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China entre los juegos olímpicos y su inserción en el escenario mundial
Lic. Marcelo Javier de los Reyes1
La historia de los juegos olímpicos durante el siglo XIX ha presentado numerosos
cruces entre el espíritu deportivo que debieran tener los mismos y la política, tanto nacional
como internacional.
Ya en los juegos celebrados en Berlín en 1936 –ciudad que fue elegida con anterioridad
a que el nacionalsocialismo llegase al poder en Alemania– el componente político fue muy
fuerte y los juegos constituyeron un acontecimiento esencial para la difusión del régimen
de Adolf Hitler. En ese momento los Estados Unidos y otras democracias occidentales
rechazaron una propuesta para boicotear los juegos olímpicos.
La política internacional y el deporte también se cruzaron en los juegos olímpicos de
1972 en Munich, de 1976 en Montreal, de 1980 en Moscú y de 1984 en Los Ángeles.
Los juegos olímpicos de Beijing abrieron un espacio por demás interesante para
reflexionar acerca de cómo ciertos actores intentaron obtener beneficios, pues constituyeron
un espacio para la difusión de sus problemáticas, un escenario para la propaganda y demás
cuestiones en las que se combinan deporte y política.
Ya de por sí la elección de Beijing tuvo una connotación política pues el Comité
Olímpico Internacional (COI), que se expidió en su 112ª sesión celebrada en Moscú,
argumentó que los miembros del COI deseaban que los juegos se desarrollaran en esa
ciudad con la esperanza de que su realización pudiera mejorar el estado de los derechos
humanos en China.
Sin embargo, por el lado de la dirigencia china, la propuesta de organizar los juegos
olímpicos estaba destinada a consolidar la decisión que había tomado en los ochenta:
preparar al país para jugar entre las grandes potencias en el escenario internacional.
La intención del trabajo es describir los pasos que fueron consolidando el desarrollo
de China a partir del pragmatismo de Deng Xiaoping y de la decisión de los Estados Unidos
de reestablecer sus relaciones con China continental durante el gobierno de Nixon.
No obstante, al momento de considerar los conflictos que aquejan a China hoy
podrían sintetizarse en los siguientes: Xinjiang, Tíbet, la cuestión de los derechos humanos
y Taiwán.
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Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo – CEID.
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Finalmente, debe considerarse que el desarrollo económico de China, su constante
crecimiento y su reposicionamiento en el contexto internacional –de lo cual la organización
de los juegos olímpicos ha dado clara muestra– difícilmente obraran a favor de los deseos
de los países occidentales que, en numerosas ocasiones, procuran interferir en las cuestiones internas de China.
El gigante asiático en adelante aceptará aún menos las observaciones que el mundo
occidental pueda formularle. Mientras los Estados Unidos se muestran como una potencia
en decadencia, China da signos de fortaleza y de dominar el escenario internacional en
poco tiempo.
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