RESCATE DEL PASADO

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RESCATE DEL PASADO
México, país joven, es vieja morada del hombre. La casualidad y el trabajo
se han aliado con frecuencia para propiciar los hallazgos que han permitido
establecer las edades y la fisonomía del pasado. Los datos son manipulados
por el investigador que se auxilia de los más precisos medíos científicos, y
así la conciencia nacional va transitando del mito a la historia como disciplina
rigurosa. No es posible entender el presente ni planear el futuro si se ha
perdido la noción del devenir. Recuperarla -o rectificarla- ha sido para los
mexicanos tarea lenta e incesante.
El 4 de febrero de 1870, cuando se canalizaba el desagüe de la capital en el
Tajo de Tequixquiac, se encontró un hueso sacro de llama, labrado para simular
una figura animal, al que se atribuye una antigüedad mínima de once a doce
mil años, con un margen de tres o cuatro milenios hacia atrás. Este hueso, que
los especialistas suponen el vestigio más remoto de la presencia humana en
territorio de Mesoamérica, apareció en capas del Pleistoceno junto con otros
instrumentos que cumplían la función dual de lo utilitario y de lo estético.
En 1945, cuando se edificaba un hospital de incurables en Tepexpan, lugar
próximo a la Ciudad de México, un albañil puso al descubierto huesos
fosilizados que los prehistoriadotes reconocieron como de mamut. Junto
al cráneo se halló una lasca de obsidiana con evidencia de uso, de donde
resultaba lícito suponer no sólo la existencia del hombre en la vecindad del
mastodonte sino también la lucha entre ambas especies. La teoría se convirtió
en certidumbre al encontrarse unos restos a los que se denominó “el hombre
de Tepexpan”, aunque después se haya comprobado que pertenecían a una
mujer sexagenaria. Esta fue, quizá, miembro de una tribu que detuvo ahí su
largo peregrinaje, comenzado diez mil años antes más allá del estrecho de
Bering.
Sin embargo, el asentamiento de núcleos humanos
numerosos, el paso de la forma de vida nómada a la
sedentaria, fue un fenómeno que ocurrió hasta que logró
desarrollarse la agricultura.
Las culturas de América son culturas del maíz, a diferencia
de las europeas, cuyo cereal es el trigo, y de las asiáticas,
que se fundan en el arroz. Otra característica distintiva
del habitante de estas latitudes es la preponderancia que
concedió a la domesticación del mundo vegetal, mientras
en otros continentes se afanaban más por la domesticación
de los animales.
El primitivo agricultor se agrupó en aldeas. Allí, en un
medio de relativa abundancia y seguridad, surgieron las
actividades artesanales y los rudimentos del comercio.
El intercambio, confinado primero a áreas muy limitadas,
fue extendiéndose cada vez más y poniendo en contacto
tribus de origen distante y de hábitos diferentes. Estas
circunstancias se conocen con cierto detalle gracias a
otra casualidad favorable. En 1940 la capital mexicana,
en proceso de expansión, exigió mayor consumo de
tabiques y en sus alrededores surgieron varías fábricas de
ladrillos. En una de ellas -Tlatilco- se encontraron objetos
que revelaban un intenso tráfico mercantil entre pueblos
ubicados desde el sur de Canadá hasta el Perú. En esa
misma zona aparecieron figuras que representaban, según
palabras de Miguel Covarrubias, “a personajes gordos, de
rasgos extraordinariamente mongoloides y con gruesas
bocas displicentes”. Eran los olmecas.
autorizados no vacilan en atribuirles la invención del papel,
de la escritura, de los sellos, del cincel. La cultura olmeca
parece ser la cultura madre. Con el transcurso de los
siglos todas las tentativas dispersas de asentamiento en
un vasto territorio se concentraron en una urbe central:
Teotihuacan. Sus habitantes erigieron pirámides enormes,
palacios comunicados por grandes avenidas a las que no
faltaba ni pavimento ni drenaje. Todavía puede apreciarse
la refinada fruición de la riqueza, la complejidad del arte
y del pensamiento, el aplauso tributado a la habilidad del
técnico, la reverencia guardada al conocimiento esotérico
del sacerdote. Cuando Teotihuacan fue abandonada, la
naturaleza recuperó su dominio y el páramo cubrió las
edificaciones. Durante la colonia permaneció oculto en su
apariencia montosa el templo y la labor de reconstrucción,
iniciada en los albores de este siglo, aún no termina.
Sin embargo el esplendor teotihuacano, aunque no
total, puede ser contemplado por el observador
contemporáneo. Con regularidad se presentan en esa
zona arqueológica espectáculos de luz y sonido que
tienen como escenario la pirámide llamada del Sol, que
alcanza una altura de sesenta y cinco metros y que mide
en su base 224 por lado. Y la pirámide de la luna que se
eleva cuarenta y dos metros sobre un rectángulo de 120
por 150. Quien asiste puede escuchar el relato de un mito
indígena según el cual Teotihuacan, sitio de reunión de los
dioses, era también lugar en que se elegía a la deidad que
iba a ser sacrificada para convertirse en astro vivificador.
En 1968, la recepción en este sitio, del Fuego Olímpico,
simbolizó la esperanza universal en la supervivencia de la
Una búsqueda intensa y azarosa permitió a Covarrubias humanidad.
localizar las ciudades olmecas: en las costas del Golfo de Cientos de kilómetros al sureste, en plena selva, ocurrió
México. De ellas sólo quedaba la escultura: unas cabezas paralelamente al teotihuacano el florecimiento de otro
gigantescas de basalto y pequeñas estatuillas, no tan pueblo: el maya. Las ciudades de quienes constituyeron
impresionantes pero si más reveladoras. Por ejemplo, la el “Antiguo Imperio” se localizan en Honduras, Guatemala
que retrata a un hombre desnudo, gordinflón y calvo, en y Chiapas: Allí, en el momento de su apogeo, llegaron
cuyo vientre el tallador grabó
a contarse hasta tres millones de habitantes unidos por
una misma religión, una ciencia, un arte, una técnica
Un número, que, convertido a los términos del y una política. Uaxactún, Tikal, Quiriguá y Palenque
calendario gregoriano, dio la fecha de 98 años antes han opuesto, a la erosión de los siglos y a la voracidad
de Cristo. La astronomía, el cálculo del tiempo, fueron de la jungla, un material en que se plasmaron formas
unas de las más antiguas y fructíferas devociones del que muestran su opulencia. Pero el significado de los
hombre mesoamericano. A pesar de la multiplicidad de jeroglíficos aún aguarda su desciframiento. Cuando éste
hallazgos arqueológicos en la zona pantanosa del Estado ocurra se conocerán las creencias en que se apoyaron
de Tabasco, los olmecas continúan siendo un enigma los hombres mayas, qué ambiciones los movieron, qué
para los investigadores. Se ignora de dónde vinieron y catástrofes los dispersaron. No es fácil admitir que se deje
no se ha podido encontrar testimonios que permitan atrás, a merced de la destrucción, el producto de tanto
reconstruir su evolución. No obstante, muchos criterios esfuerzo humano acumulado.
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Lo que más destaca en la fisonomía de las ciudades
mayas es su carácter de observatorio astronómico. De la
contemplación del cielo se alimentó la matemática. Esta
se aplicaba, fundamentalmente, al cálculo del tiempo; y el
conocimiento de éste a la práctica de la agricultura. Así los
mayas idearon un sistema calendárico muy preciso que
dividía el año en 18 meses de veinte días cada uno, con
un lapso complementario de cinco. En bien de la exactitud
se hacia un ajuste periódico semejante al año bisiesto que
rige ahora, pero más aproximado en un diezmilésimo de
día. La noción sobre la que descansaba esta compleja
estructura era la W cero, ideada por los mayas mucho
antes de que los árabes la divulgaran entre los científicos
de Europa. El tiempo -el fugitivo-, quedó aprisionado en
una red numérica que abarcaba 23 millones de años.
subterráneamente, alimentados por copiosas lluvias y
filtraciones al través de la permeabilidad de la roca caliza.
En algunos hundimientos, las corrientes ocultas saltan para
formar pozos naturales. A éstos se les llamó cenotes y por
lo general fueron el corazón de una ciudad. Los primeros
habitantes de Chichén Itzá saciaron su sed con las aguas
emanadas de un cenote circular. Pocos años después
la ciudad fue abandonada por razones enigmáticas.
Sus 75 mil habitantes caminaron hacia otros rumbos y
cuando volvieron, cuatrocientos años después, el agua
del gran depósito ya no era potable. Lo convirtieron
entonces en un lugar sagrado al que arrojaban ofrendas
y víctimas. La leyenda magnificó la riqueza de tales actos
propiciatorios en honor de las divinidades de la lluvia. Muy
posteriormente, las investigaciones fueron acicateadas más
por la ambición de lucro que por el afán de conocimiento.
Pero el-tiempo no era una abstracción vacía. Era el El saqueo ha impedido conocer piezas clave para armar
vehículo de la vida: todo lo acontecido, lo presente y lo el rompecabezas que hasta ahora continúa siendo la
predecible quedó escrito en estelas en las que el signo arqueología maya. Este gran horizonte no tiene paralelo
tiene, igualmente, un valor ornamental.
con ningún otro del Continente, ni por el número de sus
vestigios, ni por la extensión de la zona que abarca, ni por
La arqueología brinda también noticias de la fiereza y el la importancia de los secretos que reserva.
rigor de las batallas, la celebración de la victoria y el lujo
palaciego. El testimonio se halla en las pinturas murales En el Valle de México, mientras tanto, unas culturas
de Bonampak, descubiertas en 1946. Allí comparecen el avasallaban a las otras y las asimilaban, o se superponían
prisionero torturado y suplicante, la víctima inmolada, los entre sí. A los teotihuacanos sucedieron los toltecas,
capitanes triunfantes. El ejército era el dintel de piedra, palabra que llegó a ser sinónimo de artistas. Su capital fue
como diría el poeta Xahil, que sostenía el gracioso edificio Tula, ciudad perdida y encontrada hasta 1943 y que ostenta
de la corte con sus hombres refinados, sus mujeres varios gigantescos atlantes tallados en piedra. Otra de sus
que contemplaban -desde la impavidez de la belleza- la creaciones singulares fue Cholula, donde los españoles
crueldad de los vencedores y el dolor de los vencidos; levantaron 39 templos católicos en correspondencia a
las ancianas, cuyo último placer era la gula; los esclavos un número igual de adoratorios y templos indígenas.
de rodillas, los músicos y los oficiantes. La armonía de la Los toltecas fueron desplazados por los mexicas, los
composición, el equilibrio y la variedad de las figuras, la más vigorosos y agresivos del mundo precolombino
riqueza, del colorido y la minucia del detalle revelador mesoamericano. En una isla del lago Mayor, en el valle
hacen de Bonampak un monumento y un documento.
de México, edificaron una ciudad con avenida de tierra
y agua: Tenochtitlan, cuya hegemonía llegó a abarcar
Tampoco tiene par, hasta ahora, el hallazgo hecho en gran parte del territorio actual del país y aun a desbordar
1949 en el Templo de las Inscripciones de Palenque, cuyo algunas de sus actuales fronteras, El impulso que animó a
interior es una fastuosa cámara mortuoria. ¡Ahí reposan este pueblo fue esencialmente religioso, pero su manera
los restos de un hombre de mediana edad sepultado en más directa de manifestarse fue la guerra y lo que a lo largo
un sarcófago de piedra de más de 20 tonelada!
mantuvo su dominio fue el desarrollo y la intensidad-del
comercio.
Los grandes centros ceremoniales y las pequeñas aldeas
del Antiguo Imperio habían quedado sin amparo porque LA CIUDAD DE MEXICO: TESORO ARQUEOLOGICO
ahora los mayas se ocupaban de erigir Chichén Itzá, lejos
INAGOTABLE
de la selva, en la árida península de Yucatán.
Allí no existen otros (los que los que corren
La famosa, la grande, la antigua Tenochtitlan ha sufrido,
a lo largo de los siglos, varias metamorfosis. Ahora se le
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conoce como la Ciudad de México, capital del país. Pese
a estar asentada sobre extensas zonas arqueológicas, la
metrópoli no se ha paralizado, pero su dinamismo no
debe confundirse ni con el desprecio ni con el olvido
del pasado en aras de la actualidad. Todos los días sus
entrañas son perforadas para cimentar nuevos edificios,
tender ductos, abrir túneles o construir pasos a desnivel.
Pero junto al albañil vigila el arqueólogo: con “delicados”
instrumentos explora, rescata, identifica, sitúa. El horizonte
histórico se amplía, se enriquece con detalles, se clarifica
y se valora gracias a las exigencias que la vida actual nos
impone continuamente.
Cerca del canal construido para las regatas olímpicas está
Xochimilco. Sus habitantes practicaron un peculiar sistema
de cultivo intensivo, que propició el auge agrícola de la
zona lacustre. La chinampa consiste en un terreno artificial
asentado en el lago sobre una estructura de estacas; la
longitud varía, pero la anchura es siempre la misma para
permitir que la humedad penetre equilibradamente por
ambos costados. Se rellena, para mantenerla a un nivel
constante, con lodo extraído del fondo lacustre y el
rendimiento que se logra de esta manera es igual al de
los cultivos de laboratorio. La chinampa fue la única forma
de la tecnología precolombina que subsiste aún ahora sin
haber sufrido ninguna modificación apreciable. Los canales
El conjunto habitacional más grande se levanta en un barrio de Xochimilco, las lanchas y los árboles que bordean las
indigena en cuya plaza se concentraban hasta sesenta mil parcelas sembradas con flores y legumbres, permiten
personas “en trato de comprar y vende”, según testimonio tener una visión aproximada de lo que era la fisonomía de
del conquistador Hernán Cortés. Este aseguraba que la capital azteca.
el mercado de Tlatelolco era “dos veces la ciudad de
Salamanca”. Las transacciones que allí se efectuaban eran Y no se puede avanzar un paso sin bollar zonas
al menudeo y al por mayor. Confluían, desde todos los arqueológicas desconocidas o inexploradas. Hoy como
puntos del territorio azteca y de las naciones limítrofes y ayer. En 1790, cuando el gobierno citadino ordenó
tributarías, la variedad ubérrima de los frutos de la tierra, empedrar el Zócalo, los cavadores encontraron un
del mar y de los lagos; los productos de la industria; las gigantesco monolito: el calendario azteca o la piedra del
creaciones de la imaginación. La rareza de un artículo o la sol, sin duda el más impresionante y el más complejo
lejanía de su origen acrecentaban su precio y su aprecio. monumento gráfico en piedra que produjo esta civilización.
Los señores potentados adquirían todo lo que compone La pieza muestra, esculpidos en la superficie, algunos datos
una suculenta mesa y adorna una lujosa mansión. Las de la ciencia astronómica y la medida del tiempo de los
mujeres principales se hacían dueñas de finísimos tejidos, antiguos mexicanos. Antonio León y Gama intentó, y logró
de joyas primorosamente labradas, de una rica gama de parcialmente, descifrar esos signos; la tarea es continuada
cosméticos. La gente del pueblo regateaba para proveerse por los investigadores actuales.
de lo necesario para su manutención y la de su familia, para
la comodidad de su hogar, para su aseo y adorno personal, Este monumento es uno de los que más fácilmente
para su salud. Y los esclavos, que se constituían a sí identifica y más ampliamente reconoce el pueblo de
mismos en objeto de tráfico, perdían o ganaban su libertad México. Su figura aparece en el frente de los billetes de a
a cambio del cacao o de las mantas que desempeñaban el peso, en monedas de oro, en un sin número de objetos
oficio del dinero. Las disputas suscitadas por los abusos de artesanales; y el Comité Organizador de los XIX Juegos
un comerciante o la deshonestidad de un comprador eran Olímpicos lo eligió como su emblema. El calendario
juzgadas en el sitio mismo de los hechos por un tribunal, azteca preside la Sala Mexica del Museo Nacional de
pronto a resolver las controversias y a imponer el castigo Antropología, gigantesco edificio moderno diseñado y
correspondiente. El orden y la disciplina, baluartes del construido para agrupar, clasificar, proteger y exhibir la
señorío, regían también la actividad mercantil.
mayor parte del acervo que hasta hoy se ha rescatado para
la historia. El transporte del calendario a su sitio de honor
En la Ciudad Tlatelolco del presente, la Plaza de las Tres exigió el uso de una plataforma especial de 116 llantas que
Culturas sintetiza los ingredientes históricos de México: lo soportaba el peso de sus 24 toneladas y su tamaño de
indígena está representado por los restos de una pirámide; casi cuatro metros de diámetro. Esta magnitud sólo fue
lo español perpetúa sus rasgos en el templo de Santiago superada por una escultura que representa a Tláloc, dios
Apóstol; y la actualidad se yergue en la esbeltez de los de la lluvia, de 168 toneladas. Su traslado, del sitio en que
edíficios recientes, en especial la Secretaria de Relaciones se le halló al Museo, hizo indispensable la construcción de
Exteriores.
una carretera especial y el tiro de la plataforma portante
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fue hecho por dos tractores de alta potencia. Por una
extraña coincidencia, aunque el transporte de esa deidad
se realizó fuera de la temporada de lluvias, la última etapa
de su traslado a la Ciudad de México se efectuó bajo un
torrencial aguacero.
esqueletos de nueve individuos de distintas edades; el más
joven contaba, a la hora de su muerte, 16 años y el más
viejo era ya sexagenario. Por la ausencia de armas en el
entierro, se supuso que se trataba de sacerdotes y no de
reyes o jefes militares. Las alhajas eran tan abundantes
que hoy ocupan una sala entera del Museo de Oaxaca.
Predominan los objetos de oro, aunque también hay
piedras preciosas, huesos humanos y de animales, además
de perlas, cosechadas en el Océano Pacifico.
Hacia el sur de la ciudad, en el Pedregal donde se levantan
los edificios de la Universidad Nacional Autónoma, están
las áreas de Copilco y Cuicuilco, destruidas alrededor
del año 11 antes de Cristo por lavas volcánicas. Hoy
son proveedoras de restos antropológicos, cerámica y Es seguro que las otras tumbas guardaban riquezas
pirámides.
parecidas. Pero, por desgracia, fueron saqueadas
antes de que se emprendieran las excavaciones de los
El Instituto Politécnico Nacional, la otra gran institución de arqueólogos.
educación y cultura superior en México, se estableció en
Zacatenco a más de 30 kilómetros al norte, en el territorio Aunque orfebres esmerados, los moradores de
de una tribu agrícola que existió en las primeras centurias Mesoamérica no labraron metales duros. Cuando un
de esta era. En Naucalpan, apéndice industrial de la ciudad, pueblo lacustre -el tarasco- produjo objetos de cobre,
está Tlatilco; su cerámica relata la vida cotidiana de una era-demasiado tarde: los conquistadores españoles habían
población que hace más de mil quinientos años alcanzó desembarcado ya en las costas continentales. Era el año
la prosperidad basada en la explotación de la tierra. Las de 1519. Hernán Cortés, a la cabeza de un ejército de
figurillas femeninas muestran una variedad inagotable de 518 soldados salidos de Cuba para ensanchar los límites
tocados. Una refinería de petróleo se ubica en el barrio del dominio hispánico, después de un breve y victorioso
de Atzcapotzalco, uno de los principales señoríos que asalto a la península de Yucatán y de fructíferas alianzas con
florecieron en el Valle de Anáhuac. En el centro mismo de la los tabasqueños, eligió un punto más al norte en el golfo de
ciudad pueden observarse los restos del templo mayor de México para sentar sus reales. Por el día de su fundación,
los aztecas, una de cuyas escalinatas se conserva, no lejos a este sitio se le impuso el nombre de Villa Rica de la
de ahí, en los sótanos de un edificio de oficinas. Inscrito Vera Cruz, y se constituyó en el centro de operaciones
en esta proliferación de huellas del pasado, el arqueólogo de un hombre fascinado por el prestigio del imperio
que hace sus investigaciones en territorio mexicano puede azteca cuya riqueza ponderaban sus tributarios, que eran
aplicarse a sí mismo, sin jactancia, con gratitud, aquella también quienes mejor conocían su poderío. Esta fuerza
frase de Picasso: yo no busco, encuentro.
era desproporcionada con la de los advenedizos y muchos
de ellos vacilaban en emprender la aventura que su jefe les
proponía, a pesar de las recompensas con que los tentaba.
AGONIA Y TRANSFIGURACION
Para evitar que las vacilaciones pudieran convertirse en
Todos los pueblos aborígenes, por espléndidas que fueran fuga, Hernán Cortés quemó sus naves. Frente a si no
sus edificaciones, por abstrusos que fueran sus cálculos, quedaba abierto más que el camino a Tenochtitlan.
por dilatados que fueran los términos de su dominio,
no acertaron a superar los obstáculos que derivaban del Ascensión difícil la de la costa al altiplano. ¿La ruta era la
atraso de su tecnología. Esas limitaciones fueron la falta verdadera? ¿Los guías no estaban conduciéndolos a una
de utilización de la rueda, la carencia de bestias de carga celada sin salida? ¡Y los extremos del clima! Y estos indios
y el estado rudimentario de la metalurgia. La mayor parte de sonrisa enigmática, de cortesía excesiva, de lenguaje
de los pueblos prehispánicos se limitó a la orfebrería. sujeto a las traiciones de la traducción.
Sobresalieron los mixtecos-zapotecos en el Estado de ¿De qué te hablaban a Cortés? del incontrastable poder
Oaxaca, según el tesfimonio de la tumba 7, una de las 170 del emperador Moctezuma II, que le enviaba presentes
encontradas en Montealbán, ciudad indígena abandonada, amistosos y por medio de emisarios le rogaba -¿o el ruego
a pocos kilómetros de la capital oaxaqueña. En 1932 era sólo la vaina de una amenaza?- que no pasase adelante.
se descubrieron, en un patio, los restos de la sepultura Imposible detenerse, la suerte ya estaba echada.
más rica de México. En ella habían sido reinhumados los
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El asombro embargó el ánimo de aquellos aventureros
rudos y ambiciosos. El temor también. Y la codicia. Porque
el espectáculo que avizoraban era el de un lago con tantas
ciudades y villas pobladas en el agua y en tierra firme otras
grandes poblaciones y aquella calzada tan derecha y por
nivel ... que parecía a las cosas del encantamiento que
cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y
edificios que tenían dentro en el agua y todos de calicanto
y aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello
que veían si era entre sueños y no es de maravillar que
yo (Bernal Díaz del Castillo) escriba aquí de esta manera
porque hay mucho que ponderar en ello que no se cómo
lo cuente; ver cosas nunca oídas ni aún soñadas como
veíamos”. Las calzadas se interrumpían con puentes,
para dejar paso libre a las canoas que era donde se
transportaban las cargas.
En lancha era posible recorrer la ciudad entera. Incluso
tener acceso hasta el palacio de Moctezuma del que
Cortés eludió dar una descripción. ¿Para no herir la
vanidad de Carlos V de Alemania y de España? ¿Para
aminorar la importancia del botín y así también el pago
del quinto debido a la Corona? En este palacio, que había
contemplado el despliegue del fausto de que se rodeaba
el emperador; que había visto crecer su proceso de
divinización, acelerado por una etiqueta cada vez más
hierática y cada vez más complicada; que había asistido
a su agobio bajo el peso de las premoniciones y de los
augurios, fue hecho prisionero Moctezuma II por un golpe
de audacia de Cortés, quien lo tomó como rehén para
subyugar al pueblo.
Pero el estupor de los sometidos fue efímero. Un día
del año 10 Acatl -1515-, Moctezuma 11 pronunció las
palabras que consagraban como príncipe soberano de
Tlatelolco a un joven soldado. Por sus hazañas guerreras
era merecedor de este título, uno de los principales
dentro de la jerarquía azteca. Su nombre: Cuauhtémoc.
Cuando los mexicanos tomaron las armas para arrojar de
su capital al invasor y cuando se aprestaron a defenderse
del sitio que preparaba Cortés, Cuauhtémoc fue elevado
al rango supremo político, militar y religioso. Su heroísmo
fue impotente para salvar a sus súbditos. En el significado
del nombre del último emperador, azteca -águila que caetambién estaba dicho el destino de los suyos.
Después de sufrir varios descalabros, Cortés comprendió
que Tenochtitlan no se rendiría más que a un ataque
naval. En un improvisado astillero se armaron poderosos
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bergantines. Fueron hechos con los aparejos y piezas de
las naves desmanteladas en Veracruz antes de convertirlas
en pasto del fuego. Algunos de los marinos más expertos
del mundo occidental dirigieron las maniobras del asalto.
Fue necesaria, por otra parte, una ascensión al cráter del
volcán Popocatépetl para buscar azufre y hacer la pólvora
que vomitarían los arcabuces y los cañones para esparcir
el espanto. La derrota, aunque inevitable, fue lenta.
Durante tres meses los sitiados resistieron el ataque de
los invasores, el aislamiento, el hambre, abandonaban
una casa hasta que era demolida y los defensores
exterminados. Cuauhtémoc no se rindió a Cortés sino
hasta que su heredad no era, como dice el poeta náhuatl,
“más que una red de agujeros”.
La conquista de México, al igual que todas, fue violenta
y la rapiña insaciable. Pero allá, en la remota metrópoli
europea, en Madrid, meditaban conciencias escrupulosas.
¿Cómo justificar, moralmente, estos hechos? ¿Cómo
disfrutar, sin remordimiento, de estas ganancias? Dando
a las hazañas militares y colonizadoras un sentido que
trascendiera lo fáctico. Y éste no podía ser más que el
religioso: la conversión al cristianismo de pobres almas
engañadas por el Diablo durante milenios y ahora
providencialmente iluminadas por la luz de la fe verdadera.
Entonces surgió un elemento fundamental en la empresa
de occidentalización de América: el evangelizador. Su celo
apostólico adoptó formas de conducta ambivalentes: o
bien concebía al aborigen como la encarnación del mal y
se empeñaba, siguiendo la predicación de San Pablo, en
hacer de él un hombre nuevo, que hubiese renegado de
sus viejas creencias, dando la espalda a sus costumbres
de siglos, renegado de su memoria (lo que traducido en
actos era la abolición de los templos y estatuas, la quema
de los códices, la sistemática destrucción de los vestigios
históricos); o bien se aproximaba al pagano con simpatía,
intentaba comunicarse con él por medio del aprendizaje
de su lengua, entender su manera de pensar y de
comportarse, no mostrar desaprobación para mejor ganar
su confianza e influir en un ánimo resquebrajado por el
desastre e imponerle las normas consideradas ortodoxas.
Esta segunda actitud no sólo preservó los documentos
existentes sino que se aplicó a dar forma perdurable a lo
que fluía en tradiciones, orales; a recoger en volúmenes
lo que andaba disperso; a poner las bases, en suma, de
lo que más tarde iba a alcanzar la categoría de ciencia: la
antropología.
Ambas posiciones, que en apariencia son antagónicas e
irreductibles, en ocasiones se daban simultáneamente en
el mismo personaje. Tal es el caso, muy ilustrativo de los
conflictos en los que se debatían los hombres de aquella
época, de Fraile Diego de Landa, quien a partir de 1549
organizó autos de fe en los que las llamas devoraban los
libros de los mayas y que, al mismo tiempo, observaba con
acuciosidad y método las estructuras familiares y políticas,
las costumbres privadas y públicas; en suma, todo lo que le
permitiría redactar una Relación de las cosas de Yucatán”,
texto de consulta para quien quiera aproximarse al alma
de aquel pueblo.
De la hecatombe, sin embargo, se salvaron de un modo
que es posible presumir, pero no comprobar, tres libros. El
más importante está registrado con el número trescientos
en la Biblioteca de Dresde en la República Democrática
Alemana. El documento manuscrito en figuras
representativas versa sobre astronomía, cronometría y
religión; es un original con 39 páginas de papel indígena,
fabricado con cortezas de árboles. Otro es el volumen
386 de la Biblioteca Nacional de Paris llamado Códice
Pereciano y el tercero que se conserva en Madrid recibe
el nombre de Tro-Cortesiano. Pese a múltiples tentativas
estos manuscritos todavía no son descifrados. Un grupo
de lingüistas se dedica a su esclarecimiento. Con la ayuda
de computadoras electrónicas se espera recomponer y
ordenar los elementos contenidos en los códices, que son
los mismos que aparecen en las estelas, en las pirámides
y en las vasijas mayas que se han conservado. También
se estudian las lenguas actuales, descendientes del gran
tronco materno, para hallar la clave de la estructura de
ese idioma en la época de redacción de los códices. Tarea
lenta pero prometedora.
Aparte de estos documentos quedan algunos escritos
indígenas en caracteres latinos, obviamente elaborados
después de la victoria española, lo que de ningún modo
les resta interés. Así, por ejemplo, el Popol Vuh” o libro del
Consejo es un tratado de la cosmogonía maya y también
una evocación de sus figuras heroicas y de la apacibilidad
de su vida cotidiana. Algunos exégetas han querido atribuir
a estas páginas un esoterismo científico y técnico que
todavía no está fuera de discusión. Lo que sí es indudable
es su mérito literario, apreciable gracias a las diversas
versiones castellanas en que se ha vertido el original.
Los “Anales’ de los Xahil” perseguían un fin puramente
pragmático: probar, entre las autoridades pertinentes,
la propiedad de unas tierras que ponían en litigio los
encomenderos españoles. Para reforzar sus argumentos,
el autor se remonta al pretérito y llega hasta el origen de
su tribu.
La lectura del texto nos permite advertir los procesos de
raciocinio, tan peculiarmente distintos de los occidentales,
de aquellos hombres. Y los ojos con que contemplaron,
el ánimo con que recibieron el impacto de la Conquista,
así como las relaciones establecidas con sus nuevos amos.
Los “Chilam-Balam” de Chumayel, de Tizimín y otros
semejantes, eran lecturas reservadas a los sacerdotes y
a los iniciados en los misterios de la religión maya. Mas,
por encima de la oscuridad de sus enigmas, resplandece
la belleza de las imágenes, la nostalgia de la grandeza
perdida, el vigor de las admoniciones proféticas.
También en la antigua Tenochtitlan los libros de los mexicas
fueron quemados en un auto de fe que ordenó el obispo
Juan de Su márraga. Sin embargo, el número de los
papeles que se libraron del celo inquisitorial fue mayor
que el de los mayas. Entre ellos, el “Códice Borbónico”,
de extraordinaria hermosura, que se conserva en la
Biblioteca Nacional de París; Está formado por 38 hojas
y al desdoblarse mide casi catorce metros. Era el libro de
los horóscopos de los aztecas, uno para cada día de los
260 de su calendario ritual. En la Biblioteca del Vaticano,
en Roma, se encuentra el “Códice Borgia”. Sus 39 hojas,
pintadas por ambos lados, alcanzan una extensión de diez
metros.
El entusiasmo de lord Edward Kingsbourough por los
códices mexicanos lo llevó a la difícil empresa de copiar
los textos y las pinturas de los ejemplares conocidos hasta
la primera mitad del siglo pasado. Así inició una obra
monumental que cuajó en voluminosos libros. Fue tanto
su empeño de investigador que, cuando paró mientes
en sus finanzas, ya muy menguadas por los gastos de la
edición, fue para advertir que estaba en la ruina. Uno
de sus acreedores, fabricante de papel, a quien no logró
contagiar su amor por la arqueología, logró que se le
impusiera a Lord Kingsbourough una pena de cárcel, sitio
en el que perseveró hasta su muerte,
Un día del año de 1934 Emily Walcot Emart caminaba
por la Biblioteca Vaticana para descansar un momento
tras la consulta de fatigosos textos. De pronto sus ojos se
detuvieron en un pequeño libro de pasta roja. No había
nada en su aspecto exterior que despertara la curiosidad,
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pero la señorita Walcot lo tomó, lo abrió y tuvo frente a
sí unos extraños dibujos de plantas. De esta manera fue
descubierto un manuscrito preparado por los indígenas
para el primer virrey de la Nueva España, don Antonio
de Mendoza, sobre las plantas y hierbas medicinales del
México aborigen. El documento se conoce con el nombre
de “Códice Badiano”.
La lengua náhuatl, cuya claridad y concisión ensalzan
quienes la conocen, tenía que haber sido un vehículo apto
para la expresión literaria. Sin embargo, fuera del nombre
y la figura de un rey poeta Netzahualcóyotl, lo demás era
hipótesis que los hispanistas rechazaban con un desdén
que no se apoyaba en ningún documento y los indigenistas
exageraban sin temor a que los hechos vinieran a rectificar
sus afirmaciones, Fue hasta fechas muy recientes que el
investigador Angel María Garibay encontró un conjunto
de manuscritos redactados en caracteres latinos en los
que un grupo de descendientes de los antiguos señores
aztecas, educados en colegios especiales y dirigidos por
Fray Bernardino de Sahagún, recogieron de manera
sistemática, lo que la memoria conservaba del pasado.
pudiendo hacerlo en castellano aunque sea hablando
poco”. Hostigada, la lengua decayó, si no en los labios de
los indios sí en los libros. La producción desde mediados
del siglo XVI hasta la actualidad se encierra en los límites
del folklore.
En cuanto a los géneros no hubo excepción de ninguno
de los que han florecido en occidente. La poesía manaba
teñida de religiosidad o de lirismo. Recogía las imágenes
legendarias, dramatizaba los acontecimientos.
A diferencia de como esta actividad se concibe y se
practica en castellano, los aztecas no vieron en la creación
poética un modo de manifestar y afirmar lo individual o lo
original. Era más bien lo contrario: vínculo que contribuía
a fortalecer el sentimiento de lo colectivo, anon¡mato
buscado, repetición de fórmulas que anhelaban elevarse al
nivel del conjuro, a la recurrencia sagrada del rito, al auxilio
nemotécnico para que se atesorara en el corazón de la
muchedumbre lo que hablan averiguado los más sabios.
La prosa empezaba a trascender de lo didáctico y
lo histórico para incurrir en la ficción. El trauma de
El anuncio de este hallazgo y la traducción de algunos la Conquista cambió bruscamente este rumbo para
ejemplos de poesía épica y lírica produjo una enorme dejar que penetraran las influencias europeizantes. Al
conmoción en el mundo intelectual mexicano y extranjero. convertirse las letras en un instrumento evangelizador
Hispanistas e indigenistas, por la misma irracionalidad de hubo un auge del teatro que copiaba los modelos
sus posiciones ideológicas, acogieron con desconfianza españoles, sobre todo el auto sacramental. El sincretismo
las afirmaciones de Garibay y hubo quien no vacilara en lingüístico es muy fácil de observar en la toponimia
calificarlas de fraude. Pero la edición de su monumental mexicana. Los nombres consagrados por el bautismo
“Historia de la literatura náhuatl, que data de 1953, tan se repiten según las devociones predominantes de los
rigurosa en su método, tan exacta y prolija en sus fuentes, colonizadores y encomenderos y se distinguen gracias
tan abundante de muestras, no sólo disipó las últimas a las antiguas denominaciones aborígenes. A veces esta
dudas razonables, sino que creó un entusiasta grupo de última denominación es también la única, pero tal cosa no
estudiosos de la principal lengua nativa del altiplano, viva ocurre nunca cuando se trata de un lugar que era un centro
aún en muchas regiones del país y clásica porque en ella religioso. Así como los restos de la pirámide sirvieron de
cuajaron los momentos estelares de una civilización.
cimiento a la construcción de la basílica, de la catedral, del
templo cristiano, así también sobre la advocación de la
Garibay divide en dos las épocas de cultivo de las letras deidad indígena se impuso el nombre sacado del santoral.
aztecas. La primera abarcaría desde sus orígenes, que sitúa
alrededor de 1430, hasta la victoria de las armas españolas. Los locativos aborígenes no tienen un origen exclusivamente
La segunda se inicia el año mismo de la Conquista y se azteca, pues en el antiguo territorio mexicano se hablaron
cierra en 1750, cuando 1a tendencia hispanizante llegó a hasta 120 idiomas y dialectos cuya variedad es susceptible
su recrudescencia. No en vano un hombre, por otra parte de reducirse a una docena de familias lingüísticas. Muchas
amante de la cultura, al dar instrucciones a los curas pone se extinguieron, otras se fusionaron en condiciones
cláusulas como ésta: que tengan escuela de castellano y imposibles de discernir y ahora sólo pueden contarse
aprendan los niños a leer y escribir, pues de este modo como subsistentes 52. Las usan cerca de cuatro millones
adelantarán; a lo que se añade ser falta de respeto hablar de habitantes, de los cuales un poco menos de la mitad no
en su idioma con los superiores o delante de ellos, puede expresar su pensamiento en castellano.
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En México la noción de indio no se interpreta como sólo en los museos ni en las zonas arqueológicas. El
referida a la raza sino a la cultura. Se consideran indios a espíritu ancestral se habrá transfigurado en la fisonomía
los núcleos de población que por habitar en las regiones contemporánea.
más remotas del país, no pudieron incorporarse a su
desarrollo y cambios históricos y se aferran a sus viejos
hábitos y tradiciones. En 1941 un grupo de técnicos en
muchas especialidades, teóricas y prácticas, comenzaron
la tarea de aculturar a los marginales, de liberarlos de su
aislamiento físico e intelectual y de sumarlos a una nación
que busca su unidad. El primer paso para lograrlo es tener
un medio de entendimiento del que no quede excluido
ninguno. Este es el castellano, pero no es posible enseñarlo
si los lingüistas no se aplican antes al aprendizaje de los
idiomas y dialectos autóctonos para formar sus respectivas
gramáticas. Así puede procederse a la alfabetización de los
indígenas de su propia lengua.
Después, cuando ya dominen el alfabeto, es factible el
paso a la traducción. Pero si este proceso se reduce al
aula, resulta de una lentitud que no se aviene ni al ritmo
ni a las urgencias de la vida contemporánea. Es necesario
un contacto más amplio y éste se da en el comercio,
en las relaciones laborales. Pero tanto el uno como las
otras han operado, durante siglos, con un desequilibrio
desventajoso para los indígenas. Por ello guardan, ante la
presencia M mestizo o del blanco, una actitud de reserva,
de desconfianza.
Para ayudar a su progreso ha sido necesario entender
cabalmente sus costumbres y sus propios esquemas de
valores, los estudios etnológicos marcan la pauta de acción
concreta. Cuando se rompen las barreras, cuando es uno
de sus semejantes el que lleva a la tribu el llamamiento de
la nacionalidad, la cooperación es más espontánea, más
entusiasta y más eficaz.
El Instituto Nacional Indigenista, con sus Centros
Coordinadores estratégicamente distribuidos en diversas
zonas geográficas, trabaja activamente en la construcción
de caminos, de escuelas, de hospitales; en la modificación
del fondo de las conciencias, en la proposición de ejemplos
vivos de maneras de pensamiento y de conducta, de
actitudes, de juicios, del uso de instrumentales complejos
y del desarrollo de potencialidades útiles.
Cuando esta tarea haya concluido y desaparezca la
diferenciación que aún existe en algunos aspectos, entre
estos núcleos indígenas y el resto de la población, los
vestigios de las culturas abolidas o asimiladas no se hallarán
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En la piedra del Sol, los Aztecas fijaronla movilidad de
su tiempo circular. Tonatiuh era el centro en que días y
meses se iniciaban y volvian.
En los corredores del Museo de Tepotzotlán, se suceden
las figuras estofadas de santos cuya sola presencia es un
acto de fe.
Las excavaciones en Cholula han sacado a la luz los restos
de t estuco que cubrían una de las pirámides de la parte
inferior, luego sepultada por otras.
Esta hermosa pieza en barro bruñido es muestra
magnífica del alto grado de perfección alcanzado por los
artistas de la cultura olmeca o del hule.
El lecho de un río se convirtió en la hermosa calle del
Padre Belaunzarán, en ella, Guanajuato, ciudad muy
ligada al movimiento de Independencia, vive otras
leyendas.
Este vaso de obsidiana -valiosa muestra de la cultura
mexica es el espejo en que un mono coge su cola y la
contempla.
Al Tlalocan, paraíso presidido por Tláloc, llegaban quienes
morían ahogados o víctimas de enfermedad causada por
el agua.
En la catedral de Cuernavaca se han descubierto los
restos de este mural de siglo XVI que narra la llegada de
misioneros franciscanos a la Nueva España.
En esta maqueta se reproduce el corazón de
Tenochtitlan, cuyo mágico esplendor deslumbró a los
españoles. En ella se encarna y se evoca el mito.
Obra maestra de la arquitectura, el Museo de
Antropología fue diseñado por Pedro Ramírez Vázquez
para dar cabida a los tesoros arqueológicos y etnográficos
de México.
En su perfecta altura, los atlantes de Tula sostenían el
cielo. Libres de ese peso, cargan el recuerdo de un
mundo hierático y son clave de su misterio.
Como otras más, la plaza de la Santa Veracruz ha
recuperado, gracias a una restauración cuidadosa y
respetuosa, la fisonomía que tuvo originalmente.
La soberbia pirámide de Cholula, cuya base es mayor
que la de Teotihuacan es objeto de estudios que nos
revelarán secretos ocultos durante siglos.
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