ENFOQUES CURRICULARES INTEGRADORES DE LOS

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Revista Pedagogía Universitaria
ENFOQUES
CURRICULARES
INTEGRADORES
INSTITUTOS SUPERIORES PEDAGÓGICOS.
Vol. 9 No. 1 2004
DE
LOS
Lic. Josefina Calzada Trocones. MSc. de la Educación.
Centro Universitario de la Isla de la Juventud
[email protected]
RESUMEN:
El trabajo tiene como objetivo fundamental analizar las tendencias en la manifestación del
desarrollo de los currículos integradores en los Institutos Superiores Pedagógicos, y por
tanto, en él se hace un análisis que va desde la concepción general de los currículos de las
carreras de formación de profesores, hasta las peculiaridades que este asume en el Instituto
Superior Pedagógico “Carlos Manuel de Céspedes” de la Isla de la Juventud.
INTRODUCCIÓN:
Perfeccionar la enseñanza y el aprendizaje en la educación superior es un reto
indispensable para sus profesionales. Vivimos en un mundo caracterizado por los rápidos
avances tecnológicos de la información y la comunicación que plantea la necesidad de
establecer currículos que fomenten la capacidad intelectual de los estudiantes y mejoren el
contenido inter y multidisciplinario de los estudios, por ello es necesario crear currículos
cada vez más integradores donde el alumno adquiera las habilidades profesionales
pertinentes para “saber hacer” en sus esferas de actuación.
DESARROLLO
Tendencias históricas de la problemática curricular actual.
El origen del término currículo hay que buscarlo en la pedagogía estadounidense que trata
de establecer las relaciones existentes entre la escuela y la industria. Muchos de estos
estudiosos proponen modelos diferentes y a veces contradictorios.
La concepción Tyleriana, por ejemplo, descansa en una epistemología funcionalista de tipo
pragmático y utilitarista que toma posiciones de la llamada "escuela nueva" que centra su
perspectiva en el alumno. Hilda Taba (1976), por su parte, propone que la metodología
curricular parta de la investigación de las demandas socioculturales. Lo más novedoso de
su teoría es el planteamiento acerca de la importancia del vínculo escuela - sociedad y el
concebir el currículo con el apoyo de las disciplinas básicas. El currículo
debe
comprender - según Taba - una declaración de finalidades y de objetivos específicos, una
selección y organización de contenido, ciertas normas de enseñanza y aprendizaje y un
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programa de evaluación de los resultados.
Johnson (1970) ve el currículum como una serie de resultados intencionales de aprendizaje
cuya formulación depende de la solución de los resultados, por la vía disciplinar o no. Para
él estos resultados de aprendizaje incluyen acciones tendentes a formar y educar.
Según Rita Marina Alvarez de Zayas, al conjugar el análisis de estas tres concepciones
"clásicas" se observa que de ellos surgen los criterios que definieron el currículo por
décadas, entre ellos: la elaboración de los objetivos de aprendizaje, la obtención de un
diagnóstico de necesidades fundamentado y, un modelo instruccional usualmente
sustentado en la tecnología educativa.
Al respecto, los autores anteriores asumen la teoría curricular en estrecho vínculo con la
práctica y por tanto, el papel principal de su diseño recae sobre la institución, los docentes
y los alumnos.
Han enriquecido las tres líneas directrices anteriores autores como: Maguer, Bloom,
Autin, Kauffnan, Gagné (1967), entre otros. También ha habido propuestas de autores
latinoamericanos que proyectan sus concepciones tecnológicas y sistemáticas como Raquel
Glazman, María de Ibarrola (1978) y J. A. Arnaz (1981). V. Arredondo (1979) también
enfoca su teoría curricular a partir de fases, entre ellas; el análisis previo (currículo
vigente), la detección de necesidades nacionales en relación con el ejercicio profesional, la
delimitación del ejercicio profesional, el mercado de trabajo del profesional egresado, los
recursos institucionales y el análisis de la población estudiantil.
Por su parte, Stenhouse L.(inglés), argumenta una teoría que, opuesta al currículum
tradicional, fundamenta su concepción a partir de contenidos investigativos y la solución
de problemas, para él no existen ni los objetivos ni los contenidos curriculares, sino
problemas y temas amplios para que el sujeto elabore contenidos, estrategias y procesos
para la solución de problemas. Stenhouse le llamó modelo de proceso porque el profesor
está más relacionado con el proceso de currículo que con la producción de resultados de
aprendizaje preestablecidos. De esta forma, l el proceso curricular está relacionado con los
siguientes elementos: el respeto a la naturaleza del conocimiento y de su metodología, la
consideración del proceso de aprendizaje y el enfoque coherente del proceso de enseñanza
con los conocimientos y el proceso de aprendizaje.
Glazman y Figueroa (1971-1981), conciben cinco puntos teóricos para fundamentar el
currículo, ellos son: currículo e ideología, práctica profesional, interdisciplinariedad, los
docentes y los estudiantes.
La metodología modular por objetivos de transformación, desarrollada por la Universidad
Autónoma Metropolitana de México plantea el currículo desde categorías tales como:
práctica profesional modular y objetivos de transformación y propone elaborar el plan de
estudios teniendo en cuenta: el marco referencial, la determinación de la práctica
profesional, la estructuración curricular y la elaboración de módulos. Este enfoque tiene su
base en el estudio directo de la realidad mediante un problema concreto extraído de un
plano general, que busca la solución a partir de la discusión grupal del objeto de
conocimiento y sus posibles soluciones. Sus postulados principales son los siguientes: la
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integración de la docencia, la investigación y el servicio, los módulos como unidades de
enseñanza autosuficiente, la organización de diseños curriculares a partir del análisis
crítico de las prácticas profesionales decadentes, estables y emergentes, la organización
interna de los módulos a partir de la concepción de objeto de transformación, la relación
entre la teoría y la práctica, la relación Universidad – Sociedad y el aprender a aprender.
Jaime Jaramillo, por su parte, al referirse al diseño modular lo define como la sustitución
del diseño tradicional por una estructuración interdisciplinaria en torno a problemas
concretos de la realidad. A partir de esta concepción el autor estructura el currículo en
tronco general, troncos divisionales y troncos de carrera y áreas terminales. Angel Díaz
Barriga contrasta la teoría curricular estadounidense con la teoría modular por objetivos de
transformación. Para él es más apropiado el establecer un marco de referencia
(aproximación a la evolución histórica de las prácticas profesionales, mediante el análisis
de la formación económico social en que se llevan a efecto), se opone al diseño curricular
por asignaturas y aboga por un diseño modular por objetos de transformación. Este modelo
no logra constituirse en alternativa global como se pretendía por sus autores. Díaz Barriga
concibe el diseño curricular como proceso dinámico, continuo, participativo y técnico,
como representación de una realidad determinada, concepto con el que concordamos, por
acercarse más a la concepción de currículo sustentada por los Institutos Superiores
Pedagógicos..
Por su parte, Frida Díaz Barriga (1996) propone una metodología básica para el diseño
curricular basada en cuatro etapas: fundamentación de la carrera profesional, elaboración
del perfil del profesional, organización y estructuración curricular y evaluación continua
del currículo.
Es preciso también valorar la metodología curricular desde enfoques constructivistas. Su
fundamento habría que buscarlo en la teoría genética de Piaget, en la teoría del origen
socio - cultural de Vigotsky, la psicología cultural de Michael Cole y la del aprendizaje
significativo de Ausubel, entre otros.
En su libro, La reestructuración curricular de la Educación Superior. Hacia la
integración del saber, Nelson E. López Jiménez (1995) fundamenta la teoría curricular
colombiana desde esta óptica constructivista. Son interesantes sus reflexiones acerca de la
problemática. López Jiménez distingue dos conceptos que develan la naturaleza e
intencionalidad de las estructuras curriculares y al mismo tiempo precisan la estructura de
poder y control que las soporta; la clasificación (relaciones que se dan en la división del
trabajo), y la enmarcación (que expresa la naturaleza de dichas relaciones). Cuando la
clasificación y la enmarcación son fuertes, se presenta lo que él denomina currículo
agregado o de colección, cuando ambas son débiles se habla de currículo integrado,
elaborado o comprehensivo. A partir de estas ideas propone un proyecto curricular
alternativo. Su propuesta asume el proceso curricular como una acción eminentemente
investigativa, fruto del accionar colectivo en la construcción de currículos con los
docentes, caracterizados por una visión holística e integral de la problemática curricular
que permea los diferentes referentes en el estudio del proceso educativo. López Jiménez
asume como concepto básico de currículum "el proceso de permanente búsqueda, de
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negociación, de valoración; de crecimiento y de confrontación de la cotidianidad y la
socialización entre la cultura de dominación y la cultura dominada" (1). La anterior
propuesta insiste, por tanto, en la necesidad de un fortalecimiento conceptual y teórico del
proceso curricular. Según esta concepción son requerimientos de toda construcción
curricular alternativa el proceso de elaboración permanente y colectiva, la investigación y
la innovación, procesos vinculados a la labor curricular, garantizar la pertinencia social y
la académica, la participación, la flexibilidad, la practicidad, ejes constitutivos del
currículo como factor de transformación, y la interdisciplinariedad, criterio fundamental de
la acción curricular. La interdisciplinariedad entendida como concurrencia simultánea o
sucesiva de saberes, sobre un mismo problema, proyecto o área temática, debe ser
asumida como una exigencia real para la construcción de currículos integrales.
La propuesta se divide en tres fases: de contextualización, que parte de la concepción
básica del currículo como un proceso investigativo y del docente como investigador de la
problemática curricular; determinación del propósito de formación, definición del objeto
de transformación, definición del propósito ideal de formación, análisis de la situación real
y la determinación del propósito de formación. La determinación del propósito de
formación deberá entenderse como la descripción de las características sustantivas que
identifican y marcan la especificidad y peculiaridad del proceso. Se convierte en la misión
del proyecto curricular. El propósito de formación debe ser prospectivo y apuntar hacia las
nuevas tendencias en el campo del conocimiento y la investigación de su objeto de estudio,
integrado a la percepción holística de la realidad estudiada.
Definición de núcleos temáticos y problemáticos. Esta concepción de núcleo temático y
problemático exige la concurrencia de saberes que pueden ser simultáneos o sucesivos y
será el colectivo docente interdisciplinario el responsable de su desarrollo.
La propuesta alternativa ofrece, a nuestro juicio, diversas ventajas, entre las que se hallan
la integración de la docencia, la investigación y la participación comunitaria como
elementos básicos del proceso educativo, la integración de la teoría y la práctica, el
garantizar una práctica integral permanente y desarrollada desde cada núcleo temático y
problemático soportado además, por las líneas de investigación definidas por la
transformación del objeto seleccionado; la vinculación del usuario con la realidad de
contextos específicos en donde desempeñará su función o actividad, la posibilidad del
trabajo interdisciplinario de los docentes, entre otras. Muchos de estos elementos son
constitutivos de la concepción pedagógica cubana.
Los modelos curriculares constructivistas sitúan la actividad mental constructiva del
alumno en la base de los procesos de desarrollo personal. De igual forma, es una
concepción constructivista de la intervención pedagógica pues crea las condiciones
adecuadas para que el estudiante construya sus esquemas de conocimiento de forma
concreta.
En el artículo 76 de la Ley General de Educación de Buenos Aires se define el currículum
como: "el conjunto de criterios, planes de estudios, programas, metodologías y procesos
que contribuyen a la formación integral y a la construcción de la identidad cultural
nacional, regional y local, incluyendo también los recursos humanos, académicos físicos
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para poner en práctica las políticas y llevar a cabo el Proyecto Educacional
Constitucional"(2). Este concepto contribuye a separar la visión tradicional del currículum
como programa o como plan de estudio, para entenderlo como una dinámica general para
la formación del ser humano.
Arnaldo Aristizabal Hoyos, se refiere al currículo a partir de tesis fundamentales, por un
lado, una concepción tecnológica del currículo, y por otra, una concepción del currículo
socialmente contextualizado; es un concepto derivado de dos conjuntos de postulados. Un
conjunto de postulados científico - técnicos y un conjunto de postulados valóricos
(ideológico–políticos) y por último en sentido amplio, el currículo en cuanto se deriva de
conjunto de postulados científico-técnicos y valorativos es una concreción tanto de las
relaciones educación - sociedad, como de las finalidades sociales de la educación.
Este autor concibe al maestro como trabajador de la cultura, que interactúa junto al
estudiante en la adquisición y construcción del conocimiento mediante la actividad.
Otro punto de vista sostiene Gimeno Sacristán (1997) quien plantea que el diseño
curricular "tiene que ver con la operación de darle forma a la práctica de la enseñanza.
Desde una óptica procesual, el diseño agrupa una acumulación de decisiones que dan
forma al currículo, y a la acción misma; es el puente entre la intención y la acción, entre
la teoría y la práctica" (3). Este concepto vale por su esencia metodológica, de ahí su
cercanía a la concepción que sigue la autora del presente trabajo, destaca además,
refiriéndose a la asignatura, que es preciso avanzar en integraciones de contenidos, en
relaciones interdisciplinarias básicas para que no se den los elementos en forma
desconectada, este es el principio rector que nos guía en la búsqueda de un componente
que integre los criterios de año y carrera. Para él la articulación teoría práctica requiere,
primeramente, condiciones de tiempo y posibilidad de que le reconozcan como parte de su
trabajo al acercarse, el colaborar y el crear producción teórica o de investigación.
Otra concepción curricular actual es la educación para el desarrollo (ED) promovida por
las ONGs. La ED se caracteriza, según artículos de Cuadernos de Pedagogía 249, por
asumir un compromiso (orientada a crear espacios de solidaridad con los pueblos y
comunidades del sur): incorporación de un sistema de valores alternativos, está orientada a
la acción (busca transformar la realidad), ha elaborado e incorporado nuevas formas de
ordenación del conocimiento, ha generado nuevas aproximaciones al aprendizaje de
individuos y sociedades, ha incorporado nuevas formas de entender el marco educativo
(ha hecho suyos conceptos tales como: currículo oculto, control curricular, etc).
.Según la ED hay que analizar el currículo desde tres perspectivas distintas: fuentes,
elementos básicos y niveles de concreción.
F
U
E
N
T
E
S
E
ELEMENTOS
BASICOS
SICOLOGICA
EPISTEMOLOGICA
METODOS
CONTENIDO
EVALUACION
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Niveles de concreción: (Se basa en los criterios de Gimeno Sacristán que distingue seis
niveles o fases de objetivación: currículo prescripto, currículo presentado, currículo
moldeado, currículo en acción, currículo realizado y currículo evaluado).
La pedagogía cubana también ha estudiado profundamente el problema curricular. En su
artículo Diseño Curricular, Rita Marina Álvarez propone un esquema a través de cual se
conceptualiza el currículo como proyecto educativo global que asume un modelo didáctico
conceptual y posee la estructura de su objeto: la enseñanza aprendizaje.
Se comparte esta opinión pues también se considera el currículo como un proceso en el que
se expresa su naturaleza dinámica, debido a que su objeto posee relaciones
interdependientes con el contexto histórico social, la ciencia, los alumnos, condición que le
permite adaptarse al desarrollo social, a las necesidades del estudiante y a los progresos de
la ciencia, por ello, se define currículo como un proyecto sistémico que se contextualiza
en respuesta a condiciones, problemas, necesidades e intereses específicos, de los actores
del proceso y de la sociedad.
La doctora Fátima Addines (1995)., estudiosa del tema, define el currículo como proyecto
educativo integral con carácter de proceso en el que se expresan las relaciones de
interdependencia en un contexto histórico social, condición que le permite rediseñarse
sistemáticamente en función del desarrollo social, el progreso de la ciencia y las
necesidades de los estudiantes. Todo debe traducirse en la educación de la personalidad del
ciudadano que se aspira a formar.
René Cortijo Jacomino, en este sentido, al abordar el concepto de diseño curricular parte
de seis principios fundamentales: La integración de la educación y la instrucción en la
concepción curricular, el carácter rector de los objetivos y la correspondencia con lo
fundamental del contenido en el diseño curricular, la sistematización en los diferentes
niveles de la carrera, la vinculación del estudio con el trabajo: el carácter profesional de la
enseñanza, la flexibilidad y la correspondencia entre el diseño curricular y el proceso en sí
mismo. Como se observa, estos principios se derivan del sistema de principios de la
enseñanza.
Otmara González Pacheco (1993), por otro lado, con concepciones similares, define el
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currículo como el proyecto de formación y un proceso de realización a través de una serie
estructurada y ordenada de contenidos y experiencias de aprendizajes que articuladas en
forma de propuesta política – educativa propugnan diversos sectores sociales interesados
en un tipo de educación particular con la finalidad de producir aprendizajes significativos.
No se pueden dejar de mencionar los factores que estableció el MINED en 1976 para la
elaboración de los Planes de Estudio (fundamentación curricular) y que serán seguidos en
el presente trabajo: los fines y objetivos de la educación y la enseñanza, los pronósticos del
desarrollo de la producción, la ciencia y otros subsistemas sociales, el nivel de desarrollo
de la ciencia o disciplina correspondiente en el período que se planifica, el nivel de
desarrollo de las ciencias pedagógicas y las características particulares de los educandos
en correspondencia con sus edades.
Asumimos este criterio pues consideramos que el objetivo principal del diseño curricular
no es otro que llegar a la elaboración del currículo. Así, el currículo no es otra cosa que el
resultado del proceso de diseño, que es también llamado planeación o planificación
curricular en sus tres dimensiones: la teórica, la metodológica y la práctica. El diseño es,
por tanto, parte del sistema de planeación educativa.
En sentido general las fases más generalizadas del diseño curricular que aparecen en la
literatura son: Fundamentación de la carrera profesional, determinación del perfil,
estructuración del plan de estudios, desarrollo del plan de estudios y evaluación curricular.
En consecuencia, la propuesta curricular cubana tiene sus raíces propias, emana de la
política educacional y conserva rasgos comunes para cualquier tipo de enseñanza: el papel
de la relación estudio - trabajo en la formación de la personalidad, la contextualización
histórica en los marcos nacionales, regionales y mundiales, la formación integral del
hombre y la práctica laboral como eje importante en la planificación del currículo.
Breve reseña histórica.
La Educación Superior Cubana comienza a gestarse en enero de 1728, momento en que se
funda la Universidad de La Habana. Desde fines del siglo XVIII y hasta las primeras
décadas del siglo XX, hubo diversas voces que se levantaron pidiendo reformas y
modificaciones a los estudios universitarios en Cuba, voces que no hallaron eco en los
sistemas imperantes.
Los planes de estudio de las carreras que existían antes de la Revolución se elaboraron
independientemente en cada una de las universidades y se reducían, por lo general, a un
listado de asignaturas con su correspondiente frecuencia semanal, carecían de contenidos
actualizados y no propiciaban las relaciones interdisciplinarias.
En relación con las carreras pedagógicas estas no existían antes del triunfo revolucionario.
Los egresados de las distintas especialidades universitarias de entonces se formaban
pedagógicamente a partir del trabajo docente que lograban encontrar en aulas de la
segunda enseñanza. La carrera de Pedagogía de entonces en esencia, ofrecía más
preparación para la docencia en la educación primaria (Escuelas Normales) que para el
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nivel secundario. No obstante, el nivel cultural de estos profesores era altísimo.
El triunfo revolucionario, en enero de 1959, demuestra la honda crisis del sistema
educacional cubano. La Educación Superior no estuvo exenta de la corrupción
generalizada que existía en las esferas políticas y gubernamentales y no podía satisfacer las
demandas de renovación y desarrollo económico y social que demandaba el país, pues el
sistema universitario había estado de espaldas a las crecientes y profundas necesidades de
nuestra patria. Fue precisamente el triunfo revolucionario de enero del 59 quien sentó las
bases para la realización de una verdadera reforma universitaria que sacase a la
Universidad de su status de quiebra. La Reforma Universitaria se proclamó el 10 de enero
de 1962 y en su letra quedaron expresadas normas de organización educacional cuya
efectividad permite hoy comparar a nuestras universidades con las más prestigiosas del
mundo. A partir de ella se modificó el régimen de gobierno universitario, se reorganizó la
estructura de las universidades, se inició el desarrollo de la investigación científica, se
crearon nuevas carreras, se fundó el sistema de becas universitarias, se cambió la
estructura de la matrícula y se estableció la relación del estudio con el trabajo.
La Reforma señaló la necesidad de desarrollar, de manera unificada, los planes de estudio
para todas las Universidades de Cuba.
Cuando triunfa la Revolución, la primera tarea que se plantea es la de alfabetizar a la
población, pero para ejecutar esta inmensa obra hacían falta maestros. La Revolución
convocó a los jóvenes a estudiar magisterio, integrando las filas de los maestros
voluntarios.
Hacía falta maestros de nuevo tipo, que estuvieran a la altura de las demandas de la
revolución. Surge así el Plan Minas – Topes - Tarará, bajo el principio de saber enfrentarse
a la adversidad, con el libro ligado a la vida, con el estudio vinculado al trabajo. Fue una
academia no tradicional donde el maestro se formaba como trabajador social. En estos
planes la esencia era estudiar y aprender desde la realidad escolar de manera que la
práctica docente era un componente esencial.
La solución progresiva de la demanda de maestros primarios permitió a las Escuelas
Pedagógicas diseñar planes de estudio con ingreso con 9. grado y luego con el título de
bachiller.
No es hasta 1964 en que se crearon las primeras carreras profesorales para la educación
media en los institutos de las tres universidades del país. Se constituyeron los tres primeros
institutos pedagógicos en las universidades de La Habana, Las Villas y Oriente y junto a
ellos las carreras profesorales de Secundaria Básica y de Nivel Secundario Superior,
primero por cursos diurnos y luego en la modalidad de curso regular por encuentros.
Ambas prestaron atención a la práctica docente en los cursos diurnos.
No obstante, en 1972, la explosión de matrícula se dio en la enseñanza media. Fidel lanza
entonces la convocatoria a los estudiantes de 10. grado para integrar el Destacamento
Pedagógico Manuel Ascunce Domenech. Los jóvenes dieron una contundente respuesta,
respuesta que propició una evolución de los planes de estudio de las carreras pedagógicas.
Entre los años 72-74, después del I Congreso de Educación y Cultura, se reiniciaron los
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esfuerzos por lograr la unificación de los programas y planes de estudio. Se trató de
concretar el principio estudio - trabajo en las carreras universitarias. Surgen los planes de
estudio comprendidos en la Res. 825/75.
A partir de 1977 se ingresó en las carreras pedagógicas con 12. grado a todos los Cursos
Regulares Diurnos y desde entonces se mantiene una labor constante de perfeccionamiento
de los diseños curriculares: “que quiere decir básicamente: adecuación sistemática a la
realidad, diseños curriculares y sistemas de actividades a desarrollar por los estudiantes
que estén muy en función de las necesidades, de los reclamos prácticos de la Revolución y
la escuela, concebida esta última, como ámbito principal de labor revolucionaria del
maestro y el profesor".(3).
En el año 1976 se realizó una transformación educacional en el país, se crea el Ministerio
de Educación Superior (MES) y los Institutos Pedagógicos se convirtieron en centros
docentes de la Educación Superior; es decir, en Institutos Superiores Pedagógicos. A partir
de esta fecha se amplió la red de centros pedagógicos de nivel superior, contándose en la
actualidad con 15 centros de este tipo.
En el curso 1977-1978 se iniciaron los Planes A. A partir de ellos se inicia un nuevo
concepto de especialidad, definida por Carlos Álvarez como: "Conjunto de las cualidades,
conocimientos, habilidades y destrezas, que debe adquirir el estudiante en el proceso
docente educativo, a fin de prepararlo para el desempeño de sus funciones en un puesto
determinado en la estructura de la fuerza laboral, según el principio de la división del
trabajo en la sociedad socialista." (4).
A partir de este plan se crea la Licenciatura en Educación. Se exigió para el ingreso el 12.
grado.
Los Planes A se estructuraron de forma general de la siguiente forma: en semestres
académicos de 14 a 18 semanas lectivas y 4 de evaluación, duración de 5 años, volumen de
horas que oscilaban entre 4 000 y 5 000, carga docente semanal oscilaba entre 36 y 34 en
los primeros años y 32-22 en el último, se perfila el modelo del especialista, se
perfeccionan las relaciones interdisciplinarias, se aplica el principio de sistematicidad a la
determinación de funciones, objetivos – contenidos - métodos (derivación gradual) y se
introduce la tipología de las clases.
La aplicación del principio estudio trabajo se desarrolló de manera más vinculada a la
formación profesional de los estudiantes. La cantidad de horas para la práctica de
producción (modalidad del estudio trabajo en este plan) era de 160 a 176 horas semanales
(4 semanas) en 1. y 2. años, 220-280 (5-6 semanas) en 3. año y 360-400 (8 y 9 semanas) en
4. y 5. años.
Se introducen disciplinas obligatorias del ciclo de ciencias sociales para todas las
especialidades, así como la enseñanza de un idioma extranjero, la introducción a la
especialidad, un ciclo de disciplinas de preparación militar y asignaturas de carácter optativo y facultativo.
Se proyectaron trabajos de curso a lo largo de la carrera y la culminación de estudios
ofrecía dos variantes: Trabajo de Diploma o Examen Estatal.
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A partir de II Congreso del PCC, la Educación Superior entra en una etapa de estabilidad
del sistema y por consiguiente se incrementa la calidad.
En el curso 82-83 surge el Plan B como parte del proceso de perfeccionamiento. Este
mantuvo la mayoría de los aspectos del Plan A, pero hacía más énfasis en la optimización
y racionalización científico - pedagógica del proceso docente educativo y en particular de
los programas de asignatura.
En este plan se fue profundizando en el contenido teórico de las disciplinas y se estableció
un sistema de formación práctico docente más acabado, aunque el tiempo dedicado a la
práctica se redujo en relación con el Plan A, se volvió a revisar la concepción de
especialidades y especializaciones y se estimuló la formación de profesionales de perfil
amplio.
El proceso de perfeccionamiento es continuo y ya se está en planes de una tercera
generación: los Planes C. Caracterizan estos planes la integración de los tres componentes
básicos: académico - laboral e investigativo en el desarrollo del proceso docente educativo,
la sistematización del proceso de enseñanza aprendizaje a partir de la inclusión de
subsistemas tales como: carrera, disciplina, asignatura, año; el papel preponderante de los
objetivos como categoría rectora, la inclusión de una serie de programas directores que
despliegan el diseño curricular. La aplicación de este plan ha traído consigo el vuelco de la
Universidad a la Sociedad, lo que ha posibilitado que la formación del estudiante en y para
la escuela cumpla su objetivo.
No obstante estos y otros logros, el Plan C de las carreras pedagógicas adolece de la
definición de un componente integrador que garantice las relaciones inter y
multidisciplinarias que los avances científicos requieren.
Caracterización actual del proceso docente en las carreras de formación de profesores.
En la búsqueda de un maestro de nuevo tipo, el factor esencial no era hallar una solución
meramente académica, sino la formación de un profesional vinculado a la realidad. La
experiencia de los planes iniciales, cuya esencia era estudiar y aprender desde la escuela
posibilitó acercarnos al concepto de universidad planteado por Fidel en 1966.
En el reclamo constante de la calidad en la actividad educacional, desde 1991 se han
realizado cambios importantes en los currículos, cambios que partieron de un diagnóstico
inicial para constatar el nivel de vínculo con los subsistemas para los que se forman profesores.
Se definieron entonces una serie de principios generales sobre los que se debían estructurar
los nuevos planes de estudios, puestos en vigor desde 1992. .
La utilización consecuente de estos principios demostró la necesidad de aplicación del
principio de la unidad de la teoría con la práctica, de la unidad del estudio y el trabajo,
viéndolos en su integración con la labor que realizan en la escuela, marco en el que se
concreta la salida de todo lo aprendido y adquirido durante la carrera.
En las décadas del 60 y el 70 e inmerso en el proceso de perfeccionamiento de las
universidades, se definieron dos aspectos medulares para la enseñanza superior cubana: la
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universalización de la enseñanza y el principio martiano y marxista de la combinación del
estudio con el trabajo, con el objetivo de que el estudiante se proyectara más allá del marco
estrecho del aula y se mantuviera vinculado a la realidad de la vida: era necesario que el
estudiante aprendiera haciendo.
Estos nuevos conceptos implicaron el diseño armónico de los currículos para que
balancearan la actividad investigativa en la universidad con el desarrollo de habilidades
profesionales prácticas en el entorno real de actuación.
Al adentrarnos en el análisis del principio se imponen que definamos lo que para nosotros
es el trabajo y lógicamente nos apoyamos en el concepto marxista que plantea que:
“El trabajo es, ante todo, un proceso entre el hombre y la naturaleza, durante el cual el
hombre, mediante su propia actividad, mediatiza, regula y controla el intercambio de
sustancias entre él y la naturaleza" ( 5).
Es así como entendemos la actividad productiva del hombre quien es capaz de convertir en
recursos todo lo que la naturaleza le ofrece para utilizar, cultivar, conservar y aprovechar;
de ahí que afirmemos que su finalidad es la de producir bienes y servicios y satisfacer con
ellos necesidades individuales y colectivas. En el trabajo se aborda esencialmente este
último elemento, sin desconocer su unidad, pues formamos profesionales con una inclinación natural para servir.
El principio de la combinación del estudio con el trabajo es un factor vital en la formación
integral de los especialistas y en el desarrollo de la educación superior. Tiene dos raíces
teóricas que se integran en el pensamiento de Fidel Castro cuando expresó que el trabajo es
el gran pedagogo de la juventud. Una de estas raíces nos llega a través de la figura de José
Martí que enriqueció lo más progresista del ideario pedagógico de Cuba; la otra proviene
de los clásicos del marxismo.
El pensamiento pedagógico martiano se sustentó en la realidad económica de nuestro país
cuyos recursos son eminentemente agrícolas; señaló la necesidad de borrar el divorcio que
existía entre la teoría y la práctica, el estudio y el trabajo y propugnó la fusión de estas
actividades en la obra educativa de la escuela cubana. Para él el hombre crece con el
trabajo que sale de sus manos y enfatizó:
"Puesto que a vivir viene el hombre, la educación ha de prepararlo para vivir. En la
escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con que en la vida se ha de luchar.
Escuelas no debía decirse, sino talleres. Y la pluma debía manejarse por la tarde en las
escuelas; pero por la mañana, la azada".(6).
Las raíces teóricas marxistas y martianas de combinar el estudio y el trabajo se sustentan y
llevan a la práctica cubana por el pensamiento y la acción del compañero Fidel quien en el
acto de graduación de la Universidad de la Habana, el 8 de diciembre de 1972, dijo:
"Cualquier análisis que hagamos sobre el presente, nos lleva a la convicción de que la
vieja concepción universitaria no podía mantenerse y los hombres más preclaros, los que
fueron capaces de ver más lejos, en el futuro de la sociedad humana, plantearon, además,
la cuestión de la combinación del estudio y del trabajo como la forma verdaderamente
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revolucionaria de educar"(7).
Esta idea la reafirma en el discurso de inauguración de la escuela secundaria básica en el
campo Ernesto Guevara, en 1971. Entonces, refiriéndose a la aplicación del principio dijo
que respondía a las concepciones más profundas del pensamiento marxista que concebía la
educación del hombre vinculada al trabajo productivo y creador.
Son claras las bases pedagógicas del principio y es que para la pedagogía socialista su
aplicación constituye un instrumento para el conocimiento y para la transformación del
mundo, así como para la formación del hombre nuevo, pues proporciona elementos en la
formación político moral de los estudiantes si tenemos presente que los colectivos
laborales en que se insertan son portadores de la conciencia social y son sujetos de la
conciencia colectiva.
A través de una correcta estructuración de las prácticas preprofesionales el estudiante se
vinculará no solamente a las actividades propiamente profesionales, sino también
aprenderá a trabajar con diferentes personas y a influir con ellas en lo que respecta a su
participación activa en la construcción de la sociedad socialista.
La aplicación del principio del estudio trabajo como uno de los principios básicos en que
se sustenta la política educacional cubana, adquiere en la educación superior la
peculiaridad de articular la formación académica de los estudiantes con su futura actividad
profesional.
Estas ideas coinciden con las del Viceministro Ángel Abascal quien en sus reflexiones
acerca de la pertinencia de la educación superior señala que producto de la revolución
científico técnica la aplicación del principio debe verse en dos vertientes: en el proceso
organizacional en que el alumno va adquiriendo habilidades profesionales y en el valor del
trabajo en la formación del futuro egresado, es decir, la formación de cualidades
personales, de valores.
En consecuencia con estas ideas se considera que la aplicación del principio rector de la
pedagogía cubana aúna dos objetivos fundamentales; uno formativo, el otro económico,
como trabajo productivo y social.
MUNDO
Proceso
productivo o
asistencial
P
R
O
F
E
S
O
A
L
U
M
N
O
Proceso
productivo o
asistencial
R
INTERACCION BIDIRECCIONAL QUE CREA
CONDICIONES PARA LA INSERCION DE LOS
FUTUROS EGRESADOS
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Objetivo formativo: Desarrolla conciencia de productor de bienes sociales, elimina
división entre el trabajo manual e intelectual, elimina el intelectualismo en la enseñanza y
fomenta el interés por la investigación del mundo
Objetivo económico: Integra a la producción y el trabajo social a los estudiantes,
formación integral y económica.
Otro elemento que caracteriza en la actualidad a los currículos de las carreras pedagógicas
es la descentralización que se produce tanto en el diseño como en su aplicación. Es
responsabilidad de cada centro elaborar el diseño metodológico de las carreras. En el ISP
"Carlos Manuel de Céspedes", desde el curso 94-95, se ha trabajado en el
perfeccionamiento del diseño curricular de las carreras. Como es lógico, el modelo de
diseño funcional desplegado parte del diagnóstico de la realidad escolar; diagnóstico que
permite trazar la estrategia metodológica conjunta con los distintos subsistemas.
En esta Institución se ha elaborado una metodología particular de diagnóstico
experimentada durante varios cursos. La misma fue elaborada por un equipo de docentes
dirigidos por la Rectora.
La metodología se basa en el siguiente algoritmo de trabajo:
1- Determinación de indicadores en correspondencia con el ideal.
2- Determinación de subindicadores.
3- Elaboración y aplicación de instrumentos.
4- Procesamiento estadístico y representación gráfica.
5- Determinación del banco de problemas.
6- Definición de estrategias.
7- Medición de impactos y reorientación estratégica.
La aplicación del diagnóstico ha permitido perfeccionar el proceso docente educativo pues
se atienden sistemáticamente las diferencias individuales y se adecuan los planes de
estudio y programas a la realidad del estudiante que se tiene en el aula. Pero, además, este
sistema de diagnóstico se aplica para caracterizar a los docentes y hacer más efectivo el
proceso de evaluación profesoral y para controlar el desarrollo del trabajo político
ideológico de estudiantes y trabajadores. Ha servido también para la conducción del
proceso de selección de los mejores estudiantes para dirigir la organización estudiantil.
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En estos momentos los Planes de Estudio C han sufrido modificaciones para dar respuesta
a los acuerdos del V Congreso de la FEU. Se incorporó a los diseños curriculares la
preparación en pioneros exploradores, la Metodología de la Investigación Pedagógica y la
preparación en cursos de dirección. Estas inclusiones no afectan las cifras anteriores y
permiten una caracterización más certera del estudiante.
CONCLUSIONES
• Conocer la historia de los enfoques curriculares anteriores nos permite enfocar esta
problemática desde una perspectiva metodológica y científica y demuestra que el
currículo ha de ser marco de actuación profesional del docente, al mismo tiempo
que ámbito de reflexión para la investigación y formación permanente.
•
Del estudio realizado de las diferentes conceptualizaciones de diseño curricular, se
infiere que el currículo tiene que ver con la operación de darle forma a la enseñanza
como proyecto educativo global, a partir de que se asume un modelo didáctico que
es puente entre la teoría y la práctica del proceso de enseñanza aprendizaje.
•
El modelo pedagógico universitario cubano que sustenta el proceso docente
educativo actual, se asienta en el ideario de los más preclaros maestros del siglo
anterior, entre ellos José Martí, Carlos Marx y en las ideas del compañero Fidel
Castro.
•
Las tendencias globalizadas del conocimiento exigen cada vez más que los
currículos de las carreras pedagógicas se basen en relaciones inter y
multidisciplinarias que con enfoque integrador permitan al estudiante desarrollarse
con modos de actuación profesional acordes a las exigencias actuales a las
exigencias actuales.
•
En este sentido, el perfeccionamiento de los currículos de las carreras pedagógicas
permite establecer como elemento rector al componente laboral investigativo pues
la integración del estudio con el trabajo es la base para la formación científica del
profesor cuya esencia propone que el estudiante se forme desde y para la escuela.
REFERENCIAS
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Hacia una integración del saber. Instituto Colombiano para el Fomento de la
Educación Superior. ICFES. Universidad Surcolombiana. Colombia, 1995, p. 33.
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BUENOS AIRES. Capacitación Docente 1995. Desarrollo de los temas de los
contenidos básicos comunes. Módulo 2. Argentina, 1995, p. 205.
3. GARCIA OTERO, JULIA. Diseño curricular. Etapas y modelos. Material de estudio.
[en disco], s/f, p. 7.
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estudiantes de práctica docente de los Institutos Superiores Pedagógicos. La
Habana, 1996, p. 4.
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de formación de profesores de perfil amplio. La Habana, 1988, p. 76.
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8. CASTRO, FIDEL. Discurso Acto de graduación de estudiantes de la Universidad de
la Habana. La Habana, 8-12-72.
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