¿Quién está calificado para predicar el evangelio?

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¿QUIÉN ESTÁ CALIFICADO PARA PREDICAR EL EVANGELIO?
¿Quién está calificado para predicar el
evangelio?
Es algo digno de elogio el que alguno aspire a predicar el evangelio. Una persona así
de noble debe ser alentada a perseverar en busca de desempeñar tan honrosa labor. Sin
embargo, no todos están calificados para predicar el evangelio.
Santiago escribió:
“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un
juicio más severo” (Sant. 3:1, LBLA). Predicar el evangelio es un asunto grave y no consta
de sólo aspirar a ser un predicador.
Entonces, ¿c ómo puede alguien llegar a estar calificado para predicar el evangelio?
Muchas denominaciones, e incluso algunos hermanos en Cristo, requieren que sus
predicadores (a veces los llaman “ministros”) completen algún tipo de formación
imprescindible en alguna Universidad o Seminario. Por lo tanto, para ellos, un predicador
calificado debe asistir a un Colegio determinado o completar algún tipo de Programa de
Formación para ser catalogado como “apto para enseñar”. Pero, si realmente queremos
saber lo que Dios requiere de alguien para que éste haga “obra de evangelista” (2 Tim. 4:5),
no necesitamos buscar más allá de la palabra de Dios. El Nuevo Testamento ofrece una
descripción de quien es “apto” para predicar el evangelio.
El fiel predicador procura con diligencia el presentarse “a Dios aprobado… ” (2 Tim.
2:15), el que los hombres lo aprueben o desaprueben no anula la determinación de Dios en
el caso. Es Dios quien puede hacer “apto” y “completamente preparado” al vocero de Dios
(cf. Col. 1:12; 2 Tim. 3:16-17; Heb. 13:21; 1 Ped. 5:21).
Cuando hablamos de “predicador” o “evangelista”, no nos referimos a la obra de
predicación que todo cristiano puede hacer. Todos debemos estar preparados para presentar
defensa (1 Ped. 3:15). Todos debemos crecer en el conocimiento de la voluntad de Dios (Ef.
5:17; 2 Ped. 3:18). Todos tenemos la responsabilidad de anunciar el evangelio (Hech. 8:4;
1 Tes. 8). Sin embargo, este estudio no trata del trabajo de predicación que corresponde a
todos los cristianos. Aquí estamos refiriéndonos al trabajo de un evangelista (2 Tim. 4:2-5)
en la predicación pública y abierta del evangelio como vocero de Dios. Nos estamos
refiriendo al tipo de trabajo de predicación que puede recibir compensación financiera (1
Cor. 9:14). Y, por lo tanto, al tener una idea más clara de lo que estamos tratando,
podemos llegar a responder nuestra pregunta: ¿Quién está calificado para predicar el
evangelio? Si quiere profundizar éste punto, consulte la obra “Pasos elementales para
ser un evangelista”.
Según las Escrituras, un predicador calificado debe:
Ser un hombre:
Actualmente, más y más mujeres están ocupando puestos de predicación pública en
las diversas denominaciones. Incluso, algunas llamadas “iglesias de Cristo” están ocupando
a mujeres para la predicación pública de la palabra de Dios . Sin embargo el Nuevo
Testamento prohíbe semejante innovación pecaminosa. El apóstol Pablo escribió: “La mujer
aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer
dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Tim. 2:11-12). En otro lugar, él también
escribió: “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar,
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Por Josué Hernández
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sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten
en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1
Cor. 14:34-35). Por supuesto, esto no quiere decir que las mujeres son inferiores al varón.
Dios ha colocado, simplemente, la responsabilidad de la enseñanza pública sobre los
hombros de los varones. Por esta razón nunca en el pueblo de Dios se habló de “ministras” o
“mujeres evangelistas”.
También, podemos observar que el predicador debe actuar con la madurez, altruismo
y paciencia de un varón maduro (cf. 1 Cor. 16:13) para enfrentar las dificultades que
vendrán por predicar el evangelio (2 Tim. 4:5).
Conocer la palabra:
El apóstol Pablo instruyó al evangelista Timoteo, y le dijo: “que prediques la palabra”
(2 Tim. 4:2). Claro está, el predicador ha de conocer la palabra para poder predicarla, sólo
así podrá hablar “conforme a las palabras de Dios” (1 Ped. 4:11). El vocero de Dios no
puede hablar de lo que no sabe, por esto el mandamiento: “Entre tanto que voy, ocúpate en
la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Tim. 4:13). “Procura con diligencia presentarte
a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de
verdad” (2 Tim. 2:15).
Los apóstoles fueron guiados a toda la verdad por el Espíritu Santo (Jn. 16:13), pero
ellos también leían las Escrituras (cf. Hech. 6:4; 2 Tim. 4:13; 2 Ped. 3:16), jamás
recomendaron algo que ellos mismo no hacían. No obstante, nosotros no somos guiados a la
verdad por alguna revelac ión directa, a nosotros nos corresponde leer para entender las
revelaciones dadas a los apóstoles y otros santos inspirados (Ef. 3:4) sólo así seremos
entendidos de la voluntad revelada de Dios (Ef. 5:17). Desde aquel entonces hasta hoy,
ningún evangelista calificado ha menospreciado el estudio cotidiano de la palabra de Dios (2
Tim. 3:14-17).
Ser fiel a Cristo:
El apóstol Pablo dijo que no podría servir a Cristo si se esforzaba por agradar a los
hombres (Gal. 1:10). Sin embargo, algunos se esfuerzan por ser leales a otros predicadores
o grupo particular de la hermandad. Esto les lleva, inevitablemente, a pasar por alto los
pecados de los hermanos con quienes se asocian. Tal cosa esta mal.
Si alguno desea ser un predicador aprobado, debe ser fiel a Cristo, no a los hombres.
Un fiel predicador debe estar dispuesto a perderlo todo, incluso el salario, por la verdad de
Cristo. Sufrirá con paciencia (2 Tim. 3:10-12) mientras predica la palabra (2 Tim. 4:2).
Pablo dijo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como
obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15).
El predicador fiel se esforzará por presentarse a Dios aprobado, sin importar que los
hombres lo desaprueben. La aprobación o desaprobación de un predicador no depende de la
mayoría ni de la cultura.
Preparado para predicar:
Todos los cristianos deben estar preparados para presentar defensa de su esperanza
en Cristo (1 Ped. 3:15). Sin embargo, esta disposición será un rasgo característico del
predicador aprobado como buen maestro de Biblia (Stgo. 3:1). Por ejemplo, Pablo dijo
“ansioso estoy de anunciar el evangelio también a vosotros ” (Rom. 1:15, LBLA), y él predicó
todo el consejo de Dios (Hech. 20:27) “en todas partes y en todas las iglesias” (1 Cor.
4:17). Los predicadores de hoy deben estar dispuestos a hacer lo mismo. Se debe predicar
todo el consejo de Dios, incluso aquello que es controversial, difícil o impopular.
¿Tendrá el predicador aprobado toda respuesta a todos los temas? No
necesariamente, pero siempre estará dispuesto a estudiar para encontrar las res puestas y
adherirse a la posición de la verdad. Esto no será difícil para un hombre que está dispuesto a
predicar lo que revela la bendita palabra de Dios (2 Tim. 3:16-17).
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Por Josué Hernández
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Ser humilde:
El predicador fiel está trabajando para atraer a las personas a Cristo, no a sí mismo .
Por ejemplo, Pablo dijo: “El celo que muestro por ustedes proviene de Dios; ustedes son
como una doncella pura, a la que he comprometido en matrimonio con un solo esposo, que
es Cristo” (2 Cor. 11:2, RVR). El predicador aprobado estará dispuesto a presentar los
argumentos, no para ganar la discusión, sino para ganar a más y más personas para la
verdad.
Los debates y diversas discusiones son necesarios (2 Cor. 10:5), pero no serán de
utilidad si el predicador sólo quería mostrar lo listo que es frente a los otros. El predicador
fiel entiende la naturaleza espiritual de su trabajo (2 Tim. 2:24-26; Tit. 1:13), y no es un
necio que busca ganar argumentos como un fin en sí mismo.
Todos podríamos equivocarnos, y esto lo admite el predicador aprobado. Él no se
confía frente a la moral o la doctrina (1 Tim. 1:5; 4:12,16). Siempre está velando y está
muy dispuesto a admitir errores para sentar un buen ejemplo en todo. Por el contrario, si un
hombre no está dispuesto a admitir errores y cambiar, él no es apto para predicar el
evangelio.
El predicador aprobado es un hombre humilde como Timoteo, quien era muy
diferente a todos, “pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se
interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús ” (Fil.
2:20,21).
No ser un obstáculo al evangelio:
El predicador fiel jamás vivirá de manera que ocasione el tropiezo de otros, y seguirá
el ejemplo de Pablo en esto: “No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que
nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como
ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en
azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en
ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espírit u Santo, en amor sincero, en palabra de
verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por
deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como
desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como
castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas
enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2 Cor. 6:3-10).
El predicador fiel, junto al apóstol Pablo, dice: “… sino que lo soportamos todo, por no
poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo” (1 Cor. 9:12).
Algunas cosas que no están en la lista
Un excelente orador:
Muchos quieren un orador elocuente que puede mantener su atención. No hay nada
necesariamente malo en esto, siempre y cuando se entienda que el énfasis está en el
mensaje no en el mensajero.
Comúnmente, cuando se habla de algún predicador, se dice “…él es un excelente
orador”. Pero, nada se dice de su carácter, de su enseñanza, de su ejemplo, de su sacrificio,
etc. Estas cosas son infinitamente más importantes que el nivel de oratoria . Pablo admitió
frente a los corintios, “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el
testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no
saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado ” (1 Cor. 2:1-2).
Educado formalmente:
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Por Josué Hernández
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¿QUIÉN ESTÁ CALIFICADO PARA PREDICAR EL EVANGELIO?
Como antes dijimos, las denominaciones tienen sus programas de capa citación,
seminarios, escuelas y universidades para la formación de sus “ministros” y “reverendos”. Y,
lamentablemente, varios hermanos también están muy equivocados en esto. Por ejemplo,
antes de invitar a un predicador, algunos hermanos quieren saber si fue educado o no en
Florida College o en algún programa de entrenamiento formal. Sin embargo, esto no es
necesario, y ni siquiera es insinuado en el Nuevo Testamento. No podemos exigir más que
Dios.
A pesar de que muchos hermanos hacen acepción de personas cuando aprueban o
desaprueban a un predicador, nosotros no cometeremos semejante carnalidad. No
menospreciaremos a los varones que no han tenido la educación formal que algunos
caprichosamente están exigiendo.
El apóstol Pablo, sin haber estado junto a los demás apóstoles durante el ministerio
de Cristo, no se consideraba inferior a ellos (“y pienso que en nada he sido inferior a
aquellos grandes apóstoles”, 2 Cor. 11:5).
Un hombre popular:
Por muy absurdo que nos parezca, en la práctica muchas veces se considera la
popularidad como un peso grande en la balanza. Algunos actúan como si creyeran que si un
predicador no es popular, entonces no es adecuado para enseñar. Entonces, según la misma
lógic a y escala de popularidad, los hermanos con contactos entre la hermandad
norteamericana necesariamente tendrán poder o capacidad de decisión entre las
congregaciones de una región. Estos hermanos populares sí serán dignos de púlpito, a
pesar de su carácter y doctrina. Nada más lejos de la verdad.
Los corintios decían: “Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo ”
(1 Cor. 1:12). Pablo les dijo: “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio
de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor ”. “Así, pues,
téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de
Dios”. “Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de
vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea
que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros” (1 Cor. 3:5; 4:1; 4:6).
Conclusión
Hemos visto que el Nuevo Testamento es claro sobre los requisitos necesarios para
ser un predicador del evangelio. El varón que está calificado para predicar el evangelio es
aquel que presenta el consejo de Dios en su totalidad, sin importar la oposición o la
impopularidad. Es aquel que predica no para agradar a los hombres, a la vez que mantiene
la humildad necesaria para dirigir la atención al mensaje de Dios, no a sí mismo. Éste fiel
varón será un buen predicador del evangelio, aun cuando no cumpla con el estándar que le
imponga algún segmento de la hermandad.
A su vez, el que no es capaz de trabajar como el Nuevo Testamento de Cristo lo
enseña, debe abstenerse de predicar hasta que aprenda “el amor nacido de corazón limpio,
y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Tim. 1:5).
Adaptado de la obra “Who Is Qualified to Preach the Gospel?”, escrita por Andy Sochor.
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