Aspectos Económicos de la Dependencia y el Cuidado Informal

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ASPECTOS ECONÓMICOS DE LA DEPENDENCIA Y EL CUIDADO INFORMAL EN ESPAÑA
Coordinado por Sergi Jiménez-Martín
P
F
U
P O M P E U FA B R A
U N I V E R S I TAT
Universidad Pompeu Fabra, 2007
fedea
Fundación de
Estudios de
Economía Aplicada
INTRODUCCION+CAP.1
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Equipo investigador
Coordinador:
Sergi Jiménez-Martín (Universitat Pompeu Fabra y FEDEA)
Investigadores:
David Casado (Universitat Pompeu Fabra y CRES)
Pilar García Gómez (Universitat Pompeu Fabra y CRES)
Natalia Jorgensen (FEDEA)
Juan Oliva (Universidad Castilla La Mancha y FEDEA)
Ruben Osuna (UNED)
Ángel López (Universidad Politécnica de Murcia y CRES)
Santiago Massons Capdevila (CRES)
Cristina Vilaplana (Universidad Católica San Antonio de Murcia y FEDEA)
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ÍNDICE
Presentación
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Introducción
9
Capítulo 1
Dependencia y Cuidado Informal: el Caso Español
33
Capitulo 2
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
69
Capítulo 3
El Perfil de los Cuidadores Informales: Presente y Futuro
119
Capítulo 4
Métodos de Valoración de Cuidados Informales
159
Capítulo 5
Los Costes de los cuidados Informales en España
177
Capítulo 6
Los Servicios Sociales para Dependientes en España
215
Capítulo 7
La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
255
Apéndice
291
Epílogo
305
El Futuro de los Cuidados de Larga Duración en España; Una Agenda Tentativa de Investigación
Bibliografía
315
CAP.2,3*
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PRESENTACIÓN DE LA MONOGRAFÍA
Sergi Jiménez-Martín y David Casado
La presente monografía no es una monografía al uso: no intenta ser el estudio definitivo sobre el tema, un compendio todas las cifras y datos disponibles en el momento de su elaboración. Al contrario, nuestra contribución pretende ser un paso
al frente, una reflexión motivada, en el análisis de aspectos claves de la dependencia y de los cuidados informales: la elección del tipo de apoyo, las consecuencias
de la carga sobre los cuidadores, los costes de la carga, entre otros temas de relevancia. Quedan para el futuro otros aspectos como la definición y cuantificación de
la demanda, su caracterización y, entre otros, los aspectos tecnológicos y organizativos.
El proceso de envejecimiento demográfico que previsiblemente van a experimentar los países desarrollados durante las próximas décadas constituye uno de los fenómenos cuyas consecuencias sociales y económicas suscita una mayor
preocupación. En este sentido, a los debates ya clásicos sobre la sostenibilidad futura de los sistemas públicos de pensiones y atención sanitaria, se ha sumado más
recientemente la discusión en torno a cómo proveer y financiar la atención que
necesitan aquellas personas mayores que no pueden valerse por si mismas.
Hasta el momento, tanto en España como en el resto de países de la Europa meridional, el modo en que se han satisfecho las necesidades de las personas dependientes se ha caracterizado por el papel predominante de la familia como principal
fuente de ayuda. El extraordinario vigor de este modelo familiarista, sin duda propiciado por las bajas tasas de participación laboral de las actuales cohortes de mujeres de mediana edad y de sus predecesoras, ha sido el que ha permitido hasta la
fecha una actuación por parte del sector público de carácter subsidiario: sólo
cuando la familia se desentendía, claudicaba o no existía, y siempre de acuerdo a
la capacidad económica de la persona mayor, se ha procedido a financiar públicamente las asistencia requerida.
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En los últimos años, siguiendo la estela de los países escandinavos, que contaban
desde hacía tiempo con sistemas públicos de atención a la dependencia de amplía
cobertura, han sido varios los países europeos —p.e. Alemania, Francia y Austria—
que han optado por universalizar los servicios sociales de atención a la dependencia. En nuestro país, con la aprobación a finales de 2006 de la denominada
Ley de Dependencia, se han sentado las bases para el desarrollo de un nuevo Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) que se prevé esté totalmente implantado en el año 2015.
El desarrollo en los próximos años del SAAD va a suponer cambios importantes en la
manera en que nuestra sociedad atiende las necesidades asistenciales de las personas
dependientes. En primer lugar, en claro contraste con la situación actual, caracterizada
por la existencia de “pruebas de medios” para acceder a unos servicios públicos de
atención a la dependencia escasamente desarrollados, la creación del nuevo SAAD
supone avanzar hacia un modelo universalista que en este ámbito nos aproxima a los
sistemas de protección social del centro y norte de Europa. Por otro lado, siendo las mujeres la piedra angular del actual sistema de cuidados a los ancianos dependientes,
como pone de manifiesto el que casi el 75% de los mismos tengan en el apoyo familiar su principal fuente de ayuda, es comprensible que se haya extendido la percepción
de que las prestaciones del nuevo SAAD pueden constituir un poderoso instrumento
de conciliación entre vida familiar y laboral. Por último, desde el sector sanitario, existe
la expectativa de que el nuevo SAAD puede contribuir a reducir estancias hospitalarias innecesarias motivadas por la actual falta de recursos sociales adecuados.
El contenido de la monografía
En el capítulo introductorio, Sergi Jiménez-Martín y David Casado, reflexionan
sobre la situación de la dependencia y los cuidados informales en España. En particular, muestran la evolución en el tiempo y que se puede prever sobre el futuro a
corto y medio plazo, cuales son los principales problemas y cuáles las líneas de actuación prioritaria.
En el primer capítulo, David Casado, Pilar García-Gómez, Ángel López y Santiago Massons, analizan el empleo y el apoyo informal de las mujeres de mediana
edad en España. Los resultados obtenidos indican que los efectos laborales del
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apoyo informal se producen básicamente entre las mujeres que cuidan a alguien
del hogar y, por otro lado, entre quienes continúan cuidando más de un periodo,
sin que parezca que quienes concluyen un episodio de apoyo informal tengan
problemas para reincorporarse al mercado de trabajo. Asimismo, con respecto al
tipo de ajuste laboral que realizan las mujeres cuidadoras, parece que éstos tienen
lugar en el margen extensivo (participación laboral), pero no en el intensivo (horas
trabajadas), de las decisiones de empleo. A este respecto es muy probable que los
efectos sean más acusados en el caso español que en otros países de nuestro entorno debido a la menor importancia de los contratos a tiempo parcial en nuestro
país (Comisión Europea, 2004). En el segundo capítulo, los mismos autores, analizan el apoyo informal en el contexto de la Unión Europea. Los resultados sugieren que convertirse en cuidadora acentúa los factores que mantienen a las mujeres
fuera del mercado laboral, pero no afecta substancialmente a las mujeres que están
empleadas. En relación a los efectos de convertirse en un cuidador sobre los ingresos, detectamos un efecto negativo y significativo sobre la renta laboral que
tiende a ser compensado por un aumento paralelo de las transferencias sociales,
excepto en el caso de mujeres con un nivel educativo bajo en los países Mediterráneos, para las que el aumento de transferencias sociales no compensa la disminución en la renta laboral.
En el capítulo 3, Sergi Jiménez-Martín y Cristina Vilaplana analizan rigurosamente
el perfil de los cuidadores informales en España y documentan las preferencias
sobre el tipo de cuidado de las personas dependientes en España. En este último
sentido los autores resaltan el nacimiento de una preferencia por parte de las personas dependientes por combinar cuidados formales e informales en el seno del
hogar. Por otra parte, respecto a los cuidadores informales, se ha comprobado a lo
largo del capítulo que la tasa de actividad y ocupación es inferior al del resto de la
población española.
En el capítulo 4, Juan Oliva y Rubén Osuna nos ilustran sobre los métodos de valoración de cuidados informales. En base a dichas contribuciones metodológicas,
los mismos autores en colaboración con Natalia Jorgensen, realizan en el capítulo 5, un ingente esfuerzo de cuantificación de los costes de los cuidados informales en España. Sus cifras son muy concluyentes: tomando como referencia el
año 2002, se ha estimado que los costes de los cuidados informales oscilan en el
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caso base entre los 9.087,4 y los 14.100,3 millones de euros. Así, los costes estimados de los cuidados informales representarían una cifra equivalente a entre el
23,9% y el 37,1% del gasto sanitario del Sistema Nacional de Salud español del
año 2002 y entre el 1,25% y el 1,93% del Producto Interior Bruto del mismo año.
En el capítulo 6, Sergi Jiménez-Martín y Cristina Vilaplana reflexionan sobre los servicios sociales para dependientes en España, constatando que la realidad de la
atención formal a las personas dependientes se encuentra lejos de las previsiones
asistenciales realizadas por la Ley. Los mismos autores nos introducen en el capítulo 7 a un tema poco tratado en nuestro país: la calidad de vida de los cuidadores. En su análisis observan que el hecho de tener una persona con una
discapacidad crónica altera la rutina y la estabilidad familiar. El estrés que los cuidadores informales tienen que soportar puede afectar incluso a su capacidad para
cuidar del paciente. Esta situación debe constituir una preocupación importante
de los poderes públicos en la medida en que el tratamiento de muchas enfermedades (como el cáncer) se realiza de forma extra-hospitalaria.
Finalmente concluimos la monografía con unas breves reflexiones sobre los temas
que a nuestro juicio marcarán o deberían marcar en gran medida la agenda futura:
(i) el mix y la intensidad de los servicios sociales, y el papel del apoyo informal: la
búsqueda de la eficiencia y la equidad; (ii) las interacciones con el sistema sanitario; (iii) La financiación de los CLD: el papel de los copagos; (iv) la implantación
gradual y descentralizada del SAAD; (v) el análisis de los condicionantes del futuro:
envejecimiento demográfico y el papel de las mujeres; (vi) la importancia del análisis comparado: aprendiendo con y de los demás; (vii) la relevancia de construir y
mantener estadísticas sobre dependencia.
Sin duda un amplio espectro de esperanza y trabajo para el futuro!!
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INTRODUCCIÓN
DEPENDENCIA Y CUIDADOS DE LARGA DURACIÓN EN ESPAÑA: UNA PANORÁMICA GENERAL
David Casado y Sergi Jiménez-Martín
1. Introducción
Desde hace ya algunas décadas, las poblaciones de los países desarrollados vienen
experimentando un proceso de envejecimiento demográfico sin precedentes. Y ello
por dos razones: la caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida. De
hecho, la esperanza de vida media al nacer en el año 1900 era de 33.9 años para
los hombres y 35.7 años para las mujeres1. En el año 1998, hemos pasado a 74.4
años para los hombres y 81.7 años para las mujeres. Además, se espera un crecimiento significativo de la esperanza de vida en décadas venideras. Por consiguiente, las civilizaciones occidentales se enfrentan ahora al problema del
envejecimiento progresivo de su población. En España, como bien ilustra el gráfico
1, el porcentaje representado por los mayores de 65 años sobre la población total
prácticamente se ha duplicado en poco más de dos décadas, pasando del 11% en
1981 a casi el 18% en la actualidad, siendo el incremento en cifras absolutas aún
más acusado: así, de los poco más de cuatro millones de personas mayores de 65
años que había en nuestro país en 1981, se ha pasado a una cifra que en 2005 superaba ya los siete millones, mientras que la población menor de 65 años permanecía estable a lo largo de ese mismo periodo.
No obstante, a pesar del logro social que supone este aumento en la esperanza de
vida de las personas, el proceso de envejecimiento poblacional, y la intensificación
del mismo que se prevé para los próximos años, plantea retos importantes de carácter económico y social. En este sentido, tanto en España como en los países de
nuestro entorno, el debate hasta el momento se ha centrado básicamente en las
consecuencias que el envejecimiento demográfico puede tener sobre la sostenibilidad financiera de los programas de pensiones (Boldrin et al., 2001, Jimeno et al.,
2006) y atención sanitaria (Ahn et al., 2005).
1
Información procedente de los Censos de Población (INE).
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Gráfico 1. Evolución de la estructura poblacional en España. 1900-2001.
100%
80%
60%
40%
20%
0%
1900
1910
1920
Menos de 40
1930
1940
40-64
1950
1960
1970
65-80
1981
1991
2001
Más de 80
Fuente: Elaboración a partir de Censos de Población (INE).
Más recientemente, además de las pensiones y la sanidad, la cuestión de la atención
a la dependencia se ha ido abriendo paso en el debate en torno a las consecuencias
del envejecimiento demográfico sobre las políticas sociales. En este caso, sin embargo,
los términos en los que está planteada la discusión son muy distintos a los señalados
previamente. Así, mientras en los dos casos anteriores las preocupaciones están centradas en los efectos futuros del envejecimiento sobre unos programas de gasto que ya
hoy representan casi el 15% del PIB (Hernández Cos, 2004), en el caso de la dependencia la cuestión central es si la Administración debe o no intensificar su actividad
en un campo cuya presencia hasta el momento ha sido muy poco importante.
En este contexto, coincidiendo con la puesta en marcha en 2007 del Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), el presente capítulo pretende ofrecer una breve panorámica de la situación previa al desarrollo de este nuevo sistema,
las principales características del mismo, así como algunos de los principales retos
que éste deberá afrontar.
2. El alcance de los problemas de dependencia: pasado, presente y futuro
Las personas dependientes, según la definición propuesta por el Consejo de Europa (1995) hace ya algunos años, son todas aquellas que necesitan de la ayuda de
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otros para realizar ciertas actividades relacionadas tanto con el cuidado personal
(comer, vestirse, bañarse, etc.) como con el mantenimiento del entorno (cocinar,
limpiar la casa, comprar, etc.). El padecimiento de enfermedades crónicas, así como
el deterioro físico y psíquico que acompaña en algunas ocasiones al proceso de envejecimiento, constituyen los dos factores fundamentales que explican la aparición
de problemas de dependencia entre la población anciana (Manton et al., 1997).
En el caso de nuestro país, según un reciente estudio elaborado a partir de los datos
de la Encuesta Nacional de Salud (ENS) correspondientes a 2001 (Casado, 2007a),
el 36,2% de los españoles mayores de 65 años necesita de la ayuda de otras personas para realizar alguna de las actividades mencionadas con anterioridad. Asimismo, respecto a la intensidad de la falta de autonomía padecida en cada caso,
se observa que un 19,2% de las personas mayores dependientes únicamente necesitan ayuda para realizar actividades de carácter instrumental, siendo totalmente
autónomas en la realización de actividades relacionadas con el cuidado personal.
Por su parte, aquellos individuos con problemas de falta de autonomía para realizar actividades tanto instrumentales como básicas, que lógicamente constituyen el
colectivo con mayores necesidades de atención, representan cerca del 17% del
total de mayores de 65 años que hay actualmente en España.
El estudio señalado también ha tratado de analizar cuál ha sido la evolución durante los últimos años de los problemas de dependencia entre la población mayor
de nuestro país. En concreto, a partir de los datos de la ENS correspondientes a 1993
y 2001, se calcula la variación en el porcentaje de individuos con problemas para
la realización de alguna de las 9 ABVD contempladas en ambas ediciones de la encuesta. Los resultados obtenidos, como pone de manifiesto la tabla 1, señalan un
descenso estadísticamente significativo de más de dos puntos porcentuales en el
porcentaje de personas mayores con problemas de dependencia entre los años 1993
(19,4%) y 2001 (17%). Esta disminución en la tasa de prevalencia, a pesar del fuerte
incremento registrado en el número de personas mayores de 65 años durante el periodo (1.100.000 individuos), habría sido lo bastante intensa como para que la cifra
de ancianos dependientes apenas se hubiera visto modificada entre uno y otro año.
Asimismo, respecto a los factores asociados positivamente a dicha evolución, el estudio señala —por orden de importancia— el menor peso relativo de los octogenarios en
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el conjunto de la población de más de 65 años, el mayor nivel educativo de la misma
y una reducción en la prevalencia del hábito tabáquico; por su parte, en cuanto a las
variables que estarían oponiéndose al descenso observado, cabría destacar el aumento
en el porcentaje de personas con problemas de sobrepeso y obesidad, así como el incremento en las tasas de prevalencia de ciertas patologías crónicas (hipertensión y enfermedades del corazón). Aunque ello puede ser debido a que las mejoras de los
sistemas sanitarios llevan a la paradoja de que en ocasiones parece que se incrementa
la prevalencia de ciertas enfermedades, ya que aflora lo previamente oculto.
Tabla 1. Personas mayores de 65 años y problemas de dependencia: España, 1993-2001
Población de 65 años o más
Porcentaje de personas mayores
con problemas de dependencia
Personas dependientes con 65 años o más
1993
2001
2001/1993 (IC 95%)
5.632.505
6.743.360
1.110.855
19,40%
17%
-2,4% (-4,9%, -0,2%)
1.092.706
1.146.371
53.665
Fuente: Casado (2007a)
Así pues, al igual que en la mayoría de países donde se han realizado investigaciones al respecto (OCDE, 2007), también en España la poca evidencia disponible
parece sugerir una tendencia a la baja en el porcentaje de personas mayores con
problemas de dependencia durante los últimos años. Este comportamiento favorable, sin embargo, no debe hacernos caer en la autocomplacencia. Se sabe poco
sobre cuáles han sido los factores que han causado el descenso observado en las
tasas de prevalencia y, menos aún, acerca de la importancia relativa de aquellos
pocos para los que existe evidencia sólida a nivel internacional de su influencia positiva (dieta equilibrada, ejercicio físico, no fumar…) (Stuck et al, 1999).
El conocimiento exhaustivo de las cuestiones anteriores, tanto en España como en otros
países de nuestro entorno, resulta de vital importancia si pretendemos ser capaces de
desarrollar políticas preventivas y asistenciales que ayuden a seguir reduciendo en los
próximos años el porcentaje de personas mayores con problemas de dependencia. En
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este sentido, a medida que vayan estando disponibles oleadas sucesivas de la Survey
of Health, Aging and Retirement in Europe (SHARE), una nueva encuesta longitudinal
de ámbito europeo iniciada en 2004, los investigadores europeos podrán empezar a
despejar una parte sustancial de los interrogantes anteriormente planteados2.
3. Situación actual: nivel de servicios, volumen de gasto y fuentes de financiación
El propósito de este apartado es ofrecer una breve descripción del modo en que se
ha venido atendiendo hasta el momento a las personas dependientes en nuestro
país, pues sólo desde el conocimiento de la situación actual es posible valorar las
importantes implicaciones que supone el desarrollo de un SAAD como el previsto
en la Ley de Dependencia (en adelante, LD).
Tabla 2. Fuentes de ayuda utilizadas por las personas mayores dependientes:
España, 2004.
Pob. Dependiente
Pob. Dependiente ABVD
Pob. Dependiente AIVD
N
%
N
%
N
%
1,923,273
74.4
567,773
64.8
1,355,500
79.3
Solo SAD privado
103,039
4.0
54,882
6.3
48,157
2.8
Solo SAD público
25,447
1.0
3,209
0.4
22,238
1.3
AI y SAD privado
160,716
6.2
88,927
10.2
71,789
4.2
AI y SAD público
107,464
4.2
41,601
4.8
65,863
3.9
Residencia privada
152,656
5.9
67,201
7.7
67,463
4.0
Residencia pública
113,894
4.4
52,881
6.0
78,278
4.6
2,586,489
100
876,474
100
1,709,288
100
Solo AI
Total
AI: Apoyo informal SAD: Servicios de ayuda a domicilio
ABVD: Actividades Básicas de la Vida Diaria AIVD: Actividades Instrumentales de la Vida Diaria
Fuente: Elaboración propia a partir de la ECV
2
Es habitual referirse a uno y otro tipo de actividades como “actividades básicas de la vida diaria” (o ABVD), en el caso de aquellas que tienen que ver con
el cuidado personal, y como “actividades instrumentales de la vida diaria” (o AIVD) a las relacionadas con el mantenimiento del entorno.
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Existen tres variables básicas que permiten describir el modo en que se satisfacen
las necesidades de atención de las personas mayores dependientes en un determinado país. La primera tiene que ver con el porcentaje de individuos que han
sido ingresados en residencias y que, por tanto, reciben la totalidad de la atención
que requieren sobre bases exclusivamente formales. La segunda variable está referida a la importancia relativa de las dos fuentes de ayuda que utilizan quienes
siguen viviendo en la comunidad: la atención domiciliaria y el apoyo informal. Por
último, tanto en el caso de las personas institucionalizadas como en el de aquellas que reciben atención domiciliaria, el mix de usuarios públicos y privados en
uno y otro caso constituye el tercer ingrediente que nos ayuda a describir un determinado modelo de cuidados de larga duración (CLD, en adelante). Así pues,
desde esta perspectiva, el modo en que hoy por hoy son atendidas las personas
mayores dependientes en España viene caracterizado por la información de la
tabla 2.
Las cifras anteriores, que proceden de una explotación propia de la “Encuesta de
condiciones de vida de los mayores 2004” (Imserso, 2005), ponen de manifiesto varios elementos. En primer lugar, como de hecho ocurre en todos los países de nuestro entorno, la inmensa mayoría de personas mayores dependientes (casi el 90%)
sigue viviendo en la comunidad. En segundo lugar, y directamente relacionado con
lo anterior, el apoyo informal constituye la fuente de ayuda utilizada por un mayor
número de personas; de hecho, aunque un 11% de los ancianos recibe tales cuidados informales en combinación con otras fuentes de ayuda de carácter formal,
lo más llamativo es que casi un 75% de las personas mayores dependientes satisface sus necesidades de atención a través del apoyo informal exclusivamente. En
tercer lugar, la utilización de servicios formales, sean éstos de carácter comunitario o residencial, viene marcada por un claro predominio de aquellas alternativas
en las no existe financiación pública de ningún tipo: así, en el caso de la atención
domiciliaria, el 67% de quienes utilizan este tipo de asistencia recurre a proveedores cuya remuneración es íntegramente asumida por el usuario; por su parte, en
el caso de la atención residencial, dicho porcentaje se sitúa casi en el 60%. Por último, cuando se consideran únicamente aquellas personas con mayores problemas
de dependencia esto es, con actividades básicas afectadas, el porcentaje de individuos que sólo recibe apoyo informal disminuye, si bien la importancia relativa de
la atención pública y privada no varía.
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La principal característica de nuestro actual modelo de atención a la dependencia
sigue siendo, por tanto, el papel central desempeñado por las familias. En este contexto, según hemos señalado en otros trabajos (Casado, 2006), no es extraño que
hasta el momento la Administración haya actuado en este ámbito subsidiariamente:
esto es, sólo cuando la respuesta familiar no es posible o resulta insuficiente, y en
general de acuerdo a la capacidad económica del sujeto, la Administración se ha
encargado de proporcionar asistencia. El modo concreto en que se ha hecho efectiva esta intervención subsidiaria, no obstante, varía de forma considerable entre los
distintos territorios que componen el Estado Español (Edad & Vida, 2004).
Dicha diversidad viene motivada por el carácter descentralizado que los servicios
sociales tienen en nuestro país. Así, en el caso de las plazas de financiación pública
en residencias y centros de día, las CCAA son las encargadas de regular tanto la
oferta total de plazas como los requisitos que deben reunir las personas mayores
que solicitan acceder a las mismas. Tales requisitos, aunque varían de unas CCAA
a otras, suelen incluir una valoración del grado de dependencia del sujeto, de la disponibilidad de apoyo informal y de la situación económica del solicitante. Es importante señalar que, pese a que la situación económica aparece en todos los
baremos autonómicos, no puede decirse que el acceso a dichos recursos se encuentre regulado por una prueba de medios en sentido estricto: así, aunque aquellos solicitantes con mayores ingresos reciben menores puntuaciones en el baremo,
ello no significa que exista un umbral de renta a partir del cual se deniegue automáticamente el acceso a aquellos solicitantes que lo superan.
Por su parte, en el caso de los servicios de ayuda a domicilio (SAD), la situación es
todavía más diversa al tratarse de una competencia de carácter municipal. En este
sentido, según un estudio realizado por el Imserso (1998) sobre la situación de los
SAD a finales de los noventa, las principales diferencias en este sentido de unos
ayuntamientos a otros tenían que ver con el porcentaje de población cubierta en
cada caso, la intensidad horaria de la asistencia proporcionada a los beneficiarios,
y la existencia o no de copagos de baja intensidad (de entre un 10 y un 20% del
coste del servicio).
Las cifras que aparecen en la tabla 3 ponen de manifiesto hasta qué punto la actual oferta pública de servicios de atención a la dependencia varía de unas CCAA
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a otras (Imserso, 2005a). Así, en el caso de las residencias de asistidos, los ratios de
plazas financiadas públicamente por cada 100 personas mayores van desde las
2,44 de Navarra hasta las 0,83 de Galicia, pasando por las 1,70 de Cataluña o Madrid. Dicha variación es incluso más acusada en el caso de las plazas en centros
de día, con valores máximos y mínimos de 0,44 y 0,08 respectivamente, así como
en los SAD donde las CCAA mejor dotadas tienen índices de cobertura e intensidades hasta cuatro veces superiores que las peor dotadas.
Volumen de gasto y fuentes de financiación
La delimitación exacta del volumen de recursos que nuestro país destina actualmente a proveer CLD, así como la importancia relativa de las distintas fuentes de
financiación existentes, siguen constituyendo lamentablemente asignaturas pendientes. A este respecto, si bien es cierto que la tarea resulta metodológicamente
complicada implicación de varios niveles de gobierno, delimitación imprecisa de
los contornos de los CLD..., cabe desear que parte del impulso generado por la
puesta en marcha del nuevo SND sirva para acabar con las actuales lagunas de información.
Tabla 3. Oferta de servicios públicos de atención a la dependencia: CCAA, 2004.
Residencias
16
Centros de Dia
Serv. Ayuda Domicil.
IC público
IC privado
IC público
IC privado
IC usuarios
Intensidad
Andalucía
1.10
1.68
0.27
0.06
3.48
8.00
Aragón
1.07
3.39
0.13
0.21
3.07
10.00
Asturias
1.39
2.52
0.32
0.05
3.26
13.00
Baleares
1.54
1.29
0.14
0.10
2.09
12.80
Canarias
1.36
1.52
0.19
0.03
2.69
10.00
Cantabria
1.54
2.45
0.35
0.00
1.92
20.53
Castilla y León
2.05
3.61
0.20
0.15
3.12
19.00
Castilla-La Mancha
1.49
3.31
0.24
0.00
4.87
19.24
Cataluña
1.81
2.48
0.42
0.53
3.87
14.00
C.Valenciana
1.71
0.80
0.08
0.17
1.67
10.82
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Tabla 3. Oferta de servicios públicos de atención a la dependencia: CCAA, 2004. (Cont.)
Residencias
Centros de Dia
Serv. Ayuda Domicil.
IC público
IC privado
IC público
IC privado
IC usuarios
Intensidad
Extremadura
2.04
1.63
0.44
0.00
7.41
22.00
Galicia
0.83
1.03
0.08
0.10
1.91
29.00
Madrid
1.75
2.76
0.37
0.34
3.37
16.85
Murcia
0.79
1.44
0.28
0.14
1.76
17.00
Navarra
2.44
2.55
0.22
0.16
3.56
8.76
País Vasco
2.41
1.23
0.43
0.12
1.77
25.00
La Rioja
1.76
2.94
0.18
0.30
3.41
13.00
España
1.56
2.10
0.27
0.19
3.14
16.43
IC público: número de plazas financiadas públicamente por cada 100 habitantes con 65 años o más.
IC privada: número de plazas sin financiación pública por cada 100 habitantes con 65 años o más.
IC usuarios: número de usuarios de SAD por cada 100 habitantes con 65 años o más
Intensidad: número medio de horas mensuales de atención por usuario
Fuente: Elaboración propia a partir de Imserso (2005a).
Hoy por hoy, más allá de algunas estimaciones sobre el gasto a nivel estatal (Casado, 2006), las únicas cifras territorializadas disponibles son las obtenidas durante
la realización del Libro Blanco (Imserso, 2005b). Dichos datos proceden de información facilitada por las CCAA en base a sus respectivos presupuestos autonómicos. A este respecto, aparte del carácter incompleto de la información
proporcionada3, el hecho de que las CCAA no siguieran criterios homogéneos para
recabar los datos arroja serias dudas sobre la fiabilidad y comparabilidad de los
mismos.
3
En este sentido, en la medida en que la información relativa a las personas mayores resulta globalemente más completa que la referida a los discapacitados, hemos optado por aportar únicamente las cifras de gasto correspondientes al primer colectivo.
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Gráfico 2. Gasto público per capita en CLD por CCAA (España = 100): Año 2003.
España
La Rioja
País Vasco
Navarra
Murcia
Madrid
Galicia
Extremadura
C. Valenciana
Cataluña
Castilla-La Mancha
Castilla y León
Cantabria
Canarias
Baleares
Asturias
Aragón
Andalucía
0
50
100
150
200
250
300
Gasto por persona mayor dependiente (España=100)
Fuente: Elaboración propia a partir del Libro Blanco (Imserso, 2005b): Cifras de
gasto (Cap. VIII: pág. 14); Número de personas dependientes (Cap. I: pág. 53).
Así pues, teniendo muy presentes las limitaciones apuntadas, el gráfico 2 ofrece algunas cifras sobre el gasto público en CLD realizado por las CCAA en el año 2004. El
indicador seleccionado corresponde al gasto público por persona mayor dependiente,
indexado en base 100 con respecto a la media estatal, y ha sido calculado a partir de
las cifras de gasto de las distintas CCAA (LB; Capítulo VIII: pág. 14) y del número de
personas mayores dependientes en cada una de ellas (LB; Capítulo I: pág. 53).
Cabe señalar por último, más allá de las limitaciones ya apuntadas, que las cifras
anteriores sobreestiman en cualquier caso el esfuerzo financiero realizado por los
gobiernos autonómicos y municipales en materia de dependencia. Y ello es así porque tales cifras no tienen en cuenta que una parte del gasto en este tipo de servi-
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INTRODUCCION+CAP.1
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cios públicos lo financian los usuarios a través de copagos. A este respecto, mediante esquemas diversos que varían de unas CCAA en algunas se tiene en cuenta
el patrimonio, techos máximos distintos, etc.., éstas recuperan en torno a un 25%
del gasto total (Casado, 2007b).
4. El nuevo SAAD: rasgos principales
En los últimos años, siguiendo la estela de los países escandinavos, que contaban desde
hacía tiempo con sistemas públicos de atención a la dependencia de amplía cobertura,
han sido varios los países europeos —p.e. Alemania, Francia y Austria— que han optado
por universalizar los servicios sociales de atención a la dependencia (OCDE, 2005). En
nuestro país, con la aprobación a finales de 2006 de la denominada Ley de Dependencia, se sientan las bases para la creación de un nuevo Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) que se prevé esté totalmente implantado en el año 2015.
Los principales rasgos de dicho sistema se describen brevemente a continuación.
En primer lugar, en contraposición al carácter selectivo de las intervenciones llevadas a cabo por el sector público hasta el momento, caracterizadas por el empleo de “pruebas de medios” para determinar los posibles beneficiarios de los
servicios, el nuevo SAAD estipula que la situación económica no puede constituir
una barrera a la hora de acceder a las prestaciones previstas. En este sentido, si
bien como se explica más adelante la situación económica va a jugar un papel en
la determinación de los copagos, el único criterio que regula el acceso a los servicios es el nivel de dependencia. En concreto, mediante la aplicación de un baremo
que evalúa el grado de autonomía en la realización de un amplio conjunto de actividades básicas e instrumentales, los beneficiarios del SAAD serán clasificados
como dependientes moderados (Grado I), graves (Grado II) o severos (Grado III). A
este respecto, según las recientes estimaciones realizadas por el centro de investigación que ha desarrollado dicho instrumento de valoración (FICE, 2006), el número total de potenciales beneficiarios de todas las edades para el conjunto del
Estado se situaría en 2007 en cerca de 1.150.000 personas, siendo la distribución
por grados de 630.900, 380.752 y 192.900 respectivamente.
En segundo lugar, con respecto a las modalidades de atención, la LD establece tres
grandes tipos de prestaciones: i) prestaciones en especie, entre las que cabe incluir los
19
INTRODUCCION+CAP.1
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SAD, los centros de día y las residencias, provistas a través de centros públicos o privados en régimen de concierto; ii) prestaciones económicas vinculadas a servicios, que
tendrán carácter periódico y se reconocerán únicamente cuando no sea posible el acceso a un servicio público o concertado; y, finalmente, iii) prestaciones económicas
para ser atendido en el domicilio por cuidadores no profesionales. La LD no establece
cuándo un beneficiario podrá optar a uno u otro tipo de prestaciones, ni tampoco la
intensidad ni las cuantías de las mismas, aunque sí menciona que éstas deben tener
en cuenta tanto el grado de dependencia como la situación económica de los beneficiarios. En cualquier caso, al igual que ocurre con otros parámetros del modelo que
se detallan más adelante, la LD establece que la concreción de estos elementos debe
realizarse en el seno del Consejo Territorial del SAAD, órgano de coordinación del
sistema en el que estarán representadas tanto las CCAA como el gobierno central.
El tercer elemento a destacar es el relativo a las fuentes de financiación del nuevo
SAAD. A este respecto, según se estipula en la Memoria Económica que acompaña
a la LD, la previsión es que en el año 2015, cuando el SAAD esté totalmente implementado, la contribución a la financiación del gasto generado por el mismo
9.352 millones de euros sea la siguiente: un 42,6% a cargo de las CCAA, un 23,7%
del gobierno central, y un 33,7% de aportaciones realizadas por los usuarios en
concepto de copagos. No obstante, si bien en el caso del Gobierno Central y de los
usuarios dichas cifras hacen referencia a “dinero nuevo”, no es éste el caso con
respecto al gasto financiado por las CCAA, pues en su cómputo están incluidos los
cerca de 1.800 millones de euros que éstas ya están gastando hoy en día en servicios de atención a la dependencia.
En cualquier caso, si bien las cifras anteriores constituyen el marco general de referencia, hay dos importantes aspectos pendientes de concreción por parte del Consejo Territorial del SAAD. Por un lado, con respecto a las aportaciones de los
usuarios, la LD sólo menciona que éstas tendrán en cuenta la renta y la riqueza de
los beneficiarios, pero no concreta cómo deberán calcularse dichas aportaciones
a nivel individual para que sea posible recuperar el 33,7% previsto del gasto total.
Por otro lado, aunque la LD estipula un mecanismo de financiación entre CCAA y
gobierno central estructurado en 3 niveles uno básico financiado por el GC, otro
adicional cofinanciado al 50%, y otro opcional financiado sólo por las CCAA, están
por concretar los límites y el contenido de cada uno de ellos.
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INTRODUCCION+CAP.1
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El último rasgo del nuevo SAAD que conviene resaltar es el relativo al modo en que
está previsto su desarrollo temporal. A este respecto, en lo que nos parece una decisión acertada, la LD prevé un despliegue gradual a lo largo del periodo 20072015 (gráfico 3). En concreto, durante el primer año de funcionamiento del sistema,
únicamente las personas dependientes de grado III se convertirán en beneficiarias
del mismo; tras ello, durante los años 2008 y 2009, pasaran también a ser beneficiarias las personas menos autónomas dentro del grupo de dependientes clasificados como de grado II; más tarde, en el año 2010, se incorporará al resto de personas
de dicho grado; y así sucesivamente hasta el año 2015, en el que todas las personas con dependencia de grado I o superior se convertirán en beneficiarios de las
prestaciones y servicios del SAAD. Asimismo, tal como pone de manifiesto el gráfico 4, la Memoria Económica que acompaña a la LD prevé una senda de aportaciones por parte del gobierno central a la financiación del SAAD acorde con dicho
despliegue gradual.
Gráfico 3. Personas elegibles y beneficiarias del SND: España, 2007-2015.
1.600.000
1.400.000
Número de Personas
1.200.000
1.000.000
800.000
600.000
400.000
200.000
0
2007
2008
2009
2010
Beneficiarios
2011
2012
2013
2014
2015
Elegibles
Fuente: Fundación Instituto del Envejecimiento- UAB (2006).
21
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Página 22
2.500.000
2.500
2.000.000
2.000
1.500.000
1.500
1.000.000
1.000
500.000
500
Euros
Miles de euros
Gráfico 4. Financiación a cargo del Gobierno Central del SND: España, 2007-2015.
0
0
2007
2008
2009
2010
2011
Aportación Estatal (E. Izq.)
2012
2013
2014
2015
Gasto Medio (E Dcha.)
Fuente: Elaboración propia a partir de FICE (2006) y de la Memoria Económica de la LD.
4. Los retos del nuevo Sistema Nacional de Dependencia
El desarrollo en nuestro país de un sistema público de atención a la dependencia
como el que acabamos de describir constituye, sin duda alguna, un paso importante
en la consolidación de un Estado de Bienestar acorde con el grado de desarrollo
económico alcanzado durante los últimos años. No obstante, aunque la LD traza
a grandes rasgos las características del nuevo sistema, el que éste termine teniendo
un funcionamiento adecuado depende de cómo se acaben concretando los detalles del mismo. En este sentido, sin ánimo de exhaustividad, los principales retos a
los que dicho diseño deberá dar respuesta son los siguientes:
• Diversidad autonómica de origen. Las CCAA difieren entre si no sólo en lo tocante
al nivel actualmente ofrecido de servicios, como ya vimos con anterioridad, sino
22
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también con respecto al número de potenciales beneficiarios del SAAD. Así,
según un reciente informe realizado por el centro de investigación encargado de
desarrollar el baremo de dependencia (FICE, 2006), el porcentaje que sobre el
total de población representan las personas elegibles en las distintas CCAA va
desde el 2,1% hasta el 3,8% (Gráfico 5). Por otro lado, debido a que los costes
unitarios de los distintos servicios también varían entre CCAA (Imserso, 2005a),
el volumen de recursos actualmente destinados a su provisión resulta también
presumiblemente muy dispar.
Dicha diversidad, en absoluto sorprendente si tenemos en cuenta que los servicios sociales son una competencia exclusiva de las CCAA, plantea sin embargo un reto importante de cara al desarrollo del SAAD: la presencia de
impactos presupuestarios asimétricos; así, si bien la Memoria Económica de la
LD prevé que el gasto de las CCAA deberá aumentar a una tasa anual del 9%
a lo largo del período 2007-2015, está claro que dicha tasa no va a ser la misma
en todas las CCAA, como no lo son tampoco el porcentaje de personas dependientes, los niveles de gasto público actuales, los costes unitarios o la oferta
privada. Por ello, puesto que las CCAA van a ser las encargadas de gestionar el
SAAD y de financiarlo parcialmente, resulta fundamental que a la hora de diseñar los detalles del mismo estructura de los copagos, intensidad de los servicios, etc. se cuente con modelos de simulación que estimen el impacto
presupuestario que una determinada configuración puede tener para las distintas CCAA.
• Planificación y gestión de los servicios: equilibrio entre Gobierno Central y CCAA.
La planificación y gestión de los servicios sociales son tareas difíciles para las
que las ventajas de la descentralización resultan obvias: las CCAA y las CCLL no
sólo están en mejor situación que el Gobierno Central para valorar las necesidades relativas de sus respectivos territorios, sino que además pueden diseñar fórmulas de intervención que tengan en cuenta especificidades en cuanto a la
provisión (costes relativos de los distintos servicios, oferta privada concertable,
etc..). De hecho, como ya se ha señalado con anterioridad, la diversidad actual
en los modelos autonómicos de atención a la dependencia no es sino la consecuencia inevitable y en muchos sentidos deseable de la descentralización. Así las
cosas, si bien el nuevo SAAD resulta necesario por cuanto permitirá aumentar los
23
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recursos financieros disponibles para procurar atención a las personas dependientes, cualquier intento de uniformización que reste grados de libertad en la
gestión que llevan a cabo las CCAA, generará más costes que beneficios. La posible cuadratura del círculo pasa, en nuestra opinión, por concebir la financiación
que está previsto aporte el Gobierno Central como una transferencia a las CCAA
cuya cuantía varíe simplemente en función del número de beneficiarios del
SAAD en cada territorio. A lo sumo, y siempre sobre indicadores globales (ratios
de plazas, número de usuarios de SAD...), se podría establecer un factor corrector que otorgara una financiación adicional a aquellas CCAA con niveles de cobertura claramente por debajo de la media estatal.
• Esquema de copagos. Los copagos, con independencia del papel más o menos
activo que el gobierno central pueda jugar en la planificación y gestión de los servicios, constituyen una pieza clave de cara a garantizar la estabilidad financiera
del nuevo sistema. Los aspectos clave a tener en cuenta en su diseño se discuten
más ampliamente en el próximo apartado.
• Sostenibilidad financiera. Finalmente, más allá de la negociación política a
corto plazo en torno a las cuestiones anteriores, las CCAA y el gobierno central deberían tener en cuenta las implicaciones a medio y largo plazo de las decisiones que se acaben tomando en los próximos meses. A este respecto,
cuando hace ya años que se viene hablando de los problemas de sostenibilidad del sistema de pensiones o del impacto del envejecimiento demográfico
sobre el gasto sanitario, resulta sorprendente que las proyecciones realizadas
hasta el momento en torno a la evolución del SAAD terminen en 2015, año en
que está previsto que el sistema se encuentre ya totalmente implantado. La responsabilidad política y presupuestaria exigirían, sin embargo, trabajar con un
horizonte temporal que abarcara, al menos, la primera de las décadas (20202030) en las que los estudios realizados sobre pensiones o sanidad coinciden
en señalar el inicio de los problemas derivados del envejecimiento demográfico. En este sentido, siguiendo el camino ya recorrido por otros países de nuestro entorno (Hancock et al., 2003), se trataría de desarrollar modelos de
simulación que permitieran proyectar la evolución a medio y largo plazo de los
gastos y los ingresos derivados de distintas configuraciones alternativas del
nuevo SAAD.
24
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Gráfico 5. Porcentaje de personas sobre población total elegibles para SND:
CCAA, 2007.
Canarias
Murcia
Madrid
Andalucía
Baleares
C. Valenciana
España
Cataluña
Extremadura
Castilla-La Mancha
País Vasco
La Rioja
Navarra
Cantabria
Aragón
Galicia
Asturias
Castilla y León
0,0
0,5
1,0
1,5
2,0
2,5
3,0
3,5
4,0
4,5
Población elegible (%)
Fuente: FICE (2006).
5. El diseño de los copagos: una propuesta tentativa
El análisis de la experiencia comparada, así como argumentos de carácter teórico,
permiten avalar el que las aportaciones por parte de los usuarios constituyan una
fuente de financiación importante dentro del nuevo SAAD (Casado, 2007b). Así,
tanto en aquellos países que cuentan con sistemas de acceso universal como en
aquellos otros con esquemas de carácter selectivo, los usuarios de los servicios públicos destinados a personas dependientes SAD, centros de día, residencias,... participan con sus aportaciones en la financiación de los mismos. Por otro lado, desde
una perspectiva teórica, la consecución de un cierto reequilibrio intergeneracional
en los programas de gasto público, así como el logro de un balance asistencial más
eficiente, aconsejan desarrollar un esquema de copagos que complemente la financiación del sistema realizada mediante impuestos generales.
25
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No obstante, más allá de reconocer la necesidad de que el nuevo SAAD se financie parcialmente a través de copagos algo que ya hace la LD, resulta necesario definir concretamente cómo deberían instrumentarse tales aportaciones en la práctica.
En este sentido, desde nuestro punto de vista, los condicionantes a tener en cuenta
serían cuatro:
1) Suficiencia. Las CCAA deben ser capaces, como mínimo, de recuperar vía copagos el 34% del gasto total previsto, pues ese es el porcentaje sobre el que el
gobierno central ha definido sus aportaciones al SAAD durante el periodo 20072015; en caso contrario, si no son capaces de recuperar tal porcentaje, los gobiernos autonómicos tendrán previsiblemente dificultades para financiar a través
de sus propios ingresos generales la parte no cubierta por los usuarios y el gobierno central.
2) Equidad. La estructura de copagos debe ser capaz de recuperar ese 34% del
gasto a través de aportaciones que, desde el punto de vista individual, no generen situaciones de empobrecimiento y/o catastrofismo (Wagstaff y Van Doorslaer,
2003), además de preservar cierta progresividad en el reparto de la carga o, al
menos, garantizar que el sistema de financiación no sea regresivo.
3) Eficiencia. Los copagos deben generar comportamientos individuales de utilización de servicios que resulten socialmente coste-efectivos (así, por ejemplo, deberían evitar la institucionalización de un sujeto cuando la opción de
permanecer en el hogar, debidamente atendido por familiares y profesionales,
resulte menos costosa que proveer la ayuda necesaria en una residencia).
4) Sostenibilidad. Debemos estar seguros de que, a la vista del incremento en la demanda de servicios de atención a la dependencia que traerá consigo el envejecimiento demográfico, la estructura de copagos que hoy definamos permitirá
no poner en riesgo en un futuro el SAAD al requerir incrementos difícilmente
asumibles en el componente financiado colectivamente (ingresos generales del
Estado e ingresos propios de las CCAA).
Las reflexiones que siguen pretenden, de modo tentativo, sugerir algunas de las características que el esquema de copagos debería reunir si se pretende respetar los
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condicionantes mencionados, señalando asimismo el tipo de evidencia empírica de
la que se necesitaría disponer para que la implementación de la propuesta tuviera
los resultados deseados.
Atención residencial vs. servicios comunitarios
Un primer elemento que contribuiría positivamente al desarrollo de un esquema de
copagos adecuado sería reconocer en su diseño las grandes diferencias que separan la atención residencial de aquélla que se proporciona a personas que siguen viviendo en la comunidad. A este respecto, con el propósito de alcanzar
simultáneamente los objetivos de recaudar el 34% del gasto total y garantizar un
esquema equitativo, un curso de acción posible sería el siguiente:
En primer lugar, puesto que la inmensa mayoría de personas que ingresan en una residencia son viudas (63%) o solteras (24%), y las probabilidades de retorno a la comunidad son muy reducidas en la mayoría de los casos, parece razonable que las
aportaciones que éstas realicen en concepto de copagos equivalgan a un porcentaje
elevado de su renta, exactamente igual que hasta el momento pero extendido a los
nuevos usuarios previsiblemente con más recursos que la universalización del sistema traerá consigo. Asimismo, también debería tenerse en cuenta el patrimonio de
los sujetos, y hacerlo líquido a través de algún instrumento financiero como puedan
ser las hipotecas inversas, de reciente aparición en nuestro país.
A tal efecto, desde una perspectiva metodológica, lo que se requiere es contar con
un modelo de simulación que nos permita estimar para distintas configuraciones
del copago la cantidad que podría llegarse a recaudar a la vista de la actual distribución de renta y riqueza de las personas mayores dependientes. De modo orientativo, si actualmente las CCAA recuperan en torno al 30% con un modelo en el
que los usuarios son pobres y no se tiene en cuenta el patrimonio en la mayoría de
CCAA, cabe pensar que los nuevos usuarios del sistema público (más ricos) y los
porcentajes de propiedad inmobiliaria en nuestro país, permitirán recuperar porcentajes superiores al 40%4. El reto es, precisamente, ser capaces de obtener estimaciones acerca de dicho porcentaje de recuperación, a la vista de la renta y
4
En este sentido, según datos del Imserso (2005a), cabe señalar que el 87,2% de las personas con más de 64 años residentes en España son propietarias de la vivienda en la que viven, un porcentaje 20 puntos por encima de la media europea.
27
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riqueza de las personas institucionalizadas, para distintas configuraciones del copago (calculados sobre un precio público o sobre el coste total, incluyendo o no
el patrimonio, etc.).
Todo lo que se pueda recaudar por encima del 34% a través de copagos en el ámbito residencial, y ahí reside el otro pilar del plan de acción que se propone, otorgará un mayor margen de maniobra financiero a las CCAA para asumir la expansión
de servicios comunitarios previstos en la LD, sin por ello tener que aumentar excesivamente la presión sobre el presupuesto autonómico o, alternativamente, implementar un esquema de copagos para los servicios comunitarios poco atractivo
desde el punto de vista de la equidad.
Desde esta perspectiva, siguiendo con el razonamiento aplicado en el caso de la atención residencial, la idea sería definir primero una estructura de copagos que, por un
lado, permitiera recaudar el dinero suficiente como para que el objetivo de financiar
globalmente vía copagos el 34% del gasto total pudiera satisfacerse y, por otro lado, distribuyera las cargas de las aportaciones a realizar por parte de los usuarios de un modo
equitativo. A este respecto, de nuevo, el reto consiste en desarrollar un modelo de simulación que, dada la distribución de la renta de los potenciales usuarios de servicios
comunitarios, calibre estructuras de copagos alternativas (cuantías del umbral de renta
exenta, porcentajes distintos de aportación por niveles de renta, etc.), capaces de generar la recaudación necesaria y el grado de equidad que se considere deseable. En
cualquier caso, debido a que la mayoría de personas dependientes no institucionalizadas viven acompañadas de familiares directos (cónyuges, hijos,...) en hogares multipersonales, y siendo su número muy superior al del colectivo de usuarios de plazas
residenciales, la eficiencia administrativa desaconseja incluir el patrimonio además de
la renta a la hora de determinar las aportaciones a realizar en cada caso.
Utilización de servicios adecuada
Las reflexiones anteriores se han centrado en los aspectos de diseño de la nueva estructura de copagos del SAAD en su vertiente estrictamente financiera. No obstante, como ya se ha mencionado, los copagos pueden constituir un instrumento
útil a la hora de incentivar una utilización coste-efectiva de los servicios cubiertos
por el SAAD. De ese modo, además de por su capacidad para generar ingresos su-
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ficientes y para repartir las cargas equitativamente, las distintas configuraciones
que los copagos puedan tener deberían ser también evaluadas sobre la base de
esta otra dimensión.
El hecho de que las posibilidades de mejora de las personas dependientes sean escasas, unido a la elevada preferencia de éstos y sus familiares por prolongar la opción comunitaria el mayor tiempo posible, reduce la discusión sobre el
coste-efectividad en este ámbito a una comparación entre, por un lado, los costes
sociales que la alternativa comunitaria representa en términos de cuidado informal
(tiempo de ocio, salarios perdidos, etc.) y de provisión de servicios formales (SAD,
Centros de día, etc.), y, por otro lado, los costes que implica la alternativa de institucionalizar al sujeto. No es extraño, por tanto, que el grueso de la investigación
internacional se haya centrado en analizar hasta qué punto es posible reducir las
tasas de institucionalización a través de un aumento en la cobertura e intensidad
de los servicios comunitarios (Wanless, 2006).
En el caso de España, donde no se han realizado por el momento estudios para valorar empíricamente la eficiencia relativa de los servicios comunitarios y residenciales, ni tampoco se dispone de información acerca del impacto de los actuales
copagos en la utilización de los mismos, resulta complicado aventurar en qué medida una determinada estructura de copagos u otra para el nuevo SAAD resulta
preferible desde el punto de vista de la eficiencia. A este respecto, puesto que probablemente las CCAA acaben optando por diseños distintos en la implementación
de algunos aspectos de la LD (estructura de los copagos, grado de expansión de los
servicios comunitarios, etc.), sería una buena ocasión para aprovechar esta variabilidad (“experimentos naturales”) como fuente de información útil de cara al análisis empírico de las cuestiones anteriores. El hecho de que se haya previsto un
despliegue gradual del nuevo SAAD, desde 2007 hasta 2015, permite cierto margen de maniobra para que los ajustes del esquema de copagos a lo largo de dicho
periodo se realicen, por fin, sobre la base de evidencias y no sólo de intuiciones.
6. Conclusiones
La puesta en marcha del nuevo SAAD constituye por varios motivos una de las iniciativas de política social más importante de los últimos años. En primer lugar, en
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claro contraste con la situación actual, caracterizada por la existencia de “pruebas
de medios” para acceder a unos servicios públicos de atención a la dependencia
escasamente desarrollados, la creación del nuevo SAAD supone avanzar hacia un
modelo universalista que en este ámbito nos aproxima a los sistemas de protección social del centro y norte de Europa. Por otro lado, siendo las mujeres la piedra angular del actual sistema de cuidados a los ancianos dependientes, como pone
de manifiesto el que casi el 75% de los mismos tengan en el apoyo familiar su principal fuente de ayuda, es comprensible que se haya extendido la percepción de
que las prestaciones del nuevo SAAD pueden constituir un poderoso instrumento
de conciliación entre vida familiar y laboral. Por último, desde el sector sanitario,
existe la expectativa de que el nuevo SAAD puede contribuir a reducir estancias
hospitalarias innecesarias motivadas por la actual falta de recursos sociales adecuados.
No obstante, si bien la LD aprobada traza a grandes rasgos la arquitectura global
del nuevo esquema, el que éste acabe generando los efectos positivos mencionados a un coste razonable depende de cómo se concreten en el seno del Consejo
Territorial los “parámetros” de funcionamiento del sistema como puedan ser, entre
otros, los criterios de reparto entre las CCAA de la aportación estatal, la intensidad
y la cuantía de las prestaciones y servicios cubiertos, o el modo concreto en que
se van a calcular los copagos a realizar por parte de los beneficiarios del sistema.
Y todo ello en un contexto de envejecimiento demográfico creciente, con situaciones de partida muy dispares entre CCAA, que pueden ver seriamente comprometida su capacidad para financiar las nuevas necesidades de gasto que puede
comportar el SAAD a menos que la determinación de los parámetros del mismo se
realice teniendo en cuenta su impacto presupuestario en las distintas CCAA.
El horizonte temporal de políticos y gestores no suele ser lo bastante amplio como
para esperar a que los investigadores generen evidencias empíricas relevantes para
la toma de decisiones. No obstante, dado que el desarrollo del nuevo SAAD se va
a prolongar durante casi diez años, sí existe en este caso un margen de tiempo suficiente como para intentar que las decisiones que deben tomarse en los próximos
años estén basadas en evidencias y no sólo en intuiciones. A este respecto, como
ha puesto de manifiesto el presente capítulo, son múltiples los interrogantes que
convendría despejar: desde la delimitación precisa del gasto actual en CLD hasta
30
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el análisis de los factores determinantes de la utilización de servicios, pasando por
estimaciones del nivel de renta de los potenciales beneficiarios del SAAD que hoy
utilizan servicios estrictamente privados. Se trata, en definitiva, de generar información que resulte útil para el diseño de un SAAD que, por un lado, satisfaga las
necesidades asistenciales de las personas dependientes de un modo coste-efectivo
y, por otro lado, resulte financieramente sostenible a medio y largo plazo tanto para
las CCAA como para el gobierno central.
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Capítulo
INTRODUCCION+CAP.1
1
Empleo y Apoyo
Informal Entre las
Mujeres de Mediana
Edad en España
ASPECTOS ECONÓMICOS DE LA DEPENDENCIA Y EL CUIDADO INFORMAL EN ESPAÑA
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
CAPÍTULO 1:
EMPLEO Y APOYO INFORMAL ENTRE LAS MUJERES DE MEDIANA EDAD EN ESPAÑA
David Casado Marín, Pilar García Gómez, Ángel López Nicolás y Santiago Massons Capdevila
1. Introducción
Hasta el momento, tanto en España como en el resto de países de la Europa meridional, el modo en que se han satisfecho las necesidades de las personas dependientes se ha caracterizado por el papel predominante de la familia como principal
fuente de ayuda (OCDE, 2005). El extraordinario vigor de este modelo familiarista,
sin duda propiciado por las bajas tasas de participación laboral de las actuales cohortes de mujeres de mediana edad y de sus predecesoras, ha sido el que ha permitido hasta la fecha una actuación por parte del sector público de carácter
subsidiario: sólo cuando la familia se desentendía, claudicaba o no existía, y siempre de acuerdo a la capacidad económica de la persona mayor, se ha procedido a
financiar públicamente las asistencia requerida (Edad & Vida, 2004).
Recientemente, siguiendo la estela de otros países europeos, que cuentan desde hace
ya algunos años con sistemas públicos de protección a la dependencia de carácter universal, se va a desarrollar en España a lo largo del periodo 2007-2015 un esquema de
características similares (el denominado Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia)5. Uno de los principales objetivos que persigue el SAAD, además de suprimir las pruebas de medios (means-testing) para acceder a los servicios públicos de
atención a la dependencia, es el de hacer posible un nuevo equilibrio entre apoyo informal y atención formal que sea compatible con las mayores tasas de participación laboral de las futuras cohortes de mujeres de mediana edad.
En concreto, puesto que se prevé un fuerte aumento en el porcentaje de mujeres que
se encontrará trabajando cuando alguien de su entorno familiar se convierta en dependiente, el desarrollo por parte del SAAD de servicios comunitarios (atención domiciliaria, centros de día...) pretende hacer compatible la provisión de cierta cantidad
de apoyo informal y el desarrollo de un trabajo remunerado. A este respecto, además
5
Véase OCDE (2005) para una descripción actualizada de los sistemas de protección a la dependencia de los países de la UE.
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de evitar las consecuencias negativas a nivel individual que pueden derivarse de
abandonar el mercado de trabajo (pérdida de ingresos, menor pensión futura, etc.),
se lograría también que la asunción de responsabilidades familiares no comprometiera el objetivo macroeconómico, contenido en la “Agenda de Lisboa”, de aumentar la tasa de participación laboral femenina hasta el 60% durante la próxima década.
No obstante, si se pretende que efectivamente el SAAD llegue a alcanzar los objetivos perseguidos, resulta fundamental que el diseño de las nuevas prestaciones cubiertas esté basado en un conocimiento profundo de cómo las actuales mujeres de
mediana edad compaginan (o no) la provisión de apoyo informal y el desempeño
de una actividad laboral remunerada. A este respecto, si bien son varios los trabajos que han analizado en otros países la existencia de costes de oportunidad laborales asociados al cuidado informal, no se conoce de ningún trabajo que haya
estudiado específicamente dicha cuestión para el caso español.
El capítulo pretende analizar el papel del apoyo informal en la atención de las personas mayores dependientes y, más específicamente, en los efectos que dichos cuidados tienen sobre el comportamiento laboral de los cuidadores. Para ello, en el
siguiente apartado se analizan las características del apoyo informal en nuestro
país. El apartado 3, por su parte, describe los programas públicos que existen en
nuestro país para los cuidadores informales. Finalmente, el apartado 4 presenta un
ejercicio empírico que estima los efectos del cuidado informal sobre el comportamiento laboral de las mujeres que asumen esta tarea.
2. Características de los cuidadores informales
En el año 2004, según datos del Imserso (2005), había 950.528 cuidadores informales, lo que equivale al 6% de la población de 18 o más años en esa fecha. Este
apartado intenta describir cuáles son las características de las personas que proporcionan dichos cuidados, en qué condiciones realizan su labor y qué efectos
tiene sobre su vida cotidiana el llevarla a cabo.
La tabla 1 compara las características sociodemográficas de los cuidadores y cuidadoras informales con las de la población general. Esto nos permitirá identificar
los grandes rasgos diferenciales de este subgrupo que estamos analizando.
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
Tabla 1. Características sociodemográficas de los cuidadores.
GÉNERO
Hombre
Mujer
EDAD
Menos de 20 años
De 20 a 29
De 30 a 39
De 40 a 49
De 50 a 59
De 60 a 69
Más de 69
Edad Media
ESTADO CIVIL
Soltero
Casado
Viudo
Separado
Divorciado
No consta
NIVEL DE ESTUDIOS
Sin estudios + analfabetos
Primarios
Segundo grado
Tercer grado
No sabe
SITUACIÓN LABORAL
OCUPADO
NO OCUPADO
Jubilado/pensionista
Parado habiendo trabajado
Parado buscando primer empleo
Tareas del hogar
Estudiante
No contesta
Cuidadores
Población 2004
Diferencia
16,4
83,6
49,1
50,9
-32,7
32,7
1,2
3,6
11,9
23,8
28,7
15,9
14,9
52,9
4,9
18,3
20
16,9
13,9
11,8
14,2
46,2
-3,7
-14,7
-8,1
6,9
14,8
4,1
0,7
6,7
14,8
76,2
5,1
2,1
1,5
0,3
30,1
58,3
8,1
2,2
1,3
-15,3
17,9
-3
-0,1
0,2
17,1
43
32,6
7
0,3
15,9
23,3
46,8
14
1,2
19,7
-14,2
-7
26
73,1
20,2
7
0,3
44,2
1,4
0,9
48,7
51,3
21,1
6,4
1,5
14,5
6,2
-22,7
21,8
-0,9
0,6
-1,2
29,7
-4,8
Fuente: Elaboración propia a partir de Imserso (2005)
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Así, la tabla 1 nos indica que la mayoría de cuidadores informales son mujeres casadas, con una edad cercana a los 50 años, que sólo han cursado estudios primarios y que se encargan de las tareas del hogar como actividad principal. El 85% de
ella prestan su ayuda a una sola persona mayor.
Es interesante hacer énfasis en el último aspecto de la tabla, es decir, en la situación laboral del cuidador. Prácticamente tres cuartas partes de los afectados están
desocupados, dividiéndose básicamente en tres subgrupos: jubilados (20%), parados que han trabajado (7%) y encargados de las tareas del hogar (44,2%). En el
primer grupo encontramos una tipología importante del cuidador informal: el cónyuge que asiste a su pareja cuando ésta empieza a requerir ayuda. Más de la mitad
de los hombres (el 53,7%, IMSERSO 2005) que realizan apoyo informal están en
esta situación. En cambio, y a pesar de que los porcentajes de ocupación son similares para ambos géneros6, sólo el 13,7% de las cuidadoras están jubiladas,
mientras que un 52,1% se dedican a tareas del hogar.
Estos datos nos permiten extraer dos conclusiones significativas: que las circunstancias del cuidador y las consecuencias que prestar atención tiene sobre la situación laboral del mismo varían en función del género. Así, el cuidador-tipo hombre
está jubilado y cuida a su mujer, mientras que la cuidadora-tipo se encarga de una
persona de una generación anterior y su actividad principal es encargarse de las tareas del hogar.
El gráfico 1 nos presenta información relacionada con lo expuesto anteriormente.
Podemos ver como aproximadamente un 66% de los cuidadores informales se encargan de un miembro de la generación inmediatamente anterior de su familia,
mientras que un 17% cuida a su pareja. La mayor importancia del primer grupo está
relacionada con que más del 80% de los cuidadores sean mujeres.
También es interesante considerar la relación de convivencia entre cuidador y cuidado. Un 51,7% de las personas mayores que reciben ayuda informal viven permanentemente en el mismo hogar que la persona que les presta ayuda. El
porcentaje de convivencia llega al 62% si tenemos en cuenta a los que comparten
6
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31,9% para los hombres y 24,9% para las mujeres.
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hogar de forma temporal. Empero, no podemos concluir que la situación de dependencia haya dado pie a un cambio de domicilio, dado que un 40% de los cuidadores informales ya convivía con la persona atendida cuando esta no necesitaba
de sus cuidados.
Gráfico 1. Vínculo familiar entre cuidador y dependiente
Hija/o
Cónyuge o pareja
Nuera/yerno
Nieta/o
Sobrina/o
Hermana/o
Otras
Ns/Nc
Fuente: Elaboración propia a partir de Imserso (2005)
El gráfico 2 nos permite ver cómo el envejecimiento de la persona mayor afecta su
forma de convivencia con otras personas. Con la edad aumenta el porcentaje de ancianos conviviendo con sus hijos o en familia de manera rotativa, mientras que disminuye la importancia relativa de los que viven solos o con su pareja. Esta variación
se explica en gran medida por los efectos del paso del tiempo sobre la independencia y la salud de los ancianos, y el hecho de que un porcentaje elevado de las
personas de más edad son viudas.
Queremos profundizar, finalmente, en el análisis de las consecuencias que
tiene sobre el cuidador el hecho de prestar ayuda. Un primer elemento clave
es la compatibilidad de esta actividad con la participación en el mercado laboral. En esta línea, ya hemos comentado anteriormente que una gran mayoría (73,1%) de los cuidadores informales están desocupados, teniendo esto una
lectura diferente en función del género del cuidador. Así, la mayor parte de
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los hombres en esta situación están jubilados, lo que indica que es la edad y
no el hecho de prestar ayuda lo que hace que no participen en el mercado laboral. La actividad principal de las mujeres cuidadoras, en cambio, es encargarse de las tareas del hogar. Esto permite plantear la hipótesis de que es la
concepción del rol de la mujer en la familia y la sociedad la que hace que, por
una parte, estas mujeres se aparten del mercado laboral, y, por extensión, que
sean ellas las que se encarguen del cuidado de los familiares dependientes. Si
esto fuera cierto, podríamos anticipar una disminución de la disponibilidad de
las familias para atender a sus mayores informalmente, dado que el rol de la
mujer en la sociedad está cambiando. De esta manera, la creación del nuevo
SAAD se anticiparía a la hipotética futura necesidad de ofrecer servicios formales para atender a las personas de las que hoy se encargan los cuidadores
informales.
Gráfico 2. Forma de convivencia según la edad de las personas mayores
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
14,7
19,8
20,2
9
16,4
12,6
22
Solo/Sola
50,3
En pareja
59,1
52,6
55,7
46,2
8,6
1,1
16,9
1,3
60 a 65
66 a 70
Hijo/Hija
En familia de manera
rotativa
24,7
5,5
9,6
16
71 a 80
81 a 90
Más de 90
Fuente: Elaboración propia a partir de Imserso (2005)
También es interesante considerar la percepción de los mismos cuidadores sobre
las consecuencias que ha tenido el hecho de encargarse de un dependiente en su
vida profesional. El gráfico 3 presenta esta información, diferenciando en función
del género del cuidador.
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La primera conclusión que cabe extraer del gráfico es que el apoyo informal tiene una
incidencia mayor sobre la vida profesional de las cuidadoras mujeres que la de los
hombres. Así, el porcentaje de mujeres que declaran verse afectadas profesionalmente es 14 puntos superior al de los hombres. Esta tendencia se mantiene en todas
las cuestiones incluidas en el gráfico, con la excepción de los problemas económicos. Estas diferencias están estrechamente relacionadas con las diferencias en el perfil de cuidador hombre y de cuidador mujer. El hecho de que la “cuidadora-tipo” sea
una mujer de alrededor de 50 años hace que el subgrupo de mujeres cuidadoras sea
más susceptible a ver su compartimiento laboral afectado que los hombres cuidadores, que en general están fuera del mercado laboral por su edad. En cambio, sí que
es lógico que estos últimos tengan más problemas económicos, dado que el cuidador tipo es un jubilado que se encarga de su pareja, y por tanto es posible que pertenezca a un hogar en el que nadie participe en el mercado laboral.
Gráfico 3. Incidencias económicas y profesionales del apoyo informal en la vida
del cuidador
11
9,3
10,7
11,5
9,6
11,2
Tiene problemas para cumplir sus horarios
Ha tenido que reducir su jornada de trabajo
13,2
4,1
11,7
Ha tenido que dejar de trabajar
13,8
21,7
15,1
Tiene problemas económicos
29,7
9,9
26,4
No puede trabajar fuera de casa
63,4
49,4
61,1
Profesionales o económicas
0
10
20
Mujer
30
40
Hombres
50
60
70
Total
Fuente: Elaboración propia a partir de Imserso (2005).
Es significativo que casi el 30% de las cuidadoras declare que no puede trabajar
fuera de casa como consecuencia de la necesidad de atender a un dependiente.
Esto indica que las obligaciones derivadas del apoyo informal sí afectan el comportamiento laboral de las mujeres, aunque no nos permite descartar la hipótesis
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de que el rol social atribuido a la mujer explique los bajos porcentajes de ocupación entre las cuidadoras informales. Recordemos que un 73% de las mujeres que
atienden a personas dependientes están desocupadas, un porcentaje mucho mayor
que el 30% que aquí estamos analizando. Así, un 43% de las mujeres que atienden a una persona dependiente no participan en el mercado laboral por razones diferentes a su actividad como cuidadoras. En cualquier caso, como se analiza más
adelante, no está claro qué parte de ese 30% de cuidadores que dicen no poder trabajar trabajaría si no estuviera cuidando de alguien. El análisis de está cuestión
exige utilizar datos longitudinales. El apartado 4 de este capítulo se encarga precisamente de ello.
El gráfico 4 nos presenta las consecuencias no económicas del apoyo informal en
los cuidadores. Aporta un nuevo matiz a nuestro análisis, pues nos permite ver que
el apoyo informal tiene una dimensión que sobrepasa la economía, ya que incide
en la salud y la calidad de vida de las personas afectadas. Podemos ver como un
gran porcentaje de los cuidadores tiene que reducir su tiempo de ocio o renunciar
a sus vacaciones, o incluso ve afectada su vida de pareja y perjudicada su salud.
Esta nueva dimensión del apoyo informal debe ser considerada al valorar la posibilidad de incrementar las ayudas que reciben las personas que se encargan de los
dependientes.
Gráfico 4. Consecuencias no económicas del apoyo informal en los cuidadores
13,3
4,1
11,8
Se siente deprimido
29,2
19,2
27,5
Ha tenido que ponerse en tratamiento
28,6
20,1
27,2
Tiene conflictos con su pareja
37,1
42,6
38
No puede ir de vacaciones
61,2
64,5
61,8
Ha tenido que reducir su tiempo de ocio
0
10
20
Mujer
30
40
Hombres
Fuente: Elaboración propia a partir de Imserso (2005).
42
50
Total
60
70
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3. Programas públicos de apoyo a los cuidadores informales
Como hemos venido planteando, son las familias las que responden en nuestra sociedad al problema de la dependencia. En este apartado analizaremos cómo asiste
el Sector Público a estas familias, es decir, cómo y en qué medida la administración
compensa a los cuidadores informales.
La asistencia a los cuidadores informales puede ser directa o indirecta. En este segundo grupo encontraríamos todos aquellos servicios financiados por la administración que se dirigen a las personas dependientes, puesto que a través de ellos se
reduce la carga de trabajo que soportan las familias. Así, si se ofrecen anuncios
atención domiciliaria (SAD) a un dependiente, se benefician tanto éste como su
cuidador, que de otra manera tendría que encargarse personalmente de los cuidados prestados por los SAD. No nos centraremos en este tipo de políticas; ya hemos
hablado anteriormente de la oferta de servicios formales y de su evolución futura.
De cualquier forma, hemos de tener en cuenta en todo momento que la introducción del SAAD supondrá un fuerte aumento de los servicios formales financiados
públicamente, del que se beneficiarán indirectamente los cuidadores informales.
Así, pretendemos analizar los programas de ayuda existentes en nuestro país y destinados directamente a las familias que se encargan de sus dependientes, es decir,
los programas de asistencia dirigidos a los cuidadores. Analizando la experiencia
española e internacional, que tocaremos en el siguiente capítulo, encontramos diferentes tipos de alternativas: los programas educativos, que ofrecen información a
los cuidadores sobre la enfermedad del dependiente y la forma de atenderlo; programas de atención psicológica, que pueden funcionar como una terapia convencional o a través de grupos de ayuda; prestaciones económicas, así como ventajas
fiscales y laborales.
Los programas destinados directamente a los cuidadores informales son testimoniales en nuestro país y generalmente diferentes entre CCAA. En primer lugar, con
respecto a las políticas de ámbito estatal, cabe destacar la Ley 39/1999 que reconoce derechos específicos a los trabajadores que cuidan a personas mayores dependientes. Así, un cuidador informal puede reducir su jornada laboral
renunciando a una parte proporcional de su salario, y tomar una excedencia de
hasta un año para cuidar de un anciano que no puede valerse por sí mismo. Tam-
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bién la Administración Central otorga incentivos fiscales a los cuidadores informales, aunque más limitados. Los cuidadores informales en edad laboral carecen de
exenciones fiscales (Dizy, 2007). Los mayores de 65 años, en cambio, pueden reducir su base fiscal en 1000 euros si se hacen cargo del algún dependiente, ya sea
discapacitado o anciano. De cualquier manera, hay que tener en cuenta que la introducción del concepto de dependencia en nuestro código legal es muy reciente
(2007) y que el desarrollo reglamentario del mismo puede ampliar los incentivos
fiscales a los dependientes y a sus cuidadores (Dizy, 2007).
El resto de políticas públicas son autonómicas. Hay que tener en cuenta que la diversidad de políticas autonómicas hace que encontremos una gran cantidad de servicios dirigidos a los cuidadores informales financiados públicamente y presentes
sólo en parte del territorio: grupos de apoyo psicológico, asesoramiento sobre las
necesidades del dependiente, formación sobre cómo actuar, prestaciones económicas, centros de respiro y ayuda en caso de crisis. Describirlas en detalle no es el
objetivo de este capítulo, si bien sí que presentaremos los programas autonómicos
más relevantes.
Aragón, Cataluña, Galicia, Madrid, País Vasco y Ceuta ofrecen prestaciones económicas a las familias cuidadoras de un dependiente. Los programas más importantes son los de Madrid y Cataluña. La Comunidad Autónoma de Madrid, a través
de Ayudamos a quien te ayuda, ofrece 2.710 euros anuales a las familias que cuidan a un dependiente y cuyos ingresos están por debajo de 10.025 euros anuales,
siendo incompatible con otras prestaciones similares. Unas 2000 familias se beneficiaron de esta prestación en el 2006. El programa catalán se llama “Viure en Familia” (Vivir en Familia), en el 2005 tuvo 42.657 beneficiarios y supuso un gasto
de 124 millones de euros para esta comunidad. La prestación a la que da derecho
es de 240 euros al mes. Está previsto que con el SAAD se cree una nueva prestación para cuidados en el entorno familiar, que también exigirá a los receptores una
serie de condiciones –determinado nivel de dependencia del receptor de los cuidados, límite superior de ingresos familiares, posible afiliación a la Seguridad Social, etc- a determinar por el desarrollo reglamentario de la ley de Dependencia.
Otro programa de reconocido éxito es el Sendian, organizado entra la Diputación
Foral de Guipúzcoa y el ayuntamiento de San Sebastián. El programa proporciona
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ayuda integral a las familias. Ofrece formación para los cuidadores, apoyo psicológico, asesoramiento sobre qué ayuda técnica es más adecuada y la participación
en grupos de autoayuda; incluye exenciones fiscales y prestaciones económicas
para las familias de recursos limitados; y ofrece la posibilidad de respiro –tanto
para un fin de semana como para un mes- y la posibilidad de que un voluntario colabore con la atención al dependiente. El presupuesto del programa es 2’7 millones de euros para el 2008.
El Programa de Atención a las Personas Mayores en Atención Primaria del Gobierno
de Canarias engloba la atención a los mayores y a sus cuidadores en un mismo
programa, teniendo acceso al mismo el 100% de las familias que tienen a su cargo
un dependiente, independientemente de las características del hogar. Incluye algunos de los servicios que ya hemos visto en el programa anterior -grupos de autoayuda, formación a cuidadores y voluntariado-, pero es menos extenso que el
plan guipuzcoano.
Habrá que ver cómo encajaran todos estos programas autonómicos con la entrada
del nuevo SAAD, que exigirá a las CCAA que ofrezcan determinados servicios formales y que puede llevar a una reasignación de recursos. De cualquier manera,
se espera que las ayudas recibidas por los cuidadores informales aumenten en el
nuevo modelo, a través de las prestaciones económicas directamente dirigidas a
las familias y del aumento de los servicios formales financiados por el sector público.
4. Apoyo informal y comportamiento laboral de las mujeres de mediana edad: un
ejercicio empírico
4.1. Datos
4.1.1. Muestra analizada y selección de variables
El Panel de Hogares de la Unión Europea (PHOGUE) tiene unas características que lo convierten en una base de datos interesante para el análisis de las
posibles relaciones entre apoyo informal y comportamiento laboral. En primer lugar, mientras los sujetos permanecen en el panel, la encuesta aporta información muy amplia sobre el comportamiento laboral de los mismos
(situación laboral, tipo de jornada, número de horas trabajadas, salario, etc.).
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Asimismo, con respecto al apoyo informal, el PHOGUE permite una caracterización bastante precisa del mismo: así, además de preguntar a los sujetos si cuidan o no de un adulto dependiente, se les pide que precisen el
número de horas de cuidados que proporcionan a la semana, si la persona
cuidada reside en su mismo hogar o fuera de éste, etcétera. Por último, de
cara a controlar por la influencia de otras variables sobre el comportamiento
laboral de cuidadoras y no cuidadoras, la encuesta contiene amplia información socioeconómica no sólo sobre la persona entrevistada (edad, sexo,
nivel de estudios, estado de salud, historial laboral, rentas del trabajo y del
capital, etc.), sino también sobre el resto de miembros del hogar con los que
ésta vive.
El análisis se ha realizado a partir de la submuestra de mujeres residentes en
España de entre 30 y 60 años que, por un lado, participaron en como mínimo
tres de las ocho oleadas del PHOGUE y, por otro lado, aportaron información
completa sobre las variables que aparecen en la tabla 2 en cada una de las oleadas en las que participaron. Dicha submuestra contiene un total de 15.200
observaciones.
La caracterización de dicha labor de cuidadora se ha realizado a partir de
dos clasificaciones alternativas: por un lado, en la medida en que son varios
los estudios que han detectado efectos distintos sobre el empleo en función
de que la persona cuidada coresida o no con la cuidadora (Heitmueller,
2004), hemos dividido a las mujeres cuidadoras de nuestra muestra entre
quienes cuidan dentro y quienes cuidan fuera del hogar; por otro lado,
puesto que también existe cierta evidencia de que los efectos del apoyo informal sobre el comportamiento laboral son distintos a lo largo del tiempo
(Spiess y Schneider, 2003), se ha clasificado a las mujeres de nuestra muestra en cuatro posibles estados dinámicos entre t y t+1: “empieza a cuidar”,
“sigue cuidando”, “deja de cuidar” y “no cuida a nadie en ninguno de los
dos periodos”.
Asimismo, aunque el PHOGUE contiene información sobre el número de
horas trabajadas, el estado laboral de las mujeres que componen la muestra
analizada se ha codificado mediante una variable categórica que toma tres
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posibles valores: “no trabaja”, “trabaja a tiempo parcial” o “trabaja a tiempo
completo”. Ello se debe a que nuestro interés radica en evaluar el impacto de
la condición de cuidadora sobre el grado de vinculación de las mujeres con
el mercado de trabajo, y consideramos que tal impacto aparte del cambio implícito en horas trabajadas tenderá a manifestarse como una transición entre
esos tres estados. Por otra parte, el número de horas que constituye un empleo
a tiempo completo suele variar entre puestos de trabajo, y una mujer declarará trabajar a tiempo parcial siempre que su jornada sea inferior a la jornada
estándar en su puesto de trabajo. Por ello, utilizar la categorización citada nos
permite trabajar con una medida de estatus laboral que recoge implícitamente
las características del puesto de trabajo en lo que atañe a la duración habitual
de la jornada.
Tabla 2. Variables incluidas en el análisis
Comportamiento Laboral
nowork
1 si no trabaja, 0 en caso contrario
fulltime
1 si trabaja a tiempo parcial, 0 en caso contrario
parttime
1 si trabaja a tiempo completo, 0 en caso contrario
Apoyo informal
cuidadora
1 si cuida a algún adulto de forma no remunerada,
0 en caso contrario
cuidadora_hogar
1 si cuida a algún adulto de forma no remunerada en el hogar,
0 en caso contrario
cuidadora_fuera
1 si cuida a algún adulto de forma no remunerada fuera del hogar, 0 en
caso contrario
empieza a cuidar
1 si empieza a cuidar a algún adulto de forma no remunerada,
0 en caso contrario
sigue cuidando
1 si es almenos el segundo año consecutivo que cuida a algún adulto de
forma no remunerada, 0 en caso contrario
deja de cuidar
1 si el año pasado cuidaba a algún adulto de forma no remunerada y el
año en curso ha dejado de cuidar, 0 en caso contrario
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Tabla 2. Variables incluidas en el análisis (Continuación)
Sociodemográficas
d3539
1 si edad entre 35 y 39 años, 0 en caso contrario
d4044
1 si edad entre 40 y 44 años, 0 en caso contrario
d4549
1 si edad entre 45 y 49 años, 0 en caso contrario
d5054
1 si edad entre 50 y 54 años, 0 en caso contrario
d5560
1 si edad entre 55 y 60 años, 0 en caso contrario
soltero
1 si soltera, 0 en caso contrario
viudo
1 si viuda, 0 en caso contrario
sepdiv
1 si separada o divorciada, 0 en caso contrario
nch04
número de niños en el hogar de 0 a 4 años
nch511
número de niños en el hogar de 5 a 11 años
tamhogar
tamaño del hogar
sahvgood
1 si estado de salud autodeclarado es muy bueno, 0 en caso contrario
sahgood
1 si estado de salud autodeclarado es bueno, 0 en caso contrario
sahbad
1 si estado de salud autodeclarado es malo, 0 en caso contrario
sahvbad
1 si estado de salud autodeclarado es muy malo, 0 en caso contrario
Noroeste
1 si región de residencia es Noroeste, 0 en caso contrario
Noreste
1 si región de residencia es Noreste, 0 en caso contrario
Madrid
1 si región de residencia es Madrid, 0 en caso contrario
Centro
1 si región de residencia es Centro, 0 en caso contrario
Sur
1 si región de residencia es Sur, 0 en caso contrario
Canarias
1 si región de residencia es Canarias, 0 en caso contrario
isced57
1 si el máximo nivel de estudios finalizados es tercer grado, 0 en caso contrario
isced3
1 si el máximo nivel de estudios finalizados es secundaria, 0 en caso contrario
Fuente: Elaboración propia a partir del PHOGUE
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4.1.2. Análisis descriptivo
La pertinencia de centrar nuestro análisis en la submuestra de mujeres de
entre 30 y 60 años resulta bastante clara a la vista de la información presentada en el apartado 2.2, que reforzamos con los dos gráficos siguientes. En
concreto, al computar los porcentajes que sobre el total de hombres y mujeres declaraban estar cuidando de un adulto en 1994 (gráfico 5), se observa
que la prevalencia media en el colectivo de mujeres triplicaba a la de los
hombres (12% vs. 4%); asimismo, con respecto a las franjas de edad que concentran una mayor presencia relativa de cuidadoras, cabe destacar que las cohortes de mediana edad exhiben tasas de prevalencia que superan el 15% en
todos los casos. Así pues, la exclusión en nuestro análisis de las mujeres de
menos de 30 años por un lado, y de las de más de 60 por otro, se justifica no
sólo por el hecho de que en ambos colectivos concurren factores adicionales en la determinación de su comportamiento laboral (etapas formativas no
concluidas, abandono del mercado de trabajo por jubilación...), sino también por el hecho de que grueso de las cuidadoras no se concentra en dichos tramos de edad.
Por otro lado, al considerar la incidencia dinámica del evento “convertirse en
cuidador”, se aprecian también notables diferencias tanto entre hombres y
mujeres como por tramos de edad (gráfico 6). En concreto, son las cohortes
de mujeres de mediana edad las que exhiben unas mayores tasas de incidencia, por un doble motivo: por un lado, puesto que los problemas de dependencia se concentran en personas de edad avanzada en su mayoría viudas, las
cohortes de individuos con mayor probabilidad de tener un ascendiente dependiente son precisamente las de edades comprendidas entre los 45 y los
65 años; por otro lado, debido al sesgo de género que caracteriza la asunción
del rol de cuidador, las hijas y nueras de esas personas dependientes son las
que generalmente se encargan de proporcionar la ayuda requerida. En cambio, al considerar las cohortes de edad más avanzada (65 años o más), las diferencias entre hombres y mujeres se diluyen por ser generalmente los
cuidadores y cuidadoras que ahí aparecen los cónyuges de la persona cuidada.
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Gráfico 5. Porcentaje de cuidadores informales: España, 1994
Tasa de prevalencia (%)
25
20
15
10
5
0
<20
25-29
35-39
45-49
55-59
65-69
Hombres
75-79
85+
Mujeres
Fuente: Elaboración propia a partir del PHOGUE
Gráfico 6. Tasa de incidencia de nuevos cuidadores (%): España, 1995-2001**
Tasa de incidencia (%)
Cuidadores T / No Cuidadores T-1
10
9
8
7
6
5
4
3
2
1
0
<20
20-24 25-29 30-34 35-39 40-44
Hombres
45-49 50-54 55-59 60-68 65-69 70-74
75-79 80-84
85+
Mujeres
Tasas de incidencia medias durante el período.Fuente: Elaboración propia a
partir del PHOGUE
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
La tabla 3 contiene los estadísticos descriptivos de las distintas variables utilizadas en el análisis, calculados por separado para las mujeres que cuidan y no cuidan de un adulto dependiente a lo largo de las distintas oleadas del PHOGUE. Los
principales rasgos que caracterizan a las cuidadoras son los siguientes: una tasa
de participación laboral 13 puntos menor, una mayor importancia relativa de los
empleos a tiempo parcial entre aquellas que trabajan, un mayor peso de las cohortes de mediana edad, y unos niveles educativos claramente inferiores. El propósito de nuestro ejercicio, tal y como se explica a continuación, es averiguar
hasta qué punto dicha relación negativa entre apoyo informal y participación laboral se mantiene una vez se controla por: i) las diferencias entre cuidadoras y no
cuidadoras en cuanto a características observables (edad, estado civil, nivel educativo...), ii) la existencia de factores no observables fijos en el tiempo (heterogeneidad individual), iii) la dependencia de estado que suele caracterizar el
comportamiento laboral de los individuos a lo largo del tiempo, y iv) los problemas de desgaste muestral que suelen aparecer al trabajar con datos de panel.
Tabla 3. Estadísticos descriptivos de las variables incluidas
No cuidadoras
Cuidadoras
Media
Des.est.
Media
Des.est.
nowork
0,60
0,49
0,73
0,44
fulltime
0,34
0,47
0,23
0,42
parttime
0,05
0,23
0,04
0,20
cuidadora_hogar
0
0
0,64
0,48
cuidadora_fuera
0
0
0,36
0,48
empieza a cuidar
0
0
0,48
0,50
sigue cuidando
0
0
0,52
0,50
deja de cuidar
0,06
0,24
0
0
d3539
0,19
0,39
0,11
0,32
d4044
0,17
0,38
0,16
0,37
d4549
0,15
0,36
0,20
0,4
d5054
0,13
0,34
0,23
0,42
d5560
0,15
0,36
0,22
0,41
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
Tabla 3. Estadísticos descriptivos de las variables incluidas (Cont.)
No cuidadoras
Media
Cuidadoras
Des.est.
Des.est.
soltero
0,11
0,31
0,11
0,32
viudo
0,04
0,19
0,05
0,22
sepdiv
0,05
0,22
0,04
0,19
nch04
0,18
0,45
0,17
0,44
nch511
0,34
0,63
0,35
0,64
tamhogar
3,78
1,35
4,22
1,44
sahvgood
0,16
0,36
0,11
0,31
sahgood
0,55
0,50
0,47
0,50
sahbad
0,07
0,26
0,10
0,30
sahvbad
0,01
0,12
0,01
0,11
lrenta_otr
13,57
0,94
13,56
0,72
Noroeste
0,15
0,35
0,17
0,38
Noreste
0,16
0,36
0,13
0,34
Madrid
0,10
0,30
0,08
0,27
Centro
0,14
0,35
0,17
0,38
Sur
0,18
0,39
0,19
0,40
Canarias
0,06
0,24
0,06
0,23
isced57
0,24
0,43
0,12
0,32
isced3
0,18
0,39
0,15
0,35
Número de obs.
24.469
Fuente: Elaboración propia a partir del PHOGUE
52
Media
3.151
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
4.2. Metodología
4.2.1. Modelo econométrico
El modelo econométrico que utilizamos para estimar el impacto del cuidado
informal es un probit ordenado. Este modelo especifica la relación entre un índice latente de vinculación al mercado de trabajo, l*it , y las variables explicativas de acuerdo a la siguiente expresión:
(1)
donde i representa individuos y t años, Cit contiene variables ficticias que recogen la situación de cuidadora de la mujer i en el periodo t, Xit contiene características observables potencialmente asociadas con la decisión laboral
tales como la edad, el estado civil, la región de residencia etc., lit-1 contiene
variables ficticias que captan el estado laboral en el período previo, αi es un
efecto individual fijo en el tiempo que recoge el efecto de la heterogeneidad
sistemática no observable inherente a los datos microeconómicos, y εit recoge la variación puramente aleatoria alrededor del valor esperado de l*it
(condicionado al valor de las variables explicativas observadas y al efecto fijo
individual). Asimismo, mientras que αi puede estar correlacionado con las variables explicativas y genera autocorrelación intra-individuo en el término de
error compuesto (αi +εit), εit es independiente de las variables explicativas y
no está auto-correlacionado.
Por otro lado, con el fin de modelizar la correlación entre las variables observadas y el efecto fijo individual no observado, especificamos una relación
paramétrica entre éste y las primeras en la línea de las propuestas de Mundlak
(1978) y Chamberlain (1984). Esto es,
(2)
donde Χ
⎯ contiene la media del vector Xi a lo largo de los T periodos temporales para el individuo i, li0 contiene los valores de las variables de estado laboral en el periodo inicial, y ui es un término aleatorio independiente de las
variables explicativas observadas. Asimismo, la ecuación (2) permite resolver
53
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
el problema de las condiciones iniciales que aparece en los modelos dinámicos para variable dependiente discreta con heterogeneidad no observable
(Heckman, 1981), pues incorpora la propuesta de Wooldridge (2002, p. 494)
consistente en condicionar αi a los valores iniciales del estatus laboral7.
Así pues, sustituyendo (2) en (1) obtenemos:
(3)
donde ui es independiente de las variables explicativas, pero el error compuesto (ui+ εit) presenta autocorrelación temporal intra-individuo.
La variable latente l*it no se observa, pero sí observamos si la mujer i en el periodo t se encuentra en una de las tres alternativas “no trabaja”, “trabaja a
tiempo parcial” o “trabaja a tiempo completo”. La regla que une la variable
latente con la información sobre estado laboral en los modelos de la familia
de multinomiales ordenados es que a medida que l*it sobrepasa unos determinados umbrales observamos alternativas en orden ascendente. Esto es, para
las tres posibles alternativas ordenadas (para k=1,2,3), que en nuestro caso
corresponden a los estados laborales mencionados, observamos lit=k si μk-1
< l*it ≤ μk donde μk= -∞ y μm= -∞ , siendo m el número de alternativas. Por
tanto, la base de la estimación por máxima verosimilitud del modelo viene
dada por la expresión:
(4)
donde Pr denota “probabilidad”.
Existen dos alternativas para estimar consistentemente los parámetros de la
ecuación (3). En primer lugar, bajo los supuestos ui ~N(0,σ2u) y εit ~N(0,1), es
posible integrar (a lo largo de la distribución de ui) las probabilidades de la ex-
7
54
Véase Contoyannis et al. (2004) para una aplicación de esta solución en el contexto de un modelo para el estado de salud autopercibido.
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presión (4) condicionadas en realizaciones de ui. La función de (log) verosimilitud sería la siguiente:
(5)
La expresión (5) es la función de (log) verosimilitud para el modelo probit ordenado de efectos aleatorios. Así, bajo los supuestos del modelo, la maximización de (5) genera estimaciones consistentes y eficientes.
De modo alternativo, podemos considerar el error compuesto vi= ui +εit, y
adoptar los supuestos v~N(0,I) para maximizar la siguiente función:
(6)
La expresión (6) es la función de (log) verosimilitud para el modelo probit ordenado en “pool”. Si bien la expresión (6) es una especificación incorrecta de
la función de verosimilitud del modelo que estamos utilizando, ya que el supuesto v~N(0,I) ignora la existencia de correlación intra-individuo inducida
por ui, su maximización genera estimaciones consistentes, aunque ineficientes, de los parámetros de interés. De hecho la estimación basada en (6) corresponde a la estimación del modelo por cuasi-máxima verosimilitud (o
máxima verosimilitud parcial). Tal y como muestran Cameron y Trivedi (2005,
p. 150), la consistencia de la estimación por cuasi-máxima verosimilitud no
requiere especificar correctamente la densidad conjunta del vector li=(li2, li3,
…,liT), tal y como se hace mediante la expresión (5), sino que basta con especificar correctamente la densidad marginal de cada uno de sus elementos
lit. Cabe precisar, sin embargo, que la estimación de los errores estándar basada en (6) no es consistente, y por ello utilizamos un estimador de la matriz
de varianzas y covarianzas robusto ante la autocorrelación en el término de
error compuesto vi. Obviamente la vía preferida para estimar el modelo es la
que utiliza la expresión (5), ya que genera estimaciones consistentes y eficientes. Sin embargo, por razones asociadas al problema del sesgo de desgaste muestral que explicaremos a continuación, utilizaremos la expresión (6)
para el conjunto de resultados finales.
55
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4.2.2. Tratamiento del desgaste muestral
En el PHOGUE, y como resulta habitual en los paneles de hogares, nos encontramos con la existencia de desgaste muestral (Peracchi, 2002). En la medida que dicho desgaste muestral esté relacionada con el evento objeto de
interés, los parámetros estimados -mediante cualquiera de los dos métodos
descritos anteriormente- estarán sesgados. Con el objetivo de analizar la presencia de sesgo de desgaste muestral realizamos el test propuesto por Verbeek
y Nijman (1992) de inclusión de variables, por lo que añadimos al modelo
estimado una de las siguientes variables: i) una variable ficticia que indica si
el individuo ha respondido en la oleada siguiente; ii) una variable ficticia que
indica si el individuo se encuentra en el panel equilibrado; iii) una variable
con el número de oleadas a las que responde el individuo. La hipótesis nula
de inexistencia de sesgo se rechaza cuando cualquiera de estas variables es
significativa o bien cuando las tres (o cualquier combinación de dos de ellas)
son significativas de manera conjunta.
En cualquier caso, cuando los resultados para los contrastes de desgaste muestral no permiten aceptar la hipótesis nula de ausencia de la misma, es posible
obtener estimaciones consistentes aún en presencia de desgaste muestral utilizando el estimador de ponderaciones de probabilidad inversa (inverse probability weighting estimator) tal y como sugiere Wooldridge (2002).
Para implementar dicho estimador primero estimamos mediante modelos probit binomiales la probabilidad de que el individuo i esté presente en la muestra en el periodo t, p̂it , en función de un conjunto de características. Estos
modelos se estiman para cada una de las oleadas del PHOGUE (2-7) utilizando toda la muestra de individuos observados en la primera de las oleadas.
Se consideran dos modelos distintos: el primero de ellos incluye los valores en
la primera oleada (1994) para estimar las probabilidades de respuesta en los
años consecutivos; el segundo, por su parte, utiliza los valores de las variables
en t-1 para estimar la probabilidad de respuesta en t y en este caso, dado que
la muestra en t-1 potencialmente no es representativa de la muestra en el primer año de la encuesta, resulta necesario actualizar la probabilidad predicha
ˆ
ˆ
ˆ
ˆ 2∏
de manera que p̂it= ∏
i i3... ∏it donde ∏it representa las probabilidades de
respuesta estimadas para cada año (Wooldridge, 2002).
56
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Finalmente, se utiliza la inversa de las probabilidades predichas para cada individuo en cada modelo (1/ o, en su defecto, la probabilidad ajustada en el segundo de los modelos, para ponderar las contribuciones de cada observación
a la función de (log) verosimilitud. A este respecto, como mencionan Contoyannis et al. (2004), el estimador IPW puede aplicarse en situaciones donde
la función objetivo es aditiva en la contribución de cada observación. Es por
ello que dicho estimador no puede ser utilizado en modelos como el probit
ordenado de efectos aleatorios para el que, tal y como se observa en la expresión (5), hay un término formado por el producto de las contribuciones de
las observaciones de un mismo individuo para distintos periodos temporales.
Esta limitación no afecta al modelo probit ordenado en “pool”, en cuyo caso
la función de (log) verosimilitud a maximizar es:
(7)
donde Rit es una variable ficticia que toma el valor 1 si el individuo i está presente en la muestra para el periodo t y 0 en caso contrario.
4.3. Resultados
Consideramos dos modelos distintos para evaluar el impacto de la condición de
cuidadora sobre el estado laboral. En ambos modelos la variable dependiente es
la variable categórica ordenada lit=1, 2, 3, que corresponde a si la mujer declara
“no trabajar”, “trabajar a tiempo parcial” o “trabajar a tiempo completo” respectivamente. Los modelos difieren, sin embargo, en la especificación de la
condición de cuidadora. En el Modelo 1 utilizamos tres categorías que pretenden captar, en caso de que la mujer sea cuidadora en el periodo corriente, si el
ámbito en que se cuida es relevante: cuidadora en el hogar, cuidadora fuera del
hogar y no cuidadora. Por su parte, en el Modelo 2, utilizamos cuatro categorías
que pretenden captar si el momento en que se produce la transición a (o fuera
de) la prestación de cuidados es importante: comienza a cuidar (no cuidaba en
t-1 y sí en t), sigue cuidando (cuidaba en t-1 y cuida en t), deja de cuidar (cuidaba en t-1 y no cuida en t) y sigue no cuidando (no cuidaba en t-1 y no cuida
en t). Estas 4 categorías se parametrizan con tres variables ficticias (una para cada
una de las tres primeras condiciones). En ambos modelos, como ya se comentó
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con anterioridad, se ha incluido un amplio conjunto de variables de control:
edad, nivel educativo, estado civil, etcétera.
4.3.1 Test de desgaste muestral
Los resultados de las pruebas de sesgo de desgaste muestral sugeridas por Verbeek y Nijman (1992), en el que la hipótesis nula es la inexistencia de dicho
sesgo, se muestran en la tabla 4 tanto para la especificación de efectos aleatorios como para la especificación de “pool”. En estos contrastes se observa
que, cuando se utiliza la variable ficticia que capta si el individuo está en la
muestra el año siguiente, la hipótesis nula de no existencia de sesgo es rechazada para los dos modelos bajo las dos especificaciones. No obstante, con
el resto de variables, la hipótesis nula no se rechaza a niveles convencionales
de significación.
Tabla 4. Resultados del test de desgaste muestral*
Probit ordenado
Probit Ordenado (efectos aleat.)
Modelo 1
Modelo 2
Modelo 1
Modelo 2
Año siguiente
1,66 (0,1980)
2,97 (0,0849)
4,09 (0,0431)
3,96 (0,0467)
Todos los años
0,31 (0,5787)
0,01 (0,9167)
2,44 (0,1182)
2,44 (0,1185)
Número de años
0,14 (0,7074)
0,10 (0,7515)
0,51 (0,4733)
0,64 (0,4224)
Test conjunto
2,67 (0,4449)
4,27 (0,2335)
9,46 (0,0237)
9,31 (0,0255)
* Valores de la la X2 y probabilidades (entre paréntesis).
Nota: El modelo 1 hace referencia a la especificación en que el tratamiento
se diferencia entre cuidar en el hogar y cuidar fuera. El modelo 2 hace referencia a la especificación en que el tratamiento se diferencia entre empezar a
cuidar, seguir cuidando y dejar de hacerlo.
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4.3.2 Estimaciones del modelo
El rechazo de la hipótesis nula cuando se utiliza la variable ficticia “año siguiente” sugiere la necesidad de utilizar el estimador IPW. No obstante, por
las razones mencionadas anteriormente, éste sólo se puede aplicar en el caso
del modelo probit ordenado en “pool”, por lo que los resultados que presentamos a continuación corresponden a los de esta especificación. Asimismo,
para calibrar la robustez de las estimaciones, presentamos en la tabla 5 los
resultados con dos formas distintas de cómputo de las ponderaciones p̂it. En
la primera de ellas utilizamos información del período inicial (1994), mientras
que en la segunda utilizamos información relativa al periodo t-1. Finalmente,
en la tercera columna de la tabla 5, presentamos para cada uno de los modelos estimaciones sin ponderar con el propósito de evaluar el potencial impacto del sesgo de desgaste muestral.
Las tres primeras columnas de coeficientes de la tabla 5 recogen los resultados de los tres modelos estimados distinguiendo entre cuidar a alguien del
hogar o cuidar a alguien de fuera de éste. Por otro lado, las tres últimas columnas muestran los resultados de los tres modelos estimados cuando consideramos el comportamiento dinámico de la actividad de cuidar; esto es,
distinguiendo entre los efectos en el primer año, los años sucesivos y lo que
ocurre durante el año posterior a haber dejado de cuidar.
A efectos de interpretación, aunque la escala del probit ordenado es arbitraria, los coeficientes que aparecen en la tabla 5 permiten conocer cuál es la dirección del efecto de las distintas variables explicativas. Cabe destacar, en
primer lugar, la importancia de la dependencia de estado, pues aquellas mujeres que trabajaban en el periodo anterior, ya fuera a tiempo completo o a
tiempo parcial, presentan una mayor probabilidad de trabajar en el periodo siguiente. Asimismo, con respecto al resto de variables explicativas, destacar el
efecto positivo sobre la probabilidad de trabajar del hecho de ser soltera, tener
niveles educativos más altos y un muy buen estado de salud. También se constatan diferencias regionales importantes: las mujeres que viven en las comunidades autónomas del centro y del sur tienen una menor probabilidad de
trabajar que quienes viven en el resto del Estado. Cabe destacar, por último,
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la robustez de los resultados a la utilización de los distintos tipos de ponderaciones (IPW94 vs. IPW t-1) para las dos especificaciones consideradas.
Tabla 5. Modelos probit ordenados dinámicos para el status laboral
Variable
60
Tratamiento: cuida en el hogar o cuida
fuera del hogar
Tratamiento: empieza a cuidar, sigue
cuidando o deja de cuidar
Probit
ordenado
con IPW
valores
1994
Probit
ordenado
con IPW
valores
1994
Probit
ordenado
con IPW
valores t-1
Probit
ordenado
sin IPW
Probit
ordenado
con IPW
valores t-1
Probit
ordenado
sin IPW
fulltime(1994)
0,8449
0,8885
0,8503
0,8494
0,8878
0,8529
parttime(1994)
0,3495
0,3896
0,3428
0,3527
0,3875
0,3444
fulltime(t-1)
2,0445
2,0755
2,0352
2,0386
2,0758
2,0290
parttime(t-1)
1,3033
1,2344
1,2229
1,3039
1,2429
1,2235
cuidadora_hogar
-0,2331
-0,1583
-0,124
cuidadora_fuera
-0,2044
0,1223
0,0641
empieza a cuidar
-0,0601
0,0224
0,0236
sigue cuidando
-0,2081
-0,1469
-0,1129
Deja de cuidar
0,1696
-0,0298
0,0116
D3539
-0,0704
-0,0004
0,0144
-0,0691
0,0043
0,0195
D4044
-0,0205
0,1715
0,1497
-0,0217
0,1749
0,1535
D4549
0,0377
0,2213
0,1923
0,0296
0,224
0,188
D5054
-0,0163
0,1752
0,0889
-0,0303
0,1696
0,0767
D5560
-0,3515
0,0111
-0,1076
-0,3703
0,0003
-0,1204
Soltera
0,7900
0,7195
0,6000
0,8185
0,7124
0,6201
Viuda
-0,3706
-0,8120
-0,3935
-0,3586
-0,8055
-0,3688
Sepdiv
-0,114
0,0748
-0,082
-0,1092
0,0686
-0,0821
Nch04
0,0934
0,0367
0,0750
0,0944
0,0455
0,0791
INTRODUCCION+CAP.1
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
Tabla 5. Modelos probit ordenados dinámicos para el status laboral (cont.)
Nch511
-0,0611
-0,0497
-0,0488
-0,0556
-0,0414
-0,042
Tamhogar
-0,064
-0,0107
-0,0248
-0,064
-0,0131
-0,0268
Sahvgood
0,1659
0,1425
0,1248
0,1589
0,1385
0,1177
Sahgood
0,1036
-0,0095
0,0208
0,0986
-0,0109
0,0157
Sahbad
0,2318
-0,0458
-0,0192
0,2188
-0,0467
-0,026
Sahvbad
-0,1164
-0,1213
-0,0514
-0,1302
-0,1288
-0,0555
lrenta_otros
0,0043
0,0254
0,0064
0,0042
0,0247
0,0066
Noroeste
0,1377
0,0283
0,0986
0,1384
0,0301
0,0924
Noreste
-0,0185
-0,0913
-0,057
-0,021
-0,0945
-0,058
Madrid
-0,0586
-0,0852
-0,0858
-0,0609
-0,0887
-0,0876
Centro
-0,1922
-0,1868
-0,1957
-0,1948
-0,1909
-0,1975
Sur
-0,1749
-0,2314
-0,2114
-0,1749
-0,2290
-0,2128
Canarias
0,0039
-0,0352
-0,0043
0,0033
-0,0403
-0,0048
isced57
0,4111
0,3544
0,3643
0,4130
0,3566
0,3711
isced3
0,1684
0,1517
0,1800
0,1675
0,1486
0,1800
Cut1
-0,1407
-0,176
-0,3158
-0,1313
-0,1694
-0,3259
Cut2
0,194
0,1862
0,0251
0,2033
0,1913
0,0156
Número de
observaciones
15.200
12.400
15.200
15.200
12.500
15.200
Log-likelihood
-6050,00
-4780,00
-6120,00
-6050,00
-4810,00
-6130,00
Nota: P-valor <0,05; P-valor < 0,10
4.3.3. Efectos medios sobre los tratados
La escala del modelo probit ordenado, como ya se ha comentado, es arbitraria; por ello, para obtener un indicador de la magnitud de la relación entre las
distintas condiciones de cuidadora y el status laboral, se han calculado los
efectos medios sobre los tratados; esto es, se ha computado en qué medida
cambia la probabilidad de estar en cada estado laboral para los individuos situados en cada una de las categorías comparado con la misma probabilidad
si no hubiesen sido cuidadoras.
61
INTRODUCCION+CAP.1
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
Dichos efectos medios sobre los tratados se muestran en la tabla 6 para cada
uno de los modelos estimados. En los gráficos 7 a 9 se muestran tanto los efectos medios sobre los tratados como los intervalos de confianza obtenidos mediante bootstrapping con 500 réplicas de muestras del mismo número de
individuos remuestreados con reemplazo.
Los resultados muestran, en primer lugar, que los efectos del apoyo informal
sobre el status laboral se circunscriben a decidir entre trabajar a tiempo completo y no trabajar, ya que los efectos estimados sobre la probabilidad de trabajar a tiempo parcial son en todos los casos inferiores al 0,5%. En segundo
lugar, encontramos que el hecho de cuidar a alguien de dentro del hogar reduce la probabilidad de trabajar a tiempo completo, mientras que el cuidar a
alguien de fuera del hogar no parece tener efecto alguno. Por otro lado, si nos
preguntamos en qué momento se produce el posible ajuste laboral, encontramos que es a partir del segundo año cuando disminuye la probabilidad de
trabajar a tiempo completo, lo cual no resulta sorprendente a la vista del número de horas dedicadas a cuidar en uno y otro caso. Finalmente, mencionar
también que la probabilidad de encontrarse en cualquiera de los estados laborales considerados no es significativamente distinta, en la mayoría de los
casos, entre las mujeres que han dejado de cuidar y aquellas que no cuidan
ni cuidaban el año anterior.
Tabla 6. Efectos medios sobre los tratados
Prob (no trabajar)
62
IPW
IPW-2 NoIPW
Cuida hogar
0,03
0,020
Cuida fuera
0,026
Empieza a
cuidar
0,008 -0,003 -0,003
Sigue
cuidando
0,026
0,018
Deja de
cuidar
-0,025
0,004 -0,002
Prob
(trabajar tiempo parcial)
Prob
(trabajar tiempo completo)
IPW
IPW-2
NoIPW
IPW
0,017 -0,004
-0,003
-0,002
-0,027
-0,017
-0,014
-0,016 -0,009 -0,004
0,003
0,001 -0,022
0,013
0,007
-0,001 0,0004 0,0004 -0,007
0,003
0,003
-0,015
-0,012
0,022 -0,004
0,001
0,014 -0,004
0,003
-0,004
-0,003 -0,022
0,003 0,0002
IPW-2 NoIPW
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
Gráfico 7. Efectos medios sobre los tratados. Resultados sin incluir pesos para
corregir el posible sesgo de desgaste muestral.
Prob (no trabajar)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Prob (tiempo parcial)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Prob (tiempo completo)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Cuida hogar
Cuida fuera
Empieza a cuidar
Sigue cuidando
IC 95 %
ATT
Deja de cuidar
IC 90 %
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
Gráfico 8. Efectos medios sobre los tratados. Resultados incluyendo los pesos
que consideran las características de los individuos en el primer período.
Prob (no trabajar)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Prob (tiempo parcial)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Prob (tiempo completo)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Cuida hogar
Cuida fuera
Empieza a cuidar
Sigue cuidando
IC 95 %
ATT
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Deja de cuidar
IC 90 %
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
Gráfico 9. Efectos medios sobre los tratados. Resultados incluyendo los pesos
que consideran las características de los individuos en el período anterior.
Prob (no trabajar)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Prob (tiempo parcial)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Prob (tiempo completo)
0,75
0,5
0,25
0
-0,25
-0,5
-0,75
Cuida hogar
Cuida fuera
Empieza a cuidar
Sigue cuidando
IC 95 %
ATT
Deja de cuidar
IC 90 %
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
5. Conclusiones
Los resultados obtenidos indican que los efectos laborales del apoyo informal se
producen básicamente entre las mujeres que cuidan a alguien del hogar y, por otro
lado, entre quienes continúan cuidando más de un periodo, sin que parezca que
quienes concluyen un episodio de apoyo informal tengan problemas para reincorporarse al mercado de trabajo. Asimismo, con respecto al tipo de ajuste laboral
que realizan las mujeres cuidadoras, parece que éstos tienen lugar en el margen extensivo (participación laboral), pero no en el intensivo (horas trabajadas), de las decisiones de empleo (Heckman, 1993). A este respecto, si bien estos resultados
también han sido confirmado en otros trabajos en torno al apoyo informal (Ettner,
1996), es muy probable que sean más acusados en el caso español debido a la
menor importancia de los contratos a tiempo parcial en nuestro país (Comisión Europea, 2004).
Los resultados anteriores sugieren dos tipos de implicaciones para el diseño de las
políticas públicas en materia de dependencia. En primer lugar, puesto que los efectos laborales parecen concentrarse en cuidadoras coresidentes y cuidadoras prolongadas, cabe señalar que las nuevas prestaciones del SAAD deberían modularse
según el nivel de dependencia de los sujetos; en concreto, existe evidencia para
otros países de que las personas mayores se van a vivir con sus descendientes
cuando los problemas de dependencia les impiden seguir en sus hogares (Pezzin
y Schone, 1999), de tal manera que la coresidencia entre cuidadora y persona cuidada sería una proxy de estados de dependencia graves cuando aquélla es una
mujer de mediana edad; por otro lado, puesto que en la mayoría de casos los problemas de dependencia empeoran conforme el tiempo pasa, por ser el resultado de
procesos crónicos de carácter degenerativo (Alzheimer, cáncer...), es muy probable
que en muchos casos la continuidad en el cuidado esté también capturando la gravedad de la dependencia.
Por otro lado, puesto que los efectos sobre el comportamiento laboral parecen reducirse a una elección entre todo (tiempo completo) o nada (abandono), es probable que los costes de oportunidad laborales podrían llegar a disminuirse mediante
el desarrollo de fórmulas de empleo más flexibles, como las reducciones de jornada
que ya existen en el caso de la maternidad, debidamente incentivadas económicamente para evitar comportamientos perversos por parte de los empleadores.
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Empleo y Apoyo Informal entre las Mujeres de Mediana Edad en España
Una extensión natural de nuestro trabajo, en la línea de la propuesta de Viitanen
(2005), sería replicar el análisis para el conjunto de países europeos sobre los que
el PHOGUE contiene información. Mediante tal enfoque, a la vista de la importante
diversidad que existe a nivel europeo en cuanto a la flexibilidad de jornada (Comisión Europea, 2004) y a la cobertura de los sistemas de protección a la dependencia (OCDE, 2005), puede contrastarse si los resultados obtenidos para España
se dan también al analizar otros países de nuestro entorno lo que, a su vez, proporciona información sobre qué factores institucionales son los que permiten reducir en mayor medida los costes de oportunidad laborales asociados al apoyo
informal. Este análisis se llevará a cabo en el siguiente capítulo.
Una importante limitación de nuestro análisis es que los resultados obtenidos no
pueden ser interpretados, stricto sensu, en términos causales. Así, a pesar de haber
controlado por la heterogeneidad individual, es probable que parte de los problemas de endogeneidad persistan al no haber tenido en cuenta la simultaneidad de
las decisiones “cuidar de otra persona” y “participar en el mercado laboral”. A este
respecto, como línea de investigación futura, cabe pensar en la utilización del
PHOGUE para replicar con datos de más países europeos el análisis realizado para
el caso inglés por Heitmueller y Michaud (2006). Estos autores, a partir del British
Household Panel, analizan dinámicamente la relación entre apoyo informal y empleo teniendo en cuenta no sólo la heterogeneidad individual no observable, sino
también la simultaneidad de ambos tipos de decisiones.
67
CAP.2,3
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Capítulo
CAP.2,3
2
Apoyo Informal a las
Personas Mayores
Dependientes en el
Contexto de la Unión
Europea
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CAP.2,3
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
CAPÍTULO 2:
APOYO INFORMAL A LAS PERSONAS MAYORES DEPENDIENTES EN EL CONTEXTO DE
LA UNIÓN EUROPEA
David Casado Marín, Pilar García Gómez, Ángel López Nicolás y Santiago Massons Capdevila
1. Introducción
En el capítulo anterior presentábamos las características del sistema de atención a
la dependencia en España, el papel de los cuidadores informales y las consecuencias que prestar apoyo tiene sobre el comportamiento laboral de las mujeres españolas. En este capítulo ampliamos el análisis a la Unión Europea. Presentaremos los
diferentes modelos de atención de los países comunitarios y finalmente analizaremos los efectos que tiene prestar ayuda sobre la vida laboral de las cuidadoras europeas.
Encontramos algunas pautas comunes en la forma en que los diferentes países europeos responden al problema que supone la dependencia. En el objeto de estudio de este capítulo, es decir, en la atención no prestada por cuidadores formales,
sino por los familiares, vecinos o amigos del dependiente, es decir, por un cuidador informal, existen patrones y tendencias europeas. Para empezar, el apoyo informal tiene una gran importancia en toda Europa. Esta tarea es asumida
mayoritariamente por mujeres, que se encargan de alrededor de 2/3 del apoyo informal (EUROFAMCARE). El único caso en que la atención es prestada en porcentajes similares por hombres y mujeres es el de los mayores que se encargan de su
cónyuge.
Además, todos los países afrontan retos similares ya que, como se ha comentado,
un gran porcentaje de la atención la proveen miembros de la familia como cuidadores informales (Mestheneous y Triatafillou, 2005). Por el lado de la oferta, estos
retos están ligados al esperado (y-según la Agenda de Lisboa- deseado) incremento
en la participación de la mujer en el mercado laboral, y otros cambios demográficos concomitantes como la caída de las tasas de fertilidad y de matrimonio, las
altas tasas de divorcio y el aumento de los hogares formados por un miembro soltero. Esto implica un aumento de los costes de oportunidad asociados al apoyo in-
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CAP.2,3
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
formal en términos de ingresos presentes y futuros y perspectivas de carrera profesional. Por el lado de la demanda, el número de ancianos dependientes aumentará
con el incremento de la longevidad. Estos cambios hacen pensar que disminuirá la
disponibilidad de apoyo informal en relación al número de personas necesitadas
de atención.
Sin embargo, existen diferencias muy significativas en cómo y en qué medida las
diferentes sociedades europeas responden al problema que representa la dependencia. Podemos agruparlas en torno a dos ejes: las expectativas sociales respecto
al papel de la familia en el cuidado de sus mayores y el nivel de servicios ofrecidos por el sector público. El primer eje está muy relacionado con el rol social de
la mujer y su participación en el mercado laboral, y el segundo se puede aproximar cuantitativamente a través del gasto público en cuidados de larga duración
(CLD). Como veremos a continuación, ambas dimensiones están interconectadas,
siendo los países en los que la familia asume la mayor parte del cuidado aquellos
en los que los servicios públicos están menos desarrollados y viceversa. Así, las expectativas culturales dan pie a diferentes combinaciones de atención formal e informal, y a diferentes grados de reconocimiento de la tarea realizada por los
cuidadores informales (Mestheneous y Triatafillou, 2005).
De acuerdo con estas dos dimensiones, y a partir de los datos presentados en el
gráfico 1, establecemos tres grupos de países, que utilizaremos durante todo el capítulo. El primero, que sigue un patrón de atención a la dependencia que denominaremos mediterráneo, incluye países como España, Grecia, Italia e Irlanda. En el
otro extremo, encontramos el grupo de Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia, a
cuyo modelo de atención denominaremos modelo escandinavo. El tercer grupo, al
que nos referiremos como continental, contiene al Reino Unido, Francia, Bélgica,
Holanda, Alemania y Austria. El hecho de que Irlanda pertenezca al grupo mediterráneo y el Reino Unido al continental es contraintuitivo, pero adecuado dado el patrón de atención a los mayores. En el gráfico 1 y en el análisis que sigue veremos
como el primer grupo está asociado a una mayor implicación de la familia y una
menor cobertura pública de la atención requerida por el dependiente, mientras que
en los países escandinavos encontramos la situación opuesta: gran desarrollo de los
servicios públicos y papel menor del apoyo informal. Los países continentales se
encuentran a medio camino entre el modelo escandinavo y el mediterráneo.
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Gráfico 1. Gasto público en Cuidados de Larga Duración y Participación Femenina
en el Mercado Laboral en Europa
90
Ratio de participación (Mujeres 25-54)
CAP.2,3
FIN
DIN
POR
80
FRA
UK ALE
AUS
HOL
BEL
70
ESP
GRE
IRL
ITA
60
0.0
0.5
1.0
1.5
2.0
2.5
Gasto público en CLD (% PIB)
Fuente: Gasto público en CLD 2003 (OECD, 2006).
Tasas de participación femenina en el mercado laboral (Comisión Europea, 2006).
Así, existen diferencias en la provisión de servicios sociales para los mayores, especialmente en lo que se refiere a la cobertura de los mismos (¿quién puede utilizar estos servicios?), el tipo de servicios y las fuentes de financiación (Gibson et al,
2003). Por ejemplo, en los países escandinavos, estos servicios tienen carácter universal y se financian a través de los impuestos. En Austria, Alemania, Holanda, Bélgica y Luxemburgo también hay programas de Cuidados de Larga Duración (CLD)
universales, pero se encuadran dentro de programas de seguros sociales, con lo
que se financian a través de cotizaciones sociales y absorben menos dinero público que en los países escandinavos. El gasto público en CLD en el Reino Unido
y Francia es similar a la de los países con seguros sociales universales, pero al elegir qué individuos tienen acceso a estos servicios se tiene en cuenta tanto su discapacidad como su nivel de renta. El nivel de renta también es un requisito esencial
para acceder a los CDL públicos en los países mediterráneos e Irlanda, por lo que
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
en estos países el volumen de gasto destinado a CLD es muy inferior al del resto de
países europeos.
Los vínculos familiares son más fuertes en los países mediterráneos que en el resto
de Europa, y más importantes en los países continentales que en los escandinavos.
Prueba de ello son las diferencias en las tasas de divorcio: Dinamarca y Suecia son
los países con porcentajes más altos (13 y 12 por ciento respectivamente), a continuación vienen Alemania, Francia, Suiza y Austria (9%), Holanda (6%), Grecia
(4%) y España e Italia con un 2%. Este rasgo cultural afecta hábitos tales como el
régimen de convivencia entre diferentes generaciones y determina las expectativas
sobre el rol de la familia en la atención de los dependientes, afectando ambos patrones en gran medida el papel que jugará el apoyo formal y el informal en la atención de los mayores.
Así, en Portugal, España, Austria, Alemania, Irlanda, Italia y Holanda las expectativas sobre el rol de la familia en atención son más fuertes que en Dinamarca, Luxemburgo, Finlandia, Suecia, el Reino Unido, Bélgica y Noruega; aunque en todos
los países la familia es la principal fuente de atención, como ya hemos dicho. Lo
que sí que varía son las condiciones en que los familiares cuidan a sus mayores. En
los países escandinavos el grado de reconocimiento de los cuidadores informales
es mayor que en el resto de Europa, siendo considerados oficialmente trabajadores asalariados en Finlandia o Dinamarca. Además, los dependientes de estos países ven complementada la atención que reciben de sus familiares por servicios
formales, siendo mayor el porcentaje de ancianos que viven solos que reciben
ayuda en los países escandinavos (EUROFAMCARE). Esto indica una de las carencias de los sistemas de atención a la dependencia Mediterráneos: la dificultad de
llegar a los ancianos que no disponen de la protección de su familia.
En general, podemos establecer dos patrones de atención a la dependencia: el patrón Norte y el Sur, que se diferencian en tres ámbitos: el lugar de residencia del
dependiente, es decir, si éste convive en el mismo hogar que el cuidador principal;
la participación femenina en el mercado laboral y, especialmente, en la participación de las cuidadoras informales; y el grado de desarrollo de los servicios formales. El patrón norte se caracterizaría por la no convivencia de cuidador y
dependiente, por una mayor participación laboral y por la amplitud de los servicios
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
públicos (todo definido en relación a las características de los países del Sur). En
general, el sistema escandinavo sigue el patrón Norte y el modelo mediterráneo el
Sur. Los países continentales estarían en medio de los dos.
2. Servicios y prestaciones para cuidadores informales: panorámica europea
Con la intención de ofrecer una panorámica de la situación de los cuidadores informales en Europa, analizaremos la respuesta de cuatro sociedades de nuestro entorno a los problemas que plantea la dependencia. Los países elegidos son
Inglaterra y Alemania, en representación del modelo continental, Finlandia como
escandinavo, e Italia, que servirá de ejemplo del sistema mediterráneo junto con España, de la que hemos hablado en el capítulo anterior. Seguiremos un esquema
común en los cuatro casos con el objetivo de facilitar las comparaciones internacionales. Comentaremos primero la demanda de CLD, relacionada con el envejecimiento de la población y el número de dependientes en el país. A continuación
comentaremos cómo responde cada sociedad a esta demanda, ya sea a través de
cuidados prestados por las familias mediante servicios públicos o privados. Finalmente, analizaremos las políticas públicas dirigidas directamente a los cuidadores
informales.
2.1. El Reino Unido
El peso que tienen las cohortes de más edad en la pirámide poblacional del
Reino Unido ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, pese al
crecimiento demográfico que ha hecho que la población total pase de 55,9 millones en 1971 a 60,2 millones en el 2005. La causa del envejecimiento de la población es que este crecimiento ha sido desigual por grupos de edad. El
porcentaje de la población de menos de 16 años ha caído del 25% (1971) al
19% (2005), una tendencia inversa al de la población de más de 65 años, que
ha aumentado del 13% al 16%. El aumento de la población de más de 85 años
ha sido especialmente acentuado, sumando un total de 1,2 millones de personas en el 2005. El número de ciudadanos británicos en este grupo de edad se ha
multiplicado por tres en los últimos 30 años y aumentó un 6% sólo en el 2005.
Como consecuencia de todas estas tendencias, la edad media de la población
británica ha aumentado de 34’1 años (1971) a 38’8 (2005). Se espera que el envejecimiento de la población del Reino Unido continúe durante la primera mitad
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del siglo XXI. El aumento de los grupos de población de más edad (mayores de
85 años) será especialmente acentuado.
Se ha estimado que más de la mitad de la población de entre 75 y 84 años tiene
enfermedades que limitan su autonomía, y que este porcentaje es del 70% entre
los mayores de 85 (Nolan et al. 2004). Y aunque la calidad de vida en las cohortes de más edad mejore en los próximos años, esto no es suficiente para compensar el aumento de demanda provocado por el envejecimiento de la
población. Por lo tanto, se prevé un aumento considerable de la demanda de
cuidados de larga duración entre la población británica.
Aunque se considera que en el Reino Unido las expectativas sobre el rol de la
familia en el cuidado de los mayores son más cercanas a las de los países escandinavos que de los mediterráneos, el papel que juegan los cuidadores informales en la atención a la dependencia es muy importante. Se estima que una de
cada seis personas de más de 16 años se encarga de cuidar a una persona dependiente, lo que representa unos 6,8 millones de cuidadores (2002). Aunque un
28% dedica más de 20 horas semanales a la atención del dependiente, la gran
mayoría no deja de trabajar al asumir esta tarea: es así en el 83% de los casos
de los trabajadores que tienen contrato a tiempo completo y en el 70% de los
que tienen contrato a tiempo parcial en el momento en el que asumen la responsabilidad de cuidar a una persona. Así, en el Reino Unido hay aproximadamente 4 millones de personas que cuidan y trabajan (Nolan et al, 2004).
Para poner en contexto las cifras anteriores es necesario conocer el catálogo de
servicios formales ofrecidos por el sector público. En general, los servicios son
provistos por los municipios en función de las necesidades de cada ciudadano,
variando de municipio a municipio el criterio para decidir quién tiene acceso a
los servicios y cuánto paga por ellos. Los servicios comunitarios han ganado importancia en relación a la institucionalización en los últimos años. El SAD, la
enfermería a domicilio, y los centros de día son los servicios más comunes a
nivel comunitario. La tendencia de la política de servicios sociales es a concentrar estos servicios en los más dependientes, aumentando la intensidad de los
mismos. Así, en 2004 los ayuntamientos británicos financiaron 3,4 millones de
horas de SAD público, lo que contrasta con las 2,2 millones de horas de SAD
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
ofrecidas en 1994. No obstante, el número de hogares que se beneficiaron del
SAD público en 1994 era mayor que en el 2004.
La mayoría de los servicios de institucionalización, en cambio, son ofrecidos por
el sector privado, si bien existen también residencias públicas gestionadas por las
comunidades locales. Así, se estima que un 5,1% de los mayores de 65 años
viven en residencias. Este porcentaje aumenta con la edad, estando institucionalizados el 20% de los hombres y el 34% de las mujeres de más de 90 años.
En general, podemos decir que los servicios formales llegan a la mayoría de la
población necesitada, como podemos ver en la tabla 1. Así, sólo el 31% de las
personas que son dependientes en 2 o más de las Actividades Básicas de la Vida
Diaria (ABVD) dependen exclusivamente del apoyo informal y un porcentaje
considerablemente alto de los dependientes tiene acceso a servicios de carácter
formal, tanto comunitarios como de institucionalización.
Tabla 1. Porcentaje de población que recibe cada tipo de ayuda
Dependencia en 1 o más ABVD
Dependencia en 2 o más ABVD
Sólo apoyo informal
41 %
31 %
Servicios formales comunitarios
36 %
36 %
Servicios de institucionalización
20 %
32 %
3%
2%
Sin atención
Fuente: Elaboración propia a partir de Comas-Herrera et al. (2003)
Como ya hemos comentado en el capítulo anterior, es esencial tener en cuenta
los programas directamente dirigidos a los cuidadores para valorar la amplitud
del sistema de atención a la dependencia. En el Reino Unido, estas políticas se
empezaron a desarrollar en la década de los 90, cuando se reconoció el derecho de todo cuidador a que un empleado público valorase su capacidad para
cuidar de la persona dependiente a su cargo y a que se tuviera en cuenta dicha
valoración al distribuir los servicios públicos provistos por las corporaciones locales (CCLL). Así, las necesidades del cuidador condicionan la asignación de los
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
servicios públicos. Estas prerrogativas se han ido ampliando. A partir del 2000 se
facultó a los ayuntamientos a proveer servicios directamente a los cuidadores,
dándose especial importancia a los servicios de respiro, para los que se creo la
“carers special grant”, que concede dinero a aquellas CCLL que potencian estos
servicios; y a los pagos directos, que permite que los cuidadores adquieran los
servicios que ellos mismos necesitan. Además de estos servicios, también se da
mucha importancia a promover la igual de oportunidades para los cuidadores,
habiendo diferentes programas para facilitar información sobre las posibilidades
de éstos y facilitar su integración laboral.
Podemos resumir la situación del Reino Unido diciendo que es una sociedad
con una demanda creciente de atención a la dependencia, que en este momento
se cubre en gran medida a través de las familias. Los servicios financiados por el
sector público son mayoritariamente destinados a los ancianos que viven en la
comunidad, aunque también existen centros de institucionalización públicos.
Finalmente, existe una creciente sensibilidad por la situación de los cuidadores
informales, a los que cada vez se dirigen más servicios y prestaciones públicas.
2.2. Italia
Se considera que Italia es la sociedad más envejecida del mundo, dado que es
el país en el que la población mayor de 65 años representa un porcentaje mayor
de la población total. En el año 2000, el 18% de los italianos –unas 10.370.488
personas- estaban en esta franja de edad, y se espera que este porcentaje aumente en las próximas décadas, llegando al 28% en el 2030 y al 34% en el 2050.
Esta dinámica demográfica se explica por la caída de la mortalidad y una caída
especialmente pronunciada de las tasas de natalidad. Así, pese a que la mayor
esperanza de vida puede haber ido acompañada de una disminución en la prevalencia de la dependencia (OCDE, 2007), el fuerte envejecimiento de la población italiana hace previsible un aumento del número de personas
dependientes, que será especialmente pronunciado entre los mayores de 75
años. Nos encontramos también en un contexto de crecimiento de la demanda
de servicios de atención a la dependencia.
La familia italiana se ha responsabilizado tradicionalmente de la necesidad de
atención de sus mayores, y en la actualidad entre el 75% y el 80% de los cui-
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dados recibidos por los dependientes son ofrecidos informalmente (Polverini et
al. 2004). El cuidar a familiares se ve como una obligación moral y se ha aceptado tradicionalmente que el sector público sólo actúe de forma subsidiaria, es
decir, cuando los recursos familiares no llegan a cubrir las necesidades del anciano. Así, nos encontramos otra vez con el patrón de acción pública que también caracteriza el sistema español. Se estima que hay entre 3 millones y 3’5
millones de cuidadores informales en Italia. Además, de acuerdo con el INRCA
(Istituto Nazionale di Reposo e Cura per Anziani), la dedicación de éstos es muy
importante, estando la media en 92 horas de atención semanales. De cualquier
manera, hay que tomarse estos resultados con prudencia, ya que se piensa que
la mayoría de gente incluyó todo el tiempo dedicado a tareas del hogar como
horas relacionas con el cuidado de un dependiente al responder a la encuesta.
No obstante, se considera que los patrones familiares que hacían tan fuerte la red
de apoyo informal están cambiando. El número de hogares en los que convive
más de una generación está disminuyendo (Polverini et al, 2004), algo que también ha pasado con el número de familias en las que vivía un anciano que recibía atención informal. Así, como también ha ocurrido en España, se considera
que la cantidad de dinero destinado por la Administración a las familias dependientes es insuficiente para cubrir sus necesidades, y hay un debate abierto sobre
la necesidad de aumentar el presupuesto destinado a esta partida.
Una de las características del sistema público italiano es la importancia de las
transferencias monetarias. En el campo de atención a la dependencia encontramos la indennità di accompagnamento, otorgada por el gobierno central a las
personas severamente dependientes sobre bases universales (sin prueba de medios). Un 2,2% de los italianos de más de 65 años reciben esta prestación, siendo
el número total de beneficiarios ligeramente superior al millón de personas. La
prestación es de alrededor de 400 euros mensuales, lo que permite adquirir entre
45 y 60 horas de SAD al mes.
Una consecuencia de este esquema es la importancia de los servicios provistos
por el sector privado, que se espera que crezca en los próximos años. En el 2000,
un 8,8% de los hogares, lo que equivale a 1’9 millones de familias, utilizaban
servicios domiciliarios privados. Además, este último dato nos presenta una ten-
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dencia que se ve reforzada por las fuertes expectativas familiares de las que
hemos hablado anteriormente: la preferencia por los servicios comunitarios de
la población italiana. Así, sólo el 2,2% de los mayores de 65 años están en residencias (Herrera-Comas et al, 2003).
Existen dos programas de servicios públicos en la comunidad. El primero de ellos
es la Asistencia Domiciliaria Integrada (ADI), que combina atención sanitaria
con atención a la dependencia, por lo que es financiado por las Aziende Sanitarie Locali (Agencias Sanitarias Locales). Incluye 4 horas de fisioterapia, 16 de
enfermería y 4 de ayuda domiciliaria, llegando a un 1,8% de la población mayor
de 65 años. El segundo programa, que recibe el nombre de Servicio de Atención Domiciliaria, consiste en la provisión de SAD por los municipios. Aunque
teóricamente llega a un 2% de la población de más de 65 años, el hecho de que
sea financiado por las CCLL hace que varíe mucho entre territorios y que sea un
servicio insuficiente en buena parte de los mismos.
Como hemos hecho ya en los casos anteriores, es interesante conocer las políticas dirigidas directamente a los cuidadores. Éstas no han existido tradicionalmente en el país, al verse el cuidado de los mayores como una obligación
familiar, pero están ganando importancia. El Plan de Salud 2003-2005 se marcó
el objetivo de adoptar políticas de apoyo a las familias cuidadoras, aunque las
consecuencias prácticas de esta declaración de intenciones han sido escasas.
De cualquier manera, son comunes en todo el territorio la oferta de centros de
respiro y los servicios de apoyo y consejo a los cuidadores. Además, existe una
prestación económica a la familia, que se da a aquellos hogares que por falta de
recursos se verían obligados a institucionalizar a la persona cuidada en caso de
no recibir ayuda estatal.
Así, Italia es uno de los países con más demanda de servicios de atención a la
dependencia, al ser una sociedad muy envejecida. Tradicionalmente, ha sido la
familia la que se ha encargado del cuidado de los mayores por motivos culturales y la oferta de servicios públicos se organiza para complementar los cuidados
prestados por éstas. El principal programa estatal es una aportación económica,
que llega a gran parte de los dependientes y les permite adquirir privadamente
los servicios que necesitan, si bien se complementan con algunos servicios pú-
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blicos más minoritarios. La institucionalización y las políticas dirigidas directamente a los cuidadores dependientes son puntuales.
2.3. Finlandia
La población finlandesa creció en la década de los 90, pasando de 5 millones
en el inicio del período (1990) a 5,2 millones en el 2000. Este país sigue los mismos patrones demográficos que hemos explicado en los anteriores casos: caída
de la natalidad y de la mortalidad que llevan un envejecimiento progresivo de
la población. En el 2000, la población mayor de 65 años representaba el 15%
de la población. Las proyecciones para las próximas décadas auguran una subida
persistente de este porcentaje, que llegaría al 26% en el 2030. El crecimiento será
especialmente acentuado entre los más mayores, esperándose que el número de
ancianos de más de 75 años pase de 400.000 en el 2010 a 700.000 en el 2030.
Así, como en los otros casos analizados, estamos también en un contexto de demanda creciente de servicios de atención a la dependencia.
La respuesta de las familias finlandesas a las necesidades de sus mayores está
en consonancia con su condición de país escandinavo y los vínculos familiares
débiles que caracterizan a estas sociedades. Así, aunque la tarea de los cuidadores informales es esencial, no es tan importante como en los otros casos que
hemos estudiado. Los mayores de 65 años que reciben apoyo informal (período 1998-2002) son el 2,1% del total; los mayores de 75, el 3,4%; y los mayores de 85, el 5,8%. Y eso a pesar de que el estado finlandés reconoce al
cuidador como un trabajador con salario, lo que hace que la mayoría de los
que asumen esta tarea se dediquen exclusivamente a ella. Otra de las consecuencias de la diferencia en la concepción familiar finlandesa es la menor corresidencia intergeneracional. Así, uno de cada dos mayores de 65 años vive
sólo, y el 60% de los mayores de 75 años están en esta situación. Esto es posible gracias a que es más común que las personas reciban atención en su propio hogar, ya sea prestado por familiares, amigos y vecinos o a través de
servicios formales.
A diferencia de países como España, donde se están potenciando los servicios públicos para disminuir la carga que supone el apoyo informal, el Ministerio de Asuntos Sociales y Salud finlandés tiene la intención de ampliar el
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rol que tienen los cuidadores informales en la atención a los dependientes.
Así, se ha fijado el objetivo de aumentar el número de ancianos cuidados por
familiares, pretendiendo conseguir que el 8% de los mayores de 75 años reciban apoyo informal. Eso sí, siempre manteniendo al anciano en su propio
hogar y con la idea de facilitar la conciliación de cuidados informales y trabajo remunerado.
Así, el mayor desarrollo de los servicios formales es el que permite la menor implicación de las familias. El 7,9% de la población de más de 65 años está institucionalizada. Los usuarios de estos servicios participan en la financiación de los
mismos (con aportaciones que agregadas representan el 20% del total), que en
general son provistos por las CCLL con la ayuda del Estado. Además, también es
muy común el uso de servicios de respiro, no sólo para permitir el descanso de
los cuidadores informales, sino también como medida intermedia que permite
vivir a los ancianos el máximo tiempo posible en la comunidad. Así, el 70% de
los ancianos recibiendo apoyo informal han estado internados de forma temporal en un centro residencial.
Los servicios formales en comunidad también son muy importantes. El principal
es el SAD, que llega al 10,6% de la población de más de 65 años. Además, hay
más servicios públicos de atención en el hogar, como centros de día, transporte,
servicio de comidas y de lavandería. Esta amplitud de la oferta del sector público explica en gran medida el gran porcentaje de mayores que pueden vivir
solos.
En relación a los cuidadores informales, estos son considerados trabajadores y
reciben dinero del sector público por su función. En el 2002, la prestación media
era de 288€ mensuales, variando entre municipios pero sin estar nunca por debajo de los 229€ (el mínimo estatal). Con la idea de potenciar el apoyo informal,
se prevé aumentar esta prestación, creándose tres niveles de cuidadores informales, que recibirían 300, 600 y 900 euros en función de las condiciones en las
que presten el servicio. Además de esta prestación, y del amplio desarrollo de los
servicios de respiro del que ya hemos hablado, el sector público finlandés financia programas complementarios, como apoyo psicológico a los cuidadores
o información sobre sus necesidades. De esta forma, los servicios públicos diri-
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gidos a los mismos son bastante amplios, y se prevé que aumenten más en los
próximos años.
Así, podemos ver como en Finlandia el mayor desarrollo de los servicios comunitarios financiados por el sector público permite que los mayores vivan en su
propio hogar durante más tiempo y que las familias tengan un papel menor en
el cuidado de los mismos. De todos modos, ante el aumento futuro de la demanda de servicios sociales, el sector público pretende potenciar el apoyo informal, ampliando las políticas directamente dirigidas a los cuidadores pese a
que ya son bastante completas.
2.4. Alemania
En Alemania, como en el resto de los países analizados anteriormente, las proyecciones demográficas para este país prevén un envejecimiento progresivo de
la población. Así, si en el 2001 los mayores de 60 años eran el 24,1% de la población y los mayores de 80 el 3,9%, se estima que en el 2030 el primer porcentaje subirá al 34,4% y el segundo al 7’3%. La población de más de 65 años
crecerá en un 61% en estas tres décadas. En cambio, para el período 2030-2050
se espera que este grupo de población no crezca, pero sí que cambie su composición, disminuyendo el número de personas entre 65-75 años y aumentando
el de más 80. Por todo esto, y pese a la posible disminución progresiva de la
prevalencia de los problemas de dependencia, se espera que la demanda de servicios sociales aumente considerablemente en las próximas décadas.
Una de las características más significativas del sistema alemán es el desarrollo a
mediados de los 90 del denominado Seguro Social de Cuidados Larga Duración
(SCLD). Es una reforma muy similar a la que estamos viviendo en España con la
creación del Sistema para la Auyonomía y Atención a la Dependencia (SAAD). En
1995, se aprobó una ley por la que la legislación en CLD pasó a ser potestad del
Gobierno Central y se encargó a las CCLL y a los Länders el garantizar una oferta
de servicios formales de calidad. Para acceder a los servicios del SCLD se valora
la dependencia de los individuos, que se clasifican en cuatro grupos en función
de su grado de autonomía: independientes, dependientes de grado I, de grado II
y de grado III. La participación de los usuarios en la financiación de los servicios
es relativamente alta, si se compara por ejemplo con la atención sanitaria.
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El SCLD se caracteriza por la contratación de servicios a proveedores privados,
siendo la oferta pública relativamente baja. Aunque unos 554.000 dependientes
(28% del total) vivían en 1999 en residencias, éstas se consideran como un servicio complementario a la ayuda familiar y se permite el acceso a las mismas sólo
cuando la familia no puede responder. De esta manera, la respuesta de las familias alemanas a los problemas de dependencia es amplia. En 1999 un 66% de
los ancianos dependientes en hogares privados recibía exclusivamente apoyo
informal (Comas-Herrera et al, 2003), y sólo un 4% se valía únicamente de servicios formales, que en la mayoría de casos toman la forma de SAD contratado
a proveedores privados. Se calcula que en el país hay 1,2 millones de cuidadores informales principales, y que para la mayoría de ellos esta tarea requiere dedicación completa, estando el 64% pendiente de la persona cuidada durante
todo el día. No obstante, el número total de cuidadores informales está por encima de 1,2 millones, ya que la mayoría de personas dependientes reciben ayuda
de más de un cuidador.
Esto se debe en gran medida al diseño de las prestaciones económicas del SCLD,
que permiten elegir entre una cantidad de dinero destinada obligatoriamente a
la contratación de servicios o una prestación de cuantía menor y de libre disposición, asociada al apoyo informal. Así, el 66% de ancianos que sólo se valen de
apoyo informal son los que reciben esta última prestación. Sin embargo, la introducción del SCLD ha llevado a un aumento del porcentaje de personas institucionalizadas, y se espera que la disponibilidad de las familias a prestar apoyo
disminuya en los próximos años. De hecho, desarrollar políticas dirigidas directamente a los cuidadores no es una prioridad política, y el debate sobre cómo
ayudar a las familias se centra en la ampliación de los servicios públicos.
De esta manera, Alemania es una sociedad que está envejeciendo, cuyo sistema
de atención a las personas dependientes se caracteriza por la creación de 1995
del SCLD. Este sistema se basa en la financiación de servicios de atención, dando
dinero tanto a proveedores privados como a las familias que prestan apoyo informal, que responden en gran medida a las necesidades de los ancianos dependientes que viven en la comunidad.
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2.5. Panorámica general
Los cuatro ejemplos analizados nos permiten corroborar la idea que presentábamos en la introducción sobre la respuesta europea al problema que supone la
dependencia. Así, podemos ver que hay patrones comunes en todos los casos
analizados. Para empezar, el envejecimiento es una tendencia de toda Europa,
y tiende a acentuar la demanda de servicios de atención a la dependencia. Otro
factor común en todos los países estudiados es la importancia del apoyo informal, si bien cómo se presta y en qué medida el sector público ayuda a los cuidadores varía notablemente. Finlandia, como representante del modelo
escandinavo, es el ejemplo de mayor apoyo público al cuidador y de menor
carga de trabajo de los cuidadores. En este país, las personas que se encargan de
dependientes son reconocidos como trabajadores públicos, tienen a su alcance
un abanico muy amplio de programas dirigidos a ellos y además tienden a prestar ayuda en el hogar del anciano. Italia sería el caso opuesto: la convivencia intergeneracional es muy común, así como el hecho de que las familias sean las
que cuidan de las personas dependientes, y eso a pesar de que el apoyo público
a los cuidadores es sólo subsidiario. Los otros dos países cuyo sistema de atención a la dependencia hemos descrito, Alemania e Inglaterra, estarían en medio
de los dos ejes.
Las mismas diferencias y posiciones relativas se mantienen si analizamos la amplitud de los servicios formales dirigidos a las personas dependientes. Finlandia
se caracteriza por una amplia oferta, con niveles de institucionalización casi
cuatro veces superiores a los de Italia (7,9% de la población de más de 65 años
en Finlandia y del 2,2% en Italia) y con servicios comunitarios que llegan a gran
parte de la población, y que permiten una mayor autonomía de los ancianos, viviendo un gran porcentaje de ellos en su propio hogar. En Italia, en cambio, los
servicios comunitarios y de institucionalización están menos desarrollados,
siendo más común la convivencia intergeneracional.
Los casos de Alemania e Inglaterra tienen en común la progresiva ampliación de
los servicios de atención a la dependencia. En los 90, ambos países iniciaron un
esfuerzo por aproximar su respuesta pública a la de los países escandinavos. En
el caso alemán, esto pasó por la creación del SCLD en 1995; en el británico, por
el desarrollo de las políticas directamente dirigidas a los cuidadores informales.
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Quizás se podría establecer que lo que caracteriza a los países mediterráneos es
la ampliación tardía de los servicios. Así, España ha puesto en marcha una reforma bastante similar a la emprendida por Alemania doce años atrás, y en Italia el debate público reconoce la necesidad de ampliar los programas de
atención a la dependencia. El caso finlandés sería contrario: si bien en ningún
momento se habla de recortar los servicios públicos, si que un objetivo político
es potenciar el apoyo informal como respuesta al aumento de la dependencia.
De esta manera, tenemos tres modelos diferenciados sobre cómo el sector público y la sociedad en general responde a la dependencia. El mediterráneo, caracterizado por el apoyo familiar y la respuesta subsidiaria de la administración;
el escandinavo, donde la respuesta del sector público es fuerte y la de las familias, complementaria; y el continental, en un punto intermedio entre los dos modelos anteriores.
3. Apoyo informal y comportamiento laboral: un análisis empírico para los países
de la Unión Europea
Uno de los objetivos repetidamente marcados por los políticos europeos es facilitar un nuevo equilibrio entre apoyo formal e informal que permita aumentar la participación de la mujer en el mercado laboral a pesar del aumento de las necesidad
de atención a los ancianos. En este sentido es importante estimar los efectos que
prestar atención tiene sobre el comportamiento laboral del cuidador –si trabaja o
no, si lo hace a tiempo completo o parcial, su nivel de ingresos, etc.-. El análisis que
presentamos a continuación pretende proveer esta evidencia empírica para las mujeres de entre 30 y 60 años de los diferentes países.
En concreto, utilizando datos del Panel de Hogares de la Unión Europea (19942001) emparejamos mujeres que empiezan a prestar apoyo informal (mujeres tratadas) con mujeres que son comparables en todas las variables relevantes y no
prestan cuidados (mujeres control), para calcular el efecto que convertirse en cuidadora tiene sobre el comportamiento laboral de estas personas. Nuestros resultados sugieren que no hay un cambio significativo en la probabilidad de estar
empleada para las mujeres que estaban trabajando antes de convertirse en cuidadoras. Empero, en el caso de las mujeres que no estaban trabajando antes de con-
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vertirse en cuidadoras, sí hay una disminución significativa de la probabilidad de
incorporarse al merado laboral. También detectamos un efecto negativo y significativo sobre los ingresos laborales, que tiende a verse compensado por un aumento
en las transferencias sociales, excepto en el caso de las mujeres con bajos niveles
de educación de los países del sur.
3.1. Métodos
3.1.1. Variables de interés
Nos centramos en aquellas alternativas del comportamiento laboral potencialmente afectadas por el hecho de convertirse en un cuidador. A pesar de
que la atención a las personas dependientes puede ser prestada por hombres
y mujeres, son estas últimas las que asumen mayoritariamente el rol de cuidador. Por lo tanto, en este estudio nos centramos en la población femenina.
Además, estamos especialmente interesados en las mujeres en edad de participar en el mercado laboral, por lo que nos centramos en el grupo que tiene
entre 30 y 60 años. Para este grupo de la población, las alternativas laborales
analizadas en este estudio son la probabilidad de estar empleada, la probabilidad de trabajar a tiempo completo (para aquellas que trabajan) así como los
ingresos obtenidos del trabajo y de otras fuentes, tales como las prestaciones
sociales o las transferencias familiares.
3.1.2. Estimando el Efecto Medio de ser cuidadora
La pregunta a la que pretendemos dar respuesta es en qué medida cambia el
comportamiento laboral de las cuidadoras por el hecho de convertirse en cuidadoras. Esto es lo que se conoce como el Efecto Medio del Tratamiento sobre
los Tratados (EMTT)8. El problema es, por tanto, obtener un contrafactual creíble a través del cual podamos medir el impacto de convertirse en cuidador.
Claramente, calcular simplemente la diferencia entre los resultados medios
de aquellos en tratamiento y aquellos que no lo están puede dar resultados sesgados, ya que el comportamiento laboral de las cuidadoras en caso de que no
8
Indicando T=1,0 como “tratamiento”, es decir, el hecho de convertirse en un cuidador, y falta de tratamiento respectivamente; y denotando Yi1 y Yi0 el resultado de interés para el individuo 1 con tratamiento y sin tratamiento respectivamente. La medida de interés es EMTT=E(Y1-Yo|T=1)
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se hubieran convertido en tales probablemente diferiría del de las que no lo
son9. Por ejemplo, las cuidadoras tienden a ser mayores y a tener un nivel educativo peor que las no cuidadoras, y esas diferencias darían pie a diferencias
en las tasas de empleo entre los dos grupos incluso si el primero no prestara
apoyo informal.
Sin embargo, supongamos que podemos condicionar en un grupo apropiado
de variables, X, de manera que para cada individuo que comienza a cuidar
podemos identificar un individuo que no cuida, pero con la misma prioridad
a priori de convertirse en cuidador, y el mismo comportamiento laboral. De
esta forma, podríamos estimar el EMTT a través de la diferencia en resultados
entre los tratados y los controles en cada celda definida por las variables condicionantes X (ver Blundell y Costa Dias 2002). Así, a partir de los datos de la
muestra:
EMTT=
donde Wij denota el peso dado al individuo j cuando lo comparamos con el
individuo tratado i, y wi son los pesos para cada una de las observaciones de
la muestra de los tratados.
No obstante, si el grupo de variables condicionantes X es grande, encontrar
individuos idénticos o similares en todas las características puede resultar prohibitivo en términos de los datos necesarios. Afortunadamente, podemos utilizar los resultados de Rosenbaum y Rubin (1983,1984) y comparar individuos
tratados y controles que tienen a priori una probabilidad “cercana” de ser cuidadores. En términos prácticos, primero estimamos la probabilidad de convertirse en cuidador en función del conjunto de variables X relevantes, P(X),
y luego comparamos individuos parecidos en cuenta a los valores de esta variable (la cual recibe el nombre de “propensy score”).
9
88
E(Y1|T=1)-E(Y0|T=0)=E(Y1|T=1)-E(Y0|T=1)+E(Y0|T=1)-E(Y0|T=0)=E(Y1-Yo|T=1)+E(Y0|T=1)-E(Y0|T=0)=EMTT+SESGO
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3.1.3. Construyendo los grupos de tratados y de control
Nuestras medidas para el status del cuidador se basan en las respuestas a las
siguientes preguntas del PHOGUE: “¿Sus ocupaciones diarias incluyen como
quehaceres no remunerados el cuidado de niños propios o ajenos, o el cuidado de otros adultos necesitados de ayuda especial?” y “La persona o personas adultas que cuida, ¿viven en el hogar o fuera de él?”. Consideraremos
dos tipos de tratamiento: (i) convertirse en un cuidador, independientemente
del lugar donde el atendido vive (es decir, si la respuesta a la primera pregunta
es afirmativa para el cuidado de adultos) y (ii) convertirse en cuidador de una
persona adulta que vive en el mismo hogar (es decir, si la respuesta a la primera pregunta es sí y se informa de que la persona cuidada pertenece al
mismo hogar).
Sin lugar a dudas, uno de los principales determinantes tanto de que el individuo empiece a cuidar como de sus cambios en el comportamiento laboral
es el estado laboral previo. Por esta razón llevamos a cabo análisis separados
para mujeres que están trabajando y aquellas que no lo hacen. Además, como
deseamos evaluar si convertirse en cuidadora lleva a cambios en el comportamiento laboral, hemos de descartar la posibilidad de que el individuo empiece a cuidar a causa de un cambio en su situación laboral. Con este
propósito adoptamos una estrategia empírica basada en los procedimientos
utilizados por Lechner y Vázquez Alvárez (2004) y García Gómez y López Nicolás (2006) a la hora de construir el grupo de tratamiento y el de control.
1) Consideramos una ventana de tres años para cada individuo observado.
Esto crea seis secuencias posibles de tres años en el período de tiempo cubierto por nuestros datos (1194-2001). A estos tres años, independientemente de la secuencia, nos referiremos como t=1, t=2 y t=3.
Análisis para mujeres que están trabajando:
2) Para cada secuencia seleccionamos a las mujeres que no están prestando atención en t=1, en el inicio de la secuencia, y que están trabajando en t=1 y t=2.
3) El grupo de tratamiento son mujeres que cumple el criterio de selección
número 2 y que dicen ser cuidadoras en t=2 y t=3.
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4) El grupo de control son mujeres que cumplen el criterio de selección número dos y que no afirman ser cuidadoras ni en t=2 ni en t=3.
Análisis para mujeres que no están trabajando:
2) Para cada secuencia seleccionamos a las mujeres que no están prestando
atención en t=1, el principio de la secuencia, y que no están empleadas en
t=1 y t=2.
3) El grupo de tratamiento son mujeres que cumplen el criterio de selección
número 2 y que dicen ser cuidadoras en t=2 y t=3.
4) El grupo de control son mujeres que cumplen el criterio de selección número dos y que dicen no ser cuidadoras ni en t=2 ni en t=3.
3.2. Datos
3.2.1. Factores institucionales y agrupación por países
Nuestro análisis se basa en datos del PHOGUE desde 1994 al 2001*. Además de la información sobre comportamiento laboral y apoyo informal, el
PHOGUE incluye un amplio abanico de variables socioeconómicas (edad,
género, apoyo informal, estado de salud, ingresos, etc.) que nos permite introducir un amplio grupo de características en el cálculo del “propensity
score”. La estimación de EMTT usando la estrategia empírica descrita anteriormente requiere un amplio tamaño muestral y, a pesar de que éste en el
PHOGUE es mayor que en la mayoría de las encuestas socioeconómicas, la
secuencia de condiciones sobre el estado de cuidador y el laboral hace que
el número de observaciones en los grupos de tratamiento sea relativamente pequeño. Esto impide que podamos hacer un análisis separado para cada uno
de los países incluidos en el PHOGUE y, en la misma línea que otros trabajos
(Crespo, 2006 and Spiess y Schneider, 2003), realizamos un análisis separado
por grupo de países. El criterio que hemos utilizado para definir estos grupos
de países está relacionado con los factores que hemos descrito en los apartados 1 y 2 de este capítulo.
*
90
Veáse el apartado 4.1 del capitulo 1 para una descripción detallada del contenido de esta encuesta.
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Hemos clasificado los países representados en el PHOGUE en tres grupos. El
primer grupo, el Mediterráneo, incluye a España, Grecia, Italia e Irlanda. En
el otro extremo, el grupo compuesto por Dinamarca y Finlandia. El tercer
grupo de países contiene al Reino Unido, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Austria. Nos referiremos a este respecto, a estos tres grupos como “Mediterráneo”, “Escandinavo” y “Continental”; aunque la inclusión de Irlanda
en el primer grupo y la del Reino Unido en el tercero sea contraintuitivo ya
hemos comentado anteriormente que las características de sus modelos de
CLD hacen posible esta clasificación.
Los datos del PHOGUE corroboran las diferencias anticipadas entre los tres
grupos de países que hemos definido. El gráfico 2 presenta el status laboral de
las mujeres que se convierten en cuidadoras (de acuerdo con nuestra definición para el grupo tratado) antes de empezar a atender a un dependiente.
Antes de convertirse en cuidadoras, sólo un 46% de las mujeres en los países
Mediterráneos declararon estar empleadas. Los datos correspondientes para
los países Continentales y Escandinavos son un 57% y un 79% respectivamente.
El gráfico 3 presenta las diferencias entre los tipos de cuidados prestados por
las cuidadoras de cada país. En el grupo Mediterráneo casi el 60% de las mujeres que se convierten en cuidadoras prestan atención dentro del hogar. En
los países Escandinavos y Continentales esta proporción es del 20%. No hay
diferencias substanciales sobre si las mujeres trabajan o no entre estos dos
grupos de países, pero en los países Escandinavos sólo el 15% de las mujeres
empleadas prestan atención dentro del hogar, mientras que la proporción de
cuidadoras sin trabajo está alrededor del 30%.
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Gráfico 2. Porcentaje de mujeres que trabajaban antes de convertirse en cuidadoras
100
79 %
80
57 %
60
46 %
40
20
0
Mediterráneos
Continentales
Escandinavos
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del PHOGUE. Mujeres de entre
30 y 60 años
Gráfico 3. ¿Dónde prestan atención los cuidadores?
100
80
60
Hogar
Fuera
40
Hogar y Fuera
20
0
Trabaja
No trabaja
Mediterráneos
Trabaja No trabaja
Continentales
Trabaja
No trabaja
Escandinavos
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del PHOGUE. Mujeres de
entre 30 y 60 años
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Los datos del SHARE (Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe) utilizados en el gráfico 4 sugieren que la razón para estas diferencias entre países en la modalidad de ayuda están relacionadas con el hecho de que, en los
países Mediterráneos, los progenitores dependientes tienden a vivir con sus
hijas en una proporción más grande que en el resto de países. De hecho, en
el grupo de países Mediterráneos más del 60% de las mujeres que declaran
estar cuidando alguien dentro de su hogar están prestando atención a uno de
sus padres. En cambio, en el grupo Escandinavo este porcentaje es del 10%.
Gráfico 4. ¿A quién cuidan las mujeres de entre 50 y 60 años?
100
80
60
Pareja
Padres
40
20
0
Hogar Fuera
HyF
Mediterráneos
Hogar Fuera
HyF
Continentales
Hogar Fuera HyF
Escandinavos
Nota: El grupo Mediterráneo incluye a España, Italia y Grecia; el Continental a Austria, Alemania, Holanda,
Francia y Suiza; el Escandinavo a Suecia y Dinamarca
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del SHARE. Mujeres de entre 50
y 60 años
3.2.2. Estadísticos descriptivos
La Tabla 2 muestra que el PHOGUE incluye un total de 119.405 mujeres de
entre 30 y 60 años en los países Mediterráneos, 90.455 en los países Continentales y 22.934 en los Escandinavos. La muestra se reduce si consideramos
únicamente aquellas mujeres de esta franja de edad que estaban trabajando
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(no trabajando) en los dos períodos iniciales, para situarse en 30.755 (36.602)
en los países Mediterráneos, 26.712 (19011) en los Continentales y 9.505
(1.969) en los Escandinavos. La muestra se reduce aun más cuando la dividimos entre tratados y controles, como muestran las cifras de la Tabla 2.
Tabla 2. Tamaño muestral de los datos utilizados en el análisis
Mediterráneos
Cuidadoras
94
Continentales
Cuidadoras
en el hogar
Cuidadoras
Escandinavos
Cuidadoras
en el hogar
Cuidadoras
Cuidadoras
en el hogar
Mujer de entre
30-60
119405
90455
22934
Trabajando en
t-2 y t-1
30755
26712
9505
Tratados
481
261
295
64
139
17
Tratados utilizados1
426
228
262
57
125
-
Educación Superior
86
31
76
9
62
-
Educación
Secundaria
134
54
129
31
47
-
Bajo nivel educativo
206
143
57
17
16
-
Edad 30-39
81
45
40
12
17
-
Edad 40-49
195
100
128
26
48
-
Edad 50-60
150
83
94
19
60
-
Controles
23062
21613
7436
Controles utilizados2
20974
18770
6738
-
Educación Superior
5864
5993
3756
-
Educación
Secundaria
6395
8498
2218
-
Bajo nivel educativo
8715
4279
764
-
Edad 30-39
8137
7138
2101
-
CAP.2,3
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla 2. Tamaño muestral de los datos utilizados en el análisis (cont.)
Edad 40-49
8046
7545
2672
-
Edad 50-60
4791
4087
1965
-
36602
19011
Sin trabajar en
t-2 y t-1
1969
Tratados
788
381
351
73
41
11
Tratados utilizados1
784
379
347
71
41
-
Educación Superior
41
21
45
4
7
-
Educación
Secundaria
179
63
164
29
20
-
Bajo nivel educativo
564
295
138
38
14
-
Edad 30-39
104
49
42
10
5
-
Edad 40-49
301
132
129
27
4
-
Edad 50-60
379
198
176
34
32
-
Controles
24063
13214
1409
Controles utilizados2
23713
12987
1070
Educación Superior
1934
1617
306
-
Educación
Secundaria
5668
5922
394
-
Bajo nivel educativo
16111
5439
370
-
Edad 30-39
6822
3887
215
-
Edad 40-49
7279
3964
255
-
Edad 50-60
9612
5127
600
Nota: 1. El número de tratados y controles disminuye por la falta de algunas observaciones en las variables incluidas en la estimación del propensity score
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En la tabla 3 presentamos una primera idea del tipo de efectos que intentaremos estimar. Los datos corresponden a la proporción de mujeres que declaran estar trabajando en t=3 tanto en el grupo de tratamiento como en el de
control para cada uno de los tres grupos de países y las dos modalidades de
cuidados que estamos considerando. En el panel superior de la tabla los resultados corresponden a mujeres que estaban trabajando antes de convertirse
en cuidadoras, y el panel inferior presenta esos mismos resultados para las
mujeres que no estaban trabajando. En el panel superior, la diferencia de -3.4
puntos porcentuales (90.23 -93.63) en la proporción de mujeres que trabajan
entre el grupo de tratados y el grupo de control de los países Mediterráneos
sugiere que convertirse en un cuidador reduce la probabilidad de tener empleo. Sin embargo, estos resultados son probablemente estimaciones sesgadas
del EMTT. Un motivo por el que podemos encontrar dicho sesgo es la diferencia de edades entre los dos colectivos (las edades medias de cada grupo se
muestran entre paréntesis debajo de las tasas de empleo). La edad media de
los tratados es más alta que la de los controles, por lo que teniendo en cuenta
que la edad está negativamente relacionada con la participación en el mercado laboral y quizás positivamente correlacionada con la probabilidad de
ser cuidador, la caída observada de la tasa de empleo se podría deber solamente al efecto subyacente de la edad.
En la siguiente sección presentamos las estimaciones obtenidas del EMTT que,
tal y como hemos explicado anteriormente, nos permite interpretar los efectos causales que tiene convertirse en cuidador sobre el comportamiento laboral de las mujeres cuidadoras.
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CAP.2,3
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Tabla 3. Porcentaje de mujeres trabajando en el tercer periodo y (edad media)
Mediterráneos
Cuidadoras
Cuidadoras
en el hogar
Continentales
Cuidadoras
Escandinavos
Cuidadoras
en el hogar
Cuidadoras
Cuidadoras
en el hogar
Trabajando en el primer y en el segundo periodo
Tratados
90,23
(46,4)
88,12
(46,5)
93,56
(46,8)
95,31
(46,1)
94,96
(48,5)
100,00
(50,9)
Control
93,63
(43,2)
93,63
(43,2)
94,43
(43,0)
94,43
(43,0)
95,68
(44,6)
95,68
(44,6)
No trabajando ni en el primer ni en el segundo periodo
Tratados
2,79
(48,5)
2,89
(49,1)
2,87
(48,9)
2,74
(48,5)
9,76
(52,4)
18,18
(50,7)
Control
6,40
(46,3)
6,40
(46,3)
7,99
(46,1)
7,99
(46,1)
19,87
(47,7)
19,87
(47,7)
3.3. Resultados
Con el objetivo de estimar el EMTT de empezar a prestar apoyo informal dentro
y/o fuera del hogar, o sólo dentro del hogar, seguimos el procedimiento siguiente.
Primero estimamos la probabilidad (a través de una especificación logit)10 de
convertirse en cuidador para nuestras dos modalidades, cuidador y cuidador en
el hogar, para los tres grupos de países, y en función de si las mujeres trabajaban o no trabajaban antes del evento.
En segundo lugar, emparejamos los individuos tratados con los controles para obtener el EMTT usando dos métodos alternativos: i) “matching” con el vecino más
10
Los modelos para estimar el propensity score se han especificado como funciones flexibles de la edad, el género, el nivel educativo, el estado de salud,
tamaño del hogar, número de niños en el hogar, estado civil, características del empleo (sólo cuando analizamos mujeres empleadas), el logaritmo de
los ingresos equivalentes al inicio de la secuencia, el país y términos de interacción para las diferentes olas. Posteriormente, verificamos que las medias de cada variable para individuos tratados y controles con valores similares del propensity score no difieren (balancing hypothesis). Esto implica
que no hay diferencias sistemáticas en las características observadas entre los tratados y los no tratados.
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cercano, ii) “matching” con los cuatro vecinos más cercanos11. Los resultados se
muestran para las siguientes variables: i) la probabilidad de estar empleado, ii)
la probabilidad de estar empleado a tiempo completo (condicionado a estar empleado), iii) renta total del hogar (todas las variables monetarias estan expresadas en euros anuales por paridad de poder adquisitivo con precios de 1994), iv)
renta laboral del hogar, v) transferencias privadas recibidas por el hogar, vi) transferencias sociales recibidas por el hogar, vii) renta total personal, viii) renta personal laboral y ix) transferencias personales totales. Además, dividimos las
transferencias sociales recibidas por el hogar atendiendo a su tipología: a) subsidios de desempleo recibidos por el hogar, b) pensiones recibidas por el hogar,
c) subvenciones familiares recibidas por el hogar, d) subvenciones de los servicios sociales, v) subsidios por enfermedad.
3.3.1. Efectos de empezar a prestar apoyo informal dentro o fuera del hogar
Los dos subapartados siguientes discuten los resultados en función de si las
mujeres trabajaban o no antes de empezar a prestar apoyo informal (dentro o
fuera del hogar). Con el objetivo de visualizar los resultados más fácilmente
que los mostrados en las tablas correspondientes (4 y 5), en el gráfico 5 se
presenta una selección de los resultados del EMTT, junto con los intervalos
de confianza del 90% y el 95%.
Mujeres que estaban trabajando
La tabla 4 contiene las estimaciones para aquellas mujeres que estaban empleadas antes de convertirse en cuidadoras (tanto si cuidan dentro o fuera del
hogar). Las tablas A1 y A2 del anexo contienen estimaciones los diferentes
subgrupos de estas mujeres: en la tabla A1 se muestran los efectos para distintos niveles educativos (primaria o menos, secundaria y superior), y en la
tabla A2 para distintos grupos de edad (30-39, 40-49 y 50-60).
11
98
Seguimos los procedimientos descritos por Abadie y Imbens (2002) y los procedimientos de Stata™ escritos por Abadie et al (2004).
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Tabla 4. EMTT de empezar a prestar apoyo informal (dentro o fuera del
hogar) en las mujeres que trabajaban previamente
Mediterráneos
M1
M4
Continentales
Escandinavos
M1
M4
M1
M4
Comportamiento laboral
Trabaja
-0,016
-0,017
-0,019
-0,007
0,056ii
0,006
Trabaja a tiempo
completo
-0,034
-0,028
-0,013
-0,034
0,000
0,002
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
-131,881
-486,702
-1037,429
-1128,005
369,313
-248,171
-1500,406
-1592,390
-1331,097
-1232,395
-508,802
-898,936
Transferencias
privadas
-3,878
4,898
43,518
91,370
321,515
322,983
Transferencias
sociales
1263,103
1137,715
-193,632
-365,433
361,293
397,147
2,427
-9,094
-92,282
-191,346i
-35,278
-75,615
1059,667
936,630
252,036
-191,550
6,367
90,066
Ayudas familiares
-24,117
-17,024
-19,943
15,327
-139,901
-46,304
Asistencia social
5,892
3,172
11,811
8,054
9,559
2,203
179,963
193,558
-326,875
16,260
476,984i
451,167
Total (anual)
Renta trabajo
Desempleo
Pensiones
jubilación
Enfermedad
Renta personal (€PPA)
Total (anual)
107,659
-178,579
-1341,692
-1101,459
1186,813
1000,678
Renta trabajo
85,535
-223,902
-1460,818
-1025,958
587,293
354,527
Transferencias
sociales
-73,483
-4,643
-249,756
-295,760
105,068
197,250
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,005 en negrita, P<0,10 en cursiva
M1: vecino más cercano; M4 cuatro vecinos más cercanos.
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
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Los estimadores puntuales del efecto, tal y como se aprecia en el gráfico 5 y
en la tabla 4, muestran que la probabilidad de seguir empleado, disminuye alrededor de un 1,6% en los países Mediterráneos y en 1,9% en los países Continentales. En cambio, parece que prestar atención a un dependiente tiene un
efecto positivo sobre la probabilidad de seguir empleada para las mujeres que
viven en los países Escandinavos. Este resultado no es inesperado, ya que en
Dinamarca y Finlandia los cuidadores familiares están oficialmente reconocidos y empleados como cuidadores con un salario, subsidio de empleo y una
pensión (Mestheneous y Triantafillou, 2005). Por lo tanto, algunas de las mujeres que hubieran abandonado el mercado laboral (si no se hubieran convertido en cuidadoras) siguen empleadas como cuidadoras. Sin embargo,
como se observa en el gráfico 5, en ningún caso podemos rechazar que el
efecto sea nulo, dado que todos los intervalos de confianza incluyen el cero.
En relación con los efectos sobre la renta, se observa que en los países Mediterráneos, la renta laboral de los hogares disminuye significativamente, aunque dicha disminución se compensa con un aumento paralelo de las
transferencias sociales, siendo nulo el efecto agregado sobre la renta total de
los hogares. En la tabla 4 podemos observar que dicha compensación se debe
principalmente a la cuantía de la prestación por vejez, y en menor medida a
la prestación por enfermedad. Esto podría estar capturando el traslado del progenitor dependiente al hogar de los hijos, y por tanto, la incorporación de su
pensión a la renta del hogar.
En los países Escandinavos el patrón general es similar al encontrado en los países Mediterráneos, es decir, una disminución de la renta laboral y un aumento
paralelo de las transferencias. No obstante, en este caso la mayoría de estas
transferencias las representa el subsidio de enfermedad (tabla 4). Esto sería
consistente con el hecho de que en el grupo Escandinavo los cuidadores tienden a encargarse de su cónyuge, y no de sus progenitores como sucede en los
países Mediterráneos, tal y como se apreciaba en el gráfico 4.
Finalmente, cuando realizamos el análisis separadamente para distintos niveles educativos (tabla A1) los resultados muestran un patrón similar al descrito
anteriormente. No obstante, se observa una caída de la renta total del hogar
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en el caso de las mujeres de menor nivel educativo en los países Mediterráneos. En este caso, el incremento de las transferencias sociales no compensa
el decremento en la renta laboral. En la medida a que dichas transferencias sociales se deban principalmente a la prestación de vejez de los progenitores, y
que el nivel educativo de las hijas esté asociado al nivel socioeconómico de
los padres, esta no compensación podría aparecer si los progenitores de hijas
con menor educación recibiesen una prestación por vejez inferior.
Mujeres que no estaban trabajando
La tabla 5 contiene las estimaciones para mujeres que no estaban trabajando
antes de empezar a prestar apoyo informal ya sea dentro o fuera del hogar. Las
tablas A3 y A4 del anexo contienen estimaciones para los diferentes subgrupos de estas mujeres: en la tabla A3 se muestran los efectos para distintos niveles educativos (primaria o menos, secundaria y superior), y la tabla A4 para
distintos grupos de edad (30-39, 40-49 y 50-60).
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Tabla 5. EMTT de empezar a prestar apoyo informal (dentro o fuera del
hogar) en las mujeres que no trabajaban previamente
Mediterráneos
M1
M4
Continentales
M1
M4
Escandinavos
M1
M4
Comportamiento laboral
Trabaja
Trabaja a tiempo
completo
-0,024
-0,023
-0,035
-0,033
0,000
-0,043
0,045
0,000
0,000
0,028
0,250
0,375ii
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
Total (anual)
-1140,956iii
-1283,206i
-822,548
-897,249ii
-796,310
-1349,520
Renta trabajo
-1231,407
-1711,990 -1288,003ii
-1140,927i
-288,973
-828,747
Transferencias
privadas
37,306
12,697
-3,303
7,766
-33,697
-29,580
Transferencias
sociales
389,760
432,977
417,490
413,367
381,820
513,243
Desempleo
-16,311
-46,116
-7,930
38,518
654,792ii
431,009
Pensiones
jubilación
289,351
396,728
169,864
67,346
844,663
886,827
Ayudas familiares
22,578
-0,648
57,246
73,873
-128,192
-223,981i
Asistencia social
13,417
13,235ii
-6,144
0,635
-36,147
-126,360ii
94,377
85,907
245,072
265,559
-751,816
-385,390
-797,108 -803,856
-472,744
-477,546
-156,869 -629,282 -432,380
-34,884
-254,227
-552,086
-219,639
Enfermedad
Renta personal (€PPA)
Total (anual)
Renta trabajo
Transferencias
sociales
-514,201i
-203,208
-173,862
-342,298i
-198,642
-129,241
-175,329
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita, P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. No es significativamente de cero cuando utilizamos errores estándares robustos
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Los resultados muestran que el EMTT sobre la probabilidad de trabajar es negativo. Esto es, las mujeres que empiezan a prestar apoyo informal tienen
menos posibilidades de trabajar. Además, en este caso el efecto es significativamente diferente de cero en los países Mediterráneos (2,4%) y Continentales (3,5%). Al mismo tiempo, se observan diferencias entre grupos educativos,
siendo mayor el efecto en las mujeres con educación secundaria tanto en los
países Mediterráneos como en los Continentales. Por el contrario, el efecto
en mujeres con educación superior es nulo en ambos casos.
A diferencia de lo que sucedía con las mujeres que trabajaban antes de empezar a prestar apoyo informal, en este caso la disminución en la probabilidad de tener un empleo sí se traduce en una disminución de la renta total del
hogar de alrededor de 1000€, siendo esta disminución significativa en los países Mediterráneos y no significativa en los Continentales. De este modo, se
aprecia que las transferencias sociales no compensan la caída de la renta laboral, ya que el incremento en las pensiones de vejez es mucho menor.
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Gráfico 5. Efectos de empezar a prestar apoyo informal dentro o fuera del
hogar
Probabilidad de trabajar
Mediterráneos
Continentales
Renta laboral equivalente del hogar
Escandinavos
15
Mediterráneos
Continentales
Escandinavos
4000
1
2000
0,5
0
0
-0,5
-2000
-1
-4000
-15
Trabaja No trabaja Trabaja No trabaja Trabaja No trabaja
Trabaja No trabaja Trabaja No trabaja Trabaja No trabaja
Renta equivalente total del hogar
Mediterráneos
Continentales
Transferencias sociales equivalentes del hogar
Escandinavos
Mediterráneos
2000
3000
1000
2000
0
1000
-1000
0
-2000
-1000
-3000
Continentales
Escandinavos
-2000
Trabaja No trabaja Trabaja No trabaja Trabaja No trabaja
IC 95 %
IC 90 %
Trabaja No trabaja Trabaja No trabaja Trabaja No trabaja
ATT
3.3.2. Efectos de empezar a prestar apoyo informal dentro del hogar*
De igual modo que en el apartado anterior, los dos subapartados siguientes
discuten los resultados en función de si las mujeres trabajaban o no antes de
empezar a prestar apoyo informal. Con el objetivo de visualizar los resultados
más fácilmente que los mostrados en las tablas 6 y 7, en el gráfico 6 se presenta una selección de los resultados del EMTT, junto con los intervalos de
confianza del 90% y el 95%.
*
104
El análisis sólo se realiza para los grupos de paises mediterráneos y continentales, habiendo quedado excluidos los escandinavos debido al reducido
tamaño muestral.
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Mujeres que estaban trabajando
La tabla 6 contiene las estimaciones para las mujeres que estaban trabajando antes
de empezar a prestar apoyo informal en el hogar. Las tablas A5 y A6 contienen estimaciones para los diferentes subgrupos de estas mujeres: en la tabla A5 se muestran los efectos para distintos niveles educativos (primaria o menos, secundaria y
superior), y en la tabla A6 para distintos grupos de edad (30-39, 40-49 y 50-60).
Tabla 6. EMTT de empezar a prestar apoyo informal dentro del hogar en las
mujeres que trabajaban previamente
Mediterráneos
M1
Continentales
M4
M1
M4
Comportamiento laboral
Trabaja
-0,018
-0,034
0,018
0,009
Tiempo completo
-0,040
-0,029
0,170
0,033
-780,812
-1048,775
1552,609
922,264
-2220,465
-2443,292
-335,175
-600,285
Transferencias privadas
5,733
5,698
284,855
267,558
Transferencias sociales
1585,076
1578,137
1254,404
811,225i
Desempleo
-109,303ii
-59,205ii
-109,742
-78,646
Pensiones jubilación
1328,410
1330,129
1300,136
1001,014
Ayudas familiares
18,057
-11,370
-75,093
-138,174
Asistencia social
3,042
0,646
21,884
55,316
285,325
278,293
112,895
-34,024
Total (anual)
-242,462
-915,164
124,926
-1150,813
Renta trabajo
-284,628
-930,827ii
500,823
-568,293
-1,819
-4,780
-98,195
-341,421
Renta del hogar (€PPA, equivalentes)
Total (anual)
Renta trabajo
Enfermedad
Renta personal (€PPA)
Transferencias sociales
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita, P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. No es significativamente de cero cuando utilizamos errores estándares robustos
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
En el caso de las mujeres que estaban trabajando, convertirse en cuidadoras de
alguien que vive en el mismo hogar tiene efectos similares a los encontrados
cuando se cuida a alguien (que sea dentro o fuera del hogar). En resumen, no
podemos rechazar que el efecto sea nulo ni en probabilidad de trabajar ni en
la renta total de los hogares. Y tal como sucedía anteriormente, encontramos
que la renta laboral del hogar disminuye en los países Mediterráneos, aunque
esta disminución queda compensada por un aumento en las transferencias sociales. Estas últimas también aumentan en los países Continentales.
Mujeres que no estaban trabajando
La tabla 7 contiene las estimaciones para las mujeres que no estaban trabajando antes de empezar a prestar apoyo informal en el hogar. Las tablas A7 y
A8 del anexo contienen estimaciones para los diferentes subgrupos de estas
mujeres: en la tabla A7 se muestran los efectos para distintos niveles educativos (primaria o menos, secundaria y superior), y en la tabla A8 para distintos
grupos de edad (30-39, 40-49 y 50-60).
Tabla 7. EMTT de empezar a prestar apoyo informal dentro del hogar en las
mujeres que no trabajaban previamente
Mediterráneos
M1
Continentales
M4
M1
M4
Comportamiento laboral
Trabaja
-0,005
-0,013
-0,070i
0,042
-
-
-
-
-2905,182i
-1553,359iii
-1520,561
-746,061
-3968,822
-2704,984
-2470,875ii
-2116,674
Transferencias privadas
0,991
-4,222
60,117
53,479
Transferencias sociales
1196,594
1216,627
885,546
684,403
-17,035
-10,434
-12,624
129,115
961,433
960,391
-145,016
-233,710
Tiempo completo
Renta del hogar (€PPA, equivalentes)
Total (anual)
Renta trabajo
Desempleo
Pensiones jubilación
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla 7. EMTT de empezar a prestar apoyo informal dentro del hogar en las
mujeres que no trabajaban previamente (continuación)
Ayudas familiares
-52,474
-22,172
211,016
142,183
Asistencia social
12,020
8,388
98,918
23,020
329,818
301,319
ii
762,251
619,888
Total (anual)
-496,782
-309,609
-346,261
-196,504
Renta trabajo
-64,398
-92,039
-900,675
-687,371
Transferencias sociales
-313,283
-183,805
574,193
452,968
Enfermedad
Renta personal (€PPA)
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita, P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. No es significativamente de cero cuando utilizamos errores estándares robustos
En contraposición a los resultados obtenidos cuando las mujeres prestaban
apoyo informal dentro o fuera del hogar, al restringir el análisis a cuidar dentro del hogar encontramos que no podemos descartar un efecto nulo sobre la
probabilidad de trabajar en el caso de los países Mediterráneos. Por el contrario, en el caso de los países continentales, el efecto sigue siendo estadísticamente significativo y, de hecho, su magnitud aumenta con respecto al caso
anterior.
Finalmente en relación con los efectos sobre la renta, en ambos grupos de países hemos encontrado que la renta total equivalente del hogar es menor después de convertirse en cuidador. En los países Mediterráneos el EMTT
estimado está alrededor de los 3000€, con variaciones entre niveles educativos, observándose el mayor impacto entre las mujeres con educación secundaria, y sin poder descartar un efecto no nulo entre las mujeres con educación
superior.
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CAP.2,3
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Gráfico 6. Efectos de empezar a prestar apoyo informal dentro del hogar
Renta laboral equivalente del hogar
Probabilidad de trabajar
Mediterráneos
Continentales
1
Mediterráneos
Escandinavos
5000
0,5
0
0
-0,5
-5000
-1
--10000
-15
Trabaja
No trabaja
Trabaja
No trabaja
Trabaja
Renta equivalente total del hogar
Mediterráneos
Trabaja
No trabaja
Transferencias sociales equivalentes del hogar
Escandinavos
Mediterráneos
Escandinavos
6000
2000
4000
1500
2000
No trabaja
1000
0
500
-2000
0
-4000
-6000
-500
Trabaja
No trabaja
IC 95 %
Trabaja
IC 90 %
No trabaja
Trabaja
No trabaja
Trabaja
No trabaja
ATT
4. Discusión y conclusiones
En este capítulo hemos proporcionado evidencia empírica de los efectos de empezar a proveer atención informal sobre la probabilidad de estar empleada así
como sobre distintas medidas de renta para mujeres de entre 30 y 60 años utilizando datos del Panel de Hogares de la Unión Europea. Nuestros principales resultados sugieren que, para mujeres que están trabajando antes de convertirse en
cuidadoras, no hay un cambio estadísticamente significativo en las probabilidades
de estar empleada, siendo este resultado independiente de si la atención se presta
dentro o fuera del hogar. Este último resultado difiere de estudios anteriores (Heitmueller and Michaud, 2006) en los que se encontraba que sólo los individuos que
prestan atención en el hogar ajustan su oferta laboral.
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CAP.2,3
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Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Por su parte en el caso de las mujeres que no estaban trabajando antes de convertirse
en cuidadoras hay una disminución estadísticamente significativa de la probabilidad de
estar empleada. La magnitud de este efecto es de un 2,5% en los países Mediterráneos
y de un 3,5% en los países Continentales. El hecho de que los efectos varíen en función
del status laboral previo sugiere que convertirse en cuidadora acentúa los factores que
mantienen a las mujeres fuera del mercado laboral, pero no afecta substancialmente a
las mujeres que están empleadas. Esta heterogeneidad de los efectos muestra la importancia de controlar por el estado laboral previo, puesto que el comportamiento laboral
de los individuos depende fuertemente del comportamiento en períodos previos.
Asímismo, en relación con los efectos de convertirse en una cuidadora sobre los ingresos, detectamos un EMTT negativo y significativo sobre la renta laboral que
tiende a ser compensado por un aumento paralelo de las transferencias sociales, excepto en el caso de mujeres con un nivel educativo bajo en los países Mediterráneos, para las que el aumento de las transferencias sociales no compensa la
disminución en la renta laboral. Como una gran proporción de las cuidadoras de
los países Mediterráneos atienden a sus progenitores, y el origen principal de las
transferencias en este grupo son pensiones de vejez dirigidas a la persona dependiente, este resultado señala la inadecuación de un sistema en el que la única
fuente de compensación para el cuidador es la pensión del individuo cuidado.
Nuestros resultados sugieren un incremento en la probabilidad de trabajar para
mujeres de los países escandinavos que se convierten en cuidadoras y estaban ya
en el mercado laboral. Estos resultados son consistentes con los presentados por Viitanen (2005) en Finlandia, y reflejan la posibilidad que se otorga a los cuidadores
de ser oficialmente reconocidos como trabajadores.
Hay una serie de temas metodológicos que exigen mayor investigación. Para empezar, puede haber errores de medida en la interpretación de las respuestas a la pregunta que nos permite crear el indicador de cuidador. Es decir, algunas mujeres
pueden declarar prestar atención informal por el mero hecho de convivir con un
familiar anciano. Un paso adelante en este sentido consistiría en refinar la definición de cuidador requiriendo un mínimo de horas dedicadas a esta tarea. Un segundo tema importante son las carencias potenciales de poder estadístico de
nuestros procedimientos. Esto es consecuencia del pequeño tamaño de las muestras en alguno de los grupos que hemos considerado, un problema común cuando
la metodología matching es utilizada (Browning et al, 2006).
109
110
-1574
0,8
988,8
-28,0
769,6
-18,7
-1,7
Renta laboral
Transferencias
privadas
Transferencias
sociales
Transferencias
de desempleo
Pensiones
jubilación
Subvenciones
familiares
Servicios
sociales
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita; P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. Deja de ser significativo cuando utilizamos errores estándares robustos
-804,9
-689,3
-1109
-1100
-15,5
Total (anual)
Renta laboral
Transferencias
sociales
-126,9
181,0
199,2
Prestaciones
Enfermedad
2,0
-11,8
770,5
-56,228ii
939,4
10,1
-22,7
-582,6
-580,3
203,2
-2,0
176,3
458,6
-399,3
261,4
199,3
-1370
-166,5
-761,7i
-639,9
Total (anual)
-1588,4
0,188ii
-0,031
-0,034
0,000
Tiempo
completo
-0,040iii
-0,039
M1
347,9
-197,3
286,3
250,4
-13,6
219,4
92,9
-254,2i
281,8
265,9
-607,6
241,9
0,104
0,013
M4
2,9
-465,6
-118,1
320,3
-52,1
95,6
-277,6
-77,6
-81,5
148,8
1844,0
2657,7iii
-0,077
-0,063
M1
M4
M1
M4
Continental
0,016
0,024
-0,013
-0,033
-0,016
-0,019
0,010
Comportamiento laboral
0,015
M1
Mediterráneos
-0,024
0,043
M1
-251,6
-2528
-2504
473,7
-91,4i
106,1
-182,4
-480,9
-286,3
145,1
-513,1
749,2
174,1
-184,6
151,3
259,021iii
0,0
-8,0
1176,7
97,4
1538,1
19,0
-1817,8
-421,5
-60,9
45,2
105,9
779,6iii
-208,5
656,3
33,7
-2094,6
-605,6
-90,8
37,613iii
-55,5
-88,0
-131,7
-361,5
14,6
-1352,9
-1130,0
237,2
-267,9
106,0
363,2
-3033,8
-2247,6i
-183,4
-1688,9
-1587,7
Renta personal (€PPA)
201,0
-0,9
-27,9
1215,5
89,1
1500,1
17,3
-1797
-432,6
725,1
192,2
953,1
932,0
19,2
-80,9
396,0
123,2
1342,7
31,2
435,2
812,0
802,0iii
-78,6
714,0
640,9iii
18,3
-71,8
335,3
163,4
1083,8ii
-2,4
-140,5
353,3
-0,077
-0,011
M4
Escandinavos
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
-0,154
-0,063
M4
Escandinavos
-200,7
-294,7
-372,3
-199,7
821,9
16,7
1049,4
9,7
821,9
50,9
-869,1
182,5
-0,061
0,012
M1
145,2
152,9
73,7
-3,4
873,1
11,8
919,3
-22,5
873,1ii
9,6
-992,9
-20,7
-0,085ii
-0,017
M4
Mediterráneos
-565,2
2247,4
1121,7
300,7
-
-112,8
348,6
-92,3
452,7
261,713i
1,2
-319,5
-0,015
-0,003
M1
-600,9ii
1149,2
483,2
225,1iii
-81,0
-61,5
462,6
-139,1
378,2
46,9
484,2
498,2
-0,026
0,003
M4
Continental
Educación superior
-203,0
694,9
1234,1
585,2
5,0
-191,9
-137,0
-79,4
-62,9
607,3
-2335
-1022
0,082
0,048
M1
-18,7
1495,9
1231,4
554,8iii
5,0
-85,9
31,0
-112,8
326,8
589,2
-1656,8
-779,3
0,086
0,024i
M4
Escandinavos
19:33
Trabaja
M4
Continental
Educación secundaria
6/5/08
M1
Mediterráneos
Educación primaria
CAP.2,3
Página 110
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla A1. Tratamiento: ser cuidadora. Resultados por grupos educativos para el
grupo de mujeres que trabajaban antes de empezar a cuidar
-4,2
Transferencias
de desempleo
1226,3
-892,4
-871,6
28,2
Total (anual)
Renta laboral
Transferencias
sociales
-42,2
-1082,3
245,2
-0,2
195,6
-1,8
Servicios
sociales
-8,0
881,1
35,2
1176,7
-40,6ii
Prestaciones
Enfermedad
2,0
Subvenciones
familiares
1028,0
1259,5
Transferencias
sociales
Pensiones
jubilación
-27,1
Transferencias
privadas
311,8
20,5
526,7
200,7
1868,6
1460,5
85,9
-
-91,4
227,3
204,9
493,4
29,8
49,3
-
14,5
177,9
119,7
408,5
80,6
3301,2
-1991,8
Renta laboral
4178,2
3636,4iii
4801,9iii
-1677,4i
-697,7
Total (anual)
-2670,2
0,007
0,111
-0,072
0,050
-0,092ii
0,000
Tiempo
completo
-0,012
-0,012
-819,5
2412,6
1743,7
45,8
47,9
584,2
-
255,8 iii
-321,0
142,5
2233,8
1651,4iii
0,000
-0,059
-0,021
0,006
M1
M4
0,010
-0,006
-0,025
-0,008
-0,057
0,000
Comportamiento laboral
M4
Continental
0,067
0,042
M1
152,6
2018,0
2215,6
-7,9
-30,1
-139,8
-
93,9
-123,9
107,7
605,9
30,8
119,8
-419,4
-291,7
159,1
-6,5i
-17,1
877,2
-49,6
974,6
-310,9
-70,5
-94,3
-27,4
-113,0
-670,8
54,5
-1933,2
-2120,2i
94,0
4,0
10,4
-42,7
-97,5ii
-64,9
65,9
-2348,1
-1765,7
-59,4
286,2
329,2
-277,6
-1025,5
-839,4
-774,5ii
1095,0
1360,2
Renta personal (€PPA)
185,3
-7,8i
-29,6
955,1
-72,5ii
1041,2
55,0
-1180,6
-1450,4ii
29,4
-155,7
-454,7
34,6
1829,4
2526,6
157,4
6,2
6,7
-92,9
-71,0
45,6
551,7
-2119
-16801
107,7
1497,1
1136,0
-20,0
-1,9
118,3
-34,9
-39,3
-23,8
547,3
-857,1
-1035,5
0,050
0,010
M4
Escandinavos
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
-0,067
-0,015
M1
Mediterráneos
112,5
-966,5
-739,9
234,0
15,1
-7,0
1148,4
19,4
1351,3
-0,2
-2464,6
-1030,9
0,000
-0,027
M1
-129,4
-1105,9
-1150,8
197,1
9,6
-7,7
958,5
3,1
1188,4
-5,5
-2239,1
-1143,1
-0,045
-0,012
M4
Mediterráneos
351,4
-2164,3
-2178,9
256,3
41,3
48,4
540,1
-154,4
211,0
230,1
-1822,7
-2070,5
0,037
0,021
M1
-339,4
-700,0
-868,4
-106,8
34,5
13,2
519,4
-241,8i
201,6
214,5
-878,1
-637,8
0,012
0,024
M4
Continental
50-60
571,6
-696,5
-265,7
890,6iii
-44,4
38,7
83,2
77,8
1062,7
-106,7
-1350,0
158,2
0,036
0,017
M1
650,1iii
-1681,8
-913,3
933,0ii
-21,5ii
29,9
104,2
-93,0
907,9
128,0
-2769,6ii
-598,0
0,009
-0,013
M4
Escandinavos
19:33
Trabaja
M4
M1
M4
M1
M1
M4
Escandinavos
Continental
40-49
6/5/08
Mediterráneos
30-39
CAP.2,3
Página 111
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla A2. Tratamiento: ser cuidadora. Resultados por grupos de edad para el grupo
de mujeres que trabajaban antes de empezar a cuidar
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita; P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. Deja de ser significativo cuando utilizamos errores estándares robustos
111
112
8,1
474,8
-21,1
453,7
-39,5
Transferencias
privadas
Transferencias
sociales
Transferencias
de desempleo
Pensiones
jubilación
Subvenciones
familiares
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita; P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. Deja de ser significativo cuando utilizamos errores estándares robustos
-264,9
-169,0
ii
-399,0
-198,3 iii
-267,3
Total (anual)
Renta laboral
Transferencias
sociales
-148,6
121,7
12,8
-13,4
529,6
-74,6i
568,3
-12,7
83,2
Prestaciones
Enfermedad
7,0
-793,1
Renta laboral
Servicios
sociales
53,1
-219,1
Total (anual)
-629,1
-0,021
-0,083
Tiempo
completo
-0,027
-0,037
-147,3
-35,3
-408,5
234,9
-148,2
170,2
-200,5
-79,0
402,0
148,6
307,0
-102,4
127,0
24,2
433,2
-129,3
-14,1
124,3
55,1
418,1
54,8
444,5
578,5
62,1
0,125
-0,016
0,000
-0,022
723,2
-2,9
711,0
86,0
15,3
-42,6
1629,1iii
1967,2
403,8
-12,6
-2790,8
-2367,8
-
0,000
M1
M4
M1
M4
0,200
0,200
-0,039
-0,333
-0,049
-0,667ii
-0,043
Comportamiento laboral
-0,050
M1
-1273,5
42,9
-1387,7
iii
-1033,1
-139,7
-62,7
-2077,7
1600,4i
-1888,4ii
-18,4
-134,4
-1802,0
-9201,4i
-2005,1iii
-415,4
-546,3
-2232,0
i
-1,1
19,1
32,8
254,5
-24,9
242,6
87,1
215,2
112,5
-609,0
58,2
-137,4
4,7
-3671,1
-3360,4
34,5
124,5
31,0
-351,0
47,9
-124,5
-36,7i
-1448,6ii
-1311,0ii
-494,9 i
-247,4
-1181,2i
-188,4
-1012,2
-1237,6
-488,0
-903,9
-1440,7
Renta personal (€PPA)
-34,6
8,9
23,7
95,3
27,7
91,2
61,2
-9675,2i
-3313,5
10,1
Mediterráneos
851,1
412,7
1132,4
-1497,3
-
-172,2iii
3308,6
-702,3
987,5
22,4
1020,6
1356,7
-
0,000
M1
1271,8
-489,2
730,5
-1644,6
-
-158,6
3181,4
-388,3
1061,2
39,2
-131,2
606,3
-
0,025
M4
-914,2iii
940,7
495,4
-45,1
8,6
38,6
808,4
-19,8
764,5
-27,8
-1988,9
-814,1
0,400iii
0,024
M1
-490,1
404,9
288,8
129,6
7,9
110,8
830,7
33,0
1101,0ii
17,6
-3396,6i
-2151,9
0,200
0,049
M4
1110,6
-836,1
-2099,0
816,9
-
385,9
-473,5
-134,9
619,5
10,9
142,9
-4978,7
0,000
-0,044
M1
-105,0
-944,1
-1655,0
717,8
-27,1
260,8
241,2
340,2
838,4
3,4
106,8
-260,2
0,125
-0,056
M4
Continental
Escandinavos
Continental
Mediterráneos
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
-
0,000
M4
Escandinavos
-3745,7
-450,8
-3348,3
3184,0iii
-1283,5
-771,2
667,4
-3097,3ii
-720,6
-25,2
-11388,6
-8563,1
-
-0,429
M1
-1018,9
-1983,7
-1986,8
1007,4
-320,9
-310,2
520,4
-827,7
607,0
-6,9
-7495,2
-4620,0
-
-0,250i
M4
Escandinavos
19:33
Trabaja
M4
M1
M1
M4
Continental
Educación superior
Educación secundaria
6/5/08
Mediterráneos
Educación primaria
CAP.2,3
Página 112
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla A3. Tratamiento: ser cuidadora. Resultados por grupos educativos para el
grupo de mujeres que no trabajaban antes de empezar a cuidar
-1579,8
25,0
238,9
-1473,8
-2039,9
33,1
464,6ii
149,8
88,2
98,0
72,7
56,4
94,2
-200,8
229,4
Total (anual)
Renta laboral
Transferencias
privadas
Transferencias
sociales
Transferencias
de desempleo
Pensiones
jubilación
Subvenciones
familiares
Servicios
sociales
Prestaciones
Enfermedad
Total (anual)
Renta laboral
Transferencias
sociales
344,2
-98,4
71,1iii
114,0ii
149,5
89,8
466,5i
24,3
-2143,7
-0,083
0,167
Tiempo
completo
-0,043ii
-0,058iii
-952,8
-1267,1
-1021,2
-2778,4
-1668,9
-649,9
44,1
-166,9
106,2
207,7
94,6
172,0
19,6
8,0
247,5
349,9
274,2
858,8iii
-161,8
-1489,8
-2407,8
1,8
-857,0
-0,250
-0,030
-793,1
-
-0,071
-6238,5
-2020,3 iii
1242,8
-2827,3
-1586,1
5814,5i
-39,7 iii
-1191,5 iii
-
628,4
4457,9iii
1706,1
-2757,2
-1198,9
5237,0
-411,0
-1080,6
-215,9
570,9
4107,6
-65,0
198,4
-
M4
M1
M4
-0,083
-0,042
-0,038
0,000
-0,070
0,000
-0,059
Comportamiento laboral
-0,027
M1
-62,2
-325,2i
-351,8
-420,7
-374,7
769,6
54,0
-143,3
12,3
103,9
787,3
32,0
-1135,1
-468,8
583,4
54,1
-11,2
42,7
32,6
635,7iii
27,1
-706,6
-50,3
32,0
-971,8
-1071,4
223,5
-406,2
-289,0
Renta personal (€PPA)
59,6
1,7
-13,1
596,0
-82,0
533,7
16,9
-984,0
-456,5
-723,6
47,0
6,8
0,3
708,6
-27,1
717,0
-9,0
-831,9ii
-184,7
-3507,2 iii
2914,6 iii
-659,0
-1273,4iii
-134,5
-232,7
-
202,1
-1875,2iii
-317,5
7065,3
3758,0
-
0,250
M1
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
-
0,050
M4
2958,0ii
-
-0,200
M1
-1936,3
1361,2
-311,0
-1404,7i
-128,6
-179,2
-527,0
1048,8
-1419,4
-124,2ii
3706,1
2380,4
-
0,125
M4
-116,4
-35,5
53,4
249,2
7,2
-13,9
387,2
-2,8
620,7
15,1
-1110,4
-160,5
0,000
-0,026
M1
-150,7
-128,1
-117,7
159,9
5,3
-19,3
433,8
-36,7
537,3
-6,9
-904,1
-86,1
-0,063
-0,018
M4
-218,6
213,5
-79,8
-208,3
-37,3
198,1
167,1
-171,1
-76,3
-70,2
267,1
538,4
-
-0,017
M1
11,1
-21,4
-306,4
41,1
-24,9
191,3
-118,7
-44,1
37,2
-2,2
-11,8
-608,6
0,250
-0,019ii
M4
-93,4
89,5
200,7
-1806,3
8,3
5,6
1206,2
548,9
-85,1
26,1
-146,6
-1327,8
-
0,031
M1
-309,0
-145,4
-511,7
-1463,7 ii
-18,3
2,7
1196,0 iii
72,0
-153,0
-14,5
-802,7
-1489,3iii
-
-0,008
M4
19:33
Trabaja
M4
M1
Escandinavos
6/5/08
M4
M1
Mediterráneos
Continental
Escandinavos
Continental
Mediterráneos
Continental
Mediterráneos
Escandinavos
50-60
40-49
30-39
CAP.2,3
Página 113
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla A4. Tratamiento: ser cuidadora. Resultados por grupos de edad para el grupo
de mujeres que no trabajaban antes de empezar a cuidar
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita; P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. Deja de ser significativo cuando utilizamos errores estándares robustos
113
CAP.2,3
6/5/08
19:34
Página 114
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla A5. Tratamiento: ser cuidadora en el hogar. Resultados por grupos educativos para el grupo de mujeres que trabajaban antes de empezar a cuidar
Educación primaria
Mediterráneos
M1
M4
Educación secundaria
Continental
M1
M4
Mediterráneos
M1
M4
Educación superior
Continental
M1
M4
Mediterráneos
M1
M4
Continental
M1
M4
Comportamiento laboral
Trabaja
Tiempo
completo
0,014
-0,021
0,118
0,074i
0,019
-0,014
0,129
0,024
0,000
-0,016
-0,222ii
-0,222 iii
-0,032
-0,030
0,125
0,125
0,042ii
0,078
0,000
0,025
-0,069
-0,086
-0,286iii
-0,036
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
Total (anual)
i
-1234,863
-855,635
-179,677
-226,316
-1522,128
-1095,030
4191,080
944,417
-537,601
454,043
8009,215
-554,508
Renta laboral
-1917,192
-1607,633
-1908,701
-2149,1ii
-4165,626
-3985,648
3268,478
-254,613
-3236,345
-1419,975
5944,742
-732,075
Transferencias
privadas
26,047ii
21,931
785,695
967,351
3,747
-16,123
-40,862
-46,783
-
-115,872ii
-1337,511
-625,788ii
Transferencias
sociales
834,877
886,723
630,258
597,860
3150,602
3022,786
697,578
827,717 ii
2809,550
2213,159
2004,437iii
1716,292
Transferencias
de desempleo
-162,683
-99,359
-58,218
-70,770
35,605
47,748
-304,401i
-129,166 i
-244,797
-110,705
-
-12,204
Pensiones
jubilación
666,615
711,695
-271,299
-236,990
2617,386
2451,034
1470,350
1201,806
2928,548
2244,495
1919,288
1356,563
Subvenciones
familiares
3,887
0,184
21,790
154,468
5,012
-14,903
-326,807
-168,032
-26,885
-23,300
218,015
624,360
Servicios
sociales
11,334
2,052
-
-21,187
-
-
118,469
118,469 iii
-
-
-132,865
-33,216
218,747
180,761
925,272
714,828
506,139
535,321i
-305,223
-252,666
152,684
118,857
-
-159,817
Prestaciones Enfermedad
Renta personal (€PPA)
Total (anual)
203,698
226,999
-3167,362
1948,212
374,920
-138,515
-429,924
-3094,85 iii
-3459,111
-3136,784
-7837,655
-4321,722
Renta laboral
477,221
389,953
-1984,289
1605,769
-291,004
-707,439
1218,049
-2556,227
-2778,603
-2384,250
-3836,418
56,980
Transferencias
sociales
-256,354
-142,709
-632,415
493,762
493,239
423,897
-1460,455ii
-443,420
-912,739
-391,031
-646,234iii
-3040,144i
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita; P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. Deja de ser significativo cuando utilizamos errores estándares robustos
114
CAP.2,3
6/5/08
19:34
Página 115
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla A6. Tratamiento: ser cuidadora en el hogar. Resultados por grupos de edad
para el grupo de mujeres que trabajaban antes de empezar a cuidar
30-39
Mediterráneos
M1
40-49
Mediterráneos
Continental
M4
M1
50-60
M4
M1
M4
Mediterráneos
Continental
M1
M4
M1
M4
Continental
M1
M4
Comportamiento laboral
Trabaja
0,000
0,000
0,000
-0,063
-0,060
-0,038
0,038
0,019
0,048
0,006
0,105
0,039
-0,119ii
-0,065
-0,182
0,000
0,011
-0,003
0,038
0,048
-0,014
-0,025
0,000
-0,016
Total (anual)
-1377,718
ii
-1592,29
8592,293
10606,950
-817,429
-375,717
-3491,445
-4055,763
481,074
71,744
186,413
-886,096
Renta laboral
-2927,866
-2724,094
9221,208
10336,200
-2544,706
-1890,321
-5041,545
-6423,094
-542,511
-1260,356
-447,356
-2056,329
Transferencias
privadas
-29,000
2,728
222,380
-145,438
19,536
-14,607
536,993
670,287
35,654
26,631
-174,879
-53,477
Transferencias
sociales
1860,433
1501,751
-511,798
145,718
1852,948
1630,262
866,648
1441,818
981,918
1287,311
463,108
962,293
Transferencias
de desempleo
25,131
17,361
-294,117
-73,529
-4,648
-28,185
-45,853
-40,045
-79,210
-59,228
47,154
-146,954
1249,309
945,951
-295,514
127,369
1623,430
1439,270
270,855
601,399
935,004
1126,121
2850,935
1686,361i
-16,887
-3,483
-50,266
-138,771
-6,705
-14,248
80,513
108,782
-33,452
-10,476
-1161,557
-416,918
-
-4,118
-
-
-10,066
-16,207i
-
-
25,057
25,057
115,933
174,954
526,018
482,962iii
-108,367
35,453
253,709
236,669
790,593
809,038iii
38,137
85,254
-1406,434ii
-355,205
-5245,012
-3896,390
1064,910
529,350
-2331,219
-2641,996
-3981,377
-3882,087
933,075
252,447
-147,369
-1551,193
-696,527
182,122
-78,941
64,722
-2170,030ii
-1175,097i
Tiempo
completo
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
Pensiones
jubilación
Subvenciones
familiares
Servicios
sociales
Prestaciones Enfermedad
Renta personal (€PPA)
Total (anual)
-1104,165
-2053,85ii
6224,112
2229,723
-375,890
Renta laboral
-991,551
-1914,194ii
4314,419
1738,706
-490,107
Transferencias
sociales
118,148
78,502
1872,810
1008,764
96,475
-239,713
-145,758
-93,801
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita; P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. Deja de ser significativo cuando utilizamos errores estándares robustos
115
CAP.2,3
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Página 116
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla A7. Tratamiento: ser cuidadora en el hogar. Resultados por grupos educativos para el grupo de mujeres que no trabajaban antes de empezar a cuidar
Educación primaria
Mediterráneos
M1
Educación secundaria
Mediterráneos
Continental
M4
M1
M4
M1
M4
Educación superior
Mediterráneos
Continental
M1
M4
M1
M4
Continental
M1
M4
Comportamiento laboral
Trabaja
Tiempo
completo
0,003
-0,016
0,000
-0,053
-0,063
-0,052
-0,103
-0,069ii
0,000
-0,036
-
-0,063
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-398,158
-4690,973i
-2940,118
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
Total (anual)
-663,716
-745,530
548,112
795,565
-3001,461
-6935,72 ii
-1882,303
-301,616
1114,761
Renta laboral
-1948,531
-1892,242
-833,568
-62,639
-4265,226
-7548,11 ii
-3071,339
-1830,303
-694,072
-2117,426
-9943,760
-7944,309
Transferencias
privadas
-9,840
-17,483i
168,140
157,162
26,658
-5,717
-14,370
11,007
-26,840
86,088
-
-71,009
Transferencias
sociales
1225,849
1149,922
1109,310
859,015
949,888
1051,396
1817,099ii
905,945
2024,213
1966,993
914,508
477,332
Transferencias
de desempleo
3,203
-31,377
-505,105ii
-300,634i
202,268
135,733
340,568
358,276
136,601
51,324
441,922
502,456
Pensiones
jubilación
897,044
860,304
81,164
87,837
721,192
915,028
575,067
-50,624
978,307
1173,082
-
-413,783
Subvenciones
familiares
-42,906
-32,287
-93,775
-13,777
28,680
-6,587
313,761
272,498
357,210iii
260,883
396,969iii
315,909
12,995
9,090
89,772
-175,557
3,145ii
2,818
154,619
-15,908
16,721
14,720 iii
-
-
404,090
369,932
1420,234iii
1295,277iii
51,055
46,633
447,178
310,282
504,747
446,078
-
-
Servicios
sociales
Prestaciones Enfermedad
Renta personal (€PPA)
Total (anual)
-126,507
-211,538
-1092,611
-583,220
-497,375
-614,213
-35,230
-194,962
2088,537
1637,648
-210,475
184,965
Renta laboral
-46,751
-128,576i
14,203
-367,753
-551,932ii
-535,021
-798,751
-546,519
821,207
495,075
-538,381
-583,944
Transferencias
sociales
-107,268
-88,200
-1231,120
-229,114
-79,707
-20,953
818,558
220,857
935,254
791,199
228,903
512,811
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita; P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. Deja de ser significativo cuando utilizamos errores estándares robustos
116
CAP.2,3
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Página 117
Apoyo Informal a las Personas Mayores Dependientes en el Contexto de la Unión Europea
Tabla A8. Tratamiento: ser cuidadora en el hogar. Resultados por grupos de edad
para el grupo de mujeres que no trabajaban antes de empezar a cuidar
30-39
Mediterráneos
M1
40-49
Mediterráneos
Continental
M4
M1
50-54
M4
M1
M4
Mediterráneos
Continental
M1
Continental
M4
M1
M4
M1
M4
Comportamiento laboral
Trabaja
-0,061
-0,061
0,100
0,025
-0,030
-0,047i
-0,148iii
-0,065
-0,005
-0,015
-0,059
-0,051i
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
Tiempo
completo
Renta Total del hogar (€PPA, equivalentes)
Total (anual)
-1470,381
-1623,575i
-2365,400
-1344,339
-1038,587
-1108,374
-927,219
596,176
-379,411
-825,144
-4549,144
-1740,325
Renta laboral
-2882,159
-2748,407
-4529,825
-3687,881
-2425,259
-2225,293
-3343,38 iii
-1045,584
-1940,324
-1780,860
-3482,011
-2060,053
Transferencias
privadas
74,001
1,689
-
-78,254
3,935
29,152
64,671
19,543
-46,130
-34,386iii
123,966
43,610
Transferencias
sociales
1700,469
1398,451
1230,834
1264,322
1236,902
1018,797
1127,978
639,269
1511,848
1309,402
337,617
15,761
Transferencias
de desempleo
63,074
117,270
950,899ii
856,362
-6,884
-61,991
-155,445
-281,904
-40,582
-26,315
-409,865
-164,967
1095,176
931,937
-354,396
220,980
1235,820
1022,197
1176,12iii
722,654
1233,067
1002,189
-1735,016
-1283,006
Subvenciones
familiares
172,507
38,053
114,643
51,815
-8,875
13,899
88,200
162,521
-49,582ii
-34,250
41,537
62,228
Servicios
sociales
40,780
62,133
-
-103,362
20,901ii
17,218i
95,053
-454,034i
-15,857
-10,860i
268,602
-109,072
372,550
249,714
567,701
335,255
57,614
84,993
-234,652
447,667
369,765
385,328
2131,746ii
1541,713 ii
Pensiones
jubilación
Prestaciones
Enfermedad
Renta personal (€PPA)
Total (anual)
-97,089
-512,309
2668,436iii
-355,053
-1004,491
-698,103
-1740,043
-1669,162 i
-133,494
-375,660
-102,602
-303,710
Renta laboral
-283,004
-159,905
-
-672,607
-566,863i
-377,358
-943,447iii
-581,132
-114,582
-99,719
-847,691
-934,713i
Transferencias
sociales
418,864
-27,971
2668,436 iii
519,885
-524,339ii
-377,363i
-1045,139
-1209,058
-14,233
-52,576
1007,531
726,585
Nota: Valores significativamente diferentes de cero: P<0,05 en negrita; P<0,10 en cursiva
i. Significativamente diferente de cero al 95% cuando utilizamos errores estándares robustos
ii. Significativamente diferente de cero al 90% cuando utilizamos errores estándares robustos
iii. Deja de ser significativo cuando utilizamos errores estándares robustos
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Capítulo
CAP.2,3
3
El Perfil de los
cuidadores informales:
Presente y Futuro
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
CAPÍTULO 3:
EL PERFIL DE LOS CUIDADORES INFORMALES: PRESENTE Y FUTURO
Sergi Jiménez-Martín y Cristina Vilaplana Prieto
1. Introducción
Este capítulo aborda la cuestión sobre el papel que van a desempeñar en el futuro
los cuidadores informales dentro del sistema de atención a las personas dependientes. La demografía de las sociedades occidentales muestra dos fuerzas contrapuestas: por un lado una mayor esperanza de vida y un crecimiento de las cohortes
de edad más avanzada; por otro, la creciente incorporación de la mujer al mercado
de trabajo y la disminución de la tasa de natalidad. La primera de las fuerzas implica
que en los próximos años se va a producir un gran incremento en el número de personas que necesiten atención para realizar las actividades básicas de la vida diaria.
La segunda determina que el número de cuidadores informales va a disminuir.
Frente a esta realidad demográfica, nos encontramos con el hecho de que convertirse
en cuidador informal cambia la vida de la persona. Y al decir esto no nos referimos únicamente al estado de salud, al tiempo de ocio o la vida familiar, sino que tal y como se
desarrollará en sección 3, los cuidadores muestran comportamientos en la tasa de actividad, ocupación y desempleo diferentes a los del conjunto de la población española.
En tercer lugar, hay que tener en cuenta las preferencias de los individuos. Tradicionalmente cuando alguien estaba enfermo o sufría una discapacidad, era la familia
la que se ocupaba de atenderlo. Desde el punto de vista de los servicios sociales,
resultaría muy interesante conocer de qué forma se puede ser más útil a la familia
y ante qué tipo de ayudas se muestran más receptivas las familias. Para ello hemos
acudido a una fuente de información de primera mano, la opinión de los propios
cuidadores y hemos utilizado su valoración sobre los cuidados informales y formales para saber qué tipo de cuidados serán más demandados en el futuro.
Condicionantes del cuidado informal en el futuro
En esta sección se analizan los factores que van a condicionar por el lado de la
oferta (tasa de natalidad, porcentaje de inactivos dedicados a las labores del hogar)
121
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
y de la demanda (esperanza de vida, tipología de los hogares), tanto la disponibilidad como la necesidad de cuidadores para atender a la población mayor española.
Esperanza de vida
Para el año 2003, la esperanza de vida al nacimiento era de 76.9 años para los
hombres y 83.6 para las mujeres. En comparación con los países de la UE-15 (Tabla
1), España ostenta la mayor esperanza de vida para las mujeres, y también para los
hombres con la excepción de Suecia. De acuerdo con las proyecciones realizadas
por el Eurostat para España, en el año 2050 la esperanza de vida de los hombres
alcanzará los 81.4 años y la de las mujeres los 87.9 años, siendo la tasa de dependencia12 del 67.5%.
El envejecimiento de la población supone un incremento en la carga que soportará
el sistema de Seguridad Social, en términos de pensiones de jubilación, gastos de
sanidad, y particularmente en el tema que nos ocupa, servicios sociales de atención
a la dependencia. Por consiguiente, resulta muy interesante valorar si estas personas mayores de 65 años se encontrarán en condiciones de ser atendidas por sus propias familias, si se podrá establecer un sistema de atención mixto formal-informal,
o si en caso de carecer de estructuras familiares de soporte, el Estado deberá hacerse cargo de forma subsidiaria del cuidado del dependiente, siendo esta última
opción la alternativa más gravosa de todas.
Número de hijos
El número medio de hijos por mujer (Gráfico 1) se ha reducido de 2.80 en 1975 a
1.34 en el año 2005, alcanzando un mínimo de 1.15 en 1999. Por lo que respecta
a la tasa bruta de natalidad13 (Gráfico 2), en 1975 era de 18.76 nacimientos por
cada mil habitantes, descendió de manera progresiva hasta situarse en 9.19 en el
año 1999 y posteriormente ha experimentado una ligera recuperación hasta alcanzar el valor de 10.92 en el año 2004. La contribución de la inmigración tiene
mucho que ver en el aumento observado tanto en el número de hijos por mujer y
como en la tasa de natalidad.
12
13
122
La tasa de dependencia se calcula como el cociente entre el número de personas mayores de 65 años dividido por el número de personas con edades comprendidas entre 16 y 65 años.
La tasa bruta de natalidad se calcula como el número de nacimientos por cada mil habitantes.
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tabla 1. Esperanza de vida el nacimiento en los países de la UE-15. 2003.
Hombres
Mujeres
76
81,7
Alemania
75,7
81,4
Austria
75,9
81,6
Bélgica
75,9
81,7
Dinamarca
75,1
79,9
España
76,9
83,6
Finlandia
75,1
81,8
Francia
75,9
82,9
Grecia
76,5
81,3
Irlanda
75,8
80,7
Italia
76,8
82,5
Luxemburgo
75
81
Países Bajos
76,2
80,9
Portugal
74,2
80,5
Suecia
77,9
82,5
Reino Unido
76,2
80,7
U-15
Fuente: Elaboración propia a partir de Indicadores Demográficos Básicos (INE)
La reducción en el número de hijos supone una disminución en el tamaño medio
de las familias, y en el futuro puede limitar el número de cuidadores informales. Por
otra parte, en un contexto de reducción del número de ayudas familiares por dependiente, la inmigración ha comenzado a desempeñar un papel importante como
empleado del hogar destinado a acompañar y ayudar a la persona mayor. Según la
Encuesta de Apoyo Informal, entre 1994 y 2004, el número de cuidadores informales que habían contratado a un empleado como ayuda complementaria pasó
del 2.29% al 8.98%. Además, en 2004, un 30.1% de los empleados del hogar eran
de nacionalidad no española.
123
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Gráfico 1. Número medio de hijos por mujer
3
2.5
2
1.5
1
0.5
0
1975
1977
1979
1981
1983
1985
1987
1989
1991
1993
1995
1997
1999
2001
2003
2005
Fuente: Elaboración propia a partir de Indicadores Demográficos Básicos (INE)
Gráfico 2. Tasa bruta de natalidad
20
18
16
14
12
10
8
6
4
2
0
1975
1977
1979
1981
1983
1985
1987
1989
1991
1993
1995
1997
1999
2001
2003
2005
Fuente: Elaboración propia a partir de Indicadores Demográficos Básicos (INE)
124
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
La Tabla 2 muestra la distribución del número de hijos de los cuidadores. En estos
diez años se ha producido un aumento de los cuidadores sin hijos o que sólo tienen un hijo, en detrimento de las familias con dos o más hijos.
Tabla 2. Distribución del número de hijos de los cuidadores
Ninguno
Uno
Dos
Tres
Más de tres
1994
19.9
14.0
30.8
19.1
16.2
2004
32.78
43.70
22.45
1.17
-
Encuesta de Apoyo Informal
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004).
Edad al contraer matrimonio
Por lo que respecta a la constitución de matrimonios (Gráfico 3), la edad media de
entrada al matrimonio se ha elevado una media de seis años tanto para los hombres como para las mujeres14. El retraso en la edad para contraer matrimonio, implica que en caso de tener hijos, los futuros hijos cuando tuvieran que cuidar a sus
padres serían unos cuidadores más jóvenes que hace treinta años. Este hecho
puede conllevar ciertas ventajas. Por ejemplo: los cuidadores más jóvenes tienen
menos problemas de salud. De acuerdo con la Encuesta de Apoyo Informal de
2004, un 73.64% de los cuidadores menores de 45 años declara que su estado de
salud es bueno o muy bueno, mientras que este porcentaje se reduce al 43.91% en
el caso de los mayores de 45 años. En contrapartida las tasas de actividad serán más
elevadas y, en consecuencia, su coste de oportunidad de cuidar será más elevado.
14
La edad media del matrimonio ha pasado de 27.42 a 33.35 para los hombres, y de 24.55 a 30.46 para las mujeres.
125
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Gráfico 3. Edad media al matrimonio
40
35
30
25
20
15
10
5
0
1975
1977
1979
1981
1983
1985
1987
Hombres
1989
1991
1993
1995
1997
1999
2001
2003
2005
Mujeres
Fuente: Elaboración propia a partir de Indicadores Demográficos Básicos (INE)
Tipología de los hogares
Para analizar la evolución de los hogares españoles se ha recurrido a la Encuesta
Continua de Presupuestos Familiares (Tabla 3). Se observa una disminución en el
porcentaje de parejas con 2 ó 3 hijos, y paralelamente un incremento de las parejas sin hijos y de las familias monoparentales las cuales manifiestan el mayor avance
pasando del 0.70% en 1999 al 6.90% en el 2004. Por otra parte, el porcentaje de
hogares constituidos por una persona sola mayor de 65 años se incrementa en 2
puntos porcentuales entre 1998 y 2004.
126
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tabla 3. Distribución porcentual de los hogares españoles por tipo de hogar
2004
2003
2002
2001
2000
1999
1998
Persona sola de
menos de 65 años
5.84
4.90
5.22
4.98
4.47
4.12
3.74
Persona sola de 65
años o más
8.51
9.01
8.45
7.98
7.83
7.19
6.40
Pareja sin hijos
20.81
21.18
20.28
19.38
18.57
17.28
16.87
Pareja con 1 hijo
18.82
18.89
18.62
18.51
18.19
18.53
18.73
Pareja con 2 hijos
21.71
21.17
21.07
22.19
22.79
23.57
Pareja con 3 hijos
5.75
6.42
7.44
8.04
8.62
9.49
Un adulto con hijos
6.90
6.81
0.71
7.01
0.72
0.70
Otro tipo de hogar
11.67
11.62
11.78
0.01
12.35
12.77
Fuente: Elaboración propia a partir de Encuesta Continua de Presupuestos Familiares (INE)
Centrándonos en las formas de convivencia de los mayores de 65 años (Tabla 4),
la información del Censo de Viviendas 2001, indica que el porcentaje de mayores
que vive con una hija aumenta con la edad, mientras que ocurre lo contrario con
el porcentaje de mayores que vive con su cónyuge. También se aprecia que a medida que aumenta la edad se incrementa la preferencia por recibir cuidados de una
hija frente a los de un hijo (29% frente a 14% para los mayores de 90 años). Llama
la atención que casi una tercera parte de las personas entre 85 y 89 años vive sola.
Esto no quiere decir que no reciban cuidados informales, ya que según la Encuesta
de Apoyo Informal un 15.55% de los mayores con cuidadores familiares viven
solos. Sin embargo, sí que es cierto que el número de horas de cuidado informal
es menor (5 horas diarias de cuidado informal frente a 12 horas en el caso de mayores que no viven solos).
Es razonable pensar que los servicios sociales públicos deberían ocupar un papel
preponderante en el caso de los mayores que carecen del adecuado apoyo informal. Sin embargo, las diferencias no son tan grandes como cabría esperar. El porcentaje de mayores solos que dispone del servicio de telealarma o atención a
127
CAP.2,3
6/5/08
19:34
Página 128
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
domicilio es del 13.01%% y 12.66% respectivamente, frente al 8.06% y 10.84%,
en el caso de los que viven acompañados.
Tabla 4. Formas de convivencia de los mayores de 65 años. 2001.
Formas de convivencia
Disrtibución según edad
Solos
Con su
pareja
Con 1 hija Con 1 hijo
Con 2 o
más hijos
Otra
forma
Total
100.00
19.99
33.39
13.97
14.36
8.13
10.16
65-69
30.48
12.39
34.73
12.96
16.67
13.95
9.30
70-74
26.82
17.53
38.77
11.90
14.45
7.87
9.48
75-79
20.75
23.76
36.36
12.44
12.63
4.82
10.00
80-84
12.39
24.49
27.85
15.66
12.14
3.59
11.27
85-89
6.57
31.63
17.73
21.46
12.94
3.23
13.01
90 o más
2.99
28.55
8.24
29.93
14.47
3.68
15.13
Fuente: Elaboración propia a partir del Censo de Población 2001.
Inactivos dedicados a las labores del hogar
Más del 80% de los cuidadores son de sexo femenino15. La ocupación mayoritaria
de las cuidadoras es la dedicación a las labores del hogar. No obstante, la progresiva incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha supuesto una drástica disminución en el porcentaje de mujeres dedicadas exclusivamente a las tareas
domésticas. Para el conjunto de la población española, y según datos de la Encuesta de Población Activa (Gráfico 4), se observa una disminución en el número
de amas de casa para todas las cohortes de edad consideradas en el intervalo transcurrido entre 1994 y 2004. En el caso de la Encuesta de Apoyo Informal, el porcentaje de cuidadoras que han declarado trabajar sólo en el hogar ha pasado del
60.30% en 1994 al 52.51% en el año 2004. Esta coyuntura plantea un interrogante
sobre si la disminución en la tasa de inactividad de las mujeres dificultará la disponibilidad de cuidadores informales en el futuro.
15
128
El 83.25% de los cuidadores son mujeres, de acuerdo con la Encuesta de Apoyo Informal de 1994, y el 84.64% según los resultados para el año 2004.
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Gráfico 4. Distribución por edad del porcentaje de mujeres dedicadas a las labores del hogar (respecto al total de la población)
70
60
50
40
30
20
10
0
20-24
25-29
30-34
1994
35-39
40-44
45-49
50-54
55-59
60-64
2004
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE).
2. Comparación entre los cuidadores informales y la población española
En esta sección se realiza una comparación temporal y transversal entre las características sociodemográficas de los cuidadores y las del conjunto de la población
española. Por una parte se trata de estudiar qué diferencias existen entre ambos
grupos de individuos, y por otra, se pretende constatar si existen divergencias en la
forma en que sus respectivos perfiles han evolucionado con el paso del tiempo.
Para ello se ha utilizado como fuente de información las dos olas de la Encuesta de
Apoyo Informal correspondientes a los años 1994 y 2004, y como referente para
el conjunto de España, la Encuesta de Población Activa.
Edad y sexo
La distribución de la población española en función del sexo es casi igualitaria,
mientras que la distribución de los cuidadores se encuentra muy volcada en las
mujeres (83.63% frente a 16.37% de hombres en 2004). En la Tabla 5 se ha calcu-
129
CAP.2,3
6/5/08
19:34
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
lado el porcentaje de individuos que se encuentra en cada intervalo de edad respecto al total de 20 a 64 años. Entre 1994 y 2004 ha disminuido en 4 puntos el porcentaje de hombres y mujeres menores de 30 años, y en 2 puntos el porcentaje
con edades comprendidas entre 30 y 39 años. En comparación con la Encuesta de
Apoyo Informal, las cohortes 40-49, 50-59 y 60-64 muestran un mayor peso que
para el conjunto de la población española. Además, entre 1994 y 2004 ha disminuido en unos 8 puntos el peso de los cuidadores entre 30 y 39 años y ha aumentado en 7 puntos el intervalo de 50-59 años. Por tanto, el envejecimiento de la
muestra de cuidadores es mucho más acusado que el de la población en su conjunto. Esta circunstancia es un factor más a tener en cuenta a la hora de valorar la
carga soportada por el cuidador, ya que el estado de salud de los cuidadores de más
edad es peor respecto al de los más jóvenes16.
Tabla 5. Distribución de la población por edad y sexo
Intervalos de edad
20-29
30-39
40-49
50-59
60-64
Distribución
según sexo
Hombres
12.82
14.69
27.12
29.11
16.28
17.11
Mujeres
7.69
15.46
31.78
31.52
13.54
82.29
Hombres
9.02
5.29
39.81
36.63
9.25
16.37
Mujeres
8.92
7.96
33.43
38.22
11.48
83.63
Hombres
28.51
25.02
20.68
16.99
8.80
50.13
Mujeres
27.34
24.67
20.71
17.67
9.61
49.87
Hombres
23.93
27.30
23.09
18.28
7.40
49.87
Mujeres
23.16
26.56
23.24
19.01
8.03
50.13
Encuesta de Apoyo Informal
1994
2004
Encuesta de Población Activa
1994
2004
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004) y Encuesta de Población Activa (INE).
16
130
Mientras que un 8% de los cuidadores menores de 30 años declara padecer alguna enfermedad crónica, este porcentaje aumenta al 63% en el caso
de los cuidadores de entre 60 y 64 años.
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19:34
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tasa de actividad
Los Gráficos 5 y 6 muestran la tasa de actividad por intervalos de edad para hombres y mujeres para el periodo 1987-2004. La tasa de actividad de los hombres ha
experimentado pocas variaciones. Para los intervalos de edad 30-39 y 40-49 se encuentra muy cerca del 100%. Por el contrario, para los mayores de 60 años la tasa
de actividad ronda el 50%, como consecuencia de las prejubilaciones y la posibilidad de acogerse a la jubilación anticipada en algunos regímenes de la Seguridad
Social. La tasa de actividad de las mujeres muestra un perfil totalmente diferente.
Se aprecia un incremento durante los últimos años para los intervalos 20-29, 3039 y 40-49, alcanzando un valor máximo en 2004 del 73.6% para las mujeres de
30-39 años. Los otros dos grupos de edad se encuentran a considerable distancia
y no han mostrado una evolución tan favorable, de tal manera que la tasa de actividad para las mujeres mayores de 60 años no llega al 20%.
Gráfico 5. Tasa de actividad por grupos de edad. Hombres
20-29
30-39
40-49
50-59
2003TIV
2003TI
2002TII
2001TIII
2000TIV
2000TI
1999TII
1998TIII
1997TIV
1997TI
1996TII
1995TIII
1994TIV
1994TI
1993TII
1992TIII
1991TIV
1991TI
1990TII
1989TIII
1988TIV
1988TI
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
1987TII
CAP.2,3
60-64
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
131
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Gráfico 6. Tasa de actividad por grupos de edad. Mujeres
20-29
30-39
40-49
50-59
2003TIV
2003TI
2002TII
2001TIII
2000TIV
2000TI
1999TII
1998TIII
1997TIV
1997TI
1996TII
1995TIII
1994TIV
1994TI
1993TII
1992TIII
1991TIV
1991TI
1990TII
1989TIII
1988TIV
1988TI
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
1987TII
CAP.2,3
60-64
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
En la Tabla 6, se compara la tasa de actividad por edad y sexo de los cuidadores y
de la población española. Según datos de la Encuesta de Población Activa para el
año 2004 la distribución de la tasa de actividad en función de la edad, tanto para
hombres como para mujeres, tiene forma de U invertida, alcanzando un máximo
para el intervalo de 30 a 39 años. Para cualquier intervalo de edad, la tasa de actividad de los hombres es superior a la de las mujeres, destacando la diferencia de
casi 40 puntos porcentuales correspondientes al intervalo de 50 a 59 años de edad.
Comparando la tasa de actividad de los cuidadores con la de la población española
para el año 2004, no existen diferencias para ningún sexo en el intervalo de 20 a
29 años. Sin embargo, para los restantes tramos de edad se observa una brusca disminución de la tasa de actividad de los cuidadores. Las diferencias más acusadas
corresponden a la tasa de actividad de las mujeres. Por ejemplo: las mujeres cuidadoras de 30 a 39 años tienen una tasa de actividad de 48.44% frente a la media
de 65.36%, y la tasa de actividad de las cuidadoras de 40 a 49 años es de 28.57%
frente a 42.84% para el conjunto de la población femenina de esa misma edad.
132
CAP.2,3
6/5/08
19:34
Página 133
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Además, el hecho de que el cuidador se encuentre activo tiene implicaciones en
su nivel de vida y en el nivel de vida del dependiente al que atiende. En las dos olas
de la Encuesta de Apoyo Informal, un 60% de los cuidadores en edad de trabajar
que declararon tener problemas económicos como consecuencia de los gastos ocasionados por el cuidado estaban inactivos.
Por lo que respecta a la evolución entre 1994 y 2004, ha aumentado la tasa de actividad de los cuidadores (con la excepción de los hombres de 30 a 39 años). Sin
embargo, este incremento no se debe a la implantación de medidas específicas
para la conciliación entre trabajo y cuidados informales, sino que son consecuencia de otros factores externos que han afectado a toda la población española,
puesto que los datos de la Encuesta de Población Activa muestran la misma tendencia. De hecho conviene señalar, que la percepción de los propios cuidadores
es que en el transcurso de los últimos diez años les resulta mucho más difícil compaginar la jornada laboral con la atención del dependiente. Si nos fijamos en las
razones que argumentan los cuidadores menores de 65 para no estar trabajando,
mientras que en 1994 un 37.74% decía que “no podía plantearse trabajar fuera de
casa” y un 16.31% afirmaba que “había tenido que dejar de trabajar”, estos porcentajes ascienden al 48.64% y 23.03%, respectivamente, de acuerdo con la Encuesta de Apoyo Informal de 2004.
133
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tabla 6. Comparación de la tasa de actividad por edad y sexo.
Intervalos de edad
20-29
30-39
40-49
50-59
60-64
Hombres
65.22
96.43
95.83
73.58
26.92
Mujeres
63.44
47.03
34.22
26.16
12.74
Hombres
80.00
89.29
83.33
58.14
40.00
Mujeres
69.36
55.70
48.44
28.57
21.37
Hombres
77.76
96.69
94.93
80.02
41.09
Mujeres
64.65
61.90
48.78
28.52
15.22
Hombres
80.05
94.89
93.00
82.05
48.49
Mujeres
70.26
73.67
65.36
42.84
19.12
Encuesta de Apoyo Informal
1994
2004
Encuesta de Población Activa
1994
2004
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004) y Encuesta de Población Activa (INE).
Tasa de ocupación
Los Gráfico 7 y 8 muestran la tasa de ocupación (ocupados sobre activos por cien)
por intervalos de edad para el periodo 1987-2004. La tasa de ocupación de los
hombres de 20-29 años ha aumentado del 72% al 88% aunque siempre se ha encontrado por debajo de la tasa de ocupación correspondiente a los otros intervalos de edad. Las tasas de ocupación de las mujeres no muestran un perfil tan
compacto como el de los hombres, aunque se han ido acortando diferencias por
grupos durante los últimos años.
134
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Gráfico 7. Tasa de ocupación por grupos de edad. Hombres
20-29
30-39
50-59
2003TI
2003TIV
2002TII
2001TIII
2000TI
2000TIV
1999TII
1998TIII
1997TI
40-49
1997TIV
1996TII
1995TIII
1994TI
1994TIV
1993TII
1992TIII
1991TI
1991TIV
1990TII
1989TIII
1988TI
1988TIV
1987TII
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
60-64
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
Gráfico 8. Tasa de ocupación por grupos de edad. Mujeres
20-29
40-49
50-59
2003TI
2003TIV
2002TII
2001TIII
2000TI
2000TIV
1999TII
1998TIII
1997TI
1997TIV
1996TII
1995TIII
1994TI
30-39
1994TIV
1993TII
1992TIII
1991TI
1991TIV
1990TII
1989TIII
1988TI
1988TIV
100
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
1987TII
CAP.2,3
60-64
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE).
135
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Página 136
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
De acuerdo con la Tabla 7, la tasa de ocupación para el conjunto de la población
en el año 2004 muestra una evolución diferente dependiendo del sexo. Así, mientras que la tasa de ocupación de los hombres alcanza un máximo para el intervalo
40-49 años, la de las mujeres es siempre creciente con la edad. Entre 1994 y 2004
ha aumentado mucho la tasa de ocupación de hombres y mujeres menores de 40
años. Para el caso de las mujeres, se aprecia un incremento de 34.28 (15.18) puntos porcentuales para el intervalo 20-29 (30-39), respectivamente.
Si nos fijamos ahora en las tasas de ocupación de los cuidadores para el año 2004
son inferiores para todos los tramos de edad a las del conjunto de la población española. La evolución en el tiempo no ha sido homogénea, ya que por ejemplo en
1994 la tasa de ocupación de las mujeres menores de 30 años era del 38.89% y ha
subido al 74.30% en el año 2004, pero en el caso de los hombres menores de 30
años y la de hombres y mujeres mayores de 60 años la tasa de ocupación ha descendido al menos 10 puntos porcentuales.
En relación a los problemas que encuentran los cuidadores ocupados para atender
al trabajo dentro y fuera del hogar, la situación prácticamente no ha variado en
estos últimos años, puesto que en 1994 un 41.04% declaraba “haberse visto obligado a reducir su jornada laboral”, y en el año 2004 la cifra era del 40.01%.
136
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tabla 7. Comparación de la tasa de ocupación por edad y sexo.
Intervalos de edad
20-29
30-39
40-49
50-59
60-64
Hombres
76.48
67.34
81.14
62.04
86.55
Mujeres
38.89
65.11
73.43
76.97
76.05
Hombres
62.36
89.46
84.15
64.81
74.68
Mujeres
74.30
77.02
79.04
83.51
61.78
Hombres
69.74
84.38
88.27
86.68
90.02
Mujeres
57.25
70.65
77.55
83.14
93.26
Hombres
88.03
93.63
95.00
94.22
93.63
Mujeres
81.53
85.83
87.89
90.63
92.75
Encuesta de Apoyo Informal
1994
2004
Encuesta de Población Activa
1994
2004
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004) y Encuesta de Población Activa (INE).
Tasa de paro
En lugar de analizar la tasa de paro de forma agregada, se ha desglosado en tasa
de paro de aquellas personas que han trabajado antes y tasa de paro de los individuos que buscan su primer trabajo.
Los Gráficos 9 y 10 muestran la evolución, por intervalos de edad, de la tasa de
paro de los trabajadores que han trabajado con anterioridad. La tasa de paro de los
hombres de entre 20-29 años se mantiene siempre por encima y a considerable
distancia del resto. De hecho, con la excepción de los más jóvenes no se observa
que exista correlación entre tasa de paro y edad del trabajador. De todas formas,
las tasas de paro para todos los intervalos alcanzaron valores máximos entre 1993
y 1997, y después han ido descendiendo.
En el caso de la tasa de paro de las mujeres, se observa claramente una relación
entre menor edad y mayor tasa de paro. Si bien sólo los hombres más jóvenes al-
137
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Página 138
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
canzaron tasas de paro superiores al 20%, en el caso de las mujeres los intervalos
20-29, 30-39, y puntualmente 40-49 (en 1994) han llegado a rebasar esta cifra. A
partir del año 2000, se ha producido una disminución en las tasas de paro para
todos los intervalos de edad y un acortamiento de las distancias entre ellos.
Gráfico 9. Tasa de paro (habiendo trabajado antes) por grupos de edad. Hombres
35
30
25
20
15
10
5
20-29
30-39
40-49
50-59
2003TIV
2003TI
2002TII
2001TIII
2000TIV
2000TI
1999TII
1998TIII
1997TIV
1997TI
1996TII
1995TIII
1994TIV
1994TI
1993TII
1992TIII
1991TIV
1991TI
1990TII
1989TIII
1988TIV
1988TI
0
1987TII
CAP.2,3
60-64
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
Las tasas de paro de los cuidadores (Tabla 8) son muy superiores a las del resto de
la población española. Desgraciadamente, la Encuesta de Apoyo Informal no incluye ninguna pregunta que aclare por qué no han encontrado trabajo. Tal vez estos
trabajadores tengan mayores dificultades a la hora de encontrar trabajo si imponen
ciertas condiciones de horario o proximidad respecto a su hogar, o quizás consideran que su labor como apoyo informal del dependiente es indispensable e intenten alargar el periodo de desempleo tanto como sea posible. Desde el punto de
vista de los servicios sociales, una mayor cobertura del servicio de ayuda a domicilio y de las estancias en centros de día podría resultar muy útil para que se pudiera compaginar un trabajo estable con la labor como cuidador.
138
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Página 139
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Gráfico 10. Tasa de paro (habiendo trabajado antes) por grupos de edad. Mujeres
35
30
25
20
15
10
5
20-29
30-39
40-49
50-59
2003TI
2003TIV
2002TII
2001TIII
2000TI
2000TIV
1999TII
1998TIII
1997TI
1997TIV
1996TII
1995TIII
1994TI
1994TIV
1993TII
1992TIII
1991TI
1991TIV
1990TII
1989TIII
1988TI
1988TIV
0
1987TII
CAP.2,3
60-64
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
Los gráficos 11 y 12 muestran la tasa de paro, por intervalos de edad, de los trabajadores que buscan su primer empleo. Sólo los hombres jóvenes de entre 20-29
manifiestan una tasa de paro significativa, que ha descendido del 10% en 1987 al
2.5% en el 2004. En cambio, la tasa de paro de las mujeres de entre 20-29 años
duplica a la de los hombres, ya que alcanzaba el valor del 20% en 1987, y ha descendido al 4.3% en el 2004. Por otra parte, si bien las tasas de paro de los hombres mayores de 30 años no alcanzaban el 1%, en el caso de las mujeres, las tasas
de paro correspondientes a los intervalos 30-39 y 40-49 que eran del 4% y 2%, respectivamente en 1987, se encuentran en la actualidad rondando el 1%. La conclusión que se extrae de estos gráficos es que si bien a priori se podría esperar que
se comenzara a buscar un trabajo a edades tempranas, una vez acabado el periodo
de formación o educación, esto es así para los hombres, pero no para las mujeres.
Baste mencionar como dato curioso que la tasa de paro (en búsqueda de primer
empleo) de las mujeres de entre 50 y 59 años alcanzó un pico del 2% en 1994.
139
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tabla 8. Comparación de la tasa de paro (habiendo trabajado antes) por edad y sexo.
Intervalos de edad
20-29
30-39
40-49
50-59
60-64
Hombres
20.00
33.33
15.22
35.90
14.29
Mujeres
52.54
28.89
27.13
25.00
25.00
Hombres
37.50
12.00
16.67
28.00
33.33
Mujeres
14.71
18.18
18.71
16.36
36.00
Hombres
23.27
14.99
11.61
13.32
9.76
Mujeres
27.68
25.27
19.94
15.54
6.51
Hombres
9.45
6.14
4.91
5.74
6.33
Mujeres
14.13
12.93
11.33
8.75
7.09
Encuesta de Apoyo Informal
1994
2004
Encuesta de Población Activa
1994
2004
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004) y Encuesta de Población Activa (INE).
Gráfico 11. Tasa de paro (buscando el primer empleo) por grupos de edad. Mujeres
25
20
15
10
5
20-29
30-39
40-49
50-59
2003TI
60-64
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
140
2003TIV
2002TII
2001TIII
2000TI
2000TIV
1999TII
1998TIII
1997TI
1997TIV
1996TII
1995TIII
1994TI
1994TIV
1993TII
1992TIII
1991TI
1991TIV
1990TII
1989TIII
1988TI
1988TIV
0
1987TII
CAP.2,3
6/5/08
19:34
Página 141
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Gráfico 12. Tasa de paro (buscando el primer empleo) por grupos de edad. Mujeres
25
20
15
10
5
20-29
30-39
40-49
50-59
2003TIV
2003TI
2002TII
2001TIII
2000TIV
2000TI
1999TII
1998TIII
1997TIV
1997TI
1996TII
1995TIII
1994TIV
1994TI
1993TII
1992TIII
1991TIV
1991TI
1990TII
1989TIII
1988TIV
1988TI
0
1987TII
CAP.2,3
60-64
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
La tasa de paro de los cuidadores que buscan su primer empleo ha descendido
mucho entre 1994 y 2004, situándose la de los hombres por debajo de la tasa de
paro del conjunto de la población española. En el caso de los hombres jóvenes, una
tasa de paro tan baja se justifica de nuevo porque el papel de cuidador lo suelen desempeñar normalmente las mujeres. De hecho, mientras que solo un 13% de las mujeres encuestadas actúa como cuidadora secundaria, en el caso del los hombres de
20 a 29 años esta cifra se incrementa al 68%. Podríamos asegurar que la labor de
estos jóvenes como cuidadores es poco importante puesto que un 50% declara dedicar menos de una hora al cuidado del dependiente. Nos encontramos con que son
las mujeres las que sacrifican el momento de entrada en el mercado de trabajo en
aras de dedicar la mayor parte de su tiempo a servir como apoyo informal.
Nivel de educación
Los Gráficos 13 y 14 muestran la evolución de los niveles educativos de hombres
y mujeres para el periodo 1987-2004. En ambos casos, aunque de forma más acusada para los hombres, se aprecia una disminución en el porcentaje de población
141
CAP.2,3
6/5/08
19:35
Página 142
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
que no tiene estudios o que sólo ha terminado los estudios primarios, y un incremento en el porcentaje de estudios secundarios y superiores.
Tabla 9. Comparación de la tasa de paro (buscando el primer empleo) por edad y
sexo.
Intervalos de edad
20-29
30-39
40-49
50-59
60-64
Hombres
4.48
0
2.10
0
0
Mujeres
6.38
3.17
0.81
0
0
Hombres
0
0
0
0
0
Mujeres
6.43
1.39
0
1.57
0
Hombres
6.98
0.63
0.11
0.006
0
Mujeres
15.07
4.08
2.52
2.34
0.23
Hombres
2.52
0.23
0.09
0.04
0.02
Mujeres
4.34
1.24
0.78
0.62
0.20
Encuesta de Apoyo Informal
1994
2004
Encuesta de Población Activa
1994
2004
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004) y Encuesta de Población Activa (INE).
142
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Página 143
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Gráfico 13. Evolución del nivel de educación en España. Hombres
70
60
50
40
30
20
10
Sin estudios
Primarios
Secundarios
2003TIV
2003TI
2002TII
2001TIII
2000TIV
2000TI
1999TII
1998TIII
1997TIV
1997TI
1996TII
1995TIII
1994TIV
1994TI
1993TII
1992TIII
1991TIV
1991TI
1990TII
1989TIII
1988TIV
1988TI
1987TII
0
Superiores
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
Gráfico 14. Evolución del nivel de educación en España. Mujeres
70
60
50
40
30
20
10
Sin estudios
Primarios
Secundarios
2003TIV
2003TI
2002TII
2001TIII
2000TIV
2000TI
1999TII
1998TIII
1997TIV
1997TI
1996TII
1995TIII
1994TIV
1994TI
1993TII
1992TIII
1991TIV
1991TI
1990TII
1989TIII
1988TIV
1988TI
0
1987TII
CAP.2,3
Superiores
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE):
143
CAP.2,3
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Página 144
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
En la Tabla 10, se compara la evolución de la estructura educativa entre 1994 y
2004 para los cuidadores y para la media de la población española. De acuerdo
con la Encuesta de Población Activa, se observa una disminución en 14.56 (13.13)
puntos porcentuales en el porcentaje de hombres (mujeres) con estudios primarios
y un aumento de 10.13 (9.29) puntos, respectivamente, en el porcentaje con estudios secundarios. En el caso de los estudios universitarios, las cifras muestran un incremento para ambos sexos, siendo el porcentaje de mujeres superior al los
hombres para el año 2004 (15.10 frente a 14.16).
La distribución y evolución de los niveles educativos de los cuidadores es totalmente diferente. Los cuidadores muestran un nivel de instrucción muy inferior al
de la media española. Comparando la Encuesta de Apoyo Informal con la Encuesta
de Población Activa para 2004 observamos una diferencia a favor de la segunda de
7 puntos porcentuales en el porcentaje de individuos con estudios universitarios, y
de 26 (11) puntos en el porcentaje hombres (mujeres) con estudios secundarios.
Esta situación condiciona el nivel de ingresos presentes que pueden obtener ya que
limita el abanico de puestos de trabajo al que pueden tener acceso. También merma
el nivel de ingresos futuros, puesto que las futuras pensiones de jubilación guardan
proporción con las rentas obtenidas durante la vida laboral, y por lo que se refiere
a su trabajo como cuidadores, un menor nivel educativo puede limitar las posibilidades de adquirir una preparación específica como cuidador, o incluso restringir
el acceso a la información sobre los servicios sociales para dependientes.
Por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta de Apoyo Informal para 2004, un 5.80%
de los cuidadores sin estudios había recibido algún tipo de preparación, mientras
que este porcentaje se eleva al 28.80% en el caso de cuidadores con estudios superiores. En lo que respecta al conocimiento de los servicios sociales, un 83.33%
(78.57%) de los cuidadores con estudios universitarios declaró conocer la existencia de centros de día (servicio de telealarma). En el caso de cuidadores sin estudios
estas cifras se reducen al 42.86% y 41.96%, respectivamente.
Entre 1994 y 2004 se ha producido una disminución en el porcentaje de cuidadores sin
estudios (0.89 puntos porcentuales para los hombres y 13.82 para las mujeres), y un incremento en los niveles primarios, secundarios (sólo para las mujeres) y superiores.
144
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tabla 10. Comparación del nivel de educación por sexo.
Sin estudios
Primarios
Secundarios
Superiores
Hombres
24.52
41.53
31.98
1.97
Mujeres
29.72
41.22
25.29
3.78
Hombres
23.63
42.90
26.31
7.16
Mujeres
15.90
43.13
33.96
7.01
Hombres
2.36
45.94
42.52
9.17
Mujeres
5.52
49.12
36.41
8.95
Hombres
1.81
31.38
52.65
14.16
Mujeres
3.83
35.99
45.07
15.10
Encuesta de Apoyo Informal
1994
2004
Encuesta de Población Activa
1994
2004
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004) y Encuesta de Población Activa (INE).
Estado civil
De acuerdo con el Gráfico 15, durante los últimos 30 años, el porcentaje de casados ha disminuido en casi cuatro puntos porcentuales, mientras que el de separados/divorciados ha aumentado en dos. Según los datos de la Encuesta de Población
Activa, no se han producido grandes diferencias en la distribución por estado civil
para el conjunto de la población española. Sin embargo, sí que existen diferencias
según el sexo, ya que el porcentaje de hombres solteros es mayor que el de mujeres, y por el contrario el porcentaje de viudas es superior al de viudos. Esto último
está justificado por la mayor esperanza de vida de las mujeres. Si comparamos estos
datos con la Encuesta de Apoyo Informal (Tabla 11) se observa que hay menor proporción de solteros y mayor de casados, pero a diferencia de la Encuesta de Población Activa el porcentaje de mujeres casadas es bastante superior al de los
hombres. Esto se debe a que la mayor parte de las cuidadoras son del sexo femenino (84%), y dentro de éstas un 13.35% son cónyuges, un 59.39% hijas y un
145
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
10.84% hijas políticas. Por esta misma razón es por lo que el porcentaje de cuidadoras viudas es menor que para la población española (6% frente a 12%), puesto
que las mujeres que se han casado tienden a atender en primer lugar a su cónyuge,
pero una vez que el cónyuge ha fallecido son ellas las que pasan a recibir los cuidados17.
Gráfico 15. Distribución porcentual de la población según el estado civil
70
60
50
40
30
20
10
Soltero
Casado
Viudo
Separado/divorciado
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE)
17
146
El 66% de las mujeres que recibe cuidados es viuda (Encuesta de Apoyo Informal, 2004).
2003TIV
2003TI
2002TII
2001TIII
2000TIV
2000TI
1999TII
1998TIII
1997TIV
1997TI
1996TII
1995TIII
1994TIV
1994TI
1993TII
1992TIII
1991TIV
1991TI
1990TII
1989TIII
1988TIV
1988TI
0
1987TII
CAP.2,3
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tabla 11. Comparación del estado civil por sexo.
Soltero
Casado
Viudo
Separado/divorciado
Hombres
26.70
68.05
2.41
2.84
Mujeres
13.57
78.59
5.43
2.41
Hombres
27.75
69.56
0.75
1.95
Mujeres
12.29
77.76
6.01
3.95
Hombres
34.85
61.36
2.69
1.10
Mujeres
27.65
57.83
12.37
2.16
Hombres
34.31
60.79
2.64
2.26
Mujeres
26.56
57.34
12.42
3.68
Encuesta de Apoyo Informal
1994
2004
Encuesta de Población Activa
1994
2004
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004) y Encuesta de Población Activa (INE).
4. Modelo econométrico: preferencia por los cuidados informales en el futuro
En las Encuestas de Apoyo Informal para los años 1994 y 2004 se preguntaba a los
cuidadores que ordenasen por orden de preferencia las actuaciones que, a su juicio, deberían poner en práctica las Administraciones Públicas para apoyar a los
cuidadores informales (Tabla 12).
147
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Tabla 12. Preferencia de los cuidadores sobre las actuaciones que deberían llevar
a cabo las Administraciones Públicas
Encuesta 1994 (N=1702)
Encuesta 2004 (N=1504)
1ª
2º
3ª
1ª
2º
3ª
Salario mensual para el cuidador
61.52
11.64
7.31
31.90
20.78
11.35
Reducción de la jornada laboral para
los cuidadores
4.39
10.04
5.41
1.78
4.91
6.66
Deducciones fiscales
2.98
11.58
9.79
0.40
2.92
5.25
Servicio de ayuda a domicilio
14.07
30.70
19.52
39.14
20.29
13.30
Estancias temporales en residencias
1.56
4.63
10.02
2.78
7.62
6.19
Centros de día
1.92
3.42
10.97
7.24
13.72
12.89
Telealarma
-
-
-
3.33
4.87
7.64
Residencia
-
-
-
3.89
5.91
6.99
Fuente: Elaboración propia a partir de las Encuestas de Apoyo Informal (Imserso,
1994 y 2004). Las opciones “telealarma” y “residencia” no se incluyeron en la Encuesta de Apoyo Informal de 1994.
Se observa un gran cambio en la forma de pensar de las personas dedicadas al
apoyo informal. Así, en 1994 un 61.52% de los entrevistados consideraba que la
medida más urgente era la implantación de un salario mensual para los cuidadores, mientras que en el año 2004 dicho porcentaje se redujo al 31.90%. En cambio, el servicio de ayuda a domicilio era considerado como prioritario en 1994 por
un 14.07% de la muestra, mientras que en el año 2004 este porcentaje se eleva al
39.14%. El mismo comportamiento se observa con la posibilidad de jornada laboral reducida para los trabajadores y con las deducciones fiscales. Esta evolución
en la forma de pensar denota que en 1994 el cuidador quería recibir apoyo en
forma de tiempo libre o remuneración económica, que le facilitaran continuar desempeñando su labor como cuidador como fuente de ayuda única y principal. En
cambio, en el año 2004 el cuidador informal manifiesta un claro deseo de recibir
ayuda complementaria en el hogar por parte de los servicios sociales.
148
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
Además, el número de cuidadores que ha declarado que prefiere la construcción
de más centros de día es superior a los que anteponen la opción de una residencia. Por encima de la ayuda formal fuera del hogar el cuidador informal quiere que
la persona dependiente siga viviendo en el hogar, pero reconoce que necesita de
ayuda externa para seguir adelante. Con el propósito de indagar acerca de quiénes
serán los cuidadores (formales o informales) del futuro, la Encuesta de Apoyo Informal pregunta a los cuidadores entrevistados si en caso de necesitar ayuda
cuando fueran mayores, quiénes desearían que se la proporcionaran (Tabla 13).
Tabla 13. Respuesta del cuidador a la pregunta “¿Quién preferiría que lo cuidase
cuando fuera mayor?”
Encuesta 1994 (N=1702)
Familia (esposo/a, hijo/a, otros familiares)
Encuesta 2004 (N=1504)
72.9
68.2
Amigos o vecinos
0.1
0.2
Profesionales de los Servicios Sociales Públicos
2.3
6.0
Profesional pagad por usted
4.8
2.9
Familia y Servicios Sociales
1.4
2.1
Residencia privada
(*)
7.4
Residencia pública
8.5
4.3
10.0
8.9
No sabe
Fuente: Elaboración propia a partir de Encuestas de Apoyo Informal (Imserso, 1994
y 2004).
(*): para el año 1994 las respuestas “profesional pagado por usted” y “residencia privada” aparecen englobadas bajo la misma opción.
En los diez años que separan la realización de ambas encuestas se han producido
algunos cambios en las preferencias. La importancia de los cuidados proporcionados exclusivamente por la familia disminuye en algo más de 4 puntos porcentuales. Por otro lado, aumenta en 3.7 puntos la confianza depositada en los
profesionales de los servicios sociales públicos y disminuye en 1.9 el deseo de
149
CAP.2,3
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El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
pagar a un profesional de la asistencia privada. Al igual que en la Tabla 12, se aprecia un claro deseo de permanecer en el hogar tanto tiempo como sea posible, ya
que se incrementa la cifra de personas que desean ser atendidas simultáneamente
por la familia y los servicios sociales, y además la opción de trasladarse a una residencia pública experimenta un descenso de 4.2 puntos porcentuales. Además de
contestar quién les gustaría que les cuidara en el futuro, se ha preguntado a los cuidadores dónde les gustaría vivir si necesitasen cuidados permanentes (Tabla 14).
Tabla 14. Respuesta del cuidador a la pregunta:
“¿Dónde le gustaría vivir si necesitase cuidados permanentes?”
Encuesta 1994 (N=1702)
En su propia casa
En casa de algún hijo o familiar
En una residencia de mayores
Otra opción
Encuesta 2004 (N=1504)
64.6
70.6
11.1
5.6
20.2
17.3
4.1
6.5
Fuente: Elaboración propia a partir de Encuestas de Apoyo Informal (Imserso, 1994
y 2004)
Comparando los porcentajes para las dos olas de la Encuesta de Apoyo Informal se
observan dos tendencias contrapuestas. Por un lado, un aumento de 6 puntos porcentuales de los cuidadores que desean vivir en su propia casa. Por otra parte, una
reducción de 5.5 y 2.9 puntos, respectivamente, en el porcentaje de personas que
desearían trasladarse a casa de un familiar o una residencia de forma permanente.
Estos hechos revelan una nítida preferencia por recibir los cuidados, tanto formales como informales, pero siempre en el hogar del dependiente.
A continuación nos proponemos estimar un modelo que explique cuáles son las razones subyacentes a la preferencia por un tipo determinado de cuidado. Para ello
hemos definido una variable binaria, que toma el valor uno si el cuidador desearía que
en el futuro le cuidaran sus familiares (esposo/a, hijo/a, otros familiares) y toma el valor
cero cuando recurriría a una de las siguientes opciones: servicios sociales públicos (ser-
150
CAP.2,3
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19:35
Página 151
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
vicio de atención a domicilio, telealarma, centro de día), un profesional pagado por
el dependiente, una residencia pública o una residencia privada. A continuación se
ha estimado un modelo logit, utilizando como variables independientes el sexo y la
edad del cuidador (que en el futuro será dependiente), el nivel de estudios, el estado
civil, la relación con la actividad económica, el número de hijos, las características de
la ayuda informal que ha prestado, la recepción de alguna clase de ayuda formal y los
problemas que ha experimentado como consecuencia de ser cuidador18.
En las regresiones no se han utilizado todas las observaciones, sino que con el propósito de obtener unas preferencias lo más claras posibles, se ha excluido a los
cuidadores que declararon que desearían ser atendidos por amigos (ya que aunque
pertenecen a los denominados cuidadores informales se encuentran fuera del núcleo familiar) y también a los que afirmaron que desearían ser cuidados de manera
indistinta tanto por la familia como por los servicios sociales públicos. De esta
forma, se dispone de 1503 observaciones para el año 1994 y 1329 para el 2004,
en lugar de las muestras iniciales de 1702 y 1504 observaciones, respectivamente.
La Tabla 15 muestra la probabilidad de que un cuidador promedio19 prefiera recibir cuidados informales en caso de necesitarlos en el futuro, y la variación porcentual respecto al caso base cuando cada una de las variables explicativas toma
el valor uno20. Lo primero que se observa es que la probabilidad de preferir cuidados informales ha diminuido, pasando de 0.8538 en 1994 a 0.7829 en el año 2004.
La edad del cuidador ejerce una influencia significativa y negativa sobre la preferencia de los cuidados informales. Esta circunstancia no implica una sustitución
de atención informal por formal, sino más bien una relación de complementariedad o subsidiariedad entre ambos tipos de cuidados. La razón es que los cuidadores de más edad se encuentran más implicados en las tareas del cuidado y se dan
cuenta de que a veces es necesario soportar una carga muy pesada. Según la En-
18
No se ha incluido información sobre las rentas mensuales del hogar porque esta variable está disponible para la encuesta del año 1994, pero sin embargo no aparece en la encuesta de 2004.
19
La probabilidad del individuo promedio se obtiene tomando el valor medio para cada una de las variables explicativas, multiplicando por los coeficientes estimados en el modelo logit y calculando el valor que toma la función logística en ese punto.
20
Todos los regresores son variables binarias que toman el valor uno en caso de producirse el suceso y cero en caso contrario.
151
CAP.2,3
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Página 152
El Perfil de los cuidadores informales: Presente y Futuro
cuesta de Apoyo Informal de 2004, un 53% de los cuidadores mayores de 60 años
dedica más de 8 horas diarias a cuidar al dependiente, mientras que en el caso de
los cuidadores de menos de 30 años este porcentaje es del 21%. Por esta razón,
puede que piensen que si ellos mismos necesitaran atención en su vejez no querrían que todo el trabajo recayese únicamente sobre su familia.
Los cuidadores no casados (solteros, viudos, separados) demuestran una menor
preferencia por recibir cuidados informales. Este resultado es bastante plausible,
puesto que ellos mismos se dan cuenta de que es muy difícil recibir atención de la
familia (al menos de familiares de primer grado) si no se tiene cónyuge (o ha fallecido o se ha separado del mismo) y si no se tienen hijos.
En cuanto a la relación con la actividad económica, esta variable no era significativa
en la regresión realizada para el año 1994, pero en el año 2004 se aprecia un cambio de mentalidad puesto que los cuidadores ocupados, parados o jubilados demuestran una menor preferencia por los cuidados informales que aquellos dedicados
a las labores del hogar (categoría omitida). Puede que mientras que hace 10 años existía una mentalidad común a todos los cuidadores, más anclada en la familia como núcleo cerrado proveedor de cuidados a los dependientes, en la actualidad, aquellos
cuidadores que han tenido la oportunidad de desarrollar carreras profesionales se dan
cuenta de que es necesario disponer de cierto tiempo para su realización personal en
el trabajo. Además, el trabajo fuera del hogar redunda en beneficio del dependiente,
porque el cuidador se siente más dispuesto a aprovechar las horas de cuidado, y para
poder compaginar trabajo y familia decide recurrir a los servicios sociales.
Ya hemos mencionado anteriormente que el cuidador conoce de primera mano los
sufrimientos y limitaciones derivados de cuidar a una persona que está enferma,
pero también es cierto que muchos de ellos afirman que obtienen una recompensa:
descubren nuevas facetas de su personalidad, encuentran apoyo en sus convicciones religiosas...., por esta razón hemos introducido en las regresiones algunas características del cuidado proporcionado por el cuidador, para saber si la realidad a
la que se enfrenta cada día condiciona su opinión sobre el futuro. De esta manera,
observamos que para 1994 no aparecen como significativos el hecho de ser el
único o principal cuidador, que la ayuda que se preste sea permanente o que el cuidador se haya ofrecido de forma voluntaria. En cambio, en el año 2004, los cui-
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dadores que atienden de forma principal al dependiente muestran una mayor propensión a demandar cuidados informales en el futuro.
Tal y como hemos comentado en la sección 2, la disminución de la tasa de natalidad
condicionará la disponibilidad de cuidadores informales dentro de unos años. Este
mismo resultado se observa en las regresiones puesto que las variables dicotómicas
que miden el número de hijos eran significativas en 1994 y dejan de serlo en el 2004.
En relación al nivel de educación, los cuidadores que han completado los estudios
secundarios manifiestan una menor preferencia por los cuidados informales que
aquellos que no tienen estudios (categoría omitida). Este hecho puede estar justificado por dos razones: en primer lugar, porque existe una elevada correlación entre
el nivel de educación de los cuidadores actuales y el de sus descendientes, y a mayor
nivel educativo mayores posibilidades de estar ocupado21, de manera que los padres
se dan cuenta del coste de oportunidad al que se enfrentarían sus hijos si tuvieran
que renunciar a su trabajo para cuidarles a ellos. En segundo lugar, un mayor nivel
educativo puede indicar una mayor disposición sobre alternativas al cuidado informal, tales como centros de día, servicio de telealarma o de atención a domicilio.
En cuanto a los problemas a los que se enfrenta el cuidador como resultado de cuidar al dependiente, los problemas laborales, con la familia, de salud o económicos no resultan significativos a la hora de valorar la preferencia por los cuidados que
desearía recibir. Sin embargo, para ambos años se observa que aquellos cuidadores cuya salud se ha deteriorado a raíz de prestar cuidados (depresión, insomnio,
problemas de huesos...) no quieren que otras personas de su entorno sufran lo
mismo que ellos y manifiestan una mayor voluntad de recibir cuidados formales.
Finalmente, en relación con la utilización previa de cuidados formales públicos o
privados, en ambas regresiones los cuidadores que han completado sus cuidados
con la contratación de empleados privados declaran una menor preferencia por re-
21
Para el año 2004, el 38% de los cuidadores con estudios secundarios se encontraba ocupado, mientras que sólo estaban trabajando el 8% de los cuidadores que ni siquiera tenían estudios primarios.
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cibir únicamente cuidados informales si ellos necesitasen atención en el futuro. Respecto a los servicios públicos para dependientes, en 1994 no resultan significativas
la ayuda técnica, personal o de centro22. En cambio, para el año 2004 se observa que
aquellos cuidadores que han completado sus cuidados con cualquier tipo de ayuda
personal se sienten más proclives más recibirlos si ellos los necesitasen en el futuro.
Podríamos resumir los cambios que se han producido en la mentalidad de los cuidadores informales diciendo que aunque la preferencia por los cuidados informales
sigue siendo muy fuerte, aquellos cuidadores que han desarrollado una carrera laboral o que han conocido de primera mano los servicios de atención a domicilio, declaran una mayor voluntad de combinar cuidados formales e informales si ellos los
llegasen a necesitar. Por tanto, parece que el conocimiento de las ayudas disponibles
se erige como variable clave en la constitución de las preferencias personales.
5. Conclusiones
Como se ha visto en la sección precedente, cuando se pregunta a los cuidadores
informales por el tipo de cuidados que les gustaría recibir en el futuro, en caso de
necesitarlos, se observa que se ha producido un cambio en los últimos diez años,
puesto que en 1994 la mayoría de ellos prefería que las personas que los atendiesen fuesen de su familia, mientras que en el año 2004 ha surgido una preferencia
por combinar cuidados informales con cuidados formales. La única característica
que se mantiene a lo largo de los años es la voluntad de permanecer en el hogar
el mayor tiempo posible. En este sentido, la Ley de Autonomía y Atención a la Dependencia puede ser muy útil para prolongar la estancia en el domicilio familiar en
las mejores condiciones posibles, al incluir dentro del Catálogo de Servicios del Sistema, los servicios de prevención y promoción de la autonomía personal. Dichos
servicios tienen por objeto prevenir el agravamiento del nivel de dependencia y
ayudar a mantener la capacidad para la realización de las actividades básicas de
la vida diaria. También existe la posibilidad de contratar un servicio de asistencia
personal que facilite al beneficiario una vida más autónoma. Para el año 2007, en
el cual ha entrado en vigor la protección para las personas que se encuentran en
22
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Se entiende por ayuda técnica la ayuda para adaptación de la vivienda, cama articulada a domicilio y silla de ruedas; por ayuda personal, la atención
en el domicilio para tareas del hogar y cuidados personales, las visitas de acompañamiento y el servicio de comida y lavandería a domicilio; y por ayuda
de centro, la atención durante el día en centros para mayores y las estancias temporales en residencias.
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el grado III de dependencia, la cuantía de la prestación será de 780 euros para el
nivel 2 y de 585 euros para el nivel 1, como máximo23.
Por otra parte, respecto a los cuidadores informales, se ha comprobado a lo largo
del capítulo que la tasa de actividad y ocupación es inferior al del resto de la población española. Estas personas están prestando un servicio muy valioso, pero por
el cual no reciben contraprestación alguna. Por esta razón, la Ley de la Dependencia ha creado la figura del “cuidador no profesional”24 y regulado su situación
dentro de la Seguridad Social. De acuerdo con el Real Decreto 615/2007, de 11 de
mayo, de ahora en adelante los cuidadores informales que sean reconocidos como
“cuidadores no profesionales”25 tendrán derecho a recibir las prestaciones de jubilación, incapacidad permanente, muerte y supervivencia. Por otra parte, a los
cuidadores no profesionales se les facilitará acceso a programas de formación26,
información, y periodos de descanso.
Además, de acuerdo con el artículo 4.2 de este Real Decreto, cuando la persona
que ejerce como “cuidador no profesional” haya interrumpido su actividad profesional27, por la cual hubiera estado incluido en el Sistema de la Seguridad Social,
podrá mantener la base de cotización del último ejercicio en dicha actividad, y en
los casos en que el cuidador se haya visto obligado a reducir su jornada laboral28
para atender al dependiente podrá recuperar la base de cotización por la que venía
cotizando antes de reducir su jornada.
23
24
25
26
27
28
El importe correspondiente a cada beneficiario se determinará aplicando un coeficiente reductor según su capacidad económica sobre la cantidad vigente cada año, de acuerdo con lo establecido por la Comunidad Autónoma correspondiente.
Se incluyen dentro de la denominación de “cuidador no profesional” al cónyuge o pariente por consanguinidad, afinidad o adopción hasta el tercer grado
de parentesco. En casos excepcionales, se admitirá a una persona del entorno, que aunque no tenga relación de parentesco, resida en el mismo municipio que el de la persona con dependencia o en uno cercano.
No existirá obligación de suscribir el convenio cuando el cuidador esté percibiendo prestación por desempleo, jubilación, incapacidad permanente, o
cuando se trate de un pensionista de viudedad o a favor de familiares, o cuando tenga más de 65 años. Tampoco si el cuidador está disfrutando de periodos de excedencia laboral en razón de cuidado de familiares, que tengan la consideración de periodos de cotización efectiva.
Hasta ahora el porcentaje de cuidadores que había recibido algún tipo de formación era muy escaso: 6.5% en 1994 y 10% en 2004. En la mayoría de
los casos, la recepción de estos cursillos venía ligada a la pertenencia a asociaciones de apoyo a familiares de dependientes con una determinada enfermedad. El artículo 4.4 establece que se cotizará por formación profesional un 0.2% de la base de cotización.
En 1994, un 4.54% de los cuidadores se habían visto obligados a dejar de trabajar, mientras que en 2004 la cifra ascendía al 30.75%.
Un 16.99 % de los cuidadores ocupados entrevistados en la Encuesta de Apoyo Informal de 1994 habían reducido su jornada, y en el 2004 el porcentaje era de 16.70%.
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Tabla 15. Preferencia de los cuidadores por recibir cuidados informales en el futuro.
1994
Variación %
respecto al CB
2004
Variación %
respecto al CB
t
t
Caso Base
0.8538
1.33
0.7829
Hombre
0.0317
1.33
0.0515
1.61
De 35 a 44
-0.2300
-3.40
-0.2351
-3.28
De 45 a 54
-0.3066
-4.85
-0.2159
-3.27
De 55 a 65
-0.2228
-3.27
-0.2068
-2.91
-0.2311
-3.05
-0.1339
-1.71
Primarios
-0.0392
-1.56
0.0040
0.11
Secundarios
-0.0757
-2.25
-0.0794
-1.92
Superiores
-0.0912
-1.25
-0.0973
-1.40
Soltero
-0.0234
-0.62
-0.1668
-3.66
Separado
-0.2162
-2.49
-0.0399
-0.59
Viudo
-0.1165
-1.96
-0.0691
-1.13
Ocupado
-0.0087
-0.34
-0.0655
-1.94
Desempleado
-0.0060
-0.11
-0.1209
-2.03
Jubilado
-0.0607
-1.09
-0.0775
-1.77
Ayuda única
-0.0166
-0.60
0.0351
0.94
Ayuda principal
0.0388
1.45
0.0976
2.93
Edad
65 y más
Nivel de estudios
Estado civil
Relación con la actividad económica
Características de la ayuda
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Tabla 15. Preferencia de los cuidadores por recibir cuidados informales en el futuro. (cont.)
Ayuda permanente
0.0173
0.54
0.0104
0.27
Ayuda voluntaria
0.0114
0.61
0.0393
1.57
1
0.0962
4.61
0.0309
1.02
2
0.1315
5.42
-0.0427
-1.11
3 y más
0.1839
7.22
0.0062
0.05
En el trabajo
0.0252
1.19
-0.0261
-0.92
Con la familia (hijos, esposo)
0.0370
1.61
-0.0086
-0.24
-0.0800
-3.63
-0.0564
-2.17
0.0036
0.14
0.0527
1.66
Ayuda técnica
-0.0304
-0.77
-0.0219
-0.91
Ayuda personal
-0.0014
-0.03
-0.1006
-1.74
Ayuda centro
-0.0047
-0.06
0.0048
0.06
Número de hijos
Problemas como consecuencia de ser cuidador
De salud
Económicos
Ayuda formal
Efectos
estimación
de un modelo
Empleadomarginales obtenidos a partir de la -0.1777
-2.05
-0.0960logit utili-1.77
zando los pesos muestrales proporcionados en la encuesta. Variables omitidas:
menos
de 35 años, sin estudios, casado, dedicado
hogar, sin hijos.
Log likelihood
-622.0975 a las labores del
-675.6573
R2
Nº observaciones
0.1100
0.0705
1503
1329
Efectos marginales obtenidos a partir de la estimación de un modelo logit utilizando los pesos muestrales proporcionados en la encuesta. Variables omitidas:
menos de 35 años, sin estudios, casado, dedicado a las labores del hogar, sin hijos.
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Capítulo
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4
Métodos de
Valoración de
Cuidados
Continuos
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Métodos de Valoración de Cuidados Informales
CAPÍTULO 4:
MÉTODOS DE VALORACIÓN DE CUIDADOS INFORMALES
Juan Oliva y Rubén Osuna
1. Introducción
Conjuntamente con las muertes, las pérdidas en la calidad de vida y el dolor de pacientes y familiares que ocasiona una enfermedad, es posible identificar otros indicadores que ayudan a una mayor comprensión del impacto social de ésta. Así, se
puede identificar, medir y valorar los recursos empleados en la prevención y tratamiento del problema de salud en cuestión. Se denominan costes directos sanitarios,
a aquellas inversiones en recursos en atención primaria, atención especializada,
hospitalizaciones, medicamentos y programas de carácter preventivo que tratan de
reducir en lo posible el impacto en la salud de las personas que sufren o podrían
sufrir una enfermedad. Sin embargo, existen otros costes adicionales que suponen
pérdidas de bienestar social y también merecen atención. Los costes indirectos
hacen referencia al impacto sobre la productividad laboral que ocasiona una enfermedad, lo cual supone no sólo pérdidas personales sino también sociales. Asimismo, existen otros costes sociales no sanitarios de extraordinaria importancia
cuando consideramos enfermedades crónicas que pueden ocasionar discapacidad.
Así, los cuidados a personas dependientes por parte de profesionales (costes formales) o de familiares o amigos (cuidados informales) aun no siendo estrictamente sanitarios sí se relacionan con la pérdida de bienestar social que genera las
situaciones de dependencia.
Desde una perspectiva temporal, los trabajos publicados en la literatura internacional se centraban en principio en los costes en que incurría el sistema sanitario
en su conjunto (perspectivas del sistema Nacional de Salud) o un determinado proveedor de servicios sanitarios (perspectiva del proveedor) (Stone, Chapman, Sandberg, et al., 2000). En ambos casos no se incluían todos los costes relevantes
relacionados con la enfermedad. En los últimos años, la importancia de este tipo
de recursos se ha puesto de manifiesto y los trabajos han tendido a adoptar un
punto de vista más comprehensivo, la perspectiva social. Por punto de vista o pers-
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pectiva social se entiende aquella valoración económica en la cuál se han considerado todos los recursos que directa o indirectamente se ven afectados por la evolución de la enfermedad independientemente de quienes sean los individuos o
entidades que lo aportan.
Desde la perspectiva económica, parece poco discutible la necesidad de identificar, medir y valorar los costes de los cuidados informales asociados a la atención
a personas en situación de dependencia (Luce, Wanning, Siegel, et al., 1996). En
primer lugar, el tiempo dedicado por los cuidadores informales tiene un coste de
oportunidad a nivel individual. El emplear dicho tiempo en dotar de cuidados a
una persona implica la renuncia a tiempo de empleo remunerado, no remunerado
(trabajo doméstico) o del propio ocio del cuidador. En segundo lugar, la prestación
de los cuidados supone la asunción privada de unos costes que el sistema público
se ahorra. Por ello, adoptar una perspectiva amplia es conveniente para revelar el
verdadero impacto de un problema de salud (o, cuando menos, aproximarnos al
mismo) y dotar a los decisores de información de orden práctico, que sirvan de
ayuda a la toma de decisiones sobre la asignación de recursos sociosanitarios, minimizando en lo posible recomendaciones erróneas (Russell, Siegel, Daniels et al,
1996; Drummond, O’Brien, Stoddart et al., 1997).
Identificar, medir, valorar
Un serio problema que debe abordar el investigador que analice la importancia de
los cuidados informales en un estudio sobre el impacto económico de un problema
de salud es la falta de unos métodos suficientemente estandarizados, así como la
escasa disponibilidad de datos apropiados.
El primer problema que deberá resolver es definir con precisión qué se entiende por
cuidado informal. A continuación, se ha de medir adecuadamente el tiempo de
cuidados que han sido prestados a la persona que padece una o varias discapacidades. Finalmente, se ha de estimar los costes asociados a dichos cuidados, esto es,
se ha de valorar adecuadamente el impacto económico que supone la prestación
de los cuidados.
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Identificar
La definición de cuidado informal no es sencilla ni obvia. Generalmente, estos cuidados son un servicio de naturaleza heterogénea, que no tiene un mercado definido y que es prestado por uno o más miembros del entorno social del demandante
de dichos cuidados, quienes generalmente no son profesionales y que no reciben
habitualmente ningún tipo de remuneración por sus servicios. En relación al primer
punto, conviene distinguir entre dos tipos de actividades de apoyo realizadas por
los cuidadores: las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) y las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD). Las ABVD son el conjunto de actividades primarias de la persona, encaminadas a su autocuidado y movilidad, que le dotan de
autonomía e independencia elementales y le permiten vivir sin precisar ayuda continua de otros. Entre otras actividades incluiría: comer, vestirse, bañarse/ducharse,
controlar los esfínteres, usar el retrete a tiempo, trasladarse, etc. Las AIVD son aquellas que permiten a la persona adaptarse a su entorno y mantener una independencia en la comunidad. Incluirían actividades tales como: cocinar, cuidar la casa,
realizar llamadas telefónicas, hacer la comprar, utilizar medios de transporte, controlar la medicación, realizar gestiones económicas, etc.
La Encuesta de Apoyo Informal a Personas Mayores, realizada por el IMSERSO en
el año 2004 nos muestra un claro ejemplo de la diversa naturaleza de los cuidados prestados. Entre las tareas posibles a realizar por el cuidador, incorpora: dar de
comer; vestir/desvestir; asear/arreglar; ayudar a andar por la casa; ayudar a moverse (por invalidez); cambiar pañales por incontinencia de orina o fecal; ayudar a
acostarse/levantarse de la cama; ayudar a bañarse/ducharse; ayudar a utilizar el
servicio/baño a tiempo; hacer compras; preparar comidas; hacer otras tareas domésticas; ayudar a tomar medicación; ayudar a utilizar el teléfono; ayudara a salir
a la calle/desplazarse por la calle; ayudar a utilizar el transporte público; administrar el dinero; realizar gestiones; ir al médico; abrochar los zapatos.
Como puede comprobarse, el conjunto de tareas concreto que realiza el cuidador
puede ser muy diverso en su composición, intensidad y duración en el tiempo. Por
tanto, los cuidados informales son un producto heterogéneo, formado por distintos tipos de servicios, algunos de naturaleza genéricamente asistencial y doméstica,
mientras que otros pueden considerarse más especializados y de carácter cercano
al sanitario. También es importante acotar que las tareas señaladas pueden estar
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presentes en la actividad de un cuidador informal o no. Ello dependerá del grado
de deterioro físico, mental y cognitivo de la persona cuidada, así como de la existencia o no de un cuidador profesional parte del tiempo, o en exclusividad. En sentido estricto, algunas de las tareas señaladas no son cuidados personales
propiamente dichos, sino tareas del hogar. La decisión de incluir o no dichas tareas
como parte de los cuidados puede depender de si las mismas eran ya realizadas o
no en las mismas condiciones de duración e intensidad por parte del cuidador. Por
ejemplo, si el cuidador tiene que hacer la comida a la persona dependiente o realizar tareas domésticas, la definición de esta actividad como cuidado informal dependería de si la misma era realizada con habitualidad o no antes de que la persona
cuidada padeciera la situación de dependencia. En el caso de otras actividades
(ayuda para moverse, asearse, utilizar el baño,…), no existirá tal disyuntiva.
Otros elementos a precisar en la definición de los cuidados es la evolución en la
propia composición de las tareas. Ésta puede variar conforme la enfermedad evoluciona y las discapacidades asociadas cambian. Asimismo, el propio objetivo del
estudio puede aconsejar una definición más estricta o más laxa de lo que entendemos por cuidado. Por ejemplo, puede ocurrir que el cuidador y la persona con discapacidad no cohabiten en el mismo hogar. El tiempo de desplazamiento del
cuidador al hogar de la persona discapacitada no sería un cuidado personal, pero
sí entraría dentro de la definición de cuidado informal si estamos interesados en el
estudio de la carga que soporta el cuidador y del coste de su tiempo.
Otro aspecto a destacar es que la carga de cuidados informales puede distribuirse
entre más de una persona. Entre las personas involucradas en el cuidado es conveniente identificar a aquella en concreto sobre la que descansa la mayor parte de la
carga de cuidados (el cuidador principal) y diferenciarla del resto de cuidadores. Lógicamente las relaciones familiares y sociales condicionan mucho la decisión del
cuidado informal. Así, el cuidador principal suele pertenecer al entorno familiar
de la persona con discapacidad y compartir el hogar con él (cónyuge) o tener una
relación familiar directa (hijo/hija).
Finalmente, hemos señalado que los cuidadores informales no son generalmente
profesionales y no suelen percibir remuneración por los servicios que prestan, más
allá de algún tipo de compensación simbólica. En principio, la percepción de una
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compensación económica no excluye directamente la posibilidad de considerar
un cuidado como informal si el cuidador estuviera dispuesto a cuidar a otra persona
(desconocida para él) por ese dinero. La clave está en que es la vinculación familiar o social con la persona que sufre una discapacidad el hecho determinante para
que el cuidador informal acepte realizar esa tarea. Cuando el cuidador acepta cuidar a un desconocido, incluso gratis, estamos no ante un cuidador informal, sino
ante un voluntario. Si percibe una remuneración de la que vive, es un cuidador
profesional. Dicho lo cual, si no está clara la vinculación entre cuidador y persona
cuidada, un criterio de prudencia sería considerar únicamente a los cuidadores
que no reciben ningún tipo de remuneración por sus servicios.
Medición de las horas de cuidado
Una vez que se ha llegado a un acuerdo sobre cómo definir y qué debemos incluir
como cuidado informal, la siguiente fase debería consistir en medir las horas de
cuidado prestadas29. Para ello podemos recurrir a tres alternativas de medición: el
método del diario, el método del recuerdo y la pregunta directa. Asimismo, un
elemento importante a tomar en consideración será si existe un único cuidador o
varios.
El método de la pregunta directa consiste en preguntar cuántas horas de cuidado
se dedican a la semana, una vez que se ha especificado en qué consisten las tareas
de cuidado (véase el subapartado de definición). El periodo de referencia de la pregunta puede ser el día (como en el caso de la Encuesta de Apoyo Informal a Personas Mayores) o la semana (como en el caso de la Encuesta de Discapacidades,
Deficiencias y Estado de Salud). Razonablemente, la semana debiera marcar el límite máximo considerado. En caso contrario (mes, trimestre, año), la dificultad de
la pregunta para el cuidador haría que la respuesta del mismo fuera poco fiable. Este
sistema es criticable en la medida en que, si no se detalla tarea a tarea, es susceptible de no ajustar correctamente el tiempo prestado de cuidados.
29
Algunos problemas metodológicos competen tanto a la definición como a la medición de los cuidados. Algunos de estos problemas ya han sido brevemente comentados en el apartado anterior, como serían la distinción entre cuidado informal y desempeño de las tareas normales del hogar, o la existencia de varios cuidadores. Otros, como la posibilidad de realizar producción conjunta tareas con múltiples beneficiarios, entre ellos el propio cuidador
y la persona con discapacidad) se comentan en este apartado (véase Juster, 1985, y Juster and Stafford, 1991, para una amplia revisión metodológica).
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Un segundo método de medición de cuidados es el conocido como método del
diario. Este método se considera el “patrón oro” o “gold estandar” por el cuidado
expresado en recoger con todo detalle cada una de las tareas realizadas por el cuidador y el tiempo exacto de duración de cada una de las mismas (véase van der
Berg y Spauwen, 2006). El método empleado es similar al de varias encuestas de
consumo. Consiste en llevar un diario en que se especifica qué tareas realiza el
cuidador en cada momento del día. En el apéndice 1 se ha plasmado un diario a
modo de ejemplo para el lector. Este método es el único de los tres comentados que
nos permite controlar la producción conjunta de tareas. La producción conjunta
consiste en hacer más de una tarea a la vez, alguna de ellas con algún componente
de cuidado informal. El problema es cómo separar el tiempo total de cuidado informal del resto. Podemos pensar en tareas de compañía o vigilancia de personas
con algún tipo de enfermedad mental, y que se pueden simultanear con otras tareas, o incluso con alguna forma de ocio (como ver la televisión o leer un libro).
La principal crítica que puede realizarse a este método es que, precisamente debido
a su exhaustividad, puede presentar problemas de aplicación práctica. Es decir, un
cuidador sometido a una fuerte carga en cuanto a horas e intensidad en las tareas
que presta puede ser poco proclive o tener problemas para cumplimentar un cuestionario tan exigente por falta de tiempo y que sea más difícil involucrar a cuidadores secundarios. Ello puede hacer que el número de encuestadores que se
sometan a un cuestionario de estas características no sea representativo de la población de cuidadores objeto de estudio.
En tercer lugar, ocupando una posición intermedia entre los métodos comentados
se encontraría el método del recuerdo. En este caso, le pedimos al cuidador que nos
detalle las horas de cuidado medio que soporta en un día normal o en una semana
normal, detallando cada una de las tareas que realiza. Por tanto, la pregunta no se
realiza en términos tan genéricos como en el sistema de pregunta directa ni es tan
exhaustivo ni exigente como el método del diario. A cambio, no se controla tan claramente el efecto de la producción conjunta. En el apéndice 2 se muestra un ejemplo de una encuesta de estas características.
Un trabajo reciente realizado sobre 199 cuidadores estudia las posibles diferencias de aplicar uno u otro método (van den Berg y Spauwen, 2006). Tomando como
“gold standar” el método del diario, se indica que el método del recuerdo conduce
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Métodos de Valoración de Cuidados Informales
a estimaciones algo más elevadas en algunas de las tareas de cuidado. Sin embargo, el método del recuerdo da resultados muy similares al del diario si se considera que las personas encuestadas tienen en cuenta la producción conjunta. No
obstante, hay que ser cautos con las conclusiones alcanzadas toda vez que la muestra de pacientes es limitada, una parte de las personas encuestadas no respondió
al diario por considerarlo demasiado difícil, olvidarse o por resultarles demasiado
costoso en tiempo. Asimismo, no conocemos de otros trabajos que hayan realizado comparaciones similares, por lo que las conclusiones alcanzadas en el trabajo
citado deben ser observadas con una cierta cautela.
Valoración de las horas de cuidado
Las horas de cuidado informal, como sabemos, no se ofrecen en el mercado, por
lo que no tienen un precio. Por tanto, para valorar monetariamente las horas de
cuidado hay que imputar un precio sombra a las mismas. Existen dos familias de
métodos que pueden aplicarse para valorar los cuidados informales: los métodos
de preferencia revelada (por ejemplo, el de coste de oportunidad o el de sustitución
o reemplazamiento); y los métodos de preferencia declarada (como la valoración
contingente o el análisis conjunto).
Los métodos más comúnmente empleados son los de preferencia revelada, tanto el
del coste de oportunidad (Drummond, O’Brien, Stoddart et al., 1997; Smith y
Wright, 1994; y Posnett y Jan, 1996) como el de sustitución o reemplazamiento
(véase Luce, Wanning, Siegel et al, 1996). El método del coste de oportunidad imputa a las horas de cuidado el valor de la mejor alternativa a la que renuncia el cuidador. Por tanto, se está realizando una valoración del tiempo como input que
utilizamos en otras actividades a las que estamos renunciando. Cuando el tiempo
al que se renuncia es tiempo de trabajo remunerado, el valor de esas horas lo obtendríamos en el mercado. En cambio, cuando se trata de trabajo no remunerado
(doméstico) o de tiempo de ocio, deberíamos estimar otros dos precios sombra diferenciados. Es decir, básicamente tendríamos la siguiente situación:
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Donde n son las horas de trabajo remunerado que no se ha podido realizar el individuo i, w es salario de mercado del individuo i; h son horas de trabajo no remunerado que no se ha podido realizar el individuo i; s es el precio sombra del trabajo
no remunerado del individuo i; l son las horas de ocio que no se ha podido disfrutar el individuo i; y t es el precio sombra del ocio del individuo i.
Por su parte, el método del coste de sustitución toma también como referencia un
valor de mercado, pero en esta ocasión afrontamos la valoración del tiempo en su
calidad de un output. Es decir, valoramos los servicios prestados por el cuidador informal teniendo en cuenta que si éste no prestara sus servicios, habría que contratar a un cuidador profesional. Así, básicamente nos planteamos la cuestión de
cuánto costaría asumir dicha sustitución. En términos analíticos:
Donde Ci representa el coste del individuo i, Tj sería las horas de cuidado prestadas en cada una de las j-tareas y Pj el precio de cada una de las j-tareas. Es decir,
detallaríamos cada una de las tareas a realizar por parte del cuidador informal, mediríamos las horas de cuidado y, finalmente, las valoraríamos, cada una de ellas al
precio correspondiente de contratar a una persona para que realizara la misma
tarea en el tiempo señalado.
Como puede observarse, el planteamiento de ambos métodos difiere en cuanto a
la consideración del tiempo. El método del coste de oportunidad estima el valor de
los insumos (horas de trabajo) empleados en el proceso de producción del servicio
de cuidados a discapacitados. El método del coste de sustitución o reemplazamiento valora el servicio al precio del producto final en el mercado. Uno y otro método conducen a resultados lógicamente distintos, pero también presentan
problemas metodológicos diferentes.
La principal desventaja del método del coste de oportunidad reside en el potencial
conflicto existente en valorar de forma distinta tareas de cuidado iguales, simplemente por las diferencias entre los salarios potenciales de dos cuidadores diferen-
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tes (este hecho es conocido como paradoja de Hawrylyshyn; véase Hawrylyshyn,
1977, y Gronau, 1986).
El método del coste de sustitución o reemplazamiento valora las horas de cuidado
buscando un sustituto cercano en el mercado. En este caso, dado que el cuidado
a personas con una o varias discapacidades es un producto heterogéneo, habría que
buscar sustitutos próximos para cada tipo de tarea (por ejemplo, las tareas del hogar
tendrían que valorarse al salario de una asistenta doméstica, mientras que las de
contenido más específicamente sanitario al salario de un profesional de enfermería). Uno de los problemas de aplicar este método es que se está suponiendo implícitamente que el servicio de mercado cuyo precio se toma es un sustituto casi
perfecto de la tarea (o grupo de tareas) que forma parte del cuidado informal, y
esto implica necesariamente que no hay diferencias en cuanto a eficiencia o calidad. Adicionalmente, el problema de la producción conjunta no es relevante
cuando se aplica el método del coste de oportunidad, toda vez que el tiempo se valora en su calidad de input, mientras que sí sería una cuestión importante a considerar en el caso del método del coste de sustitución.
Mucho menos empleados en la valoración de cuidados informales, la segunda gran
familia de métodos serían las técnicas de preferencia declarada. En este caso, se trataría de estimar la disposición a pagar o la disposición a ser compensado/aceptar
por un programa que suponga cambios en el número de horas de cuidados (o de
su composición entre diferentes tareas), mediante la simulación de un mercado hipotético con técnicas de encuesta. Dentro de esta familia tendríamos dos tipos de
técnicas, el método de valoración contingente y el análisis conjunto.
El método de valoración contingente (MVC) es la técnica de preferencia declarada
más utilizada. En este caso se trata de simular un mercado hipotético mediante encuestas a los cuidadores reales o potenciales. El objetivo del cuestionario es presentar un escenario creíble para las personas encuestadas, de tal manera que revelen
su disposición a pagar (DAP) o su disposición a aceptar/a ser compensados (DAC)
por la implementación (o por la retirada) de un programa que influya sobre el número de horas de cuidados prestados o bien sobre alguna de las tareas que componen dichos cuidados. La DAP y la DAP se estiman mediante la aplicación de los
conceptos de variación compensatoria (VCO) y la variación equivalente (VE). Los
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lectores interesados en ampliar la información sobre estos conceptos en el marco
sanitario pueden acudir a O’Brien y Gafni (1996), Puig y Dalmau (1988) y Bayoumi
(2005).
Puesto que se está tratando de simular un mercado, existen cuestiones que podrían
parecer menores pero que son de extraordinaria importancia a la hora de realizar
un estudio de este tipo. Por supuesto, cómo se presente el programa objeto de valoración y las circunstancias hipotéticas que le envuelvan afectarán la valoración
de las personas encuestadas. Cuáles sean el método de pago (directamente del bolsillo, mediante impuestos, a través de una prima de seguros,…), el proceso de valoración del servicio (utilización de formatos de respuesta abierto, cerrado, mixto),
el método de administración de la encuesta (personal, telefónica, postal), etc., son
elementos que condicionan y pueden llevar a respuestas y valoraciones muy diferentes ante un mismo programa o servicio a considerar. Junto a ello, existen posibles sesgos en las respuestas (a veces estratégicos, en otras ocasiones no
intencionados) que hace que debamos asumir con cautela el diseño de estos trabajos (Bayoumi, 2005).
Una segunda técnica de preferencia declarada relativamente reciente sería el
análisis conjunto. En este caso, se trata de estimar las preferencias de un individuo
o de un grupo de ellos (y su disposición a pagar) a partir de la clasificación ordinal
de diferentes alternativas mediante técnicas de encuesta. Para ello, se pediría a las
personas encuestadas que clasificaran un conjunto de alternativas o de tareas según
su orden de preferencia. Cada alternativa vendría definida por diferentes atributos
y diferentes niveles para cada uno de los mismos. Los resultados de dichas ordenaciones son empleados para la estimación de un modelo estadístico (generalmente,
un modelo de elección discreta), el cual se empleará para la estimación de la disposición a pagar (marginal o total) por un determinación servicio (tipo de cuidado)
o alternativa (o por un incremento en la provisión del servicio). Estas técnicas son
muy recientes y aún se encuentran en fase experimental y apenas han sido aplicadas al campo de la valoración de los cuidados informales, encontrándose más
ejemplos de aplicaciones prácticos en el campo estrictamente sanitario.
Finalmente, existen otros métodos, menos empleados desde la perspectiva de la
evaluación económica, si bien de interés desde una visión comprehensiva de la
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carga del cuidador30. Estos métodos se refieren a la valoración de la carga objetiva
y subjetiva que supone para el cuidador informal la prestación de sus servicios.
Asimismo, es de interés disponer de información sobre la reducción que experimenta la calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) del cuidador informal,
comparando ésta con la CVRS de población no cuidadora de similares características (edad, género, nivel de estudios), y relacionándola con el tiempo que lleva
prestando cuidados y el número de horas (semanales/mensuales) de cuidados que
presta. Finalmente, existen otras propuestas novedosas que tratan de estimar la
compensación que debería recibir un cuidador para que su nivel de bienestar no
se viera disminuido si tuviera que incrementar sus horas de cuidados (van den Berg
y Ferrer-i-Carbonell, 2007). Si bien dichas propuestas son interesantes desde un
punto de vista metodológico, su aplicación práctica hasta el momento es anecdótica, por lo que no se entra en detalle en su exposición.
Conclusiones
El estudio de los costes asociados a los cuidados informales no ha formado parte
de las prioridades de los agentes públicos pese a las importantes implicaciones que
pudiera tener en la revelación de cambios en el bienestar social. Ello ayuda a explicar porqué no ha sido hasta recientemente cuando se han comenzado a incorporar los mismos en los estudios de evaluación económica. En parte como reflejo
de ello, en parte debido a la heterogeneidad y complejidad de los servicios prestados por los cuidadores informales, no existe un criterio bien definido sobre la
identificación, medición y, finalmente, valoración de los cuidados informales.
Si bien el método del coste de oportunidad y el método del coste de reemplazo son
los más empleados en la práctica, se ha de ser consciente de que ninguno de ellos
recoge los costes y efectos totales asociados a los cuidados informales. Asimismo,
se podría pensar que los métodos de valoración contingente, unidos a la medición
de pérdidas de calidad de vida relacionada con la salud de los cuidadores podrían
acercarnos más al verdadero impacto social de los cuidados prestados. No
obstante, habría que tener en cuenta que ello no elimina el problema de decidir qué
servicios deben ser considerados como “cuidado informal” e incluso, que una pres30
Una descripción más detallada de estos métodos se puede encontrar en van den Berg et al. (2004).
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tación moderada de los mismos (hasta cierto número de horas), podría no generar
una desutilidad o pérdida de bienestar en el cuidador, sino al contrario, un incremento en la utilidad del mismo31.
Diario de la mañana
Cuidado
informal
31
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A2
Lavar, planchar, …
A1
Preparación
de la comida
Limpieza
de la casa
Desplazamiento
Ocio
Trabajo
voluntario
6:15
6:30
6:45
7:00
7:15
7:30
7:45
8:00
8:15
8:30
8:45
9:00
9:15
9:30
9:45
10:00
10:15
10:30
10:45
11:00
11:15
11:30
11:45
12:00
Trabajo
remunerado
6:00
6:15
6:30
6:45
7:00
7:15
7:30
7:45
8:00
8:15
8:30
8:45
9:00
9:15
9:30
9:45
10:00
10:15
10:30
10:45
11:00
11:15
11:30
11:45
Atención
personal
A
Dormía
De
Está en su
casa (Sí/No)
Actividades
propias
B1
B2 C1 C2
En la Encuesta de Apoyo Informal a Personas Mayores, más del 90% de los cuidadores señalaba que es una obligación moral cuidar de la persona a
su cargo y casi un 80% señalaba que prestar los cuidados le generaba una gran satisfacción y le dignificaba como persona. Estas respuestas son compatibles con el hecho de que casi la mitad de los cuidadores encuestados reconocían que no les quedaba más remedio que cuidar a la persona que
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Métodos de Valoración de Cuidados Informales
I
J
K
L1
Recibiendo
ayuda social
H
Desplazamiento y
visita a otros
familiares
G
Contacto con
médicos,
enfermeras
F2
A en un paseo
(fuera de la casa)
F1
Acompañar en
un paseo
(dentro de
la casa)
Mantenimiento
del hogar,
jardinería,
carpintería, etc.
E2
Dar de comer/
beber
D2 E1
Cuidado/atención
personal
D1
Comprando
Cuidado de su
hijo/a
o jugando
con él/ella
Por ello, en un futuro se debe seguir avanzando y perfeccionando la metodología
aplicada al campo de los cuidados informales en las tres dimensiones referidas:
identificación, medición y valoración.
L2
M
tenían a su cargo y que económicamente no tenían otra solución. Asimismo, como aspectos negativos a valorar, más del 20% de los cuidadores señalaban sentirse atrapados en un callejón sin salida y que el cuidado de la persona a su cargo les resultaba una carga excesiva.
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Métodos de Valoración de Cuidados Informales
Método del recuerdo
¿Cuánto tiempo invierte en un DÍA normal en cada una de las siguientes
actividades relacionadas con la enfermedad de su familiar?
Por favor, indique el tiempo aproximado que dedica Ud. diariamente, para cada actividad
En el aseo básico y vestirle o cambiarle
En bañarlo o ducharlo
Darle de comer
En ayudarle a moverse
En cocinar y preparar la comida
Administración de los medicamentos
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
...........
...........
...........
...........
...........
...........
minutos
minutos
minutos
minutos
minutos
minutos
al día
al día
al día
al día
al día
al día
¿Cuánto tiempo invierte en una SEMANA normal en cada una de las siguientes actividades
relacionadas con la enfermedad de su familiar?
Por favor, indique el tiempo aproximado que dedica Ud. semanalmente, para cada actividad
En tareas domésticas (limpieza, colada, etc...)
En desplazamientos o viajes
Realizar compras
En asuntos financieros, administrativos o legales
En actividad sociales y de recreo
Vigilancia y supervisión (caídas)
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... minutos
........... minutos
........... minutos
........... minutos
........... minutos
........... minutos
a la semana
a la semana
a la semana
a la semana
a la semana
a la semana
REFERENTE AL PAPEL DESEMPEÑADO POR OTROS CUIDADORES
¿Cuánto tiempo dedican en un DÍA normal otros cuidadores a cada una de las siguientes actividades
relacionadas con la enfermedad de su familiar?
Por favor, indique el tiempo aproximado que dedican estas personas diariamente, para cada actividad
En el aseo básico y vestirle o cambiarle
En bañarlo o ducharlo
Darle de comer
En ayudarle a moverse
En cocinar y preparar la comida
Administración de los medicamentos
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........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
...........
...........
...........
...........
...........
...........
minutos
minutos
minutos
minutos
minutos
minutos
al día
al día
al día
al día
al día
al día
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¿Cuánto tiempo dedican en una SEMANA normal otros cuidadores a cada una de las
siguientes actividades relacionadas con la enfermedad de su familiar?
Por favor, indique el tiempo aproximado que dedican estas personas semanalmente, para cada actividad
En tareas domésticas (limpieza, colada, etc...)
En desplazamientos o viajes
Realizar compras
En asuntos financieros, administrativos o legales
En actividad sociales y de recreo
Vigilancia y supervisión (caídas)
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
........... horas
...........
...........
...........
...........
...........
...........
minutos
minutos
minutos
minutos
minutos
minutos
a la semana
a la semana
a la semana
a la semana
a la semana
a la semana
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Capítulo
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Cuidados Informales
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CAPÍTULO 5:
LOS COSTES DE LOS CUIDADOS INFORMALES EN ESPAÑA
Juan Oliva, Rubén Osuna y Natalia Jorgensen
1. Introducción
Existe un interés creciente en reflejar el impacto que tienen las enfermedades sobre
sociedades e individuos, más allá del gasto sanitario empleado en la prevención,
el tratamiento y los cuidados sanitarios. Como varios estudios demuestran, el coste
de los cuidados informales representa un peso significativo de los costes totales
ocasionados por las enfermedades crónicas (Wimo et al., 2002, McDaid, 2001), a
la vez que reducen la calidad de vida de los propios cuidadores (Low et al 1999;
López-Bastida et al, 2006).
Estos costes generalmente no son revelados puesto que, al contrario del gasto sanitario, no existe una partida presupuestaria ligada a los recursos empleados, de tal
modo que en el campo de la sociología se les ha calificado de “costes invisibles”
(Durán, 2002). Lógicamente, estos costes son difíciles de identificar, medir y valorar. Sin embargo, no es menos cierto que contemplar los efectos de las enfermedades sin tenerlos en cuenta supone una grave infravaloración de su impacto.
Por otra parte, el envejecimiento de la población en los países desarrollados ha llevado consigo un aumento en la incidencia y prevalencia de las enfermedades crónicas de carácter discapacitante, lo que ha inducido la proliferación de estudios
empíricos que tratan de estimar monetariamente su impacto real (Patel (1998),
SCMH (2003), Evers et al. (2004); Jönsson y Berr (2005); Kobelt et al., 2000, 2001
y 2005; Lindgren 2004; Lindgren et al. 2005; Moise et al., (2004)), así como el desarrollo de una amplia literatura dedicada a la metodología para su cuantificación
(Posnett y Jan, 1996; van der Berg et al., 2004; van der Berg, 2005a).
En la literatura es común referirse a “carga de la enfermedad” cuando tratamos de
unidades físicas tales como casos de discapacidad, años de vida libres de discapacidad o años de vida ajustados por calidad. En cambio, el “coste de la enfermedad”
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se refiere a la valoración de los recursos sociales empleados en la prevención, tratamiento y cuidados asociados a un problema de salud, así como de aquellos otros
recursos que se pierden a consecuencia de dicho problema. Dentro de los costes
de la enfermedad, denominamos costes directos sanitarios, a aquellas inversiones
en recursos en atención primaria, atención especializada, hospitalizaciones, medicamentos y programas de carácter preventivo que tratan de reducir en lo posible
el impacto en la salud de las personas que sufren o podrían sufrir una enfermedad.
Sin embargo, existen otros costes adicionales que tienen gran trascendencia desde
la óptica de la sociedad. En concreto, las pérdidas de producción (o costes indirectos) representan una pérdida de riqueza para el país y así, una reducción del bienestar social. Asimismo, desde hace algunos años, se viene estudiando el impacto
que un problema de salud transmite al entorno familiar y afectivo de la persona
que lo padece. Así, cada vez es más común ampliar el análisis del coste generado
por una enfermedad o un accidente en el caso de que la persona que lo sufre quede
incapacitada para desarrollar su actividad cotidiana (participar en el mercado laboral, realizar tareas domésticas, disfrutar de su ocio,…) o las actividades básicas
de la vida diaria (vestirse, lavarse, comer sin ayuda, etc.) y que, por tanto, necesita
del apoyo y ayuda de otra persona (generalmente un familiar o una persona contratada ex profeso) para su quehacer.
Entrando en detalle, el término coste indirecto designa las pérdidas potenciales de
producción que ocasiona una enfermedad. Se trataría de los recursos que dejan de
generarse por su causa. Una interpretación más amplia (CCOHTA, 1997) incluiría
no sólo el tiempo de trabajo perdido por el enfermo, sino también la producción
de mercado perdida por los cuidadores no remunerados de los enfermos (que se
ven obligados a abandonar el mercado laboral o a reducir su jornada para cuidar
al enfermo)32, la producción doméstica perdida (también llamada productividad
no laboral o no remunerada) e incluso el tiempo de ocio sacrificado.
32
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Siempre que se asuma que la persona en cuestión tendría acceso a un puesto de trabajo de forma inmediata. Para asumir que en términos sociales
se está produciendo una pérdida de productividad neta habría que aceptar además que su exclusión del mercado de trabajo no puede cubrirse con el
trabajo de otra persona desempleada de similares características. Estas consideraciones son propias de estimaciones basadas en el coste de fricción,
o incluso en las que se basan en el método del capital humano, pero teniendo en cuenta las tasas de desempleo. En suma, el impacto productivo de
los cuidados informales puede ser mucho menor de lo que en un principio pudiera parecer. Sin embargo, puede haber casos particulares en los que
el impacto productivo sea, por contra, mayor. Si una persona, se viera obligada a abandonar el mercado de trabajo y su actividad laboral no pudiera
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Finalmente, los costes intangibles tratarían de valorar el dolor y la ansiedad que
ocasiona una enfermedad a la persona que la sufre y a su entorno. Pese a su
evidente importancia, y a la recomendación de su identificación, no suelen
incluirse en los estudios de evaluación económica debido a la dificultad de su
medición y su valoración.
La clasificación de costes que acabamos de exponer, no es la única posible, y de
hecho existe discusión sobre dónde encajar algunas de las partidas mencionadas,
si bien parece claro que en un estudio de costes de enfermedad realizado desde la
perspectiva social habría que tenerlos todos en cuenta.
Es necesario señalar que esta clasificación no se encuentra exenta de problemas,
puesto que será habitual en el tema que tratamos que una misma actividad pueda
ser considerada coste directo no sanitario o coste indirecto. Por ejemplo, en el caso
de una persona que deba ausentarse de su puesto de trabajo para cuidar a un familiar enfermo, y esta acción implique una pérdida de producción de mercado
(este sería el coste de oportunidad, el sacrificio de la acción, lo que dejamos de
hacer) se podría clasificar como costes indirecto. Asimismo, esta misma acción se
puede clasificar y valorar también como un coste asociado a un cuidado informal
(lo que hacemos, el cuidado que se presta). En cualquier caso, se debería evitar la
doble contabilización, puesto que un mismo recurso (el tiempo del familiar) no
puede ser valorado dos veces. Por ello, es hasta cierto punto arbitrario el considerar este recurso dentro de una partida en vez de otra, pero lo incorrecto sería contabilizarlo dos veces.
En términos absolutos, estos problemas de clasificación entre conceptos o partidas
no son especialmente preocupantes, puesto que desde la óptica social el recurso
estará registrado y valorado, y se reflejará (por una u otra vía) dentro del coste total
de la enfermedad. Sin embargo, si nos interesara el peso relativo de los conceptos
o partidas que conforman el coste total de una enfermedad, la decisión sí tendrá
implicaciones sobre la importancia relativa de las diferentes partidas de coste.
ser desempeñada por otra persona de forma inmediata, y además estuviera ligada a la otras personas (un equipo interdependiente de trabajadores),
el impacto productivo sería mucho mayor de lo que el salario perdido de la persona afectada nos permitiriera suponer (Mattke et al., 2007).
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Tabla 1. Clasificación de los costes de la enfermedad
1. Costes directos
• Costes sanitarios: Medicamentos, hospitalizaciones, consultas
ambulatorias, etc.
• Costes no sanitarios: transporte, cuidados formales, cuidados
informales, etc.
2. Costes Indirectos:
• Costes derivados de la pérdida de productividad laboral del paciente
• Costes derivados de la pérdida de productividad laboral del cuidador
• Costes derivados de la pérdida de productividad doméstica
• Costes derivados de la pérdida de ocio
• Coste derivados de mortalidad prematura
3. Costes intangibles
• Relacionados con el dolor y sufrimiento de pacientes y entorno
(familiares, amigos, sociedad)
2. Antecedentes
Existe una reciente pero amplia y creciente literatura sobre el impacto que supone
las enfermedades sobre la persona que lo padece, pero también sobre su entorno
familiar y afectivo, que trasciende el ámbito sanitario33. Los trabajos se centran frecuentemente en las enfermedades mentales (esquizofrenia, trastornos afectivos,
desórdenes de la ansiedad) y en las enfermedades neurodegenerativas (esclerosis,
accidente cerebrovascular, enfermedad de Parkinson y demencias), siendo cada
vez más numerosos los estudios que abordan los costes de las enfermedades osteomusculares. Si bien desde hace tiempo se vienen analizando costes directos e indirectos, apenas existen estudios que aborden el impacto económico que supone
el “mercado” de cuidados informales en un país o región.
En el caso de las enfermedades mentales, el fuerte grado de estigmatización social
ha llevado a negar u ocultar información sobre estos problemas, por lo que no ha
sido hasta recientemente cuando se han realizado estudios de coste de la enfermedad desde la perspectiva social, esto es, no recogiendo únicamente los costes
sanitarios sino también los cuidados informales y el impacto laboral de este grupo
33
182
Si bien se ha de considerar que el cuidado de una persona durante un tiempo prolongado y durante un elevado número de horas semanales supone
una carga importante para el cuidador. Ello puede repercutir sobre su estado de salud y suponer una pérdida de calidad de vida y un incremento en los
gastos sanitarios de los cuidadores en el medio y largo plazo.
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de enfermedades. En este sentido, estudios realizados en varios países como EEUU,
Italia y España (Evers y Ament (1995), Garattini et al (2004), Martínez et al, 2000),
señalan que 3 de cada 4 personas que padecen esquizofrenia no participan en el
mercado laboral. Asimismo, Oliva et al (2006) indican la infraestimación que supone acudir únicamente a cifras oficiales para valorar el impacto laboral de la esquizofrenia, toda vez que la mayor parte de estas personas sufrirán sus primeros
episodios durante la adolescencia, impidiendo su entrada en el mercado laboral y,
por tanto, careciendo del derecho de solicitar subsidios por motivo de incapacidad
laboral. Como se viene apuntando, el impacto laboral va más allá de las personas
que padecen una enfermedad mental. Guest and Cookson (1999) señalan que es
un hecho frecuente el abandono del mercado de trabajo por parte de familiares de
personas que sufren ataques de esquizofrenia con el fin de cuidarles (una tasa de
abandono del 1,2% para primeros episodios, cifra que asciende al 2,5% en el caso
de personas con alto grado de dependencia). Asimismo, Johnstone et al. (1991) señalan en su trabajo que un 16% de los cuidadores de personas con esquizofrenia
deben abandonar sus empleos para prestarles cuidados.
En lo que se refiere al peso relativo de los cuidados informales sobre el coste de las
enfermedades mentales, Patel y Knapp (1998) y el Sainsbury Centre for Mental Health (2003) los estiman en un 13% y 20%, respectivamente. Asimismo, los costes
indirectos representaron entre un 67,5% y un 46,9% en cada estudio. Es importante
señalar que los cuidados informales varían fuertemente en función del tipo de enfermedad mental padecida. Así, en el caso de la esquizofrenia, el peso relativo de
los cuidados informales y los costes indirectos oscilan entre el 40% y el 70%34.
En los estudios de enfermedad de Alzheimer, aunque existe una gran dispersión
entre las cifras estimadas, los costes de los cuidados informales representan
invariablemente un porcentaje importante del coste total, dependiendo el mismo
en función del grado de severidad de la enfermedad (Ernst (1994); Hux et al.,
(1998); Leon et al (1998)). Algunos estudios sobre esta enfermedad se han centrado
incluso en la estimación de los costes informales únicamente (Langa et al, 2001;
34
Dado que en muchos trabajos sobre el coste de la esquizofrenia se incluyen los cuidados informales y los costes indirectos en la misma partida,
es difícil diferenciarlos. Es el mismo problema de clasificación que se comentó en referencia a la tabla 1.
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Wimo et al., 2002). En estos estudios se encuentra que la carga de los cuidadores
se incrementa a medida que la severidad de la enfermedad avanza y que la carga
de los cuidadores de pacientes con demencia es muy superior a la de cuidadores
de un grupo de control. En España, existen varios estudios de coste de las demencias que incluyen los cuidados informales entre los recursos valorados (Boada et al,
1999; Artaso et al, 2002; López-Pousa et al 2004; Otal et al, 2003; Sicras et al,
2005; López Bastida et al, 2006), siendo sus conclusiones coincidentes en dos sentidos: uno, el elevado coste por paciente año; y dos, los costes de los cuidados informales representan la mayor parte del coste de las demencias.
En esclerosis múltiple, Kobelt (2004) ha realizado una revisión de los estudios
empíricos de costes sobre esta enfermedad realizados en países europeos y
encuentra que sólo cuatro son comparables (Kobelt et al 2000 y 2001, Amato et al
2002 y Henriksson et al 2001). De nuevo, existe una gran variabilidad en el coste
estimado (actualizados a euros de 2004 van desde los 17.000 € por paciente en
Italia hasta 58.602 € en Suecia). Los costes no sanitarios llegan a alcanzar en
estudios para EEUU hasta el 75% del coste total (Amato et al. 2002); estimaciones
para Alemania encuentran que dicho porcentaje asciende al 42% (Kobelt et al.,
2001), en Italia al 38% (Amato et al., 2002), en Suecia asciende al 33% (Henriksson et al., 2001), mientras que para el Reino Unido asciende al 46% del total
(Kobelt et al., 2000).
En el caso de los accidentes cerebrovasculares, la importancia de los costes no sanitarios hace que, sobre todo en los últimos años, los estudios planteados desde la
perspectiva social se hayan incrementado (Claesson et.al. 2005, Evers et.al. 1994,
Zethraeus et.al. 1999). Sin embargo, en general, pocos estudios (Claesson 2000,
Hickenbottom et al. 2002, Youman et al. 2003) estiman los costes informales. Evers
et.al (2004) en la comparación internacional que realiza sobre estudios de costes
del Ictus encuentra que, en promedio, únicamente el 3% de los artículos revisados
tienen en cuenta los costes para el paciente y su familia. En España el único trabajo
conocido es un informe realizado por el Servicio Canario de Salud (López Bastida
et al, 2005). Los autores señalan que los costes de los cuidados informales representan entre un 60% y un 80% del costes totales de los supervivientes a un accidente cerebrovascular, dependiendo del año considerado tras el evento.
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En el caso de la enfermedad de Parkinson, también existe coincidencia en la idea
de que su aparición y progresivo desarrollo disminuye en forma importante la calidad de vida tanto de pacientes como de cuidadores. A nivel europeo los autores
que han estimado costes de Parkinson han sido Dodel et al., (1997), Findley et al.,
(2003), Hagell et al., (2002), Keränen et al., (2003) y Le Pen et al., (1999). En cuatro de cinco trabajos, el coste directo de la enfermedad supera los 8.000 € anuales. Sólo dos estudios incluyen los costes directos no sanitarios (Hagell et al., (2002)
para Suecia y Le Pen (1999) para Francia) y sólo uno incluye costes informales (Keränen, 2003). En este trabajo se estima un peso relativo del 16% de los cuidados
informales sobre el coste total de la enfermedad, sumando los costes no sanitarios
(costes informales y costes indirectos) casi el 60% del coste total.
Los problemas osteomusculares (artritis, artrosis, distrofia muscular, dolor crónico
de espalda, lumbalgias) son enfermedades altamente prevalentes e incapacitantes
que afectan a la movilidad de los afectados, especialmente personas de edades
avanzadas, pero también en personas en edad laboral. Leardini y colegas (2004) estudian el coste de la osteoartritis de rodilla y señalan un coste sanitario anual por
paciente de 934 euros (de los cuales, 253 son imputables a cuidados formales) y
un coste no sanitario de 1.236 euros, de los cuales un 70% aproximadamente (853
euros) hacen referencia a cuidados informales. Brouwer et al (2004) señalan que
cuanto más severa es la artritis reumatoide, peor es el estado de salud de los
cuidadores debido a la carga que soportan. Es importante destacar que ello se
observa incluso en aquellos países que cuentan con una red más desarrollada de
servicios sociales, como es el caso de Holanda (Riemsma et al., 1998). En el
trabajo de Rouf et al. (2003), sobre una muestra de 338 pacientes seguidos durante
un año, 98 pacientes hubieron de adelantar su jubilación prematuramente a causa
de padecer artritis reumatoide. Otras 96 personas continuaron trabajando pero con
pérdidas sustanciales debidas a discapacidades ocasionadas por la artritis.
En España, el trabajo de referencia es el desarrollado por Lajas et al. (2003), donde
se estima un coste total anual de 2.278 euros por paciente. Los costes sanitarios suponen un 30% del coste total, mientras que los costes no sanitarios (costes
indirectos y cuidados informales) suponen el 70% restante. Por otra parte, aunque
no es directamente un coste de cuidados informales, merece la pena destacar
que en el estudio de referencia sobre Incapacidad Permante (IP) en España
(INSALUD, 1994), se señala que el 39% de los casos de IP corresponden al grupo
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de enfermedades del sistema osteomuscular y del tejido conjuntivo (primera causa
de Incapacidad Permanente).
Las enfermedades isquémicas del corazón pueden condicionar gravemente las posibilidades de desarrollar una vida normal autónoma, incluida una vida laboral activa. Debido a su elevada letalidad, en este grupo de enfermedades (infarto agudo
de miocardio y angina de pecho, principalmente) ha sido menos estudiado el efecto
que causan los cuidados informales en los supervivientes. No obstante, sí existen
trabajos de relevancia sobre el tema. Así, Liu et al. (2002) estudian los costes de las
enfermedades isquémicas del corazón en el Reino Unido. El coste total se estima
en 7.056 millones de libras, de las cuales un 41% (2.908 millones) correspondían
a costes indirectos (pérdidas de productividad laboral) y 34% (2.416 millones de
libras) correspondían a costes de cuidados informales. Es decir, los costes no sanitarios de las enfermedades isquémicas del corazón sumanban las 3/4 partes del coste
total estimado.
Por su parte, Leal et al (2006) realizan un análisis de los costes de las enfermedades cardiovasculares a nivel europeo. Según sus estimaciones, los costes sanitarios
y no sanitarios de estas enfermedades en el año 2003 supusieron 168.757 millones de euros. Es decir, un 21,6% del PIB español del mismo año base o, equivalentemente, casi 4 veces el gasto del sistema sanitario público español. Un 17% del
coste estimado se debió a cuidados informales y un 21% a costes indirectos. En el
caso español, el coste se estima en 6.997 millones de euros, de los cuales un 17%
se imputan a cuidados informales y un 26% a costes indirectos 35. Finalmente, Oliva
et al (2004) estimaron en España los costes no sanitarios (costes indirectos y costes
de cuidados informales). Sin embargo, los supuestos sobre los que realizaron su
análisis fueron demasiados restrictivos en relación con la estimación de los costes
de los cuidados informales 36.
35
36
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Como puede comprobarse, el empleo de deferentes métodos y bases de datos puede ofrecer resultados diferentes, si bien la magnitud de las cifras
indica el fuerte impacto económico (sanitario y no sanitario) de estas enfermedades.
Relajando estos supuestos se obtiene un coste notablemente superior, como se podrá comprobar más adelante.
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Tras esta revisión a la literatura nacional e internacional, parece claro que los cuidados no sanitarios (costes indirectos y cuidados informales) representan un fuerte
impacto sobre el bienestar social. Sin embargo, no abundan los estudios realizados
en España sobre el tema. Asimismo, son más habituales los estudios realizados “ad
hoc” para cada tipo de enfermedad y no es frecuente la utilización de encuestas generales para estudiar las horas de cuidados prestadas por familiares y amigos a personas que padecen una o varias discapacidades.
El objetivo del presente capítulo es realizar una estimación sobre los costes de los
cuidados informales prestados a personas con discapacidad en España, con especial atención a enfermedades discapacitantes de alta prevalencia: enfermedades
isquémicas del corazón, enfermedades osteomusculares, enfermedades mentales,
accidentes cerebrovasculares, demencia (incluyendo la enfermedad de Alzheimer), enfermedad de Parkinson y esclerosis múltiple
3. Métodos y fuente de datos
3.1. Métodos
Los cuidados informales son un servicio heterogéneo, compuesto de diversas tareas específicas, que no tiene un mercado definido y que es prestado por uno o
más miembros del entorno social del demandante de dichos cuidados (van den
Berg (2005). Debido a su naturaleza, su definición y acotación no es inequívoca,
pudiendo diferir significativamente entre diferentes autores y estudios. En este
trabajo, definimos cuidado informal como aquella atención prestada a una persona enferma o discapacitada para realizar una o varias de sus actividades cotidianas, por parte de personas que no son profesionales sociosanitarios y no
reciben remuneración monetaria alguna por ello. En la valoración de los cuidados informales se debe distinguir entre el coste del tiempo de los cuidadores informales y otros costes derivados del cuidado, como la adaptación de una
vivienda o la adquisición de materiales sociosanitarios (sillas de ruedas, andadores, camas articuladas, teléfonos especiales,…), que son elementos corrientes en
enfermedades discapacitantes. Los costes que se estimarán son exclusivamente
los referidos al tiempo de los cuidadores informales.
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En suma, el coste de los cuidados informales serán para nosotros aquellos
asociados a los cuidados generalmente prestados por familiares o personas
allegadas al ámbito familiar del enfermo, y no retribuidos.
En general, podemos clasificar los cuidados informales en cinco componentes:
1) cuidado del hogar (trabajo de ama de casa), 2) cuidado personal (vestirse, alimentarse,…), 3) ayudas para moverse, 4) ayuda con tareas administrativas, 5)
ayuda para desenvolverse en el ámbito social. Muchas de estas actividades se realizan conjuntamente con otras privadas del cuidador, lo que plantea problemas
de medición. En principio, sólo el incremento de tiempo requerido por los cuidados, con respecto al tiempo que se dedicaría en condiciones normales a realizar esas tareas, se debería considerar tiempo de cuidados informales.
3.2. Fuente de datos
La estimación de las horas de cuidados informales se realiza a partir de la información contenida en la Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de
Salud (EDDES), del Instituto Nacional de Estadística (INE). Dicha encuesta es de
ámbito nacional y cubre el conjunto de personas que residen en viviendas familiares principales. En total se seleccionaron 79.000 viviendas, obteniéndose información sobre 290.000 personas mediante un cuestionario respondido por
cada persona entrevistada con la ayuda del encuestador.
La EDDES fue realizada desde la perspectiva del individuo. Se estudió cada tipo
de discapacidad, el número y características de las personas que las padecen
según el grado de severidad de la discapacidad. Esta circunstancia es de gran importancia puesto que determina el grado de apoyo que estas personas demandan
a distintas instituciones, no sólo oficiales o privadas, sino también a amigos y familia. Por tanto, en la EDDES se realizaron preguntas específicas sobre personas
cuidadas y su cuidadores y sobre las actividades o tipo de ayuda que prestan.
En la encuesta quedan identificadas las enfermedades crónicas diagnosticadas
que padecen todas aquellas personas que sufren una discapacidad. Es necesario subrayar que las personas encuestadas viven habitualmente en el hogar. Por
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tanto, aquellas personas que viven habitualmente en residencias o se encuentran
en hospitales están excluídas de la muestra.
En primer lugar, se identificaron a aquellas personas que, por motivo de su discapacidad, requieren los cuidados prestados por otra persona que no recibe ninguna remuneración por ello. En segundo lugar, se seleccionó específicamente a
las personas diagnosticadas de alguna de las siguientes enfermedades: Enfermedad mental, Enfermedad osteomuscular (artritis reumatoide, espondilitis anquilopoyética o distrofia muscular), Enfermedad isquémica del corazón, Accidentes
cerebrovasculares, Demencia (incluyendo la enfermedad de Alzheimer), Enfermedad de Parkinson y Esclerosis lateral o múltiple.
3.3. Métodos de estimación seleccionados
Además de la identificación y estimación de la cantidad del tiempo dedicado a
cada una de las tareas definidas, hay que plantear el problema de la valoración
de las horas de cuidado calculadas. La valoración del tiempo se puede llevar a
cabo empleando diferentes métodos (Brower et al.., 2001; Johannesson et al.,
1996; Posnett y Jan, 1996; van der Berg et al, 2004) 37.
Si la persona está sacrificando un trabajo remunerado por prestar los cuidados
es lógico asumir el salario perdido como un coste de oportunidad. El problema
es que no todos los cuidadores informales están sacrificando una actividad laboral, y que incluso en el caso de que así sea, los costes asumidos por el cuidador
pueden ser superiores (además de renunciar a un salario, el cuidador puede estar
viendo afectada su vida normal en muchos más aspectos, incluyendo el ocio, las
relaciones sociales, las expectativas de realización personal, etc.). Sin embargo,
la mayor dificultad reside en asignar un salario “sombra” a aquellas personas
que no están renunciando a una actividad remunerada a cambio de hacerse
cargo de las personas que demandan cuidados. Dado que la EDDES no aporta
riqueza informativa sobre el perfil y actividades de los cuidadores, el método
37
Para una descripción más exhaustiva, véase el capitulo 4.
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del coste de oportunidad representa varios inconvenientes a la hora de aproximarse a la valoración de los cuidados informales.
Por ello, se considera más adecuado utilizar el método del coste de sustitución
o reemplazo. La técnica consiste en valorar el tiempo dedicado al cuidado
utilizando el precio de mercado de un servicio sustitutivo cercano. Es decir,
se utiliza como criterio de valoración el precio que habría que pagar en el mercado por el servicio que están prestando de forma gratuita. Expresado de otro
modo, sería el gasto en cuidados formales que la sociedad habría de asumir en
caso de que el cuidador informal no pudiera prestar sus servicios.
La EDDES no es una encuesta diseñada para tener en cuenta los cuidados informales. Por tal motivo, no se detallan las tareas de los cuidadores y la pregunta
sobre las horas de cuidados que prestan es de carácter genérico38. Dado que
desconocemos la composición de las horas de cuidado, se ha optado por
utilizar varios salarios sombra alternativos. Concretamente, hemos utilizado
dos criterios o métodos, ambos basados en el enfoque de sustitución o reemplazamiento:
Método de estimación 1.
1.1.) Primero, valoramos el total de horas de cuidado al salario bruto por hora de
los profesionales de la ayuda a domicilio, obtenido a partir del convenio colectivo de este colectivo para el año 2002. El salario es de 4,5 euros por
hora. Probablemente, los salarios reales son más elevados y el convenio
colectivo únicamente marca un suelo o valor mínimo. No obstante, los valores obtenidos se pueden interpretar como mínimos, dado que este es el
valor más conservador o prudente de los empleados
1.2.) La segunda estimación toma el dato de salario bruto hora femenino del subsector “Otras actividades sociales y de servicios prestados a la comunidad;
servicios personales”, publicado en la Encuesta de Estructura Salarial de
2002 (Instituto Nacional de Estadística), y que es de 7 euros por hora.
38
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La pregunta exacta es: “¿Cuántas horas a la semana dedica por término medio a prestar estos cuidados?” Se ofrecen 6 posibilidades: “menos de 7 horas”;
“de 7 a 14 horas”; “de 15 a 30 horas”; “de 31 a 40 horas”; “de 41 a 60 horas”; “más de 60 horas”.
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Recogemos el valor del salario bruto femenino puesto que, de acuerdo con
la literatura española, en la mayor parte de los casos el cuidador es mujer
(Durán, 2002; Encuesta de Apoyo Informal; IMSERSO 2005).
Método de estimación 2
En esta segunda alternativa, vamos a considerar que el cuidado generalmente
presenta heterogeniedad en cuanto a las actividades que engloba. Algunos de los
servicios incluidos son propios de una empleada de hogar (preparación de la
comida, limpieza, etc.), mientras que otros pueden ser los típicos de un profesional sanitario. Por ello, como segundo método se propone emplear un salario
sombra producto del cálculo de una media ponderada de salarios. Con tal fin se
plantean tres estimaciones alternativas con diferentes ponderaciones entre el salario hora del colectivo de empleadas del hogar y de las auxiliares de enfermería. La fuente para el salario medio por hora de las empleadas del hogar es el
convenio colectivo del año 2002 para estos trabajadores, mientras que el dato
de los auxiliares de enfermería es la base de datos sanitarios SOIKOS.
2.1.) Primero, emplearemos una media ponderada del salario bruto por hora de
una empleada del hogar y una auxiliar de enfermería. La ponderación es del
70% para la primera y 30% para la segunda. Por ello hemos calculado un
salario por hora mediante una media ponderada que supone implícitamente
que el 30% de las tareas son de naturaleza más especializada (6
euros/hora).
2.2.) Una estimación alternativa adopta una ponderación ligeramente distinta,
reduciendo la participación del trabajo especializado de naturlaleza
sanitaria al 20% y aumentando la de empleado de hogar al 80% (5,4
euros/hora).
2.3) Una tercera variante fija la ponderación en un 75% para las actividades
propias de un empleado de hogar y en el 25% para las actividades de un
profesional sanitario (5,7 euros/hora).
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Tabla 2. Métodos de cálculo empleados
Método 1
Un salario sombra único
1.1
salario bruto por hora de los profesionales de la ayuda a domicilio
1.2
salario bruto hora femenino del subsector “Otras actividades sociales y de servicios prestados a
la comunidad; servicios personales”
Método 2
Una media ponderada de salarios sombra
2.1
media ponderada del salario bruto por hora de una empleada del hogar y una auxiliar de
enfermería (70/30)
2.2
media ponderada del salario bruto por hora de una empleada del hogar y una auxiliar de
enfermería (80/20)
2.3
media ponderada del salario bruto por hora de una empleada del hogar y una auxiliar de
enfermería (75/25)
3.3.1. El manejo de la comorbilidad
Otro elemento importante a tener en cuenta es la imputación de horas de cuidados en caso de existir comorbilidad. Cuando existe comorbilidad, no sería
razonable suponer que todas las horas de cuidados se puedan imputar a una
única enfermedad identificada. Sin embargo, suponer lo contrario, esto es,
que ninguna hora de cuidado corresponda a la enfermedad en cuestión, tampoco lo sería. La encuesta no aporta información que permita discriminar en
caso de comorbilidad qué peso relativo correspondería a cada enfermedad
particular. Por tanto, no es posible huir de una cierta arbitrariedad en el reparto
de las horas.
Para tratar de minimizar este problema, se adoptará un criterio adaptado a
cada enfermedad, considerando como caso base que un 50% de las horas de
cuidados totales, en caso de comorbilidad, se pueden imputar a la enfermedad identificada en cuestión. Dada la gravedad de las enfermedades estudiadas, se puede considerar que asignar solo un 50% del total de las horas de
cuidado es una asunción demasiado conservadora. Por ello, se aplicará un
peso alternativo del 75% para añadir un análisis de sensibilidad a los cálcu-
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los principales. Finalmente, dado que en la literatura no suele especificarse si
los pacientes padecen o no comorbilidades –y asignándose por tanto el 100%
de las horas de cuidado a la enfermedad que se está estudiando– se incluirá
también como parte del análisis de sensibilidad el cálculo basado en la imputación a la enfermedad bajo análisis del 100% de las horas de cuidado
estimadas. Esto puede facilitar la comparación con los resultados de otros
estudios, si bien en este caso no se debería hablar de cuidados recibidos a
consecuencia de una determinada enfermedad sino de cuidados recibidos
por una persona que padece una determinada enfermedad (junto con otras
varias).
Se puede pensar que la estimación del número de horas de cuidados imputables a las enfermedades discapacitantes de alta prevalencia en el caso base
(50% del total de horas si hay comorbilidades) es excesivamente conservador.
Sin embargo, es preferible aplicar este criterio de prudencia, toda vez que la
información contenida en la EDDES no permite identificar una relación causaefecto entre las horas de cuidado informal recibidas y una determinada enfermedad cuando concurren varias y, por tanto, llegar a una estimación más
ajustada.
4. Resultados
La Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (EDDES) del
INE, realizada sobre una muestra de unas 290.000 personas, detecta 3.472.273
personas (población de 2001) que padecen discapacidades (un 8,44% de la población total).
De éstas, 423.188 personas (un 12,19% del total de personas con discapacidad
que detecta la EDDES) padecen una enfermedad neurodegenerativa (infarto cerebral, esclerosis, demencia y Parkinson), de las cuales 183.200 personas presentan
alguna enfermedad adicional (comorbilidad). Por su parte, las enfermedades mentales aparecen en 180.767 personas, de las que 66.056 personas se presentan junto
con alguna otra enfermedad (comorbilidad). Asimismo, se estimó que 267.442 personas que sufren de cardiopatía isquémica padecen una o varias discapacidades,
de las cuales 122.508 presentan comorbilidad. Las enfermedades osteomusculares
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incluyen la artritis y la distrofia muscular, y son 848.199 personas las que padecen
cualquiera de esas enfermedades, y 225.646 de ellas padecen al menos alguna otra
enfermedad.
La edad media de las personas con discapacidad y un cuidador principal es de 68
años (véase Tabla 3). La edad media de las personas con alguna de las enfermedades neurológica es de 73 años. El 50% de los casos se concentra en mayores de 75
años. Este perfil de edades avanzadas se cumple para las cuatro enfermedades neurológicas (casos en los que existe cuidador principal), siendo la demencia (incluye
Alzheimer) la que presenta una edad media más elevada (81 años) y la esclerosis
una edad media más baja (63 años), mientras que los accidentes cerebrovaculares
afectan a personas con una media de edad de 73 años y el Parkinson a personas de
77. La edad media de las personas con cardiopatía isquémica que identifican a un
cuidador principal es de 74 años. Por su parte, la edad media de las personas con
enfermedad osteomuscular es de 72 años. Finalmente, la edad media de las personas que padecen una enfermedad mental es de 52 años.
No todas las personas que padecen una enfermedad discapacitante tienen un cuidador principal, y sólo aquellas que identifican uno ofrecen información detallada
para las estimaciones de los cuidados informales, que exigen que el cuidador principal no reciba remuneración por su actividad. Por tanto, la muestra seleccionada
se reduce dado que, de entre las personas detectadas por la encuesta con la enfermedad que estudiamos, hay que descartar a aquellas que no aportan información
suficiente (no tienen cuidador principal) o remuneran de alguna forma, siquiera
sea irregularmente, a su cuidador. Teniendo en cuenta estos detalles, en la Tabla 4
se muestra, elevado a cifras poblacionales, el número total de personas con discapacidad y alguna de las enfermedades referidas, distinguiendo aquellas que identifican a un cuidador principal y a un cuidador informal, en valores absolutos y
relativos.
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Tabla 3. Edades medias por enfermedades, y para distintos subgrupos de cuidados
TODAS las Demencia Parkinson Esclerosis Ictus Enfermedad Cardiopatías Enfermedad
personas con (incluyendo
mental
isquémica osteomuscular
discapacidad Alzheimer)
Total
64,6
79,9
76,4
61,5
71,8
49,9
71,5
69,2
Totales con
cuidador
principal
68,1
80,6
77,2
62,8
73,3
51,6
73,9
71,5
Totales con
cuidados
informales
(no remunerados)
67,5
80,6
76,9
63,1
73,1
50,8
73,4
71,1
Tabla 4. Personas que padecen una discapacidad con cuidador principal y con
cuidador principal informal (no profesional y no remunerado)
TODAS las Demencia Parkinson Esclerosis
personas con (incluyendo
discapacidad Alzheimer)
Ictus
Enfermedad Cardiopatías
mental
isquémica
Enfermedad
osteomuscular
Total de
personas
3.472.273
139.619
80.588
60.917
179.029
180.767
267.442
848.199
Personas
con
cuidador
principal
1.512.027
120.771
54.693
35.545
128.842
116.802
141.224
453.309
43,5%
86,5%
67,9%
58,3%
72,0%
64,6%
52,8%
53,4%
1.332.785
107512
47445
31687
114717
105.908
123968
396945
38,4%
77,0%
58,9%
52,0%
64,1%
58,6%
46,4%
46,8%
%
Personas
con
cuidador
principal
informal
%
Fuente: EDDES y elaboración propia.
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En un 34% de las personas con alguna enfermedad neurológica, éstas reciben cuidados por parte de un cuidador principal desde hace 8 o más años, un 23% desde
hace entre 4 y 8 años y un 19% entre 2 y 4. En la esclerosis, el porcentaje de personas atendidas por su cuidador principal desde hace 8 o más años es del 50%,
mientras que en el caso del parkinson es un 37%, para los problemas cerebrovasculares un 34% y para la demencia un 26%, para las enfermedades mentales es un
67%, para las cardiopatías isquémicas un 39% y para las enfermedades osteomusculares y un 40% en las osteomusculares. El conjunto de personas con discapacidad, tengan o no una de las enfermedades listadas en la encuesta, y con un
cuidador principal, reciben cuidados desde hace 8 o más años en un 41% de los
casos. Estas cifras dan una clara idea de lo extenso que es el período de tiempo durante el que estas enfermedades altamente discapacitantes afectan seriamente la
vida de los enfermos y requieren tiempo de cuidados.
Por lo que respecta a la distribución de las horas de cuidado, resulta interesante
comprobar la fuerte carga que soporta el cuidador. En la Tabla 5 aparece la
distribución de los cuidadores de todos los pacientes en función del número de
horas de cuidados. Si atendemos al conjunto de personas que reciben cuidados informales (no remunerados) de un cuidador principal, tengan o no una de las enfermedades listadas en la encuesta, vemos que más de un 40% superan las 40 horas
semanales. Si consideramos el caso de aquellas personas que tienen una (o varias)
de las enfermedades incapacitantes consideradas en la encuesta el panorama no
sólo no mejora, sino que el nivel de carga (medido en cantidad de horas) se incrementa severamente.
El número de cuidadores que emplean más de 40 horas semanales en atender a las
personas que padecen problemas derivados de demencia, Parkinson, esclerosis o
ictus supera el 50%. Por ejemplo, en los casos totales de cuidadores, el 73,1% de
los cuidadores de personas demenciadas supera las 40 horas semanales (un 63,4%
supera las 60 horas semanales), un 54,5% de los cuidadores de personas con Parkinson supera las 40 horas semanales (un 44,0% supera las 60 horas semanales),
un 52,1% de los cuidadores de personas con esclerosis múltiple supera las 40 horas
semanales (un 45,1% supera las 60 horas semanales) y un 56,4% de los cuidadores de personas que han padecido un accidente cerebrovascular (ictus) supera las
40 horas semanales (un 46,2% supera las 60 horas semanales). En el caso de las
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
enfermedades mentales el porcentaje de cuidadores no remunerados que dedican
más de 40 horas a la semana se eleva hasta casi el 60%, mientras que en las cardiopatías y las enfermedades osteomusculares la proporción es mucho menor, de
en torno al 40% en ambos casos (ver tabla 5). Adicionalmente, esta información se
presenta de forma gráfica para una interpretación más intuitiva de los resultados.
En la tabla 6 se resumen los principales resultados en cuanto a número de horas de
cuidados informales prestados a nivel nacional, distinguiendo por cada tipo de enfermedad. Se diferencia claramente cuándo la enfermedad mencionada es la única
enfermedad diagnosticada de aquellos casos donde existe comorbilidad y se aplica
el ajuste ya comentado.
Tabla 5. Distribución del número de horas de cuidado informal prestado por el
cuidador principal. Todos los casos (con y sin comorbilidad)
TODAS las Demencia Parkinson Esclerosis
Horas
personas con (incluyendo
semanales discapacidad Alzheimer)
Ictus
Enfermedad Cardiopatías Enfermedad
mental
isquémica osteomuscular
< 7 horas
16,89%
4,76%
10,32%
11,96%
10,67%
10,29%
16,37%
18,14%
7-14 horas
16,85%
3,52%
12,28%
13,57%
10,04%
11,80%
16,62%
18,76%
15-30 horas
16,07%
10,30%
14,99%
13,44%
14,34%
13,17%
13,12%
17,11%
31-40 horas
8,67%
8,31%
7,94%
8,92%
8,53%
6,85%
11,25%
8,33%
41-60 horas
7,26%
9,69%
10,48%
7,06%
10,18%
6,51%
7,20%
6,24%
> 60 horas
34,26%
63,42%
44,00%
45,05%
46,23%
51,39%
35,45%
31,43%
Total
100,00%
100,00%
100,00% 100,00% 100,00% 100,00%
100,00%
100,00%
Fuente: Elaboración propia a partir de la EDDES.
Si sólo tenemos en cuenta las personas que padecen únicamente la enfermedad
referida, las enfermedades osteomusculares ocasionan 291,8 millones de horas de
cuidados, de las cuales 53,3 millones de horas fueron prestadas por cuidadores
que reconocen pérdida de productividad y 238,5 millones de horas fueron por
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Gráfico 1. Todas las personas con discapacidad
7%
34%
9%
> 60 horas
< 7 horas
16%
7-14 horas
15-30 horas
31-40 horas
41-60 horas
17%
17%
Gráfico 2. Demencia (incluyendo Alzheimer)
10%
8%
63%
> 60 horas
10%
< 7 horas
7-14 horas
4%
15-30 horas
5%
31-40 horas
41-60 horas
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
Gráfico 3. Parkinson
10%
45%
8%
> 60 horas
< 7 horas
15%
7-14 horas
15-30 horas
31-40 horas
12%
41-60 horas
10%
Gráfico 4. Esclerosis
7%
9%
45%
> 60 horas
13%
< 7 horas
7-14 horas
15-30 horas
14%
31-40 horas
41-60 horas
12%
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Gráfico 5. Ictus
10%
46%
9%
> 60 horas
< 7 horas
14%
7-14 horas
15-30 horas
31-40 horas
10%
41-60 horas
11%
Gráfico 6. Enfermedad mental
7%
51%
7%
> 60 horas
13%
< 7 horas
7-14 horas
15-30 horas
31-40 horas
12%
41-60 horas
10%
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Gráfico 7. Cardiopatías isquémicas
7%
36%
11%
> 60 horas
< 7 horas
13%
7-14 horas
15-30 horas
31-40 horas
41-60 horas
17%
16%
Gráfico 8. Enfermedad osteomuscular
6%
8%
32%
> 60 horas
< 7 horas
17%
7-14 horas
15-30 horas
31-40 horas
19%
41-60 horas
18%
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
cuidadores que no reconocen pérdida de productividad 39. Si tenemos en cuenta
que las personas pueden padecer más de una enfermedad es complicado asumir
que todas las horas de cuidados se deben a una única enfermedad. Así, más que
hablar de cuidados informales prestados a causa de padecer una enfermedad osteomuscular, hablaríamos de los cuidados informales prestados a personas que padecen enfermedades osteomusculares (únicamente o junto con otras patologías).
Este es el caso más habitual de la literatura anteriormente revisada. De este modo,
las personas que padecen una enfermedad osteomuscular requirieron 551,2 millones de horas de cuidados. Finalmente, una solución intermedia sería reconocer
que en caso de padecer comorbilidad, una parte de los cuidados informales son debidos a la enfermedad que estamos estudiando pero también existe un número de
horas de cuidados imputables a otras enfermedades. Sin conocer el patrón y la evolución de la salud de cada individuo es muy complicado realizar una imputación.
La solución de compromiso adoptada es asumir un caso base en el cual el 50% de
las horas de cuidados de las personas que presentan varias enfermedades a un
tiempo (comorbilidad) se imputan a la enfermedad estudiada y el otro 50% al resto
de problemas de salud que padece la persona. Dada la gravedad de las enfermedades consideradas (enfermedades mentales, oteomusculares, neurodegenerativas
y cardiopatías isquémicas), podría parecer que este 50% es una cifra escasa. Por
dicho motivo, se eleva esta cifra el 75% en el análisis de sensibilidad y al 100%,
dado que en la literatura no es habitual el control de la comorbilidad. Con un factor de control del 50%, las personas que padecen una enfermedad osteomuscular
requirieron 421,46 millones de horas de cuidados. El resto de horas de cuidados
asociados a las diferentes enfermedades o que recibieron las personas que padecen alguna de las enfermedades referidas se encuentra en la Tabla 6.
El coste total de los cuidados informales recibidos por las personas que padecen
una discapacidad, cualesquiera que sea su origen, supone un coste anuel estimado
9.087,4 y los 14.100,3 millones de euros en el año 2002 40.
39
40
202
En la tabla se diferencia entre los cuidadores que refieren pérdida de productividad de aquellos que no la refieren. Si se realizara la valoración desde la
óptica del coste de oportunidad (valoración del tiempo como input perdido), tendría sentido diferencian entre las personas que renuncian a tiempo
de trabajo o refieren pérdida de productividad y las que no. No obstante, como ya se ha comentado, el análisis se enfoca mediante el método del coste
de sustitución (valoración del tiempo como aproximación al output o servicios prestado).
En todos los casos, los valores mínimos y máximos vienen dados por la aplicación de los dos salarios sombra utilizados en el método 1. Los salarios
sombra ponderados empleados en el método 2 representan valoraciones uintermedias.
204,19
248,72
28,22
148,97
177,19
245,98
295,12
36,37
184,59
220,96
63,94
75,79
11,85
89,03
107,24
18,21
38,86
44,34
5,49
32,99
43,39
10,40
52,72
68,69
15,97
13,26
18,10
4,84
Esclerosis
172,4
216,0
43,6
206,2
268,6
62,4
138,6
163,4
24,8
Enfermedad
mental
103,89
133,96
30,07
149,70
193,44
43,74
58,08
74,49
16,41
Cardiopatías
isquémicas
336,48
421,46
84,98
434,5
551,2
116,7
238,5
291,8
53,3
Enfermedad
osteomuscular
1.628,6
2.008,6
380,0
Todos los
que reciben
cuidados
Fuente: Elaboración propia a partir de la EDDES. Unidades: millones de horas anuales.
(*) Ajuste de la comorbilidad. Se recogen el 50% del número de horas referidas por cuidadores de pacientes con comorbilidad.
44,52
49,14
93,75
105,66
11,91
Parkinson
19:43
Horas acumuladas de cuidados en el último año
por cuidadores que reconocen pérdida
de productividad………………………
Horas acumuladas de cuidados en el último año
por cuidadores que no reconocen pérdida
de productividad…………………
Total…………………………………………………....
Con ajuste de comorbilidad (*)
Horas acumuladas de cuidados en el último año
por cuidadores que reconocen pérdida
de productividad……………………
Horas acumuladas de cuidados en el último año
por cuidadores que no reconocen pérdida
de productividad……………………
Total…………………………………………………....
123,19
146,80
23,60
Ictus
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Horas acumuladas de cuidados en el último año
por cuidadores que no reconocen pérdida
de productividad……………………
Total…………………………………………………....
Horas de cuidados informales (incluyendo casos
de pacientes con varias enfermedades)
Horas de cuidados informales (casos de
pacientes con una única enfermedad)
Horas acumuladas de cuidados en el último año
por cuidadores que reconocen pérdida
de productividad……………
Demencia
Tabla 6. Horas de cuidado anual distinguiendo por tipo de enfermedad
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
Distinguiendo por enfermedades, para el mismo año, la traducción a cifras monetarias del número de horas de cuidado informal en el caso de las enfermedades
mentales supone un coste anual estimado entre los 977,2 y los 1.516,3 millones de
euros. El coste del cuidado informal en el caso de la demencia da como
resultado un coste estimado que oscilaría entre los 999,7 y los 1.551,1 millones
de euros. En el caso de los accidentes cerebrovasculares (ictus), se estima un
coste de entre 801,7 y 1.243,9 millones de euros. En el caso de la enfermedad de
Parkinson, se estima un coste de entre 342,9 y 532,1 millones de euros. En el caso
de la esclerosis múltiple se estima un coste de entre 196,3 y 304,6 millones de
euros. En el caso de las enfermedades isquémicas del corazón se estima un coste
de entre 606,1 y 940,4 millones de euros. Finalmente, en el caso de las enfermedades osteomusculares se estima un coste de entre 1.906,8 y 2.958,7 millones de
euros anuales.
Tabla 7. Estimación de los costes de los cuidados informales (caso base)
Método 1 (*)
Método 2 (*)
Estimación 1
Estimación 2
Estimación 3
Estimación 4
Estimación 5
TOTAL(**)
9.087,4 €
14.100,3 €
12.050,0 €
10.816,0 €
11.433,0 €
Enf. Ostemusculares
1.906,8 €
2.958,7 €
2.528,5 €
2.269,5 €
2.399,0 €
Cardiopatías isquémicas
606,1 €
940,4 €
803,7 €
721,4 €
762,5 €
Enf. Mentales
977,2 €
1.516,3 €
1.295,8 €
1.163,1 €
1.229,5 €
Demencia
999,7 €
1.551,1 €
1.325,6 €
1.189,8 €
1.257,7 €
Ictus
801,7 €
1.243,9 €
1.063,0 €
954,1 €
1.008,6 €
Parkinson
342,9 €
532,1 €
454,7 €
408,1 €
431,4 €
Esclerosis
196,3 €
304,6 €
260,3 €
233,7 €
247,0 €
Fuente: elaboración propia. Unidades: millones de euros (año 2002)
(*) Véase Métodos.Valoración del tiempo de cuidado
(**) El total no es la suma de las enfermedades indicadas. El total no se ve afectado por los
supuestos realizados sobre ajuste por comorbilidad.
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
Aunque la aplicación de diferentes métodos de cálculo de las horas de cuidados
puede interpretarse como un análisis de sensibilidad, también se ha variado el peso
de ajuste de comorbilidad en las horas de cuidado. Así, en las dos tablas siguientes (tablas 8 y 9) se observa el resultado de suponer que en caso de comorbilidad,
se asume un 75% y un 100%, respectivamente, de las horas de cuidados tienen
como fuente directa la enfermedad neurodeneratiiva correspondiente.
El coste total de los cuidados informales recibidos por las personas que padecen
una discapacidad, cualesquiera que sea su origen, no varía, dado que los supuestos sobre la existencia o no de comorbilidad no afecta al total del número de horas
recibido (se incluye todas las posibles causas u orígenes de la discapacidad). En
cambio, la distribución por grupos de enfermedades sí varía.
Así, por ejemplo, se puede observar cómo suponiendo un ajuste del 75% de las
horas de cuidado imputables a las enfermedades mentales (en caso de comorbilidad), el coste anual se estima que oscilaría entre 1.096,2 y 1.700,9 millones de
euros en el año 2002. Si se asume un ajuste del 100% de las horas de comorbilidad, el coste ascendería a entre 1.215,2 y 1.885,5 millones de euros 41. Cambiando
de tipo de enfermedad, suponiendo un ajuste del 75% de las horas de cuidado imputables a cardiopatías isquémicas el coste anual se estima que oscilaría entre
740,6 y 1.149,2 millones de euros. Si se asume un ajuste del 100% de las horas
de comorbilidad, el coste ascendería a entre 875,2 y 1.357,9 millones de euros.
Continuando con otras enfermedades, suponiendo un ajuste del 75% de las horas
de cuidado imputables a enfermedades osteomusculares el coste anual se estima
que oscilaría entre 2.200,1 y 3.413,8 millones de euros en el año 2002. Si se
asume un ajuste del 100% de las horas de comorbilidad, el coste ascendería a entre
2.493,5 y 3.868,93 millones de euros. En el caso de las demencias, suponiendo un
ajuste del 75% de las horas de cuidado imputables a estas enfermedades, el coste
anual se estima que oscilaría entre 1.167,4 y 1.811,4 millones de euros. Si se
asume un ajuste del 100% de las horas de comorbilidad, el coste ascendería a entre
41
Se insiste en subrayar que en este último caso sería más correcto hablar de cuidados informales prestados a pacientes con enfermedades mentales
que de cuidados informales generados inequívocamente por una enfermedad mental, si bien en la literatura internacional raramente se controla el efecto
de la comorbilidad.
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
1.335,2 y 2.071,5 millones de euros. En el caso del ictus, suponiendo un ajuste del
75% de las horas de cuidado imputables a estas enfermedades, el coste anual se
estima que oscilaría entre 963,5 y 1.494,9 millones de euros. Si se asume un ajuste
del 100% de las horas de comorbilidad, el coste ascendería a entre 1.125,3 y
1.746,0 millones de euros. En el caso de la enfermedad de Parkinson, suponiendo
un ajuste del 75% de las horas de cuidado imputables a estas enfermedades, el
coste anual se estima que oscilaría entre 414,0 y 642,4 millones de euros. Si se
asume un ajuste del 100% de las horas de comorbilidad, el coste ascendería a entre
485,2 y 752,8 millones de euros. Finalmente, en el caso de la esclerosis, suponiendo un ajuste del 75% de las horas de cuidado imputables a estas enfermedades, el coste anual se estima que oscilaría entre 253,6 y 393,4 millones de euros.
Si se asume un ajuste del 100% de las horas de comorbilidad, el coste ascendería
a entre 310,8 y 482,2 millones de euros.
Los costes estimados son de una gran magnitud. Para nuestro conocimiento, únicamente en otro país se ha realizado una aproximación de estas características
sobre el coste global de los cuidados prestados a personas que padecen discapacidad por parte de personas no profesionales (Arno et al., 1999). En dicho trabajo,
se estimaba que, en EEUU para el año 1997, los cuidados informales representaban 197.000 millones de dólares. Dicha cifra se comparaba con la asistencia formal a domicilio (115.000 millones) y con el gasto sanitario de EEUU (1,09 billones
de dólares).
En el presente capítulo, tomando como referencia el año 2002, se ha estimado que
los costes de los cuidados informales oscilan en el caso base entre los 9.087,4 y los
14.100,3 millones de euros. Así, los costes estimados de los cuidados informales
representarían una cifra equivalente a entre el 23,9% y el 37,1% del gasto sanitario del Sistema Nacional de Salud español del año 2002 y entre el 1,25% y el
1,93% del Producto Interior Bruto del mismo año.
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
Tabla 8. Estimación de los costes de los cuidados informales (análisis de
sensibilidad I)
Método 1 (*)
Método 2 (*)
Estimación 1
Estimación 2
Estimación 3
Estimación 4
Estimación 5
TOTAL(**)
9.087,4 €
14.100,3 €
12.050,0 €
10.816,0 €
11.433,0 €
Enf. Ostemusculares
2.200,1 €
3.413,8 €
2.917,4 €
2.618,6 €
2.768,0 €
Cardiopatías isquémicas
740,6 €
1.149,2 €
982,1 €
881,5 €
931,8 €
Enf. Mentales
1.096,2 €
1.700,9 €
1.453,6 €
1.304,7 €
1.379,1 €
Demencia
1.167,4 €
1.811,4 €
1.548,0 €
1.389,5 €
1.468,8 €
Ictus
963,5 €
1.494,9 €
1.277,6 €
1.146,7 €
1.212,1 €
Parkinson
414,0 €
642,4 €
549,0 €
492,8 €
520,9 €
Esclerosis
253,6 €
393,4 €
336,2 €
301,8 €
319,0 €
Ajuste de la comorbilidad. Se recogen el 75% del número de horas referidas por cuidadores de pacientes con comorbilidad.
Fuente: elaboración propia. Unidades: millones de euros (año 2002)
(*) Véase Métodos.Valoración del tiempo de cuidado
(**) El total no es la suma de las enfermedades indicadas. El total no se ve afectado por los
supuestos realizados sobre ajuste por comorbilidad.
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
Tabla 9. Estimación de los costes de los cuidados informales (análisis de
sensibilidad II)
Método 1 (*)
Estimación 1
Método 2 (*)
Estimación 2
Estimación 3
Estimación 4
Estimación 5
TOTAL(**)
9.087,4 €
14.100,3 €
12.050,0 €
10.816,0 €
11.433,0 €
Enf. Ostemusculares
2.493,46 €
3.868,93 €
3.306,36 €
2.967,75 €
3.137,05 €
Cardiopatías isquémicas
875,17 €
1.357,94 €
1.160,49 €
1.041,64 €
1.101,06 €
Enf. Mentales
1.215,2 €
1.885,5 €
1.611,3 €
1.446,3 €
1.528,8 €
Demencia
1.335,21 €
2.071,75 €
1.770,50 €
1.589,18 €
1.679,84 €
Ictus
1.125,27 €
1.746,00 €
1.492,12 €
1.339,31 €
1.415,71 €
Parkinson
485,19 €
752,83 €
643,36 €
577,47 €
610,42 €
Esclerosis
310,77 €
482,20 €
412,09 €
369,88 €
390,98 €
Ajuste de la comorbilidad. Se recogen el 100% del número de horas referidas por cuidadores de pacientes con comorbilidad
Fuente: elaboración propia. Unidades: millones de euros (año 2002)
(*) Véase Métodos: Valoración del tiempo de cuidado
(**) El total no es la suma de las enfermedades indicadas. El total no se ve afectado por los
supuestos realizados sobre ajuste por comorbilidad.
4. Discusión
La Encuesta de Deficiencias, Discapacidades y Estado de Salud presenta la ventaja
de disponer de una muestra amplia, y se recoge información sobre personas con
discapacidad y sus cuidadores. También permite conocer si la persona discapacitada padece una o más enfermedades, de entre las recogidas en un listado no
exhaustivo pero amplio. Sin embargo, esta encuesta no se diseñó específicamente
para el estudio de los cuidados informales, por lo que presenta limitaciones
importantes en varios aspectos.
En primer lugar, sólo se dispone de información para aquellas personas que
identifican a un cuidador principal. Además, sólo contempla cuidados de larga
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
duración, prestados en periodos superiores o iguales al año, o cuidados en los que
se estima que la duración será superior al año. Por tanto, no recoge información
sobre cuidados de corta y media duración, ni sobre otros cuidadores distintos del
principal, a pesar de que el papel de apoyo de los cuidadores secundarios es de
extraordinaria importancia.
Los datos recogidos tampoco son muy detallados en cuanto a las tareas que requiere el cuidado de la persona. Como se comenta en el capítulo 4 sobre valoración de cuidados informales, el tipo de pregunta empleado (pregunta directa) no
parece la más apropiada para la revelación de los cuidados informales en cuanto
a su cantidad y, desde luego, no aporta información sobre su composición.
Tampoco la encuesta nos permite avanzar sobre la magnitud del sacrificio de productividad que supone que una persona potencialmente activa se vea obligada a
mantenerse laboralmente inactiva para prestar los cuidados. Pero incluso si tuviéramos información más detallada sobre estos extremos, nos faltaría información
complementaria para poder aplicar el método del coste de oportunidad a las horas
de cuidados y estimar otras partidas de costes que supone para la sociedad estas enfermedades.
En efecto, la estimación se ha centrado en el coste del tiempo de los cuidadores informales y no en otros costes derivados del cuidado. Por ejemplo, la adaptación de
una vivienda, gastos de transporte y de comida extra, o la adquisición de materiales socio-sanitarios (sillas de ruedas, andadores, camas articuladas, teléfonos especiales,…) son elementos corrientes en enfermedades discapacitantes que no han
sido considerados en este estudio por falta de información en la encuesta, que no
contiene un estadillo de gastos.
Adicionalmente, en nuestra estimación no se incluye el coste derivado de los cuidados de larga duración prestados en residencias, centros de días y otras instituciones, o la contratación de enfermeras y cuidadores remunerados por sus servicios
puesto que la EDDES es una encuesta a domicilio y a que los cuidadores remunerados escapan a nuestra delimitación de cuidado informal.
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
Asimismo, a la hora de estimar el valor de una hora de cuidado aplicando la
metodología del coste de sustitución se ha empleado las tablas salariales de los
convenios laborales correspondientes. Dichos convenios marcan salarios mínimos,
los cuales muy probablemente se encuentran por debajo del salario real de
mercado. Sin embargo, ante la falta de información adicional se ha preferido esta
aproximación conservadora, pudiéndose interpretar los valores alcanzados como
un umbral mínimo.
Si bien todos estos aspectos parecen sesgar a la baja los cálculos realizados, también habría que tener en cuenta que en la estimación de los cuidados informales,
numerosos trabajos señalan la importancia de distinguir qué parte de las actividades del cuidador pueden ser calificadas realmente como cuidados al paciente. Por
ejemplo, un paciente con un grado de discapacidad severa puede necesitar estar
acompañado de otra persona las 24 horas del día. Sin embargo, considerar que el
tiempo de cuidados informales es igual a 24 horas diarias supone ignorar que el cuidador puede realizar otro tipo de actividades al tiempo que permanece junto al
paciente. Es decir, tendríamos una situación de producción conjunta, en la cual se
debería distinguir cuidadosamente qué actividades (y qué parte de éstas) representan cuidados y qué parte son actividades cotidianas de la persona que presta cuidados. Otro ejemplo es el siguiente: en el caso de un ama de casa, la preparación
de la comida para su pareja o un hijo enfermo forma parte de sus actividades cotidianas; en cambio, dar de comer a la persona enferma, no. Sin embargo, para llegar a distinguir entre estas diferentes situaciones es necesario diseñar una encuesta
específica para tal fin, adaptada para los cuidados de personas que sufren una enfermedad concreta.
Adicionalmente, el coste obtenido por los métodos anteriormente citados puede subestimar el verdadero coste de los cuidados informales. Para ello, basta considerar
aspectos ya mencionados (empleo de tablas salariales de convenios colectivos, no
identificación de un cuidador secundario, etc.) y otros como sería el efecto sobre
la salud de los propios cuidadores que conlleva la prestación de sus servicios. Esta
es una circunstancia poco conocida por los propios cuidadores al comienzo de su
actividad pero que puede mostrarse de manera clara cuando los cuidados son prestados de manera prolongada en el tiempo. Estudios realizados en el caso de cuidadores de pacientes con enfermedades como la esquizofrenia, demencias o la
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enfermedad de Alzheimer muestran que su calidad de vida es significativamente inferior al de aquellas personas que no prestan estos servicios (van Exel et al. 2005;
Low et al., 1999; López Bastida et al, 2006; McDaid, 2001; Wimo et al., 2002)
Por tanto, no está claro que los resultados estimados sobrestimen ni infraestimen el
coste de este tipo de cuidados no remunerados, si bien una conclusión del estudio
es que se debe mejorar el diseño y recogida de datos referidos a este tipo de cuidados para reducir posibles sesgos en uno u otro sentido. En cualquier caso no parece que las encuestas de corte transversal sean el diseño óptimo para estudiar los
problemas relacionados con la dependencia ni la evolución de las diferentes dimensiones relaciondas con los cuidados informales (carga del cuidador, pérdida de
su calidad de vida, empeoramiento de su estado de salud, decisiones entre cuidar
en el hogar o en una residencia, complementariedad entre cuidados formales e informales, identificación de variables predictoras de discapacidad, etc.). Antes bien,
el tipo diseño deseable sería un estudio longitudinal de cohorte que permitiera analizar la evolución de las personas con problemas de salud e incluso antes de la
aparición de cualquier tipo de problema. Así, sería factible el estudio de elementos desencadenantes de situaciones de dependencia, lo cual ayudaría a diseñar
programas y políticas destinadas a prevenir tales situaciones.
Por otro lado, merece la pena señalar que en España en los últimos años la población ha crecido muy rápidamente debido a la llegada de población inmigrante. La
mayoría de estas personas han acudido a España por motivos económicos. De
acuerdo con la Encuesta de Población Activa, junto con el sector de la constrcción
y la hostelería, uno de los sectores de actividad donde más se han empleado estas
personas es el de los cuidados personales. Ello indicaría un cambio sustancial en
el patrón de cuidados, siendo cada vez más frecuente la contratación de una persona ajena al hogar para complementar la tarea del cuidador en la realización de
tareas domésticas, supervisión de la persona dependiente e incluso en otras actividades de carácter básico e instrumental. Este efecto no se ha podido captar con la
EDDES debido a la fecha de su realización y a su diseño (una única observación
temporal) y queda pendiente de posteriores trabajos cuando existan datos disponibles para ello.
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Los Costes de los Cuidados Informales en España
Finalmente, se ha de señalar que el presente capítulo está centrado en la estimación
del coste de los cuidados informales. A ello hemos dedicado estas páginas. Seríamos
injustos sin embargo si no hiciéramos una referencia final al papel positivo que juegan los cuidadores en el entramado social, ofreciendo su tiempo, esfuerzo y cariño a
las personas cuidadas. Adicionalmente, si bien para ciertas enfermedades neurodegenerativas no hay cura actual y su progresión es de “no retorno”, sí existen referencias
sobre su influencia en la evolución de personas con enfermedades cardiovasculares
(Hamalainen et al., 2000; Proctor et al., 2000; Boyd et al., 2004). El papel del cuidador se revela como esencial a la hora de evitar rehospitalizaciones y mejorar la calidad y esperanza de vida de la persona discapacitada. La importancia de la figura y de
su papel en la salud y bienestar de las personas discapacitadas no puede minimizarse,
y merecen toda la atención y el interés por parte de los poderes públicos que, con la
reciente Ley de Autonomía y Apoyo a la Dependencia. Asegurarse del nombre exacto
de la ley. Aparece de varias maneras similares, pero no iguales, en varios capítulos
del libro empiezan a actuar en este campo, en buena medida aún por explorar.
5. Conclusiones
Las enfermedades suponen un fuerte impacto sobre sociedades e individuos, tanto
en términos de mortalidad como en términos de pérdida de la calidad de vida de
las personas que las padecen. Como respuesta, se emplea una gran cantidad de recursos para tratar de paliarlas. Sin embargo, más allá del gasto sanitario empleado
en la prevención, el tratamiento y los cuidados sanitarios existen otros elementos
que a menudo pasan inadvertidos y que tienen que ver con el dolor y el sufrimiento
de las personas que padecen una enfermedad, pero también con el de sus familiares y amigos. Contemplar los efectos de las enfermedades sin tenerlos en cuenta supone una grave infravaloración de su impacto.
Los cuidados no remunerados por parte de personas que no son profesionales de
servicios sociales ni sanitarios, también llamados cuidados informales, representan
un recurso real invertido en mejorar la calidad de vida de las personas que padecen alguna discapacidad asociada a las enfermedades. Lógicamente, la persona
que presta el cuidado debe renunciar a su tiempo de ocio o de trabajo (sea laboral o sea doméstico) para hacerse cargo de la persona que padece la discapacidad.
Recurso, que en caso de no ser prestados por cónyuges, familiares y amigos de la
persona que padece la discapacidad debería ser asumido por el sistema público.
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Desde la perspectiva económica, lo relevante es que la necesidad de dichos
cuidados representa un coste de oportunidad social, tenga ello un reflejo contable
(como en el caso de los cuidados formales prestados en centros de día, en residencias o en el propio domicilio por parte de enfermeras o cuidadores sociales) o no
lo tenga (en el caso de los cuidados prestados por las familias).
Tomando como referencia el año 2002, se ha estimado que los costes de los cuidados informales oscilan en el caso base entre los 9.087,4 y los 14.100,3 millones
de euros. Así, los costes estimados de los cuidados informales representarían una
cifra equivalente a entre el 23,9% y el 37,1% del gasto sanitario del Sistema Nacional de Salud español del año 2002 y entre el 1,25% y el 1,93% del Producto Interior Bruto del mismo año.
Dadas las previsiones demográficas, que sitúan a España entre los países con poblaciones más envejecidas, y al cambio de patrones familiares, con una reducción
del tamaño familiar medio y un incremento en el número de personas que viven
solas, la red de cuidadores informales sustentados en las familias como principal
proveedor de cuidados colapsaría en unas décadas.
Llegar a una edad avanzada no implica necesariamente encontrarse en situación de
dependencia, si bien se observa que las personas dependientes son en su mayoría
de avanzada edad. Por ello, se requerirían de estudios en profundidad para identificar elementos predictores de evolución de dependencia, con el fin de actuar mediante intervenciones de carácter preventivo.
Por otra parte, España parte de niveles ínfimos de gasto en protección social
asociados a la dependencia. Para el conjunto de España, el gasto de cuidados
formales en dependencia no llega al 0.25% del PIB. Esta cifra se encuentra muy por
debajo de la mayoría de los países de la Unión Europea. Italia se acerca al 0.7%
del PIB; el nivel de gasto de los países continentales oscilan entre el 0.9% de
Austria y el 1.2% de Francia y Alemania, mientras que los países nórdicos y
Holanda, con un sistema de atención universal y de amplia cartera de prestaciones
se sitúan sobre el 2.5% su PIB (Vilaplana, 2007). La comparación de las cifras españolas con las de otros países europeos sin duda indica que el margen de
maniobra español es aún amplio.
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El efecto esperado de la paulatina aplicación de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a Personas en Situación de Dependencia debiera ser
aliviar la carga de los cuidadores (y reducir así el coste de los cuidados informales),
especialmente de aquellos que se encargan del cuidado de personas en un estadio
más severo de dependencia. Al obrar de este modo y sustituir cuidados informales
por formales, debiera aflorar una parte del coste “invisible” estimado en este trabajo.
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Capítulo
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CAPÍTULO 6:
LOS SERVICIOS SOCIALES PARA DEPENDIENTES EN ESPAÑA
Sergi Jiménez-Martín y Cristina Vilaplana Prieto
1. Introducción
Los avances de las sociedades modernas en términos de descubrimientos médicos,
disponibilidad de medicamentos, habitabilidad y salubridad han conllevado un
incremento en la calidad de vida de las personas y un aumento en la esperanza de
vida de las mismas. De hecho, la esperanza de vida media al nacer en el año 1900
era de 33.9 años para los hombres y 35.7 años para las mujeres 42. En el año 1998,
hemos pasado a 74.4 años para los hombres y 81.7 años para las mujeres. Además,
se espera un crecimiento significativo de la esperanza de vida en décadas venideras. Por consiguiente, las civilizaciones occidentales se enfrentan ahora al problema
del envejecimiento progresivo de su población. En el Gráfico 1 se ha representado
para España la evolución porcentual de cuatro grupos de población: menores de 40
años, de 40 a 65, de 65 a 80 y mayores de 80. Se aprecia una disminución de la fracción de población más joven y un incremento de los mayores de 65 años y mayores de 80 años. El porcentaje de individuos con edades comprendidas entre 65 y 80
años se ha incrementado del 5.2% en 1900 al 17.04% en el año 2001. Lo mismo
ha ocurrido con los mayores de 80 años, que han aumentado del 0.6% al 3.9%.
Tan importante como garantizar un nivel de vida aceptable durante la infancia y la
vida laboral del los individuos, es preocuparse por la calidad de vida de las personas que se encuentran en el último tramo de su vida, más aún si presentan problemas de salud. Por esta razón, los poderes públicos deben estar preparados para
hacer frente a las demandas que surgen en la sociedad ante el envejecimiento de
la población. La Tabla 1 recoge el volumen de prestaciones sociales a la vejez en
los países de la Unión Europea–15, para el periodo 2000-2003. La mayoría de los
países han incrementado el volumen de gasto en prestaciones expresado como
porcentaje del PIB 43. España no se encuentra en este grupo de países, puesto que
42
Información procedente de los Censos de Población (INE).
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además de encontrarse por debajo del a media europea (7.9% frente a 11.1%) se
ha producido un ligero descenso a lo largo de estos cuatro años. También se proporciona el dato de la cuantía de la prestación por persona de 65 o más años expresada tomando como referencia la media de la Unión Europea-15. España se
encuentra junto con Grecia e Irlanda entorno a la mitad de la prestación media
europea. Por el contrario, Austria, Dinamarca y Luxemburgo conceden las prestaciones más generosas.
Gráfico 1. Evolución de la estructura poblacional en España. 1900-2001.
100%
80%
60%
40%
20%
0%
1900
1910
1920
Menos de 40
1930
1940
40-64
1950
1960
1970
65-80
1981
1991
2001
Más de 80
Fuente: Elaboración a partir de Censos de Población (INE).
43
218
Se encuentran en esta situación: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y Suecia. Bélgica e Irlanda aun
encontrándose por debajo del la media europea, han acortado distancias durante este periodo.
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Tabla 1. Prestaciones de protección social a la vejez en los países de la UE
En porcentaje del PIB
UE-15
Alemania
Austria
Bélgica
Dinamarca
España
Finlandia
Francia
Grecia
Irlanda
Italia
Luxemburgo
Países Bajos
Portugal
Reino Unido
Suecia
Por persona de 65+.
2000
2001
2002
2003
2003. (UE-15=100)
11.0
11.5
12.9
8.5
10.7
8.2
7.8
10.7
11.8
2.6
12.8
7.2
9.5
7.3
11.6
11.3
10.9
11.7
13.1
8.9
10.8
8.0
8.1
10.6
12.6
2.7
12.7
5.5
9.0
7.7
11.2
11.4
10.9
11.9
13.4
9.3
10.9
7.9
8.4
10.5
12.1
2.8
12.9
5.8
9.3
8.4
10.7
11.7
11.1
12.0
13.4
9.7
11.1
7.9
8.7
10.6
12.1
2.9
13.1
6.1
9.2
8.9
10.7
12.2
100.0
110.6
149.9
91.7
162.8
53.7
95.9
105.0
59.3
55.5
95.9
143.9
121.6
43.2
117.9
131.3
Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat.
Database: Population and Social Conditions. Living Conditions and Welfare. Social
Protection.
En la literatura económica sobre cuidados a dependientes, existe un controvertido
debate sobre si las horas de cuidado proporcionadas por personal sanitario cualificado complementan, sustituyen, refuerzan o compiten con las horas de cuidado
informal suministradas por familiares o amigos (Glazer, 1990; Chappell y Blanford,
1991; Mayall, 1993; Bass y Noelker, 1994; Denton, 1997). Por esta razón, se pueden distinguir cuatro modelos diferentes a la hora de explicar la relación entre cuidados formales e informales.
El primero es el modelo compensatorio (Cantor, 1979) que postula la sustitución de
un sistema de cuidados por otro, pero siguiendo un orden de preferencia. De esta
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manera, la persona mayor o dependiente únicamente recurre a los cuidados
formales (sistema de salud o empresas especializadas) cuando ha agotado todas
las fuentes de cuidado informal disponibles. Sin embargo, son pocos los trabajos
empíricos que han respaldado esta teoría (Penning, 1990; Cantor, 1991; Chappell
1991).
El segundo modelo es el sustitutivo (Greene, 1983), según el cual a medida que se
reciben cuidados formales se observa una reducción paralela en las horas de cuidado informal. Este argumento suele ser utilizado por aquellos economistas que
proponen un racionamiento de los cuidados formales en aras de contener el gasto
sanitario, puesto que si los cuidados formales se extendieran de forma generalizada a todos los dependientes, la disminución en el número de horas de cuidado
informal supondría una elevación en la cifra de gastos sanitario. Sin embargo, la
evidencia empírica ha demostrado que, en la mayoría de los casos, las familias no
cesan sus cuidados informales cuando comienzan a recibir atención formal
(Archobld, 1982; Moscovice et al., 1988; Edelman y Hughes, 1990; Tennstedt et al.,
1993).
El tercer modelo recibe el nombre de especificidad de tareas y fue propuesto por
Litwak (1985). Sostiene que las ayudas formales e informales son diferentes, pero
complementarias. Basándose en este modelo el cuidador informal (que en la mayoría de los casos suele ser una mujer) es el más adecuado para proporcionar los
cuidados diarios (por ejemplo: aseo, vestido y comida), mientras que los cuidados
formales se reservan para tareas de naturaleza más tecnológica. A diferencia del
modelo compensatorio, es la naturaleza de la tarea y no la voluntad del dependiente la que determina quién es el más indicado (la familia o el profesional).
Algunos trabajos que han corroborado esta teoría son el de Penning y Chappell
(1990) y Fisher y Eustis (1994).
Por último, se encuentra el modelo complementario propuesto por Chappell y
Blandford (1991), que implica una unión de los anteriores modelos compensatorias y suplementarias. Cuando las necesidades del dependiente exceden los
recursos del sistema informal los cuidados formales prestan el apoyo necesario.
Por ejemplo: en las situaciones en las que los cuidadores necesitan un periodo de
respiro, lo cual no implica un abandono permanente de sus responsabilidades.
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Se ha encontrado evidencia empírica de esta teoría en los trabajos de Noelker y
Bass (1989), Edelman y Hughes (1990) y Denton (1997). En el trabajo de Chappell
y Blandford (1991) se detallan dos circunstancias en las cuales los cuidados formales se utilizan en conjunción con los formales: cuando los requerimientos de
atención son muy elevados o cuando la situación familiar es crítica. De esta
manera, se argumenta que la atención formal actúa de manera complementaria
cuando las redes de cuidados informales se dan cuenta de que no pueden hacerlo
todo ellas solas.
Este capítulo pretende profundizar en el estudio de las relaciones existentes entre
cuidados formales e informales. Tal y como se verá a lo largo de su desarrollo no
se puede admitir, con carácter general, la validez de la teoría de la sustitución,
complementariedad, competencia o subsidiariedad entre ambos tipos de ayudas,
sino que dependiendo de las particularidades de cada situación, como por
ejemplo, carácter permanente o temporal de la ayuda informal, número de cuidadores informales, número de años de cuidado o razones por las que el cuidador
atiende a su familiar enfermo.
La estructura del capítulo es la siguiente: en la sección 2 estudiamos la distribución
de las ayudas formales en función de las características del dependiente. En la
sección 3, analizamos la repercusión de las ayudas formales sobre la vida laboral
y personal del cuidador. A continuación en la sección 4 se describe la forma en que
las diferentes ayudas formales consideradas se complementan o sustituyen entre
sí. Por otra parte, no es suficiente con estudiar la recepción de las ayudas formales,
sino que resulta imprescindible considerar que el conocimiento de las ayudas constituye el paso previo para su solicitud, por lo que en la sección 5 se detalla en qué
situaciones el cuidador o su entorno están más informados sobre los servicios
sociales para dependientes. En la sección 6 se estudia el número de horas de
cuidado informal en función de la recepción o no de ayudas formales, y de la clase
de ayudas formales recibidas. Por último, en la sección 7 se propone un modelo
econométrico para estimar la probabilidad de recibir ayudas formales en diferentes contextos familiares. El capítulo concluye con unas reflexiones sobre el impacto
que pueda tener la Ley de Autonomía Personal y Atención a las Personas en
Situación de Dependencia.
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2. Relación entre ayudas formales y características del dependiente
Para analizar la frecuencia de utilización de los servicios sociales para dependientes se ha empleado la Encuesta de Apoyo Informal elaborada por el Imserso en el
año 2004. Mediante entrevista personal se entrevistaron a 1.504 cuidadores
familiares residentes en hogares de España (con la excepción de Ceuta, Melilla y
La Rioja). Para que los resultados sean válidos a nivel poblacional, cada una de las
observaciones ha sido ponderada utilizando los pesos muestrales. Sólo 298
dependientes recibió algún tipo de ayuda formal (técnica, personal o de centro), lo
cual sitúa a la tasa de apoyo formal en el 19.81% (22.61% la tasa de apoyo formal
técnico, 9.51% la tasa de apoyo formal personal y 6.32% la tasa de apoyo formal
de centro).
Edad
La Tabla 2 muestra la frecuencia de recepción de ayudas formales en función de la
edad del dependiente. Se observe un descenso en el porcentaje de receptores con
edades superiores a los 90 años, fundamentalmente en el servicio de ayuda a
domicilio que pasa del 12.27% para el intervalo 80-89 años a 5.38% para los
mayores de 90 años. Esto se debe a una acusada disminución en el porcentaje de
dependientes con más de 90 años que viven solos. Dicha cifra se reduce del 32%
si nos fijamos en los que tienen entre 60 y 69 años al 18% en el último tramo de
Tabla 2. Frecuencia de recepción de servicios sociales en función de la edad del
dependiente
60-69
70-79
80-89
90-99
Nº observ.
Adaptación de la vivienda
24.23
19.70
26.68
22.15
266
Telealarma
2.98
9.30
9.74
8.86
74
Comida y lavandería
1.92
2.68
4.41
5.38
15
Servicio de Atención a Domicilio
12.87
11.44
12.27
5.49
128
Centro de Día
6.38
4.94
4.51
4.77
42
Residencia
4.65
3.89
3.74
3.62
53
Cualquier ayuda
28.57
25.94
27.24
25.66
298
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
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edad. Y si dentro de los dependientes que viven solos nos fijamos en aquellos
que residen en una ciudad diferente a la del cuidador pasamos de un 2.61% a un
0.41%. Esta situación respalda la teoría de la preferencia en la ordenación de
los cuidados, según la cual el dependiente prefiere que le atienda su familia
antes que otras personas, que aunque sean profesionales especializados, son
desconocidos para él.
Enfermedades crónicas
Los enfermos con problemas de huesos o de demencia son los que tienen mayor
probabilidad de recibir cualquier tipo de ayudas formales (61.07% y 55.37%, respectivamente). Las patologías de demencia y corazón tienen porcentajes muy altos
en el servicio de atención a domicilio, dado que los primeros necesitan atención
casi constante y en el caso de los segundos, existe una fuerte correlación entre
ambos tipos de enfermedades, ya que un 47% de los enfermos de corazón también
presentan problemas mentales.
Los enfermos mentales y con problemas mentales presentan los mayores porcentajes en la recepción de ayudas a través de centros de día. Los enfermos de cáncer
presentan una tasa de recepción de ayudas formales muy reducida (6.04%) lo que
puede ser debido a que entre las ayudas consideradas no se encuentran las estancias hospitalarias ni las unidades paliativas del dolor.
Tabla 3. Frecuencia de recepción de servicios sociales en función de diversas
patologías
Huesos
Demencia
Corazón
Diabetes
Cáncer
Nº observ.
19.34
24.49
22.52
25.43
20.01
266
Telealarma
3.01
13.64
9.55
8.41
11.22
74
Comida y lavandería
2.54
3.91
3.55
2.53
5.96
15
Servicio de Atención a Domicilio
7.50
12.38
11.01
11.41
9.71
128
Centro de Día
2.85
6.28
4.69
5.21
6.76
42
Residencia
1.57
4.33
4.46
3.81
0.74
53
Cualquier ayuda
61.07
55.37
51.68
28.86
6.04
298
Adaptación de la vivienda
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
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Discapacidades básicas
Se consideran discapacidades básicas para la vida diaria las situaciones en las que
se necesita ayuda de otra persona para: comer, vestirse, asearse, desplazarse por la
casa, moverse, controlar las necesidades, utilizar el servicio, acostarse y levantarse
de la cama, bañarse o ducharse 44. La Tabla 4 muestra la frecuencia de las ayudas
formales en función del número de discapacidades básicas padecidas. La recepción
de ayudas técnicas se incrementa considerablemente con el número de discapacidades. También aumentan los porcentajes de servicio de atención a domicilio, centros de día y residencias.
El servicio de telealarma disminuye cuando se alcanza el número máximo de
discapacidades porque aumenta el número de dependientes que vive de forma
permanente con el cuidador principal 45.
Tabla 4. Frecuencia de recepción de servicios sociales en función del número de
discapacidades básicas
0
1-2
3-5
6-8
9-10
Nº observ.
5.86
9.84
20.98
25.34
43.91
266
Telealarma
7.15
10.04
9.41
11.64
6.31
74
Comida y lavandería
4.38
1.78
1.44
8.26
3.24
15
Servicio de Atención a Domicilio
10.61
9.72
9.66
11.37
13.62
128
Centro de Día
2.84
2.51
5.11
8.84
4.85
42
Residencia
2.08
3.94
3.61
4.30
5.05
53
Cualquier ayuda
12.46
17.01
19.49
22.52
22.02
298
Adaptación de la vivienda
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
44
45
224
Los individuos con cero discapacidades básicas presentan un número medio de 6 discapacidades instrumentales, el 52% padece problemas de
huesos y el 42% problemas de corazón.
El porcentaje de dependientes que convive permanentemente con el cuidador pasa del 45.31% cuando no se padecen discapacidades básicas al 75.41%
cuando se padecen de 9 a 11.
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
El Gráfico 2 muestra la relación entre número de horas de cuidado informal y número de discapacidades básicas, en función de si se reciben o no ayudas formales
(técnica, personal o de centro). Cuando no se recibe ninguna ayuda el número de
horas de cuidado es sensiblemente inferior a cuando sí se reciben 46. Este dato
indicaría una complementariedad entre ambos tipo de cuidado, de manera que el
apoyo de los servicios sociales estimularía la intensidad del cuidado por parte de
la red informal. Además, la distancia entre el número de horas de cuidado informal
con y sin ayuda es creciente conforme aumenta el número de discapacidades.
Discapacidades instrumentales
Se considera que un individuo padece una discapacidad instrumental para la vida
diaria cuando necesita la participación de otra persona para: hacer la compra,
preparar las comidas, realizar las tareas domésticas, tomar la medicación, utilizar
el teléfono, desplazarse por la calle, utilizar el transporte público, administrar el
dinero e ir al médico.
Gráfico 2. Relación entre el número de discapacidades básicas y el número de
horas de cuidado informal en función del tipo de cuidados formales recibidos
10
9
8
7
6
5
4
3
2
1
0
Menos de 1
De 1 a 2
De 3 a 5
De 5 a 8
De 9 a 16
De 17 a 24
Nº horas de Cl
Ayuda personal
Ayuda centro
Ayuda técnica
Ninguna ayuda
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
46
En el caso de las ayudas de centro, no hay nadie con ninguna discapacidad básica a quien se le haya concedido estancia en un centro de día o en
una residencia.
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
La Tabla 5 muestra la frecuencia de recepción de ayudas formales en función del
número de discapacidades instrumentales. El porcentaje de individuos que recibe
el servicio de adaptación a la vivienda, telealarma y servicio de comida y lavandería se incrementa a medida que aumenta el número de discapacidades instrumentales. En el caso de las otras tres ayudas, siempre observamos un porcentaje superior
cuando el número de discapacidades instrumentales es de 9 a 11.
El hecho de que el porcentaje para los servicios de ayuda domiciliaria y de centro
de día sea inferior cuando se padecen de 3-5 discapacidades instrumentales que
cuando se sufren menos de 3, se puede explicar porque cuando el dependiente
presenta un número significativo de limitaciones en su vida diaria se produce un
efecto atractor sobre su entorno. De esta manera, se observa que el cuidador principal recibe ayuda en un 33% de los casos frente a un 25% cuando el número de
discapacidades es menor que tres. Más adelante, cuando el número de discapacidades aumenta es necesario recurrir a los servicios formales porque los cuidadores informales se sienten desbordados por las exigencias de tiempo o de cuidados.
Estaríamos, por consiguiente, ante una manifestación de la primera de las teorías
comentadas, según la cual el individuo comienza buscando apoyo entre su familia y más adelante, sólo cuando es necesario, recurre al sistema formal. En consecuencia, no sería cierta la teoría que predice que la disponibilidad de recursos
formales incita al individuo a utilizarlos sin mesura y dispara el gasto en prestaciones sociales. En este caso, sea por voluntad de la familia o del propio dependiente
se aprovechan primero los recursos informales.
Tabla 5. Frecuencia de recepción de servicios sociales en función del número de
discapacidades instrumentales
Adaptación de la vivienda
Telealarma
Comida y lavandería
Servicio de Atención a Domicilio
Centro de Día
Residencia
Cualquier ayuda
0-2
2.07
1.71
2.11
10.75
4.01
2.23
12.50
3-5
6.62
7.30
2.93
7.40
1.61
4.15
13.61
6-8
19.98
10.71
3.22
14.22
3.04
2.87
24.65
9-11
27.73
8.73
4.22
10.55
6.15
4.27
30.25
Nº observ.
266
74
15
128
42
53
298
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
La distancia entre horas de cuidado informal en función de si se reciben o no ayudas es menor en el Gráfico 3 que en el Gráfico 2, donde se consideraban las discapacidades básicas. Además, la pauta de comportamiento es diferente, ya que el
número de horas de cuidado informal cuando no se reciben ayudas es inferior a
cuando el dependiente recibe ayudas si el número de horas diarias de cuidado es
inferior a 8. En cambio, en el intervalo 17-24 las horas de cuidado son las mismas
tanto si se reciben ayudas de centro como si no se recibe ningún tipo de ayuda 47.
Horas de cuidado
Los dependientes que reciben cuidados durante más de 16 horas al día presentan
las frecuencias más elevadas en lo que se refiere a servicios para adaptación a la
vivienda, servicio de comida y lavandería, centros de día y residencias. En el
servicio de telealarma, la mayor frecuencia se observa entre las personas que
Gráfico 3. Relación entre el número de discapacidades instrumentales y el número de
horas de cuidado informal en función del tipo de cuidados formales recibidos
12
10
8
6
4
2
0
Menos de 1
De 1 a 2
De 3 a 5
De 5 a 8
De 9 a 16
De 17 a 24
Nº horas de Cl
Ayuda personal
Ayuda centro
Ayuda técnica
Ninguna ayuda
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
47
Es cierto que los dependientes que reciben de 17 a 24 horas de cuidado informal presentan un cuadro de enfermedades bastante grave: 51.70% demencia, 48.54% corazón, 53.40% huesos y un número medio de 5 discapacidades básicas, pero esto no es óbice para que las ayudas formales sean
tan poco efectivas. De hecho, sólo un 9.75% de estos cuidadores a tiempo completo reciben servicio de atención domiciliaria con una duración media
de 13 horas semanales.
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
precisan menos de una hora diaria de cuidados, lo cual se explica porque el porcentaje de personas que aún padeciendo una discapacidad prefiere seguir viviendo
en su casa es muy elevado (62.27% frente a 8.59% cuando la persona necesita
más de 16 horas de cuidados). El servicio de telealarma se garantiza la atención inmediata ante una emergencia manteniendo al mismo tiempo la independencia y la
convivencia en el entorno habitual.
Tabla 6. Frecuencia de recepción de servicios sociales en función del número de
horas de cuidado
<1
1-2
3-4
5-8
9-16
17-24
Nº observ.
Adaptación de la vivienda
6.94
15.68
18.58
19.88
28.88
30.24
266
Telealarma
14.94
10.66
7.96
6.21
8.22
8.31
74
Comida y lavandería
2.83
4.27
3.75
0
3.61
7.02
15
Servicio de Atención a Domicilio
10.70
19.38
12.55
7.49
11.68
9.75
128
1.51
6.63
3.78
0.91
4.57
7.27
42
Centro de Día
Residencia
3.95
3.88
2.97
2.31
4.87
5.68
53
Cualquier ayuda
17.24
29.10
21.43
24.80
32.04
28.88
298
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Años de cuidado
El servicio de adaptación de la vivienda muestra una utilización decreciente con
el número de años de cuidado. Este hecho no se debe interpretar en el sentido estricto de que la probabilidad de recibir ayudas técnicas decrece conforme transcurre el tiempo, sino más bien que los cuidadores, en cuando notan que surge una
necesidad que debe ser cubierta demandan esta clase de ayudas. Por esta razón la
frecuencia en la utilización de estos servicios es mayor al inicio de la enfermedad
o discapacidad. De nuevo el servicio de telealarma se vuelve a mostrar de gran utilidad en el caso de los dependientes que viven solos. Observamos que el 50% de
los dependientes que llevan más de 15 años recibiendo cuidados y que además tienen este servicio, continúan viviendo de forma permanente en un domicilio diferente al de su cuidador (aunque en la misma ciudad o pueblo), mientras que este
porcentaje se reduce al 10% en el caso de no disponer de telealarma.
228
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Tabla 7. Frecuencia de recepción de servicios sociales en función del número de
años de cuidado
Adaptación de la vivienda
0-2
3-5
6-10
11-15
>15
Nº observ.
26.18
23.94
22.25
23.36
19.74
266
Telealarma
7.58
8.86
9.10
11.02
15.29
74
Comida y lavandería
2.70
3.65
1.88
8.31
5.01
15
Servicio de Atención a Domicilio
12.80
13.31
6.89
14.37
10.19
128
Centro de Día
8.26
2.95
3.13
6.96
8.71
42
Residencia
3.83
4.72
3.27
3.96
2.27
53
Cualquier ayuda
26.82
29.04
25.46
28.87
20.88
298
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Tamaño del municipio
En la Tabla 8 se ha calculado el porcentaje de individuos que reciben servicios sociales en función del municipio en el que residan. Es evidente, que no sólo el tamaño del municipio sino también la comunidad autónoma son variables decisivas
a la hora de determinar la cobertura de las ayudas formales para residentes. No
obstante, y dado el reducido número de observaciones no se ha podido construir
la tabulación para el cruce de ambas variables. Centrándonos en el tamaño del
municipio observamos que el hecho de residir en municipios de menos de 2.000
habitantes supone una limitación a la hora de recibir el servicio de telealarma y el
de comida y lavandería a domicilio (sólo lo reciben un 2.08% y 4.01%, respectivamente de los encuestados). En el caso de municipios de mayor tamaño (10.00050.000 y 50.000-200.000 habitantes) el bajo porcentaje en el servicio de comida
y lavandería se ve compensado por una frecuencia mucho mayor para el servicio
de atención domiciliaria. Estaríamos, por tanto, ante una sustitución entre ayudas
formales.
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Tabla 8. Frecuencia de recepción de servicios sociales en función del tamaño
del municipio
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
Nº observ.
Adaptación de la vivienda
26.73
32.18
21.60
25.79
22.59
19.61
266
Telealarma
2.08
13.09
13.30
11.44
7.25
8.42
74
Comida y lavandería
4.01
13.13
13.03
3.69
1.73
2.08
15
Servicio de Atención a Domicilio
7.12
20.07
6.88
12.03
12.65
10.10
128
Centro de Día
3.51
6.49
3.85
6.11
7.02
3.37
42
Residencia
3.33
6.14
2.50
4.17
3.24
3.90
53
Cualquier ayuda
23.81
32.93
24.37
28.06
23.61
27.17
298
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
(1): Menos de 2.000 habitantes
(4): De 10.000 a 50.000 habitantes
(2): De 2.000 a 5.000 habitantes (5): De 50.000 a 200.000 habitantes
(3): De 5.000 a 10.000 habitantes (6): Más de 200.000 y capitales de provincia
Ingresos del dependiente
La Encuesta de Apoyo Informal no incluye información a cerca de los ingresos mensuales del hogar. No obstante, podemos interpretar la cuantía de la pensión que recibe el dependiente como una proxy del nivel de riqueza de su entorno más
cercano. La Tabla 9 muestra la frecuencia de recepción de servicios sociales
en función de dicha variable. Los dependientes con la pensión más alta (más de
1.200 €) sustituyen algunas ayudas formales públicas, como el servicio de asistencia a domicilio, por la contratación de empleados para el hogar 48.
Por otra parte, se podría esperar unas cifras más altas de cobertura entre los que no
reciben ninguna pensión. No obstante, entre estas personas se produce una
sustitución entre ayudas formales por informales, ya que el tamaño de la red
informal que atiende al dependiente es considerablemente mayor en los hogares en
los que el dependiente no recibe ninguna pensión 49.
48
230
Se observa que la tasa de contratación de empleados del hogar se triplica al pasar de los que no reciben ninguna pensión al nivel más elevado de la
misma.
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Tabla 9. Frecuencia de recepción de servicios sociales en función de la pensión
del dependiente
Nada
-300€
301-600€
601-1200€
Más de 1200€
Nº observ.
Adaptación de la vivienda
15.75
22.08
25.74
31.99
11.32
266
Telealarma
8.33
7.09
10.01
3.64
6.22
74
Comida y lavandería
0
2.71
3.23
2.39
0
15
Servicio de Atención a Domicilio
12.81
6.65
12.52
13.28
6.04
128
Centro de Día
10.06
1.53
4.77
6.33
4.98
42
Residencia
1.66
3.82
3.51
5.99
4.98
53
25.00
25.74
28.38
31.58
23.08
298
Cualquier ayuda
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
3. Influencia de las ayudas formales sobre el cuidador
Para analizar la repercusión de las ayudas formales sobre la vida personal del cuidador, nos hemos concentrado en las ayudas personales (servicio de asistencia a domicilio, comida y lavandería) y ayudas de centro (centros de día y residencia), por
entender que estas ayudas son las que otorgan una mayor autonomía a la familia,
liberándoles durante un número determinado de horas de la obligación de atender
al dependiente.
Aspectos profesionales
Para medir cómo el hecho de ser cuidador informal afecta a la vida profesional se
han utilizado cuatro variables: “el cuidador no puede trabajar fuera de casa”, “se
ha visto obligado a dejar de trabajar”, “se ha visto obligado a reducir su jornada
laboral”, “su vida profesional (promociones, ascensos,...) se ha resentido” y “tiene
problemas para cumplir con los horarios”.
En el Gráfico 4 se observa que los cuidadores que no reciben ayudas personales o
de centro presentan el mayor porcentaje en situación de haber dejado su trabajo
49
El porcentaje de cuidadores que recibe ayuda de otros familiares, amigos o vecinos es del 46.67% cuando el dependiente no recibe pensión y del 30.77%
cuando recibe la pensión máxima.
231
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
para ocuparse del dependiente (11.23%) y además, un 35.31% de los cuidadores
ocupados sin ayudas declara tener problemas para cumplir los horarios. No obstante, el hecho de recibir ayudas no supone un alivio total en la vida de los cuidadores ya que un 57.14% de los ocupados cuyos familiares dependientes reciben
ayudas personales ha declarado haberse visto obligados a reducir su jornada, y un
37.50% de los ocupados con ayudas personales reconoce que su vida profesional
se ha visto perjudicada. Por consiguiente, aunque las ayudas no suponen una solución del problema, constituyen un apoyo imprescindible, ya que cuesta imaginarse cómo se desenvolverían los cuidadores cuyos dependientes reciben ayudas
en el caso de que dejaran de recibirlas.
Aspectos de tiempo libre y vida familiar
Para medir el impacto que supone cuidar a un familiar dependiente sobre el tiempo
libre y la vida familiar se han utilizado seis variables: “ha visto reducido su tiempo
de ocio”, “no puede ir de vacaciones”, “no dispone del tiempo que desearía para
dedicarlo a sus hijos”, “han surgido problemas con su pareja”, “no tiene tiempo
para realizar vida social” y “no tiene tiempo para sí mismo”.
Gráfico 4. Relación entre los problemas laborales y la recepción de ayudas formales
60.00
50.00
40.00
30.00
20.00
10.00
0.00
No puede trabajar
fuera de casa
Ha dejado de
trabajar
Ayuda personal
Ha reducido la
jornada
Ayuda centro
Su vida profesional
se a resentido
Problemas con los
horarios
Ninguna de las dos
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
232
CAP4-5-6:MAQUETA 1 Jose
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Los cuidadores que reciben ayudas personales o de centro presentan porcentajes
más elevados que aquellos sin ayudas para los indicadores de “menor tiempo de
ocio”, “no tiene tiempo para los amigos” y “no tiene tiempo para sí mismo”. Además de considerar que estas ayudas son insuficientes para aliviar la carga que soporta el cuidador, de nuevo hay que recalcar que estos cuidadores sufrirían mayores
problemas si no dispusieran de un profesional a domicilio o de un centro donde
atendieran al dependiente durante un número determinado de horas.
Gráfico 5. Relación entre los problemas de tiempo libre y la recepción de ayudas
formales
70.00
60.00
50.00
40.00
30.00
20.00
10.00
0.00
Menos tiempo
de ocio
No tiene
vacaciones
Ayuda personal
No tiene tiempo
para hijos
Conflictos con
pareja
Ayuda centro
No tiene tiempo
para amigos
No tiene tiempo
para sí mismo
Ninguna de las dos
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
4. Relación entre las diferentes clases de ayuda formal
No sólo resulta interesante estudiar las relaciones entre las ayudas formales y las características del cuidado informal, sino que también hay que analizar las interconexiones entre las diferentes clases de cuidado formal. Los siguientes seis gráficos
representan el porcentaje de individuos que reciben algún tipo de ayuda formal de
forma aislada o en combinación con otras.
233
CAP4-5-6:MAQUETA 1 Jose
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Por ejemplo, para el caso de las ayudas para la adaptación de la vivienda (Gráfico
6) se ha representado la fracción de individuos que únicamente reciben esta ayuda
y los que adicionalmente reciben otras ayudas (telealarma, servicio de comida y lavandería, servicio de ayuda a domicilio, centros de día y residencias temporales).
Estas ayudas son las más abundantes, puesto que las reciben 266 de 298 observaciones disponibles. Sin embargo, existe una complementariedad muy reducida con
las otras ayudas, ya que 182 individuos únicamente reciben este apoyo. En cambio, el servicio de telealarma (Gráfico 7) suele estar combinado con las ayudas técnicas (41,11%) y servicio de atención a domicilio (52,89%).
Gráfico 6. Reciben ayudas técnicas y para la adaptación de la vivienda
70
60
50
40
30
20
10
0
Sólo adaptación
Telealarma
Comida y
lavandería
Atención a
domicilio
Centro de día
Residencia
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Gráfico 7. Reciben el servicio de telealarma
70
60
50
40
30
20
10
0
Adaptación
Sólo Telealarma
Comida y
lavandería
Atención a
domicilio
Centro de día
Residencia
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
El servicio de comida y lavandería a domicilio (Gráfico 8) sólo es recibido por 15
personas, pero estos dependientes tienen una probabilidad superior al 50% de recibir cualquiera de las otras ayudas personales, técnicas o de centro. Más acusado
todavía es el caso de las personas que reciben el servicio de comida y lavandería
a domicilio, ya que se revela una gran complementariedad con las otras ayudas:
adaptación de la (63.35%), telealarma (58.28%), servicio de atención a domicilio
(65.27%), centros de día (49.76%) y residencias temporales (50.69%). Este resultado se explica porque un 38.91% de estos dependientes presentan de 6 a 8 discapacidades básicas y un 67.93% sufre de 9 a 11 discapacidades instrumentales.
El servicio de atención a domicilio (Gráfico 9) muestra una cierta sustitución con
el servicio de comida y lavandería (8.49%). Este hecho denota que, en la medida
de lo posible, se reemplazan ayudas de centro por ayudas personales en el hogar.
Y dado que entre las atribuciones que se le confieren a la ayuda personal en el
domicilio se encuentra, además de los cuidados personales y el apoyo familiar, la
realización de tareas domésticas, se intenta unificar la ayuda personal en el domicilio y el servicio de comida y lavandería en uno solo.
235
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
En relación a las ayudas de centro (Gráficos 10 y 11), en un primer momento se
podría pensar en una sustitución entre ayudas dentro y fuera del hogar. Sin
embargo, en un 35% de los casos existe complementariedad entre atención a
domicilio y (centros de día o estancias temporales en residencias), y en un 40% de
las ocasiones se reciben simultáneamente ayudas técnicas en el hogar y ayudas
de centro. Profundizando más en estos casos se observa que un 50% de estos
dependientes tiene problemas mentales, un 70.59% sufre de 9 a 11 discapacidades básicas y un 52.94% padece más de 6 discapacidades básicas.
Gráfico 8. Reciben el servicio de comida y lavandería a domicilio
70
60
50
40
30
20
10
0
Adaptación
Telealarma
Sólo comida y
lavandería
Atención a
domicilio
Centro de día
Residencia
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
236
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Gráfico 9. Reciben el servicio de atención a domicilio
70
60
50
40
30
20
10
0
Adaptación
Telealarma
Comida y
lavandería
Sólo atención a
domicilio
Centro de día
Residencia
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Gráfico 10. Reciben atención en un Centro de Día
70
60
50
40
30
20
10
0
Adaptación
Telealarma
Comida y
lavandería
Atención a
domicilio
Centro de día
Sólo residencia
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Gráfico 11. Reciben atención en una residencia
70
60
50
40
30
20
10
0
Adaptación
Telealarma
Comida y
lavandería
Atención a
domicilio
Centro de día
Sólo residencia
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
5. Conocimiento de los servicios sociales para dependientes
El paso previo a la recepción de cualquier tipo de ayuda formal es el conocimiento
del abanico de servicios sociales para dependientes que se encuentran disponibles
en el entorno del dependiente. Por esta razón, en esta sección estudiamos qué variables determinan que el cuidador declare tener un mayor conocimiento de las
ayudas técnicas, personales y de centro. Las residencias constituyen la ayuda más
conocida (87.23%), seguida por el servicio de atención a domicilio (79.32%) y las
ayudas para adaptación de la vivienda (73.87%). Por el contrario, el servicio de
comida y lavandería a domicilio sólo es conocido por un 39.59% de la muestra.
Edad del cuidador
Si analizamos el porcentaje de cuidadores que declaran conocer cada una de las
ayudas formales consideradas en función de su edad apreciamos una función en
forma de U invertida. Es decir, los cuidadores más jóvenes (menos de 35 años) y
los de más edad (más de 65 años) son los que presentan menores porcentajes de
conocimiento. En cambio, los cuidadores con edades comprendidas entre 46 y 55
años son los que se encuentran más informados.
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Tabla 10. Conocimiento de los servicios sociales para dependientes en del nivel
de estudios del cuidador
≤35
36-45
46-55
56-65
>65
Nº observ.
Adaptación de la vivienda
67.19
73.52
74.00
70.68
67.78
1111
Telealarma
56.87
62.65
63.26
56.61
42.46
892
Comida y lavandería
33.48
33.46
33.03
29.56
20.46
460
Servicio de Atención a Domicilio
80.64
79.92
80.83
75.80
68.81
1193
Centro de Día
61.09
62.14
60.92
53.50
47.32
896
Residencia
89.94
87.35
88.73
84.34
83.77
1312
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Relación con la actividad económica del cuidador
Si clasificamos a los cuidadores en función de su relación con la actividad económica, observamos que los cuidadores jubilados presentan el menor nivel de conocimiento de ayudas formales, por debajo incluso de aquellos dedicados a las
labores del hogar. Por ejemplo, mientras que sólo un 48.58% de los jubilados
conoce el servicio de telealarma, dicha cifra asciende al 62.865% en el caso de los
ocupados.
Por otra parte, el nivel de conocimiento de los cuidadores desempleados es muy
similar al de los ocupados, excepto para la variable servicio de atención a
domicilio.
Nivel de educación del cuidador
Si bien en el apartado anterior la ocupación no indicaba una pauta clara de
conocimiento por parte de los cuidadores, en el caso de la educación sí que se
aprecia que a mayores niveles educativos se manifiestan unas tasas de conocimiento superiores. Las diferencias son abismales en el caso de algunas ayudas. Por
ejemplo, un 42.41% (40.30%) de los cuidadores sin estudios conoce la existencia
de centros de día (servicio de telealarma), mientras que en el caso de los cuidadores universitarios dicha cifra asciende al 84.46% (78.74%).
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Tabla 11. Conocimiento de los servicios sociales para dependientes en función
de la relación con la actividad económica del cuidador
Ocupado
Jubilado
Parado
Sus labores
Nº observ.
Adaptación de la vivienda
71.76
67.39
70.48
73.15
1111
Telealarma
62.86
48.58
59.97
55.90
892
Comida y lavandería
37.32
25.69
36.51
25.92
460
Servicio de Atención a Domicilio
82.36
71.27
72.63
77.38
1193
Centro de Día
62.80
51.15
62.58
54.17
896
Residencia
88.58
83.92
89.46
86.03
1312
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Tabla 12. Conocimiento de los servicios sociales para dependientes en del nivel
de estudios del cuidador
≤(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
Nº observ.
Adaptación de la vivienda
67.89
68.36
75.91
71.95
77.61
1111
Telealarma
40.30
49.45
67.44
75.33
78.74
892
Comida y lavandería
19.71
27.93
32.30
39.15
43.70
460
Servicio de Atención a Domicilio
64.16
76.64
83.18
81.96
83.50
1193
Centro de Día
42.41
50.04
63.50
74.43
84.46
896
Residencia
78.30
85.56
88.85
94.81
93.84
1312
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
(1): Sin estudios (4): Secundarios de segundo grado
(2): Primarios (5): Universitarios
(3): Secundarios de primer grado
Número de años de cuidado
Al analizar el conocimiento de las ayudas en función del número de años de
cuidado podemos diferenciar dos pautas de comportamiento. Por un lado, una
función en forma de U invertida para el servicio de telealarma y servicio de
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atención a domicilio en donde se alcanza un máximo cuando el cuidador lleva
entre 3 y 5 años atendiendo al dependiente. Puede que sea en estos momentos
cuando el cuidador se dé cuenta de que se trata de una realidad irreversible y no
de una situación pasajera y decida poner los medios para vigilar y cuidar al dependiente en el domicilio de la mejor manera posible.
Por otra parte, para el caso de la adaptación a la vivienda, servicio de comida y lavandería, centro de día y residencia se observa una trayectoria más irregular con dos
picos correspondientes a los intervalos 3-5 años y 11-15 años de cuidador. Ya se ha
comentado a qué se puede deber el primer máximo. En cuanto al segundo, cuando
el cuidador lleva más de 10 años atendiendo al dependiente ya ha asumido sus
circunstancias familiares, pero eso no quiere decir que no hagan mella en su condición personal. Se observa que el porcentaje de cuidadores que sufre alguna enfermedad crónica (o discapacidad) pasa del 42.72% (6.18%) al 47.55% (10.94%)
cuando consideramos que el número de años de cuidado rebasa la barrera de los
10 años.
Tabla 13. Conocimiento de los servicios sociales para dependientes en función
del tamaño del municipio de residencia
≤0-2
3-5
Adaptación de la vivienda
70.00
74.03
Telealarma
58.15
61.36
6-10
11-15
+15
Nº observ.
72.46
77.01
64.96
1111
57.54
53.87
48.14
892
Comida y lavandería
26.19
33.11
29.81
34.43
20.16
460
Servicio de Atención a Domicilio
70.97
82.00
80.47
77.97
60.60
1193
Centro de Día
54.97
59.34
56.29
59.20
39.71
896
Residencia
88.31
87.90
87.25
83.48
75.53
1312
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Cuantía de la pensión del dependiente
Como se ha comentado antes la pensión que recibe el dependiente se puede utilizar como una proxy del nivel de renta de la familia. Los cuidadores cuyos dependientes reciben la pensión más elevada declaran tener menor conocimiento de las
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ayudas para adaptación de la vivienda, comida y lavandería y servicio de atención
a domicilio. Esto no quiere decir que carezcan de ayudas personales o técnicas,
sino que en lugar de recurrir a los servicios sociales prefieren conseguirlos de forma
privada (compra de equipos especializados, contratación de empleados del hogar
o enfermeros privados).
Los cuidadores cuyos dependientes no reciben ninguna pensión manifiestan las
menores cifras de conocimiento de la existencia de centros de día (45.26%), pero
las mayores en lo que se refiere a servicio de atención a domicilio (86.53%). En este
caso podemos hablar de una sustitución de ayudas personales dentro y fuera del
domicilio.
Tabla 14. Conocimiento de los servicios sociales para dependientes en función
de la cuantía de la pensión del dependiente
≤Nada
Menos de 300€
301-600€
601-1200€
Más de 1200€ Nº observ.
Adaptación de la vivienda
78.93
66.67
72.01
78.97
50.75
1111
Telealarma
47.57
54.40
55.50
61.51
48.68
892
Comida y lavandería
26.68
25.06
28.19
28.98
22.75
460
Servicio de Atención a Domicilio
86.53
77.02
75.16
80.02
66.25
1193
Centro de Día
45.26
51.86
54.84
58.48
80.38
896
Residencia
79.17
87.38
87.41
85.78
80.38
1312
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Pertenencia a organizaciones de apoyo
En los casos en los que el cuidador dependiente pertenece (o ha pertenecido) a organizaciones de apoyo a familiares de dependientes, se observa un claro incremento en la probabilidad de recibir cualquier tipo de ayudas. Claramente se puede
afirmar que el vínculo con alguna de estas asociaciones no sólo incrementa la preparación personal del cuidador para hacer frente a la enfermedad del dependiente,
sino que también le pone en contacto con otras personas, organizaciones e instituciones, lo que redunda en un aumento de las posibilidades de acceso a ayudas
formales.
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6. Relación entre cuidados formales e informales
En esta sección se pretende analizar la influencia que las ayudas personales formales ejercen sobre las horas de cuidado informal. Para ello nos hemos centrado en
los individuos que han declarado recibir servicios de cuidado a domicilio (procedentes de servicios sociales vinculados al ayuntamiento, comunidad autónoma, diputación, parroquias, Cáritas, Cruz Roja,...). También se ha tenido en cuenta la
contratación de empleados de hogar que tengan como finalidad ayudar al cuidador en sus quehaceres diarios.
Tabla 15. Recepción de ayudas formales en función de la pertenencia a asociaciones de apoyo
≤Pertenece o ha pertenecido
No pertenece
Nº observ.
Adaptación de la vivienda
24.05
17.27
266
Telealarma
7.59
4.64
74
Comida y lavandería
1.27
0.93
15
Servicio de Atención a Domicilio
13.92
8.07
128
Centro de Día
8.86
2.36
42
Residencia
8.86
3.14
53
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
El Gráfico 12 muestra la relación entre el número de horas y años de cuidado
diferenciando tres situaciones: dependientes que sólo reciben cuidado informal,
dependientes con cuidado informal y formal (de servicios sociales) y dependientes
con cuidados informal y formal (incluyendo empleados del hogar). Cuando no hay
cuidado formal, las horas de cuidado informal aumentan de forma progresiva con
el número de años de cuidado, lo cual se puede interpretar como que el estado de
salud del dependiente se va agravando con el paso del tiempo y son necesarias
más atenciones. El número medio de horas de cuidado pasa de 10 horas diarias
cuando se lleva menos de 2 años cuidando al enfermo a 14 horas cuando la
duración sobrepasa los 15 años.
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Por el contrario, cuando sí se reciben cuidados formales (de servicios sociales o de
empleados del hogar contratados específicamente para labores de cuidado), el
número medio de horas de cuidado informal atraviesa por tres fases diferenciadas:
de 0 a 10 años de cuidado es muy parecido a la situación anterior, de 11 a 15 años
disminuye ostensiblemente, y a partir de los 16 años aumenta por encima del caso
en el que no se recibe ninguna ayuda formal. Atendiendo a las teorías mencionadas a la introducción, esta evolución temporal se correspondería con la secuencia
complementariedad (o subsidiariedad si se realiza un reparto de tareas), sustitución, y de nuevo, complementariedad. Tal y como se ha mencionado en la
sección 2, a medida que transcurre el tiempo no sólo empeora el estado de salud
del dependiente sino que el cuidador va acumulando sobre sus espaldas una gran
carga de cansancio y preocupaciones. Se observa que la frecuencia de las estancias en centros de día o en residencias (servicios de respiro) aumenta en un 60.95%
al cruzar el umbral de los 10 años de cuidado.
Gráfico 12. Relación entre el número de años y las horas de cuidado (formal e
informal)
17
15
13
11
9
7
0-2
3-5
6 - 10
11 - 15
+ 15
Nº de años de cuidados
Horas de Cl (si hay CF distinto a empleado del hogar)
Horas de Cl (si hay cualquir tipo de CF)
Horas de Cl (si no hay CF)
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
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A continuación en el Gráfico 13 se ha representado, por separado, el número de
horas de cuidado informal y formal que reciben los dependientes con ambos tipos
de cuidado, en función del número de años de cuidado. Dado que en la encuesta
se ha preguntado por el número semanal de horas de cuidado formal, con el propósito comparar en igualdad de condiciones las horas de cuidado formal e informal, se ha multiplicado por siete las horas de cuidado informales. Las horas de
cuidado formal representan una quinta parte del total de horas de cuidado informal cuando han transcurrido menos de dos años de cuidado, y la relación entre
ambas lejos de reducirse aumenta con el paso del tiempo, de tal manera que en el
último intervalo (más de 15 años de cuidado), por cada 106 horas que el familiar
dedica al dependiente, los servicios sociales contribuyen sólo con 16 (una sexta
parte). Es cierto, que en este gráfico sólo se están analizando las ayudas en el domicilio y que el dependiente puede pasar una fracción del día en un centro especializado, pero con estos datos queremos resaltar la situación a la que se enfrentan
las mayoría de las familias españolas que tienen un enfermo a su cargo. Los datos
son bastante sobrecogedores: sólo 143 personas de la muestra (1504 cuidadores)
reciben atención en el domicilio, y dicha atención en el 50% de los casos sólo
cubre 9 horas semanales.
Gráfico 13. Horas semanales de cuidado formal e informal en función del número de
años de cuidado
127
107
87
67
47
27
7
0-2
3-5
6 - 10
11 - 15
+ 15
Nº de años de cuidados
Horas semanales de Cl (recibe CF)
Horas de Cl (si hay cualquir tipo de CF)
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
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7. Probabilidad de recibir cuidados formales
Con el propósito de determinar cómo influyen las condiciones del entorno del dependiente en la probabilidad de recibir cuidados formales, se ha definido una variable binaria para cada una de las ayudas estudiadas 50, la cual toma el valor uno
si el individuo la recibe y cero en caso contrario.
A continuación se ha estimado un modelo logit utilizando como regresores la edad
del dependiente, el número de horas y años de cuidado, el número de discapacidades básicas e instrumentales, el estado de salud del cuidador, el carácter permanente (o temporal), principal (o secundario) de la ayuda informal, el motivo por el
que el cuidador principal atiende al dependiente, la relación con la actividad económica del cuidador, el número de ayudas informales, el tamaño del municipio y
la comunidad autónoma de residencia. En las regresiones se han introducido los
pesos finales muestrales proporcionados por la encuesta para que los resultados
sean representativos a nivel poblacional. Una vez obtenidas las estimaciones se
han calculado las probabilidades marginales de recibir cuidados formales en diferentes contextos:
Cuidador permanente o por temporadas
Si el dependiente reside de forma permanente en el domicilio del cuidador principal, la probabilidad de recibir ayudas para la adaptación de la vivienda aumenta
casi en un 50%, lo cual parece bastante razonable ya que resulta necesario acomodar el hogar habitual del dependiente para que éste resulte lo más cómo posible.
En cambio, cuando el individuo pasa temporadas en casas de distintos familiares
es más difícil que todos ellos reúnan las condiciones idóneas para facilitar la habitabilidad del dependiente.
También se observa que la probabilidad de recibir el servicio de ayuda a domicilio pasa del 3.32% al 6.62% cuando el dependiente recibe atención permanente
por parte del mismo cuidador.
50
246
Con la excepción del servicio de comida y lavandería a domicilio, puesto que el reducido número de observaciones no permite llevar a cabo la
estimación.
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Tabla 16. Probabilidad de recibir servicios sociales para dependientes en
función del carácter permanente o temporal del cuidador
Permanente
Por temporadas
Adaptación de la vivienda
0.1680
0.0867
Telealarma
0.0474
0.0608
Servicio de Atención a Domicilio
0.0662
0.0332
Centro de Día
0.0146
0.0028
Residencia
0.0199
0.0046
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Razón por la que el cuidador atiende al dependiente
Se observa que cuando el cuidador que atiende al dependiente lo hace por iniciativa propia, la probabilidad de recibir el servicio de telealarma y de atención a domicilio aumenta un 110.60% y 148.01%, respectivamente, en comparación con
aquellos cuidadores que atienden al dependiente porque eran los únicos disponibles. Se puede deducir que los cuidadores “voluntarios” se preocupan porque el dependiente se encuentre los más atendido posible en el hogar. Por el contrario, los
cuidadores “obligados” intentan buscar oportunidades para que el sistema de apoyo
formal se encargue del cuidado del dependiente. De esta manera, la probabilidad
de recibir cuidados en una residencia se incrementa en un 201.97%. Por tanto, en
el primer caso estaríamos ante una aplicación de la teoría de la complementariedad de los cuidados, mientras que en el segundo se revelaría una sustitución de cuidados informales por formales.
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Tabla 17. Probabilidad de recibir servicios sociales para dependientes en
función de las razones por las que el cuidador atiende al dependiente
Petición del dependiente
Iniciativa propia
Decisión familiar
El único disponible
Adaptación de la vivienda
0.1488
0.1452
0.1982
0.1691
Telealarma
0.0772
0.0596
0.0653
0.0283
Servicio de Atención a Domicilio
0.0643
0.0687
0.0594
0.0277
Centro de Día
0.0040
0.0132
0.0174
0.0122
Residencia
0.0092
0.0152
0.0273
0.0459
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Cuidador único o con ayudas secundarias
Para todas las ayudas se observa un incremento en la probabilidad de recibir cuidados formales al comparar la situación en el que el cuidador es la única ayuda disponible con aquélla otra en la que el cuidador, tanto si es principal como
secundario, recibe apoyo de otros miembros de la familia. Detrás de este hecho se
encuentra una doble explicación. Por una parte, existe una razón fundamentada en
la convivencia, ya que cuando sólo hay una ayuda la probabilidad de que el dependiente y el cuidador vivan en el mismo domicilio es de un 77%, frente a un 45%
cuando existe más de un cuidador informal. Es decir, en este caso se aplicaría la teoría de la sustitución pero al revés: el cuidador informal único actúa como un ahorrador de servicios sociales. Por otro lado, existe una razón de parentesco ya que
el cuidador único que atiende al dependiente es el cónyuge en un 20% de los
casos. Con frecuencia el cónyuge quiere permanecer al lado del esposo enfermo
el mayor tiempo posible y desea realizar el mismo todas las tareas derivadas del cuidador. Esta evidencia se debe interpretar como que cuantas más personas están implicadas en el cuidado del dependiente, mayor acceso (a través de un mayor
conocimiento) se tiene a los servicios sociales
Por otra parte, cuando el cuidador (principal o secundario) sí recibe ayudas de otros
familiares la probabilidad servicio de atención a domicilio se incrementa en
un 74.27% cuando existe un cuidador principal frente a la alternativa de varios de
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carácter secundario, lo cual puede deberse a que la ayuda principal suele estar
ligada a un vínculo de permanencia (75% de los casos), mientras que el cuidador
que proporciona ayuda secundaria lo suele hacer por temporadas o por turnos.
Tabla 18. Probabilidad de recibir servicios sociales para dependientes en
función del carácter principal o secundario de la ayuda proporcionada por el
cuidador
Única ayuda
Ayuda principal
Ayuda secundaria
Adaptación de la vivienda
0.1217
0.1969
0.2269
Telealarma
0.0281
0.0869
0.0745
Servicio de Atención a Domicilio
0.0302
0.1321
0.0758
Centro de Día
0.0053
0.0230
0.0233
Residencia
0.0126
0.0253
0.0387
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Número de personas que apoyan al cuidador principal
A priori se podría pensar que cuanto más extensa sea la red de cuidadores informales, menos probable es que se recurra a la utilización de servicios sociales para
dependientes. Sin embargo, los resultados de la Tabla 19 indican que cuando se recibe ayuda de otros cuidadores informales (familiares, amigos o vecinos) aumenta
la probabilidad de recibir todos los servicios formales.
Al igual que en la tabla anterior, este incremento se debe a que no existe un único
cuidador principal sino varios que se reparten las tareas. Aunque sólo se dispone
de datos relativos al número de horas de cuidado por parte del cuidador principal
y no del total de horas invertidas por el cuidador principal y el resto que le ayudan,
podemos inferir que aumenta la preocupación por el bienestar del dependiente y
por conocer cuáles son los servicios sociales que están disponibles. Estaríamos de
nuevo ante una manifestación de la teoría de la complementariedad entre ambos
tipos de cuidados, en donde la ampliación de la red informal denota un mayor conocimiento de las ayudas formales, y a mayor conocimiento mayor probabilidad de
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recepción. Comparando las dos situaciones extremas, ningún apoyo frente a más
de dos personas ayudan al cuidador principal, la probabilidad de adaptar la
vivienda aumenta un 207.59% y la de recibir asistencia a domicilio sube un
105.88%.
Tabla 19. Probabilidad de recibir servicios sociales para dependientes en
función del número de personas que ayudan al cuidador
Ninguno
Uno
Dos
Más de dos
Adaptación de la vivienda
0.1066
0.1597
0.2440
0.3279
Telealarma
0.0454
0.0566
0.0422
0.0647
Servicio de Atención a Domicilio
0.0476
0.0605
0.0867
0.0980
Centro de Día
0.0114
0.0094
0.0099
0.0176
Residencia
0.0180
0.0188
0.0189
0.0233
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
Estado de salud del cuidador
La probabilidad de recibir los servicios de adaptación a la vivienda, telealarma y
atención a domicilio aumenta 41.24%, 149.61% y 59.00% (6, 6 y 3 punto porcentuales en términos absolutos), respectivamente cuando comparamos el estado
de salud malo/muy malo con el bueno/muy bueno, y aumenta un 29.27%, 57.17%
y 18.57% cuando se compara el estado de salud malo/muy malo con el regular. En
este caso, obtendríamos evidencia empírica a favor de la teoría de la subsidiariedad puesto que cuando el cuidador se encuentra en una situación crítica y no
puede realizar las tareas domésticas, vigilar o atender al dependiente el apoyo informal interviene completando las tareas a las que familiar responsable no puede
hacer frente.
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Los Servicios Sociales para Dependientes en España
Tabla 20. Probabilidad de recibir servicios sociales para dependientes en
función del estado de salud del cuidador
Adaptación de la vivienda
Muy bueno/Bueno
Regular
Malo /Muy malo
0.1479
0.1616
0.2089
Telealarma
0.0391
0.0621
0.0976
Servicio de Atención a Domicilio
0.0522
0.0700
0.0830
Centro de Día
0.0107
0.0107
0.0140
Residencia
0.0224
0.0183
0.0101
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
8. Conclusiones
Para concluir este capítulo ofrecemos en primer lugar, la valoración que hacen los
propios cuidadores de los servicios sociales para dependientes. Un 65.45% considera que aunque las familias estén al cargo de los cuidados, la administración pública debe participar mediante recursos de apoyo. La Tabla 21 ofrece las opiniones
de los cuidadores sobre qué actuaciones debería llevar a cabo la Seguridad Social
con más urgencia:
Tabla 21. Opinión de los cuidadores sobre las medidas que debería poner en
práctica la Seguridad Social
En 1º lugar
En 2º lugar
En 3º lugar
Desarrollar más los servicios de atención a domicilio
39.19
20.29
13.30
Desarrollar más centros de día
7.24
13.72
12.89
Ampliar la cobertura de la Teleasistencia
3.33
4.87
7.64
Más estancias temporales en residencias para descanso familiar
2.78
7.62
6.19
Construcción de residencias
3.89
5.91
6.66
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004).
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Los datos revelan que los cuidadores demandan en primer lugar mayor intensidad
de servicios de atención a domicilio y la construcción de más centros de día. En
cambio, la edificación de más residencias para estancias permanentes es, de momento, una preocupación secundaria. Parece pues, que los cuidadores quieren
mantener en sus hogares al familiar dependiente, pero también se dan cuenta de
que hay cosas que no saben hacer o de que sus fuerzas son limitadas. Por esta
razón, demandan una atención especializada en el hogar, y la posibilidad de disponer de un número determinado de horas para desempeñar su profesión o atender a su familia, pero con la seguridad de que el enfermo se encuentra bien
atendido en un centro de día.
Para saber si un futuro inmediato, se van a poder satisfacer los deseos de los cuidadores informales hay que hacer referencia a la Ley de Autonomía Personal y Dependencia, la cual establece que una vez reconocido el grado de dependencia del
solicitante 51, se establecerá un Programa de Atención Individual (PIA), en el que se
indiquen las ayudas y servicios más adecuados a sus necesidades de entre los que
se encuentran previstos para su grado y nivel de dependencia 52.
La implantación de la Ley de Dependencia se realizará de forma progresiva. En el
año 2007, se dará cobertura al grado III de gran dependencia (niveles 1 y 2), y al
año siguiente al Grado II de dependencia severa, nivel 2.
Entre los servicios formales a los que tendrán acceso las personas calificadas con
el grado III de gran dependencia, merece la pena resaltar que tendrán derecho a
recibir entre 70 y 90 horas de servicios de atención a domicilio en caso de haber
sido calificados con el nivel 1, y entre 55 y 70 horas de atención a domicilio en
caso de tener el nivel 2. Si contrastamos esta información con los datos de la
Encuesta de Apoyo Informal, observamos que de las 1.504 personas mayores de 65
51
El artículo 27 de la citada Ley establece la existencia de un baremo (aprobado mediante Real Decreto 504/2007 de 20 de abril), que sirve para determinar si el solicitante puede realizar por sí solo actividades básicas de la vida diaria, o si necesita apoyo o supervisión.
52
Existen tres grados de dependencia: grado I de dependencia moderada (cuando se necesita ayuda para realizar actividades físicas de la vida diaria al
menos una vez al día), grado II de dependencia severa (cuando se necesita ayuda dos o tres veces al día), grado II de gran dependencia (cuando se
necesita ayuda varias veces al día). A su vez, cada uno de estos grados se dividirá en dos niveles en función de la autonomía y cuidado que precise el
dependiente.
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años a las que atienden cuidadores informales, el 55.78% (839 dependientes) padece más de tres discapacidades básicas para la vida diaria 53. De ellos, sólo el
8.53% (80 personas) reciben servicio de atención a domicilio, cuya duración media
es de 15 horas semanales. Por consiguiente, la realidad de la atención formal a las
personas dependientes se encuentra lejos de las previsiones asistenciales realizadas por la Ley.
53
Entendiendo por discapacidad el hecho de que siempre necesitan la ayuda de otra persona para comer, vestirse, asearse, desplazarse por la casa,
moverse, controlar las necesidades, utilizar el servicio, acostarse y levantarse de la cama, bañarse o ducharse.
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Capítulo
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España
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CAPÍTULO 7:
LA CALIDAD DE VIDA DE LOS CUIDADORES EN ESPAÑA
Sergi Jiménez-Martín y Cristina Vilaplana Prieto
Introducción
Este capítulo aborda el tema de la calidad de vida de los cuidadores de personas dependientes. Aunque se han realizado numerosas investigaciones sobre temas específicos relacionados con los cuidados informales, todavía no se ha abordado con
suficiente profundidad la cuestión de la calidad de vida de los cuidadores familiares.
Según las últimas estimaciones54 en España existen más de tres millones de personas con alguna discapacidad o limitación, lo que supone un 9% de la población
total. De ellos 1.125.000 presentan una dependencia grave y severa, es decir, necesitan la ayuda de una persona para desarrollar las actividades básicas de la vida.
Sin embargo, sólo el 6% de las familias que tienen a su cuidado a personas dependientes reciben ayuda de los servicios sociales.
El hecho de tener una persona con una discapacidad crónica altera la rutina y la
estabilidad familiar. El estrés que los cuidadores informales tienen que soportar
puede afectar incluso a su capacidad para cuidar del paciente. Esta situación debe
constituir una preocupación importante de los poderes públicos en la medida en
que el tratamiento de muchas enfermedades (como el cáncer, la esclerosis múltiple, la demencia, los trastornos mentales y el Parkison) se realiza de forma extrahospitalaria (Schoot-Baer, 1993).
Estudios recientes han demostrado que los cuidadores sufren una carga considerable como consecuencia de las labores que desempeñan (Van Exel et al., 2004;
Hirst; 2005). El entorno social, la salud física y emocional y la situación financiera
pueden verse menoscabadas si el cuidado del familiar enfermo es muy absorbente
en tiempo y recursos. Sin embargo, los costes derivados del cuidado informal a
54
Libro Blanco de la Dependencia.
257
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menudo son ignorados cuando se trata de evaluar desde un punto de vista económico el coste de la dependencia. Este hecho parece estar relacionado con la ausencia de métodos de valoración de los efectos colaterales del cuidado informal
(Brouwer et al., 1999; van den Berg et al., 2004). En los últimos tiempos ha surgido
una corriente de la literatura sobre medición de la carga subjetiva del cuidador y
valoración económica de los cuidadores familiares.
La carga subjetiva constituye una medida de cómo de abrumadoras son percibidas
por el cuidador las tareas que debe realizar para atender al dependiente. Este concepto está relacionado con el de carga objetiva (número de tareas, tiempo dedicado
a cada tarea), la capacidad inherente de cada individuo y otra serie de factores
(ayuda de otros miembros de la familia, relación con la actividad económica, edad
del cuidador...) (Koopmanschap et al., 2004). Existen muchas medidas para la carga
subjetiva, como por ejemplo: la Entrevista de Carga (Zarit y Zarit, 1982), el Índice
de Carga del Cuidador (Robinson, 1983), el Inventario de Carga del Cuidador
(Novak y Guest, 1989), la Evaluación de la Reacción del Cuidador (Given et a.,
1992) y la Escala de Calidad de Vida del Cuidador (Glozman et al., 1998).
No todas las medidas son completamente satisfactorias, ya que para que un indicador de carga sea verdaderamente útil debe cumplir tres condiciones. Primero,
debe ser fácil de integrar en una entrevista o cuestionario, debe proporcionar una
idea del impacto que supone el hecho de ser cuidador sobre las principales áreas
de la vida (profesión, ocio, familia, finanzas, salud), y tercero, debe ser capaz de
resumir toda esa información en un único dato. En este trabajo, vamos a realizar
una aplicación de la Escala de Calidad de Vida del Cuidador (Glozman et al., 1998),
adaptándola a las características de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004)
con el propósito de obtener un indicador de calidad de vida de los cuidadores españoles de personas mayores.
La estructura del capítulo es la siguiente: en la sección 2 se repasa el concepto de
calidad de vida; en la sección 3 se explica en qué consiste la Escala de Calidad de
Vida del cuidador y cuáles han sido las modificaciones que se han introducido,
con el propósito de poder obtener en la una radiografía de las características personales, familiares y sociales que determinan el nivel de calidad de vida del cuidador. A continuación, en la sección 4 se propone un modelo que estime el
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impacto de las variables anteriormente mencionadas sobre la probabilidad de que
la calidad de vida del cuidador alcance un determinado nivel. En la sección 5, se
estima de qué manera las ayudas formales concedidas por las Administraciones
Públicas van destinadas a los hogares donde residen los dependientes que más las
necesitan y hasta qué punto dichas ayudas pueden paliar la carga que soporta el
cuidador. Finalmente, se concluye con una valoración acerca de cómo la nueva Ley
de Dependencia puede afectar a la calidad de vida de los cuidadores informales.
2. El concepto de calidad de vida
La calidad de vida es una noción nueva y muy importante en la evaluación de la discapacidad. Se puede considerar como resultado de los cuidados de la salud y de la
rehabilitación, como signo de discapacidad funcional y enfermedad progresiva, como
manifestación de circunstancias sociales y condiciones externas, o como auto-evaluación del bienestar interno no correlacionado directamente con las condiciones
externas (Zautra y Goodhart, 1984; Veenhoven, 1991; Shallock, 1996; Murrel, 1999).
Es evidente que la calidad de vida es un fenómeno multidimensional, que requiere
de la aplicación de un enfoque integrador para poder conceptualizarlo. Pero inmediatamente a su definición surge la pregunta de cuál es el determinante más importante de la calidad de vida de un individuo: ¿la severidad de la enfermedad, la
calidad de los cuidados recibidos, la personalidad del sujeto? Más aún, ¿se puede
afirmar que la calidad de vida es un concepto extensible a todas las discapacidades, o hay que hablar de calidades de vida específicas para cada enfermedad? ¿Se
puede identificar la calidad de vida con el concepto filosófico de felicidad y satisfacción con la vida?
La respuesta a tantas preguntas ha venido dada por una división en los enfoques a
la hora de abordar este tema: calidad basada en el estado de salud o calidad centrada en la persona. El primer enfoque pretende evaluar la calidad de vida sobre la
base de evidencias sustentadas en escalas físicas: duración de la vida, habilidades
cognitivas y funcionales (Felce y Perry, 1995; Peto et al., 1995). El segundo enfoque se concentra en las experiencias de los individuos, su interpretación personal
de la enfermedad, sus estrategias de superación, bienestar emocional e interacción
social (Murrell, 1999). Este enfoque permite explicar por qué personas que apa-
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rentemente están expuestas a los mismos estresores y que reciben el mismo apoyo
social, pueden experimentar diferentes grados de tensión y depresión. De acuerdo
con esta corriente de investigación, no tiene sentido asociar la calidad de vida únicamente con los problemas de salud o las dificultades para realizar las actividades
de la vida diaria. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (1947) define el
concepto de salud como un estado bienestar físico, mental y emocional completo.
Por tanto, los factores emocionales, sociales y familiares están relacionados con la
calidad de vida de una persona.
Los cuidadores de dependientes crónicos constituyen un grupo de alto riesgo de sufrir disminuciones en su nivel de calidad de vida. Muchos cuidadores dejan su trabajo o reducen su jornada para compatibilizar mejor el cuidado de la persona.
Incluso en los casos en los que el dependiente se encuentra controlado en medicación y sus demandas de cuidados físicos son reducidas, el cuidador puede sentir una gran carga de estrés emocional derivado porque considera que debe servir
de sustento afectivo al dependiente. Estas circunstancias pueden desembocar en
disminución del tiempo que el cuidador antes dedicaba a su propio ocio, problemas domésticos y sentimiento de desbordamiento ante el desconocimiento de no
saber a quién acudir para solicitar apoyo. (Pearlin, 1994; O’Reilly et al., 1996).
De todo esto se deduce que los costes directos de la enfermedad (gastos de tratamiento del paciente y cuidados formales contratados) constituyen sólo una pequeña parte en comparación con los costes ocultos (pérdida de ingresos laborales,
horas de cuidado, cambio en los roles intrafamiliares). El conocimiento de la calidad de vida del cuidador es de vital importancia, no sólo para intentar reducir en
la medida de lo posible el estrés físico y psicológico, sino porque en última instancia una calidad de vida baja mantenida durante un largo periodo de tiempo podría llegar a inhabilitar al cuidador para seguir prestando cuidados al dependiente.
3. Escala de Vida del Cuidador
La Escala de Calidad de Vida de los Cuidadores, en adelante ECVC, elaborada por
Glozman et al. (1998) permite evaluar cualitativa y cuantitativamente las principales
actividades de la vida del cuidador agrupadas en tres grupos: (a) actividad profesional del cuidador, (b) actividades sociales y de ocio, (c) responsabilidades del cuida-
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dor en el cuidado diario del dependiente. Cuando se trata de calibrar la calidad de vida
de un cuidador es importante que en lugar de valorar cada atributo en términos absolutos, se intente estimar la capacidad del cuidador tomando como referencia el estado de pre-morbilidad del dependiente. Cada pregunta admite una respuesta general
(sí/no) y una valoración más específica. Tanto la respuesta general como la explicación
más concreta reciben una puntuación numérica. Es importante que la persona que
conteste el cuestionario sea el cuidador principal y no otros miembros de la familia o
profesionales médicos. Numerosos estudios han demostrado que se producen grandes disparidades en los resultados de evaluaciones realizados por pacientes, personal
médico o miembros de la familia (Gayle et al., 1986; Woodend et al., 1997).
Al finalizar el cuestionario se suman todas las puntuaciones y se puede calibrar la
reducción en la calidad de vida del individuo como consecuencia de atender a un
familiar dependiente:
Tabla 1. Resultados del Test de ECVC
Más de 100 puntos
Calidad de vida alta
Entre 86 y 99 puntos
Calidad de vida media
Menos de 85 puntos
Calidad de vida baja
Fuente: Glozman et al., (1998)
Para obtener una evaluación de la calidad de vida de los cuidadores españoles, se
ha aplicado la ECVC a la Encuesta de Apoyo Informal elaborada por el Imserso en
el año 2004. Dicha encuesta se realizó mediante entrevista personal a cuidadores
informales residentes en hogares familiares de España (excepto La Rioja, Ceuta y
Melilla). Se entrevistó a 25.100 hogares, el tamaño de la muestra fue 1.504 observaciones y por consiguiente, la tasa de apoyo informal se encuentra en torno al
4%. Para que todos los resultados que se muestran a continuación sean representativos a escala nacional, se ha ponderado cada una de las observaciones utilizando los pesos muestrales55.
55
Se ha realizado una ponderación para el total de las entrevistas (1.504) con el peso de las entrevistas de la primera fase (998), según el cruce de tamaño de comunidad autónoma y municipio.
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La Encuesta de Apoyo Informal no trata de medir directamente la calidad de vida de
los cuidadores, y por consiguiente, a la hora de utilizar la ECVC se ha intentado localizar preguntas que fueran lo más parecidas posibles a las originales propuestas
por Glozman et al. (1998). En la Tabla A del Apéndice se puede consultar una comparativa entre la escala original y la escala adaptada (Jiménez-Vilaplana, 2007). No
obstante, en determinadas preguntas ha sido imposible encontrar una equivalencia.
Tal es el caso de la pregunta 3 sobre cambios en el puesto de trabajo, la 6 sobre la
facilidad que tiene el cuidador para realizar las tareas del hogar, y la 9 sobre las actividades que puede realizar con sus hijos. Además, en el caso de las preguntas 7
(ayuda prestada a otros miembros de la familia) y 8 (relación de intimidad/afecto
con el dependiente) se ha podido realizar únicamente la pregunta general, pero no
se ha podido concretar hasta qué punto se han producido variaciones en las relaciones cuidador-otros miembros de la familia y cuidador-dependiente.
Estas modificaciones implican que si bien en la ECVC de Glozman et al. (1998) la
puntuación máxima que se podía obtener era de 149, en el caso de nuestra ECVC
adaptada hay que descontar 43 puntos56. Por tanto, la puntuación máxima que se
podrá alcanzar de acuerdo con la información contenida en la Encuesta de Apoyo
Informal es de 96 puntos. Para determinar dónde se sitúan los umbrales que determinan el límite entre calidad baja-media y calidad media-alta, se ha calculado el
cociente entre la distancia de cada intervalo respecto a la puntuación total.
De acuerdo con la ECVC adaptada cerca del 7% de los cuidadores mantienen una
calidad de vida alta, un 20% tienen calidad de vida media y un 72% han visto reducir considerablemente su estándar de calidad de vida.
Tabla 2. Comparación ECVC de Glozman et al (1997) y Jiménez-Vilaplana (2007)
Glozman et al. (1997)
Escala
Calidad alta
Calidad media
Calidad baja
Longitud intervalo/149 (%)
262
Escala
Longitud intervalo/96 (%)
100-149
33.55
64-96
34.37
86-99
9.40
55-63
9.38
0-87
57.05
0-54
56.25
Fuente: Elaboración propia
56
Jiménez-Vilaplana (2007)
8 puntos de la pregunta 3, 18 de la P.6, 4 de la P.7, 4 de la P.8 y 19 de la P.9.
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Tabla 3. Indicador de calidad de vida
Nº observaciones
%
Alta
103
6.85
Media
309
20.54
Baja
1092
72.61
Puntuación máxima
78
Puntuación mínima
19
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
A continuación se realiza un análisis pormenorizado de los niveles de calidad de
vida atendiendo a variables propias del cuidador y del dependiente.
Características demográficas del cuidador
La media de edad para las mujeres es de 52 años y para los hombres de 58. El
84,64% de los cuidadores son de sexo femenino. Para las mujeres, la calidad de
vida se reduce a medida que aumenta la cohorte de edad a la que pertenecen. En
el caso de los hombres, se observa un patrón parecido excepto para la cohorte de
36 a 45 años. Existen evidencias en la literatura que constatan que las mujeres padecen mayores síntomas de tensión y depresión que los hombres (Brouwer et al.,
2006). En el caso de la Encuesta de Apoyo Informal este dato se confirma puesto
que el 89,20% (10,80%) de las mujeres (hombres) declaran sentirse deprimidos y
el 88,91% (11,09%) declararon sentirse físicamente agotados.
Relación con la actividad económica del cuidador
A diferencia de lo que se pudiera pensar en un primer momento, debido a la escasez de tiempo y a las responsabilidades profesionales, los cuidadores ocupados
manifiestan los niveles más altos de calidad de vida. Muchas veces el trabajo en
lugar de ser una carga es una vía de respiro, ya que el cuidador cambia de entorno,
de compañía y de pensamientos. En el extremo opuesto se encuentran los cuidadores parados, probablemente debido a que a la preocupación por la falta de trabajo y de ingresos, se suma a la ansiedad inherente al cuidado del familiar enfermo.
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Tabla 4. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función de su edad y
sexo
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Mujeres
1273
* Hasta 35 años
60.77
24.26
14.96
144
* De 36 a 45 años
70.57
20.87
8.57
248
* De 46 a 55 años
72.12
21.35
6.53
373
* De 56 a 65 años
79.93
16.56
3.51
293
* Más de 65 años
80.72
17.36
1.92
215
Hombres
231
* Hasta 35 años
59.86
35.97
4.17
26
* De 36 a 45 años
39.29
23.89
36.82
33
* De 46 a 55 años
70.57
25.50
3.93
41
* De 56 a 65 años
75.08
24.92
-
40
* Más de 65 años
85.62
14.38
-
91
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Tabla 5. Distribución de la calidad de vida en función de su relación con la actividad económica
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Ocupado
45.90
34.10
20.00
413
Jubilado
82.50
15.94
1.56
281
Parado
86.46
12.87
0.68
104
Tareas del hogar
83.53
14.92
1.55
672
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
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Respecto a si existe alguna relación entre el tipo de ocupación desempeñada y la
calidad de vida del cuidador, se observa que los trabajadores por cuenta ajena sin
subordinados y los trabajadores por cualificar son los que manifiestan mayores porcentajes de calidad de vida alta (17% y 11%, respectivamente). Los cuidadores que
dirigen negocio propio o que tienen personas a su cargo son los menos numerosos
y además muestran mayores niveles de calidad de vida baja.
Estado de salud del cuidador
El 53,77% de los cuidadores declara que su estado de salud es muy bueno o bueno,
el 36,82% que su salud es regular y un 9,41% la calificaría como mala o muy mala.
Para la construcción del indicador de calidad de vida se ha distinguido entre los
problemas de salud sufridos por el cuidador y que son consecuencia directa del cuidado del dependiente, y el deterioro del estado de salud ajeno a sus labores como
cuidador, considerándose únicamente los primeros en la elaboración del indicador
de calidad de vida. Existe una clara correlación entre estado de salud y calidad de
vida ya que frente al 10,25% de los cuidadores con salud muy buena/buena que
además disfrutan de calidad de vida alta, no existe ningún cuidador con mala salud
y nivel alto de calidad de vida.
Tabla 6. Distribución de la calidad de vida de los cuidadores ocupados en función
del tipo de ocupación
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Por cuenta propia
* Con asalariados
62.36
29.91
7.73
44
* Sin asalariados
64.05
26.36
9.60
81
* Con subordinados
68.56
24.40
7.05
210
* Sin subordinados
59.89
22.51
17.60
165
Trabajador sin cualificar
63.00
25.98
11.01
228
Por cuenta ajena
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
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Tabla 7. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función de su estado
de salud
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Muy bueno/Bueno
65.12
24.63
10.25
806
Regular
81.25
16.00
2.76
552
Muy malo/Malo
88.06
11.94
-
141
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Tipo de ayuda prestada
La mayor parte de los cuidadores presta ayuda al dependiente de forma permanente (80,97%). Se aprecia un ligero incremento en la calidad de vida baja entre
los cuidadores que de forma continuada prestan cuidados. Esto puede indicar que
la ausencia de periodos de respiro repercute de manera negativa en la calidad de
vida del cuidador, acentuando el cansancio y la fatiga, por encima de los sentimientos positivos y de recompensa que puede proporcionarles el cuidar de un familiar.
Tabla 8. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función de si la atención al dependiente es permanente o temporal (%)
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Permanente
75.51
18.57
5.92
1157
Por temporadas
69.22
23.85
6.93
152
71.71
22.34
5.95
150
Periodos fijos, por turno
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Aproximadamente la mitad de los cuidadores constituye el único apoyo informal
con el que cuenta el dependiente, en un 36% de los casos el cuidador principal recibe ayuda y en el resto las tareas de cuidados se encuentran repartidas entre muchas personas. Existe una gran diferencia entre el porcentaje de cuidadores con
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calidad de vida alta que son la única o la principal fuente de ayuda (4% y 5%, respectivamente) en relación con las familias en las que la ayuda se encuentra muy repartida entre sus miembros (13%).
Tabla 9. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función de que la ayuda
prestada al dependiente sea de carácter principal o secundaria
Baja
Media
Alta
Nº observ.
La única ayuda
75.66
18.84
5.50
719
La principal, pero no la única
75.90
19.56
4.55
533
Ayuda secundaria
59.52
27.01
13.47
203
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004)
Motivo por el que cuida al dependiente
La situación en la que ha sido el enfermo el que ha elegido al familiar que le debe
cuidar constituye la opción minoritaria, pero sin embargo, en este caso el porcentaje de cuidadores con nivel de vida alto es el mayor (19,94%). Esto puede deberse
a que el 55% de los cuidadores en esa situación ha respondido que la relación que
le unía al dependiente antes de su enfermedad era de gran intimidad o afecto.
En cambio, cuando el hecho de ser cuidador informal ha venido dado por imposición familiar o porque no había nadie más disponible aumenta el porcentaje de cuidadores con calidad de vida baja (78% y 77%, respectivamente).
Tabla 10. Distribución de la calidad de vida en función de las razones por las que
cuidan al dependiente
Baja
Media
Alta
Nº observ.
A petición del dependiente
66.29
13.77
19.94
76
Por iniciativa propia
71.38
22.97
5.65
937
Por decisión familiar
78.50
16.27
5.23
336
Porque era el único que podía
77.90
14.92
7.18
142
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso, 2004)
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Relación de parentesco con el dependiente
Las relaciones de parentesco dominantes son las de hija/o (61,94%) y esposa/o
(17,56%). El menor porcentaje de cuidadores con calidad de vida alta se encuentra entre los esposos/a, probablemente debido a la influencia que ejerce en este
caso la elevada edad del cuidador (71 años de media, frente a 50 en el caso de los
hijos). Además, los cónyuges suelen sufrir en mayor medida enfermedades crónicas57 y problemas de sueño, pero demuestran una firme voluntad de no renunciar
a su propio bienestar en aras de cuidar a su esposo enfermo. En el caso de cuidadores informales externos a la familia (amigos, vecinos) el porcentaje con nivel de
vida alto es mayor por diversas razones: menor número de horas de cuidado, carácter de ayuda secundaria y no residir en el domicilio del dependiente.
Tabla 11. Distribución de la calidad de vida en función del parentesco con la persona dependiente
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Esposa/o
79.66
19.28
1.06
245
Hija/o
74.56
18.48
6.97
864
Nuera/yerno
71.38
24.71
3.91
155
Hermana/o, sobrina/o
79.04
16.36
4.61
95
Amigo, vecino
61.53
28.95
9.51
36
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Relación pre-morbilidad entre cuidador y dependiente
El 76,86% de los cuidadores vivía con el dependiente o le veía todos los días antes
de empezar a cuidar de él. En los casos en los que la relación previa era fluída (al
menos un contacto al mes) entre cuidador y dependiente, existe un porcentaje no
nulo de cuidadores que conservan una calidad de vida alta, lo cual no ocurre
cuando la relación era muy esporádica (menos de una vez al mes o al año).
57
268
Un 67% de los cuidadores de su cónyuge sufre alguna enfermedad crónica, frente a un 38% en el caso de cuidadores de otra persona que no es su
esposo/a.
CAP.7
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
El hecho de que el porcentaje de cuidadores con calidad de vida baja sea el mismo
en la primera categoría (vivir con él) y en la última (menos de una visita al mes) no
se debe a que la relación cuidador-dependiente fuera problemática, sino a que en
el primer caso el 96% de los familiares co-residentes se han convertido en cuidadores permanentes y el 56% declara ser el único cuidador, mientras que en el segundo estas cifras se reducen al 56% y 40%, respectivamente.
Tabla 12. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función de la frecuencia con la que veía al dependiente antes de cuidar del mismo
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Vivía con él
77.94
17.82
4.24
590
Casi todos los días
69.68
21.53
8.79
566
71.74
21.71
6.55
241
Una vez al mes
70.34
25.27
4.40
53
Menos de una vez al mes
77.06
22.94
-
31
Al menos una vez por semana
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Número de ayudas familiares
El 50,39% de los cuidadores no recibe ningún tipo de ayuda. En un primer momento, sin conocer la influencia de otros factores, podría pensarse que estos cuidadores soportan sobre sus espaldas todo el trabajo derivado de la atención al
dependiente y la supervisión de su tratamiento, y por consiguiente sufren en soledad un mayor nivel de carga. Sin embargo, las cifras revelan que estas suposiciones no son ciertas. Los cuidadores principales que no reciben ayuda de la familia
manifiestan un porcentaje de calidad de vida media y alta superior al resto de categorías en las que sí se reciben ayudas. La razón hay que buscarla en que según
las respuestas de los cuidadores, cuando confluyen varias personas atendiendo al
dependiente no se debe a que varias personas residentes en el mismo hogar colaboren repartiéndose las tareas (dar de comer, asear, hacer compañía...) sino a que
el dependiente va rotando por temporadas o turnos y cada uno de los familiares se
encargan de cuidarlo durante un número determinado de meses. El cambio de un
269
CAP.7
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
domicilio a otro puede distorsionar la vida del dependiente58 (desorientación, trastorno en la rutina diaria...) y la del cuidador59.
Tabla 13. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función del número
de personas que colaboran en el cuidado del dependiente
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Ninguna
63.18
26.09
10.73
758
Una
85.14
13.11
1.75
303
Dos
85.18
12.44
2.38
220
Más de dos
82.23
16.40
1.37
212
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Número de horas de cuidado
El número medio de horas de cuidado diarias es de 10,6 horas60. A medida que
aumenta el número de horas de cuidado disminuye la calidad de vida del cuidador. Hay que tener en cuenta que el 39,42% de los cuidadores dedica más de 8
horas al día al cuidado del dependiente61, y un 27,39% dedica las tres cuartas partes del día a estar pendiente de su familiar.
58
De hecho, el sistema de cuidado por turnos es el más utilizado en el caso de pacientes con demencias (45% de los casos).
En el caso de un único cuidador principal, un 49% de los cuidadores declara que su tiempo de ocio se ha reducido y un 6% que han surgido problemas con su cónyuge; en cambio, cuando se trata de cuidadores temporales (tres o más cuidadores), estas cifras se incrementan sensiblemente, pasando a un 78% en el caso de la reducción del tiempo del ocio y a un 9% en el caso de los problemas con la pareja
60
En la Encuesta de Apoyo Informal no se detalla el reparto de las horas de cuidado entre realización de tareas domésticas y cuidados personales.
61
Aunque no tenga que estar realizando tareas constantemente, al menos sí que debe permanecer a su lado.
59
270
CAP.7
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
Tabla 14. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función del número
de horas de cuidado.
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Menos de 1 hora
47.87
43.90
8.23
29
De 1 a 2 horas
49.68
31.05
19.27
189
De 3 a 5 horas
68.00
22.16
9.84
322
De 5 a 8 horas
82.70
13.72
3.58
250
De 9 a 16 horas
82.41
15.12
2.47
181
De 17 a 24 horas
81.41
16.61
1.98
412
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Número de años de cuidado
El número medio de años de cuidado es de 6,5 años. Al igual que en el caso anterior a medida que aumenta el número de años de cuidado desciende la calidad de
vida del cuidador. Además, se observa un progresivo envejecimiento del cuidador
si comparamos los cuidadores que llevan menos de 2 años de cuidado con los que
llevan más de 15 años cuidando, ya que la edad media se incrementa de 51 a 58
años para las mujeres y de 60 a 72 años para los hombres.
Tabla 15. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función del número
de años de cuidado.
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Menos de 2 años
77.39
16.95
5.66
261
De 3 a 5 años
73.37
20.12
6.52
427
De 6 a 10 años
73.97
20.54
5.49
326
De 11 a 15 años
71.26
21.90
6.84
97
Más de 15 años
81.47
16.34
2.19
91
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
271
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
Edad y sexo del dependiente
La media de edad es de 81 años para las mujeres y 79 años para los hombres. Aunque a medida que aumenta la edad del dependiente se reduce la calidad de vida
del cuidador, el porcentaje de cuidadores que mantienen una calidad de vida alta
es superior en el caso de dependientes de sexo femenino a partir de 70 años. En
concreto, para la segunda cohorte de edad, mientras que un 5% de los cuidadores
de hombres declara calidad de vida alta, este porcentaje se convierte en el 12% en
el caso de mujeres dependientes.
La explicación puede encontrarse en el estado civil del dependiente y en la relación de parentesco entre ambos individuos. Un 66% de las mujeres dependientes
son viudas, frente a un 36% si se trata de hombres.
Dada la mayor esperanza de vida de las mujeres, la probabilidad de enviudar es
mayor que la de los hombres y por esta razón suelen estar cuidadas por los hijos.
Tal y como se ha comentado antes los cuidadores de cónyuges manifiestan mayores grados de carga que los que cuidan a sus padres. En el caso de hombres dependientes de 70 a 79 años, un 55% son cuidados por el cónyuge y un 29% por
un hijo, mientras que las mujeres dependientes de 79 a 79 años son cuidadas en
un 15% por el cónyuge y en un 68% de los casos por un hijo.
272
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
Tabla 16. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función de la edad y
sexo del dependiente
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Hombres
466
* De 60 a 69 años
78.32
15.16
6.52
56
* De 70 a 79 años
69.12
25.82
5.06
173
* De 80 a 89 años
72.20
23.26
4.54
183
* 90 y más años
81.37
17.94
0.68
54
Mujeres
1038
* De 60 a 69 años
74.54
19.97
5.49
59
* De 70 a 79 años
67.08
20.55
12.38
305
* De 80 a 89 años
74.82
19.42
5.76
463
* 90 y más años
83.10
14.48
2.41
172
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Enfermedades crónicas del dependiente
Tal y como se ha comentado en el apartado anterior, la edad media de los dependientes ronda los 80 años. Esto justifica que un 53,45% de los dependientes declare
padecer problemas de huesos, un 46,81% presenta demencias (problemas de memoria, depresión, trastornos mentales, Alzheimer) y un 44,95% problemas del corazón. La calidad de vida del cuidador se ve afectada de diferente manera
dependiendo de la enfermedad que sufra el dependiente.
Los cuidadores de enfermos con problemas mentales o cáncer son los que presentan un menor porcentaje de calidad de vida alta. Esto puede deberse tanto a la necesidad de supervisión continua y al cambio en la personalidad del dependiente62,
62
Un 56% (49%) de los enfermos con demencia presenta problemas de incontinencia urinaria (fecal) frente a un 31% (26%) para el resto de dependientes. Un 14% de los cuidadores de enfermos de demencia declara que las relaciones con el dependiente han empeorado, frente a un 5% que se
encuentran en la misma situación en el caso de otras enfermedades. Un 23,86% de los cuidadores de enfermos mentales declara sentirse deprimido,
frente a un 14,87% en el caso de cuidadores de otro tipo de enfermedades.
273
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
en el primer caso, como a la angustia a la que se enfrenta el cuidador ante el diagnóstico de cáncer63 y a la incertidumbre sobre la evolución futura, en el segundo.
Tabla 17. Distribución de la calidad de vida en función de las enfermedades del
dependiente
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Problemas de huesos
72.49
21.46
6.04
804
Problemas de corazón
81.77
15.28
2.95
676
Demencias
71.95
21.14
6.91
704
Diabetes
73.55
18.90
7.55
338
Cáncer
76.81
18.71
4.48
81
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Una de las ventajas de la Encuesta de Apoyo Informal es que proporciona un número de observaciones de cuidadores de enfermos con demencia muy superior a
otros estudios. Se dispone de 704 observaciones de cuidadores de familiares con
problemas mentales o neurodegenerativas, de los cuales 171 corresponden a la enfermedad de Alzheimer.
Número de discapacidades del dependiente
Se considera que un individuo padece una discapacidad básica para la vida diaria
cuando necesita ayuda de otra persona para: comer, vestirse, asearse, desplazarse
por la casa, moverse, controlar las necesidades, utilizar el servicio, acostarse y levantarse de la cama, bañarse o ducharse. Se considera que un individuo padece
una discapacidad instrumental para la vida diaria cuando necesita la participación
de otra persona para: hacer la compra, preparar las comidas, realizar las tareas domésticas, tomar la medicación, utilizar el teléfono, desplazarse por la calle, utilizar el transporte público, administrar el dinero e ir al médico.
63
274
El cuidador de un enfermo de cáncer suele necesitar formación sobre el tratamiento, medicación y síntomas de la enfermedad (Weitzner et al., 1999;
Grunfeld et al.; 2004).
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
Tabla 18. Resumen de los tamaños muestrales y principales conclusiones de otros
estudios sobre cuidadores de enfermos con problemas de demencia o Alzheimer
N
Patología
Conclusiones
Chenoweth y Spencer (1986)
289
Demencia
23% de los cuidadores declararon padecer carga física y emocional
George y Gwyther (1986)
510
Demencia
Triple de probabilidad de sufrir estrés
respecto al grupo de control
Gallagher et al. (1989)
158
Demencia
46% presentaban síntomas compatibles con una depresión
Clipp y George (1990)
510
Demencia
30% de los cuidadores tomaban medicamentos para la depresión
Coppel et al. (1985)
68
Alzheimer
87% de los cuidadores padecían transtornos depresivos
Cohen y Eisdorfer (1988)
46
Alzheimer
55% de los cuidadores padecían depresión
Kiecolt-Glaser y Glaser (1994)
34
Alzheimer
32% de los cuidadores padecían depresión; 77% sufrían cambios en el sistema inmune
Demencia
22% de los cuidadores se sienten deprimidos y toma medicación (nervios,
dormir)
18% sufre problemas de ansiedad
Alzheimer
33% de los cuidadores se sienten deprimidos
22% toma medicación
13% sufre problemas de ansiedad
Jiménez y Vilaplana (2007)
704
171
Fuente: Elaboración propia
El número medio de discapacidades básicas es de 4,72 y el número medio de discapacidades instrumentales es de 8,82. En el caso de las discapacidades básicas
para la vida diaria se observa una disminución muy acusada en el porcentaje de
275
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
cuidadores con calidad alta de vida al pasar de ninguna (21,46%) a 1 ó 2 discapacidades (8,70%). Por el contrario, cuando el número de discapacidades es mayor
o igual que 9, el 95% de los cuidadores ha visto reducida considerablemente su calidad de vida.
Por lo que se refiere a las discapacidades de carácter instrumental, la disminución
de la calidad de vida al aumentar su número es más suave que en el caso anterior.
Esto se debe a que el dependiente goza de cierta autonomía para deambular por
el hogar, asearse y comer por sí mismo.
Tabla 19. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función del número
de discapacidades básicas para la vida diaria que sufre el dependiente
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Ninguna
39.34
39.20
21.46
289
1ó2
59.22
32.08
8.70
265
De 3 a 5
74.17
22.53
3.30
316
De 6 a 8
90.69
8.85
0.45
282
9 ó 10
95.52
3.87
0.60
352
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Tabla 20. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función del número
de discapacidades instrumentales para la vida diaria que sufre el dependiente
Baja
Media
Alta
Nº observ.
De 0 a 2
39.84
43.95
16.22
48
De 3 a 5
44.61
34.44
20.95
147
De 6 a 8
57.57
32.01
10.42
357
De 9 a 11
85.37
12.43
2.20
952
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
Ayudas formales recibidas por el cuidador
Se han considerado tres tipos de ayudas formales: técnicas, personales y de centro.
Las ayudas técnicas se refieren a servicio de telealarma o teleasistencia, ayudas para
adaptación de la vivienda, cama articulada a domicilio, sillas de ruedas u otro tipo
de ayudas. Las ayudas personales comprenden la asistencia de una persona en el domicilio para tareas domésticas y cuidados personales, servicio de comida a domicilio y servicio de lavandería a domicilio. Las ayudas de centro consisten en atención
durante el día en centros para mayores y estancias temporales en residencias.
Sólo 298 dependientes de los 1.504 cuidadores entrevistados reciben algún tipo de
ayuda formal. Los cuidadores cuyos dependientes reciben una ayuda o una combinación de dos ayudas (a excepción de la combinación de ayuda personal y de
centro) presentan mayores porcentajes de calidad de vida baja, en comparación
con los hogares en los que no se recibe ningún tipo de ayuda. Este dato se puede
interpretar desde dos puntos de vista.
Primero, las ayudas formales van destinadas a paliar la carga del cuidador en aquellas situaciones más complicadas. Si esto fuera cierto, sería un punto a favor de la
eficiente distribución de los recursos públicos. Segundo, a pesar de que las ayudas pretenden que el dependiente se encuentre mejor atendido, y por consiguiente,
deberían repercutir en una mejora del bienestar de sus cuidadores respectivos, parece que su efectividad es limitada. Basta con mencionar el dato de que un 88%
(87%) de los cuidadores cuyos dependientes sólo reciben ayuda personal (ayuda
técnica) presentan una calidad de vida baja. Tercero, las ayudas de centro dan libertad al cuidador para que desempeñe su profesión o realice las tareas domésticas, pero no se puede articular un sistema de apoyo a la dependencia utilizando
como principal instrumento las ayudas de centro. Esto se deduce al observar que
el 100% de los cuidadores que reciben una combinación de ayuda técnica y de
centro manifiestan una calidad de vida bajo.
Únicamente en el caso en que se combinan ayuda personal y de centro, es decir,
el cuidador sabe que durante unas horas al día el dependiente es atendido o bien
en el domicilio o bien en un centro especializado, el porcentaje con calidad de vida
baja es inferior al de los cuidadores que no reciben ninguna ayuda (65% frente a
69%).
277
CAP.7
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
En la sección 6, se profundizará sobre esta cuestión mediante la estimación de modelos logit tanto para la ayuda formal como para los niveles de calidad de vida.
Tamaño del municipio de residencia
Se observan dos patrones de comportamiento diferente. Por una parte, los cuidadores residentes en municipios de más de 200.000 habitantes o capitales de provincia son los que manifiestan menor porcentaje de calidad de vida baja y mayor
porcentaje de calidad de vida media. Esta circunstancia se encuentra relacionada
directamente con la recepción de ayudas formales, ya que la probabilidad de recibir una ayuda formal (técnica, personal o de centro) oscila entre el 5,03% en el
caso de los municipios de menos de 2.000 habitantes hasta alcanzar el 50% en el
caso de los municipios de mayor tamaño. También se encuentran con mayores barreras arquitectónicas, urbanísticas y a la propia orografía del terreno.
Tabla 21. Distribución de la calidad de vida del cuidador en función de las ayudas formales que recibe
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Ayuda técnica
85.15
13.16
1.69
248
Ayuda personal
80.45
16.40
3.15
85
Ayuda de centro
77.07
18.18
4.75
29
Sólo ayuda técnica
87.09
11.53
1.37
191
Sólo ayuda personal
88.04
8.35
3.60
34
Sólo ayuda de centro
73.50
18.55
7.94
13
Ayuda técnica y personal
76.56
20.17
3.27
44
Ayuda técnica y de centro
100
-
-
9
Ayuda personal y de centro
65.36
34.64
-
3
Las tres ayudas
69.81
30.19
-
4
Ninguna ayuda
70.93
21.76
7.31
1206
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
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CAP.7
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
Por otro lado, los cuidadores residentes en municipios de menos de 2.000 habitantes
son los que presentan un porcentaje más alto de calidad de vida alta (9,57%). Esto
puede deberse a que en los núcleos rurales la cultura de cuidar a las personas mayores enfermas se encuentra más arraigada que en las ciudades grandes. Así, un 80% de
los cuidadores residentes municipios de menos de 2.000 habitantes considera que cuidar a su familiar es una obligación moral y un 60% afirma que el hecho de ser cuidador es algo que les enriquece como persona, frente a un 60% y 38%, respectivamente,
en el caso de municipios de más de 200.000 habitantes y capitales de provincia.
Tabla 22. Distribución de la calidad de vida en función del tamaño del municipio
en el que reside
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Menos de 2.000 habitantes
73.49
16.94
9.57
84
De 2.000 a 5.000 habitantes
83.31
14.09
2.60
82
De 5.000 a 10.000 habitantes
75.47
17.66
6.88
119
De 10.000 a 50.000 habitantes
74.70
20.15
5.15
278
De 50.000 a 200.000
76.54
18.09
5.37
216
Más de 200.000 y capitales de
provincia
67.46
24.79
7.75
725
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
Valoración del cuidado informal
Para evaluar la experiencia personal que supone para el cuidador el tener que cuidar a otra persona se han seleccionado, de entre las preguntas que contiene la Encuesta de Apoyo Informal, dos frases con sentido positivo y otras dos con sentido
negativo por considerar que resumen tanto el impacto material (económico) como
el coste de tiempo, y a la vez los sentimientos positivos que pueden generarse en
el cuidador64. Un 47,56% de los cuidadores ha declarado que no tiene suficien-
64
A veces los cuidadores descubren que poseen unas cualidades que hasta entonces no conocían y manifiestan haber evolucionado como personas
a través de las situaciones asociadas al cuidado. Aunque la mayor parte de las investigaciones sobre cuidadores ha utilizado la ausencia de efectos negativos como una medida indirecta de los positivos, los efectos negativos y positivos pueden existir simultáneamente y ser independientes (Deimling,
279
CAP.7
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La Calidad de Vida de los Cuidadores en España
tes recursos como para plantearse una alternativa al cuidado informal (cuidados
formales pagados, residencia privada...). En este caso, el porcentaje de cuidadores con calidad de vida baja es del 82%. Por otra parte, el porcentaje de cuidadores con calidad de vida alta es tres veces superior entre aquellos que no
cambiarían el sistema de cuidado aunque dispusieran de más recursos económicos (10% frente a 3%).
En la siguiente pregunta, se interroga al cuidador acerca de si considera que el sistema preferente de atención a la dependencia deberían ser las residencias. Un
89,37% ha respondido afirmativamente. Tal vez la pregunta es demasiado restrictiva puesto que no se ofrecen alternativas intermedias a la institucionalización del
dependiente, como por ejemplo, asistencia en el domicilio, centros de día y de
noche, y estancias de respiro. Por consiguiente, aunque los cuidadores que no están
satisfechos con la forma actual de cuidados manifiestan un nivel de vida inferior
(73% con calidad de vida baja), hay que interpretar estas cifras con cuidado a tenor
de las contestaciones a la tercera y cuarta preguntas.
Un 78,44% de los cuidadores considera el agradecimiento que reciben de la persona a la que cuidan les compensa del trabajo y tiempo invertidos, y un 79,65%
de los cuidadores siente un profundo sentimiento de satisfacción, que va más allá
del cumplimiento de una obligación moral. Por esta razón, no se debe considerar
que la mayor parte de los cuidadores renunciarían a su papel e internarían a los dependientes en una residencia si pudieran. Más bien, les gustaría poder disponer de
ayuda especializada que les ayudara a manejar determinados comportamientos de
la conducta del cuidador65, y también sienten que si dispusieran de algo de tiempo
libre para dedicarlo a sí mismos, a su trabajo, hijos o cónyuge podrían recuperar
las fuerzas para continuar con su labor de cuidador.
65
280
Por ejemplo, la realización de determinados ejercicios puede retardar el avance de enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.
CAP.7
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Tabla 23. Distribución de la calidad de vida en función de lo que supone para el
cuidador atender a otra persona
Baja
Media
Alta
Nº observ.
Económicamente no puedo plantearme otra solución
* Muy /bastante de acuerdo
82.43
14.48
3.08
703
* Indiferente
67.97
24.80
7.23
231
* Poco /nada de acuerdo
64.34
25.54
10.12
544
Aún teniendo familia, las personas mayores están mejor atendidas es en una residencia
* Muy /bastante de acuerdo
73.61
20.12
6.27
1337
* Indiferente
74.04
17.67
8.29
101
* Poco /nada de acuerdo
68.58
25.76
5.66
58
La persona a la que cuido está muy agradecida y eso me compensa
* Muy /bastante de acuerdo
71.52
21.55
6.93
1168
* Indiferente
79.88
14.38
5.74
204
* Poco /nada de acuerdo
82.51
15.32
2.18
117
Cuidar de esa persona es algo que me genera una gran satisfacción
* Muy /bastante de acuerdo
72.12
21.49
6.39
1190
* Indiferente
76.30
16.37
7.33
205
* Poco /nada de acuerdo
83.65
13.16
3.18
99
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Apoyo Informal (Imserso,
2004)
4. Estimación del modelo de calidad de vida
El modelo econométrico que vamos a utilizar para estudiar qué factores influyen en
la calidad de vida del cuidador es un modelo logit multinomial. Este modelo constituye una generalización de un logit para variable binaria, que se utiliza cuando
la variable dependiente toma más de dos valores, en nuestro caso la calidad de
vida (C) puede tomar tres valores (alta, media y baja). Si denominamos por el su-
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bíndice m cada una de las M alternativas existentes y por i a cada uno de los N individuos de la muestra, entonces la utilidad que obtiene el individuo i derivada de
escoger la opción m viene dada por la siguiente expresión:
donde Xi representa el conjunto de variables explicativas, βm es el vector de coeficientes asociado a cada alternativa m, y εmi es una perturbación aleatoria que se
distribuye de acuerdo con una distribución log Weibull. La probabilidad de que la
alternativa m sea escogida, viene dada por la siguiente expresión:
Para poder estimar dicho modelo, es necesario que el vector de parámetros correspondiente a una de las categorías sea cero. Si por ejemplo, tomamos la primera
alternativa (calidad de vida baja) como categoría de referencia obtendremos la probabilidad de cada una de las alternativas en relación con la que se ha utilizado de
referencia.
Al igual que ocurre con el modelo logit binario, los coeficientes estimados que
sean significativos sólo admiten una interpretación cualitativa y no cuantitativa, es
decir, sólo indican si la variable a la que acompañan afecta positiva o negativamente a la probabilidad de una determinada alternativa respecto a la de referencia.
Por esta razón, los resultados que se adjuntan al final de este capítulo no corresponden a los coeficientes estimados sino a los odds-ratio, es decir, al incremento
o la disminución porcentual respecto a la probabilidad de la categoría de referencia.
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Como variables explicativas se han utilizado las siguientes: sexo y edad del cuidador, cuidado permanente o temporal, cuidador principal o secundario, razón por
la que se cuida al dependiente, parentesco con el dependiente, tamaño del municipio de residencia, relación con la actividad económica del cuidador, número de
horas y años de cuidado, edad y sexo del dependiente, enfermedades crónicas del
dependiente, número de discapacidades básicas e instrumentales66.
En la Tabla B del Apéndice se detallan los odds-ratio y la significatividad de cada
uno de ellos obtenidos en la estimación de un modelo logit multinomial para la calidad de vida del conjunto de los cuidadores, fijando como categoría de referencia “calidad baja”.
Las mujeres de 56 a 65 años y los hombres de 36 a 45 años presentan una probabilidad significativa y positiva de que su calidad de vida sea alta67. Si el cuidador
es la única ayuda disminuye (aunque de forma marginalmente significativa) la probabilidad de que la calidad de vida sea media (en un 70%) o alta (en un 94%).
Dado que la variable ayuda permanente ha resultado no ser significativa, parece
pues, el hecho de que el cuidador no tenga ningún otro soporte con el que compartir su responsabilidad es más negativo para su calidad de vida que el tener que
atender de manera continuada al dependiente. Si la persona cuidadora ha sido elegida por el dependiente se incrementa de manera considerable la probabilidad de
que la calidad de vida sea alta, pero si el cuidador era el único disponible, la probabilidad de que la calidad de vida sea media disminuye en un 80%.
El hecho de residir en un municipio de más de 200.000 habitantes o capital de
provincia disminuye la probabilidad de que la calidad de vida sea media (en un
81%) y alta (en un 97%). Este dato se puede interpretar como que por encima de
los servicios sanitarios y sociales, los cuidadores también aprecian el estilo de vida
más tranquilo de los núcleos urbanos más pequeños.
66
67
Desafortunadamente, en la Encuesta de Apoyo Informal no existe ninguna variable que haga referencia a la renta disponible del hogar. Dicha información podría ser útil a la hora de explicar la contratación de ayuda formal (empleados del hogar).
En un 98% estos cuidadores hombres atienden a sus padres y en el caso de las mujeres se observa que disminuye la proporción de las que cuidan a
su suegra/o y aumenta la fracción de las que cuidan a su padre/madre.
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Tal y como se ha comentado en la sección 3, los cuidadores ocupados manifiestan
una probabilidad significativa y superior de que su calidad de vida sea media o
alta68.
Si el dependiente sufre algún tipo de demencia la probabilidad de calidad de vida
alta se reduce en un 96%. Y la probabilidad de calidad de vida media disminuye
en un 85% en el caso de que sufra cáncer.
Finalmente, las discapacidades básicas se presentan como más perjudiciales para
la calidad de vida que las discapacidades instrumentales, no sólo porque en el primer caso el dependiente carece de autonomía personal sino porque muchas veces
sus comportamientos son molestos o el cuidador se ve obligado a realizar tareas incómodas.
Estimación del modelo para algunas patologías concretas
A continuación se ha estimado el modelo logit multinomial restringiendo la muestra a los cuidadores de tres patologías concretas (Tabla C del Apéndice): problemas de huesos, demencias y problemas del corazón, por ser las que presentaban
el mayor número de observaciones69. Se han utilizado como variables explicativas:
la relación con la actividad económica del cuidador, el número de horas y años de
cuidado, el sexo y la edad del dependiente, y el número de discapacidades básicas e instrumentales.
Respecto a la categoría de referencia (calidad baja) el hecho de estar ocupado incrementa la probabilidad de que la calidad de vida sea media (o alta) para las tres
enfermedades consideradas. Aunque en un primer momento pueda resultar difícil
compatibilizar el trabajo con la atención a una persona dependiente, también hay
que considerar la actividad profesional como una oportunidad para relacionarse
con otras personas, pasar tiempo fuera de casa y sentirse realizado como persona.
68
69
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La probabilidad de que la calidad de vida sea media (alta) se reduce en un 79% (99%) si está jubiliado, 89% (99%) si está parado, y 83% (99%) si
se dedica a las labores del hogar.
No se disponía de suficiente número de observaciones para estimar un modelo de la calidad de vida de los cuidadores de enfermos de cáncer o diabetes.
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La probabilidad de que la calidad de vida sea media se incrementa en un 86% si
el dependiente es hombre en el caso de enfermedades del corazón. Esta situación
se puede explicar en parte debido a la relación de parentesco, ya que cuando el enfermo del corazón es un hombre está atendido en un 39% de los casos por su esposa y en un 48% por un hijo/a. En cambio, cuando se trata de una mujer, el
cuidado recae en el esposo sólo en un 7% de los casos y un hijo/a en un 74% de
las ocasiones. La calidad de vida del cuidador es más alta cuando el enfermo del
corazón es una mujer.
Por otra parte, la probabilidad de que la calidad de vida sea media cuando se padecen problemas de huesos se incrementa en más de un 200% si el dependiente
tiene una edad comprendida entre 70 y 90 años. Se observa una cierta sustitución
entre ayuda técnica y personal, ya que mientras la ayuda técnica pasa de un 10% a
un 20% de la primera a la última cohorte de edad, la ayuda alcanza un máximo del
7% para el intervalo 80-89 años y disminuye al 3% para los mayores de 90 años.
En el caso de que el dependiente padezca 6/8 ó 9/10 discapacidades básicas para
la vida diaria, las probabilidades de que la calidad de vida sea media se reducen en
torno a un 85% y 95%, respectivamente, para las tres enfermedades. En cambio, si
nos fijamos en las probabilidades de que la calidad de vida sea alta, las posibilidades se reducen en un 85% para problemas óseos o del corazón y en un 94% en el
caso de demencias cuando se padecen 1/2 discapacidades básicas, y se convierten
en cero en el caso de sufrir un mayor número de discapacidades básicas.
5. Relación entre ayudas formales y calidad de vida del cuidador
En esta sección se pretende dar respuesta a dos cuestiones. En primer lugar, qué relación existe entre la probabilidad de recibir ayudas formales (técnicas, personales
y de centro) y la calidad de vida del cuidador. Y segundo, si estas ayudas contribuyen a mejorar no sólo la calidad de vida del dependiente sino también el bienestar del cuidador.
Para ello, se ha definido una variable binaria que toma el valor uno si el dependiente
recibe ayuda técnica, personal o de centro (una variable para cada tipo de ayuda) y
toma el valor cero en caso contrario. Se ha estimado un modelo logit para la proba-
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bilidad de recibir ayuda utilizando como variables explicativas el carácter permanente o personal, principal o secundario de los cuidados del cuidador, el número de
horas y años de cuidado, el tamaño del municipio de residencia, enfermedades crónicas del dependiente, el número de discapacidades básicas e instrumentales, el sexo
y la edad del dependiente y el indicador de calidad de vida del cuidador. Una vez
estimado el modelo, se ha calculado la probabilidad predicha de recibir cada tipo de
ayuda condicionado a que la calidad de vida sea alta, media o baja.
Los resultados que se muestran en la Tabla 24 indican que la probabilidad de recibir
cualquier tipo de ayuda es creciente a medida que disminuye la calidad de vida del
cuidador. También se advierte una complementariedad entre las ayudas puesto que
la probabilidad de recibir una sola es mucho menor que combinada con otras. No
obstante, hay que recordar que un 85% (1206) de los cuidadores entrevistados no reciben ningún tipo de ayuda y un 69% (839) de los mismos manifiesta un nivel de vida
bajo. Por tanto, se podría calificar el nivel de ayuda como de muy insuficiente.
Tabla 24. Probabilidad de que el recibir ayudas formales de las Administraciones
Públicas condicionado a la calidad de vida del cuidador
Ayuda técnica
Ayuda personal
Ayuda centro
Pr[Ayuda=1|Calidad= Baja]
0.1392
0.0261
0.0003
Pr[Ayuda=1|Calidad= Media]
0.0719
0.0124
1.19e-7
Pr[Ayuda=1|Calidad= Alta]
0.0083
0.0011
2.97e-10
Sólo
Ayuda técnica
Sólo
Ayuda personal
Sólo
Ayuda centro
Pr[Ayuda=1|Calidad= Baja]
0.0948
0.0026
1.57e-8
Pr[Ayuda=1|Calidad= Media]
0.0254
7e-5
1.13e-16
Pr[Ayuda=1|Calidad= Alta]
0.0079
0.0004
1.10e-15
Fuente: Elaboración propia.
A continuación se ha definido una variable binaria para cada uno de los niveles de
calidad (alta, media y baja) y se ha estimado un modelo logit utilizando como variables dependientes las mismas que en la regresión anterior con la única diferen-
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cia de que se introduce una variable si el dependiente al que atiende el cuidador
recibe algún tipo de ayuda formal (técnica, personal o de centro). Una vez estimado el modelo se ha calculado la probabilidad de que la calidad de vida sea alta,
media o baja condicionado a recibir algún tipo de ayuda.
Los resultados (Tabla 25) revelan que la probabilidad de que la calidad de vida sea
baja en caso de recibir una ayuda es superior al 90% para las ayudas técnicas y personales, y cercana al 80% para las ayudas de centro. La probabilidad de que la calidad de vida sea media en caso de recibir una ayuda se reduce considerablemente
Por último, las posibilidades de que un cuidador con calidad de vida alta reciba alguna ayuda son nulas. Se podría deducir que existe un buen reparto de las ayudas
de las Administraciones Públicas puesto que van destinadas a ayudar a los hogares
en los que la dependencia es más grave o plantea mayores problemas. En este sentido, los poderes públicos se preocuparían no sólo por la salud del dependiente,
sino también de manera indirecta por la salud del cuidador.
Tabla 25. Probabilidad de que la calidad de vida del cuidador sea alta, media o
baja condicionado a recibir ayudas formales de las Administraciones
Ayuda técnica
Pr[Calidad Alta =1| Ayuda =1]
Ayuda personal
Ayuda centro
2e-5
0
0.0015
Pr[Calidad Media =1| Ayuda =1]
0.0837
0.1283
0.1688
Pr[Calidad Baja =1| Ayuda =1]
0.9339
0.9118
0.7908
Fuente: Elaboración propia.
6. Conclusiones y valoración sobre la Ley de Dependencia
En el 2007 sólo podrán beneficiarse de la Ley de Dependencia las personas a las
que les sea diagnosticado el máximo grado de dependencia, que suponen en algo
más de 200.000 personas, el 86% de las cuales son mayores de 65 años. Se consideran “grandes dependientes” las personas que necesiten ayuda para realizar las
actividades básicas de la vida (comer, asearse, levantarse de la cama y realizar las
necesidades fisiológicas) varias veces al día. El catálogo de los servicios propues-
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tos incluye prevención y promoción de la autonomía personal, teleasistencia, ayuda
a domicilio70, centro de día y de noche, y residencias.
Los grandes dependientes percibirán una ayuda de 1.014 euros mensuales (507
desde la Administración Central y 507 sufragados por las comunidades autónomas
de residencia71). Sin embargo, las estimaciones de lo que cuesta cuidar a un dependiente de estas características sitúan la cifra entre 1.500 y 2.500 euros mensuales. Por consiguiente, todavía restan 1.100 euros que deben correr por cuenta
del enfermo o de sus familiares.
El resto de dependientes se irán incorporando paulatinamente hasta el año 2015.
Del 2008 al 2011 se incorporarán los dependientes severos (que no requieren
ayuda permanente) y del 2012 al 2015 las personas con dependencia moderada
(necesitan ayuda al menos una vez al día).
Sin embargo, la fórmula para valorar el grado de dependencia ha suscitado fuertes
polémicas ya que en este momento quedan muchos dependientes desprotegidos y
muchos cuidadores que deben afrontar una complicada situación. Tal es el caso,
de la enfermedad de Alzheimer, cuyo estado inicial “se queda fuera” de la consideración de gran dependencia. Pero es precisamente en la primera fase cuando las
familias necesitan más ayuda, no sólo para aceptar el diagnóstico sino para cuidar
del enfermo (que se pierde o se vuelve agresivo). Otro ejemplo lo constituye el autismo que no ha sido calificado como de gran dependencia puesto que el individuo puede comer o lavarse por sí solo, pero por el contrario, no es capaz de
planificar su tiempo y necesita el acompañamiento de una tercera persona que le
programe el día a día.
La Ley de Dependencia hacer referencia directa a la figura del cuidador y contempla en su artículo 18 la concesión de una prestación económica a los familiares que cuiden de mayores y discapacitados. Dicha prestación tendrá un máximo
70
71
288
El número de horas semanales de atención a domicilio se encontrará comprendido entre 70 y 90.
Con independencia de lo que cada comunidad está gastando en la actualidad en cuidado de personas dependientes, pues son ellas las que tienen
las competencias transferidas para ello.
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de 487 euros mensuales72 para los casos más complicados. Además, se les dará de
alta en la Seguridad Social y se pagará por cada uno de ellos 74 euros. Además los
cuidadores recibirán formación básica para el trabajo que van a realizar dentro de
los planes de formación continua que prestan las Administraciones Públicas.
Respecto a la financiación del Sistema Nacional de Dependencia, constará de la
contribución económica de las distintas administraciones, vía impuestos, y de un
sistema de copago, es decir, los beneficiarios participarán del coste del servicio. La
capacidad económica personal se determinará en función de la renta y del patrimonio. Si la capacidad económica es inferior o igual al Indicador Público de Renta
de Efectos Múltiples (IPREM = 5.990,4 euros mensuales) no se pagará nada. Cuando
la capacidad económica del beneficiario supere la cuantía de 59.904 euros (diez
veces el valor del IPREM) pagará el 90% del coste del servicio. En materia de educación y sanidad nunca se ha establecido nada parecido y por consiguiente habría
que avanzar con cautela para que el sistema de dependencia no se convierta en un
servicio destinado únicamente a las familias pertenecientes a las decilas inferiores
de renta.
72
El Sistema Murciano de Atención a la Dependencia ha propuesto aumentar la ayuda a los cuidadores a 600 euros mensuales.
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Apéndice
Apéndice
Tabla A. Comparación Escalas de Calidad de Vida del Cuidador
Glozman, Bicheva y Fedorova (1998)
Jiménez y Vilaplana (2007)
Actividad profesional
1. ¿Ha continuado en su anterior puesto de trabajo
después de que su familiar cayese enfermo? Sí (5)
No (0)
1. ¿Ha afectado a su situación laboral o profesional
el hecho de responsabilizarse del cuidado de una
persona mayor? No (5) Sí (0)
Tiempo completo, todo el día
Tiempo partido, jornada reducida
Tuvo que empezar a trabajar
No trabajaba antes
No puede plantearse trabajar fuera de casa5
Ha tenido que dejar de trabajar
5
Ha reducido su jornada laboral
3
Su vida profesional se ha resentido
3
5
3
5
5
2. ¿Se las arregla bien para combinar su quehaceres
diarios con el cuidado de su paciente? Sí (5) No (0)
2. ¿Tiene problemas para cumplir los horarios laborales? Sí (0) No (5). ¿Le supone una carga en su
vida diaria el responsabilizarse del cuidado de esa
persona?
Igual de bien que antes
Con dificultad
Parcialmente
En absoluto
Nada/ poco de acuerdo
Indiferente
Bastante de acuerdo
Muy de acuerdo
5
3
1
0
3. ¿Ha cambiado de trabajo a consecuencia de la
enfermedad de su pariente? Sí (0) No (4). En caso
afirmativo, ahora su nuevo trabajo es:
De la misma categoría
Parecido al trabajo anterior
Trabajo de otro tipo
Ha cambiado de trabajo por razones
no relacionadas con el dependiente
5
3
1
0
3. No hay información en la encuesta sobre cambios
en el puesto de trabajo.
3
2
1
4
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Apéndice
4. ¿Se ha visto obligado a realizar trabajos complementarios para conseguir dinero extra?
Sí (0) No (5)
4. ¿Sufre problemas económicos como consecuencia de responsabilizarse del cuidado de esa persona
mayor? Sí (0) No (5)
Tan frecuentemente como antes
Raramente
Algo menos
A menudo
Muy frecuentemente
Nunca
A veces recibe compensación de la persona
a la que cuida y es más de lo que gasta
5
Siempre recibe compensación de la persona a
la que cuida y es más de lo que gasta
4
Recibe compensación (siempre /a veces) de la
persona a la que cuida y cubre los gastos 3
Siempre recibe compensación de la persona a
la que cuida, pero no cubre gastos
2
A veces recibe compensación de la persona a
la que cuida, pero no cubre gastos
1
Tiene otro trabajo por razones no
relacionadas con el dependiente
3
5
4
3
2
1
0
Actividades sociales y de ocio
5. ¿Le queda tiempo para disfrutar de su ocio a
pesar de su implicación en el cuidado del familiar
enfermo? Sí (3) No (0)
Tan frecuentemente como antes
Algo más que antes
Algo menos que antes
Raramente
Nunca
Nunca lo hizo
3
4
2
1
0
3
6. ¿Puede compaginar las tareas del hogar con el
cuidado del familiar enfermo? Sí (3) No (0)
Ahora tiene más trabajo (2) Tanto como antes (3)
Muy raramente (1) Nunca (0) Nunca lo hizo(3)
Hacer la compra
Lavar la ropa
Limpiar la casa
Cocinar
Otros (indicar)
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2
2
2
2
2
3
3
3
3
3
1
1
1
1
1
0
0
0
0
0
3
3
3
3
3
5. ¿Ha tenido que reducir su tiempo de ocio como
consecuencia de responsabilizarse del cuidado del
dependiente? Sí (0) No (3). ¿Se siente identificado
con las siguientes afirmaciones? Sí (0) No (1)
No puede ir de vacaciones
Tiene conflictos con su pareja
No tiene tiempo para frecuentar amistades
No tiene tiempo para sí mismo
6. No hay información en la encuesta sobre el
tiempo que el cuidador dedica a realizar las tareas
domésticas
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Apéndice
7. Además de cuidar de su familiar dependiente, ¿le
queda tiempo para ayudar a sus padres u otros parientes? Sí (3) No (0)
Más frecuentemente que antes
porque he dejado de trabajar
Tan frecuentemente que antes
Menos frecuentemente
Muy raramente
Nunca
Nunca lo había hecho antes
Más frecuentemente que antes
porque ahora es mi responsabilidad
4
3
2
1
0
3
2
8. ¿Comparte sus planes familiares y sus problemas
con su familiar enfermo? Sí (3) No (0)
Más a menudo que antes
Tan a menudo como antes
Menos a menudo que antes
Muy raramente
Nunca
Nunca lo ha hecho
7. ¿Dispone de tiempo para cuidar a otras personas?
Sí (3) No (0)
No hay más información al respecto
4
3
2
1
0
3
8. ¿Desde que cuida a otra persona la relación entre
ustedes ha mejorado, ha empeorado o sigue igual?
La relación previa era de intimidad o afecto y ha
mejorado o sigue igual (3)
La relación era distante o ha empeorado (0).
No se dispone de más información
9. Además de cuidar a su familiar dependiente, ¿le
9. No hay información en la encuesta para plantear
queda tiempo para atender a sus hijos/ nietos tal y
una pregunta similar.
como lo hacía antes? Sí (3) No (0)
Más frecuentemente que antes puesto que he dejado de trabajar (4) Tan frecuentemente como antes
(3) Menos frecuentemente (2) Muy raramente (1)
Nunca (0) Nunca lo hizo (3) Más frecuentemente
que antes porque es mi responsabilidad (2)
Ayudar con deberes 4 3 2 1 0 3 2
Llevar al colegio
4 3 2 1 0 3 2
Tiempo de ocio
4 3 2 1 0 3 2
Otros (indicar)
4 3 2 1 0 3 2
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Responsabilidades del cuidador en su atención diaria al dependiente
10. ¿Le hace sentir deprimido el hecho de tener que
cuidar todos los días a un enfermo crónico? Sí (0)
No (3)
10. ¿Se siente deprimido como consecuencia de
responsabilizarse del cuidado de esa persona
mayor? Sí (0) No (3)
El mismo ánimo que antes
Depresión continuada
(más de una semana)
Depresión estable con pérdida de
peso e imsonmio
Depresión por razones no relacionadas
con el dependiente
No tiene ningún problema
Se encuentra algo cansado
Toma pastillas para los nervios,
para dormir
5
3
0
0
5
11. ¿Puede el enfermo quedarse solo en casa? Sí (3)
No (0). Sin ayuda es capaz de hacer:
Siempre (2) A veces(1) Nunca (0)
11. ¿Se desorienta el enfermo cuando está en casa?
Sí (0) No(3). ¿Y respecto otras actividades?
Otra persona lo hace por él (0)
Puede hacerlo, necesita ayuda (1)
No necesita ayuda (2)
Vestirse
Hacer la cama
Calentarse comida
Comer
Vestirse
Tareas domésticas
Preparar comidas
Comer 2
2
2
2
2
1
1
1
1
0
0
0
0
2
2
2
1
1
1
1
0
0
0
0
12. ¿Necesita el dependiente ayuda para desplazarse
en transporte público o en coche? Sí (0) No (3)
12. ¿Puede la persona a la que presta su ayuda desplazarse en transporte público? Sí (3) No (0)
Nunca necesita ayuda
Ahora más que antes
Muy a menudo
Siempre necesita ayuda
Necesitaba ayuda desde antes
de la enfermedad
Siempre
A menudo
A veces
Nunca
3
2
1
0
Siempre
Algunas veces
Nunca
3
2
1
0
3
13. ¿Puede el dependiente tomar por sí mismo la
medicación prescrita? Sí (3) No (2)
296
5
3
2
1
0
13. ¿Puede la persona a la que presta su ayuda
controlar su medicación? Sí (3) No, necesita ayuda
o otra persona lo hace por ella (0)
Siempre
A veces
Nunca
2
1
0
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Apéndice
14. ¿Puede el dependiente tomar un baño sin necesi- 14. ¿Puede la persona a la que presta su ayuda badad de supervisión? Sí (3) No (0)
ñarse o ducharse? Sí, sin ayuda (3) No, necesita
ayuda u otra persona debe hacerlo por ella (0)
Siempre
Algunas veces
Nunca
2
1
0
Siempre
A menudo o a veces
Nunca
2
1
0
15. ¿Puede el dependiente moverse sin necesidad
de asistencia? Sí (3) No (0)
Siempre (2) A veces (1) Nunca (0)
15. ¿Puede la persona a la que atiende moverse
(cambiar de postura)? Sí (3) No (0).
¿Y respecto a estas otras actividades?
Puede hacerlo sola (2) Necesita ayuda (1) Otra persona debe hacerlo por ella (0)
Visitar a su terapeuta
Dar un paseo
Desplazarse por casa
Ir al aseo
Sentarse en la cama
Salir a hacer gestiones
Hacer las compras
Andar por la casa
Utilizar el servicio
Acostarse/ levantarse
2
2
2
2
2
1
1
1
1
1
0
0
0
0
0
2
2
2
2
2
1
1
1
1
1
0
0
0
0
0
16. ¿Puede el dependiente llamar a un médico si lo
necesita por sí mismo? Sí (3) No (0)
16. ¿Puede la persona a la que cuida ir al médico?
Sí (3) No (0)
Siempre
Algunas veces
Nunca
Sin necesidad de ayuda
A veces necesita ayuda
Siempre necesita ayuda
2
1
0
2
1
0
Fuente: Elaboración propia
297
CAP.7
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Página 298
Apéndice
Tabla B. Odds-ratio obtenidos de la estimación de un modelo logit multinomial
para el indicador de calidad de vida del cuidador.
CALIDAD MEDIA
Odd ratio
CALIDAD ALTA
t
Odd ratio
t
Mujeres (cuidador)
* De 36 a 45 años
0.8176
-0.26
1.3164
0.17
* De 46 a 55 años
1.1437
0.17
3.4818
0.71
* De 56 a 65 años
1.5404
0.53
108.6863
2.11
* Más de 65 años
1.9595
0.61
1696.2430
1.38
* De 36 a 45 años
3.1162
0.97
547.8468
2.50
* De 46 a 55 años
3.4253
1.3
6.1926
0.70
* De 56 a 65 años
0.6637
-0.43
0.0000
-0.00
* Más de 65 años
0.9656
-0.03
0.0000
-0.00
0.4311
-1.69
0.5059
-0.61
* La única ayuda
0.3063
-1.74
0.0651
-1.65
* No es la única, pero la principal
1.2923
0.41
1.0132
0.01
* A petición del dependiente
0.0602
-1.37
156.91
2.76
* Decisión familiar
0.4476
-1.58
0.6972
-0.29
* Era el único disponible
0.1922
-2.12
6.9131
1.21
0.1967
-0.88
0.0296
-0.67
* Hija/o
0.0949
-1.32
0.0443
-0.73
* Nuera/yerno
0.1456
-1.06
0.1098
-0.49
* Hermana/o, sobrina/o
0.2324
-0.77
0.1666
-0.39
Hombres (cuidador)
Tipo de ayuda
* Ayuda permanente
Razón por la que cuida
Parentesco con el dependiente
* Esposa/o
298
CAP.7
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20:20
Página 299
Apéndice
Tamaño del municipio
* Menos de 2.000 habitantes
4.2559
1.96
0.0865
-0.72
* De 2.000 a 5.000 habitantes
0.0783
-2.12
0.0000
-0.00
* De 5.000 a 10.000 habitantes
1.7836
0.66
0.8810
-0.07
* De 10.000 a 50.000 habitantes
2.1102
1.42
0.0377
-1.67
* De 50.000 a 200.000
0.1856
-3.20
0.0272
-2.96
* Jubilado
0.2191
-3.98
0.0045
-4.10
* Parado
0.1156
-4.59
0.0042
-3.56
* Labores del hogar
0.1705
-6.12
0.0051
-6.76
* De 1 a 2
0.2430
-1.29
3.9800
0.41
* De 3 a 5
0.5138
-0.61
15.3951
0.86
* De 5 a 8
0.3616
-0.87
3.3206
0.37
* De 9 a 16
0.4102
-0.77
5.5330
0.50
* De 17 a 24
1.1973
0.17
1.8401
0.18
* De 3 a 5 años
1.1916
0.33
1.0794
0.07
* De 6 a 10 años
1.8220
1.07
0.1887
-1.18
* De 11 a 15 años
2.2762
1.16
1.0391
0.02
* Más de 15 años
0.5972
-0.59
0.0010
-1.67
Dependiente hombre
5.3707
3.69
1.4470
0.35
* De 70 a 79 años
0.9062
-0.15
3.6375
0.84
* De 80 a 89 años
2.4146
1.29
3.2161
0.72
* De 90 y más años
2.8007
1.24
0.0842
-0.96
Relación actividad económica
Número de horas de cuidado
Número de años de cuidado
Edad del dependiente
299
CAP.7
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Página 300
Enfermedades del dependiente
* Problemas de huesos
0.7979
-0.60
0.4770
-0.70
* Demencias
1.6493
1.21
0.0311
-2.54
* Problemas del corazón
0.4933
-1.90
3.8048
1.22
* Diabetes
3.3862
2.42
0.8555
-0.12
0.1510
-2.03
0.3144
-0.60
* De 3 a 5
0.1134
-1.54
0.0747
-1.09
* De 6 a 8
0.2118
-1.15
0.0240
-1.45
* De 9 a 11
0.0278
-2.57
0.0915
-0.91
* De 1 a 2
1.1127
0.20
0.4054
-0.72
* De 3 a 5
0.3555
-1.82
0.0157
-0.41
* De 6 a 8
0.1651
-2.65
0.0013
-3.06
0.0052
-4.98
0.0000
-2.88
* Cáncer
Número discap. instrumentales
Número discapacidades básicas
* 9 ó 10
Nº observaciones
Logaritmo de la verosimilitud
R2
1504
-167.4131
0.5577
Categoría omitida: calidad baja de vida. Variables omitidas: mujer menos 35 años, hombre menos 35 años,
ayuda temporal, ayuda secundaria, ayuda por iniciativa propia, no relación familiar con el dependiente, municipios de más de 200.000 habitantes o capitales de provincia, ocupado, dedicado a las tareas del hogar, menos
de 1 hora al día, menos de 2 años de cuidados, dependiente de menos de 70 años, menos de 3 discapacidades
instrumentales, ninguna discapacidad básica.
300
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Tabla C. Odds-ratio obtenidos de la estimación de un modelo logit multinomial
para el indicador de calidad de vida del cuidador condicionados a las enfermedades padecidas por el dependiente.
Problemas
huesos
Odd ratio
Demencias
Odd ratio
t
Problemas
del corazón
Odd ratio
t
t
CALIDAD MEDIA
Relación actividad económica
* Ocupado
6.2721
5.69
9.9789
5.69
4.6596
4.52
* Jubilado
1.8681
1.81
1.4919
0.86
1.0423
0.11
* Parado
0.6522
-0.64
0.9083
-0.14
0.4634
-1.27
* De 1 a 2
0.2978
-1.62
1.5631
0.41
1.9073
0.60
* De 3 a 5
0.2117
-2.12
0.6720
-0.37
1.6929
0.49
* De 5 a 8
0.2348
-1.92
1.4697
0.35
1.4635
0.35
* De 9 a 16
0.4155
-1.14
0.8587
-0.13
1.2188
0.18
* De 17 a 24
0.2987
-1.67
0.9882
-0.01
1.4285
0.33
* De 3 a 5 años
1.9589
1.76
2.3267
1.91
1.7175
1.41
* De 6 a 10 años
1.6260
1.24
2.1211
1.65
1.0809
0.20
* De 11 a 15 años
3.9543
2.86
1.6589
0.65
1.2439
0.35
* Más de 15 años
1.2373
0.36
1.3906
0.45
0.8999
-0.17
Dependiente hombre
1.1845
0.55
1.4089
0.92
1.8609
2.07
* De 70 a 79 años
4.5796
2.74
2.7308
1.55
1.9899
1.22
* De 80 a 89 años
3.3626
2.20
1.3280
0.45
2.4955
1.68
* De 90 y más años
2.6607
1.45
2.0503
0.97
1.4280
0.50
Número de horas de cuidado
Número de años de cuidado
Edad del dependiente
301
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20:21
Página 302
Apéndice
Número discap. instrumentales
* De 3 a 5
0.1622
-1.75
0.1954
-1.35
1.1572
0.12
* De 6 a 8
0.0626
-2.74
0.0827
-2.12
0.2985
-1.06
* De 9 a 11
0.0421
-3.14
0.0725
-2.29
0.1616
-1.60
*1ó2
0.7073
-0.95
0.4551
-1.61
0.4590
-1.95
* De 3 a 5
0.3860
2.45
0.3257
-2.06
0.6215
-1.19
* De 6 a 8
0.1356
-4.09
0.1808
-3.01
0.1777
-3.33
* 9 ó 10
0.0613
-4.78
0.0513
-4.61
0.0519
-4.20
Número discap. básicas
CALIDAD ALTA
Relación actividad económica
* Ocupado
68.1322
5.56
42.8303
3.02
232.5671
5.71
* Jubilado
3.9646
1.38
0.0000
-0.00
0.0000
-0.00
* Parado
0.0000
-0.00
0.0000
-0.00
1.6268
0.33
* De 1 a 2
0.2433
-1.06
2.30e+11
17.78
1.4336
0.25
* De 3 a 5
0.8439
-0.14
2.81e+10
15.65
0.9105
-0.06
* De 5 a 8
0.3050
-0.87
0.3705
0.60
0.1011
-1.03
2.94e+11
17.70
0.6177
-0.29
0.3548
-0.80
0.0001
-0.00
0.6938
-0.24
* De 3 a 5 años
1.9265
1.01
1.4287
0.33
0.9644
-0.05
* De 6 a 10 años
0.2596
-1.55
0.7578
-0.21
0.24419
-1.78
* De 11 a 15 años
4.4812
1.61
0.9028
-0.06
0.1927
-1.31
* Más de 15 años
0.6371
-0.30
0.0000
-0.00
0.7233
-0.23
Dependiente hombre
1.3926
0.54
2.6362
0.93
1.6318
0.73
Número de horas de cuidado
* De 9 a 16
* De 17 a 24
Número de años de cuidado
302
CAP.7
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20:21
Página 303
Apéndice
Edad del dependiente
* De 70 a 79 años
1.5601
0.58
2.52e+09
14.58
2.46e+10
19.80
* De 80 a 89 años
1.1044
0.12
1.77e+09
14.73
9.32e+09
19.26
* De 90 y más años
0.0000
-0.00
0.0000
-0.00
9.1705
0.88
0.8529
-0.07
Número discap. instrumentales
* De 3 a 5
0.5756
-0.32
* De 6 a 8
0.0758
-1.53 2.23e+07
* De 9 a 11
0.1929
-0.96
4.05e+07
16.22
6.9806
0.75
*1ó2
0.1505
-2.72
0.0604
-2.12
0.1408
-2.48
* De 3 a 5
0.0881
-3.21
0.0416
-2.38
0.0306
-3.42
* De 6 a 8
0.0000
-0.00
0.0060
-2.68
0.0022
-3.72
* 9 ó 10
0.0042
-3.05
0.0000
-0.00
0.0026
-4.32
Número discap. básicas
Nº observaciones
Log likelihood
R2
804
704
676
-265.3365
-170.3986
-236.7098
0.3540
0.3030
519
Categoría omitida: calidad baja de vida. Variables omitidas: dedicado a las labores del hogar, menos de 1 hora
de cuidado, menos de 2 años de cuidado, dependiente de menos de 70 años, menos de 3 discapacidades instrumentales, ninguna discapacidad básica.
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Epílogo
CAP.7
El Futuro de los
Cuidados de Larga
Duración en España:
Una Agenda Tentativa
de Investigación
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Epílogo: El Futuro de los Cuidados de larga Duración en España: Una Agenda Tentativa de Investigación
EPÍLOGO
EL FUTURO DE LOS CUIDADOS DE LARGA DURACIÓN EN ESPAÑA:
UNA AGENDA TENTATIVA DE INVESTIGACIÓN
David Casado y Sergi Jiménez-Martín
Los capítulos de la presente monografía han tratado distintas cuestiones relacionadas con la situación actual de los CLD en nuestro país, haciendo especial hincapié, aunque sin descartar otros aspectos, en el principal pilar de los mismos: el
apoyo informal. El desarrollo en los próximos años del Sistema de Autonomía y
Atención a la Dependencia (SAAD) va a suponer cambios importantes en la manera
en que nuestra sociedad atiende las necesidades asistenciales de las personas dependientes. El nuevo SAAD, sin embargo, se enfrenta a retos importantes cuyo abordaje precisa de más y mejor evidencia científica. El presente capítulo trata de
identificar tales retos, así como las líneas de investigación a desarrollar para tratar
de abordarlos sobre bases empíricamente más sólidas.
1. El mix y la intensidad de los servicios sociales, y el papel del apoyo informal: la
búsqueda de la eficiencia y la equidad.
• El apoyo informal debe seguir constituyendo una pieza clave en el modelo de
atención a las personas dependientes no sólo por motivos presupuestarios, sino
porque la mayoría de ciudadanos así lo desea. La cuestión importante para el
SAAD, por tanto, es qué servicios sociales –SAD, centros de día, residencias...–
deben estimularse para que, combinados con el apoyo informal, las necesidades
de las personas dependientes sean satisfechas de un modo eficiente. A este respecto, siguiendo el ejemplo del sector sanitario, urge el desarrollo de evaluaciones económicas en el ámbito de los servicios sociales que permitan responder a
preguntas del tipo: ¿cuándo una persona debe ser institucionalizada?¿en qué situaciones los centros de día constituyen una alternativa más coste-efectiva que los
SAD? A tal efecto, además de consensuar qué medidas de resultados se van a utilizar (grado de autonomía, estado de salud...), resulta fundamental tener en cuenta
los costes que soportan en cada caso los cuidadores informales y no sólo los costes que cada alternativa supone desde la perspectiva del financiador público.
307
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Epílogo: El Futuro de los Cuidados de larga Duración en España: Una Agenda Tentativa de Investigación
• Dichos costes del apoyo informal, según se ha analizado en diversos capítulos del libro, incluyen sacrificios de carácter laboral, pérdida de ocio o una
menor calidad de vida. El reto desde una perspectiva metodológica consiste, por
tanto, en evaluar empíricamente los efectos que pueda tener sobre todas estas dimensiones la mayor cobertura de servicios que va a traer consigo el desarrollo
del SAAD. Dicha evaluación debe centrarse en la estimación de tales efectos
para los distintos tipos de servicios cubiertos (SAD, centros de día...) según sean
las características de los beneficiarios y su entorno (grado de dependencia, intensidad del apoyo informal, etc.).
• En cualquier caso, a la hora de analizar los efectos del nuevo SAAD sobre el
bienestar de las personas dependientes y sus cuidadores, no basta con abordar
la cuestión sólo desde el punto de vista de la eficiencia. También es importante
analizar de qué modo se distribuyen entre los distintos grupos socio-económicos los efectos positivos (o negativos) del nuevo esquema. A este respecto, según
se ha comentado en alguno de los capítulos, resultan especialmente importantes las cuestiones relacionadas con los costes de oportunidad laborales de las
cuidadoras informales, así como la merma en la calidad de vida de las mismas.
• El análisis de las cuestiones anteriores exige disponer de bases de datos que
contengan información –antes y después de que se inicie la pérdida de autonomía– sobre las variaciones a lo largo del tiempo en: i) las características de las
personas dependientes (grado de dependencia, estado de salud...), ii) la utilización de servicios sociales y la recepción de apoyo informal, y iii) las características del cuidador informal principal (estatus laboral, carga de cuidados, etc.).
Dichas bases de datos también deberían aportar información sobre los costes de
los servicios, así como sobre la situación económica de la persona dependiente
y sus familiares. En este sentido, tomando como referencia la excelente National Long-Term Care Survey (NLTCS) estadounidense73, lo óptimo es optar por
definir una muestra a partir de bases de datos administrativos, informatizadas en
la mayoría de Consejerías de Servicios Sociales, y suplementar la información
que éstas contienen a través de cuestionarios específicos.
73
308
Puede encontrarse infromación sobre la NLTCS en: http://www.nltcs.aas.duke.edu/index.htm
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Epílogo: El Futuro de los Cuidados de larga Duración en España: Una Agenda Tentativa de Investigación
2. Las interacciones con el sistema sanitario
• Los sistemas sanitario y social de nuestro país se han caracterizado hasta el momento por trabajar de un modo escasamente coordinado entre si. Sin embargo,
puesto que en muchos casos la dependencia tiene su orígen en un problema
subyacente de salud (Alzheimer, artritis, ictus, etc.), la atención que reciben las
personas dependientes en el sistema sanitario tiene efectos sobre la problemática atendida por el sistema social, y viceversa. Así pues, si se pretende mejorar
la eficiencia de la atención a la dependencia desde una perspectiva global, se
hace necesario analizar empíricamente este tipo de interacciones entre ambos
sistemas. En este sentido, como ya se ha mencionado en alguno de los capítulos previos, existen dos ámbitos cuyo análisis resulta especialmente relevante:
• El primero de ellos tiene que ver con los posibles ahorros para el sistema sanitario derivados de una ampliación en el grado de cobertura ofrecida por parte
de los servicios sociales. A este respecto, sin descartar efectos positivos para los
servicios sanitarios de atención primaria, la cuestión más importante se centra en
analizar en qué medida el desarrollo del SAAD puede hacer disminuir las estancias hospitalarias innecesarias de carácter social (esto es, personas clínicamente estabilizadas, pero dependientes, a las que no se da el alta por carecer de
una red de apoyo suficiente en su domicilio o, en otros casos, por falta de una
plaza en una residencia de asistidos).
• El segundo tipo de interacción a analizar son las consecuencias que sobre el
sistema de atención social y las familias puede tener la tendencia creciente del
sistema sanitario a “domicializar” el tratamiento de algunos de sus pacientes.
Así, aunque la hospitalización a domicilio puede resultar una alternativa costeefectiva desde la perspectiva del SNS, no está claro que en todos los casos dicha
opción sea la más eficiente desde un punto de vista social (esto es, cuando se
toman en consideración los costes que pasan a soportar el SAAD y las familias
de los pacientes, si éstos tienen problemas de dependencia).
• El análisis de éstas y otras cuestiones, como por ejemplo los efectos sobre la
eficiencia en la atención a las personas dependientes que podrían derivarse de
una mayor coordinación entre el SNS y el nuevo SAAD, exige disponer de bases
de datos aún más completas que las mencionadas anteriormente. Así, además de
309
CAP.7
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Epílogo: El Futuro de los Cuidados de larga Duración en España: Una Agenda Tentativa de Investigación
información sobre el uso de servicios sociales y la recepción de apoyo informal
por parte de las personas dependientes, también habrían de tenerse datos sobre
el consumo que éstas hacen a lo largo del tiempo de los servicios y prestaciones
del SNS (atención hospitalaria, primaria, fármacos, etc.). La NLTCS sugiere, de
nuevo, el camino a seguir.
3. La financiación de los CLD: el papel de los copagos
• Las fuentes de financiación del nuevo SAAD, según estipula la Ley de Dependencia (en adelante, LD), van a ser tres: aportaciones del gobierno central, recursos propios de las CCAA, y aportaciones por parte de los usuarios. Estos
copagos, que según la Memoria Económica de la LD deberían permitir financiar el 34% de los gastos del SAAD, tienen que reunir dos requisitos según el
acuerdo alcanzado en junio de 2007 en el seno del Consejo Interterritorial: i) ser
nulos en el caso de aquellos usuarios cuya capacidad económica sea igual o inferior al IPREM74, y ii) suponer un 90% del coste del servicio si la capacidad económica del usuario supera los 60.000 euros (10 veces el IPREM). Más allá de lo
anterior, la operativización concreta de los esquemas de copago compete a las
CCAA, siendo ellas por tanto las que definirán las aportaciones a realizar según
el tipo de servicio (SAD, centros de día...) y la capacidad económica de los usuarios (si ésta es mayor que el IPREM y menor que 60.000 euros).
• Las CCAA deberían aspirar, por tanto, a diseñar esquemas de copago que satisfagan las siguientes tres condiciones. En primer lugar, puesto que el gobierno
central ya ha definido la cuantía de las transferencias que va a realizar para financiar parcialmente el nuevo SND, el esquema de copagos que se instrumente
debe garantizar que se va a recuperar por esta vía el 34% inicialmente previsto.
Por otro lado, además de este criterio de suficiencia, el esquema de copagos que
se acabe instrumentando deberá satisfacer también ciertos requisitos con respecto a la equidad, evitando en la medida de lo posible que se generen efectos
negativos (regresividad, empobrecimiento, etc.). Finalmente, si se pretende que
dentro del nuevo SAAD los individuos utilicen los servicios de un modo eficiente,
74
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Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples.
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resulta crucial que el sistema de copagos por el que se acabe optando incentive
el uso del recurso que sea más coste-efectivo en cada caso (SAD, centro de día,
residencia, etc.).
• La única manera de verificar que una determinada estructura de copagos puede
llegar a alcanzar los tres objetivos apuntados es mediante el desarrollo de modelos de microsimulación. En este sentido, a la vista de los trabajos realizados en
otros países75, sería necesario disponer de información sobre dos variables clave:
por un lado, cómo varía la demanda de los distintos servicios de atención a la dependencia cuando se modifica la cuantía de las aportaciones, lo que nos ayudaría a diseñar un esquema de copagos eficiente; y, por otro lado, la distribución
individual de renta y riqueza de los potenciales usuarios de este tipo de servicios,
para así poder evaluar los impactos sobre la equidad y el grado de suficiencia financiera de las distintas configuraciones de copagos que se puedan proponer.
4. La implantación gradual y descentralizada del SAAD: un experimento natural
• El análisis del conjunto de cuestiones planteadas hasta el momento puede beneficiarse, desde una perspectiva metodológica, de dos de las características que
definen el proceso de desarrollo del nuevo SAAD: su implantación gradual y el
hecho de que sean las CCAA las encargadas de su gestión.
• La implantación gradual del SAAD, que implica que únicamente los colectivos más dependientes recibirán las nuevas prestaciones en los primeros años,
abre perspectivas de análisis muy interesantes; así, a lo largo del período 20072015, coexistirán simultáneamente dos modelos de cobertura pública (SAAD vs.
sistema actual) aplicados a grupos de personas muy similares76, siendo por tanto
posible analizar el efecto diferencial del SAAD sobre los outcomes de interés
(carga de los cuidadores, tasas de institucionalización, consumos sanitarios, etc.).
75
76
Hancock, R. et al. (2003): “Who Will Pay for Long-Term Care in the UK? Projections Linking Macro- and Micro-Simulation Models”. Fiscal Studies, 24(4):
387-426.
En 2008, por ejemplo, las personas con una dependencia de entre 63 y 74 puntos según el Baremo del SAAD (Grado II, Nivel 2) recibirán prestaciones,
mientras que personas con una dependencia de entre 50 y 62 puntos (Grado II, Nivel 1) quedarán excluídas. Lo mismo ocurrirá en 2011-2012 entre los
dependientes de Grado I –Nivel 2 (38-49 puntos) y los dependientes de Grado I- Nivel 1 (25-37 puntos).
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• Por otro lado, en la medida en que se produzcan diferencias entre las CCAA
en cuanto al diseño concreto del SAAD, podrá analizarse hasta qué puntos dichas diferencias se traducen en mejores resultados (menor deterioro físico, permanencia en el hogar, menores costes para los cuidadores informales, etc.).
Quizás uno de los ámbitos en las que estas diferencias puedan ser más evidentes sea el de los copagos.
5. Los condicionantes del futuro: envejecimiento demográfico y el papel de las
mujeres
• Un análisis completo de las consecuencias que pueden derivarse de la puesta
en marcha del nuevo SAAD debe considerar, además de las cuestiones anteriores, los efectos del mismo sobre las finanzas públicas a medio y largo plazo. En
concreto, ante el creciente envejecimiento de la población previsto para las próximas décadas, y a la vista de los previsibles cambios en las estructuras familiares que ya se están produciendo (mayores tasas de actividad femeninas, familias
menos numerosas, etc.), resulta fundamental que el Gobierno Central y las CCAA
cuenten con modelos capaces de proyectar la posible evolución de los gastos e
ingresos del SAAD bajo distintas circunstancias.
• Dichos modelos de proyección deben tener en cuenta múltiples factores a la
hora de estimar la posible evolución futura del gasto en CLD. En primer lugar, además del mencionado envejecimiento de la población, deben formular hipótesis
sobre el comportamiento futuro de la prevalencia de los problema de dependencia (esto es, qué porcentaje de la población tendrá problemas de falta de autonomía personal); a este respecto, según un reciente informe de la OCDE , en la
mayoría de países dichas tasas de prevalencia han caído durante los últimos años.
Otro factor a tener en cuenta es en qué medida las mayores tasas de participación
laboral femeninas pueden hacer disminuir la intensidad del apoyo informal y, por
tanto, incrementar la utilización de los servicios formales cubiertos por el SAAD.
En tercer lugar, puesto que los costes de los distintos servicios sociales disponibles
difieren entre si (SAD, centros de día, residencias...), el gasto futuro del SAAD dependerá también de la utilización relativa que de dichos servicios realicen los beneficiarios del sistema. Por último, si se producen cambios en la evolución de la
renta de las futuras cohortes de personas dependientes, el peso que representen los
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copagos como fuente de financiación del SAAD puede variar y, por tanto, también
el componente a financiar por parte de las CCAA y el Gobierno Central.
• El establecimiento de hipótesis sobre la evolución futura de todos estos factores debe estar basada, parcialmente, en información presente y pasada sobre los
mismos. Así pues, además de poner en marcha las bases de datos longitudinales comentadas con anterioridad, el desarrollo de los modelos de proyección
comentados exige disponer de nuevas ediciones de las encuestas de sección cruzada realizadas durante estos últimos años (Encuesta de Discapacidades, Encuesta sobre el apoyo informal, etc.).
6. La prevención de la dependencia.
En ningún momento, la Ley de Dependencia hace mención a aspectos relacionados con la prevención de la dependencia, que es un tema del que, desgraciadamente aún sabemos muy poco. La Ley de Dependencia y el SAAD sólo se refieren
y operan en situaciones dónde ya se ha producido la dependencia, pero no se discute en ningún momento planes, estrategias, líneas preventivas. En consecuencia,
queda pendiente identificar y evaluar programas que prevengan la discapacidad.
7. La relevancia de construir y mantener estadísticas sobre dependencia
No querríamos finalizar esta monografía sin resaltar nuevamente la necesidad de
avanzar en la construcción de estadísticas, bases de datos y encuestas que permitan el estudio del problema de la dependencia, unos de los temas sociales centrales en la política social del siglo XXI.
Fuentes estadísticas y encuestas que nos permitan caracterizar y estudiar la oferta
y la demanda; que nos permitan territorializarla; que nos permitan estudiar cuáles
son los deseos y esperanzas de los dependientes; que nos permitan estudiar las opciones e inquietudes de los cuidadores. En fin, que nos permitan, tanto al gestor
como al investigador, tomar decisiones o analizarlas, según sea el caso, tan fundamentadas como sea posible.
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