindante el castillo de Boíl en poder de los
moros.
Al cabo de algunos años transcurridos entre treguas
y guerras, un descendiente de García Aznares, llamado
como su progenitor, logró tomar a los moros el castillo de
Boíl y se lo entregó al Rey de Sobrarbe. Este dio la
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tenencia del castillo a su conquistador, quien comenzó a
ser llamado García Aznares de Boíl.
A partir de finales del s. XVI los Boíl de Manises
comienzan a llamarse Boíl de la Scala. Esto se realizó
para distinguirse de las otras ramas.
Los Boíl forzados por unos bandos y muertes
tuvieron que ponerse al servicio del Rey de Castilla,
perdiendo el señorío del castillo que daba nombre a su
apellido.
Dando un salto en el tiempo, el 6 de mayo de 1364 y
en agradecimiento a sus múltiples servicios, el Rey D.
Pedro el Ceremonioso concede a D. Pedro Boíl “el
antiguo”el Castillo y Villa de Boíl, que había sido de sus
antepasados, para él y sus sucesores, consignándose en el
propio privilegio que se le concede el título de “barón”,
con las mismas honras, preeminencias, prerrogativas y
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franquicias que tenían los “ricoshomes” de Aragón. Esta
baronía
con
el
tiempo
pasó
a
transformarse
en
marquesado.
Después vendría la casa de los MALDONADO.
Derivado del apellido Aldana, tienen como tronco a
D. Hernán Pérez de Aldana, señor de Aldana, primero que
se llamó Maldonado en tiempos del Rey Alfonso VIII de
Castilla.
Probó su nobleza en las órdenes de Santiago,
Calatrava, Alcántara, Carlos III y San Juan de
Jerusalén.
D. Francisco de Maldonado y Rodríguez de las
Varillas, VII señor de Villagonzalo, fue creado Conde de
Villagonzalo el 13 de enero de 1705. Casó en primeras
nupcias con D. ª Teresa Guzmán Anaya, de la que no tuvo
descendencia, y en segundas nupcias con D. ª Ana Teresa
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de Porres Tapia y Montroy. Su hijo Joaquín, II Conde y
VIII señor de Villagonzalo, contrajo matrimonio con D.ª
Josefa Boíl de la Scala y Cernesio, marquesa de Manises,
por lo que el mayorazgo de Manises pasa a la casa
Maldonado.
El señorío de los Maldonado acabará en el s. XIX por las
disposiciones
El señorío de los Maldonado acabará en el s. XIX por las
disposiciones emanadas de las Cortes de Cádiz (Real
Decreto Ley de 2 de febrero de 1837).
11
Después de este breve repaso por el señorío de
Manises volveremos a adentrarnos en el siglo que
correspondía, el s. XIV del cual tampoco nos ha llegado
mucha información. Tan solo consta una obra histórica
del Padre Fray Francisco Sala, un hombre de mucho
prestigio en Valencia que en 1566 ingresó en el Convento
de Santo Domingo de Valencia. Esta obra del diligente
escritor trata sobre la fundación del Convento en el que
vivía donde da una descripción muy detallada del edificio,
12
su entorno, etc. Pues bien, en esta obra hallamos valiosos
datos sobre la familia Señora de Manises la cual nombra
al describir unas capillas de dicho Convento. En algunos
de sus párrafos nos cuenta la existencia de una capilla
llamada de Todos los Santos en la cual están las armas de
los Boíl. Inmediata a esta capilla está el santísimo
capítulo, que es entierro y sepultura del linaje de los Boíl.
En esta capilla hicieron un retablo y altar en el cual
estaba pintada la Virgen Maria con su hijo en los brazos,
pero por ser ya muy viejo se quitó y se puso otro.
Cuando se quitó este otro altar viejo se descubrió
que encima del altar había un crucifijo de bulto y detrás
un paño brocado que cubría para que no se viese una
“capillita”.
Cuando se hizo la obra de pared dentro se halló un
cofre como de tres palmos de madera, estaba sobre dos
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leones de madera también pintados y dorados y encima
una cabeza de una santa con una señal en la garganta ya
que fue degollada. El cofre estaba pintado totalmente y
a las espaldas estaban dos escudos. En uno estaban
pintadas las armas de los Boíl, que
son dos castillos en campo blanco y dos bueyes en campo
verde. Viendo esta maravilla se llamó al prior para que
desenclavara el cofre y descubrieron en el interior una
pequeña almohada dentro de la cual había los huesos de
un cuerpo.
De cómo llegaron estas reliquias a Valencia decían
los Señores de la Casa de Manises que en sus
predecesores hubo uno llamado D. Pedro Boíl, señor de
Manises, muy privado del Rey D. Jaime II que fue como
su embajador a Roma y Milán y por su valor en esta
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jornada casó con una noble dama, hija del duque de
Verona, y entre otras joyas de gran valor que trajo en
dote fueron el cuerpo de Santa Angelina y parte de las
reliquias de Santa Ursula.
Poco más que esto se sabe de Manises en el s. XIV
aparte de que fue a partir de este momento cuando
comienza
a
adquirir
preponderancia
la
cerámica
manisera, dado que hasta entonces el auge lo llevaba la
vecina Paterna.
Llegamos así al siglo XV del cual, afortunadamente,
poseemos más información.
Empezamos este siglo con un antiguo señor de la
familia de los Boíl que poseyó la villa de Manises, D.
Pedro Boíl y Colom conocido como el “Grande”. A él se
debe la vinculación de la villa de Manises, de modo que en
el futuro y para siempre sea propiedad de su familia.
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Al establecer dicha vinculación demuestra D. Pedro
participar del ideal que tenían los nobles de su tiempo
por hacer imperecedero su apellido. No se contentaban
con designar la persona que deseaban fuera su heredero
inmediato, sino que después de su nombre iban colocando
ordenadamente toda una serie por si les fallasen los de
primera intención.
Hay que tener en cuenta el riesgo de que el primer
heredero fuera víctima de una muerte prematura pues
eran muchas las enfermedades y epidemias que ahora no
causan preocupación alguna. Por esto nada tiene de
extraño que D. Pedro Boíl y Colom, al testar en 1384,
nombrara heredero primeramente a su hijo D. Felipe,
pero que a continuación, en el mismo documento,
designara a toda una serie de posibles sucesores en la
herencia.
16
Así pues el mayorazgo, fundado con tanta ilusión por
D. Pedro Boíl y Colom, no tardaría en sufrir la primera
sacudida.
El primogénito del fundador, D. Felipe Boíl y
Codinats, el primer heredero, había casado con D.
ªLeonor de Romaní y por lo poco que de él se sabe, era
hombre muy inquieto y dado a aventuras.
Pero aquellas aventuras, en demasía arriesgadas,
debieron producir cierto distanciamiento entre D. Felipe
y su esposa, y parece ser que los inconsiderados gastos
del señor pusieron en peligro a toda la familia de perder
el
señorío
recién
estrenado.
Varios
acreedores
solicitaban la venta de la villa de Manises en pública
subasta, pero esta nunca llegó a realizarse ya que había
quienes con ella hubieran salido perjudicados.
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Pero dejemos de momento a los grandes señores que
controlaban Manises para adentrarnos un poco más en la
villa en sí misma.
La actual ciudad de Manises debía presentar a
mediados del s. XIV el aspecto corriente de los lugares
valencianos que rodeaban la ciudad del Túria. Una villa
con un centenar de hogares y una separación bastante
marcada entre el barrio cristiano y el morisco. Calles
estrechas, soleadas en verano e intransitables por el
barro en invierno.
Las casas, como eran las valencianas de la clase
media, con un mismo tipo de vivienda, planta baja y un
solo piso. Estas viviendas reciben el nombre de “alberg”,
y en latín “hospitium”, y solían estar habitadas por una
sola familia.
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Las paredes de estas casas eran de tapia. El piso
era de mortero apisonado y a veces embaldosado con
ladrillo rojo. Es de presumir que en Manises todas las
viviendas estarían embaldosadas.
En las casas de los ricos las paredes blancas de cal
presentaban un zócalo de azulejos. Las vigas que
sostenían la techumbre se decoraban en algunos casos
con relieves y policromía, y sus intermedios se cubrían
con “socarrats” de vivos colores.
Aunque en las ciudades los artesanos solían tener su
taller u obrador en la misma vivienda, sin embargo en
Manises
los
obradores
estaban
completamente
separados o bien a veces contiguos a la vivienda.
Por las calles de la villa transitaba una multitud
laboriosa y movediza: niños que trabajaban desde muy
pequeños; hombres de todas las edades cargados con sus
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mercancías; mujeres con el ánfora en la cabeza volviendo
de la fuente, vendedores; y también vacas o rebaños de
ovejas camino de los prados.
Otra característica de la sociedad de esta época
era la esclavitud. Todavía no había empezado la entrada
masiva de esclavos procedentes de
África
Occidental
pero
los
había
capturados
en
expediciones piráticas o
16
importados
de
las
regiones
del
Mar
Negro,
o
simplemente nacidos aquí de
mujer esclava.
Aparecían mezclados con las gentes libres. Llevarían
como distintivo de su condición la señal típica: una ese
mayúscula y un clavo marcados a fuego en la frente, en el
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cuello, en la mejilla o en el brazo. Y quizá también una
argolla de hierro en el tobillo.
Los esclavos eran comprados no solo por los señores
sino también por particulares que los adquirían para su
propio servicio doméstico o para que trabajasen como
obreros en su industria. Los trataban con más o menos
humanidad y cuando ya no los necesitaban los vendían.
Ya para entonces- mediados del s. XV-, la villa de
Manises no era como las demás villas que se asentaban en
los alrededores de la ciudad del Túria. Su nombre ya
había transcendido no sólo los linderos de la región
valenciana, sino también las fronteras de los Reinos
peninsulares. Porque a finales del siglo XIII o principios
del XIV, unos moros llegados del sur habían introducido
en Valencia la técnica de la cerámica dorada, de la cual
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hablaremos más tarde, y en ella salieron discípulos los
alfareros maniseros.
Entre
aquellos
humildes
artesanos
destacaron
algunos apellidos, como los de Murci y los Alcudori.
La fabricación en grandes cantidades y con arte
cada vez más refinado de la obra de la tierra suponía un
mercado de venta muy activo; y Manises contaba con él.
Al lado de la villa estaba la ciudad de Valencia, su primer
y principal cliente. Valencia era entonces la población
cristiana más populosa de la Península y además estaba
en una fase de alto desarrollo, lo cual exigía un
movimiento extraordinario en la construcción y por
consiguiente en el consumo de azulejería.
Y este mismo aumento de viviendas supone también
la adquisición de loza para uso doméstico. Todo ello en
lisonjero beneficio de los obradores de Manises.
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En cuanto al régimen señorial cabría decir que en el
siglo XV permanecía el Reino de Valencia dentro del
marco feudal, y en él seguiría hasta las Cortes de Cádiz.
La mayoría de villas, pueblos y lugares, pertenecen a
barones o señores.
Cuando
el
señor
era
valenciano
y
residía
habitualmente en el mismo Reino, tenía su residencia en
la ciudad de Valencia y desde allí se trasladaba de vez en
cuando a su señorío, donde inspeccionaba sus fincas y
recibía los respetos de sus vasallos.
Estos debían residir de continuo obligatoriamente
entre los límites del Señorío, cuidar sus bienes y pagar
los censos.
El señor controlaba los derechos de monopolio del
lugar, llamados “regalías” como son la tienda, la taberna,
los molinos, los hornos y el mesón, establecimientos que
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los pobladores tenían que utilizar obligatoriamente
siempre que los necesitaran.
Los vasallos no podían ni siquiera reunirse en
asamblea para ventilar sus asuntos sin la aprobación del
señor, quien fijará la hora y el lugar donde podían
reunirse. Una vez realizada y levantada el acta el señor
debía aprobar las resoluciones tomadas en dicha reunión.
Al igual que en otros países europeos, en gran
número de señoríos del Reino de Valencia la nobleza
detentaba también la jurisdicción criminal ya por
concesión
privilegiada
de
algún
monarca,
ya
por
usurpación.
Aparte del dominio del señor de la Baronía, la villa
de Manises tiene unas autoridades propias que regían la
vida de sus habitantes. Eran elegidas anualmente y estas
autoridades estaban siempre bajo la mirada escrutadora
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del señor, sin cuyo beneplácito, no podían mover ni un
solo dedo. El organismo que regía la villa es doble, uno
para los cristianos y otro para los moriscos. El primero
se llamaba la Comuna o Universidad. En él figuraban en
primer lugar el Justicia, luego el Jurado Mayor y el
Jurado Menor, y dos Consejeros. Siglos después aparece
también el Lugarteniente de Justicia y el ministro o
sache.
El Justicia actuaba como juez de paz. Al lado de
este estaban los Jurados que le ayudaban en el
desempeño del cargo. El ministro o sache era quien, a las
órdenes del señor o del Justicia, servía de enlace para
los asuntos oficiales.
Los moriscos se rigen por un organismo similar que
toma el nombre de Aljama. Sus atribuciones vienen a ser
las mismas que las de la Comuna en el grupo cristiano y lo
25
forman un Justicia y dos Jurados. Los dos Consejos
juntos representan a toda la villa.
Los individuos que componen los dos organismos
rectores eran hombres de confianza del señor y de sus
propios
vecinos.
Los
colectivos
de
un
grupo
son
completamente independientes del otro. Obraban por su
cuenta, pero en modo alguno en perjuicio del otro; siguen
caminos paralelos pero cuando interesa al bien del pueblo
se unían para ventilar sus problemas y solucionar los
problemas.
Uno de los problemas que muchas veces hubieron de
resolverse en Manises fue la falta de cereales para la
alimentación. Hay toda una serie, que se prolonga
durante
siglos,
de
sequías,
hambres
epidemias,
importación de granos, ataques piráticos, tasación del
pan...
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Naturalmente aquella escasez de granos afectaba
también
a
Manises,
que
producía
en
abundancia
cerámicas y hortalizas, pero no producía trigo que, por
mucho tiempo fue para los mediterráneos la base de la
alimentación.
Para obviar esta falta de cereales se reunían los
prohombres de la villa y se determinaba la adquisición de
los que fueran necesarios a nivel municipal. De la reunión
salían nombrados dos delegados, uno por los cristianos y
otro por los mudéjares, los cuales cuidarían de realizar
las gestiones necesarias e irían despachando el trigo a
los particulares.
Finalmente, otro tema que motivaba la asamblea
conjunta de cristianos y mudéjares eran los censales.
En cuanto a los mudéjares, por estas fechas, a dos
siglos de la Reconquista, la convivencia de moros y
27
cristianos en tierras valencianas era una cosa muy
natural. Desde muchas generaciones los habitantes de
Manises habían nacido en aquel statu quo
y no
podían concebir otra manera de vivir.
Sin embargo, parece que los individuos de aquellos
grupos étnicos no llegaban a mezclarse más que en el
trabajo. Cada uno tenía sus creencias, sus gustos, sus
costumbres y su manera de vivir en familia.
Los moros eran extremadamente parcos en la
alimentación y en el vestido.
En cuanto a la religión, por este tiempo podían
seguir libremente la musulmana.
Desde 1428 era señor de Manises D. Pedro Boíl y de
Romaní. Este estaba casado con D. ª Catalina de Navals,
y tenían dos hijos, D. Pedro y D. Luis.
Dos años después, D. Pedro sintiéndose en peligro
28
de muerte, dictaba en el mes de mayo de 1430 su
testamento.
Transcurridos
muchos
años
de
aquel
primer
testamento, el 19 de abril de 1451, se concierta el
matrimonio de D. Pedro, el primogénito y heredero de la
Baronía, con D. ª Margarita Escrivá y Pérez de Romaní.
En el año 1452 D. Pedro Boíl fue otra vez acometido de
grave
enfermedad.
No
le
satisfizo
entonces
el
testamento hecho en 1430 y por eso el 7 de abril de
1452 llama al notario y declara ante él su última voluntad.
Un año después de aquel tercer testamento, D.
Pedro Boíl todavía estaba en vida.
Esta vez tampoco le satisfizo este testamento por
lo que en junio de 1453 hace uno nuevo disponiendo como
herederos a su esposa en primer lugar, o en caso de que
esta tenga algún inconveniente, a su segundo hijo, Luis,
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hijo también de ella.
Ya tranquilo cara al porvenir de sus heredades, D.
Pedro Boíl fallecía en su castillo de Manises el 11 de mayo
de 1454. Al día siguiente, el mismo notario que lo había
recibido, abría el testamento del difunto. Leídas las
disposiciones testamentarias, la viuda las acepta y
también el hijo quedando, de momento, todo en paz.
La viuda de D. Pedro cree oportuno tomar cuanto
antes las riendas de la herencia recibida de su marido.
Queriendo recibir la posesión corporal de los dichos del
lugar y el Castell, mandó al Justicia y a los Jurados a
convocar a los vecinos a una Asamblea estando, tanto los
cristianos y moros, bajo juramento.
En presencia de la asamblea la señora Catalina Boíl
expuso que D. Pedro había muerto designándola a ella
como heredera suya universal. Acto seguido el notario
30
procedió a leer dicho documento para conocimiento del
Consejo de la Villa, de la Aljama y de los demás
presentes.
D. ª Catalina pidió
al Consejo, a la Aljama y los
demás presentes que la reconocieran como a su señora y
le prestaran y pagaran los censos, réditos, derechos y
emolumentos correspondientes al lugar de Manises. Si
aceptaban ella estaba dispuesta a prometer al Consejo, a
la Aljama y a cada uno de los presentes, que observaría
inviolablemente
los
estatutos,
los
buenos
usos
y
costumbres del mismo lugar, los Fueros del Reino de
Valencia, la Suna, la Zara y el rito de los musulmanes.
Nadie se opuso.
Ya en plena posesión de la herencia de su difunto
marido D. ª Catalina nombra procurador suyo para todas
las causas y expedientes a su hijo D. Luis.
31
Pero en pleno ejercicio de sus poderes, D. ª Catalina
pronto iba a recibir una sorpresa un tanto amarga.
Cayó en la cuenta después la señora, en octubre de
aquel mismo año 1454, su hijo D. Luis declara ante
notario que había pensado que la herencia no podía
recaer más que en un varón excluida toda sucesión
femenina, y que por consiguiente a él le correspondía
heredar el Castillo y lugares de Manises.
Ante la evidencia de los hechos la madre tuvo que
ceder a su hijo Luis la propiedad del Señorío. Pero no
paró aquí la cosa. Porque al difunto D. Pedro también se
le había olvidado aquel documento que concertó con su
esposa D. ª Catalina en 1451 en favor de su primogénito
que llevaba su mismo nombre. Es natural que este hijo, D.
Pedro, el primogénito, sintiéndose perjudicado por las
disposiciones testamentarias de su padre, interpusiera
32
demanda ante los tribunales reclamando sus derechos.
D. ª Catalina y D. Luis, sorprendidos, formaron
causa común y llamaron a consulta a sus abogados.
Se reunieron las dos partes discutiendo las razones
y documentos aportados por una y otra parte no
tardando en dar su veredicto. Aún prescindiendo
del
privilegio de primogenitura, en caso de que D. ª Catalina
o D. Luis se hicieran cargo de la herencia del difunto,
debía entregar en el plazo de tres días a dicho
primogénito la cantidad de 150000 sueldos, condición que
resultaba imposible de cumplir. Por esto resolvieron que
la única solución viable era que madre e hijo cedieran sus
presuntos derechos de herencia a D. Pedro, con la
propiedad y dignidad del Señorío, a cambio de una suma
de 190000 sueldos que les pusiera al abrigo de apuros
económicos. Madre e hijo tuvieron que aceptar.
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Al día siguiente de hacerse el traspaso de dominio
D. Pedro Boíl quiere tomar posesión de su heredad, así el
notario convoca de puerta en puerta a los habitantes y
los manda reunirse en el lugar de costumbre.
Una vez todos reunidos en la iglesia parroquial toma
la palabra D. ª Catalina para explicar la venta y traspaso
que se ha realizado, pidiendo a los presentes que acepten
al nuevo propietario como a su señor.
Por este tiempo, D. Pedro Boíl concibió la idea de
levantar en su villa de Manises toda una calle de edificios
de nueva planta. Era un gesto de gran señor que
perpetuaría su memoria, daría holgura a sus habitantes y
contribuiría a aumentar su población.
Apenas corrió la noticia del proyecto aparecen de
todas partes peticiones de individuos que solicitan
establecerse en alguna de las viviendas que todavía están
34
sin construir. El obtener uno de aquellos nuevos
domicilios suponía
aceptar el vasallaje del señor de
Manises, prestándole el acostumbrado juramento de
fidelidad.
Los planes concebidos por D. Pedro Boíl se llevaron a
efecto, por lo cual el 27 de agosto, dicho señor ajustaba
con un maestro de obras el contrato.
Las flamantes viviendas de la nueva calle debieron ir
poblándose rápidamente y nuevos vasallos de D. Pedro
acudirán a ocuparlas.
Diversos documentos nos dejan entrever como era a
mediados del s. XV la sociedad de Manises.
Aquellos documentos nos dan la imagen de unos
hogares
cristianos
sólidamente
donde
ensamblada.
la
vida
Los
familiar
esposos
estaba
hacían
frecuentemente entre sí un convenio “germanía” de
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mutua comunicación de bienes, antes o ya durante su
matrimonio.
Cuando un matrimonio entregaba a su hija para
tomar estado, fijaba también ante notario la dote que la
acompañaba, e inmediatamente, el novio declaraba los
bienes que aportaba por su cuenta al nuevo hogar. A
veces era la misma mujer que contraía matrimonio la que
se presentaba a sí misma con su propia dote.
La dote era variable y solía oscilar entre sesenta y
cien libras.
Algunos de los documentos son testamentos de
maniseros cristianos, los cuales eran entre sí muy
desiguales en lo referente a la cuantía de los bienes de
que disponía cada testador, pero sin embargo tenían
mucho en común.
Con bastante frecuencia, encontramos legados y
36
hasta fundaciones pías destinadas a dotar doncellas
pobres y redimir cautivos. El motivo era claro: sin dote
era dificultoso casarse una mujer, por cuanto para la
subsistencia del futuro no se contaba con el trabajo de
ella, que se ceñía a las labores domésticas y al cuidado de
la prole, que casi siempre era numerosa; para redimir
cautivos, por que las incursiones de enemigos, moros
especialmente, por tierras litorales, y los asaltos a
embarcaciones por mar, causaban muchas víctimas y
hacían precisas continuas expediciones de rescate.
La
repartición
de
una
herencia
solía
ser
frecuentemente origen de graves discordias entre los
herederos reales o presuntos. No obstante, en el
Manises del s. XV hallamos que, alguna vez, fue
exponente de una admirable armonía entre los miembros
de una familia.
37
Al testamento y a su publicación sucedía el
inventario de la herencia dejada por el fallecido, el cual
era incumbencia de un notario público.
El inventario de una casa acomodada era muy rico y
llama la atención el surtido de armas que aparecen entre
los muebles domésticos y los utensilios de trabajo
(cascos, ballestas, espadas, escudos, lanzas...). Y es que
en aquellos tiempos, al no existir un ejercito nacional
permanente, todos los vecinos en edad de tomar las
armas eran soldados en potencia. Guardábanse la lista de
todos ellos, y al toque de alarma, debían los labradores y
artesanos dejar sus instrumentos de labor para empuñar
el arma que a prevención tenían en su mismo domicilio.
Al inventario realizado en la casa de un difunto
seguía a veces la venta en almoneda de algún lote de sus
bienes, destinada a cubrir las deudas que dicho fallecido
38
había dejado pendientes.
Respecto a la situación de los moriscos en esta
época, los estrechos vínculos de raza y religión que los
unían, con frecuencia resultaban insuficientes para
atajar entre ellos discordias que, en ocasiones, llegaban
al derramamiento de sangre.
Generalmente, los señores de Baronías pobladas por
moriscos defendían a sus vasallos, entre otros motivos,
por el rendimiento que de ellos obtenían, al tratarse de
unas gentes que se contentaban con poco y pagaban
puntualmente
las
gabelas
a
que
se
les
obligaba.
Testimonio incontestable de este aserto es la oposición
que estalló más tarde de parte de los nobles
cuando Felipe III decretó la expulsión de los moriscos.
Sin embargo, hay que reconocer que no siempre era
39
tan fácil y que, de cuando en cuando, tenían los señores
sus dificultades con aquellos vasallos moriscos. Aunque
buena parte de aquella población se mantenía sumisa y
callada, no obstante siempre hubo entre los moriscos
familias rebeldes y cabecillas levantiscos.
La entrada en plan de vasallaje de los moriscos en
una Baronía era un contrato realmente comprometedor,
el cual se legalizaba mediante un acto oficial registrado
luego en documento público.
Según el contrato, estos debían permanecer con su
mujer, familia y bienes de continuo en la villa, guardando
vasallaje por un espacio mínimo de diez años a partir del
día del contrato, y no ser recibido en otras ciudades,
baronías, villas o lugares.
Tenían que aceptar que con solo la presentación del
documento podían ser cogidos, detenidos y conducidos a
40
su lugar hasta cumplir el tiempo de su compromiso.
Prometían también ser buenos vasallos, leales y fieles y
pagar todos los derechos debidos al Señor bajo pena de
quinientos florines.
Se comprende fácilmente que, a un subdito de ánimo
inquieto, se le haga pesada con el tiempo la sujeción que
un día prometió, e incitado por el ansia de libertad, o
simplemente para cambiar la vida, se olvide de su
juramento. Entonces, si se podía dar con el fugitivo
caería sobre él el peso de la ley y sería juzgado por el
mismo señor de la Baronía o su delegado, el Justicia de la
villa, quienes no harían más que ajustarse a la legislación
musulmana.
Un ejemplo de esto es el caso de dos hermanos
moros, Mahomat Ciluis y Caat Ciluis. Estos, bajo
juramento, reconocieron que cuatro años antes su
41
padastro y su esposa, se habían hecho vasallos del señor
de Manises, y que los dos hermanos también eran y por
consiguiente
no
podían
alejarse
de
la
villa
sin
autorización del señor.
Al hacerlo se les impuso un castigo: Mahomat quedó
arrestado en casa de su madre, y Caat en el término de
la villa teniendo que pagar, además, ambos una multa de
doscientos florines a su señor.
Pero para consuelo y alivio de los moros infractores,
el señor de la Baronía, D. Pedro Boíl, no tenía un corazón
insensible a las súplicas y ruegos, y solía usar de
clemencia. No eximía el castigo completamente, sino que
lo atenuaba o cambiaba por otro menos grave.
Tales composiciones parece se daban con relativa
frecuencia, entre otras razones podría haber la de que al
42
señor no le interesaba tener disgustada a ninguna familia
de su villa, y también porque le era más provechoso el
pago de una multa que el arresto o los azotes propinados
a un súbdito desobediente.
Llegamos así a finales del s. XV donde seguían
vigentes las costumbres de pasados decenios .
Los Furs legitimaban la costumbre de añadir a la
dote, cuando la novia era virgen, una sobredote que
equivalía a la mitad del valor de aquella, y recibía el
nombre de “creix”.
Así la unión de los cónyuges, mantenida a través de
los tiempos, se demostraba en la declaración de la última
voluntad.
Estaba vigente por este tiempo la prohibición de
mendigar por las calles de las villas y por los caseríos sin
un permiso especial de las autoridades.
43
Contraviniendo tales órdenes se daba el caso de
algunos esclavos que iban pidiendo limosna con objeto de
reunir una cantidad fijada de antemano por sus propios
amos y obtener así la libertad. Por lo cual se ordena que,
dándose el caso de algún mendigo se le detenga, y
después de oír sus declaraciones, lo lleven bien
custodiado a las cárceles reales.
Por aquel entonces D. Pedro Boíl no quitaba los ojos
de la villa de Manises. Como señor feudal consideraba
entera propiedad suya y de la cual percibía los mayores
ingresos para sostenimiento de su hacienda. Vigilaba
constantemente la vida de sus moradores, controlaba sus
movimientos
y
castigaba
cualquier
conato
de
insubordinación, especialmente de los moros, grupo social
nunca enteramente sumiso al dominio de los señores
cristianos.
44
Cualquier entrada, permanencia o salida del feudo
debía ser conocida y aprobada por su señor.
Establecerse en la villa significaba algo más que
ocupar una vivienda comprada o alquilada.
Aquellas personas que habían heredado bienes
cuantiosos de sus mayores, rara vez podían disfrutarlos
tranquilamente. En torno a ellos había constantemente
ojos vigilantes ansiando apoderarse por lo menos de
algún trozo de aquellas propiedades.
No es raro que hallemos en los archivos libros de
pleitos sostenidos por aquellos señores defendiendo sus
posesiones.
Quienes más derechos podrían haber alegado serían
sus súbditos, que con el sudor de su frente eran los
verdaderos forjadores de aquellas fortunas. Pero la
mentalidad de aquellos tiempos les hacía incapaces de
45
intentar siquiera un asomo de rebelión o de asalto a
aquellas heredades.
Los más empeñados en apropiárselas podían ser los
otros señores, convertidos en rivales insaciables, que
nunca se contentaban con sus riquezas y su influencia
política.
Pero el adversario más temible solía ser la realeza,
que sobretodo en los momentos de apuro económico no
quitaba la vista de aquellos señores que se erigían como
reyezuelos. No era cuestión solamente del honor del
soberano, mediaban los intereses económicos, porque
eran los señores quienes acaparaban buena parte de los
tributos en grave detrimento de las arcas reales.
Nada extraño, pues, que de vez en cuando los reyes
mandaran revisar privilegios y exenciones que pretendían
disfrutar
los
nobles,
como
heredados
de
lejanos
46
antecesores, para reincorporar a la corona aquellos
señoríos.
Finaliza así nuestro viaje a través de la Manises
medieval que empezamos en el s. XI y que termina ahora
en el s. XV.
Nos adentramos ahora en el análisis de los
monumentos
medievales
de
Manises,
de
los
que
desgraciadamente no queda ningún vestigio. Solo nos
queda el testimonio del arte medieval gracias a la
existencia de la cerámica, que en este municipio es tan
característico.
Así hemos dividido la cerámica de Manises en cuatro
períodos básicos para hacernos una breve idea de lo
importante que fue esta en la sociedad Valenciana e
incluso fuera de ella.
47
LA CERÁMICA DE MANISES HASTA EL S. XV:
CERÁMICA VERDE Y MORADA DENOMINADA DE
PATERNA
Desde muy antiguo debió haber alfares en Manises
gracias a la existencia en sus alrededores de arcillas de
muy buena calidad.
Es casi seguro que, cuando la dominación romana, en
la zona del lado del Turia donde se encuentra Manises, ya
existía una industria alfarera, que duró de una forma
permanente a lo largo de la historia.
En la época visigoda, aún se seguían haciendo
modelos romanos. La cerámica tenía entonces formas
diversas y el color predominante en ella era el amarillo.
También desde muy antiguo era conocido el color
morado o manganeso, que se conseguía partiendo de la
pirolusita.
48
El color verde llega a la cerámica de Manises en el s.
XIII. Los árabes lo conocían ya de antes. Este color
verde lo obtenían del cobre, oxidándolo con vinagre y
consiguiendo de ese modo el cardenillo que, diluido,
servía para decorar las piezas.
Desde la dominación árabe se puede determinar con
certeza la existencia de alfares en Manises, que incluso
puede afirmarse han dejado la huella más visible en la
ciudad alfarera de hoy.
Actualmente, esta población tiene en su casco
antiguo el trazado de calles que tenía en la Edad Media y
la zona de obradors que era donde se situaban los
talleres de los artistas ceramistas.
“porjà”. (foto 5 de junio de 1983)
Zona de “Obradors”. Paredes de una antigua
49
Zona de “Obradors”. “Ratlles” en la pared, junto a
una ventana de “porjà”. Era un elemental sistema de control de entrada de “garbons” de
leña, y que correspondía a 50 haces, por cada raya. (foto 5 de junio de 1983)
Zona de “Obradors”. Exterior de una antigua
fábrica de Manises. (foto 5 de junio de 1983)
Aún son visibles y utilizados los llamados hornos
morunos, cuya combustión se hace por leña, y el
preparado de las arcillas se hace todavía de forma
similar pasándose desde la trituración de tierras hasta
su secado sobre las paredes de yeso.
Adoptan estos hornos morunos la forma de un gran
cilindro, ordinariamente de dos a cinco m. de diámetro,
con una cuarta parte empotrada en el suelo y con muros
de más de un metro de espesor, rodeados de naves,
50
cubiertas para depositar las cerámicas que se han de
cocer o que se sacaron del horno.
Para designar las distintas secciones del horno, al
igual que para las manipulaciones
y útiles de trabajo, consérvanse
palabras
propias,
algunas
de
origen manifiestamente árabe, y
otras
degeneradas
por
la
manera de pronunciarse o escribirse.
La parte inferior del horno excavada en el suelo
recibe el nombre de hogar o caldera, y tiene a ras de
tierra una abertura semicircular para introducir por allí
la leña. El hogar o caldera esta dividido virtualmente en
dos mitades: anterior y posterior. La primera es la que
51
propiamente recibe el nombre de caldera, y en ella se
echa la leña para la combustión.
La segunda mitad o posterior, llamada sachen, es
más elevada de piso, y se destina para que la loza secada
de antemano sufra la primera cochura, que se denomina
bizcochado en castellano, juaguete en andaluz y socarrat
en valenciano. Toda clase de vasija bizcochada recibe en
Castellón el nombre de escaldá, denominación reservada
en Manises únicamente a las vasijas que deliberadamente
solo cocieron a 700 ó 750º.
La pared del fondo del sachen recibe el nombre de
frontó, y las laterales, para la cal, porque junto a ellas se
colocaban piedras calizas para cocerlas y ser utilizadas
después en servicios ajenos a la industria (blanqueo de
paredes, obras de albañilería, etc.).
52
El
techo
de
la
segunda
mitad
del
hogar,
correspondiente al piso denominado laboratorio, aparece
con varios agujeros distribuidos como en una criba, por
lo que se le llama garbell; y por ellos sube la llama y el
calor, comunicando con el resto del horno o laboratorio.
Los muros formeros del horno reciben el nombre de
carchata,
y
la
capa
de
ladrillos
refractarios,
antiguamente adobes de barro amasado con tamo, con
que se recubre interiormente, el de camisa.
En el laboratorio se colocan las cerámicas ya
bizcochadas y barnizadas para su segunda cochura o de
fino; presenta una puerta (port), tan alta como el muro y
muy estrecha, por la que apenas puede pasar un hombre,
y la parte superior del laboratorio, cerrada por gruesa
cúpula
(alcobe),
aparece
agujereada
por
varias
53
chimeneas, habiendo en el centro una mayor llamada
allule.
Durante muchos años, la cerámica verde y morada
característica de este período ha sido desconocida y se
creía que eran de Teruel todas las piezas que tenían esta
decoración.
En los siglos XIII y XIV existían varias clases de
cerámica en Manises. Las más características eran tres:
la primera era la tradicional loza económica que estaba
decorada con un baño de galena o alcohol de alfarero y
pirita de cobre color verde.
Había otras dos clases más de loza fina, la
barnizada, cuyos colores eran verde y morado, con
estaño y plomo y decorada con óxidos de cobre
y
manganeso, y otra en la que se usaba el óxido de cobalto
mezclado con arena o sílice, cuya decoración era azul.
54
En la fabricación de esta cerámica verde y morada,
el óxido de manganeso con el que se dibujaba el color
morado de los perfiles, lo usaban los alfareros de
Manises, tal como salía de la mina, y solo exigía una
fuerte trituración. Sin embargo, para conseguir el color
verde la preparación era más complicada, pues se servían
de los recortes de calderería que tenían que cocer en el
fondo subterráneo del horno o sachen, y así se obtenía el
óxido de cobre.
La fabricación era sencilla. Sobre el objeto cocido
se extendía una capa de barniz compuesto por sulfuro de
plomo y bióxido de estaño mezclados con arena, que
usaban como fundente. Sobre este barniz se pintaban los
temas con los óxidos de cobre y manganeso y luego se
sometía la pieza a una segunda cocción.
55
CERÁMICA DE MANISES HASTA EL SIGLO XV:
CERÁMICA AZUL
Este tipo de cerámica aparece en Manises hacia la
mitad del siglo XIII y permanece hasta que su
fabricación es sustituida por la dorada. Durante su corta
existencia conocerá un período de esplendor y no
desaparecerá completamente sino que, años después,
influirá en las cerámicas de Talavera, Sevilla y Toledo.
Como antecedentes posee el azul turquí o turquesa
que se conocía en la Alta Edad Media, pero el azul
cobalto fue traído por los árabes y será este el que más
se utilizará. Sobre todo para azulejos en Granada, en la
época nazarita, y llegará a su perfección en Málaga,
donde se combinará con el dorado, del mismo modo que
más tarde y con tanto éxito se hará en Manises.
56
En Manises, los años de expansión de esta cerámica
serán los de los siglos XIV y XV; durante ellos coexiste
con la azul y dorada. Muchos autores no le dan la
importancia que merece ya que estiman que es una copia
en barato y de peor calidad de las piezas de loza azul y
dorada.
Sin embargo esta cerámica tendrá un período de
gran esplendor cuando decaiga la fabricación andaluza y
su azulejería no tendrá rival hasta el siglo XVI.
A pesar de que existen pocos datos y de que esta
considerada como una cerámica de transición entre la
verde y manganeso y la de reflejo metálico, en la
cerámica azul se localizan diversas series medievales,
todas dentro del estilo mudéjar, que se encuentran entre
las más antiguas de Manises.
57
De estas series, la más antigua consta de platos de
vajilla, de poco fondo, que tienen en el borde dibujados
de
trecho
en
trecho,
gruesas
rayas
paralelas
o
divergentes.
Esta cerámica, que se fabricó en Manises y Paterna,
fue similar en ambos lugares. Sin embargo, existieron
motivos de decoración propios de cada uno de ellos que
fueron las palmetas en Paterna, y los atauriques en
Manises.
En Manises se consiguió un estilo original y propio,
de una gran perfección, en el empleo del azul cobalto,
con una decoración variadísima y con una fertilidad de
recursos
asombrosa
que
destacará
frente
a
las
producciones de Paterna y Teruel, que no evolucionaron
al mismo tiempo que Manises. El desarrollo de ésta fue
tanto más asombroso cuanto que era entonces una
58
población reducida, que no había alcanzado aún el
prestigio ni la pujanza de un siglo más tarde.
La decadencia de Paterna coincidió con el renombre
que comenzaba a tener Manises.
Cerámica azul de Manises del s. XV
Plato decorado con la figura de un jabalí
El
procedimiento
seguido
para
fabricar
esta
cerámica exigía dos cocciones. Después de la primera,
quedaba el objeto juagueteado, socarrado o bizcochado,
y posteriormente la pieza se recubría con esmalte blanco
compuesto por sulfuro de plomo, bióxido de estaño y
sílice. Sobre esta capa se decoraba con óxido de cobalto
diluido y se procedía a continuación a la segunda cocción,
59
de donde salía la pieza vitrificada con un fondo de
esmalte blanco y la decoración azul fuerte.
Respecto a la ornamentación en las series más
antiguas los temas eran coincidentes con la decoración
en verde y manganeso y en las más modernas con la de
reflejo metálico. La mayor parte de las piezas estaban
profusamente decoradas y, salvo casos aislados, solo lo
estaban
en
los
anversos,
quedando
los
reversos
simplemente vidriados.
Esta ornamentación en azul era en su mayor parte
de estilo musulmán, con las típicas inscripciones cúficas y
la mano de Fátima estilizada como motivos más usuales.
Cerámica azul de Manises del s. XV
Cuencos decorados con inscripciones árabes
60
Se utilizaron mucho los motivos vegetales, pero tan
estilizados que parecían pura geometría. También los
hubo de fauna. La figura humana estaba en cambio poco
representada, al contrario que en la cerámica verde y
manganeso.
Entre los motivos vegetales figuran atauriques,
hojas de perejil y hojas con grandes tallos envolventes.
Entre los motivos de fauna, menos frecuentes que
los vegetales, destacan los peces. En cambio si abunda
los elementos geométricos dispuestos en forma de
intento de representar el movimiento, y también fue
frecuente la rueda.
En las series lujosas las piezas se decoraban en un
azul no muy oscuro con una esmerada ejecución y el
trazado del dibujo era constante, mientras que en las
61
piezas más sencillas el trazado era irregular y el color no
era puro.
De esta loza azul se hicieron utensilios tanto para
uso doméstico como para vajillas de lujo. También se
fabricaron platos de puro adorno, de hasta un metro de
diámetro, que quizá sirvieran de fuentes para las
ocasiones solemnes, y jarrones, ánforas, etc.
En utensilios caseros se conservan platos, cuencos,
saleros y braseros de fondo plano con los bordes
abiertos hacia fuera paralelos al fondo. Son típicos los
tazones con dos apéndices pegados a los bordes.
También se han encontrado vinagreras, ollas de todo tipo
y jarras de muy diversas formas, candiles de varias luces
y unos hornillos que se colocaban debajo de los platos y
tazones y que servían para mantener calientes las
viandas.
62
En consecuencia, puede decirse que en el siglo XIV,
la loza estaba generalizada en los objetos de uso
cotidiano, pero no fue esta la causa de la fuerte
expansión de la industria llamada en la época “obra de
terra”, sino la aplicación de esta industria a la
construcción, es decir, la azulejería o rajolería. Es esta
la que va a caracterizar la cerámica azul puesto que van a
ser las rajolas azules valencianas las que más éxito
cosechen en la historia de esta industria.
Sobre este arte menor hay muchos documentos que
demuestran que la “rajolería” fue el principal producto
de “obra de terra” que se exportó al extranjero,
procedente de la Corona de Aragón.
La azulejería triunfó al abandonarse el alicatado,
mucho más costoso y complicado. Al principio, las piezas
fueron
solamente
cuadradas
y
hexagonales
y
se
63
decoraban en azul y blanco teniendo una clara influencia
musulmana en sus dibujos hasta el triunfo del estilo
gótico.
Los alfares de Valencia se especializaron en los
azulejos de pavimentar.
De los azulejos de pavimentar de esta serie se
conservan relativamente pocos, a pesar de la gran
producción
que
hubo.
La
mayoría
fueron
desgraciadamente destruidos por el pisar de las gentes y
por la necesidad de renovar pisos.
De la fama y calidad de estas rajolas da pruebas que en
1362 se encargaron a dos maestros de Manises
pavimentos para el Palacio de los Papas de Avignon, en los
colores blanco, azul y verde.
Se enviaron asimismo azulejos a Navarra y al
parecer el Papa Luna los pidió para su castillo de Illuecas.
64
Los azulejos de colores azules y blancos no se
utilizaron solos sino que alternaron con baldosas de
barro esmaltado de diversos colores, los llamados
“aliceres”.
Los azulejos se hicieron de varios tipos y tamaños y
según su forma recibieron distintas denominaciones. Los
más comunes eran los cuadrados,
denominaba
“rajolas”,
los
a los que se
rectangulares
llamados
“rajoletes” y los hexagonales o “alfardons”.
Cerámica azul de Manises del s. XV
Azulejo decorado con un mástil del que
pende una leyenda valenciana.
Todas
ellas
se
combinaban
normalmente
con
baldosas rojas, y su decoración estaba pensada de
65
manera que pudieran multiplicarse indefinidamente en las
cuatro direcciones de las aristas del azulejo.
Respecto a la ornamentación fue variadísima a pesar
de la limitación de los colores pues estos fueron casi
exclusivamente el azul y el blanco.
El azul cobalto era de una calidad excepcional pues
provenía de unos yacimientos descubiertos en Chovar
(Castellón) cuyos óxidos, muy puros,
mezclados con
arena daban un material de una fluidez muy grande para
pintar y muy fino en su cocción.
No obstante su variedad, se pueden clasificar estos
azulejos según sus motivos de ornamentación sean
moriscos o cristianos.
Los de temas moriscos son menos abundantes pero
entre ellos hay piezas magníficas, como los que tienen el
escudo del rey
Don Martín el Humano. A menudo se
66
utilizaron en la decoración de azulejos, los mismos
dibujos orientales que para los tejidos de la época. Estos
dibujos sirvieron también para decorar las vigas de
madera de iglesias y claustros de diversos lugares de
España.
El segundo apartado de esta clasificación, es decir,
los azulejos con motivo de ornamentación cristianos
estaban decorados de manera similar a la loza, lo que era
natural pues eran los mismos alfares y los mismos
artistas quienes creaban los originales de platos,
albarelos, etc. e ideaban los motivos de los azulejos.
Por tanto, se pueden ver en ellos las hojas de
perejil, el moteado, etc., es decir, los mismos citados al
hablar de la loza azul. Son muy abundantes los motivos
de fauna con animales de todo tipo: domésticos
(conejos), fantásticos (grifos), heráldicos (águilas).
67
La figura humana, en cambio, aparece raramente.
Pero los más frecuentes son los decorados con escudos
heráldicos, que se fabricaron de encargo.
También se hicieron de encargo azulejos con
emblemas personales o letreros.
Otra serie de la que se hizo una gran producción fue
la de los emblemas gremiales y religiosos.
El fin de estos azulejos era el de pavimentar los
suelos de los palacios, iglesias, conventos, y casas de las
corporaciones de gremios.
Un tipo especial de baldosa que no se puede incluir
dentro de la cerámica azul, pero que debe tenerse en
cuenta por su peculiaridad, es el llamado socarrat, que se
fabricó solamente en Paterna y Manises.
Consistía el socarrat en una loseta de barro cocido a
la que se aplicaba una capa de cal, y sobre esta se
68
decoraba exclusivamente en colores rojo oscuro y negro.
No tenían segunda cocción y se colocaban en el techo, en
los espacios que quedaban desnudos entre las vigas de
madera.
Del socarrat hay algún autor que piensa esta más
cerca de la pintura al fresco que de la cerámica.
Los motivos de los socarrats fueron variadísimos y
estaban inspirados en los azulejos. En ellos se buscó más
el efecto visual que el artístico, por lo que el dibujo no
esta cuidado. La figura humana se reprodujo en mayor
abundancia que en los azulejos, pero la mayoría de los
socarrats están decorados con dibujos de animales.
Los azulejos maniseros conocieron un gran éxito en
los siglos XIV y XV. Sin embargo, el Renacimiento pleno
trajo consigo un estilo propio y con él la decadencia de
los tipos góticos anteriores.
69
Esta cerámica azul y blanca sufrió la competencia
de la policromía que aportó el Renacimiento y decayó
rápidamente.
EL XV, SIGLO DE ORO DE LA CERÁMICA DE
MANISES, CERÁMICA DE REFLEJO DORADO.
Aunque comúnmente se dice que el siglo de oro de
la cerámica de Manises
es el
siglo XV, la época de esplendor
empieza en la segunda mitad del
siglo XIV y acaba en la segunda
mitad del XVI.
El origen de esta cerámica sin ninguna duda. La mayoría
de los historiadores atribuyen a Persia la primera
manifestación de esta técnica, pero esta prioridad, a
medida que se han ido sucediendo las excavaciones
arqueológicas, se ha visto desmentida y actualmente es
70
difícil a predecir quien fue el descubridor del reflejo
dorado.
En España, en el siglo XI ya se fabricaba loza
dorada como demuestran las piezas encontradas en
Medina Azahara.
Lo que es en cambio indudable es que, en el siglo
XII, se fabrica en España en Calatayud y Málaga loza
dorada que, según el viajero musulmán El Edrisí, era
maravillosa en esta ultima y competía en esplendor con
la oriental.
Al período de apogeo de Málaga sigue el de Granada,
que conoce su siglo de oro en el XIV con Yusuf I.
Es característica de esta cerámica, llamada
nazarí en honor de la dinastía de los reyes granadinos,
la desproporción en las vasijas entre su cuerpo
extraordinariamente
grande
y
la
estrechez
del
71
gollete. Tenían además unas asas planas a ambos lados
que eran únicamente decorativas y la forma exterior
era de ánfora.
La decoración era similar a la que se hacía en el
siglo XIII en Mesopotamia. Consistía en dividir las
superficies por decorar en zonas, con un fondo de
esmalte blanco y dibujos en azul y dorado.
Parece ser que a principios del siglo XIV aún no se
fabricaba en Manises la loza dorada.
La
falta
de
piezas
fechadas
hace
difícil
determinar cuando apareció en Manises. En cambio,
son conocidas las circunstancias históricas.
En los primero años del siglo XIV, Don Ferrech de
Luna, Señor de Paterna y Manises, vendió este último
señorío a Don Pedro Boíl, como antes hemos visto, ante
el notario de Valencia.
72
Los descendientes de D. Pedro Boíl serán señores
de Manises durante sus años de esplendor y de
decadencia. El citado D. Pedro Boíl fue enviado como
embajador del rey Juan I de Aragón, a Granada y
consta que hacia 1309 ó 1310 se entrevistó con Nazar
Ben Abdalá, que había sido valí de Málaga.
En su estancia en la corte granadina debió ver don
Pedro Boíl los famosos jarrones dorados de la Alhambra
y debió enterarse que se fabricaba esa loza hacía
tiempo, en Málaga. Es muy verosímil que intentase
llevarse a su señorío a los artífices que la realizaban.
Esto no debió ser muy difícil porque el comercio
musulmán con el Mediterráneo sufrió un rudo golpe. Los
artistas alfareros malagueños y granadinos tenían,
además de dificultades comerciales, las derivadas de la
73
inestable situación política del reino musulmán, que
estaba amenazado de muerte.
En Valencia y concretamente en Manises, existía
una importante industria alfarera en manos en gran
parte de moriscos. Estos fabricaban la loza verde y
morada así como la azul. La venida de nuevos artífices
con nuevas técnicas iban a insuflar aires de novedad a
las antiguas cerámicas de Levante.
La familia Boíl fomentó y protegió la fabricación de
la loza dorada y gestionó cerca del rey Pedro el
Ceremonioso, la concesión de privilegios sobre la
fabricación de loza en su señorío. Estos privilegios, que
se le otorgaron en 1372, suponían para ella su renta más
crecida puesto que las alfarerías pagaban un diezmo de
toda la producción de “obra de terra”.
74
El monopolio que consigue Manises hará que Paterna
pase a un plano muy secundario.
Es claro que las primeras manifestaciones de esta
técnica fueron piezas decoradas al estilo de Málaga y
Granada, pues era de esos lugares de donde provenían
los
artífices
maniseros.
Sin
embargo,
estas
decoraciones cambiarán debido a que los clientes que
solicitan las piezas no van a ser los mismos ni tener los
mismos gustos que los árabes.
La Corona de Aragón estaba en las mejores
condiciones para desarrollar un activo comercio con
Italia y con otros países.
La cerámica era uno de los principales productos
valencianos que se exportaba no solo a Italia sino a la
mayor parte de Europa, incluido el Norte, y a Oriente.
75
Para estudiar esta cerámica hay que tener en
cuenta dos aspectos fundamentales: por una parte,
que los artífices eran moriscos o discípulos de
moriscos, y por otra,
que había en esa época una
influencia considerable de los gustos artísticos no
islámicos, a los que había que adaptarse porque eran
en su mayoría países cristianos los que solicitaban las
piezas.
El resultado de estas circunstancias es que se
forman dos corrientes paralelas: de un lado se
conservan las características árabes y por otra parte
se van a introducir temas góticos, entonces de moda.
De la mezcla de estas dos corrientes va a surgir un
arte que se llamará hispano-árabe o moro-gótico. La
cerámica de Manises va a ser un claro exponente de
esta síntesis.
76
De tradición musulmana serán la representación
de las letras con temas coránicos, que posteriormente
se convertirán en cristianos.
De las letras cúficas se
pasará a la escritura gótica, y
en ambos casos se dará la
circunstancia de que, utilizadas muchas veces como
ornamentación por personas que no sabían leer pero si
pintar, serán indescifrables.
A este arte de origen musulmán la corriente
cristiana le aportará un vigor que se apreciará más
tarde en el trazado y en los temas.
El más claro exponente de esta influencia de otra
cultura serán los temas heráldicos.
77
En cuanto a los fondos, acabarán
teniendo
una
ornamentación
completamente de estilo gótico.
De lo anteriormente expuesto se deduce que la
cerámica de reflejo dorado admite una clasificación
según sus motivos sean de tipo musulmán o cristiano.
Se puede decir, como característica general, que las
piezas con motivo musulmán solían tener el trazo más
fino y el dibujo más estilizado y simple que las de tipo
cristiano.
Sus dibujos solían ser los comunes de la
decoración musulmana y entre ellos cabe destacar
como más típicos las alafias, que
eran las letras árabes de la
palabra felicidad, y el árbol de la
78
vida u “hom” de origen persa.
También se utilizaron en la ornamentación de tipo
musulmán los escudos de armas o nobiliarios.
Las características generales de la cerámica de
tipo cristiano eran: el trazo más varonil y el dibujo
más realista. En el dibujo, la figura humana no será
motivo prohibido y se utilizará a menudo.
Como
oposición
religiosos
a
los
musulmanes,
lemas
se
decoraban muchas piezas con las
frases cristianas de Ave María
gratia plena, o In principio erat verbum. Esta serie de
lemas religiosos no es la única manifestación de
paralelismo.
Es posible que se fabricaran en el mismo taller piezas
decoradas en uno u otro estilo, por alfareros tanto
79
cristianos
como
musulmanes,
que
muchas
veces
trabajaban conjuntamente.
El estilo musulmán no sufrirá modificaciones
radicales al contrario que el cristiano, que tendrá gran
riqueza y acabará triunfando en el siglo XVI.
Otra clasificación que puede hacerse de esta
cerámica de reflejo dorado es la que se refiere no a los
motivos ornamentales sino a la denominación que recibían
en el siglo XV.
Para los alfareros de la época había dos clases de
piezas doradas: la “obra de pinzell” decorada a mano
sin modelo previamente dado, y la “obra de contrafet”
80
en
la
cual
el
maestro
había
hecho
el
dibujo
previamente.
Muchas de estas piezas eran obra de más de una
persona y era en ellas donde se llegaba al máximo
esmero
y
perfección.
Según
la
riqueza
de
su
ornamentación y su calidad se las
denominaba, en la época y entre los
ceramistas,
“obra
de
Papa”,
“emperador”, “mercader”, etc.
Plato de la serie de las naranjas, con un personaje tocado con turbante, en el escudete.
Manises. Mediados del s. XV
La técnica del reflejo dorado se transmitía como
secreto profesional de padres a hijos sin escribirse
jamás, e incluso se dice que solo el hijo mayor era el
depositario del secreto. No obstante se conserva la
fórmula que se deduce de unos documentos del morisco
81
Juan de Valencia, que fue a Vivonne (Poitiers) a fabricar
azulejos, por orden del duque de Berry, en los últimos
años del siglo XIV.
Este procedimiento era el siguiente: primeramente
se trabajaban las arcillas, decantándolas, amasándolas y
purificándolas. Después de hecha la
pieza a torno, se la sometía a una
primera cochura, de la que resultaba
bizcochada.
de los “Gentili de Florencia”
Manises. Hacia 1450- 1475
“Terraç” o jarrón de hojas de hiedra y las armas
Sobre la pieza se daba un vidriado o barniz blanco
de plomo y estaño con arena y fundente y, encima de
este se decoraba en azul cobalto.
Barnizada la pieza, se metía al horno a una
temperatura de unos 900º, de donde salía con un
82
fondo blanco y con dibujos en azul. Posteriormente se
aplicaba el dorado a base de sulfuros de cobre y plata
diluidos en vinagre y aplicados a pluma o pincel. De la
combinación del cobre y la plata resultaba el color más
o meno cobrizo o nacarado de la pieza.
Una vez decorada esta con sulfuros se sometía a
una tercera cocción a baja temperatura, que era de
650º al principio, para reducirse a 500º más tarde en
un punto preciso.
Esta reducción del calor se conseguía mediante
una combustión especial en la cual se utilizaba como
elemento una leña menuda llamada “garbons”, que al
producir mucho humo hacía disminuir el fuego y, a la
vez actuaba sobre los sulfuros de la loza. Las piezas
salían del horno cubiertas de hollín que había que
quitar lavándolas y frotándolas fuertemente y con
83
esta operación se quitaban también los excesos de
color.
Plato de la “garlanda” de la serie de los atauriques
carnosos.
Manises. Hacia el tercer cuarto del s. XV
La operación era muy difícil porque la aplicación
de los sulfuros directamente era muy complicada y
solo sabían hacerlo los artesanos verdaderamente
expertos.
Para estudiar la ornamentación de la loza dorada
de Manises hay que tener presente lo que se ha dicho
antes respecto a la clasificación de los tipos de
cerámica: la musulmana y la cristiana
1.º Motivos de ornamentación de tipo musulmán:
- Alafias grandes o felicidad en signo árabe
84
- Alafias pequeñas
- Acicates o espuela
- Coronas
- Atauriques
- Hojas de vid
- Hojas de cardo
- Claveles o margaritas
- Solfas
2.º Motivos de tipo cristiano:
- Figuras humanas
- El Ave María
- Hojas y flores moteadas, rosas
- Hojas y flores en espiral
- Hojas de ortiga
- Hojas de perejil
- Hojas lanceoladas
85
Completando esta enumeración se pueden añadir
como motivos de decoración los animales, un ángel, los
escudos heráldicos y algún motivo más de decoración
floral, como las hojas de hiedra y de helecho y el árbol
de la vida u “hom”.
Estos motivos eran muchas veces similares a los que
se usaban en los tejidos de seda o de damasco. Esto es
visible en las hojas de cardo, la decoración más típica
del siglo XV y se demuestra porque en las escrituras de
la época referentes a contratos sobre loza y “obra de
terra”
se hace alusión a que sean a la “manera de
Damasco”.
La disposición de los motivos era muy variada. Podía
ser radiada, circular, de cuadrícula o romboidal; lo más
común era que los elementos estuvieran combinados.
86
En las piezas más comunes, los dibujos y elementos
decorativos eran los mismos que en las pintadas en azul
cobalto. En las más suntuosas, para destacar el elemento
principal de la composición se utilizaba el azul cobalto,
que en Manises era casi negro, mientras que en el fondo,
el motivo, normalmente floral, se decoraba en reflejo
dorado muchas veces con dibujo diminuto, sobre un
barniz blanco lechoso, espeso y brillante.
El dibujo de las piezas estaba perfectamente
delineado y en los platos la figura o
el escudo central solía ocupar toda
la superficie.
Las solfas eran otro motivo
aparecido a fines del siglo XV, consistente en notas
musicales que se repiten. Este último elemento se
utilizará en las dos grandes series anteriores de modo
87
que no aparece solo sino como fondo de otros temas y
siempre de modo profuso y en tamaños diminutos.
Así como en los anversos son similares las piezas en
Manises
y
Paterna,
en
los
reversos
hay
una
característica especial en Manises que en Paterna no se
da, y es que se decoraban a veces con gran suntuosidad,
sobre todo en las piezas de encargo. La decoración de
estos reversos se derivaba de motivos de tipo musulmán
y era menos variada que la de los anversos.
Primeramente estos anversos se decoraban con una
especie de flor, la llamada hojaflor, pero más tarde se
utilizan otros motivos ornamentales.
La producción de Manises en ese período fue muy
variada. Lo más característico son los platos, que podían
ser de distintos tamaños y formas.
88
A los hondos y de gran tamaño
se les ha denominado braseros,
pues quizá sirvieran para poner
ascuas sobre una capa de ceniza.
Los que se usaron como vajilla de
mesa para comer y trinchar eran los denominados “plats
de tallador” y también para el mismo uso los había con
base parecida.
Se
conservan
además
multitud
de piezas
de
carácter popular, tales como botijos, huchas, pitos de
barro, etc.
Pero la gran importancia que alcanzó la
industria cerámica
en esta época se
manifestó también en el auge de la
azulejería valenciana y más concretamente manisera.
89
Contribuyeron a ello en gran medida los duques de
Gandía, que además de encargar azulejos para su palacio,
lo hicieron para las famosas estancias Borgia del
Vaticano.
Son de Manises igualmente los pavimentos de
muchas iglesias francesas e italianas, especialmente en
Nápoles.
Los colores comunes de decoración de los azulejos
eran blancos y azules, pero también se fabricaban en
dorado y manganeso.
La decoración de los azulejos no sufre variación.
Hasta fines del siglo XVI se seguirán utilizando los
temas moriscos.
Hay una serie menos conocida llamada “de la sierra”,
por estar bordeados por una cenefa de contorno
aserrado y con una decoración muy variada y similar en
90
cuanto al dibujo a las piezas doradas de la misma época.
De este estilo se encontraron azulejos en el antiguo
palacio señorial de los Boíl, de Manises, hoy destruido.
Se dice que la familia Boíl fue la que inició y
contribuyó a mantener la importancia de esta cerámica y
su expansión comercial.
Lo cierto es que en el siglo XV la loza de Manises se
exportaba no solo a Cataluña, Navarra y Castilla, sino a
Inglaterra,
Flandes
y
todo
el
Mediterráneo,
especialmente a Nápoles.
En los años de mayor apogeo, que fue la década
1475 a 1485,
llegaban
al
puerto
del
Grao,
galeras
valencianas,
genovesas, florentinas, sicilianas, chipriotas y argelinas,
91
que competían con las naves catalanas y mallorquinas en
el negocio de cargar “obra de terra”, principalmente de
Manises.
Los azulejos se embalaban en sacos de esparto y las
piezas de vajillas en tinajas. Estas tinajas, preparadas
para impedir la rotura de las piezas, eran de cuenta del
comprador: De cuenta del vendedor era, en cambio, el
que la “obra de terra” había de ser buena, de justa venta
y de recibo, con obligación de entregarla en un plazo que
iba de cinco semanas a dos meses, plazo que de no
cumplirse suponía el pago de una multa estipulada en el
contrato.
No obstante, conviene referirse a datos que
atestiguan hasta que punto fue considerada como un
objeto precioso. No solo consta el testimonio vago de
Eiximeno, que ya a finales del siglo XIV dice que la
92
cerámica de Manises es propia de Papas y Emperadores,
sino que en plena edad de oro del Renacimiento, los
Médicis, el rey Renato de Anjou y todas las gentes
poderosas de entonces quieren poseer estas piezas. Son
incluso reproducidas por los grandes pintores, como
ocurre en los cuadros de la adoración del Cordero
místico de los Van Eyck, de la catedral de Gante.
En Toscana y Florencia se intentará copiar esta
cerámica, sin conseguirlo. No obstante, el estilo de
Manises influirá posteriormente en la cerámica italiana.
Se copió esta cerámica en Aragón, en Cataluña y en
Sevilla. Hoy pueden verse ejemplares de Manises en los
museos del Louvre y de Cluny, en Francia; en el British
Museum y en el Museo Victoria y Alberto, de Londres; y
en el Metropolitan y la Hispanic Society, de Nueva York.
93
DECADENCIA DEL ESTILO DE REFLEJO DORADO
SIGLOS XVI Y XVII
Tras un siglo glorioso para la cerámica de Manises
sigue un periodo de decadencia que transcurre desde el
segundo tercio del siglo XVI hasta finales del XVII.
Coincide con dos hechos fundamentales en la
historia de España. En primer lugar, el auge del comercio
con América, que se desplaza del Mediterráneo y se
realiza
por
el
Atlántico,
y
en
segundo
lugar
la
entronización de la casa Austria.
94
De ambos hechos se deducen consecuencias que
influyeron en la industria española y, en particular, la
valenciana. Del comercio con América resulto que los
puertos mediterráneos
estaban más alejados que los
atlánticos.
Valencia estuvo alejada del comercio con América no
solo porque la empresa era principalmente castellana,
sino además porque el puerto del Grao era pequeño para
el calado de los barcos que requería la travesía atlántica.
El
segundo
hecho
mencionado
supondrá
el
advenimiento de una dinastía extranjera, con unos gustos
internacionales, a la cual el arte hispano- morisco
resultará extraño.
En
el
arte,
el
Renacimiento
había
influido
decisivamente en las modas y en los gustos. Su estilo
95
había apagado el gótico y entre la gente acomodada el
arte hispano- morisco había dejado de estar de moda.
En el campo de la cerámica los italianos habían
impuesto la policromía.
El esplendor que tuvo Manises entre los años 14751485 no lo tendrá jamás porque ya los emperadores,
papas y reyes no solicitarán la cerámica española para
sus vajillas de lujo.
ACTIVIDADES
RELACIONADAS
CON
LA
CERÁMICA
MUSEO DE CERÁMICA DE MANISES
Historia del Museo
El Museo de Cerámica de Manises fue creado por
acuerdo municipal el 3 de noviembre de 1967 con la
96
finalidad de conservar el patrimonio cultural de la
ciudad, inaugurándose oficialmente el 26 de noviembre
del mismo año.
El Museo fue instalado en una casa señorial del siglo
XVIII. Pocos años después de su inauguración se puso de
manifiesto que los escasos
metros cuadrados de que disponía eran insuficientes
para exponer adecuadamente las piezas que, de forma
continuada, incrementaban la colección del museo.
Por ello, y tras un fallido proyecto de ampliación, el
Ayuntamiento asume en 1983 la necesidad de la reforma
y encarga a dos arquitectos la remodelación del edificio.
Después de siete años cerrado al público para llevar
a cabo las obras de ampliación y reforma del edificio y
los trabajos de montaje, las nuevas instalaciones fueron
inauguradas el 9 de octubre de 1989.
97
Contenido del Museo
Junto con el edificio se incluía un buen número de
obras de arte y objetos de cerámica que constituyeron
el núcleo inicial de los fondos del Museo, aumentados
posteriormente
por
donaciones
de
vecinos
de
la
localidad, hallazgos y excavaciones en el subsuelo de la
ciudad y también por adquisiciones muy selectivas,
habiendo conseguido reunir en total más de 2500 piezas.
La exposición de una seleccionada parte de los
fondos de cerámica se ha estructurado, dentro de las
nuevas instalaciones, en seis grandes
apartados o salas: Vestíbulo, Tecnología, Siglos XIV- XV,
Siglos XVII- XVIII, Siglos XIX- XX y Cerámica de arte.
Además de todas estas salas hay otros servicios que
ofrece
el
MCM.
Así
consta
con
una
biblioteca
especializada en cerámica y un archivo documental de
98
cerámica contemporánea con más de mil fichas de
ceramistas y dos mil quinientas fotografías de sus obras,
así como folletos y catálogos de exposiciones, recortes
de prensa, etc.
El Museo cuenta además con unas instalaciones y
servicios complementarios como son el almacén, taller de
restauración y archivo biblioteca. Con estos servicios se
pretende
alcanzar
un
objetivo
múltiple:
exponer,
conservar, estudiar y divulgar la cerámica de Manises en
su perspectiva histórica y en su realidad actual.
CABALGATA DE LA CERÁMICA
La cabalgata de la cerámica ha sido durante años
uno de los elementos básicos de las fiestas patronales de
Manises.
99
Sus orígenes aún son inciertos ya que no hay ningún
documento que acredite su existencia hasta entrado el
siglo XX.
Y si es incierta la fecha de inicio de la fiesta, no lo
son menos los datos que disponemos para trazar algunos
hechos superficiales de cómo se empezó a organizar y de
cómo se desarrolló.
Como hoy, la fiesta se celebraba en la tarde de las
Santas y era organizada por los fabricantes de cerámica.
Aquel que quería participar encargaba una plataforma
que sería decorada por sus propios trabajadores y tirada
por caballos desfilaría en la hora y fecha señalada en una
desfilada que recordaría mucho la Batalla de Flores de
Valencia, pero que en esta ciudad se convertiría en “de
cerámica”, dado que, aun en aquellos años, referirse a
100
Manises era hablar de cerámica. Todo apunta que incluso
había premio para la carroza más adornada.
La cabalgata se abría con los estandartes del Reino,
los seguían los gigantes y enanos con el tamboril y la
dulzaina que amenizaban sus danzas.
Después de ellos venían las grupas, siete u ocho
parejas vestidas a la valenciana sobre
caballos adornados de igual manera. Y
detrás las carrozas, tiradas por caballos
adornados de idéntica forma que las
grupas y sobre ellos, las chicas vestidas de valenciana
que repartían gran cantidad de escuraeta y de silbatos
de cerámica.
No ofrecía muchas dificultades llenar la carroza de
piezas, ya que lo que se regalaba era el “menudet” que
tanto abundaba en las fábricas. Eran piezas en miniatura,
101
réplicas de originales, que los fabricantes siempre tenían
a mano para regalar a los compradores.
Después de las carrozas dos landó para las
autoridades y después de ellos, cerrando la cabalgata,
cualquiera de la dos bandas de música que había por
aquellos primeros años.
Con el paso de los años, de aquella cabalgata queda
fundamentalmente el día de la celebración y el hecho
mismo de celebrarse. El medio de transporte ha
evolucionado hacia remolques más grandes tirado por
tractores y las piezas que se regalan también han pasado
a ser más grandes que aquellas antiguas; piezas grandes
y balones son los objetos estrella de la gente que se
amontona año tras año alrededor de los remolques, en
peligrosas y temerarias intenciones de coger cuantas
más piezas mejor.
102
OTROS MONUMENTOS MEDIEVALES
Manises actualmente, aparte del trazado de sus
calles y la cerámica anteriormente vista, no conserva
nada del período medieval correspondiente a los siglos
XI- XV.
Si
hubo
un
día,
aunque
no
hay
testimonios
documentales de la fecha de construcción ni de otros
detalles de sus inicios, el CASTILLO DE MANISES que
perteneció a la familia Boíl.
De este edificio tan solo se ha conservado el
nombre que da el nombre a la plaza donde actualmente se
encuentra el Ayuntamiento.
103
De los pocos testimonios que quedan se deduce que
era un edificio con grandes puertas de hierro que daban
paso a un porche desde donde daba paso la entrada de la
casa. En la planta baja había una cocina con bodega y
amasadero y una cámara llamada de los “studis”
seguramente
para
atender
los
asuntos
de
la
administración del señorío. Aparentemente en la misma
planta una sala grande llamada “sala mayor”, reservada
para reuniones y actos solemnes. Y finalmente una planta
alta con las salas de dormir: una, la propia del señor con
recámara y la otra del infante y por último la cámara de
la torre. El edificio se comunicaba por dentro por medio
de una gran escalera.
Con los siglos el edificio sufrió grandes reformas,
hasta quedar con el aspecto de un viejo caserón.
104
El 28 de junio de 1929, el Ayuntamiento compró a su
propietario, en aquel tiempo el conde de Villagonzalo, el
edificio por un precio de 46000 pta. Y en 1959, por el
estado ruinoso en que se encontraba, el Ayuntamiento de
Manises acordó la evacuación de sus habitantes (Guardia
Civil)
y
de
la
escuela
y
almacén
municipal
que
conjuntamente ocupaban el edificio y sus alrededores.
Foto: Archivo Gadea
Antigua caserna de la Guardia
Civil. Antiguo edificio Palacio
de los Boíl en los años 60
En julio de 1960 se acordó su demolición. Y así,
desaparecía para siempre un edificio, que aunque no era
una joya de la arquitectura, si que fue durante siglos,
punto de referencia de la vida pública de Manises.
105
CAPELLETA DE SAN ANTONIO
Antiguo recinto de la Capilla de la Virgen del
Rosario, es un pequeño espacio, muy reformado. Es de
planta cuadrada, tiene un zócalo de azulejos modernos de
estilo Renacimiento. En la Capelleta se conserva la puerta
y la pila bautismal de época gótica.
La fachada de la Ermita es sencilla,
con cornisa sobre la cual se levanta una
espadaña de arco de medio punto
adornado con bolas de reflejo metálico.
Es lo único que queda de la antigua
iglesia de San Juan Bautista construida
en 1370. Frente a esta capilla estaba situado el
cementerio cristiano que se utilizó hasta 1816, año en
que se inauguró el nuevo.
106
Estos dos ejemplos vistos, junto con la cerámica, es
lo único que queda de esta población que tanto poder
tubo un día.
LEYENDAS
El escudo de Manises
Este se puede ver en la fachada del Ayuntamiento,
en las entradas de la población, en monumentos,
rotulaciones de calles, impresos, Programas de fiestas o
de otros actos, azulejos, platos conmemorativos, etc.
Justo es reconocer que el Escudo caló hondo en la
población y se ha popularizado ampliamente.
107
Su forma es lo que
en heráldicas se llama
Escudo
Cortado,
es
decir, dividido en dos
partes
iguales,
separadas por una línea trazada en sentido horizontal. En
su mitad superior hay una Torre cuadrada (árabe) blanca,
sobre fondo azul, y en su mitad inferior un Toro, en rojo,
sobre fondo blanco.
El escudo esta orlado por un vistoso lambrequín en
azul y amarillo y rematado por la corona condal, de oro,
guarnecido su círculo por pedrería, y realzada con perlas
gruesas sostenidas por puntas igualmente de oro.
En su parte inferior campeo la leyenda: “Ciudad
Histórica y Laboriosa” cuyo título le concedió Su
108
Majestad el Rey Don Alfonso XIII por Real Decreto el
día 22 de diciembre de 1924.
Pero pasamos ahora a señala algunos aspectos
históricos de este Escudo que es el propio de los Boíl. La
razón de hallarse allí la Torre la vemos en la “Trova n.º
100” de Mosén Jaume Febrer, que dice:
“Don Benet Boíl Senyor del Castell
que este nom prenguè, alla en les montanyes
de Jaca e de Hosca, es lo escut aquell
que mirant estau. Sobre camp bermell.
Una torre pinta, e per les fasanyes
de un abuelo seu, fetes en Terol,
Un bou anyadix sobre camp de blau.
Los moros sitiats, ans de eixir lo sol
soltaren furiosos de bous un estol
al eixercit fel; de este perill trau
109
Boil a sa gent, è a Nanfòs li plau...”
La hazaña fue, como hemos leído, el poder eludir el
gran peligro que suponía para los cristianos, aquella
manada de toros, azulados y embravecidos, lanzados
desesperadamente por los moros sitiados para romper el
cerco enemigo. De esta grave situación los salva a todos
un Boíl y el Rey complacido le concede el honor de que en
su escudo figure un Toro.
Hay quien supone pudo ocurrir de esta forma o al
contrario, es decir, que los toros fueron lanzados por
Boil y su gente, aunque la realidad es que este sistema d
e atacar y defenderse, parece ser fue usual en aquellos
años de choques habituales entre los ejércitos cristianos
y los de la Media Luna, incluso utilizándose toros con
bolas de tea encendidas sobre los cuernos; las llamas de
estas bolas y el goteo candente de la tea sobre la piel del
110
toro los enloquecería, y todos ellos, cegados y rabiosos,
arrollarían a cuanto se opusiese a su paso.
La leyenda del Menecil
Esta leyenda la hizo famosa el historiador Escolano
en sus Décadas y cuenta que: “Al lado de Quart,
derribada hacia la ribera del río Túria, a una legua de
Valencia, viene la villa de Manises, famosa por su vidriado
y azulejos; llamáronla los moros, cuando fueron señores
de España, MENECIL, que quiere decir, mi asiento o mi
señorío. Porque cuentan nuestros moriscos, que en el
sitio que pusieron sus antepasados a Valencia, habiendo
alojado un caudillo principal en este lugar, enamorada de
él, dijo a los suyos: Menicil, aquí ha de ser mi asiento. Por
donde le quedó el nombre, que, después, por la mudanza
111
de los tiempos y pobladores, se ha transformado en
Manises.”
La Historia de Zegrí (leyenda del Salto del Moro)
Cuenta la leyenda que en el poblado de Menecil, muy
cerca de lo que conocemos por el “Salto del Moro”, tenía
su casa un moro llamado Abu Wafí, almoixerif del Rey
de Valencia. Este, por razones de estatus social, tenía 7
esposas, todas ellas de familias distintas.
La más reciente de sus mujeres procedía de Paterna
y era una chica muy guapa llamada Amina. Pero Amina
estaba enamorada del hijo de un cadí, que se llamaba
Zegrí. El chico cuando conoció la noticia del casamiento
de su amada, se entristeció mucho y todas las mañanas
observaba desde lo alto de un árbol como Amina y las
otras mujeres de Abu Wafí se bañaban en la cascada.
112
Una de estas mañanas, se enteró Zegrí, que el
almoixerif partiría en la noche por razones de su
trabajo, y aunque sabía que era muy peligroso, decidió ir
a visitar a su amada Amina.
Así lo hizo y estuvo gran parte de la noche con ella.
Pero, cuando se disponía a irse, cuatro feroces alanos se
tiraron a su espalda. Zegrí pudo escapar. En cambio, la
suerte lo abandonaria pronto, ya que lo persiguieron doce
jinetes del almoixerif que lo acorralaron. Zegrí y su
caballo no sabían por donde ir hasta que toparon de
frete con el salto, un corte muy pronunciado en el
terreno que existe al nordeste del poblado y que cae a
plomo sobre la margen derecha del río.
El caballo hizo un repentino intento de parar en
seco, pero fue demasiado tarde y Zegrí, junto con su
caballo, cayeron por el precipicio.
113
Amina, repudiada por su marido Abu Wafí, fue
devuelta a su familia y se dice que poco después, murió
de amor por su Zegrí.
De esta leyenda proviene el nombre de una zona de
Manises situada en el nordeste.
FIESTAS
ENERO
Cabalgata de los Reyes Magos (día 5)
Fiesta de San Antonio Abad
Como
muchas
poblaciones
de
la
Comunidad
Valenciana, Manises honra a San Antonio Abad, conocido
popularmente por todos los Maniseros, como del Porquet,
con diferentes actos festivos, lúdicos y religiosos,
destacando entre ellos la hoguera que se planta, para tal
ocasión con trastos viejos de las casas de los vecinos de
114
la Ciudad y que en la noche anterior a la festividad se
quema en la plaza del Corazón de Jesús, junto a la Capilla
en honor al Santo.
Al día siguiente por la mañana se produce la
bendición por el cura a las mascotas domésticas,
portadas por sus respectivos dueños.
Fiesta de San Antonio Abad
FEBRERO
La Candelaria (día 2)
Es una fiesta muy arraigada y tradicional en Manises
en la que las protagonistas son las niñas.
115
Por la mañana se celebra una misa por las Madres
del Año con sus hijos recién nacidos en sus brazos.
También acuden las niñas clavariesas ataviadas a la
antigua usanza, con largos vestidos y mantón de Manila.
Por la noche, se realiza una procesión en honor a la
Candelaria, no faltando los fuegos artificiales como
broche final de esta singular fiesta manisera.
Carnavales
MARZO
Fallas (del 15 al 19)
Semana Santa- Pascua
En esta celebración en la que se conmemora la
muerte, pasión y resurrección de Jesucristo, Manises se
vuelca en todas sus procesiones y traslados.
Cuenta con una larga historia dado que desde
tiempos ancestrales (la primera se celebró en 1574,
116
reseñada en los Libros de Visitas Pastorales del archivo
Parroquial), ya existía la Cofradía de la Sangre, si bien
fue a mediados de la década de 1940, cuando surgen las
diferentes hermandades.
En la actualidad son cuatro las hermandades
existentes:
“María
Santísima
y
Jesús
de
las
Misericordias”, “La Flagelación de Nuestro Señor”,
“Nuestra Señora de la Soledad y Jesús del Gran Poder”,
y “La del Santo Sepulcro y Caballeros del Santo
entierro”
ABRIL
117
San Vicente Ferrer (lunes siguiente al de Pascua)
En Manises, comienzan los preparativos de la fiesta
el día anterior, con la recogida de la murta, matapusa, y
demás hierbas aromáticas de la huerta. Al día siguiente,
la festividad del Santo, celebrándose muy temprano el
tradicional Comulgar de Impedidos, luciendo las casas,
las mejores galas para la ocasión.
MAYO
Exaltación de la Cruz
Las calles de Manises se llenan de estas artesanales
cruces, decoradas con elementos variados, como la flor,
papelitos de colores, cerámica...
Los Mayos (todas las madrugadas de domingo de
mes)
Son noches de ronda a las chicas por grupos de
amigos, pretendientes, novio o marido, interpretando
118
melodías románticas, folclóricas y populares, bajo los
balcones de las casas.
Festividad de la Virgen de los Desamparados
(tercer domingo de mes)
JUNIO
XL Horas (según la Cuaresma)
En la parroquia de San Juan Bautista se celebra
esta tradición desde el año 1864. El último día se canta
en la plaza de la iglesia el popular motete de la
“Carxofa”, en un descanso de la procesión.
San Juan (día 24)
San Juan es el patrón de Manises y el titular de la
parroquia del
mismo nombre. Desde tiempos medievales, el señor de la
villa era quien organizaba la fiesta en honor al Santo.
119
Una de las tradiciones mas interesantes que
existen, era la de realizar con los primeros granos de
trigo de la cosecha, un gran pastel o rollo, que se coloca
en una bandeja de plata a los pies del Santo.
También es costumbre colocar dos grandes olmos,
en los laterales de la puerta de entrada de la parroquia.
Otra de las festividades tradicionales de este día es el
“Ball de les Coveteres”, una danza tradicional que los
habitantes de Manises, bailaban en la plaza de la villa
ante el señor, quien les obsequiaba con un refrigerio.
Festividad del Corpus Christi (según la Cuaresma)
JULIO
Ntra. Sra. De la Cabeza (primer fin de semana de
julio)
120
Celebradas en el barrio de San Francisco de Asís y
organizadas por la Real Cofradía de Nuestra Señora de
la Cabeza.
San Vicente Ferrer (del 5 al 8 de julio)
Moros y Cristianos (del 12 al 15 de julio)
Fiesta de la Cerámica (semana anterior al 19 de
julio)
Más de cincuenta ceramistas trabajan en la Avenida
Blasco Ibáñez mostrando a los visitantes los diferentes
procesos de elaboración y decoración de la cerámica.
cabalgata de la Cerámica (18 de julio)
121
Entre la cerámica que los fabricantes regalan a los
asistentes, destaca un conjunto de piezas de miniatura
llamada “Escuraeta”, una reproducción en miniatura de
una vajilla de uso común.
Fiestas de Santa Justa y Rufina (del 16 al 20 de
julio)
Día de fiesta grande en la población, puesto que
Manises honra a sus patronas desde hace más de 255
años, cuando los alfareros de la villa decidieron elegirlas
como sus patronas, ya que Justa y Rufina, eran dos
hermanas, que nacieron y vivieron en Sevilla, y que se
dedicaban a la venta de piezas de barro y loza.
122
AGOSTO
La Traslación(día 14)
La antigua iglesia parroquial estaba situada en la
actual ermita de San Antonio que se construyó entre los
siglos XIII o XIV. Como se encontraba deteriorado por
el tiempo y además se quedaba pequeño se pensó erigir
un nuevo templo parroquial.
La inauguración fue celebrada con el traslado del
Santísimo, desde la iglesia antigua a la nueva. Fue un gran
día que todos recuerdan con la conmemoración de esta
festividad.
OCTUBRE
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Mercado Medieval
Se recrea la ambientación de un mercado medieval,
lleno de puestos en los que se ofrecen al
público una variada oferta de productos
artesanales.
Rosarios Públicos
Es costumbre que cada domingo de este
mes se realice un Rosario Público cantado, siguiendo el
recorrido habitual de las procesiones.
NOVIEMBRE
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Feria de Artesanía y Gastronomía
Santa Cecilia (día 24)
Esta
festividad
esta
organizada
por
los
componentes y socios de la Sociedad Musical la Artística
Manisense, la banda de música de Manises.
DICIEMBRE
La Inmaculada Concepción (día 8)
PAISAJE
Su clima es mediterráneo, con medias térmicas de
9’8 en enero y 25’2 en agosto. La precipitación media
125
raramente supera los 400- 500 ml., que se alcanza con
especial
intensificación
pluviométrica
de
otoño
a
primavera.
En
su
término
municipal
se
encuentra
como
accidente geográfico la depresión del Barranquet.
Situada al sudoeste del casco urbano constituía el
desague natural en épocas de lluvias torrenciales, sin
embargo, la construcción del Aeropuerto internacional
de Valencia en los años 30 supuso una barrera artificial
al transcurso natural del agua.
El territorio de Manises se extiende entre las
curvas de nivel de 35 m. (junto al casco urbano) y las de
135 m. por encima del nivel del mar (el límite noroeste
del término municipal).
En el sector agrario trabaja el 9% de la población
activa, porcentaje muy bajo si se compara con el sector
126
secundario o industrial, en el que se ocupa un 62%,
mientras que un 29% lo hacen en el terciario o de
servicios.
El predomino en el secundario se debe más que nada
a la tradicional dedicación industrial a la cerámica, en la
cual hay que señalar además la alta utilización de mano
de obra femenina que constituye la mayor parte de
pintores de cerámica.
La naturaleza industrial de esta ciudad se origina en
la intensa actividad artesanal basada en la producción
cerámica que se inicia en la época medieval. Su tradición
alfarera, continuada hasta nuestros días, ofrece el
marco adecuado para el establecimiento de instalaciones
fabriles a lo largo del s. XIX y durante todo el XX.
La importancia económica del artesanado, y de la
industria ha eclipsado a la producción agrícola de esta
127
población, la cual participa tanto de los cultivos de
secano como de los de regadío.
HIMNO DE MANISES
Letra de En Joseph M ª Cátala Gimeno
Música del Mtre. José M ª Morató Marco
Manises ¡Patria meua!
escolta lo meu cant:
un cant d´amor que brolla
d´un cor fervent y amant.
Tu eres de Valencia la pedra diamantina
que exorna, amb ses fulgències, la nostra llar
pairal. La teua gràcia innata, que és àtica y llatina,
ens cambia el fang en joies de gràcia sense igual.
Ornat eres d´Espanya, per gràcia i fantasia,
puix forges llums i somnis en la imaginació;
i el fum que a tu t´envolta anuncia en llunyania
el foc que et crema, mític, el cor i la il.lusió.
Un foc que a tu t´impulsa a obrir noves fronteres
i a tindre, en creu, els braços oberts a un món
millor:
I a tots els que en tu cerquen novelles primaveres
els dones l´esperança del pa, treball i amor.
128
Al cor te porte sempre ¡Manises estimada!
puix tu em donares vida, farcida de futur;
i, en les entranyes teues, tu guardes delicada,
les cendres dels qui foren els meus amors més
purs.
Manises ¡Patria meua!
jo vullc finar mon cant
llançant al vent la flama
d´un crit enamorat:
Per sempre, ¡visca, visca la nostra ciutat!
BIBLIOGRAFÍA
CERDÀ, M.- GARCÍA BONATÉ, M. (1995): Enciclopedia
de arqueología industrial, Ed. Alfons el Magnànim,
Valencia.
MORENO ROYO, JM. (1983): Manises retazos de su
historia, Ediciones Seguí, Alzira (Valencia).
GONZÁLEZ MARTÍ, M. (1944): Cerámica del levante
español. Siglos medievales, Editorial Labor, Barcelona.
PINEDO, C.- VIZCAÍNO, E.: La cerámica de Manises en
la historia, Editorial Everest.
129
SÁNCHEZ- PACHECO, T. (1997): Summa Artis historia
general del arte. Cerámica española, Espasa Calpe,
Madrid.
MARTÍNEZ
CAVIRÓ,
B.
(1991):
hispanomusulmana, Ediciones El Viso, Madrid.
Cerámica
http://www.manises.com
18/4/2004
http://ayto.manises.infoville.es
18/4/2004
INDICE
1 Nombre y localización del municipio de Manises
2 Manises y su pasado medieval(siglos XI- XV)
3 Mapa de la localidad
4 Manises y su gran arte medieval: la cerámica
- la cerámica de Manises hasta el s. XV: cerámica
verde y morada denominada de Paterna
- la cerámica de Manises hasta el s. XV: cerámica
azul.
130
- el XV, siglo de oro de la cerámica de Manises
- decadencia del estilo de reflejo dorado siglos XVI
y XVII
Actividades relacionadas con la cerámica :
-museo
-cabalgata
Otros monumentos medievales
5 Otros aspectos de la población:
-leyendas
-fiestas
-paisaje
-himno
Bibliografía
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