Premio Nobel de Química 2014: el nanoscopio

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cristina flors
investigación química
Premio Nobel de Química 2014: el nanoscopio
Cristina Flors
© 2014 Real Sociedad Española de Química
“Q
uímica ha sido siempre mi asignatura más floja en
el instituto y la universidad”. Esto fue lo que confesó Eric
Betzig en una entrevista pocas horas después de recibir
la noticia de que había sido galardonado con el Premio
Nobel de Química 2014, junto con Stefan Hell y William E.
Moerner. Los tres premiados de este año son físicos, y una
vez más se pone de manifiesto que las fronteras entre los
campos de la ciencia son difusas. El motivo de su reconocimiento ha sido el desarrollo de nuevas técnicas de microscopía de fluorescencia llamadas en su conjunto “microscopía de súper-resolución” o nanoscopía. En estas técnicas,
las propiedades fotoquímicas y fotofísicas de las moléculas
fluorescentes juegan un papel protagonista.
El término “súper-resolución” se refiere a la habilidad
de estos nuevos microscopios para superar una barrera
que era infranqueable hasta hace poco, el llamado “límite
de difracción”. La difracción de la luz, un fenómeno físico conocido desde 1660, limita la calidad de las imágenes
que se obtienen a través de un microscopio óptico convencional. La difracción hace que los pequeños detalles de la
imagen aparezcan borrosos, es decir, no se puedan resolver.
En 1873, el científico Ernst Abbe puso un valor concreto a
este límite de difracción formulando una ecuación que nos
dice que no se pueden discernir detalles más pequeños que
200 nm. En la práctica, el límite de difracción implica la
imposibilidad de observar con claridad lo que ocurre dentro de una bacteria, o en los compartimentos y orgánulos
de una célula. Aunque hay otras modalidades de microscopía, como la electrónica, que sí pueden resolver detalles
más pequeños, sólo la microscopía óptica permite observar
la dinámica en el interior de células vivas.
Aunque el límite de difracción sigue siendo una realidad, los galardonados de este año consiguieron sortearlo
utilizando una serie de ingeniosos trucos, y así nació la nanoscopía. Stefan Hell, del Instituto Max Planck de Química Biofísica en Göttingen, desarrolló la microscopía STED
(stimulated emission depletion). Esta técnica consiste en confinar la fluorescencia a un punto más pequeño que el límite
de difracción usando el fenómeno de emisión estimulada.
Un primer láser excita las moléculas de una muestra para
que emitan fluorescencia. Un segundo láser en forma de
“donut” apaga las moléculas periféricas mediante emisión
IMDEA Nanociencia
C/ Faraday 9, Ciudad Universitaria de Cantoblanco,
28049 Madrid
C-e: [email protected]
C. Flors
Recibido: 12/11/2014. Aceptado: 03/12/2014.
Eric Betzig
Stefan Hell
William E. Moerner
estimulada, confinando la fluorescencia a una zona nanométrica en el centro del “donut”. Con estos dos láseres
combinados se barre la muestra para formar la imagen.
Hell propuso el concepto de STED en 1994, y consiguió
demostrarlo experimentalmente en 2000. Sólo siete años
más tarde, se vendía el primer nanoscopio comercial.
La otra variante de microscopía de súper-resolución
está basada en la detección de moléculas individuales
cuya fluorescencia se puede encender y apagar. Moerner,
que ahora trabaja en la Universidad de Stanford, sentó
las bases de esta modalidad, ya que en 1989 fue capaz de
detectar por primera vez una molécula individual. Además, en 1997 observó que algunas proteínas fluorescentes
(que ya fueron objeto del Premio Nobel en 2008) podían
encenderse y apagarse irradiando con luz de diferentes
colores. Fue Eric Betzig quien conectó estos dos descubrimientos de Moerner para desarrollar la técnica de
súper-resolución llamada PALM (photoactivated localization
microscopy), que publicó en 2006. En PALM, los fluoróforos de una muestra se encienden y se apagan para que
puedan detectarse y localizarse por separado a diferentes
tiempos en la misma área de una muestra. Con la suma
de las posiciones de estas moléculas se puede construir
un mapa nanométrico de coordenadas. Betzig, que había
pasado siete años alejado de la ciencia para trabajar en
la empresa de su padre, quería hacer un retorno triunfal
y desarrolló su idea desde el desempleo (aunque con la
ayuda de otros científicos en activo). Para ello, montó un
prototipo de PALM en el salón de la casa de su amigo y
también científico Harald Hess, comprando componentes con sus propios ahorros. Betzig trabaja ahora en el
Instituto Médico Howard Hughes (EEUU).
Aunque han pasado pocos años desde la invención de
las diferentes modalidades de microscopía de súper-resolución, encontramos innumerables ejemplos de nuevas
estructuras y procesos biológicos que se han revelado por
primera vez. Del laboratorio de Xiaowei Zhuang, en la Universidad de Harvard, salen descubrimientos espectaculares
como la visualización del esqueleto de los axones, que son
prolongaciones de las neuronas cuya función principal es
la de canalizar los impulsos nerviosos. Usando una técnica similar a PALM, se ha observado que el esqueleto del
www.rseq.org
An. Quím. 110 (4), 2014, 284-285
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axón está compuesto por unos anillos con un espaciamiento periódico de 180 nm, justo por debajo del límite de difracción (Figura 1). Esta estructura, similar al tubo de una
aspiradora micrométrica, ha resultado tan sorprendente
que su hallazgo obliga a revisar las teorías actuales sobre
comunicación entre neuronas.
Figura 1. Descubrimiento de una nueva estructura periódica en los axones con microscopía de súper-resolución (abajo). Arriba se muestra una imagen de microscopía de fluorescencia convencional, en la que la estructura aparece borrosa (adaptado de Xu et al.,
Science 339: 452, 2013)
La nanoscopía ha tenido también impacto en otras
áreas más cercanas a la Química como el estudio de catalizadores heterogéneos, permitiendo visualizar mapas
de reactividad a escala nanométrica. Para ello, se utiliza
un reactivo no fluorescente (por ejemplo alcohol furfurílico), que se transforma en un producto fluorescente
a)
después de la acción del catalizador (en este caso una partícula de zeolita, Figura 2a). De este modo, cada vez que
una molécula de reactivo se transforma en producto, se
produce un destello de luz fluorescente que puede observarse en el microscopio y localizarse con mucha precisión
(Figura 2b). La frecuencia de los destellos es proporcional a la reactividad en esa zona, y con esa información se
construye el mapa de reactividad de la zeolita con resolución nanométrica. En él se puede apreciar que la reactividad es mayor en una zona muy estrecha en el borde de la
zeolita (Figura 2c).
Una reflexión que se ha hecho en los medios de comunicación a propósito de la concesión de este premio
Nobel de Química (y también el de Física al LED azul)
es que se ha premiado la investigación aplicada. Pero la
“aplicabilidad” de la microscopía de súper-resolución,
que es inmensa, no debe distraernos del hecho de que las
piedras angulares de estas técnicas son descubrimientos
fundamentales y relativamente recientes que se hicieron
por pura curiosidad e inconformismo ante barreras supuestamente infranqueables. La clave de su éxito ha sido
la colaboración entre científicos y fabricantes de microscopios para construir versiones comerciales de los distintos nanoscopios. Esto ha propiciado su rápida implantación en numerosos laboratorios, incluidos aquellos que
investigan las bases moleculares de todo tipo de enfermedades. Otro ejemplo más que sirve para reivindicar que
la curiosidad puede tener un gran impacto económico y
social.
c)
b)
Figura 2. a) Transformación del alcohol furfurílico en un producto fluorescente mediante la acción del catalizador; b) Fotograma en el que se
visualizan reacciones de moléculas individuales catalizadas por una zeolita; c) Mapa de reactividad sobre la zeolita, y ampliación donde se
observa que la reactividad es mayor en los bordes (adaptado de Roeffaers et al., Angew. Chem. Int. Ed. 48: 9285, 2009)
An. Quím. 110 (4), 2014, 284-285
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premio nobel de química 2014: el nanoscopio
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