E1 obispo MARCOS McGRATH, c.s.c.

Anuncio
ROBERT S. PELTON, c.s.c.
E1 obispo
MARCOS
McGRATH, c.s.c.
Santiago de Chile
EL OBISPO MARCOS McGRATH,
ROBERT S. PELTON, C.S.C.
El Obispo
MARCOS McGRATH c.s.c.
SANTIAGO DE CHILE
Alto, joven y dinámico, Marcos McGrath, C.S.C.,
obispo, de Santiago de Veraguas, Panamá, fue, en
virtud de su preparación y de su posición en la América Latina, una de las figuras más significativas del
Concilio. Pocos, entre los más jóvenes de los Padres
Conciliares, tenían una visión más profunda y una
mejor comprensión de la Iglesia en su misión de salir al encuentro de toda clase de hombres y guiarlos
y atraerlos a Cristo. El Obispo McGrath cree que
cada hombre tiene un lugar y una parte en la Iglesia,
y no cesa de esforzarse de palabra y por escrito por
hacer conscientes a los demás las multifacéticas posibilidades de desarrollo de la Iglesia.
1. A Panamá en 1912
Marcos McGrath nació en la Zona del Canal
de Panamá, el 10 de febrero de 1924. Estudió en
varios colegios tanto de Latinoamérica como de los
Estados Unidos, graduándose en la Academia Militar de La Salle, en Long Island, Nueva York, en
1939. Su padre, John Thomas McGrath, era originario de Trenton, Nueva Jersey. Fue a Panamá en
1912 a trabajar en el Canal y llegó a ser capitán de
una embarcación para dragado; allí desarrolló una
amplia actividad. Organizó los Caballeros de Colón
y prestó ayuda a los Padres Lazaristas. En 1917 se
casó con Louise Renauld que había venido a la Zona
del Canal con su hermano desde su hogar en Cartago, Costa Rica. La familia Renauld se había esta5
blecido allí proveniente de Nueva Iberia en la Louisiana. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Juan, Roberto, Eugenio y Marcos. El padre de los niños perdió la vida en un accidente en 1928, once años después de su matrimonio.
Algún tiempo después, la señora Louise McGrath
contrajo matrimonio con Henry De Jean, amigo íntimo y socio de su primer esposo. En 1931 nació un
hijo de este matrimonio a quien se llamó Enrique
y que sufrió trágica muerte en 1954: era piloto de
bombardeo de la Armada cuando el aparato se estrelló mientras ejecutaba maniobras nocturnas en
Virginia, pereciendo toda la tripulación.
Los otros hermanos, Juan, Roberto y Eugenio,
estudiaron en diversos colegios y universidades, tomaron parte en acciones bélicas durante la guerra
y actualmente son hombres de negocio en Panamá
donde viven con sus respectivas familias. Desde 1940
a 1942, Marcos fue alumno de la Facultad de Artes
y Letras de la Universidad de Notre Dame.
Sus experiencias como estudiante le hicieron
comprender la importancia del papel del laico en la
Iglesia, tema que ya dominaba cuando le tocó hablar de él, veinte años después en el Concilio. Siempre se distinguió por la intensa dedicación en cualquiera actividad que emprendiese. Trabajó como
redactor en la publicación estudiantil "Scholastic".
Tomó parte en la Acción Católica de Universitarios
a nivel nacional y, por un período, fue presidente
del grupo de Jóvenes Estudiantes Cristianos (Young
Christian Students). Eran los años iniciales y experimentales del movimiento en los Estados Unidos, y
Marcos debió enfrentar sus muchos problemas básicos, tanto de teoría como de adaptación. En 1941
6
fue miembro de la delegación norteamericana a la
Reunión Internacional de "Pax Romana" en Bogotá,
captando allí algo de la dimensión mundial de los
problemas del cristianismo en el presente siglo.
2. América latina y Notre
Dame
En su primera actividad apostólica seglar, Marcos estuvo bajo la influencia del Padre Louis J. Putz,
C.S.C., vastamente conocido como pionero de la Acción Católica en los Estados Unidos. El Padre Putz
había adquirido un profundo conocimiento y un intenso celo por la causa del apostolado seglar durante
su estadía en Francia. Allí había trabajado en estrecho contacto con grupos de Acción Católica, y había
trasladado los frutos de esa labor a Notre Dame,
desde donde el movimiento de los Jóvenes Estudiantes Cristianos se extendió, poco a poco, por toda la
nación. Fue éste el motivo que impulsó a Marcos
McGrath a iniciar el desarrollo de una labor social
y teórica de la Acción Católica —"la restauración
de todas las cosas en Cristo".
Como estudiante en Notre Dame, Marcos fue
querido y estimado como una personalidad fuerte,
tal vez dando la impresión de ser, quizás, demasiado
exigente. Este tipo de empuje infatigable lo ha caracterizado a través de los años. Es un hombre de
opiniones definidas y claramente estructuradas, sin
mostrarse por eso sordo a las ideas de los demás.
Otra influencia importante de aquellos días de
estudiante universitario la recibió del Padre William
Cunningham, C.S.C., quien, por su simpatía a Latinoamérica y a la juventud de este continente, hizo
7
mucho por llevar estudiantes latinoamericanos a
Notre Dame y a otras universidades norteamericanas. Por eso fue que en 1961, el Comité para el Progreso de los Estudiantes Interamericanos (CCISP),
le rindió homenaje por su trabajo con los estudiantes latinoamericanos residentes en colegios católicos
de los EE. UU. En realidad el programa básico del
CCISP se funda en los esfuerzos iniciales del Padre
Cunningham. Marcos McGrath sentía un profundo
respeto por los ideales del Padre y le ayudó fiel y
eficazmente durante sus años de estudiante.
En Notre Dame, Marcos perteneció al equipo de
debates de la Universidad y allí afinó tempranamente su habilidad para pensar con claridad. La necesidad de penetrar profundamente el argumento del
adversario, extraerle su médula, comparar su macicez con la de la propia posición y luego rebatir y
defender con éxito la tesis propia, le llevó a adquirir equilibrio y firmeza. Aprendió a hablar con decisión, con libertad y con precisión, recurriendo tanto a la experiencia como a sus convicciones. Su talento como orador le ganó un puesto en la Oficina
de Oradores de Notre Dame. Con frecuencia se le
pedía que hablara en diversas reuniones. En un
desayuno de la Sociedad del Santo Nombre en 1941,
dio una excelente charla acerca de las relaciones
entre los Estados Unidos y América Latina.
McGrath sostuvo que para llegar a una sincera
y duradera amistad con Latinoamérica, los Estados
Unidos debían recurrir a los pueblos mismos. "Debe
encontrarse un sólido lazo de unidad —dijo— uno
que obligue a estos pueblos a sacrificar algunos de
sus intereses nacionales en aras del ideal panamericano". Puso en claro que no se refería "simplemente
8
al juego superficial y pasajero de concertar alianzas
con gobernantes latinoamericanos que no cuentan
con el apoyo moral de sus pueblos".
Insistía el joven McGrath que las tendencias liberales y ateas de algunos líderes latinoamericanos
no tenían importancia frente al hecho de que un
95% de la población era católica. Subrayó la profundidad del sentimiento católico y su influencia en la
diplomacia. Exhortó a que los embajadores norteamericanos que se nombraran en estos países fueran católicos, o al menos, que estuvieran informados
acerca del catolicismo, para servir mejor la causa
de la unidad y la armonía. Es "por intermedio del
catolicismo como podemos esperar un caluroso apretón de manos de los pueblos de Sudamérica".
A menudo ha repetido estas reflexiones en ambos lados de la frontera y a hombres de las más
diversas categorías. Cree que el punto es tan válido
y básico hoy como en 1941. En 1964, por ejemplo,
habló en una reunión importante en Chicago, en presencia de seis cardenales, numerosos miembros de
la jerarquía, sacerdotes, religiosos y seglares de
Norte y Sudamérica.
"Nos encontramos actualmente a la vanguardia
de una gran ola de acción cooperativa interamericana" —dijo el obispo. De este modo "la Iglesia
Católica de América del Norte y de América Latina
debe forzosamente ejercer un papel determinante
en lo por venir.
Este papel sería "en la esfera propiamente religiosa", pero comprendería también el proporcionar
"la motivación dinámica para un mejor orden social
sin la cual ninguna Alianza para el Progreso puede
9
2—El Obispo.
avanzar muy lejos o muy rápido". El Obispo se lamentó: "Este rol de la Iglesia Católica en nuestro
hemisferio es una verdad evidente que muchos entusiastas del acercamiento interamericano parecen
querer olvidar".
La ignorancia, la escandalosa ignorancia, es el
enemigo número uno. "La primera verdad que debemos recordar, en toda su escueta realidad, es que
los Estados Unidos y la América Latina, con sus civilizaciones y culturas —desde que nacieron— han
sido extrañas entre sí". "Aun hoy día —dijo— el
estudiante norteamericano no aprende casi nada
acerca de las naciones y territorios del sur. En América Latina, a pesar del poderío actual de los Estados
Unidos, la clase de historia de las escuelas, a menudo, da una información muy pobre acerca de su
pasado".
No puede haber amistad sin trato mutuo y sin
conocimiento mutuo. "La amistad que es f r u t o de
conveniencias religiosas o políticas —por ejemplo,
la ayuda a América Latina cuando amenaza el comunismo, o el prestar sacerdotes para remediar
una escasez local de clero— no sobrevive a esas conveniencias. Los servicios prestados son unilaterales
porque no se establece un contacto efectivo con el
otro extremo; y estos mismos servicios son ideados
en su lugar de origen y exportados tal cual, sin suficiente sensibilidad para con el 'amigo', su modo de
vida, su manera de pensar y la índole de sus problemas".
Los años de observación y experiencia del joven
Marcos McGrath hablaban por boca del Obispo en
aquella ocasión en Chicago.
10
3. Un Novicio con Visión
A fines del verano de 1942, McGrath ingresó al
Noviciado de la Congregación de la Santa Cruz. Debido a las exigencias del semestre adicional establecido en tiempos de guerra en la Universidad, McGrath llegó al noviciado algo más tarde que sus
compañeros. Sin embargo, su talento de líder elocuente y su necesidad de tomar sobre sí responsabilidades, se manifestaron muy pronto.
Poco después de llegar, se presentó al Maestro
de Novicios y le pidió permiso para iniciar actividades de Acción Católica entre los seminaristas. Tan
pronto fue aprobada su proposición, empezó a organizar círculos de estudio. A pesar de su entusiasta
promoción de la actividad apostólica, era muy respetuoso de la autoridad, sin, por otra parte, vacilar
en expresar sus convicciones cuando lo estimaba necesario.
Fue nombrado editor de la publicación del Noviciado, "El Aprendiz". Una muestra notable de su
perspicacia aparece en el editorial de despedida que
escribió al final de su período. Dijo en parte:
"El noviciado pretende cambiar al hombre, poner en él la nueva levadura que colmará su alma de
gracias en su profesión y vida religiosa. Ahora bien,
entre agosto de 1942 y agosto de 1943, ¿cuál ha sido
el cambio más importante en nuestra actitud mental?. . .
Hay una cosa que el año de noviciado no puede
dejar de lograr en cada novicio: llevarlo a una vivida conciencia de la realidad, la pura realidad de
Dios y el Hombre, el creador y la creatura. . . No
aprende muchas cosas, ni siquiera algo absoluta11
mente nuevo para él, pero, por una vez, aprende algo
bien —más bien lo absorbe que lo aprende, pues se
afinca profundamente en su mente para convertirse
en un principio para la vida entera, en un incentivo
para el servicio de Dios. . .
No muchos hombres reciben esta gracia —esta
gracia de la verdad. ..
Ahora bien, por pura misericordia, Dios nos ha
escogido a nosotros. . . para enseñarnos Su Verdad.
Y esto no es todo. Habiéndonos enseñado la desnuda verdad de todas las cosas, nos ha indicado en
detalle lo que hemos de hacer para cumplir plenamente Su voluntad divina. Sabemos por experiencia que todos los hombres buscan la felicidad; y
sabemos por la fe que la única felicidad verdadera
se encuentra en cumplir nuestra parte en la múltiple
voluntad de Dios.
. . .Vivimos por la fe, y por la fe sabemos que
vivimos en la verdad. ¡ Nada puede ser más consolador! Pasar el día en hacer a conciencia lo que
nuestra regla y nuestros deberes requieren de nosotros, y llegar al fin del día en la seguridad de que
hemos hecho la voluntad de Dios —ésta es la verdadera paz y la promesa de un gozo perdurable.
Estas son convicciones con las cuales nuestras
almas se han enriquecido. Sin embargo, aún no son
totalmente nuestras —tan pasajeras son que, en
ocasiones, desaparecen delante de nosotros. Pero,
aunque nuestros ojos no siempre ven el camino que
se extiende ante ellos, nuestros pies están firmemente asentados en él y nuestras mentes gozan de una
tranquila confianza que superará con facilidad los
obstáculos que nos esperan. Es un pregusto del
gozo, como una anticipación del mismo. Hemos
12
echado a andar por el sendero de la voluntad de
Dios, y sabemos que sólo necesitamos ir adelante
hacia la plenitud de nuestra felicidad y el máximo
servicio que nuestro amor pueda ofrecerle a EL,
nuestro Creador".
En el seminario Marcos McGrath fue un cabal
ejemplo de joven consagrado a su trabajo. Vivió la
vida de un pobre, a pesar de haber nacido en la
riqueza y la comodidad. Observó la regla fielmente
y trabajó duro. Mostró su determinación en todos
los campos. Fue un buen deportista, y por lo menos
se esforzó por hacerlo lo mejor posible en el campo
de juego.
El camino delante de Marcos McGrath fue y sigue siendo un camino largo, pero, ciertamente, "Ha
echado a andar por el sendero de la voluntad de
Dios" y ciertamente busca "el máximo servicio que
nuestro amor pueda ofrecer". Volverá repetidas veces a considerar esa "nueva levadura" y se esforzará
por amasarla y hacerla activa, no sólo en su propia
vida religiosa y sacerdotal, sino también en la vida
de quienes tienen contacto con él; religiosos y seglares por igual.
4. Primero los
fragmentos
La necesidad de encontrar y difundir la verdad
es la idea matriz que informa todas sus obras. En
enero de 1964, en una ponencia para la Conferencia
de CICOP, introduce el tema de esta manera:
"El hombre, a diferencia de los seres espirituales
en su totalidad, ve primero los fragmentos de la
13
verdad y necesita aplicar su poder reflexivo si quiere
lograr una visión de la totalidad; esto hecho con
esfuerzo, paciencia y concentración espiritual. A
menudo somos flojos, impacientes o dados al activismo rápido y nervioso de carácter pragmático;
y es así como las saludables verdades de la vida, la
muerte y la eternidad generalmente se nos escapan
excepto cuando nos confrontan violentamente en
una crisis o en una tragedia. Así es también como
podemos cometer el error de iniciar y promover vastos programas de acción social sin hacer una pausa
para traer a nuestro pensamiento aquellas verdades
ya sean históricas, científicas, técnicas, sociales o
religiosas— que sabemos muy bien son no sólo válidas sino vitales para la dirección apropiada de
cualquier programa social que intentemos".
Además, la edición de octubre de 1964 de una
revista llamada "Levadura", vocero del apostolado
seglar, traía un artículo del Obispo McGrath que
decía:
"Debiéramos estar en las avanzadas de las organizaciones mundiales. Y esto es lógico —consecuente con nuestra doctrina, nuestra doctrina básica, el
alma de nuestra doctrina y nuestra vida en amor
fraternal...
Los comunistas esencialmente poseen una mente
a escala mundial. He sido testigo en América
Latina de la pasmosa generosidad de comunistas
sinceros para cumplir este principio de comunidad
—de comunidad mundial. Esto es una contradicción porque nosotros somos los cristianos, y ellos
nos han robado, en cierto sentido, nuestra doctrina.
No diré que se han robado nuestro fuego, pues éste
permanece con nosotros; es el fuego del Espíritu
14
Santo que debiera impulsarnos a una conciencia de
nuestra unidad colectiva en Cristo, y nuestra unidad
colectiva con todos los hombres, aunque todavía no
estén incorporados al Cuerpo Místico de Cristo".
El Obispo McGrath, pastor sabio y vigilante, cerró el párrafo anterior con un comentario pequeño,
casi dolorido: "Pero este fuego está demasiado a
menudo oculto en nosotros".
5. Una Tesis
Punzante
En septiembre de 1943 hizo sus primeros votos
y volvió a la universidad en donde se graduó "magna
cum laude" en Filosofía en 1945. Después de esto al
Holly Cross College en Washington a completar sus
estudios teológicos. En Washington su interés en el
apostolado seglar persistía. Trabaja como ayudante
del capellán en el Reformatorio Nacional de Washington. Allí se ocupó de los internados portorriqueños.
El 11 de junio de 1949, Marcos fue ordenado en
la catedral de Panamá por el Obispo Preciado de
Colón, ya que el Arzobispo Beckman de Panamá se
encontraba en Roma haciendo su visita "ad limina".
Comenzó sus estudios avanzados de teología en el
Institut Catholique de París y luego se trasladó al
Angelicum de Roma, donde recibió el doctorado en
teología en 1953. Visitó muchos centros de apostolado seglar en Europa y sus ideas maduraron.
El Padre McGrath escogió para su disertación
doctoral un tópico casi profético tocante a lo que
había de venir. "La Enseñanza del Concilio Vaticano
acerca de la Evolución del Dogma". Estos años de
trabajo le proporcionaron convicciones intensas de
15
las que dio testimonio más tarde cuando sirvió en la
Comisión Teológica del Vaticano II, la Comisión
donde se gestaron los principales documentos del
Concilio y cuyo trabajo habrá de afectar profundamente la vida de los miembros de la Iglesia.
Durante esos años, aguzó sus talentos en otro
campo. Nacido en un ambiente bilingüe en Panamá
—inglés y español— agregó en Europa, el francés,
alemán e italiano, además del latín y griego de sus
cursos de teología. Adelantó en el conocimiento de
estos idiomas en sus vacaciones de verano pasadas
en Alemania, España y otros países. Este contacto
con el pueblo fue vital para él entonces, y asimismo,
le aseguró para su futuro un firme conocimiento de
situaciones y costumbres. Intensificó su apreciación
del valor de cada hombre en particular y de todos
los hombres en general. Cuando después tenga que
alzar su voz para hablar del y por el seglar, poseerá
una vasta comprensión de costumbres y problemas
diversos. Habiendo crecido en muchos ambientes
diferentes, sus intuiciones son profundas, y basadas
en una experiencia personal.
6. Una Casa de Verano o una Choza
En abril de 1953, el Padre McGrath fue asignado
por sus superiores al Colegio San Jorge, dirigido por
los Padres de la Santa Cruz en Santiago de Chile.
Allí empezó un apostolado activo y creciente que lo
preparó bien para sus futuras responsabilidades.
Aún una mirada rápida a la escena chilena, revela la
existencia de dos grandes mundos, uno desarrollado
y el otro subdesarrollado. A pesar de que existen el
16
uno al lado del otro, están separados por abismos
culturales, económicos y sociales. Socialmente, el
mundo desarrollado va desde una clase media acomodada hasta la aristocracia. Económicamente, va
desde los que poseen casa y automóvil propios hasta
los que pertenecen a clubes exclusivos y poseen una
casa de verano. Culturalmente, el mundo desarrollado lo tiene todo, desde los conocimientos técnicos
hasta los títulos universitarios, desde el conocimiento del inglés hasta los viajes al extranjero. El otro
mundo es el del habitante de las poblaciones marginales, el obrero y el desplazado. Es el mundo del
rancho agujereado, del piso de tierra, la ampolleta
desnuda, la choza sin agua corriente.
Los que leen, leen poco. Los que asisten a la escuela primaria rara vez terminan sus estudios. Es el
mundo de la lucha de clases, de tensiones económicas y sociales, de la injusticia, de la ignorancia, la
pobreza. Es el mundo que necesita el apoyo de quienes aman la justicia, puesto que solos no pueden levantarse a sí mismos.
La existencia de esos dos elementos tan opuestos
llevó al Padre McGrath a fundar las obras sociales
de San Jorge en 1954. Era profesor y director espiritual en el San Jorge y, entre clase y clase, comprendió la necesidad de fraternidad. Formó a un
grupo de jóvenes en el espíritu del Evangelio y les
envió a conocer el mundo subdesarrollado. Los primeros encuentros de los miembros de las Obras Sociales San Jorge con los pobres produjeron experiencias desgarradoras, amistades y los comienzos de
ayuda material.
A medida que crecía la conciencia del problema
del sistema de clases sociales, se desarrollaron otras
17
3.—El Obispo.
actividades. Se formaron toda suerte de cooperativas así como centros juveniles, planes de viviendas
de emergencia y una escuela técnica para obreros.
El creciente campo de actividades asumido por
los miembros trajo consigo cambios significativos
en el grupo mismo. Al principio éste era homogéneo: jóvenes con un buen espíritu comunitario inspirados por el Padre McGrath. Su trabajo tendía a
ser de catequesis y clerical. La idea era "ayudar al
sacerdote" en su trabajo. Pero a medida que el grupo
fue madurando se hizo menos clerical en su mentalidad. El sacerdote pronto desempeñó el rol de
quien ayuda al grupo en vez de ser ayudado por él.
Los comentarios bíblicos fueron traduciéndose en
obras que pertenecían más directamente al orden
temporal, como las cooperativas, centros sociales y
otras por el estilo. Una mayor conciencia de la responsabilidad del laico hacia el orden temporal se
hizo visible en las Obras Sociales San Jorge.
En la fundación y desarrollo de esta actividad,
el Padre McGrath expresaba en forma creadora su
aprecio por el rol del seglar. Este mismo pensamiento se reitera en diversos escritos desde 1954. En 1964
escribía:
"La Iglesia como sociedad religiosa se distingue
del orden temporal. Los cristianos, sin embargo, viven inmersos en el orden temporal. Cristo se hace
presente de dos maneras: indirectamente, por medio de la doctrina, y directamente, por medio de su
aplicación personal y prudencial. En esta área encontramos muchos de los problemas que han caracterizado en una u otra época la relación de la Iglesia
y el orden temporal: el problema del Estado y de la
Iglesia, de la censura y de toda clase de tuición de
18
la moral por la Iglesia, de la colaboración entre las
iglesias para el bienestar social, de la tolerancia activa hacia todas las iglesias, etc. Aquí sólo necesitamos mencionarlos y señalar cómo ciertas situaciones y criterios humanos han sacado a la luz uno u
otro problema. Como en toda cuestión de relaciones
humanas dinámicas, especialmente cuando tienen
que ver con lo divino, se requiere un equilibrio activo".
El Padre McGrath desenvolvió su pensamiento
conforme a este esquema de desarrollo y mejoramiento social en Chile, informado por las necesidades observadas en su país. En 1959 escribía acerca
de su convicción de que "hay muchas luces brillantes que contrarrestan las sombras del catolicismo
chileno. En primer lugar, la Iglesia es, sin duda, por
sí sola, la fuerza social y moral más grande del país.
En segundo lugar, el grueso del clero está agudamente consciente de los varios problemas que hemos presentado. No sólo están abiertos a soluciones
sino que experimentan activamente con las muchas
que se han propuesto. Finalmente, es cierto que el
laicado —especialmente los grupos de universitarios
y jóvenes profesionales— está despertando al desafío de los tiempos".
Junto con enseñar religión en el colegio San Jorge, comenzó en 1954 a enseñar en la Facultad de
Teología de la Universidad Católica de Chile. En
1959 f u e nombrado Decano de dicha Facultad. Una
realización de esos años fue la revista "Teología y
Vida", que él fundó y dirigió. Con los trabajos de
ese periódico erudito, se preparaba sin saberlo para
su futuro papel como miembro de la Comisión Teológica del Vaticano II.
19
Sus palabras sobre reformas sociales se acentuaron y se hicieron más frecuentes. Cuando las exprese
en el aula conciliar, no serán vana palabrería, sino
el resultado de duras experiencias en los años pasados con los jóvenes de Obras Sociales San Jorge.
Entonces, como ahora, sentía que el auténtico y
profundo catolicismo de los latinoamericanos los
llevaría al conocimiento, comprensión y práctica de
la doctrina social católica en los hechos —y no sólo
como teoría o programa de principios abstractos.
Muchos movimientos alentadores prevalecían en
1959, y "una multiplicación de éstos. . . podría traer
consigo una revolución cristiana, pacífica y profunda". Le complacía ver que a los jóvenes de los
varios grupos de Acción Católica les inquietaba la
vida de fiestas y frivolidades y buscaban algo definitivamente auténtico, la entrega de sí mismos en
servicio real.
También habló y escribió con frecuencia acerca
de su convicción de que los católicos norteamericanos podían ayudar en gran medida a Latinoamérica,
siempre que se dieran cuenta de la verdad de los
hechos y se acercaran a la situación con honradez y
franqueza. Los católicos norteamericanos, decía,
"tienen mucho qué aprender de la Iglesia en América
Latina en particular, y mucho qué aprender de América Latina, en general".
En todas sus necesidades a través de los años en
América Latina, el Obispo McGrath había acudido a
los miembros de la jerarquía latinoamericana, por
quienes sentía gran estimación y en cuya dirección
y orientación se ha apoyado ampliamente.
Desde que llegó a Chile, el Padre McGrath colaboró estrechamente con el Obispo Mons. Manuel
20
Larraín. Comprometido con el Obispo de la Diócesis
de Talca en un proyecto primitivo, McGrath dirigió
las actividades misioneras de un grupo de estudiantes de esa Diócesis. El Obispo Larraín recientemente
fallecido mantuvo siempre una posición progresista
clamando infatigablemente por la justicia social.
Como presidente de la CELAM, la Conferencia Episcopal Latinoamericana, el Obispo Larraín influyó
considerablemente en asuntos pastorales en los países latinoamericanos. El Obispo McGrath fue siempre uno de sus más íntimos colaboradores.
Otra de las grandes voces de la América Latina es
la de Raúl Silva, Cardenal Arzobispo de Santiago de
Chile. Hombre de lenguaje claro y consagrado a su
trabajo, fue escuchado con frecuencia en el Concilio.
Como miembro progresista de la jerarquía de América Latina y como hombre valeroso, él también ha
tenido gran influencia en el Obispo McGrath y le ha
animado con frecuencia a dar sus opiniones y a decir lo que cree es correcto y necesario que se diga,
aunque otros no estén de acuerdo o rehusen aceptar
lo que tiene que decir.
A pesar de su buen trabajo y esfuerzos en el campo de la enseñanza, los días del Padre McGrath en
ese campo estaban contados. Como dijera más tarde
de sí mismo: "Mi nombramiento al cargo de Obispo
Auxiliar de Panamá acabó abruptamente con mi carrera de teólogo". Y explicó luego: "Es un triste
comentario tener que decir que la teología se ha
acabado para un obispo. No seremos teólogos profesionales, en el sentido de investigadores científicos, pero debiéramos ser teólogos prácticos".
En octubre de 1961, Marcos McGrath fue consagrado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Ciudad
21
de Panamá, y su ministerio de educar tomó otra
forma.
7.
Sensibilidad
El Obispo McGrath ha demostrado siempre su
capacidad de penetrar hasta la médula de cualquier
tema que estudie. Esta capacidad ha sido puesta en
evidencia en su valorización de la América Latina, su
primer interés, y que aparece destacadamente en sus
escritos. Su punto de vista sobre la "revolución" social en esta región es típicamente representativo de
su seriedad y honestidad.
En la conferencia de CICOP de 1965 habló sobre
el tema "La Iglesia y la Revolución Social en América Latina". Expresó lo siguiente:
"Muchos han hecho notar que los católicos debemos desarrollar una teología del cambio progresivo. En los siglos recientes nos hemos dejado dominar por una mentalidad fijista que pretende congelar para siempre con igual solidez lo que es esencial y lo que es accesorio en nuestra doctrina y en
nuestro culto.
Tomad nuestra liturgia, por ejemplo. Qué difícil
fue cruzar la barrera de resistencia al uso de la lengua vernácula en la misa. En nuestra mentalidad, el
uso del latín en la misa había adquirido un carácter de permanencia y necesidad casi igual a la del
dogma de la transubstanciación. Y aún en vísperas
del Concilio, los que hablaban o escribían en favor
de la introducción de la lengua vernácula en la celebración de la Misa, eran generalmente considerados como rebeldes superficiales que jugaban con la
22
esencia misma de la Fe. Pero ahora, "post factum",
después de la publicación de la Constitución sobre
la Sagrada Liturgia, reconocemos que no sólo el uso
del latín sino que el uso de muchos otros elementos
del culto en la Misa (ornamentos, gestos, canto gregoriano, etc.) son adiciones históricas que, en su
tiempo, constituyeron adelantos en la dramatización
del Sacrificio Divino y que pueden y deben someterse a cambios en nuestra época y en el futuro, bajo
la cuidadosa dirección de la autoridad eclesiástica,
para que este Sacrificio sea más inteligible y más
significativo y para que los pueblos de los tiempos
venideros y de culturas diferentes participen en él
más fructuosamente".
En 1964, el Obispo McGrath habló a la Conferencia de Superioras Religiosas de los Estados Unidos.
En su charla, se esforzó por destacar la importancia
y significado de las directivas conciliares desde el
punto de vista de un superior religioso. Trató de
orientar su pensamiento y comprensión para señalarles cómo del aprecio del significado profundo del
Concilio debía resultar una renovación de la dedicación de sus religiosas:
"Tal vez ustedes quisieran que esta charla expusiera numerosas y detalladas normas prácticas para
la acción de la Iglesia ante tal o cual situación de
nuestro siglo. Esto sería desestimar el Concilio. El
"aggiornamento" puede ser juzgado por algunas de
sus medidas prácticas —por ejemplo la introducción de la lengua vernácula en la liturgia occidental,
da la posibilidad de juzgar el árbol por sus frutos.
Pero el árbol es más que sus frutos; y el "aggiornamento" es más que una serie de cambios de orden
práctico, que tomados por sí solos no tendrían más
23
valor que el hacer la religión más aceptable hoy en
día. Esto no es tan fácil de captar.
Les aseguro que muchos de nosotros, los obispos,
llegamos a Roma en octubre de 1962 preparados
para un Concilio de una o dos sesiones en que se
tratarían algunos fáciles ajustes doctrinales y disciplinarios. La inmensa gama de materias a discutirse en las setenta y seis constituciones propuestas
—una poda completa de nuestro jardín eclesiástico;
una tarea inmensa, sin duda, pero relativamente
simple. Como se hizo evidente en el discurso inaugural del Papa Juan y la profundidad de los análisis
de los Padres Conciliares, éste no era el designio de
Dios para el Concilio: era la disposición misma del
jardín la materia de fondo.
Así, lo que muchos pensaban que sería un concilio pastoral, en el sentido de ser meramente práctico y de organización, mostró una vez más que ninguna acción o reforma pastoral vale mucho si no
procede de una honda contemplación del plan divino: de dónde venimos y hacia dónde vamos en
respuesta al llamado divino. De este modo, hacia el
final de la primera sesión en diciembre de 1962, el
Concilio se había asentado sobre sus dos pilares
doctrinales: la Iglesia en sí misma y la Iglesia y su
misión en el mundo. De esta manera, llegamos también a saber que el proceso de crecimiento interno
en el Espíritu, que es el verdadero "aggiornamento"
del Concilio, tomaría tiempo —un año, y otro y otro.
Les ruego no dejar pasar inadvertida la primera
lección del Concilio. No cambiar por cambiar, ni
siquiera por la causa del éxito en el apostolado. No
cambien nunca apartándose de la Revelación y de la
Iglesia, antes bien, hundan aún más profundamente
24
las raíces del alma en la Palabra Divina, en la vida
y en la autoridad de la Iglesia. Piensen en el mundo
que nos rodea, en los signos del tiempo, y con la
más profunda sensibilidad traten de comprender y
de ponerse en contacto con todos los cristianos a
través del diálogo ecuménico y tender un puente hacia el vacilante mundo moderno.
Más importante que el cambio mismo es la razón
de ser del cambio, y toda religiosa debe conocerla.
Lo mismo vale decir de las más importantes adaptaciones de la vida religiosa hoy en día. Deben proceder desde adentro, desde la naturaleza y misión de
la mujer consagrada, en la Iglesia y en el mundo de
hoy.
8. ¿Un Archivo o una inteligencia
humana?
Aún antes de la apertura de la primera sesión del
Concilio Vaticano II, en agosto de 1962, el Obispo
McGrath había dado a conocer su pensamiento sobre los "cambios" en cuanto se aplican a la evolución de la doctrina:
"Quien haya leído o estudiado algo acerca de lo
que se llama en la Iglesia la evolución de la doctrina, se habrá dado cuenta que se produce allí la
misma situación de que hablo aquí. La Iglesia no
puede añadir ni una jota o ápice a lo que Cristo enseñó, y esa Revelación ha terminado con la muerte
del último apóstol. Pero es inconcebible que esta
doctrina se implante en la inteligencia humana sin
que se desarrolle, al mismo tiempo, en términos de
comprensión de la misma. La Revelación cristiana
hubiera tenido que ser puesta en los archivos y no
25
se hubiera esperado que creciera en sus consecuencias. Mientras más consideramos una verdad fecunda, más conclusiones podemos extraer de ella. La
Revelación crece no en sí misma sino en nuestra
comprensión de ella. Y lo mismo debe decirse de la
doctrina social. Los principios sociales están ahí.
Pero, a medida que se producen nuevas situaciones
y aparecen nuevas mentes que analizan la situación
a la luz de los principios cristianos, se obtienen
nuevas conclusiones de esos mismos principios".
Prosigue con un desarrollo lógico y detallado sobre el crecimiento de la doctrina social hasta que:
"La enseñanza social de la Iglesia es el resultado
de la fusión de la teología con el conocimiento de
la situación social en que vivimos. Y cuando la concebimos de esta manera, vemos que es una doctrina
dinámica, una doctrina necesariamente creciente y
dinámica, y, que en la elaboración de esta enseñanza
social, debemos esperar y pedir la participación de
economistas, sociólogos y asistentes sociales cristianos. En esta materia no interesa si se es sacerdote,
religiosa o seglar; es cuestión de competencia en la
materia. Por supuesto que en Teología, recurrimos
a los maestros autorizados de la Iglesia, los obispos
y sus delegados".
9. Durante una situación
explosiva
El Obispo McGrath es reconocido como un orador de categoría. Tiene gran facilidad de palabra y
una voz que se impone al auditorio; de ahí que sea
continuamente escogido para dirigir la palabra, tanto en conferencias como en convenciones. En sus
discursos muestra su capacidad para hablar sobre
26
diferentes temas en forma clara y precisa. Aunque
casi siempre hace alusión a su querida América Latina, no por eso deja de abordar un determinado
tema con decisión y precisión. No hay duda que sus
años como polemista y sus diferentes trabajos en el
campo del periodismo le han enseñado cómo abordar un tema.
Un delegado tuvo que leer el trabajo que el Obispo McGrath iba a leer en la Conferencia de CICOP
reunida en Chicago el 20 de junio de 1964. El Rev.
Padre Mahon dio la siguiente explicación a los delegados :
"En la mañana del domingo enterramos a los
dieciséis jóvenes muertos a raíz de las manifestaciones hechas en contra del izamiento de la bandera de
Estados Unidos.
En el funeral había unas cien mil personas y el
momento era tenso. El Obispo encabezó el cortejo
en una caminata de tres millas bajo un sol abrasador.
Luego volví con él para terminar este discurso
para esta conferencia. Yo creo que él habría podido
escribir un brillante trabajo acerca de la crisis de
Panamá. Es un honor a su condición de pensador
que no lo hiciera, porque las crisis aparecen y desaparecen cualquiera sea el país afectado por ellas.
Siendo un buen teólogo y pastor, quiso presentarles
a ustedes una crisis mucho más importante: la que
está ocurriendo en la Iglesia de nuestros tiempos.
Imagínense, entonces, al Obispo McGrath, alto,
joven, muy dinámico, sentado sobre el barril de
pólvora que era Panamá en esos momentos, escribiendo estas páginas".
27
Durante la crisis, el Obispo McGrath reunió a
numerosos líderes religiosos con el objeto de conseguir una solución a la violencia; el trabajo de ellos
fue difícil, pero fue coronado por el éxito. A esto el
Obispo McGrath no hizo referencia en su alocución
a la Conferencia.
Conociendo muy bien el desarrollo del dogma
hasta el Vaticano I y estando muy preocupado de un
mayor progreso, el Obispo tenía muy en cuenta el
problema del cambio y de la continuidad, tanto en
la Iglesia como en el mundo. Dijo: "No nos corresponde presentarnos como profetas ni pretender que
el porvenir del mundo ha de depender exclusivamente de la Iglesia. Pero, aun así no podemos pensar que este re-examinarse de la Iglesia, y la nueva
valoración que ella hace del mundo y de su misión
en él, no tienen importancia". Expuso su propio
punto de vista: "Debemos pensar con el Concilio;
no ligeramente ni solos sino que cuidadosamente,
confiadamente, teológicamente..." El sabía que
cualquier progreso es lento, siempre lo ha sido y
seguirá siéndolo.
En su discurso mencionado anteriormente, dado
a las Superioras Religiosas en 1964, describió en
estos términos la Constitución sobre la Iglesia:
"La Iglesia tan notoriamente a la defensiva desde Trento, y a menudo negativamente, como en el
caso del Syllabus de 1864, presenta ahora un nuevo
rostro y comienza el Concilio con un mensaje de
esperanza y comprensión hacia los hombres de parte
de los Padres Conciliares. Verdaderamente esto hace
época. ¿Será provechoso este diálogo? ¿Encontrarán la Iglesia y la civilización moderna un camino
28
común o seguirán dándose la espalda siguiendo caminos diferentes?"
Sus aspiraciones y esperanzas se resumen en el
corto pasado citado y sus intervenciones en estos
días que finaliza el Concilio, muestran la misma
inquietud y esperanza.
10. Pensar con la Historia
El Obispo McGrath pertenece al grupo de aquellos que estudian, meditan, rezan y, a la larga, interpretan para aquellos con menos visión el misterio
íntimo de la Iglesia, el verdadero corazón del problema. Pues, aunque tiene un gran dominio sobre
diferentes temas, no hay ningún otro que trate tan
bien y con tanto entusiasmo como éste. De ahí que
no sea difícil para el biógrafo encontrar la preocupación fundamental del Obispo. Continuamente se
pregunta: ¿Qué es la Iglesia?, ¿Cuál es la misión de
la Iglesia? ¿Cuál es su misión hoy en día? Estas preguntas las examina desde diferentes ángulos. Es así
como contesta:
"La Iglesia, 'ecclesia', como la palabra lo sugiere,
es la reunión de todos los hombres en Cristo. Siendo
una con El —extensión Suya a través del tiempo y
de la eternidad, la reunión y formación de Sus
miembros en la plenitud de Su Cuerpo— se extiende
a todos los hombres. Nada que sea humano es extraño a la Iglesia, y por eso cada valor humano, esto
es, todo lo que es de valor para los hombres o para
cada hombre, le interesa a la Iglesia y de alguna manera le concierne. Es la Iglesia de todos los hombres. Es la Iglesia del hombre. . .
Por eso el Concilio nos presenta a la Iglesia, pri29
mero como Misterio, luego como Pueblo de Dios,
después en su estructura jerárquica, en seguida en
los laicos y religiosos y, finalmente, en la Santísima
Virgen. . . Esta no es una manera jurídica o apologética de comprenderla —aunque no niega el valor
y necesidad de ambas— es una exposición doctrinal
que parte del punto de vista de la Fe en la Palabra
Revelada y que se desarrolla en un campo cada vez
más amplio de meditación teológica".
Continuó este discurso con un extenso análisis de
la Constitución de la Iglesia, penetrando de inmediato en la esencia de cada sección o capítulo:
"Es el eterno designio de Dios que Cristo, su
Hijo, al redimir a la humanidad en la cruz, mandó
con el Padre, a todos los que creyeran en El, el
Espíritu Santo. Así se produce el misterio de esta
unión entre Dios y los hombres, por medio de Cristo
y por la acción del Espíritu Santo. Unión determinada desde toda la eternidad, que se cumple progresivamente en el tiempo, y que alcanza su plenitud
en la última venida del Señor.
"El resto de la Constitución describe esta magnífica visión cósmica de la Iglesia, la sociedad divinahumana, el sacramento de la presencia de Dios y de
la salvación en el tiempo, de la eternidad a la eternidad, idéntica con Cristo, el Cristo Total.
El segundo capítulo nos habla de los componentes humanos de la Iglesia. .. Primeramente nos presenta la realidad fundamental; nuestra común incorporación en Cristo, como Sus hermanos, la familia de Dios, el Pueblo de Dios. . . Se encuentran
aquí tesoros de meditación sobre la espiritualidad
católica. Solamente en la Iglesia encontramos un total florecer de la santidad; pero esto, a su vez, im30
pone una gran responsabilidad al que se llama católico.
El cuarto capítulo, sobre el laicado, es el fruto
de gran parte de lo vivido y pensado por la Iglesia
en lo que va de este siglo. . . Lo que se dice sobre
el laicado en este capítulo ofrece una sólida base
doctrinal para lo tratado en la Constitución del
Apostolado Laico, y también para lo que habrá de
tratar la Constitución de la Iglesia y el Mundo moderno, en donde la labor de la Iglesia en el mundo
por medio de su jerarquía y de sus fieles, está claramente discernida. En suma, es una teología sobre
el papel del laico en la Iglesia —en la liturgia, en
el apostolado religioso, como una proyección del
pensamiento e influencia moral de la Iglesia en el
orden temporal, donde el laico debe trabajar con
todos los hombres de buena voluntad para hacer un
mundo mejor. Finalmente, estos niveles y tipos de
acción del laico deben ser descritos y puestos en relación con la acción y la autoridad de la jerarquía..."
Sobre la misión de la Iglesia, el Obispo añade:
"En teología de las misiones se nos dice que la
misión de la Iglesia, estrictamente hablando, es la
de hacerse presente a todos los hombres, la de establecerse en todas las partes de la tierra, de manera
que el Evangelio sea conocido por todos los hombres. La conversión de los hombres es, en última
instancia, responsabilidad de cada individuo.
Antes de adentrarnos más profundamente en el
problema, quisiera dejar establecido que el rol de
la Iglesia es doble. Implica una influencia religiosa
directa, el apostolado y la misión tomados directamente. La predicación de la palabra de Dios y el
31
promover la vida de Cristo en toda la humanidad
constituye su función religiosa directa. Pero también implica la necesidad de un trabajo temporal o
social que complemente la función religiosa. Estas
dos funciones están claramente presentes hoy en
día y ninguna de las dos puede ser desconocida. El
problema es el siguiente: ¿En qué consisten estas
dos funciones? ¿Cuál es la relación entre las dos?
¿Y cuál es el énfasis que se debe dar a cada una?
Aparte de esto, podemos expresar el rol de la
Iglesia en una forma más positiva. . . la Iglesia debe
señalar los principios morales básicos que guíen
nuestra vida social.
La primera función de la Iglesia es predicar la
palabra de Dios, y de este modo, formar una comunidad de fieles. Ellos, a su vez, reciben los sacramentos que los incorporan a la Iglesia, creando la estructura de la Iglesia. Esta estructura es la del sacerdocio laico de todos los fieles que pueden recibir
los otros sacramentos. . . que también pueden participar en el apostolado de la Iglesia. . . De esta comunidad sacramental, la comunidad Eucarística,
deben emanar las buenas obras de los cristianos".
11. El Punto Débil es lo Rural
Como era de suponer, el Obispo McGrath, generalmente explica la misión de la Iglesia refiriéndola
a la "revolución" social y espiritual que se está produciendo en Latinoamérica. Pero, recomienda a
quienes le escuchan no pensar solamente en términos de la misión de hoy en día sino verla a través
de las mútiples situaciones históricas en las que se
ha desarrollado.
32
"Es Dios quien actúa por intermedio de Cristo
en su Iglesia. ¿Con qué finalidad? La unidad: la
unidad de todos los hombres en su amor a Dios, en
en la unidad del Dios viviente. Todos los nacidos y
sin embargo por nacer, deben ser incorporados en
Cristo: con El forman la Iglesia, son la Iglesia. El
actúa sobre todos, se encuentra cerca o lejos, por
la acción invisible del Espíritu de Dios y por el ministerio visible de sus miembros. Es 'verdaderamente un misterio tremendo', dijo Pío XII, que nosotros
dependamos unos de otros para nuestra salvación.
Nosotros no nos salvamos individualmente sino en
una sociedad —dependiendo de los demás en lo que
tenemos, sabemos y deseamos.
En la Iglesia nosotros recibimos el Espíritu de
amor que permitirá unir todas nuestras naturalezas
individuales, deseos y esfuerzos. La Iglesia es el instrumento divino que nos hará hijos de Dios junto
con Cristo y en Cristo; pero, esto se efectúa en el
pleno contexto social e histórico en el cual se forja
la salvación en la tierra".
Con respecto a su propia diócesis, el Obispo McGrath ha podido dar solución a muchos problemas,
tal como él los enfoca, alumbrado e instruido por
años de trabajo en el campo social y por su profundo conocimiento del rol de la Iglesia. Latinoamérica pasa por proceso de cambio, no sólo material
sino también estructural, y le corresponde a la Iglesia, dice, no sólo analizar los problemas y las circunstancias, sino presentar métodos que conduzcan
a posibles soluciones. Políticamente, piensa el Obispo que el área rural es de menor importancia debido
a su poca población, lo cual significa un número
menor de votos. Desgraciadamente esta situación
33
es propicia para el Comunismo, el que puede penetrar por la puerta trasera, ya que la gente de
campo sencilla tiene menos contacto con las fuentes de información y desarrollo.
Por eso, piensa que es un error descuidar la zona
rural. Menos sacerdotes y religiosos en estas zonas
de los países latinoamericanos significa que menos
gente conocerá los principios de la fe que profesan
sin entender. Significa más analfabetismo, significa
falta de atención médica, significa falta de desarrollo cultural, aparte del que tiene por sí mismos y
que a menudo implica costumbres teñidas de paganismo y superstición; significa que su vida de
oración es extremadamente personalista y casi enteramente desposeída de sentido litúrgico. Además
de esto, el Obispo explica la misión de la Iglesia.
"Estando comprometida desde el principio, desde las primeras palabras del Génesis, al bien de la
Creación y a su continuo progreso para el servicio
de la humanidad, la Iglesia encuentra a cada paso
la huella del pecado, la sombra de la Cruz, que le
recuerda el mal que debe ser purgado del corazón
del hombre, la redención y la elevación divina que
debe alcanzar el hombre para así llegar a su fin último".
Y de Latinoamérica dice:
" . . . e s t a m o s discutiendo sobre la Iglesia en el
mundo latinoamericano y su significado para este
mundo, hoy en día y en el futuro. . .
Nuestra tarea es estudiar y hacer realidad el papel de la Iglesia en la revolución social que ahora
afecta a Latinoamérica. ¿Cómo debemos hacerla?
Primeramente, no podemos cerrar los ojos al
cambio que se está efectuando. Hacer esto y pre34
tender que la Iglesia puede continuar su misión
como lo hizo en los cuatro primeros siglos de cristiandad en este territorio, es negar la verdadera
misión de la Iglesia, que no es otra que predicar la
encarnación de la Palabra en las diferentes y cambiantes circunstancias de tiempo y lugar.
En seguida, tenemos que estudiar los hechos que
constituyen este cambio. La teología de la historia
—la historia de nuestra salvación— requiere un conocimiento profundo de los hechos históricos tanto
divinos como humanos, la voluntad manifestada de
Dios y la situación real de la h u m a n i d a d . . . La Iglesia por medio de sus pensadores debe adentrarse
en las corrientes vivas del pensamiento latinoamericano, fuentes y dínamos de su presente revolución : sobre todo en las universidades. . .; nuestros
líderes católicos deben actuar en los sindicatos, en
los movimientos agrarios, en las cooperativas y
otros, en todos los niveles y formas de educación, en
el matrimonio y orientación de la familia y en los
medios de comunicación. . .
Como el Obispo Wright lo expresara tan bien al
introducir parte del texto de la Constitución de la
Iglesia y el Mundo moderno ante el Concilio: este
texto no es la última palabra sino la primera en un
nuevo diálogo entre la Iglesia y el mundo moderno...
12. Valores Seculares más allá de la Pirámide
Poco después de su nombramiento como Obispo
Auxiliar de Panamá, el Obispo McGrath comenzó
sus preparativos para viajar a Roma, donde participaría en el Concilio Vaticano II. Su vida, aún sin
saberlo él, había sido una preparación para éste.
35
AI comienzo de la primera sesión, el Obispo McGrath fue elegido para un cargo en la Comisión
Teológica, siendo uno de los tres prelados latinoamericanos elegidos para este fin. Así, debido a este
cargo, estuvo siempre ocupado del Concilio, aún en
los períodos de receso, viajando continuamente entre Panamá y Roma, en tanto que proseguía el trabajo preparatorio.
En estos primeros tiempos del Concilio participó
activamente en la discusión sobre la liturgia. Manifestó firmemente tanto su sólida convicción de que
la Iglesia era para el hombre, como su convicción
avanzada de que todos los miembros de la Iglesia
debían ser participantes activos en la liturgia. Su
propia experiencia y esfuerzos respaldaron sus palabras. El cree firmemente que una participación,
basada en una buena instrucción y conocimiento de
la liturgia es de necesidad absoluta. Cada miembro
de la comunidad Eucarística debe ser atraído a
Dios a través del culto.
El Concilio, en su segunda sesión, oyó el testimonio del Obispo McGrath en cuanto al rol del
laico. Su intervención se tituló: "El Laico Responsable en el Mundo". En ella puso énfasis en varios
aspectos que había llegado a conocer en su ministerio. "Cincuentas años atrás los redactores del Código de Derecho Canónico apenas mencionaron al
laico. Pero, ahora en el Concilio estamos hablando
de él extensamente. . . en la Constitución principal
sobre la Iglesia. Esto nos indica claramente que el
progreso en el problema del laico, es una parte esencial de la total renovación de la Iglesia, renovación
que nos preocupa a todos profundamente. Creo que
36
esto constituye un motivo de alegría para todos
nosotros".
Se preguntó, con razón, sobre la validez de la
definición que el texto da sobre el laico, por ser
ésta "negativa":
"Por lo tanto, será mejor cambiar el texto de la
definición reemplazándolo por: "Este Sagrado Sínodo enseña que laicos son aquellos fieles que habiendo sido incorporados al Pueblo de Dios por el
Bautismo, sirven a Dios en el estado normal de cristianos creyentes y de acuerdo a su situación llevan
a cabo en el mundo la misión de todo el pueblo
cristiano, pero no pertenecen a la jerarquía".
El resto de su alocución al Concilio clarifica muchas de las más firmes convicciones del Obispo McGrath:
"Los textos de la Constitución tratan y dan mucho énfasis al rol del laico en el apostolado. ¿No es
más importante lo que el hombre es que lo que
hace? Es verdad que los textos contienen algunas
referencias a la labor temporal del laico y, en realidad, mencionadas en forma explícita, pero antes
que esta idea sea adecuadamente desarrollada, se la
lleva de inmediato a subordinarla al contexto de la
jerarquía.
Tal descripción incompleta nos da un cuadro
falso de lo que es la Iglesia, donde toda la vida del
cristiano parece ser una sumisión a la jerarquía, en
algo semejante a una pirámide clerical en la que el
laico se encuentra en el escalón más bajo como un
pequeño acólito, sometido a los demás".
Continúa desarrollando esta idea diciendo que la
mayoría de los laicos tienen muy poco tiempo para
dedicarlo al apostolado directo, pues están absor37
bidos por su deber de estado al cual se encuentran,
en conciencia, sujetos. Muestra claramente que los
obispos y sacerdotes pueden fácilmente olvidarse
de los asuntos humanos y del diario vivir, y pensar
solamente en términos "del apostolado religioso en
el que estamos colocados como pastores del rebaño
del Señor". Previene que no debemos olvidar que
"todos nosotros, considerados simplemente como
hombres, aún aparte del bautismo, tenemos la obligación de organizar este mundo de manera genuinamente humana. Esto es muy importante si queremos
vencer la tentación de menospreciar las leyes que
rigen el mundo de la cultura, de la sociedad y de la
ciencia. Nosotros podemos y debemos reconocer en
un sentido real, que existen verdaderos valores seculares para los cristianos. El laico no debe —con el
pretexto de una religiosidad profunda— despreciar
estos valores, sino que debe entregar sus energías
para mejorar constantemente el orden de la creación en concordancia con el principio Cristológico:
'lo que no es asumido (por Cristo) no es sanado'. . .
El Evangelio no se predica en el vacío".
Continúa en la misma vena y finalmente resume
su argumento en un enunciado conmovedor:
"Un apostolado laico que no nazca de la gracia
y del amor, no vale nada y pronto morirá. Son aquellas grandes maravillas de la vida sobrenatural que
debemos compartir más plenamente con el laico,
labor que es desarrollada muy bien por los Cursillos
de Cristiandad, fundados por Monseñor Hervas, de
manera que el nuevo Pueblo de Dios pueda consagrar el mundo a su Dios en himnos de gloria y
alabanzas. Pero esto no sucede en un vacío, o solamente en la Iglesia o en la sacristía. Antes bien el
38
hombre cristiano fortificado por la fe y los sacramentos de la Iglesia, trabaja más intensamente en
el mundo y con el sudor de su frente obtiene la
salvación suya y la de su hermano. La santidad del
Pueblo de Dios debe colocarse en su propio mundo,
y su sacerdocio real debe emplearse para ganar el
mundo para la Gloria de Dios y el servicio de los
hombres.
13. Una creación
Rural
Durante esta sesión del Concilio ocurrió la muerte del Arzobispo Beckmann, de Ciudad de Panamá.
En mayo de 1964, aún habiendo sido Monseñor McGrath, entretanto, Vicario Capitular de Ciudad de
Panamá, fue creada para él una nueva diócesis, la
de Santiago en la provincia de Veraguas, Panamá.
En Santiago el Obispo ha tenido su gran oportunidad de desarrollar su intenso celo pastoral. Aquí,
en una región rural pobre, cargada con incontables
problemas le ha sido posible estar muy cerca de su
gente; los comprende, sufre con ellos. Monseñor
McGrath está escribiendo un nuevo capítulo de su
vida, en este difícil y estimulante encuentro con la
realidad latinoamericana.
En su nueva diócesis, Monseñor McGrath ha continuado sus primitivos esfuerzos de organizar los
movimientos de seglares en todas las formas posibles. Tiene a los jóvenes de la ciudad dedicados a la
enseñanza catequística en las áreas rurales que abarcan la mayor parte de la diócesis. Ha establecido
también, un Secretariado para los Cursillos, el movimiento de Monseñor Hervas que él alabó tan brillantemente en su discurso ante el Concilio y en los
39
cuales tiene gran confianza para preparar a los laicos. Cuenta también con un centro de Catequesis
cuyos dirigentes han sido formados en la Universidad Católica de Santiago de Chile. Aunque su diócesis es pobre y las condiciones son difíciles, el
Obispo es verdaderamente pastor, amigo y padre de
sus fieles. Toda su habilidad y experiencia las ha
dedicado a resolver los problemas de su diócesis en
forma resuelta. Como ha pasado con muchas de sus
iniciativas, su bien organizado plan de preparación
del seglar puede convertirse en el modelo de este
tipo de trabajo en otros países latinoamericanos.
En el otoño de 1964 el Obispo volvió a Roma a
participar activamente en la tercera sesión del Concilio. Se dedicó a materias en las cuales tiene gran
experiencia, y habló de ellas con seguridad y conocimiento.
14. El Noventa y Nueve por Ciento
Olvidado
En octubre desarrolló un tema que ya había tocado antes. El Vaticano II, dijo, será recordado
históricamente como el Concilio que promovió el
interés del laico en la Iglesia. Todo el Pueblo de
Dios está llamado al apostolado sin necesidad de un
mandato explícito de la jerarquía. La pabra "apostolado" debería ser explicada en términos del sacerdocio de los fieles. Añadió que los Padres Conciliares deben tener presente que los laicos son el noventa y nueve por ciento de los miembros de la
Iglesia y que la gran mayoría de los laicos no pertenece a ningún grupo apostólico reconocido por la
Iglesia. Su apostolado tiene, entonces, bases más
generales.
40
En noviembre trató un tema preferido por él, la
Iglesia en el Mundo Moderno. Hizo notar que el
diálogo de la Iglesia con el mundo moderno no había comenzado con este esquema. El Papa Paulo VI
mostró en "Ecclesiam Suam" que los Papas desde
León XIII han hablado en forma particularmente
positiva y abierta acerca de los muchos valores humanos —científicos, sociales y políticos— que afectan nuestros tiempos. El esquema presente continúa
la tradición de estos Papas "Progresistas".
Es importante, continuó Monseñor McGrath, recordar que el mundo y los cristianos que trabajan
en el mundo están pendientes de lo que diremos
sobre esta materia. Es la función de los miembros
del Concilio anunciar el Evangelio al mundo. Nuestra teología, y especialmente aquí, debe aplicarse a
problemas que verdaderamente existen. La doctrina
sobre la justicia social, por ejemplo, no debe ser
presentada como una mera abstracción, sino que
aplicada a las grandes desigualdades económicas
existentes en diferentes partes del mundo.
15. iCuál será el Resultado
del
Concilio?
Monseñor McGrath piensa que el Concilio está
haciendo una gran labor. Primeramente, los Padres
Conciliares no se sintieron "ecuménicos en Concilio"
cuando se encontraron por primera vez. No habían
tenido antes este tipo de experiencia y, al contrario,
estaban acostumbrados a algo completamente diferente —a una centralización doctrinal y jurídica de
la Iglesia. Además de la sorpresa universal creada
por el anuncio del Concilio, había largas y profundas consideraciones que los Padres tuvieron que
41
estudiar. Pronto nació el sentimiento de que algo
bueno y positivo podía resultar de su esfuerzo. Los
participantes se reunieron para discutir muchos documentos, en cuya preparación habían tenido poca
participación; se pensaba que todo sería despachado
rápidamente y sin problemas. Luego, sin embargo, el
ambiente cambió y la grandeza del Concilio se convirtió en una realidad.
En todo esto, el Obispo ve que queda aún mucho
por delante y encuentra difícil decir qué es lo que
se ha hecho y qué queda por hacer. Está incierto de
cuál será el resultado final. Sin embargo, se siente
seguro de que gracias a la clara y reconfortante descripción de la Iglesia hecha por el Concilio, los cristianos tratarán de entender con mayor madurez svi
participación en el misterio de la Iglesia. Está seguro, también, que muchos cristianos se verán confrontados con un desafío que deberán aceptar o rechazar.
Según el Obispo: "La efectividad del Concilio en
conseguir la renovación teológica y pastoral que ha
sido su principal tarea desde que fue convocado por
el Papa Juan, depende de muchos factores. Ciertamente la reforma de la Curia Romana es uno de
estos factores, como el mismo Papa Paulo lo ha dicho en muchas ocasiones, y esto por dos razones:
por la orientación que esta reforma dará al resto de
la Iglesia y por el ejemplo que ella nos dará a todos.
Pero, además, está la necesidad de que los obispos,
individualmente y en conferencias episcopales, mediten sobre las consecuencias prácticas del Concilio
para sus labores individuales y colectivas, si éstas
han de dar frutos tanto en el trabajo pastoral de sus
diócesis y en los planos nacionales, como en una
42
mayor cooperación internacional entre obispos y
conferencias episcopales". Añade que la efectividad
del Concilio dependerá, en gran manera, de la renovación teológica y pastoral del sacerdote.
"Resumiendo", dice, "el Concilio presenta y representa no solamente algunos cambios externos en
nuestra manera de hablar y actuar, sino una profunda renovación de nuestra visión teológica concorde con el gran progreso de la teología, particularmente de la teología bíblica, eclesiología y sacramentos; y esto debe tomar raíces en la conciencia de
nuestros líderes, para que se conviertan en la fuerza
dinámica de la renovación de la Iglesia, de su vida
espiritual y de su presencia en el mundo de hoy.
Este es el deseo del Papa Juan, el Papa Paulo y el
Concilio".
16. ¿Por qué el
Comunismo?...
El Obispo enfrenta también la posibilidad de que
el Comunismo tome el poder en Latinoamérica.
Dice:
"El desafío del Comunismo aumenta y disminuye
alternativamente en su aspecto político y militar.
Cuando el Comunismo gana una victoria importante
como el control temporal de Guatemala, el establecimiento de un régimen comunista en Cuba, su violenta amenaza en Venezuela, las infiltraciones del
régimen en Brasil y los recientes acontecimientos en
Santo Domingo, entonces los líderes políticos se
alarman ante el Comunismo. Cuando estas amenazas
evidentes disminuyen, los mismos líderes políticos
se preocupan menos.
Sin embargo, la amenaza del comunismo es per43
manente. Ejerce su atracción en muchos estratos de
la población, en los líderes universitarios, por ejemplo, como una rápida y radical solución a problemas
económicos y sociales aparentemente insolubles;
una atracción que los hábiles, demagógicos e inescrupulosos cuadros comunistas usan al máximo.
Nadie puede desestimar la necesidad de contener el
Comunismo por la fuerza cuando su táctica repentina y violenta lo requiera. Sin embargo, ésta es
solamente una solución para ganar tiempo. La solución genuina no es tanto una posición anticomunista, o de supresión del Comunismo, como un tratamiento dinámico y efectivo de los problemas de
los cuales el Comunismo se alimenta".
En Latinoamérica, añade el Obispo, la energía
con que los líderes más responsables en todos los
campos, trabajen para dar una solución práctica y
verdadera y ofrezcan una esperanza a sus pueblos,
dependerá en gran manera del apremio e ideología
que la Iglesia les comunique, por la jerarquía, los
sacerdotes, los religiosos y los líderes laicos tanto en
el área religiosa como social. La demagogia debe ser
evitada y, no obstante, la caridad urge una acción
bien pensada y tesonera.
Es obvio, piensa el Obispo, que esta situación se
ha hecho presente en Latinoamérica más rápidamente desde la Segunda Guerra Mundial. El enérgico
resurgimiento, en su más amplio sentido, de la Iglesia latinoamericana ha sido una de las grandes gracias de este siglo. Si este resurgimiento continúa
creciendo en energía y extensión, él predice esperanzadamente que la amenaza Comunista declinará a
medida que el cuerpo espiritual y social de Latinoamérica surja con una nueva vida más potente.
44
17. ". . .Y, por qué el
Agnosticismo?
De hecho, el Obispo mira más allá de la amenaza
comunista a otro tipo de amenaza que es ahora más
sutil, pero que a la larga puede resultar más peligrosa. Es el problema de la fe y vida tradicional
católica en el nuevo orden científico y tecnológico
de Latinoamérica.
"Nos debe de hacer pensar", dice, "que tantos de
nuestros líderes latinoamericanos asociados con estas áreas, especialmente aquellos asociados a las
universidades, aun no siendo comunistas, son agnósticos en su pensamiento y en su enfoque del nuevo
orden. La necesidad de renovar nuestra Fe y nuestro
pensamiento católico en relación a todos estos valores actuales del nuevo orden es muy grande. Esta
es la labor, primera y principal de nuestros universitarios a quienes nosotros los Obispos debemos
reconocer una efectiva primacía, ya que las ideas
tienen consecuencias — y las ideas que tendrán consecuencias en nuestra Latinoamérica en desarrollo
se están gestando en nuestras universidades y en
toda el área del pensar y de la acción que fluye de
ellos".
Monseñor McGrath, repetidamente, da énfasis a
la necesidad de avanzar en lo educacional y tecnológico, sin dejar nunca de indicar que una sólida educación cristiana debe ser el patrimonio de aquellos
que traigan este tipo de progreso a Latinoamérica.
Cuando el progreso material llegue a ser una meta
en sí mismo, el progreso hacia el futuro estará privado de la esperanza personal. Más importante aún,
si el progreso está ya separado de la verdad de
Cristo, —y con esto él no entiende necesariamente
45
el tipo tradicional de religión, practicada hoy día
por muchos— entonces, teme por las generaciones
futuras. El Obispo da gran importancia al lugar y
posición de un liderato laico. Sus discursos en el
Concilio han sido la voz de su acción.
Monseñor McGrath mira confiadamente y con
una serena esperanza el crecimiento de la Iglesia en
el mundo. Su deseo, "restaurar todas las cosas en
Cristo", anhelado desde sus días de Universidad, se
expresa ahora en forma más madura y con una mejor comprensión de lo que esto implica. "Debemos
trabajar y orar", dice, "sabiendo que fundamentalmente es Dios, Maestro del mundo y de la historia
de la humanidad en esta tierra, y que, finalmente,
no importa cuándo, todas las cosas serán sujetas a
Cristo, y Cristo a Dios.
18. Un Futuro
Promisorio
Monseñor McGrath es todavía un hombre joven.
En experiencia y honores parece mucho mayor que
lo que es. Tiene muchos años aún para "soñar los
sueños" y "seguir las visiones" del hombre anciano
y del joven del proverbio bíblico.
Su actuación en la redacción de las definiciones
y recomendaciones salidas del Concilio representan,
a menudo, las opiniones y deseos de su propio corazón. En los años de actividad por venir, podrá ser
sostenido y estimulado por los grandes esfuerzos
que ya ha desplegado en bien de la Iglesia y del
continente que entiende tan bien y ama tan intensamente.
46
BIBLIOGRAFIA
LIBKOS
Hans Kiing, Yves Congar, O.P., y Daniel O'Hanlon, S.J., editores,
Council Speeches of Vatican II. Glen Rock, New Jersey: Deus
Books, 1964, pp. 264-270.
J o h n J. Considine, editor, The Church In the New Latin America, Notre D a m e : Fide Publishers, 1964, pp. 1-9.
Robert S. Pelton, C.S.C., editor, Proceedings Of the Institute for
Local Superiors (1962), Notre D a m e : University Of Notre
D a m e Press, 1963, pp. 1-103.
Mark G. M c G r a t h , C.S.C., The Vatican Council's Teaching on
the Evolution of Dogma, R o m a : Pontificium Athenaeum
Angelicum, 1963 (Tesis doctoral, publicada privadamente).
ARTICULOS DE MÖNS. MCGRATH
"The Church in Chile", Apostolic Perspectives, (April-May 1959),
pp. 32-35.
"Christians Are Harbingers", Leaven, I I (October 1964), p. 137.
"The Vision Of t h e Church in Second Vatican Council", alocución a la Conferencia de Superiores Mayores, Cincinnati,
Ohio, agosto de 1964. (No publicada).
"The Church a n d t h e Social Revolution in Latin America", alocución d a d a en la reunión del P r o g r a m a p a r a la Cooperación
Católica Interamericana, Chicago, enero de 1965.
47
Descargar