la escuela moderna - Hemeroteca Digital

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LA ESCUELA MODERNA
REVISTA PEDAGÓGICA HISPANO-AMERICANA
>C>CZIZ>0
Año XI.
F E B R E R O DE
1901.
N.° 119 de la col.»
LA DIDASCOLOGIA EOROPEA DORANTE LA EDAD MEDIA
L a s d o c t r i n a s europeas de la E d a d media r e l a t i v a s á la
(1)
enseñanza.
Parece natural que cuanto maj'or sea la ignorancia,
mayor deba ser el deseo de estudiar; pero en realidad sucede que los ignorantes no se dan cuenta de los beneficios que
Be pueden reportar del saber, y que, por lo mismo, no lo desean ó lo desean poco. No extrañará, pues, que ni el vulgo, ni la nobleza, ni los guerreros, ni la mayoría del cloro
hayan mirado con interés la enseñanza, y que sólo hayan
pensado en olla, y hayan procurado que so la dioso, las personas que descollaron en la Iglesia por su autoridad y por sus
talentos.
Ya se sabe que el clero cristiano latino, si bion demostró
gran ardor desde el siglo i por difundir la fe, miró con avorBiün la enseñanza de los romanos y no so afanó por oponer á
•las Escuelas literarias y científicas del paganismo. Escuelas
científicas y literarias cristianas. Todavía en el siglo iv y al
•^
J'-n 6l n ú m e r o correspondiente á Diciembre de 1899 iiuWicamos
Alguna
<•'«» de Didascidoyiii, por el mismo a u t o r , que conviene t e n e r en c u e n t a , p u e s 6U
«Has se explica el concepto de esta pa»te do l a P e d a g o g í a . — , ( N . DE LA D.)
TOMO X X . — N Ú J I . 2."
11
162
LA líSCriíL.V
MOIIHUNA
principio del v, poca atención dedicaron los Padres do la Iglesia á este asunto, ni siendo tan ilustres como fueron San
Jerónimo, San Ambrosio y San Agustín; ])or manera que
ninguno de ellos escribió acerca de la ciencia do la ensenan
za, á no ser accidentalmente, breves indicaciones como las que
contieno una epístola del primero, dirigida a u n a dama romana, en la cual lo aconseja que cnseilo á loor á su liijita: «poniendo on sus manos letras gral)adas on boj ó en marfil, para
que hasta el juogo so convierta en instrucción: cuidando de
trastornar á voces el orden de las letras del alfabeto de modo
que so confundan las últimas con las medias, y éstas con las
primeras, por cuyo medio irá la niña conociendo, no solo su
noml)ro y su sonido, sino también su forma»; y «haciéndolo
combinar palal)ras mediante la oferta de premios ó do recompensas que ordinariamente agradan á los nii'ios de su edad;
que la eduque dándolo com])añoras, para quo los elogios de
éstas la cstiundon, absteniéndose do reprocliarlo la dificultad
que tenga en comprender, animándola, al contrario, con alabanzas, procurando que soa tan sensible al placer de liaber
hecho bien como al dolor do haberse frustrado su esfuerzo, y
cuidando do que no lo venga una aversión al estudio que ])odria
conservar on edad más avanzada».
En la Edad 3[odia cambió do conducta el clero: ensoñó; su
enseñanza fué exclusiva hasta el siglo xiii, y puedo decirse
que no perdió su preponderancia docente liasta ol siglo xv.
Pero, no obstante oso ])0(iorío, no salieron de su sonó, ou toda
a([uella larga é])0ca do mil años, sino poquísimos toorizadores do la enseñanza, y no los hubo más tampoco, inora del
cloro (1).
Boecio, nacido durante el imperio romano, y muerto cuando hacia cerca do medio siglo quo fiouia estalja on poder do
los bárbaros, esto os, cuando pudo poseer todas L\Í; ventajas
(1) F r i t z , Enijiiisne d'iine lúsloire de Védumiion, cliap. X; D i t t e s , Jlmlnirc de
Védiication it de l'iii'tructi'Mt, § 18; Celesia, Sturia ddla pedaguijiu ilaliuna, cap. X;
liruni, Siorin dilltt p^duyoí/iH iii Italia. P a r t e prima, IV; Tar-set, Lea ilrtjts ct le.t
(TOHirs, cliap. V; tíiciliani, Sturia delle teorie peduyuíjiclti:, l i b , I I , c a p . V; Compayré,
J1i>itoirt de la pédayuyii', Icvon I V .
1)1UAS(;0L(.'(;ÍA KUliüPKA IM líANTlí LA líDAl) MiíUlA
1 ()3
de la civilización romana, escribió unos pequeños tratados tío
Aritmética, de Geometría y de .Aiúsica, y una Disciplina de
las Escuelas, com])uesta de siete pequeños capítulos, en los
cuales expone algunas ideas acerca de los temperamentos, del
modo de reconocerlos, y do la educación física do los niños:
explica el método do enseñarlos á leer, sosteniendo que esto
aprendizaje debe comenzar a los siete años y contmuar jirogresivamento; inculca la necesidad do formar el hábito do la
obediencia, lamentando Cj^ue'faltara en los niños de su tiempo,
y trata do las cualidades que debo tener un buen Maestro,
tales como la erudición y la suavidad do carácter.
Según esto opúsculo, las lecciones deben darse continuamente y repetirse á fin de mes y del año, ])ara quo penetren
hondamente en la memoria, trozos de ilustres escritoi'es, sentencias de filósofos y estrofas de jioetas; no deben sor puramente verbales, sino ex])rcsivas de ideas, ya que en éstas está
la ciencia; y la ciencia debo ir j'unto á la práctica, por([ue nada
vale sin ésta. El Maestro debe educar á sus akunnos en la
constancia do los jn-opósitos, para que no cambien á menudo
de educación. El Maesti'O debo sor honesto, veraz, justo, cuidadoso, fiel, constante, erudito, paciente y sabedor de lo que
quiero ensoñar. jMaestro y alumnos deben conducirse como en
familia, y cuando aquél tenga que recurrir al azote, no debe
om])learlo sin anuencia de los padres (11.
Después do Boecio hay que dojar transcurrir siete siglos
para encontrar en Europa algo que trato do alguna manera
asuntos didácticos, y quo detenor la atención en la España arabo. Allá durante el siglo xii, enseñó Tofail con gran éxito la
filosofía de Aristóteles, so ganó una brillante reputación como
filósofo y médico, y escribió una pequeña novela titidada
(1) Yviv¿, 7í*7'í.«.S''' (fnn* ¡tistoir' il' í''''li;í-afi¡jii, chap. XII; Miclieli, S/"i-i>r deda
pedayoyin iudiana, lib l í , — Severino Boecio, nació eu liorna, el aüo 470, y murió
el 524. Desempeñó a l t a s funciones públicas, se m a n t u v o fiel á l a religión p a g a n a ,
y fué acusado y condenado á m u e r t e por conspirar c o n t r a la dominación de los
bárbaros, y 8e h a licclio célebre por su obra l)s (a ctifiobtciün Jiloíii\ti'->i, que escribió en la prisión. No so tiene certeza do que La disciplina de las I-^xcwlits sea v e r d a d e r a m e n t e de su p l u m a . H a y quien la a t r i b u y o á otro Boecio, á Epo, l i a m e n c o ,
del .siglo xvi; pero era conocida en el siglo xiii, y so imprime entre la.s obras del
primero.
164
LA E S C I ' K L A
MODERNA
Los secretos de la sabiduría oriental, cuyo protagonista nace ó
es expuesto cuando niño en una isla desierta, y solo, observando la naturaleza y pensando, adquiere toda la sabiduría
de su tiempo.
•
Puede presumirse que los procedimientos atribuidos á ese
ser no sean los más naturales, y que Tofail haya andado más
ó menos cerca de los que conocían los árabes españoles contemporáneos suyos; pero aunque esto sea así, el pensamiento
de Tofail, en lo que tiene de fundamental, fué profundamente
innovador; pues mientras la enseñanza universal, desde la antigüedad, había reposado en el principio de que las ideas deben ser infundidas por uno que enseña á otro que aprende, el
opúsculo venía á sostener el principio opuesto de que cada
persona puede adquirir esas ideas por sí mismo, mediante el
uso de sus aptitudes y de su propio criterio, y con prescindencia de la emisión hecha por terceros. La forma literaria
preferida por el autor, lo inverosímil del siiceso, y quizás la
conducta misma del solitario insular, deben liaber perjudicado
el- crédito del concepto desarrollado en el opúsculo; tanto
más, cuanto éste, en sí, contrastaba con las nociones corrientes; poro la crítica de finos del siglo xix no ])UGdo desconocer la importancia científica de la concepción del sabio
árabe (1).
El primer escrito didáctico que aparece poco después del
do Tofail, ó liacia el mismo tiempo quizás, es uno tan escaso
de importancia como de volumen, titulado De la manera de
estudiar, atribuido por algunos á Hugo, abad de San Víctor,
en el cual se da, breve, seca y árida idea de las materias
que liasta el siglo xii se habían enseñado, y reglas para leer
con fruto las obras clásicas, partiendo del supuesto de que la
lectura os el modo universal do aj^rcnder (2).
(1) F r i t z , Esquiase d'une hisloire de l'édiicacaíion, chap. XI; Bouvier, Hhtoriu
elemental de la ftlosafín, lib. VI, cap. V. — Abou-Djaí'al-Ebu-Tofail, nació, s e g ú n
parece, en l a Siria, y se t r a s l a d ó á E s p a ñ a . A u n q u e de familia distinguida, le
afligió aqui la más e x t r e m a d a pobreza, la c u a l le sirvió de incentivo p a r a e s t u d i a r
,con g r a n contracción la Filosofía y l a Medicina. E l libro á que se refiere el t e x t o
íuó escrito en E s p a ñ a .
(2j Bouvier, Historia elemental de la fllom/ia, lib. V I I , cap. I I ; F r i t z , Etquisse
DIDASCOLOGÍA EUROrEA BUEAKTE LA EDAD MEDIA
165
U n siglo más tarde expuso Vicente de Beauvais, en su
tratado De la instrucción de los niños reales, las ideas didácticas de sus predecesores, extractándolas y aplicándolas á la
educación de los príncipes hijos del rey Luis I X de Francia.
Segi'in esa compilación do juicios, siendo Dios el fin de todo,
es menester que todo lo que se estudie conduzca á ese fin, y
por lo mismo, que se aprenda la ciencia de Dios y de las cosas
divinas, que es en lo que consiste la verdadera sabiduría. Por
ser los concimientos filológicos y gramaticales los medios por
los cuales se adquiere esa ciencia, liay que comenzar por ellos,
y que ejercitar en la lectura do buenos libros, en composiciones escritas y en conversaciones útiles. A la ciencia de lo divino conviene agregar conocimientos profanos, por no ignorar
este mundo, y como poco vale la sabiduría sin la virtud, claro
está que este plan de estudios apropiado á los príncipes debe
completarse con el do la moral. E n cuanto á las condiciones
do la enseñanza, preciso es que los principes tengan disposiciones naturales, que su conducta sea irreprochable, que tengan amor á la ciencia, que so ejerciten con suficiente esfuerzo
y, sobre todo, que so habitúen á la obediencia, «renunciando
voluntariamente á su propia voluntad», con rapidez y humildad, y de un modo continuo y absoluto. Menester os que sus
preceptores les sirvan de modelo por su ciencia y su conducta.
Además, debe precederse con orden en todo; las lecciones deben ser concisas, claras y agradables; no so han de leer fábulas, ni creaciones de imaginación voluptuosa, y sí más bien las
Historias evangélicas del sacerdote .luvenco, ú otras poesías
i'eligiosas análogas, y leer poco y con reflexión. Cuando los
príncipes no se apliquen, ó no observen buena conducta, es
menester corregir sus malos hábitos, vencer su pereza y obligarlos á aprender por medio de la reprobación, de las amenazas y del uso de la vara, el zurriago y otros instrumentos de
(lime hintoire de l'éducaiion, ohap. XIV.—Hugo de San Víctor fué un religioso
•Je la abadía de San Victor, de París, que falleció el año 1140. No falta quien
piense que no le pertenece el opúsculo á que se refiere el texto. Enseñó públicamente, por largo tiempo, en París. Moderado en su manera de ser, se abstuvo
de tomai parte en las disputas escolásticas de su época y gozó de grande consideración.
166
LA H.SCUKLA
MODEUXA
eastig'o corporal. Sin embargo, debe evitarse la excesiva sovoi'idad, porque irrita y desanima; debe respetarse el sentiiniento del honor, que es tan hermoso, 3^ no lian de castigarse púl)licamente sino las faltas piiblicas (J).
A Vicente de Beauvais siguió el franciscano ingles Ilogerio Bacon, autor de numerosos libros, entre los cuales se cuenta la Ohra máxima, que contieno doctrinas relativas á la enseñanza. J u z g a que el estudio, contraído á las letras, es deficiente; que debe estudiarse tamljién las ciencias, particularmente las tísicas. Combate la costumbre de estudiar exclusivamente en libros, y la manía de ])roferir los autores antiguos.
«Si pudiera disponer de las obras de Aristóteles, decía, las
haría (quemar todas, })orquo su estudio no j)uedo conducir
á otro resultado (|ue perder tiemjia, engendrar el error y pro]>agar la ignorancia, más de lo que puedo imaginarse>. A la
lectura do libros, ])reconizada ])or todos, opone la obsei'vación
de la naturaleza, fundándose en los procedentes arabos de Es]¡aíla y sii propia vida de sabio ex])oi'imontador. Sostuvo que
sin la experiencia no es posible conocimiojito caljal do cosa
alguna; que ella descubre las verdades y pone á prueba las
conclusiones de la razón. La mente se atiene, naturalmente,
al testimonio do los sentidos, admito la verdad de los hechos
(]\\o ol)sorva, y no la desecha, aun(|ue no pueda confirmarla
con silogismos (2).
(1) Bouvier, Ilisiorid ehincntnl de la filo.iofin, lib. V i l , c a p . I I ; F r i t z , h'^rjuiíne
lililí' liiitoire de téduintiun, c h a p . XIV; liuis.sou, Jlirlionuirr di' pédagoyie it dinntrnetii'ii priimtire, a r t . Vincent de Beauvais; Damscaiix, Ilistoire di: ¡a páliiyoijie,
TroÍKÍ(''ino periodo. — K s t o esoi'itor í'ué un monje dominico m u y erudito, que vivió
e n t r e los años l'JOO y l¿ei, según so cree. Se dice de sus obras que n a d a liay en
ellas de él, que son meras colecciones de jiárraí'os y frases t o m a d a s de escritores
de todos los t i e m p o s a n t e r i o r e s al suyo.
(2} García L u n a , Minninf de hiiíoria di la ftlonfifia^ Tlogerio Bacon; Bouvier,
Historia rliinciital ili- la fllimiifíii, lib. VII, cap. I I I ; Tibergliien, Knaaiju «ubn- la
i/eiieni'-iñu dr los cminrinn'rnfo'i humaiios, É p o c a 11, cap. I; AVeber Jlixtoirc di' la
//IiiliiH"¡iliii' eiiropi'-iiiii-, § 42; .Janet y Séailles, líistnriii de lii filiisnfia. S e g u n d a
])arto, cap V I I I . D a m s e a u x , líisíüini de la pédagoyie, Troisiéme periodo. — R o g e rio Bacon, nació el año r2U, en Ilchostor, condado de Sommerset, y falleció
el 1292. SG consagró d u r a n t e veinte años íll estudio en Las f n i v o r s i d a d e e de
Oxford 5' de P a r i s ; se hizo después monje por consagrarse t r a n q u i l a m e n t ü á las
ciencias n a t u r a l e s y físicas; sentó teorías é hizo descubrimientos de m u c h a import a n c i a , que le valieron el concepto do .sor hechicero; escribió n u m e r o s a s obras
sobro g r a m á t i c a , m a t e m á t i c a s , física, a s t r o n o m í a , g e o g r a f í a , cronología, quí-
I>1DASC0L()(;ÍA lílJBOPKA D U l i A N T E LA líDAD MEDIA
167
Contemporáneo do Bacon fué ol oromita italiano Egidio
Colonna, que escribió para su discípulo el príncipe Felipe el
Hermoso, la olDra De la conducta de un Principe, compuesta
de tres libros titulados: Del gohierno de sí mismo, Del gobierno
de la familia, Del gohierno civil. E n la segunda parte dol libro
segundo, que trata do los hijos, divido la existencia on tres
edades: desdo el nacimieiito hasta los siete años, desde los
siete á los catorce, y do ésta en adelanto, é inculca estas ideas:
los jmdres, sobro todo si son reyes ó príncipes, deben ciaidar
•sus hijos con gran coló y onsoñarles la religión, la lengua y
las ciencias, como la gramática, la rotórica, la lógica, la aritmética, la geometría, la astronomía, la música, y si los ])adres
son reyes ó ])ríncipos, además la metafísica, la teología, la
política y la ética. Discurro acerca de lo cpio se ha de ensoñar
en cada una de las tres edades, y recomienda que so tomen on
cuenta las ajititudos de los príncipes, qne so ensoñé ciencia á
los que tienen vocación para ella, Cjue so destino á las annas á
los (|Uo no la tienen, que nunca estén ociosos, y que las mujeres no bailen ni frecuenten las plazas. (1).
Otro medio siglo después el italiano, laico. Podro Pablo
A^orgorio, el antiguo, redactó un brovo opúsculo titulado De
las buenas costumbres. Incnlca que deben desarrollarse el
cuerpo y la monte do los niños, y onseñársoios á hacerlos amar
las artos liberales, como la fdosofía, la elocuencia, la historia,
la música y las ciencias naturales. Los juegos do los niños
dol)on ser adecuados para educar el cuerpo, y no h a y que
estudiar á lui tiempo varias materias, sino que debo profundizarse primeramente una, después otra, y así las demás, pues
ínica, medicina, teología y música, por laa cuales es considerado el liomhre m á s
sabio do l a E d a d Aíedia. Pero, m u y superior á su tiempo, no fué comprendido:
sus ideas ciísntíficas y didascológicas, v i t u p e r a d a s por sus coírados y condenadas
por el Papa, í'ucion causa de que so le tuviese iireso en conventos de franciscan o s , en d i s t i n t a s épocas, d u r a n t e l a m a y o r p a r t o do su l a r g a vida.
(1) Bouvier, Ilis/orin ilemenlul ríe l<¡ fllosofia, lib. VII, cap. I I I ; Miclielli, Storia
'leUii j), ilayogia ¿la/lana, lib. I I I . — Gil Colonn», nació en B o m a , fué discípulo do
S a n t o Tomás do Aquino en P a r í s , enseñó en esta ciudad, a«cendió A g e n e r a l de l a
o r d e n de S a n Agustín, y á arzobispo de Bourges (Francia); escribió n u m e r e s o s
t r a t a d o s do filosofía, y m u r i ó el año 1316, gozando del sobrenombre de doctor
"'u¡/ funiiailo.
168
LA E S C r i í L A
MODERNA
querer abarcarlo todo es no retener nada. Conviene hablar á
los niños de los asuntos de sus estudios, hacerles objeciones,
discutir con ellos, porque de este modo se ejercita su razonamiento. Cuando el alumno está cansado de estudiar, deben
permitirse.lecturas amenas ó la inacción comjileta. Y cuídese
de dar á los principiantes los mejores Maestros, pues estos
comienzos son, á la voz, los más difíciles y los más fecundos.
Vergerio discurre acerca de la enseñanza de varias materias,
emitiendo principalmente ideas morales, y aconseja á los
Maestros que estudien prolijamente las aptitudes y el carácter de sus alumnos, para t r a t a r á cada uno de modo adecuado (1).
Contemporáneo de Vergerio fué el dominico J u a n Dominici, autor de un librito titulado Regla del gobierno de la familia, dividido en cuatro partes. La última, que t r a t a de cómo
se deben educar los niños, reprueba que éstos lean clásicos,
porque así se hacen paganos en vez de cristianos; fundándose
en que la infancia tiene la plasticidad de la cera, aconseja que
se inculquen las buenas máximas y se formen los liábitos en
esa edad, pues desde los doce años empiezan los hijos á librarse del yugo materno; prescribo que el castigo sea doble de la
falta cometida; entiende que debe procurarse que los niños se
eduquen á sí mismos, de modo que puedan ellos decir: «Somos
nuestros, libres somos»; enseña que á los niños, sobre todo á
los varones, miembros de la Kepública, debe educárseles de
modo que sean útiles á la misma, y a que ella necesita gobernantes, defensores, ciudadanos activos; sugiere que se examine atentamente la índole de cada niño, porque, siguiéndola, se
llega á resultados provechosos, en tanto que contrariándola se
recogen frutos inútiles, siendo verdad que la naturaleza ayu(1) F r i t z , E»quisst d'une histoire de l'éducaíion, ohAp. X V I I ; Vallet de VirvilleHistoire de íinutruction publique, c h a p . IV, Michelli, Síoria delln pcday<'(jin iutlin
na, ]ib. IV; Buisson, Dictionaire de pedayogie, a r t . Vergerio. — Adquirió r e p u t a
oión P e d r o Pablo Vergerio, ol a n t i g u o , como l i t e r a t o y erudito en su p a t r i a ,
Italia, en donde nació el a ñ o 1319 y m u r i ó en 1420. E l señor de P a d u a , F r a n c i s c o 11
de C a r r a r a , le encomendó la educación de sus hijos; y con t a l motivo, s e g ú n era
c o s t u m b r e a n t i g u a , escribió su librito, que no ocupa m á s que las 50 ó 60 p á g i n a s
d e u n folleto pequeño.
DIDASCOLOGÍA KT-IiOPEA D I R A N T E LA KDAD M E M A
169
da al arte, y que el arte contrario á la naturaleza no enseña
bien, y atendiendo á que la fortuna es variable, siéntala regla
do que se eduque á los hijos de manera que éstos puedan pasar la vida en toda circunstancia (1).
Tras de Dominici apareció, también en Italia , Mafeo
Vogio ó Vegi, clérigo erudito, que escribió en verso y en prosa. E n t r e sus trabajos so halla el que trata de La educación y
las coslumhres de los niños, en seis libros. El primer libro contiene recomendaciones dirigidas á los padres acerca de sus
deberes conyugales antes de tener hijos, y como padres resI octo de los recién nacidos, por medio de las cuales les hace
conocer cuánto influyen la constitución física y mental de los
generadores én la naturaleza de su descendencia, y enseíla
á la madre las precauciones que ha de tener para evitar
malos accidentes. Piensa el autor que la madre debe amamant a r p o r sí misma á sus niños, que á la lactancia debe seguir
una alimentación simple, que debe habituarse á los niños á
soportar un frío moderado; que no debe pronunciarse ante
ellos palabras inconvenientes, y sí expresiones graves y honestas; que no debe imponérseles ningún trabajo antes de los
cinco años, á fin de que no se restrinja su crecimiento; pero
que debe ejercitárseles en movimientos moderados para que
so desarrollen sus órganos, y que ante todo y sobre todo se
les debe instruir en el amor y temor de Dios. El libro segundo
trae recomendaciones generales acerca de «las letras y buenas
ciencias», que deben enseñarse á la juventud. El tercero habla
de las ocupaciones y estudios de los jóvenes, é inciilca, como
Tofail, como Rogei'io Bacon y como Dominici, que cada uno
«debe tomar la naturaleza por guía de su vida». Los otros
libros son de moral aplicada á las relaciones do padres é hijos,
de Maesti-os y alumnos, de subditos y magistrados.
Vegio atribuye al ejemplo los resultados más importantes
de la educación, porque los niños hablan lo que oyen y hacen
(1) Michelli, Storia della pedagogía italiaiut^ libro IV, — J u a n Dominici, n a c i ó
en F l o r e n c i a el a ñ o 1356 y m u r i ó el 1420. Ingresó en la ordon de Santo Domingo
y llegó á ser c a r d e n a l . Escribió el opúsculo r e l a t a d o p a r a u n a d a m a , B a r t o l o m e a
*legli Alberti, á petición s u y a .
170
LA K H C r E L A
MODERNA
lo que ven, é imitando forman sus hábitos. El que educa no
debe nunca dejarse llovaí- por arrebatos do cólera, porque los
golpes y las injurias deprimen el carácter y lo hacen servil,
taciturno ó insolente, cualidades que deben prevenirse y no
fomentar, tanto más cunnto que persisten on el resto de la vida. La bondad, al contrario, despierta el amor de los nulos, y
ol amor conduce á la vii'tud. P a r a educar bien se necesita conocer perfectamente al educando, porque hay que adaptar los
medios educativos á los vicios, como los remedios á las enfermedades; evitar los extremos, no ser los educadores fuertes ni
débiles; seguir on el om])leo do los medios el desenvolvimiento
dol educando, atendiendo á sus cualidades y á las circunstancias. Aconseja Vegio que los niilos no vayan á la Escuela antes de haber cumplido los siete aiíos, ])orquo recién desde esta
edad pueden recibir impresiones duraderas; que no se cambio
á men\ido do maestro, porque los cambios do enseñanza los
perjudican, como el cambio do lugar á las plantas; y que, on
voz de tomar el primer institutor que se presente, se prefiera
al ([uo por su ciencia y sus costumbres ha merecido la estimación general {!).
Por último, al pasar de la Edad ]\[edia á la ]\Iodorna, on
1450, escribió Eneas Sylvio Piccolomini para Ladislao, rey de
Hungría y de Bohemia, de doce años de odad, el poij^uoño Tratado de la educación de los niños.
En los primeros capítulos proscribe que se robustezca la
salud de la infancia, que so le privo de comodidades superfiuas, que se lo Jiabitiie á las durezas del clijna. En los siguientes pondera al joven rey ol cultivo de la mente, le ])roceptiía
que aprenda las «siete artos liberales», esto os, la (iramática,
la Rotórica, la Dialéctica, la Música, la (feomotría, la Aritmética y la Astronomía; se detiene á t r a t a r cuestiones gramaticales, y lo recomienda, como medio de adquirir el arto de la
(1) D a m s e a u x , Huiíiiri- de hi ptditgogie, cliap. VI; Michelli, Sioria ddla
gia ita/tana, lib. VI; Buigson, Dictiimaire de pédagoyie, a r t . Vegio. — E s t e
i t a l i a n o nació en 1408 y falleció en 1458. F u é d a t a r l o del P a p a Nicoláa V,
bió varios t r a t a d o s do religión y de moral y a l g u n o s poemas, uno de los
c o n t i n u a c i ó n de la Enridn, h a generalÍEado su r e p u t a c i ó n .
prdagoescritor
y escricuales,
DIDASC'OLOGÍA K r i i O P K A DUliAXTH L \ EDAD MKDIA
171
palabra, la lectura de poetas, liistoriadores y oradores clásicos, so1)re todo de Cicerón, no sin liaberle advertido previamente que «un r e y ii;-norante os un asno coronado» (1).
II
C a r á c t e r de los escritos de la E d s d Media relativos á la e n s e ñ a n z a .
Do lo expuesto en este capítulo fluyen varias consecuencias. Transcurren los primeros siete sij^dos do la Edad ]\[edia
sin que nadio so consagro á escribir acerca do la ciencia do la
enseñanza, como si las pocas ideas do Quintiliano y de ]5oecio
fueran todo cuanto en la materia liubieso que decir. Tofail y
Hugo de San Víctor interrumpen en el siglo xii osto larguísimo silencio con sus dos jioqueños ojjúsculos, pero sin impedir
que luego continúe durante más do un siglo, liasta cpio Vicente do Boauvais, l'ogorio 15acon y (ül Colonna vuelven á interrumpirlo en ol siglo XIV, después do lo cual so prolonga todavía otro siglo, j)ara terminar por los escritos do A'ergorio,
de Dominici, de Vogio y de Piccolomini, publicados en la primera mitad ddl siglo xv. Sin embargo do ser tan ])Ocas las pro
duccionos didascológicas do la Edad ]N[edia, no puede decirse
quo ese número significa un retroceso respecto de los tiempos
antiguos, si se ha de juzgar do ellos ])or el número do los escritos del género que se lian conservado, ])Uos la antigílodad
ouro])ea, con no babor durado menos tiempo, y sí m á s , no lia
logado á las generaciones quo le sucedieron mayor número de
t>bras de materia didáctica que las que la Edad JModia produjo.
Pero, si bien hubo tantas ó más personas quo teorizaron
(1) Miohelli, Sloria (hila pidngoi/in ilnlinna, lib. IV; Buisson, Dirtionairc dp jié'lago(/ie, a r t . l'io I I ; Compayré, Hislaire criliíjm- des dnclrims de l'vducalion en Fraiice,
I n t r o d u c t i o n , 111. — E n e a s Syl\jo Piccolomini nació en Oossignano (Italia) el año
1405 y murió el 14B4. Dedicado á la c a r r e r a sacerdotal, fué enviado, siendo Obisiio,
como Nuncio por ol P a p a Xicolás V á la corte de Austria; luego, hecho Cardenal
(.1458), y dos años desj^ués, sucedió á Xicolás V con el n o m b r o de Pío I I . Se le con" d e r a u n o de los h o m b r e s m á s i l u s t r a d o s de su t i e m p o : fué poeta, geógrafo, hist o r i a d o r , estadista, orador, c a n o n i s t a y teólogo. Escribió su t r a t a d o de educación
•nisntras estuvo en Austria, y por lo mismo, a n t e s de sur P a p a . El t r a t a d o h a sido
"Bpreso en 27 p á g i n a s in folio, l e t r a gruesa.
]72
LA ESCUELA MODERNA
respecto de la enseñanza, no llegan á merecer los trabajos, generalmente, el concepto de ciencia profesional ni de genuina
(üdascología. En efecto : Vicente de Beauvais, Egidio Colonna,
Vergerio, Piccolomini, maestros de príncipes, escribieron breves monografías, especies de memorándums, para quo sus discípulos recordaran sus exhortaciones orales. No so hicieron
estas pe([ueñas obras por hacer progresar la ciencia didáctica, ni por difundirla, ni por conseguir que los maestros enseñaran mejor; se escribieron para que los príncipes, alumnos
de los autores, aprovechasen la lectura; fueron consejos dados
uor escrito á modo de recapitulación para (^ue en todo tiempo
los tuvieran presentes. De ahí que versaran exclusivamente
sobre la parto educativa, sobre la conducta que había do observar para consigo mismo ó para con sus hijos el principo á quien
se consagraban, que no dieran á los maestros reglas acerca de
cómo habían de educar ó instruir al pueblo, y que fueran más
apuntes do moral privada que do didascología. El propósito
particular y especial con que fueron redactados, explica esto
carácter y hasta las dimensiones diminutas de aquellos trabajos.
Vegio preceptuó para muchas pe rsonas, como do Beuvais,
Colonna, Vei-gorio y Piccolomini, y el mismo Dominici, aconsejaron á una sola : su fin no fué ai'istocratico, fué popular; no
escribió sólo para principes, escribió para todos los padres de
fixmilia sin excepción. Pero la obra de Vegio os también un
tratado de educación y, en gran parte, un tratado do moral
contraído á demostrar los deberos que tienen los genitores
pai-a con sus hijos respecto de higiene y de enseñanza, y lo
restante es de naturaleza ambigua. No está destinada á los
Maestros, y menos á los Maestros de Escuela; no tiene por fin
enseñarles cómo han de ejercer su profesión; no les da reglas
sobre cómo han de organizar una Escuela, ni sobre qué asignaturas han de enseñar, ni sobre cómo han de ensoñar cada
una, ni sobre el horario á que han de sujetar su trabajo. E l
mérito de Vegio bajo este respecto consiste en haber querido
popularizar ideas que otros escritores inculcaron solamente á
royos y príncipes.
DIDASCOLOGÍA EUHOPEA IH'KAKTK LA EDAD MEDIA
173
Los escritos mencionados revelan, pues, que, si bien sus
autores comprendieron la conveniencia de escribir acerca do
la educación, fuera por satisfacer intereses particulares ó generales, so dedicaron principalmente á moralizar; no alcanzaron á tenor el concepto de la didascología, esto es, de svi fin,
de su naturaleza, de sii comprensión y de la extensión de su
aplicabilidad. Puede decirse que la vislumbraron sin llegar á
verla, ó que se acercaron á ella sin penetrarla.
No convienen tales juicios á Tofail ni á Kogerio Bacon. El
primero, bajo una forma literaria y ligera; el segundo, bajo
otra más grave y científica, sentaron los grandes principios de
que la enseñanza debe abarcar las ciencias físicas á la vez que
las racionales, de que se las debe aprender tomando por objeto la naturaleza misma y aplicando la observación, y de que
el principal actor de la ciencia debe ser el alumno, de que el
alumno debe aprenderlo todo observando por sí mismo y raciocinando luego por sí, según su propio criterio. No desarrollaron estas ideas cardinales de modo que mostrasen cómo
surge de ellas toda la ciencia didáctica y cómo se pvxoden aplicar á todos los actos del aprendizaje y á la organización y régimen interno de las Escuelas; pero no por eso es menos cierto que sentaron los fundamentos de la didascología.
J u s t o es recordar que también Vogio tuvo ese ponsamien•to cuando, en un pasaje de su obra prescribió que cada uno
debe tomar á la naturaleza por guía de su conducta, y que
toas acentuadamente que Vegio lo expresó Dominici escri'^lendo que á los niños debe educarse de modo que sean Vitilos
9- la república y que puedan pasar la vida por mucho que cambien las circunstancias, en conformidad con su propia índole,
porque nada puede el arte contra la naturaleza, y procurando que los niños se eduquen á sí mismos á fin de que puedan
decir que se pertenecen, que son libres. Si en vez do exhortar
^si á los padres de familia solamente hubiesen pensado en dar
preceptos á las Escuelas, más vasto campo habría abrazado su
toirada y de mayor transcedoncia hubieran podido ser sus especulaciones.
Nótase, además, que completamente nula la literatura re-
174
LA KSCCKLA
,M01)i:UNA
lativa á la enseñanza en los primeros setecientos a ROS do la
Edad Media, asoma apenas en el siglo x i i , reaparece fugaz
monto en el siglo .xiii, y so presenta, tal como fué, sin fisonomía
bien definida, pero menos escasa, en el siglo xi\^ y primera mitad del XV. Es do advertir también que, si bien en estos tres
tiom])os está representada la escuela empírica y rutinaria por
Hugo do San \ ' í c t o r , por Vicente de Beauvais y por Gil Colonna, Sylvio Piccolomini y (liasta cierto punto) Pedro Pablo
Vergerio, on los tres se manifiesta asimismo la idea científica,
tran(pxilamente por conducto de Tofail, enérgica con llogerio
Bacon, austera con Dominici y blandamente modesta en Vegio.
ITI
Causas del movimiento didascológico do fines de la E d a d Media.
¿A qué debo atribuirse esto movimiento do los últimos siglos y la comunidad do ideas científicas fundamentales de los
cuatro escritores jjrenombrados? ¿Nació aquel movimiento de
modo espontáneo? ¿Fué esta comunidad mera coincidencia?
Las Cruzadas provocaron el incremento de las industrias europeas, del comercio y de la navegación; por satisfacer necesidades de estos progresos so mejoró la enseñanza popular de
algunas poblaciones, y con muchas ideas y prácticas nuevas
volvieron á su patria los cruzados que no perecieron on la empresa ó que no se quedaron on el Asia; ])ero las doctrinas innovadoras relativas á la ciencia de la enseñanza tuvieron otro
origen ó fuei-on sugeridas por otros antecedentes. Los árabes
ommiadas, que habían fundado el califato liercdTtarií) en el siglo vil, con asiento en Damasco, luego en Bagdad, y elevado la
civilización árabe á una altura muy considerable, llevaron una
parte do sus progresos á Esj)aña cuando la conquistaron. Vencida la familia Ommiali y exterminada on el Asia por sus rivales los árabes abasidas á mitad del siglo viii, conservaron
su poder en f¡spaña gracias á que uno de ellos, Abder-Pahmán,
que se había salvado del asesinato de su familia, invadió la Península, fué aclamado por el pueblo y fundó el califato do Oc-
D I D A S C O L O Ü Í A KUKOPl'A D r u A N T H LA líDAl) MICDIA
175
cidente con asiento en Córdoba (Tofi). ]Jcsde esto momento la
civilización española so desenvolvió rápida y extraordinariamente y tomaron gran vuelo las artos, las letras, las ciencias
y la enseñanza. Este esplendor contrastó muclio con la ignorancia y la barbarie del resto de Europa. España ora admirada. De todas las naciones venían hombres, inclusos eclesiásticos eminentes, á estudiar en sus establecimientos y en sus
obras, y los profesores árabes-españoles eran solicitados para
que llevasen sus luces á los otros países. Las ciencias árabes so
hicieron conocer así en Europa y los piáncipios de su enseñanza. La oljra de Tofail reflejó estos principios; líogerio Bacon
cita frecuentomonto autores árabes do Es])aña para autorizar
sus ideas didascológicas, y liacía más do dos siglos ([uo los mismos árabes-españoles ensoñaban ciencias físicas on Italia cuando A'ergerio, IJominici y Yegio escribieron acerca do la didascología. Así, pues, la civilización arábiga-española])ostorioral
siglo VIII, á la que tanto debo el progreso europeo que se realiza on los últimos siglos de la Edad Media, ha sido la fuente
do las nuevas doctrinas, tan opuestas á las que prestigiaba el
Cristianismo occidental (1).
IV
F a l t a de enseñanza n o r m a l .
No dejó la Edad ]\[edia más trazas do enseñanza normal
quG las quo dejara la antigiiodad. No hubo durante ella establecimientos destinados á preparar para la proí'osión del Magisterio ni enseñanza alguna de osta clase. No so pensó tamyxtco que ella fuese conveniente ni que pudiera existir. Ni los
mismos que escribieron de educación tuvieron la idea. Boecio
especificó las cualidades (jue debe tener un buen ]\Iaestro, diciendo que son : honestidad, virtud, justicia, diligencia, fidoli(1) F i i t z , Esquisfie (fuñe histoiie de Véducatioii, c h a p . X I y X I V ; Súdülot, //'vtoire des arahes, liv. V, cliap. 1; Celesia, Síoria detln pedayia italiana, capitulo X I V ;
Ditte.s, Hisluire de t'vducaiiua tí dd'iiíslrucliun,
§ '¿1; Ducoudray, Iliitoria de la civilizaiión, cap. X V I I .
176
LA ESCUKLA MODERNA
dad, constancia, erudición, paciencia, conocimiento de lo que
quiere enseñar á otros. No le ocurrió que, además, debe saber
cómo ha de enseñar esa misma ciencia que quiere transmitir.
La obra de Tofail presenta un ejemplo de automacia, de autoaprendizaje; el estudiante insular adquiere los conocimientos
])or sí solo, sin auxilio do Maestro. Excluido el Maestro por
la fuerza de las circunstancias, no había lugar para la demostración de las cualidades que le fueran necesarias, y Tofail no
se detuvo á mencionaz-las ni á poner en acción un personaje
para descubrir la ciencia de la enseñanza. P a r a Vicente do
Beauvais bastaba que el preceptor fuese el modelo del alumno por su ciencia y por su conducta. A pesar de ser Rogerio
Bacon un ardoroso propagador de los principios fundamentales de la didascología, no tuvo el concepto de que se precisa
enseñar esta ciencia á los Maestros para que la observen en el
ejercicio de su profesión.
Colonna sí habla do la necesidad de elegir con gran cuidado los Maestros y de lo que éstos deben saber, pero se contrae
á exigir tres dotes : «Que 'sean sabios en ciencias de filosofía,
sabios en obras Jiumanas y en las cosas que el hombre debe
hacer, y de vida buena y lionosta». Falta, en este concepto, la
idea do la capacidad 2»'ofesional del docente. Vergerio, tan reputado en su tiem])o, prescribe que se proporcionen á los niños los mejores jNlaostros de que pueda disponerse y a desde los
primeros días do sus estudios; ])ero sin expresar que para ser
el mejor Maestro, ó siquiera sor Maestro, es indispensable poseer la didascología teórica y práctica. Dominici tiene, de los
Maestros do su tiempo, el peor de los conceptos; pero no le
ocurre que este mal pueda ser remediado de otra manera que
absteniéndose do confiar la educación de la infancia á los educadores de profesión. «]\Ionestor os (dice á la señora degli Alberti) que á los varónos se enseño á loor lo más honestamente
quo se puoda. Pero siendo el mundo lo que es, los expondríais
á gran peligro si los mandaseis á aprender con religiosos ó clérigos : son como son y poco los enseñarán. Antiguamente se
formaban á su lado buenos hijos y se hacían buenos hombres;
poro ahora está todo en tierra y sólo produce heno para las
DIDASCOLOGÍA EUROPEA D U R A N T E LA EDAD MEDIA
177
bestias. Si los mandáis á la Escuela común, en donde se reúne
multitud de desenfrenados, miserables, débiles para el mal,
y al bien contrarios ó difíciles, temo que pierdan en un año lo
<|ue lia costado siete de fatigas. Y teniendo Maestros en su lugar, ocurren muchas dudas y contradicciones». Parece que,
])ensando así de los enseñantes, lo primero que debiera ocurrir
á la mente es la idea do mejorarlos, instruyéndolos y educándolos en lo que ol Maestro debe saber en la teoría y en la práctica didascolügicas; pero no, ni á Dominici le vino tal pensamiento (1).
Excepto Eogerio Bacon, los escritores de la Edad Media
que algunas páginas consagraron á la educación, pensaron exclusiva ó principalmente en la educación doméstica dada por la
familia y á ella dedicaron sus lucubraciones. No ocupó su atención la Escuela; no escribieron, por lo mismo, para los Maestros do profesión; no sintieron la necesidad do comunicarles
saber profesional. Si los mismos que escribían de estos asuntos carecían do la idea de que una cosa es saber y otra es ser
Maestro, no debe extrañarse que las otras clases do personas
estuviesen á mayor distancia de pensar en enseñanzas normales. La Edad Media fuá tan ajena como la antigua á la existencia de Maestros y de Escuelas de didascología.
E. A.
BEKBA.
(1) F r i t z , Bsquiíse if une histoire de I'éducation, chaps. XI, XIV, X V I I ; Michelli,
Gloria delta pedagia italhiim, l i b . III, IV.
LAS TEMPERATURAS AL FWAL DE LOS SIGLOS XVIII Y XLX
En varias revistas se han publicado observaciones comparativas entre
1* temperatura de unes del siglo xviu y la de tin del xix.
De esos datos resulta que el tiempo á fines del siglo jcviir y del xix ha
^ido exactiímente igual, distinguiéndose por la temperatura agradable que
|}emos venido disfrut.mdo. Por las mismas fases meteorológicas se pasó á
nnes del siglo xvii. Esta regularidad inexplicable está siendo objeto de cufosas controversias.
T o a o XX.—NÚM. 2."
12
m LAS COSTUMBEES DE LOS GERMAIOS
Estudio de «Da Moribus Germanorum», de Tácito (*).
(Cunflnt^ióii.)
VI
Se desprende del anterior estudio que el ideal guerrero, del
mismo modo que informaba la religión de los Germanos, constituía también el fondo ¡de su estado social. El valor era para
ellos la virtud más noble y la cobardía la mayor iufamia. P u diera creerse que en esto no se diferenciaban de los Romanos,
que tan gran tributo han rendido al valor, puesto que las armas
son las que fundaron la grandeza de Roma; sin embargo, la
misma propiedad ofrece grandes diferencias entre un pueblo y
otro. El valor de los Romanos era colectivo y el de los Germanos
individual; el romano era militar y el germano sólo guerrero;
Roma era un Estado vigorosamente organizado, que cifraba su
fuerza en sus ejércitos, sabiamente disciplinados, mientras que
las Sociedades germánicas, siendo casi amorfas, descansaban
por necesidad eu el heroísmo personal. Se comprende que esta
particularidad fomentara la importancia y el valer del individuo, dando origen y desarrollo al individualismo, principio desconocido de los antiguos y que los Germanos trajeron inconscientemente como nuevo elemento social. Por él, el germano
adquiría el sentimiento de la dignidad y del honor individual.
Claro está que las manifestaciones de dichos sentimientos eran
aún toscas, si bien pudimos admirar la fuerza que entre ellos
teníala palabra empeñada, lo cual es una prueba elocuente del
arraigo de tales principios. Éstos, en lo sucesivo, se dibujaron
con más determinación, dando carácter á la caballería de la
C^) Véase el número de Diciembre ultimo, pág. 418 del tomo XIX.
CÜSTIMBRES
DK LOS GKIÍMANOS
179
Edad Media, que representa, como ideal, el culto del honor, y
cuyo espíritu se ha perpetuado hasta nuestros días.
El individualismo germánico es un elemento de gran transcendencia en la vida social, nacida de las invasiones. Pero el
espíritu individualista, exagerado como era entre los Germanos,
hacía imposible la constitución de la sociedad y mantenía el estado de barbarie, del que los Germanos no hubieran probablemente salido nunca sin la influencia de la cultura romana y del
Cristianismo. En cambio, los Bárbaros salvaron la civilización y
el Cristianismo, cuya suerte, sin ellos, hubiese ciertamente sido
ligada á la del imperio romano. Era éste un cuerpo caduco, llamado á perecer; de no haber caído bajo el hierro de los invasores
del Norte, su fin hubiera sido igual al del imperio de Oriente:
hubiera vegetado cierto tiempo, hasta sucumbir á los golpes
de la cimitarra, quedando sepultados en sus ruinas la civilización y el Cristianismo; mientras que los Germanos se asimilaron
esos elementos, les dieron nuevo impulso y vigor y les imprimieron una nueva dirección. Por tanto, la vida social salida de
la conquista germana es esencialmente producto de la acción
recíproca del triple elemento latino-germánico-cristiano. Veamos á grandes rasgos cuál ha sido el papel desempeñado por
cada uno de estos factores.
La Iglesia cristiana (San Agustín, Ciudad de Dios), presintiendo la catástrofe del imperio romano, que se anunciaba por
síntomas bien significativos, no quiso unir su destino al de una
sociedad decrépita y fundamentalmente viciada, porque su misión providencial concernía á la humanidad entera, y puso su
esperanza en los Bárbaros. Recordando la palabra del Divino
Maestro, de que el vino nuevo necesita odres nuevos, comprendía que el porvenir del Cristianismo, que por la gran desmoralización de los Romanos no había podido regenerarlos, residia
SQ aquella raza joven y fuerte. No llamó á los invasores, pero
los consideraba como á los encargados por Dios de castigar la
corrupción romana; así lo declaraba de un modo manifiesto,
ensalzando la moralidad de los Bárbaros. San Agustín afirma
l i e «si se temía á la invasión, era por el recelo de que con eso
pudieran destruirse los vicios que entonces corrompían la sociedad». Salbiano dice á los Romanos: '<Vosotros creéis que sois
'Mejores que los Bárbaros, porque ellos son herejes y paganos y
"nosotros ortodoxos; pues bien : yo os digo que por la fe somos
180
LA KSCUELA MODERNA
mejores, pero por nuestra vida, con lágrimas en los ojos, afirmo que somos peores. Conocéis la ley y la violáis; ellos son herejes y no lo saben; ¿y hemos de admirarnos, por tanto, de que
Dios entregue nuestras provincias á los Bárbaros, cuando su
pudor purifica la tierra, plagada por las licencias y los extravíos de los Romanos?».
Sin embargo, la Iglesia interpuso su influencia moral entre
los Bárbaros y los vencidos, «para inspirar, como dice Laurent,
la humanidad á los vencedores y moderar por la caridad las desgracias de los vencidos» (*). La Iglesia se constituyó, en medio
de esa renovación del mundo, en baluarte de la moral, poniendo sus esfuerzos en que la disolución de las costumbres que
había desquiciado la sociedad latina, no carcomiese á las nue
vas gentes, lo cual consiguió en parte por su influjo eficaz,
aunque no pudo evitar que los Bárbaros se contaminasen de su
contacto con las poblaciones latinas y perdiesen gran parte de
sus cualidades primitivas. Asi los vemos participar de las malas
pasiones de los Romanos, mas no hasta tal punto de no poder
realizar su obra de regeneración; pues observamos que se estableció una especie de nivel entre vencedores y vencidos por su
mutua influencia. Los primeros perdieron ea moralidad, pero
los últimos ganaron en este terreno. Un fenómeno análogo se
produjo en el orden intelectual, pero en sentido inverso : los
vencidos perdieron en cultura, aproximándose á la barbarie,
mientras que los Bárbaros entraron en el camino de la civilización. De suerte que la ley de las compensaciones presidió á la
fusión de las dos razas. En esa época calamitosa, la Iglesia realizó una gran obra civilizadora; pues, cuando la anarquía reemplazó á la poderosa unidad política de Roma, que había unido á
los pueblos del imperio, la Iglesia, haciéndose depositaría de los
principios de orden y de organización que se habían perdido en
la sociedad, comprendió que ésta necesitaba de un nuevo lazo
común y estableció la unidad religiosa que caracteriza la Edad
Media. La Iglesia no se contentó con ser sólo directora de las
conciencias; fué además directora de las inteligencias; pues, en
el período de ignorancia que siguió á la invasión, ella fué la
que conservó un resto de saber y de cultura, siendo durante
varios siglos el único elemento algo ilustrado de esa edad bár<.*) Historia de la Humanidad, t. V.
COSTrMliUES DK LOS GHUMANOS
181
bara. Pero el Cristianismo sufrió también la influencia de los
tiempos. Con el siglo v acabó la era gloriosa de los Padres de la
Iglesia, siendo el mismo clero invadido por la ignorancia general de la época, aunque, como dije antes, no de una manera tan
completa como los otros elementos de la sociedad. El Cristianismo entonces perdió todo carácter especulativo y se hizo eminentemente práctico y asequible á las gentes incultas de aquella edad. Además, tuvo en muchos casos que amoldarse á las
contingencias de una época en que imperaba la fuerza, y revestir un carácter guerrero, para realizar su fin de la catolización
de la Europa. En esos tiempos, el concepto de civilización estaba estrechamente unido al de religión, por cuanto la Iglesia
era la institución civilizadora, y cuando era necesario implantar en un territorio la civilización por medio de las armas, se
imponía también la religión por el mismo recurso; ejemplo memorable de esto es la cristianización cruenta de los Sajones,
llevada á cabo por Carlomagno. También se puede citar la empresa de los caballeros de la Orden Teutónica civilizando á los
Borusos.
Se ve, pues, por lo que precede, la gran importancia y el carácter de necesidad que tuvo la unidad cristiana en la Edad Media. Pero esta unidad hubiera producido el mismo resultado que
la unidad política de Roma, sin el influjo del individualismo
germánico, «que impidió, como indica Laurent, que la unidad
cristiana acabase en el aniquilamiento de toda vida individual,
en la destrucción de toda libertad» (*), á cuyo saludable efecto
convirtió, según creemos, la influencia del Renacimiento que
trajo la libertad de pensar.
Pasemos ahora á formar idea de la significación de los otros
dos factores que hemos señalado : el espíritu romano y el germánico.
La invasión de los Germano.^ no fué un cataclismo tan completo como la imaginación pudiera pintárnoslo; pues, en primer término, los Germanos no eran tan bárbaros como otros
pueblos, los Hunos, por ejemplo, los que, si hubiesen triunfado del imperio hubieran dado al traste probablemente con la civilización, por ser incapaces de recoger la herencia de Roma.
A.demás, el fenómeno de la invasión germánica es de los hechos
C )
Historia de la Humanidad, t. V.
182
LA K.SCI KLA MODKIiNA
históricos que han tenido un largo período de preparación. Desde el primer siglo, antes de Jesucristo, amenazaron los Germanos invadir el territorio de los Romanos, y, no habiendo éstos
logrado s u b y u g a r á aquellos indomables hijos de las selvas, sostuvieron con ellos una lucha constante, á fin de oponer un dique al desbordamiento de ese torrente arrasador que cuando el
imperio, en su decadencia, fué impotente para resistirle, inundó
el mundo civilizado. En esta lucha, cinco veces secular entre
ambos pueblos, los Bárbaros estuvieron en contacto y comunicación con los Romanos, aprendiendo á admirar la cultura del
adversario, que muchos quisieron imitar, llegando á declararse
en favor de los Romanos, como sucedió con Segesto, suegro de
Arminio, que formó entre los Qneruscos, los Gatos, etc., todo un
partido propicio á Roma y funesto al héroe de Teutoburgo, según indiqué en otro lugar. A veces los Germanos se aprovechaban de la ciencia militar de los Romanos para hacerse más
fuertes, como prueban las dos tentativas principales de organización estratégica, realizadas, la una por Marbodio, jefe de los
Marcomanos, y la otra por Decébalo, jefe de los Dacios, que
consiguieron reunir respectivamente un ejército disciplinado á
la romana, con el que fueron poderosos entre las tribus germanas, no obstante lo cual fueron vencidos, el primero por Tiberio
y el segundo por Trajano, porque esos intentos organizados de
independencia se verificaban de un modo parcial y aislado entre los Bárbaros. Mencionaré también el notable imperio godo
de Hermanrico, que fué destruido por la invasión de los Hunos.
Muchas tribus germanas fueron haciéndose tributarias y aliadas del imperio romano; además, fueron admitidos los Bárbaros en los ejércitos romanos, los cuales, en las postrimerías del
imperio, se formaron, en su mayor parte, con tales auxiliares,
para quienes era una gloria el tomar puesto en las legiones, á la
par que un provecho, por ser mercenarios; defendían los intereses del imperio contra los bárbaros hostiles á la dominación
romana. De manera que hubo la barbarie tributaria y la barbarie independiente, y los Emperadores adoptaron la política de
oponer la primera á la segunda, cuya medida explica que el
edificio en ruina del imperio resistiese tanto tiempo á los rudos
embates de sus enemigos. En el último período, algunos bárbaros ilustres tomaron parte directa y preeminente en la dirección
(le los destinos de Roma, queriendo preservarla de la muerte;
rOSTUMBUlíS DE LOS GlíliMANOS
183
bastará con citar los nombres del vándalo Estilicón, del godo
Ata'ilfo, del suevo Ricimero y del escita Aecio, que abrazaron
con ardor la causa del imperio y lograron con su talento y su
energía retardar la catástrofe.
Por los datos que acabo de exponer brevemente, se comprende que, desde lar,^a fecha, Bárbaros y Romanos hubieran aprendido á conocerse. Pero no se mezclaron entre si, porque los Emperadores prohibieron, so pena de muerte, los casamientos mixtos; de modo que permaneció la oposición de razas y de costumbres, por lo que la invasión de los Germanos tuvo un carácter
de gran violencia que, sin embargo, hubiera sido incomparablemente mayor, sin el conjunto de circunstancias antes expuesto. Éstas explican por qué sólo el imperio quedó destruido,
sobreviviéndole los pueblos por él regidos, la lengua latina, la
tradición política de Roma y su tradición jurídica; en una palabra, la civilización romana.
Los Bárbaros, que despreciaban á los Romanos por su degradación, reconocían su superioridad intelectual y admiraban su
cultura, y los Reyes invasores trataban de apoyarse en las instituciones del imperio, para afirmar su poder y dar mayor realce á su dignidad. Solían hacer sancionar su autoridad por el
Emperador de Oriente, queriendo que los vencidos los considerasen como los sucesores de sus anteriores monarcas. Sostenían
las instituciones de los vencidos en cuanto no pugnaban con la
soberanía del vencedor. Teodorico proclamó su reino Oothorum
•íiomanorumque regnum, y promulgó disposiciones jurídicas que
rigiesen á Ostrogodos y á Latinos, con el ñu de establecer la
armonía entre ambos pueblos. Pero el antagonismo que separaba al uno del otro y al cual venia á unirse la diferencia de religión, por ser los Ostrogodos arríanos, hizo infructuoso el laudable esfuerzo del gran Teodorico: pues la fusión entre vencedores y vencidos no podía verificarse con la rapidez soñada por
f^l ilustre monarca; tal fusión debía realizarse mediante un proceso lento y al través de muchas convulsiones sociales. Eurico,
^1 poderoso Rey de los Visigodos, se inspiró en el orden político
romano para dar á su autoridad la fuerza de la de un monarca
representante del Estado; y, como prueba mayor de soberanía,
legisló, dando á sus subditos godos un Código de leyes adecuadas á sus costumbres, mientras que mantuvo para los HispanoRomanos su propio derecho, comprendiendo que el carácter de
184
LA ESCUELA MODERNA
los Germanos era incompatible con la jurisdicción romana. Sólo
cerca de dos siglos después, pudo Chindasvinto reunir bajo una
misma legislación á todos sus subditos. Más tarde Carlomagno
quiso hacer rediviva la antigua forma romana del poder público, y constituyó el imperio de los Francos como recuerdo del de
los Césares, tratando de restablecer la poderosa organización
política de Roma, con el poder central y la encarnación del Estado en la persona del Jefe (*). Pero este intento de restauración
no era viable, porque era opuesto á las tendencias de la época,
que reclamaban la formación de otro orden de cosas; pues la
sociedad había de reconstituirse sobre una base nueva y no sobre los gastados moldes antiguos. De suerte que el edificio levantado por el genio del gran Carlos se derrumbó bajo su sucesor y la sociedad se precipitó hacia el feudalismo, que representa el predominio transitorio del espíritu germánico y constituye el punto culminante de la Edad Media.
Observamos, por tanto, que hubo lucha entre los dos elementos sociales, el antiguo y el nuevo, en cuya lucha se modificaron mutuamente. Los Romanos, á pesar de su decadencia, pudieron mantenerse en medio de la invasión merced á la superioridad que les prestaba su cultura, de la que los Bárbaros tomaron alguna idea de orden y de organización. Mas, á su vez, la
civilización de los vencidos recibió la inñuencia de los Germanos, por la cual fué transformada; pues las poblaciones latinas,
en convivencia con los invasores, se contagiaron de la rudeza
é ignorancia de los mismos, retrocediendo en la cultura lo que
los Bárbaros en ella adelantaban. De modo que, al finalizar el
primer período de la Edad Media, se ofrece, como resultado de
la fusión entre vencedores y vencidos, cierta preeminencia del
elemento germánico, que se traduce por el establecimiento del
régimen feudal.
La invasión tuvo por efecto inmediato suprimir el gobierno
despótico de los Emperadores y libertar á los curiales del yugo
que sobre ellos pesaba, pues la tiranía imperial les hacía res(*) La intentada restauración del Sacro imperio romano por Carlomagno, es
debida, tanto á la asimilación de la antigua organización de Roma, como á la
tendencia del Cristianismo á unificar creencias y legislación, punto do coincidencia entre el antiguo factor romano y el nuevo dol Cristianismo, que ponderan el
impulso individualista de los Germanos, y, en parte, preparan la í^intesis relativa
^e la civilización cristiano-europea.
COSTUMURES DK LOS GKRMANOS
185
ponsables de las contribuciones. La intervención de los Bárbaros vino á comunicar nueva vida á las poblaciones decrépitas
del imperio; pues Roma estaba al término de su exis.tencia, la
cual se había señalado por una lucha incesante con los pueblos
rebeldes á su dominación y por frecuentes contiendas intestinas, en las que los Ramanos gastaron sus energías y perdieron
mucho de su virilidad, enervados, además, por el exceso de los
placeres; así acabaren por someterse al despotismo, que labró su
ruina. Porque los Romanos no tenían el verdadero espíritu de
libertad; tenían, es cierto, la verdadera idea de la constitución
de la sociedad; es decir, que la sociedad, para subsistir, ha de
tener un poder sobre sus miembros ó sea el Estado, con el que
el hombre libre debe relacionarse directamente. Mas Romaexafjeró esa idea del Estado y sacrificó todo al robustecimiento de
dicha institución; así es que el Estado, en vez de ser considerado como medio para favorecer el desarrollo de la personalidad
humana, fué mirado como un fin, á la realización del cual el
ciudadano servía de medio. Por tanto, el Estado iba comprimiendo cada vez más la personalidad de los ciudadanos, y,
cuando se encarnó en la persona de un solo hombre, el envilecimiento hizo rápidos progresos en aquel pueblo antes tan altivo. En cambio, los Germanos, por su espíritu de una extremada
individualidad, ofrecían un contraste completo con los Romanos. De un lado, un principio de unidad exagerado; del otro, un
principio de diversidad aún más excesivo. Del choque y combinación de estos dos principios opuestos surgió la nueva vida
social, tan distinta de la antigua. Los Germanos, por sí solos,
eran incapaces de fundar nuevos estados; necesitaron para ello
de la inñuencia del espíritu romano. Pero aun así, su tendencia
á la individualización y la localización les impidió formar vastas asociaciones; se fraccionaron en multitud de pequeñas soberanías; mas éstas fueron el origen de las naciones modernas, que tienen su propia individualidad, á diferencia del carácter uniforme que la unidad de Roma había impuesto á los pueblos por ella subyugados, y que fué una de las causas de la decadencia del imperio. Esta particularidad de las naciones modernas es un elemento de vida para ellas; la fuerza del sentimiento nacional es una garantía para su prosperidad.
El hecho de la conquista dio fuerza á los Reyes bárbaros sobre sus guerreros; además, trabajaron en acrecentar su autori-
18f>
LA ];.T;cri;LA M Ü I J K U N A
dad, apoyándose en la civilización romana. Pero los grandes se
inquietaron al ver las pretensiones del poder real, al que empezaron á hacer una viva competencia; su influjo fué rápidamente aumentando y lograron intervenir en la potestad real, arro
gándose cada vez mayores prerrogativas. Al principio el poder
real contemporizó con los hombres poderosos, porque necesitaba su apoyo; pero luego luchó contra ellos, aunque inútümen
te. Brunequilda, Reina de la Austrasia, tratando de poner á raya
á los Leudes y pereciendo victima de la cruel venganza de los
mismos, es un ejemplo memorable del antagonismo entre la
autoridad real y la aristocracia. Sin embargo, bajo los primeros
Carlovingios, el poder real tomó una nueva fuerza en Francia
y adquirió grandísimo esplendor bajo Carlomagno. Pero muerto este monarca, la aristocracia recobró su ascendiente, hasta el
punto de que, al llegar el siglo x , el poder del Rey era puramente nominal y el Estado había desaparecido, cediendo e!
puesto á la vasta jerarquía feudal.
En efecto; la aristocracia había conseguido poco á poco comprimir la masa general de la población, haciéndose dueña de
<;lía; los pequeños propietarios, ó sea los simples hombres libres,
habían desaparecido, ya por las usurpaciones de los señores, ya
renunciando voluntariamente á su independencia, para ponerse bajo la protección de un señor poderoso, á fin de mejorar su
condición, expuesta á los azares de la violencia de aquellos
tiempos. Además, las incursiones de los invasores del siglo ix,
los Húngaros, los Sarracenos y los Normandos, produjeron uu
gran trastorno. Como el Rey era impotente para defender el territorio contra los ataques de esos nuevos bárbaros, las poblaciones, buscando amparo y dirección, se agruparon alrededor de
los jefes que tenían el valor de hacer frente al enemigo, lo cual
contribuyó á aumentar el prestigio y los privilegios de los se
ñores. Por tanto, la fuerza de las circunstancias fué, en parte,
también causa de la disolución de la sociedad; al menos, aceleró la constitución definitiva del feudalismo. Las clases inferiores cayeron bajo la potestad de los nobles, y éstos (por la tendencia germánica á las relaciones personales en sustitución de
las relaciones con el Estado) se unieron los unos á los otros por
los lazos vasalíticos, siendo cada uno, dentro de esa vasta asociación jerárquica, á la vez vasallo y soberano (Suzerain).
El nuevo régimen de subordinación y de desigualdad repre-
('(),STU.Mi!liES DH LOS GEliMANÜS
187
senta un retroceso respecto del orden social antiguo; pero el
progreso en la historia no se cumple en línea recta; el mundo
europeo necesitó pasar por el feudalismo, que no dejó de ser
útil á la humanidad.
En primer término, por el feudalismo se verificó la transición de una sociedad fundada en la esclavitud á una sociedad
compuesta de hombres libres. El esclavo se incorporó á la jerarquía social de la Edad Media; la esclavitud se transformó en
servidumbre, «3% como dice Laurent, tuvo sus grados que le
aproximaban á la libertad, y la libertad tuvo sus grados que la
aproximaban á la esclavitud. Se diría que la libertad perdía y
que la esclavitud ganaba» (*). El siervo ya no era una simple
cosa como el esclavo de la antigüedad; aunque estaba sometido
al poder ilimitado y arbitrario de su amo, era, no obstante, considerado como un hombre que tenia su familia, había salido del
primer padre de la humanidad y estaba hecho ó, imagen de
Dios. La moral del Cristianismo contribuyó á esta modificación
favorable en la condición del esclavo. Además, los siervos entraban en la Iglesia, y algunos, como Adriano IV y Gregorio ''/II,
llegaron al pontificado, de donde tenían el pie sobre la cabeza de
los Reyes.
En cuanto á la clase dominante, los nobles eran, es verdad,
dependientes unos de otros, hasta llegar al rey, jefe de la jerarquía; sin embargo, sus derechos y privilegios eran muy extensos : primeramente, el vasallo era soberano en la tierra de su
pertenencia, con la única condición de cumplir las obligaciones de fidelidad al señor, del que había recibido dicho dominio,
en el que era á la vez propietario, juez, jefe de guerra y legislador. Semejante autoridad, enfrenada solamente por el deber
moral de observar la justicia y de proteger al débil, se prestaba
á muchos abusos y daba lugar á la opresión y la tiranía. Pero
el ideal que tal disposición representa no deja de tener elevación moral, por la teoría de que el fuerte había de amparar
^1 débil. Además, la personalidad del vasallo se hallaba muy
^.firmada respecto de su superior : las condiciones del lazo vaí^alítico estaban bien determinadas y eran aceptadas previamente por el vasallo, no pudiendo imponérsele nuevas condiciones
sin su consentimiento. Esto constituye una teoría política del
( )
Historia de la Humanidad, t. V.
188
LA ESCl'IOLA MODKKNA
feudalismo y dio origen á algunas máximas notables de derecho público : ningún impuesto puede ser exigido sin el consentimiento de los contribuyentes : ninguna ley es válida, si no es
aceptada por los que le habrán de prestar obediencia; ninguna
sentencia es legítima, si no es pronunciada por los iguales del
acusado. Las citadas máximas, á pesar de las mil violaciones
que sufrieron, porque en la Edad Media la vida social estaba
entregada á las arbitrariedades del más fuerte, formaron los
principales derechos de la sociedad feudal. Fueron relegados al
olvido, cuando el absolutismo de los reyes se estableció sobre
las ruinas del feudalismo; pero la Revolución francesa restauró
aquellos principios. Luego, el rey, en la Edad Media, debía
someter los asuntos importantes á la deliberación de la Asamblea nacional, trasunto de la Asamblea primitiva de los Germanos, la cual constituyó, durante los primeros siglos que siguieron á la invasión, El Campo de Marte, y más tarde, respectir
vamente. Las Cortes, Les Élats Geiieraux, The Parliament,
Der ReicTistag.
Como garantía de sus derechos, el vasallo podía romper el
lazo vasalítico, devolviendo su feudo ó respondiendo con la guerra á una denegación de justicia de su superior. Este derecho
de resistencia armada conducía, es cierto, á la anarquía; hacía
á la sociedad débil, pero hacia al individuo muy fuerte. Era lo
que debía de realizarse ante todo; pues antes de poder constituirse sabiamente el Estado, era menester que se realzase el individuo y, al propio tiempo, la familia. Este doble resultado fué
alcanzado por la Edad Media.
En efecto; aquella existencia en que el hombre no contaba,
para hacer respetar sus derechos, más que con su espada y su
valor, fomentó en él una gran virilidad, y desarrolló los principios que hemos visto se señalaban entre los Germanos : el sentimiento de la personalidad y el de la dignidad y del honor; si
bien semejante disposición tenia el inconveniente de erigir la
defensa propia en represalia y de establecer lo del «ojo por ojo
y diente por diente».
Las relaciones entre los sexos experimentaron un notable
progreso. En los primeros tiempos que siguieron á la conquista
germana, los invasores, por la influencia de la corrupción moral
de las poblaciones latinas, habían olvidado la pureza de sus costumbres, entregándose á grandes.desórdenes; los divorcios me-
COSTUMBRES DK LOS ÜHUMANOS
189
Qudearon y la poligamia fué frecueate. Pero en el período del
feudalismo se produjo un cambio muy favorable en las costumbres. El aislamiento en que el señor feudal vivía separado de la
sociedad, le hizo apreciar el hogar doméstico; pues cuando la
guerra no lo reclamaba, dejándolo ocioso en su castillo, no encontró, para ocupar su vida y su corazón, más que á los suyos.
Entonces entró en comunión con su esposa y aprendió á estimar los méritos de la madre de sus hijos. Así las circunstancias
permitieron que renaciera en el hombre la consideración y respeto á la mujer que caracterizaba á los antiguos Germanos. Dicho sentimiento santificó la familia, donde la esposa ocupó el
puesto que le correspondía y que la antigüedad le había negado. Este feliz resultado no fué solamente debido al espíritu germánico y á la acción de las circunstancias; fué, en parte también, obra de la Iglesia que, en la Madre de Jesucristo, hizo
respetar y estimar las virtudes de la mujer por aquellos rudos
guerreros. Mas la nobleza feudal no se contentó con reconocer
á la mujer sus derechos naturales y darle en la familia y en la
sociedad el rango que debía ocupar. Elevó los sentimientos que
ella le inspiraba á la categoría de una especie de adoración ó
culto, que hizo brotar la poesía lírica de la Edad Media y fomentó la grandeza de alma en la brillante y heroica caballería
de aquel tiempo. De aquí el espíritu de galantería y caballerosidad que, uniéndose al pundonor, constituyó la hidalguía que
distinguió á esa raza varonil.
No dejan, por lo tanto, de ofrecer importancia los beneficios
que nuestra civilización tiene que agradecer al régimen feudal.
Pero semejante régimen no podía subsistir, porque estaba fundado en una falsa concepción del orden social. Por una parte,
los reyes lucharon contra los señores, tratando de debilitar la
constitución del feudalismo, y fueron gradualmente ganando
terreno. Por otra parte, el estudio renacía y el del antiguo derecho romano tomó especial desarrollo en el pueblo, que se
sirvió de él cual de un arma poderosa para atacar el régimen
feudal; los legistas invocaron el recuerdo de la constitución política de Roma, y opusieron la idea de la única soberanía del
Estado y de la igualdad de los ciudadanos á la aristocrática organización social de la Edad Media. Además, por el movimiento municipal y comunal, que empezó ya en el siglo xi, muchas
ciudades fueron sustrayéndose á la dominación de los señores,
190
LA ESCUELA MODEKXA
y algunas, las repúblicas italianas, alcanzaron la libertad política; pero en los demás países, aunque escaparon á la servidumbre feudal, obteniendo la libertad individual, quedaron sometidas á la autoridad soberana del rey.
Acabó por sucumbir el régimen feudal bajo el esfuerzo simultáneo de los tres factores mencionados. Mas el feudalismo no
fué reemplazado por un régimen de libertad; pues la soberanía
de los diversos señores feudales vino á condensarse en la persona del rey, que consideró á sus subditos, no como á ciudadanos libres, sino como á servidores suyos. También procedió este
nuevo régimen de que los reyes, en el renacimiento del espíritu romano, provocado por el estudio de la cultura antigua, se
inspiraron en la forma política del Imperio romano, en el Ce~
sarismo. De suerte que se halló el Estado reconcentrado en la
persona del rey, si bien no quedó asentado el absolutismo real
de un modo tan completo como en Roma, porque al lado del
trono subsistió el Parlamento, sólo que había perdido gran parte de su fuerza y de su prestigio. Los nobles, bajo este nuevo
orden de cosas, no tenían ya, es cierto, el poder que les daba la
constitución feudal; pero conservaban, no obstante, aún muchos privilegios. Mas el pueblo, que había gemido bajo la tiranía del feudalismo, tuvo que seguir sufriendo, á pesar de haberse mejorado su situación, bajo el despotismo real. Las naciones
de Europa necesitaban un cambio radical. Tal cambio se verificó de un modo violento mediante la formidable conmoción social del siglo pasado. La Revolución francesa es la tragedia más
terrible que la humanidad ha presenciado. El poder real y la
aristocracia expiaron cruelmente los siglos de opresión que habían impuesto á las clases inferiores de la sociedad. Si Francia
no tuviera otros muchos títulos de gloria, le bastaría el de haber arrostrado los males de la Revolución, para difundir luego
generosamente por el mundo entero los beneficios que obtuvo
de calamidad tan grande. El pueblo, que ya en la Edad Media
había alcanzado la existencia política, por su admisión en las
Asambleas nacionales, llegaba á la plena conciencia de sus derechos, y los reivindicó, haciendo triunfar la equidad sobre el
privilegio, por la proclamación del triple principio de libertad,
igualdad y fraternidad. Protestó contra el principio del derecho
divino del rey, y fijó el de que la soberanía ha de residir en la
nación misma. De aquí arrancan las constituciones contempo-
COSTUMBRES DK LOS GKIÍMANÜS
191
raneas, ora de monarquías, ora de repúblicas, por las que la
autoridad del jefe del Estado se halla limitada, mientras que el
poder legislativo de los Parlamentos es sig-no indeleble de la
soberanía nacional. El Estado está constituido, no ya como un
fin, sino como el medio de favorecer el desarrollo de la personalidad, sin detrimento empero del interés comün, tratando de
mantener el equilibrio entre el individuo y la sociedad. La fecha
memorable de 1789 ha abierto, por tanto, la era de la libertad de
los pueblos. Tal es, en el orden social y político, el resultado importante de la fusión del elemento germano con el latino-cristiano. Veamos ahora, brevemente, cuál ha sido, en el orden intelectual, el efecto de dicha fusión.
Atenderemos primeramente al desarrollo de la literatura,
qiie es el fiel reflejo do las distintas épocas de la civilización.
La literatura de la Edad Media es el trasunto de aquel período,
que puede considerarse como el período heroico de las naciones
modernas. Se distingue por una eminente espontaneidad y por
la fuerza de los sentimientos y de las pasiones, pero no tiene
casi más mérito que la inspiración ó la fantasía; ofrece un sello
primitivo, conforme al carácter de esa edad, que representa la
infancia de la Europa de nuestros días. Ostenta pocas diferencias de un país á otro, porque las distintas nacionalidades estaban aún poco dibujadas; de modo que las manifestaciones literarias reflejaban la homogenidad relativa de costumbres y de
carácter que, la teocracia de un lado, y el feudalismo del otro,
imprimieron á los pueblos de los tiempos medios. Pero la literatura de dicha época, además de su valor intrínseco, que es
muy apreciable, tiene el mérito de haber sido la base de las
literaturas modernas, las cuales son esa misma literatura de la
Edad Media más determinada en sentido nacional y modificada,
desarrollada y perfeccionada por el inñujo|de la antigüedad clásica que el Kenacimiento hizo rediviva. Este influjo fué tan
grande, que la imitación servil de los géneros antiguos amenazó suplantar los nuevos. Mas semejante restauración artificial
pugnaba con el carácter de las nuevas nacionalidades, tan distinto del de los Griegos y Romanos. Por eso triunfaron las literaturas modernas, con su genio peculiar, tomando un amplio vuelo y una gran perfección, merced á los elementos que reclutaron
de los modelos greco-latinos, de los que adquirieron disciplina
en el pensamiento y forma artística, es decir, las condiciones de
192
LA ESCUELA MODERNA
que carecían las literaturas de la Edad Media. De esta manera
han llegado los autores modernos á superar en enjundia y en
vigor á los maestros de la antigüedad clásica.
Tocante al terreno científico, se observa que los primeros
pasos de la Edad Media en la ciencia consistieron en asimilarse
los restos del saber antiguo que, en parte, fueron sacados de Jo.s
monasterios, donde se habían refugiado, y en parte, fueron
transmitidos por los Árabes, que arrojaron mucha luz sobre la
cultura greco-romana, mediante las importantes obras que cayeron en su poder por sus conquistas. Las inteligencias sacudían, por fin, el prolongado letargo de los siglos anteriores; se
fundaron en el siglo xiii las primeras Universidades, que llegaron á ejercer una gran influencia por su acción intelectual y
moral. Entonces nació y tomó considerable desarrollo la Escolástica, ó sea la filosofía de aquellos tiempos, que se reducía al
arte de razonar ó dialéctica. En esa época se comenzó á entrar,
con Alberto el Magno, en el camino de la observación para el
estudio de la naturaleza física, y con Bacon en el de los descubrimientos. Sin embargo, la ciencia por entonces era muy
diferente y se resentía de ciertas aberraciones, de las que eran
las principales la alquimia y la astrología. Por tanto, puede considerarse como una mera preparación, pero preparación necesaria y eficaz del Renacimiento, por el que los sabios se imbuyeron de los conocimientos de la antigüedad y comunicaron á los
estudios un nuevo impulso y una mayor robustez y consistencia. Semejante movimiento intelectual fué tan fecundo, que todas las ramas del saber se han desarrollado de un modo prodigioso, realizando un enorme progreso sobre la Edad Antigua.
La superioridad de nuestra civilización respecto de la romana es, pues, debida principalmente á la cooperación de los tres
factores que hemos estudiado con la concisión obligada; decimos principalmente, porque no hay que echar en olvido la parte que en dicha obra han tomado, de un lado, el tiempo y las circunstancias, y del otro, el elemento de los pueblos que Roma
había sometido y que conservaban, aunque modificado por la
dominación romana, su carácter propio. En efecto; se observa,
por ejemplo, que el espíritu de los Iberos se revela todavía eu
la nación española y el de los Galos en la nación francesa.
La civilización moderna puede conceptuarse, eu definitiva,
como la civilización romana transformada y perfeccionada por
COSTUMBlilíS DK LOS GERMANOS
193
el concurso de todos los demás factores. De suerte que si Roma
fué vencida por la espada de los Germanos y destruida en sentido político, ha sido vencedora por su cultura. Fenómeno semejante se había producido en Roma al conquistar á Grecia,
cuya civilización se impuso á los Romanos que se asimiláronla
cultura helénica, mas imprimiéndole su carácter, su sello pecuculiar. Tal sucedió con los Bárbaros del Norte, cumpliéndose
una ley que parece constante en la Historia, la de que el conquistador inculto cae bajo la influencia de la civilización del
vencido.
La civilización romana es, por consiguiente, un elemento capital en la constitución de la cultura moderna; pero los otros
dos elementos principales, el cristiano y el germano, ofrecen,
según hemos visto, no menos importancia, por el cambio feliz
y necesario para la humanidad que la influencia de sus respectivos principios determinó en la dirección de la cultura r o mana.
VII
Al proponerme demostrar, como derivación natural del estudio que ocasiona este trabajo, la importancia que tuvo la i n tervención de los Germanos en la vida de la humanidad civilizada, me era forzoso exponer el desenvolvimiento de la vida
social salida de la conquista germana, por lo que no podía prescindir de tratar al mismo tiempo de los otros dos factores esenciales, ya que la civilización cristiano-europea es producto de
la acción simultánea de los tres elementos principales que h e naos sometido á nuestra consideración.
He juzgado pertinente hacer, como final de mi discurso, la
Diencionada exposición, porque, además de estar por ella puesto de relieve el alcance que tuvieron en la Historia los diversos
i'asgos característicos de los Germanos, reciben comprobación
los datos que Tácito suministra acerca del carácter y de las
costumbres de aquellos bárbaros. De modo que el conocimiento
de la Historia sirve, en este caso, de poderosa piedra de toque,
por la que se puede declarar fidedigno el relato del historiador
romano. Efectivamente, vemos que los Germanos de las invasiones trajeron y desarrollaron todos los principios y rasgos
particulares que se descubren en la obra de nuestro autor.
TOMO X X . — N Ú M .
2.»
lU
194
I.A ESCrULA MODKRNA
De Moribus Germanornm, es la única obra dedicada por los
Romanos al estudio especial de los Germanos, lo cual acrecienta aún su valor. Otros autores de la época, segiin se ha podido
observar por las citas aducidas en el curso de mi disertación,
traen noticias acerca de dichos bárbaros; pero son meramente
incidentales, y, por tanto, |muy incompletas; sin embargo, no
dejan de ser útiles, porque esos autores concuerdan en substancia con Tácito en las referencias que hacen al carácter y costumbres de los Germanos, apoyando así las informaciones de
Tácito.
En el estudio crítico que he intentado hacer de I)e Morihu!<
Oermanorum, he procurado poner de relieve los méritos de la
obra, como también puntualizar sus deficiencias; y como resultado de tal estudio dejo en pie el libro de Tácito, pues no soy
de los que entienden que la crítica equivale al empeño de destruir la obra puesta en tela de juicio; y realmente, las objeciones que aquí y allá he podido dirigir al autor, no merman ei
valor de su hermoso escrito (*).
La intención que visiblemente tiene Tácito de que su relato
sea una censura de los vicios de Roma, no debe de hacer sospechosas sus referencias; pues es un escritor demasiado serio
para tejer una trama fantástica y presentarla como un conjunto de datos auténticos por él recogidos. «Hmc in commune de
omnium Germanorum origine ac moribus accepimus; he aquí las
noticias que he podido obtener acerca del origen y de las costumbres de los Germanos considerados en conjunto» (27) (**).
Además, su imparcialidad se muestra eu el hecho de hallarse
retratadas, lo mismo las malas pasiones como las buenas cualidades de los Germanos.
(*) Ha dicho FouiUóe que «la gran critica consiete en hacer resaltar las bellezas de las obras maestras y las cualidades de los grandes hombres •.
(**) Tácito no declara cómo ha reunido dichos datos. Larousse (Dic. enc,^ página 1385, art. TariU), dice : «De la misma época data su libro acerca de Las Costumbres fíe U>^ (iermanoSf cuya notable exactitud y precición en los detalles han
hecho suponer que su autor había vivido en Germania». Ksta opinión es digna
de tomarse en cuenta. Pero, por otra parte, extraña que Tácito, al haber visitado
la Germania, no haga siquiera alusión á circunstancia tan importante, que le hubiera dado la autoridad de un testigo ocular. No es, por tanto, menos plausible el
suponer que Tácito se haya limitado á consignar lo que en Roma se sabía tocante á los pueblos de Ultra-Khin, interrogando, probablemente, con esmero á los
funcionarios romanos que habían estado en aquellas tierras, como también é» los
individuos Germanos que se hallaren en la metrópoli del mundo.
(X)STUMHRKS UK L(J.S GKliMANOS
lUÓ
La admiración que á Tácito causan las rudas virtudes germanas, y que excita su aversión por el envilecimiento de los Romanos, no le impide ser acendrado patriota, según lo prueba
la exclamación que lanza al mencionar la destrucción de los
Bructeros por los Camavos y Angrivarios, y mediante la cual
hace votos porque los enemigos de Roma se aniquilen entre si:
'iManeat, dice, qumso, duretgue geiitibus. si non amor noslri, at
certe odium sui, quando urgentihus imperii faíis niJiií iam prasíate fortuna maius potest quam hostium discordiam! ¡Ojalá se
perpetúe en esas gentes, ya que no nos quieren, el odio entre
si!, pues en la apurada situación del Imperio, con nada mejor
puede favorecerle la fortuna como con la discordia de sus enemigos». (33).
He llegado al término de mi modesto trabajo; reclamo para
sus imperfecciones la indulgencia invocada por las palabras del
poeta latino : üt desint vires, tamen est laudanda voluntas.
CARLOS LICKKFETT ENGLISH.
^'^^^^—^TSÍ^ÍPÍS^W^FÍI^——^"^
DICHOS Y HECHOS
El mercado de marfil de Amberes, que se organizó hace cinco años, es
hoy el mayor del mundo; tanto, que en la actualidad ocupa una extensión
fnayor que la de los dos grandes mercados de Londres y Liverpool juntos.
— En Siam se fabrican monedas do porcelana.
— El reloj de una administración de Correos de Sydney, en vez de dar
la hora por medio de campanas, emite un número de reUmpagos eléctricos igual al número de la hora, con lo cual se consigue que los habitantes
de muchos kilómetros en contorno puedan saber la hora con exactitud.
— En América del Sur hay una raza de gatos que no maullan.
— La policía de Calcuta tiene, además de las obligaciones de las demás
policías del mundo, la de capturar los tiburones que infestan el río Hugli.
— El vegetal más maravilloso del mundo es la trufa, pues no tiene raices, tallos, llores ni hojas.
— El crecimiento rápido de las niñas se considera como signo de buef>a salud.
— Durante la pasada guerra del Paraguay se observó que los hombres
l ú e no habían comido alimentos condimentados con sal desde hacía tres
meses y que eran heridos, aunque fuese la herida poco grave, morían, porgue no se cicatrizaba nunca.
. —La limpieza del cutis ejerce un efecto sorprendente en la asimüación del alimento. Se ha probado que lavando los cerdos á diario dan una
luinta parte más de carne que los que no se lavan.
- ^ jj^omenaje á Campcamor. ^
Ha muerto el Gran Anciano, el poeta tierno y melancólico, el que decía debía preferir Inglaterra á su dominio sobre la India contar entre los
suyos á un Shakespeare.
iQué vacio más difícil de llenar deja el poeta!...
Más que hacer un juicio á vuelapluma de la representación de Oampoamor, «poeta de afición y filósofo de oído», como él se llamaba con falsa
modestia, cuando resulta el poeta y el pensador más original y personal,
nos decidimos á publicar el Boceto que le consagró el malogrado Revilla
y la Silueta que escribió hace poco nuestro colaborador González Serrano.
Aquél ¡e profesó y éste le sigue profesando una admiración que casi no
excede á méritos positivos del gran artista, cuya pérdida lamentan y lamentarán todos los hombres cultos.
«Que no me olviden»; que «me quieran mucho»; así se despedía de sus
amigos (y no conoció jamás enemigos) el «bueno de D. Ramón», que así
le apellidaban las gentes.
Recordarle y quererle, esa es la eficaz recomendación que nos permitimos hacer á nuestros lectores. Para estimular el cariño y el recuerdo de
todos y como expresión del que sentimos, le dedicamos este modesto Homenaje.
LA DIRECCIÓN.
BOCETO LITERARIO
por Manuel de la Revilla.
I
Exceptuando á los iniciadores del romanticismo, pocos poetas han ojorcido t a n profunda influencia en nuestra l i t e r a t u r a
contemporánea como el distinguido vate con cuyo nombro encabezamos estas mal trazadas líneas. Fundador de una escuela poética de indisputable importancia, creador de u n género
lírico que ha de prevalecer sin duda alguna, impulsor de uu
movimiento literario mucho más profundo de lo que acaso se
HOMÍÍNAJE Á CAMrOAMOK
197
cree, Campoamor está destinado á ocupar Ingar m u y eminente en la historia de nuestra literatura, en la que ha dejado estampada indeleble huella su genio peregrino.
No esperen nuestros lectores una biografía del ilvistre poeta. Ni creemos oportuno ni hacedero biografiar á los vivos, ni
hallamos grande interés en una descarnada relación de fechas
y sucesos de escasa importancia. Hacer u n retrato de la persona nos parece más conveniente, y . sobre todo, más ameno.
Los que por ventura no conozcan personalmente á Campoamor y juzguen al hombro por el poeta, quizás se imaginarán que el autor de las Dolaras es un personaje fúnebre y desesperado, de luenga barba, romántica melena y mirada fatal,
devorado por los pesares, amargado por la duda y sumido en
negra melancolía, fruto de agitada y tormentosa existencia.
Nada menos exacto. Ese oscéptico implacable tiene todo el aspecto de un creyente. Es un liombre de edad madura, más
bajo que alto, grueso y bien conservado, do mirada franca y
leal, de frente espaciosa y serena, cuya boca no está plegada
por el amargo rictus del dolor, sino por la más bonachona de
las sonrisas; cwja cabeza corona blanca cabellera, que nada
tiene de romántica, y cuyo rostro, agraciado y simpático en
su conjunto, rodean unas blancas patillas de bolsista, que antes le dan expresión de acaudalado y satisfecho banquero, que
de melenudo y tétrico poeta.
E n ese cuerpo, que casi parece el de u n epicúreo, se alberga un alma bondadosa y dulce, un carácter franco y jovial, un
corazón sencillo, candido, casi infantil, y una podex'osa inteligencia. Y esa alma y ese cuerpo viven sin pesares profundos,
en medio de todas las satisfacciones del amor propio satisfefecho, de los goces de la familia y de los atractivos del confort. La suerte de ese escéptico pesimista, que do todo reniega,
la envidiarían más de cuatro creyentes.
Afable en su t r a t o , m u y amigo de sus amigos, indolente
para todo lo que no sealiacor versos, Campoamor es persona
por extremo simpática y de todos querido. Ha hecho política (como ahora se dice), y la ha hecho bastante mal, como buen
español; se ha dedicado á la filosofía, escribiendo dos libros,
198
LA ESCt-'ELA MODERNA
El Personalismo y Lo Absoluto, que son dos dolerás de bastante mérito; ha peleado contra la democracia con éxito no m u y
afortunado; y tiene varias manías especiales {cosas, como diría
Larra), á saber : hablar m u y mal de los krausistas y de Quintana ; dedicarse al teatro (que es quizá el único género poético
para oi que le faltan condiciones); darse aire do metafísico (de
lo cual tiene tanto como de dramático), y en enfadarse con todos los que no dan el nombro de doloras á las composiciones en
que lo imitan.
Tal es el hombre. Veamos ahora lo que es el poeta.
II
El poeta es una de las individualidades más originales y
podei'osas de la época presente. Su originalidad os tal, que difícilmente puede determinarse su filiación poética, por más
que sean m u y conocidas las fuentes en que se inspira. Que la
tendencia alemana domina en sus obi'as, es evidente; que no
pocas veces ha tratado de imitar la manera de Víctor Hugo,
también lo es; sin embargo, Campoamor es un poeta eminentemente original; se ha dicho que antes que él ha habido quien
ha escrito doloras; que sus pequeños poemas no son género
nuevo, sino cultivado por Heine, Musset, Byron y el mismo
Víctor H u g o ; todo esto es cierto, pero no lo es monos que la
dolora, tal como él la ha concebido, es cosa enteramente nueva y que sus pequeños poemas no se parecen á los do ningún
otro escritor.
No ha mucho tiempo que algunos rebuscadores do defectos, que se engalanaban con el nombre de críticos, creyeron poner una pica en Flandes, como el vulgo dice, y acabar de un
golpe con el crédito do Campoamor, mostrando que en algunos pasajes de sus obras había ésto imitado pensamientos y
frases de Víctor Hugo. El hecho era cierto, y aunque muchos
de los supuestos plagios eran coincidencias perfectamente explicables, había algunos que no dejaban lugar á duda. Pero
el crédito y la originalidad de Campoamor no por esto sufrieron menoscabo; estimóse el hecho más como puerilidad que
UOMICNAJH Á CAMPOAMOK
199
como verdadero delito litei-ario, y hubo de reconocerse que
aquellos plagios en nada impedían que Campoamor fuera verdadoramento original, pues reducidos á alguna frase suelta, no
afectaban á la poderosa originalidad de la idea y de la forma
interna é imaginativa en qiie ésta so expresaba.
La originalidad, con efecto, no consiste sólo en decir lo que
nadie ha dicho ya, sino en decirlo de un modo nuevo, y se refiere, no tanto á los detalles de la composición, como al conjunto de ésta. Cumplidamente probó el Sr. Valera, al ocuparse de este asunto, que plagios de frases y conceptos abundaban
en todos los grandes escritores; pero ¿qué importa si el edificio
poético en que se colocan esas frases es enteramente nuevo?
Si un monumento reproduce fielmente las formas de otro, será
vm plagio, una copia sin novedad alguna; pero si su conjunto
arquitectónico á ninguno otro se asemeja, poco importará que
algunas de sus piedras estén arrancadas de otros edificios. Los
que tanto alborotaron con los plagios de Campoamor, no pudieron probar que una sola de sus composiciones constituyera
Un plagio, y su rebusco de frases sueltas en nada menoscabó
la fama del insigne vate, y, en cambio, causó no poco daño á
los rebuscadores.
Campoamor es un poeta que no encaja en la tradición literaria española; su poesía nada tiene de nacional. La riqueza
de formas, los primores y galas de la versificación, que son
tradicionales entre nosotros, le agradan poco, y rara vez se
encuentran en sus obras. Poeta de idea, á ella lo sacrifica todo,
y su constante conato es encerrar en sus versos un pensamiento transcendental, sin curarse mucho de la forma, que si
en ocasiones es bellísima, en otras peca de descarnada é incoi'recta. Acérrimo partidario del arte docente ó transcendental, mira con desdén á toda composición (pie no haga pensar,
y considera como juego frivolo del ingenio todo lo que no sea
la traducción poética de un concepto filosófico. A veces, sin
embargo, dando de mano á este excesivo rigorismo, ha sabido
pulsar la cuerda del puro sentimiento y conmover al lector
con tiernos y delicados acentos. Su admirable dolora ¡Qu¿én
supiera escribir!, sus bellísimos poemas El tren expreso, La
200
LA KSCCELA MODKKNA
novia y el nido, Dulces cadenas, Los grandes problemas, son
buena prueba do lo que afirmamos.
Pero en Campoamor, por punto general, el sentimiento y
la imagen no son más que auxiliares de la idea. Su poesía es
en realidad la razón cantada, como Lamartine quería que
fuese la poesía moderna, y no hay concepción suya, por ligera
que parezca, en que á través del poeta no se adivino al filósofo, y no sólo al filósofo moralista, sino al psicólogo y al metafísico.
Esta constante tensión filosófica del espíritu poético de
Campoamor, unida á lo poderoso, acentuado y original de su
personalidad, es causa do que su f)Oesía sea eminentemente
subjetiva. P a r a él, la realidad exterior no es otra cosa que
una ocasión favorable para revelar su propio pensamiento, y
por eso nunca la canta por el mero gusto de exponerla, vaciarla ó describirla, sino por el de sacar de su contemplación
alguna enseñanza transcendental. Esta falta do objetividad
explica la flaqueza de Campoamor en lo épico y lo dramático,
y su excelencia en lo lírico, género que constituye su legítimo
dominio, y del cual nunca sale por más que hace, pues líricos
son sus ensayos épicos, y líricas sus composiciones dramáticas.
Y, sin embargo, gran parte de sus doloras parecen objetivas, tanto por razón de su asunto como de sus formas. P o cas son, con todo, las que así pueden considerarse. La n a r r a ción, que es forma de algunas, el pequeño drama que otras
encierran, casi nunca son otra cosa que un medio original
empleado por el autor para expresar un pensamiento propio. Alguna que otra se exceptúa de esta regla, pero estas
excepciones son tan escasas, que antes confirman que desvirtúan la ley general. Lo expresado, lo manifestado, el fondo
constante de todas las composiciones de Campoamor, no es la
realidad objetiva, sino el espíritu de Campoamor.
E s nuestro poeta eminentemente humano, y r a r a voz son
objeto y fuente de inspiración de sus cantos la Divinidad ó la
Naturaleza, sobre todo la segunda, que no parece inspirarle
mucha simpatía. Cuánto priva de frescura y sentimiento á
sus poesías esta falta, no h a y para qué decirlo, ni es necesario
HOMENAJE Á CAMPOAMOR
201
añadir que en eso no se asemeja á sus modelos alemanes,
amantes fervorosos de la Naturaleza. E l alma y la vida del
hombre individual y hombre colectivo, consideradas bajo los
aspectos que más pueden interesar al filósofo, lie aquí el línico
objeto de la inspiración de Campoamor.
Original en sumo grado, como antes hemos dicho, pocos
poetas le aventajan en ingenio para escoger asuntos, y,en fantasía para darles las más peregrinas ó inusitadas formas. Esta
condición explica uno do sus mayores méritos: el de saber
convertir en materia poética los más alistrusos problemas de
la ciencia; el de conomover é interesar con asuntos abstractos,
difícilmente compatibles con las exigencias del estro poético;
el de haber sabido crear una poesía didáctica y transcendental, por todo extremo amena y deleitable. Gracias á él, todos
los pi-oblemas de la filosofía moderna, todos los sistemas más
abstractos, desde el idealismo subjetivo de K a n t hasta el idealismo transcendental de Schelling, han podido tener en el arte
poético la expresión que les es posible; gracias á él, la poesía
ha expresado los más profundos y levantados pensamientos,
y ha difundido entre las gentes menos cultas las más importantes enseñanzas.
Y esto lo lia hecho Campoamor de un modo inimitable y
sin caer en los graves errores y descaminos á que pueda arrast r a r la tendencia docente á espíritus de menos genio poético
que el suyo. Poco cuidadoso, sin duda, de la forma puramente
externa, ha atendido mucho á la interna, y no ha olvidado
que la idea por si sola no basta á dar valor estético á las obras
de arte, que éste es una forma y nada más, y que sus mismas
poesías, con ser tan profundas, despojadas del encanto de la
forma, no serían otra cosa que la exiiosición de un conjunto
de ideas de todos sabidas, que en sí no tienen valor poético.
Campoamor ha sabido dar á la doctrina docente una aplicación recta, y reconociendo que la poesía no enseña ni puede
enseñar, hase cuidado de vestir su pensamiento con formas
•originales y bellas, para que de esta suerte sea atractivo y so
difunda y popularice, único fin didáctico que, con estricta subordinación al estético, puede el poeta proponerse.
202
LA HSCIELA MODERNA
No son, con efecto, las poesías de Campoamor una descarnada exposición didáctica de principios metafisicos. El carácter profundamente subjetivo y el buen sentido del poeta no
han permitido cosa semejante. Nacidos los conceptos que en
ella se desenvuelven del fondo mismo del alma del poeta, vestidos de poéticas foi-mas, encerrados unas veces en animados
relatos, otras en pintorescos cuadros, otras en dramáticas escenas; presentados por lo general como vivas explosiones de
u n sentimiento personal, nunca ofrecen las producciones de
Campoamor el carácter antiartístico de la mayoría de las obras
didácticas.
P o r eso fuera vano intento buscar en ellas una verdadera
enseñanza; por eso, con estar llenas de filosofía y hasta de metafísica, leyéndolas no se aprende ciencia; pero las ideas que
encierran se graban en el alma con caracteres de fuego y cau~
san en ella emoción vivísima y profunda, que en espíritus reflexivos puede más tarde despertar verdaderas convicciones.
Tal es el único sentido en que el arte puede ser docente; no le
es posible enseñar á la manera de la ciencia; pero sí difundir las
enseñanzas de ésta, llamar la atención sobre sus conclusiones
y preparar al espíritu, mediante la excitación del sentimiento
y de la fantasía, para el conocimiento reflexivo de la verdad.
La originalidad de Campoamor es la única causa de los
lunares quo á veces empañan sus obras más perfectas. El afán
de imaginar y decir cosas nuevas é inusitadas le arrastra en
no pocas ocasiones á verdaderas extravagancias, que se muestran, ora en la singularidad de los asuntos, ora en la rareza é
inverosimilitud do los incidentes de sus poemas, y a en lo paradógico de los conceptos, ya también en lo rebuscado y artificioso de las imágenes. Sus poemas Las tres rosas y Las glorias de los Austrias son buena prueba de lo que aquí decimos.
Este afán de la originalidad es causa de que Campoamor incur r a con frecuencia en un vicio asaz común en muchos poetas
del siglo do oro, cual es el escepticismo, y caiga en la tentación
de inventar combinaciones métricas poco aceptables, como las
empleadas en las doloras ¡Más!
¡Más!, ¡El beso!, Acliaques
de la vejez.
HOMENAJE Á CAMPOAMüU
203
Desigual en extremo, muéstrase Campoamor en ocasiones
versificador primoroso, y en otras peca de duro é incorrecto;
ora se levanta á grandiosas concepciones, ora imagina verdaderas niñerías; ya parece enardecido por robusta inspiración,
ya se duerme como Homero, y en breve plazo lanza á la publicidad poemas tan admirables como Los grandes prohlemas y
El tren expreso, y engendros tan extraños como Las tres rosas
y Las glorias de los Austrias. Explícanso fácilmente estos fenómenos por el carácter subjetivo de sus obras, eco fiel y reflejo
fidelísimo de la movilidad incesante de su espíritu, de suyo
impresionable, candoroso, y por naturaleza repulsivo al artificio y á la reflexión. Porque Campoamor, á pesar de ser filósofo, de reflexivo tiene m u y poco; su filosofía es más bien fruto
de la intuición y del instinto, y tiene más de poética que de
científica, y de personal que de objetiva. De aquí la vacilación
constante do su criterio, en el cual no hay más que una nota
fundamental é invariable: el escepticismo. Pero el escepticismo
de Campoamor, capítulo aparte merece.
III
Campoamor es un poeta sin ideal. Hijo fiel del presente siglo, la duda es su musa predilecta, y la negación escéptica el
alma de sus cantos. No h a y poeta que con él compita en pesimismo y desaliento, y el hecho de que poesías inspiradas en
tales sentimientos logren popularidad tan extraordinaria, es
sin duda elocuentísimo signo de los tiempos.
El escepticismo poético no es nuevo en España. Casi todos
nuestros poetas románticos, señaladamente Espronceda, en él
se inspiraron; pero Campoamor ofrece caracteres originales
que merecen estudiarse. E l escepticismo de Espronceda revela
una época en que la duda es un tormento para el espíritu; el
¿o Campoamor anuncia un estado social en que ya nos hemos
connatux-alizado con la duda. Aquél arranca del corazón y es
nijo de los desengaños; éste nace de la cabeza y es fruto de serena y fría reflexión. El primero denuncia una existencia
204
LA HSCUELA MODERNA
atormentada y dolorosa; el segundo la vida tranquila de un
espíritu á quien no molesta gran cosa la falta de creencias.
El escepticismo de Campoamor es más amargo, más desconsolador y más peligroso que el de Espronceda, por lo mismo
que es más sereno y razonado. Los desesperados gritos de Espronceda conmueven y repelen á la vez; el estado psicológico
que revelan pone miedo en el ánimo. El tranquilo escepticismo de Campoamor no produce iguales efectos, antes su plácida calma es señuelo que convida á reposar la cabeza sobre
aquella almohada agradable al espíritu, como á la duda apellidaba Montaigne.
Campoamor no tiene motivos personales para ser escéptico. La experiencia de la vida no ha podido causar profunda
mella en su alma infantil y candorosa; su plácida y feliz existencia, antes que á la duda, debiera invitarle á la fe. En su serena fisonomía, en su constante buen humor, es imposible
adivinar el escepticismo que le devora; nadie quizá tiene menos derecho que él á ser escéptico.
Y sin embargo, lo es, con mayor universalidad y transcendencia que los escépticos románticos. No se limita á renegar
de los hombres, sino que su duda alcanza á las ideas; no se
circunscribe á negar el amor, la poesía y la amistad por virtud de añejos desengaños, sino que lo niega todo, inclusa la
realidad del conocimiento. Y lo niega con imperturbable calma, con serenidad pasmosa, á veces nublada por ligero tinte
de tristeza. Tranquilamente, sin los apasionados arrebatos de
Espronceda, los alaridos de dolor de Byron, ó la deseeperación intensa de Leopardi, afirma
que hiitno las glorias de la vida son;
se pregunta melancólicamente:
La dicha que el hombre anhela,
¿dónde está?
sostiene que vivir es olvidar; que tarde ó temprano es infalible
el mal; que todo es sombra, ceniza y viento; que vivir es dudar;
que todo se jñerde; que el bienestar del hombre es la muerte; que
HOMENAJE Á C'AMPOAMOIl
205
al hombre sólo le afectan el calor y el frío; que él es quien regula la conciencia; que no hay honor ni virtud más que en la
lengua; que fuego es amor que en aire se convierte; que gloria y
fe para el hombre son U7i sueño; que el placer es la fuente del
hastío; que
la belleza sólo está
en los ojos del que mira;
que
todo espectáculo está
dentro del espectador;
que
sobre arena y sobre viento
lo ba fundado el cielo todo;
que el variar de destino sólo es variar de dolor; y después de
dudar si tendrá razón Cabanis, concluye afirmando
que en este mundo traidor
nada bay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.
No cabe escepticismo más universal y profundo, ni es posible exponerlo con mayor y más implacable impasibilidad.
Y sin embargo, esta poesía, escéptica en más alto grado
que la de Espronceda, es saboreada con deleite por una sociedad que de creyente se precia. Damas aristocráticas que contribuyen al dinero de San Pedro y son enemigas del art. 11;
gentes que se cuentan en el número de las personas sensatas
que tienen que perder; niñas románticas y llenas d_e ilusiones
devoran con placer estas máximas que en otros labios les p a recerían impías, escandalosas y dignas de anatema. ¿A qué se
debe este singular fenómeno? ¿Cómo este poeta revolucionario
y heterodoxo os el niño mimado de las altas clases? A nuestro
juicio, á la perfidia de Campoamor, que semejante á la serpiente bíblica sabe revestir de bellos colores el fruto envenenado
^lue entrega á las Evas y Adanes de esta generación.
Un ligero toque de sentimentalismo, tal cual nota piadosa
y naística, alguno que otro alarde de respeto á las creencias
tradicionales que recuerda involuntariamente las reservas de
20(5
LA ESCUKLA MOUlíliNA
Montaigne, los distingos de Descartes y la devoción de Rabelais, bastan para que Campoamor pueda deslizar impunemente sus venenosas doctrinas. 11 connait son 'puhlic, ce gaillard-la
y no le cuesta gran ti-abajo rociar con agua bendita sus audacias volterianas y sus arranques escépticos y pesimistas, dignos de Kant y de Schopenhauer.
En tal concepto, Campoamor es á la vez reflejo exacto de
su época y de su país. Esta poesía escéptica, pesimista, amarga
é irónica, es la única propia do estos tiempos de crisis y de
duda. El poeta do h o y no puede tener ideal, porque el siglo
tampoco lo tiene; su canto ha de ser desconsolador y negativo, amargo y desesperado, ó indiferente y frío, según su temperamento. Si su escepticismo lucha con el deseo de creer y
de esperar, sus acentos serán protestas enérgicas y sollozos
penetrantes y desesperados; si, por el contrario, se aviene á no
creer en nada, su canto reunirá á la impasibilidad del estoico la
indiferencia del cínico, si por ventura no lanza la irónica carcajada do Mofistófeles. Y si vive en una sociedad descreída en
el fondo, hipócrita en la forma como en la nuestra, fácilmente
se hará perdonar sus temeridades si sabe deslumhrar á los ignorantes con alardes místicos y hacerles creer que es posible
tener fe en lo divino cuando se reniega de lo humano, y que
en un mismo espíritu pueden reunirse la fe de Schopenhauer
y la de Santa Teresa de Jesús.
IV
Hacemos un boceto y no un estudio crítico, y nos creemos
dispensados, por tanto, de entrar en el examen detallado de
las obras de Campoamor, tan conocidas de todos, por otra
parte, que os inútil enumerarlas.
Limitémonos á declarar que ni las obras filosóficas, ni las
polémicas políticas, ni los ensayos dramáticos y épicos de Campoamor constituyen la base de su merecida fama. Compoamor
es el poeta do las doloras y de los pequeños poemas, ni más ni
menos, y tiempo perdido será el que emplee en buscar por
otros caminos el público aplauso. Sus trabajos filosóficos y po-
HOMENAJE Á CAMPOAMOlí
207
líticos, SUS producciones dramáticas y épicas abundan, sin
duda, on detalles admirables (principalmente El drama universal): pero, considerados en conjunto, no son más q\iedoloras
muy inferiores á las verdaderas. Estas son su creación original, éstas y los pequeños poemas los títulos legítimos de su
pluma.
¿Qué es la dolora? Según Ruiz Aguilera, es «una composición poética en la cual debe hallarse constantemente, unida á
un sentimiento melancólico, más ó menos acerbo, cierta importancia filosófica»; según Laverde, «una composición'didáctico•
simbólica en la que se armonizan el corte ligero y gracioso
del epigrama y el melancólico sentimiento de la endecha, la
exposición rápida y concisa de la balada y la intención moral
ó filosófica del apólogo ó de la parábola»; según el mismo Campoamor, «una composición poética en la cual se dele Jiallar
unida la ligereza con el sentimiento, y la concisión con la importancia filosófica»; en nuestra opinión, <'-una composición poética de forma épica ó dramática, y de fondo lírico que en tono, á
la vez ligero y melancólico, exprese un pensamiento trascendental»; definiciones todas que convienen en el fondo, y que claramente revelan: 1.°, que la dolora es un género nuevo entre
nosotros; 2.°, que la dolora es la forma más adecuada de la lírica en nuestro siglo.
Haber creado este género (pues aunque tuviera precedentes en la historia, al hacer de estos elementos esparcidos una
individualidad persistente, Campoamor ha sido creador verdadero); al hallar la fórmula de la poesía lírica filosófica, de la
poesía de la inteligencia, á la par que Becquer hallaba la de la
poesía del corazón; al t r a e r á España el sentido y tendencias
de la lírica alemana, profundamento filosófica y subjetiva; al
formar una escuela cada vez más numerosa é iniciar un movimiento de día en día más potente; al llevar á cabo en la épica
análoga transformación mediante la importación del pequeño
poema de Byron, ]\Iusset, Heine, Victor Hugo, o t e , única forma posible de la épica en nuestro tiempo, Campoamor ha verificado una profunda revolución on nuestra literatura, y ha
logrado ser digno de figurar en el número de esos atrevidos
208
LA ESCUELA MODERNA
innovadores que son punto de partida en una época literaria.
Su influencia é importancia en la historia de nuestra lírica serán por eso no menos grandes que las de Boscán y Garcilaso,
Quintana y Espronceda.
Rindamos, pues, merecido tributo de admiración y respeto á tan insigne vate, y dejemos en la sombra sus flaquezas y
defectos. No faltarán sucesores que saquen las últimas consecuencias de sus ideas, y, prescindiendo de escrúpulos, desarrollen en toda su extensión los gérmenes que ha sembrado. Cuando esto suceda (y y a empieza á verificarse, aunque lentamente), se comprenderá el alcance de la lírica campoamoriana, y
se medirá la profundidad de la revolución poética que ha llevado á cabo. Entonces se reconocerá que el autor de las Doloras y los Pequeños poemas es uno de los poetas más originales,
innovadores y profundos, uno de los espíritus más revolucionarios y una de las inteligencias más poderosas de nuestra
Patria, y su nombre ilustre y sus producciones admirables serán el lábaro poético de la nueva generación, como su numen
ha sido el voz'bo de la nueva idea.
SILUETA
por U. González Serrano.
Germinal, revista malograda de la gente moza, y Vida
Nueva, semanario radical, estimaban al octogenario Campoamor como uno de los suyos y le consideraban más revolucionario que muchos pseudo-liberales, á pesar de que el insigne
autor do las Dolaras ha sido y sigue siendo, quizá por el buen
parecer, reaccionario y conservador. No pretendían, como humorísticamente decía el ilustre vate, que le llevasen á la cárcel á concluir su envidiable vejez; declaraban que el gran poeta, dont VEspagne est si justenient fiére, contra su conservaduría y fx-ente «á sus aficiones á pasarlo bien y á sus hábitos de
Ijeroza», resulta un agitador de ideas.
Sin ser filósofo, ni didáctico (poeta docente,) ni reflexivo,
HOMENAJE Á CAMPOAMOIi
209
Campoamor se prenda de la intuición plástica, del lenguaje
por imágenes, y proclama como dogma de su estética el arte
por la idea.
De su filosofía (El Personalismo y Lo Absoluto, dos doloras en prosa), formula el juicio zumbón de uno de sus administradores, que parece pidió dichas obras, las que devolvió
diciendo: «La remesa de las Metafísicas del amo equivale á
mandar expresiones, que es como no mandar nada».
De su afán didáctico protesta el escepticismo (el color del
cristal con que se mira) de todas sus poesías, que rabia de verse junto con el plácido y bonachón aspecto de creyente que
de su exterioridad de burgués apacible irradia el pastoso Campoamor.
De su criterio político, que acentuó refutando la Fórmula del Progreso de Castelar y que confirmó con sus doctrinai'ismos aristocráticos, no se ha separado un ápice, sin llegar á
la Meca, á la poltrona ministerial, porque nunca supo quitar
motas, ni tomar aires de seriedad ridicula. No es de los que
identifican la seriedad aparatosa con el valor positivo de las
gentes. Si le preguntaban: «¿Por dóndo es usted diputado, don
üamón?», contestaba: «Por Romero Robledo». Al argüirle que
Cánovas le miraba con cierto desvío, añadía: «No me perdona
haber divulgado su avanzada edad».
De su ambición, dice: «Yo tengo el honor de despreciar la
gloria y el dinero». Quizá es esta declaración de las que carecen de ingenuidad (¡y cuidado si el gran poeta es ingenuo!).
'<No he necesitado dinero nunca», repito y aun es creíble que
lo haya despreciado siempre. Pero, ¡la gloria! ¿despreciarla?
¡Qué candida mentira, aun aplicada á lo que llama la fama infame, la que convierte á Voltaire de principe de los hombres
^1G talento en dios de los imbéciles!
Campoamor, que es una sensitiva, ha soportado la censura;
pero ¿agradarle? Jamás. Por evitar una crítica acerba era capaz do Hogar hasta la injusticia consigo mismo. Para negar
1^6 había plagiado una poesía de Víctor Hugo, dijo que no
Sabía una palabra de francés, y no ha liabido quien le a r r a n que declaración en contra; porque — ¡debilidad de los granToMo X X . —NÚM. 2."
14
210
LA ESCriíLA MODERNA
des!—quiere ante todo aparecer como hombre que nada sabe
y que nada estudia... él, el gran poeta-psicólogo.
A través de su ortodoxia (garantida por la elegancia devota, que mezcla en el houdoir el incienso á que huelo el devocionario con la mostaza do las doloras) apenas si podría caminar, sin gravo riesgo, el ingenio sutil de IJuns Seott. Las raíces del sensualismo poético de Campoamor ahondan on el misticismo literario, pero, como todos los místicos, convierte lo
religioso en la novela de lo infinito y habla de la religión del
amor (Los Grandes Prohlemas) como el más emancipado de
los dogmáticos. No contradice, sino que confirma, la verdad
innegable do que en todo místico late el germen do un heterodoxo. Carece Campoamor de la fe del carbonero, aunque
«prefiere ir á misa á reñir con su mujer»; no le seduce la fe
razonadora de Balmos, ni el celo ardiente de Fernán-Caballero, ni la creencia militante do tanto obispo de levita; cree en
la religión de la belleza, odia la democracia por antiestética,
y del cristianismo acepta la hermosa melancolía de su pesimismo, que concibo, pero que no siente, pues, como dico en
Los buenos y los sabios:
Vive con la manía
Pe maldecir de su propia estrella,
Y cual buen pesimista en teoría,
Ls va en la vida bien y habla mal de ella.
Convierte Campoamor la ictericia moral del pesimismo,
tinte gris de su g r a t a existencia, en penumbras y contrastes
para describir los flagrantes delitosde inconsecuencia do la gente d'élile (Los Grandes Hombres, Antinomias del Genio) con
una originalidad raj^ana en lo paradójico. Es él mismo una
paradoja de carne, complaciéndose en darse airos do conservador y en verse evocado por los revolucionarios como portaestandarte do toda protesta.
¿So engañan sus admiradores? ¡No! Campoamor, agitando
ideas aun las más opuestas, es un poeta de cuerpo entero, es
el POETA, y, por tanto, «resumen del hombre on general».
Cnanto en circunstancias dadas ha sentido la naturaleza
HÜMHNAJlí Á CAMPOAMOR
211
humana, cuanto alguna vez ha hecho latir el corazón, otro
tanto es la materia sobre la cual trabaja el poeta, apto para
ser Anacreonte ó Ángel Silesio, escribir trágica ó cómicamente y r e t r a t a r un carácter elevado o vulgar. Nadie puede impedirle ser moral, piadoso, cristiano, sin censurarle que no lo
sea; verdadero espejo do la humanidad, pone ante su vista
cuantos sentimientos le agitan. Los grandes poetas hablan
como ventrílocuos por la boca de las personas que representan,
ahora con el tono del héroe, después con la delicadeza del
niño inocente, siempre con igual verdad y naturalidad; jamás
son protagonistas de sus obras, ni lloran fe perdida, ni maldicen dudas que no se disipan.
De tan buena cepa es Campoamor. ¿Por qué han de acusarle alguaciles de la conciencia, cuando ésta es incoercible,
si ha conseguido que sus audacias volterianas y su perfidia
sean paladeadas hasta por los luás timoratos? Ha sabido unir
la candidez de la paloma con la astucia de la serpiente, administrando aun á los más ortodoxos el veneno (según otros, el
tónico) de la duda en pildoras doradas. ¿Es o no revolucionario?
Jefe político de la provincia de Castellón el 54, Campoamor contestó al Conde de San Luis, cuando le estimulaba á la
reacción y á la arbitrariedad: «En esta provincia no hay temor de ([ue el orden se altere, porque no tenemos ni un solfiado». De Campoamor, que ha asistido y aun afortunadamente asistirá á la apoteosis de su gloria (y el inocente embustero dice (pie la desjn-ecia), no habla mal nadie, ni los muchos
que le envidian. A su excelsitud como artista, añade la condición ingénita de la Ijondad. No tiene que esperar á no llenar
hueco para (jue le llegue el período de las alabanzas. El coro
general do ellas suena continua y armoniosamente. Hace y a
tiempo, Ayala, sintiendo la influencia de Campoamor y viéndole tan descreído, no le quería tan bueno:
¡Hombre, no inspires amor!
Te lo ruego por Dios vivo.
¡Hazte malo, j)or favor;
212
LA. ESCUELA MODERNA
Pues no serás tan nocivo
En siendo un poco peorl
A n a d i e e x t r a ñ a r á q u e c u a n d o el G r a n A n c i a n o l l e g a á la
p u e r t a d e la l i b r e r í a d e F e , sin p o d e r b a j a r d e s u coche, en
b u s c a de a l g u n o d e los m u c h o s y m u y sinceros a d m i r a d o r e s
q u e se c o m p l a c e n en s a l u d a r l e , se s o m b r e e su r i s u e ñ a fisonom í a c o n el t e m o r del G r a n M i s t e r i o (la m u e r t e ) .
Si a l g u n o q u i e r e a n i m a r l e con p a l i a t i v o s oA iisum Deli^hini, p o d r á c o n t e s t a r el i n m o r t a l C a m p o a m o r como A r i s t i p o .
A s u s t a d o ésto do u n a t e m p e s t a d , e x c i t a b a l a r i s a d e los i g n o r a n t e s , q u e c a r e c í a n ó a p a r e n t a b a n c a r e c e r de miedo, y A r i s t i p o les d e c í a : « H a y m u c h a diferencia e n t r e los q u e t e n e m o s
que perder».
DICHOS Y HECHOS
Se dice que los trabajadores de Irlanda, que se alimentan principalmente de la patata, no padecen nunca gota.
— Si moviésemos las piernas con una velocidad proporcionada á la de
las hormigas, se calcula que podríamos andar 1.500 kilómetros por hora.
— Si todo el Océano se secase, para volverlo á llenar tendrían que estar vertiendo sus aguas en él todos los ríos del mundo durante cuarenta
mil años.
— Los elefantes y los camellos no pueden saltar.
— Casi todos los leones son zurdos. Un explorüdor famoso dice que
cuando esta fiera quiere dar un zarpazo fuerte, emplea la garra de la mano
izquierda.
— La cerda de la cola del caballo es, según los hombres do ciencia, el
pelo animal más fuerte que se conoce.
— El corav.ón del hombre late 81 veces por minuto cuando está de pie,
71 cuando está sentado y 66 cuando está tendido.
— En igualdad de tamaño, un hilo de seda de araña es mucho más resistente que uno de acero. Esta resistencia se calcula en un 50 por 100 más
para la seda que para el acero.
— En la Biblioteca del Museo Británico hay más de 70 kilómetros de
anaquelería, en la que se ponen un millón setecientos cincuenta y nueve
tomos.
— En las fondas de San Petersburgo está prohibido presentar los menus escritos en francés solamente. Un edicto recientemente promulgado,
ordena que 9I menú francés acompañe una traducción rusa.
RESUMEN DE UNA LECCIÓN (1)
H I S T O R I A Y DESAKKOLLO D E LAS
DE COMUNICACIÓN Y T R A N S P O R T E , É I N F L U E N C I A
E N E L COMERCIO, LA A G R I C U L T U R A
Y LA
VÍAS
DE LAS
MISMAS
INDUSTRIA
E n t r e los medios materiales necesarios para que la riqueza
circule y, por lo tanto, para que el comercio pueda ejercerse,
figuran, al lado de la moneda, las vías de comunicación y de
transporto.
No sólo puede el hombre, por medio de dichas vías, trans])ortar cosas materiales, sino que de igual manera puede transmitir sus sentimientos y afectos, sus pensamientos, sus deseos
y voliciones, por medio de los llamados Correos y Telégrafos.
Correos y telégrafos son los niveladores del comercio universal, y de su importancia responde claramente el hecho do
que ninguna nación sufra escasez de artículos de consumo, ni,
por lo tanto, los horrores del hambre, puesto que por su m e diación las naciones más lejanas pueden transmitir á las que
los demanden, artículos suficientes para satisfacer sus necesidades.
Las vías de comunicación y de transporte se clasifican en
naturales y artificiales. Son vías naturales, aquellas que la
naturaleza ofrece al hombre y éste aprovecha mediante la
adaptación que de ellas hace. Estas son: el mar, los ríos y
(1) E s t e resumen de lección es el ejercicio escrito hecho por la señorita que lo
firma p a r a la reválida del t i t u l o de Profesora de Comercio que expide la Asociación p a r a l a enseñanza de l a mujer, previos los estudios correspondientes que se
hacen en u n curse, después de h a b e r aprobado la s e g u n d a enseñanza (dos cursos)
o sufrido el e x a m e n de las m a t e r i a s propias de este g r a d o , según lo t i e n e e s t a Wecido dicha Asociación. (N. D E I.A D.)
214
LA ESCUELA MODERNA
lagos. Vías artificialos son las que el hombre ha construido
mediante su actividad orgánica, cuyo concepto merecen los
caminos, carreteras, canales y vías férreas.
Se ha comparado las vías de comunicación y transporte con
los remos de las embarcaciones, con las alas de las aves, y más
propiamente, con los sistemas arterial y venoso del cuerpo
humano.
En cuanto á las vías naturales, el mar figura en primer
término; por él surcan infinidad de embarcaciones, tanto de
vapor como de vela; el mar sostiene sobre sus ondas toda clase de pesos y volúmenes, es la vía más barata en cuanto que no
necesita de las reparaciones que constantemente h a y que hacer en las vías férreas, y al mismo tiempo la más corta, puesto que puede seguirse la línea recta, lo cual no ocurre en las
vías terrestres sino en m u y pequeños espacios. En cuanto á
la seguridad de los transportes por mar, casi puede decirse
que son más seguros que los transportes por tierra; para lo
cual el homljre ha inventado infinidad de medios á fin do salvar los obstáculos que el mar en sus inmensos espacios le
ofrece, tales como bancos de arena, ciclones, choques, la obscuridad de la noche, la posibilidad do extravío en ol rumbo,
las fieras y monstruos marinos, las iras del cielo, la maldad do
los hombres, etc., por medio de cartas náuticas, brújulas, faros, puertos y los prodigios todos de la ciencia; y comparando
el infinito número de barcos de vapor y de vela que cruzan
durante el ano los mares con el número do siniestros, resultan
éstos en cantidad m u y poqueíla.
Bíos. •—• Se definen diciendo que son caminos que andan,
refiriéndose siempre á la dirección de la corriente, por la que
es fácil la flotación y navegación. La dificultad do navegar en
los ríos se presenta cuando se verifica la navegación en contra
de la corriente, cuya dificultad ha venido á vencer ol vapor;
poro en invierno á causa de las heladas, y en el estío por la escasez de caudal que los ríos llevan, es m u y escasa la navegación.
Lagos. —• Cuanto se ha dicho de los ríos es apropiable también á los lagos, lagunas y albuferas, puesto que la comunica-
RESUMEN OH UNA LECCIÓN
215
ción se realiza por el mismo elemento y empleando el mismo
género de máquinas, esto es, las embarcaciones, para vencer
las distancias.
La primera vía artificial que se nos presenta es el camino,
el cual nunca desaparecerá por muchos que sean los adelantos
y por muclio que avance la civilización. El primer camino lo
hizo el liomlare por las huellas que en el suelo marcaban sas
pies al querer trasladarse de un sitio á otro ó al reunirse con
uno de sus semejantes.
Carreteras. — Son caminos especiales hechos por el hombre para su traslación de un lugar á otro, y siemjjre en relación con los adelantos que existen en cada época. Las carreteras se dividen en generales, ó sean construidas por el Estado,
para comunicación de la capital de la nación con las capitales
de provincia, departamentos de marina y puertos habilitados
para el comercio de importación y exportación; carreteras
provinciales, ó sean las que unen la capital de la provincia con
las cabezas do partido, y carreteras vecinales que unen unos
pueblos con otros. Estas últimas se subdividon en caminos carreteros ó carretiles que permiten el paso de carruajes; en caminos do herradura, ó sea de locomoción á caballo, y sendas
y veredas, que consienten ó facilitan el paso del hombro.
Canales. —- Los canales se definen diciendo que son ríos
artificiales, y so utilizan unas veces para la navegación, otras
para el riego, y en ocasiones para ambas cosas á la vez, y
hasta para usos industriales de la mayor importancia. Suelen
construirse los canales sobre el lecho de algunos ríos para darles más solidez á sus márgenes y más profundidad á su cauce.
La construcción de los canales no es tan pendiente como la de
los ríos; sino quo están construidos formando escalones ó t r a mos de una longitud de kilómetros acomodada á las condiciones del suelo y sus pendientes, y con motivo do los cuales se
ha inventado un aparato ó mecanismo que recibe ol nombre
de esclusa, y que tiene por objeto nivelar el caudal de agua
del canal, al pasar por él los barcos. Dicha esclusa consisto en
una caja de ladrillo y argamasa, hecha en el interior del canal
y de un tamaño proporcionado al de los mayores barcos que
216
LA ESCUELA MODERNA
pasan por los canales. Cuando se necesita que baje el nivel del
agua, se abre una de las compuertas que tiene la esclusa, donde se deposita el agua sobrante, lo cual acontece cuando ha de
descender el barco, saliendo después el agua por la compuerta contraria á nivelar el caudal. Del mismo modo, pero en
sentido contrario, se procede cuando el barco \a en dirección
ascendente.
Vías férreas. — Puede considerarse la historia de las vías
férreas como la del siglo en que vivimos; pues aun cuando hasta
el año 1829 no tuvieron una aplicación general, hoy cruzan
la tierra BOO.OCK) kilómetros de vías férreas, lo que equivale á
doce veces la circunferencia de nuestro planeta.
La importancia de estas vías es tan grande, que sin ellas,
á pesar de los transportes marítimos, no tendría el comercio
el gran incremento que por su mediación ha alcanzado. Como
ventajas, presenta infinitas este medio do comunicación y
transporte. En primer lugar, ahorra tiempo y dinero, une en
los viajes al rico con el pobre, contribuyendo á los continuos
avances de las ideas democráticas; une con su cinta de acero
las naciones de rivalidades históricas más pronunciadas, y
hace que el mundo piense como un solo cerebro y sienta como
un gigantesco corazón; regula los precios de los diferentes
mercados, haciendo posible su velocidad que los productos fáciles de descomposición lleguen al lugar de consumo en perfectas condiciones de ser utilizables.
La primera locomotora se empleó en las minas de Inglaterra, alcanzando una velocidad máxima de 9 kilómetros por
hora. Los rumores á que dio motivo este primer invento fueron terroríficos, y el periódico londinense The Times decía,
que sería de todo punto imposible el transpoi'te de viajeros por
semejante medio de locomoción, puesto que corrían el gravo
peligro de ser lanzados de los vagones como el proyectil de un
cañón, que las cosechas se perderían por los sitios donde el
ferrocarril pasara, que los pájaros morirían asfixiados, los
edificios se demolerían y derrumbarían á causa de la trepidación. Todos estos ridículos temores desaparecieron con la aparición del primer tren, compuesto de 24 carruajes, arrastrado
RESUMEN DE UNA LECCIÓN
217
por cinco locomotoras de cuatro ruedas y cuatro toneladas de
poso, que, en el año 1829, condujo viajeros de Manchester á
Liverpool á la prometida velocidad de 24: kilómetros.
H o y hay locomotoras hasta de 16 ruedas (las de la vía de
San (lotardo), siendo lo general seis ú ocho, pudiendo ser su
peso de BO y más toneladas, y hacer un recorrido hasta de 100
kilómetros por hora, sin contar las velocidades alcanzadas en
los ensayos de las locomotoras eléctricas. La extensión de las
vías férreas en tres cuartos de siglo es colosal. Hasta el continente negro, como suele llamarse al suelo africano, los pueblos
del porvenir, contaba hace quince años 7.000 kilómetros de ferrocarrailes, repartidos principalmente entre Argelia y Egipto. H o y existen en Natal, Colonia del Cabo, Orange y Transvaal, y pronto unirán al Cabo de Buena Esperanza con Asia
y Europa.
Kefií'iéndonos á la influencia que las vías de comunicación
y transporte tienen para la agricultura, la industria y el comercio, diremos que por medio de ellas, los productos todos,
cualquiera que sea su clase, los transportan á centenares de
leguas, donde encuentran al comprador, así como también se
provee la industi-ia de máquinas y primeras materias, y esto
m u y especialmente por mediación de los ferrocarriles, sin t e ner necesidad el industrial de emplear capitales de consideración en ellas, en vista do que el ferrocacarril con su velocidad
le suministra m u y á menudo todo cuanto necesita.
E n resumen: las vías de comunicación y transporte, cuyo
tema he desarrollado ligeramente, rejaresentan un himno al
trabajo perseverante de la humanidad, levantándose de su ignorancia y de su debilidad para poseer la tierra y dominar el
espacio.
ENCARNACIÓN ROMERO
KSPANOLES ILUSTRBS
V SUS KSTATUAS
Las obras de arte destinadas á perpetuar un hecho ó una
personalidad vienen á quedar como un libro abierto á las generaciones sucesivas, que para leerlo basta la razón natural
del espectador, pues para ello no se necesita más que contemplar la obra artística transportando el espíritu al tiempo de
las glorias patrias allí representadas.
Signo es do generosidad y grandeza en los pueblos el honrar la memoi'ia de sus hijos más ilustres. Una g r a n ciudad sin
estatuas es un buen libro en blanco. ¡Hermoso impulso el que
lleva á rendir homenaje y realzar las figuras de los preclaros
varones á quienes debemos hechos dignos de ser enaltecidos
en todo tiempo, y admirados!
Francia é Inglaterra, países ricos y m u y devotos de honr a r el nombre de sus personajes, cuentan con una profusión de
estatuas increíble para los que no conocen aquellos países. Las
grandes ciudades de una y otra nación ofrecen á la vista multitud de monumentos levantados por las municipalidades ó por
la gratitud de las corporaciones. Tal es el derrocho en este
punto, que en cierta población de Inglaterra tiene una estatua
el inventor do la máquina que sirve para hacer los taladros
en los pliegos de sellos de correo.
E n t r e nosotros han tomado algún incremento esas honrosas manifestaciones desde hace algunos años, pero no llega España, ni con mucho, á donde rayan casi todos los pueblos de
Europa.
KSPAÑOLKS ILUSTRES Y SUS ESTATUAS
219
Y, sin embargo, son precisas; el pueblo aprende Historia
en la iglesia, en la plaza pública, en el cementerio, en el teatro.
El monumento es una página que nadie olvida, porque entra
por los ojos y la leemos un día y otro y otro.
Alguien ha escrito (jue no sentiría el que no le erigieran
estatuas, sino que pudieran preguntarle por qué se las habían
levantado. Parodiando esta frase, diremos que malo será quo
un pueblo no se adorne con monumentos, pero mucho peor es
que, teniéndolos, ignore quiénes fueron los personajes allí representados.
Evitar esta posible ignorancia nos proponemos en los siguientes capítulos (1).
D. N I O O M E D E S P A S T O R DÍAZ
Fueron sus padres D. Antonio Díaz, oficial del Cuerpo administrativo de la Armada, y D." María Corbelle, pertenecientes á pobres pero honradas familias de la ciudad de Vivero (Lugo). Recibió en la pila bautismal los nombres de Nicomedes Pastor, aunque el segundo, por el uso, pasó á formar
parte del apellido. Ingresó muy niño en el Seminario Conciliar do Vivero, en el cual eran notables los estudios clásicos,
que amplió después con los de Filosofía en el de Mondoiledo;
pasó más tarde á Santiago para hacer la carrera de Ley es, como
entonces se decía, hasta que, cerradas todas las Universidades
en 1830, marchó á ]\[adrid, terminando al abrirse las aulas, en
Alcalá de Henares (1833), los estudios de Jurisprudencia.
A l regresar á la Corte tuvo tres valiosísimos patronos:
D. Manuel José Quintana, el general Latre y el Comisario general de Cruzada, Fernández Várela. La amistad del gran
poeta con<¡[uistárons6la sus versos, escritos, aun en temprana
edad, con verdadera y tiornísima inspiración, tomada de la
naturaleza del país eñ que se meció su cuna. La mediación del
general Latre influyó activamente en la carrera de Pastor
(1) El que dedicamos en el número ant
esta serie.
Or á D. Claudio Moyano, pertenece íi
220
LA KSCVFXA MODERNA
Díaz, haciendo que el ministro D. Javier do Burgos le nombrara Oficial segundo y luego primero del Gobierno político de
Cáceres.
A l cumplir los veintidós años de edad, y el mismo día que
murió Fernando V I I , se recibió de abogado en la Audiencia de
Madrid. Entrando en la vida política, fundó con varios amigos El Siglo, que vivió poco; publicó algunas bellísimas poesías en El Artista y La Aleja, dejando la literatura para desempeñar los cargos de Secretario del (Jrobierno de Santander,
(3ficial del Ministerio do la Cioberna,ción y Jefe político de Lérida y Segovia sucesivamente. Antes de salir de la capital
para este último punto escribió el prólogo (14 Octubre 1837)
de las obras de Zorrilla, siendo el primero que proclamó el
mérito del gran poeta nacional.
Tras muchas vicisitudes, Díaz estuvo preso un mes en el
cuartel de Salvaguardias de Madrid, sin motivo alguno, y allí
dedicóse á sus tareas literarias con mayor empuje, escribiendo fulminantes artículos en El Correo Nacional, colaborando
en El Conservador, El Heraldo, El Sol y La Patria, y publicando en un volumen las poesías que á ratos perdidos había
hecho durante diez años.
Sin pretenderlo, fué elegido Diputado y reelegido después
once veces; el comercio de Madrid hízole Secretario del Banco
de Isabel I I , que por entóneos se estableció; el Gobierno le
puso al frente del Consejo de Agricultura, Industria y Comercio; la Reina nombróle Subsecretario del Ministerio de la Gobernación y, á poco. Ministro de Comercio, Instrucción y
Obras públicas, al que deben no poco la Biblioteca Nacional y
la Universidad de Sevilla.
E n 1848 fué Rector de la de Madrid; Consejero de Estado
en 1856; Senador del Reino desde 1858; Ministro de Estado
el 56 y, poco antes de su muerte. Ministro de Gracia y Justicia.
Poseía cinco grandes cruces y murió pobre, de una hipertrofia al corazón, teniendo que votar las Cortes una modesta pensión para su madre y hermanas.
La ciudad de Vivero inauguró el 26 de Septiembre de
1891 el monumento levantado á su memoria en la plaza de la
ESPAÑOLES I L U S T R E S Y SUS ESTATUAS
221
Constitución. La estatua es de bronce, modelada en Barcelona
por D. José Campeny; representa al ilustre patricio en actitud noble y expresiva; en la mano derecha tiene una pluma y
en la izquierda, que descansa sobre el corazón, un rollo do
papeles. En lápidas de mármol adheridas al pedestal, además
de la del frente que puede leerse en el grabado, aparecen las
siguientes inscripciones:
s u PAÍS N A T A L ,
LA PU()VIN(;iA,
E L ESTADO Y SUS ADMIRADORES,
DEDICARON E S T E M O N U M E N T O .
EL CENTRO GALLEGO
DE LA
HABANA.
D. NICOMEDES-PASTOR DÍAZ
NACIÓ EN VIVERO
EL 1 5 DE SEPTIEMBRE DE 1 8 1 1 .
FUÉ
RECTOR DE LA UNIVERSIDAD
CENTRAL,
ACADÉMICO DE LA L E N G U A Y C I E N C I A S
MORALES Y P O L Í T I C A S ,
MINISTlíO DE ESPAÑA EN TURÍN Y LISliOA,
MINISTRO DE COMERCIO, INSTRUCCIÓN Y OBRAS P Ú l i L I C A S ;
DE ESTADO Y DE GRACIA Y J U S T I C I A .
F A L L E C I Ó EN MADRID
EN 12 DE MARZO DE 18()3.
LAS MUSAS L E LLORAN;
LA PATRIA BENDICE SU R E C U E R D O .
E l estadista y poeta insigne murió el 22, y no el 12, do
Marzo de 18B3.
MURILLO
El fundador de la escuela sevillana de pintura nació en
la capital de Andalucía el 131 de Diciembre de 1G17. Desdo
m u y niño manifestó inclinación al divino arte y su padre lo
dio por maestro á J u a n del Castillo.
222
LA K.SCUELA MODERNA
Establecido éste en Cádiz, Murillo tuvo que pintar solo,
hasta que llegó á Sevilla Pedro Moya, discípulo do Van Dick,
cuyo estilo quiso imitar. Sintió entonces la necesidad de buenos modelos, y, comprando un pedazo de lienzo, pintó varios
cuadritos de asunto reli/^ioso, los vendió y, sin participar a
nadie sus intenciones, costeóse el viaje á Madrid, en 1643.
Ya en la Corte, su paisano Velázquez proporcionóle todos
los cuadros que quiso de las colecciones do Palacio, sitios reales y 3Ionastorio del Escori-al, y á los dos años dé copiar á Rubens, El Tiziano, Van Dick, Rivera y al inismo Velázquez, regresó á Sevilla, donde comenzó á trabajar para el claustro pequeño del convento de San Francisco.
Esta obra le dio gran reputación y, propoi-cionándole muchos encargos, contribuyó á sacarle de la indigencia en que se
hallaba.
Casó Murillo con D."' Beatriz de Cabrera, de una familia pudiente do la villa de Pilas, y tuvo tres hijos. Carlos I I le
nombró pintor do cámara, honor que rehusó por su e x t r e m a da modestia y poca afición á la corte.
E n Cádiz, cuando acababa el cuadro Los desposorios de
Santa Catalina, para el altar mayor de los Capuchinos, cayó
del andamio y, trasladado á su ciudad natal, falleció poco después á consecuencia del golpe.
Su muerte, acaecida el día 3 de Abril de ir)82, produjo
general y grandísima pesadumbre. E l ataúd le llevaron á
hombros dos marqueses y cuatro caballeros de las diferentes
Ordenes, hasta la iglesia do Santa Cruz, donde recibió sepultura.
Bartolomé Esteban Murillo era liijo do Gaspar Esteban y
de Jalaría Pérez, resultando do aquí á primera vista una diferencia en el segundo apellido, que algunos creen tomó el artista de una do sus bisabuelas muerta en olor de santidad, según tradición do la familia.
Es grande el número de obras quo á su magistral pincel so
deben: las principales son imágenes de santos ó asuntos religiosos; pero en lo quo no tuvo rival fué en la pintura do la
Concepción y del Niño Dios.
KSPAÑOLKS ILUSTlíK.S Y St'K ESTATUAS
223
Sevilla, q u e se h o n r a con t a n p r e c l a r o hijo, dedicóle u n a
e s t a t u a en b r o n c e , de c u a t r o m e t r o s ^ q u e se l e v a n t a en la p l a za del Museo y c u y o m o d e l o r e g a l ó al A y u n t a m i e n t o de Mad r i d el a u t o r , D . S a b i n o ]\[edina y P o n a s .
R e p r o d u c i d a e n la C o r t o , fué colocada f r e n t e al M u s e o del
P r a d o ; c o m e n z a n d o l a s o b r a s el 3 do A b r i l d e 1 8 7 1 , y celeb r á n d o s e s o l e m n e m e n t e su i n a u g u r a c i ó n el 2 5 do J u n i o sig u i e n t e . E l p e d e s t a l lo ]iagó D . J o s é Lois é I b a v r a ; el a u t o r
del p r o y e c t o ipio so a p r o b ó , D. F e r n a n d o de l a T o r r i e n t o , dir i g i ó g r a t u i t a m e n t e los t r a b a j o s , y los i n d i v i d u o s del E s t a d o
M a y o r de la Milicia c i u d a d a n a c o s t e a r o n la c i m e n t a c i ó n .
E s t á r e p r e s e n t a d o el a r t i s t a e n t o d o el e s p l e n d o r d e su
vida; l a c a b e z a es h e r m o s a y t i e n e p a r e c i d o con los r e t r a t o s
q u e d e él e x i s t e n , si b i e n so h a l l a u n t a n t o r e j u v e n e c i d o el
rostro.
E n el f r e n t e del p e d e s t a l , q u e da al P r a d o , se von en r e l i e v e u n a p a l e t a , u n p i n c e l y dos r a m a s d e l a u r e l , debajo d e la
jialabra MUHILLO.
L r i s 1)!: GiiANAiJA.
_^=i_3-.cá-.T -es.—
DICHOS y HECHOS
Anualmente nacen, por término medio, treinta miOones de niños.
— En Rusia es obligatoria la enseñanza del inglés en las Escuelas de
Comercio. Los rusos ven venir la guerra con Inglaterra.
— Los tisiólogos dicen que los jóvenes que no fuman crecen en estatura,
en peso y en ancho de peclio y en capacidad pulmonar, mucho más rápidamente que los aficionados al tabaco.
— En Munich hay un hospital cuya principal renta consiste en la venta
do plumas de acero, usadas, que le mandan de todas partes do Alemania,
y que sirven para fabricar muelles de reloj, cortaplumas, navajas de afeitar, etc.
— Por término medio, en la vida humana, se está enfermo nueve días
cada año.
— Las autoridades de Nueva York tienen mandado que, cuando ocurra
un caso de enfermedad contagiosa, se coloque en la fachada del ediflcio
una tablilla azul, blanca ó encarnada, según sea la enfermedad.
SOBRE GCETHE
El culto y erudito literato Martínez Ruiz, que sabe el entusiasmo con que hemos estudiado cuanto á Goíthe se refiere, porque le consideramos como prisma refulgente de todo un siglo, nos ha proporcionado la siguiente nota, que ha hallado
en el Memorial literario de 1802, núm. lü, (tomo 2.°), de la Biblioteca de San Isidro,
nota que nos limitamos á reimprimir.—ü. Gl. S,
Anécdotas varias de la vida de Goethe,
sacadas del «Mouthly Magazine», diario literario inglés.
Yon Gaitlie, del Consejo secreto del Duque de Saxe Woimar, Intendente do sus minas y teatros, individuo de la Academia de pintura, y uno de los más célebres poetas de Alemania, nació en Francfort, en cuya ciudad hizo amistad con el
Duque de AVeimar, que fué allí pai'a casarse con una Princesa Hesesa. Claítlie se había ya dado á conocer por su Werter
su Gadz von Berlicliingen, y por una especie do farsa satírica
intitulada los Dioses, los Héroes y Wieland, dirigida contra las
observaciones do ésto, sobre el Alcestes de Eurípides.
Cxciítlio pasó á AV'eimar con el Duque, con motivo de ver á
su contrario Wieland, que había respondido á su sátira en el
mismo tono. Habíase introducido entonces en la corte de Weimar un gusto desenfrenado á las diversiones más extravagantes; los cortesanos se divertían en combatos de puñadas y do
palos, en correr siempre en patines ó sobre zancos y en beber
en calaveras en los banquetes más magníficos; y lo peor es que
estas extravagancias se extendieron por. toda la Alemania,
mezcladas con las modas á lo Werther. A estas diversiones se
SOBRE GdíTHE
225
reunió una especie de manía por la comedia, pues el Duque y
sus cortesanos representaban en un teatro particular las farsas satíricas do tlo'tlie, en las cuales había renovado la comedia antigua y la licencia extremada de Aristófanes. AVieland,
cuyo carácter apacible so resistía á esto desorden, excusándose de unas fiestas que acababan á porrazos, fué ridiculizado
también en público teatro.
Pero todas estas locuras se acabaron al fin, y Guíthe tomó
desde entonces un tono serio y arreglado. Este autor, que ha
escrito varias elegías amorosas con todo el fuego y voluptuosidad do Proporcio, y una novela titulada Willielm Meister,
en donde pinta muy bien el carácter de las mujeres, no ha estado jamás verdaderamente enamorado, y aun es de oj^inión
que los cuidados y lazos del matrimonio comprimen y ahogan
el talento, por lo cual nunca so ha casado, aunque siempre ha
tenido el jnojor partido con las damas.
No le ha sucedido á Gojthe lo (^ue á la mayor parto de los
poetas, pues los Clrandes y las musas parecen haberle favorecido á porfía: así, pues, de grado en grado ha ascendido hasta
el ministerio, y aun logrado toda la confianza del Duque, el
cual nada hace sin consultarle. Guitho tuvo precisión de acompañarle en la campaña (j^uo en 1792 hizo contra los franceses,
pero sin dejar por eso el trato de las musas, pues durante su
residencia en Italia encargó á sus subalternos los negocios monos importantes, para que de este modo le quedase más tiempo de estudiar.
El exterior de (icütho es enteramente diferente del de
Wieland; ésto tiene un airo dulce, modesto y amistoso, y el
Otro de orgullo y desconfianza, sobro todo á primera vista;
pero en medio de esta apariencia, nada agradable, se traduce
Una cierta firmeza y elevación do carácter que, bien conocida,
no puede monos de atraerse la estimación y confianza general.
GcBtho reside con preferencia en Jena, en donde ocupa
una parto del palacio, gozando allí de una paz y sosiego que
no encuentra en Weimar, no obstante de quo en los bosques
de este pueblo ha compuesto su Ijigenia, leyéndose aún en las
TOMO XX.—NÚM. 2.*
15
226
LA v.scriíLA MHDKIÍNA
paredes do la ermitita en que la escribió unos versos que vienen á decir: «l^íoina la mcás profunda calma on la cima de estos árboles, ])ucs sus ramas no forman ni aun ol más lif^ero
murmullo. IJuormon los pájaros en estas grutas, y si uno mismo se detiene aquí un instante, también se adormecerá».
So ve on todo su cuerpo la gordura y robustez (pie dan la
salud y los alimentos más substanciosos, pudiéndose decir que
es el cuerpo de un filósofo ejiicúreo con una cabeza platónica.
Algunos mal intencionados lian extendido que jamás hace tan
buenos versos como cuando está en la mesa; poro él asegura
que Venus lo inspira aim. más bien qiie Baco.
(¡(jjtlio ha formado su gusto en la contemplación y goce do
todo lo IjoUo, ])rocurando examinar las cosas on sí mismas, sin
atenerse á la opinión de los domas, cualidad sin la cual ninguno ha sido hasta ahora gran escritor. Ama con ansia todos los
estudios, y aun los científicos, y toma ol mayor interés en los
jsrogrosos do las l)ollas artes, y ])rinci])almonte do la pintura,
protegiendo á los mejores artistas del ])aís.
Podemos dividir la vida literaria do Cbi'the on tros é])ocas,
cada una de las cuales ha dado un cierto carácter distintivo á
sus obras : la primera fué ])olémica, agitada y aun tempestuosa. Como pai'to do su Wilhein J^íeíater fué compuesta en esto
tiempo, aunípic la ol)ra se ])ublicó después, el estilo lleva el
carácter tle aquella éjioca, pudiendo decirse lo mismo dol A'enicn. ó céleljros opigi-amas contra la mayor parto do los autoros y Academias <lo Alemania, y los cuales so ]>ublicaron on
el almanak ])oético do Schiller, ano do 171)7. En la segunda
época compuso su Ifujenia, su Taso, su Egniont, y varias otras
obras trabajadas con más madurez, y las cuales corrigió ci)n
sumo cuidado on I taba, donde residió cuatro años. La última
ol)ra do esto período fné su poema, ó por mejor decir, su idilio
Heriiiann ij J>orotea.
La tercera éi)oca, en la que actualmente se halla, pertenece á las bollas artos; su ingenio no so remonta y a á regiones
tan elevadas, reduciéndose á ostudiai- la teoría do la imitación
y el ])oder del i-azonamionto. H a puesto en versos y lenguaje
del día sn antiguo ])ocma satírico Reynaldo, ha arreglado para
soiiiii': (;(i"j'iuí
227
el t e a t r o a l e m á n m u c h a s t r a g e d i a s do V o l t a i r e , y t a m b i é n p u blica de poco tiem])0 á esta p a r t e n n a oljra p e r i ó d i c a t i t u l a d a
Propileos, en la c u a l se h a p r o p u e s t o p r o f u n d i z a r las r e g l a s de
las b e l l a s a r t e s . Jiln fin, h a c e dos ó t r e s a n o s (pie estableció á
su costa u n jiromio de ])¡ntura p a r a los a r t i s t a s a l e m a n e s , al
c u a l c o n c u r r i e i ' o n el p r i m e r a ñ o v e i n t i s i e t e o b r a s , con las q u e
se h i z o en A\'eimar u n a ex])osiciün ])ública.
LA POLÍTICA D E L ALMA
El alma os una verdadera república.
El gobierno es popular, eleclivo, alternativo y re.sponsable.
El poder público reside en la hiteliíjencia, en la Vuluntad y en la Conciencia: es decir, la Inteligencia legisla, la Voluntad ejecuta y la Conciencia,
como tribunal inapelaljle, administra justicia en toda la extensión del territorio.
El poder municipal reside en los sentidos, los cuales ejercen su autoridad bajo la dependencia inmediata de los poderes generales de la república.
La población está dividida en dos grandes razas: los sentimientos y las
ideas.
La memoria constituye un establecimiento nacional, que es á la vez Archivo público, Biblioteca y Musco do antigüedades.
En esta oficina so recoge también la historia patria.
El alma es un país esencialmente revolucionario, razón por la cual el
gobierno es inestable ; tan pronto gobierna un sentimiento como otro, y
(•onio las instituciones son eminentemente democráticas, luchan por obtener el mando de la re[)ública. Hay, sobre todo, dos bandos ijolíticos intransigentes (|ue viven en guerra continua: la Virtud y el Vicio.
Felizmente, la Conciencia abre su tribunal tan pronto como se i)acifica
el ánimo y queda establecido el orden público; y después de analizar los
hechos y des|)ués de instruir el proceso, sentencia irrevocablemente en
conformidad con los códigos do la .Moral.
Estos e.xpedientes pasan íntegros á los archivos de la Memoria para los
efectos legales del remordimiento.
Mantiene esta república muy buenas relaciones de amistad y comercio
con otros Estados.
Hay guerras internacionales en que combaten las ideas, siendo la prensa, por lo regular, el campo de batalla.
Un secreto es un preso político cuya fuga puedo traer á la república
graves conflictos internacionales.
En general, la república del alma tiene lo que las demás, á saber:
Diplomacia, en la educación. Tiranía, en el capricho. Política, en la curiosidad. Deuda pública, on la gratitud. Anarquía, en la locura. Golpe de Estado, en el arrepentimiento; y la política del Coleste lm[)erio en el egoísmo.
El desengaño es un terremoto que mata de un gol|)e ¡deas y sentimientos.
Moraleja. — Sólo es feliz esta república cuando gobierna la filosofía con
un ministerio de buenos sentimientos.
INFORMACIÓN PEDAGÓGICA
La segunda enseñanza en Francia.—Opinión de FouHk'e.—La segunda enseñanza en Alemania.—La segunda enseñanza en España,—La cátedra Je Pedagogía superior.—La enseñanza y las Congregaciones religiosas.— ün articulo de
Berlhelut (La ciencia y la educación popular).
La segunda enseñanza va á recibir en Francia una nueva orientación. El Consejo Superior de Instrucción pública ha coordinado y comparado extensamente los 19(5 dictámenes recogidos en la enqucte de 1899,
y de este paciente estudio ha salido una reforma. Se sospecha ya el espíritu de ésta por la misma extensión dada al campo de las investigaciones ; la opinión de los Profesores está mezclada con la de las Cámaras de comercio. .Se ha comprendido que había un interés apremiante
en variar la enseñanza de los Liceos, en apropiarla á las exigencias diversas de la vida econÓMiica y social. Ya bajo el se.;undo imperio, para
corresponder al deseo de las familias que querían dedicar á sus hijos á
un aprendizaje comercial é industrial, Duruy había creado la enseñanza
especial, (\\w no comprendía sino cuatro años de estudios. Pero la vieja rutina persistió y la enseñanza especial, á la cual se añadió dos años, perdiósu carácter práctico y llegó á ser una copia déla enseñanza clásiciu Estaba así calcada sobre el modelo del cual se había querido apartar. Tomó
entonces el nombre de enseñanza moderna. Es el sistema que actualmente rige. Notoria es su insuíiciencia. Se ha atendido en el nuevo sistema
á disociar lo más posible estos dos modos de enseñanza. Se ha pensado
que era preciso aproximar la enseñanza moderna á su forma primitiva,
dotándola de un programa de estudios aparte, que permita á los alumnos prepararse á las carreras comerciales, industriales, agrícolas ó coloniales. Al efecto, ha sido dividida en dos ciclos, de los cuales el primero, que comprende cuatro años, termina por la obtención de un diploma. Tres años de enseñanza restarán á aquellos alumnos que quieran llevar más lejos su carrera científica ó literaria. Es l&high School de
los Estados Unidos, seguida facultativamente del colegio.
El verdadero carácter de la reforma muéstrase aún más patente en
la franca Bustitución del carácter científico al carácter literario eu la
enseñanza llamada moderna. La especialización llevará hasta excluir del
INFORMACIÓN PKDAGÓGICA
229
programa la ciencia pura, comprendiéndose en él únicamente las ciencias aplicadas.
Además, llevado del mismo espíritu se propone el nuevo plan transformar completamente la enseñanza de las lenguas vivas : el estudio de
la Gramática perderá importancia j habrá de ceder su preferente papel
á la conversación. Hasta el presente han sido estudiadas las lenguas
vivas á la manera del latín ó del griego, como si se tfatase de llegar á
leer á Shakespeare ó Goethe en el texto, más que de comprender lo que
en su idioma nos digan los interlocutores extranjeros. Se hacía penetrar al alumno con mil ceremonias en el fondo de la sintaxis inglesa ó
alemana, pero el iniciado, una vez que salía de esta cripta, veíase ofuscado por la luz del día y no hacía otra cosa que frotarse los ojos, siendo
incapaz de articular ó de entender una palabra de alemán ó de inglés.
Por estas indicaciones aisladas no es fácil formar concepto preciso de
una reforma tan compleja. Pero j a se adivina que el propósito principal
es el de sustraer la enseñanza secundaria á la uniformidad que padecía.
Tendrá ahora mucha mayor elasticidad; las diferentes aptitudes encontrarán allí cuatro ó cinco grandes vías preparadas para las carreras á
que llame á los alumnos su vocación.
*
En el número de 10 de Febrero de la. Reviie Polittque et Parlamentaire
se ha publicado un artículo de A. FouiUée (de l'Institut), titubado La
reforme de I'enseignement classique el Tíioderne. Examina el ilustre filósofo
francés los proyectos de reforma que deben ser sometidos á la aprecia ción del Parlamento, y algunas de sus ideas merecen ser generalmente
conocidas : «La educacióu secundaria, dice, debe formar al hombre, al
principio para sí mismo, después, en vista del medio social. Ni la individualidad ni la sociedad se comprenden aisladas : ambos términos se
implican. Cuando el medio social se va modificando con rapidez creciente, la educación no puede permanecer inmutable. Si, pues, se quisiese
tratar do la enseñanza sociológicamente, sería preciso mostrar cómo y
en qué medida las condiciones de la vida colectiva, modificándose, modifican la enseñanza misma. Este punto de vista dinámico, que diría
Comte, es bastante olvidado por ciertos educadores, que se atienen demasiado exclusivamente al punto de vista estático... El nuevo medio
social, como quiera que sea, pesa sobre la enseñanza. Hace menos de un
siglo la segunda enseñanza se dirigía á veinte mil familias; hoy doscientas mil familias aspiran á ella, ó sea diez veces más. Estas familias, careciendo de «la ociosidad honrada y elegante» de los ricos de antaño,
quieren una enseñanza á la vez liberal y útil para el porvenir». FouiUée
pide que desaparezca el nombre de enseñanza moderna, que, según dice,
no ha sido inventado sino para arrojar el descrédito sóbrelos llamados
230
LA KSCriíLA MODKliNA
estudios antiguos. De liecho la enseñanza clásica debe ser y es tan moderna como cualquier otra. En cuanto á la enseñanza de miras prácticas, debe llamarse «enseñanza científica práctica». «Once años hace, exclama Fouillé, que la segunda enseñanza sufre á la enseñanza moderna, que, sin hacer nada serio para los estudios prácticos, ha comprometido los estudios clásicos, ha comprometido la clientela y la influencia
de la Universidad, y por ende ha comprometido el espíritu liberal y democrático».
Al tratar de las reformas en la segunda enseñanza, debe ser mencionado un decreto del Emperador prusiano, que acaba de modificar en
una serie de puntos el programa de la segunda enseñanza. Estas reformas (llamémoslas así para acomodarnos á la terminología oficial) tienen
un carácter francamente utilitario muy en relación con las aspiraciones
de la política actual. Las tres categorías de los establecimientos de segunda enseñanza en Alemania, los Gimnasios, los Gimnasios Reales y
las Escuelas lleales, han adquirido el mismo rango, y disfrutarán las
mismas prerrogativas. Sabido es que en los Gimnasios se estudia el
latín y el griego; en los Gimnasios Reales solamente el latín, y en las
Escuelas Reales se prescinde de las lenguas muertas. De éstas la lengua
griega es la más sacrificada, puesto que se la descarta de todos los grados de enseñanza, excepto de los de la Teología y la Filología. Además,
(iuillermo II recomienda que se desprecien los detalles inútiles y puramente formales. ;Guerra á los aoristos segundos! parece ser la consigna.
Respecto alas lenguas modernas, se deja á las circunstancias y necesidades locales la elección entro el francés y el inglés. Otra disposición
del nuevo programa de estudios del Emperador germánico es la de
multiplicar y prolongar las horas de recreación entre los escolares.
Dice Compayré que los planes de segunda enseñanza vivan en Francia todavía menos que las Constituciones. Estas palabras irónicas aplicadas á España no bastarían á reflejar la instabilidad de nuestra legislación de segunda enseñanza, que dado lo vertiginoso de sus mudanzas, si cada una de éstas hubiese mejorado en algo lo anteriormente estatuido, hubiera puesto á nuestra nación á la cabeza de los pueblos más
progresivos en materia de instrucción pública. En medio siglo aproximadamente ha sufrido la segunda enseñanza en España once reformas
totales. El recuento es difícil. Moyano establece en la ley del 57 el primer plan sistemático de segunda enseñanza, dividiendo ésta en dos órdenes, uno de estudios generales y otro de estudios de aplicación á las
IXFORMAC'IÓX PK1)A(KJÜK,'\
2^\
profesiones industriales. Kn Octubre de 18(58, Ruiz Zorrilla refórmala
segunda enseñanza, estableciendo dos órdenes de bachillerato: el clásico y el moderno . En Junio de 1883, D. Eduardo Chao reorganizó la segunda enseñanza, suprimiendo el Latín, incluyendo el Derecho usual y
los estudios del año preparatorio de las carreras de Derecho, Medicina
y Farmacia, lín Octubre de 18G0 reforma D. Fermín Lasala la enseñanza de los Institutos, estableciendo uno de éstos en cada provincia y volviendo al punto de partida de la clasificación de los estudios en generales y de aplicación. En 1893 proyecta Moret una reforma délos estudios de segunda enseñanza, distribuyendo los estudios en dos períodos
de tres años cada uno. En Septiembre de 1894 la reforma de Groizard
divide el bachillerato en dos periodos, uno de cuatro años de estudios
generales y otro de estudios preparatorios en dos años para cada una
de las bifurcaciones de Ciencias y Letras. En Noviembre del mismo año
Puígcerver modifica el plan de Groizard, suprimiendo la bifurcación. En
Julio de 1895 Bosch y Fustegueras intentahacer de la segunda enseñanza
un i)eríodo á la vez complementario de la instrucción primariay preparatorio de la superior que estuviese al alcance de la inmensa mayoría de
las inteligencias y de las fortunas. En Septiembre de 1898 el plan de Gamazo reforma la enseñanza con novedad de criterio, apreciable, por
ejemplo, en el estudio de las lenguas, donde se comienza por el castellano, pasando de éste al francés y de éste al latín, al contrarío de lo que
se venía haciendo en los planes anteriores, donde se empezaba por el
latín. En Mayo de 1899 el Marqués de Pídal aumenta la duración de los
estudios y los reviste de uu carácter excesivamente clásico. La reforma
vigente de la segunda enseñanza por el Sr. (Jarcia Alix lleva la fecha
de 20 de Julio de 19O0. No se ha seguido en España el procedimiento
que en Francia, el procedimiento de información pública que entre nosotros ha sido propuesto por D. Francisco Giner, quien también propuso
que se continuara la información iniciada por el Sr. D. Eduardo Vincenti
en el tomo que díó á luz siendo Director de Instrucción pública en 189-1;
pero extendiéndola, no sólo al Profesorado y las corporaciones oficiales,
sino á otros muchos órdenes, y debiendo dirigirla una Comisión técnica
donde se asociasen las principales tendencias, por radicales y heterogéneas que fuesen. Así, d.ecia el Sr. Giner, reunidos (de dentro y de fuera de España) los elementos de juicio necesarios, acaso se lograría remover la dura costra de la opinión, é interesarla en el problema, para
que, algo mejor enterada, prestase simpatía á alguna solución. Sin esto,
y desatendido el problema de las relaciones entre la primera y la segunda enseñanza, que debiera ser problema inicial de toda reforma, no
es fácil que las disposiciones legislativas arraiguen en instituciones pedagógicas. El preámbulo del Decreto de reformas en el bachillerato del
Sr. García Alix comienza declarando que la segunda enseñanza constituye hoy en todas las naciones un problema no resuelto. Pero en otras
232
LA ESCUELA MODERNA
naciones está resuelto el problema de la enseñanza primaria, que puede
ventajosamente sustituir á la segunda enseñanza, mientras que en E s paña ni las Escuelas, ni el Instituto, ni la Universidad, responden actualmente á las aspiraciones de la Pedagogía. Recientemente, al abrir
un popular periódico madrileño una información sobre este punto, una
inteligencia tan prestigiosa como la de D. Eduardo Benot en cuestiones
de educación, se pronunció resueltamente por la supresión de la segunda
eiiseñama, como se ha hecho en Inglaterra y los Estados Unidos. «El
niño que empieza su instrucción á los cuatro ó seis años en la clase de
párvulos debe estar constantemente sujeto á la misma disciplina escolar hasta que de quince ó diez y siete aiíos haya de emprender una
carrera ó buscarse un honrado modo de vivir. La segunda enseñanza es un grado artificial que no responde á ninguna exigencia. ¿Qué límite taxativo puede haber para decir : «Esto es lo primario y aquí empieza lo secundario?» Benot insiste en su radical opinión: «Debe suprimirse la segunda enseñanza». Desde luego que á las palabras de Benot
se las puede poner un reparo: antes de suprimir el Instituto antiguo,
hay que crear la Escuela moderna. Lo contrario sería desconocer el profundo sentido de aquella frase del conceptuoso Gracián: «Son Iiambres
de jigante los hartazgos de enano».
Por un Real decreto del Ministerio de Instrucción pública y Bellas
Artes ha establecido el Sr. García Alix el estudio de la Pedagogía en las
Universidades. En una de las crónicas anteriores, refiriéndome á los certificados de aptitud pedagógica, indicaba que más eficaz hubiera sido
para los Doctores y Licenciados el que aprovechando la conyuntura de
las reformas en la enseñanza superior se hubiera incluido en las/acüZtodes madres de Ciencias y de Letras el estudio de la Ciencia de la educación, que aun no ha logrado penetrar en nuestras Universidades, cuando
ya existe en todos los pueblos adelantados, para proporcionar la necesaria cultura pedagógica á todos los que han de desempeñar funciones docentes. Pueblo hay, como Bélgica, donde la enseñanza de la Pedagogía no
falta en ninguna de sus Universidades, ni en la Universidad oficial de
Louchay, ni en la Universidad católica de Lovaina, ni en la Universidad
libre de Bruselas.
Dispone el Decreto de nuestro Ministerio de Instrucción pública la
creación en el plazo máximo de cinco años de una cátedra de Pedagogía
superior en el Doctorado de la Sección de estudios filosóficos de la F a cultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid. De la misma
exposición que precede á este Real decreto parece deducirse que el Ministerio de Instrucción pública reconoce exclusivamente la necesidad y
la urgencia de esta reforma en la Facultad de Filosofía y Letras, decía-
INFORMACIÓN PKDAGÓGICA
233
rando que no se juzgó oportuno darle entrada desde luego en el nuevo
plan de estudios de esta Facultad por su índole especial y asimismo para
poder meditar por más tiempo, y con la consulta de los doctos, la manera de llevarla á cabo con el mayor acierto posible. Acometida ahora
esta j-eforma adicional de las anteriores, el mismo sentido exclusivista
parece como que relega la Pedagogía al orden de las enseiían/.as filosóficas, con lo cual deja exentos de esta nueva disciplina á los futuros
Profesores de Ciencias, y aun á los futuros Profesores de I^etras, como
8i la Pedagogía fuese tan sólo una asignatura y no el medio inexcusable de formación de las aptitudes profesionales para el ejercicio de la
enseñanza en todos sus grados, conforme á la índole educativa que hoy
se ha extendido á todo el Profesorado, desde el Magisterio de primera
enseñanza, para el cual de antiguo se consideraba indispensable la preparación pedagógica.
El lapso de tiempo que se concede por esta disposición ministerial
para proveer la cátedra de Pedagogía superior, denota un aplazamiento
injustificado en lo que debió ser resuelto inmediatamente, puesto que
tratándose de establecer una cátedra de Pedagogía en la Universidad
Central, no es menester salir de la Universidad misma para encontrar
el Catedrático adecuado á la nueva disciplina en condiciones de excepcional competencia. D. Francisco Giner de los Ríos es en España el
Maestro de los Maestros. F'uera de España, la reputación pedagógica del
Sr. Giner, lejos de disminuir, aumenta. Recuérdese el capitulo titulado
«Un pedagogo español», del libro de M. Gabriel Corapayré Eludes sur
Venseignement el sur réducalion, donde se hace justicia á los méritos del
sabio Maestro, quien ha podido y ha debido ser nombrado ipsofacto Profesor de Pedagogía en nuestra Universidad como fué nombrado Marión
Profesor de Ciencia de la educación en la Sorbona. De todas suertes, la
consagración oficial desde el Ministerio de Instrucción pública del problema de la educación, mediante la creación de una cátedra de Pedagogía en la enseñanza superior; la determinación explícita del doble trabajo que ha de efectuarse; las lecciones públicas de carácter teórico y
las investigaciones personales de carácter privado, y sobre todo el acierto en la designación provisional del Profesor á quien se encomienda el
curso de Pedagogía superior, el Director del Museo Pedagógico Nacional, el mismo Profesor verdaderamente ilustre Sr. Cobsío, por cuyos admirables cursos sobre «Los problemas contemporáneos de la Ciencia de
la educación» puede recabar la Escuela de Esludios superiores del Ateneo
la prioridad en el establecimiento de las enseñanzas pedagógicas desde
el curso de 189G-97, todo ello constituye un título altamente honorífico
para el Ministro de Instrucción pública, que con tal acierto ha acometido la urgente reforma tanto tiempo demorada en España por la frecuente complicidad de la desidia de los de arriba con la ignorancia de
loa de abajo, formas distintas de una misma pereza mental que presta
234
LA ESCUELA ilOUEKKA
oportunidad constantemente á aquella irónica advertencia~de Séneca;
«Y conste que tengo por vulgo á muchos que usan clámide», ó como si
dijéramos, á muchos que usan uniforme de Ministro...
<'En ningún puesto debe ocultarse el pensamiento; pero desde el Gobierno considero como un deber el exponerlo, y por tanto, hago la decía'
ración terminante de que respetando por el estado de derecho creado todo
aquello que se mantiene y vive al amparo de la ley, considero la enseñanza como la más principal de las funciones del Estado. Individuo de
un Gobierno, entiendo que el deber me impone defender á toda costa
las prei'rogativas del Estado, y aspiro, por medio de medidas de organización y de régimen académico, á que se convenzan las familias, á
que nos convenzamos todos, de que la mejor enseñanza, lamas barata,
la menos peligrosa y la que abre mayores horizontes á la juventud escolar en los azares de la vida, es la enseñanza oficial*. Tan explícitas
declaraciones pertenecen al Ministro de Instrucción publica D. Antonio
García Alix. En el Prólogo á su colección de disposiciones legislativas
están impresas, é impresas están en el ánimo de cuantos le hemos oído
más de una vez en elocuentes discursos enaltecer las instituciones docentes del Estado, defendiéndolas de «Colegióse instituciones que van
como la hiedra secando el tronco de la enseñanza oficial, y para evitar
que la Universidad muera á manos de «otras instituciones de enseñanza, que disponen de medios no visibles, pero efectivos, para apoderarse primero del hogar y de la enseñanza después».
He transcrito estas palabras de viril elocuencia, para contraponerlas á las declaraciones que el Sr. D. Francisco Silvela ha formulado en
reciente inlervieír con un repórter del periódico francés Le Gaulois. El
Sr. Silvela ha afirmado la superioridad en España de los establecimientos de enseñanza de las Congregaciones religiosas. Los gratuitos
juicios del Sr. Silvela han sublevado justamente la dignidad del Magisterio. Este hombre político ha gobernado y aspira á gobernar nuestro
país. ¡Admirable programa de regeneración éste que preconiza las excelencias de la educación clerical!
Ko repudiaría la opinión del Sr. Silvela el famcso P. Du Lac, que
acaba de coleccionar en un libro titulado Jesuítas, algunos artículos publicados en Le Correspondant, dirigidos principalmente á hacer una apología de los beneficios de la educación en las Casas de Loyola. Según
el P. Du Lac, los principios pedagógicos de los jesuítas son: obediencia,
sumisión, sacrificio. Su Pedagogía tiene un sentido negativo. Niega la
pasión, niega la juventud, niega la vida. El mismo P. Du Lac aporta el
testimonio de su experiencia personal para corroborar una famosa máxima del P. Boylesve, quien aseguraba que los dos años de noviciado en-
IN.\()liM.Vfl(')N PEDACiÓCiU'A
235
vejecían diez años al novicio. Octavio Mirbeau, en una crónica de Le
Journal^ ha llamado á los jesuítas los pelrijicadores de almas. ¡Ouán distante se llalla esto de la Pedagogía de hoy! Marión pide que el educador
se esmere en el más cuidadoso respeto á la personalidad del niño. Es
preciso respetarla, con tanta más razón, cuanto que ell» se ignora á si
misma, y desconoce lo que vale. Hay que temer, ante todo, continúa el
experto psicólogo, el quebranto de la voluntad del niño; eso equivaldría á destruir el germen de la moralidad futura. Evitemos á todo trance que una voluntad sea esclavizada por otra voluntad. La libertad está
implícita en la idea de obligación, como demostró Kant, el gran ülósofo
que asestó el más duro golpe á la pedagogía ignaciana, al afirmar con
sublime expresión, que la persona no puede ser tratada como un medio,
porque esencialmente es un fin.
Sabíamos ya que Voltaire fué discípulo de los jesuítas. Según recientes indagaciones de un erudito escritor, el Presidente del Ateneo de
Sevilla, Sr. liodríguez Marín, y por conjeturas que expone en el discurso inaugural de esta Corporación, leído á mediados del mes corriente,
sabemos que Cervantes íué también discípulo de los jesuítas. A primera vista parece inexplicable cómo de los Colegios de la Compañía de
.Tesús han podido salir los dos ingenios más libres, más desenfadados,
menos jesxiUicos... Si Voltaire no hubiese escrito sino sus versos yertos,
y Cervantes no hubiese escrito sino sus versos fríos, ])üdria fácilmente explicarse que la literatura de colegio hubiese inspirado la Henriada de Voltaire, ó la Numaucia de Cervantes. Pero ¿cómo explicarse
la influencia á&lRalio studioruiii ante el Cimdido, esa tragedia cómica, ó
ante el Quijote, esta comedia trágica? Dice Macaulay, muy justamente,
que los jesuítas parecen haber hallado el punto hasta donde puede llevarse la cultura intelectual, sin llegar á la emancipación de la inteligencia. Añádase á esto la enemiga que al albedrío profesa la disciplina
de los jesuítas, y dígase si después de sus inmortales producciones literarias lo más admirable en Cervantes y Voltaire no es la pasmosa fuerza de voluntad y de entendimiento que fué menester sin duda á aquellos dos grandes ingenios para sustraer su espíritu y su corazón al letal
ambiente del Colegio ignaciano. ¡Almas fuertes aquellas que no logró
abrumar «el peso de las conciencias ajenas», para decirlo con frase de
un escritor contemporáneo! ¡Almas fuertes como el alma de Kenan,
quien salió del claustro de San Sulpicio para escribir aq\iella oración
de la Acrópolis, himno del arte, canción de la vida, rebosante con la
alegría helénica y luminosa que en el siglo xvi, nuestro siglo de oro,
llevaría al alma de Cervantes, bajo el cielo azul de Sevilla, el gozo de
vivir, como un rayo de sol que alegraría su juventud al salir del Colegio sombrío...
236
LA ESCUELA MODERNA
'Firmado por un nombre de los más ilustres de la Ciencia contemporánea, por el nombre del sabio Berthelot, lia publicado la Revue de
Paris en su número de 1.° de Febrero un artículo, que á ser posible traduciría íntegro para que mis lectores pudieran admirarla elevación de
pensamientos con que habla Berthelot del tema siguiente : Za Ciencia y
la Educación popular. Seguramente no ae liabráborrado de la memoria de
aquellos que siguen con atención el movimiento intelectual en el extranjero aquel otro artículo con que Berthelot, desde las columnas de la
misma publicación francesa, refutó enérgica y razonadamente las opiniones de Brunetinre sobre lo que este crítico de la Revista de ambos mundos llamó con írase que se hizo célebre la bancarrota de la Ciencia. Baste
algún fragmento del admirable trabajo de Berthelot para que los partidarios de la educación científlca popular sientan la necesidad de leer
íntegro este notable articulo.
«Hasta nuestro tiempo (comienza diciendo Berthelot) la fuerza y la
Religión han sido los dos principios directores de las sociedades humanas: la fuerza garantizaba el orden material; la religiÓQ el ordea moral.
La una y la otra tenían por principal objeto la estabilidad perpetua de
las cosas establecidas en un estado declarado definitivo: la fuerza, hostil á todo cambio material, mantenía la explotación del mayor número
á cumplir una obra servil en provecho de algunos; mientras que la religión se esforzaba en calmar los odios y endulzar las costumbres por sentimientos de caridad. Pero ella predicaba la permanencia de las servidumbres sociales, y enseñaba á los pobreá y á los humildes que debían
resignarse á su destino sobre esta tierra, con la esperanza de una justicia divina reservada á un mundo futuro y sobrenatural.
Estas concepciones de una sociedad inmóvil en sus crencias y en
su organización han sido quebrantadas desde el siglo xvi por la protesta
individual de los librepensadores contra el dogmatismo teológico, y por
la rebelión colectiva de las masas populares contra la servidumbre feudal. Un nuevo principio director se ha levantado poco á poco en Europa; la Ciencia, es decir el conocimiento de las leyes del mundo material
y moral en el seno del cual vivimos, leyes á las cuales nosotros debemos
conformar á la vez la reglamentación de nuestra vida privada y el gobierno de las sociedades humanas». A continuación traza Berthelot el
cuadro del dominio científico en el orden material y en el orden moral;
resume en términos precisos el desenvolvimiento de la enseñanza popular, y observa que «las clases populares han comprendido la necesidad de completar su educación científica imponiéndose así un trabajo
voluntario que viene á añadirse á su trabajo de jornaleros. Es que el
pueblo ha reconocido el provecho que podrá reportarle tanto desde el
punto de vista personal como desde el punto de vista colectivo; tanto en
el orden material como en el orden intelectual y moral». Explana Berthelot estos conceptos en forma clarísima y con extensión á que nos-
INFORMACIÓN PEDAG')GU'A
237
Otros no podemos alcanzar, viéndonos reducidos á indicar como de preferente interés el concepto de la transformación del obrero manual en
ingeniero mecánico, con lo que se eleva la jerarquía social del trabajador, y el concepto del acrecentamiento incesante de las riquezas sociales como resultado de la unión íntima que existe entre la ciencia pura
y la ciencia aplicada, y el concepto de la cultura cientiüca como escuela de sinceridad, porque plega el espíritu humano al respeto absoluto de
la verdad; como escuela de dignidad, porque substituye el dogma ciego
por el deber consciente; como escuela del desenvolvimiento del sentido
estético, señaladamente por obra del arte industrial, y como escuela de
solidaridad universal, noción la más elevada que se despiende de la enseñanza cientííica popular. «Toda obra científica, dice Barthelot, es una
obra colectiva; niugúu descubrimiento nuevo es aislado, pero cualquiera que sea el genio individual del inventor en la teoría como en la práctica, se apoya necesariamente sobre el conjunto de los descubrimientos
anteriores de los investigadores que le han precedido, tanto como sobre los esfuerzos más ó menos felices de sus contemporáneos».
La obra de la ciencia, concluye diciendo Berthelot, es una obra de
paz: «Propaguemos por todas partes la educación científica bajo sus
formas materiales y morales más comprensibles... ¡acaso la ciencia nos
conduzca á los tiempos benditos de igualdad y fraternidad entre todos
los hombres, solidarios por la santa ley del trabajol-)
Así sea, ó por mejor decir, haciendo de la fe religiosa esperanza científica: Así será.
ANDRÉS OVEJERO.
-s<v^EXCENTIUCIDADES V RAREZVS DE GRANDES HOMBRES
Montaigne, para meditar, salía de su casa é iba á esconderse en un viejo
desván, en el que nadie penetraba. «Está lleno de mis pensamientos—decía—y si olvido alguno de ellos, estoy cierto de encontrarlo al siguiente, tal
como lo dejó la víspera».
Juan Jacobo Rousseau se sujetaba la cabeza y se tapaba las orejas con
unos taponcillos de algodón blanco.
Milton, el célebre inmortal autor del Paraíso perdido, no podía escribir
sus páginas magistrales sin estar envuelto con una vieja capa de lana, lo
mismo durante el verano que en los fríos más rigurosos.
Schiller escribía sus tragedias con los pies desnudos y colocados sobre
un trozo de hielo, que tenía cuidado de reemplazar á medida que se fundía.
Bentham, el erudito lilósofo, escribía sentado sobre montones de papel
blanco.
Buffon no encontraba ninguna idea si no vestía un traje elegmte, con
alhajas de valor, y teniendo al lado su espada de ceremonia.
(iOSAS P E rUER.3.
DE
TSSPAXA"
MI-CARÉME» BEL&A, por Roárip Soilaiio.
París es la voz y Bruselas el eco; Bruselas es un París en la infancia, un París con andadores. París tiene sus inmensos boulevares incapaces para contener el torrente de coches y transeúntes : Bruselas se ha
permitido el lujo de abrir avenidas de tres ó cuatro kilómetros, en las
cuales es difícil hallar una persona. París levanta la Torre Eiffel, ventana abierta al cielo para que desde ella miren los viajeros de todo el
mundo : Bruselas fabrica el Palacio de Justicia, muralla china de piedra para uso de los abogados de seis millones de habitantes. Mientras
en París se representa el drama del Panam-á, estrénase en Bruselas el
Vandecille del sufragio universal. París tiene su Zola : Bélgica su Lemonnier. París lucha, se renueva, riñe batallas artísticas en grandes
llanuras y con innumerables ejércitos : Bruselas juega con soldados de
plomo sobre una mesa de billar ó agita tempestades en un vaso de agua.
Mientras los parisienses hablan el francés decadente, francés de viejo
caprichoso hastiado en placeres, los de Bruselas balbucean un francés
infantil, sencillo y primitivo. París tiene su jAlluelo: Bruselas su huérfaua. Cuando el trueno de la revolución estremece á París, apenas caen
en Bruselas cuatro gotas; cuando París ríe á carcajadas, como un loco,
Bruselas se divierte sin ofender á nadie, como burgués en domingo.
París inventó hace años la fiesta de los confetti, la Mi-Caréme medio
italiana, arlequinesca y ebria. Bruselas quería también ser París, ser
arlequín y embriagarse durante unas horas.
Confetti! Confetti! Confetti: ¡Paría! ¡París! ¡París! ¡Barullo, belén, ja(1) No tan sólo i)or dar variedad á esta R K M S T A , .sino con ol deseo de a p o r t a r
materiales de educación, i n s e r t a r e m o s los usos y costumbres extranjeros que, producto de sus l e c t u r a s , tienen á bien enviarnos a l g u n o s de n u e s t r o s a m a b l e s favorecedores.—N. i'K LA D .
COSAS DK Fi:i:uA ])!•: H S P A Ñ A
'2'.¥.)
leo, juerga! — repetían los habitantes de Bruselas, que no en balde tienen mucho de flamencos.
Y hubo juerga, y hubo belén, y hubo jaleo.
El día estaba hermoso; el cielo azul, azul velado del Norte, con reflejos de rosa y temblores de aurora boreal. El sol pálido transparentaba las torres de blanco encaje de la Catedral, y caía sobre los tejados
azules, las dentelladas rojizas chimeneas y piñones de las casas flamencas, y las doradas estatuas y balcones, y relojes, que como un ascua
brillan en los palacios señoriales de Bruselas.
Sobre ese fondo de decoración á lo Brueghel corrían y saltaban las
máscaras parisienses : los blancos arlequines, rebozados de pastosa harina, los diablos rosas, rojos y verdes, los payasos azules, amarillos y
rojos, los incoherentes pintarrajeados de carmín, betúu y pez, las mueríes tenidas de sepia y cal, moviendo tremendas guadañas; lus místicos,
en tin, disfrazados de frac y en calzoncillos, resplandecientes con sus
instrumentos de música, y ensordeciendo con sus roncos y feroces relinchos y rebuznos de murga. Los boulevares estaban intransitables;
los pasajes eran un mar de colorines; las calles estrechas vomitaban de
continuo gentío loco y ebrio; en barrios altos y bajos culebreaba, estirábase y se recogía el monstruoso Carnaval.
Gritos, chillidos, carcajadas, voces de tiple, frases en francés, y en
inglés, y en alemán, y en flamenco, acompañaban á la estruendo.sa orquesta.
Llegó la hora de los confetti, y entonces de balcones, ventanas, miradores y tejados brotó un chaparrón primero, un diluvio después, una
inundación más tarde, una tromba, en íin, de papelillos de los mil colores del Kaleidoscopo, que caía sobre el público, que dispersaba á la
muchedumbre, que cubría sombreros, caras y trajes de motas rojas,
azules, blancas y verdes, siendo imposible escapar al torrente de júbilo desbordado, al vendaval de locura, á la tempestad de entusiasmo que
arrollaba y envolvía á todo el mundo. Original batalla de armas arrojadizas, combate de pompas de jabón en el cual se oyen de continuo las
voces escandalosas de los soldados, las carcajadas y chillidos de los
combatientes, los gritos de alegría de heridos y contusos. En esta lucha, dispútase el terreno palmo á palmo: por un lado avanzan batallones de arleq\iines, por el otro compañías de diablos; al flanco guerrillas
de incoherentes, grupos de clowns; las músicas enardecen á los luchadores; consúmense las municiones rápidamente; caen y se levantan
muertos y heridos, entre el diluvio de mariposas que vuelan sin cesar,
brillando al sol.
Mas ¿qué es aquello que avanza entre una fila de gendarmes? Los
gritos cesan, aglomérase la gente en las calles. ¡La procesión, la procesión, la procesión se acerca! Y pasan lentamente carros, máscaras, borrachos, soldados, farsantes, músicas, anuncios y símbolos. El culto á
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LA ESCUELA MODERNA
la carne, al pau, al vino, al placer, al reclamo, eu todas las formas y
con todos los trajes; la caricatura grosera, la burla pedestre de la política, de la religión, de las costumbres j vicios.
Aquí uu carro enorme, arrastrado por buejes de dorados cuernos;
más allá una cocina en que se guisa, por cocineros gordinflones, colosal pernil; luego, rodeada por uu escuadrón de granaderos, montados
eu caballo* de palo, asoma una frutería entera j verdadera, y flamencas coloradas, vinosas y exuberantes, como un cuadro de Jordaens, florecen entre montañas de berzas, alcachofas y coles; temblando sobre las
ruedas adelántase una carroza; mujeres vestidas de chillones colores^
semejantes á caricaturas de El Motín, verduleras bastas y carnosas disfrazadas con mantos y coronas de talco, siéntanse en ella; es el sufragio universal lo (jue simbolizan esas hijas del pueblo; es el candor poli,
tico, de que padecen hoy día los belgas; entre músicas, llega después la
casa holandesa de cartón, cou buejes, vacas y carneros de veras, y aldeanos que gritan, y mozas ebrias que saltan, y carnicerías, tabernas, comedores, interiores holandeses, escenas, eo ñu, de Teuiers,
Bruegliel o Van Ostade... y los dioses flamencos, las muchachas de rubio cabello, las jamonas gordinflonas, los bribones y malandrines, los
borrachos, cocineros, locos, cantores, murguistas y canalla forman un
acompañamiento extravagante y característico, y parece que entonan
escandaloso coro triunfal á la lujuria, al vino, al queso, á la manteca y
á la grasa, á la carne, á la cerveza, á la embriaguez y á la gula.
Por ultimo, el dios Baco, á caballo sobre inmenso barril, la panza
al aire, los verdes pámpanos sobre la frente, preside esta nueva tiesta
del papa de los locos.
Y entre esta ttesta originalísima se confunden abominables reclamos
modernos. El sombrerero Schogen viste á sus dependientes de caribes
con sombreros de copa, para demostrar que sus sombreros son los mejores del mundo; el zapatero Smith ofrece una columna de zapatos y
botas bonitas, que dejan insoportable olor á cuaro; el sastre,el hortera,
el fabricante presentan mamarrachos de percal, de cuero y de cartón.
Y apenas termina la procesión, desátase de nuevo la multicolor nevada y vuelven las payasadas y los gritos y el jaleo.
Y se oyen broncas eu flamenco, caricias feroces de teutón, palabras
duras como un cepillo y erizadas de erres y de eses y de caes, dichas
con voz de tiple y de contralto.
La tarde acaba, y el crepúsculo rosa y nacarado del Norte envuelve
en sus temblores la ciudad.
MADRID.—Impreuta de Heraaado y C " , Quintana, '¿'i.
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