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© los autores
©UNIVERSIDAD DE GRANADA
vida cotidiana en la monarquía
hispánica. tiempos y espacios
ISBN 978-84-338-5752-1
Depósito legal: GR./306-2015
Edita:Editorial Universidad de Granada.
Campus Universitario de Cartuja. Granada.
Diseño de cubierta: José María Medina.
Preimpresión: Atticus Ediciones, Granada.
Imprime: Gráficas La Madraza, Albolote, Granada.
Printed in Spain
Impreso en España
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta
obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.
índice
introducción ............................................................................................................
Inmaculada Arias de Saavedra Alías y Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz
7
I
espacios cotidianos
de distinción y marginalidad
Ser civil en el siglo xviii: ¿práctica cotidiana
Civility: the behavior’s reform as political pedagogy
M. Victoria López-Cordón Cortezo
o virtud política?
..........
La corte de Madrid y las etiquetas cortesanas como modo de distribución
del espacio .................................................................................................................
Court of Madrid and labels as courtesans mode distribution of space
José Martínez Millán
Ocio
ilustrado de un infante real: algunas notas sobre la biblioteca
15
39
de don
Luis de Borbón Farnesio ........................................................................
Enlightened leisure of a royal prince: some notes on don Luis de Borbón Farnesio’s
library
Inmaculada Arias de Saavedra Alías
59
La ciudad de la Alhambra en el siglo xvii .....................................................
The city of the Alhambra in the seventeenth century
Francisco Sánchez-Montes González
85
Orientando la mirada. Influencia de oriente en la vida cotidiana de la
España moderna ....................................................................................................... 117
Glancing at orient. Orient’s influence on Spanish modern quotidian ways
Amaya Morera Villuendas
índice
Espacios
de tiniebla.
La vida en el interior de la mina en los Andes
.................................................................................................................. 137
Spaces of darkness. Life inside the mine in colonial Andes
Miguel Molina Martínez
coloniales
Pobreza y caridad en el noroeste peninsular durante la Edad Moderna:
la provincia de Zamora . ....................................................................................... 153
Poverty and charity in north-western Spain in the Modern Period: the province of
Zamora
María José Pérez Álvarez
Lo cotidiano en la cárcel de la Real Chancillería a finales del Antiguo
Régimen............................................................................................................................. 171
Real Chancillería prison's daily life at the end of the Ancient Regime
Margarita Torremocha Hernández
II
sujetos y objetos
de lo doméstico cotidiano
De la casa a la pila: hábitos y costumbres de bautismo y padrinazgo en
Santiago de Compostela, siglos xvii-xviii ........................................................ 195
Fram the house to the baptismal font: Baptism and patronage habits in the 17th
and 18th centuries Santiago de Compostela
Ofelia Rey Castelao
Topografías de lo privado y de lo público: joyas, familia y género en la
Época Moderna ........................................................................................................ 215
Topographies of private and public: Jewels, family and gemder in Early Modern History
Mariela Fargas Peñarrocha
Comercio y venta de libros en la Granada del
Trade and sales of books in 18th century Granada
Francisco Ramiro Martín
siglo xviii
........................ 231
Experiencias de “lo cotidiano” en los relatos de viajeros españoles en
Portugal (siglo xviii) ............................................................................................. 259
Experiences of “daily life” in the spanish travellers in Portugal
María José Ortega Chinchilla
El consulado de Cádiz. Dependencias y
The consulate of Cádiz. Units and furniture
Mª Magdalena Guerrero Cano
468
mobiliario
..................................... 281
índice
La
corte del mercader: la vivienda y el servicio doméstico de los
Granada (ss. xvi-xvii) .................................................................... 293
The merchant's court: Genoese housing and domestic service in Granada (16th-17th
centuries)
Rafael M. Girón Pascual
genoveses de
III
asistir al cuerpo
y atender al espíritu
Sueños de banquetes, pesadillas de hambre .................................................... 309
Dreams of banquets, nightmares of hunger
María de los Ángeles Pérez Samper
Calzones
y guardapiés. Unas notas para el estudio del vestido en el
..................................................................................................................... 333
Calzones y guardapiés. Some notes on the study of 19th century clothing
María Teresa Martínez de Sas
siglo xix
Los ropajes populares urbanos recogidos en el Hospital de la Resurrección
de Valladolid. Siglo xviii .................................................................................... 353
The popular urban clothing collected in the Hospital of the Resurrection of Valladolid.
18th century
Máximo García Fernández
La literatura formativa dirigida a las niñas. Otra vía para la educación
femenina a finales del siglo xviii ....................................................................... 375
The formative literature aimed at girls. Another way to female education in the late
eighteenth century
Gloria Franco Rubio
Dos modelos pedagógicos diferenciados en la Granada del siglo xviii:
la Escuela General de los niños y muchachos y el Colegio de Niños
de la Misericordia . ................................................................................................ 395
Two different educational models in 18th century Granada: The Escuela General
for children and teenagers and the Colegio de la Misericordia for children
Mª del Prado de la Fuente Galán
De
lo cotidiano a lo sagrado: las reliquias en el contexto de la pietas
austriaca (siglo xvii)
................................................................................................ 405
From the quotidien to the sacred: Relics in the context of the Pietas Austriaca in
the 17th century
Esther Jiménez Pablo
469
índice
Sublimar lo cotidiano. Vida de clausura en la Granada barroca: el convento
421
del Ángel Custodio en el siglo xviii .........................................................................
Everyday life sublimated. Living in closure in baroque Granada: The convent of the
Ángel Custodio in 18th century
Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz
Devoción
Sicilia española: el culto a los
.................................................................................................................. 443
Popular piety and aristocracy in spanish Sicily: The cult of criminals
Manuel Rivero Rodríguez
popular y aristocracia en la
criminales
470
SUBLIMAR LO COTIDIANO.
VIDA DE CLAUSURA EN LA GRANADA BARROCA:
EL CONVENTO DEL ÁNGEL CUSTODIO EN EL SIGLO XVIII
EVERYDAY LIFE SUBLIMATED.
LIVING IN CLOSURE IN BAROQUE GRANADA:
THE CONVENT OF THE ÁNGEL CUSTODIO IN 18TH CENTURY
Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz
Universidad de Granada
Resumen
Una estrategia de imagen de los conventos de clausura consiste en sublimar la vida
conventual. Las estrategias utilizadas son variadas, pero todas persiguen la finalidad
de crear una imagen de intensa espiritualidad, como base para su arraigo social en el
ámbito urbano. En el caso del convento del Ángel Custodio de Granada se observan esos
mecanismos, particularmente en el siglo XVIII, cuando el convento alcanza su primer
siglo de vida. En este sentido, se estudian las “cartas de hermandad” que otorgaban
las monjas, la descripción literaria de sus fiestas y devociones, y el cumplimiento de
memorias de misas encargadas por distintos particulares.
Palabras clave: convento de clausura, siglo XVIII, celebraciones religiosas, Barroco.
Summary
An image strategy in the convents of closure was to sublimate de convent life. The
strategies used ara varied, but all of them try to create an image of intense spirituality
as a basis for a social integration in the urban world. In the case of the convent of the
Ángel Custodio in Granada, these mechanisms are analyzed, particularly in the Eighteenth
Century, when the monastery reached the first century of life. In this sense, the “cartas de
hermandad” (brotherhood) that gave the nuns, the literary description of their religious
celebrations and devotions, and the masses in memory of decesased persons are studied.
Key words: convent of closure, eighteenth century, religious celebrations, Baroque.
Cuando comienza el siglo XVIII el convento de franciscanas clarisas
del Santo Ángel Custodio contaba ya casi con tres cuartos de siglo
de existencia. Era una época, pues, de consolidación, protagonizada
por religiosas que conocieron de oídas la fundación de forma directa.
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
Como a todo convento “nuevo” —éste lo era con relación a la mayoría
de los establecidos en Granada—, afianzarse en la sociedad urbana
costó su trabajo 1, aunque sin duda facilitó la tarea el origen nobiliario
de su fundadora —cuyo ejemplo siguieron mujeres adscritas al grupo
de la nobleza titulada local–, a pesar de la insuficiencia económica que
aquejaba a la fundación.
Entre las estrategias de imagen desplegadas en pro de ese afianzamiento estaba sin duda la sublimación de la vida religiosa y de las
circunstancias del convento. En este sentido, se abordarán brevemente
tres mecanismos incidentes en esa estrategia, más dirigidos al mundo
exterior que a la vida estrictamente de la clausura: la concesión de cartas
de “hermandad” a otros eclesiásticos y sobre todo a laicos, la exaltación
literaria de la vida conventual y de sus obras de arte, y el encargo de
memorias de misas, con su doble ventaja económica y de promoción
del culto, abierto a toda la ciudad, en la iglesia del cenobio del Ángel.
Estos mecanismos han dejado sus testimonios en el archivo del convento.
Hermanamiento
con el convento del
Santo Ángel
Una de las manifestaciones que acercaba las monjas al siglo, del que
nunca estuvieron completamente aisladas 2, es la concesión de “cartas de
hermandad”. Se practicaba con comunidades y con particulares, como
muestra de afecto y distinción, y con el fin específico de hacerlos “partícipes de los exercicios y otros actos piadosos”, propios de la comunidad.
Ello conllevaba la transmisión de su carisma peculiar, pero también
del “tesoro” de gracias espirituales propio de la orden de las clarisas.
También para ellas suponían ciertas obligaciones, que se consignaron
en un libro iniciado por la abadesa sor Luisa María de Jesús en 1774,
que había profesado cincuenta y un años antes.
Se les consideraba “hermanos” y, por consiguiente, las monjas compartían con ellos los ejercicios de su vida religiosa, así de día como de
1.La primera actitud solía ser de rechazo: “el Cabildo Seglar cerró de un todo las
Puertas a la demanda con las ordinarias respuestas de la muchedumbre de Pobres y
crecido número de Familias Religiosas” (Fr. Antonio de Lachica Benavides, Gazetilla
curiosa o semanero granadino, noticioso y útil para el bien común, Granada, papel XXVI, pág.
1 v.). Después solía allanarse el camino, convirtiéndose cada obstáculo en una acicate
para la superación.
2.Es más, en los parámetros mentales de la época, “esta forma de pensar nobiliaria,
contribuía a que en los claustros, en el microcosmos conventual, se reprodujeran a pequeña escala las mismas estructuras y desigualdades sociales que en el exterior” (Marion
Reder Gadow, “Las voces silenciosas de los claustros de clausura”, Cuadernos de historia
moderna, 25 (2000), pág. 285).
422
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
noche, “único medio para poseer por eternidad la celestial patria a que
aspiramos” 3. Estaba, por tanto, claro que se trataba de unas transferencias espirituales que les obligaban a:
—“Tener presentes a nuestros hermanos en todos los exercicios y
buenas obras que por comunidad hiziéramos”.
— “Aplicarle la misa que diariamente se dize a esta comunidad, comunión, sufragios y exercicios de aquel día, y una hora de oración”.
—Aplicar otros sufragios, especialmente “el día que fallezca, dezir
misa y vigilia” 4.
La otra parte se comprometía a ofrecer en el recibimiento de esta
peculiar “hermandad” una libra de cera para culto de las Formas Robadas que se custodiaban en el coro alto (procedentes del célebre robo
sacrílego acaecido en Alhama en el año 1725 5), y además a:
—Tratándose de sacerdotes, tener presente a las monjas del Ángel
en sus “exercicios, oraciones y sacrificios”, celebrando por cada
religiosa fallecida tres misas rezadas y un oficio de difuntos.
—En cuanto a los seglares, “tenernos presentes en sus peticiones y
devociones; y quando muera alguna de las religiosas, luego que le
sea la noticia, mandará dezir tres misas rezadas por su ánima, y
asimismo rezar una parte del rosario” 6.
En la más pura espiritualidad barroca, que reforzaba un carácter angelical en las religiosas a fuerza de una ascesis personal, pregonaban su
potencial intercesor: “todo su vínculo de charidad que nosotras podemos
con la divina gracia”. Y trataban a sus “hermanos” de igual manera
que a sí mismas: “hazemos intención de pedir por dicho hermano todo
el bien espiritual y temporal que pudiéremos a Nuestro Señor para no-
3.“Directorio y catálogo para cumplir lo que de nuestra libre voluntad ofrecemos
a comunidades, señores sacerdotes, así regulares como seculares, como a devotos y
bienhechores de ambos sexos que rendidamente piden a esta nuestra comunidad sean
admitidos en forma de Hermandad para ser partícipes de los exercicios y otros actos
piadosos de ella…”, hoj. 1 (Archivo del Convento del Ángel Custodio (A.C.A.C.), leg.
Varios).
4.
Ibídem, hojs. 2 y 5.
5.Resuelto el caso y recuperado el sagrado botín, se hicieron de aquellas hostias
seis partes, una de las cuales “la dio el Sr. Arzobispo a el Coro de Religiosas del Ángel
Custodio, para que le sirviese de purísimo Relicario” (Fr. Antonio de Lachica Benavides,
Gazetilla curiosa..., op. cit., papel V, p. 2).
6.“Directorio y catálogo…”, op. cit., hoj. 2v.
423
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
sotras mismas” 7. Había, pues, un intercambio de acciones y ejercicios
propiciatorios, pero se deduce una mayor eficacia en los practicados por
las religiosas, a quienes, por su consagración, se adjudica una mayor
autoridad moral, que tiene mucho que ver con el modelo de religiosidad
femenina difundido a través del discurso eclesiástico y social.
La relación de comunidades y personas acogidas a esta singular
relación confraternal 8, en la más estricta línea de la comunión eclesial,
es expresiva de las relaciones que las monjas mantenían con la vida
exterior, que, por otra parte, se presuponía igualmente virtuosa.
En los casos más solemnes, presente el beneficiario, se le entregaba
la carta de hermandad firmada por todas las religiosas. En los demás,
bastaba una sencilla inscripción en el libro. Fr. Diego José de Cádiz,
que visitó el convento durante su misión en Granada (1779), formuló
de esta manera su compromiso: “si tiene lugar mi petición i deseo que
me admitan Vuestras Reverencias por hermano y io ofrezco aplicar una
misa por cada religiosa que fallezca, que es lo que nosotros tenemos de
constitución y podemos ofrecer” 9.
Lo destacable es la magnitud de esta “hermandad”: unas cuatrocientas
personas en un arco temporal aproximado de setenta y cinco años, el
periodo 1760-1835, con algún colofón tardío. Entre los “hermanados” hay
comunidades religiosas, sobre todo conventos de clausura (muchos de
clarisas, pero también agustinas, dominicas, cistercienses y capuchinas),
dieciocho en número, más tres comunidades masculinas (de Granada
y Baeza). A título personal se cuentan 85 eclesiásticos y 24 religiosas
(muchas de ellas de las “Claras” de Almería), pero el protagonismo es,
sin duda, de los seglares (no menos de trescientos), hombres y mujeres,
matrimonios e incluso familias enteras. Los hay de fuera de Granada,
pero abundaban los residentes en la ciudad, aunque lógicamente suele
omitirse este dato, a diferencia de los foráneos.
Todos ellos aspiraban a conseguir “favores” espirituales; en realidad,
hay que considerarlos como benefactores del convento. Lo normal era
celebrar una misa por los “hermanos” que falleciesen, más algunas
oraciones y otros ejercicios. También pensaban recibir atención de
quienes pedían estas cartas de hermandad, y de una forma especial de
los conventos y de los ordenados, que celebraban misas por las monjas
granadinas que fallecían. Ellas les ofrecían unas oraciones estándar,
pero a veces se especifican ejercicios y cuantías diferentes, adaptadas
a determinadas exigencias, como vías sacras o rezos ante el Santísimo.
7.
Ibídem, hoj. 5.
8. Ver en Anexo.
9.Relación escrita por una de las religiosas (A.C.A.C., leg. Varios, s. p.).
424
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
Aunque no fuera obligatorio, no debieron faltar limosnas al convento
detrás de esas cartas de hermandad.
Hay personalidades eclesiásticas y civiles, pero sin duda abundan las
familias de sectores medios (con absoluto dominio del título de `don´
y `doña´, aunque éstos eran muy generalizados ya en aquella época).
Muchos apellidos se repiten y los hay coincidentes con los apellidos de
las monjas (incluso las de origen nobiliario), pero también los relacionados con los empleados del convento. Hay, pues, una comunidad espiritual
entre personas de dentro y fuera del claustro.
Es una forma destacada de proyección al exterior, de afirmación social
de la comunidad, de expectativas de apoyo (material). Pero, sobre todo,
suponen una sublimación de la vida religiosa. Al fin y al cabo, lo que
aplicaban a personas extra claustra no era otra cosa que las obligaciones
religiosas diarias de las monjas. Se reconocía a su oración un potencial
espiritual (incluso protector) extraordinario, que se ligaba al estadio de
perfección propio de la vida consagrada, elegido —se entendía, libremente— por aquellas mujeres 10. Para ellas suponía una proyección exterior,
en forma de comunión espiritual; para los demás, una forma de tener
presente y reconocer las bondades del convento. Ellas no hacían realmente
nada especial, pero su rutina diaria se valoraba altamente por amplios
sectores de la sociedad, como una forma de realce y perpetuación de
su imagen espiritual. La misma naturaleza de la vida religiosa, y sus
evidentes implicaciones sociales, se autoafirmaban por este proceso de
sublimación.
No extraña en absoluto la presencia de aristócratas entre los beneficiarios de las cartas de hermandad. De hecho, desde la fundación hasta
finales del siglo XVIII se cuentan hasta quince religiosas de procedencia
nobiliaria en el convento; salvo cuatro, las restantes alcanzaron dicha
centuria o vivieron de lleno en ella. Aunque hay otras dos religiosas que
son sobrinas del Señor de Gor (en la década de 1650) y otras dos sobrinas de ambas (en 1700), todas con el apellido Franquis, hemos optado
por consignar en el siguiente cuadro sólo las que pueden considerarse
nobles por vía directa y que ingresaron, y generalmente profesaron, en
el convento del Ángel:
10.“Vosotras, amadas hijas en Cristo, despreciasteis las pompas y deleites del mundo,
y siguiendo las huellas del mismo Cristo y de su santísima Madre elegisteis vivir encerradas y servir al Señor en suma pobreza, a fin de servirle con libertad de espíritu”
(Regla de Santa Clara (1253), cfr. Reglas y Constituciones de las monjas de la Orden de Santa
Clara, Barcelona, 1974, pág. 16).
425
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
Nombre de profesa
María de Santa Clara 11
Apellidos
Centurión Córdoba
Padres
Profesión
Años de
religiosa
Marqueses Estepa
1599
31
53
María de las Llagas Cobos Centurión
Marqueses Camarasa
1622
María (Elvira) de las Llagas
Córdoba (Ayala) Castilla
Marqueses Valenzuela
1652
50
Margarita de la Cruz
Castilla Cueva
Señores Gor
1662
65
Isabel María de Jesús
Téllez (Girón) Castilla
Señores Cardela
1673 13
15
Francisca María de San Antonio Bohórquez Cueva
Marqueses Trujillos
1680 14
Isabel María del Amor de Dios
Bohórquez Cueva
Marqueses Trujillos
1694
57?
Mariana de San Bernardo
Pérez-Pulgar Zubiaurre
(Pérez-Guzmán)
Marqueses Salar
1710
47
Juana María de San Joaquín
Verdugo (Albornoz)
Lasso de Castilla
Condes Torrepalma
1713
47
Ana María de San Jerónimo
Verdugo (Albornoz)
Lasso de Castilla
Condes Torrepalma
1730
41
Rosalía María de San Miguel
Pérez del Pulgar Córdoba
Marqueses Salar
1749
59
Rosalía de Jesús
Córdoba Aguilar
Es la marquesa viuda
de Salar
1750
8
12
6
María de las Angustias
Pérez del Pulgar Córdoba
Marqueses Salar
1755
37
María Bernarda de la Purísima
Concepción
Pérez del Pulgar Córdoba
Marqueses Salar
1757
36
Teresa de Jesús María
Rodríguez Monsalve
Marqueses Iniza
1784
37
11,12,13,14
Habitaron el convento estas mujeres de noble origen entre 1626 y
1822, suponiendo algo más de un 10% de las religiosas profesas, pero
serían muchas más las de origen hidalgo y caballeresco o las procedentes
de elites urbanas, como las hijas de regidores del Ayuntamiento y las
ligadas a la casta judicial de la Real Chancillería o a algunos de los oficios relacionados con esta prestigiosa institución, sin contar las monjas
que llegaron por recomendación de diversas autoridades eclesiásticas,
incluidos los propios arzobispos, de una manera especial don Martín
de Ascargorta.
En resumidas cuentas, entre mujeres provenientes del estrato nobiliario y aquellas otras relacionadas con la elite granadina, suman un
elevado número de las profesas, en torno a la mitad del total. No es
raro, por tanto, el altísimo número de “hermanados” adscritos a esos
sectores sociales. De esta forma el convento se abría a las estrategias
familiares de las elites, a la vez que la propia ciudad se apropiaba socialmente de un espacio religioso, pues esta misión cumplían en gran
11.Primera abadesa. Profesó en Estepa.
12.Fundadora del convento. Profesó en Estepa.
13.Fecha de ingreso; no llega a profesar.
14.Fecha de ingreso; no llega a profesar.
426
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
medida los cenobios femeninos 15. En ellos habitaban durante décadas:
la media de vida religiosa de este selecto grupo de monjas está próxima
a los cuarenta años.
Algunas de esas religiosas de extracción noble pagaron dotes más
elevadas (en concreto 2.000 ducados la hija de los marqueses de Valenzuela en 1652 y 2.500 la de los señores de Gor en 1662), siendo lo
normal satisfacer los 1.500 ducados de rigor 16. Eso sí, doblada pagó la
dote en 1750 la viuda marquesa de Salar: 3.000 ducados. Incluso estas
religiosas ilustres fueron benefactoras de otras profesas. Entre 1652 y
1694 profesaron cinco de origen nobiliario, pero más intensidad alcanzó
en ese sentido el breve periodo de 1749-1757, con cuatro profesiones de
mujeres nobles, todas de la familia Pérez del Pulgar Córdoba. Otra mujer de la casa de Salar había profesado cuarenta años atrás. Lo normal
es que esta nobleza titulada local aportara varias hermanas al claustro,
como ocurrió en este convento también con la casa de los Trujillos y
la de Torrepalma. También hay que contar con los vínculos familiares
establecidos entre muchas de esas casas. En 1757, consolidado ya el
convento ciento treinta años después de su fundación, moraban en él
siete de estas mujeres ilustres (más de 1/5 de la comunidad), lo que
sin duda reforzaba su imagen exterior. Sin embargo, sólo una de ellas
vivió los difíciles avatares que se precipitaron en 1808. Desde entonces
declinó la presencia nobiliaria.
Que una familia nobiliaria entera ingresara en el claustro no era
normal. La viudedad de la marquesa de Salar —cuyo marido, el segundo marqués descendía del legendario linaje de los Pérez del Pulgar,
destacado por su heroicidad en la guerra de Granada— la llevó con
sus hijas, incluso las menores, al convento del Santo Ángel, un refugio
digno para una familia ya ajena al título, que quedaba en manos de
su hijo Fernán, tercer marqués de Salar (+ 1763) 17. A la corta edad de
15.Utilizando, sin duda, el prestigio de la religiosidad (Ángela Atienza, Tiempos de
conventos. Una historia social de las fundaciones en la España moderna, Madrid, 2008, pág.
344).
16.Esta cifra, según la regulación que se hace en Granada por el Catastro de Ensenada, equivalía a unos 11,5 años del trabajo de un maestro cantero y a 15 de un maestro
carpintero. La santa de Ávila restaba importancia a la dote: “Nunca dejéis de recibir a
las que vinieren a querer ser monjas… porque no tengan bienes de fortuna, si los tiene
de virtudes” (Teresa de Jesús, Libro de las Fundaciones, Madrid, 1984, pág. 225). Pero en
la práctica era enteramente necesaria.
17.Además de este heredero (siempre se llamaron Fernán los titulares de este linaje), el
segundo marqués tuvo como descendientes a José, casado con otra Pérez del Pulgar, Mª.
Luisa, casada con el conde de Jimena de Líbar, y las tres hijas destinadas al convento
del Santo Ángel.
427
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
nueve años ya había tomado el hábito la hija de la marquesa viuda, sor
Rosalía María de San Miguel; aún le quedaban siete años para realizar
el noviciado, como bien recoge un poema para la ocasión de sor Ana
de San Jerónimo: “¿Sabiendo quánto pena quien bien ama, / tan largo
plazo a mi esperanza impones? / ¿En siete años de esperanza expones
/ a tanto viento mi pequeña llama?” 18. Le siguieron en el claustro su
madre y otras dos hermanas.
Encomio
literario de la vida conventual
La citada sor Ana (María) de San Jerónimo, de apellidos Verdugo
Castilla, era hija del conde de Torrepalma —D. Pedro Verdugo de Albornoz—, uno de los linajes locales en ascenso durante el siglo XVIII,
identificado plenamente con la Granada culta, “muy versado en lenguas
y en erudición sagrada y profana”. El hermano de la religiosa no sólo
heredó el marquesado, sino que se convirtió en Señor de Gor (otro de
los linajes ligados al convento desde mucho tiempo atrás). Diez años
mayor que su hermano, Ana María había nacido en Madrid en 1696 y
creció bajo la influencia paterna. Sus ocupaciones en el siglo eran los
ejercicios de piedad, los cuidados domésticos y los ocios propios de su
estatus socio-cultural, pese a su condición femenina (su “tocador” era la
nutrida biblioteca paterna). Su vocación parece tardía —llegó al convento
con treinta y tres años—, influida por la lectura de San Jerónimo: decía
que “a pedradas la había metido en el Claustro de el Ángel” 19.
Con treinta y cuatro años profesó (aportando una dote de 16.000
reales), diecisiete años después que su hermana Juana María de San
Joaquín, que le antecedía en la vocación y en el convento del Ángel. Y
si escribía intra claustra era “por obediencia y para asuntos sagrados”.
De forma, que sus versos se ponen al servicio del convento, dando a
conocer su vida y sus costumbres, las obras de arte, las profesiones y
festividades, los tiempos litúrgicos y el sacrificio de las monjas. Es decir,
todo lo que constituía la vida cotidiana, incluidos los acontecimientos
que rompían la rutina diaria, como se verá en los ejemplos que siguen.
No pasó desapercibida para la pluma de sor Ana de San Jerónimo la
triple profesión acaecida el 30 de septiembre de 1761: sor María Jacoba
de los Dolores, sor Antonia María de San Francisco y sor Micaela María
de San Felipe, hijas del regidor de Almuñécar D. Sebastián Carrasco: “En
hora buena se entreguen / este día venturoso / para un Dios Trino tres
18.Obras de la Madre Sor Ana de San Jerónimo, pág. 195 (en A.C.A.C.).
19.Ibídem, s. p.
428
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
almas / en un trino desposorio” 20. Un fino toque de humor que disfraza
los imperativos familiares subyacentes a estas profesiones múltiples.
Entre las costumbres conventuales se encontraba la de poner a la mesa
una imagen de Jesús cada Domingo de Ramos, bucólico gesto no exento
de ternura y desagravio; todo adoptaba un sentido especial en medio de
aquella estudiada ceremonia y hasta en las servilletas se consignaban
algunas máximas espirituales, consejos para la vida religiosa dirigidos a
reforzar el compromiso de las monjas, recordando que ninguna conducta
ni pensamiento se ocultan a Dios: “No inquietes tu retiro / con piedades
fingidas, / que no te oirá patente, / quien no te oye escondida”. Como se
ve, se hace hincapié siempre en las actitudes que deben fomentar frente
a otras que deben desterrarse, siempre sobre la base del desprecio del
mundo: “Los bienes de la tierra / baxo un dueño litigan. / Haz caudal
de virtudes, / que son entre sí enemigas”. Para un mejor entendimiento
usa siempre la hija del conde de Torrepalma los populares versos de arte
menor, mostrando en todo momento su facilidad en la rima.
Haciendo honor al nombre del convento, varios ángeles servían al
Señor, mientras las religiosas ayudaban en esos domingos de ramos,
merecido agasajo tras los cuarenta días de ayuno. Servía esta escenografía plenamente barroca para subrayar la sumisa identidad conventual,
resaltando la pureza del considerado sexo débil: “Llega entre palmas,
vencedor glorioso, / donde tus triunfos flaco sexo imita; / ven, que
también produce este desierto, / angélicas purezas que te sirvan”. Pero
aquel desierto seguía teniendo aires de paraíso, “de el celestial y el terreno / luces y flores juntando”. Celoso, el Ángel Custodio, guardaba el
“vergel”. La galería del claustro, para acceder al refectorio se adornaba
como la misma Jerusalén, con arcos de laurel y palmas. Con un profundo simbolismo, se rodeaba al divino comensal de imágenes de los
votos religiosos (obediencia, pureza, pobreza y clausura) o de los cuatro
elementos (aire, agua, tierra y fuego).
Cada religiosa recibía al azar una “tarjilla” con un aviso moral junto
al dibujo de un instrumento de la Pasión: cruz, corona, lanza, esponja,
cáliz, púrpura, oreja, linterna, martillo, rótulo de la cruz, cuchillo, cadena, gallo, escalera, sogas, vestidura blanca, clavos, ungüentos, bolsa,
barrena, voces, mano, azotes, columna, caña, tenaza, dados, jarro, venda,
vaso de vino, sábana, sepulcro…, uno por cada religiosa. El mensaje de la
Verónica, a título de ejemplo, alaba la laboriosidad de la vida conventual:
“Más que mirando, obrando / procura retratarle, / que no hay color tan
vivo / como el sudor, / para copiar su imagen”. Igualmente, acomete la
20.Ibídem, pág. 210.
429
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
exaltación del silencio conventual en precioso verso: “Responded vos por
nosotras, / pues veis que el cerrado libro / de vuestro obediente labio /
sólo vos podéis abrirlo”.
Las imágenes sagradas eran una realidad cotidiana para las monjas,
especialmente las del Niño Jesús, pero también las de María y las representaciones pasionistas. Al Niño Jesús se encomendaban las clarisas
por su antigua regla, imitando la sencillez de su vestimenta 21. No era
extraño que ejercieran una especie de patronazgo sobre las imágenes.
También aquí relucía la nobleza: una hija del marqués de Salar, la citada sor Rosalía María de San Miguel, era lógicamente la camarera de
la imagen de S. Miguel, retocada por Manuel Ximénez; otra hija del
marqués, sor María de las Angustias, había allegado limosnas para que
Juan de Arrabal restaurase un Crucificado. En tal circunstancia tocar la
imagen era reabrir las heridas de su cuerpo maltratado: “No sé, Señor,
como acierte / a celebrar esta obra, / porque renovar heridas, / es una
piedad que asombra”. La imagen era objeto de una especial veneración,
presente en el convento desde los tiempos de la fundación: “¿Mas qué,
mucho las retoquen / vuestras amantes Esposas? / Si esas llagas cada día
/ las tocan y las retocan / […] Danos, pues veniste a ser / con las Madres
Fundadoras / la primera y firme piedra / de fábrica tan dichosa. / Que,
fixos con esos clavos, / más que con voces sonoras, / obras y deseos den
/ perpetuo incienso a su gloria” 22. Todo muy tangible y a la vez acorde
con esa almibarada piedad de la segunda mitad del Setecientos. Así,
las imágenes literarias se unen a las artes plásticas; unas inspiran a las
otras, y viceversa, en una clara estrategia sublimadora.
Las imágenes sagradas se rodean en aquel siglo XVIII barroco de un
halo de humanidad que inspira ternura. Así describe Sor Ana de San
Jerónimo la bella imagen de un Niño Jesús Buen Pastor con la cruz al
hombro: “¡Con qué majestad llevas, / con qué robusto esfuerzo, / por tan
solo y tan áspero camino, / sobre la espalda el Cetro de tu Imperio!”. De
esa manera, se subrayaba la grandeza de la vida del claustro desde la
crudeza de la mortificación. Y ocurría nada menos que en Nochebuena,
porque nunca debía bajarse la guardia espiritual. En el coro alto, en la
reja situada frente al altar de las Sagradas Formas, se ubicó un nuevo
Crucificado, que inspiraba a la autora un barroco juego de palabras
junto a una estrecha vigilancia/protección de las religiosas y del sagra-
21.“Y por amor del santísimo y amadísimo Niño, envuelto en pobrísimos pañales,
y reclinado en el pesebre, y de su Santísima Madre, amonesto, ruego y exhorto a mis
hermanas que vistan siempre de vestiduras viles” (Reglas y Constituciones…, op. cit., pág.
21).
22.Obras de la Madre…, op. cit., varias págs.
430
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
rio: “Vivo con señas de muerto, / a Christo el sagrario encierra, / y por
el primor del arte / muerto como vivo entra. / […] Sus dos extendidos
brazos / misteriosamente obstentan / que uno a la prenda defiende / y
otro a vosotras defienda”.
Todas las ceremonias conventuales, sujetas a la rigidez recoleta, estaban fijadas en un protocolo riguroso que generalmente se transmitían
unos conventos a otros. Cada detalle tenía un significado, que en general
reforzaba los pilares de la vida religiosa. El estudio de este ceremonial
a buen seguro deparará nuevos aspectos de esa sublimación de la vida
conventual, que perseguía alimentar el ánimo de las religiosas, sujeto
a lógicos altibajos.
La llegada de las Sagradas Formas de Alhama en 1725, por ejemplo,
fue un revulsivo devocional para el convento que cumplía sus cien años
de vida. Como se ha indicado, el llamado “Señor Robado” ocupa desde
entonces un lugar de honor: el sagrario del coro alto. Y de una forma
obsesiva ha acompañado a la comunidad en los traslados impuestos
por los vaivenes políticos de los siglos XIX y XX. Por supuesto, esta
providencial adquisición sagrada daba pie a nuevas exaltaciones poéticas, donde se subrayaba la majestad del Sacramento tanto como su
fulminante combate contra la herejía, insistiendo a modo de desagravio en el deleznable sacrilegio del robo de las hostias consagradas: “A
la defensa del mayor Monarca; / mirad que toca el Arca / irreverente
mano, mano altiva; / que el arca está captiva […]”. Más combativa —
aunque dentro del comedimiento— es la actitud de la comunidad hacia
el arzobispo D. Felipe de los Tueros (lo fue entre 1734 y 1751), cuando
éste insinuó la conveniencia de consumir dichas formas o sacarlas de
la clausura, contraviniendo la voluntad de su antecesor D. Francisco de
Perea: “Dad, generoso león / de aquel yo soy el rugido. / Y queden de
su error, / no castigados, convencidos” 23. Referido este temor años más
tarde a Fr. Diego José de Cádiz, les aconsejó con evasiva elegancia “que
aprisionáramos a el Señor con cadenas de amor y que de esta suerte
no se iría”, de modo que aquel “Santísimo Sacramento robado se abía
hecho robador de corazones” 24.
Tampoco eran ajenas las monjas a las grandes fiestas religiosas de la
ciudad. En una ocasión, varias décadas antes, había logrado permiso la
mística sor Beatriz María de Jesús —“corona de todas las individuas de
aquella familia” 25— para contemplar ocultamente —sin ser vista desde el
exterior— la procesión del Corpus pasando por las calles; ante la visión
23.Ibídem, págs. 46 y 51.
24.Relación escrita por una de las religiosas (A.C.A.C., leg. Varios, s. p.).
25.Fr. Antonio de Lachica Benavides, Gazetilla curiosa..., op. cit., papel XXVI, pág. 2.
431
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
del Santísimo le quedó “herido el corazón con la dulçe violencia del
amor, ardiendo en poderosas ansias de que todas las criaturas amasen a
su Divino Esposo” 26. Y también ante la fachada del convento pasaban las
procesiones generales de la ciudad y algunas de Semana Santa, como la
del Santo Entierro, que no se reprime en exaltar sor Ana de San Jerónimo, haciendo un encomio irónico de sus lujosos detalles: “Luego de San
Gil / el Entierro avisa / de el Dios vivo que, / muriendo, da vida. / ¡Qué
de caxas roncas! / ¡Qué faldas, qué chías! / ¡Qué enaguas, qué dagas!,
/ ¡qué guantes, qué hebillas!” 27. Y, aunque no las viera, por transcurrir
en el cerro de los Mártires, recrea asimismo la escenas teatrales de la
Pasión que se interpretaban con las imágenes: “Vino el Viernes Santo /
por la mañanita / Jesús Nazareno, / aquél de allá arriba. / Y luego en
la Iglesia / con devoción pía / Doña Veronice / el rostro le limpia” 28.
Es evidente la forma de resaltar la frescura popular de tales prácticas.
Por supuesto, de forma solemne se festejó también en el convento la
obtención del patronato de la Inmaculada Concepción sobre todos los
reinos de la Monarquía Hispánica. Tampoco faltaron certámenes poéticos
y honras fúnebres en honor de ilustres caballeros granadinos. En la del
marqués de los Trujillos (1765), al ensalzar la memoria de este caritativo noble, se invoca a las religiosas del Ángel como “purezas penitentes,
custodiadas baxo las alas del Ángel del Señor, inocencias mortificadas,
que amó tierno, sirvió benéfico y estimó reverente nuestro difunto” 29.
Ya había muerto la religiosa poetisa cuando visitó a la comunidad en
su Santa Misión el célebre capuchino Fr. Diego José de Cádiz en 1779.
Habló con la comunidad en tres ocasiones, les celebró misa, visitó en la
enfermería a sor Ana María de Cristo (que llevaba ya dos años impedida) e ingresó en esa singular “hermandad” conventual, pero sobre todo
les aconsejó esto con su verbo encendido no exento de tremendismo
providencialista:
“que para conseguir la perfección a que obliga el estado son los medios
más eficaces llevar siempre (por la meditación) a Jesuchristo Crucificado
en una mano y la Santa Regla en la otra, para no faltar a la guarda de
ésta ni a la imitación de aquél; nos aconsejó también que si Nuestro
26.Fr. Thomás de Montalvo, Vida prodigiosa de la extática virgen y venerable madre Sor
Beatriz María de Jesús…, Granada, 1719, pág. 388.
27.Obras de la Madre…, op. cit., págs. 199-200.
28.Ibídem, pág. 198.
29.José Antonio Porcel y Salablanca, Oracion funebre en las honras del muy Illustre señor
Marques de los Truxillos, etc. que en dia 12 de Julio... de 1765 se hicieron en el Convento de RR.
MM. del Orden Descalzo de S. Francisco del Angel Custodio de la ciudad de Granada, Granada,
1765, pág. 4.
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sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
Señor amenazaba castigar a Granada (como se abía experimentado),
acudiéramos a el coro alto, que para eso estaba el Señor Robado allí,
porque según la condición de Dios se dexaría Su Magestad atar las manos
si le pedimos misericordia con humildad y confianza” 30.
Un discurso duro, sin duda, aunque dulcificado —siempre cuando
se trataba de monjas— con la fina persuasión de los sentimientos. Y
de nuevo, la unión de imagen y palabra, pues para el acto final de su
misión en el Triunfo, el convento le prestó la imagen de Nuestra Señora de Gracia, con el Niño en los brazos, lo que recordaban orgullosas
las religiosas, porque la besaba y derramaba lágrimas sobre ella. Y si
quedaba constancia de aquellas edificantes visitas era porque “de los
hombres se hacen los santos”. Aquella misión fue otra forma de afirmar
en las religiosas el espíritu del claustro.
Memorias
de misas: fundadores y devociones
Las memorias de misas en sufragio de personas difuntas son a la
vez que una forma de acrecentar los ingresos un medio de reforzar
el calendario de cultos del convento. Nos interesa ahora este último
aspecto, pues gracias a estos legados testamentarios las principales festividades litúrgicas del año se vieron salpicadas de misas por encargo,
lo que permitía un horario más dilatado de apertura del templo a los
fieles en general.
Un libro de memorias de misas de 1792 evidencia las preferencias de
los comitentes, pero también las de las religiosas a la hora de aceptarlas,
máxime cuando muchos de ellos se ligan por parentesco a las monjas de
la comunidad. Otras memorias antiguas debían haberse perdido ya por
la insuficiencia de las rentas que las sustentaban. He aquí las principales
festividades consignadas en 1792:
—Santa Ana, con el Santísimo manifiesto, música y cincuenta luces;
una función solemne y ocho misas rezadas en total.
—Misas sabatinas en honor de la Virgen María, con seis luces en el
altar, incensario y oración del Espíritu Santo; la cortedad de rentas
obligó a reducirlas a quince misas anuales 31.
30.Relación escrita por una de las religiosas (A.C.A.C., leg. Varios, s. p.).
31.Se decían de forma muy anárquica. Por ejemplo, las treinta correspondientes a los
años 1808 y 1809 se repartieron de esta forma tan singular: cuatro en 1808 (octubre) y
el resto durante 1809 (5 en febrero, 3 en marzo, 1 en abril, 1 en mayo, 2 en julio, 3 en
433
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
—Epifanía, San José y Aparición de San Miguel (8 de mayo), con el
Señor manifiesto y veinticuatro luces; eran tres misas cantadas en
cada año, una por festividad, en sufragio de los fundadores de la
memoria.
—Natividad de María, con manifiesto y cuarenta luces, San José y
Octava de San Francisco, con manifiesto y veinticuatro luces, y San
Fausto, de igual modo pero sin manifiesto; tres misas cantadas y una
rezada. La gradación de los santos festejados es más que evidente.
—Viernes infraoctavo del Corpus, con seis cirios y otras luces, el
Santísimo manifiesto, música, sermón, acólitos y anuncio con caja
y clarín la noche anterior; era un función solemne.
—Misas por el alma de las religiosas difuntas; cien misas por cada
una.
—San Blas, con vísperas votivas y misa cantada en su día.
—Aniversario del fallecimiento de la fundadora (19 de enero), misa
cantada, responso y vigilia, con diez hachas y seis velas en el altar
mayor, y otras luces en los restantes altares; misa cantada y responso
en la Octava de Difuntos, por los padres de la fundadora.
— Fiestas de la Octava del Corpus (en concreto los días en que faltaba
misa: sábado, lunes, martes y miércoles); cuatro funciones, que en
algunos años llegaron a ser seis.
—San Miguel, con el Santísimo manifiesto, música y sesenta luces (más
las ocho del trono), anunciado con caja y clarín en la víspera; era
una función, una misa de postre y otras cuatro rezadas, celebradas
por capellanes parientes de la monja que dejó el legado.
—Asunción de la Virgen María, con manifiesto y música, sesenta luces
y seis cirios, sermón y anuncio con caja y clarín; función solemne.
—Nuestra Señora de los Dolores, con manifiesto del Santísimo y
música.
Estas celebraciones, rodeadas de una inequívoca pompa barroca, como
se desprende del número de luces consignadas y otras especificidades del
culto, venían a completar las fiestas principales del calendario litúrgico,
como los ciclos de Navidad, Semana Santa, Pascua y algunas festividades de la Virgen, así como las relacionadas con el convento y con la
orden (Santo Ángel, S. Francisco, Santa Clara…). Entre estos encargos
particulares cabe destacar la devoción a dos santos, muy extendida en
el Setecientos, San Miguel y sobre todo San José, así como una fiesta
muy arraigada en Granada, la del Corpus Christi, cuya solemne proagosto, 4 en septiembre, 2 en octubre y 2 en noviembre), salvo tres en febrero siguiente.
Se precisaba en cada caso concretar día y celebrante.
434
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
cesión pasaba por las puertas del convento. En algunos casos, pocos,
se menciona el encargo de sermón y en algunos más el anuncio en la
víspera con tambor y clarín, sonora evidencia del deseo de involucrar a
la ciudadanía en general en las funciones del convento. Una puerta, por
tanto, la funciones y sermones, abierta a la ciudad. En algunos casos
eran misas genuinas y distintivas del convento del Ángel, como ocurre
con la celebración eucarística del viernes siguiente a la festividad del
Corpus Christi, “en desagravio de las sagradas formas que robaron en
la ciudad de Alhama el año de veinte y cinco, y se veneran parte de las
mismas en el coro de este convento”.
No parece, sin embargo, que estas memorias supusieran un refuerzo
económico para la precaria economía conventual, más bien acabaron
siendo una carga. Sabido es que la estabilidad económica del convento
del Ángel dejaba mucho que desear desde los mismos orígenes, sobre
todo por el incumplimiento del patronazgo del marqués de Camarasa,
de forma que los juros que aseguraban la base económica (fruto de la
legítima recibida por la fundadora como herencia materna) sólo alcanzaban en la segunda mitad del siglo XVIII 6.802 reales anuales, que
se completaban con 26.844 reales procedentes de dotes de religiosas,
impuestos en diversos modos. Esos 33.646 reales totales eran claramente inferiores al volumen de gastos, que ascendían a 50.280 reales,
calculados al sumar el sostenimiento de las treinta y tres religiosas por
valor de 40.000 reales al año (“comida, vestuario, i quanto necesitan
sanas y enfermas, costeando asimismo la comunidad todos los oficios y
proveiéndolos de todo lo necesario, y principalmente el de la sacristía,
que pertenece al divino culto, porque las religiosas en particular ni
tienen ni pueden tener renta alguna” 32), el cumplimiento de memorias
por valor de 3.934 reales, el consumo de cera que ascendía a 4.000 y el
gasto de salarios en cuantía de 2.346 reales (sacristán, acólito, lavandera
y mandaderos). Ese desfase entre ingresos y gastos (en proporción 1:1,5)
era la causa de sus atrasos.
De todos modos, todas esas memorias —sin duda hubo más en la
dilatada existencia del convento— proceden, en general, de las mismas
religiosas y de sus familiares. Así ocurre con sor Ana de San José (festividad de su onomástica), sor María de Santa Clara 33 (misa de San
Blas), sor Manuela María de San Felipe (fiestas de la Octava del Corpus), sor Mariana de San Bernardo, hija del marqués de Salar (fiesta
de San Miguel), sor Luisa María de Jesús, fallecida en 1787 (festividad
32.A.C.A.C., leg. Varios, s. f.
33.Una sor Feliciana María de Santa Clara murió el día de San Blas de 1759, pero
no es seguro que se trate de esta monja.
435
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
de la Asunción); o don Antonio de Espinosa, padre de tres religiosas
que habían ingresdo entre 1627 y 1634 (misas sabatinas y festividades
de Reyes, San José y S. Miguel), etc.
Pero hubo también ilustres benefactores, como el conde de Moctezuma —había sido señor de La Peza en el Seiscientos—, don Joaquín Ginés
de Oca Moctezuma y Mendoza (misas de la Natividad de María, San
José, Octava de San Francisco y San Fausto), la señora de Cardela, que
tuvo una hija en el convento entre 1673 y 1688 (misas por las religiosas
fallecidas), el arzobispo de Granada entre 1720 y 1733, D. Francisco de
Perea y Porras (fiesta del viernes de Corpus), y el obispo de Sigüenza
en 1801-1818, D. Pedro Inocencio Bejarano (festividad de los Dolores
de María). En cuanto a las misas por la fundadora del convento y sus
familiares, obedecen a la propia iniciativa de la comunidad. Un estudio
exhaustivo, en cada caso, abundaría en las devociones particulares y su
difusión, en las circunstancias personales y, por supuesto, en las pautas
religiosas de la mentalidad de la época.
Los años mencionados, que incluyen los convulsos inicios del Ochocientos, supusieron varios cambios de residencia de las religiosas. En
principio no afectaban al encargo de las misas (siempre que se cobraran
las rentas correspondientes), pero sí a su boato. Además, las funciones
solemnes se hacían en torno a imágenes de devoción; ocasionalmente
se suspendieron si no tenían presentes tales imágenes.
***
Ante los aspectos analizados, hay que concluir que el arraigo social de
un convento presenta dos vertientes: la material y la espiritual. Ambas se
confunden en una realidad rica y variada, que hace que las familias que
aportan vocaciones al convento (de sus hijas, claro está) estén obligadas
a sostenerlo a través de dotes, donaciones o fundación de memorias, o
que quienes favorecen materialmente a la comunidad reciban de ésta
algunas gracias espirituales y otras atenciones. En cualquier caso, esas
dos vertientes no hacen sino reforzar los pilares de la sociedad del
Antiguo Régimen.
Las estrategias familiares respecto al destino de sus descendientes
pasan, pues, por estos trances que aúnan lo socio-económico con lo
espiritual. La fortaleza material del cenobio se sustenta en rentas sólidas y suficientes, que el tiempo afianza, aunque a veces las deteriora
(aumento de las reparaciones en bienes inmobiliarios, deflación de la
moneda…). En el siglo XVIII el convento granadino del Ángel Custodio
está ya asentado y permite la supervivencia de treinta y tres religiosas.
La solvencia espiritual dimana de la propia vida en el claustro, destacando sobremanera la fama de santidad, o al menos de observancia,
436
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
de las religiosas, que destila un aurea sobrenatural y una superioridad
religiosa por vía ascética. Estos valores se pregonan sin cesar para reforzar el atractivo de la vida consagrada, que a la vez representa una digna
vía de sustento para las hijas de muchas familias, un timbre de honor
para el linaje y una proyección social en un marco generalmente urbano.
Es evidente que en la concesión de “hermandad” o en la aceptación
de memorias de misas por el convento, juegan un papel esencial y animador a la vez los mismos familiares de las monjas. Pero, ante todo, se
ha subrayado en este estudio la sublimación de la vida del claustro por
la vía de la representación, creando y fortaleciendo una imagen y una
percepción en la que ganan ambas partes: las que viven en la clausura
y las personas que, en el siglo, mantienen vínculos con ellas.
En el proceso de identificación de la comunidad con las elites urbanas jugaron un papel esencial las estrategias de concesión de “cartas
de hermandad”, de exaltación literaria de la realidad conventual o
del encargo de misas y oraciones a las religiosas, como muestran los
ejemplos propuestos. El símil del ángel, que da nombre al convento,
aparece por doquier, así como el compacto sentido de comunidad,
todo ello con un lenguaje transido de sobrenaturalidad, aunque presto
a la transacción material con el mundo, pero sobre todo a la espiritual,
jugando la familia un papel primordial, por más que los testimonios
conservados dejen vislumbrar las limitaciones, sobre todo económicas,
de la vida conventual. En definitiva, tanto el directorio de “hermandad”
y el asiento de las memorias de misas como los testimonios literarios
procedentes de monjas escritoras, contribuyeron a forjar una imagen
sublimada con aspiraciones de permanencia en la memoria colectiva
de la ciudad de Granada.
Anexo
Beneficiarios externos de la “hermandad” con el convento de clarisas del
Santo Ángel Custodio de Granada.
Archivo del Convento del Ángel Custodio, leg. Varios. Elaboración propia.
Conventos femeninos:
Franciscanas descalzas de Estepa (de donde procedían las fundadoras del
Ángel Custodio en Granada), convento del Patrocinio de San José en Ronda
(1690), Descalzas Reales de Madrid (1700), Descalzas Reales de Granada (1714),
Franciscanas descalzas de la Encarnación en Mula (1721), Bernardas de Málaga
(1722), San Antonio de Baeza (1724), Dominicas de Jesús María de Escalaceli
en Castro del Río, Santísima Trinidad de Alcalá la Real (1762), Agustinas (¿),
Clarisas de la Purísima Concepción de Alcalá de los Gazules, Clarisas de Santa
437
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
María de Jesús de Sevilla 34, convento de Santa Ana de Lorca (aunque sin hermandad), Concepcionistas de la Piedad de Cádiz, Capuchinas de la Exaltación
del Santísimo de Murcia, convento de la Purísima Concepción de Villanueva
de la Serena (1792), Clarisas de Santa Isabel de los Ángeles en Villacarrillo,
convento de la Purísima Concepción de Jerez de la Frontera.
Conventos masculinos:
San Juan de Dios de Granada, Congregación del Oratorio de San Felipe
Neri de Baeza, Cartuja de Granada.
Instituciones diocesanas:
Colegio Real Eclesiástico de San Cecilio (1760), Congregación de Jesús de
la Salvación.
Personajes eclesiásticos:
D. Antonio Sardinero, obispo de Huesca; D. Antonio Caballero y Góngora,
que acabó sus días como obispo de Córdoba; D. Francisco Bocanegra y Gibaja,
arzobispo de Santiago; P. Antonio de la Concepción, P. Bernardo Rodríguez,
P. Francisco Amil, P. José de Moya, P. Miguel de Moya (carmelita calzado), P.
Francisco Manrique, Fr. Juan Muñoz, Fr. Juan de Vargas, P. Victoriano de la
Concepción, Fr. Andrés de San José, Fr. Bernardo de Santo Tomás, Fr. Gregorio de San Joaquín, Fr. Gregorio de San Francisco, Fr. José de los Ángeles, Fr.
Leandro de San Gabriel, Fr. Pedro de San José, Fr. Pedro José Ortuño y Pulgar
(cartujo), Fr. Diego (José) de Cádiz (capuchino), P. Fernando Rodríguez, P. Gregorio Nuño, Fr. Tomás de Granada (jerónimo en el monasterio de Guadalupe),
Fr. Gabriel de Santiago, P. Gabriel Fernández, P. Juan Cubero, P. Fernando de
Arias, D. Miguel de Cabrera (presbítero), D. José Martínez de Ribera (cura de
Almuñécar), Fr. José de San Jerónimo (jerónimo), D. Alonso Ponce de León
(capellán de las Bernardas de Málaga), Fr. José Clavero (franciscano descalzo),
P. Antonio Joaquín Serrano (filipense en Baeza), D. Antonio Venero (chantre
de Córdoba), D. Ignacio Jiménez del Castillo (presbítero de Córdoba), D. Pedro
Gamarra (presbítero), P. Faustino Palomino (filipense en Baeza), Fr. Miguel
de Espejo, D. Sebastián de Medina (abad de Ugíjar), P. Francisco de Toro, Fr.
José Luis González (agustino calzado), D. Andrés de Campos (confesor de Sor
Joaquina en Almería), P. Francisco Garzón, D. Rafael Guajardo (canónigo de
Córdoba), Fr. Juan Rodríguez del Río y Fr. José de Aranda (franciscanos en la
Alhambra), P. José Esteban (cartujo en El Paular), P. José Joaquín de Ocaña
(mercedario y confesor de una benefactora), Fr. Antonio Moreno (general de
los cartujos), Fr. Mariano Pérez Royal (mercedario), Fr. Antonio Ximénez de
Acosta (franciscano descalzo en Albuñuelas), P. Pedro José Delgado (filipense en
Baeza), Fr. Cipriano de San José (jerónimo), D. Vicente Terroba (visitador), H.
34.Los “Apuntamientos” para la vida de clausura de este convento sevillano inspiraron
el día a día del convento granadino del Santo Ángel desde 1687.
438
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
José Moreno (filipense en Baeza), P. Miguel Punzón (cartujo), P. Juan Francisco
Gómez Plaza (cartujo), P. Antonio Labairu, D. Francisco de Mesa (administrador
de Málaga), D. José López (cura de Ogíjares), P. Francisco Romero (filipense
en Cádiz), D. Juan Ramírez (presbítero), D. Juan Tallón (presbítero), D. Miguel
Cano (capellán del convento), D. Cristóbal Pérez Viala (obispo de Jaca, entre
1815 y 1822), D. José Moreno González (presbítero de Baeza), D. Bernardo de
Vargas (presbítero de Jaén), D. Miguel Linares (párroco de San Miguel), D.
Francisco Ruiz Montalvo (cura de Abla), Fr. Primo Cervera y Fr. José García
(franciscanos observantes en Cehegín), D. Rafael Arroyo (beneficiado de Abla),
D. Francisco Rubio (presbítero), D. Manuel de Rojas, D. Pedro Lafuente y D.
Juan Antonio Barreiro (capellanes de Palacio), D. Ramón de Damas (canónigo
del Sacromonte), Fr. Manuel de Mata y Fr. Tomás Subiza (jerónimos), D. Miguel
Moreno (cura de Níjar), P. Julián Villavicencio (jerónimo), P. Ramón Rama,
D. Francisco Sanz (capellán del Sacromonte), D. Manuel Ordóñez (capellán
del convento).
Otros personajes masculinos:
D. Antonio Chinchilla, D. Antonio Herrasti, D. Fernando Calvo, D. Felipe
Castañeda, D. Florentín del Pulgar, D. Francisco Cotilla, D. Juan Ponce, D.
Juan del Pulgar, D. José Quevedo, D. Juan López Gálvez, D. Juan de Aragón, D. Juan Andrés Gómez, D. José Porcel, D. Juan Carlos de Reina, D.
José Bastida, D. Pedro Cabrera Cárdenas, D. Vicente de Arjona, D. Vicente
Núñez Barrenechea, D. Pedro Cañaveral, D. Antonio Gutiérrez, D. Diego
Fernández de Castañeda, D. Jorge de Arjona, Juanico Estival, José Estival, D.
Juan Maldonado, D. José Ruiz, D. Lucas de Herrera, D. Luis Gadea, D. Luis
de Puerta, D. Matías Manresa, D. Manuel del Rey, el marqués de Guerra,
D. Pedro de la Oliva, D. Simón de Victoria, D. Tomás Calvelo, D. Antonio
del Rincón, D. Agustín Moreno de Prato, D. Antonio del Rosal Bolaños, D.
Domingo de Llamas, D. Esteban Cabrera, D. Francisco Páez, D. Francisco de
León, D. Francisco de Dueñas, D. Francisco Mesía y Caicedo, D. Francisco
Sánchez Prieto, D. Gonzalo Enríquez, D. Julián Villavicencio, D. Juan Páez,
D. José de Olea, D. José Gómez, D. Juan Agustín Álvarez, D. Juan Reverti
Palomares, D. José Oliver, D. José Mesía y Caicedo, D. José Pareja Cortés,
D. Juan Pedro Ximénez, D. Juan Curiel, D. Luis Veluti, D. Luis de Molina,
D. Lucas Muñoz Cubero, D. Manuel de Hererra, D. Nicolás de Arjona, D.
Pedro Vicente Yáñez, el conde de Balazote, D. Salvador Gómez, D. Antonio
de la Plaza, D. Antonio Castilla, D. Joaquín de Celis, D. Miguel Gutiérrez,
D. Francisco de las Llagas Contreras, D. Esteban Gabinet, D. Juan Pedro
Ximénez de Cisneros, D. Eustaquio del Campo, D. Juan Ortega Saavedra, D.
José Sandoval, D. Juan Sandoval, D. José Alcover, D. Baltasar Gutiérrez, D.
Pedro Francisco de Espinosa, D. Antonio Escudero, D. Félix Núñez, D. Juan
de Torres Castellanos, D. Agustín Gutiérrez, D. Miguel de Crayvinquel 35,
35.Tal vez se trate del capellán real y más tarde canónigo de la Catedral de Granada
439
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
el marqués de Estepa, D. Vicente Ruiz de Apodaca (caballero de Calatrava
y teniente de navío), D. Joaquín Antonio Cañaveral y Ponce, D. Francisco
Antonio Cañaveral y Ponce, D. José Valiente, D. Miguel de Rivera, D. Rafael
de Perceval, D. Francisco de Torres, D. Manuel de Bada, D. Manuel Garzón,
D. Manuel Valenzuela Jiménez, D. José Roncali, D. José Fuster Mayorgas y
Rosal, Cristobalico, D. Juan de Salazar, D. José Cobos y Banderas, D. Tomás
Palanco, el marqués de Algarinejo y conde de Luque (D. Francisco de Paula
Fernández de Córdoba), D. Pedro Pérez Valiente, Francisco Martínez de Hinojosa, D. Juan Manuel de Herrera, D. José Bueso, D. Felipe del Corral, D.
Antonio Hueso, D. Andrés Márquez, D. Joaquín de Almansa, D. Luis Carrera,
D. Francisco Ramírez, D. Francisco de Paula de la Vega, D. Nicolás Atienza,
D. José Manresa, D. Francisco Manresa, D. Francisco de Sales Santisteban, D.
José Dávila, D. Juan Tomás Sánchez Reguera y Morcillo, el conde de Campoalegre (embajador en Turín), el conde de Torre Marín, hijos de la marquesa de
Jimera (tuvo dos), D. Juan Dandeya, D. Andrés Lozano, D. Silvestre Collar,
D. Juan Murillo, D. Antonio Espejo Pimentel, D. Juan Sebastián de la Vega,
D. Joaquín de Torres, D. Antonio Mateo Sánchez, D. José María Puig Samper (presidente de la Chancillería, en 1800), D. Martín Infante, D. Miguel de
Almansa, D. Vicente Madrid, D. Martín de Urquiaga y Aguirre (residente en
Manzanares), el padre de Dª. Magdalena de Aguirre, el conde de Guadalcazar
(D. Juan Felipe Neri, en Málaga), D. Antonio Fontes Abad (de Murcia), D.
Francisco Bernal de Mendoza (procurador del convento), D. José Guerrero, D.
Gabriel Valdés, el conde de La Camorra, D. Juan Theo, D. Pedro Montoya,
D. Manuel Godoy (en Cazorla), D. Juan del Pino, Juan Hidalgo, D. Mariano
Márquez (sobrino del prepósito de Cádiz), D. Luis Mayorgas, D. José y D.
Manuel Zaravias, D. Francisco Plácido Bocanegra, D. Francisco de Paula
Bayo, D. Francisco Morales, D. Pedro Montoya, D. Antonio Eugenio Gómez
(administrador de Millones), D. José Palomo, el médico D. Francisco de Paula
Herreros, D. Tomás Gómez, D. Ignacio Chacón (oficial de Marina, yerno de
Apodaca), D. Torcuato Trujillo Chacón, D. José Salmerón, D. Luis de Siles,
D. Pedro Pérez de los Reyes, D. Antonio Palomo Mateos, D. Antonio José de
Rueda, D. Miguel Palencia, D. Mariano de Fontes (de Murcia), D. Francisco
Checa, D. Nicolás Rubio, D. Francisco Carrillo (escribano), D. Juan Albarrate,
D. Rodrigo Simón (1835), D. Santiago Sancho (1835), D. José Arredondo, D.
Agustín García, D. Maximiano Ángel, D. Blas Joaquín Vázquez, D. Nicolás
Alonso, D. Juan Tienda (1882).
(desde 1783), que llegó a ostentar los oficios de deán y de gobernador en sede vacante,
muriendo en 1811 (Pedro Gan Giménez, “Los prebendados de la Iglesia granadina: una
bio-bibliografía”, Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 4 (1990),
pág. 186).
440
sublimar lo cotidiano. vida de clausura en la granada barroca
Mujeres:
Dª. Ana Merino Ceballos, Dª. Leonor Mérida Bravo, Dª. Leonor Mérida
Enciso, Dª. María Moreno, Dª. Rosalía del Pulgar Velázquez, Dª. Tomasa Calvo, Dª. Isabel Ana de Valladares, Dª. Ana Zurillo, Dª. Francisca Mondragón,
Dª. Francisca Garzón, Dª. Josefa Aguilar, Dª. María Irene Galtero Ceballos,
Dª. Micaela Gil de Noguera, María Estival, Dª. María Antonia de la Cruz, Dª.
Mariana Monroy, Dª. Mariana de Portugal y Navarra, Dª. María Morales, Dª.
Petronila Carmona, Dª. Rosa de Herrasti, Dª. Rosa Zurbano, la marquesa de
las Torres, Dª. Inés Montero, Dª. Gregoria Mondragón, Dª. Josefa Bruyeros,
Dª. Margarita de Córdoba, Dª. María Felipa, la condesa de Balazote, Dª. María
Soledad Cárdenas, Dª. Manuela Bastida, Dª. Paula Quevedo Hoyos, Dª. Rosalía López, Dª. Rosa Moreno, Dª. Tomasa Páez, Dª. María Angustias Zafra,
Dª. María Asunción Carreño, Dª. María Josefa Ramírez, Dª. María Martínez
Níspolo, Dª. Josefa Aguilar, la marquesa de Villaseca, Dª. Juana Gutiérrez,
Dª. María Antonia Simón Pontero, Dª. Josefa Ribero, Dª. Beatriz Ribero, Dª.
María Soledad Retana, Dª. María Ana Durán, Dª. Eusebia Elisa, Dª. María
del Carmen Guiral, Dª. Cristobalina Mojícar, la marquesa de Chinchilla, Dª.
Josefa y Dª. María Manuela Díaz Manresa, Dª. María Patricia Burruezo, Dª.
Gabriela de Anglada y Fons de Viela, Dª. Teresa de Murcia, Dª. María Segunda
Crespo, María Antonia del Pulgar, Dª. María de la Concepción, la marquesa de
Salar (Dª. Joaquina de Baro), Dª. María Luisa Enríquez Carreño, Dª. Bernarda
Barreiro, la marquesa de Villalegre, la marquesa de Iniza, Anica Chacón, Rosa
de Contreras y su hija Micaela, la marquesa de Caicedo, Dª. María del Rosario
Mesía Caicedo, Dª. María del Rosario Caicedo Mesía, Dª. Manuela de Fuentes,
Dª. Francisca Bocanegra, la condesa de Alcudia (Dª. Ana María de Contreras),
las hermanas Dª. Juana y Dª. María Josefa de Castro, la marquesa viuda de la
Fuente del Sol y Cañete, la marquesa de Herrera, Dª. Francisca de Victoria, la
condesa de Jimera (Dª. María Josefa Soto) e hijas (sin concretar), la marquesa
de Diezma (Dª. Antonia Ramona [Zambrana Chacón]), Dª. Francisca María
Valera, la condesa viuda del Colchado (Dª. María de la Concepción [Peñuela
y Oddo]), Dª. Juana Sandoval (mujer del cerero), Dª. Catalina Ordóñez Quesada, Dª. Jacoba Sánchez, Dª. Manuela García, Dª. Petronila Cabrera, Dª. Luisa
Caballero, Dª. Magdalena de Aguirre, Dª. María Tomasa Queipo de Llano,
Dª. Felipa Abad Ulloa (de Murcia, residente en Infantes, en La Mancha), su
prima Dª. Isabel de Ulloa Vargas, Dª. Ángela de Pineda, Dª. Jerónima Laguna,
Luisica del Pulgar y Baro, Dª. Josefa Mier y Terán y sus hijas (de Cádiz), Dª.
Concepción Laso (viuda de Perea), María Josefa Fernández, Dª. Luisa Herrera,
Dª. Eulogia Barrionuevo, Dª. María Oliver, Dª. Antonia Berenguer e hijas, Dª.
Ana y Dª. María del Carmen Mayorgas, Dª. Rafaela, Dª. Juana y Dª. María
Concepción Zaravias, D. María del Carmen (esposa de Morales), la mujer de
D. Pedro Montoya, Dª. Luisa del Faut, Dª. María del Carmen Estrada (ama
del beneficiado de Abla), Dª. Isabel Martínez (de Abla), Dª. Teresa Contreras,
Dª. Luisa y Dª. Rita Segovia, y las hijas de la primera (Dª. María Luz y Dª.
Luisa Moreno) y la nieta Dª. María Luz Segovia, Dª. María Teresa Veluti, Dª.
Joaquina (1871), Dª. Filomena Tienda de Gutiérrez (1883).
441
miguel luis lópez-guadalupe muñoz
Religiosas:
Sor María Francisca de la Columna, Sor Joaquina María del Carmen y
Sor María de los Dolores (hermanas, en Santa Clara de Almería, 1782); Sor
Jerónima de Santa Ana, Sor Juana de San Pedro de Alcántara, Sor María de
la Cruz, Sor Liberata María del Rosario, Sor Antonia María de la Concepción,
Sor Ana María del Espíritu Santo, Sor María de Santa Clara, Sor María de San
Antonio, Sor María de San Gabriel, Sor Manuela María del Carmen, Sor Teresa
María de Jesús, Sor Josefa del Santísimo, Sor María de la Presentación, Sor
Rosa de las Angustias, Sor Francisca de la Llagas, Sor Francisca de San Miguel,
Sor Bernarda de la Santísima Trinidad, la educanda Dª. María Dolores Ruiz y
las legas Juana Lorente y Juana Ximénez (clarisas de Almería); Sor María del
Carmen del Amor de Dios (convento de Franciscas descalzas de Jaén, 1867).
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