MADARIAGA Y EUROPA

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MADARIAGA Y EUROPA
Juan Antonio Ortega
Ex Ministro de Educación y Ciencia. Letrado Mayor de la Sección Quinta
de Economía y Hacienda de la Jefatura de Estado
∗
Madariaga nació en La Coruña el 23 de Julio de 1886 y
falleció en Locarno (Suiza) el 14 de Diciembre de 1978, a
los 92 años. Es Madariaga uno de los pocos “españoles europeos” de su generación. Europeo y además —como a él le
gustaba precisar— “ciudadano del mundo”,“Español europeo”, como lo fue también sin duda Ortega y Gasset (18831955), tres años sólo mayor que él. Ambos pertenecieron a
la generación del 14, aunque Ortega nos pueda parecer
muy anterior por la gran longevidad de Madariaga. Ortega y
Madariaga coincidieron en el efímero proyecto de la “Liga
de la Educación Política”, nacida en 1913 y que tuvo su
proyección pública en la conferencia de Ortega “Vieja y nueva política” en el Teatro de la Comedia en Marzo de 1914.
Ortega fue “europeísta” convencido desde el proyecto ma_______________________________________________________
∗
Foro de Santiago de Compostela. 14 de octubre de 2002.
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logrado de la revista Europa, anunciando en 1910 desde
las páginas de El Imparcial (1) al poco de ganar las oposiciones a la Cátedra de Metafísica de la Universidad Central,
hasta el final de su vida y muy explícitamente hasta su conferencia en Berlín De Europa meditatio quaedam en septiembre de 1949. Madariaga no sólo es europeísta, sino
que vive como europeo. Europeo por su formación, claro está, pero también por su larga vida de exiliado en países europeos; europeo consorte por su relación con C.H.M.A., que
no es una sigla o acrónimo de una Compañía Hidroeléctrica,
sino las iniciales de su mujer, tal como las plasmas de sus
Memorias (2), la escocesa Constance Helen Margaret Archibald, que influyó no poco en su trayectoria (Una vez Madariaga se anunció así “Miss Archibald y su marido”) (3) europeo por su dominio del francés y del inglés, dominio que le
enorgullecía y le servía de argumento para poner de relieve
limitaciones ajenas, por ejemplo la de sus ministros de Estado (de Luis de Zulueta a quien alaba, recuerda “que no
hablaba inglés, aunque sí buen francés” (4) ; pero críticas sobre todo al francés de Lerroux del que da testimonio Azaña
en sus Memorias); europeo, en fin, por su condición de fun_______________________________________________________
(1) REDONDO, Gonzalo, Las Empresas políticas de José Ortega y Gasset, El Sol, Crisol, Luz (1917-1934) Tomo I. Ed. Rialp, Madrid 1970, pág.
15.
(2) DE MADARIAGA, Salvador: Memorias 1921-1936. Amanecer sin
Mediodia, 4ª Ed. Espasa Calpe, Madrid 1977. Por ej. Pág. 17: “Entre mis
papeles me encontré con una carta a C.H:M:A: (sigla que a la vez cela y
revela a mi mujer)
(3) Ibid. Pág. 91
(4) DE MADARIAGA, Salvador: Españoles de mi tiempo. Edición Planeta Barcelona 1974, pag. 244.
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cionario internacional en la época de la Sociedad de Naciones, o por haber sido catedrático (y luego Doctor honoris
causa) en la Universidad de Oxford. Por todo esto, y por muchas otras cosas más fue Madariaga europeo en ejercicio,
perfectamente adaptado al medio de las ciudades y las culturas europeas.
Desde esta perspectiva Madariaga se interesó por la especificidad de las diversas naciones europeas, por su forma
de ser o, como se decía entonces, por su carácter. Prueba
de este interés se encuentra en sus conferencias en el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra sobre los ingleses, los franceses y los españoles. Pronunciadas en inglés y
francés fueron luego traducidas al español por el autor y
publicadas en el suplemento de La Nación de Buenos Aires.
En 1928 se editó la obra en inglés por la Oxford University
Press con el título Englishmen, Frenchmen, Spaniards, pero
sólo más adelante, vió la luz en español en los primeros
años treinta. Madariaga concibió esta obra como un ensayo,
género entonces habitual para este tipo de empeños, utilizado por Ganivet, Unamuno, Ortega y tantos otros. Madariaga lo titula Ensayos de psicología colectiva comparada y,
como ya he apuntado, se instala en la idea —entonces dominante— de que los pueblos poseen un carácter nacional.
Desde su atalaya de la Sociedad de Naciones, Madariaga
está convencido de que en “la psicología internacional, el
factor más importante es el carácter nacional” (5) . Es más,
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(5) DE MADARIAGA, S. Ingleses, franceses, españoles. Ensayo de Psicología colectiva comparada. M. Aguilar, 4ª Ed. Madrid, 1934, Pag. 8.
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“por muy extraño que parezca”, a su juicio, “el carácter nacional es un hecho natural cuya existencia no se encuentra
generalmente admitida”. Como dice poco después, su tesis
viene a ser la siguiente:
“El carácter nacional existe. Caben opiniones sobre las
causas —raza, historia, geografía, economía— que influyen
en su formación y evolución. Pero el hecho de su existencia
es innegable. Historia, geografía, lenguaje, religión, aun la
misma voluntad de vivir en común, no bastan para definir la
nación más que en un sentido político”.
Y añade: “En su sentido natural la nación es un hecho
psicológico. Una nación es un carácter (6) . El carácter para
Madariaga vendría a ser “un determinado sistema de tendencias” que se dan en los hombres en “infinidad de combinaciones” y que al “componerse” (en el sentido matemático de la palabra) estas tendencias de cantidad “producen
una diferencia de calidad”.
Este es el andamiaje conceptual con el que interioriza
Madariaga el examen de las diferencias entre ingleses,
franceses y españoles, reconociendo que no aborda con ello
una labor científica en el sentido estricto de la palabra
(como si se basara en estadísticas) sino que se trata de un
intento en el que prima el conocimiento de primera mano y
la intuición. A partir de ahí construye su ensayo, en torno a
_______________________________________________________
(6)
Ibid. Ingleses... Pág. 9.
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la idea de que lo propio la reacción natural de los ingleses
es la acción, de los franceses el pensamiento y de los españoles la pasión.
A lo largo de su ensayo y, utilizando el arte combinatorio
como buen ingeniero politécnico que era y su intuición de
conocedor o testigo vivo de estos pueblos, va examinando
los diversos factores: “acción”, “pensamiento” y “pasión”;
mezclados entre sí en distintas proporciones en un ejercicio
de virtuosismo y de erudición histórica que, vistos desde
hoy, tiene un alto componente de artificiosidad.
No tendría demasiado sentido criticar desde nuestros
días este tipo de planteamientos. Hoy ciertamente los tiros
no van por ahí. No se habla ya hoy de caracteres nacionales, sino de identidades sociales o colectivas; y desde la
perspectiva de la sociología actual (puesto que la psicología
colectiva comparada no ha alcanzado status académico) estas identidades no se consideran ya naturales sino algo
construído socialmente, producto de factores muy variados
—las propias raíces, la educación, la instalación de cada
cual en la existencia, sus experiencias, sus procesos de
identificación y conciencia, etc.—.
El ensayo de Madariaga, como él mismo reconoce, no es
una aportación científica perdurable, aunque está lleno de
finas observaciones y estimulante agudeza. Pero lo que debe considerarse más destacable —y mucho— es que Madariaga sea entre los españoles de su generación —la generación de 1914— uno de los que tuvo más acusadamente
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como horizonte vital propio la Europa de su época y el conjunto de los problemas de carácter internacional, vistos
desde Europa.
A través de otra obra de nuestro autor que he podido
consultar sólo en su versión francesa de 1952 se pueden
obtener parecidas conclusiones. Es el Retrato de Europa
(Portrait de l’Europe) que publicó la Editorial Calmann-Lévy
dentro de la colección Liberté de l’Esprit que dirigía, a la sazón, nada menos que Raymond Aron. Resulta interesante
subrayar, corroborando lo ya dicho, que se trata de una obra
en francés de un autor español, traducida en inglés y que
lleva un prólogo de André Maurois. Maurois dice en su introducción que Salvador de Madariaga se cuenta desde su
juventud entre los primeros europeos. Añade que para los
franceses es Madariaga “el más francés de los españoles” y
aporta sus razones: estudió en l’Ecole Polytechnique y sobre
todo razona en cartesiano, pone orden en sus pensamientos, examina todos los casos que se presentan y no acepta
por cierto nada que no reconozca con evidencia como tal.
Pero Madariaga aparece también ante los ingleses —sigue
diciendo Maurois— como el más inglés de los españoles, no
en vano fue profesor en la Universidad de Oxford, la más inglesa de las universidades, y puede razonar en forma completamente británica, con un humor que tanto podría tener
raíces en Swift como en Cervantes. Es también Madariaga
—termina Maurois— el más español de los españoles, pues
aun dando a los demás pueblos europeos lo que les pertenece se adivina en él un amor a España orgulloso, celoso y
apasionado. Madariaga enumera los arquetipos eternos, in-
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ventados por Europa: Hamlet, Don Quijote, Fausto y Don
Juan, y se alegra de que dos de ellos sean españoles. Reivindica para la cultura española a América Latina e incluso
a Portugal. “En una palabra —termina Maurois— este gran
Europeo sigue siendo un conquistador (7) .
Salvador de Madariaga puede seguir siendo, en ojos de
un francés como Maurois, un conquistador español, pero
desde una perspectiva hispana, Madariaga es sin duda uno
de los constructores de Europa. Lo saben bien los alumnos
del Colegio de Europa en Brujas; lo tuvieron en consideración los jurados que le otorgaron el Premio Deutsch en la
Universidad de Berna en 1964, el Premio Goethe en Hamburgo en 1967 o el Premio Carlomagno en Aquisgrán en
1973. La razón de los premios siempre fue la misma: sus
servicios a Europa.
Madariaga no fue europeísta sólo a partir de 1957 fue
europeo y europeísta avant la leerte. Un europeísmo antiguo del que dan fe sus dos libros de Memorias. Uno de
ellos, titulado Memorias 1921-1936. Amanecer sin mediodía fue publicado en 1973. En él Europa aparece como el
marco o ámbito natural en el que el autor se mueve. Visto
retrospectivamente, su trabajo se le aparece a Madariaga,
desde su lejana época de funcionario internacional, como
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(7) DE MADARIAGA, Salvador, Portrait de l’Europe Prefece de André
Maurois, de l’Académic Francaise. Calmann-Lévy Editions, Paris 1952
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una labor en pro de la constitución de facto de Europa (8) .
Así lo dice, por ejemplo, al principio de sus Memorias en relación con dos Convenios —el de la libertad de tránsito y el
de las vías fluviales—, aprobados como consecuencia de la
Conferencia de Tránsito, celebrada en Barcelona durante la
primavera de 1921. Así lo ratifica en el Epílogo de la propia
obra —muy digno de ser leído— en el que se manifiesta el
leit motiv de su vida con sus éxitos y sus fracasos, una vida
de Amanecer, sin mediodía, una vida cuya narración es, según él mismo dice, un esbozo de la tragedia de Europa; una
Europa torturada —y en esto sí es muy actual Madariaga—
por la exacerbación de los nacionalismos.
Veamos cómo se explica Madariaga :
“Así es que la tragedia de Europa que he tratado de esbozar en estas páginas (sus Memorias 1921-1939) fue que
precisamente cuando hacia falta encerrar con llaves al nacionalismo (como lo está en el sabio pabellón del Cantón de
Ginebra) a fin de crear un Continente de Naciones y salvar
el espíritu de Europa, vino a excitar el nacionalismo de todos la entrada en escena de dos naciones de las más creadoras de Europa, Alemania e Italia, a la caza de sendos imperios”.
“Yo —dice poco más abajo— era por naturaleza y formación ciudadano del continente de naciones que iba a ser pe_______________________________________________________
(8) DE MADARIAGA, S. Memorias (1921-1936) Amanecer sin Mediodia. 4ª Ed. Espasa-Calpe. Madrid 1977, Pág. 20
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ro no fue. No todavía. Una de las actividades que me ocupaban y consumían al comenzar mi emigración era la Fundación Mundial cuyo lema iba a ser Patria patriorum...”.
“Las fuerzas que destruyeron a Europa, a la República
Española y a mí eran demasiado vastas, fuertes y arraigadas en el carácter para que yo ni la República ni Europa intentáramos resistirlas”.
Y un poco antes ha aclarado :
“La base nacional para una actividad mía en una Europa
liberal-democrática se derrumbó(...) La misma Europa liberal-democrática cuya mera existencia era mi razón de ser
como hombre público no tardó mucho en derrumbarse en el
caso general, y éste fue el peor de los desastres desde
hacía siglos; porque Europa venía guiando al mundo desde
hacia siglos y (...)se acercaba ya la hora en la que o se
transfiguraba en un Continente de Naciones plenamente
consciente de su unidad, o pertenecía como el imperio colonial de Rusia o de los EE.UU. o de ambos”.
De todo esto fue Madariaga un precursor. No se equivocó André Maurois cuando en el Prólogo al Portrait de
l’Europe le llamó “gran europeo”. Repasemos, para terminar
unas palabras sobre Europa, las últimas que pronunció Madariaga en la Conferencia de La Haya organizada por el Movimiento europeo; palabras que son un buen ejemplo de su
estilo y su pasión por Europa:
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“Ante todo debemos amar a Europa. Nuestra Europa,
que ríe sonoramente con Rebelais, luminosa con la sonrisa
de Erasmo, burbujeante con el ingenio de Voltaire; en cuyo
firmamento replandecen los ojos ardientes de Dante, los
ojos claros de Shakespeare, los ojos serenos de Goethe, los
atormentados de Dostoyevki; esta Europa a la que sonríe
eternamente la Gioconda, en la que Moisés y David nacen a
la vida eterna en el mármol de Miguel Angel y sobre la que
el genio de Bach se proyecta en su geometría intelectual;
esa Europa en la que Hamlet busca en el pensamiento, el
misterio de su inacción, mientras que Fausto busca a través
de la acción, llenar el vacío de su pensamiento; en la que D.
Juan busca a la mujer inencontrable en todas las mujeres
que encuentran a D. Quijote va lanza en ristre para forzar a
la realidad a elevarse sobre ella misma. Esta Europa en la
que Newton o Leibniz miden lo infinitamente pequeño y cuyas catedrales, como escribiera Musset, reza de rodillas en
sus trajes de piedra y sus ríos, hilos de plata, engarzan las
perlas de sus ciudades, joyas talladas en el cristal del espacio por el cincel del tiempo... Sí, esta Europa debe nacer. Y
nacerá cuando los españoles digan “nuestra Chartres” y los
ingleses “nuestra Cracovia”, los italianos “nuestra Copenhague”, cuando los alemanes digan “nuestra Brujas” y retrocedan horrorizados por el sólo pensamiento de poner sobre ella sus manos criminales. Entonces Europa vivirá porque sólo entonces el Espíritu que señorea el curso de la Historia habrá pronunciado las palabras creadoras: Fiat Europa.
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Sí, “Hágase Europa” puede ser el lema de este gallego,
español, europeo y ciudadano del mundo que fue D. Salvador de Madariaga.
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