Conferencia. Diversidad y conflicto en las instituciones educativas

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II JORNADAS DEL CONSEJO ESCOLAR DE ANDALUCÍA
LA CONVIVENCIA ESCOLAR
Diversidad y conflicto en las instituciones educativas
DIVERSIDAD Y CONFLICTO EN LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS.
D. Angel I. Pérez Gómez
Presenta: Dña. Natalia Cobos López
(Profesora y miembro del Consejo Escolar de Andalucía)
Es para mí un placer estar sentada al lado de Ángel Pérez Gómez, Catedrático del Departamento de Didáctica y
Organización Escolar de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga, pedagogo ilustre, que
a todos y a todas las que hemos sido sus alumnas y alumnos nos ha iluminado en el proceso de enseñanza y nos ha
orientado con todos sus textos en todos los centros de primaria y secundaria.
Es para nosotros un placer, desde el Consejo Escolar de Andalucía, contar con su presencia en estas jornadas sobre
La convivencia escolar. Va a inaugurar, en este día con una conferencia sobre Diversidad y conflicto en las
instituciones educativas.
Vamos a intentar, como decíamos ayer, buscar alternativas al proceso de enseñanza y aprendizaje, enfocado dentro
de la convivencia de los centros y esperamos que con su ponencia lleguemos al debate y podamos resolver algunos
de los problemas que nos estamos encontrando en los propios centros y en las propias aulas y podamos hasta las once
que vendrán las experiencias educativas tener con su voz esa iluminación que nos da a todos y a todas y sobre todo a
los malagueños y malagueñas que contamos con él en la universidad.
Esperamos que en esta conferencia nos haga sentir como nos hace sentir a todos en la facultad.
D. Ángel Pérez Gómez
(Catedrático de Didáctica de la Universidad de Málaga)
Buenos días a todas y a todos.
Muchas gracias por la presentación excesivamente laudatoria. Cuando se despiertan demasiadas
expectativas, hay mucha más facilidad de no poderlas cumplir.
Quisiera expresar, en primer lugar, mi agradecimiento por la invitación del Consejo Escolar de Andalucía
y mi satisfacción por participar en unas jornadas de debate sobre la convivencia escolar. Es este el foro
apropiado para estimular la participación, el diálogo, el debate, la discusión de posiciones que
necesariamente tienen que ser en parte discrepantes.
La convivencia no se construye, desde mi punto de vista, restringiendo la heterogeneidad, aniquilando la
posibilidad de discrepancia, sino todo lo contrario, facilitando que se manifieste la discrepancia y que
todos, de alguna manera, progresivamente, vayamos adquiriendo la conciencia de que sólo conviviendo en
la discrepancia, en la divergencia, seremos capaces de respetarnos mutuamente y construir desde la
pluralidad. Estos actos abiertos, estos espacios de debate que facilitan la construcción de la tolerancia en la
convivencia, son imprescindibles para poder entender las perspectivas ajenas, para salir de nuestros
problemas particulares y de nuestros localismos, intentando complementar nuestras posiciones con
posiciones ajenas, distintas.
Quisiera, también, agradecer la invitación porque me da la oportunidad de compartir, en una comunidad
tan amplia como la que vosotros representáis, alumnos, padres y docentes de todas las etapas del sistema
educativo, un conjunto de ideas que me preocupan, como espero que también a vosotros.
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LA CONVIVENCIA ESCOLAR
Diversidad y conflicto en las instituciones educativas
El título de las jornadas, construir la convivencia escolar, me parece muy sugerente porque considero que
es uno de los déficits fundamentales con los que nos encontramos. Yo creo que siempre el sistema
educativo tiene que responder, de una u otra manera, mejor o peor, en cada época, a los retos y
circunstancias que se derivan de la sociedad en la que vivimos, una sociedad interesantísima pero
compleja. El final del siglo XX, lo que se ha denominado el desarrollo crítico de la modernidad o la
emergencia de la postmodernidad, está poniendo en crisis, es decir, está disolviendo los criterios con los
cuales nosotros argumentábamos o nos situábamos durante bastantes años, siguiendo tradiciones que se
han ido alimentando mutuamente, y no nos queda más remedio que vivir en el ojo del huracán del cambio,
político, económico, social, cultural, etc. Es obvio que nos encontramos en el centro del huracán de la
crisis, porque nuestra tarea educativa es inevitablemente un proceso de mediación entre lo que consciente
o inconscientemente propone la sociedad, las múltiples fuerzas que configuran la sociedad actual, y lo que
nosotros consideramos que debemos ofrecer a las nuevas generaciones para que ellas sean capaces de ir
construyendo una manera autónoma, fortalecida y profunda, de pensar, de sentir y de actuar.
Los procesos de socialización, tanto sean espontáneos como intencionados, llevan un ritmo y una
orientación determinada, substancialmente diferente de los procesos de socialización que nosotros vivimos
en la infancia, no hace más de treinta, cuarenta o cincuenta años y, por tanto, no nos sirven como modelos
o ejemplos, sobre los cuales podamos extraer estrategias de intervención en la actualidad. Los niños y las
niñas con los que nosotros tenemos que trabajar, están sufriendo, o gozando, un proceso de socialización
radicalmente distinto al que nosotros vivimos y tenemos que conocer cuales son las pautas, los cauces, las
estrategias y los efectos complejos de ese proceso de socialización en el que viven nuestros alumnos.
Por eso me gustaría, en principio, analizar de forma muy breve, casi telegráfica, cuáles son las
características dominantes de los procesos de socialización cuyos efectos tenemos que sufrir o disfrutar en
el sistema educativo, porque los llevan los niños y las niñas y porque nosotros también, ahora, estamos
siendo objeto de socialización en la etapa contemporánea, aunque a una edad superior y con también
superiores capacidades de defensa.
Para mí, el proceso de socialización es el proceso de adquisición, compleja y constante y de forma
inapreciable, de las adquisiciones dominantes de la cultura del grupo humano en el que se desarrollan las
nuevas generaciones. Adquisiciones, costumbres, valores, actitudes, formas de pensar, esquemas de
pensamiento y códigos lingüísticos dominantes, que se transmiten por múltiples vías de influencia, tan
poderosas, con tanto poder de motivación e incidencia, en los múltiples espacios en los que se desarrolla la
vida de los niños y las niñas. Tales modos dominantes de pensar, sentir y actuar, van calando
progresivamente en la forma de construir los significados de los niños y las niñas con los que nosotros
trabajamos.
Y esa manera primaria de socialización espontánea es un modo poco consciente de adquisición de los
hitos, de los ejes fundamentales de la cultura dominante. Dicha cultura dominante es posible que tenga
poco que ver con la cultura crítica con la que nosotros queremos trabajar en la escuela. La cultura
dominante es la cultura que se transmite por los medios de comunicación de masas. Y tenemos que
analizar qué tipo de cultura dominante rige, en la actualidad, los intercambios espontáneos de las personas
adultas, niños, etc. Porque son sus efectos con los que nosotros tenemos que trabajar. A grandes rasgos,
las características de la sociedad en la que nosotros vivimos, denominada post-industrial, de la
información, postmoderna, etc. creo que la podíamos definir, de forma muy rápida, en tres aspectos
claves.
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Parece ser que vivimos en sociedades organizadas políticamente en sistemas democráticos, pero sistemas
democráticos representativos, con todas las ventajas y con todas las insuficiencias de los sistemas
democráticos representativos. Manera de relacionarnos, manera de encauzar la participación, la
representación, la información etc. etc. a través de sistemas de partidos con todas sus ventajas e
insuficiencias.
Económicamente parece que nos movemos ya sólo en un modelo, el modelo neoliberal, libertad de
mercado, globalizada en el sistema planetario, de tal manera que los sistemas económicos no admiten
restricciones a la libertad de movimiento de capitales, de productos, de bienes, etc. aunque sí de personas.
Parece que no hay sistemas alternativos y que el único sistema es este que se rige, fundamentalmente, por
el principio del máximo beneficio en la libertad de mercado.
La tercera característica, que también es específica en la situación actual, y que no existía hace cuarenta o
cincuenta años, es la enorme importancia, la poderosa influencia de los medios de comunicación de
masas, con todas sus virtualidades, con la multitud de expectativas y posibilidades que abre y también con
todas las restricciones y con todas las dificultades que también provoca.
Los individuos que viven en la sociedad contemporánea, viven dentro de estos tres ejes fundamentales.
Estos tres ejes fundamentales, a mi modo de ver, condicionan la existencia y condicionan el desarrollo
intelectual, emotivo y conductual de los ciudadanos. Es necesario destacar que no hay una única cultura
por supuesto, que hay múltiples culturas, que se relacionan críticamente entre sí, pero que sí existen
elementos, o aspectos, que son dominantes en este cruce complejo de culturas en el que vivimos y esos
aspectos dominantes funcionan como factores de Influjos básicos en el desarrollo de la personalidad de los
individuos con los que trabajamos.
También de modo telegráfico me gustaría apuntar algunos de los valores que a mí me parece que son
dominantes en los intercambios espontáneos de la sociedad contemporánea y con respectos a los cuales
nosotros tenemos que intervenir como docentes. Factores que siempre son polisémicos, en el sentido de
que tienen elementos positivos y elementos negativos. No hay posibilidad, desde mi punto de vista, de
analizarlos sólo desde una perspectiva dicotómica el bien y el mal, sino que es necesario detectar en este
proceso aspectos y posibilidades de apertura y también condiciones y restricciones de restricción.
El primer aspecto que yo considero central es una promoción paradójica y simultánea de dos valores que
en principio parece que son contradictorios entre sí. La promoción del conformismo social y del
individualismo más competitivo. En la sociedad contemporánea estos dos valores parece que se requieren
y se promocionan a la vez. Conformismo social porque se parte de la siguiente filosofía, a final del siglo
XX vivimos en la mejor de las sociedades posibles. Hemos creado un marco político, económico y social,
el que antes definíamos, que es el resultado del desarrollo histórico complejo de las sociedades al que
hemos llegado, después de desastres, sufrimientos, guerras etc. etc. son esas democracias formales con el
neoliberalismo económico etc. etc.
Seamos, por tanto, respetuosos con ese marco que al menos formal y teóricamente nos ampara a todos,
declarando el derecho de igualdad de oportunidades.
Dentro de ese marco, provoquemos y estimulemos, por el contrario, el individualismo más competitivo,
porque se considera condición de garantía de la justicia distributiva: que cada uno llegue allí donde su
esfuerzo, sus méritos y sus talentos le proporcionen esa oportunidad. Por tanto, como garantía de
distribución, relativamente justa de la riqueza, bienes y estatus, es al menos conveniente estimular la
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competitividad, la pelea interna, incluso, como así ocurre en las sociedades más avanzadas
económicamente, de la manera más salvaje posible.
Otra característica que me gustaría destacar es la primacía de la rentabilidad sobre la productividad. En la
lógica de la economía neoliberal, la búsqueda del beneficio sobre cualquier otro tipo de valor lleva en
suma a esa exageración. Lo importante es la rentabilidad, el beneficio, independientemente de si para esa
rentabilidad es necesario estimular la productividad, controlarla, o, por el contrario, destruirla. El objetivo
es el beneficio particular y el beneficio es el fin que justifica todos los medios. Tenemos muchos ejemplos
recientes en nuestra historia democrática española, como para comprender, cómo durante unos años, se ha
propuesto como único objetivo prioritario la primacía de la rentabilidad. Supongo que todos recordaréis la
etapa en la que figuras públicas como Mario Conde visitaban nuestras Universidades. Se proponían como
figuras modélicas que nuestros jóvenes querían imitar.
El tercer aspecto, positivo y negativo a la vez, es la saturación de información fragmentaria. Es evidente
que vivimos en una etapa de la sociedad en la que se facilita enormemente la posibilidad de transmisión de
comunicación, de cantidades ingentes de datos, de informaciones etc. que podían permitir el
enriquecimiento de las personas para mejor comprender el mundo que las rodea en su complejidad y
diversidad. Ahora bien, esa posibilidad de ampliación del conocimiento, de ruptura de la descentración
personal etc. puede convertirse en principio de incomunicación cuando el volumen de datos satura las
capacidades de procesar información.
Cuando tenemos más información de la que somos capaces de procesar y al mismo tiempo esa
información se presenta de manera tan fragmentaria que es difícil encontrar el sentido de los mensajes que
subyacen a la información, posiblemente la información provoque mayor alienación que posibilidades de
conocimiento, de organización racional de los datos en formas, en esquemas de pensamiento, que
permitan una mejor interpretación de la realidad y una más sensata forma de tomar decisiones sobre la
realidad.
Otra característica, también ambivalente, es la tendencia a abrir la sociedad a los Influjos mas diversos y
más plurales y por tanto de ser sensible a la tolerancia de las diferentes formaciones humanas.
Formaciones culturales, distantes en el espacio y en el tiempo, que enriquecen el modo del ser humano y
el modo de comprender humano. Esta tendencia puede también provocar la difusión de lo que se
denomina el pensamiento único. Una única forma de pensar, que de manera subrepticia y subterránea se
va imponiendo en la subconsciencia o en la consciencia menos evidente de las personas, precisamente
porque hay una serie de valores prioritarios que se promocionan a costa de otros.
Otra característica, también específica de la sociedad contemporánea, que debemos de analizar por las
repercusiones importantes que tiene en la formación de las formas de pensar y de sentir de los alumnos
con los que trabajamos, es la primacía de la apariencia, perfectamente relacionada con la anterior. Parece
que lo importante en la situación actual es el continente sobre el contenido, porque las cosas no valen en
función de lo que son, sino valen en función de su valor de cambio, de lo que son capaces de adquirir en
ese intercambio y, con demasiada frecuencia, para el valor de cambio, el continente es más importante que
el contenido. La primacía de las formas, de la sintaxis, del continente, de las modas, del diseño, a costa de
la comunicación abierta de ideas, de contenidos, de argumentos, de sentimientos, etc. puede estar
provocando la labilidad en el proceso de comunicación, porque se esté promocionando fundamentalmente
el intercambio de aspectos formales que no enriquecen. No sólo enriquecen la capacidad de expresión
estética de los individuos, que en ese sentido serían bienvenidos desde el punto de vista educativo, sino
que están camuflando la posibilidad de llegar a comunicar y a conocer el sentido profundo de los
mensajes.
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Otra característica, también relacionada con todo lo anterior, que preside los procesos de socialización es
la obsesión por la eficiencia, entendida como eficiencia económica. El sentido de la de la eficiencia, desde
el punto de vista económico, se define como la posibilidad de conseguir los objetivos precisos,
predeterminados, en el menor tiempo posible y con el menor costo posible.
Para algunas empresas humanas, quizá sea una estrategia loable, pero la mayoría de las empresas, tareas y
actividades en las que nos implicamos los individuos humanos, precisamente por este carácter complejo e
indeterminado de la actividad humana, no cumplen ninguno de los requisitos de esa manera de concebir el
intercambio o la eficiencia económica. Ni se pueden prever todos y cada uno de los objetivos que nosotros
ponemos en marcha en el proceso educativo, ni podemos establecer como criterio el mínimo coste, porque
son generalmente son costosos, requieren recursos, ni podemos utilizar como criterio el mínimo tiempo,
porque los efectos más importantes, los efectos más valiosos, desde el punto de vista humano, quizá sean
efectos a medio y a largo plazo.
Por otra parte, en toda empresa humana debemos de estar estamos abiertos a la creación del propio
proceso de construcción. Lo importante no son sólo los resultados sino los procesos que ponemos en
marcha, el valor ético de los procesos. Cuando nos implicamos en procesos ética y humanamente valiosos
estamos abiertos a la incertidumbre, a la capacidad de creación, a la capacidad de construcción, a la
capacidad de colaboración. Nos abrimos a la incertidumbre y a la creación precisamente cuanto más ricos
son los procesos humanos que ponemos en marcha y cuanto más valiosos son desde el punto de vista
educativo.
Por tanto, el concepto de eficacia económica, no nos sirve para la práctica educativa ni para otras prácticas
humanas tampoco. Y, sin embargo, la sociedad parece que es el único criterio que se está imponiendo para
valorar la riqueza y el valor de los intercambios humanos. De tal manera que cuando en educación, como
en otras prácticas humanas, proponemos este concepto de eficiencia y queremos inmediatamente medir los
resultados a corto plazo, podemos estar no sólo ignorando lo que está ocurriendo en el proceso subterráneo
de los procesos de educación de los individuos, sino cortocircuitando los procesos más ricos de creación,
de construcción, de intercambio, de ampliación de las posibilidades de pensar, de sentir y de actuar.
Cuando exigimos resultados a corto plazo, los procesos de aprendizaje más enriquecedores son sustituidos
por procesos que son capaces de conseguir esa eficiencia a corto plazo.
Pues bien, evidentemente, hay otros muchos valores, positivos y negativos, que están presentes en la
sociedad contemporánea pero, a mi me parece que éstos son claves para poder definir ahora la tarea
educativa que nos corresponde. Cuando hablo de la tarea educativa, hablo fundamentalmente del sistema
educativo en la etapa obligatoria, primaria y secundaria, que tiene como finalidad y propósito prioritario la
formación del ciudadano, no la formación pre-profesional, ni la preparación para profesiones futuras, ni la
especialización, sino la formación de ciudadanos en sus formas de pensar, de sentir y de actuar, para que
puedan entender y participar en el mundo complejo en el que viven. La formación del ciudadano requiere
la atención a tres aspectos o dimensiones básicas del individuo, igualmente valiosas y necesarias: el
pensamiento, los afectos y las conductas. Todas ellas son claves para contribuir al desarrollo de la
convivencia.
En la etapa obligatoria del sistema educativo, yo diría que el objetivo obsesivo, la función prioritaria de la
escuela, debería ser procurar, en los intercambios humanos dentro del centro escolar, favorecer
permanentemente el desarrollo de esa personalidad relativamente autónoma, que define las posibilidades
de la creación del ciudadano y sus tendencias a fomentar la cooperación y la convivencia..
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¿Qué entiendo por educación, como diferente de socialización? El proceso de socialización toma partido
por parte de la sociedad, en el sentido de que impone la cultura mayoritaria, la cultura dominante en la
sociedad. E1 proceso educativo, desde mi punto de vista, es una apuesta por el desarrollo autónomo del
individuo. Es una apuesta por ofrecer la oportunidad a los individuos de que construyan autónomamente,
de forma crítica, cuestionando e interrogando el valor antropológico de los influjos que han recibido en su
etapa de socialización, sus propias maneras de sentir, de pensar y de actuar.
La función educativa de la escuela debe procurar ofrecer. en ese espacio de 10 ó 15 años de enseñanza
obligatoria, de igualdad de oportunidades, la posibilidad de interrogar si los efectos que en su
personalidad, en sus conocimientos, en sus sentimientos, en sus conductas, son el reflejo de la incidencia
mayoritaria de los influjos dominantes de la sociedad, son interesantes para ellos o no; o si pueden tener la
oportunidad de reconstruir su conocimiento, reconstruir sus sentimientos y reconstruir autónomamente sus
conductas.
Para favorecer este propósito en la escuela tenemos una herramienta poderosísima, que es el conocimiento
más depurado, el conocimiento desarrollado en la historia de la humanidad y ubicado en las disciplinas
científicas, artísticas, humanas etc. etc...., pero sólo si somos capaces de trabajar en las escuela ese
conocimiento como un conjunto de herramientas útiles para el proceso de reconstrucción de los
individuos. Si esas herramientas tan poderosas -nosotros nos definimos como profesionales porque
trabajamos con dichas herramientas- no sirven para provocar la reconstrucción del conocimiento, del
pensamiento y de la conducta de los sentimientos, dejan de tener sentido educativo y formador.
Por tanto, nuestro objetivo fundamental, desde mi punto de vista, en la enseñanza obligatoria, no es que
los alumnos aprendan las disciplinas -ya sé que estoy planteando cosas tal vez sorprendentes- no es que
aprendan las disciplinas, es que utilicen el conocimiento disciplinar para reconstruir sus formas de pensar,
de sentir y de actuar. Nuestra estrategia profesional como docentes, es buscar los métodos de intervención
y de actuación adecuados para conseguir eso, que se utilice el conocimiento disciplinar en el análisis de
los problemas de la vida cotidiana, para reconstruir de una manera más lógica, más racional, con mayor
fundamentación, los esquemas de pensamiento que, de una u otra manera ,ya han ido construyendo en su
vida previa y paralela a la escuela.
Todos hablamos de que los niños y las niñas con los que trabajamos cuando llegan a nosotros están
cargados de prejuicios, de preconceptos, de ideas erróneas sobre la física, la química, el mundo social, el
mundo psicológico, la literatura, la historia etc., etc.
Pero es que esas ideas erróneas componen esquemas de pensamiento que son útiles para el individuo y los
utilizan en su vida cotidiana. La enorme tarea que tenemos ante nosotros es intentar que, ahora, aquí en la
escuela, se pongan en contacto con herramientas mucho más sutiles, más poderosas, racionalmente mucho
más fundamentadas, que les permitan reconstruir, reorganizar, ampliar, esos esquemas erróneos de
pensamiento.
Pero imaginaros que es lo que ha ocurrido y está ocurriendo, y todos somos responsables de ello, cuando
una investigación nos demuestra que al finalizar el COU o al concluir incluso los estudios universitarios,
aquellos individuos que durante su carrera han sido capaces de aprobar sin ningún tipo de problema, si les
preguntamos cómo explican un fenómeno físico, un fenómeno social, un fenómeno histórico, no echan
mano de los conceptos depurados de nuestras disciplinas sino recuperan la explicación grosera, que ya se
situaba en su pensamiento original, en su pensamiento podríamos decir vulgar, cargado de
contradicciones, prejuicios y lagunas.
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¿Qué ha ocurrido? ¿Para qué ha servido el sistema educativo, si hemos sido incapaces de provocar la
reorganización y la reconstrucción del pensamiento primitivo, aunque se hayan aprendido las disciplinas?
Desde mi punto de vista, cuando en el sistema educativo no logramos más que yuxtaponer dos esquemas
de pensamiento, el cotidiano que lo utilizan para interpretar los problemas y acontecimientos de la vida
diaria, y el académico-científico que lo utilizan sólo para pasar los exámenes, para superar con éxito las
pruebas de intercambio de conocimientos suyos por calificaciones nuestras, escaso servicio estamos
haciendo a los propósitos educativos de la escuela. Si solamente logramos provocar la yuxtaposición de
estos dos esquemas de conocimiento no hemos conseguido para nada el proceso de reconstrucción, por
tanto no estamos facilitando la educación de las nuevas generaciones. Facilitar la educación es facilitar un
proceso de reconstrucción, de reorganización interna, autónoma y racional, del proceso de pensar, de
sentir y de actuar.
Nuestra tarea como profesionales no debe ser sólo ni exclusivamente la propuesta tradicional de que
somos transmisores del conocimiento más elevado. No, somos portadores del conocimiento más elevado
con el objetivo claro de que se convierta en conocimiento útil para recomponer el pensamiento, los
sentimientos y las conductas de los individuos con los que trabajamos. Si es simplemente para provocar la
yuxtaposición no merece la pena tanto sacrificio y esfuerzo personal y social. Por eso es tan difícil el
aprendizaje académico, tan efímero el aprendizaje escolar, por eso hay tanto fracaso, y por eso se provoca
el olvido tan rápido, tan urgente del conocimiento académico. Porque la enseñanza escolar no ha logrado
traspasar la frontera de la pura academia para convertirse en conocimiento útil y seminal en el proceso de
la emergencia del pensamiento autónomo, de los sentimientos autónomos.
Por otra parte, en una época determinada, es posible que el acercar simplemente el conocimiento culto,
intelectual etc. a los individuos que no tenían otra oportunidad, ni otra fuente para ponerse en contacto con
él, pudiera tener, a lo mejor, una virtualidad educativa. En la actualidad, nuestros niños y nuestras niñas
están continuamente en contacto con conocimientos cultos, fragmentados eso sí, distorsionados puede ser,
a través de los medios de comunicación. Y por tanto, nosotros, los docentes, tenemos que dar un paso más,
porque el déficit de la socialización contemporánea no es un déficit de información, es un déficit del
sentido de la información que reciben los individuos, de organización de la información que reciben, es un
déficit de posibilidades de reconstruir sus capacidades afectivas, sus sentimientos, sus emociones, su
voluntad, sus hábitos y sus conductas, es un déficit de convivencia.
Hay dos planteamientos básicos, a modo de sugerencias, que me gustaría compartir con vosotros El
primero es proponernos como objetivo fundamental la recreación de la cultura en la institución escolar.
Para poder ofrecer esta posibilidad de facilitar la reconstrucción del conocimiento, de los sentimientos y
de las conductas, de manera consciente y autónoma en los individuos la institución escolar, desde primaria
hasta la universidad, pero fundamentalmente en la etapa obligatoria, debe de constituirse como un espacio
de interacción, como un espacio de intercambio donde se recree la cultura, no sólo donde se repita
académicamente la cultura vacía, la cultura fosilizada, la cultura estereotipada, sino como un espacio
donde se viva la cultura. Se aprende la cultura porque se vive la cultura, porque se goza la cultura, porque
se siente la cultura. Pero no una cultura desangelada, convertida en formas, convertida en nombres
exclusivamente, convertida en fechas..., sino una cultura donde la vitalidad de la cultura, ya sea científica la aventura del conocimiento que descubre y construye-, ya sea literaria o artística -el placer de poder
compartir la creación humana- sea el eje de nuestra intervención en la escuela.
Recrear la cultura en la escuela, es vivir la cultura y es reproducirla, claro que sí, tanto como
transformarla, pero reproducirla de manera viva, de tal modo que los individuos sean capaces de gozar esa
cultura, no de sufrir sólo esa cultura. A veces, no queda más remedio que sufrir para poder alcanzar el
conocimiento, pero que no se convierta exclusivamente en la línea habitual. A veces, el aprendizaje
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requiere muchísimo esfuerzo, sufrimiento, dedicación etc. Pero siempre que se enmarque en un proceso
que está regido por la vivencia gozosa de la creación humana, de la cultura, literaria, artística, científica
etc..., dicho esfuerzo adquiere el sentido de condición, de requisito integrado en la satisfacción de la
creación, el descubrimiento o el encuentro.
Cuando nosotros somos capaces de enganchar, de implicar a nuestros alumnos en un proceso de creación
de experiencia, en un proceso de vivencia de cultura, nos es fácil exigirles después esfuerzo, duros
esfuerzos, para llegar a comprender elementos abstractos de esos componentes disciplinares que antes
aludíamos. Pero cuando todo y exclusivamente no es más que un proceso de sufrimiento, de aprendizaje
de conceptos abstractos, sin sentido desde las perspectivas e intereses de los alumnos, no nos queda más
remedio que exigir un aprendizaje incluso a costa de la vivencia de la cultura, un aprendizaje académico
adquirido para perecer.
Por otra parte, como vivimos en sociedades profundamente desiguales y la tendencia neoliberal no se
orienta a compensar las desigualdades, sino a provocar la radicalización de los extremos, vamos a tener
que trabajar con niños de una procedencia social absolutamente divergente. Algunos estudiantes han
sufrido un proceso de socialización más cercano a la vivencia de la cultura, intelectual, crítica etc. y otros
han vivido un proceso de socialización absolutamente distante. ¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos con
aquellos individuos que en su proceso de socialización previo y paralelo a la escuela no han recibido
ningún tipo de estimulación para elaborar elementos lingüísticos, para crear componentes de pensamiento,
ni de sentimientos, ni de expectativas, ni de intereses, ni de valores, ni de actitudes, cercanos a la
adquisición y vivencia de la cultura intelectual, la cultura crítica acumulada por la humanidad?. Sólo
creando un espacio de vivencia cultural, compartido por todos en la escuela, donde bulle esa dinámica de
vivir y recrear la cultura, sólo viendo en ese espacio cultural otro proceso de socialización, radicalmente
distinto al que tienen en sus casas y en su contexto sociocultural deprimido, los individuos más
marginados pueden empezar a incorporar a sus esquemas de pensamiento, de sentimientos y de conducta,
elementos cercanos a la cultura. Pero porque la viven, no como un proceso de aprendizaje artificial,
externo, duro, sino como un proceso de convivencia, de experiencia, de vivencia compartida,, porque se
introducen en un clima diferente, porque viven un proceso de socialización enriquecedor y distinto.
Pero, claro, para que vivan un proceso de socialización enriquecedor y distinto, es necesario construir
convivencia en la escuela, organizada y regida por el proceso de intercambio cultural.
En este sentido, el siguiente paso a mi entender imprescindible y que sin embargo es uno de los déficits
fundamentales de la escuela pública, nuestra escuela pública, es que seamos capaces de construir
comunidad. Es difícil en la universidad, es difícil en los institutos, es difícil también en la escuela primaria
aunque parece que menos, tener sentido de comunidad, de que eso es un proyecto compartido y común.
Somos funcionarios y muchos de nosotros nos parece que nos legitimamos cumpliendo exclusivamente
con las obligaciones formales, burocráticas. La escuela no es nuestra empresa, y el resultado de esa
empresa no nos afecta, es del Estado, o la lejana Administración los responsables de su funcionamiento.
"Allá ellos si funciona o no funciona, si se desarrolla un proyecto con sentido y de forma satisfactoria.
Nosotros solo somos funcionarios".
Yo creo que debemos de asumir el reto contrario, no se puede recrear la cultura si no es una empresa
colectiva. Un individuo aislado es normal que desfallezca ante los enormes esfuerzos que supone intentar
recrear la cultura en su propio ámbito. Es un proyecto colectivo de cooperación, de crear un proyecto que
surge de nosotros, no porque lo mande la Administración, surge de nosotros porque si lo hacemos sólo por
exigencias burocráticas, todos conocemos perfectamente el mecanismo para eludir también tales
imposiciones. Si surge en nosotros porque estamos enamorados de un proyecto que hemos contribuido a
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construir, entonces formamos comunidad. Formamos comunidad padres, estudiantes, docentes etc. porque
creemos en lo que hacemos y procuramos convertir ese centro en un espacio de vivencia cultural para toda
la comunidad, utilizando los recursos de toda la comunidad, como los recursos más valiosos. No tenemos
otros espacios de vivencia cultural más interesantes que la propia escuela, ni en los Ayuntamientos, ni en
las zonas rurales, ni en las zonas urbanas, no hay espacios donde tengamos cabida todos los ciudadanos,
que tengan esa posibilidad de convertirse en centros de vivencia cultural, de irradiación de la cultura y de
utilización de todos los recursos de la comunidad. Construir comunidad y recrear la cultura son proyectos
tan difíciles como interesantes.
Especialmente si tenemos en cuenta las tendencias hegemónicas en la socialización actual dentro de la
filosofía neoliberal en la que también los docentes crecemos y nos socializamos. Los intereses
individuales y gremiales frecuentemente se anteponen a la exigencia de un proyecto educativo compartido
para recrear la cultura.
Sin construir comunidad, sin crear comunidad es dificilísimo, a veces imposible, poder provocar un
espacio de vivencia cultural. En ese espacio de vivencia cultural es mucho más fácil trabajar con los
individuos más marginados, con los individuos más distantes al proceso cultural. Cuando las herramientas
de nuestras disciplinas se convierten en componentes de la cultura, no sólo en objetos de aprendizaje frío,
sino en componentes de la cultura.
Los problemas de convivencia, los problemas de disciplina, los problemas de autoridad, los problemas de
relaciones humanas etc. adquieren un sentido distinto cuando formamos una comunidad en la que todos
colaboramos y nos apoyamos para vivir la cultura y cuando nuestro objetivo prioritario es vivir la cultura.
En este espacio democrático, estimulante y amable de vivencia cultural es mas fácil promover actitudes de
comprensión, tolerancia y cooperación. Por el contrario, en un espacio frío y hostil de aprendizaje
académico sin sentido, al menos para la mayoría de los alumnos, cuando se produce el divorcio entre
padres por un lado, profesores por otro y alumnos por otro, es evidente que la confrontación y conflicto
tiene muchas posibilidades de aparición y muy pocas vías de solución, porque imponemos una disciplina
con valor en sí misma, cuando yo creo que hay que imponer una disciplina como exigencia instrumental
de la tarea que estamos haciendo y como derivación lógica de la forma de convivencia democrática que
entre todos estamos construyendo.
Claro que tenemos que ser disciplinados, claro que tenemos que ser organizados, pero porque nos lo exige
la eficacia de la importancia de la tarea que estamos haciendo, que requiere una organización, que requiere
un espacio, que requiere un tiempo, que requiere una secuencia, que requiere un respeto. Porque la
vivencia democrática requiere un respeto democrático y porque la vivencia de la cultura requiere un
proceso ordenado de experiencias y elaboraciones. La disciplina adquiere su sentido, no como una
imposición formal, sino como exigencia de un proyecto cultural estimulante y democrática, que desde mi
punto de vista dignifica tanto la profesión docente y hacia la cual la sociedad y sus representantes políticos
reconocen, al menos teóricamente o de boquilla, que es la tarea más importante de la vida social. Nosotros
como docentes también debemos volcarnos con entusiasmo a una empresa tan compleja como fascinante,
reivindicando las competencias y recursos necesarios y asumiendo la responsabilidad consecuente.
Mi propuesta es recrear la cultura y construir comunidad como ejes claves de un proceso de vivencia, de
un proceso de recomposición de la competencia profesional que nos daría satisfacción también, porque
nosotros iríamos a la escuela no a sufrir un proceso que muchas veces nos parece insoportable, sino a
compartir también las excelencias de la cultura, que de ninguna de la maneras se sitúan en cada una de
nuestras mentes, sino que están distribuidas por todos nuestros compañeros, nuestros colegas, la
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comunidad etc., etc. Estar enamorados de la cultura, en los docentes sería el eje clave de esa tarea de
desarrollo profesional que requiere la función educativa de la escuela.
Muchas gracias.
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