reina nació en él: es decir, que al decirlo, la reina, ipso facto

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NOTAS
reina nació en él: es decir, que al decirlo, la reina, ipso facto, nacería
en el mes de quien la convocara.
D i c i e m b r e i n v o c a a l s o l c o m o l a p r e s e n c i a . En él,
Diciembre, el sol se manifiesta con mayor esplendidez; pero no es cierto, porque el sol casi no se presenta en diciembre (el 21 de diciembre,
es el día más corto del año porque se inicia el invierno). Pero Diciembre
gana porque en Diciembre nació la reina, el sol imperial
que vence a
los símbolos. La cronología vence, pues, gracias a la ausencia de símbolos: sol igual al águila imperial igual a lo supremo, pero Diciembre
es la ausencia de sol.
El simbolismo de Diciembre es pura ausencia, así como el de Octubre era el silencio, pero esa ausencia se llena con la cronología (la
cosa) : la lucha entre virtudes y etimología se resuelve en una victoria
de la cronología, en una victoria del origen, en última instancia, en una
victoria del Creador. La prueba: el signo de Capricornio no habla,
no pone ya nada, ninguna práctica de virtud en lucha, se ausenta
discretamente y deja entrar a la cronología.
El mecanismo del simbolismo
va de l a c r o n o l o g í a h a c i a las i m á g e n e s
(cronología, el orden: enero-febreromarzo, etc., que culmina en la interpretación de cada imagen zodiacal) ;
pero el mecanismo de la oposición (de la rivalidad) va hacia el origen,
a culminar el ciclo (comenzamos en enero porque es el primer mes del
año, terminamos con enero y con diciembre porque en enero es la fiesta de María y en diciembre nació María Ana) donde se establece el
dogmatismo: no hay símbolo que valga ante el hecho tal, incontestable,
sin rival (Julio César y los Reyes Católicos, todo) nada rivaliza con
^ste hecho: el origen vence por inefable, porque precisamente carece
de símbolo.
El sol es el símbolo de lo imperial; la ausencia de sol no es el nosímbolo de lo imperial; la ausencia de sol provoca el nacimiento de otro
sol oue es distinto, otro sol que no necesita ser simbolizado.
De esta manera se explica la eliminación de una rivalidad entre las
virtudes v la historia; no hay rivalidad cuando se trata del origen; en
él nada rivaliza. Así tampoco el Pavón y el Fénix; aunque diciembre
venza, no quiere decir que venza el Fénix (lo no-fiio) . Diciembre
habla por su signo (ausencia de signo) y su simbolismo (de diciembre) es nulo; mes y signo se definen por una ausencia: el signo por
una ausencia de cualidades, el mes por una ausencia de jeroglíficos
'el sol).
JORGE AGUILAR
MORA
CAMBIOS DE I D E N T I D A D E N A N A OZORES
Los cambios de identidad del yo tienen su fundamento en la contradicción y paradoja que experimenta el ser entre lo que es y lo que quiere
llegar a ser. La esencia de ser implica permanencia en el tiempo:
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NOTAS
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pasar del pasado al presente y proyectarse en el futuro. Es decir, estar
en continuo cambio: ser, para dejar de ser y comenzar a ser otro, origen
a la vez de una nueva posibilidad 1 . Y es esta contradicción y paradoja la
que mantiene al ser en la existencia. Mientras el proceso ser-no
ser-ser
continúe su gravitación pendular, el no-ser es tan sólo el origen mismo
de una nueva forma de ser2.
Sin embargo, en los cambios de identidad que sufren los personajes
de Leopoldo Alas, estas metamorfosis rara vez provienen del yo original.
Éste, por lo general, trata de mantener su autenticidad y permanencia,
pues todo cambio le produce la quiebra de su estructura unitiva. Las
transformaciones de identidad se efectúan, en general, desde el exterior.
Ordinariamente son los elementos de la sociedad con los que convive
el yo quienes no aceptan a éste como es y superponen en él un yo distinto, para satisfacer cierto grado de aceptación o rechazo.
ANA
OZORES—REGENTA
Ana Ozores se identifica en lo físico, en lo exterior y ante Vetusta,
con la Regenta 3 . E l personaje presenta esta bipolaridad perfectamente
recíproca: " D o ñ a Ana Ozores es la mismísima Regenta" 4 .
1 Por identidad entendemos persistencia en el ser. " T h e existence of one and the
same t h i n g at different times. W h e n I speak of i d e n t i t y judgments or i d e n t i t y statements, I shall generally be referring to judgments or to statements, that are expressible i n sentences of the f o r m : A existing at t' is the same B, existing at t " , where t ;
and t " refer to different times". SYDNEY SHOEMAKER, Self-knoledge
and,
self-identity,
Cornell University Press, 1 9 6 3 , pp. 2 - 3 — W i l l i a m s James dice que " T h e sense of
personal i d e n t i t y is the sense of a sameness perceived by t h o u g h t and predicated
of things thought about. These things are a present self and self of yesterday. T h e
thougt not only thinks t h e m b o t h , b u t thinks that they are i d e n t i c a l " . Principles of
psychology,
t . I , New York, 1 8 9 3 , p p . 331-332.—Hume rechaza la noción de identidad
y continuidad porque reduce el yo a sus percepciones y puesto que éstas son distintas cada vez, niega la identidad. E l profesor A l b u r e y Castell refuta el argumento
de H u m e . "Suppose —dice Castell— a man hears a clock strike twelve. I f he is the
succession of his awarenesses, i f he is not a continuant persisting t h r o u g h the twelve
hearing, how is he able to grasp the succession as a succession and know, after the
last stroke, that there were twelve strokes one after another? I f he is the hearing
of the first stroke, then he passes w i t h that hearing, how w o u l d he recognize the
second stroke as second? I f he sustituted a different listener for each stroke, how
w o u l d the t w e l f t h listener know that he was hearing the twelfth stroke?, The self in
philosophy,
New York, 1 9 6 5 , p. 6 0 .
2 "Paradoxes become cohesive forces that assemble disharmonious elements into
one identifiable h u m a n c o n d i t i o n . T h e y are the things w h i c h defend me. T h e y are
the one w h i c h prevent me f r o m ceasing to be myself. I want to be me". P A U L I L I E ,
Unamuno,
an existential
view of self and society, T h e University of Wisconsin Press,
1967, pp.
115-116.
3 E n lo físico, en lo exterior y ante Vetusta, sí. No en lo psicológico. No ante
ella misma. I n t e r i o r m e n t e , el personaje lucha por escapar de su papel social al mundo de su yo auténtico.
4 LEOPOLDO A L A S , La Regenta
en Obras selectas, Biblioteca Nueva, M a d r i d , 1947,
p. 4 2 8 . Cito por esta edición; en adelante ú n i c a m e n t e m e n c i o n a r é , en el texto, el
n ú m e r o de p á g i n a .
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NOTAS
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Lo de Regenta, más que título nobiliario, funcional o académico, es
la expresión de una individualidad tan humana como la de Ana Ozores.
Es el ser de carne y hueso —a lo U n a m u n o 5 - que viste, calza, se desmaya
y está en contacto con la sociedad de su tiempo.
La identificación Ana Ozores-Regenta es tan perfecta y exclusiva que
ninguno de estos calificativos puede ser aplicado con propiedad a otra
persona sin destruir el concepto que ellos encierran. La Regenta es el
mismo yo, único y auténtico de Ana Ozores. Clarín insiste en esta identidad: " L a Regenta, en Vetusta, era para siempre la de Quintañar de
la ilustre familia vetustense de los Ozores. En cuanto a la advenediza
tuvo que perdonar y contentarse con ser la otra Regenta" (p. 34).
ANA
O Z O R E S — L A OTRA
Contra este concepto de autenticidad personal que se cierra en torno
de la bipolaridad Ana Ozores-Regenta, surgen las diferentes metamorfosis de Ana.
La Ana Ozores-Regenta pierde esta identidad bipolar cuando se
identifica sólo uno de estos componentes con otros personajes. La personalidad de Ana-Regenta, sigue para este efecto, la regla "dos cosas
iguales a una tercera son iguales entre sí", o como expondríamos para
nuestro propósito: dos cosas no iguales a una tercera, no son iguales
entre sí. Si Ana de alguna manera es identificada a x, pero x no guarda
relación de identidad con la Regenta, Ana-Regenta rechaza la pretendida identificación con x. El personaje x que no es por tanto el doble
de Ana-Regenta aparece bajo el concepto del otro. U n otro identificable
únicamente con Ana, o con la Regenta, pero no con la composición
bivalente de estos dos elementos. Así, el Magistral dice que "Ana, la
otra, era una desconocida" (p. 429). Hay u n desdoblamiento de la personalidad de la Ozores. La que ve el Magistral es desintegración de la
Ozores-Regenta de Vetusta. La pasión de Fermín por Ana trata de transformar a la Ana-Regenta en una Ana-Fermín, carne y propiedad del
Magistral. Pero esta Ana-Fermín no es la Ana de carne y hueso de Vetusta.
El descubrimiento de esta irreversibilidad produce en el Magistral
la visión de la otra Ana. La que él lleva dentro de sí es " u n cuerpo
extraño que se le ha atravesado en el corazón" (loe. cit.).
Igual proyección descubre Visitación en Ana Ozores, al mirar "por
entre las rejas, con disimulo, para ver si estaba la otra" (p. 266). La
identificación Ana Ozores-Visitación es una metamorfosis que expresa
identificación únicamente en el plano moral. L a Ana-Visitación está
lejos de ser la Ana-Regenta de doble polaridad. Es, sí, otra Ana, hermana gemela de la sensualidad de Visitación y como ésta, "víctima de la
tentación y el placer" (loe. cit.).
El mismo Alvaro Mesía cambia la identidad de Ana Ozores-Regenta
ai espiritualizar las percepciones que tiene de ella. La de Quintanar se
presenta ante él como una mujer distinta de las otras: "había que con5 U N A M U N O , en Obras
completas,
t , 4 , M a d r i d , 1 9 5 0 - 1 9 6 4 , p . 461.
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quistarla como a una virgen" (p. 496). Esta proyección nueva orienta,
de momento, las relaciones personales de Alvaro. Éstas tienen que buscarse y encontrarse en u n plano que no sea material o sensual sino platónico.
La contradicción y paradoja llegan a su climax cuando la misma
sociedad de Vetusta, que ha hecho de A n a Ozores la Regenta, trata de
superponer en ella individualizaciones espirituales. La presencia de Ana
en el salón del Casino proyecta en el público imágenes de la Regenta,
de la Virgen de la Silla y de la Venus de-Milo (p. 419). Rudesincia, la
hija mayor del Barón, haciéndose eco del sentir del público, sintetiza a
Ana estas impresiones: "¡Pero qué divina, Ana, pero qué divinal"
(p. 420). Sin embargo, aunque Vetusta no vea contradicción en la comparación Ana-Regenta y Ana-divina, la espiritualización de la de Quintanar nos aleja de la Ana-Regenta de carne y hueso.
Si el compuesto Ana Ozores-Regenta rechaza la identificación con x
por aquello de que la parte no es igual al todo, la presencia de la otra
provoca la disección de este compuesto. Se trata de u n proceso de interiorización: Ana rechaza la identificación con ia Regenta. Ella se encuentra a sí misma, no ya en lo físico, exterior y ante Vetusta, sino
en sus sensaciones, deseos y anhelos de espiritualidad. Por eso ve "en el
confesonario del Magistral u n alma hermana"
(p. 277) y puede hablar
con Mesía, ocasionalmente, como con "otro hermano del alma" (p. 487).
L a tendencia de la Ozores hacia la prescindencia de lo exterior y
corporal para explicarse de acuerdo a los deseos de su yo interior impiden, en eila, la apreciación de su individualidad compleja y la visión
objetiva de la realidad del mundo exterior. En su análisis interior, Ana
se encuentra divinizabie. Trata de dar forma concreta a esta imagen
interior y se proyecta no como Ana-Regenta sino como Ana-Virgen: Se
parecía a la Virgen, a la Virgen de ia Silla" (p. 41). En el espejo,
frente a ella y midiendo sus formas, está ia imagen que responde a sus
anhelos. La Regenta la observa en silencio, sin dudar de la realidad
que ve, como Don Quijote no duda de los gigantes que él observa en los
molinos de viento de Santo Panza6. Ana cree y acepta su espiritualización. Ella es la Virgen de la Silla, de la misma manera que ella es la
imagen del espejo que refleja su cuerpo y ésta es, a la vez, ia proyección
de la virgen. Este cambio de identidad que Ana Ozores acepta como
suyo es la superposición de una realidad sobre otra, después de destrozar la primera. La Ana interior rechaza a la exterior para quedarse con
su yo espiritualizado en el que ella cree explicarse.
6 E n esta escena vemos la división de la i n d i v i d u a l i d a d de A n a . Ella se define
en los dos yo que se observan: el del espejo y el eme está fuera. E l proceso del reconocimiento de A n a en el espejo es distinto del que habla U n a m u n o : " H e a q u í porqué
no puedo m i r a r m e u n rato a l espejo, porque al p u n t o se me van los ojos tras de
mis ojos, tras de su retrato, y desde que m i r o a m i mirada me siento vaciarme de
m í mismo, perder m i historia, m i leyenda, m i novela, volver a m i inconsciencia, al
pasado, a la nada". Obras completas, t . 10, p p . 864-865.
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NOTAS
L A A N A OZORES
DE IDEALIZACIONES
MÚLTIPLES
La Ana Ozores-Regenta presenta también metamorfosis ideales y
múltiples. Para la de Vegallana "es una estatua griega" (p. 75), "Es la
Venus de M i l o o la de Médicis", de acuerdo a Ronzal y Saturnino Bermúdez; "Es
un Fidias, un Praxiteles, u n bijou"
(loe.
cit.).
La identidad de Ana-Regenta desaparece para expresarse únicamente
por manifestaciones de belleza que progresan de lo concreto a lo abstracto. La belleza específica de la Venus de M i l o se disuelve en lo bello
de Fidias o de Praxiteles, y de aquí se pasa a la belleza genérica de la
joya de brillantes. Estos cambios de identidad acusan una falta de cap
tación del yo complejo de Ana-Regen ta. Quienes observan a la Ozores
sólo miran en ella las líneas de su cuerpo y la gracia de sus movimientos,
y con esta impresión externa del yo conforman el nuevo ser. Pero la
comparación no presenta términos reversibles. Las líneas exteriores de
Ana son parte de ésta pero no el yo total. Otra vez la identificación
de la parte con el todo distorsiona la autenticidad de la Ozores y destruye su individualidad.
Igual falta de captación del yo total y parecida idealización hace
don Víctor Quintanar. A la mirada de don Víctor, Ana no es n i la Regenta, n i la Virgen de la Silla, n i una estatua griega. Es tan sólo " u n
modelo de esposas" (p. 500) que él define como la aceptación de los
gustos del esposo. Don Víctor cambia la identidad del yo de Ana-Regenta. Ve en su esposa únicamente el yo ideal que él ha fraguado en su
interior y que ahora coincide con el comportamiento exterior de su
mujer. La idealización de Ana no se produce, en este caso, en el yo original n i a propósito de éste. El yo ideal es un yo preconcebido que se
quiere hacer coincidir con el yo exterior. La identificación Regentamodelo de esposas, sólo sucede a los ojos de Quintanar, pues él es el
único que posee tal patrón interior. El lector rechaza este cambio de
identidad. En el capítulo anterior presenciamos la culminación de la
conquista de Mesía. Ana ha cedido a sus ataques y se ha convertido
en adúltera. Y es esta caracterización la que desde entonces domina en
el libro hasta el final e impone u n nuevo matiz en la complicada personalidad de la Ozores. La Ana-modelo de esposas que don Víctor descubre en su mujer se presenta como la ilusión de u n visionario que
vive de espaldas a la realidad.
L A A N A OZORES DEL
RIDÍCULO
La metamorfosis de Ana se presenta también en otra serie cuyo elemento genérico es lo despectivo y ridículo. Ana-Regenta se transforma, a
las miradas del público en "la loca que había caído en una especie de
prostitución s i n g u l a r . . . Era la tonta, la literata, Jorge Sandio, la mística,
la fatua, la loca sin vergüenza" (p. 458). Desaparece el mundo de belleza y en su lugar asoma el del absurdo y el del ridículo. Esta otra Ana
contrasta con todas las que hemos conocido antes. Es la anti-Ana. Una
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NOTAS
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Ana que niega el mundo mágico creado por la Ana-Regenta. Lo paradójico consiste en que esta anti-Ana no es una creación apriorística, sin
contacto con la realidad. A l contrario, ésta surge del yo original que
momentos antes encarnaba reproducciones de belleza. El cambio de
identidad se presenta como la representación concreta de las acciones o
intenciones de la Ozores. El marqués ve en Ana u n Belisario Zumarri,
alias Vinagre (p. 453) porque encuentra tanto en éste como en aquélla,
dos términos de ecuación matemática comparables con lo nazareno.
El
público acepta también este proceso: si lo nazareno es exclusivo de la
personalidad de Vinagre, y ahora la Ozores manifiesta esta característica,
la Regenta y Vinagre se confunden en u n todo uniforme. De aquí que
durante la procesión de Viernes Santo la presencia de Ana provoque
ése: " ¡ Y a llegan! ¡Ya llegan!" (p. 456), término que rechaza toda individualidad específica para designar únicamente u n todo homogéneo que
agrupa a las dos personalidades y las disuelve en el ridículo espiritual
que representan. Don Víctor Quintanar ve, en cambio, en su esposa
el " v i l instrumento y la esclava" (loe. cit.) de los deseos del Magistral.
Ana-Regenta convertida en esclava romana es u n cambio de identidad que sorprende, no tanto por el ridículo que evoca, sino sobre todo
porque este cambio se nos ofrece como el más radical de todos. En los
otros cambios de identidad advertimos cierta representación de un aspecto parcial de Ana. A l transformarse la Regenta en la esclava romana
presenciamos el destrozo de su libertad. Su individualidad llega a ser
materia de subordinación y como tal está sujeta al capricho de cualquier determinación. Por eso, la marquesa hace de Ana, en aquel momento, " u n mamarracho" (p. 452) en el que desaparece todo recuerdo
de la presencia humana de Ana-Regenta y manifiesta únicamente una
caricatura con notas de degradación y desprecio.
Como hemos dicho, en general, los cambios de identidad provienen
no del yo original, sino de los elementos de la sociedad con quienes
aquél convive. Éstos transforman al yo original de acuerdo a sus impresiones y deseos. Esto no quiere decir, sin embargo, que el cambio se
realice en esferas exteriores que en nada afectan la autenticidad interior
del yo. Ana Ozores, la Regenta, es vulnerable a estos cambios de identidad. Ella siente la presencia del ridículo y éste hace vacilar al yo
original 7 : " M e cegó m i vanidad, no la piedad, pensaba. Yo también soy
cómica, soy lo que m i marido" (p. 458). La individualidad de Ana
Ozores fluctúa tanto a su mirada como a la mirada de los otros. La
percepción del ridículo llega a ser no sólo u n hecho de fragmentación
de la personalidad sino también u n síntoma de evasión moral y de angustia existencial.
La percepción de una personalidad identificable con el ridículo provoca también en Ana reacciones de desdén y desprecio de sí misma. La
7 E l otro, como expresa I L I E (op. cit., p . 92) , aparece por la desaparición; del yo
original: "As soon as consciousness begins to o p é r a t e reñexively, the loss of self is
inmediate. Part of the self is objectified and this fragment is either alienated or
estranged for the rest of the ego. T h e objectified fragment is now called an other,
and furthermore, becomes a possession of the self. I t loses its subjective relationship
to the self and is now an object".
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NOTAS
incei tidumbre de que quizá "había sido ella una T r i f o n a " (p. 264) 8 le
hace aceptar como suyo "el espíritu falso, torcido, de la poetisa que por
algo el buen sentido vulgar desprecia" (p. 264). Ana Ozores llega a ser
espectáculo de su burla. Se objetiviza en algo distinto de lo que es y
se desintegra en la ironía 9 .
A l reducirse a la poetisa vulgar, a "aquel ente híbrido y abominante
de que se hablaba en Vetusta como de los monstruos asquerosos y horribles" (p. 79), Ana-Regenta se olvida de su complejidad individual.
La Ozores cambia su identidad por una imagen, réplica de Trifón Cármenes a la vez que expresión de sus recuerdos. Los sentimientos de
vulgaridad, desprecio y falsedad se suman a la visión de su yo. El ridículo
nace del contraste entre "el mundo de las cosas grandes, las ideas puras
y bellas, confundidas con la prosa y la falsedad y la maldad" (p. 264).
Estos cambios de identidad que ridiculizan a la Ana auténtica nos
demuestran las fluctuaciones degradantes que proyecta su personalidad,
en circunstancias especiales, a la mirada de quienes se niegan a atender
la complejidad de la estructura unitiva de la Regenta. Estas metamorfosis no son más que el resultado de u n proceso inverso a los que
producen los cambios de identidad espiritualizadores e idealizantes. Sólo
la mirada objetiva de quien ausculta sin pasión el interior y el exterior
del yo de Ana nos conduce a la auténtica individualidad y personalidad de Ana Ozores, la mismísima Regenta de Vetusta.
FRANKLIN
PROAÑO
Denison University.
A L G O SOBRE LAS C R I A T U R A S DE J U A N B E N E T
En varios relatos y novelas Juan Benet presenta u n mundo cuya
característica fundamental está bien definida por Gonzalo Sobejano al
atribuirle una "realidad enrarecida" 1 . Enrarecida en dos sentidos: insólita, por una parte, y por otra, como desplazada y menguada en su
cohesión y densidad por la invasión de u n elemento de fantasía que
coexiste con ella y la penetra.
Seis son, hasta hoy, las obras narrativas —no a todas ellas se las puede
llamar novelas— en las que Benet presenta ese mundo 2 , pero dos ofrecen
8 T r i f ó n Cármenes era " e l articulista de necedades ensartadas en lugares comunes; de retórica fiambre, sin pizca de sinceridad" (p. 264) .
9 P. I L I E (op. cit., p. 45) advierte este proceso: " T h e structure of the ego disintegrates by means of a conscious act of self-objectification. W i t h i n this posture i t
is possible to assume, at the same time, an actitude of irony. Self-mockery thus becomes
another f o r m of self-corrosion. B u t , since only one part of the i n d i v i d u a l eats away
at the other, the i n d i v i d u a l himself remains sufficiently intact to watch the drama
of his o w n self-destruction".
1 G O N Z A L O S O B E J A N O , Novela
española
de nuestro tiempo. En busca del pueblo
perdido, M a d r i d , 1970, p. 403.
2 Nunca llegarás a nada, Volverás a Región, Una meditación, Un viaje de invierno,
La tumba y La otra casa de Mazón. Estando en prensa estas líneas apareció Sub rosa,
l i b r o de relatos.
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