Acústica de Teatros Griegos

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Acústica de Teatros Griegos
El estudio científico de la acústica, particularmente la acústica de teatros se remonta a los
teatros griegos como el de Epidauro. Hunt (1978 p9) sitúa los orígenes del estudio del sonido en
Pitágoras (ca. 570-497 BC). Posteriormente serán los romanos los que desarrollarán un sistema más
complejo de estudio de la acústica en los teatros al aire libre. Desde estos tempranos inicios, los
teatros griegos y posteriormente los romanos se preocuparon de perfeccionar la proyección de las
voces de los actores hacia la audiencia. Los actores utilizaban máscaras para incrementar la
expresión facial y al mismo tiempo amplificar sus voces. La audiencia se mantenía próxima al
escenario. Es seguro que la mayor parte de los teatros antiguos tenía una acústica bastante
mediocre; solo algunos de ellos alcanzaron fama de gran perfección acústica.
La máxima distancia a la que se puede oír un mensaje oral emitido en una zona de máximo
silencio (con ausencia total de viento, es de 42m en la dirección frontal del orador, de 30m
lateralmente y de 17m en la dirección posterior. A distancias superiores el mensaje deja de ser
inteligible, con independencia del lugar elegido para llevar a cabo la experiencia. En los teatros
griegos se alcanzaban distancias sustancialmente superiores a las mencionadas. En Epidauro el
asiento más alejado del escenario se encontraba a 70m y la inteligibilidad en ese punto es
sorprendentemente buena. La explicación estriba en el hecho de que el teatro se hallaba ubicado en
una zona con ruido ambiental extremadamente bajo y que además el sonido directo que llegaba a
cada punto se veía reforzado por la existencia de primeras reflexiones (retardo máximo de 50 ms
respecto a la llegada del sonido directo). Tales reflexiones se generaban en la plataforma circular
altamente reflectante situada entre el escenario y las gradas, denominada orchestra.
La existencia de una primera reflexión generada por una superficie totalmente reflectante
produce un incremento en el nivel de presión sonora, y la energía sonora se dobla. Por lo tanto,
debido a dicha circunstancia, la distancia límite en la dirección frontal pasaría a ser mayor. Si
además tomamos en consideración la reflexión producida por la pared posterior del escenario y las
máscaras utilizadas por los actores, que al parecer desempeñaban una función acústica al actuar
como un megáfono por delante de la boca, justifican el hecho de alcanzar los 70m de Epidauro. Y
por tanto esa es la razón por la que tenía un aforo de 14.000 espectadores, una cifra muy superior a
los teatros romanos posteriores. Para hacerse una idea, los mayores teatros actuales no suelen
sobrepasar los 1.500 espectadores.
Bibliografía: Diseño acústico de espacios arquitectónicos. Antonio Carrión Isbert. Ediciones UPC. 1998
Los géneros literarios griegos: épica, lírica y dramática. La prosa.
A finales del siglo VI a.C. comienzan a desarrollarse en el mundo griego la tragedia y la
comedia. El teatro surgió cuando comenzó la decadencia de la poesía lírica, un género propio de la
aristocracia, cuyos poemas se recitaban o se cantaban en pequeños círculos. Frente a esto, la el
teatro se representaba ante todo el pueblo. Es, por tanto, un género popular enmarcado dentro de la
polis. El fin de la polis supuso también la desaparición de este género. Hubo representaciones
teatrales en todas las ciudades griegas, tuvo especial importancia el teatro en la Magna Grecia y
Sicilia. Sin embargo, el caso mejor conocido es el de Atenas.
Se llega a la conclusión de que hay un origen común para los tres géneros dramáticos. Este origen
hay que buscarlo en las fiestas populares. De la colectividad sale un solista que dialoga con el coro.
La acción comienza con ese diálogo entre el solista y el coro.
La puesta en escena
Antes de las representaciones se realizaba un concurso de autores, de los que se elegían tres
para competir en el teatro. Los gastos de las representaciones eran sufragados por un ciudadano rico
de la ciudad.
En cuanto a los actores, vestían de forma solemne y llevaban un elevado calzado, llamado
coturnos. Con el cambio de máscara podían representar varios personajes, incluso femeninos,
puesto que las mujeres nunca actuaron en el teatro.
La escenografía era sencilla, hecha con efectos pictóricos, la acción tenía lugar en el exterior, en la
calle, una puerta daba acceso al interior del palacio en el que vivían los héroes o heroínas de la obra.
A veces se utilizó una rudimentaria maquinaria teatral, sobre todo, para hacer aparecer a los dioses
en escena. Entre las gradas (cavea) y el proscenio estaba la orchestra circular, allí se situaba el coro.
La escena estaba detrás del proscenio, donde se preparaban los actores. A medida que los actores
fueron adquiriendo mayor importancia, el escenario fue siendo más importante, se construyó de
piedra y se le añadieron elementos arquitectónicos.
En el siglo V a. C., se produce un gran desarrollo del género dramático en la ciudad de
Atenas. En ese momento, el teatro se separa de su origen religioso y se convierte en una institución
del Estado que resulta necesaria para la educación y la enseñanza del pueblo.
Para un ciudadano de la Atenas del siglo V a.C., conocido como Siglo de Pericles, concurrir al
teatro era completamente distinto de lo que es para un espectador actual.
En primer lugar, no se representaba en cualquier momento del año, sino en festivales que se
realizaban en determinadas fechas, dedicadas al culto del dios Dionisio. No se representaba una sola
obra, sino varias y, en consecuencia, el espectáculo duraba todo un día y la entrada era gratuita para
quienes no contaban con recursos ya que no se consideraba a estos festivales como un simple
espectáculo, sino que a su carácter religioso se sumaba una finalidad moral y educativa. El
espectador, entonces, tenía que ir dispuesto a purificar sus sentimientos más violentos mientras
presenciaba los hechos conmocionantes que eran presentados en la tragedia; también tenía que estar
preparado para reflexionar acerca de los más nobles estados espirituales y, durante la representación
de una comedia, para reírse de su situación contemporánea, de sus costumbres, de sus personajes
más importantes y en última instancia, de sí mismo.
Los personajes protagónicos de la tragedia y del drama satírico solían ser dioses o pertenecer a
la nobleza; en cambio en la comedia se caricaturizaba a las clases más bajas. Esta diferencia se
manifestaba no sólo en el vestuario, sino también en el lenguaje empleado: era poético en el caso de
las tragedias y popular —hasta incluso grosero— en las comedias.
Los actores eran únicamente hombres, que podían representar, cambiando de máscara y de
vestuario, a varios personajes, incluyendo a los femeninos. Los desplazamientos escénicos y los
ademanes de los actores también seguían ciertas convenciones que el público conocía a la
perfección.
La "Poética" de ARISTÓTELES.
Varias décadas después de la muerte de los grandes autores trágicos, y a pesar de que Atenas
no era ya la misma ciudad que durante el gobierno de Pericles, Aristóteles analizó sus obras en la
Poética. Su tarea consistía en buscar semejanzas, estudiar los temas tratados, el estilo, los personajes
que intervienen, entre otros, y a partir de eso, establecía las características generales de los distintos
géneros literarios. En su obra, el filósofo griego hace hincapié en el que los griegos denominaban
“drama”, que se compone para ser representado ante un público. Para Aristóteles, la principal
característica del teatro es la imitación de la realidad o mímesis, y el diálogo es el elemento
fundamental de la representación.
El género dramático es definido por Aristóteles como una representación encarnada por
actores. El concepto de mímesis es fundamental ya que la relación que existe entre el objeto real y
la forma en que es representado determina el subgénero al que la obra pertenece. Así pueden
definirse, según Aristóteles, tres subgéneros: la tragedia, la comedia y el drama satírico.
El primero es, para el filósofo griego, el de mayor importancia ya que presenta una imitación en la
que las personas son mostradas mejores de lo que son, por ese motivo sus personajes son los héroes
y los dioses. Para que esta relación con la realidad fuese estrecha, Aristóteles sostenía que debían
cumplirse tres pautas:
1.las historias representadas debían durar una jornada, desde la salida hasta la puesta del sol
(unidad de tiempo)
2.la acción debía ocurrir en un solo espacio (unidad de lugar)
3.la obra debía referir un solo hecho o acción central (unidad de acción).
Este tipo de estructura permitía, por un lado, el desarrollo en profundidad de un tema único y, por
otro, un cierto grado de identificación por parte del espectador, quien a través de la compasión y el
terror provocado por lo presentado en escena, se purificaba de sus pasiones. Esta purificación o
“catarsis” es, según Aristóteles, la finalidad primordial del teatro
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