Un beso bajo el muérdago (Spanish Edition)

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Unbesobajoelmuérdago
AnabelleBlack
SINOPSIS
Natasha Jenkins no tenía ni idea de qué hacer cuando se encontró en
mediodelafiestadeNavidaddesuempresa,juntoasujefe:elirresistible
e insensible Nathan York, en un una situación... ¡de crisis! ¡Crisis de
placer!
Conlasvocesdetodossusempleadoscoreandoagritossunombrey
esperandounbesodepelícula,Nathansedejóllevar.Llevabademasiado
tiempo anhelando probar el sabor de aquella chica buena y, al fin, había
llegadosumomento.¿QuéocultaríaSashabajoaquelaspectodeseñorita
Rottenmeier?
La aventura empezó entonces, con un único beso, uno bajo el
muérdagoyquelellevaríaaabrir,finalmente,elcorazón.
Unbesobajoelmuérdago
©1ªediciónagosto2015
©AnabelleBlack
Portada:©Fotolia
Quedatotalmenteprohibidalapreproduccióntotaloparcialdeesta
obraporcualquiermediooprocedimiento,yaseaelectrónicoo
mecánico,alquilerocualquierotraformadecesióndelaobrasinla
previaautorizaciónyporescritodelpropietarioytitulardelCopyright.
ObraRegistrada
Índice
SINOPSIS
CAPÍTULO1
CAPÍTULO2
CAPÍTULO3
CAPÍTULO4
CAPÍTULO5
CAPÍTULO6
CAPÍTULO7
CAPÍTULO8
CAPÍTULO9
CAPÍTULO10
CAPÍTULO11
CAPÍTULO12
CAPÍTULO13
CAPÍTULO14
CAPÍTULO15
CAPÍTULO16
CAPÍTULO17
CAPÍTULO18
CAPÍTULO19
EPÍLOGO
CAPÍTULO1
«Oh,no.No,no,no,no.Estonopuedeestarpasándome.Noamí.No
hoy».
Natasha,Sashaparalosamigos,seencontródeprontoconaquellos
fuertes brazos rodeándola, unos con los que llevaba soñando meses,
mientras aquella boca descendía sobre la suya para darle el beso más
tórrido,decadenteyabrasadorquelehabíandadojamás.
Su cerebro dejó de funcionar en el segundo en que sus labios se
rozaron,sucorazónlatíaapresurado,salvaje,comosiplanearaabandonar
su pecho, mientras sus rebeldes -y muy traicioneras manos- rodeaban el
cuellodelhombrequeestabadándoseunsuculentofestínconsuboca.
Sintiólacariciaantesdequelarozara,sualientoeracálidocontrasu
piel,lahumedaddesulenguaincendiabasusangrecomosolounhombre
comoélpodíahacer.Unoquenoeraenabsolutoparaella.¿NathanYork,
el sex symbol? ¿Nathan el rico, maleducado y cochino? ¡No! ¡No podía
ser!Teníaqueacabarconaquellalocuraenaquelmismoinstante.
«Solo un minuto más». Suplicó esa parte de sí que se obligaba a
mantenerocultalamayorpartedelosdías.Unamujernopodíamedraren
la vida si se convertía en puro fuego cuando un hombre la tocaba y ella
habíaaprendidoesoporlasmalas,asíquenopensabadejarsellevar.En
unmomentopararía,yaestabaparando.
El mundo parecía haber dejado de existir. Las voces de sus
compañeros de trabajo silbando y cantando vítores mientras el ser más
pecador y caliente del mundo se apoderaba de ella y la convertía en una
mera masa de huesos y músculos derretidos, sin posibilidad alguna de
pensar,irrumpierondenuevoensumundo,cuandoloslabiosdeNathanla
dejaron ansiando más. Sintiendo el frío que su ausencia dejaba en cada
diminutacéluladesuser.Losojosverdeslaatraparon,perosuhechizono
leimpidióverlasocarronasonrisaqueyaestabaesbozandoyquelograba
hacer aparecer las arruguitas propias de esa expresión. Aquellas que
siemprelehabíanparecidotansexys.
—Vaya,Natasha.Nuncalohubieracreído.Sabestanbien...
Alguien habló antes de que ella tuviera tiempo de responder algo,
cualquiercosa,salvándoladelinminenteridículo.
—Ey,jefe.Sisiguesasívamosatenerquepagarteunanochedehotel
o cerrar los ojos. —El coro de risas los rodeó, haciéndola sentir
completamenteincómoda.Rompióelcontactoylofulminóconlamirada.
Pasadalaenajenaciónmentaltransitoriaysuperadoelmomento:
—No vuelvas a acercarte a mí —exigió. Le hubiera gustado que su
voznotitubeara,peronologróreunirtodasuconcentración.Letemblaba
labarbilla,laspiernasapenaslasosteníanysutraicionerocorazónseguía
latiendo tan rápido como al principio. Estaba claro que aquel hombre la
volvíadelrevésyaquellonoeraalgoquesepudierapermitir—.Nome
toques.
Nathan arqueó una ceja divertido y no solo no la soltó sino que la
pegóasucuerpoyapretósutrasero.
—¿Y se puede saber quién me lo va a impedir? —murmuró en su
oído, haciendo que su aliento le rozara la sensible piel del cuello—.
Porqueacabasdederretirteentremisbrazos,nena,ynopuedodecirque
nomeguste.
Ellacontuvoelaliento,tratandodereunirtodalafortalezanecesaria
paraplantarlecarayapartarsedeél.
—Nomegusta—contestóencambio,sinmoverseniunápicedesu
lugar—.Nomegustanada.
—Mientes.
De nuevo los empleados, aquellos que habían trabajado con ella
durantelosúltimoscuatroaños,compartiendomomentosprofesionalesy
nada más, la traicionaron. Sabían que odiaba mezclar el trabajo con su
vida privada, quizá se vengaban de ella por todas las veces que había
decidido corregir, sugerir o cambiar algo en pro de la perfección total,
quizásinconsultar.
—¡Bésala otra vez o sal de ahí! —Se burló Max, reconoció su voz
porquehastahacíabienpocohabíasidoamigosuyo.Otodoloamigoque
podíallegaraseralguienconquiénquedabasparatomarcaféenlahora
dedescanso.
—Vamos nena, saca la fiera que llevas dentro —sugirió Kara, de
contabilidad—.Dejaelpabellónbienalto.
«¿Es que acaso todos se habían vuelto locos?», pensó para sí,
completamente perdida en las sensaciones que la recorrían haciéndole
desearmás,muchomás,cosastansalvajescomoarrancarlelaropa,saltar
sobreélydevorarlo.
—No vamos a decepcionarlos, ¿verdad? —preguntó Nathan
acariciandosurostroycolocandoeltraviesomechónquehabíaescapado
desurígidomoño—.Tendrásquebesarme...—empezó,bajandolavozun
instante después solo para ella, con un reto claro entre los dos—. Si te
atreves.
Las voces seguían exigiendo y reclamando, Natasha sabía lo que
todosesperaban,loquequerían,loquesabíanqueellanuncaharíayno
pudoevitarpensar:«quelesden».Seirguió,sequitólasgafas,sepusode
puntillas,loabrazóyledioelbesoquesiemprehabíasoñadodarle.Cada
Navidad,durantelosúltimosaños,cuandohabíaansiadoyevitadoapartes
iguales coincidir junto a él en aquel lugar. Justo bajo el muérdago.
¿Cuántashabíanestadoensupuestoenelpasado?Casitodas,peronole
importaban.Ningunadeellaslohacía.ErasuturnoyNathanYorkseibaa
enterarexactamentedeloqueerabesaraNatashaJenkins.
***
Cuando los labios de la señorita Rottenmeier tocaron los suyos,
Nathansevolviócompletamenteloco.Loqueplaneabaserunmomentode
risas y aprieto (para ella, por supuesto, nunca para él), se convirtió en
algomás.Algoletal,emocionanteyapasionado.
Sucuerporeaccionóenrespuestaanteeldeseodeaquellaymientras
sumiembroseerguíabuscandoconsuelo,lasmanosdeellaloreclamaron
y su boca lo poseyó. Minuciosa y abrasadoramente. ¿Cuánto habría
bebido?
Losgritosdenuevolosrodearontrayéndolodevueltaalarealidad,
ellasealejó,poniendoespacioentreambosyconunbrillosalvajeenla
mirada. Algo que nunca había visto antes o que, quizá, no había querido
ver.Susanodinosojoscastañosnuncalehabíanproducidounarespuesta
tan desconcertante como aquella. Si había una mujer que no le atrajera
sexualmentehablandoesaeralaseñoritaJenkins.Siempretanautoritaria,
rígidaylejana.Lamásseriaydistante,lamásfría.
Secuadrófrenteaélyalzólabarbilla,loenfrentósinmiedoytuvo
la audacia de sonreír, era como si estuviera gritando a pleno
pulmón:«jaquemate».Ylociertoeraquelohabíadejadocompletamente
K.O.
Natashapusoespacioentreambos,lediolaespaldayvolviójuntoal
grupo de gente con el que había estado antes de que llegara. No sabía
quién la había empujado a sus brazos, pero tenía que descubrirlo, se
merecía un aumento. Le había abierto el campo de juegos y a Nathan le
encantabajugar.
Sonrió, ella había dejado abierto un reto, había lanzado el guante a
sus pies y él tenía todas las intenciones de recogerlo. ¿Creía haber
ganado? Pronto le iba a demostrar que los hombres como él jamás
perdían,seguramenteantesdequeterminaraelañoestaríacomiendodesu
mano.
Miró el reloj, casi era medianoche, quedaban un par de días para
Nochebuena y al día siguiente tendrían que trabajar, así que decidió dar
porconcluidalafiesta.
Mientras la veía alejarse, sonriente y sin preocupaciones, con aquel
feotrajeunisex,quedisimulabatodoelcuerpoquehabíapalpadohacíaun
momento, y el desordenado moño, supo que tenía que hacerla suya,
aunquefueraporunbrevemomento.Necesitabadescubrirelsecretoque
ocultababajoaquelenvoltorioquenoparecíasermásqueundisfraz.
La reacción de su cuerpo, materializado a través del dolor de su
entrepierna, le recordó el placer que le reportaba la caza, especialmente
cuandoelcazadorseleccionabaasupresa.
Ahora solo era cuestión de esperar. Surgiría el momento, ganaría
aquellaapuesta.Unaquehabíahechoconsigomismoyenlaquesemoría
deganasdeparticipar.
Natashaibaadescubrirloqueeraunhombredeverdadynisiquiera
loveríallegar.
«Yaeresmía,tigresa.Vamosajugar».
CAPÍTULO2
—¡Mamá!—gritósuhijomientrascorríacomouncohetehaciasus
brazos y aterrizando cual proyectil. Su peso la aplastó, pero se obligó a
sostenerloconfirmezaynotambalearse.Derekteníaseisañosyestabaen
lomejordelavida.Nocambiaríanadadesupasado,soloporelhechode
quedetodolomaloquehabíatenidoquesoportar,habíanacidoél—.¿Me
hastraídoalgo,mami?
Sashaserioyfrotósunarizenelcuellodelpequeño,aspirandosu
aroma.Seguíaoliendoabebé,ledabaiguallomuchoqueélseempeñara
endecirqueyaeragrande,paraellasiempreseríasuniño,nuncaseharía
mayor.Haríaunpactoconeldiabloparahacerlevivirasíparasiempre.
—Te traje lo que te prometí. —Sacó de su bolso la cajita de
bombonesconquelaempresaobsequiabatodoslosañosasusempleados
yselaentregó.
Dereklaapretócontrasupechoycorriódondesuabuela.
—¡Mamá me la ha traído, abu! Mira, mira. Tienen de los que te
gustan,todoslosdecaféseránparati.
Sasha sonrió mientras se quitaba el abrigo y lo colgaba en el
perchero,secambiabaloszapatosporlaszapatillasdefelpa,muchomás
cómodas,ycaminabahaciaelsalón.
—Hola,mamá—saludóbesándolaenlamejillaydejándosecaerasu
lado, mientras advertía a su hijo—: Uno cada vez. No quieres ponerte
malo.
—No voy a ponerme malo, mamá. —Miró a su abuela buscando su
complicidad y la mujer mayor sonrió, dejó la labor que había estado
haciendo -un jersey navideño bastante grotesco, que siempre insistía en
quesupadresepusiera-yasintió.
—Tumadretienerazón—advirtióysedirigióasuhijaentonces—.
¿Cómofue?
—Aburridacomosiempre.Noséniporquévoy,laverdad.Noesque
sea...obligatorio.
—Vasporqueyaeshoradequeempiecesasalir,hija.¿Cuántotiempo
llevasencerradaentreestasparedes?—Sumadrenegóconreprobación,
sinesperarlarespuestaaaquellapreguntaretórica.Laconocíademasiado
bien—.Tupadreestápreocupadoporti.
—¿Y cuándo no? —Sonrió ella—. Sabes que papá se preocupa por
todo,asíqueesonocuenta.
Derekcorrióasentarseenelregazodesumadreyleofreciólacaja.
—¿Comesunoconmigo,mami?
Teníalacaramanchadadechocolate,susdedosestabanpringososy
nopodíadecirlequeno.Siemprelohacíanasí.Élcomíauno,elladecíano
más y su hijo se salía con la suya cuando le pedía compartir. Al final,
partíanunomásalamitadyéllocomíacomosifueralomássabrosodel
mundoentero.
—Estábien,perounosolo.¿Entendido?
—¡¡Sí!!Ylevoyadarunoalabuelo.
—¿Ydóndeestáelabuelo,sisepuedesaber?
Dereksonrióyseñalóaltecho,haciaelpisosuperior.
—Está hablando por teléfono con los Reyes Magos y Santa Claus,
paradecirlequemeheportadobien.Noselepuedemolestar,porsiacaso.
Esbastantedifícilquetengancoberturaallídondeviven.Santacontanto
fríoylosreyescontantocalor...YocreoquedeberíantrasladarseaSan
Francisco,asíseríamejor.Hayunacasaenlaotracallequeestávacíay
seríagenial,¿nocrees?
Natashaserioanteladefensadesuhijoyloatrajoasusbrazos,para
besarlominuciosamente.
—Creo que tienes mucha razón, hay un par de cosas que quiero
pedirle.
Elniñobajólavozyprocurósusurrar,aunquesuabuelaloescuchóy
tuvoqueesforzarseendisimularunasonrisa.
—¿Unpapá?
—Ya hemos hablado de eso, cariño. Los Reyes o Santa no traen
papás, traen juguetes y algunas otras cosas... —explicó por infinitésima
vez—.Ademástútienesunpapá.
Dereksecruzódebrazosmolesto.
—Puesnomequiere,¿paraquélotengo?Nisiquieramegustansus
regalos.
Su madre se levantó disimuladamente y bostezó. Sabía cuál era su
intención:dejarlasolaanteelpeligro.¿Yquépodíahacerella?Aquelera
suproblemanodesuspadres,teníaquehablarconsuhijo,otravez.
—Cariño,mevoyalacama—expusobesandoasuhijayatrapandoa
sunietoduranteuninstante,antesdedejarlossolos—.Iréavercómovaa
esallamada,mañanatelocontaré.
Sashasentóasuhijoensuregazoyacariciósucarita.
—A ver mi amor, esto es importante. Tu padre te quiere, no puede
estarconnosotros,peroesonosignifica...
—Nomequiere,meregalacosas,mamá.Esonoesquerer.
—Bueno,Derek.Notodoslospadresymadrespuedenvivirjuntos—
expusotratandodeocultarsudolor—,esonosignificaquenotequiera.
Trabajamucho,vivelejos...noesfácil.
Elniñosedesinflóypareciótanvulnerablecomoenrealidadera.
—Pero sí quiere a su otro hijo y a la mamá de Kevin, ¿por qué a
nosotrosno?
Eso era lo que le hubiera gustado saber a ella, antes de que le
destrozara el corazón, le mintiera y los dejara a los dos tirados, sin un
duroenelbancoytotalmentesolos.
Cerrólosojosytomóaliento,abrazandoasuniñoydandogracias
ensilencioasuspadresporhaberlosacogido,nosabríadóndeestaríande
noserporellos.Sinpensión-puesnohabíanestadocasadosynisiquiera
habíareconocidoasuhijo-,sincariñoniprotección.Sinamor.Devezen
cuando aliviaba su conciencia enviando algún regalo caro para Derek y
alguna breve nota como «Feliz Navidad». Sin muestras de afecto, nada
másqueunapostalimpresaconunafirmaapresurada.
Natasha estaba convencida de que no era Sutton, sino su secretaria
Molly quién lo hacía. Sabía que Molly se sentía en parte culpable por lo
quehabíasucedido,aunquetodalaculpahabíasidosolopropia.Natasha
habíasidounaidiotayhabíapagadolasconsecuencias.
—Los mayores a veces hacen cosas estúpidas, cariño —expuso,
sintiéndose demasiado identificada con aquella verdad—. Sin embargo,
esonosignificaquenotequiera.Estámuyocupado,tienemuchotrabajo
enlaempresayestámuylejos.
—Me da igual, mamá. No lo quiero —dijo el niño, pero los
lagrimonesyacaíanporsurostropartiéndoleelcorazón—.Tetengoyte
quieroati.—Laabrazóconfuerzaysorbió,dejandolosbombonesaun
lado—.Yalaabuelayalabuelo.Ellossísonbuenos.
—Muybuenosytútambién—locargóentresusbrazosysonrió—.Y
ahoramamávaallevartealacama,teleeráuncuentoy...
—¿Haráslasvoces,mamá?
Natashaserio.
—Todasycadaunadeellas,miamor.Loprometo.—Hizounacruz
sobresucorazónybesóeldedo,Dereklaimitóysonriódespués.
—Vaasergenial.Hoyquieroquemecuenteseldelostrescerditos.
AunquecomoestamosenNavidad,noteolvidesdeladecoración,mamá.
¡Esmuyimportante!
—Muchísimo,andaquesimeolvidodelgorroodelosregalos...
—¡Nadieseolvidajamásdelosregalos!
CAPÍTULO3
Nathan no pudo evitar la sonrisa que apareció en su rostro en el
mismoinstanteenqueNatashalocalizóelpaquetesobresumesa.Sehabía
esmeradoenquefueralosuficientementegrandecomoparadespertarla
curiosidaddetodosloscompañerosdesuestiradaempleada.Suintención
erarompersucorazay,seguramente,convertirseenlacomidilladetodos
elloslograríaunagrieta,aunquefueraunadiminuta.Semoríadeganasde
vercómosalíadeaquella,quéseleocurriría.
—Señor,laseñoritaJenkinslollamaporlalíneados,¿quiereque...?
Noladejóterminar,sinoqueélmismocogiólallamada,sindejarde
observarla a través del cristal. No importaba que estuviera de espaldas a
él, podía imaginarse su indignación, en vistas de la tensión que podía
percibirseensucuerpo.
—¿Cómoseatreveaconvertirme...?
—¿Algúnproblema,Natasha?
Rechinó sus dientes ante el tono superior que había usado
intencionadamente. Él era su jefe, ella su empleada; lo cierto era que no
podíahablarlibrementeyamboslosabían,almenosallí.
Si se sublevaba podían pasar dos cosas: o bien perdía su trabajo o
biensesometeríaalescrutinioyrechazodetodaslasfanáticasdeNathan.
Lasmujeresdelaoficinaloadoraban,atodaslashabíabesado,aunqueno
sehubieraacostadoconninguna.Eltrabajoeraunacosayelplacerotra,
¿verdad?Perohabíaciertoslímitesquesiemprepodíanrozarsesinalterar
lanorma.
—Sabemuybiencuálesmiproblema.Sellamaramodeflores,está
ocupandomimesayllamandolaatencióndetodoelmundo.Sincontarlas
risitas por esa estú... por esa nota —terminó obligándose a controlar su
temperamento.
Y cada vez estaba más claro que lo tenía. No era ni tan fría ni tan
controladacomoélhabíapensado.
Unpuntoasufavor.
—¿Hayalgúnproblemaconeso?Fueungranbeso,nopenséquele
molestara. Suelo enviar flores a las mujeres bonitas, cuando me besan
comoustedlohizo.Claroquesisesienteamenazada...
—¿Amenazadayo?¿Porquéibaasentirmeamenazada?Nomegusta
ser el centro de los chismorreos señor York. Soy la correctora y nada
más, por favor, no haga algo similar otra vez —terminó, aunque no se
atrevióacolgarelteléfono,hechoquelodivirtió.
—Bien, señorita Jenkins. Si tan claro tiene que no soy una amenaza
para usted, entonces no entiendo su evidente molestia. Tan solo es
un«gracias» por un beso. La verdad es que deberíamos practicar y
mejorarlo,todavíaquedalafiestadefindeaño,¿verdad?
—Fiesta a la que no iré —espetó ella furiosa— Probablemente, no
volveréaninguna.Buenosdías,señorYork.
Yentoncessícolgó.
Nathan soltó una carcajada. Primera grieta hecha. Ah, qué fácil era
estimularla. ¿Sería tan sencillo encontrar la respuesta que esperaba una
vezestuvieraensucama?
Porqueibaaestar,soloeracuestióndetiempo.
Marcó un número de teléfono y esperó, en cuanto le contestaron al
otroladoenunció:
—Quieroreservarunamesaparados,alasochoestaríabien.Esalgo
romántico,asíquenecesitounlugaríntimo.
Alguien tomó las notas mientras él se deleitaba en su bien hacer.
Prontoibaatenerlacomiendodesumano.
Nopodíaesperarmásparaseducirla.
Sucuerporeaccionóconelpensamientomientrassusojosbuscaron
al otro lado, en su mesa, y la encontró mirándolo. Le sonrió lenta y
seductoramente, mientras le guiñaba un ojo. Ella lo ignoró y se giró
dejándoleclaroquenoexistíaparaella.
O quizá lo que realmente quedaba claro era que la alteraba como
nadiemáshabíalogradohacer.
Ibaaserunamuyinteresantecaída,nopodíaesperarparaverhacia
dóndeibatodoaquello.
Sin duda a algún lugar lleno de placer, pecado y un amistoso e
intensointercambioentreambos.
***
—Vamos,Kara.Nopuedesestarhablandoenserio—dijomirandoel
nuevopaquetequeteníaentrelasmanos.Lamujerencuestiónnoerauna
gran amiga, pero habían salido un par de veces a tomar un batido y
conocía, muy por encima, una minúscula parte de su historia—. No
necesito... esto. —Bajó la voz con la esperanza de que nadie se fijara en
ellas, cerró la bolsa de papel con el sonriente Santa y negó mientras
ocultaba el contenido bajo la mesa—. No puedes hacer... este tipo de
regalos.Menosenlaoficina.¿Acasotehasvueltoloca?
—Tienesqueserunpocomásaventurera.Tefaltaeso.
—Soy todo lo aventurera que quiero y puedo ser. ¡Por Dios! ¿Se
puedesaberquéledigoamimadresiencuentraesto?—resoplóylepegó
unapequeñapatadaalabolsa,alverqueMaxseacercabaaellas.Tomóla
silla,lagiróysesentóapoyándoseconlosbrazosenelrespaldo.
—¿Cómo están las mujeres más guapas de la oficina? —preguntó
notandodeinmediatolaincomodidaddeNatasha—.¿Yquétetienetan...
notú?—Habíaunagenuinasorpresaensupregunta.Todosallísabíanque
eralamaestradelcontrol,sinembargosesentíanerviosa,alteradayfuera
desí.
—No me pasa nada, Max —respondió pasándole un bollito que le
habíaguardado—.Toma,eraelúltimoymeacordédequeestufavorito.
Maxsonrióylepasóunbrazoporloshombros,haciendoquesusilla
seinclinarapeligrosamente.
—Ereslamejor.Gracias.—Lotomóylediounbocadomirandoa
Kara—.¿YquéoshatocadoesteañoenNavidad?¿Osgustaelregalode
vuestroamigoinvisible?
—¿Amigoinvisible?—preguntóSashamirandoconobviaintención
aKara—.Comosinosupiéramosquiénnoshatocado.
—¿Y a ti quién te ha tocado, querida Natasha? —preguntó Max
divertido, soltándola y haciéndose con la esquiva bolsa, que tan
desesperadamentetratabadeocultarle.
—Comositelofueraadecirati...Quevosotrosnosepáisguardarel
secreto,nosignificaqueyonopueda.
—Venga, preciosa, ¿no te cansas de ser tan seria? Desmelénate un
poco—abriólabolsaysoltóunjuramento—.Andamimadre.¿Enserio
le has regalado...? —estalló en sonoras carcajadas ante una muy molesta
Sashaquelodespojódelabolsa,lahizounabolaypretendióesconderla
ensubolso.
—Niunasolapalabra.
—Vaya, señorita Jenkins —dijo a su espalda la última persona que
desearía haberse encontrado en aquel momento—. ¿Qué es lo que tan
afanosamente trata de ocultar en el interior de ese... bolso? —finalizó
aunque con un tono de ligera desaprobación—. Es norma de la empresa
compartirlosregalosconloscompañerosyeljefe,porsupuesto.
—¿Desdecuándo?—inquiriótratandodecerrardesesperadamentela
cremallera.
—Desde hoy —declaró Nathan mientras tiraba de él y se lo
arrebataba,sindarletiempoaapartarlo.
—¡Esoesunainvasióntotalamiintimidad!
—Mmm quizá tenga que pedir que a partir de ahora las empleadas
venganconbolsotransparente,porsiescondenalgúnarma.
—¡Esoesunaidiotez!—Suvozsonóchillonamientrasseponíatoda
roja e ignorando a toda la gente que iba rodeándolos con curiosidad,
tirabadelobjetocomosilefueralavidaenello—.Suéltelo,señorYork.
¡Noessuyoparatocarlo!Noquieroquetoquemiscosas.
—¿Porquétantointerésporocultarmealgotannormalcomo...?—
Nathan abrió la bolsa y miró el contenido sorprendido—. Vaya, nunca
habríaimaginadoquedisfrutaradeestetipodeactividad,señoritaJenkins.
—Sacó un diminuto vibrador con un mando a distancia, mientras el
hombrelededicabaunasonrisabrillanteycompletamentedepredadora—.
Esustedunacajallenadesorpresas.
Ella se colocó el pelo y tiró de su chaqueta hacia abajo, a pesar de
queestabatodadesarregladaporelintentodelucha.Recogiósubolso,le
arrebatóeljuguetey,tanorgullosamentecomopudoytotalmenteerguida,
abandonólasala.
Elcoroderisasdesuscompañerosdetrabajolasiguióhastaelbaño,
donde se escondió y trató de contener sus lágrimas. Todas ellas de
vergüenza. ¿Todo aquello por un beso? Imaginó que quería vengarse de
ella,porhabertenidoquebesarlaoquiénsabía.Nuncahabíaentendidoa
loshombresynoibaaempezarahacerloahora.
Inhaló todo el aire que pudo tratando de calmarse, pero su corazón
estabaherido,noporélsinoporsímisma,porhabersedejadocaeruna
vezmásenlatrampa.Lohabíabesadocomolamujerardientequeunavez
se había enamorado y se había entregado no a una perversión, sino a
todas, por el hombre que no solo la había dejado embarazada, sino
abandonadasinmiraratrás.
Nathan York, aquel playboy maleducado y dañino, no iba a lograr
nadamásdeella.Sieranecesario,buscaríaotrotrabajo.
Noqueríasabernadamásdeningúnhombre,cuántomáslejosdeella
estuvieran,muchomejor.
Odió el hecho de que Kara le hubiera regalado aquella estupidez,
odióelhechodehabersesumadoaaquellalocuradelamigoinvisible.Era
unamujersinamigos,estabaclaroqueniloshabíatenidoniibaatenerlos
jamás,asíque...¿paraquémolestarse?Lomejorquepodíahacereradar
mediavueltaydejaratodosaquellosimpresentablesallí.
Nopensabapermitirquelerompieranelcorazón,nootravezydesde
luegonoelprepotentedesujefe.
Era fuerte, era fría y podía hacer frente a la situación. Sucediera
como lo hiciera, estaba destinada a salir adelante, por Derek, por su
familiay,sobretodo,porsímisma.
¿Queríaponerlaenevidencia?Bien,noselopermitiría.
Podíajugarcomoelmejor;ysiloqueestabaenjuegoerasupropia
integridad y su corazón, no dudaría en hacer cuantas trampas fueran
necesariasparaganar.
Nathan no sabía con quién se había metido pero, ahora sí, iba a
descubrirlo.
CAPÍTULO4
Un pinchazo de culpa le borró la sonrisa del rostro y con un solo
gesto logró que todos sus empleados dejaran de reír para retomar sus
actividades.Quizásehabíapasadodelaraya,habíaidodemasiadolejosy
deberíapedirperdón.
Seencaminóhaciaelbañoylaencontróenelpasillo,devueltahacia
supuesto.Habíarecompuestosuaspecto,caminabacondecisiónyparecía
dispuestaaignorarlo.Aunqueclaro,noeraqueselofueraapermitir.
—Temoquemeheexcedidoyquierodisculparme,Natasha.
—¿YanosoylaseñoritaJenkins?—preguntóconacritud,lafrialdad
presenteensutonodevoz.
Lo contempló solo un instante, esgrimiendo la frialdad de la que
llevaba haciendo gala los últimos años, toda para protegerse de él y
dejarleclaroquenoibaadejarlepenetrarsusdefensas.
Nathanjuraríaquehabíarestosdelágrimasensusojos,sinembargo
elrestodesuaspectoeratanperfectoqueimaginóqueeraalgúnefectode
luzosuextremadasensibilidad.
«Comosipudierassersensible»,ledijosusubconsciente.
Lo cierto era que esa virtud en concreto no se había desarrollado
jamásenél.Unapatatateníamás,seguro.
—SeñoritaJenkins,permítamedisculparme.Noqueríahacerlepasar
unmalrato.
—Y ahora crees que soy idiota —contrarrestó tuteándolo—. Mira
Nathan,noséaquéestásjugandoniporqué.¿Todoesporeseestúpido
beso? No fue ni placentero ni algo trascendental. Solo una tradición, así
que olvídalo y permíteme seguir mi camino. —Sus ojos eran sinceros
cuandolomiraron.Nohabíadoblejuegoo,almenosél,nolopercibió.
—Déjamecompensarteporloqueacabadepasar—pidióconcierto
tonillo de súplica—. Me he portado como un capullo, pero puedo ser
encantador si me esfuerzo. Solo dame una oportunidad, Natasha. Si la
cago,juronomolestartemás.
Laaludidaempezóanegar,lomiróynegóconmayorímpetu.
—Tú y yo somos demasiado diferentes, además no mezclo vida
personalytrabajo.Aceptotusdisculpas,ahoradéjamepasar.Yaestátodo
claro entre los dos. Sin rencores —aportó como coletilla final mientras
luchaba por sobrepasarlo para volver a su mesa y olvidar aquel
desagradableepisodio.
—Vamos, no puedes dejarme así. Permíteme compensarte, quiero
explicarteporqué...
—No necesito ninguna explicación —espetó dándole la espalda y
pasandodelargo.
Nathanlaaferróporelbrazoobligándolaadetenerse.
—Quizátúnolanecesites,peroquierodártela.Vamosaver,mírate,
pareces la señorita Rottenmeier y después... te beso y todo es diferente.
¿Acasotúnoestaríasintrigadaenmilugar?—inquirió,pudonotarcómo
aqueltemperamentoquetantoseesforzabaenocultarestabaallí,casienla
superficie,soloteníaquepresionarlaunpocomás—.Claro,aunquequizá
noteatreves.Lasmujerescomotúnosearriesganjamás—soltóelaire
—.Tienesmiedo.
—¿Miedoyo?¿Dequé?¿Deti?¡Ja!
Nathan podía jurar que había fuego en su mirada. Observó
disimuladamente cómo sus puños se apretaban, seguramente estaría
clavándoselasuñasenlapalmadelamano,peronoparecíaimportarle.
—Entonces, demuéstralo. Esta noche. En el Kokkari. Prometo no
morderte a no ser que tú lo desees o... que otra ramita de muérdago se
empeñeenponernoslascosasdifíciles.
—Estáscompletamenteloco,NathanYork.Yosoyloqueves,¿cómo
mellamaste?¿SeñoritaRottenmeier?Noséquécreístevereneseestúpido
beso, pero solo soy tu empleada, una correctora con pocos amigos, a
quiénlamayorpartedelagenteaquívecomosolitaria,antisocialypoca
cosaengeneral.¿Porquécreesquetevitoreabanparaquemebesaras?
Negó,susojosbrillaban,nosabíasiproductodeldolor,lafuriaola
determinación; pero fuera lo que fuese, allí estaba, esa chispa de pasión
quehabíalogradoincendiarlelasangreconunsolocontacto.Noquería
unarelaciónconella,tansoloqueríaexplotaraquellaatracción,descubrir
hastadóndellegaba.
Habíaestadoconmásmujeresdelasquepodíarecordar.Detodoslos
tipos, principalmente hermosas, con cuerpos perfectos y carteras aún
mejores.Secodeabaconlagentebiendelaciudadyteníauntrabajoque
si bien no era el de sus sueños, lo había dejado muy bien situado. Le
gustaba ser ejecutivo y controlar las vidas de sus empleados -al menos
hasta el punto en que eso podía ser hecho dentro de la empresa-.
Disfrutaba con el respeto y la pequeña chispa de temor que infundaba,
especialmente a algunos de ellos. A fin de cuentas podía afirmar que le
gustabaelpoder.
No era que fuera dominante o anhelara golpear con un látigo a sus
siervos,nadamáslejosdelarealidad,perosuposiciónledabaunamplio
margendeacciónydisfrutabaejerciéndolo.
Sin embargo, con el tiempo se había dado cuenta de que los retos,
especialmenteconalgunasmujeres,yanoeraloqueunavezfueron.Ellas
se arrojaban a sus pies y casi suplicaban que las poseyera, él prefería la
caza.Siemprehabíasidoundepredadoryúltimamentesesentíahastiadoy
quizá aburrido. Nada en su vida le suponía un desafío a excepción de la
señoritaRottenmeier,porsupuesto.
Nunca habría reparado en ella de no ser por aquel beso, no era su
tipo y hasta hacía unos días habría jurado que no lo excitaba, pero eso
habíacambiadojustoeldíaanterior.
—Mañana es Nochebuena. Pasado Navidad. Sé mi regalo anticipado
estanoche.
Natashalofulminóconlamirada.
—Nuncavoyaacostarmeconusted,señorYork.Simedisculpa...—
trató de pasar de él nuevamente, como si para ella no tuviera más
importanciaqueladeunmolestomosquito.Esoafectóasuego.
—Siteniegasacenarconmigo,haréquetodosahífuerasepanque
no sabes aceptar un desafío. Quizá hasta tenga que hablar con la junta
directiva,queremosgenteconiniciativano...cobardes.
Supo que había metido la pata en el instante en que ella se giró
lentamenteyloenfrentó,fulminándolo.
—¿Meestáamenazando,SeñorYork?
—¿Yo?—preguntóinocente—.No.Tansolodigoquéesperodemis
empleados,nadamás.Deberíaesforzarseunpocomásensustareas.
Natasha explotó, la comedida y recta señorita Jenkins lo enfrentó y
gruñó-literalmentegruñócomounatigresacabreada-,loapuntóconun
dedoylepicóconélenelpecho.
—Detodoslosincompetentesconlosquemehecruzadoenmivida,
NathanYork,ereselpeor—habíaodioensuspalabras.Peroelodiono
era malo, podía lidiar con él, peor habría sido que no le hubiera
provocado nada—. Te crees muy poderoso sentado en tu trono de cuero
entujauladecristal,pero¿sabesqué?Pormásquetehayanhechocreer
queeresundiosnoeresmásqueunmortal.¿Tienesqueacudiralchantaje
para que cene contigo? Muy bien. Lo haré. Iré a ese restaurante, pero
prepárate, porque no pienso ser una cita agradable ni mucho menos
complaciente.Asíquesiloquequieresesfollarestanoche,niñobonito,
yapuedesbuscarteaotra.Porquenisiquieraparaconservarmitrabajome
acostaríacontigo.¿Entiendes?—Lepicoteónuevamenteconsudedo,élla
atrapóylapegóasucuerpo,permitiéndolenotarlarespuestaasuataque.
Lo estaba volviendo completamente loco, lo excitaba y hacía que le
ardieralasangre.Seresistíaaél,peroacabaríarendidaasusencantos.
—¿Puedes sentirlo, señorita Jenkins? ¿Puedes sentir cómo mi polla
reaccionaatuenfado,atufuria,atucercanía?—rozóconsuslabiosla
vena pulsante de su cuello y se pegó más a ella, permitiéndole notar su
estado—. ¿Acaso crees que vas a poder resistirte a esto? Oh, nena,
intentaré no recordarte esta conversación cuando me hunda profundo
entretuspiernasytúgrites:«sí,Nathan,más».
Natashaseapartódeélyloempujódeshaciéndosedelcontacto,podía
sentirsustemblores,podíapercibirlos.
—Ni en tus mejores sueños —gruñó nuevamente, la tigresa estaba
justoallíyqueríahacerlarugirdeplacer.
—Ya lo veremos, querida —murmuró con voz ronca, dejándole
saber lo mucho que lo excitaba—. A las ocho en el Kokkari. No te
retrases,encanto.
Sasha resopló y se alejó de él a toda velocidad. Sus pasos eran
furiososylatensióndesucuerpoledejóclaroqueibaaserunaaventura
redimirla y conquistarla, pero lo haría. Ella disfrutaría aquel juego, lo
estaba disfrutando, y Nathan no podía dejar de pensar en cómo sería
poseerla.
Yloharía,yalocreíaqueloharía.
Aunquetuvieraquellegarhastaelfinalparaatraparla.
CAPÍTULO5
Nathan se sentó en la mesa que había reservado y consultó el reloj
porterceravez.Pasabandiezminutosdelasochoynopudoevitarsentir
cierta incomodidad. Seguramente, no se atrevería a dejarlo plantado,
¿verdad?Aunqueconmujerescomoellanuncasesabía.
Pidióunodelosmejoresvinosdelacartayvolvióamirarlahora.Si
no aparecía, no se lo perdonaría nunca. ¿Y si lo hacía? ¿Qué era lo que
realmente esperaba conseguir esa noche? ¿Sexo? La verdad era que no,
necesitabatensarla,ponerlacontralascuerdas,vercuántotiempotardaba
encapitular.Unavezlohiciera,probablementeperderíaelinterés,como
lepasabasiempre.Lasmujeresyanosuponíanniunretoniunmisterio,
servíanparalobásico:saciarseydisfrutarconellasyahíseterminaba.No
planeabatenerunafamilia,nisiquieralegustabanlosniños,ydesdeluego
jamássecasaría.
En una ocasión lo había tomado en cuenta, hasta que la chica en
cuestiónlotraicionóconsuhermanomayor.SehabíacasadoconKaneya
él eso ya le iba bien, tampoco tenía más trascendencia. Habían roto el
contactoañosatrásynoplaneabarecuperarlo.
Entonces,cuandosehabíaatrevidoacreerenelamor,habíaacabado
conelcorazóndestrozadoyfuecuandocomprendióqueloshombresno
sehabíanhechoparaesascuestiones,sinoparaalgomás.Algodiferentey
placentero. Estaba en el mundo para gozar de todos y cada uno de los
placeres no para encadenarse a alguien que, con el paso de los años,
perdería no solo el buen aspecto y la novedad, sino todo el interés. Una
vezconocíasaunamujer,unavezhabíasgozadodeellayconella¿para
quécontinuarlarelación?Noeradeesos,erauntiburón,llevabatodasu
vida siéndolo. Se deleitaba en devorar a los más pequeños y ocupar su
lugar.
—¿Quierepedirsucena,señor?—preguntóelcamareroquehabían
asignadoasumesa.
Élnegó,molesto,mirandosureloj.SospechabaqueNatashanoibaa
aparecer,peroesperaríaunpocomás.
—Esperaré,porahora.Leavisarémástardesilonecesito.
El camarero asintió, desapareciendo sin llamar la atención. Nathan
sintióinstintoshomicidas.¿AsíquelaseñoritaJenkinsqueríajugarduro?
Puesibaademostrarlecómosehacía,llevabademasiadotiempocazando
enaquellajunglaynuncajamásunapresaselehabíaresistido.
Moríaporescucharsussúplicas,porquecuandolohiciera,tendríala
satisfacción de despecharla y decirle la verdad: que nunca podría
significarnadaparaél.
Selevantó,dejóunbilletegrandesobrelamesaparapagarelvinoy
dejarunapropiaalcamareroyabandonóellocal.
NatashaJenkinsnosabíaconquiénsehabíametido.Noteníaniidea
deloquellegaba,peroestabaapuntodedescubrirlo.
***
Los cristales medio tintados le permitían ver el interior del local y
entonces dudó. Sabía que una vez decidiera dar marcha atrás, estaba
arrojando de nuevo el reto a sus pies, enfadándolo y logrando que
quisierairtrasellaconmásbrutalidad,perosediocuentadequenopodía
hacerlo.Nopodíaenfrentarseaaquello,nootravez.
Susrecuerdoslahicieronrememorarunmomentomuysimilar,otro
hombre, otra ciudad, otro restaurante, pero no había tantas diferencias
entre el entonces y el ahora, quizá más de las que se podían percibir a
simplevista,perosinimportareso,nopodía.Nopodíadarunpasomás.
¿Ladespediríaporsuatrevimiento?¿Quéharíasinaqueltrabajo?
Le había costado mucho empezar de cero, había tardado casi tres
añosenencontrarlo,unavezdespedidadelanterior,ynoqueríanipensar
enemprendernuevamentelabúsqueda.Dereknecesitabacomer,vestirsey
ella era su madre, su deber era procurar su bienestar. Vivían con sus
padres, ni siquiera se había atrevido a comprar un piso o una casa más
grande. No había dado el paso porque tenía miedo, uno demasiado
parecido al terror, no quería cometer otro error y acabar como siempre
habíatemido.Despechada,solayconsuhijodañadoenelproceso.Estaba
mejor como estaba, pero Nathan estaba atentando contra su seguridad,
contraelmundopacíficoyencalmaquehabíacreadoasualrededor.¿Por
quédiabloslohabíahecho?¿Porquélohabíabesado?Debióignorarla
tradiciónynuncadebiódarleelsegundo.Nodeberíahabersentidoaquel
deseodedemostrarnada,noeranadaninadie,nopodíahablarenserio,
nopodíacreerqueella...
No iba a sucumbir de nuevo al placer o a la necesidad de sentir la
pasiónprofundayfuertearraigadaensuinterior.
Yanoeraaquellamujer.
PresencióelmomentoenqueNathanapretólosdientes,laduralínea
desumandíbulaledejónotarqueestabarealmenteenfadado,asíquesupo
quedebíaocultarse.Sealejódelapuertayesperóalotrolado,entredos
coches,deseandoquenosedieracuentadequeestabaallí.
¿Cómolahabíallamado?Cobarde.Yenrealidadloera.Lapeorde
todas, porque tenía pánico a sufrir, a entregar el corazón y que le
arrebataran el alma. No quería compartirse con nadie más, ya no, y con
Nathanmenosqueconningúnotro.
Sabía que su interés era hacerla sucumbir a sus pies, demostrar que
nadie podía resistirse a él. Lo conocía, era igual que Sutton, igual de
salvaje, excitante, guapo y apasionado, a la par que frío, vengativo y un
ser insensible y sin corazón. Los conocía demasiado bien. Si tenía que
renunciarasutrabajoenposdesuintegridadpersonal,loharía,aunque
tuvieraquedejardeladotodoporloquehabíaluchado,Derekeratodolo
que importaba, él y su bienestar emocional. Jamás lo sometería a la
presencia de un hombre parecido a su padre, aunque tuviera que ir a
limpiarcasas,arecogerbasuraocualquierotracosa.
Derekerasumundoyseguiríasiéndolo.Haríatodoloprecisopara
alejarlodelapresenciadehombrescomoSuttonyNathan,aunquetuviera
quesacrificartodassusesperanzasporello.
Noleimportabanadamásqueelbienestardesupequeño.
ObservócómoNathan,elincreíblementeguapo,apuestoyricoseñor
York,subíaasucocheconchóferysealejabacalleabajo.
Habíahecholocorrecto,nada,ningunacantidaddedineroniningún
tesorovalíatantocomoparajugarsesuestabilidademocionalyladesu
hijoporello.
No debía olvidarlo jamás, tenía que ser la señorita Rottenmeier, tal
cuallahabíallamadoél.Fría,lejana,distante...comosifueraunrobotsin
corazón.
Porquelociertoeraqueenrelaciónconelsexoopuesto,hacíasiglos
quelohabíaperdido.
Ynosecreíacapazderecuperarlojamás.
CAPÍTULO6
«Vamos,bonito,solounpocomás».
Una inmensa sonrisa iluminó sus facciones en el instante en que el
reloj marcó las dos: hora de marcharse a casa. Era Nochebuena y la
oficina cerraba un poco antes. Comería con Derek, justo como le había
prometido y, más tarde, podrían ir a patinar. Era una tradición, de sus
favoritas,nuncahabíadisfrutadotantodealgocomodepasaresetiempo
juntos.Soloslosdos.Suhijoyella.
—Pareces muy feliz hoy, Sasha —dijo Max llegando a su lado y
observándola divertido. Llevaba ropa cómoda, unos vaqueros y una
camiseta,estabamediosentadoensumesaylaobservabadecerca.Podía
percibirsuaroma,olíarealmentebien.
Ellasonrióaúnmás.
—Es Nochebuena, ni siquiera yo puedo parecer un ogro en este
mágicodía.
—Pueshededecirquelesientademasiadobienesasonrisa,señorita.
—Tomósumanoylebesólapalmadivertido—.Megustaríaganarmeuna
deesasalgunavez.
Sasha se rio, no pudo evitarlo. La carcajada fue sincera, directa y
pura:
—Estáslocooeresuntotalseductor.Noséenquécategoríaincluirte.
—Algunos y algunas... —alzó la voz para que Kara lo escuchara—
piensanquesoyuncolgado,peronadamáslejosdelarealidad.
Sasha dejó el bolso sobre la mesa y sonrió, le dio un beso en la
mejilla.
—Entonceseresunligónsinremedio.—Sepusoseriauninstantey
añadió—:Esbuenotenercercaagentecomotú.—Posólamanosobresu
corazón—. Eres bueno, eres salvaje, eres un conquistador total, pero tus
sentimientossonhonorables.Nohaysuficientegenteasíenelmundo.
—¿Hasoídoeso,Kara?Ellameama.
—¡Yonohedichoeso!
—Puedequeno,pero...lohaces.¡Meamas!Admítelo.Vamos,vamos,
admítelo.—Pidióponiendomorritosparaqueledieraunbeso.
—Novasaconseguirlo,Max,deberíasdarmarchaatrásantesdeque
alguien (y no diré nombres) te aplaste el ego. —Kara ni siquiera los
miraba, pero su voz sonó alta y clara mientras terminaba de cerrar sus
archivosyguardabalosdocumentos.
—¿Ytúquédices?¿Quedamosestatardeparadarungarbeo,nena?
—Esevocablonoesdemasiadoútilpara...—empezó,éllacortócon
unbesorápidoytotalmenteamistoso.
—Silencio, señorita correctora —advirtió haciéndola reír—. Es
Nochebuena, saca ese superdiccionario que tienes dentro de la cabeza o
mejor:ciérraloporvacaciones,comodebeser.
—Entendido.Terminédetrabajarporhoy,mevoyacasa.Tengouna
cita muy importante para comer —expresó en un impulso, algo poco
corrienteensuformadeser—.Lonuestronopuedeser,losiento.—Lo
besóenlamejilla,recogiósuscosasysaliósonrientehaciaelascensor.
—Ojaláteanimesaponerteunosvaquerosundíadeestos,tienesun
deliciosotrasero,NatashaJenkins—espetó,llamandolaatencióndetodos
los presentes sobre ella—. Espero que ese tipo con el que vas a comer,
sepaapreciartuatractivo.
Ynisiquieraleimportó.Noimportabanada,esedíaDerekeratodo
loquequeríaysutiempojuntosyasolas.
***
Habíaquedadoconotro.
Nathansintiócómolafurialohacíahervirpordentroytirótodoslos
papelesqueteníasobrelamesa.Noibaadejarlamarchartanfácilmente.
Cogiósuchaquetaysalióatodavelocidaddelaoficina.MiróaMax
con frialdad un instante y después lo ignoró, haciendocomo si no
existiera.Escuchóalgodeltipo«quélehadadoaeste»,peronolotomóen
cuenta.Nolegustabaquenadiemostrarainterésensupresayesoeraella,
unapresa,cuantoantesacabaraenlatrampamuchomejor.
Caminóconrapidez,perolaspuertasdelascensorsecerraronantes
dequepudieradetenerla.Bajólasescalerasatodaprisaylaencontróenel
momentoenqueatravesabaelvestíbulo.Habíadecididodejarlaenpazesa
mañana,noqueríaunademandaporacososexual,aunquenofueraposible
queunjuezllegaraatenerloencuentadespuésdeecharunamiraditaasu
atuendo,peroibanajugarasujuego,eltrabajounacosa,elplacerotra.
Ahoratocabaejercersolounpocodepresión,paradarpasoaloque
de verdad quería, tenerla para sí, en su cama, para gozar de su cuerpo
comonecesitaba.
—¿Dónde cree que va, Señorita Jenkins? Aún no ha terminado su
jornadalaboral.
Su voz la dejó quieta en el sitio, presenció cómo tomaba aire
profundamenteysegiraba,casiacámaralenta.
—Es Nochebuena, tengo permiso para salir antes —espetó con voz
profesional, marcando las distancias. Comprobó su reloj y negó—. Ya
llegotarde,asíquenopuedoperdereltiempocontigo.
Hizo amago de volverse, pero él la sujetó por el brazo, dejándola
estáticaenellugar.
—Noaparecisteanoche,¿porqué?
Natashasemantuvoensusitio,alzólabarbillaysenegóadaruna
explicación.
—Noesasuntotuyo.
—¿Queno?Medejasteenridículo.
Ellaresopló.
—Tedejasteenridículotúsolito.—Tiródesubrazosoltándosedesu
firmeagarreysealejó—.Déjametranquila.TengoqueiraveraDereky
meestásretrasando.Noquierodecepcionarlo.
Seapartódeél,poniendosuficienteespacioentreambos.Nathanhizo
rechinarsusdientes.
—Sisalesporesapuerta,notemolestesenvolver.
Natasha se quedó sorprendida; parecía algo desorientada, como si
hubierarecibidoungolpe.
—¡Nopuedeshacereso!
—Sí,puedo.Noloharé,peropodríahacerlo.Deberíasteneresoen
cuenta.
—¿Amenazasotravez,señorYork?
—ComeconmigoydejaplantadoaltalDerek,comohicisteanoche.
Debesermarcadelacasa.
Ellaseenfureció,susojosbrillaronylaelectricidadestáticapareció
lanzarchispasasualrededor.Casiteníamiedodetocarla,porsirecibíaun
calambrazo.
—Nunca,jamás,dejaréaDerek.Niportiniporotrohombre.Tengo
unacita.Esmihoradesalidaysinoestásdeacuerdo,bien,hablacontu
jefe. Si aún así insistes en despedirme, adelante. Daré mi versión, te
denunciaréporacosoyganaré.—Secolocóelbolsocondecisiónyledio
laespaldamientrasatravesabalapuertadelacalleendirecciónasucita.
Creíaquelehabíaganado,estabamuyseguradesímisma,perono
planeabarendirse.
—¿Qué te pasó, cariño? Has salido como loco, ¿esa señora te debe
algo?
Mandy, su ex secretaría, la mujer con la que llevaba un tiempo
acostándosellegóasuladoyleacaricióelpechoconsusmanosperfectas
ysumaravillosamanicurafrancesa.Podíanotarsuscurvaspegadasasu
cuerpo. La entrega y la seducción siempre impresas en su postura,
ofreciéndoseenplenoaél.
—Noesningunaseñora,Mandy—dijoencambiosoltandoaquellas
garrasdesubrazo—.Esmipróximaconquista,asíquesimedisculpas...
—¿Mevasadejarporesavieja?—Lomiróconodioeindignación,
hechoquecasiledivirtió.Casi.
—Esavieja,comotúdices,nosequitalasbragascadavezquemeve.
Pero no te preocupes, cariño, encontrarás a otro. Prueba con Max, creo
queestánecesitadodeunamujer.
—¿QuéMax?—preguntó—.¿Elmuertodehambre?
Nathanserio,sinpodercontenerse,mientrasnegabayladejabasin
mirar atrás. ¿Por qué diablos habría salido con ella? Solo le gustaba su
dinero,suposición,su...¿qué?¿Porquéesoyanoerabastante?¿Quétenía
Natashaparavolverlolocoinclusoencontradesupropiavoluntad?
Quizádeberíarendirse,dejarlopasar.Habíamuchospecesenelmar,
peroodiabanolograrsusobjetivos,nuncaselehabíaresistidonada.Niel
trabajonieldinero,muchomenoslasmujeres.
AexcepcióndeKatie,cuandoKaneselarobó.
Sin embargo, Sasha no era Kate y no tenían absolutamente nada en
común.Entonceséleraunchiquillo,pocomásqueunadolescenterecién
salidodelauniversidad,ahora...
Ahoraunhombreconcapacidadparacomprarelmundoyponerloa
suspies.Ymalditofuerasinoibaasercapazdedomarla.
Regresóasuoficina,dioalgunasinstruccionesasusecretariaenel
último momento, ganándose un abierto reproche, aunque jamás en voz
alta,ysetomóelrestodeldíalibre,unaveztuvolainteresantedirección
ensubolsillo.
¿Cómolesentaríaasucitasiambossepresentabanarecogerlaenel
mismolugaryalamismahora?
CAPÍTULO7
Nathan no podía apartar la mirada de la pareja. Había estado
dispuesto a presentarse y reclamar su premio, pero ¿así? No, así no. No
habíaquedadoconningúnhombre,allísoloestabaella(unaversiónmás
jovenymenospreocupadadelamujerquehabíaencontradolaformade
volverloloco)yunniñopequeño.Ambosreíanypatinabansobreaquella
superficie helada, deslizándose como si estuvieran acostumbrados a
hacerloadiario,conunequilibriocasiperfecto.
—Mírame,mamá.¡Puedodarunavueltayosolo!
Algoseencogióensuinterioryseapresuróabuscarasualrededor.
Unamujercomoella,labellezasinmáculadeaquellaversióndeNatasha,
no podía estar sola, pertenecería a alguien. Estaba totalmente seguro de
ello. Trató de permanecer estático, vigilar el tiempo necesario para
descubrir el misterio que la envolvía, pero no era un hombre
suficientemente paciente, tenía que hacer algo, ponerse en marcha y lo
haríaya.
Avanzóhacialapistaconfuria,ignorandolasrisasdeaquellosdos
que había estado observando y la sorpresa en los rostros del resto de
patinadores. Lo miraban con curiosidad y fastidio, sospechando que no
eratanfelizcomotodosellos,quenoestabadisfrutandoniunamierdade
aquellajornadanavideña.
—SeñoritaJenkins—pronuncióconvozdemando,haciendoquese
girara sobresaltada y el niño patinara hasta ella, ocultándose entre sus
piernasymirándoloentreretadoryasustado.
—¿Mehasestadosiguiendo?—Abrazóasuhijocomosiélfueraun
ogro,unasesinoenserieoalgopeor—.Lerepito,siseempeñaenseguir
conestaactitud...
—¿Pasa algo, mami? —La voz del niño estaba al borde de las
lágrimas,comosipudierasentirlaincomodidaddesumadre.
—No,miamor,nopasanada.—Seacuclillóquedandoasualturay
lo peinó, ignorando la presencia de Nathan. Sonrió a su hijo y lo besó,
susurrando—. Este señor tan enfadado es mi jefe, seguramente habrá
venido a patinar y nos hemos encontrado. ¿Te acuerdas de hace un rato,
cuandonosencontramosconlaSeñoritaMcBride?
El niño asintió, muy serio, miró de reojo a Nathan, después a su
madre,laabrazóysusurróensuoído:
—ElseñorjefedamásmiedoquelaseñoritaMcBride,mamá.
Natashasonrióyloachuchóasintiendo:
—Estoycompletamentedeacuerdocontigo.—Lecolocóelgorroy
lepidió—.¿Porquénopatinasunpoco?Yoteestaréviendojustodesde
aquí,perotenmuchocuidadoysiteasustas,llámame.
Derekasintió.
—Vale —Miró a Nathan, reconociendo su presencia y preguntó—:
¿Tienesalgúnniñoparajugar?
Nathan negó, manteniendo las distancias, se sentía celoso ante el
cariñoso tono que había empleado con su hijo, podía percibir lo mucho
que lo quería y no logró evitar la incómoda sensación de que sería un
gran impedimento entre ellos. A Nathan no le gustaban los niños y no
pretendíatenerloscerca.
La miró. Seguía serio y quizá estuviera también un poco pálido. El
pequeño ni se inmutó, se encogió de hombros y enseguida fue a patinar
uniéndoseaungrupodeniñosconelquehabíanestadohacíaunrato.
—Tienes un hijo —pronunció sin perder de vista al pequeño. Había
molestiaensutono.
Ellaseenvaró.
—Noesasuntotuyo.Esmividaprivadaynoteincumbe.
—Ahíteequivocas.Tuvidaprivadatienemuchoqueverconmigo—
setomósutiempo,perofinalmenteposólosojossobreella—.Másahora,
que he decidido seducirte. Vas a ser mi próxima compañera de cama y
juegos.
Natasha lo miró boquiabierta primero, después incrédula y
finalmentefuriosa.
—¿Perotúquétehascreído?Noeresmitipo,noloseríasnienun
millóndeaños.
—Puedequeno,puedequesí.Tú,porelcontrario,síereselmíoy
soyuntipoqueobtieneloquequiere,especialmentecuandoelpremioes
unamujer.
—Vamos, Nathan. Solo estás interesado en mí porque te he
esquivado,porqueteignoroyporquenotengoelmásmínimointerésen
ti.Losdossabemosquesimecolaraporti,saldríascorriendo.
—No tienes datos suficientes para afirmar ese hecho —contraatacó
él, cuadrándose y removiéndose—. Salgamos de aquí, no me gusta el
hieloynotengopatines.
—Entoncesnodeberíashabervenidoaquí—leespetómolestayrio
totalmente irónica—. No pudiste resistirte a meterte donde no te llaman.
¿Qué?¿Necesitabassaberquiéneraeltipoconquiénquedéparacomer?
Erespatético,NathanYork,ynomeinteresas.Déjameenpaz.
Segiróyteníatodalaintencióndealejarse,peroélseloimpidió.No
iba a dejarlo allí hablando solo y mucho menos iba a rendirse en su
conquista,noporunmocoso.
—Vasaacostarteconmigo,sabesqueterminarásporhacerlo,asíque
elige.Porlasbuenaso...
—¿Por las malas? —preguntó ella. No estaba asustada ni siquiera
indignada,tansoloestabafuriosa—.Mira,conozcomuybienalostipos
como tú, demasiado bien diría yo. No me interesa una aventura. ¿Haces
todo esto por ese estúpido beso? ¿Porque no te he dado la opción de
meterte dentro de mis bragas? —resopló—. Si quisiera a un tipo
prepotente y engreído, con la cartera repleta, me habría quedado con
Sutton.
Sospechaba que aquel nombre no era uno cualquiera, sino el de un
clarocompetidoroquizáeldeunex.ANathannolegustóniunpeloque
locompararaconotrohombre.
—VamosSasha,sabesquenohequeridoimplicarnadaofensivo.
—¿Le he dado permiso para que me llame así, señor York? Porque
yo creo que no. —Se pasó la mano por el pelo haciendo que su gorro
cayesealsuelo.Resoplómolestaporsutorpezayloencaróunavezmás
—.Veteacasacontufamilia,llamaatumadreocompraunperro,pero
déjame en paz. Estás estropeando mi salida con mi hijo, hace meses que
esperamosaquellegueestedía.
Habíaciertoreprocheensuspalabrasytambiéndolor.
—No he pretendido ofenderte, no me ofendas tú a mí. No soy una
molestia, soy un hombre que... que te pretende —terminó—. Concédeme
unacitayosdejarétranquilos.
Natasha lo miró, hasta había una sonrisa casi dulce en su rostro
duranteunlevesegundo,hastaquecambiótotalmenteyseriototalmente
sarcástica:
—¡Jamás!
Recogió sus cosas, se colocó el gorro en su lugar, tirando de su
aplastadopeloylediolaespalda.
Nathantratódedetenerlaunavezmás,perosuseleganteszapatosse
resbalaronsobreelhieloypatinócayendodeculo,entodasumagnifica
presencia,yhaciendoreíralosniños.
Natashanosegiró,nilomiróniseburlódeél.Llegóconsuhijoy
con la voz más dulce de todas, con una que probablemente nunca le
dirigiríaaél,loinvitóaunchocolate.
Nathan se incorporó y trató de levantarse, algunos patinadores se
acercaronparaayudarle,perosucaroabrigoysueleganteporte,estaban
suciosyllenosdehielo,suorgulloherido.
Lascosasnoibanaquedarseasí,ahno,aúnnohabíadicholaúltima
palabra. Natasha -Sasha- se recreó, pensando y paladeando ese nombre
prohibidosoloparaél,nolorechazaríaotravez,asítuvieraquejugarsus
mejorescartasyganarsealrenacuajo.
Podíahaceraquello,conseguiríaloquequeríay,cuandotuvieratodo
enlapalmadesumano,cuandoelúltimomovimientohubierasidohecho,
ledemostraríaqueeraunexpertoenhacer«jaquemate».
***
Sasha estaba incómoda, nerviosa y un poco preocupada. Tenía la
sensación de que Nathan estaba obsesionado con ella y cuanto más lo
rechazaba más peligrosa era dicha adicción. ¿Se convertiría en un
acosador? ¿La maltrataría? Sabía de la existencia de su hijo, ¿trataría de
hacerledaño?
Hacía tiempo había pactado consigo misma que nunca volvería a
tener miedo, pero aquel hombre tenía los medios y el poder suficiente
para destruir toda su vida, podría hacerlo y no había mucho que ella
pudieraprevenirparaevitarlo.Sihubieratenidoaquellabocaquieta,sino
sehubieradejadollevarporaquellanecesidaddedemostrarquiényqué
era,ahoranoestaríaenaquellío.Élhabríapasadodelargoyeltontobeso
nohabríasidomásqueotroenlalargalista,enladeél,porqueparaella
solohabíahabidounhombreantes.Unoalquehabíaamadotantoqueaún
le dolía el corazón. Uno que se atrevió a traicionarla tan profundamente
quesabíaquenuncajamáspodríarecuperarse.NoqueríaotroSuttonensu
vidanienladesuhijo,conunoeramásquesuficiente.
LequitóaDereklospatines,poniéndolesusbotasfavoritasylollevó
atomarchocolate.Hacíafríoysiempreseagradecía,aquelmomentoera
especialparalosdos,porqueélsolíaestarmuynerviosoporlainminente
llegadadeSantaClausylegustabahacerquesedistrajerayquedisfrutara
delaverdaderamagiadelaNavidad.
No eran los regalos, era la familia. Esa gente con la que siempre
podíascontaryquetetraíanalegríasalavida.Esagentealaquesiempre
llevabas en tu corazón si importar la edad o el momento, el lugar o la
distancia.Siempreteacompañaban,deunaformauotra,queríaqueDerek
comprendieraeso,apesardequemuchosadultosnoloentendieran.
—¿Puedopedirextradechocolate,mamá?
Natasha lo miró, concentrándose en el lugar. La camarera esperaba
mientras su hijo hacía su petición. Sabía que no debía darle más de la
cuenta,peronopodíadecirlequeno.Erademasiadobuenoparanegarle
algo,almenosesedía.
—Estábien,peroentoncessolocomerásunagalleta.
Derek asintió con intensidad y después hizo su pedido. La chica,
Cindy, según su placa de identificación, le dijo que se lo llevaría en una
taza especial si era bueno, así que el pequeño no cabía en sí de gozo.
Sonrió y puso su cara de no haber roto un plato jamás, haciendo reír a
Sasha,quelocargócomosinopesaranadaylollevóasumesa.
Uninstantedespuésteníancompañíaynoeranadaagradable.
—Ni una palabra —exigió Nathan, para pasar a dirigirse al niño
extendiendosumanoyestrechandoladelmásjoven—.MellamoNathan
York—sepresentó—ymegustaríahablarcontigo.
Derek lo evaluó con la mirada y Natasha tuvo que contener una
sonrisa. Parecía más mayor, más serio mientras le advertía al
desconocido, en silencio, que iba a someterlo a una criba profunda y
minuciosa.Nadieharíadañoasumami.
—MellamoDerekynomegustas.
—¡Derek!—sesorprendiólamujer—.Nodebes...
—Te gritó mamá, yo lo vi. —Se dirigió al hombre entonces—. No
megustaquenadielegriteamamáolahagaponersetriste,yoladefiendo
ytúeresmalo.Noquieroquetequedesaquí.
Nathanmanteníaunasonrisaforzadaenelrostro,mientrastratabade
acercarsealniño.¿Seríaunaestratagemaoloestaríahaciendodeverdad?
¿Realmentequeríaconocerasuhijo?
—Cariño,elseñorYorknoesmalapersona,estáunpoconervioso
nadamás.
—Peroyovicómotehablóyesonoestábien.Laabueladicequelos
hombres debemos hablar con dulzura a las mujeres y por eso no se le
puede gritar a las niñas ni pegarles —le dirigió una mirada oscura al
hombre,entrecerrandosusojitosylevantandoundedo,paraseñalarlo—.
Sihaceslloraramamá,telasverásconmigo.
Nathan sonrió y tomó la mano del niño, tratando de aligerar el
asunto.
—Entendido,colega.¿Puedosentarme?
El niño miró la silla y luego a su madre. Natasha no deseaba que
pasaraelratoconellos,perodebíadarejemploasuhijo.Noqueríaque
desarrollaraaversiónporloshombres,yabastanteteníaelpobreconsu
padre,comoparadesconfiardelresto.
Susproblemasdemujeradultaeranunacosa,suhijonecesitabatener
fe en el género masculino, ya que él no tardaría en formar parte de ese
colectivoadulto.Yaeraunhombreynipodíanipretendíacambiarlo.
—Claro que puedes, a Derek y a mí nos encantaría —casi se
atragantóalpronunciaraquellaspalabras.
—¿Nosencantaría,mami?—preguntóelniñodubitativo.
Sashaasintió.
—Por supuesto, mi amor. —Le besó la cabeza y le ofreció el
chocolatequelehabíandado—.Come,concuidado.
—Siempre lo hago. —Tomó un sorbo largo y miró a Nathan—.
¿Todoslosjefesdemamásoncomotú?
Elhombreparecíatotalmentefueradelugar.Nocreíaquelegustara
alternarconniños,peroestabaclaroqueseestabaesforzandoporalgún
motivooculto.
—Notanguapos—bromeó—.Tumamáesunamujerencantadoray
hacemuybiensutrabajo.¿Túhacesbientustareasdelcolegio?
Derekasintió,posólatazaenlamesaycontodoelmorrountadode
chocolate,sonrió.
—Soylisto,hesacadoundiezenmatemáticas...
—¡Vaya!Síqueestodounlogro,¿verdad?Amísemedabanfatallas
matemáticascuandoteníatuedad.—Lacamareraapareciódenuevocon
uncafé,elolordelabebidahizoqueDerekarrugaralanariz.
—Puaj,¿deverdadtegustaeso?Esmejorelchocolate.
Natashasonrió,divertida.
—Aalgunosmayoreslesgustaelcafé,miamor.
—Atino,mamá.
—No, a mí no. Tienes razón. —Cogió una servilleta de papel para
limpiarlo—.Comeconcuidado.Nadadeterminarsetododeuntrago,que
lascosasbuenas...
—Hay que hacerlas durar —terminó el niño por ella orgulloso,
despuéssedirigióaNathanparaexplicarse—.Sidasunsorbopequeñoy
losaboreas,duramásylodisfrutasmás.Esmejor.Nohayqueserglotón.
Mejorpocoapoco.
—Estoydeacuerdocontigo,muchachote.Nohaynadacomobocados
pequeños,paradegustarun...dulcesuculento.
—¿Porquénotomaschocolate?—pensóentonces—.Elcafélotoma
lagentequetienemalhumor.
—¡Nathan!—loregañósumadredenuevo.
—¿Qué,mamá?Túsiemprelodices.
Natashasesintióenrojecerytratódedesviarlaatencióndelosojos
de Nathan que se clavaron inquisitivamente en ellos, mientras arqueaba
unacejaconsarcasmo.
—¿Porquédiceesotumamá,Nathan?—preguntóalniño.
Lamujerquisoquelatierralatragaraenaquelmomento.Sabíaque
elnoventaporcientodelapoblacióneraadictaalcafé,quedaríarealmente
mal, pero había desarrollado cierta aversión por aquellos que solo
tomabanesabebida.Noporaquellos,englobandoalamayorpartedela
gente, sino por aquel, el cabrón que la había destrozado mental y
emocionalmente.
—Porquelagenteamargatomabebidasamargas.
—¿Meconsiderasamargo,Natasha?—inquirióconciertadiversión.
Ella sabía que aquella imagen de él, como si lo supiera todo y la
hubierapilladoenunatravesura,nodebíaponerlanerviosa,perolohacía.
Nathaneradeesaclasedehombresquepormásqueintentarasborrarlos
de tu mente y tu sistema, siempre volvían por más. Era demasiado
atractivoparasupropiasaludmental.
—Puedequeavecessí—espetó,noplaneabaretrocederdeltodo—.
Detodosmodos,tansoloesunabromanuestra.Nadamás.Somosmásde
chocolate.—Seencogiódehombrosydiounsorbitodesupropiabebida.
Derekserioylaseñaló,Nathantambiénesbozóunasonrisa.
—¿Qué? —preguntó a aquellos dos hombres, uno tenía su corazón,
elotrolavolvíatotalmenteloca.
—¡Tienes chocolate en la nariz, mamá! —El niño se puso de pie
sobresusillayseacercóparadarleunlametónenlapuntaymancharla
mástodavía—.Yaestá.
Natashaserionerviosa,mientrastomabaunaservilletaparalimpiar
losrestosyatrapabaasuhijoenunabrazodeosocariñoso.
—Ven aquí, fierecilla —le hizo cosquillas en el cuello y le dio un
beso,elniñomiróaNathan.
—Mamá siempre me da abrazos de oso y son geniales. ¿Quieres
probar? —preguntó al hombre, parecía que el hecho de que su madre le
hubiera dado vía libre para sentarse con ellos, había acabado con las
defensasdelpequeño.
La mujer empezó a protestar, tratando de explicar a su hijo que los
mayoresnohacíanesascosas,sinembargosujefelotomóliteralylousó
paraponerlarealmentenerviosa.
—Meencantaría,Derek.
—¡Tienesquedarleunabrazodeosoalseñor,mamá!
Natashanegó.
—Ah,no,cariño.Essolonuestroabrazoydenadiemás—fulminóa
suacompañanteconlamiradayestetuvoeldescarodereír.Lacarcajada
procuróqueensuinteriorseencendieraunainsistentellama.
—Sería un placer probar ese abrazo de oso, Natasha —pronunció,
después se dirigió al niño—, pero tu madre tiene razón, Derek. Es algo
vuestro.
—¿Y los besos de esquimal? ¿Y las cosquillas de ogro? ¿Y las
historiasdelagarrayelgusanoremolón?
La mujer trató de acallar a su hijo, pero el niño siguió enunciando
milmomentosquecompartían,milsecretospropiosquenoteníaninguna
intencióndeairear.
Eraunamujerdiscretaynolegustabaairearsuvidapersonal,pero
suhijonoteníamalicianinguna.Paraélaquelloeramuynormal.
—Tumadreesunamujerencantadora,porloquepuedoapreciar—
pronuncióNathan,ensuvozhabíapresentealgodiferentequenuncahasta
entonces había estado. ¿Un toque de emoción? ¿El salvaje, presumido y
siempre-me-salgo-con-la-mía Nathan York? Seguro que estaba viendo
fantasías donde no había nada, absolutamente nada, solo un playboy que
queríametersedentrodesusbragas,nodeberíadarlepieaello.Dehecho,
deberíairacabandoconesareunión.
—Nosotros tenemos que volver a casa, esta noche hay que dejar el
calcetínjuntoalachimeneay...
Derek se puso de pie, terminó su chocolate de un trago y cogió su
galleta, de pronto empezó a impacientarse, pasando su peso de un pie al
otro.
—Yaestoylisto,mamá.Vamos,vamos,vamos.Laabuelaseguroque
yanosestáesperando.
Nathan sonrió, recorriéndola de arriba abajo cual depredador,
aclarándolequepormásquepudieraescaparesavez,nohabíandichola
últimapalabra,yselevantósinhabertocadoapenassucafé.
—Hasidounplacerconocerte,Derek—estrechólamanodelniñoy
miróalamadre—.Unaauténticasorpresa,Natasha.
—Sí, ya imagino. —Hizo un gesto con la mano, en dirección a la
puerta—.Debemos...irnos...yasabes.
Abrochó el abrigo de su hijo, le colocó el gorro y se levantó. Él
seguía allí, mirándola, mientras se colocaba su propio abrigo y lograba
quesuslatidosseaceleraran.
«Novayasporesecamino,Sasha.Esmuypeligroso».
Teníaqueteneresaadvertenciaclaraensumente.Noeramásqueel
tipoquequeríallevárselaalacamaparadejarlatiradadespuésyelúnico
motivo de que eso sucediera, era el hecho de que se había atrevido a
rechazarlo. Su interés era ocasional y estaba fundado en cuestiones
erróneas.
—Nos veremos en la oficina —comentó dando la mano a Derek y
pasandoporsulado.
—Cuenta con ello, Natasha. —La mano de él rozó su brazo en el
momento en que le abría la puerta del local, para permitirle el paso—.
Quizáinclusoantesdeeso—comentó.
Supoqueteníaquemoverserápidoysalirdeallíantesdequehiciera
algunaidiotez,comobesarlootravezopensarqueeraalgoqueellasabía
quenoera.
Nosabíaelporquédeaquellaaparenteamabilidadolaintenciónde
convertirse en alguien que no era, pero los tipos como él nunca hacían
nadasinrazón.
No iba a enamorarse solo porque le abrieran una puerta o porque
hubierahabladoconsuhijocomosileimportara.Nosignificabanadaque
unhombrealqueestabaseguraquenolegustabanlosniños,prestarasus
cincosentidosparademostraralpequeñoqueteníatodasuatenciónenél.
No,NathanYorkeraunhombreynodebíafiarsedeél.
Sucorazónestaríaenpeligro,lavidaquehabíaconstruidoparaellay
suhijo.Lascosaserandemasiadoimportantescomoparaestropearlaspor
unaaventuraouninoportunodeseoinsatisfecho.
Porunlado,legustaríaserinocente,comounavezhabíasido,creer
yconfiarenél,peroporotroladosabíaque,sihacíaaquelloysedejaba
llevar,sileentregabaalgoquenomerecía,todoterminaríayaquellavez
notendríaunasegundaoportunidad.
Noporquenopudieraperdonarloaél,alfinyalcabo,loshombres
iban y venían, eran extraños y había muchos, lo que realmente le daba
miedoerabatallarconsigomisma,mirarsealespejoyodiarenloquese
habíaconvertido.
Unamujerfríaydistante,conmilyunmiedos.Suttonhabíadestruido
algo en su interior, la había pisoteado y marcado, había acabado con su
ilusión. Gracias a Derek había descubierto otra forma de amor, uno que
nomoriríanunca,peroincluiraalguienmásenlaecuación,ahorafeliz,
desuvidayarriesgarseaperderlotodo,eraalgoconloquenoplaneaba
jugar.
No le gustaban las apuestas, no era una mujer a la que la buena
fortunalehubierasonreídoalgunavez,aexcepcióndeconsuhijo.Yuna
vezhabíasganadoelpremiogordo,eracasiimposiblequeloganarasotra
vez.
Estaba claro que unas personas estaban hechas para vivir grandes
romancesyotras,comoella,teníanqueconformarseconleersobreellos
overlosalolejos.
Su único y gran amor sería para siempre su niño, el resto... en
realidadnoimportaba.
Nathan pronto se aburriría y seguiría adelante con su vida y ella
encontraríalaformadeolvidareldeseoquehabíanacidoentreambos.
CAPÍTULO8
Nathan salió de la ducha con su cuerpo derrochando vapor. Había
querido quitarse el acartonamiento que la ropa mojada había provocado
en su piel y, con ella, la sensación de que estaba portándose como un
idiota.
Nuncahabíasidounamalapersonay,sinembargo,estabasiendoun
auténticocabrónsinescrúpulosconSasha.¿Porqué?Sindudaellasacaba
su lado malo. El más perverso, convirtiéndolo en alguien que no le
gustaba.
Se miró al espejo y se regañó. Había dado por supuestas muchas
cosas,peroesamismatardehabíadescubiertounascuantasenlasquese
habíaequivocado.LasideaspreconcebidaseranunamalacosayniDerek
niNatashalasmerecían.
Sefrotólosojosmientrasseinclinabasobreellavabomaldiciendo.
Noestababienqueelhechodedesearaunamujer,hicieraquepasarapor
encimadetodaslascosasquelehabíaenseñadosuabuela.Aquellamujer
dulceycariñosasiemprehabíaestadoasulado,dándoleelamorquesus
padresnohabíanpodidooqueridoentregarle.Veraquellatardealaque
anhelaba fuera la próxima mujer en su cama junto a aquel niño, había
hecho que algún tipo de interruptor se activara en su interior. Las cosas
nunca eran blancas o negras y debería haberse dado cuenta antes de que
unamujercomoaquella,noerasencilla.Pormásqueparecieraquesí.
Soltóunlargosuspiroyabrióunodelosarmariosparasacarelbote
deaspirinas.Ledolíalacabezaysesentíacansado.¿Estaríaincubandola
gripe?Noteníatiempoparaenfermar,noqueríahacerlo.
El timbre de la puerta interrumpió sus cavilaciones. ¿Quién sería a
aquellashoras?Nohabíaquedadoconnadieesanochey,apesardeque
fuera una de estas festividades para pasar en familia, planeaba pasarla
totalmentesolo.
Una aspirina, un cuenco de palomitas y su mando a distancia. Tenía
milesdecanalesparaescogeryunsofádecuerobastantecómodo.
Atravesó el salón descalzo, dejando las huellas húmedas sobre la
moqueta,peronoleimportó.Sesecarían,tampocoeraparatanto.Cuando
eltimbretaladródenuevosusoídos,haciendoquesudolordecabezase
incrementara,gruñó,masticólaspastillasquellevabaenlabocaconsaña
yabrió.
Una muy poco vestida Mandy apareció al otro lado, llevaba lo que
parecíaunsaltodecamasemitransparenteyunostacones.
—Hola cariño, Feliz Navidad —pronunció saltando a sus brazos y
besandosucuello.
Surostrollenodemaquillajelahacíaparecerunamuñecaysustetas
de silicona le recordaron a un flotador. ¿Realmente había estado
interesadoenella?
No importó que se restregara contra él, ni siquiera que tirara de su
toalla para tocar su miembro, su cuerpo no reaccionó, no sentía ni una
briznadedeseo,comosihubieraperdido,depronto,elapetito.
Mandyerademasiadoartificial,demasiadoperfecta.
Tomósusmanosylasapartó,negando.
Ellahabíacerradolapuertaconelpie,quedandoambosatrapadosya
solasensucasa.Estabaclaroloquequería,loquehabíaidoabuscar,pero
noplaneabadárselo.
—Mandy,no.Tedijequeestosehabíaacabado.
—Vamos, Nate, sé que no lo decías en serio. —Hizo un mohín de
disgusto y lo miró con cara de pena, casi suplicante—. No quiero una
boda,solopasarlobien.Túyyo,entucama,comoenlosviejostiempos.
—No me interesa —su voz sonó carente de sentimiento, no tenía
tiempo para aquello ni ganas. Necesitaba preparar una estrategia para
acercarseaSashaydemostrarlequenoeratanidiotacomoparecía.
Sí,nolegustabanlosniños.
Sí,ladeseaba.
Y sí, por supuesto que planeaba seducirla y llevarla a su cama. Una
relacióncasual,algoconfechadeexpiración,comodebíaser.Noeraun
hombredecompromisos,peroNatashaJenkinsloencendíapordentroy
lehacíaansiarnosoloposeerla,sinoserposeído.
Al rememorar el aspecto de aquella mujer, su cuerpo reaccionó de
inmediato,lasonrisadeMandyfuedesatisfacciónenelmismomomento
enquetomabasumiembroyseinclinabasobreélparalamerlo.
—Yasabíaquenopodíasestarhablandoenserio,Nate.
Nathanseapartó,molesto,secubrióconlatoallaylamiródemalas
maneras. Habían sido amantes un tiempo, pero le molestaba que no
entendieralaindirecta.
—Mandy,no.Lonuestroseacabó.Nomegustarepetirlascosasylo
sabes.
—Perosiestamosmuybienjuntosymedeseas...
Nathansellevólasmanosalacabeza,sentíaqueseleibaapartirpor
lamitad.
—No necesito esto ahora. Me siento mal, me duele la cabeza, estoy
cansadoyquieroestarsolo—espetó—.Vuelveacasaypasalanochecon
tufamilia.
—Noesperanquelohaga.
—PuesllamaaMaxyarreglaunacitaconél,loquesea.
Mandyseenfadóhastaelpuntodequecasiechabafuegoporlaboca,
losojosylasorejas.Supeloderubiateñido,medioestropajoso,lehizo
preguntarsecómohabíapodidodesear...
No había nada natural en ella y se sentía avergonzado de sí mismo.
¿Tansuperficialeraahora?¿Enquésehabíaconvertido?
—¿QuétehadadoconMax?
«¿QuequémehadadoconMax?»
Casi se rio al escuchar su pregunta, porque la respuesta era
jodidamentefácil.
AqueltipoteníaalgoconNatasha.Nosabíaexactamentequéerayno
legustabanada.
—No me ha dado nada, creo que encajarías mejor con él. Inténtalo,
notienesnadaqueperder.
Mandydejócaersendaslágrimasdecocodrilo.Eraunaactuación,lo
sabía,peroesonohizoqueelladejaradehacersushow.
—Nuncamehasquerido.
Nathan puso un gesto de incredulidad. ¿De verdad iba a jugar esa
carta?
—Esonoesningunasorpresa.Teníamosunacuerdo.Algotemporal
ylosabes.Nuncateheengañado.
—Perosesuponíaqueibasaenamorartedemí—sequejó.
El hombre no pudo evitar preguntarse si aquello podía ser cierto.
¿Habría pensado Amanda que alguien como él podría amar? Casi quiso
reírse, nadie, además de su abuela, le había mostrado amor, incluso ella
había decidido abandonarlo cuando murió, ¿por qué diablos iba él a
arriesgarse queriendo a alguien que tarde o temprano lo dejaría tirado?
Esojamás.
—Yonotengointerésenelamor.Esuncuentochino—recorriósu
cuerpo con los ojos y resopló—. Puedo presentarte a Gordon. Es un
hombredemedianaedad,divorciado,segúncreoestábuscandounanueva
esposa.
—¿GordonSands?—preguntóconinterés.
—Elmismo.
—Eltipoquetieneesebufetedeabogadosen...
Noladejóterminar,asintió,cortandosupregunta.
—Exacto. Te voy a dar su teléfono —buscó una tarjeta y se la
entregó.Eltipoyélhacíannegociosamenudo.Dirigirunarevistanoera
fácil,hacerloconvariaseraunajodidalocuraysiemprehabíademandas
porunladooporotro—.Llámalo,eressutipo.
—¿Ybuscaesposa?
—Lesobraeldineroysí,tambiénestábuscandounanuevaesposa.
—¿Críos?—Lopreguntócasicomosifueranunaaberración.
Nathansepreguntósiélresultabatanruincomoella,esperóqueno.
—No. Según tengo entendido, no tiene interés por los hijos. Su
sobrinoMattseráquiencontinúelatradición,porloqueséyaessociodel
bufete.
—Genial—dijoMandyabrazándoloydándoleunbesoenlabocade
despedida—.Gracias,fuebonitomientrasduró.—Caminóhacialapuerta,
poniéndose el abrigo y cuando llegó allí lo miró—: Espero que tengas
buenasuerteyconsigasloquequieres.Eresunbuentipo,NathanYork.
¿Lo diría porque acababa de darle el número de su amigo? Eso no
era nada, tan solo librarse de un problema que Gordon aceptaría con
gusto.
Seencogiódehombrosyesperoaquesaliese.Nohubomáspalabras
mientras ella caminaba hacia el ascensor y desaparecía tras las puertas
dobles.
Élseencerróensucasaysedejócaerenelsofá,conelmandodela
tele. Se preguntó qué estaría haciendo aquella mujercita que lo estaba
volviendodelrevésenaquelmomentoypensóque,seguramente,estaría
preparandounafantasíaparasuhijo,conregalosportodaspartes.
¿Cómo sería eso? ¿Cómo se sentiría uno cuando alguien te quería
contantaincondicionalidad?¿Cuandoerastodoparaunapersonaynadie
podíaarrebatarteesafelicidad?
Sintióunpinchazodecelos.Lehubieragustadosereldestinatariode
toda aquella emoción, pero sabía que sería injusto por su parte anhelar
algoquenoestabadispuestoadar.
Nathan York no amaba, seducía. No decía palabras bonitas, sino
algunassensualmenteeróticasy,porsupuesto,noseandabaporlasramas.
No tenía nada que ocultar y disfrutaba del sexo ocasional con mujeres
despampanantesydispuestas.
Entonces, ¿por qué había puesto sus ojos en Natasha Jenkins? La
mujermásfríaydistanteconélquehabíaconocidonunca.
Quizáporqueaqueldía,bajoelmuérdago,habíadescubiertoquesu
aparentefrialdadnoeramásquefachadayquebajoaquellaropaampliay
eltensomoño,seescondíaunamujerreal.Unaquepodríaatentarcontra
suordenadomundoyponerlopatasarriba.
Necesitaba acostarse con ella para sacar de su ser aquella
incomodidad. Una vez probada, se aburriría. Pasaría a otra cosa y todo,
absolutamentetodo,iríabien.
Podríavolverasuvidatalycomolaconocía,exactamentecomole
gustaba.
Aldíasiguienteharíaotromovimiento.
«Atacasupuntodébil,Nate,ylastendráscomiendodetumano».
Esehabíasidoelúnicoymejorconsejoquesupadrelehabíadado,
respectoalasmujeres,yplaneabaseguirloexactamentealpiedelaletra.
YenelcasodelaseñoritaJenkins...
EstabaclaroqueDerekeraelcamino.
CAPÍTULO9
—Ya va —dijo Natasha alzando la voz mientras esquivaba algunas
cajas vacías para llegar a la puerta. El timbre sonaba con insistencia y,
aunquenoesperabaanadie,pensóquepodríatratarsedealgoimportante.
Desde luego no estaba preparada para ver al hombre que estaba al
otrolado.
—Señor York —su voz sonó dura, le disgustó que interrumpiera
aquella mañana especial, logrando que llegara a la conclusión de que la
pequeñatreguadeldíaanteriorhabíansidomerasimaginacionessuyas.
El hombre elevó un inmenso paquete envuelto en papel de regalo
multicolorconpequeñosrenosgraciososportodaspartes.
—Buenosdías,Natasha.¿DóndeestáDerek?AlparecerSantaClaus
perdióunregaloporelcaminoyhetenidolasuertedeencontrarlo.
La mujer trató de cortarle el paso, medio cerrando la puerta y
bloqueandolaentradaconsucuerpo.
—¿Quétecreesqueestáshaciendo?Noteheinvita...
Derekseescurrióporunhuecoylomiróconojosllenosdeilusión.
Llevaba su pijama de Cars y parecía emocionado al descubrir el nuevo
regalo.
—¿SelecayóaSantaClaus?¡Vaya!—estirólosbrazosparacogerlo,
Nathanseloentregó—.Esenoorrrme.¡Mira,mamá!
Allímismosesentóenelsuelo,antelaincómodamiradadesumadre
yprocedióadestrozartodoelpapel,sincontemplaciones.Suhijonotenía
pacienciacuandosetratabadedescubrirsorpresas.
—Jopelines,mami.¡Fíjate!EsunalocomotoraylosvagonesdePolar
express.Meencantaesapeli—dejóeljugueteenelsueloyenunimpulso
abrazó las piernas del hombre—. Gracias, señor jefe, por encontrar mi
regalo,porqueesgenialyhabríasidounapenaqueseperdiera.
Se apartó antes de que Nathan fuera capaz de reaccionar y Sasha
sintióciertasatisfacciónalnotarsuincomodidad,estabatotalmentefuera
desuambiente.Leveníabien,pormetersedondenadielellamaba.
Derek, ajeno a la tensión del momento, cogió el paquete y entró
llamandoasuabuelaavoces.
—Abuelaaaaaa,venymiraloqueperdióSantaporelcamino.
Lavozsonóapagadacuandoentróalsalónycerrólapuerta,Natasha
miróalhombrequeempezabaaponerlanerviosa,másquenuncaantes,y
atacó.
—¿Cómo te atreves a venir a mi casa la mañana de Navidad y a
meterteenmivida?Sicreesqueporquelehagasunregaloamihijovoya
acostarmecontigo...
Nathan no permitió que acabara su advertencia, la tomó por la
cintura,pegándolaasucuerpo,ylabesó.
Ella batalló unos momentos, pero pronto se dejó llevar. Las manos
que trataban de empujarlo se enlazaron alrededor de su cuello, mientras
un escalofrío la recorría entera. Aquel hombre sabía exactamente qué
hacer con su lengua para volverla loca. Era un total asalto contra su
intimidad, un acoso claro, pero una parte de su ser anhelaba que la
siguieraacosando.
Elhombrenoseapartó,mordisqueósuslabios,jugandoconellaun
momento, para volver a reclamarla entera. Las respiraciones de ambos
sonaban agitadas, mientras las grandes manos abarcaban la femenina
espaldahastallegarasutrasero.EraevidentelaereccióndeNathanylo
muchoquedeseabaacostarseconella.
«Nodejesquetehagaesto,esigualqueSutton».
Afortunadamente, la voz de la razón llegó en su auxilio, dándole la
energíaquenecesitabaparaapartarsedeélypasarselamanoporlaboca
paraborraraquelbeso.
Supechosubíaybajabaconagitación,mientrassucuerposeretorcía
ansioso por repetir la escena. Anhelaba aquellas manos estimulándola,
excitándola, reconociendo cada diminuto centímetro de su ser. Aquella
bocallenadepecadollevándolaacotasinimaginablesdeplacer.
Nolecabíadudadequeseríaunexpertoenlasartesamatorias.
—Lárgate, ahora —exigió. Sin embargo, no sonó como hubiera
esperado. Le temblaba la barbilla y su voz parecía un débil murmullo.
Había alterado su inalterable presencia, hasta tal punto que supo que la
únicaformadeacabarconello,eradejarloatrás.Abandonaresavida,ese
trabajoyhacerqueNathanYorkdejaradeserunaconstanteensuvida—.
Noeresbienvenido.
—Hace un momento me ha parecido todo lo contrario, Natasha.
Parecíasbastantecontentadeverme.—Noparecíatanprepotentecomoel
díaanterior,sinembargo,símostrabasusatisfacción.
—Noeresmitipo—espetóconsaña.Noteníaningúninterésenque
lo fuera, estaba cansada de los hombres como él, que llegaban,
conquistaban, masacraban tu mundo poniéndolo patas arriba y
desaparecíansinmiraratrás.
—Pero tú sí eres el mío. ¡Vaya contrariedad! ¿No crees? —La
recorrióconlosojossinprisa,parahacerungestoconlacabezahaciael
interiordelacasaunmomentodespués—.¿Nomeinvitasapasar?
Sasha se aferró a la puerta con fuerza, hasta que los nudillos se le
pusieronblancos,mientrasnegaba.
—Jamás. Vuelve por donde has venido. Te pagaré el juguete que le
hastraídoamihijo,noquieronadadeti.
—Peronoesparati,¿verdad?—Ensusojospareciódestellarunaluz
peligrosa, como si la furia estuviera a tan solo un paso y ella fuera la
culpabledesudespertar—.DejaqueDerekyyoseamosamigos.
—No,porqueatinoteinteresaDerek.
—¿Ycómoestástanseguradeeso?—Diounpasoamenazadorhacia
ella,invadiendosuespaciovital.Lerozólamejillaconlanarizysusurró
en su oído, permitiéndole notar la calidez de su aliento—. Me gusta
besarte Natasha Jenkins, me mata tocarte y muero de necesidad por
hundirmeprofundodentrodeti,perotodoesonotienenadaquevercon
Derek. —Se retiró, se colocó el cuello del abrigo y tuvo el descaro de
sonreír—.Sondosrelacionesdiferentes,asíqueseguiréintentándolo.
—Si te empeñas en seguir con esta persecución, me obligarás a
dimitir.
El gesto de su acompañante se oscureció, su mandíbula formó una
rígidalínea.
—Noloharás,noaceptarétudimisión—decretó,despuésdiomedia
vueltadecaminoasucoche,comosinoleimportaranada,cuandollegóa
la puerta y se giró, ella aún lo miraba. Debería haber reunido la fuerza
suficiente como para darle un portazo, pero estaba paralizada, no sabía
qué hacer o decir. ¿No planeaba rendirse? ¿No lo haría? ¡No podía
permitirquelearrancaranelcorazón!Nootravez.
—Feliz Navidad —pronunció dedicándole otra intensa mirada llena
depromesasdeplacerenunfuturocercano—.Teveomañana,nohagas
planesparacomer.
—Voy a dimitir —contradijo—, no tendré tiempo para comer ni
contigoniconnadie.
—Puedesintentarlo.
Y con esas palabras entró en el coche muy pagado de sí mismo y
desapareció.Natashadioentonceselportazoquedeseabadarygritó,harta
dequeaquelsexsymbolestuvieradispuestoadestrozarlaordenadavida
quetantotiemposehabíatomadoencrear.
¡¡Ytodoporaquelestúpidobeso!!
ElúnicopensamientoquecaldeabaelinteriordeNathan,ydespertaba
ciertas partes concretas de su cuerpo, era aquel que dejaba clara la
inmensa y deliciosa sensualidad de Natasha. Por alguna razón, no podía
comprender cuál, ella se esforzaba mucho por ocultar su apasionada
naturaleza. Se había transformado en fuego líquido en sus brazos y, sin
embargo,tanprontocomorecuperóloqueellallamaracordura,sehabía
apartado,volviendoaesaactituddistanteyfríaquelamantendríaasalvo.
Almenos,esoeraloquecreía.
Una sonrisa reflejó lo contento que se sentía. No era inmune a sus
encantos.Lucha,entregayluchaotravez,perolodeseaba,probablemente
tantocomoélaella.¿Cómolograrquebajarasusdefensas?
Estaba claro que no se había ablandado por el regalo que le había
llevadoasuhijo.Dehecho,dudabamuchoquelahubierapodidoengañar
conaquellapequeñamentiradequedeseabaunarelaciónconelniño.¡Por
Dios! ¡Nathan York no tenía ni idea de niños! Y sabía que ella era
conscientedeesehecho.Noobstante,planeabaaferrarseaesarealidadde
forma completa, como debía hacerse. Como necesitaba hacerlo. Si el
renacuajoeraelmedio,entoncesqueasífuera.
No había sabido cómo actuar cuando el niño lo había abrazado,
cuando lo había mirado con aquellos ojitos como si él fuera el mejor y
más capaz hombre del mundo. Nunca había sentido esa extraña
incomodidad en su interior, que lo hacía sentirse débil y fuerte a la vez.
Capazyasustado.Lodevolvióaunmomentodesuvidaenquetansolo
eraunpeleleynoqueríaeso,nosoloNatashahabíaluchadoporcrearesa
coraza, él también tenía las propias, para protegerse de aquellos que lo
habíanabandonado.
Se sentía solo y aquel pequeño, Derek Jenkins, lo único que había
logradoeradejarleclaroquehabíaungranhuecoensuvida.¿Podíaser
que fuera tiempo de buscar una mujer florero para que le hiciera
compañía?
El escalofrío recorrió por completo su cuerpo. No, no podría
soportar a una Mandy veinticuatro horas al día, siete días a la semana,
teníaquehaberotrasoluciónparaesasoledad.
Natasha...
PeronoibaacasarseconNatasha.¿Porqué?Puesesoerafácil,no
eramujerparaél,nocomprenderíasusnecesidadesdesaltardecamaen
camaomantenersuespaciopersonal.Quizáhabríaestadodispuestaaello
si garantizaba el futuro de su hijo. No le costaría tanto pagar la
universidad del niño y todo lo que quisiera hacer y a cambio, tener a la
madreensucamayensuhogar.Acompañándoloafiestasy...
Sussociosseburlaríandeél.LaseñoritaRottenmeier,pormásquese
calentarabajosusmanos,noeraloqueseesperabadeunaltoejecutivo.
NopodíaactuarcomoMandy,noteníasusatributos.
Necesitaba una solución. Si se negaba a compartir su cama por las
buenas, a tener una aventura, y estaba claro que él no estaba dispuesto a
casarse con ella, solo le quedaba la opción de pactar algo con ella que
resultarabeneficiosoparalosdos.
Quizápodríaconvertirseensuamanteuntiempoacambiodequeél
garantizara un hogar y los estudios de su hijo. Era un buen trato,
probablementetrastresocuatroencuentros,élseaburrierayellatendría
solucionadaelrestodesuvida.
Nocreíaquefuerafelizviviendoconsuspadres,parecíaunamujer
independienteyquizá,soloquizá,algodesesperada.¿Quéhabríasidodel
padredelniño?¿Habríamuerto?
No se explicaba otra forma de que hubiese tomado la decisión de
alejarsedeella.
Pulsólateclademarcaciónrápidaenelteléfonodelcoche,activando
elmanoslibres,yllamóasusecretaria.
—Necesito un informe completo sobre Natasha Jenkins. Antiguos
trabajos,relacioneslaboralesypersonales,todoloquepuedasencontrar.
La voz ronca de su secretaria le hizo preguntarse si no la habría
despertado.
—Sí,señor.
—Esalgourgente,sinolofueranotemolestaríahoy.
—Sí, señor. —Un bostezo llego a través de la línea. No era tan
temprano,yaeradedía.
—Encuantoconsigaslainformación,llámame.Estarédisponibleen
elmóvil.
—Sí,señor—terminólamujerycolgóantesdequeélpudieradecir
algomás.
¿Qué les pasaba de pronto a las mujeres? ¿Acaso se habían vuelto
todaslocas?¿Desdecuándolotratabancomosifuerauntiponormal?No
loera,eraatractivoyrico,máslesvalíanoolvidarlo.
—Soyunidiota—dijoenvozaltaenelcocheyseburlódesímismo
—.Siestuvierasaquí,abuela,ibasadarmeunadetusfamosascollejas.
Llevaba demasiado tiempo saliéndose con la suya y parecía que la
revelación de la noche anterior no había servido para nada. Se había
deshechodeMandy,peroahorateníaquedeshacersedelplayboy.
¿PodríaNathanYork,despuésdetantosaños,serunhombrenormal?
CAPÍTULO10
—¿Todo va bien? —preguntó su madre con gesto de preocupación.
Si había alguien que detectara sus diferentes estados de ánimo, por más
queellatrataradeocultarlosydisimular,esaeraella.
Había aprovechado que el niño estaba en el jardín con el abuelo,
probandolanuevabici,paraacercarseyhablarconsuhija.
—Todo...—Lamiróysintiócómolaslágrimasanegabansusojos—.
Todoesunamierda,mamá.Todo.Mijefesehaobsesionadoconmigoy
nomedejatranquila.Quiereacostarseconmigo,claro,noesquepretenda
algomásdecente.—Sellevólasmanosalacaraysefrotólasienylos
ojos,tratandodealiviarsudolordecabeza.
—Notienesquehacernadaquenoquierashacer,Sasha—lerecordó
lamujermayor,contonotranquilo—.Nadiepuedeobligarteaenamorarte
odesearaalguien.
—Dudopoderenamorarmeotravez.Menosdealguienqueseparece
tantoaSutton.Yahepasadoesearounavez,noquierotropezardenuevo
conlamismapiedraycaer.Porquedudosercapazdesalirdeeseagujero
otra vez. —Parecía derrotada, nerviosa y asustada, porque lo estaba.
Deseabaserniñadenuevo,paraachucharalamujerquelehabíadadola
vidaypedirle,ensilencio,quearreglaratodoporella,comosolíahacer
en otros tiempos. Odiaba ser una adulta—. Lo único bueno que me ha
pasadoenlavidaesDerek,todoloquehagoesporél,peronosésipodré
hacerfrenteaNathanysalirconelcorazónenterodeesto.
—¿Enquéhaspensado?
Sumadrelaconocíatanbienqueavecesledabamiedo.
—Quizádebadimitir.Dejarestetrabajoybuscarotro.
—Si crees que es la mejor solución, hazlo. A tu padre no le vendrá
mal otro par de manos en la juguetería. El sueldo no será muy grande,
pero...saldremosadelante.Comosiemprehemoshecho.
—Losé,mamá.Losé,peronoquierodarlemásproblemasapapá,se
preocupa mucho y ya debería pensar en jubilarse, no en resolver mis
asuntos.Esonoesjustoparaél.
—Tampoco es justo para ti lo que está sucediendo. Decidas lo que
decidasestarábien,teapoyaremos—prometiósumadreconconvicción.
Sabía que lo decía de corazón, pero estaba cansada de tener que
dependerdeotrospararesolversuvidaytodoporuncalentón.¿Noera
capaz de contener su libido? ¿O su orgullo? Si no hubiera sentido la
necesidaddedemostrarnada,ahoranoestaríaeneselío.Eljefelahabría
besadosinmásy,después,habríapasadoaotracomosinada.
Malditafueraporhaberdeseadoserloqueeraynoaquellafachada
quehabíacreado.Tansolosehabíacomplicadolavidaynadamás.
—Losiento.Losientotanto...Solooscausoproblemas.
—No fuiste la única a la que Sutton engañó, cariño —pronunció su
madreenvozbaja.
Elloslohabíanconocidoyhabíanestadoencantadosconelhombre.
Ningunosospechódesusdeshonestasintencionesodesussecretos.Nadie
sabíaquehabíaunaprometidaembarazada,hijadealgúntipoimportante,
con la que iba a casarse. Tan solo la utilizó y la desechó como si no
sirvieraparanada.
«ComoharáNathansilepermitesacercarseati».
Su conciencia tenía claro aquello, su corazón no. Había dudas de
nuevo,comosiquisieracreerenalgoque,deantemanodeberíasaber,iba
asalirmal.
—Hagasloquehagas,nodejesqueteafecte—dijosumadre—.No
dejesqueminetuautoestima.Eresunamujerpreciosaquehatenidomala
suerte,nadamás.Nodejaremosquevuelvanahacertedaño.
—¿Quién te ha hecho daño? —La voz grave de su padre sonó
cortanteyconadvertencia.Estabafurioso,apesardequenolomostraba,
elniñoseasustaría.
Dereklamirabaconelceñofruncidoysucaritainfantilmostrabasu
preocupación.
—Nadie,papá.Todoestábien.
Abriólosbrazosysuhijocorrióconella,paraachucharla.Ledioun
besoenlamejillayhablóbajito.
—Yoteprotejo,mami.
Sasha sintió una nueva oleada de lágrimas, esta vez de orgullo y
felicidad.Estabacriandoaunbuenniño,sucorazónerapuroysinceroy
nosepareceríanuncaasupadre.Sabríaqueelrespetoyelamoreranlo
másgrandedelmundo,tesorosquehabíaquecuidaryrespetar.
—Lo sé, mi amor. Sé que tú eres mi mayor defensor y el mejor
guerrerodetodos—selevantóconélysonrió—.¿Porquénomeenseñas
lobienquemontasenbici?
—Soy un chico mayor, ya verás, mamá. No te lo vas a creer, el
abuelomehaenseñadotodoloquesabe.
—Esotengoqueverlo.
Pasóalladodesupadredecaminoaljardínyposóunamanoensu
hombro,amododeconsuelo.Sentirsufortalezalahacíasentircapazde
todo. El hombre la miró, con sus ojos oscuros centrados en ella con
preocupación, y después caminó hasta su mujer, cuando abandonaron la
casa.
Esperaba que su madre no dijera nada, había logrado contenerlo
cuando Sutton, pero si ahora otro trataba de dañar a su hijita, lo más
probableeraquequisierapegarleunpuñetazo.
Ylaviolenciasolocomplicabalascosas.
Silosabríaella...
Suspiró, se puso una chaqueta de lana con borreguillo calentito por
dentroysiguióaDerek.
EraNavidadynoplaneabadejarquenadaninadielesestropearael
día.
Derekyellaibanadisfrutaralogrande.
Nathanobservólapantalladesuordenadormientrasleíaelinforme
queleacababadeenviarsusecretaria.Nohabíagraninformaciónallí,a
excepcióndelnombredelaempresaparalaquehabíatrabajadoNatashay
un nombre de referencia: Sutton Kramer. Había escuchado hablar de él,
aunquenoloconocía.Eltipollevabaunadelassucursalesdeinnovación
tecnológicamásimportantesdelaCostaEste.
Semetióeninternet,buscandoalgomássobreaquellaempresaysu
director y encontró un correo electrónico y un número de teléfono.
También algunos artículos de la prensa de sociedad. Al parecer el tipo
estabacasadoyteníaunhijo.ElniñoeradelaedaddeDerek,porloque
leía,ysuesposaerabastanteparecidaasuex.Unadeesasqueunhombre
comoellosllevabacomounapéndiceextra,peroalaquenuncalograban
llegar a amar. Tenía todo el aspecto de tratarse de un matrimonio de
conveniencia.Comotodosensumundo,oalmenoslamayoría.
Nopudoevitarpensarquelostiposcomoéleranunatajodeidiotas,
¿acasonopodíancomportarsecomohombres?Hombres.
La palabra quedó en su mente rebotando, se recostó en la silla y
siguióobservandolapantalladelordenador,aunquesinver.Recordóque
enotrotiempoalguienensusituación,conuninteréstanevidenteporuna
mujer respetable, habría decidido cortejarla de otra manera. Flores,
bombones, cenas elegantes con tan solo un beso de despedida y sin
pretensionesdemeterseensucama,perolostiemposcambiabanyélno
estaba atrapado en aquel lejano pasado. Más bien vivía en un presente
salvaje,viviendoalmomentoysinpedirperdónporsusacciones.
DeberíadetenerseavalorarmejoraquellasituaciónyaNatasha.No
separecíaaningunadelasmujeresconlaquesolíaalternar.Eralatípica
niña buena, a pesar de todo aquel porte de indiferencia y frialdad. Había
visto y escuchado su risa, había visto la ternura de su alma y, quizá,
tambiénsuingenuidad.Eramadreyestabafelizconaquello,almenoslo
parecía.
Nathannoeraunhombreconinterésporlosniños.Pensabaquelas
guarderías y los colegios se habían hecho para contener a las pequeñas
fieras,peroelobjetodesudeseoparecíaestarenellugaropuestodela
línea,anhelandoydeseandoformarunafamilia.
Éleraunplayboynounpadre,nopodíatransformarsenicambiarsu
formadeserparasalirseconlasuyayllevarlaasucama.Podríafingir,
sabíaquepodíahacerloynoseríalaprimeravez,perohabíaalgoenla
vulnerabilidaddelamujer,eneltonoapenasperceptibledesúplica,cada
vezqueexigíaquesealejaradeella,quelohelabapordentroylohacía
temerromperleelcorazón.
¿Dedóndesalíanaquellospensamientos?Noeraasí,nuncalohabía
sido.Nopodíacambiarsuestrategiaaesaalturadelpartido.
Natasha Jenkins. Una mujer cálida por dentro y dura por fuera.
¿Habría tenido algo con Kramer? No le gustaría meterse en terreno de
otrohombre.
Por un instante, odió que fuera Navidad. Si hubiera sido cualquier
otro día, habría levantado el teléfono y habría logrado hablar con el
hombre directamente, pero de momento, lo más que podía hacer era
escribir un correo, dejar su número y exigir que lo llamara. Ya habría
tiempodehacermásdescubrimientosaldíasiguiente.
Antes de que el año terminara, la señorita Rottenmeier se derretiría
entre sus brazos, pero quería contar con toda la información disponible
antesdedarelsiguientepaso.
Estaba muy interesado en ella, tanto que estaba dispuesto a darle un
pardedíasparahacersealaidea,porquetenerla,latendría.
Costaraloquecostaseycuandotodoterminara,latrataríacomoun
caballero, le recomendaría a algún tipo decente o quizá no, quizá le
compraraunacasaconjardínyespacioparaelniñoylaanimaríaavisitar
sucamadevezencuando.
El timbre de la puerta interrumpió sus cavilaciones. Se levantó y
abriósinpensar.Habíaunhombrealotroladodelapuerta.
—¿NathanYork?—preguntóeldesconocidocongestocontrito.Era
casiunanciano,probablementejubiladoocasi,noparecíaejecutivo,sino
untiponormal.¿Porquélobuscaría?
—En persona —contestó con su sonrisa de superioridad—. ¿Puedo
ayu...?
Lepegóunpuñetazoantesdequepudieraterminarsupregunta.
—Novuelvasaacercarteamihija.
Después se giró y lo dejó totalmente estupefacto, frotándose el
pómulo y lamiéndose el labio. El golpe había sido lo suficientemente
fuertecomoparahaberlegiradolacara.Seguramentelesaldríaunbuen
morado,aunquenolehabíahechosangrar.
«El señor Jenkins», dijo para sí. Podría haberle seguido y haberle
dadounapaliza,peroesonobeneficiaríaasucausa.Enciertomodo,sabía
que se merecía aquello, si no por lo que había hecho sí por lo que
planeabahacer.
«Elprimeroesgratis».
No habría un segundo, Natasha y él hablarían, ya lo creía que lo
haríanyllegaríanaunacuerdo.
Porelbiendelosdos.
CAPÍTULO11
Sabía que probablemente no era la mejor solución, pero no se le
ocurríaotra.Sashateníasumesallenadecajasdecartónmientrasrecogía
sus cosas. Podía empezar en otro lugar, pasar un tiempo ayudando a su
padreyhaciendoloqueunhijovarónhabríahecho,aprenderelnegocio.
Noeraalgotanmalo.
El hombre le había pedido que se diera una oportunidad, que se
convirtieraensuayudanteuntiempo,queaprendieraelfuncionamientode
la tienda que heredaría su nieto y Natasha había aceptado. ¿Por qué? La
respuestaerasencilla:estabacansadadelucharcontrasímisma,contralos
jefes que no tenían problema en propasarse con sus empleadas y contra
aquelmundoquelasaturabayleexprimíalaenergía.
—¿Te vas? ¡No! Dime que no es verdad. —Su amigo, el ligón, se
acercó a ella con cara de horror. Parecía realmente preocupado por su
decisión,comosifueraaecharlademenos.
—Aveceshaycosasquetenemosquehacer—explicómirándolocon
cariño,yanonecesitabamantenerunafachada,nosequedaríamásallí.Se
acercó a él y lo abrazó con fuerza—. Te echaré de menos —miró a su
amiga—.Aambos.
Lamujertambiénlaabrazóconcariño,lostresseachucharonentre
risasyalgunalágrima.
—Eslomejor—repitióNatashacomosiquisieraautoconvencerse.
Losdoslamiraron.
—Novamosadejarteenpaz,planeamosseguirviéndote—advirtió
lachica,abrazándolaotravez—.Sashaeresnuestraamiga,inclusoaunque
nolocreas.Sientolodelvibrador,nopensabaquefuerahacerque...
—No es culpa tuya —la tranquilizó—. Voy a trabajar en el negocio
familiar,mipadreestámuymayorynecesitaayuda.
—¿Juguetes Jenkins? —inquirió el guaperas sorprendido—. Adoro
ese lugar, me encanta. Siempre me trae mis coches de coleccionista,
consigue todos los que quiero y me los deja a un precio estupendo. Tu
padreesgenial.
—Gracias.Sí,esunbuenhombre—abrazóunavezmásasuamigo
—.Graciasportodoalosdos,nosvemos.Tenéisminúmero,llamadme,
¿vale?
—¿Yanovasadejarnosalmargen?
Natashanegó.
—Eshoradequenosconozcamosdeverdad,habéissidotanbuenos
conmigoque...Quieroestaoportunidad.
—Comohedicho,notelibrarásfácilmente—comentósuamigo—.
Venaquí,pequeñapadawan.—Laachuchóconfuerzaylebesólanariz—.
Todosaldrábien.
—Sí,lohará.
Seapartóylosmiróconunasonrisa,cogióelsobreconsudimisión
yfuealdespacho.Lasecretarialedioluzverdeparaentrartrasllamaral
jefey,depronto,seencontrónerviosayligeramenteangustiadafrentea
Nathan.
Trató de armarse de valor, caminó hasta su mesa y dejó el sobre
encimadelapulidasuperficie,haciéndoloresbalarhaciaél.
—Midimisión—decretó—.Conquincedíasdeantelación,losdelas
vacacionesquenomehetomadoesteaño.
—No la acepto —espetó él, molesto—. No vas a dejar este trabajo
NatashaJenkins.
—Yalohehecho.Estoyenmiderecho.
—No seas tonta —empezó, como si fuera insignificante y le faltara
un tornillo—. Lo que pase entre nosotros no tiene nada que ver con tu
trabajo.
—Entre nosotros no ha pasado nada y no pasará. Dejó este trabajo
pormotivospersonales,noquieroseguiraquí.
—Por Dios, no cometas una imprudencia —dijo levantándose y
perdiendolosnervios—.YacometisteunerrorconKramer,novuelvasa
hacerlo.
Natasha sintió el golpe de inmediato, su estómago se encogió y su
corazónseaceleró.
—No tienes ningún derecho a... —pero su voz y toda ella temblaba,
tuvoqueguardarsilencioparacontenerse.
—No.Probablemente,nolotengo,perosoytujefey...
—Eras. Eras mi jefe, ya no. Acabo de dimitir. —Se giró y se dio
mediavuelta,caminóhastalapuerta,Nathanladetuvoconunasolafrase.
—Hesidounidiota,fumemoslapipadelapaz.Notirestodatuvidaa
labasuraporunerror.
Natasha no sabía por qué hacía eso, lo conocía. Había retrocedido
cuandoSuttonleasegurómilyunacosasquenuncasehicieronrealidad,
peronocometeríaeseerror,nootravez.
—Nopuedovolverapasarporesto,Nathan.Nolohagasmásdifícil.
Ambossabemosquesolosoyunretoquenisiquieraquieresganar.
Tuvo la buena fortuna de decir todo aquello sin llorar. El hombre
contestóconunapagado:
—Esonoescierto.
Quizásihubierasidomásenérgico,silohubieradichodeverdady
ella pudiera haberlo creído... quizá entonces, ella habría titubeado y
reconsideradosudecisión,¿peroasí?Asíno.Estabahartadellorar,harta
deesconderse.
—Adiós,Nathan.
***
El hombre se quedó observando la puerta en silencio y queriendo
golpearse por tonto. Tomó el sobre y leyó el contenido. Lo arrojó a la
papeleraygruñó.Estabamásmolestoconsigomismoqueconella,había
cometido un error imperdonable. Había presionado a una mujer que, al
parecer,teníaundurobagajedetrás.
Podría haber jugado la carta de la agresión que había recibido por
partedesupadre,peronohabíaqueridohacerlo.Noeraunsuciogusano
rastrero, creía, o al menos quería creer, que aún le quedaban restos de
honor.
Se reclinó en la silla giratoria y suspiró. Presionó el botón del
intercomunicadoryhablóasusecretaria:
—PonmeconSuttonKramer,dilequeesunasuntopersonal.
—Síseñor—contestólamujerconeficacia.
Solo quedaba esperar, investigar y descubrir exactamente qué es lo
que había allí, contra qué era con lo que tenía que luchar. Porque estaba
claroquehabíaalgo,algoimportante.
—Kramer—contestóelhombreconunavozseguraydirecta.
—Nathan York, creo que tenemos una amiga en común: Natasha
Jenkins.
Unsuspiroapenascontenidoalotroladodelalínea,unamaldicióny
despuésunagresivo.
—¿Quécoñoquieres?Yalehedichomilvecesquenoquierosaber
nadadelmocoso.
Ysinmásexplicacionescolgó.
Sin embargo, de pronto, todo estaba empezando a quedar
repentinamenteclaro.
Asíquehabíaunahistoriajugosaallí,interesante...
Debería hacer una visita de cortesía a Derek, para contrastar
información.
Tecleóensuordenadorelnombredelhombreydescargóunparde
fotos.Lasimprimióylasguardóensubolsillo.
Eraunhombreconunamisiónytendríaéxito.
CAPÍTULO12
—Ho. Ho. Ho. Feliz Navidad. —Ver a Max y a Kara entrando en la
tienda con aquella sonrisa y la pose navideña, sin olvidar las llamativas
ropas y los gorros a juego, le alegró el día. Había estado apagada y
pensativa, tratando de descubrir si había hecho lo correcto o si, por el
contrario,habíacometidounagranequivocación.
La verdad era que le gustaba estar allí, rodeada de juguetes y la
ilusión de los más pequeños. Derek, además, también estaba mucho más
feliz, pues podía permanecer más horas con su madre. La ayudaba a
colocarlosestantesy,depaso,aprovechabaparaprobarlosjuguetes.
Segúnsuspropiaspalabras:«Porsialgunoestároto,mami».
Sonrióysedirigióalosreciénllegados.
—Bienvenidosamisdominios—saludó—.Mealegrodeveros.
—Bueno,tampocohapasadotantotiempo,peroqueríamosecharun
vistazoporaquí—comentóKara.
—Mentira.Queríamosecharteunvistazoati.¿Cómolollevas?—se
interesóMax.
—No he tenido tiempo para pensar en ello. Estoy muy bien, me
gustanlosjuguetes.Siempremegustaron.
—Te envidio, este lugar era el mundo de mis sueños cuando era
pequeño. —Se dio una vuelta alrededor, observando los estantes y
escogiendounpardecochesdecoleccionista—.Podríahabervividoaquí.
¡Aúnpodría!Mellevoestos,tupadrenuncamefalla.
—Yahílotienes,uncríotodavía—pinchóKara.
Derekllegócorriendohastadondeestabasumadreyobservóalos
reciénllegados,Sashaselospresentó.
—Venaquí,cariño,tevoyapresentaradospersonasmuysimpáticas.
Sonamigosmíos.
Derekseasomóylosmiróconcuriosidad.
—¡Hombre! ¿Y quién es este chico de aquí? —Max se puso en
cuclillastendiéndolelamano—.YosoyMaxymegustanloscoches.
El niño observó a su madre expectante y cuando le dio permiso,
caminóhaciaMaxyestrechósumanocomounapersonamayor.
—MellamoDerekymegustantodoslosjuguetes.
—Eres muy inteligente, Derek, pero dime algo... ¿también las
muñecas?
Elpequeñoloobservódivertido,mirándolocomosinoestuvieraal
tanto.
—Lasmuñecaslegustanamamáyamítambién.Nosonjuguetesde
niña, son de niños también. Pero muchos mayores no lo entienden y le
dicenmentirasasushijosyesonoestábien.¿Aqueno?
Max sonrió revolviéndole el pelo. Le prestaba toda su atención,
hechoquemaravillabaasuhijo.Sashanopudoevitarsentirunpinchazo
de dolor en el pecho. Así debería haber sido Sutton, alguien cercano y
cariñosoconDerek,peroloquenoeranopodíaforzarse.Sealegródela
visitadeMax.
—Tienesmucharazón,creoquecompraréunamuñecatambién.¿Me
recomiendasalguna?
Elniñotiródesumanoparaquelosiguiera.
—Ven,telaenseñaré—yechóacorreratodaprisa.
KaraconunasonrisatiernamiróaSasha.
—Qué calladito te lo tenías, aunque no me extraña. Si tuviera un
pequeñopríncipetanguapo,tampocolocompartiría.
—Sientono...
—Tranquila.Loentiendo.
Y ahí llegó la segunda punzada. ¿Por qué no se había abierto más?
Sus compañeros de la oficina eran buenas personas, buenos amigos. A
pesardequesehabíaesforzadopormanteneratodoelmundoalmargen,
allíestaban,tendiéndoleunamanoamiga.
—Derekestodamivida,supadreesunredomadoimbécil.Aveces
cuesta confiar, especialmente después de que te han traicionado tan
profundamente.
—Sasha, cariño, no estoy enfadada y Max tampoco. Nosotros
sabíamosquealgotepasaba,peronohemosdejadodevermuestrasdetu
buencorazón.Hassidounaamiga,inclusoaunquenonoshayascontado
todostussecretos—laconsoló—.Ahoracuéntamelaverdad,¿hasdejado
eltrabajoporqueNathanteestabaacosando?
—Sí y no. No quiero otra relación con un hombre, no creo que
pudiera sobrevivir a otro desengaño y Nathan... El señor York se parece
muchoalpadredemihijo.Llámamedesconfiada,peronopuedocreeren
que algo entre los dos pueda aportarme algo más que un montón de
lágrimasydolor.
—No soy quién para decirte qué hacer, si estuviera en tu lugar y
alguienintentaraaconsejarme,ledaríaunahostia.Asídeclaro.Pero¿ysi
estavezesdiferente?—preguntóprovocándoleunmontónderepentinas
dudas—.Lapiedraesdiferente,quizáestaveznotetropieces.
—Serásilaevito.
—Puedeopuedequeno.Estudecisión,peronodeberíasrenunciara
tuvidaporculpadeunhombre.Noimportaquiénseaotengaelpoderque
tenga. Sé que te gusta lo que haces, Sasha —le dijo con un tono de
preocupaciónensuvoz—.Nolotirestodoporlaborda.Nolomerece.
—Séqueno,perolaverdadesqueestoyunpococansadadetodoeso
y mi padre está pensando en jubilarse. Este lugar es un sueño —dijo,
parafraseandolaspalabrasdeMax—.Megustatrabajaraquí.Nolidiocon
jefespesadosyaunqueelsueldonoestanbueno,podemossaliradelante.
—Siesloquequieres...—comentólaotrahaciéndolasonreír.
—Sí,loes.
—Entonces déjame advertirte acerca de algo. —Puso cara de
concentración y se acercó más, para susurrar y que nadie más pudiera
escucharlo—. No vas a librarte fácilmente de nosotros y, ahora,
denúncianosporacoso.
Natasharioantesdepoderevitarlo,mostrandotodalaluzdesualma,
reflejadaensurostro.Abrazóalamujerantesdetenertiempodepensar
enelloysucorazónsehinchódealegríayciertoorgullo.
Apesardetodo,nohabíahechotanmallascosas,¿verdad?Nosidos
personas tan leales y buenas como aquellas, le tendían un puente para
incluirlaensusvidas.
—Gracias,muchasgraciasporelacoso.Seréisbienvenidos.
—Quedaremosparairdetiendasyhacernoslamanicura.
—Y yo también voy —aportó Max que llegaba con una muñeca de
trapodecoloresyconaspectoremendado—.Mellevoestayloscoches,
aquísuperDerekmehaaconsejadobien.
El niño miró a su madre sonriente, como diciéndole que sabía
trabajarmuybienySashaasintiócariñosa.
—Bien,creoquelopasarásmuybienjugandoconesamuñeca.
—¿Este?Eslaúnicamaneradequeunamujerlosoporte—golpeóal
hombreenelpechoenposejuguetona—,peroasíloqueremos.
—Esaesmicruz,quemequieras.
Natashasonriódenuevo,elniñoseaferróalaspiernasdelhombrey
miróasumadre.
—Mamá, me lo pido. Este es el papá que le he pedido a Santa,
¿podemosquedárnoslo?
Lamujersesonrojóhastalasraícesdelpelo,negandoantelasrisas
desusdosamigos.
—Cariño,tehedichoqueSantanotraepapás.
—Jo, mamá. Pero me gusta mucho. Juega conmigo, es simpático y
creo que puede ser guapo —miró a Kara y preguntó—. Señora, ¿a que
Maxesguapoparamimamá?¿Aquesí?Podríasermipapáydormircon
mamáensucamaenormeyasípodríamosjugarlosdomingosalapelota
conelabuelo.
Natasha trató de mantener la compostura, pero su sonrisa titiló. Le
temblabalabarbilladelesfuerzoquehacíaporcontenerlaslágrimas.
—Mividanopodemosescogerunpapáasí,¿entiendes?Además,tú
yatienesunpapá.
—Uno que no me quiere y yo tampoco lo quiero a él. —Tiró su
juguetealsueloysalióenfadadohacialatrastienda,Sashalollamó,pero
elniñoloignoró.
—¿Vatodobien?—preguntóKarapreocupada.
—Puedo hablar con el chico si quieres, Sasha —el gesto siempre
amableybromistadeMaxsehabíaoscurecidounpoco—.Esmaravilloso,
tieneuncorazónenormey...
—Ysupadrenoloquiereymihijolosabe.Suttonsehaencargado
de demostrarlo. —Se frotó la sien con cansancio, tratando de aliviar la
presión—.Sientoquehayáisvistoesto.
—Somosamigos,¿no?—preguntóMax—.¿Nodeberíasirahablar
conél?Podemosvigilarteelpuesto.
—Mipadreestáconél,noospreocupéis.Selepasará.
—Quiereunpadre.
—Sí,peronosiempresoncomoqueremosquesean.Nocambioami
niñopornada,perosupadre...fueungranerror.
—Todoelmundoseequivoca—dijoKaratratandodeanimarla.
—Nadiesehaequivocadotantocomoyo.
***
Nathan observaba la escena desde el otro lado del cristal del
escaparate. Había estado a punto de entrar, sintiendo unos arrebatadores
celosalveraMaxallí,perohabíacontenidoeseprimerinstinto.Teníaque
calmarseantesdeenfrentaralamujer,jugaralpretendientecelosonole
daríapuntos,másbienlopondríadepatitasenlacalleantesdeempezar.
Teníaqueactuarconinteligencia.
Miró su reloj. Tenía tiempo de sobra, pero se preguntaba si la
señoritaJenkinslotendría.¿Paraél?Probablementeno.
—Una buena mujer esa, ¿no cree? —La grave voz que llegó a su
derecha lo sacó de su ensimismamiento. Se giró brevemente hacia el
dueño y trató de contener las ganas de mandarlo a tomar viento fresco.
Eraunjubilado,deesosquenoteníannadamejorquehacerquemeterse
enasuntosajenos.Supeloybarbablancospodríanhaberloconvertidoen
SantaClaus,sinohubieraestadobastanteenformaparasuedad.Nirastro
delafamosabarriga—.Mujeresasíhaypocas.
—Disculpe,pero¿conoceaNatasha?
—¿Quesilaconozco?Desdeniña.Siempreestuvoenlalistadelos
buenos,¿sabe?
—AhoramediráqueustedesSantayqueellaesunregalo.
—Yaesmayorparacreerenesoscuentos,¿no?Puedequenoseaun
icono mágico que se ocupa de repartir millones de regalos en una sola
noche,peroconozcoaesamujer,hijo,ysinotedasprisaotrollegaráyte
la quitará. Si yo tuviera veinte años menos... no estaría aquí hablando
contigo,telogarantizo.
—Noquieresabernadademí.
—Noesesoylosabes.Nohasofrecidoloqueellanecesita.Todos
buscamos algo, ¿qué buscas tú? —Le dio una palmadita en la espalda y,
conunafablegesto,siguiósucamino.
Sinunapalabramás,lodejósumergidoenunmardeposibilidades.
¿Podía una mujer ser algo más que el entretenimiento pasajero de un
hombre?
Habíaoídohablardelamor,lohabíavisto.Suhermanolotenía,sus
padreslohabíantenido,segúnhabíadichosuabuela,ySashalotenía.Su
hijoerasugranamor.
¿Cómo irrumpir entonces en esa red de sentimientos de la que no
sabía nada? Siempre ganaba sus juegos, pero el amor era un rival
demasiadofuerteydesconocido.
Unoquepodíaarrasarcontodoydejartesumergidoenelolvido.
Aunque lo que estaba claro era que si no lo intentaba, jamás lo
lograría.Noeraunhombrequeserindierafácilmente,sabíalucharhasta
elfinal.Laqueríaensucamaylatendríaallí.
Másprontoquetarde.
Podríafingir,decirlequeadorabaasuhijo,quequeríaalgointensoy
emotivoentrelosdosopodíadecirlaverdad,sersincero.¿Seganaríaun
derechazodiciéndoleloquerealmenteleinteresaba?¿Pactaríaellaporel
bien de su pequeño? ¿Sería capaz él de abandonarla, después de haberla
tenidoasulado?
Sí,podríaseguircomosinada.Noeralaprimeravez.
Peroantesteníaquedescubrirtodoloquehubieraquesabersobreel
tal Sutton y su relación con el niño, quería hablar con Derek, él no
mentiría.Aesaedad,todavíanoerancapacesdehacerlo.
Y si hubiera sido más mayor, podría haberlo emborrachado,
¿verdad? Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, sin
subterfugios.
Abrió la puerta y se aventuró dentro. Observó a Natasha despedirse
de sus invitados y caminó hacia ella sin decir nada más que un educado
«buenosdías».
—¿Vienesacomprarotrotren?—preguntóarisca.Estabapreparada
yarmadacontraél,noibaaresultarfácil.
—Quiero una oportunidad contigo. Sé que el tal Sutton se portó
comounauténticocabrón,peroconmigoestaránclaroslostérminos.Una
aventura adulta y a cambio te daré lo que quieras. ¿Pagar los estudios
universitariosdelniño?Hecho.¿Unacasaparaquepuedasindependizarte?
Hecho.Ponelprecio.
—Lárgate—lapalabrasonóentredientes,surostrorojodefuria.
—Sé razonable, Natasha. No conseguirás un trato mejor. No durará
más de un mes, quizá dos, y tendrás el resto de tu vida y la de tu hijo
resueltas.
—He. Dicho. Que. Te. Vayas. —Reforzó con ímpetu cada palabra,
dejándole claro que la había ofendido, aunque no comprendía la ofensa.
¿Quéhabíadichoquefueratanmalo?
—Noteentiendo.¿Quéesloquetemolestatanto?¿Queseasincero?
¿Prefieresquevengayseduzcaatuhijoconregalosparaquemequiera
ensuvida,apesardequenomegustanlosniñosylosquierocuantomás
lejos mejor? ¿Quieres palabras falsas de amor y promesas de una
eternidadjuntos?
—Vete.Noquierosabernadamásdeti—exigió,suvozconunanota
histérica—. ¿Te atreves a venir aquí a tacharme de puta? ¿Y tengo que
ponerbuenacara?Lárgate,NathanYork,antesdequedecidacogerunode
esosbatesdebéisbolygolpeartelacabezaconél,aversiasíteentraun
poquitodesentidocomún.
—Yonoteinsultado,Natasha.
—Lo has hecho. Y de la peor de las maneras posibles. ¿Así quieres
unaoportunidad?¿Unaoportunidadparaqué?¿Paraburlartedemí?No,
gracias.Nomeinteresa.
—NosoycomoKramer.Teofrezcounapropuestallenadeverdades.
—Eres peor que él y no te quiero cerca de mí o de mi hijo,
¿entendido?Márchate.
—Solodéjameconocerte,conóceme.Inténtalo.Novoyaforzarte,en
contradeloqueparecescreer.Situviéramosunacita,estoyseguro...
—¿De qué? ¿De que meterías más la nariz en asuntos que no te
conciernen? Mi vida es mía, mi cuerpo también. No voy a permitir que
ningún niño rico que no ha tenido que luchar por nada en toda su vida,
vengaaquíacomprarme.Nomeacostaríacontigoniportodoelorodel
mundo,¿entendido?Ahora,márchate.
—Tearrepentirásdeesto.
—Deloúnicoquemearrepientoesdeeseestúpidobeso.Lárgatey
novuelvas.
Nathanlamiró,habíaabordadomuymalelasunto.Nodeberíahaber
insinuado aquello, pero no pensó que pudiera comprender algo tan
grotesco de sus palabras. Suspiró. Sería mejor que preparara una
estrategia,eraunexpertoeneljuegodelaseducción.
Teníanquejugar.
—EsperabapoderhablarconDerek.
—Notienesnadaquedecirleamihijo.
—Quiero...
—Veteynovuelvas,NathanYork.Déjameenpaz.
Anteesonohabíamuchoquepudierahacer,asíqueporestavezse
retiró,perotodavíateníaunacartaenlamangaysiteníaquejugarla,lo
haría.
Hasta las últimas consecuencias, si con ello conseguía lo que de
verdadquería.
***
—¿Qué hacía ese hombre aquí? —preguntó su padre saliendo con
Derekenbrazos.
El niño miró a su madre arrepentido y se bajó para correr a ella y
abrazarlaconfuerza.
—Perdón,mami.
Natashabesóasuhijoenlafrenteylorodeóenunfieroabrazo.
—Nada, papá. No hacía nada. Se ha obsesionado conmigo, eso es
todo. No lo entiendo y creo que no quiero comprenderlo. Espero que
prontoselepase,nomegustanlosjuegos.
—Noescomoquientúsabes—dijoelhombre—,aunquenopueda
decirqueseabueno.
—¿Porquédiceseso?¿Quésabestúdeél?Noloconoces.
—Quizá me dejara caer por su casa y le hiciera una advertencia el
otrodía...
—¿Dequéhablas,papá?
—Puedequeledieraunpuñetazo.
—¿Qué?¿Yporquéhicisteeso?
—Porqueselomerecía.
Sasha intentó no poner gesto contrariado. Ahora iba a tener que
hablarconélparadisculparse,paraacordaralgo,porquesidenunciabaa
su padre por agresión... Nathan no eran de los que se quedaban quietos
despuésdesemejanteofensa.
—Estábien,nopasanada.Hablaréconél.
—No podía soportar que te hiciera daño. La otra vez no hice nada,
peroqueríadejarclaroquenoestássola.Ysieseidiotaseatreveahacerte
llorar,unasolalágrima,lomataré.
Lamujercubriólosoídosdesuhijo,haciéndoloreír,perosugesto
eraserio.
—Nohablesasí.Nodeberías...loarreglaré.Encontrarélaformade
llegaraunacuerdo.
—Sientocausarteproblemas,hija.
—Noesunproblema,almenostodavía.
Peropodíaserunomuygordo,sinoarreglabanaquelmalentendido.
Tendría que llamar, tendría que aceptar su cita y esperar que se
conformaraconeso,porquedudabaquepudieradarlemás.
Suplicóensilencioaquienquieraqueestuvieraescuchándolaqueno
dejaraqueaquellosecomplicaramás.
Ya tenía bastantes preocupaciones y Nathan York era una
complicaciónmás.
Unaquenohabíapedido,peroconlaquetendríaquelidiar.
CAPÍTULO13
Nathan no podía estar más sorprendido. Hacía media hora Sasha lo
habíallamadopidiéndoleunacita.Soloeraparatomaruncafé,peropor
ahoralebastaba.
Lehabíadichoqueestaríansolosyquenosepreocuparaporsuhijo,
que sus padres se encargarían de atender al pequeño. En su tono de voz
había una inusitada seriedad, así que supuso que había surgido algún
problema. ¿Habría pensado en su propuesta? No lo creía, aunque lo
deseaba.
Una noche con ella, solo una noche y podría sacarla de su sistema.
Olvidarlaparasiempre.
Noqueríadineronifiestas,noloqueríaaél,eralaprimeravezque
lepasaba.
Encuantoabriólapuertadelpintorescolocalunabofetadadecalory
olor dulce lo recibió. Los villancicos inundaban la estancia casi vacía,
mientras localizaba en un suspiro al objeto de sus más ansiosos
pensamientos.
Estabasentadaenunrincón,removiendounchocolate,consumirada
vagandoperdida.Noestabaallí,sinoenalgúnlugarmuylejano.Hizosu
pedidoenlabarraysesentóconella.
—Nopuedodecirquenomehayasorprendidotullamada.
—Tenemos que hablar de mi padre. Me ha dicho que te hizo una
visita poco amistosa. —Lo miró ansiosa, como si tuviera miedo de su
respuesta.
—¿Soloeseso?
—No quiero que se convierta en un problema. Mi padre solo me
protegía, si no te hubieras empeñado en ir detrás de mí... —lo acusó,
provocándole la risa. Era a él a quién habían golpeado y lo hacía sentir
culpable.Erabuenaenaquello,muybuena.
—No voy a denunciarle ni a chantajearte por eso. Comprendo sus
motivos.Estabacuidandodelossuyosyesoesalgoquerespetoymucho.
Lo miró como si lo hubiera poseído un extraterrestre y no fuera
capazdereconocerlo.
—¿Hablasenserio?
—Telohedicho,nosoytanmalocomocrees.
—Nohedichoqueloseas.
—Puede que no, pero lo piensas. —El camarero llegó con su café,
esperó a que se marchara antes de decir lo que tenía que decir, para que
comprendiera su postura—. No soy Kramer, Natasha. No me confundas
conél.
—No...
—Nos comparas. Te veo ahí sentada, observándome como si lo
supierastodosobremíynosabesnada.
—Tútampocomeconoces.
—Poresoquierohacerlo.Tehepedidounaoportunidad.
—Deacostarteconmigoacambiodenosécuántascosas—loacusó
—.Quierescomprarme,Nathan,ynoestoyenventa.
—Puedequenomeexpresaraconpropiedad,noqueríainsultarte.Me
gustasyquieroverquéocultas.
—¿Essoloeso?¿Unmisterioquequieresresolver?Nathansoyuna
persona que sufre, que tiene una vida complicada y muchas
responsabilidades.Notengotiempoparaecharunacanaelaire,séquetú
síymeparecebien,perotehasequivocadodevíctima.
—¿Víctima? No creo —contradijo el hombre tomando un sorbo de
sucafé—.Quierounaoportunidad.¿Tandifícilesdeentender?
—Tuve una relación con un hombre muy parecido a ti, no quiero
repetir.Esoestodo.Megustaríaquecambiarasdeobjetivo,nosoydeesa
clasedechicas.Losiento.
—Vuelves a compararme. No soy Sutton Kramer. Vamos, Natasha,
eresmáslistaquetodoeso.Mírameydimequenosienteslachispaentre
losdos,quenotemueresporexplorareldeseoqueseincendiacadavez
queestamosenlamismahabitación.Laquímica,lanecesidaddetocarnos,
debesarnosyreconocernos.Espasiónenestadopuro.
—Notengotiempoparaesto.Puedequenoseascomoyocreo,pero
túmismomehasadvertidodequepodrádurarunmesodosalosumo.
Tengo un hijo, ¿sabes lo que significaría para él tenerte un tiempo y
perderte después? —Negó, le temblaban las manos mientras sostenía la
taza, aferrándose a ella como si fuera una tabla de salvación—. Derek
deseaunpadreytúnoquieresunhijo.Sinosvejuntosseharáilusionesy
leromperáselcorazón.ComoSuttonhizo,nopuedoprovocarleesedolor
por un rato de placer. Es mucho más importante para mí que cualquier
necesidadfísica.Élesmimundo.
—Noleharédaño.
—Puedequenoquierashacerlo,peroseloharás.Sédequéhablo,lo
conozco.
—¿Entoncesahíseacabatodo,Sasha?¿Enunpudosergenial,pero
novaapasar?
—Séquenoesloquequieresescuchar,peroesloquepuedodarte.
—¿Portuhijooporquetienesmiedodequeterompaelcorazón?—
preguntófurioso.Nolegustabaquelorechazaran,peroaquelloibamás
allá. No era un total rechazo, el deseo estaba, podía notarlo, pero... el
pánicoinundabaelambientehaciéndoloinsoportable.Eraalgoconloque
no quería lidiar, aunque lo haría. Era demasiado importante como para
dejarlopasar.
Natasha se levantó, pidió la cuenta y la pagó. Otro gesto que le
molestóprofundamente.¿Loinvitaba?¡Sieramillonario!
—Losientomucho,Nathan.
—Más lo siento yo —murmuró, negándose a mirarla. Si lo hacía
podría ver el disgusto y la furia que ocultaba. Esa mujer le gustaba,
malditafuera,lehacíareplantearselascosas,loconfundíaencontradesu
voluntadysemarchabahaciendohonoraalgúntipodeideasobreelbien
supremo,desacrificiosupremoparalosdos.
—Adiós, Nathan. Gracias por no usar lo que pasó con mi padre, te
deseotodolomejor—tuvoeldescarodeposarlelamanoenelhombroy
darle un ligero apretón, enviando una intensa ráfaga de deseo a cada
rincóndesuyacaldeadocuerpo.
Laaferróantesdequepudieraescaparseylaarrastróhastalapuerta.
—Notevasairasícomoasí—laatrajoasusbrazos,señalólarama
de muérdago que colgaba sobre los dos y la besó con ansia, hambre y
desesperación. Dejándole claro que podía dar la espalda a lo que había
entrelosdos,peroquejuntosincendiaríantodalaestancia,sitansolose
dejaballevar.
Natasha luchó un instante y después se entregó, rodeó su cuello, se
pusodepuntillasyseentregóaaquelbeso.Losclientesqueestabanenla
cafeteríaaplaudieronconefusividad,peroapenaslosescucharon.
Nathan rompió el contacto y volvió a retomarlo, hipnotizado
teniéndolaensusbrazos.Eracomosihubieraencontradoalgoquehabía
buscadomuchotiempo,quehabíayacidodormidoenalgúnlugaroculto
desuintelectoyqueporfinloreconocíacomoloqueera:algosuyo.
Acarició los hinchados labios producto de su beso y la miró a los
ojosmientraspedíaenunroncosusurro.
—Noterindas.
—Conozcoelfinaldeestecuento,Nathan.Nopuedoarriesgarme.—
Lobesódenuevoyseapartó,atravesandolapuertayenvolviéndoseensu
abrigo,antelafríanoche.
—Sasha—llamóélsaliendoatodaprisatrasella—.Novasapoder
olvidarmetanfácilmentecomocrees.
—Notengoquehacerlo,connorecordarteessuficiente.
—Aférrateaesoestanoche,cuandomeechesdemenostantocomo
yoati.
—¿Estásmuysegurodeeso?
—Estanochenopegaréojo,perotútampoco.Noseréelúnicoque
nologredescansarpensandoenloquepudopasar.
Natashanopronuncióniunsolosonidomás,sinoqueaceleróelpaso
yseperdióaldoblarlaesquinadelacalle.
Laoscuridadyelfríolehicierontemblar,peronoleimportó.Tenía
lasensacióndequeapesardeloquepudieraparecerasimplevista,había
hechounprogreso.Podríatenerla,siinsistía,loconseguiría.
Noibaarendirse,seríalaprimeravezynolegustabanloscobardes.
No,nolegustabannada.
NastashaJenkinsseríasuyayquizá,soloquizáhubieraunapequeñay
minúsculaposibilidad,dequelofueraparasiempre.
***
Encuantodoblólaesquinaserecostócontralapared,tocándoselos
labiosyconteniendolaslágrimasdefrustración.Noqueríaquelegustara,
no quería imaginar cómo sería una historia entre los dos, no podía
desearlo.
Eldeseoerasinónimodesufrimiento,almenosparaella.Sabíaque
no sobreviviría de nuevo a la traición, pero Nathan tenía razón, no era
Sutton. Había dicho que le diría la verdad, que sería claro en sus
sentimientosyquenopretendíanadaestable.
Unromanceintensoycorto,¿podíapermitírselo?¿Dejarsellevarlo
suficienteparatenerunfindesemanaapasionadoydespuéshacercomo
quenohabíapasadonada?Élseguiríasucaminoyellaelsuyo,saciarían
lacuriosidadmutuaycontinuaríanconsusvidaslibresyadeaquelanhelo.
Loestabaconsiderando,apesardequesabíaloquepodríallegara
hacerle. Una parte de ella sospechaba que un fracaso con Nathan la
destrozaría incluso de forma más profunda que su ex. Aquel hombre no
soloeraguapo,teníaunextra,parecíauncapullo,peronomalapersona.
Sutton lo era. No tenía corazón. ¿Nathan York? Por mucho que se
esforzabaenocultarlo,podíavertrazasdeemociónenél.¿Osoloerauna
pose?¿Unjuegoparaconvencerladehaceralgoquenodebíanisiquiera
plantearse?
Se estaba jugando mucho, tal y como le había dicho, la vida era
complicada ahora. Su hijo era lo primero, no permitiría que nadie le
hicieradaño.Nopodríasoportarlo.
La confusión se apoderó de su mente y su corazón. No sabía qué
hacer,quizáhabíaejercidolasuficienteconfianzaensímismacomopara
alejarlo.¿Quéharíasinovolvíaaverlo?
Seguiradelanteyarrepentirseporloquepudoserynofue.
Perolavidaeraasíycuandounamujereramadre,eldeseoocupaba
un lugar muy pequeño en el total de su mundo. Había que marcar las
prioridadesyteníamuyclaraslassuyas.
NathanYorkeraunsueñotemporalquenuncaseharíarealidad.
CAPÍTULO14
Trasunasemanadedistanciamiento,Nathanseacercóalajuguetería.
Lehabíadadoespaciosuficienteparapensarytambiénhabíaaprovechado
para hacerlo; para valorar las posibles consecuencias de sus siguientes
actosydescubrirquéqueríaenrealidadyhastadóndeestabadispuestoa
llegar.
Losdíashabíansidotristesysolitarios,habíatenidolaoportunidad
detenerrelacionesconvariasmujeres,peronohabíanllegadoadespertar
suinterés.Eracomosisolouna,reaciacomoningunaaestarconél,fuera
capaz de excitarlo y llevarlo a la locura. La ansiaba con una fuerza que
nuncahabíasentido,oquenorecordabahabersentidoantes.Quizáenla
adolescencia,peronoenmucho,muchotiempo.
Natasha Jenkins era pasión, la suya; era ternura, una que ignoraba
desearyerasumásprofundoyocultodeseo.
Si algunos lo vieran, se burlarían de él. El alto ejecutivo que jamás
ibaacaerenlasengañosasgarrasdelamor,allíestaba,debatiéndoseentre
el sí y el no. Dejando atrás la certeza de un revolcón con la guapa de
turno,porlaposibilidaddeunescarceoamorosoconunamujernormal,
queconseguíanosoloincendiarlodedeseo,sinoderrotarsusmásfieles
defensas.
Seapeódelcocheycaminóhaciaelestablecimiento.Nadamásabrir
la puerta escuchó los gritos susurrados y la tensión que se palpaba. Una
mujerqueestabahaciendocomprasdeúltimahorasalióatodaprisapara
noquedaratrapadaenelfuegocruzado,mientraslamujerquelequitaba
el sueño retrocedía ante los avances de un hombre mucho más grande y
amenazadorqueella.
Era algo mayor que él, aunque no mucho. Debía medir un metro
ochenta, quizá algo más, y tenía cuerpo de gimnasio. Algunos colegas
parecían matarse por ser los mejores y más perfectos en todos los
terrenos,nosoloenlosnegocios,sinotambiénenelpersonal,incluyendo
lorelativoasuformafísica,manicuraypedicuraincluidas.
Eradeesos.Unmetrosexualquesecreíaconderechoatrataralos
demás como le diera la gana, por el hecho de que había nacido con una
brillanteestrellaquelohabíallevadoalomásalto.
Y estaba ejerciendo ese poder sobre la mujer equivocada. Sutton
Kramer no iba a ponerle un dedo encima a su chica. Podía ser que no
fueratanperfectocomoeltipoencuestión,perosuinfancianohabíasido
especialmentefácil,habíaaprendidounpardetrucossucios.
Suttoneraelmatóndelaescuelayélelpardillo.
Pero los pardillos crecían y adquirían tablas e inteligencia, los
matonessoloseregodeabanensusviejoslogros;ejerciendoaquelpoder
sobreotrosmásdébilesqueellos.
Carraspeó,esperóquefuerasuficienteparacaptarsuatención,nolo
fue.Seguíalanzandoamenazasquenopodíacomprender.
Natashaparecíaapuntodellorar,perosehabíaerguidofrenteaély
nosedejabaavasallar,estabamanteniendoeltipo.
«Buenachica.Nodejesquesesalgaconlasuya,amor».
—Notienesningúnderechoaestaraquí,Sutton.Lárgate.
Nathannopudoevitarlasonrisadesatisfacciónquelorecorriópor
entero,manifestándoseensurostro.
No era ninguna tierna florecilla, se estaba preparando para un
enfrentamientomásfísico,porsiacaso,peroquizánisiquieranecesitara
suayuda.
Era una gatita con uñas, nunca se hubiera imaginado que eso le
gustaratanto.
Empujóalhombrequelaatrapabacontralaparedycuandoestenose
movió,secolocópordebajodesubrazo,buscandolalibertad.
Y,probablemente,unpocodeairetambién.
—No voy a irme hasta que no te quede claro que ese mocoso de
mierdanoesnadamío.Mástevaledejardeiraireandoporahíquesoyel
padre,porquenotegustaríanlosresultados.
—Yonovoydiciendonadaporahí,nomeinteresatenerningúntipo
de relación contigo. —Lo miró con toda la frialdad que había logrado
reunir,trasvariosañosdepráctica—.¿Porquénovuelvesatusmansiones
ycochesdelujo,Sutton?Déjanostranquilos.
Elhombrelaaferróconfuerzaporlasmuñecas.Losnudillostensos,
casi blancos, tenía que estar haciéndole daño. Nadie maltrataba a una
mujerensupresencia.
—Suéltala,amigo.Nomegustaríatenerquedarteunapaliza.
—Largo de aquí. Métete en tus asuntos —espetó el enfurecido
hombre,mientraslaempujabacontraelmostradoryvolvíaaamenazarla
—.Sinodejasdejodermelavida,suciaramera,voyaquitarteaesecríoy
novolverásaverlo.
ElgestodeNatashafuedealarmaalescucharsuamenaza.Nathanno
la estaba tocando, pero casi sintió el momento en que su corazón se
detuvo.
Noensuguardia.
—Eh,amigo—dijodándolealgunaspalmadasenelhombroaltipo.
Eraunpocomásgrandequeél,peropodíaganarle.
En cuanto el otro se giró, para decirle que no se metiera en sus
asuntos, Nathan le pegó un puñetazo con todas sus fuerzas, haciéndole
girarlacara.Lanarizserompióysesintióbien,leestababienempleado
poramenazaraaquellosquenopodíandefendersedeél.
—Vasapagarporesto,muertodehambre.
—Eso tiene mucha gracia, sí. —Lo miró con su máscara letal, que
había perfeccionado después de años y años de esfuerzo—. Le enviaré a
miabogadopróximamente,señorKramer.Conunaordendealejamiento.
Novaatocarniamichicanialmuchacho.
—Loperderéistodo.Todo.Malditomalnacido,mehasrotolanariz.
—Considérate afortunado, en realidad quería arrancarte las pelotas.
—SedirigióaNatashaytomósusmuñecas,acariciándolasconternura,se
empezabanaamoratar.Elmuycabrón...—.Apropósito—añadióparael
hombrequeseponíaenpie,sosteniéndoselanarizyconmiradaasesina
—.ElchicosellamaDerekyescierto,noesnadatuyo.Esmío.¿Sabes
porqué?Porqueséapreciarlosmilagroscuandolosveo.Yqueunniño
con la mierda de genes que le legas, sea tan fantástico como lo es mi
chico,bueno...alguienahíarribanoshaestadocuidando,¿nocrees?—El
tono amistoso pasó a la historia mientras daba su siguiente orden—.
Lárgate, antes de que decida denunciarte por agredir a una mujer. No
vuelvasporaquíjamás.
SuttonmiróaNatashaconodio,ignorandoaNathan.
—Esemocosonoesnadamío,norecibiránadademí,noloquiero.
¿Meoyes?Élesbasuraytútambién.
Se estiró, como si hubiera hecho una gran obra, y salió sin mirar
atrás,maldiciendoporlobajo.
UnavocecitainfantilllamólaatencióndeNathan.
—¿Mamá?
Elniñoestaballorando,habíaescuchadoaaquelidiota.Temblabay
parecía terriblemente asustado y desgraciado. Sasha corrió hacia él y lo
apretóconfuerzaentresusbrazos,reconfortándolo.Elpequeñodejósalir
laslágrimas.
ANathanselehizounnudoenlagarganta.¿Habíasidoalgunavezél
tan dañino con alguien? Solo por el hecho de tener dinero o una buena
posición,nosepodíamachacarlossentimientostiernosdeunniño.Creía
queno,quenuncahabíaidotanlejos.Erauntipodecente,oalmenoseso
se decía, pero ¿no había intentado por activa y por pasiva comprar a la
mujerparatenerlaporunrato,ignorandotodoeldolorquepodríadejar
atráscuandosefuera?
Lohabíahechoylehabíaparecidolomásnormal.
Quisofustigarse.Eraunidiota.Sí,suabuelalohabríagolpeadocon
laespátuladelacocinaunayotravez,hastaquehubieraentradoenrazón.
Habríadichoquelohabíaeducadomejoryseríacierto.
Él había sido débil en otra época y había tenido suerte. No podía
seguircomportándosecomoelcapulloqueera.
Seacercóalosdos,acuclillándose,ymiróalpequeño.
—Derek,mírame.
Sasha parecía a punto de advertirle, pero estaba temblorosa y
asustada. Su rostro también mostraba una gran palidez. Le hizo un gesto
paraquesesentara,mientrasatrapabaalniñoenunabrazo.
Suspequeñasmanitasseaferraronaélconfuerza,comosinecesitara
quelosostuviera.Olíatanbien,unaromapuroysuavequeleprovocaba
lanecesidaddeprotegerloparasiempre.Erainocente,unniñoestupendo.
Nunca había tenido mucho trato con ellos, pero le gustó sentirse
reconfortado.
PorqueeraDerekquiénlosanabaynoalrevés.
—Mipapánomequiere.
—Esehombrenoeratupapá—dijoNathanantesdepodercontenerse
—.Unhombrepuedetenerunhijo,peroparaserpapáhayqueganárselo,
chico.
Lealborotóelpeloylomirópensativo.
—He estado pensando que tú y yo podríamos conocernos mucho
mejor. ¿Por qué no dejamos a tu madre que se tome algo caliente para
reconfortarseymientrastúyyovemosesosjuguetesquetantotegustan?
Losreyesvanaveniryestoypensandoqueyonolehiceningunacarta,
¿meayudas?
—Peroesmuytarde,yolaescribíhacemeses—sorbiólaslágrimas
ysesecólosojos,mientrassupequeñamentehacíacábalasparaayudarlo.
Nathansesintiócálidopordentro.
—Creoquenecesitaremospapelyboli.¿Tienes?
Elniñoasintióysaliócorriendoatodaprisaalatrastienda,Nathan
aprovechóparamiraraSasha.
—Esecabrónnovolveráparahacertedaño,tienesmipalabra.
—Nosé...Noséporquéhahechoesto.Nohedichonadaanadie,no
quieroaesehombreennuestrasvidas.
—Habléconélhaceunosdías,peronomencionénadasobreDerek.
Quería saber para quién habías trabajado antes, creo que ha sido culpa
mía.
Lo miró como si se sintiera traicionada, pero tan solo duró un
instante.Despuésdejócaerloshombrosabatida.
—Lahistoriademivida.Algunaspersonasnoestánhechasparaestar
enpareja.
Nathan la atrapó entre sus brazos. Aquel abrazo solo pretendía
reconfortarla,sinembargosesintiótanbienqueeracomollegaracasa.A
un hogar que había esperando durante toda su vida y que acababa de
encontrar.
—Sitienesquellorar,llora—comentó—,peronomecomparescon
esehijodeputa,porfavor.Nosoycomoél.
Sashalomiró,conlosojosanegadosdelágrimas,mientrasnegaba.
—Nohedichoqueloseas.
—Perolopiensas.Creoquesiemprelohaspensado.Tejuroqueno
soycomoél.Nosoyniñero,perotuhijotieneunapartedemicorazón.Es
más,Derekesespecial.Muyespecial.Mierda,siesetiponoloquiere,yo
sí.
Elniñoestabaentrelosdosalinstantesiguiente,ofreciendopapely
boli,mientrassurostroseiluminaba.
—¿Mequieres?
—Por supuesto que sí, campeón —le alborotó el pelo—. No soy tu
papá, es verdad, pero podemos ser colegas. Muy buenos amigos, si
quieres.
—¡Quiero! —dijo lleno de emoción, miró a su madre como si le
hubierahechounregaloenormeysalióatodaprisahacialamesa,tirando
delamanodelhombre—.Vamosaescribirtucartaalosreyesmagos,sé
perfectamentequépuedespedir.
—¿Yquées?
Elniñobajólavozconspirador.
—Unamamáyunhijo,claro.Mamátieneunacamagrande,podrías
dormirconella,eslomejordelmundo.Después,podríasjugarconmigo,
tengounahabitacióngenial,noesmuygrande,peroyotampocolosoy—
le sonrió con inocencia y empezó a escribir con unas letras enormes y
redondas.
Nathanlobesóenlafrente,antesdepoderevitarlo,sequitóelcaro
abrigo y se sentó con él. Escuchó sollozar a Sasha, pero pensó que era
mejordarleunmomentodeprivacidad.
Más tarde tomaría medidas para protegerla y calmarla, ahora tenía
otramisión.
—Señorjefe—preguntóDerek—,¿algunavezhasidopapá?
—No,nunca—contestósincero.
—Nopasanada,aprendemos.Yotampocohesidohijodeunpapá.El
míonomequiere—unasombrapasóporlosojosdelniño,elrechazoa
suedadteníaquesermuyduro,perosobreviviría.Ibaahacerlo,porque
NatashaerafuerteyDerekhabíaheredadolosgenesdesumadre.
—Pero...¿sabesquésítengo?Unhermano.
—¿De veras? —la o que formaron sus labios dieron muestra de su
sorpresa.
—Sí,asíes.Nonoshablamos,peroquizádeberíamoscambiareso.
—¿Porqué?¿Estáisenfadadosporquetequitóunjugueteoalgoasí?
Nathanlopensóuninstanteydespuéssonrió,sí,elniñoteníarazón.
EstabafuriosoconKaneporquelehabíarobadosujuguetefavorito,por
esonopodíaperdonarlo.
Peroloharía.Elresentimientosolotellevabaaunlugaroscuro,del
queélyasehabíacansado.Nopodíaniqueríaseguirasí.
—¿Sabesalgo,Derek?Nomerecelapenaenfadarseporunjuguete,
noconlagentealaqueunoquiere.
—Mamásiempremedicequehayquesergenerosoycompartir.
—Algunasveces,sí.Conlasbuenaspersonas,perotambiénhayque
aprenderadefenderse.
—Mesédefender.Miabuelomehaenseñado.
—Quizápuedaenseñarteunpardebuenosgolpes,chico.
Elniñosonrió.
—Megustacómosuena.
—Amítambién.
Ysesorprendióaldescubrirlociertoqueera.Aquelpequeño,aquel
niño que debería haber sido más una molestia que otra cosa, estaba
empezandoaadueñarsedesucorazónyesoeraalgomuy,peroquemuy,
peligroso.
***
Natashanopodíacreerseelhorribledíaquehabíatenido.Desdeque
selevantótarde,todohabíaidocuestaarriba.Primerosehabíaestropeado
lacalefacción,conloquehacíaunfríodemildemonios,pocodespuésla
cafetera había dicho que no trabajaba más y después Sutton había
aparecido con aquel aire amenazador, asustándola y agrediéndola, tanto
consuspalabrascomoconsufuerza.
Sehabíapreguntadoalverloasí,elmotivoporelquesehabíacreído
enamoradadeélenotraépoca.Porqueahoraquesumenteestabaclaray
quehabíapasadoeltiempo,noencontrabanadaatractivoenél.
Eraunmatón,delamásbajacalaña.
Disfrutaba intimidando a los demás y ejerciendo su poder. Uno que
no era tan claro como podía parecerle a él, había límites en lo que un
hombrepodíahacer.Habíaleyes,aunquealgunospensaranqueeldinero
locomprabatodo.
Lalealtadylahonorabilidadnuncahabíanestadoenventa,poresoél
noteníaniungramodeunanidelaotra.Asídetristeeralavidadeun
tipoacostumbradoasalirseconlasuyaentodosloscampos.
Después,Nathanhabíallegadocualcaballerodebrillantearmaduray
lo había espantado. No sabía si volvería, podía ser que lo hiciera si se
sentíaofendido,aunquelodudaba.
No le gustaba perder y si alguien podía dejarlo en el banquillo, ese
erasuexjefe,elnuevopretendiente,alquehabíatratadoinjustamente.
Solo ahora se daba cuenta de que no era como Sutton, tenía buen
corazón,aunquesusargumentosnolofuerantanto.Queríaacostarsecon
ella,unaaventura,aúnasínohabíaaprovechadolasituación.
Cuando Derek llegó, decepcionado y triste, se había hecho con la
situación.Unhombrequenodisfrutabadelcontactoconlosniñosyque,
en cambio, había abierto sus brazos y reconfortado a su hijo. Nunca
podríaagradecerlelosuficienteporhaceraquello.
DerekdeseabaunpadreysabíaqueveríaaNathancomoesehombre,
nopodíaser,porqueeranmuydiferentes,peronoqueríaarrebatartodala
ilusiónasuhijo.Siloqueríaensuvida,dejaríaqueestuvieraensuvida,
almenostantotiempocomoambossesintierancómodosjuntos.
Inclusoaunquehacerloledestrozaraelcorazónylosnervios.Nathan
eratodoloquedeseabaynopodíatener.
Ynoteníanadaqueverconsuposiciónytodoqueverconeldeseo
queincendiabaprofundoensucuerpoysucorazón.Laatracciónsexualy
la necesidad de sentirse parte de algo, de un núcleo familiar en el que
hubieraunaintimidaddiferentealresto.
Nathan York nunca sería un padre de familia, pero que alguien
avisaradeesoasucorazón,porquesenegabaaescuchar.
Los observó cuchichear sobre la mesa, mientras Derek escribía
algunaspalabras.Eraunchicomuylistoyaunquehabíaalgunascosasque
noseledabantambién,siempreponíamuchointerésentodoloquehacía.
Comoahora.
El reloj marcó las dos, era hora de comer y de cerrar. Debía
acercarseaellosyavisarlos,peronopudodarniunpaso.Lasonrisade
suniñoerabrillante,nuncalohabíavistotanfelizconunextraño.Nathan
teníaalgoqueteatrapabainclusocontratuvoluntad.Estabaejerciendoesa
mismamagiaconsupequeño.
—Mamá—dijoelniño,despertándoladesuensoñación—.Elseñor
jefehadichoquepodemosiracomerunahamburguesa.¿Podemos?
—Derek,puedesllamarmeNathansiquieres.
El aludido sonrió sintiéndose importante, creciendo un par de
centímetrosalmenos.
—¿Podemos,mami?¿Porfiiiii?
¿Cómoibaanegarlealgocuandoselopedíaconaquellacarita?No
eraalgoquefueracapazdehacer,laverdad.
—Estábien,podemos.
Nathan la miró con un brillo complacido en la mirada. Derek salió
corriendoaporsuabrigo.
—Mecomportaré—dijoelhombreentonces,tomandosusmanosde
nuevo y mirando sus muñecas—. Ese cabrón... voy a tomar medidas,
Natasha.Hablaréconmisabogados.
—Notemolestes.Suttonnovolverá.
—Espeligroso—acotóél,negóconlafuriaclaraensusfacciones—.
Nosoportoalosmatones,esundefectodefábrica.
Sasha sonrió mientras le apartaba un mechón de pelo de la frente,
tocándolosinquerer.
—Perdón.Noquería...
—¿Tocarme?Quieroquemetoques.
—Nodebo,Nathan.Nopuedehabernadaentrenosotros.
—Discrepo,señoritaJenkins.Vayaporsuabrigo.
Aquel tono soberbio no era desconocido para ella, pero él sabía lo
quehacía.Losabíamuybien.
Laayudóaponerselaprendayluegoabrochólacremalleraalniño
quellegóatodaprisa.
—Vamos,quenoqueremosquedarnossinelmejorsitio,¿verdad?
—¿Puedopedirunbatidodechoco,mamá?
—Yaveremos.—Lepusoelgorrodelana,labufandaylosguantes.
—Dalelamanoatumadre,campeón—ledijotendiendolamanoa
Sasha—.Lasllaves,yocierro.
—Eresunmandón.Aquínoeresjefe.
—Otrodefectodefábrica,señoritaJenkins.
—¿Porquétellamaasí,mami?
—Es una broma, chico —dijo Nathan guiñándole un ojo—. Te la
explicarécuandoseasmayor.
—Perosiyasoymayor.
Los dos adultos sonrieron. Por algún motivo Sasha se sintió
tranquila,liberada.Hacíatiempoquenoeratanella.Libreysintemorde
romper una perfecta fachada artificial, creada a modo de escudo para
protegerseyprotegerlafelicidaddelossuyos.
No sabía a dónde llegaría, o si habría algo más que un rato
entretenido entre un exjefe y su empleada, pero había descubierto algo
graciasaSutton,Nathannoeracomoélynoestabadispuestaasentarse
mientraslavidapasabaasulado.
Erademasiadoimportante,noibaarendirsesinluchar.
Aunquetampocoibaaentregarsusarmasantesdeempezar.
Ahorahabíaunaoportunidad,paralosdos.Elcaminoqueescogiera
losllevaríaaundeterminadofinalquehoydesconocía,peroqueprontose
revelaríaantesusojos.
Ynopodíaesperarparaverlo.
CuandoDerekofreciósuotramanoalhombrequelaponíanerviosa
y acababa con todas sus defensas incluso sin querer, sintió que algo
empezabaaencajarensumundo.
Erantresalmasperdidasquesehabíanencontradoalfinyquepronto
ganaríanloquesiemprehabíanestadobuscando.
CAPÍTULO15
Nunca lo había pasado tan bien y si lo había hecho, no podía
recordarlo.
Nathan recordó a las dos personas que se habían convertido en su
revelaciónpersonal,mostrándoleloquequeríadelavida.Algoquehabía
ignoradohastaesemomento.
Yanodeseabairdemujerenmujer,deunacamaaotra,queríaalgo
diferente. Tenía ciertos temores, no estaba acostumbrado a relaciones y
podría aburrirse fácilmente, quizá no al principio pero sí con el tiempo.
NopodíadañaraDerek.
SiteníaunarelaciónconSasha,cosaquedeseabamásquenadaenel
mundo,tendríaquedejarclaroqueelniñoeraotracuestiónyquepormal
quesalieranlascosas,élpodríaseguirvisitándolo.
Nohabíagarantíasenelamor,losmatrimoniosserompíanytambién
lasparejas,perounpadreysuhijosiempredebíanestarunidos.Derekno
erasuhijobiológico,perodecidióquequeríaseresaconstanteensuvida,
unpilaralqueaferrarse.Diossabíaqueelniñolonecesitabayéltambién.
Undescubrimientorecienteperoinquietante.
Anti-niños. Así lo habían llamado un millar de veces, incluso él
mismo y ahora se encontraba ansiando la relación con una de esas
diminutascriaturasqueolíanacieloyquenecesitabanprotecciónyamor.
Nopodíansobrevivirsinti,tenecesitaban.
Nuncanadielohabíanecesitadotanto,noeraalgoenloquequisiera
fallar.
El timbre sonó y se apresuró a contestar, cuando abrió la puerta,
apenaspodíacreerloqueveíansusojos.
—Natasha.
Tenía los ojos muy rojos e hinchados, como si hubiera estado
llorando. Lo miró como si estuviera sola en el mundo y solo anhelara
tenerlocercaparasentirloasalvo.
Nuncahabíatenidomaderadehéroe,peroporalgúnextrañomotivo,
unsentimientodefuerzayprotecciónseincendióensuinterior.
—Pasa,porfavor—lainvitócasiansioso.Tenerlaensucasa,incluso
aunquenopudierahabernadaentrelosdos,lohacíasentirsecompletoy
bien—.¿Hapasadoalgo?
—No sé por qué estoy aquí —contestó algo aturdida, quitándose el
abrigo.
Tenía las manos tan rojas que apenas si podía desabrochar los
botonesdelaprenda,asíquelaayudó.
—Eres bienvenida. Te prepararé un chocolate, para que entres en
calor.
—Penséquenotegustaba—dijoellaconaquellosojosbrillantespor
laslágrimasqueaúnnohabíaderramado.Sugestoeracasiinfantil.Nunca
lehabíaparecidoatractivoesoenunamujer,peroestaestabacambiando
rápidamentesusesquemas.
—Megusta,ademásteníalaesperanzadetraerteaquí.
—Paratenersexo.
—Sí—aceptó.Noteníaningúnsentidonegarlarealidad.
—Deberíamos acostarnos y acabar con esto de una vez. Perderás el
interésyyopodréreencontrarmeconmigomisma.
Parecía perdida cuando dijo aquellas palabras y eso no era lo que
quería.Notomaríaaunamujerpresadelaresignación,además,sesintió
ofendidoconaquellaspalabras.
Ridículo,pueshabíasidoélquiénhabíarepetidounayotravezque
rápidopasaríaalasiguiente.
Eracomosiunaextrañacompuertasehubieraabiertoensumentey
lo llenara de dudas y una necesidad desconocida hasta el momento. Era
diferentealasdemás,pormuchosmotivos,peronopodíaserladefinitiva.
Noporquenoestuvieraasualtura,queloestaba,sinoporquenoera
carnadadematrimonio.Nilohabíasidonisesentíacapazdeserfielauna
solamujerduranteelrestodesusvidas.
Ypodíasermuchascosas,peroerahombredepalabra.Casarseera
parasiempreynocreíaeneldivorcio.
—Creoqueloprimeroquenecesitasesentrarencalor,contarmequé
esesoquetehahecholloraryvenirhastaaquíyrelajarte.Notengoprisa,
megustatomarmemitiempoparalaseducción.
—¿Aúnquiereshacerlo?—preguntócasienvozbaja.
—Nolosé,Sasha.Háblame.Quierosaberquéteinquietatantocomo
parahabervenidoamí.
—Sutton—dijocasiescupiendoaquellapalabra—.Esomeinquieta.
Espeligroso,temoquetratedetomarrepresalias.Séquenoessuestilo,
seguramentesehamarchadoynoshaborradodesumente,pero¿ysise
sienteofendidoytratadehacernoslavidadifícil?
Nathansabíaquenoloharía,sehabíaocupadodeello.
—No tienes que preocuparte por Kramer, está solucionado. Si se
acerca de nuevo a Derek o a ti, será detenido y puesto a disposición
judicial,porincumplimientodelaordendealejamientoquelehabrásido
yanotificadaaestashoras.
Natashalomiróboquiabiertaeincrédula,comosinocreyeraensus
palabras.
—¿Cómo…? —Sacudió la cabeza, como si de pronto hubiera
decididoqueaquellapreguntanoeratanimportantecomolaotraquele
rondabalacabezayquenotardóenformular—:¿Porqué?
—Puedequeseaunplayboy,nuncalohenegado.Megustaellujoy
megustanlasmujeres.Disfrutodemiestilodevida,peronosoyunser
sincorazón.Tuhijoytúnecesitáisayudayvaisatenerla.
—Nopodrépagarte…comotuquieres.
—Loquehehechonotienenadaqueverconnosotros—aclaró.No
quería que quedaran dudas en ese aspecto. Era un cabrón egoísta sin
escrúpulosqueutilizabaalasmujereshastaquesecansabadeellas,pero
no era ningún mamón. No en lo que a lo importante se refería. Si una
mujeryunniño,especialmenteaquellosqueleinteresabanporelmotivo
quefuera,estabanenpeligro,noibaagirarlacaraymiraraotrolado.
No cuando era tan sencillo ayudarlos—. Te va a sonar extraño, pero me
gusta Derek. Es un niño diferente, cualquier hombre podría sentirse
orgullosodesersupadre.
—Nosabesnadadeniños,noquieroquemihijoseilusionecontigo
ydespuésdesaparezcasdesuvida.Silohacesporelsexo,puedo…
—No. No lo hago por eso. Es cierto que al principio, cuando
descubríqueerasmadre,meparecióungranfastidio.Quizáhastapensé
en usarlo a mi favor, pero las cosas han cambiado, Sasha. Es un niño
increíble,queyahasufridobastante.Merecuerda,enciertaforma,amí.
No tuve a mis padres cerca, me crió mi abuela. —La guio hasta el sofá,
pidiéndole sin palabras que tomara asiento y se acercó a la barra
americanaqueseparabaunazonadelasiguiente,paraprepararlabebida
caliente—. No es fácil para los niños renunciar a uno o ambos padres.
Derekhaperdido…
Sashalointerrumpió.
—Derek no ha perdido nada, nunca tuvo a su padre —dijo ella,
mientrasseretorcíalasmanosproductodelnerviosismo.
Nathantomólatazacalienteyselaentregó,sentándoseasulado.
—Yaúnasíestáseducandoaunchicofabuloso.
—Hago lo que puedo y no estoy sola, mis padres siempre me han
apoyado.Sinimportarquéhagaocómomeequivoque.Ellossiemprehan
estadoahí.
—Y tú siempre estarás ahí para tu hijo y, si me lo permites, me
gustaríaserunamigoparaél.
Sashaempezóanegar,perolaacallóconungestoqueledecíaque
nadadeexcusas.
—Noestoypidiéndotematrimonioniponerminombreensupartida
denacimiento.Quieroserunamigo,sincondiciones.
—¿Yquéhaydetus…deseos?
—Sigoqueriéndoteenmicama,Sasha.Esonohacambiado.
—¿Cómoplaneasconseguirlo?
—Tenía varias tácticas, pero me he dado cuenta de que ninguna de
ellas va a funcionar contigo, así que he decidido cortejarte y esperar.
Cuandoestéslistaparanuestraaventura,yoestarédispuesto.
—No soy mujer de aventuras —le advirtió, logrando que Nathan
sonrieraconciertadiversión.
—Entonceslaesperaserámuylarga.
—Nosécómo…—Elhombreseacercómásyposóundedosobre
suslabios.
—Shhh, sin promesas. Sin preguntas. Disfrutemos de un momento
juntos,olvidaquiénsoyyloquequierodeti.Conóceme.
—Yateconozco.
Parecíamuyseguradesícuandodijoaquellaspalabras,peroélsabía
queseequivocaba.
—Notienesniidea,señoritaJenkins.
—¿Túcrees?—preguntótanteándolo.
—NosoycomoSutton—aseguróél,casiconfastidio.Nolegustaba
sercomparadoconotrohombre,menosconunoquehabíaformadoparte
del pasado de una mujer por la que tenía interés. Una parte muy
importante.
—Losé.
—¿De verdad? —Lo había dicho convencida, tanto que no pudo
evitar preguntar, sintiéndose como un idiota. «Te dice lo que quieres
escucharytecomportascomounbobo»,seregañó.
—De verdad. Sutton nunca ha hablado con nuestro hijo como has
hechotú.Loodiayamítambién.
—¿Porqué?
—Ojalálosupiera.Meengañódesdeelprincipio.Trabajabaparaél
—informó ella, aunque ya lo sabía. Había indagado lo suficiente como
para descubrir que había sido una de las ayudantes personales del
desgraciado—. No quería salir con él, por la política de la empresa. No
quería perder mi trabajo. Ganaba un buen sueldo y me gustaba lo que
hacía,eraunretoconstante.
—Perotesedujo—contraargumentóél.
—Sí, supongo que sí. Quizá me dejé seducir. Dijo que lo nuestro
sería diferente, que era importante. Que quería a su lado una mujer que
comprendiera su mundo y que encajara en él. Alguien inteligente con
quiéncomentarlasjugadasantesdellevarloacabo,yasabes,unigualen
quiénconfiar.
—¿Yquécambió?
—Nada.Nuncadeseóeso,encuantoempezamosasalir,sugirióque
debíarenunciaramitrabajo,quenoestababienvisto.Noquisehacerlo,
disfrutabaymehabíacostadomuchoesfuerzollegarhastaallí.
—¿Te despidió? —Apretó los dientes y sonó agresivo, pero no le
importó. Aquel estafador mentiroso. Un hombre podía aferrarse a pocas
cosasenaquelmundo,perolapalabraeraunadeellas.Uncaballerojamás
traicionabaunapromesahecha.
—No,enrealidadno.Filtrólainformaciónylosjefesmedieronun
ultimátum.OmirelaciónconSuttonomitrabajo—soltóelairequehabía
empezado a contener, sonreía, pero era una mueca irónica, más que
cualquier otra cosa—. Estaba enamorada de él, así que terminó
convenciéndome. Me propuso matrimonio y le creí. Su secretaria me
advirtióquetuvieracuidado,lepreguntéporqué,peronoquisodarmás
detalles.Coneltiemporesultóqueyahabíaunaprometidayunafechade
boda…conotramujer.
Nathanquisogolpearaltipootravezylamentónohaberlehechomás
daño.Sinoteinteresabaelmatrimonio,bien,nohabíaquecasarse,pero
jugaradosbandasnoestababien.Nisiquieraéllohacía.
Ysialgunavezlohabíahecho,habíasidoprevioconsentimientode
lasimplicadas.
PeroNatashanoeradeesetipodemujeres.
—Tetraicionó—resumióélenunasolapalabra.
—Sí.Lohizoaconciencia.Cuandoperdímitrabajoysedescubrióel
pastel,hizovariasacusacionesmuyfuertes.Acababadedecirlequeestaba
embarazada y estaba muy convencido de que lo había hecho para
atraparlo. —Dio un sorbo al chocolate, tomándose todo el tiempo del
mundo,comosinecesitarareorganizarsuspensamientos.Nathanesperó,
habíacosasporlasquemerecíalapenahacerlo.Yesahistoriaeralaclave
paracomprenderelmisterioqueseerigíafrenteaélenformademujer—.
Confesó que solo había sido un pasatiempo. Una canita al aire antes de
sentarcabezayquenoqueríasabernadadenosotros.Mediouncheque
bastante sustancioso, que yo, orgullosa y tonta de mí, rompí en sus
narices,demostrandoquehabíaestadoconélporamoryquedándomeen
lamiseria.
—No hubo una segunda oferta, ¿verdad? —Llevaba media vida
codeándose con ese tipo de hombres, sabía exactamente cómo
funcionabansuscerebrosenloqueamujeresserefería,sepensabanque
lamayorpartedemujeresestabanenventa.Yalgunas,sí,loestaban.No
había más que pensar en Mandy, pero otras… otras todavía merecían el
respetoalquetodoserhumano,pordefinición,teníaderecho.
—No,nolahubo.Meechódesuvida,noentendíanada.Mispadres
noentendíannada.Tuvequedejarlaciudad,mipiso,vendermicochey
empezarunanuevavida.
—Viviendocontuspadresycriandoaunniño.
Natashasonrió,sumiradasehabíasuavizadoentonces.
—Así es, pero es lo mejor de todo esto. Puede que saliera de esa
experienciaconelcorazóndestrozadoyunagrandesconfianzahacialos
hombres,perolaverdadesquetodotienereparación,especialmentecon
miDerek.Éleslomásgrande,nadahayenelmundomásimportantepara
míqueél.
—Te veo hablando de ese sentimiento, Natasha, y siento celos —
confesó,sabíaquehabíadeseoensusojos,ensuposeyunterribleanhelo,
pero al mismo tiempo era consciente de que si no contenía aquello,
conseguiríaasustarla.
—EresunbuenhombreNathanYork,unpococabrón,perobueno.
—Gracias —respondió lleno de sarcasmo. ¿Cabrón? ¿Él? Bueno,
podíaserquetuvieraunpocoderazón.
—Yanoeresmijefe,puedodecirlo.
—Meconfiesoculpabledeloscargos.Nohesidomodeloderectitud,
eso es cierto, pero nunca te haré daño. Conmigo siempre vas a tener
verdades,tegustenono.
—¿Nohayningunaprometida?
—Dios,no.Elmatrimonionoestáhechoparamí—leaseguró.
—¿Nisiquieraconlaadecuada?
—Nocreoquehayaalgoparecidoahífueraparamí.¿Mehasvisto?
Esdifícilaguantarme—seburló—.¿Quéhaydeti?
—Noquierocasarme.Noquieropasarporlomismo.
—No todos los hombres son unos impresentables, incluso hay
algunoscabronesdebuencorazón.
Natashaaceptósupostura.
—En eso tengo que darte la razón. Sin embargo, dudo ser capaz de
confiardenuevo.Creoqueestoyrotaenesesentido.
—No he tenido novia, Sasha —dijo él cándido—, aunque he estado
conmásmujeresdelasquepuedorecordar.Megustaríaunaoportunidad.
Nopiensesenmícomoalguienquevaahacertedaño,piensaenmícomo
alguienconquiénpuedespasarunbuenrato.
—No quiero implicar a mi hijo en una relación pasajera que acabe
rompiéndoleelcorazón.
—Nopasará,lojuro.Dereknosufrirápormicausa.
—Nopuedesasegurarlo—contradijoella,molesta.
—Oh,sí.Sípuedo.Confíaenmíenesto.Sihayalgoentrenosotrosy
seacaba,puesseacabó,peroélnosufrirá.Seamosamigosydejemosver
hastadóndenoslleva.
—Sédóndequieresquenoslleve.
—Nopuedesenfadarteconunhombreporintentarlo.
—No,tampocoloharía.—Selevantódemostrandoconsuacciónque
dabalaveladaporterminada,Nathanselevantóconella.
—Natasha, por favor, piensa en volver a la oficina. No quería
obligarteadimitir,tenecesitamos.
—Necesitouncambio,megustalajugueteríaymepermitecompartir
mástiempoconminiño.
—¿Estásseguradeeso?
Lamujercasiestabaenlapuertacuandoasintió,girándose.
—Sí.
—Bien, entonces no insistiré —aceptó él. No quería forzarla. A
ninguno de los dos beneficiaría que trataran de hacer que pasaran cosas
queyanoteníanporquéser.
—Gracias.
Teníalamanoenlapuerta,eraahoraonunca.
«¿Unúltimointento,Nathan?»,preguntóunavozinterior.
Noibaadefraudarasuconciencia,¿verdad?
Posó la mano sobre la puerta, impidiéndole abrirla, sintiendo el
aromadelamujerqueestabacasipegadaaélymurmurósunombre.
—Natasha.
Ella se giró para enfrentarlo y contuvo el aliento. Sus miradas se
engarzaron,mientrastratabadeponerdistanciaentreambos.Unadistancia
quenopermitió.
Repitiósunombresusurradoybajóasucuello,besandolazonaen
quepalpitabasupulso.
—Sasha,porfavor.Solounavez,soloestanoche.
La mujer lo miró, en sus ojos batallaba el deseo con la
responsabilidadyelmiedodesalirheridaotravez.
—Nathan,yo…
Nopodíahacerleaquello,nodebía,sinembargoladeseabatanto…
—Nodebemoshaceresto—aceptóydiounpasoatrás,dándolevía
libreparaquehuyera—.Ve,estanocheestuyaydetuhijo,peromañana…
Labocaansiosadelamujerreclamósuslabiosenunbesodevastador
al mismo tiempo que se deshacía de su abrigo y tiraba de la camisa del
hombre,desnudándolo.
Subocalamiósucuello,mientrassusmanosleacariciabanelvientre,
subiendohastaelpechoyretomandoelcaminodevuelta.
Lasostuvoconfirmezaporlasmuñecas,deteniéndola.
—Noesunjuego,sihacemosestonopodrásdarmarchaatrás.
Las únicas palabras pronunciadas, fueron un ronco y excitado
susurro.
—Tedeseo,Nathan.
—Acabasdefirmartusentencia,señoritaJenkins.Yanohaymarcha
atrás.
CAPÍTULO16
No supo qué se apoderó de ella, pero una vez sintió la calidez del
hombre que la acompañaba no pudo detenerse. El calor y la embriaguez
de la pasión la emborracharon, llevándola al abismo. A tomar una
decisiónenunsolosegundoquepodíaalterartodosumundo,perodela
que no quería retractarse. Quería estar con él, esa noche, en su casa y
mañanaseguiradelante,sinmiraratrás.
No iba a aprovecharse de ella, ni al revés tampoco, sería un
intercambio. Tendrían lo que en el fondo los dos deseaban, sin
recriminacionesnidolor.Soloplacer.
Unomuyintensoporloqueparecía.
LalenguadeNathandibujabaunrecorridoporsucuello,volviéndola
loca con aquellos escalofríos que enviaban a cada diminuta célula de su
muyacaloradocuerpo.Ladeóelcuellolosuficienteparadejarlehacer.Su
boca era mágica y sus manos también, parecían estar en todas partes al
mismotiempo,conociendo,palpando,excitando.
Siaquellodurabamucho,olvidaríahastasupropionombre.
Natashanosequedóquieta,sinoquetambiénloacarició.Mordióel
lóbulo de su oreja mientras sus dedos recorrían toda el terreno que
quedabaasudisposición.Learañólaespaldaantesdedarsecuentadelo
que estaba haciendo, reclamando en silencio más intensidad. Lo quería
todoynoeramomentodeguardarsenada.
Ningunodelosdosteníaderechoahacerlo.
—Voy a romper con todo lo que crees saber sobre mí, señorita
Jenkins.
Por algún motivo extraño, el hecho de que la llamará así la volvía
más salvaje. Su cuerpo se retorcía de ansiedad, ansiando el contacto.
Necesitando sentirlo desnudo sobre ella, dentro de ella, a su espalda. En
todaslasformasyposturasimaginables.
Quería que se entregara a fondo y dejar una marca profunda en él.
Podía ser madre soltera, podía haber renunciado al amor, pero siempre
habíasidounamujerapasionada.Legustabaelsexoydisfrutabaconél.
Nathanerasucompañeroperfecto.
—Túnosabesnada,Nathan.Vasaflipar.
Elhombreriollenódeimpacienciaydeseo,lalevantóenbrazossin
aparenteesfuerzoyselallevóalacama.
Unavezallí,perderlaropafuecuestióndesegundosyenelinstante
en que sintió aquel duro cuerpo pegado al suyo, cerró los ojos para
soportarlaintensidad,esoeraloquetantohabíaechadodemenos,esoera
sinloqueibaavivirduranteelrestodesuvida.
—¿Estás bien, Sasha? —había preocupación y excitación en la voz,
peroprimólaprimera,descolocándola.
Natasha abrió los ojos, lo miró, tomó su rostro en sus manos y lo
acercóasubocaparabesarlo,despuésasintió.
—Nuncaheestadomejor,Nathan.
No necesitó más. Sus labios descendieron una vez más a su ya
necesitado cuerpo, probando cada centímetro de ella, lamiendo y
degustando.Sedetuvoensuspechosmientrasledabaplacer.Susdedosse
internaronensuentrepiernaposeyendo,haciéndoseelúnicoyelauténtico
dueñodeaquellosdominios.
Escuchaba sus propios gemidos, junto a los gruñidos de él y para
cuandosefundieronenunsoloser,Natashasediocuentadequepodíaser
elúltimo,perohabíaopacadoalresto.
—Sí.Sí.Notedetengas.
—Jamás lo haré —aseguró él mientras iniciaba el lento y erótico
vaivén,ansiosoporreclamarlaatodaella.
Yledejóganar,porqueenaquellabatalla,losdossehicieronconla
victoria.
Nohabíanombresnipasado,miedosnianhelos.Tansolofueronun
hombreyunamujerentregadosalfervordelapasiónyeldeseo.
Solo dos formando un ser que se derritió entre gritos de intenso
placeryliberación.
AsífuecomoNatashaentregósusarmasyNathansedurmióconuna
sonrisaysintiendomásligeroelcorazón.
***
CuandoalamañanasiguienteNathanabriólosojos,lavioenpleno
intentodehuida.Sonriótanperversocomosesentíaylallevódevueltaa
lacama.
Trashacerleelamorporterceravezdesdelanocheanterior,ladejó
marchar.SabíaqueDereklanecesitabaynoqueríainterponerseentrelos
dos.Lehubieragustadocompartiraquellaespecialmañana,descubrirlos
regalosyjugaralafamiliafeliz,peroapesardeloquehubierapasadola
nocheanterior,seríaunextrañoentreellos.Noqueríaenrarecerelclima
de un día tan sagrado para el niño, así que se tomó su tiempo para
ducharse,vestirseydesayunar.
Cuando terminó, consultó su reloj. Aún era pronto, así que decidió
valorar qué había pasado exactamente entre ellos dos la noche anterior.
¿Unaaventura?¿Eliniciodealgomáslargo?¿Unarelaciónquizá?
Natasha Jenkins había sido toda una revelación. Jamás habría
esperado que se derritiera entre sus brazos volviéndose mantequilla. Ni
queresultaratanapasionadaoexigente.
Eradeesasmujeresquesabíaquéquería,quélegustabayquéhacer.
Nosehabíaaburridoconella,alcontrario,selehabíahechocorto.Estaba
deseandollevárselaalacamaotravez.
También era consciente de que la mayor parte de sus aventuras al
principio eran iguales, era raro que duraran más de cinco o seis meses,
pero nunca había sentido esa inclinación a conocer a la otra parte. A
conocerladeverdad.
Gustos, miedos, deseos, sueños… Con Natasha quería todo eso,
ademásdeseralguienparasuhijo.Nopodíacomprenderseasímismo,de
prontosusesquemassehabíanrotoydeseabacosasquenodebíaniquería
tener.
¿Una familia? ¿Él? No. Jamás sería un buen padre. Nunca había
tenidounareferenciareal.Suabuelahabíasidoestupenda,peronohabía
sido un hombre. ¿Cómo iba poder averiguar la manera en que se
comportabaunpadre,sinuncahabíatenidouno?
Ni siquiera su abuelo había vivido, así que no, no estaba preparado
paraserlafigurapaternaoelmodelodeningúnniñoimpresionable.¡Si
nisiquieralegustabanlosniños!
Pero sentía que tanto Derek como Natasha eran especiales. No
deberíapensarasí,nisentirasí,perolohacía.
Nopodíaevitarlo,nopodíacontenereseanhelodepertenecer.
Siemprepensóquelosuperódeniño,peroalparecer,sololohabía
ocultadoprofundoyresurgíaenelpeormomentoposible.
«No es hora de una relación, Nathan. Tienes que concentrarte en el
trabajoydejaraSashatranquila».
Pero nunca lo haría. Era cabezota y le gustaba salirse con la suya.
Ella era especial, quería tenerla. Todo el tiempo que pudiera y eso
significabaparasiempre,queasífuera.
Total, ya había pensado en casarse. Y si más adelante necesitaba su
libertadnuevamente,siemprepodíapedireldivorcio.
Pormásqueledisgustaratantolapalabracomolainstitución.
«Eselsexo,tehacomidoelcerebro».
Podíaser,perohabíasidomuybuensexo,asíquemerecíalapenael
riesgo.Eradeesassituacionesenlasqueolointentabasexponiéndoteal
fracasoonopodíasganarelpremiogordo.Nuncahabíasidouncobarde
ynoplaneabaempezaraserloahora.
Nohabíamaneradequeesosucediera,nuncaaceptaríaalgoasí.
Viosobrelamesalainvitaciónaunafiestatardíadeañonuevoyse
preguntó qué diría Natasha si la invitaba. ¿Aceptaría acompañarlo? Así
tendríaunaexcusaparavolveraverlapronto.
¿Cómoreaccionaríaella?Nopodíaesperarparaverlo.
No habían pasado ni dos horas y allí estaba, ansioso de nuevo por
ella.
«Hasretrocedidodevueltaalaadolescencia».
Sin embargo, sabía que no era cierto. Los días anteriores había
rechazadovariasjugosasposibilidadesdeperderseentrevariosparesde
femeninaspiernasyglobosarregladosporcirugíaestética.
EsoeraalgoqueleencantabadeSasha,eratannatural.Nohabíanada
artificialenella.Nisucuerpo,nisusexigencias,nisusgemidos.Erauna
mujerreal.
Unasexyyatractivamujerdeverdad,delasquesiemprehablabasu
abuela y a las que él nunca se había acercado por motivos obvios. Las
mujeres como aquellas querían compromiso y soñaban con formar una
familia,éleraalérgicoatodoaquello.
Sinembargo,empezabaadarsecuentadeloquesehabíaperdidocon
aquella forma de pensar. ¿No sería mejor dejar a un lado al playboy
millonario el tiempo suficiente como para sentar cabeza con una buena
mujerquecasualmenteteníaunhijoquenoheredaríasuspropiosgenes?
AunquelosgenesdeKramereraninclusopeorquelossuyos.Derekhabía
sidoafortunadodetenerasumadre,deparecerseaella.
Inclusoélhabíatenidosuerteconeso.
«Tampocovasapedirlematrimonio,¿no?Todavíano».
Y ahí estaba el quid de la cuestión, en el «todavía». Increíble que el
señorYork,comolohabíallamadoellanomuchotiempoatrás,estuviera
fantaseandoconlaposibilidaddecasarse.
Seestabavolviendolocoylopeordetodo:unlocofeliz.
Sonriójustoantesderecogerlainvitación,suabrigoydirigirseuna
vez más hacia la casa de Natasha, con suerte diría que sí y tendrían otra
nochedefantasía.
Semoríadeganasdetenerlaentresusbrazosotravez.
Ydespuésotrayotra,seguramente,coneltiemposecansaría,pero
¿ysiestaveznosecansaba?
Nopodíadejarpasarlaoportunidaddecomprobarlo.Juntospodrían
hacergrandescosas.
Aunquesolofueraencontrarunfinalfeliz.
CAPÍTULO17
Aquel vestido no le pegaba nada. Natasha lo sabía, pero por alguna
estúpidarazónhabíatenidoqueponérselo,convertirseenCenicientapor
unanocheyacompañaralhombrequeempezabaallevarsesuvoluntady
lavolvíaloca.
Nunca se hubiera imaginado haciendo nada parecido, desde lo de
Suttonhabíatenidomuchocuidadodenodesmelenarse,peroencuestión
dedíastodosuesfuerzosehabíaperdido.
TampocoayudabaqueDerekysumadrelahubieranempujadoalos
brazosdelhombrequelograbaquetodosucuerpotemblaraysusrodillas
sevolvierandemantequilla,dejándolatotalmenteinestablesobreaquellos
altos tacones y aferrada al brazo del hombre al que nunca debería haber
dejadoentrarensuvida.
NathanYorknoerabuenoparasusaludmentalyeraaúnpeorparasu
yamaltrechocorazón.
Pero,denuevo,nohabíapodidocontenerse.Habíadeseadoestarallí
y allí estaba. Solo era cuestión de tiempo de que algo pasara y se
destruyera aquel momento perfecto, entonces ya no habría marcha atrás,
terminaríaconélyvolveríaalpuntoderetorno.
No, estaría mucho peor que antes de Nathan. Porque habría
comprobado que su postura anterior era la correcta y que el amor y el
mundodelasrelacionesleestabanvetados.
Queríatenerfeyesperanza,necesitabalailusión.
Tomóaireylomiró,lagentelaobservabacomosinolaconocieran.
Enlosojosdeloshombreshabíaunligerointerésyenlosdelasmujeres
unapizcadeodio,quizáporenvidia.
Nathan era un hombre muy guapo y quién más quién menos, había
soñadoconestarenellugarqueahoraocupabaella.
Nosabíanlatensiónqueimplicabaelestaresperandoelmomentoen
que pasaría a la siguiente. ¿Cuándo llegaría ese punto en que Nathan se
aburriríayatraparíaaotraincauta?Pronto,selodecíanloshuesos,muy
pronto quedaría relegada al olvido, la dejaría en paz y sola para luchar
contrasuspropiosdemonios.
Loaceptaba,porquelavidaeraasíynomerecíalapenaforzarsea
buscarotrasolución.
Estaban juntos y felices por ahora, podía dejar para mañana la
preocupacióndelfuturocercano,estarenpaz.
—Estáspreciosaestanoche,¿telohedichoya?
Nathaneraunperfectocaballero.Sí,selohabíadichovariasvecesy
le había dedicado varias muestras de afecto. Pequeñas cosas, como la de
poner su inmensa mano caliente sobre la suya, más pequeña. Guiarla
amablemente con un leve toque en su baja espalda, que había enviado
variosalarmantescalambresincendiandosudeseo.Lossusurrosaloídoy
losrocesfugitivosdelabios,endistintaspartesdesurostro.
Lahacíasentirespecial.
—Noséquédecir,Nathan—confesó—.Mesientorara.
—Gracias,estoymuycontentadeestarcontigoaquíestanoche,sería
unarespuestaperfecta—dijoapartándoleelpelodelosojos—.Notemas,
estanocheesparapasarlabien.Túyyojuntos,despuésdecumpliraquí,
podemosiramicasay…
—Nosésiesbuenaidea.
—Confíaenmí,esunaideaestupenda—sonrióysedirigióhaciael
hombre que lo llamaba a la derecha. Habló con él, fue educado y se
sumergieronenunaaburridacharladenegocios.ANatashanolegustaban
lasaglomeracionesdegente,sesentíaincómodayloquemásansiabaera
retirarseaalgúnrincón,dejardeserelcentrodeatención.
SabíaquelamirabanporqueestabaconNathan,loquelahacíasentir
fuera de lugar. No pertenecía a ese mundo, sabía que cuchicheaban
hablandodelanuevaconquistadelplayboy,porqueesoera,lanueva.La
siguiente de la anterior hasta que hubiera otra más y se convirtiera en
pasado,quedandorelegadaalmástriste,vacíoyoscuroolvido.
Asíeralavidaenesemundo,unavidaquenuncahabíaqueridovivir,
peroalaquesehabíadejadoarrastrar.
Había dejado que sus debilidades tomaran el control, lo peor que
pudohacer,ahorateníaqueaguantareltipoysuplicarlequenolehiciera
acompañarledenuevoaalgúneventosimilar.
Lo miró, sumergido en su charla, y espero a que tomara aire para
excusarseyacercarsealaseoaretocarseelmaquillaje.
Unamentirapiadosa,tansolonecesitabaeliminarunoscuantospares
deojosdesupersona,recomponerseyrecordarquiénerayporquéhabía
idohastaallí.
Estabaendeudaconél,lehabíaayudadoconSutton,resolviendoun
pequeño problema que podía haberse convertido en otro muy grande,
peronopodíaenamorarsedeél.
No necesitaba a una tonta enamorada con deseos de que ocupara el
lugarqueotrohombrehabíadejadolibre.
Tenía ganas de llorar, porque no se trataba de convertirlo en un
sustituto,sinodequeéleraeltitulardelpuesto.¿Enquémomentohabía
empezadoasentirseasí?Nopodíahabereliminadosusbarrerastanrápida
yfieramente,¿verdad?
No,nopodíapermitírselo.Perderloahoraseríamejorqueperderlo
después.
—No sé cómo puede estar contigo, eres muy poca cosa —dijo una
mujer a su espalda, mientras estaba en el baño de señoras. Se estaba
lavandolasmanos,tratandoderecuperarelsentidocomún,cuandomiróa
través del espejo, reconoció a la mujer. La había visto con Nathan en el
pasado—.Sicreesquedurará,teengañasatimisma.Noestásasualtura,
querida,eresdemasiadoviejayfeaparaél.
¿QuiénsecreíaqueeraaquellaBarbiedeplástico?Noibaadiscutir,
no iba a rebajarse a hablar con alguien tan dañino y todo por celos.
¿Acasocreíaqueeratonta?Sabíaperfectamenteconquiénestabatratando
cuandoselióconélynoesperabanada.Soloaqueterminara,porqueera
loúnicoquesepodíaesperarconhombrescomoél,apesardelastrazas
honorablesysincerasquehabíavistoensusacciones.
Nopodíasquitarlelasrayasaunacebraolasmanchasaunleopardo,
loúnicoquepodíashacereraamoldarteaélosacarlodetuvida.
Natasha solo quería un oasis de paz, durante un tiempo limitado.
¿Tantoerapedir?¿Podríaaquellazorritadetresalcuartodejarlatranquila
duranteeltiempoqueaquellodurara?
Conocíalarespuesta,peroaúnteníaesperanza.
—Megustaquemecontestencuandohablo—exigiólaotramujer.
—Yamínomegustaquemeinsulten,simepermite…
Tratódeapartarla,peronopudohacerlo.Sehabíacuadradoentoda
suestaturaysacópecho.Casitemióquelesacaraunojoconaquellastetas
prefabricadas.
—No eres nada, te aplastará como un gusano. Julie está ahí fuera
besándoseconél.Tansolohanecesitadoquetedeslavueltadiezminutos
paraolvidarsedeti.
Nodeberíahaberescuchadoaquellaspalabras,perosutontocorazón
seaceleró,previoaldestrozoquesobrevendría.¿Tanprontollegaba?No
eraquenolohubieraprevisto.
—Pues si Julie está con Nathan, entonces es que no es un tipo que
merezcamucholapena,¿nocrees?¿Porquétearrastrasporalguienque
tehadejadotirada?Noloentiendo.
—Noeressuficiente.Novamosadejarqueseconformecontanpoca
cosa.
—Gracias, eso que has dicho es lo mejor que pudiste decir —salió
delbañoconlacabezamuyalta,ignorandoelestuporqueaparecióenel
rostrodelavíbora.
No sabía qué encontraría, pero no le importaba. Estaba preparada
parahacerfrenteacualquierinconveniente.
Serepitiódenuevoquesabíaqueeldíallegaría,asíquecuandoentró
enelsalónyvioalaflacayperfectamujerrestregándolelastetasenla
cara,paraacabarbesándolodespués,exactamenteelmismopuntoenque
la había besado a ella días atrás, se dijo que el final había llegado. Más
prontodeloqueesperaba,perofinal,alfinyalcabo.
Sequedóobservándolosunpardeminutos,despuésnegóycaminóa
todaprisahacialasalida,recogiósuabrigoyselopuso.
Lastontaslágrimasabandonaronsusojossinpodercontenerlas.¿Por
qué llorar? No había sido nada más que la profecía cumplida, había
pasadoloqueesperabaynohabíamarchaatrás.
Pusounpieenlacalleyseestremeció.Latemperaturahabíabajado
varios grados, pero no le importó. Buscó un taxi, no pudo encontrar
ninguno,maldijoyempezóacaminarconlosincómodostacones.
Aquelnoerasumundo,mejorprontoquetarde.Habíasalidodeély
denuevoeracapazderespirar.
SoloanhelaballegaraDerek,asuhogar.
Ydejaratrástodaaquellarápidafantasíaconlaquenopodíalidiar,ni
ahoraninunca.
Definitivamentesucorazónestabaenhuelgaysufuturodecidido.
Eramadre,porencimadetodaslascosas,ysumujersecreta,esaque
anhelaba la pasión y el intercambio entre dos, iba a quedar relegada al
olvido.
Eseerasulugar,unoquejamásabandonaría.
Antesdequealguienmássalieraherido.
***
Nathanlavioduranteunsegundo,antesdequelamujerloatrapara
en aquel asfixiante abrazo. Solo quería deshacerse de ella, correr tras
Natashayexplicarloquehabíapasado,perolagentesepusocomoloca
pidiendomásyellanolodejóescapar.
Sabía que aquello iba a costarle caro. No había terminado con su
adorableseñoritaJenkins,noplaneabaterminarnihoynimañana,puede
que nunca, pero en su gesto triste solo había visto la seguridad. Había
hecholoqueesperabaquehiciera,asíqueserendíasinluchar.
Sabíaporquélohacía,suexperienciapasadahabíasidotandolorosa
que era mejor seguir adelante, superar el dolor y olvidar todo lo que
podría haber sucedido entre los dos de haber luchado por ello. No la
culpaba.Laverdaderaqueteníatodaslasrazonesdelmundoparasalirde
allíyolvidarsedeél.
Peronoeraalgoquepudierapermitir,noqueríahacerlo.
Sedeshizodelabrazoylamiróconfuria,noconocíasunombreni
deseaba hacerlo. Tras apartarla a un lado e ignorando las voces que
coreabansunombre,corrióatodaprisahacialacalle,sinabrigo,tansolo
conlafinachaquetaquedejabapasarelheladoaire.
Corrióconaquelloscaroszapatos,hastaquelaencontró.Lasostuvo
por las muñecas, la miró a los ojos y se dio cuenta de que la había
perdido,inclusosinquerer.
—Noesloquepiensas.
—Nopiensonada,Nathan.Solohapasadoloqueteníaquepasar.
—¿Tansuperficialcreesquesoy?—preguntóalgodolido.Sabíaque
noteníaderecho,perosesentíainsultado.Nohabíahechonada,hoyno,
aunquemilvecesantesfueraculpable.
—¿Acaso no lo eres? ¿Por qué te empeñas en seguir con esto?
Ambossabemosquenosoytutipo.
—¿Ysiquierocambiardetipo?
—Lascosasnofuncionanasí.
Ojalá fuera tan fácil, pensó Nathan. Decirlo y hacerlo. Que ella
confiaraenél,peroibaatenerquedemostrárselo.Loúnicoqueellasabía
era que se habían acostado, que le había hecho propuestas inaceptables
soloparatenerlaensucamayquesupasadoamorosohabíaestadolleno
demujeresperfectas,todasiguales,cuyosnombres,coneltiempo,había
olvidado.
Había sido un donjuán, disfrutando de los placeres de la carne, sin
preocuparseporlasemociones,yahoraloestabapagando.
—Solotepidounaoportunidad,Natasha.Solouna.
—No puedes evitar ser como eres y no me parece mal. —Las
lágrimasrodabanporsusmejillas,teníalanarizrojaytemblaba.Nosabía
si por el frío o por el dolor que le había causado—. No eres un mal
hombre, tienes buen corazón, pero no puedes dejar atrás quién eres, no
pormí,yyonopuedoestarconalguienqueencualquiermomentopuede
desaparecerdemilado.Desearíapoderignorarquiéneres,peronopuedo.
—Nosabesquiénsoy,todavíanohastenidotiempodeverme.Node
verdad.
—Creoquesítehevisto,tantoqueséquepodríaamarte,Nathan.¿No
entiendesqueesomemataríaeldíaquetefueras?Seguirásadelantecontu
vida,loharás.Porqueeresasíyyo…¿quéharéentonces?¿Recogerlos
pedazosdemividayvolveraempezar?Nomequedafuerzaparahacerlo,
nootravez.
—NosoySuttonKramer.Novoyatirartecomosinofuerasnada.
—Escierto,noloeres.Eresunhombrebueno,NathanYork,poreso
podrías ser como un tornado devastador para mi alma. No podría
reponermealapérdida.Nopuedoarriesgarme.
Nathan se sintió furioso. ¿Que no podía arriesgarse? ¡Él sí! Iba a
demostrarle cuán dispuesto estaba a ello, le demostraría que podían
lograrlo,quesoloeracuestióndeintentarlo.
—Porfavor,Natasha,dameunaoportunidad.
—Tediuna,Nathan.Inclusoencontrademisentidocomún.
—No fui yo. Fue una encerrona. Querían herirte, Sasha. Querían
separarnos y lo han logrado. ¿Acaso no merece la pena el esfuerzo de
intentarlo?Confíaenmí.
—No solo está en juego mi corazón. Lo siento, Nathan. Yo… no
puedo.Nopuedo.—Sealejódeél,tratandodecorreratravésdelacalle,
poniendodistanciaentreambos.
Losdostiritaban,hacíafríoysiseguíanquietosacabaríanporcoger
unapulmonía.
Lasostuvoporelbrazo,deteniéndolaunavezmás.
—Vayamosaunacafeteríaaentrarencalor,hablemos.Nopodemos
rendirnosasí.Todavíano.
Evitóelcontactoencuantopudo,alejándose.
—Adiós, Nathan. Has sido especial para mí, pero somos demasiado
diferentes.
—Almenospermítemellevarte,cogerémiscosasy…
Pero ella se apartó de él y echó a correr. Intentó seguirla, podría
haberla alcanzado fácilmente, pero algo le dijo que no era bueno
presionarla,notanpronto.
Noibaadejarlaenpaz,erademasiadoimportantecomoparahacer
eso, pero le daría una noche de espacio. Que durmiera y se enfriara el
dolor por la supuesta traición, al día siguiente sería otro día. Uno que
podríanenfrentarjuntos,enelquepodríanllegaraunacuerdo.
Unoenelquepodríanempezardenuevo.
CAPÍTULO18
Natasha abrió la puerta al repartidor de flores, parecía ser una
constante en su vida en los últimos tiempos. La nota de disculpa que lo
acompañabaeratansentidacomolastreintaanteriores.Sumadrelamiró
comodiciéndolequedejaradesertanterca.Queerahoradeperdonar.
Había pasado casi un mes desde aquella noche, pero no se sentía
capaz de escuchar los argumentos ni de Nathan ni de su familia, que
parecíandispuestosaconcederleelbeneficiodeladuda.
Ella misma había titubeado mil veces, con el móvil en la mano, a
puntodellamarlo,paradesistirpocodespués.Derekentróenlahabitación
con sus muñecos y se sentó a su lado en silencio, tan solo mirándola,
comoesperandoaquefueraellaquiénhablara.
—¿Sucedealgo?—inquirióatrayéndoloasuregazoyachuchándolo.
—¿Por qué no quieres perdonar a Nathan por portarse mal, mamá?
Tú siempre dices que hay que perdonar a las personas cuando se
equivocan.
—A veces los mayores nos equivocamos tanto que es muy difícil
poderhacerlo,cariño.
—Nadie se equivoca tanto, tú dices siempre que no hay que ser
rencoroso,mami.Nomegustavertetriste,teponestristeylasfloresson
muybonitas.SéqueechasdemenosaNathan,esmiamigo,havenidoa
vermealgunosdíasyelabuelomehadejadojugarconél.
Losabía,eraconscientedeaquellasvisitasynohabíatenidocorazón
para acabar con ellas. Si su hijo las disfrutaba, ¿quién era para impedir
que los dos se vieran? Incluso aunque le doliera ser tan cabezota, pero
estabademasiadoasustadacomoparahacerfrenteaunaposiblerelación.
—Noestoysiendomuybuenapersonaenestostiempos—murmuró,
imaginandoquesuhijonolahabíaescuchado,peroseequivocaba.Estaba
escuchando,atentoatodoloquedecía.
—Eres buena, solo estás asustada. Nathan me ha dicho que no debo
enfadarme contigo, que cuando estés lista para hacerlo, le perdonarás.
¿Por qué no lo intentas? Yo te daré la mano, para que no tengas miedo,
mami.
Miróasuhijoynopudoevitarsonreír.Ensugestohabíaseguridad,
leofrecíasumano,diciéndolesinpalabrasqueestaríaahí,conella.Solo
teníaseisaños,peronuncaestaríasola.Eraloqueteníaquever,quesin
importar cuantos Sutton o Nathan pasaran por su vida, Derek siempre
estaríaallí.
Nuncalaabandonaríayjuntospodríanhacerfrenteacualquiercosa
quelavidalestrajera.
—¿Tú crees que debemos intentarlo, cariño? —Acarició su cabeza
con ternura y lo besó en la nariz—. Porque si quieres que le demos una
oportunidadaNathanseladaremos.
—¡Puesclaro,mamá!Sinohayquetenermiedo,Nathanesmiamigo
yesbuenapersona.¿Sabesquejugamosalfutbolysemanchóeltrajeese
tanelegantequelleva?Peronoescomomipadre,nogritaniseenfada,se
rio.Nosrevolcamosporelsueloyyaestá.Dijoquelalavadoratodolo
limpia.
Natashasonrió.Lostrajesdesuexjefenopodíanlavarse,eraloque
teníalaropadelujo,habríaquedadoarruinadoyparatirarloalabasura.
Nienlatintoreríapodríanquitarleelbarroresultantedeunatardejugando
conunniño.
—¿Esohizo?
Por algún motivo no le resultaba extraño. Había un lado de aquel
hombretotalmentedesconocido,unoquelasorprendía.Estabasegurade
queélmismoestabasorprendido.
—Puessí,mamá.Lohizoyayersepusoropanormalporquesuotra
ropaseestabasecando.
¿Nathanconvaquerosyunacamisetadealgodón?Estaríaguapísimo
ysexy.Podíaimaginárselo.
Sabía que debería sacar esa imagen de su mente tan pronto como
pudiera, pero todas sus excusas se iban derrumbando rápidamente. Casi
antesdeformarseensumenteunavezmás.
—¿Cómopodríamoshacerparaquenosquieraensuvida?Hesido
muymaleducadaconél,sincontestarsusnotas.
—Notepreocupesmamá,yoloarreglo.
Elniñoselevantóatodaprisa,dejólosjuguetesycogióunalibreta
desumadreyunlápiz,regresóylamiró.
—Vamosaescribirleunanotaasucasa.
—¿Unanota?
Elniñoasintió.
—Yaveráscomoteperdona,selovoyadeciryo.Levoyadecirque
vamosalapistadehieloapatinar.
Natashadudóuninstante.¿Usarasuhijoparaquedarconél?Podría
haberlo llamado, pero no se sentía tan valiente. Quizá dejar que su niño
hicieradeCupidofuncionara.
Para los dos. A ella le daría tiempo para prepararse mental y
físicamente para el encuentro y él… Bueno, no sabía qué haría él, pero
esperabaquenofueratarde.
—¿Cómoseescribe«hielo»,mami?
Sasha sonrió y procedió a ayudar al niño, mientras su estómago se
llenabademariposasysucorazónlatíaapresurado.
Ibaaintentarlo,adarleunaoportunidad.
Ojalánohubieradejadopasardemasiadotiempoparahaceraquello,
teníalasensacióndequepodríaserloquesiemprehabíaestadobuscando.
NathanYork,elplayboyconcorazón.
Sí, sonaba como un candidato. El mejor y el único para ella, para
Derek,paraambos.
***
Nathanestabatiradoenelsofá,tomandounacervezayviendolatele.
Observóelteléfono,esperandoquesonara,perounavezmásnolohizo.
NosabíacómoprocederconNatasha,cómoganarsuperdónporalgode
loquenoeraculpable.
Una parte de su ser le decía que la dejara atrás, que había muchas
otrascomoellaenelinmensomar,peronopodía.Nosoloeraporlobien
que lo había pasado con Derek, por la complicidad que había surgido
entrelosdos,nisiquieraeraporlobienqueseentendíanenlacama,era
por más, mucho más. Esa emoción que se había clavado en su pecho y
lograba que le doliera el corazón. ¿Era amor? Pues pensaba en él como
unajodidamaldición.Loestabadejandoaleladoyperdidoenunmarde
fantasíasqueeraposiblequenuncasehicieranrealidad.
El timbre interrumpió sus cavilaciones, se levantó casi ansioso.
¿Seríaella?
Encuantoabriólapuerta,sucaradebiódemostrarsuincredulidad.
Elchicodelafloristeríalomirósinprestarmuchaatenciónyleentregó
unacajablanca.
—¿Mefirmaaquíparaconfirmarlaentrega?
Lohizosindecirniunapalabra.Diolasgraciasyconelpaqueteen
lamanovolvióasusofá.
Abrió y observó el contenido, una rosa roja y una nota. ¿Quién le
mandaríaflores?
Susmanostemblorosassacaronlanotadelsobreyleyóenvozalta,
su corazón cada vez latía más rápido y su esperanza renacía con fuerza.
¿Natasha?¿Unarendición?¿Podríaser?
Las enormes letras infantiles le hicieron sonreír. Podía ser que el
niño hubiera escrito la nota, pero estaba seguro de que su madre sabía
exactamente lo que había puesto. Incluso era posible que ella le hubiera
dadolaidea.
«Usandoalniñoparallegaramí.Sasha…Sasha…Sasha…¿Quévoy
ahacercontigo?».
Sinembargosesentíamásligero.
Siquieresveramimadre,vealapistadehieloalasseis.Notardes,
quizáteperdonaylaperdonas.Mamádicequenohayqueserrencorosoy
quedebemosconfiarenlaspersonasquenosimportan.Nolleguestarde.
P.D:Mejorpontelaropadeayer,quemamásonriócuandoledijelo
quetepusiste.Creoquelegusta.
Unacarcajadalohizosostenerselatripa,mientrassedejabacaermuy
complacidotodololargoqueera.
Quizánotodoestabaperdido.Podíaserque,dehecho,solofuerael
difícilprincipiodeunainteresanterelaciónentredos.
Ibaalucharparaqueaquellosehicierarealidad,iríaaportodas.
PalpóensubolsillolajoyaquehabíaescogidoparaNatasha.Noera
unanillo,erademasiadoprontoparaeso,perosellaríadealgunamanera
unpactoentreellos.
Sonrió complacido, pensando en la mujer que había robado su
sentidocomúnyqueamenazabaconquedarsecontodolodemás.
Y lo peor de todo no era eso, lo peor era que le entregaría cuanto
quisiera con una sonrisa, no por un día más, sino por la promesa de la
posibilidaddeunavidacompartida.
«Túcomprometido,NathanYork.Quiéntehavistoyquiénteve».
Yencontradeloquehabíapensadosiempre,nosesintióatrapado,
sinolibre.
Tan libre que pensó que podría hacerse adicto a esa sensación. Una
que no querría que desapareciera nunca, sin importar los baches y el
sufrimientoquehubieraporelcamino.
El amor merecía la pena, lo sospechaba, ahora solo necesitaba
comprobarlo.
Yloharía.Enlapistadehielo,enunaspocashoras.
Apenas podía esperar para encontrarse con la mujer que lo
trastornaba,paramirarlaalosojosydejarlemuyclaroquenoplaneaba
dejarlaescapar.
CAPÍTULO19
Natashaestabamuynerviosa,peroseesforzabaendisimular.Derek
estabaemocionado,expectante.SabíaquehabíaescogidoaNathancomo
padre y que solo esperaba que su madre abriera los ojos por fin y se
quedaraconél,nolodiríaconesaspalabras,pueshabíacosasquetodavía
no comprendía del todo, pero de alguna manera esperaba que hiciera lo
quedebía.
Si antes había tenido miedo por cómo se darían las cosas entre el
niño y el hombre, ahora sabía que la única traba en aquella relación era
ellaconsusviejosmiedosasertraicionadayquedarsesola,endesventaja.
Selohabíanhechoantesytemíaquelesucedieradenuevo.Inclusoaunque
NathanySuttonnofueranelmismohombre.
Sabía que Nathan era muy diferente. Lo había visto, no era mentira
cuando dijo que podría llegar a enamorarse de él. Aunque bien visto, sí
quehabíamentido,porqueyaloestaba.Inclusoapesardesusintentosde
ignorar las señales, había quedado atrapada en la red y no encontraba la
formadeescapar.
Tampocoesquequisiera.
—Nofuereal—dijolavozdelhombrequelequitabaelsueñoasu
espalda—. Tienes que creerme. Llevo intentando decírtelo todo este
tiempo,pero…
Segiróylomiró,tambaleándosesobrelospatines.Lahabíatomado
porsorpresa,aúnnoeranlasseis.
Derekcorrióatodaprisa,deslizándoseporelresbaladizosuelohasta
suamigo.
—¡Hasvenido!Selodijeamamá.
—Eh,chico.—Lolevantóenbrazosylerevolvióelpelo—.Espero
quemeenseñesahacerunodeesosgirosquetehevisto.
—Mamásabemás,tepuedeenseñar.¿Verdad,mamá?
Los dos la miraron expectantes, Sasha titubeó sin saber qué hacer,
finalmenteasintió.
—Claro.Derek,cariño,¿podríasirapatinarcontusamigos?Nathan
yyovamosahablarunmomento.
El niño asintió y luego susurró algo al oído de Nathan, haciéndole
sonreír.
—Claro,chico.Ve,luegotecontarélosprogresos.
Seabrazóasumadreenelcamino,labesódondellegabaysusurró.
—Acuérdatedequeperdonamosynosomosrencorosos,mami.
Sasharioybesóalniño.
—Claroquelorecordaré.
Cuando el pequeño se adelantó para jugar con otros niños, Nathan
alzólavoz,deslizándosehastaella.
—Estáscriandoaunbuenchico.Tieneuncorazónenorme.
—Gracias.
—¿Recibistemisflores?
—Sí —sonó arrepentida, lo sintió y lo sabía. Debería haberlo
llamado,haberdichoalgoperosehabíaquedadoparalizada—.Sientono
habertellamado.
—Puedo entender por qué no lo hiciste, pero no fue de verdad. Ese
besonosignificónada.
—Lo sé. Creo que lo supe aquella noche, pero… esperaba que
hicierasalgoquemedemostraraquenopodíamosestarjuntosylohiciste.
—¿Por qué? —–preguntó con gesto serio. Sabía que aquello era
demasiado importante como para bromear, en ese momento se jugaban
tanto,losdos,queteníaquesersincera.
—Teníamiedodequererte.
—¿Porqué?—repitió.
—Porqueaspiroaqueelhombrequemeame,meseafielymebese
soloamí.Ese…eseeranuestrobeso.
Bajó la vista, avergonzada. Había sonado como una adolescente
soñadorayromántica,peroasísesentíaconél.Lahacíadesearcosasque
yahabíadescartado.
Queríaamarloyquelaamara.LoqueríatodoconNathanynosabía
sipodríaconseguirlo.
—¿Cómopuedoconvencertedequeesesoloquequierohacer?Solo
quiero tus labios, tus brazos rodeándome y los míos a tu alrededor.
Quierosentirtecontramicuerpo,cadasegundodeldía,escucharturisay
tusmiedos.Noquieroserelplayboyqueteseduce,quieroserelhombre
queteama.
Natashalomiró,ensusojosladudayeldesesperadoanheloporque
aquellaspalabrassehicieranrealidad.
—Yo…
—¿Quépuedohacerparaqueconfíesenmí?¿Paraqueentiendasque
nohabráotracomotú?
—Creoqueyalohashecho.—Sustemblorosasmanosseposaronen
supecho,éllastomó,apresándolasconternura,evitandoquesealejarade
él.
—Logritaréaloscuatrovientos.Quesoytuyoytepertenezcosoloa
ti,queeresmíayjamástedejaré.
—No es necesario que… —Trató de sonreír, se pasó la lengua por
loslabiosresecos,estabamuynerviosa.
Nathansacódesupantalónunacajitayselaentregó.
—Noesunanillo,Natasha,eslapromesadeunfuturojuntos.Cuando
estéssegurademí,dequeloquesientoportiesreal,quenodesapareceré
con la primera rubia tetona que pase, entonces te lo pediré, lo haremos
oficial.Porahora,solodimequemeaceptas,queintentarásconfiarenmí,
que lucharemos juntos por la posibilidad de un futuro en común, por
nuestrafuturafamilia.
—Yo no sé si… ¿Estás seguro de que es lo que quieres? No voy a
dejardeserloqueves,noserénuncacomotusotrasnovias.Nitanguapa
nitansuperficial.
—¿Porquécreesquemegustas?Hallegadoelmomentoenmivida
dehaceralgopormímismo,algoqueaunquenuncalosupe,siemprelo
he querido. Habrá momentos duros, Natasha, no voy a mentirte, puede
inclusoquelleguesadesconfiardemí,perolosolucionaremosjuntos—
aseguró, colocándole el diminuto colgante en forma de corazón—. Que
seasímbolodelapromesadesinceridadqueteofrezco,delaposibilidad
deunarelaciónduradera.DéjameformarpartedetuvidaydelaDerek,
nopidoellugarqueotrodejóvacío,quieroquemeaceptesporloquesoy
yloquetepuedoofreceryo,olvidandoatodoslosdemás.
Natashalomiróconelcorazónenlosojos,debíadesaberqueyala
había ganado, pero no le importaba, aquel era su momento y lo
disfrutaría.
—Tequiero,NathanYork.Puedequeseaunalocura,puedequeesté
firmandoelpeordelostratos,peronisiquierameimporta.Tequiero,me
has robado el corazón. No fue con aquel beso, ha sido mucho después,
pero…
Nathansacóunaramitadelbolsilloponiéndolaentrelosdos.
—Esunbuencomienzo,¿nocrees?
La risa rica, cálida y sincera que abandonó a Natasha caldeó el
ambienteentrelosdos,mientrasobservabaelmuérdagouninstante,para
terminarconcentrándoseenélpocodespués.
—Creoquenodeberíamosdesaprovecharlaoportunidad.—Lobesó,
comoaquelprimerdía,denohacíatantotiempo,peroconunaesperanza
diferente.
Ahoraerandos,enelinmensocaminoqueseextendíaanteellos,en
un futuro que podía ser incierto, pero que esperaba con energía y buen
ánimo.
Eldestinoteníaquereportarlelafelicidad,losdoslamerecían.
Cuando Nathan la apartó y la miró a los ojos, no necesitó decir las
palabras.Sugesto,suscaricias,suabrazo,tododemostrabaloimportante
queeraparaél,aúnasí,sucorazónbailódedichaalescucharlodecir.
—NatashaJenkinsyaeresmíaytequiero.
Lobesóotravez,almismotiempoqueescuchabaasuhijocantando
vítores, feliz, rodeándolo y toda la gente presente en la pista, aplaudía y
celebrabaelcomienzodeaquellarelación.
Nuncaelmañanasepresentótanbrillanteyambosloibanadisfrutar.
EPÍLOGO
Unañodespués.
Lasaladeesperaestabaabarrotada,peroeracomosinopudieraver
anadie.Acababandevivirunasfiestasllenasdeemocionesintensasyuna
bodamuyespecial.Nathannopodíahabersidomásfeliz.
EnelinstanteenquelaseñoritaJenkins,ahoraseñoraYork,atravesó
el pasillo central de la iglesia con aquella enorme y feliz barriga donde
creíaatodaprisaelfrutodesuamor,supoquehabíahecholascosasmuy
bien. Por fin había encontrado a alguien que le daba todo, pidiendo a
cambiosuentrega.Másbienexigiéndola.
Legustabaqueelladejaraclarasuposturaylerecordarasusdeseos
y promesas cada día. Lo hacía con sus gestos generosos, cuidándolo
inclusosinquesedieracuenta.Sehabíaentregadoenplenoaél,acambio
lehabíahechoelmismoregalo.
No le había pedido matrimonio tan pronto como le habría gustado,
porque ella se había empeñado en esperar, en que él estuviera seguro.
Queríaquecomprendieraquesiestabanjuntoseraporqueloquería,con
todo su corazón, y él necesitaba que ella se diera cuenta de que era la
elegida. Su abuela habría aprobado su elección y habría celebrado la
llegadadelanuevabisnieta.
Ahoraerapadreporpartidadoble.
—Papá, ¿crees que mamá estará bien? —Derek estaba nervioso,
apenassepodíaestarquieto.Loimitaba,uniéndoseaélensuspaseos,se
habíaconvertidoensuejemployesoloaterrabaaveces,perosiemprese
sentíacomosifueraelhombremáspoderosodelmundo.Ynoteníaque
verconsupoderadquisitivoosuposición,simplementesucedía.
ParaDerek,Nathanhabíasidounregalo,peromásbienhabíasidoal
revés.
Graciasaaquellasdospersonasquenuncahabríamiradodosveces,
de no ser por la situación en la que se habían encontrado, había
descubiertoquelavidaenfamiliapodíasertanexcitantecomodirigiruna
empresaosalirseconlasuya.
Habíadejadoaunladounavidallenademomentosvacíos,poruna
llenaderisasyesperanzas,tambiénalgunasbroncas.
PodíadiscutirconSashay,dehecho,lohacían.Sedecíancosasque
hacían daño al otro cuando se enfadaban, pero las reconciliaciones
merecíanlapena.
Oh,aquellosmomentosdereconciliaciónestabanllenosdedicha.
Se había sentido insegura cuando descubrió que estaba embarazada,
él había quedado aterrado. No lo habían planeado y, cuando sucedió,
pensaron que el mundo que estaban creando lentamente, se derrumbaría
sobrelosdos,peronohabíapasado.
—Tardanmucho,papá.
—Vamos,chico.Tumadreesunacampeona,nosavisaráncuandotu
hermanaestélistapararecibirnos.
—¿Legustaré?
El corazón de su hijo lo asombraba. Era bueno y generoso. No se
había enfadado con la posibilidad de que le robaran la atención, solo
esperabapoderocuparunlugarenlavidadelapequeñaKiera.Loharía,
porque iba a ser su hermano mayor y tendría que protegerla de los
cuervosquesololaquerríanporsuestupendocuerpo.
Tenerunahijacambiabarápidamentelaperspectivadeunhombre.
—Másqueeso,vasasersuconfidenteyprotector.
Derekasintió.
—Loseré.Soyfuerteyrápido,nadieleharádaño.
Nathansabíaqueseríaunfieroguardián.Comoélmismo.Unahija,
unhijo,unaesposa.Yanoeraunhombrelibreysesentíatanbien…
Unaenfermerasalióallamarlosylosdossepusierondeinmediato
en marcha. Les ofreció la información más importante sobre Natasha,
afortunadamentetodohabíasalidobien,lasdosestabansanasyesperando
paraverlos.
Aunqueeraposiblequenopudierantenermáshijos,peroesonoera
loimportante.Nonecesitabamás,sufamiliaeraespecial.
Alentrarenlahabitaciónobservóasumujerysupechosehinchóde
orgullo.Estabapreciosa,lebrillabanlosojosapesardequeteníaaspecto
cansado.
Seapresuróasulado,labesóenloslabiosyacaricióalaniña.Era
tandiminuta.
—Eh, pequeña. Aquí está papá. —Acarició a su mujer de nuevo—.
¿Cómoestás?
—Feliz.—Llamóasuhijo,haciendoqueDerekcorrierajuntoaella
ylobesó—.Hola,cariño.¿Quieresconoceratuhermanita?
El niño observó al bebé con temor, pero se cuadró, rechazando
mostrarsupánico.Nathansonr¡ó,porquesesentíaexactamenteigualque
él.
—Noserompe,puedesdarleunbeso—loanimó,mientrasélmismo
besabalosdiminutospies—.Parecementiraquepuedasertanpequeñaya
laveztangrande.
No supo si eran las mejores palabras para expresar cómo se sentía,
peroNatashapareciócomprenderlo.
—Esindescriptible.¿Vesquécositahemoshechotúyyo?
—Hemoshechograndescosasjuntos,hemosformadounafamilia.
—Quenoquerías—dijoellaconunalevearrugadepreocupaciónen
elrostro.
—Quedeseaba,notuveamispadres,peroahoratengoamishijos.
Creoquesiemprelodeseé,inclusosinsaberlo.Ytúmelohasdado,me
sientofeliz,pleno.
Natasha sonrió de nuevo, sabía que era sincero. A pesar de todo el
trabajoquelehabíacostado,alfinconfiabaenél.
Aunquenoplaneabadejardedemostrarleloimportantequeerapara
él.
—Teamo,señorJork.
—Teamo,señoraJork—contestóél.
—Notepreocupes,Kiera,tecuidaré—dijobajitoelniño—.Túyyo
mejorestaremosjugandomientrasdicenesascosas.
Y el niño empezaba a resistirse a las muestras de afecto en público.
Noqueríaquesehicieramayor,legustabasuniño.Porqueerasuyoyno
habíantenidomásnoticiasdelidiotadesupadrebiológico,tampocolas
esperaban.Habíansolucionadotodo.Nuncatendríaderechossobreél.
—Creoquelohehechobien.Heconseguidotodoloquenecesitaba
—dijoNathanlegandoensutonounapizcadelasoberbiaquesiemprelo
acompañaba—.Dondepongoelojo…
Natashadesestimósupresunciónconungesto.
—¿Tú? Si te dejé obnubilado aquel día, con aquel beso. Entonces
fuistemío,tehechicéynopudistepararhastaseducirme.
—No lo recuerdo igual que tú, mi amor —contradijo él—. Fui yo
quiendecidióquetequeríaytúquién…
Ellalepusoundedosobreloslabios.
—Ahorayanoimporta.
Nathan sonrió ante aquellas palabras. No, no importaba, pero fuera
comofuera,habíaganadoél.
Esolegustaba.
Podíasermuchascosas,peroeraunlídernato.Unoquesiemprese
salíaconlasuyayapesardetodoslosproblemasqueseinterpusieronen
elcamino,unavezmáslogróeléxito.
Sí,sesentíasatisfecho.Habíavencidoenelnegociomásimportante
desuvida.
Habíaencontradoelamorysehabíaaferradoaél,nopermitiríaque
nadiejamásseloarrebatara.
Derek,KierayNatashalepertenecíanyasíseríainclusodespuésde
lamuerte,nadacambiaríaesojamás.
—Ypensarquetodoempezóconunbesobajoelmuérdago…
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