t. 26 pag. 88 - Poder Judicial de la Provincia de Santa Fe

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MEDIDA CAUTELAR. ACTOS DEL CONSEJO DE LA MAGSITRATURA. REVISIÓN. INTERÉS
LEGÍTIMO A LA INTEGRACIÓN DE LA TERNA. FALTA DE MOTIVACIÓN. SUSPENSIÓN.
PROCEDENCIA.
A y S, tomo 26, pág. 88/101
Santa Fe, 7 de noviembre de 2011.
VISTOS: Estos autos caratulados “GALVÁN, Noemí Matilde Zulema contra PROVINCIA DE
SANTA FE -R.C.A.- sobre MEDIDA CAUTELAR ” (Expte. C.C.A.1 n° 142, año 2011), venidos para resolver;
y,
CONSIDERANDO:
I.1.a. La señora Noemí Matilde Zulema Galván interpuso recurso contencioso contra la Provincia de
Santa Fe tendente a obtener la anulación del decreto 1643/11, dictado en el marco del concurso múltiple para el
cargo de Juez de Primera Instancia de Distrito del Tribunal Colegiado de Familia de Santa Fe; y, en
consecuencia, “se proceda a recalificar” a los postulantes -incluida la peticionaria- conforme a derecho.
Al efecto planteó la inconstitucionalidad del artículo 25 del decreto 164/07, en cuanto impide
interponer recursos contra la resolución adoptada por el Poder Ejecutivo en materia de impugnaciones planteadas
contra las decisiones de los cuerpos colegiados en el proceso concursal.
Alega que el artículo citado viola su derecho constitucional de acceso a la jurisdicción, como así
también “el principio republicano de gobierno y de control externo entre los distintos órganos del Estado,
impidiendo a su vez que el Poder Judicial haga uso de sus atribuciones y facultades inherentes, exclusivas y
excluyentes referentes al control de legalidad y arbitrariedad de las decisiones del Poder Ejecutivo”.
Puntualizó que el precepto en cuestión contraría a su criterio lo dispuesto en los artículos 1, 2, 7 y 8 de
la Constitución provincial y 1, 5, 14, 16, 28, 31, y 33 de la nacional.
Luego de argumentar acerca de la admisibilidad del recurso, afirmó que el decreto 1643/11 debe ser
anulado porque presenta innúmeros vicios, tanto en su procedimiento como en su resolución.
Sostuvo que el decreto referido carece de motivación suficiente que lo sustente como acto
administrativo y que omitió considerar vicios de procedimiento denunciados.
Adujo que la norma impugnada desechó injustificadamente el dictamen del Fiscal de Estado emitido en
el expediente administrativo n° 02001-0008572-9 (en violación -dijo- de lo dispuesto en el decreto 132/94); y
que el Poder Ejecutivo “expresamente y de puño y letra admite sin tapujos que no ha considerado” dicho
dictamen.
Se agravió de que el Gobernador se haya reservado, para el momento de elegir a un postulante de la
terna, la posibilidad de efectuar un nuevo y más amplio análisis, considerando eventualmente el dictamen de
Fiscalía de Estado.
Al respecto opinó que ello hace presumir que “desde el vamos” los jueces para el Tribunal de Familia
“ya están puestos” y “todo el proceso de selección no es más que una pantomima” para otorgarle más
transparencia.
Aseguró que dentro de la reglamentación relativa al proceso de selección de magistrados (decretos
164/07 y 1121/08) “nada quedó librado a la discrecionalidad de los evaluadores”, excepto las consideraciones
jurídicas de la prueba de oposición que forma parte de la calificación final y la determinación de un puntaje
concreto cuando la norma fija un “rango de puntos” a otorgar por antecedentes profesionales y académicos.
Dijo que deberán compulsarse los legajos personales que cada concursante haya presentado a los fines
de determinar objetivamente el puntaje o, en su caso, el rango de puntos que corresponda a la situación personal
de cada postulante.
Agregó que lo decidido por el Cuerpo Colegiado de Evaluación Técnica (en adelante, CCET) es
también arbitrario.
En ese orden, detalló lo denunciado al momento de recurrir las calificaciones de los antecedentes y de
la prueba de oposición; criticó la ponderación de sus antecedentes profesionales y académicos, la calificación en
la prueba de oposición y solicitó la nulidad de la forma de calificación de los antecedentes académicos y
profesionales de los demás postulantes.
Expresó, asimismo, que el decreto 1643/11 resulta ilegítimo por efectuar la calificación de la
antigüedad en contra de lo dispuesto en el decreto 1121/08, norma que la convierte en una cuestión reglada.
Argumentó que el Poder Ejecutivo realizó una “aplicación interpretativa ultraactiva” de la
reglamentación que rige actualmente los concursos iniciados con posterioridad al del caso, hecho que resulta
violatorio -según consideró- de su derecho de propiedad.
Sintetizó su postura respecto del decreto 1643/11, concluyendo que “su ilegitimidad obedece a que no
tiene motivación suficiente, se aparta sin dar justificación alguna a lo dictaminado por el Fiscal de Estado, viene
a convalidar todo un proceso plagado de irregularidades haciendo suyo lo resuelto por el CCET que -también
arbitrariamente- desoyó las instrucciones del Fiscal de Estado, calificó antojadizamente a los postulantes en los
rubros `antigüedad\ y `especialidad\ despachándose sin dar razones suficientes de los criterios empleados y
disímiles a los expresamente establecidos en los decretos 264/2007 y 1121/2008”.
Añadió que el Poder Ejecutivo le notificó de manera “absolutamente nula” el decreto en cuestión, en
un domicilio que no era el constituido y sin las formalidades del artículo 1 de la ley 12.071.
Aseveró que el Consejo de la Magistratura, sin encontrarse firme el decreto 1643/11, fijó fecha para las
entrevistas (29.9.2011), las realizó, elaboró el orden de mérito y elevó al Poder Ejecutivo la propuesta para los
tres cargos correspondientes.
Reiteró el pedido de anulación del decreto impugnado, aclarando que en caso de considerar esta
Cámara que la tarea de recalificar los antecedentes y la oposición de los postulantes corresponde exclusivamente
al Poder Ejecutivo, deberá ordenarse que éste realice una nueva calificación, sin intervención de los miembros
del Cuerpo Colegiado de Evaluación Técnica que intervino en este concurso, en razón de que ya han omitido
opinión al respecto.
Por último, solicitó tutela cautelar, razón por la cual se forma la presente incidencia.
b. En ese sentido, requiere el despacho de medida cautelar de no innovar, a los fines de que el Poder
Ejecutivo no remita a la Asamblea Legislativa los pliegos de los postulantes que fueron propuestos por el
Consejo de la Magistratura (publicado en el Diario El Litoral en fecha 18.10.20119); y de que eventualmente no
se reúna la Asamblea Legislativa para dar acuerdo a los pliegos que pudieran ser remitidos.
Arguye que el peligro en la demora resulta de la inminente designación en virtud de las ternas
propuestas por el Consejo de la Magistratura, destacando que ello le podría irrogar un perjuicio a la Provincia si
tiene que remover luego a los postulantes ilegítimamente designados.
2. Corrida la pertinente vista, la demandada la contesta a fojas 135/143 vto. solicitando -en definitivase rechace la medida cautelar peticionada.
Luego de detallar los requisitos que -a su juicio- impone la ley 11.330 para el despacho de una medida
cautelar, dice que la peticionaria no acreditó el peligro en la demora ni la verosimilitud de su derecho.
Con relación al periculum in mora, expresa que la continuidad del trámite del concurso no “constituye
peligro en la demora ni daño inminente” y que la peticionaria “ni siquiera demuestra en su escrito cautelar que
con las impugnaciones vertidas y de hacerse lugar a las mismas, puede integrar la terna cuya elevación al Poder
Legislativo solicita se suspenda”, alegando sólo la posible producción de un perjuicio para la Provincia.
En cuanto a la verosimilitud del derecho invocado, expone que la pretensión cautelar no puede ser
atendida por lo menos dentro del examen preliminar y con el limitado alcance de las medidas cautelares. Agrega
al respecto que “resta todavía la designación fundada que debe hacer”.
Después de relatar los antecedentes que dan lugar a la presente medida, argumenta que la cuestión
traída a debate por la señora Galván pertenece al ámbito privado de competencias constitucionales del Poder
Ejecutivo (con las limitaciones auto-impuestas por los decretos 18/07 y 164/07), de conformidad con lo
dispuesto en el artículo 86 de la Constitución provincial.
En ese sentido, afirma que de aceptarse la postura de la peticionaria se invadirían las facultades
constitucionales mínimas que el Gobernador se ha reservado, aun frente a la auto-limitación efectuada y “será el
Poder Judicial el que termine imponiéndole al Poder Ejecutivo quiénes deben ser sus candidatos”.
Considera que el procedimiento concursal se apegó estrictamente a lo dispuesto en el decreto 164/07 y
que la impugnación de la peticionaria, al basarse -dice- en forma exclusiva en el mérito otorgado a sus
antecedentes, es una cuestión ajena a las “razones de ilegitimidad” referidas por el decreto mencionado.
Entiende que los cuestionamientos realizados por la señora Galván no llegan a “ser de tal naturaleza
que modifiquen los ternados, aún bajo el estricto cumplimiento de los dictámenes de Fiscalía de Estado”.
Sostiene, en relación con ello, que la peticionaria debe demostrar que su demanda no es conjetural,
sobre todo cuando se pretende paralizar un proceso de selección de magistrados. En el caso, asegura, “aun si se
hubiera seguido a pie puntillas nuestra opinión legal entendemos que la actora no hubiera integrado la terna”.
Alega que el decreto 1643/11 no se torna ilegítimo por la “disparidad de criterios” entre Fiscalía de
Estado y el Cuerpo Colegiado de Evaluación Técnica. Añade que dicho decreto no prescindió de lo dictaminado
por el Fiscal de Estado, sino que “lo deja librado a un análisis posterior, por parte del propio Poder Ejecutivo
como así también del Consejo de la Magistratura”.
Cita los precedentes “Ruiz” y “Soto” de esta Cámara.
Plantea la cuestión constitucional y pide -en suma- se rechace la medida cautelar solicitada, con costas.
II.1. Aun cuando se trata de un pedido incidental de tutela cautelar, lo planteado en torno a la
revisibilidad judicial de actos como el cuestionado en autos, aconseja igualmente analizar la admisibilidad del
pedido.
a. Ambas partes aciertan en recordar el criterio de esta Cámara según el cual “las decisiones del
Consejo de la Magistratura del Poder Judicial de la Nación no admiten, en principio, revisión judicial, ‘aunque
dicha regla no es obstáculo para que se ejerza judicialmente el control de legalidad de los actos administrativos
dictados en el curso de aquéllos, cuando sean manifiestamente arbitrarios’ (Fallos: 329:1723)”; como así también
lo considerado en torno a que “es sabido que la Provincia de Santa Fe organiza sus instituciones fundamentales
conforme al principio -entre otros- ‘de la sumisión del Estado a las propias normas jurídicas en cualquier campo
de su actividad’ (artículo 1, Constitución provincial; la cursiva no es del texto)” (“Ruiz”, A. y S. T. 15, pág. 231;
y A. y S. T. 17, pág. 95).
También es oportuno recordar, como lo hace la actora a foja 3, lo señalado en la mencionada causa
“Ruiz” (de A. y S. T. 17, pág. 95) en torno a que, en definitiva, una limitación derivada de normas jurídicas
-como las que regulan la selección de candidatos para los cargos de jueces- no sería en rigor tal si careciera de
control judicial, lo que no se cancela por el hecho de que esa limitación reglamentaria a la respectiva potestad
haya sido impuesta por el propio órgano.
Ello -se dijo- sin perjuicio de la atenta consideración que el Tribunal debe hacer cuando, como en el
caso, se trata de atribuciones constitucionales vinculadas a una peculiar actividad como lo es la selección y
designación de los jueces de la Provincia.
En suma, esta Cámara tiene bien presente que, como desde antiguo lo sostiene la Corte nacional, “[...]
la misión más delicada de la Justicia es la de saberse mantener dentro del ámbito de su jurisdicción, sin
menoscabar las funciones que incumben a los otros poderes ni suplir las decisiones que deben adoptar [...]”
(Fallos 155:248; 329:3089).
b. En el caso, la demandada admite la revisibilidad judicial de la actividad cuestionada, aunque
condicionándola -en definitiva- a dos requisitos: que la cuestión a resolver modifique -en el sub judice- la
conformación de la terna (en suma, la decisividad del planteo) y la no invasión a las “facultades constitucionales
mínimas que el Poder Ejecutivo se ha reservado” (f. 140).
Concluye en que, de aceptarse la postura de la actora, “será el Poder Judicial el que termine
imponiéndole al Poder Ejecutivo quiénes deber ser sus candidatos, cuestión totalmente ajena a nuestra
Constitución provincial”.
Aun a la luz de los recordados criterios, es evidente que -más allá de su procedencia- el pedido, en los
términos formulados, puede ser considerado por el Tribunal.
En efecto, si bien se comparte el criterio de la demandada en torno a que las cuestiones deben ser
decisivas, no es aceptable, en cambio, lo afirmado en torno a que el planteo de la actora de autos no lo sea, o que
sea meramente conjetural.
Es que, en este orden, la postulación de la demandada -en cuanto sustentada en que “aun si se hubiera
seguido a pie puntillas nuestra opinión legal entendemos que la actora no ‘hubiera’ integrado la terna” (f. 141
vto.)- parte del error de considerar que la recurrente invoca ser titular de un derecho subjetivo a la integración de
la terna, siendo que en lo substancial y en definitiva invoca un interés legítimo a que las normas que regulan la
selección y designación de los jueces de la Provincia se cumplan, para lo cual ostenta una suficiente posición
afectante.
Es más, al margen de si son procedentes o no, a foja 12 la recurrente precisa cuáles serían las ventajas
concretas que, de accederse a lo solicitado, se seguirían en relación a su interés jurídico diferenciado, y cuáles
los perjuicios que los vicios que invoca le producen a ese interés.
En cuanto al segundo de los condicionamientos reclamados por la demandada para autorizar la revisión
judicial, se observa que la recurrente -que evidentemente conoce cuáles son los tramos discrecionales y cuáles
los reglados del procedimiento de selección- invoca al menos en abstracto la configuración de típicos vicios de
ilegitimidad (básicamente falta de motivación e irrazonabilidad), lo que justifica el análisis de la procedencia del
pedido.
2. Se adelanta la suerte favorable de la solicitud en cuanto dirigida a la suspensión de los efectos del
decreto 1643/11.
Efectivamente, en un examen liminar propio de esta instancia, resulta verosímil lo planteado por la
actora en torno a que la respuesta del Cuerpo Colegiado de Evaluación Técnica (CCET) (f. 108) y la del Poder
Ejecutivo en el acto impugnado estarían viciadas en su motivación.
Aun en ejercicio de su jurisdicción cautelar, este Tribunal ha señalado que el alcance de esta exigencia
es una “cuestión por cierto variable según las circunstancias de cada caso”, y que “no podría establecerse con
prescindencia -entre otros aspectos- del modo en que el acto incide en la esfera jurídica de su destinatario”
(“Vizcay Rizzi”, A. T. 3, pág. 491; “Cicerchia”, A. y S. T. 2, pág. 490, etc.).
En el caso, el deber de motivación aparece prima facie cualificado no sólo por la incidencia negativa
que la medida producía en la esfera jurídica de la actora, sino también y especialmente por el invocado decretoacuerdo 132/94, el cual -consagrando una exigencia que constituye un principio recibido en la materia- autoriza
al órgano activo a apartarse del dictamen pero “por razones fundadas” (art. 19).
Específicamente en relación a este reglamento, la Cámara ha destacado -también en ejercicio de su
jurisdicción cautelar- que a los fines de su aplicabilidad, “no distingue respecto de los trámites, razón por la cual
-en principio- ni este Tribunal, ni la demandada, podrían válidamente hacerlo” (“Caminos”, A. T. 5, pág. 213).
Es más, en ese mismo precedente señaló que el mencionado decreto-acuerdo “establece -también de un
modo expreso- la sanción que acarrea su incumplimiento (artículo 13), lo que tampoco es en principio disponible
para este Tribunal, ni -obviamente- para la demandada”.
Pues bien, siempre en un examen provisional, verosímilmente surge que le asistiría razón a la actora en
torno a que la opinión del señor Fiscal de Estado no fue adecuadamente considerada ni por el CCET, que se
limitó a señalar que no se advertían errores de juzgamiento “y/o” evaluación “sin que ello importe mengua sobre
las argumentaciones vertidas por el señor Fiscal de Estado” (f. 108), ni en el acto impugnado (fs. 17/37), en el
que se anuncia que en la oportunidad del artículo 25 del decreto 164/07 se efectuaría “un nuevo y más amplio
examen que el presente pudiendo, incluso considerar desde ese punto de vista las razones que ha expuesto el
señor Fiscal de Estado [...]”.
Aun aceptando lo afirmado por la demandada en esta sede en cuanto a que “el decreto no prescinde de
lo dictaminado por el señor Fiscal, sino que lo deja librado a un análisis posterior [...]” (f. 142), igualmente le
asistiría razón a la actora en cuanto a que para esa oportunidad ya se le ha cercenado la posibilidad de continuar
en el proceso de selección (f. 4).
Particularmente, no surge que se haya dado alguna razón, ni menos aún fundada, en torno a lo afirmado
por el señor Fiscal de Estado respecto a -concretamente- que “el cargo de prosecretario está equiparado al de
relator lo que lo hace pertenecer al rango de funcionarios judiciales”, por lo que “tales deben sumarse a los de
Secretaria, correspondiéndole [a la actora] como puntaje el correspondiente a la grilla que va de veinticuatro (24)
a veintiséis (26) puntos” (f. 106 vto.).
Tampoco puede extraerse que se haya merituado lo expresado por ese órgano en torno a que la actora sí
habría contestado las preguntas, y a que en consecuencia correspondía que el CCET considerara -ahí sí en su
espacio propio de sana discreción- “si ellas fueron correctas, incorrectas y qué puntuación merecen” (f. 106 vto.).
Por el contrario, el tema fue considerado una cuestión de mérito en el acto impugnado, a pesar de que
ya había sido calificado por el propio Fiscal de Estado como un “componente reglado”, en lo que -ademásprima facie le asiste razón, pues podrá ser de valoración discrecional si una respuesta es correcta o no, pero no si
fue contestada o no.
A su vez, lo afirmado en el acto impugnado en torno a que el decreto 1121/08 no impide dar efecto
retroactivo al puntaje mayor de los últimos años, por lo que así considerarlo es también una “cuestión de
mérito”, no resultaría una motivación suficiente frente a lo dictaminado sobre el punto por el señor Fiscal de
Estado (f. 103 vto.), y frente a lo dispuesto en el decreto 1121/08 en torno a los “primeros” años de ejercicio.
En suma, y como concluía Comadira respecto a los procedimientos para la selección de los
magistrados de la Corte federal y autoridades superiores del Ministerio Público, “es inherente a la lógica
democrática y republicana del nuevo sistema que la decisión de proponer o no al candidato sea la conclusión de
un procedimiento regularmente sustanciado y que ella contenga, además, una correcta motivación [...]” (Julio
Rodolfo Comadira, “El principio de participación ciudadana en la función administrativa (con especial referencia
a la formación de la voluntad de la Administración y a la selección de autoridades públicas)”, en El Derecho Administrativo, Serie Especial, El Derecho, ps. 400/428, Buenos Aires, 2005).
Sólo puede agregarse que así se ha sostenido en relación al deber de atender -incluso en ausencia de
norma expresa- las posturas u observaciones de la ciudadanía; por lo que cuánto más resultan trasladables esas
conclusiones a supuestos de procedimientos iniciados a instancias del propio candidato.
En lo demás, insuficiente consideración de los cursos de Mediación y Magistratura Judicial, se trata de
cuestiones cuyo análisis -cualquiera sea la opinión del Tribunal sobre el punto y sin perjuicio de lo que
corresponda decidir en la sentencia de mérito- exorbita el limitado ámbito del conocimiento cautelar.
3. Lo anteriormente considerado basta a los fines de encuadrar el caso en el artículo 14 de la ley 11.330
y, en consecuencia, suspender la ejecución de los efectos del decreto 1643/11.
En cuanto al alcance temporal de esta medida, es claro -especialmente a la luz del criterio citado por la
demandada a foja 143 (hecho suyo por la Cámara en autos “Ruiz”, del 31.8.2009)- que no podría extenderse
hasta el dictado de la sentencia de mérito.
Por ello, se señala expresamente que la presente decisión de ningún modo obsta a que el Poder
Ejecutivo considere las razones por las que correspondería, en su caso, apartarse de los invocados dictámenes del
señor Fiscal de Estado, y, de corresponder, ordene la recalificación de los postulantes.
Así corresponde decidirlo con costas a la demandada.
En consecuencia, la Cámara de lo Contencioso Administrativo N° 1 RESUELVE: Suspender, con el
alcance que surge de las consideraciones que anteceden, la ejecución de los efectos del decreto 1643/11. Costas a
la demandada.
Regístrese y hágase saber.
Fdo. DE MATTIA (en disidencia). LISA. PALACIOS. Di Mari (Sec)
DISIDENCIA DEL SEÑOR JUEZ DE CÁMARA DOCTOR LUIS ALBERTO DE MATTIA:
1. La actora deduce recurso contencioso administrativo contra la Provincia de Santa Fe tendente
a que por “ilegitimidad del decreto 1643/2011" se anule el trámite concursal para la designación del cargo de
Juez de Primera Instancia de Distrito de Tribunal Colegiado de Santa Fe y se proceda a una recalificación de su
parte y de los demás postulantes, y deduce, asimismo, una “medida cautelar de no innovar” a fin de que “hasta
tanto sea resuelta acción aquí impetrada... el Poder Ejecutivo no remita a la Asamblea Legislativa los pliegos de
los postulantes propuestos por ternas por el Consejo de la Magistratura...”, y que “el Poder Legislativo no se
reúna en Asamblea Legislativa a los fines de dar acuerdo a los pliegos que pudieran ser remitidos por el Poder
Ejecutivo en virtud de la propuesta hecha por el Consejo de la Magistratura...”.
Agrega que el perjuicio en la demora se halla justificado por la “inminente designación de los
Jueces... y que para el caso, de que proceda la acción aquí intentada, traerá consigo para el propio Estado
Provincial perjuicios severísimos... [remoción de magistrado mediante jury de enjuiciamiento, remuneraciones e
indemnizaciones a los justiciables]”; y que el Poder Ejecutivo tiene la decisión de avanzar a pesar de las
irregularidades e ilegitimidades denunciadas y sin firmeza del decreto impugnado.
2. a. En torno a la revisión judicial de actos administrativos esta Cámara ha sostenido, siguiendo
al Máximo Tribunal nacional (Fallos: 330:3126) y la Corte local, que la pretensión que constituye el objeto del
proceso cautelar no depende de un conocimiento exhaustivo y profundo de la materia controvertida en la causa,
sino de un análisis de probabilidad del derecho discutido (“Soto”, AyS. 19:18 [14.12.2009].
Empero, por contrapartida la tutela judicial como la que se ejerce aquí para obtener el despacho
cautelar, presupone encontrarse rodeada de elementos suficientes y de una contundencia que torne verosímil el
derecho que se invoca o la existencia de peligro capaz de ocasionar perjuicios graves o de reparación difícil o
imposible; lo cual anticipo no resulta al caso.
En ese sentido la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha señalado, siguiendo, por analogía,
su doctrina tradicional en lo que concierne a concursos [para proveer cargos de profesores universitarios] que las
decisiones del Consejo de la Magistratura del Poder Judicial de la Nación no admiten, en principio, revisión
judicial, “aunque dicha regla no es obstáculo para que se ejerza judicialmente el control de legalidad de los actos
administrativos dictados en el curso de aquéllos, cuando sean manifiestamente arbitrarios” ( Fallos: 329:1723).
b. Pues bien, tal como se desprende del recurso principal, y como argumentación para la
incidencia tutelar, las cuestiones sustanciales que agravian a la actora consisten en la “inconstitucionalidad del
decreto 164/2007", el cual -dice- le impiden utilizar la vía recursiva contra las decisiones de los Cuerpos
Colegiados en el proceso concursal, y violan el “principio republicano de gobierno y de control externo entre los
distintos órganos del Estado”.
Asimismo, que el decreto 1643/2011, que impugna, presenta -a su parecer- innúmeros vicios “en
su procedimiento como en su resolución”, y sostiene que es arbitrario y por tanto ilegítimo al carecer de
“motivación suficiente” que lo sustente como acto administrativo válido porque, sin perjuicio de haber ser sido
impugnada la calificaciones realizadas por el Cuerpo Colegiado de Evaluación Técnica (desde ahora: el CCET.)
por “casi todos los postulantes”, el Poder Ejecutivo simplificó todas las cuestiones ventiladas por [la actora] en
relación a la “antigüedad” -retroactividad según el mayor puntaje o por puntajes escalonado-, “especialidad” y su
valoración, y específicamente en su caso [Galván, y junto a otros concursantes] a la puntuación otorgada a su
prueba de “oposición”.
Agrega, que por apartarse sin razones fundadas el Poder Ejecutivo del dictamen del Fiscal de
Estado que aconseja “un nuevo y más amplio análisis” e incumplir la obligación generada en el decreto
132/1994, le “hace presumir abiertamente que ‘desde el vamos’ los jueces para el Tribunal Colegiado de Familia
‘ya están puestos’ y todo el proceso de selección no es más que una pantomima...”.
Sostiene que el decreto 164/2007 limita la facultad y regla la selección de jueces, y “nada quedó
librada a la discrecionalidad de los evaluadores, excepto las consideraciones jurídicas”; y en ese orden, que el
decreto 1121/2008 establece los puntajes a darse a los “antecedentes en el “Poder Judicial o Ministerio Público”,
“ejercicio de Libre Profesión” y por “antecedentes por especialidad”, y por “antecedentes académicos”, y que de
ello resulta “manifiestamente arbitrario e ilegítimo el decreto 1643/2011 -que impugna- por cuanto sólo aceptó e
hizo lugar a [su] impugnación en lo escasamente relevante que el Cuerpo Colegiado de Evaluación Técnica
aceptó, despegándose e ignorando la normativa vigente para el proceso de calificación...” (sic).
Reafirma por ello, lo cual -dice- “oportunamente denunció”, la “ilegalidad, arbitrariedad e
irrazonabilidad en la calificación de los antecedentes profesionales...” por no “puntuar en sus antecedentes los
CUATRO años desempeñados... en función judicial como Prosecretaria en el Tribunal de Familia Nro. Dos de
Santa Fe... pese haber ejercido mas de Dos años la función judicial de Secretaria [de ese mismo] Tribunal... [y]
sólo se le otorgó Dieciocho (18) puntos, computándosele apenas TRES AÑOS DE ‘Especialidad’” sin otras
precisiones, al considerar [el CCET] que el cargo de “prosecretaria” no ingresa en la categoría de “funcionario
judicial”; en contradicción con los dictámenes del Fiscal de Estado y la asesoría legal del Ministerio de Justicia,
como órganos de superior jerarquía, y sin interpretar adecuadamente el decreto 1121/2008, arribando, en suma, a
una valoración errónea.
Igualmente acontece -señala- respecto de la calificación de los antecedentes académicos, al no
computarse de manera adecuada “la carrera de especialización en ‘Mediación’ y la ‘Magistratura Judicial’”, en
contradicción con el citado decreto 1121/2008; y que frente a la impugnación la CCET. -dice- se limitó a
proponer elevar esos antecedentes “‘en dos puntos, llevándolo al máximo reglamentario de tres puntos’”.
Lo propio -afirma- ocurrió en lo relativo a la calificación en la “prueba de oposición” que
establece el decreto 164/2007, y sin que el decreto 1121/2008 -anexo I, reglamentario del decreto 164/2007, que
determina la elaboración de los casos y preguntas propuestas por el Jurado- “nada especifica (aclara) acerca de si
las preguntas deben ser respondidas en forma separada o, bien pueda ser evacuadas las mismas dentro de la
resolución del caso que le sea asignado a cada postulante, como parte integrativa de la misma”, y de lo cual
resulta que el CCET. tuvo por no contestadas preguntas que respondió integrando los casos propuestos,
otorgándole 60 puntos y que [el CCET.] después de su impugnación ratifica, contraviniendo el dictamen
favorable a su parte del Fiscal de Estado.
Finalmente, tacha de nulidad la forma de las calificaciones de antecedentes profesionales y
académicos de los demás postulantes.
La demandada, por su parte, opone la falta de fundamentación del pedido en relación al peligro en la
demora, y afirma que no alcanza un “mero estado de incertidumbre”, asimismo, que tampoco la actora acredita
que de prosperar las impugnaciones pueda integrar la “terna cuya elevación al Poder Legislativo solicita se
suspenda”, y que refiere -concluye- a perjuicios severísimos para el Estado Provincial pero no directos para ella.
Sostiene, además, que Galván tampoco funda la verosimilitud de su derecho, siendo que el
procedimiento concursal se apegó al decreto 164/07 y que “la cuestión se centra... en el mérito otorgado por el
cuerpo a sus antecedentes... [y] ajenas a ‘razones de ilegitimidad’” como única causal de revisión, y agrega, que
los cuestionamientos no llegan a modificar los ternados “aún bajo el estricto cumplimiento de los Dictámenes de
Fiscalía de Estado”.
3. a. Ahora bien: no se advierte de las posiciones contrapuestas ni de las constancias
administrativas adjuntas, que con el acto impugnado se incurra prima facie en una decisión de ilegitimidad,
arbitrariedad o irrazonabilidad, y ello en tanto no aparece un apartamiento del procedimiento reglamentado para
la selección en curso, y de esa ausencia -por contrario- deviene que una contraposición capaz de destruir la
presunción de legitimidad connotada en el acto administrativo que se pone en crisis, demandaría de este Tribunal
una actividad valorativa e interpretativa de los hechos y normas legales y constitucionales intervenidas que
exceden largamente el restricto marco cautelar.
Así, respecto de los modos de computar los diversos rubros objeto de examen que atañen a los
antecedentes profesionales, especialidades, académicos y de oposición, lo cual importa la confrontación -en
principio- de los decretos 164/2007 y 1221/2009, y la ley 10.160, y la Acordada de la Corte local -acta n° 18,
19.5.2004- [siendo que la Ley Orgánica del Poder Judicial no incluye en el Libro Segundo entre los Funcionarios
Judiciales el cargo de “Prosecretario”, y dirimir, además, el alcance legislativo de la citada Acordada]; o si los
órganos de selección al expedirse lo hicieron de acuerdo o confrontando esas normas; o la incidencia del
invocado decreto 132/1994 y el carácter obligatorio o nulificatorio que podría cargar respecto de la decisión del
Jefe de las Administración Pública.
También corresponde verificar si los criterios de evaluación utilizados por el CCET. se ajustan o
no a los contenidos conceptuales y procedimentales fijados normativamente (y en un marco general:
conocimiento experto, interpretación de consignas, etcétera); la valoración de los respectivos antecedentes
académicos y su validación, y la que ameritan los demás aspectos examinados; la pretensión de recalificar los
exámenes de los demás postulantes -arriesgando en el caso de la oposición el anonimato que les atañe- y sin
haber sido citados como terceros en el proceso; y la suspensión que de ser acogido el pedido cautelar podría
sucederse indirectamente en las potestades de los Poderes Ejecutivo y Legislativo en la designación de los
jueces.
Por cierto, y así se podrá entender, que en este limitado marco no es posible considerar la tacha
de inconstitucionalidad contra el artículo 25 del decreto 164/2007, ni la desviación de poder que se esboza al
anunciar la “pantomima” de los “‘jueces puestos’” (conf. de esta Cámara: “Ramos”, A. 4:152 [27.3.2003], -de la
mayoría- “Dechanzi”, AyS. 25:467 [19.10.2011], y sus respectivas citas), ni tampoco, que sin un holgado debate
jurisdiccional lo podrían ser la vulneración de formas sustanciales o de vicios en la motivación y en la formación
de voluntad del acto administrativo, ni en síntesis la violación de los principios de legalidad, ilegitimidad,
razonabilidad y del debido proceso, según el reiterado criterio de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, y
que esta Cámara ha hecho suyo en numerosas oportunidades (por todos: “Spessot”, A. y S. T. 10, pág. 41, y sus
citas).
b. En lo concerniente al “peligro en la demora”, la alegación por la actora no trasciende el
campo de lo conjetural, y ello no sólo en razón de las consecuencias disvaliosas que se predicen, sino porque
-conjeturalmente, también- el proceso examinador no obliga -ni respecto de los postulantes que fueran ternados,
ni del orden de mérito que pudieran alcanzar- la respectiva selección por el Poder Ejecutivo y su remisión para el
acuerdo de la Asamblea Legislativa, ni tampoco obliga al Poder Legislativo (conf. mi voto de minoría en “Ruiz”,
AyS. 15:231 [5.3.2009]).
En síntesis, no aparecen cumplidos los recaudos que acrediten los perjuicios que la situación
impugnada podría ocasionar o su irreparabilidad, y por lo demás, seguramente, la respuesta de minoría podrá no
conformar a la recurrente, pero ello no autoriza -a mi juicio- en esta instancia la suspensión por el Tribunal de un
procedimiento cuya incidencia importaría incursionar en la legitimidad constitucional del régimen aplicable, lo
que excede el limitado ámbito del proceso cautelar (“Acosta”, A. 1:120; “Mascheroni Torrilla”, A. 4:102;
“Zalazar”, A. 5:50; “Soto”, ib., entre muchos otros), no observándose razones en el caso que autoricen a
apartarse de esos consolidados criterios.
Finalmente, en razón de no encontrar reunidos los recaudos establecidos en el artículo 14 de la
ley 11.330, y por las circunstancias explicitadas, corresponde el rechazo del pedido cautelar, lo que -desde luegono implica pronunciamiento sobre la admisibilidad del recurso (criterio de “Risueño”; A. T. 1, pág. 170, entre
otros).
Fdo. DE MATTIA. Di Mari (Sec.)
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