El pueblo es soberano - Corporación Viva la Ciudadanía

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El pueblo es soberano
Héctor Alonso Moreno
Profesor asociado – Universidad del Valle
El procurador Alejandro Ordóñez dejó en firme la destitución del alcalde de
Bogotá Gustavo Petro, con ello quedó claro que el hecho de devolverle la
majestad del manejo de lo público en el negocio de las basuras al Distrito de
Bogotá fue un acto contrario a derecho y por lo tanto constituyó una falta
disciplinaria gravísima. En otras palabras: es una falta disciplinaria a título de
dolo para todo demócrata retomar la conducción estatal de las empresas
públicas mediante decisiones administrativas.
El caso de Petro no es ajeno a esa tradición jurídica de Colombia en el cual el
derecho y los abogados hacen parte del entramado jurídico en las relaciones
entre la sociedad civil y la sociedad política; relaciones en las cuales el sector
privado termina finalmente en ocasiones imponiendo sus intereses frente a los
de la comunidad. La Procuraduría con su fallo terminó definiendo a favor de los
intereses del sector privado el negocio de la recolección de basuras e intereses
económicos que el sector privado no reclamaría tradicionalmente a través del
organismo de control, sino a través de los llamados tribunales de arbitramiento
que en el fondo son la forma más expedita como los particulares a través de la
justicia privada logran consolidar sus intereses, y de paso deslegitimar el juez
natural del Estado como lo es la Jurisdicción Contencioso Administrativa.
El puntillismo jurídico de la Procuraduría pone en evidencia una crisis acerca
de la dimensión política de lo que es el Estado Social de Derecho y la
democracia. La historia de la democracia no es otra cosa que la historia de la
lucha por alcanzar plenamente la división de poderes y la soberanía popular.
Desde las viejas épocas de la Carta Magna del Rey Juan sin Tierra, hasta los
heroicos días decimonónicos y ochocentistas de la revolución francesa, la
lucha porque la soberanía recaiga de manera exclusiva en el pueblo fue el
centro de la agitación política que culminó finalmente con el indiscutible triunfo
de los derechos del hombre y del ciudadano.
Hay que recordar que entre los derechos conquistados por la ilustración, el
renacimiento, el humanismo y la razón jurídica, se encuentra el derecho
fundamental que establece que el principio de toda soberanía reside
esencialmente en la nación y que por tal razón ningún cuerpo, ningún individuo,
puede ejercer una autoridad que no emane expresamente de ella. En el mismo
sentido, el artículo 16 de esa declaración francesa de 1789 precisó también
que toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni
determinada la separación de los poderes carece de Constitución.
De tal manera, que el derecho disciplinario que soporta la majestad del
Procurador para emitir su fallo se lleva por delante el concepto moderno que
establece que la soberanía reside de manera exclusiva en el pueblo, y que es
el pueblo el que mediante un voto libre y soberano elige a sus representantes;
por lo tanto no es posible que un ordenamiento constitucional establezca que
un funcionario de carácter administrativo tenga la potestad de estar por encima
del principio soberano y de la esencia de la democracia como forma de
gobierno. Es preciso llamar la atención sobre el exceso de poder y la
arbitrariedad con que el Procurador ha venido utilizando este instrumento de
aconductamiento de los funcionarios públicos.
El Constituyente de 1991 no previó que el derecho disciplinario podría ser
algún día ejercido por un funcionario administrativo omnímodo sin quien lo
ronde, sin autoridad judicial disfuncional a la democracia, de inspiración divina
y elegido por el poder público más corrupto que existe en Colombia como es el
Senado de la República y mucho menos que se abrogue el derecho a destituir
a funcionarios que difieren ideológicamente de él.
Frente a la arbitrariedad de la aplicación del derecho disciplinario draconiano se
impone la desobediencia civil, la movilización popular, la resistencia en la Plaza
de Bolívar y la invocación de medidas cautelares a nivel nacional e
internacional que garanticen la esencia de la democracia, la prevalencia de la
soberanía y de los Derechos Humanos. Es preciso reafirmar el principio que el
voto es soberano, es perentorio exigir que se modifique los alcances
constitucionales de la Procuraduría cuando se trate de la decisión de
destitución de funcionarios de elección popular; pues ello debe ser una decisión
que le competa de manera exclusiva a funcionarios con pleno poder judicial en
el marco de la aplicación de un debido proceso.
Ahora bien, es preciso dejar en claro que no es posible democrática ni
jurídicamente impedir que la Procuraduría discipline a los funcionarios públicos.
Los funcionarios al servicio de lo público tienen una responsabilidad especial
de sujeción al Estado que los hace responsables por acción u omisión de sus
conductas, y en particular del incumplimiento de sus deberes funcionales y en
ese sentido es la Procuraduría la institución llamada a disciplinarlos. Pero, cosa
diferente es que un funcionario público de carácter administrativo como lo es el
Procurador, tenga la posibilidad constitucional y legal de destituir a un miembro
del Ejecutivo o del Legislativo que fue elegido por voto popular por razones
diferentes a la corrupción como lo establece hoy de manera antidemocrática el
actual ordenamiento constitucional colombiano, sin que medie un debido
proceso jurídico y una orden de autoridad judicial competente emanada por un
juez administrativo o penal de la República.
Finalmente, el alcalde Gustavo Petro deberá continuar exigiendo la garantía de
los derechos políticos de la ciudadanía bogotana que fue convocada por la
Registraduría a elecciones para el próximo domingo 2 de marzo, a fin de
ejercer lo que consagra el artículo 40 de la Constitución y su numeral 4 en
cuanto al derecho que tienen los habitantes de la capital a revocar el mandato
de su Alcalde Mayor en los casos y en la forma que establecen la Constitución
y la ley. Derecho político que está siendo conculcado por la decisión arbitraria
del Procurador.
Edición N° 00383 – Semana del 17 al 23 de Enero – 2014
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