Descargar ejemplar - Hemeroteca Digital

Anuncio
Año I I I .
madrtd 1 6 d e Agosto de Í S 6 0 .
nrum» Gá.
PERIÓDICO QUINGEMI, DUCADO AL BELLO HEXO.
SUMARIO.
Esta época fatal jamás se borrará de' mí memoria. Oí
d€cir que después de la matanza de los suizos, el pueblo haEl clavicordio de la í\ema María Antnnieta (conclusión), . bia inundado el palacio de las TuUérías, arrasando cuanpor Adolfo kiita.—Dúclrina de Salomón (conclusión), por Don to encontraba por delante ; y no pude resistir al deseo de
Jerónimo Moran.—£/ Ramillete (continuacicMi), por M.—Guz- echar mi última ojeada sobre aquellos hermosos aposentos,
man el Bueno (fragmento), por Quintana.—Un equipo de novia donde yo habia sido llamado tantas veces antes de que fue(conclusión), traducción de la Señorita Doña Elvira Cornelias.
sen despojados de su magnificencia. Corrí, pues, hacia pa—Las falsas riquexas.— Miscelánea. — Acertijo. — Charada.—lacio, y me encontré arrastrado por las oleadas de las turbas,
Jeroglifico. —Pliego de dibujos, for D. Juan Tomás García.— hasta la misma cámara de la reina. ¡Ah, señor, que especLTímina cromolitográfica, para bordar en cafiamazo.
táculo aquel! lodo estaba hecho trizas, menos un objeto
que aiin se conservaba intacto y era el clavicordio; pero
un hombre fanático, puesto encima de él, arengaba á la
EL CLAVICORDIO
muchedumbre y por lo que pude comprender en medio de
aquel horrible tumulto, la proponía que aquel pobre insDE LA REINA HARÍA ANTONIETA.
trumento, fuese arrojado por la ventana. Yo estaba temblando
en un'rincón, abismado, muerto. El orador salta de
(Recuerdos de un músico.)
improviso desde su pedestal, treinta manos vigorosas se
mzmmicwL,MjstmM»TV.
apoderan del clavicordio, la cola está ya fuera del balcón,
y
ya veo que vá á hacerse añicos al jardin , cuando se oye
—Antes de la revducion, caballero, habla tenido yo la
una
voz juvenil y sonora que grita:
honra de ser afinador (}e los instrumentos de palacio y de
—¡
Deteneos, deteneos 1
las casas más principales de la corte. ¡ Era esta entonces una profesión rnuy lucrativa! Verdad es que no es lo
Y con efecto, se detienen. El instrumento queda susmismo poner una cuerda á vuestros miserables pianos que
pendido sobre el borde del abismo y él orador avanza. Era
encordar un clavicordio" donde las combinaciones y, regisun joven apuesto, vestido con uniforme de guardia naciotros ofrecían á cada pasó dificultades inmensas. El arte se
nal. Su figura alegre, franca y espiritual al mismo tiempo,
ha trasformado en ofl,cio y por eso se encuentra hoy tanta
prevenía en su favor.
gente que le ejerza. Yo desempeñé honrosamente mi pro—¡Ciudadanos! ¿qué vais á hacer, les dijo; para qué desfesión hasta la época de la gran tormenta revolucionaria. Ha
trozar este instrumento? ¿Ignoráis acaso el poder de la múhabido lamentaciones para todas las clases de la sociedad,
sica? ¿No marcháis siempre entonando la Marscllesa? Pues el
escepto para la mia; y sino decidme, ¿quién se ha lamentado
efecto será más admirable con acompañamiento En vez de
de los pobres afinadores? Todo nos abandonaba al mismo
hacer astillas este inocente clavicordio, dejadme que os
tiempo. Los nobles se salvaban como mejor podian, pero
haga oir por medio de él, algunas canciones patrióticas.
muy raro era el que trataba de cumplir con nosotros antes
Esta corta arenga improvisada, mitad en serio y mitad en
de su fuga. Contaban con volver muy pronto para castigar
tono de broma, produjo un efecto análogo sobre aquella
Á la canalla, como ellos decian; más la (analta so apodera,
turba! Algunos vacilaban, otros persistían en sus proyectos
ba en tanto de sus bieiles; los ricos de nuevo cuño no rede destrucción. El Joven entonces se adelanta resuelto hacia
chazaban los clavicordios, pero con^o eran más bien muebles
los que tenian asida la cabeza del clavicordio y,
para ellos que instrumentos musicales, el afinador se moria
-s-~¿Abrídnriele, pues, les dijo con acento de autoridad.
de hambre. Yo fui asíarrastrando penosamente mi existenObedécenle y él, sin perder un instante empieza á tocar
tía hasta el célebre cuanto funesto 10 de agosto.
el ritornelo de la Marsellesa, que todos los circunstantes rer
314
LA GUIRNALDA.
piten á coro. Tras del cántico vie*e la danza, es lo ijaljiral;
. 1(3 casualidad me llevó cierta vez á la almoneda de
aquellos endiablados bailaron la Marsellesa, y deí^u«B la ISi ffiuebles de la reina Hortensia. ¡ Considerad, caballero,
Carmañola'3 G\ Adelante ^ Madama Yeto... y quésfyo,..c^Á\ seria mi alegría cuando reconocí ^m\ antiguo compatodo esto me desgarra el eOrazod, caballero. ¡La C^rtmñajta fiísr^, á mi p#bre clavicordio! Comjyréle sin regatear, y
sobre el clavicordio de la reinal... ¡ cuánto daño me hacia ^estle que le tdquirí puedo aseguraí^ que b^^jdo el conaquella «scena repugnante! Guando quedaron molidos á
suelo de todas mis penas. Pero ya me yoy h|.eiwdo baspuro bailar, ya no se pensó más endestrozar eliostrumoa- tan te ifiej o, ^fltié le sií^edejfá íí^spuesfljue^ ife muera? El
to: se retiran por fin con algazara y júbilo, si es cfue puede
que vo ha l^bitado 0)ás q$e en U)s ptilac|os^ tendrá por
darse este nombre á la parodia feroz de la alegría, y yo rae
fin e| mísero destino.4e vera? desawmaóo y veadido pieza á
quedo solo en la cámara. Acerquéme tímidamente al clavipieza por algún pren&ro ó chalan tlEste es un gram» torcecoídio que acababa de salvarse tan milagrosameftte: intenté dor para mis días poBtren».
purificarle y para ello me puse á tocar el bello coro dé
Así concluyó »u narración ntiestro iñviM&t P^ro yo
Ifigenia, de Gluck:¡Cuántas gracias, cuánta majestad! pala-no satisfecho aún del todo le pregunté:
bras que algunos años repetía el público dirigiéndolas por
—Pero, caballero, ¿no volvisteis á encontrar nunca á
galantería á la reina.
vuestro joven guardia nacional ?
Había apenas comenzado los primeros compases cuan—Sí; le encontré nuevamente casi al mismo tiempo que á
do sentí que rae arrancaban bruscamente del clavicordio.
mi clavicordio. Ambos habíamos partido de un mismo punEra mi joven guardia nacional.
to, pero eligiendo cada cual muy diferente carrera. Yo me
.>—¿ Estáis loco, me dijo , ó tenéis ganas de que os de- ' hice militar y he ganado una plaza en los inválidos. Él
se hizo empresario y director de teatros, y ha ganado cuagüellen? Acabo de evadirme de la ovación de esos miserarenta mil libras de renta. Por íó^demás; el Sr. Singier es
bles con el deseo de ver si me es posible poner en salvo
acaso el único director de su clase estimado siempre por
este instrumento.
los artistas que le han ayudado á enriquecerse.
— ¿Sois vos también por ventufa afinador ? le pregunté
maquinalmente.
Colegiréis pues, de esto, que mi clavicordio es de buen
—Yo no soy mas que un simple aficionado, pero me hu- agüero.
biera dolido en el alma ver destruido inútilmente un
Aquí'el anciano militar se detuvo , y yo le df mil gramueble tan hermoso.
cias por su complaciente cortesía. Después de esto, me in¡Le llamaba un mueble! Pero en fin, no importa: él le
vitó á repetir la visita, autorizándome para presentarle
habla salvado, que era lo esencial. En seguida nos dimos
cuantos aficionados verdaderos quieran tener el gusto de
á buscar en vano los medios de preservar de nuevos pelicontemplar aquel histórico instrumento, que serviría tangros mi pobre clavicordio.
tas veces de solaz á la infortunada reina de Francia María
Antonieta.
-r-Caballero, me dijo de repente el joven, creo que no es(Extractado de Adolfo Adam.)
téis seguro por mucho tiempo en este recinto. Merced á mi
uniforme yo nada temo, pero vos vestís un traje que dista
bastante en verdad de los que ahora se estilan: de un momento á otro os podéis ver detenido, arrestado, juzgado
DOCTRINA DE SALOMÓN.
como sospechoso. Lo mejor será que procuréis escurriros
hasta vuestra casa. Al clavicordio le sucederá lo que Dios
quiera, pero por el pronto debéis mirar por vuestra perso(Conclasion).
na; y diciendo esto me saca fuera de la cámara, cierra la
LECCIÓN XIL
puerta y arroja la llave por un balcón.
—Poi; favor, caballero, le dije yo entonces ; que yo , al
El temerario que pasa
menos conozca al salvador del clavicordio de la reina.
por sitio don4e hay pendencia
¿Vuestro nombre?
y toma sin causa justa
parte activa en la contienda,
—Singier. ¿El vuestro?
.
—Doublet, afinador de palacio.
Hace como el que atrevido
A cuyas últimas palabras, él me cierra la boca con una
á un can rabioso se acerca,
mano, me tiende amistosapente la otra y desaparece.
y con arrojo insensato
Al dia siguiente de esta fatal jornada corrí á engancharle azuza y le manosea.
me en el ejército. La carrera de las armas rae fué mas faPor más que de tus acciones
vorable que mi primera profesión. Fui obteniendo mis
te
asegure
tu conciencia,
correspondientes ascensos y cuando llegó la época de la
que
te
alaben
los estrañ'os,
restauración era ya comandante.
pero
no
tu
propia
lengua.
Pero entrando en cuentas conmigo propio mefiguréque
no corrían vientos más propicios para los militares en i 814
Más vale del enemigo
la corrección manifiesta,
que para los afinadores de instrumentos en 1792, y por
que el amor def^e en silencio
esta razón pedí mi retiro y conseguí entrar en el cuartel de
haeer
maldades nos deja.
Inválidos.
315
LA GUIRNALDA.
Mejores son las heridas
de quien nos ama de veras,
que los óseulos falaces
de quien dañarnos quisiera.
Eo tanto que el hombre impío,
de su vida en la carrera,
sin que nadie le persiga
despavorido se ahuyenta.
Tranquilo y valiente el justo,
como el león en la selva,
jamás conoce del miedo
la pavorosa influencia.
Pan tendrá siempre de sobr^
el que cultiva sus tierras,
y vivirá el holgazán
en dolorosa miseria.
Bienaventurado el pecho
que un santo temor alberga:
mas I ay del que endurecida
tiene la torpe conciencia I
El que quita algo á sus padres
porque al quitárselo piensa
que toma de lo que es suyok
pues que coge de su herencia, '
Dá á entender que en verlos muertos
no sentirá mucha pena,
y con tales pensamientos
como el homicida peca.
LECCIÓN ÚLTIMA.
En el mundo hay cuatro cosas,
muy pequeñas en verdad,
pero que á los mismos sabios
lecciones de saber dan.
*• Las hormigas, pueblo débil,
más previsor y sagaz
á quien nunca coge el hambre
sin buen acopio de pan.
Las liebres, que desprovistas
de fuerza con qué luchar,
en los huecos de las piedras
buscan su seguridad.
Las langostas, que sinRey,
que las ordene en su plan,
se forman en escuadrones
para invadir y marchar.
Y la simple lagartija
que, aunque arrastrándose vá,
su^le en los ricos palacios '
su habitación encontrar.
J e r ó n i m o Morana
EL RAMILLETE.
(Continuación).
mWj l i l R I O B I 4 J Ü V C O 6
AZVCEMA.
En medio de una copa de largas hojas, que se desenvuelven, se agrupan y se oprimen unas á otras, como para
formar un dosel circular de verdura, elévase un tallo elegante y soberbio que termina en un racimo de capullos
prolongados de un verde suave y lustroso. Poco á poco el
tiempo infla y blanquea los botones de este bello racimo, y
á proporción que la primavera avanza, ellos se inclinan
y acaban por desplegarse en seis pétalos de una blancura
deslumbradora. Su reunión constituye esos búcaros admirables donde la naturaleza se complace en encerrar los
estambres de oro que impregnan la atmósfera de su rico
perfume. Estas magníficas flores medio inclinadas alrededor
de su esbelto tallo, parece que demandan y obtienen el
homenaje de toda la naturaleza; pero la azucena á pesar de
todos sus encantos tiene necesidad de una corte para brillar con todo su esplendor. Sola, aparece fria y como desairada ; rodeada de mil otras flores las eclipsa todas. Es
verdaderamente una soberana: su gracia consiste principaltnente en la majestad.
El lirio blanco es oriundo de la'Siria: coronó la frente
de Salomón y fué una de las primeras flores consagradas á
la gloria del Dios de Israel. Su belleza consta celebrada por
el mismo Divino Salvador bajo la siguiente fórmula: Salomón, con toda su magnificencia no alcamó jamás á vestirse
como un lirio; y prosiguiendo con su admirable bondad esta
comparación , el tierno Maestro nos enseña que una providencia maternal vela sobre aosotrosy que le^on conocidas
nuestras más pequeñas necesidades.
Para los franceses representa la majestad como escudo
de su antigua monarquía, pero en todo el orbe católico
aparece como símbolo del candor y de la pureza, y por eso
se la consagra coh preferencia á la inmaculada Virgen
María.
Cuéntase que San tuis, rey de Francia, llevaba un anillo en el que figuraba esmaltada y en relieve una guirnalda
de azucenas y margaritas: en el cenllro figuraba un crucifijo con esta leyenda: Fuera de esta sortija no hay am/or. El
piadoso monarca encontraba efectivamente en su anillo el
emblema de todo aquello que le era más querido: Dios, la
patria y su esposa, Margarita de Anjou.
El propiamente llamado lirio en España es aquel- que
se adjetiva cárdeno y que sin ser tan bello como la azucena , ni espeler aromas tan exquisitos, la lleva la ventaja de
ser más útil porque figura entre las yerbas medicinales.
Su tallo es recto, cónico, con varios nudos, de cada
uno de los cuales brotan hojas y pamas en cuyo remate
descuellan las flores grandes y bellas, de seis pétalos de un
hermoso color morado generalmente, pues también suelen
revestirse de matices más ó menos azulados, grises y
atigrados.
Otra de las varias especies de azucenas es la llamada
316
LA GUIRNALDA.
silvestre ó lirio de los valles. Más temprana que la principal
adorna ya en mayo las rústicas veredas entreabriendo sus
hojas de marfil y revelando su existencia por la delicadeza
de su perfume, mientras parece que trata de ocultarla escondiéndose entre la sombra délas encinas, ó desplegando
sus galas al borde de los recónditos arroyuelos. Por eso el.
ruiseñor huyendo de los parajes habitados vuela á buscar
en la espesura del soto una compañera, una soledad y un
eco que responda al inimitable trino de su voz. Guiado por
el aroma de la azucena silvestre, el delicioso pájaro encuentra bien pronto el asilo donde se establece lleno de alegría,
celebrando con sus gorgeos melodiosos la soledad, eí amor
y la flor en fin que cada primavera le anuncia la vuelta de
la dicha; cuya frase, sin duda por esta razón , es la que representa en el lenguaje simbólico de las flores el lirio de
los valles.
No obstante su módestra, preciso es copfesar que la
malva es una bonita planta, de la cual se conocen hasta el
dia cien especies á lo menos. Tiene grande aplicación á la
medicina y se hace mucho uso de ella en los remedios caseros. Tal vez sea esta la causa de que se la considere como símbolo de la duUura maternal. En otros tiempos se
la cultivaba con esmero'en los jiardines, y aún solia servir
de alimento condimentada de diferentes maneras. Todavía,
en la actualidad , la malva entre los chinos es un comestible que adoban como nosotros las lechugas y fas espinacas.*
Los hijos del Celeste Imperio ignoran sin duda lo que
dijo Pitágoras:
«Sembrad la malva, pero no la comáis.»
Pero en verdad no debemos atenernos al sentido lite-'
ral de la frase, porque el gran filósofo griego en ella quiso
más bien encerrar un consejo, á saber: «Emplead la dulzura ó el agrado para con los demás y no la reservéis para
vosotros.»
ü A R A i r i i i i i A mm
DÍA.
Especie de campanilla de un azul celeste que no se
abre más que durante el dia. Nada más gracioso y poético
que esta flor.
Se complace en brotar espontáneamente en los aleros
de los tejados, desde donde comunica la alegría á los habitantes de los sotabancos y las buhardillas. Simboliza la
coquetería, porque parece provocar á la inquieta mariposa
diciéndole : « Soy bonita, mi cáliz húnaedo y fresco llama
los besos de la brisa y del sol. Apresúrate á hacerme la
corte, porque mi reinado es muy pasajero.»
Duraote la noche pliega sus pétalos fatigados y se adormece arrullada por los ensueños nocturnos, conmovida aún
tal vez pop los recuerdos del dia. Es originaria de América.
« Cuando en Oriente asoma
la luz de un nuevo dia,
al soplo del favonio
abre la Maravilla
sus hojas azuladas,
hasta entonces dormidas;
del céfiro más tarde
las alas la acarician,
pero aun no satisfecha
con una y otra víctima,
para causarles celos
ó para darles grima,
llama á las mariposas
con faz provocativa.
Asi son las coquetas:
no gozan sino brillan,
haciendo á todas horas
inútiles conquistas.
Sin esas competencias
que forman su delicia,
carece el placer mismo
de encanto y de alegría.
Olvidan que fugaces
las horas se deslizan
y cuando su belleza
se cambia, se marchita,
en soledad odiosa,
aisladas, sin familia,
las quedan solo lágrimas
con que llorar su ruina.*
Ü A R A V I I i l i A O IlOMIlIECiO
DEivocm:.
Planta exótica, cuyas flores que semejan también á las
campanillas y que son ya blancas, ya encarnadas ó amarillas, y á veces jaspeadas de dichos colores, no se despliegan sino después que el sol se ha puesto, exhalando entonces su aroma sumamente grato. Esta circunstancia la hace
doblemente poética, habiéndole ocurrido á un alumno de
las Musas decir con semejante motivo:
tSi ves que algunas flores de antípodas coafines
en nuestra zona evitan del sol la claridad,
será que allá en la suya alumbra los jardines
cuando la noche esparce aquí su oscuridad.
Sujetas al influjo de su suelo nativo
quizá se abren á la hora que desplegan así,
lasfloressus hermanas, su expléndido atractiva
al brillo del sol puro que reverbera allí. *
Pero coniío se colige desde luego, esta explicación es
más ingeniosa que verdadera. Por lo demás, la Maravilla ó
Dondiego de Noche es el símbolo de la timidez, el emblema del amor cobarde.
I^A n C A R e A R I T A .
Cuando todo nuestro ser aspira con ansia las brisas primaverales, y nuestros ojos exta«iados estienden su mirada
sobre el pintoresco tapiz de una pradera, entre las demás
flores observamos que se distingue por su sencillez y por la
profusión maravillosa con que se reproduce, una en cuyo
317
LA GUIRNALDA.
centro brilla un botón de oro rodeado á& laminitas de plata ; uñ suave matiz de púrpura embellece más y más este
disco delicado; y asi balanceada dulcemente por el céfiro,
podría compararse con un tierno niño que juguetea sobre
el verde y mullido césped de los prados. Esa es la margarita, símbolo del candor y de la inocencia.
Todo el mundo conoce esa florecilla graciosa, y con
dificultad se encontrará un niño que no haya compuesto
un ramillete ó tegido una guirnalda de campestres margaritas.
Cuenta una poética tradición que á Margarita de Francia,
hija de Francisco I, y desposada con Filiberto de Saboya,
al trasladarse á los estados de su esposo la presentaron en
ellos durante el curso ~ de su viaje, un precioso canastillo
de flores donde no había más que margaritas, con esta leyenda:
< No hay flor que no sea bonita,
mas si en vasta profusión
se ofrecen,á mi elección
flores mil, de corazón
elijo la margarita.»
En los tiempos caballerescos, cuando una dama indecisa , no quería aceptar ni desechar el amor de un mancebo
galán, adornaba su frente con una corona de blancas margaritas; con lo cual quería decir: Lo pensar^.
Hay quien contempla también á esta flor como símbolo
de la fidelidad en virtud de lo siguiente :
< Cierto padre de familia á quien la Providencia había
favorecido con dones de fortuna é hijos preciosos, perdió,
mijy joven aún, el primero,de todos sus bienes, una buena
esposa á quien amaba con ternura. Poco después desapareció su fortuna, y todavía esperimentá además la gran pena
de ver á todossus hijos en la desgracia. Con la resignación
de todo buen cristiano que cifra su esperanza en Dios, soportó tan tremendos golpes sin murmurar. Sin embargo, su
corazón no se entregaba jamás á la alegría, pasábase el invierno sin que plegase sus labios una sonrisa, hasta el extremo deque al verle no había una persona que dejara de
exclamar: ] Cuan desgraciado es!>
Pero por fin, á la entrada de la primavera, cuando la
margarita entreabre su corola, el rostro de aquel desventurado cambia de expresión; un dulce recuerdo le representa los días ,de su felicidad, como si algún ángel consolador
se le hubiera aparecido. En la mano ó en el ojal llevaba
siempre aquella flor querida, y habiendo adivinado fácilmente el emblema sus amigos, porque sabían que aquella
fresca margarita le recordaba el nombre, las gracias y la
tierna sencillez de su esposa , la bautizaron con el nombre
de flor de la
fidelidad.
_
IH.
GUZMAN EL BUENO.
(Siglo XIII).
(FRAGMENTO);
Cumplíase á la sazón el término que el maestre d« Galatrava había señalado i su tenencia de Tarifa; y como ningún otro
caballero se ofreciese ásucederle, Guzman tomó sobre si aquel
servicio y dijo al rey que él la defendería por la mitad del costo
que hasta allí habia tenido. Llevó allá su familia, ré^paró los muros, pertrechóla de todo lo necesario, y encerróse en ella sin prever que el sacrificio de sus bienes y su persona no era nada en
comparación del grande y terrible holocaustaque había de hacer
muy pronto al pundonor y á la patria.
Entre los personajes malvados que hubo en aquel siglo, y los
produjo muy malos, debe distinguirse al infante D. Juan, uno de
los hermanos del rey. Inquieto, turbulento, sin lealtad y sin constancia, habia abandonado ¿su padre por su hermano, y después ¿
su hermano por su padre. En el reinado de Sancho fué siempre
uno de los atizadores de la discordia, sin que el rigor pudiese escarmentarle , ni contenerle el faVor. A cualquiera soplo de esperanza, por vana y vaga que fuese, mudaba de senda y de partido,
no reparando jamás en los medios de conseguir sus fines, por injustos y atroces que fuesen: ambicioso sin capacidad; faccioso tan
valor, y digno siempre del odio de todos los partidos. Acababa el
rey su hermano de darle libertad de la prisión á que le condenó en
Alfaro cuando la muerte del señor de Vizcaya, cuyo cómplice había sido. Ni el juramento que entonces hizo de mantenerse fiel, ni
la autoridad y consideración que le dieron en el gobierno, pudieron
sosegarle. Alborotóse de nuevo, y no pudiendo mantenerse en
Castilla, se huyó á Portugal, de donde aquel rey le mandó salir
por respeto á D. Sancho. De allí se embarcó y llegó á Tánger, y
ofreció sus servicios al rey de Marruecos. Aben Jacob, que pensaba entonces hacer guerra al rey de Castilla, le recibió con todo
honor y cortesía, y le envió, en compañía de su primo Amir, al
frente de cinco mil ginetes, con los cuales pasaron el Estrecho y
se pusieron sobre Tarifii.
Tentaron primeramente la lealtad del alcaide, ofreciéndole un
tesoro si les daba la villa; y la vil propuesta fué deshechada con
indignación. Atacáronla después con todos los artificios bélicos
que el arte y la animosidad les sugirieron, más fueron animosamente rechazados. Dejan pasar algunos días, y manifestando i
Guzman el desamparo en que le dejaban los suyos, y los socorros y abundancias que pueden venir á ellos, le proponen que,
pues habia hecho desprecio de las riquezas que le daban, si él
partía con ellos su tesoro descercarían la villa.
—cLos buenos caballeros, respondió Guzman, ni compran ni
venden la victoria.»
Furiosos los morqs, se aprestaban nuevamente al asalto,
cuando el inicuo infante acude á otro medio más poderoso para
vencer la constancia del caudillo.
Tenia en su poder al hij9 mayor de Guzman, que sus padres le
habían confiado anteriormente para que le llevase á la corte de
Portugal, con cuyo rey tenían deudo. En vez de dejarlo allí, se lo
llevó al África, y 1^ trajo á España consigo; y entonces le creyó
instrumento seguro para el logro de sus fines. Sacóle maniatado
de la tienda donde le tenia, y se le presentó al padre, intimándole
que sí no rendía la plaza le matarían á su vista. No era esta h
318
U GUIRNALDA.
primera vez que el infame usaba de este abominable recurso. Ya
en los tiempos de su padre, para arrancar de su obediencia á Zamora, habia cogido un hijo de la alcaidesa del alcázar, y presentándole con la misma intimación, habia logrado que se le rindiese.
Pero en esta ocasión su barbarie era sin comparación más horrible, pues, con la humanidad y la justicia, violaba á un tiempo la
amistad, el honor y la confianza. Al ver al hijo, al oír sus gemidos
y al escuchar las palabras del asesino, las lágrimas vinieron á los
ojos del padre; pero la fé jurada ai Rey, la salud de la patria, la
indígnséioD producida por aquella conducta tan execrable, luchan
eoa la natliraleza y vencen, mostrándose el héroe,entero contra la
iniquidad de les hombres y el ri^or de la fortuna. «No engendré
yo hijo, prorumpió, para que fuese contra mi lierja; antes engendré hrjo á mi patria para que fuese contra todos los enemigos de
ella. Si D. Juan le diere muerte, á mi dará gloria, á mi hijo verdadera vida, y á él eterna infamia en et mundo y condecoración
eterna después deraaerto, y para que vean cuan' lejos estoy de
rendir la plaza y faltar á mi deber, allá vá mi cuchillo si acaso les
falta arma para completar su atrocidad.» Dicho esto, sacó el cuchillo que llevaba á la cintura, io arrojó al campo y se retiró ai
castillo. (Aflo 1294).
Sentóse á comer con su esposa, reprimiendo el tlolor en el peclio para que no saliese al rostro. Entretanto el infante, desesperado, y rabioso, hizo degollar la-victima, á cuyo sacrificio los cristianos que estaban en el muró prorumpieron en alaridos. Salió al
ruido Guzman, y cierto de donde nacia, volvió á la mesa diciendo:
cCuidé que los enemigos entraban en,Tarifa.» De allí á poco los
moros, desconfiados de allanar su constancia, y temiendo el socorro» que ya venia de Sevilla á los sitiados, levantaron el cerco, que
había durado seis meses, y se volvieron á África sin más fruto que
la ignominia y el horror que su execrable conducta merecía. .
La fama de aquel hecho llenó al instante toda España y llegó á
los oidosdel Rey, enfermoá la sazón en Alcalá (}e Henares. Desde
alli escribióá Guzman una carta en demostración de agradecimiento
por la insigne defensa que habia he/:ho de Tarifa. Compárale en ella
á Abraham, le confirma el renombre de Bueno, que ya el publico
le daba por sus virtudes; le promete mercedes correspondientes á
su lealtad, y le manda que venga á verle , escusándose de no ir él
á buscarle en persona por su dolencia. D. Alonso, luego que se desembarazó del tropel de amigos y parientes que de todas partes del
reino acudieron á darle el parabién y pésame de su hazaña, vino á
Castilla con grande acompañamiento. Salían á verle las gentes
á los (Mminos, señalábanle con el dedo, por las calles, hasta las
doncellas recatadas pedían licencia á sus padres para ir y saciar
sus ojos viendo á aquel varón insigne que tan grande ejemplo de
entereza babia dado. Al llegar á Alpalá salió la corte toda á su
encuentro por mandado del Rey, y Sancho al recibirle dijo á los
donceles y caballeros, que estaban presentes:
— (Aprended, caballeros, á sacar labores de bondad; cerca teneis el dechado.»
A estas palabras de favor y de gracia, añadió mercedes y privilegios magníficos; entonces fué cuando le hizo donación para sí
y sus descendientes de toda ta tierra que costea la Andalucía, entre las desembocaduras del Guadalquivir y Guadalete.
Tuvo, pues, en la estimación pública y en la veneración de aquel
siglo, toda la recompensa que cabe en los hombres la acción heroica de Guzman.
(QUINTANA; Vidas de los espaSoles célebres).
UN EQUIPO DE NOVIA.
Traducción de la •eAorito Dofia Elvira Cornelias.
(Conclusión).
.
\
ÍV.
Gracias á la serenidad de su ánimo y á su mucha práctica de
trato social, Edmundo Norvide pudo permanecer sin retirarse
bruscamente después de esta conversación, y seguir por algunos
minutos un insignificante coloquio.
Cuando creyó oportuno despedirse de la señora Benoit, lo hizo
para andar vagando á la aventura durante dos horas por las calles
de París, á pesar del intenso frío de una noche de diciembre.
Jamás tan imprevisto y cruel desencanto destruyó sus bellas ilusíoiies, como tampoco un verdadero y tierno efecto fué desvaaecidd
de un modo tan sensible.
No solo se indignó su delicado corazón por las exigencias que
con tanto atrevimiento y desfachateE le habían sido dirigidas, sino
que Edmundo se preocupaba también de las penosas luchas que
tendría que arrostrar en su futura existencia. Consideraba el lamentable estado á que tendría que reducirse siendo marido de
una mujer amiga del fausto y la ostentación, ávida de ponerse en
evidencia y lucir; que sin acordarse que su modesta fortuna reclamaba imperiosas economías, no atendiera más que á las sugestiones de la vanidad, sacrificándole la paz interior, como acababa
de sacrificarlo su dignidad de novio. ¿Qué cariño resiste al terrible
efecto de estas penosas é incesantes luchas?
Desde que la señora Benoit le descorrió el velo que le impedía
ver claramente á su novia, Edmundo recordó mil circunstancias
en que hubiera podido ya conocer el amor desordensído que Julieta tenia al lujo, superior sin duda á todo lo demás, y por el
cual lo arrostraría todo. ¿Qué partido-tomar? se decía él. ¿Trataré ,
de luchar con este infernal^ enemigo de la felicidad del hogar domestico? jEi duelo es desigual, el resultado dudoso, y qué tristes
consecuencias no me traeria la derrota I ¿Debo, pues, violentando los impulsos de mi corazón, romper todo proyecto de enlace
con laque amo, para lo cual tendré que imponerme cuanto antesun doloroso sacrificio? Pero ¿qué importa, si acaso estriba en él
la tranquilidad de toda mi vida?
Comoeste matrimonio es todavía un secreto, Edmundo puede
obrar con libertad, sin temer que un rompimiento comprometa á
la señorita Beimoncey, á quien tal vez un marido más rico que él
le hará pronto olvidároste mortificante desenlace.
Sin embargo; Edmundo no pudo aun resolverse por sí á esta
penosa determinación, y áfinde diferir su jnicío por algún tiempo, sin contrariar sti propósito, resolvió consultar á su madre para
que ésta indicase su conveniente y definitiva resolución.
Por el trabajo que Iff cuesta el tener que acusar á Julieta, vé
lo mucho que todavía la ama. Él conoce ya el falío del juez á quien
somete tan grave asunto. Se le cae I& pluma de la noíano, y una
penosa indecisión vuelve á turbar su espíritu. Luego dirige maquinalmente su vista sobre la última carta que ha recibido de la
señora Norville, y lee el final, que está concebido en estos términos:
«He rogado áDios, hijo mío, para, que no permita que te
equivoques en la elección de esa querida compañera de tu vida,
que tendrá que participar lo míirao de tus goces que de tus desgracias, y le he pedido con tanto fervor que haga que posea las
cualidades que aseguran la felicidad del hogar doméstico, que creo
no dejará de iluminarte para que lo reflexiones mucho antes de
LA GUIRNALDA.
'lar el último paso. Espe»o «o teaw <[Be aáadir al dolor de la pérdida de mi hija j el de saber que mi hijo es desgraciado...»
Después de haber leído estas lineas, que eran como un^ respuesta anticipada á la carta que quería escribir , Edmundo permaneció algunos momentos como absorto, y con la cabeza puesta
entre sus manos. Su corazón luchaba por última vez; al/in se decidió. En lugar de escribir á la señora Norville, fué a^ padre de
Julieta á quien se dirigió paravdevolverle su palabra. Escribir una
carta semejante no dejaba de ser difícil; así es que la empezó diez
veces , sin quedar nunca satisfecho. El estilo le parecía unas veces dennasiado breve, otras demasiado duro, ó bien no espresaba
con claridad una resolución que ya era inquebrantable. Después
de haber tratado de suavizar una expresión, de dar más fuerza á
oira, acabó, como suele suceder siempre en tales casos, por decidirse por la primera.
Esta carta decía así:
xiCabalIero:
»Voy á cumplir un deber muy penoso, anunciándole á V. que
«renuncióla mano de la ^señorita Belmoneey, á pesar de lo gra))tos que me eran los lazos que debían unirnos. Solo la certidumbre
))de que "su felicidad, más bien que la mía, no había de asegurar»se con tal unión, me ha impulsado á hacer este doloroso sacriG»cio. La simpatía de-gustos, tan necesaria para la paz doméstica,
»no existe entre nosotros; alguna vez lo había sospechado , hoy
Mestoy por desgracia convencido de ello. No me es permitido traswmitir el penoso sentimiento que esta resoluciotí me causa; solo
«debo limitarme á asegurar á su señora hija , que mis más vehewmentes deseos son que encuentre en otra unión los gocjBS que mi
«humilde fortuna no me permitiría proporcionarle.
«Hágame Y. el obsequio de considerarme su más respetuoso
«y afectísimo S. S.'Q. B. S. M.
E. NoRVUtB.»
Después de esto se pasó la noche sin que Edmundo pudiese
cerrar los ojos; yantes que amaneciera, salió de su casa para dirigir la carta por el correo Tal vez no confiaba bastante en su
valor, y quería de esta manera apartar toda posibilidad de poder
cambiar de idea. Aunque no era hora de ir á la oficina, se encaminó hacia ella, pues creyó que «1 trabajo seria el mejor recurso
para dominar su tristeza.
• El Sr. Belmpncey estaba almorzando con su hija cuando recibió la carta de Norville. Una viva expresión de contrariedad se
observó en su Gsonomfa mientras leia, pero Julieta no hizo ^ran
caso por estar muy preocupada en otras cosas. Hortensia no dejaría de ir á informarla de lo que había pasado la víspera entre
Edmundo y ella.
;
—¿Acaso se frustró la cita, papá? dijo, por fin, con negligencia.
—Lo que se ha frustrado es ol matrimonio, contestó el señor
de Belmoncey encolerizado. Toma, lee esta carta, y sí puedes,
dame una explicación.
La joven se sonrojó, y con mano temblorosa cogió la carta,
que leyódos veces sin pronunciar una palabra.
—¡Y bienl prosiguió el padre con impaciencia; ¿qué has hecho
para dar lugar'á ese rompimiento? Conozco demasiado á Norville
para creer que sea capricho suyo; preciso es que haya habido, por
el contrario, graves motivos, y necesito saberlos.
Julieta titubeaba; sin embargo, vivamente acosada por su padre, prorumpió: <
—Había encargado á Hortensia que sondeara el pensamiento del
señor de Norville, con relación á mi equipo de novia
Las lágrimas le impidieron continuar. ¿ Élra acaso solo el despecho quién las hacia verter? Su padre no lo creyó sin duda así,
pues con tono más amable dije:
319
—Y por el equipo has perdido un esposo. Al ver las exigencias
de la novia se ha asustado, y con razón, de las que téüdria cuando
fuese su mujer. Debes aprovechar la lección, pues bastante cara
te cuesta.
Al mismo tiempo, Edmundo escribía á la señora Norville:
«Ya podéis estar satisfecha, querida madre, pues vuestros rue«gos han sido atendidos. He renunciado á una unión que me
«hubiera hecho desgraciado; mi corazón se encuentra algo oprimiendo , pefo volaré en cuanto me concedan la licencia que he pedi»do á buscar al lado de V. el dulce remedio que cicatrizará esta
«herida. Juro no volverme á equivocar en la elección de novia,
«porque la dejo á la discreción de mi señora madre. Búsqueme
«usted, pues, síes posible, una mujer que se parezca á Y., y aojos
«cerrados la llevaré al pié de los altares.»
—iMOia^i
LAS FALSAS RIQUEZAS.
Un rico habitante delá antigua Lidia, llamado Pithias, que poseía muchas minas de oro, abandonó, completamente cegado por
ia codicia más irracional, el cultivo de sus fértiles heredades y no
empleaba sus numerosos esclavos más que en los trabajos de minería. Su mujer que era bondadosa y mucho más cuerda que el
iluso marido, tuvo.la ocurrencia de servirle un día para comer
diversos platos, que contenían todos oro en lugar de las viandas
de costumbre.
,
-»
'—¿Qué es esto, dijo Pithias un tanto amoscado: se engorda á un
hombre con semejantes manjares?
—Te ofrezco, le contestó la mujer, la única cosa que poseemos
en abundancia: no se puedo recoger sino aquello que se siembra.
¡Considera ahora si el oro es un tan gran bien como tú te imaginas!
^
•
Esta lección dio en qué pensar al avaro, el cual vino á reconocer por fin, que la Providencia no babia abandonado la riqueza
verdadera á la avaricia de los hombres, sino que, por el contrario,
semejante á una madre tierna, se reservaba el cuidado de distribuirla anualmente á sus hijos, como la más grata recompensa de
sus trabajos.
MISCELÁNEA.
En la parte correspondiente de este número encontrarán aueS'
tros lectores el anmtcío del G^ia del bañisla «h el mar, obra c^ue
acaba de dar á luj: nuestro distinguido amigo el Sr. D. Juliaii Suiz
Cort^, secretario que fué del Beal Consejo de ^anidad del Reino,
y con cuya útilísima colaboración se honra nuestro periódico. Nos
hacemos un deber el recomendar á nuestros lectores un libro cuyo pensamiento es en sumo grado beneficioso á la humanidad
doliente, y cuya consulta puede ser tan provechosa á todas las
personas que buscan en los baños de mar la restauración de la salud momentáneamente perdida, 6 el alÍTÍo de sus crónicos padecimientos. La obra está dividida en tres partes; la primera dedicad,a al estudio en general del agua del mar y de los agentes
accesorios, contiene infinidad de artículos, todos á cual más interesantes: la segunda parte abarca la descripción concisa y al alcance de todos los lectores por su claridad, de cada una de las
enfermedades que se pueden tratar con éxito probable por los baños de mar y método que conviene adoptar y seguir para lograrlo ; y la tercera, en fin, comprende la enumaracion de las playas
' del Océano peninsular que efireeen mejores condiciones para los
320
LA GUIRNALDA.
b&Sos; la capital de la provincia á que pertenece el punto j los
medios de comunicación , distancia á la corte, y relación de las
fondas J hospederías con otros datos indispensables, tan cariosos
como interesantes para ilustración y comodidad de los bañistas.
Los conciertos del Jardín del Buen Retiro siguen tan animados como de costumbre, exceptuando la última semana, en que
lo desapacible de la temperatura y las frecuentes tormentas^ han
tenido retraída» á nuestras elegantes damas de todo espectáculo
al aire libre. La orquesti^ y la empresa merecen nuestros plácemes; aquella, por los esfuerzos que hace para dar variedad á su
repertorio, nuevamente, enriquecido con obras de méi'ito; y á esta,
por su laudable empeño en que tan agrables soirees n^ pierdan el
carácter que tuvieron desde el principio, y que es la causa de
que asistan á dichos conciert,os cuanto de más distinguido encierra la corte en estos meses de general emigración.
EPiGRAMA.
Era Inés de Gil querida
y ella le did una manzana
en lo exterior bella y sana,
en lo interior muy podrida.
Partidla y dijo: Inés, di,
desengáñame, por Dios,
si nos casamos los dos
¿te tengo de hallar asi?
GBAHADA.
Temiendo que la primera
por respuesta me darás,
si estás propicia á quererme
no me atrevo á preguntar.
Pues digo, si la segunda
me pongo á considerar,
que es conjubion n^iativa
ó partícula fatal.
Bien se lo,.;,primera y cuarta,
mi magín; p(»-eso está
mi boca cerrada y ni una
tercera pronunciará.
Tiene el todo, poco intríngulis
más si le acertaste ya,
habrás visto que, aaaqae ñieil,
nosfaac«á todos stidasr.
Solución á la anterior: Bsta^vaganto.
JEROGLÍFICO.
(De D. Joan Pablo Fomer.)
tTn ladrón eoaolei»ado.—M... P..., especiero de Castres, ^s
propietario de una viña y de una casita en Peyrous. Habiéndose
apercibido que hacia algún tiempo que le bebían el vino, fué hace
pocos días á su ptopiedad para mudar la cerradura de la bodega.
Pero cuál sería su admiración al hallar sobre la llave del tonel
una cqa que contenia una moneda de oro y nn billete con estas
palabras: «Veinte francos de restitución por el vino que os he bebido.»
]E1 especiero aún no ha vuelto de su sorpresa!
ün soldado andaluz, después de haber hecho la campaña de
África, obtuvo su licencia absoluta y se maicbd al pueblo natal
á contar sus proezas á su familia.
—Tamos, ¿qué eosa notable has hecho en África T le preguntó
su madre.
—Cortarle las piernas á un moro.
—¡Vaya una ideal ¿Por qué no le cortaste la cabeza?
—Porque no la tenia.
—|C<5mot ¿no tenia cabeza?
—No: porque otro que pasd ante» que yo,, se la había cortado ya.'
ACERTIJO.
¿Cuál es el nombre de un moro,
compuesto de cinco letras, '
que forma más de un millar
si lo lees á la inversa?
La solución en el próximo número.
Solución ál anterior:
Altt«rea M i e v w i ,
«Ivldan vlt^oé.'
i—L.—:—1—V
; ,,.,•,
LA GUIRNALDA.
PRECIOii » £ SVí^ltlCIOlir.
Madrid, mes. . 4 rs. Trim. . 12. Sem. 24. Alio. 48
Proviitclas, .
i d ; . 14. > Id. . 28i
!d. . 60
Eittranjero y Ultramar, hatStottdo la stikoFletoB «a la ^
Administración
80
Id. Id. snacrlbiéndose por medio de comUiioBados. 100
. rs. 0
Numeres s u e l t o s . ¡ g - - J - » ' ^ ...
4
Piezas de música.. .^ . • • • •
4
Se Insertan añónelos á precios conv«iclottaIeft.
Admluistraoion, Htamaxnta, t T 9 • tcFctro, dertcha,
,-^ ,^
'
*
Madrid: 1869.—Estab. tip. de|K)LDAN, Saénnento,5.
Descargar