Diálogo de las Carmelitas CUANDO Georges Bernanos

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Diálogo
de
Georges Bernanos se decidió, a comienzos de 1948, a escribir [os "Diálogos
C UANDO
de las Carmelitas", nu sabia que estaba
próximo a morir. El Padre Raimundo Bruckberger le había propuesto, hacía tiempo, que- redactara un escenario cinematográfico basado LTI
la celebre novela "La última en el cadalso", de
Gertrudis von Le Fort. Bernanos dudaba, nu
porque el lema no le interésala, sino por la inestabilidad de su situación personal. Después de
un exilio voluntario de siete años en el Brasil,
había vuelto a Francia en 194Ü, llamado por el
General de Caulle. Decepcionado una vez mas
de la política francesa, ya enfermo, abandonó su
palria y se fue a insíalar a Túnez. Allí, entre
caen) y marzo de 1948. escribió los "Diálogos de
las Carmelitas", Al dia siguiente de terminarlos.
cayó a ia cama, de donde ya no se iba a levanlar. Trasladado con urgencia a París, fue operado y minió el 5 de julio.
Los "Diálogos" son, pues, su ultima obra, su
testamento. Desde varios puntos de vista, ellos
representan una .síntesis de su pensamiento.
Allí aparecen casi todos sus grandes temas, reunidos en un conjunto denso, sin lugar para lo
superfluo. La diferencia principal entre esta
obra final y sus novelas anteriores como "Bajo
el So! de Satán", "La Alegría", "Diario de un
Cura de Campo" o "El Señor Ouine", es una
diferencia de tono. Mientras en éstas el conflicto entre el bien y el mal tenía un carácter
angustioso, casi asfixiante, aquí en los "Diálogus" la inocencia es mucho más poderosa. Se
la siente vencedora desde el primer instante.
¿Es que Berruinos en la cercanía de su propio
desenlace sentía que Dios triunfaba siempre, de
todas maneras? ¿Que Satán, al fin de cuentas,
no es un adversario digno de Dios?
El argumento de los "Diálogos" es bien simple. Blanca de la Forcé, marcada desde su nacimiento por un miedo avasallador frente a la
vida, se hace carmelita, Busca ella en el convento un refugio contra los peligros y las excitaciones del mundo. Pero la Revolución estalla
en Francia, y los conventos pasan a ser lugares
sospechosos. Al cabo de corlo tiempo, las carmelitas son detenidas, sometidas a proceso, y
por fin, condenadas a morir guillotinadas. ¿Será
capa?. Blanca de afrontar la muerte con sus
compañeras? ¿Podra ella transformar su miedo
en un sentimiento sobrenatural?
Como se ve, la acción de esta obra es rectilínea, sin desviaciones. Es, en rigor, la evolución de un alma temerosa frente a la posibilidad del martirio. Pero en MI simplicidad hay
las
Carmelitas
mucha sustancia; en su desarrollo, una gran
riqueza de ideas religiosas.
Blanca de la Forcé se siente infamada poi
MI tendencia al miedo. Es un delecto que le impide todo heroísmo, a ella, descendiente de héroes. Que la paraliza en la inacción. La primera etapa de su progreso consistirá precisamente
en llegar a darse cuenta que ese "defecto" es
una marca de Dios, una señal precisa de lo
que É.I desea de ella. Es decir, una "vocación":
"La fragilidad de mi naturaleza no es una simple humillación que Dios me impone. Sino un
signo de Su Voluntad sobre su pobre sirvienta".
Esta toma de conciencia motiva su entrada al
Carmelo.
I .i segunda etapa es mucho más difícil. Su
destino de oración y silencio, que tan bien se
aviene a su naturaleza, es cambiado bruscamente por voluntad expresa de Dios. Él parece
no conformarse eon la entrega contemplativa )
exige la entrega cruenta del martirio. Blanc
vacila, aterrada. ¿Es una broma cruel de Dios,
que parece complacerse en acorrarlarla? Blanca deberá, a paso lento, subir a su monte Cal\ario, comprender poco a poco que e! martirio es la última consecuencia de la contemplación.
Pero para poder afrontar la muerte ¿de donde sacar la fuerza? Su naturaleza es débil. En
vano trata ella íle formar resoluciones, de extraer de sus pobres arterias la sangre ardiente
de los de la Forcc. Inútil. No encuentra en sí
misma ta menor reserva de valentía.
El auxilio tendrá que \enir de fuera. Y aquí
Bernanos hace intervenir la grandiosa concep*
ción del Cuerpo Místico, en virtud de la cual iti
gracia, como en los vasos comunicantes, puede
trasladarse de un ser a otro y provocar los resultados más sorprendentes.
La Madre Priora del convenio carmelita, mía
anciana a quien Blanca fue confiada al entrar
a la orden, siente su responsabilidad maternal.
La llama "hija de su vejez". Pronto comprende
hasta qué punto el miedo puede limitar las posibilidades de santificación de Blanca. Entonces,
libremente, movida por su amor, la Priora ofrece a Dios intercambiar su muerte eon la de
Blanca; tomar sobre si el miedo y la angustia.
para que Blanca pueda encontrar la fuerza.
La gigantesca mutación se produce. Esta especie de injerto espiritual es aceptado por Dios.
La prueba de ello es que luego asistimos a una
agonía inesperada de la Priora. Una agonía en
la oscuridad, llena de temores y vacilaciones.
Una agonía que no tiene la menor relación con
la personalidad de la moribunda, con su energía indomable, con su serenidad- Las religiosas
II AT R o
que asislen a esto final incongruente se miran
unas a otras sin comprender: "¿Quien iba a pensar que le iba a costar tanlo morir? ¿Que no iba
a saber morir? Se diría que el buen Dio-, se
equivocó de muerte con ella, como en la ropería, cuando a una le entregan otro habito en vez
del que corresponde?..." Y después este comenlario luminoso, cla\c de toda la obra: "Quizás no muere cada unu por si mismo, sino unos
por otros, o aún, unos en vez de otros..."
Esta concepción activista del Cuerpo Místico
caracteriza el universo de Bernanos. Desde sus
primeras novelas y ensayos se sentía .su visión
de los seres humanos, no como islas disemina
"Diálogo de las Carmelitas" acaba de ser
por el Teatro de Ensayo de
E Llarepresentado
Universidad Católica. La representación
de esta obra densa y dilicil —más uue. teatro es
una novela dialogada— constituye un verdadero
riesgo aun para un conjunto teatral maduro. En
nuestro caso el riesgo era doble ya que a la representación se sumaba una traducción y una
adaptación. Creemos sin embargo que el riesgo ha sido superado y que se ha logrado un
auténtico éxito. El Teatro de Ensayo puede estar
orgulloso. No nos es posible aquí mencionar a
todos los actores femeninos —los masculinos nos
parecen notoriamente deficientes, sobre todo los
soldados, el comisario y el capellán—, pero no
podemos tampoco silenciar la magnifica actuar
don de Ana González en su papel de María de
la Encarnación; de Silvia Piñeira encarnando
a Sor Teresa, de Eva Knobel como Priora, de
Carla Cristi como sor Constanza, y de Amainaría
Vergara en el papel central y difícil de Blanca
de la Forcé.
En ta actuación de Ana González reconocemos plenamente el complejo personaje creado
por Bernanos: mezcla de humildad y de orgullo, de bondad y de dureza, de santidad y de
exaltación fanática. Noble de raza, segura de si
misma, despreciando toda flaqueza y todo compromiso, ve en el martirio la muerte heroica, el
¿irán gesto. Pero solo después comprenderá que
el martirio no es una conquista sino un don, una
gracia; que a Dios se llega no con la voluntad
tensa sino con el corazón abierto. No subimos
a £1 sino es El quien desciende a nuestra debilidad. La débil, cobarde, tímida Blanca dará
con su muerte el sentido a una vida aparentemente absurda; la impávida y firme María de
la Encarnación será la única que no logra la
corona tan anhelada. Su martirio será aceptar
una vida desteñida y anónima. Él es quien llama; Él quien nos da la vida y la muerte. Lo
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das en un océano hostil, sino como partes de
un todo, inter-relacionadas y necesarias unas
respecto a otras Concepción consoladora en
que Jos fuertes ayudan a los débiles y los fervientes ,i los, indecisos. Es esa concepción la que
intuyó oscuramente Blanca de la Forcé al entrar
al Carmelo. De alguna manera misteriosa, ella
.sabia que al participar de la oración comunitaria, podría participar algún día de otros dones
indispensables. No, no murió en vano la Priora. Al subir al cadalso, Blanca debe haber comprendido uue en ese momento se derramaba sobre ella el tesoro ilimitado de gracias del Cuerpo Místico.
t-'ernandu Debesa ( * )
que importa —la santidad— es la aceptación
simple, confiada y alegre. La aceptación prudente y sencilla de Sor Teresa; la aceptación
límpida y sonriente de Cunsianza. •
Y ya que hablarnos de la representación, senos ocurre una critica o más bien una sugerencia. No nos parece acertada la interpretación
del Director en lo que toca a la muerte de Blanca. Se la ve acercarse al cadalso pálida, atún
tada. vacilante. Más que al triunfo de la gracia
divina tenemos la impresión de asistir a un enajenamiento humano; como que Blanca hubiese
perdido la razón \, sin saber exactamente lo
que hace —maquinalmenle, automáticamente—.
siguiese el destino de sus compañeras. La idea
de Bernanos es, sin embargo, clara. Dios ha
llamado a esa débil niña; la Priora asumió su
muerte atormentada > le ecdiu la que había
ella merecido. Blanca se libera por íin de ese
terrible miedo que había sido tuda su vida. Debía, por consiguiente, aparecer en la última escena liberada, transfigurada. No es el débil pajarito que corre a la muerte como hipnotizado:
es l.i fortaleza de Dios —el amor triunfante—
que transforma un corazón y que lo hace avanzar libre, sonriente, vencedor, mientras los labios modulan el "Veni Crcator". No va Blanca
a! cadalso como arrastrada sino es elia —por
primera vez— la que quiere libremente ir; su
muerte no es miedo o embotamiento sino un
maravilloso v puro acto de amor.
H LA
f*l Fcrmimio Dcbcsa nució en áantiaca en I'IJI. (!•••
iilmiii de arquitecto m l.i I itiversidad < itálica de Chile, vioji ii Europa, becada por el gobierna [raacés, para
repeciillizarsc -'M Kccno^rofjA. Coa P-.-dru Morthrim tundo i'ti IM5 el teatro de Ensayo. Desic W50 escribe teatro, pero s*tl" ha dado *t contoaer Mama Itn.ia, t-tiíi j;rIK'T-ÜI beneplácito. Es Profesor <1c la Escuela de 1'fuirn
de lu Universidad tic Chile. i\, de !u R.i.
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