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HOMICIDIOS
COMETIDOS
POR LA POLICÍA
MILITAR EN LA
CIUDAD DE RÍO
DE JANEIRO
Amnistía Internacional es un movimiento mundial con más de 7 millones de colaboradores, miembros
y activistas, en más de 160 países y territorios, que organiza campañas para acabar con los más
graves abusos de derechos humanos. Somos independientes de cualquier gobierno, ideología política,
interés económico o religioso, y recibimos financiación, principalmente, de donaciones individuales.
Publicado originalmente en 2015 por
Anistia Internacional
Plaza São Salvador, n° 5 – Laranjeiras
Rio de Janeiro/RJ
22.231-170
Amnesty International Ltd
Peter Benenson House
1 Easton Street
London WC1X ODW
United Kingdom
©Amnesty International 2015
Índice: AMR 19/2068/2015 Brazilian Portuguese
Idioma original: Portugués
Versiones: Inglés y Español
Impreso en portugués por Anistia Internacional Brasil
AGRADECIMIENTOS: Amnistía Internacional agradece a los habitantes y defensores de derechos humanos de Acari, a todas las madres, familiares y víctimas de la violencia por su incansable lucha
por la dignidad y la justicia. Agradecemos también el apoyo de las investigadoras Silvia Ramos y
Leonarda Musumeci del Centro de Estudios de Seguridad y Ciudadanía de la Universidad Candido
Mendes (CESEC/UCAM) de Rio de Janeiro/RJ por la lectura crítica, así como a los investigadores y
profesionales entrevistados por su disponibilidad durante este trabajo y a los diferentes autores de
este campo que aparecen con referencias citadas en el presente informe.
APOYO: Fundación Ford
Ficha Técnica
Revisión: Ana Carla Lemos
Proyecto gráfico: Ampersand Comunicação Gráfica
Datos Internacionales de Catalogación en la Publicación (CIP) (Cámara Brasileña del Libro, SP, Brasil)
¡Mataste a mi hijo!: homicidios cometidos por la policía militar en la ciudad de Rio de Janeiro/Anistia Internacional. – Rio
de Janeiro: Anistia Internacional, 2015.
1.Brutalidad policial 2. Derechos humanos 3. Favelas – Rio de Janeiro (RJ) 4. Registros criminales – Rio de Janeiro (RJ)
– Estadísticas 5. Rio de Janeiro (Estado) – Policía Militar 6. Violencia - Rio de Janeiro (Estado) 7. Violencia policial I.
Anistia Internacional.
15-06553CDD-364.1322098153
Índices para catálogo sistemático: 1. Violência policial: Rio de Janeiro, RJ: Criminología 364.1322098153
Foto de tapa: Policía militar durante la operación de ocupación del territorio del complejo de
favelas de Caju. 3 de marzo de 2013.
Todos los derechos reservados. Esta publicación posee derechos autorales, pero puede ser reproducida libremente
por cualquier medio, para fines educativos, de campaña y activismo, no pudiendo ser comercializada.
Se solicita que tales usos sean informados a los titulares de los derechos para acompañar su divulgación. Para la
reproducción de este contenido en cualquier otra circunstancia, o para su reutilización en otras publicaciones, su
traducción y adaptación, será necesaria una autorización previa y por escrito de los editores. Para solicitarla y obtener
demás informaciones, escriba a [email protected].
Índice
4
8
12
16
RESUMEN EJECUTIVO
CONTEXTO
METODOLOGÍA
OBLIGACIONES DE BRASIL EN VIRTUD DEL DERECHO INTERNACIONAL
17 18 22
EL DERECHO A LA VIDA
PRINCIPIOS INTERNACIONALES SOBRE EL USO DE LA FUERZA LETAL
EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES EN EL CONTEXTO DE LA GUERRA CONTRA LAS DROGAS
24 28 30 36
FUNCIONAMIENTO DE LAS FUERZAS POLICIALES DE BRASIL
“RESISTENCIA SEGUIDA DE MUERTE” Y HOMICIDIOS RESULTANTES DE LA INTERVENCIÓN POLICIAL
HOMICIDIOS RESULTANTES DE LA INTERVENCIÓN POLICIAL EN RÍO DE JANEIRO
EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES, USO INNECESARIO DE LA FUERZA Y OTROS ABUSOS POLICIALES COMETIDOS EN ACARI
40
Acari: “homicidios resultantes de la intervención policial” en 2014
42
“Ellos entran disparando”
44
“Troya”: método para una ejecución
47
“¿Tenían que matarlo? ¿Por qué no lo detuvieron?”
53
Balas perdidas, caveirão y uso de armas de alta potencia en favelas
56
Habitantes en peligro: otros abusos policiales
64
IMPUNIDAD
69
Inacción del Ministerio Público a la hora de exigir responsabilidad penal en los homicidios
resultantes de la intervención policial
71 76 78
82
87
MANIPULACIÓN DE LA ESCENA DEL CRIMEN Y ERRORES EN LAS INVESTIGACIONES
PROTECCIÓN DE TESTIGOS
AMENAZAS E INTIMIDACIÓN A DEFENSORES DE DERECHOS HUMANOS
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
ANEXOS:
87 88 Lista de siglas y abreviaturas
Lista de tablas y gráficos
RESUMEN EJECUTIVO
MATASTE A MI HIJO: Homicidios cometidos por la Policía
Militar en la ciudad de Río de Janeiro
En este informe de Amnistía Internacional se presenta una investigación inédita
sobre ejecuciones extrajudiciales, homicidios policiales y otras violaciones de
derechos humanos cometidas por la Policía Militar de la ciudad de Río de Janeiro.
E
n Brasil son frecuentes las ejecuciones extrajudiciales cometidas por
agentes de policía. En el marco de la llamada “guerra contra las drogas”,
la Policía Militar ha venido empleando fuerza letal de forma innecesaria y
excesiva, lo que ha ocasionado la muerte de miles de personas en los últimos 10 años. Las autoridades usan a menudo el término jurídico “acto
de resistencia” (del portugués “auto de resistência”, que hace referencia
a las muertes causadas por agentes de policía estando de servicio y en las que se
esgrime la justificación de la legítima defensa) como cortina de humo para encubrir
homicidios perpetrados por los policías.
El presente informe se basa en varios casos de homicidio policial ocurridos
durante 2014 y 2015 en la ciudad de Río de Janeiro, principalmente en la favela
de Acari. Amnistía Internacional ha entrevistado a víctimas y familiares, testigos,
defensores y defensoras de derechos humanos, organizaciones de la sociedad
civil, expertos en seguridad pública y autoridades municipales, y ha recopilado
datos sobre el lugar de los hechos, partes de incidencia, certificados de defunción,
informes periciales e investigaciones policiales. A partir del análisis de esta información, Amnistía Internacional ha detectado indicios de ejecuciones extrajudiciales,
así como un constante uso innecesario y desproporcionado de la fuerza por parte
de la Policía Militar.
Según estadísticas oficiales, el Área Integrada de Seguridad Pública (AISP)
con mayor número de homicidios resultantes de la intervención policial en 2014 es
la número 41, que incluye la favela de Acari. En esa AISP se han registrado 68 del
total de 244 homicidios policiales cometidos en la ciudad de Río de Janeiro, y 10
de ellos han tenido lugar en Acari.
4
M ATA S T E A M I H IJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Amnistía internacional ha recopilado datos sobre nueve de los diez casos de
homicidios con indicios de ejecución extrajudicial cometidos en acari por agentes de
la policía militar estando en servicio. En cuatro de los casos, las víctimas estaban
heridas o ya se habían rendido cuando los agentes les dispararon deliberadamente
con armas de fuego para ejecutarlas. En otros cuatro casos, las víctimas murieron
por disparos efectuados sin previo aviso. En el noveno caso, la víctima huía de la
policía cuando le dispararon.
El empleo de la fuerza letal por los funcionarios encargados de hacer cumplir
la ley plantea graves motivos de preocupación sobre los derechos humanos, entre
otros, sobre el derecho a la vida. Brasil tiene el deber de impedir y castigar la violencia delictiva, garantizando a la vez el pleno respeto por el derecho a la vida de
todas las personas que se encuentran bajo su jurisdicción, tal como está previsto en
el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en la Convención Americana
sobre Derechos Humanos.
Brasil es el país con mayor número de homicidios del mundo: en 2012 hubo
56.000 víctimas. Los estereotipos negativos asociados a los jóvenes, sobre todo a
los hombres jóvenes negros que viven en favelas y en otras zonas marginales, han
contribuido a la banalización y a la aceptación de la violencia. En 2012, más del
50% de las víctimas de homicidio tenían entre 15 y 29 años, y el 77% eran negros.
Las políticas brasileñas de seguridad pública se caracterizan por las intervenciones policiales represivas en comunidades marginadas. La “guerra contra las
drogas”, destinada a frenar el narcotráfico especialmente en las favelas, y la falta
de regulación clara sobre el uso de armas pesadas y vehículos blindados en zonas
urbanas densamente pobladas aumentan el riesgo al que está expuesta la población local. La policía suele justificar el uso de la fuerza letal contra los ciudadanos
alegando la supuesta participación de estos en grupos criminales. Las operaciones
militarizadas de gran envergadura se han saldado con un elevado número de muertes causadas por la policía.
Datos de acceso público ponen de manifiesto que, en la ciudad de Río de
Janeiro, de los 1.275 casos registrados de homicidios cometidos por agentes de
servicio entre 2010 y 2013, el 99,5% de las víctimas eran hombres, el 79% eran
negros y el 75% tenían entre 15 y 29 años.
El discurso oficial de los partes policiales siempre culpa a las víctimas, que
están estigmatizadas por el entorno de racismo, discriminación y criminalización de
la pobreza. La sociedad brasileña suele legitimar estas muertes. El sistema de justicia penal perpetúa la situación, pues raramente se investigan los abusos policiales.
Cuando muere una persona como resultado de la intervención policial, el
agente de policía que corresponda cumplimenta un parte de incidencia para determinar si el homicidio se cometió en defensa propia o si procede emprender una
investigación penal. En la práctica, la legislación sobre “actos de resistencia” dificulta la realización de investigaciones independientes e imparciales, que podrían
dilucidar si el uso de la fuerza letal fue legítimo, necesario y proporcionado.
Al clasificar todos los homicidios policiales como resultantes de un enfrentamiento, en la práctica la policía está culpando de la muerte a las propias víctimas.
Las declaraciones de los agentes de policía implicados en los homicidios suelen
describir lo ocurrido como un enfrentamiento con presuntos delincuentes. Esta versión se convierte en el punto de partida de las investigaciones policiales. En los
M ATA S T E A M I H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
5
casos en que la policía vincula a la víctima con grupos criminales, la investigación
se limita a buscar indicios que respalden el testimonio de los agentes [de que el
homicidio se cometió en defensa propia].
En un periodo de diez años (2005-2014) se registraron en el estado de Río
de Janeiro 8.471 casos de homicidios policiales, de los cuales 5.132 tuvieron
lugar en la ciudad de Río de Janeiro. Aunque la cifra empezó a disminuir en 2011,
aumentó un 39,4% entre 2013 y 2014 en el estado. El número de homicidios
policiales constituye un porcentaje significativo de la cifra total de homicidios: el
15,6% en 2014 en la ciudad de Río de Janeiro.
La favela de Acari ha sufrido durante decadas operaciones en las que la policía ha cometido ejecuciones extrajudiciales y otros abusos. La desaparición forzada de 11 chicos y chicas de Acari en 1990 fue un hito en la historia de la zona.
Aunque nunca se encontró a los 11 jóvenes, se cerró la investigación y nadie ha
comparecido ante la justicia.
Al no emprenderse investigaciones adecuadas y no dictarse condena contra
los autores de los homicidios policiales, se transmite el mensaje de que las autoridades toleran estos crímenes, lo cual alimenta el ciclo de violencia.
Al revisar el estado de las 220 investigaciones de homicidios policiales
abiertas en 2011 en la ciudad de Río de Janeiro, Amnistía Internacional ha descubierto que, transcurridos cuatro años, tan sólo en un caso se han presentado
cargos contra un agente de policía. A fecha de abril de 2015, siguen abiertas 183
investigaciones.
Los casos individuales documentados por Amnistía Internacional y expuestos
en este informe ilustran que las policías civil y militar y el Ministerio Público no
investigan ni frenan las actuaciones policiales indebidas. Amnistía Internacional ha
detectado que a menudo se alteran las escenas del crimen, pues los agentes de
policía retiran el cadáver sin la diligencia debida o colocan junto a él armas u otras
pruebas inculpatorias falsificadas. Cuando la víctima está presuntamente vinculada al tráfico de drogas, la investigación tiende a concentrarse en sus antecedentes
penales para legitimar el homicidio, en vez de en determinar las circunstancias de
la muerte.
Los testigos de los homicidios policiales casi nunca acuden a la policía para
testificar por miedo a sufrir represalias. Las deficiencias de los programas de protección de testigos y la falta de protección de defensores y defensoras de derechos
humanos contribuyen al alto grado de impunidad y a la mala calidad de las investigaciones.
6
M ATA S T E A M I H IJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
PRINCIPALES RECOMENDACIONES
Las políticas recientes de seguridad pública no han sido capaces de poner freno a
las ejecuciones extrajudiciales. La policía militar sigue empleando habitualmente
fuerza arbitraria, innecesaria y excesiva con total impunidad.
Tanto las autoridades estatales como las federales deben tomar medidas
para abordar la violencia policial y la impunidad.
Amnistía Internacional pide a las autoridades de Río de Janeiro que emprendan acciones de inmediato para cumplir sus obligaciones de derechos humanos,
entre otras:
•
Garantizar una investigación exhaustiva, independiente e imparcial de todos los casos registrados como homicidios policiales, con miras a que se
inicien procedimientos penales contra las personas que hayan cometido un
homicidio ilegítimo.
•
Asegurar que todos los casos registrados como homicidios policiales son investigados por la División de Homicidios con exhaustividad, independencia
e imparcialidad, de modo que se puedan emprender los procesos penales
pertinentes.
•
Asignar los recursos humanos, económicos y de infraestructura necesarios
para que la División de Homicidios pueda investigar todos los casos registrados como homicidios policiales de forma imparcial e independiente.
•
Condenar las violaciones de derechos humanos cometidas en el contexto
de las operaciones policiales y transmitir públicamente el mensaje de que
no se tolerará el uso innecesario y excesivo de la fuerza policial.
•
Crear un equipo especial en el Ministerio Público que dé prioridad a la
investigación de los homicidios policiales, de forma que concluya las investigaciones y lleve los casos ante la justicia cuando corresponda.
M ATA S T E A M I H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
7
8
M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Luiz Baltar/Anistia Internacional
Foto de manifestación en el Complexo
do Alemão contra la muerte de
habitantes y del niño Eduardo [Río de
Janeiro, 04/04/2015]
CONTEXTO
D
esde hace 30 años, Brasil vive una crisis aguda de seguridad pública:
en 2012 se han llegado a registrar 56.000 homicidios,1 que equivale a
una tasa de 29 homicidios2 por 100.000 habitantes. En estos últimos decenios, las autoridades públicas, tanto federales como estatales, no han
conseguido dar respuesta a la creciente violencia letal que afecta al país ni
poner en práctica políticas eficaces de seguridad pública, tales como iniciativas destinadas a reducir el número de homicidios y a proteger el derecho a la vida.
Entre 1980 y 2012, el número de homicidios cometidos en el país pasó de
13.910 a 56.337, y la tasa de homicidios subió de 11,7 a 29,0. Dicho de otro modo, la tasa de homicidios aumentó un 143% en ese
homicidios en brasil
periodo. Sin embargo, el mayor incremento tuvo lugar entre 1980 y
1997, pues en esos años la tasa de homicidios se situó en un nivel
elevado, superando los 25 homicidios por 100.000 habitantes, y se
ha mantenido estable dese entonces.3
son
54%
La violencia letal que sufre el país no afecta a todas las personas por igual. De las más de 56.000 víctimas de homicidios que
hubo en 2012, 30.000 eran jóvenes de entre 15 y 29 años.4 De ese
total de jóvenes, más del 90% eran hombres y el 77% eran negros.5
Debido a la discriminación racial y a las desigualdades resultantes,
la población negra, y en particular los jóvenes negros, sufre una
discriminación estructural que afecta severamente a su derecho de
acceso a la enseñanza superior, la salud, el trabajo y una vivienda
digna, entre otros.6
em 2012 :
jóvenEs,
de éstos:
90%
77%
son
hombres
son
negros
1 Los datos sobre homicidios proceden del Departamento de Informática del Sistema Único de Salud (DATASUS), dependiente del Ministerio
de Salud, que recopila estadísticas sobre muertes violentas intencionales ocurridas en Brasil, recogidas a su vez por el Sistema de Información sobre Mortalidad (SIM) para la obtención periódica de información sobre mortalidad en el país. Estos datos han sido sistematizados en:
WAISELFISZ, Julio Jacob, Mapa da Violência 2014. Os jovens do Brasil, Brasilia DF: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO),
Secretaría de Políticas de Promoción e Igualdad Racial, Secretaría Nacional de la Juventud, Secretaría General de la Presidencia de la República, 2014. Disponible en: http://www.mapadaviolencia.org.br/pdf2014/Mapa2014_JovensBrasil.pdf. Consultado el 25 de junio de 2015.
2 “Tasa de homicidios” es el número de homicidios por cada 100.000 habitantes. En el presente informe, el término “tasa de homicidios”
siempre remite a esta definición.
3 Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una tasa de homicidios superior a 10 se considera una epidemia. Véase Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Informe regional de desarrollo humano 2013-2014. Seguridad ciudadana con rostro humano:
diagnóstico y propuestas para América Latina (p. 4).
4
En Brasil, la Ley Federal nº 12.852, de 5 de agosto de 2013, considera jóvenes a las personas de entre 15 y 29 años de edad.
5 Por lo que se refiere a los datos estadísticos, se entiende que en Brasil la categoría de “negro/a” o “población negra” corresponde a la
suma de las categorías estadísticas de “negro” y “pardo”. Conforme al Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), hay cinco categorías de raza o color en el país: blanco, negro, pardo, amarillo e indígena. A efectos de elaborar indicadores sociales desglosados por raza o
color de la piel, especialistas en relaciones raciales e instituciones de investigación públicas y privadas consideran que la población negra de
Brasil abarca ambas categorías citadas.
6 Véase Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), 2007, Boletim de Políticas Sociais. Acompanhamento e Análise nº 13, edición
especial, Brasilia: IPEA.
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
9
La discriminación que sufren los jóvenes negros
ha afectado a la protección de su derecho a la vida. En
jóvenes blancos jóvenes negros
2012, la tasa de homicidios de jóvenes fue de 57,6.
Sin embargo, la diferencia entre la tasa de homicidios
de jóvenes blancos y la de jóvenes negros en algunas
capitales es elocuente: en Recife, la tasa de homiciRecife
dios de jóvenes blancos fue de 13,9, mientras que la
Maceió
de jóvenes negros ascendió a 185,0; en Maceió, las
tasas fueron respectivamente de 24,3 y 327,6; en João
João Pessoa
Pessoa, de 14,4 y 313,0; y en Belém, de 10,7 y 134,6.
Durante muchos años, Río de Janeiro ha sido el
Belém
estado con la tasa de homicidios más elevada de Brasil.
Fuente: Mapa de la violencia 2014 – Los jóvenes en Brasil
En 2002, la tasa de homicidios del estado era de 56,5,
y en la capital era de 62,8. Entre 2002 y 2012 hubo
una reducción significativa, de modo que las tasas en el estado y la capital descendieron hasta situarse en 28,3 y 21,5 respectivamente, aunque seguían siendo muy
superiores a la media mundial.7
La gran disponibilidad de armas de fuego en el país8, la presencia de la delin-
Tabla 1: Tasa de homicidios de jóvenes cometidos en 2012 en varias
capitales brasileñas
13,9
24,3
14,4
10,7
GRUPOS DE
EXTERMiNIO
En su mayoría, los grupos
de exterminio están formados por agentes de las policías civil y militar en activo,
jubilados o expulsados de
las respectivas fuerzas, así
como por otros agentes de
seguridad pública. Según
el informe final, concluido
en noviembre de 2005, de la
Comisión Parlamentaria de
Investigación de la Cámara de Diputados de Brasil
sobre el exterminio ocurrido en la Región Nordeste,
los grupos de exterminio
“matan con crueldad, en
muchos casos quemando y
descuartizando los cadáveres de las víctimas”. Tales
grupos surgen a partir de
iniciativas de comerciantes, empresarios, políticos y
otros sectores destinadas a
eliminar a grupos sociales a
los que consideran indeseables, y se están convirtiendo
en el brazo armado de la delincuencia organizada, pues
se encargan de matar para
defender los intereses de
organizaciones criminales
de la Región Nordeste.
10
185
327,6
313
134,6
cuencia organizada y la falta de una política pública nacional de reducción de homicidios son factores generales que contribuyen en gran medida a la elevada tasa de
homicidios. Por otra parte, debido a la banalización y a la aceptación de la violencia,
especialmente la dirigida contra grupos tradicionalmente discriminados, se han afianzado ciertos estereotipos negativos asociados a la población negra, sobre todo a los
jóvenes negros que viven en favelas. Así, parte de la sociedad permanece indiferente a
la muerte de estos jóvenes negros, que son las principales víctimas de los homicidios
cometidos en el país.
La policía es responsable de un porcentaje significativo de los homicidios que
se cometen en Brasil. Además de los homicidios perpetrados por policías que están
de servicio, se cree que también hay un número elevado, aunque desconocido, de
muertes causadas por grupos de exterminio y milicias compuestas principalmente por
agentes de las policías civil y militar, así como por otros agentes del Estado9.
Desde hace muchos años, organizaciones nacionales e internacionales documentan casos de ejecuciones extrajudiciales y de uso excesivo de la fuerza por parte de
los agentes de seguridad pública de Brasil10. Las ejecuciones extrajudiciales suelen ser
7 La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que la tasa mundial de homicidios en 2012 había disminuido un 16% desde 2000,
situándose en 6,7 homicidios por cada 100.000 habitantes, índice que excluye las muertes ocurridas en situaciones de conflicto armado. Véase
OMS, Informe sobre la situación mundial de la prevención de la violencia, (p. 2 del resumen de orientación).
8 En 2005 se calculaba que había en Brasil 15,2 millones de armas de fuego en manos de particulares. Véase WAISELFISZ, Julio Jacob, Mortes matadas por armas de fogo: Mapa da violência 2015, Brasilia DF, 2015, Secretaría de Políticas de Promoción e Igualdad Racial; Secretaría
Nacional de la Juventud; Secretaría General de la Presidencia de la República. Disponible en:
http://www.mapadaviolencia.org.br/pdf2015/mapaViolencia2015.pdf. Consultado el 3 de julio de 2015.
Véase también DREFUS, P y NASCIMENTO, M.S, Small Arms Holdings in Brazil: Toward a Comprehensive Mapping of Guns and Their Owners;
FERNANDES, R. (ed.), Brazil: The Arms and the Victims, Río de Janeiro, Letras/Viva Rio/Instituto de Estudios Religiosos (ISER), 2005.
9 Véase también el informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias relativo a la misión realizada en
Brasil en 2007 (A/HRC/11/2/Add.2).
10 Amnistía Internacional, Brasil: Más allá de la desesperación. Un programa para los derechos humanos (Índice AI: AMR 19/015/1994);
Rio de Janeiro 2003: Candelária e Vigário Geral 10 anos depois (Índice AI: AMR 19/015/2003); “Entran disparando”: La actuación policial en
las comunidades socialmente excluidas (Índice AI: AMR 19/025/2005); “Vim buscar sua alma”: o caveirão e o policiamento no Rio de Janeiro”
(Índice AI: AMR 19/007/2006);
Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas, Misión a Brasil (A/HRC/11/2Add.2);
M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
m i l i c i as
cometidas por fuerzas de seguridad que –estando de servicio– matan a
El informe final de la Comisión Parlamentaria
presuntos delincuentes en vez de detenerlos y llevarlos ante la justicia.
de Investigación de la Asamblea Legislativa del
En 2005, durante el primer examen de Brasil ante el Comité de
estado de Río de Janeiro, concluido en noviemDerechos Humanos de la ONU, este órgano afirmó que le preocupaban
bre de 2008 tras investigarse las actividades
de milicias que operaban en Río de Janeiro,
“el uso generalizado de la fuerza excesiva por los funcionarios encarseñala que en el estado había alrededor de
11
gados de hacer cumplir la ley [...] y las ejecuciones extrajudiciales” .
171 comunidades sometidas al control de las
La redemocratización de Brasil, resultante de la Constitución de
milicias. Según Zaluar y Conceição (2007), las
1988 (la denominada “Constitución Ciudadana”), no ha sido capaz de
milicias se componen de agentes y ex agentes
de policía (principalmente de la policía militar),
promover reformas en las estructuras de seguridad pública ni en las
así como de un escaso número de bomberos
fuerzas policiales de Brasil, lo cual ha dado lugar a entidades que no
y funcionarios penitenciarios, todos ellos con
son conformes con el Estado de derecho ni con los requisitos de un
adiestramiento militar y pertenecientes a insentorno democrático plural y diverso.
tituciones del Estado, que se arrogan la función
de proteger y ofrecer “seguridad” a los barrios
La política de seguridad pública brasileña concede una importansupuestamente amenazados por los delincuencia excesiva a las operaciones policiales represivas, justificadas por la
tes. El control del territorio, que pasa a estar
“guerra contra las drogas” y que se saldan con un elevado número de
dominado militarmente, es quizás la principal
muertes resultantes de la acción policial12.
característica del fenómeno de las milicias en
Río de Janeiro. Las milicias cobran tasas indeEn Río de Janeiro y en otros estados brasileños se adoptó a parbidas a las cooperativas de transporte alternatir de la década de 1990 un modelo de actuación policial que hace
tivo, promueven el inflado de precios de la bomhincapié en la represión del tráfico de drogas mediante operaciones
bona de gas y del servicio ilegal de televisión
e incursiones específicas en favelas y suburbios donde existen puntos
por cable y exigen peajes y tarifas de protección. Las autoras del artículo afirman que los
de venta de drogas ilegales al menudeo. El comercio de drogas ilegales
miembros de las milicias intentan ocupar un
está dominado por grupos y organizaciones delictivas que, la mayoría
espacio cada vez mayor en los poderes legislade las veces, tienen una fuerte presencia armada en tales zonas. Esta
tivo y ejecutivo de ámbito municipal y estatal,
situación ha servido de pretexto para fomentar un discurso bélico según
construyendo redes en el interior de los poderes
públicos, incluso en el poder judicial. Véase
el cual las favelas son territorios que deben ser recuperados a un ejérZALUAR, Alba y CONCEIÇÃO, Isabel Siqueira,
cito enemigo (el narcotráfico).
“Favelas sob o controle das milícias no Rio de
La ilegalidad del comercio de drogas también favorece la corrupJaneiro: que paz?”, São Paulo em Perspectiva,
ción policial: en la ciudad de Río de Janeiro es habitual el pago de un
São Paulo, Fundación Seade, vol. 21, nº 2, pp.
89-101, julio/diciembre de 2007. Disponible
arrego, soborno que los narcotraficantes entregan periódicamente a los
en: http://produtos.seade.gov.br/produtos/spp/
13
agentes de policía responsables de vigilar una determinada zona .
v21n02/v21n02_08.pdf. Consultado el 25 de
Una de las consecuencias de esta política de seguridad pública
junio de 2015.
volcada en la “guerra contra las drogas”, sobre todo en la ciudad de
Río de Janeiro, es el elevado número de ejecuciones extrajudiciales
cometidas por agentes de las policías civil y miliar durante operaciones realizadas en
favelas y suburbios. Las ejecuciones raramente se investigan y, en general, quedan
impunes14 .Los responsables casi nunca comparecen ante la justicia y la gran mayoría
de las víctimas no obtiene ninguna reparación. Por su parte, la impunidad alimenta el
ciclo de violencia que caracteriza a las operaciones policiales llevadas a cabo en el país.
Justicia Global y Núcleo de Estudios Negros, Execuções Sumárias no Brasil: 1997-2003, septiembre de 2003, disponible en: http://www.ovp-sp.
org/relatorio_just_global_exec_97_03.pdf, consultado el 18 de junio de 2015;
Justicia Global et al., Os muros nas favelas e o processo de criminalização, mayo de 2009, disponible en: http://global.org.br/wp-content/
uploads/2009/12/Relat%C3%B3rio-Os-Muros-nas-Favelas-e-o-Processo-de-Criminaliza%C3%A7%C3%A3o.pdf, consultado el 18 de junio de
2015.
11 Observaciones finales del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Brasil, 1 de diciembre de 2005, Examen de los informes
presentados por los Estados Partes en virtud del artículo 40 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (CCPR/C/BRA/CO/2).
12 Véanse las notas 12 y 16.
13 Tal práctica, común en la ciudad de Río de Janeiro, ha sido confirmada por varias personas entrevistadas durante la investigación del
presente informe.
14 Véase MISSE, Michel et al, Quando a polícia mata: homicídios por “autos de resistência” no Rio de Janeiro (2001-2011), Río de Janeiro,
Booklink, 2013.
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Luiz Baltar/Anistia Internacional
Policía Militar en el Complexo do Caju
[Río de Janeiro, 03/03/2013]
METODOLOGÍA
E
l principal objetivo de la investigación realizada por Amnistía Internacional era analizar varios casos de muertes causadas por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro para comprobar los indicios que
apuntaban a ejecuciones extrajudiciales y determinar en qué medida
los agentes de policía habían usado la fuerza de forma innecesaria,
excesiva y arbitraria.
La investigación que ha dado lugar al presente informe se llevó a cabo entre
agosto de 2014 y junio de 2015, y se ha basado en fuentes de información primarias y
secundarias, visitas de campo y entrevistas a víctimas, familiares de víctimas, testigos,
defensores de derechos humanos, representantes de organizaciones de la sociedad
civil, especialistas y autoridades del ámbito de la seguridad pública.
Con el fin de poner en contexto y delimitar los casos de homicidios causados por
agentes de policía durante operaciones oficiales llevadas a cabo en Río de Janeiro,
se han analizado las estadísticas disponibles en Brasil sobre homicidios en general y
sobre homicidios resultantes de la intervención policial, prestando especial atención al
municipio de Río de Janeiro.
A los datos sobre homicidios en general se ha tenido acceso a partir de la investigación15 que sistematizó la información de la base de datos DATASUS del Ministerio
de Salud.
Los datos sobre homicidios resultantes de la intervención policial en el estado de
Río de Janeiro, relativos al periodo comprendido entre 2005 y 2014, se han obtenido a
través del Instituto de Seguridad Pública (ISP),16 que divulga periódicamente información sobre indicadores de criminalidad en su sitio web.17
Previa solicitud, el ISP proporcionó a Amnistía Internacional datos, desglosados
por edad, sexo y raza o color, de los partes de incidencia18 sobre muertes violentas
intencionales19 –incluidos los homicidios resultantes de la intervención policial– que
ocurrieron en la ciudad de Río de Janeiro entre enero de 2008 y diciembre de 2013.
A través de una de sus fuentes, Amnistía Internacional también ha tenido acceso
al número, fecha, comisaría y estado de todos los registros de homicidios resultantes de
la intervención policial en la ciudad de Río de Janeiro en 2011, lo que le ha permitido
comprobar la evolución de la investigación en cada caso y en cuántos de ellos se ha ini15 Investigación reflejada en Mapa da Violência 2014. Os jovens do Brasil (véase nota 1).
16 El Instituto de Seguridad Pública (ISP), vinculado a la Secretaría de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro, es un órgano autónomo
creado en 1999 cuyo cometido es colaborar en la sistematización de datos, la producción de investigaciones y el análisis criminal, con el fin de
contribuir a la adopción de políticas públicas de seguridad y garantizar la participación social en la elaboración de estas iniciativas.
17 Véase www.isp.rj.gov.br.
18 El parte de incidencia, redactado por la autoridad policial, es el primer relato de un hecho penal, a partir del cual puede emprenderse una
investigación.
19 La categoría de muerte violenta intencional abarca los registros de homicidio, robo con resultado de muerte, lesiones corporales con
resultado de muerte, homicidio resultante de la intervención policial (acto de resistencia) y muerte de agentes de las policías civil y militar que
estaban de servicio. No se incluyen los partes sobre aparición de restos de huesos humanos o cadáveres.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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ciado un proceso judicial. Se ha elegido el año 2011 porque se ha considerado que un
periodo de cuatro años (de 2011 a 2015) es suficiente para realizar todos los trámites
administrativos y judiciales necesarios entre la investigación policial y la presentación
de cargos o la petición de archivar el caso por parte del Ministerio Público.
Amnistía Internacional ha consultado asimismo diversos documentos relativos
a los casos descritos en el presente informe, como partes de incidencia, certificados
de defunción, informes periciales, investigaciones policiales, fotografías y vídeos.
Para el trabajo de campo se eligió la favela de Acari, situada en el municipio de
Río de Janeiro, donde se ha registrado el mayor número de homicidios resultantes
de la intervención militar de todo el estado y cuya vigilancia compete al 41º Batallón
de la Policía Militar.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Abajo, la favela de Acari. [Río de
Janeiro, 26/05/2015]
©BRUNO MORAES/ANISTIA INTERNACIONAL
Representantes de Amnistía Internacional hicieron 14 visitas de campo a Acari.
En total se entrevistó a 50 personas de las comunidades (testigos, familiares de víctimas y funcionarios públicos), así como a agentes de las policías civil y militar –entre
ellos, cuatro delegados de la Policía Civil y un coronel de la Policía Militar–, al Defensor
del Pueblo para Asuntos Policiales del estado de Río de Janeiro, a especialistas en
seguridad pública y a funcionarios de la Defensoría Pública del estado. Amnistía Internacional participó también en dos reuniones con residentes de Acari convocadas en
agosto y diciembre de 2014 por la comunidad para exponer abusos policiales cometidos en la favela y a las que asistieron unas 90 personas. Durante el trabajo de campo se
observó que el patrón de actuación policial que ocasiona numerosas muertes también
es fuente de otros abusos policiales.
Además de los casos ocurridos en Acari, se han incluido otros seis casos notorios
de homicidios cometidos por policías militares en el municipio de Río de Janeiro entre
2013 y 2015 para ilustrar situaciones en las que la actuación de la Policía Militar en
otras zonas de la ciudad también ha ocasionado muertes.
Algunos familiares de víctimas y residentes entrevistados aceptaron ser identificados en el presente informe. Sin embargo, hemos mantenido el anonimato de las
personas entrevistadas siempre que así se nos ha solicitado.
Los casos descritos en este informe resumen los hechos y el contexto de la muerte de cada una de las víctimas a partir de datos obtenidos en entrevistas con residentes, testigos y familiares, así como de información extraída de partes de incidencia,
certificados de defunción, informes periciales, fotografías y vídeos. Para evitar que se
reconozcan las fuentes de información y que se quiebre el sigilo cuando así se ha solicitado, la síntesis de los casos se ha elaborado mediante diversas fuentes testimoniales
y documentales que no están expresamente identificadas.
Amnistía Internacional ha pedido a la Secretaría de Seguridad Pública de Río de
Janeiro los informes periciales de todos los homicidios descritos en el presente informe,
pero esta petición no ha sido atendida. En algunos casos, Amnistía Internacional ha obtenido informes periciales a través de familiares o porque ya forman parte de procesos
judiciales. De las cuatro entrevistas solicitadas con altos representantes de la Policía
Civil y de la Policía Militar del estado de Río de Janeiro, tres fueron concedidas.
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HOMICIDIOS COMETIDOS POR LA POLICíA MILITAR EN LA CIUDAD DE RíO DE jANEIRO
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Luiz Baltar/Anistia Internacional
Favela de la Rocinha. [Río de Janeiro,
13/11/2011]
OBLIGACIONES
DE BRASIL
EN VIRTUD
DEL DERECHO
INTERNACIONAL
EL DERECHO A LA VIDA
El artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) y el artículo 4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
establecen la obligación de los Estados de proteger, respetar y garantizar
previa
el derecho a la vida y de impedir la violación de dicho derecho. Brasil ratificó ambos instrumentos internacionales en 1992 y, además, reconoció la
jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 1998.
El derecho a la vida es una norma del derecho internacional conpara la plena realización de la
suetudinario y forma parte de un núcleo inderogable de derechos que no
.
pueden ser suspendidos en ningún caso, ni siquiera en situaciones de
20
emergencia. El derecho a la vida es un requisito previo indispensable
para la plena realización de la dignidad humana y el ejercicio efectivo de
todos los derechos humanos. Las obligaciones de los Estados derivadas del derecho a
la vida no sólo presuponen que ninguna persona puede ser privada arbitrariamente de
la vida, sino que también exige a los Estados que tomen todas las medidas adecuadas
para proteger y preservar ese derecho.
El Comité de Derechos Humanos de la ONU ya ha reconocido que el derecho
a la vida debe entenderse como el más esencial de los derechos, como “el derecho
supremo respecto del cual no se autoriza suspensión alguna”.21
derecho a la vida
= condición
indispensable
indispensável
dignidad humana
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha definido el alcance del derecho a la vida de forma semejante al considerar que se trata de “un derecho humano
fundamental, cuyo goce es un prerrequisito para el disfrute de todos los demás derechos humanos. De no ser respetado, todos los derechos carecen de sentido”. 22
20 Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Comunidad Indígena Sawhoyamaxa vs. Paraguay, párr. 150, y Caso de las Masacres de
Ituango vs. Colombia, párr. 128, entre otros.
21 Comité de Derechos Humanos, Observación general nº 6, párr. 1 (1982), HRI/GEN/1/Rev.9 (Vol. I).
22 Véase Caso de los “Niños de la Calle” (Villagrán Morales y otros) vs. Guatemala, Fondo, párr. 144; Caso Montero Aranguren y otros (Retén
de Catia) vs. Venezuela, Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 5 de julio de 2006, Serie C, nº 150, párr. 63, y Caso
Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 4 de julio de 2007, Serie C, nº 166, párr. 78.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
17
El derecho a la vida conlleva dos obligaciones específicas: una material y otra procesal.23 Por un lado, el Estado tiene el deber de adoptar las medidas necesarias no
sólo para impedir y castigar la privación de la vida cuando es consecuencia de actos
delictivos, sino también para evitar las ejecuciones extrajudiciales cometidas por sus
propias fuerzas de seguridad. Por otro lado, el Estado debe realizar una investigación
adecuada y garantizar la rendición de cuentas de los responsables en caso de que se
sospeche que se ha privado de la vida a una persona.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) destaca que los Estados, al implementar políticas de seguridad, deben adoptar medidas eficaces para garantizar la protección de las personas que están bajo su jurisdicción frente a las acciones
de particulares que puedan amenazar o poner en peligro el derecho a la vida, y asegurar
que los agentes de seguridad pública se conducen de conformidad con los principios
internacionales sobre el uso de la fuerza. En especial, la Comisión subraya su preocupación por los altos niveles de impunidad con respecto a las ejecuciones extrajudiciales
cometidas por agentes estatales bajo el fenómeno de “ajusticiamiento” de presuntos
delincuentes y en el marco del supuesto “resguardo de la seguridad ciudadana”.24
PRINCIPIOS INTERNACIONALES SOBRE EL USO DE LA FUERZA LETAL
En el ámbito internacional, existen dos documentos de referencia de la ONU que
regulan el uso de la fuerza por parte de los agentes de seguridad pública: el Código
de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley25 y los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios
Encargados de Hacer Cumplir la Ley.26
Las normas internacionales estipulan que los funcionarios encargados de hacer
cumplir la ley deben hacer uso de la fuerza únicamente cuando no existan otros medios eficaces para alcanzar el objetivo legítimo.27 Por otra parte, el nivel de fuerza aplicado ha de ser proporcional a la gravedad del daño que se pretende evitar y concebido
de forma que minimice los perjuicios y las lesiones.28 Los agentes utilizarán armas de
fuego solamente como último recurso, es decir, cuando sea estrictamente necesario
para la propia defensa o la defensa de terceros frente a una amenaza inminente de
muerte o de lesiones graves.29
Los Estados deben garantizar que sus agentes –especialmente los agentes de
policía– respetan el derecho a la vida y protegen una vida cuando está amenazada por
23 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 1 de abril de 2014, A/HRC/26/36, párr. 46.
24 Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Informe sobre seguridad ciudadana y derechos humanos, párr. 108. Disponible
en:
http://www.cidh.org/countryrep/Seguridad/seguridadindice.sp.htm. Consultado el 1 de julio de 2015.
25 Disponible en: http://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/LawEnforcementOfficials.aspx. Consultado el 25 de junio de 2015.
26 Disponible en: http://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/UseOfForceAndFirearms.aspx. Consultado el 25 de junio de 2015.
27 El Principio 4 de los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir
la Ley dispone lo siguiente: “Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, en el desempeño de sus funciones, utilizarán en la medida de
lo posible medios no violentos antes de recurrir al empleo de la fuerza y de armas de fuego. Podrán utilizar la fuerza y armas de fuego solamente
cuando otros medios resulten ineficaces o no garanticen de ninguna manera el logro del resultado previsto”.
28 El Principio 5.a de los Principios Básicos establece lo siguiente: “[Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley] ejercerán moderación y actuarán en proporción a la gravedad del delito y al objetivo legítimo que se persiga”.
29 El Principio 9 de los Principios Básicos estipula lo siguiente: “Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley no emplearán armas
de fuego contra las personas salvo en defensa propia o de otras personas, en caso de peligro inminente de muerte o lesiones graves, o con el
propósito de evitar la comisión de un delito particularmente grave que entrañe una seria amenaza para la vida, o con el objeto de detener a una
persona que represente ese peligro y oponga resistencia a su autoridad, o para impedir su fuga, y sólo en caso de que resulten insuficientes
medidas menos extremas para lograr dichos objetivos. En cualquier caso, sólo se podrá hacer uso intencional de armas letales cuando sea
estrictamente inevitable para proteger una vida”.
18
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
terceros. Cuando un Estado no investiga debidamente las muertes resultantes del uso
de la fuerza por parte de sus agentes, está violando igualmente el derecho a la vida.30
En su Observación general número 6 sobre el derecho a la vida, el Comité de
Derechos Humanos de la ONU afirma que “los Estados Partes no sólo deben tomar
medidas para evitar y castigar los actos criminales que entrañen la privación de la vida,
sino también evitar que sus propias fuerzas de seguridad maten de forma arbitraria. La
privación de la vida por las autoridades del Estado es una cuestión de suma gravedad.
Por consiguiente, la ley debe controlar y limitar estrictamente las circunstancias en que
dichas autoridades pueden privar de la vida a una persona.”
En toda operación policial deberá hacerse uso la fuerza conforme a los principios
establecidos en la legislación internacional sobre el empleo de la fuerza y de armas de
fuego, entre ellos:
Objetivo legítimo:
Únicamente deberá emplearse la fuerza en caso de que se persiga un objetivo legítimo.
El único objetivo legítimo en caso de empleo de la fuerza letal es salvar la propia vida o
la de otra persona.31
Necesidad:
En el desempeño de su deber, los agentes encargados de hacer cumplir la ley deberán emplear medios no violentos antes de recurrir al uso de la fuerza y de armas de
fuego; sólo deberán utilizar la fuerza cuando sea inevitable y siempre que otros medios
se revelen insuficientes. Asimismo, el principio de necesidad establece que la policía
solamente empleará la fuerza cuando sea necesaria para lograr el objetivo, y el grado
de fuerza utilizado no deberá exceder el necesario para alcanzar tal objetivo.Por otra
parte, los agentes encargados de hacer cumplir la ley deberán identificarse como tales
y advertir claramente que se disponen a usar armas de fuego, con tiempo suficiente
para que la advertencia sea observada, a menos que proceder así ponga a los agentes
en una situación de peligro, genere un riesgo de muerte o daños graves a otras personas, o pueda resultar manifiestamente inapropiado o inútil dadas las circunstancias
del incidente.32
Proporcionalidad:
El nivel de fuerza utilizado deberá ser proporcional a la gravedad del daño que se pretende evitar.Cuando se empleen armas letales o potencialmente letales, deberá prestarse
especial atención a ciertos principios.33 Todo uso de arma de fuego debe considerarse
fuerza letal o potencialmente letal. En tales situaciones, el requisito de proporcionalidad
sólo se aplica cuando el uso de fuerza letal tiene como objetivo salvar una vida. 34
30 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 1 de abril de 2014, A/HRC/26/36, párr. 79.
31 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 1 de abril de 2014, A/HRC/26/36, párr. 58.
32 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 1 de abril de 2014, A/HRC/26/36, párrs. 59-61.
33 Principio 5 de los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir
la Ley.
34 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 1 de abril de 2014, A/HRC/26/36, párr. 70.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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Eduardo de Jesus, de 10 años,
muerto a manos de agentes de la Policía Militar el 2 de abril de 2015
©Anistia Internacional
Terezinha de Jesus, madre de Eduardo. [Río de Janeiro, 24/06/2015]
Eduardo de Jesus, un niño de 10 años, murió a manos de policías militares a la puerta de su
casa, en el complejo de favelas de Alemão, situado en la Zona Norte de Río de Janeiro, el 2 de abril
de 2015.
Alrededor de las cinco y media de la tarde, Eduardo se sentó a la puerta de su casa para esperar a su hermana, que estaba a punto de llegar, y jugar con un teléfono móvil. No había ningún
tiroteo ni ninguna operación policial en curso.
Según la madre, Terezinha Maria de Jesus, de 40 años, todo sucedió en cuestión de segundos:
“Sólo escuché un estallido y su grito: ¡Mamá...! Entonces salí corriendo y me encontré con aquella
escena horrible: mi hijo caído en el suelo”. Terezinha entró en pánico, vio una fila de policías militares y gritó: “¡Mataste a mi hijo, maldito desgraciado!”. El policía respondió: “Así como maté a tu
hijo, también puedo matarte a ti, porque maté al hijo de un delincuente, al hijo de un vagabundo”.
El policía apuntó el fusil a la cabeza de Terezinha, y ella dijo: “Me puedes matar porque ya te
has llevado una parte de mí. Puedes llevarte el resto”. Otro agente de la policía militar apartó a la
madre de Eduardo y evitó otra tragedia.
La madre afirma que los policías casi consiguen deshacer la escena del crimen, pero que se
lo impidieron los propios miembros de la comunidad. Eduardo estaba muerto y los policías intentaron retirar el cadáver y colocar un arma para incriminarlo.35 Uno de los agentes dijo: “Se coloca
un arma aquí cerca y ya está”.
Terezinha recuerda: “Se acercaron al cuerpo de mi hijo diciendo que iban a llevárselo. Yo dije
que no se llevaban a mi hijo porque no se lo iba a permitir. Están acostumbrados a hacer eso, a
35 Esa es una práctica muy habitual de la Policía Militar de Río de Janeiro; véase el apartado “Manipulación de la escena del crimen y errores
en las investigaciones”.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Luiz Baltar/Anistia Internacional
llevarse el cuerpo y darlo por desaparecido. Si hay desaparición, no pasa nada. La prensa se limita
a decir que tal persona desapareció y nunca la encuentran. Así hicieron con Amarildo.36 Y querían
hacer lo mismo con mi hijo”.
Algunos residentes, indignados por la muerte de un niño a la puerta de su casa, iniciaron
una protesta, pero fueron duramente reprimidos por la Policía Militar, que usó bombas de gas
lacrimógeno contra la población.
Terezinha se desahogaba: “A mi hijo lo asesinaron brutalmente. No es justo. Entran en una
comunidad y disparan a lo primero que tienen delante. Eso no se hace”.
Al día siguiente de la muerte de Eduardo, los agentes responsables del disparo que lo alcanzó
fueron apartados de sus puestos y se les confiscaron las armas para someterlas a un análisis
pericial. El caso está siendo investigado por la División de Homicidios de la capital.
La familia ha recibido amenazas y ha tenido que abandonar su domicilio en el complejo de
favelas de Alemão por miedo a sufrir represalias.
Foto de manifestación en el Complexo do Alemão contra las muertes de habitantes y del niño Eduardo [Río de
Janeiro, 04/04/2015]
36 Amarildo desapareció en 2013 tras ser abordado por policías militares de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) de la favela de Rocinha;
véase el apartado “Funcionamiento de las fuerzas policiales de Brasil”.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Luiz Baltar/Anistia Internacional
Policía Militar en el Complexo da Maré
[Río de Janeiro, 30/03/2014]
EXECUCIONES
EXTRAJUDICIALES EN EL
CONTEXTO DE LA GUERRA
CONTRA LAS DROGAS
E
n Brasil, los representantes de los gobiernos federal y estatales han respaldado durante años un discurso que favorece la lógica belicista en las
acciones de seguridad pública, especialmente en el marco de la “guerra
contra las drogas”. Esa lógica ha dado lugar a operaciones policiales de
gran envergadura, muy militarizadas, que se han saldado con numerosas muertes, en muchas de las cuales hay fuertes indicios que apuntan
a ejecuciones extrajudiciales cometidas por la policía.
El término “ejecuciones extrajudiciales” empleado en el presente informe abarca
diversas violaciones del derecho a la vida cometidas por los agentes encargados de
hacer cumplir la ley, no sólo los homicidios perpetrados de forma deliberada, sino también las muertes ocasionadas por el uso innecesario y excesivo de la fuerza.
Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las ejecuciones
extrajudiciales se caracterizan por ser privaciones deliberadas e ilegítimas de la
vida por parte de agentes del Estado, actuando generalmente bajo órdenes o al
menos con el consentimiento o aquiescencia de las autoridades.37 Por lo tanto, las
ejecuciones extrajudiciales son acciones ilícitas cometidas por quienes precisamente
están investidos del poder originalmente concebido para proteger y garantizar la
seguridad y la vida de las personas.
Los Estados tienen la obligación de proteger a las personas sujetas a su jurisdicción frente a la violencia y a las actividades delictivas, pero esa obligación viene
acompañada del deber de garantizar el respeto por el derecho a la vida de todas las
personas, incluidas las sospechosas de haber cometido un delito. Tal como afirmó en
2007 el relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Philip Alston, durante una visita a Brasil, “[n]o existe incompatibilidad alguna
entre el derecho de todos los brasileños a la seguridad y a sentirse libres de la violencia
criminal y el derecho a no ser abatido a tiros arbitrariamente por la policía”.38
37 Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), caso 11.658, Martín Pelicó Coxic (Guatemala), 15 de octubre de 2007, párr. 109.
38 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Misión a Brasil (A/HRC/11/2Add.2).
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
23
Una parte
considerable de la
sociedad brasileña
legitima
esas muertes
y, en muchos casos,
las defiende.
La convicción de que vivimos una “guerra contra las drogas”, y de que matar a personas sospechosas de participar en el narcotráfico forma parte de esa guerra, sustenta
el discurso y el rumbo de gran parte de la política de seguridad pública. Por ejemplo, en
1995, el entonces gobernador del estado de Río de Janeiro, Marcello Alencar, aprobó
una cuantía adicional a la remuneración de policías civiles y militares, que podía llegar
a suponer un 150% del salario, por actos considerados de coraje, como la muerte de
un sospechoso durante una operación policial. Esa bonificación pasó a conocerse como
“gratificación del lejano oeste” y estuvo en vigor hasta 1998, fecha en que fue suprimida
por la Asamblea Legislativa del estado de Río de Janeiro.
La afirmación de la policía de que las víctimas tenían vínculos con la delincuencia
se convirtió a menudo en justificación recurrente para el uso de la fuerza letal. El discurso oficial culpa a la propia víctima, estigmatizada por el racismo, la guerra contra las
drogas y la criminalización de la pobreza.
Una parte considerable de la sociedad brasileña legitima esas muertes y, en muchos
casos, las defiende. Expresiones como “delincuente bueno, delincuente muerto” son habituales en Brasil. Según una investigación de la Secretaría de Derechos Humanos de la
Presidencia de la República, el 43% de la población brasileña coincide con esa afirmación, y el 32% está totalmente de acuerdo con esa frase.39 La lógica de las ejecuciones no
sólo está arraigada en las instituciones públicas. El agente de policía piensa que hace un
bien a la sociedad y la sociedad apoya tal actuación.40
Este sentir se refleja en las instituciones del sistema de justicia penal –la Policía Civil,
el Ministerio Público y el poder judicial–, pues, en los casos en que la víctima tiene vínculos, reales o percibidos, con el narcotráfico, la investigación tiende a refrendar la declaración de los policías de que la muerte ocurrió durante un enfrentamiento o en respuesta a
una “injusta agresión”. En la mayoría de los casos, la investigación no pretende determinar
si el agente de policía empleó la fuerza de forma proporcional o si la muerte fue en realidad
una ejecución.41
FUNCIONAMIENTO DE LAS FUERZAS POLICIALES DE BRASIL
En su artículo 144, la Constitución Federal de Brasil establece que la seguridad pública,
deber del Estado y derecho de todos, se ejerce para garantizar el orden público y la integridad de las personas y patrimonios, a través de determinados órganos policiales. De
los diversos cuerpos policiales previstos en la legislación brasileña, dos se destacan por
sus atribuciones y efectivos: la Policía Militar y la Policía Civil, ambas dependientes de los
gobiernos estatales.42
La Policía Militar se encarga de las operaciones de intervención directa y de la preservación del orden público. Tiene una estructura jerárquica militar, y es un tribunal militar el
que juzga los delitos cometidos por policías militares estando de servicio, de conformidad
con el Código Penal Militar, salvo en el caso de los delitos dolosos (como los homicidios).
La Policía Militar depende de los gobernadores elegidos de los estados, pero también
se considera la fuerza auxiliar y de reserva del ejército. Durante la dictadura militar (196439 Sondeo realizado en 2008 por la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República, titulado Direitos humanos: percepções da
opinião pública
Véase http://posticsenasp.ufsc.br/files/2015/03/Percep%C3%A7%C3%B5es_direitos_humanos.pdf
40 Entrevista de Amnistía Internacional a un especialista en seguridad pública, mayo de 2015.
41 Véase ZACCONE, Orlando, Indignos de vida: a forma jurídica da política de extermínio de inimigos na cidade do Rio de Janeiro, Editora Revan,
2015.
42 Brasil está organizado en tres niveles federativos: la Unión (nivel federal), 27 estados (incluido el Distrito Federal, donde se encuentra la capital,
Brasilia) y los municipios.
24
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
1985), el control y la coordinación nacional de las policías militares estaba en manos del
Ministerio del Ejército.43
La forma en que se organizan las policías civil y militar difieren de un estado a otro. En
Río de Janeiro, por ejemplo, la Policía Militar se divide en batallones ordinarios, responsables
de la actuación policial en zonas específicas del estado, y en unidades especiales, como el
Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE) y el Batallón de Policía Antidisturbios.
La Policía Civil, que ejerce las funciones de policía judicial y se encarga de investigar
y esclarecer delitos, se divide en comisarías de policía de distrito, que tienen jurisdicción
sobre determinadas zonas, y en unidades especializadas, como la División de Homicidios,
las Comisarías de Atención a la Mujer y la Comisaría de Represión de la Delincuencia Organizada e Investigaciones Especiales (Draco-IE).
En Brasil, el control que se ejerce sobre la actividad policial es débil. Formalmente,
existen órganos de control internos y externos encargados de tal función. La Inspección
de la Policía Militar y la Inspección de la Policía Civil son los órganos internos responsables
de investigar las infracciones e irregularidades cometidas por agentes de policía. Cada
corporación tiene su propio órgano de inspección.
Las Defensorías del Pueblo para Asuntos Policiales son órganos de control externo
de la actividad policial que reciben, tramitan y hacen un seguimiento de las denuncias y
reclamaciones de la población sobre abusos cometidos por agentes de las policías civil y
militar. Se trata de instituciones relativamente nuevas en Brasil: la primera iniciativa de este
tipo fue adoptada por el estado de São Paulo en 1995.44 La Defensoría del Pueblo para
Asuntos Policiales del estado de Río de Janeiro fue creada en 199945 y tiene por objeto
recibir denuncias sobre la actuación tanto de policías civiles como de policías militares.46
Desde entonces se han creado otras Defensorías en varios estados de Brasil, pero, en
general, todas se caracterizan por la falta de independencia, de recursos institucionales y
materiales y de poderes de investigación, lo que limita su capacidad para ejercer un control
externo efectivo de la actividad policial.47
En una entrevista con Amnistía Internacional, el Defensor del Pueblo para Asuntos
Policiales de Río de Janeiro afirmó que la relación entre la Defensoría y la Policía Militar del
estado es delicada y que “los comandantes de la Policía Militar son muy reservados y consideran que los problemas de la corporación deben ser resueltos por ellos internamente.
No aceptan injerencias externas”.
Además de las Defensorías, cabe destacar que la principal institución con atribuciones para ejercer el control externo de la policía en Brasil es el Ministerio Público, órgano
independiente esencial para la función jurisdiccional del Estado y encargado de dar curso
a las denuncias y emprender la acción penal siempre que haya pruebas de la comisión de
un delito, por lo general a partir de las investigaciones llevadas a cabo por la Policía Civil.
Entre otras atribuciones, compete al Ministerio Público ejercer el control externo de
la actividad policial, con miras a prevenir actos ilícitos y abusos por parte de agentes de las
policías civil y militar. Esta función no se ha desempeñado satisfactoriamente;48 por tanto,
los mecanismos de control de las fuerzas policiales de Brasil son endebles.
43 De conformidad con el Decreto Ley nº 667 de 2 de julio de 1969.
44 Véase http://www.al.sp.gov.br/repositorio/legislacao/decreto/1995/decreto-39900-01.01.1995.html. Consultado el 20 de junio de 2015.
45 Ley Estatal número 3.168 de 12 de enero de 1999, http://govrj.jusbrasil.com.br/legislacao/228191/lei-3168-99. Consultado el 6 de julio de 2015.
46 Para más información sobre la Defensoría del Pueblo para Asuntos Policiales del estado de Río de Janeiro, véase http://www.ouvidoriadapolicia.
rj.gov.br. Consultado el 6 de julio de 2015.
47 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas, Misión a Brasil (A/HRC/11/2Add.2), párr. 74.
48 Véase ZACCONE (op. cit., nota 46).
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
25
Unidades de Policía Pacificadora (UPP) de Río de Janeiro
Las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) son el proyecto más reciente49 de política
de seguridad pública del municipio de Río de Janeiro y tienen como objetivo combatir
el tráfico de drogas y el control armado que detentan determinados grupos criminales
en ciertas zonas de la ciudad. La iniciativa surgió en 2008 y ya se ha puesto en práctica
en 37 zonas/favelas. Hay también una UPP desplegada en un municipio de la región
de la Baixada Fluminense, con lo que, a junio de 2015, el total asciende a 38 unidades.
Las UPP se caracterizan, entre otras cosas, por la actuación policial de proximidad
(actuación policial comunitaria) y por estar integradas por policías militares recién graduados, que son reclutados expresamente para operar en esas unidades y reciben un adiestramiento específico. Hasta la fecha, las UPP reúnen a aproximadamente 9.000 policías
militares, que corresponde al 18% de los efectivos totales de la Policía Militar en el estado
de Río de Janeiro. El área de actuación de las UPP abarca a 196 comunidades, en las
que hay cerca de 600.000 habitantes. La implantación de estas unidades ha contribuido
a reducir determinados índices de criminalidad en zonas concretas de la ciudad, así como
el número de homicidios, incluso de homicidios resultantes de la intervención policial y
de muertes de policías que estaban de servicio. En 2014 se produjeron 20 muertes a
resultas de la intervención policial en zonas donde operan las UPP, lo que corresponde a
una reducción del 85% en comparación con la cifra registrada en 2008 (136 víctimas).50
A pesar de los avances logrados, sigue habiendo numerosas denuncias de abusos
cometidos por policías militares de esas unidades, tales como uso innecesario y excesivo
de la fuerza y ejecuciones extrajudiciales. Ejemplo de ello es el caso de Amarildo de Souza,
detenido en julio de 2013 por agentes de la UPP de la favela de Rocinha, situada en la
Zona Sur de la ciudad. A Amarildo lo torturaron y lo mataron, y su cadáver todavía está en
paradero desconocido.51 Las investigaciones apuntan a que más de 20 agentes, incluido
el comandante de la UPP, están implicados en el suceso.
La UPP de Manguinhos, inaugurada en enero de 2013, en la Zona Norte de Río de
Janeiro, ha recibido varias denuncias de abusos cometidos por policías militares, incluidas
acusaciones de ejecuciones extrajudiciales. Paulo Roberto Pinho de Menezes, conocido
como “Nêgo”, residía en la favela de Manguinhos y tenía 18 años cuando lo mataron
policías militares de la UPP el 17 de octubre de 2013. Aquel día, alrededor de las dos y
media de la madrugada, una vecina llamó a Fátima, la madre de “Nêgo”, y le dijo que
unos policías militares estaban golpeando a su hijo. Cuando Fátima llegó al lugar de los
hechos, un callejón de la favela, vio a su hijo caído en el suelo y rodeado depolicías. Uno
de los agentes cortaba el paso, pero Fátima logró llegar hasta su hijo. Fátima contó que
Paulo Roberto estaba inconsciente, parecía desmayado, y que murió al poco tiempo. El
certificado de defunción de Paulo Roberto indica que las causas de la muerte fueron “lesiones múltiples y asfixia mecánica”.
49 Antes de las UPP existía un proyecto anterior, el Grupo Policial para Áreas Especiales (GPAE), creado en 2000, que también defendía una actuación policial comunitaria en las favelas de la ciudad y que pretendía reducir el número de armas y erradicar las prácticas abusivas y violentas de
la policía en esas zonas.
50 RÍO DE JANEIRO (estado), Instituto de Seguridad Pública/Secretaría de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro, Balanço de Indicadores
da Política de Pacificação (2007-2014), Río de Janeiro, abril de 2015. Disponible en: http://arquivos.proderj.rj.gov.br/isp_imagens/uploads/BalancodeIndicadoresdaPoliciadePacificacao2015.pdf. Consultado el 25 de junio de 2015.
51 Amnistía Internacional lanzó una Acción Urgente sobre el caso. Véase AU 212/13 (Índice AI: AMR 19/006/2013). En el homicidio de Douglas
Rafael da Silva, conocido como DG, también están implicados policías militares de la UPP (favela de Pavão-Pavãozinho), y sobre este suceso se lanzó
la Acción Urgente AU 105/14. El caso está recogido en el presente informe.
26
M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Johnatha de Oliveira Lima, de 19 años,
©AF Rodrigues/Anistia Internacional
muerto a manos de policías militares de la UPP de Manguinhos
el 14 de mayo de 2014
Ana Paula, madre de Johnatha [Manguinhos, Río de Janeiro, 18/06/2015]
Johnatha vivía en la favela de Manguinhos, en la Zona Norte de Río de Janeiro, y tenía 19 años
cuando lo mataron policías militares de la UPP local. El 14 de mayo de 2014, alrededor de las
tres y media de la tarde, Johnatha salió de su domicilio para llevar a su novia a casa. Antes de
que saliese, Ana Paula, su madre, con la que él vivía, le pidió que pasase por casa de su abuela
para llevarle un dulce que había hecho. Ana Paula recuerda con tristeza: “¿Cómo iba a imaginar
que aquel sería el último momento en que estaría con él?”.
Ese día se respiraba tensión desde primera hora en Manguinhos. Algunos niños habían lanzado piedras a los policías que retiraban el césped del minicampo de fútbol. Al parecer, algunos
policías militares habían ido “a la caza” de los consumidores de droga. De regreso de casa de su
abuela, Johnatha se encontró con ese altercado entre policías militares de la UPP y niños y adolescentes de la favela. Un policía militar disparó al aire para dispersar a un grupo de personas que
se había congregado allí y la gente empezó a correr en varias direcciones. Después, otro policía
militar disparó hacia los residentes y alcanzó a Johnatha por la espalada, en la región del cóccix,
mientras corría.
En ese momento, varias personas pidieron a los agentes que dejasen de disparar porque allí
sólo había residentes, entre ellos muchos niños.
A Johnatha lo socorrieron los propios residentes y lo llevaron a la Unidad de Atención Urgente
de Manguinhos, pero no sobrevivió a las heridas. Su madre, en cuanto supo que habían disparado
a su hijo, acudió a la Unidad de Atención Urgente con su cuñado y allí vio a algunos agentes, así
como al menos dos vehículos de la Policía Militar. Allí estaban también dos de sus hermanas,
desesperadas porque ya habían recibido la noticia de que Johnatha había muerto. Ana Paula no
vio el cadáver de su hijo hasta el día siguiente, ya en el ataúd.
En la propia Unidad de Atención Urgente, una persona ayudó al tío de Johnatha a rellenar un
parte de incidencia del homicidio del sobrino, tras lo cual el tío se dirigió a la 21ª Comisaría de
Policía. Sin embargo, cuando llegó allí, se encontró con que policías militares de la UPP de Manguinhos estaban rellenando el parte de incidencia de un “homicidio resultante de la intervención
policial” en el que incluían la justificación de que la víctima había opuesto “resistencia”. Ante la
insistencia del tío de Johnatha, el comisario le dijo que podía ponerse en contacto con la División
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
27
de Homicidios para que emprendiesen una investigación pericial del lugar de los hechos. Por
tanto, la investigación del caso recayó en dicha división.
Sobre el intento de los policías militares de registrar lo sucedido como “acto de resistencia”,
Ana Paula dice: “La víctima se convierte en el delincuente. Siempre es así en la favela. Tiene que
demostrar continuamente que no es un criminal”. Afirma también que eso ocurre porque el policía
“está muy seguro de que saldrá impune”.
Ana Paula se desahoga: “Es muy injusto. Es muy triste. ¿Hasta cuándo va a ser así? Me han
arrancado un trozo del alma. Duele tanto, tanto, que sólo otra madre puede entenderlo. Yo he perdido ese trozo del alma, pero mi marido y mi hija también me han perdido, porque nunca volveré
a ser la persona que era”.
El 6 de agosto de 2014, el Ministerio Público presentó cargos contra un policía militar por el
homicidio de Johnatha. El proceso judicial está en tramitación ante el 3er Tribunal del Jurado del
distrito de la capital, Río de Janeiro.
Se comprueba, por tanto, que, aunque la implantación de las UPP en algunas
zonas de Río de Janeiro ha tenido un efecto positivo en la disminución del número
de homicidios y en la reducción de la presencia armada de grupos criminales en las
favelas, continúan cometiéndose abusos. Sin una política de seguridad pública amplia
e integrada en todas las áreas de la ciudad, que preste especial atención a reducir el
número de homicidios y a controlar la actividad policial, las UPP corren el riesgo de
quedar aisladas y de incumplir su promesa de ser un nuevo modelo de función policial
de proximidad y de respetar a los residentes de las favelas.
ACTOS DE RESISTENCIA Y HOMICIDIOS RESULTANTES
DE LA INTERVENCIÓN POLICIAL
Cuando una persona muere a consecuencia de la actuación de la policía (civil o militar) y la situación se pone en conocimiento de las autoridades pertinentes, el caso se
registra en un parte de incidencia denominado “homicidio resultante de la intervención
policial”, también llamado “acto de resistencia”.52 En tales situaciones, la autoría del
homicidio es conocida y el propio agente realiza el registro ante una autoridad de la
Policía Civil.
Por tanto, los “actos de resistencia” son partes administrativos de incidencia realizados por la Policía Civil, que hace una clasificación previa del homicidio
cometido por los agentes al asociarlo a una exclusión de ilicitud por legítima defensa.
Esa figura jurídica remonta a la época de la dictadura militar (1964-1985), cuando las torturas, las ejecuciones extrajudiciales, las desapariciones forzadas, la ocultación de cadáveres y la reclusión ilegal eran instrumentos de una estrategia de Estado
destinada a reprimir la disidencia política.53
El mencionado parte policial administrativo se basa en dos disposiciones jurídicas. Por un lado, el artículo 292 del Código de Procedimiento Penal (CPP) brasileño
permite el uso de la fuerza por agentes de policía en caso de resistencia o intento de
52 En adelante emplearemos el término “actos de resistencia” para referirnos a los homicidios resultantes de la intervención policial en los
que se invoca la exclusión de ilicitud en razón de legítima defensa.
53 Véase el informe de la Comisión Nacional de la Verdad, publicado el 10 de diciembre de 2014. Disponible en http://www.cnv.gov.br. Consultado el 1 de julio de 2015.
28
M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
fuga del detenido.54 Por otro, el artículo 25 del Código Penal dispone que no existe
delito cuando el autor lo comete en legítima defensa.55
En virtud del parte policial, se inicia un proceso administrativo denominado
“investigación policial preliminar”, dirigido por la autoridad responsable de la circunscripción policial en la que tuvo lugar el delito, en este caso un comisario de la
Policía Civil. Se realizan pues las investigaciones para determinar las circunstancias
del hecho y se envían las conclusiones al Ministerio Público, que puede emprender
una acción penal o solicitar que se archive el caso si considera que efectivamente no
existe delito. El poder judicial acepta o rechaza la solicitud de archivo o la presentación de cargos contra el agente (o agentes) por homicidio.
En 2011, la Jefatura de la Policía Civil del estado de Río de Janeiro publicó el Decreto nº 553, de 7 de julio, por el que se establecía un conjunto de normas que debían
ser observadas durante la investigación de estos casos, por ejemplo, la preservación de
la escena del crimen y la realización inmediata de una investigación pericial en el lugar
de los hechos con la presencia de la autoridad competente (Policía Civil).
En 2012, el Consejo para la Defensa de los Derechos Humanos publicó la Resolución nº 8, con la que se pretende eliminar la noción de “actos de resistencia” de
los partes de incidencia y proponer normas para la investigación de esos casos. Pese
a que no tiene fuerza normativa, esta resolución ha influido en cambios adoptados por
diversos estados brasileños en lo que respecta a la forma, el registro y la investigación
de este tipo de homicidios.
El estado de Río de Janeiro pasó a registrar tales casos como “homicidios resultantes de la intervención policial”, pero sigue elaborando estadísticas en las que usa
“actos de resistencia” como sinónimo.
Según datos enviados por las 27 Secretarías de Seguridad Pública al Ministerio
de Justicia, sistematizados por el Foro Brasileño de Seguridad Pública,56 disponemos
de un cálculo según el cual en 2013 murieron 1.809 personas a manos de agentes de
las policías civil y militar brasileñas que estaban de servicio. Tal cifra equivale a cinco
personas muertas al día a consecuencia de la acción policial en Brasil.
Las deficiencias en los partes de incidencia policiales y la falta de transparencia
y de sistematización de los datos proporcionados por las Secretarías de Seguridad Pública de los estados dificultan la consolidación de la información en el ámbito nacional.
No es posible determinar con exactitud a cuántas personas han matado las fuerzas
policiales de Brasil en el ejercicio de sus funciones.
54 El artículo 292 del Código de Procedimiento Penal estipula lo siguiente: “En caso de que terceras personas opongan resistencia a la detención por flagrante delito o a la dictada por la autoridad competente, el ejecutor de la orden y las personas que lo ayuden podrán emplear los
medios necesarios para defenderse o para vencer la resistencia, que deberán quedar reflejados en un escrito firmado también por dos testigos”.
55 El artículo 25 del Código Penal brasileño considera la legítima defensa como una de las circunstancias de exclusión de ilicitud: “Se entiende que actúa en legítima defensa quien, empleando con moderación los medios necesarios, repele una injusta agresión, actual o inminente,
dirigida contra sí mismo o contra terceros”.
56 Datos sistematizados por el Foro Brasileño de Seguridad Pública a partir de información proporcionada por la Secretaría Nacional de
Seguridad Pública (SENASP), dependiente del Ministerio de Justicia, en la 8ª edición del Anuário Brasileiro de Segurança Pública, publicado en
noviembre de 2014.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Policía Militar en el Complexo da Maré
[Río de Janeiro, 30/03/2014]
HOMICIDIOS
RESULTANTES DE LA
INTERVENCIÓN
POLICIAL EN
RÍO DE JANEIRO
R
ío de Janeiro es una de las únicas entidades federativas que ha dado
pasos positivos en pos de garantizar la transparencia de la información
sobre indicadores de criminalidad. A través del Instituto de Seguridad
Pública, el estado divulga mensualmente estadísticas detalladas sobre
la comisión de delitos, incluidos los datos sobre “homicidios resultantes
de la intervención policial”. Esta transparencia informativa ha permitido
trazar a lo largo de los años la evolución del número de personas muertas a consecuencia de la acción de la policía e identificar las regiones del estado y las zonas de
la ciudad de Río de Janeiro con mayor índice de letalidad policial.
En un periodo de 10 años, entre 2005 y 2014, se registraron en el estado 8.471
“homicidios resultantes de la intervención policial”, de los cuales 5.132 tan sólo en la
capital. Desde 2010 ha habido una tendencia a la baja, pero entre 2013 y 2014 aumentó un 39,4% el número de actos de resistencia en el estado, un 9% en la ciudad
de Río de Janeiro.
Mapa 2: Homicidios resultantes de la intervención policial en el estado de Río de Janeiro entre 2005 y 2014.
FUENTE: INSTITUTO DE SEGURIDAD PÚBLICA – SECRETARÍA DE SEGURIDAD PÚBLICA DEL ESTADO DE RIO DE JANEIRO
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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Gráfico 1: Número de “homicidios resultantes de la intervención policial” por región del estado de Río de Janeiro entre 2005 y 2014
FUENTE: INSTITUTO DE SEGURIDAD PÚBLICA – SECRETARÍA DE SEGURIDAD PÚBLICA DEL ESTADO DE RIO DE JANEIRO (elaboracíon propia)
Tabla 2: Número de agentes de las policías civil y militar
muertos estando de servicio en el estado de Río de Janeiro
entre 2005 y 2014
AÑo
CIVIL
MILITAR
TOTAL
2005
9
2
9
4
7
5
4
6
4
0
24
27
23
22
24
15
8
12
16
15
33
29
32
26
31
20
12
18
20
15
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014
Fuente: Instituto de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro(tabla creada por
Amnistía Internacional)
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
En 2011, los actos de resistencia registraron una reducción
considerable, en parte debido a la publicación del Decreto nº 553
de la Jefatura de la Policía Civil, pero también por la inclusión del
indicador de reducción del número de “homicidios resultantes de
la intervención policial” en el sistema de metas y seguimiento de
resultados de la Secretaría de Seguridad Pública (creado en 2009).
Aunque estas iniciativas han contribuido a reducir el número de
“homicidios resultantes de la intervención policial” en el estado de
Río de Janeiro, las cifras siguen siendo demasiado elevadas.
Amnistía Internacional considera que la lógica de la guerra
contra las drogas y de la confrontación da lugar a centenares de
muertos todos los años en Río de Janeiro, entre ellos agentes de
las policías civil y militar en el ejercicio de sus funciones. Muchas
operaciones policiales cuyo objeto es frenar el narcotráfico también
ponen en peligro a los profesionales de la seguridad pública. En los
últimos 10 años ha muerto una media de 23 policías de servicio al
año, en su mayoría policías militares. Sin embargo, la información
disponible no revela las circunstancias concretas en las que ocurrieron esas muertes.
Al comparar las cifras, se observa que el número de “homicidios resultantes de
la intervención policial” representa un porcentaje significativo del total de muertes
violentas intencionales57 ocurridas en la capital en los últimos cinco años.
Gráfico 2: Número de muertes violentas intencionales y “homicidios resultantes de la intervención policial” en la
ciudad de Río de Janeiro entre 2010 y 2014
Fuente: Instituto de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro (tabla creada por Amnistía Internacional)
Nota: Los datos fueron consultados en el sitio web del Instituto de Seguridad Pública en febrero de 2015 y actualizados conforme las rectificaciones publicadas por este organismo
En el estado de Río de Janeiro, el gobierno divide el territorio en Áreas Integradas
de Seguridad Pública (AISP), y cada una de ellas corresponde a una zona de actuación de un batallón de la Policía Militar. Si observamos la distribución geográfica de los
“homicidios resultantes de la intervención policial” en la ciudad de Río de Janeiro en
2014, veremos que la gran mayoría de ellos se concentra en los barrios más pobres,
sobre todo en las Zonas Norte y Oeste de la ciudad.
Gráfico 3: Número de “homicidios resultantes de la intervención policial” en 2014 por batallón de la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro.
Fuente: Instituto de Seguridad Pública/
Secretaría de Seguridad Pública del estado
de Río de Janeiro
(gráfico creado por Amnistía Internacional)
57 En esta categoría se incluyen: el homicidio doloso, las lesiones corporales con resultado de muerte, el robo con resultado de muerte, el acto
de resistencia u homicidio resultante de la intervención policial, y la muerte de agentes de las policías civil y militar estando de servicio.
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
33
Amnistía Internacional ha podido consultar datos desglosados sobre las víctimas
de “homicidios resultantes de la intervención policial” en la ciudad de Río de Janeiro,
previa petición de datos cursada al Instituto de Seguridad Pública. A partir del análisis
de datos desglosados por edad, sexo y raza o color58, ha sido posible trazar el perfil
de la víctima en el periodo comprendido entre 2010 y 2013. Se concluye que la gran
mayoría de las víctimas son hombres, jóvenes y negros, sector de la población tradicionalmente marginado y discriminado en el país.
Gráfico 4: “Homicidios resultantes de la intervención policial”
por sexo en la ciudad de Río de Janeiro entre 2010 y 2013.
Fuente: Microdatos proporcionados por el
Instituto de Seguridad Pública/Secretaría de
Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro
(elaboracíon propia)
Gráfico 5: “Homicidios resultantes de la intervención policial”
por raza/color en la ciudad de Río de Janeiro entre 2010 y 2013.
La casi totalidad de las víctimas en casos registrados como “homicidio resultante
de la intervención policial” son hombres (99,5%) y el 79% son negros. No ha sido posible identificar la edad de las víctimas en un porcentaje significativo de casos, pero los
datos disponibles (557 casos) indican que el 75% de las víctimas de la letalidad policial
son jóvenes de entre 15 y 29 años.
Gráfico 6: “Homicidios resultantes de la intervención policial” por
franja de edad en la ciudad de Río de Janeiro entre 2010 y 2013.
Fuente: Microdatos proporcionados por el
Instituto de Seguridad Pública/Secretaría de
Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro
(elaboracíon propia)
58 Obtenidos mediante solicitud al Instituto de Seguridad Pública, conforme se explica en el apartado de Metodología.
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Las políticas de seguridad pública de Brasil acaban criminalizando a la
DE LAS VÍCTIMAS DE LOS HOMICIDIOS
población pobre y negra, en particular a
RESULTANTES DE INTERVENCIÓN POLICIAL
EN LA CIUDAD DE RIO DE JANEIRO
los niños y jóvenes que viven en las favelas y en los suburbios de las ciudades.
son
Según la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, ese hecho puede
generar la responsabilidad internacional
del Estado brasileño, debido a “la omisión de medidas de acción afirmativa para
revertir o cambiar situaciones discrimison
natorias, de iure o de facto, en perjuicio
de determinado grupo de personas”59.
Tanto la Comisión como la Corte
Interamericana de Derechos Humanos
han reiterado que los Estados tienen la
obligación de garantizar la igualdad de
son
forma efectiva y no únicamente mediante la publicación de leyes. Al respecto,
la Comisión Interamericana ha señalado
que, “si bien las leyes del Brasil no presentan discriminación y se garantiza prima facie una aparente igualdad, en la realidad de los hechos la situación es otra, pues
los estudios disponibles indican el sesgo seguido por la policía del estado, consistente
en el empleo de una violencia innecesaria para con las personas sometidas a sus procedimientos, especialmente sobre aquellos individuos con caracteres inherentes a la
raza negra, residentes en las favelas o zonas marginales”. Tras analizar la situación de
Brasil y diversas peticiones individuales que se le han presentado para su examen, la
Comisión Interamericana ha concluido que “la simple promulgación de leyes sin efecto
práctico alguno no garantiza el pleno goce y ejercicio de derechos”.
En este sentido, la Corte Interamericana ha establecido la obligación de los Estados de abstenerse de realizar acciones que de cualquier manera “vayan dirigidas,
directa o indirectamente, a crear situaciones de discriminación, de jure o de facto”60.
Dicho de otro modo, el principio de no discriminación no se limita a prohibir políticas
y prácticas deliberadamente discriminatorias, sino que también abarca aquellas cuyo
impacto sea discriminatorio contra ciertas categorías de personas, aun cuando no se
pueda probar la intención discriminatoria.
99,5%
HOMENS
79%
negros
75%
jóvenes
59 Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe nº 26/09, Caso 12.440, Wallace de Almeida (Brasil), párrs. 147 y 148.
60 Véase Caso Nadege Dorzema y otros vs. República Dominicana, Corte Interamericana de Derechos Humanos, párr. 236.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Favela de Acari [Río de Janeiro,
27/05/2015]
EJECUCIONES
EXTRAJUDICIALES, USO
INNECESARIO DE LA FUERZA
Y OTROS ABUSOS POLICIALES
COMETIDOS EN ACARI
L
a favela de Acari, que cuenta con una población de cerca de 22.000 personas61 y está situada en la Zona Norte de la ciudad de Río de Janeiro, es
conocida por las numerosas violaciones de derechos humanos que cometen los agentes de las policías civil y militar durante operaciones de seguridad62 y por la acción de grupos de exterminio que operan en la región.63
En Acari, al igual que en otras muchas favelas de la ciudad de Río
de Janeiro, existe un comercio minorista organizado de drogas ilegales y una fuerte
presencia de grupos criminales armados. No se ejerce una labor policial permanente en la comunidad, sino que sólo se realizan incursiones policiales esporádicas. Según testimonios de varios residentes, tanto en Acari como en otras zonas
y “bocas de humo”64 de la ciudad hay policías que forman parte de esa red de
comercio ilegal, principalmente a través del llamado arrego, destinado a evitar que
se reprima el tráfico de drogas local.
La desaparición forzada65 de 11 jóvenes en julio de 1990 (suceso conocido
como la “masacre de Acari”) y la lucha por la justicia de las llamadas “Madres de
Acari” son casos a los que ha prestado atención Amnistía Internacional.66 Transcurridos 25 años, este crimen, uno de los casos de violación de derechos humanos
más notorios de la historia de Brasil, continúa impune, y la vida cotidiana de los
residentes de la favela sigue marcada por la violencia policial y la impunidad.
61 Fuente: CAVALLIERI, Fernando y VIAL, Adriana, “Favelas na cidade do Rio de Janeiro: o quadro populacional com base no Censo 2010”,
Coleção Estudos Cariocas – Armazém de Dados (online), nº 20120501, mayo de 2012, Instituto Municipal de Urbanismo Pereira Passos (IPP)/
Secretaría Especial de Desarrollo/Prefectura de la ciudad de Río de Janeiro. Disponible en: http://portalgeo.rio.rj.gov.br/estudoscariocas/download/3190_FavelasnacidadedoRiodeJaneiro_Censo_2010.PDF. Consultado el 25 de junio de 2015.
62 Véase el informe de Amnistía Internacional, “Vim buscar sua alma”: o caveirão e o policiamento no Rio de Janeiro, marzo de 2006 (Índice
AI: AMR 19/007/2006).
63 Véase el informe de Amnistía Internacional, Brasil: Más allá de la desesperación. Un programa para los derechos humanos, septiembre de
1994 (Índice AI: AMR 19/015/1994).
64 Término empleado para referirse a los puntos de venta de drogas ilegales al menudeo.
65 El artículo 2 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas estipula que
“se entenderá por ‘desaparición forzada’ el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de
agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la
negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la
protección de la ley” (A/RES/61/177).
66 Véase Acción Urgente de Amnistía Internacional, de enero de 1992, en la que se exige protección para las Madres de Acari (AU 37/92, Índice
AI: AMR 19/001/92).
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
37
Masacre de
Acari
25 años
de impunidad
El 26 de julio de 1990, 11 personas entre ellas 7 menores de edad
–en su mayoría residentes de la favela de Acari y alrededores– fueron secuestradas en una finca
situada en Suruí, barrio del municipio de Magé (estado de Río de Janeiro), por un grupo de hombres
que se identificaron como policías y trasladadas a un lugar desconocido. A fecha de hoy no se ha
descubierto su paradero ni se ha llevado a los responsables ante la justicia. En 1994, Amnistía
Internacional refirió que las personas que se llevaron a los jóvenes habían sido identificadas por
la Sección de Inteligencia de la Policía Militar como agentes del 9º Batallón de la Policía Militar de
Rocha Miranda y detectives del Departamento de Robos y Hurtos de Cargas de la 39ª Comisaría de
Policía de Pavuna, ambos órganos con sede en la ciudad de Río de Janeiro. La investigación indicaba que los policías militares implicados habían estado extorsionando a varias de las víctimas
antes de su desaparición forzada.67
El libro Mães de Acari: uma história de luta contra a impunidade68 indicaba que algunos de
los autores de las desapariciones podrían estar vinculados a un grupo de exterminio conocido
en aquel entonces como “Caballos Corredores”69, información confirmada por varios testimonios
67 Véase el informe de Amnistía Internacional, Brasil: Más allá de la desesperación. Un programa para los derechos humanos, septiembre de
1994 (Índice AI: AMR 19/015/1994).
68 NOBRE, Carlos, Mães de Acari: uma história de luta contra a impunidade, Río de Janeiro: Editora Relume Dumará, 1994.
38
M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Ricardo Cassiano/Folhapress
© C.J. Ripper / Imágenes de la Tierra
69 Véase el informe de Amnistía Internacional, Candelária e Vigário Geral 10 anos depois (Índice AI: AMR 19/015/2003).
de residentes recabados por Amnistía Internacional durante la investigación realizada en aquel
momento. La organización también averiguó que las búsquedas efectuadas por las autoridades
en posibles fosas comunes fueron negligentes y destructivas, y que posiblemente causaron daños
permanentes que impedirían llevar a cabo investigaciones en aquellos lugares.
Edméia, Marilene, Ana Maria y Vera Lucia, entre otras madres, que no se resignaban a que
sus hijos no fuesen encontrados y a que los responsables quedasen impunes, alzaron sus voces
para denunciar la sinrazón que habían vivido y el dolor de no obtener respuestas sobre el paradero
de los jóvenes. Así es como surgió el movimiento “Madres de Acari”. Estas madres recorrieron
cementerios clandestinos, oficinas, organismos oficiales, comisarías de policía, cárceles, en busca
de sus hijos. También hablaron con jueces, delegados, secretarios de seguridad, autoridades policiales, ministros, siempre intentando obtener información70. Pero hasta ahora todos los esfuerzos
han sido en vano.
En 2010 se archivaron las investigaciones sobre el caso sin que se presentasen cargos contra
los responsables debido a la insuficiencia de pruebas.
En enero de 1993 asesinaron a Edméia da Silva Euzébio, de 47 años, madre de Luiz Henrique
da Silva Euzébio y una de las más activas en la lucha por la justicia. Se cree que la mataron, junto
a Sheila Conceição, porque había obtenido nuevos datos que llevarían a localizar a los jóvenes
desaparecidos. Tras salir del presidio Hélio Gomes, situado en el barrio de Estácio, presuntamente
tras una visita a un preso, fue víctima de una emboscada y asesinada en el aparcamiento del metro de la Plaza Once. El tribunal competente no aceptó la denuncia contra los presuntos asesinos
(entre ellos, un ex policía militar y un ex diputado del estado) hasta 2011. El proceso se arrastraba
desde 1998 sin ninguna respuesta concluyente por parte del Estado. A finales de 2014 tuvo lugar
una primera vista de la causa, pero a junio de 2015, 22 años después del asesinato de Edméia,
todavía no se había juzgado el delito.
En las fotos de abajo, de izquierda
para derecha, secretario general
de Amnistía Internacional, Pierre
Sane reunido con las madres de
Acari. [Río de Janeiro, abril/1995].
Manifestación por justicia para
las víctimas de la masacre de
Acari [Rio de Janeiro, julio/2010].
Obra producida por José Luis en
homenaje a las madres de Acari
[Favela de Acari, Río de Janeiro,
27/05/2015]
©Bruno Morais/Anistia Internacional
70 Véase “20 anos do caso de Acari: não ao esquecimento, sim à Justiça”, publicado en febrero de 2010 en el sitio web de la Red contra la
Violencia. Disponible en: http://www.redecontraviolencia.org/Atividades/612.html. Consultado el 25 de junio de 2015.
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
39
A finales de julio de 2014, Amnistía Internacional recibió denuncias de que se
habían intensificado las operaciones policiales en Acari tras el Mundial de Fútbol que
albergó Brasil entre el 12 de junio y el 13 de julio de ese año. El 17 de julio, la Policía
Militar lanzó una operación que se saldó con la muerte de dos jóvenes, de 19 y 17
años respectivamente. En un periodo de 20 días, agentes de la Policía Militar mataron
a otras tres personas en Acari. Las denuncias también referían que durante las operaciones policiales se cometieron otras violaciones de derechos, como agresiones a
residentes, amenazas e incursiones ilegales en domicilios.
Debido a ese recrudecimiento de la violencia policial, algunos residentes y defensores de derechos humanos de Acari se movilizaron e hicieron un llamamiento a
Amnistía Internacional y a otras organizaciones de derechos humanos. En esas fechas,
Amnistía Internacional emitió una Acción Urgente71 y, desde entonces, ha decidido
ahondar en la investigación de los casos de violencia policial ocurridos en el barrio.
Los principales objetivos de las operaciones de la Policía Militar en Acari han sido
la lucha contra el comercio ilícito de drogas mediante la aprehensión de estupefacientes y armas, y el cumplimiento de órdenes de detención y de busca y captura. Sin
embargo, al desempeñar sus funciones institucionales, muchos agentes han actuado
de forma delictiva e ilegal.
Acari
“HOMICIDIOS RESULTANTES DE LA INTERVENCIÓN POLICIAL” EN
2014
A efectos de planificación y gestión, la ciudad y el estado de Río de Janeiro
están divididos en Áreas Integradas de Seguridad Pública (AISP). El estado tiene en
total 39 AISP72 y cada una de ellas puede englobar varios municipios o, en el caso de
grandes ciudades, varios barrios. Las AISP se identifican con un número, y el batallón
de la Policía Militar que actúa en la correspondiente zona geográfica tiene la misma
numeración. Asimismo, cada AISP cuenta con una o más comisarías de la Policía Civil
que operan en una subárea delimitada. Todas las incidencias policiales detectadas en
determinada subárea se registran en la comisaría de policía correspondiente.
A pesar de que se han hecho diversos esfuerzos para mejorar la política de seguridad pública, en la ciudad de Río de Janeiro sigue habiendo un elevado número
de muertes causadas por policías de servicio, en muchos casos ejecuciones extrajudiciales. En 2014, último año en el que hay estadísticas disponibles, se registraron 580
“homicidios resultantes de la intervención policial/actos de resistencia” en el estado y
244 en la capital.73 La AISP del estado con mayor número de “homicidios resultantes
de la intervención policial” fue la número 4174, en la que constan un total de 68 registros. En ese mismo año, sólo un policía militar murió en esa zona mientras estaba de
servicio, y ninguno en Acari.
La AISP 41 corresponde a la jurisdicción del 41er Batallón de la Policía Militar,
cuya sede está en el barrio de Irajá, en la Zona Norte de la ciudad de Río de Janeiro.
En esta AISP existen tres comisarías de la Policía Civil que prestan servicio a barrios y
subregiones específicas: 27ª, 31ª y 39ª Comisarías.
71 Véase la Acción Urgente de Amnistía Internacional, Nueve personas muertas en operaciones policiales (AMR19/009/2014).
72 Las actuales Áreas Integradas de Seguridad Pública (AISP) están numeradas del 1 al 41, pero las AISP 1 y 13 fueron suprimidas y las zonas
correspondientes se incorporaron a otras AISP.
73 Según datos del Instituto de Seguridad Pública (ISP), disponibles en www.isp.rj.gov.br.
74 La AISP 41 abarca los siguientes barrios: Vila Cosmos, Vila da Penha, Vista Alegre, Irajá, Vicente de Carvalho, Acari, Barros Filho, Costa Barros,
Pavuna, Parque Columbia, Colégio (parte), Ricardo de Albuquerque, Anchieta, Guadalupe y Parque Anchieta.
40
M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Los 68 actos de resistencia registrados en la AISP 41 están distribuidos de la
siguiente forma en esas tres comisarías:
• 15 se registraron en el área de la 27ª Comisaría;
• 10 se registraron en el área de la 31ª Comisaría;
• 43 se registraron en el área de la 39ª Comisaría.
Por tanto, la 39ª Comisaría es la que más registros de “homicidios resultantes
de la intervención policial/actos de resistencia” ha tenido en 2014. Entre los barrios a
los que presta servicio esta comisaría están Acari, Barros Filho, Costa Barros, Parque
Colúmbia y Pavuna.
Según los partes de incidencia de la Policía Civil en el estado de Río de Janeiro, en
2014 hubo 10 víctimas de “homicidios resultantes de la intervención policial” en Acari,
tal como se muestra en la tabla infra. En ese mismo año se produjeron otros dos homicidios de residentes que no se registraron como “homicidios resultantes de la intervención
policial”, sino como homicidios comunes. No obstante, ambas muertes ocurrieron también en el contexto de operativos policiales, e incluso hay testigos que implican en ellas
a policías militares. Los dos casos se describen en el próximo apartado.
Gráfico 7: “Homicidios resultantes de la intervención policial” en el estado de Río de Janeiro, en la ciudad de Río de
Janeiro y en determinados distritos de la capital en 2014.
FueNTE: IPP - elaboración propia
De los 10 homicidios, cuatro fueron cometidos por policías militares del 41er Batallón de la Policía Militar (BPM); cuatro por el Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), y dos por el Batallón de Policía Antidisturbios. Las dos muertes atribuidas a
los policías antidisturbios tuvieron lugar durante una gran operación llevada a cabo en
Acari, en la que también había presencia de agentes del 41er BPM y del BOPE.
El 41er BPM es responsable de la gran mayoría de las muertes ocurridas durante
operaciones policiales y registradas en la 39ª Comisaría de Policía en 2014. Al observar los casos de las 43 víctimas de “homicidios resultantes de la intervención policial”
registrados en la 39ª Comisaría de Policía, comprobamos que 32 de ellas murieron a
manos de policías militares del 41er BPM.
Durante la investigación que llevó a cabo, Amnistía Internacional recopiló información sobre las circunstancias concretas de nueve de esas 10 muertes, a partir de
la consulta de los partes de incidencia de los homicidios, entrevistas con testigos, residentes y familiares, visitas a los lugares en los que se cometieron los delitos y obtención de fotografías. Tras el análisis de los datos, se ha concluido que los nueve casos
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
41
Tabla 3. Lista de casos registrados como
“homicidios resultantes de la intervención policial” en Acari en 2014
Víctima1
Fecha del
suceso
Edad
Batallón responsable
Leonardo*
14/02/2014
23
41er BPM
Gustavo*
24/02/2014
31
BOPE
Ricardo*
24/02/2014
29
BOPE
Davi*
27/03/2014
23
41er BPM
Pedro Ivo
17/07/2014
19
Antidisturbios
Lucas*
17/07/2014
17
Antidisturbios
Marcelo*
18/07/2014
38
41er BPM
Vitor*
Roberto*
Bruno*
(que se describen a continuación) presentan
fuertes indicios de ejecución extrajudicial.
Testigos que hablaron con Amnistía Internacional relataron que, en cuatro de los casos analizados, la víctima estaba herida o se
había entregado cuando el agente de policía
la ejecutó deliberadamente efectuando disparos con arma de fuego. En dos casos, la víctima fue ejecutada sin que le dieran el alto y
sin suponer un peligro para la vida del policía,
en situaciones conocidas como “troyas”75. En
otro caso, dos jóvenes murieron cuando uno
de ellos volvía del trabajo y conversaba en la
calle con el otro.
“Ellos entran disparando”
El 17 de julio de 2014, la Policía Militar llevó
a cabo una operación en la que participaron
31/07/2014
21
BOPE
cerca de 200 policías militares de diversas uni26/11/2014
40
41º BPM
dades. Según la Policía Militar y la prensa, la
operación fue considerada un éxito, pues se
01/12/2014
30
BOPE
aprehendió una gran cantidad de armas y estupefacientes. Según los residentes, los policías militares “entraron en Acari disparando” y mataron a Pedro Ivo, de 19 años, que
vivía en la favela, y a Lucas*, de 17.76
La fuerza letal se permite únicamente como último recurso, cuando no existan
otros medios eficaces para alcanzar el objetivo, es decir, para evitar la pérdida de vidas
humanas.77 De no existir este peligro extremo, e uso de la fuerza letal se considerará
desproporcionado y, en caso de muerte, una privación arbitraria de la vida.78
Conforme disponen los Principios Básicos de la ONU, no deben emplearse armas de fuego cuando la intención es proteger una propiedad79 ni con el propósito de
detener a una persona sin evaluar si representa un peligro para la vida de terceros80.
Ninguna operación policial destinada a incautarse de armas y drogas ilegales puede
justificar el uso de fuerza letal, a menos que esté en peligro una vida.
75 El término “troya” se explica infra en el apartado “Troya: método para una ejecución”.
76 Hace 10 años, en 2005, Amnistía Internacional publicó un informe titulado “Entran disparando”: La actuación policial en las comunidades
socialmente excluidas, que denunciaba el uso desproporcionado de la fuerza en las operaciones policiales llevadas a cabo en las favelas brasileñas
(Índice AI: AMR 19/025/2005).
77 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas, E/CN.4/2006/53, párr. 48. Véanse también los principios 4 y 9 de los Principios Básicos de la ONU sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas
de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley.
78 Comité de Derechos Humanos de la ONU, Suárez de Guerrero vs. Colombia, Comunicación 45/79, párr. 13.3.
79 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para la Asamblea General de las Naciones Unidas,
A/66/330, párr. 88. Véase también el informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos
Humanos, A/HRC/17/28, párr. 61.
80 Véase el informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos, A/26/36,
párr. 95. Véanse también Consejo de Derechos Humanos, Resolución sobre la promoción y protección de los derechos humanos en el contexto de las
manifestaciones pacíficas, A/HRC/RES/25/38, párr. 10; Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el
Consejo de Derechos Humanos, A/HRC/17/28, párr. 60, y Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Case of Nachova and others v. Bulgaria, Peticiones
43577/98 y 43579/98, párr. 95.
42
M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Pedro Ivo, de 19 años, y Lucas*, de 17 años,
©Bruno Morais/Anistia Internacional
muertos a manos de policías militares del Batallón
de Policía Antidisturbios el 17 de julio de 2014
Doña Helena, madre de Pedro Ivo, sostiene la foto de su hijo [Acari, Río de Janeiro, 26/5/2015]
Pedro Ivo era un joven de 19 años que trabajaba en Irajá, en el Centro de Distribución de Alimentos
(conocido como CEASA), y tenía novia.
El 17 de julio de 2014 –dos días antes del cumpleaños de su madre–, cuando no habían dado las
ocho de la mañana, se detuvo para hablar un momento con Lucas, adolescente de 17 años. A Pedro Ivo
le gustaba mucho evangelizar a las personas, por lo que invitó a Lucas: “El domingo ven a la iglesia”.
Mientras los jóvenes hablaban brevemente, policías militares del Batallón de Policía Antidisturbios llegaron disparando y todo el mundo empezó a correr. Pedro Ivo no corrió y le dispararon.
Los disparos también alcanzaron a Lucas. Sus cuerpos quedaron tirados en el suelo, a un metro de
distancia uno del otro.
Pedro Ivo agonizó durante unos instantes: pedía auxilio. Entretanto, los agentes le propinaron
patadas en la cara y le pisaron la cabeza. Pedro Ivo aún estaba vivo cuando empezaron a torturarlo.
El policía dijo: “¡Vas a morir, desgraciado!”.
El hermano de Pedro Ivo, que pudo ver el cadáver, dijo a Amnistía Internacional: “¿Por qué estaba la cara de mi hermano toda amoratada? Tenía el cráneo aplastado. Parece como si le hubieran
golpeado la cara con la culata del fusil. ¿Por qué hacer eso?”.
Los cadáveres permanecieron algunas horas en el suelo mientras llegaban los peritos forenses.
Los residentes se indignaron y se fueron concentrando alrededor de los policías, que respondieron
con bombas de gas lacrimógeno y pulverizador de pimienta.
En el parte de incidencia cumplimentado por los agentes consta que se encontraron junto a Pedro
Ivo estuches de munición, varios cartuchos, estupefacientes y un cuaderno con anotaciones sobre
venta de drogas. Según el parte, junto a Lucas se hallaron cargadores y baterías de radio portátil.
La madre de Pedro Ivo, Helena Salvino da Silva, de 61 años, y su otro hijo se indignaron al saber
que en el parte de incidencia constaba “homicidio resultante de la intervención policial” aduciendo
que las víctimas habían opuesto resistencia, y que los policías intentaban criminalizar a los jóvenes
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
43
después de haberlos ejecutado. Helena afirma: “Él era tan inocente que no se drogaba: no esnifaba ni
fumaba. Tanto es así que en el informe pericial no apareció nada de eso. El propio médico forense dijo
que la muerte de mi hijo tenía visos de ejecución”.
El hermano reitera indignado: “Mi hermano nunca empuñó un arma, nunca consumió drogas, ni
siquiera bebía”.
Helena recuerda el terror de perder a su hijo: “Cuando me dijeron que mi hijo estaba muerto, sentí
algo tan malo que ni siquiera consigo explicarlo”.
La casa de Helena presenta otros signos de violencia. Hay agujeros en la pared y en un árbol, resultado de los disparos de fusil que lograron atravesar el muro exterior. Pero ella no se siente intimidada
en su lucha por la justicia. “Yo sé quién era mi hijo. [...] Me gustaría que la policía respetase más a
las personas de aquí, de la comunidad. Esto es muy doloroso: ver a un niño con un futuro por delante
recibir un tiro en la espalda o en la cabeza”.
Ese día, la prensa publicó que habían muerto dos “sospechosos” durante la operación policial
realizada en Acari, en la que habían participado cerca de 200 policías militares del Batallón de Operaciones Antidisturbios, del BOPE, del Batallón de Acción con Perros (BAC) y del Grupo Aeromóvil (GAM),
que utilizó un helicóptero. La operación fue considerada un éxito, ya que, al parecer, se confiscó una
gran cantidad de marihuana.81
A junio de 2015, la 39ª Comisaría de Policía aún no había concluido la investigación del caso.
“Troya”: método para una ejecución
En entrevistas con Amnistía Internacional, residentes de Acari y miembros de la Policía Civil han descrito una estrategia seguida por policías militares en las favelas de la
ciudad según la cual se ejecuta a las personas sin darles previamente el alto y sin que
supongan un peligro para la vida de los agentes.
“Troya” es el término empleado para referirse a una situación en la que los policías se esconden en la casa de algún residente y tienden una emboscada para ejecutar
a una persona concreta. En numerosas ocasiones, los agentes entran en la favela en
el transcurso de una operación y se ocultan durante muchas horas, incluso después
de que la incursión haya acabado. En algunos casos, los policías llaman al caveirão82
para que vaya a buscarlos y los saque de allí.
Se trata de una táctica muy conocida y muy utilizada, especialmente por la Policía Militar, cuyo nombre se inspira en la historia del caballo de Troya. Un agente de la
Policía Civil dio un ejemplo de “troya” para explicar el concepto a Amnistía Internacional: “Un grupo numeroso de policías entra en la favela con varios vehículos haciendo
mucho ruido y después se va. Pero dentro de la favela se quedan algunos agentes
escondidos en una casa esperando a que aparezcan los traficantes. Es una táctica
para ejecutar a personas. Nadie quiere detener a nadie. Ni siquiera se puede llamar
táctica a eso, ¿verdad? Pero, ¿cuál es la lógica? Cuando aparecen los traficantes, los
policías escondidos los ejecutan”.
En algunos de los casos documentados por Amnistía Internacional, los policías
militares no prestaron auxilio médico a las personas que resultaron heridas por el uso
de la fuerza y de armas de fuego durante las operaciones policiales.
81 Véase http://g1.globo.com/rio-de-janeiro/noticia/2014/07/acao-da-pm-tem-500-kg-de-maconha-e-baleados-em-acari-suburbio-do-rio.html.
Consultado el 1 de julio de 2015.
82 El caveirão (“gran calavera” en portugués) es un vehículo blindado y adaptado para ser un medio de transporte militar, y es de uso habitual en
las operaciones que lanza la Policía Militar en las favelas de Río de Janeiro. Véase el informe de Amnistía Internacional, “Vim buscar sua alma”: o
caveirão e o policiamento no Rio de Janeiro, 2006, (Índice AI: AMR 19/007/2006).
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Davi*, de 25 años,
©Bruno Morais/Anistia Internacional
muerto a manos de policías militares del 41er BPM
el 27 de marzo de 2014
Lugar donde fue realizada la “emboscada” que mató a Davi, según los testigos. [Acari, Río de Janeiro, 26/5/2015]
Davi tenía 25 años cuando lo mataron en Acari policías militares del 41er BPM el 27 de marzo de
2014, alrededor de las once y media de la mañana. Iba andando con otros dos chicos y pasaban
cerca de una casa donde un grupo de policías estaba de “troya” cuando los agentes dispararon
desde lo alto contra ellos, sin previo aviso. A Davi le dieron en la pierna. Él estaba armado, pero
no disparó. Llegó a arrastrarse unos metros, pero los policías lo rodearon. Mucha gente acudió al
lugar, pero los agentes no dejaron que nadie se acercase mucho.
Davi aún estaba con vida y, tirado en el suelo, pedía que lo socorriesen. Decía: “¡Llévenme
al hospital, me voy a morir!”. Los policías impidieron que fuese trasladado para recibir atención
médica. La familia y otras personas quisieron llevárselo, pero los policías no les dejaron. Un agente
agarró un arma grande y dijo que lo iba a “acribillar”. Añadió: “¿No le gusta a él disparar a la policía? Vamos a hacerle veinte agujeros, vamos a agujerearlo de arriba abajo. Sácala [a la madre] de
aquí”. Pero la madre se echó sobre el cuerpo del hijo e imploró a los policías que no le disparasen.
Cuando Davi murió, la madre dijo: “¡Desgraciados, mataron a mi hijo! ¿Por qué no lo detuvieron?”. Uno de los agentes reaccionó dándole a ella un puñetazo. Se formó un corro de oración
alrededor del cuerpo de Davi.
A pesar de que los hechos ocurrieron en torno a las once y media de la mañana, el cadáver no
fue retirado hasta cerca de las cuatro y media de la tarde, después de que se realizase el examen
pericial del lugar de los hechos. Ese procedimiento es inusual en Acari. Por eso, cuando llegaron,
los peritos forenses fueron aplaudidos por la población.
Según los residentes, la dueña de la casa donde los policías habían hecho la “troya” no se
encontraba en el domicilio. Tras lo ocurrido, la propietaria vendió la casa y se mudó, por miedo a
las represalias.
La esposa de Davi estaba embarazada cuando él murió. Uno de los policías le dijo: “Fui yo
quien lo mató. Pero mejor él que yo”. Ante las increpaciones que ella le dirigía, el agente respondió:
“Vamos a volver, ¿eh? ¡Eres muy atrevida! ¡Vas a ver lo que es bueno!”.
El caso se registró como “homicidio resultante de la intervención policial”. Según la relación
de los hechos que consta en el parte de incidencia, durante una operación policial en la comunidad
de Acari la guarnición fue recibida con tiros, y un agente disparó con su fusil hacia los autores de
los disparos para “repeler la injusta agresión”.
A junio de 2015, la 39ª Comisaría de Policía aún no había concluido la investigación del caso.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
45
De conformidad con los Principios Básicos de la ONU, las fuerzas policiales deben
garantizar que se prestan lo antes posible asistencia y servicios médicos a las personas
heridas. Asimismo, se deberá notificar lo sucedido a la menor brevedad posible a los
familiares o parientes de las víctimas.83
En una entrevista con Amnistía Internacional, un agente de la Policía Civil afirmó:
“Hay dos versiones muy habituales que suelen dar los policías militares cuando llegan a la
comisaría. La primera de ellas es que vieron a los individuos en cuestión y les dieron el alto.
‘Los sospechosos dispararon contra nosotros y nosotros contra ellos. Ellos resultaron heridos y nosotros los llevamos al hospital’. En esa versión se fastidió la investigación pericial
del lugar, porque ya se retiraron los cadáveres. Eso no impide la investigación policial, pero
cuando se retira a las víctimas del lugar en el que recibieron un tiro, también se elimina la
posibilidad de calcular la trayectoria del disparo, entre otras cosas. La segunda versión es
que hubo un tiroteo, los sospechosos murieron y los cadáveres están en tal lugar.”
Marcelo*, de 38 años,
muerto a manos de policías militares del 41er BPM el 18 de julio de 2014
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Lugar señalado por testigos donde Marcelo fue capturado por policías escondidos en la terraza [Acari, Río de Janeiro,
27/5/2015]
Marcelo tenía 38 años cuando lo mataron policías militares del 41er BPM el 18 de julio de 2014,
alrededor de la medianoche, en un lugar conocido como “S”, en Acari.
Estaba cerca de su casa conversando con una amiga cuando oyó fuegos artificiales84. Marcelo
volvió a casa para buscar una mochila, avisó a su esposa de que la policía estaba en la calle Guaiuba y le
dijo que se fuera a casa de su madre. Poco después de salir de casa, Marcelo iba andando por la calle, solo,
cuando le dispararon en la pierna policías que estaban de “troya” en el tercer piso de un edificio. No hubo
aviso previo ni le dieron el alto.
83 Véase el informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos, A/
HRC/26/36, párr. 77.
84 Cuando hay en curso una operación policial en una favela donde existe comercio de drogas ilegales, los grupos criminales suelen disparar
fuegos de artificio para alertar de la presencia de policías en el lugar.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Una testigo presencial contó a Amnistía Internacional que, cuando salió de casa para ver lo que
ocurría, los policías le dijeron: “¡Corre! ¡Vete a tomar por culo, hija de puta! ¡Métete en casa!”. Otra
vecina intentó ayudar a Marcelo tirando de él, pero oyó a un hombre gritar: “¡Suéltalo!”. Marcelo le dijo
que se fuese porque, si no, los policías la matarían a ella también.
A la esposa de Marcelo no la llamaron. Cuando ella llegó al lugar en el que habían disparado a
Marcelo, los policías ya se habían llevado el cadáver en el caveirão al hospital de Irajá y ella sólo vio la
sangre en el suelo.
Los policías que dispararon a Marcelo estaban escondidos en la azotea de una casa. Aquel
día, más temprano, la policía había hecho una incursión en el barrio. Los residentes creen que un
grupo de policías se ocultó hasta la noche.
Cuando la esposa de Marcelo llegó al hospital, la médica le comunicó que él ya había muerto.
Añadió que estaba vivo cuando lo trasladaron en el caveirão.
Marcelo tenía los documentos personales cuando lo mataron, pero los hicieron desaparecer. Por
eso, en el parte de incidencia, la víctima consta como “no identificada”. El caso se registró oficialmente
como “homicidio resultante de la intervención policial”. Según la relación de hechos que figura en el
parte, los policías militares estaban de patrulla por la zona y la guarnición fue recibida con disparos. Los
agentes respondieron, por lo que a continuación hubo un intenso tiroteo. Al entrar en un callejón, uno
de los policías encontró a la víctima [Marcelo] con heridas por arma de fuego en la pierna y el tórax, y le
prestó auxilio llevándolo al hospital.
A junio de 2015, la 39ª Comisaría de Policía aún no había concluido la investigación del caso.
“¿Tenían que matarlo? ¿Por qué no lo detuvieron?”
Durante su misión en Brasil, en noviembre de 2007, el relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, Philip Alston, explicó lo siguiente: “Las ejecuciones extrajudiciales son cometidas por agentes de policía que matan en vez de detener al
sospechoso de un delito, así como durante operaciones policiales de confrontación
y corte ‘bélico’ realizadas a gran escala, donde el uso de la fuerza excesiva causa la
muerte de los sospechosos y de personas que se encuentran en las proximidades”.85
En cuatro de los “homicidios resultantes de la intervención policial” ocurridos
en Acari, que se describen a continuación, hay un elemento común: las víctimas se
habían rendido o estaban heridas, o ambas cosas, y no suponían riesgo alguno para
los policías militares cuando fueron ejecutadas con disparos de armas de fuego.
Los agentes de seguridad pública solamente pueden emplear la fuerza y limitar el derecho a la vida de una persona cuando existe un objetivo legítimo. Cuando
un sospechoso está herido o se ha entregado, por lo que no supone peligro alguno
para los agentes o para terceros, debe ser socorrido o detenido. El único objetivo
legítimo para el uso de la fuerza letal es salvar la vida de una persona, incluida la
del propio policía.86
85 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias A/HRC/11/2/Add.2, párr. 9. [Traducción de Amnistía
Internacional]
86 Véase el informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para el Consejo de Derechos Humanos, A/
HRC/26/36, párr. 58.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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Leonardo*, de 23 años,
muerto a manos de policías militares del 41er BPM
el 14 de febrero de 2014
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Tiro en la pared de una casa en la favela de Acari [Río de Janeiro, 26/05/2015]. Foto ilustrativa, no es una evidencia
del caso retratado.
Leonardo tenía 23 años cuando murió durante una operación policial del 41er BPM en la favela de
Acari el 14 de febrero de 2014, alrededor de las nueve de la mañana.
Estaba con un grupo de hombres vinculados al narcotráfico cuando comenzó la incursión
policial. El grupo corrió a esconderse. Según relatos de familiares y testigos, los agentes los
persiguieron gritando “¡Policía!”. Leonardo iba armado con un fusil y, cuando se dio la vuelta
en dirección opuesta a los agentes, para echar a correr, recibió un disparo en el brazo y cayó al
suelo. Los policías siguieron disparando a los otros hombres del grupo. Uno de ellos recibió un
tiro en la pierna, pero logró escapar. Varios miembros del grupo intentaron sin éxito cargar con
Leonardo. Al final, todos consiguieron huir, excepto Leonardo.
Según varios residentes, mientras Leonardo estaba tirado en el suelo, empezó a decir:
“¡Dios mío, Dios mío, no me dejen sufrir! ¡Me duele mucho! Llamen a mi esposa y a mi hija.
¡Perdóname! Madre, ¿por qué no te escuché?”.
Una vecina intentó ayudar a Leonardo cuando este recibió el primer disparo. En ese momento, un agente le apuntó con el fusil a la cara y le ordenó que entrase en su casa. Entonces, los
policías se acercaron y le pegaron otro tiro a Leonardo. Este estuvo agonizando unos 10 minutos,
sin ningún tipo de auxilio, antes de morir. El cadáver permaneció en el sitio hasta las dos de la
tarde, bajo la mirada de los vecinos. Después lo metieron en un vehículo policial.
Durante ese periodo, familiares de Leonardo gritaron a los policías: “¡Sinvergüenzas! ¿Tenían que matarlo? ¿Por qué no lo detuvieron?”.
Los policías se quedaron con el cordón de oro y el reloj que llevaba Leonardo y sólo entregaron a la familia la llave de casa.
A junio de 2015, la 39ª Comisaría de Policía aún no había concluido la investigación del
caso.
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Gustavo*, de 31 años, y Ricardo*, de 29 años,
muertos a manos de policías militares del BOPE
el 24 de febrero de 2014
©Bruno Morais/Anistia Internacional
A Gustavo y Ricardo los mataron en Acari el mismo día de
febrero de 2014, una semana después del carnaval.
Entre las siete y las ocho de la mañana, Gustavo había
vuelto a casa para agarrar una bolsa que había olvidado. En
cuanto salió a la calle y entró en un callejón, recibió el primer
disparo. Según vecinos, no había en ese momento ningún
enfrentamiento con el BOPE.
Un testigo presencial afirmó que Gustavo cayó rindiéndose con los brazos en alto y gritó: “¡Me rindo, me rindo, me
rindo!”. Entonces un policía se acercó, agarró la bolsa de
Gustavo, vio lo que había dentro y dijo: “De eso nada. ¡Yo
lo que quiero es tu alma!”. En ese momento, el agente lo
ejecutó pegándole otro tiro.
Según el parte de incidencia, había otro chico cerca de
Gustavo al que un disparo le alcanzó la pierna y otro le rozó
Favela de Acari [Río de Janeiro, 26/05/2015].
Foto ilustrativa, no es una evidencia del caso retratado.
la cabeza. En el parte, los agentes declaran que lo socorrieron y lo llevaron al hospital de Acari y que no se encontró ningún arma junto a él.
Se corrió la voz de que habían matado a Gustavo. Cuatro agentes del BOPE rodearon el cadáver y muchos residentes empezaron a salir de sus casas para ver lo que había ocurrido. Los agentes no dejaban pasar a nadie y no querían que nadie se acercase. Tras congregarse allí muchos
vecinos, surgió un altercado. Para apartar a las personas, los agentes dispararon varias ráfagas
de tiros al aire. Algunas mujeres que llevaban a sus hijos a la guardería fueron insultadas por los
policías: “¡Joder, hijas de puta, salgan del medio de la calle! ¡Van a llevarse un tiro!”.
A continuación, agentes del BOPE lanzaron bombas de gas lacrimógeno a la población. Una
líder comunitaria que intentaba mediar en el conflicto contó: “Esos tipos lanzaron una bomba
apuntándome a la cabeza, tiraron a acertar”. Amnistía Internacional tuvo acceso a una de las
cápsulas de gas lacrimógeno utilizadas ese día, pues la había guardado un vecino.
En medio del tumulto, otro vecino intentó llamar con su teléfono móvil –desde la azotea de
su casa– a la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del estado de Río de
Janeiro. Un policía del BOPE lo puso en el punto de mira de su fusil y le dijo: “Te estoy mirando.
Si te quisiera matar, te mataría. ¿A quién estás llamando?”. El vecino respondió: “Llamo a los de
Derechos Humanos”. El agente lo amenazó: “Vete a tomar por culo, tú y Marcelo Freixo.87 Manda
venir aquí a Marcelo Freixo, que yo ahora los mato, a ti y a él”.
Momentos más tarde, hacia las diez menos veinte, y aún en el contexto de la operación policial,
Ricardo, que formaba parte de la red de comercio de drogas ilegales de Acari, regresó a casa y le
pidió a su esposa que se fuese. Al parecer, le dijo a ella: “Sal, que si me agarran, me van a matar”.
Enseguida, los policías militares irrumpieron en su domicilio y Ricardo intentó huir saltando por
una ventana. Entonces los agentes le dispararon y lo metieron, todavía vivo, en un vehículo. Según
familiares, no hubo tiroteo dentro de la casa. Algunos parientes se dirigieron inmediatamente al
hospital Carlos Chagas, pero Ricardo aún no estaba allí. El vehículo del BOPE no llegó al hospital
hasta una hora más tarde, con Ricardo ya sin vida.
A junio de 2015, la 39ª Comisaría de Policía aún no había concluido la investigación del caso.
87 Marcelo Freixo es diputado estatal de Río de Janeiro desde 2007 y presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa, y
actualmente vive bajo protección policial debido a las numerosas amenazas que ha recibido por denunciar la actuación de las milicias en el estado.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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En relación con los casos ocurridos en Acari y documentados por Amnistía
Internacional, la organización ha comprobado que las fuerzas de seguridad no han
respetado el principio de excepcionalidad en el uso de la fuerza. Al contrario, los
policías militares emplean la fuerza, y en particular las armas de fuego, de forma
recurrente en las operaciones realizadas en la favela.
Tal como establecen los Principios Básicos de la ONU, los policías militares
y demás agentes de las fuerzas de seguridad no emplearán armas de fuego salvo
para protegerse frente a amenazas contra su propia vida o la de terceros, y sólo en
caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr el objetivo
legítimo88. Cuando sea estrictamente necesario utilizar armas de fuego, los agentes,
en aplicación de los principios de proporcionalidad y moderación, tendrán como
regla de actuación la reducción al mínimo de los daños y lesiones que pudieran
causar el agresor89.
Para ello, deben contar con medios, armas y equipos que les permitan aplicar medidas de fuerza no letal como métodos de disuasión y represión legítima
de la violencia y la delincuencia90. Según información oficial recibida por Amnistía
Internacional, el 41er Batallón de la Policía Militar, encargado de las operaciones de
intervención directa en el distrito de Acari, no tiene a su disposición ningún tipo de
armas menos letales.
Con frecuencia, las fuerzas de seguridad recurren al uso de armas de fuego
de forma indiscriminada, sin ninguna justificación. Hay abundantes indicios
que muestran que las muertes clasificadas como “homicidios resultantes de la
intervención policial” no siempre tienen lugar en situaciones de enfrentamiento y que las víctimas casi siempre viven en favelas y barrios pobres.
El relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales expresó su
preocupación por la percepción generalizada que tienen los residentes de las favelas de que las operaciones policiales se conciben con la finalidad de matar pobres,
negros y jóvenes de sexo masculino. En su opinión, la retórica oficial de “guerra”, la
compra de equipos militares y los símbolos policiales violentos sólo sirven para que
las muertes causadas por la policía sean ampliamente aceptadas.91
88 Principio 9 de los Principios Básicos de la ONU sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer
Cumplir la Ley.
89 Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Informe sobre seguridad ciudadana y derechos humanos, párr. 119. Disponible en:
http://www.cidh.oas.org/pdf files/SEGURIDAD CIUDADANA 2009 ESP.pdf. Consultado el 1 de julio de 2015.
90 Principio 2 de los Principios Básicos de la ONU sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer
Cumplir la Ley.
91 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Philip Alston, Misión a Brasil, A/HRC/11/2/Add.2, párr. 26.
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Roberto*, de 39 años,
©Agencia Estado
muerto a manos de policías militares del 41er BPM
el 26 de noviembre de 2014
“Caveirão” en Acari [Río de Janeiro, 13/6/2008]. Foto ilustrativa, no es una evidencia del caso retratado.
Roberto tenía 39 años cuando lo mataron en Acari policías militares del 41er BPM el 26 de noviembre de 2014, alrededor de las seis y media de la mañana.
Los agentes abordaron a Roberto –que estaba solo y no portaba arma de fuego– cerca del
callejón del Puma, donde funciona un punto de venta de drogas.
Según un testigo presencial, los policías gritaron: “¡Ríndete!”. Roberto no intentó correr y sólo
puso las manos en alto. En ese momento, los policías le dispararon un tiro.
Una vecina llevaba a los hijos a la escuela y lo vio todo. Paralizada por haber presenciado la
ejecución, no consiguió decir más que: “¿Pero qué fue eso?”. Los policías respondieron: “¡Usted no
ha visto nada!”. Después, metieron a Roberto en el caveirão y se marcharon.
En cuanto supieron lo que había sucedido, varios parientes de Roberto acudieron al hospital.
La familia dice que los agentes circularon durante 30 minutos con Roberto dentro del vehículo
antes de llegar al servicio de atención médica, lo cual eliminó toda posibilidad de evitar la muerte.
Una vecina se indignaba: “No había necesidad de matar al chico. Podían haberlo detenido,
¿no? Y, si lo hubiesen llevado al hospital, habría sobrevivido”.
Los agentes registraron el caso como “homicidio resultante de la intervención policial”. Declararon que participaban en una operación lanzada en la comunidad cuando fueron recibidos
a tiros, tras lo cual repelieron la “injusta agresión” efectuando disparos con los fusiles. El parte
señala que, en el lugar mencionado, los policías encontraron al “ciudadano” tirado en el suelo con
una pistola en las manos. Después, siempre según el parte, socorrieron a Roberto, que murió en
el hospital.
A junio de 2015, la 39ª Comisaría de Policía aún no había concluido la investigación del caso.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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Vitor*, de 21 años,
muerto a manos de policías militares del BOPE el 31 de julio de 2014
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Lugar donde Vitor fue baleado por policiales. [Favela de Acari, Río de Janeiro, 27/05/2015]
Vitor, de 21 años, murió durante una operación policial del BOPE en la favela de Acari el 31 de
julio de 2014, alrededor de las ocho de la mañana.
Ese día, Vitor salió de casa para comprar comida a su cachorra. Se dirigió a casa de una amiga para conversar, pero entonces comenzó un revuelo de gente corriendo a causa de una operación
que la policía militar estaba efectuando en esos momentos en la favela. Vitor entró en el domicilio
de su amiga para buscar refugio. Según declaraciones de residentes a Amnistía Internacional,
los policías le ordenaron que saliese de la vivienda y le dispararon en la pierna. Vitor no estaba
armado, sólo llevaba una radio pequeña y no había ningún tiroteo en ese momento.
Cuando estaba en el suelo, Vitor pidió: “¡No me maten! ¡Deténganme, pero no hagan eso!”.
Una vecina también gritó: “¡No le hagan eso!”. Pero los agentes se acercaron y lo ejecutaron
pegándole dos tiros más. Antes de efectuar uno de los disparos, uno de los policías se acercó a
levantarle la gorra a Vitor y, al final, dijo: “Este de aquí ya está rematado”.
Los policías envolvieron el cadáver en un trozo de sábana y lo llevaron para el hospital Carlos
Chagas. Según consta en el parte de incidencia, dos de los agentes afirmaron que, “al adentrarse
en la comunidad, fueron recibidos con tiros y, al responder a la agresión, alcanzaron a uno de
los delincuentes”. No se realizó investigación pericial del lugar de los hechos. Algunos vecinos
afirman que un testigo del homicidio se asustó mucho y decidió mudarse a otro estado, por medio
a sufrir represalias de la policía.
El asesinato de Vitor provocó indignación entre los familiares. Uno de ellos declaró: “Nunca he
tenido tanto miedo de la policía como ahora. Son unos cobardes. No creo en la justicia, pues cada
día está peor. No sirve de nada que detengan a uno de esos policías. Eso no va a devolvernos a
Vitor. El policía debe detener, no tiene derecho a matar. Cuando la policía entra en la comunidad,
yo entro en pánico. Me tiro al suelo, no salgo a la calle. Me he quedado traumatizado, aturdido”.
A junio de 2015, la 39ª Comisaría de Policía aún no había concluido la investigación del caso.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
BALAS PERDIDAS, CAVEIRÃO Y USO DE ARMAS
DE ALTA POTENCIA EN FAVELAS
Las muertes causadas por las llamadas “balas perdidas” son habituales en Río de
Janeiro y en otras partes de Brasil. En el transcurso de operaciones policiales o
tiroteos entre las fuerzas policiales y grupos criminales (con armas de alta potencia,
tales como fusiles), resultan heridas o incluso mueren personas por esquirlas o
proyectiles de armas de fuego que pueden atravesar paredes de casas.
Además de fusiles y otras armas de alta potencia, durante las operaciones
policiales también se utilizan vehículos blindados conocidos con el nombre de caveirões. El uso de este tipo de vehículo ha dado lugar a numerosas violaciones de
derechos humanos en suburbios de la ciudad de Río de Janeiro.
Un defensor público que habló con Amnistía Internacional explicó lo siguiente: “Dependiendo del fusil, el proyectil recorre un kilómetro en dos segundos. Es
una barbaridad, no debería permitirse el uso de esa arma. Es un arma de guerra;
no se debería emplear para la actuación policial en una zona urbana superpoblada. Es absolutamente inadmisible. Mientras los policías continúen patrullando con
fusiles, esos incidentes seguirán ocurriendo”.
En otra entrevista, un delegado de la Policía Civil criticó duramente el uso
del fusil por parte de las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro. Afirmó que los
efectivos no quieren desarmarse y que esa es una cultura que debe erradicarse. En
su opinión, “los agentes de la Policía Civil también quieren llevar fusiles; hasta los
peritos forenses quieren llevar fusil”.
Además de las 10 muertes registradas en Acari en 2014 como “homicidios resultantes de la intervención policial/actos de resistencia”, hay otros casos de personas que han muerto en el contexto de operaciones policiales. Esos otros homicidios
no se han registrado como “homicidios resultantes de la intervención policial/actos
de resistencia”, por lo que no constan en las estadísticas oficiales como muertes
causadas por la Policía Militar durante sus incursiones.
Un policía civil entrevistado por Amnistía Internacional explicó que esos homicidios se registran como de “autoría desconocida”. Y ahonda: “La gran pregunta
sin responder es: ¿quién apretó el gatillo? Da igual quién apretó el gatillo. Si la acción de la policía ha dado lugar a un conflicto de tal calibre que se ha cobrado una
víctima, la política pública es equivocada”.
En general, cuando tiene lugar una muerte en el contexto de una operación
policial, pero no se registra como “homicidio resultante de la intervención policial”,
la investigación casi nunca determina la autoría de los disparos ni apura las responsabilidades de los agentes encargados de lanzar la operación que puso vidas
en peligro.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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João Carlos Geraldo Martins, de 39 años,
muerto durante una operación del 41er BPM el 4 de agosto de 2014
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Madre sostiene la fotografía de
João Carlos [Acari, Río de Janeiro,
27/5/2015]
João Carlos murió en Acari durante una operación policial del
41er BPM el 4 de agosto de 2014.
A primera hora de la mañana, alrededor de las ocho, varios agentes de policía abordaron a un joven llamado Marcos*, que no llevaba armas ni drogas. Lo tiraron al suelo y
tres policías le apuntaron el arma a la cabeza. Dos vecinas
empezaron a gritarles que no disparasen. Ellos se llevaron a
Marcos detenido y uno de ellos dijo: “Agradéceles a ellas que
estés vivo”. Lo metieron en un caveirão y lo presentaron en
la comisaría de policía alrededor de las siete de la tarde. Por
tanto, Marcos permaneció todo el día en el vehículo mientras
de llevaba a cabo la operación policial.
Durante la operación hubo un tiroteo entre los policías
–que estaban dentro del vehículo blindado– y un grupo de
delincuentes armados frente a una fábrica de hielo. Según
afirman varios vecinos, era evidente que los agentes estaban drogados aquel día. El tiroteo alcanzó a João. Podría
haber sido trasladado rápidamente para recibir atención
médica después de recibir los disparos, pero los policías
no lo permitieron. Por fin, al cabo de 20 minutos, trabajadores de la fábrica lograron llevar a João al hospital, donde
falleció.
João, casado y padre de un joven de 16 años, era productor
cultural. Lo conocían como “João del forró”, en alusión a la
fiesta que organizaba todos los sábados en la comunidad.
La madre de João se acuerda de su hijo con profundo dolor: “Mi hijo era muy bueno.
Tengo un dolor en el pecho, que es la herida que permanece, y no hay operación ni remedio
que lo resuelva”.
El caso está siendo investigado por la División de Homicidios de la capital.
El uso del caveirão ha sido muy criticado por organizaciones nacionales e
internacionales de derechos humanos, pues se trata de un vehículo militar que no
es adecuado para patrullar zonas con gran densidad de población, como las favelas. Por otra parte, no se ejerce el control necesario para evitar que el uso de este
vehículo acarree mayores abusos. En su informe sobre Brasil, el relator especial
da ONU, Philip Alston, recomendó que tales vehículos debían ir equipados con
aparatos audiovisuales que permitiesen grabar la actuación de la policía y hacer un
seguimiento periódico de sus operaciones92.
En 2005, Amnistía Internacional documentó la muerte de Michel Lima da
Silva, un muchacho de 17 años. Durante una incursión del BOPE realizada el 1 de
92 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias para la Asamblea General de las Naciones Unidas, A/
HRC/11/2/Add.2, párr. 79.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Bruno Morais/Anistia Internacional
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Plaza Roberto Carlos donde Joel fue baleado por el “caveirão” [Acari,
Río de Janeiro, 26/5/2015]
La bala que alcanzó a Joel destruyó la cabeza del fémur y perforó sus
intestinos [Acari, Río de Janeiro, 26/5/2015]
septiembre de aquel año en Acari, Michel recibió un disparo en la cabeza, efectuado desde dentro del caveirão93. A continuación, el cuerpo fue izado por un gancho
del vehículo, que transitó por la favela exhibiendo el cadáver. Hay testimonios de
que se exigió dinero a cambio de la entrega del cuerpo. Ese mismo día, cerca
de una hora después, Sancleide Lima Galvão, de 46 años, estaba sentada en las
escaleras de su tienda de ropa con el nieto en el regazo y el hijo al lado. Cuando
el caveirão dobló la esquina, una bala alcanzó a Sancleide en el pecho y la mató.
En el transcurso de su investigación, Amnistía Internacional también recabó
información sobre el caso de Joel, de 19 años, al que alcanzó un disparo de fusil
efectuado por un policía militar del 9º BPM desde dentro de un caveirão a plena luz
del día durante una operación llevada a cabo en Acari el 4 de febrero de 2010. Joel
iba andando por la calle con su amigo, vio el vehículo y dijo: “No vamos a correr,
Pedro. Vamos andando. Yo soy un trabajador, no voy a correr”.
En el momento en que el joven recibió el disparo, no había ningún tiroteo ni
enfrentamiento. Joel vio el fogonazo del disparo saliendo del caveirão. Otros testigos
también afirman que el disparo salió de dentro del vehículo blindado. El proyectil
le destrozó la cabeza del fémur y le perforó los intestinos, lo que desencadenó
una hemorragia. Los agentes se acercaron y quisieron llevárselo al caveirão, pero
una vecina no permitió que eso ocurriese sin que estuviese presente el padre de
Joel, pues temía que mataran al joven. Lo llevaron al hospital estatal Getúlio Vargas
acompañado por su padre y sobrevivió, pero tuvo que someterse a cinco operaciones de cadera y a dos en el abdomen, y además se le colocó una prótesis. En
octubre de 2013 se le concedió una pensión por discapacidad. Hasta ese momento
Joel no había recibido reparación alguna del Estado.
A pesar de la existencia de estos casos notorios y de las reiteradas condenas
al uso del caveirão, la policía de Río de Janeiro lo sigue empleando sin las salvaguardias necesarias para hacer un seguimiento de su utilización e impedir que se
cometan violaciones de derechos humanos.
93 Véase el informe de Amnistía Internacional, “Vim buscar sua alma”: o caveirão e o policiamento no Rio de Janeiro (Índice AI: AMR 19/007/2006).
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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Ana Cláudia Germano Coutinho, de 29 años,
muerta a manos de policías militares del 41er BPM
el 26 de noviembre de 2014
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Hijo de Ana Claudia sostiene la foto
de su madre asesinada [Acari, Río
de Janeiro, 26/5/2015]
Ana Cláudia vivía en la favela de Acari, tenía 29 años, era madre
de cuatro hijos y estaba embarazada de unas 20 semanas cuando la
mataron policías militares del 41er BPM.
El 26 de noviembre de 2014, Ana Cláudia salió de casa hacia las
diez de la mañana para buscar a uno de sus hijos, que estaba con
fiebre en casa de su suegra, y llevarlo al médico. Al salir, la alcanzó
un disparo de arma de fuego efectuado desde dentro del caveirão que
se estaba usando en la operación lanzada aquella mañana. Según el
informe del examen forense del cadáver, el disparo le impactó en parte
del rostro y salió por la nuca, le rompió la carótida izquierda y le causó
la muerte. Los vecinos presenciaron el fallecimiento.
Los hermanos de Ana Cláudia pidieron ayuda a la policía, que no
prestó socorro a la víctima. Por tanto, fueron los propios hermanos
quienes la llevaron al hospital Raul Gazola, donde se certificó el deceso.
Algunos testigos contaron a Amnistía Internacional que aquella
mañana el caveirão se quedó parado más de media hora frente a la
puerta de la casa de la madre de Ana Cláudia, tras un tiroteo que había
tenido lugar más temprano. La madre relata que “ella [Ana Cláudia]
iba a buscar al hijo a casa de su suegra. Pero no llegó. Ella se arrimó a
una esquina y ellos le dispararon”.
La madre de Ana Cláudia tiene 60 años y trabaja recogiendo latas.
En 1994, agentes de la Policía Militar mataron a otra de sus hijas, Cátia Cilene da Conceição Silva, que estaba embarazada de ocho meses.
El Estado nunca ha indemnizado a su familia. Sobre la muerte de su hija Ana Cláudia en 2014,
ella dice que “a la hora en que murió, no había ningún tiroteo”. Lo hicieron ni más ni menos que
por maldad. Es duro traer un hijo al mundo y perderlo así, sin motivo, por cobardía. Una madre
nunca acepta eso.
La madre de Ana Cláudia también cuenta que tiene miedo de presentar denuncias y de presionar a la policía. “No, no quiero que el asunto quede en manos de la policía. ¿Y si hacen lo mismo
que le hicieron a Edméia? Tengo miedo”, dice, haciendo referencia a Edméia da Silva Euzébio
(véase el caso de la masacre de Acari).
La muerte de Ana Cláudia fue registrada como “homicidio causado por proyectil de arma de
fuego” y está siendo investigado por la División de Homicidios.
HABITANTES EN PELIGRO: OTROS ABUSOS POLICIALES
Además de las víctimas mortales, las operaciones de la Policía Militar en Acari también son fuente de otras violaciones de derechos humanos. Los residentes cuentan
que, durante las incursiones, sufren intimidaciones, falta de respeto y agresiones.
Los homicidios perpetrados por la policía son apenas la punta del iceberg de una
serie de violaciones de los derechos de la población local.
Amnistía Internacional ha documentado diversos casos de agresiones, incursiones arbitrarias en domicilios, amenazas y robos. Estas situaciones se repiten con
frecuencia en muchas operaciones de la Policía Militar.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Violación de domicilio, agresión y hurto
Una de las violaciones de derechos que más refieren los residentes de Acari es
el empleo de una llave especial llamada “llave maestra”, capaz de abrir cualquier
puerta, que inutiliza la cerradura tras un único uso. Los agentes de la Policía Militar
usan la llave maestra para entrar en domicilios en busca de sospechosos o para
montar emboscadas (también conocidas como “troyas”, conforme se ha explicado
supra). Cuando no utilizan la llave maestra, los policías fuerzan la entrada derribando puertas o ventanas. La mayoría de las veces no se ha dictado orden judicial o
no se muestra el documento pertinente a los residentes.
En ninguno de los testimonios que ha escuchado Amnistía Internacional han
tenido las víctimas de ese tipo de infracción acceso a una orden judicial que permitiese la entrada de los agentes en los domicilios. En numerosas ocasiones, las
casas están vacías, pero hay casos en que los residentes se han visto sorprendidos
por la irrupción de los policías en su propia vivienda. Los residentes que describieron situaciones de violación de domicilio afirmaron también que hay policías
militares que se llevan dinero, electrodomésticos y comida.
Una mujer contó lo siguiente a Amnistía Internacional: “En un mismo día,
invadieron mi casa y la de mi vecino. Derribaron la puerta de su casa y le robaron
la paga extra, un par de tenis nuevos que todavía estaban en la caja y un ordenador. Los policías registraron la casa entera. No llaman a la puerta; saltan el muro o
usan una llave maestra para entrar. Suelen meterse en las casas cuando la gente
está trabajando”.
El acoso sexual también es habitual. En entrevistas con residentes de Acari,
Amnistía Internacional tuvo noticia de varios casos de mujeres que temieron ser
violentadas por policías militares o que recibieron insultos.
Incursión en un domicilio y agresión de dos
adolescentes por policías militares del BOPE
En 2014, policías militares del BOPE irrumpieron en la casa de Maria*, en Acari, alrededor de las
siete y cuarto de la mañana. A esa hora, ella no estaba en casa porque había ido a llevar a uno
de sus hijos a la escuela. Iara*, de 17 años, salía de casa en ese momento para ir al liceo; la otra
hija adolescente, Ruth*, de 15, estaba durmiendo con el hermano de cinco años.
Cuando Iara estaba en el portal, fue abordada por cinco policías, que le impidieron salir
y entraron en su casa. Ella dijo que iba al liceo, pero ellos le respondieron que no iba a tener
clases ese día. “Cuando entraron, empezaron a registrarlo todo y a insultarme”, explica. Iara
cuenta que los agentes revolvieron la casa, miraron debajo de la escalera y preguntaron por
los vecinos.
“¿Quién vive aquí?”, preguntó uno de los agentes. “No sé, señor”, contestó Iara. “Tienes
que saberlo; tú vives aquí, y sabes quién vive aquí, descarada”, dijo el policía. “No, yo vivo
en esa otra casa con mi madre”, aseguró Iara. Entonces el policía le dijo: “Debe de ser algún
ladronzuelo de mierda y no quieres decir quién es; ¡la muy fresca!”.
Los agentes siguieron insultándola y Iara intentó salir de casa. Ordenaron entrar a la
joven, pero ella dijo que iba a buscar a su madre. En ese momento, un agente la intimidó:
“¿No vas a entrar?”, y empezó a golpearla, junto con otro colega. Le dieron una patada en
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©Bruno Morais/Anistia Internacional
Favela de Acari, Río de Janeiro, 26/05/2015. Foto ilustrativa, no es una evidencia del caso retratado.
la espalda y Iara cayó al suelo. Los policías continuaron insultando. “¡Estamos haciendo
nuestro trabajo, puta! ¡Eres muy atrevida, perra del ladronzuelo de mierda! ¿Te crees que no
sabemos que finges ir a la escuela?”.
Su hermana Ruth se despertó asustada y uno de los agentes entró en su cuarto, preguntando por el nombre de los vecinos. Ella no quiso hablar. Ruth recuerda: “En esto entraron y
me empujaron hacia dentro dándome un puñetazo en el pecho. Dijeron que era muy atrevida y
les respondí que no estaba obligada a decirles el nombre de los vecinos. Por eso, me agarraron
del pelo y me dieron bofetadas. Dijeron que era una desvergonzada y que tenía que aprender a
respetar a los policías, y que era la mujer de un delincuente”.
Maria cuenta que las hijas consiguieron llamarla. Lloraban y decían que la casa estaba
llena de policías que las golpeaban.
La madre volvió corriendo y encontró a las hijas aún llorando. Los agentes ya se habían
marchado. Maria recuerda indignada: “Fui corriendo detrás de ellos. Pero cuando llegué más
adelante, me agarró un muchacho. Si me hubiese enfrentado con los policías, me habrían
matado o me habrían hecho algo peor. Porque yo me iba a echar encima de ellos. En el momento me pudo la rabia. Yo que soy madre y que traje a mis hijos al mundo, no les pego, ¿por
qué van a venir otros a pegarles? ¡No lo consiento!”.
Ese mismo día, Maria denunció lo ocurrido ante el jefe de la operación, pero no se tomó
ninguna medida.
Niños y niñas en peligro
El estado de Río de Janeiro ha incumplido su deber de asegurar, con absoluta
prioridad94, el derecho a la vida de niños, niñas y adolescentes, garantizando su
protección frente a toda forma de violencia y crueldad. Las operaciones de la Policía Militar en Acari han puesto en peligro la integridad física y psicológica de niños,
niñas y adolescentes.
94 Convención sobre los Derechos del Niño, artículos 6 y 19, y Estatuto del Niño y del Adolescente, artículos 4 y 5.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
En varias ocasiones, una guardería municipal de Acari se ha visto en medio
del enfrentamiento entre policías y delincuentes. Tan sólo en abril de 2015, los 173
niños matriculados –que tienen entre seis meses y cuatro años de edad– estuvieron
tres días sin clases debido a las operaciones policiales, por lo que muchas madres
perdieron el día de trabajo.
En una entrevista a Amnistía Internacional, una empleada de la guardería dijo
que, cuando está en marcha una operación policial en Acari, “los niños lloran y están muy tristes. Tenemos que tomarlos en brazos y abrazarlos para que se sientan
seguros. Están asustados. Los niños le tienen pavor a la policía. Por desgracia, lo
policías no respetan nada de nada. No debería ser así, ¿verdad?”.
En 2011 se lanzó una operación en la que se usó un helicóptero, desde donde
disparaban los policías hacia abajo, en dirección a la guardería. La
directora tuvo que ponerse en contacto con el mando de la operación para que
ordenase que se dejase de disparar, pues se estaba poniendo en peligro a los
niños y a los empleados de la guardería.
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Foto del jardín de infantes en la favela Acari, Río de Janeiro, 26/05/2015.
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©Bruno Morais/Anistia Internacional
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Antes de que se construyese
el muro que rodea la guardería, en
2013, los policías militares usaban
el centro como escudo durante las
incursiones. En cierta ocasión, surgió un tiroteo cerca de la guardería.
Una empleada intentó proteger a los
niños con su propio cuerpo. Contó a
Amnistía Internacional: “Yo gritaba:
‘¡Hay niños, hay niños!’ y me acurruqué con ellos en una esquina. Sentí
el ruido cerca de mí cuando impactó
la bala y se me clavaron las esquirlas
Foto del jardin de infantes en la favela Acari, Río de Janeiro, 26/05/2015.
en el pie. Sentí una quemazón y pensé: ‘Vale, pues me han dado’. Pero, incluso así, me quedé con los niños. Una bala
pasó muy cerca y fue a parar a un juguete. Por suerte, la bala se quedó dentro del
juguete. Las esquirlas de la bala causaron un rasponazo en el muslo a uno de los
niños. Los empleados de la guardería vinieron a ayudar a sacar a los niños de la
sala. Cuando acabamos de sacar a los niños, se reanudaron los disparos. En ese
momento, el portero empezó a gritar. Los dos empezamos a gritar: ‘¡Hay niños, hay
niños! ¡Hay un empleado con herida de bala!’. Salimos a la calle a gritar. Fue entonces cuando los policías dejaron de disparar y entraron en la guardería. Pero no
entraron con actitud amistosa, con sentimientos de arrepentimiento o de cuidado
hacia los niños. Llegaron apuntando con las armas, gritando y haciendo llorar a los
niños”.
En ese suceso, los policías entraron en la guardería, intimidaron a los funcionarios, anotaron sus números de teléfono y direcciones y recogieron todos los
cartuchos que había allí. Una empleada acudió a la 39ª Comisaría de Policía a
presentar una denuncia. Al llegar, el agente de la Policía Civil dijo: “¿Qué está haciendo aquí? Se puede ir por donde ha venido. No tiene nada que denunciar”. Ella
explica: “En el parte hecho por los militares, dijeron que había habido un incidente
en una guardería no identificada. No indicaron el nombre, como si fuese un tiroteo
con criminales. Y no nos dejaron presentar denuncia”.
En otra ocasión, en 2009, un grupo de 20 niños de entre 5 y 12 años salía
de la escuela cuando un policía civil de la Comisaría de Lucha contra las Drogas,
durante una operación en Acari, apuntó con el fusil a los niños y a sus madres
diciendo: “Todo semilla del mal, futuros traficantes”.
Según las personas que trabajan en la guardería, siempre que llega la policía
a la favela, los niños pequeños lloran y piden que vaya su familia: “¡Profe, llama a
mi madre!”. Una empleada dijo: “Por mucho que los tomemos en brazos y empecemos a contarles una historieta, ellos quieren que venga la familia. Intentamos
distraerlos, pero ellos nos miran y están atentos a lo que pasa en la calle”.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©Bruno Morais/Anistia Internacional
Favela de Acari, Río de Janeiro, 27/05/2015.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
vista aérea
de acari
1 | Gigantão (campo deportivo)
2 | favo de acari (escuela de samba)
3 | quadra do fim do mundo
4 | campo do relâmpago
5 | CCPR (Centro Cultural Poeta Revolucionario)
6 | Muerte Marcelo*
7 | Muerte Davi*
8 | JARDIN DE INFANTES
9 | Muerte Vitor*
10 | Muerte Roberto*
11 | Muerte Pedro Ivo e lucas*
12 | Muerte João carlos
13 | Muerte Leonardo*
14 | Muerte Ana Claudia
15 | Joel (Lugar donde fue baleado)
16 | Plaza Roberto Carlos
18 | Muerte Maicon
19 | Cruzeiro (Punto más alto de Acari)
20 | Muerte ricardo*
Foto Aérea Instituto Pereira Passos - IPP (elaboracion propia)
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
©AF Rodrigues/ Anistia Internacional
Ana Paula, madre de Johnatha [Manguinhos, Río de Janeiro,
18/06/2015].
IMPUNIDAD
E
Si no se supervisa, si no se hace nada, el policía se va a sentir
un justiciero, el superhéroe de Río de Janeiro. Está convencido de que tiene que matar. Ese agente cree que le hace un
bien a la sociedad. La lógica de la policía es la siguiente: ‘No
voy a perder tiempo con un delincuente’. ‘Uno menos’, esa es
su lógica. Lo que no entienden es que esclarecer determinado delito ayudará a evitar otras muertes. 95
l derecho a la vida tiene dos componentes. El primero, material, es que
todas las personas tienen derecho a no ser privadas arbitrariamente de la
vida. El segundo componente, de carácter más procesal, es la necesidad de
realizar una investigación adecuada y de rendir cuentas en caso de que
haya motivos para creer que se ha privado arbitrariamente de la vida
a alguien.96 Al no esclarecerse ni determinarse la responsabilidad de
las muertes causadas por los agentes del Estado se está vulnerando ese segundo
componente.
En Brasil, la constante de violencia y la elevada tasa de homicidios se ven
agravadas por el alto grado de impunidad. Se calcula que tan sólo se resuelven
entre un 5% y un 8% de los homicidios cometidos en el país.97 En los casos registrados como “homicidios resultantes de la intervención policial”, la impunidad
es aún mayor debido a los graves errores de las investigaciones. Esta impunidad
alimenta el ciclo de violencia y es reflejo de los problemas de que adolecen las
investigaciones penales y el sistema de justicia penal en su conjunto, que incluye a
la Policía Civil, al Ministerio Público y al poder judicial.
Tras su visita a Brasil en 2007, el relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Philip Alston, afirmó haber recibido
“abundantes denuncias de que las investigaciones realizadas por la Policía Civil,
especialmente sobre muertes ocasionadas por policías, son muchas veces profundamente inadecuadas”. Explicaba que, con frecuencia, las investigaciones no
se registran correctamente y que, al final, las únicas pruebas que se obtienen son
una descripción del lugar de los hechos y una declaración de la policía. El relator
95 Extracto del testimonio de un especialista en seguridad pública durante una entrevista concedida a Amnistía Internacional.
96 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Christof Heyns, A/HRC/26/36, párr. 46.
97 Véase Relatório Nacional da Execução da Meta 2: um diagnóstico da investigação de homicídios no país, Consejo Nacional del Ministerio
Público, 2012, p. 22. Disponible en: http://www.cnmp.mp.br/portal/images/stories/Enasp/relatorio_enasp_FINAL.pdf. Consultado el 25 de junio
de 2015.
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especial añadía que los problemas relativos a la investigación “se ven exacerbados cuando el agente de la Policía Militar registra una muerte como un caso de
‘resistencia’”. En repetidas ocasiones, agentes de la Policía Civil le han asegurado
que, cuando ocurre un caso de resistencia, ellos dan por supuesto que los policías
militares se enfrentaban a delincuentes y actuaban en legítima defensa. El relator
especial también tuvo noticia de “varios ejemplos de agentes que, por negligencia o
deliberadamente, dejaban las investigaciones paradas en las comisarías de policía,
sin remitirlas al Ministerio Público”.98
Lamentablemente, ocho años después de la visita del relator especial, la situación no ha cambiado mucho. Amnistía Internacional ha documentado ejemplos
en los que las ejecuciones cometidas por policías y registradas como “homicidios
resultantes de la intervención policial” raramente se investigan y los responsables
no comparecen ante la justicia ni son condenados.
La impunidad que caracteriza a gran parte de los homicidios cometidos por policías en Río de Janeiro es de larga data. El caso de la “masacre de Acari”, expuesto
en el presente informe, es uno de los más notorios y que mejor ilustran esta realidad.
Transcurridos 25 años, se ha archivado el caso y el crimen permanece impune. La
“masacre de Borel”, suceso en el que policías militares del 6º Batallón de la Policía
Militar (BPM) ejecutaron a cuatro jóvenes en la favela de Borel, situada en el barrio
de Tijuca, en la Zona Norte de Río de Janeiro, en abril de 2003, también sigue impune, pese a que han pasado ya 12 años.99
Otro ejemplo es el caso de Maicon, un
niño de tan sólo dos años que murió en 1996
tras ser alcanzado por el disparo de un arma
de fuego efectuado por la Policía Militar en
Acari. Maicon murió una tarde cuando estaba
jugando, cerca de casa y junto a un grupo de
niños, mientras su padre arreglaba una bicicleta. Los padres del niño se quedaron desolados al ver a su hijo bañado en sangre tras
el disparo. En aquel momento, el padre, Zé
Luís, se enfrentó al policía: “¡Mataste a mi hijo!
¡Me has quitado la vida!”. Todos estos años, Zé
José Luis, padre de Maicon, con una de sus obras en homenaje al hijo
Luís se ha movilizado para obtener justicia y
[Acari, Río de Janeiro, 27/5/2015].
para que el Ministerio Público presente cargos
©Bruno Morais/Anistia Internacional
contra los policías militares implicados,100 pero a junio de 2015 no había avances
significativos y el caso prescribirá en 2016.101
Parece que la impunidad que caracterizaba a los homicidios resultantes de
la intervención policial hace decenios se está repitiendo en años más recientes.
Amnistía Internacional ha tenido acceso al número, fecha, comisaría y estado de
todos los partes de incidencia de “homicidios resultantes de la intervención po-
98 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Philip Alston, para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Misión a Brasil (A/HRC/11/2/Add.2), párrs. 51 a 53. [Traducción de Amnistía Internacional]
99 Representantes de Amnistía Internacional visitaron la favela de Borel en junio de 2003, y el mencionado suceso se expuso en el informe
Rio de Janeiro 2003: Candelária e Vigário Geral 10 anos depois (Índice AI: AMR 19/015/2003).
100 Zé Luís se declaró en huelga de hambre en abril de 2015 para presionar al Ministerio Público. Véase la noticia del periódico O Dia,
disponible en: http://odia.ig.com.br/noticia/rio-de-janeiro/2015-04-13/pai-acampa-em-frente-ao-mp-em-busca-de-justica-para-o-filho.html.
Consultado el 25 de junio de 2015.
101 Amnistía Internacional se entrevistó con familiares de Maicon durante la investigación realizada para el presente informe.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
licial” ocurridos en la ciudad de Río de Janeiro en 2011.102 Del análisis de esta
información se desprende que existe una constante generalizada de impunidad y
que se ha avanzado muy poco en este asunto desde la visita del relator especial de
la ONU a Brasil.
En 2011, la Policía Civil abrió 220 procedimientos administrativos –que incluyen a una o más víctimas– referentes a “homicidios resultantes de la intervención policial/actos de resistencia” ocurridos en la ciudad.103 Los datos del Instituto
de Seguridad Pública (ISP) revelan que en ese año hubo un total de 283 víctimas
de homicidio resultante de la intervención policial en la capital de Río de Janeiro.
Al consultar el estado de esos 220 procedimientos, Amnistía Internacional observó que, en abril de 2015, aún estaban en curso 183 investigaciones. Se solicitó
el archivo de 12 casos, en cinco de ellos por ausencia de pruebas o testigos. Sólo en
un caso ha presentado cargos el Ministerio Público contra los policías implicados.
Tabla 4: Evolución de los procedimientos administrativos por “homicidio resultante de la intervención policial” en la
ciudad de Río de Janeiro en 2011104 105
Total de procedimientos administrativos abiertos por la Policía Civil
220
Procedimientos cuya investigación aún está en curso
183
Solicitudes de archivo por parte del Ministerio Público
12
Presentación de cargos por el Ministerio Público contra policías
1
Casos remitidos a la justicia debido a detención por flagrante delito no vinculado a
homicidios resultantes de la intervención policial
21
Casos sobre los que no ha sido posible obtener información
3
Fuente: Datos de 2011 obtenidos a través de una fuente de la Policía Civil.
La 39ª Comisaría de Policía, con jurisdicción sobre una zona que abarca a la
favela de Acari, es en la que más homicidios resultantes de la intervención policial se
registraron en 2011. Según los datos de la Policía Civil, fueron 32 registros. La información del Instituto de Seguridad Pública sobre el mismo año indica que hubo 39
víctimas en los casos registrados en dicha comisaría. Todas esas investigaciones están todavía en curso. El Ministerio Público no ha presentado cargos ni ha solicitado el
archivo en ninguno de los casos registrados en 2011 por la 39ª Comisaría de Policía.
Un investigador especializado en seguridad pública dijo a Amnistía Internacional que los 183 casos que aún están abiertos merecen atención, pues probablemente sean archivados en el futuro sin la debida investigación y sin que se rindan
cuentas. Este proceso, por el que la comisaría remite la investigación al Ministerio
Público, que después lo devuelve a la comisaría solicitando nuevos datos, y así sucesivamente durante años, sin concluirlo, hace que la investigación nunca termine
y permanezca en un “limbo”. Según explica el investigador: “Esos 183 casos están
en un ‘limbo’: no hay forma de pedir que se archiven ni de presentar cargos. No se
atribuye responsabilidad a nadie. Lo que ustedes encontrarán en esta especie de
102 Se ha elegido el año 2011 por considerarse que cuatro años habrán sido suficientes para que avancen las investigaciones y para que los
casos se lleven ante la justicia.
103 Datos obtenidos a través de una fuente de la Policía Civil.
104 Cada procedimiento administrativo puede incluir a una o más víctimas.
105 La detención por flagrante delito ocurre cuando, además del “homicidio resultante de la intervención policial”, se ha cometido otro delito
cuyo sospechoso sigue vivo y es trasladado a la comisaría, donde la autoridad policial redacta la orden de detención.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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‘partido de ping-pong’ es que no hay testigos ni datos sobre el lugar de los hechos.
Los homicidios se esclarecen en las primeras 48 horas. Después, cada vez resulta
más complicado. Y la policía lo sabe. El ‘ping-pong’ va a quedar en nada. Los casos
acabarán por ser archivados. Es sólo una cuestión de tiempo”.
En una entrevista con Amnistía Internacional, un comisario de la Policía Civil
de Río de Janeiro expresó sorpresa por el elevado número de investigaciones sobre
homicidios resultantes de la intervención policial abiertas desde 2011. Observó
que, en los “actos de resistencia”, la autoría del homicidio es conocida y que las comisarías tienen objetivos fijados sobre la conclusión de investigaciones. Si, después
de cuatro años, esos casos aún no se han resuelto es porque probablemente la
muerte no fue causada por un acto de legítima defensa. En palabras del comisario,
cuando eso ocurre, “es porque algo hay...”.
La falta de investigación de los “actos de resistencia” ya había quedado patente anteriormente en un trabajo de investigación realizado por Michel Misse.106
Analizando los casos ocurridos en la ciudad de Río de Janeiro en 2005, Michel
Misse revelaba que en ese año había habido 707 víctimas en “actos de resistencia”, según constaba en un total de 510 partes de incidencia. De ese total (510),
sólo 355 dieron lugar a investigaciones policiales y, tres años después, sólo en 19
casos se había abierto un procedimiento judicial. De esos 19, 16 se remitieron al
Ministerio Público con la petición de que se archivasen. Sólo en tres casos presentó
cargos el Ministerio Público ante el tribunal competente.
Con el objetivo de aumentar la resolución de homicidios en general, se creó en
2010 la División de Homicidios, que pasó a investigar los casos ocurridos en la ciudad
de Río de Janeiro. Sin embargo, los sucesos registrados como “homicidios resultantes
de la intervención policial” no van a esta unidad, sino que son investigados por la comisaría de la zona correspondiente que, tras concluir las investigaciones, debe remitir
el caso al Ministerio Público. El Ministerio Público decide si existen elementos para
proponer una acción penal o para pedir que se archive el caso por existir pruebas de
que el agente de policía actuó en legítima defensa o por otra exclusión de ilicitud.
Cuando los agentes de seguridad pública emplean la fuerza, y en
particular cuando muere una persona a consecuencia de ello, debe emprenderse
de inmediato una investigación efectiva, independiente e imparcial, capaz de determinar la responsabilidad individual y los errores institucionales que
causaron la muerte. La diferencia en el tratamiento que se da a los homicidios
resultantes de la intervención policial –que no son investigados por la División de
Homicidios– frente a otros casos de homicidio compromete la debida investigación
de los primeros.
El relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias ha llegado a afirmar lo siguiente: “A pesar de que las Policías Civil y Militar son instituciones
independientes, los miembros de las respectivas fuerzas en una determinada zona
suelen cooperar en los casos comunes. Los vínculos creados pueden reducir la eficacia
de las investigaciones que comprometen a policías militares. Este problema se minimiza cuando es una unidad especializada de la Policía Civil, con mayor alcance geográfico, como el Departamento de Homicidios y Protección de la Persona (DHPP) de São
Paulo, la que se encarga de investigar una muerte en la que hay policías implicados”.107
106 Véase MISSE, Michel et al. (op. cit., p. 45).
107 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Philip Alston, Adición, Misión a Brasil, A/HRC/11/2/
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Inacción del Ministerio Público a la hora de exigir responsabilidad penal en los homicidios resultantes de la intervención policial
En Brasil, el Ministerio Público es una institución independiente de los poderes
ejecutivo y judicial, con potestad para emprender acciones penales públicas. El
Ministerio Público tiene autonomía para dar orden de que se inicie la investigación
policial, solicitar diligencias de la investigación y hacer un seguimiento de las investigaciones. Además, le corresponde la función de “ejercer el control externo de la
actividad policial”.108
Diversos especialistas y autoridades con los que se ha puesto en contacto
Amnistía Internacional critican la inacción del Ministerio Público, tanto a la hora
de hacer un seguimiento de las investigaciones llevadas a cabo por la Policía Civil
en los casos de homicidio resultante de la intervención policial como en el control
efectivo de la actividad de la policía.
En una entrevista con Amnistía Internacional, un defensor público del estado
de Rio de Janeiro109 afirmó que entiende como omisión el proceder del Ministerio Público en relación con los casos de homicidio resultante de la intervención
policial: “En mi opinión, el Ministerio Público debería actuar con más objetividad
respecto a los ‘actos de resistencia’ para comprobar si efectivamente son casos de
legítima defensa y, de haber indicios de autoría y materialidad, presentar cargos.
Hay agentes del Estado con 19, 20, 40 ‘actos de resistencia’, y eso es raro: tanta
resistencia, tantos homicidios sobre los hombros de una sola persona”.
Un policía civil reconoció ante Amnistía Internacional el problema del “vaivén”
entre las comisarías de policía y el Ministerio Público en las investigaciones que se
arrastran durante años y que sólo dan lugar a una “inmensa pila de papel inútil”.
Este agente criticó que el Ministerio Público no diese prioridad a esclarecer los
hechos y concluyó lo siguiente: “Si no se interviene en una investigación durante el
primer mes, la primera quincena, la primera semana... se acabó, ya no hay nada
más que hacer”.
Otro defensor público explicó en una entrevista: “Claramente, si no hay control externo, la investigación no avanza porque existe una tendencia corporativista
muy fuerte, tanto en la policía como en el Ministerio Público”. En su opinión: “Correspondería al Ministerio Público, no sólo como fiscalizador de la actividad policial,
sino también como titular de la acción penal –o sea, como la entidad que presenta
cargos–, examinar con más cautela los ‘actos de resistencia’ y no permitir que
estuviesen parados indefinidamente en los estantes de las comisarías o del propio
Ministerio”.
También en entrevista con Amnistía Internacional, un investigador especializado en este asunto cuestionó la falta de seguimiento y de rendición de cuentas de
la Policía Militar, sobre todo en relación con los agentes que usan y disparan con
frecuencia armas de fuego y cumplimentan partes de “homicidio resultante de la
intervención policial”. En su opinión: “Hay policías con 20 muertes a sus espaldas
que siguen en activo sin que se haya hecho nada para investigar por qué han causado tantas muertes. ¿Qué circunstancias normales permitirían a un mismo agente
108 Véase el artículo 129, apartados VII y VIII, de la Constitución Federal de 1988.
109 La Defensoría Pública es un órgano que presta asistencia jurídica gratuita a las personas que no disponen de medios económicos para
costear tales servicios.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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matar a tantas personas? Esta situación no es únicamente responsabilidad del policía en cuestión, sino también de la institución en su conjunto y del Ministerio Público. Es necesario ejercer un control, saber si ese tipo va a volver a matar otra vez”.
En ocasiones, incluso cuando se concluyen las investigaciones, se identifica a
los autores del homicidio y el Ministerio Público presenta cargos contra los agentes,
puede ser el propio poder judicial quien ponga trabas a que los responsables sean
juzgados.110 En uno de los casos documentados por Amnistía Internacional, el juez
esgrimió los argumentos de “legítima defensa” y de “resistencia delictiva” para desestimar los cargos presentados por el Ministerio Público e impedir que se juzgase
el homicidio cometido por el policía militar.
Edilson Silva dos Santos, de 27 años,
muerto a manos de un policía militarde la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) de la favela de Ladeira dos Tabajaras el 22 de
abril de 2014111
Edilson Silva dos Santos, de 27 años, recibió un disparo en la cabeza durante una protesta
que tuvo lugar en la favela de Pavão-Pavãozinho, en Copacabana, Zona Sur de Río de Janeiro, a
primeras horas de la noche del 22 de abril de 2014. La manifestación espontánea fue una reacción
pacífica de la comunidad ante la muerte del bailarín conocido como DG,112 asesinado por policías
militares horas antes.
Edilson tenía una discapacidad mental y vivía en la favela con su familia adoptiva (una madre
y un hermano). Tanto él como otros residentes de la comunidad estaban desarmados durante las
protestas, pero aun así los policías militares dispararon al aire y hacia ellos. Varios policías militares llevaron a Edilson al hospital pero, según el informe médico, ingresó cadáver.
En la investigación, el policía militar que efectuó el disparo que mató a Edilson fue identificado por la grabación de las cámaras de seguridad de un edificio. El vídeo revela también que no
había necesidad de emplear armas de fuego en aquel momento y que el policía realizó los disparos
de forma aleatoria en dirección de los residentes. Hay testigos que afirman que Edilson bajaba la
ladera con las manos en alto cuando recibió el disparo.
El comisario responsable de la investigación solicitó la detención preventiva del agente por
homicidio. Los otros policías que acompañaban al agente en cuestión fueron acusados formalmente de falso testimonio. El Ministerio Público presentó cargos y remitió el caso al tribunal correspondiente, pero el juez encargado (de la Sala Penal Primera) lo desestimó, por lo que impidió
la celebración de un juicio.113 En su decisión, el juez afirma que “los policías están amparados por
el principio de legítima defensa, pues encontraron verdadera resistencia criminal de personas no
identificadas, posiblemente delincuentes y residentes, vinculados a la marginalidad”.
110 Véase ORLANDO, Zaccone (op. cit.).
111 Representantes de Amnistía Internacional acudieron al Instituto Médico Forense esa misma noche para obtener más información sobre el
caso y estuvieron en la favela de Pavão-Pavãozinho, días después del suceso, para entrevistar a residentes, posibles testigos y familiares de
Edilson.
112 El caso de DG también se describe en este informe.
113 Proceso nº 0081733-58.2015.8.19.0001.
70
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
MANIPULACIÓN DE LA ESCENA DEL CRIMEN Y ERRORES EN LAS
INVESTIGACIONES
Durante su labor de investigación, Amnistía Internacional comprobó que, además
de la falta de preparación y control de la Policía Militar sobre el uso de armas de
fuego, también ha habido intentos de incriminar a la víctima y modificar la escena
del crimen para justificar la supuesta legalidad de la acción policial. Hay dos formas
de dificultar las investigaciones y tratar de garantizar la impunidad: modificar la
escena del crimen y falsificar la supuesta “resistencia” de la víctima.
La escena del crimen puede modificarse simplemente retirando el cadáver
del lugar, no preservando de inmediato la zona para la investigación pericial o incluso cambiando la posición o el estado del cadáver. Para falsificar la “resistencia”,
como ha ocurrido en algunos casos documentados por Amnistía Internacional, a
veces se colocan armas junto al cuerpo de la víctima.
Alan de Souza Lima, de 16 años,
muerto a manos de policías militares del 9º BPM
el 20 de febrero de 2015
Padres de Alan en su casa [Río de Janeiro, 20/07/2015].
©AF Rodrigues/ Anistia Internacional
A Alan de Souza Lima, de 16 años, lo mataron policías militares en el barrio Honório Gurgel
de la favela de Palmeirinha, situada en la Zona Norte de la ciudad de Río de Janeiro. El 20 de
febrero de 2015, alrededor de las once de la noche, Alan charlaba con dos amigos en el barrio
donde vivía. Habían vuelto de un centro comercial, habían pedido una pizza y esperaban la
entrega. Mientras tanto, jugaban y grababan un vídeo con un teléfono móvil. El barrio estaba
parcialmente sin luz.
El vídeo capta un rato de diversión entre los jóvenes. Tras un minuto de grabación, se oyen
unos disparos y el móvil cae el suelo. Se pueden oír la agonía de los heridos y las voces de dos
policías militares que se acercan. Uno de ellos pregunta a los chicos por qué corrían. “Estábamos
jugando, señor”, responde uno de los muchachos.
La madre de Alan estaba durmiendo cuando la llamó una vecina: “¡Corre, Irene! La policía ha
herido a Alan”. El padre acudió al lugar de los hechos.
Algunos testigos contaron a Amnistía Internacional que los policías militares estaban dentro
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71
de un vehículo, que dispararon –sin ningún aviso ni aproximación previos– y que los disparos
alcanzaron a Alan y a su amigo Chauan, de 19 años. Se congregaron muchos vecinos alrededor
del lugar en el que se disparó a los chicos. Los policías iban en dos autos y un caveirão. Colocaron
a Chauan (que sobrevivió al disparo) y el cuerpo de Alan en uno de los vehículos, y se fueron. No
se preservó la escena del crimen. Según la autopsia del cadáver,114 Alan recibió cuatro disparos.
Un policía registró el caso en la comisaría de la zona como “homicidio resultante de la intervención policial”. En el documento consta que los agentes militares “fueron sorprendidos por
varios hombres armados. Al ver el vehículo policial, los hombres dispararon a los policías y el
agente repelió la injusta agresión, disparando a su vez en dirección de los atacantes. Cuando fue
posible, el comunicante se acercó al lugar en el que se concentraban los individuos armados y se
dio cuenta de que había dos hombres con impactos de bala y dos armas en el suelo”.
A partir de la versión falsificada por los policías, Chauan, que tenía una herida de bala en
el pecho, fue detenido en flagrante delito por posesión ilegal de arma y resistencia. En una nota
publicada el 21 de febrero, la Policía Civil informó de que los jóvenes habían sido heridos en un
enfrentamiento con policías militares y que durante el altercado se habían aprehendido un revólver y una pistola.115
El vídeo que se grabó en el teléfono móvil se hizo público días después y reveló que los chicos
no tenían ningún arma y que no estaban disparando. Cuando se desmontó la farsa, Chauan quedó
en libertad. Sólo cuando tuvo conocimiento del vídeo decidió el Comando de la Policía Militar apartar a algunos de los policías implicados en el suceso. El caso pasó entonces a ser investigado por
la División de Homicidios. La Policía Civil concluyó la investigación y el Ministerio Público presentó
cargos contra un policía militar por homicidio y contra otro por fraude procesal. El 10 de julio de
2015, el juez de la Sala Penal Primera del distrito de la capital (Río de Janeiro) dictó orden de
prisión preventiva para los dos policías.116
El hermano de Alan afirma indignado: “Yo sólo quiero que el culpable pague, porque mi hermano era una persona de bien, trabajador, estudiaba y era feliz. Ese ciudadano le quitó la vida
a mi hermano y acabó con la vida de la familia, porque la familia ya no es la misma después
de lo que ocurrió”.
En general, las declaraciones de los policías militares implicados en casos
de “homicidio resultante de la intervención policial” describen una situación de
enfrentamiento o tiroteo con supuestos delincuentes. Y esa versión es el punto de
partida de la investigación. Un comisario de la Policía Civil entrevistado por Amnistía Internacional afirmó: “La palabra del policía es la voz del Estado. Tiene credibilidad. Habla en representación de una función pública. En principio, la investigación
considera verdadera la declaración del policía”.
En los casos en que los partes de la policía indican que la víctima estaba vinculada al narcotráfico, la investigación se limita a respaldar las declaraciones de los
policías de que la muerte tuvo lugar en un contexto de legítima defensa. No cuestiona si el policía empleó la fuerza de forma necesaria y proporcional. Al contrario,
todo el proceso está dirigido a legitimar el homicidio, supuestamente cometido por
necesidad y justa motivación.
Un agente de la Policía Civil explicó a Amnistía Internacional que, en numero-
114 Informe IML-RJ-SNC-008975/2015, concluido el 24 de febrero de 2015.
115 Véase la información del portal de noticias G1, disponible en: http://g1.globo.com/rio-de-janeiro/noticia/2015/02/celular-filma-ultimosmomentos-de-jovem-morto-por-pm-no-rio-veja.html. Consultado el 25 de junio de 2015.
116 Proceso nº 0181822-89.2015.8.19.0001.
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
sas ocasiones, se descarta emprender un trabajo de investigación más exhaustivo.
Así “comienza un ejercicio burocrático para construir la investigación del ‘acto de
resistencia’ en el que se describe una supuesta resistencia del individuo, al que se
le dio el alto. De igual modo que la detención se considera un resultado positivo, el
‘acto de resistencia’ (la muerte), también. La comisaría del distrito no tiene interés
en cuestionar, presentar las objeciones o matizar la versión de la policía; su tendencia es a darla por buena”.
Para que esa versión pueda prevalecer, la investigación penal no presta la
debida atención a los hechos en sí (testigos presenciales, exámenes periciales,
declaraciones de residentes y familiares), sino que se centra en la vida anterior y
en el examen moral de las víctimas (por ejemplo, si tenían antecedentes policiales,
si participaban en alguna actividad delictiva, si tenían empleo o cursaban estudios
formales, etc.). En ese sentido, el perfil racial y de edad de las víctimas y los estereotipos asociados a la juventud negra de las favelas y de los suburbios contribuyen
a justificar las muertes.
En las investigaciones, las declaraciones de los agentes de policía tienden a
prevalecer sobre las declaraciones de residentes, familiares y víctimas. Según un
defensor público del estado de Río de Janeiro: “La palabra del policía vale más que
la de otra persona, hasta que se demuestre lo contrario. Por tanto, si no se tiene una
prueba contundente que contradiga la declaración del policía, acaba prevaleciendo
su versión. De esta forma, se legitiman a priori todos los actos de la policía, hasta
que se demuestre lo contrario. No debería ser así”.
Esta situación puede resultar todavía más problemática si se tienen en cuenta
las deficiencias de los Institutos de Medicina Forense, que carecen de recursos
suficientes y de la independencia necesaria frente a la policía, problema que ya ha
sido identificado por el relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales,
sumarias o arbitrarias.117
A ello se suma la manipulación de la escena del crimen por parte de los policías militares. Un investigador contó a Amnistía Internacional que, en esos casos,
“lo primero que hace la policía es no reconocer el lugar de en el que se produjo la
muerte y referir que el individuo resultó herido y fue trasladado al hospital. En realidad, la víctima ya está muerta cuando se traslada, pero así se desmonta la escena
del crimen”.
Un policía civil describió a Amnistía Internacional una vieja práctica de la
policía para incriminar a la víctima: el uso de un “kit de acto de resistencia”. Se trata
de un “arma fría” (no oficial), a la que llaman “vela”, que se coloca en el lugar de
los hechos cuando es necesario justificar la acción policial. Según este agente, otra
práctica compartida informalmente en las corporaciones consiste en esconder un
cadáver llenándole el abdomen de piedras y escombros para que el cadáver no
flote y desaparezca cuando se lanza al mar o a un río.
La principal consecuencia de la modificación de la escena del crimen es que
impide que se lleven a cabo ciertas diligencias importantes de la investigación,
como el examen pericial del lugar de los hechos, que es fundamental en los casos
de homicidio. Un defensor público destacó el problema: “El ‘acto de resistencia’
entorpece mucho la investigación. Los policías que están en el lugar de los he117 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Philip Alston, Adición, Misión a Brasil, A/HRC/11/2/
Add.2, párr. 54.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
73
chos deshacen la escena del crimen, recogen los proyectiles, retiran el cadáver. El
agente ha matado a una persona pero intenta de alguna forma salir impune. Y, al
tratar de encubrir posibles errores, acaba cometiendo otro delito, que es el fraude
procesal. El modus operandi clásico es el siguiente: el policía va allí, dispara y le
da a la víctima; después coloca allí dos armas, acude a la comisaría y dice que la
víctima estaba armada”.
Al no emprenderse las debidas investigaciones y al garantizarse la impunidad en
los casos de uso excesivo de la fuerza, temeridad y ejecución, los partes de “homicidios resultantes de la intervención policial” se convierten en una especie de “cortina
de humo” para las ejecuciones extrajudiciales en general.
Existen en Brasil varias disposiciones jurídicas que pretenden evitar que se
falsee la escena del crimen. El Código de Procedimiento Penal define que el comisario debe comparecer en la escena del crimen y que esta debe ser preservada.118
El Decreto nº 553/2011,119 promulgado por la Jefatura de la Policía Civil de Río de
Janeiro, estipula lo mismo. La Resolución nº 8/2012 del Consejo para la Defensa de
los Derechos Humanos también recomienda la preservación de la escena del crimen en los casos de “homicidio resultante de la intervención policial”. Sin embargo, precisamente en esos casos, casi nunca se cumplen tales requisitos jurídicos.
En muchas ocasiones, los propios residentes o familiares de las víctimas tienen
que movilizarse para garantizar la preservación del cadáver y de la escena del crimen.
La movilización de los residentes de Dendê, en el barrio de Ilha do Governador,
Zona Norte de Río de Janeiro, fue fundamental para que se investigasen debidamente la muerte de un chico de 24 años y la de un niño de 10. Los homicidios
ocurrieron durante una operación de la Policía Civil el 19 de mayo de 2015. Un
agente de la Coordinadora de Recursos Especiales (CORE) admitió ser el autor de
los disparos que mataron a las dos víctimas, pero entregó dos armas que, al parecer, habían sido aprehendidas en el lugar donde habían muerto los muchachos.
Gracias a la movilización de la gente, el caso está siendo investigado por la División
de Homicidios, y no por la comisaría de la zona.120
En abril de 2013, residentes de la favela de Jacarezinho, en la Zona Norte de
la ciudad, también tuvieron que movilizarse para evitar que se retirase el cuerpo
de un joven y que se deshiciese la escena del crimen. El joven recibió un disparo
de arma de fuego mientras comía en la calle. Los residentes se congregaron en
una protesta, que sólo terminó cuando llegaron los agentes de la Policía Civil para
realizar el examen pericial del lugar de los hechos.121
La movilización de residentes y familiares también ha sido fundamental para
garantizar la debida investigación del caso de Eduardo de Jesus, niño de sólo 10
años, al que policías militares mataron en abril de 2015, tal como se expone supra
en el presente informe.
118 Véase el artículo 6 del Código de Procedimiento Penal brasileño, Decreto Ley nº 3.689, de 3 de octubre de 1941.
119 El Decreto nº 553, de 7 de julio de 2011, fue firmado por la entonces jefa de la Policía Civil del estado de Río de Janeiro, Marta Rocha.
120 Véase la noticia del periódico O Globo, disponible en: http://oglobo.globo.com/rio/operacao-da-policia-civil-no-morro-do-dende-terminacom-dois-jovens-mortos-16201370. Consultado el 25 de junio de 2015.
121 Véase el reportaje del periódico A Nova Democracia, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=PAAvYFG7Hjc. Consultado el 25 de
junio de 2015.
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Douglas Rafael Pereira da Silva
(conocido como DG), de 26 años,
muerto a manos de policías militares de la Unidad de Policía
Pacificadora (UPP) de Pavão-Pavãozinho
el 22 de abril de 2014
DG y su madre Maria de Fátima durante la fiesta de cumpleaños de la hija del bailarín. [Río de Janeiro, 2013].
©Foto de archivo personal
Douglas Rafael Pereira da Silva, bailarín conocido como DG, de 26 años, fue hallado muerto
en una guardería de la favela de Pavão-Pavãozinho, en el barrio de Copacabana, Zona Sur de
Río de Janeiro, después de visitar a su hija de cuatro años, que vivía allí. La investigación
determinó que había muerto alrededor de la una de la madrugada del 22 de abril de 2014, tras
ser alcanzado por un disparo de arma de fuego durante una operación policial.
El cadáver presentaba una perforación en el pulmón. Según la autopsia,122 el proyectil entró
por la espalda y salió por el hombro. La escena del crimen fue modificada por policías militares,
que permanecieron varias horas en la guardería. La comunidad descubrió que DG había sido
asesinado e inició una protesta. La represión de la protesta por parte la Policía Militar se saldó con
otra víctima mortal (véase el caso de Edilson Silva dos Santos, también descrito en este informe).
DG trabajaba en un programa de televisión y era considerado un modelo por muchos jóvenes de la favela. Su muerte provocó una conmoción en la comunidad, especialmente entre los
jóvenes, y diversas organizaciones de la sociedad civil –entre ellas Amnistía Internacional– se
movilizaron para exigir justicia.123
Maria de Fátima, madre de DG, llegó a afirmar: “Ahora, los residentes de la comunidad tienen más miedo de la policía que de los delincuentes. Mi hijo es una víctima más. La policía no
está adiestrada para salvar ni para ayudar, sino para matar”. Contó a Amnistía Internacional
que ha sufrido amenazas debido a la lucha que ha emprendido para que se haga justicia.
En marzo de 2015, la Policía Civil concluyó la investigación. El Ministerio Público presentó
cargos contra un policía militar por homicidio y contra otros seis agentes por fraude procesal.
El 10 de abril de 2015, el juez de la Sala Penal Primera del distrito de la capital (Río de Janeiro)
dictó orden de prisión preventiva para el policía acusado del homicidio, pero posteriormente se
le concedió un recurso de hábeas corpus.124
122 Informe IML-RJ-SNC-020451/2014.
123 Véase la Acción Urgente Petición para que se investiguen dos homicidios en Río (AMR 19/003/2014).
124 Proceso nº 0132654-21.2015.8.19.0001.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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PROTECCIÓN DE TESTIGOS
Un elemento importante para asegurar la debida investigación y la rendición de
cuentas en los casos de homicidio resultante de la intervención policial es la protección de testigos y víctimas de la violencia policial.
El relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o
arbitrarias destacó esta cuestión, afirmando: “El gran número de homicidios, así
como los niveles significativos de delincuencia organizada, corrupción y violencia
policial, ponen de manifiesto que es esencial contar con un programa de protección de testigos amplio y eficaz para proteger a los testigos más vulnerables e impedir
que exista impunidad por la intimidación generalizada de testigos”.125
Brasil ha dado algunos pasos importantes, aunque claramente insuficientes,
para proteger a testigos amenazados en el país. En 1999 se creó el Programa de
Asistencia a Víctimas y Testigos Amenazados (PROVITA), cuya estructura está definida en la legislación federal.126 El Programa recibe recursos tanto federales como
estatales, y su gestión es responsabilidad de los estados. En cada estado existe una
comisión –compuesta, entre otros, por jueces y fiscales– que establece directrices
y toma decisiones sobre la inclusión o exclusión de personas en el Programa.
Los representantes de Amnistía Internacional tuvieron ocasión de observar
directamente el miedo de los testigos de homicidios cometidos por policías durante
las entrevistas que hicieron a residentes de las favelas, familiares de víctimas y
testigos presenciales de los casos descritos en este informe. En su mayoría, no
quisieron ser identificados por temor a sufrir represalias de la policía y pidieron expresamente permanecer en el anonimato y que el informe no contuviese elementos
que permitiesen identificarlos.
El asesinato de Edméia da Silva Euzébio,127 en 1993, aún está muy presente
en la memoria de los residentes de la favela de Acari. Este crimen se convirtió
en un símbolo de cómo se puede silenciar a testigos y defensores de derechos
humanos que luchan por la justicia en casos de violencia policial.
En una entrevista con Amnistía Internacional, la madre de una víctima de homicidio cometido por policías militares afirmó que, desde el asesinato de Edméia, tiene
miedo de sufrir el mismo destino. Y añadió: “Cuando ella murió, a la gente le entró
miedo. Hay muchas madres que no hablan. Yo no voy a la comisaría. Si me manda
llamar el Batallón, no voy. Sé que son unos cobardes”. Otra madre entrevistada pidió que no se la identificase, pues ni siquiera hoy en día, más de 22 años después,
puede dejar de pensar en el caso de Edméia. “Fue para callarnos. Nadie se atreve a
hablar. Tengo miedo de sufrir represalias. Yo vivo aquí. Vivimos aquí”, explicó.
Comisarios de la Policía Civil de Río de Janeiro contaron a Amnistía Internacional que la falta de testigos dispuestos a prestar declaración en las comisarías de
policía o durante el proceso judicial dificulta las investigaciones y el castigo de los
homicidios, sobre todo de los cometidos por agentes de policía (tanto en servicio
como fuera de servicio).
125 Informe del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Philip Alston, Adición, Misión a Brasil, A/HRC/11/2/
Add.2, párr. 61. [Traducción de Amnistía Internacional]
126 Véase la Ley Federal nº 9.807, de 13 de julio de 1999, disponible en: http://www.planalto.gov.br/CCIVIL_03/leis/L9807.htm. Consultado el
25 de junio de 2015.
127 Amnistía Internacional actuó durante muchos años pidiendo justicia y seguridad para las “Madres de Acari”. El 31 de enero de 1992 lanzó
una Acción Urgente (Índice AI: AMR 19/001/1992) que pedía protección para Edméia y otras madres. En aquella época, una de las madres dijo
a la organización que no creía que los secuestradores de su hijo compareciesen algún día ante la justicia. Según ella, “para el pobre, la justicia
sólo llega en forma de castigo”.
76
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Las leyes vigentes en Brasil no permiten asegurar el anonimato del testigo
frente al acusado ni el uso de los llamados “testigos sin rostro”. Los comisarios
de la Policía Civil a los que entrevistó Amnistía Internacional destacaron que la
actual estructura del Programa de Asistencia a Víctimas y Testigos Amenazados
(PROVITA) es insuficiente para atender la cantidad de casos que exigirían su
atención, además de que carece de recursos. Apuntaron asimismo algunos
errores que afectan directamente a la investigación de homicidios (incluidos
los resultantes de la intervención policial), como el proceso de decisión para la
inclusión de personas en el Programa o la falta de autonomía de la Policía Civil
a ese respecto.
Helicóptero de la Polícia Militar
en Vidigal. [Río de Janeiro,
13/11/2011].
©Luiz Baltar/Anistia Internacional
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
77
Policía Militar en Vidigal.
[Río de Janeiro, 13/11/2011].
©Luiz Baltar/Anistia Internacional
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
AMENAZAS
E INTIMIDACIÓN
A DEFENSORES
DE DERECHOS HUMANOS
E
l derecho a defender los derechos humanos está consagrado y protegido en la legislación internacional. Tanto en el ámbito de las Naciones
Unidas128 como como en el de la Organización de los Estados Americanos,129 los Estados tienen obligaciones y compromisos para con la
protección de los defensores de derechos humanos.
En 2004, Brasil creó, mediante la Resolución nº 014/2004,130 el
Programa Nacional para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos,
para el que todavía no se ha aprobado un marco jurídico concreto. A pesar de ser
un avance importante en este ámbito, el Programa se enfrenta a varios desafíos,
entre otros la falta de adhesión por parte de los estados y la falta de recursos
económicos. Desde 2009 está en proceso de debate un proyecto de ley131 que
proporcionaría un fundamento jurídico al mecanismo de protección, a la coordinación entre el gobierno federal y los estados, y a otras cuestiones sobre jurisdicción,
responsabilidad, gestión, estructura y presupuesto del Programa.
Según declaraciones de defensores y defensoras de derechos humanos de
Brasil, de las 27 entidades federativas, sólo 8 han adoptado el Programa, y de ellas,
únicamente 5 están cumpliendo las medidas de protección.132 Río de Janeiro es
uno de los estados que han adoptado el Programa. No obstante, se ha puesto en
marcha de forma precaria, lo que ha acarreado riesgos reales para quienes defienden los derechos humanos en el estado.
128 El artículo 1 de la Declaración de la ONU sobre los Defensores de los Derechos Humanos establece lo siguiente: “Toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, a promover y procurar la protección y realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales en
los planos nacional e internacional”.
129 Desde 1999, la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) adopta una resolución titulada “Defensores de
los Derechos Humanos: Apoyo a las tareas que desarrollan las personas, grupos y organizaciones de la sociedad civil para la promoción y
protección de los derechos humanos en las Américas”.
130 La Resolución nº 014/2004 del Consejo para la Defensa de los Derechos Humanos, dependiente de la Secretaría Especial de Derechos
Humanos de la Presidencia de la República, prevé la creación de la Coordinadora del Programa Nacional para la Protección de los Defensores
de Derechos Humanos. Por otra parte, el 12 de febrero de 2007 se promulgó el Decreto Presidencial nº 6.044/2007, por el que se aprobaba la
Política Nacional para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos, se definía un plazo para la elaboración de un plan nacional y se
proporcionaban otras medidas en este ámbito.
131 En julio de 2009 se presentó el Proyecto de Ley nº 4.575/2009, por el que se crea el Programa Nacional para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos. Ha sido aprobado por todas las comisiones necesarias dentro de la Cámara de Diputados, pero todavía no se ha
sometido a votación.
132 Amnistía Internacional, Defender derechos humanos en las Américas: necesario, legítimo y peligroso, 2014 (Índice AI: AMR 01/003/2014).
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
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Deley, defensor de derechos y líder comunitario, en el campo de juego donde da clases de fútbol en Acari
[Río de Janeiro, 27/5/2015].
©Bruno Morais/Anistia Internacional
La favela de Acari tiene a sus espaldas una larga trayectoria de lucha y movilización por los derechos. El grupo de las “Madres de Acari”, por ejemplo, ha sido
uno de los principales movimientos de familiares de víctimas surgidos en el estado,
y ha contribuido a que otras familias y otros testigos venzan el miedo y denuncien
las violaciones de derechos cometidas por agentes de seguridad pública en Brasil.
Pese a ello, los defensores de derechos humanos de Acari siguen sufriendo
hoy en día constantes amenazas, ataques e intimidación. Se ha tenido noticia de
varias agresiones (como bofetadas en la cara) y amenazas de muerte proferidas
por policías militares, además de incursiones ilegales en domicilios. En 2010, agentes de policía intimidaron a un defensor diciendo: “Sabemos que eres un difunto
caro”. La policía no ha investigado ninguna de estas amenazas.
En 2007, un policía entró en la favela de Acari preguntando a un adolescente
dónde estaba situada la casa de cierto defensor. Cuando lo averiguó, el policía disparó varias veces contra la vivienda indicada y uno de los disparos llegó a atravesar
el armario del dormitorio. El defensor pasó dos semanas fuera de la comunidad,
por miedo.
En otra ocasión, en 2014, agentes de la Policía Militar irrumpieron en un
domicilio durante una operación e intimidaron a quienes allí vivían, que entonces
pidieron ayuda a un defensor de derechos humanos que actuaba en la favela. Este
acudió a la vivienda e intentó razonar con uno de los agentes aduciendo que la
policía no podía invadir domicilios sin justificación. El agente estaba muy alterado
y empezó a intimidarlo y a insultarlo. Al final, cuando se iban, una vecina oyó a un
policía decir a otro que, si volvía a encontrar al defensor en la calle, lo mataría.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
Todos esos ataques, amenazas y agresiones contra defensores y defensoras de derechos humanos tienen lugar en un entorno generalizado de impunidad. El sistema de justicia penal no ha investigado ni llevado ante
la justicia a los responsables de tales prácticas: ni a los autores materiales ni a
sus instigadores.
La protección integral de los defensores y defensoras de derechos humanos es necesaria para poder alcanzar las condiciones seguras y propicias que
permiten el ejercicio de esta actividad fundamental en un Estado democrático de
derecho. Si bien el Programa Nacional para la Protección de los Defensores de
Derechos Humanos es un instrumento importante para una verdadera seguridad
de los defensores en situación de riesgo, es vital que el Estado avance en políticas públicas que aborden las causas de las violaciones de derechos humanos
denunciadas por estas personas y que combatan la impunidad de las amenazas
y los ataques que sufren.
Página 81 - Defensores de derechos humanos de Acari, Deley y José Luis muestran cartel de movilización por el
caso del niño Maicon [Acari, Río de Janeiro, 27/5/2015].
©Bruno Morais/Anistia Internacional
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
81
Foto de manifestación en el Complexo
do Alemão contra las muertes de
habitantes y del niño Eduardo
[Río de Janeiro, 04/04/2015]
©Luiz Baltar/Anistia Internacional
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
CONCLUSIONES Y
RECOMENDACIONES
E
n la ciudad de Río de Janeiro, la Policía Militar ha venido usando la
fuerza de forma innecesaria, excesiva y arbitraria, en contravención de
las normas y los protocolos internacionales sobre el empleo de la fuerza
y de las armas de fuego. Ello ha dado lugar a diversas violaciones de derechos humanos y a un número elevado de víctimas mortales, que son,
en su mayoría, hombres jóvenes y negros.
Se recurre con frecuencia al parte de “homicidio resultante de la intervención
policial” para encubrir casos de ejecuciones extrajudiciales. El uso de partes administrativos por agentes de la Policía Militar para encubrir las ejecuciones extrajudiciales se ve favorecido por la falta sistemática de investigaciones de los casos
así registrados y la consecuente impunidad. En la gran mayoría de los homicidios
resultantes de la intervención policial registrados en 2014 en la favela de Acari
–y documentados por Amnistía Internacional– hay fuertes indicios que apuntan a
ejecuciones extrajudiciales.
Las políticas públicas y las medidas recientes no han sido capaces de poner
fin a las ejecuciones extrajudiciales en Río de Janeiro. La transparencia y la facilidad de acceso a los datos estadísticos y a los indicadores de criminalidad en el
estado han permitido observar y debatir en mayor profundidad los asuntos relativos
a la política de seguridad pública del estado de Río de Janeiro. En los últimos cinco
años se han hecho esfuerzos considerables para reducir el número de muertes en
operaciones policiales y para tratar de investigarlas. No obstante, a pesar de que
durante algunos años ha habido una tendencia a la baja, los “homicidios resultantes de la intervención policial” han vuelto a aumentar significativamente entre 2013
y 2014, y las cifras siguen siendo elevadas.
La lógica de la “guerra contra las drogas” fomenta el uso innecesario y excesivo de la fuerza y justifica, mediante los partes de “homicidio resultante de la intervención policial/acto de resistencia”, diversas violaciones de derechos humanos,
como ejecuciones extrajudiciales, amenazas a residentes de las favelas y a defensores de derechos humanos, incursiones ilegales en domicilios, hurtos y agresiones. La “guerra contra las drogas” ocasiona centenares de víctimas todos los años,
entre ellas agentes de las policías militar y civil en el ejercicio de sus funciones. El
riesgo al que están expuestos los residentes de favelas y suburbios aumenta por
el objetivo de las operaciones policiales, que da prioridad a frenar el comercio de
drogas ilegales (principalmente en las favelas), unido a la falta de regulación sobre
el uso inadecuado de armas pesadas (como los fusiles) y de vehículos blindados
en zonas urbanas densamente pobladas.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
83
Estas prácticas parecen estar amparadas por las diversas instituciones del
sistema de justicia penal –especialmente por el Ministerio Público–, que no han
cumplido su deber de investigar eficazmente los casos de homicidios resultantes
de la intervención policial. Las investigaciones penales son a menudo deficientes y
lentas, lo cual da lugar a que no se haga rendir cuentas a los policías implicados.
Cuando una operación policial ocasiona una muerte, sólo es posible determinar si
el uso de la fuerza letal ha sido legítimo o no mediante una investigación inmediata,
ágil, imparcial e independiente.
Durante la investigación para el presente informe, Amnistía Internacional detectó diversos elementos que favorecen la impunidad en las muertes causadas por
agentes de policía. Entre ellos, cabe destacar el tratamiento diferenciado que se
da a los “homicidios resultantes de la intervención policial” frente a los homicidios
en general, y la frecuente modificación de la escena del crimen por parte de los
policías militares, incluso mediante la retirada del cadáver y el intento de falsificar
la presencia de elementos (por ejemplo, armas) que expliquen la “resistencia”.
Asimismo, la aceptación de la versión de los hechos presentada por los policías y la
falta de voluntad de la Policía Civil para investigar los casos contribuyen a perpetuar
el ciclo de impunidad.
El Ministerio Público no está actuando con la debida diligencia ante el elevado
número de muertes causadas por la policía en el estado de Río de Janeiro, no está
cumpliendo su función de ejercer el control externo de la actividad policial y no
ha tomado medidas para garantizar una investigación efectiva de los homicidios
resultantes de la intervención policial.
Al no emprenderse investigaciones adecuadas y no castigarse a los autores de homicidios resultantes de la intervención policial, se está transmitiendo el
mensaje de que las autoridades permiten y toleran esas muertes. El alto grado de
impunidad alimenta la espiral de violencia.
Por otra parte, como no existe un mecanismo eficaz de protección de testigos,
víctimas, familiares y defensores de derechos humanos que denuncian la violencia
policial, las investigaciones salen perjudicadas y ello da lugar a más violencia. En
varias ocasiones, policías militares de Río de Janeiro han intimidado y amenazado a
personas que podrían ayudar a esclarecer los casos ante los tribunales o que deberían recibir reparación por los daños sufridos. Los testigos pueden ser fundamentales para resolver los homicidios resultantes de la intervención policial, pero casi
nunca están dispuestos a prestar declaración formal por miedo a sufrir represalias,
pues no existen mecanismos adecuados para garantizar su seguridad.
Recomendaciones
Al gobierno del estado de Río de Janeiro:
•
•
84
Garantizar que se lleva a cabo una investigación exhaustiva, independiente, ágil e imparcial de todos los homicidios resultantes de la intervención
policial para que, cuando corresponda, los autores comparezcan ante la
justicia y rindan cuentas penalmente.
Ordenar que todos los casos de homicidio resultante de la intervención
policial sean investigados por la División de Homicidios para que se realice
una investigación exhaustiva, independiente, ágil e imparcial.
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Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
•
•
•
•
•
•
•
•
Asignar recursos humanos, económicos y estructurales a la División de Homicidios para que pueda asumir la tarea de investigar con agilidad, eficacia,
independencia e imparcialidad todos los homicidios resultantes de la intervención policial que se cometan en el estado.
Condenar públicamente las violaciones de derechos humanos cometidas
en el contexto de las operaciones policiales y transmitir en público el
mensaje de que no se tolerará el uso innecesario y excesivo de la fuerza
por parte de la policía. Así deben proceder las altas instancias del gobierno, incluidos el gobernador, el secretario de Seguridad Pública y los
miembros del Comando General de la Policía Militar y de la Jefatura de
la Policía Civil.
Fortalecer el Programa de Asistencia a Víctimas y Testigos Amenazados
(PROVITA) y el Programa para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos del estado, de modo que cuenten con recursos materiales, institucionales y económicos que les permitan cumplir eficazmente
sus objetivos.
Ofrecer apoyo psicosocial a todas las víctimas y familiares de víctimas de
violencia policial y asegurar el derecho a una justa reparación que incluya
una indemnización adecuada y garantías de no repetición.
Lograr que la Policía Militar adopte –y haga públicos– protocolos operativos
sobre el uso de la fuerza y de armas de fuego que sean conformes con las
directrices y las normas internacionales, y que organice periódicamente
sesiones de formación para los agentes de la fuerza policial sobre la aplicación de tales protocolos.
Suspender de sus funciones a los policías militares implicados en acciones que hayan ocasionado muertes mientras se llevan a cabo las correspondientes investigaciones. Especialmente en esos casos, el agente debe
recibir apoyo psicológico y formación específica sobre el uso de la fuerza y
de armas de fuego.
Controlar estrictamente el uso de armas de fuego de alta potencia (como
los fusiles) y de armas automáticas durante las operaciones policiales en
favelas y otras zonas urbanas densamente pobladas. Tales armas deberán
emplearse únicamente en circunstancias excepcionales de peligro extremo
y en las que su utilización sea esencial para alcanzar el objetivo legítimo de
cumplimiento de la ley.
Dotar a los agentes de seguridad pública de los medios, las armas y los
equipos necesarios para la aplicación de medidas de fuerza no letal y del
uso progresivo de la fuerza durante las operaciones.
Al Ministerio Público del estado de Río de Janeiro:
•
•
Crear un equipo especial en el Ministerio Público que dé prioridad a los
homicidios resultantes de la intervención policial, concluya sin demora las
investigaciones que aún estén en curso y lleve los casos ante la justicia.
Cumplir su misión constitucional de ejercer el control externo de la actividad policial, promoviendo acciones efectivas destinadas a hacer un seguimiento del uso de la fuerza letal por parte de la policía.
M ATA S T E A M I H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
85
Al gobierno federal:
•
•
•
•
•
Garantizar la adecuada aplicación, en todos los estados federados, de la
Resolución nº 8, de 20 de diciembre de 2008, que establece la eliminación de designaciones genéricas, como “acto de resistencia” o “resistencia
seguida de muerte”, de los registros policiales, partes de incidencia, investigaciones policiales y noticias de los hechos. De esta forma será posible
investigar adecuadamente los homicidios resultantes de la intervención policial y garantizar el examen pericial oficial, la preservación de la escena del
crimen y la participación del Ministerio Público.
Asegurar que todos los homicidios resultantes de la intervención policial –
con independencia de su clasificación– son investigados como homicidios,
y que el cambio de nomenclatura de los registros de los casos no da lugar
a falta de transparencia o pérdida de la información sobre el número de
muertes causadas por policías en el ejercicio de sus funciones.
Poner en marcha, de urgencia, un programa nacional destinado a reducir
los índices de homicidios que incluya metas nacionales y estatales para la
disminución del número de muertes resultantes de la intervención policial.
Promover las medidas necesarias para sistematizar a nivel nacional la información y los datos estadísticos sobre los homicidios resultantes de la
intervención policial y para que todos los estados proporcionen información
periódica sobre el número de personas muertas en operaciones policiales.
Dar plena autonomía e independencia a las Inspecciones de Policía y a las
Defensorías del Pueblo para Asuntos Policiales, así como recursos suficientes para su capacitación y el desempeño satisfactorio de sus funciones.
Al Congreso Nacional:
•
•
•
86
Aprobar el Proyecto de Ley nº 4471/2012, por el que se modifica el Código de Procedimiento Penal y se crean procedimientos encaminados a
garantizar la investigación adecuada de delitos de muerte violenta ocurridos
durante acciones en las que participan agentes del Estado.
Aprobar legislación específica que establezca los parámetros básicos para
la creación, la definición de competencias y el funcionamiento de las Defensorías del Pueblo para Asuntos Policiales en cada estado. Las Defensorías
deberán poseer autonomía presupuestaria y funcional, vigilar la actuación
de los órganos policiales y el cumplimiento de los deberes de sus agentes,
y tener potestad para imponer medidas disciplinarias.
Incorporar a dicha disposición los principios y las normas internacionales
sobre el uso de la fuerza, en particular los previstos en el Código de Conducta de la ONU para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley
y en los Principios Básicos de la ONU sobre el Empleo de la Fuerza y de
Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley.
M ATA S T E A M I H IJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
LISTA DE SIGLAS Y ABREVIATURAS
AU - Acción Urgente
AI - Amnistía Internacional
AISP - Áreas Integradas de Seguridad Pública
ALERJ - Asamblea Legislativa del estado de Río de Janeiro
Antidisturbios - Batallón de Policía Antidisturbios
BAC - Batallón de Acción con Perros
BOPE - Batallón de Operaciones Policiales Especiales
BPM - Batallón de la Policía Militar
CDDPH - Consejo para la Defensa de los Derechos Humanos
CEASA - Centro de Distribución de Alimentos
CIDH - Comisión Interamericana de Derechos Humanos
CORE - Coordinadora de Recursos Especiales
CPP - Código de Procedimiento Penal
DATASUS - Departamento de Informática del Sistema Único de Salud
DF - Distrito Federal
DG - Douglas Rafael da Silva
DHPP - Departamento de Homicidios y Protección a la Persona
DP - Comisaría de Policía
Draco-IE - Comisaría de Represión de la Delincuencia Organizada e Investigaciones Especiales
ECA - Estatuto del Niño y del Adolescente
FLACSO - Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
GAM - Grupo Aeromóvil
GPAE - Grupo Policial para Áreas Especiales
IBGE - Instituto Brasileño de Geografía y Estadística
IML - Instituto Médico Forense
IPEA - Instituto de Investigación Económica Aplicada
IPP - Instituto Municipal de Urbanismo Pereira Passos
ISER - Instituto de Estudios Religiosos
ISP - Instituto de Seguridad Pública
MP - Ministerio Público
OEA - Organización de los Estados Americanos
OMS - Organización Mundial de la Salud
ONU - Organización de las Naciones Unidas
PIDCP - Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
PM - Policía Militar
PNUD - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
PROVITA - Programa de Asistencia a Víctimas y Testigos Amenazados
RJ - Río de Janeiro
SENASP - Secretaría Nacional de Seguridad Pública
SIM - Sistema de Información sobre Mortalidad
UPA - Unidad de Atención Urgente
UPP - Unidad de Policía Pacificadora
M ATA S T E A MI H I J O
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
87
LISTA DE TABLAS, GRÁFICOS Y MAPAS
Tablas
Tabla 1: Tasa de homicidios de jóvenes cometidos en 2012 en varias capitales
brasileñas – p. 10
Tabla 2: Número de agentes de las policías civil y militar muertos estando de
servicio en el estado de Río de Janeiro entre 2005 y 2014 – p. 32
Tabla 3: Lista de casos registrados como “homicidios resultantes de la intervención policial” en Acari en 2014 – p. 42
Tabla 4: Evolución de los procedimientos administrativos por “homicidio resultante de la intervención policial” en la ciudad de Río de Janeiro en 2011 – p. 67
Gráficos
Gráfico 1: Número de “homicidios resultantes de la intervención policial” por
región del estado de Río de Janeiro entre 2005 y 2014 – p. 32
Gráfico 2: Número de muertes violentas intencionales y “homicidios resultantes
de la intervención policial” en la ciudad de Río de Janeiro entre 2010 y 2014
– p. 33
Gráfico 3: Número de “homicidios resultantes de la intervención policial” en
2014 por batallón de la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro – p. 33
Gráfico 4: “Homicidios resultantes de la intervención policial” por sexo en la
ciudad de Río de Janeiro entre 2010 y 2013 – p. 34
Gráfico 5: “Homicidios resultantes de la intervención policial” por raza/color en
la ciudad de Río de Janeiro entre 2010 y 2013 – p. 34
Gráfico 6: “Homicidios resultantes de la intervención policial” por franja de edad
en la ciudad de Río de Janeiro entre 2010 y 2013 – p. 34
Gráfico 7: “Homicidios resultantes de la intervención policial” en el estado de
Río de Janeiro, en la ciudad de Río de Janeiro y en determinados distritos de la
capital en 2014 – p. 41
Mapas
Mapa 1: Brasil/estado de Río de Janeiro/Zona Norte del municipio de Río de
Janeiro/ACARI – p. 14
Mapa 2: Homicidios resultantes de la intervención policial en el estado de Río
de Janeiro entre 2005 y 2014 – p. 31
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M ATA S TE A M I HIJO
Homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro
cAmPAñA JovEn nEGro vIvo
En 2012, 56.000 personas fueron asesinadas en brasil. de éstas, 30.000
son jóvenes entre 15 y 19 años, y de ese total, 77% son negros. la mayoría
de los homicidios son practicados por armas de fuego, y menos del 8%
de los casos llegan a ser juzgados.
A pesar de los altos índices de homicidio de jóvenes negros, el tema
es en general tratado con indiferencia en la agenda pública nacional.
las consecuencias del prejuicio y los estereotipos negativos asociados a
estos jóvenes y a los territorios de las favelas y las periferias deben ser
ampliamente debatidas y repudiadas.
con el objetivo de movilizar la sociedad y romper con la indiferencia,
Anistia Internacional brasil lanzó el año pasado, la campaña Joven
negro vivo.
conozca la campaña en el sitio anistia.org.br. ¡Participe!
AMR 19/2068/2015
Agosto de 2015
anistia.org.br
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