SALARIOS DE TRÁMITE: DESCUENTO DE LAS

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SALARIOS DE TRÁMITE: DESCUENTO DE LAS REMUNERACIONES POR
NUEVO EMPLEO
La Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya estima el recurso al considerar que el concepto “nuevo empleo” del artículo 56.1 del Estatuto de los Trabajadores,
en atención a que los salarios de trámite vienen a indemnizar la pérdida de ingresos entre el despido y la fecha de la sentencia que declare su improcedencia, no debe interpretarse literalmente,
de modo que abarque los servicios prestados por cuenta propia, así como los empleos (o servicios
por cuenta propia) anteriores al despido, en la parte en que se vean incrementados a partir del
mismo, pues todo ello ya compensa los ingresos perdidos por el despido (o parte de ellos), minorando el perjuicio a indemnizar. En el presente caso la empresa no demuestra un incremento en
los ingresos del actor por los servicios por cuenta propia que prestaba simultáneamente con el
empleo que perdió (cuantía que, por otra parte, corresponde determinar en la fase de ejecución).
ANTECEDENTES DE HECHO:
El actor, trabajador por cuenta ajena y, simultáneamente, por cuenta propia, fue despedido por la
empresa para la que prestaba los primeros servicios. Tras interponer demanda por despido, en el
fallo de cuya sentencia se declara la improcedencia del mismo, con derecho al percibo de los salarios de trámite, deducidos los ingresos obtenidos por los servicios prestados por cuenta propia
entre el despido y la sentencia, interpone recurso para que no se detraigan, de los salarios de tramitación, estos últimos ingresos.
TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DE CATALUNYA
Sala de lo Social: Sentencia núm. 1.865, de 8.Marzo.2007.
Ponente: Ilma. Sra. Doña María Pilar RIVAS VALLEJO.
JUzgado de lo Social núm. 1 de Lleida.
Sentencia de 4.Abril.2006: Estimatoria de la demanda.
Normativa:
Artículo 56.1.b) Estatuto de los Trabajadores.
PRIMERO Contra la sentencia que estima la demanda en reclamación por despido disciplinario,
interpone el propio actor recurso de suplicación, que basa en los apartados b) y c) del artículo 191
de la Ley de Procedimiento Laboral, a fin de modificar la fecha de antigüedad en la empresa y el
alcance de los salarios de tramitación, que la citada resolución limita al aplicar el descuento correspondiente a actividad por cuenta propia simultaneada por aquél durante el periodo de tramitación del recurso y con anterioridad con el empleo del que deriva el presente pleito.
Articula el actor sendos motivos, que dedica a la revisión del relato de hechos probados y del
derecho aplicado por la juzgadora a quo, en relación con el cual efectúa denuncia de la infracción
de los artículos 3.5, 8.1, 9, 15.3 y 49.1 del Estatuto de los Trabajadores, en relación con el artículo
6.4 del Código civil y artículos 35.1 y 40.1 de la Constitución española; y en segundo lugar del art.
56.1 b) del Estatuto de los Trabajadores.
SEGUNDO Solicita en primer lugar el recurrente la revisión del relato fáctico, en concreto la fecha
de antigüedad en la empresa, que afirma ser la de 7 de julio de 1986, en lugar de la de 27 de julio
de 1989 señalada en la sentencia.
Ampara dicha pretensión en prueba documental que corresponde a la propia autoría del actor,
así como a la redacción de la sentencia recurrida. Así pues, es obvio que no estamos ante prueba
eficaz a los efectos pretendidos, puesto que se trata en primer lugar de las propias alegaciones del
autor, vertidas en un escrito de contestación al Ayuntamiento demandado, que por sí mismas no
pueden servir para acreditar cuanto alega el actor, ya que existe una identidad entre ambos documentos, en cuanto los dos contienen afirmaciones realizadas por el actor, que, al no venir soportadas por otra base probatoria, no pueden alcanzar consideración mayor que la de alegaciones de
parte. A través de este singular medio de prueba que el recurrente pretende precisamente convertir
en medio probatorio se efectúa una conexión entre ambas fechas que en todo caso precisaría de
una elaboración jurídica que sólo corresponde efectuar en sede de razonamientos jurídicos, mas
no en el presupuesto fáctico de los mismos, pues plantear tal identidad requiere de la pertinente
argumentación jurídica mediante la cual, en virtud de la legislación aplicable, pueda inferirse que la
antigüedad en la prestación de los servicios en una empresa se vincule a la primera de las prestaciones laborales que pudieran haberse efectuado, con independencia de la existencia de interrupciones temporales sin vínculo contractual, como es el caso de autos.
Finalmente, el tercer punto de apoyo de la revisión solicitada es la certificación expedida por la
Tesorería General de la Seguridad Social, en la que se da cuenta de los periodos de alta con la
demandada. Sin embargo, las mismas razones que acaban de exponerse para el rechazo de tal
pretensión han de servir para fundamentar este último motivo conducente a la denegación de dicha
solicitud, puesto que dichos periodos sólo evidencian la existencia de una serie de periodos de
servicios para la demanda, mas no que la antigüedad haya de remontarse a la fecha solicitada,
pues ello requeriría de una construcción jurídica que corresponde realizar al amparo del art. 191 c),
y no del apartado b), de la LPL.
En consecuencia, no puede estimarse el motivo, dedicado y reservado a la revisión fáctica.
TERCERO La segunda de las pretensiones revisorias solicita se introduzca en el hecho probado
decimosexto nuevo pasaje que indique, a continuación de “el Sr. Matías ha compatibilizado el trabajo de asalariado del Ayuntamiento de Solsona y de autónomo durante los últimos años” que “la
cantidad recibida por el Sr. Matías durante el año 2005 se encuentra en la misma línea de ingresos
que la mantenida por aquél en los años 2003 y 2004”. De nuevo se basa el recurrente para apoyar
su pretensión en documentos de su propia autoría, correspondientes a sus propias alegaciones,
por lo que como tales han de tomarse, y rechazarse la pretensión revisoria. Por otra parte, tampoco los términos en los que se expresa la redacción de los hechos probados de la sentencia han de
servir a los mismos efectos, pues no se trata de prueba hábil a tenor del art. 191 b) LPL para obte-
ner una redacción alternativa de los mismos.
El motivo, por tanto, ha de desestimarse.
CUARTO La primera de las censuras jurídicas dedicadas a combatir el fallo de la sentencia se
opone a la antigüedad fijada en la misma, que afirma ser tres años anterior a la que se toma como
referencia en aquélla.
La diferencia entre ambas fechas se basa en la falta de cómputo del periodo comprendido entre julio de 1986 y julio de 1989, al existir un periodo intermedio de veinte días entre la última de las
fechas y la de la nueva contratación de la que parte el cómputo de la antigüedad acogido por la
magistrada a quo. Razona la misma que no procede el cómputo de ese primer periodo, en tanto
corresponde a un contrato cuya naturaleza no consta, como tampoco se ha alegado en el acto del
juicio el posible carácter fraudulento de la segunda contratación, que impide asimismo efectuar esa
conexión y retroacción del mencionado cómputo al primero de los periodos solicitados.
Insiste el actor en que en supuestos como el de autos debe efectuarse el cómputo de antigüedad desde la primera contratación que ha resultado fraudulenta por encadenamiento de contratos
temporales sin causa (sin causa de temporalidad). Sin embargo, no efectúa alusión alguna al presupuesto de base para efectuar dicha operación jurídica, que es la naturaleza laboral de las sucesivas contrataciones con la misma empleadora, como señala la magistrada de instancia, pues dicho extremo no se aportó ni acreditó en el acto del juicio, como tampoco se alegó el supuesto
fraude en la contratación temporal que deba catalizar el resultado solicitado. En consecuencia, no
puede acudirse a la doctrina a la que apela el recurrente, sin tener constancia de la naturaleza de
ese primer vínculo contractual, al no haberse intentado la acreditación del mismo, ni ser por ello
deducible ni por la juzgadora a quo ni por este tribunal, en virtud del principio dispositivo y el
respeto del derecho de defensa de la demandada.
El motivo, por consiguiente, debe ser desestimado.
QUINTO El segundo de los motivos de censura jurídica combate el cálculo de los salarios de tramitación realizados en la sentencia impugnada, en la que se efectúa descuento de los ingresos
percibidos durante la sustanciación del presente proceso por el actor en calidad de trabajador autónomo. Se opone a ese descuento el recurrente argumentando que la finalidad indemnizatoria
que persiguen los salarios de trámite atiende al perjuicio causado por la privación de empleo que
supone el despido declarado improcedente al trabajador, que se ve así igualmente privado del salario que habría percibido de no haber tenido efecto dicha extinción contractual instada de forma
improcedente. Y por tanto, se vincula a la privación del empleo y únicamente se excepciona cuando esta pérdida no se produce, al iniciar posteriormente el trabajador una nueva relación de trabajo. Sin embargo, sostiene, no es éste el caso, puesto que el actor no ha encontrado nuevo empleo,
en este caso por cuenta propia, tras el despido, sino que se ha limitado a mantener una actividad
por cuenta propia que ya venía realizando con anterioridad, que no se ha visto alterada por la pérdida del empleo por cuenta ajena, ya que la dedicación e ingresos por aquélla obtenidos ha permanecido invariable. Ergo la pérdida a la que se refiere el art. 56.1 b) ET sí ha existido efectivamente, al no verse compensada por el incremento de la dedicación e ingresos de esa actividad
paralela por cuenta propia.
Para dar respuesta a dicha pretensión, con carácter previo debe traerse a colación el sentido
del precepto invocado y la doctrina jurisprudencial que lo viene interpretando, de la que puede obtenerse el criterio hermenéutico que ha de guiar la solución al supuesto planteado.
En primer lugar, el precepto citado, art. 56.1 b) ET, indica que corresponderá al trabajador en
caso de despido improcedente en todo caso una cantidad igual a la suma de los salarios dejados
de percibir, desde la fecha del despido hasta la de la resolución por la que se declare aquél improcedente, con descuento de los ingresos obtenidos por un nuevo empleo.
En cuanto a la jurisprudencia, entre las más recientes, la Sentencia del Tribunal Supremo (sala
social) de 1 de marzo de 2004, dictada en el recurso de casación para la unificación de doctrina
núm. 4846/2002, ha mantenido lo siguiente:
“... esta Sala con cita de la doctrina recogida en su sentencia de 30 de abril de 1990, señala
que «1.-Los salarios llamados de tramitación se refieren al caso ordinario de que el trabajador, que
pretende la continuación de la relación laboral y se encuentra en situación de poder realizar su
trabajo y en disposición de hacerlo, se ve privado del salario correspondiente por voluntad unilateral del empresario, y su reconocimiento trata de compensar los daños sobrevenidos durante la
sustanciación del proceso. De aquí deriva que no se tiene derecho a los salarios de trámite cuando, simultáneamente, se perciben otros –y en la cuantía en que se perciben– por la realización de
otro trabajo (artículo 56.1 .b) del Estatuto o está suspendido el contrato de trabajo (artículo 103
último párrafo de la Ley de Procedimiento Laboral ) o cuando a pesar de ser requerido a prestar el
trabajo durante la sustanciación del proceso el trabajador se niega a ello (artículo 227 del último
texto legal citado, “contrario sensu”). 2.-La finalidad, pues, de los preceptos citados, es no perjudicar al trabajador, que cesado ilegalmente en su puesto de trabajo, pretende seguir en el desempeño del mismo».
(...)
En el supuesto de autos ... se dan los presupuestos que establece el artículo 56.1.b) del Estatuto de los Trabajadores y, la doctrina de unificación antes aludida, para que proceda la deducción
de la cantidad percibida por el desempeño de otro empleo en el tiempo al que se tienen derecho a
los salarios de tramitación, lo que no puede ser desvirtuado, en base al razonamiento de la sentencia combatida de que «el actor pudo compatibilizar ambos supuestos», pues el precepto legal
es claro y terminante en el sentido de aludir a «otro empleo si tal colocación fuese anterior a dicha
sentencia y se probase por el empresario lo percibido, para su descuento de los salarios de tramitación». Lo que también resulta de la sentencia de contraste que es la de este Tribunal de 22 de
marzo de 1999 al señalar que dentro del concepto de empleo o colocación a que alude el artículo
56.1 .b), cabe incluir no sólo al trabajador que presta sus servicios por cuenta ajena sino también al
que los efectúa por cuenta propia, pues «la solución que ha de darse a la cuestión planteada debe
estar en armonía con la naturaleza de los salarios de tramitación que están concebidos como cantidad de dinero a percibir como reparación de la falta de ingresos del trabajador, durante la tramitación de un proceso que concluye con la declaración de improcedencia o nulidad de su despido. De
aquí, que, si durante la citada tramitación, el trabajador ha conseguido ingresos por vía de empleo
o colocación en otra empresa, el artículo 56 del Estatuto de los Trabajadores autoriza el descuento
correspondiente de esos salarios. No hay razón, pues, dada la finalidad de los salarios de tramitación, para seguir una interpretación literal del precepto citado y debe extenderse su contenido, a
los supuestos en que el actor consigue durante el período de tramitación unas retribuciones debidas, como ocurre en el presente caso, a su actividad como trabajador por cuenta propia. Son por
tanto válidos los argumentos dados por las sentencias de esta Sala de 19 de mayo de 1994 y 13
de mayo de 1991. En esta última se indica que “la figura de los salarios de tramitación o salarios
de trámite tiene una evidente y clara naturaleza indemnizatoria, pues con ellos se pretende, tanto
en los despidos nulos como en los improcedentes, compensar al trabajador uno de los perjuicios
que para él se derivan del hecho del despido, cual es el no percibir retribución alguna desde la
fecha de tal despido y durante la sustanciación del proceso correspondiente; por ello, si el trabajador de que se trate ha trabajado para otra empresa en todo o parte de ese lapso de tiempo y ha
cobrado la pertinente remuneración, es obvio que, en cuanto al montante de ésta, no ha existido
perjuicio alguno; y si no hay perjuicio, no puede haber tampoco resarcimiento. Así pues, en estos
casos desaparece la ‘ratio legis’, el fundamento esencial que justifica la existencia de la obligación
de satisfacer los salarios de tramitación; y al desaparecer la causa que la justifica y genera, esta
obligación no puede existir, al menos en la cuantía coincidente”».
La doctrina a la que acaba de aludirse sienta, de acuerdo con lo dispuesto en el art. 56.1 b) ET,
que la percepción de retribuciones o ingresos durante la tramitación del proceso por despido motiva su descuento de la cuantía total de los salarios de tramitación a percibir (por lo que si ésta fuera
superior procederá el percibo de la correspondiente diferencia, pues en ésta quedará fijado el perjuicio experimentado y por tanto indemnizable), tanto si dicha actividad es por cuenta ajena como
si ha sido por cuenta propia, aun cuando la literalidad del precepto alude sólo a un posible “empleo” y por consiguiente a un trabajo por cuenta ajena, pues dicha literalidad no obedece sino al
supuesto general para olvidar el caso menos habitual, la actividad por cuenta propia tras un empleo por cuenta ajena.
Ahora bien, ni del precepto en cuestión ni de la citada doctrina cabe deducir que el perjuicio no
siga existiendo en el caso al que se refiere el presente pleito, y ello por las siguientes razones. La
norma alude a un “ nuevo empleo ” , puesto que éste es el que puede reparar el perjuicio
que puede experimentar el trabajador con la pérdida del anterior, y en tal sentido debe excluirse la
literalidad del precepto para entender que se trata de valorar si en efecto ha existido dicho perjuicio, por lo que resulta irrelevante que los nuevos ingresos procedan de un trabajo asalariado o autónomo, mientras el presupuesto de hecho sea idéntico, esto es, la pérdida de dicha fuente de ingresos. En el supuesto enjuiciado dicho “empleo” (al que se asimila la actividad por cuenta propia) no es posterior al despido, como exige el art. 56.1 b) ET, sino anterior. Ahora bien, de nuevo
ha de excluirse la literalidad del precepto para acoger la interpretación que se ajuste al fin teleológico de la norma, que es calibrar el perjuicio sufrido por el trabajador, de suerte que si dicha actividad fuera preexistente pero igualmente experimentara una variación asimilable a “un nuevo empleo”, debería deducirse la misma consecuencia. Así, si se hubiera incrementado la dedicación, el
nivel de ingresos, etc., estaríamos ante la excepción que permitiría excluir dichos nuevos ingresos
de la cuantía de los salarios de tramitación, pues este incremento o nuevos ingresos sí reparan el
perjuicio causado por el despido al trabajador. Por consiguiente, en este caso procedería igualmente el descuento, pero sería preciso que efectivamente esta variación o incremento se hubiera
producido.
Dicho lo anterior, procede determinar si estamos ante este caso o si por el contrario ha existido
un efectivo perjuicio por cuanto sí se ha producido una pérdida de ingresos procedentes del trabajo
como consecuencia del despido.
Por el contrario, la juzgadora a quo considera que no se ha producido perjuicio alguno en
cuanto el actor ha seguido percibiendo los ingresos procedentes de su actividad por cuenta propia
que venía compatibilizando con el trabajo asalariado para la demandada, y en consecuencia efectúa el descuento directo de todos los ingresos, tomando como referencia los anteriormente percibidos por el periodo en el que éstos constan, y por cálculo aproximativo el resto, acudiendo al criterio
del salario mínimo interprofesional, ante el vacío probatorio correspondiente a dicho último periodo
y a fin de evitar la prueba diabólica por parte del propio actor respecto a sus efectivos ingresos, por
considerar más ajustado a Derecho el empleo analógico de tal baremo (el SMI).
Sin embargo, la empresa, a quien correspondía acreditar el montante de tales ingresos, no ha
probado dicho incremento, es decir, que los ingresos fueran superiores a los que venía percibiendo
con anterioridad, ni ha intentando prueba al efecto ni ha solicitado para mejor proveer diligencia
tendente a dicha averiguación, como es la relativa a ingresos a efectos fiscales o las bases de cotización a la Seguridad Social, por lo que no puede darse por acreditado que hayan sido superiores
y que por tanto no exista el perjuicio que indemniza el art. 56.1 b) ET, pero del mismo modo no se
trata de extremo que corresponda acreditar en el acto del juicio, sino en trámite de ejecución de
sentencia, momento procesal oportuno para dilucidar dicha cuestión, por lo que la misma ha de
quedar reservada para el citado trámite, donde cabrá desplegar actividad probatoria completa por
quien interese dicho descuento a fin de su exacta determinación, y sin que proceda pronunciamiento definitivo en esta fase del procedimiento acerca de las cuantías exactas que deban detraerse de los salarios de tramitación devengados.
En suma, procede la estimación del recurso en el sentido expuesto, es decir: a) para declarar
que no procede sin más el descuento de cuantía equivalente al salario mínimo interprofesional por el mantenimiento de actividad por cuenta propia
previa al despido, sino únicamente en el supuesto de que tal actividad
autónoma anterior se haya visto incrementada, y por tanto los ingresos
procedentes de la misma, tras dicha fecha; y b) para declarar que corresponde
determinar dicha cuantía exacta en distinto momento procesal al de la calificación del despido por sentencia: es decir, a la fase de ejecución,
donde efectivamente habrá de desplegarse la actividad probatoria encaminada a la correcta cuantificación de las cantidades que hayan de descontarse de los salarios de tramitación devengados.
La estimación del recurso en el sentido indicado determina que no proceda la imposición de
costas a la recurrente, por aplicación del art. 233 LPL.
VISTOS los preceptos legales citados, los concordantes y demás de general y pertinente aplicación,
FALLAMOS
Que, con estimación del recurso de suplicación interpuesto por D. Matías contra la sentencia
de fecha cuatro de abril de 2006 del Juzgado de lo Social núm. 1 de los de Lleida, recaída en el
procedimiento núm. 443/2005, seguido a instancia del ahora recurrente frente al Ayuntamiento de
Solsona, sobre despido, debemos revocar y revocamos dicha resolución, para mantener los pronunciamientos de la misma salvo en cuanto respecta a la cuantía de los salarios de tramitación,
que deberá determinarse en fase de ejecución de sentencia.
Contra esta Sentencia cabe Recurso de Casación para la Unificación de Doctrina que deberá
prepararse ante esta Sala en los diez días siguientes a la notificación, con los requisitos previstos
en los números 2 y 3 del Artículo 219 de la Ley de Procedimiento Laboral.
Notifíquese esta resolución a las partes y a la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, y expídase testimonio que quedará unido al rollo de su razón, incorporándose el original al
correspondiente libro de sentencias.
Así por nuestra sentencia, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.
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