El sistema de la Seguridad Pública en México

Anuncio
La seguridad pública en México
The public security in Mexico
Héctor Martínez Cantú
Unidad Académica de Derecho
Universidad Autónoma de Zacatecas
Resumen
La historicidad del sistema de la seguridad pública da cuenta de su
carácter existencial a partir del Estado Absolutista del siglo XVI, la cual sirvió
como mecanismo de control del poder político de los gobernados. En el
siglo XVIII se transformó el sistema de la seguridad pública con las ideas de
grandes pensadores, constituyendo así a los Estados Modernos. Éstos
intervienen en la vida económica, pero además dan seguridad a los
ciudadanos y limitan su libertad fundamental. En el siglo XV existen
elementos del sistema de la seguridad pública dentro de la cultura
prehispánica.
Al interior del territorio mexicano se inicia en el siglo XIX un proceso de
emancipación, imponiéndose un universo normativo a partir de la
Declaración de la Independencia que contiene elementos de seguridad
pública; luego la consumación de la misma que no presenta este tipo de
rasgos; continúa además, el desarrollo de cuerpos normativos donde
escasamente se aborda la seguridad pública o simplemente se señalan
prevenciones.
1
En el siglo XX surge la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
de 1917, producto de una lucha armada, después llega la reforma
constitucional de 1994, en los artículos 21 antepenúltimo y último párrafo, y
73 fracción XXIII. A partir de aquí comienza a destacar en el Estado
mexicano, el sistema de la seguridad pública y su relación con los
subsistemas de procuración de justicia y justicia penitenciaria. A la par la
inseguridad pública se acrecienta hasta la actualidad y es un problema
multifactorial, e interdisciplinario. Finalmente se plantean los resultados a
manera de conclusiones y propuestas.
Palabras clave: sistema de seguridad pública, Estado, poder político.
Abstract
The historicity of the public security system shows his character since
Absolutist State of the XVI century, this historicity was a control mechanism
of the politic power against habitants. In the XVIII century the public security
had transformed with the ideas of importants thinkers, due to was possible
constitute the moderns states. This work on in economic life, besides give
security to citizens and limit theirs fundamental freedom. In the XV century
exists elements of the public security system presents in the prehispanic
culture.
In the mexican territory had began, in XIX century, a emancipation process,
for
these
reason
had
imposed
a
normative
universe
since
the
2
Independence Declaration that content security public elements; then their
consummation that does not presents this characteristics; also continued
the development of normative organisms where only has indicate some
preventions.
The politic constitution of the Mexican United States starts in 1917, was a
consequence of a fight armada, after arrive the constitutional reform in
1994, manifest in the 21 antepenultimate and last paragraph and 73
fraction XXIII. Then the Mexican State starts to project, the public security
system and his relation with the law office and penitentiary justice
subsystems. In fact the public insecurity was increased and is a multifactorial
and interdisciplinary problem. Finally has exposed the results.
Keywords: public security system, State, politic power.
El Sistema de la seguridad pública en México
A través del análisis histórico del sistema de la seguridad pública podemos
constatar que, a partir del siglo XVI, con el surgimiento del Estado
Absolutista, las monarquías centrales de España, Inglaterra y Francia
tuvieron un poder omnímodo y vertical. La seguridad pública se empezó a
estructurar sobre los fundamentos del derecho penal para justificar el
otorgamiento de la seguridad a la ciudadanía. Ése fue en realidad un
pretexto, pues en el fondo la seguridad pública sirvió como instrumento de
subordinación del rey. Para tal efecto colaboró el poder eclesiástico quien
contribuyó, al control social de los gobernados.
3
Juan Ramírez Marín refiere: «la sociedad medieval se gobernaba por leyes
que procedían de la voluntad divina y a cuyas normas debían adecuar sus
conductas todos los individuos, para no entrar en contradicción con la
voluntad de Dios». 1 Ese derecho que emanaba de la voluntad divina
estaba impregnado del un naturalismo sustentado en la moral divina. En la
vida terrenal, el rey tenía a los ejércitos para hacer cumplir su voluntad, ya
que realizaban la función policial sin estructura definida ni reglamentación
que soportara sus actuaciones. Con ello, el Estado Absolutista asumía la
función de dar seguridad a los habitantes.
El Estado Absolutista evoluciona, en el siglo XVIII se experimenta la
transformación de todos los saberes del ser humano y de las instituciones
de esa sociedad progresista, con las aportaciones de pensadores
universalmente conocidos: Voltaire, Rousseau, Diderot, Montesquieu y
otros. Con la inspiración de estos grandes estudiosos de las ciencias se
conformaron los Estados Modernos. A raíz de esta revolución científico–
social–cultural el Poder Ejecutivo tiene por primera vez la función de la
seguridad pública y el Estado está obligado a darle ese derecho a la
ciudadanía. Con acierto indica Juan Ramírez Marín: «no sería exagerado
decir que la seguridad se convierte en el primero de los bienes y
correlativamente en el fin primario del gobierno político. Por eso también,
su abandono, esto es, la entrega de la vida pública a la inseguridad de las
discordias, sería la ruina del Estado». 2
La concepción de seguridad que ya existía es retomada por el joven
Beccaria en su texto De los Delitos y de las Penas (1764). Siguió avanzando
4
con Dou y Bassols en Las Instituciones de (1775), que pasa a la Declaración
de los Derechos de los Norteamericanos de Virginia 1776 donde se hace
referencia a la seguridad del pueblo. También el Discurso Sobre las Penas,
del autor Manuel de Lardizábal y Uribe (1782), alude al tipo penal que
atenta contra la seguridad pública. En la Declaración de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano (1789), en el punto concerniente a los derechos
naturales del hombre, se encuentra inmerso el de seguridad. En la
Declaración Francesa (1793) la noción de seguridad aparece en la parte
de los derechos y propiedades.
Con el avance de la humanidad y de sus instituciones queda atrás la
función de policía del Estado Absolutista, ahora en los Estados Modernos
hay una intervención del Estado en la vida económica, que otorga
seguridad a los ciudadanos y limita sus libertades públicas. Al respecto
retomo la postura de Ramírez Marín: como poder «asegurador», el aparato
estatal
encontró
en
el
concepto
de
seguridad
su
principio
de
reproducción, bajo el nombre de seguridad pública, tanto para la
protección de los súbditos, como de la riqueza y el territorio del Estado,
como para la protección del instrumental gubernamental (leyes, instancias
administrativas) y para la regularidad pacífica de la vida social y política,
llamada desde entonces orden público. 3
La noción de seguridad, junto con el de policía, son conceptos políticos. En
la época moderna, la seguridad pública la realizan las instituciones
policíacas, principalmente las policías preventivas municipales, estatales y
federales, en los ámbitos de su competencia así como las fuerzas armadas,
5
aunque éstas últimas no tengan facultades en la
investigación y
persecución de los delitos federales o comunes, pero sí en los delitos de
orden militar, asimismo lo referente a la seguridad de la nación.
Si bien es necesario referirse a la seguridad pública de los pueblos que
habitaron la altiplanicie mexicana hasta antes de la Conquista, es difícil
ubicar el objeto de estudio debido a la existencialidad de infinidad de
poblados que estaban asentados y que tuvieron un desarrollo en la cultura
prehispánica. Por ello, solamente se hace alusión a la sociedad azteca, la
cual fue un pueblo guerrero que rendía culto a las deidades, eran además
solidarios pues otorgaban seguridad jurídica a los habitantes que
acataban las normas de convivencia pacífica y social. De igual modo,
habían adquirido un desarrollo en lo cultural–político–social–jurídico, la
estructura de este último se soportaba en un derecho consuetudinario.
Los responsables de brindar seguridad al pueblo azteca, eran personajes
denominados jueces que estaban distribuidos en los calpullis (barrios),
tenían auxiliares (alguaciles) que efectuaban actividades de prevención y
protección de actos internos o externos que atentaran la vida del
poblado. Todos dependían del Tlatoani, quien era un poderoso funcionario
que representaba a la divinidad y gozaba de libertad para disponer de la
vida humana a su arbitrio. Entre sus facultades, estaba la de acusar y
perseguir a los malhechores; no obstante generalmente la delegaba en los
jueces, quienes auxiliados por los alguaciles y otros funcionarios, se
encargaban de aprehender a los delincuentes. 4
6
A la llegada de los españoles se siguieron aplicando las leyes que tenían los
aborígenes, después se empleó un conjunto de cuerpos normativos
importados de España como La nueva y la novísima recopilación de Indias,
El fuero Real, Las partidas, Las ordenanzas Reales de Castilla, las de Bilbao,
Los autos acordados, las de minería, de intendentes y los gremios. Esta
instauración de leyes en la Nueva España motivó una serie de desmanes y
de descoordinación competencial, ya que prevalecía el caos y la
confusión de todas las autoridades civiles, militares y religiosas en la
persecución del delito.
Por lo tanto, surgieron instituciones jurídicas que regularon la convivencia
social en la Colonia. El Tribunal del Santo Oficio sirvió como instrumento
policíaco para castigar la herejía. Su origen fue en España en el año de
1478, posteriormente se estableció en la Nueva España en 1570 y
desapareció en 1820. La Audiencia contribuyó a resolver problemas
policíacos, la Constitución de Cádiz 1812 tenía una estructura orgánica
para combatir la vagancia, malvivencia y la ociosidad.
En este periodo la función de la seguridad pública se soportaba en una
estructura orgánica, si es válido decirlo, en diversas clases de policía con
atribuciones específicas de aseo y vigilancia en barrios calles y plazas.
Aparte de contar con inspectores vigilaba el orden social y perseguía a los
delincuentes. La policía estaba sometida a los Ayuntamientos por
disposición de las leyes. Los alcaldes mayores aplicaban sanciones severas
contra los delincuentes: debido a que existían pocos lugares de reclusión,
los salteadores de caminos eran ejecutados en el lugar de los hechos o
7
donde fueran aprehendidos. También Se patrullaba la ciudad y se
custodiaban los valores como el cobro de impuestos, aunado a esto se
implementó una campaña de no portar armas de noche.
Durante la mitad del siglo XVI la seguridad se encontraba en manos del
ejército y de las autoridades civiles y de la iglesia católica en la Nueva
España. Ya en el XVII el sistema de la seguridad pública siguió avanzando y
tratando de perfeccionarse: aumentó el número de elementos que
integraban el sistema, continuó diversificándose y combatiendo la
criminalidad por motivo de riñas duelos y juegos de azahar. En el XVIII la
población sigue creciendo junto con los problemas delictivos, por lo que
surge el Tribunal de la Acordada en 1722. Fue una institución cruel, severa
e inhumana, despiadada en las persecuciones y castigos a los bandoleros,
ya que se excedían en sus atribuciones. Aun así, era imposible frenar los
delitos de robo y asalto.
En el siglo XIX continúa vigente la reglamentación que regulaba el actuar
de la policía, en el proceso de la Independencia, por ejemplo se vigilaba y
se cuidaba el ingreso de personas a las ciudades. En un principio se
continuó aplicando el universo normativo que la Corona poseía desde la
Colonia. El Tribunal del Santo Oficio, La Audiencia, la Acordada y los
Tribunales Especiales ostentaban una estructura orgánica en funciones y
atribuciones para perseguir y juzgar a los delincuentes, lo que sirvió como
instrumento para incrementar la seguridad pública, además fue una
manera de doblegar a los ciudadanos por el poder político que tenía la
Corona.
8
México transita hacia la emancipación con el Constitucionalismo, de ahí
que en el territorio fue necesario entrar al desarrollo modernizador y a la
par ir en la búsqueda de un proceso de libertad. Lo anterior dio vida a un
universo normativo que fue impuesto inicialmente, como la Constitución de
Cádiz de 1812, la cual fue aprobada primero en España y luego en la
Nueva España el 30 de septiembre del mismo año. Dicho documento
contiene implícita y explícitamente en su articulado, elementos que
integran a la seguridad pública, tales como la obligación de la Nación de
proteger derechos y propiedades de todos los individuos, las facultades a
los Ayuntamientos para dar seguridad a las personas, a sus bienes y a las
cárceles.
El segundo instrumento, La Constitución de Apatzingán, fue aprobado el 22
de octubre de 1814 en lo que se llamó Decreto Constitucional para la
Libertad de la América Mexicana. Este documento se cobijó con los
Sentimientos de la Nación de José María Morelos y Pavón, donde se
hablaba de la seguridad pública, al mencionar la protección a las
propiedades de los particulares y la imposición de penas a los infractores
sociales. A pesar de que la Constitución no tuvo vigencia en la Nueva
España, lo trascendente fue que estableció la seguridad pública como un
derecho para los gobernados y una obligación para el Estado. Sentó las
bases de lo que ahora se discute sobre si la seguridad pública es una
garantía para el gobernado o no, o bien si el Estado tiene obligación o no
de otorgar seguridad pública a los ciudadanos.
9
El tercer documento supremo, La Constitución de 1824, aprobada el 3 de
octubre de ese año, es la primera Constitución de corte federalista. En el
rubro de las facultades del Congreso Federal se habla de la paz y del
orden público al interior de la federación; y en el apartado que señala las
facultades del presidente, se indica que dispone de las fuerzas armadas
para la seguridad interior y defensa exterior de la federación.
Ramírez Marín opina que en esta Constitución ya no se plasmó la
obligación que tiene el Estado de dar seguridad pública a los ciudadanos:
la Constitución de 1824, al incorporar el régimen federalista en México e
imitando a Estados Unidos de América, no obstante que la historia y las
tradiciones de Nueva España eran ajenas por completo a esa idea de
colonias que se unen en una federación, olvidó mencionar en la Carta
Magna, que el Estado y el gobierno tenían la obligación de velar y
preservar la seguridad pública. 5 La Cuarta Constitución, aprobada el 2 de
octubre de 1836, está constituida por las Siete Leyes que surgieron a causa
de la pugna entre dos corrientes mayoritarias existentes en aquel tiempo:
los liberales y los conservadores. Ambas corrientes ideológicas buscaban
asumir el poder para conducir la república, al final se impuso la tendencia
conservadora.
Las Siete Leyes se hacen poca referencia a la seguridad pública, en el
rubro sobre las atribuciones del presidente de la república (Cuarta Ley), se
indica que se pone a disposición del presidente la fuerza armada para
cubrir con la seguridad interior y la defensa exterior de la república. En la
Sexta Ley, en el epígrafe que alude a la división del territorio, se establece
10
que los gobernadores cuidarán el orden público en el interior del
Departamento; las Juntas Departamentales, a la par con el gobernador,
atenderán los reglamentos de policía; los prefectos cuidarán el orden y la
tranquilidad de su Distrito. También se menciona que la policía estará a
cargo de los Ayuntamientos y el cuidado de las cárceles.
En la Quinta Constitución, aprobada en 1857 y sancionada el 5 de febrero
del mismo año, no aparece la seguridad pública en ningún precepto
constitucional, sólo se habla de prevenciones. Asimismo continúa la
competencia de los Estados para que rijan en su régimen interior. En un
numeral constitucional hace referencia al derecho de poseer armas en el
domicilio para seguridad y legítima defensa. En cuanto a la seguridad
interna se faculta y obliga al presidente a disponer de las fuerzas armadas
por mar y tierra. Estos son algunos elementos históricos que vienen a
conformar el sistema de la seguridad pública en México, el cual debiese
estar despolitizado para cumplir sus nobles funciones constitucionales.
Actualmente rige la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
de 1917, que fue aprobada el 5 de febrero de ese año. En diciembre de
1994 se llevó a cabo una reforma constitucional: en el artículo 21
antepenúltimo y último párrafo, se señala el concepto de seguridad
pública y los principios constitucionales que rigen a las instituciones
policiales, a la coordinación del gobierno federal estatal y municipal, para
el establecimiento del sistema nacional de seguridad pública. También se
modificó el artículo 73 fracción XXIII sobre las facultades del Congreso de la
Unión para legislar y expedir leyes, establecer las bases de coordinación
11
entre la Federación, el Distrito Federal, Estados y Municipios en el rubro de
seguridad
pública,
así
como
el
ingreso,
selección,
promoción
y
reconocimiento de los elementos que integran el sistema. A partir de la
reforma de los artículos mencionados ha tenido mayor relevancia la
seguridad pública en México.
El artículo 115 de la Constitución Federal que ostenta a la seguridad
pública municipal como un servicio público, en su fracción II párrafo
segundo, atiende a la autonomía del municipio para aprobar las leyes de
su competencia, los bandos de policía y buen gobierno. La fracción III
inciso h aborda los servicios públicos, entre ellos el de la seguridad. La
fracción VII expresa que la policía preventiva estará bajo el mando del
presidente municipal, atenderá los mandatos del gobernador y, por su
parte, el ejecutivo federal tendrá el mando de la fuerza pública en sentido
amplio.
La reforma de 1994 fue el detonante para que el Estado pusiera atención
en el combate del fenómeno de la inseguridad en territorio nacional. Por
tal motivo, creó nuevas instituciones y ordenanzas; transformó las leyes
sustantivas existentes, adjetivas, ejecutivas y orgánicas del sistema de la
seguridad pública, así como de los subsistemas de procuración de justicia y
de justicia penitenciaria. A partir de aquí se empezó a hablar del sistema
de la seguridad pública y de su estrecha relación con los subsistemas de la
procuración de justicia y de la justicia penitenciaria. Este compuesto social
posee una importancia fundamental para los habitantes, en virtud de que
existe un convencimiento de ciudadanos que no están satisfechos con la
12
implementación de políticas que el Estado ha realizado para combatir el
fenómeno de la inseguridad pública.
Por esa razón, la gran preocupación que tiene el Estado Mexicano por la
creciente inseguridad ciudadana, tiene que ver con una temática de que
el gobierno federal, los Estados y municipios, la ubiquen en su justa
dimensión. Para esta empresa se tendrán que buscar los mejores hombres
que se encuentren a cargo de las instituciones de seguridad pública, de
investigación, persecución del delito y de la ejecución de las sanciones. En
esta lucha se habrán de poner en marcha diferentes actividades:
programas, estrategias eficientes y acciones comprometidas con la
sociedad civil, porque se ha visto que no hay eficacia y no existe una
coordinación entre los cuerpos policíacos, sobre todo tratándose de
operativos que se llevan a cabo en la pugna contra la criminalidad dentro
de los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal).
El Estado mexicano no ha cumplido con la obligación ineludible de dar
una debida protección y defensa a las personas, a sus bienes y derechos.
Con esa obligación, que es correlativa frente a los ciudadanos, se tiene el
derecho de recibir resguardo jurídico del Estado, el cual está obligado a
brindarlo. Pero también los particulares deberán acatar ciertas reglas de
conducta, encaminadas a no violentar la tranquilidad de nuestros
semejantes y de la sociedad, en caso contrario el Estado ejercerá su
autoridad.
13
Por
lo
tanto,
es
indispensable
el
respeto
a
los
bienes
jurídicos
fundamentales: la vida, la libertad, la integridad física, el patrimonio y el
goce de un sano esparcimiento de las familias, que en ocasiones viene a
ser constreñido por los hechos delictivos que aparecen en nuestros
domicilios, calles, colonias, centros educativos, centros laborales, centros
de diversión y ciudades de todo el país. Dicho de otra manera, el ser
humano sin distinción de clase, nacionalidad, edad, religión, sexo, estado
civil, está expuesto a ser sujeto pasivo o entrar a un proceso de
víctimización en cualquier momento, al ser limitado o que sufra un
menoscabo en sus bienes derechos o libertades elementales.
¿Cómo se integra el fenómeno de la inseguridad pública?
No debe olvidarse que el problema de la inseguridad pública como
fenómeno social, se vincula a instituciones que integran un sistema o
subsistemas para combatirla. Posee un desarrollo histórico–social que
empezó a crecer en los sesenta y luego a principios de los ochenta con la
sistematización y el perfeccionamiento del narcotráfico, el cual ya existía
desde hacía una centuria. Al respecto René González de la Vega expresa
que «a fines de la década de los setenta, hizo acto de presencia en
nuestro territorio, la delincuencia organizada internacional, en su vertiente
más conocida y devastadora: el narcotráfico y todas sus secuelas de
violencia y corrupción». 6 En este sentido se pueden mencionar las causas
de la inseguridad pública en este país:
14
a) Económicas. Se presentaron a partir del debacle petrolero, la falta de
oportunidades de empleo, la migración y una justa redistribución de la
riqueza.
b) Sociales. La cultura, la idiosincrasia, la salud, la educación, también
intervienen en el incremento de la delincuencia en México. Asimismo
pueden citarse los hechos que se revelaron entre estudiantes de las
Universidades Públicas y el gobierno federal. Los grupos armados en
Guerrero son, de igual modo, consecuencia de inseguridad. Por último, al
finalizar el siglo XX, el surgimiento del movimiento zapatista y el aumento
del narcotráfico.
c) Políticas. La corrupción, impunidad, indiferencia y prepotencia de los
elementos (sujetos) existentes dentro de las instituciones de seguridad
pública, de investigación y persecución del delito, de los centros de
ejecución de sanciones.
d) Geográficas. Por la gran influencia que los mexicanos tienen de Estados
Unidos, los constantes reclamos que se hacen sendos gobiernos y la
deficiente coordinación de los cuerpos policíacos, en las unidades de
inteligencia que gravitan en torno al combate de la delincuencia.
Las causas políticas en el sexenio del presidente Ernesto Zedillo toma una
decisión de Estado, porque creyó que dándole más atribuciones al ejército
mexicano en el combate al narcotráfico —ambos se fortalecieron durante
este gobierno— y designando en la procuración de justicia federal a un
15
representante del Partido Acción Nacional, iba a disminuir la espiral de la
delincuencia organizada; sin embargo, el fondo era otro. Según Gómez y
Fritz: México necesitaba entonces colocar orden adentro, Zedillo ubicó a
Antonio Lozano Gracia, un panista sin tablas en cuestiones policiales, al
frente de la PGR. El presidente necesitaba disminuir el crecimiento
agigantado del PAN que se había convertido en la segunda fuerza
política. Tenerlos a un lado en el tema espinoso de la justicia, era la mejor
manera de acallar a la oposición. El PAN, de la mano de Diego Fernández
de Cevallos, lo aceptó como un escaparate. 7
También la ambición de algunos políticos por perpetuarse en el poder del
Estado, ha motivado que haya alianzas con la delincuencia organizada,
basta observar a Gómez y Fritz cuando sostienen: «los hombres de Estado
no han cumplido con su función, al contrario muchas veces se han aliado
a los narcotraficantes y no persiguen ni castigan ni protegen. La confianza
se altera».
8
Por su parte, Marco Antonio Zazueta Félix opina: «las causas son más
profundas, las podemos encontrar en el amplio espacio de impunidad en
que se mueven los grupos de narcotraficantes; las podemos identificar en
la tradicional complicidad de los cuerpos policíacos y en la ambición
desmedida de algunos de nuestros políticos […], se han embarcado en
oscuros acuerdos con la delincuencia organizada para lograr las
posiciones de poder que ambicionan». 9
16
En cuanto a las causas geográficas se producen en los cuatro puntos
cardinales del territorio nacional: en la frontera norte como se expresa en
el último inciso; en el sur por los lazos de vecindad con los países de
Centroamérica y por ser un punto de aterrizaje de la droga, principalmente
la que proviene de Colombia; el flujo migratorio de Guatemala y el
Salvador así como el tráfico de todo tipo de mercancías incluyendo venta
de armas de fuego que ingresan a México por esa frontera.
Asimismo el Golfo de México y el Pacífico son las vías marítimas para el
arribo de las drogas. De ahí que México, por su ubicación territorial, sea el
centro del vaivén comercial en todos los sentidos. De esta manera lo
indica González de la Vega, puesto que abarca las causas aludidas en su
análisis de la criminalidad, aplicando la teoría de los escenarios. Desde un
punto de vista criminógeno, resulta indudable que la cercanía con la
república norteamericana, ha sido un disparador eficaz y puntual de
nuestra delincuencia. Por lo tanto, mientras no reconstruyamos nuestros
entendimientos, mientras continúen los reproches mutuos y la carencia de
colaboración auténtica, mientras estemos dependiendo de sus políticas
económicas internas, que lo mismo «desaceleran» su crecimiento, que
disminuyen el flujo comercial o lo mantienen en niveles adecuados para
nosotros, con todos los efectos que ello encierra, nuestros escenarios serán
volátiles y muy cambiantes. 10
Tomando en cuenta lo anterior urge atención e interés del Estado
mexicano en los cuatro rubros que se mencionaron y otros, con la
implementación de políticas sociales, y de reformas legislativas sustantivas,
17
adjetivas, ejecutivas y orgánicas, como una prevención integral del
fenómeno de la inseguridad pública en México. Es precisamente esa razón
por la que la delincuencia se ha convertido en un problema regional,
nacional y transnacional. Esto propicia que al sistema de la Seguridad
pública y a los subsistemas de la procuración de justicia y justicia
penitenciaria se les considere como instituciones que combaten ese
fenómeno social multifactorial, multi e interdisciplinario. Es decir, necesario
en el estudio analítico de los factores intrínsecos y extrínsecos que influyen
en la etiología del delito, y de la aplicación de diversas ciencias
explicativas de la criminalidad, además de otras como la economía,
política y la demografía.
Si los distintos niveles de gobierno no atienden este producto social, ponen
en riesgo la vigencia del Estado Constitucional de Derecho, un Estado
Constitucional de Derecho que expande su protección jurídica hacia la
sociedad civil e inclusive al propio poder político, ya que ambos entes
jurídicos y políticos están sujetos al universo normativo para cumplir con el
postulado «nadie por encima de la ley». Si se atiende esto, en los
subsistemas de procuración de justicia y la justicia penitenciaria, habrá un
fortalecimiento del sistema de seguridad pública.
Del mismo modo, al atacar las causas el país tendrá mejores condiciones
de
bienestar
social,
y
resolverá
así
algunos
de
sus
problemas
fundamentales: el fortalecimiento de la economía nacional, mejores
fuentes de empleo, una política de contención migratoria, una conspicua
distribución equitativa de la riqueza, una mejor convivencia social y
18
familiar, una mayor educación, una mejor cultura de respeto a nuestros
semejantes, una idiosincrasia con una identidad más amplia, una mejor
transparencia de la actuación de los elementos que integran el sistema de
seguridad pública y de los subsistemas de procuración de justicia y justicia
penitenciaria. Finalmente, una óptima política y coordinación entre
Estados Unidos, México, y los países de Centroamérica en materia de
Seguridad pública, contribuye a resolver la inseguridad pública como
meta esencial del Estado que aspira a una vida mejor de los mexicanos.
En este sexenio que inicia es todavía más complicado combatir la
delincuencia, ya que las autoridades federales, estatales y municipales
han sido rebasadas por las organizaciones criminales, según se aprecia a
través de los medios masivos de. (Véase Baja California, Chihuahua,
Sinaloa, Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Nuevo León).
Además los estudiosos de la materia como González de la Vega en el 2001
escribió en la advertencia del autor, en su texto Políticas Públicas en
Materia de Criminalidad: «la criminalidad, como entidad poderosa,
inteligente y proteica, desde el punto de vista de su capacidad de cambio
y adecuación a la realidad institucional, legal y social impuesta, siempre
nos rebasó, tomó desprevenidos y acabó ganando todas la batallas». 11 Por
tanto, las patologías existenciales de los múltiples factores de carácter
endógeno y exógeno, que influyen para que la delincuencia se desarrolle
y se reproduzca, deben ser atendibles por del poder político, debido a la
deficiente articulación del sistema de la seguridad pública con los
subsistemas de procuración de justicia y justicia penitenciaria.
19
En la lucha contra el fenómeno de la inseguridad pública en todos sus
niveles participan instituciones legales y constitucionalmente establecidas
tanto del gobierno federal estatal y municipal: la (SEDENA) Secretaría de la
Defensa Nacional, (SEMAR) Secretaría de la Marina, (SG) Secretaría de
Gobernación, (PGR) Procuraduría General de la República, (PFP) Policía
Federal Preventiva, (SSPF) Secretaría de Seguridad Pública Federal, (PGJE)
Procuradurías Generales de Justicia de los Estados y las Secretarías de
Seguridad
Pública
de
los
Estados
donde
exista,
finalmente
los
Ayuntamientos constituidos en el territorio nacional.
Es necesario hacer énfasis en que el planteamiento de la integración del
sistema con los subsistemas, la seguridad pública, la procuración de justicia
y la justicia penitenciaria, se estudian desde diferentes perspectivas de tal
suerte que al analizar el sistema integral de la seguridad pública es posible
visualizar los diferentes subsistemas que lo integran: el de procuración de
justicia, la justicia penitenciaria, la administración de justicia, la justicia para
menores infractores, la justicia comunitaria o cívica, y en fechas recientes
se habla que la seguridad pública es un problema de seguridad nacional.
Estos seis subsistemas se pueden comprender tomando en cuenta el
sistema integral de procuración de justicia, el sistema integral de la justicia
penitenciaria, el sistema integral de administración de justicia, etcétera,
todos están integrados en el sistema político nacional.
20
Conclusiones y propuestas
1. El sistema de la seguridad pública junto con los subsistemas de
procuración de justicia y de justicia penitenciaria, es un tema de primer
orden dentro del gobierno federal en conjunto con los Estados y
municipios.
2. Pese a los diversos esfuerzos adicionales y voluntariedad que han
efectuado los tres niveles de gobierno para combatir la inseguridad
pública, existe una deficiente coordinación entre los elementos del sistema
y subsistemas.
3. La sociedad civil no tiene confianza en el sistema de seguridad pública,
ni en los subsistemas de procuración de justicia, ni en la justicia
penitenciaria, pues son los servicios con mayor desprestigio que ofrece el
Estado.
4. En el sistema de seguridad pública y en los subsistemas de procuración
de justicia y de justicia penitenciaria, existe una ausencia de recursos
materiales humanos y financieros.
5. El sistema de la seguridad pública y los subsistemas de procuración de
justicia y de justicia penitenciaria requieren de una política sistémica,
integral e institucional, en razón de que en el universo de los sistemas se
intima
un
conjunto
de
elementos
interrelacionados
que
tienen
21
características que los distinguen, es necesario el estudio, principalmente
de la prevención, ya que gravita en el sistema y subsistemas señalados.
6. Urge la implementación de políticas públicas por parte del Estado, esto
no soluciona el problema de inseguridad pública en este país, pero es un
paliativo, y puede servir para desminuir la criminalidad.
7. Es necesario la aplicación de una política de Estado que vaya dirigida a
combatir la falta de confianza y credibilidad social de la sociedad civil,
hacia las instituciones de seguridad pública, procuración de justicia y
justicia penitenciaria, lo que brindaría mayor transparencia a dichas
instituciones.
8. Para dar satisfacción a la sociedad civil, en torno al fenómeno de la
inseguridad pública, el Estado necesita de una verdadera selección,
reclutamiento, capacitación, profesionalización y especialización, a los
elementos del sistema y subsistemas, en áreas de su competencia. Para
ello, es necesario y urgente la elaboración de un programa académico
con personal que tenga vocación y mística de servicio para la integración
del sistema y subsistemas referidos.
Notas
Juan Ramírez Marín, Seguridad Pública y Constitución, México, Porrúa, 2003. p. 2.
Ibid, p. 7.
3 Ibid, p. 14.
4 Ibid, p. 44
1
2
22
Ibid, p. 247.
Ibid, p. 246.
7 Ma. Idalia y Darío. Con la Muerte en el Bolsillo (seis desaforadas historias del Narcotráfico
en México), México, 2005, p. 175.
8 Ibid, p. 5.
9 Ibid, p. 159.
10 Ibid, p. 17.
11 Ibid, p. X.
5
6
Bibliografía
Ramírez Marín, Juan. Seguridad Pública y Constitución. México; Porrúa;
2003.
Franco Villa, José. El Ministerio Público Federal. México: Porrúa; 1985.
González de la Vega, René. Políticas Públicas en Materia de Criminalidad
(Teoría de los Escenarios 2000–2030): México. Porrúa. 2001.
Gómez, Fritz, Ma. Idalia, Darío. Con la Muerte en el Bolsillo (seis desaforadas
historias del Narcotráfico en México). México: Planeta; 2005.
Gómez, Fritz, Ma. Idalia, Darío. Con la Muerte en el Bolsillo (seis desaforadas
historias del Narcotráfico en México). México: Planeta. 2005.
Zazueta Félix, Marco Antonio. Hoyo Negro (¿existen inocentes en un mundo
de drogas, poder y sexo?). México: Grijalbo; 2005.
González de la Vega, René. Políticas Públicas en Materia de Criminalidad
(Teoría de los Escenarios 2000–2030). México: Porrúa; 2001.
23
Descargar