Teórico 2 Clase dictada por: María Rosa del Coto 27/3 Tema: características de la lengua y del habla; concepción del sujeto hablante/oyente; características de la Semiótica de primera generación; características de las lingüísticas discursivas y conceptos y nociones retomados por la Semiótica de segunda generación. Introducción a la teoría de Peirce sobre el signo. Vamos a comenzar el recorrido continuando lo que estábamos viendo respecto de la Lingüística de la lengua, luego pasaremos a ver cómo sus principios y elementos que derivan de ellos ―y que ahora vamos a desarrollar―, son tomados por la semiótica de primera generación ―les estoy diciendo, en líneas generales, en qué va a consistir la clase―; luego vamos a observar qué pasa con las lingüísticas discursivas, qué ocurre con la semiótica de segunda generación y vamos a entrar en Peirce. ¿Está claro? Lo vamos a tratar de hacer rápido, conciso, pero desarrollando las cuestiones. Entonces, nos enfrentamos al nódulo central es lo que habíamos planteado el otro día que es la oposición matriz fundamental básica de la lingüística saussureana. Se trata, como habíamos dicho el otro día, de la oposición matriz, la que permite identificar cuál es el objeto de estudio que, como sabemos, se trata de la lengua. Vamos a prestar atención, entonces, a algunas de las características que presenta la lengua y a algunas de las características que presenta el habla, como lo muestra la siguiente diapositiva. La lengua se presenta como un fenómeno social. Para Saussure la lengua es una institución social. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que es algo que se impone al sujeto hablante-oyente. Dice Saussure que este sujeto hablante-oyente no puede individualmente, no puede por sí, modificar nada de la lengua, tiene que aceptarla como viene, en bloque, someterse a ella. Esto lo que nos dice es que la lengua funciona sobre los sujetos que hablan una determinada lengua como un condicionamiento fuerte, es algo que, como decíamos, se impone al sujeto y que éste no puede modificar por si mismo, a su arbitrio, según su deseo. Por supuesto que las lenguas se modifican a lo largo del tiempo, esto demanda mucho tiempo, pasan varias generaciones para que esto se produzca, precisamente porque los cambios se van a producir en la otra área, no en la lengua en sí, sino en el habla. Ahora bien, tiene que haber una especie de consenso generalizado ―esto se tiene que tomar de una manera general― que hace que se acepte, por convención ―podríamos decir―, el cambio o que no se le acepte. Los cambios siempre surgen individualmente, pero necesitan del consenso de toda la masa hablante ―como lo planteaba Sauusure. Entonces, ¿qué es lo que tenemos que rescatar de este primero elemento? Esto que decíamos: Que la lengua es un elemento coercitivo, que ejerce una fuerza restrictiva, condicionante, sobre los sujetos hablantes y oyentes. Frente a este fenómeno encontramos en el Habla, su opuesto; o sea, se trata de un fenómeno individual, lo que quiere decir que una vez que el sujeto hablante-oyente tiene incorporada parte de la lengua (parte de lo que Saussure denominaba como “El tesoro de la lengua”), la puede usar a su arbitrio. O sea, puede usarla como quiera, para decirlo de manera rápida. Esto implica que, para esta teoría, en el campo del habla, ya no existe coerción, el individuo es libre. Esto repercute fuertemente en relación con cómo la lingüística saussureana va a pensar al sujeto. Pero esto lo vamos a ver dentro de un momento. Por ahora estoy detallando qué características presentan la lengua y el habla, y aquí lo que nos importa es esto que habíamos puntualizado, en un lado, algo que se impone: una coerción, una limitación; en el otro, una libertad absoluta. El segundo elemento importante para nosotros, importante porque esto que subrayábamos recién ―y lo seguiremos subrayando posteriormente―, nos va a servir luego para establecer la comparación entre Saussure y Peirce. O sea, todo lo que estamos diciendo y, sobretodo, lo que subrayo son elementos que luego vamos a retomar puntualmente para establecer una comparación con la lingüística que le sucede, vamos, así, a ver los puntos centrales en los cuales se diferencia una teoría de la otra. Por eso hacemos todo este recorrido y consideramos ―del conjunto de características, que en este caso presenta la lengua opuesta al habla―: aquellas características, en particular, aquellas que nos permitan luego hacer la confrontación entre un modelo y otro. Pasamos entonces al segundo elemento. Este es un elemento muy importante: La lengua se define como un fenómeno psíquico. Sabemos que la lengua es un sistema de signos y que los signos se conformaron también por dos “partes”: el significado y el significante, pues, ambas partes son psíquicas. Esto quiere decir que no nos vamos a enfrentar, cuando hablemos de la lengua, a nada que se pueda asimilar a la materialidad. Cuando decimos materialidad estamos pensando en el sonido fónico: conjunto de sonidos que han sido seleccionados (fonemas) para producir, por combinación, morfemas, palabras, dentro de una lengua determinada. Esto también hay que subrayarlo, porque generalmente se piensa que el significante implica materialidad y para Saussure esto no es así: los componentes de la lengua son inmateriales, si queremos plantearlo de esa manera; son entidades psíquicas. Esto se observa también en el hecho de qué ―recordemos que en la clase pasada habíamos dicho que Saussure se preocupaba por relacionar su proyecto científico con otras ciencias, y hablábamos ahí de la semiología y de la lingüística―, pero a su vez hay otras ciencias que vienen a abarcar a cada una de estas dos que les indiqué. Y esas otras ciencias son: la Psicología social y, englobándolas a todas, la Psicología. ¿Por qué se le ocurre esto a Saussure? Simplemente por esto que estábamos diciendo: porque define a la lengua como una entidad meramente psíquica; entonces de alguna manera va a depender, en última instancia, de la psicología, que se ocupa de las entidades psíquicas. Enfrente tenemos el Habla, y en relación con esta característica (Lengua como fenómeno psíquico), tenemos que el Habla aparece como un fenómeno sustancial. Esto es, como un fenómeno que podríamos denominar, material. En el habla es donde encontramos los sonidos efectivamente producidos, pero, reitero, si estamos hablando de la lengua, eso no sucede. La cuestión de lo psíquico y lo sustancial está en relación también con el elemento que aparece al final, lo del carácter esencial o no esencial que tiene la relación LenguaHabla. La cuestión la plantea Saussure a partir del ejemplo del ajedrez. Pone el siguiente caso: estamos frente a una partida de ajedrez, ¿qué es lo que importa? Esta es la pregunta que se hace. ¿Importa de qué están hechas las piezas?, ¿cual es la sustancia que presentan: si son de metal precioso, si son de madera, si son de plástico? O lo que importa es saber ¿Cuál es el número de componentes del juego del ajedrez y cuáles son las reglas que permiten jugarlo? La pregunta es de obvia respuesta. Frente a esta situación todo el mundo va a inclinarse por el segundo elemento, nadie va a decir que lo importante es de qué están hechas las piezas. De la misma manera él dice: en la lengua no importa cuáles son los sonidos que efectivamente se producen. ¿Por qué lo dice? Porque aunque todos estos sonidos tienen características comunes ―independientemente de quien los asuma―, siempre tienen particularidades que son propias del sujeto hablante, de la situación en que se los pronuncia. A veces esto se detecta de manera más evidente, a veces no. Es evidente cuando nos enfrentamos con una persona, supongamos, cordobesa, por ejemplo, y esto por la tonada; o alguien de Entre Ríos o de Santa Fe que hace la “S” final aspirada. Entonces, está diciendo la misma palabra, pero hay elementos que son diferenciales entre distintos hablante, y además los lingüistas lo saben ―tienen aparatos especiales para esto―, cuando se trata de una misma persona que pronuncia la misma palabra o el mismo sonido fónico, lo hace de manera distinta, esto es, con pequeñas variaciones. Esto hace, entonces, que pierda importancia la cuestión de lo material, que importen solamente aquellos rasgos que son los que permiten diferenciar un fonema de otro fonema. (Aclaro: fonema: es la unidad que corresponde a uno de los niveles de la organización de la lengua, ese nivel que nos proporciona las unidades mínimas, es el nivel más bajo, la base, en el que encontramos sólo significantes, podríamos decir, no hay allí significado, aunque estos fonemas permiten diferenciar, identificar significados, pero no son iguales que una palabra o que un morfema, que ya comportan junto con el orden significante el correspondiente al significado. Sobre esto, si hay alguna cuestión o alguna pregunta la formulan ahora o la escriben). Pregunta de una alumna: En el práctico la profesora dijo que en Peirce el signo está destinado o enfocado, o sirve para la comprensión y no para la comunicación ―como sería en el caso de Saussure, la lengua― y vos decís que, para Saussure, en realidad la lengua es un fenómeno psíquico, o sea nada tiene que ver con la comunicación sino con el pensamiento. - No, no, no. Es una organización, a ver, como podríamos plantearlo. La lengua, podríamos decir que sirve para comunicarse, esa es la finalidad, para eso los hombres construyeron los distintos sistema lingüísticos, también llamados lenguajes naturales, pero acá lo que importa fundamentalmente es algo que habíamos planteado la clase pasada ―que yo no retome ahora pues ya lo había dicho antes y me parecía superfluo hacerlo nuevamente―: Saussure lo primero que hace es enfrentarse a un fenómeno global que llama Lenguaje. El lenguaje, dice, no se puede considerar como objeto de estudio porque tiene una “parte” que, para él, es la Lengua, y al mismo tiempo tiene otra parte, que, para él, es el Habla. Entonces, en realidad el lenguaje es una facultad que tienen todos los seres humanos para poder comunicarse entre sí, a través de ese mecanismo particular que es una lengua. Pero, cuando él hace esta distinción entre las características de la Lengua y las del Habla, está hablando ya de aquello que puede considerarse como el objeto de estudio. Una cosa son los objetos empíricos con los cuales el investigador se enfrenta, y otra cosa es el objeto que construye la teoría y aquél al cual va a aproximarle la perspectiva analítica. Evidentemente la lengua, podríamos decir, sirve para comunicar, pero a él, eso no le interesa, eso es como algo que ya cae de maduro, para él. Entonces, lo deja de lado, no parte de esa cuestión, sino de la cuestión de ver cómo se puede abordar ese objeto de estudio, creado de alguna manera por él artificialmente, pero gestada como parte del lenguaje, y es a esa parte a la cual denomina Lengua. Entonces, todos los componentes de la lengua, o sea, los signos, que son los que forman ese sistema que es la lengua, tienen para él la cualidad, o son definidos, dentro de su teoría, simplemente como elementos psíquicos. Ahora vamos a entender por qué plantea esto también: esta cuestión se resuelve en el último punto, cuando diferencia la lengua en relación con el habla, respecto de si es algo esencial o es algo que no tiene ese carácter; y, obviamente, él considera que el elemento esencial es la lengua. ¿Por qué es esencial? Porque nosotros podemos usar la lengua sin comunicarnos con otros, o podríamos decir, comunicándonos con nosotros mismos, en algún caso. Es decir, cuando uno piensa, usa la lengua, y sin embargo (aunque muchas veces sucede lo contrario y uno piensa en voz alta), no se pronuncia ningún sonido. Cuando uno está leyendo y lee para uno, uno no utiliza ningún sonido. Los sordomudos también pueden entender la lengua sin necesidad de reproducir ningún sonido. Todo esto lo lleva a Saussure a pensar que la lengua es un fenómeno esencial y además (y esto cae de maduro) por el simple hecho de que si no tenemos incorporada la lengua, no podemos usarla. Entonces pareciera que es obvio que la Lengua es lo fundamental y el Habla lo accesorio, por decirlo de alguna forma. Y esto hace que Saussure se decida por estudiar la lengua y dejar de lado los fenómenos de habla, que no le interesan. Volvemos acá al segundo elemento que le preocupaba a la compañera, que tiene que ver con que el habla es el fenómeno sustancial. Dice Saussure: el Habla es un fenómeno físico y fisiológico”, frente a la lengua que es un fenómeno psíquico. ¿Por qué físico? Porque cuando hablamos se ponen en juego las ondas sonoras, y la disciplina de la cual se ocupa, trata las ondas sonoras y las define es la física. Pero, a su vez, como en esta instancia del lenguaje ―reitero el habla―, se producen efectivamente sonidos, y estos sonidos son escuchados, entra aquello que tiene que ver con lo fisiológico. O sea, el aparato fonador, que comienza por los pulmones y termina por la boca, pasando por distintos elementos -la lengua, el paladar, los dientes, los labios- que intervienen en la producción de los sonidos fónicos, y también el aparato auditivo que permite oír a aquél que está produciendo sonidos. Después cuando hagamos la confrontación entre la teoría saussuriana y la peirciana sobre cómo entienden al signo, vamos a ver cómo se entiende eso de que en Pierce, los signos no sirven para la comunicación sino para la comprensión, eso quizás lo veamos hoy, no en esos términos, pero van a entender inmediatamente qué quiere decir. Pregunta de alumno: ¿Por qué dijo que los sordomudos pueden entender la lengua? - El problema con el sordomudo, en general ―lo sabrán ustedes―, es que, en realidad, no es mudo, sino que es sordo, y como es sordo, no puede oír cómo se producen los sonidos. Esto parece banal pero es fundamental, porque cuando hablamos de que la lengua es un fenómeno psíquico, y cuando hablamos del significante, el significante se define como “la imagen acústica”, o sea, es la imagen que queda en el cerebro del sujeto, imagen mnémica ―que queda registrada en la memoria― que se produce a través de los sonidos que efectivamente oye esa persona: ese es el mecanismo. Porque nosotros oímos hablar, vamos incorporando esos sonidos articulados y entonces cuando alguien después de oír x cantidad de veces, que frente a este escritorio, se dice escritorio, escritorio, escritorio, escritorio o mesa, entonces articulamos la idea, el concepto de mesa con aquellos sonidos que en el castellano aluden o dan cuenta, desde el punto de vista del significante, de ese concepto, o sea, aquellos sonidos que están unidos a ese concepto. Entonces, el sordomudo puede no incorporar los sonidos, por lo tanto no puede hablar, pero puede aprender la lengua a través de otra codificación que es la escrita y así puede entender la lengua, no va a hablarla ni va a oírla, quizás, pero eso no quiere decir que no pueda incorporar, de alguna manera, la lengua, aunque no la pueda usar en su forma oral. Además, puede, incluso usarla, a través de “leer” los labios. Alumno: Pero no se corresponde con el modelo de Saussure. -A ver, no vamos a detenernos demasiado en esto porque no nos importa específicamente. La escritura es un código que se monta sobre el código de la lengua. Los lingüistas le dan importancia a la lengua no escrita, pero de cualquier manera, y en este caso Saussure, cuando enfrenta la Lengua y el Habla, y dice que la Lengua es esencial y el Habla no lo es, habla del lenguaje de los sordomudos. Así que bueno, lo que estoy diciendo acá es lo que plantea él, no es un invento mío ni es una lectura que yo estoy haciendo de lo que dice Saussure, sino vayan a leer el curso de lingüística general y así lo comprobarán. Lo que quiero decir ―que es lo que aparece en el Curso de lingüística general― es esto: no es necesario utilizar una lengua para tenerla incorporada de alguna manera. Se puede conocer los sonidos, no oyéndolos, pero sí leyéndolos literalmente, o leyéndolos –de algún modo menos literalmente― a través de los movimientos que realizan los labios de quienes hablan. Esto significa que se puede conocer y, hasta cierto punto, manejar la Lengua, a pesar de que no se la hable. Lo que hace Saussure planteando estas cuestiones es como forzar la cuestión, llevarla a un extremo que le permita llevar agua a su molino, y así poder decir: “No importa que se hable”, eso es un elemento subsidiario, secundario; tampoco lo es que se oiga; lo que importa es haber incorporado la lengua, y como es psíquica, cualquier persona que tenga capacidades cognitivas como para ello, lo puede hacer, el que no, no podrá acceder a ella, pero, en tal caso será por un problema neurológico, por ejemplo, que no está relacionado ni con el hablar ni con el oír, sino con otro tipo de cuestiones. Ahora bien, lo que importa es que queden claras estas dos cosas que habíamos indicado: la que respecta a la coerción por un lado y la libertad por el otro; y la que hace centro en que la Lengua es siempre un fenómeno psíquico. Relacionado con estas características aparece lo que les indicaba recién que iba a ser también un elemento muy importante. Se trata de qué concepción de sujeto presenta la teoría Saussureana. Lo primero que tenemos que considerar es que en el Curso de lingüística general no hay una referencia explícita a cómo en esta teoría se está pensado al sujeto hablante-oyente. Pero su concepción al respecto se puede desprender de alguna manera del propio desarrollo del trabajo de Saussure. El autor que ―eso sí, muchos años después― postula una teoría vinculada con la saussureana, pero haciéndolo desde un enfoque más comunicacional y que sí propone un modelo de sujeto, es Jakobson. Jakobson en el famoso texto que ustedes habrán leído en algún momento que se llama “Lingüística y Poética” y que apareció en el 1956, muchos años después de la primera edición del Curso de Lingüística general, es el que, de alguna manera, resume y el que da cuenta de cuál sería esa concepción de sujeto que el propio Curso de lingüística general da como a entender, si nosotros lo examinamos pormenorizadamente. Pasamos ahora a la próxima diapositiva: ¿Cuál es el esquema al que la diapositiva alude? El de la comunicación que se pone en juego en el texto “Lingüística y poética”. Ese texto está centrado en definir las funciones del lenguaje. Recordarán ustedes que a la que se le da más importancia es a la función poética, (importancia, en el sentido de que es la que más desarrolla el texto). En la parte inicial aparecen los factores que entran en juego en el acto de la comunicación. Allí aparecen seis factores, algunos de ellos son emisor, receptor, código, canal, mensaje, etc. Lo que nos importa acá es el modo en que este texto está pensando al sujeto hablante y al sujeto oyente, o sea, como está pensando esos dos lugares que van a ser llenados, cumplidos por cualquiera de nosotros en el acto de interacción cara a cara, por ejemplo. En primer lugar, estos dos papeles, el del hablante, por un lado, el del emisor; y el del oyente o receptor, por el otro, no son equivalente en cuanto al poder que tienen. Hay uno que tiene poder sobre el otro: El que tiene poder es el que emite. ¿Y cómo piensa a “ese” que emite Jakobson? El autor lo presenta como un sujeto que no aparece condicionado por factores de índole psíquico, psicológico o psicoanalítico, esto lo dice Kerbrat riéndose un poco de sí misma, hablando de factores psíquicos, psicológicos y psicoanalíticos. O sea, el modelo piensa al emisor como un sujeto plenamente consciente, esto es, como si el inconsciente no le jugara malas pasadas, para decirlo rápidamente. Si ocurriera esto, ¿Cómo lo resolvería el modelo? Lo resolvería planteando que hay un ruido en la instancia emisora; la persona está hablando y en determinado momento, en vez de decir una palabra, le sale otra, por ejemplo. ¿Está claro? Ahí podríamos decir: que la concepción del sujeto hablante no tiene en cuenta la emergencia del inconsciente en el consciente. O sea, no tiene en cuenta lo que se denomina acto fallido, en términos psicoanalíticos, no tiene en cuenta que el sujeto puede estar queriendo decir x cosa y en realidad dice otra. O sea, la teoría lo piensa como un ser consciente que sabe lo que quiere decir y no tiene obstáculo que se le interponga a ese deseo; esto es, que puede decir aquello que quiere decir, que sabe lo que quiere decir y lo dice. Si se produce un malentendido, algo que es frecuente, se lo entiende como que aquel sujeto que está en el lugar de la recepción entiende algo que se supone no es lo que quiso decir el emisor: el malentendido corre por su cuenta. Es un error, se ha producido allí un ruido en lo que tiene que ver con la decodificación; esto significa que se le da un valor fundamental a la cuestión de cómo se codifica el mensaje. Esta concepción de sujeto, tiene que ver con pensarlo como el propietario del sentido, como el dueño del sentido, como el origen del sentido. Estos tres elementos son planteados por Verón, cuando habla del sujeto y hace críticas a este modelo. El modelo Saussureano está pensando a un sujeto que está ubicado en el lugar de la emisión como el dueño del sentido, como el origen del sentido. Esto, en resumidas cuentas, quiere decir que sólo está condicionado por la lengua. Éste también es un elemento importante que se deriva de lo que ya habíamos planteado: en el habla no hay condicionamientos, solamente los hay en la lengua. Si uno domina las reglas gramaticales de una lengua las usa a su gusto y piacere. Esa es la idea de sujeto que, en última instancia, presenta la teoría saussureana; una visión, digamos, simple, que piensa que la norma es que haya acuerdo entre emisión y recepción, y que, por el contrario, considera la presencia de un desvío en cualquier malentendido que se produzca. Hemos terminado de dar cuenta de algunas de las características que presenta la lingüística saussureana. Pasamos a ver qué sucede con la semiótica de primera generación. . La diapositiva nos muestra qué es lo que la semiótica de primera generación retoma de la lingüística saussureana. Por un lado, retoma la oposición matriz Lengua- Habla. Obviamente no lo hace en esos términos, porque están muy vinculados con la lengua, decir lengua, decir habla, remite a lo lingüístico, para decirlo de manera rápida. Entonces va a utilizar otros términos que son los de Código y Mensaje. O sea, en vez de hablar de lengua, va a hablar de código, en vez de hablar de habla, hablará de mensaje. Pero el contenido conceptual, por así decirlo, de cada uno de estos términos va a estar fuertemente influido por los significados que en la teoría saussureana tenían las nociones de lengua y de habla respectivamente. Cambia el nombre pero guardan las mismas características conceptuales. Esto por ahora, vamos a ver que hay algún matiz diferencial. ¿Cómo proceden los semiólogos frente a las nociones de código y mensaje? Por un lado, se tiene la convicción de que se tienen que analizar los mensajes. Los semiólogos están obligados a analizar los mensajes, pero lo hacen entendiendo que ellos responden siempre a un modelo, cada uno de los mensajes o tipos de mensajes responden a códigos determinados. La idea es dar cuenta de cuáles son las reglas de los códigos y como están constituidos esos códigos. ¿Recuerdan el texto de Metz en donde comparaba la lengua y el lenguaje cinematográfico? En ese texto una de las cosas que se preguntaba Metz era si había código/s en el cine; llegaba a la conclusión de que el cine era “pluri-códico”, que tenía muchos códigos. Los códigos eran, según él los definía, aquellos elementos factibles de ser formalizados; entonces, hablaba de los géneros, por un lado -esos eran códigos-, hablaba de la música que también en el cine aparece codificada, de la iluminación, del modo de actuación, del montaje, de los tipos de plano: todos estos eran códigos que se encontraban o que, mejor, formaban el lenguaje cinematográfico, y que, a su vez, en una película, elementos configurantes de cada uno de esos códigos se articulaban, mediante las operaciones que ya habíamos nombrado el otro día: las operaciones de selección y combinación Es decir, se selecciona un plano, y todos los otros posibles, quedan sin utilizarse, se utilizarán en otras secuencias, por ejemplo; este es un caso, del juego entre lo paradigmático y lo sintagmático. Se acuerdan en ese mismo texto cuando Metz trata de ver la cuestión de las unidades mínimas (eso después lo vamos a ver cuando hablemos esto de las unidades y los niveles), pero lo que quiero ir resaltando ya es que ese texto de Metz, a partir de estos elementos que trabaja, nos está diciendo que pertenece a una semiótica de primera generación, porque entre las preocupaciones que tiene ese trabajo, se encuentran las que se vinculan de manera específica con las búsquedas que se dan dentro de la lingüística saussureana. Simplemente estoy dando el ejemplo de un texto que ustedes conocen, para que vean cómo la influencia de la Lingüística de la lengua se hace sentir en los productos de la Semiótica de primera generación, cómo todo aquello que aparecía en la lingüística, empieza a ser considerado también en los estudios e investigaciones de la Semiótica de primera generación. ¿Qué otra cosa retoma la semiótica de primera generación de la lingüística saussureana? La noción de signo. O sea, va a entender el signo como unidad formada por significante y significado. Aquí aparece una diferencia. Las teorías semióticas de primera generación, cuando hablan de significante ya no hablan de una entidad psíquica (los que hablan de entidad psíquica son Saussure y los lingüistas saussurianos, los semiólogos ya no lo hacen, ya le dan carnadura al significante; esto es, el significante aquí tiene materialidad. Básicamente porque ellos se enfrentan a mensajes y están muy lejos de poder acceder a los códigos que, se presupone, están rigiendo esos mensajes. Si quisiéramos hacer un parangón entre los semiólogos de primera generación y los lingüistas de la lengua diríamos que los primeros están más o menos en la misma posición que un lingüista cuando se enfrenta a una lengua que todavía no tiene gramática y de la cual él no conoce nada. Entonces, tiene el instrumental que le permite acercarse a los mensajes con el deseo de encontrar el código que subyace en ellos. Piensen en el texto de Barthes “Retórica de la imagen”, al que seguramente leyeron o del cual tienen alguna referencia. En ese texto, Barthes analiza una imagen solamente, pero su idea es que esa imagen presenta características que van a tener todas las imágenes que pertenecen a la publicidad; se trata de una imagen particular, que es fija: una fotografía que remite al universo de la publicidad. Barthes trabaja sobre ese ejemplo y ahí advierte ciertas cualidades, las generaliza y las lleva a un estatuto vinculado con el código. El deseo siempre es llegar a encontrar el código, ¿se entiende? Si volvemos al ejemplo del lingüista que se enfrenta con una lengua desconocida de la cual no sabe nada y no puede recurrir a ninguna gramática, porque es ágrafa, él es el que tiene que, a partir de escuchar fenómenos de habla, construir o reconstruir el código que es usado, o sea la lengua que es utilizada por los que usan esa lengua. Pero la gramática de la lengua materna, como saben ustedes, aunque uno la tenga internalizada, no puede dar cuenta de las reglas, el hablante nativo no conoce las reglas: cuando uno aprende la lengua materna, a pesar de usarla y tenerla internalizada, no puede verbalizarla. Entonces nadie le puede contar al lingüista cuáles son las reglas, no hay ningún libro donde ellas se hallen formalizadas, por lo que él, a partir de oír, oír, y oír como hablan, va distinguiendo― porque se van repitiendo los sonidos―, cuales son los fonemas y las reglas gramaticales. Entonces los semiólogos estaban en una posición similar a la del lingüista del ejemplo, o sea, tenían que formalizar aquello que todavía no estaba formalizado. Pregunta de alumna: ¿Y para los semiólogos de primera generación ya no es un fenómeno psíquico, solamente? Claro, para los lingüistas de primera generación, decíamos, el signo no es un fenómeno psíquico; en realidad, el código sigue siendo psíquico, lo que ocurre es que como esos semiólogos se están enfrentando a mensajes para analizarlos con el fin de hallar r el código al que tales mensajes responden, se enfrentan con la materialidad, y cuando Barthes, dentro del ejemplo que selecciona, la publicidad de los fideos Panzani, identifica los colores que ella presenta, identifica uno de los cuatro signos que encuentra que se dan en la imagen. De todos ellos el más conocido es el que se produce a partir de los colores. La publicidad era de un producto que se fabricaba en Francia, y que llevaba como marca, un nombre, un apellido italiano. La imagen mostraba diversos elementos, y todos ellos tenían o color crema/ blanco, o verde o rojo, entonces, Barthes observa que allí se arma un signo de connotación. Esos colores son significantes de connotación que tienen por significado italianidad. Y ahí aparece un signo, ¿se entiende? Y ese signo se construye a partir de significantes sustanciales, materiales, los colores que pueden observarse en el mensaje. Entonces, cuando Barthes trabaja el mensaje fotográfico, se enfrenta, necesariamente, a un significante que es material. No es la imagen de esos colores la que queda en el cerebro sino que es la fotografía concreta. Se enfrenta a los significantes materiales, pero, de cualquier manera, estamos hablando de Mensajes, con el análisis de los cuales se pretende arribar al Código. Otra cosa que la Semiótica de primera generación retoma es la preocupación por las unidades y los niveles. Ésta era otra de las preocupaciones que tenían los lingüistas saussureanos: ellos planteaban que la lengua está organizada por niveles. El nivel más bajo es el de los fonemas, ahí tenemos las unidades mínimas mientras que el último nivel es el de la frase. Respecto de este tema también podemos recordar a Barthes, quien hace una comparación entre el lingüista de la lengua y el botánico. Así dice, el lingüista es como un botánico: cuando éste se enfrenta a un ramo de flores que está compuesto por flores del mismo tipo ―claveles, supongamos―, ¿cómo opera el botánico? El botánico toma una de las flores que componen el ramo y la describe exhaustivamente; una vez que lo hace –una vez que describió una―, describió a toda la clase, por lo que ya no es necesario describir las otras flores. Este es el ejemplo que le permitía a Barthes decir que el lingüista, una vez que describe la frase, la organización de la frase, ¿con qué se va a encontrar? Se va a encontrar con otras frases, por lo tanto, ese es el último nivel de análisis, no hay nada más después de la frase. Todo consiste en sumar frases, ¿se entiende? Después vamos a ver cómo los propios lingüistas han refutado la idea de que la frase es el último nivel de análisis. Para ellos hay otros niveles que tienen que ver con el enunciado, pero la lingüística saussureana no se ocupaba del enunciado sino que solamente llegaba a analizar la frase, y tampoco la analizaba exhaustivamente porque ella pertenecía al campo, al orden del Habla y no al de la Lengua. Entonces, otra de las cuestiones que trabaja la Semiótica de primera generación es la de identificar niveles. Podemos recurrir nuevamente, como ejemplo, al texto de Metz. Se acuerdan cuando él toma el ejemplo de una imagen, dice, “la más simple que pueda ser, y frente a ella se formula la pregunta de si equivale a una palabra, a un morfema, a un fonema y decía: no, no equivale a ninguno de estos elementos, sino a una frase”. “He aquí un perro”, ¿se acuerdan, no, del ejemplo? Esto nos está indicando que ese texto nuevamente pertenece a la Semiótica de primera generación, pues lo que se está analizando allí es la imagen y a qué nivel ella pertenece. Como se la compara con los elementos de la lengua se pregunta ¿Tiene fonemas la imagen, tienen morfemas, tiene elementos que sean comparables a la palabra o está operando a un nivel superior? Lo que quiero remarcar es que las preocupaciones que manifiesta ese texto de Metz (“El estudio semiológico del lenguaje cinematográfico”) son preocupaciones de un investigador que está ubicado en la primera semiótica, los que están ubicados en la Semiótica de segunda generación no se hace esas preguntas, no les interesa formularse estas cuestiones. Otra cosa que la Semiótica de primera generación retoma de la Lingüística de la lengua es la concepción de sujeto con la que van a manejarse. Es decir, también se considera que el emisor es el dueño del sentido. Acá podemos tomar nuevamente, como ejemplo paradigmático, a Barthes, vía “Retórica de la imagen”. Esto sucede porque Barthes toma como ejemplo para estudiar, como dijimos, una fotografía publicitaria. Esta elección la justifica indicando que la imagen publicitaria es construida para producir determinados efectos, que existe una premeditación por parte del emisor, que es, por lo tanto, plenamente intencional. En este ejemplo se ve también, cómo los semiólogos de primera generación se manejan con el mismo criterio con el cual lo hace la lingüística saussureana. Otra de las cosas ―y es lo último que voy a decir sobre la cuestión― es que la semiótica de primera generación se dedica a clasificar signos. Ella es una de sus funciones básicas. Cuando digo “clasificar signos” quiero decir “clasificar ‘tipos de signos’”, formular tipologías; y hay múltiples, no vamos a entrar en eso pues no nos importa, pero digamos que es una de las tareas que también se daba la Semiótica de la primera generación. Ahora vamos a pasar nuevamente al campo de la lingüística, pero para considerar las Lingüísticas discursivas. Una primera observación: hay otras lingüísticas que también podríamos tomar en cuenta, como puede ser la de Chomsky, por ejemplo, que es una lingüística que se desentiende del modelo propuesto por Saussure, es decir, define su objeto de una manera totalmente diferente, que está alejada de las preocupaciones que tiene la lingüística saussureana y así siguiendo, ¿no? Es como algo lateral. Cuando digo lateral quiero decir que se ha desplazado el objeto de estudio; éste ya no es más la lengua, es otro, que tiene que ver con la oración, como recordarán. Pero a nosotros no nos interesa esta teoría lingüística, porque en la semiótica de segunda generación no influye tanto el pensamiento chomskiano, pudo haber algunos autores que sí lo retomen (siempre de manera parcial), pero básicamente son las lingüísticas discursivas las que aparecen como condición de producción fuerte para la Semiótica de segunda generación. Lo que quiero que quede claro es que hay otras lingüísticas, además de las llamadas discursivas, que se apartan del modelo saussureano. Acá como verán ustedes vamos a seguir en los mismos lineamientos que adoptamos en relación con la definición de la lingüística saussureana, ¿qué habíamos considerado en ese caso? Habíamos considerado el objeto de estudio y los principios, acá volvemos sobre esos dos elementos. El objeto de estudio es, según la vertiente de que se trate, el Discurso o el Texto. Lo primero que tenemos que considerar es que, a diferencia de las vertientes de la lingüística saussureana, en el caso de las lingüísticas discursivas, hay una mayor dispersión, por así decirlo, en relación con cual es el objeto de estudio. Algunas vertientes hablan de texto, otras de discurso, y para la una es texto lo que para las otras es discurso, lo cual hace que se generen algunos problemas de comprensión en relación con qué teoría nos estamos enfrentando, pero independientemente de esto, lo que nos importa son ciertas características que presentan todas las lingüísticas discursivas y estas características son las que plantean una oposición fuerte respecto de la lingüística saussureana. Lo primero que vemos es que hay un cambio en relación al objeto de estudio, ya no es más la lengua, ya no aparece ella como centro. Si tuviésemos que decir, enfrentando al modelo saussureano con el que plantea las lingüísticas discursivas, de qué se ocupan las lingüísticas discursivas, podríamos decir que se ocupan de aquello que no se ocupaba el modelo saussureano: el habla, los fenómenos de habla. Entonces, es como si las lingüísticas discursivas se desplazaran y empezaran a considerar fenómenos de habla; dicho de otra manera, prestaran atención a la utilización concreta, particular, de la lengua; pero, y esto es muy importante, no utilizan el término Habla, porque consideran que esa palabra está tan asociado a la teoría saussureana, tan “contaminado” por ella, que tiene un sentido determinado que no es el que ellos quieren darle al objeto que quieren analizar. Necesitan tener una nomenclatura diferente porque no se van a enfrentar a ese elemento empírico de la misma manera en que lo hacía la teoría saussureana. Los investigadores pertenecientes a las lingüísticas discursivas, van a conceptualizar los usos de la lengua en actos particulares de utilización de la lengua, dándole un estatuto diferente al que tiene el habla para los lingüistas saussureanos; entonces, no utilizan esa terminología sino que sustituyen esta terminología por otra y allí aparece la palabra discurso, allí aparece la palabra texto, allí aparece la palabra enunciado. En relación con los principios, se oponen a la lingüística saussureana porque no van a respetar la Inmanencia. Son teorías que no son inmanentistas, o sea, que entienden que para hablar del sentido que se produce realmente, tienen que vincular lo lingüístico con lo extra-lingüístico, y esto porque lo extra-lingüístico siempre va a ejercer coerción sobre lo lingüístico. Esta coerción se puede manifestar a través de un concepto, del que ustedes habrán oído hablar muchas veces, o, en realidad, de dos conceptos. Es muy probable que de uno de ellos hayan oído hablar más que del otro. Tales conceptos son los de Intertextualidad e Interdiscursividad. Cuando un texto lingüístico habla o pone en juego la noción de intertextualidad (o la noción de dialogismo, en términos bajtinianos), o la de interdiscursividad, está “empleando” una marca fuerte de que estamos en presencia de un trabajo que se inscribe dentro de la teoría lingüística discursiva. Otra cuestión. Lo que dijimos incide en la construcción del sujeto: ya no se piensa en un sujeto libre cuando utiliza la lengua, sino que es un sujeto que no sólo está coercionado por la lengua sino que lo está también por otros elementos que tienen que ver con la utilización de la lengua. Esto tendrá que ver con “situaciones comunicacionales”, en las que aparecen un conjunto de restricciones que se van a sumar a las que impone la lengua. En el caso de la teoría saussureana, teníamos, que el Habla no implicaba restricción, ni condicionamiento; era el lugar de la libertad del sujeto hablante; los investigadores de las vertientes de la lingüística discursiva van a decir que en el habla ―en aquello que Saussure define como habla― están funcionando coerciones, y que estas restricciones tienen que ver con lo que se denomina, por un lado, “situación comunicacional” (Vamos a volver sobre esto), y por otro lado, tienen que ver también con condicionamientos socio-históricos. Esto varía de teoría en teoría: hay teorías que ponen el acento en el primer elemento y hay otras teorías que ponen el acento en las restricciones de las que hablamos en segundo término. Las teorías que ponen el acento en los condicionamientos socio-históricos son teorías que tienen una fuerte influencia del pensamiento marxista. Las otras no. Pero sí, siguen hablando de restricciones culturales que son siempre sociales y que se imponen a los individuos; por eso, lo que estas teorías lingüísticas hacen es retomar la acepción de sujeto que está vinculada no con el uso del sustantivo sino con el del adjetivo, y esto sucede, de alguna manera, por una especie de influencia del psicoanálisis. Expliquémonos: cuando decimos sujeto, en líneas generales pensamos en persona o individuo, o sea, estamos utilizando el término como un sustantivo. Lo que hacen estas teorías, a partir de lo que postula el psicoanálisis, es pensar la noción de sujeto ―entendido como individuo o persona― pero adosándole el adjetivo, entonces se lo visualiza como un sujeto que está sujetado, que está sujeto a restricciones, que son siempre culturales, esto es, que son siempre sociales. Es decir, se multiplican las coerciones, se multiplican las restricciones que están operando sobre los sujetos y esto nos da una visión de sujeto ya no libre, mucho más coercionado que en el caso de la teoría saussureana. ¿Qué es la situación de comunicación o situación comunicacional? Hay un ejemplo muy chiquito pero ilustrativo que plantea Eco. Eco dice, supongamos una interacción cara a cara entre dos personas en la que uno le pregunta al otro “¿Fuma?” Y la otra persona le responde, “No”. Al respecto, Eco dice: si consideramos lo que cada uno de los integrantes del dúo que está interactuando dice, desde el punto de vista de la gramática de la lengua (al estilo saussureano), no hay nada allí que nos esté hablando de agramaticalidad. Digo esta palabra porque es la que aparece también en el trabajo de Metz al que nos referimos. En la lengua, dice Metz, aparece la agramaticalidad, cosa que ocurre si una frase está mal construida. Entonces, en el ejemplo de Eco, no hay un error gramatical; pero, dice el autor de El nombre de la rosa, si visualizamos esto desde otro lugar observamos que se desliza cierto error. ¿Por qué? Porque en realidad aquél al cual le ofrecen el cigarrillo no tendría que haber respondido con un lacónico “No”, sino que habría que tenido que agregarle algo así como “Gracias” o algún otro término. Esto no tiene nada que ver con la lengua, sino que con reglas de cortesía, reglas de interacción social, tiene que ver con esto que planteábamos: condicionamientos que están operando en las situaciones comunicacionales concretas. La situación comunicacional que tiene menos restricciones es la conversación cara a cara. Entonces, incluso, la comunicación cara a cara tiene restricciones. Si la enfrentamos con la situación comunicativa “Clase” y dentro de la situación comunicativa “Clase”, distinguimos la clase teórica y la de prácticos, vamos a ver en cada uno de estos tipos de clases, restricciones particulares distintas a las que operan en la relación comunicación cara a cara. Ustedes pueden hablar poco entre ustedes, pueden levantarse y salir, pero no ir y volver varias veces, etc. Todo eso tiene que ver con restricciones, y todas esas restricciones son sociales y se aprenden a partir de los tres años. Esto después lo vamos a desarrollar más, en la segunda unidad. Por ahora adelanto que tiene que ver, en términos peirceanos, con cómo funciona el orden de lo simbólico que nos está indicando que es lo que debe hacerse, cómo se debe actuar frente a determinadas situaciones. Ahora pasamos a la Semiótica de segunda generación. Veamos la siguiente diapositiva. Como vemos, en la mayoría de los casos, esta semiótica de segunda generación no se maneja más con la noción de “código”; ésta es una categoría que aparece desterrada. No van atrás de la configuración de cuáles son los códigos que están rigiendo a los mensajes. Al respecto, ustedes recordarán un trabajo de Verón titulado “Para una semiología de las operaciones trans-lingüísticas”, que creo que algunos vieron en semiótica I. Es un texto de Verón del año 1973 que podría fragmentarse en dos grandes partes: una de ellas trataba de las cuestiones que aquí se muestran que son el tema del código y el tema del signo. Decía que código era un concepto que empezaba a perder pertinencia. Esta aseveración instala una especie de síntoma de lo que estaba sucediendo en el campo de la semiótica: había muchos que comenzaban a pensar como Verón. No pensemos que es sólo Verón el que lo piensa; en realidad, es él uno de los investigadores que empiezan a opinar que la noción de código no llevaba a ningún lado y que había que superarla, había que ocuparse de otra cosa y no del código. Como se plantea en la diapositiva, algunos investigadores continúan trabajando con la noción de código, este es el caso de Eco, quien lo reformula y complejiza la noción de código, la vuelve más complicada de lo que originalmente era, tal como se la conocía dentro de los estudios de la primera semiótica. Estos autores siguen respetando y usando el concepto pero no de la misma manera, y hay muchos, como es el caso de Verón y de otros investigadores, inscriptos en otras teorías semióticas de segunda generación que no hablan más de código o que pueden hablar, muy esporádicamente, de código, pero que, para ellos, no forma parte de una preocupación central. Algo semejante ocurre con la noción de signo, eso que también ponía en duda Verón en el artículo que recién mencionamos. Como indicamos, a él le sucede lo que en ese momento les sucedía a muchos semiólogos que estaban haciendo una suerte de transición entre la primera semiótica y la segunda. En el marco de ésta, hay muchos que no trabajan con la noción de signo. Ese es el caso de Verón, que desecha la noción, para hablar, en cambio, de discurso, condiciones de producción, condiciones de reconocimiento (recorran en su memoria el capitulo V de La semiosis social, de semiótica I y verán que no aparece en ningún lugar el término signo). Pero esto no es unánime: hay algunos autores que van a trabajar con la noción de signo y en este caso, muchos de éstos, van a sustituir el modelo saussureano por el modelo peirceano. Y hay, incluso, algunos pocos que, en cuanto a la noción de signo, tratan de estar bien con dios y con el diablo y articulan ambos pensamientos. Esto nos da idea de la heterogeneidad con la cual nos enfrentamos cuando trabajamos con textos que pertenecen a la semiótica de la segunda generación, lo que no sucedía en el primer periodo, donde todo era más diáfano. Cuando empezamos a trabajar con la noción de discurso, en las teorías lingüísticas y en las teorías semióticas, la cosa empieza a complejizarse, pues hay muchas vertientes y hay maneras diferentes de entender las nociones. Otra cosa fundamental es que se empieza a hablar de la producción de sentido entendida como proceso; y este proceso de producción del sentido se concibe como resultado del trabajo social. O sea, son teorías que ponen por delante lo social y dejan de lado lo individual. Esto se observa de manera palmaria en el caso de la teoría de Verón. Verón no se va a interesar por aquellas marcas que estén remitiendo a lo que en el texto de Steimberg se plantea como “marcas que dan cuenta del estilo de autor”, ¿está claro? Porque esas marcas, que efectivamente están en los discursos, son individuales; el estilo de autor está formado por esas características que hacen que uno defina este texto como perteneciente a Borges o a alguien que imita el estilo de Borges y no a otro autor. No es que en el modelo teórico que está planteando Verón no se observen esas marcas, pero ellas no resultan pertinentes, dado el enfoque que se adopta, son características, marcas y huellas que se dejan caer, que no quedan dentro del “colador”, por decirlo con una metáfora poco feliz, ya que se trata de marcas que tienen que ver con el trabajo individual y no con el social, que son las que le importan a la teoría. Por eso, la teoría de los discursos sociales o de la discursividad social, de Verón, es una teoría no subjetiva de la producción de sentido, no pone el acento en el sujeto, en la subjetividad individual. El modo en cómo define al sujeto nos da una pauta de que esta teoría pertenece a la Semiótica de segunda generación. Y, como estamos apuntando, las teorías de la Semiótica de segunda generación, retoman la concepción de sujeto de las lingüísticas discursivas, o sea, conceptualizan al sujeto, como decíamos antes, sujetado. Se trata de un sujeto que, en los términos en que lo presenta la teoría de Verón, está atenazado por condiciones de producción y por condiciones de reconocimiento. O sea, agarrado por condicionamientos de todos lados. Acá terminamos, pero yo no quiero irme, a pesar de ustedes, sin entrar en Peirce. Voy a hacer algunas observaciones generales y a dar indicaciones para que vayan leyendo la bibliografía correspondiente. Primero, Peirce y Saussure son contemporáneos, los separan pocos años, al menos en lo que se refiere al momento de su muerte. Peirce nació en 1839, y murió en 1914, mientras que Saussure, que nació en 1957, murió en 1913. El Curso de lingüística general es de 1915/16 O sea que más o menos viven en el mismo tiempo. Pero ninguno de los dos conocía la teoría del otro, y esto porque venían de campos de saber distintos. En el caso de Saussure, era la lingüística, y en el caso de Peirce, la filosofía, y, más específicamente, la lógica, además de la matemática, la química, la física, la medicina. (Fundamentalmente era un lógico) Entonces esto hace que no conocieran sus perspectivas frente al signo. Enfatizo esto para que no cometan el error de decir que Peirce modifica o complejiza el modelo saussureano de signo. No. Eso lo pueden plantear los teóricos o los comentadores que vienen después. Si cada uno de ellos no conocía la obra del otro no podía comentar nada acerca de la teoría del otro y oponerse uno a la postura del otro. Decíamos que Peice era un lógico. Ahora bien, ¿Por qué se va a preocupar un lógico ―y le va a dedicar cuarenta años de su vida― a definir lo que es un signo y a clasificarlos en tipos de signos? Porque, en realidad, lo que le preocupa y le interesa a Peirce es responder la pregunta de ¿Cómo el hombre conoce? Cuando se dice “cómo el hombre conoce” no se está pensando en una persona individual sino en la humanidad, y cuando se plantea “cómo la humanidad conoce”, no se está pensando en los mecanismos cognitivos que se ponen en juego, sino en cómo la humanidad, generación tras generación, va aumentando el caudal de conocimientos. Entonces, Peirce ―que retoma a un montón de otros filósofos que existieron mucho antes que él― se interesa por los signos porque parte de la idea de que el hombre conoce a través y a partir de signos. Esto hace que se vea como obligado a reflexionar acerca del signo. Vamos a terminar acá.