Sobre la práctica jurídica del Sur peninsular: las fórmulas notariales

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Sobre la práctica jurídica del Sur peninsular:
las fórmulas notariales godas*
CARLOS PETIT
Universidad Onubense
disponemos de una importante colección de cuarenta y seis modelos o fórmulas que, a juzgar
por su presencia –frecuente y generalizada– en tiempos medievales, sirvieron bajo los
visigodos para dar forma escrita a los tratos y negocios concluidos en la práctica. De ese
modo, las fórmulas (Formulae Wisigothicae; citadas FV) compensan la carencia casi total de
diplomas de los siglos VI y VII, permitiendo al historiador actual lanzar una mirada, nítida
aunque oblicua, al derecho vivido y aplicado en la Hispania goda.
No resulta fácil abordar los problemas de transmisión del formulario ni presentar
con brevedad su contenido. En lo que atañe a la primera cuestión, sepamos simplemente
que la colección se contiene en una copia sacada por Ambrosio de Morales (1572) a partir
de un códice ovetense hoy perdido, formado por el obispo Pelayo en el siglo XII. Aunque
este alto eclesiástico fuera responsable de notorias falsificaciones, nada permite atacar la
autenticidad de unas fórmulas que sirvieron no sólo en el reino astur-leonés donde operaba
Pelayo; más bien hay que pensar que se tomaron de libros antiguos, con probabilidad un
códice compuesto en el sur (¿acaso en la misma Córdoba, tan rica en manuscritos hacia el
Ochocientos?) y llevado al norte cristiano por la mozarabía entre los escritos reclamados
por las empresas culturales de Alfonso II y Alfonso III. Publicado a mediados del siglo
* En: Luis A. García Moreno (ed.), Historia de Andalucía, II. (Andalucía en la Antigüedad tardía: de
Diocleciano a Rodrigo). Barcelona y Sevilla, Planeta-Fundación J.M. Lara, 2006, 184-189.
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[184] Entre las escasas fuentes sobre la vida cotidiana en el reino de Toledo
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XIX por Rozière (1854), las ediciones usuales del formulario se deben a Karl Zeumer
(1886) y Juan Gil (1972; por alguna razón falta FV 46). Bernardino Martín Mínguez publicó
otra transcripción, con versión castellana y diversos comentarios de discutible acierto
(1919-1920), en tanto Angel Canellas, autor de un completo estudio sobre los diplomas
visigodos (1979), reprodujo las fórmulas pero les atribuyó diversas dataciones, con la
Dependientes las ediciones de la copia de Ambrosio de Morales, salvo detalles
menores todas ellas coinciden, sin que sea posible determinar qué parte le toca a Morales
(creo que poca) y cuál a Pelayo de Oviedo (o a sus materiales de base) en la corrupción de
los textos y su tenor fragmentario. En efecto, mientras algunas fórmulas se encuentra más
o menos completas (FV 5, 8, 9, 11, 22, 24, 25, 27, 29, 31, 32, 36, 38, 44), son contadas las
íntegras (FV 6, 20, 33, 39, 40, 45); la gran mayoría carece de cláusulas iniciales (FV 3, 4, 7) y
finales (FV 2 a 4, 10, 12 a 19, 21, 26, 28, 30, 34, 37, 40 a 43) o han perdido incluso un buen
trozo del modelo primitivo (FV 1, 35, 46). A partir del lamentable grado de conservación se
ha supuesto la intervención tardía de un escriba con aspiraciones literarias, sin escrúpulos a
la hora de amputar los elementos más jurídicos de las piezas que recopilaba; el colmo de
semejante intervención sería un ejemplo de donación marital, redactado en hexámetros (FV
20).
Sin entrar a debatir aquí la distinción entre lo jurídico y lo literario en relación a esos
momentos históricos, la opinión anterior no puede compartirse. Por una parte, las pérdidas
corresponden con demasiada frecuencia a las partes más ‘literarias’ de las fórmulas
(entendiendo por tales las direcciones, salutaciones, [185] arengas e imprecaciones; también
sufre mucho el escatocolo, ahora por la facilidad de calcar elementos presentes en cualquier
documento), en tanto que apenas se sacrifican los dispositivos, es decir, aquellas cláusulas
donde queda recogida la intención jurídica de la carta. Por otra, el testimonio de las Formulae
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consiguiente dispersión de los textos en un corpus presentado cronológicamente.
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Marculfi (siglo VII) −tan influyentes en la Europa carolingia− nos presenta la existencia de
modelos documentales mutilados... sin que mediara en este caso la intervención de un
recopilador aficionado a la composición retórica. Posiblemente el estado actual de nuestro
formulario obedece a una mezcla de razones adversas (dificultades de lectura de Ambrosio
de Morales o mal estado del original que tenía por delante, reproduciéndose lo propio en
relación a Pelayo), sin llegar a excluir que el origen tardo-romano de muchos modelos esté
Recogido por el compilador o por un copista tardío con mayor o menor integridad,
en cualquier caso siempre se puede identificar el negocio al que se destina cada muestra;
casi medio centenar de ejemplos referentes a instituciones vitales de derecho privado y del
proceso: manumisiones de servi (FV 1 a 6); donaciones (FV 29 a 31), en particular actos
liberales a favor de la iglesia (FV 7 a 10, FV 46); compraventas (FV 11 a 13); disposiciones
en razón de matrimonio (FV 14 a 20); actos por causa de muerte (FV 21 a 26); permutas
(FV 27 y 28); negocios de status (autoventa de hombre libre: FV 32; emancipación de un
hijo: FV 34); concesiones de tierras en precario (FV 36 y 37); otorgamiento de poderes
(para litigar: FV 41; para el cobro de un préstamo: FV 42, para obtener un servus fugitivo:
FV 43); particiones entre hermanos (FV 33); reclamación de bienes litigiosos usurpados
(FV 35); préstamos en dinero (FV 38 y 44); juramentos (FV 39); actas procesales (FV 40);
pacto de entrada en la vida monacal (FV 45). Como vemos, el formulario presenta cierta
ordenación en los primeros treinta y dos ejemplos, de modo que el nomen iuris que recibe
(¿gracias a Pelayo?) un determinado modelo sirve por remisión (alia, aliud: otra carta, otro
testamentum) para identificar fórmulas sucesivas del mismo asunto (así las series que forman
FV 2 a 6; FV 8 a 10; FV 12 y 13; FV 16 a 19, etc.); algunas carecen de rúbrica, pero se trata
por lo común de aquéllas que han perdido las cláusulas iniciales (FV 1, 35). De las piezas
recogidas al final de la colección (FV 32 a 46) sólo cabe decir que abundan entre ellas las
singulares, a excepción de dos grupos con textos afines (un par de tenencias en precario y
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detrás de una transmisión defectuosa y llena de lagunas.
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tres mandatos-poderes); esta parte nos transmite una cierta sensación de desorden, pero
tampoco ahora nos apartamos de las fórmulas merovingias, entre las que se pueden citar,
por su cercanía a las visigodas, las de la colección de Angers (Formulae Andecavenses, siglos
VI-VII).
Todo lo anterior hace patente la precariedad de nuestros conocimientos en torno a
fin, a su misma datación. Con referencia al latín en que fueron redactadas se ha llegado a
negar su origen visigodo (Martín Mínguez); es innecesario precisar que la crítica no ha
convencido a los especialistas. Pero nada sabemos sobre el autor del formulario, tal vez un
scriba de aceptable formación que trabajaba (¿en los años finales del reino toledano?) con
modelos dependientes de la tradición romana. Tampoco se halla fuera de discusiones la
única fecha que ofrecen las pie [186] zas: el tercer año del reinado de Sisebuto (esto es,
hacia los aa. 615-616) según la cláusula de datación conservada en FV 20 (vv. 85-87: Carta
manet mensis illius conscripta calendis ter nostri uoluto domi[ni] foeliciter anno gloriosi merito Sisebuti
tempori regis; cf. también v. 71), pues se trata de la aludida fórmula de donación marital en
versos hexámetros a la que algunos estudiosos conceden un mero alcance literario; al
máximo, la fecha valdría respecto al propio texto que la recoge, nunca para el resto de la
colección. Y en lo concerniente a la procedencia geográfica, otra fórmula cita la ciudad de
Córdoba (“Patricia Corduba”) como lugar del otorgamiento (FV 25), apoyando así la
hipótesis favorable a su origen sureño, mas de nuevo surgen los problemas, referentes
ahora, no sólo a la dificultad de extender la localización cordobesa al formulario en su
conjunto, sino también derivados de la aparición en FV 25 de la vieja curia ciudadana y
otras magistraturas ya desaparecidas en el reino de Toledo. Con todo, a falta de mejores
argumentos lo más prudente me parece aceptar el sur de la península y el primer tercio del
siglo VII como el lugar y el momento probables de (varios de) los materiales que reúne FV
− sin perjuicio de admitir que la recopilación se realizara algo más tarde.
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FV, una fuente sembrada de dudas en lo relativo al texto, su procedencia, su contenido, en
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Nada hay que objetar, desde luego, a la originalísima redacción de FV 20. Las
circunstancias que concurren en el negocio −una importante donación (tierras de cultivo,
olivares y viñas, esclavos domésticos y rústicos, caballerías, ganados, ajuar mobiliario,
joyas…) realizada por un aristócrata visigodo a su joven esposa en razón de matrimonio−
aconsejarían elaborar un documento con especial solemnidad; de hecho, sin ser abundantes
tampoco fueron desconocidos los diplomas versificados en la edad media europea. Basta
con epístolas en verso intercaladas entre los modelos diplomáticos.
En segundo lugar, al mismo Sisebuto (aa. 612-621) debemos uno de los raros
poemas de autor no eclesiástico de la Hispania visigoda: un Carmen de luna dedicado a
Isidoro, donde el rey contrapone las servidumbres del poder a la vida de estudio que
conduce su mentor hispalense. La fórmula en hexámetros −aparte el contenido jurídico,
ciertamente elevado, llama en ella la atención la mucha pericia de su autor en el cálculo de
la cantidad del verso− ofrecería otro ejemplo coetáneo de la actividad de los laicos en el
terreno poético. No sería entonces un fruto del azar que el códice ovetense del que se tomó
FV reuniera varios textos de la época de Sisebuto (la Vita Desiderii, algunas epistulae…)
Si pasamos ahora al análisis del contenido, se aprecia una coincidencia más que
notable en [187] tre ciertos pasajes de las fórmulas y los usos de la cancillería de ese
monarca − al menos, por cuanto nos es dado saber gracias a las dos leyes de Sisebuto
incluidas en el Liber Iudiciorum (LV 12, 2, 13 y 14). Me refiero al acceso del liberto a la
ciudadanía según lo establecido en el derecho romano (cf. Liber Gai 1, en el llamado
Breviario de Alarico, a. 506), una previsión que siempre respetan los modelos visigodos de
cartas de manumisión (FV 2, 3 y 4: ingenuum te ciuemque Romanum esse constituo atque decerno;
FV 5: ingenuos ciuesque Romanos uos esse decerno; también FV 6). Ahora bien, la referencia
cultista a la ciudadanía romana del liberto −presente en diplomas posteriores y en los
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además consultar otros formularios del período (cf. Formulae Bituricenses, siglo VIII) para dar
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formularios merovingios: cf. por ejemplo Formulae Andecavenses 3 y 4; Formulae Turonenses 12;
Formulae Bituricenses 9− resulta extraordinaria en las fuentes toledanas… con la sola
excepción que representan, precisamente, aquellas dos leyes de Sisebuto (LV 12,13: los servi
cristianos en manos de judíos ad civium Romanorum privilegia… transire debeant; LV 12,2,14: ad
civium Romanorum dignitatem eundem manumittere debebit).
atribuyó unas fechas aproximadas a las piezas de la colección, de manera que las fórmulas
procederían −según el caso− de los siglos V-VI (FV 2), del siglo VI (FV 6, 11, 15, 19 y 22,
40, todas ellas con algún interrogante; FV 12 a 14, 21, 35), de los siglos VI-VII (FV 1, 7, 17,
18, 23, 30 a 33, 39, 41 a 44; FV 25, 27 a 29, otra vez con interrogantes), de inicios del siglo
VII (FV 3, 4, 5, 24, 36 a 38) y, finalmente, de ese siglo en su plenitud (FV 45; pero FV 8, 9,
10, 16 y 26 con interrogantes); una insólita precisión le llevó a fechar FV 34 hacia el a. 633,
en tanto FV 46 habría sido elaborada ante el a. 650. El silencio de Ángel Canellas acerca de
los criterios aplicados en esta compleja tarea hace muy difícil discutir sus resultados; como
mucho, puede admitirse que el formulario recoge muestras documentales de varias manos y
épocas, en particular las primeras décadas del siglo VII, sin que nos sea dado conocer con
exactitud cuándo fueron recopiladas. Las protestas de ortodoxia y las menciones expresas
del dogma trinitario (cf. FV 1, 6, 10, 34, 39) llevan a pensar en una fecha posterior al
Concilio III de Toledo, a. 589, pero no sería de excluir que la ocasión recopilatoria sirviese
para introducir en modelos anteriores esas referencias tan significativas.
Y es que, desde un punto de vista puramente normativo, las fórmulas se colocan en
la órbita del derecho romano recogido en el Breviario. De ese derecho procede, sin duda, la
práctica de redactar documentos para constituir un negocio o disponer de pruebas eficaces
de su conclusión regular − una necesidad situada tras la existencia misma del formulario e
incorporada a las fórmulas como motivo o arenga (cf. FV 13, traducción: “aunque en los
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¿Son suficientes esos elementos para cerrar una datación? El diplomatista Canellas
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contratos de compraventa celebrados de buena voluntad resulte superfluo un documento
de venta, siempre aumenta la seguridad del comprador cuando se confirma el acuerdo
mediante la solidez de una escritura”, expresiones justificatorias que, por otra parte, calcan
un pasaje del Breviario: Pauli Sententiae 2,18,10, int.; cf. también FV 27: pro conseruanda
memoria, FV 28: ad posteritatis memoriam reseruandam, FV 33: pro memoria temporum). A veces, el
anónimo notario emplea arcaísmos jurídicos (la curia municipal aparece en FV 21 y 25; la
fácilmente explicables a partir de la pervivencia de modelos romanos y de los textos
incluidos en la recopilación alariciana (fuente de citas similares en las fórmulas merovingias:
curia y gesta localia en Form. Marculfi II, 17; Form. Turonenses, 2 y 3; leyes de maritandis ordinibus
en Form. Marculfi II, 15), por si no fuera suficiente, para alcanzar idéntico resultado, con la
producción literaria hispanogoda y el derecho de los concilios (sobre curia y cargos
municipales cf. Etimologías 9,4,21 ss; también c. 19 del Concilio IV de Toledo, a. 633).
[188] Admitida la posibilidad de añadidos o reelaboraciones en la segunda mitad del
siglo VII, no parece muy claro ni muy amplio el rastro del Liber Iudiciorum (a. 654). La
muestra de donación nupcial versificada tiene que ser anterior a la promulgación de LV
3,5,1, Chindasvinto (aa. 642-663), pues si aquella donación equivalía a la mitad de los bienes
del marido, la ley de Chindasvinto estableció para el mismo supuesto un límite del diez por
ciento. Otro modelo (FV 36) desliza una mención al colono, un vocablo desconocido en el
Liber… aunque se encuentra documentado en el Breviario y las fuentes canónicas (cf. c. 3,
Concilio II de Sevilla, a. 619). Y lo mismo vale, en fin, para el término-concepto codicilo, que
sólo utilizan −ahora sin paralelos en otras fórmulas de época merovingia− los testamentosmodelo de FV 21 y 22.
Si tales consideraciones sitúan el contenido jurídico de la colección antes de los
reinados de Chindasvinto y Recesvinto (aa. 649-672) nada impediría admitir su empleo una
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referencia a las leyes matrimoniales Iulia y Papia Poppaea en FV 14; cf. aún FV 18 y 19),
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vez vigente el Liber Iudiciorum. Sin embargo, los documentos que reflejan un conocimiento
práctico de las fórmulas (¿de sus precedentes romanos?) nos remiten de nuevo a momentos
anteriores. Así la disposición mortis causa del obispo Vicente a favor de la iglesia de Huesca
(a. 576 ca.), felizmente copiada en un códice de la Biblia, donde el otorgante declaraba su
voluntad de que la carta valiera en tanto codicilo si es que algún defecto le impedía hacerlo
como testamento; pues bien, la cláusula en cuestión (si quo casu jure civili vel pretorio valere
fórmulas 21 (quod si ad ius praetorium et urbanum supra ualere non potuerit, ab intestato uice
codicilorum in aeuo eam ualere uolo et iubeo) y 22 (quod si iuri ciuilium praetorio ualere distulerit, ad
uicem codicilorum uel fidei commissum etiam ab intestato eum decerno ualere), sin que dispongamos de
otras fuentes en Occidente con ese contenido (salvo algunos papiros de la Rávena
ostrogoda, de mediados del siglo VI). Y al conceder Vicente en la misma carta la libertad al
esclavo Eugenio y sus hijos les reconoce la ciudanía romana (Eugenium cum filiis suis cives
romanos esse decernimus, peculiaria sua relaxata), en los términos examinados a propósito de FV
2 a 5 y de las leyes de Sisebuto.
La relación del formulario y los documentos de la vida práctica, tan evidente en las
disposiciones de Vicente de Huesca, sale aún más reforzada con la fórmula del juramento
procesal que contiene FV 39 (Conditiones sacramentorum, ad quas ex ordinatione ill. iudicum iurare
debeant). En efecto, el hallazgo en tierras salmantinas de una pizarra grabada que sirvió para
recoger la deposición del testigo Lolus, probablemente a fines del siglo VI, en una
controversia sobre caballos (Conditiones sacramentorum ad quas [debea]d iurare Lolus ess
urdinatione Eunandi, Argeridi, uicariis… Vviderici, Argiuindi, Gundaci iudicib(us), ad petitione
Basili… propter caballos quos mutauerunt) nos permite comprobar el empleo de modelos
documentales para cubrir las necesidades de la contratación y los procesos. Y es que esos
torturados documentos sobre pizarra, además de acreditar un inesperado uso de la forma
escrita para los actos jurídicos incluso en ambientes rurales muy poco favorables, presentan
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nequiverit, ad vicem codicillorum vel ab intestato… decerno) encuentra un gemelo perfecto en las
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aquí y allá alguna conexión con las fórmulas: por ejemplo, la cláusula del precio del
contrato de compraventa a tenor de FV 11 (definito igitur et acepto a uobis omne praetium quod in
placitum uenit nostrum, id est, auri solidi numeri tot, quos a te datos et a me acceptos per omnia manent
certissimum) se [189] aproxima a cuanto recoge, para una transacción sobre tierras, otra
pizarra salmantina de comienzos del siglo VII ([a]derato e[t defe]nito pretiu cot inter nob[i]s bone
pacis conu[enit], id est, auri solido nomer[o…] reliquas qua p te… pro cos tu intor dedist[i et ego u]inditor
Hemos ofrecido hasta aquí un estado de la cuestión sobre los problemas y dudas
que rodean la colección de fórmulas visigodas. Pero cabe también consultarlas de una
manera inocente, quiere decirse, como un espejo o una prueba de las instituciones jurídicas,
los valores, las costumbres y los modos sociales practicados en Hispania en los siglos VI a
VIII.
En primer lugar, las fórmulas nos devuelven la imagen de una sociedad
culturalmente desarrollada − como no es fácil encontrar en Occidente tras la caída del
Imperio. Los refinados conocimientos bíblicos y acaso patrísticos de sus autores (cf. FV 20,
39; FV 37), la inesperada familiaridad de uno de ellos con la métrica latina (FV 20), el
recurso creativo al derecho del Breviario (FV 1, 2, 13, 18, 19, 21, 22, 35, 44)… son
elementos de interés que indican una cultura difusa (cf. FV 7, único caso de un otorgante
que ignora las letras), coherente por demás con los magníficos logros alcanzados en los
campos de la teología, la literatura, la legislación (tanto canónica como secular). Así puesto
al servicio de una robusta “civilización de lo escrito” (Riché) el formulario visigótico resulta
instrumento pero también avanzadilla de usos documentales adaptados a la práctica
contractual; la tradición tardo-romana favorable a la forma escrita pudo entonces cuajar en
numerosas medidas legales que privilegiaron la escritura frente a la simple manifestación
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de te accepi).
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oral, aun la realizada en presencia de testigos (a título de ejemplo, LV 2,3,2 y 3 sobre el
mandato-procuración; LV 3,1,5 y 9 sobre la dote; en general, cf. LV 2,5,18, Egica).
La sociedad de las fórmulas se revela, en segundo lugar, una compleja amalgama de
hombres libres y siervos (FV 1 a 5), de dignidades eclesiásticas (FV 6, 45) y generosos reyes
(FV 9, 10), de monjes que ofrecen el propio ser al monasterio (FV 45, 46) y aristócratas que
dotan con esplendidez a sus bellas esposas (FV 14 ss, FV 20). Sin embargo, por debajo de
tan nítido panorama entrevemos una extendida red de vínculos de dependencia. Pervive la
vieja esclavitud y son frecuentes los negocios que tienen a los esclavos como objeto (cf. FV
11, serui uenditio, donde el vendedor garantiza que el seruus no era pendenciero, fugitivo ni
vicioso), pero las transformaciones que están en marcha se manifiestan en la importancia
cobrada por el patrocinio (FV 3, 5); el estatuto jurídicos de los libertos, titulares de tierras
dominicales (cf. otra vez FV 5) y acaso testigos muy útiles cuando surge un pleito (FV 40),
no sería diferente al de aquellos precaristas que solicitan la concesión de parcelas “pro
excolendum” y se comprometen a pagar un canon anual “ut colonis est consuetudo” (FV
36, 37). A pesar de los préstamos en dinero (FV 42; FV 44) alguno se vería tan reducido
como para llegar (“necessitate uel miseria”) al extremo de autovenderse (FV 32); no extraña
entonces que esos desgraciados se den a la fuga tarde o temprano, por más que los dueños
los persigan con todos los medios a su alcance (cf. FV 43). Tan sólo si otro dominus les
protege (o les captura), en los términos del monje que deja el monasterio (cf. FV 45), tal
vez hubiera una triste escapatoria...
Todo lo anterior y mucho más sobre el reino de Toledo nos enseñan las difíciles
fórmulas visigodas. Ojalá que la rápida lectura que ahora acaba estimule su estudio
completo y sistemático.
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donan un cuantioso patrimonio a la iglesia (FV 25) y los altares del mártir local (FV 7, 8) o
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