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I9I9
P R E C I O S DE S U S C R I P C I Ó N ; M A D R I D V P R O V I N CIAS, UN SEMESTRE, 5
PESETAS. — UN
PESETAS. - E X T R A N J E R O .
SEMANARIO DE LA VIDA NACIONAL
AÑO,
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U N A Ñ O , 2 0 PESERAS
A Ñ O V . — NÚM.
2^6
PUNTOS DE VISTA
ponente del Tratado de paz en el Senado,
parece haber declarado, sin rodeos, que
Tánger debe pertenecer a la zona francesa.
No cabe duda alguna respecto a las intenciones de Francia. Han provocado en España una nerviosidad exagerada. Nerviomenceau, y sacrificó ante él los catorce sidad de columnas de prensa. El coro parepuntos y algo más. Acaso sin acordarse de ce llevado por una sola batuta, pero sin tacla regocijada visita de un travieso hombre to. Frente a la pretensión francesa de anede Estado español a quien entendía con di- xionarse Tánger, levantan los corifeos esficultad. Wilson al embarcarse para Amé- pañoles la bandera de Tánger para España.
rica había olvidado a Tánger.
No piden, no, la internacionalización de
Pero queda la esperanza inglesa. Fra- Tánger y de todo Marruecos que seríalo
casó la habiHdad, la inteligencia, probemos coi-recto, lo procedente, sino que piden para
con la presencia mayestática. Y a Londres España lo que Francia quiere para sí. Y
va el Monarca. Es Habsburgo. Fué lema como lo piden con el mismo derecho que
de su casa «Divide et impera». Y aunque la Francia, es decir, sin ningún derecho, y con
idea de ir a Londres es mejor que la de ir a la agravante de ineptitud colonial, ineptiTánger, en que también podía haberse pen- tud administrativa y militar bien demostrasado repitiendo la impertinencia histórica da, barajan caprichosamente tratados, falque en 1905 cometió Guillermo II, no es tan , sean argumentos en pro de «nuestras justas
buena que logre romper la comunidad de aspiraciones», «nuestros legítimos dereintereses entre las potencias vencedoras, chos» geográficos, históricos, etc., y así enEsta marcha de un caballero español a Lon- venenan la cuestión poniéndola en un plano
dres para conquistar a Tánger, podrá ser de imperialismos que pretenden ser rivales.
muy gallarda, pero la terrible lógica augura Lucha entre dos imperialismos, uno de ellos
el fracaso.
sin razón, pero con fuerza, y otro sin razón
y sin fuerza, que es el nuestro, el español.
T Á N G E R
ERMINADA la gran guerra europea empezamos nosotros nuestra pequeña guerra
africana. Hemos roto amistades con el
Raisuni, ahora traidor, antes, cuando juntaba dinero español con dinero alemán,
amigo nuestro. Las liuestes hispanas, doce
mil entre infantería y de a caballo, han conquistado, tomado u ocupado elFondak. Ese
mismo Fondak que ya se conquistó otra vez,
pero no de veras como ahora. Y para que
la guerra chica se parezca a la grande el
Alto Mando envía telegramas de felicitación al Monarca y el Monarca refelicita al
Alto Mando. Han sonado las campanas de
la victoria, si no con la gravedad del serio
bronce con la metálica ligereza del cascabel
risueño de Arlequín. A los muertos se les
promete un cenotafio. A los vivos una madrina. Piadosas damas se cuidan de este alivio. Ya tienen madrina. Ya pueden los
ahijados aumentar gozosos tierra española
con tierra africana.
Vamos a Tánger. El Fondak no basta.
«Nuestro objetivo tiene que ser Tánger».
Este no es un eco de la opinión española.
Hasta ahora cuando menos. Es una frase
de un periódico cualquiera, de todos los periódicos, de esa prensa desprestigiada y
desorientada que ante la ausencia de opinión española quiere presentar como opinión nacional las ligeras ocurrencias de una
mano rápida en el escribir de materias sobre que el cerebro, niás tardío, aun no ha
formado opinión propia-.
¡No vamos a Tánger! Amagamos con ir
a Tánger, pero nos quedamos a mitad del
camino. Eso no lo ignora ningún gobernante serio. Ningún español que sepa cómo
se discurre de Pirineos allá. Entonces ¿a
qué el alarde guerrero? ¿A qué el sacrificio
de vidas? El goce postumo del cenotafio no
es motiVo bastante. Pero amagamos. ¿Llegar? Acaso, quien sabe, es posible. Francia
no quiere... ¿Pero e Inglaterra?
Este balbuceo es toda nuestra política
marroquí. Estas vanas y frágiles esperanzas sustentan toda la obra. ¡Londres!
«¡Sobre todo en, Londres!» ha dicho un periódico. Antes era Wilson. Cuando Wilson
riñó con Clemenceau fué Romanones a verle. A ponerse de su parte, a cambio de Tánger. Pero Wilson hizo las paces con Cle-
T
Francia, siguiendo su política de anexiones a que el desenfreno de la paz conduce,
quiere Tánger para sí. Quiere que Tánger
deje de ser internacional. Que cese el régimen establecido en 1912, que era el estatuto
de Marruecos hasta estallar la guerra europea: dos zonas de influencia francesa y española y Tánger ciudad internacional. De
hecho, con la expulsión de los diplomáticos
austríacos y alemanes en 1914, dejó Tánger
de ser ciudad internacional. El problema de
Tánger estaba planteado. P a r a desarrollarlo, estudiarlo, se ha tenido todo el largo
tiempo que duró la guerra europea. Pero
se ha seguido una falsa política. Después
del 11 de Noviembre de 1918 era ya tarde.
El problema estaba prejuzgado: Tánger era
de Francia.
En el informe del diputado francés Maurice Long, se i-eivindica Tánger para Francia. Esto en Julio pasado. El ministro de
las Colonias francés Mr. Henri Simón, ha
declarado, no hace mucho, ante la Cámara
francesa, que Tánger debe ser sometido a un
«régimen especial» que no debe confundirse
con un«régimen internacional». Es decir, que
soberano de Tánger debe ser de derecho el
Sultán, de hecho su protector el Residente
general francés. Y el viejo León Bourgeois,
El juego pérfido de la diplomacia española persigue un fin serio. Ha dado con un
argumento sentimental. Consiste en sembrar de cadáveres españoles el camino que
lleva a Tánger para luego reclamar como
nuestra aquella tierra regada con nuestra
sangre. ¿A qué sino ahora el aparato guerrero? ¿Por qué no se combatió entonces al
Raisuni durante la guerra, europea antes
que la victoria se hubiese decidido por
Francia, antes cuando el Raisuni era agente alemán, apoyado por la zona española? ¿Por qué estábamos entonces en tan buenas relaciones con el Raisuni, Abdelmalk y
El Hiba que formaban el frente alemán en
Marruecos?
Porque los directores de la nación creían
ciegamente en la victoria alemana. Porque
ignorantes de la situación del mundo acomodaban su ignorancia a su fanatismo.
Porque creíamos recibir Tánger de manos
alemanas. De aquellas manos pródigas que
en Julio-Agostó de 1916, nos ofrecían Marruecos, parte de las colonias portuguesas,
las alejadas islas Filipinas. Eran entonces
los tiempos en que el mayor von Kalle visitaba todos los días la Cámara regia augu-
ESPAÑA
Núm. 236.—4.
rando el triunfo para dentro de quince días,
dentro de un mes, para la Primavera.
Nuestra mala, nuestra desesperada situación actual frente al problema de Tánger,
es consecuencia de nuestra errónea política
de guerra. Romanones, que estaba de sobra enterado de las maquinaciones Ratibor
Kalle, Raisunij vio todo nuestro porvenir en
Marruecos perdido al día siguiente del armisticio, y pensó ese mismo día en vender
nuestros derechos a Francia, lo mismo que
hoy pide el manifiesto del partido republicano catalán firmado por Gabriel Alomar }'
Marcelino Domingo entre otros, aunque
luego Romanones se volviera atrás por
creer ver en Wilson un rayo de esperanza.
Recientemente, el órgano en la prensa
del Conde de Romanones, hablando del
libro del ex-ministro Barthou «La bataille
Marocaine» en que se recuerdan al público
francés las lindezas de nuestra política marroquí durante la guerra; escribía: «Tenemos que hacer un gran esfuerzo para olvidar ciertas cosas, recordando que quien
siembra vientos recoge tempestades.» Y
estas «cosas» no pueden ser olvidadas tan
fácilmente para aducir como argumento español a favor de la posesión de Tánger, el
que «las agresiones que nosotros sufrimos,
como escribe otro periódico, tienen sumente directora y su caudal de recursos en
Tánger.» Porque podría contestársenos con
la recíproca. Es debilidad de que adolecen
los argumentos de la sinrazón por ambas
partes. Se vuelven contra el que los esgrime aunque con distinto disfraz.
Uno de los aspectos más torpes de nuestra
política internacional es querer encerrarla
toda en los estrechos límites de Tánger. Es
tan corta, tan estrecha y tan superficial
como el área de la ciudad. Por Tánger no
vacila nuestra Prensa, en envenenar una
posible solidaridad internacional más valiosa que la posesión de una ciudad. Siempre
nos parecería absurdo el regalo de Tánger
para España, toda política que tendiera a
este objetivo, toda política marroquí que no
fuera la internacionalización sería de combatir. Pero es estulticia'grande croar, imprecando al poseedor para que. nos ceda el
objeto que sabemos que no tendremos.
«Es la única ventana que nos queda abierta al mundo» se ha dicho de Tánger. Estas
palabras revelan una terrible mentalidad
con respecto a relaciones internacionales.
Pensar que un pueblo no tiene en el mundo
más base de influencia que la posesión de
un pedazo de terreno es confesión de barbarie, muestra de pobreza mental. No se humaniza el español penetrando en África, sino
abriendo al mundo todas las ventanas que
hoy por su propia desidia tiene cerradas, 3'
dejando entrar y salir por ellas al aire que
el espíritu necesita para respirar.
De aquí la indignación que debe sentirse
contra esa prensa patriotera que estos días
azuza las jaurías de la pasión nacionalista.
Precisamente en el alborear de una época
de la historia en que España empieza a adquirir un matiz de seriedad se quiere fomena r un irredentismo español en Tánger,
t
«No nos resignamos a movernos en los estrechos límites de nuestras fronteras». «Debemos con respecto a Marruecos demostrar
al mundo que aún anima a España un ideal».
Estas cosas se han escrito en estos días de
nerviosidad irresponsable. No pueden oirse
sin protesta a pesar de que su misma vaciedad las condene. Hoy se proclama el irredentismo de Tánger, mañana el de Gibraltar, cuando tengamos a Francia contra In-
glaterra, otra día el de Puerto Rico ¿por
qué no? También allí tenemos huesos enterrados.
No será nuestro Tánger. Nos tendremos que conformar con el «arreglo» que
resulte del viaje real en perspectiva y parecemos excelente. Y no tendremos tampoco
la ocasión que un dAnnunzio castellano
vaya a Tánger a redimir el irredentismo español.
POR T I E R R A S D E C A S T I L L A Y A N D A L U C Í A
LAS LLAMAS VINDICATIVAS
Por
R. Blanco Fombona
MO Casilla y Andalucía colindan, enCOtramos,
c a r r e t e r a adelante, por la
puerta andaluza hacia el lado norteño: esa
puerta es Jaén. Lo primero viene a los
mientes el retintín socarrón de las cuartetas famosas de Baltázar de Alcázar:
En Jaén donde resido
vive don Lope de Sosa...^
Recuerdo simbólico: la musa del buen
humor nos abre las puertas de Andalucía;
la sonrisa nos acoje a la entrada del país de
las panderetas; el numen se nos insinúa
desde los umbrales de la región donde perdura, en encajes de piedra y en jardines de
maravilla y de misterios, con la gracia del
•arrayan y la dulzura del agua cantarína, el
recuerdo, embalsamado de poesía, del árabe
artista, guerrero, sensual. Y parece de lógica armoniosa que el número, aunque fue-^
se en la remembranza de cuartetas jocosas,
nos indique el camino de la tierra en donde
cada ciudad tiene su ritmo, su música, sus
bailes. ¿Jaén? Olivares, corderos, cabras,
miel, como en la Hélade. ¡Y qué olivares!
Los más copiosos y tupidos; los más productores, los de más fino aceite.
Y por bajo de esta poesía bucólica y esta
abundancia bíblica el mordisco de la áspera
realidad, como por bajo el brocado que cubría el seno de alguna empingorotada madamina de la Edad Media solía aparecer la
tumefacción ulcerosa, la carne comida de
lepra.
La oculta lepra andaluza está en la tierra. Está cubierta por la verdura de los
campos...
La tierra de Andalucía pertenece casi
toda'a unas cuantas docenas de familias; y
sobre los campos opulentos casi perece de
hambre, la mayoría, labriegos.
En Jaén posee un solo hacendado kilómetros y kilómetros de olivos; como en Córdoba posee un solo latifundista kilómetros y
kilómetros ^de trigales y cebadales; como
posee en Sevilla un solo terrateniente kilómetros y kilómetros de pastizales.
Los vastos latifundios de Andalucía producen la esclavitud y la miseria del campesino; y el campesino andaluz que no necesitó saber leer y escribir para enterarse de
que existe en Rusia un gobierno de soldados
y campesinos que^ ha desposeído a los antiguos amos de la tierra sin que la tierra se
hunda ni se caigan las estrellas, aunque se
hunden varias fortunas y caen algunas cabezas, quiere también realizar su revolución. No-la inicia a sangre y fuego porque
le basta el fuego. La sangre correrá después. Por lo pronto, no discurre semanas sin
que incendios anónimos, destruyan granjas, devoren s e m e n t e r a s , conviertan en
paveses trigales, cebadales, olivares, o en
humo el bien repleto granero del cortijo.
En múltiples ocasiones hemos salido de posadas y hoteles con vecinos curiosos y alarmados a contemplar, desde algún oterillo
las trombas del fuego vengador.
Cuántas veces, desde la carretera, al
volver algún recodo, hemos sorprendido la
oscuridad nocturna súbitamente iluminada
por columnas de luz. El fuego, se levanta
en las arboledas, como formando castillos
de llamas; otras veces, en las siembras rastreras, va envolviendo los cultivos consumiéndolos; y las mil sinuosidades serpentinas de la llama franja los predios de cenefas y tiras bordadas flamíferas. En medio
de la sombra culebrean sierpes de luz y esplenden los castillos de oro; pero aquel oro
siniestro de los campos encendidos no es un
oro benefactor sino un oro de ruina.
En estos campos andaluces, hoy, nadie
está seguro de lo que tiene: un fósforo puede arruinarlo. La revolución rusa ha abierto los ojos y la ambición del campesino andaluz que, como el mujick moscovita, tiene hambre de tierra. Los vastos latifundios de Andalucía, en pocas y nada piadosas manos, esquilman al terrícola, en vez
de favorecerlo. ¿Qué mucho que al cabo de
los tiempos y gracias al ejemplo de rusos y
de húngaros, el incendio que llameaba en
los corazones campesinos s a l g a fuera y
abrase los campos?
En donde quiera y en cualquier tiempo
que el régimen latifundista se impuso produjo el hambre, la ruina, la tragedia.
Ya se conoce el proceso que se ha hecho
o puede hacerse al latifundismo de Roma.
Los campos cayeron en manos de familia.s
privilegiadas y fueron paulatinamente convirtiéndose de ubérrimos terrenos de producción en tierras de pasto. Los canales de
riego se cegaron; y el agua, antes corriente
y benéfica, se trocó estancada, en 'gérmenes
ponzoñosos y agente de miseria fisiológica.
La raza degeneró. Además la agricultura,.
Núm. 236.—5.
E S P A Ñ A
y la riqueza que ella produce, vinieron a
menos. País empobrecido, raza desvigorada: los Tiberios, los Calígulas, los Nerones
fueron posible. Latifundia Italiam pefdidere exclama, convencido, Plinio.
¿Y en nuestros días? En Irlanda, la cenicienta de la casa Sajona, a las puertas de
la libre Inglaterra, y por obra de Inglaterra, ¿qué ocurre?
«El suelo, es claro, pertenece al Lord.
Porqué título, no se. Tal vez alguna de tus
abuelas, una noche que estaba más descotada, atrajese el inconstante mirar de Carlos II, en los saraos galantes de la Restauración; de esa mirada proviene, acaso, esta
bella propiedad. El alegre Stuart era tan
generoso... Como propietario del suelo,
pues, el Lord lo arrienda a las familias que,
de generación en generación viven en sus
tierras... El valor de las rentas es puramente arbitrario... Además del suelo, el propietario debe proporcionar la habitación y
los instrumentos de trabajo. Si en la hacienda no existe casa o si ésta necesita reparaciones, el landlord dará ¡naturalmente
alguna madera, un puñado de clavos, un
haz de heno, para que el trabajador levante
la cabana miserable muy inferior en confort
a nuestros coi-rales de ganado; a esta generosidad regia, el landlord agregará^, tal
vez, algún viejo ai-ado y una a^ada. Pero
estos donativos son adelantamientos que él
sobrecarga con precios dobles o triples de
su valor y de los que se reembolsa por contribuciones trimestrales... Aparece de nuevo la generosidad del lord. Su Excelencia
esta dispuesto (porque Su Excelencia es
compasivo) a desecar el pantano, a desempedrar el suelo, a hacer mejoras en el terreno. Su Excelencia va más lejos. Su Excelencia (Dios le recompense) ofrece la simiente.
Y más todavía: Su Excelencia (que las
bendiciones del cielo lo cubran), da los abonos. Y aquí tenemos un rentero feliz que
posee casa, instrumentos, simiente, abonos.
Solamente su Excelencia marca los precios
que'le convienen a las mejoras realizadas, a
la simiente y a los abonos; y ^1 fin de año
la renta, que era originariamente de diez es
de veinte o veinticinco. Como los terrenos
son pobres y los inviernos abonimables, el
rentero no puede pagar; se dirige entonces
al usurero o al Lord mismo. Desde este
momento se mete en una red de deudas, cosechas empeñadas, giros acumulados, protestas, el demonio, de donde jamás se podrá
desenredar. El resultado está previsto: el
Lord (por su administrador) le embarga, se
apodera del grano que está en las paneras,
del ganado que está en los corrales, de las
ropas del arca, de la hucha de la mujer, de
los jergones, y le expulsa de la casa y de la
propiedad que con su trabajo mejoró. «¡Lo
mismo que en la Edad media!» (1).
Y así tales horrores ocurren en nuestros
días, a las puertas y por obra de la libre
Inglaterra, ¿qué ocurre, no ya en la verde
Erin sino en otra isla, en una isla del Mediterráneo, la verde Sicilia, por obra de otro
pueblo liberal, por obra de Italia? Un economista ilustre, Andrés Loria, va a decír(1) E^A DE EuEiRoz: Cartas de Inglaterra,
112 ed. Editorial América, Madrid.
p á g s . 109,
noslo. Negando la capacidad para ejercer
el derecho de sufragio al campesino de Sicilia, Loria lo presenta de una pincelada:
«Este desdichado vive en un angosto zaquizamí con su mujer, sus hijoá, sus padres, a
menudo también con sus suegros, sus hermanos y sus hermanas y siempre con su
cerdo y sus gallinas. De donde necesariamente resulta una promiscuidad lúbrica, el
incesto y los más inmundos horrores» (1).
Aunque tan radical espíritu revolucionario.
Loria llega a afirmar: «No hay duda que
en ciertos períodos (del Pasado) la condición de las clases obreras fué mucho más
floreciente o menos abyecta que en los actuales momentos 5' que no puede negarse,
por ejemplo, que durante la Edad Media, el
trabajador gozó en nuestras repúblicas de
un bienestar que no ha conocido ya después» (2). Y al afirmarlo no olvida el economista de Italia que las clases laboriosas,
estaban reducidas en Europa hasta la edad
contemporánea, al estado de servidumbre y
no gozaban, por ende, ni de derechos políticos ni de consideración social.
En Rumania, país de corta población,
donde existen grandes terratenientes en la
forma que existen en Sicilia e Irlanda, viven, si eso es vivir, ochenta mil familias de
proletarios agrícolas que no comen maiz podrido, como se ha dicho, porque ni así pueden procurárselo. Y en Hungría, víctima
también de la propia lepra, el contagio de
la revolución rusa ha hecho prender en terreno propicio la revolución húngara de
Bela Kun que en vano se esfuerzan por anular pueblos capitalistas y gobiernos burgueses—Inglaterra, Francia, Estados Unidos—
que si ante el feudalismo alemán representaban las ideas liberales, representan ante
la revolución rusa y sus hijuelas, el conservadorismo y la reacción.
Pero volvamos a Andalucía.
Lo que ocurre en Andalucía no difiere
mucho de lo que ha ocurrido u ocurre en
otros pueblos, enfermos del propio mal. Un
conocedor de la enfermedad agraria andaluza la ha diagnosticado como sigue:
«El problema andaluz no es un problema
de orden público, ni tampoco, exclusivamente, de paz social, sino que es un problema más hondo; es de reconquista de un
pedazo de nuestro suelo que, en su mayor
parte, se encuentra en poder de unos cuantos señores que dificultan su normal desarroyo e impiden, quizás inconscientemente,
que alcance la prosperidad que por sus condiciones naturales le corresponde». (Pascual Carrión: «-£/ Sol», de Madrid, número 613).
El terrateniente andaluz arrienda sus campos a un arrendador en grande. Este, a su
turno, subarrienda en parcelas a campistas
menos validos, sacando el intermediario, naturalmente, su buena tajada. El más pobre,
—el labriego— paga en consecuencia, los
beneficios del propietario y del intermediario: beneficios, que según los cálculos, resultan excesivos. No es todo. Se le obliga,
a menudo si no siempre, a vender su grano
al terrateniente o al arrendador en grande,
(1) AQUILHS LORIA: Problemas sociales
comtemporáneos, p á g . 16, ed. Besf. Henrich et C." Barcelona, 1904. '
(2) ídem, pág, 1 3 .
al precio del grano durante la recolección; es
decir, cuando por excesiva abundancia del
producto disminuye su valor. Por donde el
labriego andaluz trabaja, más que para sí,
en beneficio ajeno; y como apenas malvive,
no puede economizar y nunca será dueño de
una tierra que labra toda la vida. Un pedacito de tierra sería para él una verdadera
liberación. ¡Cómo no va a desearla y como .
no va a mirar como a tiranos a sus esquilmadores seculares!
Este no es, a lo que parece más que un
aspecto del problema. Y el problema hasta
ahora queda en pie, insoluble. Las carabinas de la Guardia civil no harán sino complicarlo; porque los incendios de la desesperación, o si se quiere de la ambición, las llamaradas del hambre, o si se quiere del odio,
no se extinguen fácilmente con sangre. Con
las llamas que prenden los agrarios andaluces, se va viendo más claro que el derecho a la posesión personal e indefinida Sobre la tierra tiende a transformarse.
En España no se preconiza a la manera
rusa la nacionalización de la tierra; pero los
hechos demuestran que en las comarcas andaluzas por lo menos, la socialización de la
tierra a la manera rusa es el ideal.
El malestar del elemento agrario en Andalucía es el mismo que existe o ha existido, con mayor o menor intensidad, en Irlanda» en Rusia, en Rumania, en Hungría,
en casi toda la América latina: por eso el
campo, en tales países, es eminentemente
revolucionario. En cambio en F r a n c i a ,
donde aun queda restos feudales de latifundismo, es eminentemente conservador. ¿Por
qué? Porque en P"aancia, a la hora actual,
tres o cuatro millones de labriegos poseen
de quince a veinte millones de hectáreas,
en tierras de labor bien parceladas. El carácter ahorrativo del pueblo francés, más
que un propósito social deliberado, ha sido
parte al desarrollo de la pequeña y aún de
la mínima propiedad agrícola.
Tiene, con todo, el problema agrario andaluz, que se traduce en destructoras llamaradas, un carácter de bandidaje que se
acuerda muy bien con el espíritu y la tradicción populares de Andalucía. Andalucía
es la patria de Diego Corrientes, de José
María, de los siete niños de Écija. Es tierra clásica de bandidos. Y en la tierra de
los bandidos, ¿por qué extrañar que las encendidas pugnas sociales asuman tinte de
banditismo?
La tragedia del fuego imprime carácter
a este alegre pueblo andaluz que jamás
tomó nada en serio; y que fué, hasta ahora,
un pueblo muerto de hambre que se reía de
todo, incluso de su propia miseria.
CONGRESO DE WASHINGTON
compañero Luis Araquistáin ha
N UESTRO
salido para Washington al Congreso
Internacional del Trabajo, que organiza
la Sociedad de Naciones, en representación,
con Largo Caballero y Fernando de los
Ríos, de la Unión General de Trabajadores.
En su ausencia se encarga de la Dirección Manuel Pedroso.
ESPAÑA
Núm. 236.—6.
UN NUEVO ORGANISMO VIEJO
DE ASALARIADOS A PRODUCTORES
Por
Marcelino Domingo
IENTRAS cruzan el mar, con rumbo a
Washington, los delegados que asisten, en nombre de España, a la próxima
Conferencia del Trabajo, el Gobierno español, en un amplio decreto regula la creación y los medios y límites de laboración de
un organismo encargado de resolver los conflictos que en Cataluña están ya producidos
y puedan en lo sucesivo producirse entre patronos y obreros. Con este decreto, el Gobierno actual piensa, sin duda, calmar o
encauzar las inquietudes sociales de los capitalistas y de los proletarios catalanes. ¿Es
así?
El Decreto de referencia, ostenta, por de
pronto, un titular epigráfico que dice así:
«Comisión mixta del trabajo». Lo que prueba, que, sea cual sea la disposición del gobernante, en su espíritu sólo culmina una
realidad: el trabajo. Porque no dice el Decreto: Comisión mixta del capital; ni Comisión mixta del capital y el trabajo, sino Comisión mixta del trabajo. Y es que el trabajo, como argumentaba Jouhaux en la
Conferencia Sindical Internacional de Berna, es la única realidad respetable. «La Internacional Sindical —hablaba en la Conferencia— declara que el trabajó no debe ser
considerado como una mercancía, sino que
él constituye la más noble función en las sociedades modernas». Y así es. El testimonio de ello es que, de esta guerra, más
que una Corte que regule los futuros poderes nacionales y las futuras relaciones internacionales, ha nacido un nuevo derecho
de los hombres que, articulado en una ideal
Corte del trabajo, busca entre luchas apasionadas, descender del plano ideal en que
se halla, alplano de la vida normal.
En el párrafo primero del preámbulo del
Decreto, esta posición ideal es reconocida.
«íPásáron para- no volver —dice— los tiempos patriarcales en que para alcanzar la
cordialidad entre los patronos y los obreros
en la obra común de la producción bastaban
las normas éticas de la caridad cristiana que
nos muestran en cada uno de nuestros semejantes a un prójimo y que nos enseñan no
querer para otros lo que no queramos para
nosotros mismos». ¿No son significativas estas palabras en un documento oficial y en
un documento oficial redactado por hombres
de filiación conservadora, defensores de los
actuales estamentos sociales? Quieren ellas
decir que la caridad, que representa relación de superior a inferior, no es ya una ley
ética: que la ley ética, después de la conversión del inferior en superior, pasa a ser
una relación de superior a superior: es, en
concreto, la sustitución de la caridad por la
igualdad. Quieren ellas decir, también, que
al no desear para otros lo que no deseemos
para nosotros mismos, deben laborar incesantemente aquellos que han obtenido la
cultura de su espíritu para que la cultura
M
sea universal; aquellos que gozan de los provechos de la vida para que estos provechos
sean asequibles a todos los seres mortales;
aquellos, en una palabra, que no pasan hambre para que el hambre desaparezca del haz
de la tierra. ¿Responde esta convicción
ideal a los propósitos del Decreto? Si se
atiende a su espíritu, sí. En él se habla, en
forma abstracta, de la paz social: de la necesidad de buscar los medios para que esta
paz social sea efectiva. Pero, en concreto,
en letra expresa, taxativa, solo se habla de
lo siguiente: en fijar los jornales profesionales y los mínimos que hayan de regir en
cada localidad para cada industria, arte u
oficio. ¿Puede ya nadie sospechar, después
de la indiferencia con que ha acogido el proletariado la implantación de la jornada de
ocho horas, que la paz social podrá .venir a
este trozo del mundo, que es España, que
es Cataluña, señalando a cada trabajador el
salario que, por su trabajo, habría de percibir? No.
Si precisamente el afán del trabajador es
la desaparición inmediata del salario. «Los
productores —ha dicho Jouhaux en la Conferencia de Berna— deben perseguir como
una de sus finalidades la desaparición del
salariado, la explotación del hombre por el
hombre, recuerdos de una civilización muerta, y laborar incesantemente para poner en
manos de los que producen todos los medios de producción». No eS el actual un
problema de jornales más o menos altos y
de jornadas de trabajo más o menos cortas:
es un problema de derecho de propiedad. Y
como al mismo tiempo el problema actual
es un problema de paz social y de producción, los Poderes públicos no intensificarán
la producción aumentando los jornales y reduciendo laS horas de labor, ni traerán la
paz social con estos medios. Es una hora
de aspiraciones máximas que no pueden
ser colmadas con soluciones mínimas; es la
hora de los problemas posteriores a la guerra que no pueden ser resueltos con las recetas que antes de la guerra tenían eficacia. Para la paz social precisa un principio
de igualdad social. P a r a la mayor pi'oducción no basta que los productores cobren
más y se esfuercen menos: precisa un cambio de los poseedores de los medios de producción. ¿No va a ésto el Decreto que ha
publicado el Gobierno? Pues si no va a esto
lo único que logrará con la evasión y la actuación del organismo que en el Decreto se
propone es prolongar un período de interinidad en el que la historia de la vida económica de los pueblos queda algo peor que
en paralización: queda entenebrecida por
una fosca lucha de intereses e ideales en
pugna y por una ascendente depresión en
los elementos que constituyen los recursos
indispensables de independencia como nación y de existencia como hombres.
Ha pasado la hora de mejorar la condición de los trabajadores porque ha llegado
con aires de violencia la hora en que los
trabajadores no piden ^esto, sino que piden
la modificación de los elementos de la presente estructura social. Como en toda época revolucionaria —y ésta es la época revolucionaria de mayor intensidad vital que ha
conocido la humanidad— se ha producido
una nueva concepción d e l hombre. E n
otras luchas históricas, el hombre que se
preguntaba qué es el hombre, era el príncipe y nacía, por consecuencia de la lucha,
una definición del derecho real; en otras
épocas, quien se preguntaba qué es el hombre era el burgués y nacía una definición del
derecho constitucional; en esta época quien
se ha preguntado qué es el hombre ha sido
el trabajador y nacerá, como está anunciándose ya, entre una honda tragedia, una definición del derecho de propiedad. « E l siglo XIX, dice Simmel, he creado una noción
cuantitativa, extensiva de humanidad: según ella, lo comunal, lo social, es lo humano». El siglo XX, podremos decir, he creado una noción cuantitativa, intensiva, de la
humanidad; y según ella, lo humano no es
ya lo comunal, lo social, sino la cualidad humana, la cualidad del hombre dentro de lo
comunal, de lo social, El siglo xix es una
variación histórica y produce una especie
de hombre. El siglo xx, en los días que corremos, es la variación histórica más radical que se conoce en la Historia y está produciendo rápidamente con todos los dolores
de un alumbramiento una nueva especie de
hombre. Este hombre es el trabajador que
se ha enterado de que, por ser el trabajador
es el productor y que se ha convencido, que
por ser el productor tiene derecho a poseer
los medios de producción.
¿Qué significa todo ello, en resumen? Significa que existe todavía un país en donde
el Poder público establece para regularizar
la vida de los hombres del siglo xx un organismo del siglo XIX. Y prueba que en este
país los hombres sienten las inquietudes de
su siglo y por lo tanto tienen derecho a la
vida de hoy; pero que no sienten esta inquietud el Poder público y por lo tanto no puede hacerse extensivo a él el derecho que
merecen los hombres. Por que un Poder
público sólo puede subsistir y traspasar los
períodos históricos cuando es perennementeun guía luminoso de los hombres.
LA RAZA EN FIESTA
f j STE día de 12 de Octubre se ha celebrado
'~' la fiesta de la raza. Dejemos aparte lo
ridículo de una raza que se festeja asimisma
y proclama su excelsitud en discursos oficiales, y aduzcamos cómo razón para noocuparnos de este episodio, el exceso de retórica, de frases manidas, de versos ripiososos que tendríamos que reseñar.
No son las tonterías dichas y hechas el
día 12 propias a dar la impresión de la grandeza de una raza. Seamos más modestos y
tengamos como fiesta continua la discreción.
JNüm. 2 3 0 — 7 .
ESPAÑA
CONCEPTOS
EN LOS TALLERES SE HACE POLÍTICA
L talabartero, el relojero, el armero hacen, además de obra prima, eficaces
contracciones espirituales. Estos días se ha
explicado en Madrid una teoría n u e v a
fabricada en los talleres de Barcelona. Los
que la conocen, dicen que está excelentemente compuesta, y que consta de razonamientos muy finamente ajustados.
Ha sido montada, desde luego, con arreglo a las ideas de un tonelero de Besanzon
que fué además un metafísico y que se llamaba Pedro José Proudhon. Pero la ejecución de la obra corresponde únicamente a
unos cuantos artesanos de Cataluña, los
cuales mediante este mecanismo han conseguido gobernar a su arbitrio la vida de
aquel floreciente país.
¿En qué consiste esta máquina prodigiosa? La semana pasada, un relojero ha
traído los planos a Madrid y lo ha expuesto
con lucidez al público cortesano. Y ya la
gente no habla de otra cosa más que de eso
que nombran sindicalismo.
Muchos se han asombrado de ese aparato prodigioso por creerle demasiado sencillo y
por entender que debe tener algún secreto
que los constructores se reservan. Otros la
desdeñan simplemente por venir de quien
viene. ¿Cómo ha de salir —piensan— nada
bueno en materia tan delicada como la política, de hombres sin cultura, habituados
nada más, que a labrar la loza, la madera o
el hierro? ¿Por qué contradicción de las cosas, unos hombres oscuros de taller, dedicados toda la vida a hacer zapatos o vasos
de barro, han creado y perfeccionado una
cosa tan sutil y tan difícil como un sistema
de gobierno?
Durante muchos siglos se ha creído que
la tarea de pensar era una función aristocrática y abstracta. Un filósofo —era en la
concepción de las cosas— un varón de frente arada por el tiempo, que leía el griego y
el latín, en su atril iluminado por una lámpara de aceite. Y es claro: ¿Cómo aceptar
ahora, que en el fuero interno de un oficial
de relojería, pueden hacer también teorías
que se enlacen entre sí, formando sistema,
y que estos se sostengan y «marchen» como
si fueran ideas de biblioteca?
El precursor Pedro José, nos da sin embargo el ejemplo de hijo de artesanos y artesano él también, a quien la faena material
no sóío no le impide pensar en generalidades sino al contrario: es el orden de la faena, y la disciplina de su oficio las que le dirigen sus pensamientos inmateriales.
El artesano y el filósofo están, en verdad,
en Pedro José, como en algunos idealistas
de hoy, profundamente unidos. Una sola
cosa separa el ofieio de la teoría y esta cosa
- l a que hace a los hombres débiles como
cañas, según Pascal, superiores al Universo— es la reflexión.
Podríamos decir, si nos atreviéramos, que
son hombres de la misma noble famiHa,
aunque el trabajador esté por más antiguo
cerca de la raíz de sufrimiento y de pena,
E
que es el origen de la sabiduría. Los dos
tienen el mismo espíritu prudente 5^ minucioso y el mismo sentido ordenador de las
cosas. Solamente una cosa les separa 5^
es la materia de su oficio. Unos trabajan en
hechos concretos y otros en conceptos puros; pero en los dos hay el mismo pensamiento de orden. El filósofo es el artesano
de la idea y el artesano el filósofo de los
hechos. Razonamiento a razonamiento, levantó Descartes su interpretación del mundo. Ladrillo a ladrillo hace su obra el albañil. Cada ladrillo queda suficientemente razonado como un principio, es de asiento necesario para pas3,r a otro. ¿No se ve también a algunos filósofos que constru}'en sus
sistemas con piezas antiguas, tomando una
rueda de aquí y un aforismo de allá, como
un relojero que con restos de máquinas descompuestas ajusta un aparato nuevo y logra
atribuirle una misión aritmética tan delicada como la de medir el tiempo, minuto a
minuto?
Ni siquiera les separa el sentido de la
invención —que es el atributo de la inteligencia. Porque si florece raramente la cabeza metafísica que viene al mundo con un
concepto nuevo de la vida, ¿no surgen también en las disciplinas del taller un James
Watt, con su máquina de vapor, o un Cokerill con su hilatura mecánica de las lanas?
Pensemos con cautela y con modestia.
En la política hay tanto de principios como
de mecanismo. Justicia no es además una
cosa esencialmente distinta de justeza, de
proporción. ¡Quién sabe las normas sutiles que pueden salir de los talleres! Proudhon sacó de las experiencias de sus años
de factor de ferrocarriles su «Sistema de las
Contradicciones económicas» y quién sabe
hasta qué punto las lecciones materiales de
sus tiempos de tonelero y de tipógrafo no le
trazaron su teoría «De la creación del orden en la humanidad».
Para terminar: miremos con respeto estas teorías. Cualquiera que sea su tosquedad o su perfección, son, podemos asegurarlo, ideas de orden. (No podían ser de
otro modo siendo hijas de gente de oficio y
de disciplina). Lo penoso y lo temible es
que gentes sin conocimiento concreto de
nada, sin escuela y sin taller, intenten gobernar con el pretexto dé que sus ideas son
de paz social. Es en nombre del orden por
lo que les combatimos. Y si han de dirigir
y concertar la vida del país, un grupo de
señoritos titulados, preferible es que gobiernen diez honrados trabajadores de Barcelona. El hombre de oficio, material o
intelectual, es en justicia y en prudencia y
en vista-superior al vago de pórtico de Iglesia o al de club sin oficio, aunque con beneficio. El único desorden nace de la ociosidad. En resumen: una sociedad trazada por
artesanos np es en esencia muy distinta de
una sociedad en la que puedan hallarse a
su gusto los hombres de ciencia.
¿Quién sabrá distinguir el límite de la materia y el espíritu? Una estampa de Durero
nos representa a los ángeles jugando con
las herramientas y las tablas del carpintero.
Mariano Vidal Tolosana
UN CONCURSO DE "ESPAÑA,,
SEMBLANZAS D E POLÍTICOS
La revista ESPAÑA^ deseosa de ilustrar
a sus contemporáneos sobre los grandes
hombres que hormiguean en lo más saliente del escenario de la política
española,
abre un concurso de semblanzas de políticos vivos —en el más inocente sentido de
la palabra— e invita a tomar parte en él a
todos los españoles, con tal que sepan escribir. Las condiciones son las siguientes:
Primera.
Las semblanzas no podrán
exceder de dos páginas de ESPAÑA^ entre
otras razones porque no creemos que abunden los políticos españoles cuya autopsia
espiritual no quepa en ese espacio.
Segunda.
Las semblanzas han de limitarse a los políticos todavía físicamente no
rnuertos, sin distinción de partido, edad o
categoría. Desde luego, serán
preferidas
las de los más conspicuos, entre otras razones porque este concurso aspira más a
ser un saldo de antiguallas públicas que
una almáciga de genios políticos en agraz.
Se aceptarán todos los estilos, desde el apologético más rimbombante hasta el diatribal más áspero, siempre dentro de las reglas usuales de la cortesía y el buen decir.
Tercera. La Redacción de ESPAÑA será
el Jurado de este certamen, porque no sien-
do la hipocresía nuestra norma, nos consideramos tan buenos jueces como el que
más y no necesitamos recurrir a ningún
grupo de fantasinones literarios para saber
qué trabajos merecen distinción.
Además
estamos seguros de no dejarnos corromper
como la mayoría de los jurados, y ningún
trabajo pasará por recomendación o amistad, si no lo merece.
Cuarta. De las semblanzas
recibidas
se publicarán, con los nombres de sus autores —nada de firmas bajo sobre—, las
que sean dignas de salir a luz en estas columnas y por cada una abonará esta revista lo habitual en los trabajos de colaboración.
Quinta.
Publicados todos, para que nadie ofenda nuestros sentimientos
democráxcos y justicieros suponiéndonos
capaces
de rendirnos al favor, nuestros
lectores
nos harán la merced de decidir por plebiscito cuál de los trabajos es a su juicio el
mejor. Al que obtenga mayor número de
sufragios auténticos —¡vigilaremos las votaciones falsas!— se le concederá unntQdesfo premio de 150 pesetas.
Sexta. Este concurso se cierra el 31 de
Octubre a las doce de la noche.
¡Las futuras antologías políticas esperan
los frutos de este certamen!
E S P A N i r
JNum. 2 3 b . — y .
jefes conservan aún bastante autoridad para
impedirlo.
Haase, el,socialista independiente, iba a
hacer ante el Reichstag revelaciones importantes sobre los asuntos rusos. Las balas
disparadas contra él se lo impidieron. Se
dice que el atentado no obedeció a motivos
políticos, pero es difícil creerlo. No hubiese
sido de poco interés para arrojar alguna luz
sobre la confusa política del Gobierno alemán.
Si este es inocente de los manejos de von
der Goltz. como pretende, recoge ahora los
frutos de no haber procedido con mano dura
desde un principio contra los militares. Alemania pagará cada vez más caro el error
profundo de no haber hecho una revolución
radical cuando pudó hacerla. Aún siguen
siendo los restos de su ejército derrotado
factores en la vida política alemana. Elementos que todos se disputan y de los que
von der Goltz ha hecho buen acopio para
lanzarlos a su tiempo contra el nuevo régimen.
E L P R E S I D E N T E A L E M Á N E B E R T , DANDO UN V I V A A L A R E P Ú B L I C A , D E S P U É S D E
DISCURSO PRONUNCIADO A N T E L O S . P R I S I O N E R O S . A . L E Í 1 A N E S R E P A T R I A D O S
CRÓNICA
INTERNAQONAL
La nueva guerra.
ON bombas, aeroplanos y gases asfixiantes atacan los alemanes el frente de
Riga. L a ciudad ha caído en su poder. Para
Curlandia se ha formado un gobierno rusooriental, y que en verdad es un gobierno
germano ruso, pero anti-bolchevique. Lo
preside el general Biskupski y. su programa
es, guerra al bolchevismo y cooperación
con Koltchak y Denikin. Dato curioso: el
nuevo Ministerio se ha formado en Berlín
mismo, en la Wilhelm-Strasse. El ex-ministro alemán de las Colonias Dr. Solf,
hombre del antiguo régimen, trata con este
gobierno en representación del de Ebert.
Mientras tanto el mayor Bischoff, comandante de la «División de Hierro» anuncia
en una proclama su intención de ayudar a
Rusia, poniendo bajo la bandera rusa, se
C
7201
U\
entiende la Imperial si pudiese ser, los territorios conquistados. «Soy germano hasta
la última gota de mi sangre, ha dicho el general..., ayudo a nuestros amigos y por
tanto trabajo por Alemania».
El Gobierno alemán mantiene una actitud
indecisa. Quiere desentendei'se de von der
Goltz. Oficialmente, von der Goltz, es un
general que desacata las órdenes del Gobierno de la República, un general sublevado. Pero asociándose a la obra antibolchevique de la «Entente», Alemania favorece
Gobiernos' rusos contrarios a los Soviets,
Estos ayudarán a Koltchak y Denikin,
pero está interesada en llegar antes que
éstos factores de la «Entente». La futura
Rusia ha de agradecer a Alemania, no a los
aliados, el favor de .su restauración. Es un
noble pugilato. Así Rusia será una buena
amiga de Alemania. Y si von der Goltz o
Bischoff, o quien sea, consigue vencer a los
bolcheviques y acabar con los Estados independientes que la sabiduría política de la
«Entente» ha establecido para aislar Rusia
de Alemania, entre ambas fronteras, ¡qué
importan los objetivos secretos o abiertos
de restauración imperial que persiguen.
Alemania sobre todo!
La guerra se ha recrudecido pues en el
frente ruso alemán. El ejército formidable
de von der Goltz, mandado o no por él, que
esta es la hora que no se sabe si marcha contra Retrogrado, trabajando por el Kaiser o
hacia Berlín a responder de sus actos ante
Noske, es un ejército formidable compuesto
por 75.000 ru,sos y 120.000 alemanes. Se
propone entrar en Retrogrado y acabar con
el bolchevismo.
El gobierno alemán, bajo la presión de los
aliados, ha desautorizado a von der Goltz.
Primero se resistió a. llamarle, luego se decidió hasta cortarle los suministros de víveres y a dar orden a las tropas que regresaran. Ahora las tropas no regresan bien porque no quieran los soldados, bien porque sus
DESDE PALENCIA
SENSACIONES
¡Ave, María!
AY una capillita en la catedral donde se
venera una imagen llamada por los palentinos la Virgen Blanca o la Virgen de las
Nieves. Una doncella graciosísima y esbelta sostiene con sus manitas largas y finas al
Niño-Dios. Sonríe... La boquita de la doncella permanece entreabierta con un vago y
dulce bienestar físico. Viste una larga túnica que parece una de estas batitas caseras
y holgadotas que nos dan la sensación de la
casa, de la familia y de la paz de corazón.
¡Qué bonita, qué graciosa, qué ponderada, tranquila y castellana es esta Virgen
Blanca o Virgen de las Nieves, esta Santa
María de la Catedral de Falencia! Decid
ante ella, un Ave María cuando en las tardes, después de haber abandonado el coro
los canónigos, vayáis a reposar vuestros
sueños a la capilla solitaria. Nadie. Los rayos del sol se diluyen a través de la cristalería. Da el reloj de la Basílica cuatro campanadas vibrantes y argentinas. María la
Blanca sigue sonriendo a su bebé, bolita de
carne, bolita de nieve, caribobo y extático
ante la divina fragancia maternal.
«Santa María, Madre de Dios...» Orgullosa la hija de Joaquín y de Ana de vuestro
saludo os corresponde satisfecha y contenta.
Se anima la preciosa escultura. «Ruega por
nosotros, los pecadores...» Rogará a su bebé
por nosotros; nos dice con el gesto que acaba
de rogarle; sus ojos francos, nobles y abiertos
acaban de sellar la promesa con vuestro corazón. «Ahora y en la hora de nuestra muerte.» Pensamos en una muerte dulce, acostados en su regazo, mimados por ella, y nos
.sentimos niños que confundiríamos gustosos
una tumba por una cuna.
¡Buenas tardes, Santa María de las Nieves, de este g r a t o remanso de quietud palentina, buenas tardes! ¡Acógenos, dulce
señora, bebamos del agua de tu fuente, de
H
Núm. 236.—9.
.ESPAÑA
la nieve de tu sierra, del licor de tu fuego
amoroso y maternal! Haznos como el Ángel Gabriel, Santa 'María, para que podamos ungirte —¡mujer. Madre, Virgen! —
cuando nuestro espíritu se aisle de lo contingente al contacto de tus alas que son
las alas de lo infinito...
Doña Inés
p \ OÑA Inés de Ossorio fué una dama palen- ^ tina que fabricó a sus expensas, con la
plata de su vajilla, con la seda de sus vestidos, con los frutos de sus tierras y de sus
huertos, las obras del crucero de la Basílica.
¿Quién fué Doña Inés? ¿Alta, rubia, enamorada, dulce? ¿Fué como aquella Princesita Mafalda enterrada en la Catedral Vieja
salmantina, que «Iiizo por casar en Salamanca, año de 1221» no sabemos si de la tristeza de la soltería o del gozo de la virginidad?
¿Fué como esa Princesita alemana, cu3'0
•sarcófago hemos visto en Dueñas, que no
sabemos quién es, ni a qué vino desde los remotos estados de Suaria? ¿Quién fué la
dama palentina Doña Inés Ossorio de Castro?
Y no queremos saber quién fué e.sta señoi'a. ¿De qué vale la labor erudita sin la emo-
ción? ¿Es que nos dicen algo un nombre,
una fecha, una relación, extraídos de un viejo pergamino rugoso?
Nosotros soñamos a Doiia Inés alta, fuerte, morena, gran señora, sobria de gestos y
discreta en el hablar. Rezó mucho; amó
mucho. En esta Falencia plebeya, resignada y tranquila de los tiempos pretéritos, sometida al Obispo, conde de la Pernía y de la
ciudad. Doña Inés Ossorio de Castro paseaba mucho, de moza, por la Huerta del Guardián, por Allende el río, camino de lasFuentecillas, durante las tardes otoñales que tienen en Falencia una diafanidad cristalina.
Una tarde, tarde. Doña Inés conoció un
nuevo desasosiego: el del amor. El caballero que la festejaba marchó un día a u n a
guerra; no volvió más el caballero; cartas
llegadas de Flandes relataban la desgracia
acaecida.
¿Fué así, no fué así? Para Cejador, este
modo de discurrir sería intolerable. Para
nosotros es el único. ¿Acaso las cosas no son
parque nosotros no queramos que lo sean?
¿No creamos a nuestro gusto y fantasía las
personas que amamos? ¿No son las cosas todas un reflejo del ritmo de nuestro corazón
sobre ellas?
José Sánchez Rojas
EMBLEMAS Y TARACEAS
Por
J. Moreno Villa
Emblemas.
Te impulsamos a la ilusión como fuente
•deleitosa y te sujetamos para que no bebas
sus aguas maléficas.
T e impulsamos a mirar como cosa secundaria el dinero y escucharás que nos quejamos de la miseria.
T e impulsamos al amor, convencidos de
que lo es todo, pero se te advierte a la par
•que, el exclusivo apegamiento a Venus,
daña.
Oirás el encomio de la fuerza e inmediatamente el de la delicadeza.
Entonamos el panegírico de la acción,
pero se nos va la voluntad en el ensueño.
Comentamos hoy tu fe, y luego tu desconfianza.
Alabamos el alma comunicativa y simpaticamos con la callada.
No sé, querido amigo, no sé. Te dii-ía
esto y luego esto otro. Harto tengo conmigo mismo y con seguir sin pararme.
Taraceas.
En el mundo- de los perfectos, yo me
avergoazaría de serlo.
En el mundo de los desordenados, yo me
avergonzaría de serlo.
En nuestra pequeña gran c i u d a d ' h a y
mundo de perfectos y mundo de desordenados. Yo huyo de todo núcleo que se dedica a valorarse y a valorar. Nada más
triste, ni miserable que esos jueces en pequeño comité. Nada más desmoralizador
que ese análisis perpetuo. Vamos despojándonos, o despojando, de cosas que nos
servían o servían, y no las sustituimos.
Cada despojo es ur^ lagrimón de sangre que
se nos va para siempre, y que no cae sobre
tierra fértil. Crece el desaliento y la desconfianza. Deja de haber soles en el universo, y estrellas, y mujeres hermosas, y
niños y flores, y panoramas divinos. Acabaremos por echar la vista sobre el contorno como sobre la estercolera.
Todo esto me repugna; y no veo salvación sino en la entrega absoluta al trabajo
personal.
PERFECCIÓN es siempre poda y tala de lo
que nos parece. Una vez podado el campo,
y reducida el área de actividad, el perfecto
pone toda su exaltación en ella. La exaltación es algo bello y fecundo, pero cuando
enfoca un solo sector de la actividad humana lo deforma y convierte en monstruoso.
De aquí que el hombre perfecto resulte
como el cabezudo o el que pasa la vida pendiente de que no se le rompa la uña del meñique, dejada crecer hasta el infinito.
¡Arda lo perfecto y se consuma! ¡Entelequia! Corran libres y a su necesidad la palabra y el corazón. Fabriquen cosas, y cosas interminables, como la vida. Será me-
jor la de hoy que la de mañana, pero la del
otro día será mejor; y perfecta, nunca.
Perdido está para siempre quien considere perfecto un instante pasado de su vida.
Ese momento será un grillete. Ya no hará
en sus días otra cosa que volver los ojos a
él, desatendiendo lo actual.
Y lo actual, aunque imperfecto, es lo
vivo.
¡Lo vivo, no lo perfecto!
El pescador va en su lancha, remando.
Se aleja con la red. La luz del oielo y de
la marina tranquila contribuyen a que la acción del remero sea brillante, animosa, enérgica.
Un espectador, en la orilla, se deleita
viéndole y quisiera ver prolongado el espectáculo. Para el espectador sería una ganancia; pero si el mismo deseo germinase en
el pescador, y consiguiera desdoblarse y
ofrecerse como espectáculo a sí mismo, no
dejaría el remo para lanzar la red, seguiría
bogando eternamente y vanamente. Es decir, no: hay límites, 3' esto es lo peor. Tendría que dejar de remar, en unas playas extrañas, sin cargamento y sin lenguaje.
Cada época tiene sus tormentos, como
tiene sus deportes, sus libros y sus trajes.
Pero hay épocas en que no aparecen sobre
la superficie. No es raro que en ellas el
hombre sonría sin recelo.
En cambio, durante otras, se hinchan, se
vuelan; 5' en la comba que ofrece la sociedad, hay más tumefacciones, ronchas y
bultos i"epujados por los tormentos, que plácidas llanuras.
Estamos en una de esas épocas. Atormentarse y atormentar es el imperativo. Y
llegamos a lo monstruoso, en la vida y en el
arte. Hablan los rusos.
LA PIPA DE KIF
de Kif" es un nuevo libro de verLAsos,Piparecién
publicado por Don Ramón
del Valle Incldn. Hay en él una visión del
inundo exterior como exacerbada,
como
alargada en los rasgos esenciales, de modo
que al convertirse en caricaturesca, no hace
sino volverse más real todavía. Seres y cosas, en un ambiente prodigiosamente clasificado, que deja ver hasta lo más nimio,
toman, en los versos de '^La Pipa de KiJ\,
aspectos nunca vistos. Mejor que '^el punto
de extravagancia —que Banville ha tenido
en Francia^:, vemos en el procedimiento de
Valle Incldn una manera pictórica semejante a la de las escuelas
modernísimas.
Pequeños toques expresivos, siluetas características se sucede}! hormigueantes
y
gesticulan entre las raras riinas y las sabias cadencias del verso. Hay páginas de
evocación popular —mascarada, circo, verbena, jolgorio de tmirga y bailoteo de arrabal; otras en que una simple
enumeración
ESPAÑA
Núm. 236.—10.
se adorna en cada nombre con una perspectiva lejana, con un símil irónico— la
tienda del herbolario, la «-casa de fieras»;
otros, en fin, que fijanj en rasgos adustos y
en cuadros chillones, tipos
patibularios,
escenas de crimen, bajos fondos de alma:
tales las composiciones en serie de ••'•Medinica».
Apicarada pelambre
al pie del garrote vil,
se solaza muerta de hambre.
Da vayas al alguacil,
3' con un rumor de enjambre
acoge hostil la pelambre
a la hostil Guardia civil.
El reo espera en capilla,
reza un clérigo en latín,
llora una vela amarilla
y el sentenciado da fin
a la amarilla tortilla
de yerbas. Fué a la capilla
la cena del cafetín.
Un gitano vende churros
al socaire de un corral;
asoman flautistas burros
las orejas al bardal;
3^ en el corro de baturros
el gitano de los churros
beatifica al criminal.
Canta en la plaza el martillo,
el verdugo gana el pan.
Un paño enluta el banquillo,
como el paño es catalán,
se está volviendo amarillo
al son que canta el martillo:
/ Tan! ¡ Tan! ¡ Tan!
ESTEBAN
ZEROMSKI
Por
Tadeusz Peiper
STEBAN Zeromski se encuentra en la actualidad en el primer plano de la vida
ideológica de Polonia. De la vida ideológica; porque sus cuentos y sus novelas están
caracterizados por el predominio de aquellos elementos ajenos al arte puro que, nacidos de las entrañas de la colectividad,
suelen empujar una obra literaria hacia la
espaciosa agora nacional, donde se discuten
los problemas y elaboran las directivas que
afectan a todos.
Todo lo que escribe Zeromski sale de las
inquietudes colectivas. No son, pues, los
profesionales de la literatura los únicos que
deciden sobre el éxito de sus obras. Detrás
de ellos' vienen siempre los guardadores de
las energías patrias para aquilatarle con
sus básculas de valores niveladas según los
preceptos del utilitarismo nacional. Canalizan el contenido ideológico de la nueva
obra, valoran sus posibles efectos morales.
Discusiones apasionadísimas surgen a veces con este motivo. Lo sucedido con la
novela «La historia de un pecado» es en
este sentido un caso único en los anales de
la literatura polaca. Desde hace cuatro siglos, es decir, desde que el idioma polaco
E
DON RAMÓN DEL VALLE INCLÁN
Dibujo a pluma de H. R.
Asi, a lo milagrero y tradicional recogido en '^Aromas de leyenda^, el primer libro
poético de Valle Inclán. que ya reflejaba
un aspecto del espíritu español, sucede
ahora, bravo y avieso, éste de "^La Pipa de
•Kif. Tenia aquél figuras antiguas/fondos
de oro a lo Pedro Berruguete; hay, en el
de ahora, -miseros paisajes, agrios tipos a
lo Gutiérrez Solana.
Las composiciones que reproducimos a
continuación dan idea del carácter de este
bello libro, pero no de su rica y sorprendente variedad de matices.
G A R R O T E VIL
/ Tan.' i Tan ! ¡ Tan.'
canta el martillo,
el garrote alzando están.
Canta en el campo un cuclillo,
y las estrellas se van
al compás del estribillo
con que repica el martillo:
¡Tan! ¡Tan! ¡Tan! •
El patíbulo destaca
trágico, nocturno y gris,
la ronda de la petaca
sigue a la ronda de anís,
pica tabaco la faca,
y el patíbulo destaca
sobre el alba flor de lis.
Áspera copla remota
que rasguea un guitarrón
se escucha. Grito de jota
del morapio peleón.
El cabiLeño patriota
canta la canción remota
de las glorias de Aragón.
ESTEBAN ZEROMSKI
fué introducido en la literatura, no se publicó en Polonia obra ninguna que hubiese
provocado tantas 3' tan vivas discusiones.
Todos intervinieron en el debate: los críticos literarios y los moralistas, los políticos
y los pedagogos, los eclesiásticos y las feministas. Una tempestad con huracanes de
aplausos y truenos de reprobación.
Los primeros escritos de Zeromski abrieron las puertas de la literatura al interesante cortejo de tipos completamente nuevos que había introducido en la vida del
país el advenimiento y desarrollo del movimiento obrero. Zeromski es socialista. Se
negaría, seguramente, a firmar el programa de Erfurt en toda su extensión, pero
partiendo de criterios y premisas diferentes,
llega a las mismas esperanzas, se le ha llamado el alma más sensible de la generación
contemporánea y su socialismo no es en
realidad sino el refugio de una fina sensibidad alarmada por los horrores de la sociedad actual. Toda su obra está impregnada
del dolor de los infortunados. Sus personajes típicos son, o víctimas dolorosas de las
leyes sociales en vigor o heroicos mejoradores del mundo que luchan contra lo establecido. Una nota característica es que estos .sublimes rebeldes no alcanzan el objeto
de sus ensueños, no logran mejorar el mundo; perdida su dicha personal, doloridos por
la esterilidad de sus esfuerzos llegan al
final del camino sin otra victoria que la de
ver intacta en sus manos la bandera del
ideal.
La obra de Zeromski tiene, pues, un tono
oscuro. Las espesas nubes de tristeza proyectaron sobre el cuadro sus sombras desconsoladoras. Esa tristeza que a veces se
exacerba en las convulsiones de una angustia no apaciguada, originó un gran equívoco respecto a las ideas generales del escritor. Se le considera, univefsalmente, como
pesimista incorregible, como pesimista metafísico; es opinión generalizada que para él
el mal es algo consustancial con la esencia
misma de la vida y que dentro de ella está
dotado de una existencia propia, indepen-
ESPAÑA
diente, incondicionada. Un catedrático de
filosofía no retrocedió ante la idea de escribir un estudio comparando el pesimismo de
Zeromski con el de .Schopenhaüer. Pero
eso equivale a engañarse por las apariencias. La procedencia ideológica de nuestro
escritor excluye un abandono al pesimismo
y mucho más admitir la desesperación fundamental. El mal no puede ser para una
idealogía como la suya, en absoluto, un elemento metafísico... Sea cual fuere la composición química del socialismo de Zeromski, éste forzosamente tenía que conducirle
hacia la concepción en la cual el mal, por lo
menos en sus manifestaciones sociales, está
considerado como la resultante de una serie
de factores, como algo que actúa en un determinado sistema de condiciones, en una
palabra: como una causa causada, la cual,
a consecuencia de este su carácter, festá
condenada a perder su fuerza con la desaparición de los factores que la produjeron.
Que esta interpretación del pensamiento de
Zeromski no es arbitraria, lo demuestra su
obra simbólica «El rosal». Es la síntesis de
la filosofía déla historia de su autor. Representa el antagonismo de dos fuerzas: de un
lado la de la fe en el porvenir y de la lucha
por la implantación de nuevos valores; del
lado opuesto la de la duda y de la reacción.
Para la cuestión que nos interesa, lo decisivo es esto: miénti-as que el espíritu del porvenir está encarnado en una deidad, es decir, un ser dotado del atributo de la eternidad, la fuerza adversa, el espíritu de negación, está simbolizado por un hombre, es
decir, por una existencia cuya duración está
limitada. ¿Es esto pesimismo metafísico?
Junto con los reflejos sociales, la pi^oducción literaria de Esteban Zeromski denota
un vivo interés por los asuntos de carácter
nacional, por el pasado y elporvenir de Polonia.
Sus cuentos y sus novelas dedicadas al
pasado son productos de un criticismo implacable. Mientras que Enrique Sienkiewicz
en sus epopeyas históricas —con la intención confesada por él mismo de «fortalecer
los corazones de sus compatriotas»— idealizaba conscientemente el aspecto de la realidad pasada, Zeromski parece haber puesto
su credo en esta exclamación de uno de sus
personajes: «Hay que desgarrar las heridas
de Polonia, para que no se cicatricen con la
membrana de bajeza». Y estas heridas las
desgarraba apasionadamente, sin preocuparse de las irritaciones y protestas de los
«passatistas» de toda clase.
El problema del porvenir nacional lo entreveía siempre como lucha revolucionaria
por la independencia, con la consideración
de que esta lucha ha de iniciarse en el frente dirigido contra el zarismo ruso. En este
particular su solidarización con la táctica
del partido socialista polaco era completa.
De sus primeras obras, todavía de juventud,
que había dedicado a este problema, se ha
dicho que salvaron el honor de su generación. De las últimas, publicadas antes de
la guerra, hay que decir que hicieron época. La idea del levantamiento por las armas contra el despotismo de Petrogrado
encontró en él al apologista más elocuente. Su palabra penetrante y estremece-
Núm. 236.— I I .
dora trabajaba el fondo interno de la generación preparando en las capas emotivas
de su alma el terreno irracional para la favorable acogida de ideas y directivas, propagadas por los razonados programas de
los políticos. En este sentido puede decirse
que Zeromski era el colaborador más poderoso de José Pilsudski. Los dos son de la
misma estirpe. Y los dos, cada uno a su
manera, hacían la historia de Polonia de estos últimos años.
Tal es el ideólogo en Zeromski. ¿El artista? Muchas, muchísimas páginas perfectas; obra perfecta ninguna. E s un espontáneo. Se deja llevar por la rápida corriente
de inspiración sin esforzarse para entrever
el punto de llegada. Todo es impulso en él.
Falta la reflexión, la voluntad formadora,
la lucha con lo casual. Los defectos que resultan de la naturaleza de su temperamento, se compensan con las altas cualidades
del lenguaje. Está considerado por muchos
como el más grande prosista contemporáneo de su país. Algunos —no faltan entre
ellos los críticos del campo conservador—
le ponen al lado del gran poeta romántico
Julio Slowacki, maestro del idioma. Lo que
no cabe duda es que Zeromski, junto con
Berent, ha influido de un modo decisivo en
la formación de la prosa moderna polaca.
Eso basta sobradamente para que su nombre perdure én la historia de la literatura
y sea venerado.
., Tadeusz Peiper
EL DRAMA DE UN REVOLUCIONARIO
Por
Julio Alvarez del Vayo
ción de ametralladoras. Se bate con bravura.
Al ser alejado del servicio, el año 17, sus
«La Conversión», de Ernst Tbller. Al languidecer la respetuosa ovación con que el fuerzas están agotadas. Suceden a los días
público en general acogía la obra, una parte de fiebre en el Lazareto, las horas de repode la concurrencia, enardecida hasta el de- so. El Hombre que hay en él renace. Quie-'
lirio, siguió aplaudiendo frenéticamente el re salir en seguida de allí. Ha descubierto
nombre del autor. En la escena reinaba un el camino y sabe adonde va.
Busca el Profesor Foesrster, cuyo pacisilencio religioso. El hueco —entre la primera actriz y el primer actor— señalado al fismo le había convertido ya por aquel endramaturgo que triunfa, continuaba vacío. tonces en blanco de las derechas, y a Max
Las puertas del presidio no cedían ante Weber, otro de los raros profesores alemanes que se libraron del furor chauvinista.
aquel llamamiento clamoroso.
Uno recuerda demasiado bien la noche en Conoce a Kurt Eisner e ingresa por su meque se dio en el Teatro Lessing, de Berlín, diación en el partido socialista de Munich.
Un proceso de alta traición le lleva a la
¿Las Troyanas», de Franz Werfel —el primer grito dramático contra la guerra—, cárcel. Al salir de ella, las masas obreras
para poderse imaginar lo que habrá sido el de Munich y los requerimientos de Kurt
estreno en la «Tribüne» de «La Conver- Eisner le obligan a ponerse al frente del
sión», de Toller. Parecía —dice un críti- movimiento socialista.
Vienen los días del alzamiento comunista.
co— como si quisieran libertarle, arrancarHan sido, seguramente, los más amargos
le de la prisión a fuerza de entusiasmo.
Y es que más que al dramaturgo y al poe- de su vida. Quiere evitar a todo irance el
derramamiento de sangre. Lucha entre los
ta aplaudían al hombre. •
¡Y qué hombre! Cada vez parece más suyos; les insulta, les amenaza. Pero, la
inverosímil que del medio estudiantil ale- revolución lo exige, y asesinado Kurt Eisner no vacila en aceptar el mando del ejérmán haya podido salir un Ernst Toller.
La guerra le sorprende apenas cumplidos cito rojo. Su última intervención, antes de
los veinte años. Es el muchacho del norte, que le detuvieran, fué para libertad a seis
precoz en el saber y la amargura. Ha leído prisioneros importantes, que los comunistas
enormemente; se ha pasado la adolescencia guardaban como rehenes.
Ese es el hombre.
queriendo arrancarle el secreto a la vida.
El
Poeta habla en «Die Wandlung» (La
Su juventud no sabe de frivolidades ni de
Conversión).
Su voz no ha sabido expresar
Qcio, ni conoce más placeres que los que le
en
esta
su
primer
obra toda la riqueza de
exigen sus nervios deshechos. Es una jusu
alma
pletórica.
El
drama como tal, peca
ventud de una fuerza interior extraña y sorde
defectos
de
construcción
y de técnica.
prendente. Alguien la ha comparado a la
Pero,
anuncia
a
un
dramaturgo
capaz de
del primer hombre. De tal modo se refleja.
remontanse
a
mayores
alturas.
Y
a
pesar de
desinteresada y pura.
las
inexperiencias
de
principiante,
de los
Declarada la guerra ¿qué hacer sino alispárrafos
largos,
de
cierta
falta
de
sobrietarse? Por ninguna parte se percibe un horizonte ideal que seduzca. El campo de ba- dad, hay escenas ya allí que acusan un detalla brinda, en cambio, lo desconocido y lo licado temperamento literario.
romántico. Ernst Toller sienta plaza como
Toller traza el proceso de un hombre que
voluntario. Del regimiento de Artillería en pasa del odio y el rencor, al amor de la paque ingresa, pasa como suboficial a una sec- tria, y del amor a la patria al «trabajo para
Tribüne» se estrenó hace
ENdosla «Berliner
semanas —el 30 de S e p t i e m b r e ^
ESPAÑA
Níútn. 2 3 6 . — 1 2 .
todos». Su héroe es judío; «judío» significa
en este caso —como ha hecho notar el crítico Alfred Kerr— «uno que sufrió injusticia».
¿Habla aquí un demagogo? —se pregunta
el mismo Kerr—. Todo lo contrario. El
poeta arroja al rostro del pueblo verdades
que hieren. E s tan honrado como bueno.
Que un hombre como este sea capaz de dirigir un movimiento queda por averiguar;
los apontecimientos no han pronunciado aún
su palabra decisiva. Pero, nadie negará
que ToUer pertenece a esas fuerzas misteriosas que empujan al mundo hacia ade-^
lante»
Su drama es, en último término, una cálida arenga a los crucificados —es decir al
Proletariado— para que se ponga en marcha. Ahora, ¡y por mucho que desee su
emancipación!, él no quiere verles marchar
antes de que su verdadera Humanidad haya
despertado en ellos; antes de que hayan
aprendido a llamar hermanos a sus enemigos.
J. A. DEL V .
si no, tomemos estos altos procedimientos
para la desnaturalización y mixtificación de
ló sencillo, con su correspondiente diccionario explicatorio. Estos diccionarios enciclopédicos y científicos con sus palabras extrañas hilvanadrs en forma de frases y que
sirven para hacer de lo natural y sencillo algo fuera del sentido común. Ahí tenéis a la .servidora del Estado. El estado
3^ la ciencia. Queda el número tres, la iglesia y los curas. ¿Tendré que describíroslo?
E L PUEBLO .—¡ Mueran los curas!
E L COMISARIO.—Sabia vuestra respuesta.
¿Qué nos queda pues? Entronizar el sano
sentido común representado por las masas.
Así tendréis pan y bienestar y trabajo y
justicia... P o r eso os digo: ¡demoled los palacios! Yo os veo libres, fuerzas durante
tanto tiempo herméticas; yo os veo como
cuadros maravillosos de la lucha humana,
romper los obstáculos... L a s mujeres os
sostienen con su cálido abrazo. Las masas
se agitan como olas... Corre la sangre de
la libertad. Yo os digo: ¡En marcha! ¡En
marcha! ¡Hacia adelante!
E L P U E B L O . — ¡ S í , queremos marchar!
Hambre,
tenemos hambre... ¡Sí, queremos
(UNA ESCENA DE L A CONVERSIÓN)
marchar! ¡Pan, pan, pan!
E L PRESIDENTE.—Un cierto Federico tieDe noche. Celébrase un mitin. La sala
está adornada, conforme ajla tradición, con ne la palabra. (Federico se abre paso entre
cuadros que representan mentiras de la el pueblo y sube a la tribuna.)
FEDERICO. —Un momento, hermanos...
guerra y flores abigarradas de papel.
Se que necesitáis pan; que el hambre muerde en vuestros cuerpos. Conozco vuestra
E L PUEBLO. ¡Abajo los curas! ¡Fuera
los ricos! ¡Tenemos hambre! ¡Tenemos miseria y vuestros albergues pobres y mal
olientes. Conozco la opresión que pesa sohambre!
bre vosotros y la mirada del rechazado.
E L PRESIDENTE.—(Tocando la campanilla). El Sr. Doctor tiene la palabra. (El co- Conozco vuestro odio. Pero, a pesar de
todo os pido que me escuchéis, porque os
misario del día sube a la tribuna).
E L COMISARIO.—Tenéis razón, hermanos. amo y estoy con vosotros.
E L PUEBLO.—Oirle. Tiene razón.
¿Para qué estas sociedades? ¿Para qué los
FEDERICO.—Comprendo la aversión que
profesores universitarios? ¿Para q u é los
sacerdotes? Jesús se ha convertido en el os inspiran los profanadores de laDivinidad.
Dios familiar de los ricos. No le necesita- Pero, quiero preveniros contra el hombre
mos. Lo que necesitamos es pan; lo que que os gritaba: ¡Marchad! Quiero preveninecesitamos es dinero. Tenemos que lu- ros contra las verdades a medias que brichar contra la estupidez hasta derrocarla y llan en sus palabras. Quiso explicaros los
reemplazarla por la razón, que encarnáis filósofos y os explicó solamente los de las
vosotros, las masas. Hay que concluir para verdades a medias: prestidigitadores que
siempre con aquello de que el «Estado» es negociaban con su profesión como «Zuháluna nueva expresión de la Patria. Eso es ter». ¿No le conocéjs? Ayer decía: «Alejémentira. Ese es un concepto que tiene monos del pueblo». H o y : «El pueblo es
como base algunos miles de kilómetros cua- Dios.» y mañana proclamará: Dios es una
drados; un par de idiomas de los que uno máquina. «El pueblo es pues una máquiestá permitido y el otro nú; y muchos platos na». Gozará, cierto, con las palancas viexquisitos sobre los que se lee: PROHIBIDO. brantes, las ruedas que giran vertiginosas y
Es decir, permitido para los adinerados y los pesados martinetes. Mas para él, el pueprohibido para los pobres. Y si de impues- blo es una turba. No sabe nada del pueblo.
tos se trata: limitados para los adinerados e No le creáis, pues le falta la creencia en sí
ilimitado para los pobres. Cuando los ricos mismo, la creencia en el Hombre. Yo quieno tienen bastante con sus palacios o desean ro, en cambio, que creáis en el Hombre anotros placeres refinados se dicen: Hagamos tes que os pongáis en marcha ¡quiero quela guerra! Y se sientan y telefonean unas sintáis necesidad mientras os falte la fe.
cuantas mentiras al mundo y obligan a ' E L PUEBLO.—¡Quiere que suframos necedeclarar la guerra. Después, eso sí, fundan sidad! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Abajo! ¡En marsociedades benéficas para los pobres heridos cha! ¡Tenemos hambre!
—un par más, un"par menos ¿qué importa?—
FEDERICO.—No os hablo, hermanos, de
«Donativos^del señor Consejero privado.» las necesidades del cuerpo. No debéis paHe ahí al Estado.
sar más hambre. Pero sí debéis saber, que
Vamos ahora con la ciencia. Esto es más comer hasta hartarnos no basta. Quisiera
breve de explicar. En el año tal, fué así; en que saciarais vuestros cuerpos y sintieseis
el año cual, ocurrió de esta otra manera. la necesidad en el espíritu. Por el amor que
Un par de complicaciones retóricas, y ya a todos nos une. No os quiero mendigos
tenemos una teoría. He ahí un a.specto. O hambrientos que calman con ansia su ham-
bre. Os quiero ricos, llenos de vida. Y lucharé con vosotros contra la pobreza y la
miseria, mañana mismo... pero, esperad un
día, esperad hasta mañana. Venid al mercado, al mediodía que yo os hablaré. (Fuerte tumulto).
UN OBRERO . — Creo que hemos pasadO'
hambre tanto tiempo que ya podemos pasarla hasta mañana.
E L PUEBLO.—Sí, sí, esperar. No, nada de
esperar. ¡Tenemos hambre! ¡Tenemos hambre! Bueno, esperemos. Esperaremos. (El
pueblo va saliendo; quedan atrás algunos jóvenes. Un estudiante se acerca a Federico.)
U N ESTUDIANTE.—¡De qué nos sirve la
cultura si martiriza los espíritus! ¡De qué
la razón si por ella sufrimos! Sé tú nuestro
guía.
FEDERICO. — Avanzaremos todos a una.
(Una estudiante se acerca a Federico.)
UNA ESTUDIANTE.—Sé tú, por el amor,
nuestro guía. El amor debe de nufevo arrastrar a los hombres. No queremos tener hijos mientras el amor no nos estreche entre
sus brazos radiantes... ¡Sé tú nuestro guía!
FEDERICO.—Ya se abren, fraguadas en el
seno del mundo, las magníficas puertas de
la Catedral de la Humanidad. Ante.mí surgen, poderosas, radiantes visiones: no más
miseria, ni guerras, ni odio. L a s madres
coronan a sus hijos para los juegos y la
danza. ¡Avanza, juventud, creándote eternamente, destruyendo eternamente lo establecido! (Salen los jóvenes, en parejas, cogidos de las manos. L a sala queda a media
luz. Al ir a salir Federico se adelanta a un
rincón la estudiante).
L A ESTUDIANTE.—Oye, el deseo me abrasa los labios. Mi corazón ansia consumirse
en fuego... Oye... Quiero servirte. Deja a
los otros; sólo podrías forzarlos... forzarlos
a la bondad. Quiero servirte.
FEDERICO.—Sirve al espíritu, a tu Dios.
L A ESTUDIANTE.—Me da miedo; irradia
frialdad.
FEDERICO.—Torrentes de fuego.
L A ESTUDIANTE.—Me ciega. Pero, oye...
te' amo. Sueño con tus abrazos. ¡Tener un
hijo tuyo!...
FEDERICO.—No quiero tus abrazos. ¿Di
yo a alguien derecho sobre mi cuerpo? (La
estudiante se aleja lentamente, la cabeza
caída sobre el pecho).
FEDERICO.—¡Pobre mujer! ¡Irredimida!
(Un hombre con el cuello del abrigo levantado entra violentamente.)
UN HOMBRE.—Le odio.
FEDERICO.—Pero, yo te amo hermano.
U N HOMBRE.—Le odio; sé quien es V .
Cree V. que le confundo. L e acecho de antiguo. V . es aquel que yo he visto en mi
cuarto, en las horas solitarias. ¿Por qué no
se mete V . monje? Deje V. a los hombres
en paz. ¿Por qué recurre V . a la plebe?
V. profana a Dios.
FEDERICO.—Le santifico. (El hombre se
marcha apresuradamente).
UN HOMBRE.—Le odio.
FEDERICO.—Te engaña.s, hermano.
El hecho de que esta revista publique
un trabajo firmado, no significa necesariamente que se solidarice con él.
ESPAÑA
Núm
DE ENSEÑANZA
L^ COACCIÓN PEDAGÓGICA
otra ocasión, no mu}' lejana, y desde
L Neste
mismo lugar, he hablado yo, a la ligera, de algunas de las formas de coacción
y de dominio utilizadas por la sociedad egoísta, en contra de la independencia espiritual
del individuo. Formas que constituyen una
sólida edificación del mundo contemporáneo)
tanto más difícil de remover cuanto que en
su fuerza estriba, precisamente, en la pesantez de la inercia y en la estabilidad, algo
irritante, impuesta, por ley de gravedad, a
toda .esfinge construida ya y.emplazada definitivamente en un lugar del mundo... Es
una verdad mu)' lamentable, en este caso;
es una triste realidad, que para mover )'• emplazar dinámicamente, por una sola vez, un
solo grano de arena, tenga el hombre que
poner en juego más energía y má.s vida que
para dejar eternamente en su sitio, dormida
en su reposo, la mole mayoi- Je la más grande montaña...
Esas duras lecciones de la vida, me llevaron, ese día, a pensar en la educación...
¿Quieres, lector, que meditemos un momento sobre puntos tan interesantes?
Para un hombre amigo de la coacción, no
hay momento más oportuno que la infancia.
El más ardiente partidario de la fuerza y la
violencia, comprende alguna vez que la ductilidad del hombre hecho, tiene sus límites:
límites interiores que llevan a la ficción, a la
hipocresía; límites externos que conducen a
la c[uiebra, con la fragilidad del vidrio o del
acei'o. No; al hoinbre no se le puede dominar por la violencia: se le podrá plegar, pero
eso, en la esfera humana, es conseguir menos que nada: es dar energías al oprimido
mi.smo para redoblar su fuerza elástica. Y a
medida que se eleva el hombre en el curso
de su perfección y su desenvolvimiento, más
difícil es llegar a conseguir sobre él no ya
el dominio pleno, ni siquiera esa apariencia
de dominio.
Por eso, la infancia del hombre —como la
infancia de los pueblos— aunque ofrezca,
también, los mismos límites, es un período
de plasticidad e impersonalidad que resulta
en extremo favorable para el triunfo de la
coacción como efecto duradero. Es la hora
del triunfo fácil y sin responsabilidad ante
la víctima; pobre ave enjaulada que cuando
llegue a comprender, más tarde, la verdadera condición de su vida, habrá de verse
precisada a concentrar, contra esas mallas,
toda la fuerza de su conciencia, todo el calor de su vida independiente. Y, aun con
ello, fracasará muchas veces, porque esas
rejas se alzan, con frecuencia, hasta dentro
del espíritu, empotradas en él como hilos de
vina falsa estructura; como el eco tenaz y
permanente de una nueva personalidad intru.sa y embutida... Si ha}- momento e.specialmente favorable para el ejercicio de la
coacción, no puede negarse que es el de la
infancia.
En cambio, precisamente por eso mismo,
para todo hombre enemigo de la coacción
no hay período más delicado y respetable
que esos días de la infancia: arca cerrada,
rincón umbrío y misterioso de la vida, donde se halla germinando toda una creación,
un mundo nuevo, aun en aquello que haya
de ser repetido.
Son, pues, dos concepciones distintas, del
hombre en relación con la vida de los demás
hombres, y es natural que esos conceptos
diferentes den lugar a dos tendencias de
educación fundamentalmente distintas, según se basen en^L^l dominio o en el respeto
de la personalidad humana. Toda educación, en el fondo, es coactiva; pero haj^ que
distinguir entre una coacción interesada,
sistemáticamente dirigida a un fin limitado,
de utilidad propia, por cuenta del que la
ejerce, y una ayuda noble y de.sinteresada,
dirigida a fines amplios, siempre abiertos y
orientados siempre hacia el influido; hecha,
por consiguiente, en beneficio ajeno... No
está el mal en la influencia, sino en el cómo
•y el para qué sea ejercida. De ahí el respeto que a todo educador debe inspirar su
ministerio; porque ¿dónde acaba la a3aida
noble y empieza la coacción interesada?
El hombre amigo de coacción no puede
prescindir, por tanto, en sus campañas, de
un instrumento tan poderoso y oportuno
como la educación de la infancia. Pero la
educación es algo fluido, impalpable, imposible por esto de encerrar en dóciles y
manejables redomas. Si la educación fuera
un filtro susceptible de administrar con
cuenta gotas, la tarea de esos forjadores de
humanidad sería fácil y llana, tan pronto
como quedara determinada de una vez para
siempre, la fórmula del brebaje maravilloso. No siendo así, preciso será, a esos hombres, acudir a las fuentes de donde surge,
más o menos claro, ese licor de vida; será
necesario apoderarse sistemáticamente del
ambiente social, gran factor de la vida; habrá que apoderarse del maestro y encerrarlo en ampollas de cristal, numeradas y etiquetadas, según su virtud, como frascos de
laboratorio.
Que la vida obre espontáneamente sobre
sí misma, según ella es y según va desenvolviéndose, no ha de extrañar; lo curio.so,
lo interesante, a poco que se piense en ello,
es el caso de la dosificación artificial de unos
hombres, previamente escogidos, para liacerlos a.sí aptos y dignos de construir, a su
vez, una determinada vida de los demás artificial, con ello, por partida doblé... Imaginad una falange de ampollas educadoras,
recorriendo automáticamente el mundo y
sembrando en él, gota a gota, la mixtura
mágica, el elixir de vida, y figuraos, después, a .su alrededor, la gran falange humana apagando su sed y su hambre en esa destilación uniforme, graduada y artificial...
Pobre cuadro del mundo! ¿No es verdaderamente inconcebible que a e.sa vieja labor
de dosificación y de artificio pueda coadyu- •
var un solo hombre que lleve concentradas
236
13
en su espíritu, de modo real y sincero, las
esencias liberales...?
Toda agrupación o doctrina que cuente
con la coacción como elemento de existencia o de propaganda, ha de aspirar necesaria y fatalmente a apoderarse del magisterio; pero según el concepto que en ella domine de la coacción, del hombre y de la vida
humana, así será, esa conquista, noble,franca, sincera, de idea a idea y de aspiración a
aspiración, o innoble, solapada y viscosa,
sin merecer el nombre de conquista, por no
ser más que una caza miserable, alevosa y
cómoda, como la caza nutridora del pulpo o
de la araña.
De todas esas cosas podría decir mucho,
aunque todavía calle, el magisterio español.
Hemos visto que en la caza del hombre el
momento más fácil y fructífero es el de sus
comienzos en la vida. También la época
mejor para la captura y dosificación estratégicas del maestro, es el de su origen como
tal; esto es, el período de su formación en
los e.studios }'... aquí me detengo, porque,.
con ello, acude a mi pensamiento una palabra seria, para el momento actual de nuestra cultura, y una realidad más que seria,
trágica, ¿por qué no decirlo?, trágica, tres
veces trágica: la «Escuela Normal» española.
Francisco Bello Serrano
CORRESPONDENCIA
Arte español en la Argentina.
Varios lectores argentinos nos
dirigen la siguiente carta que 'publicamos con gusto.
R. Director de la revista ESPAÑA.
Usted perdonará .que sin conocernos nos
dirijamos a usted, pero el móvil que nos guía,
que le explicaremos con toda sinceridad y en
breves líneas, nos hace creer que seremos atendidos y encontraremos en ESPAÍÍA un apoyo a
nuestra prédica constante en pro de la honestidad artística y de otras cosas más que se hallan
en ese terreno.
Somos un grupo de jóvenes argentinos; hay
entre nosotros, pintores, escultores, músicos y
literatos, o pretendientes de tales, y nos interesamos grandemente por todas las manifestaci:nes de Arte español.
Queremos creer que usted sabrá que en esta
ciudad se realiza en una forma bastante regular, dos veces al año más o menos, una cosa que
llaman, pretenciosamente, Exposición de Pintura
Española; la una la organiza un tal señor Bou,
y la otra un ídem Pinelo... Con tan fausto motivo, estos señores venden un sinnúmero de maman-achos, algunos de ellos en sumas realmente
fabulosas, lo que está muy bien, y en cierto modo nos vengan un poco de estos torpes adinerados que tienen todo lo que se necesita para adquirir cuadros, pero no el talento para saber
valorai'los. Pero lo que no está bien es que titulen a esas cosas Exposición de Pintura Espa. ñola, y que abusando del prestigio de ciertas
firmas, nos obsequian con los bodrios can que
nos vienen obsequiando desde hace algún tiempo... De pintura española moderna, nosotros
andamos relativamente bien informados; de los
ya consagrados, tenemos en nuestro Museo telas
S
ESPAÑA
Núm. 2 3 6 . — 1 4 .
de primer orden; así de Zuloaga, de Anglada,
de Meiffreii, de Eusiñol, de Sorolla, de Domingo, Nieto y otros más. Se imaginará usted, señor Director, la desilusión que se experimenta
cuando. se concurre a una muestra de Arte que
dicen, a bombo y platillo, de los mejores pintores españoles contemporáneos, y se encuentra
con que allí ni hay pintura ni nada que se le
parezca; bodrios aquí, más bodrios allá, malo
ésto, peor aquéllo... y no son telas lo que faltan, no, que hay allí la mar de ellas, ni tampoco firmas, que las hay muchas y todas lleiías
de distinciones y títulos honoríficos, según in, forma el Catálogo ; lo que faltan son obras, es
pintura, es Arte.
Y de estaExposición a que nos referimos, organizada por Bou, sólo cabe hacer una excepción
con Mir y Domingo; del primero, nos han traíro un paisaje que es sencillamente una maravilla, y del segundo, varias de sus típicas impresiones, entre las cuales hay algunas muy
buenas. Pero el resto, señor, es lamentable. Malo el Nieto, los dos Nietos, malos los dos Julio
Moisés, malo Hermosilla, malo Soler, malo todo,
todo, López Mezquita y Sorolla, todo malo, inferior ; pero tanto que no puede creerlo quien
conozca a los autores. Los italianos y los franceses hacen también aquí sus Exposiciones anuales, y aunque, como la que nos ocupa, sean hechas para comerciar, debemos decir en honor
de sus organizadores, que las hacen con un
mucho más elevado criterio artístico y con mucho más patriotismo.
En fin, señor, se nos ha ocurrido que todas
estas cosas suceden en gran parte por la ignorancia en que se hallan los artistas españoles
respecto a nosotros, y por intentar buscar un
remedio, nos dirigimos a ESPAÑA, que debe gozar entre ellos de la atención que se merece, para que les haga un llamamiento en el sentido
de que obliguen a estos organizadores de Exposiciones a proceder con más honestidad o a que
les recomiende a los artistas mismos un poquito
más de preocupación por las cosas que nos mandan, que nosotros también hemos andado con el
progreso y no se nos deslumhra ya con ciertas
obras, i Y por qué no podría patrocinar ESPAÑA
la idea de que enviaran, con la primera Exposición española que se organize, obras o calcos
de obras de Julio Antonio, a quien tanto amamos muchos de nosotros?"Eso sí qué sería hacer
buena obra. ,
Terminamos, señor. Usted dirá si es justa
nuestra intención, y verá lo que pueda hacerse,
si es que se puede.
Varios aríisías argentinos.
NUEVA PUBLICACIÓN
combatir el terrible bolcheviquismo
PARA
y fomentar las virtudes caseras y la caridad cristiana se ha publicado una nueva
revista Voluntad. En ella Ricardo León
oficiará de espantador de la revolución.
Nada nuevo trae esta revista de lo viejo a
que nos tienen acostumbrados sus redactores, que son los mismos de siempre del lado
de allá. Lo único que evidencia es la exis-
EL CHOCOLATE
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1; vende en todas las farma: :-: cias del mundo :-: :-:
EL CHOCOLATE
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contiene glicerofosfatos, nucleinato sódico, arrhenal y
:-: -:- nuez de kola :-: :-:
tencia de una mano pródiga en soltar dinero y una gran habilidad tipográfica, que se
observa en la presentación, análoga a la de
las mejores revistas americanas. Pero esto
no es 'debido a los redactores sino a la casa
«Mateu» y a sus operarios, que han quedado a mayor altura que la Redacción. La
ocasión se presentará de ttatar más detallamente de la nueva revista en alguna sección amena y divertida de nuestras columnas.
COMUNICADO
El Sr. Machimbarrena, Presidente del
Consorcio Carbonero Asturiano, nos envía
el siguiente comunicado que dirigió a El
Sol el 28 del mes pasado:
Sr. Director el El Sol.
Madrid.
UY distinguido señor nuestro: En el periódico de su digna [dirección correspondiente al ''día 23 del actual, aparece un
artículo de redacción titulado «El negocio
de los carbones", «La exportación clandestina», que contiene apreciaciones que conceptuamos ofensivas'para el Consorcio Carbonero de Asturias.
Este Sindicato, en uso de su perfectísimo
derecho, ha solicitado públicamente permiso para la exportación de carbones menudos
que no tienen actualmente colocación en el
país, porque creía que al defender sus intereses defendía también los generales de la
Nación, y una prueba de que su petición no
era tan absurda es que a ella se han adherido importantes Sindicatos obreros, de las
cuencas hulleras y ha sido objeto de laboriosa discusión, en las sesiones que ha celebrado la Unión General de Trabajadores.
Claro está que el periódico de su digna
dirección tiene también indiscutible derecho
a opinar de otra manera, pero no creemos
le sea permitido atribuir la prudencia y comedimiento de este Consorcio al supuesto
de que ha encontrado un medio ilícito de lograr sus propósitos con la exportación clandestina, pues seguramente no le parecería
bien a esa dirección que nosotros, empleando análogo procedimiento, supongamos que
las campañas de El Sol tienen por objeto
defender los particulares intereses de sus
principales accionistas y nunca los generales de la Nación.
Este Consorcio cree tener derecho por lo
menos a que se le permita sostener, de ser
posible, la producción alcanzada el año último merced a los esfuerzos realizados a petición de los Gobiernos que se han sucedido en el poder y como para ello considera
indispensable, en las actuales circunstancias, la exportación solicitada, al no permi-
tirse ésta, debe demostrarse en apoyo de la
negativa, que todos los productores de las
minas pueden colocarse en el Mercado Nacional. Tal demostración es sumamente
sencilla, pues quedaría reducida a que el
Estado adquiera al precio que juzgue equitativo todo el carbón sobrante para distribuirlo entre los consumidores que asegura
existen.
La pretensión no puede ser más razonable y el Sindicato Asturiano desea una solución a plena luz sin pensar jamás en recuri'ir como maliciosamente y sin prueba alguna insinúa El Sol a procedimientos que
es el primero en condenar como inmorales
y que además son atentatorios a sus intereses.
Respecto a lo que en su artículo refiere
de las fábricas de Gas, causa extrañeza que
el periódico que se precie de tan buena información no haya tratado de averiguar por
qué falta alumbrado en Madrid con un stock
de carbón en fábrica que se aproxima a diez
mil toneladas siendo además sencillísimo
comprobar que su calidad nada tiene que
envidiar a la de los mejores carbones de
gas; así se extravía a la opinión haciéndola
creer que las minas españolas no producen
suficiente carbón menudo para el consumo
actual del país.
Oviedo, 27 de Septiembre de 1919.
SINDICATO
M
DEL
REGIONAL
CONSORCIO
CARBONERO
El Director,
Ramón Mactiimbarrena
UN CONCURSO
PROFESORES DE
PARA
DERECHO
A Escuela Matritense de estudios supeLabierto
riores de la Facultad de Derecho ha
un concurso para proveer las plazas
de Profesores de varios grupos de asignaturas, a saber: aj Economía política y Hacienda Pública, bj Derecho Natural y Filosofía del Derecho, cj Derecho Político y
Derecho Administrativo, dj Derecho Canónico, ej Derecho Mercantil.
Los concursantes han de ser Doctores en
Derecho y reunir algunas de las cualidades
siguientes: aJ Opositores a Cátedras que
hayan obtenido algún voto en la oposición.
b) Pensionados por la Junta de Ampliación
de estudios e investigaciones en el extranjero o por las Universidades en las materias
que concursen. cJ Doctores que pertenezcan por oposición a carreras especiales o
que hayan obtenid^o premio extraordinario
en el Doctorado.
El plazo terminará el día 21 del corriente.
Para las instrucciones especiales y demás
detalles del Concurso pueden dirigirse los
concursantes al Director de la Escuela, doctor Naharro, Luna, 29.
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Apartado 159
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(Sucesores de A. Junquera) :
H^nwrtacitSn de carboneii - Maderas para minas • Comisiones » Representaciones
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