Tú lo dices: soy rey

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El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder:
así está firme el orbe y no vacila.
Dan 7, 13-14 l Su dominio es eterno y no pasa.
Sal 92 l El Señor reina, vestido de majestad.
Ap 1, 5-8 l El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido
en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
Jn 18, 33b-37 l Tú lo dices: soy rey.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan los ríos su fragor;
pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
Salmo 93
Monasterio de Nuestra
Señora de la Piedad
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Dominicas Contemplativas
Palencia
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25
Septiembre
XXIIIV Domingo del TO
Solemnidad de Cristo Rey
EL SEÑOR REINA, VESTIDO DE MAJESTAD
Tú lo dices: soy rey
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ntró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres
tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu
cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: «¿Acaso soy
yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí;
¿qué has hecho?». Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado
para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de
aquí». Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó:
«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido
al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la
verdad escucha mi voz».
Juan 18, 33b-37
perial de Roma. Por supuesto, razón suficiente para que la autoridad romana le ajusticiase. Ese era el interés de los judíos. Para conseguirlo, como relata el evangelista
San Juan, llegaron a recordar a Pilato que ellos no tenían más rey que el César, y que
todo el que se proclamara rey tenía que morir. Olvidaron por un momento su orgullo judío y aceptaron ser súbditos del imperio con tal de ver ejecutado a Jesús.
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a respuesta que Jesús dio a Pilatos es: «Soy rey, pero mi reino no es de este mundo». ¿No es de este mundo? ¡Claro que lo es! Pero Cristo dice que no es rey como
el mundo entiende que son los reyes, apoyados en la fuerza de sus ejércitos. Es de
este mundo porque el reino de Dios lo trajo Él a este mundo. Su evangelio es para este
mundo. No se puede relegar al ámbito del culto, de la vida privada. No, los valores del
reino, el amor, la justicia, la paz, el perdón, tienen una clara dimensión social. No se
puede organizar la sociedad sin esos valores, si es que queremos que la sociedad sea
humana. No es un reino de sacristía, sino de todo el amplio espectro de la vida.
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se era el objetivo originario del Papa al instituir esta fiesta. Reino que no se impone por la fuerza, sino que se propone para
que la vida humana sea más humana. Más aún,
para que ese Reino de Cristo tenga esa dimensión
social ha de instalarse previamente en el corazón
de cada persona. En él antes que en otro lugar
tiene que anidar la justicia, el amor y la paz.
Cuando nuestro corazón reacciones de acuerdo
con los valores del Reino de Cristo estaremos en
condición y obligación de hacer que esos valores
vayan dirigiendo la vida social, política, económica. El reino del amor, de la justicia, de la paz, es el
reino de Cristo, que, como dice la primera lectura, «no acabará». Al final de los tiempos tendremos que dar cuenta a Cristo Rey, cuando llegue
en la plenitud de su gloria.
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n aquel tiempo preguntó Pilato a Jesús: ¿eres tú el rey de
los judíos?». Los judíos habían acusado a Jesús ante el gobernador romano de proclamarse rey. Era acusación de sedición contra el poder im-
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sta fiesta la instituyó Pío XI en el
año 1.925, con la intención de
proclamar el relieve de la figura de
Jesús en el mundo de las ideas, de la
sociedad, de la política, en general,
en la vida pública. Se quería hacer
ver que la persona de Cristo y su
Evangelio no pueden estar ausentes
de la vida pública. Se presentó como
reacción a los movimientos sociales,
económicos y políticos que pretendían prescindir de lo religioso o
arrinconarlo en el ámbito privado o
del culto en las iglesias. Por todo
ello, una fiesta de plena actualidad
en el contexto en que hoy nos
movemos.
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¿En qué aspectos enriquece mi vida de fe la celebración de
Jesucristo Rey del Universo?
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