Puntuacion De Escritos: Kant Con Sade

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"Puntuacion De Escritos: Kant Con Sade (vii)"
(*) Seminario En La Escuela Freudiana De Buenos Aires. Clase 7ma. (26-11-1996)
Rolando Karothy
La vez pasada había hecho algunos comentarios sobre la importancia de la apatía sadiana.
Hoy quiero continuar con otro aspecto que Lacan desarrolla promediando el texto Kant con
Sade, en relación a lo que denomina "la subida insinuante del mal", expresión que en realidad
ya está al comienzo del texto. Toda la problemática del mal está íntimamente ligada a la
máxima sadiana. De todas maneras esta cuestión no empieza con el Marqués de Sade sino
que es un viejo problema, pues se puede encontrar en el entrecruzamiento de la filosofía con
las manifestaciones más puramente teológicas.
Un autor llamado Blyenbergh es un personaje muy interesante porque es conocido a raíz del
intercambio de un número variado de cartas con Spinoza. Se conocen ocho cartas que
interesaron mucho a Deleuze, quien tiene escrito un libro sobre el autor de la Etica donde
hace algunos comentarios sobre esas cartas. Fueron ocho cartas intercambiadas, cuatro de
Blyenbergh y cuatro de Spinoza, entre diciembre de 1664 y junio de 1665.
Hay muchos detalles que se juegan en esas cartas pero me interesa marcar uno porque tiene
relación con el texto de Lacan. Blyenbergh era bastante inquisitivo. Le preguntaba
insistentemente a Spinoza sobre la problemática del mal. Le preguntó en una oportunidad si
no existían ciertas esencias humanas que encontraban en el crimen no un veneno sino un
delicioso alimento. Spinoza, en la carta de contestación, le dice que si alguien ve claramente
que puede gozar de la vida mucho mejor cometiendo crímenes que ateniéndose a la virtud,
sería un perfecto insensato si se abstuviera de cometer esos crímenes, pues "visto desde una
naturaleza humana tan pervertida los crímenes resultarían una virtud".
Este libro de Spinoza, con prólogo de Deleuze, se llama Las cartas del mal. En él se
encuentran las cartas de Blyenbergh y de otros autores que también intercambiaron
correspondencia con Spinoza. En realidad es un epistolario que tiene un prólogo de Deleuze.
Deleuze tiene además un libro sobre Spinoza que se llama Spinoza: filosofía práctica.
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En el comentario que hace Deleuze al respecto afirma: "Pero el meollo de la correspondencia
con Blyenbergh es cómo Spinoza va a transformarla radicalmente. Si el mal no es nada,
según Spinoza, esto no es porque el Bien es y hace ser, sino al contrario, porque el bien no es
más que el mal y el Ser está más allá del bien y del mal". (1) Se ve que hay una anticipación
del pensamiento de Nietzsche. "Si alguien puede vivir más cómodamente en la horca que
sentado a su mesa -dice Spinoza-, obraría muy neciamente si no se ahorcase. Y aquel que
dice claramente que podría gozar realmente de una vida o de una esencia mejor y más
perfectamente perpetrando crímenes que siguiendo a la virtud, también sería necio si no lo
hiciese. Pues respecto a una naturaleza humana tan pervertida, los crímenes serían virtudes".
(2) Ese es el típico razonamiento del Marqués de Sade, pero enunciado por Spinoza. Por eso
en un momento les había comentado que entre los antecedentes del Marqués de Sade no
estaba solo La Mettrie, el famoso autor de El hombre máquina, es decir, el materialismo ateo
francés, sino también Spinoza.
En la misma línea de pensamiento leemos esta frase: "Si el crimen correspondiera a mi
esencia sería pura y simplemente virtud".
En un texto que se llama La literatura y el mal, Bataille dice lo siguiente: "Al excluirse de la
humanidad, Sade no tuvo en toda su larga vida más que una ocupación que decididamente le
interesó: enumerar hasta el agotamiento las posibilidades de destruir seres humanos,
destruirlos y gozar con el pensamiento de su muerte y de su sufrimiento". (3) Esta es una
síntesis muy bien hecha de Bataille sobre el pensamiento de Sade.
Klossowski, otro autor clásico que escribió sobre el Marqués de Sade, publicó un libro que se
llama Sade mi prójimo. Dice así: "Podríamos finalmente ver la voluntad de Sade
desolidarizarse del hombre al poner el imperativo categórico en una instancia cósmica que
exige el aniquilamiento de todo lo que es humano".
Una frase del texto del Marqués de Sade, tiene que ver con lo que hablábamos la vez pasada
en relación al crimen y la naturaleza. Dice: "Odio la naturaleza. Quisiera alterar sus planes,
obstaculizar su marcha, detener la rueda de los astros, trastornar los globos que flotan en el
espacio, destruir lo que la sirve, proteger lo que la daña, insultar en una palabra todas sus
obras y no puedo lograrlo".
La clase anterior decíamos que en la voluntad de goce del Marqués de Sade se trataba de
considerar la importancia que tenía esta identificación con la naturaleza con el objetivo de
frenar a la naturaleza segunda, representada por la madre; introducía por esta vía al padre en
relación a lo que llamaba una naturaleza primera, que es una naturaleza que prescinde
absolutamente de la creación y la reproducción, es decir que es pura destrucción sin
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recreación. Pero agrega que no puede lograrlo, con lo cual apunta a eso que Lacan llama "el
fracaso de la voluntad de goce".
Hay un personaje en Juliette, un filósofo, que dice así (es una explicación que este filósofo le
hace a Juliette): "Cesa de engendrar, destruye completamente todo lo que existe, no alterarás
en nada mi marcha. Que destruyas o crees todo es más o menos igual a mis ojos, me sirvo de
ambos procedimientos así que (...) destruye a tu capricho, el sol saldrá igualmente. Todos los
globos que suspendo, que dirijo en el espacio, seguirán teniendo el mismo curso".
En La filosofía en el tocador, así como en otros textos que forman parte también de la
literatura denominada erótica, por ejemplo El Decamerón, los personajes cuentan historias.
Ahora bien, en el caso del Marqués de Sade, en La filosofía en el tocador, en Juliette, en
Justine o en Los ciento veinte días de Sodoma, el planteo argumentativo desplaza a la
narración porque lo que se cuenta en todo caso es un largo proceso retórico de
argumentaciones que se van sucediendo unas a otras. Los personajes charlan, dialogan entre
sí, se trata de un discurrir muy largo de relaciones corporales, de relaciones incestuosas, a
veces criminales.
Habíamos comentado en un momento que toda la posición del Marqués de Sade consistía en
un modo particular de racionalismo, pero ese racionalismo, que se opone al romanticismo de
Sacher-Masoch, tiene una particularidad. La particularidad del racionalismo sadiano consiste
en que se hace cargo de lo excluido del racionalismo característico, típico, clásico, sobre todo
del que se despliega en el Siglo de las Luces. El discurso argumentativo del Marqués de Sade
por la vía del racionalismo intenta incluir lo que el racionalismo clásico excluye, que es la
dimensión del crimen y el asesinato. Este racionalismo tan particular intenta clasificar,
archivar, catalogar en sus inventarios, en sus casillas, todo lo que pertenece a la dimensión de
lo irracional, particularmente el crimen. En este sentido, la actitud del Marqués de Sade tiene
un cierto valor que conmociona la clasificación racionalista tradicional como si utilizara el
mismo aparato ideológico y racional del iluminismo con el objeto de dirigirlo al objeto irracional
excluido del sistema racionalista para poder ahí legitimarlo y revalidarlo, es decir, incluirlo
como un valor. Tanto es así que crea, ahora vamos a ver la importancia que eso tiene, La
Sociedad de Amigos del Crimen. En este sentido el Marqués de Sade lleva hasta la
exacerbación y hasta las últimas consecuencias el argumento que había planteado Rousseau
y que consistía en la justificación del asesinato del rey por sus súbditos.
Los textos del Marqués de Sade, al mismo tiempo que argumentan, enseñan. Es decir, en
esta función del libertinaje está puesta en juego una enseñanza,caracterizada
fundamentalmente por la enseñanza del exceso. No se trata del decoro sino del desorden, de
la crueldad, del derramamiento de sangre, de la representación sexual, de una actitud
teatralizada donde aparecen los cuerpos desnudos. Tiempo después el famoso poeta
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Rimbaud va a propugnar en su poética lo que llama "el desorden de los sentidos".
Este aparente desorden de los cuerpos que se muestra en el relato del Marqués de Sade
sufre en realidad un ordenamiento muy particular en tanto el Marqués de Sade sigue el
paradigma racionalista. En el texto sadiano, en la formalidad del texto sadiano, se encuentra la
ideología racionalista del iluminismo que está, a pesar de las apariencias, llena de
contradicciones. Por ejemplo, la famosa consigna "libertad, fraternidad e igualdad" estaba
planteada en el mismo momento en el que Francia sostenía sus colonias y aplastaba en forma
sangrienta rebeliones de esclavos. (4)
Dolmancé, en La filosofía en el tocador, es el encargado de dirigir la educación de la joven
Eugenia y aparece dirigiendo las operaciones y las posiciones de los cuerpos. En este sentido
hay una relación muy particular entre la concepción del Marqués de Sade y el cristianismo,
sobre todo a partir de esta necesidad de ubicarse en relación a la razón y a los cuerpos. Es
cierto que la racionalidad occidental necesita de la religión cristiana para su constitución y de
ahí es que el iluminismo, del cual se nutre el Marqués de Sade, opera con categorías que son
propias del cristianismo pero, por supuesto, transformadas y recontextualizadas. Es el caso de
la luz, famosa metáfora del cristianismo, que ya no representa a Dios sino a la Diosa Razón,
así llamada por los iluministas, a quien además había que construirle los templos adecuados.
Por lo tanto, el iluminismo se perfila como una variante religiosa donde lo endiosado es la
razón. La manera de atacar la simbología cristiana, es decir, la ideología del cristianismo, es
retroceder a cierta etapa pre-cristiana en la cual se alude a los dioses y las diosas, es decir, a
una posición que rompe con la idea del monoteísmo para volver a cierta concepción politeísta.
Desde esta concepción el racionalismo vuelve a la relación entre lo dionisíaco y lo apolíneo de
la concepción griega, retorna a concepciones pre-cristianas.
En este sentido, todo el procedimiento sadiano conserva del cristianismo el procedimiento de
la inquisición pero con una transformación: ahora la víctima es el dios del cristianismo
sometido al suplicio, al largo suplicio de la razón. Todas las categorías del paradigma cristiano
están sometidas a la multiplicidad de argumentos de los personajes del Marqués de Sade.
Todos los mecanismos y engranajes del paradigma cristiano son desarmados y desmontados
pieza por pieza por medio de un análisis que descompone los elementos que constituyen la
superestructura del cristianismo.
Pero el Marqués de Sade no se limita a hostigar la religión en esta base doctrinal e ideológica.
El ataque tiene que ver, además, con lo planteado en el panfleto "Franceses, un esfuerzo más
y seréis republicanos", incluido en La filosofía en el tocador. Sade no se limita sólo a hostigar
a la religión en sus aspectos doctrinales y dogmáticos, sino también tiene por función
desenmascarar los fuertes vínculos que la religión tiene con el poder político. Si Sade postula
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el paganismo en lugar del cristianismo, es porque retorna ya no sólo de la posición del
monoteísmo al politeísmo, sino también porque se opone por la vía de la república a la
monarquía. Es como si hiciera una ecuación: frente al monoteísmo y a la monarquía, es decir
a la alianza de la iglesia con el poder político, monoteísmo-monarquía, él plantea
politeísmo-república. Le agrega aun otro elemento que también está en antagonismo con el
cristianismo que es la poligamia versus la monogamia. Entonces:
poligamia-politeísmo-república versus monogamia-monarquía-monoteísmo.
El Marqués de Sade muestra la dimensión política de la iglesia y también toda su estrategia y
sus dispositivos y las estrechas relaciones que mantiene con la nobleza de modo tal que la
teocracia y la aristocracia no son más que anverso y reverso. En este sentido el Marqués de
Sade no se equivocaba, porque, en efecto, tanto Carlomagno como Bonaparte fueron
coronados Emperadores por el Papa.
Pero el Marqués de Sade va todavía más lejos en el ataque al cristianismo porque no sólo
postula el paganismo politeísta sino que plantea, como ya habíamos dicho, el ateísmo total.
Dice: "Destruyamos para siempre toda idea de Dios. El ateísmo es el único sistema de todas
las personas que saben razonar".
Esta caracterización del ateísmo implica un adelanto de lo que postularía Nietzsche quien no
se va a conformar sólo con este intento de socavar el edificio religioso, sino que también
dirigirá sus embates contra el cientificismo racionalista en su conjunto. Ahora, es cierto,
nosotros podemos decir que este ateísmo en el fondo, en realidad, también conserva una
enorme cuota de fe muy particular que hace a la estructura misma del fantasma sadiano.
Pero lo interesante en todo esto es que el Marqués de Sade le agrega a esta caracterización
una retórica referida al cuerpo. El discurso y la relación al cuerpo están íntimamente
relacionadas en el texto del Marqués de Sade. El cuerpo, y sobre todo lo real del cuerpo,
aparecen claramente como un efecto del discurso. Por otro lado, las relaciones entre los
cuerpos, sobre todo en términos de las relaciones eróticas, aparecen como formas
particulares de relaciones de poder, es decir, de subordinación en una relación jerárquica.
Aparecen en los textos, según los distintos momentos del relato, cuerpos soldados,
incrustados, sucesiones de orgasmos.
Todo este tipo de posicionamientos en relación al cuerpo tiene una clara coincidencia con las
formas discursivas del relato del Marqués de Sade. Una forma retórica muy común en el texto
de Sade es lo que se denomina la parataxis, un discurso que reitera y que repite pues está
coordinado con la temática en cuestión (parataxis significa coordinación).
La parataxis en los presocráticos es una superposición de textos muy cortos, muy breves,
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coordinados con la evanescencia del Ser. Los "presocráticos" escribían al modo de la
parataxis. No se trata del hecho que de ellos quedan solamente fragmentos, sino que
escribían fragmentariamente y - esto ya es más particular de los "presocráticos" y no del
discurso del Marqués de Sade - además incluían un alto grado de enigma en la formulación.
Heráclito dice: "Todo lo rige el relámpago". Es una frase que Lacan cita en el texto sobre el
pase y considera el problema de la traducción. Pero es eso nada más, son cuatro o cinco
palabras. No es que eso es lo que quedó de un conjunto de textos porque escribieron hace
mucho y se perdieron los demás. No, los "presocráticos" escribían así. La parataxis remite a
esa fragmentación del discurso, frases cortas pero que además tienen que ver con
superposiciones y reiteraciones.
En el caso de Sade es como si las reiteraciones en el relato aludieran también a lo que se
está relatando: un cuerpo se relaciona con otro cuerpo, cambia de posición y vuelve a la
posición anterior, etc. El texto más aburrido, en ese sentido, a causa de las reiteraciones, es
Las ciento veinte jornadas de Sodoma. (5)
Todos los textos importantes del Marqués de Sade tienen que ver con el modo en que, por la
vía discursiva, intenta dar cuenta de lo que sucede a nivel del cuerpo y eso no termina más
que produciendo lo real del cuerpo. Ese intento de manipular, de dominar, de hacer entrar
dentro de la lógica fálica el funcionamiento de los cuerpos no hace más que producir como
indominable, debido al fracaso de la voluntad de goce, lo real del cuerpo.
En los "presocráticos", a diferencia del racionalismo de Sade, la parataxis está usada con la
finalidad de introducir en un discurso que tiene una raigambre más bien poética la dimensión
del enigma. La forma de la escritura de los "presocráticos" tenía que ver con la alusión a la
poesía, aunque no siempre eran poesías. Parménides escribió el poema Sobre la naturaleza,
pero tiene la misma estructura enigmática que los aforismos de Heráclito.
En Sade, por la vía de la razón y la lógica demostrativa, hay un uso distinto de la parataxis;
por eso decía que lo único que tienen en común es este carácter más parcial y fragmentario,
pero en el Marqués de Sade está al servicio de la referencia al cuerpo y de la lógica
demostrativa. (6)
Mónica Marciano: - Pero pareciera que el efecto que produce en Sade no es justamente
poético sino que produce hastío .....
En el Marqués de Sade, sí.
Participante: - Claro, produce más bien algo que es opuesto al placer que genera la poesía.
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En el Marqués de Sade sí porque está al servicio de una lógica demostrativa y aburre. En los
presocráticos no. En los presocráticos puede generar una cierta oscuridad. En el caso de los
presocráticos puede generar un apresuramiento a comprender o una sensación de sinsentido.
Un buen ejemplo es la sentencia de Anaximandro. De Anaximandro queda una sola frase, y
uno se pregunta: ¿cómo es posible que alguien haya pasado a las historia por una frase?
Heidegger tiene un texto que se llama La sentencia de Anaximandro, donde analiza ese
fragmento.
El otro aspecto que es interesante considerar es el que se refiere a la estructura de la
sociedad secreta que plantea el Marqués de Sade. La idea de la existencia de una sociedad
secreta aparece en distintos lugares. La existencia de una microsociedad se puede encontrar
en el Decamerón de Bocaccio, en 1984 de Georges Orwell, en Farenheit 451 de Bradbury, en
La naranja mecánica de Anthony Burgess, en Los siete locos de Roberto Arlt y, por supuesto,
en Las ciento veinte jornadas de Sodoma.
Funcionan como microsociedades utópicas que apuntan a cambiar o transformar el estado de
cosas existentes. En estas sociedades hay un lenguaje secreto, algunos códigos secretos.
La palabra asesino deriva etimológicamente de una secta musulmana, que se llamaba: "la
secta de los asesinos" y que tenía por objetivo dominar a todo el mundo musulmán a través
del asesinato de importantes dirigentes políticos. Los integrantes de esa secta, que existía en
la Edad media, acostumbraban tomar haschish; y de ese término "haschish", derivó la palabra
asesino, derivación que tuvo lugar también durante la época de las cruzadas. Se ve entonces
la importancia que tiene esa estructura porque ya hay referencias a esa secta en Marco Polo,
en Baudelaire, en Poe, en Nietzsche, en Henry Miller; también la mencionan Borges y Roberto
Arlt. Hay un equivalente a la Sociedad de los Amigos del Crimen en la obra de Roberto Arlt
que es el "Club de los caballeros de la medianoche", que aparece en El juguete rabioso y
también en Los siete locos.
En este sentido hay un aspecto interesante a considerar en relación a lo que se puede ubicar
como la referencia a lo secreto que posteriormente pasa a estar en riesgo de desaparición o
de extinción cuando esa logia o secta o sociedad secreta tiene una expansión derivada de su
incorporación a la vida común o de la toma del poder. Todos sabemos que algunos de los
llamados grandes próceres de América pertenecían a sociedades masónicas que en los
comienzos estaban más bien al servicio de los intereses económicos del imperio británico. La
alianza de las burguesías americanas con el poder británico intentaba avanzar primero por
esta vía secreta pero luego fue creciendo de otras maneras para sustituir a la cultura del
Virreinato.
De hecho esas logias funcionaban como una imitación de lo que eran los clubs de los
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revolucionarios jacobinos o montañeses, que se reunían en general en los cafés de París, en
particular durante la Revolución.
En este sentido el Marqués de Sade postulaba la existencia de una sociedad secreta que era
la "Sociedad de los Amigos del Crimen". La Sociedad de los Amigos del Crimen intentaba
consolidar las distintas variantes de la agresión. Por ejemplo: el acto sexual era identificado a
un acto asesino, el coito era un equivalente al acto de matar. Para el Marqués de Sade
siempre había un hilo muy débil que separaba la sexualidad de la muerte, pero
particularmente de la criminalidad. En el discurso sadiano esa íntima relación puede leerse en
su dimensión más literal, no en términos simbólicos o paródicos. Es cierto que esto, así como
la vía del superhombre nietzscheano, lleva al fascismo, es decir, a la exaltación del crimen. En
cambio, la lectura entre líneas tanto de esta estructura del discurso sadiano como del
superhombre nietzschiano, permite ver algo que Lacan comenta en el texto que es esa
dimensión de humor o de parodia. El Marqués de Sade bordea muchas veces lo que
comúnmente llamamos "el humor negro". Pero sabemos que el humor negro en muchas
oportunidades, con toda su cuota de ironía y de sátira social, parodia discursos establecidos.
A partir de esta característica que uno puede leer en esta vía simbólico-paródica del discurso
del Marqués de Sade, Lacan diferencia entre lo razonable del humor negro y lo racional del
humor. Lo razonable del humor negro del Marqués de Sade apunta particularmente a un
cuestionamiento de la estructura que subyace al poder del capitalismo naciente. Esa voluntad
de goce que postula el Marqués de Sade -vuelvo a decir, si uno la lee desde la perspectiva de
la parodia-, permite establecer lo que se oculta detrás de la apariencia del discurso burgués.
Esto es esa voluntad de goce que mucho tiempo después Lacan va a establecer con la
fórmula del discurso capitalista: todos sometidos a un mercado frente al cual los objetos que
se ofrecen son, en su apariencia, objetos a la mano para el goce.
No es que la máxima sadiana sea igual, sino que esta lectura permitiría pensar que la máxima
sadiana opera como parodia de la estructura que mucho tiempo después, con más claridad en
la actualidad, Lacan define como el discurso capitalista, en tanto es un mercado el que ofrece
los productos supuestamente aptos para el goce de todos. Termina siendo una esclavización
a esa lógica del mercado.
Participante: - ¿Es un lazo perverso?
El problema es si lo que se denomina lazo perverso es el equivalente a los lazos habituales
que definen las estructuras del discurso. Ese es el problema. A mí siempre me pareció
interesante que en la fórmula de los cuatro discursos no haya un discurso psicótico, lo cual
está bien porque efectivamente no hay discurso psicótico, pero tampoco hay un discurso que
se ubique claramente como perverso. Lo más cercano es este discurso capitalista.
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Este último es una variante del discurso del amo que Lacan estableció alguna vez con gran
precisión y no avanzó mucho más. Dentro de los discursos es el más cercano a lo que se
podría llamar el lazo perverso.
Pero en el perverso se necesita el partenaire. Por eso, si bien se acerca, el discurso del
capitalista no es idéntico a lo que podríamos llamar lazo perverso. En el discurso capitalista se
trata de cada uno, como individuo, sólo con su plus de gozar.
En realidad también me caben dudas de que el discurso capitalista sea efectivamente un
discurso por varios motivos, pero uno de ellos es que parece no hacer lazo social. Además es
un discurso donde no hay una verdad que lo determine, sino que es el sujeto el que aparece
como determinando el lugar de la verdad, porque invierte las flechas, con lo cual rompe con la
estructura del discurso.
Continuemos ahora con Kant con Sade.
En 1793 Kant escribe un texto que se llama La religión en los límites de la simple razón, cuya
parte tercera es intercambiable con pasajes del panfleto de La filosofía en el tocador, en
particular los lugares donde Kant discute los ritos religiosos y los ritos de la iglesia.
Participante: - Quiero preguntar algo antes de continuar con eso. En una novela vos podés
suponer que la narración es la que lleva el hilo, la narración es la que conduce el hilo del
desarrollo. Entonces, ¿encontrás alguna conexión con el fantasma sadiano en particular, en el
hecho que el énfasis esté puesto en lo argumentativo y no en lo narrativo? No importa mucho
lo que pase, sino por qué pasa y qué es lo que pasa.
Me parece que lo argumentativo tiene que ver con una característica de la lógica del fantasma
perverso que es la necesidad de establecer la demostración de la existencia del Otro, de un
Otro que goza en particular. Lacan en alguna parte define al perverso como aquel que se hace
el Otro para asegurarse de su goce, a diferencia del neurótico que se tiene que asegurar del
Otro, pero no se hace el Otro. Hacerse el Otro para asegurarse de un Otro que goza requiere
un lógica demostrativa que es típica de la estructura perversa. Está siempre jugando entre lo
que es la más pura manifestación de fe y el juego demostrativo como pasa en la teología
cuando se plantea por un lado la fe pero por otro lado la necesidad de establecer una lógica
demostrativa que justifique la existencia de aquello en lo que se cree. Por eso es que se han
dado pruebas de la existencia de Dios, se han intentado pruebas de la existencia de Dios: San
Anselmo, Santo Tomás.
En última instancia es el mismo razonamiento. Es como si el Marqués de Sade tuviera algo de
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Santo Tomás en este punto, pero en él la necesidad es la de demostrar permanentemente la
existencia de un Ser supremo en maldad, un Dios negro, un Dios oscuro centrado, en esta
oportunidad, en relación al goce.
Participante: - ¿Tenés alguna idea de por qué en general, los héroes son masculinos, salvo en
una que otra literatura heroica rusa [....]
La princesa rusa.
Participante: - En algunas obras de Bataille por ahí aparece alguna mujer como heroína, pero
si no [....]
Si tomamos la idea de Lacan de que la perversión está esencialmente referida a la posición
masculina (el hombre es el sexo débil respecto de la perversión) uno ubica ahí más fácilmente
esta cuestión del libertino, ya sea el libertino de Las amistades peligrosas, de Choderlos de
Laclos (1741-1803), o la figura del Don Juan o del Marqués de Sade con todas las diferencias
que hay entre ellos. Si bien no todos funcionan al modo perverso, estas referencias a la
búsqueda de un goce, la indagación de un goce y sobre todo el intento de ubicar todo goce
dentro de lo dominable y de lo calculable y de lo demostrable, son más característicos de la
función, del lugar de lo masculino. En este sentido se puede decir: tiene razón también el
Marqués de Sade cuando plantea que los que adoctrinan, los que enseñan son esencialmente
los hombres, que pueden en todo caso estar ayudados por algunas mujeres, como Madame
de Saint Ange en La filosofía en el tocador. La otra forma es pensar que algunas figuras
funcionan como representantes de lo masculino desde el fantasma femenino, como Don Juan:
es el modo en que una mujer supone que el hombre goza fálicamente, es decir, por la vía del
intercambio.
Todo apunta en última instancia a ubicar esencialmente en el lugar del libertino, con todas las
inflexiones hasta llegar al límite del perverso,a todo aquel que se conduce por una vía a través
de la cual se supone posible hacer controlable todo goce, es decir, que todo goce sería
siempre un goce fálico.
Participante: - ¿Qué es Schwarmerein?
Es un término que está en varios textos. Por ejemplo aparece en el Seminario de La
Transferencia y también en el Seminario de la Angustia, y, por supuesto en Kant con Sade.
Esa palabra alemana se traduce a veces por "enjambre". Literalmente quiere decir enjambre;
pero también quiere decir "fantasía" o "entusiasmo". Evidentemente enjambre se refiere al
movimiento apasionado, entusiasta, de las abejas. Es el enjambre y el movimiento de las
abejas. Lacan juega también con la homofonía en el francés cuando habla del S1 (essaim:
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enjambre, suena como S1).
En el siglo XVI este término designaba a los activistas de la reforma religiosa para indicar a los
entusiastas, tan entusiastas que en realidad eran fanáticos.
El término Schwarmerein es usado por Kant en las tres Críticas: la Crítica de la razón pura, la
Crítica de la razón práctica y la Crítica de juicio. En el Seminario de La transferencia, Lacan da
una breve definición de la Schwarmerein el 16 de noviembre de 1960. Dice: "Schwarmerein,
en alemán, para aquellos que no lo saben, significa ensoñación, fantasía, dirigido hacia algún
entusiasmo y más especialmente hacia algo que se sitúa o se dirige hacia la superstición; en
resumen, la notación crítica en el orden de la orientación religiosa que es agregada por la
historia. En los textos de Kant este término tiene netamente esta inflexión".
En el Seminario de La angustia dice: "Son las aspiraciones, los instintos, las necesidades,
agreguen religiosas, y no darán sino un paso más. Seremos responsables de todos los
extravíos de la razón, la Schwarmerein kantiana con todas sus implícitas desembocaduras en
el fanatismo" (Clase del 8 de mayo del 1963).
En Kant con Sade, la frase en donde aparece el término, tiene la traducción más literal. Dice
así: "Negros enjambres, os mandamos lejos para volver a la función de la presencia en el
fantasma sadiano".
En el año 1773, el Marqués de Sade viajaba por Italia acompañado por su cuñada, que era su
amante, y con su criado Carteron, apodado La Jeunesse, que más tarde sirvió como su
amanuense. Poco tiempo después es detenido y encarcelado por un pedido personal de su
suegra. La suegra del Marqués de Sade lo encarcelaba cada tanto porque tenía una lettre de
cachet, un documento especial que daba el rey a algunos personajes de la nobleza y que
otorgaba poderes para arrestar. La suegra del Marqués de Sade pertenecía también a la
nobleza, y la utilizaba muchas veces para encarcelar a su yerno. Estuvo preso en una
fortaleza durante cinco meses. El Marqués de Sade se escapa por la ventana de esa
fortaleza. Después empieza a recorrer Francia y hasta obtiene una audiencia con el Papa. Se
entrevista después con Rousseau en Ginebra, y en 1777, es decir cuatro años después de
todos estos acontecimientos, es arrestado nuevamente por otra estratagema de su suegra. Lo
llaman porque le dicen que su madre estaba muy grave y entonces así lo pueden capturar.
Ahí es detenido en Vincennes. Logra escapar nuevamente. Después es capturado en su
castillo. Lo llevan de nuevo a Vincennes. En ese momento empiezan algunos síntomas
paranoides del Marqués de Sade y en una carta a La Jeunesse, su amanuense, en 1780, se
burla de las señales que él dice recibir. El decía que según los números de las sílabas que
escuchaba se podía establecer la fecha de su liberación. La Jeunesse escribe algunas cartas
muy burlonas dirigidas a su amo y se queja de que la escritura del Marqués de Sade parece
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un enjambre de abejas.
La Schwarmereien, es decir, el entusiasmo, es lo que hay que dejar afuera, tanto en el campo
de la ley kantiana como en la máxima sadiana. Lo que habría que pensar es cuál es esta
dimensión del objeto en relación a esta Schwarmereien.
Lacan diferencia el Sade práctico del Sade teórico. Esa diferencia alude al hecho de que una
cosa es el Sade teórico que uno lee a partir del fantasma sadiano y otra cosa es el Sade
práctico que era un flor de masoquista; no sé si decir perverso-masoquista, pero su veta era
más bien masoquística. Estuvo preso durante veintisiete años. (7) (8)
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Bibliografía y Notas
(1) Baruch Spinoza: Las cartas del mal, Folios ediciones, México, 1986, pág. 12.
(2) Ibíd, pág. 18.
(3) Georges Bataille: La literatura y el mal, Taurus ediciones, Madrid, 1977, pág. 92.
(4) Gastón M. Español: Racionalismo iluminista e irracionalidad, Documentos de cultura Nro.
1, Buenos Aires, 1996, pág. 32.
(5) Georges Bataille comenta con lucidez que si bien es cierto que de la monstruosidad de los
textos de Sade se desprende aburrimiento, sin embargo ese mismo aburrimiento es lo que
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proporciona su sentido.
"Como ha dicho el cristiano Klossowski,sus interminables novelas se parecen más a los
diccionarios que a los libros que más nos divierten". (Op. cit, pág. 93).
(6) Octavio Paz considera que mientras Madame de Merteuil piensa como moralista, Saint
Fond, Juliette y Dolmancé son "espíritus sistemáticos que aprovechan cada ocasión, y son
muchas, para exponer sus ideas". (Octavio Paz: Un más allá erótico: Sade, Ed. Vuelta,
México, 1993, pág. 27).
(7) A los 50 años, Sade le escribe a Gaufridy lo siguiente, después de abandonar una cárcel:
"En una palabra: he perdido la vista, el pecho; por falta de ejercicio he adquirido una
corpulencia tan enorme que apenas si soy capaz de moverme; todas mis sensaciones se ha
apagado; ya no me satisface nada, no me gusta nada; el mundo que tenía la locura de echar
tanto de menos, me parece tan aburrido, tan triste... Hay momentos en los que me dan ganas
de entrar en la Trapa (...)" (Carta a Gaufridy, comienzos de mayo de 1790).
(8) Ronald Hayman describe así los últimos momentos de la vida de Sade: "...En enero de
1806, a los 65 años de edad, Sade redactó su testamento. En agradecimiento a
Marie-Constance por la sincera amistad que le había prodigado desde el 25 de agosto de
1790, le legó 80,000 libras en efectivo junto con todos sus muebles, ropa blanca, vestuario,
libros y documentos excepto los que habían sido pertenencia de su padre. Estos papeles
deberían pasar a poder de sus hijos. Su cadáver no debería ser disecado y quería que lo
conservaran durante 48 horas en el lugar del deceso antes de ser colocado en el féretro de
madera que debía ser adquirido por M. Le Normand de Versalles, el comerciante en maderas,
quien lo llevaría en su carreta hasta la propiedad de Sade en Malmaison, para supervisar que
el granjero cavara la fosa donde sería sepultado bajo un soto. El ataúd sería enterrado sin
ceremonia de ninguna clase, en presencia de sus familiares que se dignen asistir; sobre la
tumba deberían plantarse bellotas 'de tal manera que cuando el soto esté lleno de vegetación
como antes, desaparezca de la memoria de los hombres, excepto de los que quisieron
amarme hasta el último minuto y de los cuales guardaré grata memoria hasta el momento de
mi muerte'.
Poco después Sade le escribió su última carta a Gaufridy tratándolo nuevamente como a un
viejo amigo: 'Y vos, mi querido abogado, contemporáneo de mi existencia, compañero de mi
infancia, ¿cómo estáis?'. Prosigue haciendo preguntas sobre la gente de Lacoste que aún no
había olvidado. '¿En qué estado está el château? ¿Y qué me decís de mi pobre parque? ¿Hay
aún ahí algo de mí que la gente pueda ver?... Quizá os interese ahora una noticia acerca de
mi persona. Bien, os diré que no soy dichoso pero mi salud es buena. Eso es todo lo que os
puedo decir a ese respecto y que podéis responder a las personas que aún conserven algo de
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mi amistad por mí". Firmó la carta: 'Vuestro de por vida' y no quiso revelar que vivía en un
asilo. 'Nuestra dirección es: a la atención de M. de Coulmier, Presidente del Cantón y Miembro
de la Legión de Honor, Charenton-Saint-Maurice'.
Aunque ahora disfrutaba de más libertad de movimiento y gozaba de más deferencias de las
que hubiera tenido en todos sus años de reclusión aún no podía pasarla sin su loca manía por
la numerología. No se trataba sólo de un medio para calcular cuánto tiempo iba a seguir
privado de la libertad sino que se había convertido en una fuente de satisfacciones
semimísticas. El 5 de junio de 1807, cuando la policía le decomisó una vez más todos sus
papeles, Sade hizo el cálculo de que habían transcurrido tres años, un mes y cinco días desde
la última vez que había sido víctima de un atropello. Entre los manuscritos que le secuestraron
estaban los borradores de una larga novela Les Journées de Florbelle. Se le dieron
seguridades de que le sería devuelto todo lo que pudiera ser de utilidad para él, pero la novela
nunca se la regresaron. El 2 de agosto apuntó que el número 2 estaba ligado a su destino:
'Me enviaron 2 periódicos, 2 personas de Mazan vinieron a verme, etc.'. El 12 de septiembre
la cifra 1 fue una señal durante todo el día. Louis-Marie le había escrito el día 10 para
informarle que llegaría a Charenton el 12. Regresó al Volumen I de Les Crimes de l'amour que
había pedido prestado y pidió en cambio el Volumen I de L'Histoire de France. A la hora de la
cena le sirvieron un plato extra y su hijo hablaba del primer volumen -el único que tenía que
completar- de su propia obra Histoire de la nation française.
En el cuadragésimo primer aniversario del fallecimiento de su padre, en enero de 1808, Sade
escribió: 'He pensado en él todo el día y no me iré a la cama sin derramar unas lágrimas en su
memoria. ¡Ah, si él aún estuviera con vida no habría tolerado las estupideces que he tenido
que padecer!'.
Coulmier tenía que soportar con frecuencia presiones, tanto de parte de los doctores como del
Prefecto de Policía, para que no le concediera a Sade tantas libertades, y en mayo de 1808 la
familia estaba tramando hacerlo encerrar en una fortaleza donde habría estado menos
expuesto a las miradas del público. El 31 de mayo de 1808 recibió la visita sorpresiva de su
hijo Donatien-Claude quién llegó para pedirle su consentimiento para casarse. A Sade, quien
no puso la menor objeción, se le pidió que firmara el contrato en la oficina del notario.
Inicialmente Coulmier se negó a autorizar el permiso para que saliera del Charenton pero
después de un tiempo accedió con la condición de que estuviera de vuelta al anochecer. Mas
le llegó entonces una carta expresa de Louis-Marie quien al día siguiente apareció para
advertirlo que se trataba de una trampa. Lo habrían llevado de la oficina del notario a la Torre
de Ham en el Mont-Saint-Michel. Después de esto aunque Sade no quiso saber nada del
notario o del contrato de matrimonio, aún persistía el peligro.
En agosto de 1808 el Funcionario Médico en Jefe de Charenton, Royer-Collard, redactó un
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escrito dirigido al Ministro de Policía informándole que el autor de la infame novela Justine no
estaba loco. 'Su delirio es el vicio... Predica esta horrible doctrina a algunos de los asilados y a
otros les presta libros... Para las representaciones públicas dispone cierto número de boletos
de admisión y ayuda a hacer los honores en el vestíbulo... Me permito sugerir a la
consideración de Vuestra Excelencia la conveniencia de trasladarlo a una prisión o a una
fortaleza que serían lugares más adecuados para él que este establecimiento dedicado al
tratamiento de personas enfermas que requieren la más asidua supervisión y las más
delicadas precauciones morales'. El 2 de septiembre el Prefecto presentó al Ministro un
informe en el que se recomendaba que Sade fuera trasladado a una prisión del Estado y ese
mismo día el Ministro tomó la decisión de que fuera a la Torre de Ham. Sólo después de una
visita personal que le hizo Coulmier se pudo persuadir al Ministro de que propusiera el
cumplimiento de aquella orden. En noviembre se fijó la fecha para su traslado: el 15 de abril
de 1809, pero en abril se pospuso por tiempo indefinido. Seis semanas después Louis-Marie
estaba en camino para reunirse de nuevo con su regimiento en Italia cuando le tendieron una
emboscada y lo mataron unos rebeldes napolitanos que combatían contra las fuerzas
francesas.
Su madre le sobrevivió unicamente un poco más de un año. Ciega y obesa, Renée-Pélagie
había estado viviendo con Madeleine-Laure en el château de Echauffour que había recibido
como herencia. Murió el 7 de Julio de 1810. Al parecer la muerte de su mujer no afectó mucho
a Sade después de recibir la noticia.
Se le permitía recibir invitados a cenar en su cuarto donde agasajó a algunos de los más
célebres actores y actrices de la época. Debido al poder que tenía como productor teatral y
maestro de ceremonias y a los privilegios de que gozaba, fueron muchos los celos que se
suscitaron en su contra. Eso dió origen a quejas algunas de las cuales se filtraron el Ministro
del Interior, el Conde de Montalivet. En octubre de 1810 le ordenaron a Coulmier mantener a
Sade en confinamiento solitario. El funcionario respondió que él no era un carcelero y que
dadas las circunstancias lo único que le quedaba era solicitar que M. de Sade fuera trasladado
a otro reclusorio. Pero cuando una de las sobrinas de Sade visitó al Conde de Montalivet, Este
se dejó persuadir de dejar las cosas como habían estado hasta entonces. Hubo desde luego
más quejas especialmente después de que la policía descubrió que dos libreros vendían
ejemplares de su novela La Nouvelle Justine. Uno de ellos tenía en su poder 100 planchas de
cobre de las cuales hacía impresiones de ilustraciones de Juliette que vendía al público. Al
ponerse a la consideración del Consejo Privado en julio de 1811 la prisión a que estaba
sometido Sade, Napoleón ordenó finalmente que debería permanecer en Charenton. Pero ni
siquiera entonces se dió por terminado el asunto; volvió a presentarse en abril de 1812 y una
vez más en mayo, pero el Emperador no cambió de opinión.
En noviembre de 1812 una jovencita de 15 años cuya madre trabajaba en el asilo, le hizo una
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visita a Sade en su cuarto; durmieron juntos por primera vez a mediados de mayo de 1813
cuando él aún no cumplía los 73 años. Se había fijado por primera vez en Madeleine Leclerec
cuando la niña tenía sólo 12 años; al parecer era aprendiza en un taller de costura o en una
lavandería y sólo ganaba 3 libras por semana como jornal, de manera que le dió mucho gusto
recibir un poco de dinero extra, unos cuantos pares de medias y alguna enseñanza de lectura
y escritura. Sade, compulsivamente, anotaba el número de veces que ella iba a su cuarto e
igualmente el número de veces que le hacía el amor. Se sentía muy molesto cuando la
encontraba frígida y pasiva; pero en ocasiones la joven perecía excitada y ansiosa de
complacerlo. Ella seguía los consejos de su madre que estaba muy interesada en que
continuara aquella relación. Madeleine se mostraba tolerante cuando él ya no podía prolongar
el acto para dejarla satisfecha y disipaba sus celos con promesas -que no siempre cumplíade no asistir a los bailes del asilo. 'Ella me hizo grandes promesas de sumisión y fidelidad',
anotó el 25 de septiembre de 1814, 'comprometiéndose a no acompañar a nadie que no sea
de mi agrado o pueda causarme preocupaciones'.
Un estudiante de medicina, J.J. Ramon, que había entrado a formar parte del personal médico
de Charenton el 11 de noviembre de 1814, lo describió posteriormente de la manera como
pudo haber descrito a su padre en la ancianidad:
'Solía encontrármelo en el corredor fuera de su cuarto, vestido con el mayor descuido,
caminando sólo, con una marcha pesada y arrastrando los pasos. Nunca lo vi conversar con
nadie. Yo le dirigía algunas palabras al pasar y él respondía a mi saludo con fría cortesía que
excluía toda posibilidad de entablar una conversación... Jamás habría sospechado que era el
autor de Justine y de Juliette: la única impresión que me causó fue la de un anciano caballero
altivo y displicente'.
El 1ro. de diciembre Sade advirtió que ya no podía mover las piernas. Fue trasladado a otro
cuarto donde pusieron un criado para que lo cuidara. En horas de la tarde Donatien-Claude,
ya para entonces un hombre de 45 años, llegó a verlo, Marie-Constance, que se había
peleado con él a causa de Madeleine, debió estar en París. Donatien-Claude le pidió al Dr.
Ramon que pasara la noche en el cuarto de su padre. 'Nada puede hacer excepto darle
algunas cucharadas de un té de hierbas y una medicina que le había sido prescrita. Su
respiración que era ruidosa y laboriosa, se hizo cada vez más difícil. A eso de la medianoche,
poco después de haberle dado de beber, me sorprendió no oír ningún ruido que proviniera de
él. Me acerqué a su lecho y pude comprobar que ya había fallecido'.
Fue sepultado en el cementerio de Charenton cerca del lindero que lo separa del Bosque de
Vincennes. En la lápida se talló una sencilla cruz sin nombre y sin inscripción alguna. En su
muerte, al igual que durante su vida, su voluntad no fue tomada en cuenta para nada.
Donatien-Claude pidió a la policía que destruyera el manuscrito de Les Journées de Florbelle
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y acudió personalmente a presenciar la incineración de la obra de su padre.
Algunos años más tarde, cuando fueron exhumados los restos de varias tumbas en
Charenton, el Dr. Ramon obtuvo como posesión el cráneo de Sade. Se lo prestó al frenólogo
Spurzheim quien prometió devolvérselo junto con varios moldes de yeso, pero al parecer lo
perdió en algún sitio en Estados Unidos. En opinión de Ramon, que había estudiado
frenología, tenía una bóveda craneana hermosamente desarrollada lo cual significaba un
carácter benévolo y aquellos huesos no revelaban ningún signo de ferocidad, belicosidad o
sensualidad excesiva. 'Su cráneo era en todo similar al de un padre de la Iglesia'". (Ronald
Hayman: Marqués de Sade: Vida de un cruel libertino, Lasser Press Mexicana, México, 1979,
págs. 264-269).
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