La Transparencia y los Órganos de Control Externo.

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XI ENCUENTROS TÉCNICOS
ÓRGANOS DE CONTROL EXTERNO
La Transparencia y los Órganos de Control Externo.
¿Se está perdiendo la oportunidad de dotar de
mayores competencias a los OCEx y de utilizar de
manera más eficiente los recursos públicos?
Oviedo, 18 y 19 de junio de 2015
José Manuel Pérez Lema
Audiencia de Cuentas de Canarias
Introducción
El informe de la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas (CORA),
muestra la necesidad de adoptar una serie de medidas con el fin de suprimir aquellas
entidades, instituciones y organismos que, por diferentes motivos, no era conveniente
mantener.
Entre las instituciones que este informe proponía eliminar se encontraban los Órganos
de Control Externo (OCEx). Los argumentos que utilizaban los autores del documento
eran, en mi opinión, bastante desafortunados (la heterogenidad de la composición de
los OCEx o del mapa de control, la preeminencia del Tribunal de Cuentas respecto a los
OCEx, la duplicidad de funciones, etc.).
La afrenta que este informe hizo a los Órganos de Control Externo cabe considerarlo
como un desagradable incidente que, en parte, provocó la desaparición de una
institución con más de 20 años de antigüedad. Así, hay que recordar que la Sindicatura
de Cuentas de Castilla – La Mancha fue suprimida por las Cortes Castellano-Manchegas
(Ley 1/2014, de 24 de abril de 2014), fundamentando la misma en datos incorrectos,
tales como los excesivos gastos que generaba, el escaso número de informes
aprobados, etc. que afortunadamente (no para el órgano castellano-manchego, pero sí
para el resto) diferentes estudios, entre ellos el realizado por la Conferencia de
Presidentes de los OCEX, se encargaron de demostrar que los análisis efectuados por
los autores del informe CORA, carecían de la exactitud que se le exige a un estudio de
este tipo.
Pues bien, después de este, digamos hecho afrentoso al mundo del control externo, y
ante la primera oportunidad que se le presenta al Gobierno de la nación para elevar la
estima y consideración de estas Instituciones de Control, (la tramitación de la Ley de
transparencia y acceso a la información pública -en el año 2012, España era junto con
Luxemburgo, Chipre y Malta, uno de los países europeos que no contaba con este tipo
de norma-), no solo no se cuenta con ellos, sino que incumpliendo sus propios
principios (reducción del gasto público, duplicidades, etc.), crea un órgano específico
para realizar unas funciones, que en buena medida, realizan los OCEX.
A este respecto, cabe indicar que el estado español, ante los requerimientos a los que
fue sometido por parte de la Unión Europea (en el año 2013, España era el único país
europeo con más de un millón de habitantes que no disponía de normativa sobre
transparencia y buen gobierno), decide aprobar, en diciembre de 2013, la Ley de
Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno. Para la promoción de
la transparencia de la actividad pública, el control de las obligaciones de publicidad
activa, la salvaguardia del ejercicio del derecho a la información pública y la garantía
de la observancia de las normas de buen gobierno, dicha Ley crea el Consejo de
Transparencia y Buen Gobierno, cuyo estatuto se aprueba por el Real Decreto
919/2014, de 31 de octubre.
Transparencia y OCEx
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Por lo que a las comunidades autónomas se refiere, hay que señalar que en la
actualidad, la mayor parte de las Asambleas Legislativas de las mismas han aprobado o
están en proceso de aprobación de normas similares, observándose que, en cuanto a
los OCEX se refiere, siguen la línea marcada por la norma estatal, es decir, obviarlos.
La Ley de Transparencia
Las normas de transparencia en Europa, no son disposiciones de nuevo cuño, puesto
que la primera de ellas data de mediados del siglo XVIII (en 1776 se aprobó en Suecia
una norma sobre el derecho a la información). Desde ese momento hasta el actual, los
países del viejo continente fueron aprobando normas de transparencia con mayor o
menor acierto, destacando algunas de ellas por su alto nivel de exigencia, como
pueden ser los casos de Serbia y Eslovenia, (ocupan el primer y segundo lugar
respectivamente, en el ranking elaborado por las organizaciones Access Info Europe, y
Centre for Law and Democracy de Canadá) y otras, como la austriaca o la de
Liechtenstein, por el elevado grado de opacidad que presentan.
La transparencia, el acceso a la información pública y el cumplimiento de las normas
de buen gobierno son tres principios esenciales que nadie pone en duda y que todos
los ciudadanos deberían exigir, no obstante, para hacer efectivos los mismos es
necesario contar con las disposiciones que establezcan los sujetos que están obligados
a proporcionar la información, el lugar en el que se ha de publicar la misma y los
órganos que han de vigilar el cumplimiento de la norma.
Actualmente tales principios, se encuentra regulados en la Ley 19/2013, de 9 de
diciembre, de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno
aprobada por las Cortes Generales. Esta norma regula a lo largo de sus tres títulos; el
ámbito de aplicación de la misma, la información que los organismos que integran el
sector público deben publicar en sus portales de transparencia, distinguiendo
información de tipo institucional, de relevancia jurídica y de carácter económicopresupuestaria y la composición, funciones y régimen jurídico del órgano al que
corresponde promover la transparencia de la actividad pública, velar por el
cumplimiento de las obligaciones de publicidad y salvaguardar el ejercicio del derecho
de acceso a la información pública y garantizar la observancia de las disposiciones de
buen gobierno.
Sorprende, pero no en demasía, por la desconsideración a la que están siendo
sometidos las Instituciones de Control Externo (Tribunal de Cuentas incluido), que el
legislador no cuente con estas instituciones, las más idóneas, en mi opinión, para
realizar las funciones de control de las administraciones, organismos autónomos,
entidades de derecho público, sociedades mercantiles participadas directa o
indirectamente (más del 50%) por las entidades del sector público, fundaciones etc.
que se encuentran dentro del ámbito de aplicación subjetivo de la Ley.
Resulta llamativo que cuando se analiza y compara el ámbito de aplicación de esta Ley
y el que se contiene en las diferentes normas reguladoras de los órganos de control
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externo (Tribunal de Cuentas y Órganos de Control Externo de las Comunidades
Autónomas) sea tan elevado el número de coincidencias existente entre ambos.
En los párrafos siguientes, vamos a tratar de analizar el ámbito de aplicación que
establece por una parte, la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y
Buen Gobierno y por otra, lo que al respecto dispone la Ley Orgánica del Tribunal de
Cuentas.
A tales efectos, cabe indicar que el artículo 2 de la Ley 19/2013, de 9 de diciembre
señala que las disposiciones del título primero, relativas a la transparencia de la
actividad pública, se aplicarán a:
“ a) La Administración General del Estado, las Administraciones de las Comunidades
Autónomas y de las Ciudades de Ceuta y Melilla y las entidades que integran la
Administración Local.
b) Las entidades gestoras y los servicios comunes de la Seguridad Social así como las
mutuas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales colaboradoras de la
Seguridad Social.
c) Los organismos autónomos, las Agencias Estatales, las entidades públicas
empresariales y las entidades de Derecho Público que, con independencia funcional o
con una especial autonomía reconocida por la Ley, tengan atribuidas funciones de
regulación o supervisión de carácter externo sobre un determinado sector o actividad.
d) Las entidades de Derecho Público con personalidad jurídica propia, vinculadas a
cualquiera de las Administraciones Públicas o dependientes de ellas, incluidas las
Universidades públicas.
e) Las corporaciones de Derecho Público, en lo relativo a sus actividades sujetas a
Derecho Administrativo.
f) La Casa de su Majestad el Rey, el Congreso de los Diputados, el Senado, el Tribunal
Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial, así como el Banco de España, el
Consejo de Estado, el Defensor del Pueblo, el Tribunal de Cuentas, el Consejo
Económico y Social y las instituciones autonómicas análogas, en relación con sus
actividades sujetas a Derecho Administrativo.
g) Las sociedades mercantiles en cuyo capital social la participación, directa o indirecta,
de las entidades previstas en este artículo sea superior al 50 por 100.
h) Las fundaciones del sector público previstas en la legislación en materia de
fundaciones.
i) Las asociaciones constituidas por las Administraciones, organismos y entidades
previstos en este artículo. Se incluyen los órganos de cooperación previstos en el
artículo 5 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las
Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, en la medida en
que, por su peculiar naturaleza y por carecer de una estructura administrativa propia,
le resulten aplicables las disposiciones de este título. En estos casos, el cumplimiento de
las obligaciones derivadas de la presente Ley serán llevadas a cabo por la
Administración que ostente la Secretaría del órgano de cooperación”.
Asimismo, el artículo 3 de la citada norma establece que las disposiciones del capitulo
II (publicidad activa) del Título primero serán también aplicables a:
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“a) Los partidos políticos, organizaciones sindicales y organizaciones empresariales.
b) Las entidades privadas que perciban durante el período de un año ayudas o
subvenciones públicas en una cuantía superior a 100.000 euros o cuando al menos el
40% del total de sus ingresos anuales tengan carácter de ayuda o subvención pública,
siempre que alcancen como mínimo la cantidad de 5.000 euros”.
Por su parte el artículo 1 de la Ley Orgánica 2/1982, de 12 de mayo, del Tribunal de
Cuentas, establece que “El Tribunal de Cuentas es el supremo órgano fiscalizador de
las cuentas y de la gestión económica del Estado y del sector público, sin perjuicio de su
propia jurisdicción, de acuerdo con la Constitución y la presente Ley Orgánica “ y el
artículo 3 apartados 1 y 2 de la misma norma disponen que “Integran el sector
público:
a) La Administración del Estado.
b) Las Comunidades Autónomas.
c) Las Corporaciones Locales.
d) Las entidades gestoras de la Seguridad Social.
e) Los Organismos autónomos.
f) Las Sociedades estatales y demás Empresas públicas.
Al Tribunal de Cuentas corresponde la fiscalización de las subvenciones, créditos, avales
u otras ayudas del sector público percibidas por personas físicas o jurídicas”.
La conclusión que se puede extraer de la lectura de los preceptos contenidos en ambas
normas es que la coincidencia en cuanto a los organismos que son objeto de control es
bastante elevado.
Sin embargo, tales coincidencias no se reducen, tan solo al ámbito de aplicación
subjetivo, sino que se extienden a otros aspectos tales como, la difusión de
información de relevancia económica, presupuestaria y estadística.
En este orden de cosas, cabe indicar que el artículo 8 de la citada norma concreta la
información relativa a los actos de gestión administrativa con repercusión económica o
presupuestaria que deben ser objeto de publicación, entre la que se encuentra:
a) Todos los contratos, con indicación del objeto, duración, el importe de licitación y
de adjudicación, el procedimiento utilizado para su celebración, los instrumentos a
través de los que, en su caso, se ha publicitado, el número de licitadores participantes
en el procedimiento y la identidad del adjudicatario, así como las modificaciones del
contrato. Igualmente serán objeto de publicación las decisiones de desistimiento y
renuncia de los contratos.
Asimismo, se publicarán datos estadísticos sobre el porcentaje en volumen
presupuestario de contratos adjudicados a través de cada uno de los procedimientos
previstos en la legislación de contratos del sector público.
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b) La relación de los convenios suscritos, con mención de las partes firmantes, su
objeto, plazo de duración, modificaciones realizadas, obligados a la realización de las
prestaciones y, en su caso, las obligaciones económicas convenidas. Igualmente, se
publicarán las encomiendas de gestión que se firmen, con indicación de su objeto,
presupuesto, duración, obligaciones económicas y las subcontrataciones que se
realicen con mención de los adjudicatarios, procedimiento seguido para la
adjudicación e importe de la misma.
c) Las subvenciones y ayudas públicas concedidas con indicación de su importe,
objetivo o finalidad y beneficiarios.
d) Los presupuestos, con descripción de las principales partidas presupuestarias e
información actualizada y comprensible sobre su estado de ejecución y sobre el
cumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera
de las Administraciones Públicas.
e) Las cuentas anuales que deban rendirse y los informes de auditoría de cuentas y de
fiscalización por parte de los órganos de control externo que sobre ellos se emitan.
f) Las retribuciones percibidas anualmente por los altos cargos y máximos
responsables de las entidades incluidas en el ámbito de la aplicación de este título.
Igualmente, se harán públicas las indemnizaciones percibidas, en su caso, con ocasión
del abandono del cargo.
g) Las resoluciones de autorización o reconocimiento de compatibilidad que afecten a
los empleados públicos así como las que autoricen el ejercicio de actividad privada al
cese de los altos cargos de la Administración General del Estado o asimilados según la
normativa autonómica o local.
h) Las declaraciones anuales de bienes y actividades de los representantes locales, en
los términos previstos en la Ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases del
Régimen Local. Cuando el reglamento no fije los términos en que han de hacerse
públicas estas declaraciones se aplicará lo dispuesto en la normativa de conflictos de
intereses en el ámbito de la Administración General del Estado. En todo caso, se
omitirán los datos relativos a la localización concreta de los bienes inmuebles y se
garantizará la privacidad y seguridad de sus titulares.
i) La información estadística necesaria para valorar el grado de cumplimiento y
calidad de los servicios públicos que sean de su competencia, en los términos que
defina cada administración competente.
Una vez descrita la información de carácter económico presupuestario que los sujetos
que se encuentran dentro del ámbito de aplicación de la Ley de Transparencia tienen
obligación de suministrar, sería conveniente referir las funciones que las diferentes
normas atribuyen a las Instituciones de Control Externo y para ello vamos a tomar
como ejemplo la Ley 4/1989, de 2 de mayo reguladora de la Audiencia de Cuentas de
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Canarias (hay que tener en cuenta que las funciones encomendadas a los órganos de
control externo autonómicas son prácticamente idénticas). A tales efectos hay que
mencionar que el artículo 5 de dicha norma, atribuye a esta Institución las siguientes
funciones:
a) Fiscalizar la actividad económico-financiera del sector público de la Comunidad
Autónoma de Canarias, velando por la legalidad, eficiencia y economía de cuantos
actos den lugar al reconocimiento de derechos y obligaciones de contenido
económico, así como de los ingresos y pagos que de ellos se deriven y, en general, de
la recaudación, inversión y aplicación de los fondos públicos.
La fiscalización de las subvenciones, créditos, avales y todas las ayudas, cualquiera que
sea su naturaleza, concedidas por los órganos del sector público canario a personas
físicas o jurídicas.
b) Fiscalizar el grado de cumplimiento de los objetivos propuestos en los diversos
programas presupuestarios.
c) Fiscalizar los créditos extraordinarios, suplementos, incorporaciones, ampliaciones,
transferencias y demás modificaciones de los créditos presupuestarios iniciales.
d) Fiscalizar los contratos suscritos por la Administración de la Comunidad Autónoma y
demás entes del sector público canario.
e) Fiscalizar la situación y variaciones patrimoniales de los entes integrantes del sector
público de la Comunidad Autónoma.
Una somera lectura del contenido del citado artículo 8 de la Ley 19/2013, de 9 de
diciembre, de Transparencia, Acceso a la Información y Buen Gobierno y del artículo 5
de la Ley de la Audiencia de Cuentas permite concluir que, en gran medida, el ámbito
objetivo de ambas normas es coincidente, por lo que cabe preguntarse ¿cuál fue el
motivo por el que el legislador no contó con los Órganos de Control Externo para
vigilar el cumplimiento del contenido de la citada norma por las entidades que
integran el sector público?.
Quizás, la respuesta a esta pregunta la encontremos en las referencias internacionales
que nuestro legislador tuvo en cuenta para elaborar la citada Ley. En este sentido, hay
que indicar que antes de la aprobación de la Ley española de transparencia ya se
habían aprobado un total de 99 normas similares en otros tantos países, siendo las
más recientes, la eslovena (2003), la serbia (2004), la alemana (2005), la china (2007) o
la chilena (2008).
Tal como indicamos en párrafos anteriores, tanto la norma serbia como la eslovena
aprobadas en el año 2003, según indican los estudios realizados, entre otros, por la
Access Info Europe, son las mejores normas de transparencia que existen en la
actualidad y, sin embargo no fueron tenidas muy en cuenta por el legislador español
en el momento de elaborar la Ley 19/2013. Curiosamente la norma que el legislador
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español ha tomado como modelo es la chilena aprobada en el año 2008, que en
palabras de Michael Karanicolas, miembro del Centre for Law and Democracy de
Canadá, es una de las menos estrictas de Latinoamérica.
Organismo garante de la Transparencia y Buen Gobierno.
Otro de los importantes aspectos que regula la citada Ley de Transparencia hace
referencia al organismo público que “vigilará” el cumplimiento de la transparencia de
la actividad pública, el acceso a la información y el buen gobierno de los responsables
de todas las entidades que integran el sector público. En este sentido, cabe indicar que
nuestro legislador ha querido que este organismo (colegiado) esté adscrito al
Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, en lugar de hacerlo depender de
las Cortes Generales, y conseguir así el respaldo de la voluntad popular.
No obstante y a pesar de ello, se resalta que su presidente antes de ser nombrado por
el Gobierno mediante Real Decreto, necesite pasar un “examen” ante una Comisión
del Congreso de los Diputados que ha de decidir, por mayoría absoluta de sus
miembros, si el candidato propuesto está capacitado para desempeñar dicho cargo,
dando, de esta manera la impresión, de que cuenta con una suerte de bendición
parlamentaria.
Con el fin de garantizar su autonomía e independencia en el cumplimiento de sus fines,
además de establecer la pluralidad en cuanto a su composición, tal como se pone de
manifiesto en los párrafos siguientes, condiciona el mandato del Presidente a un
periodo máximo de 5 años sin posibilidad de ser reelegido (criterio que no se sigue en
el caso de los vocales de la Comisión que sí podrán ser reelegidos, según dispone el
Real Decreto por el que se aprueba el estatuto del Consejo de Transparencia y Buen
Gobierno, por otro periodo igual), sin embargo esto no debe ser suficiente, puesto que
la sola circunstancia de que dependa de un departamento ministerial lastra, al menos
en parte, su libertad de actuación.
Precisamente, la carencia de autonomía e independencia de los órganos que han de
vigilar el cumplimiento de lo dispuesto en la citada norma, es uno de los motivos por
los que la Unión Europea ha tachado de insuficiente la ley española de transparencia. A
tales efectos, hay que señalar que la Comisión europea en un informe sobre la
corrupción en España consideraba que: “la Ley de Transparencia es un paso adelante
pero insuficiente porque no cuenta con garantías suficientes de independencia de su
mecanismo de control”
Del mismo modo, hay que señalar que un estudio realizado por las organizaciones
Access Info Europe, y Centre for Law and Democracy de Canadá para determinar el
grado de independencia de los órganos que vigilan el cumplimiento de la Ley, pone de
manifiesto que la Ley española es de las que peor garantiza la independencia del
órgano de supervisión.
En el cuadro siguiente se muestra el análisis realizado a las leyes de acceso a la
información de algunos de los países que las han aprobado (Serbia -puesto nº1Transparencia y OCEx
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México -7- Reino Unido -27-, Irlanda -37-, USA -45-, España -73- y Alemania -94-),
tomando para ello los indicadores que utiliza el Global Right To Information Rating
(bastante útiles para valorar la independencia de los órganos que vigilan el
cumplimiento de tales leyes), siendo los resultados los siguientes:
INDICADOR
ESP
El sistema de nombramiento les 0
protege de influencias políticas y de
despidos arbitrarios
Informa al Parlamento y su 0
presupuesto lo aprueba el Parlamento
Prohibición de nombrar personas con 0
fuertes vinculaciones políticas y
exigencia de experiencia profesional
Inmunidad legal para el órgano y para 0
los informantes de buena fe
RU
1
IRL ALE SERB MEX EEUU
2
2
2
2
0
1
2
2
2
2
0
0
1
0
2
2
0
1
2
0
1
0
0
Los datos reflejados en el cuadro anterior, ponen de manifiesto que las leyes española
y estadounidense, son las que menos independencia otorgan a sus órganos de control.
En este orden de cosas, es importante destacar que la autonomía e independencia de
la que gozan los Órganos de Control Externo es mucho mayor que la que se le puede
atribuir a los órganos de vigilancia o control “interno”. El simple hecho de que sean las
Cortes Generales o los Parlamentos autonómicos quienes elijan a los miembros de
estos órganos por mayorías reforzadas (3/5) y que estos deban remitir su trabajo a los
mismos, hace que este tipo de Instituciones sean las más adecuadas para evaluar o
supervisar el cumplimiento de las obligaciones, al menos las de carácter jurídico y
económico-presupuestario que se recogen en la Ley de trasparencia.
Del mismo modo, no podemos olvidar que el propio título V de la Constitución
española, atribuye al poder legislativo (los OCEX, son Instituciones que dependen de
los parlamentos) la función de control al ejecutivo y no al revés, por lo que no parece
muy razonable que un órgano adscrito a un departamento ministerial sea el que lleve a
cabo la vigilancia de la aplicación de la normativa sobre transparencia, acceso a la
información pública y buen gobierno.
Otros aspectos especialmente relevantes y a los que merece la pena dedicarles, al
menos unas líneas, son, por una parte, la composición del Consejo y por otra la
percepción de las retribuciones de los miembros del mismo.
Por lo que a la composición se refiere, debe indicarse que el Real Decreto 919/2014,
de 31 de octubre, por el que se aprueba el Estatuto del Consejo de Transparencia y
Buen Gobierno, señala en su artículo 7 que este se compone de un Presidente, una
Comisión y dos Subdirecciones Generales (de Reclamaciones y de transparencia y buen
gobierno). La Comisión estará integrada por un total de ocho miembros (Presidente,
un Diputado, un Senador, así como un representante del Tribunal de Cuentas, del
Defensor del Pueblo, de la Agencia Española de Protección de Datos, de la Secretaría
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de Estado de las Administraciones Públicas, y de la Autoridad Independiente de
Responsabilidad Fiscal), que conforme establece su normativa reguladora, no
realizaran sus funciones de manera exclusiva y no percibirán, a excepción de su
Presidente, remuneración alguna por el desempeño de las mismas. Este órgano, de
acuerdo con lo previsto en el artículo 17.3 del citado reglamento, se reunirá, a
instancias de su Presidente, al menos una vez al mes (la norma señala asimismo que,
con periodicidad anual, debe reunirse con los representantes de los organismos
autonómicos con funciones similares).
Con respecto a los titulares de las Subdirecciones Generales, el artículo 18 del Real
Decreto por el que se aprueba el Estatuto del Consejo de Transparencia y Buen
Gobierno dispone que serán nombrados y cesados por el Presidente entre funcionarios
de carrera y evidentemente, aunque expresamente no lo diga esta norma, tales
subdirectores percibirán las retribuciones por el desempeño de sus funciones, como
también las recibirá el personal que desempeñe las unidades y puestos de trabajo
dependientes de las mismas.
A tenor de lo señalado en los párrafos precedentes, y teniendo en cuenta, el título de
la única disposición adicional (no incremento del gasto público) de este reglamento,
cabe preguntarse: ¿las percepciones que recibe el Presidente, los subdirectores o el
personal que desempeña sus funciones en las mismas no generan un mayor gasto a la
Administración?, ¿quién va a realizar las funciones que hasta el momento de su
nombramiento desempeñaban los subdirectores o personal que va a desarrollar su
trabajo en las subdirecciones?, ¿los miembros del Consejo realizan sus funciones de
manera altruista o van a percibir algún tipo de indemnización?, ¿el periodo de tiempo
que, por ejemplo, el vocal del Tribunal de Cuentas, va a dedicar a realizar las funciones
que como miembro del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno la Ley le atribuye,
va a coincidir con el que le tiene que dedicar a sus funciones como miembro del
Tribunal o estas funciones las va a realizar en su ratos libres?.
Del mismo modo, también convendría tener en cuenta los gastos de funcionamiento
de los bienes y servicios de las dependencias donde tenga su sede el citado órgano, la
papelería, las comunicaciones, los desplazamientos de sus miembros y del personal a
su servicio, etc.
Pues bien, las respuestas a estas preguntas no se encuentran en el viento, sino
curiosamente, entre otros, en los informes de fiscalización que, en su momento,
realicen las Instituciones de Control Externo, puesto que este órgano (Consejo de
Transparencia y Buen Gobierno), tal como señala el artículo 21 del mentado Real
Decreto, contará para el cumplimiento de sus fines con recursos procedentes de las
asignaciones que anualmente se establezcan con cargo a los Presupuestos Generales
del Estado, además de las subvenciones y aportaciones procedentes de la Unión
europea, etc. y todos sabemos, que este tipo de fondos son objeto de fiscalización por
los OCEX.
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Sin duda alguna, las fiscalizaciones que se efectúen nos confirmarán un mayor gasto de
recursos públicos y el error que supone no contar con los Órganos de Control Externo
para realizar estas funciones.
En este orden de cosas, hay que recordar que si uno de los argumentos que utilizaba la
Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas para suprimir a los Órganos
de Control Externo, en su célebre informe, era el elevado gasto que estos generaban o
las duplicidades que se producían, no entendemos cuál es el motivo de crear en estos
momentos (la crisis parece que aún no ha pasado) un órgano que genera un mayor
gasto a la administración (p.ej. salario del Presidente, gasto de desplazamientos,
dietas, mantenimiento, etc.) y que en gran medida va a realizar las funciones que ya
están realizando o que podrían realizar las instituciones de control externo.
Régimen Sancionador
La Ley de Transparencia, en su artículo 30, establece un régimen sancionador que ya
quisieran para sí los órganos de control externo.
Resulta sorprendente observar que dicha Ley establezca sanciones tan “duras” en el
supuesto de que un responsable público cometa una infracción grave o muy grave, que
abarcan tanto la imposibilidad de que un alto cargo no pueda percibir la indemnización
que le pueda corresponder en caso de cese, la destitución del cargo o no poder ser
nombrado para ocupar un puesto de alto cargo durante un periodo de entre cinco y
diez años.
No es que esté en contra del régimen de sanciones que el legislador establece en la
norma de transparencia, ni mucho menos, lo que sí llama la atención es que no se le
confiera un régimen sancionador parecido a los Órganos de Control Externo.
Si analizamos las conductas de los responsable públicos que la Ley de Transparencia
considera sancionables como faltas graves o muy graves, advertimos que el agravio
comparativo que se produce con los Órganos de Control Externo es importante.
A tales efectos, baste comprobar lo dispuesto en el artículo 28 de la citada Ley de
Transparencia para darse cuenta del trato desfavorable al que están siendo sometidos
los OCEx y, es que el citado precepto establece que constituirá infracción muy grave en
materia económico presupuestaria, (que conllevará, en su caso, aparejada p.ej. la
inhabilitación para desempeñar cargo público durante un periodo de entre cinco y diez
años), entre otras actuaciones, las siguientes:

Realizar sin crédito suficiente compromisos de gastos, reconocimiento de
obligaciones y ordenación de pagos.

Omitir el trámite de intervención previa de los gastos, obligaciones o pagos,
cuando ésta resulte preceptiva o del procedimiento de resolución de
discrepancias frente a los reparos suspensivos de la intervención.
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
Incumplir la obligación de destinar íntegramente los ingresos obtenidos por
encima de los previstos en el presupuesto a la reducción del nivel de deuda
pública, de conformidad con lo dispuesto en la Ley orgánica de estabilidad
presupuestaria y sostenibilidad financiera.
Cualquier auditor que desempeñe o haya desempeñado sus funciones en una
Institución de Control Externo, se da perfecta cuenta de que estas infracciones son
cometidas con frecuencia por los gestores públicos y que se ponen de manifiesto en
muchos de los informes de fiscalización que estas entidades elaboran y remiten a los
respectivos parlamentos y, evidentemente, yo personalmente, después de realizar
funciones de fiscalización durante más de 20 años, no conozco a ningún alcalde,
rector, consejero, viceconsejero o director general de un gobierno autónomo, etc. que
haya sido, separado de su puesto por realizar alguna de las actuaciones que la Ley de
Transparencia califica como muy graves, es más, en ciertas actuaciones periódicas, año
tras año se concluye en los informes de fiscalización, por ejemplo, que la universidad
“X” o la consejería “Y” han realizado un determinado gasto sin cobertura
presupuestaria y quien la ha cometido no recibe ni tan siquiera una pequeña
reprimenda.
Si bien es cierto que los parlamentos autonómicos, en los últimos años, han tomado
conciencia de que es necesario dotar a los OCEx de competencias sancionadoras, para
que la realización de su trabajo pueda servir mejor al cumplimiento de los intereses
públicos y así lo han hecho ya algunos parlamentos autonómicos (Cataluña, Madrid,
Galicia, Castilla-León, Asturias, Canarias, etc.), las reformas realizadas se han limitado,
exclusivamente, a la posibilidad de imponer medidas coercitivas a aquellas entidades
(fundamentalmente entidades locales) que no remitan a la Institución de Control
Externo la información o documentación de carácter económico, financiero o
presupuestario que éstas tienen obligación legal de enviar y no a sancionar las
conductas irregulares o los incumplimientos reiterados de las recomendaciones que
anualmente y, en ciertos casos, de manera reiterada, se plasman en los informes de
fiscalización.
Conclusiones.Dado que una parte importante de las funciones que se confieren a los órganos
encargados de vigilar el cumplimiento de las normas de transparencia son funciones
que, en gran medida, ya están realizando los OCEx, parece oportuno advertir que en
aquellas comunidades autónomas donde no se ha aprobado la norma de transparencia
se tenga en cuenta a estos órganos, a efectos de no generar duplicidades ni mayores
gastos al erario público.
De la misma manera que en aquellas comunidades autónomas donde se ha conferido a
los OCEx la posibilidad de sancionar a los organismos que no cumplan con la obligación
de rendir sus cuentas, los resultados han mejorado de manera significativa, en
parecidos términos debería actuarse respecto de aquellas entidades que no cumplan
las recomendaciones que se realizan en los informes de fiscalización.
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El reforzamiento de la autonomía e independencia de los OCEx pasa por establecer
líneas solidas de trabajo, de tal forma que la labor que éstas realizan goce de respeto,
no solo de los organismos fiscalizados, sino también de los propios miembros de la
organización.
Sin la participación activa y decidida de los parlamentos, que son los órganos a los que
destinan su trabajo las Instituciones de Control Externo, la labor realizada por estas se
ve limitada.
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