GRAN BRETARA TENNYSON En días pasados publicó El Porvenir

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GRAN BRETARA
TENNYSON
En días pasados publicó El Porvenir, tomado de
Las Novedades, un breve juicio crítico sobre Tennyson, en el cual, si no nos equivocamos, transpira la propia psicología y metafísica de su eminente autor. Hay mucha verdad en aquel juicio
seguramente; pero no toda la entera verdad acaso.
Hu:bo en Tennyson lucha, porque su fe no era ciega sino razanadora; pero en cuanto al fondo del
problema espiritual, la afirmación no es audosa.
Se ha dkho --con referencias a las fotografías
de Tennysonque ellas sorprenden por su austera seriedad a los que sólo han leído los refinados idilios de su primera época, cuando cantaba
amor y amistad, y revestía de galanura y gracia
bárbaras leyendas; en tanto que la fisonomía del
etéreo Shelley, del sensual Keats, del apasionado
Byron y del benévolo Wordsworfh corresponde
bien con lo que todas las revelaciones de su lira
hacían esperar.
El aspecto de Tennyson, como el carácter de su
poesía en los últimos años, no era ya de dulzura,
sino de fuerza y sabiduría adquiridas en los dolores de la reflexión austera y profunda. Aquella
fuerza estaba en él latente, t>ero se mantuvo oculta
debajo del lujuriante y fresco verdor de; los tiempos primaverales.
Hemos leído mucho de lo que se ha escrito sobre este laureado poeta, y hemos leído también
alaunas de BUS principal~s obras líricas, y tene-
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RAFAEL NUÑEZ
mos nuestra opinión formada acerca de su espírituv.metafísico y religioso.
"BehoLd we know anything;
1 can but trust that good shaH faH
At Last,-far off,- at Last to aH,
And every winter change to spring.
So runs muy dream: -but
what am I?
An infant crying in the night:
An infant crying for the Light:
And with no Language buy a cry?"
(Míra, nada sabemos nosotros - Sólo puedo confiar
en que el bien caerá - Al fin, a la larga, sobre todo y cada invierno se torne en primavera.
Así va mi sueño; pero ¿qué soy yo? - Un niño gritando en la noche. - Un niño que pide a gritos luz.
- No con palabras sino a gritos).
Casi podría decirse que ahí está contenido todo
el espíritu religioso de Tennyson.
No fue panteista. No imaginó como Shelley, que
la personalidad del hombre es una mera manifestación temporal del anima mundi. Distingue enfáticamente a Dios de la Naturaleza, y asigna como
causa del deficiente discernimiento, de Dios por
la razón humana, las morales Fmitaciones, voluntaria o involuntarias, de nuestra percepción intelectual.
Es flaco el pensamiento
para encontrar perfil de su grandeza.
La convicción de Tennyson respecto de las directas relaciones entre el alma y Dios fue tan
profunda como la del mayor creyente, así como la
creencia en la libertad moral y el reconocimiento
de virtud y vicio como obra deliberada y responsable de la voluntad humana. Su ética cristiana
transpira elpecialment~ en su persuasión íntima
LA REFORMA POLITICA
•
de que es la humildad la sola verdadera y saludable actitud de nuestra alma. Esto, desde temprano,
le expresó en el bello poema, titulado El Palacio
del Arte, y, finalmente, en lo que hermosea más
el nueve libro Sueño de Akbar.
No parece haberse adherido a determinado credo. Su tema es: "Tenemos fe y nada podemos
, saber." El insiste, en efecto, en nuestra incapacidad para penetraren los misterios divinos. Su tono
constante es, empero, de fe ferviente, de tierna y
suplicante confianza, qe humilde a la vez que tenaz solución de no ser vencido por ningún cúmulo
de dudas o dificultades, bien que reconociendo el
carácter abrumador, en ocasiones, de aquellos obstáculos. Tennyson pensaba que desprovista de fe
la vida era insoportable.
If death mere seen
At firts as death, Love had not been.
Escribió, 'arguyendo con la audacia de amor para
deducir la ilusión de muerte. Profesaba así más
la sustancia de Cristo que las 'consagradas formas
del culto.
Hace más de tres años que leímos un estudio
sobre Te:rmyson cuyos más importantes detalles
consignamos en nuestra memoria. El estudio llevaba por título: Tennyson profeta. Se le juzgaba
así, considerándolo mucho más que inspirado místico y que elocuente visionario. Dábase cuenta el
escritor de que además del sabio que se ocupa en
descubrir verdades objetivas, y del artista que representa e idealiza aquellas verdades, se necesita
alguna voz que nos hable de cosas más grandes y
desconocidas que no podrán nunca descubrirse enteramente, ni podrán, por otra parte, ser tampoco
olvidada~ Indispensable es, para servicio tan sublime, alguien que sea un sabio lleno de sabiduría y encendido en santa emoción, que pueda hablarnos con mucha autoridad personal, y dotado
de alaa para remontarse, a la vez que de podere-
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RAFAEL NUlltEZ
lla dicción. No hay ciertamente en Tennyson un
sistema ordenado de teología o metafísica; y antes
bien podrán sus lectores negar en absoluto todo
sistema semejante en sus' poesías. Podría aún sentirse penosa decepción por el creyente superficial,
en vista de la ausencia de un definido credo en
aquel cúmulo de eS'peranzas, aspiraciones, presentimientos y tristezas que engalana seductora métrica. Las copceptuosas melodías que nos ocupan
puede no obstante ejercer benéfico influjo en el dominio de la religión, como justamento lo insinuó el
crítico que ,citamos hace poco. El estado actual de
los espíritus, en lo concerniente al problema religioso es, en una vasta zona social y científica de
transición. Unos han caído en incredulidad definitiva; pero el mayor número desea nuevos argumentos productores de fe. Son escépticos transitorios, condicionales y también sinceros. No vale
para ellos la sola insistencia en el milagro, como
en el método de Paley, pues, su intelectualidad
pide, deci¡nos, razonamientos subjetivos, apelaciones a la intrínseca belleza, a probalidades deducidas de fenómenos psicológicos, de necesidades e
instintos del sér humano. El cristianismo promete un mundo invisible, y luégo presenta el ejemplo
de Cristo como el medio de alcanzarlo. El esencial
espiritualismo del universo, en suma, es la base
de la religión, y es esta base precisamente lo que
se niega. En otros tiempos los más conspicuos adversarios eran, en la mayor parte) deístas, y admitían, en 1.mau otra forma, algo espiritual. Rousseau cteía en Dios y en la vida futura. Voltaire
casi limitaba su hostilidad a los pormenores de los
milagros relatados en la Biblia; pero hoy la negación es absoluta, pretendiéndose circunscribir al
Cosmos físico toda la creación "formada de átomos y sin campo para mansión de los espíritus".
Preámbulo indispensable es por tanto para la
reconstrucción religiosa, la demostración posible
de esa base combatida por el materialismo panteísta. Sin tal demostración, la colectividad her~
LA REFORMA POLITICA
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tica, si no atea, continuará a distancia, irreconciliable. No siempre esta demostración, en su inevitable límite, conducirá a buen resultado; pero
si ella no interviene, todo esfuerzo será predicación vana, salvo el milagro mayor de la conversión por la gracia. E~naturalismo religioso de Tennyson -si así podemos ·calificarlo- lo coloca,
pues, siempre, dadas las círcunstancias que no
pueden desconocerse, en la lista de los campeones
de la faz espiritual del humano pensamiento. Su
obJ;'aes sin duda deficiente; pero al mismo tiempo
aproximada a la verdad completa. "El punto de
partida de Tennyson -dijimos en este mismo lugar hace ya muchos meses- es panteísmo alto,
espiritual panteísn;¡.o.
The sun, the moon, the stars, the seas,
the hills and the pZains,
¿Are not these, o sauZ, the vision
of Him who reings?
(El Sol, la luna, las estrellas, los mares, las colinas y
llanuras, ¿no son, oh alma, la visión de Aquel que
reina?)
Más tarde exclama:
Pray for my sauZ. More
Things are wrought by prayer
Than this world dreams of.
Ruéga por mi alma. Más cosas elabora la oración de
las que el mundo imagina).
Tennyson fue, si mal no recordamo3, el inventor de aquella frase -Negativo
credo- que ha
dado, como inscripción de una medalla, la vuelta
al mundo de la filosofía.
Luégo viene la nota afirmación de la fe práctica, que salva de la histérica disposieión de áni-
12
RAFAEL NU8EZ
mo que relaja y enferma la potencia intelectual,
y produce minotauros literarios como La Doncella
J)e Orleans, de Voltaire, y La Abadesa de Jouarre,
de Renán.
La nota afirmativa de Tennyson se hallará en
los versos;· que siguen:
She
She
She
She
She
She
She
She
(la fe) reels not in the storn of warring worda;
brightens at the clash of years and no;
sees the best that: glimmers through the worst;
feels the sun is hid but for a night;
spies the summer through the winter bud;
tastes the fruit before the blossom falls;
hears the lark within songless egg;
finds the fountain where they wailled "Mirage".
(Ella no vacila en medio de la tempestad de las palabras de combate: - Ella despide luz en el choque
del sí y del nó. - Ella ve qué es lo que mejor resplandece al través de lo peor;- Ella conoce que el sol sólo
se oculta durante una noche; - Ella entrevé el verano
al través del botón del invierno; - Ella saborea el
fruto antes que la flor caiga; - Ella escucha la alondra
dentro de su callado huevo; - Ella encuentra la fuente
allí donde los demás sólo ven el espejismo).
León XIII -que tántas gloriosas palabra!> tiene
pronunciadas ...••....
dirigiéndose al Obispo de Grenoble
en estos últimos tiempos de dasificación y rectificación, díjole que hay muchas rectas almas llenas
"de religioso sentimiento natural" que vivían fuera del palio de la Iglesia; agregando que todos los
hombres imbuídos en el amor de lo bueno se hallanen el real sendero que conduce al cristianismo. Un
escritor inglés observa que aunque estos conceptos aparecen enunciados en el Evangelio de San
Juan, repetidos por el Papa tienen gran valer de
ocasión.
.
Tennyson llegó a ese camino, y mostrándolo a
los otros ejecutó obra cristiana aunque no perfecta. Es de sentirse que su lengua no sea popular en los pueblos· más necesitados de estímulo,
LA REFORMA POLITICA
porque algunas de liUS inspiradas rimas despertarían probablemente saludables emociones en almas aletargadas por la indiferencia.
El materialismo no ha logrado destruír el espiritual aspecto de la humana vida, y el realismo
tampoco ha tenido éxito decisivo en su empeño
brutal de vulgarizar y enlodar las competencias
del arte. El soplo cristiano sopla con su estética
.'sublime y se lleva de calle, relegando a oprobioso
muladar, todo cuanto se intenta para empobrec~ letras y artes en obsequio de momentáneas
sensaciones y rápido expendio de libros que la vil
multitud de víctimas del hastío solicita. Ninguna
pintura ha tenido la sólida popularidad que el
Angelus, de Millet, oel Jesús ante Pilatos, de
Munckasy.
Tennyson, como Browning, ha sido fuente de
energía espiritual en estos tiempos. No satisfacen ellos al creyente absoluto nutrido en la revelación; pero sí pueden ser precursores de más decidido apostolado. Los sabios antiguos afirmabin
intrépidamente que el mundo se componía de cosas accesibles a nuestros sentidos -aire,
agua,
tierra y fuego-o Los sahios modernos aseguran
que el mundo se compone de dos cosas accesible~
al cálculo intelectual; pero no hay razón para poner esás limitaciones a lo que existe. Sentidos y
cálculo son agentes de investigación que no alcanzan a percibir y demostrar, en toda probabilidad,
sinnúmero de fenómenos, o hechos, que están ocurriendo actualmente fuera de la órbita de nuestra
competencia y sabiduría. Aún en la Fauna visible
hay enigmas insolubles para el naturalista. HSólo
-sé que nada sé", tal es la fórmula concreta de
toda sabiduría.
Tennyson dij o:
Thou cants not prove that 1 who speak with thes.
Am noy thyself in converse with thyself?
For nothing worthy proving can be proven
Nor yet disproven ...
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RAFAEL NU:&EZ
(Tú no puedes probar que yo, que contigo hablo no
soy tú mismo conversando contigo; porque nad!l digo
de probarse puede ser probado ni improbado).
Tennyson -para conc1uír- es el puro profeta
de un universo espiritual; el que ha proclamado
que el espíritu del hombre es partícula del universo, partícula indestructible como la misma raíz
y causa de todo. Si la ciencia no puede probar
esto, tampoco debe incomodarse porque el poeta
-que está más cerca de la inspiración que k>s
otros- así lo presienta. Se/dice solamente que el
universo es mayor de lo que hacen suponer nuestros instrumentos científicos y nuestros sentidos
externos; y se agrega que la evolución proclamada
como ley del material universo, puede o debe serlo
asimismo, para las percepciones morales. Es por
analogía como se columbra esa base de esperanza,
que no contradice lo tangible sino lo complementa. '
Todo ~sto se opone a pesimismo que es la moderna plaga de las plagas, como contrario al progreso por ser la muerte del entusiasmo, de la ilusión trascendental. Tennyson reconociendo todos
esos misterios y problemas, enunciando todas esas
hipótesis inmateriales, combate virtualmente el
pesimismo· emanado del análisis puramente matemático del espectáculo de la creación. Aún en
sus vacilaciones y melancolías, sentimos saludables esparcimientos de un alma que no duda de
aquellas fecundas palabras de Hamlet: "Hay en
el Cielo y en la tierra muchas más cosas de las
que puede soñar la filosofía."
y esto no es poco ciertamente.
LA LECCION DE MEXICO
Apenas habíamo!'l·leído el interesante brindis en
el ·banquete del señor Mc Corinico (Chapinero),
pronunciado por el honorable representante de los
Estados Unidos, acerca de los ferrocarriles cont'ltruídos en México, con capital americano, cuando
LA REFORMA POLITICA
llegó a nuestra oficina un libro en francés, titulado Au Mexique, donde encontramos la demostración gráfica de los adelantados de aquel hermoso
país, merced seguramente, en mucha parte, a los
ferrocarriles construídos en los últimos tiempos.
La tierra clásica de los pronunciamientos militares, del peculado oficial y de los salteadores de
caminos es ya, en efecto, es·cenario donde la civilización cristiana hace tangibles progresos. La
prueba del fuego a que estuvo sometida hace poco
menos de treinta años aquella región hispanoamericana, y cuyo término fue la sombría tragedia
de Querétaro, parece que obró a manera de reactivo purificador; porque es la verdad que, abstracción hecha del pasajero conflicto entre Lerdo de Tejada, especie de Morillo mexicano, y Porfirio Díaz (conflicto que se resolvió a favor de
éste). México ha gozado, como goza aún, de paz
completa. La acción de los ferrocarriles ha tenido
su necesaria elocuencia práctica, siendo efecto y
causa de prosperidad en todo sentido. Sin paz, no
habrían concurrido los capitales necesarios a la
transforma'CÍón ferroviaria, y sin esta transformación es probable que el ordeli fundado en el
progreso económico no reinaría allí tan de veras.
La desastrosa caída de Maximiliano trajo al poder, con gran prestigio, al partido reformista o
liberal; pero no ya con utópicas ideas de Gobierno
que en los hechos se convertían, a cada paso, en
intolerancia y persecución, para producir el círculo
vicioso -como en todas partesde anarquía en. gendrando despotismo y despotimo engendrando
anarquía. El partido liberal se había formado y
crecido durante la guerra; no había llegado al
poder sino por la revolución; no conocía más reglas de gobierno que las revolucionarias, aprendidas durante una de esas largas luchas populares
que no son sino anarquías contenidas por dictaduras intermitentes. Después de ·esas gueras, la
victoria pone de manifiesto la contradicción de
los procedimientos dictatoriales con los principios
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RAFAEL NUÑEZ
de libertad en cuya defensa se ha combatido. Si
la dictadura abdica, la anarquía latente reaparece en nombre de los principios y suprime los elementos de gobierno que/se habían formado; si la
dictadura continúa, más o menos velada bajo formas 'constitucionales, es preciso esperar a que
los elementos revolucionarios hayan recobrado vigor a su amparo y tengan fuerzas suficientes, para
entonces poner en práctica el programa adoptado
antes de la .lucha.
A la caída del imperio, los jefes republicanos
no querían ni conservar la dictadura ni dejar el
campo libre a la anarquía, e hicieron la convocatoria de 1867. Su plan consistía en reforzar un
tanto los elementos conservadores haciendo cesar
las resistencias religiosas por medio del voto pasivo del 'clero; en crear un Senado para refrenar
la tendencia a absolber el poder que siempre ma. nifiestan las asambleas. úniCas; en fin, en dar fuerza al poder ejecutivo por el derecho de veto. Esas
reformas de la Constitución debían hacerse por
medio de un plebiscito. El plan pareció revolucionario, fue rechazado y se desistió del proyecto de convocatoria. Los jefes de la República se
propusieron entonces convertir el partido novador
en un partido gobiernista y de reunir en torno de
la reforma, convertida en constitución, a la mayor parte de la sociedad mexicana, ya apelando
al interés político (creación del partido personal
del señor J uárez), ya invocando el interés social
(continuadón de la explotación, interrumpida durante la guerra, de las riquezas del país), ya dirigiéndose simplemente al interés personal (empleados, empresarios, proveedores, etc.). Creíase que
por ese medio se agruparía la mayoría en torno
del gobierno de la República, y se formaría un
partido conservador, adicto al nuevo orden y capaz de contrarrestar la influencia del partido revolucionario.
El ,conflicto no tardó en estallar. La Constitución no contenía ¡¡ino máximas absolutas; era.
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fruto de una época ,en que la escuela liberal estaba dominada por los metafísicos. El espíritu, si
no la letra de la Constitución autorizaba la ruptura de las reglas establecidas, la violación de los
límites legales, la supresión de todo lo que pudiera ser obstáculo para la aplicación de los principios. Admitido el sufragio popular como fuente
del derecho absoluto, podíase proclamar la desobediencia a toda ley que no emanase directamente
de ese sufragio. La elección de un gobernador, la
reelección del presidente, el establecimiento del
Senado, etc., debían quedar anulados. Toda consecuencia diferente de un principio metafísico de
libertad debe aplicarse, aun cuando de 'esa aplicación resulte daño a la evolución social. Tal es la
gran máxima revolucionaria.
El triunfo de estas ideas, de que era encarnación
Lerdo de Tejada, podía determinar una catástrofe nacional y producir largas alternativas de despotismo y anarquía.
Felizmente para el país, los jefes revolucionarios, personificados en el General Porfirio Díaz,
eran patriotas, dotados de un verdadero instinto
político, y rechazaron bruscamente, después del
triunfo, todo lo que había de anárquico en su
programa. Tomaron a su cargo la aplicación de las
ideas de tolerancia, de las reformas económicas y
de los trabajos públicos, voto supremo de la nación y se convirtieron en continuadores de la política conservadora y autoritaria de Juárez.
Los resultados obtenidos han demostrado su razón.
"¿ Queréis tener un ejército bien organizado?",
dice Spengler en sus ensayos políticos. "¿ Queréis
gozar de los servicios de salubridad, educación
y beneficencia bien administrados? ¿ Tenéis por
ideal una sociedad dirigida por corporaciones de
funcionarios activos? Pues entonces, estableced,
por todos los medios que estén a vuestro alcanée,
ese sistema de centralización completa que se denomina despotismo.
.
•
18
RAFAEL NU~EZ
.
En los países nuevos, donde los elementos de
la representación nacional son embrionarios, donde la educación política está aún por hacer, donde
la instrucción escolar es casi nula, donde, en territorios inmensos, una población diseminada aspira vagamente a un bienestar que no sabe definir, ¿qué papel puede desemPeñar el sufragio
universal? Aún en los países históricamente parlamentarios, el sufra universal no pasa de ser un
artificio político. En México no es más que una
fórmula, pues la abstención del cuerpo electoral
es 'completa y todo cede a las necesidades de concentración del poder encargado de mantener el orden y presidir el prograso material. En semejante
condiciones, una asamblea no puede representar el
sufragio popular, pero al menos representa la conciencia nacional difusa, los votos de la sociedad
entera en favor de la conservación de la paz, el establecimiento del crédito y la reforma de las condiciones económicas del país.
Hace quince años que las asambleas mexicanas
están desempeñando ese papel. Atribúyese su conducta pasiva a intereses mezquinos, cuya existencia no negamos, pero que no exduyen una aspiración superior y patriótica. Trátase de dejar funcionar libremente los resortes del poder administrativo, de permitirle aplicar su acción entera a la
conclusión de la gran obra emprendida, a la vez
que de ir preparando, por la fiscalización legal, la
organización de la instrucción primaria obligatoria, el futuro self government.
El resultado de semejante política ha sido uno
de esos males que acompañan siempre a los bienes de este mundo; la vida parlamentaria es ~casi
nula; el pueblo está convencido de que la acción
de un poder adrnjnistrativo bien organizado y
enérgicamente dirigido, basta para las necesidades
del progreso del país; los grupos po)íticos se disuelven. Esa es la eterna historia de los pueblos
que han pasado por largos períodos de crisis convulsivas y que de repente se encuentr.n en pre-
LA REFORMA POLITICA
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sencia de este formidable dilema: reelolver rápidamente dos o tres problemas capitaleel o desaparec,er de la lista de las naciones (*).
Lo que hizo en México el partido vencedor del
imperio -descartarlo
de los rehacios- es lo mismo que han hecho en Colombia los liberales independientes en consorcio con la gran mayoría de
los antigp.os conservadores, adoptando la denominación ecléctica de partido nacional.
La obra ma,gna de los estadistas mexicanos
no difiere de la nuéstra sino en tres puntos principales, a saber:
19 Que allá se permite la reelección indefinida
del presidente aunque se encuentre en actual ejercio.
29 Que allá subsiste la federación de Estados.
39 Que subsisten también las leyes de intolerancia respecto de los sacerdotes y el culto católico.
Pero conviene notar que mientras que en Colombia la autonomía administrativ~de
los departamentos es completa pára todo lo de interés seccional, en México la centralización política práctica es quizás más rígida que en Colombi~. En
cuanto a la intolerancia religiosa, ella cae en desuso más y más cada día en México, no obstante
la nominal vigencia de las desatentadas leyes. Estas se conservan apenas como un arma preventiva, y todo hace esperar que pronto queden expresamente abrogadas.
El libro citado habla de muchas otras cosas
relaciónadas con el desarrollo de los intereses económicos, a que sirven de base indispensable los
ferrocarriles, cosas todas, o casi todas, que merecerían ser consideradas y tratadas en Colombia.
Pero no siéndonos posible abarcar de una vez tan
variados puntos, nos limitamos ahora a hablar de
la minería.
Los motores hidráulicos son todavía raros en
la patria de Moctezuma, el combustible caro y la
(.) Libro citado.
20
RAFAEL NU~EZ
población vive esparcida. Pero, a pesar de todo,
México ha sido, y vuelve a ser, la tierra opulenta
de la plata. Cada año, cada semestre aumenta el
guarismo de las exportaciones de este metal, y
cuando la red de ferrocarril llegue a los Estados
del Pacífico y los yacimientos de carbón de Coahuila y Sonora, sean explotados; la industria minera cobrará sorprendente vuelo.
Copiamos literalmente -como muy oportunolo que sigue del libro:
La baja de la plata ha sido favorable a México, y ha
constituído una magnífica prima en favor del desenvolvimiento de sus recursos agrícolas.
M. M. de Laveleye, de Soubeyran, Paul Leroy-BreauHe, Cernuschi y muchos otros economistas han enunciado desde hace tiempo este axioma: La mayor felicidad que puede sobrevenirle a un país nuevo cuyo
único tipo monetario es la plata, es la baja de ésta.
Los inglesesilhan advertido al fin que su famosa especulación sobre el oro -m<1Ilopo!io,el corner del orode que tanto se enorgullecían, se ha vuelto contra ellos.
Han hecho todo lo posible para determinar la baja de
la plata, y es .la India, colonia suya, en donde la plata, lo mismo que en México, es el único tipo, la que
se' ha aprovechado de tal baja. Desde la depreciación
de la plata, la India gana sumas inmensas; ha .hecho
suya y desviado una de las fuentes de la riqueza de
Inglaterra; ha vengado al Gran Mogol y a TippooSaheb perjudicando al sindicato del oro.
¿Por qué los mexicanos no han de conseguir de la
baja de sus pesos los beneficios que la India ha sacado
de la baja de sus rupias? Bastaría para ello trabajar
con un poco más de método y capital aprovechando el
sol de México.
)
El autor censura, en cierto modo,la preferencia
que se da a la minería sobre la agricultura, y
la atribuye en parte al gusto de los mexicanos
por los juegos de azar, pues que en el laboreo de
minas hay algo o mucho de este juego.
LA REFORMA POLITICA
21
Pero la causa es acaso más profunda. La agricultura necesita mayor número de brazos, y más
tiempo para realizar el beneficio, y la inmigra.ción espontánea -que es la sólida- no se improvisa. Los metales preciosos son poderoso atractivo de ello- como la historia lo enseña, y mientras durli\ en el mundo el culto del becerro de
oro, las minas serán preámbulo eficiente aunque
no exclusivo del desarrollo agrícola en extensa
escala. Lo primero de todo es la seguridad -el
orden absoluto- luégo viene el ferrocarril a establecer la unidad nacional y el concierto y equilibrio industrial y comercial. En seguida afluyen
capitales y brazos, y el progreso visible tiene
cumplimiento.
Si la justicia y la equidad sirven de norma
invariable a las leyes civiles de modo que la riqueza creada se distribuya estrictamente según
derecho natural, y la caridad que la religión incula viene a suavizar las fricciones del egoísmo,
el progreso visible se convierte en progreso íntimo, y nada hay que temer de la dinamita.
RAZONEMOS EN CALMA
En Colombia se ha hecho de moda convertir el
papel moneda en responsable de toda dificultad
comercial o económica que en realidad existe, o
que enfermas imaginaciones vislumbran, como si
no se hubiera establecido en obediencia la necesid'ad imperiosa, y. precisamente para evitar al
país universal ruina. Desde luégo se comprende
que ello proviene de diversas causas, siendo de
éstas las principales -y aún pudiera decirse las
únicas, por aparecer las más visibles- la mala fe
con que agentes de poco patriótica oposición al
Gobierno forman concepto de una situación por
ellos en gran parte creada; la ofuscación que en
otro produce el cálculo utilitario y egoísta, y la
general ignorancia o falta de estudio d9 lo que
22
RAFAEL NU:&EZ
ahora mismo está pasando en las naciones más
ricas e importantes del mundo civilizado. A juzgar por algunas críticas dignas de tomarse en
cuenta, bastaría que volviéramos, por medio de
una ley, a la circulación metálica -moneda
de
plata de 0,900, o a lo menos de 0,835- para que
por todas partes rebose la prosperidad y la abundancia. Pero ni la ley puede modificar la íntima
condición de las cosas, oel curso natural de los
acontecimientos, ni hoy tiene, en verdad, el mismo intrínseco valor proporcional sino las monedas de oro equivalentes a las de los Estados Unidos, las inglesas y alemanas, o las de los países
que forman la Unión Monetaria Internacional. Y
a ún éstas mismas están suj etas entre sí a las fluctuaciones del cambio; pues una libra esterlina
nunca vale cinco dólares americanos, ni cincuenta
francos lo mismo que dos libras esterlinas.
A nosotros nos es absolutamente imposible, en
los momentos actuales, adoptar el oro para tipo
legal y corriente de nuestra moneda; y si por efecto de alguna sobrenatural combinación, que los romunes mortales no alcanzamos a comprender, el
papel moneda se tornara de la noche a la mañana
en plata a la Ley de 0,835, o, más todavía, de 0,900 ;
el mal que arraca las principales quejas -lo costoso de nuestros cambios en el exterior- sólo mejoraría en proporción relativamente pequeña. La
enorme producción de plata, especialmente en los
Estados Unidos, y la obstinación con que algunas
poderosas naciones europeas resisten el bimetalismo, hace que este metal haya bajado de precio en
los grandes centros o mercados, y sea una amenaza de crisis, más bien que eficaz elemento de
fáciles transaciones internacionales.
The Speaker del 3 de septiembre, afirma que
las operaciones de bolsa están en Londres casi paralizadas, y nunca se han hallado en situación
peor, en tanto que fuera los negocios no andan en
mejor pie. "Ahora, en los Estados Unidos -dice
además- se nota grande ansiedad, lo cual no es
LA REFORMA POLITICA
23
para causar extrañeza. Nosotros discutimos en la
última semana lo grave de una crisis en la plata,
y poco necesitamos añadir aquí, excepto que mientras la gravedad subsista prevalecerá la desconfianza y los negocios de toda especie s~ mantendrán deprimidos. Hasta la más limitada inteligencia puede ahora ver claro que el ensayo americano con la plata ha fallado por completo, y que las
compras deben ser suspendidoo, o habrá crisis. Si
hay crisis, vendrá una seria rebaja en los valores
americanos, en los cuales tánto se especula habitualmente. Si las compras se suspenden, probablemente ocurrirá alarmante demérito en la plata, y
nadie puede precedir cuales serán las consecuencias." Señala. en seguida la revista semanal citada otros 'motivos que influyen, a su juicio, en el
malestar a que se contrae, bien que haciendo notar, a manera de calmante, que tanto banqueros
como especuladores han venido preparándose para
cualquier evento, por lo cual no es de temerse, por
el momento, una muy seria crisis. Pero sea de esto
le que fuere, resulta demostrado que la buena si..
tuación económica es efecto de causas muy complejas, y que cuando se pierde el equilibrio entre éstas, y las medidas' de restricción o impulso, en cualquier sentido, están fuera de oportunidad -corno
si dijéramos siempre que faltan tiempo y medida- la confusión, entorpecimiento y pérdidas no
se hacen jamás esperar. Las grandes existencias
metálicas nada pueden por sí solas corno lo comprueban las actuales dificultades de los Estados
Unidos -país de riqueza extraordinaria y en cuyas arcas oficiales ha figurado enorme superávit--, y lo inactivo del mercado de Londres, que es
el principal centro monetario del mundo. Aquí fue
forzoso apelar al papel moneda; pero gracias a la
cordura que ha habido en manejarlo, no llevando
la emisión sino hasta donde el país puede soportarla sin violencia, se ha salvado el Tesoro Público de completa bancarrota, y lejos de sufrir r>Rralización y quiebras la industria y el comercio,
24
RAFAEL NUÑEZ
gozan de creciente desarroÍlo. Pretender que el papel desaparezca es simplemente absurdo; más tampoco debe sometérsele al sistema de inflación o
emisión indefinida, porque sería repetir, en cierto
modo, la fábula de la poule.aux oe ufs d'or.
Con un poco de patriotismo de todos lados, la
cuestión del papel moneda puede sacarse fácilmente dél terreno político para convertirla en
asunto nacional, digno de ser estudiado (:on buena
voluntad y sin otra mira que la de encontrar el
mejor modo de cimentar el crédito y el progreso
del país. En las presentes circunstancias, debemos
convencernos de que no estamos en aptitud de "01ver a la circulación metálica, y cuando llegue la
oportunidad de pensar en ésta, habrá que buscar
medios prudentes que ,conduzcan por segura vía.
Yes aún probable que mientras estemos obligados
a vivir bajo el régimen del papel moneda, tenga
alguna favorable solución el actual grave problema universal de la gran producción de plata y f:.U
alarmante pérdida de valor. Esa solución será
de grande importancia para nosotros, que habremos de permanecer bimetalistas.
La general adopción del bimetalismo cuenta partidarios muy respetables; y aunque Inglaterra, por
razones especiales suyas, se opone a ella, como se
opone también al proteccionismo, no será extraño
que al fin oiga siquiera los clamores de la India,
donde la baja de la rupia, aunque estimula la producción interior, está causando entorpecimientos
acaso más serios que nuestro papel moneda. Y si
Inglaterra se convirtiera al bimetalismo, no es de
creerse que las otras naciones monometalistas llegaran a resistirlo tenazmente.
La economía política es utilitaria, y los ingleses
son por temperamento oportunistas. Así, por ejem.
plo, 'escritores británicos -forzados por la univer""
sal corrienteprincipian a mostrarse, velada o
claramente, proteccionistas. Ya sabemos q~e hace
poco el Marqués de Salisbury se declaró partida-
LA REFORMA POLITICA
25
rio de la imposición de derechos protectores de la
industria inglesa sobre ciertos artículos extranjeros; y en el número de septiembre de The Nine·
teenth Century, persona 'competente ensaya demostrar el beneficio de un Zollverein entre Inglaterra
y sus colonias. El escritor se hace cargo de todas
las objeciones; sin embargo, al propio tiempo que
cree en la imposibilidad de formar una confederación imperial, opina que el Reino Unido, y las
colonias no tendrán lazo de unión en lo futuro, sino
se someten a un acuerdo comercial sobre la base
del libre cambio para la producción interna, ya la
protección,en cierta forma, por lo que se refiere
a lús países extranjeros. El objeto principal es que,
en lo posible, las colonias consuman únicamente
los productos británicos, y el Reino Unido traiga
de las colonias lo que ahora le viene de otras partes. Para lograr esto propone el articulista que las
posesiones británicas establezcan derechos proteccionistas de diez por ciento ad valórem sobre los
productos extranjeros de idéntico carácter a los
importados del Reino Unido,con el fin de pagar
con su rendimiento primas que se concedan a determinardos artículos de producción propia; que
las primas cesarán seis meses después que el Reino
Unido fije un diez por ciento de derechos diferenciales sobre productos iguales a los favorecidos con
ellas, importados del extranjero y no de las colonias, y que en un término no menor de siete años
ni mayor de diez y ocho, desde que el Reino Unido cobre los nuevos derechos, habrá completo libre cambio entre los productos británicos y los coloniales. Se hace excepción del algodón, porque Inglaterra se verá obligada, a lo menos por tiempo
indefinido, a comprar siempre el de los Estados
Unidos, y algunos otros artículos que requieran
especial tratamiento. Por lo demás, el escritor
-Sir Julius Vogel- no vacila en resumir del modo siguiente la virtud práctica de los nuevos derechos y primas: "Aumentarán el pedido de ma32:1-2
2.
RAFAEL NUÑEZ
llu!acturas de la madre patria, y darán impulso al
comercio y transporte británicos, cuando ambos
están amenazados por la creciente competencia de
países extranjeros. La facultad de ir más allá del
diez por ciento en los derechos será una arma formidable para contener la hostilidad extranj era, arma cuya falta han lamentado los más hpbiles hombres de Estado de la Gran Bretaña.
Como se ve, aún en Inglaterra hay quienes deseen separarse de las allí tradicionales doctrinas
económicas; y no causará sorpresa que la ley de la
necesidad, o la conveniencia, hiciera olvidar la nacional ortodoxia. Más a lo que principalmente debe
llamarse la atención es a que los tropiezos en los
negocios ordinarios de que allá se lamentan no
reconocen por fundamento la carencia de signos
metálicos, sino la competencia extran.iera. Es ésta,
en definitiva, la que lleva a todos los paises la
disminución o aumento de provechoso trMico. Demasiado ha favorecido el papel moneda la. exportación de productos nacionales nuestros que antes
de poca ayuda nos servían; y si realmente nuestros frutos exportables pudieran resistir en todo
tiempo la competencia de otros en los mercados
americanos y europeos, no habría habido emigración del oro y de la plata, o halagaría hoy la esperanza de que pronto plata y oro volvieran. Los que
tánto culpan al Gobierno por la existencia o nó desaparición del papel-moneda, parecen no comprender que la acción de los gobiernos trae, sin duda,
buenas o malas consecuencias, sin que esto signifique que ellos tienen facultad hasta para 10 imposible. La doctrina de la omnipotencia del Esbdo
ha. sido adoptada inconscientemente por espíritus revolucionarios; y los colombianos que pretenden hacer al Gobierno capaz de crear a voluntad
oro, plata o papel-moneda, '~emejan hasta cierto
punto los .!!Ocialistas-europeos, que de simples leyes aguardan riqueza, comodidades y goces. In ..
díquese un medio razonable y práctico de traer oro
al paÚ!, y el Gobierno hará lo que elea de su deber.
LA REFORMA POLITICA
Desgraciadamente,
de Ottello:
27
sólo podemos decir con el autor
What wound did ever heal but by degrees?
How poor are they have no patience!
Sin embargo, de todo 10 expuesto, se ha hecho,
como obra de misericordia política, el tour de force
de gravar el sistema tributario para preparar el
terreno de la conversión, y se ha también cerrado
herméticamente el peligroso camino de las emisiones, puesto que el Banco Nacional no podrá poner
€n giro más billetes (salvo dos millones y medio de
pesos), sin respaldo metálico de igual valor.
Por último, bueno será que se sepa que en Panamá -donde no corre el papel-monedael oro
americano se cotiza al ochenta por ciento de premio, según informe auténtico que acabamos de recibir.
PAGANISMO
El paganismo fue duro para morir; y aún después de haber sido desterrado del trono de los Césares, reapareció con fuerza aparente encarnado
en Juliano, sucesor de su primo Costancio, en el
año 36l.
Este es un episodio interesante de la historia religiosa del siglo IV; pero apenas puede mencionarse en el limitado espacio de un periódico.
El asesinato de los suyos, atribuído acaso sin
razón a Constancio, cuando éste tomó la herencia
de Constantino, y la desconfianza con que fue tratado por el nuevo emperador, contribuyeron, según el juicio de algunos, a la apostasía de Juliano,
bien que su ascenso al trono lo debió a designación
de Constancia; y aún por decreto de éste asumió
el mando del ejército de las Galias en guerra con
los germanos y se encontró en aptitud de adquirir militar prestigio y medios de acción para 10 futuro; 10 que sucedió en efecto, y pronto, procIa-
28
RAFAEL NUÑEZ
mándose Augusto y empleando las armas del Imperio puestas en sus manos en fundar su dinastía.
La suspicacia y desconfianza recíprocas en que
vivió, en lo íntimo, con sus deudos dominantes,
pudo sin duda pr.edisponerlo a favor del viejo culto
repudiado por aquéllos; y pudo a la vez ser acto
de hipócrita prudencia su profesión de la fe cristiana, de que se hizo abierto enemigo al ocupar
el trono. Parece ya averiguado que su adhesión a
las cosas de Grecia y especialmente al paganismo
fue en él constante, aunque reconocía la necesidad
de ensanchar el estrecho horizonte del decrépito
Olimpo.
La conversión de Constantino unida indisolublemente a su victoria sobre Magencio, quien tenía
a su favor todas las probabilidades visibles, fue
considerada en su tiempo por cristianos y paganos
como -obra de intervención divina. Divídense los
historiadores en cuanto a que fueran puros o nó
los decisivos móviles, esto es, asunto de cálculo o
de vocación en sí misma desinteresada; pero es
cierto que del lado de 10i? cristianos no encontraba entonces fuerza material mayor, que del lado
de los paganos; y lo es asimismo que ninguno dio
más que él a su victoria carácter milagroso.
En una obra clásica reciente -escrita
sin espíritu sectarioencontramos datos que nos servirán mucho en el estudio, necesariamente breve,
del asunto tan complejo a que dedicamos los presentes párrafos.
Lactancio dice en su tratado La muerte de los
perseguidores, que apareció poco después de la victoria de Constantino, que en el mes de octubre del
año 311, hallándose el príncipe a las puertas de
Roma y próximo a atacar a su enemigo, tuvo de
noche, una visión: "Recibió el mandato de hacer
estampar en las corazas de sus soldados el signo
divino (la cruz), y de entrar en seguida en batalla.
Hizo lo que se le ordenó; pintaron la letra X, atraTesada por una línea con su parte superior lige-
LA REFORMA POLITICA
2.
ramenteencorvada y formando de ese modo el monograma de Cristo; después, el ejército, protegido
por ese nombre sagrado, tiró de la espada para
combatir" (1). Es pues, un sueño lo que decide a
Constantino, en un momento grave, a pedirle ayuda a Cristo y a hacer una especie de pública manifestación de cristanismo. Notemos que Lactancio
no reproduce en las citadas líneas uno de esos
vagos rumores que corren por el mundo sin que
pueda saberse su origen. El frecuentaba a Constantino; estando en Nicomedia lo llamaron a l~ G~lia para educar al hijo mayor del príncipe, y debió
de vivir en intimdidad con la familia imperial; es,
pues, verosímil que él nos transmite una relación
que le hizo el emperador o alguno de los que a menudo le acompañaban. Constantino le contó también el suceso a Eusebio, a lo menos según una de
las versiones que éste nos ha dado, pues lo ha referido dos veces. En su .Historia de la Iglesia,
que fue escrita antes de la muerte de Crespo, no
parece todavía conocer los detalles del acontecimiento. Se limita a decir que Constantino venció
a Magencio merced al auxilio que Dios le prestara, y que antes de principiar la batalla "piadosamente llamó en ayuda suya al Dios del Cielo y a
su hijo Jesucristo", quienes le dieron la victoria
(2). Pero está mucho mejor informado de la manera como se verificaron los hechos, cuando historia la vida del emperador. Entonces el relato es
completo y ninguna circunstancia se omite en él.
Nos muestra al príncipe, poco antes de la batalla,
muy perplejo y muy inquieto, diciéndose a sí mismo que el auxilio de los hombres no basta cuando
se va a correr un albur tan contingente, y que no
es malo fortificarse en un apoyo divino. Viénele a
la sazón a la mente el recuerdo de que, de todos los
monarcas que ha conocido, el único que gozó de
prosperidad sin eclipse fue su padre, Constancio,
(1) Lactancio, De mort. per3. 44.
(2) Eusebio. H. E. IX, 9.
30
RAFAEL NUÑEZ
quien protegió a los cristianos,. en tanto que aquellos que los persiguieron han sido casi todos aca-'
bada miserablemente. Esos pensamientos il1ciinabi:m ya su alma hacia el cristianismo; y le pedía a
Dios que le diera alguna señal visible que pudiera
decidirlo por comWeto. Su plegaria fue oída favorablemente: se puso en marcha con su ejér'cito, y,
como al medio día, en la hora en que el sol principia a inclinarse hacia el horizonte, vio en el Cielo una cruz luminosa, con ·estas palabras: "Con
este signo vencerás." Sus soldados la vieron también, y, como se comprenderá, esto los sorprendió
mucho. Sin embargo, el emperador no estaba completamente convencido, y aun asistíallle dudas
cuando, por la noche, Cristo se le apareció teniendo
en la diestra la misma imagen que él había visto en .
el Cielo, y le ordenó que la pusiera en un estandarte que debía llevarse delante del ejército en las
batallas. Es el famoso lábaro del cual se ven reproducciones en algunas monedas de Constantino.
Eusebio nos dice que esa relación se la hizo el emperador mismo, quien le garantizó con juramento
la exactitud de ella.
Hay empero, otras apreciaciones que no deben
pasarse en silencio. Se hace la pregunta de si debe
creerse a Constantino aunque apoye en juramentos
IiJUS apreciaciones. Sucede con los conductores políticos de esta talla que de antemano se les supone
dispuestos a la fantasía, y de tal manera que en
la misma proporción en que avanzan en protefltas
y actos de fe religiosa, se les quiere considerar
más y más indiferentes y escépticos. Burckhardt
-citado
en la obra aludidaencuentra aún ridículo el que se pregunte cuáles son las verdaderas creencias de un ambicioso, "como si la religión pudiera tenerse en algo por un Gorazón devorado por la sed de reinar" (1), y a Constantino,
convirtiéndose al cristianismo, lo compara con el
(1) Véase la obra de Burckhardt, titulada Diezeit
Constantin's.
LA REFORMA POLITICA
31
primer cónsul cuando firma él 'copcordato. Ni
uno ni otro eran seguramente devotos preocupados con los intereses del Cielo; ambos no pensaban
sino en su poder y en su gloria. He ahí la opinión
que muchos historiadores se forman hoy de Consfantino; algunos solamente, que le son más favorables, atribuyen su indiferencia a motivos más
elevados. ¿No podría suceder, nos dicen, que él haya sido uno de esos sabios, como entonces había
algunos, que levantaban su espíritu por encima de
los cultos, que no veían diferencia notable entre
JÚpiter y Jehová, entre Apolo y Jesús, y se complacían en confundirlos baj o el nombre vago y
acomodaticio de Divinitas, que ninguna doctrina
hiere, y a todas puede satisfacer? Si eso es así,
no hay razón para declarar que él se convirtiera,
es decir, que pasara de una religión a otra', puesto
que todas las religiones las juzgaba parecidas en
el fondo. Tan sólo salió de los estrechos límites de
un culto para encontrar más amplia fórmula que
todos los cultos podían aceptar sin comprometerse; soñó, nos dice M. Duruy, con una aproximación
de las almas, que en el estado en que se encontraba
su imperio, era muy de desearse; "quiso unir a
sus pueblos en una misma creencia, cuyas formas
podían variar, pero cuyo fondo fuera el culto del
Dios mismo" (2).
Juliano no comprendió la transición, a pesar del
milagro en ella envuelto. Sus instintos paganos no
se habían debilitado con las prácticas cristianas a
que lo obligaba su rango dinástico y su ostensible
profesión de fe. Y lo más increíble es el haber desconocido la superioridad moral de la nueva religión, que no servía, según sus propios conceptos,
sino "para esclavizar las almas". Se explica, en
cierto modo, la obsecación cuando se piensa en los
espectáculos que Juliano presenciaba, y qúe a él
particularmente debían impresionar por las con(2) Véase el último tomo de la Historia Romana de
MDm~
.
32
RAFAEL NU:&EZ
diciones de su temperamento. Las costumbres no
se habían mejorado por el momento después de la
victoria oficial del cristianismo. "Esto no debe
causar sorpresa si se piensa que la humanidad
cambia poco, que en ella el bien y el mal se mezclan en proporciones aproximadas, y que ninguna
doctrina, por elevada que sea, nunca tendrá bastante poder para hacer perfectos a los hombres."
Aún se atribuía a Constantino el asesinato de
varios miembros de su familia, y se decía otro tanto de Constancia, sucesor de aquél. El primero tío
y el segundo primo de Juliano. A todo se agrega
las condiciones de los sacerdotes que intervinieron
en la instrucción religiosa del "apóstata", sacerdotes empapados en los errores de A rrio, y más propios para la intriga que para la formación de un
espíritu evangélico. El ejemplo de tales sacerdotes no era adecuado a inspirar a Juliano veneración por la doctrina que se anunciaba como regeneradora del mundo. Así, en 'sustancia, se expresa
el autor de la obra varias veces citada.
Las costumbres en general se resentían grandemente de la influencia pagana. Se nota, por
ejemplo, que en la época de Juliano, estaban todavía en boga los combates de gladiadores. Constantino, en su entusiasmo por la fe cristiana, habría querido abolirlos. "Estos espectáculos sangrientos -decía una ley- no me agradan"; pero
como ellos eran del gusto popular, la ley no fue
respetada. Los mismos emperadores ayudaron luégo a la violación. Tales escenas no tuvieron fin
sino años después, cuando el poeta cristiano Prudencia expresó enérgicamente el deseo de que cesaran esas matanzas que servían de regocijo a la
muchedumbre:
Nullus in orbe cujus
Sit pena voluptas;
Las cartas de Simancas hablan de muchas otras
eosal que revelan la depravación, o ligereza, que
LA REFORMA POLITICA
33
reinaba en la sociedad de Roma, a pesar del cristianismo.
El terreno parecía, pues, propicio todavía a la
conservación del antiguo culto.
Juliano comprendía, empero, que la renovación
estaba en el fondo de las cosas; y no se propuso
establecer el politísmo precisamente. Odiaba a los
cristianos considerándolos seres abyectos no obstante la inmolación que aceptaban antes de renunciar a su fe. Tenía por otra parte horror al ateísmo; y "a todos los que preguntan -decíasi hay
dioses y se muestren dudosos de la existencia de
éstos, no debe respondérseles como a hombres sino
perseguírseles como a fieras" . No fue un librepensador absolutamente, y su filosofía es la de
Platón y Pitágoras que rindieron tributo a la Providencia divina aún en el seno del paganismo. De
Epicuro y de Pirrón, decía: "Ha sido favor de los
dioses que se hayan perdido sus libros." No. era
materialista. Cuando herido y próximo a morir se
le trajo del campo de batalla a su tienda, al ver
inundados en lágrimas a sus oficiales, censuró
aquella aflicción manifestándoles que no era bueno llorar a un príncipe en el trance de elevarse a
los cielos. Sucumbió con la certidumbre absoluta
de la inmortalidad del alma.
Fue gran general, hábil político, de vigoroso
pensamiento, ilustrado, elocuente, infatigable; y
fracasó tristemente en su insano empeño de destruír a Jesús; sin embargo, de que la predicación de éste no había aún calado decisivamente en
muchos corazones.
Los templos paganos abrieron su puertas por
orden del "Apóstata"; pero los concurrentes sinceros casi faltaban. Iban los aduladores que se proponían con ello halagar al poderoso príncipe. El
mismo dejaba escapar palabras en que confesaba
el fracaso: "El helenismo no progresa· como sería
deseable", decía en una epístola; y también: "Tengo necesidad de muchos cooperadores para restaurar lo que cayó tristemente."
34
RAFAEL NU:&EZ
Pocas veces se ha tentado con tántas aparentes
probabilidades de feliz éxito una reacción semejante; y ya se ha visto cómo el resultado fue completamente adverso. La muerte de Juliano disipó
la pasajera nube, y luégo Teodosio vino a dar afirmación oficial definitiva a la gran evolución de
Constantino.
El radicalismo pagano había ciertamente muerto.
LA PRENSA
La prensa constituye gran poder y por medio
de influencia en las sociedades modernas, y éstas
avanzan o se desvían, según el impulso, bueno o
malo, que aquélla les comunica, como resultante
de las paralelas o encontradas fuerzas que sabe
poner en acción. Desde la común hoja periódica,
destinada a informar al público de acontecimientos pasajeros, hasta el libro elaborado a costa de
paciente estudio, todas las manifestaciones del
pensamiento escrito y a los cuatro vientos circu:lado, ejercen sobre la inteligencia impresión irresistible, que arraiga o destruye ideas, eleva o .empequeñece sentimientos. Por tales motivos, en las
naciones bien organizadas no se concede a la prensa libertad absoluta, sino que, por el contrario, se
le somete a restricciones conforme con las necesidades de la seguridad pública y del respeto que se
deben entre sí los individuos. El carácter, moralidad y civilización de un pueblo están en armonía
con el espíritu preponderante en su movimiento
intelectual; y los buenos gobiernos jamás descuidan corregir, por medio de eficaz sanción cuanto
ese espíritu dé señales de nocivo para la buena
marcha del Estado o la pureza de las costumbres.
Si se toman como ejemplo Inglaterra, Francia
y Alemania, las tres más poderosas y civilizadas
naciones, se notará a primera vista que en todas
ellas existe, aunque no en un mismo grado, plena
libertad para la discusión de los asuntos públicos
y la propagación de las ideas. En esas naciones, ne
LA REFORMA POLITICA
3li
obstante, la ley arma la sociedad en defensa del
abuso, y las personas tienen siempre franco el recurso de queja y reparación inmediata contra las
injurias a su hora o sus derechos. Es, por otra
parte, fácil de comprender, al hacer la comparación
de dichos países entre sí, que Inglaterra se distingue por un carácter nacional más elevado, porque se acomoda mejor la discreción y a las necesarias reglas del decoro.
Los libros de Alemania son fruto de perseverancia y erudiFión admirables, y acreditan aquel país
de pueblo reflexivo y serio; que si no descuella
hoy en los asuntos puramente literarios, a todo
imprime el sello de profunda filosofía, ya se trata
de ciencias o artes como de política o historia. En
Francia, las grandes obras se distinguen por la
brillantez del estilo, y por la investigación llevada a profundidades y alturas accesibles sólo
para imaginaciones de gran vuelo y genios de primer orden; y revistas quincenales como la Revue
de Deux Mondes gozan el renombre, no obstante
su eclecticismo en todo, de no ser riva1izad::ls por
ninguna otra. El gran poder intelectual de Inglaterra es más bien de asimilación y aplicación práctica, en el punto de vista nacional, que no de espontánea exhuberante iniciativa, en lo que a todos
concierne; de donde resulta que sus autores aparezcan, no raras veces, trillando viejos caminos,
sin demarcar a la humanidad nuevos senderos.
En cierto género de revistas -muy notables algunas d~ eIlas- se observa que aún la Edinburgh
Review, por ejemplo, no es la famosa de los tiempos Sir Walter Scott. Podría tal vez concluírse de
aquí que las publicaciones inglesas de largo aliento no ocupan, generalmente hablando, el prominente rango cosmopolita de las alemanas y francesas; pero la prensa diaria de Inglaterra, es
prensa que discute con maestría los problemas
cotidianos, está reconocida como la primera dE'1
mundo, sin duda por su información exacta, y por
ser siempre respetuosa de sí misma y rel5petuosa
36
RAFAEL NU:ÑEZ
de todos. Como consecuencia de esto, vemos que
la opinión pública inglesa puede cometer errores
-y los comete frecuentementesin que nadie se
atreva a afirmar que la prensa que la didge se halla al servicio de farsantes, o inspirada por malos
motivos.
Entre el diarismo francés y el inglés existen
esenciales diferencias, que particularizan la fisonomía de cada uno, y se traducen en honor del
último. Sólo los periódicos de humilde escala se
atreven en Inglaterra, de vez en cuando, a manchar en términos el lenguaje de la decadencia; y
si un escritor inglés -de Mr. Gladstone abajoexige, o acepta voluntariamente, que se le paguen
cien o más libras esterlinas por un artículo, es
seguro también que en éste no halla el lector sino
convicciones personales, no una mercancía producida en cambio de la paga. El diarismo inglés es,
en una palabra, profesión lucrativa, que se mantiene dentro de los límites de la honradez y de las
convenciones sociales,en tanto que el francés se
halla radicalmente viciado de utilitarismo, y tiene
por norma deleitar a las gentes frívolas y vender
sus favores a quien mejor precio le ofrezca.
El relajamiento de la prensa francesa pr.wiene
en gran parte de la tolerancia del gobierno, que,
por intereses políticos, descuida hacer uso de las
facultades que le da la ley. Cuando alguno reclama, 'la justicia cumple su deber, es cierto; y no
hace mucho que MI'. Drumont, dire~tor de La Li·
bre Parole, fue convencido de calumnia y condenado a severísima pena pecuniaria, y aún permanece en prisión. Pero cuando la agraviada no etl
una persona capaz de quejarse, sino la paciente
sociedad, entonces la consigna de las autoridades
parece no ser otra que laisser faire, laisser passer.
En un estudio sobre los judíos -en el fondo
justa defensa de éstos- que publica la Revue de
Deux Mondes, en su número de 15 de diciembre
último, se expresa MI'. Anatole Leroy-Beaulie en
los siguientes desconsoladores términos:
!
LA REFORMA POLITICA
17
"Nos queda una primacía que nadie disputa a
la Francia de la tercera república: la de la pornografía. En este terreno, nosotros carecemos de rival. Para ciertos de nuestros diarios, literario se
ha convertido en sinónimo de pornográfico. Esta
aespreciable realeza ¿a quién la debemos? ¿Es al
judío? Al semita, 'Consus antiguos kedestoth, ¿qué
nos ha hecho pasar del culto de la dama al culto
oe la eriada? (du eulte de la dame au eulte de la
filie?) Pero Inglaterra cuenta tántos y más judíos
que Francia, Alemania posee siete u ocho veces
más que nosotros; e ing~sa o alemana; la literatura
de nuestros vecinos no está contaminada como la
nuéstra .. , Nuestros antepasados tenían pintores
que pintaban con cera y yema de huevo, nosotros
tenemos una escuela que pinta con inmundicias y
meja sus pinceles en los albañales. Esos directores
de hojas populares que hacen profesión de ilustrar
las multitudes, reclaman la libertad de profanar la
juventud y tienen públicamente tienda de obscenidades, como en otras partes, en países, atrasados,
habrían abierto, en una calle apartada, un lóbrego
mal afamado establecimiento.
"¿De dónde viene, en verdad esta vil literatura,
a un tiempo grosera y refinada, himno impúdico
a la glorificación de voluptuosidades reprobadas
por la Iglesia y por la Sinagoga? Ella viene del
neo-paganismo, del restaurado cuIta de la carne y
los sentidos, a los cuales ceden a la par el judío desjudaizado y el cristiano descristianizado (le juif
dejudaisé et le ehretien deehristianizé). Para limpiarse y curarse de ellos, no tendrían ambos, judío y cristiano, sino que resumergirse, al pie del
Hemmon, en las aguas heladas de las fuentes del
Jordán."
En el mismo número de la revista citada, en un
artículo titulado L'heure présente, escrito con motivo de los escándalos relacionados con el Canal de
Panamá, el Vizconde Eugene Melchior de Vagué
juzga así la actual prensa francesa:
"La libertad de la prensa era también uno de
RAFAEL NU~EZ
los artículos del credo liberal. Ahora, para quien
adquiera justa idea de esta potencia suprema, es
la clemencia de la prensa la que sería preciso implorar. Existe un colosal equívoco en las relaciones
del lector y del diario; por efectos de hábitos muy
lentos en modificarse, el público continúa pidiendo
atributos de pensamiento a una gran fábrica industrial. En sus comienzos, el diario era un idea
pura, el arma costosa de una causa política o literaria. Por una evolución inevitable, se ha convertido en rama de floreciente industria. .. Muchas gentes sueñan hoy con el mito de un diario
desinteresado, que dijera toda la verdad y nada
más que la verdad. Sueño irrealizable tal vez.
¿ Puede uno imaginarse un potentado que aboliera todos los impuestos, que rompiera con todas
las familias de los príncipes para hacer él, aparte,
experiencias revolucionarias? Por eso mismo, por
lo que es un gran poder, encuadrado en una jerarquía, envuelto a una red de intereses, cada diario
influyente se siente condenado a un lenguaje de
conveniencia, como todos los personajes públicos
que tienen la responsabilidad de negocios importantes; está obligado a desempeñar su papel en
las mentiras convencionales de nuestra civilización, según las llama Mr. Nodau."
Escritores honrados y observadores inmediatos como son Mr. Leroy-Beaulier y Mr. de Vogue,
su testimonio tiene todas las condiciones de importante irreprochable; con todo, si uno quisiera
ponerlo de lado, le bastaría recordar que loskioskos de los bulevares de París en que se venden
periódicos están permanentemente llenos de literatura por el estilo de la de Gil BIas, y que las recientes revelaciones de Mr. Rouvier, en la tribuna parlamentaria -poco después de su caída del
Ministerio de Haciendano dejan duda de que
las convicciones y principios, si así pueden llamarse, de gran número de escritores france~es,
se estiman como valore3 de bolsa, comprables a
toda hora por los que manejan los fondos secretos
LA REFORMA POLITICA
39
del Estado, de los partidos políticos o de las empresas financieras. Diario como \ L'Univers, Le
Temps, Le Soleil, y algunos más, serán con el
tiempo la excepción, no la regla general.
Si en países ilustrados como Francia, indebida
tolerancia oficial permite a la prensa degradarse
lastimosamente, a pesar de los severos castigos
con que a veces la justicia le recuerda que todavía se encuentra bajo el ojo vigilante de la ley;
si en Alemania, y aún en Inglaterra, los órganos
de publicidad ,se mantienen dignos y decorosos
sólo por efecto de restricciones inflexibles, mal
puede comprenderse que en naciones atrasadas se'
pida' para ellos la inmunidad completa. Los malos instintos humanos son unos mismos en todas
partes; pero donde la cultura y la educación política adolece nde imperfección lamentable, es en
extremo peligroso e inexcusable poner el gobierno y las autoridades, la sociedad y los individuos,
a merced de gentes sin lastre moral, quienes, por
manejar, bien o mal, una pluma, se cren con el
triste privilegio de hacer conocer sin reservas su
malevolencia o enojo. La prensa que se envilece o
se torna en vocero de las malas pasiones y en heraldo de la calumnia, es corrupción y escándalo;
y ninguna sociedad cristiana está en el caso de
prestarle amparo alguno. Esta verdad elemental
no debe jamás olvidarse entre nosotros, para enmienda saludable de los mismos que se empeñan en volver al desborde de otros tiempos.
BIBLIOGRAFIA
,i
JUAN JACOBO
Como más de una vez lo hemos hecho notar en
estas columnas, el fin de este siglo parece ser
de general reacción respecto de hombres y cosas.
Hoy le toca el turno a Rousseau. Como precursor de la revolución y del romanticismo, ha-sido el héroe de un doble culto en Francia: po-
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