Francisco José Rozada Martínez

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Francisco José Rozada Martínez
Reseñas de Covadonga (IV)
Si dos son los simpáticos oseznos que -desde hace setenta años- sostienen plácidamente
la silla episcopal de la Cueva de Covadonga (sobre cuyo origen y autores ya escribimos en
la primera de las cinco reseñas que componen esta serie septembrina dedicada a aspectos
y cuestiones poco conocidas del primer santuario asturiano), hoy nos detendremos en los
majestuosos leones que reposan en la antigua explanada de la Cueva desde hace cuarenta
y cinco años.
Su origen está perfectamente documentado desde que, en 1899, los hermanos gallegos
Juan y Jesús García Naveira, indianos con mucho dinero hecho en Argentina y
grandes viajeros, visitaron Italia. De sus viajes traían esculturas, fuentes, muebles,
elementos de todo tipo y, sobre todo, ideas para decorar su monumental posesión y
jardines del que llamaron “El Pasatiempo”, en Betanzos (A Coruña). En ese viaje a Roma
tomaron nota del monumento funerario levantado en memoria del Papa Clemente XIII,
en el interior de la Basílica de San Pedro. En la base del mismo observaron dos
magníficos leones realizados en mármol de Carrara por el notable escultor italiano
Antonio Cánova, gran exponente de la escultura neoclásica. Los leones siempre se
identificaron como guardianes en entradas de importantes lugares, baste recordar los
que flanquean la escalinata principal del Congreso de los Diputados, o la famosa Puerta
de los Leones en Micenas (Grecia), datados éstos últimos ya en el siglo XIII antes de
Cristo.
Con un tamaño un poco menor, estos hermanos encargaron una réplica de los leones del
monumento funerario de Clemente XIII, también en mármol de Carrara, para colocarlos
a modo de imponente guardia en la parte exterior de la entrada a su posesión de “El
Pasatiempo”. El transporte de los leones hasta Betanzos fue muy laborioso por el enorme
peso de las esculturas. En aquel lugar se reunían todo tipo de animales exóticos, plantas,
avances tecnológicos desconocidos, estatuas, etc. reunidos durante los veinte años que se
tardaron en concluir los jardines. Era como un parque temático asombroso, en el que se
podía pasear por la avenida de los emperadores romanos o por la de famosos escritores,
con estanques, fuentes, laberintos vegetales, relieves esculpidos representando la
pirámide de Keops, la muralla china, globos aerostáticos, el canal de Panamá y muchos
otros. Su gran mecenas fue uno de los hermanos, concretamente Juan y, a su muerte en
1933, comenzó el declive de “El Pasatiempo”. Convertido en campo de concentración
para soldados republicanos tras la guerra y abandonado a su suerte, fue saqueado y
quedó muy destruido. Sólo después de 1986 comenzó a recuperarse lo que quedaba de su
esplendor tras ser adquirido por el ayuntamiento local. El caso es que a comienzos de los
años setenta del siglo pasado, coincidiendo con las notables obras que el arquitecto
Javier García Lomas llevó a cabo en Covadonga con la construcción de las nuevas casas
de canónigos, se decidió también reformar la entrada a la explanada frente al estanque
de la Cueva, eliminando los antiguos pilonos de piedra que se trasladaron al Repelao y,
entre las gestiones de García Lomas y las del aparejador coruñés José M. Pérez Mosquera,
los leones -que habían estado como guardianes de la puerta principal del citado parque
en Betanzos- fueron adquiridos en 1970 por medio millón de pesetas y colocados en el
lugar en el que se encuentran en Covadonga. Uno de los leones parece vigilante, como
símbolo de la fe, mientras otro duerme, simbolizando la vida eterna. Hace pocos años se
les aplicó una limpieza a fondo, de forma que el mármol de Carrara que les dio forma
volvió a dejarlos tan blancos como cuando fueron esculpidos, hace aproximadamente un
siglo o poco más, pero la humedad del lugar les cubre pronto de una oscura pátina. Por
cierto que se desconoce quién los talló, puesto que aunque en algunas guías sobre
Covadonga se afirma que su autor habría sido Pompeo Marchesi -discípulo de Cánova, el
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que había tallado los originales para el cenotafio de Clemente XIII- Marchesi falleció
cuarenta y un años antes del viaje de los hermanos García Naveira a Roma. Por otra
parte, no pensemos que estas copias las disfruta sólo Covadonga, porque otras similares
(si no iguales) podemos verlas en el monumento funerario del propio Cánova, así como
en el cementerio de Bantiniano, en Brescia; en el cementerio Cypress Lawn, en
California; en Santurce (Vizcaya), donde a José María de Linaza y Hormaza (1865-1911) le
ocurrió algo muy similar al caso del gallego Juan García Naveira; copias hay, asimismo,
en el fastuoso palacio de los duques de Dewonshire, o en la plaza del mercado de
Aylesbury, en ambos casos en Reino Unido; también en la Galería de Arte Corcoran, en
Washington D.C. y en otros lugares, el más cercano, aquí mismo, en la escalinata de
entrada de una casona de indianos, en Llanes, llamada Villa Flora (1906), pero con dos
leones vigilantes duplicados (el durmiente no interesó).
01.-Los leones originales en el monumento funerario del papa Clemente XIII.
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02.-Los leones de Covadonga en su emplazamiento original, en Betanzos.
03.-El león durmiente de Covadonga.
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04.-Antiguo emplazamiento de los pilonos.
05.- Uno de los pilonos en El Repelao que
parece imitar a la Torre de Pisa...
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