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7. Flamencos.
17 Saetas populares
Fernando Villalón
“La cofradía.”
Andalucía baja, 1926.
“El repique mayor.”
Andalucía baja, 1926.
“El armado de la Macarena.”
Andalucía baja, 1926.
“La saeta.”
Andalucía baja, 1926.
“¡Madre mía de la Esperanza...”
Romances del 800, 1927.
“A la Virgen de la Macarena.”
Andalucía baja, 1927.
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DIECISIETE SAETAS POPULARES
La gula engruesa los cuerpos
Con sus regalos profanos
Para cebo de los gusanos.
Restituye y paga luego
Que una mortaja no más
De este mundo sacarás.
De parte de Dios te aviso
Que trates de confesarte
Si no quieres condenarte.
Lámpara que estás jardiendo
Delante del sacramento:
Si estuvieras aquí juera,
No estarías jallá dentro.
¡De qué le sirve al cautivo
Tener los grillos de plata
Y las cadenas de oro
Si la libertad le falta!
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Vale más el Cristo e San Pedro,
Y su divino jocico,
Que toíto el convento entero
E los Pares Domenicos.
En la calle la Amargura
Hay una piedra redonda
Donde Cristo puso el pie
Para subir a la gloria.
Por aquí pasó Jesús
Antes que el gallo cantara
Con una cruz en los hombros
De madera muy pesada.
¡Qué la servío a Jesú
Redimí ar mundo entero,
Si er mundo sigue lo mesmo
Y por to cobran dinero!
Viendo Cristo que su muerte
La tenía tan cercana
Se echó las alforjas al hombro
Y se fue pa Dos Hermanas.
Tres cosas tiene Sevilla
Muy dignas de admiración:
El Silencio, la Esperanza
Y el Cristo de la Expiración.
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—¿Donde va, Señor San Juan,
Con el dedo señalando?
—¡Va en busca de su Maestro
que lo están crucificando!
En la calle de la amargura
Hallé a una mujer de luto;
Le pregunte: —¿Quién se ha muerto?
Y me dijo: —¡El que hizo el mundo!
La Virgen de la Esperanza
No tiene comparación:
Sale al campo, y al momento
En el cielo sale el sol.
Virgen de la Soledad,
Si no me das un consuelo,
Van a doblar las matracas
Porque yo me estoy muriendo.
¡Mare mía e la Mercé
Tapadme con vuestro manto,
Que me llevan "para el Norte"
Por ser quinto de este año!.
De las alas de un mosquito
Cortó la Virgen un manto
Y le salió tan bonito
Que lo estrenó el Jueves Santo
Para el entierro de Cristo.
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Fernando Villalón
LA COFRADÍA
En la apacible noche resuenan cien trompetas
y la hueste morada
de los encapuchados irrumpe ya en la Plaza.
El que va abriendo paso lleva una cruz alzada.
Es un gran leño aspado, tamaño natural,
en el que lo podíamos muy bien crucificar.
Cual puntos suspensivos de llamas jadeantes,
dos renglones de cirios ardiéndole
en las manos traen los enmascarados;
sus hábitos morados
arrastran por el suelo
y una esparteña estera
oprímeles el vientre y envuelve la cadera.
Sobre un altar de plata que mil llamas alumbran,
bella mujer vestida de terciopelo y oro
se adelanta a nosotros temblando de emoción
con un puñal clavado sobre su corazón...
¡Sólo un amor de Hijo la puede hacer vivir!
El rocío de sus lágrimas le fluye a flor de cara;
las manos adelanta;
no es un santo de palo que venga sobre un ara,
es una agonizante
Madre que busca a su Hijo que lo llevan allí...
Praxiteles a Fidias de la mano sujeta
que impotente, asombrado va a tirar su cincel,
al ver como un creyente la verdad así interpreta.
¡Ya sus mármoles fríos no le gustan a él!...
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Es una mujer viva
que siguiendo la máscara que lleva la cruz va...
y que al menor descuido de aquella comitiva
de su trono de plata se atreverá a bajar...
Alzará la careta de los encapuchados
y entre ellos a su hijo se esmerará en buscar,
y al verlo agonizante... de la Cruz ya colgado,
morirá de pesares
y su cara morena
la más guapa del barrio,
no dará más achares
a las mocitas de la Macarena,
ni a los toreros de San Bemardo
Plaza de San Francisco, Abril de 1926
EL REPIQUE MAYOR
Las locas campanas atruenan el viento...
Después de la muerte de Cristo, el Sábado Santo llegó.
...Ya vienen andando hacia el Templo
las viejas piadosas y pardas...
Ya el Altar su velo morado rompió...
El órgano, el cura, el bajo, el sochantre...
gritan a porfia y ahuecan la voz.
...Suenan estentóreos Hosannas, Hosannas,
Gloria, Gloria, Pascua de Resurrección...
Las locas campanas atruenan el aire.
Después de la muerte de Cristo, el Sábado Santo llegó;
las rampas que escalan la torre briosa y esbelta
subamos a prisa... Ya zumba el Repique Mayor.
Las cuerdas se entrecruzan... : la torre es un bajel.
Suspendidos de ellas los campaneros suben
a besar las campanas en confuso tropel...
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... Al paroxismo llega la barahúnda infernal...
Parece que de cuajo va a caer la Catedral...
Y... en el navío de piedra por locos tripulado
y a la campana gorda con fervor abrazado,
... se lanzó el campanero mayor hacia el abismo...
en un vértigo extraño de cruel misticismo...
Aaaaaaaeeé, aaaeeeé
¿...Volteó...?
Ya está aquí...
Nada fue...
De una muerte horrorosa le ha salvado su Fe...
Patio de los Naranjos, Sábado de Gloria
EL ARMADO DE LA MACARENA
¿Quién hará la recluta
de los armados de la Macarena?
Yo tuve una disputa
y no vale la pena
contar lo que pasó; pero es el caso
que callando los hechos, al fracaso
de nuestra historia ayudo.
¡No quiero que el cronista por mí se quede mudo!
¿Por qué son tan enanos
estos seudo-romanos?,
le pregunté a un hermano
que venía encapuchado y cirio en mano.
—No sé, no sé, me dijo,
mas no creo que lo sepa aquí ninguno,
galante, me predijo.
Y fui uno por uno
interrogando a la fila nazarena
sin que ni uno tan sólo
lograra darme una respuesta buena.
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¿Y el suave contoneo
que usan en el paseo ... ?
Los soldados de Augusto,
según la Historia el verlos daba susto...
Luego el gentil meneo
de aquestos macarenos, no es copiado,
que nunca fue condición de aquel soldado
semejante pasito,
y menos debe serlo de un armado mocito
que se precie de tal.
Francamente, ese paso me parece muy mal...
Y he aquí la discusión
que sostuve en plena procesión.
Porque yo le decía
al que conmigo a voces discutía:
—Siempre tuve entendido
que un mozo se engalana y va lucido
llevando a Eva fija en su pensamiento.
Y si tal esperpento
un miércoles cualquiera
marcando el paso a la ventana fuera
de su novia, la risa
sería la premisa
de un rompimiento pronto...
No por armado... pero sí por tonto...
LA SAETA
Quejidos en la noche... ¡Alaridos del alma...!
Saetas que ascendéis como incienso de fe
en las noches templadas del abril sevillano...
Decidme lo que sois, porque yo no lo sé...
¿Sois votos o sois quejas... ? ¿Sois llanto... ? ¿Sois canción... ?
¡Sois llagas que desgarran el propio corazón...!
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Cuando la madrugada del Viernes Santo nace,
las puertas de la iglesia se abren solemnemente.
Innúmero gentío bulle en la plaza aquella...
...Y en medio de un silencio devoto e imponente
aparece humildoso Cristo el del Gran Poder...
La talla más grandiosa que el Arte pudo hacer...
Su rostro está vivido... Sus labios han hablado...
...El que hizo aquel prodigio murió crucificado
y revivió después para tallar a Cristo...
No es un Santo de palo, es un hombre cargado,
con un pesado leño y puesto en un altar...
Juan de Mesa es sin duda un escultor sin par...
Ya, entre la muchedumbre va lentamente andando.
Parece que la Fe le lleva suspendido...
...El pueblo que hace esto, es un pueblo muy grande
y bruñirá un poema con un solo alarido...
Ya suena la Saeta. El mozo postinero
en sus talones se alza... Ya se quitó el sombrero.
Con la mano en acción se dirige hacia Cristo.
¡En ninguna nación ni en ningún pueblo han visto
cara a cara a un muchacho hablarle así a su Dios...!
Le pide que le salve en la guerra del moro,
que no le olvide mientras la novia que aquí deja,
que al despedirse de ella se ha dejado enredado
los cachos de su alma al hierro de su reja...
La cofradía avanza. Dios se va paseando
en medio de las calles y escucha los latidos
del corazón del pueblo... Que los Dioses son grandes
cuando el dolor del pobre le ablanda el corazón;
por eso Cristo es Grande en su Crucifixión...
Quejidos en la noche... ¡Alaridos del alma...!
¡Saetas que ascendéis como incienso de fe
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en las noches templadas del abril sevillano...!
Decidrne lo que sois porque yo no lo sé...
¿Sois votos o sois quejas...? ¿Sois llanto...? ¿Sois canción...?
Sois llagas que desgarran el propio corazón...
¡MADRE MÍA DE LA ESPERANZA...
¡Madre mía de la Esperanza,
novia de los macarenos!
¡La de la noche en los ojos!
¡La de la gracia en el cuerpo,
bordado con lentejuelas
como el cuerpo de un torero!
¡La más bonita del barrio!
Llévame contigo al cielo
y enséñame aquellas cosas
a mí, que soy macareno.
Un viaje de ida y vuelta.
Después es feria y volvemos.
Yo te compraré bombones
que tengan crema por dentro.
Iremos juntos, noviados,
a la calle del Infierno,
y en las cunitas más altas
los dos subiremos.
Nos haremos una foto
en un grupo con San Pedro.
Él con su llave en la mano
y nosotros sonriendo...
Y después, si San José
nos diera permiso, iremos
a la caseta del barrio,
para que rabien de celos
las mocitas al mirarte
y los mocitos al vernos...
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A LA VIRGEN DE LA MACARENA
Oda
Madre mía la Esperanza,
patrona de mi barrio y madre mía,
para ti la alabanza
de mi Ave-María,
mi saludo, al llorar el nuevo Día.
Eres la Virgen buena
que se dejó pintar por Don Bartolo,
la celosa morena
que echaría vitriolo
en el rostro a su Pepe o su Manolo.
No eres la niña rubia,
blanca la veste y azulenco el manto,
que con cara de alubia
se encaramó en un canto
y es de Francia merengue y dulce encanto.
Tú llevas en la cara
el surco de una lágrima vivida,
tu mirada repara
en la oveja perdida
que naufraga entre los mares de la vida.
Tú, tus milagros callas (como el cristiano viejo sus virtudes),
ni reinas ni avasallas
con las esclavitudes,
de rica nueva en cursis actitudes.
Tu manto de matrona
el pueblo lo bordó con su cariño,
artistas tu corona;
de perlas y de armiño,
y de hilos de oro tu corpiño.
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Como los Cristos buenos
de negra barba y túnica morada,
conservas en tus senos
la leche atormentada
por la ley en tu hijo ejecutada.
Del Tato y del Gordito,
de Cúchares, Domínguez y Espartero.
De Ygnacio y Joselito
el capote torero
asomó por tu manto pinturero.
Tu cura dice misa
y se sienta a charlar con el barbero
en mangas de camisa.
Echa alpiste al jilguero
y se come tranquilo su puchero.
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