“Ustedes, los fariseos, limpian por fuera el vaso y el plato, mientras

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“Ustedes, los fariseos, limpian por fuera el vaso y el plato, mientras por dentro están
llenos de robos y maldades.”
Lc 11, 37- 41
Lectio Divina
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y
se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la
ceremonia de lavarse las manos antes de comer.
Jesús va a comer a la casa de un fariseo, él los conoce bien, y siempre les habla con
mucha claridad y sabiduría, en esta ocasión lo hace sobre la pureza del pensamiento y las
intenciones. Jesús conoce bien las tradiciones de su pueblo, como por ejemplo la de
lavarse las manos antes de comer, por tanto se podría pensar que esta ocasión el no lo hizo
de con conocimiento de causa. El fariseo, posiblemente un Rabí, no hace esperar su crítica
de porque el Señor no ha observado uno de los muchos preceptos fariseos en
inmediatamente las emprende contra el, todo un formalismo y vanidad de quien se
considera justo porque cumple los ritos puntualmente.
Me recuerda esto las muchas veces que estamos preocupado de la parte ritual y que todo
tiene que ser perfecto, entonces criticamos muchas veces en forma desmedida a quien no
cumple con las pompas haciéndole ver lo celoso que somos en ciertos aspectos y
causándole un herida en el corazón.
Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato;
en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso
el que hizo lo exterior no hizo también lo interior?
En un relato paralelo en el Evangelio de Marcos, el Señor nos dice: “Nada de lo que entra
en el hombre puede mancharlo. Lo que sale de dentro es lo que contamina al hombre”,
ciertamente es de dentro, del corazón de los hombres, de donde salen los malos
pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraude,
libertinaje, envidia, injuria, soberbia e insensatez. Todas estas maldades salen de dentro y
manchan al hombre” (Mc 7,14-23).
Los rabinos daban un valor excepcional a ciertas purificaciones de cosas y de manos, se
decía: “Si alguno come pan sin lavarse las manos, es como si fuese a casa de una mujer de
mal vivir.” “Quien desprecia la purificación de las manos será extirpado del mundo.” “Hay
demonios encargados de dañar a los que no se lavan las manos antes de las comidas.” En
una ocasión un rabino llamado Eleázaro, que despreció esta purificación, fue excomulgado
por el sanedrín, y, después de muerto, se colocó una gran piedra en su féretro para indicar
que había merecido la pena de la lapidación. Así es, como para los israelitas, e inclusos
para las primera comunidades judeo-cristianas era un situación ardiente la impureza legal y
la de los alimentos.
¿Para qué tanta purificación?, ¿porque que hay que purificarse las manos al venir del
mercado? ¿por su contacto con los alimentos?, ¿es que los alimentos contaminan?. ¿hay
algo de verdad en esto? Dios creó todas las cosas, como los alimentos para servicio del
hombre, como responsable de sus actos morales. Dice el Génesis que Dios crea todas las
cosas y “están bien,” son buenas y esos alimentos como dice el Señor si entra en la boca
no mancha al hombre, lo que del hombre sale, eso es lo que mancha al hombre, porque de
dentro, del corazón del hombre vienen las malas inclinaciones, es decir tener malos
pensamientos, hacer el mal por palabras.
Con todo esto, Jesús nos quiere dar una lección que no es menos importante, a Dios se le
debe adorar en espíritu y en verdad y no solo con observancia externa de los ritos. No
quiere decir Jesús que él esta contra los ritos, ni contra las manifestaciones externas de la
ley, solo quiere poner las cosas en su lugar. Es el corazón el que debe estar siempre con
Dios, con afecto, entrega, generosidad y un amor muy profundo. Es el corazón el que debe
estar puro para ver las cosas de Dios. Preocuparse de las cosas de la tierra, es tener tierra
en el corazón y, “los que tienen el corazón limpio verán a Dios” (Mt 5, 8)
Lo triste, es que hoy vivimos una realidad extremadamente preocupante, hombres
manchando a los hombres y hombres que se dejan manchar por otros, juzgamos a nuestros
hermanos por sus apariencias, y por hacerlo así nos equivocamos al emitir nuestros juicios,
vemos malicia donde no la hay, transformamos situaciones buenas en malas por pensar
retorcidamente o porque le tenemos mala voluntad. Lo peor es que permanecen vigentes
las palabras del Señor “del corazón del hombre, proceden los pensamientos malos” Todas
estas maldades proceden del hombre y manchan al hombre. Es decir, estamos pasando por
un embrutecimiento moral culpable, que desprecia el ideal de vida que Dios quiere para
nosotros.
Ante esto, es que Jesús nos aclara que nada hay sucio o impuro en el exterior de los
hombres, lo malo a los ojos de Dios, lo ensucia nuestro corazón. En efecto la santidad
reside en lo interior, sin embargo la maldad y el pecado procede del atrevimiento.
Pidámosle al Señor, que llegue a nuestros corazones la luz de su verdad y que seamos
capaces abrirnos para que penetre en nosotros con fuerza y este modo ponernos a su
servicio y al del prójimo. Que la autenticidad y la sinceridad marquen nuestros
pensamientos y que no caigamos en la hipocresía disfrazándonos de justicia y de
perfección, hasta creernos nosotros que somos los justos y santos por encima de los
demás.
De Corazón
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