Como remate y complemento de todo lo anteriormente escrito, me

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Como remate y complemento de todo lo anteriormente escrito, me ha parecido
oportuno e interesante no cerrar este libro sin que su texto se enriquezca con las consideraciones más esenciales de la agricultura colonial, tema que justifica y da sentido
a todo el esfuerzo de la botánica teórica, con su obligado colofón de pragmatismo botánico, a que me refería en aquel apartado que titulo: "Una política botánica".
Pero así como mi misión de botánico puro y teorizante ha concluido aquí, así
también mi pluma carece de autoridad para inmiscuirme en un tema que, aparte
no ser de mi competencia y jurisdicción, ha sido abordado y está siendo plenamente
desarrollado por el personal competente e idóneo que forman los ingenieros y peritos
agrónomos afectos y directores del Servicio Agronómico Nacional.
Ellos, pues, tienen la más autorizada palabra, y a mí no me resta otra misión
que hacer la presentación de un trabajo que sigue a continuación y que informa plenamente sobre nuestra agricultura colonial, principalmente indígena, base de la agricultura que en aquellas lejanas tierras se puede abordar.
Inserto, pues, la magistral conferencia que Jaime Nosti, ilustre Director del Servicio Agronómico de los Territorios Españoles del Golfo de Guinea, hubo de pronunciar el 3 de noviembre de 1944 en la Sociedad de Estudios Internacionales y
Coloniales, afecto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en su domicilio de Medinaceli, número 4, de Madrid, y que quedó inédita, sin rendir todo el
fruto que cabe esperar, si se publica, como ahora se hace, con el natural y grato consentimiento de su autor.
Dice así:
SEÑORAS Y SEÑORES:
Atendiendo a la amable invitación de la Sociedad de Estudios Internacionales y
Coloniales, la cual tiene como uno de sus principales fines crear y mantener una
preocupación por los problemas africanos, que, desgraciadamente, han perdido importancia en un país de nuestras tradiciones, gustoso accedo a ello, no por mi persona,
sino por irrogarme inmodestamente cierta representación de la inquietud que en aquel
lejano rincón se siente por estas cuestiones, con el gran anhelo de que surja en España
ese ambiente tan necesario, que juzgue a aquel hecho y a los españoles que allí viven
con la máxima comprensión, lo que es bien sencillo si la información y la realidad de
Guinea se recibe sin deformaciones y reconociendo caracteres particularísimos al
complejo hombre-naturaleza que allí se desenvuelve.
Satisfecho estaría, pues, si doy a conocer unos aspectos de la vida colonial, de
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