Edipo y religión en la obra freudiana

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EDIPO Y RELIGION EN LA OBRA FREUDIANA *
Tomás Godoy Barrio. **
1
“En sí mismo, el psicoanálisis no es ni religioso
ni opuesto a la religión, sino un instrumento imparcial que
puede servir tanto al clero como a los laicos, cuando
sólo es usado para liberar a la gente que sufre”
Sigmund Freud (1909) ***
La obra de Sigmund Freud (1856-1939) nos transmite el origen y fundamentos de las
teorías y técnicas del psicoanálisis, además su aplicación como instrumento de estudio
a diversos temas, entre ellos, la antropología y la sociología. Sobre estos escritos
seguiré las ideas que van desde el complejo de Edipo al origen de las religiones, a las
que agregaré algunos comentarios propios. Por razones de tiempo tendré que dejar de
lado muchos conceptos importantes contenidos en esta parte de la obra freudiana.
Freud, basándose en sus experiencias clínicas y en conocimiento de la teoría sobre
los afectos que aparece en la obra de Charles Darwin (1809-82), que dice: “recuerdos
de sucesos arcaicos en la evolución del hombre, que en su momento tuvieron un fin,
ahora se evocan por la vía hereditaria”, perfiló el concepto de herencia arcaica, el
cual define: “cada individuo sufre en su desarrollo, en forma abreviada, una repetición
de los mas importantes acontecimientos de los procesos experimentados por la raza
humana en los comienzos de la humanidad” (Freud 1913).
Estos hallazgos lo llevaron a elaborar una teoría sobre la prehistoria en su libro
“Tótem y tabú” (1913), en él nos expresa su convicción de que la primera forma de la
sociedad fue la integración de pequeños grupos que llamó hordas primitivas.
Gobernadas cada una por un macho dominante (padre y jefe) despótico y único
poseedor sexual de todas las mujeres integrantes del grupo, sin distingo de
consanguinidad y, al cual se hallaban sometidos los otros machos, en su mayoría
hijos del dominante, bajo la amenaza de castración o muerte. Estos hijos sometidos
abrigaban hacia el padre sentimientos ambivalentes como admiración y miedo, que
en el fondo eran amor y odio.
En la evolución de estos grupos primitivos, muy parecidos en su dinámica social a los
que continúan formando en la actualidad otros mamíferos, llegaba el momento en que
por el declinar físico del padre o por la superioridad adquirida por el desarrollo y la
unión de los hijos, lo asesinaban y se lo comían. El canibalismo, para la época era
una variante natural de la nutrición y expresión de la subsistencia del mas apto, pero
*Ponencia presentada en la XXVI Jornadas Sigmund Freud. ASOVEP. 2005
**Psiquiatra – Psicoanalista. Miembro Titular ASOVEP. Psicoanalista con función didáctica en el I.V.P.
***Carta a Oskar Pfister. Sacerdote y Psicoterapeuta.
en este caso, el de devorar al padre, tiene además otros significados psicológicos
como el de la identificación, ser como él por vía de la incorporación, apoderándose
así de su fuerza y astucia para imponerse a los otros machos y, defenderse de la
fantaseada venganza del padre.
El parricidio descrito ocurrió infinidad de veces en la prehistoria y progresivamente el
hecho de haber satisfecho los impulsos hostiles, padecer los correspondientes
sentimientos persecutorios de retaliación, además de las consecuencias de las
sangrientas luchas entre los hermanos por la supremacía, aunados a los impulsos de
admiración y cariño que también existían hacia el padre, fueron desarrollando en el
salvaje un sentimiento de culpa por el homicidio paterno, lo que llevó a los hijos a
repararlo dándole mayor poder que en vida al deidificarlo indirectamente en un animal
totémico, progenitor y protector del grupo.
La vida de este animal totem y posteriormente la del padre, era tabú, intocable,
sagrada, excepto el día del banquete totémico en que se revivía simbólica e
inconscientemente el parricidio de los antepasados. Así el tótem fue el primer sustituto
del padre que luego dio paso a los espíritus de los antepasados y a Dios en sus dos
versiones: la politeísta, en donde aparecen dioses padres y diosas madres,
antropomórficos o con figuras que combinan la humana y la animal, esto último es
expresión de la evolución del animal tótem, primitivo sustituto del padre. La otra
versión es la monoteísta, siempre masculino, el Padre, que recupera o no la figura
humana. Dice Freud en 1939: “esta vuelta de la madre al padre es un triunfo de la
espiritualidad sobre la sensualidad”, es una forma de apartarse de la hembra
conflictiva
Paralelamente al desarrollo de este sentimiento religioso, los hijos para
salvaguardarse la vida recíprocamente instauraron un segundo tabú fundamental,
referente a la prohibición de poseer sexualmente las mujeres pertenecientes al padre,
es decir las sometidas al mismo tótem, lo que determinó la prohibición del incesto y
el mandato de la exogamia, además de la prohibición del fratricidio, que a lo largo
del tiempo se extendió al “no matar”, así la horda paterna evolucionó al clan fraterno,
en donde existieron lapsos ginecocráticos, para luego retornar al mandato del padre o
de los padres de la tribu, mas evolucionados que los de la horda.
Todo lo expuesto anteriormente, según Freud, se repite inconscientemente en el
hombre actual, originando sentimientos ambivalentes (amor y odio) e incestuosos
hacia los padres, así como los correspondientes sentimientos de culpa que configuran
el complejo de Edipo en el varón y en la hembra. Este complejo desempeña un papel
fundamental en la estructuración de la personalidad y cuando su evolución no ha sido
la adecuada determina trastornos psicopatológicos.
Volviendo sobre el desarrollo del sentimiento religioso, Freud lo considera muy
relacionado con la evolución del sentimiento de omnipotencia, presente, tanto en las
formas que ha tenido el hombre de explicarse al mundo que lo rodea a lo largo del
tiempo, como en la evolución de la libido, energía del instinto sexual, en el individuo, Al
respecto Freud en 1913, describe tres etapas: Etapa animista, en ella el hombre cree
en la omnipotencia de sus ideas, de lo que piensa, imagina y siente.
Esta
omnipotencia es total en pueblos primitivos o de baja cultura y se lleva a la acción a
través de la magia, a la vez parte de la omnipotencia es cedida a los espíritus que
animan todas las cosas: animales, vegetales, accidentes geográficos o fenómenos
metereológicos y proyectando sobre ellos sus tendencias amorosas y destructivas
(espíritus del bien y del mal), pretendiendo influir sobre ellos a través del ensalmo
(brujería), esto va abriendo el camino hacia la religión. Esta etapa animista de la
humanidad corresponde en el individuo, a la fase inicial del desarrollo libidinal del niño,
caracterizada por el autoerotismo o narcisismo, en donde la libido esta orientada
hacia el sujeto. En ella, como en el hombre primitivo, las angustias originadas por los
sentimientos de desamparo y dependencia determinan como defensa mental la
omnipotencia de los sentimientos e ideas.
La etapa religiosa es la siguiente, en esta etapa el hombre, apocado por las
necesidades y desgracias individuales, unidas a los desastres naturales y sociales,
cede la omnipotencia a los dioses, creadores y amos de todo, aunque sin renunciar
totalmente a ella, ya que continúa reservándose el derecho de influir sobre aquellos
con la oración y la liturgia. En el desarrollo del niño dicha etapa corresponde a la etapa
edípica donde la libido esta focalizada hacia los padres y, en virtud de las
experiencias frustrantes que va viviendo, hacia ellos también es proyectada la
omnipotencia. Así padres y dioses son omnipotentes, exentos de frustraciones, en
disfrute de todos los placeres y fuentes de protección y bienestar o de castigo. Luego
la realidad externa se impone y hace que la omnipotencia quede como exclusividad de
los dioses y que ellos sustituyan a los padres en muchas fantasías y relaciones
intrapsíquicas.
Por último, la etapa científica, en ella el hombre ha reconocido su pequeñez, renuncia
a la omnipotencia y desarrolla su capacidad de investigar. En el desarrollo libidinal
esta etapa equivale a la más avanzada que alcanza el individuo, la etapa genital, en
donde ha hecho una elección de objeto sexual, exterior y ajeno al núcleo familiar y
hacia el esta dirigida la libido.
Es evidente que estas etapas de la historia de la humanidad y de la psicología
profunda del individuo, nunca han sido superadas de un todo, elementos de ellas
siempre están más o menos presentes en la dinámica psíquica y social del ser
humano.
Como transición entre el animismo y lo religioso encontramos a los mitos, las vidas de
los dioses, de ellos Freud en 1921, nos dice: “nacen de la situación edípica constatada
en la horda”, apareciendo en diversas culturas con diferentes tramas y personajes,
pero con el mismo trasfondo que habla del contenido del inconsciente humano. Por
ejemplo, vemos en la mitología griega como el padre primitivo, representado en Urano
primero y en Cronos después, es despótico y anula a los hijos, Urano arroja al Tártaro
(infierno) a los hijos que tiene con Gea, Cronos a medida que nacen va tragando a los
hijos que tiene con Rea. Estos míticos filicidios son impulsados por el temor del padre
a perder el poder y posesión de la madre, ella en estos mitos es la instigadora y
cómplice del crimen que lleva a cabo el más pequeño de los hijos que ha logrado
salvar, Gea da una guadaña a Cronos, el hijo, con la cual castra y destrona a Urano.
Rea oculta a Zeus en Creta y éste mas tarde destrona a Cronos, su padre,
repitiéndose la historia en las generaciones divinas, igual que en las humanas
(compulsión a la repetición).
El filicidio del infante que amenaza el poder, en el caso de Jesús de Nazareth fue
desplazado al intento fallido de Herodes y se cumplió en la adultez a manos de los
fariseos.
La tendencia del hijo a ocupar el lugar del padre se ve claramente en los mitos de
Adonis y Attis, divinidades juveniles que gozan de los favores de diosas madres y
realizan el incesto desafiando al padre. El sentimiento de culpa y la necesidad de
castigo se manifiestan también en los mitos y los jóvenes amantes incestuosos tienen
corta vida, en el caso de Adonis, muerto por un jabalí (símbolo paterno) o terminan
castrados o autocastrados como fue el destino de Attis ante la exigencia incestuosa de
su madre.
Todos estos contenidos mitológicos quedan condensados en Edipo Rey, tragedia
escrita por Sófocles (495 – 406 A.C.) y tomada por Freud, como expresión y modelo
del complejo de Edipo imperante en el inconsciente humano. En esta trama, el
parricidio y el incesto materno se realizan sin consciencia de lo que se desea y hace,
la castración esta simbolizada en la autoceguera que se infringe Edipo, luego de la
revelación, lo inconsciente se hizo consciente y la culpa no pudo ser elaborada.
Freud afirmaba que el mito cristiano del pecado original de los hombres es un pecado
contra Dios Padre, que de acuerdo con la ley del Talión, mandato divino en el pasaje
bíblico Levítico 24, natural en la mente humana e imperante en la antigüedad, es de
pensar que fue un asesinato, ya que según dicha ley, el asesinato solo puede ser
redimido con el asesinato. Esto hace que sea la doctrina cristiana la que confiesa más
claramente la culpabilidad de la humanidad, la cual emana del crimen original, ya que
solo con el sacrificio del Hijo se obtiene expiación suficiente. La reconciliación con el
padre es mas sólida cuando simultáneamente a este sacrificio se renuncia a la mujer,
como sucedió en la evolución de la horda primitiva, esta renuncia aparece
representada en el celibato religioso.
Freud hace notar la paradoja de que con el mismo sacrificio expiatorio que ofrece el
Hijo al Padre obtiene su máximo triunfo, ya que se convierte en Dios e inaugura una
religión que reemplaza a la primera, la religión judía es la del Padre y la religión
cristiana es la del Hijo. Como evidencia de esa sustitución, se reactualiza el antiguo
banquete totémico de la horda primitiva en la comunión, en la que los hermanos
comen la carne y la sangre de Jesús, identificándose con él.
En este punto quiero resaltar el pasaje bíblico, génesis 3, de donde deriva el pecado
original en la teología cristiana, creada en gran parte por Pablo tiempo después de la
muerte de Jesús, en este pasaje, Adán, el hijo, desobedece el mandato de Yahvé,
Dios Padre, al comer del árbol del saber, instigado por Eva, lo que nos recuerda a Gea
y Rea en la mitología griega, ellos querían ser como El, alcanzando la sabiduría por
vía de la incorporación-identificación como en la horda primitiva, ambos fueron
castigados, entre otras maldiciones, con la muerte al ser expulsados del Paraíso,
impidiendo así que comieran del árbol de la inmortalidad, prerrogativa exclusiva del
severísimo y filicida Padre. En este mito judeo cristiano, tomando en consideración la
antes citada opinión de Freud, sobre la ley del Talión, el parricidio es ocultado por la
desobediencia filial, pero no deja de revelar la conflictiva relación del padre y el hijo
que se repite desde los orígenes de la humanidad y es negada una vez mas con la
versión bíblica (Deuteronomio 34) de la muerte natural de Moisés, en presencia de
Yahvé. Exhaustivas investigaciones de Freud y otros, publicadas en 1939, revelan que
fue asesinado por gente del pueblo judío en la lucha por el poder. Otras conclusiones
de estas investigaciones fueron que Moisés era un influyente egipcio monoteísta,
caído en desgracia por un vuelco faraónico hacia el politeísmo, que escogió al pueblo
judío, convirtiéndose en su líder político religioso y figura paterna dominante. Los
cristianos inicialmente niegan el parricidio como pecado original y luego lo aceptan en
la crucifixión del Redentor, los judíos lo niegan totalmente.
Luego del diluvio universal, la torre de Babel, la alianza (circuncisión) y la destrucción
de Sodoma y Gomorra, quiero hacer notar en génesis 22 como la conflictiva paterno
filial se atenúa, cuando Yahvé exige a Abrahán el holocausto de su hijo Isaac y luego
lo detiene a cambio del sacrificio de un cordero, por considerar que Abrahán fue
temeroso y obediente. Este pasaje bíblico reafirma la alianza del Padre Dios y el hijo,
pueblo judío y establece el mandato que prohíbe el sacrificio humano, esto fue
acatado hace miles de años por las religiones que derivaron de la Biblia, no así por
otras, como la azteca y la inca, donde continuaron estos sacrificios de niños y
adolescentes hasta años después de la llegada de Colón. Una evolución semejante a
la de Yahvé, a lo largo del génesis ocurre en el superyo, inicialmente severo y sádico
frente al yo y sus vicisitudes con el ello y la realidad externa, va tornándose flexible y
benigno si el desarrollo del aparato psíquico es sano.
A lo antes expuesto Freud agrega, en 1921: “así como la religión totémica, los dioses
paternales y maternales y los mitos nacen de la situación edípica vivida en la horda
primitiva, todas las religiones son intentos de solucionar el mismo problema, intento
que varía según el grado de civilización alcanzado por las generaciones, pero todos
son reacciones originadas por el parricidio que desde entonces atormenta a los
hombres.”. Esta afirmación freudiana, me hace pensar que las versiones evangélicas
del embarazo virginal de María intenta negar el conflicto edípico en Jesús y aliviarlo en
sus seguidores, porque si María, madre es virgen y José, padre es casto ¿cuál es el
problema?, ¡mamá es mía! También llama la atención que las mismas versiones
evangélicas no le reconocen compañera sexual a Jesús, tal como es frecuentemente
el destino de las personas que de forma inconsciente creen haber interferido,
paralizado la actividad sexual de los padres.
A las necesidades del ser humano de crear religiones como una forma de
resolver sus conflictos edipicos, en 1927, Freud agrega un factor complementario:
“El desvalimiento del género humano frente a los numerosos peligros que tiene que
afrontar: del mundo externo, de su propio interior y de las relaciones de los hombres
entre sí”. Esto lo reafirmó, en otras palabras, en 1932: “El origen de la religión reside
en la necesidad de protección del niño inerme y deriva sus contenidos de los deseos y
necesidades de la época infantil”, siempre presentes en el adulto.
Si bien es cierto que Freud, no creyente, llegó a la conclusión de que la religión era un
delirio de masas, una evasión de la realidad por la adopción de la fe en un padre
celestial, que promete la felicidad en el cielo a quienes renuncian a los instintos
terrenales, también es cierto que la aceptaba como una verdad psicológica que tiene
que ver con conflictos inconscientes reales y presentes en todo individuo, verdad que
debe ser respetada y será el mismo individuo quien prescinda de ella en la medida en
que resuelva dichos conflictos.
Por último, Freud, en 1927, expresó una ilusión, un deseo, una esperanza: ¿Podrá la
humanidad encontrar alguna vez la manera de soportar las dificultades de la vida sin
tener que recurrir a los consuelos de la religión?
BIBLIOGRAFIA
- Freud, S.
Obras completas. Amorrortu editores. Buenos Aires
1979.
•
1913. Totem y tabú. Vol. XIII
•
1921. Psicología de las masas y análisis del yo.
Vol. XVIII
•
1927. El porvenir de una ilusión. Vol. XXI.
•
1932. Nuevas conferencias de introducción al
psicoanálisis. Conferencia 35. En torno de una
cosmovisión.Vol. XXII.
•
- Grimal, P
1939. Moisés y la religión monoteísta. Vol. XXIII
Mitologías del Mediterráneo al Ganges. Edit.
Planeta 1963
-Jones, E
Vida y Obra de Sigmund Freud. Ediciones Hormes. 1976
•
Tomo II, Pág. 372, carta a Oskar Pfister, febrero
9, 1909
-Mandolini, R
Historia General del Psicoanálisis. Edit. Ciordia. Buenos
Aires 1974.
- Straubinger, J
La Sagrada Biblia. Edit. Barsa. 1980
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