SALA DE CASACIÓN CIVIL Magistrado Ponente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
SALA DE CASACIÓN CIVIL
Magistrado Ponente
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
Bogotá D.C., veintiuno de enero de dos mil catorce
Discutido y aprobado en sesión de cuatro de diciembre de dos mil trece
Ref. Exp.: 11001-31-03-005-2007-00035-01
Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad del
escrito presentado para sustentar el recurso extraordinario de
casación interpuesto frente a la sentencia de segunda
instancia proferida en el proceso de la referencia.
I. ANTECEDENTES
A. La pretensión
Guillermo Guerrero Borda acudió a la jurisdicción
para que se declarara que adquirió por usucapión el dominio
del inmueble ubicado en la calle 18 No. 102-34/36/38 de la
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ciudad de Bogotá, distinguido con matrícula inmobiliaria No.
50C-871421, cuya propietaria es la Parroquia Santiago
Apóstol. [Folio 118, c. 1]
B. Los hechos
1. La demandada adquirió el aludido bien por
adjudicación dentro de una sucesión en el año 1964, época
para la cual entró a vivir allí el sacristán Anselmo Tovar y su
esposa María Elisa Borda de Tovar; dos años después llegó
al predio el actor, quien es hijo extramatrimonial de aquella.
[Folio 119, c. 1]
2. La posesión del demandante se afirma iniciada
en 1986, y desde allí ha ejecutado actos de señor y dueño
durante más de 20 años. [Folio 120, c. 1]
3. En el año 2005 se recibió una citación dirigida
al señor Anselmo Tovar para una diligencia de interrogatorio,
y posteriormente, se llevó a cabo una inspección judicial en el
fundo. [Folio 122, c. 1]
C. El trámite de las instancias
1. El 25 de mayo de 2007 se admitió el libelo, y se
ordenó la notificación y el traslado de rigor. [Folio 136, c. 1]
2. La convocada al litigio se opuso a las
pretensiones de su contraparte, y, además, formuló demanda
de reconvención, en la que planteó una acción reivindicatoria.
[Folio 275, c. 1]
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3. El usucapiente manifestó su oposición al
petitum del libelo, y propuso la excepción de prescripción
adquisitiva. [Folio 62, c. 3]
4. El a quo negó la declaración de pertenencia y
accedió a la reivindicación a favor de la parroquia
demandada. [Folio 755, c. 2]
5. Apelada la anterior determinación, el Tribunal la
confirmó en providencia que dictó el 23 de abril de 2013.
[Folio 29, c. 4]
6. El señor Guerrero Borda interpuso el recurso de
casación, admitido por la Corte en auto de 13 de septiembre
de 2013. [Folio 3, c. 5]
II. LA DEMANDA DE CASACIÓN
Dos cargos se formularon con apoyo en la causal
primera
prevista
en
el
artículo
368
del
Código
de
Procedimiento Civil, por violación indirecta de la ley
sustancial.
1. En el primero de ellos, se atribuye al Tribunal
haber vulnerado indirectamente el artículo 762 del Código
Civil, como consecuencia de yerros fácticos cometidos en la
apreciación de las declaraciones recepcionadas; al efectuar
una distorsionada valoración de los medios de prueba, y a
causa del cercenamiento del dictamen pericial.
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La acusación recalca que no se tuvo por
demostrada la posesión, aunque estaba suficientemente
acreditada, lo que ocurrió por otorgar credibilidad a “unas
pruebas documentales sin el lleno de los requisitos para ser
tenidas como tal” y no dársela a “los testimonios de personas
honorables”. [Folio 9, c. 5]
Con los dichos de los deponentes Luz Emelda
Ospina, Julio César Villate y José David Baquero podía
establecerse la posesión alegada, de ahí que desacertó el ad
quem al soslayar que de acuerdo con el artículo 762 del
Código Civil y con la jurisprudencia, aquella se prueba con
testimonios y no a través de documentos, y en el caso, de los
primeros se deducía que el actor ostenta la condición de
poseedor desde el año 1986, y no a partir de 1995. [Folio 10,
c. 5]
2. El cargo segundo denuncia la vulneración
indirecta del artículo 946 del Código Civil por incurrir en
yerros de hecho, en sustento de lo cual se indicó que el
Tribunal “no valoro [sic] de manera adecuada las pruebas
allegadas y recaudadas en el proceso, bajo cuya consideración se
puede concluir que la decisión adoptada por el ad quem […] fue
equivocada e incorrecta, en cuanto a la ausencia de prueba para
no tener como poseedor al demandante-recurrente”. [Folio 14, c.
5]
En torno a la posesión alegada en la demanda, se
tomaron posturas que resultan ambiguas, pues a la vez que
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aquella fue desconocida en razón de la ausencia del requisito
relacionado con el tiempo que la ley exige para usucapir, se
aceptó la misma al acceder a las pretensiones del libelo de
reconvención.
Luego, el juzgador omitió la apreciación de “las
pruebas documentales […] al no ver que, en forma coherente con
la
realidad,
por
cuanto
valorada
dicha
probanza,
incuestionablemente se establece que en el proceso se demostró
por los medios idóneos y legales la pretensión que se reclama…”.
[Folio 16, c. 5]
III. CONSIDERACIONES
1. Es un asunto no sujeto a debate, que el recurso
de
casación
ostenta
una
naturaleza
eminentemente
dispositiva, por lo que la actividad discursiva y juzgadora de
la Corte se encuentra limitada por el contenido y alcance de
la demanda que se formule para sustentar la acusación. De
ahí
que
al
juzgador
no
le
esté
permitido
hacer
interpretaciones que sobrepasen los señalamientos que de
modo expreso y manifiesto aduzca el censor en su libelo, ni
mucho menos reformular los cargos que aquel haya
planteado en forma deficiente.
Característica
esencial
de
ese
medio
de
impugnación es su condición extraordinaria, en virtud de la
cual no toda inconformidad con el fallo permite adentrarse en
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su examen de fondo, sino que es necesario que la censura se
erija sobre las causales taxativamente previstas en la ley.
Se ha dicho, entonces, que es ineludible la
obligación de sustentar el recurso “mediante la introducción
adecuada del correspondiente escrito, respecto del cual, la parte
afectada con el fallo que se aspira aniquilar, no tiene plena libertad
de configuración” (Auto de 1° de noviembre de 2013, exp. 200900700-01).
No le es dable al recurrente, por tanto, exponer un
simple alegato en el que apenas refleje su discrepancia con
la decisión, ni le es permitido ocuparse en digresiones
abstractas que en nada afecten la argumentación medular del
fallo, sino que está en la obligación de desvirtuar las
presunciones de legalidad y acierto que acompañan la
sentencia de segundo grado.
2. La admisibilidad de la demanda de casación
está sujeta al cumplimiento de los requisitos de técnica
expresados en el artículo 374 del Código de Procedimiento
Civil, a cuyas voces, además de la designación de las partes,
del fallo recurrido, de la síntesis del proceso y de los hechos
materia del litigio, es ineludible la formulación por separado
de los cargos que se esgrimen en contra del pronunciamiento
judicial, con la exposición de los fundamentos de cada
acusación, en forma clara y precisa, y no basados en
generalidades.
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En torno de la claridad y precisión a las que se
hace referencia, la jurisprudencia ha insistido en que el
censor debe exponer de forma exacta y rigurosa la causal
invocada, así como los datos que permitan percibir, sin duda
ni confusión, de qué manera fue trasgredida la ley al proferir
la decisión cuestionada.
Lo anterior implica que el recurrente debe “atacar
idóneamente todos los elementos que fundan el proveimiento,
explicando con vista en este último y no en otro distinto, en qué ha
consistido la infracción a la ley que se le atribuye, cuál su
influencia en lo dispositivo y cómo este aspecto debe variar en
orden al restablecimiento de la normatividad sustancial vulnerada,
lo que impone entre otras cosas de no menor importancia por
cierto, que la crítica a las conclusiones decisorias de la sentencia
sea completa” (CCXVI, 291, citada, entre otras en la providencia
de 29 de octubre de 2013, exp. 2008-00576-01).
3. Cuando una acusación se formula bajo el
amparo de la causal primera, es obligación del censor indicar
las normas de derecho sustancial que estime violadas,
exigencia que, desde luego, debe armonizarse con lo
establecido en el artículo 51 del Decreto 2651 de 19911, en el
sentido de que en tales eventos “será suficiente señalar
cualquiera de las normas de esa naturaleza que, constituyendo
base esencial del fallo impugnado o habiendo debido serlo, a
juicio del recurrente haya sido violada, sin que sea necesario
integrar una proposición jurídica completa”.
1
Adoptado como legislación permanente por el artículo 162 de la Ley 446 de 1998.
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Sin
embargo,
no
basta
con
invocar
las
disposiciones a las que se hace referencia, sino que es
preciso poner de presente la manera como el sentenciador
las transgredió, sin que sea válido hacer reproche alguno a la
apreciación de las pruebas cuando se trata de la vía directa.
Mas si la censura se encamina por la vía indirecta,
esto es, por errores en materia probatoria, se deberá explicar
la forma como se hizo patente el desconocimiento de los
elementos materiales, es decir, si la equivocación fue de
hecho o de derecho, y la incidencia del supuesto yerro en la
decisión cuestionada.
Entre
tales
desaciertos
existen
sustanciales
diferencias, como que mientras el primero implica la omisión,
suposición o desfiguración de lo que una prueba dice o deja
de decir, el segundo parte de la base de que “la prueba fue
exacta y objetivamente apreciada, pero que, al valorarla, el
juzgador infringió las normas legales que reglamentan tanto su
producción como su eficacia”2, de ahí que el impugnante no
puede confundirlos.
Con sustento en las consideraciones precedentes
y con base en el resumen efectuado de ambos cargos, aflora
con notoriedad que ninguno puede ser admitido para su
estudio de fondo, por lo siguiente:
3.1. En primer lugar, el artículo 762 del Código
Civil, del cual se acusa su vulneración, no tiene el carácter de
sustancial, como así se ha explicado en otras oportunidades,
2
Sentencia 187 de 19 de octubre de 2000, exp.: 5442.
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y por esa razón no puede servir para estructurar, en forma
cabal, un ataque con apoyo en la causal primera de casación,
dado que en tanto el aludido canon se ocupa de definir la
posesión, no declara, crea, modifica ni extingue una relación
jurídica.3
3.2. Además de lo anterior, en los dos ataques
planteados se confundió el yerro fáctico con el de iure, lo que,
de suyo, supone una mixtura que resulta improcedente de
acuerdo con las reglas técnicas que rigen la sustentación del
recurso, y deja al descubierto la carencia de precisión y
claridad en la formulación de los reproches.
Si como ha quedado dilucidado, la imputación
atañe a la materialidad de los medios de convicción, era
necesario exponer con toda claridad y precisión el yerro
presuntamente cometido en la apreciación del contenido
objetivo de las pruebas, identificando cada una de las que
fueron ignoradas, preteridas o cercenadas, para después,
contrastarlas con lo que sobre ellas dijo el Tribunal. Empero,
tal ejercicio comparativo no se realizó.
En efecto, en el primer cargo se acusó la
valoración de una prueba documental sin el lleno de los
requisitos para ser tenida en cuenta, en tanto que en la
segunda censura se indicó que el ad quem no valoró de
manera adecuada las pruebas allegadas y recaudadas en el
proceso, cuestionamientos susceptibles de esgrimirse como
3
Sentencias S-016 de 16 de marzo de 1978, S-027 de 27 de septiembre de 1979 y de
30 de marzo de 2006, exp. 1994-23434; Autos de 15 de agosto de 1996, rad. 6026 y
de 18 de septiembre de 2013, exp. 2007-00091-01.
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yerros de derecho y no fácticos.
La confusión o mixtura se hace patente cuando en
la fundamentación del primer ataque se afirmó que el error de
hecho se originó en reconocerle a un medio demostrativo un
alcance que no tiene de conformidad con los principios del
derecho probatorio, como el de la sana crítica, y enseguida
se reprocha el escaso poder de convicción de algunas
probanzas.
3.3. En estrecha relación con lo precedente, se
destaca que no fue desarrollado un ejercicio argumentativo
tendiente a comparar el contenido de los elementos de
convencimiento a los que se aludió con lo que de ellos extrajo
el Tribunal. Téngase en cuenta que en la exposición de los
cargos, el impugnante refirió indistintamente a documentos y
testimonios, sin explicar qué aspecto específico de los
mismos fue deformado por el sentenciador.
Diversos
apartes
de
la
demanda
aluden
genéricamente a “las pruebas” sin que se especificara cuál
fue mal apreciada. Además, en desarrollo del primer cargo se
hizo una tangencial alusión a la experticia practicada,
desprovista de reparos sobre la valoración realizada por el
juzgador.
Es ostensible, entonces, que el recurrente no
demostró la existencia de los yerros denunciados y menos aún
que, de haberse presentado, lograran alcanzar la entidad
suficiente para ser catalogados como ostensibles, tal como lo
exige la ley.
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3.4. De otra parte, de la exposición de los
fundamentos del fallo denunciado y las acusaciones elevadas
se colige que, en estricto rigor, no se atacó el núcleo medular
del pronunciamiento recurrido.
La razón de lo anterior reside en que aquella
decisión se sustentó en que el demandante tan solo acreditó
la calidad de poseedor del bien materia del litigio en data
posterior
al
último
pago
realizado
como
canon
de
arrendamiento respecto de la relación contractual adquirida
entre
su
padrastro
(Anselmo
Tovar)
y
la
Parroquia
demandada, lo que implicó que el tiempo poseído fuera
considerado insuficiente para reclamar la usucapión. A su
vez,
tal
consideración
justificó
que
la
pretensión
reivindicatoria del demandante en reconvención saliera
avante.
Sin embargo, tal consideración expuesta en la
sentencia impugnada no fue materia de crítica, lo que torna
incompleta la acusación e inhabilita, por ende, la admisión de
la demanda, pues se ha insistido en que los cargos
casacionales “han de ser claros, expresos, precisos y
comprender, de manera integral, los argumentos basilares de la
sentencia confutada”, lo que significa que el recurrente debe
cuidarse en “reprochar, plenamente, los aspectos básicos y
esenciales sobre los cuales está erigida la decisión final”.4
3.5. Finalmente, el libelo presentado luce más
como un alegato de instancia que como el adecuado soporte
4
Providencia de 4 de noviembre de 2009, exp. 2000-00488-01.
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del recurso extraordinario, toda vez que en la sustentación de
los cargos el inconforme se limitó a exponer –en su opinióncuál ha debido ser el mérito persuasivo de unos medios de
convicción, y, de contera, la decisión que debió adoptarse
según su criterio.
En conclusión, los ataques propuestos no fueron
claros ni precisos, pues amén de incurrir en confusión entre el
error fáctico y el de iure, la censura resultó incompleta, y se
estructuró como una alegación de la parte cuya exposición no
es admisible en la impugnación interpuesta.
4. Las anotadas falencias formales conducen
forzosamente a la inadmisión del libelo y, por consiguiente, la
deserción del recurso.
IV. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, en Sala de Casación Civil,
|RESUELVE:
PRIMERO: INADMITIR la demanda presentada
para sustentar la impugnación extraordinaria formulada
contra la sentencia de veintitrés de abril de dos mil trece, que
profirió el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,
dentro del asunto referenciado.
SEGUNDO: DECLARAR desierto el recurso de
casación, de conformidad con el inciso 4º del artículo 373 del
Código de Procedimiento Civil.
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TERCERO: RECONOCER personería al abogado
Marco Julio Lagos Suárez en los términos y para los fines del
poder conferido por el recurrente.
Devuélvase la actuación al Tribunal de origen.
Notifíquese y cúmplase,
MARGARITA CABELLO BLANCO
RUTH MARINA DÍAZ RUEDA
FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
JESUS VALL DE RUTÉN RUIZ
A.E.S.R. Exp. 11001-31-03-005-2007-00035-01
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