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bazuquero, boletiar, camellar, campaniar, engramparse, escamoso, gami- .
nería, huevonada, inmamable, muchachón. sicosiar, etc.; b) composición:
aguasal. casquifloja, tumba locas, etc.;
c) parasíntesis: aguamasera, ' chismografiar, chuzografiar, etc. 2. La motivación semántica o creación de nuevos
significados por metáfora o metonimia:
culebra, chispa, virriniar, volarse. 3. La
motivación morfosemántica: amistad,
gasolinera. papayazo, atracacunas,
coparrota. etc. 4. La construcción de
frases: perder (uno) los foLios, caminarle (uno a aLgo), pararlo (a uno), ser
(aLguien) una madre, etc. Además de
otras formas más complejas donde concurren procesos fonéticos, morfológicos, u otros muy sui géneris. Esta
creatividad es más evidente en el Léxico jergal, del cual, para configurar la
imagen de tal creatividad, extraemos
otros procedimientos: 1. Alteración fonética: atirbarx atisbar, mempo x lempo,
recatiarx regatiar, etc. 2. Metaplasmos:
misaca x camisa, mirdo x donnir,jennu
x mujer; chacho x muchacho, ñero x
compañero; metra x metraLLeta. situa
x situación. a Lafx a [afija, etc. 3. Sufijación deformante: carátuLa, hermanófilo, rarófiLo, suavesongo, etc. 4. Cruce
o acción de dos palabras: movío x mozo
y novio, coLaborambón x coLaborador
y lambón, etc. Préstamos semánticos:
man, flay, etc. 5. La abundancia de sinónimos, fenómeno derivado (desde el
punto de vista lingüístico) de la creatividad con que utiliza la lengua. Estos
fenómenos nos muestran que los
hablantes de las jergas ponen en práctica todos los procedimientos fonéticos,
morfológicos, sintácticos y léxicosemánticos comunes a todo proceso de
renovación y recreación léxica.
De los léxicos presentados, el de
antioqueñismos es el de más puro sabor regional. No puede decirse lo mismo de los demás, presentados como
subconjuntos de la variedad dialectal
antioqueña. Como todo buen trabajo
académico, cada uno de los léxicos está
precedido de su correspondiente marco teórico que ubica al lector en el contexto lingüístico y destaca los principales aspectos identificados. En muchos
aspectos se cumplen los propósitos de
los autores: elaborar nuevos trabajos
que aporten material para los estudios
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dialectológicos y lexicográficos del español hablado en Colombia, y con ello
se amplíe el conocimiento del habla
regional. Su esfuerzo se traduce también en un valioso aporte para el estudio de la dinámica social del lenguaje
y el estudio de la estilística del lenguaje cotidiano.
BERNARDO MORALES
mayor parte de los de las mujeres . Al
menos, es la impresión que siento viendo este libro de retratos.
A.
Departamento de Lingüística
Universidad Nacional de Colombia
Mi reino
por un retrato
Retratos
Fotografías de Hernán Díaz: texto de
Eduardo Serrano.
Villegas Editores, Santafé de Bogotá,
1993, 128 págs.
En un texto al final de este libro, el fotógrafo Hernán Díaz dice: "El orden visual, retrospectivo y cronológico de una
obra, se convierte inevitablemente en
biografía del autor. Por primera vez y
gracias a la magia del libro, encuentro
unas imágenes jamás vistas, una junto
a otra, de personas que en un momento
de sus vidas coincidieron frente a mi
cámara para celebrar la ceremonia del
retrato. Es, pues, un libro abierto a la
memoria".
El fotógrafo se presenta en forma
absolutamente modesta y cuenta,
paso a paso, en pocas páginas, cómo
llegó hasta este libro, su última obra
publicada.
Hernán Díaz es, sin duda, el fotógrafo vivo más importante de Colombia,
con un merecido reconocimiento internacional. Sus retratos son la revelación
de los personajes captados por el lente
de su cámara.
Con los hombres, más que con las
mujeres, tiene una sensibilidad que le
permite disparar el obturador y fijar para
siempre un gesto, una mirada, que
definen el tono exacto de la persona
fotografiada . Digo esto, pensando en
que sus retratos masculinos son más
espontáneos, menos estudiados que la
Él mismo señala la importancia que
para un buen retrato tiene el hecho de
que haya familiaridad entre el retratado y su entorno. Dice que es necesaria
la intimidad entre fotógrafo y retratado
para llegar al momento preciso y fijar
esa imagen efímera. "[ ... ] los fotógrafos lidiamos con las formas que están a
punto de esfumarse, y cuando se han
ido, no hay arti ficio sobre la tierra que
las haga regresar" . Con esta frase
gabolesca, define su sentido de la perpetuidad, para la que se requiere estar a
fondo con el elegido para la foto. (En
un documental sobre el pintor Lorenzo
Jaramillo [q.e.p.d.], explica al realizador Poncho Ospina cómo toma sus retratos. Palabras más, palabras menos,
es durante una larga conversación con
el pintor, la cámara en una mano cubierta por el brazo cruzado y de cuando en cuando: clic). Esto produce un
efecto que inmediatamente se nota. Son
retratos, en todo el sentido de la palabra. Están tomados en ese instante preciso en que la persona se revela y en su
cara queda marcada su personalidad.
Ahí está la magia de Hernán Díaz. Es
un artífice de esa mezcla necesaria entre tiempo y espacio conjugados, requisito indispensable de toda buena obra
de arte.
Ya dijo alguien que todos tenemos
una edad. Somos para siempre la cara
de alguna época. La imagen de Sofía
Loren que se nos viene a la cabeza al
pensar en ella, es bastante más joven
de lo que luce hoy en día; o Mick
Jagger, por ejemplo. Hemán Díaz es
nuestro marcapasos en el tiempo. El
Fernando Martínez, el Luis Caballero,
Bolelín Cultural y Bibliográfi co. Vo l. 3 1, núm. 36. 1994
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
la Isadora de Norden, el Alejandro
Obregón que nos pertenecen a todos,
en las edades que, por el fotógrafo, serán las de ellos para siempre, están en
este libro.
La fragilidad de una foto hace que no
sea tan perdurable como otras obras de
arte. Su imnediatez, la posibilidad de reproducción infinita y la necesidad imperativa de un artefacto mecánico para su
elaboración, hacen que la fotografía sea
considerada un "arte menor". Esto suena lógico. Pero hay fotógrafos, y artistas
de la fotografía como Cartier Bresson,
Maplethorpe, Richard Avedon, Herbb
Ritz, Brassai, Annie Leibovitz, y otros
que con seguridad se me escapan de esta
lista. Hemán Díaz, está entre ellos.
La luz, las imágenes escogidas, no
sól0 sus retratos, Cartagena, por ejemplo, como bien lo menciona Eduardo
Serrano en su ensayo al principio del
libro, el ángulo escogido para tomar
cada escena y el resultado final producto
de una técnica impecable lo convierten
en un maestro de la imagen.
tógrafo, encontró esta colección hoy
publicada.
En este libro, además, no importa
quiénes son los personajes. Inclusive
hay muchos "no famosos", pero son
todos excelentes retratos. Buenas fotos
tomadas entre 1960 y hoy.
Hay que destacar la labor del editor,
que no sólo hizo posible ver todo este
material reunido, un catálogo retrospectivo con tres decenios de trabajo, sino
que además logró un hermoso libro. La
edición de Villegas Editores, bien puede estar en una librería de Bogotá o en
una de Nueva York, París o Hong Kong.
La calidad del artista y del libro hacen
de éste un volumen sin fronteras.
JUAN SIERRA
Mercancía artística
fresca
Nueva imagen
Fernando Quiroz, José Hernán Aguilar,
Carolina Ponce de León
Ediciones A. Wild-Ediciones Gamma,
Cali, 1994, 167 págs., ilustrado
Por su lente han pasado los personajes centrales de nuestros últimos treinta años de historia. Presidentes, artistas, políticos, hombres de empresa,
mujeres famosas de cada época, reinas
de belleza, arquitectos, poetas, periodistas, toreros, músicos, etc. Este libro
es un resumen de ese trabajo. Como
toda síntesis, algunas cosas quedaron
por fuera, pero bien explica Hemán
Díaz la dificultad que implicó reunir
todo el material. Su editor quería seis,.
cientas fotos para hacer la selección,
pere fue imposible por problemas de
archivo. A:fortunadamente, Rafael
Moure, quien hace treinta años es la
perse)l·a qpe seleceiona la obra del fo-
El punto de partida de este libro queda
bien expresado en el texto impreso en
una de las ·solapas, el cual habría sido
más justo tomarlo como introducción:
"Volvamos a 1980. En Colombia la pintill-a estaba en crisis, la escultura decaía,
el dibujo se refugiaba en unos pocos
nombres. Eran los años del arte conceptual [... ] Al comenzar los ochenta, un
grupo de jóvenes nacidos entre 1950 y
1960 [... ] empezó a reivindicar lo que
la generación anterior consideraba caduco [... ] La crítica, cuyo agotamiento
era visible al finalizar los setenta, cobró un nuevo impulso y el público, tan
desconcertado por esos años, volvió a
encontrar en la pintura, el dibujo y la
escultura una fuente de gozo y deleite". Y las galerías, podría agregarse,
encontraron de nuevo mercancías frescas para ofrecer en venta., y los interesados, renovadas opciones para la valorización del capital y la decoración
•
I
de intenores.
!
Los artistas incluidos en el libro
-tomen nota los interesados- según el
galerista y coeditorAlfred Wlld, "podrían
ser a corto o mediano plazo los nuevos
maestros de la pintura colombiana y latinoamericana. En modo alguno pretende canonizar una lista o imponer unas
determinadas ideas y valores". ¿Libro
altruista de una galería de vanguardia?
Sin duda, uno de los propósitos es
dejar establecida la existencia de un arte
plástico no "conceptual", hecho por
creadores nacidos en los años cincuenta. Para ello se presentan cinco obras
de diecinueve artistas, acompañadas de
tres textos de críticos de la misma "generación". La edición es de excelente
calidad y buen gusto, rebajado únicamente por las desbordadas y arbitrarias
intervenciones digitales en los retratos
de los participantes, que dejan un molesto sabor psicodélico, ajeno a la década de los ochenta.
Fernando Quiroz, en su artículo "La
resurrección del color", logra demostrar que es relativamente simple escribir un texto que, sin ocuparse de la historia ni de la crítica, parezca que adopta ambas perspectivas. El autor cree
que, contrario a la evidencia presentada, "el expresionismo es prácticamente un común denominador en la obra
de estos jóvenes" (pág. 13). Habla alegremente de una generación.salvadora
y "reactivadora" de la pintura, que ocupa (¿cuál no?) "un momento clave en
la historia del arte colombiano" (pág.
15). Los artistas que la representan son
ponderados, entre otras cosas, porque
"han tratado de permanecer al día, de
estar siempre actualizados" (pág. 15),
como si la profesión de la pintura fuera
equiparable a la medicina o a la ingeniería de sistemas que exigen "estar al
día". Acompañando este texto aparecen
las obras de Marta Combariza, Fernando Dávila, Danilo Dueñas, Jaime Iregui,
Lorenzo Jaramillo y Víctor Laignelet.
José Hernán Aguilar, en "Balas privadas, corazones públicos, parte de considerar el panorama social de Colombia en los años ochenta. Para el autor,
"los artistas más interesantes fueron
aquellos que obtuvieron una sofisticación visual al filtrar lecciones foráneas,
mezclándolas con actitudes vitalmente
colombianas" (pág. 55). Podría decirse
que Aguilar intenta un acercamiento
Boletín!Cultural y Bíb1iográfic.o, Vol. 31, núm. 36, 1994
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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