¿Por qué no hacer de la clase un recreo?

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Adrián Paenza
“¿Por qué no hacer de la clase un recreo?”
PERFIL:
Adrián Paenza. Dr. en Ciencias Matemáticas de la UBA y periodista deportivo. Premios Konex de
Platino a la Divulgación Científica; El Periodismo Deportivo Audiovisual y Martín Fierro por el
programa “Científicos Industria Argentina”. Autor de los libros “Matemáticas estás ahí”, Episodios I,
II y III.
En una extensa entrevista con ABC, Adrián Paenza reflexiona sobre cómo debería
enseñarse la matemática en las escuelas. Sostiene que es necesario que esté
relacionada con la vida cotidiana. Y sueña con que haya un matemático de consulta
en cada escuela.
Conocido como periodista deportivo, emuló esa fama como un científico que derribó
el mito de que la matemática es aburrida e incomprensible, mediante sus libros,
convertidos en éxitos de ventas y traducidos a varios idiomas. En este reportaje realizado
vía telefónica a Nueva York, una de las ciudades donde trabaja, afirma que la enseñanza
de la matemática en la escuela no tiene relación con la vida cotidiana; que hay teorías que
ayudan a comprenderla pero que recién se estudian en la universidad; que la riqueza
intelectual está mal distribuida en la Argentina, y que es un derecho humano a defender
que alumnos y docentes tengan acceso a la conectividad, a las mismas herramientas que
el mundo empieza a tener. También asegura que éste es el mejor momento para la ciencia
como promesa de lo que puede pasar en el país.
ABC: Usted dice que la gente odia la matemática porque no conoce a la verdadera,
y que tal como se enseña en la escuela responde a preguntas arcaicas, quitándole interés.
¿Cómo debería enseñársela entonces para que resulte más atractiva?
Adrián Paenza: Si la matemática que se sigue enseñando hoy tiene relación con lo
que se enseñaba cuando empezó, hace 300 o 400 años, uno debe preguntarse por qué se
enseñaba eso antes y por qué hoy. En la matemática, después de aprendidas las cosas
básicas, lo primero que vienen son los problemas. Por ejemplo, el recíproco del teorema de
Pitágoras, en aquel momento ayudaba a medir ángulos rectos, y eso tenía una
connotación muy directa con lo que pasaba en la época de los griegos, en la que no se
podía medir el ángulo recto porque no había escuadras. Ese teorema les resolvía un
problema que había en la sociedad. Yo sigo creyendo que el teorema de Pitágoras hay
que enseñarlo, pero en aquel momento quedaba claro que uno estudiaba algo porque le
servía para aplicarlo; lo primero que venía era el problema, después la solución.
ABC: ¿Y ahora?
Adrián Paenza: Si nosotros acá seguimos enseñando primero las soluciones,
entonces el otro tiene derecho a preguntar ¿usted me está enseñando la solución a qué
problema?, porque yo no tengo ese problema, hoy escuadras hay. Uno podría decir yo lo
sigo enseñando por las dudas que usted tenga que hacer una escuadra, pero si necesitara
una escuadra no usaría ahora aquellos métodos. Por supuesto que el teorema podría
seguir enseñándolo porque tiene otras aplicaciones, pero lo que uno tiene que hacer es
preguntarse cuáles son los problemas que resuelvo. A lo mejor tendríamos que sentarnos
todos, y con los especialistas, para ver qué relación tiene lo que enseñamos con la vida
cotidiana, cómo podemos atrapar a los chicos para mostrarles que les enseñamos algo de
utilidad.
ABC: Es una enseñanza anacrónica.
Adrián Paenza: Por ejemplo, una persona que aprende a manejar entiende que
debe superar la humillación de no saber. Uno se siente un idiota porque parece todo tan
sencillo. Y en realidad la teoría es muy sencilla, pero implementarla es muy complicado.
Pero uno supera esa dificultad del aprendizaje porque sabe que el premio que tiene
después lo vale. O sea, uno es mejor si sabe manejar porque está en mejores condiciones,
tiene más independencia, obtiene una ventaja. La matemática no les ofrece eso a los
chicos. Los alumnos tienen que sentarse y aprender una cantidad de cosas sin entender
para qué lo hacen ni para qué les va a servir en lo inmediato.
ABC: ¿Cuál es su propuesta?
Adrián Paenza: Tengo una que pensé hace muy poquito tiempo y que inclusive
quisiera planteársela al Ministro de Educación de la Nación, Juan Tedesco. No sé si es
fácil o difícil de implementar, pero me gustaría que en todas las escuelas se contratara a
un licenciado en Matemática para que pueda ser una persona de consulta. Muchas veces,
el tipo de dudas que tienen los docentes es razonable porque no tienen dónde consultar.
Yo empezaría por ahí. Primero, se generaría una masa de trabajo maravillosa. Segundo,
chicos, maestros y profesores podrían preguntar sobre cada una de las cosas y no repetir
algo sin sentido, como los casos de factoreo. Cuando yo iba al colegio me enseñaban los
distintos casos de factoreo, y eso es una mentira. Ponerle un rótulo a eso y que alguien
tenga que aprender esto corresponde al tercero o al cuarto caso de factores, es realmente
una pérdida de tiempo, no existe, no se usa.
ABC: Usted quiere decir que la matemática tal como se utiliza queda
desacompasada del presente.
Adrián Paenza: Por ejemplo, hay una rama de la matemática que es la teoría de
juegos, y uno tiene que llegar a la universidad para verla, cuando es perfectamente
comprensible antes. Los chicos van al colegio a jugar, si pudieran irían por el recreo, la
parte que más disfrutan. ¿Por qué no hacer de la clase un recreo, entonces? La teoría de
juegos involucraría eso que es aprender a jugar, a establecer estrategias, a estimar, a
planificar, y nosotros dejamos eso afuera y esperamos a que el chico llegue a la
universidad para contárselo. Hay algo que no funciona. Ése es un ejemplo de qué
matemática hay que enseñar, o al menos considerarlo. Habría que ver qué parte enseñar,
cómo enseñarla, qué tipo de estrategias. Pero establecer una estrategia, demostrar que la
matemática no ayuda a tomar una decisión pero sí a estar más educado antes de tomarla
y saber qué es lo que uno está haciendo. Desde ese lugar a mí me cuesta trabajo creer
que no lo planteemos, pero no solamente en la Argentina, sino en el mundo.
ABC: La modernización lleva a la mayor difusión de la educación. Justamente, en
la Provincia de Buenos Aires se está perfilando un plan de conectividad para 5 mil
escuelas, buscando ese crecimiento educativo. ¿Cómo entiende esta contribución?
Adrián Paenza: Poder conectar a las escuelas es como decir hace años, les vamos
a poner teléfonos a las escuelas, les vamos a poner luz, agua. Hoy no hay manera de no
estar conectado. No estar conectado significa negarle a los chicos, a los maestros, una
herramienta que el mundo empieza a tener. Por supuesto que hay algunos privilegiados,
como yo, que tenemos las herramientas hace mucho tiempo. Entonces estamos mejor, nos
da más alternativas como el tener dinero. El dinero permite tener acceso a la información y
cuanto más informado y educado está uno, está en mejores condiciones. No nos hace una
mejor persona, pero nos damos a nosotros mismos una posibilidad. Cómo no vamos a
pelear nosotros para que esas condiciones estén repartidas en forma igualitaria. No
alcanza con decir que el reparto de la riqueza es inequitativo en la Argentina. Es cierto que
esto es así, pero no es solamente la riqueza material la que está mal o inequitativamente
distribuida, sino que la riqueza intelectual también. Ésa es otra forma de derecho humano.
Nosotros tenemos que defender ese derecho como para que los chicos y los docentes,
todos, tengan acceso a las mismas herramientas. Entonces la respuesta es por supuesto
que la conectividad de las escuelas va a ayudar; no hay manera de que no ayude.
La hora de la ciencia
ABC: La matemática como conocimiento se inscribe dentro de la ciencia, ¿cuál es
el panorama para la ciencia en nuestro país hoy?
Adrián Paenza: Estamos en las mejores condiciones desde la irrupción de la
dictadura militar en 1966. Yo estaba en la Facultad cuando se produjo el golpe de
Onganía. Creo que éste debe ser el mejor momento como promesa de lo que puede
pasar en el país. El hecho de que se haya creado un Ministerio de Ciencia, Tecnología e
Innovación Productiva es un episodio fundacional para la historia de la Argentina. Por
supuesto que no alcanza con eso: después hay que darle fondos al Ministerio y hay que
llenarlo de contenidos. Pero es mejor tenerlo que no tenerlo. Además, quien lo
encabeza, Lino Barañao, ha trabajado en la gestión en los últimos cuatro años al frente
de la Agencia Nacional de Promociones Científicas y Técnicas; o sea que es un
científico activo y que está en la gestión. Es lo mejor que le pudo pasar a la Argentina.
ABC: ¿Por qué es tan importante que ya estuviera en la gestión?
Paenza: Imagínense que antes, para que un científico pudiera acceder a los
niveles de decisión que tiene el país, es decir, contactarse con el Presidente o el Jefe de
Gabinete, siempre era a partir de hacer una cadena hasta acceder a la gente que se
quería y, de esa manera, es difícil que la información llegue bien. Lino Barañao ahora es
Ministro, él levanta el teléfono y habla con la Presidenta y le dice qué precisa. Creo que
todo esto marca que vamos en una dirección que, por lo menos a mí, me satisface.
ABC: Dice que éste es el mejor momento para la ciencia en nuestro país, ¿qué
falta para poner en un contexto internacional a los científicos argentinos?
Paenza: Incrementar el presupuesto. Lo primero es aumentar el porcentaje del
Producto Bruto Interno, hay que concretar eso que históricamente decimos de llevarlo al
1 por ciento. La promesa es que llegará a ese porcentaje en el 2010. Pero hay que
hacerlo, empecemos por ahí. El dinero solo tampoco alcanza y se necesita la
planificación. Al país hay que pensarlo. Está la gente, la geografía y una tradición, pero
necesitamos decidir qué queremos ser, hacia dónde ir. El país tiene ciertas ventajas
geográficas y políticas. Todo este tipo de cosas hay que discutirlas. La conformación
social, el tipo de gente que tenemos en el país es diferente, somos distintos, nos guste
o no. Tenemos diferencias respecto a lo que sucede en otros países del mundo con
otras culturas, entonces así como los chinos o la gente de Singapur trata de explotar las
habilidades que tienen, tenemos que descubrir cuáles son las nuestras y explotarlas;
saber qué queremos ser, si fuertes en tecnología, biotecnología, nanotecnología, en la
biónica, en criptografía, en clonación, es decir, hacia qué lugar queremos ir. No
podemos ir hacia todos.
ABC: ¿Podemos deducir entonces que la educación, la ciencia y la tecnología
garantizan el desarrollo sustentable?
Paenza: No sé si son los únicos garantes, pero por lo menos necesitamos que
todos estemos en las mismas condiciones. Las personas que están en el conurbano no
están en las mismas condiciones que yo, que tengo acceso a poder leer lo que quiero
desde cualquier parte del mundo, y eso es una ventaja. El acceso a la información se
paga mucho en el mundo de hoy, no hay cosa más valiosa que la información. Pero la
información no es sólo el saber por saber. Si una persona tiene un problema de salud,
quiere ir al mejor médico, al mejor centro de salud, al que tenga el aparato más moderno y
utilizar la tecnología más adecuada o más de punta, porque uno quiere darse las mejores
condiciones. Bueno, nosotros necesitamos que esas mejores condiciones estén
repartidas para todos, no para un grupo de privilegiados
Igualdad y calidad educativa
ABC: Muchos docentes han leído sus libros y les gustaría alguna sugerencia de
cómo enseñar matemática para que a los chicos les resulte más interesante...
Paenza: Me resulta muy difícil dar una sugerencia en forma genérica porque no
tengo ninguna experiencia con chicos más que con los que tengo alrededor mío, aunque
disfruto mucho de ellos y tengo una muy buena relación porque trato de ponerme en sus
zapatos. Básicamente, intentaría disfrutar, divertirme con ellos. Proponerme, todas las
veces que voy a clase, establecer una estrategia y un objetivo, y escucharlos. Plantear
un problema para pensar en cada clase. Uno necesita la uniformidad que da el
programa de estudio pero, al mismo tiempo, hay que correrse de eso. Dentro del
programa hay que establecer un grupo de prioridades y buscar una manera de entender
por qué enseñamos eso, por qué se hace más entretenido pensarlo, por qué nos hace
mejores entenderlo. Y, sobre todo, tratar de descubrir si esto tiene conexión con algún
problema o alguna pregunta de los chicos. Trataría de pensar todo el tiempo cómo
puedo lograr que los chicos disfruten de este rato.
ABC: El respaldo familiar ayuda al rendimiento escolar del alumno, ¿cómo se hace
para reconstituir ese vínculo familia-escuela que se encuentra deteriorado?
Paenza: Cuando una familia manda a sus hijos al colegio, está enviando sus
joyas a un lugar donde uno supone que las van a cuidar, pero también mejorar. La tarea
de la escuela excede el marco de ser la transmisora de conocimiento. En ella se
aprenden muchas otras cosas: a convivir en sociedad, a frustrarse, a compartir, a ser
solidario con el prójimo, a darse cuenta de lo que significa formar parte de un grupo, a
tener ciertas prioridades y a atender las prioridades de los otros. Hay una cantidad de
cosas que tienen que ver con la vida en sociedad que no pasa solamente por saber las
tablas de multiplicar o quién fue San Martín. Entonces hay que establecer la mayor
cantidad de vasos comunicantes entre el núcleo familiar y el otro reducto, que es el que
contiene a los chicos durante un determinado tiempo. O sea, las escuelas no son
aguantaderos o contenedores donde los chicos van hasta que los padres terminan de
trabajar; al contrario. También hay que tener en cuenta que es muy diferente una
escuela en la Capital Federal, en un determinado barrio con un poder adquisitivo muy
particular, donde la madre no trabaja, etcétera, de lo que sucede en La Matanza, en
Burzaco o en Ezpeleta, y ni hablar de lo que pasa en Salta. No se puede hablar en
forma genérica. Históricamente, hace 400 años los chicos no iban a la escuela. Existían
inclusive aquellos que tenían un poder adquisitivo alto que se juntaban con los chicos,
iban a sus casas y los educaban allí.
ABC: Dice que cada distrito y escuela tiene su propia idiosincrasia, pero hay un
rasgo en común al que se apunta que es el de recuperar la calidad educativa, ¿cómo se
alcanza esto?
Paenza: Primero, hay que mejorar las condiciones de vida de la sociedad en
general. La calidad educativa no puede estar separada de eso. Si hay una escuela que
tiene un solo maestro para todos los grados, obviamente no hay derecho a pedirle calidad
de la educación. Es decir, depende de las condiciones externas también, de las
condiciones en que los maestros estén dando clases. ¿Qué tipo de preparación les
damos nosotros a los docentes? Lo primero es empezar a entender que los sueldos de
los maestros y profesores tienen que ser los mejores de todos los que la sociedad provee.
Así como uno tiene que tener cuidado con lo que uno hace con la medicina, la educación
y la salud tienen que ser dos derechos preservados por el Estado, sin depender de las
condiciones económicas.
ABC: Es decir que la igualdad educativa va a depender de la equidad económica...
Paenza: El día en que todos los chicos puedan ir a las mismas escuelas, con las
mismas condiciones, podemos empezar a hablar del resto. Por supuesto que si
esperamos que eso suceda para mejorar la calidad educativa, obviamente, nunca va a
mejorar porque faltan años para que se den esas condiciones ideales. En todo caso,
preparemos al plantel de maestros y profesores. Históricamente pasa, sobre todo en La
Plata -que pareciera ser el único lugar donde se tomaran pruebas de admisión para las
universidades-, donde en los últimos años cada tanto aparece en los diarios intentaron
entrar a la Universidad tantos alumnos y en la prueba de ingreso reprobó el 95 por
ciento. Entonces, durante tres o cuatro días me llaman por teléfono de todas las radios
del país, sobre todo porque les fue mal en matemática. Pareciera que una vez por año,
durante tres o cuatro días, esta noticia es tapa, y después desaparece el tema. La
pregunta es: si el 95 por ciento no aprueba esos exámenes, ¿es una circunstancia muy
particular que se corre de lo esperable o interroga cuál es la calidad de la educación?
Ahora, la calidad de la educación depende de los educadores, pero quién ayuda a los
educadores, quién los provee de esas herramientas que nosotros queremos proveer a
los chicos. Antes de proveérselas a los chicos, se las tenemos que dar a los maestros.
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