Cinco Instintos del Hombre Corrompido

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Pastor: Ricardo D. Montalvo
Cinco Instintos del Hombre Corrompido
El alma y el pecado
El alma vive su vida natural por medio de lo que, por falta de término mas adecuado,
denominaremos los instintos. Estos instintos son la fuerza motriz de la personalidad, de la
cual el Creador ha dotado al hombre a fin de capacitarlo para su existencia terrena (de la
misma manera que le ha dotado de facultades espirituales para capacitarlo para la existencia
celestial). Los denominamos instintos porque son estímulos naturales implantados dentro de
la criatura para capacitarla para hacer instintivamente lo que es necesario para el origen y la
preservación de la vida natural. El doctor Leander Keyser dice lo siguiente: "Si el niño recién
nacido no tuviera ciertos instintos al comenzar su vida, no podría sobrevivir ni con el mejor
cuidado medico o paterno."
Notemos los cinco instintos más importantes:
Primero, el instinto de conservación, que nos advierte del peligro y nos capacita para
cuidarnos y protegernos.
Segundo, el instinto de adquisición, que nos lleva a adquirir lo que nos es necesario
para la subsistencia.
Tercero, el instinto del hambre y de la sed que nos estimula a buscar alimentos y
satisfacer el hambre natural.
Cuarto, el instinto de reproducción, o sexual, el cual perpetúa la raza.
Quinto, el instinto de dominación, que conduce a desplegar ese espíritu de iniciativa y
afirmación necesario para la vocación y responsabilidad de uno.
La historia del revestimiento del hombre de estos instintos por el Creador se encuentra en
los primeros dos capítulos de Génesis. El instinto de conservación está implicado en la
prohibición y advertencia que dice: "Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto
dijo Dios: No comeréis de el, ni le tocareis, para que no muráis." El instinto de la adquisición
es evidente al recibir Adán de manos de Dios el hermoso huerto de Edén. El instinto de
buscar alimentos queda expuesto en las palabras: " He aquí que os he dado toda planta que da
semilla, que esta sobre toda la tierra; y todo árbol en que hay fruto de árbol que da semilla;
os serán para comer." Se hace referencia al instinto de reproducción en las siguientes
declaraciones: "Varón y hembra los creo. Y los bendijo Dios; y les dijo: Fructificad y
multiplicaos." El quinto instinto, el de dominio, esta indicado en el mandamiento que dice:
"Llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread."
Dios ordenó que las criaturas inferiores se gobiernen primeramente por instinto. Pero el
hombre fue honrado con el don del libre albedrío y de la raz6n, por medio de los cuales se
disciplinaria y se convertiría en arbitro de su propio destino. En calidad de guía para regular
las facultades del hombre, Dios impuso una ley. El entendimiento del hombre con respecto a
esta ley produjo la conciencia. Cuando el hombre escucho la ley, tenía una conciencia
instruida; cuando desobedeció a Dios, sufrió los efectos de una conciencia que le acusaba. En
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la narración relativa a la tentación (Génesis 3) leemos de que manera el hombre se rindió a la
concupiscencia de los ojos, la concupiscencia de la carme, y la soberbia u orgullo de la vida (1
Juan 2:16), y usó sus poderes contrarios a la voluntad de Dios. El alma a sabiendas y de
buena voluntad empleo el cuerpo para pecar contra Dios. Esta combinación del alma que peca
con un cuerpo humano constituye lo que se conoce como "el cuerpo del pecado" (Romanes
6:6) o la carne (Gálatas 5:24). La inclinación o deseo del alma en el empleo del cuerpo de esa
manera se describe con la frase "intención de la carne" (Romanes 8:7). Porque el hombre
pecó con el cuerpo, será juzgado de acuerdo con lo "hecho por medio del cuerpo" (2
Corintios 5:10). Eso implica una resurrección (Juan 5:28,29).
Cuando la "carme" es condenada, no se hace referencia al cuerpo material (los tejidos
materiales no pueden pecar) sino al cuerpo empleado por el alma que peca. Es el alma la que
peca. Cortad la lengua calumniadora, y el calumniador quedará aun en pie; amputad la mano
del ladrón, y seguirá siendo ladrón todavía en su corazón. Los impulsos pecaminosos del alma
son los que se deben destruir, y esa es la obra del Espíritu Santo. (Compare Colosenses 3:5;
Romanos 8:13.)
La "carne'' debe definirse como la suma total de todos los instintos del hombre, no como
fueron recibidos por primera vez del Creador, sino después de haber sido torcidos y
convertidos en anormales por el pecado. Es la naturaleza humana en su condición caída,
debilitada y desorganizada por la herencia racial derivada de Adán, y debilitada y pervertida
por actos conocidos de pecado. Representa la naturaleza humana no regenerada, cuyas
debilidades son disculpadas con frecuencia con las palabras: "Es la naturaleza humana,
después de todo."
Es la perversión de los instintos y las facultades con los cuales Dios ha dotado al hombre lo
que constituye la base del pecado. Por ejemplo, el egoísmo, la susceptibilidad, la envidia y el
enojo son corrupciones del instinto de conservación. El robo y la codicia son corrupciones
del instinto de la adquisición. "No robarás” y "no codiciarais" significan: "No corromperás el
instinto de adquisición." La glotonería es la desnaturalización del instinto de buscar
alimentos, y por lo tanto es pecado. La impureza es perversión del instinto de reproducción.
La Urania, la injusticia y el espíritu contencioso constituyen abuses del instinto de
dominación. Vemos entonces que el pecado es fundamentalmente el abuso o
desnaturalización de las fuerzas con las cuales Dios nos ha dotado.
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