Descargar Texto - Memoria Digital de Lanzarote

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MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ Y ESPOSA, SOO, 1936
(M. Mujer)
-¿Nos puede decir su nombre y apellidos?
-Yo me llamo Manuel Pérez Hernández... y yo fui trabajador toda mi... primero fui
trabajador de por ahí, pago, de eso, cómo le dicen, que trabajamos pago, semos
peones de...
-¿Obrero?
-Obrero, estuve trabajando de obrero. Después me puse de agricultor con unas
tierritas al medio, que me las dio un tal Agapito de ahí, que se llevaba muy bien
conmigo, y él se fue pa Tenerife, y me dejó las tierras a mi, y después estuve
trabajando unos años con las tierritas esas, de medio, y después me compré yo
unos pedacitos y entonces me puse a trabajar en lo mío, y después me compró
unas cabritas, y tenía lo mío y tenía mis cabritas, pues después los pedacitos
míos que todavía los tengo, y ahora ya no los hago porque me dió también la
enfermedad esa de Guillén Barrés (síndrome de Guillain-Barré) y estuve en el
hospital, llevo ya seis mese con eso, entonces lo hacen mis hijos y mi mujer
también les ayuda un poquito
(pausa).
-Pues, don Manuel, ¿nos puede decir la edad?
-Tengo 73 años.
-¿Y dónde nació?
-Yo nací aquí, en Soo.
-¿Y su padre a qué se dedicaba?
-Mi padre se dedicaba a trabajar también lo de obrero, sí, se dedicaba, mi padre
trabajó toda la vida de obrero, pero... yo no, yo estuve primero trabajando de
obrero, después estuve con unas cabritas pago, me pagaba uno que tenía tres,
otro que tenía cuatro, yo se las guardaba y me las pagaba, y después me puse de
labrador, de agricultor, porque me dio uno ahí que me conocía muy bien y me dio
unas tierritas que tenía, él se marchó pa Tenerife, me dio las tierritas, me dio la
camella, me dio todos los avíos, y me puse a trabajar ahí, 20 años estuve
trabajando en eso, y después compré unos pedacitos míos, y los arené y los tengo
arenaos todavía. Y después compré unas cabritas, y me puse con unas cabritas,
tenía las cabritas, trabajaba el pedacito mío, y después fui aumentando las
cabras, aumentando las cabras, y los pedacitos míos siempre han sido
trabajando, ahora no, yo no los trabajé este año porque enfermé, pero los tienen
los hijos míos, trabajan los hijos míos y mi mujer también, y hasta aquí.
-¿Las tiene aquí, en Soo, las tierras?
-Las tierras sí, las tengo aquí... bueno, dos tengo en Tinajo, que tengo cuatro
pedacitos arenaos, y dos tengo encima de la Villa.
-2.55 ¿Y qué se cultivaba antes?
-Antes sandía, tomate, batatas, plantamos cebolla, tabaco... yo llegué a plantar
tabaco, mi mujer y yo, y coger 40 quintales de tabaco, y los plantamos, porque el
tabaco daba mucho trabajo, lo teníamos que hacer semillero, después se
plantaba, con un plantón, uno a uno, después, cuando era grande, teníamos que
ir a espuntar, después lo cortamos, lo echamos al sol, después lo traemos, lo
estalamos todo, lo hacíamos manilla, lo empaquetábamos, ¡eso lleva un trabajo
que da miedo! Y después lo vendía uno y le daban de esa hora cuatro perras. Y
después a hacer la cebolla, cuando venían los catalanes a llevar cebollas pa allá,
a llevar cebollas, pa allá, y después la cebolla se fue a pique también cuando
entró Dimas en el complejo, porque se la compró él toda ahí, ahí la echó a perder
todo porque le echaron toda la basura a aquello, no pagó ninguna... pues,
después ya nos hemos dedicado a echar alguna sandía, alguna batata, que la
batata ya se ha ido a pique también, ya no la quieren, la sandía pues la que se
come aquí na más.
-Las sandías de Soo tienen fama de buenas.
-Sí, pues eso,y alguna cebolla para comer una, porque cebolla ya no echa más
que tres o cuatro ná más, porque pa las islas... y Las Palmas y Tenerife también
echan cebollas. Pues nada, aquí se ha ido la agricultura a pique, se ha ido todo a
pique.
-Pero antes vivían prácticamente de la agricultura
-La agricultura y la pesca y las fábricas que había ahí, que había cuatro fábricas
ahí, que eso la gente mantenía las fábricas ellas, y después la agricultura. Lo
primero se plantaba cebada, que es lo que se plantaba, cebada, trigo, centeno, y
eso, que es lo que se plantaba aquí, porque después, más antes que se descubrió
la batata y la sandía y eso, y esto vino a coger tino cuando el estado empezó a dar
para arenar la costa esa, porque eso no era más que piedras ahí, pero después el
estado empezó a dar ayudas y eso, y se empezó a arenar y empezó a coger tino
esto aquí, ¡pero más antes nada! 5.20 Pasamos hambre aquí, el que no tenía un
pizquito de tierra para comer pasando hambre, porque después que no había
trabajo, ibas al Cabildo, y a lo mejor te tocaba una quincena, 15 días, a los 15
días te paraba pa darle al otro, y así, porque no había na, no había na. y... comer,
buá, se pasó hambre aquí... como un ministro de guerra.
-¿Y qué hacían?
– Aquí nada, mira salíamos a rebuscar, me acuerdo yo, que yo salía, iban a
recoger la batata y después salimos los que no teníamos batata, íbamos a los
hoyos que escarbaban ellos para coger si dejaban alguna, empezábamos a
escarbar hoyos para sacar alguna raicita que dejaban ellos, la traemos,
cogemos la sancochamos, la partimos, si habíamos cuatro o cinco en la casa
la partíamos en rueditas, tocábamos a dos rueditas, antes, yo me acuerdo,
cuando la edad de Franco, cuando la guerra, terminó la guerra ahí, ahí se
pasó hambre que... de miedo. Y después esto vino arriba, arriba, poco a poco,
a poco, y después el estado empezó a dar para arenar ahí en la costa, pues ahí
se empezó a arenar y se echó el millo, se echaba sandía, y se echaba todo,
porque antes no se echaba sandía y nada más que trigo y cebada y centeno, es
lo que se plantaba aquí, en el pueblo éste, ¡y después venía un viento y se lo
llevaba tó! ¡encima venía un viento y se lo llevaba tó! Pues nada, la mayoría de
las veces, pasando hambre la gente aquí.
– Pero con lo que daba el campo....
– Siempre se rastrillaba.
– ¿Y algún animalito también?
– Sí, aquí casi todos aquí tenían dos, tres cabritas, ahora les molesta tener las
cabritas en el pueblo, no quiere nadie tener cabritas en el pueblo, ¿y de qué
vivían antes? Tenían su camello en el pueblo, tenían su burro, tenían sus
cabras, y ahora tienen unan cabra al lado de su casa y no la quieren, les
molesta, pues ¿cuánto no han estao para el corral este mío quitarlo de aquí?
Nos lo han quitao porque vienen las perras pa los corrales de los políticos,
porque el corral viejo poco dinero para quitar el corral de aquí, que los hacen,
que los hacen, pues se gastan las perras y después no los hacen, pal próximo
año lo mismo: se ponen las perras y después no lo hacen, y así.
– Entonces después de la guerra se pasó mal, les daban las cartillas.
– Sí, sí, sí, pero eso nada, te daban medio kilo de azúcar...
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¿Y cuántos hermanos eran?
Nosotros éramos seis hermanos. Te daban la... eso lo daban en la villa,
teníamos que ir a la villa, en la Villa, que se llamaba la que repartía las
cartillas se llamaba Severa y el marido se llamaba Pablo, me parece, imos allí,
allí nos daban la cartilla, imos allí y nos daba a lo mejor un kilo de azúcar, un
kilo de leche en polvo... pues después el kilo de azúcar tú lo vendías para
comprar otra cosita, te daba para otra cosita, se lo vendías a los ricos y la
mayoría de las cosas las vendías para después tú comprar un pizquito de
gofio, o cosas de esas. Y allí nos daba a lo mejor 10 kilos de millo, 15 kilos de
millo, lo molíamos pa hacer gofio y así... todo por cartillas, por cartillas, ya
después se quitó esto de las cartillas, ya venía, ya compraba usted donde
quería, si tenía perras, ¡porque había veces que tenía usted cinco pesetas y no
tenía dónde emplearlas, porque no había dinero! Yo llegué a trabajar la
semana por 60 pesetas, ¡seis días, de sol a sol! Y me pagaban sesenta pesetas,
10 al día y es limpiando ahí la costa, limpiando... lo que pasa que... con diez
pesetas, me acuerdo que mi madre me daba a un día pa mi me daba 10
pesetas, bah, salía usted pa la calle y tenía perras... las que querías,
pero...¿hoy? Hoy también.
¿Y a donde iba la juventud para salir?
8.55 ¿la juventud? Pues nada, salimos aquí, aquí cuando los bailes antes en
su época, antes hacíamos bailes en Soo, y me acuerdo que bailábamos por
turnos, a lo mejor en toda la noche te tocaba una vez entrar, porque los
casinos eran pequeñitos, y entramos a bailar, nos poníamos en la cola, se
ponía uno a gobernar y se ponía, “entra tú ahora, entra, que te toca, entra..” y
te toca, a lo mejor, si había mucha gente, te tocaba dos piezas en toda la
noche, pa bailar, y ya está.
Los hombres entraban por turnos, las mujeres sí podían entrar...
No, la mujeres sí podían entrar, las mujeres sí entraban todas, los hombres
entraban por turnos. Y a lo mejor una vez, si había mucha gente, una vez te
tocaba en toda la noche, y pelear, porque peleas todos los días, claro, pelear...
y la noche que había baile si no se peleaba parece que no había baile ninguno,
y cuando había las fiestas también, si no peleaban , es que no nos conocíamos
los mismos del pueblo, había, los de abajo, los del puente abajo, no nos
conocíamos los unos a los otros, me acuerdo que íbamos a la escuela y
salíamos y nos tirábamos piedras los unos a los otros, como los gatos salvajes,
era mucho salvajismo antes...
¿Y sólo iban a las fiestas de Soo o se recorrían todos los pueblos
caminando?
Yo me acuerdo que tuve una novia en San Bartolomé cuando ya estaba
hablando con esta, yo, y yo estaba trabajando en la fábrica y tenía una novia
en San Bartolomé, y... pues después fui un domingo fui a hablar con ella, un
domingo, salí caminando, después estuve allí hasta las nueve de la noche, a
las nueve de la noche para salir pa venir caminando pa Soo ya me daba
miedo, me acurdo que allí en en monumento del Campesino, aquello era una
peña, allí no había nada, nada, más que una peña, y allí decían que salían
las... las corujas y eso allí, y cuando venía por allí se me ponían los pelos de
punta... bueno, fui ese domingo, fui al otro domingo también, cuando salí de
trabajar a las nueve de la noche, que pasé por allí, digo, “mira santísima,
vendré yo, esta mujer tiene que tener oro, para venir yo aquí”, no fui más, qué
va, con el miedo que pasaba allí cuando venía, cuando pasé la peña pa arriba
digo “ésta tiene que tener oro para venir yo aquí”, qué va, yo no vuelvo más, y
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no volví...
¿Qué se decía, que había brujas?
11.08 Que habían... aquello, que si había atracadores, que salían brujas, fíjate
tú, qué me iban a llevar a mi, que yo no llevaba ni cinco céntimos en el
bolsillo.
Claro, y antes sin luz por esos caminos...
Nada, no había luz por ningún sitio, al escuro por ahí pa arriba, y caminar,
salía a las nueve de la noche, allí por el Campesino pa arriba, una peña allí,
más solitaria que...
¿Camino de tierra?
Camino de tierra, de eso, no había más que caminos, no había ni carreteras ni
na, y pasaba uno miedo por aquello, digo “¿yo?, qué va”, digo, voy a seguirme
con la que estoy, que la tengo allí a la puerta de la casa...
M. Antes íbamos a los Dolores caminando, la fiesta nuestra era...
Pues nada, después, ésta se quedó ya sin madre, se le murió la madre, de
soltera, yo estaba en el cuartel cuando se murió la madre, pues después
cuando salí del cuartel me fui pa La Palma, estuve trabajando en la Palma, me
fui pa La Palma, y después cuando vine me casé, ella era de 18 años, yo tenía
veintipico también, me casé porque ya estaba sola, me casé, y después pegar a
patear ahí, tenía una casita allí arriba, cuando me casé no tenía más que un
buequito sólo, y después me compré una casita, se la compré a un tío mío,
después me fui pa La Palma para pagar la casita, y después cuando vine, la
historia mía es grande, cuando vine de La Palma compré la casa, y puse ahí
una tiendita, ahí, en el almacén ese que van los moros, eso era una tiendita
que tuve ahí, después pegué... iba pa abajo y pa arriba, pa abajo y pa arriba, y
después pegué a hacer una cocinita ahí para comer, para no estar todo el día
pa abajo y pa arriba, después pegué, pegué y pegué y hice la casa, y aquella de
allí la vendí después, la otra de arriba, y me vine pa aquí pa abajo.
¿De qué trabajaba en La Palma?
12.57 En la Palma estuvimos trabajando... La Palma mantuvo a Lanzarote
mucho tiempo, en La Palma hubo trabajo, pero montones, allí había,
echando... escachando el volcán y después le echaban tierra arriba pa plantar
las plataneras, le echaban... carretar, se iba a carretar, allí, y después le
echaban la tierra y después le echaban plataneras. En la Palma casi todo se
trabajó en esa hora, porque esos de La Palma tenía perras porque venían de
Venezuela, se fueron casi todos pa Venezuela, cuando venían de Venezuela se
compraban un cacho de volcán allí, pagaban peones, lo escachaban y le
mandaban tierra arriba, y pa abajo estuve yo... me fui unas cuantas veces.
¿Iba y venía?
Sí, iba y a lo mejor estaba tres meses, después me venía, estaba otros tres
meses, y así.
¿Pagaban bien?
Pagaban... 30 pesetas me parece que era, 30 pesetas, en esa hora era un
sueldo bueno, pero yo ña primera vez que fui me fui... no me fui al volcán a
escachar volcán, me fui a hacer una carretera que iba por detrás, por el
Tasacorte, eso fue soltero, y yo me medí en Tasacorte, me fui nuevo, todavía
sin ir pal cuartel, y allí me midieron, y de allí me vine después pal cuartel, y...
estábamos arriba en la montaña, no podíamos bajar a los pueblos, nada más
que arriba en la montaña porque quién bajaba pa los pueblos sin luz ni nada
por allí pa abajo, y salimos a trabajar, los días chicos salimos a trabajar con la
noche, por la carretera pa alante, y allí nos daban la comida y 40 pts, era un
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sueldo loco cuando fuimos pa allá...
¿40 pts. Diarias?
40 pts diarias y la comida, la comida era poco, porque... un jarro de agua
caliente por la mañana, y después a medio día le llevaban potaje de garbanzos
o sancocho, las papas las tiraba por allí pa abajo y volvían a nacer, las
plantaban y volvían a nacer, muchas papas pa tanta gente... y los garbanzos
pasó lo mismo, los tiraban, los garbanzos así los plantaron y volvían a nacer
también. Y allí estuve poco, allí estuve poco, esa vez estuve poco, digo “esto,
qué esclavitud”, no podías bajar pal pueblo, no podías bajar, nada más que
allí venía... el bueco que tenías era de madera, de troncos de los árboles
mismos, hacían troncos, un almacén allí, y después te quedabas encima
pinochos de esos, pinochos, ramas de pinochos, tenías un cacho de manta, lo
echabas debajo, y allí te quedabas, una esclavitud que da miedo, como... como
los esclavos de antes. Claro, y había que ir porque hacía falta, aquí no había
trabajo ninguno, pues teníamos que irnos allá a La Palma, escapó mucho, allí
trabajando.
Encima aquí llovía poco...
15.36 Claro, es que no llovía nada, los años ruines aquí, escapé la... se
marcharon casi todos, agricultores y todos se marcharon... después me vine
pa Tenerife, sí, también estuve en Tenerife también estuvimos tres meses. Me
acuerdo del primer día que fui, no se me olvida el primer día en Tenerife
porque llevé 200 pesetas, y yo fui ya con trabajo conseguido de aquí, y
entonces estamos esperando allí en el bar por el amo que viniera, a ver dónde
nos quedábamos esa noche, después el amo llegó, dice “mira, se van a quedar
allí arriba, en las gallanías, en un pajalito que tengo allá arriba, que ya
mañana les arreglo yo donde quedarse, porque ya esta noche la hora que
es...”, bueno, pues el pajalito no tenía ni ventanas ni nada, lleguemos...
pusimos... era un primo mío y yo, nada más, y pusimos.. él puso la ropa
dentro de una cesta, que le caía por dentro de una cesta, y yo la puse dentro
de una silla que estaba allí... cuando me levanté por la mañana que fui a
vestirme, ropa ninguna. Chacho, ¿y la ropa? ¿la ropa? Allí dentro en
calzoncillos, mi primo buscando por allí por fuera la ropa, digo, “pues
perdemos de trabajar otra vez”. Pues después fue para allá con el traje y
encontró la ropa dentro de la anilla de la burra, me quitaron las perras, me
quitaron las 200 pesetas que tenía, me quitaron las llaves, me quitaron el
carnet, me quitaron todo y me dejaron la ropa allí... ¡bue! Pues nos vestimos,
fuimos a trabajar, pero después vino el dueño y dice “yo sé quién fue”, pues
después fui a la tarde allá, me salió la madre, dice “mira, la ropa y el carnet la
tienes aquí, pero las perras no, porque se las gastó”. ¿Y qué le iba a hacer?
Gracias a que mi primo tenía alguna perrita pa ir comiendo esa semana allí,
hasta que cobré...
¿Y a qué fue a trabajar?
Trabajando de eso, de... de eso, de obrero, trabajar de obrero allí, trabajando,
yo estuve trabajando arriba, yo estuve más arriba, que estábamos haciéndole
una pasita allí a la iglesia, estábamos allí, allí comencé, y después de allí pasé
a Tenerife, pa abajo, pa la capital, y allí estuvimos haciendo una casa, una
casa grande allí estuvimos haciendo, yo estaba allí para los barrenos y eso, los
daba yo, y los cantaba y eso, y los tapaba, no había más que cuatro allí, y yo
estaba como jefe allí, los mandaba a comer, los mandaba a trabajar y eso.
Pues allí estuve tres meses también o por ahí estuve, y me vine pa acá, y yo
estuve unos cuantos días pa allá y pa acá, pa allá y pa acá, así nada más que
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estaba tres meses.
¿Y la mujer ya con hijos aquí?
Síí.
M. Yo me quedé con seis hijos.
Yo tuve seis hijos, yo tuve seis hijos, y todos, todos, ese que entró aquí con un
coche pa aquí es hijo mío, que ese es cocinero, está en La Santa de cocinero, y
tengo otro también que era cocinero, que dejó de cocinar, que está ahora
conmigo aquí, dejó de cocinero porque se le quemaron todos los pies por
debajo, y se le cambaron los dedos y eso, y dejó de trabajar la cocina. Y
después tengo otro que es maestro albañil, y después tengo otro que tiene la
lavandería abajo... Lavanda, esa...
En Arrecife...
Que es casao en la península, y en Arrecife tiene la lavandería. Los míos
tengo... después tengo una hija y una nuera que están en la lavandería,
empleás en la lavandería, pero , los míos no... porque los veo por ahí todos
marijuanaos, no les puedes decir nada, los hijos todos marijuanaos, echaos a
perder y todo, y nos les puedes decir nada, los míos no tuvieron tiempo a
marijuanarse, porque no tenían tiempo a fumar.
¿Los tenía trabajando de pequeñitos?
Venían de la escuela a plantar cebollino. Me acuerdo que éste, éste, que era el
más pequeño de todos, éste fundaba las rodillas al suelo, porque no llegaba
para plantar cebollino, fundaba un a rodilla y con otra rodilla fundaba... los
míos no, y están ahí, y yo estuve enfermo ahora tres meses, en el hospital, que
no podía darme vuelta ni ná, y tres meses cada uno iba su noche a quedarse
allí, todavía no me han perdido el respeto ninguno de ellos, ninguno. Vienen,
aquí, viene a mi casa, yo tampoco... yo tengo confianza también con ellos,
hablo con ellos, ellos hablan conmigo, dónde estuvieron, dónde no están... la
madre no, la madre les pelea más. Pero yo no, no, yo me echo a reír con todo
lo que dicen, y los míos ninguno es marijuanao, que los veo por ahí, chiquitos,
no saben, fumando marijuana, fumando basura de esa ná más, después
vienen, le destrozan todo a los padres, les destrozan todo aquello, estos míos,
gracias a Dios, me salieron todos buenos. Las hembras... cuando les tocaba a
las hembras quedarse conmigo iban allí, a quedarse las hembras, tengo dos
hembras, iban los cuatro varones y las hembras, una que está trabajando iba
el domingo, pa no perder de trabajar iba el domingo, todos los domingos se los
dejaban pa ella, pero... yo con los míos estoy muy contento, yo siempre los
invito a comer, a lo mejor un día los invito nueras, nietos... y los días de
Reyes, esos los invito a todos, a todos los nietos, de todo, vienen unos
veintipico, sí, y después el día de los padre, igual, también los invito, y
después otro día invito... el día de la Madre también, tres o cuatro veces al año
los invito a comer a todos, a todos, todos juntos.
Y con seis niños, ¿qué los tuvo, aquí en la casa o abajo...?
M. A dos en el hospital, porque tuve problemas, a todos los demás en casa,
hay aquí una mujer que se llama Inagua, y sabía la mujer...
Y los tuvo en su casa.
M. Y después iba al campo, los metía en... tenía el burrito, y tú sabes que
antes había unas alforjas, metía a los chiquitos en las alforjas para ir al
campo, sí, sí, y sin madre, porque no tuve una madre que me ayudara, nada...
Claro, así aprendieron desde chicos, los llevaba...
Sí, sí, yo de chicos los llevaba, después ponía la silla a la camella, porque
también tenía un camello, ponía la silla a la camella, a la sombra, cuando se
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dormían los acostaba allí en la sombrita, y nosotros a... ¡bah! Pasó unos
trabajos como un...
¿Y sanos? ¿Cuando se enfermaban, a Arrecife?
21. 34 A la Villa, a la Villa.
¿No había curanderos, aquí en Soo?
M. Sí, había una mujer, antes les dábamos leche de cabra, gofio con pasote, se
echaba agua al gofio con un poquito de pasote, los criamos así... no teníamos
otra cosa.
¿Y remedios caseros?
M. Hierbitas y eso, también, a mi no se me murió ninguno.
Todos los crié, unos barriguitas, otros de criaban barrigúos porque... le daba
uno leche, la leche a lo mejor se la dabas sin rebajar ni nada, la leche... se
criaban los pobres, mocositos, porque no tenías, estabas plantando allí en el
campo y los tenías pa allí tiraos, no tenías tiempo de ir a sonar pa no perder
de plantar, se pasó trabajo...
Y de pastor, ¿por dónde salía usted con las cabras?
22.30 Por aquí pa arriba, por donde salen pa arriba...
¿Y hasta dónde llega?
Hasta Tiagua, pero bueno, llegan y ahora estarán llegando también a Tiagua...
¿Y tiene unos caminos marcados...?
Noooo, caminando va por los caminos y después se tiende uno por todas las
tierras blancas esas, pa arriba, antiguamente no había mucho donde tenderse
porque sembraban mucho, pero ya hoy que está todo de monte, hoy sí se
tiende el ganado pa allí pa arriba.
¿Y se le perdió alguna cabra, alguna vez?
A mi no se me perdían, a éstos sí se le pierde alguna, a los moros se les pierde
alguna, pero a mi no se me perdía, porque yo tenía un perro bueno, y a veces
traía cabras salvajes de Fuerteventura, ¿cuántas no maté? Una vez me
acuerdo que compre nueve ahí en Arrecife, cabras que no habían visto nunca
el campo, estaban ahí encerradas en un corral, y las nueve la maté, entre el
perro y yo las matemos, no seguían el ganao... las maté a veces con un palo, a
veces con el perro, las maté a las nueve esas, porque no había manera de que
manaran, claro... antes hacía uno perrerías que no eran pocas.
¿Y cuántas cabras tenía?
Nosotros no teníamos muchas, cien cabras... antes no teníamos muchas,
porque ordeñabas a mano, también, 80 cabras, 100 cabras, lo más que tenía
uno. Yo tenía un hijo que se levantaba a ordeñar y sacábamos a lo mejor 100
litros de leche, entre los dos, y nos hartamos a madrugar, pero ya después que
sacaron las máquinas éstas sí...
¿Y luego que hacían con esa leche, la vendía también?
No, la estamos vendiendo al complejo, fue cuando comenzó el complejo,
bueno, yo comencé antes del complejo, yo comencé a vender en San
Bartolomé, a la lechería de Jorge, esa, ¿sabes? Esa me la pagaban que era a
50 pts el litro, y... después ya comenzó el complejo que empezaron a pagar a
80 pts, pero pa qué, a 80 pts si pasemos más miserias ahí que... aquí
desapareció todo el ganado, antes había mucho ganado aquí, pero aquí
separeció, porque el complejo empezó a no pagar leche, a no pagar leche, ibas
tú por allí por millo, le pagabas el millo allí, y no te pagaban la leche, que yo le
decía “pero, mire, dennos el millo a cuenta de la leche, si no tienen dinero”,
pero vamos... había que llevar el dinero pal millo, y la leche se la quedaban
ellos. El que tenía unas perras el ganado fue manteniendo, fue manteniendo,
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pero el que no tenía aquello fue esapareciendo todo el ganado de aquí del
pueblo de Soo, usted cree que en el pueblo de Soo había todo ganado, y en
Muñique, cuando pagó el complejo ese el dinero a 80 pts, nos pagó tres o
cuatro meses, después esapareció todo el ganado de ahí, porque aquí sólo
quedemos tres.
¿Y ahora se paga bien?
No la pagan bien, pero la cobras, ¿sabes? La cobras y lo menos será que la
cobres, porque pagándola están pagándola a 80 pts, 80 pts de las antiguas,
que son 50 céntimos, o así, y... pero la cobras todos los meses. Y después te
da el Cabildo 12 pesetas, que te da porque fue un trato que hicimos cuando
hicimos la huelga, que hicimos una huelga allí en el Cabildo, llevamos el
ganao pa allí pa abajo y fuimos delante del Cabildo, no sé si ustedes se
acuerdan de eso, y entonces se acordó de darnos 12 pts pa la subvención de la
leche que se están llevando pa allá.
¿12 pts por litro?
Por litro, y... mira, ya va a hacer un año y pico que ya no pagan. Y entonces ya
empecemos a salir la leche un poco más, con las 12 pts estas, y después el
gobierno nos da, que eso viene de la Unión Europea, nos da 5 pts por cabra
todos los años, también, bueno, a mi ahora me están pagando por 350 y tengo
500, porque ya no pagan más, con las que tenías apuntadas ya... pues eso, y a
veces con una cosa y con la otra te va dando pa escapar, porque ahora mismo
con los que estamos ganando escasamente te da para la ración, que un
container de esos de ración te vale un millón de pts., y eso te aguanta un mes,
un container de esos de ración que tenemos ahí.
¿Para darles de comer?
Para darles de comer. Y viene de Las Palmas, no sólo es que sale caro, es que
el flete...
¿Porque las sacan por ahí porque en el campo ellas comen, pero les
compran la comida...?
Pero si no dan nada, pues si no compras pienso y compras millo, na...¿ellas
comen en el campo? Ellas van al campo y a lo mejor de hierba le echan una
mordida o dos y la misma se vienen con la golosina pal campo, si las dejan
venir ahora se vienen corriendo pa aquí, a comer millo y pienso ahí, claro el
ganado sale jarto de aquí, porque mientras estás ordeñándolas les echamos
los granos pa que coman, mientras estamos ordeñando, pues se jartan,
cuando salen de aquí no tienen ganas de comer, pues se echan pa allí pa
arriba y no quieren venir hasta que les da la gana de comer que quieren venir
pa aquí otra vez.
Pero antes no se le echaba nada de esto.
Antes no se le echaba nada, antes salía como ahora y el ganado comía, porque
llovía, y había poquito ganado, no había muchas cabras, pero antes había
hierba en todos sitios, el ganao venía, pero no se echaba nada, antes ¿millo?
Pero si lo mismo teníamos para comer nosotros, no se le echaba nada.
¿Pero daba menos leche?
¡Claro! Eso no daba... mira tú, teníamos a lo mejor 10 o 12 cabras y daba... 6
o 7 litros, para hacer un quesito así, y después el quesito ese ibas a venderlo a
Arrecife, y traías otras cositas pa comer.
¿Porque las cabras se ordeñan todos los días?
Sí, todos los días, cuando dan cría se ordeñan todos los días, después a lo
mejor hay dos meses, tres meses, después de que cogen macho que ya falta
poco pa la cría que ya no se aprovecha, se dejan sin ordeñar, todavía, y así,
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pero las cabras se ordeñan todos los días, a lo mejor siete u ocho meses todos
los días.
¿Y los que nacen machos?
Los cabritos los matamos, los cabritos los matamos, bueno, si quieres criar
cabritas, crías, porque nosotros las crías las hacemos todas por los machos,
no los matemos todos, pero otros años si no quieres criar, matas hembras y
matas machos y todo, y los vendes.
¿Cuántos cabritos suele parir una cabra?
Ellas paren hasta cuatro, cuatro, yo tengo una allí que parió, pero una
casualidad de esas no hay muchas, pero yo me parece que la he tenido dos
veces, que ha parío cinco, cinco. Pero cuatro, tres... tres paren casi todas,
porque las cabras comen mucho, están gordas, cuando más gordas están se
les echa el macho y más veces pare, pero de dos, de dos casi todas...
¿Machos tiene usted?
Sí, sí, machos tengo ahí abajo en un corral de mi hijo, cuando paren les
sacamos los machos, ahora no sé si hay 12, 13 machos hay. Porque cuando se
los soltamos, yo los suelto en julio, en julio les suelto los machos, y entonces
como es mucho ganao pues hay que traerles muchos machos, porque si les
traes dos o tres machos, es como un hombre si le echas cuatro mujeres...
(risas) lo agotas, y como hay mucho ganao pues se le echan muchos machos
pa que el ganao venga casi todo apareao.
¿Y no le vienen a buscar los machos para otra gente que tiene cabras?
No, no, el que tiene cabras tiene que criar machos, sí, sí, sí, sí, el que tiene
cabras, tiene machos, porque es como el otro, que dice, si quieres pescao vete
a la mar.
¿Y entonces suelta en julio los machos y se quedan preñadas
normalmente enseguida?
Sí, sí, hombre, siempre se queda alguna cabra que se marchó, no quedó, se
trancó, y después sale mal, pero natural todo el ganao, casi enseguía.
¿Y cuánto dura el embarazo de una cabra?
30. 55 Cinco meses, cinco meses, a los cinco meses... ellos a las cinco lunas, a
lo mejor no coge los cinco meses, le faltan diez días, cinco días, o así, pero
desde que cogen las cinco lunas, porque si dan cría antes de las cinco lunas,
dan cría con los baifos vivos y se mueren , porque no tienen el tiempo
necesario, y entonces cuando llega el tiempo, a lo mejor están vivos, si le falta
pa la luna cinco días, a lo mejor están vivos los cinco días y después que
llegue la luna se mueren. Pero ellas crían, por natural, son cinco meses.
¿Les tiene que ayudar a parir?
No, algunas, alguna que no le vienen los baifos bien, alguna que se le
atraviesa el baifo, no le deja salir al otro, vienen los dos baifos juntos y... hay
que meterle uno pa adentro pa sacarle el otro, siempre hay que aquello,
alguna que trae el cogote pa atrás, bota las patas, pues hay que buscarle pa
enderezar el cogote, pa sacar la cabeza también porque así no nace, si bota las
patas primero y el cogote virado pa atrás no nace.
¿Y eso lo hace usted, no un veterinario?
Sí, eso lo hago yo, eso no viene un practicante ni nada, nada más que lo hago
yo mismo, y... a veces hay que rajárselo un poco, tiene uno un festurín de
esos, le raja un poco pa arriba y entonces lo saca. Sí, hay que hacer de todo,
uno es como el médico, el médico no lleva a las mujeres a hacer la cesárea y
todo, pues uno igual, lo que pasa que... la cabra a lo mejor se muere más
porque la cabra uno no... a lo mejor no aquello tanto como un médico pero...
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el médico le pone todo el tratamiento, le pone todo, y uno a lo mejor le pone
una inyección, pero...
¿Y le cose después?
No le cosemos, no le cosemos, eso después se cura natural, echamos spray de
eso y aquello y eso se cura natural. Ya le digo que a veces alguno se queda que
tiene que meterle las manos pa aquí pa adentro pa sacárselo de la barriga,
debajo de la barriga, porque... y algunos se le quedan dentro y después la
cabra se hincha, porque no te das cuenta de que le quedaron más, y después
la cabra está hinchada y... se enferma, claro, tu te vas a dar cuenta cuando la
cabra está hinchada atrás que tenía otro baifo, a lo mejor miras dos y dices, ya
no le quedan más, y tenía otro dentro, y a lo mejor está dos, tres días, y te
vienes a dar cuenta a los tres días, ¡bah!, después la peste que le queda todo
dentro, tienes que ponerte un paño...
¿Porque ya está muerto?
Claro, está muerto y hinchao, y está la cabra... algunas escapan, algunas no
escapan, y así, pero se muere mucha cabra todos los años, se muere mucha,
yo pierdo mucho ganao todos los años.
¿Y las que se mueren de eso se pueden comer?
Ya ¡baj! Ni la que se muere de eso ni la que se muere ninguna, aquí la muerta
se tira, se entierra pa allá, y eso na, ¿muerta se va a comer? Ni cabritos ni ná,
no, muertos aquí no se come nada, aquí ni enfermas, aquí vienen los moros a
comprar, han venío aquí, aquí hay una cabra enferma y no te la vendo
tampoco. Dice “esa”, “no, esa está enferma”, yo no se la vendo.
¿Y cuando se le enferman las cabras las lleva al médico o usted mismo?
No, les ponemos ahí, nosotros tenemos inyecciones ahí, tenemos terremicina,
tenemos otro que le dicen betioni y... y se la ponemos, la inyección. Después la
leche hay que botarla dos días, porque si la echas la leche ya no sirve, porque
la leche la analizan todos los días, llevan un frasquito y allá en...
Sí, yo vi que cogió un botito...
Eso, el botito blanco ese le apuntan el nombre mío, el nombre no, el número, y
allá ahora analizan toda la leche esa, está la veterinaria que analiza la leche,
desde que le encuentra algo ya te manda una carta. Aquí cada uno tiene su
aquello, ahí no puedes echar nada, si la leche está mala ya sabes que te llega
la carta, y si sigue mala te la dejan...
¿Y cuando sacaba las cabras, cómo las diferenciaba, les tenía nombre...?
Sí, sí, a todas les ponemos su nombre. La que es morisca le decimos morisca,
la que es negra le decimos negra, la que tiene las orejitas chicas le decimos
grumata, la que es capilota, le decimos capilota, todas las cabras tienen un
nombre. Si tenemos 300 bueno, a lo mejor hay repetidas, hay tres moriscas o
cuatro moriscas, les decimos moriscas, pero todas les tenemos su nombre...
¿Y cuando las trae sabe que las tiene todas porque...?
Sí, y después... mira que yo no voy con las cabras, de tanto tiempo ir con las
cabras, van los moros, me pongo ahí, sentao ahí cuando el ganao pega a subir
pa arriba y si falta una cabra le digo “ tal cabra no vino hoy, la cabra...”, “no,
que está parida parriba”, digo, “ah, sí, sí”, uno más o menos... y si estoy
ordeñando menos se le escapa a uno, porque está ordeñando usted y
enseguida se da cuenta de la cabra que no entró a ordeñar, dices “esa cabra
no entró a ordeñar”, a lo mejor un día se le escapa, pero dos no.
¿Y si se le queda alguna por ahí viene ella sola o tiene que ir a buscarla?
No, hay algunas que se quedan paridas, ¿no?, y si se quedan paridas pues las
dejamos parir y después a lo mejor vamos a buscarla, sabemos que se quedó y
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la dejamos y vamos para el otro día... sola no viene, si lleva muchos días sola
viene a beber, pero desde que viene a beber sale otra vez para todos los sitios.
Ah, porque paren por ahí.
Claro, alguna cría por ahí, la mayoría cría por ahí, y alguna a lo mejor está
parece que a la montaña, y se te fue pa la montaña y no te diste cuenta y no
sabes dónde tiene los baifos, entonces la acechas cuando viene a beber, sale
por ahí pa arriba, entonces la vas acechando, si te ve no va adonde están los
hijos, tampoco, porque los baifitos los deja ella y allí quedan todos echaítos, y
hasta que la cabra llegue... y después la vas acechando y entonces cuando vas
cerca los baifos ya pegan a bailar, a bailar, y entonces pegan a bailar los baifos
y todos bailaditos los baifos, y entonces sí la escapé ya, porque cuántas...
algunas paren por ahí y no sabes, porque las dejas atrás, porque está y
después de allí se muda pa otro sitio y ya no sabes dónde están, y después
tiene que irlas mirando al otro día, si está dos días o tres, y después vas
tapiándola pa ver dónde están los baifos.
¿Y alguna vez ha habido problemas con perros o algo, a los ganados?
Sí, sí, sí, yo tuve una medio cría mía ahí, cerca de ahí, y me parece que tuvo
tres baifos o cuatro baifos, y vino una perra y me mató los cuatro baifos, la
cabra no, las cuatro crías me las mataron, pues cogí la perra, porque la cogí,
llamé a los celaores, vinieron los celaores aquí y se la llevaron, apuntaron allí
a la perra, apuntaron el nombre mío, los cuatro baifos y se la llevaron.
Después apareció el dueño, vino la mujer aquí iba a pagar los cuatro baifos, y
yo le dije “mire, yo no... yo los baifos no se los voy a cobrar, yo lo que quería
cogerla porque... aquello”, dice “es que la perrita se me soltó”, no sé qué, la
mujer vivía en ........, “pues mire vaya usted a la Villa y dile que le dé la perra”,
fue a la Villa pero qué va, no se la daban, qué va, “que la perra no te la damos”
y no sé qué y no sé cuanto, pues vino la mujer aquí otra vez, pues me costó ir
a la Villa pa que le dieran la perra, firmé yo allí que estoy conforme con que le
dieran la perra, y le dieron la perra y la mujer más contenta, y después me
trajo hasta un... una bandeja de dulces me trajo la mujer, y empeñá en que le
cobrara los baifos, y yo, “que no, ¿cómo le voy a cobrar los baifos?” Yo llamé a
los celadores por si acaso la perra, porque no sabía de quien era y para que se
la llevaran a la perrera. Pero siempre hay perros sueltos, otra vez atacaron
también pa arriba, pa allí pa arriba también y esa vez mataron a la cabra, los
baifos los dejaron allí, pero la cabra la mataron los perros, y a mi hermano
también le han matado cabras, allí pa atrás también, siempre hay perros
sueltos, perros grandes de esos, aquí no hay muchos, no, pero siempre hay
algún perro suelto, que los abandonan y se comen las cabras, se las comen
no, las matan, pero no se las comen... pero la vida de antes hay que contarla
porque... se pasó miseria.
¿A la guerra no fue ningún familiar?
39.10. no, mi padre, mi padre fue a la guerra, mi padre y mi suegro también,
esos llegaron a ir a la guerra. Mi padre no llegó... no llegó... yo creo que mi
padre no llegó al frente, no, mi padre no llegó al frente, porque yo nací...
cuando estalló la guerra fue en el 36, y en el 36 nací yo, a mi padre se lo
llevaron pero nunca llegó, nunca llegó al frente, pero mi suegro sí, mi suegro sí
llegó.
¿Estuvo en la península?
Sí, sí, y después tuve un tío también que murió en la guerra, que murió en la
guerra, un tío tuve también.
¿Y cómo tenían noticias de ellos?
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M. Ellos escribían.
Mandaban cartas, siempre hubo cartero aquí.
M. Mi padre que fue de único, sí, y yo creo que le pasaban... le mandaba un
dinero.
Manda un poquito, una... le mandaba a la mujer, pero un poquito, lo que es
ahora un nada.
M. Por lo que sé una ayudita le mandaba.
¿Y no contaba cómo se refugiaban allá?
Allá también pasaron miserias, ¡buá! Y gracias a los moros, a los moros que
Franco los engañó ahí, cuando pegó a decirles que moría allí y nacían otra vez
en su país, ahí los engañaron y los moros siempre iban alante, a cual más
alante iba...¡claro! Porque les decía, “no, tú morir aquí y nacer allá”, y ellos se
creían que era verdad, y ahí ganó la guerra España la ganó con los moros...
¿Y por aquí no se veían después militares...?
Sí, sí, estuvieron... estuvieron en Caleta Caballo, ahí estuvieron, después que
terminó la guerra ¿cuánto tiempo estuvieron allí? Un montón de tiempo, y
aquí por detrás tenían también... garitas de esas, casitas de aquellas pa
vigilar, y después estaban en el castillo arriba en la Villa, ¿no hay un castillo
arriba, de los moros, aquel? También allí estuvieron soldados, y en todos los
castillos, en el castillo de San José, allí estuvimos haciendo guardia, en el
castillo aquel que está arreglado para los turistas, allí íbamos a hacer
guardias, desde allí al cuartel, que yo serví aquí, íbamos a hacer guardia allí, y
estábamos siempre haciendo guardia.
M. Y los moros intentaban de venir, venían en pateras antes...
Pero los moros no venían, los moros estaban con España, bueno, la guerra fue
toda de España, unos con otros, pero los moros los tenía Franco, los moros los
tenía Franco, que todavía yo creo que hay moros que están cobrando la paga
de Franco, ahí en El Aaiún, en aquello, todavía hay moros que dicen que están
cobrando ahí, y... después ya más tarde ya venían, ya venían, cuando terminó
la guerra y eso, ya dicen que venían por ahí, aparecían por ahí con una patera
de esas, y...
¿Y la gente que no era de Franco, esa gente qué hacía, se iba de aquí...?
Eso, yo no sé, porque yo nací en esa hora... la guerra fue dividía, ¿no? Ahí
peleaban padres e hijos en contra porque los que agarró Franco, los tenía
Franco, y los que agarró el otro partido, los tenía el otro partido, y después ya
se ganó la guerra, que la ganó España y ya después se unieron todos, el que
mandaba era Franco, y mandó a toda España junta... pero de esa hora,
primero fue que había el rey y Franco peleó contra el rey, entonces los que
apañó Franco, fue como ahora el asalto ese que dio Tejero y el otro, que si no
se le vira el otro hubiera habido otra guerra también, pues esa fue igual. Y
después ya de que Franco cogió el mando, pero...
Que pasaron trabajitos...
44.10 Aquí se pasó trabajo, trabajo, trabajo más grande. Yo me acuerdo, yo
tenía los pies por debajo todos corteaos, me salieron unos cortajes, yo
caminaba así ná más, como un burro... y descalzo, porque estaba descalzo,
porque ¿quién se ponían antes las alpargatas? Y aquí abajo había un aljibe,
había un tal D. Luis, que era de Mozaga, y el aljibe ese era de D. Luis, y él
venía, la estaba trabajando, haciendo una pellata al centro, y él venía en su
caballo, era un hombre medio rico, porque aquí no había nada más que una
tiendita sólo, y entonces me vio caminando así, y él me llamó, me dice
“chiquillo, ¿qué te pasa?” porque yo era un chavalillo aún. Le enseñe los pies,
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“Ay, cómo caminas con eso. Mira, cuando vayas para arriba, vas a la tiendita,
que yo”, nunca se me ha olvidado, eso, “vas a la tiendita que yo te dejo unas
alpargatas allí pagas, pa que te las pongas”. Yo no llegaba a dos horas que
estaba pa allí pa arriba pa ir a la tienda, cuando salió él pa arriba, me fui pa la
tienda, me dio las alpargatas, y ¿qué hice? Yo no me las puse, las escondí pa
los domingos, las tenía escondías pa los domingos, yo más tunante los
domingos, todos descalzos y con con mis alpargatas, unas alpargatas de
esparto de esas por bajo, y todos ellos descalzos y yo con mis alpargatas
nuevas, y después cuando iba pa mi casa me las quitaba y las escondía otra
vez para el domingo, así. Y cuando lo veía a él yo no venía, porque si me veía
sin alpargatas, me mata. Pero siempre me he acordao, nunca se me ha olvidao
el hombre ese, mira que yo era pequeño, nunca se me ha olvidao, venía en su
caballo él aquí abajo y él vivía en Mozaga, y me llamó cuando me vio
caminando así y me dijo, me llamó y me dijo “¿qué te pasa, mi niño? Cuando
vayas pa arriba yo te dejo unas alpargatas pagas allí y te las pones” ¡chacho,
aquello fue para mí...! porque antiguamente iban las madres, no dejaban a las
hijas solas al baile, iban con ellas, y tú ibas a hablar con la hija, ibas a la
casa, te ponías a hablar ahí fuera y la madre en la esquinita, tenías que hablar
despacito pa que la madre te sintiera, y si le querías dar un pellizcón, ¿sabes
lo que hacía ésta mía? Ésta mía, si le iba a dar un beso le gritaba a la madre
“¡madre!”, parecía que se lo iba a decir, le contestaba la madre, “¿qué?”,
“¡Tráele un vaso de agua a Manuel!”, me ponía de agua a veces como un
peloto... porquee cada vez que le iba a dar el beso le gritaba “¡madre, tráele
otro vaso de agua!”, no le hacía na, a veces se me iba el cerro y decía, ésta me
va a reventar bebiendo agua, aquí... vino, no, de esa hora no tenían vino, no
tenían ná, y siempre me acordaba de eso, siempre me acordaba, y claro, no les
hacías tú nada por que estaba allí... Y ella iba al baile, y yo me acuerdo que a
veces pues no tenía alpargatas, tampoco, más que iban con unas alpargatas
de esas blancas, y entonces a lo mejor la vecina iba también y tampoco tenía
alpargatas, ¿sabes lo que hacían? Compraban unas alpargatas entre las dos,
una se ponía una y otra se ponía otra, ¿y sabes lo que hacía para hacer ver
que no era aquello? Se amarraba un dedo hacer ver que tenía un golpe y no se
lo podía poner, y no se la podía poner la otra, y iba con una sola, para que la
vecina se pudiera poner la otra...¡bueno, las historias de antes! Eso se ve hoy,
como yo las veo ahí que vienen por las hijas se las llevan, las llevan pa allá y
las traen por la mañana y digo, bendito sea Dios, esto sí que es una juventud
de hoy... y antes ibas los domingos a hablar con ella, ¡los domingos! Y se
ponían allí fuera, o si te ponías dentro, si tenían dos habitaciones, ellas se
ponían en la puerta, en la esquina allí, y no te dejaba tampoco ni, ni, ni, ni
resollar, eso de antes, cuando uno cuenta las historias de antes, yo se lo
cuento a mis hijos y ellos no lo quieren creer, ellos no lo quieren creer, dicen
quite, quite de alante, que está ahora usted diciendo boberías y...
Antes en los bailes las chicas siempre acompañadas...
47.25 Claro, siempre las madres con ellas, siempre, allí iban las madres con
ellas y... y allí no podías, y Dios nos libre que tú te arrimaras bailando mucho
con ellas, te ponían la retranca así, arretirao pa atrás, bah, es que la juventud
de antes, de todo hay que contar de antes, antiguamente hay que contar de
todo, porque de todas miserias se vieron, todo... porque lo de antes pa hoy,
¡bah!
Es diferente pero vivían más o menos...
Hoy no se ve un pantalón roto, como antes, antes se ponía un pantalón roto,
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se ponía un parche, ¡las mujeres de hoy es que no saben ni coger una aguja,
ni coger una aguja! Ellas, las mías, las mías a veces les quedan los pantalones
grandes a los maríos, los cortan por ahí y vienen a que mi mujer se los
pespunte por debajo, es que no saben ni coger un vuelto a un pantalón, que
ellas no han cosido nunca, que no...
¿Y fueron al colegio todos los hermanos?
48.30 Sí, sí, sí, al colegio... sí, mis hijos y mis hermanos también fueron todos,
lo que pasa es que antes que uno aprendiera, es que antes no... usted cree
que hoy el libro, con los seis libros que les cargan a los niños gracias a los
carritos esos, ahí tengo yo una nietita, nieta no es, bisnieta, y aveces viene por
aquí porque ellos viven en la Caleta y vienen por aquí, y el otro día traía su
carro y levanté, y ¿usted cree que no podía con el carro? Con el carro, digo,
¿pero, Dios, qué es esto? Antes llevábamos una cartilla, la cartilla primera, la
segunda y la tercera, ahí paramos ya, ahí no íbamos más a la escuela, no
sabíamos, escasamente firmar y leer, bueno, y hoy un chico de esos sabe más
que los grandes.
¿Usted aprendió a leer y a escribir?
Sí, a leer y a escribir sí. Un poquito, mucho no, lo que se aprendía antes, pero
leo y escribo un poco.
¿Y de cuentas?
De cuentas también sé, de cuentas sé sumar, sé dividir y sé multiplicar y
eso... restar y mira, los cuatro aquellos los sé.
¿Usted tuvo una tienda?
Sí, tuve una tienda.
50.15 ¿Y las cuentas las hacía con signos?
No, con libros, apuntaba, teníamos un libro y algunos venían no tenían
perras, les apuntabas el nombre y le apuntabas lo que era.
Es que había el que hacía para una perra una redonda...
No, eso fue, eso fue más antes, más antes había eso... más antes no, ahí
estaba la de José Machín que tenía una tienda allá arriba y esa apuntaba con
redondeles.
¿Era gente que no sabía contar?
Sí, redondeles, una peseta era más chico, un duro era más grande, y todo, y
por eso después sacaban así. Sí, sí, sí...no, yo no, yo ya en la época mía todo
el mundo escribía un poco ya, mucho no, pero sabían... porque mi madre iba
a la tienda y cuando venía cogía unas piedritas y se ponía a apartarlas para
saber esto me costó tanto, esto me costó tanto, esto me costó tanto... y por las
piedritas sacaba lo que le costó, sí, sacaba si se equivocó la tienda si no se
equivocó. Mi padre tampoco sabía escribir, y de ese aquello casi nadie sabía
escribir, de esos que fueron a la guerra, casualidad que sabía uno escribir.
¿Y al colegio que iban, aquí mismo, en Soo?
50.53 Sí, tenemos un colegio aquí, tenemos un colegio aquí, este en Soo, éste
no, porque este es un colegio que lo hicieron ya mucho más nuevo, pa allí pa
abajo hay dos y más abajo había otro, íbamos al colegio, me acuerdo que
teníamos una maestra maaaala, mala como la quina, nos ponía de rodillas y
nos ponía cascajos debajo, de las rodillas, como íbamos con pantalones
cortos... ¡chacho! Si te llegabas a menear tenía una tabla, te ponía las manos
así y te daba bandazos con la tabla aquella, y después había hasta pulgas, les
decía que le llevásemos pulgas dentro de una caja de fósforos, y le llevabas a
lo mejor tres o cuatro pulgas, si te portabas mal te metía una dentro del oído,
siempre me acuerdo, mujer mala, porque a aquella le gustaba.
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¿Los niños eran buenos?
Los niños a lo mejor no sabían, pero si no sabían leer, no sabían la lección o
eso y dejarlos allí sin comer hasta... no nos soltaba medio día y nos dejaba sin
comer allí porque no sabíamos las lecciones, era mala... pero mala de verdad,
esa mujer se portó muy mal.
¿Y eran maestras o era gente de aquí que sabía...?
Buá, maestras que cualquier niño de hoy sabía 20 veces más que ellas, pero
esa era maestra, maestra, sí.
¿Y era de aquí?
No, esa no era de aquí, esa era no sé si de Las Palmas, era mala, mala sé que
era, me acuerdo que se llamaba Isabel, se llamaba, Isabelita la llamábamos
nosotros, y... pero era mala como la quina, mala... nosotros le teníamos un
miedo, qué va, no podíamos hablar de ella que era mala, porque digo, si se
entera nos parte las costillas.
¿Y las pulgas se las hacía traer a ustedes?
Las pulgas se las traíamos nosotros, ella misma las encargaba, decía “el que
me coja dos o tres pulgas no le pego” porque antes había pulgas, antes
teníamos pulgas, enseguida había pulgas, se las llevábamos dentro de una
caja de fósforos, las tenía allí metidas en aquello, después de dos o tres
hambreando, que nos las metía en el oído... después venías casa y tenías que
echarle leche o algo al oído, aceite o algo al oído pa sacar la pulga pa fuera,
siempre me acuerdo de eso, era mala, pero mala de verdad, la mujer...
53.25 ¿Y a misa iban, también, los obligaban a ir a misa?
A misa no nos obligaban, lo que pasa que íbamos cuando hacía tercios de
noche, que rezaban de noche, por mayo me parece que era, por mayo me
parece que era, y íbamos al tercio, pero nosotros no íbamos por rezar ni na, ya
zagalotes grandes, por hacer la maldad, después salimos allí y pegamos a
echarnos piedras los unos a los otros... claro, tirabas piedras, nos tirábamos
piedras, los de abajo con los de arriba, buá, huyendo los unos de los otros, por
si acaso las piedras, pero nosotros no íbamos por rezar ni nada, ni rezar ni
sabíamos rezar, por ir allí... por ir allí, en los mayos, me parece que era, el
mayo entero...
¿Porque las mujeres sí que eran de ir a misa?
Sí, sí, las mujeres sí.
¿A las niñas las llevaban a misa, no?
Sí, sí, los grandes, los machos éramos que no íbamos a misa, no, no íbamos a
misa no íbamos pa na, más que allí acechando pa hacer la maldad cuando
salíamos.
¿Y las fiestas de los Carnavales?
54.03 Los Carnavales aquí se corrían tres días ná más, porque ahora son
carnavales y están más de dos meses de carnavales, aquí carnavales era la isla
entera tres días, comenzaba el domingo, lunes y martes, tres días de
carnavales, que era domingo, lunes y martes y el miércoles de ceniza, esos tres
días, pero antes se divertía usted en los carnavales, igual que en San Juan,
antes en San Juan se hacían unas fiestas aquí en Soo, se hacían dos verbenas
en las eras esas, sí, las verbenas se hacían dos verbenas porque se llenaban, y
después salíamos, eran dos días de San Juan, y después, el primer día
salíamos y después amanecíamos pal otro día y salíamos de casa en casa,
tocando, y nos juntábamos en todas las casas y nos daban un vasito de vino,
o un vasito de coñac, o un vasito de anís, cada uno tenía lo que le parecía, los
andábamos las novias, y cantando y tocando nos andábamos el pueblo entero,
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cuando terminamos ya terminábamos templaos, templaos ya, porque nos
daban vino, mesturamos la bebía, porque la gente bebía todo, antes por un
vaso de vino íbamos de aquí a Teguise, a beberte un vasito de vino. Y hoy lo
botan por ahí y no lo quieren beber.
¿Hacían hogueras, también?
También se hacían, el día la víspera se hacían hogueras, había las hogueras se
hacen todavía, las hogueras de San Juan todavía se hacen, pero ya no... ya no
se hace fiesta en San Juan.
Y lo típico de la hoguera de San Juan que le ponen un muñeco, el
Facundo le llaman, ¿aquí se hacía?
No, pero aquí no se hacía, nosotros no ponemos ná, aquí no ponemos ná, más
que hacemos una tonga de madera ahí, y no todos las hacen, más que algunos
que las hacen de madera ahí, de palés, una tonga de madera y la queman ahí.
Eso dicen que era bueno pa las novias las hijas, no sé qué...
¿Era muy mágica la noche San Juan?
Sí, la noche de San Juan, pa que... igual que San Antonio, aquello para que le
den un novio a la hija, mira tú, que un novio a la hija, como no venga...el
solajero te lo va a dar San Antonio, qué cachondeo la gente de antes, tenía
también cosas que...
Pero para las parrandas sí eran buenos, ¿verdad?
Sí, sí, las parrandas y cantar... y después a lo mejor tú querías a mi novia,
empezábamos a cantar el baile y después salíamos afuera y nos pegábamos
trompazos ahí por la novia, que aquí, aquí se clavó una vez un cuchillo, le
clavó un cuchillo el uno al otro por una novia, empezaron a cantar ahí, a
cantar, después ya salieron pa allí a peliar y le clavó el cuchillo, por las novias.
No, a mi eso no me gustaba, no, yo... si la quiere otro se la dejo a él, pero a mi
no me tocan los huesos por una mujer, ella sabrá lo que hace... pero antes,
cuentan unas historias antes que vamos...
¿Alguna cosita más, alguna anécdota?
57.35 Yo pequeño, yo pequeño era muy noble, ¿sabes? Yo me mandaban a los
mandaos todos e iba callaíto, porque antes a todos los chicos los mandaban y
iban, ahora mandas tú a un chico a la tienda a cualquier cosa y no va, te dice
que no más fresco que una lechuga, o vaya usted, pero yo era muy callaíto,
muy mandaíto pa todo lo que me mandaban, y aquello, y a mi yo siempre me
la llevaba por ahí, me acuerdo que una vez yo estuve con unos ahí guardando
unas cabritas, pequeño yo guardaba unas cabritas, por la comía na más, ¿qué
comía? Gofio, me daban un puño gofio o sandía y eso, y estuve con las
cabritas, guardando las cabras, después me fui, después me vino otro pa
guardar cabras también en las laderas, fui pa las laderas, ese fui en la noche,
vine por la noche, y al otro día por la mañana dice la mujer, dice, “mira, voy a
ir contigo pa enseñarte las lindas pa ya mañana vas solo”, bueno, me echó un
cacho queso y gofio, antes en las laderas hacían queso, y yo... un cacho de
queso bueno, sí, más de un cuarto de kilo era... ella fue por una linde, yo fui
por otra, saco el queso, me lo como, y después le digo “mire, yo me voy pa mi
casa”, la mujer más colorá, dice, “¿que se va pa su casa? Y ahora me deja con
las cabras solas” “sí, porque yo me acuerdo de mi madre”. Rompo pa mi casa y
me vengo. Otro día, después estaba mi padre trabajando en el cine Atlántico,
donde está hoy el supermercado, que le.. allí, en la calle Real, ahí estuvo
trabajando mi padre, y vino uno de... de Tías, que se llamaba, le decían Don
Alfredo porque tenía dos o tres ...... le decían Don Alfredo, se llamaba Alfredo,
y se lo dijo a mi padre, le dice, “Oiga, usted no me conseguiría un chiquito ahí
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pa que me guarde dos o tres cabras, porque el que tengo se me va a ir y...” “Si
yo tengo uno, pero no sé si se amaña”, “Sí, hombre, conmigo sí se amaña,
porque no somos más que nosotros dos solos y conmigo se amaña allí, no va
más que a guardar las cabras al ladito pa allí...” bueno, me lo dijo mi padre a
mi, y digo “Sí, sí voy, sí voy, sí”, dice mi padre “¿tú te vas a amañar o me vas a
hacer el ridículo?” “Sí, cómo no me voy a amañar”. Me llevó mi padre pa abajo,
me llevó un lunes, ellos venían, antes trabajaban en Arrecife, no venía más
que los sábados pa arriba, me llevó un lunes, el viejo vino allí por mi y me
llevó en la guagua... oye, yo no había estado nunca en Arrecife ni había salido
nunca de aquí, pero yo iba en la guagua, pero yo iba en la guagua iba mirando
los puntos de la carretera, por donde iba, por donde no iba, cuando llegué allá
arriba llegué a la tardecita, me dio de comer, dice “ven para darte de comer”,
comí,me llevó pa allí pa la cama, me acosté. Por la mañana cuando me levanté
me dice “ven para desayunarte”, fui y me desayuné, salí de la cocina pa afuera
y digo “mire, yo me voy pa mi casa” “¿que se va pa su casa? ¡hombre, que lo
fui ayer a buscar en la guagua, que vine aquí, que tal...!” “sí, porque yo me
acuerdo de mi madre, yo me voy”. Salía por allí pa abajo y digo, “ay, santísima,
que me pierdo”, por la carretera pa abajo, carretera abajo, carretera abajo y al
llegar a Arrecife, pero a llegar ahí al Guanapay, me acuerdo ahora porque sé
que era el Guanapay, pero entonces qué sabía que era el Guanapay, y allí
había ya sabes que está la calle Fajardo y la otra calle que está allí así, y digo,
ahora no sé por qué calle, sé que es una calle de éstas, pero no sé por a calle
que es, si es por la calle de arriba o por la calle de abajo. Le pregunté a una
mujer que pasaba por allí, “¿mire, usted sabe dónde están haciendo el cine ese
nuevo?”, dice, “mira, coge por aquí, mi niño, allá abajo, allá abajo enfrente
está” bajé por ahí pa abajo, cuando llegué le tocaba a mi padre salir, mi padre
pa abajo “¿no te lo dije, mijito...? pues ahora a ver si encuentro una mujer”,
siempre iba gente a Arrecife, “a ver si hallo por aquí con quién mandarte pa
arriba”, pues halló allí una mujer, me compró mi panito, y me mandó pa
arriba con la mujer, me vine caminando, íbamos caminando a Arrecife, y me
vine otra vez andando...
Pero se aprovechó de la cena, del desayuno...
Sí, sí. Después fui con otro de la Villa, un tal Eufemio, que... y vino también
pa llevarme pa guardar cabras, mi padre le decía “él no se amaña” “sí,
conmigo se amaña”, eran amigos... mira tú qué penitente era que no sabía
donde quedaba el pueblo de Soo. Me llevó, pues me tuvo tres días, pero ¿sabe
por qué me tuvo tres días? Porque me echaba pa allá pal castillo y no vía el
pueblo de Soo, y yo decía, “coño, ¿dónde queda el pueblo de Soo?” ¡porque si
no ya me iba el primer día! Pero un día tráeme pa aquí, pa la cuesta de la
Villa, aquí pal lao del volcán, y veo el pueblo de Soo, digo “¡Aaaaaah, mira el
pueblo de Soo, allá!” él estaba pa allá, que estaba en la huerta, voy y le digo,
“mire, yo me voy pa mi casa” “¿Que te vas? Si has estado aquí tres días” “sí,
tres días porque yo no veía el pueblo”, al rato me vine pa mi casa, y así
estuve... yo estaba mucho acomodado aquí y después en Soo sí, en Soo sí
aguantaba, aquí en Soo sí, porque me iba pa mi casa, aquí después estuve con
otro, estuve arando 12 meses, y... sí, aquí en Soo sí aguantaba, pero...
Pero desde que lo sacaban de Soo...
¡Qué va! Pa acá, pa acá para mi casa. Y una vez... eso no lo quiero contar, lo
voy a contar pero... yo lo he contao un par de veces, pero no lo han querido
creer. Antes amasaban todos los panes redondos eses, todos...
El pan del campo le llamaban...
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¡Los agricultores, los otros no, los que no teníamos nada no! Porque los
agricultores amasaban panes redondos, mira que no eran chicos, amasaban, y
voy, ustedes diran que es mentira eso, pero lo he contao muchas veces y ellos
lo sabían ya, los viejos sabían, y entonces estaba arando yo con el tal Agapito
ese que después me dio las tierras a medias, estaba yo arando con él, y el día
de San Juan me dijo, “mira, mañana no vas a arar, pero ven pa abajo, vas un
ratito con la camella, que soltamos los camellos pa allí pa el..., vas un ratito
con la camella pa arriba pa que luego comas aquí en casa”, ¡coño!, yo fui
chiflao porque ellos hacían puchero, nosotros no hacíamos ni puchero ni
nada, pues ellos hacían su puechero, amasaban sus panes y todo, y pues
nada, voy, coño, me como mi pan y me como mi pucherito, pos fui. Pero
después había otro vecino... yo tenía una mochila que no sé si ustedes
recuerdan , que todavía las hay, una mochila de esas de lana con las bolitas
esas por fuera, me echó un pan en la mochila, “pa que te lo comas después pa
ir pa abajo”, bueno. Seguí pa abajo, había otro vecino allí, me echó en la
camella también me echó otro pan, después otro vecino había, me echó otro
pan. El resultado fue que llevé 12 camellos, me echaron 12 panes, y allí
arrequintá de pan, arrequintá. Yo desde que salía del pueblo pa abajo, bah,
empecé a comer... mire, no los mordía los mascaba, en lo que llegaba de allí al
coche me comía un pan de aquellos, cuando llegué allí encima de las Caletas
me quedaba un pan de los doce panes... porque antes usted comía y no
mataba las ganas de comer, hombre, comía y cuanto más comía... tenía la
necesidad metía en los huesos. Me quedaba un pan, digo “coño, voy a dejarlo
pa más tarde”, lo puse en la mochila, me asenté allí y los camellos, tres,ahí
mirando pal pan, digo “bueno, comérmelo ahora y comerlo después es lo
mismo”, cojo el pan y me lo como.
¡Doce panes!
Me mandé los doce panes, que se cuenta y no se cree. Al poco rato tenía una
sed, ay mi madre, qué me hago ahora, Dios, cómo llevo los camellos yo ahora
pa arriba, si llevo los camello pa arriba me mato cuando llegue pa arriba...
pero abajo en La Santa, que le decíamos, aquello era un cortijo, que eran
salinas de sal y eso, y allí tenían cabras, y allí había un aljibe grande y le
daban agua al ganao allí, y allí dejaban el balde, acuérdome digo, coño, voy a
ir al río, ahora dejo los camellos aquí, echo a correr, voy al río y bebo allí. Pues
nada, echo a correr, dejo los camellos allí, voy al río, saco un balde de agua,
pego a beber agua, bebí medio balde de agua. Mire, no caminé como de aquí al
coche, la barriga creciéndome pa arriba, la barriga creciéndome pa arriba, y yo
de puntas así, ay mi madre, y la barriga pa arriba, ya tenía la barriga cerca de
los ojos. ¡Si no lo largo, me muero! Si no largo el pan, me muero, pero hice dos
montones de pan como... como fríos de esos, aquello se esponjó... mira, mira,
mira, estuve enfermo unos días. Vaya, vaya, vaya cochiná, vaya cochiná. Yo lo
cuento, lo he contao todavía y dicen, “bah”, digo, “pregúntele a los de los
camellos a ver si no todos me dieron un pan”... que antes no mataba usted las
ganas de comer, antes comía usted por ahí, bué. Y conmigo todos los
agricultores allí, había unos vecinos que se llevaban muy bien, yo era...
siempre estaba pelao, y aquellos, yo era chiquitito, y me llamaban, cuando
trillaban, me llamaban, pa trillar, les ayudaba a trillar, me amasaban gofio,
me daban de comer, siempre llevaban allí, los vecinos llevaban la.... y yo no
pasé mucha necesidad por eso, porque siempre me llamaban, los vecinos
tenían y me llamaban y eso... pero se pasó, se pasó bastante.
Pero pan poco, ¿no?, pan era difícil.
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¿Pan? Pan aquí el primero que amasó fue uno que tuvo una tienda ahí, tú lo
conociste, Juana, Juan Brito, ese. Con ese estuve yo arando, estuve doce
meses, y ese inventó, tenía la tienda y no salía pan, pero inventó de amasar
los sábados, tenía un hornito de esos que hacía de los campos, pequeñito así
como... y amasaba, pues bueno, el pan ese lo tenía toda la semana hasta el
otro sábado, y después a lo mejor le sobraban tres o cuatro panes de ocho
días, estos panes con los mujos aquellos, y si le sobraban tres o cuatro panes
me los daba a mi, “toma, llévalos pa arriba, le quitas los mujos esos y te los
comes” ¡pues yo me los comía antes de llegar a mi casa! Qué mujo ni mujo, yo
no le quitaba el mujo ni le quitaba nada, yo no le quitaba los mujos ni le
quitaba nada. Arrancaba el pan de ocho días, fíjate sí tendría mujo, y las
cortaba aquellas, estaba llenito de mujo parecía, buf, trancaba antes de llegar
a mi casa me comía los tres panes o cuatro, me los comía como... mira tú la
que se pasaba antes... y ese fue, el primero que pegó a amasar aquí en Soo fue
ese, el Juan Brito ese, que amasaba de ocho a ocho días amasaba, una cestita
de pan. El que tenía con qué iba a comprar un panito, el otro no compraba, y
después pal sábado como volvía a amasar, si le sobraban tres o cuatro, pues...
los tiraba, pero él no los tiraba, me los daba a mí, dice “tú lo llevas pa arriba,
le quitas los mujitos esos, te los comes...” “sí, yo los llevo” los llevaba, antes de
llegar a casa no tenía ni pan ni mujo ni ná. Antes comía uno, hacía uno
cochinás que...buá. Otro día, en la misma tienda esa, en la misma tienda, si
empiezo a contar no se van a despedir, uno de Tinajo le traía las uvas, y se las
traía de ocho en ocho días también, y nosotros toda la noche... en esa hora ya
era grande, era grande que ya era casado, no sé si era casado, íbamos pa allí,
y cuando le vino aquel con la... allí íbamos seis o siete todas las noches, a
pasar el rato allí, y cuando vino el Liandro pa traer las uvas frescas a este,
pues las otras estaban asalagás y eso allí todas en la caja, y las daban pa que
las comiéramos, bueno, las comíamos, todas. Y dice... le dije yo... dice uno
“Coño, pues yo quedé medio jarto” “bah, estás mintiendo, quedaste medio
jarto con los cuatro cazos de uvas esos, yo me como todavía tres kilos de uvas
más” “Nada, si los comes, te los pagamos, y si no te los comes tienes que
pagarlos tú”. Pues bueno, pues venga, pesemos los tres kilos de uvas... qué va,
no me los comí porque pegué a comer, sí, de principio sí, pero después me
chupaba el agua el borujo aquí, se me hizo el cachete aquí del borujo de la
uva, no podía tragarlo pa abajo, qué va... pues no me los comí, me costó
pagarlos a mi. Después acabaron riéndose de mi, riéndose de mi, el cachondeo
allí, digo “¿no les clavaré yo a estos?”. Al otro día no comí en todo el día, todo
el día estuve sin comer, cuando vine pa abajo ya empezaron con el cachondeo
de la uva, digo “yo no me los comí porque me hicieron reir que si no me los
como”, digo “pues ahora me como cinco kilos de uvas” se envalentonaron,
empezaron a apostar, pesaron los cinco kilos de uvas, me los pusieron encima
de la mesa, me pusieron un babero pa que no se me cayera ninguna por bajo,
tranco con los cinco kilos de uvas, un hambre que tenía... parecía un piano
comiendo, cuando me queda un racimito así dice uno “ho, ho, déjame
comerme yo el racimo este porque si no no las apruebo” ¡y me pegué los cinco
kilos de uvas! Hacía uno cada cochinada, muchacho, hacía uno cada
cochinada que yo no sé, yo siempre estoy contando de las cochinadas de
antes. Otra vez en Tiagua, me fui a Tiagua, y yo tenía un amigo allí en Tiagua,
en esa era soltero, iba a muchos bailes en Tiagua, a los que iba ella iba a
todos, y ese se llamaba Víctor, lo tenía y lo tengo, que se llama Víctor y todavía
no ha muerto, se casó en la Villa, dice “Manuel, vamos a comer higos”, ahí
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estaba, comer higos y me daba una paliza... “que no, que los higos son de mi
padre”, es mentira, que los higos no eran del padre. Pues ná, fuimos a comer
higos, a comer higos, a comer higos, él no comío uno , pero empezó a echarme
pa allí, y a cogerme y yo allí, yo comiendo higos, comiendo higos, comiendo
higos. Cuando terminé de comer higos eché las cáscaras allí, dice “vamos a
contar todos, a ver cuántos te comiste”, nos pusimos a contar las cáscaras, 80
higos, higos picones, 80 higos, ahí está él como los contó él allí, pues él
después lo dijo “¡se comió 80 higos! Quita, hombre, quita, en esa hora, yo creo
que uno tenía el estómago como un elástico, que se esflama, yo creo que sí,
chas, chas, chas, había cada cochiná, que hacía uno cada cochiná, y es que...
lo mío es una historia que... pasé de todo, pasé de todo, porque después hacía
esas cochinás, después había un día que no te tocaba más que un pizquito de
gofio, te comías aquel pizquito de gofio y tenías las tripas ahí engruñás,
porque tenías las tripas ahí ensanchás, después el día que te tocaba la
comida... ir con la cabras, iba con las cabras con mi abuelo, y mi abuelo
guardaba unas cabras ahí que eran... las guardaba para un señor todas las
tierras ahí de él, se llamaba Juan Martín y le guardaba un par de cabras... y
iba con las cabras, mi primo y yo, íbamos los dos, dos chavales, cogimos una
batata, robamos una batata y le hicimos un agujero así a la batata, y desde
que mi abuelo se metía las cabras ahí en la hoya íbamos y empezábamos a
ordeñarlas en la batata, para beber la leche, y a ordeñarlas, y nos bebíamos la
leche, y el balde que hacíamos era así una batata y empezábamos a comerla
con un cuchillo por dentro, bué, veinte veces...
M. ¿Y el viejo no se daba cuenta?
Qué va, las cabras no eran de él, qué sabía el viejo si las ordeñábamos o no,
nosotros las ordeñábamos allí la media y bebíamos la leche... y después pues
nada, después ya pegué, pegué, pegué, porque yo no tenía, porque la casita
que cuando me casé no era más que un buequito na más, un buequito que
tenía mi suegro allí, pego con el buequito aquel, después empecé con otra casa
que tenía otro buequito, después ya hice la casa... hice la tiendita primero,
hice la casita, y después ya me compré un renolito... mi furgoncito, y después
ya más tarde era chico me compré un furgón, un nissan de esos, y después a
los tres años me compré otro, un danso, y después me compré otro que lo
tengo ahí, un toyota, me compré el cochito ese, me compré la caravana, así es
que nunca le falta a uno...
Ahora no se puede quejar, ¿no?
No, ahora no, y tengo pa comer.
M. Ahora tiene pa comida y no puede comer porque padece de la...
Ahora no puedo comer, que tengo azúcar, antes no padecíamos del azúcar,
¿cómo íbamos a padecer del azúcar si íbamos a todo caminando, allí a la
caldera... yo me llegué a levantar, yo me llegué a levantar de medianoche, ir
ahí dentro con la camella, traer un vasote de tabaco, de los vasos grandes
esos, cargar la camella con un vaso de tabaco, venir aquí, vaciarlo, volver pa
adentro, volver a cargar la camella y aquí antes del día, aquí con dos vasos de
tabaco ya, y después iba pa adentro, caminando otra vez, a recoger el bote de
tabaco, después terminábamos de recoger el bote, salíamos caminando y de
aquí ibas a hoyar arriba las peñas... ¿quién pillaba azúcar en esa hora? Esa la
quemábamos toa, no es como hoy, que pa ir a comprar una caja de cigarros
vas en tu coche.
FIN
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