¿Estudiar ciencias? ¡Noooo... es horrible!

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Leticia Noelia Scala
¿Estudiar ciencias? ¡Noooo... es horrible!
¿Por qué los jóvenes piensan que la ciencia es horrible? Al llegar a una etapa de sus
vidas, los jóvenes deben decidir qué carrera van a seguir, y entre muchas posibilidades se les
presenta la de estudiar ciencias. Sin embargo, muchos la descartan, ¿por qué es esta reacción?.
Se sabe que los niños son investigadores por naturaleza, entonces, ¿qué es lo que sucede con
este deseo por la investigación?. ¿Qué es lo que determina que los jóvenes no elijan una
carrera científica?.
Antes que nada, debo aclarar a qué me refiero cuando hablo de ciencia, pues siempre
surge la pregunta ¿qué es la ciencia?. Me siento en condiciones de afirmar que “En su propio
lenguaje técnico, Ciencia es información; no actúa directamente sobre el cuerpo, sino que
habla al entendimiento. (...) La ciencia es el dominio del mundo material (...), es el método
experimental (...), la ciencia llega a la verdad por inferencias lógicas de observaciones
empíricas.”1 Siendo que la ciencia es, en síntesis, información, ésta abarcaría las materias
humanísticas, exactas y naturales. Sin embargo, entiendo por materias o carreras científicas
las que se incluyen tan sólo en el campo de las ciencias exactas y naturales. Por lo tanto,
desarrollaré el rechazo de los estudiantes frente a este tipo de ciencias.
Volviendo a las preguntas planteadas, cabe destacar que la actitud investigadora de los
niños es muy distinta a la actitud que un joven (o adulto) toma frente a la ciencia. Los niños
están empezando a conocer el mundo, tienen la curiosidad característica de los seres humanos
en esa primera etapa de sus vidas, pues todo lo que ven para ellos es nuevo. Esta curiosidad,
en algunos casos va desapareciendo, a medida que les van dejando de sorprender los hechos y
las cosas y el mundo que los rodea se vuelve familiar, ordinario. Los jóvenes que han perdido
el deseo de conocer algo nuevo, se inclinan generalmente a estudiar carreras que no les exigen
demasiada investigación, como diseño, arquitectura o ingeniería (existen algunas excepciones,
ejemplo de éstas son las investigaciones de mezclas de nuevos materiales para la construcción
realizadas por arquitectos, pero como dije son casos particulares). Este grupo es uno de los
que no les gusta la ciencia y la descartan como posibilidad de estudio en el nivel terciario.
Ellos se preguntan para qué estudiar ciencias y no encuentran una respuesta. Se puede
intentar fomentar su interés en las ciencias explicándoles el valor de éstas; el mundo actual
requiere profesionales aptos para entender y aplicar los rápidos cambios en los sistemas de
producción y mercadeo, y esa ductilidad mental la puede ofrecer el estudio de las ciencias.
Contrarios a los anteriores, están los chicos cuya curiosidad general va creciendo, pero
esto no quiere decir que vayan a seguir una carrera científica. Depende de la especie de temas
que les interesan, o sea, qué es lo que desean saber, ya que su preferencia puede ser la
sociología, la historia, la biología, la física, etc.
Ahora bien, puedo decir, entonces, que dentro del grupo de los “jóvenes curiosos” se
encuentran los que tienen predilección por las ciencias humanísticas y los que la tienen por las
exactas o naturales. ¿Qué es lo que hace que existan estos dos diferentes grupos?. Los gustos
de una persona con respecto a los estudios son generalmente limitados por su capacidad para
afrontarlos. Quiero decir con esto que si a un chico siempre le costó la matemática, lo más
probable es que desarrolle un resentimiento en contra de ella, y crea que es una materia
completamente inservible. Lo mismo ocurre con un chico al que le cuesta estudiar historia,
porque no puede memorizar todo lo que debe y entonces cree que es inútil, desarrollando una
mala predisposición frente a ella. Así es como aparecen los dos grupos “rivales”: quienes
prefieren el uso de la lógica y quienes prefieren el uso de la memoria. A este último grupo (los
1
John M. Ziman, El conocimiento público, Colección Popular, México, 1972
Leticia Noelia Scala
que prefieren utilizar su memoria) no se le debe tratar de inculcar el estudio de las ciencias (ya
sean exactas o naturales), pues su aptitud se extiende sólo en el campo de la ciencias
humanísticas y al mismo tiempo sus investigaciones son necesarias para la humanidad, tanto
como las de los científicos. Este grupo es otro de los que en el momento de plantearse qué
carrera pueden seguir se dicen: “¿Estudiar ciencias? ¡Noooo... Es horrible!”. Hay que
instruirlos explicándoles que la ciencia no es desagradable, como ellos creen, pero no hay que
intentar cambiar sus ideas para que sigan una carrera científica, principalmente por dos
razones: la primera es que incentivarlos a que sigan una carrera de estas los perjudicaría, pues
no tendrían la habilidad de sobrellevar los estudios y si la tuvieran, luego les costaría mucho
dedicarse a ello. La segunda es que tampoco se debe llegar al extremo de querer que toda la
gente siga las mismas carreras, porque, como anteriormente dije, sus investigaciones también
son importantes (v. gr. la de los historiadores), y aparte, habiendo tanta gente con los mismos
estudios, se produciría una gran tasa de desempleo.
Los chicos “curiosos”, cuya curiosidad creció con el tiempo y estuvo inclinada hacia el
espacio científico, son los que presentan los mayores conflictos. ¿Por qué un muchacho al que
siempre le atrajo la ciencia, decide estudiar cualquier otra cosa? Existe una razón principal por
la cual esto sucede tan frecuentemente, en el caso, desde luego, de los jóvenes argentinos.
Nuestro país ha generado una indiferencia ante la investigación científica y tecnológica
(debido a diversas causas que no serán desarrolladas), que ha dado como resultado “la pérdida
continua de uno de sus más preciados patrimonios: los jóvenes talentosos con buena
formación que se ven obligados a desarrollar sus carreras en el exterior o a renunciar a su
vocación.”2 Esto quiere decir que muchos de los que deciden estudiar ciencias emigran al
extranjero, y otros directamente resuelven no estudiar ciencias porque saben que con otra
carrera tendrán mejor salida laboral, ya sea porque es más fácil conseguir trabajo o porque ya
tienen un puesto asegurado en alguna empresa. Sin embargo, estos últimos no son los jóvenes
que consideran que la ciencia es horrible, pero al fin y al cabo, tampoco estudian ciencia,
como quienes creen que sí lo es. Su caso es especial; no es por desagrado o por falta de
aptitud que no estudian carreras científicas, sino por la grave situación actual del país.
Quiero tratar el caso de las mujeres por separado, pues en cuanto a su situación en la
ciencia (como en muchas otras áreas) ellas se encuentran con muchas dificultades debido a
que se les atribuyen socialmente obligaciones como el cuidado de los integrantes de la familia
y el del lugar donde viven los hombres. Se observa que la presencia de mujeres en
instituciones dedicadas a la práctica científica es muy limitada. La causa es la existencia de
una discriminación por la cual a las mujeres no les es tan reconocida su calidad profesional
como a los hombres. Todo esto y lo anterior contribuye a que las mujeres sean alejadas del
campo científico aún más que los varones, pero como ellos, no porque crean que la ciencia es
horrible, sino porque les reducen las posibilidades de conseguir trabajo, luego de haber
terminado con sus estudios.
Generalmente, los jóvenes no creen que la ciencia sea horrible; quienes lo piensan son
una minoría. Puedo afirmar esto gracias a los resultados obtenidos en una encuesta, por los
cuales he descubierto que de los pocos que creen que la ciencia es horrible, casi todos tienen
dificultades para entender los problemas que engloba y admiten que por causa de esa
dificultad es que entonces se han convencido de que la ciencia es horrible. También
reconocen que tienen facilidad para las ciencias humanísticas, lo cual confirma mi teoría de
que quienes suelen ser buenos en historia, no lo son en matemática, y viceversa.
En conclusión, a los únicos a los que se les puede llegar a incentivar el estudio de la
ciencia, es a los integrantes del primer grupo mencionado (el de los que han perdido el deseo
2
Prini, Jitrik y Vainstok, La ciencia ausente, Página 12, 23 de mayo de 2003
Leticia Noelia Scala
por la investigación, la curiosidad). La falta de curiosidad producida por la monotonía de la
sociedad que los rodea puede invertirse transformando, desde que son pequeños, la forma en
que les enseñan las ciencias.
Un método para hacer la ciencia más interesante, es enseñarla de un modo dinámico
desde el comienzo, pero más importante aún es que este dinamismo se mantenga a lo largo de
todos sus estudios. ¿Cómo hacer los estudios más dinámicos? El hecho de que los alumnos
puedan elegir el tema con el que van a empezar un período escolar es muy importante, pero
también hay que tener en cuenta que no se puede empezar con un tema complejo y luego
pasar a uno simple. Así que dentro de los temas simples, los alumnos pueden elegir uno, y lo
más probable es que se decidan por el que creen que menos les va a aburrir y menos les va a
costar entender. El tema elegido será entonces el más desarrollado durante el año, el que se
estudiará con más detalles. Como anteriormente dije, la monotonía es lo que harta a los
jóvenes. Una manera de variar la costumbre de asistir a clases diariamente, repitiendo cada
día el mismo formato, es mediante salidas grupales con los profesores a: museos, facultades o
algún lugar que se relacione con los temas que estén estudiando. Así, también se los va
introduciendo al mundo de la ciencia. Una idea muy interesante de un profesor que tuve el
año pasado fue hacer un trabajo práctico sobre una película. En este caso, la materia que
enseña este profesor es biología y el trabajo que tuvimos que realizar trata sobre la ética en la
genética. En la película los seres humanos no eran concevidos naturalmente, sino por
fecundación in vitro y luego de una selección de los embriones que serían en un futuro los
más capaces intelectual y físicamente. Resultó muy interesante elaborar un ensayo con nuestra
opinión sobre este tema, y gracias a ese trabajo algunos chicos se fascinaron con la genética,
eligiéndola como la carrera que irán a seguir.
A los jóvenes les gustan los experimentos, los cuales – que no deben dejar de ser
“curiosos” y sorprendentes – ayudan enormemente a acercarlos a la ciencia, así que es muy
útil realizar experimentos en clase de vez en cuando pues atraen su atención. Los
experimentos más sencillos son los que a veces impresionan más, ya que un experimento
complejo, puede que no lo comprendan: una simple reacción química deja a los chicos con la
boca abierta. Por otra parte, estos métodos son más eficaces si los textos de estudio son
complicados, aunque siendo así sean más largos, porque un texto confuso le quita el interés a
cualquier estudiante. Por último, es fundamental que tengan siempre en su conocimiento la
importancia que tiene la ciencia en la sociedad.
Bibliografía
John M. Ziman, El conocimiento público (Public knowledge, The social dimension of
_science), Colección Popular, México, 1972.
José Fernando Isaza, ¿Para qué estudiar ciencias básicas?, Terra Educación, 17 de
_septiembre de 2002.
Lourdes Farré, Ciencia, Tecnología y Género en Iberoamérica: Problemas y Propuestas,
_“Ciência, Tecnologia & Sociedade e o Futuro da América Latina” ESOCITE 2000,
_Campinas, SP, Brasil, 23 a 26 de octubre de 2000.
R. Fernández Prini, Noé Jitrik y Otilia Vainstok, La ciencia ausente, Página 12, 23 de mayo
_de 2003.
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