sub-tema 3: la independencia del juez

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SUB-TEMA 3: LA INDEPENDENCIA DEL JUEZ.
PRESENTACIÓN
El Estado debe garantizar la independencia del juez señalando
que sólo debe estar sometido a la Constitución y las leyes (Const.,
art. 146, inc. 1). En doctrina esta es una de las facetas del principio de
la independencia judicial, existiendo otras que exploran, por ejemplo,
las garantías que el magistrado debe exigir al Estado para un adecuado
desempeño en la función jurisdiccional o, las incompatibilidades en
las que el magistrado no debe incurrir. Algunas de las primeras están
recogidas en la Carta Magna (art. 146, incs. 2 a 4).
Todos estos aspectos deben ser abordados en el tratamiento
de un principio como el de la independencia del juez, pilar
fundamental para la consolidación institucional del Poder Judicial y,
con ello, del equilibrio de poderes propio del Estado de Derecho.
PREGUNTAS-GUÍA:
¿Es posible distinguir entre independencia del juez y del Poder
Judicial?
¿En qué consiste estrictamente la independencia del juez?
c)
¿Cuáles son las garantíaá e incompatibilidades que sustentan
la independencia del juez?
¿En qué consiste la responsabilidad judicial?
140
1.Z- La independencia del juez.
El artículo 139, numeral 2 de la Constitución dispone lo
siguiente:
"Son principios y derechos de la función jurisdiccional... La
independencia en el ejercicio de la función jurisdiccional...".
Más adelante, el artículo 146, numeral 1 de nuestra Ley de Leyes
precisa que:
"...El Estado garantiza a los magistrados judiciales... Su
independencia. Sólo están sometidos a la Constitución y la ley..".
Como puede apreciarse, la Carta Magna consagra como uno
de los principios de la función jurisdiccional la independencia del
juez en su ejercicio. Según algunos autores, son tres los elementos
tipificantes de la función jurisdiccional: el desinterés objetivo, la
imparcialidad y la independencia. En cuanto a lo primero, el juez es
ajeno a los intereses de las partes en conflicto, por lo que aplica el
Derecho objetivamente. En lo referente a lo segundo, mientras que
las partes tienen intereses en conflicto, el juez tiene una posición
neutral frente a dichos intereses. Finalmente, en lo que respecta a lo
tercero, el juez ejercita la función jurisdiccional con absoluta soberanía,
no depende de nadie, estando sujeto únicamente al ordenamiento
jurídico. Esto no niega la ordenación jerárquica de los tribunales al
interior del Poder Judicial, sólo para aspectos administrativos (DE
LA OLIVA Y FERNÁNDEZ, 1996: pp. 26-28).
Genéricamente hablando, la independencia consiste en la
ausencia de subordinación a otro, el no reconocimiento de un mayor
poder o autoridad (DE OTTO, 1989: p. 57). En la época del Antiguo
Régimen, la teoría política de la monarquía absolutista se construía en
una concentración de poderes en la figura del Rey, quien ejercía
funciones jurisdiccionales. Con el advenimiento de la Revolución
141
Francesa, latearía política se sustentó mas bien en la separación de
poderes. En ese contexto, la primera noción de independencia judicial
aludió a la transferencia de la función jurisdiccional del gobernante a
los jueces, quienes la ejercerían a partir de entonces con exclusividad,
y la consecuente prohibición de ejercerla por parte de los otros Poderes
del Estado (LOVATÓN PALACIOS, 1998: p. 16).
Este concepto de independencia del juez es el que inspiró los
primeros textos constitucionales de la Época Contemporánea, como
puede apreciarse en el discurso preliminar de la Constitución de
Cádiz (1812), primer texto constitucional que rigió en las colonias
americanas:
"Para que la potestad de aplicar las leyes a los casos particulares
no pueda convertirse jamás en instrumento de tiranía, separan de
tal modo las funciones del juez de cualquier otro acto de la autoridad
soberana, que nunca podrán ni las Cortes ni el Rey ejercerlas bajo
ningún pretexto...".
Posteriormente, esta noción inicial de la independencia judicial,
que supone una reserva de jurisdicción fue absorbida por el principio
de exclusividad de la función jurisdiccional (MUÑOZ MACHADO, 1989:
p. 44). Entonces, la independencia judicial adoptó otros dos contenidos.
En un primer momento, el énfasis se trasladó hacia la independencia
personal del juez, consistiendo en la exigencia de la inamovilidad del
magistrado, estableciéndose criterios objetivos de incompatibilidad y
recusación. Luego, se llegó al concepto contemporáneo de
independencia judicial como sujeción exclusiva del juez a la ley, a nada
ni a nadie más (LOVATÓN PALACIOS, 1998: p. 18).
Corno puede advertirse, hasta el momento se han esbozado
diversas nociones de independencia siempre referidas al juez, pero
no orientadas hacia el Poder Judicial como institución. Sin embargo,
desde tiempo atrás el propio Montesquieu estimó que la
independencia de la función jurisdiccional no sólo aludía al
142
sometimiento exclusivo del juez a la ley, sino también a la no
subordinación del cuerpo de-jueces frente a los otros Poderes del
Estado. A partir de esta noción de independencia, se estimó que
ésta constituye un presupuesto para que el juez pueda desempeñar
eficientemente la función de administrar justicia (PEDRAZ
PENALVA, 1990: pp. 32-35).
Otros autores ampliaron la noción de independencia personal
del juez, refiriéndola también frente a las partes del proceso (GIMENO
SENDRA, 1996: pp: 43-44) aunque, como vimos, esta pauta podría
aludir al desinterés objetivo y la imparcialidad del magistrado. Del
mismo modo, la independencia del juez aludió adicionalmente a su
autonomía respecto de los centros de decisión del Poder Judicial
(órganos de gobierno y superiores jerárquicos), en el ejercicio de la
función jurisdiccional (BERGALLI, 1984: p. 101).
En esa medida, según algunos es posible distinguir en función
a la posición institucional del magistrado entre una independencia
externa, como escudo ante las presiones provenientes de los
poderes públicos o los particulares, y una interna, referida a evitar
las presiones de los superiores jerárquicos e, inclusive, las presiones
al interior del propio órgano jurisdiccional cuando éste es colegiado,
mediante la posibilidad de emitir votos singulares (DÍEZ PICAZO,
1991: pp. 103-105).
Recapitulando la información vertida, para otros podría hablarse
de cuatro tipos de independencia: ad extra, desde la perspectiva
del Poder Judicial frente a los otros poderes públicos; ad infra, desde
la óptica del juez frente a sus superiores jerárquicos y los órganos
de gobierno del Poder Judicial; económica, en un nivel institucional
respecto de la materia presupuestaria y, en un nivel personal
aludiendota las remuneraciones de los magistrados; y, finalmente,
jurídica, en cuanto a la consabida sujeción exclusiva del juez a la ley
(GONZÁLES MONTES, 1993: pp. 25-56).
143
1
rI
Queda claro, entonces, que por lo menos actualmente se
distingue entre la independencia del juez y la del Poder Judicial. Este
es autónomo cuando puede proyectar, aprobar y concretar cambios
en su estructura interna, por ejemplo, para planificar sus ingresos y
egresos, incentivar la formación de sus miembros y coordinar la
preparación y selección de los nuevos magistrados. La
independencia del juez es un correlato de la anterior, pues implica la
posibilidad de administrar justicia sin interferencias, limitaciones ni
condiciones (MONROY GÁLVEZ, 1991: p. 49), siendo los principales
medios para afianzarla la inamovilidad en el cargo y la regularidad
en el pago de sus remuneraciones, así como un adecuado y objetivo
sistema de nombramientos y ascensos (HERMOSILLA
ARRIAGADA, 1991: pp. 89-92).
Tal distinción tiene correlato normativo en el artículo 2 de la Ley
Orgánica del Poder Judicial cuando se señala que:
"El Poder Judicial en su ejercicio funcional es autónomo en lo político,
administrativo, económico, disciplinario e independiente en lo
jurisdiccional, con sujeción a la Constitución y a la presente ley".
Inclusive, puede apreciarse que se emplean términos distintos:
la independencia del Poder Judicial es denominada "autonomía",
mientras que se utiliza el término "independencia" para referirlo al juez.
Ahora bien, ¿por qué es necesaria la independencia del
magistrado? Fundamentalmente, porque en tanto es el operador
estatal del Derecho por excelencia, es el único que se encuentra
fadultado para emitir ponunciamientos que resuelven conflictos con
carácter definitivo (cosa juzgada), lo que obliga a que tenga
autonomía frente a los poderes públicos y las partes del proceso
(DE OTTO, 1989: p. 33). De lo contrario, la administración de justicia
sería parcializada, configurándose la peor de las tiranías, pues el
juez actuaría arbitraria e impunemente. La garantía para el
magistrado de poder contar con la autonomía antes aludida, se
144
plasma en la exigencia de su sujeción únicamente al ordenamiento
jurídico. Entonces, se puede esperar del magistrado que administre
justicia sólo en función a la ley. En esto consiste, la necesidad de su
imparcialidad. Para asegurar ésta se establece legalmente un
sistema de abstenciones y recusaciones (lbid., pp. 61-63).
Para otros, este sometimiento exclusivo del juez a la ley tiene
naturaleza meramente instrumental, pues el propósito final es
asegurar la efectividad del principio de legalidad en la administración
de justicia. Y para poder tener la certeza que el magistrado
concretará este objetivo se ha establecido un sistema de
responsabilidad judicial. Si la independencia y el sometimiento a la
ley son dos caras de la misma moneda, lo que las une es la
responsabilidad del juez, que permite la fiscalización de la actividad
jurisdiccional (REQUEJO PAGÉS, 1989: pp. 116-160).
1.7.1.- Sujeción exclusiva del juez a la ley.En rigor, la independencia del juez, no la del PoderJudicial, es
un concepto esencialmente jurídico, por lo que ha de entenderse
como ausencia de subordinación jurídica en el ejercicio de la función
jurisdiccional (DE OTTO, 1989: p. 58). Ello se aprecia claramente
en el artículo 146, numeral 1 de la Constitución que esboza una noción
de independencia del juez vinculada directamente con su
sometimiento exclusivo a la Constitución y la ley.
En esa perspectiva, es posible hablar de dos clases de
independencia del juez: en sentido estricto, referida a su sometimiento
exclusivo al ordenamiento jurídico; y, de hecho, que alude al conjunto
de condiciones establecidas para desvincular al juez de
subordinaciones fácticas. De tal modo que, sólo la primera aludiría en
puridad a la independencia, mientras que la segunda aludiría a la
imparcialidad (REQUEJO PAGÉS, 1989: p. 192). Esta vendría a ser
la "traducción empírica" de la independencia, garantizada por el
régimen legal de incompatibilidades en las que no puede incurrir el
magistrado y el aseguramiento de su inamovilidad (Ibid., pp. 169-170).
145
Sistematizando lo expuesto-„tendríamos dos tipos de
independencia del juez: de derecho, plasmado en su subordinación
exclusiva frente a la ley; y, de hecho o imparcialidad, que supone un
conjunto de garantías que debe exigir el magistrado al legislador y
eventualmente a su institución, y una serie de incompatibilidades en
las que no debe incurrir y cuya observancia puede exigirle el Poder
Judicial en el ejercicio de la función jurisdiccional. Las garantías más
importantes son la inamovilidul en el cargo, contar con una
remuneración digna, tener institucionalmente un órgano de gobierno
autónomo y la existencia de mecanismos objetivos de selección y
nombrarniento de magistrados. De otro lado, las incompatibilidades
principales consisten en que el juez no tenga filiación políticopartidaria, no integre un sindicato y no tenga vinculación con las
partes en litigio (LOVATÓN PALACIOS, 1998: pp. 19-20).
A nivel normativo, podemos apreciar el reconocimiento de la
independencia, la imparcialidad y las garantías e incompatibilidades
mencionadas. En cuanto a la primera, como vimos, está recogida
en el mencionado artículo 146, numeral 1 de la Constitución. Además,
es importante resaltar qué el hecho que los otros numerales del
mismo artículo se refieran a la inamovilidad, la estabilidad y la
remuneración digna, denotan claramente la opción de nuestro
ordenamiento jurídico por diferenciar la independencia del juez de
su imparcialidad y demás aspectos. Esta preferencia conceptual se
advierte también en la diferencia entre autonomía del Poder Judicial
e independencia del juez, contenida en el antes citado el artículo 2
de la LOPJ. La segunda es definida en términos estrictamente
jurídicos.
Asimismo, encontramos la independencia del juez de manera
tácita en el artículo 138 de la Carta Magna cuando señala que:
"La potestad de administrar justicia emana del pueblo y se ejerce
por el Poder Judicial a través de sus órganos jerárquicos con arreglo
a la Constitución y a laS leyes...".
146
Esta norma es repetida textualmente en el artículo 1° de la LOPJ.
Por su parte, el artículo 186, numeral 1 del mismo cuerpo normativo
establece que:
"Son derechos de losMagistrados: La independencia en el ejercicio
de sus funciones jurisdiccionales".
En cuanto a la imparcialidad, la podemos encontrar en el
artículo 139, numeral 2 de la Ley de Leyes, en lo referente a la ausencia
de subordinación jurisdiccional del juez ante sus superiores
jerárquicos:
"Son principios y derechos de la función jurisdiccional... La
independencia en el ejercicio de la función jurisdiccional. Ninguna
autoridad puede avocarse a causas pendientes ante el órgano
jurisdiccional ni interferir en el ejercicio de sus funciones...".
También está regulada en el artículo 16 de la Ley Orgánica del
Poder Judicial, cuando se dice que:
"Los Magistrados son independientes en su actuación jurisdiccional
dentro de su competencia. Ninguna autoridad, ni siquiera los
magistrados de instancia superior, pueden interferir en su actuación.
Están obligadob a preservar esta garantía, bajo responsabilidad,
pudiendo dirigirse al Ministerio Público, con conocimiento del
Consejo Ejecutivo del Poder Judicia1 25, sin perjuicio de ejercer
directamente los derechos que les faculta la ley".
Finalmente, el segundo párrafo del artículo 4 de la Ley Orgánica
del Poder Judicial se refiere a la imparcialidad del juez frente a
autoridades ajenas a su institución:
"...Ninguna autoridad cualquiera sea su 'rango o denominación,
fuera de la organización jerárquica del Poder Judicial, puede
25 Actualmente, la Comisión Ejecutiva del Poder Judicial.
147
avocarse al conocimiento de causas pendientes ante el órgano
jurisdiccional...".
1.7.2.- Garantías e incompatibilidades en la función
jurisdiccional.a) Garantías.
En cuanto a las garantías, el tercer párrafo del artículo 146 de
la Constitución precisa que:
"El Estado garantiza a los magistrados judiciales:
Su independencia. Sólo están sometidos a la Constitución y
la ley.
La inarnovilidad en sus cargos. No pueden ser trasladados
sin su consentimiento.
Su permanencia en el servicio, mientras observen conducta
e idoneidad propias de su función. Y
Una remuneración que les asegure un nivel de vida digno de
su misión y jerarquía".
Como ya fuera señalado, la independencia aparece separada
de las garantías que la sustentan: la inamovilidad, la estabilidad y la
remuneración digna. La inamovilidad es considerada como la
principal garantía de los jueces frente a las autoridades políticas
(GON1ZALES MONTES, 1993: p. 56), pues supone la permanencia
en el cargo evitando que éstas puedan suspender o destituir al
magistrado, trasladarlo de su puesto o jubilarlo de sus funciones de
manera arbitraria (LORCA NAVARRETE, 1989: p. 205; DE OTTO,
1989: p. 58). Además, sirve de sustento a determinados principios
del debido proceso legal como él juez predeterminado por ley o juez
natural, que implica la imposibilidad de cambiar al magistrado que
conoce del brodlso Sino es por causas justas y razonables, previstas
en una norma legal y por el procedimiento correspondiente (DE LA
OLIVA Y FERNÁNDEZ, 1996: p. 33).
148
La inamovilidad es una garantía prevista tanto en el Derecho
anglosajón como en el romano-germánico. En Estados Unidos, los
jueces federales sólo pueden ser separados de sus cargos por el
procedimiento del impeachment o antejuicio político en el Congreso
(Const., art. 111.1). En Italia, los jueces sólo pueden ser trasladados
de sus puestos por voluntad propia, las causas legalmente previstas
y después de un procedimiento administrativo de naturaleza
contradictoria regulado por ley (Const., art. 107). Finalmente, en
Alemania, este procedimiento. es judicial (Const., art. 97) (DÍEZ
PICAZO, 1991: p. 99).
La inamovilidad se obtiene inicialmente mediante los sistemas
públicos de acceso al funcionariado (concurso y oposición), que
permiten la selección de los magistrados más capaces y,
posteriormente, a través de la configuración de un estatuto jurídico del
juez como funcionario que impida su arbitraria remoción, suspensión
o traslado fuera de las causas que generan responsabilidad penal o
disciplinaria (GIMEN° SENDRA, 1996: p. 45).
El artículo 186, numeral 3 de la Ley Orgánica del Poder Judicial
regula tácitamente la inamovilidad en los siguientes términos:
"Son derechos de los Magistrados... A ser trasladados, a su solicitud
y previa evaluación, cuando por razones de salud o de seguridad
debidamente comprobadas, no sea posible continuar en el cargo...".
Contrario sensu, los magistrados no pueden ser trasladados
de sus puestos de trabajo sin que lo soliciten o, evidentemente, sin
que medien motivos objetivos para ello.
En lo que respecta ala estabilidad, la Constitución la consagra
como la permanencia en el servicio de los jueces mientras observen
conducta e idoneidad propias de su función. El artículo 186, numeral
2 de la Ley Orgánica del PoderJudicial la enuncia textualmente:
149
"Son derechos de los Magistrados... la estabilidad en el cargo, de
acuerdo a la Constitución y las leyes...".
En diversos sistemas jurídicos, la estabilidad es plasmada en
la magistratura vitalicia, que supone una jubilación opcional por el
juez, es decir, a partir de determinada edad éste puede decidir
voluntariamente retirarse del servicio pero no estar obligado a
hacerlo. En nuestro país, los magistrados están dentro del régimen
laboral del sector público, es decir, son funcionarios públicos, por lo
que tienen una edad obligatoria de jubilación o cesantía 26.
Consideramos compatible con la .garantía de la estabilidad el
establecimiento de una edad de jubilación obligatoria. Sin embargo,
más discutible es la potestad que tiene el Consejo Nacional de la
Magistratura de ratificar en sus cargos a los magistrados cada siete
años, debiendo cesar aquellos que no aprueben las evaluaciones
correspondientes (Const., arta 154, num. 2). En tanto éstas se
circunscriban a medir la conducta funcional y el nivel de conocimientos
y actualización jurídicos de los jueces, la facultad en mención, a pesar
de ser polémica respecto del principio de estabilidad, no cabe duda
que es constitucional, pues la permanencia en el servicio está
condicionada a la observancia de la conducta e idoneidad propias
de su función.
En lo que concierne a la remuneración digna, ello alude a que
los magistrados deben contar con un sueldo acorde con la majestad
de la función jurisdiccional (LORCA NAVARRETE, 1989: p. 212). El
artículo 186, numeral 5 de la Ley Orgánica del Poder Judicial
desarrolla este concepto:
"Son derechos de los Magistrados... percibir una remuneración
acorde con su función, dignidad y jerarquía, la que no puede ser
disMinuida de manera alguna. Para, estos fines se toma en cuenta
lo siguiente;
26 Los jueces 'y vocales superiores cesan definitivamente a los 70 años de edad (D. L.
N° 276, art. 35, inc. a), mientras que los vocales supremos pueden estar en el servicio
activo hasta los 75 años (Ley N° 26623, Octava Disp. Trans., Comp. y Final).
150
a) El haber ordinario de los Vocales de la Corte Suprema, es
siempre igual al que perciben los Senadores o Diputados 27. La
homologación funciona automáticamente, para cuyo efecto los
Tesoreros de las Cámaras, producido cualquier reajuste en los
haberes, bonificaciones y asignaciones de los Parlamentarios,
comunican de inmediato al Presidente de la Corte Suprema,
quien dicta la resolución de homologación correspondiente. La
resolución antes señalada es puesta en conocimiento del
Director del Tesoro Público para su debido cumplimiento.
El haber de los Vocales Superiores es del 90% del total que
perciban los Vocales de la Corte Suprema; el de los Jueces
Especializados o Mixtos es del 80%; el de los Jueces de Paz
Letrados es del 70% y 55% el de los Secretarios y Relatores
de la Sala, referidos también en los tres últimos porcentajes
al haber total de los Vocales de la Corte Suprema...".
Si estas fueran las pautas actuales para determinar los montos
remunerativos de los magistrados del Poder Judicial, ciertamente
estaríamos hablando de niveles acordes con la majestad de la
función jurisdiccional. Lamentablemente, hasta la fecha los haberes
de los jueces y vocales no han sido equiparados a los de los
congresistas. Si bien los sueldos han sido incrementados en el inicio
del proceso de reforma judicial en virtud del "bono por función
jurisdiccional", aún no se alcanzan los promedios latinoamericanos.
Ello implica que aún no se han erradicado totalmente las condiciones
económicas propicias para el brote de algunos casos de corrupción
al interior de la institución.
En lo referente a que el Poder Judicial cuente con órganos de
gobierno autónomos, se alude principalmente a que las instancias
de gestión o administración de dicho Poder del Estado no dependan
•
•
27 En el contexto de la actual Carta Magna debe entenderse la homologación en
mención con los sueldos de los congresistas, dado que actualmente el Congreso es
unicameral (art. 90).
151
11
funcionalmente del Poder Ejecutivo o del Legislativo y, de ser posible,
se le asigne una porción fija del presupuesto público para evitar
configurar un clima contrario a la imparcialidad 28. Volveremos sobre
este punto con mayor amplitud en el capítulo siguiente.
Finalmente, en cuanto a que los magistrados sean incorporados
al Poder Judicial en base a mecanismos objetivos de selección, se
trata de que los nombramientos judiciales se efectúen estrictamente
en función a los méritos personales de los candidatos, para lo cual
la ausencia de participación de los Poderes Ejecutivo y Legislativo
suele resultar beneficiosa. En todo caso, volveremos sobre este punto
también con mayor amplitud en el último capítulo. Sin embargo,
podemos adelantar que el artículo 139, numeral 19 establece como
pauta para la consagración de esta garantía lo siguiente:
"Son principios y derechos de la función jurisdiccional... La prohibición
de ejercer función judicial por quien no ha sido nombrado en la forma
prevista por la Constitución o la ley. Los órganos jurisdiccionales no
pueden darle posesión del cargo, bajo responsabilidad'.
Por otra parte, la Ley Orgánica del Poder Judicial contempla
algunas garantías adicionales a favor de la imparcialidad del
magistrado. Así, el artículo 190 nos habla de la especialidad:
"La especialidad de los Magistrados se mantiene durante el
ejercicio del cargo. El ingresd a una función especializada no
impide postular a distinta especialidad29...".
Sin duda alguna, dada la gran complejidad del Derecho
contemporáneo reflejada en el surgimiento de múltiples ramas de la
,
.,
29 Como se recordara, la Constitución de 1979 estableció que el presupuesto del
Poder Judicial no podía ser menor al 2% del presupuesto de !os gastos corrientes del
Gobierno Central (art. 238).
29 Esta norma se encuentra en suspenso hasta el 31 de diciembre del 2000, en
aplicación de los artículos 4 de la Ley N° 26995 y 3 de la Ley N° 27009.
152
ciencia jurídica, la especialización de los jueces en la labor cotidiana
de administrar justicia contribuye decididamente a alcanzar los niveles
técnicos requeridos para una eficiente aplicación del ordenamiento
jurídico y, con ello, la cuota de legitimidad necesaria para que el Poder
Judicial aporte sustancialmente en el logro de la paz social.
Por su parte, el artículo 191 del mismo cuerpo normativo alude
a las restricciones en la detención de magistrados:
"Los Magistrados comprendidos en la carrera judicial, sólo pueden
ser detenidos por orden del Juez competente o en caso de flagrante
delito si la ley lo determina. En este último supuesto debe ser
conducido de inmediato a la Fiscalía competente, con
conocimiento del Presidente de la Corte respectiva, por la vía más
rápida y bajo responsabilidad".
Las restricciones en la detención, así como en la intimación o
la citación de los jueces respecto de las autoridades civiles o
militares, configuran en conjunto la garantía de la "inmunidad judicial"
(LORCA NAVARRETE, 1989: p. 211).
Finalmente, el artículo 193-del cuerpo normativo en referencia
alude a una suerte de "cláusula general" de garantías de la
imparcialidad contenidas en el mismo:
"Los derechos y beneficios que esta ley reconoce a los Magistrados
y, en general al Poder Judicial no pueden ser recortados,
modificados ni dejados sin efecto por ninguna disposición legal
que no sea la modificación de esta Ley Orgánica, según las
disposiciones constitucionales vigentes".
b) Incompatibilidades.
En cuanto a las incompatibilidades, como dijimos, son un
conjunto de supuestos Tácticos en los que el juez no debe incurrir,
153
41
para evitar que nazcan vínculos, de naturaleza pública o privada, que
pusieran al magistrado en una situación de sumisión de cualquier
índole (DE OTTO, 1989: p. 59) que afecte gravemente su
imparcialidad. Se trata de evitar que el juez no desarrolle en paralelo
a la función jurisdiccional cualquier otra actividad igualmente jurídica
(REQUEJO PAGÉS, 1989: p. 169).
La única incompatibilidad recogida en la Constitución alude a
la imposibilidad de que el magistrado desarrolle actividad pública o
privada distinta a la judicatura, salvo la docencia universitaria. Así,
el artículo 146 señala lo siguiente:
"La función jurisdiccional es incompatible con cualquiera otra
actividad pública o privada, con excepción de la docencia
universitaria fuera del horario de trabajo. Los jueces sólo perciben
las remuneraciones que les asigna el Presupuesto y las
provenientes de la enseñanza o de otras tareas expresamente
previstas por la ley..".
Esta "exclusividad" a la función jurisdiccional es ratificada y
detallada por el artículo 184, numeral 8 de la Ley Orgánica del Poder
Judicial en los siguientes términos:
"Son deberes de los Magistrados... Dedicarse exclusivamente a
la función judicial. No obstante, pueden ejercer la docencia
universitaria en materias jurídicas, a tiempo parcial, hasta por ocho
horas semanales dé dictado de clases y en horas distintas de las
que corresponden al despachojudicial. Igualmente, con las mismas
limitaciones pueden realizar labor de investigación jurídica, fuera
de las horas del despacho judicial, e intervenir a título personal en
Congresos y Conferencias".
Como puede apreciarle, las únicas actividades compatibles
con la función jurisdiccional son las académicas, de docencia e
investigación. Si bien éstas son actividades jurídicas, no afectan la
•
154
imparcialidad del magistrado. Pero, evidentemente deben llevarse
a cabo fuera del horario del despacho judicial y por un número
limitado de horas a la semana, en perspectiva de asegurar el
necesario descanso diario del juez para evitar su agotamiento que
repercutiría en el desarrollo de sus labores institucionales.
El artículo 197 del •mismo cuerpo normativo contempla otra
incompatibilidad: la imposibilidad de que determinados funcionarios
públicos sean propuestos para desempeñarse como magistrados,
inclusive después de un lapso de haber dejado el cargo:
"No pueden ser propuestos para ningún cargo judicial el Presidente
de la República, los Vicepresidentes, los Representantes al Congreso
y a las Asambleas Regionales, el Contralor General de la República,
los Ministros de Estado, los Miembros del Consejo Nacional de la
Magistratura, el Sub-Contralor General de la República, los
Viceministros y Directores Generales de los Ministerios, los
funcionarios que ejercen autoridad política, los Alcaldes y los demás
impedidos por ley, mientras están en ejercicio de sus funciones y hasta
seis meses después de haber cesado en el cargo".
Ciertamente, esta incompatibilidad está directamente
vinculada a. la independencia del Poder Judicial, pues refleja una
clara intención de mantener el equilibrio de poderes evitando
cualquier interferencia procedente del Poder Ejecutivo o Legislativo.
Por su parte, el artículo 1.98 del mismo cuerpo normativo se
refiere a una última incompatibilidad, relativa a la imparcialidad del
juez frente al personal de su institución: por razón de parentesco:
"Hay incompatibilidad por razón del parentesco hasta el cuarto
grado de consanguinidad, segundo de afinidad y por matrimonio:
1. Entre Vocales de la Corte Suprema, entre éstos y los Vocales
Superiores y Jueces de los Distritos Judiciales de la
155
República; así como con los Secretarios y Relatores de Sala
de la Corte Suprema y de las Cortes Superiores de la
República y con los Secretarios de Juzgados de los Distritos
Judiciales de la República.
En el mismo Distrito Judicial entre Vocales Superiores y entre
éstos y los Jueces, Secretarios y Relatores de Sala y
Secretarios de Juzgado; entre Jueces y entre éstos y los
Secretarios y Relatores de Sala y Secretarios de Juzgado; y,
los Secretarios y Relatores de Sala y Secretarios de Juzgado
entre sí.
Entre el petsonal administrativo y entre éstos y el personal
jurisdiccional, perteneciente al mismo Distrito Judicial".
Estas pautas constituyen una rígida prohibición a que parientes
por consanguinidad o afinidad puedan trabajar simultáneamente en
el Poder Judicial. Nos preguntamos hasta qué punto la imparcialidad
del magistrado puede verse afectada por determinadas situaciones
de parentesco como entre el personal jurisdiccional y el administrativo
o, inclusive entre el personal jurisdiccional que labora en diferentes
distritos judiciales. Síes que alguno de los parientes fuera parte en
un proceso judicial en el que al magistrado vinculado le
correspondiera asumir jurisdicción, debe considerarse impedido
(CPC, art. 305) o, en su defecto, la contraparte puede recusarlo (CPC,
art. 307). Estas figuras procesales, conjuntamente con la abstención,
garantizan la legitimidad del juez para conocer del conflicto concreto
con absoluta imparcialidad (LORCA NAVARRETE, 1989: p. 212).
c) Prohibiciones.
Por último, como ocurre con las incompatibilidades, las
prohibiciones son un conjunto de supuestos fácticos en los que el
juez no debe incurrir, para evitar que nazcan vínculos, de naturaleza
pública o privada, que pusieran al magistrado en una situación de
sumisión de cualquier índole (DE OTTO, 1989: p. 59) que afecte
gravemente su imparcialidad. Consideramos que la diferencia con
156
las incompatibilidades radica fundamentalmente en que éstas son
hechos precedentes al ejercicio de la judicatura (función pública
previa, parentesco), mientras que las prohibiciones son hechos
sobrevinientes a la designación corno juez.
El artículo 196 de la Ley Orgánica del Poder Judicial establece
lo siguiente sobre el particular:
"Es prohibido a los Magistrados:
Defender o asesorar pública o privadamente, salvo en causa
propia, de su cónyuge, concubino, ascendiente o
descendiente y hermanos.
Aceptar de los litigantes o sus abogados o por cuenta de ellos,
donaciones, obsequios, atenciones, agasajos o sucesión
testamentaria en su favor o a favor de su cónyuge, concubino,
ascendientes, descendientes o hermanos.
Ejercer el comercio o la industria o cualquier actividad
lucrativa personalmente o como gestor, asesor, empleado,
funcionario o miembro o consejero de juntas, directorios o
de cualquier organismo o entidad dedicada a actividad
lucrativa.
Admitir o formular recomendaciones en procesos judiciales.
Ausentarse del lugar donde ejerce el cargo, salvo el caso de
vacaciones, licencia o autorización del Consejo Ejecutivo.
Ejercer labores relacionadas con su función fuera del recinto
judicial con las excepciones de ley. Esta prohibición es
extensiva a todos los servidores del Poder Judicial; y,
7. Conocer un proceso cuando él, su cónyuge o concubino,
tenga o hubiera tenido interés o relación laboral con alguna
de las partes. ExceptúaSe de la prohibición a que se refiere
el presente inciso los procesos en los que fuera parte el Poder
Judicial.
Realizar otras actividades expresamente prohibidas por ley".
157
Por su parte, el artículo 153 de la Constitución dispone algunas
prohibiciones adicionales al señalar que:
"Los jueces y fiscales están prohibidos de participar en política,.de
sindicarse y declararse en huelga".
La prohibición de participación en política ha sido relativizada en
algunos ordenamientos jurídicos. Así, por ejemplo, el Tribunal
Constitucional alemán ha considerado en una sentencia del 30 de agosto
de 1983 que, como cualquier Ciudadano del Estado, el juez goza
también de protección para la libertad de emisión del pensamiento y,
en particular, de sus ideas políticas, lo que conduce igualmente a habilitar
el desarrollo de una actividad política. Ello siempre que no resulte
incompatible con el "núcleo de obligaciones inexcusable" para una
adecuada administración de justicia, sustentada en la neutralidad como
aplicador del Derecho (LORCA NAVARRETE, 1989: p. 210).
Ciertamente, en los sistemas anglosajones o en algunos
pertenecientes a la escuela romano-germánica donde se llevan a cabo
elecciones para acceder a plazas de magistrados, én el desarrollo
de la "campaña" de los candidatos es inevitable la emisión de alguna
opinión política. Sin embargo, apenas asumen su cargo, los nuevos
jueces se desprenden por completo de sus preferencias hasta políticopartidarias para ejercer con objetividad la función jurisdiccional,
característica confirmada por la legitimidad con la cuentan frente a la
población. En tanto nuestra Carta Magna contempla ia posibilidad de
la elección popular de jueces de paz no letrados y de primera instancia
(art. 152), esta discusión seguramente se planteará cuando se emita
la ley de desarrollo constitucional que establezca las pautas para la
prosecución de tales procesos de sufragio.
En lo que respecta a la prohibición de integrar sindicatos, en
contrapartida el artículo 199 de la Ley Orgánica del Poder Judicial
dispone lo siguiente:
"De conformidad con la Constitución y las leyes, se reconoce el
derecho de libre asociación de los magistrados. Las Asociaciones
158
de Magistrados se constituyen y desarrollan sus actividades,
conforme a las normas establecidas en el Código Civil, y se regulan
conforme a sus disposiciones estatutarias".
En diversas legislaciones del mundo, se reconoce que los
trabajadores del sector público, como los jueces y fiscales, tienen
acceso a los derechos colectivos, corno la sindicalización o la huelga,
con las limitaciones que sean necesarias en virtud de la particular
naturaleza de sus labores.
Inclusive, el Convenio N° 151 de la Organización Internacional
del Trabajo (01T) 30, sobre la protección del derecho de sindicación y
los procedimientos para deterrilinar las condiciones de empleo en
la Administración Pública, reconoce claramente el derecho de los
trabajadores públicos a sindicalizarse y, al considerarse parte del
ejercicio de la actividad sindical a la negociación colectiva y huelga,
se admite tácitamente la posibilidad de ejercer ésta (art. 5).
Más aún, la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo (Decreto
Ley N° 25593), establece que el servicio de administración de justicia
puede ser declarada por la Corte Suprema como un servicio público
esencial (art. 83, inc. i), admitiendo la posibilidad de que los magistrados
se declaren en huelga siempre que garanticen la permanencia del
personal indispensable para impedir la interrupción total y asegurar la
continuidad de las actividades jurisdiccionales (art. 82).
Además, si los sindicatos del sector público tienen como misión
exclusivamente la defensa de los derechos de sus miembros, no
pudiendo dedicarse a asuntos políticos, religiosos o de índole
económico con propósito de lucro (Decreto Supremo N° 003-82PCM, art. 4), cumplen esencialmente la misma función que las
asociaciones de magistrados, por lo que cabe reflexionar sobre la
posibilidad de su sustitución.
3° Este Convenio fue aprobado por la Décimo Sétima Disposición General y Transitoria
de la Constitución de 1979, que contradictoriamente prohibía que los magistrados se
sindicalicen o declaren en huelga (art. 243).
159
d) Responsabilidad de los jueces.
Ciertamente, la existencia de un sistema que garantice al
magistrado la plena independencia en el ejercicio de la función
jurisdiccional, tiene como contrapartida la configuración de un
sistema de responsabilidad funcional (Ibid., p. 215). Un juez libre e
inamovible es también un juez responsable, pues de lo contrario se
instauraría una justicia despótica al ser absoluta, lo que implica la
negación del Derecho y, en consecuencia, de la justicia misma
(JIMÉNEZ ASENJO, 1952: p. 292).
Al respecto, el artículo 139, numeral 7 de la Ley de Leyes
establece lo siguiente:
"Son principios y derechos de la función jurisdiccional... La
indemnización, en la forma que determine la ley, por los errores
judiciales en los procesos penales y por las detenciones arbitrarias,
sin perjuicio de la responsabilidad a que hubiere lugar".
En virtud de esta norma, aparentemente sólo existiría
responsabilidad del juez en materia penal, por los errores judiciales
o detenciones arbitrarias. Sin embargo, el artículo 192 de la Ley
Orgánica del Poder Judicial amplía el abanico de supuestos de
responsabilidad:
"Los Magistrados comprendidos en la carrera judicial, responden
penal o civilmente en los casos y en la forma determinada en las
leyes y administrativamente de conformidad con lo establecido en
esta ley".
El artículo 200 del mismo cuerpo normativo reitera esta pauta
cuando señala que:
"Los miembros del Poder Judicial son responsables civilmente por
los daños y perjuicios que causan, con arreglo a las leyes de la
160
materia. Son igualmente, responsables ponlos delitos que cometan
en el ejercicio de sus funciones. Las acciones derivadas de estas
responsabilidades se rigen por las normas respectivas".
A su vez, el artículo 201 del mismo cuerpo normativo determina
los supuestos en los que el magistrado incurre en responsabilidad
administrativa .o disciplinaria.. Esta puede ser profesional o
jurisdiccional. La primera se da cuando el juez comete
irregularidades vinculadas con aspectos institucionales, mientras que
la segunda alude a las faltas cometidas en el estricto desempeño
de la función jurisdiccional (LORCA NAVARRETE, 1989: pp. 218221).
e) Protección internacional de la Independencia del juez.
La independencia del magistrado y la autonomía del Poder
Judicial no sólo han sido preocupación de los legisladores a nivel
interno, sino también en sede internacional. Así, aparece consagrada
en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las
Naciones Unidas (art. 10), el Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos (art. 14), el Convenio para la protección de los Derechos
Humanos y las Libertades Fundamentales (arts. 6 y 7) y la
Convención Americana de Derechos Humanos (arts. 8 y 9).
Inclusive existe un tratado internacional denominado "Principios
Básicos relativos a la Independencia de la Judicatura", surgido como
iniciativa en el VI Congreso de las Naciones Unidas para la Prevención
del Delito y el Tratamiento de los Delincuentes (Caracas, 1983) y
aprobado en el VII Congreso de la misma temática (Milán, 1985). Luego
fue confirmado por la Asamblea General de las Naciones Unidas
llevadas a cabo el 29 de noviembre (Resolución 40/32) y 13 de
diciembre de 1985 (Resolución 40/146) (RUÍZ-GIMÉNEZ, 1991: p.
110). A continuación, transcribimos algunos fragmentos del texto del
documento intemacional en mención sobre la independencia del juez
y sus garantías (BRODY, 1991: pp. 61-62):
161
"Los jueces resolverán los asuntos que conozcan con
imparcialidad, basándose en los hechos y en consonancia con el
derecho, sin restricción alguna y sin influencias, alicientes,
presiones, amenazas o intromisiones indebidas, sean directas o
indirectas, de cualquier sector o por cualquier motivo...".
"..La judicatura será competente en todas las cuestiones de índole
judicial y tendrá autoridad exclusiva para decidir si una cuestión
que le haya sido sometida está dentro de la competencia que le
haya atribuido la ley... no se efectuarán intromisiones indebidas o
injustificadas en el proceso judicial...".
"...La ley garantizará la permanencia en el cargo de los jueces por
los períodos eStablecidos, su independencia y su seguridad, así
como una remuneración, pensiones y condiciones de servicio y
de jubilación adeCuadas...".
"....Se garantizará la inamovilidad de los jueces... hasta que
cumplan la edad para la jubilación forzosa o expire el período para
el que hayan sido nombrados y elegidos, cuando existan normas
al respecto...".
"...Los jueces sólo podrán ser suspendidos o separados de sus
cargos por incapacidad o comportamiento que los inhabilite para
seguir desempeñando sus funciones...".
162
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