Sociedad y aparato mental: Una metáfora sobre la paradoja de la

Anuncio
Sociedad y aparato mental:
Una metáfora sobre la paradoja de la realidad moderna
Cláudia de Paiva Caltabiano1
Frecuentemente se hace crónicas, poemas, canciones o artículos,
discutiendo el tema de la sociedad actual, incluso expresando las angustias y
perplejidad ante la emergencia de algunas barbaries cometidas por el ser humano.
Con relación a la definición de la sociedad y sus bases culturales y filosóficas, dejo
a los antropólogos y filósofos que la piensen y la definan. Sin embargo, quiero
hacer una pequeña metáfora sobre la dinámica que vivimos hoy en día. Para ello, y
por cuenta de ello, hablaré brevemente sobre dos casos recientemente ocurridos y
comunicados en todo el mundo de grande impacto social.
El primero caso es al respecto del padre austriaco que mantuvo durante 24
años a su hija y sus “hijos/nietos” presos en el calabozo de su casa. En esos años en
que estuvo encarcelada, el padre practicaba incesto con la hija y con ella tuvo 6
hijos, de los cuales un ha muerto aún bebé y dos de ellos el padre llevó para ser
criados en su casa, alegando ser adoptados (y su mujer os aceptó sin preguntarle
nada….¿dudoso, no?), y los otros niños vivían en el calabozo sin al menos conocer
el mundo exterior, a no ser por la televisión.
Delante de esto, surgen distintas preguntas y mucha perplejidad. Estamos
hablando de seres humanos, es decir, personas capaces de pensar, reflexionar,
correr, huir, gritar, en fin… ¿Por qué pasa ese tipo de cosa? Claro que sabemos que
1
Psicóloga clínica y actual alumna del Doctorado de Psicología Clínica y de la Salud en la
Universidad de Salamanca.
existen las psicosis y las psicopatías, lo que genera este tipo de pregunta es una
manera de intentar comprender lo que ocurre en la actualidad.
El segundo caso impactante es sobre la pareja brasileña que mató a una niña
de cinco años. Ésta pasaba el fin de semana en la casa de su padre. De acuerdo con
distintos laudos periciales, tras una pelea entre la pareja, la madrastra la golpeó y
luego la asfixió. Dándose cuenta del tamaño del problema que había ocurrido y
pensando que la niña ya estaba muerta, el marido (padre de la niña) la aventó por la
ventana de la 5ª planta simulando que había una tercera persona en el piso (un
ladrón). El más impactante es que la niña sólo murió después de agonizar durante
algunos momentos en el jardín del edificio, mientras el padre y la madrastra se
incumbían de crear una falsa hipótesis de un supuesto ladrón en el edificio, e
incluso limpiar la escena del crimen para no ser identificados.
Delante de tantas barbaries en “nuestra” sociedad, me inclino a hacer una
pequeña reflexión bajo la luz del psicoanálisis. Digo “nuestra” porque somos coproductores, autores y participantes activos, y no se puede decir que sea actual,
porque homicidios, incestos, psicopatías, etc, siempre han existido. Sin embargo,
parece que el número de casos, y la banalidad con que son tratados están cada vez
más alcanzando el noticiario. Otra diferencia está en el hecho de ser divulgados con
mucha rapidez y riqueza de detalles, que en realidad, es más un producto de la
tecnología comunicativa actual.
Lo que se pretende en este breve texto, es hacer una analogía entre la
sociedad de los días actuales con la idea de un aparato psíquico sostenido por el
psicoanálisis a la luz del texto de Freud (1927) El porvenir de una ilusión. A través
de una lectura metafórica relacionando la sociedad como siendo y/o conteniendo
las instancias psíquicas (ello, yo, y superyo).
El Ello, grande descubierta freudiana y de inmenso aporte teórico, es la
instancia psíquica que contiene los “instintos/pulsiones2” y funciona a través del
principio del placer, aspirando a que la satisfacción de sus deseos sea realizada a
cualquier coste. Es la estructura que está presente desde el inicio de la vida del
sujeto sirviendo como depósito de los contenidos reprimidos. A esa estructura se
encuentra claramente un representante en el modelo de actuación vigente de la
sociedad actual, donde el goce y el placer inmediato se imponen como verdad
categórica. Lo que se ve es la banalización de los instintos desenfrenados y un
bombardeo de ideas publicitarias que clavan la idea del poder, atado a la felicidad.
Esa torpeza sin nexo está basada en una religión en la que el consumo y los
placeres son ofrecidos en todo momento como camino al éxito. Religión que tiene
como dogma el “se puede todo”. El cogito ergo sum ahora es “tengo, luego, soy
alguien”. El Dios que se debe amar sobre todas las cosas está más para Narciso. Es
un “endiosamiento” de la perfección, de la juventud y del poder que perfila la
sociedad moderna, imponiendo casi como fuerza vital una ley del goce y de la
máscara.
Máscara que hace que los individuos vivan debajo de superficies
idealizadas y falsas imágenes del bien-estar. Es esta la condición para el
reconocimiento. La mirada de reconocimiento del OTRO se transformó en la eterna
búsqueda de la fama y del éxito a cualquier precio. Donde se es alguien cuando se
2
La cuestión teórica de la diferencia entre instinto y pulsión no será abordada en este artículo.
tiene algo y claro vendiendo una imagen de “no tengo problemas”, “voy de moda”,
“soy guay, tengo muchos amigos…”.
En realidad, se dicta un camino muy corto y sin esfuerzos, incluso también
se puede hacer una comparación con el período de la omnipotencia vivido en la
fase del narcisismo primario, en la cual el bebé busca la satisfacción de sus
necesidades sin darse cuenta de la existencia del OTRO.
Otro agravante de esta ideología actual es la preocupación exagerada por la
vanidad, y en realidad constituye un narcisismo al revés, puesto que se busca el
NO-YO, es decir, se idolatra una imagen que TODAVÍA-NO-SOY. Y con ello una
avalancha de cosméticos, cirugías, dietas milagrosas, y un consumismo exagerado.
Fomentando esta paradoja, en lugar de frenarlo, o por lo menos controlarlo,
está el Superyo, que en psicoanálisis se entiende como representante de la ley y de
la moral, como el padre que nos protege y nos da seguridad. El problema está en el
Superyo servir como propulsor de esta dinámica, mientras debería funcionar como
estanque a esa hemorragia de instintos/pulsiones.
Freud (1927), en su texto El porvenir de una ilusión, plantea el
fortalecimiento del Superyo y de la obediencia y temor a la coerción impuesta por
la sociedad. Sin embargo, lo que se nota en la realidad es una debilidad de esta
estructura psíquica. Es una ausencia del NO, es un principio de la realidad
desfigurado, prevaleciendo el principio del placer a cualquier coste. Donde quien
debería proteger la entereza es quien representa la mayor amenaza. Dígase de
pasaje los dos casos citados arriba y la cuestión de la violencia policial (en algunos
países) y la falta de apoyo de los gobiernos.
En El porvenir de una ilusión, Freud (1927) equipara el adulto a un niño
relacionando el sentimiento de desamparo frente al grande señor del destino, y
apunta que el adulto busca en la religión la misma protección y seguridad que un
niño busca en su padre. Sería cómico, si no fuera trágico, el hecho de que estos dos
casos aniquilan la idea de protección vinculada a las figuras paternales.
En un momento más adelante, el padre del psicoanálisis apunta que lo que
decide el propósito de la vida es simplemente el programa del principio del placer,
siendo ese controlado por el principio de la realidad. Parece más una fusión de
estos principios, es decir, el principio de la realidad que es lo que surge como freno
a los impulsos deseosos, está cada vez más siendo invadido/hundido por la idea de
necesidad del placer y la imposición del goce, ya entrando en contraste con la idea
de uno que detén.
Se vive en una época que el Superyo está deformado y donde la coerción
planteada por Freud, cedió lugar a la individualidad y no se teme más nada. No se
teme porque la conciencia humana (haciendo un paralelo al Yo) está cada vez más
alienada, lo que se nota es la no producción de pensamientos, es la banalización de
las emociones y de las grandes ideologías. Se ve plagios, falta de poesía y falta de
carácter.
En esta sociedad metaforizada, el Yo ya no sirve como mediador entre el
Ello y el Superyo. En esta dinámica de misceláneas, como una caja de Pandora, se
ve locura por donde quiera y defensas por todos lados. Sobra tiempo para hablar
del otro y falta tiempo para pensar en si mismo.
Es un hedonismo desenfrenado que va en contra al que planteó Freud al
explicar que el individuo aprende a abdicar de la soberanía de los instintos por la
imposición de la cultura. Va en contra porque esta cultura ya no sirve como barrera
a lo prohibido, está más como propulsora y creadora. Se ha ido el tiempo que la
sociedad servía como prohibitiva, frustrante y mentora de la privación de los
deseos instintivos, como nos enseña Freud (1927).
Cada vez más surgen casos bárbaros en la televisión generando conmoción,
estupefacción y alborozo. Se puede acordar innumerosos casos que chocaron la
sociedad con temas de hasta donde puede llegar el salvajismo humano. El caso
Madeleine, la niña Mariluz, el chico que decapitó a su madre y señalaba su cabeza
como un trofeo, el 11 de septiembre, y muchos otros casos que estuvieron en la
prensa mundial por mucho tiempo y que desaparecieron sin esclarecimiento o sin
solución.
Es esta falta de explicación y protección que acaba por generar un miedo
no se sabe de qué, una defensa no se sabe de quién y una manera de actuar y
moverse en el mundo que está haciendo que la gente se torne cada vez más sumisa
a los patrones de estética y a valores éticos, morales y religiosos cada vez más
dudosos y alienados. La banalización está generando mucho lucro al sector de la
economía que vende el lujo como promesa de felicidad. Los casos citados
anteriormente afectan como un cuchillo inserido directamente en la herida
existencial de la humanidad… a saber, la indiferencia vinculada a la comodidad.
En Tótem y Tabú, Freud (1912-13) al hablar sobre los castigos impuestos a
quien infringiese las leyes del Tótem o del Tabú, eran cumplidas con duro rigor y
sentidas por el propio individuo infractor con mucha culpabilidad y depresión.
También apunta la cuestión de la proyección y de la ambivalencia como decisivos
para la creación de un Tótem. De hecho pienso que la idea del Tótem se puede
aplicar no solamente referente al padre, sino que a la idea original de sociedad, a
esta sociedad planteada por Freud que servia como prohibitiva de algunas cosas, es
decir, que servía como obediencia y temor a la coerción.
La ambivalencia apuntada por Freud es proyectada en la sociedad de
manera que el individuo se sienta acogido a la vez que rechazado. Es decir, los
sentimientos de amor y odio, protección e inseguridad, placer y prohibición son
sentidos como ajenos al individuo, que no se da cuenta de su función en el
Tótem/sociedad al cual pertenece, la noción de grupo está cada vez más escasa por
el creciente individualismo dogmático. No sé si es el fin del imperativo categórico,
o si se ha cambiado el concepto de deber y moralidad.
El pacto de fraternidad instaurado de manera fantasmagórica entre los
“hermanos” del Tótem está asociado a la idea de autolimitación, fundada bajo la
culpa ante la institución recién otorgada. Dicen los filósofos que la sociedad se
basa en la alienación de la voluntad individual, es decir, se abdica de la voluntad
individual y se la transfiere a la ley.
La totematización de la sociedad actual ocurre de manera distorsionada,
puesto que se habla de la sociedad como si fuera externa y extraña al propio sujeto
que la siente, es decir, ya no es más respetada como reguladora de la orden. La
gente no se da cuenta de su participación activa al mismo tiempo que pasiva de
todo ese mecanismo. Así que, la alienación es ahora también sentida con relación al
Tótem y a los Tabús antes temidos, es sentida y vivida como un imperativo estoico
frente a los acontecimientos actuales.
Kehl (2002) habla en su conferencia, de la civilización partida, es decir, la
autora discute la cuestión de la sociedad en sus dos caras, la civilización y la
barbarie. La autora plantea que en la sociedad moderna es posible que exista las
dos cosas, que una misma sociedad puede ser vista como bárbara o como
civilizada, dependiendo del punto de vista y del objeto de estudio. Así que, se abre
un hueco para pensar más una vez en los caminos tomados por la sociedad
moderna actual, es decir, cuales son los valores por excelencia que llevan el sujeto
a portarse como ajeno a una identificación con el OTRO, haciendo con que haya
una mejor convivencia en sociedad.
Sin embargo, a parte de todo, hay dentro de este Superyo deformado y
debilitado, un soplo de conciencia y de repugnancia a todo ese horror. Estos somos
nosotros. Somos los que nos indignamos y nos sorprendemos. Somos los coautores de esta sociedad desfigurada. ¿Y que es lo que hacemos? NADA. Queda la
pregunta: ¿Por qué?
REFERÊNCIAS BIBLIOGRÀFICAS:
Freud, S. (1927). O futuro de uma ilusão. Obras Completas. Vol. XXI.
Freud, S. (1912-13). Tótem y Tabú. Obras Completas. Vol. XII.
Kehl, M. R. (2002). A civilização partida. Conferencia para el Ciclo de
Civilização e Barbárie, São Paulo/Rio.
Descargar