Los Vulnerables - Instituto Nacional de Estadísticas

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LOS VULNERABLES
Joseph Ramos
El autor, Joseph Ramos, BS, Ingeniería Eléctrica y Ph.D en
economía, ambos de la Universidad de Columbia en Nueva
York, es decano de la Facultad de Ciencias Económicas y
Administrativas de la Universidad de Chile.
Este artículo forma parte del libro “Cómo ha cambiado la vida
de los chilenos”, publicado por el Instituto Nacional de
Estadísticas, en el que se realiza un análisis comparativo de las
condiciones de vida en los hogares con menor bienestar
socioeconómico entre los censos de 1992 y 2002. Hemos
solicitado autorización a su autor para publicarlo en nuestra
revista dado que constituye un interesante aporte al
conocimiento de nuestra realidad.
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 25
26 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
INTRODUCCIÓN
Chile y los chilenos han vivido una
transformación social y económica en los
últimos 20 años. El ingreso medio por
habitante se más que duplicó en este
período de tal modo que la mayor parte de
las familias alcanzaron niveles de vida
mínimamente decentes: casa propia, sin
hacinamiento, con acceso a electricidad,
agua potable y alcantarillado; educación
media, atención de salud, elevada
esperanza de vida; y los electrodomésticos
esenciales a la vida moderna, como son
televisión a color, refrigerador, lavadora y
teléfono. Si bien las históricamente agudas
diferencias de ingreso no se morigeraron,
al menos el progreso llegó a la mayor parte
de las familias. De tal modo que no sólo
mejoró marcadamente el nivel medio de
vida de las familias, sino que el porcentaje
de familias bajo la línea de pobreza cayó
de 45% en 1987 a 33% en 1992 y a 19% en
el 2003. Tal como la marea alta eleva todos
los botes, tanto los botes chicos como los
barcos grandes, el progreso económico
chileno llegó a gran parte de las familias
chilenas, si bien, como la marea alta, sin
reducir las desigualdades históricas. Chile
tiene motivos pues de satisfacción.
La parte oscura de este progreso es que, pese
a todo, aún 19% de las familias permanecen
por debajo de la línea de pobreza. Este 19%
más pobre de la población recibe apenas el
4% del ingreso del país, por lo que su
ingreso per cápita es de menos de la quinta
parte del ingreso per cápita nacional, del
orden de US$ 800 al año. Este 19% es
verdaderamente nuestra “África sobre el
Mapocho”.
En efecto, estar por debajo de la línea de
pobreza es bordear lo infrahumano, tanto
social
como
económicamente 1 .
Normalmente va asociado a
una
insuficiencia, cuando no exclusión laboral,
entendida ésta como la incapacidad de
acceder salvo a trabajos de escasa
productividad. Por lo tanto, significa tener
un ingreso insuficiente para satisfacer las
necesidades mínimas de alimentación y
demás gastos imprescindibles de la vida.
Además de consecuencias económicas
duras, suele ir acompañado de
consecuencias sociales tanto o más severas.
Por ejemplo, puede significar una
segmentación cuando no una exclusión
económica, donde la familia se aleja
paulatinamente de una autonomía
económica y pasa a depender cada vez más
de subsidios estatales u organizaciones de
beneficencia, encerrándola en una
dependencia y pasividad creciente. A
menudo va acompañada de una
segmentación cuando no una exclusión
territorial, donde la familia es segregada
crecientemente en barrios marginales con
otros pobres, aislados y con poco acceso a
centros culturales, educacionales o
recreativos de calidad. Lo anterior conduce
a un aislamiento social, donde la familia
queda marginada de las redes sociales, con
pocos contactos sociales significativos. Todo
lo anterior tiende a reforzar sentimientos de
dependencia, vergüenza y pasividad a la vez
que puede inducir a la estigmatización y
rechazo de sus vecinos.
Este trabajo se concentra en este segmento
más vulnerable de la población chilena, o
dicho de otro modo, se refiere a los hogares
con menor bienestar socioeconómico.
Examina ¿en qué se diferencia de la
población general? ¿cuáles son las
magnitudes y significado de sus carencias?
y ¿en qué medida ha participado en el
progreso general, o sí se ha distanciado cada
vez más del resto de la población,
constituyéndose en un segmento cada vez
más “duro” y difícil de mejorar? En efecto,
se trata de saber si la población más
vulnerable padece de una creciente
marginación rayando en una suerte de
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 27
exclusión social o, si por el contrario, se está
integrando a, y participando en, el progreso
general del país.
VULNERABILIDAD VS. POBREZA
El concepto de pobreza es habitualmente
medido por nivel de ingreso. La línea de
pobreza se calcula en primer lugar. sobre
la base de cuánto una familia requíere para
alimentarse adecuadamente (en las zonas
urbanas de Chile se estima esto en $87.500
para una familia de 4 personas). Como toda
familia necesita no sólo alimentarse sino que
debe gastar en vivienda, vestimenta,
transporte y otras necesidades, y como a
niveles bajos de ingreso el alimento
constituye aproximadamente la mitad del
gasto de la familia, la línea de pobreza es el
doble del gasto mínimo requerido en
alimentación, o sea, es de $175.000 al mes
para una familia de 4 personas.
Para que el lector se forme una idea de lo
poco que es esto, considere el costo de una
dieta diaria por persona consistente de 4
marraquetas (uno al desayuno, almuerzo,
once y cena), 2 huevos (uno al almuerzo,
otro en la cena), y 1/2 litro de leche para
todo el día. El costo de esto es de alrededor
de $500 por persona al día, o sea de
$15.000 por persona por mes, lo que
equivale a $60.000 al mes para una familia
de cuatro en apenas 3 alimentos básicos.
Queda menos de un tercio de su
presupuesto alimenticio para todos los
demás comestibles necesarios. Debe ser
claro pues, que la línea de pobreza ¡es un
mínimo minimorum, con “poca grasa” en
todos los sentidos!
Debido al hecho que esta forma de medir
la pobreza es tan sensible a la situación
ocupacional de la familia así como de su
ciclo de vida, muchas familias que figuran
28 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
como “pobres” porque en la semana de la
encuesta estaban cesantes, felizmente no lo
son de verdad, al menos en forma
permanente, pues tan pronto se ocupan
vuelven a tener un ingreso superior a esa
línea. De ahí que, por ejemplo, el 5% de
las familias indigentes en el 2002 (con
ingresos igual a la mitad de la línea de la
pobreza) hayan tenido automóviles. O que
casi la mitad de los indigentes en esa fecha
tuvieran refrigeradores (cosa que no tenía
el promedio del país en 1982).
La línea de pobreza no sólo es sensible a la
situación ocupacional dentro de la familia,
sino que también es muy sensible al ciclo
de vida de una familia. Muchas parejas
jóvenes pueden caer bajo de la línea de la
pobreza al tener un bebé (lo que reduce su
ingreso per cápita en forma significativa) aún
cuando sus costos de vida de verdad no
suben en forma proporcional.
De hecho, un estudio de “panel” de
MIDEPLAN2 reveló que en un período de
apenas 5 años (1996- 2001), hubo una
elevada rotación en ambas direcciones,
desde y hacia la pobreza: 55% de las
familias pobres en 1996 ya no eran pobres
en 2001, mientras que el 9% de familias que
no eran pobres en 1996 cayeron a la
pobreza en el 2001. De hecho, sólo 1 de
cada 5 hogares indigentes (estos son los más
pobres de los pobres) permanecieron
indigentes en esos 5 años (éste sería el grupo
de pobreza dura). La buena noticia es que
la pobreza no es un estado permanente; la
mala noticia es que muchas familias (más
del 20%, por cierto) pasan por ese estado
en algún momento de su vida.
Para superar algunas de las limitaciones del
concepto de pobreza tal como normalmente
se mide, este libro ocupa un concepto
complementario: el de “vulnerabilidad” o
el de menor bienestar socioeconómico.
Mientras el indicador de pobreza mide un
“flujo”, es decir, el ingreso generado en un
período dado, el indicador de
vulnerabilidad de este libro es más bien
sugerente de la capacidad de generar
ingresos. Este indicador intenta medir una
condición algo más permanente de mayor
vulnerabilidad socioeconómico de la
población. Se construye sobre la base de
una combinación de indicadores que
incluye el capital físico de la familia (la
calidad de la vivienda); la infraestructura
con que cuenta (electricidad, agua,
alcantarillado, etc.); el equipamiento o
bienes durables que la familia ha podido
acumular (TV, refrigerador, lavadora,
calefactor, auto, etc.); y el capital humano
de sus miembros (educación). Sobre la base
de estos distintos atributos, se seleccionó el
20% de los hogares y población menos
favorecidos en estos aspectos. Estos son el
20% de familias con menor bienestar
socioeconómico o “más vulnerables” que
son el objeto de este libro.
Por cierto, como cualquier indicador, éste
no está libre de cierta arbitrariedad y
deficiencias. Por ejemplo, no se incluye –
pues el Censo no lo incluyó –los activos
productivos del cuál pudiera disponer una
familia: por ejemplo, tierra arable, animales,
etc. Al no incluir tal capital productivo el
indicador está sesgado contra las zonas
rurales– pues las familias rurales suelen
disponer más de estos elementos, mientras
que suelen disponer menos de alcantarillado
o electricidad (por los mayores costos en
proveerlos en zonas rurales). De ahí que un
poco más de la mitad de los hogares
vulnerables resultaron ser rurales en
comparación con un 27% cuando se trata
de la pobreza medida según ingreso. Por
tanto, hay que estar consciente de que si
bien las dos poblaciones – el 20% más pobre
y el 20% más vulnerable– tienen
importantes coincidencias, también tienen
significativas diferencias. Y este trabajo se
refiere al 20% más vulnerable o de menor
bienestar socioeconómico, entendida la
vulnerabilidad en el sentido de bajo
potencial o capacidad productiva (ver el
capítulo metodológico para mayor detalle).
A. La “Foto”
¿Quiénes constituyen la población más
vulnerable?
Un primer rasgo de la población más
vulnerable, tal como indicamos arriba, es
su concentración rural. Como se observa en
el Cuadro 1, algo más de la mitad de la
población perteneciente al 20% de los
hogares
con
menor
bienestar
socioeconómico vive en zonas rurales, sobre
todo en las regiones séptima a
decimoprimera . Ello contrasta con el
concepto de pobreza (medido por ingreso),
en que si bien las zonas rurales están sobre
representadas, no obstante, casi 3 de cada
4 personas pobres vive en zonas urbanas.
Cuadro 1: Concentración geográfica comparativa de la población en el 2002
País
20% más vulnerable
20% más pobre
Urbano
87%
47%
73%
Rural
13%
53%
27%
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 29
Un segundo rasgo de los hogares más
vulnerables. es la significativamente menor
proporción de ellos constituida por familias
biparentales nucleares, es decir, con padre
y madre en el mismo hogar (ver Cuadro 2) .
En efecto, mientras que 47% de las familias
del país son nucleares biparentales, en los
hogares vulnerables el porcentaje de
familias nucleares biparentales es sólo 39%.
En cambio, 10 años atrás, en 1992, la
proporción de hogares nucleares
biparentales era bastante parecida para
ambos grupos. De tal modo que la
condición familiar ha llegado a ser un factor
distintivo de la población más vulnerable.
De hecho, sólo el 49% de las familias
ubicadas en el decil inferior tienen como
jefe de hogar a un casado, lo que contrasta
con el 58% de los hogares totales del país
en la actualidad. Esto sugiere que lazos
familiares menos estrechos son un factor que
contribuye a la vulnerabilidad de un hogar
y es pues un “lujo” que no puede darse la
población más modesta.
Contrariamente a lo que se podría haber
pensado, el tamaño de los hogares con
menor bienestar socioeconómico no es
mayor que el del resto del país, como sí lo
era en 1992, sino que, por el contrario, es
levemente inferior (ver el Cuadro 3). Hay
dos razones para explicar este fenómeno:
Por una parte, entre 1992-2002 ha habido
una mayor reducción en el tamaño de los
hogares más vulnerables que en el resto del
país; Así, mientras que en 1992 más de un
tercio de las familias nucleares biparentales
pertenecientes al decil inferior tenían 3 o
más hijos, en 2002, menos de un cuarto
tenían 3 o más hijos. Por otra parte, ha
habido un mayor crecimiento en la
proporción de hogares unipersonales (sobre
todo de personas de edad) entre los hogares
más vulnerables que en el total del país.
Éste es un resultado en vivo contraste con
el caso de los hogares más pobres, donde
el tamaño de estos hogares es
significativamente mayor que el resto, del
Cuadro 2: Hogares con núcleo biparental y con jefe del hogar casado (%)
1992
20% más vulnerable
2002
País
20% más vulnerable
País
Hogar con núcleo Biparental
46
49
39
47
Jefe del hogar casado
61
67
49
58
Fuente: Gubbins, Bagnara y Browne (Capítulo 5)
Cuadro 3: Tamaño del hogar urbano y rural (miembros)
1992
20% más vulnerable
2002
País
20% más vulnerable
Urbano
3.9
3.2
Rural
4.2
3.5
Promedio
4
Fuente: Gubbins, Bagnara y Browne (Capítulo 5)
30 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
3.9
3.4
País
3.6
orden de 4,4 integrantes vs. 3,8 para el total
del país (CASEN 2003). Mas, su explicación
radica en la diferencia conceptual entre
pobreza y vulnerabilidad. Como la línea de
pobreza se calcula en términos per cápita,
es muy sensible al número de dependientes
(personas económicamente inactivas) del
hogar. En cambio, como el concepto de
vulnerabilidad pretende medir el potencial
productivo del hogar, es mucho menos
sensible al número de integrantes del hogar.
Finalmente, contrariamente a lo que se
podría haber pensado, pese a que ha
aumentado en los últimos 10 años, el
porcentaje de familias mas vulnerables que
son allegados, es aún más bajo que el total
del país (6% versus 10% a nivel país). Es
posible sospechar que esto denota que el
allegamiento es un fenómeno urbano más
que rural. Como la población vulnerable
está concentrada en las zonas rurales,
parece ser un fenómeno menos gravitante
para estos hogares.
¿En qué consiste su capital humano y
empleo?
La población con menor bienestar socio
económico o más vulnerable se caracteriza
por un nivel educacional significativamente
inferior al resto del país, de 7 años de
escolaridad vs. 10,6 para el total del país
(ver Cuadro 4). Si bien su escolaridad se ha
elevado igual que el de la población en
general, aproximadamente en un año más
de educación en estos últimos 10 años, de
todas maneras menos de un tercio en la
fuerza de trabajo tienen más que educación
básica. En cambio, casi dos tercios de la
fuerza de trabajo del total del país tiene
estudios superiores a la educación básica.
Parte de la explicación del menor nivel de
escolaridad de este grupo es su
concentración en zonas rurales y los
mayores costos y dificultades asociados a
ofrecer educación media a la población
rural, así como el mayor costo de
oportunidad de la población rural para
estudiar (pues sacrifica la alternativa de
trabajar en la agricultura). No obstante aún
así, como se ve en el Cuadro 4, la
escolaridad de la fuerza de trabajo rural
perteneciente a aquellos hogares con menor
bienestar, es 1 año inferior al de la población
rural general; y la población más vulnerable
urbana tiene 3,6 años menos de escolaridad
que la población total urbana del país.
Considerando que la rentabilidad de la
educación básica es del orden del 5%
mientras que la de la media es del 11% y la
de la educación superior es de 22%3 , este
fuerte rezago en la escolaridad más allá de
la básica, es un freno fuerte en las
posibilidades de mejora socioeconómica de
los grupos con menor bienestar socio
económico.
Cuadro 4: Años de escolaridad de la fuerza de trabajo
1992
20% más vulnerable
2002
País
20% más vulnerable
País
Urbano
6.3
10
7.5
11
Rural
5.7
6.3
6.7
7.7
Promedio
5.9
9.5
7
10.6
Fuente: Contreras y Medrano (Capítulo 3
)
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 31
El, marcadamente, menor nivel de educación
de la población con menor bienestar socio
económico contribuye sin duda a explicar
varias características claves de la situación
ocupacional de los más vulnerables. Por una
parte, esta población tiene una tasa de
participación en la fuerza de trabajo mucho
más baja (ver Cuadro 5). Por ejemplo,
mientras que el 85% de los jefes de hogar de
25-49 años del total del país están en la
fuerza de trabajo, sólo el 76% de los jefes de
hogar de 25-49 años dentro de la población
más vulnerable están en la fuerza de trabajo.
Fenómeno similar se da entre los no jefes de
hogar y los demás grupos etareos. Por otra
parte, la población más vulnerable tiene una
tasa de desempleo 6 puntos superiores al
resto del país. El efecto combinado de ambos
fenómenos, es que la proporción de este
segmento de la población en edad de trabajar
que está ocupada (la tasa de empleo) es 10
puntos porcentuales menor a la de la
población total del país (35% vs 45%); y 15
puntos menos para jefes de hogares (45%
versus 60%).
De hecho, mientras que el porcentaje de la
población del país que estuvo ocupada se
mantuvo constante entre 1992 y 2002, en
el mismo período el porcentaje de la
población del primer decil cayó fuertemente
(de 40% a 35%). De tal modo que la crisis
asiática y lento crecimiento posterior recayó
básicamente sobre este segmento de la
población del país. Ésto es muy llamativo,
pues normalmente las crisis afectan menos
negativamente al empleo rural, donde se
concentra la población más vulnerable.
Los menores niveles de educación de la
población con menor bienestar
socioeconómico, también explica el tipo de
empleo al que accede (ver Cuadro 6).
Mientras que dos tercios del empleo del país
está en el sector terciario (comercio,
transporte, finanzas y servicios), poco más
de un tercio de la ocupación de la población
más vulnerable trabajaba en el sector
terciario. Incluso si nos limitamos a la
población más vulnerable urbana, menos
de un tercio de ella trabaja en el sector
Cuadro 5: Tasas de participación, empleo y desempleo (%)
1992
20% MÁS VULNERABLE
A: Tasa de participación Jefes de
hogar 25-49 años País
Promedio
Urbano
2002
Rural
Promedio
Urbano
Rural
86%
85%
Vulnerables
80
76
B: % de Jefes de Hogar 25-49
años con empleo(tasa de empleo)
País
81
82
79
76
77
65
Vulnerables
74
70
76
62
60
65
C: % de Población de 15 y más
años que tiene un empleo (tasa
de empleo)País
45
45
42
45
46
38
Vulnerables
40
38
41
35
35
35
Fuente: Contreras y Medrano (Capítulo 3 )
32 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
terciario. Puesto de otro modo, casi dos
tercios de la fuerza de trabajo del país
trabaja en ocupaciones tipo “cuello blanco”
(o empleados), mientras que apenas un sexto
de la fuerza laboral vulnerable trabaja en
ocupaciones tipo “cuello blanco”. Como
estas ocupaciones suelen pagar más que la
de obreros, ésta es otra consecuencia de la
menor educación de la población más
vulnerable.
antiguas dejadas por los que se han mudado
a las casas nuevas.
Como habría de esperar, la calidad de la
vivienda de la población más vulnerable es
inferior a la de la población total del país (ver
Cuadro 7). De hecho, 40% aún sufre de
hacinamiento (es decir, tienen más de dos
personas por dormitorio), pese a que entre
1992-2002 se redujo significativamente el
tamaño de sus hogares. Esta cifra se compara
con menos de un cuarto de la población
nacional no vulnerable que es hacinada.
Asimismo, mientras apenas 4% de la población
con menor bienestar socio económico vive en
una vivienda con uno o más déficit en los
estándares de calidad mínima de muros,
techos, pisos y tipo de vivienda4 , el 24% de la
población vulnerable padece de al menos una
carencia en estos aspectos. Con todo, tomando
en cuenta que estas cifras se refieren al 20%
de los hogares más desposeídos, no deja de
ser un hecho positivo que más de tres cuartas
partes de estas viviendas satisfagan todos los
estándares mínimos de calidad.
¿Qué calidad de vivienda y de
infraestructura poseen los hogares más
vulnerables?
El 70% de la población de este sector vive
en casa propia, porcentaje parecido al de
la población general del país. A diferencia
del resto, la gran mayoría de las familias
vulnerables tiene su casa pagada. Sin
embargo, esto simplemente significa que no
acceden a crédito para comprar casas
nuevas, sino que se traspasan a las casas
Cuadro 6: Composición del empleo por sector económico 2002
Sector
País
20% más vulnerable
Primario (agro, pesca, silvicultura y minería)
12%
45%
Secundario (infr., constr., elec., gas y agua)
21
19
Terciario (comercio, servicios, finanzas y resto)
67
36
Cuadro 7: Déficit en estándares mínimos en la vivienda (%)
1992
20% más
vulnerable
Con algún déficit de vivienda
Sin hacinamiento
2002
80% no
vulnerable
20% más
vulnerable
80% no
vulnerable
41%%
8%
24%
4%
61%
38%
40%
23%
Fuente: Larrañaga (2004)
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 33
Donde es tal vez más deficiente la situación
de la población con menor bienestar socio
económico o más vulnerable es en lo que
se refiere a infraestructura básica. Si bien
el 87% de las viviendas de la población en
estudio tiene acceso a electricidad (frente
a 98% del total del país) del orden de 40%
carecen de acceso a la red pública de agua
potable o de alcantarillado. Si bien gran
parte de las diferencias se deben a que la
mayor parte de estos hogares viven en
zonas rurales y la población rural, en
general, sufre de estas falencias, la
población con menor bienestar socio
económico o más vulnerable urbana tiene
carencias importantes de infraestructura, en
especial en lo que se refiere a falta de
servicios de alcantarillado (24%).
vulnerables disfrutan de estos artefactos. No
obstante, es importante observar que en el
2002 la población con menor bienestar
socioeconómico alcanzaba niveles de
tenencia de estos tres ítemes de
equipamiento similares a los que gozaba el
total del país apenas 10 años atrás.
¿Con qué bienes durables cuentan las
familias más vulnerables?
B. Las Tendencias en el tiempo
De acuerdo a lo esperado, la tenencia de
bienes durables es significativamente menor
en la población más vulnerable. Mientras
que sobre el 80% de las familias del país
tienen refrigerador, lavadora y televisión a
color, sólo el 50% de las familias
Si bien las familias con menor bienestar
socioeconómico virtualmente carecen de
teléfono fijo, hecho no extraño dado su
carácter rural, 30% de ellas tienen teléfonos
celulares. Y sin duda, en las zonas rurales
el valor de un teléfono celular significa un
cambio de vida mayor que en la ciudad –
tanto por las oportunidades económicas que
abre, como por la reducción en el
aislamiento que significa.
Por cierto, penoso como sea, no extraña que
las familias más vulnerables tengan mayores
carencias que el resto de la población. El
tema de mayor interés es ¿en qué medida
se han visto beneficiadas de los progresos
económicos y sociales de los últimos años?
¿Son un segmento rezagado de la población
Cuadro 8: Posesión de bienes de consumo durable (%)
1992
2002
20% más Vulnerable
País
20% más Vulnerable
País
TV- color
7
54
57
89
Lavadora
0.4
12
51
83
8
56
48
84
Refrigerador
Celular
0.0
1
30
54
Teléfono
0.1
24
5
53
Vehículos
5
21
11
32
Secadora
n.d
n.d
26
45
Fuente: Larrañaga (2004)
34 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
poco beneficiado por el progreso general y,
por tanto, en vías de constituir una pobreza
dura, si no una casta? O, por el contrario,
como habría de desear, ¿habrán visto
reducirse la distancia que los separa del
resto de la población?
Las tendencias sugieren un cuadro más bien
mixto. Por una parte, no cabe duda que el
progreso económico general alcanzó
inclusive a los hogares más vulnerables. Por
otra parte, las distancias monetarias entre
grupos han tendido a mantenerse – eso
muestran los datos sobre distribución del
ingreso de las encuestas CASEN, donde el
coeficiente Gini por persona entre 1992 y
2003 se mantuvo constante en un muy
desigual 0,57.5 No obstante, hay evidencia
que las familias más vulnerables han
reducido la brecha en muchos bienes no
transados normalmente en el mercado, pero
importantes para el bienestar (por ejemplo,
salud e infraestructura básica).
televisores a color pasan de porcentajes
menores a 10% en 1992 a porcentajes del
orden del 50% en 2002, de tal modo que
en 2002 la posesión de estos artefactos era
similar a la que tenía el general del país
apenas 10 años atrás. Si bien también hubo
aumentos similares entre el total de familias
del país, donde en 1992 la brecha entre
ambos grupos era sobre 5 a 1, la brecha en
2002 era menos de 2 a 1. Y ciertamente la
brecha con el quintil más alto de la
población se redujo muchísimo más, pues
este quintil disponía de estos bienes desde
muchos años atrás. Por cierto, los mayores
ingresos de los quintiles más ricos les
permitió comprar mejores refrigeradores,
lavadoras y televisores. No obstante qué
duda cabe que el salto cualitativo en
bienestar debe haber sido relativamente
mayor para las familias más vulnerables;
Pues pasar de no tener a sí tener refrigerador,
lavadora o televisor es un salto mucho
mayor en bienestar que el tener un televisor
más grande o un refrigerador de mayor
capacidad como fue el caso con las familias
más pudientes.
Los avances I: lo que el dinero sí puede
comprar
En primer lugar, ha sido impresionante la
reducción en el hacinamiento de las familias
con menor bienestar socioeconómico en los
últimos 10 años. No sólo esto, sino que ha
sido mayor que entre la población general
(21% hogares vulnerables dejaron de ser
hacinados versus 15% de la población
general). Segundo, ha habido una mejora
importante en la calidad de las viviendas de
las familias más vulnerables relativa a la del
resto del país (ver de nuevo el Cuadro 7).
También ha sido impresionante el
incremento en la posesión de bienes
durables por parte de las familias con menor
bienestar socioeconómico o más
vulnerables (ver de nuevo el Cuadro 8). La
posesión de refrigeradores, lavadoras y
Los avances II: lo que el dinero no puede
comprar
El bienestar económico y social está
compuesto no sólo por bienes que pueden
comprarse directamente con dinero en el
mercado, sino por bienes – típicamente
bienes públicos, como la salud – que no son
provistos normalmente o en forma eficiente
por el mercado, sino que suelen ser
suministrados por el Estado, al menos para
la mayor parte de la población.
Sin lugar a duda, lo más importante en este
ámbito es la prolongación de la esperanza
de vida, fruto principalmente de las mejoras
en la salud pública preventiva (agua potable,
alcantarillado, vacunas, etc.) así como
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 35
también en la atención sanitaria curativa.
De hecho, la esperanza de vida de los
últimos 10 años se ha elevado de 74 a 76
años, con lo que es apenas 2 años menos
que la prevaleciente en EEUU. Parte
importante de esta mejora se debe a las
fuertes reducciones en la mortalidad
infantil, así como en la mortalidad materna
post-parto, donde ambas cayeron a la mitad
en el decenio. Como es de suponer que
estas reducciones se centraron en grupos
socioeconómicos anteriormente desprovistos de adecuada atención, es razonable
pensar que la esperanza de vida de la
población más vulnerable ha de haberse
extendido aún más que la de la población
general del país. De hecho, como indica
el cuadro 9, las cuatro regiones con más
baja esperanza de vida al nacer (hombres)
en 1991-92, experimentaron los mayores
aumentos promedios en esperanza de vida
en el decenio, de 3 años entre los hombres
y de 3,5 años entre las mujeres. Por tanto,
este es un avance progresivo en el
indicador tal vez más importante del
bienestar de la población.
Asimismo, casi un tercio de los hogares con
menor bienestar, que antes carecían de
electricidad, la consiguen en el decenio, de
tal modo que hoy en día el 87% de estos
hogares tiene electricidad en sus casas (ver
Cuadro 10). Esto, en contraste con un
aumento de 7% de hogares a nivel
nacional6 . ¿Cómo exagerar la importancia
de adquirir electricidad para este 31% de
hogares más vulnerables, pues sin ésta no
se puede tener refrigerador, ni lavadora, ni
televisor?. Y este aumento es especialmente
significativo entre los hogares con menor
bienestar socioeconómico en las áreas
rurales. O sea, éste es otro avance progresivo
en el bienestar de las personas.
Los avances en agua potable, así como en
alcantarillado,
son
igualmente
impresionantes. El 22% de los hogares con
menor bienestar socioeconómico o más
vulnerables (vs. 6% de los hogares
nacionales) adquieren acceso a la red de
agua potable a su casa, lo que significa que
ya no tienen que caminar a la esquina y
tomar agua de una llave colectiva o sacarla
Cuadro 9: Esperanza de vida al nacer
Región
2
8
9
11
10
7
12
6
5
1
RM
3
4
1991-92
hombres
2001-2
hombres
Aumento
decenio
1991-92
mujeres
2001-2
mujeres
Aumento
decenio
%rural
en 2002
69,5
69,6
69,9
70,0
70,1
70,5
70,9
71,5
71,6
72,0
72,1
72,5
72,6
72,4
73,0
72,9
73
72,2
73,0
72,2
73,9
74,3
73,9
74,9
74,8
75,9
2,9
3,4
3,0
3,0
2,1
2,5
1,3
2,4
2,7
1,9
2,8
2,3
3,3
76,0
76,3
75,4
76,7
75,9
76
78,5
77,5
77,5
78,0
78,0
78,5
78,0
78,4
79,5
79,6
80,9
79,7
79,5
79,4
79,6
80,3
80,6
81,0
80,3
81,0
2,4
3,2
4,2
4,2
1,8
3,5
0,9
2,1
2,8
2,6
3,0
1,8
3,0
4%
17%
32%
21%
32%
33%
8%
29%
8%
7%
3%
10%
21%
36 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
de un pozo posiblemente contaminado; y
son 51% más los hogares vulnerables que
se integran al sistema de alcantarillado (vs.
22% de los hogares nacionales) y por tanto
que cuentan con condiciones sanitarias
mínimas. De nuevo, las mejoras, por
definición, se dan en las familias más
necesitadas y postergadas de la población,
las que carecían de estos bienes colectivos
fundamentales. O sea, este es otro avance
progresivo en el bienestar.
No sólo hubo una relativamente mayor
mejora en el bienestar en infraestructura
básica de las familias más vulnerables
respecto al total de familias del país, sino
que dentro de las familias más vulnerables
hubo una mejora relativa en las más
desaventajadas, concretamente las familias
vulnerables rurales respecto a las
vulnerables urbanas. Tal como muestra el
Cuadro 10, los déficits en infraestructura
básica de las familias vulnerables rurales es
muy superior al de las familias vulnerables
urbanas. Sin embargo, las reducciones en
los déficits en electricidad y agua potable
entre 1992 y 2002 fueron mucho mayores
entre los rurales que los urbanos (39% vs
13% en electricidad y 27% vs. 12% en agua
potable). Si bien la integración de la
vivienda a la red de alcantarillado fue menor
entre las familias vulnerables rurales, no
obstante fue importante (un 34% se
integraron en apenas 10 años). Por otra parte
es razonable suponer que la falta de
alcantarilla tiene menos impacto negativo
sobre la sanidad en zonas rurales de baja
densidad que en zonas urbanas de mucho
mayor densidad. Dado pues la relativa
mayor importancia de electricidad y agua
potable para la población rural se puede
considerar que, en neto, las mejoras en
infraestructura básica fueron mayores para
las familias vulnerables más desaventajadas
lo que implica una mejora progresiva
adicional en el bienestar no monetario.
Cuadro 10: Déficit en infraestructura básica población más vulnerable: Total/Rural/Urbano
(valor en paréntesis es el dato para el total de hogares del país)
1992
2002 (general)
Cambio 1992-2002
Electricidad
Total
Urbano
Rural
44%
22%
55%
13% (2%)
9%
16%
31% (7%)
13%
39%
Agua Potable
Total
Urbano
Rural
61%
20%
91%
39% (8%)
8%
64%
22%(6%)
12%
27%
Alcantarillado
Total
Urbano
Rural
95%
92%
94%
44% (9%)
24%
60%
51% (22%)
68%
34%
Hacinamiento (%)
Total
Urbano
Rural
61%
69%
57%
40% (26%)
46%
35%
21% (16%)
23%
22%
Fuente: Larrañaga (Capítulo 6)
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 37
Un bien clave para posibilitar la superación
de la vulnerabilidad y pobreza es la
educación. Para la gran mayoría de la
población chilena ésta es provista
principalmente en forma pública (educación
municipal o subvencionada) y no por el
mercado (la educación particular pagada).
Entre 1992 y 2002 hubo un aumento de un
año en la escolaridad de la población de
15 años y más del país, de 8,7 años a 9,7
años (ver Cuadro 11). En cambio, el
aumento de escolaridad de la población más
vulnerable del mismo grupo etáreo fue
menor, de 0,8 años, desde 5,4 a 6,2 años.
Sin embargo, esto parece reflejar la mayor
proporción de personas mayores de edad en
la población con menor bienestar
socioeconómico (y por eso su menor avance
educacional) y no un menor acceso a
educación. En efecto, si se observa el
aumento en la escolaridad para la población
de 25-34 años, este es idéntico, 1,2 años
de educación, tanto para la población más
vulnerable como para la población en
general.
estudios superiores, proporción que sube de
32% en 1992 a 44% en 2002. En cambio,
menos de 13% de la población vulnerable
alcanza este mismo nivel en el 2002. Como
la rentabilidad de la educación crece con
mayor escolaridad y sobre todo para la
educación superior, en este aspecto hay un
claro deterioro relativo aunque no absoluto,
en el bienestar de la población más
vulnerable.
Sin embargo, estos mismos números indican
que el avance educacional de las personas
con mayor vulnerabilidad se limita
principalmente a completar básica – sólo
27% de éstas, de más de 15 años, pasan de
básica en 2002, frente a 17% en 1992. En
cambio, el avance mayor educacional del
país general fue elevar el porcentaje que
completan educación media o siguen a
Sin duda la causa principal del
mejoramiento en el nivel de vida y bienestar
económico se debe al fuerte crecimiento
económico de los últimos dos decenios y,
muy en especial, al fuerte crecimiento de
la productividad total de los factores en el
segundo decenio, lo cual indujo un sólido
repunte en las remuneraciones de toda la
fuerza de trabajo.
Por cierto, parte de esto refleja el mayor
costo de proveer educación media y
superior a la población rural. Sin embargo,
inclusive en las zonas urbanas es escasa la
proporción de la población vulnerable con
estudios superiores (4%), y está es muy
inferior al promedio del país (25%).
C. Las causas
El fuerte crecimiento económico
Cuadro 11: Años de escolaridad de la población
1992
20% más vulnerable
15 años a más
25-34 años
50-59 años
5.4
6.6
3.3
2002
País
20% más vulnerable
País
8.7
9.9
6.8
6.2
7.8
4.5
9.7
11.1
8.5
Fuente: Contreras y Medrano Capítulo 3 y Valenzuela y Herrera Capítulo 2
38 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
El Cuadro 12 resume los datos principales
que
caracterizan
la
evolución
macroeconómica del país entre 1982 y 2002.
El PIB per cápita en este período creció casi
4% al año, de tal modo que el ingreso por
habitante más que se duplicó. Sin embargo,
en el primer decenio, como se salía de la
depresión de 1982, buena parte del
crecimiento fue recuperación de actividad y
aprovechamiento de capacidad ociosa con
poco crecimiento en la productividad. En
cambio, en el decenio 1992-2002 el
crecimiento se basó en un fuerte incremento
de la productividad total de factores (PTF).
Sin recesiones severas
Un segundo factor, no menor, para explicar
la fuerte mejora en bienestar de la población,
en especial la más vulnerable, es que entre
1984 y 2002 Chile no sufrió ninguna recesión
severa; a lo más la caída de 1% en 1999. En
efecto, los mayores daños a la población más
vulnerable así como los peores retrocesos
distributivos en su bienestar se deben al alto
desempleo y consiguientes fuertes caídas en
los salarios producto de depresiones
económicas, como las de 1974/75 y 1982/
83. Como país pequeño con una economía
abierta, Chile es y será siempre vulnerable a
shocks externos. Sin embargo, gracias a una
política macroeconómica estable y bien
llevada a cabo, en los últimos 20 años Chile
ha podido evitar severas recesiones y sus
secuelas sociales, con lo que la población
más vulnerable ha vivido una tendencia
consistentemente ascendente en su bienestar.
Precisamente debido a que el desempleo es
tan alto en el período 1982-92, el
crecimiento de los salarios reales es muy
modesto, 0,6% al año; de ahí que los
ingresos de los hogares se elevan en este
período principalmente por la reducción del
desempleo de sus miembros. En cambio, en
1992-2002 y, ciertamente hasta la crisis
asiática, el desempleo es relativamente bajo,
razón por lo cual el crecimiento medio de
los salarios reales es importante, 3,5% al
año. Pese a estos progresos, la distribución
del ingreso es y sigue muy desigual en Chile.
La diferencia de ingreso entre el quintil más
rico y el quintil más pobre es del orden de
14 a 1, una de las distribuciones más
desiguales de América Latina, así como del
mundo, siendo ésta el doble de la
prevaleciente entre los países desarrollados.
La Política Social7
El tercer factor explicativo de las mejoras
que hubo es la política social. En efecto, el
importante avance en la provisión de
servicios sociales dependió tanto de los
mayores ingresos fiscales que proveyó el
crecimiento económico, como al
incremento deliberado que hubo, primero
en incrementar los ingresos fiscales por
Cuadro 12: La evolución macroeconómica 1982-2002
1982-1992
1992-2002
PIB Per Capita
4,1%
3.5%
Productividad (PTF)
0.6%
2.5%
Desempleo Medio*
14%
8.5%
Salario Real
0.6%
3.5%
Razón Quintil (Q5/Q1)
14
Fuentes: Larrañaga (2003), Larraín y Vergara (2000)
*
Corregido por programas especiales
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 39
sobre su tendencia secular y, segundo, en
asignarlos crecientemente a programas
dirigidos hacia los grupos vulnerables.
a) aumento en el gasto social
La reforma tributaria de 1990, que elevó los
ingresos tributarios en algo más de 2 puntos
porcentuales del PIB, se realizó con la
finalidad de financiar incrementos
importantes en el gasto social por considerar
que la salud, educación y vivienda social
habían sido altamente descuidados en el
gobierno militar. A ello habría que agregar
los importantes esfuerzos en reducir la
evasión así como la elusión tributaria. De
ahí que el gasto social entre 1990 y 2002 se
elevó en 2,5 veces, o sea a un ritmo de casi
8% anual (ver Cuadro 13), muy por encima
del ritmo de crecimiento económico del
período y, por tanto, de lo que habría sido
el incremento tendencial en los ingresos
tributarios sin reforma tributaria.
b) mayor focalización hacia los más
necesitados
El gasto social no sólo se incrementó por el
aumento deliberado en los ingresos fiscales,
sino que también porque hubo un esfuerzo
de reorientar una parte creciente de éste
hacía el gasto social. De ahí que el gasto
social pasó de representar 61% del gasto
fiscal total a principios de los 90 a casi 70%
en 2003. Esta reorientación fue fruto de
varias decisiones. Primero, la decisión de
licitar concesiones al sector privado para
construir infraestructura liberó recursos
fiscales para fines sociales (se estima que
se liberaron más de US$ 5.000 millones de
esta manera entre 1990-2003). Segundo, el
gasto en defensa del gobierno general se
redujo de 2,2% del PIB a fines de los 80s a
1,7% en el 2002. Tercero, los superávit, del
sector público en el período permitieron
reducir fuertemente la deuda pública, por
lo que se redujo la participación de pagos
de intereses en el gasto fiscal de 1,7% del
PIB en 1989 a 0,4% en el 2000. Cuarto,
continuaron los esfuerzos para focalizar el
gasto social en los grupos más vulnerables.
Evidencia de esta mejor reasignación es que
mientras en 1990-1992 los subsidios
monetarios
(pensión
asistencial,
asignaciones familiares, subsidio único
familiar, subsidio de agua potable, subsidio
de cesantía) reducían en 8% la desigualdad
de ingresos entre los quintiles más ricos y
más pobres, en 2000-2003 los redujeron en
14% (ver el cuadro 15).
c) El impacto de la política social sobre
la distribución del ingreso
Es conocido la muy desigual distribución del
ingreso de Chile -entre las peores en
América Latina- región ya de las más
desiguales del mundo. De hecho, el quintil
más rico de la población recibe 56,5% del
ingreso nacional, mientras que el quintil más
Cuadro 13: Gasto público social 1990-2003
Gasto Público Social (miles de millones
de $2002)
Gasto Público social como % del PIB
1990
1992
2002
2003 (est.)
$310.000
$380.000
$730.000
$765.000
12,5%
12,8%
16%
16,3%
40 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
pobre recibe apenas el 3,9%. De ahí que
las diferencias de ingreso (autónomo) entre
ambos quintiles es sobre 14 a 1 (ver cuadro
14), en comparación con relaciones de
desigualdad, es la mitad de ésta en los países
desarrollados. Es decir, si el 20% más pobre
de Chile recibiera no 3,9% como es en la
actualidad sino 5,3% como en los países
desarrollados, este “pequeño” incremento
en su participación equivaldría a elevar su
ingreso en 35%, lo que reduciría el
porcentaje de pobres e indigentes en más
de la mitad (o sea, a menos de 10% y 3%
de la población respectivamente).
Elevar los ingresos autónomos de las familias
vulnerables (es decir, aquellos generados
por las propias familias por su trabajo)
depende de las fuerzas de mercado y, por
consiguiente, de si trabajan o no y de la
calidad de su empleo. Y esto depende
crucialmente de la cantidad, tipo y calidad
de su educación. Una vez más debemos
insistir en la importancia de enfatizar la
calidad de la educación así como de
políticas, como la provisión de guarderías
infantiles, que pudieran ayudar a elevar la
participación laboral de las familias más
vulnerables.
La política social ha tenido un impacto
positivo importante sobre la distribución del
ingreso. En primer lugar, los subsidios
monetarios
directos
(pensiones
asistenciales, subsidio único familiar,
subsidio al consumo de agua potable,
subsidio de cesantía) han estado
concentrados en los deciles de más bajo
ingreso. De ahí que se reduce la relación
de ingreso entre quintiles, incluyendo en los
ingresos los subsidios monetarios así como
los autónomos, de 14,3 a 12,3.
Cuadro 14: La distribución del ingreso sin y con políticas sociales (índice 5º/1er quintil)
1990
1992
2000
2003
Ingreso autónomo (generado por la familia)
14,0
13,2
15,3
14,3
Ingreso monetario total (incluyendo
susbsidios monetarios recibidos por
la familia)
12,9
12,2
13,2
12,3
8,9
8,1
8,3
7,6
Ingreso Total (incluyendo los subsidios
monetarios más el valor de programas
gratuitos de educación, salud...)
Cuadro 15: Mejora en la distribución del ingreso producto de las políticas sociales
(reducción porcentual en índice 5º/1er quintil)
1990
1992
2000
2003
Mejora producto de subsidios monetarios
8%
8%
14%
14%
Mejora producto de las políticas sociales
31%
33%
37%
38%
Mejora Total
36%
38%
46%
47%
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 41
Más aún, si valoramos los servicios gratuitos,
como la educación, la salud pública y
programas de vivienda subsidiados –que
también se concentran preferentemente en
los grupos más vulnerables– se observa (ver
Cuadro 15) que estos programas reducen las
desigualdades entre los quintiles más alto y
más bajo de la población en un 38%, con
lo que la brecha de desigualdad en el
“ingreso total” (donde estos gastos son
sumados como un ingreso efectivo) se
reduce a 7,6.
O sea, el efecto total de las políticas sociales
–tanto de los subsidios monetarios como de
los programas no monetarios-, reducen las
desigualdad entre quintiles en 47%. Esto
compara favorablemente con 1990 cuando la
reducción era de 36% y, por ende, la relación
en ingreso total entre quintiles era de 8,9 vs.
7,6 en la actualidad (ver cuadro 14).
En otras palabras, si bien entre 1990-92 y
2002-2003 no ha habido mejora alguna en
la distribución del ingreso autónomo de los
hogares (lo que el mercado provee), la
política social ha podido reducir la brecha
en ingreso “total” o bienestar en forma
significativa en estos últimos 12 años.
en la distribución del ingreso monetario, sí
hubo mejoras relativas en el bienestar de la
población más vulnerable en indicadores
como mayor esperanza de vida, menor
hacinamiento y reducciones en la
proporción de hogares vulnerables carentes
de electricidad, agua y alcantarillado.
Si bien hay motivos de satisfacción por lo
logrado, queda aún mucho por hacer.
Demasiados chilenos, cerca de un 20%,
sigue viviendo en condiciones al borde de
lo infrahumano y un porcentaje mayor vive
en condiciones de alta fragilidad, donde un
cambio adverso cualquiera puede
derrumbar lo construido.
Por cierto, vulnerabilidad e infrahumano son
conceptos relativos. Mas, dado el nivel de
desarrollo que el país ha alcanzado, lo que
era tolerable 10 o 20 años atrás ya no lo es,
ni debe serlo. En efecto, el esfuerzo
adicional que tendríamos que hacer como
sociedad es tal vez de un punto y medio
más del PIB dirigido a estos grupos (lo que
elevaría su ingreso y bienestar del orden de
35%). En vista de que nuestro ingreso per
cápita es más del doble de 20 años atrás,
esto significa que es cada vez menos costoso
el sacrificio para la sociedad de solucionar
esta lacra social.
CONCLUSIONES
Los datos censales permiten concluir que en
los últimos 10 años el progreso general del
país – sea por el crecimiento económico en
sí, sea por la política social - alcanzó a la
población con menor bienestar socio
económico o más vulnerable. Esta
experimentó importantes mejoras absolutas
en los principales indicadores, tanto en esos
dependientes del nivel de ingreso del hogar
–los bienes durables de éste, así como la
calidad de su vivienda, como en aquellos
ligados a los servicios sociales provistos por
el estado– infraestructura así como
educación y salud. Si bien no hubo mejora
42 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
Mas, este estudio también sugiere donde
deberían dirigirse estos esfuerzos: en la
educación, sobre todo (aunque no
exclusivamente) de la población rural. En
efecto, observamos un rezago relativo en el
progreso educacional de la población
vulnerable. Este rezago es aún más
preocupante si a ello le agregamos la
calidad mediocre de la educación a la cual
suele acceder la población más vulnerable.8
Salir de la vulnerabilidad requiere por sobre
todo desarrollar los talentos potenciales de
esta población. Pues todas las políticas
sociales que mejoren su bienestar, pero que
no permite desarrollar sus talentos, los
dejará “semi inválidos”, dependientes del
grado de paternalismo de las autoridades de
turno. Esto implica la necesidad de
renovados esfuerzos para abrir acceso a la
educación media y de calidad (y
probablemente técnica más que científica
humanista) a esa gran parte de la población
joven rural, que, por los elevados costos de
transporte o de oportunidad, no suele
continuar sus estudios más allá de la
educación básica.
En segundo lugar, implica diseñar cursos
especiales de capacitación en oficio (y de
una duración suficiente) para la población
actualmente adulta, carente de estudios de
enseñanza media, para permitirles acceder
a un oficio con un grado de calificación
relevante.
Ambas propuestas encarecerán los costos,
pues es centrarse en esos grupos más
difíciles. Sin embargo, los vulnerables no
son muchos; y los frutos son grandes.
Significa movilizar los talentos latentes de
los vulnerables en pos de su propio
desarrollo y sacarlos de su pasividad y
dependencia; es evitar los riesgos de
marginación, exclusión y hasta
comportamiento antisocial. Es ofrecer
oportunidad y esperanza donde hay
frustración y desazón.
Finalmente, es motivo de alta preocupación
–aunque excede mis conocimientos
profesionales como economista– el aparente
deterioro en los lazos familiares de la
población más vulnerable. Ya menos de la
mitad de los jefes de hogares que pertenece
a este segmento de la población son
casados. Por mucho que el Estado pueda
intentar suplir lo que la familia debe proveer
por medio del sistema educacional, es en
la familia donde se forman los hábitos de
trabajo y disciplina así como los valores de
superación, juego limpio y solidaridad. La
falta de modelos adecuados para los jóvenes
dentro del ámbito familiar los hacen presas
fáciles de influencias negativas o
antisociales, lo que puede significar entrar
en un círculo vicioso de transmisión
intergeneracional
de
pasividad,
dependencia, baja autoestima y exclusión.
Muchas veces se propone expandir
guarderías infantiles para permitir elevar la
participación femenina y así ayudar a la
familia más pobre y vulnerable a
incrementar sus ingresos. Mas un segundo
motivo, tal vez hasta más importante, me
atrevería a sugerir, es intentar por este medio
suplir la educación en hábitos y valores que
pudiera faltarle a niños de hogares
vulnerables. Y ciertamente hay mucho que
queda por hacer en este ámbito, pues sólo
un cuarto de los niños del quintil más bajo
de ingreso está en parvularios.
En síntesis, el progreso de las últimas dos
décadas no sólo benefició al ciudadano
medio, sino que alcanzó a beneficiar
también a la población con menor bienestar
socioeconómico o más vulnerable.
Tenemos, pues, mucho por el cual sentir
satisfacción. Sin embargo, más que
sentarnos en los laureles de lo ya realizado,
los logros de estos últimos años deberían
servir de aliento para esforzarnos más en pos
de lo mucho que aún queda por hacer.
SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA • 43
NOTAS
1 Este párrafo es tomado de un excelente artículo
escrito a base de la apreciación de su situación
por los propios “pobres” realizado por el Hogar
de Cristo. Ver P. Egenau y B. Baranda, “Voces de
la vulnerabilidad: Radiografía humana de la
pobreza”, Revista Mensaje, agosto 2004.
2 Dinámica de la Pobreza: resultados de la encuesta
de panel 1996-2001”, División Social,
Departamento de Información Social,
MIDEPLAN (diciembre de 2002).
3 Ver David Bravo, “Trabajo: dignidad y cambios. El
mercado laboral chileno” en Cuánto y cómo
cambiamos los chilenos: balance de una década,
censos 1992-2002 (INE, Cuadernos Bicentenario,
Santiago, 2003).
4 No cumplen con los estándares mínimos viviendas
cuyos pisos sean de tierra o ladrillo, cuyos muros
sean de desechos, adobe o barro (e las Va las
XII regiones), cuyos techos sean de fonolita o paja
y que sea una vivienda tipo mediagua, choza o
ruca. Véase el capítulo de Osvaldo Larrañaga
para la definición exacta.
5 Ver División Social de MIDEPLAN, “Pobreza,
distribución del ingreso e impacto distributivo
del gasto social”, Serie CASEN 2003 (Santiago,
agosto de 2004). Si bien este resultado es el
normalmente citado por los analistas, en honor
a la verdad, hay alguna evidencia disonante con
esta convicción convencional. En efecto, la
encuesta de presupuestos familiares del INE
44 • SEGUNDO SEMESTRE 2005. ESTADISTICA Y ECONOMIA
indica una mejora significativa en la distribución
del ingreso monetario, la brecha entre el quintil
más rico y el quintil más pobre habiendo caído
de 11 a 1 en 1987-88 a 8 a 1 en 1996-97.
Asimismo la proporción del ingreso nacional que
va a al quintil más pobre habría subido de 4,8%
a 6,3% del PIB entre 1987 y 1997, mientras que
la fracción del ingreso yendo al quintil más
adinerado se habría reducido de 56,1% a 50,4%
. Esta encuesta , por cierto, tiene sus limitaciones:
sólo se refiere al Gran Santiago, no se efectúa
con la finalidad de determinar ingreso si no de
determinar el nivel y composición del gasto; se
hace sólo cada 10 años, etc. Sin embargo, debo
hacer notar que la encuesta CASEN también tiene
sus limitaciones y sus resultados son muy
sensibles a los ajustes importantes que deben
hacerse por subdeclaración en los ingresos
reportados, los cuales no son constantes de una
encuesta a la otra.
6 Por cierto, el avance a nivel nacional está acotado
por el hecho que ya 87% del país tenía
electricidad en 1992, por lo que la mejora
máxima sólo podría haber alcanzado 13 puntos
porcentuales.
7 Esta sección hace un uso intensivo del excelente y
muy comprensivo artículo, aún no publicado, de
José Pablo Arellano, titulado “Políticas sociales
para el crecimiento con equidad Chile 19902002”, mimeo (abril 2004).
8 Ver David Bravo y Dante Contreras, Competencias
Básicas de la Población Adulta (CORFO,
Ministerio de Economía y Departamento de
Economía, Universidad de Chile, Santiago, 2001).
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