implantación

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CAPÍTULO 2.2.- IMPLANTACIÓN
2.2.1.- Introducción
La implantación de un olivar va intrínsecamente unida a sus
perspectivas de mecanización. Para ello, y en primer lugar hay que
proceder al estudio del medio de cultivo, considerando como tal clima,
suelo y agua, tiene gran importancia y, aunque el olivarero, sólo puede
influir en él hasta ciertos límites, debe ser muy considerado.
• El clima por su incidencia en la vegetación.
• El suelo porque, además de ser el soporte de las plantas, le
proporciona el agua y los nutrientes.
• El agua por su influencia en la fotosíntesis.
Al hacer hoy una plantación de olivar se debe tender a tener un
período improductivo corto, a aprovechar al máximo el medio y a buscar la
mecanización integral del cultivo, para lo que es fundamental usar planta
con calidad sanitaria, pureza varietal y bien desarrollada, siendo las plantas
propagadas bajo nebulización, formadas como se muestra en la figura
siguiente, las que mejores características ofrecen (Barranco et al, 1997).
Figura 2.2.1.- Planta de olivo propagada bajo nebulización.
• El clima es el primer factor a tener en cuenta al hacer una
plantación, básicamente está definido por factores tales como temperatura,
luz y pluviometría.
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Para conocer el clima reinante en una posible zona de plantación se
deben consultar los datos correspondientes a la estación meteorológica más
próxima y como mínimo determinar, además de las temperaturas extremas,
la duración del período anual de vegetación, ya que por ser el olivo
particularmente sensible a las heladas, los accidentes ocasionados por ellas
pueden ser grandes, llegando a producir desde la destrucción de yemas
hasta la muerte de órganos e incluso de toda la planta.
La temperatura es necesario tenerla en cuenta ya que durante el
reposo, temperaturas comprendidas entre -5º C y -10º C pueden causar
daños no sólo a brotes y ramas de poca edad, sino que en ocasiones pueden
provocar la muerte de ramas de gran tamaño e incluso de toda parte aérea,
durante la vegetación los olivos son más sensibles al frío y puede
asegurarse que, a pesar de su gran rusticidad, en esta época, temperaturas
próximas a 0º C pueden causar daños en brotes, provocando la muerte de
yemas y hojas tiernas, y durante la fructificación, temperaturas inferiores a
0º C merman la producción y disminuyen la calidad del aceite obtenido.
Es importante tener en cuenta además que los daños son mayores
cuanto más larga es la duración de las bajas temperaturas y la brusquedad
con que se produzcan.
La luz es necesario tenerla en cuenta porque es responsable de la
fotosíntesis.
La pluviometría es preciso considerarla porque el agua constituye un
factor limitante de la producción, y cuando es escasa e irregularmente
repartida, produce desequilibrios nutritivos que reducen la capacidad
productiva.
• La vida del olivo en la que se pueden distinguir tres fases: período
juvenil, período productivo y período de vejez, las cuales, al diseñar una
nueva plantación es necesario tenerla en cuenta (Humanes J. et al, 1977).
En el período juvenil, el árbol se desarrolla, y prácticamente no
florece. Durante este período es importante, para, en el futuro, poder
realizar con eficiencia la recolección mecanizada de las aceitunas conseguir
olivos de porte erguido, con un solo tronco, diáfano, de más de 100 cm de
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altura, con dos o tres ramas principales tendentes a la verticalidad y con
tamaño que no sea excesivo para poder ser manejado por los vibradores.
Agronómicamente durante el período juvenil es preciso dedicar
grandes atenciones, ya que en él se determinan las características de la
plantación. Al ser costoso, un período juvenil corto es necesario, por lo que
el uso de plantones con buen estado de desarrollo es aconsejable.
En el período productivo, se da una abundante fructificación y un
crecimiento suficiente como para desarrollar ramificaciones que aseguran
su rejuvenecimiento, siempre considerando que la transmisión de la
vibración exige reducir los cambios de dirección.
Económicamente el período productivo es el más interesante, pues es
la fase de la vida del árbol en la que produce más beneficios.
La duración del período productivo interesa que sea máxima, y
aunque cada especie frutal tiene sus propias características y puede verse
influida por las características de cultivo, de suelo y de clima, en contra de
opiniones generalizadas el olivar que se recoge mecánicamente debe tener
una vida mucho más corta que la que hoy se considera.
En el período de vejez acaban las grandes producciones y aunque el
árbol produce, no desarrolla suficientes ramificaciones como para
rejuvenecer.
• La variedad a utilizar en la implantación, aunque el olivo es un
árbol de gran longevidad y una rusticidad que le permite adaptarse a las
más adversas condiciones de cultivo, como en cualquier plantación frutal la
elección de la variedad a cultivar es muy importante, ya que además de
estar adaptada al medio, debe ofrecer las características de vigor,
producción, resistencia y valor comercial adecuados.
Hasta hoy las variedades cultivadas de olivo son el resultado de una
evolución natural, no habiendo en la actualidad oferta comercial de
variedades específicas. Resulta arriesgado hacer nuevas plantaciones con
material diferente del normalmente utilizado en la zona, pues todo cambio
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debe ir acompañado de un período experimental, ya que, sin él, los
resultados pueden no ser los previstos.
• El marco de plantación una vez elegida la variedad a cultivar, por
ser la luz, el agua y el suelo los tres factores más importantes a tener en
cuenta, es por lo que, es preciso tratar que las plantas compitan
mínimamente por ellos. También es necesario tender hacia la mecanización
de todas las operaciones de cultivo. Cuando no se presentan limitaciones
topográficas, el marco apto para la mecanización exige una distribución de
los olivos a distancias regulares, que permitan el desarrollo regular de los
olivos en tamaño y con forma globosa, en cambio cuando las pendientes
del terreno son importantes, la plantación debe ser hecha según las curvas
de nivel del terreno, lo cual aunque dificulta y encarece la mecanización,
pero se facilita la lucha contra la erosión y la pérdida de agua por
escorrentía.
Figura 2.2.2.- Olivar plantado en curvas de nivel.
En terrenos con grandes
siguiendo las curvas de nivel es
construcción de bancales en los
regular, si bien su elevado coste
resultar prohibitivos.
pendientes la construcción de terrazas
obligada, siendo a veces aconsejable la
que se distribuyen los olivos de forma
y su elevado impacto ambiental pueden
Figura 2.2.3.- Cultivo del olivar en terrazas.
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En terrenos con dificultad de drenaje, a los que el olivo es
particularmente sensible, se recurre a utilizar sistemas de drenaje o a
plantar los olivos sobre grandes caballones, lo que permite preservar, al
menos inicialmente, las raíces de los posibles encharcamientos (Pastor,
1998).
a) Antes de la lluvia
b) Después de la lluvia
Figura 2.2.4.- Olivos plantados sobre caballones de tierra.
2.2.2.- Diseño de la plantación
Para realizar una nueva plantación es preciso definir tres conceptos:
densidad, disposición y orientación.
• La densidad de plantación, que es muy variable, debe recordarse
que cada olivo debe disponer de un volumen de suelo tanto mayor cuanto
peores sean las características del medio.
• La disposición puede hacerse en marco real o rectangular, y a
tresbolillo. En ésta se sitúan los árboles en los vértices de un triángulo
equilátero, lo que ofrece como ventaja una mayor utilización del suelo y
como inconveniente una mayor incomodidad en la realización de las faenas
de cultivo.
• La orientación, que no tiene gran importancia en olivar debido a
su típica formación libre, es conveniente señalar que la colocación según la
dirección norte-sur de las filas es la que ofrece mejores resultados en
cuanto a iluminación de los árboles.
Las densidades utilizadas en plantaciones tradicionales de olivar
varían desde 20 olivos/ha en Sfax (Túnez), hasta 400 olivos/ha en Toscana
(Italia). En España, las plantaciones tradicionales son en marco real de unos
70-80 olivos/ha, cultivados mayoritariamente con 2-3 pies/olivo..
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Figura 2.2.5.- Olivar en el desierto del sur de Sfax (Túnez).
Trabajos de investigación aplicada, fundamentalmente a la búsqueda
de sistemas de plantación aptos para la mecanización intengral del olivar,
entre los que se han distinguido los del equipo de Humanes J., han llevado
a aconsejar plantaciones con unos 250 olivos/ha con un sólo pie por árbol,
que curiosamente representan el mismo número de pies/ha que las
tradicionales, pero distribuidos uniformemente en el terreno.
Existe, al diseñar una plantación, bien la opción de hacerla
manteniendo constante la densidad o bien la de reducirla paulatinamente.
Según los conceptos de la nueva olivicultura, la densidad, en el primer
caso, debe estar comprendida entre 200 y 300 olivos/ha. En el segundo caso
la densidad inicial puede alcanzar los 600 e incluso los 2000 olivos/ha, y
aunque con ella se consigue una rápida entrada en producción, cuando se
hace un arranque parcial de los olivos, aparecen problemas agronómicos
muy variados, que no se ven compensados con las altas producciones
obtenidas en el período inicial, como son los mayores gastos derivados de
la plantación, cultivo y arranque.
El intercalado de olivos en las plantaciones tradicionales, no ha dado
resultados satisfactorios, ya que los olivos intercalados se desarrollan muy
lentamente.
El método más aconsejable para cambiar de una plantación
tradicional a una moderna, puede ser arrancar los olivos viejos y realizar
una plantación completamente nueva con arreglo a los criterios descritos, si
bien, los aspectos económicos pueden aconsejar realizar el cambio
paulatinamente.
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Se está propugnando la idea de llevar a cabo sistemas de plantación
de olivar en forma de seto intensivo, basándose para ello en que así será
posible la utilización de máquinas vendimiadoras con las que se podría
llegar a la mecanización integral de este cultivo. Esta idea, por el interés de
su propuesta y por el momento que vive el olivar, resulta tan atractiva que
hace incluso olvidar conceptos que son básicos para mecanizar las
operaciones de recolección y poda de frutales arbóreos, y aunque en ciertas
especies frutales se han realizado mejoras en la reducción del tamaño de los
árboles mediante portainjertos enanizantes, o encontrando variedades
enanas o recurriendo al empleo de reguladores de crecimiento, en la
actualidad el olivo no tiene patrones enanizantes, ni variedades
genéticamente enanas, ni se conoce en este sentido el manejo de
reguladores del crecimiento (Porras et al, 1999).
Cuando se hace un análisis geométrico del volumen de los olivos y
de su superficie externa, se obtiene que, considerando como premisa la
capacidad productiva de un determinado medio, medida como volumen/ha
foliar que es capaz de generar, un mayor número de árboles/ha proporciona
una mayor superficie externa iluminada y por tanto una mayor capacidad de
interceptar energía solar y más altas las producciones previsibles.
En olivar la formación en seto intensivo es un sistema de conducción
que a priori se presenta como muy adecuado para el desarrollo de sistemas
continuos de recogida de aceituna, pero es preciso tener en cuenta hábitos
de crecimiento y fructificación del olivo, árbol que cuando se le cultiva sin
limitaciones de agua, suelo o clima alcanza un extraordinario vigor. Como
tiene yemas en las axilas de las hojas que permiten la ramificación; se
desarrolla una competencia por el espacio y por la luz, que es esencial para
el correcto funcionamiento de las hojas y para el desarrollo de los frutos,
que limita la máxima densidad con la que se pueden realizar las
plantaciones con variedades convencionales. Además las plantaciones en
forma de seto intensivo utilizando variedades convencionales de olivos,
éstos tienden naturalmente a sobrepasar la reducida zona que tienen las
máquinas vendimiadoras para trabajar. Es por lo que las posibilidades de
aplicación de este sistema parecen escasas, o al menos muy discutibles.
El énfasis que en ciertos lugares se está dando a las formaciones en
seto intensivo de olivos, hoy por hoy no está suficientemente justificado y
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es poco probable que se puedan producir grandes cambios en un futuro
inmediato.
Por todo ello, se puede afirmar, que las plantaciones de olivar deben
hacerse con distancias entre plantas en las líneas de cultivo, suficientes
como para permitir una buena penetración de la luz para la fotosíntesis, y
con calles con fácil acceso para las operaciones de laboreo, de poda y
recolección, lo que exige líneas de plantas separadas entre 6 y 8 m,
distancia suficiente como para permitir el acceso de la maquinaria de
cultivo y de recogida y para asegurar una adecuada exposición a la luz
solar.
Los árboles deberán ser formados con un sólo tronco, diáfano, lo
bastante alto como para poder adaptarse los vibradores e incluso como para
permitir un trabajo cómodo de las estructuras recogedoras (1±0’2 m),
deben cultivarse a todo viento, guiados al principio por tutores adecuados.
El coste de formación de los árboles durante los primeros años puede ser
importante, ya que mecánicamente la recolección exige eliminar las ramas
fructíferas largas. Éstas que antes se consideraban importantes en el
potencial productivo, ofrecen una transmisión de la vibración tan baja que
apenas se mueven los frutos, y aunque la producción pueda verse reducida,
la productividad se verá positivamente afectada. Interesa señalar que una
vez formados los árboles se debe ir al mínimo de intervenciones con la
poda.
Figura 2.2.6.- Olivar con marco de plantación 6·4 m.
En resumen, árboles de porte erguido y con un sólo tronco alto y
diáfano son los mejor adaptados a la recogida mediante vibradores de
troncos.
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Figura 2.2.7.- Vibrador de inercia.
• La poda, una vez realizada la plantación, constituye la más
importante técnica de control del cultivo. Gracias a ella, se consigue un
equilibrio fisiológico entre crecimiento y fructificación, necesario para
producir una superficie foliar adecuada no sólo para que la cosecha alcance
el máximo potencial sino también para producir un número suficiente de
yemas que permitan asegurar una buena cosecha el año siguiente. Humanes
y Pastor han demostrado que, en olivar joven, los experimentos con poda
mecánica han proporcionado resultados interesantes y se puede considerar
como una herramienta de trabajo que puede ser imprescindible, junto con la
poda manual, para el manejo de plantaciones intensivas, una vez que ésta
ha alcanzado su óptimo desarrollo. No obstante consideran que, como en
cualquier otro frutal, la poda mecánica no constituye un substituto
definitivo de la poda manual (Pastor M, 1995).
Figura 2.2.8.- Podadora mecánica aplicada a olivar intensivo.
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2.2.3.- Preparación del terreno para plantación
La implantación de un olivar en un suelo exige en ocasiones
intervenciones que precisan máquinas que requieren una elevada potencia
de tracción y unas características tales que es difícil que puedan formar
parte de la maquinaria de una explotación agrícola normal, por lo que, en
general, sólo es posible realizarlas contratando con empresas privadas y
cooperativas.
Además cuando se pretende implantar en un terreno virgen se pueden
encontrar árboles, arbustos, raíces, piedras, lo que obliga a utilizar
maquinaria muy variada.
Son los tractores de cadenas con potencias que oscilan entre 100 y
250 C.V. los más usados en este tipo de trabajos ya que requieren una
potencia de tracción elevada y, en ocasiones, unas condiciones de
estabilidad a vuelco importantes.
Figura 2.2.9.- Tractores de cadenas.
También es posible utilizar tractores de ruedas o de neumáticos, de 2
y 4 ruedas motrices con potencias de 120-130 C.V. e incluso de 300 C.V.
los cuales tienen numerosas ventajas, aunque su capacidad de tracción es
menor.
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Figura 2.2.10.- Potente tractor de neumáticos.
• La implantación de un olivar exige a veces la realización de
movimientos de tierras, para ello se pueden utilizar: bulldozers, traillas,
palas cargadoras y niveladoras
• El bulldozer también se usa para el derribo de árboles de troncos no
muy gruesos, y cuando se trata de establecer el cultivo en lugares
inaccesibles a los tractores se usan motosierras y desbrozadoras.
Figura 2.2.11.- Motosierra de cadena
.Figura 2.2.12.- Desbrozadora portátil.
• Para sacar los restos de raíces que inundan el suelo tras el derribo
de los árboles y arbustos es necesario antes de empezar la plantación su
eliminación, para lo que se usan dispositivos tales como los trípodes de
tracción vertical a base de polipactos manuales, y también se utilizan
láminas dentadas y garras de arranque, que actúan por empuje o por
tracción.
Hay ocasiones en las que se realiza el arranque por extirpación, para
ello se usan útiles que además de un movimiento de elevación y descenso
general de los brazos que soportan, tienen un movimiento de inclinación
longitudinal, que les permite clavarse primeramente en la tierra y a
continuación girar realizando la extirpación.
Figura 2.2.13.- Arrancadora extirpadora.
Una técnica de arranque que se ha usado en la replantación de olivar
son los barrenos, con ellos, además de sacar las raíces se obtiene un terreno
mullido hasta profundidades próximas a 1 m, y deben utilizarse cuando los
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suelos sean muy pedregosos, y siempre en suelos secos, ya que en terrenos
húmedos pueden producir compactación que puede perjudicar el drenaje.
En todo caso se usarán como explosivos derivados nitrogenados que
no dejen residuos nocivos para la vegetación.
• La eliminación de pequeña vegetación superficial se realiza con
máquinas conocidas como trituradoras de eje vertical o de eje horizontal.
También se usan pesados cilindros arrastrados que cuando son
autopropulsados se llaman tanas, los cuales, por su elevada masa, al
avanzar destruyen la vegetación con gran rapidez.
• Para limpiar el terreno de troncos y ramas gruesas se usan los
rastrillos desbrozadores.
• Para eliminar piedras se usan rastrillos despedregadores.
Figura 2.2.14.- Rastrillo despedrador.
Existen, cuando la cantidad de piedra es muy abundante
trituradoras que utilizan potentes martillos de acero accionados a gran
velocidad.
• La limpieza del terreno de restos vegetales pequeños se puede
hacer bien mediante el quemado de residuos y el astillado, que constituye la
mejor forma de eliminación de restos pues evita los peligros de incendio,
de plagas y con él se consigue un máximo aporte de materia orgánica de la
que, en general, los olivares son deficitarios.
• El drenaje constituye una mejora difícil y cara, que en olivar, por
su baja resistencia a la asfixia radicular, se hace necesaria en zonas en las
que hay una capa impermeable de roca o de arcilla que impide la
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percolación del agua, hasta hacer que el suelo tenga un nivel tan bajo de
aireación que hace difícil, a veces imposible el cultivo.
El drenaje se realiza bien mediante fosas a cielo abierto, o bien
utilizando conducciones enterradas mediante máquinas excavadoras de
cadena de cangilones, de rueda de cangilones y rejas abrezanjas.
2.2.4.- Realización de la plantación
Una vez preparado el terreno, lo que evita la pérdida de plantas y
asegura su rápido desarrollo, se procede al replanteo, el cual consiste en
señalar la posición de los árboles con el marco elegido, indicando en el
suelo el lugar exacto donde se debe realizar el hoyo para colocar la planta.
No hace mucho tiempo, manualmente se hacia un hoyo de
aproximadamente un metro cúbico de volumen, en el que se enterraban
varias estacas que lentamente enraizaban y producían los correspondientes
brotes de los cuales se iban seleccionando lentamente los pies que
constituirían el olivo adulto; en cambio, hoy, teniendo en cuenta que las
plantas de vivero tienen un cepellón que no supera los cuatro litros es
suficiente con unos 50 cm de profundidad y otros tantos de diámetro y
aunque se puede hacer con retropalas, es más práctico el uso de
ahoyadoras. Las retropalas deben ir equipadas con palas de pequeño
tamaño y las ahoyadoras usar barrenas pequeñas, pues en caso contrario se
hace un hoyo tan grande que para rellenarlo es necesario mover
manualmente un volumen de tierra tan importante que encarece y hace
incómoda la operación.
El tiempo de trabajo incluido el transporte en apertura de hoyos en
terreno preparado no llega a ser ni tan sólo de un minuto por hoyo.
Figura 2.2.15.- Ahoyadora accionada por la toma de fuerza del tractor.
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Es importante destacar que en suelos arcillosos las ahoyadoras
generan una pulimentación en las paredes del hoyo que es conveniente
romper, pues su impermeabilidad puede impedir el normal desarrollo del
sistema radical de los plantones o incluso causar su muerte por asfixia en
caso de lluvias abundantes.
Cuando se trata de terrenos sueltos y profundos y que han sido bien
preparados, si su humedad es la adecuada, los hoyos se pueden hacer a
mano, en el momento de hacer la plantación, aprovechando el punto de
corte de dos pasadas perpendiculares de apero profundo, lo que en
ocasiones se utiliza para hacer el replanteo.
Hoy día el material aconsejado para realizar la plantación es un
plantón de vivero con un buen sistema radicular, una altura de alrededor de
1 m, una edad comprendida entre 1 y 1’5 años y desarrollado en un
contenedor de unos 4 l de capacidad, sano y formado con un sólo eje en el
que se eliminan las brotaciones bajas (Pastor,M., 1977).
Plantones de vivero como los descritos, se puede plantar en cualquier
época del año, si se cuida mínimamente. No obstante los mejores resultados
se obtienen plantando en otoño. Una vez colocada la planta es conveniente
dar un riego abundante.
Figura 2.2.16.- Colocación de plantones de olivo.
La mecanización integral exige que el tronco se desarrolle
verticalmente, para lo que es necesario colocar un tutor suficientemente
fuerte y capaz de durar como mínimo tres años sin pudrirse, clavado en el
terreno hasta que tenga una buena fijación. Como tutores, además de los
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clásicos de madera, tratados con sulfato de cobre, se emplean varillas de
acero corrugado, las cuales tienen como único inconveniente el de provocar
heridas en la planta si existen movimientos indeseados.
Para evitar problemas de desarrollo deben vigilarse frecuentemente
las ataduras corregir posiciones defectuosas de las plantas y evitar posibles
estrangulamientos.
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